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  • Sesiones en el naufragio (31) Metales / Marcelo Percia

    Nos encontramos en los jardines del hospital. Pregunto cómo anda. Me responde: “Y… aquí me ve”. Enseguida se pone a hablar: “Usted, ¿sabe cómo vivía antes de que me trajeran acá? Nací en Mar de Ajó. Nunca me fui. Antes de terminar la escuela, ya salía detectar metales en la playa con un vecino que siempre andaba solo. Así aprendí el oficio. Con el tiempo pude adquirir mi propio detector. Llegué a tener tres. El último me lo trajo de Europa una pareja a la que una vez le encontré una alianza. A veces, escuchaba a mis colegas decir ‘Hoy tuve un buen día, hoy tuve un mal día’. Para mí todos los días eran buenos. Encontraba anillos, cadenitas, cruces, pulseras, pequeñas piezas de joyería, monedas. Descartaba chapitas, tuercas, pedacitos de aluminio, partes de cobre oxidadas. Las apartaba en una bolsa para que no lastimaran. En esa época andaba bien. Cuando trabajaba no pensaba en nada. Pasaba las horas escuchando el mar, atento al sonido de las cosas enterradas. Cuando me ponía a cavar en el lugar indicado dejaba escurrir la arena entre mis dedos. Durante las noches dormía bien. Cuando el trabajo comenzó a mermar, me preocupé. Hubo quienes se mudaron de zona, pero yo no. Por culpa de los pensamientos terminé acá. Para peor la psicóloga dice que me quiere ayudar a pensar lo que me está pasando. A usted lo va a escuchar. Dígale que necesito volver a mi playa”.

  • María Galindo entrevista a Susy Shock (2022)

    María Galindo: Acabamos de escuchar cantar en Radio Deseo a Susy Shock, cantante, actriz, poeta, ícono trans argentina. Es una mujer impresionante, es una mujer de una trayectoria de lucha gigante, yo he tenido el privilegio de robarle una hora. Susy no acepta cualquier entrevista porque su agenda es cargadísima y ustedes me dirán “pero María, estamos en una emergencia de feminicidios, de violencia machista contra las mujeres, ayer se ha aprobado un aumento salarial, ¿qué te pasa que nos vas a pasar una entrevista con una actriz trans argentina después de haber pasado una entrevista con una actriz trans boliviana?” Miren, mi interés, mi decisión (si cambian de dial a mí me da lo mismo), pero mi decisión es entender que la lucha es más profunda: no solo necesitamos meter a la cárcel a un feminicida sino cuestionar el sistema carcelario que reproduce la violencia. No solamente necesitamos meter a la cárcel a un violador, sino cuestionar el sistema patriarcal que hace que un niño se convierta en un violador y una niña se convierta en una mujer violable. Y si no cuestionamos el binarismo sexogenérico… ¿qué significa el binarismo sexogenérico? Que hay un hombre absoluto modélico y una mujer absoluta modélica, y que la mujer que no responda al absoluto modélico de ser mujer, es una mujer desechable, maltratable, utilizable, reemplazable. Y, ¿quién es esa mujer que no es el absoluto modélico femenino? Todas nosotras. Y, ¿quién es ese hombre que no es el absoluto modélico masculino? Todos ustedes. O rompemos esos modelos y entendemos que entre hombre y mujer, entre masculino y femenino hay una pluralidad de existencias y que esa pluralidad de comprensiones de nuestros cuerpos, de nuestras sexualidades, de nuestros deseos, de nuestras subjetividades, tienen un lugar de dignidad, de creatividad y de placer; si no hacemos eso, vamos a seguir enterrando mujeres y metiendo hombres en la cárcel, ad eternum. Hay que cambiar el sistema de fondo, romper el modelo masculino; un hombre mata para sentirse hombre, un hombre viola para sentirse hombre, ¿díganme que no hay que romper esa visión de ese hombre y esa visión que ese hombre tiene de esa mujer?. Entonces no se trata de “ser tolerantes con la población trans, tolerantes con la población lésbica o con la población marica”; se trata de entender que estamos todos, todas y todes atrapados, atrapadas y atrapades en un sistema sexogenérico opresivo y destructivo. Con esa pequeña introducción, quiero dejarles en manos de una mujer fabulosa: Susy Shock. Yo tengo y me he traído sus Brotecitos, Nuestrans Canciones, ella trabaja con infancias trans y voy a rifar este hermoso libro en el próximo Tacones de Lilith. Vamos con el encuentro con Susy Shock. María Galindo: Es un privilegio, estamos en Buenos Aires, estamos con una diosa. Te agradezco enormemente la generosidad porque sé que tu tiempo es precioso, y ya te han peguntado tantas cosas, que quien quiera saber quién es Susy Shock aprieta un botón… que lo lea, que lo vea, que lo disfrute. Así que muchas gracias, hermosa. Susy Shock: Gracias a vos María por este viaje relámpago que nos despereza, a un país que está dormido, que está en una siesta demasiado intensa. Siempre hablo de personas necesarias, te nombro a vos, a Marlene Wayar, otra gran incomodadora, cuando se espera cierta certeza, hacen otros desvíos, porque de eso se trata, hay que desviarle al enemigo. MG: Me he preparado diez preguntas, como una niña que va al colegio. Me he preparado diez preguntas porque te estoy entrevistando porque estoy en busca de respuestas y sé que algunas las tienes acá. ¿Qué hacemos ahora, Susy? Han conseguido ustedes una ley, hace tiempo ya, en muchas cosas es papel muerto… Esa ley repercutió en otros países, en Bolivia para mí es una ley de cambio de datos, de sexo, en el plástico, más nada. La ley boliviana es probablemente de todas la más pobre, pero sirve para inflamar al Estado de sí somos, respetamos, damos y tú me hablas de un adormecimiento. Es tan tóxico conseguir algo, ¿qué viene ahora para adelante o por dónde deberíamos ir? SS: La ley cumple este año, María, diez años. Hay un censo nacional ahora que una esperaría que los datos duros signifiquen que diez años después de semejante ley que la hemos peleado y pateado nosotras, en un enorme activismo que se ha puesto a discutirle a un Estado, y que entre otras cosas ha logrado esa ley. Hasta hace poquito –si es que estos datos no nos cambian de idea– el promedio de vida de una persona travesti trans sigue siendo de 35 años, diez años después de la ley. Yo creo que eso, para mí, habla de un fracaso. Sí, es verdad, una puede acceder a su documento, yo soy de ese grupo que ha peleado la ley y que no tiene cambio registral porque yo espero otra cosa, (…) en un momento fuimos del grupo obstinado… que si ahí no dice travesti… porque no somos ni hombres ni mujeres, no trabajamos, no construimos, ni peleamos para eso... Más allá de eso, es verdad que se nos ve. Yo digo que veas a Susy cantando en un festival, accediendo a una nota, viajando por el mundo, no significa que el colectivo travesti trans lo esté haciendo: está Susy. Parece que está el colectivo y no, difícilmente después de que estuve en un lugar vinieron compañeras, hermanas, detrás. Cuando accedemos otras y otros es porque nosotras abrimos el juego para que ingresen nuevas generaciones. MG: Donde no hubo ningún regalo, ni ninguna concesión, ni una caja de bombones. SS: Nada. MG: Que conste. Voy a mi siguiente pregunta: No sé si has visto el camino de Francia Márquez, la afrocolombiana que incluso conversando conmigo me dijo “se quedó chico el espacio y he decidido candidatear a presidenta”, ahora está yendo a vicepresidenta. Yo te veo a ti como un ícono argentino, no te veo como un ícono trans, a mí me hablas tú directamente, como mujer o como feminista, o como la que no soy lo que soy o soy lo que quiero ser, en fin, tú me hablas a mi libertad, a la mía, a la de tantos, tantas, o sea lo trans, lo travesti, te queda chico, ¿no te lanzarías a una cosa así, a disputar el debate país, a futuro país, a disputar el futuro, la esperanza? SS: No, a mi me parece que hay algo que termina siendo complejo en el entramado, porque es absolutamente patriarcal y absolutamente macho, en el peor sentido de la palabra, la construcción política. Está todo muy localizado y está todo para que, en todo caso, entremos en una trampa, para sentir que de adentro lo podemos cambiar. MG: Pero no porque podamos cambiar adentro. Yo tampoco soy del adentro, soy del afuera, pero Susy, ¿qué más vas a hacer? Lo has roto todo. SS: No, pero yo creo que hay mucho más para hacer en el arte porque el arte en todo caso sí siento que es el camino. Me gusta lo que decís, yo tengo muchos más años como artista, antes de nombrarme de un montón de otras cosas, creo en la artista y estar aferrada al espacio de arte como ruta, como inquietud. (…) Sería una candidata demasiado honesta, no sé… MG: ¿Y si te lo tomas como una obra de teatro? SS: Me encantaría desafiar a este sistema y creo que Claudita Rodriguez, la trava poeta chilena… antes de la pandemia tuvimos una charla pública, ella hablaba de ciencia ficción y yo creo que hay que mentirle a este mundo, hacerle creer lo que quiere creer y nosotros -no sé si está bien hacerlo público, nos van a encontrar el secreto- pero yo creo que es tan torpe, tan básico, tan mediocre este mundo que cree que estamos contentas con lo que nos da y ahi esta el arte..., que es desde el arte en compromiso y en acción, el arte como hecho político. Yo creo que el arte es político. No estoy hablando de hacer cancioncitas. MG: Hermana, explícale a la gente que nos está escuchando por millonésima vez cuando dices que el arte es político, ¿qué estás diciendo? SS: Estoy diciendo que es imposible pensar que cantarle a un amor, desesperada, no es un acto político, todo eso es político (…) Yo tengo un compromiso en este momento con las infancias, yo sé que las infancias me creen, empezamos en MU, nuestra querida casa, pensando un proyecto radial, pensando en el mundo adulto, y yo quería ser una tía trava que le hablara a ese mundo adulto, entonces partir de la excusa pensé en Uriel mi sobrino y a partir de eso, empezó a crecer la idea (Crianzas) y hoy es un libro hecho para las infancias y ahí dije “wow”, ahí hay algo que está haciendo eco. Y también es una decisión política no creerle más al mundo adulto, porque estar con una infancia significa que yo tengo que ser transparente, no tengo que mentir, no puedo caretear, soy esto (…) y solamente de esa manera, te abrazan. (…) Me encanta que vean que pasa una travesti, no quiero que vean o imaginen otra cosa, soy una señora travesti (…) y me emociona que abracen a la tía trava. Eso en todo caso quiero y entiendo y me emociona y es más lindo que ser presidenta de la nación. MG: Por si acaso yo soy LGTB, como gorda lesbiana, terca y boliviana, pero esto de LGTB plus… ¿cómo ves esa nomenclatura? ¿Qué harías, qué haces, qué le dirías a la gente que nos está escuchando sobre esa nomenclatura? ¿Te sienta bien, te estorba? SS: Yo aprendí de la importancia de constituirse cuando se trata de esa relación, esa discusión con un Estado. Porque el Estado nos ignora precisamente por ser LGTB. Yo empecé a decir soy género colibrí, y yo tengo ganas de pelear esta emergencia, esta urgencia para pedir, aunque una no esté después, que las nuevas generaciones puedan volar, como dice la Lemebel, con sus propias alitas. Al mundo yo lo siento de una forma cada vez más clara, que el mundo va cada vez más a un casillero, que incluso ese casillero LGBTTI se intenta excluir en lo normado: quiere ser ese hombre, esa mujer, no quiere discutir más eso, quiere estar adentro, quiere pertenecer, yo entiendo también las razones de quienes buscan que las quieran, entonces compramos el paquete completo (…) pero yo no tengo ganas de estar de la manera en que debería estar una feminidad. MG: No sé si te entiendo, ¿tú tirarías lo LGTB plus? ¿No lo adoptas, lo entiendes, lo respetas, te sirve no te sirve? SS: Lo entendí en un momento, y estoy hablando de hace diez años, cuando hubo que dar esa pelea, donde yo empecé a nombrarme más travesti que género colibrí con todo ese vuelo que el arte me daba. Porque el arte será muy complejo, María, pero si hay algo que no es, es prejuicioso; yo entré en la adolescencia y todo el mundo me abrazó, porque no andan mirándote cómo nos vestimos, si me pinto, si hago un dedito parado, tendrán otros problemas pero prejuicios no. Entonces yo crecí en un lugar donde no tenía que ponerme a desafiarlo, porque me amaba, porque ama lo distinto. Pero después una se encuentra en el marco de lo social, de conocer a las amigas ya discutiendo política y creo que han dejado una condición interesante y a la vez nos ha burocratizado mucho esto, que nos quedamos ahí. Esto que yo entendí, que me nombro porque tengo que discutir con un diputado, y decirle la palabra, no le puedo decir “bueno, somos género colibrí” a la persona que está sentada ahí al pedo hace años y que no entiende de derechos. Son términos prácticos, concretos; yo entendí que era una táctica necesaria, ahora yo creo que mucha gente se quedó en esa comodidad y yo pienso seguir impulsándolo y huyendo de eso. MG: Porque se volcó también contra nosotros, nosotras, nosotres esa etiqueta, se volvió de una manera muy perversa… SS: El hecho de por qué tenemos Ministerio, tenemos secretaría… MG: Tenemos bandera, pero ¿quiénes tenemos bandera? SS: Yo digo: llámenme para cantar a otra cosa que no sea al evento de la secretaría de género, la nota en el espacio de género, digo, disputemos el mundo. MG: Yo también quiero destruir el mundo. MG: ¿Y cómo damos ese salto? SS: Metiendo el cuerpo. Fuente: La entrevista completa puede verse en el canal de Youtube de Radio Deseo 103.3. Esta conversación se produjo en medio de la gira de presentación de Feminismo bastardo, el último libro de María Galindo, editado por lavaca. Publicada en Revista MU nro 170, julio 2022. https://lavaca.org/mu/mu-170-donde-hay-un-mango/

