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  • Mayo Adynata / VPS

    Ante el alto voltaje de un cotidiano que se vive casi a punto de ebullición constante. Ante una subida, no sólo de contagios y muertes por Covid sino una subida de muertes por cáncer, por desesperación, por vejez. Una subida de pobreza. Una subida de injusticias. Una subida de manipulación y terrorismo mediático -siempre político-. Quizás algo pueda hacerse lugar para explorar y encontrar diferentes formas de llevar el dolor, de atravesar los miedos, de dirigir las rabias, de valorar esos momentos de risas y encuentros que nos conectan y nos distraen, de a ratos, de peleas electorales, barbijos y restricciones. Cuidarse, tal vez, implique muchas veces soltar el enojo y la impotencia con el menor daño posible. Cuidarse, tal vez, implique acordarse de acompañar a la amiga que lo necesita y, por un ratito, suspender la propiedad del dolor, de la preocupación, de la alienación en el trabajo (en caso de tenerlo). Los feminismos han venido a poner en evidencia que uno de los mayores problemas que gobiernan la intimidad consiste en disputarle a los adoctrinamientos el par daños-cuidados. Mayo se inicia, y al ya histórico calendario de reivindicaciones y revoluciones se agrega, a un año de la desaparición y asesinato de Facundo, insistir en levantar el grito de Dónde está Tehuel, aunque ya no nos dé más la garganta.

  • Panfletos del dolor / Vicente Zito Lema

    I LA PESTE EN ABRIL "Solo es posible vivir, si en la casa del corazón arde un buen fuego..." Alejandra Pizarnik ¿Quién ha dicho que necesitabas de mi muerte para estar vivo? ¿Qué sed será la tuya que beberás mi sangre? ¿Cómo harás para comer mi cuerpo 60.000 veces...? ¿Cuál era tu peste? II RENEGACIONES “El infierno quedó vacío… Los demonios están en la tierra” William Shakespeare Maldita sea la cultura de la muerte Son días de renegación psicótica (pura basura) Se niega la realidad / se niega que la realidad se niega… Ayer mismo bombardearon la gran plaza Llena de niños / vestían de blanco… (Ah, la escuela pública…) ¡El cielo se estremeció! ¡Vaya, vaya con los asesinos! Ayer mismo desde los aviones arrojaron a muchachos y muchachas de la frente celeste poco más que niños / a las aguas del río / a las oscuras aguas… ¡El cielo se estremeció! ¡Vaya, vaya con los asesinos! Se llame como se llame Se diga como se diga La historia no olvidará / al que ordenó a los niños Que fueron a la escuela a buscar la peste Y la llevaran inocentes hasta sus casas Como si no fuera la muerte ¡El cielo se estremeció! ¡Vaya, vaya con los asesinos! Ciudad de Buenos Aires, abril / mayo de 2021

  • Para un materialismo de la insuficiencia / Nicolás González

    poesis. “Esto no es más que un témpano mal tragado” Antonin Artaud rasgar abrir paso rajar hacer pasar tajear y es que este mundo no nos basta entonces rompemos con él los sentidos piensan cuando la frontera entre lo imaginario y lo real se raja rasgar rajar tajear hacer pasar pero la rajadura continúa solo siempre y cuando no sea reducida a ninguna proposición entonces -rompiendo con toda dialéctica- perduramos en la indecibilidad persistimos en la indiscernibilidad experimentar el afuera como una incesante intrusión una provocación una escaramuza puesto que la experiencia del afuera no es en sí pensamiento sino una provocación a pensar : aquellas continuidades intuitivas que nos recuerdan la imposibilidad de que esto siga igual y la necesidad de cambiar y es que el saber no está hecho para comprender -sortear la tentación de decir componer sino que está hecho para hacer tajos extrañamiento. “En momentos de dolor, no se abraza a una persona, se abraza una desolación, un aturdimiento, una extrañeza. Se abrazan preguntas, sin respuestas” Marcelo Percia 1. A diferencia de tener las concepciones adecuadas, de tener los métodos y los conceptos ya hechos, el mejor presentimiento es una intuición, una insuficiencia: aquello que nos recuerda lo intolerable de este mundo y su horror. “Alguien” -o más bien, cualquiera- que vio algo; “alguien” -o más bien, cualquiera- que cachó que porahí era la mano* y partió: flashazo, fogonazo, una escaramuza imprevista. 2. afrontar, Del lat. affrontāre, der. de frons, frontis hacer frente... a la normalización y adaptabilidad a un mundo tecno-endémico-hiper-controlado: la insuficiencia permite el reposicionamiento de aquello que no cuaja, que impide el cierre: a/puesta en guardia aún en desequilibrio. Una potencia, una multiplicación de puntos de apoyo e instancias/estancias de resistencia, una acción política directa que escapa por en medio. 3. La insuficiencia es un abandonarse a la certeza de que aquello que unx espera que pase, nunca pasará -abandonar, entonces, toda espera. 4. Una insuficiencia que es siempre múltiple, abierta, una sensación difusa, una erótica de la insuficiencia. 5. Más que una composición-con aquello que nunca pasará o una especie de conectividad -una ruptura, una rajadura, una escisión desde toda inuficiencia. Abandonarse a las intuiciones por muy insuficiente que a/parezca, puesto que este mundo -que nos lleva puesto- nos es insuficiente también. 6. Ningún aprendizaje, ninguna ganancia: borronear, desapre(he)nder, 'soltar-se' puesto que la insuficiencia porvenir -aquello que no ocurrirá- no es composición, es rotura. 7. Partir, romper con/desde este mundo, para hacer florecer otros mundos posibles, otras intuiciones, otras insuficiencias. Porque, ¿quién no puede presentir cómo todas las flores nos revientan en la boca, en cada poro, en cada pliegue -y florecen aquí y ahora? 8. Co-extensividad temporal: la insuficiencia es la capacidad de apertura al presentimiento que condensa el pasado y permite el advenimiento del futuro como una entrada al presente. 9. Una intrusión: la acogida del malestar, del pánico y el dolor activa una multiplicidad en fuga que resiste el cierre, la tapadura, la normalización -todo deterministo identitario, toda terapéutica falla. 10. Sostener la insuficiencia, desactivar los llamados al “sentido común” -estallar el régimen de obviedad capitalista. 11. La insuficiencia deja abierto un abismo de incomprensión que no sabemos cómo llenar: una afectación desconocida, un estar-mal, que resuena corporalmente como inadecuación a las formas instrumentales de la racionalidad que totalizan los disensos, las singularidades. 12. Entre lo imaginario y lo real, estamos nosotrxs -absortxs ante el panorama humano que comienza a incendiarse, a abstraerse. subjetivación. “Hay que volver a hacer sentir lo que se debe pensar, pero hay que volver a pensar profundamente para recomenzar a sentir y salir del entumecimiento” León Rozitchner 1. Las fugas son imprevistas, al menos en la medida en que los sentimientos son desconocidos e inconciliables al momento de chocar con el mundo y hacerlo huir: el éxodo que todo extrañamiento de si -creativo y combativo- porta y provoca en su singularidad; aquel abismo de incomprensión que se abre en medio de lo más próximo e inquietante. En todo momento preguntarse, “¿qué huye?” 2. Una subjetividad, entonces, se definiría por su potencia singular de emancipación, por su capacidad diferencial en una relación de poder específica. Es decir, una capacidad ineluctable que en su pasaje al acto, devela las líneas de rotura que nos atraviesan y fugan. Así, la acción política es siempre violenta en la medida en que es la expresión directa de una subjetividad que no se someterá. 3. Para León Rozitchner, desintegrar al hombre significa introducir en él “la imposibilidad de referirse coherente y suficientemente al mundo humano que lo produjo”. Esta insuficiencia sería aquella afectividad desconocida que nos pasa y nos atraviesa, al momento de chocar con el mundo. Una disposición corporal, sensible y ominosa -unheimlich- que resuena en lo más próximo: inadecuación, disenso, extrañamiento de si. 4. Toda acogida del malestar es, entonces, necesariamente una acogida de lo ominoso: atravesar aquella imprevisibilidad y radicalizar el sentir. Salir del entumecimiento de la abstracción. Hacer el duelo de este mundo y hacer emerger otros mundos, otras potencias, otras insuficiencias. 5. Si no hay falta -ni culpa, ni victimización- y todo ya-está-dado-allí... entonces, ¿cómo damos continuidad a nuestras insuficiencias, cómo romper con lo dado, con el régimen de obviedad capitalista; a la vez que desafiamos todo tipo de restitución identitaria, toda terapeútica? 6. Nombrar de manera impúdica cierta (in)capacidad como insuficiencia, es intentar responder a la pregunta por cómo damos continuidad a esas intuiciones, ánimos y prácticas que vienen ensayando ya rupturas con este mundo y vienen habitando ya otros mundos posibles. 7. Aquí, “continuidades intuitivas” quiere decir sensaciones, ánimos, malestares que se dan en el continuo experiencial a nivel corporal, muscular, a ras. Y que persisten como aquello que tajea, raja, abre “lo dado” para hacer pasar otras maneras de habitar la diversidad de territorialidades: una (des)territorialidad absoluta como práctica de una erótica de la insuficiencia. 8. Es en la lucha como momento subjetivo de decisión que rompemos con lo dado. Un proceso de subjetivación que al pasar al acto -acción política directa- queda emparentado con una dinámica violenta e insurreccional, única capaz de modificar las relaciones de poder. Cuerpo en lucha, cuerpo en acto: cuerpo sensible, cuerpo en-cont-acto. 9. Es inevitable la insurgencia por/de otra forma de vida. Y si lo inevitable muchas veces no se realiza porque lo imprevisible tiende a prevalecer, entonces lo inevitable será imprevisible. Nota al texto* Ahí donde dice “Alguien” -o mas bien, cualquiera- que vio algo; “alguien” -o mas bien, cualquiera- que cacho que porahi era la mano y partió...” debería aclararme. Puesto que cachó (entendió) es conjugación de "cachar" (entender), término-verbo en coa (jerga) que viene del inglés "catch", el cual significa agarrar: énfasis corporal o gestual, un entender que está emparentado con un gesto muscular, con una erótica. También era la mano, es término en coa que deriva de "es la mano". Cuando se quiere hacer algo y "esta o es (a) la mano", es porque luego de diferentes averiguaciones, experimentaciones y atenciones, se puede llevar a cabo sin mayores consecuencias (mas no sin afecciones o gratificaciones). Y porahí -o porai- indica una dirección, una ruta, una inclinación. Nota al video* El video lleva la firma de M72-LAW, que es el "nombre" que dimos con Juán Esteban Reyes a la realización de intervenciones, pintadas, murales, etc. que hemos llevado a cabo en la calle. M72-LAW hace referencia al lanzacohete que se utilizó un 7 de septiembre de 1986 para ajusticiar al dictador Augusto Pinochet, redactor de la Constitución que si bien sobrevivió, la insurrección del 18 de octubre botó por el suelo junto a todo su legado. Un pequeño gesto entonces de memorias, ánimos y solidaridades anacrónicas.

