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  • Un castillo de arena / Fernando Stivala

    Ocurrió que, hubo una vez, un enjambre de rarezas fue abducida por un castillo y una convocatoria en un bosque cerca del mar. Extraña atracción. Como un imán gigante o una gran antena sensible se acercaban zombis sintientes desde distintos lugares del planeta. La tierra era un lugar donde habitaban mayormente anestesiamientos y automatismos a cielo abierto. Donde estaban prohibidas las emociones, circulaban por la calle policías de los estados de ánimo, gendarmes que prevenían excesos de risa, agentes que indicaban el tránsito de las racionalidades, libertarios que reprimían manifestaciones y llamaban terroristas o barrabravas a quienes se animaban a luchar. Mundo extraño el de aquellos tiempos. Impedían que llores, que te sobre emociones, que hables sola. Crueldades que inhibían carcajadas y desparpajos. No se desesperen, en ese mundo distópico también habitaban rebeldías, insurgencias, insumisiones. Sintientes. No era un rasgo especial de algunas y algunos. Eran los que sobrevivían en coexistencia con un régimen de purificación de las emociones. Años y siglos de técnica y racionalización. De control y automatismo. Depuración de la sensibilidad. Del termómetro corporal. La Inteligencia artificial y el algoritmo gobernaban la vida cotidiana. Ya no se necesitaba usar el tiempo en escuchar la sutileza, el detalle, la complejidad. La máquina podía en microsegundos ofrecerte diagnósticos, soluciones, recetas a partir los datos cargados con pocas palabras, o incluso mapeando un rostro. Épocas donde se puso de moda que el éxito era tener tiempo para estudiar el mercado y apostar. Los que tenían riquezas no podían sentir. Les pasaba algo y no sabían qué. Buscaban desesperadamente que algo los movilice. Los que no tenían oportunidad de salir beneficiados por las apuestas en el mercado llegaban a esbozar un pequeño sentir. Que algo hacían mal, que algo les faltaba para llegar al mérito correspondiente. Riquezas y pobrezas estaban unidas por la insensibilidad. Hubo algunos y algunas que sospechaban del sentido común imperante. Clandestinamente seguían profesando, entrenando, ejercitando una sensibilidad que estaba en extinción. En general no salían. Siglos de automatismos tenían costos devastadores en la población. Tuvieron que preparar impensados, obligarse a llorar, forzar risas, recrear dolores, no hacer nada y que pase el tiempo. Los más osados se disfrazaban de docentes en escuelas y universidades. De terapeutas y acompañantes, de integradores y trabajadores de lo social y lo común. Creaban centros culturales, hacían movidas públicas en la calle, interferían la cotidianeidad desentusiasmada. Intentaban hacerles poros a las instituciones cada vez más totales, cada vez más encalladas. Probaban alianzas inusuales. Tenían la intuición de que había que conservar una pequeña llama pasional en ese momento frío y calculado. Una especie de tesoro que pueda ser abierto en otro momento de la historia. Lo llamaron experiencias locas. Experiencias locas porque de realidad, solemnidad, y pesadez estaban hartos, sobrepasadas, patologizados, neurotizadas, infantilizados; principalmente anestesiados. Veían que en la vida pública ya no existía pasión. Las personas se sacaban las cosas de encima, no se miraban a los ojos, esperaban el final del día. Siempre cansadas o nerviosos, quejosas o victimizados. Todos los espacios estaban burocratizados, donde pocas veces pasaba el amor por las ideas o el pensamiento. Mucho adoctrinamiento, mucha crueldad naturalizada. Y encima un cinismo que anulaba toda contra ofensiva. Era callar y acatar o se los expulsaba encerrándolos en cuartos de escrache. Prácticas de desestimación. Y como los manicomios, las cárceles, las escuelas, las facultades, las calles, los barrios y las casas eran los lugares todavía de encuentro, entrenaron allí lo poco de pasión que les quedaba. La potenciaron. Claro que eso no fue una experiencia solo feliz. Abrir la olla de las pasiones requiere esfuerzo, paciencia, atención, amorosidad, valentía, y compañía. Había que agitar furias, diferencias, ofensas, enojos, injusticias. Había que activar esas pasiones en común. Entusiasmarse por diferir y así crear. Estas insurgencias sabían de los riesgos y se camuflaban en las instituciones para buscarle la vuelta. Dejar semillas sintientes. Un pensamiento crítico. Pensar con lo viejo temas nuevos. Armar espacios de confianza, de poder equivocarse sin miedo a que te castiguen, sin quedar con la autoestima por el suelo, tratar no de hacer poner nerviosa a la gente, enseñar a pensar en vivo, no inhibir con la corrección. Una atención a cómo los entusiasmos se levantan, a cómo la confianza individual y colectiva se desarrolla y practica; a cómo el ensañamiento, la crueldad, y el maltrato naturalizado son prácticas de poder que nos entristecen, endurecen, empequeñecen la vida. Incomodaban. Desencajaban. Por momentos se envalentonaban de tal manera que practicaban el no saber. Pero igual estaban ahí, con ganas y a fondo como si fuera la salida de un fin de semana, o irse de vacaciones, o cambiar el mundo. Practicaban un no saber como escucha que aloja. Se inventaban oídos inauditos. Llevaron el teatro a la facultad, hacían radio en secundarios, y circo en un loquero. Inventaron jornadas interminables de lectura en las aulas. Muestras fotográficas en pandemias. Les preguntaban a las personas cómo estaban. Se animaban a pensar cómo acompañar las situaciones alocadas y desencajadas del día a día. No intentaban adaptar, expulsar, eliminar, normalizar, ni enseñar. Cruces de todo tipo, la psicología se cruzaba con la filosofía, el arte con la política. Todo con todo. Una gran madeja de experiencias insólitas. Un común en acción y un pensamiento crítico creativo. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Se cebaron tanto pero tanto, cada vez con más entusiasmo que se sobre pasaron. Las pasiones también son así. Se sobre excitaron de tal manera que durante un tiempo llegaron a olvidar el horror racional que estaba imperando. La burbuja explotó. El castillo de arena se derrumbó. Se podía intuir. Circulaba que estaban siendo nombradas como un grupo de personas flasheras, en demasía. Así ocurría la desestimación por esos tiempos. Algo que se decía mucho se instalaba como verdad. Fueron extirpados de los lugares más concurridos. ¿Ingenuidad, ética, tener palabra, capricho, insistencia, consideración, y hasta incluso compasión, podrán sumarse a la serie de no dañar? Pero no caducaron. Siempre hay un síntoma, una resistencia, una rareza, un desvío, una locura, una expresión imposible de callar y apagar. Así ocurrió que una vez, cerca del otoño del 2025, un conglomerado de rarezas fue abducida por un llamamiento durante 4 días seguidos. Que ya no se sabe si era un castillo en el bosque o en la playa, y que establecieron el récord de tertulia. Durante casi 100 horas sin parar estuvieron conversando, pensando, riendo, llorando, por momentos comiendo, pero principalmente sintiendo. Ese tesoro todavía se conserva y prolifera subterráneamente en las orillas del universo, y se prende de vez en cuando como las luciérnagas, cuando sintientes perciben la extinción de un mundo donde todo es iluminación racional y calculada. Richard Renaldi Castillo 2011 Impresión 125 x 150 cm

