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- Un movimiento feminista (selección) / Sara Ahmed
El feminismo es un movimiento en muchos sentidos. Algo nos mueve a hacernos feministas. Puede ser un sentido de la injusticia, de que algo no está bien, como exploro en el capítulo 1. Un movimiento feminista es un movimiento político colectivo. Muchos feminismos significa muchos movimientos. Un colectivo es aquello que no permanece quieto sino que crea y es creado por el movimiento. Imagino la acción feminista como ondas en el agua: una pequeña ola, posiblemente creada por la agitación del clima, aquí y allá, cada movimiento haciendo posible otro, otra onda, hacia afuera, creciendo. Feminismo: el dinamismo de crear conexiones. Y así y todo a un movimiento hay que construirlo. Para pertenecer a un movimiento debemos hallar puntos de encuentro. Un movimiento es también un refugio. Nos reunimos; tenemos una convención. Un movimiento viene a existir para transformar lo que hay. Un movimiento necesita suceder en algún lugar. Un movimiento no es meramente o solamente un movimiento; hay algo que necesita permanecer quieto, que le sea dado un espacio, si algo nos mueve a transformar lo que existe. Podemos decir que un movimiento tiene fuerza cuando presenciamos un momento de impulso: más personas se reúnen en las calles, más personas firman cartas de protesta, más personas usan un nombre para identificarse. Creo que en los últimos años hemos sido testigos del fortalecimiento gradual de un impulso en torno al feminismo: en las protestas globales contra la violencia contra las mujeres, en el número creciente de libros sobre feminismo que devienen populares, en la alta visibilidad del activismo feminista en redes sociales, en cómo la palabra feminismo puede prender fuego el escenario en los shows de artistas y celebridades como Beyoncé. Como docente, he sido testigo presencial de este fortalecimiento: cada vez son más las estudiantes que quieren identificarse como feministas, que demandan que demos más cursos sobre feminismo. Los eventos que organizamos sobre feminismo tienen una popularidad asombrosa, en especial aquellos que tratan sobre feminismo queer y transfeminismo. El feminismo convoca. No toda presencia feminista puede detectarse con tanta facilidad. Un movimiento feminista no siempre se manifiesta en público. Un movimiento feminista puede suceder en el momento en que una mujer explota porque ya no puede más (ver capítulo 8), en ese instante en el que ya no puede soportar la violencia que satura su mundo, un mundo. Un movimiento feminista puede producirse cuando se amplían las conexiones entre aquellas personas que reconocen algo –las relaciones de poder, la violencia de género, el género como violencia– como eso a lo que se oponen, incluso si se valen de palabras diversas para nombrarlo. Si pensamos en el lema del feminismo de la segunda ola, “lo personal es político”, podemos pensar que el feminismo sucede justamente en los espacios que han sido históricamente etiquetados como no políticos. En los acuerdos domésticos, en el hogar, cada habitación de la casa puede convertirse en una habitación feminista, en quién hace qué dónde; lo mismo puede ocurrir en la calle, en el parlamento, en la universidad. El feminismo está donde sea que tenga que estar. El feminismo tiene que estar en todas partes. El feminismo tiene que estar en todas partes porque el feminismo no está en todas partes. ¿Dónde está el feminismo? Es una buena pregunta. Podemos agregar: ¿dónde nos encontramos el feminismo, o dónde nos encontró el feminismo? Formulo este interrogante como una cuestión vital en la primera parte de este libro. Una historia siempre empieza antes de poder ser contada. ¿Cuándo fue que feminismo se convirtió en una palabra que no solamente nos hablaba a nosotras –a cada una de nosotras–, sino que también nos hablaba de nosotras? ¿Que te hablaba de tu existencia, que te hacía existir? ¿Cuándo fue que el sonido de la palabra feminismo se convirtió en tu sonido? ¿Qué significó, que es lo que produce aferrarse al feminismo, pelear en su nombre, sentir en sus altibajos, en sus idas y venidas, tus altibajos, tus idas y venidas? Cuando en este libro pienso en mi vida feminista pregunto “¿de dónde?” pero también “¿de quién?”. ¿De quién saqué el feminismo? Siempre recordaré una conversación que tuve cuando era joven a finales de la década de 1980. Fue una charla con mi tía Gulzar Bano. Pienso en ella como una de mis primeras maestras feministas. Yo le había pasado algunos de mis poemas. En uno de ellos había usado el pronombre él. “¿Por qué usas él –me preguntó con dulzura– cuando podrías haber usado ella?” La pregunta, formulada con tanta calidez y amabilidad, me provocó mucho pesar y mucha tristeza, cuando me di cuenta de que las palabras y los mundos que hasta entonces había imaginado abiertos para mí no lo estaban en lo absoluto. Él no incluye a ella. La lección deviene instrucción. Para dejar mi marca, tenía que desalojar a ese él. Convertirse en ella es convertirse en parte del movimiento feminista. Una feminista se convierte en ella, incluso si ya la habían designado como ella, cuando escucha en esa palabra un rechazo de él, un rechazo a la inclusión que él promete. Una feminista toma esa palabra, ella, y la hace suya. Empecé a darme cuenta de algo que ya sabía: que la lógica patriarcal va a fondo, al hueso. Tenía que encontrar maneras de no reproducir su gramática en lo que yo decía, en lo que escribía; en lo que yo hacía, pero también en lo que yo era. Es importante el hecho de que haya aprendido esta lección feminista de mi tía en Lahore, Pakistán; una mujer musulmana, una musulmana feminista, una feminista marrón [ brown feminist ]. Podría suponerse que el feminismo es algo que Occidente le da a Oriente. Ese supuesto viaja; cuenta una historia feminista en una dirección determinada, una historia que se ha contado muchas veces: una historia de cómo el feminismo se vuelve útil como regalo imperial. Esa no es mi historia. Necesitamos contar otras historias feministas. El feminismo viajó hacia mí, que crecí en Occidente, desde Oriente. Mis tías pakistaníes me enseñaron que mi mente me pertenece (que es lo mismo que decir que no le pertenece a nadie más); me enseñaron a hablar por mí misma; a denunciar la violencia y la injusticia. Dónde encontramos al feminismo importa; de quién nos viene el feminismo importa. El feminismo en cuanto movimiento colectivo está hecho de eso que nos mueve a hacernos feministas en el diálogo con otras personas. Un movimiento requiere que nos movamos. Exploro esta necesidad pasando revista a la cuestión de la conciencia feminista en la parte I de este libro. Pensemos por qué los movimientos feministas siguen siendo necesarios. Quiero tomar aquí la definición de bell hooks del feminismo como “el movimiento para terminar con el sexismo, la explotación sexual y la opresión sexual” [i] . Podemos aprender muchísimo de esta definición. El feminismo es necesario por todo aquello que no ha terminado: el sexismo, la explotación sexual y la opresión sexual. Y para hooks, “el sexismo, la explotación sexual y la opresión” no pueden separarse del racismo, del modo en que el presente está atravesado por las historias coloniales –incluyendo a la esclavitud–, que son centrales para la explotación del trabajo bajo el capitalismo. La interseccionalidad es un punto de partida, el punto desde el que debemos empezar si queremos ofrecer una descripción de cómo funciona el poder. El feminismo será interseccional “o será una mierda”, para recurrir a la elocuencia de Flavia Dzodan [ii] . 4 A esta clase de feminismo me refiero a lo largo de este libro (a menos que indique lo contrario, aludiendo específicamente al feminismo blanco). Un paso importante para un movimiento feminista es reconocer lo que no se ha terminado. Y dar este paso es muy difícil. Es un paso lento y doloroso. Puede que pensemos que hemos dado este paso, solo para descubrir que tenemos que hacerlo de nuevo. Quizás incluso hayas caído en una fantasía de igualdad: que las mujeres ahora sí pueden conseguir la igualdad, o incluso que ya la tienen, o que la tendrían si solo se esforzaran lo suficiente; que las mujeres individuales pueden acabar con el sexismo y con otras barreras (que podríamos describir como un techo de cristal o una pared de ladrillos) valiéndose solamente de su esfuerzo, persistencia o voluntad. Ponemos tanto peso sobre nuestros propios cuerpos. Podría llamarse a esto una fantasía posfeminista: que una mujer individual pueda acabar con eso que bloquea el avance de su movimiento; o que el feminismo haya terminado con “el sexismo, la explotación sexual o la opresión sexual”, como si el feminismo hubiera llegado a un punto de éxito tal que hace innecesaria su existencia [iii] o que estos fenómenos son ellos mismos parte de una fantasía feminista, un apego a algo que nunca existió o no existe más. Podríamos también pensar en la idea de post-raza como una fantasía a través de la cual el racismo sigue operando: como si el racismo quedara atrás porque ya no creemos en la raza, o como si el racismo pudiera quedar atrás si dejáramos de creer en la raza. Se supone que quienes venimos a encarnar la diversidad para las instituciones podemos, con nuestra sola presencia, terminar con la blanquitud para siempre (ver el cap. 6). Cuando una se hace feminista, hay algo que descubre inmediatamente: algunas personas no reconocen la existencia de eso con lo que se quiere terminar. Este libro investiga este descubrimiento. Gran parte del trabajo del feminismo y del antirracismo consiste en intentar convencer a otras personas de que el sexismo y el racismo no han terminado; de que el sexismo y el racismo son pilares fundamentales de las injusticias del capitalismo tardío; de que importan. El simple hecho de hablar de sexismo y racismo aquí y ahora implica rechazar un desplazamiento; es rehusarse a plegar tu discurso al posfeminismo o a la post-raza, lo que te exigiría el uso del tiempo pretérito(en aquella época) o la referencia a un lugar ajeno (allá lejos) [iv] . El solo hecho de describir algo como sexista y racista aquí y ahora puede meterte en problemas. Al señalar las estructuras, te dicen que todo está en tu cabeza. Lo que describimos como algo material se desprecia como algo mental. Pienso que estos desprecios nos enseñan algo sobre la materialidad, como intentaré mostrar en la parte II de este libro, que trata acerca del trabajo de diversidad. Y pensemos también en lo que se nos exige: el trabajo político imprescindible de tener que insistir en que eso que estamos describiendo no se trata solamente de lo que nosotras sentimos o pensamos. Un movimiento feminista depende de nuestra capacidad de seguir insistiendo en algo: la existencia persistente de esas mismas cosas con las que queremos terminar. Lo que describo en este libro es el trabajo de esa insistencia. Aprendemos de ser feministas. Un movimiento feminista requiere entonces que adoptemos tendencias feministas, una disposición a seguir a pesar de o incluso a causa de todo aquello con lo que chocamos. Podemos pensar este proceso como un ejercicio de feminismo práctico. Si tendemos hacia el mundo de una forma feminista, si repetimos ese movimiento una y otra vez, adquirimos tendencias feministas. La esperanza feminista es la imposibilidad de eliminar este potencial de adquisición. Y sin embargo, una vez que te hiciste feminista, puede sentirse como si lo hubieras sido siempre. ¿Es posible que lo hayas sido siempre? ¿Es posible que hayas sido feminista desde el principio? Quizá te parece que siempre tuviste esa inclinación. Quizá tenías esa tendencia hacia el feminismo porque ya te inclinabas a ser una chica rebelde o incluso voluntariosa, una chica que no aceptaba el lugar que le habían asignado. O tal vez el feminismo es una forma de empezar de nuevo: de manera que tu historia, en cierto modo, empieza con el feminismo. Un movimiento feminista está hecho de muchos momentos de empezar de nuevo. Y esta es una de mis preocupaciones centrales: en qué medida la adquisición de una tendencia feminista a devenir ese tipo de chica o de mujer –el tipo incorrecto, o el tipo malo, el tipo de mujer que dice lo que piensa, que pone su firma, que levanta su brazo en señal de protesta– es necesaria para un movimiento feminista. Las luchas individuales son importantes; un movimiento colectivo las necesita. Pero por supuesto, el hecho de que seamos chicas incorrectas no implica necesariamente que estemos siempre en lo correcto. Muchas injusticias pueden ser y han sido perpetradas por aquellas que se autoperciben como las incorrectas –sea que se vean a sí mismas como mujeres incorrectas o como feministas incorrectas–. No hay ninguna garantía de que en la lucha por la injusticia nosotras mismas seremos justas. Tenemos que dudar, atemperar con la duda la fuerza de nuestras tendencias; vacilar cuando estamos seguras, o incluso porque estamos seguras. Un movimiento feminista que procede con excesiva seguridad ya nos ha costado demasiado caro. Exploro la necesidad de dudar de nuestras convicciones en la parte III. Si a lo que aspiramos es a la construcción de una tendencia feminista, esa tendencia no nos provee un terreno estable. (…) CONSTRUYENDO MUNDOS FEMINISTAS Quiero decir esto de una vez: disfruto y valoro gran parte del trabajo que se enseña y se lee como teoría crítica. Tuve mis razones para comenzar allí, y las explico en el capítulo 1. Sin embargo, todavía recuerdo leer en mi segundo año de doctorado textos de feministas negras y feministas racializadas, incluyendo a Audre Lorde, bell hooks y Gloria Anzaldúa. Nunca antes las había leído. Sus trabajos me sacudieron. Me encontré con una escritura en la que una experiencia corporizada del poder constituía la base del conocimiento. Era una escritura impulsada por la cotidianeidad: el detalle de un encuentro, un incidente, un acontecimiento, que aparecía como una revelación rutilante. Leer la obra de los feminismos negros y los feminismos racializados me cambió la vida: comencé a entender que la teoría se volvía más potente cuanto más se acercaba a la piel. Entonces lo decidí: el trabajo teórico que yo quería hacer era el que estaba en contacto con el mundo. Incluso cuando escribí textos organizados en torno de la historia de las ideas, he intentado escribir desde mis propias experiencias: lo cotidiano como impulso. En la escritura de este libro quise quedarme más cerca que nunca de lo cotidiano. Este libro es personal. Lo personal es teórico. En general se supone que la teoría en sí misma es algo abstracto: algo es más teórico cuanto más abstracto es, cuanto más se abstrae respecto de la vida cotidiana. Abstraerse es alejarse, desapegarse, apartarse o desviarse. Quizá tengamos que arrastrar a la teoría de nuevo hacia aquí para traerla de vuelta a la vida. Aunque mis trabajos anteriores incluían ejemplos de la vida cotidiana, también involucraban una cantidad sustancial de referencias a tradiciones intelectuales. No tengo dudas de que necesitaba a esas tradiciones para dar algunos pasos en mis argumentos: en La promesa de la felicidad necesitaba ubicar la figura de la feminista aguafiestas en el contexto de la historia de la felicidad para entender el sentido de su aparición. En mi libro Willful Subjects [Sujetos voluntariosos] necesitaba ubicar la figura del sujeto voluntarioso en el contexto de la historia de la voluntad para entender, también, su sentido. Pero una vez que estas figuras aparecieron, me dieron otra puerta de entrada. Tomaron vida propia. O debería decir: mi escritura pudo recolectar estas figuras por la vida que ellas tenían. Estas figuras se transformaron rápidamente en la fuente de nuevas formas de conexión. Creé un nuevo blog organizado alrededor de ellas ( feministkilljoys.com ), en el que escribí en paralelo a este libro. Desde que empecé el blog, me han contactado muchas estudiantes –no solo de grado y posgrado, sino también de escuela secundaria–que me contaron sus propias experiencias como feministas aguafiestas y sujetos voluntariosos. He aprendido muchísimo de estos mensajes. En un sentido genuino, este libro sale de ellas. Este libro está dedicado a las estudiantes feministas. Está hecho para ustedes. Hacerse feminista es seguir siendo estudiante. Esta es la razón: la feminista aguafiestas y el sujeto voluntarioso son figuras estudiosas. No es sorprendente que me hayan permitido comunicarme con personas que percibieron en estas figuras la explicación de algo (una dificultad, una situación, una tarea). Yo sigo intentando entender algo (una dificultad, una situación, una tarea), y este libro es producto de ese trabajo. Uno de los objetivos que me propongo en Vivir una vida feminista es liberar a estas figuras de las historias en las que se alojan. Trato de desentrañar lo que nos dicen para trabajar con eso. En algún sentido, entonces, con este libro estoy volviendo sobre los pasos de mi propio camino intelectual. Al revisar las condiciones en las que estas figuras llegaron, cómo surgieron ante mí y cómo se volvieron preocupantes estoy volviendo a transitar un terreno conocido. Un viaje intelectual es un viaje como cualquier otro. Cada paso hace posible el paso siguiente. En este libro retomo algunos de esos pasos. Espero, al rehacer este camino, que algunos de mis argumentos se vuelvan más accesibles: la teoría feminista es más accesible cuanto más cerca se mantiene de lo cotidiano. Cuando empecé a trabajar en este libro pensé que estaba escribiendo un texto feminista más masivo, incluso tal vez un libro comercial. Luego me di cuenta, no obstante, de que no estaba escribiendo esa clase de libro. Quería elaborar un argumento gradual, volver sobre algunos terrenos conocidos y tomarme mi tiempo. Y así y todo quería hacer una intervención que tuviera lugar en el feminismo académico. He sido una académica por más de veinte años, y me siento relativamente en casa en el lenguaje académico de la teoría feminista. Soy consciente de que no todas las feministas se sienten en casa en la academia, y de que el lenguaje académico de la teoría feminista puede ser alienante. En este libro utilizo un lenguaje académico. Estoy trabajando en casa, de modo que el lenguaje académico es una de mis herramientas. Pero también me propongo mantener mis palabras lo más cerca del mundo que me sea posible, en un intento por mostrar que la teoría feminista es eso que hacemos cuando vivimos nuestras vidas como feministas. Al transitar otra vez algunos pasos de este viaje no estoy haciendo el mismo viaje. Al permanecer más cerca de lo cotidiano, he encontrado cosas nuevas en el camino. Debo agregar, no obstante, que esta cercanía con lo cotidiano no implica dejar de prestar atención a las palabras y a conceptos como felicidad y voluntad. Sigo escuchando en búsqueda de resonancias. Pienso en el feminismo como una forma de poesía: escuchamos historias en las palabras; reensamblamos historias al ponerlas en palabras. Este libro también se trata de seguir la ruta de las palabras, como lo he hecho en otras ocasiones; torcer una palabra en una dirección y en otra, como un objeto que con cada movimiento se muestra bajo una luz diferente; prestar atención a cómo se comporta la misma palabra en contextos distintos, permitiendo que estos contextos produzcan en las palabras pliegues o nuevos patrones, como texturas sobre el terreno. Formulo mis argumentos a partir de la escucha de resonancias; por eso, este libro involucra la repetición de palabras, en algunos casos una y otra vez. La repetición es la escena de una instrucción feminista. Una instrucción feminista: si partimos de nuestras experiencias de devenir feministas no solamente podremos encontrar otra manera de generar ideas feministas, sino que también puede que generemos nuevas ideas sobre el feminismo. Las ideas feministas son eso que inventamos para entender lo que persiste. Tenemos que persistir en inventar ideas feministas, y persistimos gracias a eso. En esta idea ya hay una idea diferente sobre las ideas. Las ideas ya no aparecen como algo generado a partir de la distancia, una forma de abstraer una cosa de otra cosa, sino que surgen de nuestro involucramiento en un mundo que muy a menudo nos deja, francamente, apabulladas. Las ideas pueden ser el modo en que trabajamos con y sobre nuestras intuiciones, esas sensaciones de que algo anda mal o no del todo bien, que son parte de nuestra vida cotidiana y el punto de partida para muchísimo trabajo crítico. Al intentar describir algo que es difícil, que se resiste a ser comprendido en su totalidad en el presente, generamos lo que yo llamo “conceptos sudorosos”. Utilicé esta expresión por primera vez en una ocasión en la que intentaba describir a mis estudiantes el tipo de trabajo intelectual que evidenciaba la producción de Audre Lorde. Quiero reconocer aquí mi deuda con ella. No puedo poner en palabras todo lo que le debo a Audre Lorde por el archivo extraordinario que nos dejó. Cuando leí a Lorde por primera vez sentí que alguien me lanzaba un salva- vidas. Las palabras, que emanaban de la descripción de su propia experiencia como mujer negra, madre, lesbiana, poeta, guerrera, me encontraron; yo estaba en un lugardistinto del de ella, y sin embargo me tocaron. Sus palabras me dieron el coraje para hacer de mi propia experiencia un recurso, mis experiencias como mujer marrón, lesbiana, hija; como escritora, me dieron el coraje para construir teoría a partir de la descripción del lugar que yo ocupaba en el mundo, para hacer teoría a partir de la descripción de no ser incluida por un mundo. Un salvavidas: puede ser una cuerda frágil, gastada y deshilachada por la aspereza del clima, pero es suficiente, justo lo suficiente, para sostener tu peso, para