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  • Cauterizaciones / Cynthia Eva Szewach

    De la angustia más sombría brotará la chispa Elie Wiesel Con las leñitas que voy quemando se va entibiando mi soledad Atahualpa Yupanqui Las cosas que encontramos en el fuego Una mujer relata que cuando era niña le temía al incinerador. Un dispositivo que estaba en antiguos edificios y que consistía en una pequeña puerta hacia un hueco, ubicado en el pasillo de los departamentos, donde se tiraba la basura. Fantaseaba que una mano surgía de allí cuando su madre la enviaba a tirar la bolsa con residuos. Esa mano la arrastraba a un pasadizo horrendo, un sótano oscuro donde moriría quemada entre basura. Actualmente, cada tanto, fragmentos de esa imagen regresan en pesadillas como restos que aún no se disipan. Dijo una vez que metafóricamente venía a cauterizarse de ese recuerdo sin olvido. Cauterizar el incinerador. Cauterizar es quemar una herida que sangra de manera que pueda cicatrizar, incluso se pueden ir borrando las marcas que deja. A veces vuelve a abrirse lo lastimado . No siempre es de una vez. Quemar lo que incinera, una paradoja. Para Françoise Dolto muchos niños y muchas niñas que se orinan en la cama, dejan de hacerlo cuando sueñan dos o tres veces con incendios. El fuego onírico como conquista del síntoma. Se encuentra en el “cuerpo propio” la relación con el líquido que puede extinguir lo que se enciende. ¿Cómo regular una llamarada peligrosa sin apagar el fuego del deseo? Soñar con fuego, escucha Dolto, es recurso para que se renuncie a dar muestras de otro ardor desbordado. El fuego del soñar, da sitio a fundar lo reprimido, la sexualidad infantil. Freud recuerda en “La Conquista del fuego” la prohibición en algunos pueblos de orinar sobre cenizas de donde extrae también el saber popular la relación entre jugar con fuego y “hacerse pis en la cama”. Orinarse, soñar con fuego, temer a los incendios, si está despojado de censura y es leído como un enigma, estará en espera para ponerse en juego en otro momento de la vida, quizá en una escena erótica. Una ética, una política, una poética del fuego. En “Darse al Fuego” Marcelo Percia dice que, a las voluptuosidades de las cercanías, las clínicas “ las conjuran con distancias sin afectividad” . Las transmisiones, quizá pueden transformarse en “ comunicaciones ignífugas”. Sostiene también que conversamos, no sólo como hogar, sino para inventar hogares, “ inventar hogares en tiempos donde no hay a donde ir”. A veces literalmente alrededor de un fuego. Un canto amado, conocido y escuchado cada vez con emoción proveniente de la diáspora europea, es el tema en idish llamado Oyfn Pripetchik (En el hogar). Alrededor de la llama de una chimenea, infancias, reciben de un maestro las primeras letras. Entre el cobijo de una transmisión, implora: “ pongan su amor en saber las letras que enseño hoy” , Una melodía entrañable cantada en tono de emotiva tristeza. Jugar con fuego sin riesgo. Winnicott atiende a Dennis, que tiene cinco años. Un niño de extrema apatía, con total imposibilidad de jugar o de interesarse por algo. Profería gritos, sudaba, se desvanecía o se ponía totalmente blanco, incluso perdía la conciencia. De pronto comenzó a jugar, en especial al fuego y al agua. Al principio representaban incendios o mojaduras, a menudo acompañadas por deseo real de orinar. Pero lo más importante consistía en jugar a lastimar a Winnicott, mutilarlo o destruir algún objeto importante del consultorio, tirando agua caliente en la cabeza, quemarle los pies, quemarle libros con satisfacción. En esta ficción de destrucción, el analista juega a mostrar que sufre un gran dolor, pero sobrevive. Hubo la creación de una atmósfera dice Winnicott.   En nuestra práctica quien se supone “fogueado”, puede tropezar con un acostumbramiento, perdiendo la sorpresa de lo inesperado, sin la fogosidad de lo que ocurre, lo incomprensible cada vez. Quizá hasta un modo infatuado . Lacan en 1973 dice traer una metáfora: “el analista es el fuego fatuo (feu follet). Esta metáfora no hace fiat lux. El fuego fatuo no ilumina nada, sale incluso ordinariamente de cierta pestilencia”. El analista no surge de una iluminación, es cierto, pero el hedor, lo residual que habita, ¿acaso no ilumina con pequeños fulgores sobre retazos de letras, imágenes, balbuceos o quizá sobre lo que será perdible? Poner las manos en el fuego Es una manera de decir, al sostener una apuesta de palabra por alguien. Si bien porta un antiguo origen, en su uso popular y metafórico, implica ofrecer, arriesgar una gran confianza. Ruinas, escombros, cenizas, residuos, detritus están esparcidos entre las palabras, entre cuerpos que se encuentran. Nuestra práctica está hecha de amores, duelos, rabias, heridas, manchas, fuegos, extinciones. Entre palabras , dice Perlongher, a veces está lo que parece que no está. Pero también se inventa alrededor de lo que nunca estará. Hay tiempos de calma, donde se puede hablar a fuego lento y ubicar en cenizas vivas de voz: el susurro, el titubeo, el murmullo. En las cenizas atizadas de la mirada; el parpadeo, lo que titila, la penumbra, las sombras, algún resplandor que surge tenue. Lugares clínicos, como mínimo vestigio de lo representable y fundante de un resto a la espera que cause lo expectante y a la vez de un deshecho como precipitado, perdible para siempre. 1 Navegamos en la práctica entre el entusiasmo de un partir incierto y la tentación en ocasiones, de quemar las naves, cuando en el encuentro los sentimientos y las palabras se enclaustran, usurpan, domestican y por lo tanto quedan incineradas. Es el momento de una detención que interrogue cómo seguir. En el libro “El salvajismo materno” Anne Dufourmantelle desarrolla un relato de alguien que sufre dolores muy fuertes de cabeza. La analista le dice: “Dijo cabeza quemada. Sus dolores de cabeza, podría ser una quemadura”. Es leído el intenso dolor a partir de allí como una memoria en el cuerpo de algo no narrado por la voz materna y desde varias generaciones anteriores. Una llaga muda. La vida se empobrece, pierde interés, dice Freud en “Nuestra actitud ante la muerte”, cuando la puesta, en la vida misma, no se arriesga. Nuestros lazos sentimentales, la intolerable intensidad de nuestra pena, acentúa, nos inclinan a evitar todo peligro. Excluimos por ejemplo los experimentos con sustancias explosivas dice Freud. ¿Se trata de no jugar con fuego? En “Amor de transferencia” sin embargo agrega que el psicoanalista sabe que trabaja con fuerzas explosivas y que le hace falta la misma cautela y escrupulosidad del químico. Pero, ¿acaso le han prohibido alguna vez al químico ocuparse, a causa de su peligrosidad, de sus materias explosivas, indispensables a pesar de su efecto? Breuer, luego de un tramo valioso de recorrido, no pudo seguir con las fantasías y pasiones ocurridas en los encuentros con Anna O, algunos efectos de su retirada. Una marca indeleble de los comienzos del psicoanálisis. Muchos años después, sabemos que Bertha Pappenheim (Anna) se convirtió en una activista social fervorosa, directora de instituciones que refugiaron niñas en la pobreza y víctimas de maltrato, huérfanos de guerra, madres solas sin lugar. Escribe en 1907 un poema donde repite un estribillo: (…) el amor no vino a mí / (…) el amor no vino a mí . Sin embargo, a los veinte años se había enamorado, de su médico, Breuer, a quien, desde ya, ella no le fue indiferente. Le ofreció además una presencia y escucha atenta a sus enormes sufrimientos, desesperaciones, alucinaciones en la asociación libre que inaugura Anna. Lo que Breuer no pudo dar lugar fue a su propio amor por ella. Pero ¿De qué modo? ¿Cómo hubiese podido alojar sin rechazarlo ni consumarlo? La demanda transferencial no carecía de dificultad. Pero queda sacrificada finalmente la experiencia analítica en lo que Freud llamó “suceso adverso”. Al mismo tiempo Ana O, dio paso a nuevos rumbos en la práctica y formó parte de la historia del psicoanálisis, en “La novela familiar de los psicoanalistas”. 2 Asumo una ficción breueriana . Ambos portaban una gran herida de una pérdida infantil. Breuer pierde a su madre a los ocho años llamada también Bertha, y Bertha pierde una amada hermana a los ocho años que poco se subraya. Dolor innombrado que los contactaba en un nombre y una infancia. Fue una zona no incluida para interrogar. La joven finalmente queda destituida de un sitio cuya huella, una conjetura, está en el doloroso poema. Freud retoma la posta, no huye en principio de los amores que recibe, los incluye como parte del asunto. En parte quedan marcados a fuego los comienzos del psicoanálisis en las tensiones entre no impugnar ese amor, y al mismo tiempo amortiguar, destituir, a veces neutralizar el que se ubica del lado del analista. Aunque el privilegio se encuentra en el amor al saber inconsciente, el saber no sabido y al texto a ser leído, la forma de pensar, mucha agua bajo el puente, aquello que fue nombrado como “contratransferencia”, sitúa la idea que se tenga de lo que en psicoanálisis llamamos abstinencia. Lo inapagado El presagio es de fuego , escribe bajo el título “Piedras de viento” Federico Galindo. Se refiere a la película “Noches de fuego”, ópera prima de la salvadoreña Tatiana Hueso. Una población mexicana, se ve arrasada por la amenaza del secuestro de niñas perpetrado por militares o narcos armados. Las madres con terror y a la vez coraje, enseñan a sus hijas a escuchar y distinguir los ruidos y sonidos de las diversas vibraciones para anticipar si se trata o no, de la presencia de un peligro por venir. Les enseñan a esconderse y transforman su apariencia, cubren su femineidad, sacrifican sus cabellos a partir de la pubertad, para protegerlas. Además de ser la película un elogio de la amistad entre niñas, en la narración la presencia protagónica del fuego oficia como aviso de una inquietante violencia, a la vez que la quema de pertenencias es un modo elegido, colectivo, un intento de encomunarse , pero un anticipo de que la salida es emigrar. En “El juguete Rabioso” Silvio Astier realiza acciones para sentir existencia y salirse de un destino; “sufrirás, siempre sufrirás. Un día incendia la ladronera de su patrón, con unos carbones encendidos en el brasero. El humo del crimen inolvidable. Elie Wiesel, sobreviviente, en su libro “Trilogía de la noche” escribe que jamás, jamás, olvidará el humo y las llamas que consumieron tantas vidas, tantas infancias y tantos sueños pulverizados. “ Noche. Nadie deseaba que la noche pasara rápidamente. Las estrellas no eran sino chispas del gran fuego que nos devoraba”. A veces aquello que se puede sentir Heimlich , hogareño, familiar, convive con retornos inhóspitos o derivan a lo unheimlich , lo inhóspito, in-habitante que acampa en nuestra propia casa y parece un deshogar . Aun así, alguna persistente apuesta puede cauterizar poco a poco hemorragias entre las tinieblas sombrías. 1 Un agradecimiento a Darío Gigena, por la invitación a pensar el tema “Cenizas” en el Seminario organizado en el Hospital Alvear, año 2023 2 Título del interesante ensayo de Patricia Fochi en “Fanzine psicoanalítico 2, una realidad desconocida” 2024, Otro Cauce.

