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- Leer: la eternidad en el instante / Fernando Stivala
Los libros como las primeras citas: enamoran o decepcionan. ¿Cuál es el valor del libro, de los textos, de lo que leemos para nosotros en un contexto como hoy? ¿Para qué sirve leer? ¿Cómo se hace esa operación, esa lectura? Los libros (y las citas) viene a anunciarnos que hay transformaciones que hay que pensar de una manera nueva. Vienen del pasado y nos permite hacer una actualización de algo que los autores mismos no conocieron. I Leer: una sesión. En la misma época que Deleuze y Guattari están escribiendo Mil Mesetas , Félix está abriendo un curso o seminario que se llama Cartografías Esquizoanalíticas que va a dar lugar a un libro que se publica en 1984 con el nombre del curso. En la primera sesión del curso, el 9 de diciembre de 1980, Guattari muestra el camino: “ para mí, solo tendría sentido este seminario si funciona. Es decir, precisamente, si las diferentes ideas teóricas que voy a proponer aquí sirven efectivamente a la gente.” Llama a cada encuentro del curso sesión. Se dice sesiones de fotografía y de kinesiología entre otras prácticas. Se le dice sesiones a lo que hacen diputados y senadores en un Congreso cínico y cambiante. Se llama sesiones a los encuentros programados donde se intenta suscitar que coincidan el deseo de hablar y el deseo de escuchar. También existen sesiones de lectura. II Leer: una práctica. El esfuerzo cae del lado del lector o lectora. La exigencia de conectar los problemas que nos pasan con las teorías o lecturas de otros tiempos. No es un ´ para qué nos sirven´ descreído. Es el esfuerzo de continuar el trabajo del pensamiento en los cuerpos, en las prácticas, acá en la tierra. Y a partir de ahí ver con qué nos quedamos, con qué no, qué nos falta para seguir abriendo líneas de fuga. Hay obras o pensamientos congeladas en libros cuya actividad va mucho más allá de la fecha en la que fue elaborada. Son máquinas que no se reducen al uso inmediato de una coyuntura. Siguen activas para otras aventuras. El problema otra vez del lado de lector y la lectora. Cuánto estamos avivados de que lo que leemos es algo que obliga a pensar el presente y no suponernos situados en la época en la que el texto se escribió. Por más que a veces parezcamos pasivos recibiendo, nunca se da eso solo. Se da en simultáneo con una actividad mental. Qué estamos pensando, con qué conectamos, qué problemas nos suscitan, con qué se chocan, qué nos traba. III Leer: un incendio. ¿Qué se hace con las bibliotecas? ¿Se las quema o se las conserva? La lectura habitual que tenemos impregnada desde la escuela es la que supone que el libro remite a un sentido previo, latente. Que hay una palabra consistente que alguien nos dirige y hay que hacer un gran trabajo para ver qué es lo que el texto nos dice. Es la lectura teológica porque remite de manera mecánica a un modelo bíblico de lectura. La palabra ya está hecha, ya está contenida en el texto, y el punto es ver cómo nos relacionamos con la letra para que el mensaje aparezca. Sea Dios, alguien inteligente, el saber de una época. Habría un contenido y hay que descifrarlo. Decir bíblica o teológica es decir una lógica, una manera de leer, no el objeto libro. Podemos sostenernos en otro tipo de lectura. La anti teológica. Que la podríamos llamar: diabólica, brujerías, fuerzas heterogéneas, multiplicidad. Entonces ¿adaptación al mandato de la época y quemar la biblioteca, o nos aislamos en la lectura y no salimos más a la calle? De cuantos binarismos todavía tenemos que seguir escapando. O tener calle sin leer, o ser un intelectual sin práctica. Puras abstracciones. No se hasta dónde conviene joder con los libros y el fuego, pero ahí hay una larga historia no acabada, no consumida. Leer claramente levanta pasiones. Hay veces que te obsesionas tanto con un libro que no podés dejar de leerlo, de citarlo, de llevarlo a todas partes, de compartirlo. Hay veces que se obsesionan tanto con los libros que quieren incendiarlos, cancelarlos, prohibirlos, censurarlos. Desde la Ética de Spinoza en la Holanda de 1677 hasta la Cometierra de Dolores Reyes en la Argentina del 2024 por poner arbitrariamente dos fechas. IV Leer: una extraña amistad. Seguir yendo a la biblioteca a buscar libros, pero no permanecer en una lectura conformista donde se supone que el saber está ahí. Una cosa es tener el saber y otra cosa es no parar de buscarlo sabiendo que no se posee. El invento de los griegos versus los sabios de Oriente. Tener a la sabiduría es muy distinto que buscarla, que tender afinidades, que intentar hacer amistad con lo extraño. Ese es el verdadero significado de la FiloSofía. Si la lectura es una tentativa de captar un sentido ya constituido insistimos en la noción de experimentar. Leer entonces es capturar un fragmento de sentido y seguirlo con un funcionamiento en la experiencia. El sentido no está todo entero en el texto, nunca p uede estarlo. Hay más bien una conversación ya empezada donde se escucha algo interesante según un problema que se tiene y eso se usa como pieza de otra máquina de funcionamiento, de otro sentido. La experimentación es la exigencia de crear el sentido ahora, de potencias actuales. Ese actual no desaloja al libro, lo trae como un material al cual trabajar. No hay adaptación, sino trabajo. No hay reproducción, sino seguimiento. V Leer: una transformación. Todo libro tiene un afuera, y son otros libros. Y también lo no textual. Un libro no dice nada si no lo ponemos en conexión con otros textos, y con disposiciones no discursivas de la existencia: afectos, pasiones, preguntas, angustias, luchas, prácticas, amores, problemas, convivencias, viajes, fantasías, separaciones, militancias. Todo eso se pone a funcionar con el libro. El sentido no está encapsulado o latente. El texto no se dice hasta que no se pone a funcionar con otros textos, y con otras instancias no discursivas: prácticas. Páginas rizomáticas. No hay línea interior que reúna una coherencia unificada. Cada línea con dinamismo propio, singular, consistiendo, y a la vez sin corresponder a ninguna línea evolutiva, ni organizada, ni coherente. Otro binario del que conviene escapar: caos/estructura. Si nos salimos de la coherencia y el sentido encapsulado también nos encontramos con formas de consistencia y organización situadas. Líneas que irán mutando, se irán transformando. VI Leer: un escritorio. Burroughs dice que el lenguaje es un virus. Somos animales infectados de lenguaje y eso no dejó de profundizarse y contagiarse hasta hoy. Ese virus luego se volvió información, datos, algoritmos, memoria codificada, reproducción de ideas, representación, estrato, diagnósticos, recetas, medios de comunicación, endurecimientos. Entonces la escritura libre y despojada sería una vacuna. A veces se la llama literatura, poética, o ensayo. Una intervención sobre eso que nos ha infectado: el lenguaje. Escribir (la otra cara de leer) no es reproducir la lógica del virus, sino intervenir sobre ella. No es usar palabras, sino reconectar con la multiplicidad. A través de la escritura se involuciona. Donde el virus nos hace evolucionar, la escritura nos hace involucionar. Cuando conecto una multiplicidad con otra, lo que se va armando ahí, en esas conexiones, es una gran línea de fuga, una gran alianza insólita. Involuciones que no hay que pensarlas en el sentido de regresiones, sino en conexión entre multiplicidades heterogéneas que ponen en juego una línea de salida que escapa a lo establecido. Responsable por derecho, el brujo o la bruja es el que se hace cargo de que haya multiplicidad. Si el afecto no es un sentimiento personal ni tampoco un carácter. Es la efectuación de una potencia desconocida que desencadena y hace vacilar el yo, que lee y escribe. Escribir es hacer brujerías. Revolver pócimas, experimentar dosis, cocinar singularidades. No hay lógica, hay alógica. Esto quiere decir que finalmente y como fondo de todos los devenires carecemos de una lógica frente a todas las lógicas posibles. Lo que hay son compatibilidades o consistencias no previstas por lógica alguna. Lo propio del brujo y la bruja es detectar y crear lógicas. Ahí descubre conexiones que ninguna lógica había previsto. Bodas contra natura. Alianza entre cosas que no están tomadas por una política de humanización. Rasgos e identificaciones muestran qué va con qué. Qué pega con qué. Escribir es una manera de salirse del humano. Experiencia de entrar en el mundo contra natura. Investigar y participar de multiplicidades. Escribir no es mover los dedos en un teclado o una hoja. Leer no es seguir el hilo de los renglones. Es entrar en un devenir. No sabemos hacia donde se va, pero partimos igual. Habitar el naufragio, crearnos balsas. Involuciones. Alianzas y no filiaciones. Involución es esa forma de creación entre heterogéneos, no algo que retrasa. Si la evolución es un camino que lleva a la formación de un ideal; en cambio el movimiento de involución, si se lo saca de la línea de regresión, es creador. Regresar es ir hacia lo menos acabado o completado o codificado o representado. Es un paso atrás hacia el punto en el que somos más porosos y porosas respecto a formas heterogéneas, desconocidas, y anómalas. En la involución buscamos los entres que la evolución cierra. VII Leer: un clásico. La época en la que vivimos a veces llamada capitalismo no es una zona libre de experimentación. Para conquistar esa zona libre siempre hay que tomar una decisión de cómo se resiste a las distintas presentaciones de la coyuntura de la época. A la realidad como a los libros hay que extraerle algo. Ni someternos por entero a ellos, ni desconoceros. Extraerles algo para ponerlos en función en un tipo de experimentación y problemas actuales. Entender es extraer ese algo para poder pensar los problemas que nos asfixian. No hay transmisión posible, eso supone un sentido a perdurar. Todo un tema en el famoso Así habló Zaratustra de Nietzsche. Libro que recomiendo les lean a las generaciones venideras, y a todos los que puedan. Zaratustra es el tema del fracaso en lo que se vuelve un nuevo Dios. Se está yendo muchas veces para no generar discípulos. Y el super humano. El porvenir como un problema del hoy. Un viento que sacude los valores establecidos. Un más allá de la medida. Una desmesura. Una demasía. La eternidad vivida. El Zaratustra de Nietzsche es algo del futuro, implica algo extraordinario que ponga en movimiento algo que no está en movimiento. El sentido que produce lo que se escribe no se puede saber, porque el lector es un ser radicalmente otro. Se va a deshacer la obra en función de sus exigencias del presente. Salvo que sea un discípulo. Hay una extraordinaria confianza de que los otros saben más de sí mismos que lo que uno cree que sabe sobre los otros. Es una obviedad, pero todas las instituciones de saber piensan lo contrario y así dan las cosas. Hay un saber de sí. Todos tenemos un saber de si mucho más sabio que lo que nos diga otro. El tema que tenemos que despejar es de qué se trata ese saber. Claramente no es un saber solamente de la conciencia. No es un saber al estilo receta: ´ Ya sabemos lo que tenemos que hacer. Ya sabemos que fumar nos hace mal y lo tenemos que dejar.´ Sabemos que las cosas no funcionan así. No hay transmisión tal cual, sino que se combinan cosas que no sabemos hacia donde van a disparar. Cuando leemos un libro se está en una eterna conversación. VIII Leer: un martillo. Dicen Deleuze y Guattari en Mil mesetas en el capítulo del Ritornelo : “ Habría que oponer dos tipos de saberes o de actitudes frente al conocimiento: una que consiste en "reproducir", otra que consiste en "seguir". Una sería de reproducción, de iteración y reiteración; otra sería de itineración, el conjunto de las ciencias itinerantes, ambulantes. La itineración se reduce con demasiada facilidad a una condición de la técnica, o de la aplicación y de la verificación de la ciencia. Pero no es así: seguir no es lo mismo que reproducir, nunca se sigue para reproducir. (...) Reproducir implica la permanencia de un punto de vista fijo, exterior a lo reproducido: ver circular estando en la orilla. Pero seguir es algo totalmente distinto que el ideal de reproducción. No mejor, sino otra cosa. Uno está obligado a seguir cuando está a la búsqueda de las "singularidades" de una materia, o más bien de un material, y no tratando de descubrir una forma; (...) cuando deja de contemplar la circulación de un flujo (...) y es arrastrado por un flujo turbulento (...)” “ (...) Hay ciencias ambulantes, itinerantes, que consisten en seguir un flujo en un campo de vectores en el que las singularidades se distribuyen como otros tantos "accidentes" (problemas) (...)” En el seminario de Guattari que mencionamos al inicio hay una fina atención a la contingencia y a la singularidad de las situaciones que llevan a rehabilitar el contenido que hasta entonces había tendido a desaparecer o quedar subsumido bajo las lógicas significantes. Por eso propone contar las propias experiencias corporales, sueños, angustias, etc. Todo eso tiene lugar cuando se trata de pensar. Lo único que no vale es moralizar, juzgar, suponerle a algo un bien o mal previamente. Bloqueadores del pensamiento. Esta es la perspectiva creadora que proponen en Mil mesetas . Una caja de herramientas esencialmente ética, política, y clínica. Dejarnos arrastrar y no contemplar queriendo entender. IX Leer: una emoción. Miren lo que decía Deleuze sobre la lectura y sus cursos universitarios: “duraban dos horas y media: nadie puede estar escuchando a alguien dos horas y media, por lo que no estaban dirigidos a ser comprendidos en su totalidad. Un curso es antes una especie de materia en movimiento de la que cada quien toma lo que le conviene. Más aún: hay quienes se duermen a la mitad, y no se sabe por qué misteriosa razón se despiertan en el momento que les interesa”. Un curso, dice Deleuze , “es ante todo una emoción. El problema no es seguirlo todo, sino despertar a tiempo” . Leer: abandonar por un rato lo que se quiere buscar, para luego quizás, volver a encontrarlo. Dice Diego Sztulwark: “ Leemos porque necesitamos ante todo escapar a las redes de cierto “interpretacionismo del todo”, presente tanto en los reduccionismos del deseo como en los de una política encapsuladora de los imaginarios, cultora de prácticas en zonas cerradas y oscuros claustros de partido o grupo. Una primera potencia de leer es la de habilitar una salida donde no la veíamos, y lo hace al mismo tiempo en un doble nivel: el de los afectos individuales (también inconscientes) y el de las fuerzas colectivas (con sus luchas y conquistas).” Dice Henri Meschonnic que toda lectura requiere de una relectura. Pero no para memorizar o conocer mejor el texto. Se va abandonando la obediencia al texto en favor de un ojo que se saca las telarañas de la costumbre y aparece múltiple. Un ojo donde las frases le resuenan, lo interrogan, lo hacen pensar. Como escribe Percia en Darse a la lectura : “ A veces, la acción de desleer importa más que la de leer. Desleer supone leer por primera vez lo ya leído. Leer escrutando lo leído con un oído por aparecer. Escribe Juan L. Ortiz: “Todas las cosas decían algo, querían decir algo. Había que tener el oído atento u otro oído fino, muy fino, que debía aparecer”.” X Leer: una salida a la obediencia. Spinoza rechazó en 1673 ser profesor de una catedra de filosofía en la universidad de Heidelberg. Si bien la oferta le garantizaba vivir económicamente mejor prefirió optar por esta opción. Sabía que aceptar la oferta le hubiera quitado tiempo para seguir leyendo, pensando, y escribiendo libremente. Le hubiera limitado su independencia intelectual teniendo que responder a los valores establecidos del ámbito universitario. Como hizo Hegel, el filósofo del Estado. Su filosofía se trató de calcar el humano ya dado. Nunca una filosofía puede solo describir el estado actual de las cosas. Ahí no filosofa, se saca el problema de encima. Es solo reproducción. Una buena pregunta aliada para verificar qué se está haciendo es: ¿para quién trabajas? ¿quiénes son tus jefes? La potencia política de un librazo o de un clásico no es la del manual para la acción, sino la de insistir en la pregunta por las profundas razones de la obediencia y suscitar un deseo de libertad de pensamiento. XI Leer: la eternidad en el instante. Spinoza escribe en la Ética : “ No dejamos de sentir y experimentar que somos eternos” No tenemos que entender la eternidad como un tiempo infinitamente extendido, no es inmortalidad del alma. Eternidad es estar fuera de tiempo. ¿Se puede eso? Leer siempre fue una actividad anticapitalista. Para leer se necesita tiempo, pero todavía algo más: estar más allá del tiempo. Una especie de eternidad vivida, como le pone Deleuze a la última clase del curso sobre Spinoza. O como dice Goethe en el Fausto : “¡Detente, instante, eres tan bello!” Podríamos decir: leemos para sentir y experimentar que somos eternos. Con la fantasía de estar deteniendo el instante. Por último; dice Nietzsche en el aforismo 366 de La gaya ciencia : “ ¿Y dónde encontrar nuestros nuevos filósofos?... Ellos son espíritus que deben vivir al aire libre, entre montañas o cerca del mar, o allá donde las condiciones sean severas, solitarios y alejados de la multitud, porque sólo así puede despertarse su fuerza creadora, su impulso a la reflexión. No podemos pensar si no estamos al aire libre, caminando, en movimiento. Los que piensan sólo entre libros, o incluso los que únicamente piensan al escribir, no pertenecen, en rigor, a la especie de los pensadores. El verdadero pensador quiere la soledad, y quiere y necesita estar en contacto con lo que es inclemente y salvaje para poder crear". Leer: una salvajada, una barbarie. Leer: una emoción, una pasión, un incendio. Abandonar por un rato lo que se quiere buscar, para luego quizás, volver a encontrarlo. Una sesión. Leemos para buscar salidas ante la obediencia. Leer: no quedar víctima de eso que se lee, sino hacer el ejercicio de recorrer los caminos sinuosos de lo propuesto, y después sí o sí, crear un lenguaje para lo que se necesita. Nos entregamos al viaje de lo escrito. Nos transformamos en esa entrega, en esa lectura. Involucionamos. Leer: un escritorio, un martillo. Ni para venerar, ni para repetir, ni para consumir, ni para criticar. Quizás, para detener el tiempo. Leer: una práctica. En ese acto que parece pasivo, ya hay ideas, imágenes, sensaciones que se ponen a tejer más allá de la voluntad. Leer: una extraña acción. Una extraña amistad. La eternidad en el instante.
