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  • Adynata Abril / VPS

    ¿Con quiénes? ¿Con quiénes ante eso que nubla, distancia divide y endurece, ante eso que impide, juzga y moraliza, que censura, evalúa y descarta? ¿Con quiénes hablar, activar, amar si las sentencias acechan? ¿Con quiénes pensar, soñar, imaginar si la censura amenaza? Poses, imposturas descomposturas partidarias partidas repartidas antipartidarias antipartidas antirepartidas. Hay pasiones que se desenfocan se fanatizan en iglesias de un color, de todos los colores de dos colores, de ningún color. Mismas misas que ensimisman. Posesiones poseídas que posan, empozan. Roscas que enroscan poco desenroscan. Proliferación de propietarios sabiondos, resolvedores de todo. Volver a mirarse a los ojos y temblar volver a rozarse los codos al saltar volver a encontrarse en carcajadas y lágrimas más allá de géneros más allá de razas más allá de clases más allá de ideologías más acá de modos amables más acá de ternuras y suavidades más acá de formas que alojen más acá de palabras que acunen. Y las complicidades del amor de la amistad ahí, más allá y más acá de todo. Los viejos – nuevos desafíos de poder encontrarnos de acompasar diferencias disentir para, aún así, componer intimidades, revueltas y nuevos mundos en los que poder vivir de otras maneras.

