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- ‘Papá, así te veo yo’ / Joaquín Allaria Mena
“Lo propio del archivo es su hueco, su ser horadado”. Didi-Huberman (2007) La noche del domingo 16 de marzo presenté en el encuentro clínico Pensar en las orillas mi proyecto de largometraje documental acerca de mi padre y el duelo por su muerte. Clínico, como sabemos, no se escribe sin hacer serie con estético, político. Ético. Éramos veintidós personas reunidas a veintidós años de aquél marzo en que, para mí y muchxs otrxs, cambió todo para siempre. Veintidós es también el número en que terminaba su matrícula de médico, es decir que en los veintidós sin el veintidós -como se autodenominaba jocosamente a veces- fuimos también veintidós. Coincidencias del tiempo, locuras de la historia. Picardías (2025) Fotografía. Verónica Scardamaglia En los últimos años, pude entender que en ese número se cifraba además de un chiste o un significado en la tabla de los sueños , como se conoce en nuestras orillas rioplatenses a la cábala de apuestas numéricas para la quiniela, la descripción de un hombre loco de pasión por su profesión, de entrega hacia sus pacientes, de amor por su familia. En la investigación que estoy llevando adelante descubro que mi papá fue ese loco y también el enloquecido por un trabajo pesado, un ámbito laboral despiadado, una infancia imposible. A partir de distintos materiales de archivo (fotos, audios, filmaciones, objetos personales y de uso laboral) revisitados más de veinte años después, busco construir una narración en la que se cruzan como líneas argumentales el devenir de su carrera especialista en cirugía cardiovascular pediátrica, su propia infancia, historias con pacientes de todo el país, el hospital público, el desfinanciamiento estatal de la salud, el dolor de vivir, compartir un campo profesional y heredar el oficio de trabajar al cuidado de la vida. “Papá: así te veo yo” es la frase que escribió mi maestra de Sala de 4 en el interior de una tarjeta azul que hicimos para el Día del Padre y que él guardaba entre sus efectos personales . Debajo, una flecha conduce a un dibujo mío con marcadores, medio garabato, en que lo represento con piernas y brazos verdes, cabeza naranja y nariz violeta. Seguido, intenté escribir mi nombre en letras sueltas y desordenadas. Al costado, dice ¡Feliz día! y la fecha: 19 de junio de 1994. Joaco (2025) Fotografía. Verónica Scardamaglia Por eso de nuevo Papá, así te veo yo : porque intento retratarlo en este presente, ahora que sé escribir mi nombre y también mis apellidos, el paterno y el materno: mis marcadores, mi legado entero convertido en herencia -como señaló cariñosamente Franco Ingrassia. No es un título definitivo. Es uno que me sirve para seguir avanzando, un working title . Otros posibles van desde “Ese hombre que fue mi padre” hasta “Cuando tus manos daban vida”. Acá está el primer y humilde boceto de trailer, también en progreso, que elaboré para una clínica audiovisual de verano que hice de la mano de Fermín Eloy Acosta y Agustina Pérez Rial, dos realizadorxs de alto vuelo que coordinan una propuesta llamada “Cuerpo de archivos”. El cuerpo, los cuerpos, siempre los cuerpos. Ese espacio, junto al siguiente taller “Montar la memoria del futuro” que urdí con el cineasta Manuel Embalse, junto al inicio de este camino de escritura al cuidado de Julián López y no sin el acompañamiento grupal de compañerxs lúcidxs y sensibles de esta ciudad y desperdigadxs por todo el mundo, son el obrador de este proyecto. 'Papá, así te veo yo' (1er boceto de trailer, febrero 2025) “ Desde su inauguración y hasta que murió, acá hizo su carrera como cirujano cardiovascular infantil mi papá, donde llegó a operar del corazón a más de tres mil niños. Es, también, el hospital donde estuve internado muy grave cuando nací, donde en mi infancia y el principio de mi adolescencia me traían a consultas, donde lo acompañaba a trabajar y hasta donde me quedaba a dormir cuando él hacía guardia. Fue tanto el dolor que nos produjo su muerte, que demasiado rápidamente nos sacamos de encima la mayoría de sus cosas. Todavía hoy mi hermano, que en ese entonces tenía dieciocho años y yo trece, me pide perdón por no haberme permitido elegir qué pertenencias suyas quedarnos. Así, durante más de veinte años creí que me faltaban muchas cosas de él. Que no las tenía. Que las había perdido para siempre. Pero en realidad no me había puesto a buscar. No había podido mirar a los ojos su archivo.” Valeria Ortega Sin título 2020 Oleo sobre papel 12 × 9 cm
- Fernand Deligny: presencias cercanas y cartografías que alumbran lo común/ Ana Laura García
Fernand Deligny fue un educador, cineasta, poeta y etólogo francés (1913-1996). Trabajó primero como voluntario y luego como educador en un Asilo (Hospital Psiquiátrico); en Paris, fue maestro de chicos con diferentes discapacidades o retrasos (1938). En 1947 organizó la Grande Cordée (una red de acogida de chicos “delincuentes” y psicóticos) junto a miembros del partido comunista francés, la cual funcionó por 15 años. Hacia finales de los años 60, luego de una estancia en la clínica La Borde, Deligny y un grupo de compañeros llevaron a cabo una tentativa de vida con chicos autistas profundos (no verbales), que viven en la “vacancia del lenguaje”. Allí convivieron en diferentes redes de acogida en el ambiente natural de las Cevenas, de forma muy sencilla: trazaron líneas de errancia y mapas, filmaron películas, amasaron el pan, Deligny escribía…trataban de auto sustentarse. Recibieron derivaciones de casos complejos que buscaban una alternativa a la internación psiquiátrica. Desde esa cotidianeidad, el autor pensaba de una manera particular el lugar de los adultos de la red, adultos que eran figuras de cuidado que no tenían una formación profesional específica. Las llamarán “presencias próximas o cercanas”. Propongo pensar la posición de las “presencias cercanas” y abordar la práctica que las mismas llevan a cabo en ese espacio compartido en el que procuran vivir junto a chicos/as catalogados de "ineducables", "incurables" e "invivibles". "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Las presencias Desde sus primeras experiencias, Deligny nos anima a pensar nuestro lugar en términos de presencias. Así aparece en Semilla de Crápula (1945) y de un modo similar en Los Vagabundos eficaces y otros relatos (1947), donde plantea la figura del educador de “presencia ligera”. No vamos a detenernos en estas elaboraciones previas ya que nos interesa concentrarnos en un momento posterior, cuando elabora la idea de “presencias cercanas” en las redes de acogida con chicos autistas. La tentativa de las Cevenas radicaliza en muchos aspectos los planteos de Deligny, lo cual lo lleva a reelaborar algunas ideas previas, a buscar herramientas y a inventar nuevas prácticas. Imaginemos ¿qué puede significar para un chico autista la palabra de un adulto?, ¿desde dónde podemos hacernos presentes cuando el lenguaje está en falta?, ¿cómo hacer lugar a algo en común cuando lo simbólico está en retirada? Son conmociones muy profundas las que fueron enfrentando, un choque contra todas las inercias a las que estamos habituados los educadores, terapeutas, quienes trabajamos con la palabra como una herramienta fundamental para el lazo con el otro. Cuando el lenguaje simbólico está en falta, cuando el “monigote” o la representación de la figura humana no aparece en el dibujo del niño, cuando el otro no nos devuelve una mirada en la cual podemos reconocernos, cuando no hay un sujeto que pueda nombrarse como tal, ¿dónde nos ubicamos? Si la distancia con esos chicos es demasiado grande, ¿tenemos que abandonar la posibilidad de que exista algo en común? Esa distancia ¿justifica la inacción o bien la domesticación o eliminación de esas sensibilidades que no se nos parecen? "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Deligny habla de “vacancia del lenguaje”, “ vacance” tiene más de una acepción en el francés y ese juego nos sirve: como lugar vacante (un lugar o puesto disponible, el sujeto del Lenguaje faltó a la cita), como vacación (el lenguaje en ellos está ocioso, se tomó un descanso) y como vacío (de poder, de lenguaje). Estas acepciones iluminan la idea de que el lenguaje está en falta, pero no en el sentido de un vacío a colmar, a corregir o a interpretar. Simplemente esa sujeción al lenguaje no está. Hay una brecha que abre para Deligny la posibilidad de observar el lenguaje con distancia (Deligny, 2017b), como algo no necesariamente asimilable a nuestra naturaleza (de especie). Isaac Joseph, quien fue durante varios años su editor, dice al respecto…tomando algunas expresiones de Deligny: He aquí en lo que Janmari es eficaz: el hecho de vivir con él permite ver venir de lejos la palabra, como se ve venir de lejos la justicia cuando se vive con los delincuentes. "Pertenezco al lenguaje" dice Deligny, y es un mundo. [A Janmari] Le debo todo. Es mi maestro. Por vivir cerca de esos niños, que le escapan, lo veo venir de lejos." Que el lenguaje sea nuestro mundo puede enceguecernos en algunos de sus efectos que no son ni efectos de verdad ni efectos de realidad sino efectos de maestría, De ahí la necesidad de tomar sus distancias para percibir la posición de ese lenguaje. (Isaac Joseph, en Deligny, 2017a: 850; traducción nuestra) Si el lenguaje es lo que nos hace ser humanos…cuando el lenguaje está en falta ¿en qué podemos confiar? Poco a poco irán observando que, en ese espacio inhabitado por lo simbólico, no hay puras ausencias; existen otras maneras de ser, hay sonidos, crecen gestos, proliferan líneas de errancia, brotan balanceos, trazos asignificantes. De esta manera se inicia una práctica que desde nuestro punto de vista consiste en dejarse afectar por esos modos de ser que en principio podríamos decir que son impropios. Es un cambio de orientación radical: vivir cerca de chicos muticos les permite mirar de lejos el lenguaje, desasimilarlo de lo que somos, y denunciar su complicidad con el poder. De ahí que Deligny se nombre como etólogo y poeta. La manera de ser de estos chicos afectará su relación con el lenguaje y su lugar como poeta en la red, el cual estará al servicio de la tarea constante de designificación del lenguaje. La tarea del poeta es “arrojar palabras duras que nadie más pronuncia”, palabras que no generan obediencia que no están dirigidas a nadie en particular. El cambio de perspectiva posibilita observar qué es lo que puede identificar o requerir de nuestra presencia un chico autista sin ningún presupuesto previo acerca de lo que necesita o es bueno para él o ella. Se trata de ver de cerca qué es lo que cuenta para esa singularidad…ahí donde todos los saberes previos, las interpretaciones e intenciones vienen a morir, ¿qué es lo que verdaderamente cuenta? En el ensayo titulado La tentativa ([1975] 2009), que forma parte del libro Permitir, trazar, ver, Deligny dice: En julio de 1967 se daba comienzo a esa iniciativa que persiste desde entonces: vivir en presencias “próximas” de un chico autista, mutista, sin demasiadas ideas preconcebidas, más que el proyecto de sacarlo de lo que los “saberes” al acecho elaboran, difunden, decretan y vulgarizan a propósito de esos chicos, “psicópatas graves, ineducables, irrecuperables”, por repetir los términos de los profesores-expertos, que han observado durante meses a ese chico, entre otros, La Salpetrière y otros lugares previstos a tal fin. (Deligny, 2009: 45) Desde esa afectación autista, Deligny y las presencias adultas se vuelcan a identificar referencias. Buscan percibir marcas en el espacio, movimientos errantes de los chicos, gestos reiterados, formas de actuar no conjugadas, al infinitivo. Reorientan sus intervenciones, el espacio es reorganizado como una red de presencias, los adultos se esfuerzan por devenir cosas entre otras cosas presentes en la vida cotidiana. Procura, como expresa Cardoso Pinto Miguel (2006), abandonar la forma Sujeto para devenir “algo”, piedra costumbrera, presencia o cosa y así poder ser identificado-referenciado por el niño, de acuerdo a su sistema de percepción. Las presencias cercanas trazan líneas, hacen cartografías, filman: la imagen sirve para vislumbrar lo que permanece innombrable, aquello que es refractario a nuestro entendimiento habitual. “ nosotros vivimos en el tiempo (proyecto) ELLOS viven en el espacio ven lo que no nos concierne” (Fernand Deligny, Manuscrito inédito y no fechado. En: AA.VV., 2013. Traducción nuestra) La práctica se lanza sobre el espacio (porque “ellos viven en el espacio”) y la imagen (porque “ven lo que no nos concierne”). Una forma de construir lazo y cercanía con lo que no vemos, con lo que no entendemos y escapa a nuestra percepción habitual. Allí juega un papel fundamental la práctica de producir imágenes a través del cine y de las cartografías. Mapa de Le Serret (junio de 1975). En: AA. VV. (2013). Cartes et lignes d´erre. Maps and wander lines. Traces du réseau de Fernand Deligny 1969-1979 . Paris: L´Arachnéen. Los mapas Los mapas pondrán atención en lo que los niños son capaces de hacer, más allá de sus síntomas: no hablan, pero se desplazan en el territorio, hacen movimientos, vagabundean. En ese reiterar ritual de los trayectos cotidianos, los niños autistas crean un territorio como “red de referencias y trazas, el cual se extiende entre unos y otros, pero no pertenece a nadie” (Isaac Joseph, En: Deligny, 2017a: 852; traducción nuestra). El “trazar” de los mapas se refiere a los diferentes gestos y trayectos que los niños de la red establecen en el territorio a partir de sus actuares cotidianos. Algunos de esos gestos o rituales luego serán transcriptos por los adultos de la red sobre papel o calco. Siguen el recorrido de un trayecto que el chico realiza en el espacio y que observan de manera reiterada, eso que observan lo trazan como línea sobre el mapa o plano que tiene la representación del espacio. Aparece, así, la práctica cartográfica del trazar las “líneas de errancia” en los mapas. Pero, ¿para qué trazar los mapas? ¿Por qué construir una cartografía a partir de los gestos, desplazamientos y trayectos cotidianos de los niños de la red? Se deben trazar los mapas para permitir que otros modos de vida afloren, para respetar esos gestos “para nada” de los niños y de los adultos, para ser capaces de ver eso que ninguna mirada alcanza a ver. Los mapas también