• Revista Adynata

Loco / Natalia Rocchetti


Le dije, sos loco. Y no entendió. Sos loco. Me miró asustado, como descolocado. ¿A mí me decís loco?, me preguntó. Sí, a vos te digo, le dije yo, sos loco. No podía sacarme los ojos de encima, fijo me observaba, decepcionado. Le repetí un par de veces más lo mismo para ver si lo entendía. No te entiendo, me decía, no te entiendo, bajá la voz. Pensé en buscarlo en el diccionario pero no servía porque qué importaba lo que dijera el diccionario. Sos loco vos, le dije, con una sonrisa, a ver si el gesto cooperaba. Pero no. Se quedó ahí parado, como un poste, con los ojos brillosos y enormes.

Me paré y le serví un vaso de agua del dispenser. Por lo que dijiste, le dije, lo que estabas diciendo y le acerqué el vaso. Bien de loco, le dije. Tomó un poco de agua como si pudiera opacar mi voz con el sonido que hacía al tragar. Estaba muy serio, entre angustiado y molesto. Así leí su mirada. Me pareció que no me había entendido, yo le dije que era un loco. Así, ¿entendés?, como que es loco él. Pero la información le llegaba distinta, no sé. Me serví un vaso de agua a mí también.

A los locos los encierran, me dijo, ¿vos querés que me encierren a mí? Me dejó pensando. No te van a encerrar porque yo te diga loco, le dije, de última te encierran porque ellos te lo dicen. Y el chabón se me quedó mirando atontado. Qué gracioso que pienses que lo que decís no importa, me dijo, ¿no te das cuenta de dónde estamos?


De lejos, Lucía, la rubia de bata blanca, me gritó: ¡Dale, Guadalupe, tenés que ir a dormir! Todavía no entendía bien por qué tenía que dormir si no tenía sueño, pero sabía que no me convenía discutirle. Por lo bajo escuché a una mina linda de pelo largo, una invitada, creo que es la hija de Pablo, susurró: esta gente está loca en serio, señalando a Oscar que hacía el monólogo de la obra ahí arriba de la mesa. Incluía un par de saltos y piruetas a medio hacer. Me reí un poco, bien de loca. Miré a todos los locos que me rodeaban, locos en serio. Me causó gracia que yo, una loca, le estuviera prestando tan ligeramente la palabra a este amargo. Chabón, acá sobran los locos, le dije, no necesitamos uno más.




Oskar kokoschka - Miedo y Esperanza - 1914 - Litografía - 67.2 x 51.2 cm

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.