  • Escombros, Derrumbes, Colapsos, Recursos / Cynthia Eva Szewach

    ¡Quítate ese vestido, Rebeca, que la boda terminó! Citado por Freud A pesar del aguijón de la entropía Teresa Leonardi Herrán En el relato que F.S. Fittzgerald titula Crack up, desliza que uno debería ser capaz de ver que las cosas son irremediables y sin embargo estar decidido a hacer que sean de otro modo. Al inicio define a toda vida como un proceso de demolición. En las demoliciones quedan escombros. Luego de un derrumbe, los escombros atestiguan. Durante un derrumbe inesperado, hay terror, temor, desesperación, perplejidad, muertes. En la incertidumbre de un derrumbe por venir, por ejemplo, de un edificio, se aísla la calle, se deja momentáneamente las casas, se lleva algunas pertenencias, y se espera, quizá con desasosiego, en algún lugar que proteja. Freud, se sabe fue un gran coleccionista. Siempre tuvo un interés especial por la época de oro de la arqueología y los descubrimientos de civilizaciones enterradas y leídas en las sucesivas capas de escombros, excavaciones, restos, reconstrucciones de lo irremediablemente perdido. Estimulaba en sus analogías y metáforas con la vida psíquica y situaba la paradoja que ocupa la memoria y el olvido en el campo del psicoanálisis. Sufrir de reminiscencias corporiza una arqueología que desestablece el sentido, hace síntoma que ancla y es el recurso escritural del padecimiento. A veces hay colapsos. Lo que colapsa, provenga de donde provenga, pide que se escuche el límite. El colapso obliga pensar hasta donde se puede sostener algo de ese modo. Freud sin duda atento a ofrecer su escucha, favoreciendo el enigma, aún frente una vida derrumbada. Incluso no desoye nunca sus propios desvalimientos en el contexto que lo atraviesa. Le escribe a Fliess: “En este derrumbe general de todos los valores, sólo la psicología ha quedado intacta. Los sueños siguen sólidamente afianzados… Lástima que no se pueda vivir, por ejemplo, interpretando sueños” En muchas horas sombrías, agrega Freud, ha sido para él consuelo recordar que “dejaré tras de mí este libro”. En otra carta le escribe a su amigo: “Tuve que demoler todos mis castillos en el aire, y justamente acabo de reunir un poco de coraje para volver a levantarlos. En medio del catastrófico derrumbe, tú habrías sido invaluable para mí; pero en mi estado actual difícilmente podría hacerme comprender por ti.”. La amistad, un modo amoroso de andar la vida, le ha sido imprescindible, pero no siempre posible ni suficiente. Hay colapsos “externos”, sistemas colapsados, circunstancias, hechos, adversidades extremas, que requieren reorganización colectiva, responsabilidad comunitaria y estatal y por sobretodo un encomunado no negacionimo, ese que desoye de lo que nos pone en peligro. Hay por otro lado y a veces más allá de las circunstancias colapsos, o derrumbes “internos”, personales. Winnicott escribe en 1963 el texto “El temor al derrumbe”[1]. Plantea algo novedoso para él y lo llama miedo al breakdown. Se puede traducir como colapso, quebrantamiento y quizá fracaso extremo. El temor a algo futuro, no es universal, no nos ocurre siempre, pero podemos suponer que alguna vez algo de esa experiencia bordeamos. A veces en la transferencia, a veces en el cotidiano vivir, a veces frente al mundo que amenaza. Hay esa zona de dependencia en la transferencia, cuando se hace posible una cercanía, agrega Winnicott, frente a algún traspié del analista, o algún detalle que se alumbra, se produce ese estallido cercano a algo loco, como temor desesperado al derrumbe. Es un miedo de vivir, como un miedo al futuro. Se aclara que no se trata justamente de la angustia al estilo de la neurosis (que nosotros llamamos angustia de castración), más bien lo llama angustia impensable, muda, cercana a la mudez de la pulsión de muerte. Nos conecta con zonas que serían imposibles de recordar y que se acercan a los fenómenos “psicóticos” que ligan con lo que llama agonías primitivas: estados de no integración, de caída eterna a veces llamados “primarios”. “Estoy capacitado para decir, que ese miedo al derrumbe ya ha tenido lugar”, pero no está experienciado, una paradoja. En el caso del analizante, con quien nos encontramos, si acepta esta especie de extraña verdad, dice Winnicott, una construcción, algo puede ubicarse en la transferencia soportando las fallas del analista. Sin connivencia[2]. Entonces eso temido al ser experienciado se torna posible de constituirse en pasado. Winnicott lo enlaza a una experiencia de vacío situada a veces en lo oral. Quizá es un fantasma de inexistencia que responde a detener la voracidad del Otro. ¿Cómo pensar también lo ya ocurrido, en lo colectivo, afectado de presente y de inquietante novedad? ¿Vislumbrar, a veces ficcioalizar una inexistencia temible, detiene una voracidad, aprisiona y da fuerza para resistir, o deja sin recursos? La revuelta, dice P.Sollers no es ser libres de hacer esto o lo otro, sino que es detenernos a pensar lo que se hace. [1] D. Winnicott, Exploraciones Psicoanalíticas l Editorial Paidós 2005 [2] El temor al derrumbe y la idea de connivencia fue una transmisión de Jorge Rodriguez, quien trabaja el tema en diversos escritos.

