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En el inconsciente está el cosmos / Osvaldo Saidón

  • Foto del escritor: Revista Adynata
    Revista Adynata
  • 2 ago
  • 12 min de lectura

Este texto es una edición y transcripción de la intervención de Saidón en 2021, junto a Alfredo Aracil, en el marco del Congreso “Estados de ánimo de la salud mental” en el MALBA. El título original fue: Clínica y Sociedad. Del psicoanálisis al esquizoanálisis.


Transcripción y edición realizada por Sofi Guggiari



Alfredo: Buenas tardes a todos y a todas. Les damos la bienvenida a esta video-intervención de Osvaldo Saidón dentro del programa de este congreso llamado “Estados de ánimo de la salud mental”. Entre los participantes que ya hemos recibido y que vamos a ir recibiendo, hay médicos, psicoanalistas, otro tipo de profesionales del campo de la salud mental; hay artistas también. La idea es dar cuenta de esta heterogeneidad, de la cantidad de personas y de perfiles distintos, de subjetividades distintas que participan en las tareas de cuidado, en las tareas de contención. En todo el compendio de vínculos que se dan en el campo de la salud mental. Un campo muy abierto, precisamente, a cuerpos extraños, a encuentros desorganizadores, donde el arte tiene un papel importante, pero no en su sentido arte-terapéutico, sino más bien en un sentido desconocido, como algo de lo que apenas podemos contar antes de que pase.


Después de los años 50-60, ese continuo de la salud mental termina de tomar forma en expansión siempre, ampliando un poco su campo de actuación, incorporando lo grupal y lo comunitario. En la clínica, incorporando también perspectivas más esquizo. En el sentido de pensar un inconsciente que deja de ser representacional, que deja de estar articulado en torno a un teatro, que empezó a ser concebido como una fábrica, como una unidad productiva.


Ahora, con nosotras está Osvaldo Saidón. Su intervención tiene el título de Clínica y sociedad: del psicoanálisis al esquizoanálisis. Osvaldo es médico, psicoanalista y analista institucional. Fue parte activa, desde el comienzo, del colectivo y experiencia de edición de la revista-libro Lo grupal, con otros compañeros. Entre sus publicaciones se destaca Clínica y sociedad: Esquizoanálisis. Actualmente da clases y trabaja con grupos. Esa otra teoría del inconsciente es muy importante en su práctica. En su trayectoria en la salud pública tiene un lugar muy importante, igual que la política y las prácticas micropolíticas, como se ha conocido desde los años 80 a partir del desarrollo de Suely Rolnik y Félix Guattari. Una política de lo sensible, una política que no es la de los partidos y la de los grandes grupos, sino una política molecular. Y sin más, le voy a dar la palabra a Osvaldo. Vamos a escuchar su intervención, y a continuación le voy a hacer unas preguntas para continuar con su presentación.


Osvaldo Saidón: Últimamente hemos realizado una serie de cursos y de experiencias a las que les hemos dado el nombre de clínica ampliada. Ese término lo trajo a consideración, en esta revista Lo grupal que citaba recién Alfredo, Juan Carlos De Brasi. Fue uno de los fundadores y de los redactores de Lo grupal. Valga esto para recordarlo, porque él, que era filósofo, desde el comienzo fue un apoyo muy importante para entender que nuestra práctica clínica, nuestra práctica de clínica con grupos, nuestra práctica de clínicas en las instituciones, nuestra práctica psicoanalítica en el cotidiano del consultorio, de la consulta del hospital, tenía una dimensión que apuntaba a preguntarnos sobre nuestra posición existencial en el mundo. Y en ese sentido, el estudio de la filosofía fue un elemento importante. Sin duda, el más importante es el aporte que en un momento hacen Deleuze y Guattari en el campo de una filosofía útil. Quiero decir que se puede bajar a la actividad clínica, a la actividad artística, a la realización cinematográfica y, sobre todo, a lo que podemos llamar una clínica también política.


