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- L (lacerar) / Vir Cano
Un movimiento radical, una peligrosa posibilidad, un riesgo que a veces tenemos que tomar. Lacerar, como una manera de cultivar el arte del desgarro y de practicar la virtud de la mutilación. Lacerar como el animal que ejecuta el corte que le dará de comer y provoca así la herida que lo mantiene atado a la vida. Lacerar con los dientes ensangrentados, con las manos entumecidas de tanto apretar, con las puntas filosas de nuestros pensamientos, o con los bordes rasposos de nuestras lenguas malditas. Lacerar, para hacer del tajo una potencia nutricia y de la pérdida un movimiento vital. Lacerar lo que sea necesario; porque, por mucho que nos engañemos, no es posible separar la vida de la muerte, ni del dolor, ni de la crueldad que se infringe en el cuerpo propio y en el ajeno. Lacerar los tejidos del mundo para rasgar los límites de lo que somos y hundir, con belleza depredadora, nuestras garras en la carne de lo im-posible. Fuente: Borrador para un abecedario del desacato, Editorial Madreselva, 2021.
- Modos de narrar / Ricardo Piglia
Siempre se han contado historias. Pero ¿Cómo empezó la historia de la narración? Podemos inferir un comienzo. Imaginar cuál fue el primer relato. Podríamos escribir un relato sobre cómo fue ese primer relato. La forma inicial, es decir, la prehistoria de los grandes modos de narrar. Podemos imaginar que el primer narrador se alejó de la cueva, quizás buscando algo, persiguiendo una presa, cruzó un río y luego un monte y desembocó en un valle y vio algo ahí, extraordinario para él, y volvió para contar esa historia. Podemos imaginar, en todo caso, que el primer narrador fue un viajero y que el viaje es una de las estructuras centrales de la narración: alguien sale del mundo cotidiano, va a otro lado y cuenta lo que ha visto, la diferencia. Y ese modo de narrar, el relato como viaje, una estructura de larguísima duración, ha llegado hasta hoy. No hay viaje sin narración, en un sentido podríamos decir que se viaja para narrar. Por eso los viajeros actuales van siempre con máquinas fotográficas y tratan de capturar los rastros de lo que van a contar a sus amigos cuando vuelvan. Pero podríamos pensar que hay otro origen del acto de narrar. Porque sabemos que no hay nunca un origen único, hay siempre por lo menos dos comienzos, dos modos de empezar. Entonces podríamos imaginar que el otro primer narrador ha sido el adivino de la tribu, el que narra una historia posible a partir de rastros y vestigios oscuros. Hay unas huellas, unos indicios que no se terminan de comprender, es necesario descifrarlos y descifrarlos es construir un relato. Entonces podríamos decir que el primer narrador fue tal vez alguien que leía signos, que leía el vuelo de los pájaros, las huellas en la arena, el dibujo en el caparazón de las tortugas, en las vísceras de los animales y que a partir de esos rastros reconstruía una realidad ausente, un sentido olvidado o futuro. Tal vez el primer modo de narrar fue la reconstrucción de una historia cifrada. A esa reconstrucción de una historia a partir de ciertas huellas que están ahí, en el presente, a ese paso a otra temporalidad, podríamos llamarlo el relato como investigación. Si pensamos en esa historia larga de la narración, de las formas de la narración, de los modos de narrar, podríamos imaginar que ha habido entonces dos modos básicos de narrar que han persistido desde el origen, dos grandes formas, que están más allá de los géneros, y cuyas huellas y ruinas podemos ver hoy en las narraciones que circulan y que nos circundan. El viaje y la investigación como modos de narrar básicos, como formas estables, anteriores a los géneros y a la distribución múltiple de los relatos en tipos y especies. Estamos frente al ur-relato, a la forma que da lugar a la evolución y a la transformación. Etimológicamente, narrador quiere decir “el que sabe”, “el que conoce”, y podríamos ver esa identidad en dos sentidos, el que conoce otro lugar porque ha estado ahí, y el que adivina, inventa narrar lo que no está o lo que no se comprende (o mejor: a partir de lo que no se comprende, descifra lo que está por venir). Y, a la vez, esos dos grandes modos de narrar tienen sus héroes, sus protagonistas, sus figuras legendarias. Como si la repetición de esos relatos hubiera terminado por cristalizarse en una figura que sostiene la forma. Podríamos ver la historia de la narración como una historia de la subjetividad, como la historia de la construcción de un sujeto que se piensa a sí mismo a partir de un relato, porque de eso se trata, creo. La historia de la narración es también la historia de cómo se ha construido cierta idea de identidad. Podríamos entonces pensar que esos dos grandes modos de narrar han construido sus propios héroes. Está la gran tradición del viajero, del errante, del que abandona su patria; el astuto Ulises, el polytropos, el hombre de muchos viajes, el que está lejos, el que añora el retorno; el sujeto que está fuera de su hogar y que vive con la nostalgia de algo que ha perdido. Podríamos entonces imaginar a Ulises como una suerte de héroe de lo que sería esta historia de la subjetividad, imaginarlo como una metáfora de la construcción de la subjetividad. A partir de su propio aislamiento, se construye como sujeto. Fue Adorno el que ha llamado la atención sobre la debilidad de Ulises en Dialéctica del Iluminismo y por lo tanto sobre su astucia como defensa de lo desconocido. Y, desde luego, el otro héroe de la subjetividad, la otra gran figura, es Edipo, el descifrador de enigmas, el que investiga el crimen y al final termina por comprender que el criminal es él mismo. Es Edipo el que protagoniza esa estructura de la narración como investigación, y por lo tanto como un relato perdido que es preciso reconstruir. Freud ha construido una serie extraordinaria de relatos de la subjetividad a partir de esa historia. Podríamos pensar entonces a Ulises y a Edipo como protagonistas de esos relatos básicos, como grandes modelos del relato y de la construcción de la subjetividad. Fuente: Piglia, Ricardo. Modos de narrar. Universidad de Talca, 2005
- Después de los manicomios / Fernando Stivala
Dentro de 100 años en un mundo ya apocalíptico, había una vez… Un lugar donde tenemos inhibidas las emociones, circulan por la calle policías de los estados de ánimo, gendarmes que previenen exceso de risa, agentes que indican el tránsito de las racionalidades. Impiden que llores, que te sobre emociones, que hables sola. Patovicas que sacan armas por las dudas que estés sacado levantando la voz, en fin… paradojas del espectáculo. Les que escapan de ese mundo, les rebeldes, se juntan en un edificio abandonado. Viniéndose abajo, sostenido por escuálidas columnas. En algunos rincones todavía se ven retazos de pizarrones de lo que alguna vez fue una facultad. Tiene estructura de que antes haya sido un estacionamiento o un taller secreto de confección de ropa. En esa reunión clandestina aparece una voz que dice: Nos tenemos que ocupar de las emociones compañeras, no les dimos bola por mucho tiempo, las dejamos en manos de otros. Y cuando nos ocupamos lo hicimos de manera personal. Hemos ido a alguna terapia, conversado con amigues. Hemos meditado, tuvimos coaching, usamos pastillas. Hicimos homeopatía y autoayuda. Pasamos por distintas terapias, nos psicoanalizamos y nos mandaron de niñes. Buscamos en la alimentación, en la reflexión. Hicimos de todo con el cuerpo. Bailamos, comimos, gritamos, nos expresamos, dibujamos, cogimos, lloramos, hicimos teatro, danza, circo, y hasta formamos alguna banda. (Por favor no crean que estoy hablando de sublimación. Sublimación: transformación que sigue obedeciendo a un centro o amo) Todas buenísimas, afirmativas, y por eso quizás estamos acá. Sobrevivimos. Pero no alcanzó. Tenemos amigos que andan en una, vecinas, familiares, desconocidos, estados donde eso mucho nos vuelve a abarcar, nos toma. Y encima nos persiguen. No lo neguemos más. No se lo podemos encargar más a los manicomios ni a las clínicas. Es problema nuestro, de la cultura. Si ellos abusaron también fue porque nosotros no quisimos mirar. ¿No supimos, no sabíamos? Ahora ya sabemos, ahora que miramos y vemos claramente que eso es insensible y nada saludable nos tenemos que dedicar. No se trata solo de denunciar. También ocupémonos de lo que no hicimos durante siglos. Nos va a costar mucho. La imaginación se embotó. Empecemos, ya empezamos.
- Post-scriptum / Oscar del Barco
Hoy podemos decir, contrariamente a lo que dijo Paul Valéry, que “las civilizaciones son inmortales” pues sobreviven a todas las catástrofes y a todas las revoluciones que pretenden abatirlas. Cuando se imagina que están destrozadas se las ve emerger de pronto como islas imperecederas en medio de las tormentas. Allí están, inmutables. A veces cambian sus apariencias, más por debajo de éstas siempre conservan las mismas texturas, esos últimos y profundos zócalos que configuran el destino. Esta es la roca contra la que se estrellaron los sueños de quienes alguna vez quisieron cambiar el mundo y la vida con sólo cambiar algunos signos, dándole nombres distintos a las mismas cosas de siempre. Pero lo real “insiste” y la insistencia de lo real es la que, finalmente, conforma las aventuras del ser humano: debajo de las utopías y los paraísos imaginarios acecha constantemente la muerte, esa muerte-inmortal que sostiene como una garra el itinerario de los sueños. El “marxismo” fracasó porque a través de un largo y contradictorio proceso devino una forma más de la Razón y cuando “en el fondo de lo desconocido” se enfrentó con lo nuevo sólo atinó a levantar los viejos escenarios de la violencia y el horror. En lugar de “territorios libres” levantó paredones en los que crucificó al pueblo que era su Absoluto. Al fin el símbolo del comunismo “marxista” son los manicomios. Y es posible que esta paradoja sea la única verdad de un régimen que se pretende el cénit de la Razón: sólo la locura arde con luz propia en esa inmensa noche sin esperanza. Los “marxistas” sostuvieron que las máquinas y la Ciencia iban a salvar la humanidad, creyeron que la historia avanza hacia un paraíso terrenal, que el mundo progresa y que las últimas sociedades en una escala temporal son las mejores en un orden ético. Todo lo que habían dicho los capitalistas cuando comenzaron a arrasar el planeta lo repitieron a voz en cuello los “marxistas” y como paródicamente se creyeron los depositarios del sentido último de la Historia, la vanguardia de la clase obrera, la encarnación de la Verdad, en una palabra, actuaron como lo han hecho y lo hace siempre los fanáticos: suprimiendo a quienes no piensan lo que ellos. ¿Cómo tolerar que cualquier simple criatura se oponga a quienes encarnan los designios del cosmos? Y no se trata de discutir si Marx quería o no quería este tipo de sociedades totalitarias. Esto es lo que sucedió, lo que estamos viviendo. El régimen capitalista junto con el régimen “socialista” han llevado al mundo al borde de la catástrofe. No ven quienes no quieren ver. La peor demencia, la de la Razón, está a punto de decidir el destino de la humanidad. El “marxismo” ha muerto, eso es todo. Y entonces ¿qué? Lo de siempre: la vida sigue. Los fuegos sobrevivirán hasta el fin. Los hombres seguirán rebelándose (¿o alguien todavía cree, ¡por dios!, que la rebelión es propiedad de los “marxistas”?). Las criaturas que escapan al sueño de la razón siguen luchando por sus sueños sin-razón. Es como si existieran caminos invisibles por donde fluye el calor de la vida; caminos que los poderes aún no han podido cegar y que atraviesan las épocas desde hace milenios. Los campesinos y los indios, los presos y los locos, las mujeres y los obreros, los niños y los poetas... cada uno en sí, sin ser más de lo poco que son, sobreviven. Esta es la insuperable debilidad del Poder: necesita de los otros, no los puede matar a todos porque los necesita. Y hasta ese día posible en que el telos de la Razón se realice y las máquinas suplanten a los hombres, siempre habrá lo distinto sobreviviendo como una lucecita en medio de las sombras. El “marxismo” ha muerto, pero las ideas de Marx, a pesar de que el tiempo haya contradicho alguna de ellas, o precisamente por eso, porque siempre fueron esencialmente temporales y las que sobreviven lo hacen a la intemperie, sin resguardarse bajo ninguna Ley, esas ideas siguen siendo una forma y un fermento para todos aquellos que a la macabra tarea del poder le oponen el deseo de ser libres. No existen ni ideales ni organizaciones que puedan absolutizar las necesidades y las pasiones de los individuos. En la época de lo siniestro por la que estamos adentrándonos sólo subsiste la resistencia irrepresentable, la resistencia solitaria o de grupos, activa o pasiva, de familias, de amigos, de tribus. La apuesta es entre la naturaleza y la Razón, entre el amor y la Técnica. Parece mentira pero la última esperanza se funda nada menos que en ese sentimiento, tan desprestigiado y todavía sagrado, que se llama amor. Todavía lo que sobrevive es esa fuerza ignota que une todo en un deseo que posiblemente sea invencible. La ciencia viva se asoma a misterios sin término y lo dice frente a quienes postulan una Ciencia hueca y aplastante. El hombre siente ante sí la fuerza de lo desconocido, de saberse algo en los infinitos que lo atraviesan y lo constituyen. Mientras exista quien se asombre y no se contente con un mundo desierto, aún quedarán esperanzas de que esta gran “guerra de principios” —como la llamó Artaud— se resuelva en favor de los hombres. Sí, “el desierto crece”, pero debajo hay un resplandor que no es de nadie, un resplandor en el que vemos, hablamos y respiramos. Eso es todo. Hay que tener cuidado con la palabra crisis porque ella encubre lo que está pasando. En realidad no se trata de una “crisis de la razón” sino de un momento en la historia del nihilismo en el sentido en que lo utilizó sin retórica Nietzsche. Esto es así y no otra cosa: culminación de la Razón. Lo que vivimos horrorizados es el comienzo del reino de la Razón absolutizada en un mundo-técnico. La idea de crisis implica una temporalidad limitada: cierta transitoriedad enferma en un cuerpo naturalmente sano. Esto, en cambio, es así; no es una situación pasajera de algo que entra en crisis sino una forma-de-ser. Se afirma que la Razón está en crisis y no se quiere entender que esto es la Razón. Y en esta no-inteligencia lo que está en juego es un destino que probablemente abarcará la totalidad de lo humano. Este triunfo de la Razón que convierte al hombre en un puro objeto paciente de la teleología maquínica es el nihilismo. La “falta de fines” a que se refería Nietzsche es una consecuencia de la asunción por la técnica del conjunto de las temporalidades humanas. Sin embargo resulta difícil describir la estructura última de la Razón. Se trata, esencialmente, de una hiancia que divide a todo en dos. La escisión como generalidad absoluta y la jerarquía en el interior de esta escisión constituye el presupuesto fundante de la Razón. Y aquí lo material es ideal y viceversa. No existe ni lo ideal ni lo material en estado puro, de allí que la Razón despliegue su forma tanto en la técnica como en el espíritu, sin que nada quede fuera de su juego de dicotomías y dominio. Ella es la que funda la explotación, la miseria, el desenfreno del despojo y el odio. Siempre se trata de una topología, de una pirámide (de allí Hegel) cuyos éxtasis condensan tanto lo amorfo como el sentido, desplegándose desde un punto de máxima intensidad hasta la anomia de la muerte. En última instancia su reino es de olvido y muerte. Entre el vértice y la base se despliegan los mensajes del poder a cargo de todo tipo de sacerdotes, comisarios, burócratas o mandarines. La comunicación es el vehículo de la fuerza, ya sea ideal o material y sobre esta base funciona la totalidad del Sistema, de manera tal que la ruptura de este mecanismo implica la ruptura del Sistema; es la única posibilidad de ruptura. Sin embargo, una vez dicho esto convendría pensar en una forma vital más que en un verdadero mecanismo, pues el logos no está atado a nada ni a nadie, pudiendo cambiar indefinidamente pues vive de sus propias metamorfosis. Podríamos decir que ésa es su genialidad: entrega para recuperar más adelante; se hace el muerto para dar su zarpazo definitivo; utiliza todo en su beneficio y se mueve a través de todo. La crisis de racionalidad no se refiere a la racionalidad propia del acto de ser-racional, de poseer la cualidad del pensamiento que clásicamente sirvió para definir al hombre como “animal racional”; la racionalidad que se intenciona al hablar de crisis de racionalidad es una superafectación de esa racionalidad primaria, con la peculiaridad de que la segunda racionalidad (entendido el término metafóricamente) o Logos, como lo llamé en otro lugar para marcar la diferencia, es forma-material, vale decir que en un mismo movimiento con-forma el conjunto de la materialidad humana y la propia racionalidad en su sentido genérico: la segunda racionalidad existe en la primera y de ella se dice equivocadamente que ha entrado en crisis. Digo equivocadamente porque se toma como crisis el cambio de paradigmas que funda su naturalidad, ya que en este orden de significaciones el conocimiento avanza mediante discontinuidades, lo cual vuelve irrelevante considerar su inmanente mutación como momento crítico de la Razón. ¿O deberemos reconocer la improcedencia de esta distinción aceptando que lo racional en sí implica un despliegue de maldad incontorneable? La frase “el marxismo ha muerto” suscita la inmediata reminiscencia del famoso “Dios ha muerto” de la filosofía. Lo que ha muerto es el “marxismo” en cuanto Sistema de la Ciencia, es decir en cuanto sistema de una Razón que de facto o potencialmente podía explicar el todo-del-mundo amparándose en la idea metafísica de la racionalidad absoluta del universo: éste poseería una estructura racional última de la cual la ciencia rendiría cuenta a través de un proceso proyectado al infinito. Sin que se lo reconociera esta presunción enlazaba al “marxismo” con el racionalismo dieciochesco de las luces y particularmente con la idea fuerte de mathesis universalis. Quien comprendió el carácter teológico que implica este tipo de racionalismo fue Gramsci y son conocidas las consecuencias que debió pagar por apartarse de lo que ridículamente se llamó “marxismo-leninismo”. Los creadores del concepto de “matemática universal” creían, consecuentemente y mucho antes por supuesto del iluminismo, que Dios había constituido la esencia del universo mediante símbolos matemáticos y que, por lo tanto, era posible descifrar la estructura profunda del universo utilizando las matemáticas. Los “marxistas”, al sostener la existencia de una estructura del mundo sin soporte trascendente y al mismo tiempo independiente del hombre, caían en un contrasentido que justificaba la pertinencia de la pregunta gramsciana respecto al correlato de tal estructura. Es claro que lo perdido en coherencia se ganaba o creía ganarse en una práctica fundada científicamente en el conocimiento de esas leyes trascendentes. Dueños así de una suerte de gnosis los “marxistas” podían en adelante convertirse en depositarios supremos de las “leyes de la historia” y hacer del resto de la humanidad el mero soporte de proyectos a los que únicamente la Ciencia podía acceder. Aquí ya se encuentra prefigurado in nuce el sostén racional de los futuros gulags, pues quienes se oponen ya sea a las leyes del mundo como a los designios divinos no pueden ser sino delincuentes o enfermos mentales. Por supuesto que este no era el “marxismo” de Marx. Sostener que los países “socialistas” son una concreción del pensamiento de Marx es tan absurdo como sostener que la Inquisición es una consecuencia de la doctrina de Cristo. Buscar los puntos metafísicos que existen en la obra de Marx y a partir de ellos fundar su vinculación con los actuales “socialismos”, es confundir las cosas. El objetivo teórico de Marx fue el de comprender el funcionamiento de la sociedad capitalista para, de esta manera, facilitar su transformación; a este objetivo se articula lo esencial de su obra. Sus conceptos “metafísicos” serían aquellos donde expresa una visión antropológica del mundo (como cuando dice que la naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre y que para el hombre la raíz de todas las cosas es el hombre); pero incluso estos conceptos de su primera época están insertos en contextos donde se los podría interpretar al margen de toda problemática ontológica, en cuyo caso serían pasibles de una interpretación distinta; en cuanto a las ideas de producción y de técnica es incuestionable que su ámbito de comprensión pertenece a la crítica de la economía política. No se trata, es obvio, de salvar a Marx. Su significado histórico está más allá de las modas ideológicas. Y hoy, cuando pareciera que se trata de considerarlo como “un perro muerto”, no deja de ser paradójico que un pensador como Heidegger lo considere el único interlocutor válido respecto al problema de la historia. ¿Qué ha pasado entretanto? Marx nos remite al devenir objeto-fetiche del mundo, Heidegger al problema de la esencia de la técnica. El pensar se desligó de su fundamento. El logos del lenguaje originario se convirtió en lógica (método o matema) y desembocó en la Razón absoluta. Hay que seguir estos itinerarios para comprender o al menos avisorar el terreno donde nos encontramos. La palabra método hace su primera aparición en los escritos de Platón. Pero debe tenerse en cuenta lo que ella significa en el momento en que inicia su carrera como concepto y lo que significa en su acepción moderna a partir de Descartes. Para Platón, como recuerda Jean Beaufret, se trataba de una suerte de cacería que mediante rodeos y círculos cada vez más estrechos iba exprimiendo el matorral donde se ocultaba la presa; de allí que se trate de un conjunto y no de un cazador solitario, un conjunto dialéctico girando alrededor del objeto (el espectáculo de Sócrates inquiriendo obsesivamente semeja el de un cazador avanzando sigiloso hacia un punto determinado; quedaría por ver si en Platón no se trata en realidad de una retórica-de-la-caza). En Descartes el ir hacia el objeto es en línea recta; metódico es claridad de procedimientos fijados de una vez para siempre y al margen del objeto. Por eso cuando se le preguntó a Galileo por qué sostenía que sin ningún obstáculo un cuerpo en movimiento continuaría siempre en movimiento, respondió: mente concipio, “Así, en la reflexividad del ego cogito hay una fuerza impulsiva y propulsiva que sostenida en sí misma funda una marcha progresiva que no le debe nada a nada exterior”. Este es el método en sentido moderno. De allí que Nietzsche pudiera sostener que “lo que distingue al siglo XIX no es el triunfo de la ciencia sino el triunfo sobre las ciencias del método científico”. La idea hegeliana de que el método no es un simple “medio para conquistar el conocimiento” sino “el alma inmanente del contenido mismo” (idea de la que es deudor Marx, pero obviamente situado en otro nivel de análisis) fue desplazada por el gran movimiento epistemológico que considera a la ciencia en general como modelo puro. El verdadero salto dentro de la línea cartesiana está constituido por la matematización de la física: la matemática como hermenéutica de la naturaleza en su totalidad. Bacon decía: expurgatio vocabuli magiae. Es efectivamente en un “clima de magia” que se produce este investimiento matemático de la naturaleza. Tal es la “libidinosidad” de Descartes denunciada por Nietzsche y, a esto mismo, se refiere Heidegger cuando afirma que “lo peor ya pasó”: lo peor es el corte y la objetivación del mundo que da comienzo por una parte a la deriva de la objetividad y por la otra al dominio de los fetiches. Detrás de Descartes se pone en funcionamiento aquella “formidable rueda motora” que Nietzsche había advertido detrás de Sócrates. La victoria del método-científico sobre la ciencia va a la par con la dominación del telos de la objetividad sobre la tierra. “Representarse la necesidad natural como una relación funcional de cantidades en el interior de un sistema de ecuaciones es, en efecto, haber resuelto de antemano y de un solo golpe, una infinidad de problemas de los que en adelante sólo habrá que encontrar los términos. Es, por lo tanto, una victoria del método científico sobre la ciencia”. Comienzos de los tiempos modernos, caracterizados por “la dominación creciente de la naturaleza por el hombre a través de la interpretación científica de la cosa como objeto” (J.B.), y cuyo correlato es el sujeto, el ego-cogito como amo en el reino de un pensamiento sin cuerpo propio de un tiempo en que los dioses han abandonado la tierra e inaugurado la oscura errancia del nihilismo. La tierra como objeto, como desierto y muerte, soportando la acción desenfrenada de un señor enceguecido por su poder de extinción absoluta, eso es lo que tenemos al término de un tiempo en que tanto los hombres como la naturaleza han perdido su carácter sagrado. En un mundo de objetos la acción se vuelve desenfrenada y olvida la esencia mítica de la naturaleza y del hombre. Sagrada es la alegría que llena el corazón desbordándolo con la maravilla de lo que es. El otro-Marx es lo otro de Marx. No sólo, como podría pensarse el pensamiento de Nietzsche, de Freud, de Heidegger sino principalmente, el mundo múltiple y misterioso. Fuente: El otro Marx, UAS, México, 1983.
