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  • Revista Adynata

Diapasón (fragmentos)/ Victoria Larrosa

etimología clínica

Toda palabra es neologismo que fuerza a los afectos a hacerle un lugar. Un fractal de sonoro que es testigo en peligro de los riesgos de vivir. Un pedacito de ámbar con un mosquito que cuenta malherido una historia desteñida de luchas y pasiones, que cuenta sonámbula los agobios de insistir y se burla de la pulcritud de la genealogía en itálica.

En la escucha clínica una palabra no viene del lat. ¿De dónde vienen las palabras transf(h)eridas? Vienen de un afecto, de unas esperas, de un grito, de una malaria, de unas manos, de los perros de la vecina, de los muertos de ayer, de lo que no tienen tumba, nombre, silencio, canción de cuna, brazos mutilados, de lo que abre el cielo de la tarde. Vienen solas y nadie las espera, del té que se enfrió, de un padre suyo en el cajón, de lo que no es propio y suena, de la astucia, de la alegría, del spam, del espanto, de la sorpresa de cómo puede ser!, de todo lo que también pasó sin ocurrir.

En A la escucha, Jean-Luc Nancy abre el juego con una aclaración del título que es que, a la escucha, designa una destinación -ir hacia la escucha- y también una dedicatoria. Escuché, a alguien que, a los tres años, me pedía que le escribiera una delicatoria en un libro que se le regalaba.

Si dedicar consiste, también, en declinar, dedicarse delicadamente a escuchar es declinar, perder y rechazar toda fe en los sinónimos y embarcarse en una incierta y pequeña barca que flota para no caer en las profundidades en las que está todo dicho.

Escuchar como destinación y no como destino, como orientación y como delicatoria -porque, además entre otras cosas, la escucha nos salva la vida- está más bien entre una ars menor y un oficio que entre una ciencia y una técnica.

Si la escucha no se orienta en lo intempestivo y no se dedica hacia un Afuera, se interioriza servilmente en una ficción moribunda. El agujero interior de la escucha tiene un afán colonialista, conquistador, normativo. Pensar a la escucha clínica requiere diversas texturas que involucren fuerzas que la impulsen a salir del agujero interior.

Miguel Morey, con otros como Foucault, Derrida, Michel Serres, entiende que el pensar, como una forma de patología superior- no es una actividad que parta de un sujeto (mucho menos si el sujeto es una forma personal), hacia otra forma personal. Se trata más bien una intensidad que puede llevarse puesto a alguien, enhebrarlo o conjugarlo con otras intensidades vivientes, pero de ningún modo es una actividad tranquilizante. Poético, perverso, polimorfo, son algunas de las características que, tuneadas de las pinceladas freudianas acerca de la sexualidad, encuentra para referirse a eéste movimiento sin agente y sin destino que corre a contrapelo de la doxa, de las ficciones que se dan por únicas, eternas y medidas de todas las cosas.



En Foucault esto está dicho de esta manera: pensar siempre es pensar de otro modo.



¿Qué orientación seguir, entonces, para pensar a la escucha sino aquella que esté en la tónica de una actividad compositiva?

¿Cuál es el cuerpo de la escucha?

La escucha clínica no es fisiológica, la audición lo es -aunque no sólo- y lo sabemos muy bien cuando la perdemos. La escucha a la que me quiero referir es la escucha en la que uno se pierde en otro cuerpo.

En Artaud, con su creación de cuerpo sin órganos, se advierte más contra la organización de los órganos que contra los organismos, contra la entronización de lo fisiológico como regulador de todo sentido.

Escuchando se navega entre la vertiente del sentido y el sinsentido, entre la orientación y la debacle, traccionando, yendo a contrapelo como el salmón, de la organización de los órganos hechos de ideales y clichés. Entre el articulado y secuenciado y el tejido conectivo de la sonoridad que enlaza sensorialidades, afecciones, ideas y simulacros.

No se trata tanto de proponer desorientarse sino de habitar ese desoriente construyendo cada vez alguna referencia provisoria. La construcción es obra del we transfer. La única persona que le cabe a ese trans que nos embarca es el We no demasiado humano que encarna en lo que pasa.

Atención flotante y asociación libre son dos oximorones en los que en el we transfer se teje a crochet, alrededor de un vacío que no carece de nada.

Al silencio, también, hay que componerlo.

