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  • Agosto, yo, jardín primitivo / Santiago Samara

    Escrito a partir de "La mosca Lewkowicz" por Tomás Baquero Las palabras no quieren decir nada, suenan y ya. El primer impulso, la palabra sola. El significante suelto, antes que se le adose un segundo. La mosca con las manos que me señalan, antes de ser aplastada, devorada, por un sentido común que no es haiku. Que señala para ocultar, que dice para no decir, que empaña, que no puede hacer otra cosa. El movimiento puede recortar, o mejor, abortar, aquel largo furgón que detiene a la locomotora pulsátil. Para saber hay que empezar. Sin empezar, el saber solo sabe de quietudes. Quietudes, pueden proporcionar secretos goces más o menos ocultos, más o menos paradojales, más o menos tortuosos. Promesas de ideales que sólo se sostienen sino se los mueve de su frágil estantería. Campana de cristal que nos apropiamos al llamarla “yo”. Con otrxs, puede contaminarse aquel sentido que se presenta como total. Esa mirada que se vuelve sobre sí, presenciando una escena repetida, creyendo querer, otra vez, producir una diferencia que no se encuentra. Con otrxs, puede desgarrarse aquella máscara que con tanto cuidado, amor, odio y miedo se sostiene. Un instante fuera de sí, se revela como acción: Silencio de pantanos referenciales. Después, quizás vendrán los saberes, las interpretaciones, los análisis… o no.

  • En las tempestades que cosechamos / Ezequiel Buyatti

    Los gobiernos arrebataron una vida en movimiento para convertirla en procesiones, misas, película y boleta electoral. Hoy es 1° de agosto e intentamos recordarte en la acción, en la difusión, en la complicidad, en el compañerismo, en el movimiento: aquel imposible de recuperar por el principio de gobierno. Procuramos recordarte en el intento de organizar la rabia y golpear donde sea necesario golpear. Recordarte en los cuerpos inquietos que desoyen al inerte cálculo político. Recordarte en abrazos negros y en conversaciones nómades —aquellas que no dejan rastro—, sin permitir que nos roben nuestro espíritu de niñx y convirtiendo a la vida en un arco iris y en un tornado. Intentamos mantenerte como recuerdo vivo que permanecerá en “todas las acciones que van a estar bien”, en una memoria combativa construida desde nuestro amor y nuestro odio. Hoy recordamos a un compañero anarquista que sigue viviendo en las tempestades que cosechamos. Nunca dudemos de lo que somos capaces: nada se pierde en este mundo. Las gotas de agua, aun siendo invisibles, logran formar el océano, nos dijeron hace más de 200 años. Hoy, 1° de agosto del 2022, seguimos insistiendo en los desbordes de ese océano.

  • Caligrafía nómade VI / Patricia Mercado

    Cuando se conocieron supieron que caminarían juntos un largo camino. Eran jóvenes y vivían a la intemperie. Sin abrigo para el corazón. Porque a veces la vida te deja sin techo al nacer. Y hay que andar en esa desnudez. Fundaron un amor albañil. Tozudo. Un amor que fue a la obra muy temprano cada día. Con sol y con lluvia. Arquitectura que apiló año sobre año para dar reparo a las inclemencias que la vida supo traer. Se pusieron un anillo de oro en el dedo anular y levantaron, de a poco, una casita en el terreno del fondo. A fuerza de ilusión y músculo tuvo piso, techo, cama . Después vinieron los hijos, y los muebles fueron acumulándose. A poco de armar el precario nido hubo que partir. Y así fue siempre. Cada tanto una circunstancia los llevaría lejos a empezar de nuevo. Añoraban el amparo de un cosmos de órbitas amables, una constancia ajena a lastimaduras que, inexorablemente, sangraban. Una eternidad dulce de torta de limón perfumando la tarde. Una vez y otra danzaron la ceremonia del desembarco: otro lugar, siempre un poco destemplado, un poco a medias. Ponían ahínco en pintar las paredes, ora pistacho, ora blancas, en hacer hogar con retazos encontrados por ahí. Inventar reparo en un abandono que el corazón sabía definitivo. Casas de puertas verdes y ventanas como ojos miopes que supieron abrirse y cerrarse como flores raras. Extraño alquimista el tiempo, su coloratura no entrega a blanco y negro asuntos esquivos a la mordedura maniquea. Deja caer caudalosas intensidades por agujeros aleatorios de la memoria. O retiene nimiedades en la filigrana de palabras que no se pronuncian, por recato o por ignorancia. Del tiempo la sustancia de inexorables mutaciones. El cuchillo sin filo en el fondo de un cajón, el polvo sobre los muebles como una llovizna seca. Ella colgaba cuadros en el living. Él traía salamín y pan a la vuelta de la oficina. Y sin mancharse el traje lavaba los platos indispensables para servir la cena. Hablaban a lo ancho y a lo largo de una entelequia que llamaban la pareja. Y el perro marrón los escuchaba en silencio sin objetar ni una coma de todo aquello. Luego, lacerante la necesidad y volverse a mover. Desmontar el provisorio techo como un cielo con su sol y su luna. Guardar en cajas el fragor de ollas y sartenes, el calor de las frazadas, el peso de los libros. Interrumpir a los niños que juegan a hacer el mundo. Y darse a la imperceptible errancia de buscar la siguiente puerta como quien cae en cámara lenta, perdiendo pie átomo por átomo, hasta que una abertura los devolvía a un universo humano. Juntos buscaron una casa que jamás hallaron. La búsqueda arropó los años. Los ató como un racimo de uvas del que comieron una y otra vez. Envejecieron en esos intersticios, en ese estar gerundio de las raíces. Corazones sin puerto, flotando apenas, mientras las mareas del tiempo tallan, infatigables, signos en el ansia.