- Lo beat / Leonardo Domanico
Es sobre el final de la meseta “devenir- intenso, devenir-animal, devenir imperceptible” dónde se lee que todo devenir se precipita hacia un devenir imperceptible. Allí una constelación de conceptos se densifica alrededor del concepto de devenir de forma tal que se alumbra el hecho de que todo devenir imperceptible tiene como objeto eliminar ciertos estratos de muerte, exceso y superficialidad. Será necesario percibir lo imperceptible, será necesario cambiar la percepción: “Cambiar la percepción; el problema está planteado en términos correctos, puesto que ofrece un conjunto dominante de “la” droga, independientemente de las distinciones secundarias (alucinatorias o no, duras o blandas, etc.). Todas las drogas conciernen en primer lugar a las velocidades, y a las modificaciones de velocidad. Lo que permite describir un agenciamiento Droga, cualesquiera que sean las diferencias, es una línea de causalidad perceptiva que hace que 1) lo imperceptible sea percibido, 2) la percepción sea molecular, 3) el deseo invista directamente la percepción y lo percibido. Los americanos de la beat generation ya se habían aventurado en esa vía, y hablaban de una revolución molecular propia de la droga. Luego vino lo que podría llamarse la gran síntesis de Castaneda”. (Deleuze, Guattari, 2002: 283). Como se lee en la cita precedente, Deleuze y Guattari consideran que las obras de Castaneda vienen a sintetizar aquel espacio abierto por la Generación beat. ¿Qué comunicación puede establecerse entre las obras beat y aquellas de Castaneda? Para intentar una aproximación diremos que Kerouac es sin duda el gran nombre a tener en cuenta si intentamos pensar lo beat pues es él, esencialmente, el creador de la definición “beat generation” que pretende reunir en sí misma las diversas costumbres y tendencias que brotan entre la juventud norteamericana de postguerra. El alcance de lo beat no debe buscarse solamente a las menciones que hace Kerouac en entrevistas y escritos que tienen una repercusión masiva en los diferentes medios de comunicación de masas, sino más bien en su literatura donde delinea aquellos personajes ubicuos, abatidos, que narran sus visiones íntimas en el proceso general de desconcierto que vive Estados Unidos. Sin embargo, la popularidad llega tarde al autor norteamericano ya que, se sabe, él mismo lo confiesa, la recepción de su obra es decididamente mala al comienzo. Los críticos en general no encuentran nada nuevo (ni bueno) en la beat generation, al igual que tampoco lo encontraron en el comienzo de la generación predecesora, la “lost generation”; incluso peor, pues para lo incapturable que se abre con la generación perdida el poder ha generado ya sus códigos, sus anticuerpos. Lo beat, lo nuevo que irrumpe, tiene la fuerza de aquello para lo que no hay aun un modelo clasificatorio que permita domesticarlo. Lo beat alude justamente a una forma de mantenerse siempre en tensión con el objeto de desafiar los lugares prefabricados por el hacer capitalista. Lo beat pone de relieve lo neutro como intensidad que desborda el proyecto, lo mensurable, que se arriesga a estar en una vida sin certezas ni fines y, por tanto, sin identidad. Lo neutro que, tal como afirma Marcelo Percia “no se confunde con neutralidad: con no definición o no toma de partido en un conflicto. Afirma ni una cosa ni la otra, no por indecisión, sino por inconformidad (…) Atiende a lo que se escapa: trata de espaciar, de hacer lugar a porosidades, ausencias, huecos, vacíos, silencios. Se ofrece como truco para desconocer lo conocido. Lo desconocido no está en otro, destella como lo otro en otro; no está en la máscara, reverbera como extrañeza en el rostro; no está en el futuro, resplandece como indeterminación del porvenir. Lo desconocido está en lo conocido. Nada ni nadie podrá adueñarse de lo que no se puede conocer” (Percia, 2017: 300, 303). Sucede también que los poderes constituidos no cesan de confundir, en su tendencia a la unificación, a los beat calientes de comienzo de la posguerra con los beat fríos que le siguen sin darse cuenta que lo importante se disemina entre ellos. Los acusan de vándalos, los señalan como el signo del fracaso del noble proyecto de la civilización. La distinción entre el “beat cool” y el “beat hot” es asimismo fundamental para captar algo de la riqueza del autor de Massachusetts. Todos sabemos que Kerouac es un beat caliente, bebedor, locuaz, inquieto. Dice Henry Miller sobre Kerouac que es imposible dudar de que el es un beat caliente, que está por donde se mire, que ha logrado llegar a ser todo el mundo. ¿O es esa apariencia de beat caliente tan solo una fachada montada por su timidez, como afirma Robert Creely, quien lo delinea con rasgos “fríos”, especialmente desde su acercamiento al budismo? Cualquiera sea la respuesta respecto de Kerouac, no puede dejar de afirmarse que las líneas que trazan los beats calientes y los beat fríos no son idénticas. Al respecto, Kerouac brinda en una entrevista el ejemplo de la vestimenta y las particularidades de sus agenciamientos: en la Costa Oeste y en la Costa Este pululan beats calientes con sandalias y cazadoras de piel, que hablan con todo el mundo a los gritos mientras beben litros de cerveza, como así también beats fríos con camisa azul y corbata negra, que rara vez conversan en una ronda de gente, con su cerveza apoyada en la barra, la cual beben muy lentamente. El poder no los esperaba y los medios de masas los registran mucho después: son sensibilidades diferenciales expresándose que en su mismo efectuarse atentan contra los usos y costumbres que instala la moral burguesa. Los subterráneos (2011), una de las novelas emblemáticas de Kerouac, es una descripción de un grupo de hipsters cool de la Costa Oeste vistos desde el punto de vista de un hipster hot de la Costa Este. Si Freud fue constitutivo del entramado de la lost generation, en los autores beat encontramos su preferencia por Wilhelm Reich y su concepto de lo orgiástico. Pero también, y de modo manifiesto en Kerouac más que en otros escritores beat como Burroughs o Gingsberg, la preferencia por el Jazz. De allí las lecciones que Kerouac encuentra en el Jazz y pretende implementar en su escritura de modo de llegar a escribir como un jazzista toca su saxo, a todo ritmo, hasta que dé calambres, improvisando, sin mirar atrás. El modelo que toma la escritura de Kerouac es entonces jazzistico y se ve fuertemente marcado por la aparición del bop, que se propone alejarse de la forma estructurada de la composición bajo reglas establecidas para liberar en el jazzista algo espontáneo, momentáneo, el engancharse con el momento, con el resto de los músicos, con el ambiente, con el mismo instante donde la cosa sucede. Dice Fernanda Pivano que: “No es que Kerouac sea anarquista, porque ser anarquista implica creer en un movimiento; ni que sea antimilitarista, porque para ser antimilitarista hace falta creer en la guerra o en la paz (…) No existe futuro, no existe pasado en el caos de su mundo; existe sólo un extraño e instantáneo presente, inexplicable y hostil, que sólo gracias a la liberación de las dimensiones espaciales y temporales se puede llegar transitoriamente a superar. Los instrumentos para esta superación son sobre todo fisiológicos (como el orgasmo), místicos (como las visiones), pasionales (como el jazz) o artificiales (como la droga); pero solo de esta superación puede surgir una realidad poética a la par que una realidad vital” (Pivano, 1960: 20, 21). El enganche entre política y poesía queda magistralmente plasmado en su novela En el camino (2007), la cual no es un diario de viaje, sino más bien una experiencia del pensamiento motivada por los encuentros al azar, por lo imprevisible que sale al camino. Se sale al camino, pues no hay lugar fiable donde descansar. No hay destino, sino más bien un trazado simbólico de lugares transitorios a los cuales se llega de forma diferida, haciendo dedo, subiéndose al auto de quien se detenga en la banquina de la ruta. Kerouac recorre el camino como cartógrafo, trazándolo, entre anuncios de neón, trenes, autopistas, el sonido urbano-fabril de una norteamérica que todo lo envuelve. Sobre el margen del ferrocarril un hipster que hace las veces de guardafrenos prefiere dormir en el lecho de un río seco antes que en las habitaciones que proporciona el ferrocarril. El hipster se hace levantar en la ruta, no elige al desconocido que a su vez no lo espera y sin embargo sellan su compañía a veces por minutos, a veces por horas. Valor de hospedar la diferencia por un rato durante el viaje de aquellos que viajan casi sin equipaje porque saben que el viaje es demasiado largo. En sus novelas Kerouac traza escenas del paisaje americano, retrata aquellas existencias imperceptibles entre postes y autos, entre la basura urbana y la televisión, ¿Que son aquellas sensibilidades que se deslizan suavemente entre el manto del poder, entre tanta chatarra urbana? “Y un coche aparcado al lado de un restaurante al lado de un baldío de chatarra, y en el asiento trasero, tenso, un gatito asustado...el pathos de la ruta y de la América Moderna: ¿Qué hago entre toda esta chatarra?” (Kerouac, 2015: 45). Nómades que duermen en el tren o en el vehículo que los aloje, siempre en tránsito. Experiencia de la espera, de la soledad, de la compañía provisoria que aparece mientras se está en tránsito; el arribo imprevisible a lugares que no se esperaba. Se producen regresiones pero aquello no es lo importante: se regresa a la casa, a la familia, pero ¿Quien es el que regresa? “Y el tipo que viaja a dedo durmiendo de espaldas al sol, con la bolsa de dormir y una valija de cartón, mientras pasa un coche por la ruta – sabe que llegará finalmente adonde quiere llegar, ¿por que no dormir un rato? América es suya”. (Kerouac, 2015: 44). Crítica corrosiva al modo de vida, al hombre satisfecho que no puede separarse de su vida cotidiana. Autos, chatarra, prisa, el hombre eternamente apurado, ¿Hacia qué oscuro final? Pero en su seno también, si miramos con microscopio el cuerpo social, veremos que ya están circulando sensibilidades resistentes. A estas sensibilidades emergentes Kerouac le endilga el nombre de beat y les confiere una generación: “La generación Beat fue una visión que tuvimos John Clellon Holmes y yo, y Allen Ginsberg más salvajemente todavía, hacia fines de los años cuarenta, de una generación de hipsters locos e iluminados, que aparecieron de pronto y empezaron a errar por los caminos de América, graves, indiscretos, haciendo dedo, harapientos, beatíficos, hermosos, de una fea belleza beat – fue una visión que tuvimos cuando oímos la palabra beat en las esquinas de Times Square y en el Villlage, y en los centros de otras ciudades en las noches de la América de la posguerra – beat quería decir derrotado y marginado pero a la vez colmado de una convicción muy intensa. Llegamos incluso a escuchar a los viejos Padres Hiptsters de 1910 usar la palabra en ese mismo sentido, con una connotación melancólica. Nunca aludió a la delincuencia juvenil; nombraba personajes de una espiritualidad singular que, en lugar de andar en grupo, eran Bartlebies solitarios que contemplan el mundo desde el otro lado de la vidriera muerta de nuestra civilización. Los héroes subterráneos que se salieron de las maquinarias de la “libertad” de Occidente y empezaron a tomar drogas, descubrieron el bop, tuvieron iluminaciones interiores, experimentaron el “desajuste de todos los sentidos”, hablaban en una lengua extraña, eran pobres y alegres, fueron profetas de un nuevo estilo de la cultura estadounidense, un estilo nuevo (creíamos) completamente libre de las influencias europeas (a diferencia de la Generación Perdida), un reencantamiento del mundo. Algo parecido pasaba casi al mismo tiempo en la Francia de posguerra de Sartre y Genet, algo sabíamos de eso. Pero en cuanto a la existencia de la Generación Beat, no fue verdaderamente más que una idea que se nos ocurrió” (Kerouac, 2015: 67, 68). Lo beat trae consigo un nuevo código minoritario que pone a circular palabras como “crazy”, “hung up” o “go”; como así también cierto desaliño que podía verse en las camperas de cuero de Montgomery Clift, en la camisetas de Marlon Brando o en las patillas de Elvis Presley. Hipters locos, desaliñados, alegres, allí donde no los había. Alegría beat, pero también miseria beat. No hace falta sino mirar a aquellos jóvenes derrumbados en manicomios, encerrados en cárceles, sobrepasados por la droga. La droga tiene que ver con las velocidades y con las lentitudes que instaura en el cuerpo. Pensarla en términos de productora de alucinaciones frente a un mundo que sería objetivo, allí para todos, tanto como entenderla en términos de delirio es no comprenderla en absoluto. Mucho más interesante, al menos para los autores de Mil mesetas, es pensarla con las categorías de velocidad y lentitud para dar cuenta de lo que a partir de ella se instaura: el cuerpo drogado es fundamentalmente diferente del cuerpo no drogado, pero el cuerpo drogado no es idéntico en el tiempo y también se ve afectado por el espacio. ¿Cómo saber lo que puede un cuerpo? ¿Como adivinar lo que lo compone y lo descompone, las huellas que aquel efectuarse traza? No es lo mismo el cuerpo drogado en el instante después de la ingesta, a la media hora, a la hora, a las cinco horas, el día después... “Nosotros decimos que los problemas de la droga sólo pueden ser captados al nivel en el que el deseo inviste directamente la percepción, y en el que la percepción deviene molecular, al mismo tiempo que lo imperceptible deviene percibido. La droga aparece entonces como el agente de ese devenir. Ahí es donde cabría un farmacoanálisis, que habría que comparar y a la vez oponer al psicoanálisis”. (Deleuze, Guattari, 2002: 284) Pero, ¿Qué clase de plan se puede trazar con la droga? Es decir, ¿La desterritorialización que vehiculiza la droga no queda territorializada, y de una forma tal vez más dura, en casos de dependencia o simplemente no en la nulificación absoluta del cuerpo sino en una despotenciación pequeña, que se da poco a poco, pero que corre el riesgo de perpetuarse infinitamente? Y no se debe olvidar que el Estado y el Mercado hacen mucho en lo que refiere a construir líneas cada vez más duras, más segmentarias alrededor de la droga; pensemos en el dispositivo judicial o carcelario vigente o en aquel montaje represivo consagrado a perseguir al usuario. Lo interesante de la droga tiene que ver sin dudas con la percepción molecular, pero aún así: “¿De qué sirve percibir tan rápido como un pájaro veloz, si la velocidad y el movimiento continúan escapando en otra dirección? Las desterritorializaciones siguen siendo relativas, compensadas por las reterritorializaciones más abyectas, por eso lo imperceptible y la percepción no cesan de perseguirse o de correr una detrás de la otra sin llegar a unirse nunca verdaderamente. En lugar de que los agujeros en el mundo permitan huir a las líneas del mundo, las líneas de fuga se enrollan y se ponen a girar en agujeros negros, cada drogado, grupo o individuo, en su agujero, como un bígaro. Hundido más que “colocado”. (Deleuze, Guattari, 2002: 285). Peligros múltiples allí donde no se traza el plano de consistencia, hundiéndose cada vez en la imposibilidad de alcanzarlo, las micropercepciones moleculares ya no conducen más que a brotes de miedos, pequeñas inseguridades, obsesiones, sentimientos paranoicos, celos, etc. El cuerpo pierde la potencia, el alma ya no percibe. Siempre presente el riesgo de confundir la droga con el plan.
- Diario íntimo / Ezequiel Ikonikoff
-terio, además sé que les parecería una formalidad “inconsecuente” así como el aniversario en sí mismo, pero si bien los llevo en mi corazón y cada respiración que realizo honra sus recuerdos, hoy me agarró nostalgia y decidí dedicarles estas palabras. Basta por hoy. P.D.: Lo llamé a Mirko: él tampoco fue, pero lo note “raro” y si no lo conociera diría que hasta emotivo. Domingo 19 de Enero 2020. Esta mañana tuve el más dulce despertar: los rayos del sol tornaron su luz a un cálido dorado para acariciar mis mejillas provocando una sonrisa, que expandiéndose sobre mi rostro logró despertarme, inspiré profundo y al exhalar extendí mis brazos para abrazar a Mani, pero al no encontrar más que una llanura de aterciopelado e interminable colchón, abrí mis ojos para corroborar su ausencia. Luego de tan pesada labor tras un sueño harto profundo, volví a la oscuridad de mis párpados y agucé el oído. Pronto logré distinguir (aparte de los maullidos lascivos de la gata en celo del vecino) que preparaba el desayuno, con el más silencioso secreto (al menos hasta que encendió la licuadora) y una vez terminado se acercó con pasos sigilosos. Por supuesto me hice la dormida y fingí sorpresa al despertar. Cómo desayunamos tarde, ninguna de las dos tenía ganas de almorzar, así que decidimos ir al parque a tomar unos mates y gracias a Dios que lo llevamos, porque la sensación del agua caliente bajando por mi garganta es lo único que me previno en varias ocasiones de tener que llorar en un lugar público. Le comencé agradeciendo que ella me acompañe con la dieta saludable para apoyarme, si bien no es necesario que lo haga y que me siento muy contenida por ella en estos días de ansia, siendo que mañana ya empieza todo. Después le dije que a veces me cuesta igualmente compartir mis alegrías con ella, porque tengo miedo de que le pueda hacer mal o me pueda guardar rencor. Me respondió que en un principio lo único que sentía era alivio de que fuera benigno, pero luego sí estaba con mucho enojo que eso le impidiera llevar adelante el embarazo, que hasta en un momento de bronca pensó en decirme que si yo era la que se iba a embarazar, entonces que ella quería poner el óvulo, pero no es realmente lo que quería y además sabe lo importante que es para mí. Me dijo también que no quería que me sintiera mal por ella y por eso prefería no contarme todo lo que le pasaba y que, sin embargo, le sirvió que yo no me animara todavía a hacerme los exámenes para corroborar que yo no me encontrara con imprevistos para llevar adelante un embarazo, ya que le dio tiempo para hacer un duelo. Yo le confesé que si bien sí, me generaba (y me genera) bastantes nervios emprender este camino, preferí ir procrastinando justamente para darle tiempo de procesar todo y porque me daba cuenta que estaba enojada conmigo y que entendía que así fuera. Finalmente nos abrazamos en silencio un buen rato, hasta que un vendedor nos interrumpió sin respeto alguno (Mariana me dice que suelen ser muy amables y que hay que entenderlos, pero si bien no dejo de pensar como ella, me generan fastidio y sobre todo cuando te interrumpen impunemente en cualquier situación. No les importa si estas durmiendo, estudiando, al teléfono, o abrazándote con lágrimas en los ojos. ¡¡POR DIOS!!). Quedamos que mañana al final vuelvo a casa, después de ver al cliente, así me pongo más cómoda y ella me busca directo del trabajo y vamos juntas a hacerme los estudios. Hablando del cliente, lamentablemente otra vez voy a reunirme con el socio con mal aliento y selvas en las orejas. Pero me consuela que seguramente me sea más fácil que me contraten por ambos diseños, ya que no tiene muchas luces según aparenta. Para la cena empecé con el brócoli y el pescado, me resistí al chocolate que se comió Mani (me abandonó jejeje), pero de la excitación por mañana no pude resistir compartir una copa de vino en el sofá mientras empezamos la serie nueva. Basta por hoy. P.D.: Hoy me llegó un mensaje de un número desconocido con un corazoncito. Respondí que no tenía el número agendado y me llegó un audio que decía “Florencia, fui mamá” ¿Será de buen augurio? P.P.D.: Amo True Detective!! Lunes 20 de Enero 2020 Ayer noche me costó dormir por los nervios. Soñé que iba a un hospital, pero que no era un hospital, sino que parecía la casa de campo en donde vivía mi abuela y en vez de con lámparas el lugar estaba iluminado con velas y daba la sensación que había humedad. Yo me preocupaba que eso hiciera que me agarrara otra vez hongos en la vagina y me dijeran que eso me iba a durar hasta los 36 años y no iba a poder tener hijos. Después me llevaban a una especie de granero con una puerta trampa en el medio y me daba cuenta que era el único lugar por donde salir… Aproveché que me desperté con sobresalto en la madrugada para desayunar, así llegaba con el tiempo para ir a la entrevista con ocho horas de ayuno y volví a dormir. Cuando le comente más tarde esto a Mani se empezó a reír y me dijo que no me iban a hacer ya los estudios, que primero tenían que darme la orden y me sentí muy avergonzada, pero igual me tranquilizó el saber que todavía no me van a hacer nada. En cuanto a la reunión llegué bastante tarde porque el tren no hacía todo el recorrido. Pero en vez de informarlo antes de que una se suba, lo informan cuando ya arrancó y lo mismo en todas las estaciones. Para colmo ninguno de los que venía antes viajando te avisa… Igual yo tampoco le avisé a ninguno de los que se subió en las otras tres estaciones: supongo que todos somos bastante soretes. Por suerte el cliente llegó más tarde, así que se disculpó él conmigo en vez de yo con él. En fin, cómo supuse, le gustaron ambos diseños (si bien tuve que bajarle un poco el precio) y tengo tiempo de entrega hasta mediados de Marzo!! (Bien por mí). Como nos reunimos en una cafetería con heladería, me pedí un licuado con helado de chocolate: estaba riquiiiisimo, tanto que tuve una suerte de orgasmo gastronómico y después me puse colorada, pero no creo que lo haya notado. Ya en la entrevista con el médico nos hicieron esperar muy poco (el lugar es muy lindo, luminoso y con muchos acabados en madera clara). El médico es bastante joven si bien tiene nombre de viejo: se llama Amílcar y sonríe mucho. Al principio me costó mucho hablar y más que nada habló Mariana, pero después me fui relajando y le conté un montón de cosas. Le conté que el período me llegó tarde porque fui anoréxica y que por eso sospecho que tengo un ciclo tan irregular, que hay meses que no menstruo. Le confesé también que hace no mucho que empecé una dieta con una nutricionista para “compensar” los déficit alimenticios y que ella me mandó a hacer análisis, pero que me dan mucho miedo todas esas cosas y nunca los hice. Que por éste motivo fui muy pocas veces a consultas ginecológicas. Hasta le conté que estuve un mes y medio con dolor de muelas porque no quería ir al dentista y después enmarqué la muela y la tengo colgada en el estudio como un trofeo (ahora que lo escribo me agarra vergüenza). En resumen, estuvimos hora y media donde nos explicó también los tipos de técnicas que hay: unas que se llaman de baja complejidad y que en mi caso hay que conseguir un donante y aplicarme el semen con una suerte de jeringa directamente por la vagina (que es la que espero que funcione) y las otras que me dan TERRORRRR que se llaman de alta complejidad, en las que me tendría que inyectar hormonas para que maduren los ovocitos, después me los tendrían que sacar y fertilizar y luego volver a poner. Marian me iba apretando cada vez más fuerte la mano, mientras veía que me iba poniendo cada vez más pálida. Por último el Dr. Amílcar (jejeje) me dijo que si bien a partir de mi próximo año empezarían probabilísticamente a bajar las posibilidades de quedar embarazada, que me tranquilice (¡si claro!), porque no hay nada que indique por ahora (aunque le pareció raro lo de la menstruación) que algo pueda salir mal y me mandó a hacer análisis de sangre y una ecografía transvaginal. Apenas salimos fuimos a tomarnos otro de esos licuados de chocolate (lo necesitaba urgente), aunque no estaba tan rico como el primero y a continuación llamamos para sacar turnos. Para los exámenes de sangre me dijeron que vaya directo, que no hace falta turno, así que iré mañana. Para la ecografía me dieron dentro de dos días: ¡como amo que todos estén de vacaciones! Para terminar el día decidimos hacer una caminata por el barrio, con un cielo violeta con nubes ocre y el sonido ensordecedor del silencio de una ciudad vacía. Basta por hoy. P.D.: No creo que hoy veamos la serie, porque estoy esperando que se termine de duchar desuda en la cama… Sorry Rust! Sorry Martin! Viernes 31 de Enero 2020 Mientras espero que se prepare Mani para ir al cumpleaños de la