  • Lo múltiple hay que hacerlo / Mel Mancuso

    ¿Cómo conectar con un equipo sin buscar la raíz sino siguiendo el canal? ¿Estando en las orillas? ¿Cómo discontinuar velocidades operativas, a veces arrasadoras, del trabajo en gestión? Esas mismas que en otras instituciones toman la forma de acelerar el tiempo necesario para parir/nacer ejerciendo violencias obstétricas e institucionales y tiñendo de enfermedad y cirugía una posible bienvenida bonaerense. ¿Cómo pensar el hacer clínico entramado a los modos de hacer gestión, de hacer lo comunitario, de hacer articulaciones, de hacer conversaciones en un hospital, de hacer lo múltiple? Quizás, hacer pausas clínicas y hacer encuentro con el equipo “¿tenés un ratito para que pensemos una situación?”. Orillar el estar ahí. Tal vez, sostener esas preguntas que queman para que lo que se tiñe de urgente pueda ser pensado en equipo y en ronda como lo importante y prioritario. Orillar con el equipo. Podría ser, enlazando conversaciones y articulaciones entre equipos o instituciones que se enuncian fragmentadas entre sí. Articular a la 1, a las 2… y “hasta las 2”, sin el desenlace de las 3 (Marcelo Percia, 2025) que frena la fermentación. Orillar en mapas burbujeantes. Guattari y Deleuze (1980) mencionan una posible figura de libro que imita al mundo como un libro-raíz, similar a la estructura de un árbol. Este libro calca el mundo, lo imita. “La lógica binaria es la realidad espiritual del árbol-raíz (...) necesita presuponer una fuerte unidad principal”. Desde esta figura y con una velocidad homogeneizante se enuncian generalidades. ¿Qué se dice de los equipos de trabajadoras de la salud desde esta figura? ¿Qué se dice de los hospitales desde esta figura? ¿Qué se dice de lo público desde esta figura? ¿Qué se dice de las mujeres, lesbianes, travestis, personas trans, migrantes, indígenas, negras, villeras, trabajadoras y trabajadores informales, trabajadoras y trabajadores estatales, personas en consumo, en calle, adolescencias, niñeces trans, jubilades, y y y, desde esta figura? Mel (2025) Fotografía. Verónica Scardamaglia Quizás convenga estar en las orillas de lo múltiple (op cit), hacer lo múltiple. “(...) no añadiendo constantemente una dimensión superior, sino, al contrario, de la forma más simple, a fuerza de sobriedad, al nivel de las dimensiones de que se dispone, siempre n-1. Sustraer lo único de la multiplicidad a constituir: escribir a n-1”. Hospital-1, equipo-1, consumos-1, medicina-1. Inaugurar así la variación de velocidades y las distintas líneas de un agenciamiento. Cuentan que trabajadores de la medicina hacen protocolos impulsados desde la angustia y desesperación ante situaciones de consumo durante la gestación/embarazo que implica tomar decisiones difíciles. Cuentan que las incubadoras, a veces, se llenan de bebés con metabolitos positivos. Cuentan que la residencia para madres, a veces, puede ser una bomba de tiempo. Cuentan lo importante del contacto piel a piel inmediato y la lactancia humana, aunque aún no se sepa si esa persona va a poder criar a ese bebé. Cuentan lo difícil que es decirle a personas que quieren sostener la función del maternaje / paternaje / mapaternaje que, por un tiempo, no van a poder criar en sus casas. Marcelo Percia recomienda diferenciar punición o castigo de decisión y responsabilidad. “Las instituciones vibran en el conflicto y, cuando una trabajadora asume el rol, percibe esa vibración en su propio cuerpo. La única forma de afrontar esas situaciones es en equipo, junto con otras trabajadoras” (Florencia Montes Paez, 2024) Piensan en equipo, con otros servicios, cómo decirles que por un tiempo no van a poder criar. Piensan desde las orillas cómo hacer para acompañar “vidas que se piensan perdidas para siempre”, “para muertes que no dejan huella”, para “vidas en un estado de suspensión entre la vida y la muerte” (Judith Butler, 2006). Tal vez sostener como brújula ofrecer un reconocimiento, “invocar un devenir”, exigir el derecho al futuro (Axel Kicillof, 2023), el derecho a imaginar que las composiciones del mundo pueden ser de otra manera (Marcelo Percia, 2025). Cuando las personas en consumos y en acompañamiento se van, y no vuelven, la tristeza recorre el cuerpo y el corazón se estruja. De entender lo arrasador y destructivo de las velocidades neoliberales y de cómo las velocidades de determinadas sustancias psicoactivas se sostienen como estrategias de anulación de algunas existencias abyectas (Judith Butler, 1993). “Reflexionar sobre la dimensión política de los acompañamientos (...) se trata de un movimiento de apertura, de total diversidad e interdependencia que nos permita habitar el problema en común de crear otras formas de existencia para todes” (Florencia Montes Paez, 2024) CITAS Axel Kicillof (2023). Frase de campaña política de re-elección de Gobernador en la Provincia de Buenos Aires y metodología de gestión y trabajo en el estado bonaerense. Florencia Montes Paez (2024) Acompañar es político: ensayo transfeminista sobre la situación de calle. Ed. Abduciendo Ediciones. No tan distintes. Guattari y Deleuze (1980) “Introducción: rizoma” en Mil Mesetas: capitalismo y esquizofrenia. Judith Butler (1990) Cuerpos que importan Judith Butler (2006) Vida Precaria: el poder del duelo y la violencia. Marcelo Percia (2025) Darse al pensar en Revista Adynata https://www.revistaadynata.com/post/darse-al-pensar---marcelo-percia Massimo Vitali Lençois Laguna do Peixe Splash 2012 Impresión Digital 181.6 × 242.6 cm

  • Notas sobre las orillas / Tomás Pal

    La casa Zito Lema yace escondida detrás de una empalizada de acacias, azareros y siempre verdes. A primera vista parece un castillo cuyo estilo desentona con el resto de las construcciones vecinas, pero en cuanto me acerco me doy cuenta de que se asemeja más a un granero holandés atiborrado de quebracho y el espacio adquiere otro sentido. Quizás el sello de un amor intercontinental. Regine, quien fuera su mujer, relata que en el plano original la casa tenía dos pisos en vez de tres, pero Vicente estaba empecinado en avistar el mar desde alguna habitación, así que le agregó otra planta en el ala sureste. La anécdota me devuelve la imagen de un hombre deseante y obstinado a quien hubiese querido conocer. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Son las doce en punto del mediodía. El cielo permanece inmóvil. A pesar de haber varios autos estacionados en la entrada, la casa está deshabitada. “Están todos en el mar”, exclama Regine. La inmensidad del mar, claro. Pienso si Percia será capaz de disputarle a semejante bestia su magnetismo y su esplendor. Eso es asunto suyo. Debo reconocer que me preocupa quedar atrapado en un remolino de llantos grupalistas. Son espacios que nunca habité. Y los guetos del dolor me producen un hastío insoportable. Hasta ahora me comporto más como un vecino pirómano de Marcelo que como un colega de mis compañeros. Mi desafío íntimo es mi temor a engentarme. La orilla simboliza el inicio y el fin del naufragio. Ya veré cómo salir de esta emoción atópica. Los días venideros trabajamos desde la salida del sol hasta la medianoche. En los intervalos y los descansos camino a casa a paso ligero para medicar a mi gata de diecisiete años y mimarla lo más que puedo. Hace dos semanas sufrió una descompensación cardíaca y todo indica que se acerca el final, aunque todavía no entienda bien de qué. Cada comida es un banquete casero preparado con esmero y alegría por un comando de compañeras. Un gesto que no pasa desapercibido. Y si bien el tiempo se entremezcla como en un sueño, cada momento tiene una densidad particular. Todo gira alrededor del grupo y nada alrededor de Percia, quien se pasea con un semblante ligero entre el tumulto, con su gorra negra dada vuelta que llama la atención. El Seminario que imparte Percia es un mantra amable que se extiende por horas sin que él muestre signos del menor esfuerzo. ¿Cuántos nombres propios caben en una sola voz? “Te robo la palabra”, me dijo ayer un paciente. “No te preocupes, que no era mía”. La inmensidad de Marcelo descansa en gestos sutiles, mientras se jacta con orgullo, como cualquier occidental recuperado, de no haber vuelto a usar verbos copulativos desde hace más de una década. Su desdén hacia el isomorfismo retórico y el carácter sentencioso de la escritura aforística me fuerza a ocultar mi pasión por Elías Canetti. Al menos por ahora. Ahora mismo me interesa más registrar que intervenir. Me anoto en la escena tomando nota. “Dicho en voz alta, todo se vuelve excesivo enseguida”, dice Percia. Del método, lo que pesco al cabo de unas horas, es la intención de derruir la ficción universal de la sinonimia. El matiz específico de cada palabra —miembro de una familia de palabras— es condición de posibilidad para el pensamiento y la acción. ¿En qué estará pensando la persona que se sienta a mi lado, cuando subraya un párrafo que yo pasé completamente por alto? Se enaltece la vacilación como celebración del pensamiento. Trastabillar mientras caminamos una geografía bidimensional que nadie conoce muy bien. Hablamos sobre Pirandello, sobre Paul Valery y sobre Heidegger. Los textos al servicio de los problemas que se nos presentan. Pienso en Howard Becker. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Mientras conversamos casualmente en la simpática feria editorial que montamos sobre la entrada de la casa, Marcelo cuenta que, en su opinión, el Pichón de las entrevistas del libro de Zito Lema es un invento de Vicente. Es más: una vez se lo dijo y Vicente lo mandó al demonio. Y yo no dejo de pensar cuántos de nuestros ídolos sean inventos de amigos. Los escritos de mis colegas son dispares. Algunos me gustan más que otros, y otros no me gustan casi nada, pero eso no reviste ninguna importancia. ¿Qué sentido tiene juzgar al resto con la varilla de mis propias obsesiones? El segundo día me aguanto el llanto durante la proyección de un cortometraje que produjo una compañera sobre un grupo de mujeres que fueron víctimas de violencia obstétrica en un hospital público. Al fin soy uno más. Igual de miserable. Igual de dichoso. Franco, mi amigo y huésped estos días, me vocifera al oído una frase de Merleau-Ponty: que el cuerpo es el último punto de vista, del cual no hay punto de vista posible. Hay momentos precisos que prefiero guardarme para mí, en los que debo reprimir algunas coincidencias para mantener la compostura. Con el tiempo a cuestas, el último día nos toca leer a la mayoría de los hombres. Alguien dirá que se trató de un gesto de caballerosidad hacia las mujeres, al estilo de un “Por favor, pase usted primero”, pero la realidad es que somos unos cobardes. Leímos el último trabajo al filo del anochecer. Contra todo pronóstico, logramos nuestro cometido y lo celebramos saliendo a cenar al mítico Náutico de Villa Gesell. Casi no fuimos al mar. No nos hizo falta. Vivimos nuestra propia inmensidad alrededor de la chimenea de una casa forjada con las manos de amigos y conocidos. Como dijo Keats: un momento bello es una alegría eterna. Ana Paula dos Santos Sin título (Deconstruyendo un lugar en el sol), 2018 Impresión Giclée en papel Hahnemühle Photo Rag de 305 g 35 × 50 centímetros