El análisis de las estructuras de poder, tanto de las instituciones como del modo en que nos insertamos en nuestra labor cotidiana, se volvió un problema fundamental en la historia del psicoanálisis argentino desde sus inicios. La muestra que está en el Malba con el nombre de Terapia muestra cómo el psicoanálisis, cuando nació en Argentina, y sus fundadores, como Pichón Rivière y Marie Langer en particular, siempre lo vieron como una herramienta para el cambio y la transformación social, y siempre fueron solidarios con lo que se llamó a nivel mundial el freudomarxismo. En realidad, todos nosotros. Digo nosotros porque todo el grupo después se dedicó a una práctica más ligada a lo que podemos llamar una clínica ampliada. Una clínica que no solo se ocupa de la neurosis, de los problemas familiares, de los problemas del cotidiano de alguien, sino también del modo en que eso está afectando lo social y de cómo lo social afecta a la persona. Y esto está en la propia ideología de muchos de los fundadores del psicoanálisis.


En el Cordobazo, en 1969, se entra en una crisis profunda, porque realmente no había cómo dejar de lado la dimensión de lo social en la práctica clínica. Un grupo grande de psicoanalistas decide separarse de la Asociación Psicoanalítica Argentina y fundan los dos grupos que se llamaron: Plataforma y Documento. Esto es, sin duda, un antecedente importante para poder cuestionar el modo en que se piensa el inconsciente fuera de un modelo familiarista. Una vez en crisis ya, al final de los años 60, comienzos de los 70, esta relación en el psicoanálisis argentino se expresa en una división muy importante. Prácticamente muchos de los didactas, entre otros, Marie Langer, Rafael Paz García y varios psicoanalistas como Pavlovsky, arrastran detrás de ellos una serie de jóvenes, entre los que creo que me encontré en aquel momento, y pudimos acompañar esta trayectoria.


Lo de esquizoanálisis viene porque en ese momento nos encontramos con El Anti Edipo de Deleuze y Guattari. Fue un modo de pensar, paralelamente, algunas concepciones que venían del freudomarxismo, cuestiones que venían de la articulación que se trataba de hacer entre el materialismo histórico y el psicoanálisis para pensar lo social y también la propia clínica, principalmente que se hacían desde el estructuralismo y con Althusser. Pero Deleuze nos permitió una línea de desvío: pensar conceptualmente otras cosas, otras cuestiones, pero fundamentalmente esto que vos decías, Alfredo: la idea de no reducir la comprensión del mundo, la comprensión del mundo psíquico, la comprensión del inconsciente a una estructura preformada, a un lenguaje preexistente. Se inaugura lo que después le dieron el nombre, que me parece un lindo nombre, de paradigma estético dentro de nuestra clínica. O sea, un paradigma creacionista. Un lugar donde podíamos experimentar con mayor libertad, pero con la potencia conceptual que nos daba toda una trayectoria filosófica que fundamentalmente Deleuze y Guattari nos aportaban. Por eso la importancia que le damos.


Y entonces encontramos que nuestro psicoanálisis era spinozista a veces, era nietzscheano otras, era freudiano también. Hoy día hay muchas corrientes de las que somos muy amigos, como con el propio Ferenczi, que trajo toda una mirada diferente de lo que es la contratransferencia y de la implicación del terapeuta. Éramos ferenczianos. O sea, salimos de un binomio que hasta ese momento existía entre los psicoanalistas, que era: o eras kleiniano o eras lacaniano. Y nosotros no éramos ni kleinianos ni lacanianos. Pero también, cuando nos interesa y cuando nos gusta, sí. Porque obviamente hay muchísimos aportes de ellos que tenemos incluidos también en nuestra formación y práctica. Con este bagaje, me parece que hoy podemos hablar de una clínica ampliada en el doble sentido: en el sentido de ampliar nuestra actividad del paciente individual al grupo, del grupo a la comunidad, pero también de la comunidad al análisis político. Con esto recuerdo que este título que ustedes le dieron, medio de parodia, Estado de ánimo de la salud mental, el propio De Brasi ya decía eso. Decía que el psicoanálisis había tenido tanto desarrollo en la Argentina, incluso había sido una de las catedrales psicoanalíticas en un momento, porque el estado argentino, más que un estado político, es un estado de ánimo.


