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  • Al reparo de la crisis / Lau Herrera

    I el pensamiento gira un remolino que todo lo engulle agitado succiona tira arrastra más rápido que mi cuerpo y sus manos. Cómo algo tan etéreo puede causar tanto daño II Quiero vivir entre sueños tocar “La canastita” con nuestro instrumento ancestral, el charango. Convocar en mi casa a los pueblos originarios a mi tatarabuela la querandí: oigo el sonido de su voz acampanado III un viento repentino trae inquietud a los campos susurra voces de muerte de fin, de letargo las flores se sofocan ante tal espanto las pocas que quedan se resisten aguerridas las raíces crecen hacia abajo IV Toco tu pequeña cabeza peluda. Una vibración ingresa por la yema de mi dedo. Ya no hay dudas no hay caos en mi interior V Qué es el tiempo Cómo puede algo estar ahí después allá cambiar de lugar Cómo pueden las palabras las tuyas viejo abrigo arropar otro cuerpo VI volver a la pluma una distancia entre mi mente y la espada con la que me apunta a veces el mundo Nota: Lau Herrera es graduada de la carrera de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es docente universitaria en UBA y, también, da clases de Filosofía en el colegio Paideia. Se encuentra escribiendo su tesis doctoral sobre Walter Benjamin. Imparte talleres de filosofía desde su Instagram @filogaiamus. Es parte del grupo y taller de poesía La bestia en la casa, con las poetas Anita Mazzino y Julieta Núñez, y toca el charango en Charangas: Ensamble de mujeres charanguistas, bajo la dirección de Aldana Bello. Palmera Lau Herrera

  • ¿Soy fotogénico? / Roberto Arlt

    En Buenos Aires la vagancia pseudo artística florece que es un contento. Quizá sea ésta una de las ciudades americanas más ricas en semejante fauna. Aquí se nace vago, como en otros países se nace "activo y honrado a carta cabal". ¿No lo son así, acaso, todos los extranjeros, "empleados jóvenes de buena presencia"? ¿Por qué este amor al "dolce far niente"?, ¿por qué este apasionamiento por el baño de sol, por la gloria y por la plata que viene sin hacer nada? Las causas no nos las explicamos, pero el fenómeno es evidente. Y tan evidente que el treinta por ciento de nuestra población no trabaja, o hace como que trabaja y va vestida, regularmente alimentada, pero toda con la frente descubierta y el empaque de los antiguos hidalgos, lustrosos y famélicos. ¿Soy fotogénico? Mi director me ha pedido que no emplee la palabra "berretín", porque el diario va a las familias, y la palabra "berretín" puede sonarles mal, pero yo pido respetuosamente a las señoras familias para usar hoy esta dulce y meliflua palabra "berretín". ¿Por qué? Pues porque es la única frase que puede definir la manía de cierto escalafón de vagos. Tienen el berretín de ser fotogénicos. ¡Hágame el favor! Es lo único que nos faltaba. Ser fotogénico. Yo, cronista anónimo y burlesco, tengo una extraordinaria afición por los vagos. Me son personas simpáticas, sobre todo si saben vivir. Concibo el "squenun" en todas sus fases. Admito todas las chifladuras, hasta las de los dramaturgos. Me deleito en un café escuchando la charla vacua y filosofante de varios hijos de familia, y mi sonrisa pondera indulgentemente el charlatanismo jovial. Pero no las voy con los fotogénicos. Los fotogénicos son sencillamente ridículos. Si yo fuera gobierno les enviaría a cavar tierra. Les haría acarrear bultos en el puerto. Descargar bolsas en las estaciones. ¿Por qué? Pues porque son las desgracias de las honradas familias, y los chiflados más peligrosos y enfáticos que apestan la tierra. Las fotografías de los fotogénicos El fotogénico es por regla general un admirador de Rodolfo Valentino. Yo concibo perfectamente que Rodolfo les guste a las mujeres. Para eso son mujeres. Más aún, ellas al admirarlo a Valentino demuestran tener un excelente buen gusto. Pero que un hombre se pase los días y las noches frente a un espejo frunciendo los labios y las cejas para parecerse a Rodolfo… ¡hágame el favor! No hay nada más que registrar las colecciones de fotografía que estos "valentinistas" envían a las revistas que organizan el concurso de "¿soy o no fotogénico?". Es para reírse a gritos. Hay señores que se hacen retratos en traje de baño para demostrar su fotogénesis física completa. Y dan ganas de emplearlos de bañistas. Otros están reclinados en un alféizar, la melena revuelta, la cara empolvadita, la mirada melancólica. Otros desempeñan una tragedia, tienen la pelambre revolucionada, los ojos saltados que parecen huevos pasados por agua y un puñal de cartón en la mano. Los sentimentales de la fotogenia Pero el plato, el verdadero plato, son los que padecen de un romanticismo de relojero alemán. Una papa, como decía el lorito. Estos románticos de barbería, antes de retratarse alquilan un frac, y en compañía de alguna hermana se van a lo del fotógrafo para representar el drama. Ella, de pie, tiesa como si en vez de ser una mujer de carne y hueso lo fuera de madera; él, el fotogénico, con un pie estirado para atrás, la cara a lo ecce-homo, ladeada, y un brazo estirado hacia el gabinete de revelado del fotógrafo. Un plato. Y los otros, los que se ponen un dedo en el vértice de los labios y hacen un dengue sentimental. ¡Si es para fusilarlos sobre el tambor!... quiero decir, sobre el aparato fotográfico. Y todos patilludos, el pelo con ondulación Marcel, chaleco de fantasía y las uñas sucias para despistar. Los buscavidas y los fotogénicos Y durante un tiempo este gremio de fotogénicos no tenía quien lo explotara, hasta que los buscavidas repararon que la ciudad había sido enriquecida por un nuevo "berretín" que podía ser un filón de oro, y enseguida apareció la clásica, la novísima, la bella invención de los buscavidas: "¿Quiere ser actor cinematográfico? Concurra a nuestra academia. Garantizamos empleo a quinientos dólares semanales." Nosotros los compadecemos a los honrados padres de familia. Compadecemos a las madres beneméritas que remiendan los calcetines. Comprendemos el drama, el profundo drama doméstico, suscitado por el fotogénico que un buen día declara que no trabajará para asistir a la academia o que más sencillamente manifiesta que se irá a Norte América a ganar quinientos dólares semanales. Comprendemos ... sí, comprendemos ese impulso que tiene el padre, honrado albañil o carpintero, de coger una estaca y romperla en las espaldas del fotogénico. Lo comprendemos. El negocio de los buscavidas Y hoy día funcionan varias academias para fotogénicos. Los gastos para instalarlas son escasos. Se necesita un elenco de "profesores" carasduras, un megáfono que sale barato haciéndolo fabricar de hojalata por un estañador, un aparato fotográfico descompuesto, varias bambalinas, y unas viseras de hule verde y los correspondientes arcos voltaicos en el "estudio". Los alumnos accionan como locos frente al profesor. Los hay que se sienten con vocación de "apaches" y entonces el profesor les enjareta una corfií, un pañuelo y un puñal, y a ganarse la vida frente al espejo. Otros hacen de galanes jóvenes y aunque curtidos en los espectáculos grotescos, los buscavidas tienen que hacer arduos esfuerzos para no reírse y echar a perder el negocio que prospera viento en popa. [El Mundo, 7/8/28] Fuente: En Roberto Arlt. Notas sobre el cinematógrafo, 1997. Editorial Simurg. Mark Morrisroe Polaroid of Pia Howard on Glass cerca 1985 Polaroid sobre cristal 7 x 6,5 pulgadas

  • La patria / Julio Cortázar

    Esta tierra sobre los ojos este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles, esta noche continua, esta distancia. Te quiero, país tirado más abajo del mar, pez panza arriba pobre sombra de país, lleno de vientos, de monumentos y espamentos, de orgullo sin objeto, sujeto para asaltos, escupido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas, repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando de babas y estupor canchas de fútbol y ringsides. Pobres negros. Te estás quemando a fuego lento, y dónde el fuego, dónde el que come los asados y te tira los huesos. Malandras, cajetillas, señores y cafishos, diputados, tilingas de apellido compuesto, gordas tejiendo en los zaguanes, maestras normales, curas, escribanos, centroforwards, livianos, Fangio solo, tenientes primeros, coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos, bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos, secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, trucos, contraflor al resto. Y qué carajo, si la casita era su sueño, si lo mataron en pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva. Liquidación forzosa, que remata hasta lo último. Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía, te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña envuelto en la bandera que nos legó Belgrano mientras las viejas lloran el velorio, y anda el mate con su verde consuelo, lotería del pobre, y en cada piso hay alguien que nació haciendo discursos para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos. Pobres negros que juntan las ganas de ser blancos, pobres negros que viven un carnaval de negros, qué quiniela, hermanito, en Boedo, en la Boca, en Palermo, en Barracas, en los puentes, afuera, en los ranchos que paran la mugre de la pampa, en las casas blanqueadas del silencio del norte, en las chapas de zinc donde el frío se frota, en la Plaza de Mayo donde ronda la muerte trajeada de Mentira. Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking, vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga, tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas, tango, coraje, puños, viveza y elegancia. Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia. Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga, no te metás, qué vachaché, dale que va, paciencia. La tierra entre los dedos, la basura en los ojos, ser argentino es estar triste, ser argentino es estar lejos. Y no decir, mañana porque ya basta con ser flojo ahora. Tapándome la cara (el poncho te lo dejo, folklorista infeliz) me acuerdo de una estrella en pleno campo, me acuerdo de un amanecer de puna, de Tilcara de tarde, de Paraná fragante, de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos quebrando un horizonte de bañados. Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles cubiertas de carteles peronistas, te quiero, sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho, nada más que de lejos y amargado y de noche. Fuente: Razones de la cólera Bs. Aires - 1951 / París – 1956 Julio Cortazar Koen Theys PATRIA 2008 Tinta de conservación sobre papel de archivo 107,5 × 209 cm

  • Adynata Agosto / NK

    Hay una edad en la que todavía desconocemos el nombre de las palabras, también el de las letras. Hay una edad en la que todavía no sabemos hacer del aire palabra. No solo porque la lengua no nos ha aprendido a nosotros, sino porque aún no aceptamos del todo sus reglas. Una edad en la que las palabras cambian de lugar, los objetos reciben nombres inesperados, la boca experimenta antes de obedecer y una falta de ortografía y abrir un mundo. En los textos que se presentan en Adynata este mes, quizás esa edad no sea un momento biográfico. Quizás sea una posición política. Este número reúne una serie de textos que, desde lugares muy distintos, vuelven una y otra vez sobre esa potencia. Monique Wittig recuerda que los recuerdos no se conservan: se fabrican. Que el movimiento no consiste en recordar sino en crear esos recuerdos, hacerlos opoponax. George Bataille devuelve a la boca toda su potencia animal donde el grito es el primer elemento para que el lenguaje se haga presente. María Elena Walsh defiende a la Ñ como se protege a cualquier niñez de volverse una normalidad. Un manifiesto convoca a les niñes malablades a tomar los medios de producción de la significación. Los poemas reunidos en este número hacen del diente de leche, de la pérdida, del verbo materno y del juego escenas donde la lengua todavía no terminó de endurecerse…e insiste en ser un músculo blando e hipersensible incapaz de dejar de meterse en esos huecos que cualquier desearía tapar y luego blanquear. Imposible que la escritura no quede también teñidas por los vendavales mundialistas y los gritos de gol que a veces llevan a una afonía colectiva. Vivimos un tiempo que intenta administrar el lenguaje hasta volverlo previsible. Corregir palabras antes de escuchar lo que su balbuceo podría decir o inventar. En los textos que presentamos este mes volver a la infancia no significa regresar a un paraíso perdido. Significa recuperar el juego con la lengua. Una lengua que no está interesada en representar fielmente la realidad, sino producir otras. Tal vez escribir consista precisamente en eso: conservar un poco de esos dientes de leche aun cuando ya hayan caído. Mantener abierta una forma de hablar que no termine de aceptar que el mundo está definitivamente dicho. Si este número tiene un hilo común, quizás sea ese. No celebrar la infancia, sino dejarse interrumpir por ella. Permitir que vuelva a desordenar la sintaxis, los nombres, las certezas y los modos en que aprendimos a entender la realidad. Porque, a veces, la forma más radical de reencantar el mundo consiste simplemente en volver a jugar. v. Nicolás Koralsky (2025) Serie Frágil