  • Orillas de lo irreductible / Costanza Banús

    "Quizás un día se declare el derecho a la irreductibilidad. Una convicción en común que afirme que la vida no puede reducirse a un compendio de explicaciones. Que ninguna existencia puede quedar ceñida a diagnósticos, clasificaciones, desciframientos, ejecutados por un poder. Una convicción, tejida entre proximidades, que acentúe que las potencias de lo vivo residen en la indeterminación y en la inconmensurabilidad. Una convicción, hilada entre cercanías, que impida que se condenen sensibilidades a tener que cargar con identidades que estrechan el porvenir.” Marcelo Percia “Los enfermos mentales son como picaflores. Nunca se posan. Están a dos metros del suelo". Arthur Bispo do Rosário 1 Los colibríes −también conocidos como picaflores, chuparrosas, tucusitos, pájaros mosca, ermitaños o quindes− nunca se posan, llegan con cicatrices, heridas aún frescas, dolores ardiendo. Aprendieron un diccionario que los describe: adicto, recaí, consumí, consumo, endiablada, pasta base, pastillas, alcohol, porro, crack, nevados, transas, detenidos, presa, unidad penitenciaria, patronato de liberados, servicio local, policía, buchón, cachivache, buche, loca, tóxica, chismosa, malamadre, tengoquehacerterapia. Han ido de manera veloz, curiosa, imponente, de veneno en veneno. Los venenos no empiezan con el llamado “consumo problemático”, vienen con familias, de familias signadas por abusos violaciones, golpes, carencias y laberintos, donde se han chocado contra los vidrios de las relaciones y las instituciones, chocan contra las ventanas de las escuelas, de los hospitales, de las casas, de la justicia, de las familias, de los trabajos. Cargan abandonos, golpes, violencias, abusos, pobrezas, excesos, aturdimientos, vociferaciones desesperantes, ternuras agrietadas por supervivencias -a, ante, contra, de, desde, para, por, según, sin, sobre, tras- las vidas que no requieren inclusión, que ya están incluidas en la sociedad (la de consumo también). ¿Cómo tratamos esas vidas? Colibríes no saben cómo llegaron “hasta acá”. Y el sabor amargo de las sustancias arde en las lenguas de lo que no sabe a felicidad. La dulzura del olvido que les presta el aturdimiento se monta como un escenario donde se prenden fuego los teatros. Y ya no se sabe quién escribe esa obra que se incendia. Los espacios de escucha se entrecruzan y pasan por teléfonos, recepciones administrativas, pedidos de internaciones urgentes, familiares desesperados, el juez lo manda, la policía pide informe, la jueza le dijo. ¿La libertad siempre es condicional? Reuniones de equipo que reformulan marcos de atención para “alojar la demanda” entre espacios, muchas veces, “sin disponibilidad”. Las puertas se abren a un amplio espectro diagnóstico, vidas no caben en un diagnóstico , las puertas de los centros de atención y las buenas intenciones no alcanzan cuando los turnos no alcanzan, cuando no alcanza para la medicación, cuando no alcanzan los horarios de psiquiatría, ni las articulaciones, la familia no sabe cómo, o ya no quiere nunca, o llegamos tarde a vidas tomadas por “las voces” que las insultan y las maltratan, como las insulta y las maltrata la mirada de una sociedad que las pretende blancas, puras, castas, de espuma de nácar, como los versos de Alfonsina Storni. Dejar de consumir drogas sin dejar de consumir dolor. El Estado llega tarde: cuenta una colibrí que le sacaron los hijos, que se apuñaló con un vidrio toda la panza y casi se desangra, que son tres pero son seis, porque algunos se los dio a la familia del hombre con el que se prostituía, en esa casa, dice, la del chabón. La familia cría los hijos que él tiene con otras, pero ellos saben, y los crían bien. Dice que ella ahora quiere dejar de drogarse y recuperar a los hijos, que los tiene una familiar, que quiere ser buena y estar bien para sus hijos dice. Llora, dice que no llora nunca, que ahora llora y no sabe qué le pasa. Después de 15 años sin parar de fumar paco y tomar alcohol, hace un mes que no se droga, dice, que a la madre le gusta que ya no esté endiablada . Nunca volvió. Un colibrí llega con cortes en el antebrazo. Su hijita de meses murió mientras él estaba detenido. Quería que a sus hijos no les falte nada, terminó preso. Su mujer y su suegra dieron los chicos al Servicio Local. Dice que para recuperarlos no se droga más y quiere “hacer las cosas bien”. Se cortó, se cortó tan profundo como pudo los antebrazos. La primera vez detenido, la última afuera, en el cementerio, junto a la tumba de su pequeña. Los otros chicos (sus otros hijos) están en un hogar, y el Estado les exige una casa, un lugar en condiciones, pero no hay condiciones para alquilar ni casas para habitar. Los lazos familiares y laborales se fueron oxidando y carcomiendo día tras día, estallido tras estallido. Un tratamiento para que pueda , pide. Muchos de ellos, ellas y elles no tienen dientes, ni lugar, ni dinero para solucionar ese otro problema, uno más, pero sí traen risas y llantos. Los colibríes se pierden a veces entre las espinas que crecen hacia adentro. Espinas que algunos llaman depresión y son maltratos, violencias, agobios, andares, donde la culpa va espinando “acá adentro” dicen, como aguijones desesperados. Una existencia llega y cuenta que después de 8 años presa “la mandaron a terapia”. Su (ex)pareja mató a golpes a su hijito menor, ella salió a buscar ayuda, la procesaron por culpable y por partícipe necesaria, culpable del golpeador que nadie culpó antes. Después de años detenida y otros tantos de libertad, algunos meses de “terapia” y otra hijita que termina el primario, viajó kilómetros para verle la cara a esos otros hijos que el Estado dio en adopción. Atrás de un discurso que demoniza las redes sociales, ella los buscó, los encontró ahí y, luego de algún tiempo de hablar “por chat”, los fue a ver. Yo no supe qué decir, ella sí. Algunos picaflores dicen: que en la operación le robaron todos los órganos, que cuando era chico sus hermanitas se murieron en un incendio y a él lo salvaron, que tiene 40 años y no sabe leer ni escribir, otro que estudia 8 ó 9 carreras, uno que sólo toma dos cervecitas a la mañana y dos al mediodía y dos a la noche, otro que dejó de tomar cuando pasó toda una noche viendo hombres con motos dentro de su casa, uno que dicen que abusó de una chica en el colectivo, pero no sabe qué le pasó porque estaba re loco por la droga, una que cuando fue a vivir con el padre y tomaban juntos cocaína se acostó con él pero no sabe si eso pasó o no, otros, otres, otras dicen que la madre lo trajo, que la madre la trae, que la madre le cuida los chicos, que la madre los está criando, que la madre no se le despega ni a sol ni a sombra, que como no puede salir sin drogarse se puso en un sitio de servicios de contenidos que van de lo erótico a lo pornográfico a cambio de dinero, otra que vive en la calle, otro que se escapó de la internación, que le robó a la familia, una que la hija la insulta, que la sacó de la casa, que no quiere que vuelva, que no puede más, que la madre que los parió no da más. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Picaflor pica sesos pica piedra. ¿La vida pica y envenena o venenos recorren vidas que no se resisten? Colibríes se acercan llorando a mares los naufragios, o secos de todo lo no llorado por los siglos de los siglos, lógicas de aquello que no logra anclar ni andar a la deriva. Arthur Bispo do Rosário decía: "cuando dejo de trabajar me vuelvo transparente, pero normalmente estoy lleno de colores". Vidas no caben en una fórmula, ni en una institución. Nosotres también somos “El Estado” . En el Centro Comunitario pusimos algunos recipientes llamados talleres, terapias, espacios de escuchas que, entre polen, pétalos e insectos, se brinden como un antídoto posible y provisorio ante lo inconmensurable, como una posibilidad entre un estar transparentes y llenos de colores. 1 Brasileño, descendiente de esclavos africanos; natural de Japaratuba-Sergipe, fue carabinero de la Marina y pugilista, en 1938 después de peregrinar por varias iglesias del entonces Distrito Federal, terminó subiendo al Monasterio de Sao Bento, donde anunció que era un enviado de Dios, encargado de juzgar a los vivos y a los muertos. Dos días después detenido y fichado por la policía como negro, indocumentado e indigente, fue conducido al Hospicio Pedro II de Praia Vermelha, primera institución oficial de ese tipo en el país, destinada a albergar sujetos clasificados como anormales o indeseables. Un mes después de su internación, fue transferido con el diagnóstico de Esquizofrenia Paranoide, a la Colonia Juliano Moreira, en el suburbio de Jacarepaguá, donde permaneció por más de 50 años. ( https://www.youtube.com/watch?v=8MzFTaOvsCQ ) Nota: Re escritura de Derecho a la irreductibilidad, texto presentado y leído en el retiro Pensando en las orillas de marzo 2025. Matthieu Venot Casa de Playa Amarilla, 2018 Impresión pigmentada de archivo 37 x 30 cm

  • Se entra en la palabra archipiélago buscando islas* / Agustina Falco

    Hay que decir que a veces lo que se extraña duele en el cuerpo. Se siente como una presión en el centro mismo del tórax, no en el corazón exactamente, sino en una zona más difusa, como cuando algo funciona mal en esos órganos que, por estar en contacto con tejidos de revestimiento, irradian dolor hacia todos lados. De a ratos ese dolor se presenta como una dificultad para respirar, como cuando alguna costilla se fisura o se quiebra. Una vez, a eso de los dieciséis años, supo de la sensación de la llegada del aire con dificultad producto de una (o quizá fueron dos) costillas fisuradas. Se habían fisurado por un abrazo demasiado fuerte. Esa falta de aire en nada se comparaba a la falta de aire por un deficiente funcionamiento de los alvéolos. Era una novedad. El aire entraba sin dificultad, no había un cepo en la garganta, el problema eran los músculos y los huesos que tenían que ocuparse de expandir el cuerpo para recibirlo. Las costillas fisuradas no tienen mucho arreglo más que andar por la vida, por varios días, con una faja que las mantenga más o menos en su lugar. Y tiene sentido: agregarle más endurecimiento a lo ya endurecido, y que comience a funcionar a su mínimo para evitar el dolor que produce la expansión de esa zona que otrora era lo habitual. Nunca va a poder saberse cuánto aire se pierde en ese tipo de funcionamiento. Hay un capítulo de Seinfeld en el cual Elaine se enamora de una voz en el teléfono. Quizá no convenga decir “se enamora de una voz”, se enamora de un mundo plagado de imágenes que se sostienen por una sonoridad por demás de particular: la voz. Lo mismo pasa, muchas veces, con la escritura. Ese capítulo termina con lo obvio: cuando por fin se encuentra con la persona que emite esa voz todo el encantamiento se acaba. Agus (2025) Fotografía. Verónica Scardamaglia Una obviedad: no hay, y nunca va a haber, una tabla de daciones amorosas. Una sospecha: de lo que nada se espera, todo se espera. Una inquietud: ¿en qué lenguaje se nombra el desencanto? Recuerda, casi todos los días, que tiene un mensaje de audio que nunca más pudo volver a escuchar. Lo escuchó, una vez, la primera vez, en el momento en que llegó: fue una escucha entre la desolación y la bronca, entre la tristeza y la vergüenza. La voz también portaba algo de esos afectos pero se oía entera, endurecida. O al menos así retiene la sensación la memoria. Pasó un mes de eso, pasó un mes así. Un mes le pasó de la voz pero no de las imágenes. Las fotos no portan esa potencia de lo finito y lo eterno. Luego, otra vez lo evidente: la voz, ese juego tan particular del aire, es lo primero que se borra de la memoria. Si lo sabrá… Hace años atrás lo supo. Fue después de una muerte, en ese movimiento de querer hacer durar lo imposible. Revisó el teléfono en búsqueda de unos segundos de voz. Nada. El celular, que poco entiende de sabidurías, conserva una conversación que arranca con una muerte. Un día, hace cinco años atrás, con un número que ya no remite a la misma persona. No se imagina manera más justa de saber una vida. ¿cómo se llega a que lo humano sienta como existencia sin más? Recuerdo la primera vez que se me murió una planta querida. La formulación “se me murió” es errada pero necesaria: ya se sabe que las vidas no se le mueren a una, se mueren simplemente; el posesivo que habilita nuestra lengua quiere decir acá un lazo afectivo o emocional. Recuerdo las tres o cuatro opciones que me habían ofrecido para salvarla. Ninguna funcionó. El problema son siempre las raíces frente a la muerte: algo que no está al alcance de los sentidos más que por los efectos que de ellas derivan: hojas, ramas, flores, brotes. Otra manera de decir lo mismo sería así: es posible que algo esté muerto aunque todavía no se sepa. Hablar de plantas desquicia los sustantivos. Quizá por eso la naturaleza fue (casi) siempre la principal metáfora de la literatura. Se podría estar hablando de humanos, de pueblos, de patrias. Lleva un tiempo aprender que la muerte duele por muerte nomás. *Florencia Lobo (2018). “Archipiélago” en El lento deambular de las tormentas. Antonio Berni Juanito pescando, de la serie Juanito Laguna 1956 (primera imagen conocida de Juanito Laguna fue creada en) Serigrafía 518/800 35.5 x 44.5 cm

