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  • Es-Tres / Jeremías Aisenberg

    El trío más consistente. El intruso que toda pareja desea. La fórmula que resuelve ese problema. Un chiste que dejaron los egipcios. La máxima cantidad de chanchos por habitante llamada Argentina. La cuenta que inicia la carrera: 1…2… En muchos casos ni hace falta decirlo. Se da por entendido. Algo te pone en movimiento, aún sin saberse los números. Los magos, los panchos, los raros peinados, y esos abogados de miga que se hacen llamar jurado. El tres es la mínima unidad necesaria para que algo valga la cuenta. La cantidad de músicos que te separan de Pimpinela. El número primo que llamamos familia. Todos los griegos son trágicos, La cultura comparte el apellido. Ustedes, yo, ellos, siempre los mismos… Todos, pero todos eh… ¡Todos somos parientes de Edipo! Un triángulo repleto de suspenso: A la una, a las dos, y a lasssss… La tercera es la vencida. No hay dos sin tres. Gracias a Él somos más que la suma de los padres.

  • Los detectives salvajes (fragmento) / Roberto Bolaño

    Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano. Grave error, como se verá a continuación. Tomemos, por ejemplo, un lector medio, un tipo tranquilo, culto, de vida más o menos sana, maduro. Un hombre que compra libros y revistas de literatura. Bien, ahí está. Ese hombre puede leer aquello que se escribe para cuando estás sereno, para cuando estás calmado, pero también puede leer cualquier otra clase de literatura, con ojo crítico, sin complicidades absurdas o lamentables, con desapasionamiento. Eso es lo que yo creo. No quiero ofender a nadie. Ahora tomemos al lector desesperado, aquel a quien presumiblemente va dirigida la literatura de los desesperados. ¿Qué es lo que ven? Primero: se trata de un lector adolescente o de un adulto inmaduro, acobardado, con los nervios a flor de piel. Es el típico pendejo (perdonen la expresión) que se suicidaba después de leer el Werther. Segundo: es un lector limitado. ¿Por qué limitado? Elemental, porque no puede leer más que literatura desesperada o para desesperados, tanto monta, monta tanto, un tipo o un engendro incapaz de leerse de un tirón. En busca del tiempo perdido, por ejemplo, o La montaña mágica (en mi modesta opinión un paradigma de la literatura tranquila, serena, completa), o, si a eso vamos, Los miserables o Guerra y paz. Creo que he hablado claro, ¿no? Bien, he hablado claro. Así les hablé a ellos, les dije, les advertí, los puse en guardia contra los peligros a que se enfrentaban. Igual que hablarle a una piedra. Otro sí: los lectores desesperados son como las minas de oro de California. ¡Más temprano que tarde se acaban! ¿Por qué? ¡Resulta evidente! No se puede vivir desesperado toda una vida, el cuerpo termina doblegándose, el dolor termina haciéndose insoportable, la lucidez se escapa en grandes chorros fríos. El lector desesperado (más aún el lector de poesía desesperado, ése es insoportable, créanme) acaba por desentenderse de los libros, acaba ineluctablemente convirtiéndose en desesperado a secas. ¡O se cura! Y entonces, como parte de su proceso de regeneración, vuelve lentamente, como entre algodones, como bajo una lluvia de píldoras tranquilizantes fundidas, vuelve, digo, a una literatura escrita para lectores serenos, reposados, con la mente bien centrada. A eso se le llama (y si nadie le llama así, yo le llamo así) el paso de la adolescencia a la edad adulta. Y con esto no quiero decir que cuando uno se ha convertido en un lector tranquilo ya no lea libros escritos para desesperados. ¡Claro que los lee! Sobre todo si son buenos o pasables o un amigo se los ha recomendado. Pero en el fondo ¡lo aburren! En el fondo esa literatura amargada, llena de armas blancas y de Mesías ahorcados, no consigue penetrarlo hasta el corazón como sí consigue una página serena, una página meditada, una página ¡técnicamente perfecta! Y yo se los dije. Se los advertí. Les señalé la página técnicamente perfecta. Les avisé de los peligros. ¡No agotar un filón! ¡Humildad! ¡Buscar, perderse en tierras desconocidas! ¡Pero con cordada, con migas de pan o guijarros blancos! Sin embargo yo estaba loco, estaba loco por culpa de mis hijas, por culpa de ellos, por culpa de Laura Damián, y no me hicieron caso. Fuente: Bolaño, Roberto (1998). Los detectives salvajes. Editorial Alfaguara, 2007.

  • Golpes / Virginia Woolf

    Al hacerse mayor se adquiere, gracias a la razón, un mayor poder para encontrar explicaciones, y que la explicación amortigua la fuerza del golpe de un martillo de herrero. Creo que esto es verdad, pues a pesar de que tengo la característica de recibir esos golpes bruscos, ahora son siempre bienvenidos; después de la primera sorpresa, siempre siento al instante que son especialmente valiosos. Y de ahí paso a suponer que mi capacidad de recibir golpes es lo que me hace escritora. A modo de explicación me atreveré a decir que en mi caso el golpe va siempre seguido del deseo de explicarlo. Siento que he recibido un golpe; pero no se trata, como ocurría siendo niña, simplemente de un golpe asestado por un enemigo oculto tras el algodón en rama de la vida cotidiana; es, o llegará a ser, una revelación de un determinado orden; es una muestra de la existencia de algo real que se encuentra detrás de las apariencias; y yo lo hago real al expresarlo en palabras. Solo expresándolo en palabras le doy el carácter de algo íntegro, y esta integridad significa que ha perdido el poder de causarme daño; me produce un gran placer juntar las partes separadas. Tal vez se deba a que, al hacerlo, elimino el dolor. Quizá sea el placer más fuerte que conozco. Es el entusiasmo que siento cuando al escribir tengo la sensación de descubrir qué pertenece a qué, conseguir que una escena salga bien, hacer que un personaje quede completo. De ahí llego a lo que bien pudiera llamarse una filosofía, de todas maneras se trata de una idea constante en mí; la idea que de detrás del algodón se oculta un modelo, una pauta; de que nosotros —y quiero decir todos los seres humanos— estamos relacionados con ello; de que el mundo entero es una obra de arte, de que somos parte de una obra de arte. Hamlet o un cuarteto de Beethoven son la verdad acerca de esa vasta masa a la que llamamos mundo. Pero no hay Shakespeare, no hay Beethoven; con toda certeza y rotundamente, no hay Dios; nosotros somos las palabras; nosotros somos la música; nosotros somos la cosa en sí misma. Y esto lo veo cuando recibo un golpe. Fuente: Woolf, Virginia (1976). Momentos de vida. Traducción: Andrés Bosch. Editorial Lumen, 2006.

  • “Veamos qué lenguaje nos hace sentir mejor con nuestras vidas” / Entrevista a Judith Butler

    Lo primero que hice al leer el nuevo libro de Judith Butler, ¿Quién teme al género? [Who’s Afraid of Gender?], fue buscar la palabra "fantasma", que aparece cuarenta y un veces solo en la introducción. (Refiere a una ilusión; la del "fantasma del género", una amenaza arraigada en el miedo y la fantasía.) Lo segundo que hice fue reírme a carcajadas con el título, porque la respuesta a la pregunta de quién le teme al género era... bueno, ¿yo? Incluso para alguien que ha escrito sobre género y feminismo durante más de una década, y que una vez ostentó el título de editora de género de este diario, hablar sobre género hoy en día puede resultar tan tenso, tan politizado, tan atrapado en una guerra de palabras que el debate, o incluso la conversación, parecen imposibles. Quizás yo sea el tipo de lectorx al que va dirigido el libro de Butler, en el que le filósofe desmantela cómo el género se ha construido como una amenaza en todo el mundo moderno: para la seguridad nacional en Rusia [1]; para la civilización, según el Vaticano [2]; para la familia tradicional estadounidense; para proteger a lxs niñxs de la pedofilia y el grooming [acoso sexual por medio de internet], según algunos conservadores. En resumen "género", al parecer, tiene el poder de enloquecer a la gente de miedo. El último libro de Butler llega más de tres décadas después de que su primer y más famoso libro, El género en disputa (1990), llevará la idea del género como performance al mainstream. Resulta que Butler, que ha escrito quince libros desde entonces, nunca tuvo intención de volver sobre el asunto, ni siquiera en plena guerra cultural. Pero entonces lo político se convirtió en personal: Butler fue atacade físicamente en 2017 mientras daba una conferencia en Brasil, y manifestantes quemaron un cartel con su imagen al grito de "¡Llevate tu ideología al infierno!". Esta conversación ha sido condensada y editada para mayor claridad. ¿Alguna vez pensaste que verías un mundo en el que tus ideas estuvieran tan difundidas… y tan cargadas de tensión? Cuando escribí El género en disputa (1990) era profesore en la universidad. Estaba dando clases, intentando trabajar en este libro que pensaba que nadie iba a leer. Aun así, sabía que no estaba hablando solo por mí; había otras personas que eran fuertemente feministas y también lesbianas o gays que intentaban entender el género de maneras que no siempre eran bienvenidas. Pero, en la actualidad, la gente que le teme a mis ideas es la que no me lee. En otras palabras, no creo que sean mis ideas lo que les da miedo. Han inventado otra cosa, una especie de fantasía sobre lo que pienso o lo que soy. Y, por supuesto, no son solo mis puntos de vista lo que se caricaturiza, sino al género de manera más amplia: los estudios de género, las políticas que hacen foco en el género, la discriminación de género, el género en la atención de la salud, cualquier cosa que venga con "género" es una perspectiva aterradora, al menos para cierta gente. Entonces... ¿Quién le teme al género? Es gracioso, tengo un amigo, unx teóricx queer, al que le dije el nombre del libro y me dijo: “¡Todxs! ¡Todo el mundo le teme al género!". Lo que está claro para mí es que hay una serie de fantasías extrañas sobre lo que es el género, lo destructivo que es y cuán aterrador resulta, que varias fuerzas han puesto en circulación: Viktor Orban, Vladimir Putin, Giorgia Meloni, Rishi Sunak, Jair Bolsonaro, Javier Milei, y por supuesto Ron DeSantis, Donald Trump y un montón de padres/madres y comunidades de estados como Oklahoma, Texas y Wyoming, que están tratando de aprobar leyes que prohíban la enseñanza de género o la referencia al género en los libros. [3] Obviamente, esa gente le tiene mucho miedo al género. Le atribuyen un poder que en realidad no creo que tenga. Pero también lo hacen lxs feministas que se llaman a ellxs mismxs "críticxs del género", o quienes son transexcluyentes, o quienes han tomado posturas explícitas en contra de las políticas trans. ¿Podrías describir qué te impulsó a retomar este asunto? Tenía que viajar a Brasil para una conferencia sobre el futuro de la democracia. De antemano, me contaron que había manifestaciones públicas en contra de que yo hablara, y que se centraban en mí porque soy la "papisa", la mujer papa, del género. No estoy muy segure de cómo llegué a obtener esa distinción… pero aparentemente la tengo. Llegué temprano al lugar donde se hacía el evento y podía escuchar a las multitudes afuera. Habían hecho una imagen monstruosa de mí con cuernos −lo que me pareció abiertamente antisemita−, con los ojos rojos y una especie de mirada demoníaca, y con una bikini. O sea, ¿por qué la bikini? Como sea, quemaron ese cartel con mi imagen. Y eso me asustó de sobremanera. Y luego, cuando mi pareja y yo nos estábamos yendo, fuimos atacades en el aeropuerto: una mujer se vino encima mío con uno de los carros de valijas mientras gritaba cosas sobre pedofilia. No pude entender por qué. Le agradeciste al joven que interpuso su cuerpo entre vos y la atacante, recibiendo golpes. ¿Era la primera vez que escuchabas esa asociación con la “pedofilia”? Dando una conferencia sobre filosofía judía, alguien en el fondo de la sala gritó: "¡Saquen sus manos de nuestros niños!". Pensé: ¿qué? Más tarde me dí cuenta de la forma en que funciona el movimiento antigénero: si rompés el tabú contra la homosexualidad, si estás de acuerdo con el matrimonio entre gays y lesbianas, si aceptás la “reasignación de sexo”, entonces te apartaste de todas las leyes de la naturaleza que mantienen intactas las leyes de la moralidad, lo que significa que es una caja de Pandora de la cual surgirá todo el conjunto de perversiones. [4] Mientras me preparaba para entrevistarte, recibí una alerta de noticias sobre el acuerdo "No digas gay” [Don't Say Gay] en Florida, que dice que las escuelas no pueden enseñar sobre temas LGBTQ+ desde jardín de infantes hasta octavo grado, aunque aclarando que está permitido hablar de ellos. Vos escribís que las palabras se han "figurado tácitamente como reclutadoras y abusadoras", lo que está detrás del esfuerzo por eliminar este tipo de lenguaje de las aulas. Enseñar género, o teoría crítica de la raza, o incluso estudios étnicos, es caracterizado habitualmente como formas de "adoctrinamiento". Entonces, por ejemplo, esa mujer que me acusaba de apoyar la pedofilia, sugiere que mi trabajo o mi enseñanza sería un esfuerzo de "seducción" o "grooming". En mi experiencia como docente, las personas están discutiendo entre sí todo el tiempo. Hay tanto conflicto. Es caótico. Suceden muchas cosas, pero el adoctrinamiento no es una de ellas. ¿Qué podrías decir sobre la deformación del lenguaje en las izquierdas? Mi versión de la política feminista, queer y transafirmativa no consiste en hacer de policía. No creo que debamos convertirnos en policías. Me da miedo la policía. Pero creo que un montón de gente siente que el mundo está fuera de control, y que un lugar donde pueden ejercer cierto control es el lenguaje. Y parece que entonces entra en juego el discurso moral: llamame así. Usá este término. Estamos de acuerdo en utilizar este lenguaje. Lo que más me gusta de lo que hace la gente joven −y no solo lxs jóvenes, aunque ya todxs son jóvenes para mí− es la experimentación. Me encanta la experimentación. Decir: ¡Ey, inventemos un nuevo lenguaje! Juguemos. Veamos qué lenguaje nos hace sentir mejor con nuestras vidas. Pero creo que necesitamos tener un poco más de compasión por el proceso y sus ajustes. Quisiera que nos tomemos un momento para hablar sobre categorías. Habitaste varias, butch [marimacho], queer, mujer, no binarie, pero también dijiste que sospechás de ellas. Cuando escribí El género en disputa, abogaba por un mundo en el que pudiéramos pensar en la proliferación de géneros, más allá del típico binario hombre-mujer. ¿Cómo se vería eso? ¿Qué podría ser? Cuando la gente empezó a hablar de ser no binarie pensé, bueno, es eso lo que soy. Yo estaba intentando ocupar ese espacio entre las categorías existentes. ¿Seguís creyendo que el género es "performance"? Después de que se publicara El género en disputa, hubo algunxs miembrxs de la comunidad trans que tuvieron problemas con él. Entonces pude ver que mi enfoque, que llegó a denominarse “enfoque queer" −lo que era un tanto irónico de cara a [cuestionar] las categorías− para algunas personas no estaba bien. Ellxs necesitan sus categorías, necesitan que sean correctas, y para ellxs el género no se construye ni se performa. No todo el mundo quiere movilidad [en su vivencia del género]. Y creo que ahora lo tengo en cuenta. Y al mismo tiempo, para mí, la performatividad es estar representando quiénes somos, tanto nuestra formación social como lo que hemos hecho con esa formación social. Por ejemplo, mis gestos: no me los inventé de la nada, hay una historia de judíxs que los hacen. Estoy dentro de algo construido social y culturalmente. A la par, encuentro mi propio camino en ello. Y siempre he sostenido que tanto estamos formadxs como que nos formamos a nosotrxs mismxs, y eso es una paradoja viva. ¿Cómo define “género” hoy en día? Bueno, vaya pregunta. Supongo que he revisado mi teoría de género, pero ese no es el punto de este libro. Lo que quiero decir es que la "identidad de género" no es todo lo que entendemos por “género": es un elemento que pertenece a un conglomerado de elementos. El género es también un marco −un marco muy importante− en Derecho, en política, para pensar cómo se instituye la desigualdad en el mundo. Este es tu primer libro [publicado en Estados Unidos] con una editorial no académica. ¿Fue una decisión consciente? Sí, claro. Quería llegar a la gente. Es curioso, porque muchas de tus ideas sí llegan a la gente, aunque en fragmentos de la era internet. Pienso, por ejemplo, en esas remeras que dicen “el género es unx drag” [gender is a drag] o en [el meme de] "Judith Butler explicada con gatos". Me llama la atención que mucha gente que dice haberte leído en realidad solo leyó la descripción del posteo de instagram en el que aparecés. Bueno, no lxs culpo por no haber leído ese libro. Era áspero. Y algunas de esas frases son verdaderamente imperdonables. Espero no haber hecho eso en ¿Quién teme al género?. Siento que estoy más en contacto que antes con la gente que se está moviendo en el territorio a nivel mundial. Y eso me gusta. [5] Notas: [1] En diciembre de 2023 la Corte Suprema de la Federación Rusa prohibió al movimiento de lesbianas, gays, bisexuales, trans*, intersex y otras identidades no hetero-cis-normadas (LGBTI+) internacional por considerarlo “extremista”, impidiendo sus actividades públicas y organización en todo el país. Casi en simultáneo, razzias policiales en las ciudades que concentran mayor cantidad de habitantes, Moscú y San Petersburgo, ingresaron a bares y clubes LGBTI+ logrando incluso su clausura, a causa de oficiales de policía citando el fallo de la Corte. Ver más en la página de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (en inglés). [Nota de la traducción] [2] En su más reciente expresión del viernes primero de marzo de 2024, en la conferencia internacional ‘Hombre-Mujer Imagen de Dios. Por una antropología de las vocaciones’, el Papa Francisco calificó a los estudios de género como el peligro más feo y desagradable que amenaza la humanidad: "Pedí estudios sobre esta fea ideología de nuestro tiempo, que borra las diferencias y hace que todo sea igual; borrar la diferencia es borrar la humanidad. El hombre y la mujer, en cambio, se mantienen en fecunda tensión”. Idéntica posición ya había sido planteada en 2019, cuando la Congregación para la Educación Católica publicó un documento titulado "Varón y mujer los creó. Para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación". Leer más en la nota de prensa “La ideología de género, el peor peligro de nuestro tiempo” (1/3/2024) de Vatican News, la agencia oficial de noticias del Vaticano. [N. de la t.] [3] Se refiere a una serie de líderes mundiales conocidxs por sus declaraciones abiertamente en contra de la “ideología de género” y, particularmente, de la diversidad sexo-género-corporal, cuando no sustancialmente xenófobas y racistas. Respectivamente: al primer ministro de Hungría desde 2010, Viktor Orbán; el presidente de Rusia desde 2012, Vladimir Putin; la Presidenta del Consejo de Ministrxs de Italia desde 2022, Giorgia Meloni; el primer ministro de Inglaterra desde el mismo año, Rishi Sunak; el expresidente de Brasil 2019-2023, Jair Bolsonaro; el presidente actual de Argentina 2023-2027, Javier Milei; el expresidente estadounidense 2017-2021, Donald Trump; el gobernador del estado de Florida desde 2019, Ron DeSantis; y las comunidades de estados del centro y sur de EE. UU. Oklahoma, Texas y Wyoming. [N. de la t.] [4] Una lectura crítica y sólidamente argumentada respecto del problema del movimiento anti(ideología de)género puede leerse en un breve texto escrito por Butler, titulado para el suplemento Soy de Página 12 “No disparen contra la ideología de género” (8/2/2019), traducido por Romina Rekers y Julia Bloch del publicado originalmente por la revista londinense The New Statesman (“The backlash against ‘gender ideology’ must stop”, 21/1/2019) y de primera aparición en castellano en la Revista Bordes. [N. de la t.] [5] El 6 de junio de 2023 Butler presentó una conferencia pública en la Universidad de Cambridge (Inglaterra) con el mismo título del libro, “Who’s Afraid of Gender?”, donde amplía y complejiza lo expresado en esta entrevista frente a un auditorio entre quienes se encontraba, por ejemplo, Sara Ahmed (“Judith Butler's public lecture at University of Cambridge 2023”, disponible solo en inglés). [N. de la t.] Fuente: Entrevista realizada por Jessica Bennet, publicada con el título “Judith Butler piensa que estás sobreactuando” el 24 de marzo de 2024 en la edición No. 60.103 del New York Times. Traducción y notas: Joaquín Allaria Mena. Esta traducción se realiza únicamente con fines académicos.

  • El secreto (2007) selección / Claudia Masin

    Las voces de las mujeres que se fueron dicen cosas todavía. Pequeñas cosas acerca del funcionamiento del hogar, secretos para que todo siga andando sin ellas como si ellas todavía anduvieran, silenciosas y diligentes, caminando por la casa. De la casa sólo quedan ruinas, campo ralo donde uno, o unos pocos, sobreviven se miran a sí mismos o entre sí sin entender qué cosa es la que falta. … Decía: cuando se rompe un objeto querido que guardábamos en un lugar secreto de la casa, el mundo entero pierde el orden que tenía hasta entonces. Cada cosa que hemos tocado con la delicadeza del amor, al desaparecer se lleva nuestras huellas, nos arroja consigo allá lejos, donde es abandonado aquello que ya no es útil, que está incompleto. Decía: dónde vivir si se ha roto... decía algo acerca de las cosas que se quiebran, cosas en las que una había aprendido a vivir, no se sabe cómo, porque eran tan pequeñas algunas que cabían en la palma de una mano, y otras ni siquiera podían ser vistas o tocadas. Decía, sin embargo, que esas cosas eran más poderosas que el principio de gravedad cuando se trataba de mantener un cuerpo anclado a la tierra. …. Decía: a veces, cada vez con más frecuencia, olvido cosas. Pierdo algo que un segundo antes había dejado sobre la mesa, cuento una historia de mi infancia una vez y al poco rato la repito textual: por la expresión cansada de los otros me doy cuenta. Mi vida es como esos sueños que tienen los chicos cuando se duermen bajo un árbol, a la siesta: luminosos y frágiles, llenos de pequeños y leves incidentes que al despertar-no se recuerdan. Decía que algunas veces, cada vez más seguido, olvida cosas. Yo quisiera recordárselas, pero no sé cuáles son esas cosas que viven en su cuerpo, cuáles incluso ella preferiría que no le fueran mencionadas por nadie, porque quizás le ha llevado años hacer ese arduo y minucioso trabajo de olvido, por un camino que no desea desandar. …. Dice: ahora soy una pendiente por donde cae la dicha, a veces frágil, de no tener la pena de mi cuerpo atada a mi. Dice que el hilo se ha roto y, suelta al fin, ya no responde a fuerza alguna que se quiera ejercer sobre ella. Que ahora es ligera y joven otra vez, y habla en voz muy alta, y como ya no le da miedo por las noches sale a ver cómo era el mundo que perdió. …. Dice: ya no hay nada que temer. Si cosas tan frágiles como el olor de la tierra mojada, permanecen, y hasta crecen, en medio de la tormenta, es porque lo invisible está a salvo de la prepotencia. Fuente: El secreto (2007) en La desobediencia. Poesía reunida. Resistencia, ConTexto Libros. 2018.

  • Historias incendiándose en el aire. Mimos al FAB / Verónica Scardamaglia

    La piedra Para conocer la poesía comienza por elegir un lugar no habitual cercano a una laguna o río donde puedas lavar tu rostro con gracia de niño donde el suelo sea de arena para dibujar una palabra digamos piedra después recogerás la piedra y con ella defenderás la vida esa noche la poesía dormirá contigo. Vicente Zito Lema Una invitación también puede devenir un viaje en el tiempo. Si bien, nunca sabemos, de antemano, a qué tiempos -como la hermosa fantaciencia nos ha enseñado- viajar con la confianza de las amistades garantiza la amabilidad del viaje. Volver a disfrutar de una obra del taller de mimo Adentro y Afuera del Frente de Artistas del Borda: “Historias incendiándose en el aire”. Volver a abrir por unas horas un adentro que decide interpelarse con un afuera que se cree estar allí. Volver a estar en un pliegue de fuerzas que acompasan potencias que estallan sentidos. Un frío que decide un fuego. Un fuego que se busca compartido pero que se amarroca como un baile, un abrazo, una idea, una mirada, un billete. Un tiempo que se disloca: el pasado puede estar adelante. El futuro sentirse como atrás. El ritmo de las agujas, eternos y pasajeros. Agujas que acusan, obedecen, obligan, señalan, menosprecian. Tiempos conocidos y desconocidos al mismo tiempo. Quizás, estas simultaneidades de lo insoportable estén tramando este presente en el que estamos. Quizás, estas necesidades de retener un poquito más esos ardores que nos entusiasman, hagan también a estas tramas vitales en las que andamos. Quizás no, y nuevamente las pesadeces urbanas nublen y centralicen los pensamientos que nos piensan. En el taller de Mimo vienen construyendo -y lo saben- contra los centralismos y los personalismos desde hace muchísimos años. Éstos no sólo desaparecen y mutan en las distintas escenas, sino también en las diferentes obras que han parido. Nos encontramos con múltiples protagonistas que entran y salen en cada acto, que se constituyen y se diluyen con el pasar de las escenas (y de las obras). Y desatan un semillero de dudas: ¿quién o quiénes protagonizan los actos? ¿el reloj o el ritmo marcado por la música o los cuerpos que ven pasar y transmiten la pesadez del tiempo o la muchachita paseando un perro o los cuerpos detenidos en esa plaza o el jefe tan jefe, tan extractivista y explotador o la carretilla insurgente o la rayuela, la piedra, la soga, el fuego? ¿o eso que sentimos expectantes? Quizás todo y además más y otra cosa. Volver a estar espectadora, en el Borda. Reiterar la calidez de aquellos-estos abrazos en el frío tan frío de este invierno patrio, tan patrio. Volver a disfrutar de las irrupciones ocurrentes que las patologías siguen pretendiendo atrapar, reducir, medicar, encerrar. Dicen que varios otros espectadores también husmeaban por ahí. Andaban unos anteojos gruesos y negros que enmarcaban unos expresivos ojos negros sonrientes. Se escuchaban unos murmullos arrugados haciendo reverencias y bendiciendo a quien pasara cerca. Unas largas barbas blancas se paseaban orondas, como antes, como siempre. Y unos poetas -malditos y entrañables- que se conocieron allí y se reencontraron en el viento, hace ya un par de años. Y también estuvo, esta vez actuando ya no coordinando, esa calidez tan inmensa como sabionda que - dicen- aportó, con la suavidad de unos pétalos de sal, los trinos de unos pajaritos justito al finalizar una escena. ¿Las vibraciones de este preestreno también quedarán latiendo entre esas paredes, en esos jardines?. ¿Cómo se miden en los relojes vitales 40 años? Y allí anduvimos, otra vez, con las hijas y las canas crecidas, expectantes, conmovidxs, entre asaltos de risas, sorpresas y conmociones, atentxs y desentendidxs, entre atracciones y distracciones, buscando fuegos y buscando, también, ganas de que todo se encienda alguna vez, otra vez en el aire, entre historias.

  • Vicky, Corrientes y Medrano / Milva Pentito

    - ¡Vicky! ¡Vicky! El hombre, que aparenta unos sesenta y pocos años, grita desencajado a la salida de un pequeño supermercado. La escena dura tan sólo unos minutos, pero puedo apreciar sus componentes con detalle. El hombre está aterrado. Hay un sentimiento de desgarro en sus ojos, y en el tono de su voz. No sabe bien qué hacer. Quiere pedir ayuda, pero estamos en el sitio equivocado. La Ciudad de Buenos Aires, a pocas cuadras de Corrientes y Medrano. La gente no es solidaria a pocas cuadras de Corrientes y Medrano. Puede, sí, hacer actividades de caridad, pero en rigor a la verdad, no existen lazos comunitarios que incluyan a la empatía como rasgo principal. No hay, en general, demasiado espacio para que la solidaridad se cuele en situaciones cotidianas como esta. Y el hombre lo sabe. Lo advierto en su lenguaje corporal. Sin embargo, decide intentarlo - ¡Se me perdió mi perrita! - grita al aire. Gira la vista hacia la calle Humahuaca, y toma de interlocutor obligado a un muchacho treintañero que pasa caminando - ¿Viste una perrita marrón? Por entonces considero que algo de lo que estoy viendo debería conmoverme, o incluso dolerme, como si el dolor fuera un estadío superior de la empatía. No sucede. No siento nada. Alcanzo apenas a experimentar una discreta picazón, ante la posibilidad de que alguno de mis seres queridos se vea alguna vez en la situación del hombre: gritando en la calle con ojos de desgarro, ante un problema eminentemente afectivo, y sin lazos comunitarios que lo sostengan para intentar algo. La picazón, como digo, es por mis seres queridos. No es ni siquiera por mi. El muchacho treintañero le hace al hombre un gesto con los brazos. “¿Dónde pensás que puedo haber visto una perrita marrón?”, parece decirle , “Si yo recién pasaba caminando por acá” En algún tipo de honor a la picazón que siento, yo también podría intervenir. No lo hago. El hombre retrocede, confirmándose no ayudado. Llega gritando a la esquina de la calle Bulnes. Vicky no está allí. No va a acudir tampoco al llamado. Algo me dice a mi, aunque no la conozco, que las distancias son demasiado grandes, y que el bullicio del barrio y su cosa estimulante, no harán más que complejizar todo. Entonces, alguien se asoma serenamente desde el supermercado. - Está acá adentro – le dice al hombre, cuya mirada y tono de voz se transforman de inmediato y por completo. - ¡La concha de su madre! – resopla él, repentinamente, y entra Vuelve a salir llevando a Vicky en los brazos: es en efecto una perrita marrón, una cruza algo añosa de chihuahua con pequinés. Tiene puesto un pullover, como la mayoría de los perros del barrio en los meses de invierno. No está asustada. El hombre le dice algo. No llego a entender qué. La baja de sus brazos, después, un poco enérgicamente. Y entonces, sucede ante mis ojos el final inesperado. El hombre vuelve a entrar al supermercado, deduzco yo que a seguir con la compra que interrumpió cuando dejó de ver a Vicky. Vicky se queda sola en la vereda, con pullover, y sin correa. Quizás le hayan comunicado la expectativa de que se quede allí, en un idioma español que ella no comprende; y ahora pese sobre sus hombros, pequeños y añosos, la responsabilidad de cumplirla. Quizás no haya sido su ausencia, o su eventual pérdida, una cosa desgarradora de veras para el hombre. Quizás lo verdaderamente desgarrador haya sido, durante aquellos breves minutos, la certeza de haber defraudado la expectativa de alguien más, que esperaba que él cuidara bien de Vicky. Alguien más, que lo esperaba incluso aunque él no quisiera cuidarla. Me creo en condiciones de divagar sobre aquella posibilidad, mientras me alejo caminando hacia la calle Corrientes. Pienso que puedo estar ante la representación de aquello: un compendio de expectativas dañosas, e insatisfechas, y de amor mal direccionado. Mientras tanto, Vicky espera sola en la vereda, con pullover y sin correa. Quiero volver sobre mis pasos, para decirle algo al hombre al respecto. Ahora sí, quiero intervenir la escena. Pero tampoco lo hago. En territorios vaciados de empatía, y sin lazos comunitarios, no siempre se siente seguro hablar.

  • Caligrafía Nómade XXII / Patricia Mercado

    Llegaron puntuales. Venían todos los meses a escribir un libro. Poner en estado de letra los quehaceres como equipo de cuidados paliativos. Una tarea que, desde hacía diez años, abrazaban con pasión en un barrio lastimado de pobrezas rancias. Calladas, subieron la escalera de mármol hasta el primer piso. Cuando terminamos de acomodarnos en los almohadones alrededor de la alfombra, una dijo: murió Claudia. Era una compañera del equipo que había venido al espacio de escritura pocas veces. Después, un silencio grisáceo cruzó el espacio. Esperé. Siguieron diciendo: hace apenas dos semanas nos enteramos de que tenía un cáncer diseminado en el cuerpo. No sabíamos nada. Ella no hablaba mucho. Trabajaba como siempre. No entendimos porqué se había chequeado recién ahora. Había aceptado que Mabel le haga los análisis. Algo en nosotras se activó, como cuando estamos con un paciente, ¿viste? No tenía familia ni amigos, sólo nosotras, y sus perros que ya había dado en adopción los días anteriores. No sabíamos dónde vivía. No sabíamos casi nada de ella. Era muy parca. Hacía muchos años que trabajábamos juntas. Las palabras rodaban en el aire. La angustia sacaba filo a cada consonante. Las bocas sangraban. Buscaban dar forma a ese brusco destejerse de la existencia. Alguna ponía la voz y las otras la rodeaban con la mirada: sostenían el borde de lo indecible. Una pausa les permitía tomar valor y seguir hablando. Hablar en el hueco infinito de una ausencia. Había que inventar un lugar para cuidar esa vida de la que se sabía tan poco y con la que se había convivido tanto. Acompañar el tiempo lento, y vertiginoso a la vez, del morir. Ni paciente, ni pariente, ni amiga, ni dolor anónimo de una guardia: Claudia, su cuerpo herido, la soledad. Hurgar el misterio con los gestos menesterosos aprendidos en otras muertes: conseguir una ropa mínima, una cama en un hospital público saturado, una sonda. Tomar su mano, organizar relevos para acompañarla, hacer preguntas, esconder lágrimas que igual brotaban. Lejos de cualquier protocolo se asomaban al vértice abisal en que una vida se desprende. En que el rictus cotidiano de la convivencia cae desgajado. Y esa desnudez silente nos contempla. Cuando murió se preguntaron cómo despedirla. Juntaron plata entre todas para costear el entierro. A Claudia, la muerte la había despeinado. Tan distinto de su cuidado aspecto cotidiano. Urgidas de volver a dibujar el rostro que la muerte borraba, revisaron con pudor su cartera hasta hallar un peine. Le hicieron la trenza primorosa que solía lucir antes de que la colocaran en el cajón de madera apoyado en el piso de la morgue del hospital. Cuando volvieron del cementerio y subieron un piso por la escalera de mármol, se abrió el espacio de las palabras. Como un río sonoro donde flotar en la consternación. Donde preguntar por qué. Como si la muerte hubiera roto un pacto fundacional. Ellas no. Y ahora palparan en carne viva la herida de la finitud con que se acompaña a morir. Con que se vive.

  • Las nadies / Guardianas Floreseremos

    Las nadies sin palabra, No se escucha, Nadie quiere ver... Las nadies no llegamos a fin de mes sin deudas que pateamos para el próximo, cuidamos y agenciamos la continuidad de la trama de la vida. Las nadies poco indiferentes, Sensibles hasta los dientes, comadreándose entre otras. Morimos cuando vamos a parir, porque -se supone- podríamos: esperar, gritar menos, doler mejor, resolvernos solas, no pedir asistencia cuando la necesitamos... Al fin de cuentas queda a la vista que lo que se ha inventado como mundo no nos contempla en sus estadísticas. Salvo, salvo, salvo, que sea para contarnos muertas... para ser una vez más, un número entre miles de historias silenciadas, resumidas, que no incomoden lo suficiente, que no interpelen a nadie por negociarnos una y otra vez en sus mesas chicas de la gran política. A la que nunca llegamos, nunca ilesas, nunca enteras, nunca sin antes haber negociado otras urgencias en el camino. Las nadies, nunca nadie sabe, nadie ha visto nada. A narices de todos. Nos están matando cuando vamos a exigir nuestro derecho de acceder a la salud, a una vida digna, a ser tratadas por lo que somos: mujerescuerposconposibilidaddegestardiversidades trabajyuuadorxs en un universo que nos borra y silencia continuamente. Muere otra mujer, una más, Y otra vez nos vamos sumando las nadies, En los distintos territorios, con complicidad estatal. . Tal vez si las guardias expulsivas, repulsivas, resonarán más con guaridas, espacios para guarecerse... cuando no se puede o no se sabe cómo estar en la vida... En vez de su revés, de guardias tan de seguridad, tan con sabor a ejército o milicia alerta de malestares... tal vez viviríamos en un mundo más vivible... Un día en el loop de un tiempo injusto, las nadies también celebramos un guiño reparador, la perpetua al médico Bergés y sus aliados del terror y la tortura. En este intersticio de duelo y resistencia les decimos que a dónde vayan los iremos a buscar, que el aparato represivo se reedita con su grosera impunidad todos los días de nuestras vidas. Incluso y dramáticamente cuando vamos a parir. No son errores, no son excesos, es la estructura nodal de un sistema perverso. Alguna vez las nadies, de la misma manera que parimos al mundo pararemos el sistema. Y la tortilla se va a volver. La casa no está en orden, está en llamas. Nota: Guardianas Floreseremos, espacio de doulas feministas @guardianasfloreseremos.

  • Seguimos luchando en contra de la impunidad de ayer y de hoy ¡Memoria y Justicia! / Marianela Saavedra

    Llegar antes de hora por las dudas y quedarse hasta que se vayan toditos. Comprar lápices, cuadernos, reglas de más, todo de más. Preparar y servir el desayuno, el almuerzo, la merienda. Preguntar quién tiene un par de zapatillas para donar. Enterarse antes que nadie que esa piba quedó embarazada, con 13 años nada más. Llamar a la policía porqué ese pibe llegó golpeade otra vez. Reclamar el pan que hace semanas ya no mandan. Ir el sábado a pintar pizarrones. Llevarse el trabajo y las angustias a casa. Quedarse a las asambleas después de hora. Hacer de nuevo la lista con las cosas rotas. Poner la cara cada vez qué a otres se les da por culparnos de todo o usarnos como variable de ajuste. Hacer los paros, ir a las marchas con toda la ilusión del mundo de qué ésta vez el gobierno sí va a escuchar el noticiero sí va a decir la verdad y el pueblo va defender lo público y lo gratuito junto a nosotres. Hacer los paros, ir a las marchas, enseñar con el cuerpo creer en las luchas luchar por todes. Hacer los paros, ir a las marchas, tomar las escuelas, las calles. Cortar una ruta y recibir un tiro. Prender una cocina y que explote. Morir enseñando. Morir reclamando. Morir en manos del Estado. Morir. Educar y morir en el intento de hacer un mundo mejor. 4/04/07 el docente Carlos Fuentealba es asesinado por la espalda a quemarropa por un policía de la provincia del Neuquén. Reclamaba junto a sus compañerxs, condiciones dignas de trabajo. 2/08/18 la docente Sandra Calamano y el auxiliar Rubén Rodríguez mueren por la explosión de una garrafa en una escuela de Moreno donde trabajaban, estaban preparando el desayuno, sus cadáveres quedaron tirados en el patio de la escuela. 17/09/19 Jorgelina y María Crisitna mueren en un accidente de autos, regresaban de una marcha dónde reclamaban salarios adecuados. Para mí, el 4 de Abril, es el día de la defensa de la educación pública, el verdadero día de lxs maestrxs.

  • Actualidad del huevo y la gallina (Final) / Clarice Lispector

    19 de julio Los huevos estallan en la sartén, y sumergida en el sueño preparo el desayuno. Sin ningún sentido de la realidad, grito por los niños que salen de varias camas, arrastran sillas y comen, y el trabajo del día amanecido se inicia, gritado y reído y comido, clara y yema, alegría entre peleas, día que es nuestra sal y nosotros somos la sal del día, vivir es sumamente tolerable, vivir ocupa y distrae, vivir hace reir. Y me hace sonreír en mi misterio. Mi misterio que es ser tan sólo un medio, y no un fin, haberme entregado a la más maliciosa de las libertades: no soy boba y aprovecho. Incluso, hago un mal a los otros que, francamente. El falso empleo que me dieron para disfrazar mi verdadera función, bien que aprovecho el falso empleo y hago de él mi verdadero, incluso el dinero que me dan como jornal para facilitar mi vida para que el huevo se haga, pues ese dinero lo vengo usando para otros fines y lo he cambiado en el mercado negro, desvío de partidas, últimamente compré acciones de Brahma y estoy rica. A todo eso lo llamo tener la necesaria modestia de vivir. Y también el tiempo que me dieron, y que nos dan sólo para que en el ocio honrado el huevo se haga en mí, pues estoy usando ese tiempo para placeres ilícitos y dolores ilícitos, por completo olvidada del huevo. Ésta es mi simplicidad de agente humano. ¿O es esto lo que ellos quieren que me suceda, exactamente para que el huevo se cumpla? ¿Es libertad o me están mandando? Pues vengo notando que todo lo que es error mío se aprovecha. Mi rebelión viene porque para ellos yo no soy nada, soy tan sólo preciosa: ellos me cuidan segundo a segundo, con la más completa falta de amor, soy tan sólo preciosa. Con el dinero que me dan, últimamente estoy tomando. ¿Abuso de confianza? Pero es que nadie sabe cómo se siente por dentro aquel cuyo empleo consiste en fingir que está traicionando, y que termina creyendo en la propia traición. Cuyo empleo consiste en diariamente olvidar. Aquel de quien se exige la aparente deshonra. Ni mi espejo refleja ya un rostro que sea el mío. O soy un agente, o soy la propia traición. Pero duermo el sueño de los justos por saber que mi vida fútil no incomoda la marcha del gran tienipo. Por el contrarios parece que se exige de mí que yo sea exactamente fútil, se exige de mí incluso que yo duerma como un justo. Ellos me quieren ocupada y distraida, y no les importa cómo. Pues, con mi atención equivocada y mi y estupidez grave, podría perturbar lo que se está formando dentro de mí. Es que yo misma, yo propiamente dicha, sólo sirvo para hacer lío. Lo que me revela que tal vez yo sea un agente es la Idea de que mi destino me sobrepasa: por lo menos eso ellos tuvieron que dejarme adivinar, yo era de aquellos que perjudicarían el trabajo si no adivinaban por lo menos algo: me hicieron olvidar lo que me habían dejado adivinar, pero vagamente me quedó la noción de que mi destino me sobrepasa, y de que soy un instrumento del trabajo de ellos. Pero de cualquier manera era sólo instrumento lo que yo podía ser, pues el trabajo no podía ser mío. Ya probé a establecerme por cuenta propia y no resultó bien; me quedó hasta ahora esta mano trémula. Si hubiera insistido un poco más, habría perdido para siempre la salud. Desde entonces, desde esa malograda experiencia, trato de razonar de este modo: que ya me fue concedido mucho, que ellos ya me concedieron todo lo que puede concederse; y que otros agentes, muy superiores a mí, también trabajaron sólo por lo que no sabían. Y con las mismas poquísimas instrucciones, y, como yo, siendo empleados públicos subalternos o no. Ya me fue dado mucho; esto: una u otra vez, con el corazón latiendo por el privilegio, yo por lo menos sé que no estoy reconociendo! con el corazón latien-do de emoción, yo por lo menos ¡no comprendo! con el corazón latiendo de confianza, yo por lo menos no sé. Pero ¿y el huevo? Éste es exactamente uno de los subterfugios de ellos: mientras yo hablaba sobre el huevo, me había olvidado del huevo. "Habla, habla", me instruyeron. Y el huevo queda por completo protegido por tantas palabras. Habla mucho es una de las instrucciones, y estoy tan cansada. Por devoción al huevo, lo olvidé. Mi necesario olvido. Mi interesado olvido. Pues el huevo es esquivo. Ante mi adoración posesiva él podría retraerse y no volver nunca más, lo cual me mataría de dolor. Pero si él fuera olvidado, si yo hiciera el sacrificio de vivir libre, delicado, sin mensaje alguno para mí -tal vez todavía él se mueva del espacio hasta la ventana que siempre dejé abierta. Y tal vez a la madrugada baje a nuestro edificio el huevo. Sereno hasta la cocina. Iluminándola con mi palidez.