La marca de lo que hoy me parece se ha constituido como clínica ampliada, de esquizoanálisis, de filoanálisis, de cartografía también —como usa también Suely Rolnik— está sustentada mucho más en que es una actividad micropolítica, en ver la práctica clínica también como una actividad micropolítica. Pero también ver la clínica ampliada en el sentido de que, en el propio tratamiento de un paciente, en el propio padecimiento, en el propio sufrimiento que trae, hay una ampliación que no se puede reducir simplemente a su historia y a su biografía individual, y que su explicación y su develamiento tienen que ver con una práctica siempre colectiva. Pasamos del individuo al grupo, al grupo familiar, al grupo extenso, pero también del grupo a la comunidad, al estado, y por qué no al cosmos. Yo creo que no es casual que la última obra de Guattari se llame Caosmosis, caos y cosmos. Sufrimos, nos enfermamos y solo nos curamos estando en conexión con problemas que no solo tienen que ver con el reducido cotidiano, el pequeño secretito familiar que tenemos escondido, sino con la posibilidad de lanzarnos a un riesgo de entender el misterio del mundo. Esto, en este momento de pandemia, en este momento de colapso humanitario, adquiere una significación muy importante. Hoy día yo les diría: no podemos hacer un grupo operativo como hacemos, un grupo de reflexión con los residentes en los hospitales, no podemos hacer un grupo terapéutico inclusive, donde la gente viene con sus sufrimientos, con la relación con sus hijos, con el encierro, con todo lo que está pasando, sin realmente abrir una dimensión de análisis que vaya más allá del inconsciente. Algunos llamaron inconsciente colectivo, inconsciente ampliado, y que Deleuze nos introdujo. Les recomiendo cualquier texto de él, porque abre la posibilidad de pensar el inconsciente mucho más allá de lo que tradicionalmente se pensaba. Él habla de un inconsciente de las ciudades, un inconsciente de la arquitectura. Un inconsciente que fundamentalmente es el encuentro, no con el lenguaje y con la estructura del lenguaje, sino el encuentro fundamentalmente con la creación y con lo que podemos llamar la potencia, y el modo en que esas potencias se expresan.


¿Qué sería tratar hoy? La otra vez escuché una frase de Kafka, no me acuerdo muy bien, algo así como: si no tenemos nada que aportar a una posibilidad deseante, a una posibilidad de que algún riesgo, que alguna aventura existencial podamos realizar, mejor quedarnos en silencio. Entonces el silencio que tanto se creó en el psicoanálisis sería la importancia de escuchar, es la importancia de dejar expresar a una potencia del inconsciente. El psicoanálisis tradicional, en muchos casos, pero no solo el psicoanálisis tradicional, sino muchas de las prácticas terapéuticas, al ser tan adaptativas, al preponderar tanto el principio conservador, el principio de realidad sobre la potencia del imaginario, de lo creativo, solamente han contribuido a esta especie de depresión social que hoy tenemos instalada.


Últimamente nos gusta seguir a los chilenos, que lo resumieron muy bien en una consigna, sobre todo la feminista chilena; salieron con una consigna en Chile que dice: no es depresión, es capitalismo. Y con eso hicieron estallar un país que parecía entregado a la pasividad, pareciera a la pasividad. Mostrando que tenemos que develar, en toda la amplitud, las fuerzas que hacen que la vida sea más triste y menos potente.


