Post guardia XIX / Débora Chevnik

Un nene de 6 años llega a la guardia porque su mama duda desesperada si pudo haber sido abusado. El nene arma un juego. Juega y juega y aparecen unos superpoderes que expanden ocurrencias lúdicas y expanden cuerpos cada vez menos tímidos. En medio del calor del juego se saca el prolijo barbijo porque, dice, "necesito respirar profundo". Se lo coloca de vuelta. Y estornuda. Se lo saca y cuelga un moco. La mamá llora en el consultorio de al lado. Pandemia y narices no se llevan. Los protocolos lo dicen clarito. No sabemos bien qué hacer.

 

Una piba de 14 años se hace unos "cortes" en la piel. Dice, "hoy es el día que hace un año ví a mi mamá por última vez con vida". Llora en algún banco de pasillo hospitalario. Hablamos. Hablamos. Hablamos. Pensamos en la dimensión "tocante" de las palabras, y en el sostén que puede advenir de la escucha. Igual, cansadxs de pedirle todo a las palabras, nos preguntamos por los cuerpos y las cercanías de antes. Pandemia y abrazos tampoco se llevan.

 

Llantos, mocos, desolaciones, distancias, máscaras, desacomodan coreo-grafías prepandémicas.

 

Prevenciones discuten con lo inevitable.

Cercanías saben de riesgos.

Protocolos no saben de cuerpos ni de magias ni de estar en lo que pasa.

Vitalidades nacen a cada rato si los protocolos no las ahogan.

Hay cuidados que matan y hay insistencias que saben andar por caminos de cornisa sin perder la sonrisa.

Jason Bamhart, "Una confrontación tensa"