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- Sin saber lo vivido (Décima tercera entrega de esquirlas del miedo) / Marcelo Percia
Fragmentos que se iniciaron como esquirlas de miedo, de a poco, comienzan a sentirse como esquirlas del odio. El miedo macerado, ¿deviene aversión? No, el odio estaba desde el principio denigrando y hostigando un ideal de cuidado sin distinciones ni desigualdades. Una ética del cuidado se inclina sobre una soledad para averiguar qué le está pasando. Realiza una clínica del cada vez que practica la detención, la demora, la pausa. Emergencias sanitarias necesitan protocolos: economía de acciones programadas, pautas establecidas a partir de lo ya sabido, listados de recomendaciones razonadas. Mientras el protocolo sanitario da respuestas, una ética del cuidado da tiempo. Mientras el protocolo sanitario da esperanzas, una ética del cuidado da la espera. Mientras el protocolo sanitario da la voz autorizada que evita indecisiones, una ética del cuidado da el silencio que necesita la angustia. Mientras el protocolo sanitario formula consignas, una ética del cuidado da aire cuando el latido de una palabra se apaga. Una ética del cuidado hace respiración boca a boca a las palabras, a cualquier palabra, aunque se trate de vocablos que no signifiquen nada. Gusta a la vida que la sorprenda una intención bella. Tal vez considera bella una forma que no la ciña, no la aquiete, no la sepa. Dos años antes de la pandemia, el tres de enero de dos mil dieciocho, una respuesta por tuit de Trump pone al desnudo el aciago comienzo del siglo veintiuno. “El líder norcoreano, Kim Jong-un, acaba de afirmar que el botón nuclear está en su escritorio en todo momento. ¿Alguien de su régimen agotado y hambriento de comida le informará que yo también tengo un Botón Nuclear, pero es mucho más grande y más poderoso que el suyo, y mi Botón funciona?”. Reconforta encontrar un castillo de arena que pudo sobrevivir un día. Una perseverancia permeable a las infatigables disuasiones del mar. En momentos de peligro, cuando no se sabe qué hacer ni hacia dónde disparar, se necesita saber en qué o en quién confiar. Mientras la fe -como se dice- es ciega, la confianza se decide por una opción que sabe falible. En Hablemos sin saber (segmento de Peligro, sin codificar) pintorescos expertos -con explicaciones divertidas- parodiaban el sentido común sobre un tema. En uno de los episodios, se debatió por qué Messi no rendía en la selección nacional. Uno de los panelistas razonó que eso se correspondía con el número que llevaba en la espalda; recordó que el futbolista jugaba en el Barcelona y concluyó en que era obvio que diez euros no rendían lo mismo que diez pesos. Mientras otro, que decía que el problema residía en que no estaba jugando en su posición, aseveraba: “¡Messi es arquero!”. Hoy la televisión reproduce el esquema en forma macabra: argumentos caprichosos sobre las cuarentenas y las vacunas asumen la dolorosa forma de Matemos sin saber. Wittgenstein (1921) finaliza el Tractatus logico-philosophicus con una proposición precisa y enigmática: “De lo que no se puede hablar, mejor callar”. La puntuación se puede leer como recomendación a abstenerse de perorar de lo que no se sabe. También como llamado a un común silencio, para decidir una palabra que no haga daño. No conviene que la fuerza de una justa rabia se pierda consumida por odios y resentimientos. Una rabia alcanza la cualidad de justa cuando se libera del deseo de dañar: cuando enardece celebrando la vida. Un rostro de miedo refleja todos los miedos. Un fastidio, todos los fastidios. Una soledad, todas las soledades. Una gratitud, las gratitudes. Cada rostro concentra gestos enlentecidos por el tiempo. Se ofrece como delicada maqueta de un paisaje o tormenta sentimental. Se extrañan los rostros, aunque la voz y algunas imágenes trabajen más para evocarlos. Una enseñanza del dolor: la espera de un tiempo sin dolor. Tres sensibilidades se disputan estos tiempos: las del miedo, las de la indiferencia, las del odio. Una civilización que contabiliza muertes e infecciones todos los días en pantalla (a la vez que ostenta desigualdades) alimenta miedos, indiferencias, odios. Aunque, a veces, un común rabiar hace del miedo, la indiferencia, el odio, motivos de lucha y resistencia. Se recuerda Diarios del odio, una instalación realizada por Roberto Jacoby en 2014. Registra comentarios agresivos enviados a los diarios digitales más leídos en el país. Transcribe, con carbonillas, esas ofensas en las paredes de una sala. La simultánea precipitación de esas violencias apabulla. Lo odiado se designa como basura, excremento, peligrosidad infecta, extrañeza degradada. Injurias manuscritas en un muro con un carbón vegetal. Rudimentarios trazos de insultos anónimos que puede borrar una lluvia. Sensibilidades del odio, aterrorizadas, pueden suicidarse creyendo que se están salvando. Crueldades ofuscadas destrozan otras existencias. Las reducen a carnes apetecibles o putrefactas, osamentas sin sentimientos o portadoras de emocionalidades despreciables. Crueldades se ensañan con las debilidades, ¿necesitan vejarlas?, ¿temen reconocerse en la endeblez? Ni la hostilidad ni la aguerrida defensa. Se necesita aprender a guarecerse en una común intemperie. Una enseñanza del tiempo: hay momentos que solicitan sabiduría. Una práctica de la curiosidad que se pregunta cómo morar en circunstancias nunca antes vividas. Audre Lorde (1983) propone un habla de la ira no subsumida en el odio. Un común rabiar que proteja del resentimiento. Escribe: “Ira: pasión nacida del descontento que puede ser excesiva o inoportuna pero no necesariamente dañina. Odio: hábito emocional o actitud mental en los que a la aversión se une la voluntad de hacer daño. La ira, si se emplea, no destruye. El odio sí”. A lo que agrega enseguida: “…el odio es desear la muerte de lo odiado y no deseo de que cobre vida algo nuevo”. Nombrar, nombrar, nombrar: decir la vida hasta llegar a saberla sin necesidad de las palabras. Se trata de impedirse dañar como acto de gratitud con la vida. Aunque la vida no necesita gratitudes. La vida se da o no se da, sin intenciones. Saber la muerte complica las cosas. Quizás el odio desea la muerte para no saberla. Quizás la crueldad hace sufrir a la vida para desafiarla. Quizás el miedo se le somete para apaciguarla. Soledades dispersas olfatean la fatalidad. A veces, una común asistencia recorre en silencio los naufragios, abriga callando. Relata Audre Lorde (1983): “La línea de metro de Harlem. Me agarro a la manga de mi madre, ella va cargada de bolsas, el peso de las Navidades. Olor húmedo de las ropas invernales, el vagón pega bandazos. Mi madre avista un sitio casi libre, empuja hacia él mi pequeño cuerpo enfundado en ropa para la nieve. A un lado tengo a un hombre que lee el periódico. Al otro lado, una mujer con sombrero de piel me mira fijamente. Sus labios se tuercen mientras me observa, luego baja su mirada, arrastrando la mía. Su mano enfundada en cuero tira de la zona donde se tocan mis pantalones azules nuevos y su elegante abrigo de piel. Con un movimiento brusco, se acerca el abrigo al cuerpo. Miro con atención. No veo esa cosa horrible que ella ve en el asiento, entre nosotras… una cucaracha, probablemente. Pero me ha contagiado su espanto. Por la manera en que me mira, deduzco que ha de ser algo muy malo, así que yo también tiro de mi anorak para retirarlo de allí. Levanto la vista y veo que la mujer continúa mirándome fijamente, con las fosas nasales y los ojos muy dilatados. Y de pronto me doy cuenta de que no hay ningún bicho arrastrándose entre nosotras; a quien no quiere que toque su abrigo es a mí. Las pieles me rozan la cara cuando la mujer se levanta recorrida por un escalofrío y se agarra a un asidero mientras el tren acelera. Reacciono como cualquier niña nacida y criada en la ciudad de Nueva York: me apresuro a hacerme a un lado para hacerle sitio a mi madre. No se ha pronunciado ni una sola palabra. Me da miedo decirle cualquier cosa a mi madre porque no sé qué he hecho. Dirijo una mirada furtiva a los costados de mis pantalones. ¿Tendrán algo raro? Está pasando algo que no comprendo, pero nunca lo olvidaré. Sus ojos. Las fosas nasales dilatadas. El odio”. Una mirada de desprecio o de lasciva violencia se siente como dolor punzante en el pecho, en la garganta, en el sexo. Pero, si eso que arrasa no puede nombrarse en un común sentir, ese dolor deviene sufrimiento, pánico, escarcha, necrosis de lo sentido. Escribe Audre Lorde: “A veces tengo la sensación de que si experimentara todo el odio colectivo que han dirigido en mi contra por ser una mujer Negra, si tomara conciencia de sus implicaciones, esa carga desolada y espantosa me mataría”. ¿Un común rabiar salva vidas? Muchas veces dolores sentidos que no pueden nombrarse, no pueden decirse, no pueden saberse, se reviven, una y otra vez, encriptados en una intensidad sin fondo. Sin contornos ni superficies. Toda experiencia resulta fallida e incompleta. Siempre queda algo impensado. Una impresión muda. Una percepción incisiva de no se sabe qué. Tener experiencia no consiste en saber lo vivido. Tiene más relación con no rechazar lo inesperado, lo desconcertante, lo intraducible. Una experiencia no se completa poniéndole palabras y compartiendo su relato. Una experiencia reside en la recepción de lo incompleto: el pasmo sin terminar de lo vivo. Los nombres que damos a las cosas, sin embargo, afincan recuerdos. Asisten afectos que vagan despedazados. Pero, algo permanece sin decirse ni nombrarse. Una experiencia no se completa, se cierra con sentidos que la reducen, simplifican, etiquetan. No se pueden alojar todos sentimientos que asedian sensibilidades que hablan. Se apela a membranas protectoras, tamices, selecciones. A veces, cuando no se sabe qué hacer se imitan gestos sentimentales que actúan vidas queridas, admiradas o solo accidentalmente cercanas. Difícil decidir por qué dejarse afectar y por qué no. Las afecciones arrasan y las decisiones llegan tarde o no llegan nunca. Hacerse de una personalidad (tomando algo de aquí y de allá) ayuda a llevar la vida. Si la modernidad europea se organiza alrededor del dilema ser o no ser, estos tiempos se debaten entre la opción cuidar o dañar. Pero las disyuntivas adolecen ansiedades conclusivas: ahogan o expulsan preguntas que no se circunscriben a las alternativas identificadas. Dañar, ¿atrae más que cuidar? La intensidad de lo cruento, ¿provoca un goce que las disciplinadas y repetidas prácticas del cuidado desconocen? Crueldades no componen un carácter constitutivo o estructural de las sensibilidades que hablan. Hablas del capital, ¿inoculan repugnancias?, ¿infunden odios en afectividades desamparadas?, ¿aplican inyecciones de muerte para proteger de la muerte?, ¿enseñan la destrucción como un ejercicio de poderío? Crueldades se disputan corazones aterrados: les prometen la consistencia de las piedras. Crueldades se deleitan con exhibiciones de fuerza, arrogancias de la propiedad, ilusiones de invulnerabilidad. Un texto de Rafael Barrett (1910) que se llama Gallinas, comienza así: “Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada. La propiedad me ha hecho cruel”. Compra unas aves ponedoras, traza un cerco, marca una línea diabólica, establece una división, siente la amenaza, ejerce la hostilidad como defensa, consiente y apela a la fuerza del odio para conservar su posesión. Se conoce el oxímoron, esa figura poética del desconcierto, que inventa modos de decir como un silencio atronador, una calma tensa, un lleno de vacío. María Lugones (2016) recupera un oxímoron que trastorna siglos de individualismos europeos: el yo comunal. Figura habitual entre mestizajes latinoamericanos. Un yo comunal que no equivale al término nosotros, esa fortaleza supra individual, ese muro impenetrable que difunde la peligrosidad del ellos. El pronombre de la primera persona del plural imprime una separación para defenderse de lo que queda fuera, del mismo modo que la idea de un yo rodea los cuerpos con alambres de púas, a pesar de suavizar los filos en los abrazos. No conviene insistir con la idea de yo, aunque esta vez se trate de un yo permeable a lo común. Se podría acudir a la figura de un respirar sentir pensar comunal. Al cabo, tanto los pronombres de la primera persona del singular como los de la primera persona del plural fabrican hostilidades. La distinción gramatical entre primeras personas, segundas, terceras, introduce fronteras, jerarquías, corporaciones. Se necesita imaginar un común sin pronombres: estancias innominadas, acéfalas, escurridizas. Lo común compone existencias borrosas. Existencias que, de pronto, disuelven límites artificiales. Existencias borrosas y barrosas, contaminadas y contaminantes. Existencias mestizas como sugería María Lugones y existencias impuras como pensaba Néstor Perlongher. No hay desorden perfecto, solo el orden aspira a la perfección. Un común vivir borroso y barroso aloja conflictividad. Solo lo nítido y una pureza exenta de toda mezcla, aspira a la armonía. Escribe Audre Lorde (1983) en una carta a su analista: “A veces, la maldición y la bendición de la poeta es percibir sin tener aún la capacidad de ordenar sus percepciones, y ése es otro de los nombres del Caos. Y es del Caos de donde nacen nuevos mundos”. Un año de pandemia: impresiona cómo han envejecido las ideas en tan poco tiempo. "Proliferaciones", Gisela Candas, 2020.
- Gallinas / Rafael Barrett (1910)
Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada. La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil. Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas el intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver. ¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí. Antes era un hombre. Ahora soy un propietario... Fuente: Barrett, Rafael (1910). Gallinas en Breve antología de textos. Editorial Reconstruir. Federación Libertaria Argentina. Buenos Aires, 2014.
- Muerto el perro, muerta la rabia / Griselda (Grillo) Cugliati
Día uno Llegamos al pabellón. Los muchachos están en asamblea. Habla una sola persona. Es una mujer robusta, de unos sesenta años. Tiene la voz carraspeada. Quizás por el cigarrillo, quizás por haber gritado mucho. Es “la jefa”. Todos la miran. Algunos con timidez, algunos con bronca o vergüenza. La mayoría con miedo. Llegamos en el momento justo en que está interpelando (a los gritos) a uno de los muchachos. Mujer- ¡Usted es un perro rabioso Gómez! ¡Un perro rabioso! ¡Le falta morder el piso! ¡Usted muerde Gómez! Muchacho- Yo… Yo no quería… Usted… Usted me dijo… Yo… Mujer- (cada vez más histriónica, casi poseída) ¡Usted me tiró con una silla! ¡Es un animal! ¡Dejó de ser persona! ¡Vamos! ¡Muerda Gómez! ¡Muerda el piso acá mismo en frente de todos! ¡Muerda! Muchacho- Yo… Yo no quería… Es que… Yo necesito ver a mi hermana. Y también cambiarme de pabellón. Mujer- (Ríe cínicamente) ¿Cambiarse de qué? Noooo Gómez… A tu hermana la quisiste ahorcar… ¿No te acordás? Muchacho- ¿Cómo? ¿Cómo voy a querer ahorcar a mi hermana? Mujer- Estaba borracho Gómez. Borracho y vaya a saber que más… ¡A usted no lo quieren en ningún lado! ¡Nadie lo quiere Gómez! ¡Ni su hermana! ¡NADIE! ¡Usted se va a quedar acá por mucho tiempo, animal! ¡Me tiraste con esa silla! ¡Menos mal que me corrí porque si no!… ¡Perro rabioso! ¡Rabioso! El resto de los muchachos está en un silencio casi sepulcral. No vuela una mosca. Y eso que la colonia está llena de moscas. Yo miro a mi compañera, ella también me mira. Nos decimos con la mirada. Pensamos parecido. Estamos presenciando un abuso. Todos los que estamos ahí estamos presenciando un abuso. Nos miramos. Y callamos. Porque sabemos, que esta es una práctica habitual en el pabellón y en general en la institución, es decir, en el manicomio. Callamos porque es nuestro primer día de taller y porque sabemos que si confrontamos en ese momento, corremos el riesgo de ganarnos el odio de “la jefa” y que nos quiera volar de un plumazo antes de haber llegado. Y eso no puede pasar ahora. Porque nos quedaríamos sin pabellón, los muchachos se quedarían sin taller y no sería posible inaugurar un nuevo espacio de existencia. Callamos. Por ahora. Pero ambas sabemos. Por la lógica misma de nuestra existencia en el hospital (o sea en el manicomio) que tarde o temprano confrontaremos con ella. Día dos Volvemos al pabellón. Los muchachos nuevamente en asamblea. En el centro, la jefa aún teñida por la intensidad furiosa del día uno. Un silencio cortado invade el ambiente. Matilde le comunica que trae con sigo la crónica que escribió durante la asamblea pasada. Mujer-¡Oh! ¡Mirá qué bueno! Acá eso no lo hacemos. Matilde- Nosotros sí. Siempre intentamos escribir la crónica de las asambleas y reuniones, para generar un registro, de lo que se dice, y se va construyendo colectivamente en espacios que habitamos en común. Es bueno poder leernos y mirarnos en nuestra propia práctica. Pensar y reflexionar colectivamente nuestras intervenciones, y las de todos. Silencio. La jefa callada. Los muchachos murmuran. Se genera una dispersión rara. Parece que algunos vacilan entre irse o quedarse, desconcertados. Matilde se para y convoca a oír la crónica. Los muchachos deciden quedarse. Pienso que debe ser la primera vez que toman una decisión digamos democrática. Se lee cada palabra dicha: Ahorcaste a tu hermana. Tu hermana no te quiere. Yo quiero. Necesito. Cambiarme de pabellón. Y así. Finaliza la crónica. La jefa tiene una cara rara, poco vista, casi de desconcierto. Se produce un silencio que dura un siglo. Hasta que uno de los muchachos empieza a aplaudir tímidamente. Otro se suma. Y otro. Hasta que el pabellón se ensordece de aplausos. De sonrisas. De miradas que se encuentran en una complicidad digna. Nos quedamos reunidos. La jefa se va. Suele suceder, (dicen las lenguas del pabellón) que cuando se va la jefa todos se retiran del lugar. Pero esta vez, todos se quedan. Intento tomar fuerzas para continuar. O más bien intento tomar coraje. Me levanto y comienzo. Los miro y alzando la voz (porque a veces hay que hacerse escuchar, sin perder la ternura) les lanzo a todos una caricia circular, envuelta en la pregunta: ¿Cómo están? ¿Empezamos el taller? Las cabezas asienten con intriga. No saben lo que va a pasar. Nosotras tampoco lo sabemos. Pero si sabemos que vamos a dejar mucho ahí. A vencer o morir. A callar o a existir. Nos ponemos en ronda. Nos miramos. Nos reconocemos. -Ahora vamos a jugar. -¿A jugar? -Sí. A jugar. Un juego divertido pero muy serio. ¡Ojo al piojo...! Risas cómplices, miradas que se encuentran, manos que se encuentran. Soledades que se acarician. Veo que Gómez rodea y rodea. Lo percibo. Me doy vuelta. Apoyo mi mano sobre su hombro. Le pregunto: ¿viene Gómez? ¿Tiene ganas de jugar? Gómez me mira no muy convencido. Se acerca. Me dice que si con la cabeza. -¡Bien! ¡Qué alegría!- Le digo. Gómez se suma a la ronda y comienza el juego. Risas, roces, carcajadas, silbidos, saltos, palmas. Es la primera vez que veo su sonrisa. En un giro sorpresivo se acerca y muy muy bajito me susurra al oído:- Yo… Yo nunca quise ahorcar a mi hermana. -Está bien Gómez. Está bien. Tranquilo. Ya va a haber tiempo para hablar de eso. Ahora estamos en el juego. Ahora jugamos. Gracias- responde Gómez- muchas gracias. El sueño Esa noche Gómez se acostó pero no podía dormirse. Quizás pensando en el juego… Quizás pensando en su hermana o en la jefa. Cuando logró dormirse soñó. Hacía tanto que no soñaba… Soñó que era un perro. Un perro grande y rabioso. Y que lo único que podía curar la rabia era una caricia. Esa que nunca tuvo, esa que nunca fue para él. Soñó que corría entre los arboles queriendo huir. Queriendo morder. Soñó con su hermana y con sus hijos, que no lo reconocían, porque él se había convertido en perro. Soñó que uno de sus hijos lo miraba. Casi no podía reconocerlo, pues ya tenía unos cuantos años encima. Los años que el mismo había pasado en el hospital, o sea en la institución, es decir, en el manicomio. Pero uno de sus hijos lo miraba. Primero con desconfianza. Tal vez sea por la espuma, que surge de mi gran boca putrefacta- pensó el perro- . Pero los ojos del niño fueron abriendo sus cuencas y transformándose en una mirada tierna. – ¡Mamá, mamá! ¡Mirá quién vino! ¡Un vagabundo! – Gómez (o sea el perro) lo miró absorto. El niño extendió su mano flaquita. -¡No lo toques! Gritó la madre desde la ventana de la cocina ¡Puede estar enfermo! ¡Puede tener rabia! ¡Y la rabia no se cura con nada! El niño se paralizó. Pero el deseo de acariciar ese frenesí pudo más. Puso su mano sobre la cabeza y la acarició suavemente. Con una ternura que solo los niños conocen. Y despertó. Se tocó tratando de constatar si seguía soñando o ya estaba despierto.
- Mirándonos a los ojos: mujeres negras, ira y odio / Audre Lorde (1983)
“¿Dónde va el dolor cuando se marcha?”. Gloria Joseph Toda mujer Negra en EE.UU. vive su vida en algún lugar a lo largo de una profunda curva de antiguas e inexpresadas iras. Mi ira de mujer Negra es un pozo de magma que está en mi mismo centro, mi secreto más ferozmente guardado. Sé que, siendo una mujer de poderosos sentimientos, buena parte de mi vida está entretejida con la ira. Es un hilo eléctrico que recorre todos los tapices emocionales en los que dibujo lo esencial de mi vida, un manantial que bulle a punto de entrar en erupción y derramarse desde mi conciencia como un fuego sobre el paisaje. Disciplinar esta ira en lugar de rechazarla ha sido una de las principales tareas de mi vida. Las otras mujeres Negras no son la causa original ni la fuente de este pozo de ira. Esto lo tengo claro, sea cual sea la situación particular en que me encuentro con otras mujeres Negras en cada momento. Entonces, ¿por qué la ira se desata reveladoramente, a la menor excusa, contra las mujeres Negras? ¿Por qué las juzgo con mayor severidad que a nadie y me enfurezco cuando no están a la altura de las circunstancias? Y si detrás del objeto de mi ataque se escondiera el rostro de mi propio ser, ese rostro que no acepto, ¿qué podría apagar un fuego alimentado por semejantes pasiones recíprocas? Cuando comencé a escribir sobre la intensidad de la ira que se desata entre las mujeres Negras, descubrí que apenas si había empezado a tocar una de las tres puntas de un iceberg cuya capa más profunda era el Odio, ese deseo de muerte que la sociedad dirige contra nosotras desde el momento en que naces mujer y Negra en EE.UU. A partir de entonces vivimos sumergidas en el odio; por nuestro color, por nuestro sexo, por la desfachatez de atrevernos a suponer que tenemos algún derecho a vivir. De niñas absorbimos el odio, nos impregnamos de él, y, en general, todavía hoy seguimos viviendo sin reconocer qué es realmente ese odio y cómo funciona. Y nos llegan sus ecos en forma de ira y de crueldad en el trato entre nosotras. Pues todas y cada una de nosotras somos portadoras del rostro que busca ese odio, y en nuestras vidas todas sobrevivimos a grandes dosis de crueldad porque nos hemos acostumbrado a ella. Antes de poder escribir sobre la ira de las mujeres Negras es necesario que escriba sobre la venenosa inmersión en el odio que alimenta la ira y sobre la crueldad que ambos engendran cuando se unen. He descubierto esto analizando mis propias expectativas con respecto a las demás mujeres Negras y siguiendo los hilos de mi ira contra el sexo femenino Negro hasta llegar al odio y al desdén que marcaron mi vida a fuego mucho antes de que supiera de dónde procedía ese odio o por qué lo acumulaban sobre mi persona. Los niños se atribuyen a sí mismos la causa de todo lo que les sucede. Así que, siendo niña, llegué a la conclusión de que en mí debía de haber algo terriblemente malo, ya que inspiraba tal sentimiento de desdén a los demás. El conductor del autobús no miraba a otras personas como me miraba a mí. La culpa debía ser de todas esas cosas que mi madre me había advertido que no hiciera ni fuera y que yo me había lanzado a hacer y ser. La búsqueda de poder dentro de mí implica que debo estar dispuesta a atravesar el miedo para llegar a lo que hay tras él. Si examino mis puntos más vulnerables y reconozco el dolor que he sentido, podré eliminar del arsenal de mis enemigos la fuente de ese dolor. Entonces, mi historia no podrá ser utilizada para afilar las armas de mis enemigos y eso reducirá el poder que tienen sobre mí. Nada de lo que acepto sobre mi persona puede ser utilizado para menospreciarme. Soy quien soy y estoy haciendo lo que he venido a hacer, actuar en vosotras como una droga o un cincel para recordaros lo que de mí hay en vosotras a medida que os descubro a vosotras en mí. La idea que de mí se tiene en EE.UU. ha levantado una barrera en el camino hacia el desarrollo de mis capacidades. Fue una barrera que hube de analizar y desmontar dolorosamente, pieza a pieza, para poder emplear mis energías plena y creativamente. Es más fácil tratar las manifestaciones externas del racismo y del sexismo que los resultados interiorizados de estas distorsiones, tal como se reflejan en la conciencia acerca de nosotras mismas y de nuestras semejantes. Pero ¿en qué se basa el rechazo a conectar entre nosotras sino es en lo más superficial? ¿Cuál es la fuente de la desconfianza y la distancia que separan a las mujeres Negras? No me gusta hablar del odio. No me gusta recordar la aniquilación y el odio vistos en los ojos de muchas personas blancas desde que tuve la facultad de ver, tan duros que deseaba morirme. Y esos sentimientos tenían su eco en los periódicos, las películas, los cuadros religiosos, los tebeos y los programas de radio de Amos y Andy. Yo carecía de las herramientas necesarias para analizarlos y del lenguaje preciso para nombrarlos. La línea de metro de Harlem. Me agarro a la manga de mi madre, ella va cargada de bolsas, el peso de las Navidades. Olor húmedo de las ropas invernales, el vagón pega bandazos. Mi madre avista un sitio casi libre, empuja hacia él mi pequeño cuerpo enfundado en ropa para la nieve. A un lado tengo a un hombre que lee el periódico. Al otro lado, una mujer con sombrero de piel me mira fijamente. Sus labios se tuercen mientras me observa, luego baja su mirada, arrastrando la mía. Su mano enfundada en cuero tira de la zona donde se tocan mis pantalones azules nuevos y su elegante abrigo de piel. Con un movimiento brusco, se acerca el abrigo al cuerpo. Miro con atención. No veo esa cosa horrible que ella ve en el asiento, entre nosotras… una cucaracha, probablemente. Pero me ha contagiado su espanto. Por la manera en que me mira, deduzco que ha de ser algo muy malo, así que yo también tiro de mi anorak para retirarlo de allí. Levanto la vista y veo que la mujer continúa mirándome fijamente, con las fosas nasales y los ojos muy dilatados. Y de pronto me doy cuenta de que no hay ningún bicho arrastrándose entre nosotras; a quien no quiere que toque su abrigo es a mí. Las pieles me rozan la cara cuando la mujer se levanta recorrida por un escalofrío y se agarra a un asidero mientras el tren acelera. Reacciono como cualquier niña nacida y criada en la ciudad de Nueva York: me apresuro a hacerme a un lado para hacerle sitio a mi madre. No, se ha pronunciado ni una sola palabra. Me da miedo decirle cualquier cosa a mi madre porque no sé qué he hecho. Dirijo una mirada furtiva a los costados de mis pantalones. ¿Tendrán algo raro? Está sucediendo algo que no comprendo, pero nunca lo olvidaré. Sus ojos. Las fosas nasales dilatadas. El odio. Mis ojos de tres años de edad están doloridos después de que los examinen con una serie de aparatos. Me duele la frente. Se han pasado toda la mañana hurgándome los ojos, maltratándolos, observándolos. Me acurruco en el alto sillón de metal y cuero, asustada, triste, añorando a mi madre. En el rincón opuesto de la sala de la clínica oftalmológica, un grupo de jóvenes blancos de bata blanca hablan sobre mis extraños ojos. Sólo una voz ha permanecido en mi memoria. “Por su aspecto se diría que también es retrasada”. Todos ríen. Uno de ellos se acerca y me dice pronunciando las palabras despacio y con cuidado: “Muy bien, niñita, ahora sal fuera a esperar”. Roza mi mejilla. Me siento agradecida cuando me tratan bien. La bibliotecaria de la Hora de los Cuentos está leyendo El negrito Sambo. Sus blancos dedos sujetan el pequeño libro alrededor de la figura de un niñito de rostro comprimido, con grandes labios rojos, muchas trencitas y un sombrero lleno de mantequilla en la cabeza. Recuerdo que los dibujos del libro me herían y pensé una vez más que había algo raro en mí porque todos los demás se reían, y además la biblioteca del centro de la ciudad había concedido un premio especial a aquel libro, según nos contó la bibliotecaria. ¿Pero qué problema tienes? ¡No seas tan sensible! Sexto grado en un colegio católico donde llego como la primera alumna Negra. Las niñas blancas se ríen de mis trenzas. La monja envía una nota a mi madre diciendo que “las trenzas no son peinado adecuado para asistir al colegio” y que yo debería aprender a peinarme “con un estilo más favorecedor”. Estoy con Lexie Goldman en la avenida Lexington: la primavera y la carrera que nos hemos pegado desde el instituto enrojecen nuestros rostros adolescentes. Entramos en un bar a pedir un vaso de agua. La mujer de detrás de la barra sonríe a Lexie. Nos da agua. A Lexie en un vaso de cristal. A mí en un vaso de papel. Después bromeamos diciendo que mi vaso es portátil. Bromeamos en voz demasiado alta. Mi primera entrevista para solicitar un trabajo a tiempo parcial que quiero simultanear con las clases. Una óptica de la calle Nassau ha llamado a mi colegio para pedir que le enviaran a una alumna. El hombre de detrás del mostrador lee mi solicitud y luego me mira, sorprendido por mi semblante Negro. Sus ojos me recuerdan la escena con la mujer del metro, cuando tenía cinco años. Luego aparece un ingrediente nuevo, el hombre me mira de arriba abajo, deteniéndose en mis pechos. Mi madre, de piel clara, me mantuvo viva en un entorno donde mi vida no era una gran prioridad. Para ello recurría a todos los métodos que tenía a mano que no eran muchos. Nunca hablaba del color de la piel. Mi madre era una mujer de gran valentía, nacida en el Caribe, que no estaba preparada para la vida estadounidense. Y me desarmaba con sus silencios. De alguna manera yo sabía que era mentira que los demás no se fijaban en el color. Mi piel era más oscura que las de mis dos hermanas. La de mi padre, la más oscura de todas. Sentía celos de mis hermanas porque mi madre las consideraba buenas chicas, mientras que yo era la mala, siempre metida en problemas. “Endemoniada”, solía decirme. Ellas eran pulcras, yo desastrada. Ellas eran calladas, yo ruidosa. Ellas tenían buenos modales, yo era maleducada. Ellas asistían a clases de piano y ganaban premios por buen comportamiento. Yo robaba dinero de los bolsillos de mi padre y me rompí el tobillo tirándome en trineo. Ellas eran guapas, yo era oscura. Mala, traviesa, alborotadora donde las haya. ¿Negra quería decir mala? Frotar y reí rotar con zumo de limón las grietas y hendiduras de mi cuerpo en desarrollo, cada vez más oscuro. ¡Y, ay, qué pecados se alojaban en mis oscuros codos y rodillas, en mis encías y pezones, en los pliegues de mi cuello y en la caverna de mis axilas! Las manos que me agarran desde detrás del hueco de la escalera son unas manos Negras. Manos de niño, manos que golpean, que restriegan, que pellizcan, que tironean de mi vestido. Lanzo al cubo de basura la bolsa con la que voy cargada, me aparto de golpe y corro escaleras arriba. Me persiguen sus gritos. “¡Haces bien en correr, asquerosa perra amarilla, ya verás lo que te espera!” Obviamente, el color era algo relativo. Con su ejemplo, mi madre me enseñó a sobrevivir desde muy pequeña. Sus silencios me enseñaron además qué era el aislamiento, la rabia, la desconfianza, el rechazo de mí misma y la tristeza. Mi supervivencia dependía de que aprendiera a utilizar las armas que ella me dio y, además, a luchar contra aquellos sentimientos que llevaba dentro, todavía sin nombrar. Y la supervivencia es el mayor regalo del amor. A veces es el único regalo que pueden hacer las madres Negras, y la ternura se pierde. Mi madre me trajo a la vida como quien graba un mensaje furioso en mármol. A pesar de todo, sobreviví al odio que me rodeaba porque, mediante referencias oblicuas, mi madre me hizo saber que, como quiera que fuesen las cosas en nuestra casa, en el exterior no eran como debían ser. Pero puesto que en el exterior eran así, me movía en una ciénaga de ira no explicada que me aprisionaba y se derramaba sobre cualquier persona próxima que tuviera el mismo ser odioso que yo. Claro está que entonces no lo comprendía. La ira era un pantano de ácido alojado en mis profundidades, y siempre que tenía sentimientos profundos la palpaba, adherida a las parcelas más imprevistas de mi ser. Y también a aquéllos que estaban tan desvalidos como yo. Mi primera amiga preguntando: “¿Por qué siempre estás pegándome golpes? ¿No sabes llevar la amistad de otra manera?”