top of page

Búsquedas

1164 elementos encontrados para ""

  • Lou y Anna / Cynthia Eva Szewach

    En la separación no es la pérdida, sino la posesión la que solo recién se vuelve plenamente consciente. Lou Andreas Salomé y Anna Freud mantuvieron una correspondencia continua desde 1919 a 1937. Está reunida en un libro1 que lleva como subtítulo una frase de Lou “Como si volviese a casa, al padre y a la hermana” (Als käm ich heim zu Vater und Schwester). Cuando escribe esta línea en octubre de 1928, según Inge Weber y Daría Rothe -quienes epilogan el epistolario reunido- Lou Andreas Salomé acababa de regresar a Göttingen, de una visita a Freud y a su hija Ana en el Sanatorio Schols Tegel. Allí se encontraba Sigmund Freud, porque su prótesis mandibular debía ser nuevamente ajustada, debido al cáncer que padecía hacía ya varios años. Anna le responde a esa frase “¡Estoy tan contenta de poder ser su hermana!”. La sensación y afectuosa expresión de Lou, “volver a casa” (Heimcommen), está referida a la alegría familiar de ser huésped en el hogar de Freud. En esta ocasión, para comenzar a compartir las correspondencias, decidimos transcribir casi en su totalidad, una breve carta, fechada siete años antes, el 22 de diciembre de 1921 de Lou dirigida a Anna y que forma parte de los inicios del intercambio. Comparten sueños, paisajes, apreciaciones del clima y conversaciones teóricas del diálogo con su amigo Bernfeld. Está escrita con el afecto que se estaba comenzando a instalar, derivado a su vez de la profunda admiración y agradecimiento de Lou por Sigmund Freud, quien se alegraba y propiciaba que su hija pueda establecer un vínculo con una de sus discípulas más respetada, con quien sabemos mantenía una correspondencia constante desde 1912. En ellas, encontramos que, en octubre de 1921, S. Freud la invita a Lou A. Salomé con mucha generosidad a su casa, la espera lo antes posible, le dice: “(…) porque cuan inseguros son los destinos, las personas y los tiempos”. Al volver de esa estadía a la que nos referiremos, Lou le escribe a su amado profesor “(…) lo esencial de mi estancia en Viena es que vuelvo a sentir (lo que a partir de la guerra me ha resultado en ocasiones algo difícil) que, a pesar de los pesares, la vida es gran cosa”. El epígrafe elegido en esta nota subraya una idea que encontramos interesante en la carta, la relación que se acentúa entre la separación, la posesión y la conciencia. Surge, según ella dice, en el instante lúcido del despertar del dormir como restos del diálogo. München2 22 de diciembre 1921 Mi querida Anna, Me sorprendo de alegrarme muy especialmente al escribirte, porque la pluma puede tutearte, y todo se lo atribuyo a esta única circunstancia: lo que durante los muy bonitos días de Viena aprendí a sentir cada vez con mayor intensidad por ti. Cuando antes de ayer en Salzburgo las montañas brillaban bajo la esplendorosa luz del sol, también sentí una amarga pena de que no nos hubiésemos quedado allí juntas un poco más. Antes (en cuanto quedé casi sola en mi coupé) me sumergí con verdadera admiración en el suplemento que había traído conmigo3. ¡Qué lleno de ideas sugestivas está! Una nota al pie me recordó nuestra última charla con Bernfeld, muéstrasela en la página 35, (acerca de la fantasía, más antigua que la descarga motora supuesta por él). […] Afuera hace un tiempo como de soleado abril, ¿también allí sigue así? La primera noche soñé muy vívida, y según me pareció, muy significativamente; en Viena a menudo tenía, como una vez te conté, un sueño de charlas con tu padre y ese sueño era una manera de ponerme al día con las ilusiones que me presentaban mis deseos, a pesar de que no era para nada consciente de molestarlo, robándole su tiempo, pero ahora era una larga charla contigo—, ¿de qué?, ya no me acuerdo, pero de algo profundamente en común. Y estábamos de viaje. Hacia dónde, no sé. Pero a una meta compartida. Al despertar, me quedó, luego, muy fuerte esa sensación de la que habíamos hablado: de que en la separación no es la pérdida, sino la posesión la que solo recién se vuelve plenamente consciente. La tengo tan clara y vívidamente conmigo, y te retengo, quieras o no, hasta el fin. Querida Anna, saluda por mí de todo corazón a tus padres, tías, y a todos en la casa, y a Paula, a Betty, y por supuesto a Fanny. A ti te besa en los labios Lou 1 Briefwechsel  DtV (Deutcscher Taschembuch Verlag), München 2004 2 Lectura y traducción de la Correspondencia: Cynthia E. Szewach y Jorge Salvetti 3 En esta ocasión no nos enteramos aun por las cartas, que recién comienzan, de qué suplemento se trata. Forma parte del trabajo de intercambio de materiales que se produce a lo largo de los tiempos entre ellas.