sacarte de la situación en la que te encuentras, para ayudarte a sobrevivir a una experiencia devastadora. Un concepto sudoroso: otra forma de salirse de una experiencia devastadora. Al usar conceptos sudorosos para el trabajo descriptivo estoy tratando de decir al menos dos cosas. Primero, he sugerido antes que demasiadas veces el trabajo conceptual se entiende como algo distinto de describir una situación: pienso aquí en un a situación como algo que viene a demandar una respuesta. Una situación puede referirse a una combinación de circunstancias en un momento específico, pero también a una serie de circunstancias críticas, problemáticas o sorprendentes. Lauren Berlant describe una situación de esta manera: “Un estado de cosas en el que algo que tal vez importe en el futuro se está desarrollando en medio de la actividad usual de la vida” [v] . Si una situación es la forma en que las cosas nos enfrentan, entonces el modo en que pensamos las cosas también se desarrolla a partir de “la actividad usual de la vida”. Los conceptos suelen definirse como eso que inventan los académicos, en general a través de la contemplación y el retiro del mundo, como una manzana que te golpea en la cabeza, provocando una revelación desde una posición de exterioridad. Esta tendencia de la academia a identificar los conceptos con aquello que ella misma provee al mundo se me hizo más evidente en un momento en que me encontraba trabajando en un proyecto empírico sobre diversidad, del que hablaré en la parte II de este libro. Yo misma tenía esta tendencia, y por eso pude reconocerla. En el proyecto entrevisté a las personas que trabajaban en la universidad como agentes de diversidad. Comprendí que, al trabajar para transformar las instituciones, generamos conocimiento sobre ellas. Los conceptos están siempre operando en nuestra forma de trabajar, sea lo que sea que hagamos. Necesitamos dilucidar, a veces, cuáles son estos conceptos (en qué pensamos cuando hacemos, o qué hacer se constituye en un pensar), porque los conceptos pueden ser oscuros cuando funcionan como supuestos de trasfondo. Pero esa dilucidación no consiste, precisamente, en traer un concepto desde afuera (o desde arriba): los conceptos están en los mundos que habitamos. Al utilizar la idea de conceptos sudorosos también intento mostrar que el trabajo descriptivo es trabajo conceptual. Un concepto es algo que viene del mundo, pero también es una reorientación hacia un mundo: una forma de cambiar las cosas de lugar, una perspectiva diferente sobre una misma cosa. Más específicamente, un concepto sudoroso es uno que proviene de una descripción de un cuerpo que no se siente como en casa en el mundo. Por descripción me refiero a un ángulo o a un punto de vista: una descripción de la sensación de no estar como en casa en el mundo, o una descripción del mundo desde el punto de vista de quien no se siente en casa en él. El sudor es corporal; sudamos más cuando hacemos actividades más intensas y musculares. Un concepto sudoroso puede salir de una experiencia corporal que es extenuante. La tarea es quedarse con la dificultad, seguir explorando y exponiendo esta dificultad. Quizá no haga falta eliminar el esfuerzo o lo trabajoso de la escritura. No eliminar el esfuerzo o lo trabajoso deviene un objetivo académico porque nos han enseñado a emprolijar nuestros textos, a no revelar la lucha que nos implica llegar a alguna parte. Los conceptos sudorosos también se generan a partir de la experiencia práctica de enfrentarse a un mundo, o la experiencia práctica de intentar transformar un mundo. A pesar de que he trabajado de esta manera, he notado (en alguna medida porque gente que me lee me lo ha señalado) signos de cierta incapacidad de mi parte para admitir una dificultad: por ejemplo, cuando analizo algunas de mis propias experiencias de violencia y acoso sexual, uso una y otra vez el tú en lugar del yo, como si la segunda persona me permitiera algún tipo de distancia. Intenté poner el yo una vez que el texto estaba escrito, pero se sentía demasiado forzado, así que dejé el tú pero con la aclaración. Feminismo: puede ser un forzamiento. Ese forzamiento se hace visible en este texto como una tensión, a veces revelada como una confusión de pronombres y personas; una tensión entre contar mi propia historia de devenir feminista, ser una trabajadora de la diversidad, manejar aquello que te toca enfrentar y hacer reflexiones más generales sobre mundos. He intentado no eliminar esta tensión. El feminismo está en juego en el modo en que generamos conocimiento; en cómo escribimos, en las personas a quienes citamos. Pienso en el feminismo como en una obra en construcción: si nuestros textos son mundos, tienen que estar hechos de materiales feministas. La teoría feminista es construir mundos. Es por esto que debemos resistirnos a la postulación de la teoría feminista como simplemente o solamente una herramienta, en el sentido de algo que puede ser usado en la teoría, para luego ser descartado u olvidado. No debería ser posible hacer teoría feminista sin ser feminista, que es algo que requiere un compromiso activo y constante de vivir la propia vida de una manera feminista. Cuando era estudiante de teoría crítica, me encontré con este problema de cómo la teoría feminista puede terminar siendo nada más que feminismo en teoría. Conocí personas en la academia que escribían ensayos sobre teoría feminista pero no parecían actuar de manera feminista; que parecían tener como costumbre dar más apoyo a los estudiantes varones que a las mujeres, o que operaban generando divisiones entre las alumnas mujeres, separando a las que eran estudiantes más leales de las menos leales. Ser feminista en el trabajo consiste o debería consistir en desafiar el sexismo cotidiano y corriente, incluyendo el sexismo académico. Esto no es optativo: es lo que hace feminista al feminismo. Un proyecto feminista consiste en encontrar formas para que las mujeres puedan existir en relación con otras mujeres; encontrar cómo las mujeres pueden relacionarse unas con otras. Es un proyecto porque todavía no hemos llegado a ese punto. Cuando escribimos nuestros textos y vinculamos unas cosas con otras deberíamos hacernos las mismas preguntas que nos hacemos al vivir nuestras vidas. ¿Cómo desmantelar el mundo que está construido para hacer lugar solo a algunos cuerpos? El sexismo es uno de esos sistemas de exclusión e inclusión. El feminismo requiere que apoyemos a las mujeres en una lucha para existir en este mundo. ¿A qué me refiero con mujeres aquí? Estoy hablando de todas las personas que viven bajo la categoría mujeres. Ningún feminismo digno de ese nombre utilizaría la idea sexista de “mujeres nacidas mujeres” para delinear los límites de la comunidad feminista, para considerar a las mujeres trans “no mujeres” o “no nacidas mujeres” o varones [vi] . Nadie nace mujer; es una asignación (no solo un modo de designar, sino también una tarea o un imperativo, como analizo en la parte I del libro) que puede formarnos, hacernos y rompernos. Muchas mujeres que fueron asignadas como tales al nacer, recordemos, no son consideradas mujeres hechas y derechas o no son consideradas mujeres en absoluto, quizá por cómo se expresan o dejan de expresarse (o porque son demasiado buenas en los deportes, o porque no son suficientemente femeninas, o porque su forma corporal no es adecuada, o porque su conducta no es la correcta, o por no ser heterosexuales, o por no ser madres, y etc.). Una parte de la dificultad de la categoría de mujeres es la cuestión de lo que se desprende de habitar esa categoría y lo que se desprende de no habitarla por el cuerpo que una adquiere, los deseos que tiene, los caminos que sigue o deja de seguir. Ser reconocible como mujer puede conducir a que te traten con violencia; no ser reconocible como mujer, también. En un mundo en el que ser humano sigue identificándose con ser hombre, tenemos que pelear por las mujeres y como mujeres. Y para hacer eso necesitamos cuestionar también la instrumentalización del feminismo. Aunque el feminismo puede usarse como una herramienta que nos ayude a entender el mundo haciendo más filosas nuestras críticas, no es algo que podemos utilizar y luego dejar. El feminismo va a donde sea que vayamos nosotras. Si no, no somos feministas. De esta manera, ponemos en práctica el feminismo en el modo en que nos relacionamos con la academia. Cuando cursaba el doctorado, me decían que tenía que darle mi amor a este o aquel teórico varón, que tenía que seguirlo. No se daba como una orden explícita, sino que solía tomar la forma de una pregunta aparentemente amable pero cada vez más insistente: ¿es usted derrideana? No, entonces ¿es lacaniana? Ok, tampoco, ¿deleuziana? ¿No? ¿Entonces qué? Si no, ¿entonces qué? Tal vez mi respuesta debería haber sido: ¡si no, pues no! Nunca estuve dispuesta a aceptar esa restricción. Pero no aceptar esa restricción requirió la ayuda de otras feministas que me precedieron. Si bien es cierto que podemos crear nuestros propios caminos eligiendo los que nos negamos a tomar, seguimos necesitando a otras que vinieron antes. En este libro, adopto una política de citas estricta: no cito a ningún varón blanco. Por varones blancos me refiero a una institución, como explico en el capítulo 6. En cambio, cito a aquellas personas que han contribuido a la genealogía intelectual del feminismo y del antirracismo, incluyendo trabajos que han sido dejados de lado u olvidados (desde mi punto de vista) demasiado rápido, trabajos que trazan otros caminos, caminos que podemos llamar líneas de deseo, que se crearon a partir de desvíos de las rutas oficiales trazadas por las distintas disciplinas. Estos caminos pueden haberse vuelto más difusos de tanto que no fueron transitados; quizá nos tome trabajo encontrarlos; puede que tengamos que ser voluntariosas en el mantenimiento de esos caminos, negándonos a ir por aquellos que nos han indicado. Mi política de citas me ha dado más espacio para ocuparme de las feministas que vinieron antes que yo. Citar es construir memoria feminista. Citando reconocemos nuestra deuda con las personas que vinieron antes; aquellas que nos ayudaron a encontrar nuestro camino cuando estaba oscuro, porque nos habíamos desviado de las rutas que nos habían dicho que debíamos seguir. En este libro, cito feministas racializadas que han contribuido al proyecto de nombrar y desmantelar las instituciones de la blanquitud patriarcal. Considero este libro ante todo como una contribución al activismo y a la producción académica del feminismo racializado; es en este corpus de trabajo donde me siento más en casa, donde encuentro energía y recursos. Las citas pueden ser ladrillos feministas: son los materiales a través de los cuales, desde los cuales, creamos nuestros hogares. Mi política de citas ha permeado el tipo de casa que he construido. Me di cuenta de esto no solamente durante la escritura del libro, a través de lo que descubrí sobre lo que iba apareciendo, sino también dando conferencias. Como ya he dicho, en mis trabajos previos construí un edificio filosófico a partir de mi involucramiento con la historia de las ideas. No podemos fusionar la historia de las ideas con la de los hombres blancos, aunque si la una conduce a la otra eso nos enseña algo sobre dónde se supone que las ideas se originan. Seminal: se supone que las ideas emanan de los cuerpos masculinos. Ahora pienso en este edificio filosófico como una estructura de madera sobre la cual se está construyendo una casa. En este libro no he construido una casa usando esa estructura. Y me he sentido mucho más expuesta. Quizá las citas sean como paja: materiales más livianos que, una vez reunidos, crean un refugio, sí, pero un refugio que te deja más vulnerable. Así me sentí escribiendo este libro y hablando sobre él: como si estuviera en el centro del viento, movida por él, poco más o poco menos, dependiendo de lo que me encontrara. Las palabras bailaron a mi alrededor; empecé a detectar cosas en las que no me había fijado antes. Comencé a preguntarme si en algún sentido no había construido, en el pasado, un edificio para crear una distancia. A veces necesitamos distancia para seguir un pensamiento. A veces necesitamos resignar la distancia para seguir a ese pensamiento. En los capítulos que siguen, hago referencia a distintos tipos de materiales feministas que han sido mis compañeros en mi camino como feminista y como trabajadora de la diversidad: desde textos de filosofía feminista hasta la literatura y el cine feministas. Un texto compañero podría pensarse como una especie compañera, para tomar prestada la sugerente formulación de Donna Haraway [vii] . Un texto compañero es un texto cuya compañía te permitió abrirte paso en un camino menos transitado. Esos textos pueden despertar un momento de revelación en medio de una proximidad abrumadora; pueden compartir un sentimiento o darte recursos para entender algo que hasta entonces había estado más allá de tu comprensión. Puede que los textos compañeros te hagan dudar o cuestionar la dirección en la que estás yendo, o pueden darte la sensación de que, si sigues por el camino que has tomado, no estás sola. Algunos de los textos que aparecen junto a mí en este libro han estado conmigo antes: La señora Dalloway de Virginia Woolf, El molino del Floss de George Eliot, Frutos de rubí de Rita Mae Brown y Ojos azules de Toni Morrison. No podría haber avanzado en el camino que tomé sin estos textos. Vivir una vida feminis ta es vivir muy bien acompañada. He puesto estos textos compañeros en mi kit de supervivencia aguafiestas. Te invito, como lectora feminista, a armar tu propio kit. ¿Qué incluirías en él? Los materiales que incluimos en nuestros kits podrían también llamarse clásicos feministas. Por clásicos feministas me refiero a libros feministas que han estado en circulación, que se han gastado de tanto pasarse de mano en mano. No me refiero a clásicos en el sentido de textos canónicos. Por supuesto, algunos textos se vuelven canónicos, y necesitamos cuestionar cómo sucede eso, cómo se hacen las selecciones; necesitamos preguntar qué o quiénes no sobreviven a estas selecciones. Pero los textos que nos llegan, los que hacen una conexión, no son necesariamente los que se enseñan en la academia o los que logran entrar en la edición oficial de clásicos. Muchos de los textos que conectan conmigo son textos que se suponen anticuados, que se considera que pertenecen a una época que ya no es la nuestra. El concepto de clásicos feministas es para mí una manera de pensar en cómo los libros crean comunidades. Formé parte de un grupo de lectura de clásicos feministas organizado en el marco de los estudios de la mujer en la Universidad de Lancaster. Este grupo de lectura se convirtió en una de las mejores experiencias que tuve en mi vida intelectual feminista hasta ese momento. Me encantaba el trabajo de revisar materiales que hoy tenderían a ser pasados por alto, de encontrar en ellos abundantes recursos, conceptos y palabras. Prestar atención a los clásicos feministas es dar tiempo: afirmar que lo que está detrás de nosotras merece ser revisado, merece ser puesto delante de nosotras. Es una forma de hacer una pausa, de no apurarse, de no dejarse seducir por el zumbido de lo nuevo, un zumbido que puede terminar siendo lo único que escuchas, y bloquear la posibilidad de abrir nuestros oídos a lo que vino antes. La otra cosa que realmente disfrutaba en el grupo de lectura era la atención a los propios libros en cuanto objetos materiales. Todas teníamos ejemplares diferentes, algunos desvencijados y muy leídos, gastados y, por decirlo así, vividos. Se puede, creo, vivir en los libros: algunas feministas pueden incluso empezar sus vidas feministas viviendo en los libros. Participar en el grupo me hizo tomar conciencia de hasta qué punto la comunidad feminista se forma pasándonos libros unas a otras; la socialidad de las vidas de los libros es parte de la socialidad de nuestras vidas. Hay tantas maneras de que los libros feministas cambien de manos; pasando entre nosotras, nos transforman. Hay muchas maneras de describir los materiales que reúno en este libro: textos compañeros y clásicos feministas son solo dos formas posibles. Los materiales son libros, sí, pero son también espacios de encuentro; cómo las cosas nos tocan, cómo tocamos las cosas. Pienso en el feminismo como un archivo frágil, un cuerpo armado a partir de destrozos, de salpicaduras, un archivo cuya fragilidad nos da una responsabilidad: la del cuidado. Vivir una vida feminista se estructura en tres partes. En la parte I, “Hacerse feminista”, analizo el proceso de hacerse feminista, y la cuestión de cómo la conciencia de género es una conciencia del mundo que te permite volver a visitar lugares en los que estuviste, distanciarte de las normas de género y de la heteronorma como distanciar-te de la forma de tu vida. Parto de situaciones que viví cuando era más joven, explorando cómo estas experiencias individuales son modos de (afectivamente, voluntariamente) insertarse en una historia feminista colectiva. En la parte II, “El trabajo de diversidad”, me concentro en el trabajo feminista como una forma de trabajo en el ámbito de la diversidad en las universidades, dado que son los lugares en los que me he desempeñado, así como en la vida cotidiana. Muestro cómo las cuestiones de conciencia y subjetividad planteadas en la primera parte de este libro, el trabajo necesario para tomar conciencia de lo que tien-de a replegarse, puede entenderse en términos de materialidad: los muros son los medios materiales que impiden que los mundos se encuentren, y mucho menos se registren. Exploro las experiencias de ser extranjera, de no sentirse en casa en un mundo que sí da residencia a otras personas. En la parte III, “Vivir las consecuencias”, investigo los costos y el potencial de aquello contra lo que nos enfrentamos, cómo pueden quebrarnos historias que son duras, pero también cómo nos vuelven creativas, cómo inventamos otras formas de ser cuando tenemos que luchar para ser. La historia de la creatividad, de los lazos hechos y forjados, de aquello hacia lo que vamos y aquello de lo que nos vamos, es una historia que necesitamos tener en mente; una historia feminista. Es la experiencia práctica de enfrentarse contra un mundo lo que nos permite inventar nuevas ideas, ideas que no son dependientes de una mente que se ha replegado (porque un mundo ha habilitado ese repliegue), sino de un cuerpo que tiene que contorsionarse para hacerse un espacio. Y si nos pusiéramos todas en el mismo espacio, ¡cuánto conocimiento tendríamos! No es de extrañar que el feminismo dé miedo; juntas, somos peligrosas. [i] bell hooks, Feminist Theory: From Margin to Centre, Londres, Pluto, 2000, p. 33 [ii] Flavia Dzodan, “My Feminism Will Be Intersectional or It Will Be Bull-shit!”, Tigerbeatdown, 10 de octubre 2011, disponible en tigerbeatdown.com . [iii] Ver Rosalind Gill, “Postfeminist Media Culture: Elements of a New Sensibility”, European Journal of Cultural Studies, vol. 10, nº 2, 2007, 147-66; y Angela McRobbie, The Aftermath of Feminism, Londres, Sage, 2009. [iv] Hay mucho racismo implicado en la conversación sobre sexismo: el sexismo es visto muy a menudo como un problema de ciertas culturas (o un problema cultural) “allá lejos” más que “aquí”. Además, ese otro lugar suele verse también como atrasado en el tiempo. [v] Lauren Berlant, “Thinking about Feeling Historical”, Emotion, Space and Society, vol. 1, nº 1, 2008, p. 5. [vi] He tomado la decisión de no citar ninguna obra de las (autodenominadas) feministas radicales que están escribiendo contra el fenómeno que describen como “transgenerismo” (frecuentemente llamado feminismo radical trans excluyente, o TERF, por su sigla en inglés), porque encuentro este trabajo tan violento y reductivo que no he querido traerlo al corpus de mi propio texto. He notado leyendo discusiones en redes sociales que los mecanismos para excluir a las mujeres trans del feminismo son móviles (como los muros de los que hablo en la parte II). En algunos casos, he oído a personas referirse a “el ABC de la biología”, o a una base científica de las diferencias sexuales entre varones y mujeres, para afirmar que las mujeres trans no son biológicamente mujeres como argumento para justificar su exclusión. Quiero contestarles: “¿el ABC de la biología? Bueno, el patriarcado escribió ese manual”, y pasarles una copia de Woman Hating [Mujeres que odian] de Andrea Dworkin, un texto feminista radical que defiende el acceso de las personas transexuales a la cirugía y los tratamientos hormonales y cuestiona lo que Dworkin llama “la biología tradicional de la diferencia sexual” basada en “dos sexos biológicos separados” (Andrea Dworkin, Woman Hating, Nueva York, E.P. Dutton, 1972, pp. 181 y 186). En otras ocasiones, el trabajo transexcluyente se vale no ya de la biología, sino de la socialización: las mujeres trans no puede ser mujeres porque fueron socializadas como varones y se beneficiaron del privilegio masculino. Aquí, es lo social y no lo biológico lo que se vuelve inmutable: como si la socialización fuera solo en una dirección, se vinculara solo con una categoría (género), y no fuera impugnada y disputada en la vida cotidiana dependiendo de cómo una persona pueda o no pueda encarnar esa categoría. El propio feminismo depende del fracaso de la socialización en criar sujetos que acaten voluntariamente las normas del género. Otro argumento típico es que el transgenerismo como conjunto de prácticas médicas se apoya en nociones esencialistas sobre el género porque corrige comportamientos que no se condicen con un género y obedece a un imperativo heterosexista. Por supuesto ya hay décadas de investigación por parte de teóricas transgénero que son críticas del modo en que el género y la heteronorma devienen un aparato de verdad al interior de las instituciones médicas. Estas autoras han mostrado que para acceder a la cirugía y a tratamientos hormonales los sujetos trans deben contar un relato que siga sosteniendo los guiones sobre género y sea entonces legible para las autoridades: desde “El imperio contraataca. Un manifiesto postransexual” de Sandy Stone (disponible en lasdisidentes.com ) hasta las obras más recientes de Dean Spade (“Gender Mutilation”, en Susan Stryker (ed.), y Stephen Whittle (ed.), The Transgender Studies Reader, Londres, Routledge, 2006, pp. 315-332) y Riki Wilchins (Queer Theory, Gender Theory, Nueva York, Riverdale Avenue, 2014). Estos trabajos muestran cómo el hecho de que no te incluyan en un sistema de género (que demanda que te mantengas en una asignación realizada por las autoridades en tu nacimiento) puede provocar que te vuelvas una persona más observadora y reflexiva respecto de ese sistema (aunque es igualmente importante no esperar que las personas que no son incluidas en el sistema tengan que convertirse obligatoriamente en pioneras o trasgresoras de las normas). Creo que lo que está presente en el trabajo feminista antitrans es el deseo de excluir y patrullar las fronteras de las mujeres sobre la base de cualquier argumento (por eso el objetivo es un objetivo móvil). La vigilancia de la categoría mujeres es el canal por el cual un grupo específico de mujeres se ha asegurado el derecho de determinar quién pertenece al feminismo (la blanquitud ha sido otro mecanismo clave para vigilar el feminismo). El patrullaje de las fronteras de las mujeres nunca ha sido otra cosa que desastroso para el feminismo. Para una compilación útil sobre perspectivas transfeministas, ver Anne Enke (ed.), Transfeminist Perspectives: In and beyond Transgender and Gender Studies, Filadelfia, Temple University Press, 2012. Mi último argumento es que el feminismo empieza con una premisa que es una promesa: no tenemos que vivir de acuerdo con las asignaciones hechas por otras personas. [vii] . Donna Haraway, Manifiesto de las especies de compañía, Vitoria-Gasteiz, Sans Soleil, 2016. En la presente edición, la expresión companion species se traduce como “especie compañera” en lugar de “especie de compañía”. [N. de la T.] Fuente: Selección de “Introducción. Traer la teoría feminista a casa” en Vivir una vida feminista . Sara Ahmed. Ediciones Bellatera. 2018. Graciela Sacco A donde va la furia 2016 Heliografía sobre lienzo translúcido 287 x 221 cm