permitieron registrar las presencias de los niños, sus desplazamientos, sus gestos, sus formas de vivir y percibir el espacio/ tiempo. El “actuar”, según Deligny, refiere a las formas de ser de esos chicos que viven fuera del lenguaje simbólico. Sus formas de ser no son tratadas ni como manifestaciones de algo más (oculto o inconsciente) ni como síntomas. Deligny llama “actuares de iniciativa” a esas conductas en las que el niño emprende una marcha, explora un movimiento con el cuerpo, con un objeto. El “balancear”, tan característico del niño autista, pertenece al actuar del niño, así como el “errar”, el “vagar” o el “azarear”. Son gestos de ser, es decir, acciones reiteradas que están presentes cotidianamente en la vida de esos chicos. El “actuar” deligniano es intransitivo e inintencional (Alvarez de Toledo, 2013: 9): carece tanto de objeto (o complemento) como de sujeto. Si no hay sujeto, tampoco hay proyecto o meta a ser realizada. Está desprovisto de todo “para” y cualquier exceso de “para” puede destruirlo, sostiene Deligny (2015a: 28 y 58). Lo verdaderamente importante reside en la acción misma que se está efectuando. Son actuares que se bastan a sí mismos, ya que no están supeditados a ninguna finalidad ni proyecto exterior a ellos. En tal caso, podría pensarse que esos actuares se toman a sí mismos como finalidad: tramar por tramar, errar por errar y así continuando. Existen siempre inacabados, en perpetuo retorno y haciéndose a sí mismos. Se trata de un obrar incesante que lanza una temporalidad diferente a la cronológica, en la cual vivimos inmersos como Sujetos enlazados al lenguaje. En tanto estamos sujetos al lenguaje, Deligny piensa que nuestro “ser conscientes de ser” no escapa a la vivencia del tiempo como pasado-presente-futuro. Nuestra consciencia nos hace advertir el paso del tiempo y, de este modo, los actos se vuelven útiles (“hacer para”), calculados y pensados en función de un proyecto o una meta que nos da razón de ser. Por el contrario, el tiempo del actuar es continuo e infinito, un tiempo suspendido y sin duración. Se trata de actuares perpetuamente en obra, sin un principio ni un fin determinado. Tanto en las líneas de errancia como en las redes es imposible distinguir dónde comienzan o hacia dónde se dirigen. No hay donde llegar ni adonde volver, porque el actuar no se rige por esos lugares preasignados, sino que sigue otras referencias. El actuar construye sus propias referencias intensivas. Se sorprenden al descubrir que las líneas de diferentes niños en diversas épocas llegan hasta un mismo punto del mapa y se concentran allí, atraídas por algo: el fuego, las piedras o un curso de agua que pudo haberse extinguido, pero que el niño percibe como si estuviera. El niño siente la huella, una “memoria de especie" lo conduce hasta ahí en sus desvíos. Puntos comunes aparecen al superponer los mapas: encastres o nudos intensivos de líneas, alumbran visiones de “lo común”. Tinta china sobre papel calco. Las líneas de errancia de Philippe y Anne y los gestos de amasar el pan. Monoblet, 1976. En: AA. VV. (2013). Cartes et lignes d´erre. Maps and wander lines. Traces du réseau de Fernand Deligny 1969-1979 . Paris: L´Arachnéen. Esos mapas interesan por la visión de “eso que no nos mira” o de “eso que no nos concierne” y que escapa a cualquier significación. Más que una observación, es una tentativa para “ver” lo que escapa a nuestra mirada de sujetos hablantes, para comenzar a percibir eso que no es lenguaje en nosotros y que puede ser lo común, pero que a primera vista no nos incumbe. Existe un “resto” que un chico autista pone en evidencia con su presencia y que ninguna mirada llegará a ver nunca de forma acabada. Estas visiones (¿qué nos exceden?) son los hallazgos de una tentativa de vida que busca obstinadamente recrear lo común, sin cerrarlo ni identificarlo con la imagen previa que tenemos del “Hombre-que-somos” (Deligny, 2015a). Bibliografía: Alvarez de Toledo, S. (2013). “Introduction et Glossaire”. En: AA. VV. (2013). Cartes et lignes d´erre. Maps and wander lines. Traces du réseau de Fernand Deligny 1969-1979 . Paris: L´Arachnéen. Cardoso Pinto Miguel, Marlon (2016). Á la marge et hors- champ. L´humain dans la pensée de Fernand Deligny. Tesis de doctorado en Artes Plásticas y Filosofía. Université Paris 8 y Universidade Federal do Rio de Janeiro. Deligny, F. (2017b). Lettres a un travailleur social . Paris: L’Arachnéen. ________([2008] 2015a). Lo arácnido y otros textos . Buenos Aires: Cactus. ________ (2015b). Los Vagabundos eficaces. Barcelona: UOC. ________ ([2007] 2017a). Oeuvres . Paris: L’Arachnéen. ________ (2009). Permitir, trazar, ver . Barcelona: Museu d’Art Contemporani. ________ ([1945] 2017c). Semilla de crápula. Consejos para los educadores que quieran cultivarla . Buenos Aires: Cactus-Tinta Limón. Fotograma del documental "Ce gamin, là" - Renaud Victor & Fernand Deligny - 1976
- De nuevos aires y orillas / María García
Vivo en la orilla de la ciudad... cualquier idea de vivir más adentro me ahoga... vivo la orilla como la posibilidad de respirar... Es raro, es una sensación corporal. Me ahoga la imagen de vivir lejos de la orilla. Es raro porque mi barrio es pobre, está olvidado, abandonado… algo aquí huele mal ... pero en sus calles hay vida... pelopinchos, reposeras, parrillas, fulbitos, vidas desprolijas, rotas, vidas del margen, empujadas, expulsadas, vidas no registradas. Que haya vida en la calle es una necesidad vital para mí, no puedo imaginar la vida sólo habitando intramuros familiares. Conventillos al punto del derrumbe, llenos de niñeces que igual juegan, patios que albergan uniones, veredas que aseguran encuentros, el cielo es parte de este barrio. Algo de eso me ayuda a respirar... nadie es invisible entre nosotrxs... nos saludamos... nos conocemos... nos aceptamos. Las sonrisas de aquí son más grandes de lo normal y encienden los ojos. Cosa rara sentir que aquí algo alberga. Cuerpos sin sostenes maternan, cuidados se socializan o se fugan. Hombres de existencias cansadas intentan atajar penales, los del yugo y también jugando con sus hijxs. Sensibilidades suaves aún intentan respirar enlodadas. Sensibilidades enlodadas aún intentan respirar… suave. Hay una orilla de río/riachuelo que de vez en cuando recibe tortugas y aves, ¿ellas también eligen esta orilla espesa? ¿Serán las locas de su especie? Vivo en la orilla porque siempre permite mirar sin límites, creer en la otra orilla como posible... planear una huida... perderse pensando. sin título (2025) Verónica Scardamaglia. Pensar me desahoga. Trabajo en la orilla, en la orilla de la city, al borde del fastuoso puerto madero. Trabajo con los bordes de la inclusión, imaginando qué hacer para que no lxs lleve la corriente. Cuerpos habitan la recova, vidas en la calle. Existencias excluidas, cuerpos abatidos, hambrientos. Luego de darle una “ayuda” un joven me dice “dios la bendiga”, ¿qué hizo tu dios con vos?, pienso. Siempre me pregunto: ¿y si le duele una muela, la espalda, la panza qué hacen? ¿Es posible que sientan su cuerpo tal como nosotros lo entendemos? ¿Cómo no enloquecer si te empujan a la nada? ¿Cómo no enloquecer si te cortan los hilos que te sujetan a un mundo “social”? ¿Cómo hacés para no sentir tu mal olor, tus músculos, tu desesperanza? ¿Cómo no caerse de un mundo que anda alocado? ¿Cómo volver a subirse a la “rueda” si gira loca? ¿Cómo no soltarse si te empujan? Caídxs de la rueda social, excluidxs del intercambio del saludo, del “cómo estás”, del “buen día”, del “baño”, del mañana, sus palabras son meros sonidos que dejan de hacer cadena con las nuestras, son excluidxs de la palabra, de un intercambio vital humanizante, ¿Cómo se siente no ser escuchadx nunca más, no ser notadx? ¿Cómo se siente no saber si hay mañana, pero “mañana” literal? Sin habla, sin mirada, sin mañana, ¿qué cuerpo queda? ¿qué huida se puede soñar desde esa orilla? ¿Puede la caída de la sociedad del capital enloquecer a alguien, o es sólo la forclusión del significante del Nombre del Padre la que enloquece?... Se hizo costumbre llevarlos a hospitales psiquiátricos, ¿de qué los curarían allí? Forclusión: mecanismo de defensa en el que el sujeto se niega a reconocer la realidad de una percepción traumatizante, dice el diccionario. El sujeto, ¿se niega? Una realidad, ¿arrasa? O ¿una realidad niega una sensibilidad que sufre? Mis padres llegaron a esta orilla, huyendo. En la documentación de ingreso al país de mi papá figura como ocupación “pastor”. Pastor de ganado, obvio. Cuando llegó al país había un bombardeo que hizo que no pudieran bajar del barco, quedaron en la orilla por un tiempo... algunxs decidieron bombardear al pueblo, hubo más de 300 muertos, no pudieron asesinar al presidente. Años después una bala no salió, la locura contra el pueblo no muere. Desembarcan buitres de barcos piratas... ejércitos de orcos... esta vez nos miran de frente, están aquí ciegos de odio, entre sus cuerpos y los nuestros no hay nada. Pensamos que esto no se volvería a repetir... pensamos que falcon verdes habían desaparecido... desde la orilla que construimos ya no se logra ver hacia dónde ir... nuevas ilusiones hacia dónde navegar… Nada de lo que digamos concuerda con su dialecto... nada de lo construido porta valores para ellxs, nuestros valores parecen haberse evaporado o convertido en aquello a destruir... nos dicen que ni lxs jóvenes los consideran como horizontes, eso es devastador. Aparece un pequeño bote que invita a subirse para respirar un rato... construir nuevas orillas en medio del arrasamiento... tiene un ritmo suave, eso atrae... Tanta suavidad es imposible de rechazar... “sólo lo suave puede rozar lo que huye” dijo un maestro de las sensibilidades y aquí estamos inventando nuevas formas que no ahoguen. Benito Quinquela Martín Día gris en la Boca, 1962 Óleo sobre madera prensada 60×70cm
- Poesía y delirio / Regine Bergmeijer
Hace muy poco se reestrenó una obra teatral “Encuentro de poetas”, obra que imagina el encuentro entre los poetas Jacobo Fijman y Vicente Zito Lema; obra llena de poesía y delirio como el diálogo entre ellos dos. Hace poco hubo otro encuentro. Veintidós (sí léase bien 22) psicólogos (empleo el sustantivo en plural en sentido amplio) en la casa del Conde Vicente, como llamábamos la casa una vez construida, con manos propias y ajenas. Por lo grande y por lo hermosa. Una casa muy cerca de una playa que alguna vez fue desolada y salvaje y ahora ya está sobrepoblada y comercializada. Pero esa es otra historia. Mi gran pregunta, ante el plan de nuestro amigo Marcelo de organizar un encuentro era ¿22 psicólogos en una casa, será posible?, y sobre todo ¿habrá poesía y delirio? A Vicente le hubiera encantado, sin duda alguna. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico La idea, de a poco, fue tomando cuerpo y alma. Sentíamos como si estuviéramos por organizar un viaje de egresados. ¿Quién dormía en la casa y quien en otras?, ¿Cómo organizar la comida, ¿veganos?, ¿vegetarianos?, ¿el transporte? Y por supuesto lo más importante, porque teníamos que hacer algo serio, ¿quién iba a presentar qué trabajo? Para mí, la única manera de tener este lugar soñado como propiedad privada consiste en compartirlo, y así pasó. Yo, amante del caos, vi como durante cuatro días la casa se convirtió en una comunidad de pensamiento, sentimiento y, más que nada, en una comunidad amorosa. La convivencia fue impecable, los trabajos uno mejor que otro, y la comida sabrosa y abundante. Y ya que soy amante del caos, o más bien el caos en mí es más fuerte que el orden, me parecía interesante, para estas notas, buscar en los escritos de algunos filósofos sus ideas al respecto. Encontré lo siguiente y pensé como aplicarlo a nuestro encuentro… Para Nietzsche, el caos no es simplemente una ausencia de orden, ( la casa estaba ordenada hasta que llegaron los 22… y terminó con papeles y sillas por todas partes, un caos hermoso ), sino un estado fundamental y vital que precede y alimenta la creación de la vida y la cultura. ( Llegaron todos llenando el bosque de vida y cultura ). El caos es visto como fuerza primordial, el “caos primario”, del cual emerge la vida y la posibilidad de la voluntad de poder. Nietzsche cree que el caos es necesario para la emergencia de nuevas formas de vida, arte y cultura. El caos representa la energía desorganizada y la falta de límites ( aquí Nietzsche se equivoca en el caso nuestro, porque había mucha organización y los límites los impuso el propio programa ), lo que permite la ruptura con lo establecido y la creación de lo nuevo. La voluntad de poder, el principio fundamental de Nietzsche, se manifiesta en la lucha por la afirmación de la vida y la creación de nuevos valores ( nuevas amistades ), los cuales se nutren del caos ( muchos platos para lavar ). ( Y con mucha escucha creamos vida intercambiando el pensar sobre la salud mental ). La voluntad de poder intenta dar forma y sentido al caos, pero siempre en un estado de cambio y tensión. Nietzsche ve la vida como una experiencia compleja y a menudo caótica, en la que el sufrimiento y el caos son inevitables, ( vaya que los psicólogos saben de sufrimiento y el caos en la vida de sus pacientes ) pero también son fuentes de crecimiento y aprendizaje. ( A lo pichoneano, crecimos todos y aprendimos cada uno de cada uno y de lo colectivo ). "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Ahora en cuanto Spinoza, filósofo tan querido por Vicente, el concepto de caos no es central, aunque una idea del orden intrínseco a la naturaleza sí lo es. Spinoza no ve la naturaleza como caótica ( nuestro jardín sí lo es ), pero Spinoza no lo ve como caótica, sino como un sistema determinado y necesario ( muy necesaria la cantidad de piñas y pinocha para el fuego que ardió durante los cuatro días en la chimenea ), donde todo está conectado y se mueve según leyes naturales. Para Spinoza, el caos surge de la percepción humana ( mi culpa, entonces ) que a veces considera ciertas acciones o eventos como malas o desordenadas ( no es mi caso ), mientras que desde un punto de vista divino, todo es perfecto y necesario. ( Y este fue el caso, todo el encuentro fue perfecto y necesario. La casa se lo agradece y yo también ). ¡Una experiencia que da para ser repetida! ¡Hasta la próxima! La memoria nos guía La conciencia nos hace La Belleza nos pertenece (En memoria de Vicente Zito Lema, quien con su espíritu presente nos dejó generosamente su casa) Mar de las Pampas, 1 de mayo 2025 Donna Faiella Espíritus en el Cielo 2019 Impresión digital sobre papel 21,6 × 27,9 cm