veterinaria, tomo coraje para escribir. Desde la última vez estuve bastante cargada de laburo, porque me pidieron si podía entregar antes algunos trabajos, que supuestamente eran para Febrero. Pero además estuve bastante bajoneada y resistiéndome a escribir para procesar lo tocante al ser madres. El 22 fui a hacerme la ecografía y descubrieron que tengo el útero bastante pequeño como para quedar embarazada. Estuve llorando el resto del día y no sé de donde saqué fuerzas para mientras tanto seguir trabajando, más sumándole que estuve enferma el resto de la semana. Mani me recomendó de ir al psicólogo (a pesar de que ella no me hiciera caso cuando yo le recomendé lo mismo), pero la verdad es que no quiero ir ¿acaso la psicología va a hacer que me crezca el útero? Al día siguiente lo llamamos al Dr. en vez de ir a visitarlo, ya que no me sentía bien para salir. Nos dijo que esperemos a ver los análisis de sangre y los niveles hormonales y concretamos otra visita. Esta semana llegaron los análisis y lo fuimos a ver. Nos dijo que los niveles hormonales no están dentro de los parámetros normales, que igualmente no se descarta la posibilidad de un embarazo. Ayer fui a hacer otra extracción de sangre. Esta vez pidió no solo una repetición de estudios, sino que también un análisis genético (cuándo le pregunté por qué, me respondió evasivamente y tengo miedo que piense en alguna enfermedad hereditaria, ya que me preguntó de que murieron mis padres). Y también de hacer otra ecografía con recuento de folículos en el tercer día del período. Son días muy tristes. Mirko y Mariana me dicen que sólo son obstáculos en el camino, que nada es fácil o difícil, sino que eso lo determina el deseo que uno tenga. Yo no sé, entiendo que lo que dicen tiene sentido, pero no dejo de sentirme mal lo mismo. Tengo mucho miedo que mi útero sea pequeño por no recibir alimento suficiente durante la anorexia. Mani también está muy triste. Intenta ser fuerte, pero se le nota. Igualmente me siento muy acompañada, porque siento que ella pasó por lo mismo y me entiende. No obstante todo esto, el Martes me alegró mucho verla un poco contenta porque la ascendieron a pesar del problema de los tractores: le dijeron que lo importante es la profesionalidad con que manejó la situación. [...] fue lo más cómico. En resumidas cuentas, recién hoy me inspiré para terminar el segundo diseño y mañana poder ir más tranquila a la visita. Lunes 9 de Marzo 2020 Retorno a ti, mi querido diario, luego de más de dos semanas desde la última vez que mi tinta bañó tus hojas. No fue por indiferencia ni olvido, sino porque las palabras escapaban de mis manos, salían pensamientos inarticulados e imágenes sueltas. Sólo los abrazos de mi hermano con aroma a papá lograron evitar que me desintegrara en el éter. Él me contactó con Carlos: estoy yendo tres veces a la semana y me ayudó a poder poner en orden el caos de sensaciones e imágenes que ahora puedo posar sobre ti, mi más íntimo confidente. He de decirte la verdad, puesto que todo este tiempo te he engañado. No por perfidia insidiosa, sino por ignorancia. Has de saber que he nacido hombre y no mujer. Basta por hoy, basta. Martes 10 de Marzo 2020 Hoy me siento con más fuerzas para volver a ti. Tal vez por nuestro reencuentro de ayer, pero me vinieron ganas nuevamente de escribir. Ni siquiera es noche pero heme aquí. Sin más preámbulos, lo que tengo se llama síndrome de Swyer o disgenesia gonadal, que el médico me indicó que significa básicamente que mis cromosomas 46 son XY, por lo que genéticamente soy hombre. No me es fácil explicarte lo ajeno que se siente saberse mujer durante 34 años y de golpe enterarse que tu genética no esté de acuerdo con vos. Parece que “por defecto” el embrión tiende a ser femenino. Sin embargo si uno (¿o una?) tiene el par 46 XY hay todo un desencadenamiento hormonal que lleva al embrión a desarrollar el aparato genital masculino. Entre dichas hormonas hay una que se llama hormona antimulleriana, que como su nombre lo indica inhibe el crecimiento de los conductos de Müller… PERO PERO PERO… si esa hormona no está, no inhibe un CARAJO y te crece sistema reproductor femenino. ¿Dije reproductor? Perdón quise decir sistema estéril productor de cáncer femenino. Miércoles 11 de Marzo 2020 Hago la “tarea” que me mandó el psicólogo y no dejo de escribir. Voy a escribir que no tengo ganas de escribir. Mmm… Me llamo Irene, cada vez estoy más vieja, pero ya no importa, no importa nada. CHAU! Jueves 12 de Marzo 2020 Bueno mi objetivo de hoy es terminar el relato, uff. Parece que es muy raro que haya iniciado la menstruación y que no tenga un útero “infantil”, si bien no está del todo desarrollado. Lo que tengo se suele tratar extirpando con cirugía los ovarios, porque tiene alto riesgo de generar cáncer. Sin embargo eso no me impediría poder llevar adelante un embarazo. Amílcar nos dijo que tomando estrógeno y progesterona se podría (en el mejor de los casos) terminar de desarrollar el útero para alojar a un bebé y que en dicho caso tendría que seguir tomando durante el primer tercio del embarazo aproximadamente. Qué ironía: Marian quería llevar a nuestra niña en su vientre y yo quería que se me pareciera y ahora todo será al revés (¿será?). También me respondió hoy un mail que le envié el otro día, porque estuve viendo y existen casos en que personas como yo han quedado embarazadas con sus propios óvulos. Le pregunté si no se podrá operar luego de que me saquen óvulos para hacer embriones. Pero me respondió que no es mi caso, que la gran mayoría de las veces no sólo hay esterilidad, sino que ni siquiera se pasa por la pubertad y que en mi situación soy afortunada si mi útero llega a poder soportar un embarazo. No me siento muy afortunada. Ah! Y como para rematar, seguramente me tengan que hacer cesárea. Carlos me recomendó no presionarnos a tomar ninguna decisión ahora, que primero me concentre en la operación y que luego se decidirá. No sé, a mí me da pánico. Para colmo creo que se lo transmití a mi hermano, porque me dijo Mani que le contó (pidiendo que por ahora no me diga) que se fue él también a hacer estudios genéticos. Viernes 13 de Marzo 2020 Te imaginé en un jardín que nos regalaba su perfume a tierra mojada despertado por esas lluvias raras que conviven con el sol. Imaginé que corrías intentando atrapar el arcoíris y que al saberte lejos de mí regresabas con una sonrisa en el rostro, con las mejillas coloreadas de barro y sudor. Yo te levantaba por los aires y nuestros cabellos de confundían en un remolino de castaño color. Que tu madre nos llamaba en lontananza esperándonos con ansia queriéndonos mostrar el cantar de un ruiseñor. Que las tres nos abrazábamos, nos besábamos una a una nos mirábamos encontrando nuestro rostro en los ojos de la otra, reconociendo en las miradas el fruto de ese amor. Ya tus ojos no vislumbro, tu sonrisa me es ajena ¿a quién veré en esa nena? Si tu madre no soy yo. Miércoles 1 de Abril 2020. Me extirparon los ovarios. Las enceguecedoras luces blancas, las camillas, los pasillos, rostros anónimos tras barbijos, el olor a sangre y amoníaco, el llanto mudo tras la cortina. Nada me hace olvidar que ya no tengo ovarios, que ya no duelen más. Cuando cierro los ojos siento que reposo vacía, sobre el pasto áspero de la tumba de mis padres. Que la tierra me llama, pues aunque aún respiro estoy muerta por dentro. Soy la arena de un reloj cuyo final no vislumbro, no me queda ni un dios con el que enojarme. Ya no soy mujer. Soy el punto final e irrevocable de mis ancestros. Pocas horas luego de despertarme de la operación, sin siquiera probar bocado, me volví a dormir y desperté en una tarde concluida no hace mucho, con la angustia de quién no pudo despedirse del sol. Hacía ya dos horas que habían llegado para visitarme Marcela y Alejandro pero prefirieron dejarme dormir. Marian les avisó que mi siesta había concluido y entraron sólo Marcela con las nenas. Alejandro no quiso molestar e internamente se lo agradecí. Marcela me miró con amor a través de unos ojos hinchados y ojerosos soltando un “hola”. Antes de que pudiera decir nada, la más chiquita corrió a abrazarme gritando “tíaaaa”, cosa que hizo refunfuñar a la esposa del viejo de la camilla de al lado. Yo la abracé y empecé a llorar. Mis lágrimas corrían como ríos queriendo limpiar la angustia de estar viva. No podía parar, cada vez la apretaba más fuerte y, aunque me dijo que le dolía, me aferré a ella como si fuera la respuesta a una pregunta que nunca hice. Mani agarró a las nenas y se las llevó afuera con la excusa de comprar golosinas, lanzándome una mirada penetrante antes de sonreírle a Marcela y salir. Nos quedamos en silencio por lo que me pareció una eternidad. Yo no pensaba, solo escuchaba el pitido de las máquinas del vecino y el choque de las agujas de tejer de su mujer y por fin durante unos instantes encontré un poco de paz. Finalmente Marce se sentó a mi lado y conversamos de cosas sin interés. Lo que agradecí es que todo el tiempo sostuvo firmemente mi mano. Nos despedimos cuando entró la enfermera y Mani con la cena. Mani, con un rostro que me pareció duro, me dio el dibujo que había traído de regalo Anita, diciéndome que se lo dejó a ella porque no me lo había podido dar cuando me puse a llorar. Le respondí que no tengo fuerzas para sentirme culpable y ablandó un poco la expresión. Basta por hoy. P.D.: En el dibujo está Anita y su hermana con pollera y colitas en el pelo, una a cada lado mío. Yo estoy en el medio sin ropa y mi cuerpo es un rectángulo rojo vacío. Jueves 2 de Abril 2020. Esta mañana desperté con el corazón al ritmo de un galope agitado, un sudor frío bañaba mi almohada y la ansiedad abandonaba mi pecho para hacerle lugar a la angustia. Estuve así un buen rato hasta que el dolor de las cicatrices (única pista de que esto no es un sueño) logró hacer virar mi atención de esa sensación tan horrible. A partir de allí mi día fue mejorando hasta hacerse casi tolerable. Mani todavía dormía en la improvisada cama con anhelos de sillón cuando entró un enfermero con el desayuno, que, si bien sólo es para los pacientes, estaba compuesto por una taza extra y dos saquitos de té, que el joven dejó guiñando un ojo. Puede parecer una estupidez, pero esa amabilidad me emocionó y me hizo sentir afortunada. Soy consciente de que mi vida se está yendo por el inodoro y sin embargo un gesto mínimo me hace tan bien. Mani aún dormía y comenzó a rascarse impunemente una nalga. Luego del prodigioso espectáculo, el muchacho me indicó que en la noche se habían llevado a mi vecino a terapia intensiva y en su mirada percibí un mal pronóstico para él. Sin embargo (y sé que está mal pero no logro sentir ni vergüenza ni empatía), me sentí contenta de saber que iba a poder disfrutar de un poco de privacidad. No había transcurrido ni siquiera el tiempo suficiente para que el agua caliente y las hierbas puedan ser llamadas té, cuando un hombre entrado en años y con sombrero abrió la puerta, recorrió la habitación con los ojos, luego miró el número de la puerta y, sin apartar su mirada de allí, la cerró de un portazo, provocando que Mani saltara de la cama cayendo sobre su bolso. Desde el suelo giró su rostro cubierto de pelos hacia mí y yo detuve mi risa para decirle una palabra gastada, pero que salía de mis labios como si nunca antes la hubiese pronunciado: te amo. Se levantó escupiendo pelos, se sentó sobre el borde del colchón y me besó con sus labios carnosos, estampando mi cabeza contra la almohada, mientras me envolvía en el más suave abrazo, sin provocarme ningún tipo de dolor en las heridas. Desayunamos entre besos y risas por su bochornosa actuación ante el enfermero y con comentarios de humor negro sobre el viejo de al lado. Tuve muchas ganas de trabar la puerta de la habitación y hacer el amor. Me consuela pensar que el dolor de la operación no me hubiese dejado, por más que hubiera querido, pero me tuve que contentar con escribirle algunas palabras eróticas que le di a leer cuando vino mi hermano (me excita mucho verla colorada en situaciones inapropiadas). Cuando llegó, Mirko traía una caja grande y una sonrisa forzada. Luego de besarme la mano me dijo que llamó a Natalia para saber si pasaba hoy por el hospital también, pero que no tenía idea de que le hablaba y se inventó algo por las dudas. Le comenté que, aparte de ellos dos, sólo lo sabían la familia de Marcela y Joaquín, porque me daba (porque me da) mucha vergüenza mi situación y que no sé explicar ni siquiera que soy. En ese momento fijó su mirada sobre mí y se mordió el labio superior, que sólo puede significar que hay algo que no se anima a decirme y por primera vez en mi vida no le insistí para que me dijera. No quería saber nada. En la caja había álbumes de fotos nuestras: tuvo la delicadeza de no agarrar fotos con mamá y papá, sino con Daisy, la Rottweiler que teníamos cuando éramos chicos. Desde que tengo memoria Daisy era ya vieja, pero era la perra más amorosa que existía. Claro que conmigo y con Mirko, con el resto era antipática y hasta agresiva. A nosotros nos dejaba acariciarla, nos tirábamos encima y ella no hacía más que estar contenta, pero incluso cuando mi papá la tocaba y estaba medio dormida le ladraba. En realidad era una miedosa, pero como se sabía grande e imponente en vez de huir, te seguía por toda la casa controlándote y gruñéndote. Pero sobre todo, porque para que te dejara moverte, le tenías que dar algo de comida y si había algo que le gustaba más que nuestros mimos ¡era la comida! Basta por hoy. P.D.: Quiero dejar una copia de lo que le escribí a Marian. “Te imagino frente a la computadora, preocupada por terminar un informe para mañana. Me acerco por detrás, apoyo mi mano sobre el borde de tu escote derecho y la arrastro, dejando tu piel colorada en el camino, hasta detrás de tu oreja, entrelazando tus cabellos. Tu cuello de cisne queda expuesto : tan frágil, tan sensual. Poso mis labios y siento el latir de tu yugular. Mi lengua recorre tu piel, tus pelos se erizan bajo mi mano y tu boca expira un gemido. Tus manos yacen sobre el teclado, pero ya no teclean. Con mi siniestra, desabrocho tu corpiño, dejando translucir tus pezones erectos a través del verde de la musculosa. Corro tu silla hacia atrás y me arrodillo frente tuyo. Bajo por tu vientre, soplando cada centímetro de piel hasta llegar al delta de tu sexualidad. Dejo reposar mi lengua sobre tu bombacha hasta que mi saliva se fusione con tu ambrosía y te hago saber que estoy toda mojada… si querés saber cómo termina vas a tener que esperar a que volvamos a casa. Te amo”. (…) Basta por hoy. P.D.: Hoy sólo pensé en volver a tus hojas en blanco todo el día, es la única cosa para la que tengo ganas. Es sobre tu blanco en el único lugar en donde puedo narrar la realidad como me plazca, sin que nadie me diga que es posible y que no. Lunes 13 de Abril 2020. ¡No puedo creer que todavía esté despierta! Hoy ni siquiera iba a escribir para estar más descansada mañana, pero no se me va el enojo. Tomé de todo para dormir y no puedo parar la cabeza. Espero que esto me ayude a calmarme, porque para colmo estoy asustada de que todavía no se me vaya esta aceleración en el corazón. Nadie me entiende ¡me extraño! Extraño como era antes, cuando era alegre y tenía energías, cuando me sentía joven y no una vieja con calores, cuando me sentía segura en los abrazos de Mariana y sabía que todo lo pesado del día no podía afectarme dentro de ese escudo de amor. Extraño estar excitada y tener un motivo para salir de la cama. Hoy luego de un esfuerzo titánico logré ir a lo de Carlos. Antes de poder empezar a hablar estuvimos un largo rato en silencio, pero no me sentí incomoda. Por el contrario estaba distraída, mirando su rostro, como si fuera un desconocido. Noté las patas de gallo que adornan sus ojos, que una de sus orejas es significativamente más grande que la otra y que sus lentes necesitan una limpieza urgente. Cuando me dijo si quería contarle algo le contesté que no sabía, al rato le dije que su baño estaba descompuesto. Me pregunto a qué me refería y le dije que a la mochila del inodoro… y agregué luego que también el espejo. En ese momento puso cara de pregunta y volví a reconocer su rostro: dejó de ser una persona normal para transformarse otra vez en psicólogo. Le respondí que el espejo ya no me refleja más, que mi nombre no me delimita como lo hacía antes. Que tengo la sensación de que cuando me miro no me siento mujer, pero que al mismo tiempo, cuando me pienso sabiéndome hombre, no dejo de percibir que me es ajeno, en tanto que no me siento hombre sino mujer; pero no la misma mujer sino otra. Le expliqué que la imagen que tengo: es como si me viera en la pantalla de un viejo televisor de tubos y me veo con “fantasma” como cuando arreglaban la antena. Que se veían las personas pero difuminadas, sin límites claros. Y el tipo me respondió que se imagina (¡¡SE IMAGINA!!), que es esperable en una situación tan poco frecuente como la mía y además agregó que puede ser que esto esté INTENSIFICADO por los cambios hormonales. ¡CAMBIOS HORMONALES TU HERMANA! TENÍA QUE SER CHABÓN PARA DECIR TREMENDA PELOTUDEZ!. No entiendo cómo dejan recibirse de psicólogo a una persona que pueda decir eso. La verdad es que le chupó un huevo, no le interesa nada. No puede ser que siempre que le mencionaba las técnicas, me pidiera que le aclaré cuáles eran las de alta complejidad. Y ahora TOOOODAAAA la culpa la tienen las hormonas. ¡QUÉ HORMONAS! ¿de qué hormonas me hablas? Hormonas me faltan P E L O T U D O. Basta por hoy. P.D.: PELOTUDO Martes 14 de Abril 2020. Mi casilla de mail explota de correos no leídos con reclamos de clientes. No puedo lograr ser creativa y siento que todo lo que hago no logra llegar al nivel de mis antiguos trabajos y tengo miedo de que mis clientes me confirmen lo que ya sé. Hoy me llamó Lucas pidiéndome disculpas por haber sido duro o seco la vez pasada, que a lo mejor estoy mal (a él no le dije nada) y él no está enterado porque hace mucho que no nos vemos, que en él tengo un amigo, etc. etc. etc. Lo único que pude escuchar son reclamos. Me da pena pero no es capaz de consolar a nadie. Su único método de enfrentar los problemas es distrayéndose, pensar en otra cosa o trabajar mucho y después quejarse del trabajo. Igualmente a la tarde me mandó frases lindas y me hizo muy bien recibir su cariño. Mientras me cocinaba una pasta tomé coraje y llamé al psicólogo. Le dije que no podía ir más porque no me alcanza el dinero (que tengo que usar para comprar hormonas que subrogan mis ovarios) y que ya me siento mejor. Me ofreció con sorpresa que nos veamos nuevamente y conversar sobre el precio. Le insistí que no, que me sentiría mal. Luego de algunas idas y vueltas, que hasta me fastidia recordar, me pidió de hacer un encuentro de cierre a lo que le respondí que puede ser, pero se lo confirmo la próxima semana porque en esta tengo que corregir un montón de trabajos por reclamos de clientes (que lamentablemente es verdad) y al cortar me sentí muy aliviada (se me paso la pasta). Poco después del mediodía apareció Marian. Ante mi sorpresa de verla tan temprano me indicó que se sentía mal (en efecto estaba muy pálida) y había decidido volver a casa. Le ofrecí cocinarle algo pero me dijo que tenía nauseas, que vomitó todo lo que comió en el día, e incluso que había tomado una Gatorade (así de grave estaba). Fui a prepararle un té de jengibre y al volver su figura había desaparecido del living. La encontré en la cama vestida e inmersa en un sueño profundo. Le saqué los zapatos que aún llevaba puestos (los pies colgaban por fuera de la cama por supuesto, se ve que se sentía lo suficientemente mal para olvidar quitarse el calzado, pero no tanto como para arriesgarse a provocar mi ira) y también la chaqueta, que usé para taparla. Cuando despertó hacía tiempo que la taza de té había dejado de humear, sus mejillas habían tomado más color y tenía hambre. Mientras las azucaradas partículas de un gajo de naranja salpicaban sus anteojos, le comenté que le había escrito a la chica que había conocido hace un par de años antes, la que había hecho su tesis conmigo, para contratarla temporalmente con el fin de que corrija ella los trabajos que me reclaman los clientes, que yo no me sentía capaz y que pensé en ella por saberla preparada y con un estilo muy parecido al mío. Ni había terminado de tragar, cuando con la boca llena y esparciendo jugo por toda la mesa me preguntó de modo beligerante con qué plata pensaba pagarle a esta chica, si no me doy cuenta que estamos bastante ahorcadas y todavía pagando el viaje que hicimos a Cancún. Le dije que no se preocupe, que ya lo había pensado y que pienso pagarle con la plata que nos ahorramos del psicólogo, ya que no iba a ir más. Sin yo saberlo, esas palabras hicieron rebalsar un dique que parece estaba reteniendo caudales de emociones más tiempo del que debería haberlo hecho. El caso es que me dijo gritando y con lágrimas en los ojos, que se siente enferma porque no puede más llevar ella todo adelante sola, que siempre llega cansada y tiene que recibir mi energía pesada, que además siente sobre sus hombros la economía de la casa porque estoy trabajando menos y que lo único que le falta es que deje de ir al psicólogo. Que siente que no quiero ponerme bien y que necesita que me apoye en mis pies y no en sus espaldas. Yo le respondí con igual fervor que no lo hago a propósito, que me siento mal y que no es mi culpa que ella sea tan cerrada, que en vez de compartirme se guarde las cosas hasta que explota. Y que mi cuerpo no está igual que antes, que recuerde que la operación y lo que estoy tomando tiene que ver con todo esto (si ya sé que es incoherente pero no es lo mismo, es diferente si lo digo yo). A un momento nos quedamos ambas en silencio. Yo sentía que no podía estar enojada ni herida porque me había hablado con sinceridad (y yo a ella) y era un alivio de alguna manera. Después, ya más calma, le tomé la pegajosa mano por sobre la mesa y mirándola a los ojos, que parecían dos océanos infinitos, le dije que tiene razón, que necesito ayuda y que voy a buscar otro psicólogo porque éste no me gusta. También que me siento mal porque me siento única, pero no en un sentido positivo porque soy una mujer que no puede tener hijos y que tampoco es mujer. Ella me hablo de como también se siente desesperanzada después de toda la ilusión que se había hecho y que no ve la hora de que seamos madres. Esto me hizo sentir acompañada. Más, le confesé que no sé cómo sentirme al respecto. Que tengo miedo de no saber que encontrar en esa hija que me haga sentir que es mía. No va a salir de mi sangre, si es varón tanto como si es mujer no voy a sentir que se me parezca. Un respiro profundo evito que me respondiera de manera automática. Por el contrario poso sobre mí su mirada unos instantes, torció su cabeza como si fuera un perro y me dio la clave exacta para que hoy termine el día con una seguridad que hace tiempo no siento. Me dijo que por si no lo había notado antes, yo siempre llevo todas las cosas (mochilas, chaquetas, etc.) caídas del hombro izquierdo. Que en un principio eso la ponía nerviosa, que luego pensó que a lo mejor tenía los hombros desparejos, pero que no. Descubrió que simplemente así, me sentía más cómoda. Me pidió que me concentrara en como sentía en ese momento el peso de la bata sobre ese hombro, como eso me generaba comodidad porque es algo mío, sólo mío, que nunca vio en nadie y que sin embargo yo me siento a gusto siendo así aunque sea diferente de los demás. En ese momento no le presté real atención, pero cobró todo otro valor luego de la llegada de mi hermano. Me está llamando Mani que tuvo una recaída, aunque no está tan mal como a la tarde y quiero cuidarla para que se mejore. Mañana sigo, que total decidimos que necesito ayuda para terminar los trabajos y así puedo terminar de procesar toda la información del día de hoy. Basta por hoy. P.D.: Hoy me dio ganas de cenar sushi y comer chocolate y me dio mucho placer hacerlo. Qué lindo es tener ganas de comer algo y hacerlo. Hasta me volvieron ganas de hacer el amor. Es como si de repente me volviese el deseo. Miércoles 15 de Abril 2020. Esta mañana me levante llena de energía antes de que sonara el despertador. De hecho menos mal, porque nunca sonó. Lamentablemente después de todo el recorrido que hicimos por playa del Carmen, para terminar encontrando el despertador perfecto en el Walmart (gracias a tener que refugiarnos de la lluvia) y llenar las últimas páginas de tu antecesor con esas aventuras, hoy nos abandona nuestro mariachi favorito. Adiós mariachi amigo, que la fuerza te acompañe. En fin, le hice un rico desayuno a Mani que decidió ir a trabajar (aunque le haya insistido que se quede) y le comuniqué que voy a terminar yo los diseños, pero que si me responde esta chica igualmente le voy a delegar algo de trabajo, así mientras antes termine, antes podré hacer ingresar dinero. Me dijo que le parece bien, pero que no me ponga presión en eso, que saberse comprendida le es más que suficiente. Hace un ratito se fue y ahora quiero terminar de escribir sobre ayer antes de ponerme a trabajar. Bien, ayer cayó Mirko en casa poco después de la “charla” con Mani. Cuando entró se sorprendió de que estuviera ella y preguntó si había pasado algo. Le contamos que se sentía mal y dijo que no quería molestar que en tal caso pasara otro día. No hizo falta ni que yo dijera nada, hasta Mani había captado la obviedad de la situación y le dijo sin tapujos (se ve que el dique había quedado abierto y salía todo lo que tenía que salir): “vos no te vas a ningún lado. Caes sin avisar, haces un comentario sin ningún tipo de tacto y tenés los ojos grandes como dos huevos fritos. Te pansas que te vamos a dejar ir así nomás cuando o pasó algo sumamente importante, o sos un extraterrestre disfrazado de mi cuñado” (los dos la miramos boquiabiertos). “Yo aprovecho y me voy a descansar así me termino de recuperar”. Le dio un abrazo a Mirko, un beso a mí y se fue a la habitación a ver Netflix (antes de dormir me recomendó una serie, que vea un capítulo que son cortitos, por si quiere que los veamos juntas). Al quedarnos solos le pregunte que le pasaba, si necesitaba algo, que cuente conmigo para lo que sea. Me dijo que él estaba bien, pero que me tenía que decir algo importante sobre mí, sobre nosotros…. Le pedí que me hablara, que me moría de ansiedad. Pero no iba a ser tan fácil, primero me preguntó si se podía sentar (pensé “oh no! volvió la cortesía, esto va a tardar”). Después si tenía algo para tomar, así que fui a preparar un mate. Cuando volví me pidió de pasar al baño (en vez de ir mientras se calentaba el agua) y cuando regresó lo acorrale diciendo que no le iba a dejar hacer nada más hasta que no desembuche. Comenzó rogándome que no me enoje, porque es algo que sabe hace un tiempo, más le pareció mejor no decirme entonces por todo lo que yo estaba pasando y porque además, prefería procesarlo él primero para que yo pueda hacerlo después sabiendo que cuento con él. Luego de todo este prolegómeno y ante mi mirada de impaciencia, me dijo que se había ido a hacer análisis genéticos después de enterarse de mis resultados (yo me hice la sorprendida, pero claramente no me creyó, sin embargo no me dijo nada) y que habían descubierto que no somos mellizos, sino gemelos. Yo me lo quedé mirando, sin cambiar mi expresión, lo que hizo que exagerara la suya abriendo más los ojos y arqueando las cejas, que parecían formar un arco único sobre su frente. Al final le dije medio desilusionada por la noticia (ahora me rio): “¿y que tiene? ¿Qué diferencia hay?”