  • ‘Papá, así te veo yo’ / Joaquín Allaria Mena

    “Lo propio del archivo es su hueco, su ser horadado”. Didi-Huberman (2007) La noche del domingo 16 de marzo presenté en el encuentro clínico Pensar en las orillas  mi proyecto de largometraje documental acerca de mi padre y el duelo por su muerte. Clínico, como sabemos, no se escribe sin hacer serie con estético, político. Ético. Éramos veintidós personas reunidas a veintidós años de aquél marzo en que, para mí y muchxs otrxs, cambió todo para siempre. Veintidós es también el número en que terminaba su matrícula de médico, es decir que en los veintidós sin el veintidós  -como se autodenominaba jocosamente a veces- fuimos también veintidós. Coincidencias del tiempo, locuras de la historia. Picardías (2025) Fotografía. Verónica Scardamaglia En los últimos años, pude entender que en ese número se cifraba además de un chiste o un significado en la tabla de los sueños , como se conoce en nuestras orillas rioplatenses a la cábala de apuestas numéricas para la quiniela, la descripción de un hombre loco de pasión por su profesión, de entrega hacia sus pacientes, de amor por su familia. En la investigación que estoy llevando adelante descubro que mi papá fue ese loco y también el enloquecido por un trabajo pesado, un ámbito laboral despiadado, una infancia imposible. A partir de distintos materiales de archivo (fotos, audios, filmaciones, objetos personales y de uso laboral) revisitados más de veinte años después, busco construir una narración en la que se cruzan como líneas argumentales el devenir de su carrera especialista en cirugía cardiovascular pediátrica, su propia infancia, historias con pacientes de todo el país, el hospital público, el desfinanciamiento estatal de la salud, el dolor de vivir, compartir un campo profesional y heredar el oficio de trabajar al cuidado de la vida. “Papá: así te veo yo” es la frase que escribió mi maestra de Sala de 4 en el interior de una tarjeta azul que hicimos para el Día del Padre y que él guardaba entre sus efectos personales . Debajo, una flecha conduce a un dibujo mío con marcadores, medio garabato, en que lo represento con piernas y brazos verdes, cabeza naranja y nariz violeta. Seguido, intenté escribir mi nombre en letras sueltas y desordenadas. Al costado, dice ¡Feliz día! y la fecha: 19 de junio de 1994. Joaco (2025) Fotografía. Verónica Scardamaglia Por eso de nuevo Papá, así te veo yo : porque intento retratarlo en este presente, ahora que sé escribir mi nombre y también mis apellidos, el paterno y el materno: mis marcadores, mi legado entero convertido en herencia -como señaló cariñosamente Franco Ingrassia. No es un título definitivo. Es uno que me sirve para seguir avanzando, un working title . Otros posibles van desde “Ese hombre que fue mi padre” hasta “Cuando tus manos daban vida”. Acá está el primer y humilde boceto de trailer, también en progreso, que elaboré para una clínica audiovisual de verano que hice de la mano de Fermín Eloy Acosta y Agustina Pérez Rial, dos realizadorxs de alto vuelo que coordinan una propuesta llamada “Cuerpo de archivos”. El cuerpo, los cuerpos, siempre los cuerpos. Ese espacio, junto al siguiente taller “Montar la memoria del futuro” que urdí con el cineasta Manuel Embalse, junto al inicio de este camino de escritura al cuidado de Julián López y no sin el acompañamiento grupal de compañerxs lúcidxs y sensibles de esta ciudad y desperdigadxs por todo el mundo, son el obrador de este proyecto. 'Papá, así te veo yo' (1er boceto de trailer, febrero 2025) “ Desde su inauguración y hasta que murió, acá hizo su carrera como cirujano cardiovascular infantil mi papá, donde llegó a operar del corazón a más de tres mil niños. Es, también, el hospital donde estuve internado muy grave cuando nací, donde en mi infancia y el principio de mi adolescencia me traían a consultas, donde lo acompañaba a trabajar y hasta donde me quedaba a dormir cuando él hacía guardia. Fue tanto el dolor que nos produjo su muerte, que demasiado rápidamente nos sacamos de encima la mayoría de sus cosas. Todavía hoy mi hermano, que en ese entonces tenía dieciocho años y yo trece, me pide perdón por no haberme permitido elegir qué pertenencias suyas quedarnos. Así, durante más de veinte años creí que me faltaban muchas cosas de él. Que no las tenía. Que las había perdido para siempre. Pero en realidad no me había puesto a buscar. No había podido mirar a los ojos su archivo.” Valeria Ortega Sin título 2020 Oleo sobre papel 12 × 9 cm

  • Fernand Deligny: presencias cercanas y cartografías que alumbran lo común/ Ana Laura García