- Apuntes sobre poesía y psicoanálisis en contextos de crueldad / Sofía Noel Ceballos
Dice Rebeca Solnit (2020): No podemos retroceder en el tiempo pero sí podemos regresar a los escenarios de una historia de amor, de un crimen, de la felicidad y de una decisión fatídica; los lugares son lo que permanece, lo que podemos poseer, lo que es inmortal. Los lugares que nos han hecho quienes somos se convierten en el paisaje tangible de la memoria y en cierto modo también nosotros nos convertimos en ellos. Son lo que podemos poseer y lo que al final acaba poseyendonos. El paisaje tangible de la memoria podría ser, por ejemplo, un dolor que encuentra un sitio donde dejar un rastro, un borde de dónde agarrarse. Escenarios de la historia, una evidencia sensible. Una apoyatura para relatos estallados, que ofrece al recuerdo drenarse en tonos, sombras, texturas. Una punta para tironear al olvido y situar un horror que es común. Que haya sitios de memoria implica que el dolor ocupe un lugar. Que la palabra puesta sobre alguna cosa ayude al relato, a la evidencia de una verdad que busca negarse por decisión de la política de la crueldad. + Cuando escribo, insiste una pregunta que me hicieron hace un tiempo: ¿Cómo pensar poéticamente en un contexto donde la crueldad está de moda? + Dice María Negroni (2023) que la poesía en el ruido de hoy, da a escuchar un silencio. Habrá que diferenciar, silencios de silenciamientos. Más adelante dice: Enseña preguntar (y a perderse). Reemplaza lo que no hay por la alegría, acaso incongruente, de intentar nombrarlo. + ¿Cómo pensar mientras las muertes evitables, ese imposible de asimilar se nos presentifica con demasiada cercanía? Al escribir, ¿evadimos el contexto o planteamos una salida en el texto? + Dice Marie Gouric (2020), sobre su escritura: Más que respetar, mi esfuerzo es la escucha, que es lo más difícil de esta época. De ahí trabajo con eso que es lo que tengo, que yo hice para decir algo pero ahora viene a decir por sí mismo y conviene escucharlo. Y remiendo, ajusto, masillo, aprieto, barnizo, presiono, desvasto, uno, martillo, arranco, pego, reparo o lo que sienta necesario. Les pido ayuda y compañía. Bien por los textos dejados a descansar. ¿Quién no descansa con ellos? Las paredes de la casa donde vivíamos con mi familia se partían y mi padre me enseñaba que era el material sobre los cimientos que todavía seguía trabajando. Nada corrijo, la palabra corrección le ha quitado ternura a todo lo que está sobre este mundo y prefiero no usarla sobre nada. ¿Quién es merecedor de corregir algo? Puede que las palabras estén cansadas, de ser siempre las mismas, de ser insuficientes, de ser usadas para dañar sin consecuencias. Quizá al escribir se les pueda inventar un lugar para que se echen a descansar y reanimarse, ofrecerles compañía. + Dice Claudia Masin (2023), en Curar y ser curados: Allí donde los hechos crudos impondrían su halo de resignación, la escritura poética abre un resquicio, una grieta: habla acerca de lo que no pasó, pero podría haber pasado, y al nombrar aquello que hasta ese momento no existía en ningún lado, lo hace existir. Además, plantea que existen estados de poesía y que son evanescentes, contados raptos en los que podemos ser capaces de resonar con los otros, con lo otro, con lo que es aparentemente ajeno . Al mismo tiempo expresa que es ese momento donde el padecimiento descansa, es un momento transitorio y frágil. + Según Alicia Genovese (1997), el poema surge como una línea quebrada y digresiva o una línea más regular que en cualquier caso se va abriendo y complejizando a través de asociaciones, simultaneidades, a través de todos aquellos recursos que el poema precisa enlazar para empujar sus materiales Se trata de un dispositivo que desmonta la utilidad de la palabra, la despega de las cosas. En ese marco, ¿cuándo acontece un poema? En la misma línea, ¿cuándo se muestra el inconsciente? + Lacan (2011) menciona que existe una posibilidad evanescente, difusa y difícil en la que el sujeto puede reconocerse como el contador . Mientras, el inconsciente está a la espera. Será trabajo del analista situar la pequeña parte del relato en la cual se expresa y saber estar ahí para el intento de salvar al lenguaje después de todo. + Poesía y Psicoanálisis llevan la marca de la experiencia. En un poema acontece algo del orden de un saber que no se sabe, antiguo y difuso pero común. Es en la experiencia analítica que se abre la posibilidad de reconocerse en un discurso que proviene de lo desconocido. + En El creador literario y el fantaseo , Freud se pregunta qué es lo que hace que un poema trastoque un afecto displacentero en una descarga de placer. Habla de un efecto poético y este sería algo así como “la posibilidad de conmover”. Me interesa como concepto, pero además porque lo plantea como un capricho: ¡Si al menos nosotros pudiéramos poetizar! ¿Qué es lo que sucede en el poema que dice lo displacentero subvirtiendo en descarga de placer? ¿Ese efecto es gracias a la forma que lo caracteriza? ¿Qué aporta a la práctica del Psicoanálisis la práctica Poética? + Derivas de la palabra conmover (desde su etimología) : Perturbar, inquietar, alterar, mover fuertemente o con eficacia a alguien o algo. Mover a ternura, enternecer. Poner en movimiento, suscitar, impulsar, excitar, quitar, mover con violencia, agitar. Cabalmente, por completo, porque también puede indicar “poner juntos”, como en la palabra compadre, más el verbo movere, que nos indica mover, apartar, como en las frases “movere gradum” (dirigir sus pasos, marchar) y “movere mente” (perder el juicio). Por lo tanto “conmover” significa mover o agitar nuestros sentimientos de manera completa, cabal o hasta el enternecimiento. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico + Diana Bellessi (2023) lo dice como un sueño: ¿Y cuál es este sueño comunal del que todos parecemos venir, y recordamos al leer un poema? Quizás sea aquel momento previo a la adquisición del lenguaje, antes de hablar como todos los adultos, antes de la imitación masiva centrada en las posibilidades de comunicación del significado. Cuando la palabra mesa, por ejemplo, no quería decir sólo esa superficie sostenida en cuatro patas que sirve para comer, o trabajar o apoyar el diario; antes que la palabra sólo sirva, de que esté casi exclusivamente al servicio de una función, y de un único significado. La poesía es la infancia como posibilidad, un espacio/tiempo donde la lógica se subvierte y la palabra no remite a un único significado. Puede dialogar con la musicalidad, con las asociaciones, con las deformaciones para que predomine la satisfacción. Cada palabra tiene la posibilidad de ir saltando sobre designaciones temporales, sonidos, vibraciones y ritmos que no sirven más que para musicalizar un cuerpo, para ensayar cómo suena una voz. + Dice Olga Orozco (2019) que la poesía no hace nacer fantasmas sonoros o conceptuales para encerrarlos en las palabras, sino que hace estallar aún los fantasmas que las palabras encierran en sí mismas. También que: un poema representa el alivio de haber salvado al lenguaje, después de haberlo expuesto al mayor de los peligros . Ese peligro podría ser esa palabra coagulada, autoritaria, que se cierra sobre sí misma. ¿Salvar al lenguaje podrá ser la posibilidad de trastocar el sentido? El poema es una ocasión para abrir la lectura y la escritura en una dimensión distinta, rara, pluridimensional. + Al hablar sobre la clínica, Roberto Harari (1985) toma la figura del “versero”, que es quien hace el verso : alguien que crea con la palabra. Dice “verso” y nos lleva a “verter”, porque deriva de “verteré”, que quiere decir girar, dar vuelta, volver, derribar, cambiar, convertir . Hacer el verso es lo que permite hacer uso de la palabra para construir otros escenarios posibles. Al mismo tiempo, comparte raíz con “versus”, es decir “en contra”. Es este “hacer el verso” que se eleva en contra de una suerte de palabra constituida, aquella que en el análisis procuramos no atender. + Mediante la práctica analítica se producen otros efectos que emergen en el uso de la palabra. En otras vertientes que no responden a la producción de un sentido unívoco. Más bien, el sentido se encuentra justamente vaciado y devuelve al sujeto la posibilidad de reconocerse en un discurso del cual es parte. + En un esfuerzo por reivindicar la palabra como un principio ético, la poesía resulta una forma de abordar la dimensión clínica desde un carácter político. Cuando la palabra se revela como autoritaria, con un sentido coagulado y las derivas fomentan la crueldad, la destrucción y el negacionismo sobre la historia que cuenta los dolores en común, hay formas de pensar que están en peligro. Hay formas de contarse que están siendo amenazadas. Las pausas, las precisiones, los ritmos, las escansiones, los divagues, las creaciones que surgen en la práctica analítica y en el poema, quizá formen un espacio/tiempo donde encontrar un versus de la palabra autoritaria, de las políticas de la crueldad. Las voces que acudieron en este texto, vienen desde acá: Bellessi, Diana (2023). Pequeña voz del mundo , Córdoba, Caballo Negro Editora. Genovese, Alicia (1997). Tono y ritmo . La danza del ratón , Volumen 14, 34–35. Disponible en: https://ahira.com.ar/wp-content/uploads/2022/02/La-Danza-del-Raton-No14.pdf Gouiric, Marie (2020). Disponible en: https://lainfanciadelprocedimiento.blogspot.com/2020/01/marie-gouiric.html Harari, R. (1985). Producción poética - Producción Psicoanalítica / Entrevistado por Diana Bellessi . Revista de circulación interna. Lacan, Jacques (2011). Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis , Buenos Aires, Paidós. Masin, Claudia (2023). Curar y ser curados , Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Las Furias. Negroni, María (2023). El corazón del daño , Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Penguin Random House. Orozco, Olga (2019). Poesía completa , Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora. Solnit, Rebecca (2020). Una guía sobre el arte de perderse , Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Fiordo. "Sin título" - Aldana Caviglia - 2024
- Barranca abajo / Ana Benveniste
Así lo siento hoy. Un derrape que pareciera no poder detenerse. Va perdiendo el buen humor, amigos, dinero… "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Vuelve la alternancia de peleas y silencios de días con la pareja. “Si tuviera un lugar dónde ir, me iría de mi casa…pero sería una fracasada, también en eso”. “Si sigo así, me voy a tirar debajo de un tren”. Le pregunto si lo está pensando. Dice que no cree que lo haga, no se anima. Está tomando más. Le preocupa y no. Retazos de un trabajo ligado a una empresa del padre del que quedaron juicios, deudas, peleas con familiares. Ahorros que alcanzan “para 20 días… 3 meses…”. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Vivía en otro país. El padre la llama para que lo ayude. Creyó que trabajar con su padre, mejoraría el vínculo. Dice que fue ninguneada, que el padre hizo lo que quiso: no la escuchó. Le dejó “todos los quilombos”. Dice que le cagó la vida . Y también, que le da pena: “Ya es muy viejo”. Leyó la crítica de un libro que se titula “No eras vos. Eran tus padres”. Me la envía. Eso la alivió. Una madre y un padre de más de 90 años, ¿qué hacemos con eso? ¿Cómo estoy interviniendo? No sé qué decir… Creo que intentando correrla del lugar de la “boluda” y de quien espera a que la ayuden o la salven. Pregunto por su emprendimiento nuevo, en el que no termina de creer ni confiar. ¿Estoy asistiendo a un derrumbe? Aunque sé que estos temas, que se repiten e insisten, luego se van acomodando. Pero, esta vez me pregunto: ¿qué hacer?, ¿tendría que pensar en una derivación? Bill Tansey Salpicadura, ca. 2023 Impresión pigmentada de archivo 101 x 152 cm
- Relaciones, singularidades, individuos y colectivos / Franco Ingrassia
Siempre hay singularidades. Axioma ontológico fundamental que postula la irreductibilidad de la diferencia como condición inherente a la constitución de cualquier dominio de existencia. La singularidad se erige como el quantum de distinción, la unidad mínima de diferenciación que impide la emergencia de una homogeneidad absoluta. Su presencia es la condición de posibilidad para la individuación de entidades y la articulación de multiplicidades. Siempre hay relaciones. Principio relacional inherente a la dinámica de los sistemas complejos. Las singularidades no subsisten como mónadas aisladas, sino que se integran en entramados de interdependencia y causalidad recíproca. La relación se concibe como el vector de afectación mutua, el medio a través del cual las singularidades se definen, se modifican y emergen como entidades concretas dentro de un campo de fuerzas. La individualidad implica la cristalización (reificación) de la singularidad y la subalternización de las relaciones. Proceso epistémico y ontológico mediante el cual una singularidad se convierte en un objeto discreto e independiente, sustrayéndose de la fluidez y la indeterminación inherentes a su naturaleza relacional. La individualidad opera una clausura identitaria, privilegiando la sustancialidad sobre la procesualidad y relegando las interconexiones constitutivas a un estatus secundario o accidental. Desde la matriz perceptiva que instaura la individualidad (régimen de lo sensible), puede haber individuos (singularidades reificadas) sin relaciones, pero no relaciones sin individuos. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Consecuencia epistemológica del paradigma individualista. La primacía ontológica atribuida al individuo como entidad preconstituida genera una asimetría en la inteligibilidad de la relación. La relación se concibe como un vínculo contingente entre individuos previamente definidos, mientras que la posibilidad de una existencia individual independiente aislada se mantiene como un horizonte conceptual, aunque empíricamente improbable. Los individuos, siempre según esta perspectiva de la individualidad, tienen existencia continua (ontológica) y las relaciones tienen existencia discontinua (fenomenológica). Distinción ontológica derivada del modelo individualista. La individuación proyecta una temporalidad lineal y persistente sobre la entidad individual, mientras que las relaciones son aprehendidas como eventos puntuales y transitorios, carentes de una sustancialidad ontológica propia y duradera. Esta diferenciación refuerza la primacía del ser individual sobre el devenir relacional, concibiéndolo como inherentemente independiente. La individualidad afirma que A y B preexisten a la relación A-B y subsisten luego de ella. Postulado metafísico central del individualismo. Se asume la independencia ontológica de las entidades individuales previas a cualquier interacción, concibiendo la relación como una adición externa que no altera fundamentalmente la identidad preexistente ni la subsistencia posterior de los individuos involucrados. Por contraste, desde la perspectiva de la vida colectiva las relaciones son afectaciones, es decir, tienen un efecto resingularizante sobre las singularidades vinculadas. Modelo alternativo que invierte la primacía ontológica, concibiendo la relación como una fuerza activa y constitutiva. La afectación relacional se erige como el motor de la transformación singular, generando nuevas cualidades y reconfigurando las identidades de las singularidades en interacción. La relación deviene, así, el locus de la producción de subjetividad y la emergencia de lo nuevo. El individuo, en tanto reificación, es una singularidad anacrónica, es una zona o dimensión de la singularidad que elude la actualización que la relación, en tanto afectación, produce. Crítica onto-epistemológica al concepto de individuo. La reificación individualizante se presenta como una forma de resistencia a la dinámica inherente de la singularidad, que se actualiza y se transforma constantemente a través de sus interacciones. El individuo, en su fijación identitaria, se convierte en un vestigio de un estado prerrelacional, desfasado de la temporalidad procesual de la existencia. Esa individualidad, en tanto resistencia a la afectación relacional, es la persistencia anacrónica de la singularidad prerrelacional. Elaboración de la crítica anterior. La individualidad se interpreta como la cristalización de un momento singular previo a su inmersión en el flujo de las relaciones. Su persistencia como entidad autónoma representa una negación de la potencia transformadora de la afectación mutua, una fijación en un estadio ontológico superado por la dinámica relacional. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico La singularidad individualizada es una singularidad reificada; la singularidad colectivizada es una singularidad en devenir (de lo prerrelacional a lo posrrelacional). Distinción categorial entre dos modos de existencia de la singularidad. La individuación opera una reducción ontológica, fijando la singularidad en una identidad estática. En contraste, la inmersión en la colectividad y la exposición a la afectación relacional liberan el potencial de devenir de la singularidad, impulsándola hacia configuraciones emergentes y posibilitando la producción de novedad ontológica. La singularidad individualizada se presenta como dueña de sí misma, mientras que la singularidad colectivizada se percibe como perteneciente a algo que la excede, efecto de la experiencia colectiva emergente del proceso relacional de la trama de afectaciones. Implicaciones fenomenológicas de los modelos ontológicos contrastantes. La individuación genera una experiencia de independencia y auto-posesión, mientras que la inmersión en la colectividad revela la intersubjetividad constitutiva y la interdependencia ontológica de la singularidad respecto del entramado relacional que la excede y la constituye. Surgen al menos tres divisiones o diferenciaciones: (1) entre relación y singularidad; (2) entre singularidad reificada y singularidad en devenir; y (3) entre distintos devenires singulares, efecto del proceso relacional. Sistematización de las dicotomías fundamentales que emergen del análisis. Se distinguen: la relación como fuerza activa versus la singularidad como elemento afectado; la singularidad fijada (individuo) versus la singularidad procesual; y la emergencia de una multiplicidad de trayectorias singulares como resultado de la heterogeneidad de las afectaciones relacionales. La individuación, además de reificación, es una operación de homogeneización de los efectos singularizantes de los procesos relacionales (por ejemplo, el deseo "individual" es el deseo reificado y homogeneizado). Crítica a la función normalizadora de la individuación. El proceso de individualización no sólo fija la singularidad, sino que también tiende a subsumir la diversidad de las afectaciones relacionales, homogeneizando experiencias que en su origen son singulares y contextuales. El deseo individualizado ejemplifica esta reducción de la riqueza procesual. Alyson Vega Vista de Playa II 2018 Técnica mixta 50,8 × 41,9 cm
- ¿Cómo acompañar a Agustina? / María Luisa Castillo
“Fabular, contar diferentemente, no es romper con la ‘realidad’ sino buscar que se vuelvan perceptibles, que se piensen y se sientan aspectos de la realidad que usualmente se consideran accesorios” Isabelle Stengers, La vierge et le neutrino , p.169 “Usted no sabe nada, en el fondo, del poder altamente revolucionario de la catástrofe.” Afirmación de Maud Kristen Tarde de agosto de 2024 con sol y mucho frío, como cada miércoles nos reunimos quienes nos sumamos al Equipo de psicólogas, psicólogos de Santa María madre del Pueblo en un grupo cercano a los 10 profesionales, la mitad muy jóvenes y les otres en otro momento del vivir. Este espacio creado, inventado hace 10 años funciona en la capilla de la Villa 1-11-14, Barrio Richiardelli, Bajo Flores. Aquí, los lugares que la rodean nos encuentran con les vecines, hombres, mujeres, jóvenes, niñes que son derivados para tratamiento psicológico, también con los equipos de conducción del Jardín Maternal, Inicial, Escuela Primaria y Secundaria de la comunidad de madre del Pueblo, contando con la compañía permanente de los curas, quienes viven allí junto a sus vecines. Ese miércoles en la reunión del equipo me pide la coordinadora en su modo habitual que por favor atienda a Agustina, quien estaba trabajando con Mariana, una compañera colega que atiende en el barrio los miércoles, y como desde entonces Agustina tiene que concurrir ese día a clases en la escuela de nivelación, no podrá acercarse a madre del Pueblo para continuar su tratamiento. El trabajo con Agustina apuesta a que pueda ingresar en el 2025 a la Escuela Primaria de madre de Pueblo. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico A fines del 2023 me sumé al equipo de psicólogos y psicólogas de madre del Pueblo, aquí recibo a les vecines los miércoles y viernes por la tarde en el barrio. Surge una pregunta en mi práctica: ¿Cómo acompañar a Agustina de 12 años? Me dispongo a invitar para conocernos y conversar con les adultes con quienes vive Agustina. En la búsqueda de algún contacto recibo un mensaje del padre Fede quien me pide poder reunirnos el siguiente viernes para charlar. Fede es uno de los curas que vive en madre del Pueblo y es el referente de la Escuela Primaria, se acerca con la calidez de siempre y me dice que quiere contarme de la familia Cernada. Arranca comentando que llegaron al barrio hace tres años acompañados por las hermanas que colaboran en las parroquias de Bajo Flores. Cuenta que son una familia de ocho integrantes, madre, padre y seis hijos que siempre estuvieron juntos viviendo en la calle, paradores, piezas de hoteles. Los hijos no iban a la escuela, cartoneaban todos juntos, conseguían comida en alguna parroquia de la ciudad y algún lugar donde pasar la noche. Juan, el papá, dormía un rato de día para poder estar despierto por la noche y cuidar a su familia. Cuando el papá descansaba algo, los cuidaba Bibi, la mamá. Las hermanitas se acercaban para conversar con la familia y llevarles algo de comida y ropa. Cuando surgía el tema de la escuela para les niñes aparecía el silencio, el silencio. Ellas se dispusieron para poder ayudar a esta familia y se acercaron a compartir su deseo de ayudarlos a madre del Pueblo donde fueron recibidas por Gustavo Carrara, el obispo villero responsable de este lugar, quien las escucha y les responde en pocos días que se ha decidido en común recibir a la familia Cernadas en la comunidad de madre del Pueblo. Una familia con ocho integrantes necesita techo, alimentos, ropa, escuela. Entonces surge una pregunta común. ¿Cómo alojar a los Cernada? Cuando llegan, el obispo villero, actual monseñor de La Plata, se muda a una oficina para que Juan, Bibi y sus seis hijos puedan dormir en una habitación y tener un baño, los lugares para comer, jugar, estar, son comunes para todes les vecines. Rápidamente les niñes comienzan a ir a las escuelas de madre del Pueblo, son recibidos amorosamente por directores, vice, equipos profesionales de las escuelas de esta comunidad. Se piensan cuáles son las acciones, cuáles los modos necesarios para alojar a les niñes acompañados de preguntas. Este gesto está siempre presente en la comunidad. La familia Cernada se muda a una casita en el barrio acompañada por la comunidad de madre del Pueblo, Juan comienza con trabajos, consideran que la constancia no es algo aprendido por él y que con paciencia y compañía puede aprenderla. Bibi tiene una discapacidad cognitiva y “cuida y se ocupa de sus hijos”. Fede es designado como el cura referente de la familia Cernada en la comunidad de madre del Pueblo, en un momento con tristeza comenta que Agustina, la mayor de las hermanas mujeres, no pudo adaptarse a la escuela primaria y expresa “con lo que a ella le gusta estar en la escuela”. Esta situación es el motivo por el que ella comenzó a concurrir a una escuela de nivelación de la ciudad desde 2023, ese año no logró el pase a la primaria, este continúa siendo la última posibilidad para poder ingresar a la escuela primaria de nuestra comunidad. Me transmite que Agustina fue evaluada por un equipo de neurólogos sin encontrar ninguna discapacidad, todes les implicades coinciden, subrayan que hasta los 11 años no tuvo relación con la escuela. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Me invitan a sumarme para trabajar juntes y que pueda lograr a fin de año el pase a la escuela primaria porque es donde ella quiere estar, donde están sus hermanes. En este momento emerge la pregunta ¿cómo acompañar a Agustina? Un viernes de sol y con frío nos encontramos con Agustina. Un ratito antes del horario acordado se acerca al lugar donde atiendo los viernes la vice de la escuela primaria para entregarme una caja con lápices negros, de colores, crayones, marcadores, tijera, boligoma, goma para borrar adentro de una cartuchera divertida, también hay cuadernos, papeles de color, brillantina y libros de cuentos. Me cuenta Kary que le preparó esa caja con material escolar para que podamos trabajar. Agustina llega temprano saluda cariñosa a quienes conoce de las actividades que ella con su familia hacen en esta comunidad, el padre Fede nos presenta y se retira para que podamos comenzar a trabajar. Es inquieta, habla rápido, abre grandes los ojos, se mueve y lo primero que encuentra es la caja con los materiales escolares y me pregunta, ¿qué es esto? Cuando le cuento qué es y que Kary a quien conoce la trajo para ella se ríe, abre la caja y al encontrar el contenido se le ilumina la cara expresando asombro y alegría. Saca con cuidado cada material, lo toca, mira, sonríe cuando encuentra el cuaderno lo acaricia y expresa “cómo me gustan las cosas de la escuela”. En otro momento me cuenta que quiere ir a la escuela primaria de madre del Pueblo para aprender ahí con sus hermanos, estar con Kary, la vice que es buenita y linda. También dice que le gusta jugar al fútbol en madre del Pueblo, aquí funciona un club donde les niñes y jóvenes desde las 17 horas aprenden todos los deportes, incluido natación porque el vecino club de San Lorenzo presta la pileta a partir de un acuerdo entre las autoridades de éste y los curas. Luego me dice “es muy lindo venir con mi familia a madre del Pueblo porque hacemos cosas lindas cada uno y todos nos cuidan y ayudan a mi papá y a mi mamá”. Los viernes nos encontramos para trabajar juntas, Agustina llega a horario y saluda a sus conocidos que no son pocos y siempre elige de lo disponible para trabajar el cuaderno al que acaricia, toma el lápiz y me pide “dame tarea Marilú”. Pudimos entre las dos inventar actividades, juegos, bailes, también le gusta bailar música brasilera que es su preferida me dice “es muy alegre”. Llegamos a diciembre en el medio fue su cumpleaños, cuando le pregunto qué quiere que le regale me dice, luego de insistirle, que le gustan los libros de cuentos y un vaso de Boca. Una tarde al preguntarle como está responde “estoy bien porque mi papá y mi mamá me ayudan con la tarea y me quieren”. Agustina disfruta aprendiendo, le gusta y aquí nos encontramos porque a las dos nos gusta aprender, aprendemos juntas con alegría. Estamos en los días de evaluación del trayecto recorrido con Agustina con inquietud llegamos a fin del año. ¡¡¡¡ Es un momento de Alegría!!! Me comentan Mariano y Kary, director y Vice de la escuela primaria de madre del Pueblo que Agustina logró el pase y seguirá aprendiendo en el 2025 en la escuela primaria. Agustina llega el viernes en el horario de nuestro encuentro y está feliz, me abraza fuerte y dice “el año que viene voy a estar en la escuela de madre del Pueblo con mis hermanos cada uno en su grado”. ¡¡¡A todes les que encuentra les cuenta feliz!!! Comienza el año 2025 en la primaria de madre del Pueblo, esa mañana llegan Agustina y sus hermanes acompañades por su mamá y su papá. Los reciben Kary y Mariano quienes subrayan la presencia de Agustina como estudiante de la escuela a la que viene a aprender junto a sus hermanes. ¡¡¡Bienvenida Agustina a sexto grado en la escuela de madre del Pueblo!!! ¡¡¡Te recibimos y te acompañamos!!! ¡¡¡Agustina comenzó a cursar sexto grado está feliz!!! Continuamos trabajando, aprendiendo juntas los miércoles y viernes. Con el deseo de potenciar los recursos toma relieve otra vez la pregunta. Necesito compas que me acompañen a pensar. ¿Cómo acompañar a Agustina? Antonio Berni - " J uanito pescando" , de la serie Juanito Laguna 1956 - (primera imagen conocida de Juanito Laguna) - Serigrafía 518/800 - 35.5 x 44.5 cm
- Fragmento sobre el tránsito por el encuentro de las orillas / Romina Brunetti