. Su cara de expectativa mutó en desconcierto y confusión, no sabía si no lo había escuchado o era así de bruta. “¿Cómo qué diferencia hay? ¡Somos idénticos!” “Si no nos parecemos en nada, de que hablas” le dije. A lo que respondió “No nena (casi con enojo), somos idénticos genéticamente y no nos parecemos por cuestiones obvias”. Me quedé helada. Sentí un escalofrío que me subía por la columna hasta la cabeza y salía por mis orejas, humedeciendo mis ojos en el camino. Después me siguió hablando, creo que pidiendo perdón o explicando cómo se había enterado, pero mis oídos ya no lo escuchaban. El mundo se calló por un instante (como pasa en las películas cuando explota una bomba cerca. Igual) y lo único que sentía es el peso de la bata sobre mi hombro izquierdo. Bueno me voy a trabajar, a la noche sigo. No había terminado ni la mitad de lo que me propuse hacer hoy, cuando escuché afuera la voz de la vecina y me temí lo peor. Su inconfundible tono que arrastra una queja permanente se hacía cada vez más fuerte hasta que sentí golpear la puerta. Estaba con un jardinero, por lo de las ramas de la palmera y demás nimiedades. ¡Cómo me molesta esa mujer! En realidad todos los vecinos. Para colmo Mani habla con todos e incentiva interacción con ellos. Eso me encanta de ella, que sea tan sociable, pero odio las consecuencias que me trae. No les alcanza un simple hola de cortesía o un movimiento de cabeza. ¡No! tienen que sacar tema de conversación y parecen no entender que todo mi lenguaje corporal quiere terminar la charla antes de que empiece. La cuestión es que después de tan mal trago, decidí ver uno de estos capítulos cortos de la serie “En pocas palabras” y justo, justo ¡justo! voy a parar a uno que trata sobre técnicas de reproducción asistida. Parece que hay una técnica que se llama CRISPR que te permite modificar los genes. Según entendí, mediante una bacteria pueden “programar” un fragmento de ADN que quieran agregar o cambiar mediante una proteína en combinación con el ARN. Parece que es una técnica barata y “fácil” de usar. El episodio te explica que la idea es usarlo en humanos (no entendí si ya se puede o no) sobre su propio cuerpo, puesto que la mutación genética muere con ellos, pero no en embriones, ya que el cambio se transmite a las generaciones siguientes. Si bien puede ser que sirva para enfermedades, planteaban que no son límites muy claros de qué son y qué no las enfermedades como para aplicarlo a los embriones. Después estuve investigando un poco más y parece que no hace mucho un tal He Jiankui ya lo aplico en humanos para evitar que los niños por nacer se contagien HIV de la madre. Yo no digo que no haya límites difusos, pero no me parece que el HIV no sea una enfermedad. Además no le encuentro nada de malo que las próximas generaciones sean inmunes… Hace un rato llegó Mani, me dijo que llamó a Marcela y le recomendó el Psicólogo al que va Alejandro, que es muy bueno. Que ya sacó turno para la semana que viene. Si bien no me gustó mucho que me lo haga saber en vez de preguntarme antes, le agradecí igual. De última, si no me gusta me busco otro. Basta por hoy. P.D.: No le dije hoy tampoco a Mani lo de Mirko. Creo que voy a esperar al fin de semana. (…) creer que no se me haya ocurrido antes. Igual la sensación que tengo es que lo venía masticando en la cabeza y el sueño fue lo que hizo poner cada pieza en su lugar. Basta por hoy. P.D.: Ya es momento de seguir adelante. Sábado 18 de Abril 2020. Ayer antes de dormir planee la mejor manera de comunicarle todo a Mani así que, esta mañana, siguiendo lo planeado, le llevé el desayuno a la cama (con mate en vez de té, que incita más a la charla) y puse de fondo muy tenue Nuvole bianche (sin letra). Estaba tan nerviosa que le di el primer mate a ella y me lo devolvió diciendo que si no pensaba que le faltaba algo. Luego le puse agua y se lo volví a dar… empezó a reír y miró fijo el mate hasta que yo también posé mis ojos sobre él y me sumé a la risa. Una vez que volví con el mate, ahora con yerba, le dije sin más preámbulos que Mirko y yo somos hermanos gemelos. Ella pareció no tener problemas en entender a qué me refería y solo agregó: “con razón estaba tan raro el otro día”. Después de un par de mates (acompañados de los últimos acordes del piano), me confesó que le sorprendió que no solo no le haya contado enseguida, sino que no sospechó nada en toda la semana y le parecía raro. Le expliqué que quería primero entenderlo bien yo y que preferí esperar a tener tiempo y tranquilidad para hablarlo. Y le dije que eso no era todo, sino que estuve pensando y que esto podía ser la solución a nuestros problemas. Le conté todo lo que había pensado, pero por algún motivo, quizá prudencia, quizá no querer ilusionarme otra vez después de tantas cosas que pasamos, le conté sólo la primer parte. Le aclaré que podemos tener una hija nuestra, que ella puede poner el óvulo y yo “mi semen” a través de mi hermano. Que podemos llamar a la obra social para saber si la ley también los obliga a cubrirnos las hormonas para el crecimiento de mi útero (y de paso ver si esas suplantan a las que me suministro desde la operación, que no son nada económicas). Mientras me escuchaba decirle estas cosas, me di cuenta cuanta información era y temí que se enojara o que tuviera una reacción negativa (tal vez por eso no le conté todo lo que pensé en la semana), pero para mis sorpresa me dijo que lo tenía que reflexionar (que ambas teníamos que hacerlo), pero que donante íbamos a necesitar de todas maneras y que le gustaría sentirse también que participa del embarazo de alguna manera. Me expresó también que a ella no le importa como a mí que tenga su sangre, ya sé que para ella pasa por otro lado, que siempre se sintió hija de sus padres sin compartir ni siquiera el color de pelo, pero que así se sentiría parte del proceso de algún modo y ese pensamiento la hacía feliz. Me pidió que todavía no le preguntemos a Mirko antes de que lo tengamos decidido. Terminamos haciendo el amor, pero en vez de decirnos lo que nos solemos decirnos, nos platicamos sobre lo lindo que será, sobre cómo será nuestra familia y tuve por primera vez en mi vida el orgasmo más hermoso que pudiera imaginarme, pues lo tuve con dolor en los abdominales y los músculos de la cara provocados por la risa. Domingo 19 de Abril 2020. Gracias por tus páginas viejo amigo he de comenzar una nueva etapa en otro lugar. Diario de Irene Tomo XXI Año 2020 – 34 años. Parece que todo se empieza a alinear. Empiezo una nueva etapa, un nuevo diario en el primer día de una nueva semana con un nuevo psicólogo. Lunes 20 de Abril 2020. Llevo sentada mirando la pared el tiempo suficiente como para ver moverse el rectángulo que dibujan los rayos del sol a través de la ventana, desde el borde de la mesa hasta la altura del florero y apreciar cómo cambiar su color de un amarillo oro, hasta un cálido naranja. Pensé en escribir sobre la felicidad de haber decidido seguir adelante con Mariana y planear como le vamos a decir a mi hermano. O del alivio que encontré al tener un torrente de creatividad, pero siento la imperiosa necesidad de ir directamente a la tarde, a la sesión con Héctor. Desde que entré percibí una atmosfera particular: pareciera que allí dentro no tuvieran lugar los ruidos de la ciudad. El consultorio es grande pero acogedor. Todo parece dispuesto para la calma y la reflexión. Héctor debe tener la edad que tendría papá y su bigote me hace acordar un poco a él. Ahora que lo escribo pienso que pudo haber sido más eso que el hecho de ponerlo a prueba, lo que me impulsó a contarle todo lo que le conté, porque me sentí de hablar con alguien familiar. Me preguntó qué me llevaba por ahí. Sólo eso bastó para que no parase de hablar (porque no me sentí juzgada). Le resumí lo que pasó en los últimos meses: que estuve muy mal, que me sentía sola en el mundo, un bicho raro. Que ahora tenía otra vez esperanzas y con menos miedo que antes, por todo lo que pasé en el transcurso. También le comenté lo de pedirle a mi hermano que nos done semen y, como si fuera necesario decírselo para que me pueda entenderme, le conté TODO el “plan”. Primero que lo que me motivó para tomar la decisión fue el pensar en el sufrimiento que conlleva el desilusionarse, al saber que no se puede ser madre y además que así se nos iba parecer más… (en realidad dije que se me iba a parecer y después me corregí, cosa que más tarde me hizo notar) después le pregunté si sabe lo que es el CRISPR. Con sorpresa me respondió afirmativamente y se limitó a eso, decir que sí sin agregar nada positivo o negativo, como si no tuviera expectativas de lo que fuera a venir luego. Por fin, le dije que había pensado que podíamos usar esa técnica para elegir una nena, pero que no sea fértil, como las mamás. Que nazca sabiendo eso, así de grande no se iba a frustrar como nosotras y que sepa directamente que si quiere tener hijos que es lo que va a tener que hacer. Cuando se aseguró que había terminado de hablar, abrió la boca para esbozar alguna palabra pero lo interrumpí diciendo que ya sabía lo que me iba a decir, que no es ético porque eso puede modificar a las generaciones futuras, pero que lo pensé y no tiene sentido porque si ella no puede dejar descendencia propia, no se aplicaría eso en este caso. Me respondió que no es lo que iba a decir, que eso lo estaba manifestando yo. Pero que ya que lo hice, me pidió que le indique como pensaba hacer, ya que no me será fácil encontrar a alguien que lo haga, puesto que se llegó a un acuerdo internacional de que nadie avance con esas prácticas. Cuando le expresé que un chino lo hizo, me asintió como corroborando y agregó que justamente es el único caso y que nadie más lo había hecho alegando el anterior motivo. Le argumenté que a lo mejor se lo sigue practicando sin que salga a la luz. Me inquirió sobre qué piensa Mariana sobre esto y al comunicarle que no sabe, me replicó que cómo es entonces que hable tan segura, pues le había dado a entender que era algo de mutuo acuerdo. Le afirmé que sí estaba segura y que no me importa tener que sobornar a alguien para que lo haga, por más que Mani nunca lo sepa. En ese momento callé, porque me costaba reconocerme al escucharme y me parece que él lo noto porque a continuación me dijo las pocas cosas que me mantienen pensando hasta ahora, mirando la pared. Inició con algo así: “no termino de entender, yo pensé que lo que vos querías es criar un hijo pero ahora me decís que en realidad querés comprar uno. Uno que se parezca a vos como dijiste antes de corregirte”. Y después me hizo una pregunta que todavía no puedo responder: ¿Qué significa para vos ser madre? Basta por hoy. En efecto estaba en correo no deseado, igualmente lo dejó satisfecho y eso es lo importante (lo que me hace pensar que si bien este diseño en particular de Nina no me terminaba de cerrar, pero al cliente sí le gustó, no me quiero imaginar lo desastroso que sería el original). Ya sólo queda la respuesta del último que corregimos juntas y listo ¡Que satisfacción! Basta por hoy. P.D.: Ya me voy sintiendo una experta con esto de las inyecciones, a lo mejor puedo ampliar mis habilidades por fuera de la familia y tener un ingreso extra jejeje. P.P.D: Logré conseguir mi primer Orsai impreso, que lindo que es sentir el peso y el olor de las palabras. Lunes 4 de Mayo 2020. Hoy antes de ir a terapia me compré una “bitácora” (que básicamente es un cuaderno forrado con tela de colores y compuesto con hojas recicladas, pero es hermosa) para sacarle provecho al tedioso y somnífero viaje de regreso en colectivo: de este modo puedo anotarme las cosas relevantes de la sesión mientras aún su recuerdo está fresco en mi memoria. Ni bien me senté le dije “tengo un sueño para vos”. Frase que, cual código secreto, activó una respuesta automática: poso su espalda sobre el respaldo del sillón, cruzó su pierna hábil por sobre la siniestra y apoyó su codo derecho sobre la rodilla elevada, quedando todo dispuesto para que el dedo anular y menique oculten su boca pareciendo dar descanso al poblado bigote, al tiempo que los dedos restantes sostenían su faz. “Lo soñé esta noche” agregué a lo que acotó “¡Ah! entonces si lo soñaste para mí” (en ese momento no entendí a qué se refería... pensándolo bien ahora que lo transcribo... tampoco lo entiendo). “Soñé que tocaban el timbre y yo sabía que eran mis padres, pues los estaba esperando; pero en lugar de ir a la puerta principal los hacia entrar por la heladera. De la nada estábamos en el living de mi hermano, que, si bien no lo veía, sabía que estaba en la casa y mi mamá ponía una caja de torta arriba de la mesa diciendo que había traído macitas para el café. Pero cuando abría la caja estaban Daisy y Bigotes (la perra y el gato que teníamos cuando éramos chicos) y nos decían que eran para los nietos. Yo no sé como pero sabía que Daisy tenía parásitos, por eso estaba con la panza hinchada, y que Bigotes estaba castrado. Después sonó el despertador”. Le pregunté a Héctor que significaba y me repreguntó qué se me ocurría a mí al respecto. Comencé refiriéndome a que me parecía que tenía que ver de alguna manera con que no puedo tener hijos, por lo del gato castrado, puesto que en realidad nunca lo estuvo. De hecho iba preñando a todas las gatas del barrio. Recuerdo que una vez vino un vecino diciendo si el nuestro era un gato negro, porque era la segunda vez que su gata tenía cría y mi papá le había indicado que sí teníamos un gato negro, pero que estaba castrado y no salía de la casa. En esa ocasión nos tuvo que explicar que significaba castrado, ya necesitaba que sostuviéramos la mentira. Un día el gato apareció muerto en la vereda. Nunca supimos qué pasó, pero sospechábamos que algún vecino (seguramente el que apareció para quejarse) lo envenenó. Al poco tiempo mi papá trajo otro pero era hembra. No estuvo mucho en la casa porque se escapó antes que siquiera pudiéramos acordar en ponerle un nombre; sin embargo recuerdo esa tarde porque mi mamá se había enojado que fuera hembra, ya que la perra era hembra. Ella tenía esta idea “simétrica” de que estaba contenta de que fuéramos una nena y un nene (la parejita), que para colmo vinimos juntos y además estaba la parejita de mascotas: perro y gato, hembra y macho. Luego de un breve silencio que siguió a los gritos balbuceados de algún vecino del edificio que se escucharon por la ventana del consultorio, Héctor me preguntó si se me ocurría algo más. De hecho sí: en cuanto a los paracitos me pareció que tenía que ver con las molestias que me dice que tiene Mani en los ovarios por la estimulación de las hormonas que le inyecto (de hecho no le dije, pero ahora también se me viene que puede tener que ver con que se me está agrandando el útero). Otra cosa que asocié al sueño es que lo de la heladera me parece que tiene que ver con que mi hermano (tal vez por eso estábamos en su living), en tanto que ya haya crio preservado su esperma. Por último le dije que lo que decía mi mamá de los nietos también lo hacía en vida. Solía decir que quería ser abuela joven así podía disfrutarlos. Levanté la cabeza, pues lo último que relaté lo hice mirando la alfombra. Me encontré con una mirada cálida y empática. De hecho es algo que me agrada mucho de Héctor: con los ojos y las cejas convexas te dice “te entiendo” y con la media sonrisa en la boca te expresa “no es tan grave”. Le dije que no “se me venía” nada más, que igual traje a la vida a todos los muertos, que no me parecía poco. Él acotó “estaban todos living en el living” y echamos a reír. Héctor (luego de adjudicarme una gran capacidad de asociación), me comentó que si bien estaban todos muertos, parecía ser que sus mandatos estaban bien vivos y coleando. No sólo en relación a lo que había surgido la sesión pasada con respecto a porqué quería “diseñar” a mi futura hija, sino que seguramente debo sentir una gran carga por ya no conformar a la “parejita” de hermanos. Antes de terminar la sesión me propuso pensar si me podía permitir por un tiempo ir un total de tres sesiones por semana, para poder pensar estas cuestiones referentes a la maternidad, a las técnicas y poder empezar a discriminar en dónde está el deseo y en donde los mandatos para poder ir identificando que es lo que trae aparejado este nuevo ciclo en mi vida (o algo así). Ya en casa, luego de resolver algunas cuestiones de trabajo, me abrí un Malbec y lo dejé respirar mientras llenaba la bañera con agua tibia y sales relajantes. Encendí un papel aromático de Eritrea y esperé a Mani metida en el agua con dos copas de vino y mi amigo Barry Blanco que me quiere así en la forma en que soy, rellenando el ambiente. Basta por hoy. P.D.: Tuve que tirar el vino, pues al llegar Mani me recordó que no podemos tomar (al menos lo llegué a probar) ¡buaaa! Martes 5 de Mayo 2020. Con Mani hemos alcanzado el grado de encarnación de la metáfora del yin y el yang. Nos alternamos de manera sincrónica y equidistante en dos estados de ánimos intensos y complementarios, favorecidos por el exceso de hormonas, pinchazos y molestias. Esta mañana yo ocupé el lugar de sensible fragilidad y ella de fastidio constante: tres veces lloré durante el desayuno; ella veces incontables bufó y revoleo los ojos. Empero la distancia sorprendentemente hoy fue nuestra aliada, puesto que fue por mensajería (telegram) que durante el día logramos organizar las próximas semanas: decidimos que ya no necesitaré la ayuda de Nina para los nuevos proyectos y que de allí y del regalo de cumpleaños adelantado de los padres de Mani (la cancelación de las últimas cuotas del viaje a México) sacaremos el dinero para mi terapia y para la fiesta de su cumpleaños. La misma la festejaremos en dos fines de semana y el día de su cumpleaǓos puso una sola condición ¡que haya alcohol! ya que el día antes vamos a la clínica a hacerle la punción ovárica. Acordamos también en regalarle a mi hermano como agradecimiento por su donación (aunque nos suena a pobre) un whisky Johnny Walker Double Black de un litro que es su favorito y una pipa Churchwarden, que siempre quiso. Por último coordinamos que días de las vacaciones que le deben se va a pedir para que podamos estar juntas en los días más importantes del proceso. Cuando colgué la video llamada por Skype con Margarita, que me pidió como todos los años el nuevo diseño para su presentación, sin pensarlo mucho y tomando coraje llamé a la secretaria de Carlos, ya que me empezaba a dar vergüenza aplazar tanto la última sesión y me la quería sacar de encima. Si bien mi grado de sensibilidad había ya mermado, no pude evitar lagrimear al punto tal de que casi podría ser llamado llanto, cuando me informó la secretaria que al menos por el próximo mes iba a estar ausente, pues ayer tuvo que viajar a Córdoba de improviso por el fallecimiento de su padre. Para intentar estabilizar mi alma, me dediqué el resto de la tarde a surcar las aguas del ciberespacio usando el ratón como timón y las teclas como velas, impulsadas por una galerna de wifi. Estuve averiguando en qué consisten las distintas etapas que nos esperan, sobre todo aquellas en las que yo no he de participar, esas prefiero no saberlas hasta que sea necesario y no saberlas si no lo es. Ya nos había adelantado un poco cómo es el procedimiento de la punción ovárica, pero me lo imaginé más tecnológico, no sé. Pensé que había una camarita o algo así en la sonda vaginal, pero no. Parece que uno ve por dónde está la sonda con la aguja para extraer el contenido de los folículos (en dónde están los ovocitos) con la misma calidad de imagen con que se hacen las ecografías transvaginales o que se usan para controlar el crecimiento de los folículos (es decir que no se ve una mierda). Después ya los ponen con el semen que fue separado del plasma seminal para que fecunden varios óvulos y después… basta, ahí entro yo. Al regreso le quise comentar a Mani, pero me dijo que ya había investigado por su parte: ella es lo opuesto a mí (o ya que iniciemos con lo del yin y el yang podemos decir complementaria) ya que la tranquiliza saber todo sobre el tema. Me dijo si quería pedir una pizza que estaba antojada, la alenté a hacerlo pero no la acompañé, prefiriendo respetar la dieta. Igualmente la sopa de verduras me sale tan rica que no tuve que envidiarle nada. A mitad de un mordisco profirió un “¡ahhhhh!” tan estruendoso que me hizo desparramar por toda la mesa la porción de sopa que era trasladada en mi cuchara. “¿¡Qué pasó!?” inquirí con perplejidad. “Me acabo de acordar, no sabes lo que pasó hoy en el trabajo” contestó entre risas fragorosas y me contó lo siguiente: estaba yendo a recursos humanos cuando escucho gritos del call center de atención al cliente y cambió su rumbo hacia allí. Cuando estaba por entrar, salió un hombre con cara de enojo y todo colorado moviendo las manos por el aire hasta perderse por las escaleras. Cuando entró y preguntó qué había sucedido, le contaron que el tipo ese es el novio de una de las chicas que había sido desvinculada la pasada semana y que entró de la nada gritando furioso quién era Flavio y donde estaba que lo iba a matar y demás injurias. Se enteró que es de público conocimiento en el sector que a Flavio (el responsable) le