  • Variaciones sobre la solidaridad/ Entrevista a Marcelo Percia (septiembre 2020)

    1) P: La desigual distribución de la riqueza, la injusticia que eso supone, es mitigada muchas veces con prácticas solidarias. ¿Se puede entender a estos gestos separados de las prácticas previstas por el propio capital? R: La apelación a prácticas solidarias como modos de suavizar crueldades de la civilización del capital, se podría pensar como una forma de negación de la inequidad, de aplacar la injusticia, de moderar estadísticas de la desigualdad. Temo que las prácticas solidarias que se proponen mitigar o reducir sufrimientos insoportables, compongan una de las narrativas predilectas de la sujeción. Cierto, solidaridades de las derechas hacen gestos compensatorios de las urgentes consecuencias de las desigualdades, pero dejan intactas inequidades e injusticias. Tampoco conviene situar a la solidaridad como un imperativo comunitario. La solidaridad como un deber moral válido para todas las existencias sociales. Tenemos que prevenirnos ante versiones de la solidaridad como fábula de bondad colectiva que supera la conflictividad de intereses sociales. En los años treinta del siglo pasado, en el exilio, León Trotsky escribe Su moral y la nuestra. Allí reflexiona sobre la solidaridad como imperativo humanista de la sociedad burguesa y la solidaridad como puesta en acto de luchas proletarias. Anota que la solidaridad obrera durante las huelgas o en las barricadas acontece como contundencia de un aprendizaje estando ahí. No se realiza como ideal de una totalidad calculada. Para el revolucionario ruso asesinado en Coyoacán, una solidaridad emancipadora sobreviene como conciencia de clase. La solidaridad entre vidas explotadas y condenadas no mitiga, ni reduce, ni suaviza, explotaciones: las impugna. En momentos de emergencia, no mitigar la desigualdad pudiendo hacerlo compone un acto de crueldad homicida. Pero no se trata solo de moderar desigualdades e injusticias de la civilización. Se necesita extender prácticas planetarias de un común vivir, una común igualdad, una común justicia, una común equidad. Hace falta poner en marcha alegrías que se dan a la amistad, a la fraternidad, a la cooperación, a la hospitalidad, al cuidar, al abrigar, a las ternuras que alojan. Propongo la expresión alegrías que se dan para tomar distancia de otra idea de solidaridad como imperativo de una moral coercitiva o como soldadura de voluntades buenas. 2) P: Cierto pensamiento sobre la solidaridad queda muchas veces anclado en el comedor, la colecta, el reparto de bolsones, la donación de ropa usada. Podríamos pensarlo asociado a la caridad cristiana. Solidaridad como migaja, sobrante y no como práctica emancipadora. ¿Qué opinas sobre esto? R: La solidaridad, como decíamos recién, se compone como gesticulación compasiva de ayuda o como furia que se decide en un común batallar. Reflejos individualistas conciben solidaridades como gestos de caridad. No conocen los jadeos de las persistencias y complicidades que componen cercanías que luchan. Comedores y merenderos sostenidos por movimientos sociales y organizaciones barriales no realizan acciones de beneficencia. Hoy, esos espacios, salvan vidas. Inventan protecciones y abrigos. Alojan furias aturdidas por el hambre. A veces solo dan el estar ahí, solo eso. Es cierto, las palabras “migajas” y “sobrantes” describen el accionar de pulcras retóricas altruistas. Modos de la filantropía y de la caridad. Y, también, micro espectáculos de las morales sacrificiales y de las buenas conciencias. Conviene, como bien decís, reservar la palabra solidaridad para nombrar prácticas emancipadoras. Para nombrar una común alegría de dar la cercanía. Incluso más. Si todavía conservamos la palabra solidaridad, poniéndola a salvo de las diferentes formas morales asignadas por automatismos del sentido común de las derechas; tendríamos, también, que ponerla a salvo de la idea de empatía. No se trata tanto de ponerse en el lugar del otro, sino de un común estar en el dolor. No se trata de sentir el dolor que siente un semejante (empatía) ni de sentir dolor por el dolor que siente el otro (compasión). Se trata de una común vulnerabilidad que nos hace sentir la aflicción en todas las existencia vivas. Interesan solidaridades como prácticas emancipadoras de un común dolor. Insisto, respuestas y acciones solidarias ante el dolor no se reducen a empatías, expresan la fuerza pedagógica de la aflicción. El dolor enseña la vida. Impulsa cercanías provisorias que ayudan a habitarla. Y también a querer transformarla. 3) P: La solidaridad está muy ligada a los discursos del movimiento obrero organizado, en torno a la idea de conciencia y solidaridad de clase. Teniendo en cuenta esta tradición del concepto: ¿Creés que el uso de la idea por parte del Presidente supone un uso conservador o da cuenta del deseo de enmarcar su gestión de gobierno en la lucha por una sociedad con menos injusticias? R: Sí, tal como decís, solidaridades tejen momentos apasionantes en la historia del movimiento obrero. Para las izquierdas del siglo diecinueve y comienzos del veinte, solidaridades no describían solo modos de adhesión o vinculación social, solidaridades configuraban fuerzas enunciativas que deseaban, vivían, imaginaban, mundos sin propietarios, sin amos, sin patrones. Solidaridades pujaban modos equitativos de la vida en común. Concitaban ideales de libertad. Convocaban corporeidades que aspiraban a justicias comunitarias. Aunque no conviene simplificar y pensar movimientos solidarios únicamente en esa dirección. Sensibilidades oprimidas pueden alojar ideales de emancipación e ideales de dominación. Pueden alojar solidaridad, justicia, igualdad, libertad y pueden alojar odio, venganza, muerte. Una contracara de la solidaridad reside en el linchamiento o en las patotas que realizan acciones violentas en grupo Pasiones comunitarias (embriagadas de miedo y poder) pueden realizar ejecuciones y actos de crueldad. Ficciones de unanimidad se autorizan a violar y matar. Ficciones de mayorías se autorizan a imponer y someter. Urge decir que una acción común puede quedar colonizada por el miedo, por la demanda de protección y por la ilusión de seguridad que da un Amo. Necesitamos pensar en momentáneas acciones solidarias de vulnerabilidades que no niegan la común vulnerabilidad, que componen cercanías de sensibilidades que se saben en una común intemperie. Necesitamos pensar en solidaridades que no se ensañen con una desesperación que roba un celular, en solidaridades que entrevean las desquicias de la civilización del capital. No tenemos que olvidar que maldades y odios, amores y solidaridades, rondan tiempos del capital como disponibilidades sentimentales que alfabetizan corporeidades clasificadas y disciplinadas. En Los siete locos, Roberto Arlt narra, a su manera, una dramática de la solidaridad. En la novela no gravita la solidaridad de la fábrica (esa fortaleza gremial que une voluntades emancipadoras) ni la hermandad familiar. Tampoco las comunas de artistas y escritores solitarios. David Viñas decía que en la literatura de Arlt se relata la transformación de los huelguistas vencidos en inventores delirantes: el pasaje de una emocionalidad en la comunión a un sentimentalismo individualista. Decía que la humillación de las energías cansadas de trabajar frente a la máquina del capitalismo, se transforma en la fantasía mágica de hacer dinero. Invenciones delirantes condensan sufrimientos invisibles con promesas de progreso. Así, Arlt relata la tensión entre la sociedad liberal burguesa (la del mundo del trabajo y la división en clases) y una sociedad de desvaríos individualistas que hacen plata a través de inventos, estafas, mentiras planetarias. Deja a la vista una solidaridad de las normalidades y una solidaridad de las locuras. Esa solidaridad de las locuras como acción utópica, como ficción compartida entre sensibilidades raras y anómalas que descreen en la acción del Estado, pero que se subordinan a la voluntad de un liderazgo hipnótico, describe -en nuestro país- una fantasía pre peronista. El peronismo conjugará después, en sus inicios, un proyecto de musculaturas obreras solidarias. Algo que ilustra la obra de Ricardo Carpani. Respecto del actual gobierno, se puede afirmar que ante el riesgo de muerte por la pandemia, entre el Estado y el Mercado, sostuvo que resulta preferible confiar en el Estado. En una autoridad pública responsable que decida, que contenga, que informe, que frene poderes crueles y suicidas. Pero, ante los límites del Estado, tenemos que decir también que se necesita habitar un común proteger, un común cuidar, un común escuchar. Políticas de cercanías que los Estados no pueden, no saben y que, a veces, temen. Ante tu pregunta de si el presidente intenta “enmarcar su gestión de gobierno en la lucha por una sociedad con menos injusticias”, hasta ahora se pueden destacar las políticas públicas con las que está enfrentando la pandemia y el hambre. Y, sobre todo, su alusión a los muchachos a los que “les tocó la hora de ganar menos”. Hospitales, escuelas, universidades públicas por un lado; y obras sociales de sindicatos y sistema previsional, por otro; representan algunos orgullos de la vida en común en nuestro país. Tejidos de solidaridades tramadas en la historia. Tiempos en los que, todavía, los Estados garantizan el derecho a la hospitalidad, al saber, a la protección en común. Todavía resta esperar que el actual gobierno responda a las urgencias del presente con un impuesto a las desmesuradas riquezas y avance en el establecimiento de una renta básica universal incondicionada que no se reduzca a subsidios a las pobrezas, discapacidades, enfermedades crónicas. 4) P: En tu libro Inconformidad incluís dos pasajes que nos interesa mencionar para seguir problematizando sobre la idea de solidaridad: "La política es decisión de alojar preguntas que estallan cada vez que se entrevé lo insoportable." "Sartre percibe que toda escena personal acontece en el teatro de la historia y asume que la condena moral del mundo supone el cuestionamiento de nosotros mismos, advierte que la proyección del mal sobre existencias ajenas demonizadas es una forma de la negación. No piensa la solidaridad como cortesía, ayuda o compasión para con los necesitados. Imagina solidaridad como afectación con lo que desconocemos de nosotros mismos. Solidaridad no como simpatía con el otro, sino como soportabilidad de lo repudiado o negado en uno mismo". R: En cuanto a la primera cita, ese libro -en muchos momentos- trata de pensar intenciones comunes entre arte, política, psicoanálisis. Y una de las zonas que creía advertir reside en el tratamiento de lo insoportable. En el deseo de tratar lo insoportable. Aunque sabemos que todo lo que hagamos resulta insuficiente. Incluso -por eso- arte, política, clínica, componen pasiones que no cesan. Porque, a veces, nada suaviza lo insoportable. No lo hacen las palabras, ni los abrazos, ni las furias en común, ni las artes, ni las revoluciones. Ni, por supuesto, las políticas públicas de los Estados. Respecto del segundo fragmento que evocás, reconozco un intento, quizás fallido, de desprender la idea de solidaridad de la de vínculo. Un intento de no volver a insistir en la formula vacía del lazo social. El viejo tema de la mismidad, la otredad y lo común. Como te decía, la contracara de la solidaridad reside en la confrontación, en el odio, en la guerra, en el linchamiento. Trataba de despegar la idea de solidaridad de la de empatía y simpatía, probando pensar si eso que llamamos solidaridad no sobreviene cuando se disuelve el imperio de la mismidad. Y, un modo de esa disolución, consistía en abrir paso a pensar en sensibilidades que viven en un común vocerío de polifonías, pluralidades, demasías. Trataba de desprenderme, también, de ese lugar siempre abusado de Psicología de las Masas y análisis del yo, en el que Freud ensaya la narrativa de la sociedad como solidaridad de narcisos solitarios que localizan una misma figura como relevo del Ideal. 5) P: Hace poco escribiste en redes sociales: "Hablas del capital, se desconciertan con el sólo dar que no espera nada a cambio, se ponen nerviosas con gratuidades que se sienten y se declaran sin especular ni pretender ganar algo". ¿Podrían estas palabras dialogar con cierta idea de solidaridad? R: Sí, claro, aluden esas palabras, de otro modo, a lo que todavía nombramos como solidaridad. Se podría decir (recreando una tensión que una psicoanalista inglesa pensó como fantasías primeras) que mientras envidias sufren voracidades posesivas y destructivas que no pueden saciarse nunca, gratitudes atestiguan la calma de la voracidad: el sosiego de una común alegría del dar. Creo que el porvenir está transido de lo que se podría llamar la incertidumbre solidaria. O mejor dicho, la pregunta de si vamos a tentar, en el porvenir, a una común alegría de dar la cercanía. Andamos a tientas sin la certidumbre de las proximidades que vendrán. Se trata de alumbrar memorias de una común emancipación, a la vez, que tentar las ganas de cercanías venideras. Cercanías que se alegran de dar el dar en un común estar, en un común luchar. O, expresado de otra forma, cercanías que están por el gusto de estar, que desean estar por qué sí, que sienten la común gratitud de estar en la vida. Fuente: Apuntes de la FGA (Fundación Germán Abdala) Solidaridad. http://fundaciongermanabdala.org/wp-content/uploads/2020/09/SOLIDARIDAD-2.pdf