    Fernand Deligny fue un educador, cineasta, poeta y etólogo francés (1913-1996). Trabajó primero como voluntario y luego como educador en un Asilo (Hospital Psiquiátrico); en Paris, fue maestro de chicos con diferentes discapacidades o retrasos (1938). En 1947 organizó la Grande Cordée (una red de acogida de chicos “delincuentes” y psicóticos) junto a miembros del partido comunista francés, la cual funcionó por 15 años. Hacia finales de los años 60, luego de una estancia en la clínica La Borde, Deligny y un grupo de compañeros llevaron a cabo una tentativa de vida con chicos autistas profundos (no verbales), que viven en la “vacancia del lenguaje”. Allí convivieron en diferentes redes de acogida en el ambiente natural de las Cevenas, de forma muy sencilla: trazaron líneas de errancia y mapas, filmaron películas, amasaron el pan, Deligny escribía…trataban de auto sustentarse. Recibieron derivaciones de casos complejos que buscaban una alternativa a la internación psiquiátrica. Desde esa cotidianeidad, el autor pensaba de una manera particular el lugar de los adultos de la red, adultos que eran figuras de cuidado que no tenían una formación profesional específica. Las llamarán “presencias próximas o cercanas”. Propongo pensar la posición de las “presencias cercanas” y abordar la práctica que las mismas llevan a cabo en ese espacio compartido en el que procuran vivir junto a chicos/as catalogados de "ineducables", "incurables" e "invivibles". "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Las presencias Desde sus primeras experiencias, Deligny nos anima a pensar nuestro lugar en términos de presencias. Así aparece en Semilla de Crápula (1945) y de un modo similar en Los Vagabundos eficaces y otros relatos  (1947), donde plantea la figura del educador de “presencia ligera”. No vamos a detenernos en estas elaboraciones previas ya que nos interesa concentrarnos en un momento posterior, cuando elabora la idea de “presencias cercanas” en las redes de acogida con chicos autistas. La tentativa de las Cevenas radicaliza en muchos aspectos los planteos de Deligny, lo cual lo lleva a reelaborar algunas ideas previas, a buscar herramientas y a inventar nuevas prácticas. Imaginemos ¿qué puede significar para un chico autista la palabra de un adulto?, ¿desde dónde podemos hacernos presentes cuando el lenguaje está en falta?, ¿cómo hacer lugar a algo en común cuando lo simbólico está en retirada? Son conmociones muy profundas las que fueron enfrentando, un choque contra todas las inercias a las que estamos habituados los educadores, terapeutas, quienes trabajamos con la palabra como una herramienta fundamental para el lazo con el otro. Cuando el lenguaje simbólico está en falta, cuando el “monigote” o la representación de la figura humana no aparece en el dibujo del niño, cuando el otro no nos devuelve una mirada en la cual podemos reconocernos, cuando no hay un sujeto que pueda nombrarse como tal, ¿dónde nos ubicamos? Si la distancia con esos chicos es demasiado grande, ¿tenemos que abandonar la posibilidad de que exista algo en común? Esa distancia ¿justifica la inacción o bien la domesticación o eliminación de esas sensibilidades que no se nos parecen? "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Deligny habla de “vacancia del lenguaje”, “ vacance” tiene más de una acepción en el francés y ese juego nos sirve: como lugar vacante (un lugar o puesto disponible, el sujeto del Lenguaje faltó a la cita), como vacación (el lenguaje en ellos está ocioso, se tomó un descanso) y como vacío (de poder, de lenguaje). Estas acepciones iluminan la idea de que el lenguaje está en falta, pero no en el sentido de un vacío a colmar, a corregir o a interpretar. Simplemente esa sujeción al lenguaje no está. Hay una brecha que abre para Deligny la posibilidad de observar el lenguaje con distancia (Deligny, 2017b), como algo no necesariamente asimilable a nuestra naturaleza (de especie). Isaac Joseph, quien fue durante varios años su editor, dice al respecto…tomando algunas expresiones de Deligny: He aquí en lo que Janmari es eficaz: el hecho de vivir con él permite ver venir de lejos la palabra, como se ve venir de lejos la justicia cuando se vive con los delincuentes. "Pertenezco al lenguaje" dice Deligny, y es un mundo. [A Janmari] Le debo todo. Es mi maestro. Por vivir cerca de esos niños, que le escapan, lo veo venir de lejos." Que el lenguaje sea nuestro mundo puede enceguecernos en algunos de sus efectos que no son ni efectos de verdad ni efectos de realidad sino efectos de maestría, De ahí la necesidad de tomar sus distancias para percibir la posición de ese lenguaje. (Isaac Joseph, en Deligny, 2017a: 850; traducción nuestra)   Si el lenguaje es lo que nos hace ser humanos…cuando el lenguaje está en falta ¿en qué podemos confiar? Poco a poco irán observando que, en ese espacio inhabitado por lo simbólico, no hay puras ausencias; existen otras maneras de ser, hay sonidos, crecen gestos, proliferan líneas de errancia, brotan balanceos, trazos asignificantes. De esta manera se inicia una práctica que desde nuestro punto de vista consiste en dejarse afectar por esos modos de ser que en principio podríamos decir que son impropios. Es un cambio de orientación radical: vivir cerca de chicos muticos les permite mirar de lejos el lenguaje, desasimilarlo de lo que somos, y denunciar su complicidad con el poder. De ahí que Deligny se nombre como etólogo y poeta. La manera de ser de estos chicos afectará su relación con el lenguaje y su lugar como poeta en la red, el cual estará al servicio de la tarea constante de designificación del lenguaje. La tarea del poeta es “arrojar palabras duras que nadie más pronuncia”, palabras que no generan obediencia que no están dirigidas a nadie en particular. El cambio de perspectiva posibilita observar qué es lo que puede identificar o requerir de nuestra presencia un chico autista sin ningún presupuesto previo acerca de lo que necesita o es bueno para él o ella. Se trata de ver de cerca qué es lo que cuenta para esa singularidad…ahí donde todos los saberes previos, las interpretaciones e intenciones vienen a morir, ¿qué es lo que verdaderamente cuenta? En el ensayo titulado La tentativa ([1975] 2009), que forma parte del libro Permitir, trazar, ver, Deligny dice: En julio de 1967 se daba comienzo a esa iniciativa que persiste desde entonces: vivir en presencias “próximas” de un chico autista, mutista, sin demasiadas ideas preconcebidas, más que el proyecto de sacarlo de lo que los “saberes” al acecho elaboran, difunden, decretan y vulgarizan a propósito de esos chicos, “psicópatas graves, ineducables, irrecuperables”, por repetir los términos de los profesores-expertos, que han observado durante meses a ese chico, entre otros, La Salpetrière y otros lugares previstos a tal fin. (Deligny, 2009: 45) Desde esa afectación autista, Deligny y las presencias adultas se vuelcan a identificar referencias. Buscan percibir marcas en el espacio, movimientos errantes de los chicos, gestos reiterados, formas de actuar no conjugadas, al infinitivo. Reorientan sus intervenciones, el espacio es reorganizado como una red de presencias, los adultos se esfuerzan por devenir cosas entre otras cosas presentes en la vida cotidiana. Procura, como expresa Cardoso Pinto Miguel (2006), abandonar la forma Sujeto para devenir “algo”, piedra costumbrera, presencia o cosa y así poder ser identificado-referenciado por el niño, de acuerdo a su sistema de percepción. Las presencias cercanas trazan líneas, hacen cartografías, filman: la imagen sirve para vislumbrar lo que permanece innombrable, aquello que es refractario a nuestro entendimiento habitual. “ nosotros vivimos en el tiempo (proyecto) ELLOS viven en el espacio ven lo que no nos concierne” (Fernand Deligny, Manuscrito inédito y no fechado. En: AA.VV., 2013. Traducción nuestra) La práctica se lanza sobre el espacio (porque “ellos viven en el espacio”) y la imagen (porque “ven lo que no nos concierne”). Una forma de construir lazo y cercanía con lo que no vemos, con lo que no entendemos y escapa a nuestra percepción habitual. Allí juega un papel fundamental la práctica de producir imágenes a través del cine y de las cartografías. Mapa de Le Serret (junio de 1975). En: AA. VV. (2013). Cartes et lignes d´erre. Maps and wander lines. Traces du réseau de Fernand Deligny 1969-1979 . Paris: L´Arachnéen. Los mapas Los mapas pondrán atención en lo que los niños son capaces de hacer, más allá de sus síntomas: no hablan, pero se desplazan en el territorio, hacen movimientos, vagabundean. En ese reiterar ritual de los trayectos cotidianos, los niños autistas crean un territorio como “red de referencias y trazas, el cual se extiende entre unos y otros, pero no pertenece a nadie” (Isaac Joseph, En: Deligny, 2017a: 852; traducción nuestra). El “trazar” de los mapas se refiere a los diferentes gestos y trayectos que los niños de la red establecen en el territorio a partir de sus actuares cotidianos. Algunos de esos gestos o rituales luego serán transcriptos por los adultos de la red sobre papel o calco. Siguen el recorrido de un trayecto que el chico realiza en el espacio y que observan de manera reiterada, eso que observan lo trazan como línea sobre el mapa o plano que tiene la representación del espacio. Aparece, así, la práctica cartográfica del trazar las “líneas de errancia” en los mapas. Pero, ¿para qué trazar los mapas? ¿Por qué construir una cartografía a partir de los gestos, desplazamientos y trayectos cotidianos de los niños de la red? Se deben trazar los mapas para permitir que otros modos de vida afloren, para respetar esos gestos “para nada” de los niños y de los adultos, para ser capaces de ver eso que ninguna mirada alcanza a ver. Los mapas también permitieron registrar las presencias de los niños, sus desplazamientos, sus gestos, sus formas de vivir y percibir el espacio/ tiempo. El “actuar”, según Deligny, refiere a las formas de ser de esos chicos que viven fuera del lenguaje simbólico. Sus formas de ser no son tratadas ni como manifestaciones de algo más (oculto o inconsciente) ni como síntomas. Deligny llama “actuares de iniciativa” a esas conductas en las que el niño emprende una marcha, explora un movimiento con el cuerpo, con un objeto. El “balancear”, tan característico del niño autista, pertenece al actuar del niño, así como el “errar”, el “vagar” o el “azarear”. Son gestos de ser, es decir, acciones reiteradas que están presentes cotidianamente en la vida de esos chicos. El “actuar” deligniano es intransitivo e inintencional (Alvarez de Toledo, 2013: 9): carece tanto de objeto (o complemento) como de sujeto. Si no hay sujeto, tampoco hay proyecto o meta a ser realizada. Está desprovisto de todo “para” y cualquier exceso de “para” puede destruirlo, sostiene Deligny (2015a: 28 y 58). Lo verdaderamente importante reside en la acción misma que se está efectuando. Son actuares que se bastan a sí mismos, ya que no están supeditados a ninguna finalidad ni proyecto exterior a ellos. En tal caso, podría pensarse que esos actuares se toman a sí mismos como finalidad: tramar por tramar, errar por errar y así continuando. Existen siempre inacabados, en perpetuo retorno y haciéndose a sí mismos. Se trata de un obrar incesante que lanza una temporalidad diferente a la cronológica, en la cual vivimos inmersos como Sujetos enlazados al lenguaje. En tanto estamos sujetos al lenguaje, Deligny piensa que nuestro “ser conscientes de ser” no escapa a la vivencia del tiempo como pasado-presente-futuro. Nuestra consciencia nos hace advertir el paso del tiempo y, de este modo, los actos se vuelven útiles (“hacer para”), calculados y pensados en función de un proyecto o una meta que nos da razón de ser. Por el contrario, el tiempo del actuar es continuo e infinito, un tiempo suspendido y sin duración. Se trata de actuares perpetuamente en obra, sin un principio ni un fin determinado. Tanto en las líneas de errancia como en las redes es imposible distinguir dónde comienzan o hacia dónde se dirigen. No hay donde llegar ni adonde volver, porque el actuar no se rige por esos lugares preasignados, sino que sigue otras referencias. El actuar construye sus propias referencias intensivas. Se sorprenden al descubrir que las líneas de diferentes niños en diversas épocas llegan hasta un mismo punto del mapa y se concentran allí, atraídas por algo: el fuego, las piedras o un curso de agua que pudo haberse extinguido, pero que el niño percibe como si estuviera. El niño siente la huella, una “memoria de especie" lo conduce hasta ahí en sus desvíos. Puntos comunes aparecen al superponer los mapas: encastres o nudos intensivos de líneas, alumbran visiones de “lo común”. Tinta china sobre papel calco. Las líneas de errancia de Philippe y Anne y los gestos de amasar el pan. Monoblet, 1976. En: AA. VV. (2013). Cartes et lignes d´erre. Maps and wander lines. Traces du réseau de Fernand Deligny 1969-1979 . Paris: L´Arachnéen. Esos mapas interesan por la visión de “eso que no nos mira” o de “eso que no nos concierne” y que escapa a cualquier significación. Más que una observación, es una tentativa para “ver” lo que escapa a nuestra mirada de sujetos hablantes, para comenzar a percibir eso que no es lenguaje en nosotros y que puede ser lo común, pero que a primera vista no nos incumbe. Existe un “resto” que un chico autista pone en evidencia con su presencia y que ninguna mirada llegará a ver nunca de forma acabada. Estas visiones (¿qué nos exceden?) son los hallazgos de una tentativa de vida que busca obstinadamente recrear lo común, sin cerrarlo ni identificarlo con la imagen previa que tenemos del “Hombre-que-somos” (Deligny, 2015a). Bibliografía: Alvarez de Toledo, S. (2013). “Introduction et Glossaire”. En: AA. VV. (2013). Cartes et lignes d´erre. Maps and wander lines. Traces du réseau de Fernand Deligny 1969-1979 . Paris: L´Arachnéen. Cardoso Pinto Miguel, Marlon (2016). Á la marge et hors- champ. L´humain dans la pensée de Fernand Deligny. Tesis de doctorado en Artes Plásticas y Filosofía. Université Paris 8 y Universidade Federal do Rio de Janeiro. Deligny, F. (2017b). Lettres a un travailleur social . Paris: L’Arachnéen. ________([2008] 2015a). Lo arácnido y otros textos . Buenos Aires: Cactus. ________ (2015b). Los Vagabundos eficaces. Barcelona: UOC. ________ ([2007] 2017a). Oeuvres . Paris: L’Arachnéen. ________ (2009). Permitir, trazar, ver . Barcelona: Museu d’Art Contemporani. ________ ([1945] 2017c). Semilla de crápula. Consejos para los educadores que quieran cultivarla . Buenos Aires: Cactus-Tinta Limón. Fotograma del documental "Ce gamin, là"  - Renaud Victor & Fernand Deligny - 1976

