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  • ¿Dónde siente un presente? / gonzalo sanguinetti

    ¿Sobre qué sustrato afectivo se asienta la elección de lo que gobierna?                                                                 la delegación de la imaginación del porvenir? ¿Hacia dónde fue apuntada la flecha decisoria? ¿Qué premisa componía la materia de esa flecha? ¿Qué intriga afectiva tensó el arco y disparó?   Una hipótesis precaria abierta a la composición con otras también necesarias. La premisa inscripta en la flecha rezaría: "No querer perder lo perdido. Haber querido no perder lo perdido".   La figura designada para gobernar, vive suspendida entera y endeblemente sobre el anhelo de esa posibilidad. Parte de su atractivo radica en exponer públicamente esa voluntad, y el modo en que habría logrado cumplirla, el modo en que logró un triunfo sobre lo irreparable. Algo de lo más intrigante de la figura que gobierna, gira en torno a cómo triunfó en 'No perder lo perdido, en no doler lo dolido' . Sobre este asunto orbita toda la intriga esotérico-científica de la clonación, el fantasma canino y la mediumnidad interespecie: no perder lo más querido  (que, sin embargo, ya ha sido perdido). La irreparabilidad de lo inconsolable es tal, que no alcanza con el milagro científico de la replicación de lo perdido en 4 cuerpos que desestiman un cuerpo ausente. 4 veces está negado lo perdido. También es necesaria una continuidad del alma bajo la invocación de su espíritu desde el más allá . Todas las fuerzas de la materia y el espíritu son movilizadas y concentradas en practicar una conjuración del duelo, en concebir un antídoto al duelo.   En “Hacer la noche”, Constanza Michelson (2021) cuenta que el modelo de la anestesia nace en 1846, cuando se patenta el éter sulfúrico inhalable para evitar el dolor sensible de los pacientes en una cirugía. Su patentamiento como producto que neutraliza el dolor  inaugura la palabra anestésico. La invención de esa palabra trae aparejada una mutación antropológica y sensible de consecuencias incalculables: la posibilidad de no sentir dolor. Esa palabra no existía porque no era concebible una experiencia semejante, no había vida sin dolor. El primer nombre que le otorgan al producto es " Letheon ", en alusión a Lete , diosa griega que personifica el olvido, según la teogonía de Hesíodo. Hija de Eris (diosa de la discordia) y hermana de Limos  (hambre), Ponos (fatiga) y Algos  (dolores por los que se llora), Lete  también es el nombre de uno de los ríos del Hades, del que se hacía beber a las almas antes de reencarnarlas de modo que no recordasen las vidas que habían vivido. En los años del descubrimiento, un médico critica la elección imprecisa de ese nombre: argumenta que no se trata de provocar amnesia  sino insensibilidad . Tampoco se trata de ir y volver del mundo de los muertos, sino de permanecer en el mundo de los vivos pero sin sentir como tal. [i]   Intrigas y entusiasmos freudianos alrededor de la investigación con la coca son orientadas por la vislumbre de la promesa anestésica. En 1851, en Francia, se inventa la jeringa. En 1853, Alexander Wood, en Edimburgo, inventa la aguja hipodérmica para inyectar morfina a su esposa que padecía una enfermedad incurable, ella fue la primera en recibir morfina por vía endovenosa. En 1884 Freud publica " Uber coca ", testimoniando su entusiasmo por el efecto anestésico de la sustancia. En 1895 sueña el sueño que marca la obertura del psicoanálisis: El sueño de la inyección  de Irma. El ritmo del siglo XIX parece marcado por el pulso de un furor desesperado para dar con el milagro que nos exonere del dolor. El nacimiento del psicoanálisis no es ajeno a esa estela, con la excepción de que no buscará su supresión  sino la invención de un estado de conversación que lo vuelva concebible. ¿A qué clase de mundo da origen “un mundo de vivientes en el que vivientes no sienten lo propio de lo vivo”? El siglo posterior a la invención de la anestesia es el siglo XX, siglo en el que se inauguran formas de crueldad y de matar inimaginables hasta el momento. Ocurren genocidios, campos de concentración, terrorismos de estado, Hiroshima y Nagasaki, terror atómico, holocaustos nucleares y la posibilidad de hacer desaparecer el mundo con las fuerzas de destrucción creadas por la racionalidad instrumental de la tecnología occidental. La percepción del horror y las imágenes del espanto adquieren una existencia que abruma y enmudece a la historia de las palabras.   Se crea la noción jurídica de crímenes que lesionan  a la humanidad. En el siglo posterior a la invención de la insensibilidad, la humanidad se ve impelida a crear la categoría de lesa humanidad para señalar que se está lesionando a sí misma. Un borde jurídico se traza sobre la borradura de un borde sensible. Habiendo suprimido la sensibilidad al dolor, se hace preciso que algo  lo indique. Se opta por hablar de inhumanidad antes que pensar los regímenes de insensibilidad  que esculpen a la humanidad. ¿Y qué sería “ sentir lo propio de lo vivo ”, cuál sería la signatura de lo vivo? Muy precisamente: poder sentir dolor. El caudal de muerte, crueldad y destrucción que porta el siglo XX es correlativo a la invención de la experiencia cultural de no sentir dolor. Sin percepción del dolor no hay límite al ejercicio de la crueldad. Antes de la invención técnica de la anestesia, la invención frente a dolores impronunciables se llamaba amnesia : olvido.   La hipótesis con la que comenzamos recuerda algo olvidado: El radical estado de duelo en que nos (des)colocó la pandemia: lo que perdimos entre distanciamientos y aislamientos. Sin abrazos, sin caricias, sin cercanías, sin besos, sin cuerpos, sin despedidas, sin consolaciones. Sin instancias en común para sentir la inabarcabilidad de ese desconsuelo. Haber sabido lo irrevocable de la fragilidad y el desamparo como condiciones del estar en la vida. Y luego, querer no saber lo sabido sobre la fragilidad y el desamparo. Saber  quiere decir aquí, un sentir que se hizo cuerpo. Algo que se hace cuerpo  es algo que se torna irrevocable. No querer saber lo sabido, supone un rechazo al cuerpo como vulnerabilidad ante lo sensible. Hoy ocurre en el después de aquello. Aquello  aún espera ser sentido. Hay una catástrofe que carece de una poética que la narre. Michelson (2022) escribe “ La narración, así como la ensoñación y la imaginación, median entre la materialidad del mundo y nosotros, es lo que nos da una morada interior (…) Los relatos son pedacitos de saber que ligan a las generaciones (…) Si el lenguaje narrativo es capaz de ser hospitalario, es porque puede ampliar la imaginación para poder tramitar afectos difíciles (…) Los relatos desaceleran el mundo e introducen ritmo más parecido a la prosodia infantil: antes de comprender las palabras, sentimos un ritmo dado por los cuidadores infantiles, y tal ritmo es el primer régimen sensible. ” La voluntad de neutralizar radicalmente lo perdido supone un problema político-afectivo: imposibilita inaugurar actos de reparación al abolir el registro de lo herido. Impide sentir la necesidad de labrar lenguajes, gestos y ceremonias para componer consuelos en común, consuelos de lo común. Sin el dolor por lo perdido no accedemos nunca a la necesidad de crear consolaciones que reparen el mundo [ii] . La necesidad de consolaciones que reparen es condición de lo colectivo.                                                                                             condición del con-otrxs.                                                          apertura del deseo del con- quiénes la vida.                                                             apertura poética de la lengua.   Florencia Abadi (2023) relee el mito de Dionisio y recuerda la circunstancia poco recordada del nacimiento del vino. Cuando adolescente, Dionisio se enamora de su compañero de juegos, Ampelo, con embeleso febril. Un día, la fatalidad aprovecha un paseo de Ampelo y lo persuade de incurrir en un riesgo que termina por matarlo. Ante la muerte de Ampelo, Dionisio, el que nunca llora, derrama sus primeras lágrimas. Al caer sobre el cuerpo inanimado del amado, las lágrimas realizan un extraño milagro: del cuerpo amado brota la vid ( ámpelos  en griego) que lleva en su seno el vino: un remedio para las penas de lo inconsolable. [iii] Concluye que sin dolor, tampoco hay compasión. Sin percepción del dolor no hay lo común como pasión en común, como padecimiento en común, como pasibilidad en común. Compasión como estremecimiento súbito que interrumpe el magnetismo de la crueldad. Sin lágrimas derramadas no se hace precisa la invención de consuelos. La palabra consuelo  viene después de la palabra lágrima .   La vigencia y el atractivo de la idea de que cada quien es su propio fundamento (con sus corolarios de auto-ayuda, auto-superación, auto-control, auto-regulación, auto-gestión, auto-determinación), de que seríamos libres en la medida en que la vida depende de cada quien (ser tu propio jefe, el emprendedorismo de sí, monotributismo de sí, explotación de sí, etc.),  señala un rechazo al duelo en un sentido muy preciso: esa proposición de existencia sugiere que no venimos de nadie , que nadie nos ha donado ni la vida, ni una lengua, ni tiempo, ni amorosidades gracias a las cuales existimos. Sugiere que no nos ha sido concedida herencia de ningún tipo, es decir, que no hemos sido inscriptos en ninguna historia. El rechazo del duelo supone, también, un rechazo de la herencia  de quienes nos anteceden, es decir, el rechazo de un mundo e infinitas historias cuyas existencias nos incumben, y nos solicitan cuidado, lo querramos o no. Rechazar esa evidencia posibilita la imagen atroz de quienes vienen al mundo creyendo que el mundo se inaugura con su llegada, por ende, que son  el mundo. Vidas que vienen al mundo sin un mundo , ¿cómo querrían cuidar algo que no sea la imagen de sí? Michelson (2022) capta una consecuencia incisiva de este asunto, escribe: “El rechazo de la herencia y la filiación suele producir un problema político: la fantasía de refundación.”   Sobre este trasfondo afectivo ¿se vuelve deseable -y efectiva- la fábula de un demiurgo que practica una extraña teoría económica capaz de realizar la promesa milagrosa del déficit cero , la pérdida cero , la fragilidad cero, la vulnerabilidad cero, el duelo cero ?  ¿Cómo podría volver a sentir dolor este presente? ¿Cómo podría hacerse presente el dolor? [i]  Michelson, C. (2021) De la cocaína al sueño. En Hacer la noche. Ed. Paidós. 2022. [ii] Ibid. [iii] Abadi, F. (2023) El nacimiento del deseo. Editorial Pólvora. Bs. As.

