• Revista Adynata

Conmociones: manifestaciones en un común escribir

Actualizado: 10 sept


Manifestar, antes que hacer audible alguna cosa, ocurre como disponibilidad desgarrada haciéndose lugar para un dolor que desobedece toda operatoria de sentido establecido por el poder, por la maquinaria del silenciamiento o por aquello que llaman sentido común: normalidades que impiden lo vital.


Frente a una conmoción que hiela, una conversación entre abrazos que buscan respirar ante tanta cifrada insinuación al amo.


No es un acto de locura

No es un acto de irracionalidad

No es un acto de anormalidad


Voluptuosas de poder, ficciones mezquinas normalizan el detenimiento de imaginaciones en rebeldía al dictamen de la norma que construye la objetivación del odio. Alegan para sí toda la razón, sin apertura de paritarias, recrudeciendo formas del poder que multiplican los mecanismos de sujeción ante la imposibilidad de doblegar potencias surgidas entre sus propias fisuras.


Se trata de una precisa racionalidad mortífera y desaparecedora de las derechas puesta en acto.

Acto de puesta en muerte de la democracia, entendida como estado abierto de disputas en torno a lo común.

Acto de puesta en muerte de una mujer insumisa a la prepotencia jurídica y patriarcal que sostiene lo político como dominio ejercido a través de la fuerza y la crueldad.

Acto de puesta en muerte de potencias populares que resisten a los arrasamientos de la desigualación, como porfías en común que labran fuerzas sublevatorias desde una común debilidad, un común rabiar, un común marchar.


La puesta en marcha de la puesta en muerte no se realiza en el momento de ejecutar la muerte, sino mucho antes. El deseo de aniquilación que las derechas alimentan como verosímil de lo político, ya está puesto en marcha en las palabras con que editan los sentidos a través de los cuales los cuerpos perciben, significan y se relacionan con el mundo, con lo vivido.

Las palabras hacen cosas. Hacen cosas con los cuerpos. Las palabras impactan, tocan, encienden, agitan, frotan, electrizan, sacuden, insuflan afectividades que animan los cuerpos.


Lo palabra-odiante almacena recámaras repletas de temor mucho antes de que se dispare la bala. El miedo a perder privilegios desenfunda crueldades complacientes para las narrativas que obligan aniquilar lo que no cesa de verdear, brotar, proponer, inventar porvenires soberanos ante su inquisición.


“No vuelven más” es la consigna política que condensa la historia de las derechas, allí ya están cifradas la muerte, la aniquilación, los bombardeos, la proscripción, la desaparición de los cuerpos, el robo de bebés, la erradicación de las memorias de los exterminios.

Una auténtica declaración de muerte que da-la-muerte. Deseo de desaparición, erradicación, expulsión, irretornabilidad de lo arrojado al aniquilamiento. Una vez aniquilado, ya-no-volverá-a-ser.

Un deseo de mundo concebido a partir de la desaparición absoluta de lo otro. Nacido del dar-muerte como acción primera, fundadora. Deseo de que no retornen las muertes a quienes se les ha dado-la-muerte.


Discutiendo ese deseo desaparecedor, dos sintagmas han procurado detener las fuerzas mortíferas de las derechas y, entonces, han intentado alojar la vida: "Nunca más" y "Ni une menos".

Gritos de lo común que decretan impracticable el dar-muerte como modo de lo político.

Un común vivir nacido del haber sido declarado muerto (una y otra vez).

Exclamaciones que impugnan la desaparición como fundamento de lo común, y coloca en ese lugar al dolor por lo aniquilado.

Enunciados de un común rasgado por todas las heridas de los tiempos.

Deseos de un mundo concebido a partir de la acogida del dolor como movimiento primero.


Es imprescindible y urgente afirmar un llamamiento para discutir tanto la naturalización de lo inadmisible, como la responsabilización de las instancias que se ocupan de producir, reproducir, difundir las hablas de la desaparición: es esto lo que promueven minuto a minuto ininterrumpidamente, performando la muerte palabra a palabra de lo que consideran indeseable, en infinitos espacios sonoros y superficies de lecturas donde diseñan el sentido de lo vivido y de lo vivible, siempre en procura de la conservación de las desigualdades e inequidades que aseguran los privilegios que a punta de pistola se han arrogado.


No es un acto.

Ni puntual, ni individual, ni privado..

Ni empezó, ni finaliza ahora.

