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- Crueldad traicionada / Cynthia Eva Szewach
Y yo pensaba: si te sigo, muero H. Viel Temperley “La promesa”, película de los cineastas Luc y J. Pierre Dardenne, muestra una respuesta de un adolescente frente a ciertas zonas de crueldad. El padre de Igor, un joven de quince años, ejerce, sometimientos, sumisiones, estafas a inmigrantes de diversos países que huyendo de la pobreza y de la indocumentación que les impide atravesar fronteras, aceptan condiciones injustas para obtener sus documentos que, aunque falsificados, les permite trabajar y quedarse de algún modo “refugiados”. El padre de Igor no pertenece justamente a una clase privilegiada, pero agita su poder sobre los aún más débiles, desesperados por tener algún lugar donde vivir. A cambio de viviendas precarias, explotaciones, tajadas crueles y falseamientos de amabilidad, el personaje-patrón erguido como fortaleza, les ofrece un sitio a quienes se encuentran excluidos. El patrón hace cómplice de las estafas y presiones a su hijo. El muchacho envalentonado por su padre toma muchas veces su lugar, y acude siempre que éste lo llama a cumplir tareas diversas, cobros, engaños, trampas, traslados de los inmigrantes, firmas de los pasaportes, arreglo de estufas en mal estado. El joven incluso con arrogancia roba a personas mayores de edad, vulnerables, confiadas. Hay una relación opuesta entre crueldad y piedad. La relación padre- hijo es de seducción, de regalos como premio, y de propiedad, de posesión. En ocasiones lo golpea. Igor a veces, aunque quiere hacer otra cosa, no puede decir No. Un acontecimiento trastoca el devenir de los sucesos. Al edificio llega una negra africana con su bebé, para encontrarse con su marido que trabaja allí de albañil. La mujer sostiene el culto a sus antepasados. Practica rituales de purificación del lugar. Cuida con devoción a su bebé con ceremoniales de su pueblo de origen. Igor la espía. Le interesa lo que ve de esa maternidad. Quiere cuidarla. Se le despierta una ternura inédita. El marido de la mujer africana cae de un andamio y muere. Antes de fallecer le pide a Igor que estaba justo allí, que le prometa que va a cuidar de su mujer y su hijo. Igor asiente. Se inaugura una “palabra de honor”. El padre de Igor decide ocultar esa muerte, enterrar al hombre debajo de unos escombros y mentirle a su mujer. Le dice que su marido se fue de improviso por tener deudas de juego. Le inventa un abandono. Le pide confabulación con el hecho a su hijo, desaparece a un fallecido y hiere, daña a la mujer. Actos crueles para salvar su pellejo. Lo único que importa. Crueldad va de la mano de impunidad. Para Igor, esa acción del padre es un límite a la fidelidad con él. Le resulta insoportable. Ha dado su palabra y no piensa llegar tan lejos con la complicidad. Ayuda a la mujer y a su bebé en un derrotero de búsqueda. Dice No, a tanta ferocidad y está dispuesto a perder ese padre. Ha descubierto que el lazo de filiación puede ser otra cosa. Que la muerte ocultada es un límite. Dice basta, aún con dolor. Lo filiatorio, la palabra dada como promesa, la pertenencia a un pueblo con historicidad respetada, el cuidado maternal, abonan a traicionar lo cruel , a desprenderse de un hecho feroz, aún con quien hay una relación que incluye el amor. Allí también radica la peculiaridad de lo que los directores traen. El joven, y esto es importante, transita una transformación. Es una historia singular que nos puede hacer pensar acerca de sucesos colectivos con las diversas fragilidades dentro de una comunidad.
- El brutalismo que la “derechización” escamotea / Diego Sztulwark
A fines de mayo de 2024 se reunieron en Madrid varios líderes de las diversas formaciones de extrema derecha trasatlántica. Franco “Bifo” Berardi propuso leer esa cumbre bajo el peso de un término que rompa con toda cobertura politológica que escamotea la condición desesperante -o desesperada- a la que la escena remite. Ese término es brutalismo . Y está referido a modalidades de la sensibilidad emparentados a la humillación. En sus “Reflexiones sobre la cumbre de Madrid donde se reunieron los líderes mundiales del capitalismo gore y sobre la formación de Anthropos 2.0” , Bifo se propone indagar sobre lo que llama la dinámica profunda de la “ola nazi-libertaria”, distinguiendo aquello que en esa ultraderecha blanca occidental “escapa” a las categorías de la política moderna. Pues el lenguaje categorial de que disponemos para pensar la política (democracia, liberalismo, socialismo, fascismo, etc) resultan insuficientes para captar la “esencia” de este proceso. La teoría política captura sólo la escasa novedad que el fenómeno presenta en el nivel “enunciativo y programático”. Y lo que se le escapa es, precisamente, lo que sí tiene de radicalmente nuevo en el nivel “antropológico y psicocognitivo”. Si las nociones de la tradición política no alcanzan a explicar la fuerza disruptiva del movimiento que “nadie parece capaz de detener”, tampoco las declaraciones de sus líderes ni los libros que escriben los partidarios de la derecha mundial explican el fenómeno. La otra vía posible de comprensión, que sería contrastar lo que ocurre allí donde la ola no se impone del todo, como en Brasil, Colombia y España -o donde directamente parecería no hacer pie- como en México son, para Bifo, más bien heroicas excepciones que escapan a la tendencia sin poder frenarla o desviarla. La cumbre de Madrid admite lecturas políticas: “reunió a grupos que se remontan al supremacismo blanco occidental” excluyendo a los movimientos que lideran países como la India de Modi, un ejemplo de “supremacismo no blanco”, y la Rusia de Putin, un ejemplo de “supremacismo no occidental”. Es posible que durante la segunda mitad de 2024 parte de esta derecha supremacista “gane la presidencia estadounidense y cambie la mayoría del Parlamento Europeo, aliándose con el centro”. Pero “incluso si la derecha no prevaleciera en Europa y los demócratas ganaran las elecciones americanas, esto no cambiaría mucho, porque en cuestiones fundamentales -en primer lugar, el rearme, la guerra y la cuestión climática- ya no existe una distinción entre la extrema derecha gobiernos de ala derecha y centro. De hecho, en la situación que se está gestando, la victoria del lepenismo en las elecciones de junio y la victoria de Trump en noviembre tendrían el efecto de romper la unidad occidental en la guerra contra Rusia”. Sin embargo, lo que a Bifo le interesa comprender es la “dinámica antropológica y no meramente política” que ha transformado las sociedades de Occidente y de gran parte del planeta, “después de haber barrido al movimiento obrero organizado y desactivado una tras otra las instituciones internacionales de liberalismo”. La primera cuestión que afronta Bifo es la de la presencia del lenguaje y la mentalidad nacional-fascista en los principales referentes de la clase política que cabalga la ola reaccionaria. Esa presencia no debería confundirnos, pues se debe más al muy bajo “calibre intelectual” de esos líderes que a cualquier retorno improbable al fascismo europeo histórico. Simplemente, ellos no poseen la capacidad de encontrar conceptos y palabras a la altura de la fuerza que la “transformación antropológica” ha puesto a su disposición. Lo que no hace sino confirmar que la brutalidad generalmente no es muy “consciente de sí misma”. La segunda cuestión, referida a la esencia del fenómeno, se dirige al surgimiento de un “fenómeno de alcance gigantesco”, cuyas raíces se encuentran en la “mutación tecnoantropológica” que ha experimentado la humanidad en las últimas cuatro décadas de un hiperliberalismo, que ha sumido las relaciones interhumanas en la competencia (es decir, en la guerra social) y que ahora busca una salida desesperada. Este fenómeno es la ola brutalista libertaria que sacude el orden político sin dejarse explicar, sino marginalmente, por las tentativas interpretativas de los demócratas liberales, que lo perciben como un “soberanismo autoritario”, ni por “los marxistas, o muchos de ellos”, que lo interpretan como un retorno del fascismo histórico tras los errores del movimiento obrero organizado. Sin salirse de la interpretación politicista no se aprehende lo más relevante del fenómeno: la cualidad “antropológica y psíquica” que subyace a la adhesión masiva a los movimientos ultrarreaccionarios. El significado de las declaraciones de líderes como Trump, Milei, Bolsonaro, Netanyahu o Narendra Modi funciona en relación a las razones por las que una creciente mayoría de la población del planeta abraza con entusiasmo “la furia destructiva de estos líderes”. No se trata de un modelo de reposición del viejo fascismo con sus Estado corporativo y sus fábricas para la guerra, sino de una ola supremacista que “fusiona los clichés del racismo y el conservadurismo cultural con un énfasis histérico en el liberalismo económico: en la libertad de ser brutal”. El brutalismo social del que habla Bifo funciona como una “inversión del juicio ético”. La derecha extrema no concita apoyos a pesar de , sino gracias a su brutalidad: “los estadounidenses votan por Trump precisamente porque es un violador y un mentiroso, los israelíes apoyan a Netanyahu precisamente porque practica el genocidio, compensando una profunda e indescriptible necesidad de compensación para los descendientes de las víctimas de un genocidio pasado. Y los jóvenes argentinos siguen a Milei porque creen que finalmente los mejores podrán sobresalir y los demás morirán de hambre como se merecen”. Si hay algo a comprender en la derecha extrema no es, por tanto, su teoría política sino más bien esta “cínica” inversión del juicio. En efecto, el” brutalismo social” es el resultado de haber impuesto durante décadas la competencia como “principio universal de las relaciones interhumanas” ridiculizando “la empatía por el sufrimiento de los demás, erosionando los cimientos de la solidaridad y, por tanto, destruido la civilización social” . Cuando escuchamos a Milei descalificando la justicia social, sólo legitima el derecho de los más fuertes y “galvaniza la ilusión de masas de jóvenes (en su mayoría varones) convencidos de que están dotados de la fuerza necesaria para vencer a todos los demás”. Esta creencia en la ferocidad competitiva no es fácil de desmontar. Ella se naturaliza como la lucha por la vida. Y aquellos que no están a la altura de la ferocidad merecen morir. La empatía no es compatible con la economía de la supervivencia. En definitiva, la hipótesis de Bifo es que la mente sometida al “bombardeo ininterrumpido de impulsos electrónicos, independientemente de su contenido, funciona de forma completamente distinta a como funcionaba la mente alfabética”, que tenía la capacidad de discriminar lo verdadero y lo falso en la información, y que poseía la capacidad de construir una ruta de procesamiento individual. De hecho, esta capacidad depende “del tiempo de procesamiento emocional y racional, que en el caso de un niño que vive trece horas al día en la infosfera electrónica se reduce a cero”. Mente sometida, bombardeo continuo, estímulos sin contenido ético, debilitamiento de la necesidad de discriminar lo falso de lo verdadero, preeminencia de la información sobre el sentido, son los rasgos que componen el retrato de un sujeto que ha quedado inmerso en la mayor de las indefensiones emocional-cognitivas, en la que el juicio crítico ha quedado sustituido por grados de excitación, o “estimulación dopaminérgica”. Pero este ataque a la mente , no se produce -desde ya- sin que se produzca un simultáneo ataque a la naturaleza y a los cuerpos: la devastación ecológica está volviendo inhabitables zonas cada vez más extensas del planeta y haciendo imposible el cultivo en zonas enteras: “es comprensible que las poblaciones del sur del mundo (expresión que significa: las zonas que han sufrido los efectos de la colonización y sufren especialmente los efectos del cambio climático) quieran desplazarse hacia el norte del mundo (lo que significa zona que ha disfrutado de las ventajas de la explotación colonial y que ha sufrido menos, por el momento, las consecuencias del cambio climático)”. De modo que, según el registro de Bifo, es igualmente entendible (“aunque sea inmoral, pero el juicio moral es tan bueno como el triunfo en esta coyuntura”) que los habitantes del norte del mundo “estén asustados por la idea de que masas cada vez mayores se desplacen del sur hacia el norte”. Esto explica por qué la gran migración “empuja y empujará cada vez más a las poblaciones del norte hacia posiciones abiertamente racistas”. Esto explica también por qué el genocidio “ya existe hoy y probablemente se convertirá cada vez más en una técnica para controlar los movimientos de población”. Por eso los europeos “hacen todo lo posible para que miles de personas mueran ahogadas en el mar o perdidas en los desiertos