  • Confiar en estados de fragilidad / Mel Mancuso

    Una charla que invita a respirar. Ventilar, que el aire circule, se cruce, renueve, libere. ¿Qué hacer cuando falta el oxígeno? ¿Qué hacen los hospitales sin oxígeno? Abordajes, dispositivos, territorios, barrios, ATR. ¿Qué hacen cuando la falta de oxígeno empieza a llegar a los territorios sin atención en los hospitales? Un posible circuito amigable ante la saturación, la crueldad, la violencia institucional y la expulsión. ¿Cómo alojar el dolor en una pandemia? ¿Cómo soportar escuchar que te pregunten si tenés un tubo de oxígeno? Ahí, en ese momento, en que alguien se está quedando sin oxígeno. ¿Cómo hacer lugar a los miedos? Fragilidades asumen debilidades. Fragilidades asumen miedos. Fragilidades asumen riesgos pero se sostienen en cuidados. Cuidados mutuos, cuidados tiernos, cuidados en común. ¿Y si pensamos al Estado entramado y sostenido por estados de fragilidad? Hoy el Estado se enuncia cansado, agotada, sin oxígeno, quemade, en burn out. Hoy el Estado es un posible estado de fragilidad. Un posible Estado que se enuncia frágil. Que no ES solo, sin otres. Que no puede sostener solo ni con burocracia todos los dolores de las crueldades y las injusticias. Porque no puede solx. Fragilidades irrumpen la burocratización de los cuerpos, asumen la urgencia y la certeza de que las redes alojan. Abrigan, refugian, entre/tejen, conversan, articulan, hacen circuitos, pasajes. Posibilitan que los dolores, miedos, angustias pasen. Quizás por un abordaje que se asume frágil ante el peor momento de pandemia que estamos viviendo. Quizás por una política de Estado presente enunciando su fragilidad. Y quizás eso sea un Estado presente en el cual se pueda confiar. Hoy la Provincia compró 250 camas para los hospitales. Y la Sputnik-V empieza a nombrarse Sputnik-VIDA. Vacuna de Inmunización para el Desarrollo Argentino.

  • De diálogos infinitos y conversaciones inconclusas / Verónica Scardamaglia

    “Sin duda, el objetivo principal hoy no es descubrir, sino rechazar lo que somos. Nos es preciso imaginar y construir lo que podríamos ser para desembarazarnos de esta especie de doble coerción” Michel Foucault 1. Pareciera que con cada crisis vuelve el loop que se cristalizó hace algunos años en torno al enunciado “son lo mismo”. Muchas veces esto suele aparecer tanto en tono acusativo como interrogativo, especialmente cuando se produce la escalada, tantas veces inútil, de pretender discutir (con) el peronismo. Quizás la trampa esté en caer en cierta ilusión de receptividad que queda rota cuando se tocan ciertas críticas, insalvables para algunxs, en torno a lo que podríamos nombrar tomando a Mbembe como necropolítica. Situar la gubernamentalidad, ya sea en términos de biopolítica, farmacopolitica, somatopolítica o necropolitica implica animarse a pensar los efectos de los Estados y sus políticas públicas sobre la vida y la muerte, tanto en torno al covid y las vacunas pero también más allá de ello. 2. Foucault se refiere a las técnicas de gobierno en términos de gubernamentalidad o artes de gobierno en tanto “al conjunto de prácticas a través de las cuales se pueden constituir, definir, organizar, instrumentalizar, las estrategias que los individuos en su libertad pueden establecer unos en relación a otros. Individuos libres que intentan controlar, determinar, delimitar la libertad de los otros, y para hacerlo disponen de ciertos instrumentos para gobernarlos.” Con este concepto Foucault definió el entrelazamiento estructural del gobierno de un Estado con las técnicas de gobierno de sí en las sociedades occidentales. En este sentido, podemos considerar que en el centro del problema de las técnicas de gobierno se sitúa la regulación de las relaciones mediante las cuales se constituyen las sujeciones. Asimismo, plantea pensar también las relaciones y tensiones entre los modos de gubernamentalidad y las prácticas de resistencia, los campos de saber y una hermenéutica de sí. A partir de esto Foucault trabaja las tecnologías del yo entendidas en torno al análisis crítico de las técnicas de gobierno por las cuales se objetivan a los individuos. Gobierno caracterizado como punto de contacto entre la tecnología política de los individuos y las tecnologías de unx mismx, como menciona. Ambas tecnologías permiten regular las conductas, efectuar operaciones en los cuerpos y en los pensamientos, de modo tal que se transformen a sí mismxs, es decir, que se modifiquen como para alcanzar un cierto estado de perfección, felicidad y pureza, explica. Plantea que se considera a ese “yo” no en términos de sujeto sino como el interlocutor interior de ese sujeto: “uno mismo”. En el curso de 1980 / 1981, Foucault se refiere a las tecnologías del yo también como “la reflexión acerca de los modos de vida, las elecciones de existencia, el modo de regular su conducta y de fijarse uno mismo fines y medios”. En este curso quedan consideradas como aquellas tecnologías que cada época histórica ofrece para resistir a las técnicas de gobierno, para plegar la fuerza. En este sentido, pensar la gubernamentalidad implica también una crítica a los adoctrinamientos partidarios, en el sentido de considerar que no alcanza con discutir las derechas, con discutir la grieta ni con situarse en el anti antiperonismo que levantó Rozitchner en otro tiempo. 3. No estamos amenazadas de muerte ahora y sólo por el covid. No faltan soluciones sólo bajo el nombre de vacunas. No asistimos sólo al negocio o la tramoya de las vacunas. Decir sólo esto implica decidir no decir muchas otras soluciones que también, y hace tiempo, se necesitan; ni decir muchos otros negocios y tramoyas que se vienen sosteniendo también hace años. Creo que levantar algunas de estas discusiones entrampa porque se cree que solo se trata de derechas y de izquierdas o de peronismos y de izquierdas o de peronismos y antiperonismos. 4. Sabemos que las derechas se nutren de la capacidad de cooptarlo todo. Cooptan argumentos, palabras, formas de manifestarse. Caceloras y performances de bolsas negras, han quedado cooptadas. El amarillo y el “si se puede”, han quedado cooptados. Las ideas de lo destituyente y la desobediencia, están buscando cooptarlas. Se infiltran con sus formas en el movimiento obrero, los sindicatos, los feminismos, los anarquismos. En “La izquierda sin sujeto” León Rozitcher empujaba a pensar la piel buerguesa de las militancias de izquierda, Guattari situaba y discutía la piel de los microfascismos, no afuera, en la tribuna sino en los poros íntimos de los jugadores que juegan el juego. Simone Weil sitúa el desafío de nombrar lo que la fuerza asfixia. La Lemebel interpela, con sus cicatrices de risas en la espalda, la necesidad de un cielo rojo en el que vuelen todes les que tenemos alitas rotas. Rotas por diferir de lo mayoritario que instauran y perpetúan géneros, razas, clases y también ideologías. Dice Foucault “En cierto sentido, soy un moralista, incluso creo que uno de las cuestiones, uno de los significados de la existencia humana –la fuente de la libertad humana- es nunca aceptar nada como definitivo, intocable, obvio o inamovible. Ningún aspecto de la realidad podría ser permitido de transformarse en una ley definitiva e inhumana para nosotros (…) Poder es lo que sea que tiende a hacer inmóvil e intocable aquellas cosas que nos son ofrecidas como reales, como verdaderas, como buenas.”. Continúa diciendo “Esto no quiere decir que se debe vivir en una discontinuidad indefinida. Pero, lo que quiero decir es que se deben considerar todos los puntos de fijación, de inmovilización, como elementos en una táctica, en una estrategia – como parte del esfuerzo de volver las cosas a su movilidad original, su apertura a los cambios.” 5. En el movimiento anarquista valen más las acciones que los pronunciamientos y las escrituras, por eso se hace presente la necesidad de escribir biografías y no sólo obras, si bien se sabe que esas acciones merecen y, muchas veces, nacen de pensamientos, pronunciamientos y escrituras. Quizás por eso se puedan encontrar expresiones, prácticas e ideas anarquistas en casi todos los acontecimientos revolucionarios y luchas de la historia de los distintos países del mundo, sin aspirar a adoctrinamientos, afiliaciones o construcción de cuadros. Dice Cristian Ferrer “Pero la historia de todo pueblo es la historia de sus posibilidades existenciales, y la reaparición esporádica de la cuestión del anarquismo –es decir, de la pregunta por el poder jerárquico– significa, quizá, que la posibilidad radical sigue abierta, y que a través de ella retorna lo reprimido en el orden de la política. El anarquismo sería entonces una sustancia moral flotante que atrae intermitentemente a las energías refractarias de la población. Opera como un fenómeno escaso, como un eclipse, un atractor de las miradas que necesitan comprender la existencia del poder separado de la comunidad. Cabría decir que el anarquismo no existe: es una insistencia.” 6. Podemos considerar que la habitualidad de confundir posteos con acciones lleva y alimenta diálogos infinitos que, las más de las veces, sostienen, alimentan y reproducen la agenda política y mediática gestionada por y para la necropolítica y destinada a asfixiar lo que difiere. Sostener la incomodidad del diferir necesita de las afinidades, cercanías y distancias de lo amistoso que sabe ayudar a no ver enemigos donde no los hay. Sintonías y tramas que habilitan a ir más allá de discutir peronismo si, peronismo no; estado o mercado; izquierda o derecha. El desafío vital de animarse a ir más allá de esas coordenadas que parieron las palabras y las lógicas que nos parasitan, desafíos que asuman “la recreación poética de lo ficticio y lo imposible”[i] para inventar, desde ahí, otros posibles. Esos acerca de los que sólo podemos tartamudear -y tantas veces ni siquiera logramos hacerlo-. Esos sin prisiones, sin manicomios, sin policías. Esos que promuevan posibilidades de alianzas insólitas donde queden claras las defensas de lo vivo, en la forma que sea que ello asuma. Quizás, para no caer en palabrerío de ruedas que giran en el barro, necesitemos situar coordenadas mínimas de las que partir (esas mismas coordenadas que no hace falta pronunciar cuando de amistades se trata). Quizás haga falta enunciar, cada vez, que la defensa de lo vivo implica discutir punitivismo, represión, megaminería, agronegocios, migraciones. Discutir cárceles, manicomios, escuelas, familias, pareja. Discutir propiedad privada, jerarquías, ideologías, géneros, razas, clases. Discutir lógica binaria, clasificatoria, atributiva. Entre tantas otras discusiones Aunque no sólo se trata de discutir sino –y sobre todo- de estar ahí con quienes quedan atrapadxs por esas formas, con quienes quedan sometidxs por esas capturas, con quienes quedan reprimidxs por esas represiones. Estar ahí, aunque sea en diálogo, aunque sea alguna vez, porque sino se corre el riesgo de caer, como decía Foucault en la indignidad de hablar por otrxs, de pretenderse la voz de los que no tiene voz y establecer discusiones vaya a saberse contra quién. Y esas películas ya las vimos, demasiadas veces. [i] Una de las definiciones posibles de la palabra adynata Referencias bibliográficas Ferrer, Cristian (2004) Cabezas de tormenta, colección Utopía libertaria, Buenos Aires, ediciones Anarre. Foucault, Michel (1990) Tecnologías del yo, Buenos Aires, Piados Ibérica. Morey Miguel (1990) Introducción a tecnologías del yo Buenos Aires, Piados Ibérica. Foucault, Michel “El sujeto y el poder”,(1988) en Dreyfus, H. y Rabinow, P., Michel Foucault: Más allá del estructuralismo y la dialéctica, México, Universidad Autónoma de México, 1988. Foucault, M: (1982) La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad. En: “Hermenéutica del sujeto”: Ed. Altamira.

