Emancipación ante libertad / Alejandro Kaufman
- Revista Adynata
- 15 ene 2022
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Hace rato ya que de este lado hemos dejado de decir libertad para decir emancipación, tal vez de modo casi inadvertido, solo porque la opresión se autodesigna como libertad desde hace demasiado tiempo. La libertad de los opresores es la libertad para oprimir, es la libertad para cazar y depredar. Es la cĆ©lebre libertad del zorro en el gallinero. Si no se le deja ingresar al gallinero, el zorro aduce ausencia de repĆŗblica, censura, aherrojamientos inmorales. Nuestro problema de ahora, por seguir con la fĆ”bula, es cuĆ”ntas gallinas piden que se le deje ingresar al gallinero, y votan por el zorro entusiasmadas con el destino que Ć©l les augura con sus mentiras tan poco esforzadas y tan eficaces. La fĆ”bula, como toda fĆ”bula, es asimismo engaƱosa. Algunas o hasta muchas promesas del zorro son plausibles y verosĆmiles (anuncios de quienes realizan lo que auguran). Como dicen ellos, la evidencia los avala. De lo que no hablan es sobre el precio a pagar por ello -ilimitadamente sacrificial-, y sobre lo que mienten es acerca de las criminales taras que atribuyen a sus adversarios.
Prosperan porque cuentan con coreutas que les dan eco con complacencia obtusa y fascinación. Pueden decir cualquier macana, semiverdades, crueldades encubiertas, vaticinios fallidos y otras supersticiones, y todo ello es objeto de miradas cÔlidas de aprobación.
Postulan como fundamento del lazo social el derecho incondicionado a la propiedad, un derecho que en toda sociedad comprometida con la justicia habrĆ” de tener limitaciones, y que en el capitalismo desatado que nos agobia se formula como ilimitado. No debe haber lĆmites a la acumulación privada de la riqueza. Una sola persona deberĆa poder entonces en teorĆa poseerlo todo, todo lo existente. Alguien, si lo lograra por los medios que fueran, podrĆa por ejemplo ser dueƱo del aire de la biosfera y negarle la respiración a quien fuere que no pudiera pagar por respirar. Parece una hipótesis desmesurada, pero no lo es ni estamos tan lejos de ello.
La verdad de lo que postulan como libertad no reside en las respectivas frases filosóficas que citan malamente ni en pretendidas āideasā sino, a los efectos de lo que en verdad importa, que es lo que en verdad les importa: la libertad de apropiación. Demasiada gravitación ha tenido en la historia cultural y Ć©tica la adversidad opuesta a las prĆ”cticas de la apropiación, origen encubierto de la propiedad, de la acumulación de riqueza. La apropiación que la historia revela y el derecho olvida, que el arte, la literatura y las teologĆas liberadoras recuerdan siempre, y que la propaganda dispensada hasta el hartazgo por los poderes mĆ”s formidables presenta como incitación alucinatoria y fraudulenta.
Su verdad reside en una moral de la apropiación, la conquista, la explotación y el sometimiento. Se nos seƱalarĆ” siempre la existencia de dominios āvĆrgenesā, ādesiertosā o āvacĆosā, que no pertenecen a ānadieā, y que ya pueden estar situados en tierras lejanas, en las entraƱas terrestres, en los lejanos espacios estelares, o en los cuerpos subyugados que por esclavitud, salario o āemprendimientoā se ven destinados a luchar por su sustento para que ellos se enriquezcan. Este es su secreto: determinar que todo lo que todavĆa no les pertenece, entonces no pertenece a nadie, y es por lo tanto meritorio y legĆtimo que se lo apropien no importa cómo ni a quĆ© precio. Se trate de imperios coloniales, saqueos racistas, ocupaciones territoriales, āpatrimoniosā culturales o extractivismos mineros y agroganaderos (la palabra patrimonio fue acuƱada por el rĆ©gimen de apropiación). El crimen de la apropiación cuenta en su favor con los bienes de cultura: ĀæcuĆ”ntas veces se ha dicho y repetido, cuĆ”ntas veces, durante siglos?
Libertad para designar aquello de quĆ© apropiarse, referida a todo aquello que todavĆa no les pertenezca, y que es todo lo que existe y pueda āponerse en valorā. Libertad para desentenderse del costo de tales apropiaciones, costo tan infinito como la codicia que mueve a la apropiación. Solemos hablar de maneras dispersas de otras formas de existencia, como es el caso de la propiedad comunitaria, o lo comĆŗn, o tambiĆ©n lo distante y desconocido, y de cada una por separado, cuando lo que las reĆŗne es la apropiación, para la cual todo lo que no es su inherente lógica bĆ©lica de conquista y de conformación jurĆdica reconocible para sus mismos criterios es de ānadieā, y por lo tanto es apropiable. La apropiación es siempre violencia de algĆŗn tipo, ya sea contra quien se interponga, por habitar y existir sin poseer, o por la ācompetenciaā y rivales.
Es la libertad como desconocimiento de la responsabilidad por los propios actos y sus consecuencias. Es la libertad como impunidad frente al lazo social. Es la libertad del crimen frente a las otredades, libertad cuyo destino es el exterminio de las otredades. De ahà que la historia cultural de la emancipación es una historia contra el crimen impune de las libertades apropiadoras. El auge depredador, con su indumentaria de cuero negro, viene a reprimir el rumbo emancipador que cada vez pone mÔs en tela de juicio el régimen colonial patriarcal de la propiedad privada de cuerpos, ideas y mundos.
