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  • Tan sólo a cinco escalones (parte 2) / Verónica Scardamaglia

    “Dí tu palabra y rómpete” Nietzsche 1. Desde hace tiempo, una de mis actividades preferidas consiste en llenar de poesías las aulas. Tarea que se facilita por la complicidad de la maravillosa biblioteca de la que disponemos en la escuela que, hasta hace un par de años, estaba en un espacio al alcance de todxs, con ventanales que nos asomaban a las maravillas del Parque Avellaneda: algunas veces, un pájaro carpintero; otras, algún colibrí. Espacio custodiado por una inmensa dulzura nombrada Andrea, la guardiana de los libros. Ella, día tras día, se ocupa de organizar y acomodar los libros de modo que resulten visibles y atractivos. Pacientemente los ordena, los cuida, los limpia como si los acariciara. Compartimos con ella ese amor tan especial que nos encontró: acercarle libros a lxs pibis. Las mañanas en las que sentía que el trabajo que veníamos haciendo en el aula ya estaba como para que la poesía irrumpa, me acercaba a la biblioteca a buscar libros. Al principio, quedaba tapada por ellos para llevarlos al aula y por eso, como buena guardiana, Andrea consiguió un canasto de plástico verde con dos manijas amarillas que quedaba repleto. Una vez, lo llené de Girondo, Gelman, Pizarnik, Vilariño, Szymborska, Pessoa, Urondo, Orozco, Dalton, Vallejo para leer con 4to 2da y lo dejé sobre el escritorio mientras cumplía con la odiosa rutina burocrática y pseudocontroladora de completar y firmar el libro de temas. De pronto, progresivamente comencé a percibir un ritmo que contenía movimientos de detención y circulación de cuerpos que fueron llevando a un inquietante silencio: lxs pibis, al volver del recreo, fueron acercándose a curiosear el canasto y fueron llevándose, uno a uno, todos los libros. Cuando pude soltar la atención de la absurda burocracia, asistí a una inolvidable ceremonia de lectura, curiosa, concentrada y desanclada de consigna alguna. Esa mañana, como otras veces, decidí seguir la sabiduría de esos ritmos y esas decisiones y no interrumpirles: recién hablé una vez que ellxs así lo dispusieron. 2. Si hay algo que me fascina del fenómeno de “El Quinto escalón” es la frescura y espontaneidad desfachatada que lo ha recorrido y que lo hizo crecer. Fuerza que deja a la vista que se ha desplegado algo que no buscaba el éxito ni la fama con la que se encontraron. Fuerza que no apuntó a instalar una moda ni a vender un producto sino que ha mostrado la capacidad que tienen las juventudes al momento de entregarse al encuentro con algo que les apasiona y entusiasma. Algo que va a contramano con “la mala prensa” que sólo ve que lxs jóvenes no pueden, no saben, no quieren, no leen, no piensan, no escuchan, no hablan. Lo que delata la permanencia de aquella consigna tuerta que sentencia: “La juventud está perdida”. Ya la invención de “El quinto” viene acompañada de la ternura y picardía de esas tensiones entre prohibiciones, insistencias y trampas. Comenta Alejo / Ysy A -que junto con Muphasa oficiaron de organizadores de la movida-, que su mamá no lo dejaba viajar solo en tren para asistir a las batallas de freestyle del Halabalusa, en Claypole (organizado por Dtoke y sus amigos), porque quedaba lejos. Pudo ir una sola vez, a los once, y tres años después, encontró la forma de hacerle trampa a aquella prohibición y propuso armar una juntada para freestylear más cerca de su casa, en los escalones del Parque Rivadavia. 3. Del mismo modo, esa alianza condenada por el mundo adulto entre jóvenes y redes sociales ha sido una de las fuentes propulsoras de lo que hoy se conoce como “la escena de la música argentina”. Al año de iniciadas las batallas, en 2013, empezó a correrse la bola de lo que sucedía en el Parque Rivadavia y cada vez más pibis se acercaban. El freestyler peruano Clown comenzó a subir las filmaciones que hacía con su celular a su canal de youtube: Demolition Rhymes. Las batallas no paraban de sumar “vistas” en youtube y Muphasa, entusiasmado, compró con sus ahorros una camarita para filmar con mejor calidad. También armó un canal de youtube del quinto y empezó a oficiar de community manager usando sus conocimientos de diseño gráfico para hacer flyers para difundir en facebook (aún no existía Instagram y mucho menos Twitch). Dice Ysy A: “Guachos de otras ciudades empezaron a tener ganas de autogestionar su evento y traer a los artistas que veían en los videos de YouTube. Yo fui de Ushuaia a Jujuy con el freestyle antes de volver a hacerlo con la música.” 4. Para trabajar con 1er año, solía llevar el canasto lleno de ejemplares del libro 24 poetas latinoamericanos. Con el paso de los años fui aprendiendo qué poemas generaban burbujeo al leerlos y los usaba como para llenar de risas y cuchicheos ese espacio extraño nacido al servicio del disciplinamiento desalmado. A veces, comenzaba dando algunas indicaciones organizadoras como para armar condiciones de recepción de la actividad, con apenas algún breve comentario del poeta o de alguna circunstancia del poema a compartir. A veces sólo decía: “¡che, escuchen esto!”. Solíamos leerlos entre todxs, desordenadamente y saltando de una hoja a otra. La ventaja de que prácticamente cada pibi tuviera un libro permitía que, con dar la pista del número de página, pudiéramos acompasar en la lectura o su seguimiento. Algunas veces, leía. Muchas otras, pedían leer y se ofrecían bulliciosamente para ello, lo que me enseñó a desarmar uno de los tantos prejuicios que me sobrevolaban, ese que dice que en primer año tienen tanta vergüenza que buscan esconderse. Me enseñaron del desafío de suspender preconceptos y abismarme a que a veces sí, a veces no; algunxs sí, algunxs no. Algunas otras veces, espontáneamente, ellxs proponían poemas y gritaban el número de página. Había mañanas en las que algunas timideces me pedían que prestara la voz en la lectura de los poemas que elegían. Una vez que leíamos, sólo preguntaba qué les parecía o qué parte les había llamado la atención, como para intentar evitar o interferir la maquinaria depredadora de la interpretación. 5. Se lee en Cuidar la vida: salvar la lengua (2021) Marcelo Percia: “Morderse la lengua La expresión morderse la lengua significa impedirse decir. Alude al miedo a que se nos escape algo que queremos ocultar por protección, secreto, fidelidad. En las instituciones de salud, agudezas que cuidan practican mordidas: se infligen el dolor del acallamiento. Amordazamientos delatan instituciones enfermas. Pero también morderse la lengua concierne, a veces, a un respetuoso cuidado: impedirse decir algo que presione, que imponga una dirección moral, que avasalle. Morderse la lengua, también, puede pensarse como detención que se pregunta si conviene hacer o resulta preferible no hacer. En ocasiones se cuida absteniéndose de actuar. Gestiones hospitalarias no computan el escuchar, sonreír, acompañar, dar tiempo, llorar, como acciones clínicas. Cuidados, a veces, practican el solo estar. Un estar ahí como secreta sabiduría clínica. Cuidados componen demoras, a veces, no diciendo nada, no pidiendo nada, no haciendo preguntas. Acogiendo tristezas calladas. A la espera de inciertos arribos. Sin prisas ni impaciencias. Unos pocos versos de Audre Lorde (1992) dicen casi todo: “Si vienes, me quedaré callada y / no te diré palabras agresivas; / no te preguntaré por qué, ahora, ni cómo, ni lo que sabías / Sí, nos sentaremos aquí en silencio / a la sombra de distintos años / y la rica tierra entre nosotras / se beberá nuestro llanto”.” 6. La primera vez que me enfrenté con una piba que se cortaba, no supe qué hacer. Nunca había escuchado de eso. Percibía en eso algo muy diferente a la intimidad doliente de un intento de suicidio. Sonaba a otra cosa y empecé a prestar atención a esas prácticas. Claramente algo del desborde, algo de lo incierto aparecía ahí. Y el dolor del corte parecía hacer de tope a eso. Pero no sabía qué hacer o qué decir, sólo pude hacer aquello que sabía: escuchar y acompañar eso. En aquellos años, empecé a escuchar de los cortes en estudiantes de 4to y 5to año. Actualmente, ya en 6to grado estos usos se hacen presentes. Recuerdo una vez en la que dos pibas de 1er año se cortaron con la hoja de un sacapuntas durante la clase de lengua. Recuerdo el estupor del profe y su impotencia al no haberlo advertido. Otra vez, el escenario fue el baño de la escuela al finalizar la mañana. Queda clara la habilidad de las juventudes para esconderse a la vista, aún de profes comprometidxs y que miran. Recuerdo que hacía muy pocos días que se había estrenado la película Absurdah (2015) basada en los escritos del blog de una joven que padecía anorexia y que recurría a estas prácticas. Años antes, una estudiante de 4to había escrito una nota sobre ella para la revista de la escuela. Recuerdo que irrumpió una pregunta: ¿qué es lo que ofrece esta época, esta cultura para hacer con el dolor?. También fue la primera vez que, zozobrando, ofrecí Poesía completa de Alejandra Pizarnik como para prestar palabras a esas densidades existenciales. 7. El ranking de atracción y revuelo entre poesías solía ganarlo Oliverio Girondo, compitiéndole a varios poemas de amor. Una vez, jugamos a leer a coro el bellísimo Poema 12 del libro Espantapájaros de 1932 (ese de “Se miran, se presienten, se desean, / se acarician, se besan, se desnudan…). [1] Otra vez, al terminar de leerlo, una voz que venía desde el fondo y abajo de una capucha, gritó exaltada: “¡Profe, se hacían de todo esos, eh!”. Siempre disfruté a carcajadas de las reacciones imparables que despertaba el poema - caligrama Espantapájaros: el rubor que les irrumpía al tener que leer en voz alta la palabra masturbación, la sorpresa asombrada al seguir las patas de la imagen e ir descubriendo entre balbuceos el “y subo las escaleras arriba / y bajo las escaleras abajo”. Hubo una vez que fue inolvidable. Cuando el freestyle vibraba en la escuela, se deslumbraron con ese poema y comentaron que era piola la rima que tenía. Ese día, Omar le hizo beatbox a Tucho y rapearon el poema que terminó rimando con un contundente “o-li-ve-rio-gi-ron-dó”. 8. A diez años de aquella invención, “el quinto” se ha convertido en una especie de mito alimentado por los aires desfachatados de quienes hoy se nombran como “los legends”. Nombre que carga con ese atrevimiento juvenil de mezclar idiomas e inventar sentidos, armando un modo que les conecta y acerca pero sin encerrarles. Modo que se abre a las complicidades de quienes vibran con ellxs y distanciándose tanto de los prejuicios moralistas que les caen encima, ya se trate de la admiración fascinada o de la condena que sólo ve en ese acontecimiento los brillos de la fama, moda, consumo de drogas y misoginia. Quienes hoy brillan en la llamada “escena argentina del trap” saben y repiten “que pasó todo muy rápido”, recuerdan que no buscaban esta fama que les encontró, se cuidan de la industria y se han construido círculos de amigxs y familiares con quienes trabajan. Parecieran también saber de la potencia del compartir, ya se trate de composición de temas, de escenarios y featurings [2]. Esta escena la componen, además de quienes saltaron del quinto escalón: Duki, Ysy A, Lit Killah, Thiago PZK, Trueno, Wos, Acru, Paulo Londra, Bizarrap; jovencitxs que subían sus canciones a sus canales de youtube como Nicki Nicole, María Becerra y L Gante. Jóvenes que si bien prestan muchísima atención a las vistas, los likes, las reacciones y las reproducciones que les hicieron saltar de las pantallas a los escenarios, de los temas a los discos, de tirar free y ganar batallas a decidir convertirse en cantantes y músicxs, se sostienen en la colaboración y no en la competencia. Y lo transmiten diciendo algo así como “crece unx, crecemos todxs”. 9. Escribe Ricardo Piglia en Modos de narrar (2005): “Etimológicamente, narrador quiere decir “el que sabe”, “el que conoce”, y podríamos ver esa identidad en dos sentidos, el que conoce otro lugar porque ha estado ahí, y el que adivina, inventa narrar lo que no está o lo que no se comprende (o mejor: a partir de lo que no se comprende, descifra lo que está por venir). Y, a la vez, esos dos grandes modos de narrar tienen sus héroes, sus protagonistas, sus figuras legendarias. Como si la repetición de esos relatos hubiera terminado por cristalizarse en una figura que sostiene la forma. Podríamos ver la historia de la narración como una historia de la subjetividad, como la historia de la construcción de un sujeto que se piensa a sí mismo a partir de un relato, porque de eso se trata, creo. La historia de la narración es también la historia de cómo se ha construido cierta idea de identidad.” 10. El 11 de noviembre de 2017 casi diez mil jóvenes asisten a "El Quinto Escalón: El Final" en el microestadio Malvinas Argentinas con freestylers internacionales (Mcklopedia, Teorema, Jony Beltran, Force, Valles-T, Dominic, Jota y Stigma) y muchos participantes del circuito de batallas de las plazas del país. Allí Dtoke venció en la final a Wos. Tres meses antes de que El Quinto Escalón finalizara, Alejo – Ysy A le comentó al Duki sobre su intención de destruir el evento. “Los dos estábamos en la misma sintonía. Ya nos parecía muy burdo batallar contra alguien que no conocíamos, decirle cosas guasas y sin sentido. Ahí nos pusimos espalda con espalda y empezamos a ir mucho al estudio”. Agrega “Nosotros veníamos avisando que la movida estaba por otro lado y nadie nos escuchaba. Fue muy flashero el fin de El Quinto, porque mucha gente morfaba de eso, nosotros también lo hacíamos”. Para ese momento, con 19 y 20 años, se mudan juntos a “La mansión”, un departamento en Antezana 247, y autogestionan con Neo Pistea y el colectivo de productores NEUEN, el Modo diablo tour. Afirma el Duki en una entrevista “Sabemos que empezamos de abajo, sabemos lo que es pasar hambre. Sabemos de dónde venimos.”. 11. Se lee en Cuidar la vida: salvar la lengua (2021) Marcelo Percia: “Lenguas vivas Lenguas que erran y que no saben. Lenguas del poco saber. Lenguas que muchas veces trabajan sin entender lo que hacen, pero se hacen responsables de pensar porque lo están haciendo. Lenguas que acompañan y alojan aflicciones de vidas enfermas, incluso sin saber acompañar ni alojar. Lenguas que batallan con las enfermedades de la institución. También lenguas de las astucias, de las tretas, de los ingenios. Lenguas que no se llevan con hablas técnicas y utilitarias. Lenguas que no enlazan, no enredan, no demandan, no imponen curas: lenguas del solo estar ahí, como disponibilidades que se hacen presentes cada vez que se las necesita. Lenguas oportunas que dan una palabra precisa, sin que se la pida. Lenguas que dan la espera. Lenguas de la común vulnerabilidad. La invisibilidad e intangibilidad de las prácticas de cuidado, muchas veces convierte a las lenguas vivas en acciones desaparecidas, en intervenciones sin narrativas clínicas.” 12. Se puede ver en el freestyle un modo de relación con las palabras. Mucha delicadeza y disfrute por ellas, sus usos, rimas, entonaciones y decisiones. La picardía en los remates y la disponibilidad para alojar lo que aparece ahí, y armar juegos de enlaces y desenlaces con eso. Sentidos, sinsentidos, entonaciones y ritmos. Horas y horas de entrenamiento para lograr, en el estar ahí, una capacidad de respuesta que aloje lo que está pasando. ¿Y si el trabajo clínico tuviese algo que aprender de esto? 13. Escribe Piglia en Los diarios de Emilio Renzi. Un día en la vida (2017): “Martes 22 de noviembre Trabajo en el libro de ensayos, la clave es mi hipótesis sobre los modos de apropiación en literatura. Son textos de doble enunciación, escritos por dos manos: la cita y el plagio definen la frontera legal / ilegal. En el medio está la traducción: el traductor vuelve a escribir un libro -de hecho lo copia- qué es suyo y de otro (sobre todo de otro), el nombre del traductor - su propiedad- es siempre invisible o casi. Él ha escrito todo el libro, pero no le pertenece. Se trata, en todos los casos, de escribir una lectura. En el lenguaje no hay propiedad privada, el pasaje a la propiedad, es decir, la apropiación, define en un sentido la literatura. Hay que pensar que sucede en el cambio de idioma: el escritor escribe el mismo libro en otra lengua (Borges hace eso con las citas que traduce y convierte en textos escritos siempre «a la manera de Borges», es decir, se los apropia, de modo que siempre tenemos la sensación de que él ha inventado las citas o le ha atribuido sus frases a un actor autor inexistente). Es preciso trabajar la relación entre legibilidad y propiedad.” 14. Desde hace 30 años juego a cazar palabras. Con ciertas palabras, no puedo evitar que se active una especie de autonomía de la escucha. Aún cuando esté distraída, en medio del bullicio de algún aula, caminando por algún pasillo, o aún en el Departamento de Orientación (DOE) cuando alguna inquietud retorcida aparecía en ese estado de tensión entre saber, al mismo tiempo, de la necesidad y la dificultad de hablar, siguen existiendo formas de decir y palabras que me llaman. Alguna vez fantaseé en armar una colección de palabras cazadas, pero los juegos entre memorias y olvidos hicieron su trabajo y ya perdí montones. Las que más recuerdo son aquellas sostenidas por conversaciones con jóvenes que disfrutan del juego y me ayudan en el armado de esa especie de red cazadora. Recuerdo cuando en los 90 comenzaron a usar, con otro sentido, la palabra gato. Una tardecita entré a un aula de segundo año a saludar a una amabilidad que desbordaba cariño y alegría mientras trabajaba como preceptora, llamada Silvina, sólo había tres o cuatro pibis. Ante la escasísima concurrencia Silvina comenta: “Hoy somos cuatro gatos locos”. Instantáneamente una voz retruca enérgicamente sacudiendo los brazos: “¡Eh! ¿Qué nos dice gato?”. Cuando la EEM 2 DE 20 de Ciudad Oculta aún no tenía nombre elegido, algunxs estudiantes propusieron, ante el desconcierto y la alarma adultocéntrica, llamarla “El descanso”. Para ese momento ya sabía que descansar significaba algo así como cargar o gastar. Recuerdo la primera vez que la escuché, a mitad de los 90, en boca de una piba que cursaba a la noche, mientras me contaba de los maltratos y violencias policiales. Por ese entonces también aprendí en las escuelas y en las misas ricoteras, el disfrute de la picardía despectiva que se dispara al decir yuta o rati a la policía. Muchas de las palabras de esa colección, no logran atrapar un sentido definido, aún con los montones de esfuerzos que han sostenido tantas conversaciones. Sólo logro recordar (pero no repetir ni usar) aquellas que se me enlazan con algo ya conocido, como en su momento, temaikén (referida a canciones que gustaban mucho). La vez que la aprendí, en una clase de lengua en la que nos reímos mucho, con el profe le pedimos a aquel 5to que nos contaran sus palabras y Lucía, siempre inquieta y combativa, (hoy estudiante de abogacía) se ocupó de llenar el pizarrón con ellas. No hay cronómetro que me sirva para medir el tiempo de entrega al discurrir en torno al sentido actual de berretín o dónde va al acento de ahre: ¿áhre? ¿ahré?. (Confieso que adoro entregarme a ese juego de explicar-entender y sentir el esfuerzo sincero al que nos ofrecemos buscando ejemplos que logren contener y transmitir algo de esas expresiones que parecieran cumplir una función, la de resguardar el tesoro de la juventud: la invención desfachatada de nuevas expresiones y nuevos lenguajes.) De las expresiones cazadas últimamente, me produce gran impacto esa acusación de indiferencia que increpa con un “se hizo el otro” y me da entre ternura y risa esa otra que invita a compartir diciendo “¿nos rompemos una birra?”. Recuerdo los años en que la escuela se llenó de skere y modo diablo (acompañadas con los gestos de los dedos). Y el último año que trabajé en el Departamento de Orientación Escolar, nombrado cotidianamente el DOE, una desfachatada y adorable inteligencia exaltada llamada Lucho, lo rebautizó escribiendo en la puerta con un negro indeleble: el DOU (expresión utilizada en Twitch por el streamer Coscu como exclamación o remate que expresa algo así como asombro). 1 Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean, se penetran, se chupan, se demudan, se adormecen, se despiertan, se iluminan, se codician, se palpan, se fascinan, se mastican, se gustan, se babean, se confunden, se acoplan, se disgregan, se aletargan, fallecen, se reintegran, se distienden, se enarcan, se menean, se retuercen, se estiran, se caldean, se estrangulan, se aprietan se estremecen, se tantean, se juntan, desfallecen, se repelen, se enervan, se apetecen, se acometen, se enlazan, se entrechocan, se agazapan, se apresan, se dislocan, se perforan, se incrustan, se acribillan, se remachan, se injertan, se atornillan, se desmayan, reviven, resplandecen, se contemplan, se inflaman, se enloquecen, se derriten, se sueldan, se calcinan, se desgarran, se muerden, se asesinan, resucitan, se buscan, se refriegan, se rehuyen, se evaden, y se entregan. 2 En música un feat significa la colaboración de algún artista. Nota: dejo aquí la secuencia de textos que acompañan a éste. Tan solo a cinco escalones, parte 1. Tan solo a cinco escalones, Final. Ya supiste.

