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  • Doscientos años ¿de qué sirvió? / Alejandro Kaufman

    I Conmemoración El peso de los cuarenta años recordados cae sobre la memoria en el instante del peligro en el que nos estacionamos. ¿No sugiere volver sobre los pasos de lo discutido, leído, escrito todos estos años? Rememorar que los juicios fueron un suceso post electoral, vagamente insinuado en la campaña electoral de la salida de la dictadura, y cuestionado por el movimiento de derechos humanos, concentrado en promover una comisión bicameral del Congreso que pudiera investigar exhaustivamente los crímenes de la dictadura, más allá de aquello que el “show del horror” había sublimado reactivamente. En los noventa fue propuesto el enunciado del “paradigma punitivo de la memoria” para señalar la trama con que en nuestro país se había articulado la demanda de enjuiciamiento de los crímenes de la dictadura con el remedio memorial contra la impunidad como vector decisivo de la vida en común en la postdictadura. Sobresalía aquella relación entre memoria y punición, porque de nuestra manera no había sucedido en otras partes, ni en los casos paradigmáticos que teníamos como referencia. La expectativa puesta en la institución jurídica acerca de una reparación sociohistórica planteaba un problema que la brega por el castigo a los culpables dejaba a un lado. No es la ocasión de reseñar la densa y prolífica historia reciente que concierne a toda la cuestión, sino solo señalar el tono reflexivo que la fecha sugiere. Si la relación entre memoria y punición señalaba un borde que podría haber puesto en riesgo los alcances ilimitados de las demandas de justicia, lo cierto es que antes y después de estos juicios y de los que les siguieron, el movimientismo social, memorial y de derechos humanos produjo tales aportes múltiples, colosales, diversos, a la saga argentina de la postdictadura que no solo superó con creces cualquier prevención, sino que creó una riqueza inédita, en términos históricos y globales, alrededor de la tragedia padecida por el inmenso sufrimiento causado por los perpetradores. Brotaron movimientos, agrupaciones, discursos, creaciones sociales, políticas, teatrales, poéticas, artísticas, modos del testimonio y de la memoria, entramados institucionales, estatales y no estatales, deportivos, de género. Sería imposible recuperar en poco espacio la magnitud de las realizaciones que en la Argentina se propusieron recuperar la vida en común que había sido ahogada en sangre, silencio y oscuridad en los Sitios clandestinos del exterminio, así como en el Río y en el Océano. Así fue como cualquier riesgo o limitación suscitados por la demanda de juridicidad punitiva fueron en principio compensados y superados. Imposible omitir también cómo el movimiento social de la memoria se apropió de la experiencia testimonial en los tribunales para llevarla hacia una irradiación virtuosa que anidó en la trama societal superando mil obstáculos. Experiencias como las de Fabiana Rousseaux o Mariana Eva Pérez, entre tantas otras, dejaron verdaderas huellas geológicas en el suelo de la nación. Nombrar no puede sino ser injusto, como es obvio, pero habrá sin duda en algún futuro nuevos emprendimientos enciclopédicos y museográficos que den cuenta de lo que va desde Los rubios  hasta Garage Olimpo , o desde las baldosas de la memoria hasta la instalación “Autores ideológicos” del Falcon blanco desarmado. Son solo ejemplos para resistirnos a la consumación punitiva, irrenunciable como tal, no solo por ser insuficiente (aunque necesaria ), como tanto se ha señalado, sino por lo que fundamentalmente tuvo lugar como mito de la refundación democrática y como su condición de posibilidad, pero también como instauradora de un orden fundado en el olvido. En forma concomitante con la saga de memoria, verdad y justicia, de castigo y repudio a la impunidad, muy rápidamente se instalaron variantes que, en lugar de abrazar directamente el negacionismo, como terminó sucediendo más recientemente, se dedicaron de manera sistemática a homologar sucesos corrientes  de violencia y delito con los horrores del terrorismo de estado. Así fue ocurriendo a lo largo de todos estos años, nutriendo a una derecha securitista, punitivista, banalizadora de memorias y desapariciones, continuamente esforzada en oponer al terrorismo de estado equivalencias con lo que carece de excepcionalidad por formar parte de la vida social común en todas partes, en mayor o en menor medida, pero en nuestro caso con atribuciones retóricas y aun propagandísticas que compitieron continuamente con las memorias y los requerimientos de justicia respecto del terrorismo de estado. Tales experiencias, siempre subestimadas en su gravedad y consecuencias, son privilegiadas condiciones que sembraron el camino que nos trajo a la actual desgraciada situación colectiva. Al paradigma punitivo de la memoria como tal no le es imputable la homologación con “delitos comunes” que inundó la conciencia pública hasta ahogarla (“nos están matando a todos”) porque tal deriva forma parte de las discursividades recurridas por negacionismos, relativizaciones y trivializaciones. Aquello que se ha dado en llamar “dos demonios” y que al respecto deriva en acusaciones sobre “estar del lado de los delincuentes”, en la supuesta guerra de lo que por ahora se explicita como “argentinos de bien” contra quienes no lo vendríamos a ser, en espera de turno en el famoso poema apócrifo de Brecht. II Para una crítica de la violencia Evocación de un célebre texto en el campo intelectual, mucho más transitado bajo dos formas prevalecientes que mediante una tercera con mayor vocación situacionista. La primera remite a lo más natural para ese gran texto de Walter Benjamin, la exegesis, el trabajo filológico, la hermenéutica. Es un texto a esos fines dedicado, aunque no solamente, dada la propia inclinación situacionista, aurática, de su autor. Otra forma menos feliz es la que lo toma con abordaje criptográfico, tal concepto significa o se homologa con tal otro y así con cada uno. El texto es sugerente acerca de aquello que, siéndonos inmanente y ubicuo, e inseparable del flujo de la experiencia, se desgaja en múltiples formas en conflicto con el irrenunciable anhelo edénico que imagina un mundo no violento. Se nos dice que el deseo que tan inherentemente nos convoca estructura falsas conciencias, mitificaciones y legitimaciones, todas ellas susceptibles de escrutinio crítico frente a medios y fines que traducen el anhelo edénico como modernista Emancipación. La ambigüedad que lo marca remite tanto a la invitación a juegos especulativos como el desdén porque no dice “qué hacer”, y es un riesgo que corren algunos textos críticos cuando proponen conceptos y categorías vigorosos y originales. En favor de una tercera consideración que aquí llamamos “situacionista” apelando a una venerable tradición vanguardista del siglo XX pero con antiguas genealogías, hasta milenarias, diremos lo que sigue. La crítica, por así entenderla -¿requiere aclaraciones recurrir a esa palabra expulsada del jardín cultivado de las especies florecientes? -, antes que sustituir el objeto de sus interpretaciones, más bien identifica falsos problemas, categorías que no son últimas aunque así se presenten, delimitaciones que fungen de modo performativo cuando se pretenden ontológicas o fundacionales. En fin, cómo no pensar y de ese modo dejar abierto el horizonte de lo posible, clausurado por el discurso así interpelado. Abrir el horizonte de lo posible es la situación, propiciadora de la apuesta conceptual que la historia política es capaz de devenir en emancipación. El Juicio a las Juntas nos proveyó de nuestro propio pacto ético político, bajo la matriz de 1945-1948, imperio de derechos humanos previo juicio y castigo a los culpables, pacto o consenso democrático. Se instaló la candorosa idea de que justamente después de horrores inhabitables aun en la memoria y menos todavía en las representaciones podrían advenir tiempos venturosos, de reparación, reconocimiento y recuperación. Todo ello a la vez con memorias de lo acontecido, la prevención del Nunca más , la imprescriptibilidad y lo imperdonable. Con todo lo doloroso y sus consecuencias postraumáticas transgeneracionales, como pronto se constataron, un camino pretendidamente plausible. Al fin, un guion de película de terror, después de todo, en el que lo siniestro vuelve a entrar por la ventana. Todo “marco teórico” plausible para considerar “si esto es un hombre” alerta sobre lo candoroso de semejante secuencia. Es en ese contexto además que se necesitan situar guerras como la de Vietnam o la propia Guerra fría, y tantos otros escenarios de violencia concomitantes con un Nunca Más  en devaluación perseverante. Advertencias no faltaron, allá y entre nosotros, pero los avisos de incendio, como se sabe, no pueden ser escuchados casi más que por quienes los profieren. Seguramente no podrían haber transcurrido los acontecimientos de la posterioridad de otro modo mucho más virtuoso. Lo que la crítica va a señalar es el encubrimiento, los pretextos, los consentimientos no reconocidos, los desplazamientos revisionistas, los negacionismos, los pedagogismos y las banalizaciones. Y hay que agregar, el interés conservador en conceder castigos delimitados y memorias cada vez más pasteurizadas, de modo que lo rechazable se encapsule, que la mayor parte de lo que constituyó la encarnación del Mal se pueda reciclar, renovar, mutar de modo de no ser reconocible, y que determinadas condiciones estructurales del Poder se mantengan intactas. III Demasiado tarde, demasiado temprano Siempre tarde para prevenir, siempre temprano para desfallecer. El exterminio argentino, con sus respectivas concomitancias regionales, si bien tuvo trazas genealógicas identificables, entre los bombardeos de 1955, así llamados eufemísticamente, y la masacre de Trelew, por recordar los sucesos más destacados, parece no haber sido advertido al modo del aviso de incendio, de la manera en que leemos otras bibliotecas. Esto no excluye que identifiquemos indicios en Martínez Estrada, en Murena, en Osvaldo Lamborghini, en Copi, en Rozenmacher, en Viñas, por dar solo algunos ejemplos. Y, no obstante, el terrorismo de estado, tal como sucedió, fue un acontecimiento límite. Los avisos de incendio solo dan cuenta de ciertas condiciones de peligro, no son vaticinios. Tampoco la Solución final  pudo ser vaticinada. Este tipo de acontecimientos del horror contienen, como una de sus características, el proceder bajo la forma de lo inédito y también por eso mismo inenarrable, irrepresentable, sin antecedentes. Algo terrible podría ocurrir, nada como lo que ocurrió. Una forma de expresarlo nos ha sido la siguiente: la diferencia entre “antes” y “después” es que la militancia implicaba riesgo de tortura y muerte, de duelo para madres de víctimas de la represión, con muy contados casos de desapariciones antes de 1973. Lo que dejó la dictadura del 76 es que el compromiso de la militancia, que antes podría afrontar sus riesgos, ahora tendría que sumar la desaparición, ya no el duelo de la madre, sino el devenir Madre de Plaza de Mayo de quien diera a luz a la persona militante. Ya no quitar la vida sino quitar la muerte . Todo nos ha sido dicho en el transcurso de estos cuarenta años, que tal riesgo no es afrontable, que algo cambió en forma perdurable en la subjetividad contestataria, entre tantas otras razones epocales, por el hecho de que tal horror se nos cierna sobre nuestras cabezas. No importa si le damos crédito al Nunca más , porque se trata de lo que ocurrió y podría volver a suceder. A las madres no se les puede acreditar la disipación de una expectativa tal, porque es una memoria recurrida, sostenida como protesta y reparación, que entonces, paradójicamente, se entrama con una declinación estructurante de nuevas subjetividades. Es una cuestión profundamente enclavada en la historia reciente de la contestación política. Demasiado tarde siempre para el Nunca más , demasiado temprano para toda prevención, para todo aviso de incendio . IV Entre Martínez de Hoz y Videla Pues, entonces, afuera con los “excesos”, y por si no fuera suficiente, de manera “completa”, contra “ambos demonios”. Así, la restauración mítica de la democracia imaginó un pasado venturoso que había sido interrumpido, una República que se había perdido y fue reencontrada. Una democracia extraviada por los “golpes de estado”, que “tocaron fondo” y abrieron camino a volver a la “normalidad”. Restauración mítica de un orden perdido que nunca había existido empíricamente del modo narrado, y mucho menos como pacto o como contrato. ¿No cabría aun solo por el tardío advenimiento del voto femenino cuestionar la precedencia de una democracia idealizada? Medio siglo desde la Emancipación demoró abolir la esclavitud y otro medio siglo el voto femenino, sin omitir que cien años requirió la Ley Sáenz Peña. Y decir así no es por oponernos a las virtudes de la institucionalidad democrático-republicana en favor de otro orden . Y no porque no creamos en otro orden , sino porque la crítica, largamente vilipendiada de mil maneras, no consiste en oposición, como se la quiere hacer ver o como se la malversa, sino en una reformulación categorial que conduce a una apertura de expectativas experienciales y conceptuales, para volver sobre el asunto. Apertura que, frente al orden existente, hace pie en las propias potencialidades o promesas de un orden limitado por sus condiciones de reproducción a no satisfacer demandas más allá de un borde gris, y en cambio bien predispuesto a irse para el lado contrario, dado que su fundamento irreductible es el único derecho incuestionable, el derecho a la propiedad. Transitamos el despojamiento de toda cosmética, de todo disfraz o eufemismo en este final de camino; ojalá que no pueda proseguir en la dirección que le han impuesto para que no nos quedemos sin país: ahora es manifiesto que el derecho de todos los derechos, el único derecho cabal, es el derecho de propiedad, y todo lo demás se le subordina mediante oferta y demanda, mediante las “leyes de la naturaleza” atribuidas a la libre concurrencia. El punto al que hemos llegado es a la pretensión de declarar delito lo que se postula como transgresión criminal de las leyes inmarcesibles de la economía, la propuesta de penalizar a políticos o legisladores que no se comprometan como cosa de vida o muerte con las reglas supremacistas de la llamada macroeconomía, no importa a qué precio social, humanitario o de soberanía. Y esto sucede después de cuarenta años de haber dejado en el margen de lo desestimado a todo cuestionamiento jurídico del terrorismo económico y el genocidio social, ahora expresados como plenitud y como programa, pero durante todos estos años ensayado bajo formas gradualistas o con eufemismos. En ello llegamos al final del camino. La imprescriptibilidad no debería ser para el terrorismo de estado sino para lo que el terrorismo de estado caracterizó como crimen económico político tanto en relación con la llamada macroeconomía como con el pacto de sangre por el que la mediaticidad hegemónica se puso a su servicio desde entonces y parece que para siempre. Papel Prensa no fue solo un acto de apropiación de un sujeto empresarial jurídicamente validado y nunca puesto en tela de juicio , sino la instauración de un paradigma que silenciosamente fija la estructura discursiva de la institucionalidad republicano-democrática en lo que concierne a la esfera pública. Ahí reside el decisivo huevo de la serpiente que nos ha hecho ingresar en la actual oscuridad. V La democracia que quisieron La dictadura definió explícitamente a quiénes identificaba como sus enemigos. Uno de ellos quedó más o menos registrado en la memoria colectiva: los “subversivos”, palabra que ha ido siendo sustituida recientemente por “terroristas” a fin de establecer un vínculo anacrónico con el uso actual del término. Si hubo un rasgo distintivo de los movimientos político-militares del Cono sur, sobre todo en el caso argentino, fue su carácter sociopolítico masivo y la abstención sistemática y estratégica de proceder con violencia contra la población en general. Hubo casos , no hubo una política, como la hay en muchas otras situaciones, latitudes y épocas, en que cualquier persona, de cualquier edad y género pueda ser motivo de atentados anónimos en sitios públicos, medios de transporte, teatros, estadios, restaurantes, templos, mutuales, escuelas. La palabra terrorismo debe su definición a este tipo de violencias masivas e indiscriminadas. El terrorismo así entendido se ejerce contra un colectivo caracterizado genéricamente como enemigo. En la Argentina el terrorismo de estado identificaba subversión en el seno de la población general y sospechaba de manera exasperada de toda persona. Se invertía decisivamente la carga de la prueba. Toda persona debía demostrar su inocencia. Además, una diferencia entre subversión y terrorismo, en la agenda del “Proceso” era ideológica, no metodológica. Por eso el segundo término era utilizado como adjetivo eventualmente, mientras que el primero, de carácter ideológico, no era dirigido contra personas combatientes sino contra ideas así inculpadas. El otro término utilizado por la dictadura, del todo olvidado y borrado por la memoria colectiva era “corrupción”. Pareciera que de nada sirve la actual sinceridad prodigada, que arroja luz sobre el uso histórico de ese término, cuyo verdadero significado, aparte de casos o situaciones que responden de manera fáctica y jurídica al riguroso sentido de ese término, connota redistribución de la riqueza por razones de justicia social. El voto mayoritario ha avalado de hecho, no probablemente de conciencia, esta aberración: que intervenir de modo fiscal sobre la acumulación de riqueza para disminuir la desigualdad es un robo, un crimen empobrecedor, promotor de la decadencia y obstáculo de la prosperidad, enemigo de los benefactores de la humanidad que son los monopolios. Nunca antes nadie (generalización exagerada: era una minoría) se había atrevido probablemente ni siquiera a pensar conscientemente tal cosa, aunque el motor de la centralidad del tema de la corrupción en las agendas públicas fuera esa idea y no otra, no meramente hechos que se ajustaran a la denotación precisa de ese término. Sirvan estas menciones para ilustrar el carácter discrónico de las memorias, su sujeción a temporalidades que no son lineales ni progresivas, sino que pueden ser retroactivas o aun anterógradas. Del mismo modo, y para ir a un ejemplo vinculado con nuestra efeméride, en “Argentina, 1985” el guion hace decir “fachos” para referirse coloquialmente a los militares de la dictadura, término que no era de uso común, en tanto que no menciona el término que sí era de uso común, “milicos” y que omite a fin de no sonar de modo extraño a los espectadores actuales, ante quienes los militares del presente no son ni “fachos” ni “milicos” de la dictadura. Las memorias son infieles, traidoras, en el sentido del viejo dicho acerca de la traducción, dado que la memoria es una forma de traducir el pasado al presente: traduttore, traditore . No está de más subrayar que no se procura aquí una inhabilitación de la traducción sino una interpelación a simplificaciones, desconocimientos. Otro término, fundamental para estas líneas, cuyo significado importa de manera sustantiva es “democracia”. Dos cuestiones suelen ser motivo de olvido, omisión y negación: la mayoría de los golpes militares no fueron acompañados por hechos de violencia porque se los realizaba en contextos de consentimiento previamente constatados por el clima social y la acción de los medios de comunicación. La dictadura del 76 tuvo claramente esa característica: venía a poner orden frente a un clima social convulso, violento e incierto, en el que se había producido una dispersión fragmentaria de la politicidad, sobre todo en el campo popular. Se sabe de modo corriente que, en lo concerniente a la lucha armada, en su mayor parte, el colectivo político militar ya había sido derrotado. La dictadura vino a aniquilar cuerpos e ideas, no contra una fuerza armada que conservara relevancia en términos de capacidad militar. Al respecto hubo un consentimiento que se extendió a lo largo de varios años, y que el terrorismo de estado, en su aspecto de “terror” consolidaba del modo más conocido, y separaba entre argentinos de bien y quienes “algo habrían hecho”. En ese sentido hemos progresado, porque los malos argentinos son acusados ahora de manera más precisa e incriminatoria, y aun más masiva que entonces, cuando supuestamente el estigma iba dirigido contra una minoría. La segunda cuestión omitida, negada y olvidada es que, como sucedió con varios otros golpes de estado, salvo probablemente el de Onganía y con excepción de facciones militares que nunca alcanzaron a ser mayoritarias al interior del “partido militar”, los propósitos de los golpes no eran de instaurar regímenes totalitarios ni vitalicios, ni de instalar liderazgos personales (en ese aspecto el “Proceso” se esforzó particularmente), sino de depurar a la sociedad de sus “elementos” nocivos para luego restaurar democracias en las que imperara la “legalidad y la concordia”, como dice La Nación del 17 de diciembre último en una nota dirigida contra el CELS, entre otros destinatarios. Una nota tal vez innecesaria, la de La Nación , si se considera que el mileísmo contiene en sus objetivos realizar con creces la depuración proyectada por el Proceso y otros golpes. Que no consideremos cabalmente democracia a eso que Ellos quisieron instaurar no nos debe eximir de reconocer los términos precisos de lo que “quisieron”, porque es concomitante con la aparente contradicción entre golpes de estado y políticas neoliberales. En la imposibilidad de hacer patente la connivencia inherente entre políticas económicas de acumulación ilimitada de la riqueza y procesos represores radica el destino accidentado durante años y ahora funesto de la institucionalidad democrática. Los juicios separaron como si fueran diferentes e independientes las que son caras de la misma moneda. El carácter encubiertamente criminal del capitalismo periférico hegemónico y la sujeción masiva de las conciencias a sus designios. Diferentes medios y momentos históricos, similares fines. ¿Nos promueve escepticismo lo antedicho sobre los Juicios? No más que la constatación de que pudieron haber sido -lo fueron- un primer paso hacia una justicia reparadora que aspirara a una plenitud convivencial. El horror mayor, los acontecimientos límite, durante cierto tiempo sirvieron de interpelación para habilitar algunas sensibilidades más inclinadas hacia horizontes utópicos. Hasta incluso durante varios años se rozaron con la punta de los dedos unas perspectivas venturosas, siempre acosadas por la maquinaria difamatoria masiva que no ha hecho más que crecer bajo la sombra distendida de nociones sencillas acerca de la libertad de expresión. Hay no obstante algo en común entre el presente y aquel pasado del horror: si bien en el dominio social la creatividad contestataria es extraordinaria, fervorosa, consecuente y creativa, no alcanza a superar el masivo consentimiento con lo inconcebible, y la recuperación de un horizonte de justicia parece solo accesible mediante la consumación autodestructiva del horror desencadenado por poderes mayormente intangibles e impunes, que pretenden conducir el alien que sueltan, y que finalmente se vuelve incluso en contra de ellos mismos. Algo así como las lógicas de la destrucción mutua asegurada, en la que termina no habiendo cabalmente vencedores, porque las fuerzas desencadenadas son incontrolables. Esa asimetría letal solo da fe de la potencia popular que de ese modo debe ser aplastada, a costa de la propia integridad del opresor. La referencia no es hacia la integridad “económica”, por favor. Derechos humanos significa finalmente esto: alcanzar un estado de cosas en que la violencia se pueda reducir a un mínimo convivencial, aun sin alcanzar una realización utópica. Cuarenta años después, aquí estamos, de esta manera. Reproducido de la revista Bordes , UNPAZ, 31/12/2025: https://revistabordes.unpaz.edu.ar/doscientos-anos-de-que-sirvio Verónica Scardamaglia (2025) Marcha 24 M Fotografía.

