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Entradas del blog (781)

  • Adynata Noviembre / VPS

    -¿Puedo pedirle un favor? Olvídese de lo que soy y piense en el viento. Dios muchas veces me habló desde el viento… -Sí. Miraré el cielo y las nubes. Me sorprenderé una vez más y escucharé lo que quiera decirme… Escucharé lo que dice el viento… Sabré que una voz amada nos habla desde el viento… Vicente Zito Lema ¿De cuánta capacidad para disfrutar disponemos en esta pospandemia pre electoral? ¿Qué podemos ante tantas muertes, ante esta crisis? ¿Cómo hacemos para conservar esa fuente de energía que despeja y recarga cierta posibilidad para imaginar que podemos vivir de otras maneras, soñar de otras maneras, amar de otras maneras, criar de otras maneras? ¿Cómo empujar a un costado, al menos por un rato, dolores, desesperación, desganos, hartazgos, tedio, frustraciones, obligaciones, fastidios para que se abran paso formas del disfrute no hackeadas, cooptadas y dirigidas por el capitalismo? Otra vez necesitamos recurrir a una cita de “Derecho al ocio y a la expropiación individual” (1930) escrito por Severino Di Giovanni: “Más trabajamos, menos tiempo nos queda para dedicarlo a actividades intelectuales o ideales; menos podemos gustar la vida, sus bellezas, las satisfacciones que nos puede ofrecer; menos disfrutamos de las alegrías, los placeres, el amor. No se puede pedir a un cuerpo cansado y consumido que se dedique al estudio, que sienta el encanto del arte: poesía, música, pintura, ni menos que tenga ojos para admirar las infinitas bellezas de la naturaleza. Un cuerpo exhausto, extenuado por el trabajo, agotado por el hambre y la tisis no apetece más que dormir y morir. Es una torpe ironía, una befa sangrienta, el afirmar que un hombre, después de ocho o más horas de un trabajo manual, tenga todavía en sí fuerzas para divertirse, para gozar en una forma elevada, espiritual. Sólo posee, después de la abrumadora tarea, la pasividad de embrutecerse, porque para esto no necesita más que dejarse caer, arrastrar." Quizás la embriaguez del disfrute pueda contagiarse como la fuerza de los ruidos que irrumpen en una plaza cada vez que la picardía y el ingenio se hacen presentes en un acote en una batalla de freestyle. O como las alegrías que exaltadas gritan y festejan cada caída a tempo en un ballroom. Allí dos modos del sostenerse. Quizás ahí, en el voguear y en el freestylear -acciones inventadas sin pedir permiso en las calles y en las plazas-, la lógica de competencias y batallas se asume con formas que las llenan de estilo y drama queen, de rimas y amor por las palabras. Quizás entre juventudes y la comunidad LGBTTIQNB+ revivamos y encontremos estrategias antiextractivistas para que podamos sostenernos y no nos roben también el disfrute. Muchas veces calles y plazas que se ríen y ni miran a las normalidades de género, raza y clase. Que bailan, twerkean y disfrutan de todos los cuerpos con todas sus formas en todos sus despliegues. Que hacen caso omiso a las advertencias adultocentristas que ven peleas y peligros por todos lados y en todo momento. Si algo saben las juventudes es ranchar y disfrutar, sin más, de pasar el rato. Y en estos tiempos del mundo, tenemos muchxs muchachitxs que saltaron de las plazas a llenar estadios y que prestan palabra a toda esa emocionalidad, a veces retraída, a veces exuberante que despliegan juventudes descreídas del mundo en el que viven. Juventudes que, en plazas y en estadios, gritan y rapean, garganta en mano, lo que pasa por y en esos cuerpos. Quizás, otro desafío amanece: lograr que freestylear y voguear perseveren cómo acciones de sostén y expansión de libertades, más allá del pinkwashing y más acá de vidas que puedan disfrutar de otras maneras. ¿Y si en este noviembre del orgullo advenimos a que, finalmente, "el deseo es una bailanta"?

