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  • Antipunitivismos / Verónica Scardamaglia

    1. Series En una clase se nombra como niña a una vida de 13 años acechada por miradas pajeras en un barrio de provincia de Buenos Aires y se desatan algunas discusiones. A una estudiante de 16 años de una escuela de la ciudad de Buenos Aires, ni la abuela ni la madre le creen cuando les cuenta que la pareja de esa abuela abusa de ella. Otrx estudiante, de 13 años, muchas veces se queda dormidx en el aula, una profesora cree que, quizás, se deba al peso que pretende obligarle a decidir con qué pronombre nombrarse. Un Centro de Estudiantes de una escuela, levanta la toma luego de tres días. Solicitan la separación del establecimiento y del contacto con jóvenes de un auxiliar condenado a tres años de prisión en suspenso por abusar sexualmente de una menor de edad conviviente con él, y de un profesor y ex vicerector ya escrachado y sumariado por amenazas contra un estudiante. Dicen además “exigimos una formación obligatoria de educación sexual integral a todxs lxs docentes, no docentes y autoridades del colegio”. Otro Centro de Estudiantes convoca a una manifestación frente a la escuela porque no reciben respuesta ante las denuncias contra un profesor de educación física que da la anti ESI y promueve contenidos que no se adaptan a la normativa vigente. Una Ministra de Educación anuncia una legislación que prohíbe el uso de lenguaje inclusivo. Otra legislación, en Florida, Estados Unidos, busca prohibir que lxs maestrxs hablen sobre la identidad de género y la orientación sexual entre los grados de preescolar y tercero. Llaman a ese proyecto de ley “Don´t say gay”. Un escritor interpela a una rectora y a otra ministra de Educación ante la suspensión a un profesor por la denuncia de unos padres horrorizados porque en una parte de un cuento (que no se leyó en la escuela) se utilizaban las palabras culo, poronga y tetas. Una película de Disney Pixar es prohibida en algunos países y causa revuelo en otros, por lo que algunos titulares mediáticos llaman “beso lésbico”. Otra película, una de la saga de Harry Potter, también. En esta se devela el amor entre dos magos. Una serie de DC, ya desde hace años y en su 4ta temporada nos presenta a Dreamer, quien porta el título de la primera superheroína trans. Allí arma equipo con Alex Danvers que salió del closet en la 2da temporada (2016). En otra serie, el beso del verdadero amor que despierta a Caperucita Roja se lo da Dorothy del Mago de Oz. En estos días, en el inicio de una nueva temporada de otra serie, el relato de ese guión también acompaña la transición que pulsa en una vida. En una actividad asamblearia transfeminista por desarrollarse, denuncian a lxs organizadorxs la presencia de alguien acusadx de ejercer abuso sexual infantil y la incomodidad de su presencia en un espacio como ese. Luego de un largo rato de reflexión y discusión de lxs orgnizadorxs en torno a ello, anuncian a lxs concurrentes que la actividad se suspende por no lograr resolver y decidir qué hacer. Habita el espacio la convicción antipunitivista. Habita el espacio la convicción por las alianzas y los cuidados. 2. Imperativos El todos sigue perturbando y embarrando la cancha. Que lo pensemos como un horizonte ético no significa que efectivamente se consiga. Insiste la creencia en que existen lugares en el que todxs podamos estar. El mayor riesgo del todxs está en la serie de daños, rupturas y vaciamiento de espacios que se realizan en su nombre. Más acá y más allá del color imperativo del todos que continúa tiñendo espacios y relaciones, existen e insisten afinidades y acuerdos que (nos) sostienen y abrazan. 3. Saberes de Asambleas Desde hace años pero más evidentemente desde el 2015 cuando el Ni Una Menos instaló e hizo visible la decisión de denunciar y luchar contra las violencias patriarcales donde sea que acontezcan, no existe espacio institucional, orga, local, bachi, escuela, facultad, unidad básica, comité, asamblea autoconvocada o encuentro autoorganizado que no haya quedado interpelada por estas denuncias. Con o sin la irrupción del escrache, con o sin la batería legal acompañante, con o sin sororidad, con o sin desprecios de aliades y machirulos. En voz baja o a los gritos, cada vez con más velocidad, se hace saber que hay abusadorxs sentadxs a la mesa. Ahí, cerquita, muy cerquita, a veces bajo el mismo techo donde luchamos contra las violencias. El patriarcado se nos mete por los poros y las alianzas nos resultan fundamentales a la hora de enfrentar estos problemas, apelando a la sabiduría de lo situado en cada situación y con las fuerzas antipatriarcales y los saberes y herramientas ya construidas. Cuando esto queda a la vista, con toda la complejidad y los compromisos que implica, las contradicciones acuden a borbotones, las discusiones intentan despejes, las violencias vividas empujan y los automatismos asaltan. Dependerá de la posibilidad de historizar, de las relaciones allí tejidas, de la utilización de lo legal (si se decide apelar a ello) y de los acuerdos sostenidos o por sostener entre quienes construyen cada espacio. Pero, sobretodo, de aquellas decisiones ético políticas para reducir lo más posible la proliferación de daños que el abordaje de cada nueva situación desata entre quienes la están viviendo. Muchxs, ya venimos en discusiones tan largas como difíciles acerca de cómo abordar temas controvertidos desde prácticas de cuidados y reducción de daños. Aún así, resulta sorprendente la sensación de que pareciera que siempre estamos empezando de cero. Poder ubicar que hay algo que no se soporta no conviene que quede escuchado e interpretado del lado del punitivismo, sino corremos el riesgo de que ahí deje de escucharse el dolor. Asumir criterios y decisiones no puede equipararse a acciones punitivistas. Algunas cosas que ya sabemos, algunas preguntas que nos hacemos: No se trata de reducir el análisis de las situaciones complejas creyendo que sólo se da una puja en términos de “él o yo”. Muchas veces se menosprecia el recorrido activista de compañerxs que ponen a la vista y obligan a pensar lo que ya no se soporta (y no en términos individuales). Muchas veces interpretar simplificando y asumiendo que se trata de acciones caprichosas en términos de “si está le acusadx, yo me voy” repite mecanismos punitivos que sospechan de quien denuncia. ¿Cómo alojar la duda sin denunciar a quien denuncia ni invalidarle? Ya cargamos con montones de experiencias en este sentido. Ya sabemos que el peso de la duda suele recaer sobre las víctimas de violencias. Quizás, un criterio de inclusión posible podría pasar por discutir / acordar en torno a quien puede escuchar / ocuparse de quién queda acusadx de violentar y establecer, por tanto, quienes no pueden o no quieren hacerlo. Dependerá lo situacional y lo situado del escenario que sostenga ese debate, si es que se ofrece la posibilidad del debate. Ya sabemos un poco cómo operan los privilegios. Ya sabemos que, según dónde, no se trata de lo mismo según cargo, función, edad, género, raza y/o clase. ¿Cómo funcionar si quién ha quedado en el lugar de víctima, decide reconocer al abusador como tal, si elige no denunciarle? ¿Cómo proceder si quien ha sido violentada lo cuenta en intimidad y quienes escuchan ven ahí abuso y necesidad de denuncia? Muchísimas veces sino todas se necesita establecer, acuerdar o situar un límite ético político del con quién. 4. No todxs Desprenderse de la dictadura del todos implica reconocer que no todxs podemos o queremos escuchar y acompañar a miradas pajeras que acechan, a arrogancias que menosprecian y destratan. Cabe la pregunta de si lo inclusivo soporta también a quién ejerce esas violencias y qué hacemos con ello. En los espacios y en las vidas que decidimos militar los trasnfeminismos, cuando el acusado es varón, se disipan las dudas. Y mientras las dudas asaltan, seguimos explorando con quién los acuerdos, con quién las alianzas, con quién los cuidados.