  • Agarrá el martillo. Nietzsche y las crueldades invisibles / Fernando Stivala

    El problema de la fuerza No hay una sola violencia. Cuando sólo podemos reaccionar estamos siendo dominados por poderes que están más allá del alcance de lo que podemos. El filósofo diagnostica la enfermedad de los cuerpos: estamos enfermos porque somos cuerpos reaccionarios.  Dios ha muerto es murió la única fuerza. Es suponer que hay una única fuerza y el resto está sometida o peor: que no existe. Tomar lo que no se ve, o lo que no ocupa lugar central o de mando como que no existe es de una ingenuidad brutal. Fuerza es toda cantidad o magnitud de poder que se define en relación a otra. Por eso siempre es plural.  En ese sentido no hay cosa propiamente dicha. Una cosa vista con lupa es un recipiente que agrupa una cantidad x de fuerzas, instintos o pulsiones. Un esquema de multiplicidad. Daría igual según el cuerpo que estemos hablando: individual o colectivo, corporal o enunciativo, viviente o inanimado. Hay una parte que domina al resto. Si domina al resto no significa que el otro no esté ahí. No dominará esa fuerza del otro, pero existe.  Por eso no hay cosa que no sea plural, que no tenga muchas cosas o posibilidades. Hay muchos sentidos posibles. Tantas fuerzas pueden ocupar ese cuerpo como pulsiones hay.  Mientras esa fuerza toma a la cosa, se expresa en ella. Si la fuerza es verde, la cosa se expresa verdeada. Estamos tratando de decir que las fuerzas son expresión. La fuerza constituye al fenómeno mismo como signo. Vemos lo que vemos del fenómeno por el modo que la fuerza se expresa en él. El fenómeno ya es un signo de la fuerza.  Por eso una semiología. Algo que nos llamó la atención y nos hace pensar. Por ejemplo: la perplejidad actual frente a la política. Ese signo, que llama la atención y causa perplejidad, es síntoma de una fuerza. Se capta el signo y se lo trata como un síntoma. Por eso también es una sintomatología. No hay causa-efecto. Hay algo que existe, y algo que está gobernando, proporcionándole un sentido a lo que existe. Nunca vamos a encontrar el sentido de algo si no sabemos cuál es la fuerza que se apropia de la cosa, qué la explota, qué se apodera de ella o se expresa en ella.  La fuerza es un hecho de poder, cualquier fuerza. Es una magnitud. Que siempre pone en juego lo que ella puede. Lo propio de una fuerza es llegar a ser lo que ella puede. Llegar a ser lo que es. La esencia es múltiple, moviente, y situacional. Una cosa tiene tanto sentido como fuerzas capaces de apoderarse de ella. Es lo que puede una fuerza y su magnitud.  La muerte de dios es cortar con un tipo de explicación de la existencia que da seguridad, sentido y otorga valor a todo lo que vivimos. Cuando nos quedamos sin dios el mundo se nos viene abajo. Dios representa un principio de seguridad que permite organizar toda la existencia. Se viene abajo todo cuando perdemos el principio organizacional. Las estructuras no son la última palabra de las cosas. Dios ha muerto, es todo centro de poder ha muerto. Decir que ha muerto no significa que no funcionen, que no los podamos ver, y que no tengan su eficacia. Decir ha muerto es decir que las cosas no se explican por eso, que no son ontológicamente eso, que no son la esencia o el ser de las cosas, sino que son un estado momentáneo y fijado sobre un gran caudal múltiple y variante. Estados momentáneos que pueden tener principio y fin.  Lo que ha muerto es el principio, el fundamento, el origen, el padre, la ley, la norma, la identidad, la esencia. Ha muerto todo aquello que se coloque en un lugar fundacional. Eso viene aconteciendo todo el tiempo. Dios se muere todo el tiempo. La genealogía nietzscheana no apunta ir hacia atrás a buscar la verdad sino ir desglosando los conceptos para demostrar que los valores ideales o sublimes tiene que ver con cuestiones viejas: bueno y malo. El sentido es múltiple, entonces las combinaciones son infinitas.  Filosofía a martillazos es destruyendo lo dominante. Distinto a querer mejorar lo dominante. Si no se toma distancia y quedamos ensimismados con lo que hay no se puede crear.  No hay valor en que ampararse. Pensar es todo lo contrario. Si en Nietzsche hay una verdad es la creación de valores nuevos. La verdad no es ninguna instancia preexistente y objetiva a la cual tenemos que adecuarnos. Demasiado científica e ingenua esa posición. Supone que la verdad preexiste, que está ahí objetivamente operando en el mundo. Verdad clásica que nos precede. Es algo anterior a nosotros a lo cual tenemos que adaptarnos.  Pero ojo que hay una verdad no científica sino artística. La verdad puede y debe ser creada. La verdad es efecto de prácticas, hay políticas de verdad. Está ligada a la crítica total y a la creación.  Entonces cuando aparece una verdad tenemos que poner en juego su genealogía. Qué domina, qué no, cómo se hizo lugar, cómo se naturalizó, cómo se enquistó, con qué otras fuerzas está chocando.  La genealogía no busca la fecha, sino cómo se tramaron las cosas, cómo se capturaron entre sí tramados de valor para dar inicio a algo. Contraviolencia Nietzsche llama valores superiores a llevar a fondo el paquete de potencias que vamos siendo, no es con el freno de mano, sino lo que pueden las fuerzas. Los fenómenos hay que atravesarlos, conocerlos en su despliegue.  Pero las fuerzas no pueden no ejercer una violencia. Lo propio de una fuerza es ejercer una violencia y sufrirla. Actúa y padece. Ejerce fuerza y la recibe. Afecta y es afectada. El tema es que para Nietzsche la violencia no es igual a la destrucción. La destrucción es la aplicación de la violencia a un cuerpo, el cuerpo se destruye. Pero la fuerza le da forma a un cuerpo por la violencia, no por la destrucción.  Por ejemplo, en los ´70 la experiencia de la política armada fue muy fuerte y todavía estamos hablando de eso. Diego Sztulwark nos recuerda que León Rozitchner ya reflexionaba sobre la contra violencia en aquellos años. Existen por lo menos dos violencias, una violencia y una contra violencia. Ya decir una violencia se hace un acto metafísico, abstracto, trascendente, ingenuo, negacionista. Como si todos supiéramos qué hablamos cuando hablamos de violencia. Hay que verla en situación, pesar los matices y las diferencias.  Suponer que en la Argentina no hay violencia porque hace 40 años estamos en democracia es invisibilizar la violencia naturalizada: el terror. El terror estructura esta democracia. Por ejemplo: la represión en la marcha contra la ley bases. La represión actúa para volver activar el terror que estructura esta democracia. Es una democracia de la derrota que se mantiene si los subordinados no se preguntan por eso, y no se defiende con contra violencia.  ¿Cómo hacemos contra violencia? La contra violencia no puede ser calcada de la violencia. La de la derecha es por naturaleza controladora y asesina. De eliminación de lo que no le gusta. La de Nietzsche es una contra violencia que tiene el martillo, pero no es asesina. Es de tipo resistente, defensiva, y no asesina. Entonces no es aniquiladora. Es creadora pero no creadora sin el martillo. Resistir es crear dijo alguna vez Deleuze. ¿El atentado al poderoso es terrorista? ¿Lo terrorista es matar, o elevar el asesinato a condición política? ¿Es hacer de ese hecho una categoría política deseable? ¿De dónde surge el valor para enfrentar a la fuerza oficial? ¿De una inconsciencia individual? ¿De una conciencia histórica? ¿De no dar más? ¿Qué cosa es una contra violencia hoy? El problema es hacer de esos actos un modelo de política. La contra violencia tendría que cortar la violencia del Estado. Tiene que buscarle otra vuelta. Son diferencias que hay que restituir. No se puede hacer una historia de la violencia sin contrastar estas diferencias.  El pasaje de la política con fusil a la política sin fusil. El pañuelo y las madres fueron el símbolo de acciones políticas sin violencia. Comenzaba otra ola de politización y los cuerpos de a poco iban ocupando los lugares y diciendo cosas que no se podían decir. Las contra narraciones.  Los moldes intelectuales políticos no pueden sustituir los procesos de los cuerpos que se dan en ritmos distintos y de maneras sorprendentes. Se esperaba un grupo montonero y vinieron unas madres con pañuelo y la cosa se desestructuró, se volvió interesante e indecidible.  Interesan el tipo de micros desplazamientos que se van dando. La situación cambió y no hay un grupo de conducción política capaz de compartir evaluaciones útiles.  Entender y pensar. Pensar significa volver a pesar, volver a evaluar, a ver. Volver a pesar las fuerzas. Porque el prejuicio, que no es pensar, es suponer que eso ya está pesado. Para entender las cosas de otra manera es necesario ser de otra manera.  El filósofo tiene que ser alguien que esté dispuesto a desplazarse. Si queremos pensar a Perón tenemos que comprender a Perón, y para eso tenemos que volvernos peronistas. Ser Perón para refutar. Dónde nos gusta ser así y dónde no nos gusta ser así. Tenemos que entender todo lo que entiende, ver todo lo que ve. Y ahí diferenciarnos. León Rozitchner escribió ´ Perón: entre la sangre y el tiempo ´ durante su exilio, en los últimos días del la década del ´70. La diferencia se plantea en el acto de comprender, de entender al detalle lo otro. Si se tiene el no de entrada, el rechazo es un tipo de conocimiento muy débil. Realmente entender ese universo es sopesar cada vez (por qué tiene lo que tiene, por qué se mueve como se mueve) para desde esa comprensión marcar una diferencia. No se tiene un rechazo a priori sino un recorrido por el fenómeno. Una comprensión genuina. Y desde ahí proponer nuevas relaciones, diferenciantes. De cerca todo es diferencia. Con lupa se ve un agrupado de fuerzas que de lejos, a lo macro, se ven como grandes repeticiones. Deleuze dice que la repetición parece ser vista igual si se ve desde lejos, pero en lupa se desarrolla una diferencia. No hay repetición sino una rítmica que va haciendo nacer algo nuevo. Algo que aparenta lo que no es, una máscara. Lo naciente no se puede desarrollar en el mundo, lo que tiene de naciente lo tiene de camuflaje. Solo si logra madurar y reunir fuerzas en un cierto momento puede afirmar su diferencia a fondo en el mundo, y bancársela. No hay un acto de enmascararse. No es que al rostro definido se usa una máscara. Bajo ella no hay nada, no hay verdadero. Hay nacimiento efectivo ante una forma previa, y deformaciones sucesivas hasta que aparezca otra cosa. Visto de cerca, tratando de captar lo real en el movimiento, la repetición siempre es diferencia. El arte complejo de la interpretación La fuerza no viene espontáneamente con su sentido. Ese sentido también es objeto de luchas. Las fuerzas actuales admiten ser puestas en juego de diversas maneras que todavía no conocemos. No aceptar la primera evidencia. Interpretar es la pregunta por el sentido pero desde el punto de vista de la fuerza que lo ocupa. No hay hechos sino interpretaciones. No es depende cómo interpretas las cosas. Interpretar es complicado porque las fuerzas son muchas. Hay rivalidad de fuerzas, complejidad, coexistencia, sucesión. No es cualquier cosa que alguien dice, no es un parecer subjetivo. Es un arte de evaluación de las fuerzas para ver el tipo de sentido que la cosa tiene. No hay cosa última, siempre hay fuerzas tramándose. Los dioses están muertos, pero de risa. Al oír un dios que él era el único. Pluralismo no es ni una esencia, ni simpleza, ni una fuerza. Mantener el sentido abierto a la pluralidad es el arte de la filosofía. Es el violento ateísmo de la filosofía. Despojar la idea de un dios. Un dios, una fuerza, un imperio, un género, una clase, una racionalidad. Los dioses están muertos de risa del dios único. No existe una única fuerza, por lo tanto no puede existir un único dios. En lugar de apurarse a resolver la contradicción, también puede haber coexistencia de elementos distintos. Un arte sofisticado que tiende a ver la pluralidad, la coexistencia, y el momento. Valorar es pesar. Una balanza con muchos platitos. No es el peso de un aspecto, sino el peso de muchos. La noción de esencia no se pierde en ello. La esencia es múltiple. La esencia es el sentido. Una cosa tiene tanto sentido como fuerzas capaces de apoderarse de ella. El pensamiento de Nietzsche es el que trata de entender el tipo de variabilidad de los fenómenos. La diferencia entre justificar posiciones y ver la configuración de las cosas. Qué reúne con qué. Qué pesos tiene cada parte. Cuáles son los elementos de racionalidad que se despertaron y por qué están funcionando así. Eso implica un tipo de despojo de identidad muy grande. Sino lo que hay es competencia entre sujetos por atribuirse los valores dominantes. Quién es el honesto, quién es el bueno, quién tiene los saberes. Eso no es interpretar. Es jugar el juego de quién puede representar mejor ser el candidato de cada época. Pensar significa volver a pesar, cada vez. La prueba del eterno retorno nietzscheana sería preguntar por el martillo. ¿Volvemos a pesar cada vez con el martillo en la mano o no? ¿Pensamos cada vez destruyendo los valores dominantes y creando nuevos, o adaptando y mejorando lo dominante? Esa es la pregunta por la esencia. Y no hacérsela implica un acto de crueldad naturalizado. Interpretar mejor que ver Ver entonces sería una percepción menos poderosa que interpretar. Quedar subyugado por la fuerza de la imagen; pero interpretar es tratar de pensar en los signos que anuncian la naturaleza de la fuerza que tomó el fenómeno. Interpretar a diferencia del mero ver es un pensar que se hace preguntas sobre si los signos que trae la imagen no son signos que permiten comprender lo que no se ve. Las fuerzas no se ven, hay que pensarlas. Enseñanza de Nietzsche-Foucault. Cuando vemos las formas, nos quedamos atrapados en lo que se ve, eso es la realidad y ya. O nos convertimos en filósofos y tratamos de leer los signos: ciertas maneras, ciertos gestos. Cuerpos y enunciados que son señales reveladoras del tipo de fuerza que está tomando y modelando esa imagen. Pero hay que pensarla, agarrar el martillo, y crear. No se ve.