  • No hay salud mental / Fernando Stivala

    El 10 de octubre fue el día de la salud mental. Día establecido en 1992 por la federación mundial de la salud mental (con apoyo de la organización mundial de la salud) sin criterio ni conmemoración alguna. Solo porque no se pisaba con ninguna otra fecha importante. Nunca conviene seguir las orientaciones que ofrece el Poder. Nietzsche propone la enfermedad no como algo a resolver, sino aprovecharla para que nos muestre el punto de vista que cuando estamos más saludables no podemos ver. Por lo cual salud mental estaría del lado del bien, no más allá del bien. Más real sería decir momentos de salud y momentos de padecimientos. En la cita Darse al fuego  organizada por Percia el 1er sábado de octubre del 2024 (también texto en la revista digital Adynata ) se habló sobre el problema de la idea de resiliencia y de fuerza interior. Salud se vuelve muy ideal, muy moral. Nos topamos inmediatamente con el obstáculo del optimismo de la fuerza interior para tener salud mental. Y se discute también con el concepto de resiliencia que nos deja a merced del sentimiento de culpa. “ No hay eso. No hay interioridad” dice Percia. “ Se trata de otra cosa, saber la común debilidad. El común brasero de las soledades. La intermitencia del fuego.” Hay una relación de cercanías y distancias con lo saludable, de ir y venir. No porque queramos enfermarnos, porque pasa así. La intermitencia con el fuego saludable, y el fuego enfermante. De hecho, volvemos a usar nuestra palabra sintagma: Phármakon , que dice remedio y veneno a la vez. Son cuestiones de dosis, de calibración, de sintonizar. No de objetos. Lo mismo que es remedio, puede ser veneno. Lo mismo que quema y destruye, enciende y apasiona. Como el fuego, los cuerpos calientes se encienden, se atraen, se enamoran; y también se obsesionan, se apropian, celan, destruyen, y se dicen calientes cosas terribles. La expresión estar caliente  tiene sus múltiples matices. Entonces salud no, mental  tampoco, y día menos. Momentos o días de salud, y momentos o días de padecimientos emocionales, y físicos. Fíjense todo lo que todavía tenemos que discutir con el ala que cuidamos, no con la derecha egoísta, súper individualista, y de mercado. Se quiso cerrar el hospital Laura Bonaparte (ex CENARESO), hospital escuela que se especializa en consumos problemáticos. ¿En consumos problemáticos? ¿Las vidas que vivimos no son ya sensibilidades humanas con sus conductas pasionales? Ideas, imágenes, narraciones más cercanas a lo que nos pasa. ¿Eso no es la batalla cultural? Narraciones que alojen, sostengan, desculpabilicen, a diferencia de testimonios de resiliencia donde se muestra un modelo de fuerza interior personal y meritócrata para tener una supuesta salud mental. ¿Y si no se logra? "Recaí" El problema de no considerar a la enfermedad, y solo postular salud mental. Hay todo un arte del matiz, tanto para las fuerzas activas como para las reactivas dice Nietzsche. El problema para él no es que haya fuerzas reactivas, sin ellas lo activo no puede existir. El estómago, por ejemplo. Hace falta deglutir la realidad, asimilarla, sin eso no hay cómo. Pero una vida calcada sólo de las funciones digestivas es una vida que no tiene deseo de mundo, que no tiene pulsión curioseante, conatus , fuego. Por eso no se puede hacer una evaluación con un tono grosero y general de una vez y para siempre. Nietzsche va a decir que hace falta un tipo de médico, el genealogista. Este diagnosticador e interpretador es el filósofo que trata con una materia ambivalente, no nítidamente clara. El poder de la enfermedad Nietzsche, que lidiaba todo el tiempo con dolores de cabeza y oculares, con cansancio físico, fatiga, náuseas, con problemas de respiración y reumatismo. Que renunció a los 34 años como profesor de filología clásica a la cátedra de Basilea porque no le quedó más remedio (seis semanas después la universidad decretó su jubilación). Ahí se da el predominio de lo reactivo, nos limita en lo que podemos. Pero, nos ofrece un tipo de vista nuevo sobre la situación. El punto de vista. Todo fenómeno más allá del valor que tenga, tiene siempre una enseñanza específica. Mira desde otro lado la situación. Permite comprender algo singular porque tiene un punto de vista otro. Viendo la enfermedad desde la salud, pero también se puede aprender viendo la salud desde la enfermedad. Dice Mónica Cragnolini en el capítulo Tiempo de la salud, tiempo de la enfermedad del libro Moradas nietzscheanas (2006): “ La vida se constituye para Nietzsche como tensión de sufrimiento y placer, tensión en la que ninguno de los dos polos es considerado el elemento determinante o fundamental .” ¿El que está enfermo tiene un punto de vista más débil? ¡No, no, tres veces no! “ Se trata de otra cosa, saber la común debilidad.” Débil no es quien puede poco, sino quien está separado de lo que puede. ¿Cuáles son las imágenes y los discursos que producimos, y no solo a los que podemos reaccionar? Esa manera débil también tiene una sabiduría. La potencia de saber recibir, de saber afectarse. La potencia de padecer. Spinoza definió al cuerpo como la capacidad de afectar y de afectarse. Si recortamos una, hacemos una abstracción que no da cuenta de la realidad. Se acerca más a lo que nos gustaría que a lo que pasa. Si recortamos la capacidad de afectarnos nos convertimos en el ideal del poderoso: no afectarse con nada y sólo afectar. Fingir demencia. Hacer de cuenta que eso no está pasando. Hacer como si todo fuera normal, como siempre. "Que no se salga de sus cabales" No es que la enfermedad es más verdadera y sabia que la salud. No es ir hacia la otra dimensión para darle un carácter más valido que la anterior. Existe un devenir entre los puntos de vista. Mirar la cosa de un lado y del otro. Tener esa dimensión dialógica. Eso nos renovaría algo desde el punto de vista del sentido, y de las verdades. Esa condición rehabilita la noción múltiple. Cuestionar en serio la identidad monovalente que, si bien por momentos nos protege, por muchos otros nos asfixia y cierra posibilidades. ¿Qué otra cosa es sino un síntoma? El llamado del cuerpo a escuchar lo que negamos. Una expresión ahogada. La posibilidad de encontrar salidas donde parecía no haberlas. Una crítica nietzscheana no se puede calcar sobre un mapa de la política, porque en el mundo nietzscheano la categoría política es muy pequeña en toda su obra. Nietzsche diagnostica la vida y la vida principalmente es multiplicidad. ¿Cómo puede ser que la trama de la vida en común se haya deshilachado tanto? ¿Cómo nos las vamos a narrar? La OMS dice que la salud mental es el bienestar emocional, psíquico y social que permite llevar adelante los desafíos de la propia vida y de la comunidad en la que vivimos. Poco dice. Traza fronteras entre la propia vida por un lado, y la comunidad por el otro. No conviene seguir las orientaciones ofrecidas por el Poder. Mónica Cragnolini en el mismo texto que citamos dice: “ Para abordar el tema de la enfermedad en Nietzsche, es necesario señalar que el cuerpo está entendido como campo y lugar de cruce de las fuerzas, en este sentido no es nunca el cuerpo individual aislado del resto del mundo, sino que siempre se halla transido por los otros: las relaciones humanas, las fuerzas históricas, las instituciones, las consignas religiosas, morales, etc. En el cuerpo están no solo las marcas del individuo (siempre entendido como dividuum, es decir múltiple) sino también las de su generación y las de las generaciones pasadas, las de su sociedad y las de todas las otras fuerzas que lo constituyen en su entrecruzamiento. Por ello la enfermedad, aun cuando pueda ser aludida de manera individual es, como el cuerpo, al mismo tiempo social.” Mucho más interesante esta narración para volver a hilar el entramado común. Se evidencia que la capacidad de padecer se vuelve imprescindible para reconstruir esa trama. Porque lo común es lo que está agonizando y necesita rehabilitación. (CENARESO significaba Centro Nacional de Reeducación Social). Se evidencia que la frontera entre individuo y comunidad queda desdibujada. Se nota el absurdo que es hablar de la propia vida individual o sus distintas acepciones: neoliberalismo o nuevos liberales, yo, sujeto, identidad, interioridad, mío, propio, subjetividad, libertario, super individual, ego, sin registro del afuera que me compone, ideal del poderoso, recorte de la capacidad de afectarse. ¿Cómo se configura un nosotros, una polis , una comunidad que vaya más allá de la mera resignación y de un sálvese quien pueda producir solo tasa de ganancia? Cada vez que pensamos la política, pensamos el modo en que se conciben las fuerzas reactivas o adaptativas en lo político. Pedirle a eso que se active es inocente porque solo funciona en espejo a lógica de mercado: estadísticas, algoritmos, encuestas. Nos encontramos en la situación donde la política no puede renovarse a sí misma. No es la renovación generacional. Pero, activadas ciertas fuerzas de la sociedad la perspectiva cambia. Tenemos ejemplos donde se cuestiona qué cosa es la política. Grupos, movimientos, activismos donde se le dice a la política: " la política no es lo que ustedes dicen, es otra cosa". Ponen en juego esa otra cosa. Ponen en perspectiva momentos saludables y momentos padecientes. Renovar, rehabilitar, recuperar, reformar, reeducar, hacer retornar la política dándole vitalidad a la política versus el litigio de suponerla como función del político, de cierta retórica, de cierta alianza con la imagen, con el marketing, y con las instituciones. Cuando lo político se pone en otro orden, cuando se lo saca de las casillas. Contrapoderes, micropolíticas. Le decimos a la política: " esto no ". Porque ya sabemos que volver a lo mismo es mentiroso, estafador, desalentador. Porque ya sabemos que nos deja en una especie de descorazonamiento. El eterno retorno insoportable. Como el día de la marmota: quedamos atrapados en un día, aunque el calendario continúe. ¿Nace un movimiento estudiantil? Perfecto. ¿Pero qué son, qué hacen? ¿Ponen en tensión la sociedad de otra manera, o son los que quieren ser dirigentes políticos en el futuro? No sabemos. Hay que esperarlos. Algo, para nacer, se tiene que camuflar, aunque empecemos hablando de cantidad de camas, aunque empecemos hablando de salario. ¿Cómo va a seguir? No sabemos. Una fuerza que se conecta con lo que puede, mientras se va a infiltrando, y entra en conexión con cosas y situaciones que todavía no se sabe lo que podrán. A las fuerzas nuevas y creadoras hay que tenerles paciencia y ver cómo se desarrollan. Al nacer, si nacen mostrando su novedad son liquidadas, el medio es hostil. Nacen enmascarándose en la identidad de lo que hay, para luego cuando ya haya un territorio más armado y seguro, infiltrar el martillo y la invención. La posibilidad de encontrar salidas donde parecía no haberlas. También el 13 de octubre fue el día del psicólogx. Pero no es mundial, se celebra sólo en la Argentina y la historia de ese día no fue elegida al azar. Condensa muchas capas de memoria de lucha social en este país. En el año 1974, con la derecha peronista en el gobierno se realiza el primer encuentro de psicólogos y estudiantes de psicología en Córdoba donde se reúnen miles de estudiantes y psicólogxs de todo el país. Una de las cosas que se discutieron fue la ley de ejercicio profesional en un contexto de cierre de carreras y universidades, amenazas, y asesinatos. Dentro del servicio nacional integral de salud el proyecto de ley no reconocía al psicólogo como trabajador. Se discutía sobre seguir avanzando hacia la descentralización como lo querían las empresas o si se volvía a un sistema centralizado más justo. Si la formación de profesionales iba a incluir una perspectiva con relación a lo común o iba seguir abonando una clínica individualista sin anclaje en lo colectivo, desconectada de las tramas de lo social. Otro de los puntos a abordar era salir de la dependencia biologicista de la profesión donde el discurso médico y manicomial seguían teniendo centralidad. También se debatía sobre seguir sosteniendo el concepto de neutralidad terapéutica, lo que eximía a las psicólogas a incluir lo social en la clínica. Los trapitos de las problemáticas sociales al sol no correspondían. Una de las capas de memoria se cuenta por esos años. Antecedentes de conquistas que se daban por ganadas. Hasta hace pocos días las universidades seguíamos como siempre, sin salirnos de los pupitres y las aulas, como si nada pasara. Como dice Girondo “ la costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas” . Quizás sabernos en riesgo, quizás poder perder esas conquistas, despierta misteriosamente alguna de esas capas. En ese encuentro de octubre del ´74 no se pusieron de acuerdo. Las discusiones eran intensas en torno al abordaje de la salud y el padecer mental, las condiciones de los trabajadores, sus posicionamientos ético-culturales. En lo que sí acordaron como símbolo de unidad, fue en establecer la fecha de cierre del encuentro como el día del psicólogo (en masculino). Y de la psicóloga. Pero mejor intentar seguir nombrando. La práctica clínica: momentos, por lo general incalculables, donde coinciden fugazmente y en cualquier lugar el deseo de conversar, de hablar y escuchar, de afectar y afectarse. Ese encuentro culminó con una represión policial en la Ciudad Universitaria de Córdoba el mismo 13 de octubre. En estos días se leyó por las redes: “ Psicología sin lucha social es coaching ”. Es consejo, es psicología positiva, es sólo salud mental. Psicología sin lucha social es convertir las pasiones y emociones que desde siempre fueron comunes (los dioses eran portavoces de emociones) en propiedades personales, en interioridad. Sintagmas como Lo personal es político , o No es depresión es capitalismo nos devuelven un poco de principio de realidad. Nos saca del espejismo de seguir creyendo en el voluntarismo mágico. Como decía Guattari: “ salir del consultorio aun estando en él, salir de ahí o abrir al menos las ventanas, y estar preparados para otra clase distinta de problemas que los estrictamente de identificación al padre, a la madre, intrafamiliares o a toda esa cocina de símbolos del inconsciente”. Ojo freudianos, cuidado lacanianos. Sin universidad no hay parciales ni consultorios. Psicoanálisis sólo del teatro edípico familiar se pierde de muchas capas de memoria colectiva. Se pierde la posibilidad de encontrar salidas donde parecía no haberlas.