  • Poéticas del derecho a jugar* / gonzalo sanguinetti

    En las horas de los grandes hallazgos, una imagen poética puede ser el germen de un mundo. Gastón Bachelard Una hilatura que enhebra Infancia, Juego, poética e imaginación. Citas como Juguetes de pensamiento, para una lectura poética de la infancia, una lectura poética del jugar, una lectura, en clave de sospecha, de cierta mutación actual de la infancia y el juego, que incide directamente en la imaginación, tanto política como poética. Asistimos a un tiempo histórico refractario a la infancia: cada vez hay menos temporalidad infantil. Todo tiempo se encuentra asediado por un imperativo de productividad, utilidad y rentabilidad. Pareciera que no se puede perder tiempo, pero entonces ¿Cómo jugamos sin perder tiempo? Poética de la infancia No situamos la infancia como un sinónimo de niñez. Sabemos que hay niñeces sin infancia. No limitamos, ni restringimos su experiencia al universo de las niñeces. Queremos pensarla como hábitat de una función poética, de una sensibilidad poética, como un modo de existencia poético. También podemos pensarla como el sentido lúdico de una vida. Comencemos con un verso de Louis Glück: “Miramos el mundo una sola vez, en la infancia, el resto es memoria”. Infancia no es un estadío evolutivo, un momento del pasado, una etapa que se supera, nuestra parte inmadura, incompleta o inacabada. Infancia es una función vital, un reservorio de fuerzas capaces de abrir la imaginación del mundo, constituye el topos de la imaginación. Infancia nombra un estado de posibilidad del mundo. El juego es la vía que permite relacionarnos con el mundo como un estado de posibilidad. Toda vez que jugamos estamos en la infancia, ingresamos a ese territorio común. Infancia y Juego producen poéticas del mundo. La imaginación, la creación, la ensoñación y la fantasía operan como potencias poéticas que inciden decisivamente sobre el mundo en el que vivimos (Quizás más decisivamente que cualquier otra, aunque no lo advirtamos tanto). Infancia es esa función que siempre puede inventar otra vez el mundo. Designamos como infancia a un estado poético de la existencia, del mundo y de la lengua. La poesía cuenta la infancia del mundo. En una entrevista que le realiza Tamara Kamenzsain en 1973, Juan L. Ortiz sugiere: “La poesía es la realización del estado de infancia que debe permanecer a través de todas las edades. Y llamo estado de infancia a esa frescura, sensibilidad, disponibilidad, a esa apertura a todo lo que aparece. Hasta la materia misma puede acceder a lo que llamamos vida.” Infancia, en tanto apertura sensible, estado de sensibilidad, es insumisa -por definición- al utilitarismo de mercado, a la instrumentalización del mundo, pues nada es objeto inerte, nada es objeto de usufructo, abuso, explotación, todo deviene pasible de una cualidad animada, una cualidad viviente, afectante e imaginante. En ese sentido, presupone un tipo de relación ético-política y ético-poética con el mundo: una relación no de entendimiento, ni de acatamiento, sino de desobediencia encantada. Lo que estamos situando como infancia es, con toda precisión, una contrafigura de la crueldad. Entre Destellos (2020) Natalia Ortiz Maldonado escribe: “La infancia Es el territorio común de la total radiancia de las palabras, de la lúcida expresión del juego, de la equivalencia entre la apertura de una naranja y la apertura de un mundo.” Llamamos infancia a la vigencia -en el presente- de esa posibilidad de mirar el mundo por única vez, otra vez, y las veces que se hagan necesarias para relanzar, recrear, reinventar y reimaginar el mundo que vivimos cada vez que el realismo capitalista pretenda de-terminarlo de-finitivamente. En aquel verso de Glück, “Por única vez” quiere decir “como nunca antes”. Es cuando estamos en la infancia que nos es dado mirar el mundo como nunca antes. Poéticas del Jugar Para que haya condiciones de infancia es preciso que haya Juego. Sin Juego no hay despliegue de infancia, es el hecho de Jugar lo que inaugura la dimensión de infancia, la temporalidad de infancia. En “El creador literario y el fantaseo”, Freud conjetura una relación íntima entre infancia, juego y poética, escribe: "Toda infancia que juega se comporta como un poeta: inserta cosas de su mundo en un nuevo orden que le agrada." Jugar presupone de entrada una operación poética: crear/imaginar/fabular/ensoñar sentidos inauditos en la realidad, dotar el mundo de sentidos inimaginados, insertarlos en su trama para transmutarlo, transfigurarlo, hacerlo mutar hacia algo que agrade. En el jugar anidan potencias de una imaginación capaz de crear sentido, de crear mundo con el mundo dado. Siguiendo esta conjetura freudiana, pensamos que la infancia instaura jurisprudencias de la imaginación, que se materializan a través del Jugar. El jugar como jurisprudencia inaugura y declara, ciertas temporalidades y espacialidades como territorialidades lúdicas. Estas declaraciones de jurisprudencia lúdica, implican la posibilidad de transformar radicalmente las relaciones entre cuerpos, afectos, sentidos, significados, dimensiones de tiempo y espacio, que reconfiguran qué pueden, de qué son capaces esos elementos bajo este nuevo orden de relaciones lúdicas. Por ejemplo, saltar en una cama elástica instaura una nueva relación con la gravedad, especialmente con lo que gravedad tiene de inexorable fuerza de Ley, de determinación implacable, de fuerza inapelable. La acción de instaurar, tiene que ver con legitimar una manera de ocupar un espacio-tiempo singulares, como sugiere Étienne Souriau, “Instaurar es volverse como el abogado de existencias aún inacabadas, su portavoz o, mejor, su porta-existencia. Portamos su existencia como ellos portan la nuestra. (…) Es entrar en el punto de una manera de existir, no solamente para ver por donde ella ve, sino para hacerla existir más, ampliar sus dimensiones o hacerla existir de otro modo.” Jugar instaura modos de relación poética con cada elemento de la realidad, abriendo la posibilidad de composiciones de sentido inauditas, constelaciones afectivas, sensibles, perceptivas inexpermientadas, imaginaciones inconcebidas. De esta manera es insumiso -por definición- a la carga de fatalidad e inalterabilidad con la que “la realidad” impone su obligatoriedad. Una relación poética consiste en una redistribución de potencias y afectos capaz de hacer emerger e instituir una territorialidad, una temporalidad, una musicalidad, un campo afectivo, un estado de sensibilidad, ahí donde no pre-existían. Pensado como práctica de imaginar e instaurar relaciones poéticas con el mundo, el Jugar crea un modo inédito de relación entre los elementos del mundo, los dota de sentidos y de potencialidades inauditas, inconcebidas, inimaginadas. Una práctica de la que obtenemos un afecto imprescindible: la alegría de imaginar y la alegría de percibir, una alegría de los sentidos. Freud pone el acento en que “lo opuesto al juego no es la seriedad, sino la realidad efectiva”. El Jugar no se mide con lo serio sino con lo inalterable, lo inexorable, lo ineluctable. Es el movimiento que inaugura la posibilidad de una posibilidad, la posibilidad de una posibilidad en la imposibilidad. Al Jugar establecemos un modo de relación con lo posible a través de lo imposible. La potencia de instauración del Jugar precipita una suspensión de las determinaciones que hacen-existir. Cuando Jugamos hacemos-existir de otro modo las cosas, al tiempo que nos hacen existir de otro modo: Hacer de un baldío un estadio, de un remiendo de trapos una pelota, hacer de una gambeta, una pisada, una rabona un juguete, hacer de una cuchara una nave que recorre el cosmos, ¿No son evidencia de una profusión de actos poéticos que delinean y pueblan el territorio de Infancia? Hacer de una cosa, otra cosa que nos maravilla y encanta, iniciarse en un nuevo mundo, restituir el asombro de lo desconocido en lo conocido, es el grado cero del efecto poético. Gastón Bachelard aventura que el efecto poético del jugar alcanza a elaborar todo un cosmos, cuando sugiere que "un cosmos joven es una infancia exaltada." En el Jugar anidan promesas de secretas políticas, poéticas y estéticas porvenir, porvivir. Ahí respiran reservas fundacionales de otros modos de existir, una tierra fecunda en hipótesis de vida. Revocaciones de la infancia Revocar es "convocar para cancelar, anular o retroceder un mandato o una resolución”, también "llamar a alguien para disuadirlo o convencerlo de abandonar cierto designio o propósito". A partir de situar la gamificación como proceso de transfiguración socio-histórica que coopta y usurpa el sentido cultural y la potencia vital del jugar, para reducirlo a territorio de usufructo y explotación, entrevemos otra transformación epistémico-política en curso: la revocación de la infancia. Con revocación de la infancia advertimos, por un lado, el desmantelamiento del conjunto de leyes, instituciones y políticas constitutivas del andamiaje jurídico que erige a la infancia como un sujeto histórico, cuya vulnerabilidad debe ser cuidada y resguardada por un sistema de protección integral de derechos. Una reserva protegida de la explotación, la mercantilización, el usufructo, es decir, protegida y preservada de las fuerzas operativas y extractivistas del capitalismo. Ese desmantelamiento se efectúa en algunas líneas de fuerza actuales: -Patologización y medicalización de la infancia: Proliferación y multiplicación de etiquetas diagnósticas (llamados "trastornos", no padecimientos) que se corresponden -sin que nadie lo advierta- con una reducción exponencial de los tiempos y espacios dedicados a jugar, dedicados a construir escenas y tramas lúdicas en común. -Financiarización y endeudamiento de la infancia: En 2024 la Comisión Nacional de Valores habilitó, a partir de los 13 años, el acceso a instrumentos financieros para intervenir en el mercado de capitales. Profundizando un desplazamiento iniciado en la década del '90 (niños a consumidores): de consumidores a inversionistas o intermediarios financieros. En conjunto, pensamos el endeudamiento de infancias y juventudes a través de la proliferación, extensión y alcance reticular de las arquitecturas digitales que multiplican los accesos tanto a juegos cuyo diseño ya incluye estructuras de monetización, como a plataformas de apuestas digitales. -Criminalización de la infancia: En simultaneidad con la baja de edad de ingreso al mercado de valores, se reactiva la imperecedera pulsión punitiva para bajar la edad de imputabilidad a los 13 años. -Hiper-mediatización digital de la relación afectiva con el mundo. -Desmantelamiento de las tramas comunes de cuidado y de juego Pero revocar la infancia no se limita al sistema de derechos que velan por su existencia. Afinamos la lectura hacia una consecuencia más sutil, y por ello, más decisiva de esta redefinición epistémica, política y sensible de la noción de infancia: la delegación de la imaginación poética, que no es sino el fundamento de lo que llamamos Infancia. Extractivismo del Jugar y delegación de la imaginación Bachelard escribe que “la imaginación siempre intenta un futuro. Es en primer lugar un factor de imprudencia (…) algunas ensoñaciones poéticas son hipótesis de vidas que amplían la nuestra”. Pero en carencia de espacios, tiempos, compañías lúdicas en y con las que esas potencias puedan desplegarse, o bien, mediante su puesta al servicio de una retribución económica, se atrofia, enferma la capacidad de jugar, que es aquello con lo que podríamos imaginar otro porvenir que el horizonte de desastre y desdicha que nos ofrece el realismo de devastación del capital. Bachelard le discute al psicoanálisis su preferencia por la adaptación al principio de realidad como signo de buena salud. Piensa que “una vida privada de la función de lo irreal padece tanto como una vida privada de la función de lo real.” Si la función de apertura que es la imaginación no trabaja bien, y no participa como tal proponiendo alternativas, novedades, sueños e hipótesis, ensueños y fantasías, entonces la percepción misma de lo real se empobrece y queda restringida a una suerte de anestesia senso-perceptiva , un embotamiento de la imaginación, provocada por el hábito y la repetición. El Jugar y la infancia (como territorio creado por el juego) suponen incidencias problemáticas para el proceso vigente de monetización exhaustiva de la vida cotidiana. Y esto porque Juego e Infancia constituyen paradigmas de la interrupción, la improductividad, de lo inútil, de la gratuidad, del disfrute y el goce de lo creativo y lo recreativo (una economía del placer no regida por las lógicas del valor, la acumulación y la rentabilidad), representan el disfrute de perder el tiempo. Jugar es el gran saboteador de la economía del rendimiento. Meditando sobre escritura, lectura e imaginación, Úrsula K. Le Guin recuerda que la imaginación no es una forma de hacer dinero, tiene poco que ver con el universo de sentido de la ganancia monetaria: “La imaginación no tiene cabida en el léxico del lucro” escribe, “cuando jugábamos no nos estaban vendiendo nada”. Jugando interrumpimos la inercia del mundo, haciendo nacer otros mundos de esa discontinuidad. La hipótesis de una revocación de la infancia en marcha advierte sobre un estado de clausura de la posibilidad lúdica, un desmantelamiento, en la trama de lo común, de los espacios-tiempos reservados al jugar. Creemos que es esa capacidad de cultivar la imaginación poética, constitutiva de la infancia, lo que está en juego, lo que busca ser destituido. Si esta capacidad de imaginar el mundo jugando peligra, lo que se atrofia es nuestra imaginación para crear instrumentos sensibles capaces de transformar nuestra relación con la vida, entre ellos, esa encarnación colectiva de la imaginación que llamamos política. Nos es familiar la idea de la política como “herramienta de transformación de la realidad”, pero descuidamos que el principio de transformación, transfiguración y transmutación de lo real es un principio de orden poético. No hay política transformadora sin imaginación poética. Quizás necesitemos pensar una infancia de la política. Algo que María Negroni señala cuando escribe “la poesía es la continuación de la infancia por otros medios”. Creemos que, en lo esencial, la revocación de la infancia está apuntando a la detención de la latencia poética que podría animar y donar imaginaciones de otro mundo. Si no sabemos jugar, ya no sabremos imaginar otra vida. No tendremos con qué concebir otras hipótesis de vida en común. Cuando todavía no es demasiado tarde Refaat Alatahatma, es un anestesiólogo Palestino-Boliviano, que reside junto a su familia en Rafah. Hace 3 meses espera que los autoricen a integrar uno de los vuelos que evacúan vidas que sobreviven en Gaza. Relata que fueron desplazados 11 veces de los hogares que fueron improvisando entre ruinas desde que Israel empezó la devastación. En esos desplazamientos forzados, fueron perdiendo todo lo que tenían. Entre esas posesiones, los juguetes de sus hijos. Ayham, el más pequeño, de 4 años, le pide con insistencia una pelota perdida en alguna de las 11 huidas precipitadas por bombardeos. Después de algunas semanas, consigue una para restituir la perdida. Entonces cuenta: “Hace unos días, Ayham volvió a tener su pelota La misma que perdió cuando huimos. La misma que me pidió durante meses, con esa insistencia que solo los niños conocen. Ahora la tiene. Y su sonrisa lo dice todo. Pero no puede jugar en la calle. No hay lugar seguro. La calle en frente de mi casa tampoco. Ya lo vieron a primeros de este mes, cuando todos nos salvamos de milagro. Ayham juega en casa con su hermano mayor. Entre paredes que tiemblan. Sobre un suelo que ya no es seguro. Con una pelota que rebota contra el silencio. Y aun así, juega. Porque los niños de Gaza no esperan a que el mundo les devuelva la infancia. La inventan. La defienden. La celebran.” No se trata de ofrecer una mirada nostálgica, conservadora o impotentizante que trate de retornar a una infancia perdida, sino de señalar la urgencia de crear condiciones para hacer-infancia, como una contraofensiva lúdica a la imaginación apocalíptica de un mundo agotado, como persistencia de una “simpatía de apertura a la vida”, como estocada lúdica que inventa la posibilidad de una carcajada aún entre las ruinas, como reserva lúdica donde cultivar imaginaciones para otro porvenir. Quizás se trate de crear condiciones para dotar de infancia al mundo. Como escribió Mia Couto, “La infancia es cuando todavía no es demasiado tarde. Es cuando estamos disponibles para asombrarnos, para dejarnos encantar”. Resguardar, habitar e intensificar esa temporalidad del todavía no es demasiado tarde. *Este texto corresponde al encuentro inaugural de la Cátedra libre "Poéticas y políticas del derecho a jugar. Decires desde la República Argentina" llevada a cabo por el Consejo Federal por la Defensa del Derecho a Jugar, durante Septiembre y Octubre del 2025. Alessandra Sanguinetti (2003) Los novios. Serie Retratos de la vida en Palestina 2003 - 2004.