Saberse pensada… sentirse esperada… un lugar donde llegar. Resonancias de un encuentro. La nave de los 22 había zarpado ya, pero aún postergaba la espera de otra llegada, una última demora anunciada. A la distancia de lo más próximo… un faro desgarra la oscuridad, una nave rasga las orillas, un silencio horada porosidades, unas sensibilidades quebrantan doctrinas de individualismos feroces, apuestan a las singularidades de lo común. Acá no sobra nadie. Demorarse. Detenerse. Atravesar, bordear, atomizar lo lejano. Orillar con timidez y deseo. Hacerse a la mar. La nave espera, aguanta, sostiene, acaricia, insiste, acoge el desvío, conspira pensamientos que impregnan políticas deseantes. Expectante, con ensoñada lucidez, marchar a la búsqueda del “castillo en medio del bosque” que el poeta Fijman imaginó. Presencias. La de Vicente, intuida desde antes del convite de la generosidad amiga. Al acortar distancias…cada vez más potente. En esa presencia insinuada, se condensan otras presencias entrañables, extrañadas. Los afectos que nos habitan, las palabras que nos piensan, los pensares que nos hablan. Sentires. Respirar en común. Conspirar. Tomarse el tiempo. Dos centellantes sensibilidades aguantan la espera en la antesala de la noche. Salir al camino, alumbrarse. La compañía necesaria. Demorarse, detenerse, permanecer. “Detenido y andando ” canta Gabo, la historia de una vida, sus demoras, amores, vacilaciones, despedidas, desvíos, inconclusiones. Abismarse. Romi. (2025) Fotografía. Verónica Scardamaglia. Declaro el impoder de las palabras, que abandonan la nave, se fugan. Anticipo, no se inscriben, no escribo, no puedo. “Piensa una herida”. Demorarse, alumbrar la espera, alojar el silencio, no renunciar a lo venidero. Sospechar el silencio. “ Pensar es esculpir en la niebla ”. Convite a conspirar. Darse al pensar: una entrega, una renuncia. Darse a la experiencia, imágenes de otros trayectos, cruces, escuchas, desvíos. ¿La experiencia es también lo impedido? A veces. Enrarecer lo pensado, devenir de lo impensado. Demorarse, desviarse, orillarse. “ Débil no es quien puede poco, sino quien está separado de lo que puede” . ¿Quién dijo qué? Prestarse palabras, resonancias impregnadas en sensibilidades permeables, que eximen alertas de imperiosas miserias cotidianas que acechan deseos, fuerzan pura alienación. Pausa. Darse al anacronismo de la historia presente, vencida. Resistir. Dejarse incomodar por la intuición que nos reclama, materializar las ideas. Conspirar. Un fragmento, un retazo, perder el hilo, deshilvanar. Parir las dudas, las preguntas, hendir traiciones en el olvido que todo recuerda. Memorias de lo frágil, opacidades. Orillar, zurcir. Darse al pensar. Soltar, soltura, errancia. Perder el hilo (otra vez). Andar descalza. Indolencia, indiferencia, neutralidad, distancia. Violencia es mentir. Macerar dolores. Una pizca de espera. Una lluvia de papas. No hay salud mental. La vida como viene. Chapoteos. Derecho a la irreductibilidad. Pesallidiario. Las nadies. Postales. Post postales. Papá. Habitar la belleza, la caricia, el encuentro, la fugacidad, la permanencia. Estar. Compartir el vino -ventajas de la cocina-. Macerar dolores (otro poco). Soltar. Resistir las mismas rancias recetas de siempre con mucho conservante. Alimentar el fuego. Pensar memorias, nombrar indecibles, liberarse del daño, repulgar empanadas. “ Iré en mi viaje donde deba ir ”, reza la página donde se abre el libro de Vicente, que Regine me comparte. Oráculo. Cartografías chiquitas. Repulgamos empanadas. La suavidad como conjuro de la aspereza. Sospechar una conspiración. Dispersiones y porosidades que habitamos, movimientos, experiencias sensibles se abren paso a pesar de nosotrxs. ¿Qué dimensión para lo acontecido? Distopia -de las buenas-. Lentes capturan lo inasible. O capturas de lo inasible en un instante de eternidad. Evanescencias de lo eterno. Susurros, arrullos del mar, mar de pensares que orillan lo imposible como llamado a la posibilidad, y su condición. Insistencias de lo imposible. Orillas, bordes, que saben que hay costados. Derecho a habitarlas, derecho a la deriva, desvíos, acontecimiento en los bordes. Reivindicar la eternidad como acto político, re-encantar la vida. Conspirar. “ Las crueldades: su constante reside en la innecesariedad” (Percia) . Macerar dolor (un poco más). Sensibilidades humanas, demasiado humanas, que encuentran palabras perdidas de las fragilidades ausentes. Se intuyen, nostalgian pasados imperfectos. La mala prensa de las sensibilidades en tiempos de farsantes libertades. Aturdimiento de los pensamientos, atormentarse, abrumarse, otras brumas, sosiego, la dulzura del olvido. Pensar atina un silencio. Sensibilidades que piensan lo imposible, lo existente y lo innombrado, rarezas, invenciones, lo improbable que urge, la experiencia como producción de verdad. Emparchan, arman, acompañan, arrullan, abrazan, hilvanan, tejen, zurcen, esperan. Conspiran los sueños, los afectos, las señas, los desvíos, los pensamientos, los textos. Grafiti Napoli, 2018 “Conspirar quiere decir respirar juntos”. Siguen conspirando. Ojalá. Mohan Lal Majumder Caminando por la playa 2008 Impresión de archivo en papel 27,9 × 27,9 × 2,5 cm
- Cartas cruzadas / Verónica Scardamaglia
Que tengamos presente que, a veces, pensar sucede como espera sin pensamientos. Como estiramiento del cuerpo sin pensamientos. Como honda respiración que nos hace cerrar los ojos sin pensamientos. Como interrogación de un horizonte mudo. Como disolución de sí. Como intento de preservar el presente de su inmediata e instantánea desaparición. Marcelo Percia Pensar desde innumerables líneas de partida que sobrevienen de un silencio. Michel Foucault Carta 1 (de jugar) El azar y el tiempo juegan sus cartas, distribuyen momentos de vidas en tableros que pretenden cuadriculaturas que, muchas veces, pueden trampearse. Por momentos, algo se escurre pulsado por curiosidades y entusiasmos. Por momentos, algo desborda y despechos rompen el cascarón del huevo de la serpiente. Por momentos, recordamos que no hacen falta esos tableros. Carta 2 (de escribir) Un castillo de leyenda neerlandesa asoma en un bosque desde el que se escucha el mar. Viajerxs se reúnen allí con la pretenciosa atribución de estar pensando. (¿Cuántas horas puede un cuerpo pretender estar pensando? ¿Cuánta inmovilidad-movilidad soporta un cuerpo que pretende estar pensando? ¿Cuánto resulta suficiente? ¿Cómo medir mucho?) Carta 3 (de menú) Una cocina, rebosante de colores que alimentan, queda habitada por un ejército de hormigas comandado por una abeja reina. Hay alimentos para animales onmívoros y ovolacteovegetarianos. Alguien corta frutas. Alguien corta el pan. Alguien cuida del fuego. La luna llena asoma entre los médanos y se levanta, soberana, en las orillas. Ternura como textura ética para vivir (¿y pensar?). Abrigo, miramiento, alimento, buen trato. Entre risas y lágrimas. Carta 4 (de leer) A su turno, se cuentan historias. A su turno, saltan comentarios, preguntas, inquietudes, halagos, incomodidades. Quedan desparramados en la sobremesa, en el estar de la sala, en la cocina, en el supermercado y camino a él. Y en las arenas, bajando hacia las orillas del mar, bajo los influjos de los brebajes lunares. Mapas arácnidos se contornean desmarcando recorridos previstos. Entre luciérnagas, colibríes, pericos y letras H, un conejo pasa corriendo y se le caen pesadillas. Carta 5 (de tarot) sin título, Debora Chevnik, fotografía, 2025. En una mesa, 30 postales esconden sus imágenes. Se ofrendan ahí, a la espera de quedar develadas. En una proyección, otras postales se asoman. (A)traen paisajes y se proyectan voces que acompañan esos (y otros) viajes. Ternuras migrantes que, en el leer, nos acercan respiraciones y pausas, aceleraciones y conmociones, desde otras orillas. Luego se invita a que el azar nos tome de la mano y elija una postal. Y con ella se entone el mantra “ ocurrió una vez que… ” para hilar historias. Comienza el juego que inmediatamente se transforma en ceremonia al dejar sorprendido y conmovido a lxs jugadorxs y al maestro ante el primer golpe: Vicente nos mira desde la ventana. 7 post postales que se le cayeron al conejo. Bob Tabor Luna 22 2023 Fotografía, plexiglás 132,1 × 243,8 × 2,5 cm
- Adynata Abril / EZLN
Dieciochoava Parte: La Rabia. ¿Se hereda? ¿Se adquiere? ¿Se cultiva? ¿Se pierde? ¿Se transforma? ¿Se contagia? ¿Por cuáles canales se trasmite? ¿Cómo se hace colectiva? ¿Es creativa? ¿En qué momento se convierte en digna? ¿Cuándo empieza a distanciarse del rencor y la venganza? ¿Se acerca a la justicia? ¿Cómo es que se convierte en raíz histórica de pueblos enteros, diferentes en geografía, lengua, cultura, historia, tiempo? ¿Es la rabia el puente entre el dolor y la rebeldía? ¿En qué momento la angustia, la desesperación, la impotencia se convierten en rabia? ¿Y si los desaparecidos, las desaparecidas, le heredan, a la inversa, la rabia a quienes les buscan? ¿Y si paren a sus progenitoras? ¿Y si las buscadoras no buscan consuelo, lástima, simpatía, la limosna del oído ajeno? ¿Y si también buscan nuestra rabia? ¿Y si todas las rabias tienen una misma raíz y ellas, nosotros -los pueblos-, nos encontramos en esa raíz? ¿Nos saludaremos? ¿Tendremos fuerzas para sonreírnos, abrazarnos, intercambiar no sólo dolores, sino también los datos del responsable – su mismo rostro (aunque distinto), su risa sardónica, su mirada burlona, su cinismo, su modo de saberse impune, la bandera del dinero-? ¿Y si alguna vez, en el inconcluso libro de la historia, alguien mira una luz, cualquiera, que, sin aspavientos ni consignas, señale “esta luz la parió la rabia”? ¿Y si lo que nos une, a pesar de todas las diferencias, es una misma rabia? ¿Quién habrá de enfrentarnos? ¿Quién nos sentenciará a la misma derrota de antaño, de ahora, de hoy mismo? ¿Quién nos amenazará con un mañana igual al ayer? ¿Quién perderá y quién encontrará? El Capitán México, diciembre del 2023. 40, 30, 20, 10, 1 año después. Fuente: https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2023/12/10/dieciochoava-parte-la-rabia/ De la serie Frágil. 2024. v. Nicolás Koralsky
- Darse al pensar / Marcelo Percia
1. La expresión darse a… repone la cuestión del don en el corazón del pensar. El don no como acción que crea deuda, obligación o demanda de reciprocidad. El don no como extorsión velada o acuerdo de intercambio. No el dar, ni obsequiar, tampoco enseñar pensamientos, sino el acto del darse al pensar o de darse en el pensar. Un momento apasionado en el borde de la emoción y el miedo. Una entrega que no se guarda nada, pero que, sin embargo, vacila. Una decisión que confía en el pensar, a la vez que sospecha de confusiones y desquicias de los pensamientos. 2. Darse al pensar, a veces , acontece como demora, como orilla de un abismo prometedor, como asomada a un vacío que atrae, como llamado al abrigo de lo común, como gratitud y alegría de tener con quienes. Darse al pensar condensa todas las formas del darse. Pensar necesita de la amistad, de la escucha, del abrigo, de la profanación, de la cita, de la lectura, de la inspiración…Y así. Darse al pensar equivale a darse a lo común: todo pensar se realiza como un común pensar. Un común pensar que antepone lo común al pensar. Un común que prevalece al acto de pensar. Un común gestante. 3. ¿Qué empuja a pensar?, ¿un amor, una urgencia, un interés?, ¿la necesidad de abrigo, de sosiego, de respuestas?, ¿responsabilizarnos por actos que realizamos?, ¿haber llegado hasta un punto en el que se vuelve imperioso desaprender pensamientos que nos hacen sufrir? Juan Carlos De Brasi (2015) anota que pensar supone hacer la experiencia de despertenecerse . Tal vez, hacer el aprendizaje de que no tenemos propiedad ni domino sobre lo que nos pasa. Lo que no significa que no nos concierna o que no tengamos incumbencia. Despertenecerse como abandono de arrogancias posesivas. Despertenecerse como apertura de una jaula, de una ventana, de una posibilidad. Como fuga del territorio alambrado del yo sé . Tal vez pueda concebirse un pensar clínico como desencierro o confianza en el desasimiento. Un pensar que sondea ideas que abusan y encantan vidas. Un pensar que desentumece la disponibilidad de darnos a lo impensado. El acto de pensar puede incurrir una y otra vez en lo ya pensado y, a veces, asomarse a lo todavía no. 4. Muchas veces el acto de pensar acontece en silencio. Necesita de un tiempo sin apremios. Sin resultados e incluso sin pensamientos. En ocasiones leyendo o conversando sobrevienen ocurrencias que pueden pasar inadvertidas. Una de las labores del pensar consiste en detectar curiosidades, rarezas, nacimientos. Y proveerles silencio como si se tratara de una cuna. 5. Tanto en un diálogo clínico, como en una conversación amorosa, cuando hablantes se sumen en el silencio, se suele preguntar: ¿en qué te quedaste pensando? Se imagina el silencio como el tiempo del pensar. Y, aunque se sospeche que no, se puede pensar en nada o ver pasar pensamientos como paisajes deshabitados. (Aunque sabemos que pasajes deshabitados pueden estar, para otros ojos, repletos de vida). 6. Se conoce el Popol Vuh , esa belleza de las letras de la antigüedad maya. Allí se cuentan los comienzos como tiempos de meditaciones entre criaturas divinas. Se lee: “…todo estaba en suspenso, en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo. No había todavía vida, ni humana, ni animal, ni nada. No habían pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía. No había la tierra. Sólo el mar en calma y la esfera celeste inmóvil” . Así estaba todo hasta que las divinidades iniciantes llegaron con la palabra. Vinieron desde la oscuridad “… y hablaron entre sí. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y sus pensamientos” . O más adelante se lee: “…conferenciaron sobre la vida y la claridad, sobre cómo ocurrirá que aclare y amanezca, sobre cómo sucederá que se produzcan alimentos y sustentos” . O se lee: “Como neblina, como nube y como polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas” . El comienzo se narra como una conversación entre divinidades en la que las palabras se unen con los pensamientos, cuando todavía el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida bajo las aguas. 