  • Cantos Proféticos VI / Vicente Zito Lema

    ¡Aún así! ¡Aún como hierba que se alza trémula alrededor del ciprés de los silencios… y que tal vez no llegará a desplegar su alado verdor…!¡Todo es escueto y parco!¡Todo se desliza sinuoso!¡También la contradicción en los vacios del espejo!¡Aún así, no como sacrificio mortuorio, no como pasión de tristeza; sacados del pozo por los gozos, movidos hacia los cielos, la ofrenda amorosa de los Cantos! Se trata de golpear con las uñas, la punta de los dedos, con los puños y la cabeza si es preciso contra los muros, contra las rejas y los rollos de púas; movimiento de dolor que se supera abriendo los ojos ante el sol y se sublima en la garganta de la noche; cronología de batallas que se heredan, trincheras cuya luz y cuyo hedor se comparten, y conciencia movida y conmovida ayer por los sueños y hoy por las prácticas que se acumulan y las historias que vuelven a nacer en los mil laberintos del corazón, cuando la sombra de un ángel nos roza la espalda… He ahí legitimada nuestra necesidad, sin ambigüedades ni parodias, hablo de una necesidad implacable, por momentos obsesiva por su afinidad con el drama, y sin embargo ligera, apta para la indagación, punto de partida de la antigua sospecha que ahora atropella sin riendas, cual potente certeza entre los campos de la vida, superando obstáculos de hierro si es preciso a mordiscones: nada crecerá de buena materia sin los Cantos… (Y en los Cantos las cenizas vuelvan a la tierra como amorosa eternidad…). Allí vemos, detrás de las dunas y las basurales, detrás de los bosques y los basurales / detrás de los jardines, las rosas, los alelíes y los basurales…(Gigantes, lúgubres, perpetuos basurales…)¡Allí vemos! ¡estos ojos no mienten!...a los cuerpitos saqueados de sus almas,hasta quedar tan secos y humillados como una mar que pierde sin ventura sus olas… …¡Cantos! …¡Cantos para las vísperas de la resucitación!…¡Cantos! ¡Cantos para enfrentar a esos soles tan fríos que en su morir todavía sostienen el universo de las crucificaciones! Fuente: Cantos oscuros, días crueles (2019) Ediciones La Cebra.

  • Es-Tres / Jeremías Aisenberg

    El trío más consistente. El intruso que toda pareja desea. La fórmula que resuelve ese problema. Un chiste que dejaron los egipcios. La máxima cantidad de chanchos por habitante llamada Argentina. La cuenta que inicia la carrera: 1…2… En muchos casos ni hace falta decirlo. Se da por entendido. Algo te pone en movimiento, aún sin saberse los números. Los magos, los panchos, los raros peinados, y esos abogados de miga que se hacen llamar jurado. El tres es la mínima unidad necesaria para que algo valga la cuenta. La cantidad de músicos que te separan de Pimpinela. El número primo que llamamos familia. Todos los griegos son trágicos, La cultura comparte el apellido. Ustedes, yo, ellos, siempre los mismos… Todos, pero todos eh… ¡Todos somos parientes de Edipo! Un triángulo repleto de suspenso: A la una, a las dos, y a lasssss… La tercera es la vencida. No hay dos sin tres. Gracias a Él somos más que la suma de los padres.

  • Los detectives salvajes (fragmento) / Roberto Bolaño

    Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano. Grave error, como se verá a continuación. Tomemos, por ejemplo, un lector medio, un tipo tranquilo, culto, de vida más o menos sana, maduro. Un hombre que compra libros y revistas de literatura. Bien, ahí está. Ese hombre puede leer aquello que se escribe para cuando estás sereno, para cuando estás calmado, pero también puede leer cualquier otra clase de literatura, con ojo crítico, sin complicidades absurdas o lamentables, con desapasionamiento. Eso es lo que yo creo. No quiero ofender a nadie. Ahora tomemos al lector desesperado, aquel a quien presumiblemente va dirigida la literatura de los desesperados. ¿Qué es lo que ven? Primero: se trata de un lector adolescente o de un adulto inmaduro, acobardado, con los nervios a flor de piel. Es el típico pendejo (perdonen la expresión) que se suicidaba después de leer el Werther. Segundo: es un lector limitado. ¿Por qué limitado? Elemental, porque no puede leer más que literatura desesperada o para desesperados, tanto monta, monta tanto, un tipo o un engendro incapaz de leerse de un tirón. En busca del tiempo perdido, por ejemplo, o La montaña mágica (en mi modesta opinión un paradigma de la literatura tranquila, serena, completa), o, si a eso vamos, Los miserables o Guerra y paz. Creo que he hablado claro, ¿no? Bien, he hablado claro. Así les hablé a ellos, les dije, les advertí, los puse en guardia contra los peligros a que se enfrentaban. Igual que hablarle a una piedra. Otro sí: los lectores desesperados son como las minas de oro de California. ¡Más temprano que tarde se acaban! ¿Por qué? ¡Resulta evidente! No se puede vivir desesperado toda una vida, el cuerpo termina doblegándose, el dolor termina haciéndose insoportable, la lucidez se escapa en grandes chorros fríos. El lector desesperado (más aún el lector de poesía desesperado, ése es insoportable, créanme) acaba por desentenderse de los libros, acaba ineluctablemente convirtiéndose en desesperado a secas. ¡O se cura! Y entonces, como parte de su proceso de regeneración, vuelve lentamente, como entre algodones, como bajo una lluvia de píldoras tranquilizantes fundidas, vuelve, digo, a una literatura escrita para lectores serenos, reposados, con la mente bien centrada. A eso se le llama (y si nadie le llama así, yo le llamo así) el paso de la adolescencia a la edad adulta. Y con esto no quiero decir que cuando uno se ha convertido en un lector tranquilo ya no lea libros escritos para desesperados. ¡Claro que los lee! Sobre todo si son buenos o pasables o un amigo se los ha recomendado. Pero en el fondo ¡lo aburren! En el fondo esa literatura amargada, llena de armas blancas y de Mesías ahorcados, no consigue penetrarlo hasta el corazón como sí consigue una página serena, una página meditada, una página ¡técnicamente perfecta! Y yo se los dije. Se los advertí. Les señalé la página técnicamente perfecta. Les avisé de los peligros. ¡No agotar un filón! ¡Humildad! ¡Buscar, perderse en tierras desconocidas! ¡Pero con cordada, con migas de pan o guijarros blancos! Sin embargo yo estaba loco, estaba loco por culpa de mis hijas, por culpa de ellos, por culpa de Laura Damián, y no me hicieron caso. Fuente: Bolaño, Roberto (1998). Los detectives salvajes. Editorial Alfaguara, 2007.