  • De pérdidas en la niñez / Cynthia Eva Szewach

    Cuando fuera de tiempo te presentas padre, me asusto, porque algo no te dije y no descubro si fue un secreto o una despedida. “Y no es por mí/ Yo estoy viejo/ Y su utopía es para las generaciones futuras/ Hay tantos niños que van a nacer/Con una alita rota/ Y yo quiero que vuelen compañero”. La alita rota a la que el Manifiesto (Hablo por mi diferencia) de Pedro Lemebel alude en el clamor que denuncia las formas injustas e hipócritas de los poderes contra minorías y contra algunas infancias, nos sirve de homenaje y excusa para entrelazar de algún modo el cruce de lo singular en lo colectivo, en las dimensiones diversas del malestar. En este caso mueve el interés en bosquejar, interrogar, fragmentos sobre duelos en infancias.1 Arminda Aberastury, en “La percepción de la muerte en los niños”, texto inconcluso de 1976, pone el acento en el derecho a saber. Lo llama esclarecimiento. Frente al ocultamiento de un adulto sobre la muerte de su madre, relata el caso de una niña, que le cuenta con angustia que teme y a la vez desea, sufre y a la vez espera, que le crezcan alitas en la espalda, para poder encontrarse con su mamá en el cielo. Transmite en esta ocasión, a veces como momento, en este caso como padecimiento, una forma fallida de una ilusión de encuentro posible. No se forjó una espera, sino una desesperación. En un artículo de Marta Dillon titulado “Los últimos Ritos”2, relata entre otras cosas la importancia mayúscula del rito de entierro de los huesos finalmente hallados de su madre asesinada, desaparecida. Cuenta que una amiga le pregunta,“¿dónde estaba yo la noche en que la mataron? No sé si puedo saberlo. Tenía diez años y la estaba esperando, como he esperado hasta ahora aún a sabiendas que no iba a volver” Cuando murió el abuelo tan amado de Javo, él tenía seis años. Nunca había visto llorar a su padre de esa manera. ¿Por qué nadie le preguntó, a él, si quería verlo por última vez? ¿Estar muerto es como estar dormido? Cuando retomó la escuela luego de los días de luto, sintió que ya no podía sonreír de la misma manera. Fue su primer dolor de constatación de pérdida de un ser querido. Muy de a poco la supo definitiva. Jugaba a hacer dibujos y disolverlos en agua. La transitoriedad es lo perecedero. Hay heridas tempranas que se llevan aparentemente cicatrizadas, radicalmente olvidadas, pintadas en una tela, o como dolor de rencorosa injusticia. La niña protagonista de Cría Cuervos, película de Saura, contextuada hacia finales del franquismo, se siente responsable de haber causado la muerte de su padre, figurado en un militar, severo, maltratador. Su madre está muerta y la niña fantasea, alucinatoriamente relacionarse con ella, hablarle. Ambas creencias responden a diferentes vías. Cree tener el poder, a partir de un vaso de bicarbonato, de haber matado a su padre. Creencia que responde a un deseo infantil de muerte, mientras que los encuentros con su madre responden a una Verleugnung, una desmentida. Lo que sé que ocurrió, no ocurrió. Aún puede retornar para hablar con ella, al tiempo que, con nostalgia y tristeza, le canta, “Por qué te vas /Todas las promesas de mi amor se irán contigo/Me olvidarás, me olvidarás”. El temor al olvido. Ficcionar que quien ha muerto nos recuerde. Una niña, a sus cinco años, perdió a su padre. No la dejaron ir al entierro. La muerte fue un suicidio, pero ella lo “supo” algunos años después. Sufría permanentes pesadillas, donde empujaba ella a alguien en diferentes precipicios y caían les dos. No podía concentrarse en la escuela, estaba agotada. Su madre intentó contarle algo velado, balbuceado sobre esa “decisión”. La niña lloraba o se enojaba con ella. Un día Jugó a enterrar muñequitas en un lodo. Una de ellas un día “revivió” como de un sueño mortal, para decir: “Las dejo a todas sin respirar, no me van a perdonar nunca…", pero agregó, como gritando: “Bueno dentro de cincuenta años, a lo mejor las vuelvo a buscar, pero no sé, ahora se joroban”. Algo que se podía dejar para otro tiempo, al tiempo que inventar venganzas para actuar una despedida. Una relación inquieta entre rito y juego. Las pesadillas cesaron. La niña de “Verano de 1993”, película de Carla Simón, luego de varios derroteros y de sus silencios, de tratar a los ponchazos ese impacto, con identificaciones que se extraen de sus juegos, puede preguntar -a quienes quedaron vivos- algo que sólo le interesa a ella. ¿Qué dijo mi madre de mí antes de morir? Un inicio incipiente de un duelo posible. Sartre dice en su libro “Las palabras”, que no basta morir, sino que hay que saber hacerlo a tiempo. Aliviado, a los diez años, por la muerte de un padre tortuoso. Angela Urondo Raboy, en el libro “¿Quién te crees que soy?”, afirma respecto de la verdad de la historia, y en el terreno de lo historiográfico y de la reparación, que la muerte en especial de los padres, cualquiera sea la causa, es de todos modos irremediable, pero la mentira, sí en cambio tiene remedio, en términos de justicia. Para Blanchot hay una especie de interrupción, enigmática y grave. La que introduce la espera que mide la distancia entre dos interlocutores, ya no distancia reductible, sino lo irreductible Cuando impacta una pérdida temprana -aunque casi toda pérdida tal vez lo sea- algo queda en interrupción. Se impide una continuidad supuesta. El duelo, dice Freud, es una reacción ante una pérdida. ¿Cómo se reacciona? ¿Cuándo? El desgarro de la ausencia, acentúa -aunque pueda resultarnos una obviedad- aquello que hubiese sido. Queda afectada la temporalidad, en este caso, con una extensión de cualidad mayor: “Todo el tiempo que ya no será”. Es el tiempo conjeturado de lo imposible de saberse. 3 Lo que se interrumpe. En qué escena de infancia irrumpe esa ausencia. Lo que se espera. Lo que se sustituye. Lo imposible de sustituir. La pregunta suspendida. Lo que no pudo decirse. Lo que se cierra. Lo que se ritualiza, profanado en el juego. Lo irresoluble, lo irreversible, lo irremediablemente perdido. Mitigar el esfuerzo, para poder seguir… jugando, que es vivir. El duelo, terminable, interminable. 1 Algunos fragmentos serán parte de un libro en producción titulado “Infancia en duelo”, escrito en co-autoría con Adriana Bugacoff 2 “Los Últimos ritos”, Diario Página 12, (22 de mayo 2022) 3 Infancia en duelo. Una Introducción, C. Szewach - A. Bugacoff

  • Post Guardia XXXIX /Débora Chevnik

    Instrucciones para constreñir una vida sin desorientarse. Profesionales y familiares acabando juntos con los pánicos mor(t)ales - Si esa joven vida está buscando un nombre, o incluso si eligió uno, usted siga llamándola por el nombre que le han puesto al nacer. - Si habla de sí en masculino, y a usted no le parece, sin querer, pífiele. - Póngale siglas al padecimiento. Diga: es un t.c.a. o un t.o.c. o un t.e.a. o un t.l.p. Aclarando siempre que “depende del caso por caso”. - Empatice con la madre con un “hay que entenderla, no es fácil ser madre de una adolescente”. - Encuentre explicaciones para todo, no deje cabos sueltos, evite los enigmas. - Si usted percibe alguna extrañeza, apúrele alguna idea clara que contenga el verbo ser. - Si la joven vida se practica cortes buscando alivio, dígale que son recaídas y que tiene que ser más responsable y no lastimarse. Hable con firmeza, no crea que está violentando un cuerpo. - Si olvidó todo lo anterior y no sabe cómo hacer, esta máxima puede ayudar: mate lo innombrable con un nombre que (no) nombre.