  • La hipótesis cibernética -puntos X y XI.- (2001) / Tiqqun

    X Se ha insistido a menudo —y T. E. Lawrence no es una excepción— en la dimensión cinética de la política y de la guerra, en tanto que contrapunto estratégico a una concepción cuantitativa de las relaciones de fuerza. Esta es la perspectiva típica de la guerrilla, por oposición a la guerra tradicional. Se ha dicho que, a falta de ser masivo, un movimiento debería ser rápido, más rápido que la dominación. Es así por ejemplo como la Internacional Situacionista formula su programa en 1957: «Es preciso comprender que vamos a asistir a una carrera de velocidad entre los artistas libres y la policía para experimentar y desarrollar las nuevas técnicas de condicionamiento. En esta carrera, la policía ya tiene una considerable ventaja. De su resultado depende sin embargo la aparición de entornos apasionados y liberadores, o el refuerzo —científicamente controlable, sin brecha— de ese entorno de opresión y horror del mundo viejo. […] Si el control de estos nuevos medios no es totalmente revolucionario, podemos ser conducidos al ideal civilizado [policé] de una sociedad de abejas.» Frente a esta última imagen, evocación explícita pero estática de la cibernética consumada, tal y como el Imperio le da figura, la revolución debiera consistir en una reapropiación de las herramientas tecnológicas más modernas, reapropiación que debiera permitir contestar a la policía en su mismo terreno, creando un contra-mundo con los mismos medios que ella emplea. Se concibe aquí la velocidad como una de las cualidades más importantes para el arte político revolucionario. Pero esta estrategia implica atacar fuerzas sedentarias. Ahora bien, bajo el Imperio, éstas tienden a pulverizarse mientras que el poder impersonal de los dispositivos deviene nómada y atraviesa todas las instituciones haciéndolas implosionar. Inversamente, la lentitud es quien ha informado otra cara de las luchas contra el Capital. El sabotaje ludista no debe ser interpretado bajo una perspectiva marxista tradicional, como una simple rebelión primitiva con respecto al proletariado organizado, como una protesta del artesanado reaccionario contra la expropiación progresiva de los medios de producción provocada por la industrialización. Se trata de un acto deliberado de lentificado de los flujos de mercancías y personas, que anticipa la característica central del capitalismo cibernético en tanto que es movimiento hacia el movimiento, voluntad de potencia [puissance], aceleración generalizada. Taylor por otra parte concibe la Organización Científica del Trabajo como una técnica de combate contra el «frenado» obrero que representa un obstáculo efectivo a la producción. En el orden físico, las mutaciones del sistema dependen también de una cierta lentitud, como indican Prigogine y Stengers: «cuanto más rápida sea la comunicación en el sistema, mayor será la proporción de fluctuaciones insignificantes, incapaces de transformar el estado del sistema, luego más estable será dicho estado». Las tácticas de lentificación son portadoras por tanto de una potencia suplementaria en la lucha contra el capitalismo cibernético, puesto que no lo atacan solamente en su ser, sino también en su proceso. Pero hay más: la lentitud también es necesaria para vincular entre sí formas-de-vida de una forma que no sea reducible a un intercambio de informaciones. Expresa la resistencia de la relación a la interacción. Más acá o más allá de la velocidad y de la lentitud de la comunicación, existe el espacio del encuentro, que permite trazar un límite absoluto a la analogía entre el mundo social y el mundo físico. Los fenómenos de ruptura no pueden ser deducidos en el laboratorio, ya que en efecto dos partículas nunca se encontrarán. El encuentro es ese instante duradero en que se manifiestan intensidades entre las formas-de-vida en presencia en cada cual. Es, más acá de lo social y la comunicación, el territorio que actualiza las potencias de los cuerpos y que se actualiza en las diferencias de intensidad que ellos desprenden, que ellos son. El encuentro se sitúa más acá del lenguaje, sin palabras [outre-mots], en las tierras vírgenes de lo no-dicho, en el nivel de una puesta en suspenso, de esta potencia del mundo que es también su negación, su «poder-no-ser». ¿Qué es el otro? «Otro mundo posible», responde Deleuze. El otro encarna esa posibilidad que tiene el mundo, la de no ser o la de ser otro. Por ello es por lo que en las sociedades llamadas «primitivas» la guerra tiene la primordial importancia de aniquilar cualquier otro mundo posible. Sin embargo no sirve para nada pensar el conflicto sin pensar el gozo, pensar la guerra sin pensar el amor. En cada tumultuoso nacimiento al amor, renace el fundamental deseo de transformarse transformando el mundo. El odio y la sospecha que los amantes suscitan en torno a ellos son la respuesta automática y defensiva con respecto a la guerra que éstos, por el solo hecho de amarse, mantienen contra un mundo en el que toda pasión debe autodespreciarse o morir. La violencia es justo la primera regla de juego del encuentro. Y es ella quien polariza las diversas errancias del deseo cuya libertad soberana invoca Lyotard en su Economía libidinal. Pero precisamente porque se niega a ver que los goces se acuerdan entre sí sobre un territorio que los precede, y donde se encuentran también las formas-de-vida; precisamente porque se niega también a comprender que la neutralización de toda intensidad es ella misma una intensificación, nada menos que la del Imperio; porque no puede deducir de ello que, siendo inseparables, pulsiones de muerte y pulsiones de vida no son neutras de cara a un otro singular…, Lyotard no puede finalmente dejar atrás el hedonismo más compatible con la cibernetización: ¡desresponsabilizaos, abandonaos, dejad que os atrapen los deseos! ¡Gozad, gozad, siempre quedará algo! No cabe duda de que la conducción [en el sentido de conducción de cargas eléctricas], el abandono, o la movilidad en general, son cosas que pudieran acrecentar la amplificación de los desvíos con respecto a la norma, a condición de reconocer qué es lo que interrumpe los flujos en el seno mismo de la circulación. Frente a la aceleración que provoca la cibernética, la velocidad, el nomadismo, solo pueden representar elaboraciones secundarias vis-a-vis con las políticas de lentificación. La velocidad hace que las instituciones se revuelvan. La lentitud corta los flujos. El problema propiamente cinético de la política no es por tanto el de elegir entre dos tipos de revuelta sino el de abandonarse a una pulsación, el de explorar otras intensificaciones que no sean las controladas por la temporalidad de la urgencia. El poder de los cibernéticos ha consistido en dar un ritmo al cuerpo social que impide tendencialmente cualquier respiración. El ritmo, tal y como Canetti propone para su génesis antropológica, viene precisamente asociado con la andadura: «El ritmo en su origen es un ritmo de los pies. Debido a que camina sobre dos piernas y a que alternativamente golpea el suelo con sus pies, toda persona que anda produce, con o sin intención, un ruido rítmico, ya que para avanzar debe hacer siempre el mismo movimiento de pies». Pero esta andadura no es previsible, como sí sería la de un robot: «Nunca se posan ambos pies con la misma fuerza. Las diferencias entre ambos pueden ser mayores o menores, según las disposiciones y el humor personales. Pero también se puede marchar más rápido o más lento, se puede correr, pararse súbitamente, saltar.» Esto quiere decir que el ritmo es lo contrario de un programa, que depende de las formas-de-vida, y que los problemas de velocidad pueden ser reducidos a cuestiones de ritmo. Todo cuerpo, en tanto que cojo [que no va 'recto' en general, no co-rrecto: boiteux: esta palabra en sentido figurado, boiteux, es persona débil, imperfecta…], porta consigo un ritmo que manifiesta que está en su naturaleza el sostener posiciones insostenibles. Acerca de este ritmo, que viene de los cojeos del cuerpo, del movimiento de los pies, Canetti añade que se encuentra en los orígenes de la escritura, es decir, de la Historia, en tanto que huellas de la marcha de los animales. El acontecimiento no es otra cosa que la aparición de tales huellas, y hacer la Historia es por tanto improvisar a la búsqueda de un ritmo. Cualquiera que sea el crédito que se otorgue a las demostraciones de Canetti, indican, como hacen las ficciones verdaderas, que la cinética política se comprendería mejor en tanto que política del ritmo. Esto significa, a mínima [latinajo: pongamos…: 'al menos'], que al ritmo binario y tecno impuesto por la cibernética deben oponérsele otros ritmos. Pero esto también significa que dichos otros ritmos, en tanto que manifestaciones de una cojera ontológica, siempre han tenido una función política creadora. Canetti, también él, cuenta que por un lado «la repetición rápida por la cual los pasos se suman a los pasos da la ilusión de un número mayor de seres. No se mueven del mismo lugar, prosiguen la danza siempre en el mismo. El ruido de sus pasos no muere, se repiten y conservan por mucho tiempo siempre la misma sonoridad y