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  • Foto del escritorRevista Adynata

…d’une vie immanente qui est pure puissance / Fabio García


No es un todo, ya no es una summa, hay que tomar lo que convenga, lo que interese.


No es un libro, es una materia en movimiento, una gama de ideas que fluyen (Nietzsche diría que bailan): Líneas de fugas, agenciamientos, hombres-máquina y la opción de repensar lo inconsciente ya como fábrica dejando de lado al teatro, flujos muchos flujos, cuerpo sin órganos, en definitiva una máquina de guerra.


Deleuze, al recordar la experiencia de escribir junto a Felix Guattari, Capitalismo y esquizofrenia: El AntiEdipo, reflexiona: “El Anti-Edipo lo escribimos a dúo. Como cada uno de nosotros era varios, en total ya éramos muchos. Aquí hemos utilizado todo lo que nos unía, desde lo más próximo a lo más lejano. Hemos distribuido hábiles seudónimos para que nadie sea reconocible. ¿Por qué hemos conservado nuestros nombres? Por rutina, únicamente por rutina. Para hacernos nosotros también irreconocibles. Para hacer imperceptible, no a nosotros, sino todo lo que nos hace actuar, experimentar, pensar. Y además porque es agradable hablar como todo el mundo y decir el sol sale, cuando todos sabemos que es una manera de hablar. No llegar al punto de ya no decir yo, sino a ese punto en el que ya no tiene ninguna importancia decirlo o no decirlo. Ya no somos nosotros mismos. Cada uno reconocerá los suyos. Nos han ayudado, aspirado, multiplicado”.


15 de febrero de 1972, la voz retumba en el aula “Desde el año anterior he intentado decir que para el inconsciente Edipo no quiere decir absolutamente nada. El primero en decirlo fue Lacan, pero ¡catástrofe!, no ha querido decir lo mismo para la castración. Y yo he dicho lo mismo para la castración. Aún más, he dicho que la castración no existía más que como fundamento del Edipo. El año anterior se me concedió que Edipo era una especie de código catastrófico, fastidioso, que explicaba la gran miseria del psicoanálisis. Para la castración eso ha sido más difícil”.


1973. Deleuze regala a Michel Foucault un ejemplar del Antiedipo, intervenido por su familia. El mismo tiene escrito a modo de dedicatoria:

“Para Michel, admiración, afecto. Por las causas comunes –intolerables- en las que te acompañaré siempre”. Gilles.

“Esquizofreneticamente” Fanny. Ella es Denise Paul "Fanny" Grandjouan con quien contrajo matrimonio en 1956.

Incluye además una sentencia con aires dantescos y letras más grandes, se advierte: “No, Edipo no existe”.

Se ve el revés del artificio.


Se completa con dos dibujos, uno de su hijo Julien (1960) y otro de su hija Émilie (1964).


Émilie dibuja un volcán en erupción gente alrededor, unos edificios, casas y Julien una escena donde la caña, los peces, el pescador, el aire, el agua, el árbol, un continuo.


¿Unas infancias abren unos escritos complejos? ¿Por qué no?


Nos puede remitir a las palabras de Zaratustra “Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?

Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.

Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo”.


Michel es alguien muy querido, alguien para ser acompañado.


Una prueba de ese afecto es la presente carta que Deleuze le escribió a fines de 1970:


Querido amigo:

Así es como veo yo las cosas: para mí usted es el que, de nuestra generación, está haciendo una obra admirable y verdaderamente nueva. Yo me veo a mí mismo más bien como alguien lleno de “cositas” buenas, pero todavía amenazado por demasiados pedazos que siguen siendo escolares (es algo que quizá se acabe con la esquizofrenia, pero no estoy seguro). Me pasa a menudo que coincido con usted, que pienso algo parecido a lo que piensa usted, que emprendo una tarea análoga, o lo que más suele pasarme es que algo que usted ha escrito, de golpe, me hace avanzar. Y he aquí que escribe usted un texto en el que dice que lo que yo hago le parece admirable: no puedo decirle lo contento que me pone, imagínese. Y lo dice usted tan bien, con esa fuerza y ese estilo suyos, que lo creo. Pocas cosas me han dado tanto placer como leer eso esta mañana (y tengo la impresión de que no es por simple vanidad). Es un texto maravilloso. Tengo a la vez la sensación de que me comprende plenamente y que al mismo tiempo me supera. Es un sueño, pues. Me gusta particularmente: lo que dice usted de la historia de la filosofía como fantasmática, de la contraposición con la fenomenología, las tres teorías del acontecimiento, el funcionamiento del concepto, las páginas sobre Bouvard et Pécuchet, el fragmento tan hermoso sobre las drogas, todo el final sobre el retorno. Pero sobre todo está ese “tono” suyo que le da a todo eso algo extraordinario. Lo llamaré por teléfono hacia el fin de semana, reciba usted toda mi amistad.

GD



Referencias:

Gilles Deleuze, Félix Guattari. MIL MESETAS Capitalismo y esquizofrenia. Pre-Textos. España. 2004.

Gilles Deleuze – Claire Parnet. Diálogos. Pre-textos. España.1980.

Gilles Deleuze. DERRAMES. Entre el capitalismo y la esquizofrenia. Cactus. Buenos Aires. 2005.

Friedrich Nietzsche. Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie. Alianza Editorial. 2003. España.



Intervención-dedicatoria de la familia Deleuze en el ejemplar de "El Antiedipo" obsequiado a Michel Foucault - 1973

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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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