- Cantos Proféticos XII / Vicente Zito Lema
¡Otra vez aquí! ¡Bienvenidos, Cantos, aún en el temblor jamás te despreciamos; devotos de ti hemos sido en la patria de la infancia y en los mares del destierro! También en la perversa fiesta de la historia, cuando desfallecía el corazón humano… ¡Cantos! Pie en tierra para el asalto de los cielos, aunque nuestras piernas tambalean sobre el navío, aunque nos muerdan los perros de la resignación, aunque retumben los desprecios y cobardías de quienes nos lanzan como maldición: ¡Ya perdieron! ¡Su tiempo ya pasó! ¡Cantos! Para continuar increpando a los viejos dioses del horror! ¡Cantos!, que todavía nos aguardan, aún en la noche de las noches, cuando todo perece en la desilusión, en el descreimiento, en la terrible eficacia del lugar común… Que nadie se entregue… Allí están los cantos, todavía venturosos en sus cicatrices, refugio y reparo… Cantos, revulsivos y refulgentes, subversivos y subvirtiendo… Cantos y Cantos. Sueño de fuego en nuestros manos, hasta que el rostro puro del niño sufriente/de la pobreza sufriente/arroje en la hoguera la máscara de su condena; la condena de un mundo de muertos y de muerte que lo condenó a ser un ángel del espanto… Fuente: Cantos Oscuros, Días Crueles (2019) Ediciones La Cebra.
- La última morada de Proust / Alfonso Reyes
Este texto se escribe en el Hotel Majestic de París. Mismo lugar en que Marcel Proust pasó los últimos años de su vida. De ahí que pueda describir, de primera fuente, cómo vivía y escribía el inventor de Swann. De los informes del portero, uno que llama la atención es aquel que nos habla de la fobia a los ruidos del escritor, recelo hacia cualquier sonido por mínimo que fuese. Así cualquier resonancia la consideraba una interrupción en el proceso de escritura que podía causarle un colapso. Situación que se puede equiparar a la interrupción de un proceso fisiológico elemental. Escarbando entre ese tipo de datos el texto va dibujando un Proust íntimo, un tanto neurótico, amable, amante del chisme, etc. En suma, se trata de un intento de revelar al Proust habitante de un barrio de París. Señor que como muchos o algunos de sus vecinos ocultaba un vicio secreto. Para el caso, la obsesión por escribir. He ido a vivir unos días más allá del Hotel Majestic, en el 44 de la Rue Hemelin. Aquí pasó Marcel Proust los últimos años de su vida. Aquí murió. Aquí escribió las últimas páginas de ese gran documento contra la sociedad de su época, donde desfilan tantos hombres y tantas mujeres sin corazón; donde tantas veces se confunde la sensibilidad con la “nerviosidad”; donde las enfermedades hacen veces de emociones. Obra capitosa y blanda, que se apodera de nosotros con todas las atracciones de un vicio secreto. Cuando cerramos uno de aquellos gruesos tomos, nos quedamos como desilusionados: después del hartazgo de lectura vienen las náuseas de la droga. Gran tema para un moralista, el discutir hasta qué punto es honesta una lectura que sólo incita a seguir leyendo, y no a ser mejor ni a vivir mejor. Proust trabajaba en el quinto piso, en un cuartito interior, forrado de corcho, donde no pudo entrar, durante tres años, la mano profana del aseo. Porque el microbio es el condimento esencial de cierta cocina. El ruido sobresaltaba a Proust, como a Lamartine, como a Flaubert, como a Juan Ramón. Una interrupción en el proceso de escribir podía causarle un colapso, como la interrupción de un proceso fisiológico elemental. Gómez de la Serna dice que, en el estilo de Proust, se oye hasta el zumbido de la mosca que anda por el cuarto. En el Romancero hay unos cristianos que daban cebada de día y cabalgaban de noche, no por miedo de los moros, mas las grandes calores. Marcel Proust dormía las horas de sol (el sol en París: este eufemismo), y trabajaba siempre de noche, no por miedo de la luz, sino de los ruidos de la ciudad. Aunque ¡quién sabe! Hay una raza de hombres cuya religión es inversa, y se funda toda en la ocultación del sol. Ellos pretenden descender de los verdaderos civilizadores, puesto que de la ocultación del sol nacieron el techo y la casa, la cortina y los visillos de las ventanas. El vecino del sexto piso tenía encargo de no hacer ruido. Marcel Proust había dotado a toda la familia de arriba de unos buenos pies de gato, de unas zapatillas de lana sorda que apagan el ruido de los pasos. Tengo estos detalles de su conserje, con quien hice buena amistad los pocos días que habité en la casa. – En la callecita, de balcón a balcón, vuelan las palomas. En una callecita estrecha y plomiza, sin vistas al espacio libre, donde jueguen los ojos. Es toda para vivir de interior (así vivía Proust); para darse cuenta de que existe la calle sólo por los pregones de los vendedores ambulantes: tal el personaje de Proust. El conserje lo recuerda como a un hombre muy bondadoso y muy popular, por su caridad, en el sexto piso, el piso de los humildes. De pocas palabras, pero conocido y estimado de todos; hombre de la vecindad, del barrio, a quien sin embargo se veía poco; nictálope, ciego de día y sólo aventurado a vivir de noche. Solía visitarlo Ramón Fernández, un escritor mexicano formado en París, descendiente del ministro de Manuel González. Proust dejó un hermano, que habita en el 2 de la Avenue Hoche, un cirujano, cuya hija también escribe; y había tenido un secretario que era aficionado a pintar, y que un año antes de la muerte de Proust partió para México, donde parece que vive todavía. El conserje me muestra un gabán usado y me dice: –Es del secretario; lo dejó un día aquí, y nunca se acordó de recogerlo. Una noche, ya muy enfermo, Proust descansó la pluma y dijo a Madame Albarret, la mujer que lo atendía, la esposa del chauffeur de taxi que Proust usaba de preferencia: –Hoy he escrito la última línea de mi obra. Demain je ne serais plus. A los dos días, las flores fúnebres llenaban la entrada de la casa y salían hasta media calle. El piso en que Proust vivió está ya modificado. Porque, como nadie podía entrar en aquel cuarto, la telaraña de la incuria lo tenía inhabitable, y hubo que reformarlo todo para volverlo a alquilar. El conserje considera con emoción a este hombre que viene del otro lado del mundo a pedirle recuerdos de Marcel Proust; acaricia una vieja arca de madera, y me dice: –Él me la dio. La guardo como una reliquia. Era un hombre santo. No se le sentía vivir, y ahora se siente tanto su ausencia… Y yo pienso que a la sombra de Marcel Proust debe de importarle mucho la opinión del conserje, porque Proust siempre hizo mucho caso de lo que hablaban los criados, los lacayos, los mozos de ascensor, los mayordomos y gente así. En su obra se toma siempre muy en cuenta la impresión que el amo causa entre la servidumbre, y las murmuraciones de escaleras abajo parecen haberle preocupado de veras. A veces, en un rincón del Ritz, se quedaba hasta las profundas horas de la madrugada, esperando que los mozos del comedor vinieran a contarle los “potins” de la gente elegante. Sus personajes casi se sienten deshonrados cuando el maître d´hôtel del balneario no hace caso de ellos. … Y me concentro para oír el zumbido de la mosca de Proust: la mosca viciosa del escritor, la mosca reacia, que se abreva en tinta de escribir a cada reposo de la mano. Fuente: Atenea, año V, número 6, agosto 31 de 1928. https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-04622009000200024
- Caligrafía Nómade XXVII / Patricia Mercado
Abrió el cajón y eligió el delineador negro. Acercó su rostro al espejo y dibujó las líneas sobre los párpados. Acaso un modo de abrir los ojos en plena noche. Acomodó el torbellino del pelo como si las tormentas pudieran acomodarse. Dudó apenas un instante y se puso el anillo de amatista como un talismán imprescindible. Se vistió en sentido inverso al cálculo de cómo quedaría desnuda un par de horas después. Ya en la calle se dio cuenta que se había olvidado el corazón.
- 21 de Espantapájaros / Oliverio Girondo
21 Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas. Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato. Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero. Que cuando quieras decir: "Mi amor", digas: "Pescado frito"; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas. Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa. Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni por un solo instante, de lamerle la cerradura. Fuente: Espantapájaros (al alcance de todos) 1932 publicado en Obras de Oliverio Girondo Editorial Losada 1ra edición 1968.
- Precauci(o)nes para escribir y pensar hoy / Verónica Scardamaglia
“Lo personal es político porque no hay nada personal” Mark Fisher (alerta spoiler de Poor things y El niño y la garza ) (Escribir desde la incomodidad. Encontrar huecos en los que tratar de pensar desde otras aristas. Cuidar las críticas para cuidar las cercanías afectivas. Encontrar otros focos que no encandilen. Estar ahí pero estar de otra manera. Cuidarse de no quedar atrapada en lo calcado de ciertas repeticiones ni de ciertas resistencias. Sobre todo en las del señalar cómo pensar / militar / actuar / interpretar / analizar. Escribir tratando de pescar el pulso en el que estoy. Escribir bordeando las tensiones entre el tono de una voz, el automatismo al restablecimiento del YO, la indicación de por dónde, la búsqueda de lo ya dicho. Perseverar en lo que (me) posibilita algo.) Se escuchan en el consultorio, entremezcladas, las alteraciones del dormir, del amor, del miedo. Se escuchan tonos de quejas, lamentos, imposibilidades, drama, impotencias, enojos, frustraciones. También aparecen tonos de asombro, entusiasmo, sorpresa. A veces, de alegría. Muchas, de tristeza y dolor. Otras, de desesperación, sacrificio y culpa. Este momento en el que estamos, facilita (otra vez) que el YO lo fagocite todo y arme esa cadena causal y personal, sacrificial y redentora que ilumina, ante todo, las fallas que ubican lo insuficiente, culpógeno y atributivo. Como si la mesa familiar hablara en nosotras repitiendo todo lo que tendríamos que haber hecho y no hicimos, lo que tendríamos que haber podido y no pudimos, lo que tendría que haber pasado y no pasó. Este momento en el que estamos, desafía (otra vez) a politizar estos automatismos para destartalarlos aunque sea un poco. Se acaba de estrenar una película de animación japonesa de los estudios Ghibli con la dirección de Hayao Miyasaki. Un estudio que, desde su primer largometraje de animé en 1984 “Nausicaä del Valle del Viento”, alimentó las fantasías de muchas crianzas que hoy tienen más de 20 años. Familias que crecieron asomando a los mundos entrañables del castillo vagabundo, de Totoro, de Chihiro, de Ponyo y de la princesa Mononoke. “El niño y la garza” nos asoma a un universo tan maravilloso como horroroso, pintado de colores y de grises, tramado en muertes y renacimientos de otros mundos, otras vidas, otras ideas. Paletas impresionistas que saltan a colores nítidos que saltan a una nube de pelícanos y a llamaradas de fuego y multitudes de wananaes. Abuelas tiernas y siniestras que conviven con criaturas que pasan de lo adorable a lo tenebroso en un parpadeo. Los fuegos, las aguas, los aires, las tierras y sus criaturas asoman en el viaje que emprendemos de la mano de Mahito para reencontrarse con su mamá. En ese viaje, girones de nuestras vidas quedan conmovidas, ya sea por un llamado, por un paisaje, por una música, por un reencuentro, por una pérdida. Y la hipócrita moral ambidiestra que automatiza los nombres para este mundo que se pretende apocalíptico, queda destrozada. ¿Y si el apocalipsis se tratara de la disolución de la clase media? Poor things , dirigida por Yorgos Lanthimos, también acaba de estrenarse. Bella Baxter podría linkearse con la bella durmiente, no sólo por la belleza disney de Emma Stone sino por el viaje hacia el despertar a la vida al que nos lleva la película. Pero ella resulta más una reinterpretación de una Frankenstein que politiza lo cotidiano del vivir dónde y cómo le tocó, y al pulso de lo que va encontrándose a cada momento. Exploraciones más cercanas a Sade que a los psicoanalismos de la sexualidad. Muy cercanas a la insubordinación que salta en la potencia infantil del tocar y el preguntar acerca de lo que va pasando. Una peli que alterna una paleta de colores oscuros con lo brillante y simultáneo de las ciudades; tomas que van del ojo de pez al gran angular deteniéndose en detalles majestuosos de mansiones, cielos, mares y paisajes, muchas veces, con destellos de azules y rosados. Junto con Bella vamos asomando a la interpelación de los hipócritas juicios moralinos de las llamadas buenas costumbres, de los usos de las ciencias, de los cadáveres y de las vidas. Con Bella descubrimos la posibilidad de, con asombro y extrañeza, ir nombrando aquellos torbellinos emocionales que se desatan en el cuerpo y las exploraciones que posibilita. Paseamos por esas fibras que constituyen las entrañas de lo propietario del amor filial, del amor cortés, de los desafíos al amor, de lo posesivo del amor y sus instituciones. Bella no sólo viaja desde Londres a Portugal, Alejandría y París llevada por un abogado -tono sinvergüenza que resulta cazador cazado-, sino que despliega una capacidad voraz de conocer y aprender todo con todos los sentidos casi a la vez: “azúcares y violencias”; libros, pobreza y tristeza; la experiencia conmovedora de escuchar un fado y un alarido; un burdel y el socialismo. Y a medida que se afirma en sus pareceres y en su andar, pareciera elegir perseverar en esa honestidad brutal de decir lo que piensa, querer lo que quiere, sentir lo que siente y vivir como vive. Algo inquietante e interesante al mismo tiempo funciona en las capas contradictorias que viven en los personajes. Ya no se trata de movimientos que se ven en función de cada situación. Ya no sucede la lucha entre el bien y el mal como en Froddo, en el Señor de los anillos, sino que la textura de Bella está tramada por la coexistencia de los posibles. Cuerpo de una madre con el cerebro injertado de su bebé. Ella es madre e hija; la Bella frankistaneada en el cuerpo de una Victoria suicida; prometida y aventurera. Del mismo modo que el Dr. Godwin, se condensan en él Dios, padre e investigador. Él es el experimentado y el experimentador, dios creador y criatura creada, objetividad científica y subjetividad afectada. Pareciera que aquí el devenir quedara subsumido en la actualidad en acto de la vida que viven estos personajes. Algo inquieta y queda a la vista del descarnado uso de las experimentaciones científicas así como de ciertas formas de los juegos infantiles. Corretean, como alebrijes mexicanos, un perro gallina con cola de chancho, un ganso con cabeza de cerdo, un marido casi