  • Los que escuchando se van orientando en su caminar / Daniel Korinfeld

    En la lengua de los hombres murciélagos, los que hablando se van orientando en su caminar, los tzotziles, “hablar con la verdad” se dice "YALEL TA MELEI". (A nuestros niños) Les enseñamos a hablar y también a escuchar. Porque aquel que sólo habla y no escucha, termina por creer que lo que dice es lo único que vale. En la lengua de los tzotziles, los que escuchando se van orientando en su caminar, escuchar con el corazón se dice "YATEL TAJLOK 'EL COONTIC". Hablando y escuchando palabras es como sabemos quiénes somos, de dónde venimos, y a dónde va nuestro paso. También es como sabemos del otro, de su paso y de su mundo. Hablando y escuchando palabras es como escuchamos la vida. Carta del sub comandante Marcos - Respuesta del EZLN a ETA En un particular intercambio epistolar público, particular debido al tema, al contexto y a sus protagonistas el llamado sub comandante Marcos daba cuenta en éste fragmento de un modo de actuar, sentir, pensar la transmisión de los adultos a los niños en la comunidad de los hombres murciélagos. Claro que “hablar con la verdad” no es tan sencillo, sabemos que la verdad busca escabullirse, que suele esconderse, conoce mil maneras para no dejarse atrapar fácilmente, sin embargo algo nos orienta, como a los Hombres Murciélagos en la oscuridad, tenemos una convicción, creemos saber como nos recuerda Agamben, entre otros, que “la verdad tiene su morada en las palabras...”. Y la oscuridad por muy transitada que sea como metáfora sigue dando cuenta de aquello que no podemos comprender, percibir definidamente, asociada con frecuencia al peligro, al misterio, tal vez al mal, a todo aquello que nos pierde (o nos deja perdidos..), inseguridades y temores no le son extraños. Recientemente Agamben nos recordaba que ser contemporáneo es responder a un llamamiento que la época nos lanza por medio de su oscuridad. Algo que ya había expresado en una conferencia hace unos años pero esta vez insiste en la idea a través de una exquisita metáfora para situar esa distancia, esa diferencia, nos dice que en el universo en expansión, el espacio que nos separa de las galaxias más lejanas se acrecienta a una velocidad tan grande que la luz de sus estrellas no puede alcanzarnos. Entonces, percibir en la oscuridad del cielo esa luz que busca alcanzarnos y no lo puede, eso es ser contemporáneo. Y agrega para nuestra zozobra o para nuestra tranquilidad que el presente es la cosa más difícil de vivir. Porque el origen no está confinado en el pasado: es un torbellino, es un abismo en el presente siguiendo la muy bella imagen de Walter Benjamin. Y estamos tomados en este abismo. Es por eso que el presente es por excelencia lo que permanece no vivido. Y no contento con eso reúne dos citas más que quiero a su vez compartir, refiere que Debord citaba a menudo una carta de Marx: “Las condiciones desesperadas de la sociedad en la que vivo me llenan de esperanza”. Un pensamiento radical siempre se coloca en la posición extrema de la desesperación. Y aquello que decía Simone Weil: “No me agrada la gente que entra en calor con esperanzas huecas”. Este itinerario de citas para afirmar que para él el pensamiento es el coraje de la desesperanza. Pensar es entonces el coraje de-en la desesperanza… éste es un tiempo para hombres murciélagos, en el campo social, en sus instituciones… las instituciones en las que ejercemos los oficios del lazo afectadas de oscuridad por su propia condición de institución y tal vez porque esa disparidad que todo tiempo presente plantea y que nos obliga a distinguir y a discernir entre sus luces y sus sombras se intensifica aún más en estas épocas tan oscuras en muchos de sus aspectos. Marchar por las instituciones requiere saber orientarse en sus oscuridades, no arredrarse en su torbellino, ni intimidarse ante el abismo de su presente y quizás, algo aún más difícil, no contribuir a consolidar la idea de la inevitabilidad de su presente ni el sello de su destino. Ya veníamos hablando del baqueano y sus saberes-experiencia construidas en su andar por cada territorio, recuperando la potente figura propuesta por Fernando Ulloa (Korinfeld, 2017) y de los pilotos y los marineros, del mar y sus tormentas, a partir de las investigaciones de Laurence Cornu explorando en las novelas de Conrad (Cornu, 2017) y con esas figuras y esas metáforas seguimos pensando-actuando, buscando y de alguna manera nos vamos dando coraje.[i] Y los tzotziles, los hombres murciélagos, según el texto, los que escuchando y hablando se van orientando en su caminar expresa para nosotros un modo de estar y hacer una clínica, constituye una figura que da cuenta de una posición para sostener una clínica, una hacer clínico en otros territorios, en espacios y tiempos que no son con los que tradicionalmente se la asocia. No es mi intención hacer un inventario de las múltiples tentativas por fundamentar una clínica referenciada en el psicoanálisis, solo vamos a elegir, digámoslo así, algunas de esas cuerdas para componer estas notas… (como anticipamos en la introducción a este libro las referencias a la música impregnaron aquellas ponencias y estos textos). Podríamos decir, en general, que se trata de usar la enseñanza del psicoanálisis sin aplicar el dispositivo analítico propiamente dicho, o mejor dicho el dispositivo que dio origen al psicoanálisis. En todo caso creemos que podría ser de interés para aquellos “para quienes el psicoanálisis existe (o pueda existir) como instancia de interrogación acerca de su práctica y de sus presupuestos” (Canguilhem, 2004, 73) o sencillamente para todos aquellos dispuestos a interrogarse acerca de su práctica y de sus presupuestos”. Los que escuchando y hablando se van orientando en su caminar, como figura de la clínica podemos pensarla para diferentes inserciones y posiciones en las instituciones, de modo que una perspectiva clínica, un enfoque clínico podrá ser, habrá sido desde el lugar y función que cada quien tenga allí. Se trata de un modo de pensar y actuar en la vida institucional ante diferentes situaciones-problema, desde el exterior de una institución o desde los distintos lugares que cada quien ocupa. Con todas las diferencias que hacen a la posición y a la función de un director de escuela, de un profesional que ejerce su oficio en una institución que atiende a niños, niñas y adolescentes, un servicio de protección de derechos, un abogado del niño, un analista institucional, una asesora, una médica de una sala comunitaria, un psicólogo en una escuela, un maestro integrador, un preceptor o auxiliar docente o tutor, una educadora social, un maestro de educación especial, un trabajador social, una profesora.[ii] Cada uno de los lugares, posiciones y funciones plantean diferencias y particularidades, sin embargo, consideramos interesante pensarlas en relación a una posición clínica. En esta presentación no vamos a diferenciar esas posiciones aunque es evidente que a la hora de intervenir esas diferencias adquieren otra relevancia. La relevancia del desafío de seguir pensando una perspectiva clínica para los oficios del lazo, el esfuerzo por dar cuenta de esta perspectiva apunta a construir un marco de referencias que permita tomar posición respecto las nuevas demandas y urgencias que plantean las transformaciones subjetivas en estos tiempos. Quienes desarrollan sus prácticas en instituciones de educación, de salud, en tareas vinculadas con la protección de derechos de niños, niñas y adolescentes, realizan actividades de trabajo social constatan las dificultades que muy frecuentemente se encuentran en el trabajo articulado entre disciplinas, instituciones, sectores éstas notas, con sus criterios y coordenadas, puede aportar a la configuración de unos puntos de partida, una posición y una mirada en común. Pero es importante ahora planteamos una primera objeción: ¿Proponemos una perspectiva clínica, cuando hemos criticado la impregnación que la clínica médico-psicológica ha tenido en diversas instituciones sociales en su función de normalización y control? Para decirlo mejor, cuando ha sido constitutiva y ha conformado en parte sus presupuestos básicos positivistas y liberales. Quizás el campo de la educación sea aquí paradigmático de lo que estamos señalando, desde su origen y a lo largo de su historia una lógica médico-psicológica lo nutrió e intervino orientando sus lineamientos y operando en los procesos de clasificación, selección e individuación. Y precisamente hoy observamos una intensificación de los efectos de psicologización y patologización (de la mano de recicladas teorías biologicistas - reduccionistas), algo que es posible constatar en innumerables experiencias y prácticas pedagógicas. Venimos interpelando la presencia más o menos subterránea del modelo médico hegemónico en sus relaciones con las prácticas sociales, la invasión, la colonización y asimilación de un discurso médico psicológico que persiste y encuentra ecos en los prestigios que tiene el saber y la eficiencia de la Medicina y la promesa de las Psicologías, en las prácticas de educación en particular -pero que alcanzan a un amplio espectro de prácticas institucionales- y funcionan al servicio de la normalización y diversos modos de segregación.[iii] Una suerte de colonización de la vida cotidiana y de la propia escena pedagógica cuyos efectos apuntan a la individualización de los sujetos. [iv] Sabemos del lugar y de los efectos que el Discurso Médico ha tenido y tiene en los modos de pensar y actuar en las instituciones, en su incidencia en la vida cotidiana de las personas; en la actualidad bajo nuevas formas hegemónicas en el campo profesional, con sustento en el campo del poder político y económico, importante difusión en el sistema de los medios de comunicación y alta pregnancia en la sociedad, constatamos cómo se incrementa la tendencia a psicologizar las problemáticas sociales, se incrementa la medicalización de la vida cotidiana cuando se instala en el centro de la escena social, mediática y se propicia en la formación de agentes de educación y de salud a las neurociencias, cuyo fetiche el cerebro como la explicación y la solución de todos los problemas y los males lo explica todo, es un buen ejemplo de que nos afectan. [v] Entonces cuando decimos perspectiva, mirada, enfoque clínico, una sensibilidad clínica- y presentamos estas variantes para su discusión-, incluso cuando proponemos pensar por caso, cuando queremos deconstruir una demanda institucional a partir de los casos que nos presentan ¿entramos en contradicción con lo que venimos sosteniendo? En principio insistir con el concepto de clínica como un modalidad para pensar e intervenir en las instituciones no es sin dar cuenta de sus tensiones y los riesgos que presenta - algo que vale para la mayoría de las nociones y conceptos que utilizamos para pensar e intervenir-. La clínica a la que nos referimos se orienta de otra manera, se fundamenta y se orienta de una manera muy diferente. Advertidos acerca de la eficacia del linaje médico de toda clínica vamos a avanzar asumiendo estas tensiones y riesgos. Foucault planteó el lugar fundamental de la medicina (y la clínica) en la arquitectura del conjunto de las ciencias humanas: ¨más que otra, está ella cerca de la estructura antropológica que sostiene a todas¨ (1999: 277) afirmaba. Antes de formular las bases de lo que será la Biopolítica, escribía que el pensamiento médico está comprometido por derecho propio en el estatuto filosófico del hombre (1999: 288) y allí incluía desde Bichat hasta Freud. Registrando ese origen común de las antiguamente llamadas ciencias del hombre, cuando decimos una clínica, una clínica en las instituciones lo decimos recuperando y a su vez transformando su sentido original. Retomando los sentidos originales de la palabra, recordando su etimología: aquello que se aprende y se conoce al pie del lecho (cama-kline) del que padece. Es decir, el itinerario de una experiencia, la producción de un saber sostenido en un compromiso con el sufrimiento del otro. Con Ulloa decimos que se trata de una clínica desmedicalizada, despsicologizada, que también se desmarca en ciertos aspectos de los términos en el que opera en el dispositivo de la clínica psicoanalítica individual. Una perspectiva clínica es convocada cuando lo que está en juego, es una experiencia de insuficiencia. Aquello que no hemos podido dominar, ni determinar; vivencia singular e intraducible, y ello no es algo que atañe solo uno por uno, aunque su efecto sea singular, tiene ecos, reflejos, diversos efectos en el colectivo. Una perspectiva clínica es un modo de interrogar formas cristalizadas, dominantes de pensar y de actuar; busca atravesar un conjunto de presupuestos, una suerte de axiomas arraigados (Modelo Médico Hegemónico y Discurso Médico; Discurso de la Pedagogía Tradicional) transmitidos, transfundidos en las matrices de subjetivación, en la misma formación de la disciplina y del oficio, en la propia vida cotidiana de las instituciones. El pensamiento como suspensión automática de las reglas nos recordaría Frigerio evocando a Hannah Arendt. Conmover estas modos hegemónicos de pensar y de actuar requiere en las instituciones de una mirada clínica tal como queremos fundamentarla dispuesta a pensar aquello no pensado. Foucault (1999:15) sostenía que lo que cuenta en los pensamientos de los hombres no es tanto lo que no han pensado, sino lo no-pensado que desde el comienzo del juego los sistematiza, haciéndolos para el resto del tiempo indefinidamente accesibles al lenguaje y abiertos a la tarea de pensarlos de nuevo. Aquello que está sistematizado desde el comienzo del juego afirmaba Foucault; pero ¿qué mecanismos lo regulan, qué supuestos los sostiene? Mencionaremos algunos de los supuestos y mecanismos que entrelazados entre sí están presentes en las prácticas configurando lo no pensado. El reduccionismo que implica la naturalización y esencialización de los hechos, la negación de la historia y de la multiplicidad de dimensiones intervinientes y los procedimientos de normalización de los sujetos los veremos en las consideraciones que a continuación vamos a desarrollar. Subrayemos ahora como intervienen en la naturalización de las jerarquías como constitutiva de los lazos sociales. En plena sintonía con la estructura y el funcionamiento social, identifica asimetrías o imparidad con jerarquías y relación de subordinación. La arbitrariedad, el sometimiento y la dependencia son riesgos inherentes a toda práctica social en la que se juega lo que podríamos denominar una subordinación técnica, en la relación médico –paciente, educador-estudiante. Aunque con conflictividad creciente sigue persistiendo como un no pensado, naturalizado el modo de lazo y el dispositivo institucional en el que se despliega, sus conflictos son frecuentemente racionalizados como anomalías que propicia la época o patologías individuales. No solo se resiste a ser pensado en tanto relacional y por tanto conflictivo sino que se invisibiliza el eje dependencia- autonomía y se distorsiona la propia práctica cuando se prioriza la operatividad en detrimento de la singularización. Y destaquemos también, un no-pensado que sostiene el ideal de ¨La Ciencia¨, nos referimos a las prácticas que se identifican ideológicamente de manera absoluta con la racionalidad científica hegemónica. Fundamentalmente se trata de una ideología que deposita exclusivamente el saber en los especialistas, niega el terreno científico y teórico como un campo de debates y disputas, excluyendo otras perspectivas científicas, otros saberes que apelan a otras racionalidades y niega a su vez el saber de las comunidades y los sujetos en singular. A continuación proponemos una serie de consideraciones conectadas entre sí que buscan fundamentar una perspectiva clínica, cuestionando los supuestos y mecanismos presentes en las prácticas que configuran lo no pensado. Entre los autores que nos van a acompañar tres de ellos los elegimos por lo que consideramos el valor clínico que hallamos en sus escritos y en sus testimonios August Airchorn[vi], Janusz Korczak [vii]y Fernand Deligny[viii]. Los tres desde sus diferencias, hablando y escuchando palabras (y silencios) se orientaban en su caminar. Tres practicantes que con formaciones muy distintas que en su tiempo establecieron relaciones muy diferentes con el psicoanálisis, sostuvieron lo que podemos denominar un enfoque clínico en su mirada y su posición en las instituciones que crearon o por las que transitaron, una posición, un compromiso singular en el encuentro con la infancia y la adolescencia. Algunos personajes de ficción también han de decir lo suyo en este breve recorrido. 1 -Una perspectiva clínica en las instituciones implica el reconocimiento, el registro de la existencia de lo inconsciente. Un modo de hablar del inconsciente si se quiere menos frecuente: Freud llamó inconsciente, término con el que se reprueba al descuidado en lo que dice, a los rastros huidizos que dejan las palabras, al efecto que proviene de la imposibilidad de medirlas. Se ha vuelto célebre por sus intervenciones inoportunas, accidentales, fallidas, y es también conocido como ¨el sujeto que habla¨, aunque resulta que es mudo, mudo-entre-palabras (Jinkis, 2013:30). Sujeto que habla, tropiezos del habla, imposibilidad de cálculo, de predictibilidad, ausencia de linealidad, fugacidad, centralidad de la palabra que hace cuerpo. Registrar, reconocer lo inconsciente discute la naturalización que el discurso de la ciencia hegemónica atribuye a la biología y que en la actualidad instaura al cerebro como fetiche, y al individuo consciente como capaz de pensar y actuar siempre de modo racional, entrenar sus emociones, adiestrar su voluntad, modular su estado anímico, listo para aprehender lo real de un modo positivo. De un modo análogo a estas condiciones del sujeto parlante, sexual y mortal, su relación con la palabra y con el habla, su falta de transparencia, cuando se trata de los fenómenos colectivos, del devenir de los grupos, observamos la opacidad de su funcionamiento, las ambigüedades y ambivalencias de sus posiciones, acciones y reacciones, las complejidades y tensiones al interior de las comunidades y del vasto campo de las instituciones muchas veces difíciles de aprehender y comprender y mucho menos de predecir. Estas condiciones que expresan la división que nos habita individual y colectivamente, lejos de toda desresponsabilización arrojan al sujeto y al colectivo a la necesidad de tomar en serio su existencia y divide a su vez los modos de pensar e intervenir en nuestras prácticas. Esta perspectiva discute el mecanismo de naturalización y esencialización antes señalado que le concede a la biología la sobredeterminación de la vida y el destino de los sujetos. Naturalización que se observa en las prácticas con una variante, un desplazamiento de la biología a las que condiciones existenciales de un sujeto (desigualdades de origen y puntos de partida, o diferencias que no se cuestionan) que tendrían el mismo enfoque: condiciones socioeconómicas y culturales que son leídas como datos aislados e intrínsecos de un individuo, selladores de destino. La naturalización y esencialización como mecanismo implica la negación de la historia como condicionantes que configuran la existencia social e individual. La historia social y las historias subjetivas con sus múltiples dimensiones asociadas son radicalmente expulsadas del modo de comprensión, de aprehensión de lo real. Por tanto, Estado, instituciones, agentes y comunidades quedarían eximidos de toda responsabilidad política y subjetiva. 2- Una perspectiva clínica en las instituciones tal como la pensamos propone una mirada bien diferente respecto de lo normal y lo patológico. Al afirmar el carácter histórico, no natural, ni atribuible a ninguna esencia o trascendencia, discute esa concepción de la anomalía, de la enfermedad como ruptura, desviación y diferencia respecto de una normalidad estadística o distancia con un ideal instalado. Otorgando a lo patológico su características de analizador social. Se trata de un no pensado de tal magnitud e intensidad que permea discursos y prácticas y tiene la capacidad de desplazarse y transformarse incluso cuando las fronteras de lo normal y lo patológico se van modificando acorde a los avatares socioculturales. Como es sabido lo normal tiene su régimen de verdad para cada institución social. Tanto respecto de la salud individual, el modo en el que debe desarrollarse el proceso educativo de un niño, o los modos ajustados a la norma en el que un adolescente debe devenir adulto. Una perspectiva clínica siempre tensiona los modos de normalización de una institución. La naturalización y la deshistorización de los hechos sociales y subjetivos, la normalización como vector o eje de las prácticas institucionales, la tendencia a la acción-reacción, la acción reactiva, supone un modo de hacer con todo aquello que no funciona, lo que se percibe como detenido, lo que hace obstáculo y complica la marcha esperada e ideal que la institución ha fijado para los sujetos a los que educa, ampara, cuida, cura. Lo que propicia y dispone prácticas basadas en la eliminación-supresión inmediata del síntoma, del obstáculo, del conflicto. Aunque sobren las evidencias de los desarreglos estructurales que hacen a las instituciones, a pesar de que la anomalía haya cambiado su estatuto tan marcadamente negativo en los enunciados y que conviven nuevas miradas, discursos y saberes que despliegan miradas más integrales o integradoras que le hacen un lugar a la falla, persiste, a veces como modus operandi - el modo más frecuente de actuar, automático- otras veces de un modo más soterrado la tendencia a la acción reactiva cuyo objetivo es eliminar, suprimir o expulsar aquello que es disruptivo al orden institucional. Reducida la subjetividad al orden de la biología - y a una constelación limitada de factores que también podrían sobredeterminar la vida de un sujeto- se niega la historia y por tanto se niega la acción. Se suplanta a la acción por una serie de operaciones mecánicas, procedimientos, automatismos que confluyen con la tendencia a la acción reactiva. Una concepción que bien se lleva con las propuestas hegemónicas de esta época. La acción conlleva la vacilación, la demora e implica atravesar incertidumbres y resistencias de todo orden poniendo en juego implicaciones y sobreimplicaciones de los sujetos que allí intervienen. El hacer procedimental, el automatismo llama a la precipitación, propicia un responder al impulso. Asociado a la eficiencia y a la eficacia, amparado en la neutralidad de los procedimientos y los protocolos se muestra como un espejismo que indica una salida falsa que pretende saltear las complejidades de las prácticas de nuestro presente. La abstención de intervenir, la renuncia a seguir sosteniendo el lugar y la función a la que hemos sido convocados son atribuidas muchas veces a los sinsabores de la práctica, a la fatiga que dejan los fracasos en el ejercicio del oficio. Podríamos pensar que una de las dimensiones de esta cesión, del desistimiento en la función está vinculada precisamente a la dificultad por reenfocar y transformar estas prácticas basadas en la eliminación-supresión inmediata del síntoma, a la veloz remoción del obstáculo, a la resolución cabal del conflicto. La medicalización y psicologización de los problemas sociales y subjetivos es una consecuencia de este no pensado de las prácticas, una mirada individualizante en el que cada sujeto es una célula aislada en-del universo y en él radica el origen, la causa y el fin último de todos los avatares de su existencia. Una perspectiva clínica en las instituciones tal como la pensamos propone reorientar la acción hacia una perspectiva que le otorgue un valor al síntoma y logre producir espacios y tiempos, dispositivos de trabajo sostenidos que construyan otras modos de relacionarse, otras sensibilidades con lo que tiende a nominarse como anomalía o patología. 