  • Tan sólo a cinco escalones (final) / Verónica Scardamaglia

    1. Casi que desde que se ha inventado la categoría juventud, ha estado acompañada de un torbellino indiscriminado de descalificaciones adultocéntricas varias. Se ha criticado y se critica a las juventudes por el uso de cuerpos y consumos. Por lo que no saben, no pueden, no quieren, no buscan, no alcanzan, no pelean. Por lo que hacen y por lo que no hacen. Se la ha llamado “edad del pavo”. Se ha pretendido y se pretende que funcionen casi como un mero reflejo de un mundo adulto, ese mismo que no para de dar muestras de hipocresías y crueldades, de resignación adaptada y madurez edulcorada, anestesiada e indolente. Pareciera que algo del crecer en número de años, decrece en capacidad de juego, de humor, de diversión, de risa, de locura, de baile, de llanto, de silencios. Como si crecer significara ir entrando en una especie de hibernación consumista estabilizada. Pareciera que el mundo adultocéntrico solo conoce de lo que sabe y, la más de las veces, evita la inquietud de asomarse a otros mundos inventados, esos tan necesarios como para hacer lugar a ese exceso de sensibilidad que pueden las juventudes. Y, si se asoma, escupe sin parar una descalificación tras otra usando, entre otros, el argumento de la edad muchas veces precedido por un tono agudo que enarbola “en mi época...”. Pareciera que allí donde ciertas discusiones pedagógicas ven posibilidades de desmerecimiento y descalificación que las deja atrapadas en binarismos despectivos y miopes, el mercado sí ha aprendido a aprovecharse y ubicar nuevos nichos de consumo. Parece que el mercado de las aplicaciones sabe de las relaciones entre juventudes y redes. Y que las juventudes saben de exilios ante territorios que inauguran y exploran cuando, progresivamente, se van llenando de adultos. Cuando Facebook quedó cooptado, migraron a Instagram, luego repitieron el movimiento hacia Snapchat, Tik Tok y, desde hace varios años, hacia Twitch y otras aplicaciones que seguro están usando y desconocemos porque aún permanecen bajo su soberanía. Quizás en Twitter se despliegue una especie de convivencia que no se toca y que está a disposición para diferentes usos en simultáneo, más allá de edades y gustos, saberes y oficios. 2. Escribe Marcelo Percia en Sesiones en el naufragio (23) Enfermedad dela fuerza: “La enfermedad de la fuerza impone autosuficiencias, sentimientos de invulnerabilidad, reacciones compulsivas de superioridad, continuas evacuaciones de signos de flaqueza. Se trata de una afección que alucina la inmortalidad. Una fuerza mórbida no descansa. Necesita confirmarse a sí misma, conquistar reconocimientos, verse reflejada en los ojos de la admiración. Necesita sentirse inmune a la fragilidad. Una fuerza perturbada está siempre despierta. Vigilando que no se marchite su vigor y repudiando afectos que la aproximen a la endeblez. En leyendas de ambiciones que arden, fuerzas desquiciadas devoran criaturas suplicantes para asegurar su vigencia.” 3. Cuando llegaron las netbooks de Conectar Igualdad e instalaron la plataforma digital en la escuela, allá por 2011 / 2012, mientras en el mundo docente porfiábamos intentando entender cómo usar las netbooks en el aula, rápidamente y en un mundo paralelo, proliferaban los partidos interdivisiones de Counter, LOL (League of legends) y otros juegos -de los que no logro repetir los nombres sin ayuda juvenil-. Del mismo modo, casi cada vez que se decide una proyección en un aula, con computadora, cañón y sonido, podemos presumir ahí adulteces que tambalean si no cuentan con asistencia técnica, y juventudes que saben y podrían asistirles si se les convocara para hacerlo. Lo mismo sucede ante las posibilidades que podrían desplegar con el uso de celulares al servicio de la pedagogía (casi una relación en oposición, como si los celulares se hubieran transformado en el chivo expiatorio de todos los males que encubren discusiones no saldadas tanto en las pedagogías como en las políticas educativas). 4. La difusión y el despliegue del mercado del entretenimiento no sólo insume cada vez más tiempo vital conectadxs sino que ha derivado en un mundo de gamers y streammers del que el mundo adulto queda afuera y desconoce. Escribían, allá por 2016, Matías Ramos Otati y Leonel Teruel, dos de las más desbordantes inquietudes que poblaban 4to 2da, en el fanzine transfeminista (De)mentes Rosas -título que se eligió en referencia a la proyección de la peli surrealista checoslovaca Locas Margaritas (1966, dirigida por Vera Chytilova) que nos regaló alguna vez el mágico Luis Issaly [I] -. “Caso Sakuya Remilia Una de las tantas cosas de la vida y algo tan marcado como el género, pesa fuerte en el ámbito de la competencia dentro de los videojuegos. Remilia es uno de esos casos difíciles de explicar. Ahora ella, siendo mujer y no sólo un hombre travestido (o eso hasta ahora es lo que se dio a conocer). Ella era el soporte de Renegades, un equipo europeo dedicado al gaming, tan de moda en estos tiempos. Al ingresar al mismo siempre tuvo la fascinación por lograr cobrar por jugar, ser mejor y llegar alto, aunque el mundo no sea lo que a veces quisiéramos. Al inicio de todo, su carrera como jugadora fue bien recibida, poco importaba su vida personal, y así debería seguir siendo. Lo que movía las masas de gente siguiendo a Remi era su forma de jugar, tan certera y con una maestría sobre lo que hacía. Hasta ahí siempre se sintió bien en ese mundo, con más personas disfrutando de cada vez que la ven jugar. El tiempo, aún así, no hizo esperar el aura negativa respecto a su situación. Según ella, ahora, la gente puede ser horrible, decir cosas por intentar tomar todo a gracia y no saber cuánto daño podría provocar en la otra persona. Para su beneficio nunca fue una persona que entrara en ese ida y vuelta, casi nunca se dejó atrapar por comentarios negativos y el pensar ajeno. Más allá de su forma de afrontar esto, decidió alejarse de su equipo pero no antes de conseguir lo que se propuso: ingresó tras mucho trabajo y esfuerzo entre todos, a la LCS (League Championship Series) europea, competición donde diariamente se enfrentan por dinero equipos de la región que consiguen empresas que actúan de apoyo monetario y cada uno ahí puede dedicarse a jugar. ¡Vamos! el sueño de todo gamer aspirante. Lo que logró con dedicación fue algo increíble, pero el mundo no fue grato con ella y la hizo abandonar, aún habiendo logrado su sueño. Aunque jamás hasta el día de hoy se rindió. Sakuya (su nombre dentro del juego) actualmente fue convocada y contratada por un equipo de LAS servidor y región latinoamericana sur, donde todxs la recibimos con un gran abrazo a la comunidad local, donde se sintió querida y apoyada en el poco tiempo que salió a la luz todo esto.” Remilia, quien falleciera en 2019 a los 24 años luego de diferentes complicaciones en su salud tras algunas cirugías ocurridas en malas condiciones, aparece como la primera mujer trans en calificar para la serie de campeonato del juego LoL (Leagues of Legends). Estas competencias de e-sports las crea en 2012 la empresa Riot Games, con premios y salarios para lxs jugadorxs que participan. Funcionan con la misma lógica deportiva y empresarial que los mundiales de futbol, basquet y otros deportes. Leemos “En 2018, la final batió todos los récords de audiencia anteriores con casi 100 millones (99,6) de espectadores únicos, 44 millones de espectadores simultáneos y un promedio de 19,6 millones de espectadores durante la final. Además, a los equipos se les ofreció más de US $ 4,2 millones con la venta de chromas y skins exclusivos del evento.(…) Los Campeonatos del Mundo de League of Legends han sido un éxito rotundo y han aumentado en popularidad, convirtiéndolo en uno de los torneos más prestigiosos y vistos del mundo (incluso superando las finales de la NBA ), así como el videojuego más visto del mundo.” 5. El alcance internacional de la actual escena argentina del trap tiene estrecha relación y se deriva del uso, tal vez inesperado para la industria, que han dado las juventudes a las redes sociales. Ya se trate de la transmisión, reacciones y difusión de las batallas de freestyle en las plazas, de las publicaciones de remixes y canciones a través de cuentas de Youtube, Tik Tok o Instagram. Desde el 2016 “El quinto escalón” se encontró con un crecimiento exponencial espontáneo a través de la viralización de las batallas en Youtube. Hasta ese entonces, sólo una vez habían decidido cobrar inscripción para participar. Bajo el lema heredado por el movimiento del hip hop “Unión y respeto” y buscando crecer como cultura decidieron, sin dudarlo, ayudar a la operación del padre de uno de sus participantes destacados, Acru, tras un robo que había sufrido la familia. Tanto L-Gante como Nicky Nicole y María Becerra comparten sus primeras canciones por sus canales de Youtube. A partir de las crecientes cantidades de seguidores y “vistas” que reciben, llaman la atención del mercado y saltan a la industria y a los escenarios. Ellxs, por diferentes motivos, desatan además de amor y admiración, olas de ira y críticas crueles en la redes y los medios y quedan como blanco de una especie de catarsis moral, nuevamente, ante el uso de cuerpos y consumos. Tanto contra L-Gante -del Barrio Centenario de General Rodríguez, provincia de Buenos Aires- como contra Cazzu -nacida en Ledesma, Jujuy- estallan a borbotones racismos clasistas. Casi como sucedió en su momento con el salto de la cumbia a mediados de los ‘90 (con artistas como Alcides, Ricky Maravilla, Gladys "La Bomba Tucumana", Pocho la Pantera, Lía Crucet, Gilda, Comanche, Sombras, Antonio Ríos, Amar Azul entre tantxs otrxs), luego con la cumbia villera hacia fines de los ‘90 y años 2000 (año de publicación del disco Cumbia Villera de Yerba Brava y con grandes grupos como Flor de piedra, Meta Guacha, Mala Fama, Damas Gratis, Pibes Chorros, entre muchos otros). Queda a la vista como sigue inquietando todo lo que se corra del modelo hegemónico que la normalidad de clase, raza blanca y heterocis impone en el acople con avanzadas neoliberales potenciando las opresiones. Cazzu cuenta en el programa Podemos Hablar (2021) que recibe en las redes sociales montones de mensajes con insultos y afirma “Ser jujeña en Buenos Aires es motivo de discriminación” y continúa “Pasa en muchos lados, y Buenos Aires tiene una cultura muy centralizada que está acostumbrada a disponer cómo tiene que ser el exterior; porque nosotros encima somos ‘el interior’, eso a mí me produce muchas dudas”. Agrega “Lo del acento me parece muy ofensivo, cuando te dicen por ejemplo: ‘¿Podés volver a repetir eso que dijiste porque me gusta cómo dijiste tal cosa?’”. De estxs artistas no sólo incomoda la propuesta musical que no tiene pruritos en cantarle y bailarle al uso de los placeres, sino y sobre todo, que con ello entre el barrio, los modismos, el tono, el agite, la noche, las sustancias, el sexo, la crudeza y el disfrute que tantas vidas viven. Esas que no ocupan las pantallas, salvo cuando se leen en términos delictivos y peligrosos. L-Gante con el RKT hace canción las provocaciones que se viven en la calle y lanza, entre otras arengas “no quiero ser cheto, quiero ser millonario”. Habla como se habla en el barrio, y canta y hace cantar, casi pornográficamente, “Cumbia 420 pa los negros”. En ocasión de un multitudinario show gratuito que dio en febrero 2022, para alrededor de 45000 personas en Tecnópolis, se desplegaron olas de difamaciones y odio. Así como ha sucedido y sucede con tantas bandas y artistas que se acercan a espacios partidarios populistas y que reactivan una historia acallada y cimentada sobre el barro ensangrentado del mundo supuestamente mayoritario de las normalidades y, particularmente, de este suelo que nos ha visto nacer. Elián Ángel Valenzuela, nacido en el 2000, carga con todo lo que se desata cuando un joven pobre, negro y villero orgulloso de dónde viene tiene éxito. “Aguante el barrio con el barrio. Es la mejor combinación. Bien ahí por brindar su apoyo y comprensión. Desde abajo hacia la cima, siempre”, dijo en Tecnópolis. Agita todas las furias y el asco de clase, de raza y adultocéntrico. Ya recibió acusaciones, allanamientos, ataques policiales y hasta quedó demorado por más de una hora en el aeropuerto al llegar a Chile hace unos meses, mientras contaba por un vivo de Instagram que un carabinero de la PDI lo basureó, le pateó la silla mientras dormía diciendo “A estos flaites no hay que dejarlos pasar”. Flaites, antónimo de cuico, es el modismo despectivo chileno para decir villero. 