femicida con cuerpo de cordero. Existen diferentes situaciones de crueldad que provocan extrañamientos no del todo horrorosos. Pero pareciera tratarse de una crueldad no moralizada. La crueldad de un experimento salva e inventa a Bella. La crueldad juzga y a su vez habilita un hacer. La crueldad deja bajo condena a muchos personajes de la película y a su vez les posibilita encontrar modos de vivir más allá de ella. Un guión maravilloso que sostiene no sólo un sabroso humor satírico sino también cierta punkitud en el estar viviendo lo que se vive desgajado de cierto tono dramático, angustiante y espectacular. Poor things demoró su estreno debido a la huelga en Estados Unidos, de actores, productores y guionistas de cine y televisión que se iniciara en julio del 2023. Entre los temas que se negociaron figuró “equidad económica, residuos, regulación del uso de inteligencia artificial y alivio de las cargas del cambio de toda la industria a la autograbación”. Después de casi 120 días acuerdan, entre muchas otras cosas, protección frente al uso no autorizado de la IA. En estos tiempos, hay quienes usan Tik Tok para ver películas o conferencias, pero en 10 partecitas de un minuto. Un tiempo inquietante que está alterando las formas y las fuentes que construyen y sostienen los modos de argumentar. Un tiempo donde coexisten tantos tiempos que la velocidad o el letargo se imponen. Quizás en este juego de velocidades, una de las precauciones a la hora de concluir. Leemos en La hipótesis cibernética (revista Tiqqun, 2001) “En 1953, cuando se publica The Nerves of Government en pleno período de desarrollo de la hipótesis cibernética en las ciencias naturales, Karl Deutsch, un universitario americano de las ciencias sociales, se toma en serio las posibilidades políticas de la cibernética. Recomienda abandonar las viejas concepciones soberanistas del poder que desde mucho tiempo atrás han sido la esencia de la política. Gobernar será inventar una coordinación racional de los flujos de informaciones y decisiones que circulan en el cuerpo social. Tres condiciones asegurarán esto, dice: instalar un sistema de captores para no perder ninguna información que provenga de los «sujetos»; tratar las informaciones mediante correlación y asociación; situarse cerca de [à proximité] cada comunidad viviente. La modernización cibernética del poder y de las formas anticuadas de autoridad social se anuncia por tanto como producción visible de la «mano invisible» de Adam Smith que servía hasta entonces de clave mística para la experimentación liberal. El sistema de comunicación será el sistema nervioso de las sociedades, la fuente y el destino de todo poder. La hipótesis cibernética enuncia, de este modo, ni más ni menos, la política del «fin de la política». Representa a la vez un paradigma y una técnica de gobierno. Su estudio muestra que la policía no es solamente un órgano del poder sino también una forma del pensamiento.” ¿Cómo nombrar lo que pueden los consumos culturales de este momento y velocidades del mundo? Aún cuando quedamos ofrecidas a ciertas posibilidades de asomar a ellos, de tensionarlos con viejas prácticas, de usar y ser usadxs por los dispositivos y los múltiples usos de sus pantallas, no conviene dejar de ver las estrategias políticas que los han inventado, sin que ello signifique negar las resistencias y alteraciones de usos posibles ni poner las patas fuera del plato ni establecer una lectura maniqueísta. Escribía respecto de Los Juegos del Hambre en Recuerden quién es el enemigo (2013) Mark Fisher: “Y es insubordinación, NO resistencia. Como han reconocido los dos analistas más agudos de la sociedad de control, Burroughs y Foucault, la resistencia no es un desafío al poder; es, al contrario, lo que el poder necesita. No hay poder sin algo que lo resista. No hay poder sin un ser vivo que sea sometido. Cuando nos matan, ya no pueden vernos subyugados. Un ser reducido al sollozo, ese es el límite del poder”. Dos preguntas que se desprenden del descubrimiento del mundo al que nos llevan tanto Mahito como Bella Baxter, nos inquieren en este 2024: "¿Es posible cambiar mundo?" "¿Es posible que la gente cambie?" Y, sobretodo, ¿cómo? Nota: Dejo otro texto de películas, sobre las Matrix: Sigue al conejo blanco
- Truth is out of joint – Fake News / Paul B. Preciado
Dentro, fuera. Lleno, vacío. Seguro, tóxico. Masculino, femenino. Blanco, negro. Nacional, extranjero. Cultura, naturaleza. Humano, animal. Centro, periferia. Aquí, allí. Analógico, digital, Vivo, muerto. La verdad se ha salido de los goznes. Lo verdadero, como decía el masculinista Guy Debord refiriéndose sin duda también a sus propias teorías, es un momento de lo falso. El 31 de diciembre China informa a la OMS de que existen casos de neumonía grave de origen desconocido en la ciudad de Wuhan. Pocas horas después el mundo entero empezaba a celebrar la llegada de 2020. La amenaza parecía estar circunscrita al ámbito local. No se sabe de dónde vino el virus. En Wuhan dicen que lo trajo un alemán. En Estados Unidos que China lo envió para acabar con la hegemonía de la economía americana. Se dijo que se trataba de una zoonosis, de una migración viral que se produce cuando un animal salvaje entra en contacto con la cultura humana. Se habló del Instituto de Virología de Wuhan. Se dijo que podría tratarse de un error de manipulación de un virus. Poco a poco, durante 2021, todas las sospechas se dirigen al Instituto de Virología de Wuhan, el primero en el mundo en poseer un «laboratorio P4», o de «bioseguridad 4» (es decir, un laboratorio susceptible de trabajar con los llamados «patógenos de nivel 4»), pero la OMS evita levantar una acusación contra el instituto, puesto que supondría inmediatamente entrar en un conflicto diplomático con China. Los patógenos son clasificados en una escala creciente del 1 al 4 según su peligrosidad, su porcentaje de mortalidad y su potencial de infección, así como por otros criterios como la ausencia de un tratamiento médico eficaz o de una vacuna. Pero el Instituto de Virología de Wuhan alardea de que ese número 4 no hace referencia a la peligrosidad del patógeno, sino también a las medidas de seguridad necesarias para manipular dichos organismos, gérmenes, virus o segmentos de ADN. Un laboratorio P4 podría ser para el capitalismo cibernético y viral lo que el hospital fue para el capitalismo disciplinario y bacteriano, el espacio paradigmático que define las condiciones del control farmacopornográfico: se trata de un recinto de seguridad (o más bien, cabria decir, de inseguridad) máxima, un espacio totalmente estanco constituido por módulos impermeables protegidos por puertas herméticas y dispositivos anaeróbicos antiincendios -si llegara a declararse un incendio, se inyectarían automáticamente en el laboratorio gases inertes que neutralizan el oxigeno e impedirían la propagación del fuego-. Porque aquí el peligro no viene de fuera, esta dentro: se trata de los virus que se producen y se manipulan en ese mismo espacio. Las condiciones de seguridad de un laboratorio P4 son tan extremas que resulta incluso difícil imaginar que sean compatibles con el desarrollo de lo que hasta ahora entendíamos por vida humana: los trabajadores utilizan «equipos de protección que incluyen una cobertura externa resistente a fluidos, varias capas de guantes y un respirador para la cara de presión positiva: esta conectado a una fuente que lanza el aire para que pase por un filtro que esta en nuestra cabeza, y ese aire es limpio y sale a alta presión. [El virus] solo sale de su frasco para trabajar con él dentro de la cabina. Si, por casualidad, alguien destapa un frasco fuera, hay que cerrar la unidad y entra un servicio de emergencia para descontaminar el área». 1 Una mirada rápida a la lista de laboratorios P4 del mundo según la Wikipedia conduce a conclusiones paranoicas y suscita interminables preguntas geopolíticas. En 2020 había 45 laboratorios P4 en todo el mundo: 6 en Estados Unidos, 4 en Alemania, 4 en Australia, 4 en Suiza, 3 en Rusia, 2 en el Reino Unido, 2 en Italia, 2 en 1 Hungría, 1 en Canadá, 1 en Suecia, 3 en la India, 1 en Corea del Sur, 2 en China (uno de ellos en Wuhan), 1 en Taiwan, 1 en Japón, 1 en Brasil, 1 en Bielorrusia, 1 en Argentina y 1 en Sudáfrica. Nunca, desde la peste, aparecieron tantas hipótesis descabelladas sobre el origen del virus... que pudieran parecer tan probables. Se dijo que había recombinación del virus de la gripe aviar con el virus del sida. Se habló de la sopa de murciélago. Se habló de las escamas duras y de la mirada triste del pangolin. En Lombardía nunca han probado la sopa de murciélago ni han visto un pangolin, pero es el lugar donde proporcionalmente el virus ha sido más letal. En París, la sopa neoliberal la hacen con las piezas desmontables de la industria del automóvil. El metabolismo del mercado mundial esta conectado. El mundo es un único mundo. La vida es una sola vida. La sopa es siempre la misma, solo que unos comen y otros no. Wuhan esta en todas partes. Incandescencia del presente: la realidad se había vuelto un gigantesco depósito de basura (¿la Historia?) que arde. Ruinas discursivas quemadas. Tensión extrema entre imposibilidad de actuar y agitación interior revolucionaria. Fake news Fake days Fake revolts Fake change Fake freedom Fake tintes Fake love Fake family Fake me Fake lock down Fake opening Fake sickness Fake death Fake century Fake universe Todo fake. ¿Es la pandemia un modo de paralizar los cuerpos frente a la toma violenta del poder de los regímenes tecnoautoritarios? ¿Funciona el covid como lo hizo la heroína en los años setenta, como un frenazo químico a las aspiraciones revolucionarias de los cuerpos destituidos? Los discursos farmacológicos sobre el virus y las teorías (conspiracionistas o no) de los provacunas y los antivacunas comparten lenguajes, modalidades de discursos y estilos persuasivos. Racionalidad e incoherencia. Transparencia y opacidad. Seguridad e inseguridad máximas. La realidad se vuelve poco a poco una función de lo fake. Esto no es nuevo: el animal humano vive en la ficción y se alimenta de ella. Lo que ha cambiado son las técnicas de producción y distribución de ficciones compartidas. Fake (old) news Crecí y viví, y a veces vivo todavía, en una sociedad que afirmaba Que los judíos se habían buscado su propia desgracia a fuerza de ambición Que los africanos habían sido esclavizados porque carecían de cultura Que los indígenas no fueron exterminados sino que se rindieron a cambio de alcohol Que los gitanos robaban niños para hacer rituales satánicos Que las lesbianas eran mujeres frígidas o predadoras con clítoris gigantes Una sociedad que presentaba como preventivo el encierro institucional de personas consideradas como enfermas mentales Una sociedad que llamaba «puta» a una mujer que se acostaba con un hombre antes de casarse Y «muy hombre» al hombre que se acostaba con tantas mujeres como fuera posible antes de casarse Una sociedad que llamaba «enfermos pedófilos» a los gays que practicaban sexo consentido Y que llamaba «padres» a los pedófilos que abusaban de sus hijos, ya fueran estos biológicos o eclesiásticos Una sociedad donde la violencia de Estado era una práctica patriótica Y donde negarse a ir al servicio militar era un delito Una sociedad que consideraba psicópata o disfórica a una persona que quería cambiar de sexo O que afirmaba no pertenecer a ninguno de los dos sexos del binario Una sociedad en la que una mujer que decía haber sido violada era considerada como una calentona mentirosa Una sociedad en la que una mujer que afirmaba frente a un psicólogo haber sufrido abusos sexuales por parte de su padre tenia un complejo de Edipo Una sociedad donde poner en cuestión el poder patriarcal del varón en el ámbito familiar era arriesgarse a ser excluido Una sociedad en la que el migrante era visto como una amenaza para la identidad nacional y considerado como un criminal fugitivo indocumentado Una sociedad en la que una mujer con velo era descrita como una mujer radicalizada o bajo la influencia de formas de coerción fanáticas Una sociedad en la que una persona de confesión u origen musulmán era considerado como un potencial terrorista Una sociedad en la que la monogamia en serie con interludios de infidelidad era la forma privilegiada de relación social y sexual Una sociedad donde era normal que los pobres y los no blancos fueran obligados a abandonar a los hijos que los ricos y los blancos adoptaban Una sociedad donde los que afirmaban que la pornografía era mala y asquerosa eran los mismos que la consumían Una sociedad donde los que defendían la abolición de la prostitución eran los mismos que perseguían a las mujeres para forzarlas a hacer trabajo sexual gratuito Una sociedad donde los sacerdotes sexualmente abusivos eran calificados como hombres honestos a los que se debía confiar la educación de les niñes desde la más tierna infancia Una sociedad donde los animales se criaban y se sacrificaban en condiciones industriales Una sociedad en la que comer animales muertos se consideraba saludable Una sociedad donde era posible legitimar la destrucción ecológica en nombre del crecimiento económico Una sociedad donde la energía nuclear era limpia Donde el ejército era noble y donde papa Y el Estado por muy cabrones que fueran siempre tenían Razón Fake old news Todo eso, hace unos treinta años, incluso hace solo tres años o tres meses o tres días o tres minutes en algunos contextos, no eran fake news : era la realidad. Esa era la ficción política en la que crecimos, una ficción tan sólida y tangible como un muro. «¿Qué es entonces la verdad?», nos preguntamos con Nietzsche. «Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes. Las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal.» 2 Lo que se ha dado en llamar « fake news » son los viejos trozos de metal que ahora estamos empezando a identificar como monedas gastadas, mientras pactamos un nuevo troquelado, mientras acunamos otra ficción política que nos permita cambiar de realidad. El historiador del Holocausto Timothy Snyder afirmaba recientemente en New York Times: «La posverdad es prefascismo, y Trump», decía, dirigiéndose a la sociedad norteamericana, «fue nuestro presidente posverdad. Cuando renunciamos a la verdad, concedemos el poder a aquellos que tienen la riqueza y el carisma para crear el espectáculo en su lugar. Sin un acuerdo sobre algunos hechos básicos, los ciudadanos no pueden formar la sociedad civil que les permita defenderse. Si perdemos las instituciones que producen hechos relevantes para nosotros, tendemos a caer en abstracciones y ficciones atractivas. La posverdad instrumentaliza el Estado de derecho e invita a un régimen mítico.» 