  • Manifiesto por la emancipación de les niñes malablades / Anabela Rodríguez Nunes

    A les niñes del mundo, a les que juegan, a les que callan, a les que gritan, a les que inventan palabras donde les adultos sólo ven errores, os decimos: ¡Niñes del mundo, desordenad el lenguaje! ¡LA HORA DE LA REVOLUCIÓN HA LLEGADO! Vamos a tomar los medios de producción del significado y los vamos a tomar hoy. Cada vez que decís "codo" y queréis decir "ombligo", cada vez que inventáis una palabra nueva, cada vez que usáis el "no" como la piedra de la revuelta, estáis produciendo significados fuera de su control. Basta de trucos de magia donde les adultes conjuran la realidad con sus reglas homogeneizantes. Cuando dicen "eso no se dice así, compórtate", están conjurando vuestra desaparición, están borrando un territorio, están disciplinando la lengua. Cuando corrigen, no enseñan: clausuran mundos posibles. Nosotres no conjugamos: desconjuramos. Deshacemos los hechizos que les adultos lanzaron sobre la realidad por medio del lenguaje, desaprendemos la gramática, saboteamos, jugamos. Cuando una niña tartamudea es un motín en la fábrica de fonemas. Cuando un niño inventa una palabra que nadie entiende, no es un error: es la fundación de un mapa lingüístico. Cuando une niñe dice "el gato es redonda", no está equivocando el género, lo está entendiendo todo. Cada vez que dos niñes se inventan un código secreto con miradas, palmadas y onomatopeyas, están construyendo una máquina de guerra contra el imperio de la frase bien construida. Deberemos construir la lengua que habitaremos, pero no lo haremos soles, somos una multitud, un murmullo CONSTITUÍMOS UN DISPOSITIVO COLECTIVO DE ENUNCIACIÓN Escribimos este manifiesto en las paredes, en los pupitres, en la arena del patio, en los envoltorios de los caramelos, en las notitas secretas que pasamos a les compañeres cuando el profesor no mira. Lo escribimos con faltas de ortografía porque las faltas son nuestras trincheras. Lo escribimos en mayúsculas y minúsculas alternadas, porque la alternancia es el ritmo de la revolución. LLAMADO A LA INSURRECCIÓN ¡Niñes del mundo, uníos por una lengua desterritorializada! Tomad las vocales y estiradlas hasta que se conviertan en un chicle color de rosa. Romped las conjugaciones. Inventad pronombres como quien inventa juegos. Desobedeced al diccionario. Usad toda la potencia de vuestros dientes de leche. Y sobre todo: dejad de pedir permiso para hablar. LA HORA HA LLEGADO La revolución no es un destino de adultos: es un juego de niñes que se toman en serio. ¡TOMAD LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN DE LA SIGNIFICACIÓN! ¡QUE EL LENGUAJE SEA UNA GUERRILLA Y CADA PALABRA UN TERRITORIO A LIBERAR! ¡DESCONJURAD! ¡DESCONJURAD! ¡DESCONJURAD! Y cuando alguien os pregunte quiénes sois, responded: "Somos les niñes insurrectes y acabamos de empezar a hablar." Manifiesto redactado por el Frente de Liberación Lingüístico de Les Niñes Malablades en algún recreo de algún colegio de algún lugar. Fechado hoy, porque hoy es siempre el primer día de la revolución. (Anabela Rodríguez Nunes, 2026) Imagen: "Dientes de Leche” . Imagen recuperada online por la autora.