del norte de África”. Siendo la suya una lectura crítica ubicada en el hemisferio norte del planeta, resulta particularmente útil para conocer mejor la fascistización de los países receptores de la migración del sur: “La gran migración del sur y del este hacia el norte y el oeste del mundo es el proceso que más que ningún otro contribuye a la ola ultrarreaccionaria, mientras el contraste entre el norte imperialista y el sur colonizado adquiere contornos cada vez más claros. Basta mirar el mapa de los países que condenan el colonialismo israelí y los países que lo apoyan, para comprender la geografía del choque trascendental que se está gestando. Pero no debemos creer que la brutalidad pertenece sólo al mundo occidental blanco: la Rusia de Putin no es occidental y la India de Modi no es blanca, pero ambas comparten las características esenciales del brutalismo y la indiferencia ante el genocidio. La posibilidad de una revolución anticolonialista tenía perspectivas progresistas en el marco del internacionalismo obrero, pero parece haber desaparecido del horizonte de la historia. Y el fin del internacionalismo ha abierto las puertas del apocalipsis que ahora vivimos”. Idiotismo Artificial En una entrevista que circuló a comienzo de junio de 2024 Milei anunció que el gobierno estudia delegar a IA (inteligencia artificial) la reforma del Estado. La falta de consenso parlamentario y la alianza a la que aspira con los grandes grupos del capital informático empujan su imaginación en ese sentido. Mas allá de la evidente despolitización involucrada en esa ocurrencia, interesa el hecho que en esa misma entrevista el presidente argentino ratificó que su idea es destruir al Estado desde dentro. Y que para reformar al Estado hay que odiarlo tanto como él lo hace. En síntesis: odio y algoritmo. Autores como Miguel Benasayag y Éric Sadin vienen advirtiendo hace años de la densidad de la intervención de la tecnología sobre la experiencia del pensamiento. Lo hacen de diversos modos: Benasayag explica que la máquina algorítmica neutraliza al pensamiento. Y lo hace cada vez que se compara a la mente humana con la IA. Porque la comparación supone una diferencia de grado -de cantidad- y no de naturaleza entre una cosa y la otra. Si el pensamiento es un emergente o resultante de vectores direccionados en direcciones diversas, la IA consagra el ideal de un funcionamiento sin dimensión sensible. Una serie de combinatorias lógicas que borra, olvida o incluso aniquila el principio orgánico de la vida y su insustituible capacidad de plantear y resolver problemas a partir de los innumerables recursos pensantes del propio cuerpo. De allí la distinción entre funcionamiento y existencia. El capitalismo funciona, la vida existe. Y más allá de dualismos sencillos, el problema es que la IA tiende a colonizar la existencia (imponer un puro funcionamiento a la multiplicidad de la existencia) a una velocidad tal que anula la capacidad de la existencia de recolonizar a la maquina algorítmica. El desafío que plantea la máquina a la vida, es el del fin de la posibilidad de hibridar funcionamiento y existencia. Razón por la cual, Benasayag puede concluir que Milei dice la verdad en términos de funcionamientos, pero esa verdad actúa contra la existencia. Invirtiendo los términos con que se suele hablar de los efectos de la máquina sobre cerebro, el problema de la IA no es que idiotiza al humano, sino que por el contrario, ya no lo deja fallar, errar, lateralizar, distraerse, todos modos del pensar sin los cuales la perfección maquínica pone en riesgo, precisamente, al pensamiento. Por su parte, Sadin detalla el desenlace de 50 años de innovación tecnológica y su correlato: el hiperliberalismo. Los efectos más palpables de este nuevo equipamiento subjetivo es nuevo tipo de individualismo que asume las premisas de una economía algorítmica y de plataformas, una desconexión con las catástrofes ambientales y una precarización de condiciones laborales y sociales. Se trata de un nuevo tipo de disciplinamiento que conlleva un giro implosivo, una implicación gestual y afectiva en torno a la nube y la pantalla, y una nuevo tipo de “catarsis de aislamiento” inseparable de una adhesión a la teoría del complot -no ser tomado por tonto, nunca dejarse engañar- que arrastra al sujeto a luchar por intereses particulares. Es la revancha personal y no el trabajo de transformación lo que motiva la acción en y sobre el mundo. La misma inteligencia artificial que sirve al ejército de Israel para distribuir su poder de destrucción en la Franja de Gaza podría sustituir a la “Casta” en la destrucción de aquellas funciones públicas de las que depende la reproducción social. Milei es un hijo dilecto de esa intervención. Un individuo plenamente identificado psíquica y políticamente con esa versión de la inteligencia, que en muchos sentidos se presenta como la inteligencia del futuro. La idea de destruir la lógica del Estado, de movilizar el odio contra él, sustituyéndolo por un funcionamiento enteramente técnico -tanto más eficaz cuanto más responde a una forma no humana -a una determinada programación- da cuenta de los esfuerzos (aun torpes) por sustituir las categoría políticas del siglo XX por otras afines a la gran revolución antropológica en la que estamos inmersos. La destrucción del Estado durante el siglo XX era un proyecto anarquistas y, con matices y contradicciones, de comunistas. Ellos pensaron al Estado como un instrumento político de dominación de una clase por otra. Estado era dictadura y mando del capital, más allá de la forma -democrática o no- que tal dominación adquiriese. El anarcocapitalismo, en cambio, distingue -al menos discursivamente- capital de Estado, evaporando la identificación entre mando social e institución pública. La destrucción del Estado es para Milei fortalecimiento de la dinámica de los mercados y los capitales. Solo que como para él la dominación se ha vuelto un asunto técnico y no político, las funciones estatales dedicadas a la represión y el sometimiento pueden quedar relegadas a un estado técnico-administrativo-represivo, privatizándose las funciones militares y carcelarias. Que todo esto nos parezca aun una fantasía no quita que esa fantasía no aspire a tramarse con el rumor técnico fascistoide de los tiempos. Argentina 2023: hiper-politización despolitizada. En las últimas elecciones presidenciales de argentinas de 2023 dos candidatos conservadores o de derecha se enfrentaron por algo más que un matiz ideológico. En el debate mano a mano entre ambos candidatos de cara a la segunda vuelta, el candidato oficialista y ministro de economía Sergio Tomás Massa se mostró como el más lúcido interprete del tipo de gestión pragmática del Estado y la economía frente al doble desafío de sostener la llamada “paz social” y navegar las contradicciones del orden mundial. En contraste con el dogmatismo dolarizador del economista mediático Javier Milei, el peronista se postulaba como el administrador experto, plástico y profesional. De su candidatura pudo decirse: se trata de ligar mayoría electoral, centro político y prudencia del bloque de clases dominantes locales. De modo que Massa actuó como si pudiera ser el hombre “confiable” para afrontar la crisis. Pero fue Milei -leído menos desde la dudosa coherencia de sus contenidos ideológicos y más desde sus gestos de denuncia de la casta y anuncios mesiánicos- quien impuso los términos de interpretación del proceso político. No sólo actuó como una aspiradora que toma votos un poco de todas partes. Sino que impuso sus términos a todo el arco opositor, que a fines de 2023 equivalía a todo aquel que quisiera votar en contra del estado de cosas imperante durante el gobierno de Fernández. Votar a Milei era votar contra el presidente Alberto, pero también contra el peronismo o más sencillamente contra los políticos. En la Provincia de Jujuy o en la ciudad de Rosario, donde compitieron en diversas categorías listas de izquierda con fuerte apoyo popular, se pudo verificar un voto combinado: a Alejandro Vilca (Frente de Izquierda y los Trabajadores) senador en el norte, o a Juan Monteverde (Partido de la Ciudad Futura) a intendente en la segunda ciudad del país y a presidente Milei. El voto “en contra" actuaba menos como una masa ideológica homogénea que como el caudal un río buscando cause. En estas condiciones, la alianza oficialista formada por una parte de la izquierda y del peronismo -el kirchnerismo- no logró hacer de Massa (el ministro de la continuidad administrativa) un muro de contención contra la derecha extrema. La larga campaña con tres elecciones de 2023 consolidó la operación de “captura derechista del descontento”. Las vituperadas instituciones políticas, retóricamente impugnadas, confirmaron su vigencia y su arraigo. Sobre todo en lo que hace a su capacidad de procesar aumentos sostenidos de la desigualdad social. Si fuera una película podría llamarse el gobierno de la desposesión. Y el impacto de las redes sociales y las tecnologías de pantalla conectada a la nube fue contundente. Si revisamos el debate presidencial desde la perspectiva de un imaginario votante de Milei, la escena del diestro político profesional vapuleando al mediático panelista de frágil condición afectiva adquiere un sentido completamente inesperado. La facilidad de palabra de Massa se torna inautenticidad, contra la genuina vacilación el “Libertario”. El “conocimiento del Estado”, supuesto valor para la selección del gobernante, aparece como experiencia y astucia para la el negocio privado con dinero público. La propia idea de una gestión sin rupturas remite a la idea de impunidad de quienes mandan, contra la impugnación desesperada que sólo quiere un corte. De allí que el vapuleado opositor no haya perdido apoyo tras el debate, y que haya sido capaz de presentar aquella escena como una exhibición de la insoportable arrogancia del político prototípico a destronar. En cuanto a Massa, presentado por su equipo de comunicación como el dirigente que se las sabe todas, galvanizó la resignación de millones. Por aquellos días se vendía como pan caliente una biografía del ministro escrita por el periodista Diego Genoud titulada El arribista del poder . En los términos planteados, la democracia misma resulta definitivamente despojada de su antigua pretensión de ser un escenario abierto a la disputa por la igualdad y pasa a ser tolerada como espacio de selección de gobernantes. Al desgastarse todo lazo entre política progresista e igualdad social, el contenido de la retórica de la justicia social queda descalificada. El político pierde su condición de artífice de lo común y es percibido por un público enormemente suspicaz que cree detectar tras cada una de sus gestos la acción de los grandes poderes que defienden sus posición de poder. El discurso de la ultraderecha es el discurso de la complot. En las fuerzas reales de la historia aparecen personificadas (Sabag Montiel declaró que quiso asesinar a Cristina Fernández de Kirchner por considerarla responsable del Covid y la inflación). Las figuras demonizadas -sea el político, el socialista, el empleado público, el peronista, la feminista, el homosexual, el planero, etc.