  • Entrenotas / Daniel Rubinsztejn

    Esto lo estoy tocando mañana. Esto ya lo toqué mañana. Hoy mismo es bastante después, de ahora   [i] .   No es un adelanto, tampoco un apresuramiento, tal vez sea un ataque a la continuidad, un elogio a lo discontinuo que resalte más los silencios que las notas. Los silencios del analista ofrecen la palabra: ¡diga lo que se le ocurra!, ¡no piense!... ¿improvise? Silencios como condición de creación. Como un cero que alienta una nueva serie desde lo nonato hacia lo neonato. “El trazo negro de cada palabra se torna inteligible en el libro merced al blanco de la página. Ese blanco del que la palabra brota y en el que acaba por desaparecer es el silencio primordial. El blanco escribe para nosotros lo fundamental de toda escritura: el círculo de misterio que envuelve nuestra existencia. La palabra portadora de misterio demanda una lectura lenta, que se interrumpe para meditar, tratar de absorber lo inconmensurable, pide relectura, consideración del blanco”. [ii]   Vive un cuarto de hora en un minuto y medio. Ocurre que a veces se resignifica un cuarto de siglo en un minuto y medio de sesión. Tiempo inestable de ninguna parte. Desfasaje del transcurrir cotidiano, corte y ebullición en la vida       Cuando empecé a tocar me di cuenta que entraba en un ascensor de tiempo. Su música acaricia un destiempo sublime. La vida pulsional se recrea (re-crea) en la sublimación . La interpretación musical y la interpretación analítica suspenden de a ratos -preciosos ratos- la neurosis. Introducen un tiempo de olvido -sin represión- que permite jugar (to play music; to play a game).     Si yo pudiera vivir como cuando estoy tocando, podría vivir mil veces más de lo que estoy viviendo por culpa de los relojes, de esa manía de los minutos. Unas notas, una escritura musical, inscriben algo nuevo, reescriben lo que estaba borroneado en la vida. Irrumpen notas como palabras/flecha que desgarran la simetría [iii] .     Yo no me abstraigo cuando toco, solo cambio de lugar. Johnny (Charlie Parker/Bird) vuela cuando toca, y hace volar al espectador, que cómplice, vuela con él (Now´s the time [iv] ) . El analista flota entre palabras y a veces -solo a veces- si dice, baja de un hondazo: caída. Un instante que transmuta a quien dice y a quien escucha.     Es un saxo formidable, ayer me parecía que estaba haciendo el amor cuando lo tocaba. Un desliz entre saxo-sexo, tocar-acariciar. Hay palabras que parecen esculpir un nuevo cuerpo de esas palabras.   Es imposible impacientarse con Jhonny, es como enojarse con el viento porque nos despeina. Casi un consejo para el analista: paciencia expectante, si no: ¡Ay! La resistencia... (del analista).     Hoy te amo ya y ya es mañana (Luis Spinetta) También el amor (de transferencia), desaloja al tiempo lineal. Analista da (el) tiempo; da lo que no tiene a alguien que no (sabe qué) es.     Lo que yo toco es Bee muerta, mientras que lo que yo quiero, lo que yo quiero… El vacío del saxo llora la muerte de su hija, un duelo metálico que la heroína y el alcohol no apagan, tal vez lo encienden una y otra vez…   [i] Cortázar Julio, El perseguidor, Cuentos completos , Aguilar, pág. 299, Bs.As . 2010. [ii]  Murena Hector, “Historia del silencio”, en La metáfora y lo sagrado . Visiones de Babel,  FCE, México, 2002. Pag 436 [iii] Los músicos del bebop exploraron armonías avanzadas, complejas síncopas, acordes alterados, acordes extendidos, sustituciones de acordes, fraseo asimétrico y melodías intrincadas. La invención freudiana, el retorno de Lacan, los desarrollos de Winnicott, Klein, Khan y tantos otros, exploraron las disarmonías de la vida. [iv]   Charlie Parker, https://m.youtube.com/watch?v=ryNtmkfeJk4

  • Psicoanalista como detective / Facundo Márquez

    Me atrevería a pensar, a modo de juego y también de intuición, a la figura de le analista, del psicólogue, como figura intermedia entre el detective del policial clásico y el detective de novela negra. Dice Piglia que en la novela policial inglesa clásica “ todo se resuelve a partir de una secuencia lógica de presupuestos, hipótesis, deducciones, con el detective quieto y analítico (por supuesto el caso límite y paródico de esa figura es el Isidro Parodi de Borges y Bioy que resuelve los enigmas sin moverse de su celda en la penitenciaría)". Por el contrario, "en la novela negra no parece haber otro criterio de verdad que la experiencia: el investigador se lanza, ciegamente, al encuentro de los hechos, se deja llevar por los acontecimientos y su investigación produce fatalmente nuevos crímenes; una cadena de acontecimientos cuyo efecto es el descubrimiento, el desciframiento”. La figura de le analista, del psicólogue, es un "entre" resultante de estás dos posibilidades. Por un lado, no posee la razón o la verdad de un asunto pero sin embargo se lanza a construir hipótesis que apuntan en una dirección determinada. Arma sentidos posibles. Ese sería su rasgo clásico. Que le analista esté sentado sin moverse, como sucede en el cuento de Borge y Bioy ¿habla también de su modo más naturalizado? ¿Es acaso el dispositivo del consultorio también como en el cuento citado, una especie de cárcel? Podría ser. Muchas veces, sí. En este punto, un buen analista debería moverse, salir del consultorio. Aquí su contraparte: el analista debe lanzarse, es decir, ponerse en movimiento. Debe también hacer lugar a su perspectiva de investigador al mejor estilo de novela negra. Porque así como arma hipótesis, ese armado está contaminado y se contagia de un andar ciego y un dejarse llevar que por momentos se torna caótico. Allí entran en juego las pasiones, los afectos. Podríamos decir, los crímenes. La serie "analista-detective del policial clásico-detective de novela negra" tiene un nudo común: el enigma. Algo no se sabe y se debe investigar. Por eso comienza todo ahí, en el núcleo de ese no saber. Así es como aparece el relato, ya sea el relato del cuento o novela, ya sea el relato de quien o quienes hablen en un espacio analitico determinado. Referencias Ricardo Piglia, Sobre el género policial en Crítica y Ficción , 2014, Debolsillo.

