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Poéticas del derecho a jugar* / gonzalo sanguinetti

  • Foto del escritor: Revista Adynata
    Revista Adynata
  • 2 ago
  • 10 min de lectura

En las horas de los grandes hallazgos, una imagen poética

puede ser el germen de un mundo.

Gastón Bachelard

 

Una hilatura que enhebra Infancia, Juego, poética e imaginación.


Citas como Juguetes de pensamiento, para una lectura poética de la infancia, una lectura poética del jugar, una lectura, en clave de sospecha, de cierta mutación actual de la infancia y el juego, que incide directamente en la imaginación, tanto política como poética.


Asistimos a un tiempo histórico refractario a la infancia: cada vez hay menos temporalidad infantil. Todo tiempo se encuentra asediado por un imperativo de productividad, utilidad y rentabilidad. Pareciera que no se puede perder tiempo, pero entonces ¿Cómo jugamos sin perder tiempo?

 


Poética de la infancia


No situamos la infancia como un sinónimo de niñez. Sabemos que hay niñeces sin infancia. No limitamos, ni restringimos su experiencia al universo de las niñeces. Queremos pensarla como hábitat de una función poética, de una sensibilidad poética, como un modo de existencia poético.

También podemos pensarla como el sentido lúdico de una vida.

 

Comencemos con un verso de Louis Glück: “Miramos el mundo una sola vez, en la infancia, el resto es memoria”.

Infancia no es un estadío evolutivo, un momento del pasado, una etapa que se supera, nuestra parte inmadura, incompleta o inacabada. Infancia es una función vital, un reservorio de fuerzas capaces de abrir la imaginación del mundo, constituye el topos de la imaginación.

Infancia nombra un estado de posibilidad del mundo. El juego es la vía que permite relacionarnos con el mundo como un estado de posibilidad. Toda vez que jugamos estamos en la infancia, ingresamos a ese territorio común.

Infancia y Juego producen poéticas del mundo. La imaginación, la creación, la ensoñación y la fantasía operan como potencias poéticas que inciden decisivamente sobre el mundo en el que vivimos (Quizás más decisivamente que cualquier otra, aunque no lo advirtamos tanto).


Infancia es esa función que siempre puede inventar otra vez el mundo.


Designamos como infancia a un estado poético de la existencia, del mundo y de la lengua.


La poesía cuenta la infancia del mundo.

 

En una entrevista que le realiza Tamara Kamenzsain en 1973, Juan L. Ortiz sugiere:

La poesía es la realización del estado de infancia que debe permanecer a través de todas las edades. Y llamo estado de infancia a esa frescura, sensibilidad, disponibilidad, a esa apertura a todo lo que aparece. Hasta la materia misma puede acceder a lo que llamamos vida.” 


Infancia, en tanto apertura sensible, estado de sensibilidad, es insumisa -por definición- al utilitarismo de mercado, a la instrumentalización del mundo, pues nada es objeto inerte, nada es objeto de usufructo, abuso, explotación, todo deviene pasible de una cualidad animada, una cualidad viviente, afectante e imaginante. En ese sentido, presupone un tipo de relación ético-política y ético-poética con el mundo: una relación no de entendimiento, ni de acatamiento, sino de desobediencia encantada.


Lo que estamos situando como infancia es, con toda precisión, una contrafigura de la crueldad.


Entre Destellos (2020) Natalia Ortiz Maldonado escribe:

La infancia Es el territorio común de la total radiancia de las palabras, de la lúcida expresión del juego, de la equivalencia entre la apertura de una naranja y la apertura de un mundo.”


Llamamos infancia a la vigencia -en el presente- de esa posibilidad de mirar el mundo por única vez, otra vez, y las veces que se hagan necesarias para relanzar, recrear, reinventar y reimaginar el mundo que vivimos cada vez que el realismo capitalista pretenda de-terminarlo de-finitivamente.

 

En aquel verso de Glück, “Por única vez” quiere decir “como nunca antes”. Es cuando estamos en la infancia que nos es dado mirar el mundo como nunca antes.



Poéticas del Jugar


Para que haya condiciones de infancia es preciso que haya Juego. Sin Juego no hay despliegue de infancia, es el hecho de Jugar lo que inaugura la dimensión de infancia, la temporalidad de infancia.