  • Consumos problemáticos: a las cosas por su nombre / Verónica Scardamaglia

    1. En el manual de cómo enseñar el buen vivir en las escuelas, el tema de las drogas ocupa, desde hace décadas, los primeros puestos del ranking. 2. En los noventa hasta la policía se ofrecía para dar charlas de prevención de drogas. En ellas, desplegaba, casi como si de promociones se tratara, un catálogo informativo sobre nombres, apodos, formas de consumo y efectos acompañado, por supuesto, por un sermón penalizante. Pero éste pasaba desapercibido dada la oleada de curiosidad que se había abierto paso y ocupado muchos cuerpos que ya estaban a la búsqueda de aquellas sustancias que aún no conocían. Como desde hace 30 años he trabajado sobretodo en Ciudad de Buenos Aires, no tengo idea si la bonaerense (conocida desde esos años como la maldita policía) también se ocupaba de esto. 3. Los noventa fueron también los años de oleadas de prevención con spots contra las drogas en la tele. En una de ellas, impulsada por presidencia de la Nación con Carlos Menem en el sillón, Fleco y Male, animaciones de la campaña del Dr. Miroli, casi inocentemente te decían “drogas ¿para qué?”. Por esos mismos años, la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha Contra el Narcotráfico lanzaba en los veranos de la costa atlántica otros spots a partir de los cuales, mientras Diego Maradona publicitaba el “Sol sin drogas”, Charly en Gesell desde algún micrófono, le redoblaba con su voz rasposa: “drogas sin sol”. 4. Los noventa también fueron los años de la denuncia de los nariguetazos en el Congreso. 5. Por aquellos años, aprendí a trabajar con el equipo coordinado por Miguel Casella del Departamento de Prevención del CENARESO -Centro Nacional de Reeducación Social, creado en 1973 y rebautizado desde el 2016 como Hospital Nacional en Red Especializado en Salud Mental y Adicciones “Lic. Laura Bonaparte”-, en abordajes con formas desacompasadas con aquel tiempo de pizza con champán. Una posición que no buscaba demonizar objetos o personas, que utilizaba el juego y la risa como herramientas pedagógicas y que ponía el foco en el capitalismo, eso que viene produciendo estas formas de vivir y de relacionarnos. Por aquellos años, quedaban tan abrochados drogas y SIDA como drogas, SIDA y profesorxs de Biología o Psicología. No me animo a afirmar que hoy sea tan diferente. Esos avatares me convocaron para hacer una capacitación en servicio para la formación en prevención inespecífica de lo que se llamaban agentes multiplicadores. Desde ahí empecé a escuchar hablar de reducción de daños. Las capacitaciones docentes que ofrecía la Comisión para la promoción de la salud y la prevención del SIDA, coordinada por Silvia Portas y Rubén Ghía se sostenían en una posición de trabajo anti abstencionista, no represiva ni penalizante. Muchas cosas me impactaron de aquellas capacitaciones, una de ellas, el cruce con el trabajo que venían haciendo representantes de diferentes iglesias. Recuerdo con mucho agradecimiento al Pastor luterano Lisandro Orlov. 6. Recuerdo los automatismos moralizantes que me movían en las aulas en los noventa. Trabajaba en el turno noche del Hipólito Vieytes de Caballito, una escuela de comercio, en aquel momento sólo para varones, que pasó a ser mixta con las reformas educativas de 1994. Sólo se soltaba de aquellos automatismos que hoy siguen habitando las aulas, la convicción de no hacerme la boluda ante pibxs que se mostraban rotxs; ver o escuchar se me transformaba en la responsabilidad de hacer algo con eso. Aún eran tiempos en que se ordenaba a lxs estudiantes ponerse de pie para recibir a lxs profesorxs cuando llegábamos a la puerta del aula. Era tal la incomodidad que me ocupaba que montones de veces olvidaba ordenarles que se sentaran. Ni bien nos fuimos conociendo, logramos evitar esa parodia de autoridad y me contaron que la sostenían sólo con quienes la pedían. Recuerdo dos intervenciones que me dan entre vergüenza y risa. En una prueba de psicología, un estudiante estaba tan pero tan fumado que no podía ni escribir. Sin saber qué hacer o qué decir, sólo sabiendo que no quería condenarlo, lo sermoneé un poco diciéndole que así no podía hacer a prueba y lo mandé al baño a lavarse la cara para que se despabile. Otra vez, al entrar al aula, ante un buzo de Viejas Locas repleto de hojas de marihuana, le pedí al estudiante que se lo sacara. Contraofertó dárselo vuelta y así pudimos llevar adelante la clase. Recuerdo conversaciones en sala de profesores en las que éramos “mal vistos” lxs profesorxs que reconocíamos dibujos, jerga y olores. Se nos acusaba de hacer “apología de las drogas”. 7. Mientras trabajaba en el CENARESO, conocí el funcionamiento de los grupos de familiares y amigos, Nar-Anon, que acompañan a quienes realizan tratamientos en Narcóticos Anónimos. La modalidad de los grupos testimoniales de autoayuda trabajan con el Sólo por hoyi, oración del papa Juan XXIII, llamado decálogo de la serenidad, que se utiliza como parte del tratamiento para sostener el paso a paso de los 12 pasos de la recuperación. Estos abordajes, iniciados en Estados Unidos en 1935, herederos del trabajo con tuberculosis del Dr. Pratt (1905), se apoyaban en activar tanto la emulación como la solidaridad en el grupo. Incentivan enlaces emocionales con premios y castigos, promoviendo la influencia mutua de las emociones en las que lo fraternal y lo vivencial operan como soporte y restitución de lo perdido. Funciona aquí la lógica de lo igual en la que reina el Yo que funciona bajo el cielo de los refuerzos y las repeticiones: “los peces son amigos, no comida”. Fragmento del grupo de autoayuda de tiburones de la película Buscando a Nemo, que solía utilizar para trabajar en las aulas, cuidando de transmitir el respeto ante esta posibilidad terapéutica que puede permitir la ruptura de un ciclo como parte de un recorrido, cuando se decide iniciarlo. 8. También por aquellos años trabajé en una comunidad terapéutica en San Miguel, provincia de Buenos Aires. Se regía por un conjunto de normas a respetar para resocializar al paciente, que allí llamaban residente. Las tres normas principales eran: no drogas, no sexo, no violencia. Recuerdo que había una norma que obligaba a bañarse en 8 minutos. Ante una transgresión grave a alguna de las normas, uno de los castigos -que allí se llamaban “situaciones de aprendizaje”- era permanecer en silencio el tiempo que se estipulara (que podía ser todo el día) en “la silla de la reflexión” que estaba ubicada en medio del comedor. Otra práctica de castigo la llamaban “confrontación”. En ella quien había transgredido se paraba a menos de un metro del superior para recibir sermones, gritos y hasta insultos, sin poder emitir sonido. Como condición de ingreso para ese trabajo, había que experimentar una semana de internación haciendo las actividades y tareas que planteaba el tratamiento, bajo argumentos cognitivos conductuales de experimentar lo que lxs residentes vivenciaban. Sólo tomaban psicologxs recién recibidxs. 9. Con los años y durante algún tiempo, los abordajes pedagógicos dejaron de hablar de drogas y pasaron a hablar de adicciones y dejaron de condenar sustancias y personas. Gracias a las oleadas progresistas, hoy se nombra como consumos problemáticos a esa insistencia en trabajar en prevención con estos temas. Si bien esto permite que en algunas zonas del mundo docente se puedan infiltrar algunas posibilidades vitales, las incómodas morales pedagogizantes sostenidas como policías de la salud, siguen erigiendo sus condenas en las aulas. Siguen sosteniendo imposturas que siguen sin permitir llamar a las cosas por su nombre. No se habilita a conversar sobre éste y otros temas desde lugares que no fomenten el terrorismo pedagógico. Se siguen ubicando sólo a los jóvenes como centro del problema. Se sigue centrando a las drogas casi como únicos objetos de consumos problemáticos, sin interpelar las prácticas que fabrica el capitalismo ni a la maquinaria productora de consumidores. Quedan como intocables el capitalismo y su necropolitica. 10. Por un error de asignaciones de materias pudimos inventar en tercer año la asignatura Comunicación: Análisis de los discursos socioambientales. Aquel grupo fundador de la escuela, tan intenso como maravilloso me resultaba un desafío constante. Un curso con muchos caciques, solía decir (aún no estaba presente el lenguaje inclusivo en las formas de nombrar). Recuerdo que lxs tenía en las últimas horas de los miércoles, con la ventaja de que ya quedábamos pocxs en la escuela y pasaban más desapercibidas las actividades que solíamos hacer. En una clase en la que trabajamos interpretación y multiplicación de sentidos, Bob Marley se hizo presente en una actividad. A partir de unas fotocopias con la imagen de este músico majestuoso, abrochado desde lo común del sentido a la marihuana, se invitó a que las intervinieran y situaran diferentes sentidos posibles. Les propuse poner música para acompañarnos. Y un poderosísimo silencio abrió una común espesura acunada por el reggae. Por supuesto el impulso docente me ocupó y necesité que algo discutiéramos. Me decía la moral pedagógica que no alcanzaba con eso, que hacía falta conceptualizar y explicar algo para que eso fuera una clase. Discutimos entonces sobre consumos y también sobre religión y, sobre todo, sobre música. Recuerdo que nos reímos mucho cuando hablamos de los consumos domésticos de psicofármacos y ellxs se imaginaban qué consumían sus familias y sus docentes. Los trabajos que realizaron quedaron exhibidos en los pasillos de la escuela con la intención de mostrar y demostrar que ellxs eran mucho más que un curso desordenado y difícil. 11. La cuadrícula del dispositivo pedagógico, en miles de puntos, no ha variado demasiado. Se han instalado nuevos eufemismos que funcionan activados tanto desde el marketing de la autoayuda como desde los imperativos de la moral pedagógica, armando un diagrama laberíntico que impone sus paradojas. Una de ellas consiste en la necesidad de pedir silencio. Dice una estudiante: “nos piden tanto que nos callemos que después, cuando nos piden que participemos, nos quedamos calladxs”. En el mismo sentido, se pide participación de un modo tal que luego se la censura si no cuadra con los parámetros preestablecidos. Ya en los 90 discutíamos la tensión entre “el alumno real – el alumno ideal”. 12. Compartir las aulas con jóvenes da trabajo. Y ya no se trata sólo de discutir la función docente en el par de opuestos autoritarismo - compromiso, no sólo porque hay compromisos autoritarios y autoritarismos comprometidos sino, y sobre todo, porque abunda algo para lo que no encuentro término academicista que lo contenga: lo chanta. Quizás pariente del simulacro, pero en estos tiempos ya ni eso le interesa sostener. Lo chanta, cuando ocupa el lugar docente, funciona como la vil complicidad que habilita el bullying. La indignante complacencia que mira al costado cuando alguien fuma en el baño. La insoportable capacidad de decir “hay tantas denuncias por acoso en esto últimos años porque los profesionales del Departamento de Orientación escuchan demasiado a los alumnos”. Lo chanta zafa, no da clase. Cuando no está con su cabeza gacha ante su celular, parlotea y aconseja. Cuenta anécdotas grandilocuentes y aprueba a todxs para evitar problemas. Quizás ésta es la nueva forma de una vida sin conflictos que construye el capitalismo. 13. El último lunes antes de las vacaciones de invierno -que en el mundo docente se nombra como receso escolar- se realizaron en la escuela talleres de consumos problemáticos para los 4tos y 5tos años. No estoy al tanto de cómo se organizó esta movida. No sé si la última semana antes del receso sea, estratégicamente, buen momento. No lo creo si es que se busca enlazar el tema consumos con otras clases para seguir trabajándolo; tampoco si se busca que no consuman tanto en vacaciones de invierno. Muchxs de lxs pibis coincidían en que el video que pasaron estuvo bueno. Ya desde los '90, cuando se establecieron férreas críticas a las clases expositivas, los videos tomaron la posta. Antes, desde videocasseteras y con la dificultad de que no todas las escuelas contaban con sala de proyecciones, menos aún con televisores o videocasseteras. Recuerdo que algunxs docentes iban a dar clases llevando en una gran bolsa junto con otros materiales, la videocassetera. Más allá del uso y el acceso a las tecnologías, lo difícil sigue siendo lograr un trabajo centrado en la transmisión de cuidados y no de miedos; el desafío sigue siendo lograr entrar en estado de conversación. 14. Como de consumos se trataba, decidimos proyectar Pink Floyd The wall (Alan Parker, 1982). Para garantizarnos cierta recepción de una película que acaba de cumplir 40 años, armamos las sillas para que recibieran a lxs chicxs después del recreo como anfiteatro, quizás usando al disciplinamiento de los cuerpos y espacios en otro sentido. La primera vez que ví The wall tenía 15 años. La proyectaban en continuado junto con la ópera rock Hair en un cine por el barrio de Flores. Me llevó mi mamá que, al salir, repetía: ¡cuánta sangre! ¡cuánta sangre!. Al poco tiempo volví a verla junto con amigxs de la secundaria en la trasnoche del cine Fénix. Recuerdo verla nuevamente en los '90, luego de recibirme de psicóloga, y quedar fascinada (y atrapada) por una red de interpretaciones patologizantes y psicoanalizantes. También se la hice ver a mis hijas y la proyecté un par de veces en la escuela. La primera vez, en el 2013, recuerdo la sorpresa cuando el director de ese momento dijo: "¿no tendrías que haber pedido autorización a las familias?". Esta última proyección pospandemia, nos dejó pensando en cómo se ve distinto según la coyuntura. La fuerza de esta película logró, en muchas escenas, ganarle a los celulares. La densidad que produjo el transcurso de esa hora y media hizo que, al terminar, necesitáramos movernos un poco antes de finalizar la clase. Quedé pensando en que muchxs pibxs no la conocían ni por referencias, y también, en la posibilidades de transmisión que se pueden abrir (o cerrar) en la escuela. 15. Como los talleristas invitados no lograron que se discutiera el video que proyectaron, el taller terminó antes y la materia que continuaba, quedó a mitad de camino entre un taller y una clase. Decidimos entonces retomar el tema aprovechando la presencia de la tutora del curso. Mientras se iba armando el clima invitamos también al preceptor. La palabra comenzó a girar. Suelta y casi desprendida, casi desatada. Mientras una profe preguntaba qué les había parecido la actividad, la otra preguntó por los cuidados que tienen al tomar pasti y explotó una carcajada cargada de asombro. Y José gritó: “¡Eso! hay que llamar a las cosas por su nombre, ¡los de recién ni se animaban a decir porro!”. De pronto, hasta lxs adultxs presentes empezaron a hablar en primera persona sobre cómo lograron aprender a cuidarse para no pasarse con el consumo de alcohol. Una piba pensó en voz alta: “es que te hablan de una manera que parece que se piensan que no sabemos nada”. Entre barullos y anécdotas tragicómicas, charlamos acerca de la importancia de a quién comprarle y dónde, en que situación consumir qué cosas y qué relaciones pensamos entre estados de ánimo y consumos. Hablamos mucho de que los excesos no maten el disfrute, de cómo cuidarnos y de las diferencias que presenta el cuerpo con el paso de los años y de los consumos. Hablamos de a quién pedir ayuda y de la vergüenza de tener que hacerlo. Decíamos que, algunas veces, quizás para esa situación convenga alguien que no te conozca tanto porque, por ahí, da menos vergüenza contar nuestras miserias. Y justo un poquito antes de que toque el timbre, balbuceos buscaron esquivar a la moral. Intentaron no desacreditar las experimentaciones de la fiesta. Suavemente intentaron transmitir algo en torno a la importancia de aquellos registros que podamos (o no) conseguir, según lo que puede (o no) un cuerpo. Y una pregunta quedó flotando en el aire: “Profe, ¿cómo sé cuánto es mucho?”. 16. El azar hizo que, sin saberlo, así transcurriera mi último día de clases en esta escuela tan querida. i “Solo por hoy trataré de vivir exclusivamente al día, sin querer resolver los problemas de mi vida todos de una vez. Solo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé criticar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo. Solo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no solo en el otro mundo, sino en este también. Solo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.. Solo por hoy dedicaré diez minutos a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma. Solo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie. Solo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere. Solo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión. Solo por hoy creeré firmemente -aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena Providencia de Dios se ocupa de mí, como si nadie más existiera en el mundo. Solo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.”

  • Prospecto / Wislawa Szymborska

    Soy un tranquilizante Funciono en casa, soy eficaz en la oficina, me siento en los exámenes, comparezco ante los tribunales, pego cuidadosamente las tazas rotas: sólo tienes que tomarme, disolverme bajo la lengua, tragarme, sólo tienes que beber un poco de agua. Sé qué hacer con la desgracia, cómo sobrellevar una mala noticia, disminuir la injusticia, iluminar la ausencia de Dios, escoger un sombrero de luto que quede bien con una cara. A qué esperas, confía en la piedad química. Eres todavía un hombre (una mujer) joven, deberías sentar la cabeza de algún modo. ¿Quién ha dicho que la vida hay que vivirla arriesgadamente? Entrégame tu abismo, lo cubriré de sueño, me estarás agradecido (agradecida) por haber caído de pies. Véndeme tu alma. No habrá más comprador. Ya no hay otro demonio. Fuente: Poesía no completa, con edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel Murcia, Fondo de Cultura Económica, 2021. Incluido en Paisaje con grano de arena, (tr. de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski), Editorial Lumen, Barcelona.

  • Cebras / Carla Sagulo

    Cebras que pastan; el amor tiene formas así, penachos cuando logra que el minuto se complete, devore la hora, preñada de días, tal vez años, tal vez fila de estrellas, y mueva la cola al compás de las moscas y las moscas se retiren a su muerte por un rato. Anoche me encontré con una: no pastaba, bebía, con paciencia de cebra de unos ojos. Me hizo pensar en que quizás, el amor podría haber cambiado de elemento. Porque esa cosa, también, va por el aire; se han visto nubes con forma de caballo naranja, duraznos perfectos, se pudo ver el cielo entero alguna vez, qué tiempos. Pero el aire ahora no quiere darnos nada y no hay ni un minuto vacío: vivo abarrotada de conciencia en el congreso de usureros, en la fábrica de anteojos; podría morir de asfixia o vidrios rotos. Podría morir de tantas cosas: invadida por la fe, descerebrada, mordida por la artrosis, la gangrena o por besar una pantalla y recibir la patada eléctrica de todos los toros. O no. Mirá la vida: ¿ese trueno que ahora escucho, ese rayo por las nubes, no es la cebra desbocada que regresa? Fuente: publicado en Toro. Nulú Bonsai Editora. 2015.