  • Golpes / Virginia Woolf

    Al hacerse mayor se adquiere, gracias a la razón, un mayor poder para encontrar explicaciones, y que la explicación amortigua la fuerza del golpe de un martillo de herrero. Creo que esto es verdad, pues a pesar de que tengo la característica de recibir esos golpes bruscos, ahora son siempre bienvenidos; después de la primera sorpresa, siempre siento al instante que son especialmente valiosos. Y de ahí paso a suponer que mi capacidad de recibir golpes es lo que me hace escritora. A modo de explicación me atreveré a decir que en mi caso el golpe va siempre seguido del deseo de explicarlo. Siento que he recibido un golpe; pero no se trata, como ocurría siendo niña, simplemente de un golpe asestado por un enemigo oculto tras el algodón en rama de la vida cotidiana; es, o llegará a ser, una revelación de un determinado orden; es una muestra de la existencia de algo real que se encuentra detrás de las apariencias; y yo lo hago real al expresarlo en palabras. Solo expresándolo en palabras le doy el carácter de algo íntegro, y esta integridad significa que ha perdido el poder de causarme daño; me produce un gran placer juntar las partes separadas. Tal vez se deba a que, al hacerlo, elimino el dolor. Quizá sea el placer más fuerte que conozco. Es el entusiasmo que siento cuando al escribir tengo la sensación de descubrir qué pertenece a qué, conseguir que una escena salga bien, hacer que un personaje quede completo. De ahí llego a lo que bien pudiera llamarse una filosofía, de todas maneras se trata de una idea constante en mí; la idea que de detrás del algodón se oculta un modelo, una pauta; de que nosotros —y quiero decir todos los seres humanos— estamos relacionados con ello; de que el mundo entero es una obra de arte, de que somos parte de una obra de arte. Hamlet o un cuarteto de Beethoven son la verdad acerca de esa vasta masa a la que llamamos mundo. Pero no hay Shakespeare, no hay Beethoven; con toda certeza y rotundamente, no hay Dios; nosotros somos las palabras; nosotros somos la música; nosotros somos la cosa en sí misma. Y esto lo veo cuando recibo un golpe. Fuente: Woolf, Virginia (1976). Momentos de vida. Traducción: Andrés Bosch. Editorial Lumen, 2006.

  • “Veamos qué lenguaje nos hace sentir mejor con nuestras vidas” / Entrevista a Judith Butler