. ¿Qué otra criatura del mundo, aparte de la mujer Negra, ha tenido que asimilar tanto odio para sobrevivir y seguir adelante? La guerra de secesión terminó hace poco. En un hospital de piedra gris de la calle 110 de la ciudad de Nueva York una mujer está gritando. Es Negra y saludable, y acaban de traerla del Sur. No sé cómo se llama. Su hijo está a punto de nacer. Pero le han atado las piernas por mera curiosidad camuflada de interés científico. Su hijo nace a la muerte contra sus huesos. ¿Dónde estás, Elizabeth Eckford de Little Rock, Arkansas, a tus siete años? Hace una mañana radiante de lunes y vas camino de tu primer día de colegio, cubierta de salivazos, el odio blanco se escurre por tu jersey rosa, la boca torcida de aquella madre blanca hace de las suyas -salvaje, inhumana- sobre tus airosas trenzas prendidas con cintas rosas. Numvulo ha caminado cinco días desde el desolado paraje donde la depositó el camión. Se detiene en Ciudad del Cabo, bajo la lluvia sudafricana, con los pies desnudos en las huellas del bulldozer que recorren el lugar donde antes se alzaba su casa. Recoge del suelo un trozo de cartón empapado que en tiempos cubría su mesa y tapa con él la cabeza del niño que lleva colgado a la espalda. No tardarán en detenerla y devolverla a la reserva, donde ni siquiera comprende la lengua que se habla. Nunca le darán permiso para vivir cerca de su marido. Es el bicentenario del país, en Washington D.C., dos fornidas mujeres Negras montan guardia junto a los efectos de una casa, amontonados de cualquier manera en la acera. Muebles, juguetes, hatillos de ropa. Una mujer balancea distraídamente un caballo de juguete con el dedo gordo del pie, adelante y atrás. Al otro lado de la calle, en el costado de un edificio, un cartel escrito con letras de la altura del edificio: DIOS OS ODIA. Addie Mae Collins, Carol Robertson, Cynthya Wesley, Denise McNair. Cuatro niñas Negras, ninguna pasa de los diez años, cantan su última canción del otoño en una escuela dominical de Birmingham, Alabama. Una vez que se despeja el humo de la explosión, es imposible saber qué dominguero zapato de charol corresponde a qué pierna cercenada. ¿Qué otro ser humano sigue desempeñando sus funciones mientras absorbe una hostilidad tan virulenta? Las mujeres Negras cuentan con una historia en la que han usado y compartido el poder, desde las legiones de amazonas de Dahomey, pasando por la guerrera reina ashanti Yaa Asantewaa y la luchadora por la libertad Harriet Tubman, hasta las poderosas asociaciones comerciales de mujeres del África occidental actual. Poseemos una tradición de proximidad, apoyo y atenciones mutuas que se remonta a los tribunales de mujeres de las Reinas Madres de Benín y llega hasta la actual Hermandad de la Buena Muerte, una comunidad de ancianas de Brasil que, después de escapar de la esclavitud, ayudaron a escapar a otras mujeres esclavizadas y les ofrecieron refugio, y que ahora se cuidan mutuamente (1). Somos mujeres Negras nacidas en una sociedad de arraigados desdén y aversión hacia todo lo que sea Negro y femenino. Somos fuertes y resistentes. Y tenemos profundas cicatrices. En su día, siendo mujeres africanas unidas, volvimos la tierra fértil con nuestras manos. Podemos lograr que la tierra dé frutos y también formar en primera línea de fuego para defender del Rey. Y habiendo matado, en su nombre y en el nuestro (el rifle de Harriet resuena, empuñado en el tétrico pantano), sabemos que el poder de matar es menor que el poder de crear, pues provoca un final en lugar del comienzo de algo nuevo. Ira: pasión nacida del descontento que puede ser excesiva o inoportuna pero no necesariamente dañina. Odio: hábito emocional o actitud mental en los que a la aversión se une la voluntad de hacer daño. La ira, si se emplea, no destruye. El odio sí. Racismo y sexismo son palabras de los adultos. La infancia Negra de EE.UU. no puede esquivar estas distorsiones y, muy a menudo, carece de palabras para nombrarlas. Pero ambas son correctamente percibidas como odio. Hacerse mayor a la vez que se metaboliza el odio como el pan de cada día. Porque soy Negra, porque soy Mujer, porque no soy suficientemente Negra, porque no respondo a una determinada idea imaginaria de mujer, porque SOY. A base de una dieta tan consistente, puede llegar un día en que se aprecie más el odio de los enemigos que el amor de los amigos, pues ese odio se convierte en fuente de ira, y la ira es un combustible poderoso. Es cierto, a veces se diría que sólo la ira me mantiene viva; me alumbra con una llama luminosa y constante. Pero la ira, como la culpabilidad, es una versión incompleta del conocimiento humano. Más útil que el odio, pero todavía limitada. La ira es útil para esclarecer nuestras diferencias pero, a la larga, la fortaleza que sólo se alimenta de ira se convierte en una fuerza ciega incapaz de crear el futuro. Sólo puede destruir el pasado. Dicha fortaleza no se basa en lo que tenemos delante, sino en lo que queda atrás, en lo que la generó: el odio. Y el odio es desear la muerte de lo odiado y no un deseo de que cobre vida algo nuevo. Crecer metabolizando el odio como el pan de cada día supone que, con el tiempo, toda interacción humana se impregna de la pasión negativa y la intensidad de los subproductos del odio: la ira y la crueldad. Somos mujeres africanas y sabemos, porque nos lo dice la sangre, de la ternura con que nuestras antepasadas se apoyaban unas a otras. Es esa conexión a la que aspiramos. Conocemos historias de mujeres Negras que se curaban las heridas unas a otras, que criaban a los hijos de unas y otras, que libraban las batallas de unas y de otras, que cultivaban la tierra de unas y otras y se facilitaban unas a otras el paso por la vida y la entrada en la muerte. Conocemos las posibilidades que ofrecen el apoyo y las relaciones que anhelamos y con las que soñamos tan a menudo. Contamos con una literatura femenina y Negra cada vez más amplia, intensamente evocadora de este potencial y estas relaciones. Pero las relaciones entre mujeres Negras no se establecen de manera automática en virtud de nuestras similitudes, y la posibilidad de entablar una comunicación auténtica entre nosotras no es fácil de llevar a la práctica. Muchas veces nos limitamos a hacer propaganda de la idea del apoyo mutuo y las relaciones entre mujeres Negras porque aún no hemos cruzado las barreras que hay en el camino hacia esas posibilidades, ni tampoco hemos explorado a fondo las iras y los miedos que nos impiden convertir en realidad el poder de una auténtica unión entre hermanas Negras. Y reconocer cuáles son nuestros sueños supone en ocasiones darse cuenta de la distancia que aún nos separa de ellos. Una vez reconocidos, nuestros sueños pueden modelar la realidad de nuestro futuro, armados con el duro trabajo y el análisis de hoy. No podemos conformarnos con relaciones fingidas o parodias de egoísmo. No podemos seguir eludiéndonos unas a otras en las relaciones profundas por temor a nuestra mutua ira, ni continuar creyendo que respetarse significa no mirar nunca directamente ni con franqueza a los ojos de otra mujer Negra. No era mi destino estar sola y sin ti, tú que comprendes (4). I Conozco la ira que albergo en mi interior como conozco los latidos de mi corazón y el sabor de mi saliva. Es más fácil enfadarse que hacer daño. La ira es lo que mejor se me da. Es más fácil estar furiosa que anhelante. Más fácil crucificarme en vosotras que competir con el amenazador universo blanco, reconociendo que nos merecemos amarnos unas a otras. Como mujeres Negras hemos compartido muchas experiencias similares. ¿Por qué no nos acercan y nos unen, y en lugar de eso nos incitan a degollarnos con armas bien afiladas por el uso continuo? La ira con la que reacciono cuando otra mujer Negra se desvía lo más mínimo de mis necesidades inmediatas, mis deseos o mi idea de lo que es una respuesta adecuada, es una ira profunda y dañina, una ira elegida sólo por desesperación, por esa desesperación que te vuelve temeraria. Esa ira enmascara mi dolor por estar separadas las que más unidas deberíamos estar -mi dolor- porque quizá ella no me necesite tanto como yo la necesito, o podría verme a través de los ojos afilados de los que odian, esos ojos que tan bien conozco por mis propias y distorsionadas imágenes de ella. ¡Aniquila o sé aniquilada! Estoy en la biblioteca pública, esperando que la empleada Negra que está sentada un par de metros tras el mostrador se fije en mí. Hermosa en su juventud y su seguridad, parece embebida en la lectura. Me ajusto las gafas y, a la vez, muevo mis pulseras por si acaso no me ha visto, aunque en realidad sé que sí me ha visto. Sin cambiar de postura, vuelve lentamente la cabeza y levanta la vista. Su mirada se cruza con la mía reflejando una hostilidad espontánea de tal calibre que siento como si fuera a fulminarme. Detrás de mí entran dos hombres. Entonces, la mujer se levanta y se dirige hacia mí. “Sí”, dice, sin la menor inflexión en la voz, desviando la vista cuidadosamente. Nunca en la vida había visto a esta mujer. Pienso para mí: “Esto sí es una actitud”, y me doy cuenta de que la tensión se acumula dentro de mí. El arte, más allá de la insolencia, en el rostro de esa chica Negra mientras me echa una elegante mirada de reojo. ¿Por qué sus ojos se desvían de los míos? ¿Qué ve que tanto la enfada, o la enfurece, o le repugna? ¿Por qué siento ganas de partirle la cara al ver que no me mira a los ojos? ¿Por qué su rostro es el de mi hermana? ¿Su boca la de mi hija, torcida hacia abajo, a punto de humedecerse los labios? ¿Los ojos de una amante rechazada y furiosa? ¿Por qué sueño con acunarte de noche? ¿Qué reparto tus extremidades en los platos de los animales que menos me gustan? ¿Con velarte noche tras terrible noche, desconcertada? Ay, hermana, ¿dónde está esa tierra oscura y fértil por donde queríamos vagar en compañía? Odio –dice la voz conectada en un compás de 3/4 impresa con caracteres sucios- el panorama es idóneo para matar, tú o yo, yo o tú. Y de quién era la imagen futura que hemos destruido -tu rostro o el mío- sin uno de los dos cómo podré volver a mirarlos -la ausencia de cualquiera de los dos es mi ausencia. Y si confío en ti, ¿a qué pálido dragón alimentarás con nuestra carne morena, llevada por el miedo, por el deseo de sobrevivir?, ¿o en qué altar de nuestro pueblo inmolarás a la que está desprovista de amor, sin lugar donde refugiarse, y por ello se convierte en otro rostro del terror o del odio? Una fiera muda que registra incesantemente en su interior los venenosos ataques del silencio -carne podrida- ¿qué podría crecer en esa madriguera oscura y cómo es que la criatura que era la víctima del sacrificio se convierte en embustera? Mi hermana de sangre, frente a mí, en la sala de su casa. Reposa en una silla mientras yo hablo con vehemencia, tratando de comunicarme con ella, tratando de modificar las percepciones que tiene de mí y que tanto dolor le infligen. Despacio, con deliberación, fríamente, para que no se me escape ni una de sus lacerantes palabras, me dice: “No me interesa comprender lo que estás tratando de decir… no me interesa escucharlo”. Nunca he superado la ira provocada porque no me quisieras como hermana, ni como aliada, ni siquiera como un entretenimiento ligeramente mejor que el que te proporcionaba el gato. Tú nunca has superado la ira provocada por el mero hecho de que yo llegara a existir. Y de que sea distinta, aunque no lo suficiente. Una mujer tiene los mismos ojos que mi hermana, la que nunca me perdonó que llegara al mundo antes de que ella tuviera la oportunidad de ganarse el amor de su madre, como si alguien pudiera. Otra mujer tiene los marcados pómulos de la hermana mía que quería dirigir; pero sólo le habían enseñado a obedecer, y ahora se dedica a mandar imponiendo obediencia, una visión pasiva. ¿Quién esperábamos que fuera la otra, ésa que aún no está en paz con nuestro ser? A ti no puedo silenciarte como silencio a las demás, pero tal vez pueda destruirte. ¿Debo destruirte? No nos amamos a nosotras mismas y, por tanto, no podemos amarnos las unas a las otras. Porque vemos en el rostro ajeno nuestro propio rostro, ése que nunca hemos dejado de desear. Pues hemos sobrevivido, y la supervivencia engendra el deseo de más y más ser. Es un rostro que nunca hemos dejado de desear y que, a la vez, tratamos de eclipsar. ¿Por qué no nos miramos a los ojos? ¿Esperamos ver una traición en la mirada de la otra, o mutuo reconocimiento? ¡Si por una vez al menos sintiéramos el dolor de la sangre de todas las mujeres Negras, desbordándose para ahogarnos! Yo me mantuve a flote sostenida por la boya de la ira que me causaba mi soledad, una ira tan honda que sólo me era dado seguir avanzando hacia la supervivencia. Cuando una no puede influir en una situación, es un acto de sabiduría retirarse (5). Toda mujer Negra de EE.UU. ha sobrevivido a varias vidas de odio, pues hasta en la tienda de dulces de nuestra infancia había galletitas en forma de bebés negros que testificaban en contra nuestra. Sobrevivimos a los salivazos arrastrados por el viento hacia nuestros zapatos infantiles y nuestras cintas de pelo rosas como la piel, a intentos de violación en las azoteas y a los punzantes dedos del hijo del portero, a la visión de nuestras amigas desintegrándose en pedazos en la escuela dominical, y absorbimos el odio como si fuera un estado natural. Teníamos que metabolizar tal odio que nuestras células han aprendido a sobrevivirlo, porque teníamos que hacerlo o morir por ello. El antiguo rey Mitrídates aprendió a comer arsénico poquito a poco y así burló a quienes trataban de envenenarlo, ¡pero no me habría gustado nada tener que besarle los labios! Ahora negamos que ese odio existiera porque hemos aprendido a neutralizarlo asimilándolo, y el proceso catabólico produce desechos de furia incluso cuando amamos. Veo odio estoy sumergida en él, ahogándome casi desde el principio de mi vida ha sido el aire que respiro la comida que como, el contenido de mis percepciones; el único hecho constante en mi vida es su odio… soy demasiado joven para tener tanta historia (6). Y no es que las mujeres Negras derramemos la sangre psíquica de nuestras hermanas tan fácilmente, pero hemos sangrado muy a menudo, y el dolor del derramamiento de sangre casi se ha convertido en un tópico. Si he aprendido a devorar mi propia carne en la selva -famélica, plañidera, aprendiendo la lección de la loba que se arranca a mordiscos la zarpa para salir de una trampa-, si debo beber mi propia sangre, muerta de sed, por qué no devorarte a ti hasta que tus queridos brazos cuelguen exangües sobre mi pecho como guirnaldas marchitas y yo llore por tu partida, ay, hermana mía, estoy doliente por nuestra muerte. Cuando un descuido hace que una de nosotras evite la dosis completa de furia protectora y el aire de despectivo menosprecio, cuando se nos acerca sin que la desconfianza y la reserva manen a raudales de sus poros, o sin que sus ojos tiñan cada valoración que hace de nosotras con esa dureza y desconfianza implacables que reservamos las unas para las otras, cuando se acerca sin la suficiente cautela, entonces le lanzamos el epíteto burlón que primero acude a los labios: ingenua, con el que queremos decir que no está programada para defenderse atacando antes de preguntar. Incluso más que confusa, ingenua es para nosotras el insulto por antonomasia. Las mujeres Negras devoramos nuestros corazones para alimentarnos en una casa vacía un recinto vacío una ciudad vacía en una estación vacía, y a todas nos llegará el año en que la primavera no regresará… aprendimos a saborear el gusto de nuestra propia carne antes que el de ninguna otra porque no se nos permitía otra cosa. Y nos hemos vuelto increíblemente preciosas e inconmensurablemente peligrosas las unas para las otras. Estoy escribiendo sobre una ira tan inmensa e implacable, tan corrosiva, que ha de destruir precisamente lo que le es más necesario para solucionarse, para resolverse, para disolverse. Ahora estamos tratando de mirarnos directamente a los ojos. Aunque nuestras palabras sean tan cortantes como el filo de la voz de una mujer perdida, estamos hablando. II Una mujer Negra afanándose año tras año, comprometida con la vida mientras la vive, los hijos alimentados y vestidos y amados como puede con una fortaleza que no les permite enquistarse como frutos amargos; sabiendo todo el tiempo y desde el principio que o bien tendrá que matarlos, o bien llegará el día en que habrá de enviarlos al territorio de la muerte, al laberinto blanco. Me siento a la mesa el día de Acción de Gracias, escuchando a mi hija hablar de la universidad y de los horrores de la decidida invisibilidad. Llevo años tomando nota de sus sueños de morir a manos de ellos, sueños a veces magníficos, otras veces insulsos. Mi hija me habla de los profesores que se niegan a comprender las preguntas sencillas, de que la miran como si fuera un tumor benigno -poco importante- pero desagradable. Llora. La abrazo. Le digo que no olvide que la universidad no lo es todo, que tiene un hogar. Pero le he permitido internarse en esa jungla de fantasmas habiéndole enseñado tan sólo a tener los pies ligeros, a silbar, a amar, a no salir corriendo. Cuando no es imprescindible. Nunca es suficiente. Las mujeres Negras entregamos nuestras hijas al odio que arrasó nuestros tiempos jóvenes dejándonos desconcertadas, y lo hacemos con la esperanza de haberles enseñado algo que les valga para abrirse sendas nuevas y menos costosas hacia la supervivencia. Sabiendo que yo no les cercené la garganta cuando nacieron, que no les arranqué el minúsculo corazón palpitante con mis dientes, desesperada, tal como hicieron algunas hermanas en los barcos negreros, encadenadas a cadáveres, y, por ello, abocada a que me llegara este momento. El precio que se paga por tener más poder es tener más enemigos (7). Escuchaba a mi hija que me hablaba del mundo torcido en el que estaba decidida a reintegrarse a pesar de lo que me contaba, porque considera que el conocimiento del mundo es parte del arsenal que puede usar para lograr un cambio global. Escuchaba ocultando mi dolorosa necesidad de volver a arrastrarla a mi pequeña red protectora. La observaba mientras ella averiguaba poco a poco, no sin dolor, lo que de verdad quería, y yo sentía cómo su ira llegaba al punto álgido y se iba desvaneciendo, la sentía cada vez más enfadada conmigo porque yo no podía ayudarla ni vivir por ella, ni ella me lo hubiera permitido. Todas las madres ven marcharse a sus hijas. Las madres Negras ven esta partida como un sacrificio, y la ven a través del velo de odio que, como capas de lava, obstaculiza el camino de sus hijas. Todas las hijas ven marcharse a sus madres. Las hijas Negras ven su partida a través de un velo de soledad amenazante que ningún fuego de confianza podrá rasgar. El mes pasado tuve en mis brazos a otra mujer Negra que lloraba con dolor la pérdida de su madre. Su inconsolable pérdida, el vacío en el paisaje emocional que veía ante ella, hablaba por su boca desde un espacio de intocable soledad en el que nunca volvería a entrar otra mujer Negra, que no permitiría que ninguna se acercase lo suficiente para que importase. “En el mundo hay dos clases de personas”, dijo, “quienes tienen madre y quienes no la tienen. Y yo ya no tengo madre”. Comprendí que me estaba diciendo que ninguna otra mujer Negra la vería como era, ni confiaría en ella, ni podría ser objeto de su confianza. Oí en su grito de soledad el origen del romance entre las mujeres Negras y nuestras mamás. Las niñas Negras, a quienes el odio ha enseñado a querer ser cualquier otra cosa. Le negamos la mirada a nuestra hermana porque en ella veríamos reflejado lo que todo el mundo, salvo mamá, parecía saber; que éramos seres odiosos o feos o inútiles, y, en todo caso, malditos. No éramos niñas ni éramos blancas, así que, salvo para nuestras mamás, no valíamos nada de nada. Si logramos aprender a otorgarnos el reconocimiento y la aceptación que habitualmente sólo esperamos que nos concedan nuestras madres, las mujeres Negras seremos capaces de vernos unas a otras con mucha mayor claridad y tratarnos de una manera mucho más directa. Pienso en la dureza que tan a menudo está presente en el menor contacto entre mujeres Negras, en el ánimo de criticar y valorar, en el cruel rechazo de la posibilidad de conectar. Sé que a veces siento que no vale la pena mostrarse en desacuerdo con otra mujer Negra. Mejor ignorada, retirarse, eludirla, evitar su trato. No sólo porque me irrita, sino porque puede destruirme con la potente crueldad de su reacción ante lo que debe de considerar una afrenta, es decir, mi mera existencia. O porque, por el mismo motivo, yo puedo destruirla con la fuerza de mi reacción. Los miedos están equilibrados. Si puedo absorber las condiciones particulares de mi existencia como mujer Negra, y multiplicarlas por mis dos hijos y por todos los días de nuestras Negras vidas colectivas, y no flaqueo bajo esa carga -¿qué mujer Negra no es alborozo, como el agua, como el sol, como la roca?-, ¿cómo extrañarse de que mi voz sea áspera? Lo que he de hacer es exigirme ser consciente, de manera que la aspereza no se dirija contra quienes menos la merecen, contra mis hermanas. ¿Por qué las mujeres Negras reservan una voz particular de rabia y desengaño para sus hermanas? ¿A quién creemos que debemos destruir cuando nos atacamos unas a otras con ese tono de aniquilación predeterminada y correcta? Nos reducimos unas a otras a nuestro mínimo común denominador, y, a continuación, tratamos de eliminar lo que más deseamos amar y palpar, el ser problemático, ése que ocultamos frenéticamente a la mirada de nuestras hermanas en lugar de reivindicarlo. Esta crueldad que mostramos entre nosotras, esta aspereza, forma parte del legado de odio con el que fuimos inoculadas desde el momento en que nacimos por aquéllos que pretendían que fuera una inyección de muerte. Pero nos hemos adaptado, hemos aprendido a aceptar lo que nos dan y a utilizarlo, sin analizarlo. ¡Pero a qué precio! Con objeto de soportar la intemperie, tuvimos que volvernos de piedra, y ahora nos magullamos al rozarnos con la mujer Negra a quien tenemos más cerca. ¿Cómo puedo variar de rumbo para que el rostro de toda mujer Negra con la que me encuentro no sea el rostro de mi madre o mi asesina? Te amaba. Soñaba contigo. Hablaba contigo durante horas y horas en mis sueños mientras, sentadas bajo un árbol de algodón, nos abrazábamos o nos trenzábamos mutuamente el pelo o nos aceitábamos la espalda la una a la otra, y cada vez que me encuentro contigo en la calle o en correos o junto al mostrador de la clínica quiero retorcerte el cuello. En nuestras vidas se presentan innumerables ocasiones para sentir una rabia justificada, multiplicada y que nos separa. *A las mujeres Negras se nos dice que podemos ser mejores y somos peores, pero nunca iguales. A los hombres Negros. A las demás mujeres. Que seres humanos. *La académica feminista blanca que me dice que se alegra mucho de que exista This Bridge Called Muy Back (8), porque le da la oportunidad de abordar el racismo sin necesidad de enfrentarse a la dureza del Negro no diluido por otros colores. Lo que quiere decir es que le evita la necesidad de analizar su terror y su odio a lo Negro y tratar con la ira de las mujeres Negras. ¡Apartad de mí vuestras sucias y asquerosas caras, eternamente retorcidas! *Un montador de cine racista al que creí haber manejado bien y con enorme paciencia. No destrocé su maldita máquina. Le expliqué cómo me hacía sentir su ceguera racial y cómo podía modificarse su película para que adquiriera sentido. Seguramente aprendió algo sobre cómo mostrar imágenes Negras. Luego volví a casa y estuve a punto de ponerlo todo patas arriba y de matar a mi amante porque no sé qué invitaciones estaban mal impresas. Sin comprender de dónde procedía mi carga de rabia. *Un preso Negro, torturador de mujeres y niños, entrenado para matar por el ejército, escribe en su diario, en la celda donde espera a que lo ejecuten: “Soy la clase de persona a la que se suele ver conduciendo un Mercedes o sentada en los despachos de dirección de cien grandes corporaciones”. Tiene razón. Salvo por el detalle de que es Negro. ¿Cómo podemos evitar dar rienda suelta entre nosotras a la cólera que nos provocan ellos? ¿Cómo me libro de este veneno con el que me cebaron como a un ganso de Estrasburgo hasta el punto de que vomitaba cólera en cuanto sentía el olor de algo nutritivo? Ay, hermana mía, tu beligerante encogimiento de hombros el aroma de tu cabello… Todas y cada una de nosotras hemos aprendido el arte de la destrucción. Era lo único que podían permitirnos y, sin embargo, mirad cómo nuestras palabras vuelven a encontrarse entre sí. Es difícil construir un modelo de salubridad estando rodeadas de sinónimos de inmundicia. Pero no es imposible. A fin de cuentas, si hemos sobrevivido por algo será (¿Cómo defino mi influencia sobre esta tierra?). Comienzo por buscar las preguntas correctas. Querida Leora: Para dos mujeres Negras entablar una relación analítica o terapéutica, significa comenzar un recorrido inseguro y básicamente desconocido. No hay prototipos, ni modelos, ni un cuerpo de experiencias objetivamente accesible; sólo estamos nosotras para examinar la dinámica específica de nuestra interacción como mujeres Negras. Ahora bien, dicha interacción puede influir en el resto del material psíquico al que prestamos una atención profunda. Busqué tu ayuda profesional precisamente para examinar esa interacción, y he llegado a darme cuenta de que para hacerlo debo abrirme camino a través de nuestras semejanzas y diferencias, así como a través de nuestra historia de premeditada desconfianza y deseo. Este escrutinio, que no se ha hecho nunca y si se ha hecho no se ha documentado, es doloroso y lleva aparejada la vulnerabilidad propia de todo escrutinio psicológico y, además, el obstáculo derivado de ser mujeres Negras en un mundo de hombres blancos; mujeres Negras que han sobrevivido. Es un escrutinio que suele eludirse, o considerarse poco importante, superfluo, ejemplo: no sabría decirte cuantísimas blancas buenas, profesionales de la salud psicológica, me han dicho: “¿Qué más da ser Negra o blanca?”, nunca pensarían en decirme: “¿Qué más da ser mujer u hombre?”. Ejemplo: No sé quién es tu superior en el trabajo, pero apuesto a que no es una mujer Negra. Así pues, el territorio que hay entre nosotras se presenta nuevo y amedrentador, así como apremiante, armado de los dispositivos detonantes propios de nuestras historias raciales individuales, ésas que ninguna de las dos escogimos pero cuyas cicatrices portamos. Y cada una tiene cicatrices propias. Pero hay una historia que compartimos por el hecho de ser mujeres Negras metidas en un caldero sexista y racista, y eso significa que una parte de este recorrido también es en alguna medida tuyo. En mí hay muchas áreas conflictivas que a ti, como profesional capaz y con experiencia, no te resultarán nuevas ni te darán problemas. Creo que eres una mujer valiente y te respeto por ello, pero dudo que tu aprendizaje haya podido prepararte para explorar la maraña de necesidades, miedos, desconfianza, desesperación y esperanza que bulle entre nosotras, y, ciertamente, no te habrá preparado para analizarla con suficiente profundidad. Como no somos hombres ni blancas, pertenecemos a un grupo de seres humanos a quienes no se ha considerado merecedores de ese tipo de estudio. Así que sólo contamos con nosotras mismas, con o sin el valor de emplear nuestro ser para analizar y esclarecer más a fondo qué influencia tiene sobre nosotras y sobre nuestro trabajo conjunto todo aquello que se interpone entre nosotras por ser mujeres Negras. Si no lo hacemos aquí y ahora, entre las dos, cada una de nosotras tendrá que hacerlo en algún otro lugar, en otro momento. Conozco estos hechos, pero aún no sé qué hacer con ellos. Más pretendo conseguir que encajen entre sí para ponerlos al servicio de mi vida y de mi obra, y no es una solución fácil la que busco. No sé cómo todo esto podrá enriquecer e iluminar tu vida y tu obra, pero sé que te servirá para ambas cosas. A veces, la maldición y la bendición de la poeta es percibir sin tener aún la capacidad de ordenar sus percepciones, y ése es otro de los nombres del Caos. Y es del Caos de donde nacen nuevos mundos. Espero que pronto estemos mirándonos a los ojos, Audre III Últimamente me he visto rodeada de tantas muertes y pérdidas, sin metáforas ni símbolos redentores, que a veces me siento atrapada en una sola palabra: sufrimiento: y su corolario: soportar. Y tengo el mismo problema con la ira. La ira se cuela en mis principales tratos con el mundo porque, en los últimos tiempos, he tenido que procesar grandes dosis de ira, o tal vez porque la maquinaria con que la proceso se está volviendo más lenta o menos eficaz. Tal vez por eso a las mujeres Negras a menudo les resulta más fácil interactuar con mujeres blancas, pese a que esas interacciones tiendan a ser un callejón sin salida emocional. Pues con las mujeres blancas existe un nivel intermedio de interacción posible y sostenible, un límite emocional a la relación entre dos seres que se reconocen. Pero ¿por qué no me sucede lo mismo con Frances, que es blanca y es la persona con la que trato en un plano más profundo? Al hablar de Frances y de mí hablo de una relación que no sólo es muy profunda, sino también muy tolerante, es una globalidad de diferencias que no se han fundido. Hablo además de un amor Modelado por nuestro compromiso compartido durante muchos años con el trabajo duro y la confrontación, pues ambas nos hemos negado a aceptar lo fácil, lo sencillo, lo aceptable y conveniente. La relación medianamente profunda que se entabla con mayor facilidad entre mujeres Negras y blancas resulta menos amenazadora que la maraña de necesidades y rabia sin analizar a la que siempre se enfrentan dos mujeres Negras que tratan de comunicarse directamente, emocionalmente, sea cual sea el contexto de su relación. Es así tanto si las mujeres son compañeras de oficina, como activistas políticas o amantes. Pero desentrañar la maraña es el único medio para lograr que las mujeres Negras adquieran nuevas visiones del ser y de sus potencialidades. Estoy hablando, una vez más, de relaciones sociales, pues es crucial que analicemos el proceso que se desarrolla tanto entre mujeres que no son amantes como entre las que sí lo son. Y me pregunto: ¿quizá empleo en ocasiones mi guerra contra el racismo para eludir otro dolor más difícil de resolver? Si es así, ¿la energía con que emprendo las batallas contra el racismo no se vuelve por ello más tenue, más confusa, más sujeta a tensiones y desengaños imprevistos? Es imposible que el pueblo blanco nos dé verdadera legitimidad. Por ejemplo: si en este momento el racismo se erradicara por completo de las relaciones medianamente profundas que hay entre las mujeres Negras y las mujeres blancas, dichas relaciones quizá se volverían más profundas, pero seguirían sin satisfacer la necesidad que las mujeres Negras sentimos unas de otras, nacida de nuestros conocimientos, tradiciones e historia compartidos. Son dos luchas muy distintas las que se están librando. Una es la guerra contra el racismo del pueblo blanco, y la otra es la