  • De la época de la imagen del mundo a la actual del dibujo de nuestra ventana / Francisco G. Cabañas

    En una de las célebres conferencias de Martín Heidegger, define que por el mismo proceso que el mundo se convierte en imagen el hombre se convierte en su sujeto. Trasunta en verdad como concepto central la representación que, a nuestro entender, la podríamos definir como una disección que se hace del mundo, que así nos es dado y tenemos de tal la posibilidad, de tal manera de comprenderlo. La otrora finalidad de la ciencia, en el afán de una exactitud matemática, se reconvierte en la huella, el sendero de tal investigación de la representación de lo ente, que será siempre por definición aproximada, estimada, nunca específica o determinada, interpretamos que nos dirá el alemán. De aquel mundo griego donde el imperio del mundo de las ideas buscaba ser replicado por lo humano a los tiempos heideggerianos en donde el individuo, mediante su individuación, pretende ser validado al contrarrestar su voluntad con la de otros. El tiempo sagrado de la representación. La época dorada de las democracias representativas no por casualidad, el campo gregario donde el sujeto, desde su condición de particular, situado en lo matemático del número, busca integrarse en lo común, constituir y constituirse en lo público, desde un mundo cómo imagen, estructurado y condicionado con antelación, por poderes que desandan sus extensiones o entidades como dispositivos varios, en donde el sujeto creer valerse per se, por lo que es, sin poder ver cuán condicionado se encuentra por la estructuración de la que es una simple circunstancia. Pero a Martín Heidegger lo hemos dibujado en su ausencia, incluyendo las cancelaciones a los que no pocos lo someten por haber actuado de una determinada manera bajo el nazismo. Debemos pensar, seguir haciéndolo en la orfandad perpetua a la que nos condena la continuidad de nuestra experiencia finita, transformada en lo colectivo. No casualmente la conferencia termina con una cita a un poema de Hölderlin donde se pregunta ¿qué mortal ha visto los años de los pueblos?. Devenimos en la época actual que damos en llamar la del dibujo viralizado en nuestra ventana. Del ser al ente de este a la representación y de ésta al sucedáneo replicado de lo que no somos. Si pudiésemos destacar características esenciales, comenzaríamos diciendo que precisamente no existe la posibilidad de tal esencialidad. Prometeo ha robado el fuego que se transformó en lápiz. Todos, de alguna u otra manera, creemos sentirnos con derecho a tomar una sección del trazo, para dibujar lo que nos venga en gana. Vivimos en el recuerdo de lo que pudo haber sido. La otredad que nos propone lo contrafáctico es aún más demoledor que entender, comprender y compartir la experiencia de los demás. Flotamos por obra y gracias de estar sujetos a los nudos de nuestros temores e imposibilidades. Hemos desistido de la muerte como límite, dado que no nos permitimos nacer como posibilidad de pensarnos en el desconcierto desgarrador de lo incierto como lo indeterminado. Los dibujos realizados por pacientes esquizofrénicos podrían ser una muestra de cómo estaríamos trazando con los pinceles diversos de nuestras manos el cuadro actual de la humanidad. No casualmente lleva como título “Capitalismo y Esquizofrenia” el libro de Deleuze y Guattari. La viralización de la que somos tanto víctimas como victimarios, es otro de los síntomas palmarios que nos dan la pauta de la epocalidad del dibujo de nuestra ventana. El sentido es la réplica, la dinámica, el aceleracionismo que en definitiva niega el movimiento y por ende el espacio para la reflexión, para el pensamiento. La lógica viral es una de neto tinte y corte irracional, como desprovisto de consideraciones emocionales o morales. Los índices desmadrados de pobreza y marginalidad, transforman al sujeto en integrante de una horda, que sólo debe pervivir, hasta que su finitud lo determine, como cualquier virus en los ámbitos que fuesen. Las narraciones que escribimos, incluyendo la presente, no son más que tantas posibilidades de demostrar que somos parte del lápiz, que también desde nuestras manos, podemos trazar, garabatear, lo que se nos antoje, ideologías, noticias, divinidades y una tachadura a la que alguien le pondrá un sentido de acuerdo al matiz que sobreimprima sobre lo escrito y borrado, una vez más. Sobrevendrá posiblemente una forma de organizarnos, política y socialmente que tenga más correlación con el desorden que las viejas estructuras y consignas del antiguo mundo de la imagen y del sujeto que no pueden seguir sosteniendo ni comprendiendo lo actual. Mediante estas coordenadas, aquí ofrecidas, cómo en otros lugares, podemos intuir las características principales que se podrán desandar en breve. En ritmo poético y con la armonía musical se comprende mejor. Lo saben y testimonian muchos, como el caso de Eduardo Skay Beilinson cuando canta en “El viaje de las partículas”: Cuando se apague el último fuego Cuando se calle la última voz Aún estará la tierra girando Girando y girando, girando con vos.