3 Pero ¿cómo pedirle a la sociedad americana, la industria misma de la fabricación de ficciones coloniales, de leyendas capitalistas y de mitos audiovisuales y digitales (de Hollywood a Facebook), que se ponga ahora, de repente, del lado de la «verdad» cuando ha construido su hegemonía política y cultural a base de fabricar, hinchar y gestionar la ficción? No estamos en una batalla épica entre la «ficción» y la «realidad», sino en medio de un turbulento cambio de régimen de verdad donde son los procedimientos mismos que sirven para establecer las diferencias entre lo verdadero y lo falso los que están siendo transformados. Un régimen de verdad, como nos enseñó Foucault, no es un sistema empírico (un conjunto contante y sonante de hechos), ni (como querrían los adeptos de las teorías de la conspiración) una gran teoría total subyacente a los hechos, sino la articulación precaria de una multiplicidad de discursos a través de una serie de «aparatos de verificación» (enunciados, textos, rituales, convenciones sociales, sistema de comunicación, instituciones, etc.), es decir, de mecanismos sociales ritualizados que permiten establecer la diferencia entre los enunciados verdaderos y falsos. 4 De modo que un cambio de paradigma no es un ordenado paso desde una verdad a otra, o la elección entre una ridícula ficción y una verdad empírica, sino más bien un carnaval de ficciones que pugnan entre si para presentarse como las nuevas verdades. Entender este cambio de paradigma únicamente en termines de proliferación de « fake news » supondría ocultar los procesos de lucha de saberes menores, históricamente oprimidos, por adquirir un nuevo estatuto de verdad. Por ejemplo, por una parte, palabras que eran impronunciables emergen en la superficie del discurso (violación, incesto, violencia policial, violencia de Estado, racismo institucional, pedofilia...); por otra, esas mismas palabras, al hacerse públicas, transforman y construyen al sujeto que las enuncia (Indígena, negro, marrón, marica, lesbiana, discapacitado, enferme, trans, victima de incesto...), y que hasta ahora aparecía como cuerpo infradiscursivo o incluso sin lenguaje. Para entender la mutación en curso resulta interesante examinar los cambios acontecidos durante la ruptura epistémica que tuvo lugar en el siglo XVII: el cambio de paradigma moderno se caracterizó, entre otras cosas, por el paso de aparatos de verificación de carácter religioso (la Biblia, el catecismo, la institución eclesiástica, la confesión, etc.) a otros de carácter científico avalados por un conjunto de instituciones (universidades, laboratorios, diagnósticos, evaluaciones, test), de poderes económicos (industrias, empresas coloniales y clases dominantes), políticos (gobiernos, nacientes estructuras de Estado-nación) y culturales (distribución de textos impresos, expropiación de objetos, arte, mapas, teatro, música, destrucción de lenguas y tradiciones, etc.). La querella que dio lugar a la episteme moderna capitalista petrosexorracial no oponía las verdades de la ciencia a las ficciones del pensamiento mítico o religioso, sino que tomó la forma de una confrontación de diferentes relaciones sociales, diferentes acuerdos económicos o políticos, distintas prácticas culturales que implican discursos científicos, religiosos, literarios, musicales en una marmita en la que lo empírico y la ficción se construían mutuamente y no se podían separar. Todas las nociones científicas están construidas sobre un «andamiaje» (perdón por la metáfora) metafórico: Donna Haraway ha estudiado, por ejemplo, la prevalencia de las metáforas «cristal», «tejido» o «campo» en los discursos científicos organicistas del siglo XIX. 5 La historiadora de la ciencia Londa Schiebinger ha diseccionado el uso de las metáforas «mamífero» o « sapiens » en el siglo XVIII para calificar nuestra especie. 6 Aceptar que el saber es metafórico no es desautorizarlo, sino más bien al contrario, entender que está basado siempre en acuerdos sociales que implican relaciones de poder y que, en último término, definen, por decirlo con Jacques Derrida, quién es el soberano y quién es la bestia. 7 No estoy argumentando aquí en favor de ninguna forma de relativismo cultural, sino de develar colectivamente las técnicas a través de las que los consensos sociales y políticos que construyen saber se producen. No se trata de elegir entre la verdad empírica y la ficción mentirosa, sino de elegir el mundo en el que algo se convierte en verdad y algo es declarado mentira. Dicho de otro modo, la importancia de la consideración de la «diferencia racial», de la «diferencia sexual» o de la «superioridad de la especie humana» como nociones científicas y por tanto «verdaderas» a partir del siglo XVIII es que sirvieron para crear el mundo del capitalismo colonial, para legitimar la explotación ecológica y el orden sexual y racial heteropatriarcal durante los siglos XIX y XX. No solo fueron verdad en ese mundo, sino que el mundo que se construyó gracias a esas nociones solo podía funcionar si dichas nociones eran verdaderas. La transición a otro régimen de verdad, la sacudida de esos órdenes de enunciación y de verificación empírica, ya no es simplemente una posibilidad: ya está teniendo lugar. En este contexto de mutación, «¿De qué abismo estamos hablando?», pregunta Franco Bifo Berardi a Timothy Snyder, y afirma que el problema no son las «creencias» en ciertos enunciados que son falsos («la Tierra es plana», por ejemplo), sino el mundo al que esas creencias dan coherencia: no se trata de que una parte de los norteamericanos «crean», como si fueran idiotas, en falsos enunciados, sino en entender por qué algunos enunciados pueden funcionar como contrafuertes que sujetan una estructura de la percepción colectiva que se viene abajo. «La crisis americana», afirma Bifo, «no ha sido generada por los efectos perversos de los medios de comunicación de masas. Ha sido generada por las contradicciones que surgen del racismo del país más violento de todos los tiempos.» 8 Dicho de otro modo, es la estabilidad de la forma de vida capitalista y petrosexorracial y alimentada con energías fósiles la que necesita y fabrica «falsos enunciados» que se afirman y se reiteran como muletas epistémicas para sujetar una arquitectura de poder. Renunciar a las fake news supone renunciar a los privilegios supremacistas heteropatriarcales y blancos, a la vida producida por las energías fósiles, de los que han disfrutado durante siglos. Una revolución epistemológica es, inevitablemente, un cambio de jerarquías de poder, una mutación del mundo compartido. Por eso ciertos estamentos sociales oponen violentas formas de resistencia a la destitución de sus privilegios. Por eso, un cambio de paradigma suele requerir una revolución política. Y viceversa. De la insurrección de saberes sometidos al desplazamiento epistémico En los años setenta, Michel Foucault denominó «insurrección de saberes sometidos» 9 al cambio de la relación entre saber, poder y verdad que los movimientos sociales estaban propiciando. Los saberes que hasta entonces habían sido calificados como «incompetentes», «menores» o «jerárquicamente subalternos» se opusieron abiertamente a los antiguos bloques de saberes científico-técnicos. Los saberes de aquellos que hasta entonces habían sido considerados como objetos de la ciencia, del deseo patriarcal o de la economía de mercado (las mujeres, los enfermos mentales, les niñes, los cuerpos racializados, los homosexuales, los prisioneros, las personas trans, los proletarios industriales, agrícolas, sexuales, migrantes, etc.) empezaron a producir un saber sobre si mismos y sobre su propia historia de la opresión que se oponía a la verdad histórica dominante. Un régimen de verdad no es una ideología o una entidad abstracta, sino una articulación específica entre cuerpos, saberes y poderes. Un régimen de verdad es una forma de vida. Un modo de extraer, consumir y distribuir energía. Un cuerpo o varios cuerpos soberanos. Contra un conjunto de cuerpos subalternos. Un modo de reproducir la vida. Una forma de entender la organización social. No hay régimen de verdad que no sea al mismo tiempo un régimen somatopolítico. Por eso, los saberes sometidos no emergen nunca en un campo de racionalidad sin una lucha que es al mismo tiempo política, lingüística y corporal. La transformación de un régimen de verdad no solo provoca que aparezcan nuevos objetos de conocimiento haciendo que lo que era verdadero sea pensado como falso o viceversa, sino, y sobre todo, permite que aparezcan nuevas modalidades de subjetivación o nuevas formas de relación simbiótico- política. Y es aquí donde la ruptura está siendo más importante. No solo se está produciendo una insurrección de saberes sometidos, sino que ahora, con el desplazamiento del marco epistémico, la relación entre saber hegemónico y saber subalterno ha dejado de ser vertical. Me Too, Me Too Inceste, Me Too Gay, Black Lives Matter, Black Trans Lives Matter... son algunas de las formas que ha tomado la insurrección discursiva en los últimos años. El levantamiento de los saberes subalternos implica un cambio de las posiciones de enunciación y una invención de nuevas técnicas de verificación. Una sacudida de las relaciones entre cuerpo, saber y poder. Estamos bailando encima de una montaña de viejas monedas. Los nombres de todas las cosas están cambiando: ¿a partir de qué momento una práctica lingüística o corporal se convierte en violación? ¿Qué significa consentir? ¿Es el incesto un tabú sobre el que reposa la filiación exogámica o se trata más bien de la forma más común de pedofiminalidad dentro de la propia familia heteropatriarcal? ¿Es la «mayoría sexual» una cuestión de edad? ¿Qué es ser hombre o ser mujer? ¿Qué significa afirmar que se es de género no binario? ¿Qué quiere decir ser blanco? Si la raza no existe como dato empírico, ¿qué es? ¿Cómo se construye la relación entre color de la piel y soberanía? ¿Es el pene un órgano masculino? ¿Es la penetración anal una práctica heterosexual, homosexual o ninguna de las dos? ¿Qué es una tradición nacional? ¿Dispensa la existencia de una frontera nacional del deber de auxilio a una persona en peligro de muerte? ¿Puede un país decretar que no acoge a aquellos refugiados o migrantes que están de facto sobre su suelo? ¿Qué quiere decir estar en el espectro autista? ¿Existe realmente la esquizofrenia? ¿Y el complejo de Edipo? ¿Es posible afirmar la libertad personal a través de una negativa a la vacunación? ¿Qué sustancias (o qué técnicas) deberían considerarse como drogas? ¿Cómo se mide el cambio climático? ¿Cuál es el límite sostenible de emisiones de carbono? ¿Puede un Estado o una multinacional, con objetivos económicos, llevar a cabo prácticas de extracción minera o de tala de árboles que impliquen la destrucción irreversible del medio ambiente? ¿Puede un argumento económico imponerse como ley por encima de la supervivencia de distintas formas de vida y ecosistemas? ¿Es posible seguir comiendo animales si se acuerda científicamente que están dotados de inteligencia sensorial y social? ¿Es preciso retirar los monumentos de los colonos o es necesario dejarlos en el espacio público como la traza de una historia compartida? ¿Deben las competiciones deportivas segmentarse en equipos masculinos y femeninos, y de acuerdo con qué criterios? ¿Es la pizza con tomate un plato originariamente italiano? La pregunta no es qué es verdad y qué es ficción. La pregunta es: ¿qué es posible afirmar? ¿Cómo se puede verificar una afirmación? ¿Cuáles son las consecuencias de una afirmación? ¿Quién puede hablar? Y, sobre todo, ¿en quién se convierte aquelle que habla al decir lo que dice? Las nuevas luchas trans, feministas y antirracistas son batallas epistémicas, esfuerzos por modificar las relaciones históricas entre cuerpo (masculino, femenino, no binario, blanco, racializado, migrante, nacional, infantil, adulto, paternal, filial, patronal, obrero, etc.), saber (religioso, científico, oral, digital, etc.) y poder (parlamentario, legal, institucional, sexual, territorial, de soberanía corporal, etc.). Pero la complejidad de la situación presente reside en que el cambio de paradigma que está teniendo lugar implica también una rearticulación de los saberes hegemónicos, con múltiples e inesperados desplazamientos y reapropiaciones. Los partidarios de la ideología heteroblanca supremacista y de las teorías de la conspiración hacen también valer saberes desautorizados, narraciones anticientíficas y relatos locales para restaurar formas arcaicas de soberanía petrosexorracial. Esa es la complejidad en la que estamos implicados, la maraña epistémica (ésta es «la mierda» que nos rodea, por decirlo con los términos de Virginie Despentes) que no puede ser superada simplemente por una oposición binaria o una inversión de poder. Es preciso abrirse a la mutación de las tecnologías de la conciencia. Mientras tanto, ya no hay grandes narrativas, sino fragmentos de historia, enunciados cercenados, relatos hechos pedazos, ritos recodificados y formas de autoridad teatralizadas. Eso no implica una negación de la ontología: al contrario. Se trata de aceptar que la ontología es inseparable de las relaciones de poder y las formas de subjetivación. Una guerra epistémica no es la confrontación de una teoría sólida y una hueste de metáforas en movimiento. Una guerra epistémica es una batalla entre distintas formas de vida metafóricas. 1 Manuel Jabots, «El minute cero de un mal bicho que cambio nuestras vidas», El País, 26 de abril de 2020. 2 Friedrich Nietzsche, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, Trad de Luis M. Valdés y Teresa Orduna, Tecnos, Madrid, 1996, p. 25. 3 Timothy Snyder, «The American Abyss». The New York Times Magazine, 9 de enero de 2021. 4 Michel Foucault. Discours et vérité, précédé de Ixt parrésia, ed. de Henri-Paul Fruchaud y Danièle Lurenzini. prólogo de Frédéric Gros, Vrin. París. 2016 |trad. esp.; Discurso y verdad. trad. de Edgardo Castro y Horacio Pons. Clave Intelectual. Madrid. 2022]. 5 Donna Haraway, Crystals, Fabrics, and Fields. Metaphors of Organicism in Twentieth Century Developmental Biology, Yale University Press, New Haven y Londres. 1976. 6 Ixinda Schichinger, Nature s Rody: (ienderm the Making of Modem Science, Beacon Press. Nueva York, 1993. 7 Jacques Derrida. La bestia y el soberano. Seminario (2001-2002), trad. de Cristina de Peretti y Dalmiro Rocha, Manantial, Buenos Aires, 2010. 8 Franco Bifo Berardi, «What Abyss Are WcTTalking About». E-Flux, 13 de enero de 2021. 9 Michel Foucault, curso del 7 de enero de 1976: Dits et Écrits. tomo III, texto 191. Fuente: Dysphoria mundis. Editorial Anagrama (2022).
- Un viaje singular / Daniel Rubinsztejn
Llegas a un puente, y aparece así un acorde diferente que te lleva a otro lugar. En la música moderna estás en un círculo, una trampa sin salida. ¡La música tiene que mostrarnos una salida, los puentes son terapia! [i] Analista instrumento El analista se presta a hacer sonar nuevas melodías en un análisis: es el instrumento necesario para que alguien se analice; no es con cualquiera porque la transferencia lo distingue, le otorga un lugar distinto. Podría ser con cualquiera, pero una vez que es ese…es ese (SsS).. De un antecedente falso y un consecuente verdadero, los lógicos aseveran que la implicación es verdadera. (F=>V, es V). “Transferenciar” inicia un engaño que paradójicamente permite algún recorrido por algunas verdades; de un falso enlace al desenlace de una verdad. Analista intérprete La superficie de las asociaciones permite leer una partitura que sólo se va escribiendo letra por letra, sílaba por sílaba, nota por nota, inscribiendo con el oído lo que se escucha. Y con sorpresa se participa de construcciones léxicas, puentes léxicos: una arquitectura de la trayectoria de palabras y más palabras y…silencios. Desplazamientos y condensaciones dicen lo que solo puede decirse así, palabras que han jugado con cada uno un juego del que nada se sabe hasta que un acorde diferente, un salto, un asalto rompe la trampa sin salida, y esa ruptura es terapia. Analizar es asociar, es decir, disociar lo que está unido, pegoteado. Sonidos confusos y aburridos, que se alteran cuando un puente los lleva a otra parte. Dar lugar y tiempo para que aparezcan los monstruos verbales, que resultan -decía Freud- de una verdadera química de las sílabas. Neologismos a partir de la condensación de palabras y sílabas fragmentadas. Analista lector Ocasiones en las que los puentes verbales, por donde atraviesan caminos que -una vez analizados- realizan al Inconsciente. A esta lengua fue traspuesto poco a poco todo el complejo de los intereses monetarios que se anudaban a la herencia del padre; vale decir, todas las representaciones a él pertinentes fueron asentadas, a través de este puente de palabras: cuotas-ratas, en lo obsesivo, y arrojadas a lo inconsciente. Este significado de dinero de las ratas se apoyó, además, en la reclamación del capitán a devolver el monto del rembolso; ello sucedió con ayuda de la palabra/puente «Spielratte», desde la cual se descubría el acceso hacia la prevaricación de juego de su padre i . Un puente de palabras separa, relaciona, conecta, anexa, resta, suma ii . Atraviesa sentidos coagulados para dar paso a sinsentidos que habitan las paradojas. Un paso que es donador de un nuevo sentido, en exceso. Un nuevo producto, un efecto inesperado. Desesperante habitar el sinsentido, se apela entonces a un restaurador, a un garante divino que mantenga en reserva un sentido final. Cuando se escucha un chiste y no lo entendemos, y los demás ríen, la incomodidad momentánea, podría devenir en angustia, porque se quebró la complicidad con el relator al quedar abiertos a cualquier sentido y ¡Dios nos salve! de que sea sexual: torpeza, vergüenza quizás…antesalas de angustia. El sinsentido tiene dientes, muerde al sentido que deviene inestable. El lector analista atiende al estado del lenguaje en cada sesión. Analista viajero ¡Todo lo que podría caber en la valija! iii Síntesis disyuntiva, así define Deleuze a la palabra valija, de las que se aprovecha Lewis Carroll en “Alicia en el país de las maravillas”. Hay palabras que quedan disimuladas en otra que la acoge y a su vez la rechaza. Compramos el ticket, preparamos la maleta, llegamos a la estación nos acomodamos en el asiento correspondiente y después de tantos preparativos, aún no ha comenzado el viaje. Así describe Freud el inicio del tratamiento, un tren que todavía no parte, que está a la espera de esas palabras que, por vía de la transferencia, y al decir todo lo que se le ocurre -aunque no tenga sentido- abrirán en el trayecto caminos deseantes. Analista deseante En el principio (del análisis) era el verbo, un decir que hace acto e inaugura una composición con un instrumento que desea, y ese desear (del analista) se dice en infinitivo: Sin persona, indeterminado. El verbo infinitivo “dice el acontecimiento del lenguaje”. iv i Freud S ., A propósito de un caso de neurosis obsesiva , T X ,p167, Amorrortu, Buenos Aires 1992. ii Sumo pontífice construye puentes entre lo humano y lo divino. iii Cortázar J, Cortázar Julio, El perseguidor, Cuentos completos , p.299, Aguilar, Bs.As . 2010. iv Deleuze G., Lógica del sentido, Paidós, Barcelona 1989.
- Caligrafía Nómade XXVI / Patricia Mercado
El monte santiagueño calla en el sopor de la siesta. Como un país, calla. Bajo la maldición del sol. Tanta desgracia, tanta. Tanta ignominia, tanta. Sueña, y el alma del quebracho asiente. Pan y agua: sueña. Y se mira las manos vacías. Ajadas las manos: la gitana no se atreve a adivinar el futuro. El hambre agrieta los labios. Con la boca rota, y el violín en la mano, el hijo del diablo dice: Ay, Teréfora Castillo, el fuego te anda buscando porque arda tu corazón como la flor del quebracho. El monte guarda memoria de la Telesita. Joven sin familia, con las ropitas rotas, que poseída por la música danzaba, sin parar, hasta desvanecerse. Incapaz de sustraerse al embrujo de la música, su alma en pena se dejaba llevar en las ancas de la guitarra hasta caer, el cuerpo extenuado, en el silencio de la tierra. Una noche fatídica las chispas del fogón alcanzaron su vestido y su pelo. Danzó en llamas mientras la muerte ponía el último acorde a la chacarera. Frenesí del interminable giro donde se inflama la noche. El pueblo la invoca en las telesiadas: baila el devoto las siete chacareras seguidas, regadas con alcohol, para que la santita del monte haga el milagro. De tierra, esa fe. De ausencia. En la boca de la Salamanca la aparecida viene. En el fervor del fuego, el alcohol y la música. Viene invocada por los cuerpos sudorosos que llaman al milagrito en los huesos secos de la historia. En la carne de la derrota danzan. De a siete, las chacareras. Esos que ya no tienen nada. Esos, la llaman: Telesita. Entre las espinas de la traición. Y el dolor tanto. Sin agua y sin sueños. Dolida, yo también rezo junto a la guardia salamanquera: https://www.youtube.com/watch?v=yStsDfpGfDA
- Los fuegos y las aulas / Verónica Scardamaglia
“Darse al fuego que nos dieron, darse dándolo” Marcelo Percia “Liberarse del tiempo es fundirse en él” Hiroshi Sugimoto 1. Automatismos pedagógicos a) Condenar al fuego. b) Leer, para decir lo que difiere, Mar de fueguitos de Galeano. 2. Una escuela, un nombre, una fogata y una vaca Una escuela pretendía llamarse Ernesto Che Guevara en una ciudad, en un país, que recién iniciaba su derrotero hacia los endurecimientos políticos tanto de los microfascismos progres como de la derecha cada vez más extrema. Ese nombre quedó elegido como resultado de un largo proceso de trabajo armado y sostenido realmente por un conglomerado que incluía estudiantes, docentes, familias y gente del barrio de Parque Avellaneda, en año 2010. El entonces director fundador de aquella escuela había organizado un armado para llegar a la elección del nombre que consideraba, como aspecto central, la justificación y argumentación tanto de los nombres propuestos (muchos de ellos realizados por estudiantes) como de los votos de los mismos. Algunos fueron Antiguo Natatorio, Paulo Freire, Armando Prieto (detenido desaparecido del barrio), Charles Darwin, Carlos Thays (paisajista y diseñador del parque). En los pasillos, se escuchaba el nombre de Parque Japonés en alusión a los rasgos orientales del director. Para el año 2013, después que la elevación del proyecto del nombre a la legislatura porteña quedara cajoneada en la comisión de cultura, y antes de las icónicas peleas, tanto en C5N como en la radio, entre el Centro de Estudiantes y Eduardo Feinmann (1), entre el proyecto Extra Muros y el director surgió un chiste: “la escuela va a tener el nombre Che Guevara, el día en que las vacas vuelen”. Una vaca El proyecto Extra Muros trabajaba desde 2010 a través de acciones e instalaciones que posibilitaron hacer temblar la retícula fundacional de la escuela secundaria que organiza cuerpos, tiempos y espacios apelando a las operaciones claves de la normalización: comparar, diferenciar, jerarquizar, homogeneizar y excluir. Estaba coordinado por docentes que trabajaban con entre 20 y 30 estudiantes de distintos años en la séptima hora (y un poco más) de los viernes. Ese chiste, para Extra Muros, resultó el motor para trabajar en torno al nombre de la escuela que activó una serie de acciones relámpago. Se buscó intervenir el enunciado sostenido off de record por Lía Rueda, legisladora del PRO y presidenta de la cajoneadora comisión de cultura de CABA: “una escuela no puede llevar el nombre de un asesino”. Diseñamos acciones para interrogar y abrir los diferentes sentidos que circulan en lo imaginario social respecto del nombre Che Guevara. La primera fue una instalación que sostuvo por un día, un altar para rezar y pedirle a la vaca cubana, que vuele. En él, ante una imagen de una vaca con boina dibujada por estudiantes y una oración (2), se incluyeron elementos referidos al Che y a la orientación de la escuela (construcción y mantenimiento de espacios verdes). Buscamos tanto desacralizar su imagen como recuperar de él aquellas dimensiones que nos permitieran actualizarlo en lo cotidiano para jóvenes que, quizás, sólo conocieran su imagen en una remera. Otra intervención fue poner afiches en las aulas que invitaban a responder ¿Qué le pedirías a la vaca si volara?. Otra acción consistió en poner a jugar a la vaca con los slogans políticos y colores de partidos y organizaciones de aquellos años. Y la actividad de cierre consistió en instalar una CHEmesse con el diseño de diferentes juegos que recuperaban tanto la vida del Che como algunas luchas anticapitalistas (3). Incomodidades y solemnidades de morales proges (y con poco sentido del humor) no se hicieron esperar y asomaron desde la primera acción. Alguien tomó como insulto a su cuerpo la referencia a la vaca y un vegetariano se ofendió por la plegaria. Una docente sentenció: “si no se entiende, no sirve. Esto es una escuela” y hasta denunciaron que todo estaba elaborado por adultos desacreditando la capacidad inventiva de lxs jóvenes. (Si supieran que desestimamos la creación de un Che travesti con un maniquí que encontramos…). La escalada fue tal que llevó a que el dibujo grandote del Che haciendo fuck you, propuesto y realizado por Vicky, Naza y el Mono para jugar a Ponele la boina al Che, quedara confinado a una pared de la Biblioteca con un armario tapando la parte del gesto “obsceno” y que todos los materiales realizados para la Chermesse, cuidadosamente guardados, desaparecieran a la vuelta de las vacaciones. Ese año, nos autodisolvimos. Una fogata En el querido Parque Avellaneda, desde hace casi 30 años para fines de junio, se insiste en actualizar aquellos rituales barriales de las fogatas de San Pedro y San Pablo en las esquinas. Leemos en la web del parque: “sostenemos este rito a través del espectáculo Luz de Fuego, un encuentro lúdico compartido donde quemamos al Fantoche de las Miserias, que simboliza todo lo no deseado, y que la luz que el fuego produce nos ilumine para seguir apostando a ser mejores personas y poder vivir en un mundo más solidario.” Cada año se inicia la movida alrededor de las 16 horas con una caravana que hace un recorrido por diferentes espacios barriales que suman los fantochitos que cada organización o vecino lleva. El maravilloso grupo de teatro comunitario La Runfla, sorprende año tras año con sus despliegues teatrales y el gran fantoche: un gato negro cuando ganó Macri, un buitre de alas alargadas y así el ingenio del arte, la cultura popular y la denuncia. Ante el alboroto producido por el altar de la vaca cubana, Extra Muros organizó la realización del fantoche de una vaca para quemarla en la fogata, para que resucite y vuele. Como otros viernes de Extra Muros, la alegría del trabajo elegido nos reunió en la biblioteca de la escuela, una vez finalizadas las horas de clase. Nos dispusimos a realizar una vaca en papel maché y decidimos ponerla en un ataúd, con interior pintado de rojo y referencias al desmantelamiento y la muerte de la educación pública en su exterior. La ubre, un guante inflado. La performance: un grupo de adeptxs con máscaras y overoles de vaca acompañando, velándola y llevando como estandarte a la imagen de la vaca cubana del altar. En el escenario, ante la presentación de los fantoches de los espacios del barrio, aquella noche lxs estudiantes leyeron: “Hemos rezado a la vaca para que el día en que la hagamos volar, nuestra escuela logre el derecho de llevar su nombre: "Ernesto Che Guevara". Elegimos quemar la vaca de las miserias, llena de hipocresía, de personalismos que no respetan los consensos, las decisiones colectivas ni los procesos democráticos. De cajoneos, de violaciones despolitizadas, de autoritarismos y de mala onda. Creemos que estas miserias son las que se encarnan en quienes dicen: "No queremos que ninguna escuela lleve el nombre de un asesino". Ningún pensamiento vale más que otro. Sabemos que la fuerza colectiva hace renacer las luchas, que la vaca renacerá de las cenizas, y en su vuelo nos traerá el derecho a la identidad de nuestra escuela. Gracias a todos los que están en esta lucha por el nombre de nuestra escuela, y a todos los que estuvieron ayer física y mentalmente. Como siempre, ¡la salida es colectiva!” Y, como año tras año, vimos la inmensidad de esa luz de fuego que casi toca a las estrellas, que quema los cachetes fríos e invita a actualizar rituales tribales que hacen correr a su alrededor a una multitud. Aquel año, entre la gente, se podía observar, sostenida por un palo de escoba, a una vaca cubana volando. 3. Acción relámpago Leemos en el libro Perder la forma humana Una imagen sísmica de los años ochenta en América Latina de la Red de Conceptualismos de Sur: “El primer modo de entender el carácter “relámpago” de las acciones desplegadas por Mujeres por la Vida y el Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo (MCTSA) ha de partir de una descripción de las razones coyunturales de la duración de sus acciones, cuya premura y fugacidad se vinculaba a la persistencia, durante los ochenta, de la represión practicada por la dictadura desde el golpe militar que permitió hacerse con el poder a Augusto Pinochet. El deseo de escapar a las detenciones y represalias ejercidas por las fuerzas policiales debía conciliarse con la necesidad de intervenir en el espacio público con el objetivo de visibilizar no sólo determinados problemas que atentaban contra los derechos humanos (la denuncia de la tortura, en el caso del MCTSA) o contra el rol social de la mujer (Mujeres por la Vida), sino de rasgar la normalidad implantada por la prolongación indefinida del estado de excepción golpista con acciones que, a modo de síntomas resistentes, impugnaran la legitimidad del régimen. Las modalidades más recurrentes dentro de las acciones relámpago desarrolladas por el MCTSA fueron los cortes de tráfico mediante la creación de cadenas humanas, el uso de lienzos reivindicativos y el recurso a las letanías como modo de asir la denuncia a la cadencia repetitiva de la voz. En el caso de Mujeres por la Vida nos encontramos con un repertorio más amplio, que incluye desde las marchas de mujeres confl uentes en un punto de la ciudad al señalamiento de enclaves simbólicos en las luchas por la defensa de los derechos humanos en Chile, pasando por aquellos dispositivos en los que la reivindicación feminista de la mujer como agente político activo se tornaba más explícita. Además de este rasgo coyuntural que explica la corta duración de las acciones de ambos colectivos, pensamos que es también posible encarar ese carácter relampagueante de sus intervenciones desde una perspectiva benjaminiana que subraye su emergencia en el espacio social como una irrupción estético-política que desdoblaba la realidad impuesta por el régimen. (...) La imagen del relámpago remite a la materialidad de lo fulminante que puede también mutar al fuego y las cenizas. Bajo distintas significaciones, el fuego y lo quemado retornan con insistencia en el imaginario dictatorial chileno (La Moneda en llamas, el uso de las velas entre los familiares de las víctimas, las barricadas de las protestas poblacionales, los jóvenes Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana quemados vivos por una patrulla militar durante una manifestación contra la dictadura de Augusto Pinochet). Cuando en un reclamo desesperado ante la desaparición de sus hijos, Sebastián Acevedo prende fuego a su propio cuerpo, la anarquía de su acto, radicalmente individual, queda inscrito como acto político adquiriendo una pregnante resonancia como llamado a la acción disidente. Acevedo retornaría desde entonces una y otra vez, de diversas formas, como signo de una época: tanto Mujeres por la Vida como el MCTSA consignan la inmolación de Sebastián Acevedo como un hito conmocionante que marcó el inicio de sus respectivas agrupaciones. Como se ve en la entrada “Enunciar la ausencia” incluida en este libro, este signo aparece en Homenaje a Sebastián Acevedo (1992), de Las Yeguas del Apocalipsis. Pero ya había emergido años antes en Hospital del trabajador (1989), de Pedro Lemebel, donde el uso del fuego es el elemento primordial. Se trata de una intervención en las ruinas del Hospital Ochagavía, levantado durante el gobierno de Salvador Allende en un barrio periférico de Santiago. Con elementos simples, Lemebel trabaja sobre la ruina como resto cargado de temporalidades heterogéneas. Tendido en el piso, cubre su cuerpo con los ladrillos, que señalan los cimientos reducidos a escombros de la utopía de la salud social erigida monumentalmente en el gobierno de la Unidad Popular. Luego los unta con neoprén, droga lumpen que a fines de los años ochenta convoca al sujeto escoria que comienza a surgir como residuo del apogeo neoliberal que en ese momento habita el exhospital (días antes de la intervención ocurre un feminicidio en el lugar) y que perdurará excluido y despojado de una cultura de rebeldía en los años posdictatoriales. La acción se consuma cuando Lemebel prende fuego al pegamento sobre los ladrillos en directo contacto con su cuerpo, gesto que tributa a Sebastián Acevedo y su radical acto contra la violencia dictatorial. Como un fuego fatuo, la acción de Lemebel, realizada en el punto de partida de la transición, anuncia cómo las utopías y violencias que la posdictadura necesita negar se convierten en lo sucesivo en una luz fantasma que pervive con una débil fuerza mesiánica.” 4. Lo que quema Cuesta hablar del dolor. Y mucho más cuesta hacerlo en las aulas (quizás, no tanto en los pasillos). Una vez, en 2016, hubo un primer año que hablaba mucho. Tanto que ya para abril sabíamos que en esas vidas de 13 o 15 años, la muerte estaba muy presente. Un hermano mayor asesinado por la policía, un padre detenido, una abuela con cáncer. La presencia del dolor resultaba contundente y ante ese acecho, una ocurrencia se hizo presente. A partir de trabajar el significado del fuego en diferentes pueblos originarios, nos propusimos producir un acto íntimo de escritura de una carta para alguien cercano o lejano, vivo o muerto en la que decir esas palabras que necesitáramos. Una condición: nadie leería las cartas. En aquella ocasión, no sólo todxs escribimos sino que hubo quiénes trajeron más de una carta. El día acordado, en una especie de ceremonia de jóvenes amontonadxs, en el pasillo externo de la escuela, depositamos en un chapón una a una las cartas con sus sobres cerrados y, lentamente, les prendimos fuego. Guiadxs por algunxs estudiantes de 5to año y la profe de espacios verdes, una vez que las cartas se volvieron cenizas, las esparcimos en el pozo que habían hecho y plantamos ahí un árbol que creció junto a la ventana del aula y que ellxs se ocuparon de regar y cuidar. Cuando llegaron a 4to año (2019) y el azar los ubicó nuevamente en aquella aula, nos dimos cuenta que aquel árbol abonado por palabras, nuevamente estaría acompañándoles desde la ventana. 5. La maldición de las luciérnagas (como si los animales entendieran de moral) Que revivan, uno a uno, todos los bichitos que alguna vez mataste y convivan con vos, de noche, en una habitación pequeña. 6. ¿todo fuego pasado fue mejor? ¿qué pueden los fuegos hoy? (1) https://www.youtube.com/watch?v=aWdm9Eod-co (2) Plegaria a la vaca: Vaca nuestra que estáis en el suelo / sacrificadas sean tus ubres / venga a nosotr@s tus alas / hágase tu voluntad así en Belgrano R como en Cildañez / danos hoy nuestra leche de cada día / (y la manteca que siempre le pongo al pan) / y perdona nuestros asados / así también como nosotr@s perdonamos a l@s vegetarian@s / no dejes de hacernos caer en la tentación / y líbranos del chancho burgués. (3) Tumbagarcas (con latas con imágenes de Lía Rueda, Macri, Videla, Feinmann, entre otrxs), Ponele la boina al Che, El juego de la foca (en referencia al foquismo y con preguntas y respuestas sobre imágenes de la vida del Che), Inventate una vida (juego con ruleta sobre lo absurdo y el azar en el vivir), No seas bigote (juego de bolos forrados con imágenes de revistas con todas las caras intervenidas por bigotitos hittlerianos), la rayuela revolucionaria (de México a la revolución, con iformación histórica en cada casillero), la vaca TV- CQChe (emulación del programa CQC con estudiantes en mameluco de vaca preguntando sobre el Che).