necesidad de que las mujeres Negras se enfrenten a la estructura racista que sustenta nuestra desposesión mutua y la superen. Y ambas batallas tienen muy poco que ver. Pero en ocasiones nos parece que más vale la rabia justificada que el sordo dolor de la pérdida, la pérdida, la pérdida. Mi hija dejando atrás su época filial. Las amigas que se van de una manera u otra. …cuando quienes son aparentemente semejantes maduran, la naturaleza pone de relieve su singularidad y las diferencias se vuelven más evidentes (9). ¿Cuántas veces le he exigido a una mujer Negra algo que yo no me atrevía a darme a mí misma: aceptación, confianza, espacio suficiente para plantear un cambio? ¿Cuántas veces le he pedido que saltara sobre las diferencias, la desconfianza, la suspicacia, el viejo dolor? ¿Cuántas veces he esperado que sólo ella diera un salto sobre el espantoso abismo de nuestro desprecio aprendido, como un animal entrenado a no mirar el precipicio? ¿Cuántas veces he olvidado hacerle esta pregunta? ¿Acaso no estoy tratando de comunicarme contigo en el único lenguaje que conozco? ¿Tratas tú de aproximarte a mí con la única lengua que has rescatado? Si yo trato de escuchar la tuya a través de nuestras diferencias, ¿significa o significará eso que puedas escuchar la mía? ¿Analizamos estas preguntas o nos conformamos con el secreto aislamiento que ha significado esta tolerancia aprendida a base de desposeernos mutuamente -desposeernos del anhelo de la risa de la otra, de la oscura espontaneidad, del compartir y del permiso para ser nosotras mismas, permiso cuya necesidad no solemos reconocer porque sería admitir que no lo tenemos? ¿Nos conformamos con el dolor de lo que nos falta, persistente como una fiebre leve e igual de debilitante? ¿Representamos una y otra vez el crucificarnos entre nosotras, el evitarnos, la crueldad, los juicios, porque no se nos ha permitido tener diosas Negras, heroínas Negras? ¿Porque no se nos ha permitido ver a nuestras madres y vernos a nosotras mismas en su/nuestra grandeza hasta que ésta se ha convertido en parte de nuestra carne y nuestra sangre? Una de las funciones del odio es, sin lugar a dudas, enmascarar y distorsionar la belleza que nos otorga poder. Tengo hambre de mujeres Negras que no me den la espalda, airadas y desdeñosas, antes de conocerme o de escuchar lo que quiero decir. Tengo hambre de mujeres Negras que no huyan de mí aunque no estén de acuerdo con lo que digo. A fin de cuentas, estamos hablando sobre diferentes combinaciones de los mismos sonidos prestados. Hay ocasiones en que analizar nuestras diferencias es como marcharse a la guerra. Me lanzo ansiosa a la órbita de cada mujer Negra a la que quiero llegar, avanzo sosteniendo lo mejor que tengo para ofrecer en mis brazos extendidos… yo misma. ¿Ella ve lo mismo? Cuando yo estoy aterrorizada, esperando la traición, el rechazo, la reprobación de sus carcajadas, ¿también ella se siente juzgada por mí? La mayoría de las mujeres Negras a quienes conozco opinan que lloro demasiado, o que no oculto mi llanto como debiera. Me han dicho que llorar me hace parecer frágil y, por tanto, poco importante. Como si nuestra fragilidad tuviera que ser el precio que pagamos por nuestro poder y no, sencillamente, con lo que se paga más a menudo y con mayor facilidad. Batallo contra imágenes de pesadilla que llevo dentro, las veo, las poseo, sé que no me han destruido ni me destruirán ahora si las expreso, admito que me asustaban, que mi madre me enseñó a sobrevivir a, la vez que me enseñaba a temer mi propia Negritud. “No confíes en los blancos porque no nos desean ningún bien y no confíes en quienes sean más oscuros que tú porque sus corazones son tan Negros como sus rostros” (¿En qué situación me dejaba eso a mí, la más oscura?). Incluso ahora me resulta doloroso ponerlo por escrito. ¿Cuántos mensajes como éste nos llegan a todas, y de cuántas bocas diferentes, por cuántos medios distintos? ¿Cómo vamos a eliminar esos mensajes de nuestras conciencias si antes no reconocemos qué significaban y cuán destructivos eran? IV ¿Qué hace falta para ser dura? ¿La crueldad aprendida? Ahora resulta indispensable que se alce una voz diciendo que las mujeres Negras siempre nos hemos ayudado las unas a las otras, ¿no es verdad? Y ésa es la paradoja de nuestro conflicto interno. Contamos con una poderosa y antigua tradición de relaciones y apoyo mutuo, y las huellas de esa tradición viven en cada una de nosotras, oponiéndose a la ira y a la desconfianza engendradas por el odio a nosotras mismas. Cuando el mundo avanzó contra mí con mirada de desaprobación/ Fue mi hermana la que puso suelo bajo mis pies (10). Oír esta canción siempre ha provocado dentro de mí el más hondo y punzante sentimiento de pérdida por algo que deseaba sentir y que no sentía porque nunca me había sucedido. Algunas mujeres Negras sí lo han vivido. Para otras, esa sensación de poder confiar en un apoyo sólido como la roca prestado por nuestras hermanas es algo con lo que soñamos y por lo que trabajamos, sabiendo que es posible, pero también muy problemático a causa de la realidad del miedo y la desconfianza que se atraviesan entre nosotras. Nuestra ira está templada sobre los fuegos de la supervivencia, encubierta tras los párpados entornados, o resplandeciendo en nuestros ojos en los momentos más extraños. Al levantar la vista entre las piernas de una amante, al alzar la mirada de mis notas durante una conferencia (y casi pierdo el hilo de mis pensamientos), al apilar la compra en un supermercado, rellenando un formulario tras la ventanilla de la oficina de desempleo, saliendo de un taxi en el centro de Broadway, del brazo de un hombre de negocios de Lagos, apresurándose a adelantarme para entrar en una tienda mientras yo abro la puerta, mirándonos a los ojos durante una sola fracción de segundo… rabiosas, cortantes, hermanas. Mi hija preguntándome todo el tiempo cuando era pequeña: “¿Estás enfadada por algo, mami?”. Como mujeres Negras hemos malgastado nuestras iras demasiado a menudo, las hemos enterrado, hemos dicho que eran de otros, las hemos arrojado furiosamente a los océanos del racismo y del sexismo, sin que resonara ninguna vibración, nos las hemos lanzado a los dientes unas a otras y. luego nos hemos agachado para esquivar el golpe. Pero por lo general, evitamos expresarla abiertamente o le ponemos límites con una cortesía rígida e inabordable. La cólera que se cree ilícita o injustificada se mantiene en secreto, sin nombre, y preservada para siempre. Estamos rebosantes de furia, contra nosotras mismas, contra las demás, con terror a analizarlas por miedo a encontrarnos señaladas y nombradas en letra gruesa tal y como siempre nos hemos sentido y a veces hemos preferido estar: a solas. Sin lugar a dudas, en nuestras vidas sobran las ocasiones para emplear la ira justificadamente, son tantas que llenan el cupo de varias vidas. Podemos evitar la confrontación entre nosotras muy fácilmente. Resulta mucho más sencillo examinar nuestra ira en situaciones relativamente bien definidas y sin carga emocional. Resulta mucho más sencillo expresar nuestra ira en esas relaciones medianamente profundas que no plantean la amenaza de que haya que destaparse de verdad. Y, sin embargo, siempre está presente el hambre de la sustancia que conocemos, el hambre de compartir auténticamente, de la hermana con quien compartir. Es difícil mantenerse firme en las fauces de la agresión y el desdén blancos, del odio y los ataques de género. Y es aún mucho más difícil abordar de frente el rechazo de las mujeres Negras que tal vez ven en mi rostro el semblante que no han desterrado de sus espejos, y en mis ojos una figura que temen pueda ser la suya. Y el miedo que infesta las relaciones entre las mujeres Negras se recrudece aún más a causa del temor a perder al compañero varón, real o deseado. Pues también nos han enseñado que adquirir un hombre es la única medida del éxito, aunque los hombres Negros rara vez se quedan. Una mujer Negra observa y juzga en silencio a otra: qué aspecto tiene, cómo actúa, qué impresión crea en los demás. Ella misma es el contrapeso en el otro platillo de la balanza. Está midiendo lo imposible. Está midiendo ese ser que ella no desea del todo ser. No quiere aceptar las contradicciones, ni tampoco la belleza. Querría que la otra mujer se fuera. Querría que la otra mujer se convirtiera en otra persona, en cualquiera salvo una mujer Negra. Ser ella misma ya le causa bastantes problemas. “¿Por qué no aprendes a volar en línea recta?”, le pregunta a la otra mujer. “¿No te das cuenta de que tu torpeza nos pone en evidencia a todas? Si yo supiera volar, estoy segura de que lo haría mejor que tú. ¿No puedes ofrecer un espectáculo más convincente? Las chicas blancas saben hacerlo. Tal vez deberíamos traer a alguna para que te enseñara”. La otra mujer no puede hablar. Está demasiado ocupada tratando de no estrellarse contra el suelo. No derramará las lágrimas que van endureciéndose, convirtiéndose en piedrecitas afiladas que saltan de sus ojos y se clavan en el corazón de la otra mujer, quien enseguida cierra esas heridas y las identifica como el origen de su dolor. V Una serie de falacias sobre la manera de protegerse a una misma nos mantienen separadas y engendran dureza y crueldad donde más necesitamos dulzura y comprensión. 1. Que la cortesía y las buenas maneras exigen que no nos miremos directamente y sólo nos dirijamos disimuladas miradas para juzgarnos. Debemos evitar a toda costa la imagen de nuestro miedo. “Qué boca tan bonita tienes”, bien se podría escuchar como: “Mira qué labios tan grandes”. Mantenemos una discreta distancia entre nosotras también porque esa distancia me convierte menos en ti y te convierte menos en mí. Cuando no existe conexión alguna entre las personas, la ira es una manera de aproximarlas, de establecer un contacto. Pero cuando existen fuertes vínculos que son problemáticos, amenazadores o que no se reconocen, la ira es un medio de mantener separadas a las personas, de poner distancia entre nosotras. 2. Que como a veces nos alzamos en defensa mutua en contra de los extraños, no nos hace falta analizar el menosprecio y el desdén que hay entre nosotras. Prestarse apoyo en contra de, los extraños es muy distinto a cuidarse mutuamente. A veces la cuestión se plantea en términos de “quienes son iguales se necesitan”. Lo cual no significa que debamos apreciar a nuestra igual ni nuestra necesidad de ella, aun cuando esa igual sea el filo que separa la vida de la muerte. Porque si asimilo la valoración que el mundo blanco hace de mí: mujer-Negra-es-sinónimo-de-escoria, en mi fuero interno siempre creeré que no valgo para nada. Pero es muy duro mirar cara a cara el odio asimilado. Es más fácil verte como una inútil ya que eres como yo. Así que el hecho de que me apoyes porque somos iguales tan sólo confirma que tú también eres una nulidad, como yo. Es una postura con la que nadie puede ganar, una situación en que la nada sustenta a la nada y alguien tendrá que pagar las consecuencias, ¡y ese alguien no voy a ser yo! Cuando reconozco mi valía, estoy capacitada para reconocer la tuya. 3. Que la perfección es posible y es una expectativa adecuada con respecto a nosotras mismas y a las demás, y la única condición para la aceptación, para la humanidad (¡Observemos cuán útiles para las instituciones externas nos hace esta idea!). Si tú eres como yo, una mujer Negra, tendrás que ser mucho mejor que yo para ser simplemente aceptable. Y nunca lo conseguirás, porque por muchas virtudes que tengas seguirás siendo una mujer Negra, igual que yo (¿Quién se habrá creído que es?). De manera que cualquier hecho o idea que yo estaría dispuesta a aceptar o cuando menos a examinar si procediera de cualquier otra persona, se vuelve inaceptable cuando procede de ti, mi imagen especular. Si tú no eres MI imagen de la perfección, y nunca podrás serlo ya que eres una mujer Negra, entonces no eres más que un reflejo de mí misma. Nunca somos lo bastante buenas las unas para las otras. Todos tus defectos se convierten en reflejos ampliados de mis propios y amenazadores fallos. Debo atacarte antes de que nuestros enemigos nos confundan a una con la otra. Aunque, en cualquier caso, nos confundirán. Oh, madre, ¿por qué nos armaron para la lucha con espadas ceñidas de niebla y jabalinas de polvo? “¿Pero quién te has creído que eres?” Aquélla a la que por encima de todo temo (nunca) conocer. VI El lenguaje con el que nos han enseñado a desconfiar de nosotras mismas y de nuestros sentimientos es el mismo lenguaje que empleamos para desconfiar las unas de las otras. Demasiado guapa… o demasiado fea. Demasiado Negra… o demasiado blanca. Inútil. Eso ya lo sé. ¿Quién lo dice? Eres poco de fiar como para que te escuche. Hablas SU lenguaje. No hablas SU lenguaje. ¿Quién te has creído que eres? ¿Te crees mejor que las demás? Desaparece de mi vista. Nos negamos a prescindir de la distancia artificial que nos separa y a analizar nuestras diferencias reales para establecer un intercambio creativo. Somos demasiado diferentes para comunicarnos. Lo cual quiere decir que debo definirme por oposición a ti. Y el camino de la ira está pavimentado con los miedos inexpresados a que nos juzguen nuestras hermanas. A las mujeres Negras de EE.UU. no se nos ha permitido tratarnos unas a otras con libertad; nuestro encuentro está envuelto en mitos, estereotipos y expectativas impuestos desde fuera, en definiciones que no son nuestras. “Sois mi grupo de referencia, pero nunca he trabajado con vosotras”. ¿Cómo me ves? ¿Tan Negra como tú? ¿Más Negra que tú? ¿No suficientemente Negra? En cualquier caso, siempre me encontrarás alguna carencia… Somos mujeres Negras, definidas como nunca-lo-bastante-buenas. Para superar esto, debo ser mejor que tú. Si me pongo muy alto el listón, tal vez pueda ser distinta de como dicen que somos, diferente de ti. Si llego a ser lo suficientemente diferente, quizá deje de ser una “perra negra”. Si te vuelvo lo bastante diferente de mí, ya no te necesitaré tanto. Me haré fuerte, la mejor, sobresaldré en todo, seré la mejor porque no me atrevo a ser menos que eso. Es mi única oportunidad de ser lo bastante buena para convertirme en un ser humano. Si soy yo misma, no puedes aceptarme. Pero si puedes aceptarme, eso significa que soy como a ti te gustaría ser y, por tanto, no soy “auténtica”. Y tú tampoco, en ese caso. POR FAVOR ¿PODRÍA LA VERDADERA MUJER NEGRA PONERSE EN PIE? Alimentamos nuestra secreta culpabilidad, sepultada bajo ropas exquisitas y maquillaje caro y cremas blanqueadoras (¡sí, todavía!) y productos que estiran el pelo dejándolo ondulado. El instinto asesino que actúa contra cualquier mujer Negra que se desvíe de la máscara prescrita es preciso y mortífero. Actuar como quien ocupa su lugar a la vez que nos sentimos fuera, conservar el rechazo hacia nosotras mismas por ser mujeres Negras a la vez que lo superamos… eso creemos. Y la actividad política no salvará nuestros espíritus, por muy correcta y necesaria que sea. Aunque, es cierto que sin actividad política no podemos confiar en sobrevivir el tiempo necesario para efectuar ningún cambio. Y adquirir un poder propio es la tarea más profundamente política que existe, y la más dificultosa. Cuando no tratamos de identificar los sentimientos confusos que se alzan entre las hermanas, los expresamos de un centenar de maneras dañinas e improductivas. Sin hablar jamás del viejo dolor para poder superarlo. Como si hubiéramos establecido entre nosotras un pacto secreto de silencio, ya que la expresión de un dolor no analizado podría ir acompañada de otros padecimientos antiguos e inexpresados, incrustados en la ira acumulada a la que no hemos dado voz. Y esa ira, como bien nos enseñaron nuestros maltrechos egos infantiles, está armada con una poderosa crueldad, aprendida en la crudeza de tempranas batallas por sobrevivir. “No lo vas a soportar, ja”. Las Docenas. Un juego de los niños Negros que consiste en lanzarse mutuamente epítetos con un supuesto ánimo de rivalidad amistosa; en realidad, es un ejercicio crucial para aprender a asimilar los insultos verbales sin desfallecer. Nuestra infancia fue parte del precio que pagamos por la supervivencia. Nunca nos permitieron ser niñas. Los niños tienen derecho a jugar a vivir durante algún tiempo, pero cada acto de un niño Negro puede tener consecuencias tremendamente graves, y aún peores si es niña. Preguntemos, si no, a las cuatro niñas Negras a quienes volaron en pedazos en Birmingham. Preguntemos a Angel Lenair, a Latonya Wilson, o a Cynthia Montgomery, las tres niñas víctimas de los infames asesinatos de Atlanta, ninguno de los cuales ha sido resuelto. A veces tengo la sensación de que si experimentara todo el odio colectivo que han dirigido en mi contra por ser una mujer Negra, si tomara conciencia de sus implicaciones, esa carga desolada y espantosa me mataría. Quizá ése fue el motivo de que una hermana me preguntara en cierta ocasión: “Los blancos sienten, ¿y los Negros?” Es cierto que, en EE.UU., la gente blanca dispone por lo general de más tiempo y más espacio para analizar sus emociones. Las personas Negras de este país siempre se han visto obligadas a entregarse en cuerpo y alma a la ardua y permanente tarea de sobrevivir en los planos más materiales e inmediatos. Resulta tentador deducir de este hecho que las personas Negras no necesitamos analizar nuestros sentimientos: o que no son importantes, puesto que se han empleado tan a menudo para estereotiparnos o infantilizarnos; o que estos sentimientos no son vitales para nuestra supervivencia; o, lo que es peor, que no sentirlos en profundidad es una virtud adquirida. Pensar así es como llevar una bomba de relojería conectada a nuestras emociones. En mi vivir cotidiano, estoy empezando a establecer una distinción entre dolor ysufrimiento. El dolor es un hecho, una experiencia que se debe reconocer, poner en palabras, y después debe ser utilizada de manera que la experiencia se modifique, se transforme en algo diferente, en fuerza o conocimiento o acción. Por otra parte, el sufrimiento es el espanto de volver a vivir el dolor que no se ha analizado ni metabolizado. Cuando experimento dolor y, conscientemente, hago caso omiso de él, me privo del poder que se derivaría de utilizar ese dolor, el poder de alimentar un cambio que me permita superarlo. Me condeno a revivir una y otra y otra vez ese dolor siempre que algo próximo lo desata. Y eso es el sufrimiento, un ciclo aparentemente ineludible. Es cierto, experimentar dolores antiguos puede ser como lanzarse de cabeza contra un muro de hormigón. Pero me recuerdo que ESTO YA LO HE VIVIDO Y HE SOBREVIVIDO. A veces no se examina la ira que reside entre las mujeres Negras porque, en nuestro intento de protegernos y sobrevivir, nos desgastamos tanto analizando constantemente a los demás que no logramos reservar suficiente energía, para analizarnos a nosotras mismas. A veces no analizamos esa ira porque lleva tanto tiempo en su sitio que no la reconocemos, o pensamos que es más natural sufrir que vivir el dolor. A veces no la analizamos porque nos da miedo lo que podamos hallar. A veces porque no creemos merecerla. La repugnancia que refleja el rostro de una mujer que va a mi lado en metro, mientras retira su abrigo de mí y yo creo que ha visto una cucaracha. Pero veo odio en sus ojos porque quiere que lo vea, porque quiere que me entere, de la única manera en que puede enterarse una niña, de que en su mundo no hay sitio para alguien como yo. Si yo fuera mayor, probablemente me habría reído, o habría refunfuñado, o me habría sentido dolida al comprender lo que pasaba. Pero tengo cinco años. Lo veo, me consta, pero no sé nombrarlo, de manera que la experiencia queda incompleta. No es dolor; se convierte en sufrimiento. ¿Y cómo podría decirte en voz alta que no me gusta la forma en que apartas de mí tu mirada si sé que voy a desatar todas las iras sin nombre que llevas dentro, engendradas por el odio que has sufrido sin darte cuenta? Así pues, nos aproximamos unas a otras con cautela, exigiendo una perfección instantánea que nunca les pediríamos a nuestros enemigos. Pero es posible abrirse paso a través de esta agonía heredada, negarse a dar el visto bueno a esta amarga charada de aislamiento, ira y dolor. En las cartas de las mujeres Negras encuentro muchas veces esta pregunta: “¿Por qué me siento tan maldita, tan aislada?” Oigo esta pregunta una y otra vez, planteada de innumerables formas encubiertas. Pero tenemos la capacidad de modificar esta situación. Podemos aprender a cuidarnos con cariño maternal. ¿Qué significa eso para las mujeres Negras? Significa que debemos darnos la autoridad para definirnos a nosotras mismas y poner nuestras esperanzas y nuestros esfuerzos en un crecimiento que será el comienzo de la aceptación que esperamos sólo de nuestras madres. Significa que afirmo mi valía al comprometerme con mi supervivencia, tanto en mi ser como en el ser de otras mujeres Negras. Por otro lado, significa que a medida que voy conociendo mi valía y mis auténticas capacidades, me niego a conformarme con algo inferior a la rigurosa búsqueda de mis capacidades, y, al propio tiempo, distingo lo que es posible de lo que el mundo exterior me impulsa a hacer para demostrar que soy humana. Significa que soy capaz de reconocer mis éxitos y de ser afectuosa conmigo misma, incluso cuando fracaso. Comenzaremos a mirarnos unas a otras cuando nos atrevamos a empezar a vernos a nosotras mismas; comenzaremos a mirarnos a nosotras mismas cuando empecemos a mirarnos unas a otras, sin exaltación, sin desdén, sin recriminaciones, con paciencia y comprensión cuando no logramos dar la talla, y con reconocimiento y aprecio cuando lo logramos. Cuidarnos con cariño maternal significa aprender a amar aquello que hemos alumbrado al darle un nombre, aprender a ser a la vez amables y exigentes tanto en el fracaso como en el éxito, sin tomar ninguno de los dos por lo que no es. Cuando llegas a respetar el carácter de la época, ya no tienes que encubrir la vacuidad con fingimiento (11). Debemos reconocer y nutrir los aspectos creativos de nuestras hermanas sin necesidad de comprender en todo momento qué fruto darán. Cuando nos tengamos menos miedo las unas a las otras y nos valoremos más, aprenderemos a apreciar el reconocimiento que reflejan tanto los ojos ajenos como los nuestros, y buscaremos el equilibrio entre estas visiones. Cuidarse con afecto maternal. Reclamar autoridad para definir quiénes queremos ser, y saber que esa autoridad es relativa y depende de la realidad de nuestra vida. Pero sin olvidar que sólo a través del uso de esa autoridad podemos cambiar con efectividad estas realidades de nuestras vidas. Cuidarse con afecto maternal significa dejar en reposo lo débil, lo tímido, lo dañado -sin menospreciarlos-, proteger y fomentar lo que es útil para la supervivencia y el cambio, y explorar conjuntamente las diferencias. Recuerdo un hermoso y complejo grupo escultórico que representa la corte de la Reina Madre de Benín y lleva por título “El poder de las manos”. La Reina Madre, sus cortesanas y sus guerreras forman un círculo que celebra la capacidad humana para lograr el éxito en las aventuras prácticas y materiales, la habilidad de crear algo de la nada. En Dahomey, ese poder es femenino. VII Teorizar sobre la propia valía no sirve de nada. Ni tampoco fingir. Las mujeres que han vivido con un gesto inexpresivo en sus hermosos rostros pueden morir entre grandes tormentos. Yo me puedo permitir mirarme de frente, arriesgarme al dolor de experimentar lo que no soy y aprender a saborear la dulzura de quien soy. Puedo entablar amistad con las distintas parcelas de mi ser, tanto si me gustan como si no me gustan. Reconocer que la mayoría de los días soy más amable con el estúpido marido de mi vecina que conmigo misma. Puedo mirar al espejo y aprender a amar a la pequeña y turbulenta niña Negra que en su día anhelaba ser blanca o ser cualquier cosa menos lo que era, ya que nunca le permitieron ser nada más que la suma del color de su piel y la textura de su pelo, la tonalidad de sus rodillas y sus codos, todos esos rasgos a todas luces inaceptables en un ser humano. Aprender a amar nuestro ser de mujeres Negras no se limita a insistir de manera simplista en que “lo Negro es hermoso”. Es algo más amplio y profundo que la apreciación superficial de la belleza Negra, si bien esta apreciación constituye un buen comienzo. Pero si nuestro intento de reclamarnos a nosotras mismas y a nuestras hermanas se queda sólo en eso, nos arriesgamos a adoptar otro patrón superficial de medida del ser, un patrón superpuesto al anterior e igual de dañino en tanto en cuanto se detiene en lo superficial. Ciertamente, no nos otorgará más poder. Y el resultado de nuestro empeño ha de ser la toma de poder, el fortalecimiento de nuestro ser en beneficio propio y de nuestras hermanas, en beneficio de nuestra obra y del futuro. Debo aprender a amarme a mí misma antes de amarte o aceptar tu amor. Tú debes aprender a amarte a ti misma antes de amarme o aceptar mi amor. Antes de tendernos mutuamente la mano, hemos de saber que somos merecedoras de que nos acaricien. No debemos disimular la sensación de que no valemos para nada con frases como “no te necesito”, “da igual”, o “los blancos sienten, los Negros ACTÚAN”. Y lograr esto es enormemente difícil en un entorno que fomenta por todos los medios el desamor y el fingimiento, en un entorno que nos advierte que silenciemos la necesidad que sentimos las unas de las otras, y califica de inevitables nuestras insatisfacciones y de inalcanzables nuestras necesidades. Hasta el momento, apenas nos han enseñado a ser amables las unas con las otras. Con el resto del mundo, sí, pero no entre nosotras. Hemos contado con escasos ejemplos externos de cómo tratar a otra mujer Negra con cariño, deferencia y ternura, que es posible dedicarle una sonrisa afectuosa y espontánea sencillamente porque EXISTE; o que hay que comprender las deficiencias de las demás porque las conocemos por experiencia propia. ¿Cuál fue la última vez en que piropeaste a una hermana y mostraste que apreciabas su singularidad? Debemos estudiar conscientemente cómo tratarnos con mutua ternura hasta que ésta se convierta en un hábito, pues nos han robado lo que originalmente nos pertenecía, el mutuo amor entre las mujeres Negras. Siendo dulces con las demás podemos aprender a tratarnos a nosotras mismas con dulzura. Y podemos aprender a tratarnos mutuamente con dulzura aprendiendo a ser tiernas con esa parte de nuestro ser que resulta más inabordable, aprendiendo a ser más generosas con la valerosa y maltrecha niña que llevamos dentro, aprendiendo a rebajarle el listón de los gigantescos esfuerzos que hace por sobresalir. Podemos amarla tanto en la oscuridad como bajo la luz, apaciguar su ánimo perfeccionista y favorecer sus intentos de realizarse. Entonces tal vez lleguemos a comprender mejor cuánto nos ha enseñado esa niña y cuán valiosa es su aportación para que el mundo siga en su órbita y avanzando hacia un futuro vivible. Es absurdo creer que este proceso será rápido y fácil. No creer que sea posible es suicida. Al armarnos con nuestro propio ser y el de nuestras hermanas, podremos unirnos en el campo de ese riguroso amor y comenzar a hablar entre nosotras de lo imposible, o de lo que siempre nos ha parecido imposible. Es el primer paso hacia un cambio auténtico. Con el tiempo, si nos decimos mutuamente las verdades, el cambio para nosotras será inevitable. ♀ Notas 1. Artículo de Samella Lewis. 2. De “Letters from Black Feminists, 1972-1978”, de Barbara Smith y Beverly Smith, Conditions: Four (1979). 3. Del I Ching. 4. Del poema “Nigger”, de Judy Dothard Simmons, publicado en Decent Intentions(Blind Beggar Press, P. O. Box 437, Williamsbridge Station, Bronx, Nueva York 10467, 1983). 5. Del I Ching. 6. This Bridge Called My Back: Writings by Radical Women of Color, editado por Cherríe Moraga y Gloria Anzaldúa (Kitchen Table: Women of Color Press, Nueva York, 1984). 7. Del I Ching. 8. De “Every Woman Ever Loved A Woman”, de Bernice Johnson Reagon, canción interpretada por Sweet Honey in the Rock. 9. Del I Ching. 10. De “Every Woman Ever Loved A Woman”, de Bernice Johnson Reagon, canción interpretada por Sweet Honey in the Rock. 11. Del I Ching. Referencia El texto y las notas proceden de: Audre Lorde, “Mirándonos a los ojos: mujeres negras, ira y odio” (1983/1984/2003), en Audre Lorde, La hermana, la extranjera. Artículos y conferencias, traducción de María Corniero, revisión de Alba V. Lasheras y Miren Elordui Cadiz, Ed. Horas y horas, Madrid, 2003, pp. 167-210. (Texto original: “Eye to Eye: Black Women, Hatred and Anger”, en Audre Lorde, Sister Outsider: Essays and Speeches, 1984). https://sentipensaresfem.wordpress.com/2016/12/03/momnioal/
- Una canción como esa / Claudia Masin
A Milagro Sala En los pueblos anestesiados, adormecidos por un sol violento, cada vez que llueve se levanta de las calles de tierra una nube de vapor, un humo viejo que trae el olor picante de la pólvora vencida, disparada hace décadas sobre cuerpos desarmados o en enfrentamientos desiguales de cientos contra pocos, un humo que condensa el olor de todos los fuegos encendidos a la noche, jornada tras jornada, mes tras mes, año tras año, para asar la carne o calentar la comida que hubiera, unos junto a otros reunidos alrededor del fogón como luciérnagas que se han ido apagando para dejar su brillo en una caja que otros construyeron, sin agujeros por donde respirar porque no todos, se sabe, tienen derecho a la vida y a la belleza. Es denso ese humo y es tóxico, y se nos cierra la garganta cuando llega, porque guarda el olor corrosivo que se adhiere a los cuerpos de tanto andar juntando los desperdicios que otros dejan, la basura ajena, para seguir sobreviviendo. El olor de ese humo, a pobreza y a miedo, a veces crece y crece y llega a las ciudades ricas donde apesta más que nunca y hay que espantarlo con las manos como a un insecto. No tiene historia, no duele, a nadie le pertenece ese olor cuando entra a las casas y molesta, lo único que importa es apagarlo, taparlo, hacer que vuelva a donde pertenece, porque no se puede invadir la propiedad de los otros con la propia miseria. Sin embargo es más grande todavía el desprecio y el asco cuando esos hombres y mujeres un día se atreven a salir a las calles, a invadir el centro de ciudades que no fueron construidas para ellos: aunque han venido de tan lejos, y están sucios y cansados, no traen ese olor animal con ellos, no es pobreza ni miedo eso que los circunda como un halo imposible y los protege como una empalizada, como una fuerza torrencial y serena que los sostiene con la delicadeza con que debe ser sostenido algo que ha sido roto y recompuesto mil veces, algo a la vez infinitamente poderoso y frágil, porque ha conocido la experiencia de su propio derrumbe y ha vuelto. No es pobreza ni miedo, no están vencidos porque vienen cantando, se los oye desde lejos, nadie puede no oírlos, su canción tiene raíces tan hundidas en la tierra que a algunos les toca el corazón, les hace nacer una alegría que no conocían, tan intensa que pareciera que les rompe el pecho, pero en otros despierta una violencia incurable y quisieran arrancar ese canto y arrancarlos a ellos como a la mala hierba para que algo así, capaz de transmitir una esperanza tan tremenda, no pueda propagarse y contaminar a los demás, a los que bajan la cabeza y aceptan porque no saben, no les han dicho, nunca han escuchado una canción como esa. Que no existen los milagros es algo evidente. Pero sí existen algunos –poquísimos- seres con el coraje, la terquedad, la furia de insistir en lo que no se puede: caminan sobre el agua o multiplican los panes y los peces como si no estuvieran haciendo nada extraordinario, apenas lo justo, lo que tenía que ser hecho. Una sola de estas personas puede lograr que el mundo se ahueque como los ventrículos del corazón enorme y violento de las fieras del monte, cuyo latido retumba adentro de la tierra hasta que incluso los seres más mansos, más pequeños, lo escuchan y entonces despiertan y escapan de una vez y para siempre de su cautiverio.