    Lo primero que hice al leer el nuevo libro de Judith Butler, ¿Quién teme al género? [Who’s Afraid of Gender?], fue buscar la palabra "fantasma", que aparece cuarenta y un veces solo en la introducción. (Refiere a una ilusión; la del "fantasma del género", una amenaza arraigada en el miedo y la fantasía.) Lo segundo que hice fue reírme a carcajadas con el título, porque la respuesta a la pregunta de quién le teme al género era... bueno, ¿yo? Incluso para alguien que ha escrito sobre género y feminismo durante más de una década, y que una vez ostentó el título de editora de género de este diario, hablar sobre género hoy en día puede resultar tan tenso, tan politizado, tan atrapado en una guerra de palabras que el debate, o incluso la conversación, parecen imposibles. Quizás yo sea el tipo de lectorx al que va dirigido el libro de Butler, en el que le filósofe desmantela cómo el género se ha construido como una amenaza en todo el mundo moderno: para la seguridad nacional en Rusia [1]; para la civilización, según el Vaticano [2]; para la familia tradicional estadounidense; para proteger a lxs niñxs de la pedofilia y el grooming [acoso sexual por medio de internet], según algunos conservadores. En resumen "género", al parecer, tiene el poder de enloquecer a la gente de miedo. El último libro de Butler llega más de tres décadas después de que su primer y más famoso libro, El género en disputa (1990), llevará la idea del género como performance al mainstream. Resulta que Butler, que ha escrito quince libros desde entonces, nunca tuvo intención de volver sobre el asunto, ni siquiera en plena guerra cultural. Pero entonces lo político se convirtió en personal: Butler fue atacade físicamente en 2017 mientras daba una conferencia en Brasil, y manifestantes quemaron un cartel con su imagen al grito de "¡Llevate tu ideología al infierno!". Esta conversación ha sido condensada y editada para mayor claridad. ¿Alguna vez pensaste que verías un mundo en el que tus ideas estuvieran tan difundidas… y tan cargadas de tensión? Cuando escribí El género en disputa (1990) era profesore en la universidad. Estaba dando clases, intentando trabajar en este libro que pensaba que nadie iba a leer. Aun así, sabía que no estaba hablando solo por mí; había otras personas que eran fuertemente feministas y también lesbianas o gays que intentaban entender el género de maneras que no siempre eran bienvenidas. Pero, en la actualidad, la gente que le teme a mis ideas es la que no me lee. En otras palabras, no creo que sean mis ideas lo que les da miedo. Han inventado otra cosa, una especie de fantasía sobre lo que pienso o lo que soy. Y, por supuesto, no son solo mis puntos de vista lo que se caricaturiza, sino al género de manera más amplia: los estudios de género, las políticas que hacen foco en el género, la discriminación de género, el género en la atención de la salud, cualquier cosa que venga con "género" es una perspectiva aterradora, al menos para cierta gente. Entonces... ¿Quién le teme al género? Es gracioso, tengo un amigo, unx teóricx queer, al que le dije el nombre del libro y me dijo: “¡Todxs! ¡Todo el mundo le teme al género!". Lo que está claro para mí es que hay una serie de fantasías extrañas sobre lo que es el género, lo destructivo que es y cuán aterrador resulta, que varias fuerzas han puesto en circulación: Viktor Orban, Vladimir Putin, Giorgia Meloni, Rishi Sunak, Jair Bolsonaro, Javier Milei, y por supuesto Ron DeSantis, Donald Trump y un montón de padres/madres y comunidades de estados como Oklahoma, Texas y Wyoming, que están tratando de aprobar leyes que prohíban la enseñanza de género o la referencia al género en los libros. [3] Obviamente, esa gente le tiene mucho miedo al género. Le atribuyen un poder que en realidad no creo que tenga. Pero también lo hacen lxs feministas que se llaman a ellxs mismxs "críticxs del género", o quienes son transexcluyentes, o quienes han tomado posturas explícitas en contra de las políticas trans. ¿Podrías describir qué te impulsó a retomar este asunto? Tenía que viajar a Brasil para una conferencia sobre el futuro de la democracia. De antemano, me contaron que había manifestaciones públicas en contra de que yo hablara, y que se centraban en mí porque soy la "papisa", la mujer papa, del género. No estoy muy segure de cómo llegué a obtener esa distinción… pero aparentemente la tengo. Llegué temprano al lugar donde se hacía el evento y podía escuchar a las multitudes afuera. Habían hecho una imagen monstruosa de mí con cuernos −lo que me pareció abiertamente antisemita−, con los ojos rojos y una especie de mirada demoníaca, y con una bikini. O sea, ¿por qué la bikini? Como sea, quemaron ese cartel con mi imagen. Y eso me asustó de sobremanera. Y luego, cuando mi pareja y yo nos estábamos yendo, fuimos atacades en el aeropuerto: una mujer se vino encima mío con uno de los carros de valijas mientras gritaba cosas sobre pedofilia. No pude entender por qué. Le agradeciste al joven que interpuso su cuerpo entre vos y la atacante, recibiendo golpes. ¿Era la primera vez que escuchabas esa asociación con la “pedofilia”? Dando una conferencia sobre filosofía judía, alguien en el fondo de la sala gritó: "¡Saquen sus manos de nuestros niños!". Pensé: ¿qué? Más tarde me dí cuenta de la forma en que funciona el movimiento antigénero: si rompés el tabú contra la homosexualidad, si estás de acuerdo con el matrimonio entre gays y lesbianas, si aceptás la “reasignación de sexo”, entonces te apartaste de todas las leyes de la naturaleza que mantienen intactas las leyes de la moralidad, lo que significa que es una caja de Pandora de la cual surgirá todo el conjunto de perversiones. [4] Mientras me preparaba para entrevistarte, recibí una alerta de noticias sobre el acuerdo "No digas gay” [Don't Say Gay] en Florida, que dice que las escuelas no pueden enseñar sobre temas LGBTQ+ desde jardín de infantes hasta octavo grado, aunque aclarando que está permitido hablar de ellos. Vos escribís que las palabras se han "figurado tácitamente como reclutadoras y abusadoras", lo que está detrás del esfuerzo por eliminar este tipo de lenguaje de las aulas. Enseñar género, o teoría crítica de la raza, o incluso estudios étnicos, es caracterizado habitualmente como formas de "adoctrinamiento". Entonces, por ejemplo, esa mujer que me acusaba de apoyar la pedofilia, sugiere que mi trabajo o mi enseñanza sería un esfuerzo de "seducción" o "grooming". En mi experiencia como docente, las personas están discutiendo entre sí todo el tiempo. Hay tanto conflicto. Es caótico. Suceden muchas cosas, pero el adoctrinamiento no es una de ellas. ¿Qué podrías decir sobre la deformación del lenguaje en las izquierdas? Mi versión de la política feminista, queer y transafirmativa no consiste en hacer de policía. No creo que debamos convertirnos en policías. Me da miedo la policía. Pero creo que un montón de gente siente que el mundo está fuera de control, y que un lugar donde pueden ejercer cierto control es