  • chispean invertebradas estructuras subterráneas públicas / Mercedes Na. Ramirez

    conversaciones con inconceptualizables 1 . “Tiempo” Inundación. Eugenia Almeida “Palabras para despertar los sueños y activar la trampa para pesadillas.” Palabras para la noche . Annie Agopian, Albertine Como ofrendas de una infancia bibliotecada se recuperan cuatro libros. a. Cuentos que cuentan los guaraníes (1986), de Miguel Ángel Palermo; b. Arqueta de cuentos. Escritores rusos del siglo XIX 2 (1983); c. El País del Más Acá y otros cuentos (1981), de Ada D. Albrecht; y d. Prohibido el elefante (1988), de Gustavo Roldán. Tres de los libros, prologados, auguran un lugar especial a la poesía, el cuarto a la risa. Del ilustrador de éste último se lee que disfruta dibujando libros para infancias porque en ello “todo es posible”. Natación del primer fuego. La nueva tierra, después del diluvio, se reconoce como trabajo de un dios al que finalizada la tarea le invade una inquietud, la sensación de que algunas cosas faltaban al gentío para vivir mejor. Revela una prioridad imaginada pensando en el fuego: cocinar, encender fogones, abrigar la noche, conversar alrededor de un paralelogramo simple, un refugio entre luces y sombras móviles que dibuja lo que enciende. Los cuervos, futuros por venir, tenían el fuego, se guarecían en las montañas, celosías de una ilusa sensación de propiedad legitimada. Devoraban humanidad, les gustaba 3 ; emanaban imperios devotos del poder. La tierra venidera cae en seco y no puede decirse, pero suena, expone armonía y melodía. En una voz distingue un timbre. Guturalmente llama. Un sapo Cururú es llamado por la divinidad porque hay una urgencia: “conseguir fuego para todos”, y por algo que “sabes hacer muy bien, y es atrapar cualquier cosa que ande volando. Y acá van a volar brasas”. Lo infla el orgullo por ayudar, la divinidad se explica entre lo que se traduce como lo oído inescuchable 4 , la función poética de inadvertir futuros por venir. El relato cuenta que aunque no se pueda comprender en la lectura de aquello que se ha dicho, la inofensiva animalada croqueante ha comprendido. La estrategia se aviva en una divinidad que parece haber muerto desplegada sobre la selvática vegetación, el sapo logra la invisibilidad participante, es verde y está pintado de jungla. Los futuros cuervos ven al dios tendido en el suelo. Lo anhelan como presa, planean un asado. Corren, juntan ramas y hacen fuego pero al dios no se le prende ni un pliegue, no agarra, no quema. En el fragor del tiempo solo se extendía y desdoblaba la corteza de lo vivo. Yacía brasa. La idea consiste en que al hacer saltar las brasas el sapo atrape alguna al vuelo y emprenda huida. Saltan las tan anheladas encendidas a patadas del milagro, el sapo intenta pero nada. Los cuervos de futuro se extrañan por lo ocurrido ¿cuál era el motivo por el cual había saltado así el fuego? La imagen de una divinidad en el suelo continuaba. Se ensaya incansablemente para hacer saltar brasas y pescar, como aventura contra crueldades. Fuego y correntío redactan territorios para inventar refugios donde cuidar potencias que incendiando descongelen, volviendo a imaginar redistribuciones de lo que aviva/ampara/auxilia. Demoras sueñan retozando, Cururú tragó y aguantó las llagas impresas a brasa limpia que por ofrenda es concedida. Como ingiriendo luciérnagas pero sin comerlas, dejando pasar el tiempo de exposición. La verbalidad danza siempre en entonaciones fuera de tiempo, timbrados para oídos que navegan brazadas sin timón. Aguantar el fuego, quedarse como si nada por un rato, esa fue la proeza signada. Alguien pregunta: ¿Y el agua? Una micro reticular opacidad sueña, a través de la obra de Henri Julien Félix Rousseau, la imagen de una fiera de manto negro ladeando ante a la figura de cierta futura humanidad por olvido frente a lo que arde. Algo se escapa a las lecturas occidentales sobre la existencia guaraní al calor del fuego que reúne, algo de lo otro como impropiedad se desaloja advirtiendo automatismos de sentido. Picardía. Astucia, viveza, disimulo y engaño. Sagacidad, perspicacia, habilidad, como atrevimiento ya no descaran ni chispean. Permitir imaginar algo más inunda toda pasmosa operatoria indicada. Lenguas originarias litorales nombrando infancias/crías de animales plumíferos/orfandades/cultivos que florecen a siembra inadvertida pero venidera/discontinuidad de binomios/pollo de cualquier pájaro, chispean descaros en guacho/guacha 5 . Una guachada, una pendejada, fiereza desplumada en un infinito de multitud criada en la orfandad de la lengua. Ruin y canalla quien se anime a destajo alimentarse de trama como inmunda polilla. No toda oruga compone la eficaz hermosura efímera de una mariposa monarca ¿no se escucha, no se entiende, no armoniza? Acuíferos incendiados de guachadas aladas irrumpen esa vida individuada que hiela. Aldeas invertebradas que sin ser luciérnagas transmutan una perplejidad que en la fugacidad de días germina su obstinada rebeldía. Como expresión chilena el término aguachar se acusa a la fauna no doméstica, que por el contacto estrecho con lo humano puede adiestrarse, asumirse en sumisión. Aguachar/ inundar/mojar/encender de algo que no hiele de crueldad. En torno al fuego inconceptualizables chispean impidiendo el avance operatorio de producción. Conceptualizables/consumibles imaginan plegarias de salvación. En la letra de The River of Dreams 6 , de Billi Joel, se busca algo tan indefinido que puede ofrecerse sólo a la mirada de los ciegos, como circunvalación de sueños que transitan un valle del miedo. En medio de la noche santifica el fuego y se avivan corrientes acuíferas. De lo que encandila interesa su propiedad como posibilidad de opacidad, en inconceptualizables de clínicas públicas en salud mental . Lo que enciende: la chispa, lo que derrite: el ladeo en torno al fuego, lo que aguarda para otro tiempo: la brasa como aldea invertebrada. Si tomamos el término guacha y agregamos los fonemas /r/, /a/ se escucha guaracha . Guaracha es nombre de canciones y danzas afro-antillanas 7 . Territorio entre mares del caribe que resiste contra fuegos de artificio (pólvora) la conquista hasta el exterminio de su pueblo, primer territorio colonizado para la expansión europea en América. No es lo mismo el fuego que la pólvora, porque para estar/desplegarse no suenan igual ni cuentan con la misma temporalidad. Tartas de hojaldre, recetas de lo intransferible que espera. Contemplaciones inadvertidas de bibliotecas/ mariposas guachas/guarachas por resguardar encienden excitaciones de los cuerpos avivando horrores que el poder proclama recuperar. Asan con la potencia de unas últimas chispas carnes para la gesta de otra castidad. Todo es llevado por el agua, todo termina/empieza en corrientes teóricas que construyen oceánicamente el valor de lo que hace sentido. Si el terror enlaza indiferencias encendiendo como poderes dicen la vida, una espera cuida lo que queda en memorias/olvidos y oídos de una jungla que se incendia. ¿Cómo pensar/recordar otras fuentes/bibliotectas, que precisamente por pérdidas habrá que volver a semillar para que pies cansados se puedan refrescar? Las aldeas invertebradas se comen la trama tomando 25 universidades nacionales contra la amenaza de su extinción. Pero al parecer, los modos de manifestación conocidos no encuentran asidero en sus efectos. El veto que desfinancia la universidad pública 8 es sostenido por voto en la cámara de diputados. Una letra de diferencia, vetar no es lo contrario a votar pero ambas anhelan un mismo sentido discrepando en una letra. ¿Se trata de avivar esa contrariedad en marcha? ¿Nunca fue tan fácil? Todo contra crueldades, fácil nunca. Todo es imposible. Quizás lo mínimo, o lo suficiente para encender acuíferos/insectos guachos contra crueldades/danzar guarachas alternando lo que nombra escupiéndole al menos un asado al poder, surcando selvas que en fogatas opaquen alumbrando/reflectando operetas espectaculares con lo que enciende la fiereza de una frágil humanidad, a coro, a destajo y en contrapunto. La asamblea de la facultad de psicología 9 de la universidad de buenos aires inició una acción cooperativa de estudiantes independientes en defensa de la educación pública. Una imagen publicada muestra una cartelera publicitaria tradicional de Buenos Aires 10 con la imagen del busto de todos los diputados y diputadas que votaron en contra, se abstuvieron o ausentaron en el marco de la ley del financiamiento universitario. Las imágenes individualizadas como portadas de búsqueda de paradero, se encuentran pegadas ajustadas a un cartel que expresa: “tu opinión no importa”. La opinión individual es un aumentativo de la opinión pública. No interesa la discusión entre opiniones para dar la razón, interesa la discusión para seguir pensando. La legislación es ese montón entre razón, sanción, opinión, lo público y lo que deviene, pensar/ver/escuchar puede ser también otra cosa. Manifestaciones colectivas escuchan esa distinción y la exponen cuando notan arreglos que generan desigualdad. La cartelera antigua de la vereda de la ciudad es utilizada como se usan las carteleras dentro de los edificios universitarios cuando algo necesita ser oído. Si la universidad sale a la calle es porque la calle dejó de entrar a la universidad. De público conocimiento es que cada vez menos personas pueden solventar trayectorias universitarias aunque insistentemente y contra todo pronóstico exista aún anhelo de que sea gratuita y de calidad. La intervención se ocupa de quienes votaron en contra de la ley pero no de quienes votaron a favor del veto de esa ley. En la noche, a la luz de faroles y tubos led, sorprende esta agudeza. Y no obstante invitan a continuar, como réplica barrial, a través de un documento digital para descargar. A destiempo tal vez, que es a tiempo para no sustituir modos pertinentes del poder, se replique la acción con esta salvedad, pequeña letra invertida, con el deseo de hacer escuchar una historia que necesita tramas que recordar. Al circo que se cree dignidad le sobra luz, encender algo en las penumbras estéticas de lo escénico quizás construya estructuras subterráneas públicas para hacer llegar alimento a las resistencias que faltan. Lo venidero como en un sueño queda lejos, a la vuelta de esa esquina. 1 En Marcelo Percia. Encuentros para un común pensar: Darse al fuego. 2 Alexandr Pushkin, Vladímir Dal, Vladímir Odóievski, Konstantín Ushinski, Mijaíl Lérmontov, Nikolái Garin, León Tolstói, Alexandr Kuprín, Serguéi Axákov, Antoni Pogorelski, Vsévolod Garshin, Dmitri Mamin-Sibiriak, . Cuenta la primera página del libro que “ Los escritores rusos sentían interés insaciable por la poesía popular y los cuentos de otros pueblos ”. 3 En el apartado Mucha guerra , se expone que la comunidad guaraní no practicaba el canibalismo por alimento, sino por razones mágicas; fuerza y poder en los adversarios podía obtenerse de tales prácticas. Otro problema entre el imperio de la fuerza/el poder y propiedad/posesión. 4 RAE. https://www.rae.es/ 5 https://open.spotify.com/intl-es/track/30qVCFYKBtAENjTIBA8FPZ?si=7e63ae7f644349ab 6 En la escritura el diálogo recupera lo que le dice el dios al anfibio como chillido interferencial. Se lee: “- Bss bss bss. ¿Entendiste? Y después, bss bss bssss; y entonces, ¡bs! ¿Estamos, m’hijo Cururú?” 7 De las Antillas, América insular. Conjunto de islas del Caribe entre Venezuela y Florida. Uno de los cuatro subcontinentes en América, conformado por dos archipiélagos: Antillas Mayores y Antillas Menores.​ 8 La Ley de Financiamiento a Universidades Nacionales proponía que, "de los recursos asignados en el ejercicio presupuestario anual destinados a las Universidades Nacionales", se asigne "un 85 por ciento para gastos salariales" y el otro "15 por ciento a gastos generales y de funcionamiento" . Página12 - 13 de octubre de 2024. 9 Del siglo XIX. 10 @asambleapsicouba

  • Alrededor del fuego existir / Luciana Del Brutto

    Históricamente las humanidades hemos estado reuniéndonos alrededor del fuego. Fogones en campamentos. Velas encendidas en tortas de cumpleaños. Hornallas prendidas en cocinas. Ceremonias en rituales sagrados. Quemas de desechos en calles. Quizás podemos recordarnos que hay un fuego primordial que hace que la existencia sea posible. Alrededor del cual estamos orbitando permanentemente. El que marca los ciclos de las estaciones y los días. El que siempre sale después de una tormenta. El que aporta al cuerpo la vitamina d. Un fuego que hasta ahora sigue ardiendo y nunca se apagó. Sin ese fuego ¿qué pasaría con la vida? ¿habrá un tiempo inadvertido de remanencia?