- Pachamama / Paula Jiménez España
A Milagro Sala, presa política y dirigente indígena Yo no toco el cielo con las manos pero camino la tierra pedregosa lo seco del sendero incómodo, ondulado por el que van los collas. Los sigo como víbora ascendiendo llevada por el viento dulce de sus trombones. Como la extraña que soy, la deslumbrada me extasío ante la fiesta de sus ropas, sus plumas, sus coronas. Sigo la ronda de cerveza derramada sobre la Pachamama, la ofrenda de embriaguez con que esta noche todos entramos al mundo del Espíritu. Todos, aun yo que no bendije mi sueño en la Apacheta ni entregué mi tesoro a la cosecha que nadie me enseñó a adorar. Porque soy blanca no sé más que mirar con ojo ajeno la fanfarria que avanza en dirección al templo erigido en Kalassaya y copiado en la loma, entre las tunas en la aridez del Alto comedero por los bloqueros negros de Milagro, “la flaca”, emponchados de ovejas y vicuñas. Y al asomar el Inti por detrás de los cerros imito el gesto abierto de sus palmas pero sus corazones son los que crepitan apabullantemente vivos. Porque yo soy blanca y extranjera no toqué al animal sagrado ni veneré a los muertos vestidos para subir con él, tampoco he visto sembrar a Mama Quilla las semillas prolíficas. Todo lo que renace y lo que muere lo reciben sus manos reflejo de obsidiana en el rayo del amanecer. Porque soy blanca disipé el oro del solsticio que calienta el corazón de mis hermanos Ni un día fui comida por el hambre no fui esclava el azúcar fue dulce para mí. Por mis poros no pasan los secretos del Inti porque él no confía en esta piel que ha negado su influjo el surco por el cual entra el misterio como entra el amor haciendo despuntar la flor de la humildad de los guerreros. Veo las lanzas del dolor a punto de volar ya detenidas. La infinita paciencia que al grito de ¡Jalalla! le da vida otra vez al gran Tupac, víbora brava que inocula justicia entre los dedos de un Supay congelado en el invierno que en el alba soy yo.
- Trump y sus cuentas / Alejandro Kaufman
Un rasgo destacable de algunas intervenciones suscitadas por las restricciones impuestas por las redes sociales a las cuentas de Donald Trump es la banalidad con que se da por sentado que todas las personas venimos a ser usuarias de las redes de manera igualitaria y equivalente. Una versión degradada, democratista y boba de la ciudadanía, ahora definida por la habilitación a decir o mostrar cualquier cosa en las plataformas digitales sin otras restricciones que al tráfico de drogas, armas, pedofilia o incitaciones obvias a la violencia. No es un problema de sistemas automatizados por algoritmos carecientes (todavía, dicen) de capacidades lingüísticas plenamente humanas, portadoras de instrucciones tontas, razón por la cual la censura legítima o legitimada resultaría torpemente violenta e ineficaz. Lo mismo sucedía con la censura aplicada por agentes destinados a tal efecto porque el uso del lenguaje solo puede ser correspondido por el propio uso del lenguaje bajo formas conversacionales, de manera circular. El propósito de intervenir de otra manera ante la palabra pública se llama violencia, de la cual la censura es una forma perteneciente a épocas pretéritas y sin ninguna vinculación con lo que sucede en las redes. En otras épocas, hasta no hace mucho, y aun en algunos países que no son los nuestros de los que nos ocupamos, la censura era una intervención activa sobre el discurso consistente en suprimir aquellos enunciados que no se ajustaran a un programa conceptualmente determinable. Aun así, los resultados siempre fueron grotescos y lindantes con el ridículo, porque es errado el propósito de imponer un programa ideológico y pretender luego controlarlo de manera coercitiva. Todos los proyectos que históricamente intentaron tales acciones son materia del olvido, es decir, de la memoria histórica de crímenes, desapariciones y exilios, o de una actualidad brutal donde la mala fortuna les otorga renovadas condiciones. Las formas actuales de vincularse el poder con el discurso no consisten en ajustar un núcleo aprobado desde una cumbre para imponerlo a la sociedad. Eso no sucede más. Cuando hablamos de censura reproducimos con esa designación un residuo de épocas pasadas y lo aplicamos a acontecimientos de diversa índole, de un modo más bien metafórico, como cuando llamamos navegación al uso de la web. No hay tempestades ni corrientes marinas ahí. En nuestros días, la relación entre poder y discursos consiste en administrar espacios simbólicos de inclusión y exclusión, de selección y competencia, de estratificaciones y precios, de “visibilización” o de “invisibilización”, que se rigen por criterios heterogéneos, eventualmente implícitos bajo modalidades de sentido común establecido, y que dan lugar entonces a debates sobre las regulaciones o criterios en juego. En otras palabras, y para dar un ejemplo… Un nuevo canal de TV, de noticias, recientemente inaugurado en nuestro país, exhibiría probablemente la censura más extrema -si ese término cupiera- sobre los estereotipos con que compone su pantalla. Los rostros, cuerpos, edades, actitudes y dicciones se limitan a un exiguo grupo con exclusión de toda otra variante, de una manera decididamente calificable como políticamente incorrecta para los criterios vigentes en términos de derechos humanos y convivencia. (La expresión “corrección política” ha sido tan denostada que solo nos evoca su detracción.) ¿Es esto censura? Lo llamamos así porque hemos derivado el concepto al modo actual de incluir y excluir sin advertir las diferencias con las formas del pasado a las que se aplicaba la palabra. Este canal de TV no persigue a quienes no se ajustan al modelo estereotipado restringido con el que compone la pantalla, no les va a buscar a sus domicilios a la madrugada para internarles en campos de concentración, ni alberga proyectos exterminadores o deliberadamente disciplinarios. No hay un estado con una policía política que patrulle las mentes. Sin embargo, también cuando decimos “censura” pensamos que ese canal contribuye indirectamente a socavar al movimiento de mujeres y disidencias, no por lo que dice, sino por cómo compone su propia formulación, su imagen, su estética y su retórica. Lo sabremos responsable entonces de la opresión de género y de discriminación sexista y racista. Nos confunde el pensar que ese modo de proceder pueda tener afinidad con las modalidades ideológicas del pasado o con la vigencia de un patriarcado que se autorreproduce del modo en que ese canal procede. El canal alegará su sujeción a la ley en cuanto a sus agendas y enunciados, en tanto que las luchas emprendidas por las mareas verdes deberán seguir su largo camino. El reproche al canal de TV no reside en que censure del modo en que lo hacían las dictaduras, sino en cómo construye un discurso que es objetable por los movimientos emancipatorios. Las redes sociales intentan administrar criterios de convivencia minimalistas. Su fracaso no reside en equívocos sobre cómo regular, sino en un problema que concierne a su naturaleza estructural. Se trata de arquitecturas que pretenden -suponen- que todas las personas se comuniquen a la vez con todas las personas. Pretenden incluir a toda la población mundial, a todas las lenguas y a todas las edades, géneros y pareceres. Quieren erigir una torre de Babel para alcanzar el cielo de un esperanto mundial inexistente, imposible e indeseable. La idea misma de que algún significado pueda ser comprendido y compartido por toda la población mundial es inocente, disparatada y finalmente alberga el mal que solo puede inferirse de una bondad inocente, ingenua y en el fondo perversa. Ese es el verdadero problema, que tan solo se ahonda cuando hablamos de Trump como si fuera un usuario de redes, un tuitero como cualquier otro al que censuraron. Y a continuación seguimos sobre las reglas de juego de twitter internándonos en una conversación cada vez más absurda y fútil frente a lo real de la vida política y social. Trump pertenece, digamos con ironía, a una short list de tuiteros, creo que en este momento son todos varones, que disponen del llamado “botón nuclear”. Trump nos hizo saber (de un modo que se llama “amenaza” o “intimidación”) que tiene inconvenientes para pasarle ese botón a su sucesor. Tal circunstancia concerniente a Estados Unidos, a su política interna, y a que tal política en particular se articula con un puñado ínfimo de países poseedores de ese mismo botón, convierte a cualquier debate sobre “twitter” en un intercambio grotesco de enunciados vacíos. Recordemos que él ya había dicho en twitter, en un mensaje dirigido a Corea del Norte, que “el suyo es más grande”, en abierta amenaza nuclear. Con esto sería suficiente para calificar sus acciones en las redes, pero no lo es. Lo decisivo es qué más hizo en las redes: hacerse pasar por un usuario común para que se le adhieran multitudes dispuestas a subordinarse a un liderazgo carismático totalitario, para lo cual la primera condición es un supuesto falso de condición plebeya por parte de ese tipo de liderazgo, conjugada con el hecho de que desdeñó los canales institucionales e incluso la propia cuenta que twitter asigna al presidente. En el caso de Trump, el uso plebeyo de las redes para que las multitudes se identifiquen con él es del todo opuesto al caso de gobernantes y gobernantas o ex gobernantas que usan las redes de modo plebeyo en favor de las multitudes ante los monopolios mediáticos que impiden o tergiversan sus palabras. Trump aduce ese argumento contra los grandes medios por las razones opuestas en relación a las multitudes. Actúa del modo fascista, que es imitativo de las prácticas emancipatorias de masas. El fascismo las emula con la pretensión de distinguirse del terror blanco. El poder de las redes no se manifiesta cuando censuran a Trump sino cuando le sirven. El hilo conductor de las acciones trumpistas nos remite a las diversas modalidades del fascismo y su linaje de totalitarismos y coacciones que han conseguido hacerse del poder por vías inicialmente legítimas para al final cerrar el círculo de los despotismos. La agresión contra el Capitolio fue el corolario revelador para quien antes no lo hubiese advertido. La catadura de esas personas, los símbolos que ostentaron y la forma en que se condujeron dieron lugar a una situación singular que debe ser tratada en su especificidad. Si las redes se mantuvieran prescindentes ante tal ataque intimidatorio y amenazante asumirían una complicidad que decidieron declinar. La situación era urgente e incierta. Analizarla como un problema jurídico regulatorio puede ser también necesario, pero está muy lejos de adecuarse a lo que requiere ser pensado. Insistiría en lo siguiente: Trump no es un usuario, sino un presidente de los Estados Unidos que puso en crisis la legitimidad de su cargo, que resulta amenazante e intimidatorio, y que ha hecho un uso indebido de las redes. Es una cuestión política que requiere un abordaje afín y congruente, y que es muy fácil de deslindar: las decisiones que se le aplicaron remiten a usuarios con botón nuclear, de los cuales solo algunos son usuarios de redes, ¿tres o cuatro? No es la ocasión de ponernos en el lugar de personas usuarias para discutir todo lo que sea necesario en el marco adecuado que siempre conviene exigir con mayor y denodado esfuerzo conceptual, lejos de las trivializaciones inherentes a la vida de las redes. Acertaron quienes advirtieron que la crisis que arrojó el desenlace del uso trumpista de las redes impondrá un debate renovado sobre su estatuto y reglas contractuales. Al cerrar las cuentas, en este caso, las redes reconocieron un papel político que las compromete, y dieron un paso en la dirección de asumirse como entidades editoriales en lugar de solo arquitecturas virtuales prescindentes. En el primer caso no se trata de censura también porque cualquier entidad editorial es tal por su papel decisorio sobre lo que publica. Ningún medio está obligado a publicar lo que le soliciten, y esto es porque cualquier ciudadano puede ejercer su derecho a la expresión por múltiples vías. Esto también sucede con las redes sociales. Si asumen un papel editorial se les aplica la discrecionalidad atinente a cualquier medio de comunicación. Si son arquitecturas virtuales -lo son también o pretenden serlo- hay muchas discusiones que sostener y habría que preguntarse por sus obligaciones. ¿Acaso medios privados no tienen normas de admisión? Lo que aquí se plantea no es en favor de las redes sino todo lo contrario: el debate insustancial sobre la libertad de expresión y la censura les da en forma implícita un poder absoluto y totalitario a las redes porque supone que si se cierra una cuenta la persona usuaria queda privada de sus derechos, en lugar de considerárselo como una decisión privativa de un recurso de comunicación entre otros. Pero esta enunciación es consecutiva a una cesión de exclusividad a las redes dada por los usos que hacemos de ellas. La actitud frente a países “no democráticos” que cierran sus espacios virtuales en las redes es denostada también como censura en lugar de considerársela como soberanía. Es como si le imputáramos al New York Times la obligación de publicar no solo lo que le envíe cualquier ciudadano de su país, sino también cualquier ciudadano chino o ruso. Trump no sufre ninguna limitación a sus necesidades de expresión pública, que por otra parte distan de ser “opiniones” como las que puede enunciar cualquier persona, sino actos de gobierno que han sido objetados como tales, es decir, han sido contrarrestados en términos de una acción política en respuesta a sus acciones políticas reprochables por cualquiera que defienda los valores que se afirma defender con aquellas críticas. Trump venía usando de manera espuria las redes porque pretendía hacer pasar por opiniones equivalentes a cualesquiera otras sus publicaciones que constituían una estrategia de acumulación de poder totalitario, lo cual puso en evidencia el evento del Capitolio. Esta es una evaluación situacional, es decir, singular. El debate normativo tiene otra pertinencia. Convertir una escena política en una discusión regulatoria es lo que resulta banal y abstracto en este caso. Adopta la forma de una charla moralizante sobre eventos considerados de manera superficial. El marco del debate es el requerido por las prácticas emancipatorias, que no consisten solo en declaraciones y ciertas acciones, sino también en someter a escrutinio y problematización los discursos públicos. Los discursos publicitarios de los mercados capitalistas se entreveran y asimilan a y con las palabras de la emancipación para banalizarlas y tornarlas susceptibles del equivalente general de los intercambios y la acumulación del capital. Es por eso que a cada paso, a cada articulación de la voz se nos oponen los regímenes de presuntas libertades abstraídas del devenir corpóreo, deseante y de verdad libertario de las multitudes, aun mientras están subyugadas y su destino es impredecible y utópico. Lo cierto es que toda iniciativa emancipatoria, como lo es la marea verde, consiste en interpelar las regulaciones antes que nada, no en obedecer las vigentes ni tampoco en dar cuenta de nuevas normas, sino en demandar condiciones existenciales liberadas. Cualquier desenlace normativo es una consecuencia, no una condición de esas luchas. FUENTE: LATFEM, enero 15, 2021. https://latfem.org/trump-y-sus-cuentas/ IMAGEN: McJesus"(2015), Jani Leinonen.
- (DES)BANDADOS / Esteban Rodríguez Alzueta
titulo original: (DES) BANDADOS. La generación que creció a la intemperie durante el declive del estado-nación. La editorial Tinta Limón acaba de reeditar el libro Chicos en banda: los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones, escrito por las investigadoras Silvia Duschatzky y Cristina Corea. El libro fue publicado por primera vez en 2002 y es el resultado de una investigación realizada en la ciudad de Córdoba con jóvenes de la periferia entre los años 2000 y 2001 a partir de un convenio entre la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Un libro, como dice el prologuista Diego Sztulwark, muy esperado, toda vez que estaba siendo una figurita difícil de conseguir en librerías. Basta nombrar esos años para que el lector o la lectora se den cuenta enseguida el telón de fondo del trabajo de campo. Las reformas que definieron alguna vez al neoliberalismo habían mostrado su costado más crudo. El estado social se había desmantelado completamente, sin resignar su mano izquierda. Pero la desinversión implicaba una serie de transformaciones, entre ellas el reemplazo de las políticas asistenciales (universales, de oficio e inclusivas) por políticas de subsistencia (focalizadas, a requerimiento de parte previo certificación de pobreza y de mera contención). Pero también fortalecía su mano derecha: no sólo aumentaba la población encarcelada sino que cada vez había más policías en las calles, es decir, el Estado estaba invirtiendo cada vez más dinero en el sostenimiento del policiamiento intensivo y preventivo para regular los flujos poblacionales. Dos prácticas que llegaron para quedarse, por lo menos en las décadas que siguieron. Peor aún, el Estado no sólo fue descomprometiédose de determinados problemas que hasta antes de ayer constituían su razón de ser sino que se fue fragmentando. Tema que las autoras abordaron al comienzo del libro, en los términos propuestos y problematizados, entre otros, por Ignacio Lewkowicz –compañero de Cristina– en el libro Pensar sin Estado: la subjetividad en la era de la fluidez (2004) y por Mariana Cantarelli y el Grupo Doce en el libro Del fragmento a la situación (2002). El declive institucional es el telón de fondo del desbande. El estado-nación, en tanto metainstitución dadora de sentido, generador de lazo social a través de la postulación de relatos articuladores, había estallado, se había desfondado o se encontraba en declive. Esa “impotencia instituyente” se ponía de manifiesto en la crisis de la familia y la escuela tradicionales. En efecto, los patrones identitarios perdieron su capacidad de interpelación. La desintitucionalización como la descomposición del Estado. Un Estado que se fragmenta, donde sus agencias se desacoplan, desenganchan y dejan de coordinar. En este contexto de agotamiento de las ficciones que aportaban sentido, los ciudadanos empezaron a desorientarse, replegándose en un presente que giraba en torno al mercado y que empezaba a organizarse cada vez más en torno al consumo. Cuando apareció Chicos en banda allá por 2002 sabíamos todavía muy poco sobre estas experiencias y las trayectorias juveniles que aquí se describen y analizan. Todavía no se había publicado Sociología del delito amateur de Gabriel Kessler (2004), Cuando me muera quiero que me toquen cumbia de Cristian Alarcón (2003), ni los trabajos de Daniel Miguez, Alejandro Isla, Sergio Tonkonoff y María Epele. No estábamos en el grado cero: además de la criminología crítica de la serie negra de Siglo XXI se habían publicado Otra vez en la vía (1993) de Javier Auyero, Los pibes del fondo (2000) de Patricia Rojas y los trabajos coordinados por Mario Margulis. Pero no había muchos más, las preferencias de las editoriales estaban puestas en otros temas vinculados a la acción colectiva. Y lo mismo sucedía en el campo de la investigación social: la atención se la llevaba la protesta social. No eran mundos aparte pero había que leerlos conjuntamente sin perder de vista sus especificidades. El piberío, esa zona donde la frontera entre la infancia y la adolescencia se vuelve borrosa, es el objeto de la “implicación”. Las investigadoras miran y no entienden lo que observan, están perplejas. Hace falta nuevas categorías para aprehender la novedad que ensayan estos jóvenes. En efecto, el trayecto que organizaba las biografías juveniles empezaba a descompaginarse. Entre la casa y la escuela, la esquina y la calle empezaban a gravitar con más intensidad la vida de estos jóvenes. Lo que estaba sucediendo no podía comprenderse apelando a los lugares comunes. Estas nuevas derivas situacionales necesitaban otras claves de lecturas para comprender no sólo el tamaño de las circunstancias sino, sobre todo, las apuestas creativas de los actores frente a esas circunstancias. Porque para las autoras estos jóvenes, además de ser objetos de las políticas de exclusión y hostigamiento, son sujetos de experiencias a través de las cuales no sólo hacen frente a esas prácticas hostiles (desfondamiento) sino que, sobre todo, innovan, van componiendo nuevas formas de sociabilidad. Las autoras entonces se proponen reponer la capacidad de agencia de los pibes y pibas, tratar de leer sus derroteros haciendo hincapié en su capacidad de composición de subjetividades potentes. Estamos hablando de la generación desangelada, aquella que creció a la intemperie, sin la protección del Estado, pero también, en muchos casos, sin la protección de la familia y su comunidad. Es decir, hablamos de chicos y chicas en problemas pero también con montones de respuestas, que no se quedaron de brazos cruzados aceptando con resignación lo que en suerte les tocó, que desarrollaron prácticas que, por más frágiles que fueran, buscaban componer otras relaciones que los rescatase de sus derroteros. Uno de ellos es la banda. Los chicos están y andan en banda. Es muy interesante el título que eligieron las autoras. Por un lado hablamos de chicos que están en banda, es decir, que fueron abandonados o se encuentran arrojados, más allá del Estado, a la deriva. Pero también de chicos que andan en banda, jóvenes que hicieron de la banda –y la deriva también– una manera de hacer frente a ese abandono. Jóvenes que encontraron en la grupalidad un punto de apoyo y protección, un laboratorio y una resistencia. El libro gira alrededor de la violencia. Una violencia que asume múltiples formas, que será vivida de distintas maneras, como estallido (para señalar por ejemplo el fuera de lugar de la escuela), como ritual situacional (forma instituida que marca y funda las relaciones entre pares como relaciones de reconocimiento), como acontecimiento (forma de expresión y catarsis) y como matriz (la argamasa o telón de fondo de sus experiencias cotidianas). Jóvenes que encontraron en la violencia la materia prima para componer sus relaciones y tramitar otros problemas. Violencias que, en un contexto de impotencia instituyente, se presenta y vive como una manera de estar con los otros, de buscarlos, una forma incluso de remar la temporalidad con la que se miden cotidianamente. Hay dos prácticas asociadas a estos jóvenes: el robo y la droga. ¿Qué lugar ocupa el delito en los jóvenes en este contexto de declive institucional? ¿Qué hacen los jóvenes cuando usan drogas ilegalizadas? No son preguntas sencillas de responder. Las autoras ensayan algunas respuestas siguiéndoles el pulso a sus informantes claves. Por empezar, lo que hay que decir es que el “choreo” forma parte de un universo de opciones. No se lo presenta como una estrategia económica sino moral, la oportunidad para componer relaciones de pertenencia. Según las autoras, salir a robar es salir a hacer algo: “la práctica del choreo está impulsada por otras demandas o búsquedas vinculadas a la conquista de un lugar en el grupo y de un sistema referencial que organice de algún modo el caos de la experiencia: adónde pertenezco, en qué sistema de valoraciones me incluyo, cuáles son las ventajas de pertenecer a un grupo, etc.” El choreo, entonces como movilizante. Salir a robar es salir a hacer algo, llenar el tiempo muerto, romper la inercia cotidiana, adueñarse de algún modo del porvenir, empezar a decidir. El choreo, entonces, en tanto motorizador de la grupalidad, es una experiencia socializadora y generadora de códigos que funda solidaridades. En cuanto al “faneo”, dicen las autoras, “el consumo es algo más que una adicción. Es el lugar donde las emociones se desbordan (agresión, dolor, angustia, rabia, impotencia) y al mismo tiempo se despiertan (coraje, control del miedo). El consumo es una práctica que se enlaza a una cadena de experiencias. Más allá de ser o no adicto, la droga es una marca, al estilo de un tatuaje y en la medida en que marca enlaza a un nosotros imaginario: somos ‘chorros’, ‘drogones’, ‘negros’, ‘cuarteteros’, etc.” El uso de drogas está lleno de riesgos, pero que los jóvenes asumen para encantar sus vidas y explorar sus cuerpos. Pero los robos y el uso de drogas no son las actividades fundamentales. Son experiencias que hay que leerlas al lado de la jodas o las fiestas, las peleas o broncas en la calle con otras bandas, las resistencias a las autoridades (sean policías o maestros). Todas experiencias más o menos colectivas que motorizan la grupalidad, que expande sus experiencias en el aquí y ahora. Tanto el “choreo” como el “faneo” son ritos situacionales que permiten establecer relaciones. Rituales cuyo carácter productivo sólo puede reconocerse cuando se piensa siguiendo de cerca el punto de vista de los propios jóvenes. La banda como configuración social se sostiene en el fluir de emociones desbordantes en los confines del barrio. El choreo como el faeno son dos momentos catárticos de aquellas emociones, pero no constituyen las prácticas definitorias de su identidad. Son prácticas concretas y situadas que hay que leerlas al lado de otros modos de existencia más o menos potentes a través de las cuales producen redes de cooperación y cuidado entre sí, tramas de lealtades y fidelidades más o menos móviles, más o menos frágiles pero llenas de promesas. No sólo quieren inmunizarse, agregarle certidumbre y protección a una vida experimentada con mucha inseguridad, sino desarrollar otras cualidades que les permitan seguir explorando sus cuerpos, saber –como bien dijo César González– lo que puede un cuerpo. En otras palabras: a las autoras les interesa indagar las disposiciones de los jóvenes para lidiar con los efectos de los estallidos de los diques de socialización, las practicas subterráneas de la vida a la intemperie. Con todo, el libro de Duschatzky y Corea plantea una serie de preguntas con las que todavía nos seguimos midiendo. Ensayan algunas respuestas y apuntan algunos reparos que deberíamos tener presentes a la hora se continuar encarando nuestras investigaciones. Algunos de los problemas serán retomados por Silvia en libros posteriores, entre ellos en Maestros errantes, experiencias sociales en la intemperie, también por los colectivos Situaciones y la Comunidad Educativa Creciendo Juntos, autores de Un Elefante en la escuela. Lamentablemente un accidente fatal que le costó la vida a Cristina y su compañero Ignacio Lewkowicz nos privó de conocer el despliegue de muchas de las tesis que aquí se formularon, pero dejaron mucha tela para cortar. Sólo resta decir lo siguiente sobre la “implicación” que auspician a la hora de investigar, una metodología que no está hecha de entrevistas sino de diálogos. Lo digo otra vez con las palabras de las autoras: “La suposición de un sustrato universal de violencia, la suposición de que en condiciones de expulsión no existen operaciones subjetivas de simbolización sino sólo de desubjetivación, son sólo algunos de los supuestos que nos veríamos obligadas a abandonar ante la decisión de avanzar más en la implicación de un pensamiento. La necesidad de implicarnos aún más en la interpretación y la lectura se nos revelaría en la necesidad de abandonar un saber construido para poder pensar la situación. (…) Pero el lento y trabajoso movimiento de implicación exhibe algo que estaba oculto a la mirada instituida y codificada de los investigadores: la presencia de unas subjetividades, de formas propias de habitar esos territorios, de modos de vinculación con las situaciones que delatan bastante más que la simple necesidad de ser algo más que puro despojo.” * El autor es docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor de Vecinocracia: olfato social y linchamientos, Yuta: el verdugueo policial desde la perspectiva juvenil y Prudencialismo: el gobierno de la prevención. FUENTE: El cohete a la luna, 10 de enero de 2021. https://www.elcohetealaluna.com/desbandados/ IMAGEN: Blanca Gracia, Forajidos (2014). Acuarela sobre papel
- Andar en la escuela / Camila Vassellati
Ir a la escuela, andar en bicicleta. El cuerpo solo se acuerda lo que hay que hacer, donde pararse, como sentarse. El cuerpo atrapado en una cadena infinita de engranajes que se articulan unos con otros, en una cinta de moebius de acciones, de pedidos, de formas que se repiten, para que la escuela siga andando. Podemos ver como nuestros cuerpos se adaptan a la escuela, podemos oírnos a nosotros mismos responder y escuchar los lugares comunes salir de nuestras bocas como si no fuéramos responsables por ellos. Los automatismos circulan, se articulan unos con otros, todos en un movimiento somnoliento, reiterativo. Una cadena de acciones que marcan la velocidad. Andar en bicicleta, andar en la escuela. Los cuerpos solos se acuerdan de lo que hay que hacer, donde pararse, como sentarse. Los suelos donde andamos, donde nos paramos, donde nos sentamos ¿cambian? ¿Qué pasa cuando andamos en bicicleta en suelos nuevos? Los cuerpos atrapados en una cadena infinita de engranajes que se articulan unos con otros, en una cinta de moebius de acciones, de pedidos, de formas que se repiten, para que la escuela siga ¿andando? Las cadenas saltan de los platos cuando los engranajes se desarticulan y entonces las acciones, los pedidos y las formas quedan en reposo y sin sentido. Los piñones se pueden fracturar y quedas pedaleando en el aire. Los cuadros pueden quebrarse y quedas inmóvil en tu lugar. Cuando el movimiento somnoliento se detiene, lo podemos ver. Cuando los automatismos se fracturan, se visibilizan. ¿Repitiendo lo que (no) funciona en la presencialidad, esperamos diferentes resultados? ¿Repetimos acciones y modos sin siquiera trasladamos al mismo lugar? Cuando no nos trasladamos, cuando estamos en otros lugares, estáticos, sueltos. ¿Querés volver a andar en bicicleta? * Fotografías Camila Vassellati
- La potencia de quedarse sin palabras / Entrevista a María Lugones, por Andrea Lacombe
María Lugones busca las palabras entre sus manos. Duda, vuelve, retoma una idea anterior para construir lo que trata de explicarme. Esta argentina feminista, torta y mestiza –como se autodenomina– radicada desde hace décadas en los Estados Unidos sabe que las palabras no siempre son capaces de dar cuenta de quienes habitan monstruosamente el mundo y que esa ansiedad del silencio necesita de una comunidad de pertenencia en la que sea posible comenzar a vivenciar, sentir y pensar. Estuvo en Buenos Aires a inicios de mayo de 2016 para participar de las Jornadas de Estética y Pensamiento Descolonial, realizadas en la Universidad de Avellaneda, donde participó en la conferencia sobre Aestesis y feminismo descolonial, junto a Walter Mignolo. Me hizo signo mucho de lo que usted habló durante la conferencia, principalmente la relación entre pensar desde el borde o desde el intersticio. ¿Cuál es la particularidad de ambos? Hay una diferencia entre habitar el borde y habitar el intersticio. Anzaldúa dice que el borde se nos mete por adentro como espinas de metal, nos divide y nos deshace. El intersticio, a su vez, es ese espacio liminal que hay en ese borde, que desde fuera parece muy pequeñito hasta que una lo habita y se da cuenta que es enorme. Es esa tierra de ese borde en donde habitan todos esos sujetos que van más allá de lo normal. Habitar el intersticio es entender el borde. Estamos tratando de entendernos, de saber cómo crear comunidad y sociabilidad. Usted hablaba sobre mujeres activistas que están en la búsqueda de una práctica política comunal a diferencia de comunidad, ¿podría explicarme mejor esta acción conceptual? Toda persona tiene un yo comunal, pero como vivimos en las sociedades en que vivimos, está atrofiado, lo que nos impide desear más allá de lo individual. Es como una tortura el hecho de que mi yo comunal esté mal. Para que esté bien, la intención de cada una debe ser otra. Para que estemos mejor entre nosotras necesitamos espacios cuya característica es poder buscar en los demás lo que nos resuena, lo que nos resulta placentero, lo que deseamos. He tenido esta experiencia muy pocas veces en lugares de educación popular o de organización comunitaria en donde se crea una vida comunal, donde una percibe que tenemos más de un yo, que somos más de una persona y donde es posible ver nuestro ser discapacitado, reducido, fragmentado que no puede escapar de las porquerías que me imponen por ser una mujer, de color y torta. La sensación es la de ser borrosa, lo que provoca un ansia de tener una intención comunal y esa intención no puede ser otra que la de reventar la colonialidad. La colonialidad abarca un conjunto de atrocidades que carcomen, reducen, disuelven y tragan el yo comunal. No nos deja tener otra intención que no sea individual lo que impiden la aparición de esa comunalidad que nos permita hacer algo que nos saque de la lógica de la opresión. Muchos lugares se denominan ‘comunidad’ a sí mismos, pero no muestran ninguna relación entre quienes la forman que dé muestras de crear una intención comunal, de sentí-pensar juntos. Pueden estar dispersos, ser claramente impuros, pero tiene que haber una tendencia a pensar y crear juntos. Son espacios con una lógica distinta a la de la opresión y que permiten que esa intención del yo sea otra, sea comunal. Estos espacios conviven sobrepuestos con otros opresivos. ¿Esa búsqueda de esa intención del yo comunal se relaciona con la sociabilidad permeable? Sí. Los lugares coloniales están conceptualizados como impermeables. Pensemos en la palabra mestiza. En América Latina yo me autodenomino mestiza no eurocentrada. Esa aclaración es necesaria porque acá lo mestizo se metió con la elite europea. En Estados Unidos no necesito decir nada más que mestiza porque cuando empezaron a invadir México, sólo tomaron la parte de California, Texas, Arizona y Nuevo México porque había nada más que cien mil personas y estas eran todas lo que ellos denominan mongrels, es decir un ser que no es puro que no es de una sola raza, porque en la lógica de la colonialidad lo único que vale es la pureza de la raza blanca. Una gota de sangre negra hace que seamos negros pero una gota de sangre blanca no nos hace blancos. La persona mongrel no es un monstruo porque el monstruo tiene la capacidad de dar miedo en tanto el mongrel es despreciable. Los monstruos son autoconstituidos. Seres que por algún motivo son desechables ya que, desde el punto de vista de la pureza son patológicos, no vendidos al sistema, que no quieren ser normalizados o aceptados y por este motivo son permeables. La pureza, en cambio, es impermeable. En este sentido, lo comunal es permeable y decolonial ya que no se basa en la búsqueda de la separación y la pureza sino en ese trabajo de conocernos en tanto otros y de sentir el mundo desde ese lugar de alteridad. ¿Esto se relaciona con la necesidad de reventar la colonialidad y ese desprendimiento crítico de la modernidad? Podríamos plantearlo como tres eslabones: la permeabilidad, despedazar la colonialidad y el mecanismo de este desprendimiento crítico. Si pensamos en esa aestesis en ese sentir, mi cuerpo, el cuerpo de las mujeres, está restringido. Todo lo que es se limita a la diferencia sexual que, a su vez, nos reduce a un aparato reproductivo. Aquí es donde radica el problema del uso del concepto de género que supone la diferencia sexual socializada, en tanto posibilidad restringida a la gente blanca, lo que deja fuera a quienes encarnan el pasado de la esclavitud o de la colonia o los que rechazan la colonia. En ese sentido, ¿qué otras construcciones discursivas son posibles para repensar lo que decimos cuando hablamos de género en estos sujetos que no ocupan esa centralidad y para los cuales no tendría alcance el concepto? Me parece importante que una se quede sin palabras. ¿Tenemos que tener una palabra o es algún lugar que podemos habitar con la ansiedad de no tenerla? La ansiedad está provocada porque nos metieron en el cuerpo una idea que es combinación de raza y sexismo que nos dice “vos sólo servís para coger y coger como una bestia” una persona que, en tanto sexuada es una bestia y en tanto bestia, es agresiva. Y prefiero mucho más esta visión a la que dice que soy una “diferencia sexual socializada”; es un monstruo en el que el deseo no tiene límites ni restricciones. El monstruo puede ser mestizo, puede tener capacidad científica, de habla, que pone su cuerpo y tiene intenciones comunales. Y es en esa última característica donde radica su peligrosidad y potencia. Podemos relacionarlo a las cosmogonías indígenas, pero no solamente a ello. El desafío es comenzar a autoconstituirnos a través de la subjetividad, la personalidad y las posibilidades de la otra que se te mete adentro y vos te metés adentro de la otra y todo esto porque ambas son permeables. Porque no sólo los límites nacionales, sino los límites de los cuerpos adquieren esa permeabilidad. Es infinitamente placentera la idea de estar juntas, de estar desnudas en ese deseo sin la necesidad de tener que pedirle permiso a las normas de la nominalidad, de la conceptuación. La permeabilidad permite estar en mi hábitat en conexión, cuerpo a cuerpo con lo que hay, sin tener que obedecer estas normas que nos reducen el yo a la individualidad. Lo humano, no tiene cuerpo. A la mujer se lo desaparecen, reduciéndola a sus órganos; el hombre es todo mente y no quiere tener cuerpo. El falo no es de carne, sino simbólico. Los que tienen cuerpo son los no humanos, los monstruos. Podemos hacer feminismos con estos seres encarnados, desde un senti-pensamiento, un pensar encarnado que está en una relación con el hábitat. En ese hábitat existen toda clase de cosas en conexión donde ese senti-pensar tienen sentido porque permite pensarnos relacionalmente. Por ejemplo, desde el lugar de mestiza puedo conectarme con el ser mestizo de las otras personas. En un viaje a Trelew, por ejemplo, visité a unas abuelas mapuches que estaban muy contentas de ver a otra mapuche, tanto que una de ellas me dijo ¿”por qué te fuiste tan lejos, hermana?” Es muy lindo que, siendo esta clase de monstruo pueda conectarme con ella desde un lugar fundamental donde me diga “nuestras costumbres son las tuyas” y no como dirían los nacionalismos impermeables “nuestras costumbres son nuestras”. En ese espacio borroso el yo comunal comienza a ganar entidad, ese senti-pensamiento comunal no es extraño a los diferentes mestizajes de Latinoamérica. Desde ese lugar creo que es posible pensar otros feminismos. ¿Cómo reivindicar la categoría de mujer de color con esta preocupación en atender la singularidad de las diferencias que se plantean en la construcción de lo femenino y lo masculino, en tanto interseccionalidades? Cuando Halberstam escribió su libro Masculinidades de mujeres, me interesé por ello y pensé que no tenía la menor idea de lo que significa habitar la masculinidad. Cuando voy por la calle y al entrar al supermercado aparece frente a mí una mujer que se autodenomina y yo reconozco como dyke, bien fortachona, bien parada, que tiene la mirada segura, tranquila… la tipa no tiene las características de una machona ni está pensando si es o no masculina y no sé cuál es el sentido que debemos darle a lo masculino. Si consideramos las masculinidades y las feminidades el binario pierde sentido y con eso salimos de la determinación que le adjudica la lógica de la pureza. Porque esta lógica también supone un borramiento del cuerpo de la mujer en tanto posibilidad de masculinidad. (Silvia) Federicci dice que los heréticos que pelearon para no volverse parte del capital, temían que los volvieran máquinas. Ella explica que a los hombres, efectivamente, los convirtieron en máquinas contribuyendo con su trabajo, pero a las mujeres proletarias les impusieron la reproducción de los trabajadores. Por lo tanto, para ella el cuerpo del trabajador desaparece y queda reducido a su fuerza de trabajo, a lo que yo agrego que el cuerpo de la mujer también desaparece, siendo reducida a sus órganos reproductivos o un agujero, en el caso de los prostíbulos que los estados-nación promulgaron, el otro espacio posible para aquellas mujeres que no estuvieran dentro de la lógica de la reproducción. Esas mujeres no sólo pierden su agencia monstruosa sino que todas sus posibilidades corpóreas en tanto ser senti-pensante, no existe más. Es un pedazo, una carne pasiva. Fuente: Página 12. Viernes, 27 de mayo de 2016. Suplemento LAS12.