- despojadas de su especifica realidad histórica son captadas como máscaras simplificadoras de la complejidad del mundo, rostros que resumen fuerzas, sujetos perversos que esgrimen causas universales con el exclusivo propósito de obtener un privilegio. La personificación del mal como expresión del malestar que se corresponde con la violenta desigualación. Si Teodoro Adorno creía que la irracionalidad de la propaganda ultra-derechista expresaba su propósito de negar de modo represivo el antagonismo social, el caso argentino le hace decir a Eduardo Grüner que esa negación ya caracterizaba la tentativa de una democracia que creía poder administrar el antagonismo de clases por medio de la fe en el parlamento. Lo que la derecha radicalizada hace es, en todo caso, elevar el grado de irracionalidad al hacer de la negación una verdad dogmática. Habilita una subjetividad desinhibida a la altura de un desquicio localizado no en la psiquis sino en las objetivas relaciones sociales. Se trata de un fenómeno de hiperpolitización despolizada . Mas que derechización política, esta despolitización hiperpolítica está hecha de un gigantesco proceso de desafección . Término de una insípida ciencia política -puramente descriptiva-, que sin embargo introduce un matiz sugerente ahí donde la posición de variados analistas políticos solo observa una reacción en términos de ideologías macizas. La desafección substrae un afecto y crea una distancia, sin que sepamos a ciencia cierta el destino del afecto substraído. Afectos como la humillación, desesperación y hasta resentimiento pueden ser la base sobre la que funcionan diversas caracterizaciones macropolíticas ("derechización", "antipolítica", "fascismo"). Pero el afecto no es de modo inmediato ni automático ideología política consolidada, sino respuesta a un estado de cosas. Y si los afectos son la premisa material sobre la que nos abrimos a lenguajes y a ideas, una caracterización política apresurada se convierte en una politología autocomplaciente y perezosa (o, como dirían Deleuze y Guattari, atrapada en los efectos “molar”, incapaz de pensar los procesos moleculares). La “derechización” encubre causas y claudicaciones, procesos explicativos que a su vez guardan las claves para otro tipo de interpretación. El genocidio de la segunda mitad de los años setentas, la desestructuración política de una clase asalariada, un patrón de acumulación que expropia poder colectivo, una democracia incapaz de torcer estos rumbos. La “derechización” ilumina una escena sin mostrar los detalles microscópicos, prescindiendo de las sutilezas micropolíticas que permitirían un lenguaje apropiado. En otras palabras: lo que la derechización como categoría escamotea son las preguntas e inquietudes que nos sumen en la perplejidad. Porque si por categoría hay que entender una división real del ser, es insostenible identificar linealmente afectos como la desesperación o la decepción con las políticas de la derecha. Pero si por categoría entendemos un modo de pensar y conocer, entonces se hace incluso más evidente que este modo de conocer obtura el trabajo de partir de estos afectos para revisar un antagonismo nunca del todo afrontado con relación al cual permanecen postergados modos más reales de afrontar nuestros problemas colectivos. El énfasis puesto en la "derechización", sin ser del todo falso -pues capta un efecto global y un escenario electoral-, es acrítico. Oculta que la derecha escenifica y captura una situación de desamparo y recelo, que no garantiza un vuelco reaccionario macizo de la sociedad. Describe como un hecho dado una operación en curso. Naturaliza lo que hay de rechazo a la desigualdad de poder social, de saber sobre igualitarismos malversados. E impone una condescendencia con esa realidad derechizada, en lugar de reforzar experiencias capaces de evaluar esa afectividad colectiva en búsqueda de nuevas eficacias. Hay una apuesta en el lenguaje de la “derechización”. Una creencia ella misma derechista según la cual sin giro reaccionario no hay como resolver la crisis del orden político. La derechización, en lo que tiene de refutación al resto del orden político se presenta como única esperanza para el conjunto de ese orden. La derechización empalma -registra, amplifica y consagra- con las subjetividades reactivas, condenando al conjunto de la actividad política una disyuntiva resignada entre adaptarse (derechizarse) o marginarse. O más aún: entre sostener de mala gana un gobierno reaccionario sin solidez parlamentaria o atreverse a reemplazarlo, lo que a su vez supone un retorno al mismo punto de partida de 2023 que sancionó su propio rechazo, puesto que la derechización se manifestó como la impotencia del conjunto, y como presente incuestionable. Lo que se excluye en esta disyuntiva es la alternativa de prestar otra clase de atención a la naturaleza misma del "descontento", y buscar consecuentemente escenarios en los cuales este descontento se exprese en procesos democrático-radicales, que suponen también una fuerte impugnación de las prácticas políticas de las últimas décadas. La tesis de la derechización implica por tanto una serie de acomodos y renuncias en torno a una incapacidad de interferir en la escena en la que constituye la actividad “derechista” de los sujetos y consecuente declaración de impotencia respecto de la imposibilidad de dar curso a procesos de tipo socialistas-democráticos. Virus y deserción En un artículo escrito a fines del 2022, “Sobre la mutación del deseo” Franco “Bifo” Berardi escribe que “la pandemia ha completado un proceso de de-sexualización del deseo que llevaba mucho tiempo preparándose, desde que la comunicación entre cuerpos conscientes y sensibles en el espacio físico fue sustituida por el intercambio de estímulos semióticos en ausencia de cuerpo”. La cuarentena no fue un rayo sobre cielo sereno, sino el episodio de por sí traumático que permitió consumar la culminación o aceleración de un proceso previo. La proyección utópica y la reevaluación de dimensiones existenciales que circuló durante la violenta interrupción de los automatismos sociales (educación, trabajo, vínculos familiares, actividades recreativas), fueron subsumidas en una tendencia dominante de abstracción -control vía app-, y capitalismo de plataformas. El aislamiento, a pesar de lo que tuvo de hecho traumático (o quizá por eso mismo), en la medida en que obró como realización de un capítulo -decisivo- de la instalación de una tendencia subyacente, tuvo en las medidas sanitarias preventivas solo un aspecto. Esos intercambios de estímulos “sin cuerpo” de los que habla Bifo se venían afirmando previamente, se reforzaron notablemente durante la invasión del virus y acabaron por imponer su sello en nuestros comportamientos, sin que acabemos de comprender sus consecuencias éticas y políticas. Bifo se esfuerza por explicar que estos “intercambios sin cuerpo” son parte de una mutación. Transformación novedosa antes que mera extinción: “esta desmaterialización del intercambio comunicativo no borró el deseo, sino que lo trasladó a una dimensión puramente semiótica (o más bien hipersemiótica). El deseo se desarrolló entonces en una dirección no sexual o, si se quiere, post-sexual, que vino a manifestarse en la condición de aislamiento que la pandemia regularizó y casi institucionalizó. Todo el cuerpo teórico y práctico de la psicología, el psicoanálisis e incluso la política debe ser reconsiderado porque la subjetividad subyacente ha sido irreversiblemente trastocada y transformada”. La tendencia que Bifo describe, la separación progresiva entre deseo y cuerpo, supone una nueva centralidad de esta “dimensión puramente semiótica”, comunicación desmaterializada, deseo conectado de modo directo con el signo. Se trata de una “fenomenología de la afectividad contemporánea” caracterizada “cada vez más por una drástica reducción del contacto, el placer y la relajación psíquica y física que posibilita el contacto piel con piel. Esto conlleva una pérdida de confianza sensual, una pérdida del sentimiento de complicidad profunda que hace tolerable la vida social: el placer de la piel que reconoce al otro a través del tacto, la sensualidad, el dulce goce de la intimidad de la mirada”. Con su “de-sexualización”, el deseo corre el riesgo de convertir la existencia en “un infierno de soledad y sufrimiento que espera ser expresado de una forma u otra. La violencia sin sentido que estalla cada vez más en forma de agresión armada y asesina contra inocentes más o menos desconocidos”. Bifo asume que es esta de-sexuación del deseo lo que opera micro-políticamente, es decir, en el plano de los afectos y las percepciones, y como clave de comprensión de procesos que se manifiestan oscuramente en la política macro. Mas que derechización política, lo que habría es una epidemia de “soledad y sufrimiento” a la espera de una “expresión”. La amenaza de una “violencia sin sentido”, que no se parece a la violencia política que caracterizó a los movimientos nacionalsocialistas o mussolinianos del siglo pasado: “Lo que seguimos llamando fascismo, nacionalismo o racismo ya no puede explicarse en términos políticos. La política no es más que el terreno espectacular en el que se manifiestan estos movimientos, pero la dinámica de la agresividad social contemporánea no tiene o casi nada que ver con los valores ideales autoproclamados del fascismo del siglo pasado, con el nacionalismo de los siglos modernos. La retórica suele ser similar, pero el contenido no tiene nada de políticamente racional”. La escena política no explica nada, es más bien ella la que debe ser explicada. Y es la analítica micropolítica, a la vez crítica y clínica, la que ofrece las claves que la política ha perdido para comprenderse a sí misma y que en vano busca sustituir por encuestas, por ensayos de sociología de las tecnologías -que describen las aplicaciones en uso-, o por una epistemología de los algoritmos. Todos esos saberes se vuelven útiles cuando se los dispone en su interrelación con las mutaciones deseantes y con los registros literarios que permiten captarlo: “Sólo el discurso sobre el sufrimiento, la humillación, la soledad y la desesperación puede dar cuenta del fenómeno que ahora caracteriza a la mayor parte de la historia del mundo en la fase de agotamiento de la energía nerviosa, y en la espera de una extinción que se presenta cada vez más como un horizonte inevitable”. Bifo capta el presente político como escenificación de una humillación y una desesperación que no cabe reducir exclusivamente a determinadas coyunturas políticas, aunque se enlazan con ellas. Precisarlas y volver sobre ellas permite comprender, fechadamente, los mecanismos gracias a los cuales las derechas extremas logran ofrecer una expresión reaccionaria al sufrimiento allí donde las izquierdas no logran procesar una expresión revolucionaria . ¿Es momentánea la derrota de la izquierda? En todo caso, el fracaso de la izquierda se verifica en haber quedado al margen de esta mutación del deseo de los muchos, que no por haber adoptado la forma sufriente de la humillación y la desesperación “ha dejado de ser el motor del proceso de subjetivación colectiva”. Por el contrario: esta subjetivación es la que “se manifiesta ahora como ansiedad, como automutilación o a veces como agresión, porque al no poder florecer y expresarse, se pervierte en formas agresivas”. No se trata para Bifo solo de la desaparición de legados simbólicos. Más profundamente aun, “la de-sexualización del deseo de la que encontramos huellas por doquier se traduce a nivel social en una des-historización de las motivaciones de la acción colectiva”. No es sólo una ruptura con el pasado. Sino con la propia capacidad de dar respuestas colectivas a problemas agobiantes. Asistimos -concluye Bifo- a un “fenómeno masivo de desvinculación y deserción: abstención mayoritaria de la política, deserción de la procreación, abandono del trabajo”. La deserción sustituye a la crítica activa de lo existente. Bifo interpreta la desvinculación como una objeción a la realidad. Una objeción sin representación. Una objeción que ya no pasa por las izquierdas políticas. Pero entonces es preciso hacer, como lo hace Amador Fernández-Savater, una distinción la deserción “berardiana” y el Gran Rechazo de los años sesenta (Marcuse). La desvinculación de la post-pandemia -que Bifo detecta como "un fenómeno general de deserción de la política, la economía y los medios de comunicación, el trípode actual del statu quo"- comienza con “el abandono masivo de los puestos de trabajo en EE.UU. (también China y Europa) tras la normalización de la pandemia” es para Amador Fernández Savater "Hastío, agotamiento y saturación”, un fenómeno “sin utopía, post-utópico. No apunta a otro mundo posible. A ningún afuera". Se trata de un desprendimiento molecular y en apariencia extrapolítico que preocupa y desconcierta "a la izquierda convencional” o al menos a la parte más sensible de esta izquierda, aquella capaz de registrar el fenómeno, “porque hay otra que vive permanentemente en la burbuja autorreferente de sus intrigas cotidianas y trending topics. La Gran Dimisión renuncia también a la inclusividad que propone la izquierda paliativa". ¿Cómo ingresa la realidad actual de Sudamérica en esta geopolítica de la “renuncia”?. ¿Como decepción con esas izquierdas -la “autorreferencial” y la “paliativa”? Según Fernández-Savater "los movimientos sociales también están desconcertados. La Gran Renuncia no expresa un nuevo activismo, sino más bien un des-activismo. Es cuanto menos chocante: ante la peor guerra europea desde hace décadas, con implicaciones sociales muy serias y amenaza nuclear a las puertas, no se organiza ningún movimiento pacifista transnacional. El “no a la guerra” no se expresa hoy saliendo a las calles, sino apagando la tele". Para Fernández-Savater se trata de apelar al posible pasaje de la deserción individual hacia la constitución de una fuerza política "sin horizonte revolucionario". Aclarando de inmediato que tal ausencia de horizontes no equivale a carencia de deseo de “transformación social”, sino a una ruptura -Jorge Alemán dice un “duelo”- con la “idea clásica de revolución" entendida como "toma del poder y control racional de la realidad". En todo caso, dice Fernández-Savater, quedan abiertas las posibilidades para una "revolución involuntaria". ¿Una revolución capaz de aportar sus propias imágenes, de descongelar sus legados, que hiciera de la deserción otra cosa que una mera extinción, que se conformara con decir basta tendría la forma de una deserción de toda promesa?