el lenguaje. Y parece que entonces entra en juego el discurso moral: llamame así. Usá este término. Estamos de acuerdo en utilizar este lenguaje. Lo que más me gusta de lo que hace la gente joven −y no solo lxs jóvenes, aunque ya todxs son jóvenes para mí− es la experimentación. Me encanta la experimentación. Decir: ¡Ey, inventemos un nuevo lenguaje! Juguemos. Veamos qué lenguaje nos hace sentir mejor con nuestras vidas. Pero creo que necesitamos tener un poco más de compasión por el proceso y sus ajustes. Quisiera que nos tomemos un momento para hablar sobre categorías. Habitaste varias, butch [marimacho], queer, mujer, no binarie, pero también dijiste que sospechás de ellas. Cuando escribí El género en disputa, abogaba por un mundo en el que pudiéramos pensar en la proliferación de géneros, más allá del típico binario hombre-mujer. ¿Cómo se vería eso? ¿Qué podría ser? Cuando la gente empezó a hablar de ser no binarie pensé, bueno, es eso lo que soy. Yo estaba intentando ocupar ese espacio entre las categorías existentes. ¿Seguís creyendo que el género es "performance"? Después de que se publicara El género en disputa, hubo algunxs miembrxs de la comunidad trans que tuvieron problemas con él. Entonces pude ver que mi enfoque, que llegó a denominarse “enfoque queer" −lo que era un tanto irónico de cara a [cuestionar] las categorías− para algunas personas no estaba bien. Ellxs necesitan sus categorías, necesitan que sean correctas, y para ellxs el género no se construye ni se performa. No todo el mundo quiere movilidad [en su vivencia del género]. Y creo que ahora lo tengo en cuenta. Y al mismo tiempo, para mí, la performatividad es estar representando quiénes somos, tanto nuestra formación social como lo que hemos hecho con esa formación social. Por ejemplo, mis gestos: no me los inventé de la nada, hay una historia de judíxs que los hacen. Estoy dentro de algo construido social y culturalmente. A la par, encuentro mi propio camino en ello. Y siempre he sostenido que tanto estamos formadxs como que nos formamos a nosotrxs mismxs, y eso es una paradoja viva. ¿Cómo define “género” hoy en día? Bueno, vaya pregunta. Supongo que he revisado mi teoría de género, pero ese no es el punto de este libro. Lo que quiero decir es que la "identidad de género" no es todo lo que entendemos por “género": es un elemento que pertenece a un conglomerado de elementos. El género es también un marco −un marco muy importante− en Derecho, en política, para pensar cómo se instituye la desigualdad en el mundo. Este es tu primer libro [publicado en Estados Unidos] con una editorial no académica. ¿Fue una decisión consciente? Sí, claro. Quería llegar a la gente. Es curioso, porque muchas de tus ideas sí llegan a la gente, aunque en fragmentos de la era internet. Pienso, por ejemplo, en esas remeras que dicen “el género es unx drag” [gender is a drag] o en [el meme de] "Judith Butler explicada con gatos". Me llama la atención que mucha gente que dice haberte leído en realidad solo leyó la descripción del posteo de instagram en el que aparecés. Bueno, no lxs culpo por no haber leído ese libro. Era áspero. Y algunas de esas frases son verdaderamente imperdonables. Espero no haber hecho eso en ¿Quién teme al género?. Siento que estoy más en contacto que antes con la gente que se está moviendo en el territorio a nivel mundial. Y eso me gusta. [5] Notas: [1] En diciembre de 2023 la Corte Suprema de la Federación Rusa prohibió al movimiento de lesbianas, gays, bisexuales, trans*, intersex y otras identidades no hetero-cis-normadas (LGBTI+) internacional por considerarlo “extremista”, impidiendo sus actividades públicas y organización en todo el país. Casi en simultáneo, razzias policiales en las ciudades que concentran mayor cantidad de habitantes, Moscú y San Petersburgo, ingresaron a bares y clubes LGBTI+ logrando incluso su clausura, a causa de oficiales de policía citando el fallo de la Corte. Ver más en la página de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (en inglés). [Nota de la traducción] [2] En su más reciente expresión del viernes primero de marzo de 2024, en la conferencia internacional ‘Hombre-Mujer Imagen de Dios. Por una antropología de las vocaciones’, el Papa Francisco calificó a los estudios de género como el peligro más feo y desagradable que amenaza la humanidad: "Pedí estudios sobre esta fea ideología de nuestro tiempo, que borra las diferencias y hace que todo sea igual; borrar la diferencia es borrar la humanidad. El hombre y la mujer, en cambio, se mantienen en fecunda tensión”. Idéntica posición ya había sido planteada en 2019, cuando la Congregación para la Educación Católica publicó un documento titulado "Varón y mujer los creó. Para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación". Leer más en la nota de prensa “La ideología de género, el peor peligro de nuestro tiempo” (1/3/2024) de Vatican News, la agencia oficial de noticias del Vaticano. [N. de la t.] [3] Se refiere a una serie de líderes mundiales conocidxs por sus declaraciones abiertamente en contra de la “ideología de género” y, particularmente, de la diversidad sexo-género-corporal, cuando no sustancialmente xenófobas y racistas. Respectivamente: al primer ministro de Hungría desde 2010, Viktor Orbán; el presidente de Rusia desde 2012, Vladimir Putin; la Presidenta del Consejo de Ministrxs de Italia desde 2022, Giorgia Meloni; el primer ministro de Inglaterra desde el mismo año, Rishi Sunak; el expresidente de Brasil 2019-2023, Jair Bolsonaro; el presidente actual de Argentina 2023-2027, Javier Milei; el expresidente estadounidense 2017-2021, Donald Trump; el gobernador del estado de Florida desde 2019, Ron DeSantis; y las comunidades de estados del centro y sur de EE. UU. Oklahoma, Texas y Wyoming. [N. de la t.] [4] Una lectura crítica y sólidamente argumentada respecto del problema del movimiento anti(ideología de)género puede leerse en un breve texto escrito por Butler, titulado para el suplemento Soy de Página 12 “No disparen contra la ideología de género” (8/2/2019), traducido por Romina Rekers y Julia Bloch del publicado originalmente por la revista londinense The New Statesman (“The backlash against ‘gender ideology’ must stop”, 21/1/2019) y de primera aparición en castellano en la Revista Bordes. [N. de la t.] [5] El 6 de junio de 2023 Butler presentó una conferencia pública en la Universidad de Cambridge (Inglaterra) con el mismo título del libro, “Who’s Afraid of Gender?”, donde amplía y complejiza lo expresado en esta entrevista frente a un auditorio entre quienes se encontraba, por ejemplo, Sara Ahmed (“Judith Butler's public lecture at University of Cambridge 2023”, disponible solo en inglés). [N. de la t.] Fuente: Entrevista realizada por Jessica Bennet, publicada con el título “Judith Butler piensa que estás sobreactuando” el 24 de marzo de 2024 en la edición No. 60.103 del New York Times. Traducción y notas: Joaquín Allaria Mena. Esta traducción se realiza únicamente con fines académicos.

