• Revista Adynata

La oración de Trelew / Vicente Zito Lema

Leída en la tumba de María Angélica Sabelli

En su memoria y la de cada uno de los fusilados

en la base naval Almirante Zar, el 22 de agosto de 1972

Señor no sé si María Angélica creía

o no creía en vos / y si la fe existe / corre o nada /

se desborda por fuera de los actos /

como un río de cristal que nunca tuvo cause


Tampoco sé si en el final del día / a la hora de los lobos

y las nubes de espumas negras / ante el espejo del justo amor /

el amor que deja su huella / eso sirve para algo / más que un

ruego / una servidumbre o las indulgencias pagadas con oro

Pero no dudo Señor que estuviste a su lado (¡fuiste su costado!)

cuando la torturaron y otras agonías / cayendo como lluvia de

vidrio sobre la comisaría de Villa Martelli (hablo de un tablado

del infierno)

Y que fuiste vos quien arrimó un poco de paz /agua del milagro /

por piedad o bondad una gota de rocío/

¡ese instante! / ¡esa víspera de muerte! /

sobre su cuerpo enloquecido / hecho carne

en la carne machucada por tanto golpe /

a pura picana / ese cuerpo de muchacha abierto y padecido

hasta convertirse en muchedumbre de dolor /

en sinfonía del espanto


Señor ella tenía el pelo negro (como ala de pájaro)

los ojos traían la luz con gloria de quien mira más allá /

y su mano pequeña había escrita alguna vez / bien grande

y a los apurones


PERON VUELVE

EL CHE VIVE

como quien dice vuelve la alegría / los niños no vivirán para

la muerte /se limpiará esa bóveda que abundó en la sangre /

esa sangre de inocentes / o mejor como quien siente

que la patria es un murmullo de vientos

y de músicas sagradas

un aliento que tiembla / una arenita que se queda

para siempre en los dedos…


Señor recuerdas cuando en la cárcel de Villa Devoto

ella se subía a la ventana y miraba los cielos que nacían

detrás de los rojos cielos / tenebrosos / mal de augurios

¿Miraba la muerte que le venía pronto?

¿Miraba esos pasos que no daría?

¿Ese mar silencioso que le esperaba?

¿Pero sus ojos eran el mar / sus manos eran el fuego?

¿Su vida una esperanza que se desvanecía / una nube

de ángeles desnudos en la mañana breve…?

Señor no habrás olvidado

cuando a María Angélica la llevaron al sur (como si fuera

ganado y no dulzura)

y que en la celda de su último penal en el universo de sus

precarios días / ella acomodaba su poca ropa / leía

poemas para sus compañeros (mientras la belleza

dormía en sus brazos igual que un gato)

y planeaba la libertad como quien alza una hoguera

y esperaba alegre la llegada de cada último domingo del mes

para ahuyentar la tristeza de sus padres / su sonrisa Señor

y su gracia de mariposa que detiene sus alas en el vuelo

eran una gracia para ellos…tan mal tratados…

tan desolados…

Señor conoces toda la historia: la fuga / la toma del aeropuerto

un avión que no aterriza /su entrega a los jueces la promesa /

las fuerzas de la Marina /

sus últimas noches en la base Almirante Zar

(de espaldas al mar)

y de cómo vejaron su cuerpo de niña / su alma de niña

que anhelaba pasiones sin limosnas…

Ella estaba en un pasillo con la cabeza baja (¿y las nubes…

y las nubes…?)

llevaba sus mantas y esperaba / un nuevo interrogatorio /

una nueva crucifixión… (¿un abandono sin respuesta para el

ayúdame Dios mío…? / Un clamor de sombras que interroga:

¿Por qué me abandonaste…?


Señor primero fue un tiro en el brazo / después le destrozaron

la nuca y aunque ya estaba muerta

volvieron a pegarle un balazo en la cabeza (¡la sangre / la sangre!

¡y esa mirada sin espejo de quien derrama la sangre!)


Señor para esa madrugada no quedan pájaros del cielo

ni belleza de la tierra / no tengo otra cosa que el recuerdo de la

madre de María Angélica

mientras viajábamos a rescatar su cuerpo

No tengo más y apenas que esa sonrisa de antes

que conocía de María Angélica

la sonrisa de quien tenía veinte años el pelo negro (que no

se agitará)

y que alguna vez había escrito en las paredes /

en los muros / en el agua…

su grito de vida / su grito de tempestad

su grito por el grito de los 16 asesinados

por tanta muerte en las paredes / en los pisos /

en las caras / en las manos / en el país de los olvidos…

Señor la joven viajera no se resigna

no se resignará Señor

¿Señor esperas de nosotros el olvido?

¿El olvido Señor y así perder el amor de ella / ella que

era una criatura bienaventurada del amor…?

¿Y así perder la vida de ella / ella que vivía como si fueran

eternas cada hora de la revolución…?

¿Y así dejar marchar el tren que lleva a los sueños

que nos sueñan con la frente celeste

como olas bravas de la mar / como savia del girasol /

o sea la vida para la vida… aún en el tiempo en que la historia

sólo es sal que quema en las heridas…?

Quien olvida traiciona Señor

Nuestra gran memoria

Nuestra única riqueza

La debida aventura

Esa estrella gigante

El único camino Señor

Para que las tumbas de Trelew

no se cubran de oscuras hierbas / más que secas

sin gloria y sin rocío…


El cuerpo subversivo Aimee Zito Lema (2016) 172 x 130 x 38 cm imágenes re-fotografiadas impresas en blanco y negro

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.