- Masculinidad feminista / bell hooks
Cuando el movimiento feminista contemporáneo empezó a andar, había una feroz facción antihombres. Muchas mujeres heterosexuales llegaron al movimiento desde relaciones en las que los hombres eran crueles, desagradables, violentos e infieles. Algunos de ellos eran pensadores radicales que participaban en movimientos por la justicia social y hablaban en nombre de los trabajadores y los pobres, o sobre justicia racial. Pero en lo que se refería a la cuestión del género eran tan sexistas como los conservadores. Algunas mujeres llegaron rabiosas por esas relaciones y utilizaron esa rabia como catalizador para la liberación de las mujeres. A medida que el movimiento fue avanzando y el pensamiento feminista fue evolucionando, algunas activistas feministas visionarias entendieron que los hombres no eran el problema, que el problema estaba en el patriarcado, el sexismo y la dominación masculina. Era difícil enfrentarse a la realidad de que el problema no radicaba solo en los hombres. Hacerlo requería una teorización más compleja; requería admitir el papel que desempeñan las mujeres en el mantenimiento y la perpetuación del sexismo. A medida que más mujeres se alejaban de relaciones destructivas con hombres era más fácil ver la imagen completa. Se hizo evidente que incluso si algunos hombres se desprendían de los privilegios del sistema patriarcal, el sexismo y la dominación masculina permanecerían intactos y las mujeres seguirían estando explotadas u oprimidas. Los medios de comunicación de masas conservadores representaban constantemente a las feministas como mujeres que odiaban a los hombres. Y cuando había una facción o sentimiento antihombres en el movimiento, lo resaltaban como una manera de desacreditar al feminismo. Como parte del retrato de las feministas como mujeres que odiaban a los hombres, también decían que todas las feministas eran lesbianas. Al apelar a la homofobia, los medios de comunicación intensificaron el sentimiento antifeminista entre los hombres. Antes de que el movimiento feminista contemporáneo cumpliera diez años, las pensadoras feministas empezaron a hablar de cómo perjudicaba a los hombres el patriarcado. Sin modificar nuestra encarnizada crítica a la dominación masculina, la política feminista se amplió para incluir el reconocimiento de que el patriarcado arrancaba ciertos derechos a los hombres al imponerles una identidad masculina sexista. Los hombres antifeministas siempre han tenido una potente voz pública. Los hombres que temían y odiaban el pensamiento feminista y a las activistas feministas no tardaron en aunar su fuerza colectiva y atacar al movimiento. Pero desde los inicios del movimiento, también hubo un pequeño grupo de hombres que reconoció que el movimiento feminista era un movimiento por la justicia social tan válido como todos los demás movimientos radicales de la historia de nuestro país que habían apoyado los hombres. Estos hombres se convirtieron en camaradas de nuestra lucha y en nuestros aliados. Con frecuencia, algunas mujeres heterosexuales activas en el movimiento tenían relaciones íntimas con hombres que estaban luchando por asumir el feminismo; si estos hombres no afrontaban el reto de convertirse al pensamiento feminista, corrían el riesgo de que acabara su relación. A las facciones antihombres dentro del movimiento feminista les molestaba la presencia de hombres antisexistas, porque contrarrestaba la idea de que todos los hombres son opresores o de que todos los hombres odian a las mujeres. Polarizar a hombres y mujeres y encasillarnos en categorías claras de opresor/oprimida promovía los intereses de las mujeres feministas que buscaban una mayor movilidad de clase y acceso a formas de poder patriarcal. Retrataban a todos los hombres como el enemigo para representar a todas las mujeres como víctimas. Poner el foco en los hombres desviaba la atención sobre los privilegios de clase de algunas activistas feministas, así como de su deseo de aumentar su poder de clase. Estas activistas, que invitaban a todas las mujeres a rechazar a los hombres, se negaban a fijarse tanto en los vínculos afectivos que las mujeres compartían con los hombres como en los lazos económicos y emocionales (independientemente de que fueran positivos o negativos) que ataban a las mujeres a los hombres sexistas. Las feministas que pedían que se reconociera a los hombres como camaradas en la lucha nunca recibían la atención de los medios de comunicación de masas. Nuestro trabajo teórico, que criticaba la demonización de los hombres como el enemigo, no cambió la perspectiva de las mujeres que eran antihombres. Y las representaciones negativas de la masculinidad dieron pie al desarrollo de un movimiento de hombres que era antimujeres, y que reflejaba de muchas maneras los aspectos más negativos del movimiento de mujeres. Al escribir sobre el «movimiento de liberación de los hombres» llamé la atención sobre el oportunismo en el que se apoyaba: Estos hombres se identificaban a sí mismos como víctimas del sexismo y trabajaban para liberar a los hombres. Identificaban los rígidos roles sexuales como el origen principal de su victimización y, aunque querían cambiar la noción de masculinidad, no estaban especialmente preocupados por la explotación sexista y la opresión de las mujeres. Aunque las facciones antihombres nunca fueron numerosas dentro del movimiento feminista, ha sido difícil cambiar la imagen de las feministas como mujeres que odian a los hombres en el imaginario colectivo. Por supuesto, caracterizar al feminismo como un movimiento que odia a los hombres permitía a los hombres desviar la atención de su responsabilidad en el mantenimiento de la dominación masculina. Si la teoría feminista hubiese ofrecido visiones más liberadoras de la masculinidad, nadie habría podido rechazar al movimiento por considerarlo antihombres. La teoría feminista no solo no abordaba de manera efectiva la cuestión de qué pueden hacer los hombres para ser antisexistas sino que tampoco explicaba en qué consistiríauna masculinidad alternativa; y ello alejó, de forma preocupante, a muchos hombres y mujeres. Con frecuencia, la única alternativa a la masculinidad patriarcal presentada por el movimiento feminista o por el movimiento de hombres eran hombres que se volvían más «femeninos». La idea de lo femenino que se evocaba procedía del pensamiento sexista y no representaba una alternativa al mismo. Lo que era y sigue siendo necesario es una visión de la masculinidad en la que la autoestima y el amor a uno mismo como ser único formen la base de la identidad. Las culturas de la dominación atacan la autoestima y la sustituyen por una idea de que obtenemos nuestro sentido de ser a partir del dominio de otros y otras. La masculinidad patriarcal enseña a los hombres que su conciencia de sí mismos y su identidad, su razón de ser, reside en su capacidad para dominar a otros y otras. Para cambiar esto, los hombres deben criticar y desafiar la dominación masculina sobre el planeta, sobre hombres con menos poder, sobre mujeres, niñas y niños; y también deben tener una visión clara de qué podría ser una masculinidad feminista. ¿Cómo transformarse en algo que no puedes imaginar? Las pensadoras y los pensadores feministas todavía tienen que desbrozar esa imagen. Como sucede a menudo en los movimientos revolucionarios por la justicia social, se nos da mejor nombrar el problema que visualizar la solución. Sabemos que la masculinidad patriarcal anima a los hombres a ser patológicamente narcisistas, infantiles y psicológicamente dependientes de los privilegios que reciben (por muy relativos que sean) por el simple hecho de haber nacidos hombres. Muchos hombres sienten que sus vidas se ven amenazadas si se les priva de esos privilegios, al no haber estructurado otra identidad central significativa. Este es el motivo por el que el movimiento de hombres intentó enseñar a los hombres cómo volver a conectar con sus sentimientos, recuperar al niño interior perdido y alimentar su alma, su crecimiento espiritual. No hay mucha literatura feminista dirigida a los chicos, que les haga saber cómo pueden construir una identidad que no esté arraigada en el sexismo. Los hombres antisexistas no han trabajado propuestas educativas de cara al desarrollo de una conciencia crítica centradas en la infancia masculina o en los chicos adolescentes. Como consecuencia de esta laguna, ahora que se está prestando atención a nivel nacional a los debates sobre la educación de los niños varones, las perspectivas feministas rara vez o prácticamente nunca forman parte del debate. De manera trágica, estamos presenciando un resurgimiento de supuestos misóginos dañinos, como que las madres no pueden educar hijos varones sanos, o que los niños varones «se benefician» de las nociones patriarcales y militaristas de la masculinidad ya que hacen hincapié en la disciplina y en la obediencia a la autoridad. Los niños necesitan una autoestima sana. Necesitan amor. Y una política feminista sabia y amorosa puede ser lo único capaz de salvar las vidas de los niños varones. El patriarcado no los curará; si así fuera, ya estarían todos bien. La mayoría de los hombres de este país se sienten preocupados por la naturaleza de su identidad. A pesar de que se aferran al patriarcado, empiezan a intuir que es parte del problema. La falta de empleo, la insatisfacción ante el trabajo asalariado y el aumento del poder de clase de las mujeres han hecho difícil saber cuál es su sitio a los hombres no ricos y no dominantes. El patriarcado capitalista supremacista blanco no puede proporcionar todo lo que ha prometido. La angustia de muchos hombres proviene de su incapacidad de abrazar las críticas liberadoras que podrían permitirles afrontar el hecho de que esas promesas están basadas en la injusticia y en la dominación y de que incluso cuando se cumplen tampoco conducen a los hombres a la «gloria». Al criticar las bases de su posible liberación a la vez que reinscriben las formas de pensar del patriarcado capitalista supremacista blanco —que ahogan su espíritu—, están tan perdidos como muchos niños. Una visión feminista que incorpore la masculinidad feminista, que acoja a los niños varones y a los hombres y que exija en su nombre todos los derechos que deseamos para las niñas y las mujeres puede constituir un nuevo hombre estadounidense. En primer lugar, el pensamiento feminista nos enseña a todas las personas cómo amar la justicia y la libertad de tal modo que promuevan y reafirmen la vida. Está claro que necesitamos nuevas estrategias, nuevas teorías, nuevos caminos que nos muestren cómo crear un mundo en el que prospere la masculinidad feminista. Fuente: Libro capítulo 12 del libro El feminismo es para todo el mundo. traficantes de sueños, Madrid, 2017. bell hooks (1952 - 2021) Asignada al nacer como Gloria Jean Watkins, toma el nombre de su bisabuela y decide nombrarse en minúsculas. Activista y escritora feminista negra que trabaja en sostener la interseccionalidad género, raza y clase. Ayobola Kekere-ekun Cómo mantener el secreto (III) 2022 Papel, tela y acrílico sobre lienzo 150 × 150 × 3.5 cm
- “Vegetal”: ¿símbolo de la pasividad femenina? / Carol J. Adams
Ambas palabras, “men” [hombres] y “meat” [carne] han sufrido un estrechamiento lexicográfico [en inglés]. Originalmente términos genéricos, ahora están estrechamente asociados con sus referentes específicos. Meat ya no designa a “todos los alimentos”; la palabra man [hombre], como podemos observar, ya no incluye women [mujer]. La palabra meat representa la esencia de la parte principal de algo, de acuerdo con elAmerican Heritage Dictionary. Así pues, tenemos la “meat of the matter” [la chicha de la cuestión], “a meaty question” [una pregunta con chicha]. El acto “beef up” [En castellano existe la expresión “poner toda la carne en el asador”, “darle chicha”] a algo significa mejorar o reforzarlo. Lo vegetal, por el contrario, representa las características menos deseables: como un vegetal, como en pasividad o existencia apagada, monótono, inactivo. La carne, la chicha, es algo que uno disfruta o en lo que que destaca; vegetal se convierte en representante de algo que no disfruta nada: una persona que lleva una existencia monótona, pasiva o meramente física. Un cambio completo se ha producido en la definición de la palabra “vegetable” [vegetal]. Mientras que su sentido original indicaba estar vivo, activo, ahora se ve como aburrido, monótono, pasivo. Vegetar es llevaruna existencia pasiva; igual que ser femenina es llevar una existencia pasiva. Una vez que los vegetales son vistos como alimento de mujeres, entonces por asociación son vistos como “femeninos”, pasivos. La necesidad de los hombres de desvincularse de la comida de mujeres (como en el mito en el que el último Bosquimano huye en dirección opuesta a las mujeres y a su comida vegetal) ha sido institucionalizada en actitudes sexistas hacia los vegetales y el uso de la palabra vegetal para expresar crítica o desdén. Coloquialmente, es un sinónimo para una persona con un daño cerebral grave o en estado de coma. Además, se cree que los vegetales tienen un efecto tranquilizador, embotante, adormecedor en las personas que los consumen, así que no hay forma de que consigamos fuerza de ellos. De acuerdo con esta perversa encarnación de la teoría de Brillat-Savarin de que eres lo que comes, comer vegetales es volverse un vegetal,y por extensión, volverse en algo parecido a una mujer. Ejemplos de la Campaña Presidencial de 1988 en la que cada candidato fue menospreciado con la comparación con un vegetal ilustran este desdén patriarcal por los vegetales. Michael Dukakis fue llamado “el Candidato Plato Vegetal”. La empresa Northern Sun Merchandising ofrecía camisetas que preguntaban: “George Bush: ¿Vegetal o mala hierba?”. Uno podía optar por una camiseta en la que aparecía una botella de ketchup y un dibujo de Ronald Reagan con este eslogan: “Pregunta de nutrición: ¿cuál es el vegetal?” La palabra “vegetal” actúa como sinónimo de la pasividad de las mujeres porque las mujeres son supuestamente como las plantas. Hegel lo deja claro: “La diferencia entre hombres y mujeres es como la que hay entre animales y plantas. Los hombres se corresponden con los animales, mientras que las mujeres se corresponden con las plantas porque su existencia es más apacible”. Desde este punto de vista, tanto las mujeres como las plantas son vistas como menos desarrolladas y menos evolucionadas que los hombres y que los animales. En consecuencia, las mujeres pueden comer plantas, puesto que ambas son tranquilas, pero los hombres activos necesitan carne animal. La carne es un símbolo del patriarcado En su ensayo, “Deciphering a meal” [Descifrando una comida], la destacada antropóloga Mary Douglas sugiere que el orden en que servimos los alimentos, y la comida que está presente de forma insistente en la mesa, muestran una taxonomía de clasificación que refleja y refuerza nuestra cultura más amplia. Una comida es una amalgama de platos de alimentos, cada uno parte constitutiva del todo, cada uno con un valor asignado. Además, cada plato se sirve en un orden preciso. Una comida no comienza con un postre, ni termina con sopa. Todo se ve como algo previo que nos lleva al plato principal y luego desciende de ese plato principal que es la carne. El patrón es una evidencia de estabilidad. Tal y como explica Douglas, “El sistema ordenado que es una comida representa todos los sistemas ordenados que están asociados con ella. De ahí el fuerte poder de una amenaza que debilite o confunda esa categoría”. Eliminar la carne es amenazar la estructura de la cultura patriarcal más amplia. Marabel Morgan, experta en cómo las mujeres deberían acceder a cada deseo masculino, indicaba en su Total woman cookbook [Libro de cocina de la mujer total] que una debe tener cuidado con la introducción de alimentos que sean vistos como una amenaza: “Descubrí que Charlie parecía amenazado por ciertos alimentos. Sospechaba de mis guisos, pensando que había colado germen de trigo o alguna verdura ‘buena- para-ti’ que no le gustase”. El libro Pájaros de América de Mary McCarthy proporciona una ilustración ficticia de los aspectos intimidantes para un hombre de la negativa de una mujer a comer carne. La señorita Scott, una vegetariana, es invitada a la casa de un general de la OTAN para la cena de Acción de Gracias. Su negativa a comer pavo enoja al general. Incapaz de tomar su rechazo en serio, pues la encarnación de la dominación masculina requiere un recuerdo continuo de sí mismo en el plato de cada uno, el general llena el plato de la mujer con pavo y luego echa cucharadas de salsa sobre las patatas y la carne, “contaminando sus alimentos vegetales”. La descripción de McCarthy sobre sus actos con la comida refleja las costumbres bélicas asociadas a las batallas militares. “Se había apoderado de la salsera como un arma en combate cuerpo a cuerpo. No cabía duda de por qué le habían hecho general de brigada (al menos ese misterio estaba resuelto)”. El general continúa comportándose de forma belicosa y tras la cena propone un brindis en honor de un chico de dieciocho años que se había alistado para luchar en Vietnam. Durante la discusión subsiguiente sobre la guerra, el general defiende el bombardeo de Vietnam con la pregunta retórica: “¿Qué hay tan sagrado en un civil?”. Esto altera al héroe, haciendo necesario que la esposa del general se disculpe por el comportamiento de su esposo: “Entre tú y yo”, le confía a él, “realmente le sacó de quicio ver a esa chica negarse a tocar su comida. Me di cuenta al instante”. La beligerancia masculina en este ámbito no está limitada a los hombres militares de ficción. Los hombres que maltratan a mujeres han utilizado a menudo la ausencia de carne como excusa para la violencia contra las mujeres. Que las mujeres no sirvan carne no es el motivo de la violencia contra ellas. Los hombres controladores lo usan, como cualquier otra cosa, como pretexto para su violencia. Como los “verdaderos” hombres comen carne, los maltratadores tienen un icono cultural del que aprovecharse, ya que desvían así la atención sobre su necesidad de control. Como documentó una mujer maltratada por su marido: “Él comenzaba enfadándose por pequeñas cosas triviales, una pequeña cosa trivial como haberle puesto queso en lugar de carne en un sándwich”. Otra mujer dijo: “Hace un mes me arrojó agua hirviendo, dejándome una cicatriz en el brazo derecho, todo porque le ofrecí un pastel de patata y verdura para cenar, en lugar de carne fresca”. Los hombres que se hacen vegetarianos desafían una parte esencial del rol masculino. Optan por comida de mujeres. ¿Cómo se atreven? Rechazar la carne significa que un hombre es afeminado, un “mariquita”, un “lila”. Desde luego, en 1836, la respuesta al régimen vegetariano de esa época, conocido como Grahamismo, denunciaba que “la emasculación es el primer fruto del Grahamismo”. Los hombres que eligen no comer carne repudian uno de sus privilegios masculinos. El New York Times exploró esta idea en una editorial sobre la naturaleza masculina del consumo de carne. En lugar del “estilo John Wayne”, epítome del consumidor de carne masculino, el nuevo héroe masculino es “vulnerable” como Alan Alda, Mikhail Baryshnikov y Phil Donahue. Pueden comer peces muertos y pollos muertos, pero no carne roja. Alda y Donahue, entre otros hombres, no sólo han repudiado el rol de macho, sino también la comida de macho. De acuerdo con el Times, “Créeme. El fin del macho es el fin del hombre de carne-con- patatas”. No echaremos de menos ni lo uno ni lo otro. Fuente: Adams, Carole ( 2016). La política sexual de la carne. Ochodoscuatro ediciones. Zaira Vieytes Al ritmo del Cha cha cha 2024 Oleo sobre tela 24 x 30 cm