  • Adynata Marzo / VPS

    Seguimos buscando pistas en torno a cómo vivir en este tiempo en el que nos toca vivir. La intimidad de la escritura y la lectura nos siguen acompañando. En este marzo, en este mundo quedaron reunidos algunos escritos que pasean por lo clínico, lo político, lo poético. Como siempre, la potencia de eso que extraña y enrarece, está presente. En los escritos se deslizan algunas de las acciones del tiempo en la vida: rememorar, atesorar, recordar, olvidar, agradecer. Entre los escritos urge la insistencia en "escuchar la época ", en cuidar "preciosamente, celosamente, la capacidad de vivir tal como la queremos para ese futuro,con todo lo que supone de amor, de juego y de alegría", en "recuperar desfachatez travesti", en nombrar sabiendo que "Nombrar no puede sino ser injusto, como es obvio, pero habrá sin duda en algún futuro nuevos emprendimientos enciclopédicos y museográficos que den cuenta de lo que va desde Los rubios hasta Garage Olimpo, o desde las baldosas de la memoria hasta la instalación “Autores ideológicos” del Falcon blanco desarmado". En este marzo, en este mundo entre bombardeos y torpezas, entre aniversarios y decepciones, entre amores, amistades y carnavales perseveramos íntimamente en la búsqueda histórica de cómo cuidar lo vivo por sobre la devastación. v. Nicolás Koralsky (2025) Serie Frágil

  • Deseo, desfogue y desfachatezClaudia Rodriguez, Pedro Lemebel, y Agustín Gómez Arcos / Rocío Feltrez

    Sobre La misteriosa mirada del flamenco (2025), de Diego Céspedes [ALERTA SPOILER] En este estar migrante, la palabra soledad tiene otros sentidos. A veces es el territorio propicio para el nacimiento de encuentros queridos. En esas ocasiones no refiere a algo que se quiere evitar, sino a una aventura que se decide tantear alegremente. Aunque se asista sola al cine, una conversa con voces, imágenes, colores, emociones. Lo hace hasta con las lágrimas que brotan del cuerpo que respira justo al lado. Está también la promesa de una conversación futura. Y alivia y anima saber que habrá con quiénes compartir lo vivido, con quiénes pensar. Quizá se puede habitar la soledad como aventura porque también es posible estar en los días rodeada de cariño. Sin ese encantamiento, sin esas miradas amorosas, ¿qué se podría? La misteriosa mirada del flamenco es una película chilena dirigida por Diego Céspedes y estrenada en dos mil veinticinco. Todo transcurre en un remoto pueblo minero en el Chile de los ochenta. Una de sus protagonistas es Lidia, una nena que ha sido abandonada hace años en la puerta de la única cantina del pueblo, regenteada por una familia de travestis que se sostienen económicamente dándoles placer a los mineros que las buscan (no tan) clandestinamente. La Flamenco es la madre adoptiva de Lidia. Mamá-travesti. La Flamenco está enferma. El pueblo entero vive bajo amenaza: la peste les está matando. Se dice que todo comenzó cuando la Flamenco miró fijamente a un hombre. Que desde ese instante comenzó a sobrevolar en el pueblo el rumor de la peste.   La fulminante mirada de Flamenco. Los mineros se organizan para vigilar a quienes creen propagadoras de la peste: esas vidas de miradas misteriosas. Para sentirse a resguardo de esa amenaza letal, las mantienen con los ojos vendados, vigilándolas de día y de noche. Pero pasan los amaneceres y estos hombres fuertes y valientes no pueden resistirse a las tretas de las débiles. Los acorazados vigilantes van cayendo de uno en uno en la tentación. Algunos se enamoran. De esas miradas, de esas rarezas, de esos misterios. Curiosamente, el encantamiento más poderoso cae sobre el más rudo y convencido de todos los mineros del pueblo. Muchas vidas se están yendo y la tristeza se agolpa en las gargantas. Algunas quieren que Lidia, la nena, se vaya a la ciudad; el territorio que promete una vida normalizada, lejos de la peste y la familia cuir. Imaginan la salvación. Después de la proyección de la película viene el coloquio. Qué alivio –pienso. ¿Dónde pongo ahora todas estas emociones, estas presencias que visitan mientras estas imágenes, estas voces, me sacuden? Sobrevuela mi cabeza una santísima-insurrecta-trinidad: Claudia Rodriguez, Pedro Lemebel y Agustín Gómez Arcos. Se agolpan en un corazón que late tan fuerte que necesita largarlo, hablar, decir algo, compartirlo. Pido el micrófono con las palabras escapándoseme por la boca. Primero digo eso, declaro mi estado. Hay un corazón desparramándose. Decido hablar para cuidar la misma idea que quiero compartir. Hay algo de esa desfachatez travesti que necesitamos recuperar y abrazar bien fuerte. ¿Por qué justificarnos todo el tiempo? ¿Por qué tenemos que explicar una y otra vez las razones por las que merecemos existir y el derecho que tenemos a hacerlo en nuestros términos? ¿Por qué tenemos que pedir permiso para seguir estando en este mundo? Mostrarnos buenas, sumisas, arregladitas. Tal vez tengamos que diferenciar el exceso de intelectualización que en ocasiones penaliza y detiene esa desfachatez, de la necesidad de recuperar nuestras memorias, de no olvidar las luchas de nuestros territorios, los nombres que queremos que sigan sonando en todos lados. Abrazar y cuidar esa desfachatez, esos desfogues. Pienso en Chile, hoy gobernada por la ultraderecha. Comparto el primer nombre, que brota como un río sin cauce, se arroja de la boca mientras la mano tiembla. Claudia Rodriguez. “Activista, travesti, pobre y resentida” –como solía nombrarse. Recupero esa vida, me emociono, lamento esa muerte. La que sostuvo y sostiene las luchas por los derechos de las personas con VIH, la escritura fanzinera, la poesía trava, la ciencia ficción travesti y tantos mundos más. Pienso en la compilación de fanzines que en España editó Barrett, con la curaduría de Mariana Enriquez en dos mil veinticuatro. Una de las lecturas que propuse para el Club de Lecturas Desviadas en la librería en la que trabajo en Madrid. La de Claudia es una escritura descarnada, que no complace a nadie, ni se victimiza, ni pide perdón. Una escritura que deja temblando. Claudia-deslenguada. Claudia-metralleta. Qué desfachatez necesaria la de Claudia. ¿A cuántas de las que, como dice otra imprescindible, la Lemebel, han nacido “con una alita rota”, les ha invitado el encuentro con esos fanzines, esa poesía, esa vida a desfogarse? Y así aparece otro nombre, la pluma barroca de Lemebel, la que defiende la amistad y los raros parentescos, como Haraway, pero latina, marica, aún más de las nuestras. Es que hay también en esa misteriosa mirada del Flamenco una visión del mundo que cuidar. Esos territorios menospreciados por las normalidades, que sólo conciben a la familia nuclear y a la pareja como los lugares privilegiados y muchas veces exclusivos para sostener la vida, son los que esta visión del mundo quiere abrazar. Esa mirada que quiere vendarse y que muchas veces también puede venderse a cambio de la seguridad que da seguir la norma, el camino ya trazado. Pero hay tanto todavía por imaginar, tantas formas de vida que habitar para probar y ver qué pasa. Ojalá podamos animarnos a más. No vendarnos, no dejarnos vendar ni vendernos. Recuperar esa mirada del mundo, cuidarla, darle importancia. Una manera de estar jugada y juguetona, un estar en la vida vivas, pase lo que pase. Tener algo que gritarle al mundo, incluso algo en que fracasar, pero habiéndolo intentado, habiendo intentado otra cosa. Así también decide vivir María República, la protagonista de la novela de otra marica que me tiene encantada desde hace ya un tiempo: Agustín Gómez Arcos. Y aparece la tercera presencia en este devenir médium-corazón parlante. La marica que nace en Almería con las plumitas chuecas e inventa, para volar, una pluma subversiva que el poder admira, pero sin poder reconocerlo abiertamente. Durante muchos años esa obra se lee en el armario. Durante la dictadura franquista, se le otorga en dos ocasiones con el Premio Nacional Lope de Vega por su dramaturgia, pero la censura del régimen fascista le retira el premio, ya que la representación de sus escandalosas obras implicaría un crimen moral. Harto de la persecución, en el sesenta y ocho, esa marica que vivió con VIH se exilia en Francia y adopta esa otra lengua que le permite, ahora sí, volar sin censuras y explorar la narrativa. Escribe catorce novelas que desde hace unos años viene traduciendo y publicando la Editorial Cabaret Voltaire. María República es una prostituta que vive con sífilis cuyo padre y madre han sido fusilados por el franquismo. Su tía burguesa y fascista la encierra en un convento de clausura para que las monjas la reeduquen a base de humillaciones, rezos, castigos y trabajos forzados. El final es memorable: el día de la celebración de su consagración como novicia, a la que asiste su tía y los fascistas más ilustres de la ciudad, María República –que, entre tantas cosas, ha sido forzada a abandonar su segundo nombre, República– lleva adelante un plan que ha venido elaborando secretamente desde el primer día de encierro. Una vida aún viva asiste a la incineración de las paredes del infierno. El fuego desfoga a República, que no ha muerto. Aunque le hayan quitado todo, en esas llamas se ilumina el porvenir. Recupero la última escena de La misteriosa mirada del flamenco . Es conmovedora. No voy a contarla en detalle, solo decir que es la escena del rechazo a la normalización; la afirmación de una vida desviada. Es el “no, no quiero”. La insistencia en la rareza, en el umbral. En ocasiones ese rechazo se vuelve difícil. Asusta. Lo sabemos. Porque, ¿qué mundo inventamos para sostenernos cuando la forma de vida que queremos e intentamos cuidar supone la exclusión de los lugares seguros que promete la normalidad? En ocasiones, la soledad se vive como castigo, ese ese lugar temido que se querría evitar a toda costa. Urge reivindicar eso que, para los ojos del Estado, del mundo, de la mirada normativa, es nada , o es el mientras tanto . Los ensambles cuir, las amistades, los raros parentescos intra e interespecies. Reivindicar esas formas de vida inusuales, aunque sepamos que en ocasiones las miradas de desprecio agitan en nosotras memorias de daños astillados que aún siguen pinchando. ¿Por qué, en lugar de exigirle al mundo otra cosa, tenemos que adaptarnos a lo disponible? ¿Por qué no desfachatar lo posible? ¿Cómo queda el corazón de nuestros mundos nacientes cuando intentamos normalizarnos para que nos acepten, para no perder tanto, para no lidiar con el fantasma de la desolación? Hay una gran paradoja: esas vidas misteriosas, desviadas, atrevidas causan tanta atracción como rechazo. Eso les sucede también a los mineros del pueblo. Quieren estar cerca de esas rarezas, las desean, pero a la vez toda esa extrañeza contagiosa causa vértigo y repulsión. Como si esas miradas fueran portadoras de preguntas insoportables: ¿estás contento con la vida que llevas? –podría susurrar una mirada sin planearlo. Es que esa mirada misteriosa, esa jugada y riesgosa visión del mundo, esa vida viva, tiene un perfume embriagador. Es importante narrar las alegrías, los placeres, las complicidades. Todo eso que hacemos e inventamos para vivir y que nos da mucha felicidad también. Intimidades raras que desafían los caminos habituales. Se trata de experiencias en las que nos sostenemos cuando el mundo se derrumba, cuando la desafiliación al camino ya trazado que promete seguridades deja a muchas vidas cerca del abismo, con la sensación de derrota, de no tener un lugar a donde ir. Erotizar la amistad, entrenar la soledad y distinguirla de la desolación, sabernos criaturas habladas por deseos de normalidad, reivindicar el fracaso. ¿Cuántas veces nos hemos aventurado sin brújula, tanteando el terreno, con la ilusión de encontrarnos en algún sitio con alguna monstruosidad en la que reconocernos, caminando con una intuición y por el deseo de que ese mundo que anhelamos exista? No estamos solxs. Como escribe Mana Muscarsel Isla en La fiesta de las amigas: “ la loca de los gatos no está sola, está con sus gatos y hay otras locas”. Hay un poema de Claudia Masin que podría ser el epígrafe de esta bellísima película que –por si no se entendió– recomiendo muchísimo ver. Se llama Mi pueblo fantasma , y puede leerse en el libro La mujer maravilla y yo 1 : “Siempre me gustaron las personas raras, vos me dirás y claro, si sos una de ellas. Yo te digo sí, es lo que quisiera, lo que más quisiera, ser una de ellas. Pero no estoy hablando de mí, estoy hablando de esa rareza que detecto en los demás como si mi cuerpo fuera un radar y un imán al mismo tiempo: desde chica me gustaba cómo eran, qué decían, parecía que hasta hablaban un idioma diferente. Excéntricas, en lugar de hacer un hijo o varios hacían un escándalo, un revuelo, armaban su casa con barrio y con palitos como un pájaro, con la ayuda de otros raros como ellos. No encajaban, no encajan, no cierran, no tienen lugar, tienen lo que tienen, a veces muy poco, a veces nada y eso les parece suficiente, suelen faltarles las habilidades de un adulto, acumular objetos, hacer dinero, una profesión decente, es como si muy temprano hubieran dicho no, no quiero. Esa negativa, estoy segura, sostiene el mundo: no el mundo como lo conocemos, no. Un mundo tan raro como ellos, que existe en sus cabezas. Sus cabezas son hervideros de ideas incendiarias, imposibles. Cuando algo cambia, algo injusto, algo horrible, miren alrededor: ahí están ellas, esas personas raras son las responsables, han movido cielo y cierra. No son hombres, no son mujeres, son una fuerza de la naturaleza, un ánima que se esparce, se multiplica, inunda lo que toca, contagia su pasión, enferma a los sanos, a los que están seguros de su nombre y su especie y su género, por eso los sanos los quieren bien lejos. No es mi caso: son mi familia, vos que a veces te hacés la normal, como yo misma, porque te da vergüenza, porque te mimetizás con el paisaje para que no te vean y te persigan y te coman, vos sos mi familia, y en vos y en esa rareza yo descanso, me cuidan el sueño esos monstruos que vinieron fallados, que no tienen arreglo. No hay nada que arreglar, te digo y me digo, lo monstruoso es perfecto, es la normalidad la peste que hay que sacudirse del cuerpo sin pensarlo dos veces, como los perros cuando salen del agua, como ellos, los raros, los que me mostraron el desvío, es por acá, no tengas miedo, y si volviera a nacer volvería a mirarlos, a desear ser como ustedes, a buscar su compañía, así la vida, que era destino, se vuelve deseo y entonces qué importa que te miren, que te desaprueben. Lo que importa es que de la familia que nos tocó sacamos esta, el as bajo la manga: una familia que es lo contrario de un ejército, más bien es un pueblo del que quiero formar parte desde siempre, el pueblo fantasma de los que se quedaron cuando todos se fueron, el pueblo de los sobrevivientes, y no es que los sobrevivientes no tengan, no tengamos miedo. Se mueren, nos morimos de miedo: el amo tiene sus alambres de púa y sus sabuesos. El pueblo del que hablo tiene la quebradura y el tropiezo, pero también tiene el único poder que no se pierde: el poder del que se queda en el umbral y no entra, del que es capaz de decir no cuenten conmigo, yo no quiero”. Febrero, 2026. 1 Un libro precioso publicado en Argentina por Caleta Olivia (2022), que acaba de ser editado en España por Manos de Pan (2026). Fotograma de "La misteriosa mirada del flamenco" (2025) Guión y Dirección Diego Céspedes

  • Que el cuerpo vuelva a latir / Periódico Gatx Negrx

    La esperanza, ese ligerísimo pero constante impulso hacia el mañana que nos es comunicado día a día, es el mejor agente de mantenimiento del orden. Todo el sentimiento aplastante de impotencia que esta organización social cultiva en cada uno con la vista perdida no es más que una inmensa pedagogía de la espera. Es una huida del ahora. Ahora bien, nunca ha habido, no hay y nunca habrá más que el ahora Comité invisible, Ahora Pensamos que ese ahora implica el ejercicio de escuchar la época: un mundo mercantil desprovisto de sensibilidad que gestiona la vida. Un mundo donde pareciera que la esperanza en la repetición muerta es la única salida. Fe en que los otros son los buenos y estos son los malos, o viceversa. Fe en que hay mejores maneras de gestionar la máquina que encierra cuerpos, aliena vidas, mutila espíritus. Esperanza desesperante. Gobernabilidad eterna. Cuesta ver el derrumbe Lo de la reforma laboral resulta brutal, ya que se trata de un blanqueo de la pérdida de derechos, estabilidad y seguridad social que brindaba el viejo mundo del trabajo: eliminación de horas extras, creación de banco de horas, limitación de las indemnizaciones por despidos, fraccionamiento de las vacaciones, ampliación del periodo de prueba, extensión de la jornada laboral, restricción del derecho a huelga. Sin embargo, a pesar de cómo la “oposición” e incluso la izquierda buscan presentarlo, no se trata de un nuevo modelo productivo que viene a imponer LLA, sino al contrario: la precarización laboral es un fenómeno que ya viene pasando hace tiempo. Su aprobación legislativa no es el comienzo de algo nuevo, sino la consolidación y profundización de la crisis del mundo del trabajo desencadenada por la Tercera Revolución Industrial en la década de los setenta (Tigre agazapado, dragón escondido. Crítica esotérica de la Economía Política, 2026). La izquierda, el peronismo y el resto de las variantes del realismo capitalista se derrumban junto con el viejo mundo del cual son parte. Su perspectiva subjetivista de la movilización de la clase obrera por el reconocimiento dentro de las categorías modernas y la lucha por la distribución equitativa de la plusvalía están acabadas. Desde la Tercera Revolución Industrial y más aún con la Cuarta Revolución Industrial, son las propias categorías las que han entrado en crisis, siendo la del trabajo la más evidente. El problema con esta perspectiva está en que reduce todo a una pura cuestión de voluntad organizativa. La forma social capitalista, su contenido conceptual y categorías constitutivas –trabajo, dinero, valor, mercancía, Estado, democracia, género, política, economía, ciencia, derecho, propiedad– que le dan un ordenamiento estructural interno, permanecen naturalizadas y transformadas en ontológicas. Por un lado, la ficción politicista sostiene que el buen funcionamiento del capitalismo –“capitalismo serio”– depende de la “buena voluntad” de políticos y dirigentes que sean capaces de diagramar prolijos proyectos de desarrollo equitativo e inclusivo. También, desde otros colores, se proponen “gobiernos obreros” que sean capaces de gestionar más eficientemente el sistema capitalista, hoy apropiado por las élites dominantes. Por otro lado, una crítica de la economía política inmanente toma los estándares internos propios del objeto analizado para develar sus contradicciones, inconsistencias y promesas incumplidas. La misma no juzga “desde afuera” con argumentos moralistas del tipo “gobiernos de la crueldad” o “egoísmos de los ricos”, sino que procede “desde adentro”, en busca de los patrones estructurales inconscientes que se nos imponen ciegamente (Tigre agazapado, dragón escondido. Crítica esotérica de la Economía Política, 2026). Está en ese ahora intentar derrumbar las falsas críticas –no por “malas” o “buenas”–, sino porque resultan anacrónicas y el propio sistema las ha enterrado, aunque, paradójicamente, las refuerza –las reforzamos, sostenemos, endulzamos– día a día. Está en ese ahora observar a la lógica enemiga de toda autonomía, esa lógica completamente subsumida al mundo mercantil de la democracia capitalista. Partidos políticos y sindicatos, como representantes de ese entramado, lo sepan o no, son los recuperadores históricos del Estado-capital. ¿Por qué seguimos esperando otra cosa de lo que son? La calle, su multiplicidad y autonomía Ya sabemos que el terreno del Congreso y la lógica de la concentración resultan sumamente adversos e hipervigilados. ¿Qué estrategias y lugares encontrar para no quedar subsumidos a las decisiones entreguistas de la lógica partidaria? Ayer, 19 de febrero, lxs autónomxs, autoconvocadxs y pequeñas organizaciones, con sus miles de contradicciones (ideológicas, simbólicas y prácticas), con sus potencias y cosas por afilar, han sido siempre y seguirán siendo quienes banquen la parada. El resto, humo. Con sus miles de diferencias, mientras veíamos las diversas banderas –argentinas, palestinas, mapuche, anarquistas, socialistas–, ayer recordábamos una charla con un compañero en la revuelta en Chile: Lo que pasa ahora en la revuelta es que la gente ocupa la bandera [de Chile]. En las protestas yo la veía, pero por alguna razón ya no me molestaba tanto. Antes uno veía a alguien con una bandera y decía “fascista de mierda”, y ahora en medio de las batallas hay banderas negras y también banderas chilenas. Y bueno, si están acá… (Periódico Gatx Negrx, 2019) “Que se vayan todos” se gritó en muchas ocasiones, así como también “La patria no se vende” y “Milei basura, vos sos la dictadura”. Lo múltiple, heterogéneo y complejo de la calle. La patria es la venta, la desposesión, la mercancía. Se trata históricamente del cementerio de pueblos originarios y obrerxs. Milei es una de las tantas desgracias que ofrece la democracia. Ni defectuosa ni por corregir: una forma social y política necesaria para la buena circulación de mercancías. Como tantas otras veces, ayer el espectáculo de los partidos resultó notorio: discursos de rebelión, puesta de escena, escenarios, reels, fotografías; humo, mucho humo, pero no del que sale del fuego que moviliza, sino de ese que el espectáculo garantiza. La insurrección es atractiva, garpa, mientras solo quede como una postal. Todas nuestras armas son hermosas. Todas nuestras invenciones son infinitas. Lejos del automatismo partidario –obediente, aburrido y repetitivo–, la imaginación nos espera. Folletos, banderas, bombos, remeras, cánticos, herramientas de sabotaje y de cuidado. Diversos textos que apuntan a contrarrestar la desinformación y el sentido común ciudadanista son repartidos en mano, cara a cara, para vehiculizar debates colectivos e internos necesarios para la época. Para toda época: “La capucha nos iguala en la lucha”, “Fotógrafx, ¿te preguntaste qué consecuencias tiene subir una foto?”, donde leemos “ninguna buena foto vale un pibe preso. Una cámara es un arma”. La ofensa y la poca escucha ante esto resulta un síntoma de época, un síntoma donde el yo, el ya sé, el no me interesa o no lo digas así proyectan la coraza que tanto nos cuesta derribar. Por suerte, todavía hay corazones dispuestos a derribarla, y no son pocos. Una compañera escucha a alguien que –en ojotas y con una lata de cerveza– comenta “aquellos seguro que son infiltrados”, refiriéndose a compañerxs con el rostro cubierto (como corresponde ante estas situaciones). Se lo interpela y se le entrega un panfleto que dice “Cuidados colectivos en manifestaciones”. Arduo y necesario resulta el esfuerzo por matar a nuestro policía-cuidadano interno. Esfuerzo ante la repetición muerta y desmovilizadora que leemos en un pasacalle de La Garganta Poderosa: “Hay un montón de desocupados, pero cómo crece la contratación de infiltrados”, evidenciando una vez más el loop mediático, sin pruebas ni análisis alguno. Lo volvemos a repetir, la política es triste, pero la militancia progresista es deprimente. Por suerte –o por acción autónoma, mejor dicho– otra bandera al lado de una de Palestina dice: “El pacifismo protege al sistema. No te pongas la gorra, ponete la capucha”. ¿Qué potencias cultivar, que escuchas oír, para abandonar las extensiones del Estado-capital y sus lógicas cuantitativas, estereotipadas y muertas? El enfrentamiento directo con las fuerzas represivas, la destrucción de las mercancías de los amos y el sabotaje son tan necesarios como los cuidados de nuestras niñeces, de nuestros ancianxs, de nuestros espacios, de nuestros vínculos, de nuestros cuerpos. Quienes digan que las tareas de cuidado son menos importantes o secundarias aún no han abandonado la perspectiva mercantil de transformación. La revolución es la reorganización de las tareas de cuidado. Y en esos cuidados también se alojan las miradas que pueden ver más allá de los discursos que nos sugiere e impone la máquina. Cuidados en el ahora donde la esperanza mercantil muere y donde el cuerpo que late a tu lado ya no es un infiltrado, sino alguien que quiere recuperar la vida que nos han robado. Referencias Expandiendo la revuelta. Infiltrados: cómo pacificar la protesta social. Septiembre del 2025. Periódico Gatx Negrx. «Lo que pasó aquí en Chile el 18 de octubre fue la protesta más potente de la historia que haya podido ver». 29 de noviembre del 2019. Disponible en: https://periodicogatonegro.wordpress.com/2019/11/29/lo-que-paso-aqui-en-chile-el-18-de-octubre-fue-la-protesta-mas-potente-de-la-historia-que-haya-podido-ver-entrevista-a-un-companero-de-la-region-de-chile-participe-desde-los-primeros-dias-de-la-rev/ Tigre agazapado, dragón escondido. Crítica esotérica de la Economía Política. “Sobre la reforma laboral: crisis del mundo del trabajo y límite inmanente del capitalismo”. 18 de febrero del 2026. Disponible en: https://tigreagazapadodr agonescondido.blogspot.com/2026/02/sobre-la-reforma-laboral-crisis-del.html Annegret Soltau Manifestación permanente 19.1.1976, 1976 Impresión en gelatina de plata 40×30cm

  • Enfrentar el horror cotidiano (Prólogo de Libro de Manuel) / Julio Cortázar

    Por razones obvias habré sido el primero en descubrir que este libro no solamente no parece lo que quiere sino que con frecuencia parece lo que no quiere, y así los propugnadores de la realidad en la literatura lo van a encontrar más bien fantástico mientras que los encaramados en la literatura de ficción deplorarán su deliberado contubernio con la historia de nuestros días. No cabe duda de que las cosas que pasan aquí no pueden pasar de manera tan inverosímil, a la vez que los puros elementos de la imaginación se ven derogados por frecuentes remisiones a lo cotidiano y concreto. Personalmente no lamento esta heterogeneidad que por suerte ha dejado de parecerme tal después de un largo proceso de convergencia; si durante años he escrito textos vinculados con problemas latinoamericanos, a la vez que novelas y relatos en que esos problemas estaban ausentes o sólo asomaban tangencialmente, hoy y aquí las aguas se han juntado, pero su conciliación no ha tenido nada de fácil, como acaso lo muestre el confuso y atormentado itinerario de algún personaje. Ese hombre sueña algo que yo soñé tal cual en los días en que empezaba a escribir y, como tantas veces en mi incomprensible oficio de escritor, sólo mucho después me di cuenta de que el sueño era también parte del libro y que contenía la clave de esa convergencia de actividades hasta entonces disímiles. Por cosas así no sorprenderá la frecuente incorporación de noticias de la prensa, leídas a medida que el libro se iba haciendo: coincidencias y analogías estimulantes me llevaron desde el principio a aceptar una regla del juego harto simple, la de hacer participar a los personajes en esa lectura cotidiana de diarios latinoamericanos y franceses. Ingenuamente esperé que esa participación incidiera más abiertamente en las conductas; después fui viendo que el relato como tal no siempre aceptaba de lleno esas irrupciones aleatorias, que merecerían una experimentación más feliz que la mía. En todo caso no escogí los materiales exteriores, sino que las noticias del lunes o del jueves que entraban en los intereses momentáneos de los personajes fueron incorporadas en el curso de mi trabajo del lunes o del jueves; algunas informaciones quedaron deliberadamente reservadas para la parte final, excepción que hizo más tolerable la regla. Los libros deben defenderse por su cuenta, y éste lo hace como gato panza arriba cada vez que puede; sólo he de agregar que su tono general, que va en contra de una cierta concepción de cómo deben tratarse estos temas, dista tanto de la frivolidad como del humor gratuito. Más que nunca creo que la lucha en pro del socialismo latinoamericano debe enfrentar el horror cotidiano con la única actitud que un día le dará la victoria: cuidando preciosamente, celosamente, la capacidad de vivir tal como la queremos para ese futuro, con todo lo que supone de amor, de juego y de alegría. La difundida imagen de la muchacha norteamericana que ofrece una rosa a los soldados con las bayonetas caladas sigue siendo una demostración de lo que va del enemigo a nosotros; pero que nadie entienda o finja entender aquí que esa rosa es un platónico signo de no violencia, de ingenua esperanza; hay rosas blindadas, como las vio el poeta, hay rosas de cobre, como las inventó Roberto Arlt. Lo que cuenta, lo que yo he tratado de contar, es el signo afirmativo frente a la escalada del desprecio y del espanto, y esa afirmación tiene que ser lo más solar, lo más vital del hombre: su sed erótica y lúdica, su liberación de los tabúes, su reclamo de una dignidad compartida en una tierra ya libre de este horizonte diario de colmillos y de dólares. Una última observación: entiendo que los derechos de autor que resulten de un libro como éste deberían ayudar a la realización de esas esperanzas, y mucho me hubiera gustado poder dárselos a Oscar para evitarle tantas complicaciones, contéiners de doble fondo, pingüinos y otras extravagancias parecidas; desgraciadamente el libro no estaba todavía escrito, pero ahora que ya anda por ahí podré encontrar el mejor empleo de esas regalías que no quiero para mí; cuando llegue el momento daré los detalles, aunque no sea ante escribano público. Postdata (7 de setiembre de 1972). —Agrego estas líneas mientras corrijo las pruebas de galera y escucho los boletines radiales sobre lo sucedido en los juegos olímpicos. Empiezan a llegar los diarios con enormes titulares, oigo discursos donde los amos de la tierra se permiten sus lágrimas de cocodrilo más eficaces al deplorar «la violación de la paz olímpica en estos días en que los pueblos olvidan sus querellas y sus diferencias». ¿Olvidan? ¿Quién olvida? Una vez más entra en juego el masaje a escala mundial de los mass media. No se oye, no se lee más que Munich, Munich. No hay lugar en sus canales, en sus columnas, en sus mensajes, para decir, entre tantas otras cosas, Trelew. Fuente: Libro de Manuel 1973 Ed Sudamericana. Stefanie Schneider Sin título (Cuentos de hadas), 2006 Polaroid 10,7 × 8,7 cm

  • Gratitud y elaboración: una Carta de Erich Mühsam a Sigmund Freud / Franco Ingrassia

    En mayo de 1907, el escritor Erich Mühsam decide escribirle a Freud para expresarle su “gratitud por la curación de una grave histeria” lograda por uno de sus discípulos, Otto Gross, “mediante su método”. En la breve misiva, Mühsam expresa además ciertas elaboraciones acerca de dicho método, construidas a partir de su propia experiencia. Consideramos que dichas elaboraciones hablan por sí mismas. Pero sumamos como adenda, para quien quiera seguir investigando, unas breves notas biográficas de este analizante y de su analista. (F.I.) Carta de Erich Mühsam a Sigmund Freud Munich, 28 de mayo de 1907 Muy distinguido señor Profesor: Debo expresarle mi gratitud por la curación de una grave histeria que su discípulo, el Dr. Otto Gross, de Graz, ha logrado en mí mediante su método. Espero que el relato de un paciente sobre un tratamiento catártico extraordinariamente exitoso tenga para Ud. el suficiente interés como para excusar esta carta. Padecía de síntomas patológicos severos: una fuerte irritabilidad que derivaba en ataques de rabia, los cuales desembocaban en estados de confusión durante los cuales quedaba postrado, anulado cualquier control sensorial y sin poder reunir la energía necesaria para moverme o cambiar mi situación. En ocasiones, los ataques me sumían en una confusión mental total e incluso en la disfunción de algunos sentidos, como una ceguera temporal completa. El Dr. Gross, con quien mantenía una buena relación de amistad, aceptó tratarme tras mi petición. El éxito superó todas las expectativas: fui completamente curado en un lapso de unas seis semanas. Desearía que conociera las observaciones que realicé durante este proceso. Mis dotes poéticas me permitieron, de una manera particular, hallar asociaciones de palabras apropiadas y, a través de ellas, construir con gran rapidez largas cadenas de pensamiento. Esto no solo me brindó valiosas perspectivas sobre mi forma de pensar, sino que me aportó un conocimiento de extraordinario valor sobre la naturaleza de mi producción artística y, a través de mis recuerdos inconscientes, me permitió contemplar con claridad todo mi desarrollo. Observé progresivamente cómo la capacidad de remontar los síntomas de mi enfermedad hacia sus orígenes profundos conllevaba la desaparición de estos; pude constatar cómo, a veces, a través de una pregunta del médico y la consiguiente respuesta con sus asociaciones, de pronto una sección entera de la enfermedad se desvanecía. De igual forma, fuera de las sesiones y tras finalizar el tratamiento, el método continuaba funcionando automáticamente en mí; al fijarme espontáneamente en un objeto, una palabra o una impresión, se liberaban criptomnesias, liberándome así de otras inhibiciones de peso. Como escritor, me interesaba particularmente el funcionamiento de su sistema. Encontré que su valor residía, sobre todo, en que la tarea del médico consistía principalmente en lograr que el paciente se convirtiera en su propio médico. Se incita al paciente a realizar el diagnóstico de su afección y, a partir de ahí, es él quien conduce su propio tratamiento. Se le induce a dejar de interesarse en sí mismo como un individuo sufriente para centrarse en el sufrimiento mismo. El paciente objetiva su condición: ya no se ve como un mártir afectivo o un histérico en busca de compasión, sino como alguien que ya no padece la enfermedad, sino que simplemente la percibe. Esta transformación de sensaciones subjetivas en valores objetivos es el proceso de la cura. Temía que el tratamiento paralizara mi productividad lírica, dado que la creación artística consiste, en última instancia, en la proyección directa de procesos inconscientes en una vivencia sensorial sin elaboración intelectual previa. Creía que el simple hecho de acceder psicológicamente a tal proceso bastaría para anularlo mediante un juicio intelectual. Hoy puedo declarar con satisfacción que tal temor no se concretó. Al contrario, al suprimirse numerosos obstáculos internos, mi psiquismo se ha vuelto más sensible y reacciona con mayor facilidad a los estímulos creativos. La diferencia con lo que sucedía antes solo se observa tras la producción. Mi sentido crítico es ahora mucho más agudo. Mientras que antes miraba mis poemas con un sentimiento de impotencia y extrañeza, hoy soy capaz —incluso pocas horas después de su concepción— de reconocer los lazos inconscientes que unen el clima del poema con su composición. Los acontecimientos que inspiraron la obra ya no permanecen ocultos tras el proceso de creación, sino que pueden ser devueltos a la superficie sin dificultad. Perdone que me haya lanzado, no siendo médico, a la disección profunda de su sistema. Creo, sin embargo, que es justamente mi capacidad de comprender con claridad el método lo que ha permitido una cura tan rápida y segura. No obstante, atribuyo al Dr. Gross el mérito principal del éxito; el tratamiento no habría sido posible sin la inteligencia de sus preguntas, la competencia de sus respuestas y su actitud llena de amabilidad y discreción hacia un paciente que se expone a una confesión muy comprometedora. Con todo, no querría olvidar que mi médico nada hubiera logrado sin su genial psicología. Les debo, pues, a ambos el alivio de un peso que me oprimía de forma interminable. Le ruego acepte, en esta breve exposición, mi gratitud más sincera y calurosa. Suyo afectísimo, Erich Mühsam, escritor. *** Erich Mühsam: Poesía en la barricada Erich Mühsam (1878–1934) encarnó como pocos la fusión entre arte y rebelión en la Alemania de entreguerras. Nacido en Berlín, este anarquista de pluma afilada no se conformó con observar la realidad desde un escritorio; fue un agitador nato, una pieza clave en la bohemia radical y en las revistas satíricas que incomodaban al poder. Su compromiso llegó al límite durante la Revolución de 1918, cuando se jugó el pellejo como uno de los líderes de la breve República Soviética de Baviera. El costo fue alto: años de cárcel, censura constante y una vida marcada por la escasez. Lo que distinguía a Mühsam no era la teoría académica, sino su virulencia antiburguesa. A través de poemas, obras de teatro y ensayos de combate, atacó sin piedad al militarismo y al Estado, buscando interpelar a un público popular, no a las élites. Esa lengua mordaz lo convirtió en un objetivo prioritario cuando los nazis ascendieron al poder. Detenido tras el incendio del Reichstag en 1933, sufrió un calvario de torturas en los campos de concentración. Su muerte en Oranienburg, falsificada por el régimen como un "suicidio", selló su destino como un símbolo trágico de la cultura crítica aplastada por la brutalidad del fascismo. *** Otto Gross: El analista maldito Si hubo una ‘oveja negra’ en los albores del psicoanálisis, ese fue Otto Gross (1877–1920). Brillante y errático, pasó de ser una de las promesas favoritas de Freud a convertirse en un paria, expulsado del círculo interno por ‘radical’. Su vida fue una ironía trágica: hijo de Hans Gross −conocido como el padre de la criminología moderna−, Otto dedicó su existencia a intentar dinamitar la autoridad que su padre representaba. Médico de formación, se sumergió en el estudio de las adicciones no sólo como clínico, sino como paciente, viviendo en carne propia la experiencia del consumo de drogas. Gross no se limitó a los consultorios; fue una figura eléctrica en la Mittel Europa de principios de siglo, vinculándose con anarquistas, artistas y escritores. Su trayectoria política y profesional estuvo marcada por internaciones psiquiátricas, conflictos familiares y una progresiva marginación institucional, que contrastan con la intensidad de su presencia en los debates culturales de la época. Lejos de concebir la neurosis como una problemática individual, la pensó como el síntoma de una sociedad afectada por la moral burguesa y el patriarcado. Su obra, fragmentaria y dispersa, circuló principalmente en artículos breves y conferencias, sin llegar a consolidarse en un sistema doctrinario. Su legado apenas sobrevivió a su muerte solitaria y miserable en Berlín. Décadas después, sería rescatado del olvido como el eslabón perdido que intentó por vez primera articular psicoanálisis y política revolucionaria. De Otto Gross puede leerse en castellano: Más allá del diván: Sexualidad, autoritarismo, psicoanálisis y matriarcado [recopilación de sus escritos]. Madrid, Editorial Irrecuperables 2018. Disponible acá. Jo Spence Revisualización: Remodelando la fotohistoria, 1981-1982 Fotografía en blanco y negro 40,5 × 30,5 cm

  • Torpeza elemental / v. Nicolás Koralsky

    Ahí tiro una piedra perdida al lago, en medio de la noche con luna menguante a ver si las ondas que deja su caída hacen algún dibujo además de la música seca del plop cuando, por su peso el pedazo de algo  que entra en mi mano, escogido con cuidado da lugar a la expansión no invasiva donde el agua contenida que fue arrastrada de otros universos y fue a parar frente a nosotros actúe como la amistad. Los reflejos se miran en el espejo de agua y una superficie quieta, imperturbable como su calma se abre para recibir la fuerza de la piedra que no rompe el manto líquido sino que hace que el plano se vuelva hondo. La energía bruta se alza en vibraciones por el roce con la emoción frágil del liso cristal. La piedra, que parecía una desgraciada , insultada por su gravedad ahora vive en el lecho que gracias a la porosidad de su estructura podrá lubricarse y, quizás, en un tiempo reverdecerse. Como penas pesadas escritas en el árbol vuelto papel la tinta apretada entre los dedos deja la huella del latido de lo sufrido, lo dolido, lo amenazado. El chorro azul deja una marca como la vena en la dermis: se vuelve fluido del pensar lastimado. Las veo hincharse en los brazos y también en la frente. El acto de pasar la idea al tacto que se contornea a una palabra expulsada en una hoja blanca libera su espesura, vuelca su fuerza. La presión de lo escrito es consumida por una llama que soplará el dolor hacia la nube gris que en la mañana será lo opuesto. Ahí el lago responderá haciendo refracciones como señales. Huesos pesados, luego de pasearlos no solo por instituciones que dicen traer el alivio pero recuerdan más al final entre consultas donde uno debe volverse paciente caminarán con la ayuda de las piernas de otros y en sus manos cerca de un árbol que no olvida el tiempo harán que el peso terrestre, ese que siempre deja todo al ras, en lo bajo permita ser lo nuevo vivo en la tierra. Lo que nutre llenará de colores para energizar la vida que se abrirá paso entre viseras que abrazan luego serán frutas coloridas, semillas fecundables, extremidades de otro ser. En las oscuridades interiores esófago, estómago, intestinos se marchitan para alimentar el peso y como el chiste simple que hizo del aire blando una carcajada será desprendida con el roce del viento.   Sólo seremos eco voz infinita que nos sabe acariciar como el placer profano que envolvió al cuerpo una noche tibia para hacerlo gemir hasta en los huesos del oído . El aire que no pasa por la garganta puede ser más pesado que la piedra torpe que se hunde gracias al peso de su inutilidad. Michael Kenna Árbol del lago Kussharo, Estudio 15, Kotan, Hokkaidh, Japón, 2009 Impresión en gelatina de plata en tono sepia 20 × 20 cm

  • Estás / Verónica Scardamaglia

    Los jazmines y las violetas, una cucharita de dulce de leche adentro del café con leche, el color azul y la atención al combinar los colores en la ropa, el tapado de cuero bordó, los ojos delineados de negro negrísimo con combinación de sombras celeste y gris, la talquera de violetas Fulton, cierto modo de estar sentada en el sillón, cenar en la cama, con bandejas, mirando la tele, escuchar la radio, también para dormir, los boleros y canciones de Manzanero, Frank Sinatra y Julio Iglesias, el inglés, los inolvidables sótanos de los café concerts, todas las peli musicales de Hollywood: Ginger Rogers, Fred Astaire, Ester Williams, Gene Kelly, Donald O’Connor, Shirley Temple, Doris Day, Judy Garland y “somewhere over the rainbow” el placer por ir al teatro: El diluvio que viene, La mujer del año, La jaula de las locas, las funciones de continuado en el cine: Hair  + Pink Floyd The wall  en el Fénix, un libro de premio ante cada nueva vacuna, María Elena Walsh en todos sus formatos, volver de la Feria del libro repleta de nuevos tesoros: entre ellos,  Cuentos de amor  de Poldy Bird con dedicatoria, el amor por estudiar y por el helado, los muñequitos de porcelana y las estatuitas de adorno, el juego de copas de cristal de Murano, caminar descalza, cierto cuidado por las uñas, regalar, regalar y regalar, la insistencia y la resistencia, la libertad de casi no decirme que no a nada. Ana Luiza Rodrigues Arte ABC de una Nueva Realidad 2022 Plástico, acero e hilo dental 8 × 13 × 7,5 cm

  • Simultaneidades / Verónica Scardamaglia

    Un hombre que vive en la calle muere, anónimo, en una esquina. Un biombo de la policía lo esconde. Al otro día, un ramo de flores en una lata allí. Camina a tomar el colectivo en busca de las ofertas de un shopping. Vuelven al mar, entusiasmadas, después de muchos años. Avisan que hubo un minitsunami en Santa Clara. Un señor mayor protesta enérgicamente: se le colaron en la fila del transporte. Otro señor mayor, otro miércoles más, queda enceguecido por bronca y gases en la plaza Caminan rápido para llegar a ver un atardecer en el Río de la Plata. Las brigadas de la Comarca Andina dan pelea contra los incendios que crecen demasiado rápido. El fuego de las Panteras Negras vuelve a crecer ahí, donde hacen falta. Actrices, cantantes famosxs y muchísima gente común denuncian, ayudan y esperan que algo muera para que otra cosa nazca. Furias pacificadas implosionan en cuerpos. Legisladores aumentan el tintineo de sus bolsillos. Gobiernos gobiernan. Agnès Varda Reunión de las Panteras Negras por la liberación de Huey P. Newton, Oakland, 1968. Fotografía en gelatina de plata 23,7 × 28,1 cm

  • Adynata Febrero: Millones de hastíos / MP

    Millones de hastíos ¿Vamos a dejar que se destruya el planeta porque algunos pocos millones de avaricias desorbitadas estén dispuestas a cualquier cosa por tener más y triunfar? Desmesura que necesita de la pobreza, la desigualdad y la muerte para reinar. Vivimos en la época más desigual de la historia. El problema no reside en la escasez sino en la desigualdad. El principio de las economías capitalistas se basa en la idea de escasez. Sostiene que mientras los deseos son ilimitados, los recursos no. Las necesidades de la población mundial de alimento, agua, abrigo, vivienda podrían satisfacerse con los medios disponibles en el presente. Pero la cuestión del deseo no reside en si tiene límites o no. No se trata de practicar, como pensaba el estoicismo, límites para el deseo. Ni tampoco persuadir al deseo de lo vano de la perpetua novedad. Acaso se necesite pensar el deseo en su condición de amarre y desamarre. Necesidades necesitan algo, deseos desean desear. Deseos no reaccionan ante una necesidad, sino ante una atracción. La sed necesita agua; deseos se mueven atraídos por sabores, embriagueces, fascinaciones, conquistas. Deseos se mueven como peces que muerden anzuelos. ¿Se trata de hacer o procurar que los ganchos de la emancipación atraigan más que los ganchos del capitalismo? ¿Llegará el día en que deseos no muerdan anzuelos ni queden enredados en una red? ¿El día en que sientan sus bocas heridas? ¿Y se den cuenta de que no tenían hambre de una cosa, sino ansias compositivas y exploradoras? Cierto: ansias de poder, de propiedad, de acumulación, de fuerza, se presentan ilimitadas. Pero, poder, propiedad, acumulación, fuerza, simulan carnadas que se clavan en las terminales nerviosas. Y, como ocurre con señuelos de metal con punta invertida, entran fácil, pero después intentos por extraerlos, destruyen. Franco Berardi cita este fragmento de Eugenio Montale (1970), tomado del poema La historia que dice: “ La historia raspa el fondo / como una red de arrastre / por sus desgarraduras más de un pez escapa. / En cualquier ocasión se encuentra uno que se salva / que no parece particularmente feliz. / Ignora estar afuera, ninguno se lo ha dicho. / Los otros, en la red, se creen / más libres que él” . La red de la historia tiene desgarraduras. Cada tanto, existencias se escapan. Algunas sensibilidades se sueltan del sentido común, pero no lo saben. Nadie las puso al tanto. Viven el afuera de la red como desgracia. Mientras que las que están encerradas, dentro de la red normalizadora, se sienten libres. Quizá el hastío sobrevenga como libertad que no sabe de sí. El infortunio del deseo no reside en la carencia, la insatisfacción, la frustración, la insaciabilidad. Aunque todo eso, y más, pueda ocurrir. La desdicha tediosa sobreviene cuando se vive con su ausencia. Y, ¿si acaso se tratara de momentos de extravío y no de ausencia? v. Nicolás Koralsky (2025) Serie Frágil .

  • El hastío de los dioses / Marcelo Percia

    Heinrich von Kleist (1810) piensa el teatro de marionetas como arte superior. Dice que nadie podría danzar con tanta gracia e ingravidez. Ningún cuerpo hablante tendría esa capacidad. Marionetas no cuestionan hilos que las mueven. No piensan. Llevan existencias de cartón. Sin memorias ni pesadumbres. Incluso caídas y abandonadas, no se aburren ni sufren. Están ahí como disponibilidad inactiva. A la espera de una mano que simule darles vida. Si les dieran a elegir entre la carne y las sombras, marionetas elegirían las sombras. ***** Se conocen muchas fábulas sobre la creación. Se sabe el génesis como resultado de la generosidad y la gracia de dios. O se recuerda la conjetura materialista de Epicuro de que el universo aconteció cuando los átomos se desviaron y, moviéndose al azar, sintieron la voluptuosidad de frotarse entre sí. O da gusto cuando Italo Calvino (1965) cuenta, en Todo en un punto , el momento en el que el universo estaba concentrado en un solo punto, hasta que una voz exclama:  “¡Ah, si tuviera un poco de espacio, qué ganas de amasar unos tallarines!” . Y, entonces, sucede el estallido. ***** En el siglo diecinueve europeo, Leopardi, Kierkegaard, Nietzsche, imaginaron la creación como obra del hastío. Sin conocerse entre sí, concibieron la invención de las pasiones como entretenimiento en un mundo tedioso. Y sospecharon el diseño de las sensibilidades que hablan como juguetes o marionetas de la nada. ***** Leopardi recrea la versión de la caja de Pandora. Lo que, para la imaginación griega clásica, suponía el castigo de esparcir todos los males, para el poeta nacido en Recanati supuso una acción de los dioses para curar a las criaturas mortales de la ingratitud y el hastío. Leopardi (1824) escribe un ensayo que se llama Historia del género humano , en el que relata que las fragilidades hablantes, todas nacidas al mismo tiempo, vivían alimentadas por abejas y otras ternuras. Habitaban un mundo perfecto y, por lo tanto, cierto y previsible. Y, así, transcurrían felices. Sin embargo, con el paso de los años sintieron esa extensión pequeña, limitada, sin novedad. Vivían en una eterna plenitud en la que no pasaba nada, salvo la plenitud. Entonces acontece el escándalo de la creación: la llamada humanidad siente el paraíso como poca cosa. Prueba el fruto envenenado del ocio. Los dioses de Leopardi llenan la vida de conflictividad. La inundan de pliegues, sombras, rasgaduras. Pérdidas y despedidas. Escribe: “Se propusieron los dioses mejorar la existencia de las criaturas humanas y dotarlas de problemas y recursos. Esparcieron enfermedades e infinitos males, calculando que teniendo que luchar para sobrevivir, tendrían menos tiempo para el ocio (...). Dividieron el año en estaciones, heladas unas, abrasadoras otras; (...) y para que las regiones de la tierra fuesen diversas entre sí, crearon montañas y valles. (...) Y para que no conocieran los confines de su estancia, crearon los mares. (…) La tierra fue repartida en pueblos diversos y enfrentados, y así surgieron las patrias, y, con las patrias, las guerras; la diversidad de lenguas; el antagonismo irreductible y formidable de las religiones y los cultos. Pero quisieron, sobre todo, incitarlas a obrar según fantasías bellas y nobles. Diseminaron sombras divinas, como la Justicia, la Virtud, la Gloria; y pusieron también el Amor, que entonces, por primera vez, descendió a la tierra. De estos fantasmas nacieron en las criaturas mortales dulzuras y ardores increíbles, sacrificios y actos de abnegación, que las distrajeron de la amargura y del tedio de la vida” . Los dioses de Leopardi cansados de la insatisfacción de las criaturas humanas les dieron los males para que tuvieran que luchar por subsistir y les dieron ideales para que tuvieran valores por los que vivir. Acaso decorados para suavizar el hastío de existir. ***** ¿El tedio sobreviene como una forma de ingratitud? ¿Lo dado no alcanza? ¿Se demanda más y más, y otra cosa? Y, ¿si acaso no se tratara del hastío de existir como condición primordial? ¿Ni de la enfermedad de la insatisfacción ni del mal de la ingratitud? ¿Si se tratara de algo más insondable que el hastío, la insatisfacción, la nada? ¿Si se tratara de que no sabemos cómo vivir? ¿De que ningún tiempo lo supo ni lo sabrá? ¿Y que cada época expande repertorios de respuestas inmediatas que sofocan ese no saber? ***** En la visión de Kierkegaard los males se explican porque vivimos en la insatisfacción y el vicio de los entretenimientos. La superficialidad, la búsqueda de novedad, la distracción, como huidas de sí. El escritor danés piensa el aburrimiento como umbral de desesperación. Concibe la nada como peligro. Como pantano profundo frente al que se necesita un salto de fe. Hastío no quiere decir no tener ganas de nada, sino vivir una existencia desganada. Una existencia sin compromiso. Así compone una fábula moral. Una cosmogonía irónica y desencantada. Una historia de la civilización no inspirada en el amor, la justicia, la igualdad, la algarabía de un común vivir, sino en el terror al aburrimiento. Un hastío sólo adormecido por distracciones que nunca alcanzan. Un hastío que no cesa ni con las crueldades de la guerra. Escribe Kierkegaard en un breve texto que se llama La rotación de los cultivos. Ensayo para una doctrina de la prudencia social. Incluido en O lo uno o lo otro, publicado en 1843 . “ Los dioses se aburrían y por ello crearon a los hombres. Adán se aburría porque estaba solo y por ello fue creada Eva. En ese instante, entró el tedio en el mundo y fue creciendo exactamente en la misma medida en que crecía la población. Adán se aburría solo, luego se aburrían Adán y Eva en conjunto, luego se aburrían Adán, Eva, Caín y Abel en familia, luego aumentó la población en el mundo y las gentes se aburrieron en masa. Para esparcirse, concibieron la idea de construir una torre tan alta que traspasase el cielo. Esta idea era tan tediosa como alta era la torre y, además, era una prueba formidable de hasta qué punto el tedio predominaba. El hombre estaba en lo más alto y cayó a lo más hondo, primero por Eva, después por la caída de la torre babilónica” . Para Kierkegaard ni la mujer ni babel, ni la erótica ni el amor, ni la desmesura de unirse para llegar hasta el cielo: nada puede curar el tedio con el que los dioses infectaron la creación. La civilización vive asediada por la silenciosa amante del hastío: la nada. Escribe Kierkegaard: “El tedio descansa en esa nada que serpentea a través de la existencia y su vértigo es como aquél que se desprende de mirar hacia abajo en un infinito abismo, infinitamente” . ***** ¿Qué pasaría si la nada no llevara a la desesperación o si la angustia no se presentara como desesperación desquiciada? ¿Qué pasaría si la nada bastara? ¿Qué pasaría si pensáramos la nada como nada y no como un abismo cada vez más profundo e insondable? ¿Qué pasaría si no supusiéramos hundimientos o pozos de tormentos? ¿Se podría considerar la serena calma de la nada? ¿Se podría pensar la nada sólo como nada? ¿Sin ornamentos, sin aplacarla con diversiones, sin inventarle tormentosas profundidades? Hay tedio porque hay nada. Cuánto más se interroga esa nada, más infinita. Tal vez se trata de comprender eso: la existencia serpentea hasta la sola muerte, sin más. ***** En otro fragmento de ese mismo libro anota Kierkegaard en primera persona:  “No siento ganas de nada. No me dan ganas de montar a caballo, es un movimiento demasiado brusco; no me dan ganas de caminar, resulta demasiado agotador; no me dan ganas de recostarme ya que, o bien debería permanecer acostado, y esto no me da ganas, o bien debería levantarme, y esto tampoco me da ganas. En suma: no me dan ganas de nada . Solo de una cosa tengo ganas. De nada” . Una semblanza del hastío como abandono. Como velo ante la angustia: ese nombre secreto de la nada. O de la melancolía que inventa una profundidad en la que sumergirse. Melancolía que entre el abismo y la nada, opta por el abismo. ***** Freud no conoció la obra del filósofo de la angustia. Aunque sesenta años después ronda los temas del danés en Duelo y melancolía . Melancolías no ven en la nada sólo nada. No admiten lo perdido, lo conservan -diría Kierkegaard- en “un infinito abismo infinitamente” . No hay duelo: la dolorosa tristeza por lo perdido. No hay lo perdido como perdido, sino como fantasma que se atesora y crece. Paranoias tampoco ven en la nada sólo nada. Sospechan conspiraciones planeadas para robarnos la vida y hacernos desaparecer. Qué difícil sentir la inocencia de una nada en calma. Sentir el transcurrir de un tiempo sin apuro. Sin el peligro de lo que caduca, se deteriora, se altera, lastima, muere. Tal vez Kierkegaard imagina la inacción como intento de fundirse en la nada. Habitar un yo desganado como cura de la insatisfacción. ***** ¿Y si la angustia no se pensara como vacío o falta de fe, ni como sociedad del hastío con la melancolía? ¿Si pensáramos la angustia como momento soberano de no saber cómo vivir? ***** Nietzsche proyectaba conocer la obra de Kierkegaard en un viaje a Copenhague pero su salud se lo impidió. En El Anticristo , un manuscrito bien guardado que pudo rescatar, en 1889, su amigo Overbeck, escribe: “El viejo Dios, todo él ‘espíritu’, todo él sumo sacerdote, todo él perfección, se pasea por el jardín placenteramente: sólo que se aburre. Contra el aburrimiento luchan en vano incluso los dioses. ¿Qué hace? Inventa al hombre, el hombre es algo entretenido…Pero he aquí que también el hombre se aburre. La piedad del Dios, por la molestia que tienen en sí todos los paraísos, no conoce límites: pronto creó también a los animales. Primer error de Dios: el hombre no encontró entretenidos a los animales, los dominaba, no quería ser un animal. Entonces, Dios creó a la mujer. Y, de hecho, el aburrimiento se terminó. ¡Pero se complicaron otras cosas! La mujer fue el segundo error de Dios” . Dios se siente amenazado por la mujer. Ella prueba el árbol del conocimiento. Ella piensa y no le teme. Dios decide expulsar esas rebeldías del paraíso: “inventa la indigencia, la muerte, el peligro mortal del embarazo, toda especie de miserias, vejez, fatiga, sobre todo enfermedad” . Inventa el mal para sofocar insurgencias. Y cuando, no obstante, las frágiles criaturas mortales, levantan una inmensa torre para tomar el cielo por asalto, “el viejo Dios inventa la guerra, separa a los pueblos, hace que se aniquilen mutuamente” . Pero, como ni eso alcanza, dios se da cuenta de que no queda otro remedio que ahogarlas con la proliferación de morales, pensamientos inútiles y otros fantasmas. ¡Qué sutileza destacar que “ la molestia que tienen en sí todos los paraísos, no conoce límites” ! Nietzsche insinúa que de las derivas del hastío nace la revuelta. ***** Georg Büchner (1836), en Leoncio y Lena , piensa el aburrimiento como vicio de la abundancia. El príncipe Leoncio tiene todo lo que un joven rico y poderoso puede anhelar. Lo presenta así: “¡Dios mío! Todo mi trabajo consiste en matar el tiempo. Primero me siento, luego me levanto, después me vuelvo a sentar. ¡Es agotador! He contado cuántas veces puedo escupir sobre esa piedra; ya voy por las trescientas sesenta y cinco. ¿Ves, Preceptor? Es un año entero de trabajo, un calendario de saliva” . Büchner escribe esta obra antes de cumplir los veintitrés años. Muere meses después de tifus. Dice Leoncio mientras vagabundea sin dirección con su amigo :   “¡Oh, Valerio! ¿Sabes tú qué es el aburrimiento? (...) El hombre es un animal que bosteza; los demás animales no bostezan, o al menos no lo hacen con tanta distinción” . O se lee en otra de sus obras ( La muerte de Danton ): “¡Qué no es capaz de hacer la gente por puro aburrimiento! Estudian por aburrimiento, rezan por aburrimiento, aman, se casan y procrean por aburrimiento y, finalmente, mueren de aburrimiento” . En la dramaturgia de Büchner se presenta el aburrimiento como tristeza de una época en la que la vida transcurre sin pasiones. El aburrimiento como fuente de proezas vanas e infinitos desaciertos. En Leoncio y Lena , bajo la forma de una comedia de amor, concibe el hastío como indiferencia política. Para el joven nacido en Alemania, en el mismo año que Kierkegaard, matar el tiempo de los días, equivale a clavar una daga en el corazón del porvenir. ***** Freud advierte que la primera guerra europea del siglo veinte, con todo su horror, su destrucción, su crueldad, pone a la vista el hastío de la civilización. En 1915 termina La transitoriedad , un ensayo escrito para una publicación en homenaje a Goethe, en medio de esa gran tensión. Tiene casi sesenta años. La palabra: Vergänglichkeit, traducida como La transitoriedad  por Etcheverry y como Lo perecedero  por Ballesteros, hace referencia a lo efímero, lo fugaz, lo que no permanece. Se trata de una reflexión sobre la condición pasajera de la belleza en tiempos de mutilaciones y enmudecimientos. Freud dice que una flor no tiene una existencia menos hermosa por durar sólo un día. Recuerda que lo que agoniza en invierno, renacerá en primavera. Discute la idea de transitoriedad como condena. Intenta pensar de qué manera nos aflige cada pérdida inevitable. Vislumbra el duelo como enigma. Al cabo, no piensa lo eterno como permanencia, sino como cambio. Afirma que la transitoriedad de lo bello no tendría que empañar el contento de lo que no perdura. Menciona una conversación que, durante un paseo, tuvo, en el verano de 1913, (se supone) con Lou Andreas-Salomé y Rilke. Escribe: “Hace algún tiempo, en compañía de una amiga taciturna y de un poeta joven, pero ya famoso, salí de paseo, en verano, por una exuberante campiña. El poeta admiraba la hermosura de la naturaleza que nos circundaba, pero sin regocijarse con ella. Lo preocupaba la idea de que toda esa belleza estaba destinada a desaparecer, que en el invierno moriría, como toda belleza humana y todo lo hermoso y lo noble que los hombres crearon o podrían crear. Todo eso, que de lo contrario habría amado y admirado, le parecía carente de valor por la transitoriedad a que estaba condenado. Sabemos que de esa caducidad de lo bello y perfecto pueden derivarse dos diversas mociones del alma. Una lleva al dolorido hastío del mundo, como en el caso de nuestro joven poeta, y la otra a la revuelta contra esa facticidad aseverada. ¡No, es imposible que todas esas excelencias de la naturaleza y del arte, el mundo de nuestras sensaciones y el mundo exterior, estén destinados a perderse realmente en la nada!” . Entre el dolorido hastío del mundo y la revuelta contra la extinción de lo bello, Freud se inclina por la revuelta, pero sin olvidar el dolorido hastío del mundo. Cree que las artes y las ciencias, el trabajo y el amor, elevan a la civilización. Se pregunta cómo hacer el duelo ante lo que no permanece. Razona que una belleza perdida fertiliza el suelo de lo bello por venir. Sabe que, si no, se corre el riesgo de un obstinado abrazo a la nada. El triunfo de la melancolía, esa cálida anfitriona del hastío que prefiere ayunar o llamar a la muerte antes que sentarse en la misma mesa que el duelo. Freud, en Duelo y melancolía , dos años después, utiliza la expresión hastío de vivir  ( Lebensüberdruss ). No ve en ese estado el inicio de una revuelta, sino la inmovilidad de una pesadumbre. ***** Acaso se llame duelo a un tiempo de dolor y tristeza (no de hastío y distracción) en el que no se sabe qué hacer con lo que muere. Incluso un tiempo que no quiere saber la muerte. Y, acaso se llame duelo también al tiempo, tras la muerte, en que no se sabe cómo seguir viviendo sabiendo lo irremediable. ***** Melancolías anticipan espectros de caducidades futuras. Se acomodan en la languidez para mirar lo que muere en lo que todavía vive. Al final, el tiempo les dará la razón. ¿Hay otra forma de vivir?, ¿pactar con lo que perece?, ¿afincarse en la creencia de que un momento bello conservará su belleza para siempre? ***** Pero, sin ceder a la negación, ¿cómo se hace el duelo por una civilización que se ama? Balas, bombas, muertes por gas, anuncian otra cosa. ¿Tal vez el retiro de los dioses o la náusea de la razón? En esos tiempos aciagos, Freud no objeta capitalismos ni expansiones imperialistas, piensa la guerra como enfermedad de la pulsión. ***** Cada época acalla, con sus soluciones, la misma pregunta de siempre: ¿cómo la vida? En cada época, voces sin respuestas, de diferentes maneras, claman: ¡Basta, así no! Mario Martín del Campo. Sin título (Marioneta), 1996. Grabado en colores sobre papel vitela. 44,5 × 34,3 cm