No finaliza con ninguna investigación, argumentación, repudio, condena, responsabilidad individualizada -aunque todo esto sea necesario-, que intente circunscribir la densa extensión de lo que está aconteciendo, a la limitrofía despolitizada y reduccionista, de una biografía personal, individual, aislada, extirpada de las tramas históricas que la constituyen.


Se trata menos de un acto privado que de una obra pública abierta que llamamos historia, cuyos vastísimos pliegues de memorias, disputas, dolores, injusticias, duelos, alegrías, resentimientos, resistencias, fuerzas componen ese vértigo tan difícil de leer que llamamos presente. Obra de la que no es posible salirse puesto que es inexorablemente pública: se está en la historia incidiendo en la historia, se lo sepa o no, se lo asuma o no, se lo desee o no.

Actuamos en ese extenso y heterogéneo campo de agencias que llamamos historia, al tiempo que ese campo de agencias extenso y heterogéneo actúa en los cuerpos componiendo y efectuando guiones afectivos.


No es un acto de locura

No es un acto de irracionalidad

No es un acto de anormalidad


Son hablas de la desaparición: gramática de una política mortífera y aniquilatoria, alfabetizando cuerpos ávidos de sentidos que la encarnan.


Hablas que al hablar ya están practicando, poniendo en marcha la desaparición: una gramática es simultáneamente una dramática.


No es un acto de locura

No es un acto de irracionalidad

No es un acto de anormalidad


Son las voces que hacen manifiesto el inveterado y persistente deseo de aniquilación con que las derechas imaginan el mundo: una línea de muerte que atraviesa toda la historia, y que bajo ciertas circunstancias encuentra las condiciones propicias para su actualización como deseo enunciable, practicable y razonable.


En un estado de endeudamiento sin parangones, de desquicio capitalista colapsando el mundo, ante la lacerante percepción de una economía -basada en la especulación, la acumulación y la usura- que no duda en sacrificar todas las vidas necesarias para mantener su insustentabilidad, de una insoportable precarización anímica, la oportunidad de participar en la economía de la crueldad se presenta como una invitación abierta y accesible para cualquiera, sin requisitos, sin condiciones, sin exclusiones.

El hecho de que este estado de cosas mortuorio pretenda instaurarse como “la normalidad” a la que toda la extensión de lo vivo queda conminada, constituye una urgencia que solicita la disponibilidad incondicional de un común pensar que, frente a la economía de la crueldad con la que hablas de la desaparición cautivan cuerpos, contraponga lenguas, invenciones e imaginaciones de un común vivir sin deseos de muerte. Un común vivir como límite a las políticas fundadas en deseos de muerte, a la política devenida deseo de muerte.


5 balas a la espera de que ocurra un milagro suena más a una larga historia de renuncias ante abusos y violencias ejercidas en nombre del sostenimiento del status quo, que circula sobre las desigualdades de lahistoria contra el intento insurgente de doblegar purezas. ¿Qué tan difícil resulta intentar una justicia social? Instituir violencias con modelos de la-opinión-pública son los modos del poder ante la disolución de esa relación que imprime las categorías sobre las que las derechas piensan (la) vida.

Discutir la vida implica pensar los costos que ofrece el capitalismo para construir ilusiones donde consagraciones-a-la-razón-violenta bastan para no discutir qué pretende hacer el poder con todo soplo vital que sostiene eso que llamamos vida.


V

una letra transversal

vigesimotercera

homónima del número 5

letra-clinamen, de la declinación, el desvío, lo imprevisible

letra-gesto que hace concavidad, disponibilidad, hueco, recepción


Nos dicen que “Viva Perón”

genera las Violencias dadas

de poderes que Vulneran

otra posibilidad para la vida


Pensar vulner(h)abilidades como disponibilidad para proclamar que la vida antes que ser objeto del poder expresa por lo menos una distinción: vulnerabilidad es el nombre de la potencia para lo común. Mientras las fuerzas imploran golpes, las potencias habitan la vida como condición de posibilidad para que lo vital habite un cuerpo social hospitalariamente.


Acusaciones apuntan al objeto de su violencia como impunidad programatoria para que nadie pueda ya atreverse a transitar ternuras que desarmen esas clausuras que asumen dañina toda invención de otra posibilidad de un común estar.


Lo que pulsa estas líneas no es el milagro de la salvación de una vida, lo que pulsa estas líneas es una poblada de ternuras por aparecer que conjuren con lo vivo ante tamaño horror.



Algunas conmociones estremecidas

que habitan grupos II



Carlo Benvenuto - Sin título - 1998 - Cprint - 60 x 60 cm

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.