  • Sesiones en el naufragio (34) Nadie sabe / Marcelo Percia

    (1) Nadie sabe cómo ahijar. (2) Nadie sabe cómo alojar amores desafiantes y filosos, fallidos conjuros al abandono, furias que no pueden decir qué están pidiendo (aunque siempre se trate de ternura). (3) Nadie sabe cómo habitar una firmeza dolorida. Una firmeza insegura sobre a qué llamar firmeza. Tal vez: una perseverancia desalentada o un deseo que vacila. (4) Nadie sabe cómo apagar el incendio en otra soledad. (5) Nadie sabe cómo pasar por la frustración, por la súbita emergencia de monstruosidades que desconocemos, por las irreductibles extrañezas que desconciertan, por las formas queridas que -de repente- dan miedo. (6) Nadie sabe qué hacer cuando irrumpe la sospecha fatal: ¿Tal vez no nací para esto? (7) Nadie sabe cómo contener cuando impulsos desquiciados arrasan todas las palabras, todos los razonamientos, todos los abrazos. (8) Nadie sabe cómo poner límites sin lastimar, sin decepcionar o cómo decir NO sin expulsar. (9) Nadie sabe cómo evitar ponernos en primer lugar cuando no encontramos lugar. Tal vez contener quiera decir contenerse de protagonismo. (10) Y, sin embargo, confiamos en que alguna manera vamos a encontrar, aun cuando, muchas veces, no la encontremos.

  • Último encuentro con Jacobo Fijman / Vicente Zito Lema*

    Descubrí que al hablar de tu muerte, hablaba de la mía… Apenas momentos -Ha pagado con usura la búsqueda de la belleza, el haberla encontrado. ¿El dolor en su vida fue la usura, abrir los ojos en la oscuridad fue la culpa? ¿Se redimía de algún grave pecado? ¿Cuál es el peor de los pecados, si lo hay, que un poeta puede cometer? -La soberbia. Negarse a ser un niño. Dejarse atrapar por la tristeza, la soledad, y la desesperanza. -Duele estar solo mientras el corazón se apaga… -Vaya que duele estar solo, perdido en un desierto que no tiene principio, pero aun así un poeta no puede dejar de escribir. Hay que seguir en la tarea, poner palabras a lo que el alma siente, para que nazca la música. -¿Eso es ser poeta? ¿Volver a ser aquel niño que no distinguía la música de los ayes del dolor? ¿Cuando todo tenía una misma potencia de nacimiento…? -Sí, la legitimidad de la poesía la da el poeta cuando escucha las palabras, aun aquellas anteriores a la conciencia… Siempre hay un murmullo, una voz que nos dicta, aunque no distingamos todo lo que nos dice, su cifrado de alerta… -La poesía también nos dicta el silencio, es lo que a veces siento. ¿Dónde estará la luz en la noche apagada, cuando cada estrella se vuelve eterna y el silencio atemoriza…? -Cuando la noche es la luz, aquí aparece el misterio del alma… El alma escucha todas las palabras, también las que están por nacer y sólo se queda con algunas… -¿Y si el alma está herida, y si el alma está seca, y si el alma es un vacío…? -Ahí ya está escuchando las voces de la muerte… Prepárese entonces para el diálogo con Dios… -¿Le teme a la muerte, hablo de la muerte como un espacio infinito sin palabras? Leyendo su poesía pareciera que esa muerte cuanto menos ha perdido su jactancia. Creo que su único temor es no merecer el amor de Dios… -¿Cómo no temer a lo que amo? O al menos, ¿cómo temer a lo que ya no sé si amo, a lo que ya no sé si fue…? -¿La duda no es amor?, ¿su queja no es su deseo…? Leyendo su poesía siento que se puede seguir entre las sombras hasta encontrar el sentido final de la propia poesía, allí donde la poesía no se separa de su sentido, allí donde la poesía descubre que el dolor que dio la vida fue el único sentido… -La poesía tiene rituales sagrados, y lo sagrado puede ser doloroso, aunque nos ayude a construir el único aliento fugaz de felicidad, esa tabla de salvación a la que finalmente nos aferramos, aunque ya no haya mar. Sí, los rituales hay que cumplirlos, son mandatos que llegan desde el cielo, desde el mismo umbral de las nubes, son los presagios que anuncian la verdad del corazón… Aun en el hospicio me entero de lo que pasa en el mundo… y me lamento, y sufro… -Cuando los cielos del mundo se llenan de muerte, uno intenta respirar pero se ahoga… yo siento que me ahogo, la angustia se pervierte en una piedra… -Tendrá que esperar el fin de la noche para poder respirar con ese viento de música que usted sueña… cuando suceden todas las tristezas, cuando caen sobre nuestra alma todos los dolores, todos los que fueron y los que serán, todas las muertes… Hay que descubrir y enfrentar un solo dolor, buscar una sola muerte, entrar en esos únicos ojos, para poder verla. -¿Cómo es la muerte que ve? ¿Es el espanto, es una gracia? -La muerte que veo venir no es la muerte que aspiré para mí, no es la muerte que merezco… Tengo que decirle algo… pienso que me escuchará, que he encontrado en Usted esa buena amistad que nutre el alma… Somos amigos en la vida, en la poesía, ¿no es así? -Para mí Usted es un maestro al que respeto porque se consume en su propio desierto, un desierto que usted mismo creó para ser parte del mundo, ¿me entiende? Y he llegado a quererlo mucho, hablo de una fraternidad que no se explica, nació porque tenía que nacer… -¿Puedo pedirle un favor? Olvídese de lo que soy y piense en el viento. Dios muchas veces me habló desde el viento… -Sí. Miraré el cielo y las nubes. Me sorprenderé una vez más y escucharé lo que quiera decirme… Escucharé lo que dice el viento… Sabré que una voz amada nos habla desde el viento… -Sé que dentro de muy poco, me voy a morir, hablo de mi muerte aquí. Ya soy viejo y he sufrido lo suficiente. Pero tengo miedo de lo que me espera. No de la muerte, porque ya estoy muerto en Cristo, sino de que me abran la cabeza como hacen con todos los que mueren en el manicomio…. ¡No quiero presentarme ante Dios cuando resucite con el cerebro dañado y chorreando sangre! Mi vida ha sido el estudio, la poesía, quiero estar hermoso. Además me aguarda ella, la Virgen, la única que no se burló de mi amor, ni me rechazó… ¿Se ocupará de mí cuando muera? Sáquenme a toda prisa de la morgue del hospicio. No deje que me destrocen y humillen mi último dolor ¿Me lo promete? -Se lo prometo… y sentiré que alguien me espera en el final del camino… ¿Recuerda que escribió “es muy larga la noche del corazón”? -Fue hace muchos años… Nunca imaginé que duraría tanto esa noche, tampoco que serían mis días los de un poeta despidiendo la luz en los cielos que enturbian estos muros. *Texto reescrito en octubre de 2022.