queda chica la relación laboral para con algunas de las empleadas y que la muchacha esta era uno de esos casos. Parece que Mani lo encontró a este tal Flavio en la cocinita intentando esconderse detrás de la heladera (cuando lo contaba se reía porque decía que se lo veía igual porque le sobresalía la panza por el costado y la pelada por arriba), todo pálido y cuando ella entró la miró todo asustado con ojos de huevo frito por pensar que podía ser el novio de la chica. Ahora lo contaba divertida, pero dice que en el trabajo no fue nada divertido. Tuvo que denunciar la situación por la falta de seguridad, pues no es posible que cualquiera entre como si nada y que de casualidad estaba en la cocina, que sino no sabe que podría haber pasado. Además que en recursos le dijeron que este Flavio es el que había elevado el pedido de que echen a la chica esta (se ve que en un ataque de bronca le pudo haber contado al novio porque sabía que iba a reaccionar así). La cuestión es que es algo grave lo que hizo. Igualmente ella cree que no le van a hacer nada porque es amigo de los dueǓos. En fin, igualmente nos reímos mucho (más de tres veces jejeje). Basta por hoy. Miércoles 6 de Mayo 2020. Al finalizar el desayuno, despedir a Mani y acordar horarios con el psicólogo, me sucedió algo muy particular: por un buen rato estuve en un estado de conciencia diferente, esos que son casi imposibles de describir y mucho menos de hacer que sucedan a voluntad. Es como si una se viera desde afuera o como si todo fuera nuevo. Me quedé parada en un costado del comedor y me arribó la sensación o el pensamiento de que una transita cotidianamente los mismos espacios, mas desatiende la rareza de todo lo que implica ese transitar. Empecé a observar y preguntarme cuál es la razón de que por ejemplo los muebles en general (y el del comedor en este caso particular) tengan que estar contra la pared y que esa cara destinada al muro no tenga gracia o belleza. ¿Por qué no podrían estar, no sé, en medio del espacio? o ¿por qué no coincide un canto en línea con la abertura que conecta con el pasillo y tiene que estar lo más centrado posible? o mejor aún, que invada el pasillo por quince centímetros. Luego noté que cada cosa y detalle de esta casa tiene una historia que conozco y que pasa desapercibida en mí circular cotidiano por allí, pero que al mismo tiempo está presente. Por ejemplo sé que el reloj de pared amarillo fue un regalo de casamiento de mis padres y que en donde van las pilas no tiene tapita porque se rompió la última vez que las cambié. También sé en qué cajón esta esa tapita guardada inútilmente por no querer tirarla (quién sabe por qué). Incluso me remite a una historia la pequeǓa mancha de humedad del ángulo entre el techo y la pared, que vino a reparar mi hermano y yo lo ayudé con la brea líquida y luego le preparé unos ñoquis porque estaba antojado. En fin, ahora que releo me doy cuenta lo difícil que es transmitir la sensación, pero más o menos los pensamientos fueron esos. Incluso llegué a pensar con lo del mueble que estaba teniendo una epifanía y que podría revolucionar la historia del diseño. Por la tarde me llamó un hombre joven pero con voz de locutor al que le empiezan a asomar cabellos blancos en los temporales. Se presentó como wedding planer y me quiere contratar para hacer un trabajo muy extravagante, que si bien dista de mi zona de desenvolvimiento (de hecho es la primera vez que escucho una cosa así), me pareció una labor muy creativa y desafiante para hacer: me indicó que está al frente de la organización de una boda muy grande y que la novia quiere que cada mesa (¡cincuenta en total!) tenga un diseño en particular, que esté basado en los integrantes de cada mesa y dichas descripciones las ha realizado la novia en forma de frases algo vagas para mi gusto. Me pidió que le haga tres diseños de prueba (en distintos estilos) para presentarle a la pareja y luego me confirmaran la contratación y sobre que diseño. No me dio mucho tiempo para entregarle las muestras, pero está muuuuy bien pago. Le pedí que me envíe lo antes posible un boceto del “diseño” general de la boda (sobre todo centros de mesa, decoración y el vestido de la novia, aparte de fotos del lugar) y también de la casa para conocer sus gustos (la casa es gigante y un poco “modernosa” para mi gusto, pero muy bella y ella también). Las frases que me mandó son: “renacer espiritual”, “capricornio” y la más linda “tienes líneas de luna, caminos de manzana. Desnuda eres delicada como el trigo desnudo”. Basta por hoy. P.D.: Hoy casi me muero de la incredulidad, pero Mani cocinó la cena. Jueves 7 de Mayo 2020. Si bien habíamos ya organizado que hoy me acercaría sola a controlar por la mañana mi útero y Mani por la tarde sus folículos, hubiese preferido haber ido juntas así después no me las tendría que haber enfrentado sola con la noticia, ni tener que transmitírsela por teléfono nublando el humor de su tarde (tampoco podía esperar a decírselo en persona, ya que se enteraría en el centro y no de mis labios). El lado amable es que voy a tener que dejar de tomar la mitad de las cosas que estoy tomando, específicamente aquellas que son para coordinar nuestros ciclos (digo coordinar, por no decir “inventar” el mío), ya que mi útero disminuyó el ritmo de crecimiento, que si bien no es nada malo e incluso es algo que suele suceder, nos complica los tiempos. Ya sabíamos que era una suerte de apuesta el comenzar la estimulación de Marian tan temprano, pero no queríamos dejar de perder más oro que es el tiempo que tenemos. Me informaron que si bien siempre es más conveniente hacer la anidación de un embrión “fresco”, la crio preservación está muy avanzada y no hay de qué preocuparse (cuantas veces ya escuche eso este año). Así que luego de hacer los embriones y dejarlos desarrollarse entre tres y cinco días, los van a crio preservar hasta que mi útero esté listo. Lo bueno es que el crecimiento folicular de Mani viene muy bien: hay unos diez u once que tienen potencial. Mientras esperaba afuera a que baje Héctor toco el timbre de otro psicólogo (se ve que hay varios en el edificio) un hombrecillo particular: muy flaco, con ropa amplia de colores opacos y con pelos largos y quebradizos que colgaban sueltos hasta un poco por debajo de los hombros, que, por su postura algo encorvada y su constante mirar el piso, lograban esconder su rostro casi todo el tiempo. Al tiempo que Héctor bajaba del ascensor y caminaba para abrirme, el sujeto indicó a su interlocutor que ahí subía que estaban abriendo. Nos saludamos con Héctor camino al ascensor con el hombrecillo caminando detrás y una vez dentro, Héctor sin prestarle particular atención le pregunto al hombrecillo si iba a subir (a mí que lo estaba observando me dio la sensación de que quería esperar otro ascensor) pero lo hizo (por confusión) de la siguiente manera: “¿sube usted señora?”. El señor subió sin pronunciar palabra y clavando todo el tiempo su mirada en el suelo. Dos pisos antes de nuestro destino frenó el ascensor, y antes de bajar el hombre alzó la mirada clavándola en Héctor y le dijo con enojo e indignación: “¡qué malicioso que es usted, se ve que se levantó con ganas de arruinarme el día!” y salió cerrando el ascensor de un portazo. Ya en el consultorio fue muy raro verlo a Héctor incómodo e intentando justificarse ante la situación. Ya que me explicaba que no lo había mirado directamente y que tenía toda la cara cubierta de pelos y como eran largos pensó que era una mujer, pero que le pareció muy exagerada la reacción, que vaya a saber que le pasaba a ese hombre. Yo asentía, pero para mis adentros pensaba que quizá el tipo tenía alguna cosa grave, y él sin querer a lo mejor le había arruinado todo el progreso que este hombre podía haber hecho en la terapia y que quizá le puede haber dificultado el trabajo a su colega. Hoy no fue muy interesante la sesión que digamos. Me parece que todo este incidente puso la situación algo incómoda. Lo que sí he de destacar, es que parece que en mi inconsciente hay una parte que piensa (si es que funciona así) que un bebé puede venir a “completar” la familia que quería mi mamá, ya que mi hermano no tenía esa labor: si él no quería tener hijos o era rebelde era entendible. Basta por hoy. P.D.: ¿Qué será ahora de este hombrecillo? Viernes 8 de Mayo 2020. Ayer noche en la cama decidimos con Mani ir a pasar el fin de semana al Tigre al spa que no pudimos ir la pasada vez. Seguramente vengan momentos de estrés y pensamos que es bueno aprovechar la oportunidad. Esta mañana llamó para ver de ir a hacer otro control hoy, así tenemos todo el fin de semana libre. Quedamos en que hoy terminaré los tres diseños, ya que me dieron plazo hasta el Lunes. Igualmente ya tenía en mente que es lo que quería hacer. Fue bastante trabajoso porque entendí que le gustan los detalles, pero quedé satisfecha. Noté mientras estaba llegando a terapia, que lo estaba haciendo con alegría y me dio mucho cariño. Hoy a diferencia de lo usual, que es dejarme empezar a hablar o soltar una expresión que me invite a contar lo que se me ocurra, me preguntó (retomando lo que habíamos trabajado ayer) en que otras cosas sentía que mi madre hacía diferencia entre mí y mi hermano. “Yo tenía que hacer más cosas” le dije “es cierto que mi hermano tenía que estudiar para ser inteligente, pero como era hombre no tenía más que tener el órgano sexual colgando para afuera, para lograr tener más concesiones. Por el contrario, yo no sólo tenía que ser linda, en tanto a que tenía que ser coqueta y estar aseada, sino que también tenía que ser inteligente. Eso me parecía injusto, porque mi hermano siempre tenía menos cosas que hacer, no de hacer en el sentido de acción ya que en esas cosas mis padres (ambos) eran bastante estrictos. En que ordenemos después de usar, o levantar cada uno lo que utilizó en la mesa, sino de mandatos como decís vos.” Ante su pedido de que le expliqué a que me refería le dije: “por ejemplo esto de estar siempre aseada. Cuando volvíamos de jugar de la calle todos transpirados, mi hermano podía estar sucio hasta antes de cenar (si no lo hacía ahí sí que se le armaba), pero a mí me mandaban a baǓarme apenas entraba. Nunca me preguntaban a qué habíamos jugado o si me había divertido, sino que me mandaban a la ducha y si yo quería contarles me decían que después del baǓo les dijera (que era en vano, porque cuando terminaba mi hermano les había contado todo).” “Igual peor era cuando crecí un poco, porque casi no comía nada, por lo que estaba re flaca (si bien no podía verlo). Sin embargo, ahora que estaba como mi madre quería, parecía que no lo notaba, no me decía nada al respecto”. En el primer silencio, Héctor me inquirió si mi mamá me atosigaba con el peso o me realizaba comentarios al respecto. Le dije que no, que no me hablaba sobre el peso sino que tenía que estar presentable y cuidarme. “Entonces parece que más que estar como quería tu mamá –me dijo- te revelabas y dejabas de cuidarte y me parece que te angustiaba (y todavía te angustia por lo que percibo) que ella no lo notara y de alguna manera invalidaba tu rebelión, porque no era registrada como tal.” Nunca lo había pensado así, le contesté: “puede ser. Al menos por un tiempo, porque después cuando ya estaba “saliendo”, por decirlo de alguna manera, de la anorexia seguía estando muy flaca y me decía que tenía que comer más grasas, porque la mujer para embarazarse necesita más “reservas” y más yo por carecer de caderas anchas”. Después le pude expresar (aunque con mucho esfuerzo, puesto que sólo me podía expresar de manera confusa, sentía mucho calor en la cara y también como si tuviera una guillotina en la garganta que cortaba mis oraciones antes de salir y sólo quedaban palabras sueltas), que después de la operación tuve una imagen de que estaba recostada sobre la tumba de mis padres y me tragaba la tierra y yacía junto a ellos sin haber dejado descendencia. Me solicitó que le describa la imagen con más detalle pero no pude y me empecé a angustiar, empero en vez llorar me puse a reír. Basta por hoy. Lunes 11 de Mayo 2020. Mi estimado compañero de aventuras he re retornar a tus páginas luego de haberte olvidado en casa. No lo toméis a mal, pero ha sido muy grato poder estar panza para arriba, recibiendo masajes y sin cocinar todo el fin de semana. Estoy muy, pero muy satisfecha. Me respondió Erik el wedding planer para confirmarme el trabajo. Me dijo que a la novia le encantaron todos los diseños, pero el estilo que más le gusto es el de “capricornio” (hubiese apostado que sería el de “desnuda”), así que ya me paso las 50 frases. En realidad 48, porque el de capricornio queda así y el de desnuda dijo que también lo deje que no había mucha diferencia de estilo (no sé si estoy del todo de acuerdo, pero entiendo a que hace referencia). Hay algunas que me causaron mucha gracia, pero una me hizo reír por cinco minutos sin parar: “los soronguis de Amelie”. No sé qué carajo voy a hacer con eso, pero me dio ya muchas satisfacciones, ahora mismo vuelvo a llorar de la risa. A la tarde fui al psicólogo y comencé contándole lo que soñé el pasado viernes después de la sesión: “estábamos en el cementerio y teníamos que elegir nuestras futuras tumbas porque se estaban acabando. Sólo quedaban en una suerte de cripta de esas que son agujeros en la pared. Mi hermano y mi papá habían ido al sector de hombres y en el de mujeres quedaban pocas. A mi mamá le daba miedo probarla ella así que me metía yo: tenía que ser en posición fetal. Cuando salía me enteraba que como había perdido tiempo probando esa, el resto se había ocupado. Mi mamá estaba preocupada de que yo me quedara sin lugar, pero a mí no me molestaba: le decía que me iba a tirar a dormir ahí en el piso, que igual me iba a dormir y no me iba a dar cuenta de nada”. Sin que Héctor me preguntara nada, le dije que me parecía que estar en la tumba era como si tuviera que haber pasado por la panza de mi madre antes de que ella pudiera tener la tumba. También que me parecía que no había más porque no me quedan más familiares, o que quizá pueda ser porque mi tumba tenga que estar en el área de hombres, no sé, le dije que eso me parecía más “racional” por decirlo de alguna manera, pero no se me ocurría por pensar en el sueño. Además me daba algo de placer que mi madre se preocupara porque no iba a tener un “lecho” fúnebre. Héctor me hizo un par de puntualizaciones. Me llamó primero la atención por lo de “lecho” en vez de nicho y le dije que, si bien la palabra lecho siempre me hizo acordar a los cementerios, o más precisamente a la procesión previa al entierro, también puede ser porque ambos de mis abuelos habían muerto en la misma cama matrimonial. Por otra parte hipotetizó que tanto la risa que floreció abonada en la angustia, en el último encuentro, como este sueño que tuve esa misma noche manifiestan un triunfo (o algo así, me olvidé la bitácora para anotar) sobre mi madre. Interpretó que el ataúd era el seno materno y que mi madre tenía un lugar por haber tenido hijos, y que yo “revelándome” a su deseo no tenía espacio allí por no dejarle (a ella) descendencia. Le pregunté si entonces yo sólo quería tener hijos porque me lo pedía mi madre, y como puede ser entonces que me haya puesto tan mal cuando me enteré que no iba a poder poner mis óvulos. Y además que si quisiera vengarme de ella, no usaría la genética de uno de sus hijos. Me respondió que no es que haya un pensamiento tan lineal, sino todo sería más fácil. Por el contrario sólo estamos intentando de descomponer lo que hay detrás de las cosas que nos parecen obvias o simples y que además no significa que haga todo sólo en relación a mi madre. No es que hay una sola explicación o motivación, sino que, acompañado al duelo de no poder usar mis óvulos, que es totalmente esperable y que por el contrario sería preocupante que no acontezca, van entrelazadas un montón de cosas, como miedos, fantasías etc. y que lo que intentamos de ver en éste espacio es cómo se juega eso para poder entenderlo y que en ese proceso uno sale posicionado distinto. Basta por hoy. P.D.: Mañana vamos juntas, Mani se toma el día. Martes 12 de Mayo 2020. Como si tuviese 10 años y fuésemos de campamento, así me desperté esta mañana. Mani por su parte estaba un poco preocupada por la anestesia, intentaba no darle lugar a la preocupación y mostrarse fuerte. Pero la conozco y sé que teme que se repita lo que había pasado cuando operaron a su abuelo, que al despertar luego de la operación estuvo toda la maǓana delirante y agresivo y tuvieron que atarlo para que no se desgarren los puntos de la operación. Una vez llegadas mientras ella se preparaba, nos preguntaron si queríamos que yo estuviese presente (lo que llamó mucho mi atención, no sé por qué) y Mani me pidió que así fuera. Pensé que me iba a dar impresión, pero no, tal como había investigado estaba sólo esa pantalla inentendible. La buena noticia es que sacaron ¡10! ovocitos para inseminar. Ahora una vez inseminados por inyección intracitoplasmática van a esperar cinco días y después los van a crio preservar hasta que puedan implantármelo, que según parece puede llegar a ser en una semana o diez días. ¡Qué emoción! Mientras aún dormía Mani, aproveché a llamar a mi hermano para pedirle que le compre él el regalo de cumpleaños y el vino que le gusta a Mani, el que está basado en una película de Felini. Le pedí que averigüe él el nombre y me confirme, que me olvidé porque es complicado. Cuando Mani despertó intenté hacerle una broma diciéndole que estuvo dos horas delirando, pero enseguida me puso cara de traste y frené antes de que se enoje. Para apaciguar su cólera le indiqué contenta que habían sacado diez y se unió a mí en alegría. Una vez en casa nos tiramos a dormir la siesta y se ve que venimos acumulando estrés, porque seguimos derecho hasta las siete y media de la tarde. Nos levantamos súper relajadas y con ganas de seguir durmiendo. Ni fuerzas (ni ganas) para cocinar tuve, así que pedimos delivery. Intenté no desviarme demasiado de la dieta pidiéndome empanadas de verdura, pero no veo la hora de que lleguen y retornar a la catrera. Basta por hoy. P.D.: Mañana sólo vienen los padres de Mani, mi hermano y su amiga la veterinaria que el fin de semana no puede porque estará de viaje. P.P.D.: Asa Nisi Masa. Martes 9 de Junio 2020. Hoy querido diario he de confesarte que tampoco tengo ganas de escribir, pero hace tanto que no lo hago... Desconozco el motivo mas percibo que me envuelve una bruma invisible de pesadumbre y desesperanza. Es como si cada gota de tinta que se desliza por la redondeada punta de mi Parker, fuera en realidad mi propia sangre y, con cada palabra que te regalo, desfallecen mis fuerzas. Desgarrada está hoy mi alma y es el cuerpo el que sufre por los intentos de mantenerla unida, en frágil equilibrio. ¿Alguna vez llegaré a comprender cómo permite la naturaleza que un cuerpo sólo albergue tanto dolor? Si existiera un Dios, no dejaría que un vacío duela más que mil azotes. Quiero disolverme en el viento y quemar mi espíritu en los rayos del sol, pero la carne es densa y terrenal, la gravedad ha duplicado su atracción sobre mi pecho pero mi corazón no quiere dejar de latir: insiste terco en ritmo monocorde en separarme de mi madre, en separarme de mi padre, en separarme de mi hermano, porque no tengo el coraje de dejarme morir. Basta por favor, basta. Miércoles 10 de Junio 2020. Por primera vez en semanas pude hablar más que solo unas palabras en terapia. Sin embargo cada día que fui, me fue útil. El sólo hecho de su presencia, el acompaǓar en silencio mi dolor, el poder sostenerme aun mostrándose vulnerable es una deuda que no creo nunca poder pagar. Sin embargo hoy le expresé que el número siete se me aparece cada día en sueños y pensamientos, que esos siete pedacitos de mi hermano están en el frío esperando nacer. Que quiero traer a la vida a todos los que pueda. Que no quiero esperar más, no quiero correr el riesgo que después no me dejen. Me dijo que nadie me va a sacar nada y que si bien no es este el caso, si en vez del donante fuera uno de los comitentes quien fallece, no hay legislación al respecto pero sin embargo se suele hacer lo que indicaba el boceto del código civil, que es esperar hasta un año porque contempla que tiene que haber un proceso de duelo, y que lamenta tener que expresármelo de manera tan directa, pero independientemente de lo que habilite o no la legislación no cree que deba hacer nada de momento, pues teme por el lugar que esos hijos puedan llegar a ocupar para mí si me apresuro a hacer cualquier cosa ahora. Me enojé terriblemente y comencé a gritarle cosas que ni puedo reproducir aquí. A medida que le gritaba sentía latir las venas de mis sienes, la cara iba incrementado su temperatura y mi garganta rasposa siempre a punto de explotar ahogaba cada vez más mis gritos hasta quitarme la voz. Después rompí a llorar desesperadamente, sentí que me iba a desmayar y me tire sobre la alfombra a abrazar sus pies, mi boca áfona profería: no entiendo, no entiendo ¿por qué? no entiendo. Él me levanto y me abrazó, vi una lágrima surcar su mejilla y me inundo la culpa. Mis labios intentaron expresárselas pero no lo lograban, sólo mis ojos pudieron hacerlo. Desde muy niña, recuerdo haber tomado conciencia de que debía protegerte, puesto que, por tu forma de ser colérica y tempestuosa, tenías una capacidad innata para hacerte daño. Tal vez por ese amor y cuidado (que no siempre te gustaba), tempranos es que se forjó entre nosotros un hilo invisible, pero inquebrantable, de compañerismo y cuidado, de cariño y amor. Ya más grande tu temperamento se fue apaciguando y tus formas se rigidizaron, para mi sorpresa. Sin embargo nunca cambió el sentimiento. Es cierto que, muchas veces luego de que papá y mamá partieron, me sentí frustrada al percibir que no podía atravesar tu muralla, y que tú, tras ella, hubieses querido abrazarme. Hoy hermano haz de saber que ese hilo aún sigue inquebrantable como siempre, mas sólo queda un extremo. * Esta serie de textos se produjeron durante la cursada de la materia práctica 824 “El rol del psicólogo en el ámbito de las tecnologías de reproducción humana asistida” de la facultad de psicología de la Universidad de Buenos Aires, con motivo de exposición de los conocimientos adquiridos, a través de una narrativa y tema a elección. Lamentablemente el texto final que intentaba dar cierre a algunos de los interrogantes dejados en la trama de la historia se perdió y no pudo ser publicado. Bibliografía Ariza, L. (2014). "La construcción narrativa de la infertilidad. Mujeres que narran la experiencia de no poder concebir." Sexualidad, Salud y Sociedad -Revista Latinoamericana 18: 32. Barrangou, R., C. Fremaux, H. Deveau, M. Richards, P. Boyaval, S. Moineau, D. A. Romero and P. Horvath (2007). "CRISPR provides acquired resistance against viruses in prokaryotes." Science 315(5819): 1709-1712. Bottaccioli, F. and A. G. Bottaccioli (2016). Psiconeuroendocrinoimmunologia e scienza della cura integrata. Il manuale, Edra. Bianco, S., V. Agrifoglio, F. Mannino, E. Cefalu and E. Cittadini (1992). "Successful pregnancy in a pure gonadal dysgenesis with karyotype 46, XY patient (Swyer's syndrome) following oocyte donation and hormonal treatment." Acta Europaea Fertilitatis 23(1): 37-38. Costa, T., M. Lambert, I. Teshima, P. N. Ray, C. L. Richer and L. Dallaire (1998). "Monozygotic twins with 45, X/46, XY mosaicism discordant for phenotypic sex." American journal of medical genetics 75(1): 40-44. Couto Núñez, D., D. Nápoles Méndez and H. L. M. Ferrer (2012). 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- Zulma Margarita / Teresa Arce
Zulma Margarita creció en la campana cerca de unos silos de chapa donde quieren armar estudios tipo hollywood pampeano cuando era chica su mamá y tía estaban en la cocina lunes y miércoles caldo de huesos los domingos amasan la pasta la cocina a leña está encendida desde el mate de las siete hasta pasado el mediodía cuelgan cascaras fermentos en cacharros no pierden calor cuenta Zulma Margarita que su suegro se comía lo amarillo del borde de la olla y vivió hasta los cien años **** la casa enredadera me agarra amarra arma nido en sus huecos Zulma Margarita trenza atrapa sueños de hilos dedos ramas danza suspendida al giro del viento _____________________________________ De “Caldo de Huesos” Teresa Arce, 2019.