  • Luciérnagas / Lafcadio Hearn

    I. Me gustaría hablarles de luciérnagas, pero no desde un punto de vista entomológico. Si alguien está interesado en el aspecto científico, y así debería ser coma puede aprender de un profesor japonés de biología que da conferencias en la Universidad imperial de Tokio. Firma como S. Watase [i] (la “S” corresponde a Shozaburo), fue profesor y estudiante de ciencia en Estados Unidos, dónde se publicaron varias de sus charlas acerca de la fosforescencia y la electricidad animal, acerca de los órganos productores de luz de insectos y peces, y otros hermosos temas de la biología. Él puede contarles todo lo que se sabe sobre la morfología de las luciérnagas. Su fisiología, su fotometría, la química de su sustancia luminosa, el análisis espectroscópico de su luz y la importancia de dicha luz en términos de vibración del éter. Por experimentación puedo mostrarles que, bajo condiciones normales de temperatura y ambiente, el número de pulsaciones luminosas producida por una determinada especie japonesa de luciérnagas promedia 26 por minuto; y que su número puede aumentar a 63 si el insecto se asusta. También puede probar que otra especie más pequeña, cuando se la atrapa en la mano, aumenta la cantidad de pulsaciones de luz a más de 200 por minuto. Él sugiere que la luz podría revestir algún valor de protección para el insecto, como los olores de advertencia de determinados ciempiés venenosos o mariposas, porque la luciérnaga tiene un sabor muy amargo que los pájaros parecen rechazar. Observa que a las ranas no les molesta su feo sabor: llenan sus fríos estómagos de luciérnagas hasta que la luz atraviesa su piel, como la luz de una vela brilla a través de una jarra de porcelana. Les sirva como modo de protección o no, las luciérnagas parecen usar su pequeño dínamo de muchas formas. Como fototelégrafo, por ejemplo. Del mismo modo qué otros insectos conversan a través del sonido o del tacto, la luciérnaga expresa sus emociones a través de sus pulsaciones lumínicas: su discurso es en una lengua de la luz. Solo les doy algunos indicios de las características que tienen las clases del profesor, que nunca son meramente técnicas gran parte de este ensayo no científico, en especial en lo que respecta a la captura y venta de luciérnagas en Japón, se lo debo a algunas de las exquisitas conferencias que dio el año pasado en Tokio. II. La escritura actual del nombre japonés para luciérnaga ( hotaru ) está compuesta por el ideograma de “fuego” duplicado sobre el ideograma de “insecto”. El origen del nombre es, sin embargo, dudoso; y se han sugerido nuevas etimologías. Algunos estudiosos creen que el significado original apelaba al sentido de “la primera hija del fuego”; otros sostienen que, en sus orígenes, el nombre estaba compuesto por sílabas que significaban “estrella” y “gota”. Los sentidos más poéticos, me temo, son los menos probables. (…) III. Muchos lugares en Japón son famosos por sus luciérnagas. La gente los visita en verano sólo por el gozo de verlas. El más celebrado desde tiempos lejanos es el pequeño Valle de Ishiyama, a orillas del lago Omi. Todavía se lo llama Hotaru Dani , o el Valle de las luciérnagas. Antes del período Genroku (1688-1703), el enjambre de luciérnagas en este Valle durante la estación calurosa era considerado una de las maravillas naturales del país. Las luciérnagas del Hotaru   Dani  todavía suscitan admiración por su tamaño, pero los hermosos enjambres que describían los antiguos poetas ya no saben. Hoy en día, el lugar más popular para ver luciérnagas es en las cercanías de Uji, en Yamashiro. Uji, un pequeño pueblo en el famoso distrito del té, se encuentra a orillas del río Uji, y es apenas menos famoso por sus luciérnagas que por su té. Todos los veranos, trenes especiales que van de Kioto y de Osaka a Uji, llevan a cientos de visitantes a ver las luciérnagas. Es en el río, a unas cuantas millas del pueblo, donde se puede apreciar el mayor espectáculo, el hotaru-kassen , o la batalla de las luciérnagas. En esta zona, el Arroyo serpentea entre colinas verdes, y miríadas de luciérnagas se lanzan desde ambas orillas para reunirse sobre el agua. Por momentos hay tantas juntas que forman una nube luminosa, una gran bola de destellos. La nube pronto se disipa, o la bola cae y se rompe sobre la superficie de la corriente, y las luciérnagas flotan a la deriva con su brillo. Enseguida otro enjambre se reúne en el mismo punto. La gente espera en botes durante toda la noche para apreciar el fenómeno. Cuando la batalla de luciérnagas termina, se dice que el río Uji, cubierto por los cuerpos todavía centelleantes de los insectos caídos, se parece a la vía láctea, o -como suelen llamarlo poéticamente los japoneses- el Río del Cielo. Quizás fue después de presenciar semejante espectáculo que el gran poeta Chiyo-ni compuso los siguientes versos: Kawa bakari                                   ¿Es acaso solo el río? yami wa nagarete                         ¿O la oscuridad misma va a la deriva? hotaru kana                                    Son las luciérnagas [ii]   [i] El profesor Watase es graduado de John Hopkins. Desde que se publicó este ensayo, sus famosas conferencias japonesas sobre luciérnagas han sido reeditadas en un hermoso tomo único. Sólo el frontispicio a color -en el que se muestra a luciérnagas sobre las ramas de un sauce llorón por la noche- vale el precio del libro. [ii]  Es decir, ¿son luciérnagas las que veo a la deriva en la corriente? ¿O es la noche misma, con su enjambre de estrellas? Fuente : Selección de fragmentos del capítulo "Luciérnagas" en La canción del arrozal. Ranas, cigarras, libélulas, mariposas, luciérnagas y grillos en la poesía japonesa . Ed. También el caracol. Bs. As. 2019 [N. de Ed.]  Lafcadio Hearn (1850-1904) Irlandés de nacimiento pero nacionalizado japonés y enamorado de su país adoptivo, fue uno de los principales divulgadores de la cultura japonesa a través de texto que van desde el estudio del caparazón de los cangrejos, pasando por historias de fantasmas, cuentos de hadas y relatos románticos sobre tierras lejanas, hasta el análisis del sistema industrial japonés. Viaja Japón en 1890 para documentar costumbres y escribir artículos sobre la cultura japonesa para Occidente. Conmovido y hechizado por el encuentro con su atmósfera espiritual y estético-sensible, se convierte al budismo, contrae matrimonio con la hija de un samurái, fija residencia en la isla y adopta el nombre de Kozumi Yakumo. Publica Kokoro. Impresiones de la vida íntima del Japón  (1896), Juntando espigas en los campos de Buda  (1897), En el Japón espectral (1899), Sombras  (1900), Kotto: curiosidades del japón revestidas de telarañas (1902), Kwaidan (Cuentos fantásticos). Historias y estudios de extrañas cosas (1904).

  • Cantos Proféticos XI / Vicente Zito Lema

    Vengan a nos, Cantos para la dicha y la ventura, aun en tierras amargas; Cantos para erguirse sobre los pantanos y las tristezas, sin renuncios ni pleitesías; asumidos / anunciados, como cenizas del mañana, cenizas preparadas con extrema dignidad frente a la indigna voracidad de la muerte…Voracidad que se arroga divina y eterna, que nos invade como pira de la humillación, que hace del gozo apenas una carta de amor mojada; voracidad que necesita del ser puro y de su pureza que se veja; voracidad monstruosa en la monstruosa vida, cuando todo lo que se ve y lo que se oculta pierde sentido; o mejor, muestra su vacío, primero y último, el vacío de la pura muerte, ni siquiera nubes. (Ah terror, de un vacío sin nubes…) Hojas, cuerpitos de la pobreza como hojas, de aquí para allá… Desesperaciones en un pozo ciego, temblor que nos tiembla… Y aún así, como postrer ceniza que revolea el viento, veo venir los Cantos… En la muchedumbre de la soledad… En la humildad absoluta, en el vacío absoluto, sí, los Cantos… Tanto en la vigilia de la espera, como en la partida, más allá de la espera, agotados pero vivos, desnudos y fugaces, humanos de tan fugaces, sobre los espirales de la noche y de la tierra… Fuente: Cantos Oscuros, Días Crueles (2019) Ediciones La Cebra.

  • Una asamblea / Fernando Stivala

    Año 2050, Argentina Hace 26 años en la Argentina estaban pasando cosas. Las universidades estaban siendo amenazadas por el gobierno de esos tiempos y sus aliados momentáneos. El Congreso funcionaba de manera alocada: un día votaban una cosa, al otro día otra. Se buscaba el cierre de lo público, vaciarlo y desfinanciarlo. En la facultad de psicología algunas cátedras y autoridades del momento hacían como si nada pasara. Actuaban y jugaban el papel de la normalidad. Se polarizaba la discusión, se amenazaba con perder el cuatrimestre. O se seguía como si nada para no perder el cuatrimestre, o se le ponían un límite al avasallamiento contra lo público con medidas de fuerza: tomas, clases públicas, cortes de calles. Con esta polarización se obligaba a les estudiantes a tener que tomar una posición, entre la espada y la pared. Elegir entre cuidar lo personal (parciales y carrera) o cuidar lo común. Dicotomía perversa. ¿Cuidar lo común no es cuidar lo personal? ¿No había manera de buscarle la vuelta a la lucha sin tener que perder de vista los parciales? ¿No se aprende luchando? ¿Cuándo se pide prácticas en la universidad, no estaba aconteciendo espontáneamente una? ¿No era el momento de aprovechar la situación para estudiar, aprender, y renovar la teoría? Preguntas que daban vueltas por esos días. Esto no impidió que estudiantes de todo el país se organicen y defiendan lo que es de todxs. Se armaron comisiones, se organizaron grupos operativos de trabajo, hicieron asambleas, se debatieron medidas, se tomaron edificios. Hubo festivales, ollas populares, cortes de calles y avenidas, clases públicas, y paros. Algunos cuentan que un día de octubre era el cumpleaños del rey Javier I, que cuando quiso salir al balcón de la rosada a armar un video para sus seguidores en redes, había una jornada de clases públicas para defender la educación y la salud en plaza de mayo. Fue abucheado por la multitud en todos los idiomas y se tuvo que esconder rápidamente. Tiempos de revueltas, tiempos de despertares. Cómo se extrañan esos tiempos ahora que la realidad está dormida en algoritmos, clases virtuales, y consultas online. Cómo se extrañan esos tiempos ahora que están prohibidas las emociones, circulan por la calle policías de los estados de ánimo, gendarmes que previenen excesos de risa, agentes que indican el tránsito de las racionalidades, libertarios que reprimen manifestaciones y llaman terroristas a quienes se animan a luchar. Impiden que llores, que te sobreemociones, que hables sola. Crueldades que inhiben carcajadas y desparpajos. Si lo común está agonizando, una asamblea puede funcionar como alojo remediante a tanta hostilidad. Pd.: Si tuvieras la máquina del tiempo y podrías volver a estar ahí, en una asamblea en la universidad de aquellos años, ¿Qué harías?