- Por la vida, una declaración / Ejército Zapatista de Liberación Nacional
Primera Parte. Primero de Enero del año 2021. A LOS PUEBLOS DEL MUNDO: A LAS PERSONAS QUE LUCHAN EN LOS CINCO CONTINENTES: HERMAN@S Y COMPAÑER@S: Durante estos meses previos, hemos establecido contacto entre nosotr@s por diversos medios. Somos mujeres, lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, travestis, transexuales, intersexuales, queer y más, hombres, grupos, colectivos, asociaciones, organizaciones, movimientos sociales, pueblos originarios, asociaciones barriales, comunidades y un largo etcétera que nos da identidad. Nos diferencian y distancian tierras, cielos, montañas, valles, estepas, selvas, desiertos, océanos, lagos, ríos, arroyos, lagunas, razas, culturas, idiomas, historias, edades, geografías, identidades sexuales y no, raíces, fronteras, formas de organización, clases sociales, poder adquisitivo, prestigio social, fama, popularidad, seguidores, likes, monedas, grado de escolaridad, formas de ser, quehaceres, virtudes, defectos, pros, contras, peros, sin embargos, rivalidades, enemistades, concepciones, argumentaciones, contra argumentaciones, debates, diferendos, denuncias, acusaciones, desprecios, fobias, filias, elogios, repudios, abucheos, aplausos, divinidades, demonios, dogmas, herejías, gustos, disgustos, modos, y un largo etcétera que nos hace distintos y, no pocas veces, contrarios. Sólo nos unen muy pocas cosas: El que hacemos nuestros los dolores de la tierra: la violencia contra las mujeres; la persecución y desprecio a los diferentes en su identidad afectiva, emocional, sexual; el aniquilamiento de la niñez; el genocidio contra los originarios; el racismo; el militarismo; la explotación; el despojo; la destrucción de la naturaleza. El entendimiento de que es un sistema el responsable de estos dolores. El verdugo es un sistema explotador, patriarcal, piramidal, racista, ladrón y criminal: el capitalismo. El conocimiento de que no es posible reformar este sistema, educarlo, atenuarlo, limarlo, domesticarlo, humanizarlo. El compromiso de luchar, en todas partes y a todas horas –cada quien en su terreno-, contra este sistema hasta destruirlo por completo. La supervivencia de la humanidad depende de la destrucción del capitalismo. No nos rendimos, no estamos a la venta y no claudicamos. La certeza de que la lucha por la humanidad es mundial. Así como la destrucción en curso no reconoce fronteras, nacionalidades, banderas, lenguas, culturas, razas; así la lucha por la humanidad es en todas partes, todo el tiempo. La convicción de que son muchos los mundos que viven y luchan en el mundo. Y que toda pretensión de homogeneidad y hegemonía atenta contra la esencia del ser humano: la libertad. La igualdad de la humanidad está en el respeto a la diferencia. En su diversidad está su semejanza. La comprensión de que no es la pretensión de imponer nuestra mirada, nuestros pasos, compañías, caminos y destinos, lo que nos permitirá avanzar, sino la escucha y mirada de lo otro que, distinto y diferente, tiene la misma vocación de libertad y justicia. Por estas coincidencias, y sin abandonar nuestras convicciones, ni dejar de ser lo que somos, hemos acordado: Primero.- Realizar encuentros, diálogos, intercambios de ideas, experiencias, análisis y valoraciones entre quienes nos encontramos empeñados, desde distintas concepciones y en diferentes terrenos, en la lucha por la vida. Después, cada quien seguirá su camino o no. Mirar y escuchar lo otro tal vez nos ayudará o no en nuestro paso. Pero conocer lo diferente, es también parte de nuestra lucha y de nuestro empeño, de nuestra humanidad. Segundo.- Que estos encuentros y actividades se realicen en los cinco continentes. Que, en lo que se refiere al continente europeo, se concreten en los meses de Julio, Agosto, Septiembre y Octubre del año 2021, con la participación directa de una delegación mexicana conformada por el CNI-CIG, el Frente de Pueblos en Defensa del Agua y de la Tierra de Morelos, Puebla y Tlaxcala, y el EZLN. Y, en fechas posteriores por precisar, apoyar según nuestras posibilidades, para que se realicen en Asia, África, Oceanía y América. Tercero.- Invitar a quienes comparten las mismas preocupaciones y luchas parecidas, a todas las personas honestas y a todos los abajos que se rebelan y resisten en los muchos rincones del mundo, a que se sumen, aporten, apoyen y participen en estos encuentros y actividades; y a que firmen y hagan suya esta declaración POR LA VIDA. Desde uno de los puentes de dignidad que unen a los cinco continentes. Nosotr@s. Planeta Tierra. 1 de enero del 2021. Desde diversos, disparejos, diferentes, disímiles, desiguales, distantes y distintos rincones del mundo (en arte, ciencia y lucha en resistencia y rebeldía): Grecia Alto a la Guerra contra l@s Inmigrantes, Acción Alternativa para la Calidad de Vida, Acción contra la Regeneración y Gentrificación (AARG!), Adespotos Athinon: equipo deportivo autogestionado y sin dueño (déspota) de la ciudad de Atenas, Agrupación Ciudadana Autónoma de Icaria, Alterthess, medio alternativo, ΑMOQA Museo de Artes Queer de la ciudad de Atenas, Apoyamos a la Tierra, Αsamblea Αbierta de defensa de la arboleda de Agios Dimitrios (municipio de Ag. Dimitrios, ciudad de Atenas, Grecia), Αsamblea Αbierta de Samos, Asamblea abierta «siembra», Asamblea Abierta Contra El Desarollo Verde y La Energía Eólica en la Sierra de Agrafa, Asamblea abierta de anarquist@s de la ciudad de Patras, Asamblea Abierta de Lucha de Toumpa (ciudad de Tesalónica), Asamblea de la Okupa Prosfygika en la ciudad de Atenas, Asamblea de recepción de l@s zapatistas en la ciudad de Corfú, Asamblea de recepción de l@s Zapatistas en la ciudad de Veria, Asamblea de Resistencia y Solidaridad (Kipseli/Patisia) – parque Chipre y Patision str. (Atenas), Asamblea En Común, por el Decrecimiento, el Comunalismo y la Democracia Directa, Asamblea libertaria autoorganizada Paliacate Zapatista, Asamblea para la defensa de los espacios públicos y del “Elliniko”, Asociación Anarquista Sabaté Asociación Cultural Ambiental de la península de Mani (Grecia), Asociación Sindical De Trabajadores En Librerias, Papelerias, Editoriales Y Medios Digitales, De La Diputación De Attica (Atenas), Asyntaktos Press – journalists movement (ciudad de Tesalónica), Atenecalling, Autoacción – Colectivο políticο Bonita, Papastathi, Brotes Libres – Colectiva para la expresión y la libertad (ciudad de Tesalónica), Centro Autónomo de Investigaciones Feministas, Centro social «Respiro di libertà» (ciudad de Tesalónica), Centro social anarquista antiautoritario Αntipnia Centro Social Libre «Scholio» (Tesalónica), Chispa de solidaridad con l@s Zapatistas y los Pueblos Indígenas, Ciudadanos Despiertos, Ciudades Invisibles, Clandestina- inmigración y lucha en Grecia (Grecia), Clínica Social Solidaria de Tesalónica (ciudad de Tesalónica – Grecia), Clínica Social y Farmacia Solidaria de Ilio (municipio de Ilio, ciudad de Atenas – Grecia), Club de trabajodor@s de Kallithea, Club deportivo Apáleftos (ciudad de Tesalónica), Club deportivo autoorganizado «Marinos Antypas» (ciudad de Larisa,Grecia), Club Laboral Nea Smyrni (municipio de Nea Smyrni, ciudad de Atenas-,Grecia), CoLab House Espacio Cooperativo, Colectiva Anarquista «Círculo del Fuego» (Atenas), Colectiva Anarquista «Omikron 72» (Atenas), Colectiva Anarquista Pueblo-miembro de la federación anarquista, Colectiva por el Anarquismo Social “Negro y Rojo” (Tesalónica- Grecia), Colectiva por el Comunismo Libertario – “Libertatia” (Tesalónica_ Grecia), Colectivo «Calendario Zapatista», Colectivo Anarquista Retroacción, Colectivo Calendario Solidario con l@s Zapatistas, Colectivo comunista libertario “Fiore Nero” (Grecia), Colectivo de anarquist@s del este (ciudad de Tesalónica), Colectivo de trabajo »Ser colectivxs», Colectivo feminista “Sabbat Quema a los ricos, no a la bruja”, Comedor Colectivo EL CHEF (Grecia), Comité de Lucha contra las minas de oro, (pueblo de Megali Panagia, región de Calcídica, Grecia), Comunidad Cooperativa de Autosuficiencia “Apo Koinou”, Confrontacion, grupo de comunist@s, Cooperativa »To Kivotio», ciudad de Rethimno – isla de Creta, Cooperativa de Comercio Solidario “SYN ALLOIS”, Cooperativa de trabajador@s VIOME (Grecia), Cooperativa de Trabajo PAGKAKI (ciudad de Atenas), Cooperativa Syn-trofi de la ciudad de Rethimno-Creta, Coordinación de Asambleas Vecinales en Atenas, (Asamblea Popular Abierta de Peristeri, Asamblea Abierta de residentes de Agia Paraskevi, Asamblea Abierta de residentes de Petralona-Thiseio-Koukaki), Coordinación de la ciudad de Ioannina para el viaje de l@s zapatistas a Europa, Coordinación de la ciudad de Tesalónica para el viaje de l@s zapatistas a Europa, Coordinación de la ciudad de Volos para el viaje de l@s zapatistas a Europa (Grecia), Coordinación del Peloponeso para el viaje de l@s Zapatistas, Desobediencia de género, Editorial de extranjer@s (editorial colectiva en la ciudad de Tesalónica, Grecia ), El Coro Intercultural de Lesvos «CANTALALOUN» (isla de Lesvos ,Grecia), El Pequeño Árbol que se convertirá en Bosque (ciudad de Tesalónica,Grecia), Encuentro Autónomo de Lucha contra las represas y la desviación del río Aqueloos (Grecia), Escuela de Permacultura y Academia Autónoma (Grecia), Espacio Autogestionado «Epi ta Proso (Hacia Adelante)» (ciudad de Patras, Grecia), Espacio Autogestionado de Karditsa, Espacio de los Movimientos – Local para l@s inmigrantes (ciudad de Volos, Grecia), Espacio libertario y publicaciones “Aftoleksi” (Grecia), Espacio Social Abierto del Xanadu, Espacio Social Autogestionado del Pasamontaña, Espacio social de Paratod @ s (miembros y particulares) (ciudad de Larisa, Grecia), Espacio Social Libre Nosotros (ciudad de Atenas, Grecia), Espiral de solidaridad – semilla de Resistencia, Estrógenas (Grecia), Estructura de Salud Autogestionada de Exarcheia (ciudad de Atenas, Grecia), Eutopia: Ciclo de acción para el municipalismo libertario (Grecia), Federación Anarquista (Grecia), Femctoria por la difusión del feminismo de clase (Grecia), Geppetto Cooperativa (Grecia), Glub político Lesxi Aneresis de Tesalónica, (ciudad de Tesalónica, Grecia), Grupo anarquista “Baruti” (ciudad de Veria, Grecia), Grupo Anarquista “Disinios Ippos” (caballo indomable) (Patras- Grecia), Grupo Anarquista “Iterimpia”, Grupo de Salud Mental -¬ Covid19: Solidaridad de Tesalónica, (ciudad de Tesalónica, Grecia), Grupo de Teatro del Oprimido, “boalitaria” (Grecia), Grupo político “Camino Libertario” (Grecia), Guerreros del agua, infolibre.gr – cooperative media for independent information (medio cooperativo para la información independiente) (ciudad de Thessaloniki, Grecia), Iniciativa Antifascista de Lesvos – contra los centros de detención (isla de Lesvos – Grecia), Iniciativa Antiracista de la ciudad de Larisa, (Grecia), Iniciativa de Atenas contra las extracciones de hidrocarburos, Iniciativa de Atenas para la protección de Ágrafa, Iniciativa de habitantes de Kalamata, Iniciativa de Lucha por la Tierra y la Libertad (ciudad de Atenas-Grecia), Iniciativa de Trabajadorxs y Desempleadxs en la educación privada (Grecia), Iniciativa Libertaria “Ágria Neda”, Iniciativa para la protección del medio ambiente de la región de Kavala (Grecia), Jardín Botánico de Petroupolis (municipio de Petrupolis, ciudad de Atenas, Grecia), Kukuva, Empresa Social Cooperativa de Beneficio Colectivo y Social, LA PEONZA, cooperativα de economía solidaria (ciudad de Atenas- Grecia), La Red Vacía (Teoría, Utopía, Empatía, Artes Efímeras), La vieja escuela de Ormos, isla de Samos(Grecia), Laboratorio Libertario de infraestructura de movimiento (Grecia), Las ediciones de colegas (ciudad de Atenas, Grecia), La Cuña Centro político, social y cultural autogestionado de la ciudad de Tebas, Livas Club de Futbol Autogestionado, Local Anarquista UTOPIA A.D., Local Autónomo de la ciudad de Kavala, Local Autónomo de la ciudad de Xanthi, Local para l@s inmigrantes- Centro Social (ciudad de Atenas), Mano Aperta: comedor social y autogestionado, Mercado autónomo de Volos (ciudad de Volos), Μovimiento Αnti-autoritario de Atenas, Movimiento Antiautoritario de Larisa, Movimiento Antiautoritario de Tesalónica (ciudad de Tesalónica), Movimiento Antifascista de Kalamata, Movimiento Antifascista de Samos, Movimiento Ciudadano de Volos-Pelion para agua (Ciudad de Volos y Pelion), Movimiento Ciudadano Rajes Icaria, Movimiento de personas que escuchan voces, Μujeres Defendiendo Rojava Comité de la ciudad de Atenas, Odo, Colectivo colectivo libertario, Ocupa de “Analipsis”, Ocupa de “Apertus”. Espacio Social Libre de la ciudad de Agrinio, Ocupa de “Dougrou” (ciudad de Larisa), Ocupa de “Libertatia”, Ocupa de “Matsangou” (ciudad de Volos), Ocupa de “Mundo Nuevo”, Ocupa de “Patmos y Karavia”, Ocupa de “Tierra Desconocida” (ciudad de Tesalónica), Ocupa de Rosa Nera, (ciudad de Canea, isla de Creta), Ocupa Lelas Karagianni 37 (LK37) (ciudad de Atenas), Optikamultietnica, Organización Política Anarquista – Federación de Colectivas, ΟΧΟ (Grupo Sin Nombre), Piso Thrania Iniciativa de educación sin discriminación, Plotinos (Isla de Quios – Grecia), Red de “Mesochora – Acheloos SOS”, Red de Derechos Políticos y Sociales, Red de Movimientos por Tierra y Libertad, Red Solidaria de Clínicas Sociales de Exarcheia, N Smyrni, Ilio y Agios Nektarios en la ciudad de Volos (Grecia), Revista Política Babylonia, Spori: Asociación de ciudadan@s por el estudio de la educación libertaria (ciudad de Rethimno, isla de Creta, Grecia), Sporos – Semilla (isla de Lesvos), Tienda cooperativa “Hochlios”, Unión Sindical Libertaria de la ciudad de Ioannina, Unión Sindical Libertaria de la ciudad de Atenas, Unión Sindical Libertaria de la ciudad de Rethimno, Unión Sindical Libertaria de la ciudad de Tesalónica, Ciclo Vacío – Miembro de la Federación Anarquista, Women’s initiative against depth and austerity measures Thessaloniki, Grecia) (ciudad de Tesalónica), Bonita, Papastathi, Chryssikopoulou, Maro, Geroy, Katia, Dimitris, S., Istres, Jacques, Kapadelis, Panagiotis, Katzourakis, Kyriakos, Kouniaki, Eugenia, Mouka, Nikoletta, Siafliaki, Iro, Thalia P., Tomsin, Marc, Solidarity Open Tinos, Stelios Sykas, Antreas Giorkatzis, Claudia Rodríguez Ramírez, Iliana Fokianaki, Michalis Christodoulou, Michele Mavropulos, Kavala, NoBorders Greece, St.MamasAntifa, Tsakiris George, Θάνος Βάγιας, Κων/νος Σπυρόπουλος, Μαρίνα Παπαδημητρίου, Μιχαηλίδου Ελπιδα Εκπαιδευτικός, Νίκος Μουρτασάγας, Παναγιώτα Κ., Asamblea Ciudadana Abierta de Vari-Voula-Vouliagmeni, Asociación para los Μonumentos Ηistóricos, Maleficia – grupo político contra el patriaracado y cada tipo de poder, Obscura Laboratorio Cooperativo Creativ (Rethymno), Αλίκη Πετροπούλου, Κοινωνικός Χώρος Αντίβαρο, Μαρίνα Τσαμουρά, Παντελής Κυραμαργιός, Πρωτοβουλία ‘Ψ’, Πρωτοβουλία για τα Δικαιώματα των Κρατουμένων, Συνεργατικές εκδόσεις και βιβλιοπωλείο Ακυβέρνητες, Ταξική Αντεπίθεση (ομάδα Αναρχικών και Κομμουνιστών), Areti Potsiou, Steps, TRELLOPAREAKIFOREVER, Vagelitsa Papazissi, Αντιφασιστική δράση Ρεθύμνου (αδρε), Ελεύθερος Κοινωνικός Χώρος Φαβέλα, Κίνηση Υπεράσπισης Δικαιωμάτων Προσφύγων & Μεταναστών/-τριών (Πάτρα), Πολιτική Πολιτιστική Λέσχη Γλυφάδας Αμπάριζα, Συνεργατικές εκδόσεις και βιβλιοπωλείο Ακυβέρνητες Πολιτείες Συνεργατικό εγχείρημα αλληλέγγυου εμπορίου LACANDONA Alemania AG Ventana al Sur, AK Asyl Göttingen, Alerta! – Lateinamerika Gruppe Düsseldorf, Attac Frankfurt, Borderline-europe Human Rights without Borders e.V., Campaña cafe mesoamericana, Carea e.V., Colectivo gata-gata, Colectivo Konfront, Collectif kom.post, DunyCollective, Feministische Organisierung für Selbstbestimmung und Demokratische Autonomie, Flüchtlingscafe Göttingen, Frauen * Streik Bündnis, Freie Arbeiter * innen-Union, Fridays for Future Frankfurt am Main, Gärtnerei Ra.Baba, Gruppe B.A.S.T.A., Gruppe B.A.S.T.A. Berlin, Guerrero, Christa, Holtmann, Susann, Informationsbüro Nicaragua, Internationalistisches Bündnis Frankfurt a.M., Jineolojî Komitee Deutschland, Kaffeekollektiv Aroma Zapatista, Kampagne «Grüne Lunge bleibt – Instone stoppen!», Kollektiv Transgalaxia, KOMMUJA – Red de comunidades solidarias, Mietshäusersyndikatsprojekt Grafschaft 31 Münster, Ökologisch-Radikal-Links Frankfurt, Onbones Collective – Fairdruckt eG, Our House #OM10, Partner Südmexikos e.V., Perspektive Rojava – Solidaritätskomitee Münster, Prison´ Dialogue- Frauen AG, , Projekt Knotenpunkt Schwalbach, Red Ya-Basta-Netz, Riseup 4 Rojava Frankfurt a.M., Roots of compassion eG, ROSA – Revolutionäre Linke, Tres Gatas – producción en Colectivo, Undogmatische Radikale Antifa, Unrast Verlagskollektiv, Wohnprojekt Grafschaft 30 e.V., Women Defend Rojava Deutschland, Women defend rojava Frankfurt am Main Deutschland, WUMS-Kollektiv, Ya Basta Rhein Main, YXK Frankfurt a.M., Zwischenzeit e.V. – Initiative für soziale, interkulturelle und ökologische Forschung, Analyse und Bildung, Daddy Longleg, Ende Gelände, Massiah, Gustave, Schmidt, Edo, Citizens Summons, Consejo de Mujeres Kurdas, interventionistische Linke -Frankfurt am Main, Jentzsch, Marco, Sanchez Loza, Jose Manuel, Soli für Soli, Assoziation A (Verlag, editorial), Bloque Latinoamericano Berlin, Café Libertad Kollektiv, Elpis Fragkou, Globale Film Festival Berlin, Le Groupe Germaine Berton, Lucha Amada (colectivo musical/alemania), Pilar Puertas, Theo Bruns, Christian Katz, colectivo ZAPAPRES, Samidoun Deutschland, Augusto Pacheco, Elisabeth Steffens, Grupo Juana Ramírez La Avanzadora, Kurdischer Frauenrat Ronahî aus Hannover Francia Agate, armoise et salamandre – corps et politique, Anne Hocquenghem et les acheteurs de café du sud-est du massif central en France, Associacion Espoir Chiapas, Association AMERICASOL du réseau Escargot, Association GERMINAL, Association ONYVA, Association SOL’QUERCY du RESEAU ESCARGOT, Attac France, Caen Entraide Populaire, Caracole, CDP13, Colectivo Mi abuelita, Collectif «Coordinacion DZLN, Collectif Chiapas Ariège, Collectif de l’Université populaire de la Terre, Collectif des Immigrants en France (C.I.F.), Collectif douarneniste en lutte pour les solidarités, Collectif féministe Les Rosies d’A cause de macron, Collectif Grains de Sable, Collectif inter-collines des 2 rives de la rivière Aveyron, Collectif Mutvitz11, Collectif París Ayotzinapa, Collectif surnatural, Collectif la Digne Rage de Lille, Centre Culturel Libertaire, Association Unidos, Compagnie de théâtre Proteo, Torre Latino Radio, Comité Amérique latine de Caen – Normandie, Comité Amérique latine du Calvados, Comité d’accueil intergalactique de la zad de Notre-dame-des-Landes, Comité d’Accueil Sud Est France PACAZ, Comité de coordination des 17 contre la réintoxication du monde, Comité de Solidarité avec les Indiens des Amériques (CSIA-Nitassinan), Comité de Solidarité avec les Peuples du Chiapas en Lutte (CSPCL), Comité Populaire Quartier Latin, Compañía Jolie Mome, Compañía Isidoria, Confédération paysanne, Coordination des sans papiers 75, Corsica Internaziunalista, CSPN (Collectif de solidarité avec le peuple du Nicaragua de Francia), DAL-Droit au logement, CNT-F, Des femmes de la montagne Limousine, Échanges Solidaires, Editions Divergences, Éditions Libertalia, El Cambuche de Toulouse, Ensemble Finistère! Ensemble 29!, Fondation Frantz Fanon, Foro Cívico Europeo, France Amérique Latine, Front Uni des Immigrations et des Quartiers Populaires, Gilets Jaunes de Montreuil, Gilets jaunes Les Lilas, Groupe Henri Laborit de la Fédération Anarchiste, GROUPE LIBERTAD DE LA FEDERATION ANARCHISTE, Groupe toutes en grève, Initiativ Oury Jalloh Allemagne et la CISPM, InterLieuxInterCollectifs Montreuil, Kafe kapel, red escargot, L’espace autogéré des Tanneries, L’Union Communiste Libertaire., La Bad’j, La Compañía Tamerantong, La Gueule ouverte, La Maison Ouverte Montreuil, La Parole Errante Demain, La Révolution est en marche, «Laboratoire Autonome de Biologie : Alternatif, Solidaire et Expérimental, (LABASE)», Le BIB-Hackerspace, Le collectif «Chabatz d’entrar», Le Front Uni des Immigrations et des quartiers Populaires (FUIQP), Le Quartier libre des Lentillères, Le Surnatural Orchestra, Les Communaux, Les Gilets Jaunes de Pantin, Lesconstituants78, Longo Mai, l’association Fraternité Douarnenez, Mani Rosse Antirazziste, Marseille avec les Grecs, Mouvement Contre le Crime Atomique Colectivo, Mut Vitz 13, MUT VITZ 31, Mut-Vitz 34, PEPS (Pour une écologie Populaire et Sociale), Primitivi, Producciones Débrid’arts, Producciones Djab, Rédaction de CERISES LA COOPÉRATIVE, Revue Chimères, Revue De(s)générations, Séminaire «Penser les décolonisations», Solidaires09, Solidarité migrants Wilson, STE-75 Syndicat des travailleurs.euses de l’éducation Paris, Surnatural Orchestra, groupe de musique, Syndicat CNT Éducation Social-Services 34, Syndicat CNT INTERPROFESSIONNEL de l’Ardéche, Tatcha compagnie, Terrestres. Revue des livres, des idées et des écologies, Toulouse Anti CRA, UCL Caen, Union Départementale des syndicats CNT de Haute-Garonne, Union Syndicale Solidaires, Alliez, Éric, Alèssi Dell’Umbria, Annette Revret, Arsenault, Judith, Assael, Ivan, Astolfi, Nathalie, Ateya, Rim, Bachkine, Patricia, Bajon, Jean Baptiste, Baschet, Jérôme, Berling, Maïa, Bertille, Gendreau, Besancenot, Olivier, Beynel, Eric, Bohet, Odile, Boitière, Isabelle, Bonfanti, Brice, Bonvalet-Girou, Thomas, Bosson, Marc, Buisson, Manon, Candore, Marco, Casillas, Jeanne, Castillo, Carmen, Catelain, Jennifer, Causeries Populaires, Chao, Antoine, Chirón, André, Cibele, Coignard, Elisabeth, Corcuff, Philippe, Dardot, Pierre, de los Santos, Marie, Dekel, Tom, Demoron, Sandrine, Dervin, Alain, Desclozeaux, Aurelien, Diawarra, Youssef, Duran, David, Faucheux, Grégoire, Fautrier, Pascale, Fraunié, Laurent, Gaillanne, Fanny, Galasso, Franca, Gau, Gabriel, Gaudichaud, Franck, Gerschel, Anne, Gianinazzi, Willy, Gilles Bertrand, Giner, Stephanie, Glowczewski, Barbara, Godard, Alice, Godard, Carine, Godard, François, Goutte, Guillaume, Guest, Andreas, Hansma, Marie-Christine, Hélier, Odile, Hocquenghem, Joani, Ibañez, Amparo, Jacob, Mat, Jacques Istres, Jappe, Anselm, Jean-Louis Tornatore, Jean-Jacques M’U, Kempf, Joseph, Krzywkowski, Isabelle, Lagneau, Antoine, Latorre, Paule, Latouche, Serge, Laure de Saint Phalle, Le Bot, Yvon, Long, Olivier, Lopez, Francis, Loutre Barbier, Laurence, Lowy, Michael, Madame Miniature, Marin, Maguy, Martinot, Alex, Mathieu, Dominique, Mavic, Béatrice, Maymat, Philippe, Melo St-Cyr, Viviana, Mesnard, Cécile, Michèle Leclerc-Olive, Monique Amade, Monsieur Jack, Mourrat, Philippe, Navajo, Métie, Normandon, Aurélie, Nugon, Arièle, Odille, Laurie, Pailler, Aline, Parrot, Karine, Pellicane, Christine, Perez, Ampari, Piet, Sarah, Pirou, Fanny, Prieur, Sébastien, Quillateau, Patrick, Rafanell iOrra, Josep, Renaud, Robin, Vincent, Romanet, Martine, ROME, Daniel Roux, Fatima Salvatori, Jeannot Salama, Pierre Sardinha, Diogo Saurin, Patrick Secheppet, Camille, Sechet, Sylvain, Soussi, Claire kachkouch, Straeli, Celia, Studer, Jeanne, Tefnin, Garance, Tiburcio, Nicco, Toulouse, Rémy, Triantaphylides, Paul, Untereiner, Jean Luc, Varikas, Eleni, Viennot, Sarah, Vollaire, Christiane, Yoga Nomade, Yvette Dorémieux, Cariven, Flora, Dantou, Jean-Robert, Emancipation Collective, Ingalan, Karoline Zaidline, Terra Libra, Angélique Sapolin, Camille Louis, Domingo, Sandrine, Evelyn Zeledon, Françoise Carrasse à Aubervilliers, Françoise Escarpit, Hélène Chaudagne, Jean Marc Lechopier, Julio Benjamín Flores Unda, l’association Droits Ici ET Là-bas (DIEL), La Milpa A.C., Le KIOSK, Marc Cefallo, Seminario de investigación libertaria ETAPE, Victoria Brasil Camargo, Amarine Gripond, Anthony Pecqueux, Autre Futur, Christine Chalas, Collectif d’Initiatives Militantes pour l’Autogouvernement (colimaçon.org), Comitado de acogida de los zapatistas en sur Aveyron, Franck Lemaire, Janisset Bernard, Robin Kerguillec, Sylvie Hournon, ValK, Vran’mor lab, Bourrut Didier, Brigades d’actions cinématogrphiques, Chorale libertaire «La Rojinegra», DILEM du comité de quartier de la Place-des-fêtes, Belleville, Emilie Assémat, Emmanuel Cochon, Fanny Becvort, Gaonac’h, Yves, Groupe 30-84 de la Federation anarchiste, Heyla Doria, Jean Claude Sauzet, Joséphine Delaforge, Julien Crépieux, Lancelot Dagnicourt, Le Groupe de Metz de la Fédération Anarchiste, Léo Servetti, Les Folles Soirées Dionysiaques, Les marché noir des petites utopie, Les Sauvages, Lita Rias, Marie Dault, Mut vitz 30-84, Nathalie Vivé, RISOMES – Réseau d’Initiatives Solidaires Mutuelles et Écologiques, Sébastien Camille, Signé X, Tv Bruits, Vincent Jarry País Vasco Abantoko Talde Feminista, Basoa, Defendatsaileen etxea, Bizilur – Lankidetzarako eta Herrien Garapenerako Erakundea, EH Bildu Abanto, Eskozap Kolektiboa, Etxalde – Nekazaritza Iraunkorra, , Euskal Herriko, Emakumeon Mundu Martxa, Fundación Paz y Solidaridad