- Conjetura sobre el sacrificio y el odio / Diego Tatián
Los viejos maestros del realismo político concibieron las sociedades como grandes tramas de afectos y pasiones colectivas, que no siempre -más bien casi nunca- son desencadenadas por razones morales o puras ideas sino más bien al revés: estas se explican por aquellas. Como esos mismos maestros enseñan, la comprensión de los asuntos humanos presupone ante todo suspender la burla, el lamento y la denostación. Para ser eficaz, una acción común de sentido emancipatorio deberá valerse de una lucidez de la situación en lugar de reaccionar contra ella con indignación. Lo que sigue propone una vacilante conjetura sobre el avance de los llamados “discursos de odio” -que no son simples discursos sino también sentimientos reales- y las derechas que les son concomitantes. Es esta: su extensión y proliferación son directamente proporcionales a la profundidad del deterioro material de las vidas dañadas, ávidas de una compensación afectiva de ese daño. Alguien debe ser culpable de la impotencia, la ausencia de horizontes, la falta de reconocimiento, la pobreza sin perspectivas. El despojo de la subjetividad política para la captura en una existencia pasiva que se concibe a sí misma como una pura víctima, como un simple objeto de violencia o de ayuda, necesita odiar a alguien. Aunque de manera elemental, el odio subjetiva. Transforma el miedo del que nace en una reacción imaginaria compartida cuya descarga provee una compensación afectiva -la desgracia de otros seres humanos fijados como objetos de odio siempre la produce- y una ficción de subjetividad. El tránsito del miedo al odio permite el desplazamiento de un sentimiento de sí como mero objeto a una sensación de subjetividad. Pero ese tránsito lo es entre dos impotencias: una pasiva, la otra reactiva. Una objeción a lo anterior que nos apresuramos a plantear es que los afectos de odio -un arco que se extiende desde la crueldad hasta el desprecio, el desdén, la indiferencia, el menoscabo…- tiene origen no precisamente en vidas dañadas materialmente sino en sectores dominantes sólo motivados por la conservación de privilegios y la preservación de una exclusividad -que requiere siempre de una exclusión. Se trata de lo que podría sintetizarse en la expresión “odio de clase”. Pero las pasiones tristes de las minorías dominantes -que en mi opinión no enmascaran tanto la avidez como un deseo de dominación (no tanto tener más que antes como tener más que otros)- no podrían imponerse socialmente si no fueran asimismo inoculadas en el deseo, la conciencia, la representación, el lenguaje y la afectividad de muy amplios sectores populares. Se preguntará: ¿por qué ese odio que se extiende gracias a la precariedad afectiva y material raras veces se vuelve contra quienes fundan su exclusividad en la exclusión, su acumulación en el despojo, su reconocimiento simbólico, cultural y profesional en la desechabilidad de miles de existencias condenadas a la destrucción de la autoestima? ¿Por qué la afectividad odiante se vuelve muchas veces contra personas que no son responsables de nada o incluso contra protagonistas de experiencias que expresan o buscan expresar los intereses populares? Desde Marx -desde mucho antes- sabemos que las clases dominantes cuentan con muy poderosos instrumentos de producir “falsa conciencia”, perfeccionados de manera vertiginosa en un mundo que por ello mismo corre el riego de sucumbir en una post-política y de volverse un no-mundo. La producción de ideología no es solo una imposición de ideas sino -sobre todo- la imposición de una afectividad. Esa imposición no debe ser pensada, en mi opinión, como una penetración en los cuerpos, los deseos y las conciencias de algo que no existía antes, sino como la agitación de algo que siempre estuvo allí. Lo que aquí llamamos post-política adopta la forma de una pre-política, y esta de una anti-política. La obra de la política -el trabajo conflictivo de los seres humanos sobre sí mismos para producir por medio de la acción igualdades y libertades hasta ese momento inexistentes- es circular: consiste en producir condiciones materiales de posibilidad que permitan la irrupción de una afectividad emancipatoria; a la vez que se orienta a producir una afectividad más fuerte y de sentido contrario a las pasiones neofascistas del capitalismo avanzado; una afectividad movilizadora que permita una efectiva transformación de las condiciones materiales de existencia colectiva. Así concebida, la obra de la política se inscribe en lo que Sigmund Freud llamaba Kulturarbeit (el trabajo de la cultura); promesa humanista mayor según la cual la explotación, la dominación, la crueldad y la violencia se desvanecen poco a poco por obra de esa acción: “es un trabajo de cultura como el desecamiento del Zuiderzee” 1 . El avance de las derechas -entre tantas cosas que nuestro tiempo deja ver- atestigua el incumplimiento de esa promesa. Bajo formas diversas, el sacrificio es el núcleo invariable de las sociedades: religioso, económico, cultural, racial o político, está siempre en acto aunque rara vez reconocido como tal; es secreto y (por) evidente. En una página de Masa y poder 2 , Elías Canetti habla de la primitiva horda de caza (él prefiere el término “muta”), de la sed de sangre, el goce en el sufrimiento ajeno y el instinto de dar muerte, para sugerir que perviven en las sociedades llamadas civilizadas y explican muchas cosas de ella. Tal vez el deseo de castigo y el placer que lo consuma tienen aquí su proveniencia más remota, aunque no por ello menos activa. Esa anotación habla también de una imperceptible evolución de la jauría humana respecto de los lobos. Una vez que logran someter a la presa, los lobos comienzan inmediatamente la ingestión de la carne viva y aún palpitante del animal atrapado. En los seres humanos, la devoración (no solo de carne, también puede serlo de la culpa de otros que nutre una autopercepción de inocencia) comienza un instante después, según una normativa estricta. La “ley del reparto” que demora la dentellada significa un avance civilizatorio desde cierto punto de vista y un refinamiento de la ferocidad humana desde otro. La pregunta sobre quién tiene derecho a la presa suspende por un instante el instinto de abalanzarse sobre ella y devorarla sin más. Lo pospone para hacerlo apenas más tarde, entre todos, a la vista de todos. También los espectadores, por el solo hecho de observar la cacería, son partícipes de ella y tienen derecho a una parte del botín y del goce colectivo que se abate sobre el cuerpo apresado, primero doliente, después inerte. Pero a veces la jauría humana (nunca compuesta solo de actores, siempre también de espectadores) da un paso atrás y retrocede al goce de los lobos por comenzar a devorar los cuerpos antes de que terminen de morir. Lo que creo entender de Canetti es que los seres humanos dan miedo, y las sociedades organizadas, con todos sus rituales de crueldad legitimada, aún más. En uno y otro caso -organizado o no- lo que se abre paso es el deseo de producir sufrimiento. Quizá aquí radica uno de los obstáculos mayores -acaso tan grande como lo es el deseo de explotar el trabajo colectivo y apropiarse de la riqueza que ese trabajo produce- para vivir juntos y juntas de maneras menos inhumanas. Frente a esos obstáculos, recomenzar una y otra vez la obra de la política. Esta palabra sólo tiene significado pleno cuando nombra una acción colectiva orientada a la igualdad y la emancipación; según el contenido que le adjudicamos aquí, el sometimiento y su administración no se inscriben en ella, no son fenómenos políticos sino, precisamente, aquello a lo que la política se enfrenta. No siempre hay política. La política es rara. Ese recomienzo intermitente y raro del deseo de igualdad será sin garantías, sin posibilidad de recurrir al subterfugio de una filosofía de la historia que tenga el sentido de un progreso inexorable o que vuelva definitivas las siempre frágiles conquistas de derechos. Ese recomienzo de la política es el poder -quizá el único poder- de los que y las que no tienen poder. Formar comunidades no identitarias y no esencialistas por producción de afectos comunes -más fuertes y de sentido contrario a los afectos de odio que animan a las derechas en expansión- y por el descubrimiento de nociones comunes, es quizá la condición para que lo imprevisto irrumpa: lo que Hannah Arendt llamaba “nacimiento” y Alain Badiou “acontecimiento” -mancomunados aquí, aunque se trate de dos filosofías muy diferentes, incluso opuestas- no se halla bajo control de la voluntad y la inteligencia humanas, pero no sucederán sin ellas. Lo único realmente nuevo sería la suspensión del sacrificio. Nunca las solas ideas serán suficientes para enfrentar la afectividad del odio y su poder de destrucción, manifiesto o al acecho. Se requiere animar esas ideas por una afectividad activa y alternativa pero tan movilizadora como lo es el odio, una afectividad que sin embargo deberá cuidarse de incurrir en una retórica del amor. El amor no vence al odio. Su desmontaje es de otro orden. No es del todo ajeno a un trabajo en la lengua pública -que se extiende desde la poesía hasta los debates políticos, pero más allá- para hacerla decir otra cosa, o hablar de otro modo. La habilitación del odio en las redes y los espeluznantes deseos de aniquilación que “comentarios” de miles de lectores, durante años, desinhibieron en las versiones electrónicas de Clarín , La Nación y otros medios periodísticos, no es inocua. En 2017, Roberto Jacoby convirtió ese oscuro anhelo que incuba buena parte de la sociedad argentina en un libro de poemas formado con palabras tomadas de esos comentarios -libro al que llamó Diarios del odio 3 y que tal vez no haya sido ajeno a la conversión de su Centro de Investigaciones Artísticas en Centro de Investigaciones Antifascistas (CIA en cualquier caso). El deseo de exterminio es la antesala del exterminio, aunque este no llegue a producirse. La performatividad inscripta en el lenguaje de muerte que se macera en los periódicos más masivos de la Argentina se solaza en la calumnia y espera su momento -que llega cuando la obra de la política retrocede o se interrumpe. Es entonces cuando esa afectividad negra tanto tiempo contenida y acumulada trasunta en un Golem. “Se dice que el origen de la historia -escribe Gustav Meyrink 4 - se remonta posiblemente al siglo XVI. Cuentan que un rabino creó, según métodos de la Cábala ahora perdidos, un hombre artificial -el llamado Golem- para que le ayudara...”. Aunque fue destruido al poco tiempo de su nacimiento, de manera inexplicable, cada tanto reaparece imprevistamente por las callejas del barrio judío de Praga. ¿Quién es el Golem? ¿Quién es ese fantasma “con ansias de poseer figura y forma”, y que con cierta recurrencia -“en el transcurso de cada generación”- lo logra? “Quizás esté entre nosotros y no lo percibimos” […] “¿No podría ser que del mismo modo que en los días de bochorno crece la tensión eléctrica hasta hacerse insoportable y formar el rayo, debido a la continua repetición de esos pensamientos, siempre iguales, que envenenan el aire, aquí en el gueto haya una descarga repentina y súbita, una explosión anímica que sacase a la luz del día nuestro subconsciente para, al igual que allí el rayo, crear un fantasma que es el símbolo y el alma de la masa…?”. Un “rebaño de pensamientos”, de deseos, de sueños, de pasiones y represiones es liberado por seres humanos anónimos, cualesquiera (bajo otros nombres, el qualunquismo sigue siendo una inapreciable fuente de sustentación de las derechas avenidas al sistema electoral), para que converjan y formen una figura monstruosa cuya materia es provista por los mismos que luego serán presa de su terror y su destrucción. El fiat carece de majestad: no se trata más que de una corriente eléctrica, el flujo de una savia, la potencia concedida a un autómata. Pero es conveniente no desdeñar los efectos de un régimen de acumulación que reacciona con ferocidad y sin reparar en costes de sangre cuando se siente amenazado, aunque esa amenaza no sea tal o sea mínima. En los años 30 Walter Benjamin afirmó que un fascista no es más que un liberal dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias. Nuestro tiempo es otro. Pero nunca tanto: una configuración a la vez novedosa y familiar ( unheimlich ) de pasiones tristes -miedo, odio, resentimiento, impotencia…- converge con nuevas formas de extracción y de ganancia. Acaso la coyuntura que transitamos permite la traspolación: un neofascista no es otra cosa que un neoliberal dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias. 1 Sigmund Freud, Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis , tomo XXII, Amorrortu, Buenos Aires, 1991, p.74. 2 Elías Canetti, Masa y poder , Muchnik, Barcelona, 1994, pp. 100-101. 3 Roberto Jacoby & Syd Krochmalny, Diarios del odio , n direcciones, Buenos Aires, 2017. 4 Gustav Meyrink, El Golem , Tusquets, Barcelona, 1995. Fuente: Haroldo. La Revista del Conti. 15/8/2023
- Cantos Proféticos VII / Vicente Zito Lema
En los comienzos del adiós, cuando el día de cada día urge, con el fuego en la nuca, reconocemos sin cacareos el sin sentido de la existencia, esa masa atroz que fue pasado y nos interroga y arrebata; su forma es la agonía, su estética recurre a la ceguera, blanco sobre blanco, en la cúspide de la desesperación… También va y viene, con sordidez de prostíbulo en la ruta, y persiste y hasta se escurre, del río de lágrimas a la alcantarilla de lluvias y orines, un registro historiado de la infancia que nos desafía, y planta la bandera del horror en medio de nuestra alma…. (el niño que muere en los rituales de la pobreza es el niño que fuimos…) Todo lo vivido y lo viviente, el ayer soñado y el mañana que nos sueña, cada instante de nuestro espíritu, una tras otra las estaciones de la travesía cobran inaudita prisa a través de las esferas de la percepción emocionada... Hay una realidad sin máscaras ni atavíos ante nuestros ojos, su apariencia desconcierta pero también estremece: es un gigante con rostro de ángel enfurecido, que avanza a zancadas entre la tormenta… (he visto en un delirio que tragaba y vomitaba las espesas nubes…) La cuerda nos balancea desde la bóveda iluminada, ese espacio de calma marchita, anterior a los Cantos… ¡Fuimos vida!, gritamos; ¡Fuimos vida!, suplicamos; y en nuestra maltrecha fuga el primer lastre que arrojamos en los bajeles es el amor; aunque pesa poco, también dejamos de lado la esperanza… nadie se asombra… En el viaje de la mano de la muerte las glorias son ahora un paisaje deshilachado, girones y girones, los recuerdos se desatan, sin pena ni rebato ruedan hasta nuestra boca… en la pared del asilo para los niños de la locura, alguien ha escrito con letra que tiembla: ¡piedad!... Ningún desgarro en la inocencia de la criatura humana tiene límites; menos aún el despertar de la conciencia en el universo de los dioses: ellos necesitan conocer en carne propia el dolor de la finitud… (aquí la memoria es un papel quemado; en el aire sin respiros crepitan, vibran y gimen, ateridas, despreciadas, las viejas leyes del amor..). Tampoco el vacío esconde una puerta de salida: debajo del espejo, acurrucada en el sótano, la sombra del alma extraviada de su cuerpito sacude como un perro de la calle las lluvias de su inédita agonía… Todavía la belleza se guarece, trémula, en la desdicha opacada de las cielos… ¿Habrá que ahorrarse las lágrimas…? Madre mía: ¿escuchas los Cantos?... prometo que nunca dejaré de regar tus plantas… Fuente: Cantos Oscuros, Días Crueles (2019) Ediciones La Cebra.