  • Citas / Fundamentalismo Estético

    I. Mi primera cita fue un plagio, quise ser original y terminé repitiendo lo que había visto en la televisión. Un plagio raro, un híbrido a medio camino entre alguna serie argentina de los noventa tipo Verano del 98 y seguro algo de las novelas de la tarde que me hacía ver mi abuela mientras esperábamos que mi papá me pase a buscar después de trabajar. En las citas románticas de la tele se repetían una y otra vez los mismos gestos, una misma orientación . Ahí aprendí que los que acuden a una cita quieren, entre nerviosismos, gustarse. Mi mamá me contaba las citas que mi abuela imaginaba para ella: “el tipo tiene que bajarse del auto, abrirte la puerta, esperar a que te subas y quedarse al lado hasta cerrarla”. Mi mamá le preguntaba a mi abuela Leticia: ¿y qué pasa si no tiene auto? Ella respondía determinante: “no va gustarte nunca alguien que no tenga auto”. II Juliana, la mayor de las primas del lado materno y la más hermosa, repetía siempre que sus citas eran una performance, podía jugar a ser otra cada vez. Nunca le gustaron los chicos, pero tenía que disimularlo delante de la familia y de sus amigos. Sus “amigos”, de ese momento, eran todos hijos de milicos y perfectos chupacirios que le habían quedado del colegio católico a donde hizo la primaria y la secundaria en el barrio de Belgrano. En lo que respecta a la familia teníamos una abuela que seguía diciéndonos cosas similares a las que, años antes, le metía a sus hijas en la cabeza. Mi mamá y mi tía estaban bien aprendidas, se habían casado con hombres con autos y otras propiedades inmuebles. Juli tenía citas en lugares estratégicos donde pudiera ser vista por algún conocido o familiar. Estaba cansaba de escuchar que mi abuela le preguntara: “y vos nena ¿novio para cuándo?” Ella quería ser descubierta en sus citas sin importar que sean siempre chicos distintos. Prefería que la llamen “rapidita” a tener que escuchar que le dijesen torta. III. Mi madre nunca se llevó bien con su hermano más chico. Ella decía que era un mujeriego, que “pensaba con la cabeza de abajo y no con la de arriba”. Mi tío Mario tenía unos 10 años menos que mi vieja. Una vez, mientras entrenaba a mi primo en el arte de la masculinidad, lo escuché decir que “a Él no le gustaba ir de putas, a Él le gustaba seducir, sentirse un Casanova.” Después de siete años de casados y dos hijos, su mujer le encontró conversaciones en el Messenger; después de varias metidas de pata como dejar el chat abierto, y luego de cientos de metidas de cuernos, se separaron. Un domingo de invierno, un día 29, mi ex-tía y su ex-mujer, pidió la palabra mientras almorzábamos ñoquis de papa. Sacó de su bolso una carpeta azul con varios folios y comenzó a leernos uno por uno los chats de su ex-marido, mi tío. Casi una performance. Los tenía separados por la actividad profesional inventada. Mi tío conseguía citas mintiendo: a algunas les decía que era piloto de avión, que estaba en la ciudad solo un día; a otras que era ingeniero químico y vivía en Suecia que tuvo que irse con la crisis del dos mil y que estaba en Buenos Aires porque un laboratorio le ofrecía un puesto de trabajo para repatriarse; inventaba que era estanciero, que vivía en un campo en La Pampa y era dueño de dos mil hectáreas y que buscaba alguien que lo acompañase en esa enorme llanura solitaria. A mi tío le encantaba fabular ante sus posibles presas. Mientras Stella leía, Mario decía que ella estaba loca, que se había inventado todo. Pero ella continuaba recitando las partes resaltadas con amarillo flúor de los diálogos que tenía impresos en hojas A4. Después de ese almuerzo familiar, mi tío se mudó al cuarto donde nos quedábamos nosotros, los nietos, en la casa de mi abuela. Unos años después del divorcio, Lucía, una de las chicas que cuidaba a la abuela se hartó y lo denunció por abuso. III. Mi abuela siempre tuvo quien la cuide cama adentro, pagaba mes a mes una prepaga y le pasaba plata a tres de sus hermanos, a esos que más les costaba llegar a fin de mes.  Su mamá había tenido doce hijos y se casó muy jovencita, a los quince. Todos los críos eran seguiditos, tres se murieron cuando eran chiquitos. De las cinco mujeres, cuatro “se casaron bien” porque: “todas éramos chicas lindas”. Los hombres de la familia se la rebuscaron como pudieron y algunos se convirtieron en machos proveedores.  A mi abuela le gustaba ir a sus citas médicas acompañada de Lucía. Lucía era rápida y prestaba atención a los detalles más mínimos que a la Señora Leticia se le pasaban. Estaba mayor y casi no escuchaba, tampoco quería usar audífonos. Para ella era un bulto grande en la oreja, y ella había aprendido de su suegra que, si se salía de la casa, se tenía que estar impecable, como si se fuera a tener una primera cita. Así el aparato se le volvía un estorbo a su paquetería . VI. Mi amigo Lucas delante de nuestra bandita de amigos de la secundaria decía que las primeras citas si salen bien se sellan con lenguas, desnudos y fluidos . Si salen mal cuando acaban “si nos hemos visto, no me acuerdo”. Si salen bien, pero bien-bien y el sexo es bueno, hay que ordenarlas hacia una segunda. A mis amigas, en cambio, les enseñaron a no tener sexo hasta la tercera cita, cómo mínimo. A mi hermana, mi abuela le decía que tenía que llegar virgen al matrimonio. A mi hermano, mis papás le repetían que no se le ocurra aparecer con una chica en casa hasta que no sean novios y que, para serlo, tenían que pasar al menos, siete citas. Siete veces escuché: “hasta que la muerte los separe”. Una vez escuché que “el tiempo prolongado sin citas puede sentirse como la muerte ”, algo así decía el papá de Lucas, que para mantenerse casado tenía aventuras . Los affaires le servían para no aburrirse, le gustaba sentirse que estaba de caza. En derecho aprendí que una aventura era un ilícito suficiente para causar un divorcio y tener que dividir bienes. En la familia de Lucas, su mamá, Sandra, sabía lo que hacía su marido, pero prefería mantener la familia y el patrimonio unido antes que aventurarse al divorcio. Antes de terminar la secundaria, el matrimonio recibió una citación judicial con una carta de embargo. El papá de Lucas se había metido en un crédito, y se había olvidado de pagar. Un día volviendo del colegio juntos vimos a dos tipos de civil y dos policías en la puerta de su casa. Ese mediodía Lucas almorzó en mi casa. V. La primera vez que estuve con Lucas no fue una cita, teníamos catorce o quince años. Empezamos jugando a golpearnos las pelotas con la regla mientras hacíamos la tarea de geometría. Después del estacazo secó que le di, se hacía el de llorar. Me dijo que me quería mostrar cómo se le habían hinchado las bolas con el golpe, se bajó los pantalones y me mostró su erección. Mis primeras citas de adolescente fueron normativas: Mariana, Flor y Mica. Antes que citas, prefería hacer otras cosas con Lucas, a escondidas; en el parking del club donde hacíamos gimnasia; en el baño del tercer piso de la escuela durante las clases de plásticas (la profesora era una volada); en la vías cerquita del rosedal cuando salíamos en la bici; en plaza Alberdi, cerca de su casa cuando salíamos de los cumpleaños de 15; de vacaciones en la costa, dentro del Ford Galaxy mientras sus viejos dormían en la casa; a escondidas en el palier de su edificio cuando el interruptor nos dejaba a oscuras. Con Lucas nunca tuve una cita, y una de las siete veces que escuché “hasta que la muerte los separe” fue en su casamiento con Celeste. “Venimos de una cita entre dos cuerpos, un hombre y una mujer”, recitaba Lucas. La ropita que le regalaron a su beba cuando nació era rosa. A Lucas y a Celeste les gustaba la norma. Norma hubiese sido un nombre muy adecuado para su hija. VI. De a poco aprendí que, muchas veces, el cruce era más potente que la cita. Avenida Santa Fe era un horizonte plagado de miradas. Unos destellos deseantes salían de los ojos de tipos que volvían del laburo, pibes que caminaban de ida o de vuelta a la universidad, todos yirando. Me gustaba estar alerta a esa chispa en la mirada de algunos, poder distinguirla de los cuerpos alienados, cabizbajos y tristes. Los cuerpos yirantes iban moviéndose, o siendo movidos, en una danza urbana de persecuciones consentidas entre sentidos y sin-sentidos. Orientaciones desviadas que, de a poco, suplantaron su circulación por mirar a la pantalla del celular. Encuentros interceptados por la geolocalización que prometía sexo rápido y un catálogo de cuerpos interminable. Si caminando aprendí el deseo; en el mundo digital de las citas aprendí la perfo que se tenía que hacer en una quedada, el valor de los cuerpos normativos y masculinos, el rechazar y ser rechazado, y otros códigos distintos a los de la calle. VII. Mi abuela nunca se enteró por qué me gustaba ir a visitarla y por qué me quedaba tan poco tiempo. Decía: “¡visita de médico hacés! ¡ni a comer te quedás!”. Ella vivía en Avenida Santa Fe casi Rodríguez Peña. Esa caminata para mí era una gloria. Si bien no podía hacer nada; mi mamá le avisaba a su mamá a qué hora salía de casa y viceversa, mi abuela la llamaba delante mío diciéndole que ya estaba volviendo a Belgrano; esos paseos solo me sacaban del encierro que viví hasta que pude pagarme un departamento, vivir solo y dejar de pedirle a mis amigas que mintieran que estaba con ellas mientras me veía con alguno. Mi prima Juliana me salvó de varios líos cuando no llegaba a casa. Si no le respondía los SMS o las llamadas a mi viejo porque estaba de cita, empezaban a intentar localizarme por todos lados. Juli inventaba alguna coartada extraordinaria que después me la mandaba por mensaje de texto. Por ejemplo, tuve que rehacer muchos trabajos prácticos para la facultad que duraban hasta largas horas de la noche, esa idea magistral me la dio la prima. Esa complicidad con mi prima me permitió disfrutar un poco más y tener mi vida. Así entonces, de a poco, cuando entré en confianza con mis amigas de la facultad no necesité más a Juli. Aunque muchas de las chicas de la universidad reaccionaban peor de lo que hubiera actuado mi papá si le decía la verdad. A algunas de ellas también las seducía la norma.

  • Impuntual / Irene Fisicaro

    La muerte ha de ser un gran silencio. Ha de ser. Ha de ser un gran olvido. La paz después del sufrimiento del cuerpo retorcido. Ha de ser la absoluta quietud de la palabra ausente. Ha de ser un encuentro impuntual dentro del laberinto. Ha de ser el balbuceo inútil después del último murmullo. La muerte no ha de ser. Es el enigma.