de Euskadi, Gabiltza, Gogoaren indarra taldea Las Karreras, Harri Barri Kultur Elkartea, Karabana Mugak Zabalduz, Lumaltik Herriak, Mugarik Gabe, Mujeres del Mundo Babel / Munduko Emakumeak, Plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak, Radio Alegría Libertaria, Tadamun elkargunea, TxiapasEKIN kolektiboa, Zabaldi elkartasunaren etxea, Muguruza, Fermin, Perales Arretxe, Iosu, Goienetxea Fradua, Itziar, Hernández Zubizarreta, Juan, Kepa Korta, Organización Feministalde, de Bilbao, Euskalherrua/País Vasco, Uribarren Laña, José Ignacio, Urko Rodriguez de la Fuente, Zapatisten Lagunak, A Planeta, Compañía de marionetas Picuentos, Irungo Harrera Sarea, Jasone Iroz, Jesus L. Garay Hinojal, Ainara Luque Ruiz, Aman Komunak sarea, Borja San Pedro Abalia, Kutxiko Txoko Txikitxutik (KTT) María José Sagasti Lacalle, Ehne Bizkaia, Etxalde Austria Kinoki Asociación Autogestión Audiovisual, Colectivo Libertad, Comité de Solidaridad México-Salzburgo, Palästina Solidarität Steiermark, Steirische Friedensplattform Bélgica Actrices et Acteurs des temps présents, Ad Lilithum, ADES, Capitane Records, Casa Nicaragua, Centre Tricontinental (CETRI), Écologie sociale Liège, Collecti.e.f 8 maars Bruxelles, Collectif de Solidarité Liège-Rojava, Collectif KAWAZ, Collectivo Mala Hierba, Comité Chiapas Bruselas, Comité Jineolojî Europa, Groupe CafeZ, Liège, Jineolojî Center, La Santé en Lutte, Le DK, Sororidad Sin Fronteras, VaVeA Semeurs de Possibles, Zablière – ZAD Arlon, Chauvier, Maïa, Coppens, Diego, Despret, Vinciane, Diaz Aranda, Karmen, Duterme, Bernard, Eric Toussaint CADTM internacional, Fox, Ivan, Geert Carpels, Gerardy, Martine, Mekhitarian, Juliette, Quinoa Bruxelles, Vaneigem, Raoul, Petites singularités, Centre Social Autogéré Entremurs-entremondes, Groupe Ici & Maintenant, Paula Stévenne, Florian Felix, Mouvement d’Action Paysanne Bulgaria Iniciativa de apoyo a l@s zapatistas Cataluña Adhesiva Espai de Trobada i Acció, Asociación Mujeres Migrantes Diversas, Associació Cultural el Raval «El Lokal», Associació Entrepobles, Associació Solidaria Cafè Rebeldía-Infoespai, Barcelona, Ateneu Candela, Ateneu La Torna, Ateneu Popular La Falç, Ateneu Popular Rocaus, Azadi Jin, Azadi Plataforma de Solidaritat amb el Poble Kurd, Cal Cases, Can Tonal de Vallbona, Col•lectiu Maloka, Colectiva Katari, COLECTIVO Pallasos en Rebeldía de Catalunya, Ecoxarxa del Bages, Espai defensa legal Manresa, Fundació Salvador Seguí, Grup de consum autogestionat Pinyol Vermell, Horts Comunals de Sant Celon, La Garriga Societat Civil, La Pallejana, LA RAVAL. Cooperativa d’habitatge generacional a Manresa, Mediterranea Saving Humans, Plataforma d’Afectades per l’Habitatge i el Capitalisme del Baix Montseny, Poc a Coop, Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Barcelona, Taula per Mèxic, Xarxa de Suport Mutu de la Trini, Bosqued, Àngel, García Sanagustin, Carina, González, Ixchel, Pere Ortín, Andrés, Villalobos, Juan Pablo, Bosch Pou, Mercè, Caravana Obrim Fronteres Catalunya, Ivó Campanario Rodriguez, Ecoxarxa Garrotxa, L’Erol. Escola-Comunitat d’Educació Viva, Pere Folch, Rebel.lió Justícia Global – XR Bcn, Arnau Montserrat Vilaseca Chipre 300000 Arboles en Nicosia, Aeriko en las montañas de Troodos-por la justicia social y ambiental, antifa λευkoşa, Centro Social «Kaymakkin», Club Atlético Popular «Omonoia», Colectivo «Ramona», Colectivo Ecopolis, Iniciativa para el Rescate de costas naturales, Movimiento de Izquierda, Queremos Federación, PUERTA 9 OMONOIA, Sispirosi Atakton, Spirithkia Escocia Coordinadora Zapatista North UK Eslovaquia Akimov, Ivan, Kesaj Tchave, Alternative- anarchist culture and propaganda collective Slovakia Europa Colectivo iraní Andeesheh va Peykar, Coordinadora Europea De Via Campesina, CUP Exterior, Flor de la palabra – colectivo de traducción de la sexta francófona, Mujeres y Disidencias de la Sexta en la Otra Europa y Abya Yala – Red de Resistencia y Rebeldía, Never again 88, Watch the Med Alarm Phone, Louis, Camille, Philippe Cordier, laPirata y Adherentes Individuales (Alemania, Italia, Francia), Azad Anarxist Kollektiv, TJK-E (Movimiento de mujeres kurdas en Europa) Finlandia Colectivo Armadillo Holanda NSTITUTE FOR THE SELF-REPRESENTATION OF WOMEN OF COLOR, Icaza, Rosalba Inglaterra Coordinadora Zapatista North UK, Hunter Dodsworth, Siân, Christina Chasou, Israel Hinojosa Baliño, León Chávez Teixeiro, Autonomy or Barbarism, Museum of Care Irlanda Talamh Beo, Laurence Cox, Francisco José Rebolo da Silva Santos Noruega Alerta, Chiapasgruppa LAG, CROTONICX v/ Loan TP Hoang, Karlsøyfestivalen, Kvinneutvalget (LAG), LAG Noruega, Latin-Amerikagruppene i Norge (LAG), López Kunst & Produksjoner, Motmakt, Bokkafe, Anarres, Fadnes, Åse, Fadnes, Astrid, Fadnes, Ingrid, Gulli, Marianne, Haugdahl Solberg, Inga, Haugsnes, Vilde, Heiret, Yngve Solli, Luna Evjen, Solveig, Muñoz Llort, Sonia, Pålsrud, Mads, Pedersen, Ole, Solberg, Jarl, Thamdrup Lund, Herman, Watn, Bård, Mendoza Fuente, Noé Manuel Portugal Jornal MAPA, Rádio Paralelo, Revista Flauta De Luz, Cunha, António Eduardo, Pereira Ribeiro, Natacha Alexandra, Collettivo Autonomo Lavoratori Portuali “CALP”, Andrés Jurado, Paula Torrado, Robles Zamarripa, José Ricardo, Francisco Rebolo, EcoSoc – Oficina de Ecología e Sociedade (CES) República Checa Družstvo Black Seeds, Kolektiv 115, Anarchistická federace Rusia Cooperativa Molotov, Svora collective, Severnaja, Ekaterina, Nikolay Oleynikov Saepmie, pueblo Saami Fjellheim, Eva Maria Suecia Diego Angelino Suiza Bloque Feminista Abya Yala Suiza, C.S.O.A. il Molino, Casa Colectiva de Malagnou, Ceibavieja, Circolo Carlo Vanza Bellinzona, Collectif Breakfree Suisse, Collettivo R-Esistiamo, Direkte Solidarität mit Chiapas, Encuentro Feminista Zapatista Zürich/ Basel, Grève du Climat Genève, Groupe écosocialiste de solidaritéS, Grupo de Coordinación zapatista del territorio suizo, HumanrightsChiapas Suiza, Jeunes POP Genève, Mouvement pour une agriculture paysanne et citoyenne, Théâtre Tête dans le sac – marionnettes, Voce Libertaria Ticino, Women Defend Rojava Zürich, Gioventù Biancoblu, www.libradio.org radio d’inspiration libertaire, Hiwa Salimi, la_cápsula, Asociación Camino Cultural, Collectif vaudois de la grève féministe, Comitato Ticinese per la Ricostruzione di Kobane, Comunità Kurda in Ticino Turquía Birlesik Devrimci Parti, Mehmet Güney, Musa Piroglu, Yücel Tekín Ucrania Assembly. Alternative media group Estado Español Confederación General del Trabajo (CGT), CNT Comarcal Sur Madrid, CNT Fraga, CNT Sierra Norte, Afromurcia en Movimiento, Asamblea Plaza de los Pueblos, ASSI (Acción Social Sindical Internacionalista), Asociación Brasileira Maloka, Asociación en medio de abril, Assemblea de Solidaritat amb Mèxic del País Valencià, Centro de Documentación sobre Zapatismo (CEDOZ), Centro Social La Ingobernable, Centro Social La Villana de Vallekas, CNAAE (Comunidad Negra, Africana y Afrodescendiente en España), COLECTIVO Pallasos en Rebeldía de Galicia, COLECTIVO Pallasos en Rebeldía de Madrid, Confederación Sindical Solidaridad Obrera, Coordinación Baladre, Coordinadora de Desemplead@s y Precari@s de la Comunidad de Madrid, Derechos Humanos Madrid, Ecologistas en Acción, Espacio Común 15M, Esteve Morlan, Tirso, FIRMES Federación Internacional de Resistencia Migrante en España., Foro Social de Segovia, Fundación de los Comunes, La Casa Invisible, La Medusa Colectiva, Luisa Martín Rojo, Lumaltik Aragón, Madrid 43 Ayotzinapa, Org. Anticapitalistas, Partido Socialista Libre Federación PSLF, Red de Hondureñas Migradas en España, Redal Montané, Clara, REVISTA VIENTO SUR, Solidaridad con el pueblo Mexicano-Málaga, Synusia, TRAWUNCHE MADRID, Yretiemble, Amorós, Miguel, Ibáñez, Tomás, Taibo, Carlos, Capanegra, Juan Carlos, Carretero Miramar, José Luis, Claveria Iranzo, Olga, De Lera López, Cristina, González de Chávez Fernández, Teresa, Gonzalo Serrano, Andrés, Gonzalo, Pilar, Héctor Grad Fuchsel, Humanes Bautista, José Luis, Martín, Fátima, Merino Escribano, Rosa, Otero González, Isabel, Pastor, Jaime, Pérez Orozco, Javier, Roitman Rosenmann, Marcos, Acedo, Javier, Arq. Luis Manuel Ochoa, Garcia Salinero, Juliana, Islas Arzamendi, Gabriela, María Alonso Torregrosa, Antonia Avalos Torres, Bauzá Ferré, Enrique, García del Saz, Miriam, María de Ponte Azkarate, Paloma Montuenga, Adhesión de mujeres Supervivientes de violencias de género, Barrio Bajo, Carlos Meana Suarez, Casapueblos, Colectivo Madrid otra Italia, Col·lectiu Obrim una finestra al món, Comité de apoyo a Kurdistán-Madrid, Equipo «¿Cómo suenan los besos?», Gomez Avalos, Emiliano Hidalgo Leduc Sonia, Javier Matesanz, Komun.org, Laura Núñez Jara, Monse Hevia, Noticias de la Rebelión, Plataforma de Solidaridad con el pueblo de Honduras en Madrid, Rojava Azadi-Madrid, Seguí Jover, Guinovart, Jaume, SODePAZ Balamil, OLdePaz.Pachakuti, Vázquez-Sixto, Félix, Women Defend Rojava-Madrid, Zulos de Segovia, A pie de kalle. Lavapiés, Adolfo Rodríguez Gil, Asociacion Cultural y Social Puentes No Muros, Asociacion de Amistad con el Kurdistan, Frente Asogue, Inma Abalia, José Cienfuegos González, M Teresa Gutiérrez, MPT «Macarena Para Todas», Mujeres de Negro contra la guerra, Salamanca Antinuclear, Amanda Maya Peñuelas Chuffart, Club de Fútbol Popular Orihuela Deportiva, Fidel Romero Garrucho, Grabatada de la Enre, Irmandade Avelino Pousa, Jesús Ruiz Gallego-Largo, Las Kellys, Manrique, María, María Pilar López-Jamar Lázaro, Miguel Urbán, San Isidro Vallejo, Luis Fernando, Sociedade Histórica e Cultural Coluna Sanfins, Sophie Rogié, The Foundry, Tirso Esteve Italia A.N.P.I. Associazione Nazionale Partigiani Italiani, ADL COBAS, All Reds Rugby Roma, Altro Modo Flegreo, Ambasciata dei Diritti delle Marche, Ambiente&Salute, Annestus – Agoa, ARCI Noerus, Ardita Due Mari, Assalti Frontali, Assemblea Antirazzista Antifascista Di Vicofaro, Associazione «Cultura È Libertà, Associazione ATTAC Italia, Associazione Casa dei Popoli, Associazione centro socio culturale ARARAT a Roma, Associazione Città Migrante, Associazione Culturale GIShub, Associazione di Promozione Sociale, Associazione Giuseppe moscati Parrocchia San Sabino, Associazione Jambo- commercio equo Fidenza Italia, Associazione Nova Koiné, Associazione politico-culturale Tempi Post Moderni, Associazione Senza Barriere Due, Associazione senza paura Genova, Associazione Taiapaia, Associazione Verso il Kurdistan e Rete Jin, Associazione Ya Basta Caminantes Padova, Associazione Ya Basta Moltitudia Roma, Associazione YA BASTA! ÊDÎ BESE Y Centri, Sociali del Nordest, Associazione Ya Basta! Milano, Associazione YaBasta! – Casa Della Solidarietà Sabino, Romano, Associazione Yaku – Italia, Ateneo Libertario, Azione Antifascista Roma Est, Brigata Sanitaria Soccorso Rosso, Brustolin, Maryline, Buscemi, Marquito, C.S.A NEXT EMERSON, Cadtm (Comitato per annullamento debiti illegittimi), Camera del Non Lavoro, Cantiere, Carovane Migranti, Casa Bettola, Casa dei Circoli, Culture e Popoli, Casa Dei Diritti Dei Popoli, Casa del Popolo Campobasso, Casa della Cooperazione, Casa delle Donne di Milano, Casa delle Donne Lucha y Siesta, Casa delle Donne-Nudm, Casa Madiba Network, Cattive Ragazze, Centro giovanile Batti il tuo tempo, Centro Sociale Anomalia, Centro sociale autogestito «INTIFADA» Empoli (FI), Centro Sociale Autogestito Magazzino47, Centro Sociale CasaLoca, Centro Sociale Occupato Autogestito «Angelina Cartella», Centro Sociale Tpo, Chichimeca, CIAC ( centro immigrazione, asilo, cooperazione internazionale), Circolo «D. Lazzari» di Legnano, Circolo ANPI Renato Biagetti, Circolo ARCI Barbun KM0, Circolo Arci Nausicaa, Circolo Fratellanza Casnigo, Ciss-ong Palermo, Clown Army Roma, COBAS Confederazione dei Comitati di Base, COBAS Napoli, Collettiva Una volta per tutte, Collettivo 20ZLN, Collettivo Caffè Malatesta, Collettivo Femminista Lotto, Collettivo Lsoa Buridda, Collettivo Popolare «Ramona», Collettivo redazionale della rivista LEF Libertè Egalitè Fraternit, Collettivo Nodo Solidale Italia, Comitato Abitanti San Siro, COMITATO AMIG@S MST, Comitato antirazzista cobas Palermo, Comitato Chiapas «Maribel», Comitato Città Vecchia Taranto, Comitato Jineoloji, Comitato Madri per Roma Città Aperta, Comitato No Muos – No sigonella, Comitato per non dimenticare Abba, Comitato Piazza Carlo Giuliani, Comitato Roma Xii Per La Costituzione, Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, Comune del Crocicchio, Comunità curda in Italia, Comunità di Resistenza Contadina Jerome Laronze Comunita’ RNCD, Contadinazioni-fuori mercato, Cooperativa Sociale Le Rose Blu, Coordinamento Calabrese Acqua Pubblica «Bruno Arcuri», Coordinamento dei Collettivi Studenteschi di Milano e Provincia, Coordinamento Nazionale No Triv, CORTOCIRCUITO Flegreo, Csa Astra/Lab Puzzle/cs Brancaleone, Csoa Ex Snia, Csoa Forte Prenestino, Csoa Gabrio, Csoa La Strada, Csoa la torre, Dinamopress, Dipende da Noi, Enoize, ESC Atelier Roma, Ex Caserma Liberata, Ex caserma occupata, Federazione Anarchica Siciliana, Foro Italiano de los Movimientos per el Agua, Forum Antirazzista Palermo, Fridays For Future, Fuorimercato, autogestione in movimiento, Casale Garibaldi Roma, GAS Caracol Franciacorta, Genuino Clandestino Firenze, Giovani Comunisti, «GIShub – Associazione Culturale GIScience for Humanity, Urban space and Biosphere, Gruppe B.A.S.T.A., Gruppo Anarchico «Bakunin» – FAI Roma e Lazio, Gruppo Autonomo LiberidiAmare Autonomia Contropotere, Gruppo Consiliare Sinistra Progetto Comune – Comune di Firenze, Gruppo di Acquisto Solidale – Cosenza, Gruppo lampi, Il Cantiere delle Idee, IFE (Iniziativa Femminista Europea), L’associazione G.L.R., L’associazione politico culturale Resistenza Gallura, L38squat, La Milpa Orto Collettivo, La Panchovilla in Sabina, Laboratorio Andrea Ballarò, Laboratorio Aq16, Laboratorio Crash!, Laboratorio Decoloniale Femminista e Queer, Laboratorio di economia solidale ambientale e sociale, Laboratorio di Mutuo Soccorso ZERO81, Laboratorio Occupato Autogestito Acrobax – LOA Acrobax, Laboratorio Occupato Insurgencia, Laboratorio Sociale Alessandria, Le Mafalde, Liberation queer+ Messina, Lisangà, culture in movimiento, Malanova, Manituana – Laboratorio Culturale Autogestito, Mediterranea Saving Humans, Mondeggi Bene Comune, Fattoria Senza Padroni, Movimento NO MUOS, No Border APS, Non Una Di Meno – Milano, Non Una Di Meno – Modena, Non Una di Meno Alessandria – Casa delle Donne Alessandria, Non Una Di Meno Lucca, Non Una di Meno Palermo, Non Una Di Meno Piacenza, Non Una di Meno Ravenna, Non Una Di Meno Reggio Emilia, Non Una di Meno Roma, Non Una di Meno Torino, Non Una di Meno Venezia, Nudm Palermo, Officina Rebelde Catania, Operai /e dello Spettacolo Associati/e, Osservatorio Repressione – Italia, Palermo Pride, Palermo ribelle, Parteciparte, Partito della Rifondazione Comunista, Partito della Rifondazione Comunista – Sinistra Europea, Potere al Popolo!, Presidio salute solidale – Napoli, Progetto 20k, Quarticciolo Ribelle, R.A.S.P.A. Rete Autonoma Sibaritide e Pollino per l’Autotutela, Radio Sherwood, Re:common, Resistenza Casa Sportello Solidale, Rete Antifascista Roma Sud, Rete antirazzista catanese, Rete Antirazzista Catanese e Comitato NoMuos/NoSigonella, Rete Jin, Rete Kurdistan Italia, Rete Kurdistan Roma, ReteJin, Reti di Pace, Ri-Make Bene Comune, RiMaflow, fabbrica recuperata in autogestione, Scomodo, Scuola Popolare Piero Bruno, Siracusa Ribelle, Spazio di Mutuo Soccorso, Spazio Libertario Pietro Gori, Spazio sociale 100celle aperte, TATAWELO, TeatrOfficina Refugio, Termoli Bene Comune- Rete della Sinistra, terraTERRA, Ufficio Informazione del Kurdistan in Italia, Unione Sindacale di Base, Verità e Giustizia per i Nuovi Desaparecidos, Vivèro- luogo di quartiere, Ya Basta Bologna, Ya Basta! Marcas Italia, Alberi, Urbani, Amicucci, Caterina, Berti, Stefano, Boffa, Daniela, Botti, Andrea, Bresciani, Marco, Capezza, Iolanda, Caudo, Melina, Celestini, Ascanio, Cesi, Alessandro, Clerici, Naila, Crabuzza, Claudia, De Luca, Mariano, Della Corte, Raffaele, Devastato, Giovanni, Fabiano, Pino, Garelli, Annamaria, Indiano, Carlotta, Kaveh, Afshin, Luca Pandolfi, Medici, Sandro, Nicotra, Alfio, Piccinini, Massimiliano, Proia, Veronica, , Rossa, Casetta, Sandroni, Doriana, Santoro, Alessandro, Saverio Calabresi, Francesco, Traverso, Enzo, Valcamonica, Adarosa, Vigo, Adele, Zanchetta, Aldo, Zanchetta, Brunella, Art LAb Occupato da Parma, Associazione Camino Cultural, Associazione Mesa Popular Bergamo, Baliva, Emanuela, Campagna LasciateCIEntrare, Centro Sociale La talpa e l’orologio (imperia) Italia, Ciaccheri, Amedeo, CSOA Emiliano Zapata, CSOA TDN, Custodi, Pietro M.D., Ex-Opg Occupato – Je’ So Pazzo, Gaia Capogna, Gilardi, Roberto, Giuseppe Dubla, Mazzi, Lena, Movimento Cittadino del III Municipio di Roma, Podere Casetta e della CSA Terrestra, Sbroggiò, Dario, Sesto Sole, Women’s International League for Peace and Freedom, Alberto Gini, Alessandra Valle, Anarquismos (Semilla Negra) Internacional, Antonio Marras, Archivi della Resistenza, Arcinsieme Lecce Circolo Arci, Associazione di amicizia italia Cuba circolo di Genova, Associazione Geologia Senza Frontiere Onlus, Associazione In Viaggio, Associazione Mesa Popular odv, Associazione Poveglia per tutti Venezia, Associazione Whydanghi, BAM Biblioteca Abusiva Metropolitana, Bonatesta, Christian, Casella, Roberto, Centro Politico Santacroce, Circolo ARCI «Montefortino 93», Colectivo «Pensare Migrante», Collettivo del Fondo Comunista, Collettivo Il Farina, Collettivo Primo Contatto, Colotti, Geraldina, Cristiano Quadalti, Daniele Bordo, Paola Brogi, Danilo Velez, Domenico Chionetti, Domenico Commisso, DUNYA Spazio di Interazione Culturale Lecce, Enza Aguanno, FerioliI Franco, Francesco Apeddu, Franco Fuselli, Gruppo Anarchico «Francesco Mastrogiovanni» di Napoli – F.A.I., Gruppo Volontari per l’ambiente, Guido Zentile, Italo Campagnoli, Ketty Caterina Nardulli, Lazzarin, Silvio, Magda Pohl-Tontini, Maria Mucci, Marina Criscuoli, Marsilio Gatti, Non Una di Meno La Spezia – nodo territoriale transfemminista NUDM, Non Una di Meno Nodo Territoriale di Pavia, Palestra Popolare , Casalberton, Paola Ronco, Paolo Tracaldi, Pressenza Italia, Rete delle Scuole Popolari di Roma, Riccardo Tordoni, Roberto Salvatore, Rossella, Perugi, Sonia Beati, Spazio Libero Teatro, Usciamo dal silenzio Genova, Lista «Campi a Sinistra», A.S.D. Quartograd, Ahora es el tiempo, Associazione Donne del Pollino, Associazione Ecotòno, Associazione Ex Lavanderia, Associazione Serperegolo, Casa del Popolo Teramo, Centro Politico Comunista «Sandro Santacroce», Centro Sociale ex Canapificio, CLAP – Camere del Lavoro Autonomo e Precario, Collettivo Autorganizzato Popolare 80010, Collettivo transfemminista Le maestre ignoranti, Daniele Barbieri, Franco Vacirca, Giardino Liberato di Materdei, Giuseppe Tiano, Juanita Apraez Murillo, Laboratorio femminista di Spinaceto, Linea d’Ombra O.D.V., Manuela Capponi, Mario Ronchi, Michela Di Stefano, Non Una di Meno Pisa, Non una di meno Trieste, Officina Rossa – Spazio Popolare, Officina Rossa Spazio Popolare Luni-Castelnuovo Magra (Sp), Osservatorio sul fascismo a Roma, Rebecca Rovoletto, Rododibecchi Associazione Culturale, Toni Peratoner, Un’altra città – Quarto, Union-net, Vanessa C. Italia, Alessandra Pomarico, Andrea Galafassi, Associazione Arci Miele Aps, Associazione Culturale «Pietro Gori», C.s.o.a Askatasuna, Casa Cantoniera Autogestita, Come Anpi – Sezione di Latina «Severino Spaccatrosi», Crucitti Francesca, Domenico D’Eusanio, Free Home University, Giangiacomo Pianetti, Herrera, Rocío, Infoaut.org, Infoshop senza pazienza, Laboratorio Anarchico PerlaNera di Alessandria, Marcello Mozzillo, Maria Giovanna Lucchesi, Osservatorio Antifascista Vittoriese, Rocco Accoto, Silvana Botassis, Toni Germani, Unione Inquilini Egipto Vane Trepp Kurdistán Komuna Newroz, Mesopotamia Ecology Movement Líbano Ghassan Salhab Nigeria Engert, Klaus Sudáfrica Vasna Ramasar Togo Les compas de Kpalimé, Adjetey, Rudy Tailandia Assembly of the Poor, Baramee Chaiyarat, Lapapan Supamanta, Rural Initiatives for Community and Ecology Association, Thai Poor Act Project Uganda Morusapir Lolem Sin especificar país Aurora Suárez, Abril Mercedes Villamil Ventura, Colectivo Telar de Lunas, Jose Damián Resendiz Saucedo, La Otra Movida, Magdalena Fernández, Movimiento al Buen Vivir Global, Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas, Rosario Orduna Argentina Colectiva Corazón del Tiempo, Comité de Solidaridad Latinoamericana, Grupa de Lesbianas Feministas Sudakas Pro Sexo Anticapitalistas de Nvwvrken WajMapu, Blasco, Hugo Antonio, Gambina, Julio C., Grodziñski, Silvina Alejandra, Imas, Hilda, Luis Ronconi, José, Agrupacion Luche y Vuelve, Claudia Fausti, Colectivo La Fogata de Buenos Aires, Comunizar, Cooperativa de trabajo Muchas Nueces, Encuentro Cultural para la Liberación Lideresas de Abya Yala, Hernán Ouviña, Juan Wahren, Red Trashumante de Argentina, Revista La tierra quema, ROGELIO OSCAR RETUERTO, Rosaura López de Cea, Tolosa, Sandra (Antropologa), Alejandro Luro, Beatriz Amor, Centro Cultural y Comunitario La Toma, Colectivo Semillero Autónomo de Argentina, Cora Paulizzi, Emiliano González, Gabriela Debus, Irina Vacs, Iván Zimicz, Jesica Achille, Las Pibas del Agua, Liliana Huljich, Malena Soledad Campillay, Marín, Sandra, Paula Thomas, Red de Solidaridad con Chiapas de Rosario, Red Jarilla de Plantas Saludables de la Patagonia, Romina Gozio, Valentín Val, Yain Alé Sciola, Asamblea Vecinos Epuyén, Flavia Broffoni, Jorge Falcone, María Leonor Moyano, Martín Martinelli, Matías Ezequiel Menevichian, Natalia Cachenaut, Pablo Bergel, Raúl Óscar Ruiz Huidobro, Sabrina Rascovsky, Camila Salama, Colectiva Cuatro Invisibles, Espacio Cultural LA OTRA CASA, Karina Pedace, Red de Solidaridad con Chiapas de Buenos Aires Bolivia Encuentro Cultural para la Liberación Lideresas de Abya Yala, Pabel C. López F., Olivera, Óscar Brasil Ação Antifascista São Paulo AFA-SP, Centro de Mídia Independente do Rio de Janeiro, Felício, Erahsto, Rabelo Nogueira, Mônica Celeida, Alexandre Guevara Mask, Danowski, Déborah, La Articulación de Pueblos Teia dos Povos, Lia Pinheiro Barbosa, Luiz Alberto Barreto Leite Sanz, Mariana Lacerda, n-1 edições, Núcleo de Estudos Território e Resistência na Globalização, Rede pro Yanomami Ye’kwana, Rolim, Thiago, Sanz, Luiz Alberto, Viveiros de Castro, Eduardo, Walter Porto, Carlos, Andrea Caruso Saturnino, Anna Simão, Coopsul Cooperativa Solidária Utopia e Luta, Jorge Quillfeldt, Kasa Invisível, Peter Pál Pelbart, Rafael Vieira Morais, Rosângela Pereira de Tugny, Tania Pacheco, Brenda Candeia, Cooperativa Gráfica e Editorial O Lampião, Danuza Meneghello, Editora Terra sem Amos, Federação das Organizações Sindicalistas Revolucionárias do Brasil (FOB), Gabriela Calefi Borges, Ingrid Andrade Leite Teixeira, Jonnefer Barbosa, Samantha Coelho, SOS Técnica SP, Vinícius Eduardo Wassmansdorf, Confederação Nacional dos Agricultores Familiares e Empreendedores Familiares Rurais do Brasil (CONAFER), Mutirão SAP Canadá No One Is Illegal, Colectivo Chiapas Education Project, Fernando Mora, L’École d’innovation sociale Élisabeth-Bruyère Chile Comité Socioambiental de la Coordinadora Feminista 8M, Cooperativa La Cacerola, Gaceta Ambiental, Instituto Patagónico de estudios culturales, Somos Cerro Blanco, Fermandois, Eduardo, Jaime Bernardo Díaz Díaz, Las Calilas, Tierra y Libertad para Wallmapu, Zabrina Pérez Allende, Andrés Figueroa Cornejo, Club Social y Deportivo Insurgentes, Colectivo educativo y popular Cocina Mestiza, Escuela Psicosocial Martín-Baró del Movimiento de Pobladorxs (Chile), Radio Bemba, Bruno Montané, Colectiva de Artes Ajo Confita’o Colombia La Subterránea, Pueblos en Camino, Abya Yala, Centro de Estudios y Memoria Antifascista CEMA, Colectivo Darío Betancourt Echeverry, Colectivo José Martí, Puello-Socarrás, José Francisco, Henao Gaviria, Adriana María, Colectivo Endosimbiosis, Colectivo Proyecto Ceis, Medios al derecho – MAD, Mónica Godoy Ferro, Monroy Machado, Edilson, Natalia Cruz, Plataforma comunicativa popular Como la cigarra, Andrea Mejía, Grupo de investigación en Agroecología GIAUN, Maria Rojas, Grupo de investigación en Agroecología de la Universidad Nacional de Colombia-Sede Palmira GIA-UN, AMA (Amigos del Medio Ambiente), Edwin Diez Costa Rica Alexis Rodríguez Brenes, Programa Kal, Murillo Sala, Fabián, Adrián Sanabria Quirós Cuba Alina Herrera Fuentes Ecuador Walsh, Catherine, Paredes Porras Gabriela, Servicio de Estudios de la Realidad (SER), Ana Cristina Vera Sánchez, Centro de Apoyo y Protección de los derechos humanos Surkuna, Erika Arteaga Cruz, Nadine Diquéro, Marco Ernesto Herrera Moreira El Salvador Lemus, Virginia Estados Unidos Eagle and the Condor Liberation Front, El Kilombo, EEUU, Saving Humans USA, Semillas Collective, Sexta Grietas del Norte (Estados Unidos), Autonomous University