3 - Una perspectiva clínica en las instituciones requiere de ciertos dispositivos que tienen a la palabra en un lugar central. El mejor instrumento de la medicina es la silla, decía el Dr. Andrade, porque ahí el paciente puede sentarse y hablar, así refiere Ricardo Piglia (2017: 159) en un relato indudablemente autobiográfico los dichos de un médico de pueblo, un gran clínico que revisaba personalmente a los enfermos y no los abrumaba todo el tiempo con análisis y estudios complejos y otras supersticiones científicas para sacárselos de encima - exagera el escritor en su relato- aludiendo a uno de los exponentes de una tradición clínica médica posiblemente en extinción que no retrocedía ante las demandas del paciente a ser escuchado y no solamente examinado. Quizás porque esa tradición clínica sabía algo de lo que el psicoanálisis evidenció y organizó como dispositivo, en el que como afirmaba Blanchot (2012:31): ¨Aquel que habla y acepta hablar junto a otro encuentra, poco a poco, las vías que harán de su palabra la respuesta a su palabra”. Ese lugar central y al mismo tiempo atópico de la palabra, desplazado de la mera comunicación e interacción instrumental piensa el lenguaje como acción que transcurre hoy. No se trata de los hechos, sino del saber acerca de ellos insistía Ulloa. Invitar a contar, más allá de informar, de transmitir informaciones y menos aún se trata de contar en el registro del cálculo que apunta a la eficiencia y al rendimiento- aunque no sea posible eludir totalmente esas demandas-, contar en la dimensión de la narración que busca un buen entendedor. Propiciar la narración permite relatar el movimiento de la experiencia de los sujetos en las instituciones. Los nudos, momentos, conflictos insolubles sobre los que es necesario avanzar llevando más lejos esa experiencia. Propiciar el despliegue de los relatos sobre las prácticas es invitar a desencadenar asociaciones, recuerdos, hacer memoria, de algún modo construirla para que emerjan un conjunto diverso de significaciones sobre los hechos, sobre lo hecho. Escuchar los relatos, escucharlos de algún modo a contrapelo, seguir el hilo y sus tropiezos. Dice Marcelo Percia en su comentario sobre el texto de Blanchot (2012:51) que el habla analítica se sustenta en la posibilidad que tiene la palabra de viajar entre los cuerpos y los tiempos, capacidad de diseminación entre hablantes que Freud llamó transferencia. Relatos que en las instituciones construyen una polifonía, un conjunto de voces a ser escuchadas, en esos viajes entre cuerpos, espacios y tiempos. Es en transferencias múltiples que conviene escucharlos, solo en esa red de conexiones transformarán su sentido y adquirirán su mayor potencia. Se trata de hablar, se habla cuando se piensa lo hecho, se habla cuando se interviene, y aquí también se trata de saber callar a tiempo. “He aprendido con mucho esfuerzo, que callarse a tiempo puede ser mejor que la impostura del optimismo terapéutico (…) En este oficio como en el resto de la vida, algunos silencios pueden ser menos perjudiciales que algunas palabras.” (Dessal, 2018:152) Así dice de su experiencia clínica el doctor David Palmer, psicoanalista, hablando del análisis de Anne, entrañable personaje de una reciente novela de Gustavo Dessal, El caso Anne. Revalorizar el silencio, la demora, la abstención en el momento oportuno que también tienen valor de palabra. Estar advertidos del furor curandis, o del furor educandis que se juegan en cualquier escenario y situación impulsado por las expectativas, los ideales y también por la angustia que producen aquellas situaciones complejas ante las cuales no atisbamos inicialmente el modo de abordarlas 4 -Una perspectiva clínica en las instituciones requiere del trabajo en torno a la implicación del que “hablando y escuchando palabras se orienta en su caminar”. Como una herramienta fundamental para mantenerse en la posición, condición para disponerse a la acción, poder sostener el peso de las transferencias, manejar las ambivalencias y ambigüedades propias que supone movilizar acciones, espacios y tiempos de pensamiento, pilotear los malentendidos, soportar los afectos encontrados e intensos (alojar la angustia, develar las imposturas). Sostener el encuadre que permite orientarse y orientar buscando la suficiente flexibilidad para poder reinventarlo. Y la implicación, revisar los modos en los que estamos cada vez involucrados, concernidos, comprometidos en lo que hacemos y decimos requiere retomar la cuestión de la evaluaciones en términos de éxito o fracaso. Una clínica discute y debate en torno a las nociones de éxito y fracaso que impregna las prácticas, soporta las tensiones que esa posición genera. La tarea de reconsiderar esa categorización más allá del rendimiento permite atender la dimensión subjetiva, singularizar las situaciones problemas y sin dudas los tiempos que se disponen en cada caso. En sus experiencias institucionales Siegfried Bernfeld[ix] señalaba como los educadores que promovían innovaciones pedagógicas se decepcionaban ante los fracasos de esos nuevos métodos. Se decepcionaban una y otra vez relata, los dejaba en la más terrible confusión cuando sobrevenía un incidente drástico y peligroso y con pocas excepciones admitían las necesidad de retomar los métodos del castigo corporal, el arresto y la reclusión que habían pretendido dejar atrás en pos de una pedagogía humanitaria, de camaradería y amor. Esto lo lleva a interesantes reflexiones acerca de los ideales que esa pedagogía amorosa versus la pedagogía cuartelera-autoritaria, que lo llevan a trabajar la noción de autoridad. Fernand Deligny en sus escritos y diarios recurre con bastante frecuencia a la palabra fracaso. Sin duda fue alguien interesado en transmitir los claros oscuros de los oficios, esa parte significativa de las prácticas que pueden ser rutinarias, agotadoras, decepcionantes. La visibilidad que le da alejado de todo idealismo propone un modo de orientarse en el oficio, por ejemplo escribía: “Si por tan poco te asqueas del oficio, no te subas a nuestro barco, pues nuestro carburante es el fracaso cotidiano, nuestras velas se inflan de risitas burlonas, y trabajamos mucho para llevar a puerto pequeñísimos arenques aunque salgamos a pescar ballenas.” (2017: 51) La decepción, la fatiga que sobreviene cuando nuestras acciones no resultan como las esperábamos, cuando lejos de avanzar en percibimos retrocesos, detenciones, bloqueos, interrupciones, situaciones que se cronifican, requiere la necesidad de administrar nuestro ánimo para poder seguir ejerciendo el oficio elegido y ello siempre conlleva una tarea de pensamiento sobre la práctica. [x] Proponer que el carburante es el fracaso cotidiano subvierte la posición tradicional del oficiante del lazo y propone tomar distancia de las expectativas e ideales que ponemos en juego, nos dice que ese gaje del oficio no es una anomalía sino su corazón, su condición central. Se desmarca del par éxito-fracaso tan incorporada en la vida social desde una lógica mercantil, eficientista, técnica y meritocrática para plantear que lo fundamental es estar comprometidos, implicados en la imposibilidad de toda tarea y que ello no es posible sin pensarse junto a otros, interlocutores varios, colegas, autores, escritura. 5- Una perspectiva clínica en las instituciones sostiene la imparidad de cada sujeto y sabe de las tensiones que conlleva las relaciones siempre complejas entre el sujeto y la institución. Una clínica que no puede ser sino situada, a pesar de la evidencia de ciertas regularidades y de la intuición y constatación de la existencia de variantes lo que la define no es sino la singularidad de los sujetos, la particularidad de cada institución y de toda situación problema. Por tanto, problematiza la producción de los saberes en juego en cada conflicto. Interpela las prácticas de los actores institucionales (los saberes que están operando y que se ponen en juego, los conocimientos, las posiciones y actitudes). Apunta a que se formulen preguntas sobre lo pensado y actuado, sobre lo no-pensado, sobre las posibilidades y sobre los límites. Se orienta entonces a reconfigurar las relaciones entre el-los sujetos y la institución. Como refería Deligny hay tres hilos entrelazados que habría que tejer conjuntamente: el individual, el familiar, el social, dice del familiar que está bastante deteriorado y del social que está lleno de nudos entonces nos conformamos con tejer solamente el primero y nos asombramos de la fragilidad de ese trabajo de bordado, sin embargo, poder reconocerlos y nunca perder de vista esos tres hilos le puede dar espesor a nuestras lecturas y a nuestras intervenciones. Podemos decir que una clínica siempre apunta a que todo sujeto en el contexto que fuere tome en serio su existencia. Nuevamente vamos en ayuda de nuestro psicoanalista de ficción el Dr. Palmer quien parafraseando una frase de Jacques Lacan reflexiona: “Tomarse en serio la existencia implica hacerse cargo de lo que solemos acusar a los otros, renunciar al vergonzoso placer de imaginarnos víctimas, reconocernos en las consecuencias de aquello que hemos decidido, o incluso de lo que no hemos decidido. Asumir que la inacción es una forma de acción, que excusarse en la mala suerte es una coartada de corto recorrido, y que, dado lo difícil o improbable que resulta no mentirse a uno mismo, al menos tengamos la suficiente valentía como para preguntarnos de tanto en tanto si no estamos abusando de esa costumbre.” (Dessal: 112-113) Es que más allá de que existan definidos condicionamientos sociales e institucionales, sabiendo que hay situaciones muy claras en las que hay víctimas y hay victimarios, descontando que cada sujeto porta su historia y se encuentra en un momento vital determinado y en un contexto especifico, que cada sujeto tome en serio su existencia y su relación con lo común, con lo colectivo, es la ética que gobierna una perspectiva clínica en las instituciones. Reconfigurar las relaciones entre el sujeto y la institución era la posición que sostenía August Aichhorn, sostenía que no se trataba de conquistar de entrada por la palabra a los adolescentes que llegaban a su institución, sino que había que ¨dejar que el ambiente actúe…¨. Su propuesta era generar un ambiente tal que los sujetos pudieran sentirse bien, así de sencillo (2006:18). Cuando él se refería a ¨regular el ambiente que rodea al niño¨, contra toda idea de adaptacionista, lo que se ponía en juego era el tipo de ambiente que se generaba activamente, implicaba tomar la decisión de incidir en las condiciones institucionales, y ello requería instalar esa discusión con los educadores, aún cuando los resultados no fueran en primera instancia los que él esperaba. El debate y el consenso de los adultos en una cierta posición y dirección sabemos que es una de las condiciones fundamentales para estas tareas. Aichhorn se preguntaba, cómo rescatar la subjetividad del adolescente de su acto transgresor, agresivo o delictivo, “¿Cómo construir el lugar del Otro, esa alteridad imprescindible para el humano, cuando el sujeto parece ya no creer en su existencia, en su función de soporte, de ayuda?” Esa función de soporte que las instituciones creadas para tal fin, aún aquellas que están implicadas en la centralidad y las implicancias de tal función, deben ser interrogadas y revisadas por una mirada y una escucha clínica institucional. Por su condición estructural a serializar, a ordenar-clasificar según ciertos ideales, a fragmentar en funciones y capacidades, a escindir y a encapsular el mundo sensible, a producir lecturas unidimensionales de lo que hace conflicto, una perspectiva clínica apuesta a la integralidad del sujeto y de las situaciones en las que se hayan implicados. Una clínica que no subraya los déficits, ni se solaza en las carencias de los sujetos, sino que aborda el sufrimiento apuntando a desencadenar sus potencias. Una clínica de la singularidad del sujeto y de las situaciones se orienta a dar cuenta de la heterogeneidad y piensa el conflicto como parte indisoluble de la vida social, institucional y subjetiva. En sus consideraciones sobre la palabra analítica, Blanchot (2012:29), refiriéndose a la libertad con la que Freud inventó su vocabulario, las explicaciones y los esquemas más variados para dar cuenta de lo que descubría, nos brinda quizás una definición del carácter situado que hace a toda clínica ya que nos muestra la conveniencia de que cada experiencia sea proseguida, comprendida y formulada en primer lugar con relación a sí misma. Un criterio a tener siempre presente, una coordenada para la acción, una advertencia ante las extrapolaciones de enfoques preelaborados o ¨enlatados¨ como suele decirse, aplicaciones automáticas de modelos de intervención. Cuando Deligny insiste con el juego como constituyente del lazo con la infancia, como vía regia de relación, de comunicación, de reconocimiento habla de su posición clínica situada. Reconocimiento de su estatuto de niños, umbral ineludible para conocerlos y acompañarlos en esa aventura o desventura que implica todo contexto institucional. Sostener la imparidad del sujeto y saber de sus tensiones en y con la institución nos reenvía a la cuestión ya abordada sobre lo normal y lo patológico y las prácticas basadas en la eliminación-supresión inmediata del síntoma, del obstáculo, del conflicto. Nuevamente Deligny da en el blanco con una de sus fórmulas: “Jamás olvides fijarte si el que se rehúsa a caminar no tiene un clavo en el zapato”. En una frase condensa con una imagen una posición de interrogación sobre las razones y sinrazones de conductas y comportamientos, una posición respecto al síntoma. Así como en aquella otra fórmula en la que nos aconseja: “Es brutal y terco, no te apresures a quitarle esas garras”. Nos sugiere no precipitarnos a suprimirlo, no buscar resolverlo sino escucharlo, tratarlo con la prudencia que las resistencias y los mecanismos de defensa requieren en tanto cumplen una función. No atender a esa función sustitutiva puede acarrear consecuencias riesgosas para el sujeto. Una advertencia para detenerse y entonces acompañar a quien tiene un clavo en el zapato, suspender ese furor educandis que parece habitarnos -tan emparentado con ese otro pasión: el furor curandis-. Otorgarle un valor a esa detención, a ese rehusarse, cambia el sentido y se abren otras vías que ofrecen tiempos y espacios, abriendo un curso de acción y de acompañamiento que permita una implicación subjetiva. Todo un saber hacer, resultado de su valiosa experiencia. 6 - Una perspectiva clínica en las instituciones instala otra dimensión del tiempo, sostiene una relación “incómoda” con las anticipaciones, con los planes y los objetivos fijos e inamovibles. Una perspectiva clínica en las instituciones configura otra relación con el tiempo y los tiempos, no desconoce las tensiones que ello conlleva, ni desatiende las demandas desde las que es convocada. Es cierto es que está más atenta a las variantes que a las regularidades. Cuenta Eisller que August Aichhorn estuvo entrevistándose diariamente con un paciente esquizofrénico quien quería convencerlo a toda costa de sus ideas delirantes. Aichhorn refería que estaba sentando las bases para una transferencia que le llevo a importantes transformaciones subjetivas y "que su altura como clínico se puede apreciar en su recomendación de que quien se cree que está siendo demasiado paciente con el “delincuente” en tratamiento, será tan sólo por esta creencia, despojado de los frutos de sus buenas intenciones…" (Aichhorn, 2006:30). Es decir que para Aichhorn, en estos asuntos, nunca se es suficientemente paciente. La persistencia, cierta paciencia como atributos para sostener una clínica. Por su parte, Deligny, desconfiado de las soluciones inmediatas recuerda algo que educadores y terapeutas conocen bien cuando dice: “Les ha tomado quince años y nueve meses hacer a sus padres lo que es, y quisieran que en tres semanas lo conviertas en un niño modelo” (2017: 44) En la misma línea escribía Janusz Korczak para la misma época aproximadamente su maravillosa frase: ¨He leído libros interesantes, ahora leo niños. No digo ya sé. Leo una vez, luego una segunda, una tercera y una décima vez el mismo niño. Y no sé mucho porque el niño es un mundo, un mundo inmenso. Sé lo que ha sido y lo que es, pero, ¿qué será después? (Naranjo, 2001:197) Dicho por un voraz lector y un profuso escritor, sin dudas adquiere mayor relevancia. Apunta y se dirige directamente a la impaciencia del pedagogo, a la rigidez del psicólogo atado a los baremos de la psicología evolutiva, a las prisas del trabajador social por integrar, por incluir. Pone en evidencia la violencia de la sobreinterpretación, busca amortiguar, detener la secuencia acción-reacción, a sostener la dimensión enigmática y misteriosa de la infancia. En otras de sus frases orientadoras pide respeto por los misterios, las sacudidas y las interrupciones repentinas del duro trabajo que es el crecimiento. Vemos como los tiempos de y en la clínica están en el centro de las tensiones entre el sujeto y las demandas de la institución. Aichhorn da testimonio de su clínica y se ve en la obligación de advertir a los principiantes que en este campo no puede establecer reglas estrictas ni rápidas formas de proceder. Su intención, dice, es despertar consideraciones atentas sobre los problemas discutidos y estimular el esfuerzo independiente. (Aichhorn, 2016: 33) No hay lugar para la prisa ni para la superficialidad, advierte contra la tendencia prevalente a la generalización como especialmente peligrosa para el investigador de la conducta social, y sostiene que se encuentra centrado en su trabajo práctico con los niños y las discusiones teóricas, sin aplicación inmediata no le interesan. “Sin duda, esperáis de mi que os explique el plan que tracé para esclarecer totalmente su conducta disocial. Pero confieso que soy incapaz de hacerlo, y pienso que resultaría imposible en cualquier caso. Ha sido mi práctica de años de utilizar las situaciones favorables o, de no existir ninguna, de crearlas; la intuición y la deliberación me sirven alternativamente según el caso...” (Ibídem: 89). Sin planes, rígidos agregamos, ni tiempos programables o anticipables, nos deja otro consejo: ¨Deberéis ensayar siempre primero las medidas más sencillas¨ (Ibídem: 57). Sin embargo, reconozcamos que hay mapas equivocados que pueden llevarnos a puerto Cuando Graciela Frigerio (2017:53) nos trae la historia de una patrulla perdida que logra encontrar su camino con un mapa de otro territorio nos habla también de la necesidad de soportes desde los cuales nos lanzamos a la acción, hojas de ruta, bitácoras, cartografías que marcan trayectos e itinerarios para orientarnos mientras escuchamos y hablamos y construimos nuestro propio camino. Combatir la impaciencia del pedagogo (que no es exclusiva de los pedagogos y los educadores) implica entonces una tensión y un ritmo entre acción, espera y ocasión u oportunidad. Como la improvisación en la música, todo sucede en tiempo real. Existe un estándar, una melodía previa sobre la que se teje la armonía del instante (Piglia, 2017: 135). La armonía del instante en el que se juega el gesto clínico no es sin sostener y atravesar las tensiones que les son inherentes, lo que lo convierte en un gesto cargado de riesgos. Estar atentos a la ocasión, encontrar la oportunidad, implica también despegarse de la línea melódica y conlleva desplegar una capacidad metafórica y asociativa. 7 -Una perspectiva clínica en las instituciones implica una operación política e implica una ética Despejado del ideal contemporáneo que postula que se trata siempre y solo de aspectos esencialmente técnicos, metodológicos o administrativos emerge la politicidad de toda operación clínica. En un sentido amplio, es una operación política, una interpelación a la polis, a los asuntos de la ciudad, de la sociedad, a la institución, a las formas de ejercer y configurar ese común capaz de desatar energías emancipatorias y de interpelar formas del poder establecidas que amenazan la emergencia de lo subjetivo. Y en ese sentido una perspectiva clínica en las instituciones es un modo de hacer, un modo consecuente e implicado de actuar. En registros muy diferentes dos autores sientan su posición política y ética respecto de los oficios del lazo. George Canguilhem supo plantear con radicalidad la paradoja que habita ciertos oficios cuando afirmaba: “El objetivo del médico, como del educador, es volver inútil su función” (2004: 96). Es decir que allí donde triunfa, cuando cumple sus propósitos se desvanece la centralidad de su posición, se lugar, su función su tarea se hace innecesaria. Apunta a la necesidad de saber sobre los límites, los alcances, la pertinencia y los tiempos de las intervenciones en el ejercicio del oficio. Estar a la altura de ese objetivo y ser consecuentes con ello toca a una dimensión política, un aspecto de esta posición ética a la cual nos referimos. Deligny va un poco más allá, habla de la necesidad del corte y la separación en el lazo que el oficiante pacientemente construye, y señala los riesgos de la ¨comodidad¨ (¿de ambos?) incluso advierte la transmisión de las experiencias pasibles de interferir en la tarea, así lo escribía: “No los sueltes antes de que hayan tomado, de la atmósfera que has creado, todo lo bueno que podían tomar. Pero cuando estén demasiado cómodos, apresurate a separarte de ellos. Por tener un ejemplo que mostrar a los otros, corres el riesgo de dejar que se pudran los mejores frutas de tu cosecha.” Construir las atmósferas y los lazos, estar atentos al momento de disolverlos, de transformarlos. Los riesgos de la objetalización del otro se agazapan en cualquier momento, en todo pliegue de la tarea de acompañamiento, generalmente, lo sabemos, con las mejores intenciones. Para concluir También es Canguilhem quien nos cuenta que en uno de los últimos textos de F. Scott Fitzgerald, el gran escritor comienza con estas palabras: “Toda vida, es desde luego, un proceso de demolición”. Pocas líneas después el autor agrega: “La marca de una inteligencia de primer plano es su capacidad para concentrarse en dos ideas contradictorias sin perder la posibilidad de funcionar. Por ejemplo, deberíamos poder comprender que las cosas carecen de esperanza, y no obstante estar resueltos a cambiarlas” [xi] Dice Tardewski, un personaje de Piglia en Respiración artificial, alter-ego del escritor Witold Gombrowicz: ¨En cuanto a mi (…) usted quizás lo habrá notado, yo soy un hombre enteramente hecho de citas¨ (Piglia, 1980:216). Sin dudas, lo que otros han escrito y nos importa va siendo parte de los que somos, aquello que escuchamos-leemos nos va orientando en nuestro caminar. En la combinación e interpretación que se produce a medida que lo vamos metabolizando surge alguna pista, algún indicio, un nuevo sendero para construir esos planes que no se van a cumplir, siguiendo aquellos mapas equivocados. Y tal vez porque en estos tiempos la desesperanza prospera concluyo con esta última cita con la esperanza de que estas consideraciones sean debatidas, corregidas, profundizadas y aporten a las artes de hacer de los oficiantes del lazo. Fuente: Korinfeld, D. (2019) “Los que escuchando se van orientando en su caminar. Consideraciones sobre clínica e instituciones”, en Las instituciones saberes en acción. Aportes para un pensamiento clínico, Buenos Aires, Noveduc. Referencias bibliográficas Agamben, Giorgio (2017, Octubre 25). Entrevista a Giorgio Agamben: el pensamiento es el coraje de la desesperanza. Recuperado enhttps://enelmargen.com/2017/10/25/entrevista-a-giorgio-agamben-el-pensamiento-es-el-coraje-de-la-desesperanza/ Aichhorn, August (2006). Juventud desamparada. Barcelona: Gedisa. Bernfeld, Siegfried (2005). La ética del chocolate. Aplicaciones del psicoanálisis en educación social. Barcelona: Gedisa. Blanchot, M. (2012). La palabra analítica. Buenos aires: La Cebra. Carta del Subcomandante Marcos a ETA (2003, Enero 12). Recuperado enhttps://www.uv.es/~pla/terrorisme/marcoeta.htm Canguilhem, George (2004). Escritos sobre la medicina. Buenos Aires: Amorrortu. Deligny, Fernand (2009). Permitir, trazar, ver, La tentativa 1975. Barcelona. Ed: Museu d’Art Contemporani. Deligny, Fernand (2017). Semilla de Crápula. Consejos para educadores que quieran cultivarla, Buenos Aires: Cactus. Tinta Limón. Dessal, Gustavo (2018). El caso Anne. Buenos Aires: Interzona. Frigerio, Graciela (2017). ¨Oficios del lazo. Mapas de asociaciones e ideas sueltas¨ en Trabajar en instituciones: Los oficios del lazo. Buenos Aires: Noveduc. Foucault, Michel (1999). El nacimiento de la clínica. Una arqueología de la mirada médica, México: Siglo XXI. Jinkis, Jorge (2013). No solo es amor, madre, Buenos Aires: Edhasa. Korinfeld, Daniel (2017). Neuromanía, educación y neoliberalismo. Entrevista. Revista Para Juanito. Segunda etapa / Año 5 / N° 13 / Agosto 2017. http://www.fls.org.ar/juanito/13/para-juanito_13-web Korinfeld, Daniel (2018). “Fernand Deligny: 136 cometas lanzados al cielo. Sobre prácticas, afectos y emociones en la tarea de educar”, en Emociones, sentimientos y afectos. Las marcas subjetivas de la educación. Carina V. Kaplan ( Ed). Buenos Aires: Miño y Davila Editores. Naranjo, Rubén (2001). Janusz Korczak. Maestro de la Humanidad. Buenos Aires: Novedades educativas. Percia, M (2012). ¨Un oído que está por aparecer¨ en Blanchot, M. La palabra analítica. Buenos Aires: La Cebra. Piglia, Ricardo (1980). Respiración artificial. Buenos Aires: Anagrama. Piglia, Ricardo (2017). Un día en la vida. Los diarios de Emilio Renzi (Tomo III). Buenos Aires: Anagrama. Ulloa, Fernando (1995). Novela Clínica Psicoanalítica. Buenos Aires: Paidos. [i] Este escrito se inscribe en el trabajo que venimos desarrollando en los Ateneos de Pensamiento Clínico que Graciela Frigerio propuso hace varios años, uno de los espacios del Grupo Rioplatense de Estudios en Psicoanálisis y Educación que conformamos junto a Carmen Rodríguez, en las conversaciones e intercambios con otros colegas con quienes compartimos los Seminarios Internacionales de Montevideo y Buenos Aires, que hemos publicado en los dos libros recientemente editados por Noveduc, gran parte de lo escrito abreva comenta, subraya, matiza, discute o profundiza algunas de las reflexiones sobre la clínica cuando se trata de las instituciones y los oficios del lazo. [ii] Sabemos de la querella que en la actualidad se juega en nuestra lengua y lo seguimos con atención y perspectiva crítica, aunque en este texto decidimos no utilizar en su escritura lenguaje inclusivo, no nos pasan inadvertidas esas marcas que persisten en el lenguaje que utilizamos. [iii] Incluso de la mano de cierto psicoanálisis y psicoanalistas que trasladaron su tarea de consultorio mecánicamente a las escuelas, contribuyendo a la psicologización y a la patologización de las practicas educativas. [iv] Es relevante que diferenciemos individualidad de subjetividad, diferencia significativa para pensar las prácticas, para el modo de abordar los problemas y enfocar las acciones. Subjetividad alude a lo singular, lo impar, lo intransferible e irrepetible de cada sujeto sin desconocer que esa singularidad forma parte, está interconectada en un conjunto de tramas, de interrelaciones con otros. Un sujeto que no es pensado como una célula independiente, sin historia, ni influencias, tampoco como un ser sobredeterminado y sometido a las tramas sistémicas e institucionales por las que transcurre su vida. [v] Algunas consideraciones críticas sobre esa avanzada se pueden leer en Korinfeld, Daniel (2017): Neuromanía, educación y neoliberalismo. Entrevista. Revista Para Juanito. Segunda etapa / Año 5 / N° 13 / Agosto 2017. [vi] August Aichhorn (1878-1949), psicoanalista discípulo de Sigmund Freud quien se dedicó a trabajar con niños y adolescentes llamados delincuentes y disociales desde las referencias del psicoanálisis. Su libro Juventud desamparada cuenta con un célebre prefacio de Freud. [vii] Janusz Korczak (1878 Varsovia – 1942 Treblinka), médico pediatra, maestro, escritor. Dirigió asilos de huérfanos en Polonia, desarrolló una obra pedagógica y una práctica muy importante e innovadora para su época que inaugura la concepción de derechos para la infancia, las formas de institución y convivencia que organizó en las condiciones más terribles -incluso antes del gueto- debido al hambre, los huérfanos de guerra, la delincuencia, luego las persecuciones, la violencia. [viii] Fernand Deligny (1913- 1996, Bergues, Francia) trabajó en hospitales psiquiátricos, centros de readaptación con los niños caídos, excluidos de la sociedad, de las familias, del sistema educativo llamados delincuentes, retrasados, idiotas, psicóticos, autistas. [ix] Siegfried Bernfeld, (1892-1953) discipulo de Freud formó un grupo de estudio con August Aichhorn con quien compartían sus intereses y prácticas que vinculaban el psicoanálisis con el campo de la educación. [x] Korinfeld, Daniel (2018). “Fernand Deligny: 136 cometas lanzados al cielo. Sobre prácticas, afectos y emociones en la tarea de educar”, en Emociones, sentimientos y afectos. Las marcas subjetivas de la educación. Carina V. Kaplan (Ed). [xi] La fisura, F. Scott Fitzgerald, París, Gallimard, 1963, pág. 341. Citado por Canguilhem, Pag 98.