  • La narrativa como desafío clínico / Fernando Ceballos

    “Es el tiempo de una narrativa contra el olvido, una narrativa que recoge los esfuerzos, los intentos y hace de ellos memoria para presentar cuando falta el lenguaje, cuando falta la vida. Una narrativa que es un saber la vida, aprendizaje de vida.” Benjamín Berlanga Gallardo Es necesario poder pensar la capacidad narrativa como un desafío que se pone en funcionamiento e interrumpe ese tiempo secuencial al que estamos sometidos, para de esa manera poder incorporarla como parte constitutiva de las capacidades de los trabajadores y trabajadoras de la salud, como esa potencia liberadora desde la palabra, como ese impulso que nos permita darnos cuenta de lo que nos pasa y decidir hacer cosas juntos desde el deseo de otra cosa, para no dejarnos atrapar ni por la frustración, ni por lo quejoso, ni por las seducciones de una falsa libertad que nos propone el aparato de poder para seguir amarrándonos a la subalternidad. Desde los trabajadores y trabajadoras de la salud estamos en un momento en donde el sistema, guiado por la lógica procedimental de la hegemonía médica amparada por el paraguas científico-técnico neoliberal, coloca en una encerrona a la clínica reduciéndola a la mínima expresión de las especializaciones, desterrando de la escena terapéutica la fuerza de la palabra del que sufre que irrumpe incisiva y provocadora desbaratándola y dejándonos muchas veces sin argumentos científicos. Desde esta lógica la hegemonía biomedicalizante sujeta cada palabra desde la explicación, la endurece desde la normalización y la domestica desde la clasificación arrasándola políticamente. ¿Cómo podríamos, superar esos reduccionismos que simplifican las palabras y encasillan a la persona (trabajador, trabajadora, usuario) asignándole a la práctica clínica del cuidado una linealidad y previsibilidad de la que en realidad carece? Trabajamos con historias de vida, y la vida nos obliga a rescatar ese impulso innato en las palabras, a visibilizarlas, a emanciparlas y a recrearlas a través de la narración para darles centralidad en la producción de un saber nuevo, y para darles también importancia a las decisiones de lo que queremos y hemos de hacer desde nuestro trabajo. Es una manera de humanizar-popularizar el lenguaje jerarquizado científico-técnico a través de palabras más nuestras, palabras que hablan de la producción de un saber de la vida que ayuda a pensar (nos) que vemos en la cotidianidad de nuestras relaciones con otros y otras en su padecimiento, narrando, diciendo, decidiendo y haciendo vida con esos lenguajes desde la amorosidad, el deseo, la insurgencia, la ternura, la hospitalidad. Cuando la palabra es ofrenda, irrumpe y funda la inconformidad en lo establecido como norma, provoca a la insurrección de un saber nuevo que agrieta lo dominante. Y a partir de allí la palabra no solo confirma lo que existe, lo que pasa o lo que se siente, no solo bautiza un acontecimiento, también hace cosas. Y en ese hacer cosas, las palabras desarrollan toda su potencia política. La apuesta de seguir pensando una sensibilidad clínica en salud mental para la producción de cuidados, apunta a construir un marco de referencias más ampliado que permita tomar otra posición respecto de las nuevas demandas y urgencias que plantean las transformaciones subjetivas en estos tiempos, teniendo en cuenta que las instituciones y las prácticas que las atraviesan todavía responden al viejo paradigma reduccionista de la patologización y estigmatización de los padecimientos mentales. La posibilidad de ampliar el lenguaje de la clínica a través de la producción de cuidados es en el ámbito de su micropolítica, en la acción cotidiana, incluso como producción subjetiva en acto, que produce el cuidado en salud y, al mismo tiempo, produce al propio trabajador y trabajadora en tanto sujeto en el mundo. Lo que el actuar apunta entonces es a la humanidad, es a ser, humano; por lo tanto, requiere el reconocimiento, develamiento y comprensión de los problemas entretejidos de la hegemonía, de las relaciones y prácticas del poder y de la deshumanización. Restaurar y recuperar lo humano es en sí el propósito de nuestro posicionamiento clínico-político como herramienta y estrategia terapéutica y como apuesta contrahegemónica. Desde esta perspectiva la búsqueda debe ser a través de la permanente recuperación de esos otros lenguajes que la humanizan, para que ese hablar no se empobrezca, ni se restrinja, ni se automatice, ni se reduzca simplemente a una escala clasificatoria por la simple razón de seguir las reglas de “lo normal”. Toda auténtica resistencia no es sólo aguantar sino construir algo nuevo. Estancias en común1 12:00 horas. Ese jueves habíamos programado hacer al mediodía unos choripanes en el camping para festejar el día del amigo, rompiendo un poco con los encuentros en el hospital. La convocatoria estuvo bastante buena, fuimos muchxs, éramos más de quince, sin contar algunos niñxs que se sumaron a disfrutar de ese hermoso día soleado al lado del arroyo. Entre todxs ellxs estaba Antonia, que venía participando del espacio bastante salpicado, pero cuando nos hacía creer que había desaparecido, aparecía muy campante a la juntada de los martes y jueves por la tarde en el hospital. Hoy a última hora confirmó su participación, y que le daba igual choripán o hamburguesa. Estos momentos por fuera del hospital pensados desde el festejo en donde se hace presente la “numerosidad social”2, hace que nos comuniquemos de otra manera, más distendidos. La pauta que regula la actividad es: vamos a compartir un momento al aire libre y a comer unos choripanes. Así se van generando grupitos más pequeños que se pasan información, comparten anécdotas o se intercambian nuevos números, hablan de lo que les pasa, se preocupan por lo dicho por el otro, se solidarizan ante alguna demanda, y colaboran todxs en el armado de la mesa. Conversan, y en ese con-versar cosas, lo afectivo empieza a jugar un papel fundamental. En el asador hay un amigo del Rolo que se sumó y nos dio una mano importante en la parrilla. 13:30 horas. Para distraer el retraso de la comida, alguien propone que nos acomodemos para que nos saquemos una foto. Esta propuesta puso algo incómoda a Antonia. Dijo que ella no quería. Entonces alguien con el oficio de la ternura innato la sacó de esa escena, pidiéndole por favor que, ya que no quería salir, nos sacara la foto. Eso la sorprendió y su respuesta fue inmediata. Tomó el celular, nos enfocó y sacó las únicas fotos de esa tarde. No había un horario pautado para la retirada, así que cada uno iba saliendo de ese ambiente una vez que recibía su regalo del amigo invisible, o cuando se cansaba o cuando terminaba de tomar unos mates. El clima acompañaba porque hacía ese calorcito raro de julio que propone el norte santafesino. Así algunos nos fuimos a las tres y otros como a las seis de la tarde. 15:00 horas. Ella se había ido entre los primeros a eso de las tres y media saludando como siempre lo hacía: fría y alejadamente, pero eso no alarmó demasiado. Al parecer su partida tenía que ver con que estaba recibiendo algunos mensajes intimidantes de su madre, reclamándole de mala manera que viniera a cuidar a su padre que tiene un problema de hemiplejía y está postrado. Escriturando el silencio 07:00 horas. Al día siguiente y retomando nuestro trabajo en el hospital nos sorprendió que estuviese internada Antonia en la sala de observación de la guardia. Hacía bastante que no se producía esto, que en algún tiempo fue algo muy habitual. 09:00 horas. Primero fue una de las psiquiatras que se percató de que no quería hablar. Ante la primera pregunta de cómo había llegado al hospital cerró los ojos, simulando estar dormida evitando una respuesta. La psiquiatra aparentó que se iba, pero se quedó al borde la cama sigilosamente esperando alguna reacción, y ésta no se hizo esperar mucho. De repente Antonia abrió sus ojos y cuando la vio en la cabecera de la cama se sorprendió y los cerró nuevamente, giró su cuerpo dándole la espalda y así cerrando toda posibilidad de diálogo. Y no hubo forma de que enunciara palabra alguna a pesar de la insistencia. 