  • La clase imposible / Rocío Feltrez

    ¿Qué vidas cuida la historia que contamos cuando tenemos la ocasión de tomar la palabra? Tomás Baquero, La vida no es algo personal La previa de una clase es la previa de una cita. Jamás puedo despojarme de los nervios, el vértigo, la ansiedad que punza en el pecho; la inquietud que recuerda que se acerca el momento de la performance y hay que estar ahí, preparades para el acontecimiento. Leo, releo, repito en voz alta las ideas que quiero que suenen. Para cada clase imagino un epígrafe. Ahora toca Susy Shock: “No queremos ser más esta humanidad”. Voy a presentar dos textos: el asunto “auschwitz”, del libro Estancias en Común[1], de Marcelo Percia, y “Un soplo”, dos carillas de Jean-Luc Nancy. No, no es la primera vez que los presento. Sin embargo, cada vez aparece la misma sensación. Digo, ¿será el asunto? Un asunto que no puede ser sólo un asunto. Auschwitz, ¿un «asunto»? ¿un «tema»? Creo que pienso mejor cuando llego a la cita con algo escrito, así que decido hacerlo así. Escribir la lectura –como invita Roland Barthes. Escribir todo aquello que viene en esos momentos en que, al leer algo, levanto la cabeza. Pienso: si es así, entonces lo más lindo sería invitar a que cada une pudiera contagiarse de eso, ¿no? Que cada estudiante pueda ensayar una escritura a partir de todos esos momentos en que la letra toca al cuerpo, conmueve, hace pensar, afecta. No pretendo decirle a nadie qué es lo más o lo único importante de un texto. Puedo, sí, compartir un recorrido. Palabras que dan testimonio de aquello que conmovió. Se sabe que leer es elegir. Al menos algo de eso late en la etimología de la palabra. Empiezo a pensar la clase y siento que nada de lo que ya escribí o dije en otros momentos tiene sentido hoy. Y no es que no lo tenga, pero esa es la primera sensación. Leo la clase que ya preparé para otro cuatrimestre y la siento ajena, extraña; no me hace vibrar. No puedo simplemente leerla o compartirla. Es como si existiera una fuerza que lleva a leer todo de nuevo, a sorprenderme una vez más con los recovecos de las letras. Para dar una clase necesito sentir. Necesito que eso que voy a decir sea sentido. Siempre me pregunté, ¿cómo hacen les profesores para dar una y otra vez la misma clase? Explicar un logaritmo, por ejemplo, una y otra vez. No sé, ¿cómo encantar la enseñanza de un logaritmo? ¿Se puede? Pienso que lo que hace que vuelva a querer lo que estoy leyendo son todas esas conexiones impensadas que, al momento de releer, aparecen sin pedir permiso. Todo eso del hoy, de este mundo que habito, que –como si se tratara de los pseudópodos de Freud– toca a las palabras y las encanta de sentido, las vuelve sentidas. Por eso es tan importante invitar no a leer –a secas– ni menos aún a repetir conceptos, sino más bien a sostener una posición de lectura que esté cerca de la vida. Sostener, quizá, una pregunta: ¿cómo toca esto que estoy leyendo a la vida que habito? No la vida individual, no a la personal. ¿Qué problemas invita a pensar esto que estoy leyendo? ¿Con qué resuena? ¿Qué voy a decir cuando tome la palabra? No puedo dar esta clase sin decir que mi amigo Tomi Baquero –que da las mejores clases sobre Foucault del mundo mundial–, escribió un libro hermoso que presentamos hace pocos días y que tiene que ver con esto. El libro se llama La vida no es algo personal, y en la presentación nos la pasamos casi cuatro horas hablando apasionadamente en una vereda de la Ciudad de Buenos Aires entre amigues; como si todo se estuviera decidiendo ahí, como si fuéramos a crear el Programa de una revolución venidera de la que dependiera el porvenir de les vivientes. No porque nos creamos importantes, no hablo de eso. Hablo sí de la potencia de la complicidad amistosa, de esas “asambleas para el vivir” que montamos con amigues, hablo de les que se juntan a pensar con otres porque sí, por deseo, hasta olvidarse incluso de la tristeza que el desconcierto de los días que vivimos en situación de pandemia imprime sobre los cuerpos que habitamos. Tampoco puedo hablar de la sutileza de las palabras, de la violencia del nombrar que sugiere Jean-Luc Nancy, de la necesidad de cuidar la lengua sin retomar la Lección inaugural de Barthes, sin contarles de val flores, sin leer una cita de Camila Sosa Villada que bien podría ser, también, epígrafe de esta escritura, de las clases y, también, un desparramo incisivo al corazón muerto de una Academia exitista, desafectada y utilitarista. En El viaje inútil Camila nombra a muchas de las escrituras a las que algunas clases nos han convocado y nos convocan también como estudiantes, “la escritura estéril, la escritura obligada, lo que no es deseo.” Luego, Camila advierte: “Escribir algo que no debe ser escrito sólo detiene la escritura y, con más ferocidad, detiene la vida”. Entonces, ¿cómo convocar al deseo en la Academia, en las aulas? ¿Cómo darle lugar ahí donde todo lo invita a morir? Yo no sé si se llega a transmitir lo que se quiere transmitir. Nunca lo sé. Pero les prometo que esta idea puede cambiar la vida. La idea de que, como leí una vez en un texto que escribió Marcelo Percia –y que ahora, justo en la previa de la clase, no estoy encontrando–, tal vez no se está en el mundo hasta que se tiene algo que decir sobre el mundo. Pero no cualquier cosa, no algo que se repite sino algo sentido, algo con lo que se vibra. Algo que asalta y se te salta de la lengua. Si nos diéramos al leer, al escribir y al pensar así, las cátedras no serían cátedras. Necesitaríamos buscar otro nombre. No existirían alumnes sino estudiantes, todes lo seríamos; quienes cursan la materia y quienes dan clases. Todes lo somos, ¿no? Venimos a estudiar. A desaprender lo que sabemos, a desconocer lo conocido, para que la vida –que no dejar de moverse– pueda ser nombrada con palabras que no la marchiten. Así, cada vez que leemos un texto, aunque lo hayamos leído ya mil veces, nos seguimos preguntando: ¿Qué problema invita a pensar? ¿Qué vidas alienta y que vidas detiene esta idea? ¿Qué mundos posibilita y qué otros clausura? ¿Vale la pena seguir repitiendo esto, una y otra vez? ¿Será necesario inventar otras palabras? Si se volviera necesario hacerlo, inventar otras palabras, ¿quiénes lo harán?, ¿quiénes inventarán esas otras palabras para nombrar la vida si las escrituras que nacen en la Academia muchas veces están muertas? No son sentidas, no vibran, no interesan ni a quien las escribe. Se trata de palabras que buscan complacer al profesor, la profesora o profesore. Si tuviéramos que inventar aquí y ahora palabras, ideas, conceptos que acompañen el movimiento de un mundo querido, ¿cómo empezaríamos?, ¿dedicaríamos tiempo a querer complacer a otre? Creo que más bien insistiríamos en hacer lo que a veces intentamos hacer, nos salga o no, que es, como escribe val flores: “desmontar la lengua del mandato y, al mismo tiempo, criar la lengua del desacato, rehusar la lengua del colonizador y atizar, a su vez, la lengua de la revuelta”. En La vida no es algo personal Tomi se hace muchas de estas preguntas. Trabaja la figura del profesor Deleuze para pensar, entre tanto, cómo se está en una clase. ¿Qué pasa ahí? ¿Qué sentido tiene dar(se) a una clase? A veces, en una clase se contagia un impulso que no nos pertenece. Se contagia una pasión que nos habita. Se asiste a gestos que, en