  • Despedida para un después / Cynthia Eva Szewach

    Oh si, era así, la vida de aquel niño había sido así, la vida había sido así… Albert Camus “El primer hombre” Richard, como se sabe, fue un niño de diez años, que atendió Melanie Klein un breve tiempo, durante la Segunda Guerra. Tenía muchos temores, en especial a salir, a permanecer en la calle o a ir a la escuela. Sin duda, con suficientes razones para ese susto. Había bombardeos y el clima general era amenazante. El tratamiento con M. Klein, por ese mismo motivo no sucedía en su ciudad, ni en la de ella, sino en un sitio intermedio. Richard conocía variados detalles de la coyuntura, estaba interesado en el escenario bélico y se encontraba muy informado de los peligros. Quería saber. Recorría en el mapa los países invadidos y apesadumbrado, odiaba y sufría el dominio de Hitler en su acechanza genocida. Estaba invadida su infancia. Las interpretaciones de Klein, plagadas de representaciones e imaginerías le daban con un tinte de “analogías ficcionales” y a través de fantasías sexuales extravagantes, un contenido diverso a sus preocupaciones, y que, aunque a veces le generaban otra ansiedad o nuevas persecuciones -la transferencia se mostraba muy establecida- le ofrecían por momentos un territorio infantil, quizá un restablecimiento de la niñez que lo alejaba de un mundo nada promisorio. El tratamiento relatado, estaba plagado de controversias y complejidades para la práctica analítica en la niñez, cernida a la teorización kleiniana pero factible de hacernos encontrar resquicios para otras lecturas. Por nuestra parte la idea es poner por ahora el acento en la última sesión. La finalización ya había sido anunciada anticipadamente por la analista en algún momento del análisis.[i] En el último encuentro Richard estaba triste y silencioso. Klein interpreta en ese momento que desea irse con ella a Londres; quizá luego volver con su mamá, y después, una vez más, irse con ella. Este sentido, cree leerlo, en lo que está expresando con un juego. Un jueguito con unas llaves, a las que estuvo moviendo durante toda la sesión. Richard, sin embargo, va por su propio camino. Le pide algo a M.K. Le pide que ponga la mano sobre una hoja de papel. El niño dibuja el contorno de su mano y la de ella. El papel, se lo lleva con él. M.K le dice que es otra manera de mantenerla a ella, dentro de sí. Richard se pone una vez más a jugar con el reloj: cierra tanto el marco que por poco se cae, pero dice que lo está sujetando todavía. Luego lo cierra del todo, lo vuelve a abrir rápidamente y dice: "Ahora ella está otra vez bien”. M.K. interpreta que teme que ella tenga un colapso y que necesite su apoyo para seguir en pie (si quiere venir a Londres donde ella se irá, es en parte para protegerla allí). Pero, está decidido a mantenerla viva, tanto interna como externamente. Si por un lado teme no tener éxito en esta empresa, que algo colapse, por el otro, tiene la esperanza de poder triunfar. Hacia el final de la hora, Richard se queda muy silencioso. Acota por su cuenta algo importante: ha decidido continuar el trabajo con M.Klein en algún momento del futuro. Finalmente salen del consultorio y M.Klein. va con Richard hasta el pueblo, pero una vez allí, el niño se despide rápidamente de ella, diciéndole que prefiere que no lo vea subir al autobús. Se conmueven. Él quiere mantener viva la esperanza de volver a ver a M.K. y de poder continuar el análisis. Algo concluye, pero hay algo que no finaliza. En todo caso a lo interrumpido, el niño, lo convierte en lo que queda en suspenso. En transferencia, imagina un después. [i] Jorge Palant en “Notas sobre el final de (algunos) análisis en los niños” escribe que la interrupción le es comunicada en la sesión treinta y cinco, y que, a partir de allí se generan ansiedades, persecutorias y depresivas. Aunque se cuenta la mejoría de Richard, Klein plantea que se ve dificultada la finalización.

  • Ya lo dijo Cristina Peri Rossi: inmovilidad de los barcos / Agustina Falco

    La vida no puede decirse sino entre metáforas; interesa más el entre, ese espacio en medio de, que lo que lo circunscribe y delimita. En simultáneo, podría pensarse, las palabras quedan desasidas de su capacidad poética si no se encuentran cercanas a lo que es. Cercanas a lo que es no llama, necesariamente, a la idea de verdad, objetividad o sentido común. Metáforas y ficciones resguardan una íntima amistad. La idea de resguardo implica, necesariamente, la percepción de una amenaza y el reconocimiento de la propiedad, pero también responsabilidades, cuidados, sutilezas del saber a medias una fragilidad. Para “hacer la plancha” se necesita, al menos, saber el flotar o sino la astucia para localizar rápidamente alguna cosa que haga las veces de ayuda de flotación. “Hacer la plancha” es una locución que refiere, o intenta nombrar, un momento de descanso, de no obligación, de relajo. También podría aludir a un estado de liviandad de un cuerpo para ofrecer la mínima resistencia posible al fluir del agua; para posibilitar, de alguna manera, una suerte de composición. Naufragar es un verbo. Y como todo verbo porta en su decirse lo moviente. Naufragar es un verbo. Pero no es cualquier verbo: toma una modalidad que lo vuelve de particular interés: la intransitividad. La misma modalidad que Derrida pudo encontrar en la palabra “temblar”. Él dice que anteponerle un “yo” al verbo (temblar) sería de una gran estupidez, además de colaborar a sobremanera con el mundo de las trascendencias. La intransitividad refiere a que, en una oración cualquiera donde se presente un verbo que pueda tomar esta modalidad —porque no todos pueden—, se podría (incluso en muchos casos se debería por obligación dela lengua) suprimir el objeto de la oración sobre el que recaería la acción. Yo, nosotras, ustedes, ellos, seguido de “naufragar” en su correspondiente conjugación sería una soberbia que, por imposición de supremacías ejecutoras, provocaría el ahogamiento del verbo. Del mismo modo sucede en caso de contestar a la pregunta -siempre tramposa- por aquello a lo ¿qué se naufragaría?; esa respuesta devolvería al sujeto —de la oración, y no— a su lugar soberano de estabilidad y poderío, y volvería a instalar la dualidad conceptual de que si existe algo así como un sujeto, debe existir algo así como un objeto, que mutuamente se definirían por comparaciones opositivas y excluyentes. El verbo intransitivo naufragar se presenta, quizá, por ahora, como una belleza en medio de la lengua. Una belleza no refiere, solamente, a cuestiones de tonalidades, dicciones, seguidillas de letras, sino a posibilidades efectivamente vitales que se corresponden con la liberación de una o más potencias; por aquello en donde insiste, por lo que no busca decir, por lo que contempla la modalidad que toma, por las torsiones que insta a hacer, por la polisemia a la que invita por metáfora y ficción.