  • Freud-Reik, laberintos autorales / Cynthia Eva Szewach*

    “(…) somos fugitivos de la muerte” T. Reik En el libro Treinta años con Freud de Theodoro Reik, nos encontramos con un relato titulado: “Una Conferencia desconocida de Freud”. Reik, joven discípulo de Freud, en 1913 organizó en el Auditorio de la Clínica psiquiátrica de Viena un ciclo dedicado a “Psicopatología de la vida cotidiana”, por lo que invitó a su maestro, a dar una de las conferencias. Freud en esa ocasión, habló de forma improvisada, mientras Reik tomaba apuntes exhaustivos. La charla versó sobre “el presentimiento”. Se trataba de la discusión de un artículo publicado en una Revista Suiza, de un médico llamado Demole. Hablaba del impacto del cumplimiento de un pensamiento premonitorio acerca de la muerte de un paciente. Al finalizar la conferencia, Reik y Freud retornan caminando. En la conversación, en el clima del trayecto de una caminata, Reik cuenta que le ruega que publique lo dicho en la ponencia. Freud, se mostró sorprendido, pero le dijo, sin razones aparentes, no desear hacerlo. Días después, Reik insiste. Le envía sus comentarios y apuntes tomados como reseña de la charla para ser publicada: “En esta reseña indiqué que sería una pena que ese hermoso análisis se perdiera” 1 . Freud, finalmente respondió: “Le sugiero que publique sus comentarios del análisis no como una reseña (del mío) sino como un ensayo (suyo)…” El maestro, enigmáticamente, delega el trabajo, incluso cede autoría. El ensayo, según lo sugerido fue entonces publicado en 1914 bajo el título: ““Un caso de repentina convicción” a nombre de Reik. Veintiséis años después, en 1940, luego de la muerte de su maestro, Reik re-escribe el artículo de otro modo. Como si algo le hubiese quedado pendiente entre manos y probablemente parte del duelo. La pregunta por la autoría, la relación escritura, muerte, la fidelidad, asoman sus deslizamientos. Lo quiere reproducir “fiel al espíritu freudiano”. Quiere conservar las palabras y el título, como si Freud lo hubiese escrito y “redondeándolo” como reconstrucción de lo que llama “la conferencia original”. Reik apunta lo siguiente: “Tal como Freud mismo lo hubiese hecho”. Como parte de la imposibilidad de esa tarea, a lo largo de la lectura, por la retórica del texto titulado “Una repentina Convicción”, nos preguntamos: ¿Quién lo escribe? ¿Quién habla? ¿Freud, Reik, un tercero? La conferencia “reproducida” se debate en aproximar ideas sobre sucesos llamados sobrenaturales. ¿Se trata de ciencia de ocultismo, de omnipotencia del pensamiento? Freud navega en los vaivenes entre la increencia y la inconveniencia con aquellos asuntos ligados a las supersticiones. Asevera que la asociación analógica de ideas es insuficiente, para establecer la experiencia del inconsciente. “El psicoanálisis va más lejos que esto”. Ni analogía, ni desciframiento, ni revelación. El texto re-escrito por Reik se inicia, entonces, con la voz de Freud como autor. Hay algunos fragmentos que suscitan comicidad. Por ejemplo, la manera escrita en la pluma de Reik como si fuese el que escribe Freud, citando a Reik (se “autocita”) :“Estamos reconocidos a Theodor Reik, quien lo señaló y dio su valoración…” o “Reik nos conduce a otro punto”…”. Para nuestra sorpresa el texto, en ese momento, cambia de punto de vista y es la voz de Reik quien la escribe: “El deseo ambicioso excitado por la lectura de Psicopatología ¿está dirigido hacia la muerte del gran psicoanalista vienés?” Un tercer giro en la escritura: las citas y referencias aluden tanto a Reik como a Freud, creando una tercera voz, ni uno ni otro. Casi una comedia de enredos en el asunto de la autoría. Los vericuetos de la complejidad del nombre puestos a ser escuchados. Le debemos a Foucault que del autor se hable en forma de pregunta. Puede que la lengua hable donde el autor se esconde. Efecto autoral del decir. 2 Recordemos además una posible deuda simbólica. Freud defendió con valentía a Reik de la acusación del ejercicio del psicoanálisis sin ser médico. Pero aquí, la invención del escrito navega entre la sorpresa, el amor obstinado al maestro, un legado confiable de motivos imposibles de conocer, lo irrecuperable y la desesperación fallida por devolver en una nueva escritura lo que resta disuelto para siempre en toda pérdida y en este caso a través de un don generoso, aquel que incluye una renuncia. Entonces para Reik ¿Es el insomnio de una supuesta profanación acaso? ¿Una ineludible traición en retardo? ¿Una anticipación de resguardar, la inmortalidad a la letra de las lecturas post freudianas? .“¿Por qué a mí? ¿Por qué razón me asignó a mí particularmente esa tarea?” Se pregunta Reik y se responde que se trata del oscuro juego de los impulsos inconscientes entre dos personas. El gran hombre, afirma, a quien sin duda veneraba, “no estaba ciego a los necios y presuntuosos deseos que residían en su joven discípulo con su maestro (yo tenía entonces veinticinco años)” Entre el peso fantaseado de un elegido leal y la transgresión. Agrega, pero Freud “cerraba los ojos sonriendo ante estos deseos”. Freud, en silencio, ya había cerrado los ojos. * Reescritura y revisión del artículo publicado en el libro “El autor en cuestión”, Colección Improntas. Ediciones del Dock 2018 1 Treinta años con Freud , Ediciones Imán Buenos Aires. 1943 2 Introducción de El autor en cuestión, A. Bugacoff, C. Szewach. Improntas , Ediciones Del dock