of Social Movements, Zapatista Solidarity Network NY, Agita Perales, Bergasa, Sara, Boyzo, Ivette, Sáenz-Ackermann, Elizabeth, Galván, Mario, Mesbah, Targol, Nelson, Anthony, Padilla, Tanalís, Quiquivix, Linda. Rodriguez, Chris, Comunidad a Comunidad, Dr. Gregory Fernando Pappas, Encuentro Cultural para la Liberación Lideresas de Abya Yala, Kate Keller, Pérez Sámano, Carlos José, Alcohol Justice, Amy E. Brown, Antelope Valley Solidarity Collective, Carlos Marentes, CODEPINK, Comite de Apoyo a Chiapas, Danae Kasimi, Evelyn Cordoba, Leslie Quintanilla, Maryann Tenuto, Mayra Jiménez, Rosemary Rojas, Voices in Movement, Center for Interdisciplinary Environmental Justice, Lindsay Naylor, María Lucia Alfaro Solano, Mark Fuller, Michaela Wehner, Sabino Espinoza, United American Indians of New England (UAINE). Astrid Cuero Montenegro, Franky Piña, Glefas (Grupo Latinoamericano de Formación y Acción Feminista), Raíces sin Fronteras Guatemala Festivales Solidarios, María Alejandra Taracena Ramírez, Asociación Solidaria de Acción y Propuesta de Petén (Asapp), Ileana Valenzuela Latinoamérica Brenda Isabel Soto Vega Nicaragua Maria Hamlin Zuniga Paraguay Encuentro Cultural para la Liberación Lideresas de Abya Yala Perú Blanco Berglund, María, Blanco Galdos, Hugo, Encuentro Cultural para la Liberación Lideresas de Abya Yala, Quijano Silva, Danilo, Círculo de Estudios Críticos del Derecho Hacia la Descolonización, Colectivo Humus Feminista, Comuna Feminista Ventura Ccalamaqui, Ecorazonar, Puchkay Colectiva, Revda. Teresa Santillana, Shicra – Asociación por Justicia Territorial y Feminista, Cooperativa Social La Caracola República Dominicana Ma Eugenia Aguilar Mendizabal Uruguay Colectivo Contraimpunidad, Raúl Zibechi, Eduardo Solari, Gustavo Daniel Conde, Hojarasca Biblioteca Comunitaria de Punta Negra, Kintto Lucas, Nahuel Hernandez, Sebastián Bacchetta Pereda Venezuela «Espacio de Contracultura y Autogestion», Encuentro Cultural para la Liberación Lideresas de Abya Yala, Indymedia Venezuela, Edgar Pérez Rueda, , Rafael Valero, Gustavo Corma, Gustavo Montaño Wall Mapu Medio Libre Feminista La Zarzamora México González Casanova, Pablo, Beristain, Arturo, Beristain, Natalia, Boullosa, Carmen, Cabrera Castro, Emilio, Cruzvillegas, Abraham, de Tavira, Luis, García Bernal, Gael, Giménez Cacho, Daniel, Goded, Maya, González Iñárritu, Alejandro, Leduc Navarro, Valentina, López Austin, Alfredo, López Luján, Leonardo, Monge, Emiliano, Navarro, Bertha, Rea, Daniela, Rulfo, Juan Carlos, Stavenhagen, Marina, Tovar, Miguel, Turati, Marcela, Villoro, Juan, Wolffer, Lorena, Aeromoto (colectivo), Aguilar, Yasnaya, Álvarez, María, Arêchiga, Cesar, Burkhard, Christiane, Calva, Maru, De Cea, Marta, Diaz, Alfonso, Coppel, Carolina, Cordera Rascón, Inti, Cosío, Joaquín, Fondo Semillas, Fuentes Mendoza, Ivonne, Heiblum, Leo, Heredia, Dolores, Hernandez, Macarena, Ibrahim Hakim, Jessica Samara, Kaplan, Luciana, López Aréchiga, César Adolfo, López, Modesto, Marcin, Mauricio, Medina Mora, Katina, Miller, Elisa, Montaño, Pablo, Nettel, Guadalupe, Niembro, Mariana, Petrus Brienen, Jacobus Johannes, Quintana, Vivir, Ríos Almela, María Fernanda, Reyna, Pablo, Roqué, María Inés, Ruedi, Jeronimo, Sarquis, Daiset, ejenovich, Ivana, Springall, Alejandro, Terrazas, Kyzza, Turner, Tania, , González Contreras, Mario e Hilda Hernández Rivera, (padres de Cesar Manuel González Hernández, Normalista desaparecido de Ayotzinapa), Aguado García de Alba, Mónica, Armengol Niño, Lourdes, Arroyo Pineda, Maria de la Luz, Avendaño, Lucas, Anguiano, Arturo, Barojas Ortuño, Martha Desiree, Barrios el Mastuerzo, Francisco, Barrios Rodríguez, David, Batta Fonseca, Jesús, Bazar Rebelde, Becerra Absalon, Itzel, Belém Huerta Lastra, Matilde, Benavides, Elisa, Benitez Oliva, Alberto, Bernal Ocampo, Sandra Fernanda, Berti, Stefano, Bolio, Roxana, Bosch, Lolita, Briseño, Maria del Carmen, Burgoa, Brenda, Calleja, Max, Cárdenas Pimentel, Cassandra, Carrillo, Alejandra, Castañeda, América, Castellanos, Alicia, Castellanos, Polo, Castellanos, Teresa, Castillo Solis, Perla, Castorena, Lorella, Castro Hernádnez, Enriqueta, Cázares Torres, Jorge, Celeste Cruz Avilés, Sohuame Tlatzonkime, Cervantes Maya, Georgina, Cevallos Rodríguez, Trinidad, Chapa Romero, Ana Celia, Cid Castro, Carolina, Cisneros, Ixchel, Citalán, Antonio, Colin Huizar, Alberto, Cortés Martínez, Gudelia, Colin Huizar, Alberto, De Boni, Ignacio, De Parres Gómez, Francisco, Delgado Wise, Raúl, Díaz Iñigo, Carolina Elizabeth, Díaz, Alfonso, Echenique March, Felipe Ignacio,Eizaga, Safia, Elkisch, Mariana, Eraña, Angeles, Escutia, Sandra, Esteva, Gustavo., Etchegaray, Juan Carlos, Fautsch Arranz, Marlene, Favela, Mariana, Felício, Erahsto, Ferrer Amarillas, Elena, Fierro Resendiz, León Sedov, Fierro Resendiz, Sashenka, Fiordelisio, Tatiana, Flores Ordóñez, Ramón, Flores Villagómez, Mayvelin, Flores, Ana Lydia, Fong Fierro, Salvador, Fuentes, Andrea, Fuentes, Citlali, Gajá, Servando, Gálvez de Aguinaga, Fernando, Gallaga Hernández, Tania, García Aguilar, C. Lorena, García Ehrenfeld, Claudio, García Sánchez, Nayeli, García Torres, Lilia, García Vigil, María Hortensia, Garibay Marrón, Siria, Giraldo, Ricardo, Gómez González, Erika Olivia, Gómez Rivera, Marìa Magdalena, Gómez, Magdalena, Gómez Suarez, Abigail P., González Arenas, Luis Alberto, González Aguilar, Mónica, González Baltasar, Julio, González Gómez, Hortensia, González López, Graciela, González, Karla, González, María Mercedes, Gritón, Antonio, Guerrero, Aracelia, Guerrero, Argelia, Guerrero, Arturo, Guerrero, Fabián, Guerrero McManus, Siobhan, Guijosa Hernández, Ernesto, Gutiérrez Luna, Diana Itzu, Guzmán Delgado, Xóchitl, Guzmán Romero, Jorge Adrián, Hansen, Tom, Hernández Alpizar, Javier, Hernández Baños, Blanca, Hernández Crespo, Tania, Hernandez Flores, Bonifacio, Hernández Navarro, Luis, Hernández Ramírez, Tania Paloma, Hernández Reyes, Itzamna Jesús, Hernández Vargas, Humberto, Hernández, Donovan, Hernández, Valeria, Henao Gaviria, Adriana María, Huacuja del Toro, Malú, Inclán, Daniel, Islas Vargas, Maritza, Iturriaga, Ana María, Iturriaga, Enrique, Iturriaga, Josefina, Iturriaga, Susana, Jarquín, Mauro, Jauregui, Gabriela, Javier Trujillo, Francisco, Jimenez, Luis Felipe, Joselevich Aguilar, Camila, Kaplan, Luciana, Katzestein Ferrer, Elena, Kavi, Ernesto, Lechuga Luna, Martha, Ledesma, Araceli, Leija Salas, Alfonso, Lengualerta, León, Paniagua, Livia, Leyva, Cristian, Loeza Limón, Diana, López Castellanos, Nayar, López De Cea, Ana Valentina, López Lujano, Alejandra, López y Rivas, Gilberto, López, Leonel, López, Modesto, Lozada, Mari, Luna Resonante, Yazz, Luz Lopez, Aida, Macías Esparza, Carlos, Macías Esparza, Rubén, Maldonado, Oreandy, Marcial Urbano, Ivonne, Marcos, Sylvia, Maya, Ytzel, Medina Guerrero, Daniel Omar, Medina Romo, Tonantzin, Mejía Aguilar, María de Lourdes, madre de carlos Sinuhé Cuevas Mejía, estudiante asesinado, Mejía Iturriaga, Belzaín, Mejía Iturriaga, Berenice, Mejía, Felix, Mejía, María de Lourdes, Mendoza Jiménez, Florina, Mendoza Pérez, Arbel Ángel, Merino Lubetzky, Alonso, Millán, Margara, Miranda Herrera, Gregorio, Moedano, Maria Guadalupe, Molina Álvarez, Hugo, Molina Zúñiga, Mónica, Mónaco Felipe, Paula, Mozqueda Martínez, Leticia, Muñoz, Adriana, Muñoz, Lucia Joselin, Nava Gómez, Juan Pablo, Navarro Corona, Claudia Ivette, Ochoa, Sarasuadi, Olea Franco, Adolfo, Ortega Erreguerena, Joel, Ortíz Rosales, Sergio Araht, Ortiz, Verónica, Ortuño Vilchis, Matilde, Osorno, Diego, Padierna Jinenez, Pilar, Paredes Coronel, Heriberto, Parra Sosa, Vicente, Peña, Laura, Peralta Casillas, Maria Cristina, Peregrina, Francisco Humberto, Pérez, Martha Alicia, Portillo Elías, Mercedes Adriana, Quintana Rodríguez, Viviana, Quintanar González, Rafael Radaelli Martinazzo, Sonia Radilla, Miguel Ramos Morales, Patricia Rangel Chabolla, César Rentería Argelia Resendiz Flores, Rosa Paulina Resendiz Flores, Silvia Revuelta, Gabo Ríos Sais, Gerardo Rivera López, Betzabé Riviello, Bárbara Rizo García, Marta, Rodríguez, Benita Rodríguez Contreras, Roberto “Gato” Rodriguez, Claudia Rodríguez, Deni, Rodríguez Lascano, Sergio Rodríguez, Luisa Riley, Rojas Bruschetta, Efraín Romero Gallardo, Raúl, Rose Jameson, Tlazol Celia, Rosset, Peter Chiapas, RS, Cristina, Salgado, Alvaro, Sánchez, Jorge Alonso, Sancosme, Luis Daniel, Sandoval, Claudia, Sandoval Espinosa, Ana, Sandoval Rincón, Alma Esperanza, Sandoval Uhthoff, Ángela, Santiago Santiago, José Jorge, Santos Baca, Andrea, Schmelz Herner, Itala, Segal, Claudia, Segura, Lourdes, Segura, Paulina, Serna Moreno, J. Jesús María, Solorio Sandoval, Israel Felipe, Sohuame Tlatzonkime, Struck King, Juan Manuel, Suárez Rodríguez, Luis David, Tassinari Azcuaga, Aidee, Torres Alamilla, Silvia, Torres Villalvazo, Santos Emanuel, Trejo Muñoz, Rubén, Troncoso, Mariana Lourdes, Trujano Alfaro, Darío Esteban, Uribe Cevallos, Rodrigo, Venegas, Cecilia, Vera Smith, Ana María, Victoria, Maricarmen, Vilchis Avilés, Dara, Villa, Mónica, Villegas, Armando, Volovsek, Iván, Welsh, Martha Elena, Wolffer, Lorena, Yébenes, Zenia, Zamora, Bárbara, Zapata Lillo, Paloma, Zepeda Alvarez, Vannya Yocelyn, Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch’ Xíinbal, Asociación de exploración científica, cultural y recreativa «BRÚJULA ROJA», Asamblea Nacional de Braceros, Asociación Sindical de Trabajadores del INVI de la Ciudad de México, Batallones Femeninos, Brigada de Salud Zapatista Pantitlán, Brigada Humanitaria de Paz Marabunta, Brigadas Plásticas, Café “Zapata Vive”, Casa del Centro Tijuana, Cátedra Intercultural Carlos Montemayor, Central Unitaria de Trabajadores de México, Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas, Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas A.C. (Frayba), Centro de Investigación en Comunicación Comunitaria A.C, Centro de Lengua y Cultura Zoque de Chiapas, Centro Vía Z, CIPOG-EZ-Consejo Indígena Y Popular De Guerrero – Emiliano Zapata, Clinica de Heridas, Colectiva de Mujeres Tejiendo Resistencias, Colectiva Las Sureñas en resistencia y rebeldía, Colectiva Nuestra Alegre Rebeldía en apoyo al CNI y CIG Cuernavaca Morelos, Colectivo Aequus Promoción y defensa de Derechos Humanos, Colectivo Autogestión Libertaria, Colectivo Cuaderno Común, Colectivo de Ilusionistas Sociales, Colectivo de Profes en la Sexta, Colectivo de Psicoanalistas PSIQUEREMOS, Colectivo el Hormiguero, Colectivo La Ceiba, Colectivo La Oveja Roja, Colectivo LOCUS, México, Colectivo Lo de Menos, Colectivo lxs Hijxs del Maíz Pinto, Colectivo Mujeres Tierra AC De Mexicali BC, Colectivo Odontología Comunitaria Sembrando Sonrisas, Colectivo Paso Doble en Apoyo al Congreso Nacional Indígena – Concejo Indígena de Gobierno, Colectivo Rural Urbano Asociaçao Oeste (Diadema), Colectivo Rural Urbano Solidaridad Orgánica, Colectivo Tierra y Libertad, Colectivo Transdisciplinario de Investigaciones Críticas, Colectivo Zapatista Neza, Collettivo Nodo Solidale México, Comité Estudiantil Metropolitano (CEM), Comité Promotor Todos Unidos Contra el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), Comunidad Circular AC de Ensenada BC., Comunidad Indígena Otomí residentes en la CDMX, Cooperativa Hierba Crecida, Cooperativa Tlapaltik, Coordinación de Familiares de Estudiantes Víctimas de la Violencia, Defensores de Tierra y Agua, municipio de Juan C. Bonilla, Desde las Nubes, EcoRed Feminista La Lechuza Buza, Editorial En cortito que’ s pa’ largo, Ediciones del Espejo Somos, El Bordado de Ramona, Enlace Civil, Escuelita Autónoma Otomí, Espacio de Lucha contra el Olvido y la Represión (ELCOR), Etcétera Errante, Fémina Fatal, Frente de Trabajador@s por el Derecho a la Salud y a la Seguridad Social, Frente del Pueblo Resistencia Organizada, FPRO, Fuerzas Unidas por Nuestros , Desaparecidos (as) en Nuevo León, Grietas en el Muro, Grupo de Acompañamiento Político a la familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio, Grupo de Teatro «Los Zurdos», Guardianas y Guardianes del Río Metlapanapa, pueblos de Ometoxtla, Coronango, Almoloya, Nextetelco, Texintla, Xoxtla, Zacatepec y Cuanalá México, Instituto Cultural Autónomo Rubén Jaramillo Ménez (Morelos), La Bisagra TV, La red del oriente del Estado de México. Resistencia y rebeldía, La Voladora Radio, La Voz del Anáhuac / Trabajadores y Revolución, Laboratorio Popular de Medios Libres, Manu Mayeg A.C, Médicos del Mundo Suiza, Misión México, Mexican Sound, Mexicali Resiste, Meza de Café Zapatista UAM-Iztapalapa, Movimiento al Socialismo, Sección mexicana de la Unidad Internacional de las y los Trabajadores-Cuarta Internacional, Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior (MAES), Movimiento Democracia Directa (MDD), Mujeres que luchan CDMX, Mujeres que Luchan Jrz, Mujeres que Luchan, Resisten y se Organizan, Mujeres y la Sexta, Nodo de Derechos Humanos, Noticias de abajo y Laboratorio Popular de Medios Libres, Nueva Central de Trabajadores, Obeja Negra, Organización Nacional del Poder Popular-PRP, Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente, Panteón Rococó, Participantes CompArte “Báilate otro mundo”: Partido de los Comunistas, Partido Revolucionario del Pueblo, Patrulla Roja, Plantón por los 43 de la ciudad de México, Poesía y Canto, Promotores Culturales ReintegrArte, Proyecto Libre: Educación y Autonomía, Radio Zapote, Red de Apoyo Iztapalapa Sexta (RAIS), Red de feminismos descoloniales, Red de Mujeres “Porque Acordamos Vivir”, Red de Rebeldía y Resistrenzas, Red de Resistencia y Rebeldía Altas Montañas, Red de Resistencia y Rebeldía de Acámbaro, Red de Resistencia y Rebeldía Jo’, Red de Resistencia y Rebeldía región Este de Guanajuato de Resistencia y Disidencia Sexual y de Género, Red Universitaria Anticapitalista, Regeneración Radio, Residentes de la Honorable Casa Nacional del Estudiante, Resistencias Enlazando Dignidad – Movimiento y Corazón Zapatista, Revista FLUIR, Sector de Trabajadores Adherentes a la Sexta Declaración, Sexta Teatrito Mérida, Shakti ArtEscena S.C., Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma Chapingo (STAUACh), Sindicato Mexicano de Electricistas, Skaffo LaFaro, Surco Informativo, Tejiendo Organización Revolucionaria (TOR), Tlanezi Calli (Casa del Amanecer), Unión Popular Apizaquence Democrática e Independiente (Upadi), Universidad de la Tierra-CIDECI, México, Universidad de la Tierra (Oaxaca), UPREZ Benito Juárez, Urdimbre audivisual, Voces del Viento, Yoloxóchitl-Flor del corazón. Espacio para la salud comunitaria, Zapateando Medios Libres, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Aguascalientes, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Ciudad de México, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Colima, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Guadalajara, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Hidalgo, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN La Laguna, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN León, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Morelia, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Nuevo León, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Puebla, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Querétaro, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN San Luis Potosí, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Sinaloa, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Tlaxcala, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Tijuana, Equipo de Apoyo a la Comisión Sexta del EZLN Zacatecas, Anzaldo Meneses, Juan, Avalos Palacios, Estefania, Bourcart Macías, Rodrigo, Cruz Camarena, Alicia Beatriz, Macossay Vallado, Mauricio, MORENO URIBE, VERÓNICA, Soto, Armando, A.Martha Flores Osorio, Abaroa, Eduardo, Abenamar López Palacios, Absalón Montes, Rosa María, Adriana Coss de Gortari, Adriana Maza, Aguilar Linares, Martín, Aguilar Ortega, Argelia, Aguilar Ortega, Pablo, Aguilar Villa, Valeria Estefanía, Al-Dabi Olvera Castillo, Alma Idalia Kullick Lackner, Alvarez González, Valeria, Alvarez González, Zenhia, Amador Sánchez, Paola Libertad, Amaranta Ramírez Terrazo, Ana Rosa Pérez Ransanz, Arturo Sampson, Asociación cívica Mexicanos Unidos, Atocha Aliseda, Ávila Carrillo, Enrique, Axel Kohler (Retos Nodo Chiapas, CLACPI), Ayala, Carlos, Becerra Padilla, Benjamín, Bellinghausen, Hermann, Bifanzine Colectivo, Biquini Wax EPSTV, Blanca Estrella Ruiz Ruiz, Bocanegra Hernández, Bertha, Bravo Ramírez, Sara, BRIGADAS EMILIANO ZAPATA DE MÉXICO (BEZ-MÉX), Bustamante, Natalia, Calderon, Juan, Carlos Cabrera, Casa Museo María Sabina, Cáspita Radio Experimental, Castellanos Carrizal, Chaak, Castro Sánchez, Brenda Paola, CENECh (Coordinadora de Estudiantes Normalistas del Estado de Chiapas), Centro Comunitario U kúuchil K Ch’i’ibalo’on, Centro de Medios Libres, César Molina Aldape, Cinthia Juarez Tapia, Coalición de Tendencia Clasista (CTC-VZLA), Cohen Fernández, Eréndira J., Colectiva Autónoma de Colaboración Social, Colectividad Nuestra Alegre Rebeldía de la Red Morelebse de Apoyo al CNI/CIG, Colectivo Casa Gandhi, Colectivo CCC: Fuentes Brotantes, San Pedro Martir y San Andres Totoltepec, Tlalpan. Los Reyes, Coyoacán, Xochimilco , Tlahuac y Alvaro Obregon, COLECTIVO DE GRUPOS DE LA ASAMBLEA DE BARRIOS DE LA CIUDAD DE MÉXICO CG-(ABCM), Colectivo Disidentxs Teatro, Colectivo Flor de Asfalto, Colectivo La Digna Voz, Colectivo La Guillotina, Colectivo La Resistencia L.A., Colectivo Nelhuayotoca, Colectivo Proyecto 21, Colectivo Tierra en Movimiento por la Resistencia, Colectivo:Casa de Armonización Ancestral Maya «Na Ch’ul Chan», Comité Estudiantil para la Acción Ambiental «Miradas Verdes», Concejo Nacional Urbano y Campesino CNUC TLAXCALA, Coordinación de Pueblos, Barrios Originarios y Colonias de Xochimilco, Coordinadora de Colonias de Ecatepec, Daniel Valadez Salinas, Daniel Zappi, David Luna , Hernández, de Buen, Andrea, del Moral Espinosa, Adriana, Diana Campuzano García, Díaz Xolalpa, Víctor Hugo, DIY OR DIE, Dominguez Garcia, Jose Maria, Ecología y Feminismo, Elizabeth Ochoa Pérez, Equipo Indignación AC, Escobar Guerrero, Miguel, Espinosa, Jorge, Fabiola Osnaya Alquicira, Federación Anarquista de las Grandes Montañas., Fernando Venegas, Frente Nacional Ni Una Menos México, García González, Óscar, Garduño, Julio (del colectivo Corazón de piedra Verde), Garza Falla, Carlos, gatoperroCOLECTIV@, Genaro Rojas Ramírez, GeoBrujas, Giménez Cacho García, Julieta, Giménez Cacho, Carmen, Granados Cosme, Sarahi del Mar, Guzmán Velázquez, Karla Helena, H.I.J.O.S. México, Hay Magia en el Cerro Horeb, Hernández, Natalia, Herrera Aguilar, Nicacia, Inzunza, Omar “Gran OM”, Jacobo Dayán, Jesús Aguilar Gutiérrez, Jiménez Méndez, Alicia, Jonathan Ávila, José Agustín Maldonado Loyola, José Alonso Villanueva González, José Raúl Linares, Juan Luis Segura Cortés, Juárez Calvillo, Pavel Vladimir, Juventud Comunista de México., Kalycho Escoffié Duarte, La Otra Cultura Inlakech, Laboratorio Iberoamericano de Documental, López Gutiérrez, William, López Intzín, Juan, Los machos nos matan en México, Luciérnagas que Siembran, Luiz Miguel Mendonca Goncalves, Maria Alejandra Blanco Villarreal, Maria Fernanda Uribe, Mariana Briseño, Marisela Meneses Trejo, Martínez-Zárate, Pablo, Medina Romo, Miguel Ángel, Melchor Campos, Yojana Jautzin Pupuri, Mendoza Méndez, Osvaldo Iván, Mi Vida en Bici, Mientras tanto Zero, Miguel Angel Bonilla, Miguel Ángel Salazar Leyva, Miriam Barranco Diaz, Mora Flores, Martha Patricia, Mora Navarro, Israel Alejandro «Pirra», Morales Pavón, Dionisio, Moreno Medrano, Luz María Stella, Moreno Palacios, José Luis, Nava Juárez, David «Salvaj3», Norma Angélica Parra Hernández, Núñez Varela, Vania Yael, Ochoa Pérez, Betsabé, Odette Castelao Frías, Oliveros Sánchez, Amaury, Omar Jair Pineda Juárez, Organización Campesina de Producción Por Un Mundo Mejor (OCPMM), Oropeza Cruz, Carlos Antonio, Osnaya Guzmán, Julio Cesar, Pablo E. Martínez Rodríguez, Paola Alcázar Romero, Parada, Javier G., Patsy Anaid Sánchez Morales, Pedro González-Flores, Peralta, Juan Villanueva, Perera Lezama, Moisés Eduardo, Pérez Vázquez, Epifanía, Pink Nopal Colectiva, Proyecto de turismo Alternativo, Proyecto Videoastas Indigenas de la Frontera Sur (PVIFS-Chiapas), Quintero Conde, Rosa Maria, Radio Zapatista Sudcaliforniana, Ramírez Casillas, Juan Miguel, Ramírez, Julio César, Ramón Mendoza Zaragoza, Ramos Vázquez, Rodolfo, Raúl Gutiérrez Narváez, Rea, Fabiana, Red Binacional de Mujeres que Luchan, Red Contra la Represión y por la Solidaridad (RvsR), Red de Resistencia y Rebeldía, Red de Resistencia y Rebeldía Ajmaq, Red de Resistencia y Rebeldía Tlalpan, Red potosina de apoyo al Cig-Cni, Red regional de resistencias y rebeldías del Noroeste, Reséndiz Arvizu, Yolanda, Revista Voces de la educación, Rico García, Maria Rebeca, Ríos Tarín, Mónica, Roberto Cruz Alvarado, Roberto Giordano Longoni Martínez, Roberto Robles Campos, Rodríguez, Heriberto, Rodríguez, Zoar, Salas, Brian, Santiago M., Edgar, Scafaldra Producciones, Sebastián Luis , Ericka, Sobarenes, Emilio, Sofía Estelí Montoya Pitalúa, Somos Mango Malva, Souza Saldivar, Valeria, Steffen, Cristina, Suárez Ramos, Pedro Andrés, Subversiva Colibrí, Taller Editorial Cáspita, Treviño Velázquez, Francisco, Ulises Xolocotzin Eligio, Una Mirada al centro del caracol Zapatista, Unidad Obrera y Socialista (UníoS), Unión de Pueblos y Comunidades Purépecha, Unión de Vecinos y Damnificados «19 de septiembre» (UVyD-19), Universidad de la Tierra Puebla, Valeria souza saldivar, Vargas León, Mónica, Velázquez Trejo, Joel, Vendaval, Vibani Baruni, Vibani Baruni Jiménez Hidalgo, Villa Quintero, Lourdes, Xochitl Leyva Solano (Retos Nodo Chiapas/GT Cuter Clacso), Xochitlanezi, Yañez Conde, Job, Zurcando el Temporal, ¡Compas arriba!, Abel Torres Soriano, Alberto Vallejo Reyna, Alejandra Jiménez Ramírez, Alejandro Barraza, Amarela Varela Huerta, Ana Grimaldo Santana, Ana Laura Pérez Mejía, Ana María Martínez Levy, Analia Riveradera, Anarcx-queer, Ángeles A. López Santillán, Arantza Peralta Lavin, B. Pamela Pinacho Lujan, Balam Pineda, Barro Rojo Arte Escénico, Bautista Andalón, Juan, Belén Palacios, Gabriela, Biblioteca Popular, Calixto Gutiérrez, Neftalí, Campamento , Ciudadano Insurgente CHOKO JIMENEZ, Caravana Abriendo Fronteras, Carina Mira Rossano, Carlos Aguirre Rojas, Carlos Estrada Casarín, Carlos Nava Lancaster, Catalina Garcia Espinosa de los Monteros, Centro Comunitario y Educativo para una Vida Alternativa, Autónoma y Autosuficiente (CECOEVAAA), Centro de Análisis Multidisciplinario UNAM, César Sánchez Palacios, Ciencia para el Pueblo, Clío Dautzenberg Obregón, Colectivo Alterius, Colectivo CriptoPozol + DDHH, Colectivo Lifhland, Colectivo Pozol, Comunidad Práctica Mujeres, Contrahistorias, CORASON (Coordinadora Regional de Acción Solidaria en Defensa del Territorio Huasteca-Totonacapan), Dalia Morales, Damián de Jesús Castillo Preciado, Del Café Cultural La Nueva Babel, Diego Villanueva, Eduardo Almeida Acosta, El Colegio de la Desextinción, Emiliano Aguilar Belmont, Emiliano Gomez Ávalos, Enrique Flores, Erika Lucía Escutia Sánchez, Ernesto Tonatiuh Avila Lozada, Facundo Jiménez Pérez, Francisca Urias Hermosillo, Francisco Morfin Otero, Francisco Romero Ochoa, García Rojas, Gustavo, García Salyano, Gabriel, García Urbina Daniel, Germán Chávez, Gloria Santos Acevedo, Gómez García, Irazú, Gómez García, Ozmar, González Cabrera, Alberto de Jesús, González López, Juana Karla, Gráfica de Lucha, Gustavo Sandoval Kingwergs, Haidé Rodríguez Ramírez, Inés Durán Matute, Isabel Sanginés Franco, Jessica Berlanga Taylor, Jesus L. Garay Hinoja, Joaquín Alberto Hidalgo Gutiérrez, Jorge González Balleza, José Luis González Barral, Juan de Dios Hernández Monge, Kitzia De Fuentes Martínez, La Deriva Radio , Comunitaria, La Estela Casita Comunitaria, Larevueltagrafika, Laura García Coudurier, Laura Rocha, Laura Ulloa, Leticia Gutiérrez Valderrama, Libertad Hernández, Lidia Arce Navarijo, Lina Bianconi, Lorena Maza, Ma. Eugenia Sánchez D., Marco Pes, María Benítez, María de Jesús Ménde Alvarado, María de la Cruz Aragón Noriega, María del Pilar Sánchez, María Estela Juárez Aguilar, Maria Secco, María Teresa Jardí Alonso, Marisol Jiménez de la Mora, Martínez Escárcega, Rigoberto, Mendívil Romero, Dalia Paola, Miguel Ángel Zenón, Miguel Dario Hidalgo Castro, Miriam Álvarez, Movimiento de Abogados Insumisos Zapatistas, Movimiento Social por la Tierra (MST), Narciso Barrera Bassols, Nuriluz Hermosilla, O’tan Huerta, Ocupa tu ciudad AC, ONG Más Música, Menos Balas Guadalajara, Oscar González Balleza, Oswaldo Salvador Alba Chávez, Phidel Cedillo Martínez, Pilar Isabel Vázquez Bustos, Rafael Florez, Rafaela Aguilar Bostock, Raquel González Vigueras, Raquel Güereca Torres, Red de Resistencia y Rebeldía del puerto de Veracruz, Red de Resistencia y Rebeldía Puerto Vallarta, Rene Olvera Salinas, Rodrigo Camarena Gónzalez, Ruben