En “El creador literario y el fantaseo”, Freud conjetura una relación íntima entre infancia, juego y poética, escribe: "Toda infancia que juega se comporta como un poeta: inserta cosas de su mundo en un nuevo orden que le agrada."


Jugar presupone de entrada una operación poética: crear/imaginar/fabular/ensoñar sentidos inauditos en la realidad, dotar el mundo de sentidos inimaginados, insertarlos en su trama para transmutarlo, transfigurarlo, hacerlo mutar hacia algo que agrade. En el jugar anidan potencias de una imaginación capaz de crear sentido, de crear mundo con el mundo dado.  


Siguiendo esta conjetura freudiana, pensamos que la infancia instaura jurisprudencias de la imaginación, que se materializan a través del Jugar. El jugar como jurisprudencia inaugura y declara, ciertas temporalidades y espacialidades como territorialidades lúdicas. Estas declaraciones de jurisprudencia lúdica, implican la posibilidad de transformar radicalmente las relaciones entre cuerpos, afectos, sentidos, significados, dimensiones de tiempo y espacio, que reconfiguran qué pueden, de qué son capaces esos elementos bajo este nuevo orden de relaciones lúdicas.


Por ejemplo, saltar en una cama elástica instaura una nueva relación con la gravedad, especialmente con lo que gravedad tiene de inexorable fuerza de Ley, de determinación implacable, de fuerza inapelable.


La acción de instaurar, tiene que ver con legitimar una manera de ocupar un espacio-tiempo singulares, como sugiere Étienne Souriau, “Instaurar es volverse como el abogado de existencias aún inacabadas, su portavoz o, mejor, su porta-existencia. Portamos su existencia como ellos portan la nuestra. (…) Es entrar en el punto de una manera de existir, no solamente para ver por donde ella ve, sino para hacerla existir más, ampliar sus dimensiones o hacerla existir de otro modo.”


Jugar instaura modos de relación poética con cada elemento de la realidad, abriendo la posibilidad de composiciones de sentido inauditas, constelaciones afectivas, sensibles, perceptivas inexpermientadas, imaginaciones inconcebidas.  De esta manera es insumiso -por definición- a la carga de fatalidad e inalterabilidad con la que “la realidad” impone su obligatoriedad.


Una relación poética consiste en una redistribución de potencias y afectos capaz de hacer emerger e instituir una territorialidad, una temporalidad, una musicalidad, un campo afectivo, un estado de sensibilidad, ahí donde no pre-existían.  Pensado como práctica de imaginar e instaurar relaciones poéticas con el mundo, el Jugar crea un modo inédito de relación entre los elementos del mundo, los dota de sentidos y de potencialidades inauditas, inconcebidas, inimaginadas. Una práctica de la que obtenemos un afecto imprescindible: la alegría de imaginar y la alegría de percibir, una alegría de los sentidos.


Freud pone el acento en que “lo opuesto al juego no es la seriedad, sino la realidad efectiva”. El Jugar no se mide con lo serio sino con lo inalterable, lo inexorable, lo ineluctable. Es el movimiento que inaugura la posibilidad de una posibilidad, la posibilidad de una posibilidad en la imposibilidad.


Al Jugar establecemos un modo de relación con lo posible a través de lo imposible.


La potencia de instauración del Jugar precipita una suspensión de las determinaciones que hacen-existir. Cuando Jugamos hacemos-existir de otro modo las cosas, al tiempo que nos hacen existir de otro modo: Hacer de un baldío un estadio, de un remiendo de trapos una pelota, hacer de una gambeta, una pisada, una rabona un juguete, hacer de una cuchara una nave que recorre el cosmos, ¿No son evidencia de una profusión de actos poéticos que delinean y pueblan el territorio de Infancia?


Hacer de una cosa, otra cosa que nos maravilla y encanta, iniciarse en un nuevo mundo, restituir el asombro de lo desconocido en lo conocido, es el grado cero del efecto poético. Gastón Bachelard aventura que el efecto poético del jugar alcanza a elaborar todo un cosmos, cuando sugiere que "un cosmos joven es una infancia exaltada."


En el Jugar anidan promesas de secretas políticas, poéticas y estéticas porvenir, porvivir. Ahí respiran reservas fundacionales de otros modos de existir, una tierra fecunda en hipótesis de vida.

 


Revocaciones de la infancia


Revocar es "convocar para cancelar, anular o retroceder un mandato o una resolución”, también "llamar a alguien para disuadirlo o convencerlo de abandonar cierto designio o propósito".