- El Viaje Inútil (Fragmento) / Camila Sosa Villada
Hay un tiempo frente a una palabra, o muchas, no importa donde nada pasa. Una está detenida frente a una idea escrita y esa idea, a pesar de ser escrita, no tiene sentido. Es un momento de mucha intimidad, un tiempo de meditación. Eso que está allí con un cuerpo, ocupando un espacio, siendo ya parte de lo escrito busca nuestra comprensión. Entonces es mejor permanecer en ese lugar donde no se puede corregir ni mejorar, ni limpiar, ni escindir, pero tampoco puede borrarse esa frase sin sentido que es necesario volver a es¬cribir. Se vuelve a escribir y se libera una parte de su sentido y se vuelve a escribir o reescribir, se tacha y se escribe por encima y el sentido finalmente se manifiesta, como un espíritu, se anuncia con dos golpes para decir sí, un golpe para decir no. Ay, ese momento en que la escritora se encuentra con lo que ha nacido de esa lengua de la que somos aparentemente ignorantes. El sentido de lo incomprensible es huérfano. Una se entrega a esa pérdida tan sólo para no pensar en nada. También es la pérdida de la orientación, es estar en sueños un par de horas, comulgando con nuestras criaturas, haciendo de la inutilidad nuestra mejor aliada. Y ante todo, es la pérdida de la noción de una misma, el cambio de piel, la juventud perdida de nuestra escritura. La escritura anulando a la escritura. La escritura pareciéndose a recibos de sueldo, a planillas llenadas por alguien que no nos conoce. La escritura como enemiga de sí misma pero también de nosotras, las escritoras, que somos al fin y al cabo la escritura. Como son las actrices el cine y el teatro. A veces releo escritos que van quedando en el fondo de la computadora, mails de hace muchos años, poemas dirigidos a amores que ya no existen y es imposible no notar una pérdida en el estilo. Y me atrevo a decir algo peligroso: extraño la escritura de ese estilo. Las falencias, los espacios borroneados, el entrar al terreno de la escritura sin saber nada y negarme a aprender nada. Abusar de los adjetivos, de los gerundios, decir obviedades, relamerse en la tristeza, hundirse en el dolor escrito y extraer de esa confusión unas horas más de vida. Un poco más de tiempo para seguir escribiendo. Ya no escribo así, con esa voz joven que decía todo lo que quería con simpleza. Tal vez soy mejor corrigiendo, advierto algunos excesos, de un párrafo entero puedo exprimir apenas una oración, soy capaz de suavizar algunas violencias del lenguaje. Pero esa inocencia con la que decía cosas tan terribles de mis veinte años, de mis dieciocho años, la prostitución, el rechazo de las personas al verme caminar en la calle, todo eso, se perdió. Hasta hoy, no sé si me sucedieron esas vidas para que las escriba o yo las sucedí para poder escribirlas. Queda todavía una inocencia que sostiene al mundo pendiendo de un hilo: Siempre es el deseo cada vez. Siempre es un deseo que se escribe. Un pedido de amor, en el sentido más estricto del término. La gente que me lee, algunos amigos, algunos lectores desconocidos, a menudo me agradecen que convierta hechos aparentemente terribles de mi vida en literatura. Pero yo no creo que los hechos puedan convertirse en literatura. Se escriben, son hechos escritos. Pero son hechos. Quedan ahí, siempre disponibles para nuestros afanes de exorcismos, nuestras fiebres catárticas, pero no. Nada de eso. Escribir no salva del hecho. Sobre lo que pasó se pueden escribir biblias eternas, que los viejos traumas no se superan. Por lo general, yo los refuerzo. Pero la escritura también puede provocar unos movimientos maravillosos, tener consecuencias sobre la realidad de esas, que provocan una felicidad muy cierta, como algún novio que escribía notitas y me las dejaba pegadas en la heladera re¬cordándome tomar los medicamentos a tal hora y algún mensaje encriptado para que pensara en él. Bueno, de eso también está hecha la literatura. De querer ser amados. Marguerite Duras dirá que la soledad es ne¬cesaria para la escritura, que todo escritor debe estar solo, construir su soledad. En este punto acuerdan muchos de los escritores que conozco. Afirman que la creación es un hecho solitario. Estamos solos frente a la escritura, frente al amor (¡qué solos estamos frente al amor!); frente a la belleza. Todo intento por transferir ese estado de soledad es lo que nos vuelve seres afectuosos y afectivos. Sin embargo, una vez que la palabra llega, ya no me siento sola. Me siento sola con el pensamiento, en determinados rituales que llaman a la palabra. Pero luego comienzo a poblar las hojas de compañía. Traigo a mis ancestros, a mis her¬manos, a mis amigos, a todos los fantasmas que me extraen de la angustia. A veces traigo también a los muchos amantes con los que me he encon-trado en la noche, ojo con ojo, para amarnos y desaparecer. Entonces la soledad deja de ser tal. También están los duendes, esos duendes de los que hablaba Lorca, ahí, acompañándonos, riéndose de nosotros o clavándonos más honda la espina para que lo escrito sea poderoso. Existe una comunión, ¿Cómo negarla? Cómo no decir que junto a nosotros también están los que nos inspiran, los que nos ayudan, los maestros que escribieron antes que nosotros y que nosotros leemos buscando un bastón, un apoyo frente a lo inasible de escribir. Y están los lectores. No. No estoy sola cuando escribo. Alguien también corrige y comete los actos de puntuación. Sugiere con el rigor de una demanda descartar frases, párrafos enteros, adjetivos, idas y vueltas, dimes y diretes, la parte vulgar de la escritura. Un editor que no te deja sola en el proceso es parte de la compañía. Es parte de la amistad, de la comunión, de la bús¬queda del otro. La soledad no es privilegio de poetas y escri¬tores, no se está más solo siendo escritor de lo que puede estarse en todos los actos de comunión de nuestra raza. Algunas cosas en mi vida comienzan a ser después de ser escritas. Por ejemplo, el amor. Es increíble cómo el sistema es siempre el mismo. Puedo sentir cierta confusión o desazón respecto a un vínculo, entonces escribo y el amor se revela en las palabras y me doy cuenta que era de esa magnitud el estado de incertidumbre, tan pa¬recido al amor. Un deseo se dice más fácilmente de lo que se escribe. Escribir un deseo es un acto de confirmación. Tengo pocos argumentos, pero puedo citarlos. Los contratos de venta, los acuerdos, las partidas de nacimiento, los matrimonios, los testamentos, todos son escritos. Cobran un valor al ser escritos y firmados. Por esa razón yo no quería editar mi primer libro de poemas. No quería dejar por escrito y fijado en papel algo de lo que posiblemente me arrepentiría. Algo a lo que las personas podrían volver cada vez. Como quien recurre al original de un contrato y dice: éste fue nuestro acuerdo, a esto me comprometí, a esto te comprometiste. En el Corán se dice: “Está escrito”. También se dice: “A las palabras se las lleva el viento”. En ese sentido, creo que escribir se parece mucho a hacer una promesa. Escribir supone un acto de constricción. Un detenimiento en el ritmo del mundo. Se razona para escribir. Así como el texto va detrás de la memoria, del mismo modo el razonamiento se encadena a la escritura. Como cuando se sueña y se tiene la impresión de que una voz antigua, nuestra, pero tan antigua que parece más sabia y ajena, nos quiere decir algo sobre nosotros mismos y entonces lo escribimos. Vamos con ese sueño escrito a nuestro psicoanalista, con ese sueño escrito inmediatamente después de ser soñado. La crueldad de lo que se escribe nunca será alcanzada por la crueldad de lo que se dice. Sobre lo dicho no hay pruebas, más que la fe y la confianza. Sobre lo escrito no caben refutaciones. Las excusas no se escriben. Escribir implica una rebeldía porque escribir supone la reflexión. Y la reflexión es inadmisible en tiempos de producción. Conlleva una pausa, un volver a los recuerdos, volver a una misma. Por supuesto que la espontaneidad es un pri¬vilegio de la palabra dicha. Lo que se escribe difí¬cilmente es espontáneo. Pero estamos hechos de pérdidas. Como escritora, a las cosas determinantes de mi mundo prefiero escribirlas. Para que sean, por ejemplo, el amor, la felicidad, la amargura, antes que decirlo, antes que gritarlas, primero las escribo. Es el poder profético de la escritura. Estoy convencida del error Hay un error en lo que escribo. No puedo decir cuál es pero sé que está. El error se ha vuelto invisible a los ojos pero está. Es lo que me hace dudar de mi escritura. Es lo que me dice que nada está resuelto. Ese error que se convirtió en estilo es lo que salva a lo que escribo de las miradas extranjeras, las miradas que nada saben, que intentan ponerle valor a la escritura de una persona. Que dicen: esto es poesía, esto no es poesía. Esto es mierda, esto no lo es. Esto se escribe dentro de este mo-vimiento. Esto no. Esta frase es mierda, otra vez. Creo que no maduro mi escritura por el miedo que me causa ese juicio sobre algo tan ín¬timo que decido mostrar. El mismo juicio que me atemoriza de mis pa¬dres. Porque al fin y al cabo, la literatura nunca ha dejado de ser el padre y la madre: Ocupada por esas dos presencias que fueron escritas una y otra vez hasta el cansancio. Son todo lo que fue fijado. Es monumental su presencia en la Eter atura.- Son como piedra caliza. El carácter de lo que se escribe, tan como ellos. Los más dañinos y los más capaces de dar amor. Por momentos estoy irreconciliable como mi mamá, no me encuentro en nada, los espejos me agreden, siento que me falta todo, que soy la mujer más frágil y miserable del mundo, escribo en un pantano donde brotan mis más horribles criaturas. Lo que escribo se pone así, como mi mamá empastillada después de una pelea con su esposo, entregada a la miseria, a la falta de respeto sobre ella misma, a la falta. Y por momentos siento la determinación de mi papá sobre el mundo que lo rodeaba. Y así como lo vi poner de pie los muros de su propia casa, yo también decido sobre la literatura. Decido cometer el error de escribir. Yerro, escribo mal, digo mal las cosas, conjugo mal, repito hasta el cansancio, abuso del pretérito pluscuamperfecto y me enorgullezco de eso como se enorgullece mi papá de su ignorancia, de su falta de tacto, de su ignorancia total sobre los “buenos modales”. Escribo así, tan alcohólicas son mis palabras como lo fue mi papá y tan desamparadas e insa¬ciables como lo fue mi mamá. Por lo demás, la literatura no ha escrito ninguna solución a los daños de mi vida. Sólo imprimió una virtud en mí, un sentido poético con que mirar las cosas. Mi papá y mi mamá son todo lo que he es alto en mi vida. Mí escritura es la tercera pieza de ese amor de mis padres que vino tan complicado al mundo. Desde siempre, desde que la clase de una familia es determinada por el sistema, se fabrican a nuestra medida esos amores destinados a doler. Porque así se escribió, así lo escribieron los poetas romanos y aún no podemos deshacernos de ello. Así, desde la muerte de mi abuela materna, muerta a manos de su esposo y la amante de su esposo, obligada a practicarse un aborto clandestino con un palo de perejil, muerta de fiebre, infectada por dentro de esa clase de pobreza donde el amor propio es aún más rechazado que el amor por los demás. Desde la muerte de mi abuelo paterno aplastado , por una cantera que se derrumbó sobre su cuerpo de minero, que terminó por caer como la violencia misma del cuerpo de mi abuelo, que castigó con tal crueldad a sus hijos, entre ellos a mi papá, ahí, ahí en ese nudo está la raíz de la escritura. Sólo es eso: un rastreo del dolor a través de las palabras. Por supuesto que en esa. travesía aparece eventualmente la dicha, que viene a re¬cordarle a la escritura su verdadera naturaleza: la oposición. Siempre estaremos oponiéndonos en la escritura. Siempre tendremos un enemigo, una contracara. Siempre habrá algo, o alguien que oponga su naturaleza a la nuestra. Fuente: El viaje inútil (2018) Ediciones La Uña Rota y DocumentA/Escénicas. Claudia del Rio Sin título 1995 Collage sobre fotografía. 19 × 14 cm
- La Revolución Palestina (Fragmento) / Rodolfo J. Walsh
Publicado en el diario Noticias Junio de 1974 EN LA RESISTENCIA ARMADA EL PUEBLO PALESTINO ENCONTRÓ AL FIN SU IDENTIDAD NEGADA POR LA OCUPACIÓN "Yo soy de Djebelia, en la franja de Gaza. Alli éramos 16.000 concentrados. Nos quitaron las casas, destruyeron los campos y se repartieron todo. Quieren que todo cambie de aspecto, que nada sea árabe. A la gente más vieja, la que se fue en 1948, no la dejan volver para que no puedan reconocer los lugares. Nos incitan a irnos, nos ofrecen dinero para que nos vayamos a países más ricos. ¡Vayan a Canadá, a Argentina, allá van a estar bien! Tal vez ellos han venido de allá, ¿no?" "Djebelia tenía fama de brava. A los que éramos de Djebelia no nos daban trabajo, decían que éramos peligrosos. Un día, en 1969, nos bombardearon. Empezaron a las 10 de la mañana y nos cañonearon hasta las 5 de la tarde. Hubo 500 muertos. ¿Por qué? Porque somos palestinos. De noche rodean el campamento con tanques, no nos dejan salir. Y sin embargo, tienen miedo: yo aprendí el israelí y los oigo conversar. Cuando pasan en un jeep, van sentados alrededor del jeep, apuntando en distintas direcciones". El muchacho se ríe. Estamos en el campamento de Borje Barashne, al sur de Beirut, capital de Líbano, a cuya Universidad ha venido a estudiar. Hay 20.000 refugiados en este campamento que es en realidad un pueblo, una villa cuya copia casi exacta son algunas manzanas de la villa de Retiro: pequeñas casas de bloques con techos de chapa, pasillos de material con la canaleta por donde circula el agua, canillas colectivas. E igual que nuestro villero, el palestino pone una planta, aunque sea una maceta, en el mínimo espacio libre: recuerdo del campo al que uno y otro pertenecen. Después las diferencias. No hay calles, solamente pasillos, porque en Medio Oriente el espacio es distinto que en Argentina: Líbano cabe dos veces en la provincia de Tucumán. Pero otra diferencia que al principio casi no se nota, va penetrando como la verdad esencial del campamento. Son los hombres vestidos de caqui que sentados en alturas estratégicas vigilan con el fusil AK cruzado sobre las rodillas, es el jefe de la milicia local que sale a recibirnos, es la puerta de madera de una casa donde el refugiado que la habita ha pintado todo a lo alto la bandera roja, verde, blanca y negra de la Resistencia palestina, y adentro de la bandera su nombre en árabe. Administrativamente, el campamento depende de la UN. Políticamente, la palabra es Fatah. La luz de la esperanza En una oficina de Beirut, Abu Hatem, miembro del Comité Central de Fatah (sigla de Movi-miento Nacional de Liberación Palestina) enumeró ante el enviado de Noticias las etapas de la Resistencia. "La primera etapa, antes de 1965, fue de preparación y organización. Llegamos a la conclusión de que la lucha armada era la única salida para el pueblo palestino, y desde ese año empezamos a ponerla en práctica. Fue una época llena de dificultades: teníamos tantos enemigos... No eran sólo los israelies, sino también el imperialismo y los elementos reaccionarios en los países árabes. Nuestro primer mártir, Ahmed Muza, fue abatido por el ejército jordano al cruzar la frontera con Israel". "Nuestras operaciones militares fueron una de las razones que alegaron los israelíes para desencadenar la guerra de 1967. Pero allí los países árabes fueron derrotados y se instaló un clima de derrota. Era importante acabar con ese clima, y por eso, apenas terminada la guerra, nosotros reanudamos las hostilidades. Eso fue el 28 de agosto de 1967. En cuatro meses, lanzamos 79 operaciones en el interior de Palestina, pusimos fuera de combate a más de 300 sionistas, volamos dos trenes militares, derribamos tres helicópteros, destruimos medio centenar de vehículos, hicimos estallar el depósito de explosivos de Acre y bombardeamos con bazukas los suburbios de Jerusalén y Tel Aviv. El precio fue duro: perdimos 46 hombres, de los cuales la mitad eran cuadros de conducción. Pero en todo el mundo árabe esa actividad de Fatah fue percibida como una luz de esperanza, que se agrandó el 21 de marzo de 1968, cuando dimos la batalla de Al Karameh". El signo de Karameh Si Deir Yassin es para los palestinos el recuerdo que sobrecoge y enfurece, Al Karameh simboliza la recuperación de la propia identidad negada tras la derrota, la confiscación, la persecución, el exilio. Dice un combatiente: "En esa época, nuestro problema era obtener bases permanentes. En la guerra de Junio habíamos perdido las bases de Gaza y Cisjordania. Entonces empezamos a filtrarnos en Jordania, por separado, de a uno o de a dos. Así se formó la base de Al Karameh, en el campamento de ese nombre que existía desde 1948. Juntamos 500 combatientes en la zona. De alli lanzamos una escalada operativa". "El gobierno de Jordania quería echarnos, pero no se atrevía. Los israelies empezaron a fastidiarse. Al fin planearon una operación de represalia en gran escala, para aplastarnos. Concentraron 15.000 soldados, con tanques. Pero estaban tan orgullosos de la victoria de junio, tan seguros de que nadie podía oponerles resistencia, que no tomaron medidas de seguridad. Nosotros nos enteramos 48 horas antes de la operación. Llamamos a todas las organizaciones palestinas para que discutiéramos si debíamos enfrentar el ataque o retirarnos. Algunos dijeron que los principios de la guerrilla prohibían el choque frontal, que si el enemigo ataca en fuerza, nosotros nos retiramos, todas esas cosas". "Fatah sostuvo que todo eso era cierto, pero que aquí lo fundamental era el marco político: la derrota árabe, el pueblo desesperado. Fatah decidió dar la batalla, a todo o nada. Sólo nos acompañó una pequeña organización, el Ejército de Liberación Palestino. Con ellos distribuimos los 500 puestos de combate. No era una emboscada, Al Karameh era terreno llano, con una población, una villa de emergencia. Había que pelear como se pudiera. Durante toda la noche cavamos pozos, nos enterramos, y esperamos el amanecer". La picadura y el burro "A las 5 de la mañana empezaron la preparación de artillería, después avanzaron los tanques. Venían como para desfile. Traían periodistas y Dayan les dijo que iban a almorzar en Amán, la capital de Jordania. Cuando les paramos un tanque con un bazukazo, y después otro, se quedaron como sorprendidos. No esperaban eso. Retrocedieron, después volvieron a avanzar. Ahora venían con aviones y helicópteros además de los tanques. Les resistimos trinchera por trinchera, les resistimos hasta el mediodía. Y en esas siete horas interminables, detrás nuestro estaba el ejército jordano, inmóvil. Los oficiales miraban la batalla con sus prismáticos. El rey Hussein había ordenado no intervenir, y los oficiales miraban: oficiales árabes. No se sabe quién dio el grito, quién no aguantó más. Y de pronto el ejército jordano avanzaba, desobedeciendo órdenes, se juntaba con nosotros. Eso fue a mediodía. A las ocho de la noche la división israelí empezó a retirarse. No podíamos creerlo, era la primera vez que sucedía, la primera vez en la historia. Y cuando avanzamos vimos el daño que les habíamos hecho: los tanques destruidos, los equipos abandonados". "Al día siguiente Hussein se hizo fotografiar en un tanque capturado. A Dayan le preguntaron para cuando era el almuerzo en Amán, y él contestó que sólo el burro no cambia de opinión. A Levy Eshkol le preguntaron que había sucedido, y él dijo que el que busca miel, debe esperar algunas picaduras. Aquella picadura la hicimos nosotros, y nos costo. Nos costo 90 muertos, que son muchos cuando sólo teníamos 500 hombres. Pero Al Karameh cambió todo, fue un viraje decisivo. Les demostró a todos los árabes que ellos podían derrotar al ejército israeli. Para nosotros, el resultado fue tremendo. Hasta entonces, Al Fatah era una organización estrictamente secreta, un puñado de hombres. La batalla de Al Karameh demostró a las masas que éramos sinceros, que podíamos convertirnos en el cuchillo y en la víctima como dice uno de nuestros documentos: entrar en la batalla para crearlo todo de la nada. Que los palestinos podíamos cerrar el puño sobre la brasa ardiente, como dice nuestro hermano Abu Ammar (Arafat)" Después de la batalla de Al Karameh millares de palestinos acudieron a incorporarse a Al Fatah, que aún no estaba preparado para recibirlos, aunque tuvo que abrir las puertas. Otras organizaciones se enriquecieron con ese flujo. Un año después la Resistencia palestina se paseaba libremente por Siria, tenía una estación de radio en El Cairo, dominaba prácticamente en Libano Jordania. Sobre ese transitorio triunfo iba a abatirse la traición del rey Hussein. La esperanza palestina ardería en las calles de Amán, en las montañas de Jordania, antes de renacer poco a poco como una llama que no está destinada a apagarse. "EL SIONISMO NO ES SÓLO EL ENEMIGO DE LOS ÁRABES, ES EL ENEMIGO DE TODA LA HUMANIDAD" - FATAH En la oficina de Fatah en Beirut, Abu Hatem, miembro del Comité Central de la Organización, refirió a Noticias las etapas posteriores a la batalla de Karameh, que en 1968 demostró por primera vez que una fuerza