  • El secreto (2007) selección / Claudia Masin

    Las voces de las mujeres que se fueron dicen cosas todavía. Pequeñas cosas acerca del funcionamiento del hogar, secretos para que todo siga andando sin ellas como si ellas todavía anduvieran, silenciosas y diligentes, caminando por la casa. De la casa sólo quedan ruinas, campo ralo donde uno, o unos pocos, sobreviven se miran a sí mismos o entre sí sin entender qué cosa es la que falta. … Decía: cuando se rompe un objeto querido que guardábamos en un lugar secreto de la casa, el mundo entero pierde el orden que tenía hasta entonces. Cada cosa que hemos tocado con la delicadeza del amor, al desaparecer se lleva nuestras huellas, nos arroja consigo allá lejos, donde es abandonado aquello que ya no es útil, que está incompleto. Decía: dónde vivir si se ha roto... decía algo acerca de las cosas que se quiebran, cosas en las que una había aprendido a vivir, no se sabe cómo, porque eran tan pequeñas algunas que cabían en la palma de una mano, y otras ni siquiera podían ser vistas o tocadas. Decía, sin embargo, que esas cosas eran más poderosas que el principio de gravedad cuando se trataba de mantener un cuerpo anclado a la tierra. …. Decía: a veces, cada vez con más frecuencia, olvido cosas. Pierdo algo que un segundo antes había dejado sobre la mesa, cuento una historia de mi infancia una vez y al poco rato la repito textual: por la expresión cansada de los otros me doy cuenta. Mi vida es como esos sueños que tienen los chicos cuando se duermen bajo un árbol, a la siesta: luminosos y frágiles, llenos de pequeños y leves incidentes que al despertar-no se recuerdan. Decía que algunas veces, cada vez más seguido, olvida cosas. Yo quisiera recordárselas, pero no sé cuáles son esas cosas que viven en su cuerpo, cuáles incluso ella preferiría que no le fueran mencionadas por nadie, porque quizás le ha llevado años hacer ese arduo y minucioso trabajo de olvido, por un camino que no desea desandar. …. Dice: ahora soy una pendiente por donde cae la dicha, a veces frágil, de no tener la pena de mi cuerpo atada a mi. Dice que el hilo se ha roto y, suelta al fin, ya no responde a fuerza alguna que se quiera ejercer sobre ella. Que ahora es ligera y joven otra vez, y habla en voz muy alta, y como ya no le da miedo por las noches sale a ver cómo era el mundo que perdió. …. Dice: ya no hay nada que temer. Si cosas tan frágiles como el olor de la tierra mojada, permanecen, y hasta crecen, en medio de la tormenta, es porque lo invisible está a salvo de la prepotencia. Fuente: El secreto (2007) en La desobediencia. Poesía reunida. Resistencia, ConTexto Libros. 2018.

  • Historias incendiándose en el aire. Mimos al FAB / Verónica Scardamaglia

    La piedra Para conocer la poesía comienza por elegir un lugar no habitual cercano a una laguna o río donde puedas lavar tu rostro con gracia de niño donde el suelo sea de arena para dibujar una palabra digamos piedra después recogerás la piedra y con ella defenderás la vida esa noche la poesía dormirá contigo. Vicente Zito Lema Una invitación también puede devenir un viaje en el tiempo. Si bien, nunca sabemos, de antemano, a qué tiempos -como la hermosa fantaciencia nos ha enseñado- viajar con la confianza de las amistades garantiza la amabilidad del viaje. Volver a disfrutar de una obra del taller de mimo Adentro y Afuera del Frente de Artistas del Borda: “Historias incendiándose en el aire”. Volver a abrir por unas horas un adentro que decide interpelarse con un afuera que se cree estar allí. Volver a estar en un pliegue de fuerzas que acompasan potencias que estallan sentidos. Un frío que decide un fuego. Un fuego que se busca compartido pero que se amarroca como un baile, un abrazo, una idea, una mirada, un billete. Un tiempo que se disloca: el pasado puede estar adelante. El futuro sentirse como atrás. El ritmo de las agujas, eternos y pasajeros. Agujas que acusan, obedecen, obligan, señalan, menosprecian. Tiempos conocidos y desconocidos al mismo tiempo. Quizás, estas simultaneidades de lo insoportable estén tramando este presente en el que estamos. Quizás, estas necesidades de retener un poquito más esos ardores que nos entusiasman, hagan también a estas tramas vitales en las que andamos. Quizás no, y nuevamente las pesadeces urbanas nublen y centralicen los pensamientos que nos piensan. En el taller de Mimo vienen construyendo -y lo saben- contra los centralismos y los personalismos desde hace muchísimos años. Éstos no sólo desaparecen y mutan en las distintas escenas, sino también en las diferentes obras que han parido. Nos encontramos con múltiples protagonistas que entran y salen en cada acto, que se constituyen y se diluyen con el pasar de las escenas (y de las obras). Y desatan un semillero de dudas: ¿quién o quiénes protagonizan los actos? ¿el reloj o el ritmo marcado por la música o los cuerpos que ven pasar y transmiten la pesadez del tiempo o la muchachita paseando un perro o los cuerpos detenidos en esa plaza o el jefe tan jefe, tan extractivista y explotador o la carretilla insurgente o la rayuela, la piedra, la soga, el fuego? ¿o eso que sentimos expectantes? Quizás todo y además más y otra cosa. Volver a estar espectadora, en el Borda. Reiterar la calidez de aquellos-estos abrazos en el frío tan frío de este invierno patrio, tan patrio. Volver a disfrutar de las irrupciones ocurrentes que las patologías siguen pretendiendo atrapar, reducir, medicar, encerrar. Dicen que varios otros espectadores también husmeaban por ahí. Andaban unos anteojos gruesos y negros que enmarcaban unos expresivos ojos negros sonrientes. Se escuchaban unos murmullos arrugados haciendo reverencias y bendiciendo a quien pasara cerca. Unas largas barbas blancas se paseaban orondas, como antes, como siempre. Y unos poetas -malditos y entrañables- que se conocieron allí y se reencontraron en el viento, hace ya un par de años. Y también estuvo, esta vez actuando ya no coordinando, esa calidez tan inmensa como sabionda que - dicen- aportó, con la suavidad de unos pétalos de sal, los trinos de unos pajaritos justito al finalizar una escena. ¿Las vibraciones de este preestreno también quedarán latiendo entre esas paredes, en esos jardines?. ¿Cómo se miden en los relojes vitales 40 años? Y allí anduvimos, otra vez, con las hijas y las canas crecidas, expectantes, conmovidxs, entre asaltos de risas, sorpresas y conmociones, atentxs y desentendidxs, entre atracciones y distracciones, buscando fuegos y buscando, también, ganas de que todo se encienda alguna vez, otra vez en el aire, entre historias.