  • Zaratustreanas VI. De insensibilidades y persecutas / Fernando Stivala

    Es necesario deconstruir la idea de persecuta. Perseguirse supone algo que no está pasando. Una desmentida al termómetro. No conviene seguir usando persecuta y sus derivados: me perseguí, te perseguiste, ¿te pareció?, ¿estás seguro? Se puede decir mejor: me quedé enganchado con voces, disminuyó su capacidad de hacer y pensar, le quedó un recuerdo empobrecido. Se necesita potenciar y volver a confiar en el termómetro sensible. “Desmentidas no niegan lo percibido, tratan de que la percepción dude de sí misma. Hasta que se sienta culpable de su cruda mirada” [1] Percia. Una desmentida duplica la violencia. Le añade a la violencia otra violencia. ¿Estás segura de que te pasó, no será que flasheaste? Hace que lo percibido dude de sí mismo hasta sentirse culpable de su mirada. Es torturante sentirse culpable de sentires, entonces mejor dejamos de tener esa vara sensible como aliada. Mecánica de una insensibilidad. Formación de callos. No confiar en el registro sensible y esperar que un afuera trascendente nos diga cuál es ese registro. Lo que podemos delimitado por un límite al que hay que obedecer, ya que se desconfía en el límite de lo que estamos pudiendo/percibiendo. Una duda que siempre falla en contra del cuerpo. Ni siquiera es duda, sentencia de que el cuerpo siempre pierde, falla. Es sentir vergüenza por lo que pueden y no pueden los cuerpos. La desmentida introyectada se convierte en persecuta y desconfianza. Un día dejamos de contar y decir, otro día dejamos de percibir e intuir, hasta que algún día ya olvidamos ese termómetro y nos sumergimos en estados bloqueados de sensibilidad. Una de las características de las normalidades es su estado de insensibilidad. No son malos que nacieron insensibles, son excesos de normalidades. Transiciones afectivas producidas por una cultura que va acallando, anestesiando, invisibilizando. Una cultura que va produciendo subjetividades así. Así gobierna el poder de las normalidades. Así se construye una moral. Así se puede decir demasías no enferman, normalidades sí.[2] Entonces ¿le vamos a confiar la tabla de valores a las normalidades que dejan de lado el flujo moviente pulsional y conservan como el dragón, pesadamente, los valores de siempre? [1] Revista Adynata. Sesiones del naufragio (4). Desmentidas. Marcelo Percia. [2] Sintagma construido por Marcelo Percia.

  • La casa del presidente / Alude al alud

    (para Nahue y les habitantes de la casa) La casa del presidente era ahí, abajo del árbol, alrededor del fresquito aroma que suelta el eucalipto ¿Sentiste cuando llueve? La casa del presidente estaba cubierta de sombra, porque la casa de la casa del presidente era un viejo eucalipto. Y el presidente éramos todes nosotres. Gobernábamos nuestro mundo, nuestro refugio. Hacíamos revuelta con esas revoluciones que tienen cadencia y sabiduría de adolescencias. Nos acompañábamos componiendo mundos, destruyendo muros internos, y también, esos de afuera que nos molestaban. Lugar donde la sombra del árbol nos apapachaba, mientras hurgábamos dolores profundos. Lugar de risas, llantos y amores. De organización para salir a ese mundo que no era nuestra casa. De creación e ideas, donde construir un planeta que sí quisiéramos habitar. Lugar de birras, fasitos y mates. Construimos hogar, mientras el árbol nos veía crecer, ir y venir, volvernos inmensxs después de cada derrota. Construimos ranchada. Tan ranchada que la casa de la casa del presidente, el árbol, tenía un agujero sobre el tronco, y ese, era nuestro secreto. Ahí guardábamos botellas vacías y compartidas, para que así, al otro día y cada día, pudiéramos volver a tomar una fresca sin pagarle el envase al chino. Crecimos, nos fuimos alejando. Cortaron el eucalipto, y vos amigo, te fuiste. Entre ahogo de dolor, angustia y rabia injusticias nos encontramos dejamos tus cenizas en casa. Y el árbol rebrotó. Hoy, esta grande. Ahora nosotres lo vemos crecer. Veo y pienso, estás ahí brillando como siempre, como si hubieras vuelto a nacer un poco con el eucalipto, con nuestra memoria. Veo y siento que sos un poco el árbol que el árbol es un poco vos. Imagino tu voz, tus gritos, tu agite, esa sonrisota contagiosa... Se me libera el corazón saberte ahí, siendo con todo El libre guardián de nuestro mundo.