  • Servidumbres / Eduardo Magoo Nico

    Agradecemos cariñosamente a Magoo las ganas de compartir su libro Servidumbres. Presentamos aquí una selección. Libro I El baldecito El río peina y despeina el pajonal Horas que se entrecortan Con relinchos de angustia Ni la desgracia ni la felicidad se dejan hospedar Tranquilamente No pasa luna sin que no puje (Por nacerme) Una nueva personalidad: Se están inventando a cada rato (Como las religiones) Si tan sólo tratásemos de divertirnos Podríamos jugar a reinventarnos Existe, sin embargo, la satisfacción De comprender desde el fondo La pereza de los remansos (El lento azular de los camaleones) Su búsqueda de una poesía Que es ya, poesía Que lo ha venido siendo siempre He tenido innumerables sueños El dolor sabe dónde hiere Reinaba sin gobierno allí Donde fui amado Como con ojos bovinos Sé que ahora me estarás mirando... Y con un brote iracundo De divinos cuernos torunos (Inmunes en todo al enemigo) Quisiera yo embestir la Luna (¿De qué inocencia no será Ella culpable?) Sacarme muerte Parece haber sido mi destino Tanta me he sacado (Para ir a encontrarte) Que ya me estoy quedando seco Pero, ¡ay! Un nuevo surco de agua Se ha abierto en la sentina Y yo solo... (Con el baldecito) Barquito de papel La memoria juega con la luz Va con el perro Vuelve con la pelota Golpea en su frontón mi frente Y rebota Entonces el adormecido sueña Hay un charco allí Que el agua Con temblores de sequía Lentamente drena Hasta agotarse en un espejo Que con el último reflejo Se ha puesto a navegar Negligencia Yo, en tanto Tarareaba Había resbalones La comarca entera tenía hipo Pero navegaba (Apenas) En el alto cielo un cóndor embuchó una codorniz Repentino repelús Mientras la arena (Con el vaivén) Continuaba moliendo su astracán El cacique advirtió que la vería Yo encendí mi otro calcetín Y como un náufrago, me agarré Al piolín de la deriva Con su falso vestidito Pierre Cardin Ella vino dando saltos De barro en barro Del Camino Negro a La Salada Como dos soles dormimos entonces (Bajo el puente) Cuando arreciaba la borrasca Imán Habíamos navegado apenas Por un pequeño vaso de agua Cristal de avena Pura luz Tu piel Despojada como un guante De tu cuerpo Mientras en tus pelos Pampas Cientos de ladillas preparaban El último malón Creíamos que el mundo era reducible a un vaso Libro II Toda juventud que ríe… La Lepido-Sirena-Paradoxa (En mi pesadilla) Me comía lentamente por el culo ¿Su audacia? Introducir todo el rimero en la ranura Fina/Rosada ¿Estrecha? Toda la remembranza Todo el imaginario de uno En el fruncir del otro (La cabeza como una antorcha en llamas) Y junto a la aborrecible enfermedad del abrazo (Encendido) La arcada Como una flecha lanzada contra Bora y Marea Los hombres y mujeres de mi generación Que habiéndose ya batido Aún están dispuestos En este virtual "último asalto" A talar de un tajo el miembro necrosado A poner el cuerpo vivo en el adorno Y con las banderas de Alceo Bagual/Calelián/Catriel/Calfucurá Calfiao/Pincén Molfinqueupú Nauculeo/Namuncurá Epumer y Baigorrita En el frenesí del trazo Cortar la tarde Armar la bronca Morir-matando Hay una crispación de nervios Que anticipa todo tiempo venturoso Veo tu voz tensarse Como la cuerda de un arco "Ebria de ausencia, la vida es vasta... Agua que parpadea" Su tensar se acentúa Con el temblor de los cobardes… (De la "ira de los elementos" Tal vez debería hablarte) Pero debo aún arrastrar el cadáver De quien me ha venido arrastrando Hasta el borde mismo de este embudo Que no se abisma (Del agujero en ciernes) De esta preciosa Mira Que no quiere, todavía Abrir sus ojos… ¿Un animal forzado a seguir amando? ¿A vivir para la muerte? Contento de verme envejecido Envejecer este poco más aún... Hasta casi no poder arrastrarlo (La Lepido Sirena sigue haciendo lentamente su trabajo) Saturado de alabanzas y podrido en formas Me maravillo: Sea ya por su naturaleza / Haya sido por el huerto (Por el orto, por el muerto) ¡Toda juventud que ríe es invencible! Libro III Labial Son labios oblongos, tumescentes Cruzados por nervaduras Un fruto gastado Pero persistente Tremenda-mente presente En un presente rectangularmente acostado O puesto en vertical, de frente Los triángulos oscuros de los márgenes extremos Prefiguran algo Que se parece a un rostro De rasgos nunca vistos "Un rostro", querrían decir (Si no fueran mudos) Esos dientes Empotrados como están En una oscura cavidad Que sin embargo genera La poca luz Que logra proyectarse ¡Rían, rían ustedes y que rían ellos, mientras puedan! También yo reiría, si no lo estuviese viendo (Pudiendo dejar de estarlo viendo) Y sin embargo, ese Ridículo Es bello Si se abriera levemente Se abriría a un drama Si acaso se cerrara un poco más, o no Si permaneciera así por siempre Cubriría con su máscara atroz La voz del dios jocundo La voz del dios de la tragedia Libro IV Ka clásico Eructa el súper ego y eructa el yo sumiso Yo eructo desde luego (La vacuidad engorda) Rapto y parto Rápidos casamientos Fatalidad lexicográfica Amor rubio Sabia savia de la reversión y del relevo En el sendero (declinante) del impulso Varona Párpado de metal (Ningún negocio abierto) Había renacido en mí Con otro nombre Bajo otro nombre, yo (La perdí en un poema) Amurado A gogó (Aié ají ajó) De parche en parche bochincheo Toco el bombo (Bongó borogodó) Pero no toco, no Hago que toco Con la punta del palito, la latita (Robo la guita) Pero no toco ¡Tata, tatita! ¡De tango en tambo, te hiciste! En bosta y nafta y noria (Pero yo no toco) No Varona Párpados de metal Nobles figuras en rescoldo Persianas bajas Pasión morocha -Déale ché, levantesé (-¡Álzate alma, asume un oportuno vigor!) Y dejá de canturrear tu cantilena... ¡Ma que Empalme Lobos, ni Empalme SanVicente! Acá se acabó el biógrafo ¡Mirá el portón! ¡Tenés que pensar en el globito! En el globito de Huracán… ¡Abrí el ojo! ¿Vés como empieza a levantarse? Lo primero que hay que hacer Es inflar una personalidad... (Ya lo dijo doña Petrona) Después viene el relleno: Pensá en Gato, pensá en Mancha Pensá en algún otro, que podés ser vos Pensá en Ramsés, pensá en Pihué, pensá en Mourinho ¡Metéte adentro, te digo! ¡Entrá en la paja! ¡Entrá, aunque te pinche! Una espina más o menos... ¡Tenés que decir Yo, entendés! ¡Yo! ¡Pelotudo! ¿Yo? Yo: Eructo Eructo sin permiso Eructa el superego y eructa el yo sumiso Yo eructo, desde luego (La vacuidad engorda) Y siempre es demasiado poco Lo bastante (La pucha, ningún negocio abierto) En la vereda, el hembrimacho ondula Dengoso Había nacido para sí A la alegría del color Al mundo en el que impera, la divinidad mortal De las cosas triviales... ¡Je! ¡Je! ¿Cómo hacer para abolir lo klásico? Zamba El patio era sobrio y los malvones mudos Profundas arrugas en los árboles viejos Un halo verdeante de luz El musgo Cerdos salvajes Un pozo azul Espacios en calma Levantar un dedo Sacudir la cabeza Las palabras hicieron aquí la risa y el suspiro (Una fuente profunda y tenebrosa) Tocaron el velo que separa a los amantes Él regresó a la carcasa de su corazón extranjero Ella se volvió altiva como el atrio y los geranios: Vagaba por el salón de los libros -¡Ah, la variedad de las cosas de este mundo! Racimos de abejas Columnas de miel Sintió temblar en los mosaicos Un pueblo invisible y discordante Sutilmente carnoso en las miradas Un torbellino de rebaños Teñidos con la misma sangre Ávido de emancipación… Inútil tristeza El lomo rayado de los puercos El monte bajo El umbroso santuario del Ombú Y en el pozo cuadrado del cielo Una hormigueante inmensidad El llanto La mujer amada Tendido en el ninfeo Podría haber hallado su propio cadáver Sin embargo Puesto que conocía de verdad La tristeza Y el amor La muerte pasó de largo Alta y sombría casa Fuente de mis ingenuas alegrías Cielo turbio y verde Senos metálicos Cabellera africana Las nupcias Espuma Yo también fui espuma Aquella espuma era la cinta en los cabellos Era el velo que rodeaba las caderas Era el lento alzamiento de la luz Lo oculto en la aurora Y la purpúrea soberanía de la sangre Único vuelo superpuesto al naufragio El velo Una faja, una cuerda, una venda… Lo que está a punto de realizarse No se sostiene por sí solo Necesita ser cubierto y descubierto Aparecer y desaparecer Lo que envuelve Lo que ciñe Está a favor del todo Y el todo incluye el velo Ese excedente Que es la fragancia de la cosa ¿Y al mar quieres confiarte? La herencia Deja que otros remos desordenen las aguas Pronto la luna encenderá su lámpara El timón lo llevará con gracia Una jovencita que conoce el rumbo Yo sé que un día ella Escarbando con sus afilados instrumentos Desentrañara cada una de las citas Que enclavadas como gemas En cada verso o polis derrumbada (Profundamente) En el olvido Testimonian que una vez hubo una historia De la que fuimos parte Cuando el cambio o la mutación Lo habrá destruido todo El recuerdo de aquello que amé Será para ella mi única herencia Del resto se hará un gran cúmulo Que devorarán las llamas O cubrirá la vegetación invasora Y en ese gran amasijo Irredimible De basura y escoria Tal vez quedará La entera porción de un resto En el que lo bello podrá (Por la mediación de un último poseído) Obtener su merecido reconocimiento El olvido Me preparé largamente para la lluvia (Nosotros los pobres, los invictos) Para licuarme el alma Hace cuatro cinco estaciones llueve Luego siguió lloviendo Así vino el nombre de lo llovido (Como del maullido de un gato) No escrito No pensado Cantidad de veces no entendido (Mojado) Maúllo Nado Hace cuatro cinco estaciones Veo llover lo llovido (No escrito) Gafas Ella fue una visita al pasado Una sesión de espiritismo Una sonrisa Una niebla que cualquier otro Podría haber atravesado en mi lugar Encogido Inmóvil en la parte más alta del mundo Tenía ahora su conciencia En el centro de la perfecta soledad Que había supuesto Me preparé largamente para la lluvia (Nosotros los pobres, los invictos) Para licuarme el alma

  • Zaratustreanas VII De cansancios y últimos intentos / Fernando Stivala

    Prefieren no hacer Pasividad de espectador. El último humano que solo quiere descansar. Si lo que pulsa la vida es el objetivo de descansar, de preferir no hacer, de dormir sin soñar. Preferir no hacer como acto gastado del termómetro a partir de las desmentidas culturales. Ese preferir no hacer, ese nihilismo, esa frustración, quizás sean los signos no conscientes de abstención del último humano. En el dormir y el despertar pasa como en el morir y el vivir. Las almas sin consciencia o durmiendo o sin cuerpo no quieren despertar e ir a la vida. Pero cuando están despiertas no se quieren ir a dormir o morir. Cuando estamos tomados por las cátedras de la no acción es cuando muchas veces queremos morir. Catedráticos de la virtud Los catedráticos hablan de la virtud, pero están a merced de un lugar o estado donde ella no se desarrolla. Su finalidad es el momento donde la virtud no se expresa. Elogiadores de una virtud en potencial. Elogian ser semilla o enrollo o embrión o capullo. Algo que todavía no abrió y aún no expresa. ¿Cuándo se convirtió en elogio la imagen de semilla o capullo? Algo que no está expresándose Expresividad como ese momento donde la potencia es potencia y no donde está replegada. Encontrarse con eso qué pueden las cosas. ¡Más cuando llega la noche me guardo mucho de llamar al sueño! ¡El sueño, que es el señor de las virtudes, no quiere que lo llamen! * Los catedráticos de la virtud piensan el soñar como perturbador del ánimo. Intentan un dormir sin soñar. Una capacidad del sueño es crear. Hay algo inventando una historia. Se expresa el sueño cuando se apaga la consciencia. Hay una expresividad allí. Pero los catedráticos nos recomiendan que no soñemos tanto. Piensan las diez superaciones, las diez risas, las diez alegrías, como contar ovejas para dormirnos. Rumiando me pregunto a mí mismo, paciente como una vaca: ¿Cuáles han sido tus diez superaciones?* Halagan estar pensando en las cosas, no llevándolas a cabo. Halagan las ideas que tenemos en la mente hasta que en nombre de las complacencias y obediencias nos dormimos. Halagan el dormir sin soñar. Diez veces Si los catedráticos proponen una serie de recetas, preferimos decirles: Diez veces incluir más matices. Diez veces volver a confiar en el termómetro. (Es distinto terminar el día con diez veces confiando en el termómetro que con diez veces sintiendo que hicimos mal y preferimos no hacer más) Diez curiosidades por día. Diez veces devenir niñx. La pulsión de conocer. El niñx no va conscientemente a desconocerse, pero en ese querer conocer se conoce y desconoce un poco más. Una especie de devenir curioseante. No hay fin en ese curiosear. El sentido no es la meta sino el movimiento. Diez verdades que encontrar. Si son diez no hay una única trascendente. No hay defensa de una verdad ya creada sino que hay verdades que si las seguimos nos invitan a crear nuevas verdades o recorridos. El sentido es el movimiento. El movimiento del movimiento. No hay inicio. Hay corte, decisión, afirmación. Estar presente en una corriente que nunca para. Fuerza pulsional que no se queda alabando una verdad, sigue más allá. Una verdad frena. Se cansa porque quiere hacer fuerza contra corriente, contra vida. Allí descansan los catedráticos de la virtud. Diez veces reír durante el día y alegrarnos. Contentitud de sí, de sentir lo que podemos y todavía no. El último humano “Mientras Zaratustra oía hablar así al sabio, reía en su corazón, pues se le había encendido una luz. Y habló así a su corazón: Un necio para mí es este sabio. * Adormecedores de la voluntad de poder o conatus o chispa. Dichosos estos soñolientos: pues pronto estarán dormidos * Tanto que buscan el dormir no nos ocupemos más de ellos, ya se están cayendo. Tienen energía de último intento, de cansancio, de último humano. Ocupémonos de lo vivo y despierto. *Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra (Primera parte ´De las cátedras de la virtud´)

  • Disponibilidad / François Jullien

    I - Disponibilidad es una noción que permanece subdesarrollada en el pensamiento europeo. Concierne prioritariamente a los bienes, posesiones y funciones. Casi no tiene consistencia, en cambio, del lado de la persona o del sujeto. A lo sumo, es un término gideano: “Decía que toda novedad debe encontrarnos siempre enteramente disponibles”. Dado que no pertenece al orden de la moral ni tampoco al de la psicología, no es prescriptiva (o entonces no podríamos precisar de qué) ni tampoco descriptiva (explicativa), no puede pensarse por lo tanto ni como virtud ni como facultad –que son en efecto los dos grandes pilares o grandes referentes sobre los cuales hemos erigido nuestra concepción de la persona en Europa–, esa noción apenas si llega a serlo y se ve deja da en el estadio de la vaga exhortación; o se vierte, si no, en el subjetivismo y su emoción fácil, el mismo que mancha también la frase gideana. En suma, no ha ingresado en una construcción efectiva de nuestra interioridad. Bien podemos recurrir a ella de un modo familiar, deslizar el término en la banalidad de nuestras frases como una apelación al buen sentido, apresuradamente, entre dos puertas, en un aparte –y tal vez inclusono podríamos en adelante prescindir de ello (como el famoso: “¡Pero estén disponibles!”)–, no obstante, el hecho es que no vamos más allá. La posibilidad de que, a partir de allí, se elabore una categoría completa, ética y cognitiva a la vez, nunca se desarrolló. Ahora bien, ¿por qué ese subdesarrollo? ¿No será que justamente haría falta, para promover la disponibilidad como categoría a la vez ética y cognitiva, que saliéramos al fin del viejo tándem de la moral y la psicología, de las virtudes y facultades, y modificáramos profundamente la concepción misma de nuestro ethos? Porque discretamente, sin estridencias, deslizada incidentalmente entre nuestras frases, esa noción no deja de entablar sordamente una revolución. Socava el andamiaje en función del cual nos representamos: el sujeto pasa a concebirse ya no como pleno, sino como hueco. Al hacerlo, apela a una inversión más profunda, previa a tantas otras anunciadas inversiones de valores. Para el sujeto se trata en efecto nada menos que de renunciar a su iniciativa de “sujeto”. Un sujeto que de entrada presume y proyecta, elige, decide, se fija fines y se procura los medios. Pero si renuncia momentáneamente a ese poder de dominio, al que lo invita la disponibilidad, entonces teme que la iniciativa de la que se vale no tenga límites y se vuelva intempestiva; que le cierre el paso a la “oportunidad”, lo bloquee en una conversación estéril consigo mismo y ya no lo deje acceder a nada. ¿Pero acceder a qué? Justamente, no sabe “a qué”. Si el sujeto renuncia a su propia herencia, desconfía de su propiedad, es porque presiente que el privilegio que se confiere a sí mismo, atándolo a sí mismo, lo encierra dentro de límites que ni siquiera puede sospechar. Con lo cual se sobrentiende que no se tratará de una categoría de renuncia, de invitación a la pasividad, sino en verdad de lo contrario al solipsismo (del sujeto) y a su activismo. Tampoco se trata de remitirse a otro poder (a otro Sujeto); dicho de otro modo, transferir a Dios el dominio, como lo hacen los quietistas. No, ese desprendimiento de la disponibilidad es una conquista, y aun más sutil en la medida en que es fluida, no apretada, no detenida: la noción, al mismo tiempo que es ética, es estratégica. Una conquista tanto más eficaz en la medida en que ya no se localiza, ya no se especifica, ya no se impone. Resulta tanto más ajustada continuamente en la medida en que no aspira a algo, nunca es decepcionada ni tampoco desprovista; no es desviada ni fragmentada. Conquista tanto más amplia –antes bien ya no conocería límite ni extremidad– por el solo hecho de que no se da más una pista a seguir, una meta que satisfacer, una búsqueda que cumplir, un objeto del cual apoderarse. Porque esa conquista por desprendimiento ya no está orientada; no proyecta más. No proyecta ninguna sombra, ya no es conducida por una intencionalidad, mantiene por consiguiente todo en igualdad. Su captación es completamente abierta porque no esperanada por captar. Hay que comprender el término, en efecto, según el recurso que revela su composición. En el prefijo dis- de la disponibilidad no se entiende solamente la supresión de toda oposición, sino también la difracción en todas direcciones de la “posición” y por ende su misma disolución. Al igual que, como dice el adagio, toda determinación es negación, toda posición es al mismo tiempo privación de otras posibles. Toda posición es una im-posición. Si disponer es adoptar un determinado orden y un arreglo, la disponibilidad, volviéndolos dúctiles por la composibilidad que realiza, les retira toda modalidad particular que fija y que focaliza. La “apertura” (la Offenständigkeit) ya no es un voto piadoso, un sucedáneo de lo metafísico y lo religioso que sueña con una liberación por develamiento –un tema prolífico en la actualidad; sino que se encarna efectivamente en una conducta y una actitud o, más rigurosamente aún, según dije, en una estrategia. Así, las virtudes y las facultades ya no pueden parecer en lo sucesivo sino dispersión y pérdida: al especificarse una con relación a la otra, cada una se afirma en detrimento de las demás; así como al arrogarse de entrada una autonomía, esa auto-afirmación no deja de producir un forzamiento. Pero la disponibilidad confunde (comprende) el plural de su diversidad en una misma, idéntica, potencialidad; así como al no fijar ni oponer nada, permanece más acá del esfuerzo y del enfrentamiento. El conocimiento, al no estar ya orientado, se vuelve una vigilancia que no se deja reducir por ningún acaparamiento; el bien, que ya no se deja codificar ni asignar, se torna capacidad de combinar y de explotar sin pérdida, porque no implica exclusión ni rigidez. II – Que es preciso abstenerse de privilegiar nada, presumir o proyectar nada; que por lo tanto es preciso mantener en pie de igualdad todo lo que se escucha para no dejar pasar el menor indicio que pondría sobre la pista, por más incongruente (inesperado) que parezca; que por consiguiente es preciso mantener la atención difusa y no focalizada, es decir, no regida por alguna “intencionalidad” constituye, como se sabe, el primer “consejo” que Freud le dirige al psicoanalista. [i] En el fondo, el único que hay que observar. Porque todos los demás, de cerca o de lejos, conducen a él. La noción de “disponibilidad” no aparece allí, pero sin embargo me parece que la reflexión de Freud gira alrededor de ella, e incluso diría que es aquello que aporta como su verdad. ¿No sería en efecto el concepto que falta, pero hacia el cual Freud se encamina ineluctablemente, llevado por la necesidad de su práctica, luego de “largos años” de su propia experiencia, según nos confiesa, o que más bien es llevado a bordear a lo largo de esas páginas que procuran decir más en detalle cómo actuar frente al paciente? Aún le falta a Freud superar muchas resistencias, que actúan sin que lo sepa, en ese recorrido teórico. Al menos está claro que Freud llega a ese punto por un interés estratégico, puesto que se trata de abrir una primera brecha en el sistema de defensa del paciente. No obstante, esa concepción de una captación [prise] que se realiza por desprendimiento [déprise] alteraría demasiado profundamente todo el edificio occidental del dominio de sí como para ser abordado por él más explícitamente. De manera que constatamos, por un lado, la extrema prudencia con la que Freud se interna en ese camino, entrando en puntas de pie: no fue conducido a esa “regla”, nos dice, sino por sus “propias decepciones” y porque debió dar “marcha atrás” en la persecución de sus propias rutas; y quizás por otra parte, según admite, esa “técnica” no sea adecuada más que para su “individualidad”. ¿No hay un exceso de precauciones en ese preámbulo, o qué convicción se le impone entonces en ese punto, a su pesar? Ya que, por otro lado, según repite, se trata de la única prescripción que sostiene. En lugar de lo que yo entiendo por disponibilidad, Freud expone una fórmula que retomará varias veces como una palabra mágica e insuperable. Freud nos habla -una expresión en adelante fijada– de “atención flotante” o, traduzcamos con más precisión, “sobrevolando en igual suspenso”, gleichschwebende Aufmerksamkeit. Y reconozcamos que la fórmula es paradójica: “atención” pero “flotante”; la mente se dirige hacia, se tiende hacia, pero sin nada en particular a lo cual estaría atenta. Se concentra (atención), pero sobre todo a la vez (dispersión). Que Freud no pueda expresar sino en una fórmula que roza la contradicción la primera regla práctica del psicoanalista ya deja ver bastante bien hasta qué punto ésta socava nuestro credo teórico, que realza las facultades (del conocimiento) y su capacidad de “control”. Pues, ¿por qué no atacó el dominio de la conciencia –que tanto denunció– desde ese otro ángulo: ya no en relación con el inconsciente y la censura, el “ello” y el “superyó”, sino desde el punto de vista del funcionamiento mismo de la mente y de su racionalidad cognitiva? Pues, ¿qué sería una atención que no obstante se abstiene a su vez de concentrarse? O bien, ¿qué es una atención, que sin embargo no se deja conducir por su intencionalidad, en suma, que al mismo tiempo que está atenta desconfía del objeto de su atención? Porque desconfía sobre todo de aquello que, en lo que dice el analizante, le interesaría de entrada y la acapararía, y por ello la haría pasar de largo; desconfía de aquello que le hablaría al oído al psicoanalista (en el sentido familiar, interesado, de “eso me suena”) y le impediría conservar el oído abierto, vigilante, y escuchar efectivamente. Freud admite sin esfuerzo, en cambio, por qué ha llegado, aunque a pesar suyo, a esa prescripción que surge de su larga práctica como psicoanalista, por más que resulte desconcertante. Hay una impracticabilidad comprobada de cualquier otro modo de actuar, aunque sólo fuera debido a la profusión de detalles e ideas incidentales que trae consigo cada sesión de la cura y que multiplica el número de pacientes y de años. Ninguna memoria en verdad bastaría para ello. Tampoco se podría anotar todo. Y más grave aún: al escribir o incluso al taquigrafiar, se hará inevitablemente “una selección nociva en el material”, porque con ello uno “enlaza” (bindet) una parte de su propia actividad mental, que nos desvía del resto. “Fijando un determinado fragmento con particular agudeza” eliminamos al mismo tiempo otro y, como uno sigue en dicha selección sus expectativas y sus inclinaciones, “estamos en peligro de no encontrar nunca nada más que aquello que ya sabíamos”. Es el motivo por el cual hace falta distinguir lo más claramente posible, según precisa Freud, esa escucha (durante el tratamiento) de lo que sería la organización de un saber (retrospectivamente y tal como lo implicaría la investigación). Porque en contra de todo intento de elaborar racionalmente un caso ejemplar, lo cual exige proceder con método y tener como meta un progreso (que la ciencia occidental tanto ha procurado promover), “tienen en cambio un éxito mayor” en el transcurso de la cura, “aquellos casos en que procedemos como sin intención, cuando nos dejamos sorprender por cada giro que afrontamos constantemente sin prevenciones ni presupuestos”. “Éxito” (Erfolg): el punto de vista es verdaderamente estratégico, no teórico. Se trata pues de una regla de eficacia en la maniobra y no de cientificidad. Porque sólo esa disposición sin disposición permite registrar sin pausa y sin esfuerzo así como mantener “disponible” (verfügbar) el material, dándole su oportunidad a todas las posibilidades y sin perder nada, porque no se ha privilegiado nada que haga abandonar algo; de modo que uno se vuelve apto para recibir constantemente, sin expectativa, toda solicitación que aparezca. Al revés que la teoría clásica (occidental) del conocimiento y de sus facultades, Freud abre expresamente el camino a lo que sería la disponibilidad que se le reclama al psicoanalista. ¿No es sin embargo limitado y forzado en ese camino por el hecho de que no considera esa actitud –aptitud– sino negativamente: que sólo sea definida como un comportamiento sin prevención ni presuposición (o “sin especular ni cavilar”), es decir, como atención sin intención? “Disponibilidad” califica ese recurso, en cambio, sin rozar la contradicción, a la vez unitariamente (conceptualmente) y positivamente. Incluso me pregunto si Freud, a falta de un concepto en la materia, cuanto más avanza en esa reflexión, no es llevado a distorsionarla y oscurecerla. Comprendo que una “tendencia de afecto” en el psicoanalista, Affektstrebung, sea peligrosa durante la cura, pero ¿acaso se trata entonces, como dice más adelante, de “frialdad del sentimiento”, Gefühlskälte? (¿O no implica entonces volver a introducir lo afectivo, de manera molesta, sin perjuicio de que sea de un modo defensivo?) O igualmente, si entiendo que el psicoanalista debe protegerse de su propia censura al escuchar al otro, ¿qué puede significar exactamente “servirse de su inconsciente como instrumento de análisis”? Es decir: ¿cuál es ese inconsciente-instrumento? Dice también Freud: “Debe dirigir hacia el inconsciente emisor del enfermo su propio inconsciente en tanto que órgano receptor” (¿o nos contentaremos con esta imagen demasiado técnica que se complica, por añadidura, a medida que avanza: “ajustarse al analizado como el receptor de teléfono está ajustado sobre la plaqueta”, etc.?). De este modo puede entenderse mi estrategia de trabajo. Ya que resulta evidente, al promover la figura autónoma del sujeto y su estructuración interior pensada a partir de sus facultades, en cuanto propiedades, y por lo tanto a partir del flujo del mundo, que el pensamiento occidental ha obstaculizado una capacidad de “apertura” semejante, salvo por un tratamiento reactivo y compensatorio en un plano místico, ¿no es ya tiempo de buscar otras perspectivas, y además, en primer lugar, cómo desarrollar su coherencia también basándose en la razón? Pensar semejante disponibilidad, como he dicho, implicará pensar dicha apertura como una manera de operar. Ars operandi: ya no separar más lo ético y lo teórico de lo estratégico o, como sucede en el pensamiento chino, la sabiduría de la eficacia. Como noción balbuceante del pensamiento europeo y dejada al margen de sus teorizaciones, la disponibilidad en China resulta ser, por el contrario, el fondo mismo del pensamiento. III - Pasemos a China y busquemos ese otro lugar que rompería nuestras concepciones. Porque lo que impresiona cuando uno se introduce en el pensamiento chino es comprobar que lo que yo entiendo aquí por disponibilidad, lejos de ir en contra de los trayectos cognitivos autorizados, fundados en nuestras facultades, constituye su condición de posibilidad; o bien que, lejos de haber permanecido como una noción embrionaria, sin valer más que a modo de exhortación familiar, confiada en un aparte de la escena, la disponibilidad está en el principio mismo del comportamiento del Sabio: es anterior a todas las virtudes. Aunque es un principio no principio. Erigir la disponibilidad como principio la contradiría por la misma razón que la disponibilidad es una disposición sin disposición fija. En esto concuerdan, ya sea que la aborden desde una u otra perspectiva, todas las escuelas chinas desde la Antigüedad (lo que denomino un fondo de acuerdo del pensamiento). E incluso resumiría naturalmente la enseñanza del pensamiento chino de la siguiente manera: es sabio quien sabe acceder a la disponibilidad –con eso basta. Por tal motivo, el pensamiento chino nos sorprende con su antidogmatismo (aunque lo compense el ritualismo). De la misma manera que antes, podemos empezar por aproximarnos negativamente