  • Carta abierta a las hembras de la especie humana / Marce Joan Butierrez

    Un grupo de feministas TERF, autopercibidas hembras humanas, pidió una medida de amparo ante el poder judicial para modificar las preguntas sobre género del Censo 2022 en la Argentina. Una posición recorre su presentación: que ser mayoría las faculta para imponerse por sobre las percepciones, afectividades y emociones de las personas trans. ¿Puede un grupo de mujeres cis, de clase media alta, académicas y de tez blanca ostentar el poder de impugnar los marcos legislativos vigentes y que han sido votados por los representantes del pueblo argentino? ¿Existe algún poder especial que emana de sus corporalidades biológicas que las faculte para pretender anteponer sus ideologías a aquellas determinaciones legítimamente tomadas por el orden democrático de una nación soberana? Carta abierta de Marce Joan Butierrez. Estimadas hembras humanas de la República Argentina. Habiéndome informado respecto a la presentación realizada recientemente ante el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y ante el Ministerio Público Fiscal, requiriendo una serie de modificaciones tendientes a conservar intacta la pureza de las categorías varón y mujer, argumentando que “el sexo no es asignado por la cultura hegemónica ni se atribuye o diagnostica clínicamente, tampoco es una liberalidad ni un acto de discernimiento, sino que es una realidad material”, procedo a responder abiertamente de cara a la sociedad y de modo detallado a todas las falacias, improperios y expresiones violentas, fascistas y transodiantes que constan en su presentación. Quienes firman el documento son reconocidas feministas e intelectuales de la clase media alta: la doctora en filosofía María José Binetti (investigadora del CONICET con sede en el Instituto Interdisciplinario de Estudio de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA), la historiadora Graciela Tejero Coni (directora del Museo de la Mujer, integrante del Consejo Asesor ad honorem del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades), la abogada Julieta Luisa Bandirali (presidenta de la Comisión de la Mujer de la Asociación de Abogadas y Abogados de Buenos Aires), la profesora de filosofía y licenciada en Psicología Valentina Cruz y la abogada y mediadora Marisa Andrea Piumatti (directora del Instituto de Estudios Legislativos del Colegio de Abogados de La Plata, integrante de la agrupación “Mujeres en la Abogacía”). Ellas, en representación de las mujeres “hembras de la especie humana, seres humanos y personas adultas del sexo femenino” comparecieron ante el Juzgado Federal en lo contencioso administrativo N° 12 para anteponer un reclamo que consta básicamente de tres puntos, cito textual: 1- ELIMINAR la categoría “mujer”, “mujer trans”, “varón” y “varón trans” de las opciones de identidades de género en el formulario censal, tanto del que se realizará en forma presencial como el que se realizará en forma digital. Ninguna autopercepción debe afectar o confundir el registro legal del sexo mujer y varón. 2- RESERVAR la categoría “identidad de género” en el formulario censal a las personas que se reconozcan “trans”, esto es aquellas cuya vivencia corporal no coincide con el sexo registrado en el nacimiento. En concreto, que la respuesta a dicha pregunta no sea obligatoria*. 3- REFORMULAR la pregunta que inquiere sobre “identidad de género” de acuerdo a lo solicitado precedentemente, en el Formulario Censal que será utilizado tanto en la versión digital como en la versión presencial y tanto para Viviendas particulares como para Viviendas colectivas (ubicada en página 3 pregunta 3) del siguiente modo: De acuerdo a la identidad de género, se considera… Feminidad trans/travesti: persona que, al nacer, fue registrada como varón y en la actualidad se autopercibe como mujer trans o travesti (independientemente de que haya realizado o no la rectificación de su DNI o alguna intervención sobre su cuerpo). Masculinidad trans: persona que, al nacer, fue registrada como mujer y en la actualidad se autopercibe como varón trans (independientemente de que haya realizado o no la rectificación de su DNI o alguna intervención sobre su cuerpo). No binario: se refiere a una persona que no se identifica dentro del binomio de genero masculino/femenino y sí como de género no binario. Otra/ninguna Ignorado Aunque a primera vista las demandantes pretenden camuflar su transfobia procurando una alternativa de relevamiento sobre las identidades trans, a lo largo de su exposición dejan en claro que su principal interés es preservar la categoría mujer únicamente para aquellas facultadas por la biología. Remarcan que “ni mujer ni varón son identidades de género. Son sexos”, es decir que son cuerpos que cuentan con “las características biológicas, anatómicas y fisiológicas que diferencian a las mujeres de los varones”. Y remarcan además que “tampoco existen mujeres trans o varones trans. Hay mujeres y varones”. Todo su escrito resalta la superioridad de sus identidades, justificándose en lo biológico y atacando de modo burdos y falaces al género, por entender que se trata de una construcción social sujeta a arbitrariedades. El texto redactado por Binetti y sus adeptas insiste permanentemente en la necesidad de que el censo dé cuenta fielmente de la realidad y que se vea expresada en él la cantidad real de mujeres que integran la sociedad, algo que en principio no sería un inconveniente con la redacción actual del censo que muy a pesar de las críticas que pueda despertar entre los activismos trans continúa relevando el sexo de modo binario en la pregunta sobre el “sexo asignado al nacer”. Esta pregunta existe precisamente para poder seguir expresando la comparativa histórica, ya que una de las funciones del censo es poder mostrar los cambios y continuidades de las características de la población de un país. Los censos son herramientas dinámicas, en constante cambio, que deben dar cuenta no sólo de números, sino de los éxitos y fracasos de las políticas públicas en un periodo de diez años. En este sentido es imposible negar que desde el último censo en 2010 al presente, las demandas feministas, de los movimientos de gais y lesbianas y los activismos travestis, trans y no binarios han reconfigurado los modos en que el estado aborda la cuestión del sexo y el género. Han sido 12 de años de transformaciones, que no puede obliterarse únicamente por la resistencia de quienes pretenden sostener el imperativo biológico por sobre las incesantes agudas discusiones teóricas que denuncian las tramas sociales, políticas y económicas que sustentan el andamiaje de la matriz cisheterosexual. Las hembras humanas que suscriben la demanda sin embargo pretenden desconocer todos estos avances. Literalmente declaman que “la categoría de ‘identidad de género’ introducida por los Principios de Yogyakarta ha reinterpretado el género como un sentimiento profundo que define a las personas y que por lo tanto debe ser reconocido y protegido en lugar de erradicado. El sexo, por el contrario, sería algo asignado extrínsecamente por la cultura hegemónica. Pero es menester dejar claro que los llamados Principios de Yogyakarta no son más que la expresión de deseos de una ONG. Dichos “principios” NO constituyen un tratado o convención internacional al que haya adherido el Estado Argentino, ni ningún otro. Por ende no tienen entidad jurídica ni fuerza vinculante alguna”. Y a posteriori cuestionan el artículo segundo de la ley de Identidad de Género 26.743 donde se define que el género es una experiencia autopercibida que no está sujeta al escrutinio médico o legal. No conforme con esto, valiéndose de algunas confusas definiciones de la CEDAW pretenden señalar que “la ley 26.743 devendría inconstitucional y aquellas normas que la referencien como fundamento correrían por idéntico derrotero, tal como estaría sucediendo con los actos administrativos que han creado el cuestionario censal”. ¿Puede un grupo de mujeres, hembras de la especie humana, de clase media alta, académicas y de tez blanca ostentar el poder de impugnar los marcos legislativos vigentes y que han sido votados por los representantes del pueblo argentino? ¿Existe algún poder especial que emana de sus corporalidades biológicas que las faculte para pretender anteponer sus ideologías a aquellas determinaciones legítimamente tomadas por el orden democrático de una nación soberana? La demanda exhibe con preocupación que la inclusión de la pregunta sobre la identidad de género alteraría los datos obtenidos por el censo: “Así las cosas, en lugar de aportar información socio-política fidedigna, el Censo aportará a la confusión y distorsión de la categoría legal “sexo”, definida internacionalmente por estándares contrastables y científicos, y a la equivocidad de la información recabada con fines estadísticos”. Sin embargo, ignora dos aspectos centrales. Por un lado, existen diversos documentos internacionales elaborados por Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que insisten en la necesidad de que los estados recaben información no sólo sobre la identidad de género, sino también sobre las condiciones de vida del colectivo LGBTIQ. Pero además, el censo no podría ser nunca un espejo fiel de la realidad, sino una simple operacionalización matemática de una serie de variables sociales en permanente modificación. Y dentro de esas variables, negar la existencia de mujeres y hombres trans atentaría contra la realidad actual y contra las normativas jurídicas consensuadas por la democracia. No contentas con estas expresiones, las demandante reafirman su pensamiento fascista y transfóbico al señalar que “Se ha elevado de este modo a teoría científica lo que no es otra cosa que una creencia (la queer), un relato post-moderno, que reconoce adeptos y financiamiento internacional, pero que carece de asidero como para ser considerada fundamento para normativa alguna que involucre a la generalidad de la población. Se han elevado como condiciones obligatorias a cumplir por la población en general lo que son sentimientos o percepciones (autopercepciones) subjetivas de un sector minoritario de la sociedad que no se adecúa a la realidad material de sus cuerpos, como si ello fuera una vivencia social y comunitaria”. El afán totalitario de las feministas trans-excluyentes que suscriben la demanda dista del espíritu de pluralidad y tolerancia que la ciencia persigue. Acusan a la teoría queer de imponerse por sobre la sociedad, al mismo tiempo que se escandalizan ante el hecho de que las personas trans exijamos nada más y nada menos que respeto. Nos piden adecuarnos. Para estas hembras humanas el simple hecho de ser mayoría las faculta para imponerse por sobre las percepciones, afectividades y emociones de las personas trans. Esto no tiene nada de científico, es simple y llanamente una posición fascista, antidemocrática y que promueve el odio por las personas trans. ¿Hasta cuándo?¿Hasta dónde?¿Cuánto más pretenden avasallar el orden democrático y los avances políticos del feminismo y los activismos travestis y trans en la región? ¿Por qué sienten que su configuración biológica las habilita a impugnar la producción científica de las demás personas? Creo que es necesario que evidenciemos que todas estas pretensiones y pedanterías de un grupo de científicas blancas, universitarias y de clase media alta no son científicas, no tienen ninguna argumentación lógica, ni defienden ninguna realidad material. Simplemente son defensoras del statu quo y promotoras de una sistema de jerarquías sexuales basadas en lo biológico. Se resisten a compartir con nosotres les trans la categoría “identidad de género” porque se consideran superiores a nosotres. Creen que sus vulvas son el argumento incontrovertible para que no se les pregunte su género, aunque lo tienen: son mujeres cis. Si en algo falla el instrumento censal es en haber colocado varón y mujer sin el prefijo cis, asumiendo que les rares, les deformes, les inadecuades somos nosotres les trans. No me es del todo grato escribir esta carta abierta. Sé que me expongo al ataque directo de las mencionadas en la nota y también de las cada vez más numerosas adeptas del feminismo TERF. Pero tengo la convicción de que nuestro silencio no contribuye a minimizar la avanzada fascista de estos sectores. Ya hemos menospreciado bastante a quienes destilan su odio en redes sociales, las hemos minorizado y tratado como simples twitteras confundidas. Pero no lo son. Hechos como estos evidencian que se trata de personas y grupos muy bien posicionados dentro del feminismo, que ocupan cargos en universidades y organizaciones, que se sientan a la mesa del Ministerio de Mujeres y que sin lugar a dudas están financiadas por los mismos capitales internacionales que apoyan los neo-fascismos latinoamericanos en emergencia y los partidos que disfrazados de liberalismo promueven una ideología conservadora. Hoy es una demanda judicial, que ha tenido lugar en un juzgado federal. Muy pronto estas serán iniciativas que formen coaliciones con los múltiples políticos conservadores y fascistas que ocupan las pantallas de TV destilando odio contra las personas trans y difundiendo falsedades. Debemos recordar los pensamientos de Lohana cuando insistía en señalar que debemos defender el derecho inalienable de nuestros cuerpos travestis. Debemos alzar los puños en alto y responderles con furia travesti que ¡NO PASARÁN! ¡NUNCA MÁS! *Las negritas y subrayados de las citas textuales pertenecen a las demandantes. Fuente: Agradecemos a Latfem y a Marce Joan Butierrez permitirnos compartir esta nota publicada en https://latfem.org/carta-abierta-a-las-hembras-de-la-especie-humana/

  • Posibilidades / Wislawa Szymborska

    Prefiero el cine. Prefiero los gatos. Prefiero los robles a orillas del río. Prefiero Dickens a Dostoievski. Prefiero que me guste la gente a amar a la humanidad. Prefiero tener en la mano hilo y aguja. Prefiero no afirmar que la razón es la culpable de todo. Prefiero las excepciones. Prefiero salir antes. Prefiero hablar de otra cosa con los médicos. Prefiero las viejas ilustraciones a rayas. Prefiero lo ridículo de escribir poemas a lo ridículo de no escribirlos. En el amor, prefiero los aniversarios no exactos que se celebran todos los días. Prefiero a los moralistas que no me prometen nada. Prefiero la bondad astuta a la demasiado crédula. Prefiero la tierra vestida de civil. Prefiero los países conquistados a los conquistadores. Prefiero tener reservas. Prefiero el infierno del caos al infierno del orden. Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico. Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas. Prefiero los perros con la cola sin cortar. Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros. Prefiero los cajones. Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado a muchas otras que tampoco he dicho. Prefiero el cero solo al que hace cola en una cifra. Prefiero el tiempo de los insectos al tiempo de las estrellas. Prefiero tocar madera. Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo. Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad de que todo tiene una razón de ser. Fuente: “Gente de puente” (1986) en Poesía no completa, con edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel Murcia, Fondo de Cultura Económica, 2021.

  • Escribir la escucha: territorio de la abstinencia / Lucas Lorenzo

    Lo que anima al psicoanalista a escribir no es sin duda de la misma naturaleza que lo que lo autoriza a decir. Quizá la pasión por escribir resulte a veces de la impotencia para decir, e incluso para pensar. J.-B. Pontalis (…) la abstinencia concebida como una suerte de arte marcial, que no suprime el registro sino la acción inmediata; al hacerlo, logra trascender lo aparente y acceder a otro conocimiento. Fernando Ulloa Los comienzos de la práctica analítica confrontan con preguntas que, desde mi perspectiva, exceden a la formación teórica, aunque simultáneamente esta última puede constituirse como un faro en el pantano clínico. Escribo las siguientes líneas como apuntes para darle forma a una idea sobre la escritura en su relación con la escucha clínica y la abstinencia, apostando también por la necesaria propuesta de Marcelo Percia (2013) de “(…) imaginar una escritura que recree condiciones de una experiencia única” (p. 62). Sucede que en las supervisiones grupales que presencio, percibo un registro minucioso y literal de los dichos de un paciente, así como del analista, sesión por sesión, más atento a quién dijo qué que al espacio entre analista y analizante. Fantaseo con la posibilidad de que haya quienes graben los encuentros y luego transcriban los diálogos, con el fin de no perder siquiera una palabra, a riesgo de no abandonar la idea del todo, de una completitud a sostener. Quizás se trate de un parapente para amortiguar una caída. O, tal vez, mi fantasía sea un pretexto para perder de vista mi impotencia para escribir mientras escucho. Lo cierto es que, al disponerme a escuchar a un paciente por primera vez, me asaltó por algunos segundos el pensamiento intrusivo de tener que escribir para registrarlo todo, ya que es lo que parece que hacen los supervisantes. Me resistí. Tomé la lapicera, abrí el cuaderno y decidí escribir sólo unas pocas palabras-clave para luego poder enhebrar los hilos dispersos que manchan la hoja en blanco. Recordé los consejos de Freud (2017), palabras instituyentes de una ética, para sostener una atención parejamente flotante, como correlato de la regla fundamental: evitar todo recurso auxiliar a la memoria que implique una fijación deliberada en un fragmento particular, en detrimento de una escucha que aspire a atender a la superficie discursiva en su complejidad. La práctica analítica, en tanto experiencia que precisa de una disponibilidad e inclinación hacia el/lo otro, confirma la aserción de Marcelo Percia (2013): “Hacer un lazo social es habitar un temblor” (p. 94). Desde el instante en que se decide practicar la escucha clínica, vacilan las referencias, trepida el cuerpo y un saber en menos se hace carne. Ahora bien, este no-saber, o quizás poco-saber, deviene productivo para poder alojar las palabras del otro, siempre y cuando no vire hacia la impotencia paralizante. Es esta la tarea que habría que situar en primer plano: dar alojo al/lo otro. Para Fernando Ulloa (2012), la operación clínica se basa en una unidad mínima que consiste en mirar, pensar y hablar. El primer eslabón, el mirar, podría ser otro nombre de lo que llamo alojar al/lo otro. Se trata de un mirar con demora, un dar tiempo del que nace la escucha como disponibilidad delicada. En cuanto al pensar, Ulloa (2012) entrelaza los verbos sentir, querer y creer, en tanto figuras que designan la afectación del clínico, involucrado emocionalmente, por su inclinación hacia el paciente, con un pilar fundamental para sostener la posición, el lugar, la función del analista, su “estar analista”: la abstinencia. Escribe: Si el psicoanalista habla desde su creencia, desde su “creo que”, está sólo opinando. Esta opinión implica, más que una objetivación concerniente al campo, el imperativo de una catarsis emocional. Abstenerse de ella transforma ese “siento”, “quiero”, “creo”, en algo así como un importante nicho ecológico emocional, pronto a albergar una próxima idea, aún impensada (Ulloa, 2012, p. 104). Al concluir el primer encuentro con un paciente, una peculiar escritura se me impuso. Se trata de trazos depositados en una hoja en blanco, que advienen como ecos de lo acontecido, como resonancias de una afectación. Es una escritura que hace caso omiso a las repeticiones y que no persigue la linealidad de una cronología, sino que se deja tomar por una memoria afectada, infectada del/lo otro. Al “nicho ecológico emocional” del que habla Ulloa (2012) le da cuerpo esta escritura, en pos de configurar una demora necesaria, una espera sensible, así como una cartografía de aconteceres del diálogo clínico que le da forma a lo informe, permanencia a lo cambiante y vida, aunque frágil, a lo inanimado, como recuerda J.-B. Pontalis (1993). La escritura posterior, con el estilo descripto, se constituye, además, como una terceridad que desbarata toda ilusión de dualidad en el encuentro entre un analista y un (posible) analizante. Es una salida ante la amenaza de la encerrona imaginaria que supone la creencia en la intersubjetividad del diálogo analítico. Es testimonio vivo de lo que Jean-Luc Nancy (2015) denomina estar a la escucha: Estar a la escucha es, por tanto, ingresar a la tensión y el acecho de una relación consigo mismo: no, es preciso subrayarlo, una relación «conmigo» (sujeto supuestamente dado), ni tampoco con el «sí mismo» del otro (el hablador, el músico, él también supuestamente dado con su subjetividad), sino la relación en sí (…) Por esta razón, la escucha (…) puede y debe aparecérsenos no como una figura del acceso al sí mismo, sino como la realidad de ese acceso, una realidad, por lo tanto, indisociablemente «mía» y «otra», «singular» y «plural», así como «material» y «espiritual» y «significante» y «asignificante» (pp. 29, 30, 31). La escritura propuesta materializa y performa la figura del estar a la escucha, como espaciamiento de su resonancia, su dilatación y reverberación, que, a su vez, penetra al escuchante que está tanto adentro como afuera de dicha espacialidad. Percibo este trabajo de escritura como una artesanía, como una invención que torna habitable el lugar de analista, despojado de nombre propio, y que deviene espacio tercero, no solipsista, de cocción a fuego lento, de reflexión y meditación sobre la práctica, para luego leer desde otro lugar y aventurarse a dar un paso en falso. Es esta escritura, territorio de la abstinencia. El deseo del analista pulsa, trabaja, sueña, escribe, sin importar el día ni la hora, el lugar ni la estación. Bibliografía Freud, S. (2017). Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico (1912). En J. Strachey (Ed.). Obras completas: Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente, Schreber; Trabajos sobre técnica psicoanalítica y otras obras: 1911-1913 (Vol. XII, pp. 108-119). Buenos Aires: Amorrortu. Nancy, J.-L. (2015). A la escucha. Buenos Aires: Amorrortu. Percia, M. (2013). Deliberar las psicosis. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Lugar Editorial. Pontalis, J.-B. (1993). La fuerza de atracción. México: Siglo XXI Editores. Ulloa, F. (2012). Novela clínica psicoanalítica: Historial de una práctica. Buenos Aires: Libros del Zorzal.