A partir de situar la gamificación como proceso de transfiguración socio-histórica que coopta y usurpa el sentido cultural y la potencia vital del jugar, para reducirlo a territorio de usufructo y explotación, entrevemos otra transformación epistémico-política en curso: la revocación de la infancia.


Con revocación de la infancia advertimos, por un lado, el desmantelamiento del conjunto de leyes, instituciones y políticas constitutivas del andamiaje jurídico que erige a la infancia como un sujeto histórico, cuya vulnerabilidad debe ser cuidada y resguardada por un sistema de protección integral de derechos. Una reserva protegida de la explotación, la mercantilización, el usufructo, es decir, protegida y preservada de las fuerzas operativas y extractivistas del capitalismo.


Ese desmantelamiento se efectúa en algunas líneas de fuerza actuales:


-Patologización y medicalización de la infancia: Proliferación y multiplicación de etiquetas diagnósticas (llamados "trastornos", no padecimientos) que se corresponden -sin que nadie lo advierta- con una reducción exponencial de los tiempos y espacios dedicados a jugar, dedicados a construir escenas y tramas lúdicas en común.


-Financiarización y endeudamiento de la infancia: En 2024 la Comisión Nacional de Valores habilitó, a partir de los 13 años, el acceso a instrumentos financieros para intervenir en el mercado de capitales. Profundizando un desplazamiento iniciado en la década del '90 (niños a consumidores): de consumidores a inversionistas o intermediarios financieros.

En conjunto, pensamos el endeudamiento de infancias y juventudes a través de la proliferación, extensión y alcance reticular de las arquitecturas digitales que multiplican los accesos tanto a juegos cuyo diseño ya incluye estructuras de monetización, como a plataformas de apuestas digitales.


-Criminalización de la infancia: En simultaneidad con la baja de edad de ingreso al mercado de valores, se reactiva la imperecedera pulsión punitiva para bajar la edad de imputabilidad a los 13 años.


-Hiper-mediatización digital de la relación afectiva con el mundo.


-Desmantelamiento de las tramas comunes de cuidado y de juego


Pero revocar la infancia no se limita al sistema de derechos que velan por su existencia. Afinamos la lectura hacia una consecuencia más sutil, y por ello, más decisiva de esta redefinición epistémica, política y sensible de la noción de infancia: la delegación de la imaginación poética, que no es sino el fundamento de lo que llamamos Infancia.

 


Extractivismo del Jugar y delegación de la imaginación


Bachelard escribe que “la imaginación siempre intenta un futuro. Es en primer lugar un factor de imprudencia (…) algunas ensoñaciones poéticas son hipótesis de vidas que amplían la nuestra”.


Pero en carencia de espacios, tiempos, compañías lúdicas en y con las que esas potencias puedan desplegarse, o bien, mediante su puesta al servicio de una retribución económica, se atrofia, enferma la capacidad de jugar, que es aquello con lo que podríamos imaginar otro porvenir que el horizonte de desastre y desdicha que nos ofrece el realismo de devastación del capital.


Bachelard le discute al psicoanálisis su preferencia por la adaptación al principio de realidad como signo de buena salud. Piensa que una vida privada de la función de lo irreal padece tanto como una vida privada de la función de lo real.”


Si la función de apertura que es la imaginación no trabaja bien, y no participa como tal proponiendo alternativas, novedades, sueños e hipótesis, ensueños y fantasías, entonces la percepción misma de lo real se empobrece y queda restringida a una suerte de anestesia senso-perceptiva , un embotamiento de la imaginación, provocada por el hábito y la repetición.


El Jugar y la infancia (como territorio creado por el juego) suponen incidencias problemáticas para el proceso vigente de monetización exhaustiva de la vida cotidiana. Y esto porque Juego e Infancia constituyen paradigmas de la interrupción, la improductividad, de lo inútil, de la gratuidad, del disfrute y el goce de lo creativo y lo recreativo (una economía del placer no regida por las lógicas del valor, la acumulación y la rentabilidad), representan el disfrute de perder el tiempo. Jugar es el gran saboteador de la economía del rendimiento.


Meditando sobre escritura, lectura e imaginación, Úrsula K. Le Guin recuerda que la imaginación no es una forma de hacer dinero, tiene poco que ver con el universo de sentido de la ganancia monetaria: “La imaginación no tiene cabida en el léxico del lucro” escribe, “cuando jugábamos no nos estaban vendiendo nada”.