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  • Revista adynata

    Adynata Noviembre / VPS Sesiones en el naufragio (34) Nadie sabe / Marcelo Percia Último encuentro con Jacobo Fijman / Vicente Zito Lema* Flor y canto: Recuerdo del hombre en la tierra / Poesía Náhuatl Sesiones en el naufragio (33) Anamnesis / Marcelo Percia Anamnesis / Silvina Ocampo Autobiografía / Rodolfo Walsh (1965) Caligrafía nómade IX / Patricia Mercado Seis fragmentos a favor de lo indócil / María Negroni Incertidumbre del narrador (fragmento) / W.G. Sebald El primer libro de cada una de mis vidas / Clarice Lispector Esa luz / Patricia Fogelman Melón vino / Valentín Oliva - Wos Villaguay / Juan L. Ortiz El monolingüismo del otro / Jacques Derrida Zaratustreanas X De adicciones y voluntades / Fernando Stivala Espera de un lunar / Eduardo Magoo Nico Un terrorista: él observa / Wislawa Szymborska El mito revolucionario. 2da parte / Jean Paul Sartre Free Churro / Fabio Lacolla El castillo de quienes buscan sentidos (Todos los mirones son unos matones) / Anne-MarieNorgeu* Bardo del bueno Productora audiovisual juvenil matancera en salud /Mariano Fiumara Octubre Adynata / VPS Vivir de la sangre de otros (fragmentos) / Mónica Cragnolini Soñar, pesadillar, soñar / Cynthia Eva Szewach Usos de lo erótico: lo erótico como poder / Audre Lorde (1978) Zaratustreanas IX De medidas y demonios / Fernando Stivala 1985 / Vanina Zarza Caligrafía Nómade VIII / Patricia Mercado Folletín de la nada 4° / Mercedes Na. Ramírez 1 2 3 4 5 inicio

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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.