  • Caligrafía nómade XXIV / Patricia Mercado

    Tiraron del hilo hasta que se cortó. Siempre era así con ellos. Parecían condenados a eso: a la discontinuidad. Lo raro es que ya habían pasado tres décadas del mismo sainete: tironear, quedarse a pie, no poder más. Se ensañaban. Pasaban horas bregando en direcciones opuestas, como si de arar el campo se tratara. El único que cedía era el hilo. Se cansaba, el pobre. Incapaz de fugarse de la escena, hacía de tercero en discordia. Hasta que se cortaba. Entonces, ellos dudaban un instante.Como si hubieran olvidado la letra del guión. Mínimo extravío, semejante a una puerta que jamás se abrió. ¿Qué boca tragó la llave? De algún raro modo retomaban. Acaso, el hilo. Tenían el buen gusto de no hacer declaraciones públicas después de cada zafarrancho. En realidad no decían nada, tampoco en privado. Las quebraduras permanecían mudas. Solo se escuchaba el crack cada vez que rompían aquello. ¿Aquello? ¿ Qué? Un signo, un sueño, una pasión extraviada. Por lo demás nadie sabe, a ciencia cierta, de que trató ese ir y volver a ninguna parte. Ese aferrarse al desencuentro. Se pusieran estas palabras, u otras, parecía ineludible lo del hilo, ese del que tiraban. Una vez y otra. Manoseado, sucio, sin ton ni son. Mientras, la vida pasaba. Así fue, hasta que la muerte, solícita, se llevó a uno de ellos. Y el hilo, sano y salvo, cayó al suelo, por el extremo de ese hueco. El que quedó entendió que, lo que fuera que hubo, ya no sostendría nada. No sé con que parte de su cuerpo lo entendió. Entonces giró con cuidado los dedos, y fue enrollando despacito el hilo flácido que iba de su mano al piso. Lo fue ovillando sin prisa. Como se juntan los restos de un cataclismo. Al final, el hilo era una pelotita que cabía en su mano. Metió el ovillo en el bolsillo izquierdo. Y supo que no le quedaba nada.

  • ¿Quién se encargará de las necesidades de tu sombra cuando se te derrita la última vela? / Marianela Saavedra

    Tengo serias sospechas, este invierno no es un invierno, es un perro del diablo disfrazado de estación, no se han secado las plantas, la helada no asusta a los árboles, el lago sigue blando, pero mueren almas, todos los días, un alma asesinada no llega a entender, es más, mis amigues y yo hemos desarrollado casi un método natural de alternancia, hoy muero yo y vienen elles a sostener el duelo, mañana morirá ella y ahí sostendré yo así, nos turnamos para morir, hay tanto espanto y tanta ternura en esto que hacemos. Hay dos cosas de la que no puede escapar nadie, de la muerte y del amor que alguien nos tiene. No me animo a sentir angustia por los días que faltan para la primavera, temo que al llegar septiembre ya me haya armado una constelación con las ausencias tangibles, el péndulo del destino fue tan alto que rompió el cielo y ahí por ese hueco ha entrado el perro del diablo que juega con nosotres como los huesos roídos y viejos que somos aquí dentro. Afuera la lluvia y los voceríos y los boletos de avión nos dicen que dejemos de morir, pero morimos, el corazón sigue latiendo, morimos y late, late más empecinado y eso, nos hace revivir o despertar. Te da y después te quita, el domingo, el invierno, la fe, el amor ... te dan y después te quitan... pero algo queda, un resto, una borra, un rastro, un carbón... queda. Así que, da.

  • Las velitas de mi cumple / Ezequiel Nacusse

    Tuve que pedir tres deseos para mi cumple Podía no hacerlo, pero lo hice igual porque me daba vergüenza tener que mentirles a mis amigos y a Yani, pero el deseo que pedí me dio más vergüenza (quizás me lo tomé demasiado en serio) Ellos se fueron y recogimos todos los platitos con restos de torta celíaca, porque Yani es celíaca y desde que la conozco como mucho mejor Por suerte nadie se olvidó nada, levantamos varias cosas y al otro día fui a la escuela con un tapper con restos de torta, a darle clases a los chicos problemáticos… Las velitas de mi cumpleaños Una lapicera que anda mal Los obreros a la mañana cuando voy llegando a la escuela y sus capuchas y el reflejo naranja del sol en sus mochilas que parecen caparazones Obreros, obreros, obreros, como las abejas como todas las abejas del mundo menos una y Manu que fue a una clase y después faltó varios meses porque estaba deprimido Ahora que estás acá, con nosotros, podés escribir, Manu, le dije Estoy muy contento de que hayas vuelto Manu dijo que no podía escribir y se largó a llorar... Cerró los ojitos y lloró sin ruido, hasta que la nariz se le tapó de mocos pero no le importó Yo dije lo que decimos todas las personas con buenas intenciones Me gustaría que creas en lo que yo creo, y lo que yo creo es que vos podés escribir y que escribís hermoso Ser docente es insalubre, está mal, es triste, es doloroso, pero ser adolescente es infinitamente peor Después se nos pasa, a muchos creo, dejamos de ser adolescentes pero no dejamos de llorar Yo sí dejé de llorar cuando tomaba pastillas clonazepam, loratadina y uno que era antipsícotico y nunca pude aprenderme su nombre Tres pastillas a la mañana, una al mediodía, una a la noche Andaba hecho una luz, una bala, una lechuga, ya no me importaban los pensamientos intrusivos ya no me importaba nada No sentía Me sentaba en la compu a escribir y no escribía, y tampoco podía llorar Una vez terminé el tratamiento y me sentí bien Ahora estoy feliz Me gustaría desenterrar a todos los que no fui, me acuerdo que pensé cuando volví a escribir Eso no pasó A veces pienso que nada de lo que pienso va a pasar Te pido perdón desde ya, Manu, porque lloraste, aunque capaz eso estuvo bueno, pero sobre todo porque estoy pensando: Manu, vos también vas a estar bien y vas a sentir el miedo de que todo se vaya con este viento todos estos años vivos, tristes y felices; todos estos días de estos años en los que sentiste algo… Capaz escribir es como llorar no importa nada mientras puedas hacerlo y capaz el alivio es algo simple, pero prefiero sentir.