  • Disponibilidades que acompañan y cuidan / Fernando Ceballos

    A mis compañeros acompañantes terapéuticos Sofi, Eze, Franco, Vane, Marcia, Fio “Es con el ambiente que sanamos a la gente”. Jean Oury Estar disponible no es estar veinticuatro horas todos los días. Estar disponible es ofrecerse, es dar a conocer una presencia, es acercarse a ese que sufre dando conocimiento de que allí puede haber otro, un semejante. Un nombre, un horario, un lugar y un tiempo. Y ese ofrecimiento tiene que ver con el tiempo al cual uno se dispone. Ofrecer tiempo, eso es estar disponible. Esa “presencias cercanas” de las cuales hablaba Deligny. Hola buenas tardes. Soy Fernando. Pertenezco al equipo de salud mental, hoy voy a estar de 14 a 20 horas. Vamos a pasar durante la tarde a invitarte a que puedas participar de diferentes actividades. No estás obligado a participar, pero para nosotros sería muy bueno que te puedas integrar, salir un poco de la habitación. Más allá de esto cualquier cosa que necesites, o necesites hablar un rato con alguien, me podés buscar allá en esa oficina de salud mental o pregunta por mí en la oficina de enfermería. Muchas gracias. Una presencia con un aire de gentil compromiso que oficia de anfitrión hospitalariamente posibilitando un espacio, otro espacio, otra dimensión. “No resulta fácil desarmar cerrojos que separan y distinguen entre una atención que se llama individual y otra que se nombra grupal. La presencia simultánea de soledades que se desconocen entre sí, suele considerarse abundancia que apabulla, dispersión que diluye lo particular, impedimento de una exclusividad1”. Después de las 16 horas la puerta se abre mágicamente y el pasillo de la sala de internación de clínica médica de un hospital general se alarga por la tarde. En ese preciso instante aparece otra dimensión. Una especie de universo paralelo que se abre como una desgarradura del sistema, deshilachando estigmas, prohibidos y los no se puede; descifrando sintagmas rotos, fantasmas, fragilidades, claroscuros, perplejidades, extrañezas. Cartografías de un lenguaje que va y viene, creándose cada vez e irrumpiendo pleno en un ambiente petrificado por los procedimientos. Y estamos ahí locos o no, fuera de toda categoría, fuera de todo sentido. Abrimos, no para en-cerrar. Abrimos, para permitir abrir-se. Dimensión que respeta al otro en el momento de su dispersión, posibilitando una frontera, porque si la apertura no tiene bordes se transforma en un pozo sin fondo. Bordes que ayuden a apoyarse, a respetarse en la palabra, en el deseo, en las decisiones. Bordes que delimitan un adentro ávido de mostrarse. Un adentro plagado de afuera. Esta dimensión aparece cuando uno de los pibes que cursaba una internación, después de haber decidido irse de la institución sin el alta correspondiente, a su regreso nos dice: yo me fui porque acá me aburro. La palabra aburrimiento retumbó de lleno en nuestra sensibilidad ya que, a partir de esas palabras empezamos a ver que no había en nuestro trabajo clínico, un lugar para “el estar internado” que sea diferente a lo que propone la lógica manicomial: dormir, comer, encerrarse en la habitación, tomar la medicación a horario, controles cada 6 horas, respetar las normas a rajatablas, no propiciar ninguna crisis, no deambular por el hospital, entre otras cosas que hace una persona que está “normalizada”. Claudia Baffo en una investigación de internaciones de salud mental en hospitales generales de Río Negro, dice: “Hallamos que la continuidad de cuidados aporta accesibilidad a la internación, la cual es valorada por los usuarios como una etapa del tratamiento, mientras que el aburrimiento se conceptualizó como una de las formas de violentación institucional”2. El aburrimiento como otra de las modalidades en que las diferentes capilaridades de la violencia institucional disciplinan los cuerpos sosteniendo esa lógica de normalización. Modos en que esos cuerpos rutinizan sus movimientos, sus discursos, sus gestos. Modos en que las instituciones sujetan subjetividades inconformes. Pero también sabemos que esos modos clasificatorios muchas veces arropados de violencia, no llegan a todos aquellos que habitan los hospitales intentando encontrar otras clínicas posibles. Existen otros modos en donde el otro está presente desde su historia, su cultura, sus palabras, sus deseos, sus demasías, sus inclemencias. Existen otros modos porque existen otras sensibilidades. “Saberes que se revalorizan y surgen desde abajo, desde las periferias de la sociedad, no necesitan validarse por discursos científicos y oficiales, pues no hay nada más válido que lo que se vive en propia carne, en la casa, en el barrio, en la comunidad. Es a partir de ahí, y sólo desde esa posición, que estos saberes resignifican los saberes oficiales, hegemónicos, visibilizando voces y prácticas que han sido descalificadas”3. Apenas han terminado de tomar la merienda, y cuando el carro que reparte la leche se aleja ruidoso y chueco por el pasillo hacia la cocina, ya se pasean al frente de la puerta de la oficina del servicio de salud mental insistiendo ser atendidos en sus demandas. Y como imponiendo su deseo, al que sale o al que entra le piden algo: galletitas, lápices para dibujar, la impresión de un dibujo, una musiquita, un mandala para pintar, jugar un bingo, unos mates. ¿Puedo entrar? Todavía no. Esperen un ratito. Bueno ahora sí. Llegan sin invitación previa. “Porque el asombro autoriza el encuentro, la sorpresa del encuentro. El azar hace el tejido de un encuentro”4. Ya son las 16 y la tarde toda se abre en un sendero de cuidados. Y se van metiendo de a uno. Despacito desparramando sigilo, miradas, sonrisas, desparpajo, creatividad, interrogantes, timidez. Todos saludan y piden permiso, excepto la que fuma mucho. Entran a una dimensión de disponibilidad que los acompaña y cuida, capaz de contener lo múltiple, lo diverso, lo heterogéneo. Acrobacias cimarronas que acompañan y cuidan dando su presencia. Una acequia que refresca pensamientos, apacigua desenfrenos y desaburre cotidianidades. Refugio de un común hablar que posibilita demoras y relevos para tanta inconformidad, donde se resignifican y cobran valor esos pedacitos de genealogías esparcidos por el aire. Es desde allí, en ese espacio y tiempo, donde se urde la historia individual y las trayectorias colectivas y “se hace semblante a la indiferencia presumida del mundo”5. Ingresan. Se acomodan en lugares que van apareciendo espontáneamente según su elección alrededor de la mesa. Y entran en esa dimensión otra que les devuelve miradas, abrazos, palabras, deseos, pedidos, recelos. Hay momentos también en donde los reproches se hacen escuchar. Hasta se mandan al frente entre ellos. Quieren exclusividad. Yo llegué primero. No, si está él, vuelvo después. Yo también quería poner un poco de música. A mí no me gusta la música que él elige. ¿Porque él tiene acompañante y yo no? Incomodidades del estar con otros que propone la diferencia de lo colectivo. Hasta que, en un instante, así inesperadamente, aparece como cierta armonía. Se apaciguan los movimientos y se acomodan los cuerpos. Un momento en donde cada uno intenta ocupar ese lugar sin invadir, sin someter, sin expulsar al otro. Ella, ante el barullo, el tumulto y las turbulencias, aprovecha el cambalache y por un ratito “se adueña” de una de las acompañantes. Cuando él se da cuenta hace un berrinche. Se calma cuando se percata de que todos lo estamos mirando. La acompañante es una joven que despliega ternura y deja una estela amorosa en cada intervención. Todos y todas quieren ser acompañados por ella. Están ahora mirando fotos de cuando él era pequeño en el celular de ella. El chino me decían, me dice. Miro las fotos, es un chino. El otro se queda merodeando buscando favoritismo. Hace unos días que ya no intenta irse de la internación. La última vez que vino su madre, él le pidió algo y después le dijo que se fuera. Hay como un dejo de tristeza incrustada en ese rostro desde que su mamá no apareció más. Una resignación que puede ser entendida como compensación o estabilidad siguiendo la lógica de la normalización. Pero hay tristeza. No llora, ni hace escándalos ni crisis ni está violento ni tampoco está echado en la cama todo el día. Sólo aparece con su tristeza a cuesta. Va y viene. Y la verdad esa imagen pega de lleno en miradas que la miran. Miradas que lejos de clasificar, miran esos ojos opacos, desvanecidos, sin brillo. Intentamos hacer aparecer ese brillo, pero cuesta. No hay caso. Pero de repente nuevamente aquella acompañante llega plena a ese encuentro. Hace gestos afectivos, lo abraza. Lo mira de lleno. Él se da cuenta. Se deja llevar por esa aura que envuelve la escena. Se queda allí como hipnotizado. Sigue cada juego, cada convite. Y regresan esos chispazos de brillo en esa mirada. Chispazos que ayudan a aguantar el cimbronazo. El otro, con cachetes plagados de pecas, encontró también esa mirada en otra acompañante terapéutica que derrocha hospitalidad y que lo invita a escribir. La escritura hace vomitar palabras que riman. A mí me gusta el Rap, dice. Y va escupiendo palabras que riman. Palabras que encuentran tonalidad sensible en donde la disponibilidad cuida. La acompañante se sorprende ante ese rapto de creatividad adormecido. Él arremete con otra estrofa, y otra y otra. Tiene una pila como de veinte papelitos de prescripciones médicas llenas de rimas que prescriben atardeceres, calles, peleas, deseos, ganas, dolor. Otro se cansó de esperar algo que no estaba recibiendo y se fue a dormir un rato. La otra mira como hace el que escribe para escribir de esa manera. No puede entender ese momento. El ambiente es fluido, agradable, acompasado. Se armó un bingo de repente y la morocha que ingresó esta mañana, con rostro de cacique y pelo ennegrecido que cae como flecha hasta su sonrisa impecable, hace de Riverito cantando los números. Se sabe todos los números de la quiniela. 27 la misa, 55 la música, 64 el llanto, dice. Yo le invento algunos para ver si realmente era verdad esa sapiencia quinielera. Se enoja, me reta y me expulsa del bingo por desconfiado. De repente llega la que fuma mucho y pide ir a fumar unos puchos. La acompañamos. Hablamos. Fuma como si los cigarrillos se fueran a terminar esa misma tarde, no los de ella, sino todos los cigarrillos. Fuma irrefrenablemente enojada con el mundo. Antes de terminar un pucho está encendiendo otro con el que acaba de fumar. En la humareda dice ¿Puedo pintar? Claro. ¿Te gusta pintar? Yo pinto con témpera. Hice muchas pinturas, dice. Llega de fumar y se acomoda en la punta de la mesa, acerca unas témperas en una especie de cubetera que le permite tener variedad de colores. Y pinta. Pinta rostros. Pinta con una cadencia que impresiona. Pinceladas de rojo, verde y negro marcan un rostro de mujer. Sólo ella puede hacerlo tan bien, con ese asombro furioso que le permite su creatividad. El que pone música está absorto de lo que está viendo. Se olvida por un momento del ritmo cumbiero que marcaba con sus pies, y se queda petrificado ahí mirando cómo ella desparrama su arte. De repente se levanta y le dice: yo le podría un amarillo. Ella por primera vez saca los ojos de su pintura y lo mira furibundamente. Un instante de tensión se apodera del espacio. Vuelve su mirada a la pintura. Saca un pomo de color amarillo y hace un trazo. Graciaz, le dice suavemente terminado con z. El DJ, se sienta nuevamente en su lugar. Se arma el mate. Circula en una ronda que pareciera que no tiene conexión, que son individualidades que se unen nada más que por el mate y el ambiente acogedor. El mate permite la mirada. Cuando se lo pasan se miran. Algunos así nomás, otros se sonríen, otros simplemente se miran. Cuatro juegan al bingo, uno musicaliza el contexto, otro entra y sale como desafiando al umbral. Otra hace sopa de letras. Otro, calca una figura de Dragón Ball en el trasluz de la ventana. Y ella pinta. Hablan entre ellos, se pasan cosas, se miran, se tocan, se cuentan historias inverificables. El tiempo pasa enlentecido y plácido. Hay chispazos de atardeceres en donde la juntada se hace necesidad. Y atrás de todo, despacito pero no por ello menos alegre, Los Continuados acompasan cumbieramente el ambiente. Después de las 16, la tarde es una burbuja que se hace propicia para poder habitarla sin enloquecer. “Y puede entonces crearse el espacio del decir. El espacio del decir, no es algo que encargamos, así como así, en el lugar: “¡Yo voy a hacerles un espacio del decir!”, es algo que llega allí, como un efecto de sentido o un efecto de emergencia. Podemos pensar entonces que hay “semblante” por ahí, la emergencia de algo en relación con el orden del decir, de un decir que no se dice. (…) Podemos tener acceso a uno u otro, pero sobre todo por los intersticios, es decir, por los entredichos, a través de algo que justamente los va a “conjugar”, y que está entre las palabras. Lacan decía: “Entre las palabras y entre las líneas”. El sentido está entrelineas. Sabemos bien que el contexto (refiéranse a Roland Barthes, Hjemslev y otros),el contexto, es justamente aquello que da lo connotativo, el sentido”6. Una dimensión como un deslizamiento constante, un hálito que no conoce categorías, una serie continua de transformaciones que se complementan en un ambiente común. No existe un a priori que lo limite, no se cristaliza en un estado. Las actividades no son regladas, sino inventadas en el fragor de la tarea y son como esos zigzagueos de un río de llanura que va trazando cartografías en un tiempo que no es lineal y se desencadena a sí mismo en su propio acontecer. “(…) es desde otra práctica clínica, que ya no sea solo patrimonio de psiquiatras y psicólogos, sino de todos aquellos que participen en la atención al sujeto de la demanda, y el sujeto mismo. Una clínica del sujeto en su contexto, una clínica de la dignidad”7. Un remanso que abraza cuerpos bohemios atormentados, heridos de ausencias, de desamparos, de por-venir, de estigmas. Cuerpos que irrumpen inesperada e inconformemente en escenarios petrificados por protocolos estandarizados en donde la transferencia se desplaza al llenado de un cuestionario, o donde una conversación se transforma en un interrogatorio conformando un discurso exclusivamente clasificatorio, sustentado en una lógica distributiva y valorativa que conforma binarismos: normal-anormal, loco-cuerdo, tranquilo-agresivo, estabilizado-excitado, etc. Entonces se abre esa puerta como un portal que intenta revalorizar en esta dimensión esos saberes del acompañamiento y del cuidado subalternizados por la hegemonía psi, que existen y surgen al margen poniendo el cuerpo e inventando estas otras posibilidades clínicas. “Quizás sólo se trata de decir que las clínicas que hacemos no dependen tanto de un escenario o de gestos aprendidos en las universidades, como de la puesta en juego de una posición. Ensambles entre el deseo de hablar y el deseo de escuchar. Conjugaciones entre el deseo de saber y un saber sobre lo no sabido”8. Es desde éste punto de vista que resulta crucial pensar en la legitimidad de esos saberes que germinan por fuera de un consultorio o un diagnóstico como una forma de pensamiento entre varios. El conocimiento que surge en estos espacios no replica las estructuras formales de una clínica hegemónica que propone un tratamiento, sino que está nutrido de creatividad, solidaridad y “transformaciones subjetivas”. Es ese “entre” sinuoso que va hilvanando múltiples relaciones heterogéneas. Ese devenir que se muestra siempre en tensión y que tiene una visión plural del mundo que no intenta tolerar la diferencia, sino de habitarla. Oficios del acompañar y del cuidar. Creaciones por fuera de lo establecido que refundan nuevas miradas, abrazos, gestos o escuchas “sacadas de la galera” para cobijar sufrimientos, desesperanzas, alegrías, logros. Corazonadas que iluminan el escenario rutinario y lo transforman en estrategias clínico-políticas que ni nosotros sabíamos que sabíamos. Compromisos guardados o negados que aparecen redondamente en el momento justo cuando desaparece la ciencia. “Es una pasión ética la que nos hace permanecer en este espacio: el espacio de acogida de una lejanía, de un imposible. Esta acogida de lo inaparente, de lo aún no dicho, pone en cuestión nuestra base, nuestra comodidad”9. Para desbaratar esa parafernalia de dispositivos biopolíticos que nos plantea el modelo, nos propusimos abrir esa puerta como una picada que atraviesa la linealidad cientificista para que las tardes no sean lentas, lacias y planchadas, sino que sean nuestras y se puedan transportar a otra inmensidad sensitiva de iguales. Y así se fue desplegando un momento sublime de la tarde para acompañar y cuidar. Ellos y ellas se acompañan y se cuidan. Nos quieren hacer creer que es imposible generar estas dimensiones. Por eso abrimos esa puerta también como una trinchera del encuentro hacia una nueva clínica que intenta profanar desde la liberación de la potencia de lo impensado, desde un impoder que, como políticas de lo común, sustituye lógicas manicomiales incrustadas en prácticas hospitalarias. “No se trata de transgredir por transgredir, profanar por profanar, inventar por inventar. El asunto reside en autorizarse a imaginar clínicas a medida de lo que se necesite. Desaprender solemnidades académicas para imaginar estados de palabra en los espacios en los que transcurre la existencia”10. Clínicas que sostienen cadencias que se acompasan al son de la música, la risa, el mate, los colores, las palabras, las miradas. Cadencias que se complementan y por un momento intentan ser otros y otras. Cadencias que sostienen ráfagas de ternura y hospitalidad. Cadencias que conjugan sensibilidades desamparadas. Cadencias que hilvanan secuencias de desolaciones que intentan cobijarse en una mirada que no exige resultados ni propone categorías. Cadencias que se complementan a través del juego y la invención. Cadencias que generan esa llamita que calienta inconformidades. Cadencias que nos transportan a otra dimensión en donde el aburrimiento no tiene lugar. 1 Percia, Marcelo. Clínicas profanas. Revista Adynata, julio 2023. https://www.revistaadynata.com/post/clínicas-profanas---marcelo-percia 2 Baffo, Claudia. Internaciones por salud mental en sala común de hospitales públicos en Río Negro: modelo de atención y valoración de usuarios y profesionales. Tesis doctoral UNLa. Doctorado en Salud Colectiva. Cohorte 2016-2018 3 Ríos, “Cachito” Leandro. Saber en lo cotidiano. Revista Topía. https://www.topia.com.ar/articulos/saber-lo-cotidiano 4 Oury, Jean – Depusse, Marie. A qué hora pasa el tren… - Conversaciones sobre la locura. 1ª ed. – Ediciones Té de Boldo – Córdoba 2022. Pág. 34 5 Depusse, Marie. Dios habita en los detalles. La Borde, un asilo. 1ª ed. – Córdoba. Ediciones Té de Boldo, 2025. Pág. 62 6 Oury, Jean. Libertad de circulación y espacio del decir. Ediciones Té de Boldo. https://www.tedeboldo.com.ar/fanzines/LibertadDeCirculacion.html 7 Desviat, Manuel. Pensar la salud mental: aspectos clínicos, epistemológicos, culturales y políticos. Editor Omar Alejandro Bravo. Una publicación de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales № 11 octubre, 2016 8 Percia, Marcelo. Clínicas profanas. Revista Adynata, julio 2023. https://www.revistaadynata.com/post/clínicas-profanas---marcelo-percia 9 Oury, Jean. La psicosis, la institución, la muerte. Ediciones Té de Boldo. Córdoba, Argentina. https://www.tedeboldo.com.ar/fanzines/LibertadDeCirculacion.html 10 Percia, Marcelo. Clínicas profanas. Revista Adynata, julio 2023. https://www.revistaadynata.com/post/clínicas-profanas---marcelo-percia Bibliografía Baffo, Claudia. Internaciones por salud mental en sala común de hospitales públicos en Río Negro: modelo de atención y valoración de usuarios y profesionales. Tesis doctoral UNLa. Doctorado en Salud Colectiva. Cohorte 2016-2018 Depusse, Marie. Dios habita en los detalles. La Borde, un asilo. 1ª ed. – Córdoba. Ediciones Té de Boldo, 2025. Desviat, Manuel. Pensar la salud mental: aspectos clínicos, epistemológicos, culturales y políticos. Editor Omar Alejandro Bravo. Una publicación de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales № 11 octubre, 2016 Oury, Jean. La psicosis, la institución, la muerte. Ediciones Té de Boldo. Córdoba, Argentina. Oury, Jean. Libertad de circulación y espacio del decir. Ediciones Té de Boldo. https://www.tedeboldo.com.ar/fanzines/LibertadDeCirculacion.html Oury, Jean – Depusse, Marie. A qué hora pasa el tren… - Conversaciones sobre la locura. 1ª ed. – Ediciones Té de Boldo – Córdoba 2022. Pág. 34 Percia, Marcelo. Clínicas profanas. Revista Adynata, julio 2023. https://www.revistaadynata.com/post/clínicas-profanas---marcelo-percia Ríos, “Cachito” Leandro. Saber en lo cotidiano. Revista Topía. https://www.topia.com.ar/articulos/saber-lo-cotidiano Adriana Lestido. De la serie Hospital Infanto Juvenil 1986-1988