  • De nuevos aires y orillas / María García

    Vivo en la orilla de la ciudad... cualquier idea de vivir más adentro me ahoga... vivo la orilla como la posibilidad de respirar... Es raro, es una sensación corporal. Me ahoga la imagen de vivir lejos de la orilla. Es raro porque mi barrio es pobre, está olvidado, abandonado… algo aquí huele mal ... pero en sus calles hay vida... pelopinchos, reposeras, parrillas, fulbitos, vidas desprolijas, rotas, vidas del margen, empujadas, expulsadas, vidas no registradas. Que haya vida en la calle es una necesidad vital para mí, no puedo imaginar la vida sólo habitando intramuros familiares. Conventillos al punto del derrumbe, llenos de niñeces que igual juegan, patios que albergan uniones, veredas que aseguran encuentros, el cielo es parte de este barrio. Algo de eso me ayuda a respirar... nadie es invisible entre nosotrxs... nos saludamos... nos conocemos... nos aceptamos. Las sonrisas de aquí son más grandes de lo normal y encienden los ojos. Cosa rara sentir que aquí algo alberga. Cuerpos sin sostenes maternan, cuidados se socializan o se fugan. Hombres de existencias cansadas intentan atajar penales, los del yugo y también jugando con sus hijxs. Sensibilidades suaves aún intentan respirar enlodadas. Sensibilidades enlodadas aún intentan respirar… suave. Hay una orilla de río/riachuelo que de vez en cuando recibe tortugas y aves, ¿ellas también eligen esta orilla espesa? ¿Serán las locas de su especie? Vivo en la orilla porque siempre permite mirar sin límites, creer en la otra orilla como posible... planear una huida... perderse pensando. sin título (2025) Verónica Scardamaglia. Pensar me desahoga. Trabajo en la orilla, en la orilla de la city, al borde del fastuoso puerto madero. Trabajo con los bordes de la inclusión, imaginando qué hacer para que no lxs lleve la corriente. Cuerpos habitan la recova, vidas en la calle. Existencias excluidas, cuerpos abatidos, hambrientos. Luego de darle una “ayuda” un joven me dice “dios la bendiga”, ¿qué hizo tu dios con vos?, pienso. Siempre me pregunto: ¿y si le duele una muela, la espalda, la panza qué hacen? ¿Es posible que sientan su cuerpo tal como nosotros lo entendemos? ¿Cómo no enloquecer si te empujan a la nada? ¿Cómo no enloquecer si te cortan los hilos que te sujetan a un mundo “social”? ¿Cómo hacés para no sentir tu mal olor, tus músculos, tu desesperanza? ¿Cómo no caerse de un mundo que anda alocado? ¿Cómo volver a subirse a la “rueda” si gira loca? ¿Cómo no soltarse si te empujan? Caídxs de la rueda social, excluidxs del intercambio del saludo, del “cómo estás”, del “buen día”, del “baño”, del mañana, sus palabras son meros sonidos que dejan de hacer cadena con las nuestras, son excluidxs de la palabra, de un intercambio vital humanizante, ¿Cómo se siente no ser escuchadx nunca más, no ser notadx? ¿Cómo se siente no saber si hay mañana, pero “mañana” literal? Sin habla, sin mirada, sin mañana, ¿qué cuerpo queda? ¿qué huida se puede soñar desde esa orilla? ¿Puede la caída de la sociedad del capital enloquecer a alguien, o es sólo la forclusión del significante del Nombre del Padre la que enloquece?... Se hizo costumbre llevarlos a hospitales psiquiátricos, ¿de qué los curarían allí? Forclusión: mecanismo de defensa en el que el sujeto se niega a reconocer la realidad de una percepción traumatizante, dice el diccionario. El sujeto, ¿se niega? Una realidad, ¿arrasa? O ¿una realidad niega una sensibilidad que sufre? Mis padres llegaron a esta orilla, huyendo. En la documentación de ingreso al país de mi papá figura como ocupación “pastor”. Pastor de ganado, obvio. Cuando llegó al país había un bombardeo que hizo que no pudieran bajar del barco, quedaron en la orilla por un tiempo... algunxs decidieron bombardear al pueblo, hubo más de 300 muertos, no pudieron asesinar al presidente. Años después una bala no salió, la locura contra el pueblo no muere. Desembarcan buitres de barcos piratas... ejércitos de orcos... esta vez nos miran de frente, están aquí ciegos de odio, entre sus cuerpos y los nuestros no hay nada. Pensamos que esto no se volvería a repetir... pensamos que falcon verdes habían desaparecido... desde la orilla que construimos ya no se logra ver hacia dónde ir... nuevas ilusiones hacia dónde navegar… Nada de lo que digamos concuerda con su dialecto... nada de lo construido porta valores para ellxs, nuestros valores parecen haberse evaporado o convertido en aquello a destruir... nos dicen que ni lxs jóvenes los consideran como horizontes, eso es devastador. Aparece un pequeño bote que invita a subirse para respirar un rato... construir nuevas orillas en medio del arrasamiento... tiene un ritmo suave, eso atrae... Tanta suavidad es imposible de rechazar... “sólo lo suave puede rozar lo que huye” dijo un maestro de las sensibilidades y aquí estamos inventando nuevas formas que no ahoguen. Benito Quinquela Martín Día gris en la Boca, 1962 Óleo sobre madera prensada 60×70cm

  • Poesía y delirio / Regine Bergmeijer

    Hace muy poco se reestrenó una obra teatral “Encuentro de poetas”, obra que imagina el encuentro entre los poetas Jacobo Fijman y Vicente Zito Lema; obra llena de poesía y delirio como el diálogo entre ellos dos. Hace poco hubo otro encuentro. Veintidós (sí léase bien 22) psicólogos  (empleo el sustantivo en plural en sentido amplio) en la casa del Conde Vicente, como llamábamos la casa una vez construida, con manos propias y ajenas. Por lo grande y por lo hermosa. Una casa muy cerca de una playa que alguna vez fue desolada y salvaje y ahora ya está sobrepoblada y comercializada. Pero esa es otra historia. Mi gran pregunta, ante el plan de nuestro amigo Marcelo de organizar un encuentro era ¿22 psicólogos  en una casa, será posible?, y sobre todo ¿habrá poesía y delirio? A Vicente le hubiera encantado, sin duda alguna. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico La idea, de a poco, fue tomando cuerpo y alma. Sentíamos como si estuviéramos por organizar un viaje de egresados. ¿Quién dormía en la casa y quien en otras?, ¿Cómo organizar la comida, ¿veganos?, ¿vegetarianos?, ¿el transporte? Y por supuesto lo más importante, porque teníamos que hacer algo serio, ¿quién iba a presentar qué trabajo? Para mí, la única manera de tener este lugar soñado como propiedad privada  consiste en compartirlo, y así pasó. Yo, amante del caos, vi como durante cuatro días la casa se convirtió en una comunidad de pensamiento, sentimiento y, más que nada, en una comunidad amorosa. La convivencia fue impecable, los trabajos uno mejor que otro, y la comida sabrosa y abundante. Y ya que soy amante del caos, o más bien el caos en mí es más fuerte que el orden, me parecía interesante, para estas notas, buscar en los escritos de algunos filósofos sus ideas al respecto. Encontré lo siguiente y pensé como aplicarlo a nuestro encuentro… Para Nietzsche, el caos no es simplemente una ausencia de orden, ( la casa estaba ordenada hasta que llegaron los 22… y terminó con papeles y sillas por todas partes, un caos hermoso ), sino un estado fundamental y vital que precede y alimenta la creación de la vida y la cultura. ( Llegaron todos llenando el bosque de vida y cultura ). El caos es visto como fuerza primordial, el “caos primario”, del cual emerge la vida y la posibilidad de la voluntad de poder. Nietzsche cree que el caos es necesario para la emergencia de nuevas formas de vida, arte y cultura. El caos representa la energía desorganizada y la falta de límites ( aquí Nietzsche se equivoca en el caso nuestro, porque había mucha organización y los límites los impuso el propio programa ), lo que permite la ruptura con lo establecido y la creación de lo nuevo. La voluntad de poder, el principio fundamental de Nietzsche, se manifiesta en la lucha por la afirmación de la vida y la creación de nuevos valores ( nuevas amistades ), los cuales se nutren del caos ( muchos platos para lavar ). ( Y con mucha escucha creamos vida intercambiando el pensar sobre la salud mental ). La voluntad de poder intenta dar forma y sentido al caos, pero siempre en un estado de cambio y tensión. Nietzsche ve la vida como una experiencia compleja y a menudo caótica, en la que el sufrimiento y el caos son inevitables, ( vaya que los psicólogos saben de sufrimiento y el caos en la vida de sus pacientes ) pero también son fuentes de crecimiento y aprendizaje. ( A lo pichoneano, crecimos todos y aprendimos cada uno de cada uno y de lo colectivo ). "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Ahora en cuanto Spinoza, filósofo tan querido por Vicente, el concepto de caos no es central, aunque una idea del orden intrínseco a la naturaleza sí lo es. Spinoza no ve la naturaleza como caótica ( nuestro jardín sí lo es ), pero Spinoza no lo ve como caótica, sino como un sistema determinado y necesario ( muy necesaria la cantidad de piñas y pinocha para el fuego que ardió durante los cuatro días en la chimenea ), donde todo está conectado y se mueve según leyes naturales. Para Spinoza, el caos surge de la percepción humana ( mi culpa, entonces ) que a veces considera ciertas acciones o eventos como malas o desordenadas ( no es mi caso ), mientras que desde un punto de vista divino, todo es perfecto y necesario. ( Y este fue el caso, todo el encuentro fue perfecto y necesario. La casa se lo agradece y yo también ). ¡Una experiencia que da para ser repetida! ¡Hasta la próxima! La memoria nos guía La conciencia nos hace La Belleza nos pertenece (En memoria de Vicente Zito Lema, quien con su espíritu presente nos dejó generosamente su casa) Mar de las Pampas, 1 de mayo 2025 Donna Faiella Espíritus en el Cielo 2019 Impresión digital sobre papel 21,6 × 27,9 cm