09:30 horas. En eso llega una acompañante terapéutica que la conocía bastante, y el silencio seguía invulnerable. Sólo expresiones con una mirada furibunda que penetraba al que se pusiera en frente. De repente y sin mediar nada más que la presencia, empieza una escena inexplicable, de esas que sólo el oficio del cuidar puede percatarse. Un acto de resistencia y de dignidad que busca aparecer como reclamo a otro lugar que no sea el de la anormalidad nosográfica que muchas veces plantea un “interrogatorio psiquiátrico”. Pide un celular, y ante la sorpresa de la acompañante empieza a definir un diálogo distinto, y así escribe el primer mensaje de texto: -Discutí con mi mamá. Nos peleamos feo. Ella me golpeó. Yo llamé a la policía, y después les pedí que me trajeran al hospital. -Bueno, pero porque no hablamos así nos comunicamos mejor, le dice la acompañante terapéutica. -Y en otro mensajito le escribe: No quiero hablar. La decisión de no emitir palabras desde su boca fue contundente. Y a partir de allí entró en una especie de voto de silencio. ¿Qué se hace en un voto de silencio?3 Se escogen las palabras para que tengan más significado, y se observa que lo que se dice tiene mayor influencia. La palabra no encuentra la voz, pero por un momento se detiene en la escritura y puede ir más allá y el acto mismo de detenerse y crear una conversación, es ya un modo de mentar eso que muchas veces queda atrapado en el silencio, lo que habita el silencio, pero necesita otras maneras de poder decir. Y a través de esa decisión, Antonia establece elegir palabras escritas, palabras más pensadas, palabras más concretas. Como escriturando un decir. De esa manera la escritura le pone “formalidad” al diálogo. Nos propone por un momento poder hablar desde el silencio para no dejarse enmudecer por el padecimiento y el hastío de una situación crónica de lazos familiares que la sacuden de vez en cuando. Busca denodadamente palabras que la ayuden a poder decir lo que le pasa, y en ese esfuerzo de buscar esas palabras, elabora con ellas una provocación que le permita ver hasta qué punto somos aún capaces de hablarnos más allá del habla, y de poder elaborar con otros el sentido o el sinsentido de lo que nos pasa. Nos impulsa a pensarnos a través de esa conversación-misiva por fuera del lugar y del espacio establecido institucionalmente. Y en esa inexplicable escena emerge la determinación de un diálogo que parece como atenuado, pero que no entorpece la posibilidad de la palabra cuando desde el otro lado la hospitalidad para cuidar un malestar deja espacio para la comunicación, evitando la normalización. Es allí donde la producción de cuidados amplía la clínica. Y no hay voz, pero si hay palabras. Entonces ella decide no hablar, pero si escribir sobre lo que le pasa porque existe otro que la mira, la lee, la siente. Y así la palabra discurre, fluye desde cada letra pensada, desde cada mensaje enviado como acción con el otro, para el otro, junto al otro, como un decir que se configura como respuesta a su presencia. Y así en esa parsimoniosa escucha-lectura aparece toda la capacidad creadora de un cuidado como línea de fuga, como rupturas hacia otra cosa más allá de lo que nos propone la linealidad de la reproducción de la medicalización. Marcelo Percia nos dice que esas “Agudezas que cuidan absorben sufrimientos que enmudecen”4. Y allí en ese mismo momento se desencadena una conversación no sólo de palabras escritas, sino de señas, gestos, ademanes y miradas fulminantes en donde la comunicación de lo sensible se expande. Y la palabra nombra lo que está siendo y lo que aún no es: hace relato de lo que está por venir. “La palabra nombra y al nombrar otra vez lo que ya fue nombrado, rememora. Editamos lo que pasó como memoria en el presente: decimos lo que ha pasado, muchas veces lo que ha permanecido callado hasta que lo nombramos, y la rememoración es actual: en ella establecemos lo que somos. La palabra habita el pasado desde hoy y por eso es siempre interpretación: al decir lo que ha pasado dice el lugar en donde estamos. Rememorar es re-considerar: el pasado queda habitado en lo que pronunciamos y por ello no es repetición, es nombrar otra vez”5. Cuando se habilita desde cualquier trabajador o trabajadora de la salud la posibilidad al otro que sufre de nombrar lo que le está pasando, introduce una dimensión en donde la clínica se expande, se habilita un momento desde la ternura de una escucha-lectura que amina a la respuesta. Un momento en donde lo habitual de la técnica da paso a lo extraordinario del cuidado, algo que la temporalidad lineal de la organización del trabajo de la guardia no está acostumbra. “Se necesita dar tiempo y lugar para que esas lenguas enmudecidas hablen. Para que nombren lo que hacen, para que cuenten que les pasa (…). Para que se autoricen a balbucear, a susurrar timideces, a vociferar rabias. Para que digan lo que saben, lo que no saben, lo que no consienten”6. Se rompe una lógica que incita al curioso en la clínica, a pensar estrategias novedosas para que el otro que padece no se quede sin palabras para poder expresar su sufrimiento. Report del acompañante terapéutico de la tarde 19:00 horas. - Lucrecia, que ya tenía el alta, la vino a buscar alguien de su familia, eran dos y estaban en una moto así que no sé cómo la habrán llevado, pregunté y me dijeron que "venía alguien más a buscarla", me quedé más tranquilo. - Zunilda sigue en la guardia, aunque tiene el alta, pero como pasa casi siempre todavía no apareció nadie de su familia a buscarla. Por lo que veo se va a tener que quedar otro fin de semana de hotel-guardia. - Joana de 17 años ingresa por una ingesta de medicamentos, es de una localidad vecina. Es la segunda vez que lo realiza en este año. No quiere hablar con ninguno de sus familiares, me pidió que no les avise nada. Tendremos que ver bien esto después. Llega acompañada por una amiga. Hablé con ella la encontré muy angustiada, por momentos no podía hablar, sólo lloraba. Casi al final me cuenta entre sollozos que a los diez años fue abusada y que recién ahora pudo decírselo a su amiga. Pensé en cómo lo traumático se enquista y aparece o no el día menos pensado ante algún episodio estresante. Le pedí a la amiga que, si se podía quedar el fin de semana y me dijo que si, que se van a turnar con otras amigas para acompañarla. - Ingresó Griselda de 31 años de otra localidad, que estaba derivada para un centro de rehabilitación para las adicciones, dicen. Parece que no había camas así que tuvieron que traerla a la guardia para asistirla. Seguro va a quedar internada. - Ingresó un señor de 74 años con una demencia senil bastante brotado, se esperará evaluación de guardia y clínica médica. Creo iban a pedir interconsulta con neurología también. No pude aportar mucho ahí porque enseguida le hicieron una medicación para tranquilizarlo. - Antonia subió de la guardia a internación y quedó en la habitación 9, cama 18. Mantiene invulnerable su voto de silencio, pero se sigue comunicando por mensajes de texto. 1 Percia, Marcelo. Estancias en común. 1ª ed. - Androgué, Ediciones La Cebra, 2017. 2 Ulloa, Fernando. Así denominaba a los distintos colectivos humanos en los que había desarrollado técnicas “para generar pensamiento crítico”. 3 https://es.wikipedia.org › wiki › Voto_de_silencio 4 Percia, Marcelo https://www.revistaadynata.com/post/cuidar-la-vida-salvar-la-lengua---marcelo-percia 5 Berlanga Gallardo, Benjamín. Acerca de la fuerza de la palabra: la narración como empalabramiento del mundo, como saber de la vida y como promesa movilizadora. Seis ideas. UNIVERSIDAD CAMPESINA INDIGENA EN RED CENTRO DE ESTUDIOS PARA EL DESARROLLO RURAL UCIRED-CESDER JULIO 2015. Pág. 5 6 Ídem 3. Bibliografía -Berlanga Gallardo, Benjamín. Acerca de la fuerza de la palabra: la narración como empalabramiento del mundo, como saber de la vida y como promesa movilizadora. Seis ideas. UNIVERSIDAD CAMPESINA INDIGENA EN RED CENTRO DE ESTUDIOS PARA EL DESARROLLO RURAL UCIRED-CESDER JULIO 2015. -Percia, Marcelo. https://www.revistaadynata.com/post/cuidar-la-vida-salvar-la-lengua---marcelo-percia -Percia, Marcelo. Estancias en común. 1ª ed, - Androgué : Ediciones La Cebra, 2017. -Wikipedia https://es.wikipedia.org › wiki › Voto_de_silencio