Darío Silva Morales, Salud y Desarrollo Comunitario A.C., Sergio Francisco Mendoza Valdivia, SERPAJ-MÉXICO, Simon H.Benavides Marín, Smith, Mark, Solidarios de la Voz del Amate, Thalía Ortega Matehuala, Toledo Garibaldi, Leonardo, Ubeda, Berenice, Ulises Bravo Gil, Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez Oaxaca, S. C., Vecinos de los Pedregales en Resistencia (V.P.R.), Veras Santelises, Luis Angel, Villanueva Vázquez, Francisco Javier, Zarah Danza Oriental, Abigail Moheno de la Cruz, Adalberto Vicente Estrada Ortiz Monasterio, Alberto Misael Ramírez Montes, Alejandro Rodríguez Andrade, Alexia M. Montalban, Alfonso Gallardo Velázquez, Alfredo Rodríguez, Alicia Alejandra Iñigo Dehud, Alicia Mendoza Guerra, Alicia Ortiz Díaz, Aline Blacázar González, Alma Leticia Borrego, Amado Arturo Espinosa Guerrero, Ana Lilia Felix Pichardo, Ana Virgen Solano, Ana Zavaleta Ortega, Andrés Lund, Antonio Flores González, Antonio Garamendi Hernández, Ariel Eber Segura y Medina, Azeret Arriaga Gómez, Beatriz Guadalupe Martínez Chávez, Beatriz Janeth Soto Gastélum, Carla Daniela Arce Ramos, Carmen Absalón Montes, Carmen Citlali Hernández Jiménez, Celtzin Citlalli Domínguez García, Centro Cultural Guerreros Sabios, Clarissa Guadalupe González Martínez, Clínica de heridas, Colectivo de familia La Ruda, Colectivo Ixtlamatiliztli, Colectivo Jo’bel, Colectivo La Ezkina, Colectivo Radio Zapatista, Comisión de Derechos HUmanos y Laborales del Valle de Tehuacán, Concepción Hernández Méndez, Costureras de Sueños-Teatro Independiente, David Velasco Yáñez, Diana Aranguré Quevedo, Diana Maldonado, Diego Luz, Donato Amador Silva, Dulce María Huerta González, Edgard Sánchez Ramírez, Editorial Autogestiva «Fusilemos la Noche», Elizabeth Hernández Nava, Enrqiue Sarabia Vargas, Ernesto Flores Escareño, Escuela de Cultura Popular Mártires del 68, Faustino Sánchez Cruz, Fernanda Martínez, Fernando Hernández Pérez, Fidel Soto Aragón, Francisco Jiménez Mora, Gabriel Ramos Fernández, Gabriela Serralde Díaz, Genoveva Villa Quintero, Gerardo Díaz Pérez, Gerardo Morales, Gilberto Zúñiga, Gloria Iris de la Peña López, Guadalupe González Martínez, Héctor Abraham Borrego Duran, Héctor Agustín Tiznado Guzmán, Héctor de Jesús Aguilar Farías, Héctor Sotomayor, Hilda Beatriz Ibarra Armenta, Humberto Catalán Carbajal, Ildefonso Larrañaga Navarro, Ileana Diéguez, Imelda Montiel Román, Inti Barrios Hernández, Isabel Gutiérrez Paredes, Iván Alonzo Cuevas, Iván López Ovalle Jacob Cristóbal Pérez, Jennifer Zoe Borrego Duran, Jesús Alfonso Soto Gastélum, Jesús Espinoza Méndez, Joel Medrano Mariscal, Jorge Eduardo Arce Ramos, Jorge Villa Medina, José del Val, José Fernando Rojas Morales, José Luis Aguilar Alatorre, José Manuel Fuerte García, Juan Julián Caballero, Julien Boyer, Julisa Larrañaga Lizarraga, Karla Pamela Sánchez Dorantes, Laboratorio Interdisciplinario de Investigación Audiovisual (LABIIA) Laura Manuela Jiménez Galloso, Laura Yoloxochitl Hernández Jiménez, Lenin Apaís Contreras, Leopoldo Chassin Ramírez, Librada Silva Zazueta, Lizeth Capulín Arrellano, Lorena Guadalupe Villalón Morán, Lucio Neftalí Espinosa García, Luis Rangel, Luiz Miguel Mendonça Gonçalves, Manuel Ríos Morales, Margarita Gastélum Ramírez, María del Carmen Martínez Genis, María del pilar López Reyes, Maria del Villar Martinez, Maria M. Caire, María Magdalena Aranda Delgado, María Magdalena Larrañaga Lizarraga, Mario Alcaraz Cienfuegos, Marla Christelle Sánchez Montaño, Martin Barrios Hernández, Martín Tarsicio de la Roja Trejo, Mauricio del Villar, Melody Camacho, Memoria Viva, A.C., Mónica González Aguilar, Movimiento Ecologista de Michoacán, Nemesio J. Rodríguez, Nicolás del Villar Martinez, Norma Angélica Parra Hernández, Norma Ávila Báez, Omar Iván Medoza Amaro, Orlando García Silva, Oswaldo Castro, Oswaldo Larrañaga Lizarraga, Partido Revolucionario de las y los Trabajadores (PRT), Patricia González, Patricia Meixueiro Yeverino, Paúl Enrique Nava Durán, Pável Real, Ramón Gerardo García Silva, Raquel Herrera, RASH GDL, Red de Resistencia y Rebeldía SLP, Red de Resistencias y rebeldías noroeste, Red de Resistencias y rebeldías Tijuana, Roberto Briceño Figueras, Roberto De la Vega Garcia, Rodrigo Herrero Ortega, Rosalinda Lizarraga Guerra, Rubén Guevara Alvarado, Salvador Fong, Samira Campos Cuevas, Samuel Cielo Canales, Sandra Castillo Isla, Sandra Magdalena Montelongo Cortez, Santiago Maza, Santos Emanuel Torres Villalvazo, Saúl Eduardo Campos López, Selene Guadalupe Soto Gastélum, Sembrando Cultura Ambiental AC, Sergio Araht Ortíz Rosales, Sergio E. Rosales Wybo, Sonia Cuevas Cabrera, Sonia Viramontes Cabrera, Tania Molina, Vincent Jacquemin, Vladimir Práxedes Villamil Martínez, Yolanda Niell Mendizábal, Adriana Lobo, Alejandro Mira Tapia, Antonia Zamora Garza, Argelia Chagoya, Asamblea Veracruzana de Iniciativas y Defensa Ambiental LAVIDA, Beatriz Jezabel Ibarra Rodríguez, Brian Michel Jiménez Luna, Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, «Elisa Martínez», Carlos Hagerman, Carlos Moscoso, Casa de Los pueblos México, Cecilia Granados Salgado, Centro de Capacitación Integral para Promotores Comunitarios, A.C., Colectiva Rebeldas, Colectivo del periódico El Zenzontle, Colectivo Huachichil, Colectivo Hululi, Colectivo Matza, Colectivo Ts’om Taxua Corazón de Cacao, Edgar Salvador Sanabria, Elvia Pinedo Roja, Ericka Adriana Álvarez Jiménez Everardo Gordillo, Felipe Mendoza Ruiz, García, Francisco Javier, Gustavo Franco, Hernan Lopez Lopez, Inzektariozero, Iranyela Anai López Valdez, Jorge Castro Zarco, Jorge Ivan Moreno Lopez, La Chisma, Podcast Feminista, La Otra Salud, Las Calafias, Aborto Seguro, Lucia Rebeca Rangel Gallegos, Lucinda Nava Alegría, Luz María Hernández Hernández, Maleza Crítica, Mara Ramírez, Marcela Arteaga, Mariana Cruz Marín, Martínez Álvarez, Luis Fernando, Mateo De la Peña Granados, Neftalí Rosas, Noé Lopez Mandujano, Omar Felipe Giraldo, Radio Ñomndaa La Palabra del Agua, Radio Votan Zapata, Raíces y sabiduría del Soconusco, Rebelión, organicemos la lucha, Redes por la Diversidad, Equidad y Sustentabilidad A.C., Ruiz Galindo, Dora M., Steven Bachelor, Tihuitzilinme, Tumbalacasa Ediciones, Vidal Díaz, Fabián Desde las montañas del Sureste Mexicano. Por las mujeres, hombres, otroas, niñ@s y ancian@s del Ejército Zapatista de Liberación Nacional: Comandante Don Pablo Contreras y Subcomandante Insurgente Moisés. México. Si usted (es) quiere (n) firmar esta Declaración, mandar su firma a firmasporlavida@ezln.org.mx. Por favor nombre completo de su grupo, colectivo, organización o lo que sea, en su idioma, y su geografía. Las firmas se irán agregando conforme vayan llegando.
- Los desfiladeros de la memoria / León Rozitchner
"El peso de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos" Marx La memoria ¿es recordar el "hecho" sucedido? Todo genocidio histórico aspira a ser borrado del recuerdo. Los asesinos, tanto como la población sufriente, están de acuerdo. Unos, porque cuentan con la marca imborrable que han dejado: quieren que lo más importante -el horror sentido- no pueda ser pensado. Cuentan con su procesión interna, con la herida indeleble que han dejado abierta en los cuerpos de sus contemporáneos. Saben que el terror pasivo, no enfrentado, se hereda y se extiende por los corredores subterráneos de los cuerpos. Su memoria sensible y muda se prolonga como una tara hereditaria. Pero también la población aterrorizada no quiere saber nada. Se desentiende como si a ellos no les tocara: la memoria actualizaría nueva mente la amenaza y haría más viva su presencia intolerable. Pero este olvido es aparente: el efecto subsiste. Y para ratificar el ocultamiento de nuestra tragedia social, y ayudar a encubrir las consecuencias que el terror produjo en la sumisión conserva dora que le sucedió luego, los "cientistas" y politólogos aggiornados a la democracia, expertos extranjeros y nacionales de economía, sociología, psicoanálisis y otras retóricas, vienen a vender sus saldos teóricos. Nos hemos vuelto interesantes: un peno un dólar. Recordar de manera explícita y consciente el exterminio no es un acto espontáneo: requiere situar al recuerdo en un contexto humano del cual recibe su significación completa. Debe, para ser enfrentado, incluir en la memoria las causas, quizás antes invisibles, que sólo después de haberse producido el "hecho histórico llevan a agregarle el porqué de su existencia. (Ahora los archivos del Pentágono y la CIA se abren y confiesan que fueron los maestros de nuestros militares en la tortura y los asesinos que llevaron al ajuste económico, pero ya no importa: los cuerpos aterrados no quieren saber nada. No quieren darse cuenta que así se construyó nuestra democracia aterrorizada). De allí el esfuerzo tenaz que debemos hacer hasta crear las condiciones que lo integren en la memoria histórica. El terror aterra, y en eso consiste su insidia: se resiste a ser pensado, a que tomemos conciencia de su existencia. No podemos pensarlo como método político que hizo posible la sumisión colectiva al neoliberalismo: que hizo posible nuestra actual miseria. Memoria y monumento Recordar no consiste sólo en elevar un monumento y señalar con una estela que algo ha existido antes, porque su sentido vivo puede quedar oculto en la cosa muda y pétrea fabricada para re memorarlo -aunque su significado esté contenido como una alegoría sintética y abreviada. La memoria, sólo convertida en mausoleo externo, puede transformarse en un depósito pasivo, aunque constante, siempre presente a la mirada distanciada: una vez objetiva, hecha escultura, la memoria ya no necesita a los cuerpos resistentes para que la mantenga viva, dándoles con su recuerdo un sentido a los actos y al proyecto de la propia existencia. ¿Su visión, condensada en la piedra, motivará la pujanza de los cuerpos? ¿Determinará acaso la voluntad y el pensamiento de quienes asisten a su representación muerta? Pienso en el monumento al Ghetto de Varsovia, en los jardines del barrio arrasado por los nazis, todos sus recluidos resistentes aniquilados, cubierto el mismo espacio espectral con la nueva vida de sus inocentes habitantes actuales, quizá ahora tan antisemitas como los de aquella época. Depositada afuera, convertida en rastro, el monumento al aniquilamiento colectivo en una plaza se yergue solitario ante la mirada del transeúnte, o se lo rememora en un día señalado para el recordatorio. Y la vida cotidiana, se cree transcurre sin fantasmas. Por eso depende del marco dentro del cual el re cuerdo actualiza la situación pasada para devolverle su sentido pleno. Pasó con el genocidio nazi, pasa entre nosotros con el genocidio militar, preparatorio del neoliberalismo menemista. La disyuntiva seria ésta: ¿holocausto religioso el “sacrificio” de 30.000, o aniquilamiento político asesino? Sus cómplices le propusieron a la memoria social poner a los desaparecidos en un contexto de designio divino, inmolación y pecado - holocausto a un Dios o teoría satánica de los "dos demonios" (Sábato) -donde el sentido histórico de la violencia y del terror, con to da intención política y económica, es velado y se pierde. O, para los que se resisten a aceptar esa mi seria complaciente, convertido en índice objetivo de un mal históricamente situado -aniquilamiento, Shoa, genocidio-, que depende de una estrategia de poder económica-política-liberal, y comprender entonces que el terror formó parte de un proyecto de dominio político No hay memoria sin inscripción en el sujeto que recuerda La memoria es la más común de las capacidades humanas, pero ante ciertos hechos históricos -el exterminio- pide algo más difícil de nosotros para que se conviertan en significativos y no olvidemos. Debemos re-construir el acontecimiento agregándole a la imagen de los desaparecidos, que sólo es una parte del recuerdo, el contexto pleno de sentido sin el cual su concreción en la memoria se pierde. La memoria del genocidio está cercada todavía por la amenaza de los asesinatos y las torturas que subsiste y se prolonga desde el pasado: no es la rememoración de cualquier hecho. Porque los productores de ese terror llamado "de Estado" están aún vi vos, presentes y amenazantes. Pero mucho más vi vos, tenebrosos y potentes están los poderes y las instituciones que lo produjeron y se siguen, de otro modo, apoyando en su amenaza, y que nunca fue ron sometidos a juicio. Someterlos a juicio: quiere decir que el pensamiento los incluya también a ellos como cómplices del genocidio. Que pueden ser pen. sados para deshacer una de las consecuencias más deseadas del terror: impedir la toma de conciencia de la situación completa. Lo más temido entonces no es la muerte "natural" que todos al fin de la existencia sufriremos: esta amenaza histórica del terror está inserta, con su mayor insidia, en lo más profundo de cada uno de nosotros, y va acompañada con el mensaje de que la vida propia puede sernos quitada, si osamos resistimos a la sumisión que quieren imponernos. memoria de este suceso histórico, para vencer el objetivo del poder político, tiene que despertar el cuerpo sintiente y atreverse a animar desde el horror la significación de lo que en nosotros se resiste a que aparezca. Pero la memoria de un hecho reciente también toca y aviva lo in-memorial, aquello de lo cual no tenemos memoria, porque la memoria como capacidad personal se inició allí donde no existía aún: en el origen, sin ninguna imagen que la representara, estaba sólo la marca afectiva del terror primero, infantil y arcaico. Por eso todo lloro de niños nos despierta, en su congoja incontenible, la angustia del primer encuentro del hombre con la muerte. La muerte adulta del genocidio se inscribe actualizando la estela de esa antigua experiencia de la infancia. Terror y distanciamiento: la impunidad no se refiere sólo a crímenes del pasado Tal es el distanciamiento. La memoria adulta, aunque recuerde, a veces sólo se inscribe superficialmente en la conciencia: de tanto que duele no activa su fundamento afectivo, sensible e imagina rio. Puede dejar entonces adormecidos y relegados los motivos históricos y sociales de su advenimiento, porque en lo que evoca aún persiste y se hace presente, prolongación de aquél otro, le impone a la conciencia. Una desolación ciega e impotente que aún nos azota prohíbe penetrar en el lugar intimo que el terror dejó, amenazado, en los cuerpos de los sobrevivientes -que en el fondo somos todos. Estas son las condiciones del terror light en la democracia. De esto los economistas y politólogos a la moda no dicen ni una palabra. Pero el vacío de los muertos insepultos, y el lleno de los asesinos que vagan por las calles y ocupan todavía un lugar de poder, es un escándalo invivible para la vida social: la torna imposible como vida comunitaria. Hace imposible la vida individual: cada uno siente la muerte del otro como un límite para vivir la propia y para actualizar los lazos de la memoria que abren el campo de futuro que la vida social había creado, Ya hace imposible la vida social: para que haya asesinos impunes es preciso entonces que exista, también ahora, un sistema social que se aprovecha de la vida de los demás hombres considerados como sobrevivientes: como asesinatos aplazados, todos convocados por la amenaza de muerte al sometimiento. Es lo que ahora estamos viviendo Recordar no es sólo una imagen que retorna Recordar no es sólo traer a la memoria la imagen aislada de un desaparecido: es hacer también presente la trama siniestra de un sistema económico político-religioso que requirió el genocidio para implantar sus fines. La máquina que organiza el ocultismo de ese marco social homicida, que difumina los rasgos más heroicos y rebeldes de los desaparecidos, se nutre ahora de implantar el terror en lo cotidiano, tomarlo invisible y sensible al mismo tiempo, de infiltrarse como imagen normalizada en los granos menudos de la vida: convertir a la muerte histórica en la forma banal y "normal" de la existencia. El terror y el genocidio es un recurso del poder. Hay que comprender el exterminio militar como una estrategia de guerra de los poderes siniestramente organizados contra la vida. Forma parte, en su crueldad autóctona, de un proyecto para expropiar la hasta un límite antes desconocido. Los sistemas de dominación social, cuando se apropian del trabajo y de la riqueza de sus habitantes, y requieren para lograrlo el dominio sobre la voluntad de los hombres, deben multiplicar los ejemplos de aniquilamiento y sufrimiento: convertirlos en masivos. Tan masivos como son masivas las resistencias. Cuando son los pueblos los que se resisten, el exterminio de be ser adecuado a su número y medida: debe blandir y hacer reverdecer la amenaza de un exterminio para todos. Entonces la economía se apodera del esfuerzo de los cuerpos como la Iglesia se apodera del alma de los pobres. El mundo globalizado del capitalismo se apoya sobre la amenaza global de la bomba atómica y del consuelo global del cristianismo. Hay que comprender cómo pudo ser dicho, ante la total indiferencia de la gente, que el ajuste eco nómico habría de ser aplicado, gozándose del dolor, como la tortura: "sin anestesia", para que duela. Y que nadie se inmutara. La memoria, aunque reza lo impensado, a veces evita que aparezca Hay entonces una memoria negativa, memoria vigilante de lo que no debe aparecer: lo temido, aquello que la amenaza de muerte torno distante y mantiene profundamente sumergido. Hay una memoria afectiva y doliente, pero sin imagen ni palabra: sólo el afecto sintiente de la angustia permanece allí en lo hondo, límite donde se borra su contenido. La imagen y la palabra pueden abrir el surco de un saber consciente de lo amenazante, pero de tan te mido sólo queda el sentimiento de muerte que los excluyó de la mente. De-mente se dice de los que están solo con su terror a cuestas: terror interno, que existe allí en lo más íntimo de la gente. El terror es feroz: crea sus propios ámbitos de enceguecimiento porque al mismo tiempo oculta la verdad Siniestra que lo produjo, y sólo deja el misterio de lo más temido en lo más hondo: la estela blanca y si lente de muerte, es decir su rastro, su aguijón entrañado, la amenaza indescifrable que la angustia abre cuando se roza su espacio amojonado. Por eso no se trata solo de recordar, de tener el coraje o la voluntad de hacerlo: de que la imagen de lo más temido aparezca nuevamente. Se trata de crear, como suelo firme donde podamos apoyarnos, las resistencias que lo venzan, que el genocidio se produzca históricamente de nuevo. Hay que recordar, pero dentro de una inscripción social nueva, para que entre todos construyamos una fortaleza contra el miedo y contribuyamos a crear la fuerza colectiva que le haga frente. Sólo así cada uno, aunque esté solo, se sentirá libre y potente. Recordar en la soledad individual no basta La memoria es un hecho colectivo: hay que construirla materialmente con los cuerpos marcados que han quedado vivos, Por cada cuerpo asesinado se necesitan miles de cuerpos que actualicen en la memoria la vida de quienes la perdieron por hacer lo que nosotros debemos continuar ahora. Como los cuerpos de los niños desaparecidos en la Noche de los Lápices: se multiplicaron por miles de cuerpos resistentes en los jóvenes que volvieron a darles vida en los suyos, unidos en las marchas por las calles, Este es el único milagro: no son los panecillos los que se multiplican, sino los hombres que producen hombres. Todas las tumbas permanecen vacías y abiertas mientras permanezca el poder que se apoyó en la muerte para dominarnos. El cuerpo colectivo resistente es el continente de la memoria individual desfalleciente, vencida, no quizá su permanencia como "hecho" recordado sino por el modo como la memoria existe para cada uno: si existe sólo como amenaza o también existe como resistencia. Las meras figuras del horror, aisladas del contexto histórico, no bastan para el recuerdo: más bien espantan nuevamente. Si cada uno se queda sólo con la Escuela de Mecánica de la Armada o con Vesubio, cada uno se queda solo con el terror adentro, inmóvil, fijado al espanto que nos convierte en estatuas de piedra. De qué manera la memoria se inscribirá en los cuerpos sintientes dependerá del soporte que encuentre en el cuerpo colectivo. Si el terror sigue imperando, sin resistencia, nos quedamos solos angustiados y vencidos: impotentes. La razón asesina del poder político se sigue multiplicando en sus signos Memoria, en el campo de la vida histórica, es la movilización colectiva que actualiza la lucha que quedó, como un límite insuperable, detenida en el momento de las torturas los asesinatos. Pero abren ese sentido pasado mostrando lo que de común tiene con el presente. En una sociedad vencida, dislocada, el terror sigue trabajando en el silencio dentro de los espacios sociales conquistados por la muerte. Fue el terror el que hizo posible en el presente la sustracción de la vida cotidiana y la riqueza colectiva entregada, como si se tratara del botín de una guerra perdida. Y en realidad para ellos fue una guerra ganada con los medios adecua dos para alcanzar el triunfo: bajo la excusa de enfrentar a la guerrilla se trataba en realidad de derrotar y someter a toda la población argentina. Ese fue su objetivo: atomizar sus fuerzas, exacerbando el individualismo por la ganancia y el consumo o la mera subsistencia, perdido el sentido de la vida, disueltos los vínculos sociales construidos en el largo tiempo solidario, mientras los cuerpos de los ejecutores y las Instituciones asesinadas están entre nosotros como amenazas impunes, ¿qué sentido tiene entonces el recuerdo, el coraje, la memoria, si no encuentra un cuerpo real, imaginario y colectivo, para hacerle frente y resistirle? Anudar la memoria social con el pasado es volver a retomar el camino que quedó allí entregado, para emprenderlo nuevamente de otro modo: es confirmar la alianza colectiva en un desafío ineludible para volver a andarlo, luego de haber aprendido algo más de la dimensión asesina de los poderosos. Para que el pasado y el sufrimiento no haya sido en vano debe convertirse en una nueva secundaria material, hacha de cuerpos vivos, donde el recuerdo revela la profundidad del obstáculo que debe ser enfrentado y la compleja trama de un proyecto nuevo. El terror desnudo en su anverso también lo que el poder más teme, mostrando a quienes en verdad iba dirigida la amenaza: ligándola a la lucha por transformar las condiciones de la vida. Ese terror fue una respuesta contra la rebeldía social: también ellos tenían miedo. Recodar es construir un hecho vivo más poderoso que antes; volver a activar, al evocarlo, la sabiduría de una nueva e inédita experiencia histórica: lograr, por nuestro empuje, que sus armas, sus fantasmas religiosos y sus amenazas sean impotentes para detener la resistencia. El recuerdo vivo, encarnado en las Madres Los modelos de hombres y mujeres rebeldes expresan la dignidad de un enfrentamiento allí donde todos los demás, que debían sostenerlos, habían flaqueado o se habían excluido. Los héroes trágicos son los que asumen el destino contradictorio donde la muerte no pone límites a la responsabilidad de enfrentarla con un acto que lleva hasta el extremo la tensión del enfrentamiento humano. Ponen de relieve, con este acto de coraje extremo, lo que los ases: nos no pueden permitir que suceda. Y lo hacen allí donde todos defeccionan: muestran que es posible a resistencia. El poder de la dignidad desarmada, en un enfrentamiento disimétrico, descubre con su coraje la miseria y la debilidad cobarde sobre las que se afirman los criminales armados. Pone al desnudo la debilidad de la pretendida fuerza de los poderosos. Por eso estos le tienen tanto miedo a las madres: tienen la verdad de la que ellos más temen. Las madres de Plaza de Mayo no representan na da, como lo hacen los monumentos, las estelas o las tragedias literarias: presentan, en sus personas vi vas, la realidad de un enfrentamiento asumido hasta el extremo límite de la coherencia y del dolor humanos, no sólo como lloro, desesperanza, ni como olvido. Que no "re-presentan" nada quiere decir que con sus cuerpos engendrantes de vida -las Madres fértiles por antonomasia, no las Vírgenes estériles que está con banda de generala con los cuarteles - son las que han dado testimonio de que era posible la resistencia, y la pusieron en acto allí donde casi todos por terror, indiferencia o complacencia- habrían entrado en el pacto siniestro y silencioso de los represores. Han abierto y mostrado, en este mundo doblegado por el miedo, el lugar más hondo de la memoria histórica. *Publicado originalmente en la revista Fin de Siglo. Número especial, octubre de 1996 y uno de los capítulos del libro Trelew, una ardiente memoria, compilado y editado por Vicente Zito Lema, 2015.
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