  • Moderado no es moderno / Theodor W. Adorno

    Lo nuevo es una mancha ciega, vacía como el perfecto estar-ahí. La tradición, como cualquier categoría histórico-filosófica, no hay que entenderla como si una generación, un estilo o un maestro entregase su arte en manos de otros en una perpetua carrera de relevos. Lo moderno es arte por la imitación de lo endurecido y de lo extraño, y así se hace elocuente, no por la negación de lo que ha quedado mudo. Lo moderno es abstracto gracias a su relación con lo que ha existido; inalcanzable por su encanto, no puede decir lo que todavía no existía y, sin embargo, tiene que luchar contra la afrenta de lo siempre igual: ésta es la razón por la que los criptogramas de lo moderno en Baudelaire identifican lo nuevo con lo desconocido, tanto con el telos oculto cuanto con lo horripilante brotado de la inconmensurabilidad de lo nuevo con lo siempre igual, es decir, con el goút du néant. Loos argumentos contra la estética cupiditas rerum novarum, tan plausiblemente apoyados en el desenfreno propio de esta categoría, son íntimamente farisaicos. Lo nuevo no es una categoría subjetiva, sino que está impuesto por la cosa misma que no puede retornar a sí, libre de heteronomía, más que por ese camino. La fuerza de lo antiguo es la que empuja hacia lo nuevo porque necesita. de ello para realizarse en cuanto antiguo, La praxis artística y sus manifestaciones, cuando se creen inmediatas, se hacen sospechosas si se apoyan en esta consideración. La razón es que lo antiguo, que este arte conserva, anula la diferencia específica de lo nuevo, mientras que la reflexión, que ya no es inmediata, no es indiferente ante el ensamblaje de lo antiguo con lo nuevo. En la cumbre de la ola de lo nuevo es donde se refugia lo antiguo, pero en su ruptura, no en su continuidad. Cuando lo nuevo se convierte en fetiche a imitación de su fetichista modelo, a imitación de la mercancía, entonces la crítica debe recaer sobre la cosa misma, no tocándola desde fuera, sino denunciando el hecho de su fetichización. Chocamos aquí con la disonancia entre nuevos medios y viejos objetivos. Cuando se ha agotado la posibilidad de innovaciones y sólo se sigue buscando mecánicamente en la línea de la repetición, entonces hay que cambiar la dirección Innovadora para hacerla llegar a una dimensión nueva. Se puede estancar lo nuevo, ya que es abstracto; se puede cambiar en lo siempre igual. La fetichización nos expresa la paradoja de todo arte, paradoja que no es obvia: el que una obra ya hecha deba existir a causa de sí misma. Y es precisamente esta paradoja el nervio del nuevo arte. Lo nuevo es, de necesidad, algo querido y, sin embargo, en cuanto que es lo otro, sería lo no querido. Le veleidad es la que lo encadena a lo siempre igual; de ahí el paso que existe entre lo moderno y el mito. Su intención es la no identidad, y esa intención es la que lo convierte en idéntico. El arte moderno, como el barón de Münchhausen, intenta ensayar la identificación de lo no idéntico. La brutalidad de lo nuevo, para la que ya es usual el nombre de experimento, no procede de una actitud subjetiva ni de la estructura psicológica del artista. Cuando al impulso artístico no se le ofrece nada seguro ni en la forma ni en el contenido, los artistas que quieren producir algo se ven impulsados objetivamente a los experimentos. Pero el concepto de los mismos se ha modificado cualitativamente, y esto resulta ejemplar para la categoría de lo moderno. Al comienzo significaba sencillamente que una voluntad consciente de sí misma ensayaba formas de proceder desconocidas o no sancionadas. En el fondo latía la fe tradicionalista de que al fin quedaría claro si los resultados eran aceptados por lo establecido y adquirían legitimidad. La modernidad se opondrá al espíritu del tiempo ocasionalmente dominante y hoy tiene que hacerlo; el arte radicalmente moderno aparece a los ojos de los decididos consumidores de cultura como anacrónicamente serio y por ello irracional. En ningún otro lugar se expresa tan enfáticamente la esencia histórica de todo arte como en la irresistibilidad cualitativa de lo moderno; pensar aquí en los hallazgos de la producción material no es una mera asociación. Las obras de arte importantes tienden a aniquilar todo cuanto alcanza su nivel. La rancune es uno de los motivos por el que tantos eruditos se cierran a lo radicalmente moderno; la fuerza histórica homicida de lo moderno se identifica con la destrucción de cuanto los posesores de la cultura defienden desesperadamente. Lo moderno no es caduco por avanzar demasiado, como suele afirmar la fraseología del cliché, sino, al contrario, por no haber ido demasiado adelante porque sus obras vacilan faltas de consecuencia. Sólo las obras que alguna vez corrieron riesgo tienen la posibilidad de sobrevivir, en cuanto esa posibilidad aun existe, pero no aquellas otras que, angustiadas ante lo efímero, se pierden en el pasado. Los renacimientos llevados a cabo por una modernidad moderada, propios de la conciencia de restauración y de sus clientes, fracasan aun ante los ojos y los oídos de un público ni siquiera vanguardista. Moderno y moderado es una contradicción, ya que frena la racionalidad estética. El hecho de que cada parte de una ora consiga plenamente todo lo que puede coincide plenamente con el concepto de moderno en cuanto desideratum: la moderación en cambio no lo consigue porque toma sus medios de la tradición existente o fingida y les concede el poder que ella misma no tiene. Las apologías de lo moderno moderado basadas en su autenticidad, por la que escapa a la corriente de la moda, se convierten en inauténticas si nos fijamos en las facilidades de que gozan. Fuente: Extracto de Adorno, T.W (1984). Teoría estética, Madrid, Hyspanamérica.

  • Todo está por hacerse / agostina silvestri

    Todo está por hacerse. ¿Habrá que urdir la lengua que se habite? ¿Encontrar antepasados y afinidades pertinentes? ¿Componer las moradas donde ya no se vivirá a solas? ¿Perturbar los repertorios de lo sensible, para con-movernos distinto? Importa qué figuras figuran figuras. Importa qué sistemas sistematizan sistemas. Entre mundos afectados, importan los detalles. Es decir, importa qué cuerpos y cuántos y cuáles cuerpos componen cada cuerpo. Y cómo, y cuándo -que no es pasado/presente/futuro, sino- coordenadas precisas, parciales, situadas, heridas, abiertas, de ganas. Importan las preguntas en la inmanencia implosiva de espirales semiótico-materiales donde los imaginarios hacen cuerpos que hacen cosas inesperadas impersonales fugitivas con lenguajes y palabras. Besos guerras espejos ausencias historias se mueven se tocan en remolinos. También nos-otrxs, ahí, ensayando formas de participar. La vida arde, los padres caen, las madres mueren. “Con el tiempo, sobre todo en los últimos años, he perdido la capacidad de ser persona”. Un modo de vivir demasiado Humano no ha reprimido o castrado tanto como inscrito el germen de su propia destrucción. Por eso hacemos fiestas entre las ruinas, cultivamos alivios y galaxias errantes, estallamos en infinitos extraordinarios sexos, deseamos algunos riesgos, nos retiramos en siestas y vagabundeos felinos, entrenamos los exilios, las ternuras a la intemperie. Nos reconocemos y extrañamos en otredades significativas y así esquivamos las miradas fascinantes de amos ciegos. Nos-otrxs nos dejamos estar y así atendemos a lo mínimo. Por ejemplo, podría creerse que “dejarse estar” y “dejarse estar” hablan de lo mismo. Pero captamos que un “dejarse estar” fabrica tedios y apatías inertes, administra sumisiones libertarias a la tiranía de lo igual, alucina obediencias, revoluciones, infiernos, paraísos. Otro “dejarse estar” agudiza perspicacias levísimas, retoza fugas del teatro de la productividad, ensaya discontinuidades deseantes. Acaso sabemos, así, que las soledades son amigas multiespecie, pues conjuran las tristezas de la pertenencia y animan monstruosidades insólitas. Después de todo, no podemos habitar otra cosa que puentes. La ilusión de un refugio engendra el peligro del encierro. Las categorías secuestran a lxs que las portan. Ahora es un instante-ya que se disuelve en un mar sin fondo. La precaria vida viaja en textos abiertos sin autorías mientras se trafican, reciclan, encuentran y extravían sentidos que bordean el silencio y encantan la nada. Se adhiere, se repele, se raja, se cita, se imita, se desplaza, se duela, se imprime, se transcribe, se permuta, se dosifica, se inhibe, se esparce, se traiciona, se transforma. Locamente rehusamos comprar los sentimientos de las pedagogías sin conflicto: no queremos su paz, amor y belleza de galerías, sus dramatismos, sus solemnidades edípicas. Fallida y graciosamente hacemos sensibilidades raras en los confines de los sufrimientos asignados a las marañas que nos constituyen: ternezas, escandalidades, mansedumbres con colmillos, fragiliencias, carnavales rabiosos, agudos olfatos, ensoñarios que compartimos como semillas y huellas de mundos. Alojamos huéspedes inquietantes. Con ellxs aprendemos a atacar el personalísimo papel de mártires o iluminados, los despotismos de peluche que se nos ofrecen alternativamente a cada vuelta de esquina como promesa de salvación. Yo: animal embalsamado como objeto decorativo, inmensidad de lo vivo vuelta Parque Nacional para el disfrute por un módico precio. ¿No agota el ingenio seguir intentando firmar el viento? Nos-otrxs, amantes inadecuadxs, tramamos relaciones de enrarecimiento, sentimos cariño (y miedo, pero también cariño) con lo informe que nos acampa el cuerpo. En las cavidades que las hablas interpretativas-explicativas procuran saturar y suturar, nos crecen antenas y tentáculos diminutos como vellosidades, asombros que captan, atraen y provocan ritmos y mareas (im)posibles. Así bailamos cardúmenes y desiertos poblados, demoramos fines y principios, erizamos curiosidades y deambulamos por extensiones inusitadas, simpoiesis, composiciones y diseños extraños en las tramas donde cada cual halla un provisorio lugar. Y florecemos, fantásticxs y sin saberlo, por tantas partes, en rituales diaspóricos y extáticos que mapean territorios itinerantes y movedizos para reconocer afinidades próximas, efímeras, eternas. Estamos acá. Desde las madrigueras y entre las multitudes, seguimos preguntando, pues. ¿Hasta dónde llega un gesto-palabra? ¿cuántas y cuáles re-ediciones admite un texto un cuerpo un mundo un modo de estar? ¿a dónde va lo que se intenta suprimir?

