• Revista Adynata

Adynata Febrero / MP

Actualizado: 7 mar

A Foucault no le gusta la palabra deseo, Deleuze trata de separarla del platonismo de la carencia y la falta, la recrea como productividad compositiva no natural, portadora del misterio de la atracción.

El psicoanálisis vislumbra el deseo como embarcación en medio de un tembladeral, como vértigo que se asoma a una inmensidad, como enredo que desconoce sus razones, como marioneta de un dominio que se llama inconsciente. Lacan lo piensa persiguiendo lo inalcanzable, reflejado en un objeto sin forma, sin referencia, sin materialidad. Dialogando con fantasmas.

Los últimos cien años trataron de diferenciar el deseo de la necesidad, del ansia, del apetito, del impulso, del placer, de la excitación, del amor, del goce, del enunciado mi propio deseo, de la moral, de la publicidad, del capitalismo.

Deseos sobrevienen como picaduras, mordeduras, pinchazos, de una extraña potencia de obrar.

La vida no es cruel, crueldades emponzoñan la vida. No es injusta, injusticias la estrangulan. No es indolente, indolencias la secan.

La vida no es cruel, ni injusta, ni indolente. No es de ninguna manera. Sortea clausuras y desciframientos: pulsa inconclusa.

Crueldades, injusticias, indolencias, capturan deseos. Arrojan sus redes en aguas confusas de la desolación.

Se suele decir que se trata de liberar deseos de la sumisión.

El escándalo consiste en que deseos deseen la sumisión.

Sumisiones seducen prometiendo protección y ofreciendo pertenecer a una supuesta mayoría.

Algunos deseos forman fila embobados ante imponentes despliegues de fuerza. La fascinación del poder los pone de rodillas.

Otros retozan confiados en una común debilidad que no lastima.

Deseos giran los días como hormigas sin reina. Cada época coloca cebos en sus recorridos erráticos, pero no todos se adhieren como ventosas a un reinado: algunos, vagan sin objeto.

Deseos impersonales en estado infinitivo. Deseos sin metas ni para qué. Deseos que no persiguen ni alcanzan nada. Deseos que flotan en la historia sin conjugar. Deseos que se mecen en los días con una gratitud sin certidumbres. Deseos que no se piden, que llegan planeando hasta posarse en una vida. Deseos que viven como flores de un solo día, aun cuando nadie lo sepa.

Deseos no tienen ni fijan puntos de encuentro, pero cuando contingencias hacen que se rocen entre sí, estremecen planetas y disuelven todos los cautiverios.

Pero ¿cómo se explica que mientras algunos deseos abren gustosos sus bocas para morder anzuelos que dañan, otros detecten y se aparten de los lazos que atrapan?

¿Cómo se explica que mientras algunos deseos se satisfacen acumulando posesiones, otros se muevan por la sola alegría de estar?

Y, ¿cómo se explica que mientras algunos deseos se excitan olfateando sangre, otros se sientan convocados por un común desear?

La solicitud de explicaciones, si no forma parte del pedido de una autoridad que se informa para aleccionar y castigar, pertenece al género ensayístico que dialoga con lo inexplicable.

Cuando se vive en la urgencia del hambre y el miedo, deseos quedan reducidos a reflejos de supervivencia. Aunque la supervivencia no se presenta como mero reflejo, sino como desesperación extrema que no deja lugar para nada más.

Entonces estremece cuando -en el límite de la vida- alguien relata que se abren paso deseos liberados del miedo que aprietan una mano, dedican una mirada, susurran una canción.

Al final, se escribe para desconocer, en calma, lo que se pretendía saber.


V. Nicolás Koralsky (2020) Sin título


Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.