- Para que no murieran del todo / Ezequiel Buyatti
Casilda Rodrigañez en El asalto al Hades sostiene que los cuerpos de los animales pluricelulares son una orquestación de música e instrumentos, de energía biosolidaria, una sinfonía de procesos y sensaciones que hoy ya no son intuiciones o emociones poéticas, sino bioquímica material cognoscible. Es decir, que los fluidos que emanan de todo lo vivo no son nada etéreo o sobrenatural, puesto que resulta materia totalmente identificada. Materia tan identificada como la oxitocina que emana de las criaturas humanas para convertir el bienestar propio en el bienestar de lxs próximxs. O como las endorfinas que producen las personas gestantes y las recién nacidas hacen que durante la hora siguiente al parto estén impregnadas de opiáceos. Surge, entonces, este estado dependiente y se crean lazos de unión. Es el fenómeno común a los mamíferos, que se conoce como el “imprinting”, fenómeno que ha sido reprimido, silenciado y ocultado durante 5000 años. Patriarcado, patria, patrón entumeciendo el movimiento de lo vivo. La represión del “imprinting” en nuestra sociedad, según Casilda, es una mutilación en el comienzo de la vida humana para impedir el crecimiento de la criatura productora de deseos. No es una mutilación cualquiera ni arbitraria; es la base sobre la que descansa toda la estrategia de sometimiento y control del crecimiento de las personas para que no caigan en el caos y en la anarquía y queden en disposición de obedecer a la ley. Leemos en El asalto al Hades que la ruptura de la simbiosis primaria humana, el bloqueo de la producción deseante en el primer estadio de nuestra vida, es, entonces, un caso de negación de la autorregulación de la vida y de su fluir asociativo. La ley dictada por la autoridad humana quiebra esa autorregulación creando en lo somático y en lo psíquico todo tipo de patologías; entre ellas el thanatos —la capacidad para la crueldad—, la tiranía y la sumisión —la capacidad para devastar, apropiarse de los bienes y mandar, y/o para vivir en estado de sumisión—. El principio de gobierno sobre lo vivo. El kratos operando sobre cuerpos y vínculos. En la época que nos toca vivir, por un lado, la estrategia de sometimiento y control por parte de la sociedad jerárquica y autoritaria no solo se efectúa en esta etapa de la vida, con la primera separación violenta, con la primera ruptura, sino también con otras separaciones posteriores —en la juventud y en la adultez—, cuando el movimiento de lo vivo fue interrumpido por la maquinaria que lo niega; cuando los mecanismos de las diversas formas de gobernar que gestionaron —y gestionarán— el Estado dinamizaron, fomentaron y sostuvieron modos específicos de aniquilamiento, control social y reorganización de relaciones sociales. Por otro lado, a pesar de estas separaciones en etapas siguientes a la simbiosis primaria de la que habla Casilda, lo vivo construye un fluir asociativo que pareciera no detenerse: las vidas arrebatadas renacen en los cuerpos que las parieron, pero fueron esos cuerpos los que volvieron a nacer por las vidas arrebatadas : “Nunca fui militante, nunca fui nada, fui un papá nomás, pero que siempre trataba de interiorizarme porque mi hija me llevó a un lugar que era un mundo nuevo para mí. Yo no entendía nada, ella me terminó enseñando muchas cosas. No sé si por el dolor, pero es como que si ella me hubiera parido ”, nos dice en una charla entre compañerxs Alfredo Cuellar, papá de Florencia, “la China”; la última de las nueve mujeres asesinadas desde el 2009 hasta el 2012 en la Unidad N° IV del Complejo Penitenciario Federal de Ezeiza. Nada se pierde, todo se transforma. La sangre derramada por el Estado riega nuevas siembras de rebeldía. “Es como si ella me hubiera parido” se expande aún más con estas palabras de la mamá de un pibe que se negó a robar para la policía: “Yo no pedí estar donde estoy. ¿A mí de qué mierda me sirve tener a mi hijo en una bandera? Hoy no solo soy madre de mi hijo, sino de todos los pibes asesinados por la policía , de todos los pibes que se negaron a robar para la policía, y que si lo hubieran hecho, también estaría acá”, nos afirma mirando a los ojos, con esa fuerza que moviliza, Mónica Alegre, mamá de Luciano Arruga —desaparecido el 31 de enero de 2009, tras haber sido detenido por la Policía Bonaerense por negarse a robar para ella, y encontrado como NN en el Cementerio de Chacarita el 17 de octubre de 2014—. “Soy madre de todos los pibes asesinados por la policía” dialoga con una manera de posicionarse en el mundo que fue arrebatada y despojada por los proyectos estatales y capitalistas, pero que ahora vuelve a ser como pueblo, vuelve a recuperar las tierras que han sido robadas, vuelve a escuchar: “Mi padre me enseñó a escuchar el viento, me enseñó de plantas medicinales, me enseñó que tenemos otros sentidos. ‘Escuche india’, me decía mi padre, ‘india salvaje’ o ‘madreselva’, y yo orgullosa. Yo escuchaba a un vecino cortando leña o los ruidos de los autos. Y un día aprendí a escuchar. Mi identidad la encontré con mi hijo Facundo , la encontré cuando él tenía 11 años y empezamos a caminar este camino que me tiene en este lugar viviendo como mapuche”, nos cuenta María Isabel Huala en su comunidad HualaWe mientras compartimos un muday , bebida del pueblo mapuche, en las tierras recuperadas que antes formaban parte del Ejército argentino. “Mi identidad la encontré con mi hijo Facundo” abraza las palabras y acciones de un padre que siempre nos ve como si fuéramos sus hijxs: “A pocos meses de que se cumplan 20 años de la Masacre de Avellaneda, como dijo Norita alguna vez y a mí me quedó: yo soy un padre parido por mi hijo. Él me enseñó a salir de mi burbuja laboral y meter los pies en el barro. Es tan grande que aún me sigue enseñando. A veces estoy donde sé que Darío estaría. Mientras mi hijo se desangraba estaba pariendo miles de hijos , que son esos jóvenes que están luchando en este mundo tan desigual. Por los de ahora y por los desaparecidos, por los Daríos de antes y los Daríos de después, porque sigue habiendo muertes en los barrios. Ha corrido mucha sangre, por eso seguimos en esta vereda”, manifiesta Alberto Santillán, papá de Darío, quien fue asesinado junto a Maximiliano Kosteki en la Masacre de Avellaneda perpetrada por el Estado el 26 de junio del 2002. “Es como si ella me hubiera parido”, “Soy madre de todos los pibes asesinados por la policía”, “Mi identidad la encontré con mi hijo” y “Mientras mi hijo se desangraba estaba pariendo miles de hijos” construyen un fluir rebelde y asociativo que pareciera no detenerse a pesar de tanta reclusión, represión y muerte planificada por quienes insisten en detener lo vivo. “Vamos hacia la vida. Ayer fue el cielo el objetivo de los pueblos: ahora es la tierra”, nos dice Flores Magón. Casilda Rodrigañez en El asalto al Hades sostiene que la jerarquización no podría ser aceptada si las personas supieran la verdad de la vida: su condición anárquica, caótica y armónica. Por eso se oculta incluso semánticamente; se excluye de la imaginación. La vida es una sinfonía sensible; una sinfonía cuya música no cesa nunca. Una música viviente que les susurra en los oídos a los carceleros y asesinos que ni todas las fuerzas de la máquina les alcanzarán para detener la rabia acumulada por tanta miseria y muerte planificada: “ El tiempo de la vida es muy corto, si vivimos, vivimos para hollar cabezas de reyes”, leemos en Enrique IV . Y si ellxs hicieron nacer a quienes lxs parieron, también nos hicieron nacer a nosotrxs, como dice Vicente, “Acaso para que el mundo y nuestras vidas / no murieran del todo. / O, mejor dicho, / para resucitarnos. / La mano de Darío más bella que nunca / porque ahora esa mano era de todos, / como un inviolable, feroz y dulce deseo…
- Espiráculo Clínico
loqueenelinfiernonoesinfierno@gmail.com Un suicidio no es lo mismo que las ideas de muerte que no son lo mismo que los planes suicidas que no son lo mismo que las fantasías de morir que no son lo mismo que otros enigmas. Los cruces y las confusiones de fronteras son frecuentes. El riesgo de suicidarse la escucha en las prácticas automáticas es elevado. En una institución circuló la invitación que sigue, texto y volantes: (Se retiraron las coordenadas de lugar y fecha para resguardar la privacidad. Próximamente, probablemente, haya novedades). MUCHXS JÓVENES DICEN QUERER MORIR o matarse o pensar en la muerte y sentir alivio. Muchxs lo hacen. Y aunque lo hiciera unx solx bastaría para pensar una y mil veces en qué mundo estamos viviendo. ¿En qué mundo estamos viviendo? En los hospitales esas palabras suenan incansablemente en las consultas de todas las especialidades. DESEOS, MIEDOS Y OTRAS YERBAS animan y desaniman la clínica. Sístole, diástole, sístole, diástole... QUERIDXS AMIGXS, COLEGAS, COMPAÑERXS de hospital: tenemos algunos problemas. Algunas ganas. Y esta invitación a un Espiráculo Clínico. ESPIRÁCULO CLÍNICO pregunta: ¿dónde respira la clínica? Invita a suministrar aire, a ventilar, a abrir ventanas, a no impedir su vida viva. Invita a ensanchar horizontes. Airear, musiquear. Avivar la clínica, como un fuego. LO ANÓNIMO de la invitación descubre que no hay autorx. No hay quien sepa a priori aquello que anhelamos construir entre muchxs. Hay un llamado a leer. Algo pide ser leído, algo pide ser escrito de otras maneras. Anónimo no viene de anémico. Anónimo. Ánimo. Animismo. LO ANÓNIMO NO CREE EN LOS FANTASMAS pero que los hay, los hay. INVITACIÓN A ENCENDER TEXTUALIDADES FICCIONALES NO HABITUALES, prenderlas. Prenderlas. Subirse, hacerlas viajar, soltarlas, engancharse en siguientes latidos. Dar volumen. Inaudible. Inaudito. Inaugural. EL ESPIRÁCULO ES UNA FLECHA que puede tocar. Avanza y toca; a cualquiera, a desprevenidxs y a pasajerxs frecuentes. Recorre leguas y lenguas. El Espiráculo Flecha lleva consigo a quienes quieran subirse y amontonarse, como las palabras que lleva el viento. No le preocupan las disciplinas ni las jerarquías ni los equipos ni los servicios ni los días. No pide pasaporte, hace pasar. Amucharse para que entren todxs. Espiráculo Flecha va armando equipo. "I _ e a s _ e _ u e r _ e, riesgo para sí, entorno no continente, se interna". "P _ a n _ u i _ _ d a, sin tratamiento ambulatorio, se interna". "A u t _ _ g r _ s _ _ n, i d e _ _ d e _ u _ r t e, sin esto, sin aquello, se interna". ¿QUÉ CARAJO DICEN LAS IDEAS DE MUERTE? ¿Cómo escuchar sin morir en el intento? ¿Cómo escuchar lo infinito que viaja en las palabras? ¿Cómo recuperar su encanto, cómo encantarlas? ¿Cómo recuperar su aire, su movimiento, su música? NI COMPRENSIONES TAN VELOCES que no comprenden nada. NI indolencias "acá no pasa nada". SOÑAR LECTURAS COLECTIVAS EN UN HOSPITAL, despertar vitalidades rehenes de anestesia sin salida. Antídoto de ausencias. A LOS FLYERS LES DIREMOS VOLANTES. Porque vuelan, porque se reparten en lugares que pueden advenir públicos, porque permiten desvíos. Y porque mueven el aire, como la música. EVITAR UNA MUERTE ORGÁNICA radica su ética en escuchar dolores acuciantes, en acompañar, en intentar proposiciones de enganche la vida. loqueenelinfiernonoesinfierno@gmail.com
- Retórica comprometida en Operación masacre: por una literatura revolucionaria / Ezequiel Buyatti
... lo que más aflige es la ofensa que el hombre lleva adentro, cómo está lastimado por ese error que cometieron con él, que es un hombre decente y ni siquiera fue peronista La clase que esos gobiernos representan se solidariza con aquel asesinato, lo acepta como hechura suya y no lo castiga simplemente porque no está dispuesta a castigarse a sí misma Rodolfo Walsh, Operación masacre Con el triunfo de la Revolución Libertadora en 1955, Walsh comienza a incursionar en el mundo de la política, escribe notas periodísticas que exaltan el heroísmo de los pilotos que propiciaron el golpe que derrocó a Perón, comienza a discutir con las instituciones. Además, empieza a escribir notas en serie, un sello característico del “nuevo periodismo” que se relaciona íntimamente con la invención del non fiction —mezcla de recursos novelísticos y crónica interpretativa—. La lectura retrospectiva es la que coloca a Rodolfo Walsh en el lugar del clásico escritor “comprometido”, “revolucionario”, ya que no es sino hasta 1970 que Walsh ingresa a las Fuerzas Armadas Peronistas y luego a Montoneros con el nombre de guerra de “Esteban” y “El Capitán” —ambos remiten a su padre y a su hermano, respectivamente—. Por lo tanto, hay que preguntarse por la legitimidad de identificar a un sujeto de enunciación con un lugar social que ocupó durante apenas siete años de su vida y que probablemente no sirva para leer el conjunto de su obra. Si Walsh fue y sigue siendo un escritor “revolucionario”, quizás habría que buscar también por otros terrenos, más allá de su compromiso político con Montoneros. Uno de esos terrenos es la apuesta estética que realiza Walsh en Operación masacre, una literatura revolucionaria que sobrevive a sí misma como muerto-vivo en la que se funden las voces y caen las certezas. Aspiración literaria El encuentro de Walsh con su destino literario y político es en junio de 1956. Le dicen: “Hay un fusilado que vive”. Operación masacre comienza siendo una serie de notas publicadas, primero, en Revolución nacional —entre enero y marzo de 1957—, y luego, en la revista Mayoría —entre mayo y junio del mismo año—: el embrión de un libro monstruoso que se va modificando edición tras edición —1. ° edición: 57; 2. ° edición: 64; 3. ° edición: 69; 4°. edición: 73—. Al convertirse en libro, en ser monumentalizada, la obra pierde en cierta forma su carácter documental. En este punto, el escritor ya es consciente de lo que la obra significa. El texto deja de ser una serie de notas publicadas en revistas y se transforma en libro. El monumento necesita un soporte material adecuado. Walsh escribe el libro sospechando que podrá colocarse en un lugar diferente del que estaba. La distancia que va del documento al monumento aparece textualizada: Livraga me cuenta su historia increíble; la creo en el