  • Adynata Agosto / VPS

    Si querés un mundo distinto Tenés que decirlo diferente. Jeremías Aisenberg En este Agosto Adynata, en este mundo recorremos, una vez más y tantas veces como necesitemos, eso que (nos) pasa con lo vivo y las palabras. Eso que ellas hacen y eso que nos hacen creer que hacemos con ellas. En ese hacer(nos) y deshacer(nos) recordamos otro año más del asesinato de Santiago Maldonado con el texto Presencia . Apostamos a producir encuentros que parecieran imposibles pero que comparten un tono. El tono postpunkpsi que trae el texto ¡Manga de sinónimos! Y ese que asoma tímida y firmemente en La oscuridad de la soledad y en Atrapado , dos pequeñas piezas halladas en un aula de una escuela pública que nos permiten asomar, desde una delicada intimidad inventada y con una sencilla crudeza, al mero estar en estos días y en estas noches. En el mismo sentido pero con otro tono, el texto Lo que cuenta nos recuerda que “Necesitamos contar la vida, cada vez, de otro modo. Para cuidar la delicada artesanía de la vitalidad.” Y eso que el texto Urdimbre  afirma, en un ejercicio de pensamiento, nos lo preguntamos ¿“Cuando una palabra aparece, un mundo nace con ella.” ? Así quedamos relanzadas a viejas-nuevas discusiones en torno al lenguaje, los comienzos, las apariciones. Muchas veces, otros saberes despabilan y abren posibilidades. El saber de la fotografía y esa maravillosa posibilidad y aspiración de “escribir con la luz”, nos permite abrir a otros pensamientos allí donde lo psi, podría enquistarse y reverberar. El prólogo Sesiones y fantasmas de Ray Bradbury al libro de fotografía de Aldo Sessa nos arenga: “pongámonos a examinar el misterio dentro de la forma, la revelación dentro de la máscara”. Y los maravillosos fotomontajes de Grete Stern nos ofrezcan una maestría en interpretación de sueños. Dice “Ahora bien, ¿qué es un fotomontaje? Una definición aproximada: la unión de diferentes fotografías ya existentes, o a tomarse con ese fin, para crear con ellas una nueva composición fotográfica. De esta manera surgen numerosas posibilidades para la composición, entre ellas la de juntar elementos inverosímiles. Por ejemplo: una mujer en traje de baño, en una sala de fiesta, guiando un elefante. Además, se pueden distorsionar las proporciones de los elementos que se utilizan en el montaje. De ese modo, no es nada difícil que un niño aparezca sentado sobre una mosca que representa un avión, volando sobre un bosque de repollos. Se puede también distorsionar la perspectiva: un hombre fotografiado desde arriba observa unas torres o árboles fotografiados desde abajo. La perspectiva distorsionada siempre dará el efecto de lo inseguro, de lo inverosímil. Conviene agregar que, en contraste, una perspectiva correcta es imprescindible para otros casos, como el del niño montado en la mosca, pues aquí la perspectiva exacta aumenta gráficamente la veracidad.” La fotografía, los sueños, las palabras, lo inconsciente ¿aún nos prestan ocurrencias de las que agarrarnos? Quizás, muchas veces necesitemos sacar las garras, ya sea para rasgar vestiduras que se pretenden imperiales, ya para rascarnos las mañas de las repeticiones o hacernos cosquillas hasta sacudirnos a carcajadas. Escribe Bruno Ureta: “Afilarse las garras hasta que destilen sombras, resaltarse las escamas con un toque de luna plateada, pintarse la barba con el rojo más profundo de la ira contenida. Una criatura vanidosa exaltada en su erótica del existir” . Cruzar mundos lejanos, cercanos. Visitar otras formas para vivificar los tejidos del pensar.  Esos que impulsan a compartir cartas y traducciones. Las que Adynata espera y recibe con el calor de lo donado por Cynthia Eva Szewach. En este segundo envío, además de asomarnos a las visitas a un espacio para refugiados jóvenes en Viena, Anna le cuenta a Lou y nos recuerda la clara complicidad de las cercanías y la certera necesidad de ciertas distancias para narrar. Dice: “fueron demasiadas impresiones como para poder describir todo y aún estoy demasiado cerca de los hechos como para poder distinguir lo más importante y contarlo.” Y otra carta, ésta entre cronopios, nos trae pistas para llevar estos días “Somos los últimos románticos, te dije un día, y vos que te creías surrealista, asentiste con picardía. En una época que todo lo consume (asesinatos, violaciones, terremotos, diásporas, campeonatos, celuloide, mucho celuloide) resistimos como Noé en su barca. Cuando escribí aquel verso («En toda generación hubo un diluvio») me dijiste que los cronopios siempre sobrevivían, aferrados a un mástil en forma de poema, aferrados al ambivalente goce de escribir, amar y, especialmente, sonreír. «Tenemos un ángel de guarda», dijiste, y yo te contesté: «De la guardia».” Pero Adynata, incrédula de tierras, ángeles e infiernos, tal vez prefiera lo dionisíaco y la caña con ruda. Quizás necesite inventar demonios de la guardia que se escurran cruzando los océanos y compartan unas pócimas en alguna santoría de Madrid. Que, desde las nubes y con una mística cruda y apasionada, aúllen: “Los Cantos también lo advierten, y aún con poca voz lo memoran y magnifican: en el origen de la riqueza yace el adiós al otro: mi igual (aquello que hubo…). La fraternidad se vuelve pecado y las bellezas de la tierra se confunden con los excesos del infierno…” Y aún sabiendo muertes e injusticias, nos inciten a no claudicar en afirmar que lo vivo puede más que las civilizaciones y los imperios y que, aún desgarradas, perseveremos en lo inútil de leer y de escribir con las garras bien afiladas.

  • Cantos Proféticos VIII / Vicente Zito Lema

    Esmerilado el tiempo como un cristal bajo el empeño de un monje del Medioevo; fuera de la orilla de los duelos, durmiendo sobre el fuego robado, soñando que la muerte es ahora una almohada, entre mordiscones de gemidos que golpean en la cabeza busco escuchar a los niños condenados de la pobreza… El deseo de ser quien escucha con corazón abierto no alcanza; son ruidos de mar los que velan la noche, absolutos; son cuchicheos en las penumbras del crimen… perversos… Los muros sobre los muros se alzan pesados y ensucian las músicas… La esencia del orden para el alma sufriente tanto da; lo humano y lo divino duermen en el mismo lecho, y cuando llega la noche todos los gatos son pardos… El sentido del poder y la naturaleza extrema de la riqueza –aquel pérfido excedente acumulado y reproducido–, son soles tan fríos que en su girar apagado todavía sostienen un mundo de pura muerte… Los Cantos también lo advierten, y aún con poca voz lo memoran y magnifican: en el origen de la riqueza yace el adiós al otro: mi igual (aquello que hubo…). La fraternidad se vuelve pecado y las bellezas de la tierra se confunden con los excesos del infierno… El ayer es un soplo de luz que se ahoga en nuestra alma… (La nostalgia de lo perdido no dejará de corroernos…). Las vidas usurpadas están otra vez vivas para el orden de la riqueza y sus usuras, ellas escriben las cifras, así como los santos escriben las oraciones en el desierto: sus gestos son una misma condena. La gran materia humana del trabajo, puesta fuera del uso y de los actos del bien por el valor de cambio, que apuntala la riqueza, no deja de gastar sus horas en la espera de algún dios que la bendiga y resucite (la riqueza es ahora religión, mientras el cuerpito pobre se condena como perdición… ¿a dónde irá el alma asombrada; tumefacta en las huellas del dolor no quedó su carne…? El tifus de la usura nunca ha dejado de provocar pavor (las sábanas huelen a incienso y pescado…) El poder que lava sus manos con fuertes alcoholes, que organiza las estructuras de la pobreza –y las superestructuras de su justificación–, sabe de rezos y de palos, es un poder nocturno y progresivo, pestífero, tan mórbido como mortífero… Riqueza y poder, lo que se produce y lo que es producido, lo que vibra y es alegría, y lo que se hiela o cae agusanado, mezclan sus cartografías hasta fundirse en un solo acto… Después recorren sus comarcas y señoríos en una misma cabalgadura adornada con cintas muy sedosas y muy amarillas, y copiosas coronas de flores blancas; ni siquiera los perros bravos les ladran; el sigilo de la Parca los sorprende y los espanta… Ah, materia del trabajo, fruto de la libertad socorrida por la necesidad; oh, tú, dado a luz por los cuerpos vivos y que se pudre como cadáver en tanto es arrancado de la circulación social… ¿Hay aquí un alma que se espanta…? ¿Un alma que se espanta en el espanto del oro virtual, o del más antiguo lingote, tan por igual escondidos de los ojos de todos bajo la misma tumba?; ¿o hubo algo más que un fetiche para engañar la eternidad, fantasía y horror sin fronteras ni mesuras…? ¿Algo más, un poco más que leyes y brebajes malditos para destruir lo que quedó sin destruir de los cuerpitos humillados en el escenario del día, en la horca o en la cruz…? ¡Ah, urgencia jamás renegada de los Cantos, en la feroz hora que precede a la estrella matutina, cuando se consuma el sacrificio… y arremeten los cuervos, y el viento huye, y las palomas son apenas piedras… fútiles suspiros…! ¡Es inútil; no miren hacia lo alto… los cielos no guardan cicatrices…! Fuente: Cantos Oscuros, Días Crueles (2019) Ediciones La Cebra.