En aquel momento, entonces, hicimos algo muy simple. Por ejemplo, con los grupos, nos preguntamos cómo hacer que los encuentros sean encuentros potenciadores, sean encuentros predominantemente alegres, no sean encuentros tristes, como decía Spinoza, que no sean encuentros que nos descomponen. Encuentros tristes son las fiestas y encuentros donde la gente solo repite, solo ve lo que ya está para ser visto. Ir en busca de encuentros tristes... La pregunta es: ¿cuál sería hoy lo contrario, u otra cosa? ¿Cuál sería el encuentro alegre? No lo sabemos hasta que no lo hacemos. Es el principio de inmanencia. El inconsciente no trae ninguna trascendencia, es la pura inmanencia. Solo en la realización del propio encuentro es que vamos a percibir si los cuerpos se alegran, se componen, como en un cuadro, en una buena pintura y, sobre todo, pensándolo poéticamente. El gran desafío nuestro es cómo bajamos eso a nuestro trabajo clínico de todos los días. Para mí esto es fundamental, lo repito mucho a los muchachos y las muchachas en psiquiatría y en psicología: si no hubiésemos hecho ese acto en aquel momento, y entonces si no hacen este camino, con estos autores o con otros, no importa, con estas concepciones u otras, pero no hacen este camino, la verdad que dedicarse a estas carreras iba a ser, y es, un bodrio.


Alfredo: Gracias primero por la extensa intervención. Me da casi vergüenza preguntar después de escuchar, muy bien expresado, lo que sería el esquizoanálisis, que era una de las preguntas que teníamos. Esa línea derivada del psicoanálisis. ¿No sé si te atreves a hacer una definición? Entiendo justamente que el esquizoanálisis se caracteriza por no tener escuela, por ser algo que está en contra de lo escolar, algo que no se puede transmitir más que por la experiencia. No es un kiosco en definitiva, no hay maestros. Es una ciencia infusa y difusa. Entonces, esa sería una primera pregunta: si te atreves a contestar con tu propia práctica. Luego, otra pregunta, otra cuestión más bien sería: y como bien explicaste, partiendo de que la potencia y el poder son dos cosas distintas, ¿cómo se hace clínica en momentos en los cuales los poderes totalitarios atentan contra la vida de las personas? ¿Cómo la clínica puede responder también, a veces clandestinamente, incluso sospecho, a este tipo de situaciones existenciales? Una última —y te tiro tres temas para ver cuál quieres tomar y continuar—: los años 70 y los 80 son una época de experimentación radical, de plasticidad, de creación de conceptos, de entornos más habitables y más respirables para vivir. Hoy, y no solo por la pandemia, vivimos una situación bastante irrespirable, ecológica incluso. El aire está contaminado, es cada vez más difícil respirar. La clínica, ¿qué respuesta ecológica tendría? Digo ecológica por esta especie de comunión entre los vivientes, de lo vivo y lo no vivo, lo humano no humano. Antes hablaste del último Guattari, de la Caosmosis; entonces, ¿dónde estaría la clínica frente a esta hoy amenaza de colapso del mundo?


Saidón: Vamos a empezar por el final. Yo creo que el mundo ya colapsó. Hoy me confirmaron un dato bastante impactante: entre la deforestación del Amazonas y los incendios forestales de la costa del Pacífico en los EE. UU., producto del calentamiento, se ha invertido la relación entre oxígeno y carbono. Hoy se produce más carbono que el oxígeno que producía la Amazonia como pulmón del planeta. El tema es cómo vivimos hoy en esta situación, reconociendo, sin entrar en una posición apocalíptica, en lo ideológico, en lo vivencial, pero tampoco en un negacionismo de lo que realmente está pasando.


Dicho esto, volviendo a la pregunta: ¿qué es un esquizoanálisis? Le decimos que es una ciencia del devenir. No podemos definirlo porque está dirimiendo todo el tiempo. No hemos abandonado el término esquizoanálisis. No nos olvidemos que el texto que da origen a esto es El Anti-Edipo: capitalismo y esquizofrenia. No solo es una crítica al familiarismo, sino el gesto de relacionar necesariamente el padecimiento y la clínica con el capitalismo, cómo actúa molecularmente en todos nosotros. Esto sería el aspecto esquizoanalítico.


¿Qué hacemos nosotros en una sesión, en una terapia? Particularmente, hago lo mismo que hacía cuando era un joven psicoanalista empezando a trabajar. Trabajo en general 50 minutos y converso. Hemos experimentado con muchos dispositivos. Experimentamos con las drogas lisérgicas, experimentamos mucho con el psicodrama. Y tanto se ha experimentado que hay una corriente que se llama esquizodrama, que lo ha fundado Gregorio Baremblitt, con el cual también hemos compartido todo este desarrollo de los grupos de estudio, primero, y después de trabajo de esquizoanálisis en Brasil durante el exilio.