  • Vicky, Corrientes y Medrano / Milva Pentito

    - ¡Vicky! ¡Vicky! El hombre, que aparenta unos sesenta y pocos años, grita desencajado a la salida de un pequeño supermercado. La escena dura tan sólo unos minutos, pero puedo apreciar sus componentes con detalle. El hombre está aterrado. Hay un sentimiento de desgarro en sus ojos, y en el tono de su voz. No sabe bien qué hacer. Quiere pedir ayuda, pero estamos en el sitio equivocado. La Ciudad de Buenos Aires, a pocas cuadras de Corrientes y Medrano. La gente no es solidaria a pocas cuadras de Corrientes y Medrano. Puede, sí, hacer actividades de caridad, pero en rigor a la verdad, no existen lazos comunitarios que incluyan a la empatía como rasgo principal. No hay, en general, demasiado espacio para que la solidaridad se cuele en situaciones cotidianas como esta. Y el hombre lo sabe. Lo advierto en su lenguaje corporal. Sin embargo, decide intentarlo - ¡Se me perdió mi perrita! - grita al aire. Gira la vista hacia la calle Humahuaca, y toma de interlocutor obligado a un muchacho treintañero que pasa caminando - ¿Viste una perrita marrón? Por entonces considero que algo de lo que estoy viendo debería conmoverme, o incluso dolerme, como si el dolor fuera un estadío superior de la empatía. No sucede. No siento nada. Alcanzo apenas a experimentar una discreta picazón, ante la posibilidad de que alguno de mis seres queridos se vea alguna vez en la situación del hombre: gritando en la calle con ojos de desgarro, ante un problema eminentemente afectivo, y sin lazos comunitarios que lo sostengan para intentar algo. La picazón, como digo, es por mis seres queridos. No es ni siquiera por mi. El muchacho treintañero le hace al hombre un gesto con los brazos. “¿Dónde pensás que puedo haber visto una perrita marrón?”, parece decirle , “Si yo recién pasaba caminando por acá” En algún tipo de honor a la picazón que siento, yo también podría intervenir. No lo hago. El hombre retrocede, confirmándose no ayudado. Llega gritando a la esquina de la calle Bulnes. Vicky no está allí. No va a acudir tampoco al llamado. Algo me dice a mi, aunque no la conozco, que las distancias son demasiado grandes, y que el bullicio del barrio y su cosa estimulante, no harán más que complejizar todo. Entonces, alguien se asoma serenamente desde el supermercado. - Está acá adentro – le dice al hombre, cuya mirada y tono de voz se transforman de inmediato y por completo. - ¡La concha de su madre! – resopla él, repentinamente, y entra Vuelve a salir llevando a Vicky en los brazos: es en efecto una perrita marrón, una cruza algo añosa de chihuahua con pequinés. Tiene puesto un pullover, como la mayoría de los perros del barrio en los meses de invierno. No está asustada. El hombre le dice algo. No llego a entender qué. La baja de sus brazos, después, un poco enérgicamente. Y entonces, sucede ante mis ojos el final inesperado. El hombre vuelve a entrar al supermercado, deduzco yo que a seguir con la compra que interrumpió cuando dejó de ver a Vicky. Vicky se queda sola en la vereda, con pullover, y sin correa. Quizás le hayan comunicado la expectativa de que se quede allí, en un idioma español que ella no comprende; y ahora pese sobre sus hombros, pequeños y añosos, la responsabilidad de cumplirla. Quizás no haya sido su ausencia, o su eventual pérdida, una cosa desgarradora de veras para el hombre. Quizás lo verdaderamente desgarrador haya sido, durante aquellos breves minutos, la certeza de haber defraudado la expectativa de alguien más, que esperaba que él cuidara bien de Vicky. Alguien más, que lo esperaba incluso aunque él no quisiera cuidarla. Me creo en condiciones de divagar sobre aquella posibilidad, mientras me alejo caminando hacia la calle Corrientes. Pienso que puedo estar ante la representación de aquello: un compendio de expectativas dañosas, e insatisfechas, y de amor mal direccionado. Mientras tanto, Vicky espera sola en la vereda, con pullover y sin correa. Quiero volver sobre mis pasos, para decirle algo al hombre al respecto. Ahora sí, quiero intervenir la escena. Pero tampoco lo hago. En territorios vaciados de empatía, y sin lazos comunitarios, no siempre se siente seguro hablar.

  • Caligrafía Nómade XXII / Patricia Mercado

    Llegaron puntuales. Venían todos los meses a escribir un libro. Poner en estado de letra los quehaceres como equipo de cuidados paliativos. Una tarea que, desde hacía diez años, abrazaban con pasión en un barrio lastimado de pobrezas rancias. Calladas, subieron la escalera de mármol hasta el primer piso. Cuando terminamos de acomodarnos en los almohadones alrededor de la alfombra, una dijo: murió Claudia. Era una compañera del equipo que había venido al espacio de escritura pocas veces. Después, un silencio grisáceo cruzó el espacio. Esperé. Siguieron diciendo: hace apenas dos semanas nos enteramos de que tenía un cáncer diseminado en el cuerpo. No sabíamos nada. Ella no hablaba mucho. Trabajaba como siempre. No entendimos porqué se había chequeado recién ahora. Había aceptado que Mabel le haga los análisis. Algo en nosotras se activó, como cuando estamos con un paciente, ¿viste? No tenía familia ni amigos, sólo nosotras, y sus perros que ya había dado en adopción los días anteriores. No sabíamos dónde vivía. No sabíamos casi nada de ella. Era muy parca. Hacía muchos años que trabajábamos juntas. Las palabras rodaban en el aire. La angustia sacaba filo a cada consonante. Las bocas sangraban. Buscaban dar forma a ese brusco destejerse de la existencia. Alguna ponía la voz y las otras la rodeaban con la mirada: sostenían el borde de lo indecible. Una pausa les permitía tomar valor y seguir hablando. Hablar en el hueco infinito de una ausencia. Había que inventar un lugar para cuidar esa vida de la que se sabía tan poco y con la que se había convivido tanto. Acompañar el tiempo lento, y vertiginoso a la vez, del morir. Ni paciente, ni pariente, ni amiga, ni dolor anónimo de una guardia: Claudia, su cuerpo herido, la soledad. Hurgar el misterio con los gestos menesterosos aprendidos en otras muertes: conseguir una ropa mínima, una cama en un hospital público saturado, una sonda. Tomar su mano, organizar relevos para acompañarla, hacer preguntas, esconder lágrimas que igual brotaban. Lejos de cualquier protocolo se asomaban al vértice abisal en que una vida se desprende. En que el rictus cotidiano de la convivencia cae desgajado. Y esa desnudez silente nos contempla. Cuando murió se preguntaron cómo despedirla. Juntaron plata entre todas para costear el entierro. A Claudia, la muerte la había despeinado. Tan distinto de su cuidado aspecto cotidiano. Urgidas de volver a dibujar el rostro que la muerte borraba, revisaron con pudor su cartera hasta hallar un peine. Le hicieron la trenza primorosa que solía lucir antes de que la colocaran en el cajón de madera apoyado en el piso de la morgue del hospital. Cuando volvieron del cementerio y subieron un piso por la escalera de mármol, se abrió el espacio de las palabras. Como un río sonoro donde flotar en la consternación. Donde preguntar por qué. Como si la muerte hubiera roto un pacto fundacional. Ellas no. Y ahora palparan en carne viva la herida de la finitud con que se acompaña a morir. Con que se vive.