7. Nos piensan antes de nacer. Luego, desde que hablamos, pensamos. En las íntimas entrañas del pensar, sin embargo, entre tantas bellezas abundan argumentos y razonamientos que amenazan, engañan, hacen sufrir. Se dice que Demócrito, infatigable pensador de los tiempos de Sócrates, se arranca los ojos para pensar sin distracciones. O que Tiresias, sabio ciego de la literatura helénica, tiene visiones de tiempos pasados, presentes, futuros. O se recuerda que Edipo, al final de la tragedia de Sófocles, se quita los ojos para evitar que los dioses lo vuelvan a confundir valiéndose de su sentido más confiable. No hacen falta mutilaciones para evitar fascinaciones y estafas, pero sí saber obnubilaciones que perturban. 8. Algunos pensamientos sobrevienen como agua que refresca, otros como sentencias que martirizan. Conversaciones clínicas celebran el acto de pensar, pero toman precauciones y ponen bajo sospecha altiveces que nos piensan. 9. Desde comienzos del siglo veinte, se sabe lo que siempre se supo: pensar supone un trabajo . Pero, no se explica cómo hacerlo. El marxismo alertaba sobre una falsa conciencia que llamó ideología . Nietzsche advertía sometimientos a la moral de la época y vanidades de la primera persona del singular. Freud observaba indicios de un habla inconsciente en la formación de síntomas, sueños, olvidos, actos fallidos. Izquierdas del psicoanálisis constataban que angustias y temores personales expresaban, también, angustias y temores de una época. El acto de pensar acontecía como hermenéutica contra el sentido común o como paranoia crítica por tomar la expresión de Dalí. Pensar también requería auscultar palabras. Entrever que cada vocablo, como sugería Carroll, se comportaba como una valija repleta de historias apretujadas. O que los significantes, como entendía Lacan, no sólo se soldaban a significados, sino que se aferraban a fantasmas. El deseo de pensar, por donde se mirara, presumía engaños y confusiones. Hubo quienes probaron escuchar pensamientos como Perseo cuando se enfrentó a la mirada petrificante de Medusa. Y se entrenaron para hacerse invisibles, para dejarse crecer alas en los pies y para defenderse con la oblicuidad de los espejos. Hubo quienes probaron pensar como si estuvieran metidos en el cuadro de las Meninas de Velázquez analizado por Foucault: se miraron pensando y se escucharon pensar con oídos no calculados. Hubo quienes probaron pensar emociones como si se tratara de criaturas vivas con intenciones y voluntades y, así, se entrenaron a escuchar angustias, dolores, tristezas, rencores, perplejidades, injusticias, ingratitudes. Aprendieron a oír confusiones, agotamientos, demasías. Hubo quienes probaron sumergirse en esos afectos hablantes y procuraron estar no sólo presentes en las sesiones, sino en estremecimientos, enredos, ambigüedades. Se propusieron conversar aun sintiendo ganas de salir corriendo o llorar. Hubo quienes probaron vaciarse de pensamientos para llegar a pensar. Invitaban a la conversación presencias queridas. Decían: Freud no dejaría pasar esto que acabamos de escuchar; si estuviera acá Lacan subrayaría ; en este punto Kafka preguntaría ; Cortázar intentaría jugar con esta idea . O Clarice, Alejandra, Idea, Silvina, recordarían otros lados de la vida . O cualquiera que arribara en este momento, escuchando los últimos diez segundos, opinaría que estamos exagerando . O Macedonio diría que las contingencias portan muchas alegrías, aunque sin abstenerse de terribles tristezas. También se supo de intervenciones que se excusaban por haber tenido ocurrencias inconvenientes antes de decirlas en voz alta. Y, así, un montón de cuidados para procurar el acto de pensar que, no obstante, al cabo, ocurre sin que lo sepamos o sabiéndolo después, pero nunca mientras está aconteciendo. Una colección de astucias para pensar estando en la conversación sin estar sólo en los pensamientos que colonizan la conversación. 10. Necesitamos vaciarnos de pensamientos o de sentencias personalizadas para darnos al pensar. Necesitamos sentir angustias no sedadas y, al mismo tiempo, no arrasadoras. Necesitamos hacer huecos en el alma, en el corazón, en el pecho, en el vientre, en los puntos de apoyo de cada pensamiento. Necesitamos interrogar en qué reside el poder que tienen. Necesitamos perdernos no pudiendo pensar, hasta llegar a pensar sin poder hacerlo. 11. Cuando se dice en una conversación clínica “No sé cómo pensar lo que te está pasando” , no se trata de la asunción de una derrota, sino del trazado de una línea de comienzo. 12. ¿Conversaciones clínicas? ¿Hablas que se inclinan sobre sensibilidades cansadas, convalecientes, expectantes, descolocadas? En esos momentos (que no sabemos cómo nombrar), cada tanto, se distinguen sentimientos. Digamos: entre revancha y venganza, entre cálculo y deseo, entre culpa y responsabilidad, entre depresión y tristeza. Y, así. Distinciones no pretenden fijar ni definir afectos: se ofrecen como pausas o vacilaciones del pensar. 13. Se trata de darse al pensar sabiendo lo que nos excede. Se lee en Hamlet: “Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que todas las que pueda soñar tu filosofía” . La sentencia anuncia un límite y, a la vez, lo inconcebible. La necrosis de una idea se llama certeza . Esa fijeza argumentada que protege de las avalanchas de lo impensado. 14. “ Pensar lo que sentimos, sentir lo que pensamos” , escribe Miguel de Unamuno (1923). Pero ese deseo noble de conciliación puede, en otro plano, consumar un encierro. Perplejidades clínicas asisten, una y otra vez, a una misma circunstancia: se puede vivir en el malestar y pensar que ese malestar resulta inevitable. En el mismo poema, Unamuno sugiere que pensar equivale a esculpir en la niebla. Eso pasa en cada sesión: se reinicia un tallado en el aire, un grabado en la bruma, una escritura en el agua. Tal vez no se esculpa, talle, grabe o escriba nada. Pero cuenta el gesto: un intento de imaginar otras historias. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico 15. Con hambre no se puede, en la sola angustia tampoco, en una urgencia mejor actuar, bajo presión resulta difícil, sintiendo miedo y en el solo aislamiento se empobrece. ¿Qué condiciones hacen falta para darse al pensar? 16. Fernando Pessoa publica en 1918 en lengua inglesa treinta y cinco sonetos. Se lee en el V: “¿Cómo voy a dejar mi pensamiento / libre para la acción que el alma espera, / cuando debo pensar, cada momento, / en esa angustia que olvidar quisiera?” . El autor portugués confirma que en estado de angustia no se puede pensar lo que “el alma espera” . Y, a la vez, en el mismo soneto expresa esa angustia que no deja pensar para escucharse decir ese no poder y, quizás, entonces, pensar sin poder hacerlo. Se lee en el final de XVI: “La mayor prueba para el pensamiento / no es pensar, es sentir esta amargura” . El responsable de El libro del desasosiego sugiere que uno de los desafíos de pensar, a pesar de la amargura, consiste en no pensar sólo cosas amargas. 17. Darse al pensar supone darse al silencio de no saber pensar. Suspender arrogancias afirmativas del “yo pienso” . 18. Conocemos la excitación del suspenso. El aplazamiento y preparación de una largada. La señal que avisa el momento en el que se suelta la acción. Se dice: “A la una, a las dos y a las…dos y un poquito… a las dos y un poquito más… a las dos y media… a las dos y más de la mitad… a las dos casi tres…” . Y, así, se demora la inminencia. Se alarga el momento. La expectación se vuelve parte del juego. Quizás así ocurra el pensar: como un antes de que los pensamientos salgan corriendo o salten sobre los cuerpos. 19. Heidegger en las lecciones del invierno de 1951-1952, reunidas bajo el título ¿Qué significa pensar? , sostiene que aprender a pensar supone desaprender los modos en que pensamos. Para el autor de Ser y Tiempo pensar consiste en saber que no sabemos pensar. 20. Se conoce algo peor que no saber pensar: no tener ganas de pensar. El abatimiento y la rumia de amarguras maceradas, el hastío de una musculatura inmovilizada y la desolación de un paisaje que expulsa emociones o las apaga para no sentir nada. 21. A veces, ante lo insoportable, se prefiere no pensar. Entonces, ¿qué se hace con la angustia? ¿Con lo que fastidia, enoja, desespera? ¿Con lo que no podemos sacarnos de la cabeza? Cada cual hace lo que puede. Si no, una cultura que anestesia, cada vez más, ofrece espectáculos que eximen de tener que pensar. 22. En ¿Qué significa pensar? , dice Heidegger: “Solo podemos aprender si a la vez desaprendemos” . Tal vez aprender a pensar supone desaprender el sentido común y las sentencias coaguladas de una época. Supone habitar el aturdimiento, la modorra, la perplejidad, de no saber pensar. Darse al pensar equivale a dar a probar lo que no se sabe, lo que sorprende, lo que invita. Portar una llave que abre una puerta que no existe. Que abre zozobras, frustraciones, imposibilidades. 23. Tal vez pensar se pueda describir como desconcierto de la desnudez. Inquietud indecisa entre la perplejidad y el asombro, entre el estupor y el alivio, entre la irresolución y la indeterminación. 24. Blanchot (1959) subraya que pensar sobreviene (siempre) como no poder pensar todavía . Una proposición del impoder en la que el adverbio afirma la imposibilidad a la vez que anuncia lo venidero. 25. Ya se ha hablado de la figura que se emplea en las despedidas clínicas: “seguimos con esto la próxima” . Invitación a un pensar que vendrá. Promesa extendida a una próxima vez. Continuidad de una espera que renueva su cita. Despedida que traza la línea móvil de eso que todavía no . 26. Aludiendo a la obra de Artaud, escribe Deleuze (1968) en Diferencia y repetición : “Sabe que pensar no es innato, sino que debe ser engendrado en el pensamiento. Sabe que el problema no es dirigir ni aplicar metódicamente un pensamiento preexistente por naturaleza y de derecho, sino hacer nacer lo que no existe todavía…” . Pensar, entonces, hacer nacer lo que no existe todavía. Detonar larvas pensantes aun sin forma. Pensar, también, gusanear pensamientos en descomposición. 27. Aquella vez, en un encuentro con una comunidad mapuche en la ciudad de Trelew, en un momento en el que se advertía que las autoridades se rehusaban a escuchar sus memorias, una voz calma dijo: “Nos reunirnos en el mientras tanto. Aun cuando nadie nos sepa, cultivamos el derecho a pensar” . 28. Al cabo, quizás, dos preguntas conciernen a la clínica: ¿cómo estoy viviendo? Y ¿cómo viviré el tiempo de la muerte? Si llegara el día en el que estas preguntas no hicieran falta, un pensar clínico tampoco se necesitaría. 29. Se está matando la vida. Urge, como dice Walter Benjamin (1942), detener la locomotora sin freno de una época que se está estrellando. Impedir la destrucción. Darse al pensar supone una demora, una interrupción, una frenada. La pregunta sobre ¿qué nos está pasando? , no importa tanto por su respuesta como por la detección de un ardor que solicita tiempo. Ni más ni menos que eso: parar para hablar. Escribe Benjamin: “Marx dice que las revoluciones son la locomotora de la historia. Pero tal vez se trata de algo diferente. Acaso las revoluciones actúen como el manotazo de la vida humana, que viaja en ese tren, para accionar el freno de emergencia” . Pero, ¿cómo llamar a detener la destrucción a quienes sienten sus vidas ya destruidas? ¿Podrían imaginar algo peor? Y, si lo hicieran, ¿por qué les importaría si ya se sienten en la muerte o en el convencimiento de que sus vidas no valen nada? La catástrofe ya aconteció solo que los efectos todavía no se sienten fatales en los vagones de atrás. Los acolchados de privilegios. 30. ¿Se puede pensar lo acontecido? Lo acontecido no se guarda nada. Lo acontecido hace nudos en los pañuelos de la eternidad. Así lo vivido sorbe gotas de lo acontecido. Con eso le alcanza para insinuarse y dejarse contar estrechándose con las sombras del olvido. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico 31. Pensar supone rehusarse al abuso de la anécdota personal. Abstenerse de la celebración de sí. Entregarse al silencio que sobreviene tras esa privación. La expresión pensar supone dejar bajo sospecha lo que está por decirse. La suposición no se excusa por no tener pruebas que conduzcan a la verdad. La suposición no la pretende. Se desentiende de esa cuestión. La suposición sólo aspira a poner en movimiento el acto de pensar bajo sospecha. 32. Rilke percibía que no podíamos sentirnos a gusto en un mundo colmado de interpretaciones. En un paisaje atiborrado de cartelitos con pensamientos colgados sobre las cosas. Tampoco nos sentimos a gusto en las envolturas porosas que nos protegen: llevamos labradas en la piel sentencias de una época. Pero, ¿cómo des-imprimir el sentido común que protege, contiene, da seguridad? El sentido común reúne colecciones de pensamientos que nos eximen de pensar, que ofrecen algo ya pensado como consuelo y destino posible. El sentido común actúa como un invisible que avala y normaliza el pensar. 33. Portamos signos sin descifrar: cada cual tiene derecho a una vida sin interpretar. El pensar clínico piensa contra pensamientos acabados que tienden a develar enigmas o anticipar desenlaces. Si no lo hiciera, un vetusto afán de cientificidad terminaría con el amor y las demás pasiones. Si concedemos la posibilidad de un pensar clínico, éste procura otra cosa: alojar vacancias que no se completen nunca. 34. El sentido común selecciona pensamientos que sentimos que nos pertenecen. Hay un sentido común para mayorías y hay un sentido común para cada minoría. No se toleran sensibilidades sueltas. Rarezas no nombradas ni clasificadas. Pensar supone enrarecer lo pensado. Pensamientos se acomodan al sentido común, pero pensar desacomoda sentimientos de pertenencia a lo consagrado. 35. Estamos condenados a opinar. Opiniones funcionan como contraseñas de intercambio, como credenciales de identificación, como automatismos de adhesión. Sin esas opiniones no sabríamos qué decir. El deseo de pensar nos sitúa en un torbellino. En épocas de aturdimientos, se necesita tener con quienes entrar en ese vendaval. 36. ¡Ay, este tiempo! Suspiros sueltan pensamientos que se escabullen en el aire sin que nadie los piense. Pensar tiene más relación con suspirar, aun sin pensamientos, que con afirmar, persuadir, demostrar o razonar. 