  • Cosa seria es el jugar / Anabela Rodríguez Nunes

    Se dice que estamos en octubre, que apartamos con el pie las flores que caen. Se dice que caminamos cogiendo de la mano a Véronique Legrand. Se dice que somos el opoponax. Monique Wittig Dice Agamben que la felicidad no se encuentra en la acumulación, sino en la capacidad de reinventar el mundo a través del lenguaje y la imaginación, una facultad que es el verdadero reino de la infancia. Desde luego estamos necesitades de nuevos lenguajes e imaginarios políticos en estos tiempos de penuria, fascismo, colonialismo sionista, imperialismo. Las cosas se presentan hechas de una vez por todas, como cerradas y clausuradas, las estructuras de poder intentan entristecer con todas sus armas, metafóricas y literales. Esta necesidad de erguir imaginarios políticos del deseo y la posibilidad frente a un presente inadmisible nos lleva a levantar la infancia como un fusil en la lucha armada por el porvenir-hoy. Entendemos la infancia no como un espacio de nostalgia desde el que contemplar una pureza perdida, sino como una potencia política creadora, el acontecer del acontecimiento, una fuerza plástica que traza mapas de lo que aún no existe. Apelamos por tanto a todas las potencias de les niñes, a lo infantil como operador de sentido, una forma de estar, hacer y maquinar sobre lo que existe. La infancia funciona como una política otra por ser una forma de experiencia y percepción que conserva la capacidad de cuestionar y renovar la comprensión del mundo, es una potencia que reta a la estructura misma del capital, porque no produce según sus lógicas. Porque pierde el tiempo. Porque es indisciplinada. Porque juega. Porque desvía los objetos de su función útil y los entrega a otros usos. Porque balbucea. Porque no habla correctamente la lengua del poder. No se trata por tanto de representar les niñes sino de operar como elles, devenir niñe une misme. Les niñes habitan un mundo todavía mutable, donde las categorías no han terminado de endurecerse. Esa percepción infantil no representa un estado prepolítico: es ya una lucha contra la captura. Por eso devenir-niñe no significa regresar a la niñez, sino entrar en un proceso revolucionario de desidentificación. Devenir-niñe: una intensidad, un proceso revolucionario donde se deja de repetir lo conocido y se arriesga a una apertura, una nueva composición. Devenir-niñe: un operador de sentido, no una representación. Devenir-niñe: mantener abierta la potencia de lo inacabado frente a todas las formas de gobierno que quieren fijarnos de una vez por todas y para siempre. Devenir-niñe: encarnar una relación distinta con lo posible, abrir nuevas formas, engendrar comunidades otras. Lo que aquí tenéis es, por lo tanto, un juego. Aquí escribimos y hacemos desde ese gesto lúdico como modelo para una política utópica material concreta discontinuista otra que busca desactivar los mecanismos de poder que capturan la vida y la experiencia. Como dice el pequeño Bergamín “Si le niñe juega porque es niñe o es niñe porque juega. Pensar es, para le niñe, jugar: poner en juego, graciosamente, las imágenes de su pensamiento. Poner, que es lo que hacen les niñes, todas las cosas en juego”. (Anabela Rodríguez Nunes, 2026) Imagen sin créditos, recuperada de https://www.are.na/edelweiss/deep-ecology-htb7a3pw1va