a la disponibilidad. En esta fórmula de las Analectas de Confucio (IX, 4), que me sirvió de punto de partida en otro ensayo: Cuatro cosas que el maestro no tenía: ni idea, ni necesidad, ni posición, ni yo. La evidencia china (digo “evidencia” porque no es algo cuestionado) es que tener una idea, o mejor dicho: exponer una idea ya implica dejar a las otras en la sombra; es privilegiar un aspecto de las cosas en detrimento de otros y caer por ello en la parcialidad. Toda idea expuesta es al mismo tiempo un prejuicio sobre las cosas que impide considerarlas en su conjunto, en un mismo plano y con equidad. Se ha entrado en la preferencia y la prevención. En efecto, hay que leer la fórmula en su continuidad. Si exponemos una “idea”, se nos impone entonces una “necesidad” (un “hay que” proyectado sobre la conducta); a consecuencia de este “hay que” al cual obedecemos, resulta una posición fijada en la que la mente se estanca y ya no evoluciona; por último, de ese bloqueo en una “posición” adviene un “yo”: un yo fijo en su surco y que presenta un carácter. Ese “yo”, preso de su “posición”, ha perdido su disponibilidad. Pero la fórmula también hace un círculo: debido a que el comportamiento se fijó en un “yo”, ese yo expone una “idea”, etc. En las Analectas de Confucio, abundan las fórmulas en ese sentido: el hombre de bien es “completo” (II, 14), es decir que no pierde de vista la globalidad, no deja que el campo de los posibles se restrinja por ningún lado. No “se empeña a favor ni en contra”, sino que “se inclina” hacia lo que llama la situación (IV, 10). O bien, dice Confucio acerca de sí mismo, “no hay nada que pueda o no pueda hacer” (XVIII, 8). Dicho de otro modo, el Sabio mantiene abiertas todas las posibilidades, sin excluir a priori ninguna, y se mantiene dentro de lo componible. Por tal razón, no posee un carácter y no se lo podría calificar: sus discípulos no saben qué decir de él (Analectas, VII, 18). O bien cuando se clasifica a los sabios en categorías –por un lado, los intransigentes, que se niegan a sacar siquiera un poco la mano por el bien del mundo, y por otro lado, los acomodaticios, dispuestos a cualquier compromiso para salvarlo, ¿qué dirán de Confucio? ¿Es intransigente? ¿Es acomodaticio? ¿Dónde ubicarlo (qué “posición” atribuirle) en esa tipología? “La sabiduría -responderá Mencio (V, B, 1)– es el momento”: tan intransigente como los más intransigentes cuando conviene; tan acomodaticio como los más acomodaticios también cuando conviene. Ya no está ligado a una u otra postura, sólo el “momento” sirve de referencia. Porque la “sabiduría” no tiene un contenido que la oriente o la predisponga; o bien no tiene otro contenido que volverse disponible en ocasión del momento, renovándose incesantemente. Vemos así que el “justo medio”, un tema tedioso como pocos y que creeríamos que se deriva de la sabiduría popular, sale al fin de su chatura. Adquiere un relieve inesperado. Ya no es banal, sino radical. Ya no consiste en quedarse en un ámbito endeble, miedoso, a medio camino entre los opuestos y temiendo el exceso (“ni tanto ni tan poco”, como dice el refrán); evitando pues prudentemente aventurarse tanto hacia un lado como hacia el otro y afirmar fuertemente su preferencia. “Mediocridad” que no es “dorada”, como se ha dicho,[ii] sino opaca, gris. No, el justo medio, para quien sabe pensarlo con rigor (Wang Fuzhi) es poder hacer tanto lo uno como lo otro, es decir, ser capaz tanto de un extremo como del otro. Es en esa “igualdad” del igual acceso tanto a lo uno como a lo otro donde está el “lugar-medio”.[iii] Tres años de luto por la muerte del padre, nos dicen, no es demasiado; aunque beber copas sin medidadurante un banquete tampoco es demasiado –de ningún modo exagero. El riesgo consiste más bien en estancarse en un lado y que se nos cierre la otra posibilidad. En oposición a ello, la disponibilidad consistirá en mantener el abanico completamente abierto –sin rigidez ni evasión– de manera de responder plenamente a cada solicitación que surge. Plenamente quiere decir sin dejar de lado ni desatender nada, porque ningún carácter o sedimentación interiorhabrá de obstaculizar esa ductilidad. El pensamiento chino supo percibir especialmente la diferencia que hay entre “estar en el medio” y “estar ligado al medio” (permanecer atado a él). Si por un lado están aquellos que, según sus títulos convencionales, no sacrificarían un pelo por el bien del mundo, y por el otro, aquellos que están dispuestos a hacerse masacrar por su salvación, un “tercer hombre” (Zimo), que está en el medio de esas posturas adversas, parece “más próximo” (Mencio, VII, A, 26). Pero desde el momento en que “se está ligado a ese medio”, “sin sopesar la diversidad de los casos”, es como “aferrar una sola posibilidad” y “dejar ir otras cien”; y por lo tanto también es “arruinar el camino”. Desde el momento en que nos atenemos a (una posición), se fija un “yo”, el comportamiento se estanca, algún imperativo o algún “hay que” se estabiliza y ya no estamos en armonía: la plenitud pierde su amplitud y ya no reaccionamos a la diversidad que se ofrece. Porque la disponibilidad, como disposición interior sin disposición que se abre a la diversidad, va acompañada de la oportunidad, aquello que nos llega del mundo como lo que llega “a buen puerto” [iv]: está disponible aquel que sabe, como también dijo Montaigne aunque sin convertirlo en disposición del conocimiento, “vivir en buen momento”. Este pensamiento, como dije, no es privativo en China de una escuela particular; y la misma capacidad de conocimiento tiene como condición el vaciamiento de la mente: el “conocer” chino no es tanto hacerse una idea de algo cuanto volverse disponible a algo (cf.Xun- zi, cap. “Jiebi”). Se produce una purgación interior no por medio de la duda que elimina los prejuicios, sino mediante un abandono generalizado, que se efectúa a nivel del comportamiento y no del intelecto. De allí surge el desprendimiento que le da su amplitud al acceso. Hay que cuidarse de dejar que la mente se vuelva una mente “dada” (cheng xin), dice también Zhuangzi. Una mente dada, rígida, constituida, cuya actividad entonces se paraliza y que se encierra dentro de su perspectiva, se vuelve sin saberlo un punto de vista. La primera exigencia, ya sin proyectar una preferencia o una reticencia, es mantener todas las cosas “en pie de igualdad” (según la palabraclave de su pensamiento: qi, en el “Qiwulun”). Es incluso porque sabe mantener todo en un pie de igualdad, como muestra pertinentemente Zhuangzi, y está en condiciones de remontarse al fondo indiferenciado, “del tao”, de donde brotan todas las diferencias, que el Sabio está en condiciones de acoger la menor diferencia en su oportunidad, sin reducirla ni dejarla pasar. El “yo”, que deja de ser un obstáculo (lo que significa “perder su yo”, wang wo), puede escuchar entonces todas las músicas del mundo, diversas como son, en su espontáneo ser “así”, a placer, acompañando su despliegue singular (xian qi zi qu, Guo, p. 50). IV- De modo que me veo llevado a preguntarme, en cambio, tras este apresurado recorrido: cuando Freud le recomienda al psicoanalista que sea “frío”, ¿no querrá decir más bien “insulso”, en el sentido en que lo desarrolló China de acuerdo al recurso de la disponibilidad? Pero ser “insulso” no se ordena. ¿Frialdad o bien insulsez del psicoanalista? La primera es prescriptiva (bajo el modo de una orden rigurosa), la segunda es una cualidad del ethos (que no puede ponerse en imperativo). La “insulsez” no es una privación de sabor (no es insípida), sino un sabor que se queda en el umbral del sabor y que, apenas pronunciada, no excluye nada. En esto insisten todos los comentaristas e incluso lo toman como punto de partida: todo saber sólo puede afirmarse en detrimento de otro; lo salado ya no es dulce, o lo dulce es lo no amargo, etc. –todo saber por consiguiente es al mismo tiempo una pérdida. Pero la insulsez, cuando apenas despunta el sabor o bien cuando empieza a reabsorberse, hace aparecer todos los sabores en pie de igualdad. Sin que uno sea más insistente que el otro y nos prive de él. Como tal, es en verdad el sabor del tao en tanto que fondo indiferenciado de las cosas –de donde todas emergen y adonde todas retornan (cf. Laozi, 35: “Cuando pasa por la boca, el tao es insulso y sin sabor”). Lo que convierte a la insulsez en el sabor disponible que se presta a todas las solicitaciones. Que el psicoanalista sea invitado a ser “insulso” antes que “frío” (con la frialdad de hielo de la superficie del espejo, dice Freud, por la cual el psicoanalista debe hacerse “opaco” y abstenerse tenazmente –¿costosamente?– de todo afecto) es algo que se entenderá mejor si pensamos en el elogio de la insulsez que se encuentra al comienzo del primer tratado chino de caracterología (de Liu Shao, en el siglo III). Que de entrada el Sabio sea llamado “insulso” significa que en él las cualidades no se perjudican entre sí y ni siquiera entran en rivalidad. Por tal motivo, la insulsez es la primera cualidad de la personalidad, aun antes de que se tome en cuenta su “inteligencia” (el hecho de ser “entendido-ilustrado”, dice con mayor precisión el chino, manteniendo aún el estado de tensión y polaridad para evitar toda monopolización de la cualidad). Porque la “inteligencia” ya es una determinada orientación de nuestras disposiciones, una acentuación particular que conduce a una selección: ¿acaso no conduce ya a cierta parcialidad? ¿No sería ya una pérdida? Pero la insulsez de la personalidad, que es previa, no proyecta de antemano ninguna función y puede reaccionar muy directamente a lo que denomina la situación, desarrollando a su vez –“en su momento”– una u otra potencialidad. No se deja bloquear en ninguna disposición, aunque fuera de una virtud o de una facultad: el sabio que sabe ser insulso, al no estar condicionado por ningún pliegue de su mente convertido en hábito, ni tampoco privilegiar de entrada ninguna aptitud dentro de sí, despliega su capacidad “a su gusto” y sin estancarse en ella. Según François Roustang, por oposición a la vigilia restringida de la vida ordinaria, la “vigilia generalizada” a la que brinda acceso la hipnosis, apela también a una digresión sobre China y pasa momentáneamente por una reflexión similar sobre la “insulsez”. Pues, ¿qué resulta más inquietante, efectivamente, que la hipnosis para el racionalismo europeo y su concepción de un Sujeto soberano que garantiza su control por medio de sus facultades? Pero justamente lo que sigue siendo tan sospechoso en el seno de nuestro racionalismo y no se ve abordado sino en sus márgenes, por ruptura y como en secreto, se revela –por un desplazamiento a China– como resultado de una coherencia mucho más común y aun como un viejísimo problema de la humanidad. No porque en China se trate sobre hipnosis, sino porque el pensamiento chino de la disponibilidad, cuyo sabor es la insulsez, torna inteligible una apertura a todas las posibilidades, por indeterminación, sin focalización ni crispación, donde también puede arraigarse un fenómeno tan desconcertante como la hipnosis. Como lo prueba la insulsez que se abstiene de caer en ningún sabor que enseguida la limitaría, esa disposición a lo componible que es la disponibilidad se revela como una experiencia no excepcional, sino inmediatamente verificable así como infinitamente compartible. ¿Y por qué entonces el pensamiento europeo tuvo tantas dificultades para pensarla? No se puede entender la dificultad europea para pensar la disponibilidad, o por qué esa noción permaneció subdesarrollada en el pensamiento europeo (por qué Freud, por ejemplo, no llega a la regla de la atención flotante sino dando “marcha atrás” y debido a las “decepciones” de su propia experiencia), sino cuando se toma en consideración la noción rival que prevaleció en Europa y que bloqueó su desarrollo. En efecto, llevaría incluso esa oposición hasta la exclusión recíproca: Europa desconoció el recurso de la disponibilidad porque desarrolló un pensamiento de la libertad. ¿Acaso las dos nociones no serían antagónicas hasta la contradicción? La libertad reivindica una fractura con relación a la situación en la que el yo está implicado y esa emancipación convierte precisamente a éste último en “Sujeto” que se arroga una iniciativa. Exige por su parte una remoción que haga salir, por su poder de negatividad, de las condiciones impartidas. O sea que la libertad promueve ese ideal por ruptura con el orden del mundo. Esa es la experiencia que forjaron los “griegos” (o que los forjó), y en primer lugar en un plano político, de pequeñas ciudades resistiéndose frente al vasto imperio –en la división de los dos continentes– y que se niega a someterse al poder del Gran Rey; luego, por la instauración deliberada de instituciones propiamente políticas separadas de los lazos naturales de parentesco (la democracia frente al poder gentilicio hereditario); y además, como emancipación moral del individuo por el dominio sobre sus pasiones y, en particular, sobre sus “representaciones”, phantasiai (lo que llega a su pleno auge con el estoicismo). Resulta pues que la libertad es el producto de una invención (más que un “descubrimiento”, como tantas veces se dijo) que en resumidas cuentas es muy singular, pero cuyas tomas de partido se olvidan en la misma medida en que se las ha asimilado. A tal punto que el pensamiento clásico pudo plantear como “universal” el fundarse sobre las leyes de la libertad (la “autonomía”), siendo ésta de orden distinto al de las leyes naturales, no física sino metafísica, y se viera erigida como absoluto. Lo contrario de la libertad es la servidumbre, como se sabe, pero su contradicción es la disponibilidad que despliega una relación armoniosa de integración. En lugar de apartarnos de la situación para volvernos independientes, la disponibilidad nos inserta en ella y nos lleva a explotar sus recursos sin confrontarla. Un yo sabe incluso comportarse mejor en la medida en que se desarma como “yo” y se ve implicado respondiendo a las solicitaciones del entorno. Digamos de nuevo las cosas tomando distancia y a gran escala: el vasto imperio de China no fue engendrado, como los griegos, en una lucha por la independencia cívica; concibió entonces lo político como una simple prolongación de las estructuras familiares, reproduciendo la espontaneidad con vocación reguladora (el rey-padre), y no para liberarse; y en el plano moral, apeló en verdad a “triunfar sobre uno mismo”, pero para volver a las normas de conducta y sociales –integracionistas– que son los “ritos” (según el precepto de Confucio: ke ji fu li). Por eso no concibió la emancipación y la desalienación del sujeto por medio de la Libertad, sino por la capacidad que abre la posición desde todos lados y no se encierra en ninguno, manteniendo todos los posibles en igualdad de condiciones, que conserva el sujeto vacío (no thético) y lo pone “por sí mismo” (ziran) en armonía con lo que le llega del mundo. De allí su capacidad de captar sin suponer, de escuchar sin proyectar, de entender lo inesperado. Reconozcamos al menos que hay en ello una coherencia adversa en la cual puede reflejarse la teoría occidental del sujeto; y que cuando ésta pretende querer “curar” a ese sujeto, tal vez sea incluso forzoso comenzar por cruzarse con su práctica. Fuente: Jullien, F. (2013) “Disponibilidad”. En Cinco Conceptos Propuestos al Psicoanálisis. Ed. Cuenco del Plata. Trad. Silvio Mattoni. Bs. As. [i]Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico, 1912 [ed. en esp. Obras completas, vol. XII, Amorrortu, Buenos Aires]. [ii] Alusión a la famosa oda de Horacio: Aurea mediocritas [T]. [iii] En el original, mi-lieu, que querría decir en este caso “lugar-medio”, pero que alude al milieu, “ámbito”, “medio ambiente”, etc. [T]. [iv] Hay un juego de palabras en el original entre opportunité [“opor- tunidad”] y port [“puerto”]. [T.]