37. Roberto Juarroz (1958) escribe que pensar en otra vida se asemeja a salvarla. Tal vez uno de los secretos de la clínica consista en eso: contar con una intimidad que nos piensa. Sin embargo, pensar en una vida no equivale a salvarla. Cobijos, abrigos, abrazos, del pensar dan momentos de calma. Saber que alguien nos piensa ofrece un gran sosiego. No salvación: una soledad habitada. Una soledad habitada amorosamente, porque sabemos y no olvidamos, soledades habitadas por crueldades y mortificaciones. La vida no necesita que el pensar la salve, alcanza con que los pensamientos no la dañen. 38. Pensamientos venideros se posan como pájaros sobre cables de luz. A veces, esperan allí hasta secarse sin que nadie los piense. 39. ¡Ay…la costumbre malsana de tratar de ordenar pensamientos antes de comenzar la sesión! Y aunque los pensamientos se ordenen o algo así, el pensar necesita volver a mezclarlos como cartas en un juego sin reglas. Darse al pensar en la clínica, a veces, consiste en no ceder a la tentación de organizar lo fragmentario. Escribe Juan José Saer (2000) en su novela La pesquisa : “Ustedes se deben estar preguntando, tal como los conozco, qué posición ocupo yo en este relato, que parezco saber de los hechos más de lo que demuestran a primera vista y hablo de ellos y los transmito con la movilidad y la ubicuidad de quien posee una consciencia múltiple y omnipresente, pero quiero hacerles notar que lo que estamos percibiendo en este momento es tan fragmentario como lo que yo sé de lo que estoy refiriendo…” . Como dice Saer se necesita darse a pensar en un hablar fragmentario, sin organización, en el que se pierde la posición y el hilo de lo que se está diciendo. Como si, por momentos, se diera la impresión de que se sabe poco sobre la vida que se está viviendo. Lo que, por cierto, ocurre. 40. Dice Paul Valery citado por Blanchot en La literatura del desastre : “Pensar…pensar hasta perder el hilo” . Un gran alivio que Valery pudiera decir que “perder el hilo” no indica la desgracia o el fracaso del pensar. Se dice: “No se vaya por las ramas” . “¿A dónde va con tantos rodeos?” . “¿A qué apunta?” . “Por favor redondee” . “Me perdí, ¿en qué estábamos?” . “Pero ¿qué relación hay entre una cosa y la otra?” . “¿Puedo contar algo que no tiene nada que ver?” . Tal vez perder el hilo como insumisión temática. O un pensar que da puntadas sin hilo. Puntadas que atraviesan emociones sin anudarlas a un pensamiento. Puntadas que sólo dicen algo que sienten al pasar por ahí: un temblor, una aspereza, una expulsión, una sensación para la que no encuentran palabras. 41. Según una leyenda helénica, fruto de una traición, una venganza, una pasión inexplicable, nace el Minotauro. Una criatura desmesurada con cuerpo humano y cabeza de toro. Un monstruo condenado a vivir prisionero para siempre en un laberinto perfecto. Una existencia horrorosa que cumple con el hábito de alimentarse con catorce jóvenes atenienses cada año. Un tributo de guerra del que goza el rey Minos. Teseo se ofrece como voluntario para acabar con la crueldad mecánica de la criatura. Aun sabiendo que si lograra matarlo no tendría forma de salir del laberinto. Sin embargo, gracias al amor de Ariadna consigue lo imposible. Ella lo provee de un maravilloso ovillo de hebras de oro. Lo instruye, con ternura, de que tiene que atar la punta en la puerta de entrada desenredando el hilo a cada paso por los sinuosos pasillos hasta dar con la morada del Minotauro. Y, en caso de lograr el cometido, volver siguiendo el hilo hasta la salida. Tal vez el pensar clínico piensa y piensa hasta perder el hilo sí, pero conservando siempre el conjuro o alivio de una salida: ¿dejamos por hoy acá? , ¿nos quedamos por ahora con esto? , ¿trazamos una marca en este momento para retomar? 42. Tener una emergencia no tiene relación con ordenar, sino con no saber qué hacer con lo que se nos impone. Ante la imposición se necesita actuar procurando que la premura no añada error al daño. 43. Muchas veces se necesita hablar y hablar para poder pensar. El habla clínica compone un habla de iniciación. Se trata de aprender a hablar una lengua no sólo impropia, sino también inapropiada. Una lengua inadecuada e inconveniente. Aprender hablar una lengua fragmentaria y monstruosa. Incluso aprender la soledad de la lengua. 44. Increíble Freud, a comienzos del siglo veinte, sumergido en el imperio del racionalismo de la filosofía alemana, atender pensamientos que se nos imponen más allá de la voluntad. La conjetura del inconsciente como una máquina que piensa sola. Como red de arrastre que captura pensamientos que navegan aguas pretendidamente personales que componen también mares de la historia. 45. Borges (1937) en La máquina de pensar de Raimundo Lulio , ironiza sobre el arte combinatorio de atributos y predicaciones del artefacto concebido, en el siglo XIII, por el alquimista y cabalista español Raymundo Lulio. Pero máquinas sofisticadas que producen enunciados cada vez más exhaustivos, no piensan. No tienen el don del silencio. 46. Winnicott observa que infancias conciben juguetes no como objetos, sino como amistades y amores. El psicoanalista, que muere en Londres en 1971, consideraba que la paradoja del juego consistía en "crear lo dado" . Tal vez en eso resida una de las condiciones primeras del pensar. 47. El psicoanálisis hace tambalear la racionalidad moderna con la idea de inconsciente. Inventa artificios para un pensamiento clínico: el diván, la asociación libre, la atención flotante. Pichon-Rivière, décadas después, propone la conversación grupal como una condición del aprender a pensar . Escucha pensamientos como voces superpuestas que pertenecen a una época. Considera a las vidas hablantes portadoras de esas voces. Concibe el pensar como cucharón que revuelve el caldero de lo común. Como revoltijo, revuelta, revolcón. 48. Bion (1962), en un texto que se llama Teoría del pensamiento , considera que el pensar no produce pensamientos, sino que sobreviene para poder hacer algo con pensamientos que nos hablan o se expresan sin que los podamos pensar. ¿Sufrimos por lo que pensamos o sufrimos por no saber cómo desactivar pensamientos que lastiman, vigilan, ultrajan? Tal vez pensar quiera decir revocar el poder de pensamientos que se nos imponen. Para Bion el pensar comienza cuando hacemos algo con la frustración y la decepción. Con angustias todavía no cubiertas de palabras. 49. André Green (2002) publica un libro con el título de El pensamiento clínico . Observa numerosos desacuerdos entre clínica y pensamiento . Se pregunta qué tipo de pensamiento supone la racionalidad psicoanalítica a partir de la idea de inconsciente . La clínica observa, deduce, interpreta, reconoce cuadros clínicos y sus transformaciones, interviene, acumula experiencias, ¿la clínica no piensa? Tal vez convenga distinguir pensamientos clínicos de momentos en los que en la clínica se piensa. Pensamientos construyen puertos desde los que vuelve a partir el pensar. En conversaciones clínicas, el acto de pensar no compone tanto con los infinitivos eslabonar , enlazar , encadenar . Sobreviene más como momento de indecisión o asombro. Instante en el que no sabemos cómo seguir. Un hasta aquí llegamos, sin llegar a pensar por ahora eso que, sin embargo, vislumbramos como cosa que no sabemos pensar todavía. 50. Sesiones clínicas no se reducen a un análisis. Intentan algo todavía más inquietante e inasible: pensar sin poder pensar. El acto de pensar dándose tiempo de estar no pudiendo pensar. Un pensar sin saber pensar que, no obstante, piensa sin poder hacerlo. 51. Elías Canetti (1979), en La lengua absuelta , se pregunta: “¿Habrá alguna idea que no merezca pensarse de nuevo?” . Pensar reside en volver a pensar lo impensado en lo ya pensado. 52. Pensar tiene más relación con improvisar que con conocer. El coreógrafo David Zambrano dice: “improvisar consiste en el arte de entrar y salir de lo ya conocido” . Tal vez aprender el pasaje. No encajar lo no conocido en lo conocido. No volver a recrear lo conocido en lo desconocido. Soltar lo conocido aun temiendo ya no poder volver. A veces, el pensamiento clínico no sólo improvisa. También piensa: enrarece lo conocido hasta desconocerlo. Un pensar que parte sin saber hacia dónde, con el riesgo de extraviar el camino. 53. Habitamos dispersiones disciplinadas por una lengua, porosidades por las que pasan océanos, composiciones caprichosas, perplejidades aferradas a unas cuantas ficciones, tangentes que copulan y se separan. Pero se sigue llamando a esas tensiones inconcebibles: el sujeto . Algunos pensamientos reinan durante siglos. Respaldan y reciben respaldo de algún poder. Hay una geopolítica colonial de los pensamientos. Se trata de hacer la prueba de pensar profanando pensamientos sagrados: pensar la vida sin la idea de sujeto , de ser , de identidad , de yo , de psiquismo . Pensar en contra de la inercia de lo establecido. 54. Pensar la vida no quiere decir ponerle un espejo delante para sumirla en un reflejo ni cavar hendiduras en lo visible. Pensar la vida, vivirla en el cuerpo que late y respira, agasajarla con el lenguaje que la delira. Tal vez llamamos reflexión a pensamientos que gozan admirándose frente a los espejos. Pero, cada tanto, el pensar pasa del otro lado. Se asoma a un más allá extraño o ajeno que (a veces) regocija y calma. 55. En ocasiones imaginación y fantasía acontecen como películas en las que el pensar se abandona a no pensar. O a pensar sin saber que se está pensando. 56. Se conoce la palabra cerrazón. Una inmensa oscuridad que precede tempestades que cubre el cielo con nubes negras. Clínicas imaginan llaves para las cerrazones. Un pensar que no abre ni cierra cerraduras de zonas blindadas o inexpugnables. Llaves que no abren, sino que piensan. El estribillo de Luna tucumana , la zamba de Atahualpa Yupanqui dice: “Perdido en las cerrazones, / quién sabe, vidita, por dónde andaré… / Mas cuando salga la luna / cantaré, cantaré…” . Llaves que, sin embargo, sirven como inspiración de una puerta por venir o amuleto de las aperturas. 57. Mientras pensamientos atestiguan o pretenden que alguien tuvo algo que decir, la condición primera del pensar reside en no tener nada que decir. No sólo la angustia no se puede decir. Muchas emociones nos dejan sin palabras o hacen nudos en las gargantas. ¿Cuántas veces el amor no puede decirse o se dice sin decirse de tantos modos? A veces, el pensar sobreviene como silenciosa dicha que no sabe cómo agradecer la vida y otras nos llega como horror que enmudece negándose a tener que decir otra vez lo que tanto nos duele. Se lee en Adagia de Wallace Stevens (1955): “No tener nada que decir y decirlo en forma trágica, / no es lo mismo que tener algo que decir” . Vivimos en una época que suele confundir la abundancia de pensamientos trágicos con la cruda y suave lucidez del pensar. 58. Pensar no interesa sólo como producción de pensamientos, sino como movimiento gestante de posibilidad. Se podría intentar distinguir entre lo no posible y lo imposible. Lo no posible compone un asunto cerrado, mientras la imposibilidad, en ocasiones, se ofrece como punto de partida o llamado de posibilidad. Llamamos impoder al gesto que no obstante procura lo posible de la imposibilidad. Escribe Musil (1942): “El sentido de la posibilidad se podría definir como facultad de pensar en todo aquello que podría ser, sin considerar lo que es más importante que lo que no es” . 59. Rigideces y acartonamientos, no componen durezas circunstanciales del pensar, sino vicios que lo entumecen. No sabemos los pensamientos que vendrán. Pero, como diría Cortázar (1973), nos gustaría que nazcan del erotismo, del juego, de la alegría. 60. Pensar consiste en introducir tiempo en una vida apremiada por pensamientos desquiciados. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico 61. Darse al pensar supone una magia que nadie posee ni se sabe de antemano. Una magia que, si se da, se da como una voluptuosidad entre lo aleatorio y lo destinado, entre lo contingente y lo deseado. Pero, sobre esa magia queda casi todo sin decir. Quizás darse al pensar suponga eso: dar lo que queda sin decir. Dar la insinuación dando lo venidero. Tal vez se trate de darse a una insinuación. Insinuación que da a entender algo que no se completa. Que sugiere algo que, por discreción y delicadeza, tiene la prudencia de no decirse. (Se conoce este fragmento de Heráclito: “La naturaleza tiene el pudor de ocultarse” ; que quizás podría glosarse así: La vida tiene la sabiduría de insinuarse ). La insinuación no se contiene de decir, recuerda que lo que queda sin decir resulta infinitamente más que lo que puede llegar a decirse. La insinuación introduce silencio en el acto de pensar. La insinuación provoca, a veces, fastidio, ofuscación, molestia, pedido de aclaración. ¿Qué quiso decir? ¿Podría desarrollar más? ¿A dónde pretende llegar? La insinuación inspira y seduce. Anuncia algo que no se termina de expresar. Mantiene pendiente, en vilo, en expectación. Enciende una espera. Hace rodeos alrededor de algo velado o no decible. La insinuación llega hasta el umbral de lo indecidible. Resguarda la primicia del próximo paso. La insinuación no pierde el hilo, lo corta justo cuando dan ganas de seguir. 62. La expresión darse a la insinuación no se reduce a una práctica de la sugerencia. Insinuar supone dar a entender algo que no se termina de completar por precaución, por indecisión o porque incita más a medias o apenas asomado. Darse a la insinuación solicita otra cosa: entregarse a sentir la vida apenas expresada. Como manifestación siempre inconclusa. La vida no se presenta en partes para que completemos sus intenciones. Se presenta no presentándose del todo porque no hay todo en la vida en tanto está aconteciendo. 63. Una delicadeza del pensar clínico reside en la insinuación. Suavidad que se aproxima a lo impensado no como secreto a revelar, sino como encanto del acto de pensar. 64. Darse al pensar compromete una apertura y una suspensión de lo ya pensado. No alcanza con admitir influencias y afluencias. Ni declarar adhesiones. Se necesita entrar en un tembladeral. Abandonarse y dejarse llevar por una corriente sin saber hacia dónde. Tal vez a un sitio de desesperación, de agotamiento, de encierro. O, quizás, a un refugio o abrigo habitado por otras perplejidades. 65. Tarde o temprano, darse al pensar choca con la muerte. Entonces, sobreviene la pregunta de si podremos hacer algo o no con ese golpe. ¿Reconforta pensar que la vida seguirá aun cuando ya no estemos para pensarla? ¿Gratitud anticipada por un porvenir en el que no viviremos? 