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  • Foto del escritorRevista Adynata

Insistencias / Verónica Scardamaglia

Antes que la llamaran naturaleza, ella ya estaba ahí.

Antes que civilizaciones se edificaran, antes aún de que existieran las palabras

y las opresiones,

antes aún del descanso del séptimo día

-que ya anunciaba la condena y las restricciones a los placeres-.


Hoy, intentando recuperar el balcón de la invasión de cemento y ruidos,

observaba, maravillada, cómo lo vivo insiste:

Entre esos manojos de muchas cositas oscuras que llamamos basura,

crecía una pequeña suculenta.

Asomaba clara y minuciosa

sin saber de esta civilización

sólo estando ahí,

con unas raicitas mínimas que se agarraban a los manojos

creyéndolos tierra.

En el balcón proliferan plantas

que fueron llegando

de cuando en cuando

y desde la primavera

quedan enmarcadas

entre los frondosos árboles de la vereda.

Cuando Paz todavía no conocía la noción de tiempo

le mostraba las ramas de esos mismos árboles

en su estado de otoño

y ante el brillo maravillado que siguen teniendo esos ojos

le decía:

cuando de los brotecitos

que están ahí, en las ramas

empiecen a salir hojitas

ahí, cumplís años.

Una vez, alguna otra mañana de domingo

se me ocurrió agrupar plantas de la misma especie

en una maceta de esas rectangulares.

Siempre buscando la validación del conocimiento

se lo comenté en la escuela a mi sabia amiga Andrea

que con una sonrisa pícara y luminosa me dijo:

¿y desde cuándo la naturaleza crece ordenada?

Y riendo agregó: ¡Dejá que se agrupen como quieran!.

Hoy pensé mucho en ella mientras limpiaba el balcón

como pidiéndole permiso

para sacar de ahí la presencia de la obra

en ese polvillo tan pero tan invasivo

- cómo las formas de vivir que naturaliza la civilización-.

Pensaba en todxs lxs amigxs tan pero tan angustiadxs

y desesperadxs ante este momento

pensaba en palabras para ellxs

y miraba a la suculenta ahí

chiquitita, frágil y agarrada a ese manojo.

Y me acordaba de la gran admiración

por las plantas y los árboles

y las palabras

de dos sabiondos amigos

que, aún en tiempos como estos

-o peores que estos-

me enseñaron que lo desobediente nace

de la insistencia que late

en la potencia desordenada de lo vivo.



Queremos tanto a Vicente (2023) Verónica Scardamaglia. Fotografía.

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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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