- Las lunas / Paula Jiménez España
1 La tarde que declina, subibaja, me impulsa cautamente hacia la altura. No saben nunca en qué momento aparecí, ni cuándo me difumina el día y les parezco un sueño un tiempo de penumbras la faz oculta de la realidad. Con el disfraz del agua me sumerjo llena, pero disuelta como el sodio. Una más en el cardumen rastrero de los fondos pez linterna que alumbra los tesoros extraviados para traerlos a la superficie. Que vengan a buscarlos las insomnes, las convulsas y las concebidas en la hora espesa de la noche. Yo soy todas ustedes, lobas mías. Roja, negra, de fuego: la poesía trabaja con mi luz. 2 (la ilusión) No era vanidad, sino embeleso lo que volvía a mí con la promesa de quedarse. Pensé que era de otra aquella cara que en el flujo cristalino de ese río se hacía y deshacía, simultánea. Amor fue ver el velo y el reflejo que hizo doble la nube acariciada. No fue la espalda ni el exceso de un cuerpo que se iba por sus huecos lo que toqué esa noche. Tampoco la suciedad del corazón, herida su esperanza. No palpé el hueso desgranado de la vida que iba perdiendo su vigor doliendo. No. Lo que toqué era agua. * publicado en "La suerte" (2021) Editorial Caleta Olivia.
- Yo Quisiera Ser / Fernando Noy
Yo quisiera ser agua mineral para darle sed a B. Yo quisiera ser vino para embriagar a B. Yo quisiera ser puntilla para el corset de B. Yo quisiera ser desierto para las huellas de B. Yo quisiera ser caramelo para que me muerda B. Yo quisiera ser cortina para espiar a B. Yo quisiera ser tijera para recortarle la sombra a B. Yo quisiera ser incienso para embrujar a B. Yo quisiera ser discoteca para que baile B. Yo quisiera ser concurso para darle el primer premio a B. Yo quisiera ser bombacha para que me sude B. Yo quisiera ser pez para morder el anzuelo de B. Yo quisiera ser crucigrama para que elucubre B. Yo quisiera ser avión para que vuele B. Yo quisiera ser diccionario pero en la página B de B. Yo quisiera ser luna para platinar a B. Yo quisiera ser fuego para enrojecer aun más a B. Yo quisiera ser gallina para que me deshove B. Yo quisiera ser aguja para pincharlo a B. Yo quisiera ser un cesto para que se arroje B. Yo quisiera ser sexto para que el quinto sea B. Yo quisiera ser tubérculo para llamarme B. Yo quisiera ser gastronómico para meterlo en la olla a B. Yo quisiera ser café para despertar a B. Te lo juro por Batato. *escrito en 1990, recitado por su madre en diversas ocasiones y publicado en Te lo juro por Batato. Biografía oral de Batato Barea. Fernando Noy - 2a ed . - Libros del Rojas, 2020.
- ¿Quién defiende al niñx queer? / Paul B. Preciado
Los adversarios de la propuesta de enmienda de ley de matrimonio homosexual y de la extensión de la adopción y de la procreación médicamente asistida a las parejas homosexuales manifestaron en Francia el 13 de enero de manera multitudinaria: más de 600000 personas juzgaron pertinente salir a la calle para preservar su hegemonía político sexual. Este ha sido el mayor outing nacional de heterócratas. Católicos, judíos y musulmanes integristas, los católicos supuestamente “progres” representados por Fridige Barjot, la derecha liderada por François Copé, los psicoanalistas edípicos, los socialistas de la diferencia sexual e incluso buena parte de la izquierda radical se han puesto de acuerdo para hacer del derecho del niño a tener un padre y una madre el argumento central que permitiría limitar los derechos de los homosexuales. Sus últimas manifestaciones públicas se han caracterizado por los lemas injuriosos y por la violencia de sus “servicios de orden”. No es extraño que defiendan sus privilegios con un hacha de guerra en la mano. Lo que resulta filosófica y políticamente problemático es que lo hagan en nombre de la defensa de la infancia. sin embargo resulta inadmisible que sean los niños los que tengan que llevar el hacha. El niño que Frigite Barjot pretende proteger no existe. Los defensores de la infancia y de la familia invocan la figura política de un niño que construyen de antemano como heterosexual y género-normado. Un niño al que privan de la energía de la resistencia y de la potencia de usar libre y colectivamente su cuerpo, sus órganos y sus fluidos sexuales. Esa infancia que pretenden proteger está llena de terror, de opresión y de muerte. Frigite Barjot juega con la ventaja de que al niño no se le considera capaz de sublevación política contra el discurso de los adultos: el niño sigue siendo considerado como un cuerpo que no tiene derecho a gobernar. Permítanme inventar retrospectivamente una escena de la enunciación, responder como el niño gobernado que fui un día y proponer otra forma de gobierno de los niños que no son como los otros. Yo fui un día el niño al que pretende proteger Frigide Barjot. Y me sublevo ahora en nombre de los niños a los que su falacioso discurso se dirige. ¿Quién defiende los derechos del niño diferente? ¿Los derechos del niño al que le gusta vestirse de rosa? ¿De la niña que sueña con casarse con su mejor amiga? ¿Los derechos del niño homosexual, del niño transsexual o transgénero? ¿Quién defiende los derechos del niño a cambiar de género si así lo desea? ¿Los derechos del niño a la libre autoderminación de género y sexual? ¿Quién defiende los derechos del niño a crecer en un mundo sin violencia de género y sexual? El invasivo discurso de Frigide Barjot y de los protectores de los “derechos del niño a tener una madre y un padre” me devuelve tristemente al lenguaje del nacionalcatolicismo de mi infancia. Nací en la España franquista y crecí en una familia heterosexual católica de derecha. Una familia ejemplar que los Copeistas podrían erigir en emblema de la virtud moral. Tuve un padre y una madre que operaron virtuosamente como garantes domésticos del orden heterosexual. En los actuales discursos franceses contra el matrimonio homosexual y la adopción y la procreación asistida reconozco las ideas y los argumentos de mi padre. En la intimidad del espacio doméstico, mi padre ponía en marcha un silogismo que invocaba la naturaleza y la ley moral y acababa justificando la exclusión, la violencia e incluso la muerte de los homosexuales, travestis y transexuales. Empezaba a menudo con “un hombre tiene que ser hombre y una mujer mujer, así lo ha querido dios,” continuaba con “lo natural es la unión de un hombre y una mujer, por eso los homosexuales son estériles”… Al final venía la implacable conclusión: “si tengo un hijo maricón lo mato.” Y ese hijo era yo. El niño que Fridige Barjot pretende proteger es el efecto de un insidioso dispositivo pedagógico, el lugar de proyección de todos los fantasmas, la cuartada que permite al adulto naturalizar la norma. La biopolítica es vivípara y pedófila. Está en juego el futuro de la nación heterosexual. El niño es un artefacto biopolítico que permite normalizar al adulto. La policía de género vigila las cunas para transformar todos los cuerpos en niños heterosexuales. O eres heterosexual o lo que te espera es la muerte. La norma hace la ronda alrededor de los recién nacidos, reclama cualidades femeninas y masculinas distintas a la niña y al niño. Modela los cuerpos y los gestos hasta diseñar órganos sexuales complementarios. Prepara e industrializada la reproducción, de la escuela al parlamento. El niño que Frigite Barjot pretende proteger es el hijo de la máquina despótica: un naturalista miniaturizado que hace campaña por la muerte en nombre de la protección de la vida. Recuerdo el día en el que en mi colegio de monjas Reparadoras, la madre Pilar nos pidió que dibujáramos nuestra familia en el futuro. Tenía siete años. Me dibujé en pareja con mi mejor amiga Marta, con tres hijos y varios gatos y perros. Yo había diseñado mi propia utopía sexual en la que regía el amor libre, la procreación colectiva, en la que los animales gozaban de estatuto humano. Pocos días después, el colegio envió una carta a mi casa aconsejando a mis padres que me llevaran a visitar a un psiquiatra para atajar cuanto antes un problema de identificación sexual. La visita al psiquiatra vino acompañada de fuertes represalias. Del desprecio de mi padre y de la vergüenza y la culpabilidad de mi madre. Se extendió en el colegio la idea de que yo era lesbiana. Una manifestación de Copeistas y Frigide Barjotianos me esperaba cada día al salir de clase. “Puta tortillera”, me decían, “Te vamos a violar para enseñarte a follar como dios manda.” Tuve padre y madre y sin embargo no fueron capaces de protegerme de la represión, del oprobio, de la exclusión y de la violencia. Lo que mi padre y mi madre protegían no era mis derechos de “niño” sino las normas sexuales y de género que ellos mismos habían aprendido con dolor a través de un sistema educativo y social que castigaba toda forma de disidencia con la amenaza, la intimidación e incluso con la muerte. Tuve padre y madre pero ninguno de ellos pudo proteger mi derecho a la libre autodeterminación de género y sexual. Yo huí de ese padre y esa madre que Frigide Barjot hubiera querido para mí, porque de ello dependía mi supervivencia. Así que aunque tuve padres, la ideología de la diferencia sexual y de la heterosexualidad normativa me privó de ellos. Mi padre se vio reducido a un representante represivo de la ley de género. A mi madre la despojaron de toda función que excediera la de útero gestante y reproductor de la norma sexual. La ideología de Frigite Barjot (articulada entonces por el nacionalcatolicismo franquista) me privó del derecho a tener un padre y una madre que pudieran amarme y protegerme. Nos ha costado muchos años, muchas broncas y muchas lágrimas superar esa violencia. Cuando el gobierno socialista de Zapatero propuso en 2005 la ley del matrimonio homosexual, mis padres, que siguen siendo católicos practicantes y de derecha, votaron socialista por primera vez en sus vidas. No lo hicieron únicamente por defender mis derechos. Sino por su propio derecho a ser padre y madre de un hijo no-heterosexual. Por su derecho a la paternidad de todos los hijos, independientemente de su género, sexo, u orientación sexual. Mi madre confiesa que fue ella la que arrastró a mi padre, más reticente, hasta a la manifestación y a las urnas. Me decía: “Nosotros también tenemos derecho a ser tus padres.” No nos engañemos. Los manifestantes del 13 de enero no defienden los derechos del niño. Protegen el poder de educar a sus hijos en la norma sexual y de género, como presuntos heterosexuales, dándose el derecho de discriminar toda forma de disenso o desviación. Lo que es preciso defender es el derecho de todo cuerpo, independientemente de su edad, de sus órganos sexuales o genitales, de sus fluidos reproductivos y sus órganos gestantes, a la autodeterminación de género y sexual. El derecho de todo cuerpo a no ser educado exclusivamente para convertirse en fuerza de trabajo o fuerza de reproducción. Es preciso defender el derecho de los niños a ser considerados como subjetividades políticas irreductibles a una identidad de género, sexual o racial. París, 13 de enero 2013 * publicado en Un apartamento en Urano. (2019) Anagrama, Barcelona 2019
- ManiFiesta "Populismo Rosa" (2019) / Sudor Marika
Por qué seremos tan sirenas, tan reinas abroqueladas por los infinitos marasmos del romanticismo tan lánguidas, tan magras Por qué tan quebradizas las ojeras, tan pajiza la ojeada tan de reaparecer en los estanques donde hubimos de hundirnos salpicando, chorreando la felonía de la vida tan nauseabunda, tan errática Néstor Perlongher. La cumbia puede ser la fuerza de una pueblada por venir. Música que entra fácil, aunque algunas de sus letras tengan la virtud de corroer oídos. La puta, la marika, la rapidita. No te das cuenta y ya estas moviendo el pie. Entra al toque, es bien gauchita, popular. El nombre del disco, Populismo rosa, surge a partir de una idea que un varón cis heterosexual militante convidó en los comentarios de una entrevista que nos hicieran pocos días después del lanzamiento de Las yeguas del apocalipsis. Un varón frunce el seño, entrecierra los ojos y lanza al aire esa pregunta: «¿Qué es esto? ¿Qué es esta mierda de Sudor Marika?». A continuación escupe el comentario acusatorio atiborrado de sentencias lapidarias: «funcional al mercado como Queen y Village People, la proxeneta de lujo Madonna y la ‘transgresión’ cultural queer. Mero populismo “rosa” bien berreta»1. Entrenadxs para convertir la injuria en bandera de guerra, abrazamos esa idea con entusiasmo. Intentamos sacudirla, conmoverla, toquetear su afinación. ¿Qué es eso que tanto molesta? Eso que provoca el odio visceral, la respuesta reactiva, el deseo de extinción, ¿será acaso lo mismo que suscita ese desborde gozoso que palpita en las fiestas? Un derroche irreverente que jamás pide permiso. Puro despilfarro, berreta y popular. ¿Qué otras palabras concentran tanta historia, tantos sentidos, tantas tensiones, como «populismo»? Para los gerentes de la miseria es puro insulto. Entre tanto, decimos que es palabra que nombra, también, una irrefrenable sed de vida. A menudo se nos reprocha por demasiado intensxs, demasiado escandalosxs, demasiado putas, demasiado demostrativxs, demasiado furiosxs, demasiado todo. Exceso, exageración, catarata de afectos inoportunos. Furia de heridas que no callan. Celebración, derroche, gasto; libre de deuda. Es que no le debemos nada a nadie. No hay deuda perpetua e impagable. Y aunque por momentos el populismo se quiera o se perciba religioso, nos encanta su ateísmo. Así lo sentimos. Nada de sacrificio. Nada de esforzarse para llegar, nada de meritocracia. Ninguna deuda que pagar. Y no sabemos si fue magia, brujería, gualicho o lo que sea. Pero cada vez que la derecha diga que «alguien tiene que pagar la fiesta», contestaremos: «¡¿Qué?! ¡¿Qué fiesta?! ¡Si esto recién empieza! ¡Acabamos de recibir el flyer de la previa!» Enfangadxs en sus sueños de pureza, les decimos que vivimos corrompidxs, que no hay estado de normalidad que esperemos recuperar. ¡Pureza 0! Aunque, cuidado, ¡claro que también esperamos la lluvia de inversiones!:que vengan lxs invertidxs, que todo se de vuelta de una vez. El discurso de la transparencia y la incorruptibilidad no puede más que estar sostenido por gerentes de las muertes. Manos manchadas de sangre, lavadas con discursos vacíos. Ni transparencia ni números exactos. Opacos garabatos. Trazos vagos, mamarrachos, borradores que no buscan la forma ideal. Nos queremos yeguas, indómitas, vivas y desendeudadas mientras llenamos los signos más queridos del populismo de glitter. De la «Pesada herencia» a la cuidada errancia. ¡Fuera de todos los closets! «¿Qué es esto de universidades por todos lados?», dice la derecha. «¡Están vacías!» «¡Es puro gasto!». ¡No están vacías! ¿Y no se enteraron, todavía, que no sólo queremos trabajar para el presente sino también para un pueblo por venir? Inventamos bancos para estudiantes imaginarios mientras lxs gerentes del ajuste aniquilan vidas presentes para que cierren números. Escuchar el murmullo del pueblo que no existe, no con el cálculo estadístico del timbrazo, no con la frialdad especulativa del focus group. Aullar en lenguas desconocidas. Inventar oídos, memorias y cuerpos que no existen. Nada de optimismo y de esperanza ciega. Por estos días el sabor de nuestras bocas es amargo. Todas las decisiones que hicieron más vivibles los días –aún aquellas más queridas, las que abrazamos y defendemos– se sienten como políticas de reducción de daños. Nos rehusamos a pensar que lo vivido sea el techo de lo posible. Nos rehusamos a pensar que eso que se nombra como «avance del fascismo» sea un movimiento que marcha hacia adelante, sin más, como si se tratara de un destino inexorable. Creemos que no es posible propiciar una interrupción sin incomodarnos, sin trazar alianzas con aquellxs con quienes aunque tal vez no compartamos exactamente la misma visión del mundo, sí compartimos el deseo de inventar otros paisajes más habitables para todxs. Más aún para lxs desertorxs de las normalidades y para todas las existencias portadoras de precariedades que el mismo sistema produce; cuerpos acostumbrados a caminar entre las brasas y encantar infiernos. Tal vez sea necesario afirmar las diferencias sin hacer crecer muros impenetrables; mantenernos cerca sosteniendo las tensiones. No esperamos que todxs vibren con los signos que ha lanzado y lanza el populismo sino más bien con un grito antifascista y con el deseo de inventar lo que no existe. Que ese grito nos acerque sin cancelar las distancias. Mantenernos en ese umbral incómodo que tironea por todos lados. Que podamos ensayar críticas a nuestros movimientos más queridos, aquellos que entusiasman, apasionan, que dan aire y que también están hechos de la miseria que nos habita y habitamos. Necesitamos ficciones que alojen lo heterogéneo, lo vulnerable, lo precario. Ficciones capaces de expandir lo posible, de acoger lo extraño, de avivar las llamas. Ficciones que agiten los cuerpos, que hagan sudar las caderas, y qué también custodien la pereza, la calma y el silencio. Que interroguen lugares comunes minados de slogans y estribillos de autoayudas. Ficciones para arrasar cuatro años de saturación de marketing emocional. ¿Cómo interrumpir? ¿Cómo interrumpir ese automatismo sensible que escupe, tras una percepción “x”, una certeza fascista? ¿Cómo pervertir la percepción? Cómo desconfiar de nosotrxs mismxs, cómo abandonar la máscara de la identidad por la que tanto hemos luchado, cómo estar permeables a las manadas que nos habitan y que no sólo piden nuevas luchas, nuevos amores, nuevos mundos, sino también pausas, silencios y retiradas. Cómo abandonar la ilusión que sostiene a esto que supuestamente somos para devenir otrxs, para renunciar a la monogamia con nosotrxs mismxs, e inventar un poliamor que no trate tanto de la cantidad de cuerpos que haya que amar, como de la disposición a estar en la vida de otra manera. ¿Cómo interrumpir el deseo de castigo que habita los cuerpos? ¿Cómo propiciar otros afectos que destronen el odio y la resignación que ha instalado esa nefasta «revolución de la alegría»? El odio a lxs migrantes, las «feminazis», las disidencias, los populismos, la yegua. Esclavxs del odio, saturadxs de (re)sentimientos que obturan el paso a otros afectos. Queremos compartir con quienes deliren maneras de interrumpir el odio, el horror. Crear imágenes, ficciones, relatos para desquiciar al presente. Yendo y viniendo de la trinchera de las identidades, también decimos que «no somos nada», porque si las palabras para nombrarnos son las que existen, si es la lengua de lxs enemigxs, preferimos el exilio, la nada, la finitud. No nos desvela ser una letra más reconocida por la norma, queremos que la norma caiga, como esa masa de injusticias que nombramos como «patriarcado», como el neoliberalismo, y más. Rosa sí, pink(washing) no: entendemos que la idea de «populismo rosa» como acusación alude al «pink washing». Estrategia de marketing que encontró el capitalismo para asimilar diferencias adaptándolas y desapropiándolas de su fuerza disidente e insurrecta. Un como si que busca aplastar desobediencias. No, no vamos a ser nosotras las que vengamos a lavar nada: si somos algo que sea ese «sudor que te avergüenza, por tu aburrida buena conciencia». De nuevo: nada de optimismo y esperanza ciega. La tierra rozada no es la tierra PROmetida. Habitamos una tierra arrasada. Vidas precarizadas que viven en el límite. No queremos alegrías reguladas, felicidad a cuentagotas ni técnicas para llegar al paraíso. No hay paraíso perdido, no hay nada que recuperar. La tierra prometida no existe. No hay comunidad a la que volver. Hay cuerpos de tierra, de agua, hay pieles: territorios a cuidar. Está la poesía intentado rozar instantes inapresables. Como la que Claudia Masin dedica a Milagro Sala; presa política, sensibilidad furiosa que habita un territorio ocupado por la derecha y que sigue injustamente privada de su libertad, a la vista de un pueblo anestesiado: En los pueblos anestesiados, adormecidos por un sol violento, cada vez que llueve se levanta de las calles de tierra una nube de vapor, un humo viejo que trae el olor picante de la pólvora vencida, disparada hace décadas sobre cuerpos desarmados o en enfrentamientos desiguales de cientos contra pocos, un humo que condensa el olor de todos los fuegos encendidos a la noche, jornada tras jornada, mes tras mes, año tras año, para asar la carne o calentar la comida que hubiera, unos junto a otros reunidos alrededor del fogón como luciérnagas que se han ido apagando para dejar su brillo en una caja que otros construyeron, sin agujeros por donde respirar porque no todos, se sabe, tienen derecho a la vida y a la belleza. Es denso ese humo y es tóxico, y se nos cierra la garganta cuando llega, porque guarda el olor corrosivo que se adhiere a los cuerpos de tanto andar juntando los desperdicios que otros dejan, la basura ajena, para seguir sobreviviendo. El olor de ese humo, a pobreza y a miedo, a veces crece y crece y llega a las ciudades ricas donde apesta más que nunca y hay que espantarlo con las manos como a un insecto. No tiene historia, no duele, a nadie le pertenece ese olor cuando entra a las casas y molesta, lo único que importa es apagarlo, taparlo, hacer que vuelva a donde pertenece, porque no se puede invadir la propiedad de los otros con la propia miseria. Sin embargo es más grande todavía el desprecio y el asco cuando esos hombres y mujeres un día se atreven a salir a las calles, a invadir el centro de ciudades que no fueron construidas para ellos: aunque han venido de tan lejos, y están sucios y cansados, no traen ese olor animal con ellos, no es pobreza ni miedo eso que los circunda como un halo imposible y los protege como una empalizada, como una fuerza torrencial y serena que los sostiene con la delicadeza con que debe ser sostenido algo que ha sido roto y recompuesto mil veces, algo a la vez infinitamente poderoso y frágil, porque ha conocido la experiencia de su propio derrumbe y ha vuelto. No es pobreza ni miedo, no están vencidos porque vienen cantando, se los oye desde lejos, nadie puede no oírlos, su canción tiene raíces tan hundidas en la tierra que a algunos les toca el corazón, les hace nacer una alegría que no conocían, tan intensa que pareciera que les rompe el pecho, pero en otros despierta una violencia incurable y quisieran arrancar ese canto y arrancarlos a ellos como a la mala hierba para que algo así, capaz de transmitir una esperanza tan tremenda, no pueda propagarse y contaminar a los demás, a los que bajan la cabeza y aceptan porque no saben, no les han dicho, nunca han escuchado una canción como esa. Que no existen los milagros es algo evidente. Pero sí existen algunos –poquísimos- seres con el coraje, la terquedad, la furia de insistir en lo que no se puede: caminan sobre el agua o multiplican los panes y los peces como si no estuvieran haciendo nada extraordinario, apenas lo justo, lo que tenía que ser hecho. Una sola de estas personas puede lograr que el mundo se ahueque como los ventrículos del corazón enorme y violento de las fieras del monte, cuyo latido retumba adentro de la tierra hasta que incluso los seres más mansos, más pequeños, lo escuchan y entonces despiertan y escapan de una vez y para siempre de su cautiverio2. Incomodarse con esos olores, estos sudores, estas irreverencias. Rozar la tierra: quemarla, prepararla para la próxima siembra. Entre el fuego que invita a empezar todo de nuevo y el desafiante llamamiento de otra Rosa (Luxemburgo) que grita que no hay modo de sentir la esclavitud sin inquietarse. Rosa que pincha, roza que quema, roza que esparce suavidades. ¡Sude y vuelve! Junio de 2019. 1 El comentario completo decía así: «Esta propuesta cultural es tan funcional al mercado rosa como lo fueron en su momento Queen y Village People, como lo sigue siendo la proxeneta de lujo Madonna y como lo es ahora toda la ‘transgresión’ cultural queer. No hacen más que perpetuar estereotipos ultrasexistas y denigrarnos con "glamour". ¿Esa gente es "de izquierda"? Mmmm... ¡Listo! soy un tarro de nutella, o yo qué sé, un tornillo... Sudor Marika no quieras vender gato por liebre :) Lo suyo es mero populismo "rosa" bien berreta :)» 2 Claudia Masin, Una canción como esa (A Milagro Sala) Inédito.