  • Del empuje de la vida que brota o ‹‹Archivida››* / Jean-Luc Nancy

    *[N. de T.]: El título original del texto es ‹‹Archivida››. ‹‹Archivie›› es un neologismo compuesto a partir de un mismo prefijo ‹‹archi›› que se puede remitir en castellano a varios: ‹‹arqui-›› (arquitectura), ‹‹archi-›› (superlativo) y ‹‹archi-›› de archivo. Se podría traducir en castellano por ‹‹archivida›› tanto como por ‹‹arquivida››. Elegimos ‹‹archivida›› por el sentido del archivo y del superlativo fundamental en el texto. Más que de una arquitectura de lo viviente hablemos de una vida arquitecta o mejor aún archigona -pues existió esa palabra griega- hablemos de una vida que engendra la vida. es lo que siempre hace, infaltablemente,/ es una de sus mayores características, engendrar vida de toda vida, no solamente conservarse, crecer y embellecer, sino propagarse, proliferar, reactivarse de edad en edad, de invierno en primavera, de lugar en lugar, de mar en tierra. Es lo que ella hace, pero aquí desearíamos hablar de otro engendramiento más originario que la reactivación genética una génesis que engendra a la propia génesis urleben la nombraría la filosofía alemana o bien das Urlebendige como lo escribe Schelling ‒ Ur señala la elevación, el levantamiento,/ el movimiento de abajo hacia arriba, subida, empuje, mientras que arché dice el primer gesto, el primer paso, el paso de quien sale adelante, quien toma la iniciativa y la vida ¿no es acaso la iniciativa y el comienzo, no es ella el empuje de lo que brota[i] ¿pero qué vida empuja a la vida por brotar?/ He aquí de lo que queremos hablar, ¿qué elevación, qué palanca? Porque en fin uno difícilmente ve un mundo que no sería hecho, que no sería plasmado, engendrado, en tanto que mundo en el cual ello engendra y produce,/ ello fructifica, enjambra e insemina- y también disemina ‒ Es necesario pues una vida anterior una vida que no comienza en este mundo,/ sino de la cual el mundo viene y vive, una vida que haría tanto big bang como yin yang sin ser sin embargo posterior a ellos, siendo para ellos primordial, esencial, elemental, un pujar que brota de todas partes de ninguna parte,/ de lo más profundo de la profundidad o de lo más superficial de la superficie cuando ni la profundidad hunde ni la superficie emerge y sin embargo cada una empuja a la otra -o más bien un empuje las estira, las distiende,/ las difiera en el espacio y en el tiempo. he aquí la vida archigona el loto que contiene el sol, el soplo que pasa sobre las aguas, el ya-siempre presente de la presencia infinita/ que no es ni un ser ni el ser, que no es ni principio ni causa, ni agente, ni fermento, ni fuente, sino movimiento, trastorno, inclinación, asimetría, ruptura de identidad y de igualdad consigo, dehiscencia de aquí y de allá, de esto y de aquello, tensión, presión, excitación, incitación sin organización, pasaje del uno al uno que le revela haber sido/ ya otro que el uno, contracción y atracción ‹‹archivivientes›› de donde la vida más tarde podrá nacer en ese más tarde que se abre,/ ya abierto en el más temprano/ que no se deja jamás asir de otro modo que como el más tarde de otro más temprano/ es decir en la distención del empuje ‒ El empuje brota: se empuja a sí mismo y sin embargo al no ser nada que se pueda asir él está también empujado, estirado,/ acción pura que al no actuar sobre nada se recibe, se padece, se apasiona, acción que su hacer apasiona: he aquí. Se juega una posibilidad,/ una excitabilidad que no necesita/ que alguna especie de fuerza surja para agitarlo,/ porque es por ser ella misma excitable que ella se excita, es la sensibilidad que se da a sentir ella misma/ más antiguamente, más profundamente que alguna especie de sensación determinada o de sentido asignable. Tal es la vida primordial: la susceptibilidad que se afecta a sí misma sin, no obstante, relacionarse consigo en esta afección bajo el modo de una existencia determinada, de un crecimiento de sí fuera de sí, ni de un sentimiento de sí fuera de sí. La vida inmediata es la vida tomada en una separación consigo que la hace extranjera a ella misma afirma Hegel[ii]. Das sich entfremdete Leben: la vida que no vuelve propiamente a sí, que no se desata ni se distingue como una vida según la diferencia de su membrana, de su cuerpo, de su genoma y del tiempo en el cual ella vive hasta su muerte la vida así no apropiada no es por eso menos, en su extrañeza cósmica, mineral, energética,/ en su exterioridad de partículas y de relaciones, en esa extrañeza presente como ella misma si hay que decirlo con Valéry: ¿Por qué la vida ligada al oxígeno? Ella se encuentra pues dentro de cierta/ Condición químico-geológica…[iii] ella misma en sí propiamente extrañada, extrañamente propia, y susceptible sin otra intervención más/ que todo lo que ocurre en ella entre ella y sus extrañezas, entre ella y ella que no es sí ni por sí ni para sí, ella que es todo unidamente todo extrañamente singularmente/ universalmente pluriversalmente viviente bajo el modo de no serlo de no ser al menos vegetal, animal o espiritual, sino de ser todo ello junto y más todavía de ser lo junto de ese conjunto, la apertura y el mantenimiento, la perpetuación del mundo, pues un todo viviente es un todo en el cual todo/ existe en una relación con el todo así lo afirma Kant: Un cuerpo orgánico es aquel en el cual cada parte con su fuerza motriz se relaciona necesariamente con el todo, con cada parte en su composición. La fuerza productiva de esta unidad es la vida. Este principio de vida puede ser remitido a priori de las plantas a los animales, con sus relaciones recíprocas, con todo lo que resulta de la ligazón de los dos, y también con el todo de nuestro mundo, por la reciprocidad de sus necesidades[iv] Kant afirma aquí un pasaje legítimo a priori (sin recurso a los datos sensibles) de la primera forma específica del viviente (el vegetal) luego al animal, a las relaciones de todos los vivientes y de allí al ‹‹Todo del mundo››. No es pues posible que el viviente aparezca en el desarrollo del mundo sin que la vida o el ‹‹principio de vida›› no sea él mismo ya envuelto en el mundo bajo cualquier aspecto y en cualquier momento de su historia que se lo considere. El viviente proviene de la vida de la que revela así la ‹‹archipresencia››. ¿Qué es entonces lo que sin embargo hay que pensar para pensar eso, eso cuya expresión kantiana no es más que un momento en la larga historia donde todas las filosofías han pensado de manera más o menos directa y temática una vida del mundo en su totalidad? Todos ellos la han pensado, en efecto, sea bajo un modo trascendente o inmanente, lo que no hace aquí la menor diferencia ya que una vez que un Dios crea un mundo, exprime -o imprime- en él el designio de su vida divina, y recíprocamente una vez que un mundo se despliega en inmanencia el principio de su vida, es decir, su mundaneidad de mundo, forma la manera que tiene la inmanencia de trascenderse, lo que no quiere decir nada más que esto: ella se relaciona con ella misma. (Añadimos rápidamente que el momento de Kant es revelador porque es justamente aquel donde la supuesta trascendencia es expresamente convertida en supuesta inmanencia). ‒ Para pensar la vida del mundo -que no es exactamente el mundo como viviente, al modo de un ‹‹gran animal›› estoico- hay que pensar esta ‹‹reciprocidad de necesidades›› a la que Kant remite la necesidad de pensar la vida del todo del mundo. La reciprocidad no es tan difícil de representar ya que no sólo los animales comen los vegetales sino que también les suministran elementos, como el nitrógeno, y conservan sus espacios de crecimiento y de reproducción, o bien ya que los minerales suministran componentes de las savias vegetales mientras que las plantas fijan y transforman sus suelos. Es menos fácil captar el sentido de ‹‹necesidad›› (Bedürfnis) en este contexto. La necesidad designa la necesidad apremiante -‹‹vital›› diríamos en caos extremos- en nombre de la cual nos encontramos en la preocupación [souci] (es el sentido de la palabra fráncica bisunnja, de donde viene la palabra) y por efecto de esta preocupación en la actividad atareada – la tarea [besogne]- de proveer lo que se experimenta como falta. Hay entonces una preocupación que porno ser del todo la cura ni la Sorge existencial de Heidegger no amerita menos ser asociada con ellos. La necesidad manifiesta una dependencia del afuera o del otro. Así se puede afirmar que ‹‹la vida (…) es la realidad misma de la separación: hambre (…), nacimiento (…), desarrollo (…), variación (…) etc. Es a figura del afuera por excelencia.