  • Encerrona trágica / Fernando Ulloa (1998)

    Me propongo hablar de la crueldad, ese desamparo mayor en que quedan sumergidas las víctimas. Un desamparo que está básicamente expresado por una figura clínica: la encerrona trágica, que extraigo de mi práctica psicoanalítica con personas que han sido torturadas; figura que bien puede ser extendida a muchas situaciones del acontecer social. La encerrona trágica es paradigmática del desamparo cruel: una situación de dos lugares, sin tercero de apelación, sin ley, donde la víctima, para dejar de sufrir o no morir, depende de alguien a quien rechaza totalmente y por quien es totalmente rechazado. Por otra parte, el desarrollo de la crueldad tiene como antecedente, en la constitución inicial del sujeto, la falencia de la ternura como primer anidamiento, como primer amparo que recibe el recién nacido. Obviamente no es éste el único origen del futuro despliegue de la crueldad, ya que serán necesarios dispositivos socioculturales posteriores que, o bien no reparen ese origen fallido de la subjetividad, o lo acrecienten. El hecho es que la crueldad siempre requiere un dispositivo sociocultural que sostenga el accionar de los crueles, así en plural, porque la crueldad necesita la complicidad impune de otros. El eje de ese dispositivo cruel es la mentira. Aunque ésta no necesariamente desemboca en una producción cruel, puede sostenerse --con fundamentos psicoanalíticos-- que la crueldad siempre está comprometida con una mentira establecida en los primeros tiempos del sujeto. Una mentira que se va estableciendo como un saber fetichista recusador de la verdad. Voy a abordar el complejo y arduo asunto de la crueldad desde distintos niveles: 1) En primer término "lo cruel", así escrito con el artículo neutro precediendo al adjetivo. "Lo cruel", sin sujeto manifiesto de la acción, convive en sociedad sin escándalo, incluso con nuestra connivencia. No en vano la palabra "connivencia" remite en su etimología a guiño, o a cerrar los ojos. No es que en "lo cruel" no exista un sujeto intelectual responsable, pero cabe destacar que puede adquirir estatuto de costumbre, en el que las mismas víctimas conviven con una intimidación que permanece inadvertida. Así "lo cruel" hace cultura, verdadera cultura de la mortificación en que la fecunda idea freudiana del malestar de la cultura es trocada por: malestar hecho cultura, donde claudica la valentía, la inteligencia, y el cuerpo se desadueña. Aquí la mortificación no sólo alude a muerte sino, fundamentalmente, a mortecino; sujeto coartado, en el que la queja nunca adviene protesta, y la transgresión a este acostumbramiento mortificado se queda sólo en una eventual infracción. Hasta se diría que, superada la faz aguda de la mortificación, las marcas siniestras de la crueldad, neutralizadas como "lo cruel", se entremezclan con la civilización desmemoriada. Son quistes prontos a activarse. En la mortificación de "lo cruel", la ética queda reducida a una ética abstinente, atenta a lo que no se debe hacer, pero sin que aparezca el imperativo de advertir y accionar sobre las condiciones socioculturales y políticas que originan y sostienen esa situación mortificada. 2) Para el segundo abordaje es necesario examinar el pasaje de "lo cruel" a "la crueldad". La crueldad, como implementación de la condición agresiva y odiosa del hombre, es un hecho cultural y requiere una política que la ambiente. Dentro de esa política, ilustrada entre nosotros por los objetivos socioeconómicos de marginación que implementó el terrorismo de Estado, o por las políticas actuales de ajustes, se organiza ese dispositivo que da entorno directo a la mayor crueldad. Un dispositivo que configura la encerrona trágica donde, no habiendo tercero de apelación, no hay ninguna salida inmediata para la víctima. Ejemplifica paradigmáticamente el accionar de la crueldad una situación frecuente en tiempos no muy lejanos. Una madre embarazada, en cautiverio, es sometida a tormento antes de que nazca su hijo. Una vez que se ha producido el parto la madre es asesinada y el niño entregado a manos apropiadoras. Obviamente un niño, si la madre es torturada antes que nazca, es un niño torturado. Insisto en que no estoy hablando de una situación abstracta sino siniestramente repetida entre nosotros durante el régimen militar de los años 70. En las pocas ocasiones en que los criminales se han visto ante la Justicia, suelen defender tenazmente la presa a la que dicen "adorar". Esta adoración, totalmente fetichista, está al servicio de la negación de su crimen: "Cómo vamos a ser culpables, si el amor que tenemos por este niño demuestra lo contrario". Un amor espurio, pública y obscenamente expresado para ocultar la verdad de los hechos. Es conocido el efecto siniestro que este despliegue de la crueldad producía en amplios sectores de la población, activando ocultos dispositivos de la crueldad. Por ejemplo, la canallesca prescindencia expresada por aquel "por algo será" configura un polo social que se corresponde con otro polo, cuando una víctima capturada "equivocadamente" también era torturada a partir de la premisa de que "algo habrá de saber". 3) Denominaremos al tercer abordaje "el acontecer de la crueldad", como propia conciencia de la disposición personal que en grados distintos habita a todo sujeto. Este acontecer es el pasaje intrapsíquico de lo cruel, en su estado latente, a la asunción ética de la propia disposición para la crueldad como toma de conciencia. Comencé señalando que el origen de la crueldad se vincula con la falencia del primer amparo de todo sujeto, la ternura. Freud dijo poco, pero dijo bastante, acerca de la ternura: que se origina en la coartación del fin último de la pulsión. Una coartación que depende de la presencia del tercero. Si pensamos esencialmente como agente de la ternura a la madre, este tercero está representado por la función paterna, ejercida por el padre mismo, o por los demás contertulios de la ternura, o por la sociedad. De hecho esta coartación ya es un valor inherente a las propias estructuras de la madre. Cuando no hay coartación de este fin último se recrean laa condiciones de la encerrona trágica. Aquí también falta la ley, y en ese sentido la ternura es el primer factor que hace, del sujeto, sujeto social, dado que se trata de un dispositivo social. Esta coartación crea una precaria condición de sublimación en la madre, traducida en dos aspectos: la empatía que garantiza el suministro hacia el niño, y el miramiento, algo así como mirar con interés amoroso aquello que, habiendo salido de las propias entrañas, es sujeto ajeno. Si la empatía garantiza un suministro, el miramiento garantiza la gradual autonomía del sujeto. Los suministros de la ternura son tres: el abrigo, para los rigores de la intemperie; el alimento, para los del hambre; y el buen trato, el trato según arte. Un trato que será bueno en tanto donación simbólica de la madre que concurre, no solamente a la invalidez material del niño, sino también a su invalidez simbólica. Precisamente con la experiencia de gratificación se irá instituyendo este buen trato, este trato según arte, basamento del sujeto comunicacional. Si digo algunas palabras sobre la ternura es para contrastar el entorno necesario para la constitución ética del sujeto con el entorno de la crueldad. Para un cruzamiento entre ternura y crueldad, apelo a una metáfora ecológica: cuando un cachorro ya viable es llevado a otro nicho ecológico, se observan tres maniobras. En un primer momento, se hunde: se deprime, se angustia. Luego se anida. Finalmente, se anima. El punto determinante será la calidad de ese anidamiento, según la cual será también el estilo de su animación. La animación puede ser más bien inherente al animal doméstico en el sentido del domus, el domicilio, o inherente al desamparo y la precariedad del sobreviviente. Esta metáfora permite por un lado sostener que el dispositivo de la crueldad es una producción básicamente cultural, sin descartar que la agresividad propia de la evolución de las especies también juega. Si aplicamos este modelo al cachorro, tanto el canino como el humano, necesariamente el desamparo incrementa su instintividad astuta y agresiva. Por supuesto que el animal posee un mayor paquete instintivo, por lo que le lleva gran ventaja al humano. Es así que el infantil sujeto también incrementará su natural y precario paquete instintivo en la lucha para sobrevivir. Sabido es que lo instintivo tiene una función, un sentido y un objeto único. Este acrecentamiento instintivo lo será en desmedro de las variables pulsionales propias del humano con caminos de descarga alternativos -–incluida la sublimación-- y donde el objeto de la pulsión puede ser también distinto. Si lo instintivo unívoco tiene carácter metonímico, lo pulsional ya es un rudimento de las variables de la metáfora, propias de lo humano. Cuando el anidamiento es en un "nido de serpientes", conlleva al incremento instintivo del sobreviviente. La rigidez instintiva es factor que contribuye a que el futuro sujeto, ahí mortificado, reproduzca los valores que recibió. Así que el golpeado tiende a ser golpeador, en tanto sus alternativas pulsionales se hayan instintivizado unívocamente. Si la donación simbólica, aquella que puede signarse por el buen trato como tercer suministro de la ternura, es fallida, el sujeto que de ahí resulte incrementará su angustia de muerte frente a la que irá organizando un "saber" fetichista, como recusación de esa angustia. Un fetichismo que confiere al saber el carácter de "saber sagrado", "saber fundamental", "saber ortodoxo" que excluye, odia y elimina todo lo distinto, que pueda poner en duda aquel saber. La sumatoria de esos valores instintivizados que tienden a reproducirse, más esta propensión a un saber fetichista, serán el caldo de cultivo del sujeto cruel. Llegamos así a lo que podríamos llamar la vera crueldad, aunque resulte paradojal aludir a la verdad para definir lo que está establecido sobre la mentira. Para que la vera crueldad resulte tal, es necesario que la violencia del ejecutor y el desamparo de la víctima estén enmarcados en un dispositivo sociocultural (avalado y montado por los cómplices intelectuales), con pretensión de impunidad. Pero, si bien esto es necesario, no es suficiente: la vera crueldad requiere que el ejecutor sea realmente maligno, es decir, sin ningún lugar para el remordimiento, por lo cual debe haber organizado su fetichismo como un saber mentiroso que lo hace impune frente a sí mismo, arrojando todo vestigio de conciencia moral con relación a sus actos; un saber mentiroso que será el baluarte de su impunidad recusadora de toda ley. El maligno, es decir el sujeto de la acción de la crueldad, justifica sus actos en este saber canalla, es así que su impunidad fetichista le permite simular los finos modos del culto y aun del piadoso. Se presentará leyendo los Santos Evangelios cuando, ante los estrados de la Justicia, se le evidencien la magnitud y la atrocidad de sus crímenes. Incluso podrá decir que su causa fue la defensa de los valores occidentales y cristianos, o quizá orientales y musulmanes, cualquier punto cardinal y credo degradados fetichísticamente. Podrá también ofrecer los sufrimientos -–que de hecho cree injustos-- causados por el enjuiciamiento y sus inconvenientes, como verdaderos actos de servicio a su institución represora. Muchos genocidas que ilustran en nuestro medio esta situación. O tal vez sean los familiares quienes pidan misericordia, en nombre de la humanidad, para algún anciano que está menguado en su salud y en su confort. No es necesario ir a estos ejemplos de genocidas directos. Muchos de los inspiradores y planificadores de los ajustes sociales que arrojan millones de víctimas a la miseria se les corresponden. Un comportamiento tan impune podría promover la sed de venganza, la pretensión de que el tormento sea la vía para que el criminal reconozca sus crímenes; algo así como montar una inquisición maligna frente al maligno, curarlo con su propia medicina. Será sólo el enjuiciamiento justo, con todos los recaudos de defensa en juicio, el que logre desmontar el ídolo fetichista y su mentira que pretende afirmar que es lo que no es, o que no es lo que es. El fetichismo es pura renegación, con sus amputaciones de la conciencia que además de negar, niega que niega. Mientras que la utopía, definida en términos modernos, constituye otra doble vuelta de negación frente a la renegación: la de negarse a aceptar todo aquello que niega la causa del accionar de la cruel impunidad. Se configura así una utopía con tópica no conjetural, sino ahora, en el presente. Esta es la única justicia posible frente a los señores de la crueldad. Fuente: https://www.pagina12.com.ar/1998/98-12/98-12-24/psico01.htm