¿pueden los reik ejercer el análisis?

voce com sua musica esqueçeu o principal

que no peito dos desafinados

no fundo do peito bate calado

que no peito dos desafinados/ tambeim bate um coraçao.

Antonio Carlos Jobim, Newton Mendoça

Freud se pregunta en ¿Pueden los legos ejercer el análisis?, en diferido, por eso que tiene lugar en la escucha analítica, por eso a lo que se hace lugar, presente, en la talking cure.

Son preguntas que soportan un delay y deben soportarlo en virtud de la materialidad sonora que al hacer pasar convierte a ese encuentro en una ocasión clínica.

El diferido del relato en cronos pone en vivo la simultaneidad del tiempo. Lo inconsciente que no pasa en cronos sino en un cromo, simultaneidad de meseta afectiva que permanece allí, sujeto de los avatares compositivos del cada vez - tenga la medida cronológica que tenga ese cada vez- para la desmesura propia de ese tiempo de lo inconsciente.

En la clínica, lo que pasa es contemporáneo a lo que lo hace pasar, que no es una persona sino una transfHerida enlazada a una transfHerencia.

Yo autor, usted lector; la escritura y la lectura implican y componen puntos intensivos-interferenciales que, antes de individualizarnos, nos singularizan.

Escribe Goyo Kaminsky en uno de los materiales más precisos y preciosos acerca de la composición conjunta entre memoria/olvido/escritura/heridas.

Freud se pregunta en su escritura por lo propio del trabajo de escuchar.

¿Qué es preguntarse sino habilitarse el eco del coro desafinado del mundo?

Curador profano de almas quizás sea el pseudónimo que mejor describe el oficio de la orilla clínica en la escucha analítica.

Theodor Reik, el acusado de curandero, discípulo y analizante de Freud, ilegal, que inspira la escritura de la más hermosa novela corta clínica escrita jamás: ¿Pueden los legos ejercer el análisis? localiza la escucha clínica en un cuerpo sin órganos que llama tercer oído.

La curandería, la curaduría analítica, no escucha la forma persona, interior, intrapsíquica texto en el mundo contexto, sino paisajes de fuerzas que componen o descomponen, matices, coagulaciones de mundo siempre otro, siempre texto. Es en esta vertiente en la que hallamos a la escucha en la clínica editando lo incunable y el porvenir en la producción simultánea de cada verbo.

En El habla analítica o La palabra analítica, según edición, Blanchot refiere una escucha que no es un asunto interpersonal.

En el plano de las razones imaginativas nietzscheanas, Freud inventa, en esa pieza, lo que Deleuze-Guattari llamaron un personaje conceptual para dirigirse, que es el juez imparcial. Un personaje que como cualquier personaje, o como cualquier concepto, es un viviente que está entre la existencia y el invento.

El juez imparcial un poco existe, cualquiera lo puede imaginar, dice Freud, es un hombre de ley, es un hombre gris, sostenido en la certeza de lo que sabe, que le habla todo el tiempo a esa certeza, y tiene que hacerlo para que Freud, allí devenido personaje conceptual, pueda decir de qué se trata eso que trata el dolor sin más que con palabras.

El escrito freudiano le pregunta a la escucha analítica cosas que ninguna otra pluma, salvo la que está marcando la cancha, se animaría a preguntar. ¿Cómo puede ser que usted -interpela el Juez- confíe tanto en una técnica de curación que esté solamente sostenida por la escucha? Esto ya se inventó hace muchos siglos, y se llama confesión. Freud responde que hay algo de una confesión, en términos de un hablar que declara. Pero que el analista, a diferencia del cura, no escucha pecados. Y que no se han observado remisiones sintomáticas en la escucha de confesión.

El anillado Reik, cuando se escapa de la guerra viaja a Estados Unidos y funda la primera asociación psicoanalítica de Nueva York. Lleva la peste. Y una oreja nueva.

pasajera en trance

El devenir no es del orden de la representación, pero puede pasar por ella, haciéndola añicos, o saturándola, doblándola, extrayendo sus partículas de tragedia y artefacto político y estético. El devenir es del orden de los simulacros fantasmas.

Una perspectiva interiorizante de lo inconsciente -no solamente no representativa, ni de propiedad privada, como si se tratara de aquella instancia donde a la razón le es permitida alguna fluctuación o descanso- nos invita a preguntar ¿cómo escuchar eso que pasa cada vez que el quién no es necesariamente una instancia personal?