6. En la sección Freestyle de la web del diario Olé leemos en una entrevista previa al Lollapalooza 2022: “-¿Qué significa el hip hop argentino hoy?. - Es un lugar de pertenencia, un lugar que quiero nutrir, alimentar y hacer crecer. Creo que durante mucho tiempo yo también he dicho que aprendí mucho de artistas de afuera que han sido influencia, me han marcado el camino y los súper reconozco como maestros, pero creo también muchísimo en el decir, en el dolor, en el festejo, en el barrio y en el color que tiene el latino. Me identifico con eso porque está más acercado a mi realidad y hoy en día quiero poder construir para el hip hop latino, que se vuelva una potencia, que se pueda seguir alimentando y profesionalizando, que se reconozca como una música nuestra.” responde Acru, freestyler de 24 años que participaba de El quinto escalón y que tiene actualmente un maravilloso despliegue como rapero. ¿Cómo ha sucedido que se conectan el freestyle con el Olé; el futbol con lxs gamers; el trap con lxs streamers? ¿Cómo termina Messi invitando a su fiesta privada a Nicki Nicole o compartiendo su cena de despedida de Barcelona con los streammers Ibai y Coscu? 7. Hace años entre juventudes empobrecidas nacidas en diferentes villas del país se fue imponiendo la idea de que era posible “salir de pobre” jugando a la pelota. Muchos años más tarde, esa posibilidad de salto se ocuparían también con las llamadas botineras, los punteros y la cumbia villera. Podríamos pensar hoy al trap, al gaming y al streaming como nuevas opciones. 8. La tensión trap – rock viene haciéndose presente tanto por relaciones de continuidad como de ruptura. En este sentido queda muy a la vista cuando los comentarios están teñidos de cariño y cuándo, otra vez más, lo adultocéntrico en clave musical intenta colonizar. Con ese gesto atrevido que les caracteriza, dos de los pibes de El quinto escalón, ambos ganadores de las batallas de Red Bull 2017 y 2019 respectivamente, Trueno (20 años) y Wos (24 años) tiran en el tema Sangría (2020) “Llegamo' con los guacho' con la ropa hecha mierda / Pero cuando escribimo' los político' tiemblan / Si Diego pone el centro, Batistuta mete el gol / Te guste o no te guste somo' el nuevo rock and roll” y desataron un tsunami de controversias que hace decir a Charly en los premios Carlos Gradel 2018, luego de que el Duki cantara su tema Rockstar junto a la orquesta sinfónica, “hay que prohibir el autotune” [II]. A diferencia de lo que la industria ejecuta, difícil encontrar en esta escena lo descarnado de la competencia individual por un trono que, en caso de haberlo, ya está asignado por ellxs mismxs a Cazzu, la jefa del trap. Muchxs de estxs músicxs transforman estas tensiones en herencias y proponen colaboraciones, hoy llamadas feats. No sólo entre ellxs sino con muchos rockeros: Ciro y Los persas invitaron a subir al escenario para hacer freestyle en Pistolas a Wos (2019), Ricardo Mollo ha participado en el temazo Culpa de Wos (2019), Cazzu fue invitada a cantar Llamame con Los Gardelitos en el Cosquín Rock (2020), Wos ha participado de una versión de Ana no duerme en la entrega de premios Carlos Gardel (2020) junto a David Lebon, Mateo Sujatovich (de Conociendo Rusia e hijo de Leo Sujatovich de Spinetta Jade) y Lisandro Aristimuño. Trueno ha homenajeado a los Illya Kiruaki and The Valderramas en Dance Crip (2021), desde hace unos meses podemos disfrutar del tema Sonido nativo del río entre Ysy A y el Bajofondo de Santaolalla (2022), Bizarrap cerró el día uno del Lollapalooza 2022 con Ji ji ji, con las pistas del tema que le pasó el Indio e invitando a subir a Gaspar Benegas, guitarrista de Los fundamentalistas del aire acondicionado y Trueno fue invitado por Gorilaz, en el cierre del día uno del Quilmes Rock 2022 en Tecnópolis [III] 9. Se lee en el librito del interior de "Yendo del a cama al living de Charly García (1982) una cita de Pete Townshend (The Who): "Si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio / si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer / si se pone de pie para señalar algo que está mal / pero no pide sangre para redimirlo, / entonces, es rock'n'roll. " 10. ¿Cómo se mide la pertenencia y pertinencia de un estilo? ¿Cómo se establecen los parámetros que inventan las categorías clasificatorias? En una entrevista ante la pregunta ¿el trap es el nuevo pop? Ysy A responde: “Yo siento que es el nuevo rock más que el nuevo pop. Es una reversión. Nosotros vemos a los rockstars en su mejor etapa y decimos “trap”. Pero en su momento era ‘rock’”. Trueno, en otra entrevista dice respecto de las relaciones entre rap y rocanrol que comparten las ganas de decir las cosas sin censura y afirma “Los rockeros eran unos atrevidos”. Recordemos que la invención del rocanrol estuvo ligada con lo contracultural, la rebeldía y, por supuesto, con las juventudes. Leemos a Pipo Lernoud en la Enciclopedia Rock Nacional, 30 años (1996) " 'Rock 'n' roll' significaba en el lunfardo negro literalmente mecer y rodar. Girar y sacudirse. Era una metáfora sexual." Según esta enciclopedia, el rock empieza a difundirse en 1957 con el estreno de la película "Rock around the clock", mientras que los sábados en radio Excelsior Jorge Beilliard pasaba grabaciones de Elvis, Little Richard y Bill Halley. En la entrevista de Caja Negra dice el Duki “Nosotrxs agarramos ese sentimiento de hambre, de querer salir de abajo, de ir en contra de las cosas, de ir en contra del sistema” y agrega que el trap como género logró una estética, una forma de sonido, un flow y se volvió un ritmo que, con una maravillosa impertinencia, cruzan con rock, jazz, salsa, electrónica. 11. Uno de los elementos fundamentales en el movimiento del hip hop está en la figura del productor . Leemos en Adynata Abril, en la parte 2 de “Tan solo a cinco escalones”: “Históricamente lxs DJ exploran las conexiones entre música, producción de canciones y afectaciones sobre los estados de ánimo de la gente. (…) tomaban una muestra de un tema (sample) y se la repetía en loop como bases sobre las que se hace rap o freestyle. Ya desde hace años, la función del DJ se entrecruza y yuxtapone con la del productor / Beatmaker. Se refiere a quienes producen y componen sus ritmos usando sonidos, sampleos de acordes, baterías, guitarras e incluso líneas vocales. Muchas de estas producciones las utilizan lxs DJ para pasar las bases.“ De la movida del quinto también surgiría Bizarrap, un productor musical (hoy de 23 años), que empezó a ganar notoriedad por unos compilados de momentos graciosos que ocurrían en las batallas llamados "Combo Loco" que subía a YouTube en 2017. Luego comenzó a animarse a los remixes hasta que instaló las BZRP Freestyle Sessions desde 2018 y las BZRP Music Sessions desde 2019. Utiliza para el trabajo con audiovisuales algo de lo aprendido en su secundaria y como formas de promoción algo de lo aprendido en los tres años que estudió de Marketing hasta que irrumpió la fama no buscada que lo instala actualmente como uno de los artistas con más reproducciones en el mundo tanto en Spotify como en Youtube. Desde su habitación-estudio de grabación en Ramos Mejía, el Biza juega con la música y se divierte. Se ve algo de esto en el reportaje que le hicieron en julio del 2021 en el programa español La resistencia tanto cuando intercambian y graban sonidos de un sampler con uno de los músicos como cuando le regala al conductor del programa un álbum de figuritas que se inventó en base a lxs artistas de las sessions y los objetos que lo caracterizan: la gorra y los anteojos. “Sólo hay dos álbumes”, le advierte. Un poco por casualidad, otro poco por vergüenza, el Biza no muestra el rostro. Quizás en este gesto así como en seguir produciendo desde su casa familiar, se instalen algo de la confianza y cercanía que logra en las Sessions con artistas de diferentes nacionalidades. Comenta en una entrevista que le ofrecieron de todo pero que elige producir desde su casa porque así también transmite a lxs jóvenes que es posible enfocarse en lo que te gusta. Dice “Para mí uno de los motivos por el que pegó y explotó todo es la sensación intimista de que los artistas vengan a grabar a mi cuarto, a mi estudio.” 12. La historia de normalidades incomodadas antes ritmos y juventudes viene de larga data. La invención de la psicología y su uso en relación con la categoría juventud, tiene que ver con esto. Ya desde el surgimiento de las ciencias humanas, la psicología se ha ocupado por intentar normalizar la vida al servicio del paradigma político de orden y progreso que la vio nacer. Centrada en aspiraciones de ciencia y disputando garantías de veracidad a las ciencias biológicas, hay psicologías que se miran en el espejo aún no roto del evolucionismo darwiniano que insiste cuando de niñeces y juventudes se trata. En 1904 el psicólogo norteamericano Stanley Hall publica el libro “Adolescencia”, desde donde se la piensa como una fase evolutiva diferenciada y con características especificas. Con abiertas adhesiones al Evolucionismo, Hall pensaba la adolescencia como etapa con una serie de efectos del crecimiento inscriptos en un programa genético. Será para 1905 que Freud trabaje también sobre este nuevo objeto en el texto “Las metamorfosis de la pubertad” e inaugure la investigación psicoanalítica sobre los procesos que se ponen en juego con el advenimiento de la pubertad. Aún hoy los reflejos de la psicología evolutiva siguen produciendo efectos de verosimilitud, con plena incidencia en la opinión mediática, en el discurso pedagógico y en lo imaginario social. Se considera a la adolescencia como etapa de la vida situada entre la pubertad y la adultez a la que se le atribuyen una serie de características biológicas y psicoafectivas iguales para toda existencia, sin distinciones de género, de raza ni de clase. El imperio de lo igual sigue enarbolando a lo diferentes como disfunción, patología, desvío o delito. Psicología sostenida en ideales políticos de progreso y completud que sitúan la existencia en términos de un camino secuencial a recorrer atravesando diferentes etapas (o niveles o pantallas de juegos). Etapas caracterizadas por criterios de normalidad que indicarían grados de desarrollo a alcanzar y puntos de enfermedad / desvíos a curar, medicar, corregir o encerrar. Y como garantía de llegada de ese recorrido secuencial: una identidad acabada, una sexualidad definida, una madurez lograda y una personalidad disponible cual outfit. Ideales de individuo adulto y maduro, inventados y sostenidos por la modernidad y las ciencias humanas. Y mantenido y defendido por el marketing, los gobiernos, las neurociencias y la big data. 13. En 2017 realizamos con 4to 2da y 5to 2da un trabajo sobre derechos humanos. Invitamos dos veces a la escuela para conversar con ella a una vecina del barrio, la inmensa Adri Lewi. Supo embelezarnos y conmovernos contándonos cómo viene viviendo con esa herida abierta que le provocó el terrorismo de estado con la desaparición y el asesinato de quienes la concibieron y comenzaron a criar, antes de que lxs desaparecieran y asesinaran. Diseñamos con ella, desde el espacio de Educación de la ex Esma, donde trabajaba, el montaje de un mural de Armando Prieto, desaparecido de Parque Avellaneda, cuyo nombre había sido uno de los propuestos en el 2010 para el trabajo barrial de elección y votación del nombre de la escuela, retomándolo e historizando también lo vivido en la escuela. Un mediodía de sol y calor, sobre el paredón de la calle Bilbao, junto con Adri, algunxs profes y lxs estudiantes instalamos un gran mural de Armando Prieto. Luego, bajo la bellísima sombra de unos árboles, al costado de la escuela, Agustín e Iván, rodeados de todxs lxs que estábamos allí, en una especie de batalla de freestyle, tiraron rimas inolvidables y conmovedoras al respecto. [IV] [I] Gran amigo indefinible e inclasificable, amante del cine, una de las presencias maravillosas de las exploraciones del under de los 80, profe del bachi Escuela Libre de Constitución y creador de “La peli dominguera” espacio de proyecciones de cine arte en la FLA (Federación Libertaria Argentina). [II] https://www.youtube.com/watch?v=-YqNORdgP1Q [III] Ana no duerme https://www.youtube.com/watch?v=P0M4JfbPs2s Culpa https://www.youtube.com/watch?v=XzxN55XwhdU Sonido nativo del río https://www.youtube.com/watch?v=5FmsMIWtfAs Dance crip https://www.youtube.com/watch?v=JWRlTezTF2k Venganza https://www.youtube.com/watch?v=6gHnmXB4t1k Jijiji en el Lollapalooza https://www.youtube.com/watch?v=Xsb5tqhdahM [IV] https://www.youtube.com/watch?v=1GlFW4YkOpc Nota: dejo aquí la secuencia de textos que acompañan a éste.. Tan solo a cinco escalones parte 1 Tan solo a cinco escalones parte 2 Ya supiste.