  • Carta íntima a Julio en el más allá acerca del estado de las cosas en el más acá / Cristina Peri Rossi

    EL CLUB INTERNACIONAL DE LOS CRONOPIOS (todavía conservo aquel cronopio verde como un sapo prodigioso que confeccionaron en la sucursal chilena, y vos nos regalaste a tus cronopios favoritos) continúa funcionando, querido Julio, a pesar de la recesión económica, a pesar de que «no son buenos tiempos para la lírica», a pesar de la posmodernidad y otras fatuidades que nos producen una sonrisa escéptica. Es posible que los cronopios estemos algo melancólicos, pero eso está previsto en la genética cronópica, es el paso previo a la poesía, esa que tú amas. Ahora hay cronopios hasta en USA, y, a veces, en la cama del Presidente. Se editan cada vez menos libros de versos, es verdad, porque a la gente le parece más sólido gastarse el dinero en páginas sin blancos, llenas de letras, de lo contrario sospechan que los han estafado, pero eso ocurrió siempre. (A Baudelaire lo corrieron de París, de tu París, los acreedores, pero a Dostoievski, que no escribía versos, los acreedores lo echaron de Moscú.) Nuestra colección de caleidoscopios va en aumento, los últimos modelos me los vendió un niño-paria de Brasil: los hacía con vidrios de botella y cartón de las cajas de champagnea que recogía en los basureros de Sao Paulo. Como ves, era un cronopio entre chatarra, contaminación y muerte. un cronopio negro, de ojos brillantes, con esa sonrisa que es el signo de los inmortales. Somos los últimos románticos, te dije un día, y vos que te creías surrealista, asentiste con picardía. En una época que todo lo consume (asesinatos, violaciones, terremotos, diásporas, campeonatos, celuloide, mucho celuloide) resistimos como Noé en su barca. Cuando escribí aquel verso («En toda generación hubo un diluvio») me dijiste que los cronopios siempre sobrevivían, aferrados a un mástil en forma de poema, aferrados al ambivalente goce de escribir, amar y, especialmente, sonreír. «Tenemos un ángel de guarda», dijiste, y yo te contesté: «De la guardia». Por todos lados te hacen homenajes, y sé que te gustan, porque no querías retórica libresca, sino esta manera de estar entre los pares, de estar entre cronopios que es una forma de la fraternidad y del amor, de ese amor que no tiene sexo (aunque tenga dos sexos) y de la utopía. Los cronopios no dejaremos nunca que te conviertan en un clásico, en letra muerta. Declararemos, como el protagonista de La bohème : "Soy poeta. Vivo como escribo. A vos, que te gustaba la ópera. A propósito: ya te he perdonado que amaras el boxeo casi tanto como a Birgit Nilsson cantando La Walquiria  (Barcelona, noviembre de 1977, Palau de la Música Catalana). Fuente: Publicado en JULIO CORTAZAR Y CRIS - CRISTINA PERI ROSSI. 2023 Editorial Menoscuarto.

  • ¡Manga de sinónimos! / Jeremías Aisenberg

    El humano es un sinónimo de sí mismo. Su existencia es una forma de decir. Una manera de ser. El resultado de una cuenta. Un accidente geográfico. Una tragedia histórica. Un embarazo no deseado. Un trabajo práctico. El encuentro de tus padres aplazados. La brisa de Marzo. Un casamiento arreglado por espanto. Las personas discriminan a la gente. Los niños quieren ser grandes, siempre, hasta volver a los pañales. Muchos peques añoran ser astronautas o futbolistas millonarios (esperanzas que terminan comprando dólares como lunáticos). Los humanitos desean lo imposible. Eso. No tiene remate el chiste. El humano desea poder lo que no se puede. Por ese motivo no cree cuando alguien hace algo despierto, en pesos. Entre un loco y un autor, hay una muerte de distancia. Pero… el humano es vivo, piola, más si es argentino: ¿Qué te pensás? Inteligente es el delfín que se hace la pregunta de verdad. ¿Qué te pensás tanto? Humano es el que inventa la palabra “Retórica” para hacerse el boludo ante los interrogantes más sencillos. Hay un descubrimiento que dejó una marca imborrable en la historia de la humanidad. La solución, el método, la ingeniería artificial que pasó de grado sin rendir final: El Antónimo. Así es, tan simple como parece, el humano diseñó una tecnología lingüística que le garantizó una libertad absoluta e infinita. Desde aquel acontecimiento hasta la fecha, el ser humano ya no puede ser acusado de sinónimo, ya que cuenta con la respuesta justa ante cualquier imputación: La negación. Muchos de ustedes podrán reírse de este informe científicamente comprobado por Harvard (en cualquier país libre un ex presidente puede perder su oreja de un disparo. No importa si eso del franco tirador matando presidentes ya fue dibujado por Van Gogh, igual sigue siendo el país más libre y seguro del mundo. Acá no tenemos tiradores francos. Ni las balas trabajan por estos lados). Señores (podría tomarse por inclusive) no buscamos adherencias religiosas, cada quien posee el derecho natural de ir a la Fuente a comprobar por ustedes mismos esta verdad revelada. Vayan. GOOGLE Sinónimo igual, semejante, analógico, equivalente, paralelo, parecido, consonante, correspondiente, homólogo Antónimo: contrario, opuesto Para la dama y el caballero, esto no es un cuento chino, ni una estafa por teléfono. Acá no hay trampa por internet. Nosotros no mentemos por e-mail Nada de chats ni botss. Pruébelo usted mismo: ¿Cuál es el Messi de la lengua hoy? El AMOR ……obvio (Ah Re) Sinónimos sorteados ante veedores intencionales. Cariño/Querer/Pasión/Adoración/Afecto/Aprecio/Estima/Apego/ Predilección/Estimación ¿Quién está dispuesto a cambiar de palabra? (Silencio en la sala) Entonces no jodan más. No es lo mismo. Humanos pero no boludos. Esa “manera de decir” es lo único que te separa de la cebra. El lenguaje que te regaló Jesús, te permite caminar, comer en una mesa, quejarte de lleno, chillar como un marrano, y ser el animalito que nadie quiere como sinónimo. Si querés un mundo distinto Tenés que decirlo diferente Say no more P.D. Psicoanalítica: Un tal Lacan dijo que a la final los únicos significantes que cuentan son lo “Mismo” y lo “Otro”. Muy parecido al chiste de recién, ¿Cierto? Si el sujeto está entre dos significantes, es solo el stop, el efecto, la frenada, antes de tener que elegir entre uno u otro. El sujeto del deseo existe el tiempo que te aguantes no responder esa pregunta absurda e importada.