››[v] Solemos pensar la separación como distinción privativa con respecto a una unidad previa. Pero la separación constituye asimismo la condición de producción de una unidad distinta. La separación permite que no haya una sola cosa indistinta no, ni una cosa en lugar de nada porque en ese caso la cosa cae en la nada de su sola unicidad es por eso que no es suficiente decir el ser ni del ser que él es sino que hace falta decirlo plural no los seres sino ser esta acción esta surrección/ esta advenida esta movilización abre la pluralidad de los entes singulares entre ellos separados sin por tanto ser separados de alguna entidad primera que os hubiera precedido ya que nada precede ‹‹ser›› este acto este acting out este nacimiento. ‒ Ser no es Ser es nacer ser quiere nacer ser está en el nacimiento más originalmente ya que el nacimiento está en el origen y recíprocamente el *gen de la generación en el *gna de la venida al mundo y recíprocamente la venida al mundo presupone el mundo mientras el mundo presupone/ que vengan las cosas del mundo allí no su proveniencia sino su venida su arribo no su ascendencia ni su descendencia sino su ‹‹scendencia››, su ‹‹scansión›› el ritmo de su separación distinción dispersión/ diseminación desaparición distribución la inmensa prosodia del mundo los iones los cationes los mesones los bosones los campos las fuerzas las tracciones las partículas moléculas películas homúnculos todas las combinaciones declinaciones/ mezcladas y desenredadas las palpitaciones las pulsiones figuras y cadencias en las cuales ser es nacer y nacer al mundo es nacer mundo cada vez otra distinción, otro ser-ahí,/ nacer-ahí, nacer-al-ahí, otro ser-uno-ahí del cual se abre otro impulso hacia otro afuera Todas esas aperturas abren las unas a las otras o bien cada una en sí monada las refleja todas por donde vemos que hay un mundo de criaturas vivientes,/ de animales, de entelequias,/ de almas en la menor parte de la materia tal como escribe Leibniz[vi] y no hay nada inculto, estéril, muerto en el universo lo que significa entonces que una vida del mundo/ se presupone a la vida determinada del vegetal, del animal y del espíritu, lo que no es otra cosa más que la presuposición/ del todo para las partes, de que la forma interior del todo precede al concepto/ de la composición de todas sus partes[vii] y la forma interior que precede el concepto es eso que debemos nombrar ‹‹vida››, ‹‹archivida››/ que sin embargo no es otra vida -por ejemplo inmortal, inalterable-/ que precedería y envolvería nuestras frágiles vidas perecederas pues al contrario la ‹‹archivida››/ fragiliza y hace perecer al archi mismo, disuelve el principio de la venida, en la venida que precede toda proveniencia, que la precede en sobrevenida sobreviniendo a nada, de nada,/ pero sobreviniendo en el medio de nada, sobrevenida inmemorial por la que sobreviene también el pensamiento sobreviene como pensamiento esto que el origen es siempre sobreviniente supernumerario y sorprendente no ser primero primeramente puesto sino nada puesto, todo viniendo, todos los entes viniendo y el ser que es precisamente lo no ente en ellos[viii] lo no ente que vida nombra, ‹‹archivida›› jamás archivada Porque no hay depósito para la vida ‒ No hay siquiera reposo porque la vida consiste en vivir y vivir/ excluye la interrupción pero en el reposo vivir continúa de vivir y se rehace la vida lo que es común a zoé y a bios tanto como a vita lo que sobreviene en su raíz gwey siempre ha tenido que ver con vivir tanto como los seres han tenido que ver con ser y jamás con ‹‹el ser›› vivir es decir durar, proseguir, continuar, prolongar es pasarse la vida,/ y por ende también pasarla de tal o tal manera ya que no dura o prosigue más que una vida y no ‹‹la vida›› en general que no vive en ninguna parte, ni existe es cada vez una vida que vive según su forma de vida eso que Wittgenstein/ caracteriza como eso que debe ser aceptado, lo dado[ix] eso que está dado como esta vida que se abre, que se encamina y persigue tanto tiempo como ella vive o bien que ella es vivida podemos decir una cosa o la otra no hay reposo no hay stasis porque el reposo mantiene renueva la vida que se reposa y el corazón que late se detiene cada vez que se contrae. La vida se mantiene es decir desea vivir todavía ella es, dice Garrido,/ el fenómeno de la diferencia entre lo vivientes y lo no viviente;/ es la lucha el esfuerzo o la resistencia de lo viviente para seguir viviendo[x] y si lo que desea es morir es que ese deseo se representa/ otra vida más conservada, más protegida contra una amenaza/ a la que descubre no poder resistir más ‒ La vida quiere vivirse, ella quiere ser vivida/ pues es siendo vivida que se experimenta es experimentándose que ella se afecta Y es afectándose que ella es, que toda cosa es ‹‹afectarse›› en efecto no es primero alegrarse o quejarse o bien es eso mismo pero bajo formas/ a las cuales nosotros no prestamos atención tal como estar afuera al lado, delante, detrás,/ al descubierto, en contacto, bajo presión, es estar fuera de sí y que ‹‹ser›› se muestre en tanto que afuera alejado, fuera de toma, arrojado en la indiferencia por su diferencia misma tanto como acercado hasta el choque de su exterioridad,/ de su dureza impenetrable así es que la ‹‹archivida›› se hace extranjera de sí misma/ en el organismo cósmico astral geológico y mineral de la misma forma que de esta extrañeza ella extrae/ su caldo prebiótico donde comienza/ a comerse a sí misma para comenzar a vegetar y a animarse es decir a desearse como eso que se siente desear eso que se siente y que se sabe desear o más bien que se siente y se sabe como su deseo de sí y que adhiere con todas sus fuerzas a ese deseo/ para perpetuarlo, hacerlo crecer/ y en suma transmitírselo a sí mismo que adhiere que pega a sí mismo como lo dice el alemán Leben o el inglés life cuyo sentido es la cola, el pegamento,/ la adherencia que se experimenta pegada apegada como dos cuerpos que se aprietan no hacen otra cosa que com-partirse sentirse el uno al otro en el solo sentir lejos de todo agarrar y de todo manejar o agarrándose y manejándose por ninguna otra operación que desearse y sentirse desear -de su sentirse deseado/ tanco como desear- A veces de manera anexa y sin embargo no aberrante Deseando también transmitir la vida,/ La misma que ellos com-parten/ tanto como otra que se extrañará, otro cuerpo vivo el cual por consecuencia habrá sido presupuesto, se habrá presupuesto habrá presupuesto su forma a la composición de sus partes sin que por ello esta presuposición/ pueda en algún modo ser puesta, ni prespuesta, ni supuesta ya que no se presupone lo que no llega/ más que en el surgimiento de un deseo nuevo cuya novedad vuelve a lanzar, a jugar, re-presenta la novedad inmemorial archivivente esta vida río arriba de la vida que para terminar y para comenzar no es una vida ya que es el nacimiento de ella la expulsión fuera de nada, la pulsión, la pulsación que no es primera/ más que dividiéndose de sí misma ‒ Dividiéndose hasta experimentarse tan frágil/ y tan deseante de vivir que se da otras formas de vida, de nutrición,/ de sueño, de calor, de protección, de encuentro, de signos que se ponen a vivir su propia vida,/ lenguajes, cálculos y máquinas, donde la vida se experimenta más vi- viente y llevada más lejos en su espacio-tiempo que ella experimenta/ como su propia expansión su propia diseminación/ su propia profusión y su propia extenuación siempre dividiéndose de ella misma que no es en sí más que la división misma no de ella misma no de alguna célula sino de aquello que no sería si la división no se deseara ahí. Fuente: Nancy, J-L (2013) Archivida. Del sintiente y del sentido. Trad. de Marie Bardet y Valentina Bulo. Ed. Quadrata. Bs.As. [i] N. de T.: En francés “la poussée de ce qui pousee”. Nancy en este texto va a jugar con el dobles sentido de pousser en francés: empujar y brotar, y de “pousée” la acción de empujar, el empuje y el brote, imposible de traducir con un solo término en castellano. Para mantener la doble dirección de sentido traduciremos por “el empuje de lo que brota”. [ii] Encyclopédie, 337 (trad. fr. p.555) [iii] Cahiers II, p. 726. [iv] Opus postumum, XXI, p. 211. [v] Cf. Juan-Manuel Garrido, Chances de la pensée, París, Galilée, 2011, p.34. Sigo aquí los pasos de todo el pensamiento garridiano de la vida. [vi] Monadologie, p. 66. [vii] Opus postumum XXI, p. 209. [viii] Schelling, Ages du monde, p. 75. [ix] Recherches philophiques, p. 316. [x] Chances de la pensé, p. 23.

