• Revista Adynata

Imaginalismo: trazos improductivos / Daniela Miceli

Texto presentado para el espacio de Hablas coloniales en las Jornada Grupos II 2019 “Hablas del Capital, hablas patriarcales, hablas emancipatorias, hablas coloniales.”




Lo que más toca el nervio del capital, es cuando decimos que hay otras formas de felicidad.

Rita Segato

Solo en sueños, en la poesía, en el juego, nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.

J. Cortazar


¿Quién defiende al niñx que no sigue el desfiladero de la norma? Las instituciones modernas producen subjetividades amoldadas al régimen colonial, capitalista y patriarcal, este último al nombrar establece las fronteras de lo inenarrable. Diseminación de taxonomías binarias que ordenan al campo social declarando quiénes deben vivir y quiénes están arrojados al olvido. La cadena de montaje de la sociedad capitalista empieza en la familia y continúa en la escuela. El ruido del motor de las fábricas de producción de subjetividad ,no cesa y se vuelve insonoro. Trabajan a medida de un programa político. A las infancias no sólo se las registra con una marca de genero, sexo sino también con un modo de relacionarse con el mundo. Se produce el capital no la vida dice Paul B. Preciado que dice M. Foucault que dice K. Marx. En este sistema de producción somatopolítica, maquina productora de normalidades sobre cómo sentir, actuar y pensar, siempre hay algo que escapa a su captura: infancias sensibles que resisten a la norma, mayormente sin darse cuenta, viven la vida rompiendo esquemas.


Aparatos de verificación de la norma controlan infancias para que se amolden a la medida de lo esperable. Paul B. Preciado sostiene: ´´El colegio funciona con una antropología esencialista. El tonto es tonto y el marica, marica. El colegio es un espacio de control y dominio, de escrutinio, diagnóstico y sanción, que presupone un sujeto unitario y monolítico que debe aprender, pero no puede ni debe cambiar´´[1]. Criaturas que permanecen sentadas en una silla por más de 40 minutos, levantan la mano para hablar, aceptan una posición rígida cervical y juegan acorde al sexo asignado en el patio son consideradas normales. Anormalidades: resistencias móviles, mutantes, incomodan la moral bien-pensante de las instituciones educativas que enseñan epistemologías del capital y patriarcales.

Infancias libres, se resisten al séquito de guardapolvo blancos que quieren domesticar y dirigir la vida. Resisten por su derecho a gritar en la calle, a imaginar y soñar sin explicar por qué. Rompen con moldes académicos, masa embrutecida que persigue el sueño de una normalización curadora. Infancias que molestan a los transeúntes de vista corta. Partículas polentosas que quiebran certezas sobre el buen vivir.


Lxs rarxs: les inquietan y enojan los problemas ambientales, las injusticias, las guerras, el sufrimiento de sus padres cuando pasan muchas horas trabajando y no alcanza para pagar las cuentas, les enfurece ´´el maldito dinero´´ ´se autoproclaman por un mundo sin dinero, se preguntan sobre maquinas que puedan viajar en el tiempo para reencontrarse con personas queridas, se preocupan cuando ven a un compañerx llorar, no les da lo mismo, no son indiferentes a lo que duele. Temen que al crecer pierdan la capacidad de imaginar. Les enoja estar horas copiando lo que dicta una maestra, proclaman que eso no sirve para nada, denuncian el disciplinamiento pedagógico escolar. Defienden su derecho a jugar como dice Maria Elena Walsh[2] ´´quiero tiempo pero tiempo no apurado, tiempo de jugar que es el mejor. Por favor, me lo da suelto y no enjaulado adentro de un despertador´´. Son ninguneados por agretas, raros, loquitxs, el chicx con problemas, déficit de atención, trastorno en el lenguaje, Asperger. Imaginan y luchan por ese mundo, impensable, que aún no tiene nombre.


17.30 hora pautada con los padres para comenzar el acompañamiento terapéutico.. Como todos los miércoles, paso por su domicilio. La saludo, ella me recibe entre sonidos y abrazos. Me orienta con el brazo, le pregunto si me quiere mostrar algo. La sigo con entusiasmo, llegamos a la televisión. Hago un comentario sobre lo que está viendo. Busco su complicidad y le pregunto si quiere ir a pasear. Me mira y nos dirigimos a la puerta. Salimos de su casa, caminamos, hacemos algunos sonidos "clap clap clap", se para en frente a la pared cubriendo su boca con sus manos y hace algunos sonidos, la imito, se ríe, nos miramos, seguimos el recorrido. Pasamos por las rejas de una iglesia, se agarra de los barrotes, le digo: "qué bueno vamos a treparnos" la ayudo con una pierna y luego con la otra hasta que estamos las dos trepadas en la reja de la iglesia. Nos reímos. Nos interrumpe una señora de barrio norte y nos pregunta, frunciendo las cejas, si estamos bien, que a la chica se le cayó el zapato y que no entiende qué estamos haciendo. Le respondo que estamos escalando para llegar al cielo, que está costando pero que estamos bien. La señora sigue su camino. Nos bajamos, nos reímos y emprendemos la vuelta.


Sigmund. Freud elogia el acto de jugar en la infancia como un modo de poetizar la vida, en términos de grandes cantidades de afecto que se ligan a la producción de mundo. Por eso la seriedad de quién se dispone a jugar. La creación imaginativa, inútil para el habla del capital, se vuelve vital para transitar lo que duele y preocupa, pero también resuena como fuerza desobediente que anuncia la urgencia de germinar otros porvenires. Otras semillas venideras de vientos rebeldes y tiernos. Raíces rizomáticas que piden por su derecho a vivir porque sí. La imaginación como herida, corte, interrupción que despunta un mundo nuevo impensado hasta el momento.

Paul B. Preciado ejercita la imaginación para pensar en una posible institución educativa que aloje singularidades en vez de preservar la norma. Espacios donde se puede estar en la vida con lo múltiple, con aquello que pide paso a otra forma de existir. Así nos sumerge en un territorio incierto que se abisma a las sombras de lo desconocido, relata: ´´El tiempo necesario para comenzar el tiempo animalista es tan profundo que parece imposible. Tan profundo que es inimaginable. Pero lo imposible es lo que viene y lo inimaginable es lo debido´´[3].


¿Cómo pensar estares clínicos que acompañen los dolores acallados y expulsados por una sociedad que domestica a las rarezas? ¿Qué pasaría si nos dejáramos atravesar por esas sensibilidades que no se agotan en lo conocido, que navegan a contramarea cartografiando otros mundos? ¿Quiénes seremos si corremos hacia ese riesgo?

[1]Preciado, P. B. (2019). ‘‘Un colegio para Alan’’ en Un apartamento en Urano. Ed.Anagrama. Bs As. [2]Walsh, M. E. (1998). Osias el osito. Edit. Espasa-Calpe. Buenos aires. [3] Preciado, P. B. (2019). ‘‘El feminismo no es un humanismo’’ en Un apartamento en Urano. Ed.Anagrama. Buenos Aires.



Dina Goldstein, Serie Fallen Princesess. Fotografía. 2007 - 2009

51 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo