Adynata Enero / VPS-NK
- Revista Adynata

- 2 ene
- 2 Min. de lectura
Quienquiera que seas, no importa cuán sola estés,
el mundo se ofrece a tu imaginación,
te llama como los gansos salvajes, áspero y apasionado,
anunciando una y otra vez tu lugar
en la familia de las cosas
Mary Oliver
Los aires de enero 2026 traen otra yunta de escrituras-lecturas que quizás se amalgamen, quizás provoquen chirridos, quizás nada. Las rejunta, traídas como a ese borrador de carta habitada por el aburrimiento, “a indiscretas manos por el viento, fauno burlón y atrevido” mientras hacen que vuelen gansos o balas salvajes o “palabras que escupen los demás”.
Se alejan y acercan, revolcadas ya por el fragor de un pogo de las bandas, ya por el juego de las olas de una playa, mareadas y sin saber si se trata de la Bristol o de Bristol, Inglaterra. Tan mareadas como la masculinidad que “no tiene nada que decir de sí misma. Es torpe. Tiene principios abstractos. (…) Es como si la masculinidad tuviera que ser narrada desde afuera, porque ella es demasiado ciega respecto de su propio poder.” como expresa en la maravillosa entrevista Édouard Louis.
Quizás inviten a fundar gestos mínimos y tal vez a volver a encontrar recovecos que pongan “en la fiesta, en la insubordinación sexual y en las «superficies de placer» nuevas y radicales formas de asociación entre los cuerpos“. Y, también, convoquen a sospechar de cierta intelectualidad progre, aquella que desde el espejo retrovisor veía (¿ve?) en toda nueva superficie que provoca extrañamiento, “una frivolidad sin contenido político”. Recordemos que cuando el gran Jacoby invitaba a decir «yo tengo sida» “no era solamente evaporar de una vez y para siempre la alteridad radical a la que los discursos mediáticos y fascistoides confinaban a las comunidades LGBTIQ, sino que también era decir yo tengo el virus de ser jubiladx, el virus de ser estudiante, el virus de ser desenpleadx, indix, mujer, negrx, el virus de todas aquellas comunidades que, para el neoliberalismo, sobran. Decir «yo tengo sida» era decir yo estoy afectadx por el virus neoliberal de la precarización.”.
Tal vez en algunos momentos estemos soñando como gauchoides (o alguna otra versión de los androides referidos por Michel Nieva: tangueroide, borgesoide, peronoide o kirchneroide) y esos sueños eléctricos nos provoquen descargas y nublen la posibilidad de percibir de cuántos racismos somos capaces o qué atribuciones arrojamos contra aquello que no entendemos o no ejercemos o cuán seguido nos domina el miedo trasvestido en epifanía que obliga a la libertad del buen vivir.
Revolcadxs en medio de todo esto, para este 2026 un deseo: que sepamos insistir con otres —humanes y no—, habitando lo incierto como un modo de aliviar los pesos, sin afirmarnos en tradiciones, ideas, encuentros, romanticismos o ambiciones que, bajo la promesa de hacernos especiales, paralizan y vulneran la existencia de otras vidas y terminan siempre dañando la vida en común.




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