- Adynata Noviembre / VPS
Habitamos el mientras tanto aún sin saber cómo. Acá estamos entre chispas, fuegos, cenizas, rescoldos y luciérnagas. Titilando, impermanentes, entre centelleos y martillazos. Descuageringadas. Habitamos el mientras tanto sin saber cómo aun.
- Darse al fuego / Marcelo Percia
1. Cada época crea y reaviva sus metáforas. Metáforas actúan como redes de sensaciones, como sintaxis de sentimientos, como sacudidas de imaginación y pensamiento. Se alude al fuego como figura de pasión y devastación, de calidez y crueldad, de soledad y comunión. Metáforas simulan saber lo que no sabemos ni entendemos. Como dice Hans Blumenberg (1996), para pensar, empleamos conceptos heridos de inconceptualidad. 2. Tal vez todo consiste en evitar que se extinga el fuego de la vida. Antes de los tiempos cristianos, Lucrecio ofrece la imagen de la carrera de antorchas para pensar la transmisión: “Unas vidas crecen, otras se agotan y, en poco tiempo, se suceden las generaciones que se pasan, como corredores, la antorcha de la vida” . Darse al fuego que nos dieron, darse dándolo. No se recibe la antorcha para atesorarla como un bien propio. Se la recibe para pasarla. Pasar lo que recibimos: en eso consiste el secreto de un común vivir. 3. No se trata de pasar una cosa, un dato, una información, sino de transmitir una emoción. Pero, ¿cómo se transmite una emoción? Eso no se sabe. Muchas veces ocurre sin que nos demos cuenta. Un saber sin emoción no se transmite como saber, sino como información. Pensar supone decidirse por algo sabiendo lo mucho que se deja de lado. De ese modo lo percibe Oscar Masotta (1969) cuando escribe “Entre conciencia y estructura, elijo la estructura pero sin olvidarme de la conciencia” . Así, entre emoción e información, aquí se privilegia la emoción sin desestimar la información. Tensiones entre emoción e información reeditan disputas -que se libraron durante siglos en el pensamiento europeo- entre poesía y ciencia, entre superstición e ilustración, entre romanticismo y progreso, entre locura y racionalidad. 4. Si se piensa la vida como una antorcha encendida, la cuestión reside en su pasaje. La antorcha detenida se apaga. Sin la transmisión del fuego se extingue la vida. 5. Vivir supone saber dichas y desdichas del fuego. Saber sus chispas, sus ardores, sus cenizas. Saber que se puede apagar o incendiar una vida. Acaso la cuestión no resida en si tenemos o no algo que decir, sino en si pasamos por la vida cuidando un fuego. O dicho de otra manera, si pasamos por la vida manteniendo encendida la pregunta sobre en qué consiste cuidar el fuego de la vida. 6. Darse al fuego supone darse a lo pasajero. Darse a un saber, dándolo. Legar un momento de combustión. El instante de una llama. El asombro del fuego. Como si se tratara de un haiku . Algo así como esta línea de Baldomero Fernández Moreno (1947): “Una mano tendida, en el aire, a la hoja seca que cae” . 7. A veces, no se percibe el instante del fuego. La vida pasa sin saberla. Silenciosa. Mientras hacemos cálculos con el tiempo. 8. En innumerables ocasiones se ha pensado en el acontecimiento del fuego. El fuego mitiga el frío, protege de otros animales, posibilita establecerse en un sitio, prolonga el día, permite cocinar alimentos y absorber proteínas, contribuye a la fabricación de herramientas y piezas de barro. Según Gastón Bachelard (1938), con el fuego comienza la historia del conocimiento: saber encender el fuego, saber usarlo, saber transmitir ese saber. 9. Lévi-Strauss (1964) en sus primeras Mitológicas describe el pasaje de la naturaleza a la cultura. Identifica en la conquista del fuego la figura de esa transición: el pasaje del alimento crudo al alimento cocido. Del mismo modo, alrededor del fuego lo acontecido se transforma en vivido cuando se vuelve relato. 10. El fuego habita en el corazón de lo vivo. En el corazón de la tierra y los mares, en el corazón del viento y las lluvias, en el corazón de los árboles y las piedras. En el corazón de lo que se mueve y canta. El fuego abriga y protege. También quema, incendia, destruye, castiga. El fuego transforma la vida en vida. Así sienten el fuego, en este continente, pensamientos que anteceden a las conquistas europeas. 11. Prometeo roba el fuego a los dioses para mitigar sufrimientos de las criaturas mortales. Lo castigan por eso. Goethe le dedica un poema, Marx honra su rebeldía, Nietzsche lo reconoce como autor de un pecado sublime, Freud lo piensa como un delincuente pasional, Kafka lamenta el olvido de su acto heroico. El tedio eterno de su herida. 12. Según una leyenda guaraní los buitres poseían el fuego. Lo atesoraban para cocinar a sus presas vivas. Un día el sapo y el dios Tupá urdieron un plan para arrebatarles el secreto de la llama. Tupá simularía estar dormido e indefenso para atraer a las aves maléficas, mientras el sapo esperaría escondido. De esa manera sucedió: enseguida llegaron los buitres voraces y comenzaron a preparar el fuego. En un descuido de las aves, Tupá apagó el fuego, pero antes lanzó una pequeña brasa en dirección del sapo para que este huyera llevándola en el buche. Así los buitres perdieron el fuego y se transformaron en tristes aves carroñeras. 13. Heráclito postuló un materialismo del fuego. No lo supuso creado por los dioses. Ni deducido por las inteligencias que hablan. Tampoco lo imaginó como objeto de codicia. Ni motivo de robos y traiciones. Se le atribuye este fragmento: “Nuestro cosmos, el mismo para todo lo existente, no lo hizo un dios ni lo hicieron las criaturas humanas. Nuestro cosmos siempre ha sido, es y será fuego eternamente viviente” . Concibió la infinitud de un fuego increado. El fuego como íntima llama del tiempo. El fuego como reserva de todas las formas. El fuego como metamorfosis: del fuego nace la vida, de la vida renace el fuego. ¿Lo que comenzó con el fuego terminará con el fuego? 14. José Emilio Pacheco (1966) escribe un libro de poemas que se llama El reposo del fuego . Dice en Don Heráclito : “Y el reposo del fuego es tomar forma / con su pleno poder de transformarse. / Fuego del aire y soledad del fuego / al incendiar el aire que es de fuego / Fuego es el mundo que se extingue y prende / para durar (fue siempre) eternamente” . El pensamiento sobre el fuego en la poética de Pacheco reúne la tradición presocrática con las perspectivas de las sensibilidades prehispánicas en lengua náhuatl. Así se lee en La rueda , publicado en el Silencio de la luna en 2014: “Sólo es eterno el fuego que nos mira vivir. / Sólo perdura la ceniza. / Funda y fecunda la transformación, /el incesante cambio que manda en todo. / Sólo el cambio no cambia y su permanencia / es nuestra finitud. / Hay que aceptarla y asumirla: ser / del instante, / material dispuesto / a seguir en la rueda del hoy aquí / y mañana en ninguna parte” . ¿Mientras reposa se transforma? ¿Mientras se transforma reposa? ¿Lo que se extingue se enciende? ¿Lo que se enciende se extingue? “Sólo el cambio no cambia” . 15. En tiempos de hablas del capital, la expresión fuego helado expresa un doloroso oxímoron que denuncia un mundo de sensibilidades indolentes o de indolencias de la sensibilidad . Un texto del poeta surcoreano Choi Seung-Ho (2010) se titula Autobiografía del hielo . Dice: “ Yendo a un colegio de hielo me hice de hielo. El mundo era una máquina de enfriamiento. Mi padre, el profesor, el dictador, hasta el mismo Dios, se esforzaban en la producción de hielo. Después de veinte años, endurecido por la congelación, se me congelaron hasta las lágrimas. Era un castillo de hielo. Con la soledad cercada por un blanco muro de hielo, insistí en mi ego de hielo. … Incluso las llamas del amor, al tocarme se apagaban. … esa etapa congelada la he vivido durante mucho tiempo. La historia del ego merece registrarse como una era glacial” . Llamamos yo a una ficción congelada, a un castillo o choza helada, a la frialdad amorosa centrada en lo propio. El interés individual, sobre todo lo demás, se recordará como el tiempo glacial de las sensibilidades. 16. La maldición de los corazones helados recorre literaturas de las infancias. No tener corazón o tenerlo endurecido, arrancar el corazón o herirlo. Crueldades sobrevienen como hijas del hielo. El escritor danés Hans Christian Andersen publica en 1844 La Reina del Hielo . Un mago malvado crea un espejo de indolencias y apatías. Un espejo de indiferencias cuyas astillas rotas se esparcen en el mundo. Un hechizo que hiela los corazones. Pero, cuando casi todo está perdido, la amistad y las lágrimas de un amor rompen el hechizo y vuelven a irradiar un calor sanador. 17. Asistimos a una conversación o un encuentro clínico para descongelar el acto de pensar. Para encendernos con palabras encendidas. 18. Algunas sensibilidades no saben, no pueden, no quieren, blindar emociones. Sienten la vida en demasía. Les duele el dolor que sienten más allá de las estrechas biografías. A Kafka le pasa eso. A los diecinueve años, en 1902, escribe una carta a su amigo Oskar Pollak en la que dice que necesitamos volvernos sensibles al dolor, que deberíamos leer libros que muerdan y lastimen. Se pregunta, ¿para qué leer, si lo que leemos no nos hace arder? Piensa que necesitamos saberes que nos acompañen en situaciones de desgracia, de desamparo, de desesperación. Anota: “… un libro ha de ser un hacha para clavarla en el mar congelado en el que vivimos. Eso creo” . Kafka siente la escritura como filo en el corazón congelado de una época. Y considera que la amistad guarda el secreto del calor. 19. Karl Kraus funda en Viena la revista La Antorcha en 1899, el mismo año en que Freud termina la Interpretación de los sueños . Una publicación dolida por el aplanamiento, la simplificación, la cultura como adorno. Stefan Zweig relata que la Viena de fin de siglo se pensaba a sí misma como una astilla de eternidad caída sobre Europa. Como un reino de bellezas e ideas sin fin. Sin embargo, Kraus vislumbra tiempos enceguecidos. Denuncia decorados, ornamentaciones, ideas huecas. Siente la desolación. Advierte el peligro. La incubación del horror. La Antorcha trata de reponer la potencia de un lenguaje no codificado, no anestesiado, no encandilado por resplandores, no amordazado por indiferencias y complicidades. Escribe: “Soy sólo un aprendiz que no abandona el hogar de la lengua” . Kraus no piensa el hogar de la lengua como la casa de la palabra, sino como llama encendida, como hoguera que destruye y que salva. 20. El 24 de diciembre de 1900, un grupo de exilados socialistas, entre los que se encuentra Lenin, publican en Alemania el primer número de Iskra ( La chispa ) que lleva como leyenda una línea del poeta perseguido por el zarismo Vladimir Odoyévski: “Una chispa puede encender la llama” . Esa chispa encendida contribuyó a la revolución de octubre de 1917. 21. Urge saber los secretos del calor. Puercoespines se alimentan con frutas, pastos, hojas. Tienen púas largas y pueden medir más del doble que los erizos. Erizos se alimentan con insectos, serpientes y ranas pequeñas. Tienen púas más cortas que los puercoespines. En 1851, Arthur Schopenhauer publica un conjunto de ensayos breves y fragmentarios. Allí presenta una parábola que se emplea tanto para los erizos y los puercoespines como para otras especies vivas. En el relato, citado por Freud (1921), esas criaturas cubiertas de púas se aproximan en días de mucho frío para darse calor pero, al mismo tiempo, tienen la precaución de alejarse para no lastimarse. Darse al calor sin dañarse: en eso consiste el secreto de la vida en común. 22. Cámaras de gas no matan con fuego. Liberan tóxicos que asfixian en lugares sellados. ¿La muerte por gas se considera más civilizada que la quema de personas vivas? En los campos de exterminio, las víctimas supliciadas, ¿cuánto tardaban en morir? En hogueras de la inquisición o en la caza de brujas, ¿cuánto podía durar el horror antes de que llegara el alivio de la muerte? ¿Cuánto tiempo demoraban en morir vidas arrojadas al mar (inyectadas con pentotal, en estado se somnolencia) desde los aviones de terror en nuestro país? Tras la muerte en las cámaras de gas, transportaban los cuerpos a una sala, donde les sacaban el cabello y los dientes de oro. Después los enterraban en fosas comunes o los quemaban en hornos crematorios. Paul Celan (1947) escribe en Fuga de la muerte : “cavamos una fosa en el aire allí no se yace estrechamente” . 23. Se las quemaba por brujas. Así ocurría entre los siglos quince y diecisiete europeos. Se sospechaba de las que carecían de protección familiar, de las no elegidas para el matrimonio, de las viudas jóvenes, de las que vivían apartadas y solas. Pero, sobre todo, como dice Silvia Federici (2021), de las ancianas que guardaban memorias de lo común. A comienzos de mayo de este año, a medianoche de un lunes, en la habitación 14 del hotel familiar de Olavarría 1621, en Barracas, dormían en una cama matrimonial cuando se despertaron en el infierno. Sus cuerpos estaban envueltos en llamas. En esa misma pieza descansaban otras dos amigas. El hombre de la habitación de al lado las quemó por mujeres y lesbianas. Utilizó un combustible para iniciar el fuego. 24. El 10 de mayo de 1933, miles de estudiantes universitarios en Berlín queman libros impuros. Arden escritos de Bertolt Brecht, Max Brod, Stefan Zweig, Thomas Mann, Karl Marx y Sigmund Freud. Entre los libros quemados se encontraba la obra del poeta judío-alemán del siglo diecinueve, Heinrich Heine. Había escrito en un pasaje de su pieza de teatro Almansor : “Ahí donde se queman libros se acaban quemando también seres humanos” . 25. Freud escribe su última obra, Moisés y la religión monoteísta , en tiempos sombríos. El nazismo avanza tanto como su enfermedad. Comienza la redacción en 1934, en Viena, y la termina en su exilio en Londres en 1938. Muere meses después. Escribe: “Vivimos una época extraña. Comprobamos, asombrados, que el progreso ha hecho un pacto con la barbarie” . Freud se propone iluminar las razones inconscientes del odio contra el pueblo hebreo. Conjetura un Moisés no judío, un Moisés egipcio. Supone una tribu semita esclava que, tras resistirse a aceptar la doctrina de un único dios, asesina al profeta. Luego deduce la necesidad de reparación de esa culpa colectiva. Y, por último, considera al cristianismo como retorno del parricidio reprimido. Sugiere que el sacrificio de Jesús representa una metáfora invertida del asesinato de Moisés. Un último intento de que la racionalidad psicoanalítica detenga el horror. Freud escribe urgido. No puede hacer otra cosa para impedir la catástrofe. Concibe el psicoanálisis como cura de los sufrimientos innecesarios. Y, también cree, aunque se contenga de decirlo así, que el psicoanálisis apagaría la hoguera del antisemitismo europeo. 