- Matar a mamá / Bernardo Kononovich
Cuando estoy de guardia los jueves, me instalo en esta antigua habitación que alguna vez fue la biblioteca y la oficina de admisión de este hospital. Me gusta mirar los viejos archivos que reposan en los estantes de roble, llenos de polvo y humedad, cargados de historias clínicas, informes y materiales aportados por los pacientes. Ese lugar solitario, sumido en el polvo del olvido tiene, para mí, un especial atractivo porque acoge historias narradas durante más de cincuenta años. Casi en todas las noches recorro los estantes sobre el que yacen antiguas enciclopedias fuera de moda, una sección de libros en francés y en inglés. También una docena de libros escritos en alemán. Así, en la penumbra de la vieja biblioteca, curioseando antigüedades, espero la llegada de la madrugada. El hospital está en silencio envuelto en un vaho penetrante. Hay un par de horas, ¿de tres a cinco? que por mi ventana se deslizan partículas portadoras de luz. Haces de luz, pequeñísimas fosforescencias. ¿Es una alucinación? No lo sé. Lo que sí sé es que son momentos únicos en los que logro concentrar una gran atención, una especie de agudeza extrema que me permite imaginar movimientos entre los papeles, en especial los que están anillados o entintados, manchados de amarillo viejo. Como si fuera un juego o una ensoñación, imagino esos papeles llegando a mis manos tras largas estadías en la enfermería de este hospicio. Llegan hacinados en cajas de cartón, destripados, agotados, cada uno con su bombín de oxígeno para no caer en las listas de los que se ahogan, ya que estos van directamente a la trituradora. Solo en el archivo Los jueves, en la guardia estoy solo, el archivo suele estar sin llave y puedo acceder a las cartas que fueron escritas en los años veinte, treinta y cuarenta. Cartas obligadas a mentir - estoy muy bien - censuradas -seguro este mes me dan el alta- ilusas - estoy de novio, ya la van a conocer. Cartas a la familia habladas en castellano, catalán, gallego, idish, polaco, nunca enviadas y nunca reclamadas. Me topo, muchas veces, con fotografías de matronas y jefes de familia, con sus levitas, tiradores y sombreros alquilados, pulseras y relojes que exhiben orgullosos. Otras veces me ruborizo al ver retratados fotos de personas discapacitadas, con deformidades pocas veces vistas. ¿Resabios lombrosianos? Algunos le sonríen a la cámara. Me pregunto ¿de qué se ríen? Pero cuando me acerco y las contemplo detenidamente se notan en sus rostros, pequeños surcos abiertos, llenos de tristeza. Yo llamo a esos surcos faciales, las vías dolorosas. ¿Quién se habría dedicado a cultivar ese género fotográfico siniestro? Hay también retratos tomados en la Morgue, de cuerpos que pasaron la mitad de sus vidas en instituciones como estas. Murieron sin poder borrar de su rostro el rictus de las psicosis. Además de las fotos hay cantidad de escritos, cuentos, poemas. ¿Serían parte acaso del mítico y famoso salón literario de los locos? Así se llamó ese grupo a si mismo mientras los más talentosos aún vivían. Hay poemas ya casi ilegibles. Algunos bellos, otros temibles y delirantes. Leo algunos párrafos de un poema - este mar sólo pudo crear ángeles de irresistible seducción. Eva los servía desplegando su belleza en la danza, pero Adán, no tan dotado seducía con su canto. Por las noches, sus canciones llegaban a iluminar casi todo el Edén – Seguramente Jacobo Fijman, fallecido en 1970 se habría cruzado con ellos. –Decía Fijman - se acerca Dios en pilchas de loquero y ahorca mi gañote con sus enormes manos sarmentosas; y mi canto se enrosca en el desierto. Piedad!- Averigüé algo interesante. A fines de la época de los cuarenta hubo tres escritores del salón a los que se le atribuye la autoría de “En las puertas del Edén”: al ruso Bercovich, a Jair Salgado y al Malevo Torres. Heterogéneos y armónicos se juntaron a escribir de a tres manos. Caso único en la historia de la literatura bizarra en la que describen el jardín del Edén como un campamento, una suerte de feria de ángeles, angelinas, serafines y querubines. Comienzo a leer y me percato que son casi las siete. Debo irme. Queda pendiente su lectura. Pasada una semana retorno a mi guardia y retomo la lectura de este manuscrito anónimo atribuido a los heterogéneos armónicos, según consta en una pequeña tarjeta adherida al documento por un enorme clip. Los tres son moradores de la sala 7. Bercovich dice que el número 7 es sagrado “Kadosh”. Y comienza a delirar. Nadie protesta, lo toleran por su conocimiento de la Biblia. Me sorprende la modernidad de la escritura. El lenguaje se sostiene en la metáfora de modo sutil, con humor y sin entrar en la blasfemia. - Se trata ni más ni menos de uno de los mitos fundantes de Occidente!– En las puertas del Edén En las puertas del Edén el alboroto crece. Se escucha cada vez con mayor nitidez el pedido de la apertura. - Los ángeles más rebeldes exigen que se abran las puertas ya - Abran las puertas!- ¿Qué pasa? -preguntan los más viejos.- Acaso temen quedar encerrados en el Edén? Aprecien la belleza de este jardín. Qué privilegio! Soy claustrofóbico y yo agorafóbico, nosotros dos asmáticos y yo diabético - y así más y más. - Queremos bajarnos del cielo, no nos interesa la creación ni sus misterios -. Voy, llevado por cierta inquietud a otros párrafos - un grupo de serafines comandados por Refuel, exhorta a sus congéneres a mantener la dignidad. - Les dice en un castellano muy castizo - acaso olvidasteis que sois candidatos a obtener alguna mención en la Santa Biblia? ¿Dejareis pasar así como así semejante oportunidad? -Esto es cosa de las ángelas. Se pasan el día exigiendo reivindicaciones. No tienen vello en sus pubis, ni cavidades entre sus piernas! Sólo aceptan socializar con las serpientes- El griterío amaina y los ánimos se van pacificando. Grupitos de querubines corren hacia una gran tarima que parece un escenario. Están buscando una buena ubicación, como si fueran a un recital. Adán llega tarde. Humanizado, despojado del aura sagrada, se mueve con torpeza como cualquier humano en crisis. Se va quedando atrás, casi sin aliento. Está agobiado. Qué tupé - gritaba Rujiel- tratar de llegar a la escena de Adán y Eva comiéndose la manzana, antes que Adán y Eva mismos! Qué espectáculo lastimoso daban los jóvenes serafines despojándole a Adán el don de haber sido el primer transgresor, el primero en haberse animado a comer el fruto del conocimiento del bien y del mal. Claro que después de Eva. Sois ángeles pero no tenéis nada de angelicales, parecéis una manga de langostas luchando por dar una dentellada a la manzana! -Adán, desesperado les grita - es mía, langostas voraces, respeten el guión tal como fue escrito originalmente, ignorantes envidiosos, sólo mía y no la comparto con nadie, y menos con vulgares pajarracos. Sois apenas una estampida de híbridos. Miraos al espejo: un grupo de gordos, calvos y encorvados, con vuestro culo pintado de rojo, sólo sabéis hacer monerías! Seguramente osareis decir de Eva, que no fue Adán el primero en conocerla y que Eva ya sabía cómo moverse en el Paraíso teniendo a la serpiente como coartada. Y de la serpiente qué diréis? Que fue una vulgar culebra? Estáis provocando actos que obligarán a modificar los mitos de la Historia, gritaba hasta la afonía el pobre Rujiel. Tras este bochornoso espectáculo, el Serafín Mayor, Ángel de la muerte medita cabizbajo acerca de Adán, Eva y la serpiente. Dios le encomendó, como ángel más añoso, la tremenda misión de discernir si Adán, Eva y la serpiente son merecedores de la vida eterna. - Tras esta pregunta queda un espacio en blanco, sin palabras como si no hubiera habido acuerdo entre los heterogéneos armónicos acerca de una respuesta consensuada. Solo aparece escrito con lápiz el nombre de un tal Cayetano Pereyra que se hizo cargo de la respuesta - La respuesta es obvia, muchachos, nos perdonó la vida pero nos trajo el dolor, la locura, la angustia, la enfermedad, el desasosiego, el terror y no sé cuántas cosas más. Imagino que en resonancia con esos dichos Salgado, oriundo de Copacabana, comienza a canturrear “la tristeza no tiene fin, la felicidad sí”. - Pone cara de filósofo y vaticina un futuro terrible. Peor que un electroshock. Será como una bomba atómica. –agrega- Lo imagino también, parado sobre alguna de estas sillas profetizando – nos tocará vivir años terribles en los cuales el espanto obligará a habitar nuestro planeta hecho de noche y niebla, sin ventanas al universo. Solo visitable a través de sus agujeros negros.- Encuentro otro poema, también apócrifo - “Forzados estaremos a caminar sobre suelo minado de agujeros Nos enseñarán a palpar los cuerpos sin poder reconocerlos a deslizarnos sólo sobre superficies planas sin bordes, sin dobleces ni puntos de fuga.” -Alguien agregó con tinta – Aprender todo ello será fácil, lo difícil va a ser olvidarlo No hubo noche En la hora de la terapia, trabajando con los internos, el aire se aliviana. Todo se hace más luminoso. Sube un calorcito y la atmósfera se hace menos rancia. El patio permite que circule una agradable brisa y el salón de los desayunos se torna una pista de desplazamientos. Se habla de futbol, de política, en voz más bajita de minas y de sexo. Todo parece retrotraerse a una suerte de normalidad, como si no hubiera habido noche. Como si sólo hubiera transcurrido la guardia de los jueves, considerada por parte de mis colegas un espacio burocrático, inútil donde los residentes van a dormir simulando estar trabajando. Nadie parece saber los secretos que guarda la vieja y destartalada biblioteca, por ejemplo. Los pisos que durante las altas horas de la madrugada durmieron amortajados, ahora recobran vida, vuelven a nutrirse de pasos y de pisadas humanas. A media mañana se vuelven a escuchar los crujidos familiares e inofensivos y cerca del mediodía las paredes de durlock que separan los consultorios se contornean en un zigzag de monotonía. Durante el almuerzo los pisos parecen ser los de siempre, vuelven a desnudar sus irregularidades, sus pequeñas gibas y los agujeros que se abren por las noches que nunca llegan a cerrarse presagiando la caída de los cuerpos que, sólo con la emergencia de la aurora, recobran su volumen y su forma. Ocurría también que cuando las voces se acallaban, las vibraciones que subían de las alcantarillas del hospital se hacían audibles. Una especie de eco, una erupción de corrientes subterráneas que transportan ríos de lava candente de angustia y desasosiego. Los pacientes más delirantes son los únicos que se animan a hacer o decir algo gracioso cuando gente armada, grupos de tareas, irrumpían en la sesión con absoluta impunidad. Ninguno de nosotros, los terapeutas, osábamos hacer otra cosa que aparentar que hacíamos alguna cosa. La tensión que se generaba en esos segundos era casi insostenible. La sesión obviamente se interrumpía y ese grupo comando, trajeado de negro, o con campera de motociclista, anteojos oscuros, pelo muy corto, desarmaban nuestro círculo, atropellando las sillas, creando un pequeño caos. Pasaban diciendo: “laburen, laburen muchachos, el trabajo libera el espíritu, arbeitmachtfrei, decía uno de ellos en correcto alemán. Los pacientes ajenos al riesgo lo festejaban gritándoles Gooool! Reían a carcajadas y se burlaban haciéndose la venia con las dos manos en posición de firmes o bien alguno imitando el sonido de una ruidosa ventosidad. Carcajadas nuevamente. Ese juego no les gustaba a los comandos que tenían tomado el hospital. De haber podido hubieran sacado la metralleta que se dejaba ver y que llevaban escondida en un bolso. Se contenían, rabiosos. Dirigían una mirada que helaba la sangre, mostraban la pistola como si exhibieran el miembro. Pero siempre alguno de ellos se imponía y con voz de mando impedía que el episodio pasase a mayores. Decía con autoridad: “ boludo, guardá eso, no ves que es un loco?” Cuando puedo “arrastro” mi horario de guardia para poder examinar esos pequeños tesoros posiblemente ya olvidados y desclasificados. Encuentro en los cajones y en los estantes recortes de diarios, fotos de principio del siglo pasado, dos cajas de fósforos “Ranchera” que se deshacen entre los dedos, un set de los 26 tomos del Tesoro de la Juventud, al lado de una pequeña colección de la revista “Leoplán”. Descubro folletos y programas del hospital de diferentes jornadas y congresos. ¿Quién se tomó el trabajo de reunir este cambalache y para qué? De todo ese rejunte de papeles, una pequeña esquela atrae mi atención. Escrita con lapicera a fuente, tinta negra que debió haber sido redactado de apuro para ser inmediatamente ocultada. Leo el texto para mis adentros. La letra es pequeña pero legible. Describe al hospital de aquellos años. ¿Difiere del presente? ¿Lo habrá escrito otro de los poetas locos? El texto dice así: Almitas “El mismo olor tumefacto de lo que alguna vez fueron calderos humeantes de comida para los internos, la misma mugre adherida a las paredes, las mismas humedades, los mismos vidrios astillados que albergaron gritos de delirio, el mismo espanto de saberse invisible, insensible, muerto y no poder dar paso a la oleada de fluidos que recorren los cuerpos y envenenan las arterias. Todo parece lo mismo pero nada es igual en esta casa extraña, capaz de fagocitarse como caníbal desbocado, desdentado, a decenas de miles de almas sensibles, “almitas”, que lastimadas lloran por las noches y elevan sus voces desde las gruesas capas de pintura sobre madera pintada y repintada. “Almitas” - así se llaman a sí mismos los internos- que saben que tarde o temprano serán volcadas a los vertederos del nosocomio” Era una esquela subversiva, una denuncia, una consigna arrojada por algún interno, no había dudas. Alguien lanzaba un mensaje hacia el otro lado del muro presumiendo que allí se erige un mundo libre y justo y que alguien, algún día vendrá a liberarlo. De pronto, a las tres de la mañana descubrí una minúscula inscripción en el extremo derecho superior: marzo de 1976. Los prolegómenos del golpe de estado en la Argentina. Fecha en la que, como se verá, tendrá algunas similitudes con episodios acaecidos en tiempos más lejanos, a principios del siglo pasado: en los primeros años de la revolución bolchevique, el caos tras el asesinato de los zares, los grandes traslados poblacionales, las persecuciones, etc. También en este caso habrá perseguidos, asesinos, violadores y degolladores de corderos. Curiosear mis cuadernos A Julián Morales, el paciente estrella de la sala, le hubiera encantado curiosear esos apuntes que yo escribía durante mis guardias. Apuntes que cuidaba celosamente pero que, de tanto en tanto, dejaba olvidados en algún lugar del hospital. Era una especie de diario, casi íntimo, muy desordenado en el cual volcaba todo tipo de reflexiones y fantasías acerca de mí, de mis compañeros y pacientes. Cuando se me perdía alguno de esos papeles, me deprimía. Mi cabeza ardía en auto-reproches y sentía que no habría para mi perdón posible. Jacobo Fijman Julián Morales se consideraba un poeta de la talla de Jacobo Fijman, el “poeta del hospicio” fallecido en 1970. Fijman, en sus momentos desesperados, solía pasar breves estadías confinado en alguna de las salas. Allí se lo toleraba y se intentaba disciplinarlo. Allí escribía en el desgarro, como un ángel desplumado. Aprendió a vivir en el silencio de la invisibilidad. En cambio Julián Morales se regodeaba en su verborragia. Aseguraba conocer personalmente a Pichon Riviere, juraba haberse carteado con Althusser, decía atesorar una postal que le perteneció a Freud. Sin embargo, a pesar de todos esos “galardones”, vivía atento, casi obsesionado por cualquier paso que daba. Cuando se sentía afectado por la nube de la agorafobia, tal como él llamaba a su estado de pánico, se recluía, se aislaba del mundo hasta desaparecer. Su escena más temida era entrar, adonde fuere y no poder salir, nunca más, literalmente. Jugaba en él el fantasma de la agorafobia que podía de inmediato transformarse en claustrofobia. “Claustro-agorafobia in extremis”, la llamaban los enfermeros con un dejo de sorna y haciéndose guiñaditas con los ojos. Lo cierto es que cuando ese terror se le instalaba, decía, con el rostro demudado: “sólo me queda la locura”. Descubrirse desarraigado, sin sostén, perdido en un universo sin fin, flotando hasta el desmayo por el espacio sin postas ni mojones. “Soy como el astronauta que se ha desprendido del cordón que lo une a la nave madre” -solía decir-. Sólo me queda la locura A Julián le pasaba que todos los intentos por externarlo se convertían en conatos de expulsión. Julián Morales no sólo dejaba de salir de su habitación, no salía ni a la puerta de calle. Consigue ser admitido en nuestro servicio tras haber permanecido varios meses internado en una clínica psiquiátrica privada de Buenos Aires. Acababa de salir de otra de sus periódicas crisis. Al atardecer su discurso se serenaba y por las noches se dejaban oír través de las rendijas de su cuarto una andanada de quejidos y gemidos. Demasiado para un solo cuerpo. Frente a este nuevo ciclo de agorafobia, su familia decide finalmente cortarle el suministro de fondos. Sus hermanos se hartaron de pagar honorarios de psiquiatras, psicoanalistas, acompañantes terapéuticos y en especial de lidiar con las clínicas de internación. Su tiempo ahí se había terminado. El administrador al enterarse que nadie estaría dispuesto a pagar los gastos de la internación envía un comando, una especie de SWAT a la criolla, un grupito de tres empleados, con la misión de despejar el terreno, es decir expulsar a Morales de la clínica y liberar esa plaza. Por la noche de ese mismo día irrumpe en su cuarto un pequeño grupo de tareas compuesto por los más corpulentos de la clínica: el jefe de enfermería, el contador que alguna vez había practicado cach as can y el terapeuta de guardia que seguía los acontecimientos con cierta distancia. Lo amenazaban y al mismo tiempo le hablaban casi con dulzura: “Pero Julián, un hombre como usted, tan fino, tan culto…. mejor hablemos, seamos razonables, no podemos alojarlo aquí, esto no es una pensión”. Y así, sin más, comenzaba un forcejeo muy violento y algo cómico. Al principio parecía que bailaban ya que estaban los cuatro tomados de los hombros contorneándose. De a ratos parecían abrazarse, incluso cuando se daban algunos golpes. Pero ya Julián Morales estaba atornillado a su catre, a su mesita metálica, al cajoncito en el que guardaba sus poemas, a su pequeño ropero. ¿Quién se iba a atrever a sacarlo por la fuerza? Una mañana le dijeron: Julián, hay que ganarse el pan de cada día, esto no es un asilo para desamparados. De hoy en más te encargas de que las historias clínicas estén al día. A la mañana siguiente le trajeron una chaqueta azul de enfermero y pasó de inmediato a ser parte del staff. Y no lo hacía mal. Los que lo conocían desde aquella época cuentan que permaneció enclaustrado más de un año y que desde esa cueva revisaba las historias clínicas, leía a Pichón Riviere, a Freud incluso, a veces, participaba de los ateneos clínicos. En esta oportunidad y tras una recaída recobra su status de paciente, paciente raso, se incorpora a a nuestro hospital temiendo volver a enfrentar su odisea -Julián decía – la puedo oler, se me viene otra crisis! Almafuerte Julián se incorpora a la sala como un veterano de guerra, como alguien que se las sabe todas. A los pocos días de ser incorporado a la sala ya había contado que pertenecía al grupo fundado por Hernán Almafuerte, grupo litoraleño de escritores, pintores, escultores y poetas de variado calibre, algunos buenos y otros no tanto. No quedaba claro cómo era catalogado allí entre sus pares, siendo él por entonces un señor de cuarenta largos, voluminoso, ojos saltones, un tanto panzón, portador de una melena envidiable y una voz grave que siempre se hacía escuchar. Medía un metro ochenta o más. Hasta ese momento había cruzado con él una o dos palabras. Se había incorporado a la sala hacía sólo un par de semanas pero parecía un habitante de la zona, afincado en un terreno cómodo y dominador. Al