  • Zaratustreanas VIII De celestiales y terrenales / Fernando Stivala

    En otro tiempo Zaratustra también proyectó su ilusión más allá del hombre, como todos los trasmundanos. El mundo le pareció entonces la obra de un dios sufriente y atormentado.* Metafísicos De los pobres de espíritu. De los que creen en un alma inmortal. De los que creen en un más allá, y traicionan el más acá. De lo que está después de la naturaleza, de lo que está más allá de lo físico. De lo que está del otro lado del mundo. Nos habita lo trasmundano cada vez que subrayamos, estamos, pensamos, una vida que no tiene nada que ver con lo que está pasando, que no tiene nada que ver con las fuerzas que componen la situación actual. Pobres de espíritus: míseros, con un solo matiz. Quienes albergan en sí un alma inmortal. Por otro lado, a quienes se les vuelve a transformar el espíritu, y el corazón, y está feliz por albergar en sí muchas almas mortales.* Se vuelve al cuerpo, se vuelve a la tierra. La naturaleza expresiva de las cosas es capaz de múltiples almas. En la llamada una vida, o un espíritu, o un alma inmortal, son posibles múltiples almas. Hasta el más subjetivo, hasta el más yo, hasta el más identitario, tiene en esa vida mil historias aunque la narre siempre de la misma manera. Repasar nuestras vidas en sus múltiples afecciones y posibilidades. Dejar de lado el casette narrador de quienes somos. Casette: loop, grabador, narrador: nombre y apellido, género, familia, colegio, frustraciones, alegrías y logros, carreras, economía, parejas, hijxs, viajes, y algunos pocos etcéteras más. La película más aburrida de la historia se podría llamar Yo. O biopolítica. Foucault. Todo controlado en nombre de la vida. Hasta las preguntas que nos hacemos tienen su guión en esta película. Ya tienen su posibilidad de respuesta (incluso aunque sean varias). Ya tienen su guión establecido. Ya tienen sus sentencias escritas. (Posible prueba: interrumpir la película del yo y su loop narrador para ver si nos encontramos con múltiples almas mortales y no un alma inmortal.) Éstos pobres de espíritu necesitan transformarse. Devenir camello, dragón, león, niñx. Un Dios imperfecto ¿Qué pasa cuando somos metafísicos, cuando estamos en relación con lo que no está acá sino más allá? Imaginamos un dios sufriente y atormentado, divinamente insatisfecho. El creador quiso apartar la mirada de sí mismo, - entonces creó el mundo. Un placer embriagador es para el que sufre, apartar la mirada de su sufrimiento y perderse a sí mismo (…) Este mundo, eternamente imperfecto, imagen, e imagen imperfecta (…) Pero ´aquel mundo´ está bien oculto de los humanos, aquel mundo inhumano y deshumanizado que es una nada celestial (…) Dejar de esconder la cabeza en la tierra de las cosas celestiales, a llevarla al aire y libremente, una cabeza terrena, ¡que es la que da sentido a la tierra! * Los metafísicos meten la cabeza en la tierra para encontrar trascendencias. Se es cuerpo con placer y sufrimiento. Un más acá. Habilitar el cuerpo, habilitar el placer y el sufrimiento. Sino placer es para quien sufre apartar la mirada de su sufrimiento. Así proyectamos e imaginamos el sufrimiento en la imagen de Dios. Apartar el sufrimiento, quedar en estado de insatisfacción. Ese más allá. Esa manera nada celestial. Mejor, este mundo eternamente imperfecto, a imagen y semejanza de esa imperfección. Un delirio. Algo pasa Así proyecte yo también una vez mi ilusión más allá del humano, como todos los trasmundanos. ¡Ese dios que yo creé era obra humana y delirio humano, como todos los dioses! De mis propias cenizas y brasas surgió ese fantasma, ¡y en verdad!, ¡no vino a mí desde el más allá! * Se está metafísico pero igual de repente algo pasa. No es castigarse cada vez que se es metafísico, sino confiar, que de repente, retorna algo que no sabemos qué es pero igual lo tomamos. La emoción se encuentra en el cuerpo, en el hacer. No se encuentra antes en el pensamiento y luego se proyecta en una acción. Se encuentra en el placer/sufrir del cuerpo. La chispa retorna en el más acá: tierra, cuerpo, emociones, pulso. Si la escuchamos nos da más matices. Si no, seguiremos igual de metafísicos que antes. Yo me superé a mí mismo, al atormentado, yo llevé mis propias cenizas a la montaña, y allí me inventé una llama más luminosa. ¡Y mirá! ¡El fantasma se apartó de mí! * Tierra, la desterritorializada volcánica y pantanosa la que atraviesa la forma, y la per forma. Tierra, la fugada continua erosión de fijezas. Algo pasa. *Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra (Primera parte ´De los transmundanos´)

  • Teatro Invisible (fragmento) / Augusto Boal

    Que quede claro: ¡el Teatro Invisible es teatro! Cada pieza debe tener un texto escrito, que servirá de base para la parte llamada foro. Ese texto se modificará inevitablemente según las circunstancias para adaptarse a las intervenciones de los espectadores. El tema elegido debe ser atractivo, de interés para los futuros espectadores. A partir de ese tema, se estructura una pequeña pieza. Los actores deben interpretar a sus personajes como si estuviesen en un teatro tradicional representando para espect-actores tradicionales. No obstante, cuando el espectáculo esté listo, se representará en un lugar que no es un teatro y para espectadores que no saben que son espectadores. Para esa experiencia europea (en 1976 y 1977), hicimos espectáculos en el metro de París, en los ferrys, en los restaurantes y calles de Estocolmo, y hasta en el escenario de un teatro donde yo daba una conferencia. Repito una vez más: en el Teatro Invisible, los actores deben interpretar como verdaderos actores, siguiendo al máximo el método de Stanislavski. Ejemplos 1. Abuso sexual Ese espectáculo invisible se montó tres veces en el metro de París, en el trayecto Vincennes-Neuilly, en julio de 1976, cuando dirigí mi primer taller de Teatro del Oprimido en Francia, para actores del complejo de teatros de la Cartoucherie de Vincennes. El teatro elegido era siempre el último vagón antes del de primera clase (posteriormente suprimida por el gobierno socialista, en 1981), en la parte central del tren. 1°acción El grupo (menos dos actores) subió en la primera estación. La representación como tal comenzaba a partir de la segunda estación: dos actrices, de pie, quedaron cerca de la puerta central. Una tercera actriz, la víctima, se sentó al lado del actor tunecino, en un asiento cercano a la puerta. Un poco más atrás se quedó la madre con su hijo, ambos actores. Había otros actores dispersos por el vagón. En las dos primeras estaciones, todo transcurriría normalmente. Los actores leían el periódico o entablaban conversación con los pasajeros, etc. 2°acción En la tercera estación entró el actor que hacía de agresor, el cual debía sentarse junto a la víctima, o quedarse de pie a su lado en caso de no haber asiento libre. Pasado un rato, comenzó a apoyar su pierna en la de la muchacha, quien protestó inmediatamente. El agresor alegó que había sido sin querer, que no había pasado nada. Nadie tomó partido por la víctima. Un poco más tarde, el agresor atacó de nuevo: además de apoyar la pierna, pasó ostensiblemente su mano por el muslo de la víctima. Ella reaccionó indignada, pero nadie la defendió. Entonces decidió quedarse de pie. El tunecino aprovechó la oportunidad para defender... al agresor, argumentando que las mujeres protestan por cualquier cosa y ven agresiones sexuales en cualquier incidente trivial. Las dos actrices solamente observaban, silenciosas, con expresión desolada. Concluyó así la segunda acción. 3°acción En la quinta estación entró otro actor, el agredido; un actor realmente muy guapo o, por lo menos, el más guapo que conseguimos en nuestro elenco. Bastó que entrase para que las dos actrices que estaban cerca de la puerta, una feminista y su amiga, hablasen en voz alta sobre la belleza del muchacho. Un rato después, la feminista fue hasta el agredido y le preguntó la hora; él respondió. Ella preguntó en qué estación bajaría y él protestó: -¿Te conozco de algo? ¿Te pregunto acaso yo a ti en qué estación vas a bajar? ¿Qué quieres? -Si me lo hubieses preguntado, habría respondido: voy a bajar en République y, si quieres bajar conmigo, podremos pasar un buen rato juntos. Mientras hablaba, acariciaba al muchacho, bajo la mirada sorprendida de los otros pasajeros, que apenas podían creer una escena tan insólita. El muchacho intentaba escabullirse, pero ella se lo impedía: -Eres muy guapo, ¿sabes? Y tengo unas ganas locas de darte un beso. El agredido intentaba escapar, pero estaba preso entre la feminista y su amiga, que también reclamaba el derecho a besarlo. Esta vez, los pasajeros tomaron partido... contra las mujeres. Por entonces muchos pasajeros estaban interviniendo directamente en la acción. El agresor de la primera escena asumió la defensa del agredido. La víctima se puso del lado de las feministas, alegando que, si no la habían defendido unos minutos antes, no había razón ahora para defender al agredido. Si un hombre tiene derecho a asediar a una mujer, ella también lo tiene a meterle mano a un hombre si éste la atrae de alguna forma. 4°acción La víctima, la feminista y su amiga decidieron atacar juntas al primer agresor, que huyó, perseguido por ellas con la amenaza de quitarle los pantalones. Los otros actores siguieron en el vagón para escuchar lo que decían los pasajeros y también para orientar un poco la conversación sobre la estupidez del abuso sexual en el metro de París o en donde fuere. Para asegurarse de que todo el vagón era consciente de lo que pasaba, la madre preguntó a su hijo qué había ocurrido. El muchacho, que actuaba como testigo de la escena, contó en voz alta todo lo que había visto (de modo que los demás pasajeros pudiesen oírlo). Funcionó como una especie de locutor deportivo, dando detalles que los pasajeros no habían podido ver bien. En el transcurso de las escenas, hubo episodios muy curiosos, como el de la señora que exclamó: -¡Ella lleva razón, ese muchacho es guapísimo y nosotras deberíamos tener también ese derecho! O el de un señor que defendió con vehemencia el derecho masculino: -¡Es una ley de la naturaleza! Si ante una mujer guapa un hombre no reacciona es que algo falla... Para él, el asedio masculino era eso: una ley de la naturaleza, pero el mismo gesto en una mujer no sería natural sino una aberración. Peor aún, otro hombre añadió que si una mujer es agredida sexualmente algo habrá hecho ella: ¡la culpa es siempre de la mujer, que es quien siempre provoca! Uno de los hombres que defendían esa extraña teoría iba acompañado precisamente de su mujer. El tunecino no perdió el tiempo: -¿Opináis entonces que los hombres tienen derecho a meterles mano a las mujeres en el metro? -Sí, eso creo. ¡Ellas provocan! -respondió el hombre. -Discúlpeme entonces: exactamente era eso lo que pensaba hacerle a su mujer -e hizo ademán de acariciarla. Poco faltó para que se armase la gresca. El tunecino tuvo que disculparse y bajar antes de la estación prevista. En una de esas representaciones, el escándalo fue tan grande que el metro se detuvo en la siguiente estación y los pasajeros bajaron y fueron a ver qué ocurría. Sin embargo, los protagonistas (el agresor, la víctima, la feminista y su amiga) se quedaron acorralados en un rincón de la estación. No estaban preparados para ese incidente, esa prolongación del espectáculo, porque sólo tenían un texto escrito para el tiempo exacto entre las dos estaciones. Eso hizo que improvisasen unos cinco minutos, sin ningún plan preconcebido, y con los espect-actores/pasajeros exigiendo que la víctima se adelantase y le quitase la ropa al agresor. En esa escena, el tema de la pieza estaba bien claro: ni hombres ni mujeres tienen derecho a agredir a nadie. Sin embargo, para que esa pieza tenga una dimensión política, ¡es necesario, como ya he dicho, que cincuenta grupos la interpreten ciento cincuenta veces el mismo día en la misma ciudad! En esas condiciones, puede ser que los abusos de esa naturaleza se acaben o, al menos, disminuyan, o que los agresores teman la posibilidad de transformarse ellos también en víctimas. Fuente: Augusto Boal / Juegos para actores y no actores - 1a ed. revisada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Interzona Editora, 2015. Fragmento (1977-1979)