árabe podía enfrentar al ejército israelí. "En Karameh, la Revolución Palestina creó las circunstancias de su propio crecimiento. Todo el mundo árabe se acercó a nosotros. Inversamente nuestros enemigos redoblaron sus esfuerzos para destruirnos. Los israelíes atacaron nuestras bases y nuestros campamentos, y los gobiernos árabes reaccionarios también. Esas tentativas culminaron en Jordania, en setiembre de 1970. El ejército de Hussein atacó nuestras bases y nuestros pueblos, con tanques y aviones. No consiguió aplastarnos pero mató a muchos miles de compañeros. La masacre se reanudó en julio de 1971. Tuvimos que salir de Jordania. Con la pérdida de nuestras bases jordanas, empieza la cuarta etapa de nuestras luchas. Al principio nuestra actividad disminuyó. Tuvimos que adoptar una nueva política, concentrar la fuerza de Fatah en los propios territorios ocupados. El resultado se vio después de un año, con el aumento de las operaciones. También aumentamos la acción política, la duplicamos. El resultado es que actualmente la opinión pública mundial empieza a comprender que no hay acuerdo estable en Medio Oriente sin el pueblo palestino, que no hay paz sin Revolución Palestina. Actualmente la totalidad de los países africanos, con excepción por supuesto de los residuos coloniales, reconocen a la OLP como el único representante legítimo del pueblo palestino. En la Conferencia de Países no Alineados de Argel, el año pasado, 72 estados reconocieron a la OLP. O sea que las relaciones de la Revolución Palestina con el resto del mundo crecen día a día, y particularmente con el bloque socialista encabezado por la Unión Soviética. Por supuesto que no nos quedamos en eso. En la última guerra, la de Octubre, todo el mundo sabe -y principalmente los israelies- que no hubo dos frentes, sino tres: el egipcio, el sirio y el palestino." OLP Y CNP Fatah es la fuerza hegemónica de la guerrilla palestina. Su lider Abu Ammar (Arafat) preside la OLP y, desde comienzos de junio de 1974, el Consejo Nacional Palestino. Pero no es la única orga-nización de la Resistencia. En la OLP figuran, además de Fatah, el Frente Popular dirigido por Habache, el Frente Democrático de Hawathme (escisión del FP) y Saika, organización adiestrada por los sirios. Después de Fatah, Saika es probablemente la de mayor capacidad militar, y el FD, que se define como marxista-leninista, la de mayor capacidad politica, mientras que la estrella de Habache, inclinado al ultraizquierdismo, parece declinar. Fuera de la OLP se encuentra todavia el Comando General, escindido del FP y dirigido por Ahmad Jibril, que saltó a la notoriedad a comienzos de este año con la operación de Kyriat Shmonet. El Consejo Nacional Palestino, CNP, la organización más amplia de la Revolución, incluye no sólo a las organizaciones guerrilleras, sino a los frentes de masas, delegados de territorios ocupados y de la emigración y de grupos financieros y religiosos. A los dirigentes de Fatah no les gustan las fotografias ni las autobiografias. Trazar su historia no es fácil. Un documento de la Organización, fechado en 1969, admite que sus creadores fueron un grupo de intelectuales que publicaban la revista Nuestra Palestina, antes de optar por la lucha armada. En ese punto su primera preocupación fue financiar la futura Organización, sin pedir ayuda a los gobiernos árabes, y el camino que eligieron fue heterodoxo: "Ya no es un secreto que buscamos empleo o desarrollamos actividades comerciales en las regiones árabes ricas en petróleo, como el Golfo. Al principio esto creó una atmósfera particular alrededor de Fatah, pero eso no nos desalentó... porque nosotros sabíamos que nos privábamos hasta de lo esencial para ahorrar el máximo de nuestros ingresos y destinarlo al movimiento". ¿Quiénes eran? Los nombres de guerra de alguno de ellos - Abu Ammar, Abu lyad, Abu Ihad -son conocidos, pero salvo el primero (Arafat), poco se sabe de los demás. Los tres pertenecen sin embargo al grupo que fue al Golfo a trabajar. Cuando en 1965 decidieron lanzar la guerra, volvieron a suelo palestino. Abu Ammar operó allí, en Cisjordania, viviendo como un pastor a medias ciego, de gruesos anteojos negros. Su designación como "vocero" de Fatah fue una decisión en la que no participó. "Necesitábamos un hombre que pudiera hablar en nombre de Fatah. La prensa israeli había empezado a concentrarse en el nombre de Abu Ammar, porque era uno de los líderes en territorio ocupado, y un combatiente de primera fila... La dirección se reunió y lo designó vocero. Era el único miembro de dirección que no estaba presente. La decisión se anunció y él tuvo que cumplir con la decisión". HABLA FATAH A pesar del origen de sus fundadores, Fatah puso siempre el acento en la lucha de masas, además de la acción armada: "Si abordáramos solamente la lucha armada, estaríamos condenados al fracaso, porque en términos militares partimos de una situación de inferioridad. Pero si abordáramos solamente la lucha política, también estaríamos perdidos, porque tarde o temprano nos chocaríamos con la realidad de que el enemigo nos domina por la fuerza. La lucha armada es indisoluble de la lucha política, y el descuido de una o de otra equivale a convertir la guerra revolucionaria en una aventura. En consecuencia, nosotros no diferenciamos entre acción política y acción militar, ni mandamos a combatir a nadie que no haya pasado por la organización política". ¿Cuál es el objetivo último de Fatah? Sus dirigentes lo vienen repitiendo desde hace años: la creación de un estado y no religioso en Palestina. ¿Cuál sería la situación de los judíos en ese Estado? "Fatah no toma las armas contra los judios. Aceptamos a los judíos como ciudadanos palestinos en absoluto pie de igualdad con los árabes. Fatah toma las armas contra el sionismo y se propone liquidarlo, porque el sionismo es el enemigo fascista y racista, el enemigo de toda la humanidad y no solamente de los árabes". Preguntó un periodista: -¿Qué harían ustedes frente a un judío perseguido en cualquier lugar del mundo? Contestó Fatah: -Le daríamos un fusil y pelearíamos a su lado Fuente: Fragmento de La revolución palestina / Rodolfo J. Walsh , publicado en el diario Noticias Junio de 1974 Denise Mickilowski, Sandía - 2017 - Oleo sobre tela - 61 × 81.3 × 5.1 cm
- Preludios al hombre loco IV – VIII / Vicente Zito Lema
IV ¿Hay para el amor una voz que se duerme sobre las hojas? ¿Es la voz del poseso? ¿Es el deber del poseso ser la voz del amor? El poseso no lo sabe: vive estrangulado por las manos de Dios… Se cierra el crepúsculo y nada se mueve entre las flores del mar… Un hombre enfila hacia el horizonte tupido… Carga en los ojos el ligero peso de su deseo… El poseso tiene la frente desnuda… Su amada lo espera con la corona de espinas… Tiene la tez más blanca que el polvillo de arroz. V ¡Alma tierna que te despiertas al canto porque anoche las Musas soplaron divinidad en tu boca…! ¿Pero quién te sopló el dolor también sagrado? ¿Quién desató los excrementos que bien anudabas y te obligó a pastar con las cabras? Si gritas serás un caballo… Si echas espuma por la boca pagarás por el hechizo, y si manchas con sangre el mantel de los banquetes, tamaño sacrilegio te llevará al exilio, salvo que prefieras mezclar el vino de la copa con veneno… Alto precio por construir el futuro con las palabras de tu boca. VI Hombre del morbus sacrus, ¿sabrás decirme si la belleza es algo más que un desvalido ocaso…? ¿O apenas te tocó en el reparto la purificación y el conjuro para tu terror nocturno? Mira tu cabeza en el espejo: allí dentro, en el agua de tu pecera brilla la piedra de la demencia. Tiembla el astro punzante… VII … ¿Quién mueve los vientos de la mar para alejar de la costa a la Stultífera Navis? Hombre loco: que tu viaje sea el último. Que el agua limpie las pestes de tu alma. O que te devoren los monstruos marinos que para eso tienen los dientes del demonio… No vuelvas nunca, pasajero insensato, y si vuelves a cambio del agua tendrás el fuego. Deja que la ciudad viva en paz, goce de su orden mientras los naranjos crecen bajo un sol que anuncia su sabor de muerte… VIII ¡Basta de los niños que los burlan y de sus piedras que los golpean! ¡No más naufragios para las almas encadenadas sobre el mascarón de proa! ¡Los cuerpos locos ya se pudrieron mucho antes en las bodegas! Al fin tu espacio, alma en pena: el hospicio. Grandes muros en la ciudad resguardando grandes ocios: pecado. Grandes ciencias: desprecio. Llegó la hora del tratamiento moral de la locura. Sea dulzura o sean palos los consuelos… El cuerpo está vacío; lo tuyo Hombre Loco es responder a la lengua de la razón, aunque tus palabras tengan el color de la sangre y huelan como huelen las tristezas que llevan a las tumbas junto al llanto del recién nacido. Fuente: en Los Cantos del Mal, el Dolor Social y la Locura n el libro Cantos Oscuros, Días Crueles (2019) Ediciones La Cebra. Carolina Magnin, Caja Ánima 2 - 2016 - Fotografía impresa sobre cristal en el interior de una caja quirúrgica
- Una Idea Genial / El Capitán EZLN
Agosto de 2024 Hice mi primera captura de pantalla. No están ustedes para saberlo, ni yo para dárselos a conocer, pero he triunfado en la ardua y vertiginosa carrera tecnológica. Después de 6 meses 6 de agotadora investigación, estudios y prácticas desgastantes, solo, sin más ayuda que 453 videos tutoriales, pude hacer una captura de pantalla. Lo sé, parece increíble. Pero no crean que me conformé, ahora me propongo encontrar dónde rayos quedó guardada la captura de pantalla. Luego averiguar para que sirve una captura de pantalla. ¿Después? … ¡el mundo! Bueno, de ahí que, animado por este gran logro, me dediqué a incursionar en el mundo de las aplicaciones digitales (que los veteranos llamamos “apps”), y así surgió la idea que ahora les refiero: Se trata de una idea para el tránsito tan cacareado hacia un capitalismo humano (o a “limarle las puntas al neoliberalismo” -según la 4T-): Una nueva aplicación digital que se llamaría “OnlyHaters”. En ella usted, dama, caballero, otroa, podría insultar a placer al villano o villana de su preferencia a cambio de un precio razonable. Claro, habría cuenta premium donde el receptor se compromete a leer su mensaje o ver su video (si tiene usted más recursos). ¿Se imaginan? Casi cualquier personaje de la política y del capital se haría millonario. El futuro secretario de educación, en México, ya no tendría que vender candidaturas al cártel más cercano a su corazón. El Supremo se retiraría con su sustento asegurado y le alcanzaría para crear su propio podcast mañanero (que es lo único que hizo en casi 6 años). Trump no tendría que recurrir al fraude fiscal para financiar su campaña y sus empresas. Biden-Harris no tendrían que hacer ofertas de temporada a las grandes corporaciones para la guerra de conquista en Palestina. Le Pen y Macron no tendrían que esconder su afinidad ideológica. El PSOE y el PP podrían al fin salir del closet y abrazarse en público. Milei no tendría que ponerse histérico cada vez que dice algo ni poner cara de estreñimiento agudo. Lula, Petro y Boric podrían pagar su suscripción a los canales de tv del imperio Murdoch (Fox) sin necesidad de convertirse en sus voceros (y, por favor, que alguien les diga que ésos a quienes quieren agradar serán los mismos que mañana los lapidarán en lo mediático). Netanyahu no tendría que cometer crímenes de guerra para sostenerse en el gobierno. Zelenski encontraría un cauce honorable para su capacidad histriónica. Putin podría dedicarse a montar osos. Y claro, yo, el Capitán, no tendría que atender mi taller de bicicletas eléctricas (que se llama, por supuesto, “Mi Abuelita en Bicicleta”) para poder adquirir las obras completas de Arturo y Carlota Pérez-Reverte, Javier Marías y Arthur Conan Doyle (antes de que empiecen con sus juicios, sentencias y condenas de corrección política, “sensibilidad de género” y lo que esté de moda, permítanme avisarles que me cago en sus tribunales, los morales y los otros). No sé, piénsenlo. Así ya no se explotaría la fuerza de trabajo humana, sólo los sentimientos de rechazo, odio, intolerancia, racismo, homofobia, misoginia, fanatismo, etc. Lo más ruin de la especie humana sería fuente de riqueza. Oh, olvídenlo: para eso ya existen las redes sociales. Nah, también hay videos de gatitos y perritos (¡aww!) En fin, como le responde Don Francisco de Quevedo a un otro Capitán, veterano de los Tercios de Flandes: “No queda sino batirnos, pese a todo. Contra la ignorancia, la estupidez, la maldad, la superstición y la envidia”. Ya después el autor agregará: “la apatía, la incultura, la insolidaridad, la corrupción”. Vale. Salud y “Omitir las verdades no es otra cosa que una variedad refinada de la mentira” (Almudena Grandes. Madrid, Estado Español). Desde las montañas del Sureste Mexicano. El Capitán. Mirando el barco sobre la mar y a caballo en la montaña. México, agosto del 2024. P.D.- Si alguien, allá afuera, decide capitalizar esta genial idea, triunfar así en el rudo mundo de la era digital, tener un sitio exclusivo en Silicon Valley, codearse con los Arnault, Bezos, Musk, Zuckerberg, Gates, y ser convocado por el Preciso para que opine sobre asuntos que deberían ser de Estado, no olvide “mocharse” con un tanto de paga. Necesitamos equipar varias salas de quirófano. Están los “mete cuchillo” fraternales puestos, están los candidatos a cirugía, están los lugares para construirlos, están las jóvenas y jóvenes dispuestos a aprender. Ya sólo faltan los equipos. Y la capacitación para su uso y cuidado, claro. Fuente: Enlace Zapatista Verónica Scardamaglia (2025) Otro mundo es posible, detalle. Fotografía.
- Estudiar Spinoza. Clínica de las pasiones / Fernando Stivala
¿Por qué nos conviene estudiar a Spinoza, un filósofo del siglo XVII? En su libro más importante, la Ética (1677), recorre una por una las pasiones que nos habitan. De lo que estamos hechos. ¿Son actuales, son subjetivas? El libro póstumo en realidad lo titula así: Ética demostrada según el orden geométrico. Entonces el trabajo que nos queda es comprobar sus funcionamientos y ver si nos sirven para encarar la actualidad individual y colectiva hoy. Como dice Guattari en un seminario que da en 1980: “ Para mí, solo tendrá sentido si funciona. Es decir, si los diferentes avances teóricos que propongo aquí sirven efectivamente a las personas (…) Calibrar de manera exacta, lo que se sostiene y lo que no se sostiene; y luego hacer que tambalee absolutamente todo, incluidas cosas que parecen evidentes porque uno las arrastra desde hace veinte, treinta años. Eso es todo”. Clínica de las pasiones. Clínica entonces porque todos estamos viendo cómo vivir mejor sin que nos inmovilicen las circunstancias. Cómo tener a favor el cuerpo que somos en contextos adversos. Qué hacer con lo que recibimos. Ni aplastarnos ni quejarnos, al estilo Nietzsche recibir lo que nos va tocando para poder hacer con eso. Por eso clínica. Estar inclinados y receptivos a lo que nos toca. Lo contrario sería endurecernos caprichosamente con lo que teníamos previsto, con los ideales previos. Se lee en Percia: “A la inspiración se la convoca de diferentes maneras: a veces, con oblicuidad o torcimiento. Sin mirar de frente o a los ojos de la cosa que queremos pensar. Hablamos de literatura, de arte, de filosofía, de política o, incluso, de bueyes perdidos, para hablar de clínica. Quizás la inspiración consista en disolver géneros o traspasar fronteras disciplinarias. La inspiración como impertinencia. Acaso sólo se trate de soltarnos a pensar, confiando en que, aun cuando pensamos en otras cosas, seguimos pensando en la clínica que hacemos.” Entrenar la capacidad de recepción, la capacidad de afectarse con las cosas. No queda otra. No hay manera sino, el otro camino es endurecernos, desensibilizarnos, anestesiarnos. Sigue Percia: “ Algo tan sencillo como eso: sentir emoción para sabernos con vida. Tener con quién la emoción para saber la amistad. Relatar esa dicha como legado.” Por eso la Ética de Spinoza es para todas y todos. Sentidores y sentidoras. Pacientes, ex pacientes, artistas, estudiantes, trabajadores de la salud, intensidades, consumidores, pensadoras, curioseantes, demasías, psicoanalistas, sensibilidades, descreídos, cansadas, disidencias, analistas de la psique. Clínica de las pasiones, todas. Ni alegres ni tristes, disponibilidad del pensamiento a todo lo que nos pasa. A ese conglomerado de afectos y multiplicidades que somos. En la 3era parte del libro se mete con las pasiones. Se mete de lleno con el amor y el odio, con el deseo. Con la vergüenza, la esperanza, el miedo, el orgullo… alegría, tristeza, bronca, fastidio, vergüenza, gula, ambición, gloria, menosprecio, envidia, misericordia, humildad, arrepentimiento, soberbia, audacia, crueldad, venganza, rencor, sororidad, egoísmo, celos, miedo, esperanza, fracaso, desprecio, asombro, repulsión, devoción, seguridad, satisfacción, desesperación, indignación, reconocimiento. Necesitamos seguirles sus rastros porque nos las están arrebatando. Es necesario conservar el tesoro del cuerpo. Y es necesario conservarlo con un lenguaje sensible. No con algoritmos y patologías, ellos las llaman histeria, esquizofrenia, bipolaridad, add, ansiedad, ataques de pánico, estrés, neurosis, autismo, demencia, insanía, enajenación, adicciones, psicóticos, delirantes, místicas, depresivos, hipocondríacas, bulímicos, sádicas, perversos, bipolares. Antes de llegar a la tercera parte, el libro Primero: de Dios. ¿Interesa? Interesa porque sin creencia en las cosas es difícil encontrar el entusiasmo. Interesa porque no nos conviene un dios humano que premia y castiga, que se enoja y se enorgullece por tus acciones. Supersticiones que nos alejan de lo que podemos. Interesa conocer la naturaleza, lo que podemos y pueden las cosas, sus relaciones. Interesa porque no hay un sentido último, sino que lo vamos construyendo con lo que va tocando. No hay ningún fin y estamos siempre en la meta. El instante lleno no está en ningún futuro, sino que siempre se encuentra ahí, basta con aprehenderlo, para lo cual hay que aprender a estar enteramente presente, a tener presencia de espíritu. Como dice Percia: “ Tarea como conjuro ante la depresión, la inmovilidad, la entronización de lo perdido. Tarea como movimiento que impulsa. No como meta fatalmente insatisfecha, sino como deseo que encuentra en su inconclusión una íntima potencia”. Interesa Dios porque la fe es la herramienta. No la de los religiosos, eso es sumisión. La fe es la inteligencia del alma. La fe en la vida. Y el libro Segundo: sobre el entendimiento del pensamiento; y del cuerpo. Interesa porque solemos recurrir a controlar el cuerpo y las pasiones con la razón. No es así. No funcionan así las cosas. Cada una tiene su recorrido particular y sino lo conocemos seguiremos chocando contra la pared de las emociones. Las emociones no se controlan, se conocen para seguirlas mejor. Y si se consigue controlarlas, en un momento el cuerpo estalla. No damos más. Percia: “ Ese meollo de afectos que se constriñe para vaciarse sin lograrlo, que llamamos angustia.” “ Se lee en Fedro de Platón que quienes no aman practican la mesura y viven en una templada cordura, libres de pasiones y arrebatos; mientras que quienes aman entran en un estado de demencia. Entonces, Sócrates defiende la locura con estas palabras: Porque si fuera algo tan simple afirmar que la demencia es un mal, tal afirmación estaría bien. Pero resulta que, a través de esa demencia, que por cierto es un don que los dioses otorgan, nos llegan grandes bienes” Nos queda el libro 4, donde se ven las fuerzas del mundo que siempre son más fuertes de lo que puede un solo cuerpo. El capítulo de la servidumbre. Entender cuándo, cómo y por qué somos serviles a otros poderes. Como eso nos come la potencia. Y por último el libro 5: de la libertad humana o del poder del entendimiento. ¿Nos conviene seguir llamando libertad a ese saber vivir? ¿Es un saber? Al estilo Nietzsche una sabiduría dionisíaca , la que puede soportar la mirada al abismo, y no por ello se rompe, sino que más bien conserva una enigmática y casi alegre quietud. O al estilo Deleuze, un saber seleccionar las situaciones que nos componen y alejarse de las que no nos componen. O como dice Heráclito: “El eterno y único devenir, la inestabilidad entera de todo lo real (…) a lo que más se parece es a la sensación por la que alguien, en ocasión de un terremoto, pierde la confianza en la que la tierra esté firmemente asentada. Se requiere una fuerza sorprendente para convertir ese efecto en su contrario, en la admiración sublime y beatificante.” Esta es la travesía en la que nos embarcamos con este libro. Como decía Leibniz, contemporáneo de Spinoza: “ Lo propio de lo posible es tender a la existencia”. Siempre que hay encierro, o acostumbramiento, o asfixia, o rutina, o el mundo se nos cae; hay que buscar y tentar posibles. Siempre hay encierros, pero también siempre hay salidas. No hay salida individual, hay conocimientos singulares en común para salidas colectivas. Encontrar posibilidades donde parecía no haberlas. Y termino con algo más de Guattari en el seminario del´80: “ Lo que me interesa no es tanto discutir las cosas que afirmo. Imagínense que hay cierto umbral a partir del cual me cago en discutir lo que digo: si piensan algo distinto ¡muy bien! Es más bien ver si esto puede funcionar, si se lo puede poner en funcionamiento en las prácticas de cada uno. Este sería, en alguna medida, el objetivo de estos encuentros.” Percia, M (2025) Darse a la inspiración. Revista Adynata enero. Percia, M (2025) La noche del corazón. Revista Adynata febrero. Guattari, F. (2024) Seminarios I. Editorial Cactus. Safranski, R. (2019) Nietzsche, Biografía de su pensamiento. Editorial Tusquets.