  • Las nadies / Guardianas Floreseremos

    Las nadies sin palabra, No se escucha, Nadie quiere ver... Las nadies no llegamos a fin de mes sin deudas que pateamos para el próximo, cuidamos y agenciamos la continuidad de la trama de la vida. Las nadies poco indiferentes, Sensibles hasta los dientes, comadreándose entre otras. Morimos cuando vamos a parir, porque -se supone- podríamos: esperar, gritar menos, doler mejor, resolvernos solas, no pedir asistencia cuando la necesitamos... Al fin de cuentas queda a la vista que lo que se ha inventado como mundo no nos contempla en sus estadísticas. Salvo, salvo, salvo, que sea para contarnos muertas... para ser una vez más, un número entre miles de historias silenciadas, resumidas, que no incomoden lo suficiente, que no interpelen a nadie por negociarnos una y otra vez en sus mesas chicas de la gran política. A la que nunca llegamos, nunca ilesas, nunca enteras, nunca sin antes haber negociado otras urgencias en el camino. Las nadies, nunca nadie sabe, nadie ha visto nada. A narices de todos. Nos están matando cuando vamos a exigir nuestro derecho de acceder a la salud, a una vida digna, a ser tratadas por lo que somos: mujerescuerposconposibilidaddegestardiversidades trabajyuuadorxs en un universo que nos borra y silencia continuamente. Muere otra mujer, una más, Y otra vez nos vamos sumando las nadies, En los distintos territorios, con complicidad estatal. . Tal vez si las guardias expulsivas, repulsivas, resonarán más con guaridas, espacios para guarecerse... cuando no se puede o no se sabe cómo estar en la vida... En vez de su revés, de guardias tan de seguridad, tan con sabor a ejército o milicia alerta de malestares... tal vez viviríamos en un mundo más vivible... Un día en el loop de un tiempo injusto, las nadies también celebramos un guiño reparador, la perpetua al médico Bergés y sus aliados del terror y la tortura. En este intersticio de duelo y resistencia les decimos que a dónde vayan los iremos a buscar, que el aparato represivo se reedita con su grosera impunidad todos los días de nuestras vidas. Incluso y dramáticamente cuando vamos a parir. No son errores, no son excesos, es la estructura nodal de un sistema perverso. Alguna vez las nadies, de la misma manera que parimos al mundo pararemos el sistema. Y la tortilla se va a volver. La casa no está en orden, está en llamas. Nota: Guardianas Floreseremos, espacio de doulas feministas @guardianasfloreseremos.

  • Seguimos luchando en contra de la impunidad de ayer y de hoy ¡Memoria y Justicia! / Marianela Saavedra

    Llegar antes de hora por las dudas y quedarse hasta que se vayan toditos. Comprar lápices, cuadernos, reglas de más, todo de más. Preparar y servir el desayuno, el almuerzo, la merienda. Preguntar quién tiene un par de zapatillas para donar. Enterarse antes que nadie que esa piba quedó embarazada, con 13 años nada más. Llamar a la policía porqué ese pibe llegó golpeade otra vez. Reclamar el pan que hace semanas ya no mandan. Ir el sábado a pintar pizarrones. Llevarse el trabajo y las angustias a casa. Quedarse a las asambleas después de hora. Hacer de nuevo la lista con las cosas rotas. Poner la cara cada vez qué a otres se les da por culparnos de todo o usarnos como variable de ajuste. Hacer los paros, ir a las marchas con toda la ilusión del mundo de qué ésta vez el gobierno sí va a escuchar el noticiero sí va a decir la verdad y el pueblo va defender lo público y lo gratuito junto a nosotres. Hacer los paros, ir a las marchas, enseñar con el cuerpo creer en las luchas luchar por todes. Hacer los paros, ir a las marchas, tomar las escuelas, las calles. Cortar una ruta y recibir un tiro. Prender una cocina y que explote. Morir enseñando. Morir reclamando. Morir en manos del Estado. Morir. Educar y morir en el intento de hacer un mundo mejor. 4/04/07 el docente Carlos Fuentealba es asesinado por la espalda a quemarropa por un policía de la provincia del Neuquén. Reclamaba junto a sus compañerxs, condiciones dignas de trabajo. 2/08/18 la docente Sandra Calamano y el auxiliar Rubén Rodríguez mueren por la explosión de una garrafa en una escuela de Moreno donde trabajaban, estaban preparando el desayuno, sus cadáveres quedaron tirados en el patio de la escuela. 17/09/19 Jorgelina y María Crisitna mueren en un accidente de autos, regresaban de una marcha dónde reclamaban salarios adecuados. Para mí, el 4 de Abril, es el día de la defensa de la educación pública, el verdadero día de lxs maestrxs.

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

bottom of page