  • Lo que cuenta / Patricia Mercado

    Sentarnos a esperar una historia: Gota nutricia en la boca y en el alma. Recibirla con la alegría de las frutas en verano. Saborear a oídos llenos. Compartirla con quienes nos rodean. Inventar otras nuevas y volver a empezar. Una historia, mil historias para andar la vida. Guardarlas en la alforja para días de lluvia, para noches solitarias, para fiestas, para despedidas. La vida incontable necesita hacerse relato y arropar misterios, gozosos y dolorosos, de los que va transida. Necesita historias para construir desvíos cuando se termina la calle. Desde antiguo las tribus humanas supieron cultivarlas como poderosos conjuros. De a ratos, el modo frenético del actual capitalismo que “despoja la vida de toda vivacidad”, al decir del filósofo surcoreano Byung -Chul Han, parece haber olvidado esta verdad ancestral. Graciela de Luca advierte que es necesario atizar este fuego. Cuidar un saber que viene de antaño y renovarlo con atavíos contemporáneos. Un vocablo balbucea en el mare nostrum de las palabras. ¿Qué dice? Las palabras bordean algo que se escapa y deja una estela. Bocas y oídos entretejen un modo de estar en el mundo. Telares de lo vivo esas voces que acunan lo que necesita ser narrado. Un cuento puede ser puente entre abisales silencios cotidianos. Entre dolores que solo saben callar. O contar la historia de una única manera. Como dice el cantautor brasilero Lenine : El puente no es para ir o volver, el puente es sólo para cruzar, caminando sobre las aguas de este momento. Necesitamos contar la vida, cada vez, de otro modo. Para cuidar la delicada artesanía de la vitalidad. Esa que pone a arder el lenguaje una y otra vez, que derrama sentidos que no pueden sujetarse como enunciación unívoca del vivir. El cuento es puente para que una imposibilidad no queda encallada. Contar la vida. Y volver a navegar. De Luca se demora en esta antigua tradición de los grupos humanos, la de darse historias que ruedan de unos a otros, infatigables. Cuentos que nacen, una y otra vez, y se dan como carnadura de nuevas versiones, de derivas donde broten horizontes. Justo allí donde viejos dolores se repliegan. Arrastrados desde memorias ancestrales o recién inventados, los cuentos son tramas vivas de experiencias maceradas en el caldero de lo comunitario. Multitud de escenas, de personajes, desandan conflictos que buscan nuevas significaciones. Que buscan sostenerse como memoria viva. Lo que cuenta, encontrar en el cuento la propia voz, editado por Letra Viva , nos invita a demorarnos en estos tesoros. Demora como puesta en juego de los cuerpos, de la imaginación, del lenguaje, de las formas, de los afectos. Los cuentos sostienen la posibilidad de tejer infinitas versiones del vivir. Y ese movimiento gregario dibuja líneas de fuga en las crueldades donde se enreda la vida. Lo que cuenta: esa decantación, esa destilación que queda tras la escucha de un cuento, eso que hace marca dice Graciela De Luca. Eso podría ser bálsamo en la herida. Lo que cuenta: encuentro, interpelación, entrega a una recepción. Reescribir quienes somos para desandar encierros, para abrir senderos nuevos, para encontrar compañeros de viaje. De Luca propone acercarnos a los cuentos en busca de saberes que desafíen el sentido común y sus certezas. Y coloca la metáfora en el centro de nuevas orbitaciones. La metáfora abre un pasaje de lo no verbal a lo verbal. Del torbellino de afectaciones al relato que puede compartirse. El ardor de la metáfora en las opacidades de lo insoportable, lumínico borde al que asirse en días de naufragio. No se trata de maquillajes, de esteticismos narcotizantes sino del arte de cuidar la vida. La metáfora como decir de lo viviente. Entonces el cuento comienza a contar otra historia. Una capaz de dar abrigo, de arropar fragilidades y sueños. Acaso se trate de descubrir que es necesario desposeer una historia para reconocerla gregaria, para poder escucharla siendo dicha en otras voces. Que cada quien se encuentre narrado en un cuento, en el decir del otro, en un decir otro. Una ficción que permita habitar lo que se vive. Este libro propone una escalera mágica: oír, escribir, contar. De las palabras respiradas, las palabras de aire, a las palabras de papel, a las palabras talladas en grafías que buscan tatuarse en pieles diversas, que juegan con tiempos más largos que el de la danza de la exhalación y sus vericuetos en el oído. Sugestiones entre lo no dicho que alguien es capaz de escuchar y transcribir. Necesitamos acceder al relámpago de lo poético advierte la autora. Iluminar oscuras adyacencias donde la vida duele. Quizás no se trate de instrumentos ni de herramientas, quizás los cuentos guarden- como semillas- un bosque donde cobijar duendes imprescindibles para aprender otros modos de la vida. Desbautizar el mundo, Sacrificar el nombre de las cosas. Graciela De Luca invoca a Roberto Juarroz como si recitara la fórmula de un antiguo exorcismo. Contarnos un cuento, darnos voz, como si alimentáramos con el oído la travesía del ansia constante de nacer, de darnos a luz. El cuento se brinda como cuerpo abierto, inacabado, para sembrar nuevos sentidos. Abre surco para que la palabra amanezca allí donde antiguos y arduos acallamientos desertificaron la existencia. Brinda un silencio que ya no es de lo acallado, un silencio que es roca viva del vivir. Un silencio fértil donde poner a germinar misterios inabarcables de lo que vive. El relato visible es máscara de otro relato que necesitamos encontrar. Se cuenta, se escribe una percepción de lo que acontece. Eso imposible de poner en palabras se narra en los pliegues de una historia siempre fabulada. Siempre imbricada a la invención del mundo, de mundos en estado de parto. De Luca va invocando voces compañeras para compartir su quehacer con los cuentos, para compartir su fe en el poder del relato. Trae a Pizarnik cuando dice: Ninguna palabra es visible. Otredad esa invisibilidad, redes conversacionales para tejer ausencias, para abrigar dolores. Lo invisible de lo no contado en lo que se cuenta, lumbre ese borde entre las palabras y el silencio. De Luca comparte una serie de experiencias de trabajo para mostrar el movimiento de estas ideas en el quehacer grupal: contar lo incontable, inventar una memoria, habitar un espacio de otredad. No se trata de reflejos lineales, referencias sólidas de una verdad acabada, sino de puentes que sostengan la vida, o sea la recuperación del movimiento vital. Pone énfasis en la escena como lecto escritura grupal. Relatar y re significar, el texto como escena viva. Escribir es escuchar y buscar una voz a partir de lo relatado, en los intersticios de lo relatado. Esa búsqueda implica el deslizamiento por nuevas superficies que soporten el peso de lo indecible. Poner a trabajar los conflictos en los relatos. Poner en conexión cuerpos y lenguaje buscando nuevos modos de contacto. Arribar al momento donde una transformación es posible. Tejer textos y contextos. Y, sobre todo, destejerlos para volver a comenzar La artesanía del relato como abertura para nuevas respiraciones donde germinar desvíos y transformaciones. Urdimbre de relaciones, el relato pesca sentidos otros y abre ventanas en asfixias cotidianas. Cada texto prolifera, incansable, en múltiples textos devenidos escenas y escenarios que, en sin fin, cuentan y cuentan lo que de otro modo no podría vivirse. Dice Graciela De Luca: los relatos modelan la vida de la gente. Escribir con la vista y con el oído, un trueque entre grafías y escenas. Escribir con el corazón. Este libro nos dona un llamado a retomar saberes que trasmisiones y olvidos entreveran. Nos dona con la gracia de lo compartido, del entusiasmo sincero, la advertencia de una fuente antigua donde dar amparo a orfandades contemporáneas. Nos dona semillas que nuestro corazón de caminantes agradece. Fuente: Prólogo del libro Graciela De Luca.Lo que cuenta,encontrar en el cuento la propia voz.Ed.Letra Viva. Bs. As. 2023.

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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