  • Apuntes sobre poesía y psicoanálisis en contextos de crueldad / Sofía Noel Ceballos

    Dice Rebeca Solnit (2020): No podemos retroceder en el tiempo pero sí podemos regresar a los escenarios de una historia de amor, de un crimen, de la felicidad y de una decisión fatídica; los lugares son lo que permanece, lo que podemos poseer, lo que es inmortal. Los lugares que nos han hecho quienes somos se convierten en el paisaje tangible de la memoria y en cierto modo también nosotros nos convertimos en ellos. Son lo que podemos poseer y lo que al final acaba poseyendonos. El paisaje tangible  de la memoria podría ser, por ejemplo, un dolor que encuentra un sitio donde dejar un rastro, un borde de dónde agarrarse. Escenarios de la historia, una evidencia sensible. Una apoyatura para relatos estallados, que ofrece al recuerdo drenarse en tonos, sombras, texturas. Una punta para tironear al olvido y situar un horror que es común. Que haya sitios de memoria implica que el dolor ocupe un lugar. Que la palabra puesta sobre alguna cosa ayude al relato, a la evidencia de una verdad que busca negarse por decisión de la política de la crueldad. + Cuando escribo, insiste una pregunta que me hicieron hace un tiempo: ¿Cómo pensar poéticamente en un contexto donde la crueldad está de moda? + Dice María Negroni (2023) que la poesía en el ruido de hoy, da a escuchar un silencio. Habrá que diferenciar, silencios de silenciamientos. Más adelante dice: Enseña preguntar (y a perderse). Reemplaza lo que no hay por la alegría, acaso incongruente, de intentar nombrarlo. + ¿Cómo pensar mientras las muertes evitables, ese imposible de asimilar se nos presentifica con demasiada cercanía? Al escribir, ¿evadimos el contexto o planteamos una salida en el texto? + Dice Marie Gouric (2020), sobre su escritura: Más que respetar, mi esfuerzo es la escucha, que es lo más difícil de esta época. De ahí trabajo con eso que es lo que tengo, que yo hice para decir algo pero ahora viene a decir por sí mismo y conviene escucharlo. Y remiendo, ajusto, masillo, aprieto, barnizo, presiono, desvasto, uno, martillo, arranco, pego, reparo o lo que sienta necesario. Les pido ayuda y compañía. Bien por los textos dejados a descansar. ¿Quién no descansa con ellos? Las paredes de la casa donde vivíamos con mi familia se partían y mi padre me enseñaba que era el material sobre los cimientos que todavía seguía trabajando. Nada corrijo, la palabra corrección le ha quitado ternura a todo lo que está sobre este mundo y prefiero no usarla sobre nada. ¿Quién es merecedor de corregir algo? Puede que las palabras estén cansadas, de ser siempre las mismas, de ser insuficientes, de ser usadas para dañar sin consecuencias. Quizá al escribir se les pueda inventar un lugar para que se echen a descansar y reanimarse, ofrecerles compañía. + Dice Claudia Masin (2023), en Curar y ser curados: Allí donde los hechos crudos impondrían su halo de resignación, la escritura poética abre un resquicio, una grieta: habla acerca de lo que no pasó, pero podría haber pasado, y al nombrar aquello que hasta ese momento no existía en ningún lado, lo hace existir. Además, plantea que existen estados de poesía  y que son evanescentes, contados raptos en los que podemos ser capaces de resonar con los otros, con lo otro, con lo que es aparentemente ajeno . Al mismo tiempo expresa que es ese momento donde el padecimiento descansa, es un momento transitorio y frágil. + Según Alicia Genovese (1997), el poema surge como una línea quebrada y digresiva o una línea más regular que en cualquier caso se va abriendo y complejizando a través de asociaciones, simultaneidades, a través de todos aquellos recursos que el poema precisa enlazar para empujar sus materiales Se trata de un dispositivo que desmonta la utilidad de la palabra, la despega de las cosas. En ese marco, ¿cuándo acontece un poema? En la misma línea, ¿cuándo se muestra el inconsciente? + Lacan (2011) menciona que existe una posibilidad evanescente, difusa y difícil en la que el sujeto puede reconocerse como el  contador . Mientras, el inconsciente está a la espera. Será trabajo del analista situar la pequeña parte del relato en la cual se expresa y saber estar ahí para el intento de salvar al lenguaje después de todo. + Poesía y Psicoanálisis llevan la marca de la experiencia. En un poema acontece algo del orden de un saber que no se sabe, antiguo y difuso pero común. Es en la experiencia analítica que se abre la posibilidad de reconocerse en un discurso que proviene de lo desconocido. + En El creador literario y el fantaseo , Freud se pregunta qué es lo que hace que un poema trastoque un afecto displacentero en una descarga de placer. Habla de un efecto poético  y este sería algo así como “la posibilidad de conmover”. Me interesa como concepto, pero además porque lo plantea como un capricho: ¡Si al menos nosotros pudiéramos poetizar! ¿Qué es lo que sucede en el poema que dice lo displacentero subvirtiendo en descarga de placer? ¿Ese efecto es gracias a la forma que lo caracteriza? ¿Qué aporta a la práctica del Psicoanálisis la práctica Poética? + Derivas de la palabra conmover (desde su etimología) : Perturbar, inquietar, alterar, mover fuertemente o con eficacia a alguien o algo. Mover a ternura, enternecer. Poner en movimiento, suscitar, impulsar, excitar, quitar, mover con violencia, agitar. Cabalmente, por completo, porque también puede indicar “poner juntos”, como en la palabra compadre, más el verbo movere, que nos indica mover, apartar, como en las frases “movere gradum” (dirigir sus pasos, marchar) y “movere mente” (perder el juicio). Por lo tanto “conmover” significa mover o agitar nuestros sentimientos de manera completa, cabal o hasta el enternecimiento. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico + Diana Bellessi (2023) lo dice como un sueño:    ¿Y cuál es este sueño comunal del que todos parecemos venir, y recordamos al leer un poema? Quizás sea aquel momento previo a la adquisición del lenguaje, antes de hablar como todos los adultos, antes de la imitación masiva centrada en las posibilidades de comunicación del significado. Cuando la palabra mesa, por ejemplo, no quería decir sólo esa superficie sostenida en cuatro patas que sirve para comer, o trabajar o apoyar el diario; antes que la palabra sólo sirva, de que esté casi exclusivamente al servicio de una función, y de un único significado. La poesía es la infancia como posibilidad, un espacio/tiempo donde la lógica se subvierte y la palabra no remite a un único significado. Puede dialogar con la musicalidad, con las asociaciones, con las deformaciones para que predomine la satisfacción. Cada palabra tiene la posibilidad de ir saltando sobre designaciones temporales, sonidos, vibraciones y ritmos que no sirven más que para musicalizar un cuerpo, para ensayar cómo suena una voz. + Dice Olga Orozco (2019) que la poesía no hace nacer fantasmas sonoros o conceptuales para encerrarlos en las palabras, sino que hace estallar aún los fantasmas que las palabras encierran en sí mismas. También que: un poema representa el alivio de haber salvado al lenguaje, después de haberlo expuesto al mayor de los peligros . Ese peligro podría ser esa palabra coagulada, autoritaria, que se cierra sobre sí misma. ¿Salvar al lenguaje podrá ser la posibilidad de trastocar el sentido? El poema es una ocasión para abrir la lectura y la escritura en una dimensión distinta, rara, pluridimensional. + Al hablar sobre la clínica, Roberto Harari (1985) toma la figura del “versero”, que es quien hace el verso : alguien que crea con la palabra. Dice “verso” y nos lleva a “verter”, porque deriva de “verteré”, que quiere decir  girar, dar vuelta, volver, derribar, cambiar, convertir . Hacer el verso es lo que permite hacer uso de la palabra para construir otros escenarios posibles. Al mismo tiempo, comparte raíz con “versus”, es decir “en contra”. Es este “hacer el verso” que se eleva en contra de una suerte de palabra constituida, aquella que en el análisis procuramos no atender. + Mediante la práctica analítica se producen otros efectos que emergen en el uso de la palabra. En otras vertientes que no responden a la producción de un sentido unívoco. Más bien, el sentido se encuentra justamente vaciado y devuelve al sujeto la posibilidad de reconocerse en un discurso del cual es parte.  + En un esfuerzo por reivindicar la palabra como un principio ético, la poesía resulta una forma de abordar la dimensión clínica desde un carácter político. Cuando la palabra se revela como autoritaria, con un sentido coagulado y las derivas fomentan la crueldad, la destrucción y el negacionismo sobre la historia que cuenta los dolores en común, hay formas de pensar que están en peligro. Hay formas de contarse que están siendo amenazadas. Las pausas, las precisiones, los ritmos, las escansiones, los divagues, las creaciones que surgen en la práctica analítica y en el poema, quizá formen un espacio/tiempo donde encontrar un versus de la palabra autoritaria, de las políticas de la crueldad. Las voces que acudieron en este texto, vienen desde acá: Bellessi, Diana (2023). Pequeña voz del mundo , Córdoba, Caballo Negro Editora. Genovese, Alicia (1997). Tono y ritmo . La danza del ratón , Volumen 14, 34–35. Disponible en: https://ahira.com.ar/wp-content/uploads/2022/02/La-Danza-del-Raton-No14.pdf Gouiric, Marie (2020). Disponible en: https://lainfanciadelprocedimiento.blogspot.com/2020/01/marie-gouiric.html Harari, R. (1985). Producción poética - Producción Psicoanalítica / Entrevistado por Diana Bellessi . Revista de circulación interna. Lacan, Jacques (2011). Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis , Buenos Aires, Paidós. Masin, Claudia (2023). Curar y ser curados , Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Las Furias. Negroni, María (2023). El corazón del daño , Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Penguin Random House. Orozco, Olga (2019). Poesía completa , Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora. Solnit, Rebecca (2020). Una guía sobre el arte de perderse , Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Fiordo. "Sin título" - Aldana Caviglia - 2024