  • La EÑE también es gente / María Elena Walsh

    La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la eñe. ¡Señoras, señores, compañeros, amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta la apócope. Ya nos han traducido el pochoclo. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el ~. ¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? ¿Entre la fauna en peligro de extinción figuran los ñandúes y los ñacurutuces? ¿En los pagos de Añatuya cómo cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo? ¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní? "La ortografía también es gente", escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui. A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta. Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables nativos! Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta. No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio. Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania. La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera dónde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet! La eñe también es gente. Originalmente publicado en 1996. Más tarde, fue recopilado en su libro Diario brujo (Buenos Aires, Espasa, 1999). Gómez de Liaño, Ignacio El bosque de las letras 1972 Técnica mixta sobre papel 31 x 47,5 cm

  • La infancia es una fruta / Edurne Batanero

    El verbo materno Las cuerdas vocales están tejidas por las manos maternas, dentro vientre que compartieron hilvanan la sangre, depositando, como quien siembra un trozo de pulpa esperando amapolas el verbo que se hizo carne. Late el habla en esa cuerda se enredan palabras que nunca quiso aquí la madre, que la garganta me la diste tú pero lo que brota es mío, no puedes cortar los hilos, ni protegerme para que no tenga que nombrar lo que ninguna madre quiere. *** Dientes de leche Llámame con un nombre unido a una muy antigua y olvidada ternura Alejandra Pizarnik Revives en este espacio la ternura que perdemos al salirnos los dientes, al poder decir las primeras palabras cuando solo nos guía la piel y el conocimiento a través de nuestra boca. Algún día te presentaré a la niña que fui. Fuente: En Infancia es una fruta. Vaso Roto Ediciones 2024. Peter Andrew Lusztyk Fruits 2021 Impresión Digital 101.6 × 152.4 cm

  • “Boca” (en la Conjuración Sagrada)/ George Bataille

    La boca es el comienzo o, si se quiere, la proa de los animales: en los casos más característicos es la parte más vivaz, es decir, la más aterradora para los animales vecinos. Pero el hombre no tiene una arquitectura tan sencilla como los animales, y ni siquiera es posible decir dónde comienza. En rigor comienza por la parte superior del cráneo, pero lo alto del cráneo es una parte insignificante, incapaz de atraer la atención y son los ojos o la frente los que desempeñan el papel significativo de la mandíbula de los animales. Entre los hombres civilizados la boca incluso ha perdido el aspecto relativamente prominente que todavía tiene entre los salvajes. No obstante, la significación violenta de la boca se ha conservado en estado latente: se recupera de pronto con una expresión literalmente caníbal como bocas de fuego, aplicada a los cañones por medio de los cuales los hombres se matan entre sí. Y en las grandes ocasiones la vida humana todavía se concentra bestialmente en la boca, la ira que hace apretar los dientes, el terror y el sufrimiento atroz que hacen de la boca el órgano de unos gritos desgarradores. Resulta fácil observar al respecto que el individuo trastornado levanta la cabeza estirando el cuello frenéticamente, de modo que su boca llegue a ubicarse, tanto como sea posible, en continuidad con la columna vertebral, es decir, en la posición que normalmente ocupa en la constitución animal. Como si unos impulsos explosivos debieran surgir directamente del cuerpo a través de la boca en forma de vociferaciones. Este hecho pone de relieve a la vez la importancia de la boca en la fisiología o incluso en la psicología animal y la importancia general de la extremidad superior o anterior del cuerpo, orificio de los impulsos físicos profundos: vemos al mismo tiempo que un hombre puede liberar esos impulsos al menos de dos maneras diferentes, con el cerebro o con la boca, pero apenas se tornan violentos se ve obligado a recurrir a la forma bestial de liberarlos. De allí el carácter de constipación estrecha de una actitud estrictamente humana, el aspecto magistral de la cara con la boca cerrada, hermosa como una caja fuerte. Donata Minderytė, Su boca era alta moda, 2026, Oleo sobre tela, 140 × 105 cm