  • Zaratustreanas III De camellos y pesadeces / Fernando Stivala

    Espíritu cuerpo Les menciono tres transformaciones del espíritu: cómo el espíritu se transforma en camello, y el camello en león y, por último, el león en niño. * Espíritu como lo invisible, lo inmaterial, aunque se expresa en una forma material. Se expresa en un cuerpo camello, un cuerpo león, un cuerpo niño. Son fuerzas inmateriales que nos hacen ser. Pierde fuerza la idea hegemónica de espíritu. No es espíritu esencia. Es espíritu transformación. Espíritu devenir. Espíritu cuerpo. Ese espíritu camello quiere ser fuerte y resistente. Su fortaleza demanda peso y dificultad. ¿Qué es pesado?, así se pregunta el espíritu de la pesadez, y se arrodilla como el camello, y quiere que lo carguen bien. * Camello nos trae elementos de pesadez, de carga, y de disfrute en llevar esa carga. Camello como esa exigencia abstracta, con ideales. Fuerza sin sensación. Liviandad, lo contrario a pesado. Burlarse de las verdades, de la filosofía, de la solemnidad que viene con un valor establecido que hay que cargar sí o sí. Reírse de las verdades ¿Qué es lo más pesado para ustedes, héroes?, así se pregunta el espíritu de la pesadez, para que yo lo cargue sobre mí y me alegre de mi fortaleza. * El espíritu de la pesadez y el espíritu de la seriedad se manifiestan cuando la filosofía se torna demasiado seria, grave, académica. Contra todo ello quiere pensar el espíritu de ligereza y liviandad, que restituye a la filosofía sus posibilidades creadoras. Leer, un escritorio. Una extraña acción. Burlarse de la filosofía es verdaderamente filosofar. No es desestimar lo serio o lo que viene como valor sino liberar posibles a partir de esos valores que vienen. Liberar posibles a partir de una verdad no es lo mismo que venerarla. Si se liberan posibles a partir de una verdad, la idea de verdad pierde fuerza como sentido común hegemónico. Se deconstruye la idea de verdad esencia. Cuando tenemos paciencia para que venga la liberación de nuevos posibles a partir de lo que se va mirando, leyendo, escuchando, viviendo, pensando; el mundo de reproducir una verdad, por más buena que sea, pierde valor libidinizante, emocionante, enamoradizo, pulsional, chisposo, tendiente. La verdad como búsqueda absoluta pierde esa fuerza pulsional. La reproducción de una verdad no tiene esa fuerza. Paréntesis desvío: (Preferimos llamar fuerza pulsional a eso que en general está ligado a adolescencias, enamoramientos, locuras, aventuras, desmesuras, incivilizaciones, creaciones. Creaciones es la más respetada por las normalidades debido a su capacidad de sublimación. Normalidades: valores ya armados. Pero, una pregunta: ¿A las normalidades le vamos a dar el criterio de valor? ¿A ellas que dejan la libido tirada, no la incentivan, y prefieren apagarla para estar cómodas? La fuerza pulsional está del lado de los que queramos seguir activando el armado de valores guiados por el termómetro, cada vez. La voluntad de mantener la chispa y no la verdad, aunque de las chispas muchas veces nazcan verdades. La voluntad de hacer, aunque ingresar en los caminos de las fuerzas nos lleve a lugares desconocidos.) ¿Qué son verdades? Teorías, pensamientos, películas, carreras, tesis, libros, palabras, artes, noticieros, políticos. Burlarse de las verdades. Normalidades pesadas El espíritu del camello y de las normalidades quiere cargar peso. Es el espíritu de las veneraciones de las verdades, el espíritu de las normalidades cansadas. Verdades que piden peso. Tienen sensación de regocijo en ese hacer cargando peso. Piden afirmarse ahí. Por eso Nietzsche las va a llamar fuerzas reactivas. Lo reactivo no es solamente algo que descompone. Descompone, pero tiene el secreto de que lo que descompone quiere vivir. Lo que retorna siempre está vivo, incluso para las normalidades. Solo que en ellas se ponen al servicio del conservar. El escritorio de las normalidades con su energía ontológica, con su chispa moviente que luego se apaga y se cansa, con su camello, está puesta al servicio de ser guardián de una verdad (o varias) y de un conjunto de valores que ya se dijeron. Otra manera de decir moral o mayoría. ¿Qué es pesado? Así pregunta el espíritu de la pesadez y esa es su alegría. Que el camello se llene de una tristeza justificada que actúa como alegría. ¿De qué está hecho del camello? ¿Cómo se subjetivó para ser camello? ¿Cómo fue ejercitando una manera de ser a través de los dispositivos que lo hacen ser camello? ¿O acaso es: alimentarse de las bellotas y de la hierba del conocimiento y padecer hambre anímica por amor a la verdad? ¿O acaso es hacer amistad con sordos que nunca oyen lo que quieres? ¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian, y ofrecer la mano al fantasma cuando nos quiere asustar? * De estas preguntas se llena el espíritu del camello. Y… así se interna él en su propio desierto. * Fuente: Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra (Primera parte ´De las tres transformaciones´)

  • Aurora (Tropezamos con las palabras en nuestro camino) / Friedrich Nietzsche (1881)

    Siempre que los humanos de las primeras edades colocaban una palabra, creían haber realizado un descubrimiento, creían haber resuelto el problema; y lo que habían hecho era dificultar su solución. Ahora, para conseguir el conocimiento, hay que tropezar constantemente con palabras que se han hecho eternas y duras como la piedra, tanto, que es más fácil romperse una pierna que romper una palabra. Fuente: Libro Primero, 47 “Tropezamos con las palabras en nuestro camino”, 1881. En Aurora, reflexiones sobre los prejuicios morales. Traducción de Eduardo Ovejero Maury, Biblok, España, 2019.

  • Una letra / Daniel Rubinsztejn

    El Inconsciente es un hecho nuevo que comporta una estructura nueva e implica un desmentido de la antigua relación sujeto-objeto.[1] Inicio de partida El objeto a no es objeto, no es objetivable, es sin objetividad. Es nada. El nada. Comenzar por el final es un modo de encarar la escritura del texto. La conclusión es conocida, pero lo esencial es el desarrollo para llegar allí. Ha sido un hallazgo de Lacan indicar su ex-sistencia con una letra. La a anota una función negatriz, (como acéfalo, aporía). La letra escribe una sustracción. Insurrección de una letra cuya presencia indica una ausencia. También escribe la falta de identidad: a no es igual a a. Entonces escribe una sustitución, una letra que se sustituye a sí misma. ¿El psicoanálisis infringe la lógica? Lacan lo piensa al revés: es la lógica la que comienza infringiendo la ley del significante cuando escribe a=a. Siendo que el sujeto es efecto del significante y el objeto su producto, ambos quedan ligados al concepto de corte. En algunas ocasiones, piensa al sujeto, otras al objeto, otras al inconsciente como corte: es su modo de enunciar una comunidad topológica. Si bien cada ocasión merece detenerse en las particularidades de su argumentación, podemos considerar que el corte da cuenta de la incidencia del significante, caída del objeto, y de sus consecuencias. El objeto a es en fuga, no tiene imagen, no es un fenómeno en el sentido kantiano del término, no se atrapa en las coordenadas de tiempo y de espacio. Objeto caduco, cae, pero no cae bajo ningún concepto (es a-conceptual). Su connotación es vacía. Está tomado del material significante. Es un operador obsceno, sucio, detestable, fuera de tiempo y espacio, fuera de escena pero la sostiene: “resto aborrecido del Otro”[2]. Resto que paradojalmente representa (¿representa?[3]) al sujeto en su real irreductible. Confutación: Las heces, el pecho, objetos parciales de la demanda anteceden y preparan los bordes de un cuerpo que se sostiene alrededor de pérdidas, y anticipan a la voz y a la mirada que enmarcan al deseo: complejo de castración[4]. La voz, la mirada, las heces, lo oral, objetos parciales que no son a. Ningún objeto lo es. El a también da lugar a que haya un intercambio de las zonas pulsionales. A veces al hablar se dice: “mira” lo que te digo. Llamado de la pulsión invocante es decir que está en la lengua esta intrincación pulsional en cuanto se van torciendo los lugares: del hablar a la mirada y al oír. El deseo no tiene otro objeto que el significante de su reconocimiento que al articularlo lo hace in-articulable: sombras del infierno que insisten, habitan en el deseo hasta lo no reconocido. Hasta un ombligo que traga, succiona y escupe. “La a es un término oscuro, opaco que participa de una nada a la cual se reduce. Más allá de esa nada, el sujeto buscará la sombra de su vida primeramente perdida”.[5] Letra ¿Se podría tal vez obviar la palabra objeto, y sólo recurrir a la palabra letra?[6] La letra escrita dibuja un borde -desde los inicios de la escritura- en piedra en arcilla, cuero, cerámica, madera, cera, papiros: libro (byblos), planta de papiro, escritos con una pluma de caña (kalamos). Introduce una diferencia en una superficie apta para el trazo. Heridas en el cuerpo que permanecen como cicatrices, marcas, letras a leer[7]. La escritura es rajadura, presencia de lo discontinuo. Un error o un salto de letras puede llevar a la muerte (como en el film Brazil), una letra -un borde distinto, distintivo- puede ser la diferencia entre vivir o no. La letra[8] es límite: vivifica porque ella evoca vestigios de goce, y –paradoja- mata subjetividad. La letra Alef con la que la biblia no comienza -lo hace con la b-, es un inicio que dio lugar a innumerables textos cabalísticos, filosóficos y de psicoanálisis que investigaron e intentaron dar sentidos a este salto. Alef ausente en el inicio. Sin embargo…objeto a. Nominarlo objeto reconoce una deuda con el descubrimiento freudiano. El objeto a es activo[9] y el efecto de esta actividad es poner al sujeto en posición subvertida, descentrarlo de sí mismo. “Es el objeto a el que desea.”[10] Fantasma Venimos de una escena en la que no estábamos. El hombre es aquel a quien le falta una imagen[11] Desear nos ubica en un punto ciego, como el espectador en Las Meninas. Al mirar, desaparecemos. La relación del sujeto con el objeto a no es una relación de identificación, ni de representación. Se trata de una relación de borramiento, de extrañeza, en el límite de lo unheimlich. El sujeto se experimenta como deseo; la respuesta del sujeto al deseo está en juego en el fantasma, ¿Qué clase de objeto somos para el deseo del Otro? Tener un lugar en el deseo del Otro es quedar reducido, en última instancia, a un objeto. El fantasma se produce -no es originario- a partir de la relación del sujeto y del objeto a. El fantasma ya no es ni sujeto ni objeto, ya no se trata del sujeto que se pierde indefinidamente en la cadena significante a través de la metonimia, ni tampoco del objeto absolutamente perdido. Es una nueva composición, precipitado de un movimiento de separación, de desasimiento del Otro. El fantasma olvida la contingencia del objeto de la pulsión: $<>D, “ese nudo radical en donde confluyen la demanda y la pulsión”[12]. “Enfrentamiento perpetuo” del objeto y el sujeto. El objeto que amenaza con estabilizar, en el borde, en el losange, sostiene una relación de corte. Dos caras, un borde. El objeto y/o el sujeto pueden desaparecer. "¿Dónde está el sujeto? Es necesario encontrar al sujeto como un objeto perdido. Más precisamente este objeto perdido es el soporte del sujeto”[13]. Por instantes, suponemos un sujeto[14], y le atribuimos un deseo (del sujeto). La preposición del, también introduce un equívoco. El deseo, ¿es del sujeto? Tal vez del indica una dirección, entonces decimos que del deseo se es objeto, se es deseado. Angustia El lenguaje nunca abandona el territorio de la generalidad y por ello el hablante al hablar, jamás puede decir un singular y cuando lo intenta ceñir, sólo puede enunciar un ser en general; entonces la angustia -ausencia radical de palabra- “dice” alguna singularidad. Angustia la revelación de algo innombrable, del objeto esencial que ya no es un objeto sino algo ante lo cual todas las palabras desfallecen, se detienen: “el objeto de angustia por excelencia”.[15] La angustia no es la de un objeto, es el signo de que habría sujeto, el índice (shifter) de la falta de (en) la enunciación. Aphánisis, fading, desaparición, inter-mitencia, pulsación dan cuenta del vértigo que hace que quien todavía no es… jamás llegará a ser. Cuando el sujeto se viste de ser…esa vestimenta no le sienta bien: se escucha des-ser. Se revela un cuerpo, hay angustia. El objeto es decepción de una espera…siempre al borde de la angustia. “La poesía es la decepción de una espera, ahí donde espero una palabra me encuentro con otra” (R. Jackobson). Es un momento de destitución subjetiva…salvaje. Las significaciones que recubren el deseo, se rompen. La certeza angustiosa aparece frente al vacío de significación, cuando se interroga por su ser en el intervalo. Se suspende el tiempo, abismo temporal. Hay una angustia ante la pérdida y también ante el exceso de presencia. Lo que aparece en lo siniestro no es el objeto a, lo convoca. También angustia la inminencia de una respuesta posible: falta la falta, y se presentifica el otro sabiendo ¿gozando?; su presencia es la inminencia de goce...ajeno. La angustia tiene una función ontológica. Lo aclara el desarrollo de Heidegger en Ser y Tiempo[16]: La angustia revela un estado de yecto: el ser ahí es caído de sí mismo, ser perdido. El estado de yecto no es un hecho consumado, ni un factum definitivo. El ser ahí, mientras sea lo que es, continúa en yección, y se suma en el torbellino de la impropiedad del uno, fuga del ser ahí. El “ante que” de la angustia no es ningún ente intramundano, es indeterminado. Nada que es a la mano o ante los ojos dentro del mundo es lo que angustia. No sabe la angustia aquello que angustia. Se angustia ante el mismo ser en el mundo. En la angustia le va a uno inhóspitamente. Es decir no se está en su casa. (El habla es la casa del ser…dirá luego) En la angustia hay la posibilidad de un señalado abrir, porque la angustia singulariza. Esta singularización le hace patente la propiedad y la impropiedad como posibilidades de su ser. *** A partir de Kant lo que antes giraba en torno al objeto ahora gira alrededor del sujeto, pero a él se llega a partir del objeto: la experiencia. El sujeto trascendental está desde el inicio dividido (según J.L. Nancy) entre sus facultades: sensibilidad/ entendimiento. No es uno[17]. El objeto a, escribe la imposibilidad de una división perfecta. Escribe así una constitución fallada, cuyo núcleo es la división, cuya causa es el significante; es decir que no habría una disyunción entre significante (que causa la división) y objeto causa (del deseo). Son los elementos esenciales en la operación de constitución del sujeto: función del significante, caída del objeto. El sintagma “eso no es eso”, revela que el referente nunca es el bueno y un fastidio estructural entre el primer eso y el segundo. La letra a es la escritura de esta inadecuación. Final de partida La esencia del discurso analítico es que haya un discurso que articule esta renuncia al goce, y que haga aparecer la función del plus-de-gozar. La existencia misma del discurso implica una pérdida de goce. Pero, paradójicamente, el discurso mismo otorga los medios de goce. El objeto a es simultáneamente pérdida de goce y plus (basta, suficiente) de goce. La repetición es el intento de recuperación del objeto, a través de las marcas significantes que llevan –paradojalmente- a que al recorrerlas se lo vuelva a perder (Eurídice perdida dos veces). Sólo el intento de recuperación es posible, pero en lo que concierne al reencuentro del objeto queda expresado en potencial, “sólo se lo podría…”, expresión que nos indica una imposibilidad estructural. “En esta escuela del mundo ni siendo malos alumnos repetiremos un año, un invierno, un verano. No es el mismo ningún día, no hay dos noches parecidas, igual mirada en los ojos, dos besos que se repitan.” Wislawa Szymborska Aún (que) el sujeto espere entrar al saber, si ingresara quedaría indeterminado. Aún (que) el saber espere acoger al sexo, fracasa de nuevo. El objeto a es corte en la intersección de los tres registros, es lo que no cesa de perderse. Es el (des) encuentro entre el sujeto, el saber y el sexo. La suposición de saber permite que en la transferencia se diga... el fracaso[18]. Sujeto y objeto existen excluidos de la esfera del ser. Resuena la fórmula de La ciencia y la verdad: el sujeto está en exclusión interna de su objeto; es decir, un saber sin sujeto, es decir en el inconsciente el sujeto es a, es decir… [1] Lacan J, entrevistado por Pierre Daix, 1966. Revista En el margen, Buenos Aires 2020. [2] Lacan J, Seminario 10, La angustia, Paidós, Buenos Aires 2006. [3] El a representa, el significante representa al sujeto… tal vez sea in-eliminable algo de la representación. [4]“El material del significante, somos nosotros quienes lo proveemos, es con nuestros propios miembros -lo imaginario es eso- que armamos el alfabeto de ese discurso que es inconsciente, cada uno de nosotros en relaciones diversas, porque no nos servimos de los mismos elementos”. Lacan J, El deseo y su interpretación, Paidós, Buenos Aires 2014. [5] Lacan J., Seminario 6, El deseo y su interpretación, Paidós, Buenos Aires 2014. [6] Letra: soporte material; función localizada del significante; posibilita la operación de lectura, es decir, de interpretación; litoral…etc. [7] “Nosotros pensamos la forma sonora y la escritura como cuerpo de la palabra, la melodía y el ritmo como el alma, y lo relativo a la significación como el espíritu del habla”. M. Heidegger, Carta sobre el humanismo, Alianza Editorial, Madrid 2000. [8] “Menos literatura pero más atención a la letra”. Ibíd. [9] “El hombre piensa con su objeto pero ese objeto es ob, hace objeción a ser pensado”. Es lo que causa pensamiento. [10] Lacan, J, La angustia, Paidós, Buenos Aires 2006. [11] Quignard P, El sexo y el espanto, Minúscula Ed, Barcelona 2005 pág. 8. [12]Lacan J, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Barral, Barcelona 1974, pág. 217. [13]Lacan J., El discurso de Baltimore, en Lacan oral, Xavier Bóveda, Bs.As. 1983. [14] “El sujeto que se deduce del lenguaje y de su incidencia en un cuerpo no es algo que pueda caber en el concepto, ni siquiera en el de sujeto”. (Le Gaufey G., El notodo de Lacan, Ediciones literales, Bs.As. 2009, p.11). [15] Lacan J., El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires 1983. [16] Heidegger M, Ser y Tiempo Losada, Buenos Aires. pág. 206 a 211. [17] A partir de Rousseau aparecerá el sujeto del derecho del contrato, activo, libre, responsable opuesto al sujetado, súbdito de su majestad. Objectum significa lo arrojado al encuentro. [18] Cualquier impostura del analista respecto de algún saber simularía que sabe algo (¿todo?) de lo que es imposible saber. Es una eternización de la transferencia, más que una apuesta a un final del análisis. No se trata de correrse de ese lugar, porque es el que permite escuchar. No hay escucha objetiva de lo que le pasa a un paciente, porque "el analista forma parte del concepto de inconsciente". Golpea los postigos desde adentro, para que se reabran.