  • Ser y no ser Esa es la cuestión / Daniel Rubinsztejn

    1. Voz activa: sujeto + verbo + complemento directo Ejemplo 1: Raúl pega a un niño 2. Voz pasiva: sujeto paciente (complemento directo de la activa) + verbo ser + participio del verbo + complemento agente (sujeto de la activa) Ejemplo 2: Un niño es pegado por Raúl. Exiliados del ser cuando nuestro tema es el sujeto (falta en ser), acudimos al verbo estar, que a mi gusto expone mejor vacilaciones y contingencias. El sujeto no es; sólo está cuando un significante lo representa, lo expone; pero ¿lo representa? El sujeto está (estando-tiempo) representado por un significante para otro. Un estar inestable que adquiere cierta fijeza en la articulación fantasmática (es pegado) que le provee un poco de ser, una vestimenta y con ella algo de consistencia: O ser pegado-masoquismo- o nada -no ser-. Es inestable porque la materia prima del fantasma está hecha de significantes, pulsiones, imágenes, identificaciones, etc., nada sólido lo sostiene. El circuito entre estos materiales desvanece al sujeto en el aire. Que se sostenga entre significantes hace que en cada nuevo intervalo ilusione algún encuentro y –paradojalmente- se vuelva a perder. Otro verbo que nos puede ayudar en esta cuestión es el verbo existir, que escribimos ex/sistir (fuera de sí): el sujeto ex/siste por un significante para otro. Volvamos a 2 desde estar: Un niño, está pegado por También desde ex/sistir: Un niño, ex/siste pegado por Reemplacemos complemento de la activa por “está como objeto de” Deslicemos la significación de pegado hacia adherido amorosamente. Hacer Uno con el padre cuando activamente se hace maltratar -castigar por él1- en una versión sádica del padre que vela el encuentro incestuoso con él. Cuando decimos sujeto, a secas, intentamos pensar existencia -estancia contingente- en el instante de la división. Su núcleo es estar dividido, no es sujeto dividido, y porque es sujeto dividido, no es, o es sin ser2. La división está, existe en un acto fugaz y perturbador (vg, fallido). División no es cualidad del sujeto. Entonces: está, existe dividido en instantes, cuando un significante lo representa para otro y al representarlo lo hace ex/sistir, es decir desaparecer. Desde esa fugacidad, fugamos hacia el fantasma para recuperar el verbo ser, ser que se pierde, se recupera y se vuelve a perder. Una paradoja existencial: representado por un significante, un objeto cae; en el fantasma se recupera y da lugar al escenario del deseo, a la fijación pulsional. El fantasma es prêt-à-porter porque porta, nos porta -no lo portamos-. Es la puerta batiente, la ventana que el falso ser abre/cierra al mundo. 1 Hombre de los lobos. 2 En física ya no se habla de «aquí o allí»; en el mundo cuántico se habla de «aquí y allí». Un principio de incertidumbre reina en la mecánica cuántica, donde la mayoría de las cosas no pueden verse, sentirse o conocerse con precisión, sino sólo a través de una neblina de probabilidad y azar. Extraído de Aczel Amir, Entrelazamiento, Ed. Koothrapali 2002.