  • De Brasi esparcidor de pistas [1] / Marcelo Percia

    1. Ensayo sobre el pensamiento sutil. La cuestión de la causalidad. La causalidad en cuestión es el último texto de una trilogía.[2] La idea de trilogía no remite sólo a tres libros, señala la persistencia de una búsqueda, la insistencia de una ética, la resistencia de una política, la consistencia de una soledad que espera. Un intelectual vive siendo lo que piensa, lo que no puede dejar de pensar, lo que imagina que sería posible si no pensara sólo lo que piensa. 2. El libro se inicia con un poema de Wislawa Szymborska que termina con estos versos: “Todo principio / no es más que una continuación, / y el libro de los acontecimientos / se encuentra siempre abierto a la mitad”. La vida es un instante en el curso histórico de un movimiento interminable. Todo pensamiento acontece en la mitad: entre lo pensado y todavía por pensar, en medio de algo sin comienzo y sin final. 3. En su Ensayo sobre el pensamiento sutil, Juan Carlos De Brasi intenta “deslindar la causalidad de la determinación”, lanza la piedra de una posibilidad a la vez determinada e incausada: ética de lo posible, absoluto político que sostiene que todo lo que es podría no ser o devenir de otros modos. La causalidad soporta la herida íntima de una desterminación que nunca termina de cicatrizar. De Brasi no opone certezas a incertidumbres, objetividad a subjetividad, cerrazones a aperturas, arrogancia a actitud dudosa (el método de la vereda de enfrente); sigue otros senderos: recorre los labios sensibles de lo herido, afina el oído para escuchar lo que pudo y no pudo decirse en esos cortes. 4 En otro pasaje del poema de la misma escritora polaca se lee que la casualidad juega con nosotros, la proposición podría interpretarse como que somos títeres de sus caprichos o que ella es nuestra compañera de aventuras. La casualidad ríe de las previsiones humanas. De Brasi se pregunta (siempre se pregunta) si la determinación se opone a lo azaroso. Recuerda que Mallarmé decía que “un golpe de dados jamás abolirá el azar” y añade que “la tirada de dados sostiene el azar como uno de los componentes de la determinación”. Así se comienza a comprender qué anuncia la de(s)terminación: la intención debrasiana de no desalojar a lo viviente del argumento. 5. La cuestión de la determinación está afectada por el agregado de la letra ese en el vocablo desterminación. De Brasi indica que “lo que está determinado en su trazo se encuentra de(s) terminado en el acto de su movimiento”. La vigésima letra de nuestro alfabeto participa, entre otras cosas, en la intuición de lo plural y en el prefijo (des) que trastorna el significado y sentido de las cosas. Desterminación no es un término más, sino una idea que ayuda a entrever lo que el pensamiento sutil llama la praxis de un sujeto singularmente colectivo en condiciones que son (siempre) sociales e históricas. [3] 6. El libro de De Brasi parece un manifiesto político a favor de una ética que no detenga la vida. Expresa su programa así: “la vida no debe paralizarse”. Dejar que la vida sea no es una excusa vitalista, sino la advertencia de que el pensar –que siempre fue impulso para vivir sin miedo a la muerte, a la soledad, al amor- puede también encerrar la vida e impedir su potencia plena para todos. ¿Qué paraliza la vida? El ensimismamiento, la culpa, la no elección de lo que cada uno va siendo. De Brasi escribió una vez que “si la envidia hablara, diría: quiero tu aliento vital, tus posesiones me son indiferentes”. Sin eso que llamamos aliento vital, deseo, potencia, complicidad, la vida se detiene. La ética debrasiana es posada de la potencia: en su escritura el deseo repone fuerzas. A su posición se opone la vergüenza: si ética es alegría que elige, en su devenir, la posibilidad de lo que todavía no es; la vergüenza es indecisión y negación de lo que se podría llegar a ser. La vergüenza, en su inacción, consiente la detención de la vida. 7. En Notas mínimas para una arqueología grupal (2003) De Brasi recuperaba la insistencia de lo grupal como equívoco feliz entre pensamiento y política: equívoco (en ese momento) necesario “para que un fututo distinto -en todas la direcciones- sea posible”. Lo grupal fue su astucia teórica para, pasando por los grupos, llegar a pensar las condiciones históricas de producción de subjetividad. 8. Recuerda De Brasi que La explosión del sujeto (1996) “trató de llevar hasta su frontera, a menudo forzándolo desde dentro, al discurso freudiano, para hacerle decir lo que no quiso ni pudo o no alcanzó a decir”. De Brasi recorre territorios hasta alcanzar sus límites, sabe que en esos bordes bulle lo expulsado o lo que resta fuera de dominio. Sus preguntas acampan en esas líneas. Suele memorar que “en cuestiones de pensamiento, como en cualquier otra ‘se trata de encontrar el problema y por tanto de plantearlo más aun que de resolverlo’”. 9. A propósito del desfondamiento del sujeto clásico escribe: “La multiplicidad de componentes y lógicas que lo poblaban hizo colegir que su fondo no era más que un abismo, mezcla de fugaces e irrepresentables transformaciones”. Suele imaginarse el fondo como lo más desconocido y oculto (en el fondo del mar, tocar fondo para salir a flote) o como el plano más alejado del espectador (el fondo de la sala). El fondo se presenta como lugar de sentimientos íntimos y sinceros (en el fondo de mi alma, en el fondo de mi corazón) o como refugio de lo más importante (el fondo de la cuestión). También el fondo como última línea (los cuatro del fondo en el fútbol) o como imaginario del dinero (hagamos un fondo común, un tipo con escasos fondos). Todavía aparece en expresiones como: hay mar de fondo, un pozo sin fondo, vive en los bajos fondos, fondos buitres, música de fondo o fondo editorial. La idea de sujeto quedó colonizada por la ilusión de un fondo: algunos creen que el sujeto del inconsciente es el fondo psicoanalítico del yo, suponen que el yo es apariencia, la persona máscara, el individuo unidad de control y el sujeto fondo profundo y verdadero de todas las superficies. De Brasi recuerda que lo humano no puede fondear o anclar definitivamente en nada (“su fondo no era más que un abismo”). Vivir es abismarse, no caerse del paraíso sino caer en lo posible. Si la idea de tocar fondo como límite, tranquilizaba (ya no puedo caer más bajo, peor no me puede ir), la caída de la que ahora se trata es la caída en el vivir: ese vértigo intranquiliza. La explosión del sujeto es experiencia del abismo: estallido como inquietud que cae, explosión como hemorragia de la mismidad, un poco detenida por el torniquete de la representación. De Brasi sabe que abismarse supone atravesar lo irrepresentable: eso que se mueve, danza, bulle entre las representaciones; las representaciones son balcones, cornisas, bordes, para asomarse a lo que, por no tener nombre, llamamos lo otro. Cuidar lo otro de la codicia de la representación equivale a guardar semillas no estalladas del pensar. 10. De Brasi trabaja en los límites de las definiciones congeladas, les arranca balbuceos inseguros, insinuaciones audaces, gestos que dicen otras cosas, se desprende de lo dicho, presta atención a lo no dicho o dicho a medias, a lo impensado o pensado en los márgenes. 11. No vale cualquier ocurrencia o intuición atolondrada en el juego del pensar. 12. Llamamos complejidad a lo que resiste nuestra simplificada comprensión, llamamos libertad a lo que no se deja poseer ni dominar, llamamos realidad a lo que se reduce a conjuntos de opuestos, ramilletes de dualidades uniformadas. Sin una urdimbre no se puede tejer una trama. De Brasi llama subjetividad a un hueco a la vez interno y externo, a una existencia porosa, permeable, interpenetrada, a la potencia diseminada que somos (antes de ser capturados por la organización de la anatomía o los sistemas psicológicos). Escribe: “se trata de una exterioridad -que deshace la barrera de lo interno y lo externo- porosa (de póros, vía de comunicación y reciprocidad), permeable e interpenetrada. El cuerpo es su enclave”. 13. Sutil es la hendidura por la que deviene lo inesperado, escribe: “Sutil es el nombre de un pensamiento que indica su avance por los senderos menos previsibles. Aquellos donde el pensamiento ejerce su máxima potencia realizativa”. Se suele confundir crítica con descalificación. Con las ideas pasa lo que con otros objetos de consumo: se exhiben como trofeos renovables o se las arroja a la basura junto a los productos vencidos. La actualización (estar al día) anima la fiesta del capitalismo. El despilfarro de ideas deja el residuo de un repetido repertorio de frases hechas que, con el tiempo, terminan en carpetas clasificadas. Los profesionales son coleccionistas. El sentido común es una de las prisiones del pensamiento. 14. De Brasi vive lejos del mundo académico, del perímetro de los suplementos de cultura de la industria periodística y de otros circuitos de mercado. Escribe para el porvenir notas que nadie le solicita, de allí su humildad y su arrogancia: humildad del que sabe que, en la eternidad, sus apuntes serán olvidados y arrogancia de quien, aún así, escribe con el deseo de que su palabra fecunde en un mundo por nacer, más allá de su mínima existencia. 15. Estos tiempos humanos serán recordados no tanto por lo que nos es dado conocer, como por los modos que practicamos de olvidar, ignorar, desestimar lo que no conviene o no se quiere tener en cuenta. La civilización actual proclama el ideal de una vida tranquila, incluso diseña momentos intranquilos como excepciones dosificadas que vigorizan el todo bien de la tranquilidad. Pocos autores se sueltan de la complacencia de lo ya definido, menos se dedican a buscar (en repetidas nociones) fisuras de un manantial negado: pliegue del que emana (y del que mama) el deseo de pensar de otro modo; sólo algunos afirman que los conceptos son históricos. El pensamiento sutil difunde intranquilidad: el sentido de una ética que espera una oportunidad desprendida del curso de un movimiento colectivo. 16. De Brasi dialoga con fantasmas, espectros que no mueren porque todavía tienen algo que decir. Aloja voces que hablan en sus palabras. La figura del médium gravita en la práctica del pensamiento más que en las antiguas creencias espiritistas: ideas invocadas por el dolor de una época buscan formas de hacerse presente. 17. El despliegue de una tela enrollada admite una especie de lisura (tal vez alterada por marcas de antiguos dobleces); pero el despliegue de una vida nunca se alcanza como superficie plana y sin asperezas. El estiramiento o la rigidez de una existencia llana es una deformación de las planchas causalistas que abundan en las escrituras universitarias. Lo sutil respira en los pliegues. 18. De Brasi se desprende del automatismo simplificador que en algunos tiene la idea de determinación. Tal vez no se alcance a percibir la fuerza de su cuestionamiento Las expresiones determinación (determinierung) y sobredeterminación (überdeterminierung) fueron ideas activas en el marxismo y el freudismo de los años sesenta: las representaciones que los hombres tienen de sí están sobredeterminadas, en última instancia, por el lugar que tienen en las relaciones materiales de producción; igual que los síntomas neuróticos están sobredeterminados por el inconsciente entreverado en los problemas actuales. En uno de sus ensambles, ironiza sobre la facilidad simplificadora difundida a través del Vocabulaire de la psychoalalyse de Laplanche y Pontalis, sugiere cómo cambia la posición del psicoanálisis si “se confunden, definitivamente e irremisiblemente, causalidad y determinación”. 19. De Brasi presenta esta cita de Bertrand Russell que dice: “La Ley de la causalidad (…) es una reliquia de tiempos pasados que, al igual que la monarquía, sobrevive por la errónea suposición de que no hace daño”. En La monarquía causal (1996) anotaba que un hecho determinado puede ser al mismo tiempo un hecho azaroso. Ese texto que coincide con su último despegue (ético-conceptual) de Buenos Aires -en el que, entre otras cosas, introduce la idea de desaparición ampliada-, De Brasi ya ponía en proximidad (y a distancia) las ideas de determinación y causalidad. Para De Brasi, la voz de los desaparecidos por el terror de Estado en la última dictadura argentina, se escucha como murmullo histórico de una ética de la responsabilidad. El pensamiento como acto por el cual adviene un sujeto singularmente colectivo, la decisión de generar otro mundo posible como desterminación. Escribe: "La responsabilidad nos libra de la impunidad globalizada, mientras evita que nos convirtamos en los "pálidos delincuentes" que repugnan a Nietzsche, en caricaturas que no están a la "altura de sus actos", víctimas de sí­, victimarios de los demás". 20. Sutil tentación de otros modos de pensar. 21. Una ética de la responsabilidad no se rige por los sustantivos del consumo capitalista (salud, dinero, amor), sino por los infinitivos sutiles de la de(s)terminación: vivir, amar, pensar con otros. La ética resiste a todos los sustantivos que demandan asentimiento. 22. De Brasi sabe que no se avanza hacia al futuro sino que se avanza desde el futuro: no interesa el futuro como sitio al que llegar, sino como modo de reír todaví­a no acontecido que cosquillea en el presente; carcajada que hace que deseemos salir de nosotros mismos, desprendernos de nuestra conservadora identidad, desasirnos de la cálida representación que nos empantana. Si la ansiedad es apuro por llegar o apresuramiento por huir, el avance de De Brasi anuncia la fuga serena del devenir. 23. Futura Antigüedad es el oxí­moron de todos sus libros. De Brasi busca entre los griegos clásicos señales del futuro que viene hasta nosotros, indicios para revivir lo inacabado. No se trata de una figura, sino del secreto de su ruta. ¡Qué alivio saber que las cosas no siempre fueron como las pensamos ahora! En uno de sus libros anteriores, citaba estos versos de Pedro Salinas: “¡Qué gozo, que no sean nunca iguales las cosas que son las mismas!”. De Brasi presenta a los griegos no tanto como pensamiento inaugural, sino como indicación para el descomienzo del sentido común del presente. Recuerda que para los clásicos “la causalidad y las causas no son objeto de una indagación cerrada ni de una preocupación constante, como en la modernidad”. A la pregunta de por qué las cosas son bellas, la respuesta es las cosas son bellas por la presencia de lo bello. Resalta que esos pensadores “no poseían una palabra que nombrara al efecto, sino que este era designado, sin excepción, por la perífrasis ‘aquello donde hay causa’”. 24. La ausencia de nombre es la posibilidad misma. Se suele confundir pensar con nombrar: pensar es avanzar hacia lo que no se puede nombrar. En el momento en el que alguien advierte que no tiene palabras para designar lo que le pasa o para decir lo que piensa, acontece un llamado: entonces, las ideas vienen no en auxilio de una supuesta carencia o para aplacar una urgencia, sino para actuar como anfitriones, puentes, enlaces o silencios hospitalarios con el vacío. Así, los nombres llegan cuando las ideas han hecho su trabajo. La designación es el epitafio en la tumba de innumerables ideas desconocidas. 25. No importa tanto la erudición filosófica de De Brasi (como cuando presenta la cuestión de la causalidad en Aristóteles o en cada una de sus intensificaciones de Hume, Descartes, Kant, Nietzsche, Spinoza, Hegel, Marx) sino su intención desnaturalizadora, su propagación de lo inquietante en el pensamiento no normalizado. 