  • Vocal / Monique Wittig – Sande Zeig

    El pueblo de las amantes que se ha instalado en Tonga, isla de Polinesia, habla actualmente una lengua que carece de consonantes. Hablan una lengua que parece un canto. La voz se ahueca, sube, baja, recorre todo el registro de graves y de agudos, estalla, crepita, vibra, murmura, silba, susurra, se detiene, disminuye, se despliega, se estira. Está hecha de estridencias, de disonancias, de ruidos, de largos deslizamientos, de susurros, de dulces roces. Tiene sonidos cerrados, sonidos abiertos, sonidos breves, sonidos largos, sonidos húmedos, vocalizaciones nasales, labiales, dentales, palatales, sibilantes, guturales, velares. Aquellas que han escuchado alguna vez el canto de las ballenas blancas tienen un conocimiento aproximado de esta lengua. “Cuando ellas hablan con la voz sostenida sobre una e, una o, o cualquier otra vocal, no es para mí una frase, es una modulación. La práctica de esta lengua modifica los músculos del rostro. Tengo la impresión de que los músculos se desplazan en algún sentido, de la misma manera que las serpientes cuando reptan” (Anna Weish, Sonidos de ningún lado, Celtia, edad de gloria). Fuente: Wittig, M. & Zeig, S. (1976) Borrador para un diccionario de las amantes. Traducción de Cristina Peri Rossi. Editorial Lumen. Barcelona 1981.