- Darse al abrigo / Marcelo Percia
1. En Cómo conocí a Yohji Yamamoto, Wenders relata cosas que vivió durante el rodaje del documental que hizo sobre el diseñador de modas japonés. La película Apuntes sobre ciudades y vestimentas , estrenada en 1989, puede verse como un cuento de hadas. El diseño de una prenda como un delicado y laborioso acto de magia. La confección de un traje como prodigio destinado a encantar momentos de una vida. El bosquejo de un vestido como maravilla sensible, como tejido de una sensación, como aura de un vuelo deseado. Sabemos la moda como costumbre pasajera, como gusto efímero de una época, como argumento de venta. Sabemos la moda como distintivo social y frivolidad indiferente al desabrigo del mundo. Pero, con la película de Wenders también sabemos la moda como inspiración del ánimo, como hebra de seguridad, como afirmación en los días. El director de cine alemán observa que las personas que llevan las confecciones de Yamamoto “las aprecian, les tienen cariño y confían en ellas. Es más: vistiéndolas, estando en ellas y con ellas, se sienten bien” . Deduce que cuando salimos a comprar una camisa no sólo buscamos una camisa, sino que queremos reafirmar una vivencia, conquistar un sentimiento, renovar una ilusión. Wenders concluye que Yamamoto: “genera una sensación de identidad que se manifiesta en sus prendas y que se trasmite a través de ellas” . Y agrega enseguida: “Puedo confirmarlo por experiencia propia. A veces, cuando tengo un mal día, para romper el maleficio basta con que me escurra en uno de mis trajes Yohji para sentirme apuntalado, o más protegido, o más reconciliado con todo” . En un momento del documental, el modisto confiesa que, mientras trabaja, tiene la fantasía de coser un vestido para cada piel, para cada contextura, para cada alma. 2. Nos vestimos con fantasías, nos abrigamos con narraciones. Habitamos cuerpos incorporados a una lengua. Llamamos belleza a la vestidura de un instante. 3. Leopardi (1823) escribe un texto irónico que titula Diálogo entre la Moda y la Muerte , en el que la Moda convence a la Muerte de que ambas hacen el mismo trabajo. La Moda le dice a la Muerte: “Escucha, soy tu hermana. ¿Mi hermana? ¡Sí, tú hermana! ¿No recuerdas? Ambas hemos nacido de la Caducidad. Cómo habría de acordarme yo que soy enemiga de la Memoria. (…) Colaboro contigo en el trabajo de renovar el mundo. Desde los comienzos tú te has ocupado de arrebatarles la carne y la sangre, mientras yo me ocupo de las barbas, los cabellos, los vestidos, los muebles, los palacios y cosas semejantes. (…) Fastidio a la gente con calzados estrechos o impido la respiración con prendas ajustadas. Obligo a temblar de frío o ahogarse de calor. (…) Envuelvo las vidas de vanidades, a la vez que les enrostro la condición de lo efímero. (…) Aseguro las fronteras sociales hasta que tú las disuelves volviéndolas polvo” . 4. En su Tratado de una vida elegante Balzac (1830) analiza modos de comportarse y vestir en la sociedad parisina de comienzos del siglo diecinueve. Más allá de muchas observaciones e ironías, se lee que para practicar la elegancia se necesita no tener que trabajar o que la elegancia compone un lujo de quienes no viven sólo para comer. Balzac recuerda que Saint–Simon piensa que “La vida elegante sería la mayor enfermedad que puede afligir a una sociedad, partiendo del principio de que ‘Una gran fortuna es un robo’” . O cita que según Chodruc la vida elegante “Es un tejido de frivolidades y menudencias” . 5. La estrecha e intrincada conversación entre abrigo y erotismo o entre deseo y vestimenta, se narra, en la segunda mitad del siglo diecinueve, en la novela La Venus de las pieles de Sacher-Masoch. La historia de un personaje que pone en escena un sueño: una diosa del amor desciende del Olimpo, envuelta en grandes y pesadas pieles, para esclavizarlo. Una mujer que lo engaña y flagela enloqueciéndolo de placer. Pocos años después de la publicación de La venus de las pieles , el psiquiatra Krafft-Ebing, en su clasificación de las perversiones sexuales incluye el término masoquismo , junto con el de sadismo , fetichismo , exhibicionismo , homosexualidad , entre otros que todavía se emplean. Un supuesto honor que disgustó a Masoch. 6. Virginia Woolf (1928), refiriéndose a las fijezas de género y a la transformación del personaje en su novela Orlando , escribe: “El cambio de vestimenta tenía, dirían algunos filósofos, mucho que ver con el proceso. Aunque parezca una nimiedad vana, la vestimenta tiene, dicen, una función más importante que la de sólo abrigarnos. Cambia nuestra visión del mundo y la visión del mundo sobre nosotros. (…) Así, hay mucho para sostener la idea de que es la vestimenta la que nos usa y no nosotros a ella; podemos hacer que tome el molde de nuestro brazo o nuestro pecho, pero moldea nuestro corazón, nuestra mente, nuestra lengua, a su gusto” . Un abrigo no sólo abriga. Afecta la lengua que hablamos, los pensamientos que pensamos, los sentimientos que sentimos. Consiente o resiste arrogancias de miradas clasificatorias. 7. Para la misma época en la que Virginia Woolf escribe Orlando , Freud emplea el vocablo Besetsug para nombrar la asignación de energía libidinal a una representación, a una cosa, a una persona o rasgo de ella. La palabra alemana se tradujo en inglés como catexis y en castellano como carga o investidura . José Luis Etcheverry sugirió también el término población . Así, investir libidinalmente equivale a poblar una prenda de sensaciones, de afectos, de historias. 8. Walter Benjamin imagina una obra inmensa: El libro de los pasajes . Un proyecto que se interrumpe con su muerte trágica en 1940. La palabra pasajes se puede leer en el sentido de calles estrechas por las que se pasa desde un lugar a otro y también en el sentido de un libro de recortes y fragmentos de otros libros, acompañados por súbitas inspiraciones y pensamientos. Un cuaderno de ese hermoso plan está dedicado a la moda. Para Benjamin la moda conjura el tedio de transcurrir como pieza indiferente del mundo moderno. La moda se ofrece como ilusión efímera de un cuerpo único. Recubre, por un momento, la cruda visión de una existencia sin encanto y sin heroicidad. La moda adorna con sus encajes, pieles y volados cadenas de la dominación. La moda, con su supuesta novedad, nos distrae de la percepción de que en el curso de los días no nos pasa nada. Astucias del capital encuentran en la moda envolturas capaces de dar la impresión de una diferencia en la uniformidad. No se adquiere un vestido, se paga por un aura. Se compra una experiencia. Se alquila un brillo. Se luce una imagen diseñada. Se pavonea con plumas prestadas. Se ofrece dinero por un manto de autenticidad, prestigio, seguridad. La vestimenta actúa como un estuche que cobija y protege. Pero, entre todas las cosas que piensa Benjamin, hay una que conviene citar tal cual: “La moda ha satisfecho desde siempre una extraña necesidad de sensación” . 9. La moda cubre un vacío. Quizás por eso Wenders llegó a decir que ponerse un Yohji equivale a pasar por el diván de un psicoanalista. El diván como abrigo. Como tránsito entre la cuna y el sepulcro. Porque la moda, como apunta Leopardi, nace de la misma madre que la muerte. 10. Margaret Little relata actos de cuidado y sostén que Winnicott tuvo para con ella durante su análisis entre 1949 y 1955. Cuenta que, en momentos de angustia y desolación, el psicoanálisis le ofrecía abrigo. Muchas veces, se acurrucaba en el diván de Winnicott cubierta con una manta. 11. A través de la moda hablas del capital implantan la figura de una singularidad propia, íntima, profunda, individual. Resta pensar en la posibilidad de darse al abrigo de lo común. En una singularidad de los abrazos, de los gestos, de las conversaciones. En una singularidad como momento único e incomparable de tener con quienes la intemperie. 12. Hubo una noche en la que se celebró una ceremonia de arropamiento en un aula. En la que se transformó un espacio de estudio en una muestra de prendas que abrigaron la vida. Una colgada como acción disruptiva para pensar, con otros pensamientos, envolturas de los cuerpos. 13. Un común pensar (si sucede) resplandece pasajero. Un común pensar (si sucede) sobreviene tras un enredo que sortea equívocos y malicias. Un común pensar (si sucede) acontece como sucedido. Sucedido como ocurrencia de lo inesperado en lo esperado. Como irrupción de lo imprevisto en lo previsto. Como trama desentramada. Como expectativa burlada. Sucedido como hervidero de relatos sobre lo vivido. Sucedido como intervención, instalación o fantasía pedagógica. Sucedido como momento de confianza y belleza. Sucedido como circunstancia de leyendas. Sucedido no como técnica ni espectáculo, sino como acción de una única vez. Sucedido como emergencia de una criatura fabulosa en la costumbre de los días. 14. Se invita a traer para la clase una vestimenta vieja, gastada, en desuso. Una ropa a la que le tenemos cariño. Una prenda de la que nos duele desprendernos. 15. Encariñarse con una tela, quererla, sentirla insustituible, equivale a exceptuarla de la lógica del consumo. Plantar una disidencia en las prácticas del capital. 16. Antes de llegar al aula se pasa por un estrecho túnel simulado con un rollo de tela negra, obligando a agacharse doblando las rodillas y comprimiendo el cuerpo. Se trata de encantar el umbral: transformar la puerta en portal. Inclinar la cabeza y el tronco para poder pasar, impone la torsión de un hábito. 17. Ricardo Carreira (1993) piensa el arte como deshabituación. Como incomodidad, como desestabilización, como perturbación de la convención. Concibe la deshabituación como condición alumbradora de lo inesperado. Deshabituar, desaprender, descomponer, destejer: infinitivos inspiradores del darse al pensar. 18. Cada cual llega con una prenda: pasaporte, credencial, contraseña, para entrar a la clase. 19. Se ingresa al aula como se ingresa a una ensoñación. Al traspasar el umbral se entra a un teatro, a una fantasía, a una ficción. El aula se encuentra descompuesta, fallida, desajustada: las sillas para sentarse a escuchar y escribir están apiladas en el fondo de un largo espacio rectangular, el escritorio docente corrido. La sala está en penumbras. En la pantalla se proyectan imágenes de ropa colgando en patios, terrazas, balcones, descampados. Imágenes de revistas de modas de diferentes décadas. Imágenes de modelos posando y desfilando. Imágenes de tribus urbanas. Imágenes de los pañuelos de las Madres. Imágenes de ropas raídas y abandonadas. El salón está atravesado, de punta a punta y en forma diagonal, por sogas de colgar. Al ingresar se entregan broches y se susurran instrucciones al oído. Si trajo ropa y se presta a jugar, que disfrute de la ocasión, pero si no, puede mirar y escuchar tomando asiento en los lugares previstos. 20. Se recorre el espacio y, tras una fugaz exploración se decide dónde y cómo colgar. Al rato, setenta prendas flamean en la imaginación de una sola noche. 21. Camisas, camisetas, remeras, vestidos, polleras, pantalones, bufandas, gorros, buzos, camperas, ponchos, guantes, prendas íntimas y secretas. Telas sensibles, telas memoriosas, telas de compañía, telas con poderes. Texturas suaves, ásperas, lisas, rugosas. Tejidos de un amor. Tramas de una época. Mantos que cubren y amparan. Ropas que arropan. Abrigos que abrigan. Harapos de lo vivido. Siluetas robadas a los espejos. Pieles de muchas noches y muchos días. Marcas de distinción, de superioridad, de inmunidad. Cicatrices hiladas. Ropa que nos compraron, nos regalaron, nos prestaron, nos trajeron de un viaje. Ropa que heredamos. Telas impregnadas de olores. 22. Se recrea el ritual de colgar la ropa recién lavada en una soga para secarla al sol. Promesa purificadora. Dignidad austera de una tela limpia. Siluetas que el viento agita, zarandea, mueve como en una danza. Colgar mi prenda en la soga. Abrocharla para que no se caiga ni se vuele. Exponerla allí junto a otras. Estallidos de colores y de formas, de diseños y tamaños. Estampados de momentos vividos pendiendo, ahora, de un hilo. “Esta es la camiseta que me pongo para dormir cuando me siento triste” . Una exposición de prendas que conocen secretos de la piel. Sombras que cuelgan livianas. Protagonismo de telas suspendidas. Magias de la representación. Trapos pendientes junto a otros trapos: semejanzas que cubren. Las prendas fantasmean colgadas de un hilo como significantes alucinados. 23. Se invita a iluminar con linternas las prendas colgadas. El aula azotea, el aula patio, el aula soleada en plena noche. En esa intimidad de penumbras, en un momento, se solicita que cada cual se ponga la prenda que trajo. El acto de vestirse. Calzarse la piel de un personaje. ¿Qué hago si traje una bombacha? Te la ponés arriba del pantalón. Siempre en penumbras, participantes comienzan a recorrer el espacio con las linternas. Se propone que las prendas se presenten, como si tuvieran voces y pensaran, hablando en primera persona. 24. El juego incentiva el animismo. Propone escuchar hablar a las ropas que queremos. Solicita un pacto en el que una camiseta siente, cuenta, recuerda, piensa. 25. Se da un tiempo para precipitar encuentros mientras que se camina luciendo las prendas. “Soy de seda teñida de negro. Tengo más de veinte años. Estoy deshilachándome. Vine de muy lejos. Conmigo se siente bien. Tal vez le hago recordar a su hija. Ella me trajo y me dejó en su custodia. De a poco congeniamos me adapté a su cuerpo y su cuerpo se adaptó al mío. Hacía tiempo que no participaba de una salida” . “En mí se ampara. Se siente inmune frente a los espejos. Estoy vieja. Le cuesta reemplazarme. Todavía soy fuente de seguridad” . “Conmigo se siente en el cuerpo que le gustaría tener” . Así las prendas hablan: cuentan vidas y entremezclan historias. “Me tiene desde que Racing salió campeón. Me quiere más que a su novia” . “Pertenecí a su amiga, pero eso ocurrió hace mucho. Hoy nos pertenecemos” . “Abrigué las manos de su abuela, de su madre, las de ella. Espero poder alojar las manos de la vida que está por venir” . Así las ropas dicen cosas diferentes en cada encuentro con otras ropas. 26. Después de un rato de conversaciones, se interrumpe ese momento del juego. Las prendas se desprenden de los cuerpos. Retornan a las sogas. Vuelven a colgar entre otras telas colgadas. Se las ilumina con las linternas. En el silencio todavía resuenan las voces en el aula hipálage. En el aula eco. En el aula escuchante de sentimientos de una época, de una cursada, de una noche. 27. Tras ese momento se propone (siempre en penumbras) seguir el impulso de ponerse una prenda ajena. Arrojarse sobre las telas para envolverse, por un momento, con otra piel. 28. Varias intenciones se dirigen hacia una misma camiseta. Discuten quién la vio primero. Otras no saben qué ponerse. Otras ya se están vistiendo. Preguntan cómo les queda. Alguien dice que para la próxima hay que traer un espejo. 29. Tal vez no en la familiaridad, sino en la extrañeza se comience a pensar. Sentir la infidelidad de las cosas. Las subordinaciones de los cuerpos a las prendas y de las prendas a los cuerpos. La ropa como disfraz de singularidad. Escamas de una ilusión. Cada tanto, lugares comunes apaciguan la insidiosa inquietud de lo extraño. De pronto se enfrentan dos camisetas de equipos rivales. Comienzan a cantar y empujarse. Una dice: “Soy lo más grande que hay” . La otra responde: “Sos una vieja tela apolillada” . Mientras tanto: otras voces: “Me visto con este cuerpo por primera vez. Me ajusta. Siento que voy a reventar” . “Me debe estar odiando. No era mi intención pero le hago notar la pancita y eso no le gusta” . “Me luce como un trofeo” . “Su cuerpo me queda chico. Le sobro por todas partes. Le llego hasta las rodillas” . “Me eligió para probar cómo se siente la vida en amarillo fluorescente” . 30. Las prendas vuelven a las sogas. Cada cual elige un lugar para sentarse. Se encienden las luces. Se conversan las cosas que pasaron. Se invita a hablar a quienes estuvieron en los asientos. Mientras la conversación, se reparten hojas en blanco. Quienes quieran pueden escribir, en forma anónima, lo que les surja en ese momento. Transcurren los minutos necesarios. Se escucha el movimiento de los lápices. Cuando terminan cuelgan las hojas en cualquier broche. 31. El enunciado pensar en común no equivale a un común pensar . En la frase pensar en común la preposición en indica lo común como lugar, como modo, como circunstancia del pensar. Mientras que en la expresión un común pensar no hay pensar sin un común. Lo común se concibe como prefijo del pensar. En un común pensar no importa sólo lo común como lugar, modo, circunstancia. Lo común solicita el pensar tanto como el pensar solicita lo común. Lo común y el pensar componen una única palabra. 32. Para finalizar, se invita, a quienes tengan ganas, a leer en voz alta una hoja elegida al azar. Con la última página leída nos despedimos. 33. Se transcriben algunos textos de los escritos en aquel momento. No se trata de una colección de ocurrencias, sino de un estado pensante alrededor del abrigo. Por momentos hablan historias personales amplificadas por lenguajes de una época. Por momentos habla una época amplificada por voces personales. ***** “Para una fiesta me disfracé de libreta de notas. De la cabeza a los pies cubrí mi cuerpo con hojas de colores, salvo la boca, la nariz, la mirada. Me puse una gorra y anteojos oscuros. Andaba con papeles y lápices colgando. Me anotaban cosas. No volví a sentir que algo me quedara tan bien” . ***** “Se dijo que ‘La vida en común cultiva sus palabras’, una de ellas la voz latina ‘pallium’ que nombra el manto que cubre y envuelve fragilidades que duelen. Se explicó la idea de ‘cuidados paliativos’ así: ‘suavidades que alivian acompañando sufrimientos que no se pueden evitar’ ” . ***** “La ropa muestra y oculta. Si me dejara llevar por mis impulsos, andaría por la vida con mi viejo impermeable con capucha. Mi escudo protector. Como el manto que utiliza Perseo para sustraerse de la mirada de Medusa que lo hubiera petrificado” . ***** “Cuando visité el hospital un muchacho me contó que una noche en la calle le pegaron un bastonazo en la cabeza para robarle su vida. Se despertó desnudo sin saber qué hacer ni a dónde ir. Se puso lo que encontró tirado por ahí. ‘Seguramente ropa de un loco, dijo, si no ¿por qué me iban a traer a un manicomio?’” . ***** “Cuando mi mamá salía a tomar alcohol, me escondía con su ropa debajo de la mesa a esperar hasta que volviera” . ***** “En mi familia se repetía para explicar diferentes cosas el refrán ‘el hábito no hace al monje’. Algo así como que no hay que juzgar a nadie por la ropa que tiene puesta. Me encanta que Virginia Woolf lo piense distinto” . ***** “Tuve el peor cumpleaños de mi vida a los seis. Vinieron las chicas del grado. Hacía sólo dos meses que estaba en la escuela. Muchas se conocían desde el jardín. Mi mamá contrató a dos animadoras para la fiesta. Llegaron con valijas repletas de vestidos, polleras, collares, sombreros, guantes, zapatos. También trajeron maquillajes. Nos propusieron jugar a producirnos para el desfile de ‘la reina de la belleza’. Desplegaron una alfombra azul para enseñarnos a caminar con gracia. Pusieron en mí esmero por tratarse de la cumpleañera. Todo me quedaba mal. Desentonaba. Me refugié en el baño. No salí hasta que estuve segura de que todas se habían ido” . ***** “Silvina Ocampo escribió un cuento que se llama ‘Las vestiduras peligrosas’. Un relato sobre la perversidad contra las mujeres. Una pieza increíble, pensada hace más de cincuenta años, en la que implanta sutiles huellas de ambigüedad. La historia de una niña rica, joven, osada, que contrata a una modesta mujer para que le haga los vestidos que ella misma dibuja: modelos extravagantes, escotados, transparentes, con dibujos eróticos. La joven sale por las noches y cada mañana se entera por el diario de muchachas violadas por usar sus mismos diseños en diferentes ciudades del mundo. Hasta que, al final, la noche que sale con un pantalón neutro y una camisa sobria, un grupo de varones la ultraja, la viola y la acuchilla (según la última y enigmática línea del relato) ‘por tramposa’” . ***** “En el práctico nos dieron a leer un apunte de Roland Barthes que se llama ‘El sistema de la moda’. Dice que cuando compramos ropa, consumimos signos. Que vivimos ávidos de sentidos. Alguien, ¿me lo puede explicar?” . ***** “Nunca sé qué ponerme” . ***** “Mi bisabuelo trabajaba de puestero en una estancia cerca de Pehuajó. Murió a los cuarenta de un ataque al corazón. Mi bisabuela se quedó sola con tres criaturas. El dueño del campo le permitió quedarse hasta encontrar a dónde ir. En ese tiempo comenzó a vestirse con la ropa del muerto. De noche y de día se mostraba en el monte con campera, pantalones, sobrero y una escopeta. Quería que los merodeadores supieran que había un hombre cuidándola. Desde entonces, siempre siguió vistiéndose así. En sus últimos días, ya internada, trataba de convencer a una enfermera de que le permitiera dormir con su escopeta” . ***** “Ninguna tela puede pensarse sólo como una tela. Cuando cumplí trece años me regalaron un talet. Un manto que cubre la espalda y los brazos y que se emplea en