  • Ideas para postergar el fin del mundo / Ailton Krenak

    La primera vez que aterricé en el aeropuerto de Lisboa tuve una sensación extraña. Por más de cincuenta años había evitado atravesar el océano por razones afectivas e históricas. Creía que no tenía mucho para conversar con los portugueses -no es que ello fuera una gran cuestión, pero era algo que evitaba-. Cuando se cumplieron quinientos años de la travesía de Cabral y compañía, rechacé la invitación para venir a Portugal. Dije: “Se trata de una típica fiesta portuguesa. Van a celebrar la invasión de mi rincón del mundo. No voy.” Aun así, no transformé esto en una pelea y pensé: “Vamos a ver qué sucede en el futuro”. En 2017, el año en que Lisboa fue capital iberoamericana de la cultura, organizaron un ciclo de eventos muy interesantes con obras de teatro, muestras de cine y charlas. De nuevo me invitaron a participar, y esta vez, nuestro amigo Eduardo Viveiros de Castro daría una conferencia en el teatro María Matos llamada “Los involuntarios de la patria”. Entonces pensé: “Este tema me interesa. Yo voy”. Al día siguiente de la charla de Eduardo tuve la oportunidad de encontrarme con muchas personas interesadas en el estreno del documental Ailton Krenak e o sonho da pedra (Ailton Krenak y el sueño de la piedra), dirigido por Marco Altberg. La película es una buena introducción al tema que quiero abordar: ¿Cómo es que, a lo largo de los últimos dos o tres mil años, construimos la idea de humanidad? ¿Será que la misma está basada en muchas elecciones previas y equivocadas, justificando el uso de la violencia? La idea de que los blancos europeos podían salir a colonizar al resto del mundo se basaba en la premisa de la existencia de una humanidad iluminada que precisaba ir al encuentro de una humanidad oscurecida, trayendo a esta última hacia una increíble luz. Este llamado para el seno de la civilización fue siempre justificado por la noción de que existe un modo de estar aquí en la Tierra, una cierta verdad, o una concepción de verdad, que guió muchas de las elecciones tomadas en diferentes períodos históricos. Ahora, en el inicio del siglo XXI, algunas colaboraciones entre pensadores con visiones distintas y de origen cultural diferente, posibilitan criticar esa idea. ¿Somos realmente una humanidad? Pensemos en nuestras instituciones más consolidadas como las universidades o los organismos multilaterales que surgieron en el siglo XX: el Banco Mundial, la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Cuando quisimos crear una reserva de la biosfera en una región de Brasil, necesitamos justificar frente a la Unesco por qué era importante que el planeta no fuera devorado por la minería. Para esa institución parece que basta con mantener algunos lugares como muestra gratis de la Tierra. Si sobrevivimos pelearemos por los pedazos del planeta que no comimos, y nuestros nietos o tataranietos -o los nietos de nuestros tataranietos- van a poder pasear para ver cómo era la Tierra en el pasado. Esas agencias e instituciones fueron configuradas y mantenidas como estructuras de esa humanidad. Y legitimamos su perpetuación, aceptamos sus decisiones, que muchas veces son malas y nos causan pérdidas, porque están al servicio de la humanidad que pensamos ser. Las experiencias que viví en diferentes culturas y lugares del mundo me permitieron evaluar las garantías dadas al integrar este club de la humanidad. Y pienso: “¿Por qué insistimos tanto y durante tanto tiempo en participar de este club, que la mayoría de las veces solo limita nuestra capacidad de invención, creación, existencia y libertad?” ¿Será que no estamos siempre actualizando aquella vieja disposición para la servidumbre voluntaria? ¿Cuándo entenderemos que los Estados nacionales ya se deshicieron, que la vieja idea de esas agencias estaba equivocada desde su origen? En su lugar, continuamos encontrando un modo de proyectar otras iguales a estas, que también podrían mantener nuestra cohesión como humanidad. ¿Cómo justificar que somos una humanidad si más del 70% se encuentra totalmente alienado al mínimo ejercicio de ser? La modernidad arrancó a estas personas del campo y la selva para vivir en villas y barrios periféricos, transformarse en mano de obra en centros urbanos. Estas personas fueron despojadas de sus colectivos, de sus lugares de origen, y arrojadas dentro de esta licuadora llamada humanidad. Si las personas no tienen vínculos profundos con su memoria ancestral, con las referencias que dan sustento a la identidad, van a enloquecer en este mundo demente que compartimos. “Ideas para postergar el fin del mundo” -este título es una provocación-. Estaba en el jardín de casa cuando me trajeron el teléfono diciendo: “Te están llamando de la Universidad de Brasilia para que participes de un encuentro sobre desarrollo sustentable”. La UnB tiene un centro de desarrollo sustentable con un programa de maestría. Me quedé muy feliz con la invitación, acepté, y entonces me dijeron: “Necesitas darle un nombre a tu conferencia”. Estaba tan compenetrado con mis actividades en el jardín que respondí: “Ideas para postergar el fin del mundo”. Lo tomaron en serio y lo colocaron en la programación. Tres meses más tarde me llaman: “Es mañana, ¿tienes tu pasaje de avión para Brasilia?” “¿Mañana?” “Sí, mañana darás aquella charla sobre las ideas para postergar el fin del mundo”. Al día siguiente llovía, y pensé: “Perfecto, no va a venir nadie”. Pero, para mi sorpresa, el auditorio estaba lleno. Pregunté: “Pero ¿todas estas personas son de la maestría?”, a lo que mis amigos respondieron: “Nada de eso. Alumnos de todo el campus están acá queriendo saber sobre esa historia de postergar el fin del mundo”. Respondí: “Yo también”. Estar con este grupo me hizo reflexionar sobre el mito de la sustentabilidad inventado por las corporaciones para justificar el crimen sobre nuestra idea de naturaleza. Fuimos engañados, durante mucho tiempo, con la historia de que somos la humanidad. Mientras tanto -mientras el lobo no está-, nos fuimos alienando del organismo del cual somos parte, la Tierra, y comenzamos a pensar que ella es una cosa y nosotros otra: la Tierra y la humanidad. No veo dónde hay alguna cosa que no sea naturaleza. Todo es naturaleza. El cosmos es naturaleza. Todo en lo que consigo pensar es naturaleza. Leí la historia de un investigador europeo que a comienzos del siglo XX estaba en Estados Unidos y llegó a un territorio Hopi. Le había pedido a alguien de aquella aldea que lo ayude a encontrarse con una anciana a la cual quería entrevistar. Cuando fue a reunirse la encontró parada cerca de una roca. El investigador se quedó esperando hasta que dijo: “¿No va a conversar conmigo?” Y el facilitador le respondió: “Está hablando con su hermana”. “Pero es una piedra”. Entonces le respondió: “¿Cuál es el problema?” Hay una montaña rocosa en la región donde el río Doce fue alcanzado por el barro de la minería. La aldea Krenak se encuentra al margen izquierdo del río, a la derecha hay una sierra. Aprendí que esa sierra tiene nombre, Takukrak, y personalidad. A la mañana temprano, desde el patio de la aldea, las personas la observan y así saben si el día va a ser bueno o si es mejor quedarse quieto. Cuando está con cara de “no estoy para nadie” las personas se quedan alertas. Cuando amanece espléndida, bonita, con nubes claras sobrevolando su copa, toda adornada, la gente dice: “Puedes hacer una fiesta, bailar, pescar, puedes hacer lo que quieras”. Así como aquella señora hopi que conversa con la piedra, su hermana, hay mucha gente que conversa con las montañas. En Ecuador, en Colombia, en algunas regiones de los Andes, encuentras lugares donde las montañas forman parejas. Hay madres, padres, hijos, hay familias de montañas que intercambian afecto, hacen trueques. Las personas que viven en esos valles les celebran fiestas, dan comida, regalos, y reciben regalos de las montañas también. ¿Por qué esas narrativas no nos interesan? ¿Por qué van siendo olvidadas, borradas a favor de una narrativa globalizada, superficial, que nos quiere contar siempre la misma historia? Los Massai, en Kenia, tuvieron un conflicto con la administración colonial porque los ingleses querían que su montaña se transforme en un parque. Se rebelaron contra la idea banal, común en muchos lugares del mundo, de transformar un sitio sagrado en un parque. Creo que comienza con un parque y termina como parking. Porque hay que estacionar esa cantidad de autos que producen por allá afuera. Es un abuso de lo que llaman: razón. Mientras la humanidad se distancia de su lugar, un grupo de corporaciones mal intencionadas se encarga de la Tierra. Nosotros, la humanidad, viviremos en ambientes artificiales producidos por estas mismas corporaciones que devoran selvas, montañas y ríos. Inventan kits super interesantes para mantenernos en este lugar, alienados de todo, y en la medida de lo posible tomando muchos remedios. Porque, al final, necesitan hacer algo con el excedente de la basura que producen, entonces harán remedios y muchas otras parafernalias para entretenernos. Para que no se queden pensando que estoy inventando un mito más, el del monstruo corporativo, les cuento que tiene nombre, dirección y hasta cuenta bancaria. ¡Y qué cuenta! Son los dueños del dinero del planeta, y ganan por cada minuto que pasa, esparciendo shoppings por el mundo. Distribuyen casi el mismo modelo de progreso que fuimos incentivados a aceptar como bien-estar, por todo el mundo. Los grandes centros, las grandes metrópolis, son una reproducción los unos de los otros. Si vas para Tokio, Berlín, Nueva York, Lisboa o San Pablo, verás el mismo entusiasmo en construir torres increíbles, ascensores extravagantes, automóviles espaciales… es como si estuvieras en un viaje con Flash Gordon. Mientras tanto, la humanidad va siendo separada de un modo tan absoluto de ese organismo que es la Tierra. Los únicos núcleos que aún consideran que necesitan quedarse conectados con esa tierra son aquellos que fueron casi olvidados al margen del planeta, en las costas de los ríos y océanos, en África, Asia o América Latina. Son pescadores, índios, quilombolas, aborígenes, la sub-humanidad. Porque existe una humanidad, digamos, ok, y hay una camada más bruta, rústica, orgánica, una sub-humanidad compuesta por personas que quedaron aferradas a la tierra. Parece que quieren comer tierra, mamar en la tierra, dormir acostados sobre la tierra, envueltos en tierra. La organicidad de estas personas es algo que incomoda tanto que las corporaciones han creado cada vez más mecanismos para separar a estos hijos de la tierra de su madre. “Vamos a separar esto, personas y tierra, este lío. Es mejor colocar un tractor, un extractor en la tierra. Personas no; las personas generan confusión. Y, principalmente, personas que no fueron entrenadas para dominar este recurso natural que es la tierra.” ¿Recurso natural para quién? ¿Desarrollo sustentable para quién? ¿Qué necesitamos sostener? La idea de que nosotros, los humanos, nos despegamos de la tierra, viviendo en una abstracción, en una civilización, es absurda. Suprime la diversidad, niega la pluralidad de las formas de vida, de existencia y de hábitos. Ofrece el mismo menú, el mismo traje, y si es posible, la misma lengua para todo el mundo. Para la Unesco, 2019 fue el año internacional de las lenguas indígenas. Todos nosotros sabemos que por año, o por semestre, una de estas lenguas maternas, uno de esos idiomas originarios de pequeños grupos que están en la periferia de la humanidad, es eliminado. Quedan algunas, preferentemente aquellas que les interesan a las corporaciones para administrar el desarrollo sustentable. ¿Qué hacen con nuestros ríos, nuestras selvas, nuestros paisajes? Nos quedamos tan perturbados con el deshuese regional que vivimos, quedamos tan descreídos con la falta de perspectiva política, que no conseguimos erguirnos y respirar, ver lo que importa de verdad para las personas, los colectivos y las comunidades en sus ecologías. Para citar a Boaventura de Sousa Santos, la ecología del saber debería también integrar nuestra experiencia cotidiana, inspirar nuestras elecciones sobre el lugar donde queremos vivir, nuestra experiencia como comunidad. Necesitamos ser críticos ante la idea plasmada de humanidad homogénea en la cual hace ya mucho tiempo el consumo tomó el lugar de aquello que antes era ciudadanía. José Mujica dice que transformamos a las personas en consumidores y no en ciudadanos. Y a nuestros niños, desde muy chicos, les enseñan a ser clientes. No hay personas más halagadas que los consumidores. Son halagados hasta el punto de quedarse imbéciles, babeando. Entonces ¿para qué ser ciudadano? ¿Para qué tener ciudadanía, otredad, estar en el mundo de un modo crítico y consciente, se puedes ser un consumidor? Esa idea excluye la experiencia de vivir en una tierra llena de sentido, en una plataforma para diferentes cosmovisiones. Davi Kopenawa estuvo conversando durante veinte años con el antropólogo francés Bruce Albert para producir la fantástica obra llamada A queda do céu: Palavras de um xamã yanomami (La caída del cielo: Palabras de un chamán yanomami). El libro tiene la potencia de mostrarnos que estamos en esa especie de fin de los mundos, cómo es posible que un conjunto de culturas y de pueblos aún sea capaz de habitar una cosmovisión, habitar un lugar en este planeta que compartimos de un modo tan especial, en el que todo tiene un sentido. Las personas pueden vivir con el espíritu de la selva, vivir en la selva, estar en la selva. No estoy hablando de la película Avatar, y sí de la vida de más de veinte mil y algo de personas -y conozco a algunas de ellas- que habitan el territorio yanomami en la frontera entre Brasil y Venezuela. Este territorio está siendo amenazado y devastado por la minería, por las mismas corporaciones perversas que ya mencioné y que no toleran ese tipo de cosmos, el tipo de capacidad imaginativa y de existencia que un pueblo originario como los Yanomami es capaz de producir. Nuestro tiempo es especialista en crear ausencias: del sentido de vivir en sociedad, del propio sentido de la experiencia de vida. Eso genera una intolerancia muy grande en relación a quien aún es capaz de experimentar el placer de estar vivo, de bailar, de cantar. Y está lleno de pequeñas constelaciones de personas esparcidas por el mundo, que bailan, cantan, hacen llover. El tipo de humanidad zombie a la cual estamos siendo convocados a integrar, no tolera tanto placer, tanto disfrute de la vida. Entonces predican el fin del mundo como una posibilidad para hacernos desistir de nuestros propios sueños. Y mi provocación sobre postergar el fin del mundo es exactamente poder contar una historia más, siempre. Si podemos hacer esto, estaremos postergando el fin del mundo. Es importante vivir la experiencia de nuestra propia circulación por el mundo, no como una metáfora sino como una fricción, poder contar los unos con los otros. Poder tener un encuentro como este, aquí en Portugal, y tener una audiencia tan esencial es un regalo para mí. Pueden estar seguros que esto me da la fuerza para estirar un poco más el inicio del fin del mundo que se me presenta. Y los invito a pensar la posibilidad de hacer el mismo ejercicio. Es una especie de tai chi chuan. Cuando sientas que el cielo está muy bajo, tan solo empújalo y respira. ¿Cómo lidiaron los pueblos originarios de Brasil con la colonización que quería acabar con su mundo? ¿Qué estrategias utilizaron para superar esa pesadilla y llegar al siglo XXI aún pateando, reivindicando y desafinando el coro de los satisfechos? Ví las diferentes maniobras que nuestros antepasados hicieron y me alimenté de ellas, de la creatividad y la poesía que inspiró la resistencia de estos pueblos. La civilización los llamaba bárbaros y encaró contra ellos una guerra sin fin con el objetivo de transformarlos en civilizados, para que puedan integrar el club de la humanidad. Muchas de esas personas no son individuos sino “personas colectivas”, células que consiguen transmitir, a través del tiempo, sus visiones sobre el mundo. A veces los antropólogos limitan la comprensión de esta experiencia, que no es sólo cultural. Sé que hay algunos antropólogos aquí, no se pongan nerviosos. ¿Cuántos percibieron que estas estrategias sólo tenían como propósito postergar el fin del mundo? Yo no inventé esto, sino que me alimento de la resistencia contínua de estos pueblos que guardan la memoria profunda de la tierra, aquello que Eduardo Galeano llamó de “Memorias del fuego”. En ese libro y en Las venas abiertas de América Latina, muestra cómo los pueblos del Caribe, de América Central, de Guatemala, de los Andes y del resto de América del Sur, estaban convencidos del error que era la civilización. Ellos no se rindieron porque el programa propuesto era un error: “No queremos este engaño”. Y los otros: “No, toma este engaño. Toma la Biblia, toma la cruz, toma la escuela, toma la universidad, toma las rutas, toma el tren, toma la minería, toma este golpe”. A lo que los pueblos respondieron: “¿Qué es esto? Que programa más extraño. ¿No tienen otro?” ¿Por qué nos sentimos incómodos con la sensación de estar cayendo? Últimamente no hacemos otra cosa que caer en picada. Caer, caer, caer. Entonces, ¿por qué estamos sorprendidos ahora con la caída? Vamos a aprovechar toda nuestra capacidad crítica y creativa para construir paracaídas coloridos. Vamos a pensar en el espacio no como un lugar cerrado, sino como el cosmos donde podemos caer en picada con un paracaídas multicolor. Hay centenas de cuentos de pueblos que están vivos, cuentan historias, cantan, viajan, conversan y nos enseñan más de lo que aprendemos con esta humanidad. Nosotros no somos las únicas personas interesantes en el mundo, somos parte de un todo. Esto tal vez tire un poco la vanidad de esta humanidad que creemos ser, además de disminuir la falta de admiración que tenemos, todo el tiempo, por aquellas otras compañías que están en este viaje cósmico junto con nosotros. En 2018, cuando estábamos al borde de una nueva situación en Brasil, me preguntaron: “¿Qué van a hacer los indios frente a todo esto?” A lo que respondí: “Hace quinientos años que los indios resisten. Estoy más preocupado con los blancos. ¿Cómo van a salir de esta?” Nosotros resistimos expandiendo nuestra subjetividad, sin aceptar esa idea de que somos todos iguales. En Brasil aún existen aproximadamente 250 etnias que quieren ser diferentes las unas de las otras, y que hablan más de 150 lenguas y dialectos. A nuestro amigo Eduardo Viveiros de Castro le gusta provocar a las personas con la perspectiva amazónica, llamando la atención exactamente sobre esto: los humanos no son los únicos seres interesantes que tienen una perspectiva sobre la existencia. Muchos otros también la tienen. Cantar, bailar, vivir la experiencia mágica de suspender el cielo es común entre muchas tradiciones. Suspender el cielo es ampliar nuestro horizonte; no el horizonte prospectivo, sino uno existencial. Es enriquecer nuestras subjetividades, que es la materia que este tiempo en el que vivimos quiere consumir. Si existe un deseo de consumir naturaleza, existe también uno de consumir subjetividades, nuestras subjetividades. Entonces vamos a vivirlas con la libertad que fuimos capaces de inventar y no ponerlas a la venta. Ya que la naturaleza está siendo arrebatada de un modo tan indefendible, seamos capaces, por lo menos, de mantener nuestras subjetividades, nuestras visiones, nuestras poéticas sobre la existencia. Definitivamente no somos iguales y es maravilloso saber que cada uno de nosotros es diferente del otro, como constelaciones. El hecho de poder compartir este espacio, de estar juntos viajando, no significa que somos iguales; significa exactamente que somos capaces de nos atraernos los unos a los otros por nuestras diferencias, que deberían guiar nuestra vida. Tener diversidad, no eso de una humanidad con un mismo protocolo. Porque eso hasta ahora solo fue una manera de homogeneizar y sacarnos la alegría de estar vivos. Fuente: Ideas para postergar el fin del mundo publicado por Colectivo Siesta. Traducción y coordinación Carolina Pierro Conferencia dictada en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, en un ciclo de seminarios coordinados por Susana de Matos Viegas, el 12 de marzo de 2019, como actividad preparatoria a “Muestra amerindia: Caminos del cine indígena en Brasil”, publicada originalmente bajo el título “Ideias para adiar o fim do mundo”, Ed. Schwarcz S.A. Companhia das Letras.