26. La escena se relata en del libro Éxodo . Moisés escucha una voz que emana de la zarza ardiente. Se trata de un fuego extraño que no destruye ni se consume. Las palabras que surgen de la llama exhortan a Moisés a que libere a su pueblo de la esclavitud. Moisés se excusa diciendo que prefiere continuar como pastor. Argumenta que tiene mucha edad y que no le da la talla para profeta. La voz del fuego responde que no puede rehusarse. Sin embargo, Moisés insiste: aduce que se cometería un error enviando como mensajero a un profeta con dificultad para hablar. La voz del fuego explica que se expresará a través de su hermano Aarón. Deberá sólo anunciarse como el enviado de un “dios único, eterno, omnipresente, invisible e irrepresentable” . Lo demás ocurrirá porque ocurrirá. 27. Moisés tiene problemas para articular palabras. Se cuenta que un día, mientras el faraón visita a su hija, Moisés, que entonces tiene tres años, extiende su mano para arrebatarle la corona. El monarca, alarmado, recuerda la profecía: “Alguien criado en tu palacio un día te despojará de tu reino” . Llama a sus consejeros para que interpreten el significado del gesto del pequeño. ¿Una travesura sin importancia o la señal de una traición futura? Tras mucho reflexionar, los consejeros proponen someter al niño a una prueba para asegurar el destino del imperio. Colocan en una bandeja de plata una pepita de oro y un carbón todavía encendido. Si la criatura, poseída por la ambición, se abalanza hacia el oro merecerá la muerte; pero si opta por la brasa revelará lealtad. El faraón considera la prueba razonable. El niño atraído por el brillo está por abrazar la pieza de oro, pero un inesperado viento lo empuja en dirección de la brasa. Entonces, gritando de dolor se lleva la mano a la boca todavía con una chispa encendida que le quema la lengua. A partir de ese día, Moisés tuvo dificultad para hablar. 28. Gastón Bachelard (1938) en Psicoanálisis del fuego dice que “lo primero que se conoce del fuego es que no se lo debe tocar” . 29. Las llamas de la dictadura consumieron bibliotecas de una época luminosa. El 26 de junio de 1980, en Sarandí, partido de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, se quemaron veinticuatro toneladas de libros que pertenecían a la editorial Centro Editor de América Latina, fundada y dirigida por Boris Spivacow. Lo que el fuego extingue, ¿el fuego enciende? 30. El lexema piro, que en griego significa fuego , ardor , pasión , participa en la composición de algunas palabras como pirofilia (amor al fuego, placer de quemarse), piromancia (arte de la adivinación por el color, intensidad, forma de la llama), piromanía (impulso incontenible a provocar incendios), pirotecnia (fabricación de explosivos y gusto por los fuegos artificiales). Esa marca helénica sobrevive, también, en las palabras pira y piropo . La primera se empleaba para nombrar las fogatas en las que se quemaban cadáveres y se realizaban sacrificios. La segunda que, en los comienzos servía para describir piedras o aleaciones brillantes, llega hasta nuestros días (y se admite sólo) como coqueteo no lascivo, como emanación de respetuosas miradas de fuego. Vicente Zito Lema (2022) cuenta en su libro póstumo, Fuegos mentales. La novela del poeta en el hospicio , que -cuando se conocieron- Jacobo Fijman le dijo que no estaba loco, sino pirado . Le explicó que en sus sueños ardían hogueras de dolor y que ni todos los mares del mundo podían apagar esos fuegos mentales . 31. Gastón Bachelard escribe más de una vez sobre el fuego. Tal vez no conocía el artículo de Freud, Sobre la conquista del fuego publicado en 1931, cuando en 1938 escribe Psicoanálisis del fuego . Veintitrés años después, en 1961, edita La llama de una vela . Sugiere que la llama de una vela nos conecta con “el pasado de todos los fuegos del mundo” . Que en la llama de una vela nos encontramos con la soledad, el sueño, la fantasía, el pensamiento. Que en la llama de una vela sentimos la vida que tiembla y arde. Escribe: “La llama es un alma que sufre. Sombríos murmullos nacen de este gemido. Todo dolor pequeño es el signo del dolor del mundo” . En este texto, avisa que escribirá más adelante La poética del fuego . De ese otro libro anunciado se publicaron fragmentos después de su muerte. 32. Sabemos que la palabra hogar proviene del vocablo latino focus que nombra al fuego . Sabemos el fuego como lugar de conversación y la conversación como el hogar del fuego. Conversamos para inventar hogares. 33. Escribe Heidegger (1947) en Carta sobre el humanismo : “El lenguaje es la casa del ser. En su hogar habita el hombre. Los que piensan y los que crean con las palabras son los custodios de este hogar” . Algunas discusiones comienzan como una cuestión de acentos. Basta un matiz para separar continentes. Precisa la observación de Heidegger. Sin embargo, se podría decir que la conversación, en cualquier parte que se dé, compone un hogar. Incluso la conversación no sólo como hogar, sino también como momento de invención de hogares. Invención de hogares en tiempos en los que no hay a dónde ir. Invención de hogares, incluso, en medio de ninguna parte (como el título de la novela de Coetzee, 1977). 34. Tal vez darse al fuego quiera decir darse a una memoria. En La genealogía de la moral , Nietzsche (1887) se pregunta cómo sucede la memoria. Cómo un instante sobrevive al olvido. Entonces, recuerda una máxima que dice: “Para que algo permanezca en la memoria se lo graba a fuego; sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria” . Advierte, así, que las memorias cargan historias de sangre, sacrificios, martirios, mutilaciones y otras muchas crueldades, para siempre. 35. Conversamos para reavivar una antorcha. Emociones encienden la vida. Se trata de transmitir, no de comunicar. Comunicar puede hacerlo un programa de inteligencia artificial, pero transmitir supone pasar “la antorcha de la vida” . Si la comunicación da un mensaje, la transmisión da una vibración. Una vibración en la que resta algo sin decir. En la que algo queda como ruido, como temperatura, como temblor, como agitación, como chispa. 36. Quizás darse al fuego suponga eso: darse a lo que queda sin decir. Darse al encanto de un soplo, a lo que todavía no tuvo o nunca tendrá la osamenta y el latido de las palabras. Saber lo sin decir sana. El día en que se imponga la idea o creencia de que está todo dicho se terminará la vida tal como la conocemos. 37. Clínicas dan tiempo para saber lo sabido, a la vez que hermosean lo irresuelto. Dan tiempo para que sepamos lo que sabemos sin querer saber. A la vez que recuerdan que la vida siempre queda sin decir. Así, sus despedidas, al cabo de cada sesión ( ¿seguimos con esto la próxima? , ¿dejamos por hoy acá? ) no sólo anuncian la próxima cita, sino que celebran, a la vez, la inconclusión del fuego. 38. Darse a una clase, darse a una conversación, darse a una sesión de análisis, darse a una cita, se puede pensar, también como avivar una llama. Reanimar un fuego, volver a darse al calor, reiniciar una llamarada. 39. La palabra avivar también se usa para indicar una agudeza, una perspicacia, un astucia. O sugiere que no se ha entendido algo o captado una situación. Hace tiempo, entre las infancias, avivarse tenía relación con comenzar a saber qué hacer con lo que se tiene entre las piernas. Avivarse significaba anoticiarse de algo que se ignoraba sabiéndolo. Tal vez, avivar consista en soplar los fuegos del deseo. 40. Las luciérnagas se llamaban bichitos de luz. En noches de verano danzaban con sus luces. Se las capturaba en envases de vidrio con pequeños agujeros en las tapas para que pudieran respirar. Así se fabricaban faroles. Dentro de los frascos los bichitos de luz se movían como diminutos dragones de fuego. Irradiaban una luz brillante y, a la vez, mortecina. No picaban ni trasmitían enfermedades. Emitían destellos antes aparearse. 41 La expresión inglesa fireflies que se emplea para nombrar a las luciérnagas se traduce literalmente como moscas de fuego . 42. Pierre Paolo Pasolini escribe en febrero de 1975 un texto que se conoce como el artículo de las luciérnagas aunque se publica con el título de El vacío de poder en Italia . Un escrito desencantado con las supuestas políticas antifascistas después de la guerra que sólo actuaban como máscaras de un fascismo renovado detrás del poder coercitivo del consumo. Se lee: “En los primeros años sesenta, a causa de la contaminación del aire y sobre todo en el campo, a causa de la contaminación del agua (los ríos azules y los arroyos transparentes), comenzaron a desaparecer las luciérnagas. El fenómeno fue fulminante y fulgurante. Tras unos pocos años ya no había luciérnagas. (…) A aquel ‘algo’ que sucedió hace una decena de años lo llamaré por tanto ‘la desaparición de las luciérnagas’” . 43. Didi-Huberman (2009) escribe Supervivencia de las luciérnagas . A partir del texto de Pasolini, sostiene que las pequeñas luminiscencias de la noche no desparecieron. Huidizas y discretas continúan emitiendo señales. Escribe: “El universo dantesco se ha invertido, pues: es el infierno el que ahora está bien iluminado…” . Tiempos oscuros se presentan, en estos tiempos, demasiado iluminados. Luciérnagas erráticas, sensuales, incapturables, escapan a la luz del fascismo que ciega. Pequeñas y frágiles, resisten danzando -como destellos de pensamientos intermitentes- ante un mundo terrorífico. Didi-Huberman concibe imágenes luciérnagas, saberes luciérnagas, poblaciones luciérnagas. Piensa que las luciérnagas no han desparecido en la noche. Anota: “No. Las luciérnagas han desaparecido en la cegadora claridad de los reflectores feroces” . Sus luces pasajeras, menores, dispares, pese a todo, sobreviven. Sus centelleos, pese a todo, sobreviven a las contaminaciones lumínicas. Sus caprichosas danzas de apareamiento, pese a todo, sobreviven a la robotización de los corazones. Sus lucecitas tenues, pese a todo, sobreviven a la fuerza arrasadora de los focos del capital. 44. La expresión pese a todo compone la obstinación de vivir. No la capacidad solitaria de soportar adversidades. Ni la recomendación de apelar a la fuerza interior para salir adelante. Ni el optimismo de la individualidad. Se trata de otra cosa: de saber la común debilidad, la común intermitencia de las luciérnagas, el común brasero de las soledades. 45. Otro relato guaraní dice que Tupá, dios que cuida la vida, regaló el fuego a las existencias frágiles que hablan. Así, se sentían felices pudiendo alumbrar la noche. Gozaban sentándose alrededor de las llamas para comer, para contar historias, para reír. Cuando Añá, el espíritu del mal, comprendió la calidez de los fuegos se puso a soplar de envidia. Sopló y sopló hasta que los apagó. La noche esa vez lloró fría, triste y oscura. Tupá -que no puede vencer a Añá, pero sí darle pelea- inventó los isondúes : los bichitos de luz. Los isondúes volaban como mágicas fogatas sobre el monte, los arroyos, la selva. Tras ellos corrió Añá. Soplaba y soplaba, pero las luces de los isondúes se apagaban y al rato se volvían a encender. Mientras tanto, Tupá se puso a exhalar suaves dulzuras en los oídos de las pequeñas brasas escondidas en las cenizas e hizo resurgir el fuego. Así nacieron las luciérnagas que emplearon sus luces fugaces para engañar a Añá, el viento malo que se perdió soplando detrás de ellas. 46. Gaston Bachelard recuerda que su abuela llamaba “pájaros del fuego” a las pequeñas fogatas que ella misma provocaba al soplar con una pajita sobre la llama. 47. No significa lo mismo asistir a una conversación que darse a una conversación. Nos damos a una conversación para hacer lugar a una palabra angustiada o enamorada. No para interrogar qué necesitamos aprender, sino qué nos urge desaprender. Urge desaprender indolencias. Urge desaprender indiferencias. Urge desaprender impasibilidades. Urge desaprender anestesias. Urge desaprender crueldades. Urge desaprender el imperativo de la fuerza. Urge desaprender el miedo a una común vulnerabilidad. Urge desaprender pensamientos que no salen a las calles y calles que no entran en los pensamientos. Urge desaprender los cuerpos helados. Urge desaprender querer decirlo todo. Nos damos a una conversación para volver a sentir la íntima llama de lo inexplicable. 48. Un cuento popular ruso cuenta de un pájaro de fuego que aparece fugaz a medianoche en un jardín muy custodiado, para robar las manzanas de oro del zar. En leyendas griegas al ave de la larga vida, fénix que renace de las cenizas, también se la conoce como pájaro de fuego. 49. Darse al fuego supone darse a las eróticas que piensan. Tal vez ya no importe pensar sin la invención de hogueras sensuales e insumisas. Un común pensar necesita fuegos abrazadores y braceros de cercanías. Necesita conversaciones encendidas, excitadas, agitadas. Esas conversaciones no se demandan, no se exigen, no se presionan, no se obligan. Se dan por gusto, por urgencia, porque sí. 50. Dos ideas de Bataille (1957) sobre el erotismo: una, probar pensar sin cabeza, pensar con el cuerpo no sabido; otra, recordar que el erotismo nombra el misterio de las atracciones, el misterio del deseo, el misterio de los saberes que sanan y contagian entusiasmos. 51. Las sensualidades nacen del fuego. Armonía Somers publica La mujer desnuda en mil novecientos cincuenta. Un escándalo para la época. El día de su cumpleaños número treinta, Rebeca Linke decide cortarse la cabeza con una daga. Se lee: “Una cabeza, algo tan importante sobre eso tan vulnerable que es un cuello... (...) El filo penetró sin esfuerzo, a pesar del brazo muerto, de la mano sin dedos. Tropezó con innumerables cosas que se llamarían quizás arterias, venas, cartílagos, huesos articulados, sangre viscosa y caliente, con todo menos el dolor que entonces ya no existía… (…) La mujer decapitada tomó su antigua cabeza, se la colocó de un golpe duro como un casco de combate. ”. Así comienza la aventura nómade de una sensualidad indómita. Se lee: “Entonces ya no hubo más remedio que vivir, con todo lo que eso esconde adherido al verbo” . 