  • Pliegues de la noche / Marcelo Percia

    1. Como piensa Louis Aragon (1972), en la contienda entre memoria y olvido, suele ganar el olvido. Una de las razones de su triunfo reside en que omite lo que duele. Todavía pensamos qué nos pasó en los días y las noches de la pandemia. Cómo transcurrieron las vidas en las pantallas. La celebración de un cumpleaños, las clases virtuales, las horas de pavor. En esos tiempos distinguimos soledades , desolaciones , aislamientos . Soledades se saben, se aprenden, se cultivan. Habitan y componen la vida tal como se nos da. Desolaciones añaden desamparos y desconsuelos a las soledades. Se extienden como tierras cansadas y yermas. Aislamientos privan a las soledades del abrigo de las cercanías, arrojándolas a las arideces de la desolación. Hay una memora sabida y una memoria olvidada: la memoria olvidada esconde, en los cuerpos, infortunios y terrores de la peste. 2. Un poema de Idea Vilariño (1969) dice: “Una siempre está sola / pero / a veces / está más sola” . En noches de pandemia tuvimos más soledad . Pero más soledad en el sentido de una soledad más : la soledad planetaria de la vida amenazada. Días de la pandemia, ¿se recordarán sólo como días de encierro y no como los del miedo y la muerte en todas partes? 3. En ese tiempo, en un curso virtual de una cátedra de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, se propuso una acción nocturna para vidas descorazonadas, acaso angustiadas, que sobrellevaban inquietantes reclusiones. 4. El sombrero de tres picos , la novela de Pedro Antonio de Alarcón (1874), tiene este subtítulo: Historia verdadera de un sucedido que anda en romances, escrita ahora tal y como pasó . Tan bella expresión un sucedido , que lo que sigue se ofrece así: Pliegues de la noche. Relato de un sucedido. Contado tal y como pasó . Un sucedido como acontecimiento no previsto del todo. Como imaginación desbordada. Como súbito contento de lo común. No una experiencia, una actividad, una dinámica. Un sucedido como suceso deshabituado. Escribe Ricardo Carreira (1993): “Dos leones en una jaula son simplemente dos leones en una jaula, pero si ponemos un león de porcelana al lado del león real, provocamos una deshabituación” . Llamamos deshabituación  a la deliberada interferencia de lo habitual, al acto de hacer zozobrar un presente mecanizado, al arrojo de una disrupción. 5. Se narra el sucedido de la soledad con , de la desolación con , del aislamiento con . El sucedido de una dormida  en compañía. Una cita, después de hora , que se pregunta quienes acudirán. Una misiva sin garantías de recepción. Un desatino que tuvo la precaución de no obligar, de no violentar, de no lastimar. Un juego que se disfruta por hacerse o, si no, no. Una impertinencia que, una vez realizada, se supo leyenda. Narración de narraciones que no se pueden establecer. Un episodio que, al cabo, no se sabe si ocurrió, si participaron estudiantes o si se trucaron imágenes tomadas de la red. El encanto de una leyenda reside en que cuenta un sucedido de una única vez. La leyenda de entrar en un sueño sabiéndose durmiendo con una pequeña multitud desvalida. 6. El sucedido  consistió en pasar una noche en estrecha proximidad. Un curso de soledades que aceptaron dormir juntas durante el miércoles 20 hasta el amanecer del jueves 21 de octubre de 2021. Cada existencia docente y cursante toma con su celular dos fotos de la cama en la que duerme cada día. La primera antes de acostarse y la segunda después de levantarse. Se invita a registrar el instante que precede a los cuerpos y el instante tras los cuerpos. Las dos imágenes se envían por mail durante el jueves 21 de octubre. Luego, la acción se presenta el día 1 de noviembre en una exposición por zoom (trasmitida, también, por un canal en youtube). 7. Tal vez se piense que un sucedido sobreviene como ocurrencia de una voluntad solitaria. Pero no: necesita complicidades. Complicidades que, ante lo que se presenta como un simple me gustaría , afirmen entusiastas: ¡Lo hacemos! Complicidades que lleven en andas deseos que recién entonces comienzan a creer en sí mismos. Sin suscitación de complicidades no se gesta un sucedido. En la suscitación reside el soplo secreto de lo común. (Se sugiere, a partir de aquí comenzar a ver el video del sucedido) 8. Se llamó pliegues de la noche  a un común dormir, a un común amar, a un común fantasear, a un común desfallecer, a un común soñar, a un común convalecer, a un común temer. Como se ve, se antepone lo común  a los infinitivos dormir , amar , fantasear , desfallecer , soñar , convalecer , temer . Todavía hace falta subrayarlo, pero llegará un día en que lo común se empleará como prefijo tácito de la vida. 9. Se llamó pliegues de la noche  a los dobleces en los que una cama respira y huele. Se llamó pliegues de la noche  a las lisuras arrugadas de las sábanas y cobertores. Se llamó pliegues de la noche  a los refugios secretos de los flujos que manchan. Se llamó pliegues de la noche  a una común intimidad cuidada y protegida. Se llamó pliegues de la noche a un alivio, a una suavidad, a una delicadeza, en los días de pandemia. 10. La acción propuso compartir una noche. Acoger existencias presentidas, sugeridas, escabullidas. Silenciosas y modestas corporalidades que aceptaron la discreción de ausentarse para hacerse ver. 11. Se ofreció una oportunidad para conversar la soledad, la desolación, el aislamiento. Una ocasión para evocar ausencias. Un momento para el tembloroso susurro de las sombras. Una circunstancia de cruces, mezclas, contactos furtivos, roces fugaces. No se ideó un procedimiento de violación de intimidades ni de secretos revelados en las fotos. No se alimentó la impaciencia que pretende ver y simplificar lo visto. No se trataba de husmear una cama ajena, ni de llamar la atención sobre extrañezas, impropiedades, costumbres. Se invitó a habitar la noche como guarida de ausencias. A asomarnos a sus retóricas y gramáticas. A familiarizarnos con sombras que no pertenecen a nadie, porque pertenecen a la noche. A estimar su voluntad de envoltura y olvido. A palpar su calma, su ansiedad, su incertidumbre o vacilación antes del amanecer. 12. No se pretendió pesquisar delitos nocturnos. Ni detectar restos, rastros, objetos, desechos, convivencias. No se alentó a buscar detalles o signos llamativos en los lugares en los que cada cual duerme. No se incitó a espiar. Ni a intuir erotismos omitidos o sensualidades indiciarias. No se animaron prácticas detectivescas. No se fomentó que las fotografías se examinen y se interpreten como lechos proyectivos. No se estimuló a mirar como si fuéramos cazadores que analizan huellas que tienen la astucia de ocultarse. No se propiciaron voyerismos psicológicos. No se implementó una técnica para compartir noches. 13. Se quiso tramar cercanías para dar cobijo a lo que nos estaba pasando. Porque lo que nos estaba pasando no cabía en una sola sensibilidad ni en muchas juntas. El sucedido consistió en dar acogida a lo que no podía acogerse. En ofrecer abrigo a soledades que, por una noche, suspenden y olvidan lo que más temen. 14. En uno de sus seminarios, Lacan (1964) se refiere al cuadro Los embajadores  de Hans Holbein (1533) para pensar la mirada. Y en esa ocasión, señala cómo entre lujos y riquezas, ciencias y reliquias, asoma la presencia velada de la muerte. Recordemos: entre saberes y vanidades, se ve en esa pintura un enigmático objeto, suspendido, flotando sobre el suelo. De frente, se asemeja a un hueso o a una concha marina; pero, se trata de una distorsión visual, de un efecto de perspectiva, de la anamorfosis de un cráneo humano. Una alusión a la muerte que sólo se percibe al desplazarse o al cambiar el punto de vista. Tal vez, por eso, en las fotos de las camas, a pesar de todas las prevenciones, se insista en ver el gesto inculpante de una arruga o se busque un detalle que excite. Se entiende: nadie quiere mirar de frente la figura espectral de esos días. La insinuación del fantasma más temido. 15. Hay tantas formas de dormir como vidas posibles. Se conoce la historia de Procusto, personaje de un mito griego, obsesionado por reducir todo a una única medida. Recibía en su posada, con sincera hospitalidad, a personas que estaban de viaje. Las invitaba a pasar la noche en la cama de huéspedes. Pero cuando las visitas dormían hacía ajustes: si lo cuerpos tenían más largo que el lecho, cortaba las partes que sobraban. Y si tenían menor longitud, los estiraba hasta hacerlos coincidir con el largo previsto. Para conjurar la desquicia de Procusto, conviene enunciar dos proposiciones para una ética del reposo. La primera: Reducir una vida a nuestras creencias equivale a disecarla. La segunda: Ninguna vida está obligada a cumplir las expectativas que nos hemos hecho de ella. ¡Ay…qué fatiga la de las vidas interpretadas, calificadas, clasificadas! 16. Se narra un sucedido que intentó evitar la afición de suponer, comprender, inferir, adherir, etiquetas a lo vivo. Se propuso dejar a las fotos hablar más que observarlas. Soledades duermen abrazadas a misterios que, a veces, no saben. Se las escucha respirar calmas y agitadas, hablar en sueños, moverse de un lado a otro. Gran responsabilidad saber una vida que descansa, resguardar sus secretos, custodiar sus encantos. El psicoanálisis entrevió que el amor maravilla lo mirado. Que, en un amor, habitan memorias de otros amores. Que en toda mirada de amor se mira un amor ausente. Y aprendimos también que en cada amor reposa una extrañeza que no se sabe, una desemejanza que no se sabe, un misterio que no se sabe. En fin, un no sé qué . La vida que late y danza sin que nadie la nombre. 17. Soledades abismadas a la noche recorren esta vez pasadizos oscuros sabiéndose en compañía. No importa qué se suprimió, qué se eliminó o qué se privilegió en esas falsas espontaneidades o en esas espontaneidades editadas. Tampoco interesa qué ejercicios de control o selección se pusieron en juego. O qué entrada tuvo el azar. Quedan a la vista inocencias de lo inmóvil. Comicidades de las cosas quietas. Tibiezas en espera. Calideces y asperezas de las formas. Pero, sobre todo, queda la visión de una singularidad no personal ni individual. La singularidad de una noche. La textura única de una acostada participada. 18. Pocas escenas tan hermosas como la de cruzar el umbral del sueño escuchando una voz querida que nos relata un cuento. 19. Se narra un sucedido entre una claridad última y una primera. En Historia de la noche , Borges (1976) escribe “Nunca sabremos quién forjó la palabra / para el intervalo de sombra / que divide los dos crepúsculos; / nunca sabremos en qué siglo fue cifra / del espacio de estrellas” . 20. Orfeo tiene el don de la música y la poesía. El dios Apolo le regala una lira. Las musas le enseñan las artes. Con delicados sonidos deleita a las fieras, seduce a los astros, saca a bailar a los árboles y arranca lágrimas a las piedras. Al volver de muchas hazañas, se enamora de Eurídice, pero la joven muere mordida por una serpiente. Entonces, Orfeo desciende al inframundo con la esperanza de traerla de vuelta a la vida. Elude, en su descenso, a todos los cancerberos de la muerte. Abre los cerrojos con su música. Hasta que el dios invisible del mundo de las sombras, conmovido, le concede el permiso para que Eurídice retorne a la vida. Sin embargo, le impone una condición: Orfeo no debe mirar hacia atrás hasta que ella se encuentre a salvo a plena luz del día. Así, lo sigue Eurídice, por los oscuros pasadizos, guiada por su lira. Orfeo no vuelve la cabeza en ningún momento. Eurídice, ¿estás ahí? Dime una palabra, déjame oír un sonido, un gemido, un suspiro. Algo que me haga saber tu presencia. No puedo darme vuelta. La astucia de Hades te enmudeció para doblegar mi voluntad. No lo haré . Por fin, al llegar a la superficie, se da vuelta para constatar que ella esté viva. Pero Eurídice, que todavía tiene un pie sin salir de las sombras, se desvanece en el aire para siempre. Blanchot (1952) piensa que a Orfeo lo traicionó la impaciencia. Aunque aclara que “la verdadera paciencia no excluye la impaciencia, es su intimidad, es la impaciencia que se sufre y se soporta sin fin” . Tal vez a Orfeo no le alcanzó con saber a Eurídice naciendo otra vez a la vida, tuvo el impulso de poseerla con la mirada un segundo antes de tiempo. Y, así, su preciosa conquista terminó anulada. 21. Inspirada en una obra de teatro de Vinicius de Moraes, Marcel Camus (1956) filma Orfeo Negro . En esa versión, Eurídice dice: “Si pudieras escucharme en vez de verme” . A partir de esa cita, Ivonne Bordelois (2003) piensa que el mito narra: “… la imposibilidad de que el varón escuche a la mujer, que es para él ante todo presencia visible, física o sexual, antes que palabra portadora de sentido. Orfeo, mitad dios y mitad hombre, es el creador de la música, el supremamente escuchable, nunca el escuchante. La condición impuesta a Orfeo, en realidad, consiste en superar esta situación de ensordecimiento, y así responder al deseo más profundo de Eurídice: el ser oída” . 22. Se vuelve a decir: soledades abismadas a la noche recorren esta vez pasadizos oscuros sabiéndose en compañía. A pesar de las impaciencias, sabiéndose en compañía. A pesar de las sorderas, sabiéndose en compañía. Saberse en compañía, a veces, quiere decir saberse a salvo de la hostilidad. Saberse en compañía : en eso  reside la pausa indispensable para estar en la vida. 23. Se cuenta un sucedido que tuvo sólo una condición: no fotografiar rostros ni cuerpos de durmientes. Sólo se podía el silencioso registro de lo ausente. Se convocó a una juntada de presencias insinuadas. A un reposo con compañías presentidas pero no constatadas. Se inspiró una comitiva que no necesitó verse para saberse. Una andanza confiada en lo vaporoso, lo evanescente, lo tenue. Un sucedido para escuchar lo que una noche dice sin que se pueda escuchar: fragilidades, flaquezas, desabrigos. 24. Se dijo: dormir supone una confianza, una entrega, un desasimiento. Un darse a la noche. A su voluntad de envoltura y olvido. A su escucha y a sus susurros. A su calma, a su ansiedad, a su incertidumbre. A su íntima vacilación antes de cada amanecer. 25. Se invitó a fotografiar temblores, jadeos, latidos, sudores, sonidos, respiraciones, de vidas que se ausentan en una noche intraducible. Parpadeos que dan a entender que alguien está por llegar y que alguien ya se ha ido. Artificio para a saber lo ausente como asistencia que se registra faltando en la escena. 26. En una conferencia sobre pintura antigua, Pascal Quignard (2009) piensa que en toda imagen hay una imagen que falta. Dice: “Una imagen falta en el origen. Ninguno de nosotros pudo asistir a la escena sexual de la que es el resultado. El niño que proviene de ella la imagina interminablemente. Es lo que los psicoanalistas llaman Urszene. Y, una imagen falta al final. Ninguno de nosotros asistirá, vivo, a su propia muerte” . Entre la escena primera y la última, innumerables otras componen dichas y quebrantos de una vida. Un tercio de todos los tiempos que el azar nos ha asignado lo destinamos al descanso. ¡Qué poco y, a la vez, qué escena inmensa el sucedido de una sola noche demorada! 27. Se propició un momento de despojo. Un revoltijo de imágenes inapropiadas. No sólo un anonimato preservador de identidades, sino la ausencia de los cuerpos como decisión tomada para estrecharnos durante una noche. Ausencias que aluden a lo incapturable, que recuerdan lo irreductible, que procuran hospitalidad con lo insondable. Se necesita saber lo incapturable, lo irreductible, lo insondable. Se necesita aprender a conversar con lo inapropiable. 28. Una de las distinciones más recordadas entre visión  y mirada se narra en Sartre (1943): la escena de una mirada que mira, a su vez, mirada por otra mirada que la mira mirando. ¿Si se pudiera escapar a ese vértigo, y sólo ver sin mirar? Se ve la vida sin saberla, se la mira con amor o estupor. La visión planea sobre las cosas, la mirada se abisma en ellas. El sucedido que se relata evitó la profanación o paranoia de la imagen escrutada o sospechada. Una y otra vez se incentivó a mirar lo ausente. 29. Se propuso una ascesis  de la mirada. El ejercicio de agudezas capaces de presentir lo no sabido en lo ya conocido. Una apertura que, de pronto, se pregunta: “¿cómo estoy viviendo?” . La intimidad que interesa no está a la vista. No concierne a una respuesta. Importa la intimidad como ceguera. La intimidad como súbita amistad con lo no visto ni sabido en lo que vivimos todos los días. 30. En ese estado asambleario de mantas y cobijas, de sábanas y almohadas, de ambientaciones diversas, cada cual tiene oportunidad de entrever la morada de su descanso. Una repentina visión del escenario de nuestras noches. En estos tiempos, se podría pensar la intimidad como un descanso en el que nadie nos mira y ningún aparato nos escucha. La intimidad, ¿podría dejar de habitarse como morada de ensueños, tibiezas, palabras susurradas entre estrechas cercanías? ¿Podría reducirse sólo a una compulsión a la exposición? ¿O quedar reservada como sitio en el que se ocultan actos que se creen impunes? Tal vez el sucedido que aquí se narra propició la intimidad como momento de pasaje por un momento de extrañamiento como diría Bertold Brecht (1956). O como invención de una distancia en la sin distancia  por tomar una expresión de León Rozitchner (2011). Un sucedido que propuso salir de escena para pensar mirando ausencias. 31. Digamos todavía más. No se trata, como en la película de Hitchcock (1954), de promover la indiscreción de mirar por una ventana para espiar vidas ajenas. Se trata de la ventana infinita de una noche. La ventana que insinúa una época. La ventana en la que se hace presente la turbación de lo ausente. 32. Roland Barthes (1980) piensa el dilema de la mirada entre la indolencia y la afectación. En La cámara lúcida , distingue una mirada que ve lo que se debe ver y una mirada afectada que se detiene en lo que la golpea. Una mirada codificada y una mirada que siente el aguijón de la vida. Una mirada del me gusta  indolente y una mirada que se estremece. 33. En tiempos de una virtualidad obligada, se procuró la paradoja de volver imperceptible lo personal a través de una colección de escenas íntimas. Un sucedido que indujo más que a mirar; a escuchar hablar a las cosas. Más que nombrar, describir, clasificar; saber soledades. Más que ver y observar; advertir las cosas que esperan, cobijan, abrazan, despiden. Las cosas que nos piensan. Un sucedido que se propuso más que componer un álbum de fotos de gente durmiendo; sentir la mirada de los objetos que nos reciben y suavizan la vida. 34. La acción puso a la vista, también, la cuestión del cuarto propio. Ese lugar para la escritura de las mujeres que pensaba Virginia Woolf (1929). O puso a la vista eso que Manuel Puig (1967) describe, en Boquitas pintadas , como dominio privado de las clases medias: una cama, una mesita de luz, un mueble con cajones. Baluartes de soledades protegidas. 35. Un sucedido no se piensa como suceso trágico. Un sucedido suscita ganas que dicen “Me hubiera gustado estar ahí” . Mientras que un suceso trágico despierta este comentario: “Ojalá que nunca me pase o presencie algo así” . En esos días, supimos que quemaron viva a una mujer que dormía bajo un puente en el barrio de Constitución. La prendió fuego el odio. El desprecio por mujer, por pobre, por negra, por sucia, por enrostrar el desamparo, por afear la ciudad. Por poner a la vista el destino temido: ir a dormir a la calle cuando no hay a donde ir. Falta su imagen. Sólo quedó de ella una huella carbonizada. Una silueta de hollín recostada sobre la vereda. 36. Camas con o sin respaldo, para un cuerpo solo o para más. Camas arrinconadas, en espacios amplios o en huecos. Camas como cuevas. Camas como nidos. Camas de madera o de hierro. Camas con acolchados y sábanas lisas o estampadas. Camas con memorias e historias. Camas de soledad y de amor. Camas de sueños y pesadillas. Camas encintas y paridoras. Camas sensuales y eróticas. Camas de desayunos compartidos. Camas en las que se leyeron libros y apuntes. Camas en las que se lloró y se suspiró debajo de las sábanas. Camas de confidencias y secretos. Camas con el celular, el perro, el gato, los auriculares, el control remoto, la computadora. Camas en las que amanecen infancias acurrucadas. Camas insomnes y desveladas. Camas revueltas, hechas y sin hacer. Camas del desánimo, del cansancio, de la falta de ganas. Camas que esperan la mañana y camas que no esperan nada. Camas con almohadas y almohadones. Camas con muñecos de felpa. Camas rodeadas de afiches, cuadros, fotos, grafitis. Camas anegadas de ropa y zapatillas tiradas en el suelo. Camas de nadie. Camas de la noche. 37. Diez años después de su muerte ocurrida en febrero de 1963, se conoce un poema inédito de Sylvia Plath que se edita con el título el Libro de las camas . Un hermoso texto pensado para las infancias ilustrado por el dibujante Quentin Blake. Comienza así: “ Hay Camas de muchos tamaños: / Camas dobles e individuales / Camas plegables y cunas, / Camas nido y matrimoniales” . “ La mayoría son Camas / para dormir o descansar, / pero las mejores Camas / sirven también para disfrutar” . ¿Para qué solo una Camita / acogedora y abrigada / donde pasar la noche / con la luz apagada? Plath imagina diferentes camas: camas que flotan como botes para pescar en el río, camas repletas de gatos que se acomodan plácidos, camas trapecios para hacer pruebas y piruetas difíciles, camas submarinos para visitar el fondo del mar, camas cohetes para viajar hasta Marte y más allá, camas comedor por si de noche nos da hambre, camas de manchar que sin culpa podemos ensuciar, camas como tanques para andar por todos los terrenos e incluso escalar, camas hamacas para colgar entre dos árboles y mirar a los pájaros, camas de bolsillo que con solo regarlas un poquito se agrandan en cualquier lado en el que estemos, camas para pasear sobre un elefante, camas para el frío con envolturas calentitas y cocina incluida, camas para saltar hasta la luna y las estrellas. 38. Anzieu (1969) advierte que, en condiciones de intimidad y confianza, grupos de estudiantes universitarios hablan de sus vidas con alusiones, metáforas, figuras, que se asemejan a los relatos de un sueño. Observa que esas condensaciones y ocurrencias amplifican o hacen audibles angustias, temores, violencias, de la vida en común, que no tienen oportunidad de decirse. 39. Se propuso que, quienes quisiéramos, contáramos en forma anónima sueños que tuvimos esa noche o asociaciones como si el sucedido se tratara de un sueño y que dejáramos circular esas derivas durante una semana. 40. Imaginé que, terminada la pandemia, nos juntábamos en una gran cama elástica para saltar toda una noche. Pensé en el catre en el que yacía inmóvil Ireneo Funes, el personaje del relato de Borges. En la cama en la que vivió echado, en su memoria absoluta e intolerable. En su insoportable lucidez, sin el don del olvido: eso que nos permite seguir viviendo. En mi sueño llegaba un comunicado de la secretaría académica suspendiendo a la cátedra por realizar una experiencia de promiscuidad pedagógica. A propósito de la cama de Funes, recordé el extraordinario caso del Señor Valdemar, el personaje del cuento de Poe, que acepta que lo hipnoticen, en su lecho, segundos antes de su muerte. La horrorosa historia de una conciencia en un cuerpo sin vida. Tengo que contarles que esa noche discutí con mi pareja que se fue a dormir al sillón harta de la cátedra. Imaginé la cama en la que Onetti pasó sus últimos años en Madrid. La cama en la que pensaba y estiraba su pereza, en la que leía y escribía, en la que bebía whisky y fumaba, en la que hablaba con su perra Beatrice, en la que recibía amigos y concedía entrevistas. La cama en la que, tal vez, también hacía el amor. Me gustaría que me expliquen para qué sirve la técnica de las fotos. A mí, esas imágenes, no me dicen nada. En mi sueño recorría la sala de un hospital buscando la cama de no sé quién. Me levanté pensando que la palaba Kamasutra  provenía de cama . Pero leí que ese término, que se usa para el arte amatorio hinduista, proviene de una transliteración del sánscrito en el que la voz Kama significa deleite sexual y Sutra  frase corta. Confieso que escucho las clases acostada en dónde ustedes ya saben. Una vez pasamos una noche entre amigas contando historias. Una contó una serie norteamericana que se vio en los primeros años de la televisión. Se llamaba La dimensión desconocida . En un episodio, debajo de la cama de una niña se abría un portal a otro mundo. La pequeña lloraba y pedía por su mamá porque estaba sola del otro lado y no sabía cómo volver. En otro episodio, una mujer tenía que permanecer inmóvil en su cama toda una noche para evitar que una víbora o una araña le inoculen un veneno mortal. No envié mis fotos. Sentí pudor, vergüenza, desconfianza. Me acosté escuchando Plegaria para un niño dormido  de Spinetta: “Que nadie, nadie, despierte al niño / Déjenlo que siga soñando felicidad / Destruyendo trapos de lustrar / Alejándose de todo el mal. / Se ríe el niño dormido / Quizás se sienta gorrión esta vez…”. Siento lo mismo que alguien que habló por ahí: van dos meses de cursada y, todavía, no sé de qué va la cosa. Vivo en Corrientes. Vine a estudiar hace dieciocho meses. Extraño mucho mi familia y mi pueblo. Esa noche le pedí a mi mamá que me mandé la foto de mi cama. En mi sueño me retaban por fantasear mirando camas ajenas. En el examen final había dos notas: discreción  e indiscreción . A mí me ponían indiscreción . Odio el cuento de Andersen: La princesa y el guisante . Tendría que llamarse La estúpida princesa y la arveja aplastada . A pesar de todas mis angustias, esa noche levité confiada. ¿Cómo se vivirá dentro de doscientos años, o dentro de cien, o dentro de cincuenta o diez? ¿Estaré yo? ¿Habrá entonces soledad? Frente a mi cama tengo un afiche de una obra de Van Gogh que se llama El dormitorio en Arlés que no salió en la foto. Quería contarlo. Una línea del poema Cama de Silvina Ocampo me toca el alma. Dice: “En ti supe morir estando viva; vivir cuando creí que estaba muerta” . En mi sueño  Sherezade dictaba la materia y la cursada duraba una y mil noches. 41. ¿Cómo se llama lo que hicimos? ¿Acción clínica? ¿Intervención estética? ¿Instalación artística? ¿Procedimiento pedagógico? ¿Piyamada académica? ¿Ocurrencia de simultaneidad y montaje? ¿Happening virtual? ¿Teatro de afectaciones? ¿Juego conceptual? ¿Juguete crítico? ¿Provocación de un sucedido para un común pensar? Tal vez sólo se trató de una gesta de la sorpresa y el asombro, de la interrupción y la demora, de la debilidad y la ternura. Un conjuro de la hostilidad. Un sucedido sencillo e inofensivo: pasar una noche sin que nos doliera tanto lo que nos estaba pasando. Un sucedido que se propuso invertir el automatismo de capturar lo mirado o sentir la captura de quien nos mira. Un sucedido de camas que miran. Camas que miran con elocuentes mudeces. Camas que miran anhelando, requiriendo, rememorando, insinuando. Camas que miran con atención y recogimiento. Tal vez sólo se trató de retirar nuestras presencias de la escena para alojarlas, mimarlas, abrazarlas en los pliegues de una única noche. 42. Silvana Fernández hizo una muestra con sus pinturas, dibujos y una instalación de pequeñas camas de arcilla semienterradas en una montaña de tierra. Tituló la exposición: “habitadas vacías recién abandonadas” . Compuso las obras en los días de la pandemia. Presentó una cama en rojo con su colchón gastado, una cama clandestina vista desde una rendija, una cama en la que un nido se confunde con una corona de espinas, una cama a orillas del mar que permanece inmóvil como un arca desnuda antes de un maremoto, dos series de dibujos de cinco camas que insinúan la memoria de un hecho trágico (un dolor que tiene el pudor de no decirse). Y, así, entre tantas otras, hay una pintura en la que se ve una cama en la intimidad de un bosque, un óleo acompañado por este enunciado: “La delicia de ausentarse” . El sucedido que aquí se narra tal y como sucedió procuró eso . En momentos de desasosiego durante los días de la peste propiciar la íntima delicia de un común estar. 43. Hubo una vez una noche inmensa en el que todas las camas del mundo sintieron piedad por las frágiles criaturas que hablan. 44. A veces sólo se trata de querer hacer algo, de no renunciar a hacer algo, de resistir la costumbre y el desánimo proponiéndose hacer algo. Aun cuando no se sepa qué, pero sabiendo con quiénes. Nota: Texto presentado en el V Encuentro internacional de psicología y educación en el Siglo XXI. Facultad de Psicología de la Universidad de la República. 9 de agosto 2024.