  • Caligrafía Nómade V / Patricia Mercado

    La osamenta de un intelectual como Juan Carlos De Brasi escapa a la cifra. No puede rastrearse en las reseñas de google: su doctorado en filosofía, la práctica del psicoanálisis, los libros y artículos, el cargo en la administración pública, las cátedras que lo tuvieron de profesor, los institutos que creó o de los que fue supervisor institucional. Sería tan absurdo como suponer que el misterio del mar puede comprenderse midiendo su salinidad. Para buscar en esa singular potencia tendremos que acercarnos a la pasión con que husmeó libros en varios idiomas, al cine, a la música, al deporte, a la poesía. Al misterio de la sexualidad y de la amistad. Cuando miro a Juan veo una escritura. Un modo de errancia la hendidura de esa grafía arando de cabo a rabo los días. Una vida que se escribió a mano con viejos utensilios: birome, papel, libros. Escribió en cuadernos, en los márgenes de lo que leía, en las servilletas de los bares. Desconfiaba de los claustros académicos. De sus jerarquías y sus dogmas, de sus clubes prestigiosos y sus pactos de silencio. Cultivó una feroz disidencia con lo hegemónico de la época tomando nutrientes de las tradiciones y las vanguardias. Anhelaba pensar. Impregnado en viejas tradiciones de Buenos Aires reconocía cotidianamente en el bar un vórtice fecundo para ese anhelo. Porque pensar no fue, para las convicciones que Juan supo cultivar, un acto de repliegue en percepciones e ideas vividas como voz de mando, como opinión propia, como feudo de un sentir soberano, como capricho infantil. El bar fue un lugar de la calle al abrigo de las intemperies de la historia. Un lugar donde encontrarse alrededor de una mesa a celebrar la palabra con amigos y amigos de amigos. Pensar juntos, pensar en el roce de experiencias de lectura y de acción política que se hilvanaban en provisorios argumentos, como si se tratara de fabricar caleidoscopios con los que soñar porvenires. En compañía de su maestro Carlos Astrada cultivó la osadía de practicar la lectura y la conversación como puertas de una revolución soñada. Habitó el verbo estudiar toda su vida, lejos de las mezquindades de la lógica profesional. Porque creía en la palabra con el vigor de los que escuchan las pulsaciones vivas del lenguaje. Quizás por eso se enamoró del Psicoanálisis, ese árbol inusitado nacido con el siglo XX. Escribió dando batallas: como la de la Noche de los Bastones Largos en julio de 1966 que lo encontró en el hall de la Facultad de Filosofía y Letras, en el viejo edificio de la calle Independencia, tirando bancos contra los caballos de la policía montada que garroteaba a estudiantes y profesores. Que dejaba claro, aquella nefasta noche, que pensamiento es lucha. Porque creía que escribir se escribe de cuerpo entero. Porque hay pasiones tan hondas del pensar que se escribe enhebrando una respiración, un aliento ígneo de temporalidad en curso. Travesía ese aire del pensamiento que sabe inflamar la mano. Escribir escuchando dolores macerados a fuerza de humillación en las calles, en las casas, en las aulas, en las fábricas, en los trenes, en los hospitales. No, no era un ratón de biblioteca. Aunque las bibliotecas fueron íntimas a su amor. Cuando digo escritura, la de Juan, quiero decir la ardiente paciencia de una grafía en lo acallado, en lo oprimido de una época. Pensamientos puestos en diálogo en San Pablo, en Italia, en México, en Barcelona. Alguna vez dijo que el único exilio que no había habitado era el de la lengua. ¿Cómo escuchar el corazón de esta letra? que sigue aquí a orillas de deseos inesperados que la abracen, una vez, otra, para seguir soñando. Inter omnes imperfectiones maximum est non esse. La mayor de todas las imperfecciones es la no existencia decía Baruch Spinoza. Abrasados al anhelo de pensamiento que esta escritura sabe donarnos, le ahorramos el disgusto de llamarlo maestro, y decimos: A tu salud! querido compañero.