  • Tan sólo a cinco escalones (parte 1) / Verónica Scardamaglia

    1. Caminar por la escuela entre 2013 y 2017 significaba encontrarse a la vuelta de algún pasillo con varixs pibis haciendo freestyle. Para aquel entonces no tenía ni idea de qué se trataba eso. Como tantas otras veces, ellxs me enseñaron. El amor por la música siempre ha sido puente intergeneracional y portal de apertura a otros mundos, a otras formas, a otros estilos. Alguna vez, fue la cumbia. Ahora el freestyle. Recuerdo la primera vez que me contaron lo de las batallas. Me incomodó mucho, ¿por qué batallas?, pregunté desde aquellos restos hippie pacifistas que aún me quedaban en esos años. Creo que lo de gallos ni me lo dijeron, ya conocían las fibras feministas, por las clases que compartíamos. (Una vez, cuando participamos del encuentro Jóvenes y Memoria 2012, cambiaron en la letra de un agite prostitución por revolución.) Recuerdo también que lo primero que hicimos lxs adultxs fue relacionar el freestyle con las payadas, con el Martín Fierro, el folklore, las milongas y todo eso. Recuerdo tanto como fracasamos en captar su atención (confieso que un poco me aburrían aquellas derivas) como lo cautivada que quedé al conocerles esa capacidad y velocidad de ideas y palabras que desplegaban. Trataba de no interrumpirles y encontrar la vuelta para hacer entrar esas formas a las clases. 2. “Muchos hablan, pocos riman, solo los mejores improvisan!” Red Bull Batalla. La competencia anual de freestyle Red Bull Batalla de la que participan países que hablan español, se inicia en 2005, organizada y auspiciada por la bebida energizante Red Bull. En un principio se conocía como Red Bull Batalla de Los Gallos (BDLG), quizás por eso los contenidos misóginos que encontramos en muchas de ellas. Estas batallas cuentan con un jurado, con criterios de evaluación y con reglas. Una de ellas consiste en que no se permite contacto físico, salvo algunos toques pequeños y las agresiones se castigan con la descalificación automática. En la primera competencia internacional (2005) en Puerto Rico resultó campeón el MC argentino Frescolate. Recién en 2019 dos mujeres, Roma y NTC, protagonizan una batalla sin ser una exhibición, en RB Argentina. En 2007 ganó Kim, una MC venezolana en Red Bull Venezuela y en 2019, Marithea, MC de Bogotá en la Red Bull Colombia que fue la 2da en ganar una Nacional, Red Bull Colombia 2021. 3. Las bebidas energizantes llegan a la Argentina hacia principios del año 2000, si bien la austríaca Red Bull se comercializa desde los 80. También han sido lxs pibis quienes me explicaron, alguna vez, el uso que hacían de estas bebidas. Años después, para el 2005 y sin lenguaje inclusivo, escribía: “para el marketing los jóvenes serán un buscado nicho de consumo. Un claro ejemplo de esto lo podemos situar tanto en la ampliación de los usos del tiempo nocturno como de las ofertas de consumos. El mercado ha inventado el pre-dancing, esto es, tomar algo antes del ingreso a la discoteca; y el after office, es decir, lugares de salida para los días miércoles al finalizar la jornada laboral; el after hours, lugares de salida al finalizar el horario de los boliches, esto es, de siete de la mañana al mediodía. De este modo el mercado amplía no sólo la oferta horaria sino la secuencia de espacios y días por dónde circular, en caso que las posibilidades económicas así lo permitan. Asimismo, se han creado nuevas necesidades para lograr que los consumidores permanezcan activos en este amplio circuito nocturno: los energizantes. Nuevas bebidas dirigidas hacia los jóvenes que venden la ilusión de la ‘larga duración’. Como siempre, los jóvenes logran abrir fisuras a lo instituido por el mercado, apropiándose de espacios y mercancías, cuando no son capturados por ellas… Jóvenes que evitan los altos precios de las bebidas alcohólicas en los boliches, inventando after hours y pre dancing alrededor de unas cervezas comunitarias en cualquier esquina o plaza de barrio. “1 4. Las especificidades y relaciones entre hip hop, rap y freestyle merecerían una dedicada genealogía histórica que nos llevaría a visitar las maravillas del ritmo -tanto de la música como del baile-, de las resistencias culturales y políticas, de la fuerza admirable de las comunidades racializadas y empobrecidas del Bronx (afroamericanas, latinas y asiáticas) y de la incansable capacidad de invención de las juventudes. Se relacionan con un andar en comunidad, con las bicis, los skates, el basquet, el breakdance, los grafitties y la decisión de transmitir mensajes para transformar la realidad. Dentro del movimiento del hip hop, movimiento multicultural si los hay, encontramos al rap y al freestyle (como una variante del rap) armando y rearmando diferentes escenas con diferentes funciones y particularidades. En algunas de ellas nos encontramos con MC (emci), DJ (disc jockey) / beatmaker y lxs partícipes de las fiestas, pieza fundamental que ovaciona y valida el ingenio y hace a la magia de lo que acontece. En los orígenes de esta movida existía una decisión que se desmarcaba de comercializarla o de obtener beneficios económicos de lo inventado para sostener estos encuentros. Se llama MC al maestrx de ceremonia, tanto por su capacidad de disputar en una batalla como, podríamos decir, por la capacidad de improvisar y jugar con las palabras y las rimas. Lo llaman maestrx de la palabra hablada. En algún fandom de rap se define al MC como “poeta del Hip Hop que se dirige y mueve rítmicamente por una multitud que riman de forma oral”. Dice también “portavoz cultural. Técnicamente, el emcee es una creación de la propia comunidad.” Históricamente lxs DJ exploran las conexiones entre música, producción de canciones y afectaciones sobre los estados de ánimo de la gente. Ponían las bases desde dos tocadiscos con vinilos (creado por Edward P. Casey en el Bronx en 1955) conectadas a un mixer con un "cross-fader" (ideado por Grandmaster Flash en 1976) acompañados de un ventilador para evitar que los equipos recalienten. En ellos se tomaba una muestra de un tema (sample) y se la repetía en loop como bases sobre las que se hace rap o freestyle. Ya desde hace años, la función del DJ se entrecruza y yuxtapone con la del productor / Beatmaker. Se refiere a quienes producen y componen sus ritmos usando sonidos, sampleos de acordes, baterías, guitarras e incluso líneas vocales. Muchas de estas producciones las utilizan lxs DJ para pasar las bases. Ya desde hace años, estas bases pueden hacerse con beatbox, capacidad que desarrollan algunxs de hacer ritmos y sonidos de instrumentos con la voz y el cuerpo. 5. Los desprecios adultocéntricos conviven en los espacios institucionales que habitan niñeces y juventudes. Quizás resulte todo un aprendizaje lograr prestar muchísima atención ahí en la invención de palabras, de ritmos y estilos nuevos con los que las juventudes suelen sorprendernos. Quizás la fuerza de la transmisión necesite conservar de ese misterio que deja a la vista como montones de saberes andan, por algún tiempo, más allá de los espacios institucionalizados: escuelas, facultades, medios de comunicación y hasta mercado. ¿Cómo nacen y por dónde viajan esas pasiones y saberes? ¡Cuánto hay ahí, en esas invenciones! Allí donde normalidades ven apariencias, raros peinados nuevos, gorritas y capuchas sospechosas de las que temer, llenas de consumos y excesos por los que horrorizarse; otrxs encuentran, además de consumos y modas, una comunidad posible en la que compartir horas y horas de encuentros, emociones, música, transmisiones culturales y desafíos. 6. Las juventudes han encontrando, históricamente, un gran lugar de reunión, escape y diversión en las plazas que el freestyle y la autogestión han sabido tomar como escenario. Muchos domingos (quizás con algún saber de sensibilidad antidomingo) batallas de freestyle pasaron a ocupar la vida de montones de jóvenes. Ya se tratara del Halabalusa Underground, en las cercanías arboladas de la estación de Claypole, al sur del Gran Buenos Aires, desde principios de 2010. Ya los sábados en Barrancas de Belgrano en el Las Vegas Freestyle o algunos domingos en el quinto, en el parque Rivadavia. Con batallas que se definían haciendo piedra, papel o tijera para decidir que MC comienza a improvisar sus doce compases, ganarse al público y al jurado que evalúa técnicas, estructuras, composiones y picardía. Uno a uno, dos a dos, cuatro a cuatro. Con réplica ante empates y con la magia de punchlines (remates) y acotes celebrados por una muchachada de entre 13 y 25 años. 7. “Este domingo hay quinto, profe” me compartía Lucas que, notando la curiosidad que ese mundo me despertaba, me pasaba data y videos de batallas que podrían interesarme: esas en las que nombraban cuestiones históricas y de literatura o las que tenían a algunas chicas como protagonistas. Alguna vez tuvimos batallas en la biblioteca. Omar tiraba unos maravillosos beatbox y muchxs entraban y salían del anfiteatro espontáneo que se había armado: Lucas, Jano, Ayelén, Tincho, Iván, Agustín desplegaban rimas, muchas de ellas con contenidos tan discriminatorios que recuerdo que les pedí que me enseñaran a rapear, así les discutía y les “retaba” con sus reglas y sus ritmos. Y otra vez Lucas contándome que ya había varios jurados que descalificaban a quienes usaran cierto tipo de agresiones. 8. En marzo de 2012 en los escalones del Parque Rivadavia, justito ahí donde la calle Doblas hace la curva antes de llegar a la avenida y deja disponible un espacio con escalones, justo en este barrio al que suelo llamar, por sus formas aspiracionistas de elite, Little Horse, justo en esta plaza prolija, renovada y enrejada se inventa “El quinto escalón”. Con el impulso, la organización autogestionada y el ingenio de Alejo (hoy Yzy A) y Muphasa, se inventa una de las competencias que no sólo llamó la atención internacional sino que sirvió como plataforma de lanzamiento de muchísimos artistas actuales. Hace unas semanas, uno de ellos, Acru, desde uno de los escenarios del Lollapalooza en el Hipódromo de San Isidro decía con picardía a la multitud que lo ovacionaba: “¿Se quejan que en el Lolla no hay artistas internacionales? Los internacionales somos nosotrxs ¡nos escuchan afuera, eh!”. 1 Scardamaglia, V. (2007) Del derecho y del revés Escuelas y Juventudes. PDI Editores. Nota: Dejo aquí la secuencia de textos que acompañan a éste. Tan solo a cinco escalones parte 2. Tan solo a cinco escalones final. Ya supiste.

  • Ya supiste / Verónica Scardamaglia

    La emocionalidad de las juventudes de esta época pareciera latir al ritmo del trap y con la intensidad del freestyle. El trap, estilo musical que presta palabra a desbordes y excesos. Incómodo, reventado, incorrecto casi en todo sentido. Quizás por eso condenado hasta para pretender dejarlo fuera de lo que, dicen, es la música. Acusado de desentonar no solo por el autotune sino por la misoginia de muchos de sus temas. ¿Pariente de la cumbia villera? El trap pone en escena y presta palabras a la experimentación con sexo, pastis y abismos; a los desgarros del amor; al elogio de la fiesta, las joyas, las drogas y las amistades. Tanto desprecio y tantas críticas hacen pensar que, quizás, en esas otras formas se escondan no sólo lo ya conocido sino, tal vez, algunas posibilidades vitales aún intraducibles. A diferencia del trap, el freestyle si bien veloz y desafiante, resulta menos incómodo y más amable, más moldeable, más traducible. Sigue ocupando plazas y haciendo cantar-hablar a pibis de todo el país que, ahora, saben que pueden hacer unos mangos con él. Incluso, ya viene siendo tuneado con corrección política, traspasando los límites de las plazas y saltando a documentales de canal Encuentro y escenarios oficialistas. En plena disputa y resistencia a dejarse cooptar por avidez capitalista de la sociedad del espectáculo. “Hoy ya no hay batallas de freestyle, hay show de batallas de freestyle”, algo así decía en una entrevista en el programa de radio Todo pasa, YSY A que funda y disuelve “El quinto escalón” (2012-2017), aquellas míticas batallas de freestyle del Parque Rivadavia -usina solidaria y expansiva de artistas que hoy ocupan la escena internacional de la música urbana-. YSY A maneja una carrera autogestionada, produce su música, sus shows, sus joyas y su vestuario. Se jacta de ser el único músico independiente de la escena. Con la desfachatez y la avidez de sus 24 años, ya ha rechazado contratos con todas las discográficas de la industria musical. Si bien mantiene fidelidad por el trap, samplea en sus temas referencias al techno y al tango, sube bailarines de tango a sus shows y sabe que con ello revaloriza y arma un puente desacatado entre épocas y melodías. Quizás emulando ese puente tan amoroso y vital que se produce en la historia de tantísimos jóvenes con la figura de lxs abuelxs. La emocionalidad de las juventudes de esta época pareciera nombrarse al ritmo de trap y con la intensidad de freestyle. Para muchxs jóvenes, el freestyle y el trap, junto con el rap, han resultado las bandas de sonido de la pandemia. Precisar, definir y diferenciar freestyle, rap, hip hop, trap resultan compulsiones adultocentristas que no soportan las fronteras sinuosas, cercanas y distantes al mismo tiempo, que contienen y diferencian a estos ritmos. No soportan tampoco las solidaridades y colaboraciones, porque viven de competencias individualistas y exitistas. El youtuber portorriqueño Molusco, en un reportaje con el Duko después de los dos primeros de los cuatro shows en Vélez (octubre - noviembre 2022), le pregunta si no se considera el líder de este movimiento, le dice “incluso tus compañerxs te consideran así”. El Duki responde: “líderes somos todos partiendo del hecho de que cada unx se para ante miles de personas en un escenario y algo se produce ahí”. Y agrega: “más que líder diría pionero”. Ubica ahí la posibilidad de haber sido el primero en abrir puertas al salto producido por el trap y el rap en la cantidad de escuchas y vistas en plataformas y redes sociales. A su vez, refiere a Cazzu como la primera en posibilitar relaciones con Puerto Rico y a YSY A, en proponer e inventar diferentes cosas como hacer canciones para los vivos. Dice: “somos varixs líderes en distintos lugares que hicimos que las cosas vayan sucediendo”. En esos Vélez de Duki. jóvenes de a cuarenta y cinco miles saltaban y gritaban, garganta en mano, las crónicas de las noches veloces y las desgarraduras del amor con un lenguaje casi inventado “Toy caliente, y estoy frío / No se llena este vacío / Girl, quereme just a little bit / Mi heroína en este lío (...) Sabe que la quiero pero she don't give a fo / Quizás es el miedo pero she don't give a fo”. Y en los Argentinos Jrs de Wos, de a treinta miles: “Hay angustias que te dejan esquelético / No se calman ni con tandas de analgésicos / So let it go, que esta vez no es hipotético / Y si no soltás la mierda vas a terminar colérico / Y entiendo que estés cansado / Hay veces que el no presente es una cuestión que aturde / Pasando del remordimiento de un hecho pasado / Al futuro que es un pozo plagado de incertidumbre (…) Perdido en la muchedumbre, eh / Entre sueños que te aturden, eh / En la calma que se pudre / Tu carne es incertidumbre” La emocionalidad de las juventudes de esta época pareciera sacudirse y saltar al ritmo del trap y con la intensidad del freestyle. En este primer año pospandemia con presencialidad completa y ya sin barbijo obligatorio, estas irreverencias llenan teatros y estadios en nuestro país y en muchos otros. Se arman allí pogos gigantezcos capaces de producir reportes de temblores en la zona, como sucedió las dos veces que YSY A llenó Obras. Además, YSY tuvo que suspender un recital en Ciudad de México por el mismo motivo y, aprovechando estos fenómenos, lo empezaron a llamar “el hombre sismo” o YSYsmo (nombre que, finalmente, lleva su último disco). Aquel pogo más grande del mundo que ocurrió en 2005 en el estadio único de La Plata en ocasión del primer recital solista del Indio Solari, queda multiplicado y expandido como forma y como práctica. Estas juventudes de hoy se hacen marea incontenible, como si confluyeran trenzados, aquellos viejos pogos sententistas con las oleadas verdes transfeministas entreveradas con las sabidurías cooperativas y autogestionadas de las negritudes del movimiento hip hop. La emocionalidad de las juventudes de esta época pareciera desconcertar y vender al ritmo del trap y con la intensidad del freestyle. Esta escena argentina de música urbana que ahora okupa las alfombras rojas de los Grammys y los Billboard, a la vez que posa, difunde el mate y el fernet por donde sea que vaya. Irrumpió desde el centro de la ciudad, con esa irreverencia que acciona tan a la vista de todxs que no se ve. Creció desde abajo, con esas formas de circulación virtual tan resistida y acechada por las pedagogías y con formas de creación que provocan incomodidades y fricciones. Un maravilloso encuentro musical se produce en una entrevista a Dillom en el programa de radio y youtube La hora líquida, que lleva adelante Gillespi en Nacional Rock. Gillespi, admirado por el talento y la capacidad creativa de Dillom, refiriéndose a su álbum Post mortem, pregunta: “¿sos vos el de los pianos eléctricos que aparecen por ahí?”. “No, no -responde Dillom- no porque yo durante el proceso de Post morten no tenía ni idea de teoría musical ni acordes ni nada. Por ahí tocaba mucho de oído y ahora, en estos últimos meses, estuve leyendo, instruyéndome y me compré unos cursos por internet. Me picó ahí como las ganas de poder llevar lo que hago a otro nivel, poder entender y meterme más. Yo arranqué produciendo”. Curiosidad como motor y wikipedia como puerta de entrada a investigaciones casi autodidactas que habilitan y desbaratan muchas formas ya conocidas provocando estupor, prejuicios y resucitando dinosaurios. La emocionalidad de las juventudes de esta época pareciera latir, nombrarse, sacudirse y saltar, pareciera desconcertar y vender al ritmo del trap y con la intensidad del freestyle. Cantan Cazzu y #ModoDiablo (Duki, Neo Pistea e YSY A) en La clase (2019): “Así se hace / Mira a dónde llegaron lo' peore' de la clase / Sin careta ni dinero, sin fucking disfrace'” Nota: dejo aquí la secuencia de textos que acompañan a éste: Tan solo a cinco escalones parte 1. Tan solo a cinco escalones parte 2. Tan solo a cinco escalones final.