acto. Así nace aquella investigación, este libro […]. Esa es la historia que escribo en caliente y de un tirón, para que no me ganen de mano, pero que después se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar, y casi ni enterarse. (Walsh, 2010, pp. 19-20) En ese traspaso, entonces, se deja ver la aspiración estética de Walsh. El documento es anónimo, el monumento tiene un nombre. Contra la pequeña forma del documento, la gran forma del monumento. La pequeña forma solo existe en relación con un circuito bien delimitado que funciona para abastecer a la futura obra monumental: Así que deambulo por suburbios cada vez más remotos del periodismo, hasta que al fin recalo en un sótano de Leandro Alem donde se hace una hojita gremial, y encuentro un hombre que se anima. Temblando y sudando, porque él tampoco es un héroe de película, sino simplemente un hombre que se anima, y eso es más que un héroe de película. Y la historia sale, es un tremolar de hojitas amarillas en los kioscos, sale sin firma, mal diagramada, con los títulos cambiados, pero sale. La miro con cariño mientras se esfuma en diez millares de manos anónimas. (Walsh, 2010, p. 20) “Anónima, subterránea, Operación masacre es en principio una investigación que asume la ‘pequeña forma’ y sus circuitos de distribución como estrategia de denuncia” (Link, 2017, p. 9) son recónditos suburbios. En la introducción a la primera edición de marzo de 1957, Walsh (2010) va a sostener: “creo en este libro y en sus efectos” (p. 195); y en el epílogo de la segunda edición de 1964 dirá: “Releo la historia que ustedes han leído. Hay frases enteras que me molestan, pienso con fastidio que ahora la escribiría mejor. ¿La escribiría? (p. 222). El libro como monumento y el estilo que tensiona literatura y política se imponen ahora como la forma y el lugar de la investigación: “De la forma pequeña a la forma grande, lo que aparece es lo estético, lo que de la novela como género imprime Walsh en su investigación” (Link, 2017, p. 10). El lugar de Operación masacre es un imposible, ese no lugar de la literatura o, mejor dicho, de lo literario como mera dispersión o como suplemento. Walsh se olvida de la literatura institucionalizada, de las genealogías prestigiosas y la separación entre géneros. Escribe en el vacío, contra el canon y en relación con una literatura de segundo orden. Esto se puede considerar como una pequeña micropolítica contestataria en contra del canon de la literatura: Si lo novelesco está como un polvillo que pone nervioso al narrador, es porque lo novelesco no puede ser más que eso: un suplemento inquietante, un aroma vago, fuera de lugar y de tiempo, un muerto-vivo. Reclama una posición que desde el canon nadie puede darle: un reconocimiento para el cual no existe ley adecuada en el Estado de las letras argentinas. (Link, 2017, p. 11) En el capítulo primero de la primera parte, llamado “Las personas”, Walsh escribe: Nicolás Carranza no era un hombre feliz, esa noche del 9 de junio de 1956. Al amparo de las sombras acababa de entrar en su casa, y es posible que algo lo mordiera por dentro. Nunca lo sabremos del todo. Muchos pensamientos duros el hombre se lleva a la tumba, y en la tumba de Nicolás Carranza ya está reseca la tierra. Por un momento, sin embargo, pudo olvidar sus preocupaciones. Tras el azorado silencio inicial, un coro de voces chillonas se alzó para recibirlo. Seis hijos tenía Nicolás Carranza. Los más pequeños se habrán prendido a sus rodillas. La mayor, Elena, habrá puesto la cabeza al alcance de la mano del padre. La ínfima Julia Renée —cuarenta días apenas, dormitaba en su cuna—. Su compañera, Berta Figueroa, alzó los ojos de la máquina de coser. Le sonrió con mezcla de pena y de alegría. Siempre era igual. Siempre llegaba así su hombre: huido, nocturno, fugaz. A veces se quedaba una noche, después desaparecía las semanas. Por ahí le hacía llegar un mensaje: estaba en casa de tal amigo. Y entonces era ella quien iba a su encuentro, dejando los chicos a alguna vecina, y pasaba con él unas horas transidas de temor, de zozobra, de la amargura de tener que dejarlo y esperar el lento paso del tiempo sin noticias suyas. (Walsh, 2010, pp. 29-30) Desde el comienzo mismo, Operación masacre se revela reticente como mecanismo novelesco y, no obstante, existe una aspiración literaria: El narrador se resiste a cosificar a los personajes y los llama “personas”: prescinde del propio capricho novelesco, piensa su existencia respecto de una comunidad de voces. Y, además, la obra se presenta como un excesivo dispositivo de denuncia o como testimonio. Walsh escribe según una lógica de lo novelesco en un texto que marca, precisamente, la imposibilidad de la novela. ¿Cómo puede saber el narrador que Nicolás Carranza no era un hombre feliz? Solo el narrador omnisciente podría considerarse con derecho a un saber semejante. En ese exceso de lo literario, se deja leer ese impulso y, al mismo tiempo, un umbral de transformación de todas las cosas: no habrá novela, pero hay literatura. (Link, 2017, p. 11) La prosa walsheana juega con fragmentos de oralidad, conjuga el hipérbaton con una sintaxis de la lengua hablada para cortar la homogeneidad de una prosa que se quiere fuera de todas las calificaciones. “Del lirismo alto y tono grave de las sentencias a los restos de un coloquialismo de clase” (Link, 2017, p. 12), “Seis hijos tenía Nicolás Carranza” y “Muchos pensamientos duros se lleva el hombre a la tumba, y en la tumba de Nicolás Carranza ya está reseca la tierra” son muestras de ello. La frase “Siempre llegaba así su hombre: huido, nocturno, fugaz” contiene un carácter literario que merece ser puntualizado. La primera parte de la cláusula conjuga la voz del narrador con la del testigo —Berta Figueroa—: si aquel sabe que Carranza llegaba siempre así es porque la otra persona se lo ha dicho, y los predicados que ha agregado esa persona son retóricamente tan inverosímiles en boca de esa testigo —“huido, nocturno, fugaz”—, que se revelan como un operador que vuelve a enganchar dos voces, esta vez en el sentido contrario: del testigo al narrador: ¿No quiere decir Walsh, en esta frase ejemplar, que la literatura es cosa de todos, que la literatura es la colectivización de la voz propia, que es la voz del pueblo aquella con la que debe el narrador mezclar la suya? (Link, 2017, p. 12) En esta frase se afirma el devenir del escritor, fundido en una voz anónima que frase tras frase hace que su origen se pierda y se confunda: “Operación masacre demuestra que la literatura sobrevive solamente en un instante de peligro, es ese instante de peligro en el que todas las certezas de deshacen” (Link, 2017, p. 12). La literatura se sobrevive a sí misma solo como muerto-vivo y precisamente ese carácter puede ser uno de los costados más revolucionarios de la escritura de Rodolfo Walsh. Compromiso con la verdad Por otra parte, con respecto al compromiso con la verdad de Walsh, uno de los grandes monumentos de la inteligencia intelectual donde se observa una retórica comprometida con los momentos que afrontaba el país en el primer año de la última dictadura cívico-eclesiástica-militar es la “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. Allí Walsh denunciaba tanto los crímenes de secuestro y desaparición de personas como las consecuencias de las políticas económicas aplicadas por José Martínez de Hoz. Interviene a título personal, es decir, una intervención fundada en el prestigio del nombre propio o en su posición en el campo intelectual. Firma la “Carta” con su nombre y con su número de documento: Estas son las reflexiones que en el primer año de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles. Rodolfo Walsh. - C. I 2845022. Buenos Aires, 24 de marzo de 1977. (Walsh, 2010, p. 236) En este terreno la escritura se pone al servicio de una verdad. La carta tiene un doble destinatario que supone un doble campo de organización conceptual. De un lado tendríamos el punto de vista de la Junta y del otro el del escritor. Estos campos se oponen recíprocamente. Lo efectivo de la carta es que ya en el 77 define todo aquello que se discutirá a lo largo de la dictadura, la transición democrática y que hoy nos interpela de una manera fantasmal. No hubo errores sino crímenes. No hubo excesos sino un genocidio. Efectivamente la dictadura intentó imponer parte de su acción represiva como errores y como excesos: El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades. (Walsh, 2010, p. 225) Por lo tanto, del lado de la Junta queda: aciertos, errores, omisiones; y del lado del escritor: errores, crímenes, calamidades. Aquí se repite un terreno común: No podría haber una interlocución sino se planteara en hipótesis al menos la posibilidad de un terreno común. Lo que Walsh afirma en el 77 es que no hubo errores; lo que sucedió fue parte de un plan premeditado minuciosamente. En esta secuencia hay un deslizamiento de la cadena significante, donde lo que en el campo de la Junta Militar aparece en segundo término, en el del escritor aparece primero. El error se desliza a una posición diferente, de donde el contenido de la serie cambia su tonalidad. (Link, 2017, p. 20) A partir del 57, Walsh desarrolla esa retórica comprometida con la verdad que luego se verá en la “Carta a la Junta”. Operación masacre es un claro ejemplo de esa construcción literaria/política. Existen pasajes del “Obligado apéndice” de la primera edición de marzo del año mencionado que se funden, a la vez, en un ejemplo de literatura como colectivización de la voz propia, voz del pueblo que el narrador mezcla con la suya —devenir del escritor fundido en una voz anónima que frase tras frase hace que su origen se desvanezca—, y en el compromiso del escritor de dar testimonios en tiempos difíciles. En el apartado “Entorno a ‘Marcelo’”, por ejemplo, se lee lo siguiente: Sé que nada hay más difícil que justificar a un dinamitero, y yo ni siquiera voy a intentarlo. Solo puedo decir que, esencialmente, “Marcelo” no era eso […]. Pero no seré yo quien acumule sobre la cabeza de este hombre destruido los calificativos de criminal, irresponsable y cobarde. Esa tarea la dejo a mis colegas, los periodistas serios, los amantes de la fácil verdad. El terrorismo en abstracto en por cierto criminal, irresponsable y cobarde. Pero, entre un desesperado como “Marcelo”, corroído por su fantasma y su pasión de venganza; y un frío, gratuito, consciente y metódico torturador y fusilador, no me pregunten con quién me quedo. (Walsh, 2010, pp. 208-209) Y en el último subtítulo del “Obligado apéndice” que Walsh irónica y pedagógicamente denomina “La conferencia de prensa que nodio el doctor Viglione”, ya está el germen de lo hoy nos interpela de una manera fantasmal. Ya está la discusión que se dará luego en la transición democrática. Ya está el intento de una explicación a la violencia de abajo como respuesta a un Estado genocida que ha intentado sepultar cuerpos y voces de toda una generación: Lo que más lamento es que el señor juez haya perdido una oportunidad casi única para ilustrar y educar a la gente, lo que también está dentro de sus funciones. El señor juez pudo entonces explicar que el terrorismo no es algo que nace por generación espontánea. Pudo explicar que la actitud del terrorista de abajo que coloca una bomba es la respuesta al terrorismo de arriba que aplica la picana. Pudo explicar que la bomba que mata a un inocente no se diferencia gran cosa de la descarga del pelotón que mata a otro inocente. Y que, si cabe establecer algún matiz diferencial, es a favor del terrorista de abajo, que por lo menos no cuenta con la impunidad asegurada, no cree estar defendiendo la democracia, la libertad y la justicia, y no organiza conferencias de prensa. (Walsh, 2010, p. 210) Operación masacre es un ejemplo de construcción literaria que produjo un cambio en el modo de interpretación política, un cambio en la clave de lectura de la investigación. En las introducciones, apéndices y epílogos, Walsh pasará de demostrar minuciosa y sistemáticamente que la Revolución Libertadora fusiló antes de que se dictara la Ley marcial —por lo cual actuó por fuera de la ley— a sentenciar que la clase que lo hizo “no está dispuesta a castigarse a sí misma” (Walsh, 2010, p. 174) ya que “Dentro del sistema, no hay justicia” (Walsh, 2010, p. 224); de “creer en un libro […] aunque son tantos más los que creen en las metralletas” (Walsh, 2010, p. 195) a reivindicar el fusilamiento de Aramburu como parte de la justicia revolucionaria; de ver en los fusilamientos de José León Suárez un “delito” o un “error” de la Libertadora a concluir que esos sucesos son un episodio más de la lucha de clases en la cual no puede haber acuerdo entre opresores y oprimidos, como lo deja expresado en el apéndice “Operación en cine” censurado por el gobierno del 73 que, según Walsh, completa el libro y le da su sentido último: De los políticos solo podíamos esperar el engaño, la única revolución definitiva es la que hace el pueblo y dirigen los trabajadores. […] Lo que nosotros habíamos improvisado en nuestra desesperación, otros aprendieron a organizarlo con rigor, a articularlo con las necesidades de la clase trabajadora, que en el silencio y en el anonimato va forjando su organización independiente de traidores y burócratas. La larga guerra del pueblo, el largo camino, la larga marcha hacia la Patria Socialista. (Walsh, 2010, p. 184) Estos cambios en la clave de lectura dan cuenta no solo de la transformación de la obra edición tras edición, sino también de la resignificación como escritor al servicio de una literatura revolucionaria en lo estético y en lo político. Referencias bibliográficas Link, D. (2017). “Rodolfo Walsh, inteligencia de izquierda”. Conferencia pronunciada en el Centro Cultural San Martín. Walsh, R. (2010). Operación masacre. Buenos Aires: Ediciones de la Flor. Walsh, R (1995). “Prólogo”, “La misteriosa desaparición de un creador de misterios”, “2-0-12 No vuelve”, “Aquí cerraron sus ojos”, “Yo también fui fusilado”. El violento oficio de escribir. Buenos Aires: Planeta.