  • Barranca abajo / Ana Benveniste

    Así lo siento hoy. Un derrape que pareciera no poder detenerse. Va perdiendo el buen humor, amigos, dinero… "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Vuelve la alternancia de peleas y silencios de días con la pareja. “Si tuviera un lugar dónde ir, me iría de mi casa…pero sería una fracasada, también en eso”. “Si sigo así, me voy a tirar debajo de un tren”. Le pregunto si lo está pensando. Dice que no cree que lo haga, no se anima. Está tomando más. Le preocupa y no. Retazos de un trabajo ligado a una empresa del padre del que quedaron juicios, deudas, peleas con familiares. Ahorros que alcanzan “para 20 días… 3 meses…”. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Vivía en otro país. El padre la llama para que lo ayude. Creyó que trabajar con su padre, mejoraría el vínculo. Dice que fue ninguneada, que el padre hizo lo que quiso: no la escuchó. Le dejó “todos los quilombos”. Dice que le cagó la vida . Y también, que le da pena: “Ya es muy viejo”. Leyó la crítica de un libro que se titula “No eras vos. Eran tus padres”. Me la envía. Eso la alivió. Una madre y un padre de más de 90 años, ¿qué hacemos con eso? ¿Cómo estoy interviniendo? No sé qué decir… Creo que intentando correrla del lugar de la “boluda” y de quien espera a que la ayuden o la salven. Pregunto por su emprendimiento nuevo, en el que no termina de creer ni confiar. ¿Estoy asistiendo a un derrumbe? Aunque sé que estos temas, que se repiten e insisten, luego se van acomodando. Pero, esta vez me pregunto: ¿qué hacer?, ¿tendría que pensar en una derivación? Bill Tansey Salpicadura, ca. 2023 Impresión pigmentada de archivo 101 x 152 cm

  • Relaciones, singularidades, individuos y colectivos / Franco Ingrassia

    Siempre hay singularidades. Axioma ontológico fundamental que postula la irreductibilidad de la diferencia como condición inherente a la constitución de cualquier dominio de existencia. La singularidad se erige como el quantum de distinción, la unidad mínima de diferenciación que impide la emergencia de una homogeneidad absoluta. Su presencia es la condición de posibilidad para la individuación de entidades y la articulación de multiplicidades. Siempre hay relaciones. Principio relacional inherente a la dinámica de los sistemas complejos. Las singularidades no subsisten como mónadas aisladas, sino que se integran en entramados de interdependencia y causalidad recíproca. La relación se concibe como el vector de afectación mutua, el medio a través del cual las singularidades se definen, se modifican y emergen como entidades concretas dentro de un campo de fuerzas. La individualidad implica la cristalización (reificación) de la singularidad y la subalternización de las relaciones. Proceso epistémico y ontológico mediante el cual una singularidad se convierte en un objeto discreto e independiente, sustrayéndose de la fluidez y la indeterminación inherentes a su naturaleza relacional. La individualidad opera una clausura identitaria, privilegiando la sustancialidad sobre la procesualidad y relegando las interconexiones constitutivas a un estatus secundario o accidental. Desde la matriz perceptiva que instaura la individualidad (régimen de lo sensible), puede haber individuos (singularidades reificadas) sin relaciones, pero no relaciones sin individuos. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico Consecuencia epistemológica del paradigma individualista. La primacía ontológica atribuida al individuo como entidad preconstituida genera una asimetría en la inteligibilidad de la relación. La relación se concibe como un vínculo contingente entre individuos previamente definidos, mientras que la posibilidad de una existencia individual independiente aislada se mantiene como un horizonte conceptual, aunque empíricamente improbable. Los individuos, siempre según esta perspectiva de la individualidad, tienen existencia continua (ontológica) y las relaciones tienen existencia discontinua (fenomenológica). Distinción ontológica derivada del modelo individualista. La individuación proyecta una temporalidad lineal y persistente sobre la entidad individual, mientras que las relaciones son aprehendidas como eventos puntuales y transitorios, carentes de una sustancialidad ontológica propia y duradera. Esta diferenciación refuerza la primacía del ser individual sobre el devenir relacional, concibiéndolo como inherentemente independiente. La individualidad afirma que A y B preexisten a la relación A-B y subsisten luego de ella. Postulado metafísico central del individualismo. Se asume la independencia ontológica de las entidades individuales previas a cualquier interacción, concibiendo la relación como una adición externa que no altera fundamentalmente la identidad preexistente ni la subsistencia posterior de los individuos involucrados. Por contraste, desde la perspectiva de la vida colectiva las relaciones son afectaciones, es decir, tienen un efecto resingularizante sobre las singularidades vinculadas. Modelo alternativo que invierte la primacía ontológica, concibiendo la relación como una fuerza activa y constitutiva. La afectación relacional se erige como el motor de la transformación singular, generando nuevas cualidades y reconfigurando las identidades de las singularidades en interacción. La relación deviene, así, el locus de la producción de subjetividad y la emergencia de lo nuevo. El individuo, en tanto reificación, es una singularidad anacrónica, es una zona o dimensión de la singularidad que elude la actualización que la relación, en tanto afectación, produce. Crítica onto-epistemológica al concepto de individuo. La reificación individualizante se presenta como una forma de resistencia a la dinámica inherente de la singularidad, que se actualiza y se transforma constantemente a través de sus interacciones. El individuo, en su fijación identitaria, se convierte en un vestigio de un estado prerrelacional, desfasado de la temporalidad procesual de la existencia. Esa individualidad, en tanto resistencia a la afectación relacional, es la persistencia anacrónica de la singularidad prerrelacional. Elaboración de la crítica anterior. La individualidad se interpreta como la cristalización de un momento singular previo a su inmersión en el flujo de las relaciones. Su persistencia como entidad autónoma representa una negación de la potencia transformadora de la afectación mutua, una fijación en un estadio ontológico superado por la dinámica relacional. "Pensando en las orillas" por Joaquín Allaria Mena / @anarchivofotografico La singularidad individualizada es una singularidad reificada; la singularidad colectivizada es una singularidad en devenir (de lo prerrelacional a lo posrrelacional). Distinción categorial entre dos modos de existencia de la singularidad. La individuación opera una reducción ontológica, fijando la singularidad en una identidad estática. En contraste, la inmersión en la colectividad y la exposición a la afectación relacional liberan el potencial de devenir de la singularidad, impulsándola hacia configuraciones emergentes y posibilitando la producción de novedad ontológica. La singularidad individualizada se presenta como dueña de sí misma, mientras que la singularidad colectivizada se percibe como perteneciente a algo que la excede, efecto de la experiencia colectiva emergente del proceso relacional de la trama de afectaciones. Implicaciones fenomenológicas de los modelos ontológicos contrastantes. La individuación genera una experiencia de independencia y auto-posesión, mientras que la inmersión en la colectividad revela la intersubjetividad constitutiva y la interdependencia ontológica de la singularidad respecto del entramado relacional que la excede y la constituye. Surgen al menos tres divisiones o diferenciaciones: (1) entre relación y singularidad; (2) entre singularidad reificada y singularidad en devenir; y (3) entre distintos devenires singulares, efecto del proceso relacional. Sistematización de las dicotomías fundamentales que emergen del análisis. Se distinguen: la relación como fuerza activa versus la singularidad como elemento afectado; la singularidad fijada (individuo) versus la singularidad procesual; y la emergencia de una multiplicidad de trayectorias singulares como resultado de la heterogeneidad de las afectaciones relacionales. La individuación, además de reificación, es una operación de homogeneización de los efectos singularizantes de los procesos relacionales (por ejemplo, el deseo "individual" es el deseo reificado y homogeneizado). Crítica a la función normalizadora de la individuación. El proceso de individualización no sólo fija la singularidad, sino que también tiende a subsumir la diversidad de las afectaciones relacionales, homogeneizando experiencias que en su origen son singulares y contextuales. El deseo individualizado ejemplifica esta reducción de la riqueza procesual. Alyson Vega Vista de Playa II 2018 Técnica mixta 50,8 × 41,9 cm

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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