Jugando interrumpimos la inercia del mundo, haciendo nacer otros mundos de esa discontinuidad.


La hipótesis de una revocación de la infancia en marcha advierte sobre un estado de clausura de la posibilidad lúdica, un desmantelamiento, en la trama de lo común, de los espacios-tiempos reservados al jugar.


Creemos que es esa capacidad de cultivar la imaginación poética, constitutiva de la infancia, lo que está en juego, lo que busca ser destituido. Si esta capacidad de imaginar el mundo jugando peligra, lo que se atrofia es nuestra imaginación para crear instrumentos sensibles capaces de transformar nuestra relación con la vida, entre ellos, esa encarnación colectiva de la imaginación que llamamos política.


Nos es familiar la idea de la política como “herramienta de transformación de la realidad”, pero descuidamos que el principio de transformación, transfiguración y transmutación de lo real es un principio de orden poético. No hay política transformadora sin imaginación poética. Quizás necesitemos pensar una infancia de la política.


Algo que María Negroni señala cuando escribe “la poesía es la continuación de la infancia por otros medios”. Creemos que, en lo esencial, la revocación de la infancia está apuntando a la detención de la latencia poética que podría animar y donar imaginaciones de otro mundo.


Si no sabemos jugar, ya no sabremos imaginar otra vida. No tendremos con qué concebir otras hipótesis de vida en común.

 


Cuando todavía no es demasiado tarde


Refaat Alatahatma, es un anestesiólogo Palestino-Boliviano, que reside junto a su familia en Rafah. Hace 3 meses espera que los autoricen a integrar uno de los vuelos que evacúan vidas que sobreviven en Gaza. Relata que fueron desplazados 11 veces de los hogares que fueron improvisando entre ruinas desde que Israel empezó la devastación.


En esos desplazamientos forzados, fueron perdiendo todo lo que tenían. Entre esas posesiones, los juguetes de sus hijos.


Ayham, el más pequeño, de 4 años, le pide con insistencia una pelota perdida en alguna de las 11 huidas precipitadas por bombardeos.


Después de algunas semanas, consigue una para restituir la perdida.

Entonces cuenta:

“Hace unos días, Ayham volvió a tener su pelota

La misma que perdió cuando huimos.

La misma que me pidió durante meses, con esa insistencia que solo los niños conocen.

Ahora la tiene.

Y su sonrisa lo dice todo.

Pero no puede jugar en la calle.

No hay lugar seguro.

La calle en frente de mi casa tampoco. Ya lo vieron a primeros de este mes, cuando todos nos salvamos de milagro.

 

Ayham juega en casa con su hermano mayor.

Entre paredes que tiemblan.

Sobre un suelo que ya no es seguro.

Con una pelota que rebota contra el silencio.

Y aun así, juega.

Porque los niños de Gaza no esperan a que el mundo les devuelva la infancia.

La inventan.

La defienden.

La celebran.”


No se trata de ofrecer una mirada nostálgica, conservadora o impotentizante que trate de retornar a una infancia perdida, sino de señalar la urgencia de crear condiciones para hacer-infancia, como una contraofensiva lúdica a la imaginación apocalíptica de un mundo agotado, como persistencia de una “simpatía de apertura a la vida”, como estocada lúdica que inventa la posibilidad de una carcajada aún entre las ruinas, como reserva lúdica donde cultivar imaginaciones para otro porvenir.


Quizás se trate de crear condiciones para dotar de infancia al mundo.


Como escribió Mia Couto, “La infancia es cuando todavía no es demasiado tarde. Es cuando estamos disponibles para asombrarnos, para dejarnos encantar”.


Resguardar, habitar e intensificar esa temporalidad del todavía no es demasiado tarde.


*Este texto corresponde al encuentro inaugural de la Cátedra libre "Poéticas y políticas del derecho a jugar. Decires desde la República Argentina" llevada a cabo por el Consejo Federal por la Defensa del Derecho a Jugar, durante Septiembre y Octubre del 2025.


Alessandra Sanguinetti (2003) Los novios. Serie Retratos de la vida en Palestina 2003 - 2004.
Alessandra Sanguinetti (2003) Los novios. Serie Retratos de la vida en Palestina 2003 - 2004.

Comentarios


Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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