La pregunta por lo que pasa no es una pregunta subjetiva. Mucho menos es una pregunta intersubjetiva. No es una pregunta por el sentimiento ni procede por un trabajo de reflexión.

Más bien la pregunta por qué ha pasado tiene mucho más que ver con lo que Nietzsche llama una antimemoria en un tejido segmentado.

Deleuze-Guattari nos advierten de los siguientes problemas atinentes a las segmentaridades.

En principio un problema axiológico: basta con un poco de flexibilidad para ser mejores. Esto implica en principio una lectura moral de las líneas, y new age. La segmentariedad flexible puede generar una percepción del fuera de foco, de umbrales, la opacidad, movimientos y demás. Pero justamente es en la línea de segmentariedad flexible donde tenemos que estar más atentos porque operan sobre la segmentariedad dura, de lo moral y lo molar, y lo que puede cada una de estas líneas. Lo que puede la segmentariedad flexible es remitir aquellos puntos que está interceptando, y reproducirlos en el plano de lo micro. Todos los microfascismos, y lo que ellos van a llamar los microedipos, se sitúan en el plano de la segmentariedad flexible, no en el plano de la segmentariedad molar.

Por eso son tan cuidadosos y van a repetir a lo largo de toda la obra que no es lo mismo el totalitarismo que el fascismo. El problema es el fascismo porque es canceroso.

Trabajan a partir del concepto de cuerpo sin órganos de Artaud, el contagio vía cancerígeno de los microfascismos. Es la línea flexible la que puede reproducir a nivel micro lo mismo que está atacando y denunciando a nivel de lo macro. Por eso cualquier cosa conecta con cualquier otra cosa. Por eso son tan insistentes Deleuze-Guattari con los peligros de la línea flexible, más que con las líneas duras. Inclusive que con las líneas de fuga.

El segundo error para pensar la lógica de las líneas, es psicológico. Consiste en creer que lo molecular corresponde a la psicología de los individuos, o de los inter individuos. Y que lo real social corresponde a lo molar. Ellos van a plantear que hay el mismo real social en una perspectiva micropolítica, que en una perspectiva macropolítica.

El tercer error que habría que poder evitar está referido a las dimensiones. Como si lo molar, su presencia de lo molar, sólo fuera efectuable en el plano de los grandes conjuntos. Hay estados de soledad, y estados de enamoramientos que se sitúan en líneas molares. Donde lo que se hace presente es un aparato estatal, mucho más que una máquina de guerra.

Y el cuarto error es llamado cualitativo, ya no de dimensiones. Consistiría en pensar que por la diferencia de naturaleza entre los segmentos, molares y moleculares, no tienen algún tipo de conexión. Los autores creen que se van a vincular según modos de proporcionalidad que es al mismo tiempo directa e indirecta. Es decir, cuanto mayor es la presencia de la atmósfera macropolítica o macrosegmentaria, mayor es la posibilidad en el tejido de un avance, y de una efervescencia de lo micro. Y al mismo tiempo van a plantear que también tenemos que decir todo lo contrario, que cuánto más rígido está el tejido, es más asfixiante, y eso es una condición local de relación entre las líneas, que son tres y no existen por separado.

Describen paquetes de líneas que no tienen un orden de presentación: segmentariedad pura, molar; irrupción o fisura –como diría Fitzgerald, hacia un paso de lo flexible; tercer momento, el estallido. En Deleuze-Guattari el estallido está antes. Y, como dice Cabrera: el tiempo está después.

Deligny, la etnografía, Fitzgerald, y Tarde son referencias fundamentales al respecto.

En De la magia, de los vínculos en general, Gabriel Tarde, microsociólogo, se monta en una sociología que se interesa no por las grandes estructuras, sino por los movimientos de contagio afectivo. Gabriel Tarde pensaba que todo lo que existe puede ser pensado en términos de creencias y deseos.

Es, también, sobre esta distinción de creencias y deseos que Deleuze-Guattari van a crear los dos planos de todo agenciamiento. Un plano de composición y/o un plano de consistencia, y un plano organizativo y/o un plano de estratificaciones. Todas las creencias corresponden al plano de lo organizativo, los deseos corresponden al plano de lo maquínico. Planos planes en permanente compenetración, tensión, fermentación, materias pluridimensionales y heteróclitas de los agenciamientos maquínicos de conexión y colectivos de enunciación.

kéfir

La Meseta de devenir plantea que la historia natural siempre pensó las relaciones entre las especies bajo dos movimientos: de analogía en términos de series, o en términos de estructura. Así se plantean semejanzas que van difiriendo en una serie, o se piensa en diferencias que se van asemejando en términos de analogía de proporcionalidad.