la tradición judía para orar. Una tela rectangular que termina en los extremos con nudos e hilos que cuelgan como memorias de un pacto con dios. Cuando le cuente a mi psicoanalista la prenda que no traje a la clase, me va a interpretar que no quise mostrar la hilacha” . ***** “Transcribo algo que anoté en clase: ‘En la infancia nos aferramos a una tela para procurarnos compañía en la soledad. Una tela no cualquiera. Así lo leímos en Winnicott, quien -a mediados del siglo pasado- llamó ‘objeto transicional’ a la mantita, frazada, peluche, que nos sirven de apoyo, calidez, abrazo, cuando comienzan las separaciones” . ***** “Me siento a gusto bajo el manto de la noche. Amo habitar la casa mientras mi familia duerme” . ***** “La industria de la moda procede como los embaucadores del cuento de Andersen. ‘El traje nuevo del emperador’ o ‘El rey desnudo’ publicado en Dinamarca en el siglo diecinueve. La historia de un personaje embriagado de poder que cree en dos estafadores que se hacen pasar por sastres que dicen que le van hacer el traje más hermoso del mundo. Y que convencen a todo el pueblo de que los hilos que utilizan, tan delgados y finos, resultan intangibles e invisibles para la gente tonta” . ***** “A veces, vestirse equivale a dar consentimiento o disentir con una mirada que lastima” . ***** “Probadores de ropa sinceran los cuerpos. Desafían autoestimas o, como dirían en la cátedra, ‘ficciones de sí’. En algunas tiendas te mandan al probador como si te mandaran a un cubículo de castigo. Prueban si podés soportar la mirada implacable de sus espejos y la luz cruda de sus focos que resaltan lo peor. Sin contar las vendedoras que te dicen que todo te queda bárbaro” ***** “El juego de los ropajes me recuerda la idea de ‘nuda vida’ de Agamben. La feroz desnudez de estos tiempos. Una desnudez que trasciende la de los cuerpos. Una desnudez sin amparos. Sin derechos y sin justicia. Una desnudez privada del don de una común hospitalidad” . ***** “‘A dónde crees que vas con ese vestido’” . ***** “La heroicidad no pasa de moda. La ilusión de poseer poderes excepcionales no pasa de moda. La fantasía de un traje, una capa, un collar, un anillo o un botón de la fuerza, no pasa de moda. Cansa no poder andar con la fragilidad suelta, sin talles ni medidas, con los colores que pinten cada día” . ***** “El año pasado se quemó un taller clandestino que funcionaba a tres cuadras de mi casa en el barrio de Flores. Adentro vivía y trabajaba una familia que había venido desde Bolivia. A las criaturas las sacaron muertas. A la madre y el padre los llevaron inconscientes al hospital. Estaban ahí como esclavos. Tal vez, algunas de las prendas expuestas hoy se cortaron y se cosieron en ese sótano”. ***** “De la lectura de ‘Roberto Arlt, yo mismo’, la presentación que Oscar Masotta escribe en 1965, me acordé de una observación que hace, al ver la ropa que lleva puesta en una fotografía: un traje cruzado, oscuro, de franela, a rayas blancas que se estrechaba en forma grotesca en su pecho. Un traje perfecto salvo por el detalle de que había sido hecho a medida, por un famoso sastre, para un compañero (hijo de un juez con mucho dinero) al que le rogó que se lo vendiera” . ***** “Durante seis meses acompañé a una mujer que se estaba muriendo. Hablábamos poco. Solía dormirse tomada de mi mano. Me hizo prometerle que el día de su sepelio me iba a ocupar de que le envolvieran el cuello con una bufanda de alpaca que se olvidó su amante la última noche que pasaron juntos” . ***** “Me ayudó leer en ‘El imperio de lo efímero’ de Lipovetsky, publicado para la misma época en que se estrenó la película de Wenders, que la fabricación industrial de ropa coincidió con los tiempos de las sociedades de masas que atenuaron diferencias entre clases sociales. Y que, por eso, entre otras cosas, para evitar la igualación de la producción en serie, la gente rica necesitó lucir modelos exclusivos de grandes artistas de la ‘Alta Costura’” . ***** “La familia de mi madre no se reúne para festejar, sino para librar una lucha de clases. Sus hermanos, después de los abrazos, enseguida despuntan las primeras ironías. Ante las primeras escaramuzas alguien propone tratar de no discutir esa noche. Pero llegando a los postres el enfrentamiento se vuelve encarnizado. No están de acuerdo en nada. Al final uno de mis tíos siempre termina la pelea diciéndole al otro: ‘La mortaja no tiene bolsillos”. Pasaron años hasta que supe que se llama ‘mortaja’ a la vestidura con la que se envuelve un cadáver antes de su entierro” . ***** “Millones. Abandonan lugares en los que nacieron. Tierras secas e inundadas. Se van sin nada. Antes y después de las bombas. No tienen a dónde ir. Mueren o sobreviven yéndose. Sobran. Una ropa limpia. Una ropa cualquiera. Algo para seguir perteneciendo a la civilización” . ***** “Escuché a José Mujica hacerse esta pregunta: ‘Si Uruguay tiene tres millones y medio de habitantes, ¿por qué importa veintiocho millones de zapatos cada año? ¿Acaso somos un cien pies?’” . ***** “Recuerdo ‘Vestida para matar’, una película que Brian De Palma filma en los años ochenta. La historia de una mujer casada, en terapia con un psiquiatra, que se atreve a tener un encuentro casual con un desconocido. Pero que, a los pocos minutos, termina asesinada con saña en un ascensor por una rubia, con anteojos oscuros y un impermeable negro, que lleva una navaja. No se sabe si el título de la película responde a cómo estaba vestida la pobre mujer que tuvo una aventura o a la enigmática figura que la mata” . ***** “Un simple pulóver azul puede convertirse en una trampa mortal. Como le sucede al protagonista del cuento ‘No se culpe a nadie’ de Julio Cortázar que termina cayendo de un piso doce enredado en un pulóver con la cabeza metida adentro de una manga y los dos brazos atrapados en las cavidades de esa enmarañada lana azul” . ***** “Me gustaría saber sobre uniformes. Sobre los uniformes de la muerte de los ejércitos de todos los tiempos. Sobre la indumentaria de mercenarios y personajes de las películas que imaginan el fin del mundo. Saber sobre indumentarias en las iglesias y en los hospitales, en las bandas de rock, en las tribunas de fútbol o en las gradas de las canchas de tenis. La docente de mi práctico comentó sobre un libro que creo se llama ‘Historia social del arte de la vestimenta’” . ***** “Un poema de Alejandra Pizarnik lleva este título: ‘Sombras de los días a venir’. Dice: ‘Mañana / me vestirán con cenizas al alba, / me llenarán la boca de flores. / Aprenderé a dormir / en la memoria de un muro, / en la respiración de un animal que sueña’” . ***** “Disculpen que interrumpa este momento emotivo, poético, filosófico, pero hay un lado B de la ropa. Estas inofensivas envolturas -que nos ubican en un lugar social, nos contagian eróticas y nos obsequian la ilusión de lo único- están destruyendo el planeta. La industria de la ropa contamina el mundo. Montañas de prendas se incineran, se entierran, se depositan en vertederos. Uno de los basurales más grandes está en el desierto de Atacama. La fabricación desenfrenada crece todos los años. Obsolescencias programadas aseguran ganancias. La industria de la indumentaria consume enormes cantidades de agua y contribuye al calentamiento. El poliéster tarda doscientos años en descomponerse. El capital acumula basura. Mientras acá nos entretenemos curioseando secretos íntimos, identificaciones, ternuras, el mundo se acaba. No lo tomen a mal, pero en la Facultad venimos muy atrás respecto de las cosas que están pasando” . ***** “Recuerdo un poema mapuche (Lalen Kuzé) que piensa lo que llevamos puesto como obra de una sabia araña tejedora. Como demora de hiladoras que acarician con sus manos lanas de ovejas que luego tiñen con colores de plantas y flores. Como poéticas del abrigo que protege la piel del mundo”. ***** “Una tía de mi mamá hacía vestidos para sus sobrinas. Ellas le llevaban modelos de revistas. La tía tomaba las medidas de los pechos, de la cintura, de la cadera, del largo. Tenía un centímetro de plástico que se enrollaba y desenrollaba. Dibujaba con un lápiz la forma del vestido sobre un papel extendido sobre una mesa que servía para los cortes. Eso se llamaba hacer el molde. Aseguraba con alfileres cada molde sobre la tela. Uno para el frente y otro para la espalda. Con una tijera de modista cortaba la tela. Después cosía las partes. Muchas veces a mano. Tengo el recuerdo de mi mamá parada frente al espejo y la tía haciendo ajustes con tizas y alfileres sobre su cuerpo” ***** “No traje ropa. Estuve mirando desde la silla en la que ahora estoy escribiendo. Observé todo lo que pude. En un momento me surgió esta imagen que comparto: Tanto va el cántaro a la fuente que al final, un segundo antes de que se rompa, la fuente le pide al cántaro que esa vez ponga más cuidado” . ***** 34. No se propone la escritura como una lluvia de ideas para, al cabo, seleccionar las mejores. Un común pensar acontece como precipitación interminable. Diluvio pensante que sólo se interrumpe cuando ya no se puede con tanto. Tal vez pensar consista en eso: asomarse al no se puede con tanto . Aventurarse a ese vértigo, abismo, intemperie, sintiéndose al abrigo de lo común. 35. Algunas presencias vuelven a sus casas con las prendas que trajeron. Otras las intercambian o las regalan. Alguien cortó su remera para repartir los pedazos. Verónica Scardamaglia - Napoli - 2025 - Fotografía toma directa
- Si no nos dejan soñar, no los vamos a dejar vivir / Gatx Negrx
Quizás sepamos en lo que estamos de acuerdo, quizás no. Estamos sostenidxs por las afinidades posibles, por los afectos y efectos de los encuentros, por el amor a las tramas de amistad, por insistir en querer vivir de otras maneras. Estamos en contra de la yuta patriarcal y de toda opresión con forma de yuta, de los colores que sea y venga de dónde venga (todxs tenemos culo y nadie lo tiene limpio). Quizás, desde acá, veamos que el sindicalista que creés que te representa, no te representa –¿los mundos que queremos exigen representación?– y además, gana buena guita por ese trabajo y no lo despiden ni lo maltratan ni lo explotan. Quizás, desde por acá, veamos que ese y esa representante se esforzaron en ponerte un ministerio y darte un cupo y leyes, que mucho pudieron, pero que desde esa misma región ideológica de la patria, juegan tan bien el juego democrático (incluso el juego de los derechos humanos) que estamos como estamos hoy... Y no por la pesada herencia (si hablamos de herencia tendríamos que resucitar a nuestrxs originarixs), hablamos del pacto de olivos, del de entrega de tierras y acceso a la megaminería, del gatillo fácil, de que todavía existen los manicomios. Quizás, desde acá veamos que no se trata solo de la carita visible del presidente, sino de todos aquellos que omiten y callan, omiten y se encogen de hombros y miran al costado o exclaman ¡qué barbaridad! mientras siguen como si nada, como si todo… Quizás, desde acá veamos que hay algunas formas de lo progre que, por ahí sin querer, por ahí sin saber, hacen juego porque aspiran a sentirse vidas de primer mundo sin querer embarrarse los zapatos, sin meter las patas en la fuente. Todxs tenemos culo y nadie lo tiene limpio. Por eso, esta vez –como toda vez–, necesitamos estar alertas a las centralizaciones y jerarquías que nos hacen no solo hablar por otrxs, sino creer que nuestro miedo es mayor o peor que el de otrxs. Y hacen militar imponiendo ideas y formas, creyendo que para construir las luchas hay que entenderse. Desde acá vivimos el sabernos minoría y no aspirar a gobierno alguno. Intentamos una vez más, no dejarnos tomar por esas emociones fachas (que centralizan, jerarquizan y aplastan) que habitan todo lugar, todo colectivo y todo cuerpo, y que trabajamos mucho para neutralizar. Desde acá, creemos en la matriz de la amistad y la complicidad sensible, quizás, la única matria posible. Esa que no tiene fronteras, esa que sabe del darse, de la ternura y de la rabia. Y desde acá seguimos inscribiéndonos en una historia de antifascismo, de comunas, de revueltas, de okupaciones. Por eso invocamos a la capacidad inventiva y el arrojo de la Bolten, a la solidaridad armada de Durruti, a la pluma sagaz de Barrett, a la intrepitud de Louise Michel y Severino, a la digna rabia, al teje y la furia trava, a la paciencia estratégica mapu, a la inteligencia de Lohana. Desde estas invocaciones nos deseamos fervorosamente que, esta vez, ni vedettismos ni aspiracionismos partidarios o académicos ni orgas ni traiciones ni kiosquitos ni centralidades ni jerarquías congeladas coopten estas alianzas en las que insistimos para vivir. Para estar de otras maneras. Quizás, esta vez, fracasemos mejor. Fuente: https://periodicogatonegro.wordpress.com/2025/01/26/si-no-nos-dejan-sonar-no-los-vamos-a-dejar-vivir/?fbclid=PAY2xjawIEZ1tleHRuA2FlbQIxMQABpri86TxXAQtB_aSQCkZhlcYNBTJn1e2R8wwMfwWWHFhsboZQe5ieTl4pcA_aem_kl2_v85UvuJG9qiif9rQ7g Christian Andersson - 2012 - Ataque - Bronce, acero pintado, fósforo - 15 x 25 x 10 cm
- Adynata Febrero / GS
Adynata Febrero se dispone a contemplar . El verbo contemplar se compone con las raíces latinas cum y templum. Cum- de compañía, acción conjunta y templum , de templo o lugar sagrado para ver el cielo. Templum nombraba el lugar donde augures parcelaban el cielo en sectores y cuadrantes para buscar, en esos perímetros, lo que el vuelo de los pájaros auguraba, auspiciaba para quienes habitaban las extensiones de tierra que correspondían a esa delimitación del firmamento. Se cuenta que el verbo contemplar es un vocablo técnico nacido de la lengua augural , que es el lenguaje de los augures. En tiempos antiguos, la decisión acerca de dónde vivir, dónde asentarse, para fundar un poblado, estaba a cargo de los augures. Reconocidos como sacerdotes intecesores de lo divino, consultaban a los dioses si la elección del lugar era adecuada, si la decisión contaba con el favor de los dioses, si los dioses permitían esa solicitud, si no se incurría en una ofensa al decidir ese lugar como asentamiento de vida. El modo de entrar en conversación con los dioses era desentrañando la escritura que trazaba el vuelo de los pájaros. De allí provienen las figuras del "pájaro de mal agüero ” o “ pájaro agorero", del “buen augurio” y los “signos auspiciosos” . Del latín Avis (ave) y el verbo Spicio (ver, mirar), auspicio indica la acción de mirar los pájaros. Un mirar que no es sólo ver, sino un leer el trazo de los pájaros: percibir en esos garabatos y arabescos alados, la legibilidad de una de las caligrafías de lo vivo. Lengua augurales acontecen como medio para conversar con las lenguas de lo vivo, para consultar si la decisión del dónde vivir, suponía una decisión respetuosa con lo vivo. La función del augur consistía en corroborar si la elección, convivía con los modos de existencia y las fuerzas que ya moraban en el territorio elegido, es decir, si había lugar para inaugurar otro modo de vida sin desplazar, desalojar, violentar, sacrificar a las vidas que ya habitaban el lugar. Adynata febrero, un territorio consagrado a la lectura de auspicios. Podríamos preguntarnos ¿por qué consultar a los dioses si podríamos comprobar por nuestra cuenta la existencia de lo vivo? Lenguas augurales sabían lo que la lengua del dominio ha suprimido: No se puede saber la extensión de lo vivo, no se pueden agotar las infinitas formas que su variación admite. Leer interesa menos como significación y decodificación que como iniciación en- , dejarse instruir por- las infinitas lenguas que puede el mundo. No se trata de lecturas para predecir , decir antes , anticipar lo que vendrá : dominar a través de los nombres, sino de entrar en contacto con lo desconocido, “restituir a lo inexpresado” lo pensado, para desaprender las lenguas del sacrificio, desertar de las lenguas azuzadas por la crueldad. No se busca adivinar, no se busca ver venir, lo que va a venir en el futuro, sino lo que hoy está impedido de venir, aquello a lo que hoy no le es concedido advenir. Si la videncia procura ver más allá, aquí se trata de una invidencia que contempla con urgencia el más acá: una disposición sensible ante los modos de existencia de lo invisible, como una “ intimidad sin proximidad ”, una hospitalidad sin visibilidad, un cuidado por lo impresente, un aprender a leer las huellas visibles de lo invisible para aprender a convivir con lo inmanifestado. Lenguas augurales : vaticinios, rituales, ceremonias, invocaciones, ritos, liturgias, ruegos, llamados, entrares en conversación a la búsqueda de lugares donde sea posible la vida, o bien oficien de protección, favor, amparo, socorro, consuelo, salvaguarda ante la hostilidad desencantante del mundo. Lenguas augurales como aires de un augurio inaugural de otra cosa. Un reencantamiento del mundo. Quizás se trata de inaugurar imaginaciones que encanten lo desencantado. Adynata Febrero invita a con-templar lo que lenguas augurales podrían decir si preguntáramos -y si supiéramos escuchar- dónde los lugares favorables para la vida hoy. El con - como templo, santuario, lugar protegido desde donde leer, en el inagotable cielo de lo vivo, sitios auspiciosos para cultivar vitalidades, territorios donde sea posible la vida. Adynata Febrero invoca el antiguo arte de las lenguas augurales en procura de inaugurar geografías vitales en cuerpos, aires, aguas y tierras agotadas por la explotación de las lenguas de ultraje: patriarcales, coloniales y capitalistas. También abre la invitación y la convocatoria a la recepción de textos afines a lo augural , textos en estado de amistad con esas liturgias y astucias que imaginan modos de conversación con el mundo, la materia, lo vivo, para ampliar la indagación sobre otros modos de vivir durante la próxima edición de Marzo. (Pueden enviarse a catgrupos@gmail.com ) v. Nicolás Koralsky (2020) Serie Frágil
- La serpiente y el águila / Fernando Stivala
I. Jung en la primavera de 1934 se propone trabajar en un grupo de pensamiento el Zaratustra de Nietzsche junto a otros estudiantes, analistas, y curioseantes. A esos encuentros los llama sesiones. En una de las sesiones se dedica al águila y la serpiente, dos de los personajes principales que acompañan a Zaratustra durante toda la travesía. Con ellos arranca el libro. Animales misteriosos, extraños, salvajes, y compañeros. “El águila, que vive en el aire, tiene la cualidad del espíritu. Un ser alado, volátil y flotante. Vive en la cima de las montañas más altas donde nadie puede ir. Su característica es salir de las profundidades de la pesantez lo más rápido posible y perder peso. La serpiente es la pesantez de la tierra, no tiene patas, no puede saltar o volar, sólo puede arrastrarse sobre su vientre en el polvo de la tierra. Suele vivir en agujeros y en rocas y algunas son nocturnas. Llevan una existencia oculta y a menudo las encontramos donde menos la esperamos. En un sentido más psicológico , dice Jung, el águila es como el pensamiento, la luz de la consciencia. Y la serpiente es la columna vertebral, los centros motores inferiores del cuerpo, de la espina dorsal y los centros que van al cerebro. Una relación entre el cuerpo y el cerebro. También asociada a los instintos, a las pasiones, a la sexualidad o a la astucia instintiva inferior.” En Así habló Zaratustra la serpiente es la astucia y capacidad de metamorfosear de los cuerpos, y el águila es la ligereza volátil y orgullosa de sí de los pensamientos. Aparecen juntos. No los representa opuestos, sino abrazados. Ni el águila se está llevando a la serpiente para alimentarse, ni la serpiente está en actitud de ahorcar al águila. Van juntas. Antes de terminar el discurso preliminar se lee: “ Esto es lo que Zaratustra dijo a su corazón cuando el sol se encontraba en su cenit: elevó entonces una mirada interrogante al cielo – pues oía arriba la aguda llamada de un ave. ¡Y en efecto! Un águila trazaba amplios círculos en el aire, y de ella pendía una serpiente, no como si fuese una presa, sino como una amiga, pues la llevaba enroscada al cuello. ¡Son mis animales! Dijo Zaratustra, y se alegró de todo corazón .” El animal más orgulloso bajo el sol y el animal más astuto bajo el sol han salido de exploración. Jung dice que desde hace por lo menos dos mil años se llega a la misma conclusión: que la materia es baja y mala, que el espíritu es bueno, bello y elevado, y que la materia debería estar sometida al espíritu. En el Zaratustra la serpiente cuelga del águila no como una presa sino como si fuera una amiga. Se sigue leyendo: “ He encontrado más peligroso el trato con los humanos que con los animales; Zaratustra sigue caminos peligrosos. ¡Que me guíen mis animales!” Jung como Freud y el grupo de los miércoles van adquiriendo la costumbre de analizar al humano detrás de la obra. Pero fíjense como lo hace Jung: “Es el águila que lleva por el aire a la serpiente, lejos de su habitual morada, lo que nos puede llevar a que el hombre Nietzsche es alzado sobre sus pies por el pájaro Zaratustra. Pero no se defiende, al contrario, se entrega al viaje. No es un viaje por debajo del mar, no es navegar, tampoco es un viaje de tierra. Es un viaje que vuela por el aire y allí todo es visible.” Por eso los humanos, inclusive Nietzsche , estamos en una situación terrible. Por