52 Tanto en la clínica como en las aulas se da una erótica del pensar que no se reduce ni se explica como una física de la sexualidad. Esa física puede consumarse como abuso de poder, como dominación, como efusividad propietaria, como resto esclavista de la pulsión. A veces intimidades clínicas y transmisiones en las aulas no saben qué hacer con la voluptuosidad de las cercanías. Las clínicas, a veces, las conjuran con distancias sin afectividad; las transmisiones, con los años, adquieren el hábito de transformarse en comunicaciones ignífugas. Seducciones confunden en las clínicas y en las aulas. Conviene recordar que no interesan como atracciones entre sensualidades torpes e impulsivas, sino como arrojos del deseo de pensar. Clínicas practican una erótica de lo interminable. Tras procurar y procurar otras maneras de pensar, terminan por admitir la irresistible atracción de una promesa que siempre se traslada a una próxima vez. 53. No se trata de sucumbir a la fácil atracción de los cuerpos, ni a la excitación de las seducciones, ni a los consejos de vida, ni a los automatismos de la experiencia, ni al afán de reconocimiento, ni a la tentación de fascinar. Se trata, contra todo eso, de hacer amistad con lo que no se sabe o no se entiende. El oficio de hacer amistad con lo que no se alcanza, con el límite, con el no poder, con la responsabilidad de no dañar, con lo que respeta extrañezas que habitan en toda soledad, se podría llamar filoclínica . Y ese mismo oficio cuando también hace amistad con lo que enciende los cuerpos y hace arder las palabras, se podría llamar piroclínica . 54. Notas para un manifiesto de encuentros para un común pensar: “No estamos aquí para enseñar lo que hay que enseñar. No hay nada más que enseñar. Estamos aquí porque necesitamos incendiar el sentido común. Estamos aquí para perder la cabeza. Porque urge atraer el deseo de un común estar y un común pensar. Porque nos hacen falta ideas que nos seduzcan. Estamos aquí porque queremos volver a sentir excitación en los cuerpos” . 55. Tal vez convenga volver a distinguir entre enseñar y transmitir . Enseñar hace proximidad con instruir, adoctrinar, amaestrar. Incluso con exhibiciones que dejan auditorios con las bocas abiertas como peces atraídos por sabrosas carnadas. Se enseña lo que se sabe, se transmite lo que no se sabe. Se enseña una fórmula, un conocimiento, un dato que se debe memorizar; se trasmite un fuego. Se trasmiten antes afectos que contenidos, se trasmiten pasiones antes que doctrinas. A veces ideas se exponen con jactancias. Se las pronuncia como ofensas, como gestos de superioridad, como imposiciones, como exhibiciones, como cautiverios. A veces ideas se muestran graves, severas, solemnes; otras, se expresan joviales y respetuosas. Conviene cultivar la vocación de alojar lo no conocido. La inclinación a pensar sabiendo lo no sabido. La navegación en la duda, en lo inalcanzable, en lo infinito. Como piedras que caen sobre espejos de agua que comienzan a propagarse con ondulaciones que se expanden hasta volverse imperceptibles, así suceden las transmisiones. 56. Darse al fuego supone darse a las transferencias. Cuando vocaciones impetuosas se dan a la clase no solo se las oye, se está en ellas, con ellas, por ellas. Estar, estar ahí, supone amar ese momento, esa composición en común: de eso se trata la transferencia . 57. Se llega a una clase, a una conferencia, a una sesión de análisis, ya habiendo llegado de muchas formas antes. Se llega con expectativas y precauciones. Se llega suponiendo saberes, malicias, rechazos. Quienes llegan con indiferencia, tedio, apatía, transfieren indiferencias, tedios, apatías. 58. El rubor delata subterráneos ríos de fuego. 59. El lenguaje del fuego precisa tres infinitivos: encender, mantener, apagar. Fuegos clínicos se encienten con lo que (desde Freud) se llama transferencia . Y se apagan cuando el deseo no concurre a la cita. Puede que desaten incendios y que algunas veces merezcan el nombre de artificiales . También que no se sepa mantener todo el tiempo la misma llama. Intermitencias, intervalos, discontinuidades, se consideran también palabras del lenguaje del fuego. 60. Transferencias viajan en el tiempo llevando chispas de lo vivido y de lo nunca encendido. Con la palabra transferencia el psicoanálisis nombra uno de los secretos del fuego que sana. Pero, sobre todo, nombra así al encanto de estar en una conversación. Chispazos, ocurrencias, suposiciones, atribuciones, memorias, invenciones, malentendidos. Transferencias procuran acogidas soñadas. Transferencias siguen los pasos del amor. Transferencias participan del influjo de todas las atracciones. Transferencias añaden encanto a un lugar, a un gesto, a una palaba, a un modo de escuchar o mirar. La magia de la transferencia hace que las soledades se sientan alrededor de un mismo fuego. Fuegos que se encienden y se apagan en una sesión olfatean reencuentros con fragancias, temperaturas, atmósferas queridas. Por momentos, la atracción nostálgica de las transferencias detiene la vida. Algunas transferencias buscan volver a confirmar lo que más temen o reencontrar lo perdido o volver a estar en lo ilusionado. También intentan atribuir a lo desconocido rasgos, gestos, formas, anheladas. En ocasiones prueban reeditar y reparar lo ocurrido. Así el porvenir está en deuda o bajo demanda: se le pide que provea, mejorada, la sombra de un pasado. A veces, transferencias ofrecen un descanso, una calma, un sosiego, una amistad con un tiempo sin hostilidad. 61. Cada tanto echan fuego por la boca. Algunas palabras expresan atolladeros: revoltijos y atascos de emociones. En esos momentos, aunque nombremos lo que sentimos, no importa tanto la significación como la combustión. La propagación de esos fuegos se llama transferencia. 62. Si transferencias dicen pasajes más o menos logrados, interferencias delatan imponderables en esos pasadizos. Entre los fuegos de las transferencias, Goyo Kaminsky, supo localizar una herencia herida. Apenas desempolvó la palabra castellanizada, supo recordar que antes el suave suspiro de la letra efe se pronunciaba como una hache muda pudiéndose leer como trans-herencia y transferir como trans- herir . Quizás se pueda decir que todo fuego guarda el secreto de una herencia y una herida. Darse al acto de pensar supone dar una herencia que se llama legado . Darse al acto de pensar supone, también, darse una herida dándose a otras heridas que se saben y no se saben. Llamamos herida a la separación de dos labios: el de la belleza y el del horror. Idea que recuerda este verso de Rilke (1923): “…la belleza sólo es el comienzo del horror, de lo que apenas podemos soportar” . 63. ¿Cómo hacer para que el porvenir no ceda ante las determinaciones que pesan sobre el presente? Transferencias permanecen en el umbral de lo venidero: de ahí en más, se trata de dar un paso hacia lo que nadie sabe. 64. La palabra inglesa burnout se suele traducir como quemado . Se la emplea para describir fatigas de sensibilidades que dan acogida a dolores, tristezas, injusticias, que vagan sin recepción. También para nombrar existencias agotadas por incertidumbres, amenazas, demandas de rendimiento. Vidas sobrecargadas, ¿se incendian? Cansancios se han vuelto norma. Indolencias se han vuelto norma. Indiferencias se han vuelto norma. Anestesias se han vuelto norma. Impasibilidades se han vuelto norma. Aislamientos se han vuelto norma. No hablar sobre lo que nos pasa se ha vuelto norma. Ansiolíticos y antidepresivos se han vuelto norma. Angustias, angustian. Sensibilidades que no consiguen blindarse sufren lo que sienten como si estuvieran amarradas en el centro de una hoguera. 65. El fuego se ofrece como lugar del silencio, de la palabra, del saber. Siempre se trata de conversar entre dos o más alrededor del fuego. El fuego como lugar de reparo, de refugio, de cercanía. La idea de fuego trasciende la representación de lo familiar. En comunidades mapuches, en el fuego reside la vida en común. Se cuida el fuego para que no se apague durante la noche y se acude al fuego para contar los sueños. 66. En tiempos de soledades, agitaciones, desasosiegos, inmediateces, saberes se resguardan entre cenizas. Borges (1977), en La rosa de Paracelso , relata malentendidos del fuego. Paracelso pide a dios un discípulo. Una noche llega un desconocido con una bolsa llena monedas de oro y una rosa en la mano. El joven se declara dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que lo acepte como aprendiz . Paracelso responde que no necesita oro. El muchacho insiste. El viejo explica que solo reluce lo imperceptible. El muchacho que asegura que está preparado para aguardar y sacrificarse, pide sólo una prueba antes de emprender el largo viaje. “Es fama -dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido y te daré después mi vida entera ”. El maestro, entonces, le cuenta la historia de un paraíso ignorado, la intuición de una eternidad instantánea, el secreto de la palabra susurrada. Pero con impaciencia, el joven tira con brusquedad la flor sobre el fuego para ver con sus propios ojos el milagro. Paracelso admite que muchos lo consideran un embaucador. El aprendiz lamenta haberlo ofendido. Toma las monedas de oro para no humillarlo con limosnas. Y se va, con la excusa de que volverá cuando esté preparado para ser su alumno . El relato termina así: “Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió” . 67. Olvidamos la fatal igualación del fuego. Hace dos mil años, en una de sus cartas, Séneca invita a Lucilio a no juzgar el valor de los restos sepultados por la ostentación o el lujo de las lápidas. Anota: las cenizas nos igualan ( aequat omnes cinis ). 68. Derrida (1987) en La difunta ceniza piensa las cenizas como resto. Escribe: “Ella resta de aquello que no es, para no recordar en su quebradizo fondo más que no-ser o impresencia” . Y más adelante cita dos sonetos de Francisco de Quevedo tomados de diferentes poemas: Uno de Pierdes el tiempo, muerte, en mi herida que dice: “Yo soy ceniza que sobró a la llama; / nada, dejó por consumir el fuego, / que en amoroso incendio se derrama” . Y otro tomado de Amor constante, más allá de la muerte : “su cuerpo dejará, no su cuidado; / serán ceniza, mas tendrá sentido; / polvo serán, mas polvo enamorado” . 69. Cenizas, suavidades que no resisten. Cenizas, fragilidades póstumas de lo que arde. Cenizas, persistencias de lo débil. Cenizas, levedades de antiguas pesadumbres. Cenizas, nutrientes de la tierra. Cenizas, memorias que se escurren. Cenizas, escondite último de brasas que agonizan. 70. Se llama rescoldo a una pequeña brasa resguardada por las cenizas. El acto de revolver cenizas, buscando brasas que todavía puedan arder, se lo puede describir como sabiduría de los rescoldos. Eso se dice en el refrán: “Donde hubo fuego, siempre quedan rescoldos” . En los rescoldos sobrevive la promesa del fuego. No sólo los restos de lo ya ido, sino las chispas de lo venidero. No se trata de reconstruir la memoria del fuego, sino del comienzo de una llamarada. 71. Una pintura de Munch (1895) se llama Cenizas . Se ve una escena con dos figuras. La mujer de pie lleva un vestido blanco todavía sin abrochar. Con las manos en su cabeza mira hacia el frente. Al costado, más adelante, el cuerpo de un hombre acongojado que esconde su rostro. Escribe unas pocas notas sobre esta obra: “Los antiguos tenían razón al comparar el amor con una llama, porque el amor, al igual que la llama, sólo deja tras de sí un montón de cenizas” . La pintura de Munch cuenta la última despedida: cuando ya no queda nada por revolver. 72. Durante cientos de años Pompeya permaneció oculta bajo las cenizas. Sepultada por fragmentos volcánicos tras la erupción del Vesubio en el año setenta y nueve. Sus restos se preservaron intactos bajo tierra hasta que, a mediados del siglo dieciséis, volvieron a la luz. Un hallazgo arqueológico que permitió saber algo de otros tiempos. Pocas veces las cenizas han dicho tanto. 73. La vulcanología estudia aberturas en la tierra de las que salen llamas. Toma el nombre de Vulcano el dios del fuego en la mitología latina. La vulcanología estudia volcanes, pero también fuentes termales, emisiones de gases y vapores, erupciones, las lavas y todo lo que pasa cuando esos fuegos entran en actividad. Werner Herzog (2016) realiza Into the Inferno . Un documental sobre volcanes y las subterráneas conexiones espirituales. En una entrevista confiesa que siente gran atracción por el fuego. Una fascinación que relaciona con uno de los temas centrales de sus películas: las tormentas incontrolables que recorren las vidas humanas. Explica que no puede dejar de pensar en “este otro fuego que corre bajo nuestro pies en forma de magma y que puede salir en cualquier momento” . 74. Darse al fuego quiere decir rehusarse a los incendios de los bosques, de la salud, de las universidades públicas. Rehusarse a las hogueras, a los misiles, a otras formas de crueldad. Rehusarse significa negarse a algo. No aceptar y no consentir. Practicar un común rechazo. 75. En el lenguaje del fuego se encuentra la expresión guardia de cenizas . Nombra tiempos de expectación tras la extinción. Consiste en recorrer y observar la zona quemada con el fin de detectar posibles rebrotes. También se la llama guardia de humos . 76. Una historia fantástica que Borges y Bioy recuperan en El libro del cielo y del infierno a partir de un relato de Jeremy Taylor (1667). Un obispo encuentra en el camino a una vieja mujer con una antorcha en una mano y un cántaro en la otra. Por curiosidad, ante la actitud decidida e irrefrenable de la extraña, le pregunta qué se propone hacer con el fuego y el agua. A lo que la mujer responde: “El agua es para apagar el Infierno: y el fuego, para incendiar el Paraíso” . Algo así intentamos en cada juntada de un común pensar.
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