El elemento ‘a’, por ejemplo, es semejante al elemento ‘b’, es semejante al elemento ‘c’, es semejante a... Esta forma de la serie, dicen Deleuze-Guattari, fue tildada bajo el mote de una lectura imaginaria. La otra forma en la que se pensó la relación entre los elementos heterogéneos fue bajo la forma de una analogía de proporcionalidad. ‘a’ es a ‘b’ lo que ‘c’ es a ‘d’.

Los pulmones son a los hombres como las branquias a los peces. Es necesariamente verdadera, es netamente axiomática la analogía de proporcionalidad. Se ha pensado como un discurso ligado a lo real: si la proporción es verdadera entonces la proporción es real.

Un devenir no es una relación de semejanzas que difieren en una serie, ni tampoco es una relación estructural que difiere en una estructura o de estructura en estructura. El movimiento del devenir es un movimiento de lo real. Hay juego lingüístico sobre lo real, lo imaginario, y lo simbólico. El devenir es real, y es real lo que produce, sin que se transforme realmente cualquiera de los elementos que componen la aventura de lo deviniente. El devenir pájaro en Mozart, es tan real como lo que produce sin que Mozart realmente se convierta en ningún pájaro, y ningún pájaro se convierta realmente en música.

El devenir animal, o el devenir mujer, o el devenir niño, es exactamente lo que no es, y lo que Deleuze-Guattari dicen hasta el cansancio, creo hay una resistencia de lectura respecto de lo que es el devenir, como si se tratara de imitación.


El devenir es el entre, ese es otro nombre del devenir: entre. No es un promedio, no hay un promedio entre estas figuras. Todo devenir atañe a las constelaciones moleculares, y todo devenir es imperceptible al aparato perceptual de la forma humana. ¿cómo ecualizar la escucha, la escucha clínica, no la escucha de la persona del analista, hacia esos devenires?


Zourabichvili entiende que el devenir, lo que revela es una relación con el tiempo. Plantea que el acontecimiento es eso que ocurre entre un relleno de la forma vivida hacia otro relleno de la forma vivida:


Es preciso pues no sólo reenlazar sentido y tiempo, sino pensar el sentido como tiempo, o más bien como relación de tiempos. Decíamos que la verdad era inseparable de una hora porque no preexistía al acto del pensar, a su revelación, aquí y ahora. En el presente, debemos comprender que la verdad es ella misma una hora. Lo que revela no es otra cosa que una relación de tiempo…El contrasentido estaría en creer que Deleuze asigna un contenido a la verdad. Verdad del tiempo no significa por cierto a propósito del tiempo. La revelación es una presentación del tiempo mismo en su multiplicidad. Lo verdadero es el tiempo en tanto se presenta. La verdad es pensada aquí como devenir. Con independencia de todo contenido.

Y más adelante: Los hechos que llenan nuestra vida tienen lugar pues en dimensiones heterogéneas, y llamamos acontecimiento al paso de una dimensión a la otra, una efectuación en los cuerpos lo bastante singular, como para implicar una mutación intensiva a escala de una vida. Enamorarse, dejar de amarse... no se alojan en ningún presente, más allá de los actos y de los sentimientos son crisis temporales, subversiones del presente de las que el sujeto no sale indemne, idéntico a lo que era.

No se trata de una imitación, ni de hacer el niño, ni de hacer el loco, ni de hacer la figura estereotipia que parece que va en una relación reactiva a los modos molares del hecho social, donde el socius vía los tres estratos formatea la materia en un más de lo mismo, en un suplemento. El modo de producción del capitalismo es una figura que reprime no solamente por su presión, violencia física, torturas múltiples, sino también por inclusión, en un +1. Actúa dicotómicamente, abriendo cada vez más las ramificaciones de opciones. Esto es lo que se llama opciones de mercado. El capitalismo va a dar no todas, pero muchas de las opciones de relleno. El agenciamiento para Zourabichvili se ubica en ese punto de suspensión de sentido, entre una opción de relleno y otra opción de relleno.

Fuente: Diapasón. Entre lo oído, de Victoria Larrosa. Editorial Archivida. Buenos Aires, 2022.


Steve Reinke Dumbo Climax de Los Cien Videos 1995 Video (color, sound) Duración 2:28 min

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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