- Testimonio y documento como posibilidad artística / Ezequiel Buyatti
“Y aquí me pongo a contar, / con mi pueblo que está herido, / por el líder que ha perdido, / la épica de una historia, / que le oponga la memoria, / a la traición y el olvido”, se lee en una placa en los primeros minutos de la película Los hijos de Fierro de Fernando “Pino” Solanas. La obra intercala versos del Martín Fierro con discursos y palabras de Perón, entrelaza el contexto de injusticias por el cual pasó Fierro con el clima de resistencia peronista desde los años 55 hasta el 73. Los militantes/actores de la obra serían una alegoría de los hijos del gaucho matrero. Solanas actualizó y rescribió la obra capital de José Hernández para intentar ponerla a tono con la resistencia peronista. En 1971 faltaba un año para que se cumpliera el centenario de la primera publicación del Martín Fierro. Alimentada por el clima de movilización, la propuesta de continuar la saga del gaucho resistente a la autoridad, desertor y habitante de las tolderías indias, facilitó su decurso en la pantalla grande. Aunque el eje ya no estaría puesto en la perspectiva individual del mito, sino en su proyección colectiva. En Los hijos de Fierro, la inmersión como experiencia de trasladarse a un lugar ficticio que da lugar a un placer en sí mismo, independientemente del contenido de la fantasía, ya no se reduce solamente al terreno de la ficción, sino que se materializa en militancia, organización, censura, persecución y asesinato político. Walsh sostenía que el testimonio y la denuncia son “categorías artísticas por lo menos equivalentes y merecedoras de los mismos trabajos y esfuerzos que se le dedican a la ficción” (Moreno, 2018, p. 344). Y que en un futuro, quizás se inviertan los términos: … lo que realmente sea apreciado en cuanto a arte sea la elaboración del testimonio o del documento, que, como todo el mundo sabe, admite cualquier grado de perfección. Es decir, evidentemente en el montaje, en la compaginación, en la selección, en el trabajo de investigación se abren inmensas posibilidades artísticas. (Moreno, 2018, p. 345) Julio Troxler, uno de los sobrevivientes de los fusilamientos en los basurales de José León Suárez en 1956 –hecho sucedido bajo el gobierno de facto de la “Revolución Libertadora” que motivó a Rodolfo Walsh a escribir Operación Masacre–, además de convertirse en narrador y actor de sí mismo en la película homónima, también es actor protagónico de Los hijos de Fierro. Literatura y cine como cuerpo, experiencia y movimiento que diluyen las barreras entre ficción/realidad. El testimonio y el documento como posibilidad artística. Como posibilidad de vida. Como posibilidad de muerte. En 1974, mientras se rodaba la película, Julio Troxler será secuestrado y asesinado por la Triple A: … los tres hijos de Fierro –“el Mayor”, “el Menor” y “Picardía”– no solo representaban una secuela literaria. Si el padre proscripto ocupaba el lugar de Perón en Puerta de Hierro, su descendencia representaba a los sectores que llevaban la lucha, hombres de la resistencia, sindicalistas y jóvenes politizados. El terreno del mito se convertía en otro campo de combate y su aparente reserva al plano de las ideas no impediría que pronto llegaran balas muy concretas. El enemigo supo ir detectando a los mejores cuadros, y se los cargó. Martiniano Martínez, “Picardía”, había sido despedido catorce veces por su activismo y fue blanco directo. Asimismo Julio Troxler, sobreviviente de la masacre de José León Suárez y testigo clave cuando Rodolfo Walsh escribió Operación Masacre, fue asesinado sin poder terminar su papel del “Hijo Mayor”. Estábamos grabando en Tandil y de pronto por la radio de un auto informaron que habían matado a Troxler. Estaba haciendo una película y me empezaron a liquidar a los protagonistas. Era un gran dolor, una pesadilla. (García, 2008, p. 1) Hasta ese momento la clandestinidad había sido una opción a considerar. Después del asesinato de Troxler, se convirtió en un paso necesario. Solanas se escondió durante un mes y aprovechó para reescribir en versos octosílabos el guion, originalmente en prosa. Quedó así un neo Martín Fierro que ya no usaba la vigüela para aconsejar la amistad con los jueces, como también se leerá años después en Las aventuras de la China Iron: “¡Mirá que yo voy a cantar / “Hacete amigo del juez”! / El juez no es amigo´e naides / Y obedece al coronel” (Cabezón Cámara, 2017, p. 22), ni acceder a “Escuela, Iglesia y derechos. Lo cual ya es puro sarmientismo”, como se lee en el Tamaño de mi esperanza (Borges, 1993, p. 35). Los fusilamientos de José León Suárez no fueron un “delito” o un “error” de la Libertadora, sino un episodio más de la lucha de clases en la cual no puede haber acuerdo entre opresores y oprimidos, como lo deja expresado Walsh en el apéndice “Operación en cine” censurado por el gobierno del 73 que, según el propio autor de Operación masacre, “completa el libro y le da su sentido último”: De los políticos solo podíamos esperar el engaño, la única revolución definitiva es la que hace el pueblo y dirigen los trabajadores. […] Lo que nosotros habíamos improvisado en nuestra desesperación, otros aprendieron a organizarlo con rigor, a articularlo con las necesidades de la clase trabajadora, que en el silencio y en el anonimato va forjando su organización independiente de traidores y burócratas. La larga guerra del pueblo, el largo camino, la larga marcha hacia la Patria Socialista. (Walsh, 2010, p. 184) Traidores y burócratas. Memoria. 2024. Ajuste sobre la vida. Colapso. ¿Todavía nos queda algún atisbo para sorprendernos? Quizás no sean traidores, sino consecuentes con sus ansias de crueldad, consecuentes con sus ansias de gobernar. Referencias bibliográficas Borges, J. L. (1993). El tamaño de mi esperanza. Buenos Aires: Seix Barral. Cabezón Cámara, G. (2017). Las aventuras de la China Iron. Buenos Aires: Literatura Random House. García, F. (2008). “Me liquidaban a los protagonistas”. En Página 12 [en línea]. Fecha de consulta: 9 de junio del 2024. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-10160-2008-05-24.html Hernández, J. (2005). Martín Fierro. Buenos Aires: Losada. Moreno, M. (2018). Oración: Carta a Vicky y otras elegías políticas. Buenos Aires: Literatura Random House. Walsh, R. (2010). Operación masacre. Buenos Aires: Ediciones de la Flor.
- Alétheia (fragmento) / Oscar del Barco
es imposible decir algo de la luz la luz siempre se desliza más allá de los ojos siempre es alejamiento donde termina la luz hay otra luz donde comienza la luz hay otra luz nunca se la ve porque ella es la que ve hay neblinas que el viento arrastra entre los árboles hacia el oeste hay un incendio hacia el sur hay líneas oscuras pasan pájaros hacia el este la neblina está disipándose hay una gran expectativa en el aire se ven siluetas borrosas en la casa se oyen voces se siente el olor de los leños quemados durante la noche alguien canta todo es luz cómo decir algo de la luz fluyente inasible la luz no es algo que le ocurre a alguien la luz no ilumina no se trata de la luz de una lámpara no está allí para que nosotros la veamos no es una presencia es como el agua o como un sauce rebasándose hacia el rebasamiento de las estrellas el polvo se rebasa en el agua y el agua en la rama que brilla bajo el agua el hombre se rebasa en el acto gradual de la inmanencia que lo rebasa enviando su luz al absoluto nuestros ojos van a tientas por la luz si no hay adentro ni afuera dónde está la luz dónde está la pata de la tortuga y el canto del grillo o no hay el canto del grillo o no hay nada el ciego contempla el movimiento de las nubes y el sordo es el único en ser arrebatado por la música de las esferas cómo un ser humano podría decir algo de la luz decimos que la luz es la luz decir que la luz es la luz sólo menciona el puro ofrecimiento del decir que dice que su iluminación no es algo propio del ver ni de la posesión del ver ni de ninguna posesión la luz no se posee no existe nada que poseer y nadie que la posea la luz es la luz en el acto de la luz la luz acontece hacia el este las nubes se han abierto dejando pasar un rayo de sol el sol es la luz que ya estaba iluminando desde siempre hay luz el hombre avanza por la luz su palabra tiende las manos a la luz los ciegos son una nube de esplendor hacia el sur pasan pájaros sostenidos por un enjambre de colores que brotan de la mente y la mente surge del espíritu y el espíritu es un colibrí volando hacia la luz hacia otra luz ráfagas de la tierra y del mar ráfagas luminosas del pensamiento y del recuerdo todo disipándose en la luz más allá de la luz hay otra luz el mundo nace cuando el párpado se abre creándolo luminosamente nada puede decirse de la luz sólo nombrarla sabiendo que no tiene nombre más allá de la luz hay otra luz y luego otra y en la primera está la última y en la última comienza la primera la luz es la luz de la luz de la luz de la luz en ella están todos los seres en un vuelo de rama en rama como los pájaros y de nube en nube como el viento de luz en luz de ojo en ojo de sombra en sombra un tono de más y somos dios un tono de menos y nos dispersamos en la vastedad de la tierra Fuente: Barco, Oscar del (2020). Alétheia. Editorial el Borde Perdido Editora. Córdoba, 2020. Nota: Oscar del Barco nace en la provincia de Córdoba en 1928, escribe poesía, ensayo, edita revistas y libros, investiga, enseña, pinta. Traduce e introduce en nuestro país lecturas de Artaud, Bataille, Sade, Blanchot, Derrida, Barthes, Kristeva y Althusser. Forma parte del grupo editor de la revista Pasado y Presente. Milita en el Partido Comunista hasta su expulsión en 1963. Exiliado entre 1975 y 1983 en México, donde dirige el centro de investigaciones filosóficas de la Universidad Autónoma de Puebla. Autor de libros de poesía como Infierno, Dijo, Espera la piedra, Partituras, y de ensayos como El abandono de las palabras, El otro Marx y Exceso y donación. Sin olvidar su libro sobre Juan L Ortiz.