  • ¡Ay, este tiempo! / Marcelo Percia

    Se necesita encontrar una lengua en la lengua, una palabra en las palabras, un tono en el ruido. Procurar un habla desujetada. Aprender a perseverar como hierba mala. Adherirse y repetir discursos hechos evita que duela no entender qué está pasando. Urge tener con quienes escucharnos pensar no sabiendo qué pensar. Se necesita interrumpir la desesperación para conversar la desesperación. Suspender el enmudecimiento para decir la mudez. Interceptar automatismos certeros para alojar la vacilación, el estupor, la nada. Interrumpir, suspender, interceptar para morar, hacer silencio, habitar la espera. No temer el vacío. Conversar, decir, alojar: hacer manada. Mientras tanto lo venidero. ¡Qué falta hacen quienes ya no están para pensar este momento! ¡Qué falta hacen sus memorias, sus inocencias luchadoras, sus ternuras escuchantes! Soledades que nombran, llaman, recuerdan, a quienes cubrió la noche, saben de antemano que no pueden ante la ausencia. Y, sin embargo, nombran, llaman, recuerdan. Hojas de otoño, la película de Kaurismaki (2023), narra soledades del amor. Pone a la vista ansias, maldiciones, sonrisas, equívocos, memorias, que cuelgan del silencio. De fondo se escuchan canciones tristes y una radio contando la guerra. En una entrevista, el director finlandés dice que el capitalismo consuma crímenes todos los días y que, en el mejor de los casos, el cine sirve como sueño o consuelo para existencias cansadas. Las artes, como las clínicas, no pueden hacer nada para suprimir el dolor. Pero esa nada, que sí hacen, se llama acoger el dolor. Contener supone saber lo incontenible, lo que desborda, lo que no se alcanza a imaginar. A veces, sólo se trata de estar ahí en respetuosa proximidad de lo incontenible. Tal vez contener dando ese no poder contener. Pero, ¿cómo ante tanto miedo, tanto desconcierto, tanta amenaza? En el desvarío y la confusión quizás un límite calma. Pero, ¿qué límite? Un límite a la confusión sin fin. Un límite al desvarío que no deja nada a salvo del desvarío. Se necesita una orilla que apacigüe la inmensidad, una piel estremecida que se arrime si forzar ni lastimar, una promesa amorosa sin cálculos ni codicias. Se necesita el límite de una mirada que espera y escucha. El límite de una voz suave que augura: “¡Si no sana hoy, sanará mañana!”. Los celos gravitan como una obstinada pasión propietaria. En amores que aman más la posesión que el amor germinan semillas de crueldad. Se necesita saber la servidumbre para no acatarla. Se necesita inventar fantasías o amistades para causar la vida (y no sólo cumplirla o recorrerla como destino). Se necesita tener con quienes imaginar un porvenir que no se reduzca a que cada cual tenga que salvarse como pueda. Ya nadie sabe cuánto vale una cosa. ¡Pronto algunas vidas valdrán mucho y otras nada! ¿Quién quiere vivir en un tiempo así? En un pasaje de El mundo de ayer, Stefan Zweig (1942) cuenta la inflación en Viena durante los años posteriores a la primera guerra europea. Escribe: “La voluntad de vivir fue más fuerte que la estabilidad del dinero”. Quizás en eso resida el secreto de la supervivencia: perseverar en lo vivo aun cuando no nos esté dado gozarlo. Relata también Zweig que ante la desesperante inestabilidad del dinero, que perdía día a día su valor, la vida en común se sostuvo en lo que se sintió como más imperecedero: el amor, la amistad, el juego, la risa, el arte. En la última carta que Zweig envía a Freud, en 1939, alienta: “Tenemos que permanecer firmes”. Sin embargo, tres años después, se suicida junto con su compañera en Petrópolis (Brasil). En su nota de despedida, lamenta que capitalismos europeos se estén destruyendo entre sí. No soporta la pérdida y el hundimiento de la lengua con la que escribió y amó. En la última línea, se despide así: “Mando saludos a todos mis amigos. Ojalá vivan para ver el amanecer tras esta larga noche. Yo, que soy muy impaciente, me voy antes que ellos”. Tenía sesenta años. Pesimismos, a veces, se presentan como tristezas o pesares de existencias nostálgicas que perdieron o están por perder privilegios, sostenes, referencias, pasiones. Cuando no se tiene nada, no se consuman pesimismos ni optimismos, se transcurre tratando de sobrevivir. Tal vez se pueda diferenciar paciencia de perseverancia. Mientras que la paciencia cobija una esperanza resignada, la perseverancia aloja una confianza que llama a lo venidero. Insiste un adjetivo para decir la terriblez de este tiempo. Se dice: “estamos viviendo momentos tremendos”. Kierkegaard, que publica en 1843 Temor y Temblor, vaticina años después algo sobre su libro: “el espantoso pathos que contiene esta obra hará temblar”. Desde entonces, asistimos a la percepción de lo tremendo, pero no como crudeza o exageración, tampoco como conformismo o fatalismo, sino como anudamiento de temores y temblores. Una cosa el terror que inmoviliza y otra el temor que tiembla. Una cosa el terror que blinda sensibilidades, y otra cosa el temblor que se escribe, que decide contarse, que encuentra entre quienes decirse. Se ha vuelto verosímil negar la vida a existencias vulnerables, malsanas, sucias, improductivas, peligrosas. La crueldad se piensa a sí misma como justicia necesaria, como indolencia justificada, como salvoconducto de inmunidad. El imperio de la fuerza goza destruyendo debilidades. Así alimenta su efímera ilusión de invulnerabilidad. Hace falta un poco de silencio. Pausar o suspender tanto ruido. Suavizar aturdimientos. Pensar temblando. Desesperaciones repletas de datos no piensan. Estupores saturados de conjeturas, interpretaciones, sentencias, tampoco. Incertidumbres colmadas de miedo, menos. Se necesita volver al silencio para elegir las palabras, volver a la soledad para pensar lo común, volver al punto en el que nos perdimos para decidir en qué dirección seguir. Volver, el tango de Gardel y Le Pera, que se graba en 1935, se conoce como canción del retorno. Como poética del anhelo y el desgarro. Como tardanza dolida. Como esperanza guardada. Como memoria de los exilios, de las emigraciones, de las huidas. Carlos Gardel interpreta Volver en El día que me quieras, una de sus últimas películas. Una curiosidad que observa Sylvia Molloy: el protagonista no canta en la proa mirando hacia Buenos Aires, sino en la popa mirando hacia Europa. Canta de espaldas a lo que ansía reencontrar y de frente a lo que está dejando atrás. “Volveré y seré millones”, la voz de despedida que la esperanza atribuye a Evita, forma parte de un poema que José María Castiñeira de Dios escribió en 1962 recordando aquel dolor del 26 de junio de 1952. “Presa entre sus cerrazones, / y porque soy libre y fuerte / YO VOLVERÉ DE LA MUERTE. / VOLVERÉ Y SERÉ MILLONES”. En un acto en homenaje a Evita bajo la lluvia, en el estadio de Nueva Chicago, el 28 de julio de 1972 nace el sintagma Luche y Vuelve. Consigna de un deseo, de un proyecto, de una demanda de justicia. Se recuerda la letra V mayúscula conteniendo una P de menor tamaño como tatuaje de una época. “Volveremos, volveremos / volveremos otra vez / volveremos…”, se volvió canción de los retornos. Volver persiste como vocablo del regreso, como infinitivo de una esperanza que anhela recuperar lo perdido. Como profecía de resurrección de un sueño. Como contraseña de lucha y resistencia. Como programa de reposición y defensa de derechos conquistados. Como estribillo de glorias populares. En el infinitivo volver, sin embargo, asistimos a un giro hacia el pasado. Un porvenir invertido. Una custodia de lo ganado y, a la vez, una cerrazón de lo venidero. En el listado de los volveres, se necesita volver encantar lo común. Como ocurre cada vez que volvemos a encontrarnos para decir No en las calles. También se necesita volver a encantar un porvenir no calculado, no sabido, no destinado. Cuando el estupor y el miedo no ceden a la resignación, sobreviene la ira: grito de debilidades que propagan cercanías inesperadas. Puede ocurrir que la ira no sepa o tarde en saber hacia dónde ir. Incluso puede, a veces, sobrevenir como nausea, vómito, indigestión. Pero, en el enojo de las debilidades vive el secreto de la ternura. Se necesita cultivar un común descontrol que enloquezca a los controles. Algoritmos actúan como zonificación de intereses y reacciones, como palmadas confirmatorias del yo pienso, como coincidencia confortable, como anticipo de deseos. ¡Qué bien hace encontrarse, de pronto, en las calles con el sudor, el júbilo, el grito, de un común inclasificable! La cuestión no reside en sentirnos mal, sino en no tener con quienes pensar lo que nos está pasando. Tratar de que el amor a la palabra sobreviva a este momento. Contar que supimos el horror mientras lo estábamos viviendo. ¡Ay esta época política en la que retornan odios de clase con sus crudezas, violencias, racismos, desembozados! Una vecina dice a otra separada por una medianera: “Negra de mierda, yo soy propietaria, no una usurpadora como vos”. Jacobo Fijman (1926) supo dar la imagen de un momento sin sostenes, sin apoyos, sin soportes. Un momento sin amistad y sin hospitalidad. Escribió: “el suelo se ha caído de mis manos”. Tal vez no se trata de que nos sostengan, sino de que nos ayuden a sostener el suelo sobre el que nos apoyamos. Sostener lo que sostiene cuando dos manos solas no alcanzan. Ningún tiempo (por más personal que se quiera) se sostiene sin conversaciones que sostengan, sin memorias que acompañen, sin la imaginación de porvenires que trasciendan lo conocido. En tiempos aciagos nos toca querernos más. Desear felicidad como gesto imperecedero. Practicar luchas en sesgo como Perseo ante Medusa. Seguir buscando ideas perdidas, olvidadas, todavía no pensadas. Nos han declarado la guerra. Volveremos, como otras veces, a empezar. Nadie sabe lo venidero.

  • La transformación del silencio en acción / Audre Lorde

    Cada vez estoy más convencida de que es necesario expresar aquello que para mí es más importante, es necesario verbalizarlo y compartirlo, aun a riesgo de que se interprete mal o se tergiverse. Creo que, por encima de todo, hablar me beneficia. Estoy aquí en calidad de poeta Negra y lesbiana, y la importancia de mi presencia radica en el hecho de que aún estoy viva y podría no estarlo. Hace menos de dos meses un par de médicos, una mujer y un hombre, me dijeron que debía extirparme un tumor del pecho y que había entre un 60 y 80% de posibilidades de que fuera maligno. Entre el momento en que me enteré y la operación pasé tres semanas sumida en la agonía de una involuntaria reorganización de mi vida. Concluida con éxito la operación, el tumor resultó ser benigno. Pero durante esas tres semanas me vi obligada a examinarme a mí misma y a examinar mi vida con una claridad dura y acuciante que me ha dejado muy afectada y, a la vez, muy fortalecida. Es una situación a la que se enfrentan muchas mujeres, incluidas algunas de las que hoy estan aquí. Parte de las experiencias vividas durante ese período me han ayudado a poner en claro mi perspectiva sobre la transformación del silencio en lenguaje y acción. Al tomar una conciencia obligada y esencial de mi mortalidad, de lo que deseaba y le pedía a la vida, por breve que fuera, mis prioridades y omisiones se perfilaron con cruel precisión, y fue de mis silencios de lo que más me arrepentí. ¿De qué he sentido miedo alguna vez? De preguntar o de hablar por creer que iba a hacer daño, o a provocar una muerte. Pero siempre nos estamos haciendo daño de una manera u otra, y el dolor termina por transformarse o por cesar. La muerte es, por otra parte, el silencio definitivo. Y puede presentarse en cualquier momento, ahora mismo, tanto si he dicho lo que era necesario decir como si me he traicionado incurriendo en pequeños silencios a la vez que planeaba llegar a hablar algún día, o esperaba a que me llegaran palabras prestadas. Con todo esto, empecé a vislumbrar una fuente interna de poder que deriva de saber que, si bien lo más deseable es no sentir miedo, también se puede obtener una gran fortaleza aprendiendo a analizar el miedo. Yo iba a morir, más tarde o más temprano, tanto si había dicho lo que quería decir como si me había callado. Mis silencios no me habían protegido. Vuestros silencios no os protegerán. Pero con cada palabra real que he pronunciado, con cada intento realizado de decir las verdades que aún ando buscando, he entablado contactó con otras mujeres buscan conmigo esas palabras que puedan encajar en el mundo en el que todas creemos, y gracias a ello hemos reducido nuestras diferencias. Gracias al interés y al cariño que me demostraron esas mujeres conseguí la fortaleza necesaria para profundizar los aspectos básicos de mi vida. Las mujeres que me apoyaron durante esta etapa eran Negras y blancas, mayores y jóvenes, lesbianas, bisexuales y heterosexuales, y todas estábamos unidas en la guerra contra la tiranía del silencio. Ellas me proporcionaron una atención y una fortaleza sin las que no habría logrado sobrevivir indemne. En el transcurso  de aquellas semanas de intenso miedo fue emergiendo la conciencia de que, en la guerra que todas libramos contra las fuerzas de la muerte, a veces conscientemente y otras no, a veces sutilmente y otras no, no sólo soy una víctima, sino también una guerrera. ¿Qué palabras son ésas que todavía no pronunciamos? ¿Qué necesitas decir? ¿A qué tiranías te sometes día tras día, tratando de hacerlas tuyas, hasta que por su culpa enfermas y morís, todavía en silencio? Puede que para algunas de las aquí presentes, yo sea el rostro de uno de vuestros miedos. Porque soy mujer, porque soy Negra, porque soy lesbiana, porque soy yo misma... una mujer Negra, poeta y guerrera dedicada a su trabajo, que ha venido a preguntaros, ¿Se dedican ustedes a su trabajo? Ni qué decir tiene que tengo miedo, porque la transformación del silencio en palabras y obras es un proceso de autorrevelación y, como tal, siempre parece plagado de peligros. Cuando le expliqué el tema que íbamos a tratar en este encuentro, mi hija me dijo: "Háblales de por qué nunca se llega a ser por completo una persona cuando se guarda silencio, porque en tu fuero interno siempre hay una parte de ti que quiere hacerse oír y, cuando te empeñas en no prestarle atención, se va acalorando más y más, se va enfureciendo, y si no le das salida, llegará un momento en que se rebelará y te pegará un puñetazo en la boca desde dentro". Los motivos del silencio están teñidos con los miedos de cada cual; miedo al desprecio, a la censura, a la crítica, o al reconocimiento, al reto, a la aniquilación. Mas, por encima de todo, creo que tememos esa visibilidad sin la cual no es posible vivir de veras. En este país, donde las diferencias raciales crean una distorsión permanente, aunque no reconocida, de la visión, las mujeres Negras siempre han sido muy visibles pero, a la vez, se las volvía invisibles mediante la despersonalización del racismo. Hemos tenido que luchar, y seguimos luchando, incluso dentro del movimiento de mujeres, para alcanzar esa visibilidad que, por otro lado, es nuestra mayor vulnerabilidad: nuestra Negritud. Para sobrevivir en las fauces de este dragón al que llamamos EE.UU., la lección primera y primordial que hemos debido aprender es que nunca se ha pretendido quesobreviviéramos. Que sobreviviéramos como seres humanos. Tampoco se ha pretendido que sobrevivierais la mayoría de las que hoy estan aquí, Negras o no. Y que la visibilidad que nos hace vulnerables es también nuestra principal fuente de poder. Porque la maquinaria tratará de trituraros en cualquier caso, tanto si hablas como si callas. Podemos permanecer eternamente mudas en un rincón mientras nuestras hermanas y nosotras mismas nos consumimos, mientras se deforma y destruye a nuestros hijos, mientras se envenena nuestra tierra; podemos quedarnos en nuestro protegido rincón, mudas como muebles, y no por ello sentiremos menos miedo. Este año, en mi casa, hemos celebrado Kwanza, la festividad afroamericana de la cosecha, que comienza el día siguiente a Navidad y dura una semana. En Kwanza se conmemoran siete principios, uno cada día. El primero es Umoja, que significa unidad, la decisión de luchar por la unidad del ser y de la comunidad y mantenerla. El principio que correspondía al día de ayer, el segundo, era Kujichagulia, la autodeterminación, la decisión de definirnos, de nombrarnos y de hablar en nombre propio en lugar de permitir que otros nos definan y hablen en nuestro nombre. Hoy es el tercer día de Kwanza y el principio correspondiente es Ujima, trabajo y responsabilidad colectivos, la decisión de cooperar en la construcción de nuestro ser y de nuestra comunidad, y de identificar y resolver los problemas entre todas. Quienes nos encontramos aquí reunidas compartimos en alguna medida el compromiso con la palabra y con el poder de la palabra, y pretendemos recuperar un lenguaje que se ha vuelto contra nosotras. Para transformar el silencio en palabras y obras es imprescindible que todas las aquí presentes definamos y analicemos qué función nos toca desempeñar en esa transformación, y que comprendamos que nuestro papel es de vital importancia. Quienes escribimos debemos analizar la verdad de lo que decimos, pero también la verdad del lenguaje con el que hablamos. A quienes no escriben les corresponde compartir y difundir las palabras que consideramos importantes. Pero lo esencial es que todas enseñemos, mediante la vida y la palabra, las verdades en las que creemos y que conocemos más allá de la razón. Pues sólo así, participando en un permanente proceso vital de creación, en un proceso de crecimiento, nos será posible sobrevivir. Y es algo que no se hace sin miedo... miedo a la visibilidad, a la cruel luz del escrutinio y tal vez a la crítica, al dolor, a la muerte. Mas por todo eso ya hemos pasado, en silencio, por todo salvo por la muerte. Yo no ceso de recordarme que si hubiese sido muda de nacimiento, o si, para protegerme, hubiera mantenido un voto de silencio a lo largo de toda mi vida, aun así habría sufrido, aun así me llegaría el momento de morir. Este recordatorio es excelente para poner las cosas en su sitio. Y cuando las palabras de las mujeres se dicen a voces para que sean escuchadas, es responsabilidad de cada una de nosotras hacer lo posible por escucharlas, por leerlas y compartirlas y analizarlas para ver cómo atañen a nuestras vidas. Es nuestra responsabilidad no refugiarnos tras las parodias de la segregación que nos han impuesto y que a menudo hemos aceptado como propias. Por ejemplo: “¿Cómo voy a enseñar a escribir a mujeres Negras ... si su experiencia es totalmente distinta de la mía?" Y, sin embargo,¿cuántos años lleváis enseñando las obras de Platón, Shakespeare o Proust? O, por ejemplo, "Pero si es una mujer blanca, ¿qué me va a decir?” O “Es lesbiana, ¿qué diría mi marido, o mi jefe?" O "Esta mujer escribe sobre sus hijos y yo no tengo hijos". Y así interminablemente, son tantas y tantas las maneras en que nos separan de nosotras mismas y de las demás. Podemos aprender a trabajar y a hablar aun teniendo miedo tal como hemos aprendido a trabajar y a hablar cuando estamos cansadas. Nuestra educación nos ha enseriado a tener mayor respeto al miedo que a nuestra propia necesidad de hablar y definirnos, y mientras aguardamos en silencio a que al fin se nos conceda el lujo de perder el miedo, el peso del silencio va ahogando. El hecho es que estamos aquí y que pronunciamos estas palabras en un intento de romper el silencio y de reducir nuestras diferencias, pues no son las diferencias las que nos inmovilizan sino el silencio. Y hay multitud de silencios que necesitamos romper.