  • Las descentradas (1929) Segundo Acto / Salvadora Medina Onrubia

    Comedia en tres actos Segundo acto Habitación de Juan Carlos, en un hotel cualquiera. Sin lujo. Cama en el rincón de la izquierda. Mesa chica al centro. A los pies de la cama, amplio sillón que desentona con el conjunto. Puerta al corredor, al foro, derecha. Sobre los muebles, frascos de farmacia. (Juan Carlos, en saco fumoir, sin cuello, “deshabillé”, está tumbado en la cama con un libro. Un mucamo muy gallego, da desconcertados plumerazos sin ton ni son, y canturrea.) Escena I Juan Carlos y Mucamo; después, Elvira Mucamo (canturreando bajo, mientras sacude): “El querer de los casados / Anda por los alzadeiros / Si así facen los casados / Qué no farán los solteros...” Juan (incorporándose): Cállate, por caridad... me enloqueces... Mucamo: Bueno, bueno... (Sigue sacudiendo.) Juan: Y no levantes más polvo... Me mareas, me ahogas… Vete... Mucamo: Ya termino, ya... Juan: ¿Qué hora es? Mucamo: Son casi las doce. ¿Comerá usted ya? Juan: Un momento. Pero pon la mesa. (Sale el mucamo. En la puerta se cruza con Elvira, que entra con una enorme brazada de flores. Trae un traje de mañana claro, elegantísimo.) Mucamo: Buenos días, señora. Elvira: Buen día, amigo. ¿Qué tal? (Entra.) Escena II Elvira y Juan Carlos Elvira: Hola, encanto, ya levantado... ¿Se halla bien? Juan (viniendo hacia ella): Perfectamente. Y viéndola a usted, figúrese. ¿Es para mí todo esto?... (Le toma las flores y las deja sobre la mesa.) Elvira: Sí, pobrecito. Encerrado aquí con su fiebre, no ha visto llegar la primavera. Está todo espléndido. Hasta las mujeres. ¿No se ha fijado cómo embellecen las mujeres cuando llega la primavera? ¿No hay floreros por aquí? Juan: No poseo esos poéticos adminículos. Elvira: Pídalos, entonces... Juan: ¿A quién? Elvira: Al mozo, hombre... (Juan Carlos llama. Mientras, Elvira se quita el sombrero, los guantes. Se peina un poco. Maneja las cosas como en su casa. Habla mientras se arregla.) Hace un calor. He venido desde casa andando y me he fatigado. ¿Vino el médico ya? Juan: Sí. Elvira: ¿Y...? Juan: Se ha despedido. Ya estoy bien, desgraciadamente... Elvira: Hombre, si estar sano es una desgracia... Juan: Y de las graves. Máxime si se tiene una enfermera como la mía. Elvira (con un saludo): Se agradece… Escena III Dichos y Mucamo (Entra el mucamo con mantel, bandeja, platos, que pone sobre la mesa.) Mucamo (a Juan Carlos): ¿Ha llamado usted? Juan: Sí. Consígase por ahí dos o tres floreros para esto. Elvira: Prontito, ¿eh? Mucamo: Bien. ¿Comerá aquí la señora? Juan: Por supuesto. Mucamo: Podremos adornar la mesa con un ramo de flores. Abajo hay unos jarrones espléndidos... Juan: Pues, tráelos. (Sale el mucamo. Elvira lleva las flores de la mesa a la cama y se pone a arreglarlas.) Escena IV Elvira y Juan Carlos Elvira: Cuánto me alegro de verlo levantado. Ahora sí que serán lindos nuestros paseos... Juan: El primer día iremos al Tigre. ¡Cómo estará ya aquello!… A ver si ha perdido la mano para el volante. Elvira: No, verá. Manejaré yo sola. Usted estará débil para eso. Iremos ligero. Me sacaré el sombrero y todo el aire me dará en la cara. ¡Qué dicha! Juan: Y almorzaremos allá... Elvira: Seguro. Ya me he acostumbrado a almorzar con usted. Con su enfermedad, nos hemos hecho más amigos que antes. Ya somos casi hermanitos. (Él la mira fijamente, sonriendo.) Lo que me da tristeza es tener que mentir tanto... Qué ridícula es la vida, ¿eh?... Y somos nosotros mismos los que la hacemos ridícula. Y después nos lamentamos... Mire que tener que ocultar nuestra amistad como un pecado... Juan: Eso lo hace doblemente interesante. Usted no quiere convencerse de que el pecado es lo único que hace atrayente la vida. Para la mujer, sobre todo, no hay mayor voluptuosidad que la de comprometerse... Elvira: Es cierto, ¿eh? Todos los días que vengo aquí, lo pienso: me comprometo. Bueno, esto no sería interesante si yo estuviera apasionada por usted, si fuéramos una especie de seres novelescos... pero, comprometerse por salir en auto, por almorzar, por charlar con un simple amigo a quien puede verse tranquilamente todos los días. Eso es una cosa extraordinaria. Y yo amo las cosas extraordinarias. Bueno. Ahí están los floreros. Escena V Elvira, Juan Carlos y Mucamo Mucamo (entrando): Traigo cuatro floreros. Juan: ¿Esos eran los jarrones espléndidos? Mucamo: Son muy preciosos. Elvira (riendo): Traiga... póngalos acá. Mucamo (poniéndolos al lado de la cama): Cuidado, que tienen agua. (Elvira arregla las flores en los jarrones; mientras, Juan Carlos la mira largamente, intensamente. El mucamo pone la mesa.) He traído la lista. Elvira: No hace falta. Para el señor, pollo y agua mineral como siempre. ¿Comería espárragos? Juan: Comería palos de escoba. Me muero de hambre. Elvira: No exagere. No será tanto. (Al mucamo.) Espárragos también; y para mí lo mismo. Juan: Fruta y café... y ya está ¡Ah! y te conseguís champagne. Bien frappé, ¿eh? Elvira: ¿Champagne? ¿A qué se debe?... Juan: Un gusto... Festejo mi salud... Elvira: Una genial idea. (Al mozo.) Pero todo rápido, rápido, que tengo que irme en seguida. Mucamo: Bien, bien, me apuro. (Sale.) Juan: ¿Cómo? ¿Hoy no leemos? Elvira: No. Tengo que hacer unas compras. Hijo, con su enfermedad se me han dado vuelta las costumbres. Hay que normalizarlas. Ya se acabaron los almuerzos. Juan: ¿Y el del Tigre? Elvira: Ese será sólo una escapada. Estoy llamando la atención de todos. He agotado hasta mi inventiva. (Mientras habla, pone un florero sobre el mantel y reparte los demás por el cuarto.) Esto queda magnífico. Juan: Usted y las flores convierten mi cuarto en un verdadero paraíso. Elvira: Lo noto esta mañana desusadamente galante. ¿Qué le pasa? Juan: A mí nada. Pero... Elvira: Pero ¿qué?... Juan: ¿Qué día vamos al Tigre? (Mientras hablan, Elvira se limpia las manos con una toalla y se sientan a la mesa frente a frente.) Elvira: La semana que viene. Juan: ¿Tanto? Elvira: Y ... no le he dicho que no puedo, Y eso que tengo un verdadero deseo de manejar... Mucamo (entrando con las fuentes): Ya está aquí la comida. (Sirve la mesa entrando y saliendo varias veces, según las indicaciones. Sale.) Elvira (siguiendo la conversación, mientras sirve ella misma): Ya ve. Otro secreto. Esa habilidad con la que podría darme tanta importancia, si no me la hubiera enseñado usted. Tendré que hacer la comedia de que me enseñe, Juan... Juan: ¿Ve? Para todo hay que hacer comedias en el mundo. Elvira: Y aunque no queramos. Es la ley. Toda nuestra vida es sólo un tejido de pequeñas comedias... Dulces, amargas, risueñas, ridículas... Es claro, más ridículas que otras. Dígame si no es ridículo este secreto de nuestra amistad... El haber ocultado como un crimen el que yo lo cuidara... El que hubiera venido a verlo al saber lo enfermo que estaba... Era una cosa pura, era una cosa buena. Juan: No. Era malo. Mucamo (entrando): Aquí está el pollo. Parece de oro… (Lo deja y sale. Empiezan a comer, violentos.) Elvira (mirando a Juan Carlos, que no come casi): ¿Y esa era el hambre? Juan: Es que no puedo comer. Le dije que era malo... Elvira: ¿Por qué malo?... Juan: Ríase. Ríase todo lo que quiera. Elvira: Pero ¿de qué quiere que me ría? Juan: De mí. Me pasa una cosa muy rara, vieja. Creo que me he enamorado de usted. (Ella se queda mirándolo con un aire de extrañeza un poco exagerado.) Elvira: Muy bien. ¿Y qué más? Juan: Y que sufro de veras al pensar en que estos días de dicha se han terminado... Que la estoy mirando y que el alma se me sube a la boca, que tengo que decírselo… Que no duermo, que no vivo, pensando en usted. Que esta es otra enfermedad. Elvira (con una risa violenta y fingida): Esos son romanticismos de la fiebre y del encierro. Se le disiparán con el aire. Juan: No se ría. No es cosa de risa. Hemos jugado con algo demasiado grave. ¿Por qué vino? Elvira: Está usted haciendo un soberbio papelón indigno de usted. Con sentimentalismos a mí... Es gracioso. Juan: No son sentimentalismos. Es la vida. Yo no soy una salamandra, soy un hombre... y usted es una mujer... Elvira: Sí, ¿eh?... No lo sabía... Juan: No se haga la graciosa. Escúcheme. Elvira: No me gusta escuchar tonterías... Juan: Elvira, por favor... Elvira: Qué feo, qué feo... qué cursi... Juan: Óyeme... Eres divina, eres única... ¿Por qué esconder tu alma?... (Ella queda mirándolo silenciosa.) Siento en la frente tus manos frescas que templaban mi fiebre. Veo tus ojos. Oigo tu risa. Te veo luego a mi lado como mi amigo... Eres la mujer completa, única, que puede serlo todo... Mucamo (entrando): Fíjense ustedes en las manzanas… Huelen como las manzanas de mi pueblo. Y parecen pintadas. (Las pone en la mesa. Elvira, con la interrupción, se hace dueña de sí y vuelve a reír. Juan Carlos se fastidia.) Juan: Bueno, déjalas ahí y hasta que yo llame no vengas con el café. Mucamo: Está bien. Está bien. (Sale entre extrañado y picaresco, cerrando la puerta. No hablan un momento. Elvira sirve y empieza a comer. Juan Carlos se levanta y viene a sentarse junto a ella.) Juan: Hablemos. Y no se ría, que es fingido. Escúcheme. Usted no es una chica tonta. Usted sabía que esto tenía que llegar. Elvira: Lo sabía. ¿Y qué? Juan: Y que usted ha jugado conmigo, o... Elvira: Con quien he jugado ha sido consigo misma… Pero esto, esto es estúpido, ridículo. . . Juan: No. Es bueno. Es lo único bueno de todo. Elvira: Hasta que lo evoquemos es una infamia. Y yo no he sabido evitarlo. Y ahora se ha roto nuestra franca amistad que me hacía tan feliz... (Se le llenan los ojos de lágrimas.) Juan: No quiero ver en tus ojos lágrimas. No, Elvira, no. Nuestra amistad era sólo una comedia, como todo... Elvira: No. Nunca podrá saber usted lo que era su amistad. Para mí tan sola... tan extraña a todo lo que me rodea... Y no he sabido defenderla... Juan: ¿Y nuestro amor? ¿No es nada para ti? Elvira (hostil): Nada. Juan: Tienes razón. Eres una coqueta como las demás. Peor que las otras. Coqueteas más refinadamente… Coqueteas fríamente, cerebralmente... Pero gustas como todas de pasearte por el borde del abismo. Eres una titiritera sentimental. Nada más. Elvira (en la misma actitud dolorida): Tal vez tenga razón. Soy peor que las otras. Soy también más desgraciada que las otras. Juan: Perdóname, Elvira. No te pongas así. No sé lo que digo. No sé lo que tengo... Elvira: ¿Por qué me tutea? Juan: No seas vulgar. No juegues al viejo juego. Escúchame. Piensa que antes de todo soy tu amigo. Elvira: Ya no. Juan: Sí. Ante todo amigo... Y te quiero. He llegado a quererte brutalmente. Elvira: Y yo tengo la culpa. Juan: Inconscientemente, pero la tienes. Elvira: Inconscientemente, no... Óigame usted ahora… Usted ha hecho mucho bien a mi alma. No sabe cuánto… Nunca, por más que piense, sabrá lo que era mi soledad. La desesperación de mi soledad... La angustia de cerrar mi alma a todo... de atar mis palabras, mis gestos, mi voz... Y usted me dio la paz, la serenidad, el equilibrio que había buscado tanto tiempo en vano… Nuestros paseos, nuestras conversaciones, eran tanto para mí, obligada a callar siempre, a hablar nimiedades, a olvidarme de que podía pensar... En esos momentos, yo era otra mujer... Me llenaba de oxígeno el pecho el alma... Respiraba... Y después, muchas veces, cerrando los ojos te evocaba y encontraba en mí fuerzas para soportarlo todo. Era tan puro mi afecto... O yo me hacía la ilusión de que lo era... (Él le toma una mano; ella la deja abandonada, inerte.) Por eso en este momento me haces tanto daño. A veces yo veía con terror en que esto iba a llegar. En que era una cosa irremediable que llegase... Muchas veces pienso que tantas mujeres habrán caído por eso... Solamente por poder sentirse un minuto seres libres y conscientes... Yo, como tantas, pagaré el precio de mis cortos momentos de alegría... Y es mejor.., mejor que así sea... Tal vez... Juan: ¿Ves? Tú también lo quieres... me quieres... Elvira: No. Yo no quiero a nadie. Pero estoy tan sola, tan sola... Juan: Yo te adoro, Elvira. Te lo juro. Elvira: De una cosa noble y buena haremos una cosa infame… Yo no quiero perderte... Y es humano. No puede irse contra la vida... Juan: Por qué infame. ¿Por qué? Elvira: Tú lo sabes... Gracia, él… Juan: No pensemos en eso. No... Vivamos este minuto… ¿Ves? Me tuteas... Qué dulce es el tú en tu boca... Hay palabras que sólo con él pueden decirse... Como “te amo”. Dímelo... Pero no me mires así... No pienses. Piensa sólo en nosotros... Más tarde, más tarde... sufriremos. Pero ahora... Ahora yo no puedo hacer más que quererte. He visto un rincón de tu alma. Quiero que me la des toda. Que te me des toda. Déjame besarte… Elvira mía. Amor mío... Mi Elvira... (Va a besarla. Ella, inerte, como entontecida, mira al vacío. Pero la puerta se abre violentamente y entran López Torres, Baudrix, el comisario y otro señor. El mozo, asustado, se queda en la puerta.) Escena VI Elvira, Juan Carlos, Baudrix, López Torres, un señor que no habla, Comisario y Mucamo. (Elvira y Juan Carlos, se levantan sorprendidos. Ella queda de pie, junto a la mesa, temblorosa. Él, dominándose con un enorme esfuerzo, se adelanta.) Juan: ¿Qué significa esto? ¿Con qué derecho? Comisario: En nombre de la ley. Juan: Comprendo. (A López Torres.) Estoy a su disposición, señor, en todos los terrenos. López: Gracias, joven. No se trata de eso por el momento. Odio los escándalos. Juan: Pues mayor que éste... López: Este quedará entre nosotros. No pasará nada. El señor... (Por el comisario.) levantará un acta que firmarán como testigos los señores. Esto es perfectamente legal. Ese acta servirá para un divorcio discreto. Y desde este momento la señora queda en libertad para ponerme en ridículo con usted... o con quien le parezca mejor. Juan: Es una manera ultramoderna de arreglar las cosas. Baudrix: Pero perfectamente legal. Elvira (adelantándose, a López Torres): No sabía que leyeras a Maupassant. Y que te impresionaras hasta plagiarlo. Pero podías haber tenido un gesto más original. Espiarme, seguirme, traer policía. Es digno de ti, pobre imbécil. López: Digno de usted, señora. Elvira: ¿Qué sabes tú de lo que es digno de mí? ¿Me conoces, acaso? López: Desgraciadamente, demasiado. Elvira: Si me conocieras, no me obsequiarías con esta escena de pochade. Me habrías dicho, simplemente, que querías librarte de mí... o librarme de ti... (El comisario ha puesto sus bártulos sobre la mesa y se dispone a escribir.) Habríamos hecho entre los dos ese acta tranquilamente. Juan: Pero eso no es posible. Le juro por mi honor, señor, que entre Elvira y yo existe sólo una simple amistad. López: Eso me tiene a mí sin cuidado. Juan: Es que usted no puede levantar un acta falsa. Elvira: Déjalo. Que escriban lo que quieran. Yo lo firmaré. Firmaré todo... ¿Que lo engaño? Bueno, que lo escriban. No me importa gritarlo a los cuatro vientos si eso me libra de él. López: Señora... Elvira: Sí. ¡Porque lo odio... lo odio! Engañarlo... Como usted me engaña a mí, no... Todavía no... Pero escriba, sí... Escriba que lo engaño, que toda yo soy una mentira para él. Que toda yo soy odio y mentira. Que mis palabras, mis gestos, mi vida... Todo, todo es una mentira… Oh, lo engaño, sí... ¡Lo engaño con el alma, con el pensamiento, con el deseo, que es como engañamos las pobres, las desgraciadas mujeres honradas que no tenemos en la vida ni siquiera el valor de nuestros pecados!... Juan: Serénese, Elvira, cálmese... Elvira: Oh, amigo mío... Si estoy muy serena... Si casi me siento feliz... Si la tortura de todos los días tenía que terminar de cualquier modo... No lo veré más... Podré ser “yo”... ¿Qué me importa lo otro? Juan: Pero usted debe defenderse. Elvira: ¿Yo? Jamás. López: La señora es doblemente infame. Ha elegido para... sus inocentes entretenimientos al novio de su mejor amiga... Elvira (recordando con angustia): Gracia... Juan: Qué horror... Elvira: Gracia no debe saberlo. (A López Torres.) Y usted no lo dirá. López: Lo sabrá todo el mundo. Un divorcio es cosa pública. Elvira: Oh, es que yo no lo permitiré. Es que ante ella me defenderé... se lo diré todo... Y ella me creerá a mí. A mí sola... (Pausa larga. Elvira jadea. El hombre escribe.) López: Hablando pueden conciliarse las cosas. Usted firma el acta en la que no se nombra al señor para nada... O se le da un nombre cualquiera. Yo me comprometo a que Gracia no sepa nada jamás. Podrá efectuarse el matrimonio. En cambio, usted renuncia a defenderse. No vuelve a mi casa. Yo le enviaré... aquí todas sus cosas... y su dinero. Elvira: Acepto. ¿Dónde firmo? Comisario: Aquí. (Elvira toma la pluma.) Juan: Lea eso primero. Elvira: ¿Para qué? Es lo mismo. (Firma. Firman también los testigos y el comisario, que guarda los papeles.) Juan (a López Torres, mientras firman): Señor: creía a usted solamente un ser ridículo. Me he equivocado. Es usted un perfecto canalla, un cobarde, un sinvergüenza. (Va a darle una bofetada, pero antes de que los otros se acerquen, Elvira se lo impide sujetándolo de los brazos.) Elvira: Déjalo, Juan Carlos. No lo toques tú. Que se vaya. Juan: Donde lo encuentre le daré de patadas. Ahora por usted. Elvira: Después sí. Haz lo que quieras. Ahora piensa en Gracia... Juan: Tienes razón. Comisario: Buenas tardes. Disculpen. López: Que sean ustedes muy felices. Adiós. Baudrix: Buenas tardes. Mis excusas, señora... (Salen todos, menos el mucamo.) Escena VII Elvira, Juan Carlos y Mucamo Mucamo: Señor... Yo no tuve tiempo de avisarles. Subía para eso, pero se adelantaron. ¿Puedo servirles en algo? (Elvira ha ido a tirarse al sillón de los pies de la cama, donde queda como anonadada. Juan Carlos se pasea por la habitación.) Juan: Sí. Llévate eso y trae el café. Y cállate. Mucamo: Bien. Bien. Cuenten conmigo para lo que quieran. Elvira (tristemente): Gracias, amigo. Mucamo: De nada, de nada. (A Juan Carlos.) Y... ¿traigo el champagne también? Juan: Sí, tráelo. Trae todo lo que quieras. (Sale, cerrando la puerta. Hasta que vuelve, ellos continúan en la misma actitud. Ella, en el sillón. Él, paseándose.) Mucamo (entrando): Aquí está todo. (Deja café y champagne sobre la mesa y sale, cerrando la puerta. Se arriman los dos a la mesa en silencio. Ella va a servir, pero le tiemblan las manos.) Elvira: No puedo. Sirva usted. Es ridículo, pero estoy temblando. (Sirve él y toman el café en silencio.) Perdóneme, Juan Carlos, esta escena estúpida. Juan: Hemos caído en una hábil trampa. Ya pasó... ¿Qué vamos a hacer ahora?... Elvira: Yo qué sé. Juan: Óyeme tranquila. Vas a divorciarte. No sabes la dura prueba que te espera. Necesitarás de todo tu valor. Elvira: Es lo de menos... Juan: ¿Y después?... Elvira: Después... Dios dirá. Juan (tomándole las manos y aproximándose a ella): ¿Quieres quedarte aquí? Elvira: ¿Y Gracia? Juan: Tienes razón. Yo te llevaré al campo con mi madre. Es muy buena, muy viejita. Tiene sus ideas, pero tú te la conquistarás. Y cuando termine tu divorcio, me casaré contigo... Elvira: ¿Qué?... Juan: Si tú quieres. Hace un momento te juré que te quería. Vi tus ojos. Hubiera hecho de ti mi querida. El destino hace que puedas ser mi novia. Elvira: ¿Y Gracia? Juan: Con tiempo. Elvira: Sufrirá. Juan: No. O muy poco. Es una chica. Además... También sufrirás tú. A ella, otro la hará más feliz... Elvira: Pero tú la quieres... Juan: En este momento te quiero a ti sola. Además, es irremediable. No la humillemos nombrándola, pobre amorcito... (Pausa larga. Los dos piensan.) Elvira: Tenemos que tranquilizarnos antes de decidir nada. Yo me iré ahora a casa de Gloria. Juan: Gloria, tienes razón... Elvira: Hace tiempo que no la veo. Tengo tan dejado todo. Juan: Yo puedo ir primero a... Elvira: No. No hace falta. Iré a su casa y le diré: aquí estoy. Y ella me abrirá los brazos sin preguntarme más. Gloria no es como las demás personas. Es ella. Juan: Como tú. (Le besa la mano.) Mi novia... Ahora eres mi novia aunque no lo quieras... (Le saca el anillo de casamiento, lo mira... Luego se saca el de él y pone los dos sobre la mesa.) ¿Te acuerdas cuando te probaste el anillo de Gracia?... Elvira: Oh, sí... ¡Quién nos hubiera dicho!... Juan: Bueno... no te entristezcas... Olvida... Luego iremos los dos a casa de Gloria. Pero primero vamos a tomar champagne. (Se levanta, descorcha la botella y sirve. Mientras habla...) Eres una novia que me ha regalado la primavera. Toma. Brindemos a lo imprevisto, señor del mundo, y a nuestra dicha... Bebe... Y ahora bésame. ¿Ves? (La besa.) Novia de la primavera. Novia florida… (Vuelve a besarla…) TELÓN

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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