  • Correspondencia Lou Andreas Salomé- Anna Freud (Vl) / Cynthia Eva Szewach

    Y éstos son los deseos: quedos diálogos de las horas cotidianas con la eternidad. Y eso es la vida… Rainer M Rilke Se respira en la correspondencia la intimidad que van creando entre ambas mujeres. Anna no vacila en admitir la forma “posesiva” de amar a Lou, quien, de manera tierna con rodeos retóricos y hasta confusamente delicados, acude a algunas metáforas para decirle de las diferencias y extrañezas que las unen o las distancian: “cada una tejiendo su propio calcetín espiritual”. Cada amistad en la vida, es para ella un amor de especial sensualidad. En septiembre de 1922, se realizó el Congreso Internacional en Berlín. Freud expone un texto titulado “Observaciones acerca del inconsciente”. Las cartas que se transmitirán en esta ocasión pertenecen a los días posteriores al Congreso del cual llamativamente no hacen casi comentarios. Lou A. Salomé se instaló en Berlín. Fue invitada además a realizar durante unos meses, una pasantía en “La Policlínica Psicoanalítica” que Max Eitingon dirigía desde1920. La institución fue inaugurada a fin de ofrecer formación y atención inclusive para quienes carecían de recursos económicos. Un hecho político novedoso en esos tiempos que contaba con el apoyo y la colaboración de Sigmund Freud. En la casa de los Eitingon por las noches se realizaban tertulias. Bajo la atmósfera de la época y de un intercambio efervescente cuenta Lou que, en la sobremesa se leyeron escritos del amigo ruso-ucraniano Lev Schestow, filósofo y poeta, autor de un libro con un hermoso título: “Apoteosis de lo infundado”. En otras veladas hubo música y cantos que llegaban a las entrañas de emoción. Lou se muestra plena y escribe: “que podamos alabar eso como lo más hermoso, sin miedo y sonriendo”. Eran años cercanos a la finalización de la primera guerra y, por lo tanto, teñidos de pérdidas. Sophie, la hija tan amada por Freud, había fallecido por la peste en 1920. En las escenas que narran, ronda el pequeño hijo, un nieto llamado Heinerle. El juego del Fort-Da no traerá esta vez a su madre de vuelta al hogar. Lou se conmueve con gesto de abrazo interrumpido, al ver a Freud prodigarle cuidados tan amorosos. La invade en su sentir siempre un agradecimiento. El encuentro con el maestro le ha transformado el camino del pensar, de andar la vida. Se puede leer aquí a Anna un poco preocupada por sentirse inoportuna con su interlocutora. Fantasía transferencial en resonancia con las diversas confesiones, imaginaciones y algunos ensueños que sugieren en sutiles entrelíneas. Cuchichean, murmuran, susurran confidencias. Lou de forma seductora la compensa con elogios que la estimulan, aunque asoman los hilados que distinguen los momentos diversos de la vida de cada una y de los caminos elegidos. Son breves testimonios de una vida cotidiana entretejida entre letras y experiencias del vivir, del psicoanálisis practicado por cada una y de la soledad tan imprescindible como la compañía. Freud en el intercambio con Lou que precede al encuentro de Berlín, le ofrece por carta ayuda y sostén económico de una manera generosa ya que está en su posibilidad hacerlo. Está preocupado por la circunstancial frágil salud de su amiga y por las penurias que se viven en esos tiempos de posguerra: “Denos usted la alegría de informarnos que ya se ha restablecido y tráiganos al hotel Eitingon a la Lou indestructible e incomparablemente jovial. ¡Hasta la vista allí!”. Berlín víspera de domingo, 30 de septiembre de 1922* Mi querida Anna: Ayer pensábamos de una hora a otra: ahora ya están en Austria, ahora llegan, ahora están juntos — nos quedaba la duda si también con tu madre; ojalá ella haya llegado y estén de nuevo en familia. A la hora que ustedes arribaron, tuvimos rusos a la mesa y al señor Bernh, el arquitecto. Antes esa noche, cuando regresamos de la estación, los suizos que martirizaron de tal modo a Mirra Eitingon, hasta la una de la madrugada, con conversaciones de psicoanálisis (que, pese a mis esfuerzos, parecían imposibles de desviar), que hoy escupe fuego a los Oberholzer (1) y a la señorita Kemperer. La noche siguiente fuimos tres en la mesa; Eitingon leyó en ruso textos de Schestow (hermano de Lowskaja, la que se sentaba detrás de nosotros en las conferencias), y luego nosotras, las dos mujeres, desembocamos en baños calientes y en la cama. Por la tarde estuvo conmigo Helene, de Charlottenburg, y hoy la sigue su hija. ¡Esta es toda una lista de acontecimientos cotidianos enumerados! Pero creo que justamente me resultan tan íntimos porque hablan tan claramente de cuán recientemente ustedes aún estaban aquí, es decir, cómo todo sigue representando un punto de anudamiento inmediato —lo conocido en común, lo compartido en común, incluso el simple transcurrir de lo cotidiano como tal. También después debemos intentar mantener un contacto así: cada una tejiendo su propio calcetín espiritual, y en lugar de los acontecimientos exteriores —que luego separan su cohesión entre sí— contarnos algo de los puntos que se sueltan o se afirman. Yo ya estaba aquí llena de tantas cosas para las que no había más palabras: pensamientos sobre el psicoanálisis como los que produjo el Congreso, e incluso sobre nuestro tema, que directamente podía tanto necesitar. Pensé también mucho en el trabajo aún no leído de tu padre; sin duda habría podido leerlo, pero me resistía a hacerlo sin ti, dado que se trataba de un primer conocimiento a partir del manuscrito y antes de la impresión. Deberíamos haber estado una hora en Göttingen para eso: acuclillada en la ventana y yo en la cama plegable llamada couchette . Me llegó la sensación con una fuerza muy extraña: que debemos estar de a dos, no entre muchos. No es así con todos: hay alianzas a las que casi les pertenece el recibir juntas impresiones y personas; en especial conozco y conocí algunas, ya que me disgusta vivir hacia afuera sola. Pero con nosotras dos es muy distinto; te extraño más allí donde vivo hacia adentro , y realmente sin gente, en esta soledad querida y necesaria, pero donde también estoy como si aguardara la llegada de alguien y eso lo supe recién por vos. Y en lo que a vos misma se refiere, creo que no te gusta en absoluto compartir mi trato con otros; una razón de ello puede ser también que tu manera y la mía de relacionarnos sean de naturaleza esencialmente distinta. Sea como fuere: en el sitio en el que nos encontramos la una con la otra, debería medir apenas cuatro pies de ancho, y allí enlazarse mano con mano. A todos nosotros aquí se nos presenta constantemente ante los ojos la ventanilla del compartimento, con una querida imagen; tan magnífico se veía tu padre con el pequeño Heinerle en brazos que, si no hubieran estado los que lo rodeaban, lo hubiese abrazado desde atrás allí mismo, y le habría dicho por la espalda algo de lo que me conmovía en lo más hondo. Por todo lo que él es, dice y hace, le estoy tan entrañablemente agradecida que difícilmente pueda llegar a saberlo del todo. Transmítele mi saludo, así como mejor puedas expresarlo. Hoy ya está, sin duda, en medio del trabajo diario; ojalá no le quede luego ninguna sensación de fatiga, y ojalá, sobre todo, tu madre esté verdaderamente bien y no tenga que preocuparse por tu tía. ¿Y vos? Espero que procures estar lo más posible en contacto con Heinrich Mühsam (2), hasta el impulso irrefrenable de vida. Mi querida, queridísima Anna. Tu vieja Lou Viena 10 de octubre de 1922 Mi querida Lou: Temo que no notes que, desde que llegó tu correspondencia, te escribo todos los días al menos una pequeña carta. Lamentablemente, todas solo en mi cabeza, con noticias muy rápidas que, por desgracia, no llegan nunca. Un pequeño fragmento de Heinrich Mühsam me ha estado pesando especialmente en estos últimos tiempos, y me habría gustado incluirlo en esta carta. Pero todavía no está del todo terminado y la espera se me ha hecho demasiado larga. Así que no te asombres si te llega alguna vez más tarde, sin previa disculpa. Estuve enteramente con ustedes en Berlín al leer tu carta, incluso los primeros días, mucho. Y pude acompañar muy rápidamente con mi pensamiento todo lo que describiste: los espantosos suizos y la hermosa y tranquila velada. Desde entonces he intentado imaginarme todos los cambios en la casa y creo que ahora ya debe sentirse entre ustedes un clima de partida y de inquietud; pero sin llegar, sin embargo, hasta tu —o mi— querido cuarto. Que en tu carta esté escrito realmente que sabes que te quiero enteramente para mí sola y sin otras personas, fue algo muy hermoso. Porque eso lo estuve pensando todo el tiempo en Berlín, sin verdaderamente saberlo. Sólo quisiera que no pase demasiado tiempo hasta volver a tenerte para mí, del todo sola, y con calma y tiempo alrededor. Tal como lo dijo Ernst: sólo con horas libres a nuestro alrededor, en lugar de los castaños. Pero ya el solo hecho de poder esperarlo es algo muy hermoso, y cuanto más “horrible” estoy (y lo estoy ahora con frecuencia), tanto menos siento que lo merezca. Papá está desde el segundo día completamente clavado en un trabajo de nueve horas. No muestra mucho cansancio, pero a veces me viene de pronto la sensación de que debería sacarse todo eso de encima y ser libre. Por la noche solemos hacer juntos la larga caminata. Mamá y la tía están bien y en casa todo sigue como siempre, incluso Fanni en su modo más habitual. Yo misma todavía no he logrado totalmente la calma; desde el último malestar durante el viaje estoy siempre cansada y con sueño, ya tengo trabajo editorial: correcciones, pequeñas traducciones y revisiones; voy a menudo a ver a Heinerle, que se está acomodando muy a gusto en su nuevo nido, a la abuela, y —por cobardía, hasta ahora sólo una vez— a la tía Rosa.(…) Lo que más curiosidad me da es saber si el pequeño texto sobre Heinrich Mühsam te parecerá bien cuando te llegue. (…) He buscado en toda tu carta si había algo sobre tu resfrío y sobre cómo te sientes ahora, pero no pude encontrar nada. No lo olvides la próxima vez, de lo contrario me imagino cosas totalmente horribles. ¿Cómo está tu paciente? ¿Y cómo va el trabajo en la Policlínica? Es tan hermoso cuando escribes también todas las cosas pequeñas: entonces se van juntando y forman una imagen total tuya. (Mientras puedas soportarme). Tu Anna * La lectura y traducción de estas dos cartas fue realizada con Jorge Salvetti y la colaboración de Bettina Klunkert. Pertenecen al libro de Correspondencias Lou A. Salomé-Anna Freud Briefwechsel (Deutcscher Taschembuch Verlag), München 2004 (1) Emil Oberholzer (1883-1958), un psiquiatra y psicoanalista suizo clave que fue analizado directamente por Freud, se convirtió en cofundador de la Sociedad Suiza de Psicoanálisis (SSP) y un pionero en el análisis infantil  (2) E. Mühsam es un personaje ficcional que Anna menciona habitualmente en sus pensamientos, ya que al parecer está escribiendo en ese tiempo una novela. Emile Delobre Mujer sentada de negro leyendo, ca. 1910 Óleo sobre tabla 39,4 × 29,2 cm

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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