  • Recrear lo social. Entrevista a Félix Guattari (1993)

    Félix Guattari, psicoanalista y filósofo, era profundamente optimista frente a la crisis de la vida asociativa. Para él, las asociaciones tienen que jugar hoy más que nunca su papel en la reinvención de la vida social, y no sólo como correa de transmisión del Estado. A ellas les corresponde transmitir un proceso de deseo, de creatividad, implicándose en las iniciativas sociales sobre el terreno, y experimentar formas de cooperación como vectores de doble enriquecimiento. Para él, la reapropiación de los saberes pasará por la utilización de las nuevas tecnologías de la inteligencia, portadoras de transversalidad. Esta entrevista ha sido realizada a partir de un trabajo en equipo del Colectivo nacional "Nuevas tecnologías y comunicaciones". Fue preparada para el congreso de Estrasburgo de los CEMEA (agosto de 1992). - En Caosmosis, más que preconizar nuevos jefes de fila intelectuales, parece usted alegrarse por la emergencia de una "intelectualidad colectiva integrada por el mundo de los enseñantes, los trabajadores sociales, los técnicos". ¿que entiende usted por esto, y cómo podrá asentarse esta intelectualidad colectiva? - La imagen del intelectual maestro-pensador está totalmente en desuso. El intelectual, hoy, es colectivo, potencialmente, en el sentido de que la gente lee, reflexiona y se informa en las diferentes profesiones. Es necesaria una polarización política acerca de esta intelectualidad, que debería traducirse por "1% para la investigación y la innovación", y no sólo para la formación. Y los investigadores profesionales deben estar asociados a ella, en situación de servicio, de asistencia. Pero esta intelectualidad colectiva está aún muy intimidada por cierta representación del saber vehiculizada por las universidades y los medios de comunicación. Nos hace falta una reapropiación de los saberes, que utilice las "tecnologías de la inteligencia" de las que habla Pierre Lévy [1]. Son estos bancos de datos con múltiples entradas los que producirán una resingularización de las programaciones personales. Debemos experimentar estas tecnologías, ponerlas a prueba en este sentido. Ellas permitirán salir de este abandono en la imagen televisiva que no deja de tener repercusiones sobre el funcionamiento de la ciudad. - En su texto "Para una ética de los medios de comunicación", publicado en Le Monde del 6 de noviembre de 1991, usted afirma que para dichas experimentaciones de comunicación social -independientemente, por otra parte, del grado de tecnología que implican- el marco del Desarrollo social de los barrios (DSQ) es particularmente indicado. ¿Por qué? - El DSQ es una vieja idea de la época del CERFI. Yo no hago de ello una religión: apreciar las consecuencias de una generalización sobre esto sería demasiado complicado. Pero esta vieja idea, la de asociar el público y los equipamientos, permite constatar que los problemas psiquiátricos, de drogas, de personas ancianas, tienen caminos a desarrollar: el apoyo, la "contaminación" y el estímulo corresponden a una micropolítica del desarrollo local. Esto prueba, sin ser por ello un modelo, que hay otras políticas posibles. Tales iniciativas sociales sobre el terreno -término que utilizaré ahora en lugar de innovaciones sociales- merecen ser financiadas en tanto que investigación con múltiples cabezas, para pilotar experiencias, incluso a escalas relativamente grandes. Investigadores de diferentes disciplinas deben estar vinculados, así como el Estado y las poblaciones concernidas, a la organización de la vida doméstica de forma desalienada en los HLM y los equipamientos colectivos, a la articulación de las escuelas y de las guarderías. Y de este modo, cristalizar sectores cada vez más amplios de la vida urbana permite reinventar verdaderamente la vida social. Es necesaria una praxis para que algo mutante aparezca: pensar que basta juntar a la gente para que la vida social avance por sí sola es una ilusión comunitaria. - Se hace difícil una verdadera política de innovación social. ¿Qué tipo de asociación frente al Estado hay que reivindicar actualmente? - Las asociaciones tienen cosas que decir, y con todo derecho. Tienen que intervenir sobre el terreno de las transformaciones, experimentar nuevos tipos de articulaciones. Pero desconfiemos de la "E" mayúscula que se concede al Estado. El Estado es contradictorio: puede ser al mismo tiempo rígido e inteligente. En todo caso, no concebimos nunca a los agentes del Estado como neutros políticamente. Actualmente, asistimos a una triple crisis: de las organizaciones políticas, de los sindicatos y de la vida asociativa, y los tres términos son inseparables. Por una parte subsiste el mito socialista-bolchevique, que cree poder utilizar todavía a las masas como correa de transmisión de las vanguardias, por otra, se prohíbe hacer política. Se trata de crear un continuum, con servicios públicos portavoces, con políticos técnicos, que van a aburrirse en el Consejo general, y verdaderos servicios que se ocupan de la cultura y del intercambio. Por tanto, debemos desarrollar registros de autonomía institucional, acabar con el dualismo "público-privado", e inventar una tercera vía, verdaderamente asociativa, con toda una serie de componentes, como los usuarios y los técnicos, para gestionar los servicios. Uniendo democracia y eficacia, las asociaciones pueden ofrecer un coeficiente de libertad que el Estado no permitirá jamás. - Los CEMEA son un movimiento de educación que privilegia las acciones de formación, en las cuales la transmisión de pedagogía tiene un lugar nada desdeñable. Pero actualmente algunos de nuestros equipos, por su implicación en cursillos de inserción, se enfrentan directamente al problema de la redinamización social donde se plantea la cuestión de la impaciencia en relación con las transformaciones sociales experimentadas. Y la cuestión de nuestro derecho a inmiscuirnos directamente en los asuntos de los otros. Usted, en Chaosmose, afirma que no existe pedagogía de los valores. ¿Cómo puede entonces actuar un movimiento de educación para impulsar la innovación social y luchar contra la exclusión? - El principio de ética fundamental es: el proceso vale más que la inercia. Esto no pasa por la convicción, la propaganda, el proselitismo. Es un proceso, un deseo de creatividad lo que hay que transmitir. Y como eso debe ocurrir sobre el terreno de los demás, la única solución, para sentirse autorizado, es estar en su casa, formar parte de la familia. La intrusión puede llegar muy lejos, hasta caer en una perversión radical, como en Teorema, la película de Passolini. Esto puede ser considerado como un polo caósmico posible, deseable, pero que hay que rodear. Estar ahí, y no completamente. Si no se parece a este paradigma perverso de la cooperación, no pasará nada. Si se limita a ser un experto que viene a darse una vuelta, todo queda parado en cuanto se vuelve la espalda. Cuando algo se transforma verdaderamente, se trata de deseo, y no de comunicación de saber. - En Chaosmose, usted evoca la necesidad de una refundación de las praxis políticas, menos jacobinas, más federalistas. ¿La caída del comunismo de Estado tendrá una incidencia sobre la función de autoridad en nuestras propias instancias sociales, políticas y culturales? - Fenómenos complejos como ese exigen respuestas complejas. Para empezar, estamos lejos de haber salido del período de "glaciación" de 1985, que yo comparo el período de toma exacerbada del poder por la aristocracia con Luis XV. Todos los sistemas jerárquicos han estado amedrentados hasta tal punto por las olas contestatarias de los años 60 que se han crispado enormemente. De ahí han derivado las actuales cultos del individuo, temáticas religiosas, racismo y xenofobia, que cuentan con el consentimiento de la población y corresponden a mutaciones mucho más amplias que el 15% del Frente Nacional. Por otra parte, la caída de los regímenes del Este ha creado una tabula rasa que implica una inmersión caósmica a partir de la cual puede concebirse una nueva ordenación, nuevas relaciones prácticas y de organización. El esquema estático, piramidal, burocrático y tecnocrático se ha hecho mucho más frágil. Se puede esperar legítimamente una reinvención de prácticas sociales, una puesta en marcha de temáticas nuevas. Y entre éstas, una recomposición, en las condiciones de hoy, de temáticas de los años 60, los años de la contracultura, pero separadas de su pozo dogmático. Esto no está muy claro, ya que se constata, en los Estados Unidos, la persistencia de los dogmas en los grupúsculos. Todas estas referencias libertarias pueden, ciertamente, parecer completamente inadecuadas ante el salvajismo del mundo moderno, si se considera que las devastaciones sociales del reaganismo y del thatcherismo son los "gastos imprevistos" que debe pagar la Historia. Pero se puede también pensar que éstas son políticas completamente arcaicas, y que los sistemas económicos contemporáneos no implican en absoluto, en su esencia, que se divida a la sociedad entre un polo de miseria absoluta y un polo de riqueza insolente, encadenados por jerarquías y sistemas represivos. Ahora se trata de saber si esta contradicción conlleva aspiraciones antiautoritarias, de democracia social y cultural, de aceptación de la diferencia, de democracia del disenso más que del consenso. Y de cómo esta contradicción será arbitrada por las reorganizaciones geopolíticas, los compromisos económicos, tecnológicos y culturales. La gran revolución por venir será la de la unión de la pantalla individual y la pantalla informática. Así, la televisión es portadora de interactividad, de un nuevo tipo de transversalidad posible. Toda nuestra jerarquía social y productiva parecerá entonces totalmente fuera de onda, del mismo modo que hemos visto volverse obsoletos los grandes conglomerados de carbón y de acero. Estamos en un periodo ultraparadójico, al borde de mutaciones radicales. Pueden llegar mañana, pero pueden también tardar veinte años. [1] Pierre Lévy, "Les technologies de l'intelligence", La Découverte, Paris, 1990. Fuente: Entrevista realizada por Roland Woerner, publicada en la revista PANORAMIQUES, N.º 9, titulado Chomage, pauvreté, exclusions: et si le capitalisme venait, lui aussi, à imploser?, segundo trimestre, 1993, pp. 70-73. Chaosmose (Caósmosis), publicado en París, 1992, es la última obra de Félix Guattari. Este es el párrafo de conclusión: "En las brumas y los miasmas que oscurecen nuestro fin de milenio la cuestión de la subjetividad vuelve ahora como un leitmotiv. No es un elemento natural, como tampoco el aire y el agua. ¿Cómo producirla, captarla, enriquecerla, reinventarla permanentemente de manera que sea compatible con universos de valores mutantes? ¿Cómo trabajar por su liberación, es decir, por su resingularización? El psicoanálisis, el análisis institucional, el cine, la literatura, la poesía, las pedagogías innovadoras, los urbanismos y las arquitecturas creadoras... todas las disciplinas deberán conjugar su creatividad para conjurar las pruebas de barbarie, de implosión mental, de espasmo caósmico que se perfilan en el horizonte, y para transformarlas en riquezas y goces imprevisibles, cuyas promesas, después de todo, son siempre tangibles".

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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