ocasiones, arman un manto de ternura suavecito y provisorio que vuelve a la vida más vivible, que apacigua la hostilidad que crece alrededor, que invita a demorarse en una frase, una idea, un ritmo. Se dice que tomamos la palabra pero más bien es ella quien nos toma. Nos toma emocionades. Porque, como sostiene Deleuze, tal vez “si no hay emoción, no hay nada”. Entonces, Auschwitz. Una vez anoté esa palabra en el pizarrón, pregunté qué suscitaba, y alguien dijo que parecía el nombre de una banda de música. No sé qué dije ese día. Hoy escribo que tal vez música era aquello que para algunes no era infierno en medio del infierno. En esos campos de concentración cantar o tararear una canción era un respiro. Shoah –escribe Nancy. Ni “genocidio judío”, ni “holocausto”. Ni algo excepcional ni monstruoso. Shoah. Un soplo que recorre todos los cuerpos, aún hoy, todavía, aunque como escribe Marcelo Percia, se trate de “lo insoportable, la cita que no se quiere tener, el encuentro al que no se quiere ir”. Porque, ¿quién elegiría tener que ver con eso? Sin embargo, ese soplo toca todos los cuerpos. Ese soplo rechaza la repetición estéril, el dato, la cifra, la estadística, la “cultura Auschwitz”. A la vez, todo eso existe. Sin emoción no hay nada, pero el mercado también lo sabe. Sabe que, a veces, conmover vende. La memoria también corre el riesgo de convertirse en gesto muerto. Así, vuelve la pregunta por la clase, que es también una pregunta por la transmisión de un impulso que nos toca aunque no nos pertenece. ¿Qué vidas cuida la historia que contamos? –pregunta Tomi. ¿Qué visión del mundo sostienen las palabras que pronunciamos? Y, también, siguiendo a Nancy, ¿sobre qué visión del mundo fueron edificados esos campos de concentración? ¿Qué pistas encontramos en estas lecturas para relatar esa visión del mundo? ¿Por qué se dice que las “ideas mayúsculas de dios, nación, sujeto están entre la condiciones de exterminio”? ¿Dónde sucede, hoy, auschwitz? ¿En qué instantes? ¿En qué teorías? ¿Qué de ese horror vive en la lengua? ¿Qué quiere decir que “cada vez que se pronuncia la palabra yo un genocidio se vuelve verosímil”? Las preguntas se vuelven insoportables. ¿Quiénes cosen las ropas que llevamos puestas? Se lee en Estancias: “Hugo Ferdinand Boss, confecciona durante la guerra trajes estilizados que usan soldados y jerarcas nazis: aprovecha manos esclavas de mujeres judías secuestradas en campos de exterminio”. Volkswagen, Kodak, Fanta, Hugo Boss: algunas de las marcas del horror. ¿Cómo se produce lo que comemos? ¿Estuvo vivo? Se lee en Estancias: “Adorno advierte que Auschwitz acontece cuando, pasando por un matadero, pensamos que se trata sólo de animales”. Auschswitz es producto de la Razón instrumental blanca, occidental, capitalista, demasiado humana. Una Razón que querría que desaparezca todo aquello que cuestiona lo que la sostiene y reproduce. Una Razón normalizadora. Berlin, Alemania. El diez de mayo de 1933 en la plaza que hoy se nombra como Babelplatz, las juventudes hitlerianas y otros seguidores de Adolf Hitler quemaron miles de libros argumentando que atentaban contra el espíritu alemán, la raza pura. Una biblioteca es, también, una visión del mundo. Hoy en día en esa plaza puede encontrarse un memorial conmovedor: una tapa de cristal transparente sobre el suelo permite ver debajo, como si se trata de un subsuelo, los estantes de una biblioteca vacía. Al lado de la tapa, una placa con una frase de Heinrich Heine: “Eso sólo fue un preludio, ahí en donde se queman libros, se terminan quemando también personas”. Libros incendiados que traen preguntas: ¿qué ideas queremos mantener encendidas? Ellos, quemadores de libros, saben eso que a veces la Academia entretenida con formularios y obligaciones olvida: esos objetos preciosos, esas letras, esas palabras, esas lecturas que tanto queremos, pueden abrir mundos. Sostienen visiones del mundo. Las ideas que queremos hacen vidas más vivibles. ¿Cómo no olvidar ese secreto? ¿Cómo cuidar esos infinitivos tan queridos: leer, escribir, pensar? ¿Cómo hacerlo acá, en la Universidad? (Ya son las nueve de la noche del miércoles catorce de abril de dos mil veintiuno. Terminamos hace un ratito. En la clase se escucharon muchas voces. Pasaron cosas muy lindas. Alguien dijo: “profe, ¡al final no fue tan imposible!”. Hubo risas. La biblioteca de esta comunidad de lectores inauguró un estante nuevo y se agregaron algunos títulos. Se compartieron films documentales, autores y autoras para leer, un afiche de la propaganda Nazi tremendamente capacitista, capitalista y cruel que nos dejó a muches en la perplejidad. Alguien dijo que algo así pasa ahora con quienes son tildados de “planeros” o con les “extranjeres que vienen a atenderse a nuestros hospitales y estudiar en nuestras universidades”: existencias que son consideradas un gasto; vidas que –según las lenguas de la crueldad– se sostienen “con mis impuestos”. Ahí decidimos agregarle a esa “Razón instrumental blanca, occidental, capitalista, demasiado humana” dos cosas: “capacitista” y “patriarcal”. También podría agregarse “cruel” –pienso ahora. Aunque sería algo redundante. Lo de racista está, ¡bien blanca es! Algunes preguntaron, “¿qué hacemos?”. Qué hacemos para no darle letra a las normalidades. Se habló de las rarezas. Alguien preguntó: ¿por quiénes se derraman las lágrimas que derrama esta civilización?. Alguien recordó que, aunque sepamos que no hay una marca que no esté manchada de sangre, Auschwitz no sólo sigue pasando en el supermercado. Alguien recordó que Auschwitz no tiene equivalencias, aunque sigue pasando. ¿Dónde? ¿Dónde? La pregunta insistió y, como se dice por ahí, el pensamiento es paranoico. Alguien dice que sigue pasando en el triunfo de la Razón, de la lógica. En esa lengua de la crueldad que hace cálculos y no se aflige, porque “la pandemia va a llevarse a los más viejos, los que ya no trabajan, los que son un gasto”. “Es que es insostenible”, “algo tenía que pasar”. Y así. Sigue pasando en la gorra de Donald Trump que lleva puesta el señor que está haciendo la fila para entrar a recorrer como turista lo que quedó de un campo de concentración en Alemania.) [1] En dos mil diecinueve Tomi Barquero escribió unas “Instrucciones para recomendar Estancias en común a unx amigx”. El texto empiezan así: “Amigx, queridx, camaradx, compañerx de aventuras. No sabés lo mucho que quiero compartir algo con vos. Está re piola, pero no sé cómo explicarte. Es un libro difícil para leer. Unx se pierde o se marea o se distrae. Termina googleando las personas y los lugares de los que se habla. Te terminás bajando en pdf alguno de los textos que cita para perseguir de dónde vienen las ideas. Es como si te obligara a interrumpir para leer otras cosas, como si quisiera que lo hagas. Encima después no entendés ninguno, pero encontrás algo y lo anotás. Encontraste algo. Rumiás mucho. Pero está bueno, no sé cómo decirte. Es como un libro que te deja quedarte para pensar. Suena cualquiera esto, no es que te estoy chamuyando. Es como un martillo, ¿usás el martillo? Cuando necesitás martillar un martillo es perfecto. Es como un libro que sirve para usarlo. Te preocupa algo, mirás al índice y te tirás a ver si encontrás algo. Siempre encontrás algo. Es como un libro que se usa cuando necesitás pensar algo urgente y no sabés por dónde empezar”.