El esquizoanálisis es un modo de escuchar, un modo de relacionarnos y un modo de poner siempre en cuestión —por eso hemos vinculado mucho el trabajo institucional— la cuestión del poder. No confundir la potencia con el poder. No confundir el poder político con el poder deseante que se puede habilitar en diferentes situaciones, en diferentes momentos de la existencia. Nosotros encontramos esto en el dispositivo grupal y en el grupo terapéutico. Por ejemplo, hoy tenemos un desafío: ¿cómo hacemos grupo con Zoom? Guattari había dicho que la cibernética podría darnos un enorme poder micro y molecular de transformación y de información, o podría llevar a una moralidad de tipo fascista. Estamos ante el triunfo descarnado de esta segunda situación. O sea, hoy mismo no sé cuántos millones de fake news están circulando en el planeta sobre Cuba, tratando de desestabilizar y demostrar a Cuba como una dictadura y agitar lo que dicen ellos, el fantasma del comunismo. Todo esto apunta a producir un pensamiento único hegemónico. Todo lo que no sea este modo de conducir el poder en manos de las corporaciones económicas debe ser desterrado del planeta. Si para eso tenemos que aterrorizar a todos, si es necesario, se hará, porque así se sabe que funciona el mundo. Por ejemplo, el gran problema de la punición, del castigo. Para darte un ejemplo de cómo trabajamos: y en esto Foucault fue muy importante para nosotros, porque nos mostró que no es que, como pensaba el psicoanálisis y como piensa cierto pensamiento estructuralista psicoanalítico, la relación con la ley organiza el deseo. No es la ley. Primero está la punición. Primero está el castigo. Primero está aterrorizar a los jóvenes chilenos tirándoles balas en los ojos para que no salgan a movilizarse. Y después, producto de eso, viene la ley. Entonces vamos a ver si se castiga o no se castiga. Es fundamental primero castigar para aterrorizar, para dar miedo, para que la gente realmente sienta culpa en función de su deseo de vivir de otra manera. Porque lo que se estaba fundando es nada menos que la posibilidad de vivir de otra manera, otro deseo. Para mí, la revuelta chilena es un ejemplo extraordinario del poder deseante y no solo del poder constituyente. ¿Cómo pudieron resistir a pesar de ese terror que se quiso imponer? Esto me parece que es una clínica ampliada. Un movimiento psicoanalítico que realmente tenga el coraje de enfrentar los problemas de salud mental y no retroceda, como cuando Lacan dice esa linda frase de que no se trata de retroceder ante la psicosis. Lo que estaba dándonos ahí era decir: no retroceder ante las grandes dificultades. No pensar que de lo que se trata solamente es de reparar, sino de inventar otro mundo. La locura, lo esquizo, no es solo un lugar de padecimiento, sino también un lugar de invención. Desquicia. Por eso, esquizoanálisis. Las técnicas que usamos pueden ser muchas, podemos experimentar muchas, pero no está ahí la cuestión. La cuestión está en la posición que adoptamos en relación a la producción de subjetividad, a cómo se produce subjetividad. Como decía Foucault, el siglo XXI es deleuziano.


Alfredo: Te agradezco muchísimo la intervención. Vamos a continuar con la programación de este congreso, con esta idea de fondo: la clínica y la alegría de la clínica, esa llamada deleuziana. Otro tipo de clínica que no repare, sino que invente el mundo. Porque está la cuestión reparativa que está en el centro de la política de los cuidados, que muchas veces no está asociada a la necesidad de inventar. Les invito a seguir con el programa de este congreso: Estados de ánimo de la salud mental. Fue un gusto.


Lygia Clark Proyecto para un Planeta (1960) Escultura 28 x 30 x 20 Recorte de metal, aluminio
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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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