vivacidad. Por su intensidad reemplazan el número que les falta». Por otro lado «cuando su pataleo se refuerza, es como si pidieran un refuerzo. Ejercen, sobre los hombres que se encuentran cerca, una fuerza de atracción que no se debilita a no ser que se abandone la danza». Por tanto, buscar el buen ritmo abre tanto a una intensificación de la experiencia tanto como a un incremento numérico. Es tanto un instrumento de agregación como una acción ejemplar a imitar. Tanto a escala del individuo como a la de la sociedad, los propios cuerpos pierden su sentimiento de unidad para desmultiplicarse en tanto que armas potenciales [ver si se quiere 'desmultiplicar' en p.ej. www.mesetas.net]: «La equivalencia de los participantes se ramifica en la equivalencia de sus miembros. Todo aquello que un cuerpo humano puede tener de móvil adquiere una vida propia, cada pierna, cada brazo, viven como por sí solos». La política del ritmo es por tanto la búsqueda de una reverberación, de otro estado, comparable a un trance del cuerpo social, mediante la ramificación de cada cuerpo. Y es que existen dos regímenes posibles del ritmo en el Imperio cibernetizado. El primero, al que se refiere Simondon, es el del hombre técnico, que «asegura la función de integración y prolonga la auto-regulación hacia fuera de cada mónada de automatismo», hombres técnicos cuya «vida está compuesta por el ritmo de las máquinas que los rodean, y que liga éstas a aquéllos». El segundo ritmo apunta a minar dicha función de interconexión: es profundamente desintegrador sin ser simplemente ruidista. Es un ritmo de la desconexión. La conquista colectiva de este tempo exacto disonante [juste temps dissonant] pasa por un previo abandono a la improvisación. «Levantado el telón de las palabras, la improvisación deviene gesto, acto aún no declarado, forma aún no nombrada, normada, honrada. Abandonarse a la improvisación para liberarse ya —por bellos que sean— de los relatos ya ahí, musicales, del mundo. Ya ahí, ya bellos, ya relatos, ya mundo. Deshacer, oh Penélope, las fajitas musicales que conforman nuestro capullo sonoro, que no es el mundo, sino el hábito ritual de mundo. Abandonada, ella se ofrece a lo que flota en torno al sentido, en torno a las palabras, en torno a las codificaciones, se ofrece a las intensidades, a los contenidos [retenues: de estar contenido, reprimido], a los impulsos [élans], a las energías, en suma, a lo escasamente nombrable. […] La improvisación acoge la amenaza y va más allá de ella, la desposee de sí misma, la registra, potencia y riesgo». XI En la cibernética, la amenaza no puede ser acogida y a fortiori menos aún superada. Es preciso que sea absorbida, eliminada. Ya he dicho que la certeza definitiva sobre la cual pueden fundamentarse prácticas de oposición a este mundo gobernado por dispositivos, es la imposibilidad, infinitamente prorrogada, de la destrucción del acontecimiento. La amenaza, y su generalización bajo la forma de pánico, plantea problemas energéticos irresolubles a quienes sostienen la hipótesis cibernética. Simondon explica, así, que las máquinas que tienen un alto rendimiento en información, que controlan con precisión su ambiente, tienen un rendimiento energético débil. Inversamente, las máquinas que demandan poca energía para poder llevar a cabo su misión cibernética, producen un mal reflejo de la realidad. La transformación de formas en informaciones contiene en efecto dos imperativos opuestos: «La información es, en un sentido, aquello que aporta una serie de estados imprevisibles, nuevos, no formando parte de ninguna sucesión definida por anticipado; es por tanto lo que exige, del canal de información, una disponibilidad absoluta para con respecto a todos los aspectos de la modulación que ella remite; el canal de información no debe aportar por sí mismo ninguna forma predeterminada, no debe ser selectivo. […] En un sentido opuesto, la información se distingue del ruido porque se le puede asignar un cierto código, una relativa uniformización; en todos los casos en que no se pueda hacer descender el nivel de ruido por debajo de uno determinado, se lleva a cabo una reducción del margen de indeterminación y de imprevisión de las señales». Dicho de otro modo, para que un sistema físico, biológico o social tenga la suficiente energía como para poder asegurar su reproducción, es preciso que sus dispositivos de control recorten de entre la masa de lo desconocido, diferencien de entre el conjunto de los posibles, aquello que se deriva del azar puro y que se excluye del control por vocación [d'office], de lo que se encuentra en tanto que riesgo [aléa], y que es por consiguiente susceptible de entrar en un cálculo de probabilidades. Se sigue que, para todo dispositivo, como en el caso específico de los aparatos de registro sonoro, «se debe adoptar un compromiso que conserve el suficiente aporte de información para cubrir las necesidades prácticas y un rendimiento energético lo suficientemente elevado como para mantener el ruido de fondo a un nivel que no entorpezca el nivel de la señal». Por ejemplo, en el caso de la policía, se tratará de hallar el punto de equilibrio que existe entre la represión —que tiene como cometido disminuir el ruido de fondo social— y la inteligencia [renseignement] —que informa sobre el estado y los movimientos de lo social a partir de las señales que éste emite. Provocar el pánico querrá por tanto decir de entrada extender la niebla de fondo, tal que se sobreimponga al activado de los bucles retroactivos y que dificulte, a los aparatos cibernéticos, el registro de los desvíos de comportamiento. El pensamiento estratégico ha comprendido tempranamente el alcance ofensivo de esta niebla. Cuando Clausewitz se percata por ejemplo de que la «resistencia popular evidentemente no es apta para proporcionar grandes golpes», sino que, «en tanto que algo vaporoso y fluido, no debe condensarse en ninguna parte». O cuando Lawrence opone a los ejércitos profesionales que «se asemejan a plantas inmóviles», a la guerrilla, comparable a una «influencia, una idea, una especie de entidad intangible, invulnerable, sin frente ni retaguardia, y que se expande por doquier a la manera de un gas». La niebla es el vector privilegiado de la revuelta. Transplantada al mundo cibernético, la metáfora hace referencia entonces a la resistencia con respecto a esa tiranía de la transparencia que viene impuesta por el control. La bruma transforma [bouleverse] todas las coordenadas habituales de la percepción. Provoca la indiscernibilidad de lo visible y lo invisible, de la información y del acontecimiento. Por ello es por lo que representa una condición de posibilidad de este último. La niebla hace posible la revuelta. En un relato breve titulado «El amor es ciego», Boris Vian imagina lo que constituirían los efectos de una niebla bien real sobre los vínculos existentes. Los habitantes de una ciudad se levantan una mañana invadidos por una «avalancha opaca» que progresivamente modifica todos los comportamientos. Las necesidades que imponen las apariencias devienen rápidamente caducas y la ciudad deja que se extienda una experimentación colectiva. Los amores devienen libres, facilitados por la desnudez permanente de todos los cuerpos. Las orgías se extienden. La piel, las manos, las carnes, recobran sus prerrogativas puesto que «el dominio de lo posible se extiende cuando no se tiene miedo de que la luz se encienda». Incapaces de hacer que dure una niebla que no han contribuido a formar, los habitantes se ven entonces desamparados cuando «la radio informa de que los científicos notan una regresión regular del fenómeno». Visto lo cual, todos deciden reventarse los ojos con el fin de que la vida continúe feliz. Paso al destino [Passage au destin]: la niebla de la que habla Vian se conquista. Se conquista por una reapropiación de la violencia, una reapropiación que puede llegar hasta la mutilación. Esta violencia que no quiere educar nada, que no quiere construir nada, no es ese terror político objeto de tantas glosas de almas buenas. Esta violencia consiste por entero en el desmonte de las defensas, en la apertura de recorridos, de los sentidos, de los espíritus. «¿Es siempre pura?», pregunta Lyotard. «¿Una danza es verdadera? Se podría decir eso, siempre. Pero no está ahí su poder [puissance]». Decir que la revuelta debe devenir niebla significa que debe ser a la vez diseminación y disimulo. Así como la ofensiva debe hacerse opaca para tener éxito, así la opacidad debe hacerse ofensiva para durar: así es la cifra de la revuelta invisible. Pero esto también indica que su primer objetivo será el resistir a toda tentativa de reducción por exigencia de representación. La niebla es una respuesta vital frente al imperativo de claridad, de transparencia, que es la primera huella del poder imperial sobre los cuerpos. Devenir niebla quiere decir que asumo en fin la parte de sombra que me dirige y me impide creer en todas las ficciones de la democracia directa en tanto que éstas querrían ritualizar una transparencia de cada uno con respecto a sus intereses y de todos con respecto a los intereses de todos. Devenir opaco, como la niebla, es reconocer que uno