66. Una cosa tener pensamientos, otra pensar. Pensamientos tiene cualquiera. Ocurrencias o instantes de chispa: eso, mal que bien, puede suceder. Pensar implica atravesar momentos de pasmo e indecisión. Pensar entraña un peligro o un salto al vacío. Se cuenta que Enrique Santos Discépolo se refirió al tango como a “un sentimiento triste que se baila” . Darse al pensar se aproxima más a eso : a bailar un pensamiento antes que a repetir el pensamiento que nombra a ese sentimiento. 67. Muchas veces se vuelve a la premisa de Descartes “pienso, luego existo” . En los últimos días del hospital psiquiátrico, en una reunión de equipo, una voz clínica explicó que atendíamos existencias amenazadas de no existir. Dijo: “Para quienes sobreviven, el día a día se reduce solo a una prueba: consumo, luego existo” . Y, así esa vez, cada cual dibujó formas de existencia: bailo, luego existo ; lucho, luego existo ; sufro, luego existo ; me quejo, luego existo ; me victimizo, luego existo ; me río, luego existo ; tengo con quienes, luego existo . Consumir, bailar, luchar, sufrir, quejarse, victimizarse, reír, tener con quiénes, tal vez tengan que considerarse prefijos del pensar. 68. Se podría decir que el pensar que nos gusta acontece en las orillas. En un límite, borde o banda estrecha que sabe los costados: de un lado, dolores de un mundo en ruinas y, del otro, amores, amistades, sueños, canciones, risas. 69. La pregunta sobre el pensar, como sostiene Heidegger en sus lecciones, apunta más a lo no pensando que a lo ya pensando. El contento de la clínica reside en dar con eso que no había pensado, con eso que no había tenido en cuenta, con eso que no se le había ocurrido. Lo no pensando no expone un defecto del pensar, sino su condición habilitadora de lo por venir. Cuando se dice desactivar pensamientos o revocar el poder de los pensamientos que se nos imponen, no se pretende suprimir lo que nos lastima o hace sufrir. Se aspira a que lo ya pensado no alambre el territorio del pensar. Que los pensamientos de siempre, que se golpean como moscas encerradas contra un vidrio, no impidan la apertura del pensar. A veces pensar requiere descongelar pensamientos que, a lo largo de muchos años, helaron hasta las lágrimas. 70. Pensar equivale a escuchar silencios que asoman sus cabezas en pensamientos compactos y aplanados. Pensar solicita abismarse en las grietas y rajaduras que el tiempo inflige a los pensamientos macizos. 71. La pose de pensar no equivale a pensar. No se podría asegurar que la figura de El pensador de Rodin, proyectada a fines del siglo diecinueve, esté pensando. El acatamiento de un canon no significa pensar. Entre erudición y solemnidad e invención y juego, se mueve el pensar. Entre la seriedad y la risa. Entre la meditación y la conversación, se mueve el pensar. Entre lo correcto y esperado y entre la inadecuación y la inconveniencia, se mueve el pensar. Entre la ley y la transgresión. Entre el respeto y la irreverencia, se mueve el pensar. Entre lo sagrado y lo profano. Entre el tribunal y la revuelta, se mueve el pensar. 72. En la clínica, el acto de pensar muchas veces acontece inadvertido mientras se está hablando. No interesan tanto los pensamientos previos, sino el pensar diciéndose. La expresión: “Estoy pensando en voz alta” anuncia un pensar ahora. No se trata de analizar discursos como si se tratara de mariposas disecadas, ¿se apuesta al fluir desconcertante de una conversación viva? 73. El narrador de Casa tomada , el cuento de Cortázar (1951), dice en un momento: “Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar” . Se puede vivir sin pensar, pero ello implica renunciar, sacrificar, abandonar territorios posibles. Se han hecho ciento de interpretaciones sobre el cuento. Eso ahora no importa. Sabemos la vivencia de tener la cabeza tomada. De no poder pensar ni dormir y, tampoco, poder huir cerrando la puerta y tirando la llave por la alcantarilla. Se saben muchos actos extremos para escapar de pensamientos que asedian. 74. Estancias clínicas intentan pensar desde el desamparo, desde el miedo, desde la confusión, desde el extremo cansancio. Desde la no ganas de pensar. Procuran pensar estando ahí : en esos sentimientos que impiden pensar. Tener pensamientos: no supone pensar. Estancias clínicas intentan pensar sabiendo pensamientos automáticos y autónomos. Pensamientos que lastiman de un modo encantador. Pensamientos que torturan acogiendo con explicaciones y sentencias. Pensamientos que no se dejan pensar. 75. Cuando no podemos o no sabemos pensar lo que nos está pasando, sobrevienen aturdimientos que adormecen o a aceleraciones que provocan sopor. No conocemos bien cómo ni por qué, pero sabemos que pensamientos que nos martirizan, a veces, también, atraen y embriagan. ¿Esos pensamientos persuaden que nos protegen de algo peor? O, ¿calman asegurando que fuera de ellos ya no podrá haber al que nos dañe más? 76. Se dice en El Rey Lear : “ Somos para los dioses como las moscas para los niños: nos matan por diversión” . En esa clave shakesperiana , se lee en Lacan (1966) que una vida puede consumirse como juguete de malicias que nos piensan. Que nos analizamos para impedir que esos pensamientos abusen, parasiten, gocen, nuestras breves existencias. 77. Acaso, ¿preferible la mansedumbre del malestar antes que el vacío de pensar? Una canción de Charly García (1982) que se llama Inconsciente colectivo advierte que también escuchamos pensamientos como voces de una época. Algunas nos llegan como pan o como susurros gustosos. Otros como chicharras en los aleros del pensar. Otros viniendo de un transformador que consume vida, tira para atrás y pide más y más. Se dice: “Nace una flor, todos los días sale el Sol / De vez en cuando, escuchas aquella voz / Cómo de pan, gustosa de cantar / En los aleros de la mente con las chicharras Pero, a la vez, existe un transformador / Que se consume lo mejor que tenés / Te tira atrás, te pide más y más / Y llega un punto en que no querés…” . El transformador se presenta como voracidad que traga, como máquina de crueldad, de apremio, de demanda. Tal vez el pensar se podría imaginar, en ocasiones clínicas, como ecualizador que intenta bajar el volumen de pensamientos que lastiman. 78. Pensamientos que mortifican, ¿protegen de ferocidades que mortifican más? A veces, llamamos angustia ¿a un sin sentido, un vacío, un impensable, que se vuelve ensañamiento? 79. Abismos dan miedo y atraen. ¿Qué se hace ante una hondura sin fondo? ¿Asomarse a lo insondable?, ¿tener la precaución de alejarse?, ¿construir una baranda segura? O, como dice Valery que haría Leonardo, ¿diseñar un puente o inventarse alas de pájaro? Hermes, dios del que proviene la palabra hermenéutica, suele representarse como un personaje con los pies alados. 80. En 1947, Tosquelles formula la idea de pensar con los pies. Dice: “Cuando paseamos por el mundo, lo que cuenta no es la cabeza, son los pies. Saber dónde pisas” . Considera que los pies ayudan a leer el mundo. Pensar desde los pies, desde una uña encarnada, desde un dolor de muelas, desde el sufrimiento de alguien a quien se ama, desde un país en llamas, desde la última caricia, desde te extraño o desde te quiero . Pensar sin tener que ir a ninguna parte. Pensar desde la espuma, desde el viento, desde el mundo que duele. Incluso desde el temor, desde la despedida, desde la cercanía de la muerte. Pensar desde el agotamiento de los pensamientos que nos piensan. Pensar desde innumerables líneas de partida que sobrevienen de un silencio. 81. Pocas figuras sobre el pensar como la de los “pensamientos descalzos” que Felisberto Hernández (1964) esboza en un libro que no llega a publicar: Tierras de la memoria . Un pensar desvestido de palabras. Un pensar que sobreviene cuando la inteligencia se retira de los ojos. Un pensar que sabe los dolores del cuerpo. Un pensar siempre recién llegado. Se lee: “A veces mis pensamientos están reunidos en algún lugar de mi cabeza y deliberan a puertas cerradas; es entonces cuando se olvidan del cuerpo. A veces el cuerpo es prudente con ellos y no los interrumpe; se limita a mandar noticias de su existencia cuando está cansado, cuando está triste o cuando le duele algo. Yo no sé quién lleva estas noticias ni qué caminos ha tomado para llegar a la cabeza. El recién llegado llama suavemente, empuja la puerta donde los pensamientos están reunidos, e inmediatamente el que va se transforma en otro pensamiento: este se entiende con los demás y da la noticia: allá lejos en un pie, una uña está encarnada. Al principio los otros pensamientos no hacen caso al recién llegado, le dicen que espere un momento y hasta se enojan con él; pero el recién llegado insiste y los otros tienen que suspender la reunión de mala gana y hacer otra cosa: tienen que volverse otros pensamientos y preocuparse por el cuerpo. El cuerpo, a su vez, tiene que molestar a todas las demás regiones, entonces el cuerpo se levanta y va rengueando a calentar agua, la pone en una palangana y por último mete adentro la uña encarnada. Después vuelven los pensamientos a ser otros, a ser los que estaban reunidos a puerta cerrada y se olvidan del cuerpo y de la uña que ha quedado dentro de la palangana. Yo creo que en todo el cuerpo habitan pensamientos, aunque no todos vayan a la cabeza y se vistan de palabras. Yo sé que por el cuerpo andan pensamientos descalzos. Cuando los ojos parecen estar ausentes porque su mirada está perdida y porque la inteligencia se ha retirado de ellos por unos instantes y los ha dejado vacíos, y mientras los pensamientos de la cabeza deliberan a puerta cerrada, los pensamientos descalzos suben por el cuerpo y se instalan en los ojos” . 82. Pensar supone decidirse por algo sabiendo lo mucho que se deja de lado. 83. Tres condiciones del pensar: el asombro, las preguntas que no cesan, las palabras que simulan respuestas que las palabras no tienen. 84. Un pensar clínico procura que la vida entre en conversación. No se contenta con la reiteración de pensamientos que pretenden explicarla. Pero ¿en qué consiste conversar la vida? Tal vez en hablar, hablar, hablar, hasta escuchar sus silencios. 85. El desafío de pensar no reside en no saber qué hacer con las incertidumbres que crecen, sino en cómo hacer para desprendernos de las certezas a las que nos aferramos con obstinación. 86. Dos condiciones del pensar: transitoriedad y conjetura. Transitoriedad que recuerda la caducidad de cualquier reinado. Conjetura herida por la refutación. Otra condición del darse al pensar: escuchar, más allá de eso que creemos saber, de eso que nos gustaría oír, de eso que estamos impacientes por decir. 87. Darse al pensar supone acudir a una cita con la vida. Sin demandar o pretender más u otra cosa que lo que la vida da. Paul Celan, al recibir en 1958 el premio de literatura de la ciudad de Bremen, comienza su discurso recordando que en lengua alemana las palabras pensar y agradecer ( denken y danken ) provienen de un mismo lugar. En ese discurso, Celan agradece que, en medio de todas las pérdidas de la guerra, todavía quede la lengua. Una lengua que sobrevivió a las hablas mortíferas. Una lengua que aguardó enmudecida y sin respuestas. Una lengua que, a pesar de tanto horror, no desertó de la ilusión de pensar. Si la vida pensara lo que estamos haciendo con ella, no alcanzarían todas las gotas del océano para sus lágrimas. 88. Oración laica: Que los tiempos políticos que corren no nos priven de imaginar un mundo de cercanías de cuidado, amorosas y sensibles. Que las actuales limitaciones que tenemos para vivir y pensar de otro modo, no limiten porvenires de lo común. Que el deseo de pensar prevalezca sobre el deseo de poder. Que tengamos con quienes pensar, aun no sabiendo qué. Que no olvidemos que un común pensar, a pesar de que no consiga explicar nada, al cabo suaviza lo inexplicable. Que sepamos que, mientras juntadas para pensar sigan ocurriendo (como deseo, como fantasía, como conversación), “no merecerá el Mundo el fin del mundo” . Que no sintamos que se ha hecho demasiado tarde para pensar: una tardanza dolida que sabe crueldades y devastaciones, a veces, impulsa todavía más el deseo de pensar. Que nos permitamos pensar aun sabiendo que podemos no estar sabiendo pensar. Que sigamos pensando con la prudencia del poco saber, pero sin miedo. Que nos animemos a pensar sin delegar ni confiar en buenas influencias. Que todavía podamos pensar sin internet. Que volvamos a pensar como si nos tocara hacerlo por primera vez. Que insistamos en pensar sin la creencia de un “sí mismo” que piensa por cuenta propia. Que probemos pensar imitando desvaríos y ocurrencias de los sueños. Que el acto de pensar no se confunda con descifrar. Tampoco con opinar o aconsejar. Que el acto de pensar cobije lo irreductible y lo indecidible. Que el acto de pensar no pretenda mostrar. Que conserve la potencia de la insinuación que se abstiene a cualquier demostración. Que recordemos que no alcanza con pensar "que estos tiempos políticos nos afectan un montón" , para tener una idea de cuánto nos afecta todo lo que (nos) está pasando: las consecuencias del horror van más allá de lo que creemos saber sobre qué nos hace el horror. Que consideremos que el darse al pensar no se reduce a tener pensamientos. Pensamientos relucen como cicatrices del pensar. Que hagamos nuestra la cercanía de los infinitivos pensar y agradecer. Que nunca renunciemos al acto de pensar para agradecer la vida, ni dejemos de agradecer el don de pensar. Que tengamos presente que, a veces, pensar sucede como espera sin pensamientos. Como estiramiento del cuerpo sin pensamientos. Como honda respiración que nos hace cerrar los ojos sin pensamientos. Como interrogación de un horizonte mudo. Como disolución de sí. Como intento de preservar el presente de su inmediata e instantánea desaparición. 89. Verter silencio en el cuenco de lo ya pensado: en eso reside darse al pensar. En Vermeer , escribe Wislawa Szymborska: “Mientras esa mujer del Rijksmuseum / con esa calma y concentración pintadas / siga vertiendo leche de la jarra al cuenco / no merecerá el Mundo / el fin del mundo” . 90. Horacio González (1996) lo dijo: “Deberíamos pensar otra cosa y no sabemos qué. Ese no saber es lo que nos interesa” . Sergei Eisenstein - El acorazado Potemkin - (fotograma) 1925
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