  • Los desterrados: una frontera interior para una escritura territorializada / Ezequiel Buyatti

    … la población y el aspecto mismo del país distaban, como la realidad de un sueño, de los primeros tiempos vírgenes Horacio Quiroga, Los desterrados En los cuentos de Los desterrados de Horacio Quiroga se observan las funciones del espacio misionero desde diferentes variantes: en el interés por el género gótico, por las fronteras de la selva misionera y en la correspondencia entre elementos narrativos y su cambio en la vida cotidiana. La obra es la que construye la imagen misionera: “Misiones, colocada a la vera de un bosque que comienza allá y termina en el Amazonas, guarece a una serie de tipos a quienes podría lógicamente imputarse cualquier cosa, menos el ser aburridos” (Quiroga, 1956, p. 56). En “El regreso de la Anaconda” la ambivalencia entre naturaleza/hombre se observa en la tensión del hombre como enemigo de la naturaleza y en la anaconda que protege al mensú. Este es un rival pero un complemento vital, ya que los huevos de Anaconda permanecen al calor de la descomposición del hombre: “Fiel al calor del hombre, continuaba poniendo sus huevos vitales, propagadores de su especie, sin esperanza alguna para ella misma” (Quiroga, 1956, p. 29). Sarlo, en este sentido, habla de un saber técnico que se construye en estas escenas. A la ambivalencia mencionada, entonces, se agrega la de la vida y la muerte. El hombre que todo destruye y que “ha sido, es y será el más cruel enemigo de la selva” (Quiroga, 1956, p. 12) es quien destruye la vida. Sin embargo, junto al mensú muerto permanecen los huevos de Anaconda, portadores de la nueva vida. Por otra parte, los hombres que disparan contra Anaconda son quienes efectivamente “no perdonan a nadie”; no “el boa” que protegió al mensú de las víboras. La caracterización de “monstruo”, entonces, se invierte: no es Anaconda merecedora de ella, sino el hombre como enemigo de la selva: “… lo ha devorado vivo. Estos monstruos no perdonan a nadie. Vamos a vengar al desgraciado con una buena bala” (Quiroga, 1956, p. 30). En el cuento existe una fatalidad inmersa que surge del medio en el cual se vive: “Solo la adaptación común a un mismo medio, vivido y propagado desde el remoto inmemorial de la especie, puede sobreponerse en los grandes cataclismos a esta fatalidad del hambre” (Quiroga, 1956, p. 10). Las fronteras, por otra parte, resultan un espacio primordial de la obra donde conviven pobladores despojados de una construcción nacional: Brown era argentino y totalmente criollo, a despecho de una gran reserva británica. Había cursado en La Plata dos o tres brillantes años de ingeniería. Un día, sin que sepamos por qué, cortó sus estudios y derivó hasta Misiones. […] No le interesaba mayormente el país; se quedaba allí, simplemente por no valer sin duda la pena hacer otra cosa”. (Quiroga, 1956, pp. 56-57) Se erige aquí una imagen de antipioneros que se aleja, por un lado, de los relatos de viajes, y, por el otro, de la visión sarmientina con respecto a la inmigración que construiría la República: Así Juan Brown, que habiendo ido por solo unas horas a mirar las ruinas, se quedó 25 años allá; el doctor Else, a quien la destilación de naranjas llevó a confundir a su hija con una rata; el químico Rivet, que se extinguió como una lámpara, demasiado repleto de alcohol carburado; y tantos otros que, gracias al efecto, reaccionaron del modo más imprevisto. (Quiroga, 1956, p. 33) Además del espacio de la selva misionera, también existe un espacio imaginario. No hay folklorismo, ni color local ni perspectiva nostálgica ni idílica. Sí existe un concepto de zona como núcleo productivo de los elementos literarios. Existe, por un lado, una primacía de exteriores: naturaleza, fronteras, lejanías y viajes. Y, por el otro, una frontera interior que da lugar a una escritura territorializada: … la población y el aspecto mismo del país, distaban, como la realidad de un sueño, de los primeros tiempos vírgenes, cuando no había límite para la extensión de los rozados, y estos se efectuaban entre todos y para todos, por el sistema cooperativo. No se conocía entonces la moneda, ni el Código Rural, ni las tranqueras con candado, ni los breches. Desde el Pequirí al Paraná, todo era Brasil y lengua materna […]. Ahora el país era distinto, nuevo, extraño y difícil. Y ellos, Tirafogo y Joao Pedro, estaban ya muy viejos para reconocerse en él. (Quiroga, 1956, pp. 40-41) Quiroga no escribe relatos de viajes sino relatos de destierro. Contrarrelatos de viajes que trabajan con la posibilidad del retorno: “El viaje, de este modo, quedó resuelto. Y no hubo en cruzado alguno mayor de fe y entusiasmo que los de aquellos dos desterrados [Tirafogo y Joao Pedro] casi caducos, en viaje hacia su tierra natal” (Quiroga, 1956, p. 43). A la vez, dialoga con cuentos anteriores. Es decir, existe una revisión interna de su escritura. La reescritura dota a los cuentos de una unidad. En el primer cuento de Los desterrados, leemos líneas pertenecientes a su libro Anaconda de 1921: “Como una serpiente muy joven, Anaconda abrió curiosamente los ojos al día de Misiones, en un confuso y casi desvanecido recuerdo de su primera juventud” (Quiroga, 1956, p. 19). Abundan ejemplos de esta índole. El diálogo con su escritura interna la leemos, también, en “La cámara oscura” cuando se refiere al cuento “Tacuara-Mansión”: “Ya conté en la historia del medio litro de alcohol carburado que bebieron don Juan Brown y su socio Rivet, el incidente de naipes en que actuó el juez de paz” (Quiroga, 1956, p. 90). A su vez, en “Tacuara-Mansión” existen menciones anticipándose a lo que luego sucederá en “Los destiladores de naranja”: “Ya volveremos sobre esta fase suya” (Quiroga, 1956, p. 59), refiriéndose al mecánico manco, Luisser, que se ocupaba de la destilación de hojas de naranjo; y también, a modo de anticipación y revisión interna, leemos: “Concluida esta empresa con la catástrofe de que damos cuenta en otro relato […]” (Quiroga, 1956, p. 61). El narrador testigo se presenta como uno más de los personajes, se convierte en un relator de lo que acontece. La construcción de los personajes se logra a través de un detalle significativo. Se edifica, de esta manera, microrrelatos incrustados a la historia principal. Los episodios que Van-Houten cuenta escapándose de la muerte son muestra de ello. Y en “Los desterrados”, cuando se cuenta la historia de Tirafogo, por ejemplo, el narrador testigo menciona al personaje del microrrelato anterior, Joao Pedro: En la época en que yo llegué allá, solíamos hallar al paso a un negro muy viejo y flaquísimo, que caminaba con dificultad y saludaba siempre con un trémulo “Bon día, patrón”, quitándose humildemente el sombrero ante cualquiera. Era Joao Pedro. (Quiroga, 1956, p. 40) En “El hombre muerto”, por otro lado, se construye un protagonismo del machete. Existe una elipsis del momento en que se clava el machete. Se produce una ambigüedad entre el tiempo psicológico y el tiempo cronológico. Hay un ritmo parco en la prosa mediante anáforas que aluden a la muerte: “La muerte”; “Va a morir. Fría, fatal e indudablemente va a morir”; “Muerto; “¡Muerto!”; “Hace dos minutos: se muere”. Las ambivalencias entre vida/muerte, hombre/naturaleza, los espacios fronterizos e imaginarios y la construcción de personajes como antipioneros que discuten la identidad nacional elaboran en Los desterrados una literatura situada producto de la imagen misionera. Referencias bibliográficas Quiroga, H. (1956). Los desterrados. Buenos Aires: Losada.