  • Otra vuelta / Daniel Rubinsztejn

    Conversar: vivir, dar vueltas en compañía. ¿Hay conversaciones clínicas? El analizante ¿conversa con el analista? El analista ¿conversa con el analizante? Tres preguntas y ninguna respuesta. Solo un recorrido para pensar nuestra práctica (¿clínica?). Me gusta pensar que la práctica analítica se asemeja a una tarea de artesana, es decir que tiene mucho de arte (poesía-interpretación poemática) y que efectivamente sana. Sanan las palabras cuando se aligera, por efecto de alguna intervención, su peso mortífero. Peso que coagula en síntomas que atormentan la vida. Un arte –entre ciencia y religión- que si fuera clínico, lo sería por la posición -decir verdades que no se pueden escuchar- recostado en un diván (kliné). Una práctica que nos somete a cierta pasividad, a la espera de que por la escucha y hasta que llegue el instante -jamás previsto- de interrumpirla, de saltar como el león que sólo salta una vez. Dar vueltas a las palabras que lo han dado vuelta, lo han atolondrado. Escribirlas nuevamente, dibujarlas, pintarlas y darles otro color. A veces conversamos, sostenemos conversaciones a la espera. Estrategias transferenciales para poder dar el salto: interpretación-acto. Y que justamente provocan un cambio de registro, pasando de acumulaciones de sentidos a estallidos en los límites de la angustia. La compañía es transferencial, no la pienso en términos de comprensión ni de empatía. Sólo estar como instrumento para que un analizante, componga su propia melodía. Un estar a la altura de la vibración de alguna palabra, un sonido o un silencio que se escuche, nuevo.

  • Acompañar al cante / Hernán Pasicel

    A propósito del texto “Otra vuelta” de Daniel Rubinsztejn, recordé que lo que más valoran los músicos flamencos en un guitarrista es su capacidad para acompañar al cante. Para Tomatito (quien acompañó a Camarón después de Paco de Lucía) es tocando para un cantaor que se ve de qué está hecho un guitarrista flamenco. El cante tiene una estructura, pero siempre tiene algo de contingencia, el cantaor se deja llevar e improvisa en el momento. El guitarrista tiene que estar muy atento, casi adivinando, como para tocar en simultáneo con el cantaor algo que no está preparado y hacerlo de tal forma que resalte el cante y no la guitarra. Pero, ¿el cantaor a quien el tocador acompaña es dueño de su voz? ¿Es un individuo que canta impulsado por su propia voluntad? En la película Vengo (2000) de Tony Gatlif hay una escena en que tres gitanos paran en la ruta y uno de ellos se dirige a un árbol: — ¿Qué pasa? — Le preguntan al gitano que se acerca al árbol. — Escucha…— Se acercan, se dejan tocar por el viento y las hojas. — Este árbol parece que tiene duende, canta por seguiriyas — Hacen silencio y uno de ellos comienza a cantar, los demás lo siguen haciendo palmas. Una voz áfona, la del duende, esa alteridad radical que habita en el árbol y que interpela a los gitanos, encuentra en el cantaor un médium para sonorizarse. Entonces, con su acto, el que acompaña, activamente se borra para que se escuche la voz que el cantaor canaliza. Los guitarristas flamencos asumen que acompañar es la tarea más difícil para un tocador.

  • Reparación de comunicaciones atropelladas entre el Surrealismo y la Edad de oro brasileña /Lua Moura

    Algo pasa o no pasa. No hay nada que explicar, nada que interpretar, nada que comprender. Es una especie de conexión eléctrica. Experimentación, acontecimientos para cada cual que nada tienen que ver con un libro, que lo hacen pedazos, que lo hacen funcionar con otras cosas, con cualquier cosa… ésta es una lectura amorosa. Gilles Deleuze Propuesta de lectura amorosa: el encuentro entre escritura surrealista y los Manifiestos de Oswald de Andrade. Una fuga del confinamiento del significado. Propongo tres zonas -que no se dan escindidas sino bajo la fuerza de lo simultáneo- para acercarnos a los manifiestos de Andrade y así establecer los alcances de ciertos cruces (im)posibles con la lectura que Bataille hace del surrealismo. Rastrearemos una dimensión geográfica, el pasaje por el lenguaje y la experiencia descentrada de los límites humanos. Dimensión geográfica como ¨originalidad nativa¨[i]. Tanto en la Poesía Pau Brasil, como en el Antropófago, aparece un ¨ser regional¨ que introduce una relación imprescindible -la mayoría de las veces invisibilizada, precisamente por las regiones históricamente abusivas- entre el uso que tiene la poesía en función con su territorialidad. La cuestión material irrumpe al inicio: ¨La POESIA existe en los hechos. Las casuchas de azafrán y de ocre en los verdes de la Favela¨. No se trata de la poesía de lo inefable. Retoma las fuerzas de las cosas mismas, se deja afectar por su materialidad, en las sensaciones que surgen de su tierra, de su vegetación, de su distribución política, de su historia social. De Andrade no deja de hablar de barrios, florestas, yuyos, selvas salvajes, de bailes en las favelas, de la Poesía Pau Brasil como comedor dominguero. En este punto es irreconciliable con el surrealismo que se ocupa de pensar al hombre en términos universales, desentendido de su lugar de enunciación geográfica, incluso ubicando su problemática fundamental a partir de su separación del universo a través del trabajo técnico al que fue forzado[ii]. Reparación imposible, al tratar de recuperar de modo ausencial la participación con lo sagrado a partir de los ritos y los mitos, según Bataille. Escisión que el sujeto nativo de los manifiestos denuncia nunca haber aceptado: la distinción entre importación o exportación como condición geográfica de enunciación marca un pulso indispensable para leer los manifiestos. La tierra marcada por su paisaje y su histórica distribución política. La escritura, marcada por la tierra. En el caso del lenguaje también aparecen direccionalidades encontradas; mientras que el surrealismo lo ubica en el tiempo del porvenir como búsqueda, asumida como fracaso, De Andrade lo piensa como resistencia de la anterioridad, resto no-colonizable, tiempo-nativo imposible de erradicar del todo, a pesar de los esfuerzos colonialistas. El lenguaje surrealista busca deshacerse, y lo produce con la escritura automática, como acto de ruptura de lo que la edad de oro brasileña ya tenía antes de que la fatalidad del “aporte” blanco desembarque en sus tierras con su lengua docta y su erudición indigerible. La lengua es una historia de resistencias: fuerza local, sin arcaísmos, sin erudición.[iii]La antropofagia es respuesta a esa indigestión: ¨La transfiguración del Tabú en Tótem”. Lengua insurreccional que destroza la fantasía de lo humano como experiencia no interrumpida por otros modos de la existencia. La fuerza de la anterioridad como tiempo que coexiste fuera de una total invasión, en que se forma un sistema social planetario, en comunicación con el suelo: aquello que Bataille vislumbra en el surrealismo en su intento de asemejar al hombre con la estrella. Una práctica de deserción de lo humano como compromiso ético de reparación, un compromiso con la lengua que habitamos. Ampliación sensible y un descentramiento que nos permite restaurar comunicaciones atropelladas. [i] De Andrade, Oswald en Las vanguardias latinoamericanas de Jorge Schwatz, Editorial Fondo De Cultura Económica, p,171. [ii]Bataille, Georges, ¨La religión surrealista¨ en: La religión surrealista. Conferencias 1947-1948, trad. Lucía Ana Belloro y Julián Pava, Buenos Aires, Las cuarentas, 2008 p,47 [iii] De Andrade, Oswald en Las vanguardias latinoamericanas de Jorge Schwatz, Editorial Fondo De Cultura Económica, p,168

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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