  • Caligrafía nómade VII / Patricia Mercado

    Hacinadas en el primer cajón del placard mis bombachas esperan en la clandestinidad. Frente a las vidrieras, donde las modelos lucen tanguitas inmaculadas cual vírgenes en altares donde los caballeros desfallecen en los estertores de la fe, mis bombachas callan, analfabetas a los dictados de la moda. Lejanas al glamour de delicadas puntillas, sutiles transparencias, excitantes brevedades, ellas saben de la ardua pasión de buscar sentido entre los trastos cotidianos. Del fragor de llevar el corazón y los huesos por tierras donde la crueldad arrasa la piel de las cosas. Del cansancio en el derrumbe de los afanes. Aceptan sin grandilocuencias los excrementos que alivian mi cuerpo y, con la misma sencillez, la alegría de amantes que no suelen prestarles demasiada atención. Olvidadas en algún lugar ignoto de la escena esperan la hora de irnos sin ansiedad. Usadas en demasía, rotas sin más, atestiguan avatares que jamás contaría al médico. Compañeras del reverso de la vida, tan íntimas, que hablan en dialecto. Apenas levantada, con el día por delante, alguna sale del cajón y viene conmigo a la ducha como un documento en que consta la decisión de vivir. Como si hubiera que envolver la vida en pequeñas telas que velen el oceánico tajo donde se entra y se sale del misterio. Ingenuas aventureras, abrigan sueños y afanes en la orilla de un silencio irreductible. Antes de ser arrojadas al Ganges por mis herederos, mis bombachas dirán que he vivido cuando ya no esté aquí.

  • Transmutilación / Me robaron los órganos

    Máquinas, caos, órganos. Máquinas caos órganos maquinascaosorganos De órganos que desorganizan De máquinas que respiran De caos que consisten De palabras que soplan y cortan. Acarician y mutilan. Esto no es un órgano Esto no es un órgano Esto no es un órgano esto no es una máquina esto no es un caos esto no es un cuerpo Esto es una palabra. Palabra cuerpo y palabra espíritu. Y además cuerpos. Un abismo los separa. Palabra membrana cose caos en cuerpos que dejan cicatrices. Y también hilos sueltos. Máquina humana funcionando. Hacer cosible lo invisible. Aprehensiones fugaces. Captaciones instantáneas. Conexiones del inconsciente. Se nutren del cosmos, de la atmósfera, que oxigena y asfixia. Isomorfismo sin correspondencia. Transtocar los valores, re distribución de gustos. Mutación. Tierra, la desterritorializada volcánica y pantanosa la que atraviesa la forma, y la per forma. Caos, el consistente, el insondable, el Afuera, el de siempre. El de las fuerzas, el que retorna Y de forma Máquina, la funcionando la constante, la posibilitadora, la unidora. La formadora. Máquina puente. Me presionan los órganos. Asfixia. Represión. Me presionan los órganos. Ahogo. Opresión. Me presionan los órganos. Sofoca. Depresión. Tierra, la fugada Continua erosión de fijezas. Caos, helada Velocidad absoluta Boca toda Demasía Máquina Cerebro, esquema, espíritu, mapa Presionan tierras pesadas, respiraciones contenidas, líneas endurecidas, rutinas desganadas. Presionan funciones obvias predestinadas pautadas idénticas establecidas. Presionan gustos y bellezas. Presionan imperativos de felicidad. Presionan imágenes y semejanzas. Presionan estadísticas, rencores, cuentas, creaciones, comparaciones, reclamos, amores, justicias, tristezas, venganzas, miedos, esperanzas. Presionan deseos, fantasías, búsquedas y mandatos. Presionan promesas. Presionan memorias. Nombres, títulos, consignas, diagnósticos, características, personalidades, astros. Presionan normalidades Aprisionan intensidades. Vientos, soplidos, espíritus. Acarician y cortan pieles. Membrana. A lo ilimitado le aburre lo limitado A lo limitado le da vértigo lo ilimitado. ¿Y qué quisieron hacer? Finalidad que persevera Re distribución de valores Mutilación Membrana que persevera Territorio que se crea mutando Captar movimientos Pintar sensaciones Nombrar funcionamientos organoscaosmaquina caosmaquinaorganos maquinaorganoscaos No hay quietud: De órganos desbordados De movimientos que desaceleran. Huidas trazan líneas ¡Ex presión! Órganos bloquean vientos. Mutaciones presionan éxodos para que pueda pasar la eterna, y por fin nombrar desclasificada. ¡Transmutilación! Urgente: La estructura no es la última palabra de la Tierra

  • Folletín de la nada / Mercedes Na. Ramírez

    uno Folletín de la nada se presenta como escritorio de posibles resoluciones del sentido en amplio desorden de los métodos establecidos del hacer, sin saber identificar siquiera muy bien el estado de la empresa a resolver. Escritorios que se susurran en confianzas como escritoría, donde se bifurcan alegrías y convulsiones revoltosas, de impermanencia de lo que corre empapando si el género es en masculino: río que deja correr oportunidades en la cercanía del cuidado con toda escritura. Del desorden es que nos enteramos de esa percepción que opera como imperio capitalista, donde todo es parte y distinción, donde solo la nada tiene lugar de caos. La práctica minuciosa de desorientar vicisitudes desconcierta ampliamente al pavor desprevenido, tanto que lo deja en una esquina quíntuple de un barrio circular sin datos para poner el GPS que te lleve seguraal lugar al que se debe llegar. La segregación instantánea de los textos sociales como relatos de la diferencia insisten en agruparpotencias del destierro. Qué problema el texto y lo social ¿No interesan más narraciones que intenten un territorio sin zanjada delimitación aún sabiendo de lo perecedero de ensayar la huida fabuladaal ser elevados como una verdad cauta? La magia del poder radica en hacerse razonablemente indulgente frente a una vida que nunca entendióel error que le ha sido asignado,el error de haber creído poder interpretarla de modo unívoco,y así violentada. La palabraque hace tajo en el papel se da lugar. Cada vez que se intenta anudar sentido, esa bellitud del desatino en el reverso de charcos sobre los que se chapotea un ensayo malogrado del decir, se desvanece ante ciertoimperativo espirituoso respectodel querer asir.[i] dos La experiencia del error, como el de la nomadía[ii], acompañan entumecidas la mentira irresoluble de lo que promueve la pregunta ontológica para las ciencias sociales. Una progresión irrefrenable de soluciones contractuales. Cobijan la risa, la confusión, el desentendimiento. ¿Para qué escribir? Para nada. La mayoríade las veces azota una verborragia de incontables sonetos sensacionales, espectaculares, por pérdida de una dignidad impávida. Causación como efecto, o como insinuaciones de una faltacometida, o como humillación pormenorizada ante aprobaciones de lo audible. ¿Por qué la vergüenza? porque el orgullo. Solo a veces estremecen convulsiones que animan,permiten retiradas de la desolación escribiendo. ¿Así se encienden los anuncios tenuesde conversaciones menores? Tanto desesperael sin decir diciendo que inminentemente se vuelve copiaviva de otra canción de amor.[iii] tres Al decirsí, se inaugura el no, el tal vez y una infinidad de entradas y salidas posibles al problema del sí. Hay una parálisisdel sentido en cada inyección de compromiso, aterradora novela dibujada con crayones. ¿Cómo proclamar voluntades del acto en el hacer cuando no se sabe muy bien qué se está haciendo? ¿Cómo responsabilizarse con una realización en el punto nodal desde donde definitivamente no se imprime nuestra voluntad? ¿No debería resultar inquietante la imposibilidad de determinar la direccionalidad de una huida? ¿Y si el vacío en el centro del sentido de la vida fuese el lugar de todo poder, que produce y continúa, que ilusiona y repite incesantemente, que fragua toda tristeza al calor intermitente e imperceptible del punto que inaugura horizontes de una interminable obligatoriedad ofrendada al imperio discrecional del sometimiento a decir? [i] Para que el pensamiento del No Querer Asir pueda romper con el sistema de lo Imaginario es preciso que yo llegue a dejarme abandonado en algún sitio fuera del lenguaje, en lo inerte, y, en cierta manera, lisa y llanamente: sentarme. (...) No querer asir el no-querer-asir; dejarvenir (del otro)lo que viene, dejar pasar(del otro) lo que se va; no asir nada, no rechazar nada: recibir, no conservar, producir sin apropiarse. O bien: "El Tao perfecto no ofrece dificultad, salvo que evita elegir." Que el No-Querer-Asir quede pues irrigado de deseo por ese movimiento riesgoso: te amo está en mi cabeza, pero yo lo aprisiono tras de mis labios. No profiero. Digo silenciosamente a quien no es ya o no es todavía el otro: me contengo de amarte.” (En Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes, 1977). [ii] Cierta vivenciade no tener lugar, ni casa, ni grupo, ni amor, ni nombre. [iii] Canción “Copia viva” por Los Besos: https://www.youtube.com/watch?v=4xiiNBH3qJ8