  • Envejecer / Sebastián Salmún

    “La enfermedad no es el enfermo”, pensó, “pero el viejo es la vejez y no tiene otra salida que la muerte” Diario de la Guerra del Cerdo En el año 1969 Adolfo Bioy Casares presenta el libro llamado “Diario de la Guerra del Cerdo” en el que relata la crónica de un conflicto intergeneracional que pone en el centro de su narración ciertas tensiones sociales entre la juventud y la vejez. En dicho relato estructurado entre fechas de calendario, suceden una serie de situaciones y conflictos que podríamos localizar en el marco de aquello que con Freud llamamos “confrontación generacional” entre los jóvenes y sus predecesores. Confrontación descrita en la obra literaria mediante el desborde violento. Podríamos decir que la necesaria oposición simbólica y apalabrada entre la rebeldía y los mandatos, entre el porvenir y las tradiciones que confeccionan los tejidos comunitarios entre lo establecido y la innovación, entre la transgresión y las costumbres, estallan en la historia de la novela como un estado de imposibilidad conviviente. De hecho, en el relato, no aparecen los lugares necesarios para alojar los conflictos. Si, en cambio, se coagulan las escenas que dramatizan el martirio. Con Dardo Scavino y su ensayo sobre el martirio y la “guerra actual”, encuentro que “Diario de la guerra del cerdo” cuenta cómo se produce “la aniquilación del enemigo” (Scavino, 2018: 23). La confrontación está ilustrada entonces mediante una lucha violenta a muerte llevada hasta las últimas consecuencias, esto es, el asesinato de los llamados “cerdos” (generalmente varones de edad avanzada) en la llamada “guerra”. Dice Bioy Casares al respecto: “La idea de Diario de la guerra del cerdo se me ocurrió una tarde de 1966, en la confitería de El Molino, mientras veía a una persona con el pelo teñido para disimular las canas. Primero pensé en escribir un ensayo sobre las armas de que dispone el hombre contra la vejez. Empezaría enumerando algunos recursos —pelucas, tinturas, dentaduras postizas— para concluir que el paso del tiempo es inevitable y que nada puede hacerse. Después pensé en escribir un relato cómico en el que jóvenes atléticos persiguieran a viejos gordos y lentos, un poco como esas películas mudas que daban hace años antes de la principal. Finalmente comprendí que la vejez es un problema sentido por todo el mundo como algo trágico y me senté a escribir la novela”. La novela fue publicada en el año 1969 cuando el mundo estaba convulsionado y discutía entre otros asuntos y en distintos niveles, la adecuación de las diversos modelos y concepciones ideales de la vida social a las políticas públicas. Año del llamado Cordobazo en nuestro país. Un año después del Mayo Francés. Es el año de otro hecho editorial del campo psicoanalítico, la publicación del libro “La adolescencia normal. Un enfoque psicoanalítico” escrito por dos referentes del área como Mauricio Knobel y Arminda Aberastury cuyo tratamiento respecto de la juventud merece singular mención que retomaremos en próximos artículos. Años de convulsión colectiva, de espasmos sociales, de creencias populares. En ese contexto fue escrito el “Diario de la Guerra del Cerdo”. Y su relectura en este tiempo nos puede conducir a la pregunta por cómo se reconfigura hoy algunos rasgos de los polos da aquella confrontación que relata. Creo que la Pandemia relacionada con el virus Sars-Cov 2 (Covid – 19) actualizó y actualiza ciertos aspectos de aquella tensión generacional en un marco particular, bajo un determinado espíritu de la época, detrás de un determinado ropaje. La Pandemia, sostengo, problematizó y problematiza qué lugar ocupan los sectores de las distintas edades en la vida comunitaria explicitando las contradicciones inherentes a toda comunidad y a la vez, mostrando ciertos pliegues de sus antagonismos de manera cruda y a veces, cruel. Sabemos (por lo menos hasta hoy) que lamentablemente la enfermedad del coronavirus ataca y daña hasta llevar a la muerte. Su contagiosidad es sumamente alta y su letalidad es relativamente baja respecto de otras enfermedades, aunque es muy alta en aquellos que tienen mayor edad, es decir, quienes transitan la vejez o su camino hacia ella. Vejez que debemos señalar, por cierto, está muy poco estudiada y conceptualizada en nuestro ámbito “psi”. Detengámonos un momento en esto. Es notable advertir, por cierto, cómo los planes de estudio sobre el ser humano en sus distintas edades carecen en ocasiones de este tópico central, determinante, decisivo. Carecen de señalar las vicisitudes de la vejez. Ausentan así, su recurso epistémico, fronterizo, necesario, trazando una línea divisoria contundente que la novela recupera por la vía literaria. Esta carencia es, por lo menos, llamativa (quizás un analizador socio analítico, quizás un signo opacado por el poder “presente”) ¿Por qué los programas de estudio académicos en Humanidades se observa este agujero formativo? ¿Cuál es la causa de esta laguna de autores y autoras en la construcción de la transmisión acerca de esa edad de la vida que llamamos vejez? Esta omisión ¿Qué mensaje está escribiendo? ¿A qué podríamos adjudicar el “olvido” y la marginación? ¿Acaso pueden repensarse los marcos discursivos (teóricos y éticos) que incluyan a la vejez? Y si bien no se trata en estas preguntas de hacer un elogio de la vida clasificada en etapas ni de la propuesta estandarizada de sus respectivas lecturas. Y si bien no se trata de segmentar la vida en edades de 0 a 5, de 5 a 10, de 60 en adelante, etc, me parece necesario balizar aquello que hoy sucede con la ancianidad y localizar las razones de aquello que permanece, en ocasiones, silenciado particularmente en el campo que nos interesa, el campo de la llamada salud mental y sus ramificaciones. Quizás de este modo renovemos el interés por asuntos acallados tales como el campo clínico vinculado a quienes viven los últimos años de su vida (Karl Abraham se pregunta en un texto pionero del año 1919 cuáles son los alcances de la aplicabilidad del tratamiento psicoanalítico a los pacientes de edad avanzada, por ejemplo). Nos Parece necesario hacerlo, mucho más, en tiempos de Pandemia. Porque finalmente, que haya algunas patologías, como el Covid 19, que afectan especial y particularmente a la vejez (aunque no solo a ella) no debiera implicar la patologización de esa edad. “La idea de paraíso” explica Marcelo Percia “dota a la imaginación de la ilusión de un tiempo sin hambre y sin sed. Sin necesidad de abrigo, enfermedad, vejez, muerte. Sin amenazas, peligros, rivalidades” (Percia, 2020: 189). ¿Paraísos sin los costes de la vejez en el sentido social, económico, previsional y político? Acaso sea necesario des patologizar los “demonios” de la vejez y cuestionar sin afán punitivo ciertas actitudes juveniles de este tiempo evitando reproducir el escenario del conflicto imaginado por Bioy Casares (e imaginario, es decir, especular). Y así relanzar finalmente los tensores del inevitable conflicto generacional, del necesario conflicto instituyente de la historia entre generaciones para repensar cooperativa y solidariamente qué futuro queremos y podremos construir. Bibliografía Bioy Casares, A (1969). Diario de la Guerra del Cerdo. Buenos Aires. Emece Percia , M (2020) Sensibilidades. Buenos Aires. La Cebra. Scavino, D (2018). El sueño de los mártires. Buenos Aires. Anagrama.