  • La amistad ausente / Marcelo Percia

    (No se disuelve con la muerte: crece con la ausencia. Habita el presente como congoja. La súbita pregunta de qué hubieras dicho.) *** Desde que Piglia (1992) publica La ciudad ausente, el uso de la palabra ausencia suele poner en marcha una investigación. Este texto indaga qué hace la vida cuando la muerte interrumpe una conversación. Escribe Piglia: “… el pájaro vuela interminablemente y en círculos, porque le han vaciado el ojo izquierdo y busca ver la otra mitad del mundo”. Confidencias Se añoran confidencias que se tenían con quienes ya no están. Confidencias, antes de una revelación, comienzan como llamado. Como solicitud de escucha y resguardo. Suelen presentarse así: “Necesito hablarte de algo”, “No sabés lo que pasó”, “Lo que te voy a decir no tiene que salir de acá”. Confidencias conservan encantos de las infancias. Así como los cuentos se inician con la fórmula “Había una vez” o los juegos de la imaginación con la contraseña del “Dale qué…”, las confidencias arrancan con un guiño que avisa “Esto no lo conté nunca”. Confidencias buscan desahogos. Procuran alivio para lo que, si no, se carga como crimen o maldición. A veces, intentan expandir felicidades que no caben en el silencio de una soledad. Confidencias también solicitan el relevo de otro corazón que se entristezca con lo que entristece, que se preocupe con lo que preocupa, que se ponga a bailar con lo que da ganas de bailar. Desahogos necesitan la suspensión de consejos, críticas, evaluaciones. Relevos necesitan de una mirada o gesto que ofrezcan descanso. A veces escuchar tiene poco que ver con entender o interpretar. Tal vez eso que se llama escucha se pueda pensar como calma o cobijo que admiten lo que no se sabe, no se quiere o no se puede decir. Confidencias cuentan dolores que se están llevando, decisiones que se tomaron o se están por tomar, arrepentimientos por algo que se hizo o que no. También desorientaciones, vergüenzas, travesuras, proyectos que se necesita animar, miedos a enfermar, amores que no saben si llamarse amor. Una confidencia no importa tanto por lo que confía como por la celebración de una confianza. Una confidencia no equivale a una confesión. Mientras la confesión admite una falta que solicita castigo o perdón, la confidencia mora en una intimidad sin temores ni explicaciones. *** (Cuánto más larga una vida, más llena de ausencias. Pero, esas ausencias no siempre se cargan como pesadumbres de lo ido. A veces, se llevan como dones, tesoros, gratitudes, eternidades.) *** Discreciones Cuánta falta hacen las discreciones de la amistad. Discreciones acunan confidencias. Confidencias no dan una información: dan una fragilidad, una timidez, una intemperie. Discreciones respetan y custodian lo que duele. Tienen la prudencia de no herir lo herido. Infidencias no revelan secretos, incendian confianzas. Mientras infidencias duelen como una falta de amistad, chismes no la traicionan: atestiguan su inexistencia. Una expresión castellana dice, con tres acciones verbales, la excitación del chisme: correveidile. La discreción más lograda se sella con la muerte. Se suele pedir con esta figura: Vos, una tumba. *** (Ausencias queridas no enseñan a morir, avisan posibles finales; y, en todos, la última soledad.) *** Sentir con ¿Qué hacer cuando faltan las cercanías con las que nos gustaba sentir la vida? Amistades dibujan en el aire un común sentir. Un común sentir, no un sentimiento en común. Amistades sienten la marcha callada de los días y los insomnios de las noches. Un sentir con, en el que el sentimiento de cada cual queda expuesto y, a la vez, sustraído como un tácito saber sobre lo intransferible e intraducible. La expresión te acompaño en el sentimiento que declara el deseo de cercanía en el dolor, da el deseo de acompañar algo que se supone, pero no se conoce. Lo único no se conoce, se sabe sin saberlo. Se puede saber el sentir, pero no un sentimiento. En la amistad se da acogida al sentir, sin profanar emociones cifradas. Sentimientos no se pueden traducir, aunque cada comunidad disponga de palabras para nombrarlos. La educación sentimental de cada época se especializa en designar lo que estamos sintiendo. Ninguna relación se sustrae al automatismo o tentación de las designaciones. Se extraña, de esa amistad que nos falta, la apertura en la que importa más alojar el sentir que traducir sentimientos. Se extraña no tener con quien sentir lo que no se puede explicar. Entre los enunciados con sentir y sentir con, el oído prefiere el último. Si un consentimiento declara conformidad o aprobación de algo, el sentir con habilita el solo sentir sin necesidad de conformidad ni aprobación. Sentir con como sostén o soporte de lo que sin un común sentir, no se llega a insinuar. Amistades, cuando hablan, se sienten sintiendo. No sienten lo mismo. Aunque coincidan o disientan en un nombre, lo sentido se les escurre inasible. Una canción de las gestas deportivas termina así: “Es un sentimiento / no puedo parar…”. Expresa el momento de un sentir que desborda fronteras, mientras sentimientos acontecen como cosa única y diferente en cada sensibilidad. Saber el sentir, eso solo: reconforta y aproxima. Si las cercanías queridas no están, hay cosas que no se pueden sentir. Se extraña un sentir con, insustituible. *** (Cada tanto se celebran citas no concertadas con las cercanías queridas que ya no están. Y, de pronto, una soledad se encuentra hablando, riendo, llorando, llamando ausencias que acuden a escuchar, a reír, a abrazar, como breves e instantáneas alucinaciones de la amistad.) *** Tacto Se extraña de la ausencia querida el tacto de esa amistad. El trabajo que se tomaba para decir, con cuidado, cosas que pueden doler o incomodar. Incluso, a veces, la decisión de callar o esperar el momento. Tener tacto consiste en saber que la vida duele y que cada cual hace con ese dolor lo que puede. Muchas veces ese dolor se cubre con la piel de una rareza, una locura, una extrañeza. El tacto consiste en no objetar lo que se hace para suavizar el dolor. El tacto tiene más relación con la prudencia, la precaución, el respeto, que con la posibilidad de sentir empatía poniéndose en una piel ajena. El tacto consiste en saber el sentir. *** (Ausencias, a veces, acompañan con música la soledad.) *** Rarezas Se extrañan las rarezas de la amistad que no está. Sus extravagancias, sus manías, sus caprichos. Una común rareza no describe una misma rareza compartida, sino un común en el que las rarezas se aceptan y se quieren, sin que se entiendan o tengan consonancias entre sí. Deleuze (1988) dice en una entrevista que aceptamos la amistad con sus locuras. No la tratamos de cambiar como, a veces, hacemos con quienes nos trajeron al mundo, con quienes formamos parejas o con las vidas que ahijamos. La idea de una amistad con la rareza, recuerda el pensamiento sobre lo extraño en Nietzsche. Su obra interroga una posible amistad con lo que no resulta asimilable, con lo que difiere de lo previsto. Una amistad con lo que no se presenta como similar o semejante. Una amistad no con lo próximo sino con lo lejano. Una amistad con lo que no se puede reducir a lo conocido. Nietzsche se pregunta por la amistad con la enemistad. Imagina una comunidad de existencias extrañas. Entrevé la amistad como sublimación de la enemistad y, también, la enemistad como condición de la amistad. Paranoias sobrevienen como antenas que detectan bases enemigas en las cercanías. El secreto pacificador de la amistad reside en que la extrañeza no la habite como amenaza, sino como encanto. Blanchot (1971) piensa la amistad como reconocimiento de una extrañeza mutua, como distancia infinita, como separación en la que aquello que separa compone la relación. *** (Estabas, eso solo alcanzaba. Aunque los encuentros se diferían, existía la posibilidad. Eso bastaba. Ahora siento tu ausencia como venganza de lo aplazado.) *** Éticas Amistades no necesitan el labrado moral de un código que indica qué corresponde y qué no. Amistades gestan éticas que se preguntan, cada vez, qué pide y desea la amistad. Amistades se sostienen en la confianza de que no se harán daño. A veces se daña sin querer; otras por mal cálculo o descuido; otras por acosos de la rivalidad. Amistades sufren imponderables de la vida en común. Códigos resuelven de antemano qué se debe hacer, éticas suponen el vértigo de una decisión. Aunque, pensándolo más, la palabra ética quizás no diga lo que una amistad hace: cuidar el momento, disfrutar de él, deseándolo, festejándolo. *** (Una vida no se sabe si no se cuenta. Amistades se necesitan para saber la vida. En cada amistad la vida se cuenta distinta. La recepción calculada también produce un relato. Por eso, con cada ausencia se ausenta un modo de estar en la vida que se componía y actualizaba en ese encuentro, relación o desvarío de una conversación.) *** Complicidades Se siente nostalgia por la inofensiva complicidad de la amistad que falta. La sonrisa o gesto de bienvenida. El silencio oportuno. Amistades tienen la complicidad de los encuentros entre amantes, pero sin la clandestinidad, el secreto, la ocultación. Amistades no se reúnen para asaltar un banco o cambiar la vida o hacer justicia, aunque sientan ganas de esas cosas. Complicidades componen una forma de las confianzas. Dan reposo a la vulnerabilidad. Complicidades añaden a las confianzas el contento de estar con. Esa alegría sencilla, se extraña de la amistad ida. *** (Me dijiste que un día te diste cuenta que caminabas más despacio.) *** Distancias La muerte no sobreviene como distancia, sino como ausencia. En la ausencia no hay distancia, hay imposibilidad. La distancia cuenta con la reparación de la cercanía. La ausencia avisa lo irremediable. Amistades se reconocen, también, por las distancias, las idas y venidas, los silencios, los malos entendidos. Sin eso no hay amistad. Una pregunta: ¿cuánta distancia, cuántas idas y venidas, cuánto silencio, cuántos malos entendidos soporta una amistad? *** (Un tributo de la gratitud nunca dicha lo suficiente, consiste en transformarla en generosidad.) *** Memorias ¡Qué ganas de volver a escuchar aquellas historias! “Contame otra vez el día que te mordió un tiburón. O cuando escapaste por la ventana en el momento en que llegó la pareja de tu amante. O el día en que, en la clase de expresión corporal, tenían que gritar y gritar lo más que se pudiera y que cuando, por fin, abriste los ojos estaba la policía. O decime de memoria todas las calles, de ambos lados, que cortan la Avenida Rivadavia desde que nace en Congreso hasta Lacarra. O recordame (contorneando la cadera y extendiendo una mano y abrazando con la otra) cuando te ganabas la vida bailando en una academia de tango. O repetime cuando te sugestionaste que cada noche podía ser la última y te acostabas con una novela policial abierta en una página con frases marcadas en rojo para cuando llegara el médico forense”. Amistades rememoran momentos sagrados. Las anécdotas componen sus narrativas dichosas. Se trata de episodios compartidos o no. Cuentos breves de situaciones dolorosas, vergonzosas, graciosas, increíbles, que, con el paso del tiempo, admiten omisiones y agregados, exageraciones y fantasías. Las anécdotas que componen el archivo de una amistad se vuelven clásicas por el hecho de reeditarse innumerables veces como si se contaran por primera vez. *** (Sin consentimiento de la fantasía no hay amistad. Sin relato de historias inverosímiles no hay amistad. Sin invenciones desmesuradas no hay amistad. La amistad está en el mundo para atesorar fantasías, historias inverosímiles, invenciones desmesuradas. En esa común imaginación acontece la vida). *** Muertes La muerte deja a la amistad en espera. Aguardando que, lo que ocurrió, no haya ocurrido. Espera como la sola congoja que acompaña. Dice Derrida, en su despedida a Emmanuel Lévinas el 28 de diciembre de 1995, “…espero encontrar la entereza para hablar aquí. Me gustaría hacerlo con las palabras de un niño, llanas, francas, palabras desarmadas como mi pena”. La muerte no dice la última palabra en una amistad. No hay palabra última, sí palabra ultimada o sin vida. Tras la muerte queda la palabra como ceremonia de resucitación. Una palabra que vuelve a suscitar una conversación sin que la otra vida esté. Tal vez se llame duelo a la conversación que se sigue llevando con una ausencia. *** (Acontecida la muerte, sobreviene la ausencia. A veces, ausencias ocupan toda la esfera celeste con sus ternuras y calmas, con sus adioses y nunca mases. Entonces, suspiros exhalan lágrimas secas.) *** Secretos Amistades resguardan secretos. Aunque el secreto mayor que permanece sin revelar, incluso para quienes traman amistad, reside en el secreto de esa inexplicable amistad. *** (Ausencias responden sin responder. Responden con la insidiosa pregunta que les está dirigida. Responden con el habla callada del silencio.) *** Proximidades Amistades componen íntimas costuras. Cicatrices que unen los lados de una herida. Tejidos que se entrelazan alrededor de un corte en común Los motivos de una amistad componen extrañezas. A veces, amistades no tiene motivo, acontecen por azar. Otras se buscan, se desean, se propician. Amistades no se explican, se agradecen. Tal vez se trata de atracciones entre soledades que se encuentran en una común vocación alojadora. En una semejante disponibilidad para dejarse habitar por el miedo, el silencio, el amor, el dinero, el trabajo, la lucha, el porvenir. En una común afectación que potencia sensibilidades que se confían preocupaciones y desvelos. En una común desolación o duelo o estado que no se sabe decir. *** (La obsesión de querer revivir a una ausencia para contarle momentos bellos que le hubieran gustado, no cesa). *** Risas Se atribuye esta ocurrencia a Oscar Wilde “La risa no es un mal comienzo para la amistad. Y está lejos de ser un mal final”. No hay otro reír que se asemeje al de la amistad. Se trata de risas muchas veces inexplicables. De pronto, se desencadenan porque sí. Risas de la amistad no necesitan simpatías ni elocuencias especiales. Cualquier soledad puede tener el don de la gracia o de la inspiración en un momento de cercanía deseada. Amistades festejan chistes que nadie entiende, pero que igual hacen reír porque da risa ver reír a una amistad. Se trata de un común reír que hace nacer una sensación de felicidad del acto de estar riendo. Cuando una amistad ríe sana la vida. *** (Dijiste que te sentías como un gigante doblegado por cientos de enanos que te atacaban a garrotazos.) *** Soledades Amistades no suspenden la soledad. Inventan zonas de soledad entre soledades. No se trata de una nueva o tercer soledad, sino de un entre quienes la soledad. Un entre soledades que suspende ensimismamientos o los ridiculiza. Soledades encantadas, curiosas, atentas a la irrupción de lo inesperado. Amistades saben la soledad, las respetan y las festejan. En una amistad cada soledad encuentra una oportunidad de amnistía, o pausa, o resguardo del asedio de lo común. En una amistad pocas veces se interrumpe un silencio para preguntar: ¿Qué estás pensando? Deleuze (1988) dice que en esas circunstancias nos podemos entender sin tener que explicarnos. Soledades no se conocen. Se las presiente, se las supone, se las imagina como interioridad, como pensamientos vaporosos, como memorias inasibles, como nerviosismos. A veces, se las escucha hablar solas como ecos que llegan desde una montaña. *** (Después de haber intentado todo para no morir, pasabas horas meditando, en silencio y con los ojos cerrados, para que el pensamiento, en el que tanto creías, llegara hasta el corazón de cada célula anómala.) *** Nacimientos Alejandra Pizarnik (1971) en el poema Sala de psicopatología, dice “haber intentado nacerse sola” sacando la cabeza por su útero, pero que no pudo. Se nace muchas veces, hasta que en una de esas tantas, se nace de la soledad. Nacimiento de la soledad y nacimiento de la amistad tienen algo en común. Una amistad se presenta como oportunidad de un nacimiento. Se llega a una amistad teniendo ya una vida, incluso otras amistades, y, sin embargo, en cada amistad nacen otras formas de hablar, de reír, de escuchar. *** (Sumergidos en las ausencias, de lejos se ven formas vivas entre las piedras.) *** Conversaciones Amistades conversan. Se enredan en una conversación infinita para citar la inolvidable fórmula de Blanchot. O se complotan en una oralidad encantadora de la nada para citar a Macedonio Fernández. O se complacen en ruidosos cotorreos y algarabías de un momento en común como el que se escucha desde la calle, al pasar por una escuela, durante un recreo. Amistades tienen lenguas propias. Lenguas que emplean la lengua habitual intervenida por pasadizos excavados en la historia de esa amistad. Se trata de palabras inventadas o cargadas con otras significaciones u otras memorias. Funcionan como alusiones o sobreentendidos que esquivan desacuerdos. Una canción de María Elena Walsh que se llama Serenata para la tierra de uno dice una condición del amor y la amistad: “porque el idioma de la infancia es un secreto entre las dos”. La confianza en un idioma íntimo y compartido compone la excepcionalidad de esa conversación. Conversaciones en la amistad muchas veces no tienen temas ni motivos fijos. Siguen cursos imprecisos. Practican derivas y vagabundeos no como pérdidas de tiempo, sino como deseo de solturas. Se conoce la expresión hablar de bueyes perdidos que describe el discurrir sin plan ni apuro. A veces, amistades hablan de nada. Se trata de un habla confusa, superpuesta, continuamente derivada, interrumpida, en la que se pierde el hilo o se mezclan todas las líneas haciendo un matete. Tal vez en esa palabra resida el sentido de la conversación. Un intricado anudamiento que un común reír disuelve como instantánea magia conversacional. Conversaciones de las amistades admiten medias palabras o trasmisiones sin palabras. *** (La ausencia dice la muerte y dice la nada. Dice, también, una interrupción que reinicia, una y otra vez, un estado de conversación que se sitúa entre el desvarío y el recuerdo, entre la evocación y el llamado, entre la tristeza y la magia). Intimidades Lo contrario de la intimidad reside en la enemistad, la hostilidad, la desconfianza. Fernando Ulloa advierte que la intimidación sume a la intimidad en una pesadilla. Si la fuerza, en su arrogancia, hace alarde de todo lo que puede; debilidades susurran percepciones afligidas, presagios aciagos, la fragilidad de la vida. Una hazaña de la amistad consiste en acoger debilidades en una intimidad sin coacciones. No se trata de mi intimidad, tu intimidad, nuestra intimidad, sino de una común intimidad. Burbuja, nube, sueño velado, reserva respetada. Una intimidad que disfruta de la proximidad olvidándose de la prescripción de tener que hablar. Una intimidad que transcurre como el tiempo que tarda una tela recién lavada en secarse con el viento. *** (Mientras la pena enternece y suaviza las palabras, la amenaza las vuelve ásperas y cortantes.) *** Protagonismos Amistades admiten licencias para que cada cual tenga un momento para darse importancia. Se trata de pequeños alardes permitidos entre cercanías. Pero el abuso de esa oportunidad o su no alternancia, desgasta y lesiona secretas armonías de la complicidad. Ahora, que te extraño, convoco el discreto protagonismo de tu ausencia. *** (Por momentos, te ausentabas estando ahí. Hasta que todas la palabras quedaban cubiertas por el silencio. Entonces, poniéndote de pie, proponías: ¿Dejamos por hoy acá?) *** Amistades sin amistad ¿Se podría hablar de amistades clínicas? ¿Conversaciones de muchos años que transitan amores de transferencia, una y mil veces, pero que no se reducen a eso? ¿Amistades sin fiestas, sin cenas, sin vacaciones compartidas, sin cafés en bares, sin asados, sin visitas inesperadas, sin caminatas conversadas? ¿Amistades sin favores, sin demandas, sin expectativas de amistad? Una amistad que no sabe si llamarse amistad. Una amistad que se ausenta de la amistad para escuchar lo que se sustrae a la amistad. Tal vez se trata de una amistad con el dolor, con lo inexplicable, con lo sustraído. Una amistad con la pregunta sobre si la vida podría darse de otra manera. Una amistad con la promesa de que habrá una próxima vez. *** (Hablamos para saber cuánto nos duele un dolor. Para tener oportunidad de sentir cuánto nos pesa un pesar. Para obtener un desahogo o la gracia del olvido. Para que otra vida nos releve de tanta soledad.) *** Maurice Blanchot, tras la muerte de George Bataille en 1962, advierte que no se habla sobre el amigo, sino que se sigue hablando con él. Que no se escribe acerca de su ausencia, sino que se prolonga la conversación. Que se busca seguir escuchándolo, permanecer junto a él, continuar queriéndolo. *** (Si estuvieras con vida en este momento funesto escribirías, por fin, la página perfecta que le daría a este mundo desquiciado una salvación que no sabemos, porque esa perfección nos está vedada.) Fuente: https://lateclaenerevista.com/la-amistad-ausente-por-marcelo-percia/

  • Febrero Adynata / VPS

    Enero nos dejó exhaustas. No hay tiempo más que para hilvanar algunas citas que inviten a lecturas. Una especie de "cadáver exquicitas". Dicen: "El primer proyecto puesto a votación fue aprobado por unanimidad. Muy descontento, el rey lo vetó, informando a los miembros de la Oposición que si volvían a hacer eso, pagarían con la cabeza." "No hay zonas autónomas temporarias que ellos no vayan a clausurar. Es solo una cuestión de tiempo." "Hay una época en que las ratas se montan sobre los gatos, y los aullidos sirven de músicas pasionales…" "Las ambivalencias entre vida/muerte, hombre/naturaleza, los espacios fronterizos e imaginarios y la construcción de personajes como antipioneros que discuten la identidad nacional elaboran en Los desterrados una literatura situada producto de la imagen misionera." "Hacer con los restos, residuos, detritus imprevistos. Escuchar en lo arrasado, escenarios de desigualdades, en esas cosas rotas a las que alguien puede aferrarse que parecen no hacer colección, ni tener historia." "Y a medida que se afirma en sus pareceres y en su andar, pareciera elegir perseverar en esa honestidad brutal de decir lo que piensa, querer lo que quiere, sentir lo que siente y vivir como vive." "cuando publican el AntiEdipo hay un periodista que les pregunta si no están mandando a la gente a drogarse y volverse loca. Ellos le van a responder algo así: no hay que ser policía ni padre de nadie, y que el límite es hacerse mierda. ¿Cómo se sabe ese límite?" "¿qué decir? / Hay almas nuevas / Esto no cesa de formarse /Una madriguera bajo las estrellas" "Quiero la magia del exceso, lo que abunda no daña dice el dicho. Quiero ser visible, que a nadie le quede duda que camino por la calle, molestando al ojo heteropatriarcal acostumbrado al sometimiento y uniformalización." "¿Qué palabras son ésas que todavía no pronunciamos? ¿Qué necesitas decir? ¿A qué tiranías te sometes día tras día, tratando de hacerlas tuyas, hasta que por su culpa enfermas y morís, todavía en silencio?" "Mantener, hacia y contra todas las maniobras de integración, una posición aparentemente perdida en la guerra del tiempo. «¿Quién cambiará el mundo entonces? — Aquellos a los que no les gusta». " "En el fondo de mi casa hay una pileta, con estanque y plantas nativas." "(Me dijiste que un día te diste cuenta que caminabas más despacio.)" "Una biblioteca ha caído sobre mí." Pasen y lean.

