Post Guardia IV / Débora Chevnik

Le dicen que si necesita ayuda vaya a un hospital. Necesita ayuda. Y va a la guardia de un hospital de "emergencias psiquiátricas" (así se llama para la lengua sanitaria). Allí, dice que se quiere internar. Le dicen que "no tiene criterio de internación" (una especie de mantra emanado de una "evaluación clínica" que indica lo que deciden lxs profesionales, coincida o no con lo que dicesientepiensalepasa al usuarix-ciudadano. "Paciente", le dicen. Este mantra es la música funcional de moda en los hospitales en estos tiempos; es cantinela sanitaria; es anestesia vivida como pensamiento clínico). Le dicen que "no tiene criterio de internación" y el pibe sale de la guardia, solo, igual que como llegó. Sube al tren y de regreso a ningún lado se toma la medicación psicofarmacológica que le dieron, ahí, donde no lo internaron. Decide cambiar el rumbo y va hacia otro hospital. Llega a la guardia y cuenta que se tomó...ya no sabe cuántos comprimidos. No le creen. "Porque ya lo conocemos y siempre dice esas cosas" (en la lengua del am(b)o, ese es uno de los modos en que funciona el sabelotodismo). Cuando su respiración empieza a espaciarse, a detenerse, ahí...ahí sí le creen. Para este momento de la historia, cuando el aire ya casi no entra, lo llevan a terapia intensiva. A los dos días está recuperado de los efectos de la "sobreingesta medicamentosa con ideación suicida" (así completa la historia clínica el casillero de "motivo de internación". Todo lo demás no cuenta en la "historia clínica"). Lxs profesionales le dicen que no se puede internar en ese hospital y lo "derivan" a...a dónde? Lo derivan al mismo hospital donde le habían dicho que "no tenía criterio de internación". Al despedirlo, una profesional de carrera hospitalaria, revestida de uniforme blanco, abre la boca. Salen las palabras de la lengua de conquistas cientifico-sanitarias, palabras lava-culpas. Ese uniforme logueado de gremio anti laburante, se dirige al pibe que rebota entre hospitales. Abre su bo(c)a constrictora y enrolla unas palabras de fake ternura. Lo despide con un emotivo: "bueno bueno, a vivir contento y feliz y basta de tantos hospitales".

carlos alonso

Carlos Alonso, "tres niños" (1968)