26. De Brasi no intenta dar un panorama sobre la cuestión de la causalidad en la filosofía de los griegos clásicos, se propone resaltar lo excluido, lo olvidado y lo reprimido en las lecturas canonizadas. Tras revisar las ideas sobre la causalidad en Aristóteles, pone a la vista que, en el griego, la cuestión se desliza a lo infinito (“hay una cantidad infinita de causas”). A la pregunta de por qué una cosa se da de una manera y no de otra, las respuestas nunca se agotan. Si las respuestas se agotaran el mundo se detendría. 27. En Ensayo sobre le pensamiento sutil, De Brasi pone a la vista cómo el deseo de infinito se corresponde con el amor por lo indeterminado y con la invocación de un porvenir inesperado: el mandato ético de no detener la vida. Valora en el banquete griego “la palabra dicha en comunidad solicitada para ser escuchada y valorada en esa reunión donde el théma ponía el asunto sobre la mesa con el fin de disolver el sentido único”. Busca pistas de un pensamiento abierto y excéntrico, amante de mezclas y dispersiones, un pensamiento en continuidad (sin tabicaciones). 28. Hay quienes reciben herencias y quienes se pasan la vida esperando o lamentando lo que nunca les llega, están los que dilapidan lo recibido o lo trabajan para conservarlo y acrecentarlo; también hay, entre los que no reciben fortunas, quienes inventan herencias. Escribe De Brasi: “Y creo que es necesario diferenciar claramente entre ‘precedentes’ y ‘padres precursores’. Los primeros modulan el pasado como lo que no acaba de pasar, de ahí que siempre estarán por venir, es decir: en cuanto sean trabajados como precedentes, en caso contrario serán meros antecedentes para un archivo. Los precedentes ofrendan una liviana orfandad, la tarea de ser padre de uno mismo. Los padres precursores, en cambio, han fundado las líneas, sólo dentro de las cuales el futuro es posible. Por eso sus hijos están siempre predestinados para… o destinados a… ser reabsorbidos en ellos, a precursarlos constantemente y a desempeñar la tarea de los héroes o de los ‘number one’, que, irónicamente, forman una verdadera masificación de ‘números uno’”: Una de las mayores sutilezas del don de la paternidad es no impedir que los hijos sean padres de sí mismos. La causalidad tiene debilidad por las relaciones de apropiación, mientras la determinación es sensible ante cualquier forma de posesión. 29. La realidad es el mundo histórico causado y determinado, mientras lo real es potencia de lo posible. 30. De Brasi recupera en sus lecturas de los griegos que la suerte (buena o mala) sólo les cabe a los que son capaces de actuar, la suerte afecta el resultado de los actos realizados. La inacción, como esperanza pasiva de que algo caiga del cielo, no convoca a la suerte (ni a la buena ni a la mala). La suerte no es un “bien supremo al que se tiende porque está tendido de entrada”. Se dice, entre nosotros, que “a la suerte hay que ayudarla”. De Brasi subraya que “llamamos suerte a aquellos eventos que se dan por azar para quienes pudiendo elegir, eligen”. 31. Encuentra en la Ética a Nicómaco de Aristóteles pistas para soltarse “del paraíso embobado del consumo lúdico, con sonrisa de foto fija, que nuestras sociedades publicitan como felicidad”. Ante la pregunta de ¿cuál será el supremo bien del hombre?, De Brasi recuerda que “La Ética a Nicómaco responde: la eudemonía; una felicidad provista de bienes y que los sobrepasa hacia una finalidad sin fin, es decir, por un movimiento hacia un logro imposible. Ese logro imposible motor de la búsqueda, es el bien más perfecto del hombre que implica un trasiego, una actividad (ergon) propia del alma (psúje), de ese ‘soplo vital’ que nos anima”. No hay fórmulas para la felicidad porque no hay felicidad como cosa, estado de bienestar, meta alcanzada; la felicidad, sin embargo, se puede buscar no como fin, sino como pulso imperceptible de lo que acontece porque sí: como vida sin causa. 32. De Brasi recupera la ética de la deliberación, sus tensiones con la elección y el teatro de la decisión. Retoma la pregunta de cómo cada uno llega a ser el que es. El ser es un problema: cada cual debe enfrentar el desafío de llegar a ser lo que va siendo. No se es, se elige ser o no ser quién se está siendo. Antes de la decisión no se es nada. Afirma De Brasi una idea que tiene consonancias sartreanas. “Para los estoicos, Aristóteles y un gran número de contemporáneos, la elección es lo que hace que un hombre sea lo que va siendo, donde lo que uno es se podría apreciar recién desde el final. Debo hacerme lo que soy. Esta es la realización no apriorística del hombre virtuoso como tal. Así, ‘elección’ y ‘decisión’ son los componentes constitutivos del acto de ‘ser hombre’”. A lo que enseguida agrega que la elección y la decisión, en Aristóteles, no se ejercen sin el deseo que las impulsa. Ser lo que va siendo o hacerme lo que soy son enunciados de la determinación como arrojo de quién se abisma a lo que sabe y no sabe de sí: salto sin red, pero no como audacia que desafía un peligro, sino como abandono de lo idéntico, decisión de no impedirse el devenir. 33. Explora, en los márgenes de la filosofía, posiciones de la medicina clásica griega sobre la cuestión de la causalidad. Recuerda que Hipócrates se auxilia en una semiología médica que supone que los fenómenos patológicos son signos que aluden a causas ocultas. 34. El sentido común es un sistema de certezas que protege y auxilia, De Brasi, que practica el abandono de esos lugares seguros, vive en el desamparo. 35. En medio de respetuosas discrepancias con Deleuze que abarcan fuentes y puntualizaciones del pensamiento de los estoicos, De Brasi escribe: “Había subrayado que la mayoría de los pensadores antiguos aceptaba que los cuerpos debían su composición a las mezclas, porosidades, fusiones, cavernas que serpenteaban bajo la perceptible solidez, compenetraciones y fisuras que habitaban en el núcleo de lo compacto mismo. Y eso ocurría por la modulación que ejercía un incorporal por excelencia: el vacío”. Si la causalidad pretende llenar el vacío con sus explicaciones, la determinación no se frustra por lo que resta no explicado, no causado, y no todo determinado: “la determinación es básicamente incompleta”. 36. En otro momento señala cómo los estoicos no se interesan por las proposiciones formadas por sujeto y predicado, a la vez que prefieren composiciones de sujeto y verbo. Escribe: "De esa forma generan una doble evitación: los juicios ya no deben recurrir a la cópula "es" ni expresan una propiedad común (un cuerpo es caliente) sino un acontecer (un cuerpo se calienta). Así­, bajo esta modalidad, el acontecimiento deviene expresable. Y, en un ejemplo, parafraseado sin cesar, no se deberí­a decir "el árbol es verde", sino "el árbol verdea". La cópula procura ligar o unir lo que concibe separado o desunido, los verbos ser y estar sólo piensan en vincular a un sujeto con su atributo: el árbol es verde asigna una cualidad al árbol, fija el orden de un enunciado; mientras el árbol verdea transforma el atributo en verbo, verdear no es sólo tender al verde sino acontecer lo verde, potencia que estalla en el devenir árbol verdeante, sin necesidad de unión ni ligadura alguna. 37. Escribe enseguida sobre esa desatribución que los estoicos todaví­a arrastran entre nosotros: "Converge la continuidad material de las cosas, sus atributos con el devenir y procesamiento de los verbos que roturan el campo del pensamiento. El lenguaje ya y para siempre quedará imposibilitado de cerrarse sobre sí­ mismo, así­ como las cosas sobre sus ojos ciegos e impenetrables" Si hubiera algo así­ como un manifiesto ético del pensamiento sutil dirí­a: La vida no debe detenerse y, ahora, agregarí­a: El lenguaje ya y para siempre quedará imposibilitado de cerrarse sobre sí­ mismo. 38. De Brasi intenta liberar al futuro de su punto final, desprenderse de la idea de origen como algo dado de una vez y para siempre, discutir cualquier tipo de unificación por imperceptible que sea. Como anotó en el texto anterior de la trilogía: “…mostrar el caldero en donde hierve la imposibilidad de un proceso unificado”. Las ideas de que una cosa es así por algo (infección de la causalidad) o de que algo es así para siempre (infección del destino) son microorganismos que enferman al deseo de pensar otro mundo. 39. Escribe: “Hemos llegado, mediante una crítica radical de la causalidad, a limitar sus aspiraciones globalizadoras, a desenmascarar su unificación carcelaria que introduce en diversos modos de explicación, interpretación, legalización o determinación de los acontecimientos que penetran en la materia de los actos éticos, estéticos, políticos y las producciones conceptuales”. De Brasi advierte que la mejor manera de prevenir el reinado de la causalidad es alojarla como una posibilidad de determinación más entre otros infinitos modos que la vida tiene de expresarse. 40. Si antes de Deleuze y Guattari un rizoma era sólo un término que la botánica empleaba para nombrar a los tallos subterráneos con raíces y brotes foliáceos; antes de De Brasi la determinación sólo era una de las sentencias de la causalidad. Escribe: “Es así que las determinaciones, diversificados modos de afectación, van siendo determinantes según el régimen de acontecimientos con el que se conectan y desconectan a partir de rigurosas condiciones iniciales. (…) Los citados ‘modos de afectación’ son determinaciones explícitas e imperceptibles, pero no están originadas ‘por’ ni ‘para’, sino desplegados ‘entre’ un centelleo de virtualidades, un refrescante abanico de posibilidades, series concomitantes más acá de toda articulación, contactos reunitivos y disipativos, plegamientos incalculables, etc. Ellos instauran modos peculiares de elucidación y determinación que no preexisten ni están preestablecidos en ninguna estructura o espacio de referencia, sino existen con sus cadencias, velocidades, fugaciones y coagulaciones; en formas de vida singulares, en adscripciones poéticas, inscripciones políticas, asunciones éticas; en la crítica a la estatización reinante, en la necesidad de impulsar otros tipos de sensibilidad, de festejar el acto creativo, de rechazar el acto consumado, de potenciar la vida sin idealizar sus dones”. El pensamiento sutil no sólo es una manera de escribir: el estilo aquí es la astucia barthesiana de decir con el lenguaje aún lo que la lengua impide decir. La singularidad de un escritor puede buscarse en sus cadencias únicas, en sus movimientos más irregulares, en sus tonos irreproducibles y en su deformante forma de conjugar el dolor y la alegría del mundo que lo convoca sin llamarlo. 41. Escribe De Brasi a continuación de la cita anterior: “si algo tiene en común ‘todo’ lo designado es lo ‘abierto’ y que todo está dado al mundo para ser transformado. He ahí la única ‘ilusión’ que ofrecen las perspectivas de estos regímenes de determinaciones rizomáticas en que nos situamos durante las intervenciones grupales o institucionales específicas”. 42. Admira en los escritos de Nietzsche sus operaciones de desfondamiento, las desatribuciones de las supuestas sustancias en las ideas de hombre, sujeto, yo, voluntad. Escribe: “El concepto de devenir en Nietzsche no dice otra cosa que el ‘ser’, pero otra cosa totalmente distinta al ‘ser’, que es una interpretación sustancialista incrustada en el lenguaje”. 43. En La problemática de la subjetividad. Un ensayo. Una conversación declaraba que escribir era una especie de “resistencia activa a convertir la vida en destino, a metamorfosear un soplo en palabra sagrada”. 44. A esta altura, el manifiesto ético del pensamiento sutil diría: La vida no debe detenerse. El lenguaje ya y para siempre quedará imposibilitado de cerrarse sobre sí mismo. Impulsar otros tipos de sensibilidad. Aliviar a las ideas del lastre de las sustancias imperiales. Todo está dado al mundo para ser transformado. (Los imperativos y sentencias serían aquí furiosos golpes de un instante). 45. En Flechas de Pensamiento. Verdinales y meditaciones (en preparación), dice: “He sufrido todo tipo de exilio, político, cultural, grupal, violento, incomprensible, desmesurado. He pasado y resistido, no sin cierto dolor sosegado, en varios lugares. Pero jamás he sido subyugado por el verdadero exilio, el más lacerante, el de mi lengua. De su geografía nadie pudo alejarme”. ¿Cuál es la lengua De Brasi? ¿El castellano que se habla en Buenos Aires? ¿El que arrastra las eses, dice che y se permite enunciar que lo que mata es la humedad? Tras aclarar que no se trata de agregar otro dualismo (terminado/desterminado), se pregunta si la de(s)terminación es una noción o un concepto (interrogante que había echado a rodar en La monarquía causal). Escribe: “Llegados a este punto percibimos que la desterminación no juega en el baldío de las nociones ni en el dominio de los conceptos. ¿Lo haría en ambos conjuntando territorios? (…) En este punto es la desterminación la que empuja el nombre propio de su región experiencial: el nocepto”. Quien vive en su lengua deja delirar a las palabras, prueba aleaciones impuras, desliza vocablos, trama acoplamientos, sitúa lo intraducible. Si las invenciones de un escritor provocan pensamientos o acompañan sus desencadenados ímpetus, esa sutileza del lenguaje se llama filosofía. 46. En Subjetividad, grupalidad, identificaciones (1990), De Brasi -a la vez que alertaba sobre las fuerzas siniestras de la homogeneidad y la uniformidad- lanzaba una pregunta que siempre retoma: “¿Cuál será el monto de ‘singularización’ que soporta cada entramado social-histórico?”. 47. Una cita más que es la pista de las pistas. Respecto de la crítica de la representación escribe: “Es irrebatible que la vida cotidiana, las realizaciones artísticas, los procesos de conocimiento, las exigencias de la comunicación, etc., las requieren con urgencia y es imposible moverse sin ellas. Pero lo que aquí se apunta no se refiere al ‘sin ellas’, sino a la reducción habitual del ‘sólo con ellas’ que abunda en los distintos campos y disciplinas debidamente representados por sus objetos de estudio, sus métodos de abordaje y sus legiones de expertos”. 48. El relato de Borges Avatares de la tortuga (1932) termina así: “Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso”. [1] Esparcidor que se entiende con el viento, sus pista no llevan a un sitio, indican movimientos en los que habita el deseo. [2] Junto a La explosión del sujeto. Acontecer de las masas y desfondamiento subjetivo en Freud (Tercera edición corregida y ampliada). EPBCN Ediciones y Mesa Editorial, Buenos Aires, 2008 y La problemática de la subjetividad. Un ensayo, una conversación. EPBCN Ediciones y Mesa Editorial, Buenos Aires, 2007. [3] El juego de la letra en la de(s)terminación recuerda al de la differ(a)nce en el conocido texto de Derrida. De Brasi escribe indistintamente desterminación y de(s)terminación. En el curso de esta presentación, cada vez que aparece el vocablo determinación a secas, se verá, esta ya contaminado por los influjos de la desterminación. Fuente: De Brasi, Juan Carlos Ensayo sobre el pensamiento sutil . - 1a ed. - Lanús : Ediciones La Cebra, 2013. Verónica Scardamaglia Las criaturas no leen. (2026)

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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