- El Arrebato del aura / Dalila Iphais Fuxman
Era una noche de junio, el otoño ya había arribado a la ciudad. Coqueteaban sus hojas al viento, las veredas se vestían de colores tierra. Hacía frío, nada grave, unos doce grados. Era fin de semana, sábado. Ella caminaba sola por una avenida del barrio de Boedo. Como quien olvida que carga con el peso de un nombre. La invadían pensamientos de pequeñas libertades: - ¿Qué pasaría si me desvío, si no llego? "Chica desaparecida camino a una fiesta", ¿sería ese el titular de los diarios al día siguiente? ¿Alguien notaría que ya no soy parte de este mundo? Mundo, que problema... ¿Él, se extrañaría de que nunca llegué, de que no nos encontramos? Bueno, dejemos el drama... ¿Qué pasará, ahora, cuando lo vea? Estoy nerviosa, hace tiempo que los días se escapan entre mis dedos. Me siento gris, materia gris, recuerdo los hombres grises de un cuento que leí cuando era chica "Momo". Hoy quiero que sea diferente, quiero colores, quiero sentir, quiero saberme viva con el cuerpo acompasado. Cuerpo, ese tan ajeno a mí con quien nos paseamos por la ciudad, jugando a que nos entendemos, aunque no paramos de ser dos extraños. Hay gente que cree en la energía y con eso le basta, a veces quiero ser de esa gente. Por momentos tengo la sensación de que podría escribir algo con lo que pienso, un libro, una novela, un cuento... escribir es como desnudarse ¿escribir es como desnudarse? Uf! Que complicado! ¿Qué sería, entonces, leer a alguien? Volviendo a él, ¿Qué pasará? ¿él sabe? ¿sabe? No había casi nadie en la calle a eso de las diez. La noche había decidido llegar acompañada de una brisa que la hacía sentir conectada con lo que pasaba. En el aire un presagio, casi un deseo: "algo va a pasar". - Algo ¡¡¡ tremenda palabra!!! Llena y vacía los cuerpos de nada, tan insustancial que la aborrezco, y tan real que tiemblo... Si, más bien algo tiene que pasar, esta grisisitud me enloquece. Día tras día me pregunto ¿qué sentido tiene todo esto? - Voy a cambiar de canción. Hay quienes tienen la capacidad de hacerme llorar de tristeza y ponerme muy contenta, por eso me gustan. Me gustan los covers, a veces las copias le disputan al original. ¿Una canción diferente? ¿Spaghetti del rock? Yo vivo en una ciudad, Pupilas lejanas... "no soy tu chica ni tu verdad", me encanta esa frase, me gusta como la pronuncia cuando la canta, es tan desafiante!!! Ella sabe de intensidades. La esperaban en lo de un amigo para ir a la fiesta. - Es un cuelgue Aura, si dijo que ya salió, se debe estar maquillando todavía... ¿abrimos una birra hasta que caiga? - Dale de una, me re va! ¿Viste que no toma ella? - ¿Nada de nada o solo birra? - Nada, cero alcohol ¿Raro no? Bueno, todos tenemos nuestros mambos... igual no hay apuro, caemos cuando caemos a la fiesta... La caminata no tenía apuro, eran unas 12 o 15 cuadras. Caminar, pensar y escuchar música a la vez lleva su tiempo... - A veces creo que los músicos de la actualidad son los filósofos contemporáneos. Drexler sabe de Spinoza, de Epicuro, de Althusser y su materialismo aleatorio: "... igual que hace millones de siglos en un microscópico mundo distante se unieron, dos células cualquiera. Instinto dos seres distintos... Dulce magnetismo dos cargas opuestas buscando lo mismo". ¡Es muy genial! Bueno el Indio también: "un angel para tu soledad" te habla de esa servidumbre por la que luchamos y perseguimos como si se tratase de algún ejercicio de libertad. Esta bueno lo que acabo de flashear, cuando llegue lo voy a tirar como polémica con los pibes... Tenía ganas de salir de casa un poco, veremos en qué decanta la noche... No es tarde, ni estoy lejos, la estoy pasando bien aunque creo que estoy muy mambeada en general ¿Qué piso era? Lo tengo anotado en la libreta de escritura del celular, que geniales estos bichos mal que nos pese... a ver a sí "10 d". En eso un falcon verde cruza la avenida Belgrano, cruzó con todo, la gente está loca- pensó Aura. Que con semejantes auriculares, solo escuchaba la música y sus pensamientos. Se veía al hombre del auto mover los labios, como gritando algo, no se preocupó mucho por el contenido y siguió el paso. Si sigo así, no llego más- pensó. La cuadra siguiente estaba sumamente oscura, era de esas cuadras que uno camina con paso agitado, esperando ver más luz al llegar a la esquina próxima. Lo inquietante es que esto nunca pasó, Aura no llegó nunca a la luz, la próxima esquina sólo se alejó, se movió, se murió, desapareció... Algo me dice que Aura también. Entre... Entre el chillido de un motor que frena de golpe Entre los gritos de una chica que siente un golpe Entre empujones y aceleradas que no paran Entre: nena no digas nada, quedate callada Entre fabiana cantilo y el silencio Entre voces extrañas, cuerdas y amenazas transcurrió esa noche. Lo que vino después no tiene palabras, no tiene extensión, no tiene sentido y no cabe el morbo de describirlo en detalle más que con un espacio de silencio... para que cada quien esboce algo de lo que ocurrió... Así debiera terminar el cuento para que ustedes entiendan lo que pasó, para que intenten figurarlo, para que lo acoten como para poder dormir a la noche, sin pesadillas. No existen palabras de este mundo que describan lo que allí pasó, pero existe gente dispuesta a alojar las que se puedan pronunciar y existe otra gente que no... El tiempo como suspensión, ya no es tiempo ¿Qué pasa cuando te suelta la mano el tiempo? ¿Seguís vivo? ¿Estás? ¿Sos? ¿Qué pasa con el arrebato de una vida? ¿Con la muerte? ¿Qué pasa cuando queda sólo un cuerpo que camina? Que funciona sólo en su disfuncionalidad, marcado de cicatrices que lo constituyeron y destruyeron en distintos tiempos y temporalidades. ¿Existe el espacio cuando te vendan los ojos? ¿Existe el otro cuando es sólo una voz que te hostiga o que calla? ¿Qué queda del existir después de esto? ¿hay después de esto? Aura sos vos, soy yo, sos vos y yo, somos todos lo que permitimos el arrebato de un alma, de una potencia de lo que podría ser y que por algún maldito "algo" no llega a ser... o hace lo que puede, con lo que queda: Lo que queda del día, lo que queda del cuerpo, lo que queda de la ciudad, lo que queda de los amores, lo que queda del alma, lo que queda de la memoria, lo que queda de ganas. En fin, lo que queda. (M. E. Walsh historias del parque) Con ese puro dolor de existir, aunque no se sepa para nada el porqué de esa existencia… ¿Por qué algunos cuerpos sobreviven y otros no?- se preguntan sobrevivientes. ¿Qué se hace con tanto odio que ha atravesado un cuerpo?- se preguntan quienes acompañan. ¿Cuántas huellas acalladas soporta un cuerpo?- se preguntan descendencias, que saben y no saben de los dolores que recorrieron esos cuerpos. ¿El Amor vence al Odio?
- Adynata Junio /VPS
Se trata de golpear con las uñas, la punta de los dedos, con los puños y la cabeza si es preciso contra los muros, contra las rejas y los rollos de púas Vicente Zito Lema Doctor, yo no estoy loca, solo sé que están matando la tierra, a todos los seres vivos que dependen de ella, los peces, los animales, las niñeces, sin ninguna conciencia del mal que hacen, solo por ambición. Claudia Rodríguez Adynata Junio adviene ante los tembladerales en que mayo nos ha dejado. Penélopemente, tejemos y destejemos historias que se incendian en el aire, andamos entre huevos y gallinas, impunidades y luchas, testimonios y monumentos. Adynata Junio invita, desde una ciencia ficción travesti, a multiplicar los géneros y las preguntas sin temerles. ¿Cómo saber que existen, en este mundo, fragilidades a salvo de la prepotencia? (podríamos preguntar al leer la selección de poemas escritos por Claudia Masin) ¿Cómo quedar al resguardo de “un compendio de expectativas dañosas, e insatisfechas, y de amor mal direccionado”? (podríamos preguntar si justito pasamos por Corrientes y Medrano). ¿Cómo situar la urgencia entre tantas urgencias? ¿cómo no marearnos, dolidas, en ese intento de movernos desde ciertas políticas de lentificación para cortar los flujos de esos ritmos veloces, binarios y tecnos que se (nos) imponen? (podríamos preguntar leyendo la entrega final de La hipótesis cibernética) ¿Cómo logramos percibir para qué literatura estamos, ahora? (por ahí, en lugar de preguntar, podríamos contratar a los detectives salvajes de Bolaño) ¿Cómo, cuánto y cuándo agarrarnos de ese algo que nos pone en movimiento? (podríamos preguntarnos leyendo Es-tres) ¿Cómo escuchar sin entender? ¿Cómo escuchar la enormidad de lo poco, eso que la desesperación no puede percibir?¿Cómo darse a la escucha de una existencia herida y desahuciada que se anima a pensar en el fin? (Una ráfaga nos sacude, como tantas veces, desde las escrituras que convida Marcelo). ¿Cuántas huellas acalladas soporta un cuerpo? (nos preguntamos descendencias y amistades, que saben y no saben de los dolores que recorrieron esos cuerpos, al leer "Los Arrebatos del aura"). ¿Cómo volver a sentir que “a pesar de los pesares, la vida es gran cosa”? (podríamos preguntarnos si pispiamos la carta de Lou Andreas Salomé que nos comparte generosamente Cynthia) Tal vez podamos afirmarnos por un instante, auxiliadas por Virginia Woolf: “Pero no hay Shakespeare, no hay Beethoven; con toda certeza y rotundamente, no hay Dios; nosotros somos las palabras; nosotros somos la música; nosotros somos la cosa en sí misma. Y esto lo veo cuando recibo un golpe.” Tal vez, aún golpeadas, podamos celebrar el milagro de que, al fin, una niña fue escuchada y condenaron al progenitor abusador. Tal vez, giremos y giremos, mareadas de impotencia y secándonos las lágrimas por el dolor de los lesbicidios perpetrados con una molotov arrebatada a las revueltas. Tal vez giremos y giremos, limpiándonos los mocos con el puño de la campera, en una ronda infinita y redonda como una brújula que tiene la N de Norita, como dijo, triste y amorosamente, Rosi.
- Cantos Proféticos VI / Vicente Zito Lema
¡Aún así! ¡Aún como hierba que se alza trémula alrededor del ciprés de los silencios… y que tal vez no llegará a desplegar su alado verdor…!¡Todo es escueto y parco!¡Todo se desliza sinuoso!¡También la contradicción en los vacios del espejo!¡Aún así, no como sacrificio mortuorio, no como pasión de tristeza; sacados del pozo por los gozos, movidos hacia los cielos, la ofrenda amorosa de los Cantos! Se trata de golpear con las uñas, la punta de los dedos, con los puños y la cabeza si es preciso contra los muros, contra las rejas y los rollos de púas; movimiento de dolor que se supera abriendo los ojos ante el sol y se sublima en la garganta de la noche; cronología de batallas que se heredan, trincheras cuya luz y cuyo hedor se comparten, y conciencia movida y conmovida ayer por los sueños y hoy por las prácticas que se acumulan y las historias que vuelven a nacer en los mil laberintos del corazón, cuando la sombra de un ángel nos roza la espalda… He ahí legitimada nuestra necesidad, sin ambigüedades ni parodias, hablo de una necesidad implacable, por momentos obsesiva por su afinidad con el drama, y sin embargo ligera, apta para la indagación, punto de partida de la antigua sospecha que ahora atropella sin riendas, cual potente certeza entre los campos de la vida, superando obstáculos de hierro si es preciso a mordiscones: nada crecerá de buena materia sin los Cantos… (Y en los Cantos las cenizas vuelvan a la tierra como amorosa eternidad…). Allí vemos, detrás de las dunas y las basurales, detrás de los bosques y los basurales / detrás de los jardines, las rosas, los alelíes y los basurales…(Gigantes, lúgubres, perpetuos basurales…)¡Allí vemos! ¡estos ojos no mienten!...a los cuerpitos saqueados de sus almas,hasta quedar tan secos y humillados como una mar que pierde sin ventura sus olas… …¡Cantos! …¡Cantos para las vísperas de la resucitación!…¡Cantos! ¡Cantos para enfrentar a esos soles tan fríos que en su morir todavía sostienen el universo de las crucificaciones! Fuente: Cantos oscuros, días crueles (2019) Ediciones La Cebra.
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