  • Elogio de las contradicciones / Tomás Baquero Cano

    Este es un mensaje de último minuto. En el día de hoy salió a la luz un dato científico que fue pasado por alto durante mucho tiempo y que va a poner fin a muchos de los grandes conflictos mundiales. Una investigación del año 1971, repetimos 1971, había revelado algo que fue dejado de lado por error. Hace casi 50 años Deleuze y Guattari habían descubierto que, al menos hasta la fecha en cuestión, nadie había muerto de contradicciones. Esto quizás asombre a mucha gente, y no sería de extrañar que levante sospechas y desconfianza, pero se trata de un estudio sumamente riguroso. No hemos encontrado medio alguno para comprobar si alguien murió de contradicciones desde el momento hasta la fecha, pero aun así, es un dato que lo cambia todo y por eso debió haber sido ocultado por los grandes intereses. A pesar de los mitos populares y todos los remedios caseros que conocemos para combatirlas, las contradicciones no habrían sido la causa de ninguna muerte. Ante la noticia decidimos desde el programa consultar especialistas en el tema. Nos contactamos con el Dr. Unacosaesunacosayotracosaesotracosa quien nos ha dicho que el método tradicional utilizado para detectar esta supuesta anomalía puede ser realizado con pocos elementos en el propio hogar. En general, dice el doctor, se toma una hoja y se hace un listado de hábitos, ideas o cualquier observación de interés sobre una persona o un grupo. Luego, se analiza la lista en su conjunto buscando cosas que desentonan respecto de otras. Al encontrarlas, usualmente lo que se estilaba (y hasta el día de hoy es así) es enojarse mucho, molestarse y hacerle la vida imposible a la persona en cuestión Esto, desde luego, indiferentemente de que afecte o no en algo la situación en la que unx se encuentre. Además, nos dice, es un procedimiento que se respeta a rajatabla, por el Bien de quien padece de contradicciones. El diagnóstico pronto y tratamiento es el método más eficaz para mantener la pureza y las tradiciones, tal como afirman todos los regímenes totalitarios y verticalistas y confirma también la Organización Mundial de la Salud Existencial. Y, sin embargo, a pesar del pánico y el higienismo, hoy sabemos que hasta 1971 nadie murió de contradicciones. ¿Qué había ocurrido? Ahora, muchos equipos en medicinas horizonalistas y libertarias se preguntan acerca de origen de este posible mito que nos hacía temer a las contradicciones. Algunos estudios de última hora parecerían ubicar la causa en un miedo real, pero desplazado: se trata de la convivencia con compañerxs que, de un momento a otro, decidían apuñalarte por pronunciarte anticapitalista y tomar cocacola o alentar una idea que un viernes a la tarde hace quince años rechazaste. Otros equipos, integrados en su mayoría por psicoanalistas, rechazan esta hipótesis y sitúan la causa principalmente en el superyó. Hoy la Revista Pasiones Tristes sacó un número especial, donde la Dra. Moralitis dice en su artículo que “muchas de las personas que llegan a consulta dicen tener contradicciones que resolver, y dedican horas y horas a pensar por qué desean simultáneamente dos cosas, es terrible”. Sabemos hace tiempo que las contradicciones existen en la sociedad, pero solamente a gran escala, entonces ¿qué había pasado que tanta gente las sufría hasta en la intimidad de la ducha? Finalmente, todo comenzó a esclarecerse poco a poco, aunque no se trata de un panorama muy alentador para el futuro. Al parecer, detrás de todo esto habría estado una organización llamada Compulsión Yoica a la Unidad (CYU). Desde hace añares, se habría dedicado secretamente a hacer intervenciones sistemáticas en diversos puntos del cuerpo social, que garantizaban la complicidad libidinal con todos los tipos de centralismos y jerarquías, introduciendo así sin ningún tipo de reparo el amor por la pureza y la coherencia. Uno de estos militantes de lo Mismo fue capturado hace algunas horas, el cual aludió seguir órdenes de un tal Comisario Aristóteles, que tiene no se sabe qué doctrina del principio de no contradicción. Este cabecilla aún se encuentra en libertad haciendo de las suyas, por lo que se recomienda cuidarse de cualquier síntoma típico del cuadro (deseos de que nada cambie, impulsos de vigilar al prójimo, leve presión en la frente como si una gorra presionara, etc.). Ante estos sucesos, manifestaciones por el derecho a la polivocidad y a la multiplicidad recorren las calles del país. Sus principales reclamos son: DERECHO A PERDER EL ROSTRO DERECHO A DESCUBRIR DE QUÉ SOMOS CAPACES DERECHO A QUE NO SE LLEVE UN REGISTRO SISTEMÁTICO DE TODO LO QUE ALGUNA VEZ HICIMOS Y SE NOS LO TIRE EN LA CARA EN CADA OPORTUNIDAD DERECHO A NO VOLVER A ESCUCHAR “PERO SI VOS NO SOS ASÍ, ¿QUÉ HACÉS?” YA SEA POR PARTE DE LAS AUTORIDADES ESTATALES, PSÍQUICAS, FAMILIARES, AMIGAS, ENTRE OTRAS DERECHO A INCLINARSE POR DOS COSAS, TRES COSAS, CUATRO COSAS, N COSAS DERECHO A SER COMO EL PERRO DE FUNES: EL DE LAS 3:15hs, EL DE LAS 3:16hs, EL DE LAS 3:17hs… DERECHO A QUE NO SE TRADUZCA LO QUE DECIMOS Y LO QUE HACEMOS EN LO QUE SOMOS BASTA DE DESINFORMACIÓN: NADIE MURIÓ NUNCA DE CONTRADICCIONES VIVA LA POLIFONÍA, VIVA LA POLIVOCIDAD MENOS PERSECUCIÓN Y MÁS ORQUESTACIÓN

  • Hackers del sentido / Fabio García

    Lo único que nunca se relaja es el sistema económico financiero especulativo. La “civilización” ve a la barbarie en los desvíos plenos de un realismo funcional y manipulador del sentido. Espejo del espejo donde el receptor compone su mensaje afín a un núcleo duro. Tengamos presente las siguientes escenas, por ejemplo: una crítica al empresariado de salud, el cual prefiere dejar de lado lo urgente que indica el momento, se puede transformar en una agresión a los profesionales de salud, con solo cambiar un punto. Quienes degradaron la salud a niveles inimaginables, se ofenden por la falta de planificación y no por la falta de un ministerio. Otro ejemplo, Alberto dijo que solicitó a las Fuerzas Armadas que "colaboren en la atención sanitaria" de la población, por lo que oficiales y suboficiales del Ejército "se ubicarán en distintos puntos de la Ciudad y el Gran Buenos Aires ayudando a prestar asistencia sanitaria con el control de los test, alcohol y el cuidado que el momento sanitario exige". Por otra parte, se intentó instalar que se prendida militarizar los distritos, si lo analizamos bien, no lo dice en ninguna parte el decreto 241/2021, al enterarse de esto la opción lo festejo como un logro propio. No hay necesidad de exponer, ni a los docentes, ni a los alumnos en el pico de una pandemia con un fin electoral. Si no fuera tan grave no estaría cerrado Psicología. La salud está en riesgo sobre todo con peligro de muerte, seguro un acompañamiento no va a venir mal cuando la facultad se disponga a fomentar un interés comunitario. La educación no son solo los alumnos y sus docentes, se suma el personal que trabaja en cada institución y los familiares que acompañan a cada estudiante que hacen que sobre todo el trasporte público incremente su capacidad. La entrada es un espacio donde se juntan varios, el protocolo para el ingreso de los alumnos y la salida es otro momento de congestión. En el contexto de escasez de insumos, sería un gran momento para que la oposición se luzca y ayude a colaborar para facilitar ideas para consolidar la compra de vacunas y por qué no para producir una vacuna propia. Promoviendo ideas en un bien común. Ante la preocupación de las personas con discapacidad, no estaría de más crear intervenciones desde la Universidad como servicio público y gratuito a esa la población.

  • "Y que el futuro diga". Prólogo a Los lanzallamas / Roberto Arlt

    Prólogo del libro Los lanzallamas, primera edición noviembre de 1931 Editorial Claridad Palabras del autor (1931) Con Los lanzallamas finaliza la novela de Los siete locos. Estoy contento de haber tenido la voluntad de trabajar, en condiciones bastante desfavorables, para dar fin a una obra que exigía soledad y recogimiento. Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana. Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedimiento técnico del novelista. Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras. Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage. Pasando a otra cosa: se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de su familia. Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente procedimiento para singularizarse en los salones de sociedad. Me atrae ardientemente la belleza. ¡Cuántas veces he deseado trabajar una novela, que como las de Flaubert, se compusiera de panorámicos lienzos…! Mas hoy, entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente, no es posible pensar en bordados. El estilo requiere tiempo, y si yo escuchara los consejos de mis camaradas, me ocurriría lo que les sucede a algunos de ellos: escribiría un libro cada diez años, para tomarme después unas vacaciones de diez años por haber tardado diez años en escribir cien razonables páginas discretas. Variando, otras personas se escandalizan de la brutalidad con que expreso ciertas situaciones perfectamente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco. Ello provenía del deleite espiritual que les ocasionaba cierto personaje de Ulises, un señor que se desayuna más o menos aromáticamente aspirando con la nariz, en un inodoro, el hedor de los excrementos que ha defecado un minuto antes. Pero James Joyce es inglés. James Joyce no ha sido traducido al castellano, y es de buen gusto llenarse la boca hablando de él. El día que James Joyce esté al alcance de todos los bolsillos, las columnas de la sociedad se inventarán un nuevo ídolo a quien no leerán sino media docena de iniciados. En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches. De cualquier manera, como primera providencia he resuelto no enviar ninguna obra mía a la sección de crítica literaria de los periódicos. ¿Con qué objeto? Para que un señor enfático entre el estorbo de dos llamadas telefónicas escriba para satisfacción de las personas honorables: "El señor Roberto Arlt persiste aferrado a un realismo de pésimo gusto, etc., etc." No, no y no. Han pasado esos tiempos. El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un "cross" a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y "que los eunucos bufen". El porvenir es triunfalmente nuestro. Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la "Underwood", que golpeamos con manos fatigadas, hora tras hora, hora tras hora. A veces se le caía a uno la cabeza de fatiga, pero…. Mientras escribo estas líneas pienso en mi próxima novela. Se titulará El Amor brujo y aparecerá en agosto del año 1932. Y que el futuro diga.

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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