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    ¡Ah, Cantos, te invocamos…! Vamos a detener aquellas crueldades, debemos alejar a esos fantasmas mañeros, siempre ansiosos, que escarban y escudriñan con la ferocidad de los bien cebados… Vicente Zito Lema Otro mes en este cuarto año de Adynata con textos desalineados con la biología que insisten en el intento de componer lo imposible, alrededor de esta figura retórica y poética, plural de Adynaton que nos nombra. Pero, ¿cómo tratar de componerlo si mucho de lo que venimos viviendo hace difícil acreditar esto mismo que venimos viviendo? ( Acreditar , ese modo de decir "creer" que tiene el portugués, que trae la confianza entreverada con el dar crédito de lo económico que recuerda que la economía libidinal funcional como una forma de la economía política). Podemos incluir en el cotidiano las lecturas que encontramos en esta Adynata: El artículo Memoria de Alejandro Kaufman -un texto que forma parte de un vocabulario crítico de Ciencias de la Comunicación- que interviene, a la vez, de un modo oportuno en estos momentos de ofensivas negacionistas que esperaban agazapadas para retornar. Casi todo se dice en el segundo párrafo: la "memoria (como) la experiencia contraria a la perpetración de exterminios, genocidios o crímenes de lesa humanidad" . Y también la memoria como prácticas memoriales que necesitan reinventarse una y otra vez porque hay cosas que no terminan de pasar nunca. El texto Agarrá el martillo. Nietzsche y las crueldades invisibles , en el que Fernando Stivala plantea que la filosofía a martillazos funciona destruyendo lo dominante, y a su vez, lo diferencia de querer mejorarlo . Afirma “Suponer que en la Argentina no hay violencia porque hace 40 años estamos en democracia es invisibilizar la violencia naturalizada: el terror. El terror estructura esta democracia.” Y se pregunta “¿Cómo hacemos contra violencia? La contra violencia no puede ser calcada de la violencia. La de Nietzsche es una contra violencia que tiene el martillo, pero no es asesina. Es de tipo resistente, defensiva, y no asesina.” El texto DÉFICIT UNO (... o peor) de Jeremías Aisenberg, una parodia dolorosa y angustiada de un supremo poder que decide dejar de emitir psicólogas y psicólogos, como si se tratara de una población equivalente a la moneda nacional, para terminar con la inflación. Un texto político. Una ironía filosa sobre el momento tremendo que estamos viviendo. Una crítica que también salpica a las poses profesionales. Daniel Rubinsztejn, vuelve a pensar sobre el cuento de El perseguidor de Cortázar. Entrecruzando ideas con el psicoanálisis. El psicoanálisis también se hace lugar en el escrito que nos envía Facundo Márquez. Cynthia Eva Szewach, nos comparte un texto sobre la relación entre maestro y discípulo. Entre Freud y Reik. El maestro cede lugar al discípulo. " ¡Escríbalo usted, Reik! ", con esas palabras pasa de manos un texto inconcluso. Le sugiere que firme las notas que tomó sobre una conferencia suya como ensayo propio. Reik vacila en ese momento y todavía muchos años después. Freud, ¿quién sabe que significa que cerrara los ojos?. Ivonne Bordelois propone una versión del mito griego pensando desde Eurídice. Una Eurídice que le reprocha a Orfeo no haber sabido escucharla. Las Caligrafías Nómades tiran del hilo y las poesías de Ezequiel Nacusse y Marianela Saavedra nos acercan las velas de cumpleaños y las de la noche. Noche que se vuelve polifonía y polisemia en el “ Relato de un sucedido. Contado tal y como pasó ” y recupera aquella pandemia junto con un ir y venir de ideas que saltan entre lo vivo, la memoriaolvido, el mirar, las ausencias, Borges, Onetti y ese con quiénes de aquellas complicidades que nos hacen hacer. Algo de esto trae el texto ¿Dónde siente un presente? que, entre otras cosas, sostiene "No querer saber lo sabido, supone un rechazo al cuerpo como vulnerabilidad ante lo sensible." Plantea Deleuze (1986) en los cursos sobre Foucault que podemos leer en La subjetivación. (2015) : " ¿Qué es un adentro? ¿Qué es un afuera? La línea del afuera debe decirles algo, pertenece a la marina. ¿Qué puede ser el afuera más lejano que todo medio de exterioridad, sino la línea oceánica? El saber es terreno, pero aquí hemos abandonado la tierra desde hace ya mucho tiempo. El saber era una cuestión de formas, las formas son terrestres. La línea del afuera es la línea oceánica. ¿Qué es el adentro? El adentro es la embarcación, es el barco, el pequeño barco, la barca. ¿Pero qué es la barca? La barca es el pliegue del mar, es el pliegue del océano. Cada vez que hay un barco, el océano ha hecho un pliegue ." Y en esto andamos, en la necesidad de encontrar un pliegue del océano, ya no una embarcación sino tan solo una tabla de surf para llevar estos tiempos.

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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