eso necesitamos llamar y crear puentes para el super humano, para las ciudades por venir. Para animarnos a romper con los valores adecuados y naturalizados y poder crear nuevas referencias. El águila Zaratustra con su miel nos ha atrapado. ¿Cómo podríamos resistirnos? Entregarnos al viaje y al llamado, contagiarnos al llamamiento y contagiar. “Pero tenemos que reconocer que es muy peligroso, no sabemos lo que va a resultar en el futuro.” Si bien son amigas, es la serpiente la que se deja llevar por el águila y la sigue. ¿Seríamos Nietzsche y nosotros que somos llevados por los aires? ¿Qué nos eleva? Una especie de danzar, volar, levitar. “Se trata de un verdadero éxtasis” dice Jung. Estar fuera de sí. Acción de desplazarse. Elevar la astucia. Una inspiración. Percia en el texto Darse a la inspiración publicado en la edición de enero del 2025 de la revista Adynata escribe: “ Inspiraciones se piensan como éxtasis. Exaltación que, según la antigua tradición griega, se traduce como estado fuera de sí. Salida de las abrazaderas de la ficción de mismidad. Condición que no se alcanza sólo como sueño, imaginación o locura. Éxtasis quiere decir detención del tiempo. Entrada en el presente, en la ranura secreta de su instante. Éxtasis expresa, así, la vivencia mística, religiosa, artística, orgásmica, del fuera de sí. Salida de los límites de un territorio personal. Iniciación en los secretos del tiempo y en los arrobamientos del aire”. Rastreando por las redes y algunos libros de Zoroatrismo , teniendo en cuenta la exigente formación académica que tenía Nietzsche en filología, religión, lingüística, y sus conocimientos de mitología comparada es difícil desvincular al Zoroastro histórico del Zaratustra que proyectó en el libro. Comparto algunas pesquisas: El zoroastrismo se formó alrededor de 1600-1200 a. C. (dependiendo de las fuentes usadas) en la región noroeste de Irán (Persia) por el profeta Zoroastro, cuyas enseñanzas fueron transcritas en lo que se conoce como el Avesta. Una de las primeras religiones monoteístas del mundo que influyó al judaísmo, al cristianismo y al islam. Zoroastro nació en una cultura con una religión politeísta, incluía un excesivo sacrificio de animales y el uso ritual excesivo de sustancias alucinógenas (especialmente la Haoma, una especie de efedra). Según algunas tradiciones, su padre Pourušaspa tomó un trozo de la planta Haoma y lo mezcló con leche. Le dió a su esposa Dugdōw la mitad de la mezcla y se tomó él la otra. El nombre de su padre significa poseedor de caballos grises , mientras que el de su madre significa ordeñadora . Luego concibieron a Zoroastro a quien se le infundió el espíritu de la planta. En avéstico, se acepta en general que Zaraϑuštra deriva del iranio antiguo. En avéstico zarš significa arrastrar y uštra es la raíz indoirania de camello. Quien conduce camellos. Conducir no como dirigir sino como quien recibe una ola. Quien hace con los pesos que van tocando. Quien convierte pesadeces en ligerezas. A la edad de treinta años, Zoroastro, experimentó una revelación durante un festival de primavera en la orilla del río Daiti, a donde se dirigió a sacar agua para una ceremonia de Haoma. Vió a un Ser brillante, que se reveló a sí mismo como Vohu Manah (Buen Pensamiento o Propósito) y quien le enseñó acerca de Ahura Mazda (en persa: Señor Sabio, Mazda significa sabiduría como en el griego lo es Sofía ) que está enfrentado a su hermano gemelo, un ente maligno que recibe el nombre de Angra Mainyu (en avéstico: espíritu destructivo). Esta visión transformó radicalmente su perspectiva del mundo, y trató de enseñar esta perspectiva a otros. Zoroastro convenció al rey y a su tribu de estas creencias. De esta manera llegó a religión oficial una de las primeras religiones monoteístas (mazdeísmo o zoroastrismo) aunque en un marco dualista de la historia. El conflicto entre el bien y el mal marca la vida de los humanos. Se creó el mundo sobre la base de la veracidad. El buen espíritu y el espíritu maligno son gemelos, a través de cuya cooperación existe el mundo. Para que el bien triunfe sobre el mal, los humanos tienen que tomar una decisión, único ser vivo al que se le ha dado la oportunidad de liderar y cambiar. El humano puede perdonar u odiar, es humano porque no se deja guiar por sus instintos. Depende, pues, de todos y todas elegir lo que es bueno y así apoyar la lucha de Ahura Mazda contra el mal. Es importante aquí que no obliguen a la gente a hacer nada. Se nace libre como un ser racional y sólo puede acercarse a Dios mediante una decisión libre y una percepción personal. Hasta acá la historia de Zoroastro. A partir de acá volvemos a la literatura del Zaratustra con Jung. “El propósito de Zaratustra es remediar el problema del tiempo. El propio Nietzsche, tomó la figura de Zaratustra porque el Zoroastro original trajo el conflicto moral al mundo y, como el conflicto moral está ahora en su punto culminante, debe aparecer de nuevo para hacer algo que lo remedie. Los pares de opuestos separados por el conflicto moral deben ser reconciliados de nuevo. Más allá del bien y del mal quiere decir más allá del águila y de la serpiente y de sus significados morales. ¿Y por qué no es tan fácil hacer todo esto?” Se pregunta Jung. Dice que “ cuando tenemos que resolver un problema tan importante que en realidad es nuevo para nuestro tiempo, tendrá en nosotros una influencia muy fuerte el modo en que ese problema ha sido resuelto hasta ahora. La solución que fue propuesta por el antiguo Zoroastro era que el espíritu venza a la materia, que la existencia de la materia sea controlada por el espíritu. La idea de que el espíritu triunfará al final era el modo en que se resolvió el problema, lo que explicaría todas las conclusiones sacadas por el cristianismo sobre el desprecio o la destrucción del cuerpo. Para los santos todo lo que tenía que ver con el cuerpo era bajo o vulgar. Había tabúes específicos para demostrar la inferioridad de las cosas corporales, mientras que todo lo que era espíritu o mente era maravilloso, divino y bueno.” Gran problema que subsiste y retorna. El águila tiene que controlar a la serpiente. Siempre la razón buscando el dominio de las pasiones. ¿Se puede seguir insistiendo en semejante fracaso? Solo el humano demasiado humano puede tropezar tantas veces con las mismas emociones. ¿O acaso alcanza con decirle alguien dejá de fumar, hace dieta, no sufras, o no te veas con esa persona que te hace mal ? ¿En serio vamos a seguir creyendo que las razones pueden con las pasiones? O como diría Spinoza: a una pasión se la desplaza con otra pasión. Quizás el miedo a morir o a perder la voz te haga dejar de fumar. O quizás el amor a los hijos o a la música te haga dejar un consumo unilateral. Sigue Jung: “ Nuestra creencia en la ciencia es idéntica: es la verdad, y la verdad y la razón deben salvarnos al final. Son nuestras salvadoras. Como ven, se trata del mismo viejo prejuicio dice Jung. No sabemos lo que es la verdad, ni sabemos cómo actúa en particular. Solo hemos aprendido que a veces una mentira es tan buena como la verdad. Hay una obra de teatro, en Estados Unidos, en la que durante veinticuatro horas no se dice sino la verdad, lo que demuestra lo que la verdad es capaz de hacer. Si dijéramos la verdad durante veinticuatro horas, organizaremos un lío tan desastroso que nadie sabría cómo salir de él. Naturalmente, nos hemos vuelto indecisos; nos enfrentamos al problema de si deberíamos decir la verdad o mantener la ilusión; y conocemos casos en los que la ilusión era sin duda mejor que la verdad. De ahí que incurramos en toda clase de conflictos entre nuestros deberes. Deberíamos decir la verdad. Pero es mucho mejor decir una mentira en determinados casos, y entonces estamos perdidos y ocurre la catástrofe. Tal vez descubrimos que lo que la gente llama pecado es algo a veces extremadamente decente, o que lo que otros llaman virtud puede ser un vicio de lo más horrible. Entonces nos debatimos en dudas constantemente. Por ejemplo, antes pensábamos que era bueno castigar a los criminales, pero ahora conocemos casos en los que no es bueno. O tal vez conozcamos a un criminal y, si lo estudiamos, nos damos cuenta de que en su situación habríamos hecho exactamente lo mismo. Las personas que tienen cuidado en evitar algo que es no del todo correcto, se meten en un lío tremendo, mientras que las personas que no son del todo correctas salen mucho mejor adelante, y son menos perjudiciales para la sociedad humana que la gente correcta. Por eso, no podemos evitar estar muy indecisos sobre la validez de esas dos ideas. La suma total de todas esas dudas y deliberaciones nos ha puesto ante la pregunta: ¿cómo podría ser resuelto ese conflicto entre el Yang y el Yin, o entre el bien y el mal, entre el espíritu y la materia? Nos invita a dejar el conflicto abierto y ambiguo para no querer resolverlo hacia un lado. Cada vez que hacemos el intento de resolver ese conflicto estamos fuertemente influidos por los valores del pasado.” Por eso Zaratustra viene para redimir lo que Zoroastro inventó: los valores pasados, el bien y el mal. Más allá del águila y la serpiente. “Por eso, lo más probable sería que el águila cogiera a la serpiente para dar un paseo por el aire.” ¿Y la vida de Nietzsche? Jung en su afán de obsesionarse con interpretar a Nietzsche dice que en una época “ llevaba la vida de un santo; abandonó su vida ordinaria y se fue a los bosques. Los bosques se llamaban Rapallo, la Engadina, Niza, etc., pero estaba solo. Era un ermitaño. Vivía totalmente en sus libros. Se consagró a prácticas espirituales y perdió la relación con el mundo de la carne. En realidad, se convirtió en una especie de santo moderno. El lado espiritual lo atrapó más de lo que era bueno para la solución de su problema moral.” A lo que rápidamente añade y finaliza: “Pero no podemos decir que el lado espiritual es el doble de bueno que el otro. Debemos reunir los pares opuestos de un modo totalmente diferente, en el que los derechos del cuerpo reciban el mismo reconocimiento que los derechos del espíritu.” Como escribió y vivió Spinoza, alma y cuerpo son dos expresiones distintas de lo mismo, del Todo, de la Naturaleza. Así habló el Zaratustra de Jung. II. Pero todavía hay algo más. El Nietzsche de Deleuze nos da más pistas para intentar dejar de repetir semejante fracaso cartesiano donde se sospecha del cuerpo y sus sabidurías, donde se confía en la razón y el control de la mente para no sucumbir a las pasiones de la carne. ¿No hay otros devenires? Si no se confía en la potencia del cuerpo (que no quiere decir desconfiar de la potencia del pensamiento) se separa a la potencia de lo que puede. Se desconfía de la propia potencia que es la potencia de la naturaleza. Si se separa a la potencia de lo que puede desconfiamos de lo que podemos. A eso Nietzsche lo llama nihilismo: Para qué voy a hacer tal cosa si todo va a ser igual. Es la figura enemiga de todo el Zaratustra. Los pensamientos intrusivos, desconfiados, dudosos, neuróticos. Puro pensamiento pajoso. No se sabe lo que puede un cuerpo es: no queda otra que experimentarlo. No se sabe lo que puede un pensamiento es: no queda otra que comprometerlo en la jugada, en la acción, en la situación. Si no, puro idealismo, puras abstracciones mentales. Este nihilismo en el Zaratustra está ficcionado con la voz del adivino que dice: “ no hagas nada, nada tiene sentido, todo es en vano. Todo está vacío, todo es idéntico, todo fue. Todo es igual, nada merece la pena, el mundo no tiene sentido, el saber estrangula.” La voz que nos auto separa de lo que podemos. Voces externas o voces internas da lo mismo. Ambas componen una potencia desganada, impotente, que se justifica con sus peros y limitaciones. Sin darle forma a la imaginación y a la fantasía solo queda mucho dolor, mucha queja, mucha victimización. Esto ocurre cuando el deseo o la voluntad son deseo y voluntad de lo mínimo, sin muchos problemas. Mejor que no me pase nada . La negación de lo que se puede, el triunfo del nihilismo o las fuerzas reactivas: mejor no comprometas tu potencia . Mejor no te metas . Deleuze en el libro Nietzsche y la filosofía dice al respecto: “ ¿Hay otro devenir? Todo nos invita a «pensarlo» quizá. Pero haría falta otra sensibilidad; como dice a menudo Nietzsche, otra forma de sentir. Todavía no podemos responder a esta pregunta, sino apenas presentirla. Pero podemos preguntar por qué sólo sentimos y conocemos un devenir-reactivo. ¿No será que el humano es esencialmente reactivo? El resentimiento, la mala conciencia, el nihilismo no son rasgos psicológicos, sino algo así como el fundamento de la humanidad. Son el principio del ser humano como tal. El humano, «enfermedad de la piel» de la tierra, reacción de la tierra... Es en este sentido que Zaratustra habla del «gran desprecio» por los humanos, y del «gran hastío». Otra sensibilidad, otro devenir, ¿pertenecerían aún al humano?” Deleuze hace referencia al capítulo De grandes acontecimientos donde Zaratustra conversa con el perro de fuego y le dice: “La tierra tiene una piel; y esa piel tiene enfermedades. Una de esas enfermedades se llama, por ejemplo: hombre” . Y más adelante también dice: “Libertad es lo que más les gusta aullar: pero yo he dejado de creer en grandes acontecimientos cuando éstos se presentan rodeados de muchos aullidos y mucho humo. ¡Y créeme, amigo ruido infernal! Los acontecimientos más grandes no son nuestras horas más ruidosas, sino las más silenciosas. El mundo no gira en torno a los inventores de un nuevo ruido: sino en torno a los inventores de nuevos valores; inaudible gira el mundo.” Sigue Deleuze: “Esta condición del humano es de la mayor importancia para el eterno retorno. Parece comprometerlo o contaminarlo tan gravemente, que lo convierte en objeto de angustia, de repulsión o de hastío. Incluso si las fuerzas activas retornan, retornarán reactivas, eternamente reactivas. El eterno retorno de las fuerzas reactivas, aún más: el retorno del devenir-reactivo de las fuerzas. Zaratustra no presenta el pensamiento del eterno retorno únicamente como misterioso y secreto, sino como descorazonador, difícil de soportar. A la primera descripción del eterno retorno sucede una extraña visión: la de un pastor «que se retuerce, gritando y convulso, con la cara descompuesta», con una pesada serpiente negra asomando por su boca. Más tarde el propio Zaratustra explica la visión: «El gran hastío del humano, esto era lo que me ahogó y lo que se me metió en el gaznate... Volverá eternamente, el humano del que estás harto, el pequeño humano... ¡Ay!, el humano volverá eternamente. ¡Y el eterno retorno, hasta del más pequeño era la causa de mi cansancio por toda la existencia! ¡Ay! ¡hastío, hastío, hastío!» El eterno retorno del humano pequeño, mezquino, reactivo, no sólo hace del eterno retorno algo insoportable; hace del eterno retorno algo imposible, introduce la contradicción en el eterno retorno. La serpiente es un animal del eterno retorno; pero la serpiente se desenrolla, se convierte en «una pesada serpiente negra» y cuelga de la boca que se disponía a hablar, en la medida en que el eterno retorno es el de las fuerzas reactivas. Porque, ¿cómo el eterno retorno, ser del devenir, podría afirmarse en un devenir nihilista? Para afirmar el eterno retorno hay que cortar y arrojar con la cabeza de la serpiente. Entonces el pastor ya no es ni humano ni pastor: «estaba transformado, aureolado, ¡reía! Nunca una persona había reído sobre la tierra como aquél». Otro devenir, otra sensibilidad: el superhumano.” ¿Quién es el Übermensch ? Más allá de la medida establecida. Más acá de las medidas creadas. Comunes por-venir. III . Dos últimas intervenciones: una aclaración y una propuesta. El problema para Nietzsche no es que haya fuerzas reactivas, sin ellas lo activo no puede existir. Siempre es parte del mismo fenómeno, de la voluntad de poder. El estómago por ejemplo, hace falta deglutir la realidad, asimilarla, sin eso no hay como. Pero una vida calcada solo de las funciones digestivas es una vida que no tiene deseo de mundo. Hay una relación ahí, y la pregunta es cómo se da. El punto es cuándo y cómo las fuerzas desganadas se apoderan de los entusiasmos. Es verdad que las fuerzas reactivas en sí mismas no pueden crear nada. Son meramente adaptativas. ¿Y por qué algo que no puede crear nada crea ficciones? ¿Eso no es crear algo? ¿Y si es creadora porque es reactiva entonces? Esa figura es lo que Nietzsche llama sacerdote. Dicen: Ustedes no son débiles, son buenos. No son esclavos, son justos. Es verdad que no tienen la fuerza para crear, pero el día de mañana los últimos serán los primeros, y tendrán el premio en el cielo . Son ficciones dirigidas a organizar las fuerzas reactivas con el objetivo de separar las potencias de lo que pueden. Apuntan ahí. Para que las fuerzas reactivas puedan crear algo tiene que haber una figura activa que se ponga a trabajar para ellas. ¿Y qué es eso de otra sensibilidad ? Cuando los poderes se ocupan de impotentizar las potencias: entusiasmos, creaciones, pasiones (cuerpos y pensamientos), hay un devenir bloqueado que no permite que el eterno retorno juegue del todo. Hay una serpiente negra atragantada. Bajo el peso del nihilismo la palabra devenir se vuelve reactiva, en contra. Habría que hacer un tipo de ruptura muy fuerte como para que el devenir sea otra cosa. Que lo que vuelva sea el entusiasmo y la posibilidad, y no el desgano y la justificación. ¿Qué es la negación? Una especie de efecto ficticio sobre cualquier categoría de pensamiento. La negatividad no es algo. Solo es algo en el pensamiento. Es la carencia, es la privación, es el borramiento de algo en relación a un pensamiento que hace la operación de imaginar una totalidad pasada o posible y sustraerle algún elemento. Como dice Deleuze en otro momento: “ a esta biblioteca no le falta nada.” Por eso la humanidad tomada por el nihilismo es resentimiento. Hay una afinidad entre estos términos que vamos mencionando que hacen que el nihilismo no deje de retornar ¿Por qué el resentimiento no deja de imponerse? ¿Por qué la dimensión histórica vuelve a reponerlo? Dice el Zaratustra : “El gran hastío del humano, él era el que me asfixiaba y el que se me había introducido en la garganta, y lo que el adivino había profetizado: Todo es igual, nada merece la pena, el saber asfixia”. Es un alivio ver que esto lo pensó Nietzsche en el siglo XIX. Las fuerzas del nihilismo son muy poderosas, por eso el corte es más radical. No hay fuerza política, ni dirigente de fútbol que pueda eso. Y ese corte radical se da al final del capítulo De la visión y el enigma cuando Zaratustra se cruza con el pastor, ve que una serpiente negra está metiéndose en su boca , y le grita: “¡Mordé, cortale la cabeza. Mordé! El pastor dió un buen mordisco y lejos de sí escupió la cabeza de la serpiente y se puso de pie de un salto. Ya ni pastor, ni humano, ¡un transformado, un iluminado que reía! ¡Jamás un humano en la tierra había reído como él rió!” Recién cuando se anima a cortarle la cabeza, a morder, y a escupir, ese pastor ríe. Reía sobre la tierra. El fin del nihilismo y esa risa es la risa de la inocencia. Una risa libre sobre la tierra. Creadora. Otro devenir respecto del reactivo. Otra sensibilidad. El superhumano. La figura que corta con el nihilismo. Una relación ligera con la tierra, una relación ligera con la risa. Otra sensibilidad. Tema que ha sido infantilizado en el pensamiento, como si fuera un tema menor. Sin sensibilidad no hay otra forma de existir. Es un tema de la sensibilidad el de la existencia. Los humanos pequeños solo pueden percibir el eterno retorno como devenir nihilista. Estamos hechos de eso, no alcanza solo con ver distinto y denunciar. No es que unos ven de una manera y otros de otra. La manera pequeña se nos impone a todos y todas, eso es el nihilismo. Y el corte de eso es un tema difícil. El cambio de sensibilidad es total. Es también un tema de morder, de liberar la boca, de poder reírse. IV. El Zaratustra empieza y termina con la guía del águila y la serpiente: animales salvajes. Recordemos lo que dice antes de terminar el discurso preliminar : “He encontrado más peligroso el trato con los humanos que con los animales; Zaratustra sigue caminos peligrosos. ¡Que me guíen mis animales! Aquí pido algo imposible: pido a mi orgullo (confianza de si y ligereza del pensamiento) que acompañe siempre a mi astucia (capacidad de metamorfosear de los cuerpos).” Y deja la semilla para que retorne ¿un imposible?: redimir la creación de potencias de la naturaleza humana -cuerpo y pensamiento- como valores opuestos. No es una reconciliación, menos una unión, ni tampoco lo mismo. Amistades extrañas. No conviene desconfiar de ninguna, no conviene darle más poder a una que a la otra. Dos expresiones de lo mismo (de la vida) que hay que seguirles sus rastros conociendo y experimentando lo que van pudiendo (y no) cada una. ¿Alguna vez podremos superar el eterno retorno pesado del bien y del mal? ***** Chino, ¿a usted nunca le contó Nietzsche si alguna vez podrán volar juntas la serpiente y el águila? Naoto Tabata - "Serpiente caja" - 2016 - Porcelana - 16 x 20 x 13,5 cm
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