principio no me percaté que me seguía como queriendo decirme algo, aunque cuando nos acercábamos, se quedaba con el gesto nomás, prendía de apuro un cigarrillo y seguía viaje. Rescatando a Clarice Cuando lo vi por primera vez estábamos compartiendo un espacio grupal comunitario al que llamábamos asamblea. En ella se dirimían los conflictos surgidos en la convivencia. Se votaba y se tomaban decisiones por consenso. Era una verdadera democracia utópica. Nuestro equipo estaba compuesto mayormente por psicólogos y médicos psicoanalizados, pertenecientes a cierta elite del progresismo psicoanalítico. Eran años en los cuales las instituciones oficiales psicoanalíticas parecían resquebrajarse y los vientos soplaban hacia la formación asistemática. Era el auge de “La Escuela de Pichón”. Fue tal nuestra sorpresa al escuchar a Julián Morales hablando de “tarea” de “emergente”, y del “grupo operativo”, que como sucedía en los comics, casi nos caemos de espaldas. Un día decidió encararme. Nos conocíamos además por compartir el mate cocido de la mañana. A mí me provocaba una mezcla de ternura, curiosidad y risa. Me sorprendía fuertemente su manera de pensar y de hablar. Un personaje totalmente atípico por esos pagos. También esta vez esperó agazapado detrás de la columna central del estacionamiento y ni bien puse llaves, me encaró con determinación: “Licenciado, rescaté a Clarice de las manos de esos salvajes cosacos. El viernes pasado se dejó el libro olvidado entre el mate del enfermero y la lata de galletitas de la cocina. Se refería a un libro de Clarice Lispector, poetisa y prosista que por aquellos años admiraba hasta la veneración. Inmediatamente recordé de ella esta frase que me gustaba muchísimo: “Afortunadamente siempre existe otro día. Y otros sueños. Y otras risas y otras personas y otras cosas… Fue tan grata mi sorpresa por la reaparición de mis apuntes y el libro de Clarice, que me dieron ganas de abrazarlo y darle un beso. Puro agradecimiento. Le pregunté con un gesto de suspicacia si había leído mis apuntes y mis notas. Con cara de indignado y negando con la cabeza hizo la cruz sobre sus labios para reforzar credibilidad. A la semana siguiente me enteré que Morales era ateo. Un pogrom en Chechelnik Hoy recuerdo aquellos años y me sorprendo de la audacia del juego que le propusimos a Morales y que él aceptó jugar. A ello voy a referirme, sólo que antes me gustaría cerrar el capítulo de Clarice que, al igual que mi madre, nació en un pequeño poblado de Ucrania llamado Chechelnik. Notable coincidencia. Hasta que se consolidó la Revolución Rusa, el caos reinante entre fracciones incitaba a bandas armadas de cosacos a llevar a cabo actos de pillaje y matanza, contra la población judía, desarmada y desamparada. Cientos de civiles, mujeres y niños fueron asesinados en esos años, quemadas sus casas, violadas las mujeres y degollados los niños. Masacre genocida a la que solemos llamar: pogrom. Mi madre y su familia lograron permanecer escondidos en los fondos de la casa; mi abuelo se metió en un arcón y mi abuela con los pequeños corrieron a protegerse dentro de una baulera llena de trastos viejos. Mi madre recuerda también que no se podía hablar, ni llorar, ni moverse en demasía. Sólo rezar pidiendo al cielo que no los descubran y esperar que se fueran con el botín lo antes posible. Fueron dos ataques feroces, comenzaron al amanecer y terminaron a medianoche del día siguiente. Dice que recuerda los disparos y los gritos de hurrá-hurrá! Mientras incendiaban la sinagoga y destruían los rollos sagrados. Mi familia salvó su vida. No fue encontrada. Según mi abuelo los cosacos temieron caer en una emboscada, que según parece, a veces ocurría. La casa les resultaba sospechosa, tenía un pasillo largo y temían toparse con algún grupo de bolcheviques agazapados armados con metralla. Trágico fue el destino de la familia Lispector. El abuelo de Clarice fue asesinado, su madre fue violada y contagiada de sífilis, enfermedad venérea incurable por aquellos años. También se creía que las mujeres tenían chance de curarse la sífilis si volvían a parir. ¿No será esa una de las razones del nacimiento de Clarice, en Chechelnik, en condiciones tan difíciles, teniendo ella dos hermanas mayores? Dos años después emigran a Maceió, Brasil, donde desde muy joven, se consagra como figura relevante de la literatura brasileña y mundial. Jaia Lispector (*) pasó a ser Clarice Lispector. Gris Pasaron muchísimos años desde que dejé de soñar con el hospital. Solía verme asediado por sueños recurrentes marcados por la violencia. Todas las tramas me llevaban hacia un mismo escenario, hacia allí, un lugar indefinido, inubicable por mi memoria. Nunca pude estar allí. Mis sueños perdían rápidamente las pistas y las coordenadas para saber dónde había estado. Los sueños eran siempre de otros, eran siempre ajenos, aún si emanaran de mi. Eran sueños inútiles. Alguien los había soñado antes. Algún otro los había soñado y yo estaba obligado a vivirlo. Me vi forzado a habitar esos sueños como un sonámbulo. En el sueño me miro en un espejo. Tengo puesto un uniforme que parece el uniforme del laguer (**). Parado en una fila de prisioneros, hombres y mujeres esperando. Tienen la señal en sus rostros de terror acumulado, de dolor reprimido, de angustia desasosegada. Todo es gris, muy gris. De pronto suena un silbato y una jauría de sicarios vestidos de negro se lanza sobre nosotros. Gritan y empujan en un lenguaje extraño. Presionan, comprimen los cuerpos, empujan pero los prisioneros se niegan a subir a los trenes que como dice en el cartel se dirige al Guehenem (***). En ese viaje no habrá agua, ni comida, ni consuelo para nadie. Sólo gris. Cuando le pregunté al jefe del servicio qué podría significar semejante sueño me miró socarronamente y me dijo: ”ya lo vas a saber Bernardo, un poco de paciencia”. Durante las primeras semanas en las que Julián fuera admitido como paciente exhibió su histrionismo, sus conocimientos de literatura, que no eran pocos, incluso de psicología. Podría ser considerado un paciente interesante y sumamente llamativo. Sin embardo mis colegas prefirieron que el terapeuta tratante fuese otro. No querían implicarse en lo que suponían una terapia densa y trabajosa. A mí, por momentos me daban ganas de hacerme cargo de esa empresa, sus conocimientos literarios, en especial acerca de Clarice Lispector y las historias que la hermanaban con mi madre me alentaban a tomarlo en terapia. En esos días de duda apareció en la sala, el Dr. Raffo invitado por la dirección del hospital como didacta. Su misión era mostrar cómo operar con este tipo de pacientes: ni neuróticos, ni psicóticos ni border-line, ni, ni, ni. Venía también a supervisar la marcha de los tratamientos. Cuando habló con nosotros nos dijo: “no tengan miedo, si bien son pacientes habituados a vivir prisioneros de sus pasiones, dependerá de nosotros encontrar una vía de rescate. Deberán salir al ruedo como esos toreros bravos que incitan a la bestia a que corneen blandiéndole una capa con agujeros. Seré el lazarillo, no se asusten de la angustia de ellos ni de la que pueda brotar en ustedes aunque hierva y burbujee como la lava en un volcán”. El Dr. Raffo Mis compañeros, psicólogos y médicos treintañeros, nos miramos azorados ya que todo parecía indicar que iba a darse una eclosión de interesados. La oportunidad de esa experiencia con el Dr. Raffo sería única. Costearse un supervisor didacta de ese nivel, fuera del marco institucional era impensable para nuestros magros salarios. Pero no. Nadie se movió de su silla, cabizbajos evitaban la mirada penetrante del Dr. Raffo. Nadie quería decepcionarlo ni decepcionar a nuestro jefe pero el silencio inundó el salón de reuniones. No puedo explicar qué es lo que me llevó a dar un paso adelante, como hacen los valientes en los filmes de la 1º Guerra Mundial. Casi sin querer se me salió de la garganta un raro “Yo señor”. Me ofrecí como voluntario para ir a la guerra. El Dr. Raffo me miró divertido y me dijo: “espero sepa donde se está metiendo. Habrá que ver qué hay dentro de la cáscara de Julián. Tal vez sea un caparazón vacío, tal vez la morada de un asesino” Ese día me fui a mi casa inquieto y angustiado. No podía digerir mi almuerzo. Las palabras del Dr. Raffo me resultaron muy enigmáticas. ¡Un asesino! ¿Lo habría dicho en serio o estaba tratando de asustarme? Julián fue citado para el día siguiente a las 10 de la mañana y yo, el terapeuta designado como su analista, ese mismo día por la tarde. A Julián le brillaron los ojos cuando se enteró quien iba a ser su terapeuta. Durante el primer mes veía a Julián tres veces por semana y nuestros encuentros parecían una danza de dos bailarines que se evitan con ingenio y gracia. Mírame y no me toques. - El Dr. Raffo se reía de nosotros- “mírenlos, parecen dos caballeros”. Incluso, agobiado por mi búsqueda errática llegué a proponerles a él y a su mujer, Margarita, entrevistas de pareja. Verdadero dislate. El miedo calibraba mis pasos. El susto orientaba mi confusión.- Cuando iba a la sesión y lo veía esperándome me hacía recordar a la famosa frase del boxeador Bonavena - “cuando suena el gong, te sacan el banquito y te quedas solo en el cuadrilátero.” Escuchaba la voz de mi mentor que me alentaba “dale Bernardo, no tengas miedo”. Me azuzaba a que siempre diera un paso más. El momento más temido y el que me hacía sentir más expuesto aunque también el más divertido y ocurrente, era el de las supervisiones a cargo del mismo Dr. Raffo. Era un espacio lleno de imaginación en el cual el Dr. Raffo parecía inspirarse. Lo llenaba con alucinaciones, delirios, pensamientos bizarros de centenares de pacientes que el doctor había escuchado y atendido. Sin duda el Dr. Raffo provocaba inhibición entre los integrantes del equipo terapéutico que hacían esfuerzos por pasar desapercibidos durante el par de horas que duraba este evento en el cual debían mostrar ante el Dr. Raffo de qué manera trabajan y qué cosas le dicen a sus pacientes. Mis compañeros se reían de mi, consideraban que me exponía en demasía y que iba a terminar dado vuelta. Pero al segundo o tercer mes, no recuerdo exactamente, Julián me dice en la sesión: “Bernardo, debo contarle algo que me reservé hasta ahora”. Puse cara de analista y me propuse escucharlo sin demasiadas expectativas de descubrir nada verdaderamente nuevo. - Me dice- “me parece horrible lo que hace el Tupa con el patrullero de la policía que para en la puerta del nosocomio”. “¿Qué hace el Tupa?” pregunto verdaderamente sorprendido. “Se hace pegar cachetazos”. “¿En la cara?”. “No sería en el culo Licenciado, en la cara ¡claro!” Me lo dice de una forma que me hace sentir un poco tonto. En ese momento recuerdo que más de una vez el Tupa venía a la sala acompañado por un policía que lo traía esposado. Entraba tranquilo, aliviado sonriendo y guiñando los ojos. Averigüé que el Tupa sale del hospital caminando tranquilo, de repente cuando pasa al lado del patrullero comienza a correr. Allí es donde salen dos policías a perseguirlo y de paso a cachetearlo. “¡Confesá carajo! ¿por qué corres? ¿de qué te escapás? ¿a quién querés evitar? ¿qué es lo que hiciste, zurdo de mierda? Tras esa escena, el Tupa se suele distender y desanda el camino, vuelve a la sala. “¿No le dijiste Bernardo que de esta manera, con ese jueguito se alivia de la culpa que, calculo, sería agobiante? - Su tono suena a reprimenda.- No te das cuenta muchacho lo que significa padecer la angustia sin palabras, sin imágenes para hacerse matar.? - Tal vez un día de estos lo logre - Homicidio Las escenas que se generaban en la terapia eran por lo general reservadas. Es decir, que sólo los miembros del servicio podían presenciarlas. En esta oportunidad la sala estaba completa. Nadie quería perderse esta sesión que pintaba como muy interesante. Estaba el Jefe, Dr. Merón, y el mismísimo Dr. Raffo ¿Fue un intento de homicidio frio y calculado? ¿Fue acaso el desliz de un femicida o, más aún, de un matricida en potencia? “Cayó su cabeza como un carozo que se desliza del fruto y tras las cortinas temblorosas por la brisa, las voces como coro, inducen a Eros a convertirse en asesino” decía el último poema de Julián antes de penetrar en la escena del crimen. O bien “¿fueron mis brazos, fueron mis manos las que se deslizaron con sigilo hacia su cuello para convertirla en cisne?” Todos quedamos estupefactos, cohibidos, angustiados frente a la probable consumación de ese acto que nos hacía testigos obligados de una escena ficcional tan real, tan incestuosa, exhibida sin pudores.- Nos preguntábamos, ¿no habría que parar esta locura?- “¿Quien es cuerdo, quién es loco?” gritaba Julián. Pero era tarde para plantearse semejantes preguntas. Estábamos ya hermanados en la complicidad. “La va a matar Bernardo, tienes que evitarlo, si no te apuras, la va a matar” “¿A quién, a quién? A cualquiera de las dos o a las dos, a su madre o a su mujer Margarita. El Dr. Raffo me lo decía al oído con una expresión de alarma y urgencia que acrecentaba el dramatismo de la escena. “¿Pero cómo va a matar a su madre, si su madre está muerta?”, digo con la ingenuidad de un principiante que desconoce el universo de los fantasmas. “Si, si, - y en voz alta- eso es lo que cree Bernardo”. Está muerta pero también está vivita y coleando en las entrañas de Julián, horadándole la cabeza, burlándose de su psicología social y de su maestro Pichón Riviere. ¿Qué vio mi mentor para afirmar la inminencia de un crimen? ¿qué vio en esta escena?.¿Vio acaso lo que nadie había visto? Dos semanas atrás, en voz bajita casi inaudible Julián me confiesa algo que, según dice, lo hace sufrir hasta el desgarro: es el recuerdo de su madre en el lecho de muerte despidiéndose de cada hijo. Llevaba toda la mañana en esa triste tarea hasta que manda a llamar a Julián y con la solemnidad del caso le dice, con su voz aflautada pero no dulce: “hijo, debo decirte algo: Tu padre no es tu padre” y se muere, exhalando la última bocanada de oxígeno que aún manaba de sus pulmones. Esa frase que sonó como una sentencia, lo dejó anonadado. Julián, tapándose los oídos corre al baño y vomita, hasta agotar sus fuerzas. Gritaba hasta desgañitarse: “mataron a mi padre, mataron a mi padre. Quedé huérfano de padre, no sé quien fui y no sé quien soy.” A partir de ese momento, Julián sufre su gran ataque de agorafobia in extremis. El Dr. Raffo dirá, “atención Bernardo, esta es una agorafobia que lo puede dejar tapiado en su cuarto convertido en una cárcel. Va a elegir la peor sentencia: la de la prisión perpetua. Esa mujer acaba de dejarlo sin padre, sin nombre, sin historia, sin genealogía. Sólo puede albergar deseo de matarla, y si no es a ella será a la primer mujer que se le cruce, será una repetición del encuentro de Agamenón con Ifigenia.” Su esposa Margarita será el cordero sacrificial. Está ahora en el centro de la escena y sabe que se acerca su momento. Será el minuto, su minuto de gloria, el de la heroína desfalleciente. Tal vez su mujer, muy perceptiva y enamorada esté dispuesta a inmolarse y acepte el juego de la escena en el patíbulo erigido en un apacible living de una casa de provincia. Allí eligió Julián jugar la escena del crimen. La llama: “¿Margarita querida podrías estar en la sesión de hoy”? “Claro mi amor, ya voy, ya voy” dice con dulzura forzada mientras va entrando a la sala de sesiones y se ubica, directamente en la silla destinada a su persona, o personaje, mejor dicho. “¿Estoy bien aquí?” “Si Margarita, está perfecto” respondo. Todos me miran expectantes. Julián me dice: “Proceda Bernardo, ayúdeme porque estoy envenenado. Debería matarla pero no puedo, ya está muerta. Y ahora, ¿dónde podría encontrarla?” . “En Margarita, ¡su esposa!” “¿Qué me quiere decir, que debería matar a Margarita en ausencia de mi madre?” Matar a mamá En la escena estamos Julián, Margarita y yo. Son muchos los colegas y los pacientes que vinieron a presenciar esta sesión. Julián, ubicado en un extremo de la sala, se dirige hacia su esposa mientras formula un extraño soliloquio. - Dice:- “Me acerco a ella con sigilo, como si flotara en el espacio. Ella es mi ángel y me pertenece. Estamos en el Edén del Litoral, allí el Paraná aquí el Uruguay”. Exclama como parte de un recitado: “¡Vengan angelitos acérquense que habrá un espectáculo”! Voy a sacrificar a una mujer posesiva, capaz de despojarle a los hombres toda su vitalidad”. Margarita espera con absoluta lealtad la llegada de “su hora”. Sin protestar. Menea con suavidad su espalda y su agraciado cuello que se ofrece mansamente a las manos de un virtual asesino. Continúa el soliloquio: “Mientras voy al encuentro de mi cordero se escuchan los patos de la laguna, y los saltos del zurubí. Sopla una cálida brisa. Desde la terraza el gramófono reproduce la voz cálida de una mujer cantando “Berlín, yo te amo Berlín”. “¿Es Marlene Dietrich?”, se pregunta Morales. Sigue: ”Me acerco un poco más a ella y ella lo sabe. Su cuello está a mi alcance, la tomo de atrás sin violencias dejando que mi brazo derecho se deslice hacia su nuez. Estoy muy cerca de ambos, huelo sus perfumes, escucho mi taquicardia, estoy alerta, atento a lo que va sucediendo. Llegado a este punto Julián se detiene, desarma la escena y parece despertar de un sueño. Me busca con la mirada y me mira negando con la cabeza: “No Bernardo, no es mamá, no es mamá”. Margarita y Julián se abrazan en silencio. La escena tiene algo de película con un buen final. Podría ser burda pero no lo es. Más bien es cálida y emotiva. Nadie habla. Algún colega lagrimea, otro, en cambio, se acerca para decirme: “vos y el Dr. Raffo están un poco locos”. Habla rápido, en voz muy bajita y su tono es de desaprobación y reproche. Quizás mi colega tenga razón. Cargamos junto a mi mentor, el Dr. Raffo el mote de profesionales insensibles, osados, irresponsables a pesar de que el Dr. Raffo era una eminencia en neurología, en psiquiatría y en psicoanálisis. Yo si era un principiante. Se reían de mi y se preguntaban ¡por qué acepté complicarme con el Dr. Raffo? Yo pensaba, ¿cuándo se me iba a presentar una oportunidad como esta? De cualquier manera y a pesar de las críticas nadie osó poner en duda los efectos terapéuticos generados en Julián. Poder salir y entrar en la vida cuantas veces quisiera sin verse atrapado en la locura. Un mes después de esta sesión Julián Morales fue dado de alta. “Curado”. Sé que podría abrirse una interminable polémica acerca de la cura y otros temas caros a la clínica psicoanalítica. No es mi deseo abordar esa temática en estos momentos. Nos acusaron a mi y al Dr. Raffo de haber inducido a Julián a matar. A matar ¿a quién? Preguntaba yo. ¡A su madre muerta! ¿Es un delito? A muchos colegas les inquieta salirse de la vía oficial, “la línea recta”. Se sienten perdidos, solos, sin soporte si no transitan por los surcos ya arados. Querían saber qué clase de terapia era esta, qué nombre tiene. Y comenzaron a inventar nombres: escena virtual, crimen mímico, asesinato gestual, ensueño inducido, intervención imaginaria, acción en el vacío y otros tantos que no recuerdo ahora. Allá ellos. Mi despedida con el Dr. Raffo fue sencilla. Un darnos la mano y un fugaz abrazo. Estuvo genial Dr., aprendí con usted un toco. Y vos estuviste corajudo, Bernardo. ¡Te animaste a trabajar conmigo que soy insoportable! Mientras se iba me pareció escuchar un llanto. ¿Era mío, era de Julián? Cuando me dirigía hacia las cocheras con toda la intención de relajarme un poco y fumarme un cigarrillo, veo a Julián agazapado detrás de una columna. Licenciado Bernardo, “¿no se está olvidando algo?” No que yo sepa, ¿qué és? Con una sonrisa saca de su mochila mi cuaderno de apuntes y el libro de Clarice Lispector. “Licenciado, los dejó olvidados en la cocina del servicio.” “Uy, ¡gracias Julián!”. “Que sería de ustedes si no estuviéramos nosotros, los pacientes”. (*) Laguer campo de concentración (**) Jaia, nombre habitual en hebreo y en idish. Significa: la que tiene vida. (***) Guehenem del hebreo, infierno.
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