no representa nada, que no se es identificable, es asumir el carácter no totalizable del cuerpo físico tanto como del político, es abrirse a posibles aún no conocidos. Es resistir con todas las fuerzas a toda lucha por el reconocimiento. Lyotard: «lo que nos pedís, teóricos, es que nos constituyamos en identidades, en responsables. Ahora bien, si de algo estamos seguros es de que esta operación (de exclusión) es una farsa, que las incandescencias no son lo propio de nadie y no pertenecen a nadie». No se tratará por tanto de volver a formar sociedades secretas o conspiraciones triunfadoras como fue el caso de la francmasonería o la carbonería, o como lo que aún fantaseaban las vanguardias del último siglo —pienso especialmente en el Collège de Sociologie. Constituir una zona de opacidad o circular y experimentar libremente sin conducir los flujos de información del Imperio es producir «singularidades anónimas», recrear las condiciones de una experiencia posible, de una experiencia que no sea inmediatamente aplanada por una máquina binaria que le asigne un sentido, de una experiencia densa que transforme los deseos y su ejemplificación [instantiation] en un más allá de los deseos, en un relato, en un cuerpo ensanchado. Así, cuando Toni Negri interroga a Deleuze sobre el comunismo, éste se guarda bien de asimilarlo a una comunicación conseguida y transparente: «Preguntas si las sociedades de control y comunicación no suscitarán acaso formas de resistencia capaces de volverle a dar oportunidades a un comunismo concebido como 'organización transversal de individuos libres. No lo sé, quizás. Pero no lo será en la medida en que las minorías puedan retomar la palabra. Quizá la palabra, la comunicación, estén podridas. Están completamente penetradas por el dinero: no por accidente, sino por naturaleza. Es preciso un desvío [détournement] de la palabra. Crear siempre ha sido otra cosa que comunicar. Lo importante quizá vaya a ser crear vacuolas de no-comunicación, interruptores para escapar al control.» En efecto, lo importante para nosotros son esas zonas de opacidad, la apertura de cavidades, de intervalos vacíos, de bloques negros en el enmallado cibernético del poder. La guerra irregular con el Imperio, a la escala de un lugar, de una lucha, de un motín, comienza desde ese momento por la construcción de zonas opacas y ofensivas. Cada una de estas zonas será a la vez núcleo a partir del cual experimentar sin ser aprehensible, y nube propagadora del pánico en el conjunto del sistema imperial, máquina de guerra coordinada y subversión espontánea a todos los niveles. La proliferación de estas zonas de opacidad ofensiva (ZOO), la intensificación de sus relaciones, provocará un desequilibrio irreversible. A fin de indicar bajo qué condiciones se puede «crear opacidad», como arma y como interruptora de los flujos, conviene tornarse una vez más hacia la crítica interna del paradigma cibernético. Provocar el cambio de estado en un sistema físico o social necesita que el desorden, los desvíos respecto a la norma, se concentren en un espacio, real o virtual. Para que las fluctuaciones del comportamiento se contagien es preciso en efecto que primero alcancen un «tamaño crítico», cuya naturaleza precisan Prigogine y Stengers: «resulta del hecho de que el mundo exterior, el medio ambiente de la región fluctuante, tiende siempre a amortiguar la fluctuación. El tamaño crítico mide la relación entre el volumen, donde tiene lugar las reacciones, y la superficie de contacto, lugar del acoplamiento. El tamaño crítico está determinado entonces por una competición entre el 'poder de integración' del sistema y los mecanismos químicos que amplifican la fluctuación en el interior de la sub-región fluctuante». Esto quiere decir que todo despliegue de fluctuaciones en un sistema está abocado al fracaso si no dispone previamente de un anclaje local, de un lugar a partir del cual, las fluctuaciones que ahí se revelen, puedan contaminar al conjunto del sistema. Lawrence lo confirma, una vez más: «la rebelión debe tener una base inatacable, un lugar a refugio no solo de un ataque, sino del temor de un ataque». Para que exista tal lugar precisa de «independencia en las vías de abastecimiento», sin la cual ninguna guerra es factible. Si la cuestión de la base es central en toda revuelta, es también en razón de los principios mismos del equilibrado de sistemas. Para la cibernética, la posibilidad de un contagio que hiciera bascular el sistema debe ser amortiguada por el medio ambiente más inmediato a la zona de autonomía donde tienen lugar las fluctuaciones. Esto significa que los efectos de control son más potentes en la periferia más próxima a la zona de opacidad ofensiva que se crea, en torno a la región fluctuante. Por consiguiente, el tamaño de la base deberá ser tanto más grande cuanto más insistente sea el control de proximidad. Estas bases deben estar inscritas tanto en el espacio como en las cabezas: «La revuelta árabe, explica Lawrence, existía en los puertos del mar Rojo, en el desierto, o en el espíritu de los hombres que la suscribían». Son territorios tanto como mentalidades. Denominémoslos planos de consistencia. Para que se formen y se refuercen zonas de opacidad ofensiva es preciso de entrada que tales planos existan, que conecten los intervalos entre ellos, que hagan palanca, que lleven a cabo la inversión del miedo. La Autonomía histórica —por ejemplo la de la Italia de los años 70— así como la Autonomía posible no es otra cosa que el movimiento continuo de perseverancia de los planos de consistencia que se constituyen en espacios irrepresentables, en bases de secesión para con la sociedad. La recuperación, por los cibernéticos críticos, de la categoría de autonomía —con sus nociones derivadas, auto-organización, auto-poiesis, auto-referencia, auto-producción, auto-valorización, etc.— es, desde este punto de vista, la maniobra ideológica central de estos veinte últimos años. A través del prisma cibernético, darse a sí mismo sus propias leyes, producir subjetividades, no contradice para nada la producción del sistema y su regulación. Convocando, hace diez años, a las zonas de autonomía temporal (TAZ), Hakim Bey permanecía víctima del idealismo de aquellos que quieren abolir lo político sin haberlo pensado previamente. Se veía obligado a separar en la TAZ el lugar de las prácticas hedonistas, de expresión «libertaria» de las formas-de-vida, del lugar de la resistencia política, de la forma de lucha. Si la autonomía es aquí pensada como temporal, significa que pensar su duración exigiría pensar una lucha que se articule con la vida, considerar por ejemplo la transmisión de saberes guerreros. Los liberales-libertarios del tipo de Bey ignoran el campo de intensidades en que su soberanía se ve llamada a desplegarse, y su proyecto de contrato social sin Estado postula en el fondo la identidad de todos los seres, ya que en definitiva de lo que se trata es de maximizar sus placeres en paz, hasta el fin de los tiempos. Por un lado los TAZ son definidos como «enclaves libres», lugares cuya ley es la libertad, las buenas cosas, lo Maravilloso. Por otro, la secesión respecto al mundo, de la que resultan, los «pliegues» en los que se alojan entre lo real y su código, solo deberían constituirse tras una sucesión de «rechazos». Esta «ideología californiana», planteando a la autonomía en tanto que atributo de sujetos individuales o colectivos, confunde a propósito dos planos inconmensurables, la «auto-realización» de las personas y la «auto-organización» de lo social. Debido a que la autonomía es, en la historia de la filosofía, una noción ambigua, que expresa a la vez la liberación de toda constricción y la sumisión a leyes naturales superiores, es como ella puede servir de alimento para discursos híbridos y reestructurantes de los cyborgs «anarco-capitalistas». La autonomía de la que hablo no es temporal ni simplemente defensiva. No es una cualidad sustancial de los seres sino la condición misma de su devenir. No parte de la unidad supuesta del Sujeto sino que engendra multiplicidades. No acomete solo las formas sedentarias del poder, como el Estado, para seguidamente surfear sobre sus formas circulantes, «móviles», «flexibles». Se da los medios tanto de durar como de desplazarse, de retirarse como de atacar, de abrirse como de cerrarse, de enlazar cuerpos mudos tanto como voces sin cuerpo. Ella piensa esta alternancia en tanto que resultado de una experimentación sin fin. «Autonomía» quiere decir que hacemos crecer los mundos que somos. El Imperio, ejército de la cibernética, reivindica para él solo la autonomía en tanto que sistema unitario de la totalidad: así, se ve obligado a destruir toda autonomía en lo que le sea heterogéneo. Decimos que la autonomía es para todo el mundo, y que la lucha por la autonomía debe amplificarse. La forma que actualmente cobra la guerra civil es de entrada la de una lucha contra el monopolio de la autonomía. Esa experimentación de la que hablamos aquí será el «caos fecundo», el comunismo, el fin de la hipótesis cibernética.

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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