  • Salvar el taller / Gisela Candas

    Se trata de una soledad extremadamente poblada. No poblada de sueños, de fantasmas, ni de proyectos, sino de encuentros Gilles Deleuze OBJETIVO, léase como convocatoria de trazos. Salvar el taller es el objetivo de un espacio que se despliega los martes a las 15 horas en una sala de un hospital del barrio de Flores. Salvar el taller, en realidad, anuncia el salvataje de una pared. No cualquier pared. Salvar… ¿será “salvar” la palabra? Centímetros de madera pintada a blanco que atestiguan los tránsitos de quienes asisten a ese encuentro. Salvar la pared es aguardar a que ese blanco se vuelva color, se vuelva matiz de los afectos que se dejaron ingresar a la sala. ¿Salvar los intervalos que laten en la unión de los cuerpos? No se trata de establecer objetivos o metas ni de instalar eso que llaman abordaje o finalidad terapéutica. Se trata de realizar un llamado que convoque trazos que necesitan mover, merodear. Convocar trazos: movimiento esquivo a diagnosticar lo imposible. Lo imposible: pasiones que eligen escurrirse entre las tintas. Esquivar miradas para fundirlas en la hoja. Dibujar y pintar hasta que la misma vida nos obligue a decir que tenemos miedo de que nuestra imaginación se acabe. Entre anteojos y libros, rememorar las producciones pasadas, los departamentos de fotografía y las vocales enloquecidas. Fundir todo eso en la proximidad de la hoja. Aplastarlo contra esa blanca pared, matizarla, hacer enloquecer la pared, salvarla, arrancarla de la cuadricula. El taller se convierte en la superficie donde transita una lucidez de ojos aniñados. A veces esa lucidez circula entre las sábanas, a veces se levanta y se estrella en la hoja. No hay interior o exterior para esta lucidez. Ella acecha espacios incorpóreos, requiere, pide por una fluidez que no reclame ni insista. El taller no requiere de aprobaciones, consignas ni de especialistas o profesores. Escribe Deleuze: “El gran error, el único error, sería creer que una línea de fuga consiste en huir de la vida, evadirse en lo imaginario o en el arte. Al contrario, huir es producir lo real, crear vida” El taller persigue la creación de espacios, allí donde las líneas se reúnen, pululan. Líneas que provienen de cada material, de cada mañana, de cada sábana, de cada mirada. Hay (una) necesidad de que todo ello se estrelle en la hoja. Hay una necesidad de ser testigos de esa soledad, de ese desierto que palpita. En el taller, se nos enseña la oscuridad de ciertos trazos, se nos enseña cómo se multiplica un presente. Allí, en el detalle más curioso, puede encontrarse una imaginación que se sacie con el amargo tinte de una afección triste. Esa negra imaginación anticipa que sostener la mirada, estrechar una mano, darse un abrazo o incluso un beso pueden dibujar negras distancias que ficcionen fatalidades. Lograr teñir esa imaginación con cálidos colores es abrazar afecciones alegres que permitan crear un escape, arrimarse a la vida. En esa multiplicación de los presentes, donde se manifiestan lenguajes misteriosos y ambiguos, se pueden producir otras cosas, gestos que esbozan nuevas líneas y producciones. Allí donde se lee multiplicidad, se lee la posibilidad de agenciar nuevas formas, algo nunca antes visto.

  • Crónica y Aion / Luz Barassi

    Antes del nacimiento y hasta el último instante de la muerte, hombres y mujeres oyen sin un instante de reposo. Pascal Quignard El taller decide hacer llegar una música. Como decide tan pocas otras cosas, pero con tanta convicción, el taller resume una vez más un llamado a otras melodías que permitan hilvanar los silencios de otros modos, con otros tonos y nuevos tintes. Llega entonces la música, ya no murmullo de radio, ya envolviendo la música al televisor gris del comedor y torturando, la música, al enfermero que trata de escuchar al gremialista que protesta una vez más. Canta el violín alegrías y tristezas. Baila la caja peruana chacareras. Silva y aplaude el extremo norte del lento pasillo de la sala de veinticinco camas, sonando como una tribuna. Gime el extremo sur del largo pasillo de la sala de mil camas y alucina, al mismo tiempo que despierta, atado, dolido, domado, sonando como leonera. Rasga su voz el cantor y canta locuras, fisuras y descansitos. Sueña y comenta el comentador, que sería maravillosa la locura y la fisura en Plaza Francia con un porro viajando entre los labios de los presentes. Merodea el merodeante. Chifla entusiasmo en el caminador inquieto, y perfora los tímpanos de las doctoras cuya piel ya estaba erizada desde hacía rato. Ríen. Suena la zamba de los caballos hacia la luna en la voz tersa de una mujer. Baila la chacarera en varios, en palmas, en pies y corazones, en ojos y retumba en las paredes al par que habilita algunos trances. Se presenta de repente un gesto ¿disonante?: “No me gusta esta canción, es muy triste ese violín”, dice la desdicha a los gritos. Y propone cantar un rock and roll y al hacerse audible en una boca, canción que sale de una boca y no, de un vacío, no sale de un gemir, sale a batallar desde la boca. Al hacerse valer y hacerse audible en la boca de un cuerpo que se va del ritmo, sigue sola nomás, desentona, corre sola y atrás las voces que quieren amistad. “No flaco, la tenés que conocer, escuchá este tema y seguime.” “Mirá que me voy, eh?”, dice la voz que emerge del coro entusiasta porque no soporta quizás esa armonía. Se lee en Barthes que la sutileza del poder pasa por la heterorritmia. Y precisa que al poner juntos dos ritmos diferentes se crean profundas perturbaciones. Quizás sea hora del dolor de despegarse de las gentilezas para recordar una vez más que el sonido ignora la piel y que no conoce párpados. Y que el sonido se precipita porque no se trata de sujetos ni de objetos de la audición, y que el sonido viola y que allí está esa voz comentadora, batidora de duelos, para la denuncia. Las orejas no tienen párpados y escuchar es ser tocado a distancia. Esa voz comentadora da cuenta de esa violencia. Dice Pascal Quignard que quizás no haya música que no sea aglutinante, ya que no hay música que no movilice en el acto hálito y sangre. ¿Qué será entonces lo que duele, lo que daña? ¿La voz disonante disconforme denunciante distímica dismorfa inestética, muy sola ella que arruina el tímido arrebato de los coros, o el sometimiento a una y otra y otra obediencia más? Porque la finalidad de la música es posible que sea solamente esta: atraer al otro. Y el taller lo había pensado así. La música –toda ella- nos somete a trances. La escucha musical puede derrumbar la identidad al tiempo que el alma queda seducida. un descansito y a seguir que el día es largo para la hora en que me levanto un ratito para reír de un buen pasar, de un buen recuerdo yo te juro, no me voy a colgar esta rutina ya es parte de mi andar yo te juro, no me voy a olvidar Un descansito y a seguir a la sombra de un árbol andando en los rayos del sol para una buena digestión o dormir un poco mejor en ofrenda a la luna o en saludo al sol un descansito y a seguir caminé… hoy los pies no me llevan a casa! Matías Scholand El significado más arcaico de Aión es el de vida. Aliento o fuerza vital y por extensión, el de duración o perduración de la vida. Más tarde pasó a designar las grandes eras o edades de la vida del mundo, los grandes ciclos del Cosmos. También se le asigna el Tiempo como vida siempre viva, sin principio ni fin, eso es la eternidad. Para los griegos Aión es Dios de la eternidad al que no le hace falta devorar nada para ser eterno, es a la vez niño y anciano, dios que tiene sentido en sí mismo, dios que no contempla los objetivos ni los planes sino que produce a acciones que tienen sentido en sí mismas. Dios que tan solo da, es precisamente el presente el momento en que Aión aparece o se desvela, pero un instante que no está desvinculado del antes o del después (Cronos). Cuando la acción se produce bajo el auspicio de Aión, el camino que se recorre cumple el simple y único objetivo que es meramente el recorrido. De pronto, la guitarra es arrebatada por un cuerpo ruliento y enorme que tras un proceso mágico transforma a todo en un blues. El trovador inesperado se funde con las paredes de la sala y se produce una voz nueva, un canto que funde rock, pacientes, paciencia, pasividad, estallido y grito. Electrifican amores. Cantan Ojalá. Vuelven a cantar Ojalá. Tararea, baila, canturrea la enfermera roja. Acaricia toqueteante una mano a un cuerpo que se resiste y sale disparado hacia el mismo lugar, la sala de internación. Vibra en la emoción de los cuerpos una emoción no nueva. Agradece un muchacho la visita y mientras se va él rápidamente, quién sabe por qué, qué importa, -porque es un visitante de la sala que lo acobijó por un tiempo, rumorean los otros- y rumorean: Volvé cuando quieras, compañero, pero mejor si venís con unos mangos. Atisba la mirada pequeña en un cuerpo inquieto y trémulo, buscando la hoja de siempre, siempre nueva, hoja para dibujar futbolistas, y se va, y vuelve otra vez y otra vez hasta que se entronca arrullando, dando sombra a un cuerpo atado en una cama gimiente. Interpela, tras tupidos bigotes un cuerpo emocionado, enamorado, y le dice al pibe que trajo el violín: Yo te conozco a vos, vos andás entre mis amigos músicos, gente importante, los concertistas. Calla y otorga una vez más el violinista, y una sonrisa se dispara hacia la otra. Tarde pero nunca demasiado tarde, un quince de marzo de un dos mil dieciséis, han pasado unos cuantos ángeles por la sala, y secreta y silenciosamente han besado cada frente.

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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