  • Presentación de Sesiones en el naufragio / Liliana Lukin

    Dedico a Marcelo Percia estas líneas sobre la Ética, que él mismo glosa en una nota: “Spinoza llama fortaleza a los afectos que concurren en el deseo de obrar. Distingue, en la fortaleza, la firmeza y la generosidad. Considera la firmeza como constancia del deseo que resiste tristezas y desánimos y entiende la generosidad no como dar a otro lo que no tiene o le falta, sino como deseo de darse a lo común: de darse en cercanía y en amistad. Se podría pensar en una secreta fortaleza (que no se llama fortaleza sino insistencia) de las debilidades que practican firmezas modestas y generosidades”. Al estilo Percia, diré que pensamientos ponen en escena la comunidad de lo ya pensado, no sólo en las palabras, por un nosotros de éticas compartidas, de confianzas probadas en el vivir, eso que podemos nombrar como “ hermandad”. Encuentro en mis archivos estas líneas de Elías Canetti que podrían definir el trabajo de Marcelo, la forma de esa “insistencia”, lo que se puede leer en su obra: “A medida que crece, el saber cambia de forma: no hay uniformidad en el verdadero saber. Todos los auténticos saltos se realizan lateralmente, como los saltos del caballo en el ajedrez, y ese es el trabajo del maestro: garantizar que el desarrollo del discípulo no sea en línea recta.” En un diálogo que no cesa, entre mutuas presentaciones de libros, lo que significa una historia de lecturas de nuestras escrituras y en segunda instancia un reconocimiento y circulación de textos y citas, un dar la palabra al otro, a la otra, en cada oportunidad de  compartir espacios y prácticas, en un diálogo que no cesa, decía, esta cita de Osip Mandelstam, en sus Conversaciones sobre Dante, también dice lo que Marcelo Percia busca, hace, propicia: “Queremos describir lo indescriptible…Hemos perdido el arte de describir la única realidad cuya estructura se presta a la representación poética: impulsos, propósitos, oscilaciones” Como dije en la presentación de Alejandra Pizarnik, maestra de psicoanálisis, ese libro de Marcelo de 2009, también porto una doble incomodidad: la de no haber escrito todo lo que hubiera querido, y la del exceso de equipaje: El exceso: haber leído no sólo Sesiones en el naufragio, sino muchos textos anteriores que atesoro  entre sus libros, en fotocopias y revistas, y haber releído textos impresos de sus publicaciones en Adynata de los últimos años.  Una biblioteca ha caído sobre mí. Así que sin más demora, empezaré este diálogo, esperando recepción. Sesiones en el naufragio / una clínica de las debilidades nos ofrece, como en la cita que leo de Lispector, la posibilidad de “jugar a pensar”, yo diría nos regala “el entredós” de las lecturas que se disponen como en un escenario: Y en estas playas donde se escucha la música del tiempo y su melancolía, podemos jugar a armar el discurso de la lista de posibles nombres para este objeto-que es un libro, pero además más, y otra cosa: Un Diccionario: de palabras y sinónimos, frases, interpretaciones, usos. Enciclopedia: de experiencias situadas. Manual: de diferencias, analogías, oposiciones productivas-generadoras Atlas / Acervo Cartografía Antología Colección: de ideas, propuestas, sugerencias Instrucciones de uso / La vida. Instrucciones de uso. Diario de Sesiones Cuaderno de bitácora Atlas de memorias: cine, literaturas Tratado Mapa: de puentes / túneles /caminos Cuadros de situación: modos de actuar Galería: fabulario Faro: modos de ver Catálogo: modos de estar Correspondencias Protocolos: modos del ser Y como final de juego, me atrevo a decir algo que Marcelo habilita cuando define cada palabra del título: se trata aquí de “una docencia de las emociones”, y tal vez, de una “guía de cómo sentir”. “La atención es la más rara y pura forma de la generosidad,” dice Simone Weil, y pienso en el concepto de ternura que alguna vez escuché en una charla de Fernando Ulloa: la ternura provoca el miramiento. Esta frase aparece porque la mirada de Marcelo Percia sobre el psicoanálisis, sobre la posibilidad de pensar al otro, la otra, están teñidas, veladas, atravesadas por la ternura. Por la conciencia dolorida de saber que en el dolor hay un secreto y que hay un cuidado que se debe a ese secreto. Y alrededor de todo eso él escribe esta serie de problemas sobre el lugar de los que piensan el psicoanálisis y de los que estudian y trabajan con personas que están en estado de sufrimiento. Así como con Spinoza se puede pensar que “no se sabe lo que puede un cuerpo”, con Henri Meschonnic, en su libro La Poética como crítica del sentido, se puede pensar lo siguiente: “se podría decir que un texto, en el sentido de una invención de pensamiento ( y sea lo que sea eso que uno califica como género, poema o novela, texto llamado filosófico) es eso que un cuerpo hace al lenguaje.(…), la poética es ella misma una ética en acto del lenguaje (...) ella es en un mismo movimiento, política. Una política del sujeto. De los sujetos.” De alguna manera entre esas dos frases está trabajando todo el libro: pienso en qué le hace la lectura a un cuerpo, qué le puede hacer la lectura de este libro, o la lectura de poesía, al psicoanálisis, qué le hace a Marcelo Percia la lectura continua de textos literarios, de textos poéticos que lo instalan, como dice él, a hacer una residencia (clínica), en el poema. El libro nos invita a leer sobre algo ya trabajado por él, aunque nunca tan exhaustiva y delicadamente: desde un ahora que se piensa, por fin, como la hora del fin de los encierros, reflexiones sobre la cuestión de la insumisión y de la discrepancia, al hablar de formas de “dar testimonio de un desacuerdo en uno mismo”. “en uno mismo”, no con uno mismo. Relatos, esquirlas de un hacer con otros. No se trata sólo de cuáles son las ideas, que en todo el libro se desgranan y dan a leer como un desafío a la comprensión, como una noticia necesaria, de antemano esperadas en un acuerdo previo de esa confianza en una ética compartida. Como sabemos, se trata del modo en que esas ideas son pensadas para ser escritas: una convicción, el deseo de dar testimonio, un método de transmisión, un estilo entre la ficción narrativa y el ensayo, un cruce de fragmentos de otros autores que crea deseos de lectura, hilvana, borda en punto cruz (el que no se desarma), zurce ejemplos que provienen del cine, la literatura, la filosofía, el psicoanálisis, enhebrando palabras de otros: interpretaciones conocidas y dispersas en las lenguas de la tribu se enlazan para sugerir líneas de acción, compartir eso que llamamos experiencias, tentativas, acercamientos a cierta eficacia de acciones ya probadas por quienes trazaron sus huellas en la piel del tiempo y el cuerpo de los otros. Marcelo Percia sabe lo que falta en el psicoanálisis, se propone él como aprendiz de la palabra poética para mostrar un método de lectura que sea un método de escucha: una creencia en la palabra que se cree a sí misma es necesaria para a-tender. Yo creo que este libro sus-cita, y lo que suscita es una discusión, porque Marcelo plantea que él es llamado a hospedarse en la conflictividad del otro. Leeremos una política de la palabra que se ocupa de casi todos los “pensables”, que ejerce la donación de sus saberes, que actúa en un mundo poco hospitalario, al que conoce y donde eligió mirar con hospitalidad zonas que conocemos poco o des-conocemos, y donde, como escribió Alejandra, “dice lo que dice y además más y otra cosa”. En el final de la Presentación con la que el libro abre a sí mismo, anuncia, como si fuera poco: “Solo se trata de inventar una lengua clínica que nos guste.” Me sumerjo en él, y ya en el primer texto, Vivir entre metáforas, me propone un naufragio: allí se explora minuciosamente esa metáfora, se propone la idea de “darse a un naufragio”, como “darse a un análisis”, por ejemplo, y tal vez por ser  el primer texto, me convoca especialmente para este momento: pienso ¿quiénes entre los seres deseantes naufragaría por su propio deseo? Vivir, para Percia, es, también, como conjetura, navegar en aguas profundas, sin amarre cercano, sin garantías, sin seguridades, y en ese enunciado, se da un lugar: propone saber estar disponible…”en el momento límite, en el borde resbaladizo” en el que una existencia desamparada sólo pide ayuda. ´ Acude, en este libro, a escribir formas de ese pedir, a formas de ese poder darse, dándonos la fuente primera o la confirmación a posteriori de sus ideas: así es como a veces procede el pensamiento generoso: piensa lo ya escrito sin haberlo conocido, y cuando encuentra ese antecedente, lo da a leer. Transcribo las notas (que he tomado incesantemente de todo el libro) de estas primeras partes, y comparto la cita de Pascal de ese capítulo: “Remamos sobre un medio vasto, siempre inciertos y flotantes, empujados de una punta a la otra. Si aparece algún término en el que pensábamos fijarnos y asegurarnos, oscila y nos abandona; si lo seguimos, escapa a nuestras manos (…) para nosotros, nada se detiene. Tal es nuestro estado natural y, sin embargo, es el más contrario a nuestra inclinación; ardemos por el deseo de hallar un asiento firme (…) pero todo nuestro fundamento cruje y la tierra se abre hasta los abismos.” Estamos ante el comienzo de un “manifiesto”, donde Marcelo dirá que Pascal propone una apuesta sin fin: “como el naufragio resulta inevitable, sólo queda tratar de encontrar una y otra vez una salida”. Pienso, claro, en Kafka, otra de nuestras lecturas esenciales. Y sigue: “Casi 400 años después, se podría volver a decir: un común estar no necesita suprimir la inestabilidad del vivir. Pero sí urge poner fin a la desigualdad. Su sin fondo de crueldad”. Ya no señala cómo pensar, dice “basta”, dice “ya”, sumerge a este libro en aguas de indignación. Con el movimiento del texto, me aferro, como a una balsa, a la frase: “Acaso se pueda pensar también en darse a la orilla, a esa húmeda franja de aguas que suben y bajan.” Eso hago: un “Darse a la orilla”: mareas que en su inestable movimiento aseguran la repetición de un mínimo riesgo: leo el texto como marea que viene y va de concepto en concepto, de imagen en imagen, para retroceder a la orilla de su mismo umbral, esta propuesta es la negación de la anterior. Así, desarmar certezas es el ejercicio necesario de un pensar en el que confiamos. El pensamiento sobre el habla, el darse a la soledad ajena, dejar el equipaje, como un pensamiento que sube y baja, marea regida por una luna omnipotente en un mundo de impotencias, o de potencias encapsuladas que no saben o no pueden “actuar”. La escitura del pensamiento, como algo que debe mostrar su movimiento: construir-deconstruir, para dejar una huella en el borde de las aguas que se retiran. Esa huella es la señal para volver a pensar, para abrir otra vez el juego de imágenes: “me siento en un mar de incertidumbres”, después “Nunca se sabe cuánto duele un dolor”, que, aunque pareciera provenir de otro paradigma, se entiende como anuncio de la frase que vendrá: “Alguien dice en estos días: ‘cada noche ilumino con una pequeña luz la oscuridad de las aguas. Busco sobrevivientes, pero no encuentro a nadie. Me despierto llorando a mares’.” Y sabemos qué tragedias pasan ante nosotros en cada playa del planeta. Taxonomías, registros, compilaciones de una escucha en diversos uni-versos con un común decir que ahonda en aguas contenidas o incontenibles, siempre en riesgo de tapar, callar, dejar sin aire. Citar, dice Derrida, es dar el tono: Lucrecio, leído por el ya citado Spinoza, Blumenberg, Defoe, Clínicas como posible suspensión de las catástrofes (deseo optimista del texto!), y en un par de páginas se desmantela la cubierta del barco en el que estamos, y finalmente Nietzsche ofrece un respiro: “tal vez desamarrarse de una moral sin asirse de ninguna otra…”, y su síntesis: “Solo sentir, actuar, pensar, desamarrando, zarpando, partiendo.” Estamos en el comienzo del libro, tiempos de pandemia en los que estos textos se empiezan a escribir. Sigue “El hundimiento del Titanic, en 1912…Como si el indolente mar, más de un siglo atrás, hubiera avisado lo que, desde entonces, la tierra no deja de decir: arrogancias del progreso están destruyendo la vida.” Y seguirá leyéndose, en este manifiesto, a Benjamín, y a Pizarnik. Las olas del deseo golpeando contra los acantilados de la ceguera, de la sordera, de la honda miseria del mundo. Disciplinadamente continúo con el segundo texto, Aprender a naufragar, relato de una experiencia de trabajo grupal donde se proponía un naufragio como juego teatral: nos enfrentamos a “existencias” en situaciones límites. Es aterrador leer la descripción, y es un descanso el enunciado con el que termina el experimento que este texto hace conmigo, dice Marcelo:  “Un común naufragio necesita imaginaciones insumisas ante las crueldades derivadas de todos los pánicos. Necesita debilidades amorosas que agiten dulzuras animosas.” Hay, en este libro un análisis de las ideas de “la fuerza” en la cultura, y hay, como conclusión, una defensa de la idea de “debilidades”,  ejemplos del desplazamiento entre nociones que creíamos conocidas: el movimiento es ir empujando conceptos hacia el borde del sentido común, que es, como es sabido, el peor de todos los sentidos. Como escribe Marcelo: desmontar las “hablas del Capital” que habitan en cómo pensamos, para poder actuar como pensamos: es interesante señalar el uso de la expresión “conviene” usada en lugar de “corresponde”, “hay que”, “se debe”… esa delicada palabra, “conviene”, es en sí dubitativa, pero porta un saber, nunca se pronuncia sin argumentación, y en este libro, se destaca como parte de la enseñanza de cómo hacer una pedagogía sin hacer más que sugerencias. En Ensayo sobre la piel, libro de poemas que Marcelo presentó en 2019, escribo sobre mi amoroso cuidado a una debilidad, una fragilidad, un sufrimiento en la piel de mi hermano, entre otros textos vinculados con el agua, el hundirse, el irse hacia el fondo: Él preguntó, en su tono monocorde: “Y si nos vamos de viaje, vos y yo”, de viaje, de viaje para no volver, a lo abierto, dije que sí, vamos a dónde y ya no supo, porque a dónde no es un destino. Momentos de luminosidad, cuando dijo a su acompañante “mi hermana es un capitán”, y nos embarcamos los tres en el mismo naufragio”. En esas líneas conviviven la idea de embarcarse y la de naufragio: en espejo con la modalidad discursiva de este libro, pienso que se dice “embarcarse” como sinónimo de unirse, apoyar, compartir un proyecto, (pensar en el Arca de Noé ), un lenguaje común, para pensar en común. Pienso que se suele usar “naufragio” como sinónimo de situación irremediable, donde “eso” sería una ilusión que mejoraría el “estar ahí”, sólo porque hay un “juntos”. El viaje como salvación, Rilke y “lo abierto”, puntos de contacto, coincidencias, pregnancias de un discurso en otro. Recordé así la película “Los niños del hombre”, de Alfonso Cuarón, (2006). Considerada de “ciencia ficción”, fue difundida entre nosotros en  2020. Sobre el final, se trata de llegar a un barco nombrado “El mañana”, perteneciente a un movimiento clandestino llamado “Proyecto Humano”. Podemos decir sin más interesantes detalles del argumento: embarcar en el mañana del proyecto humano, llevando una única esperanza, sobrevivir y alcanzar la salvación. Embarcarse en pensar nuevos modos de pensar. El tercer capítulo se titula Un común vivir, y conforta un poco, aunque comience con una advertencia, le seguirán Un común silencio, Desolaciones, Vidas apartadas, y aún no estaríamos más que en la página 50… Cómo escribir para este encuentro sobre el universo poderoso, inacabable, de referencias y citas, relatos y reflexiones sin hacer una lectura/escritura de cómo cada capítulo trabaja, cómo  se relacionan entre sí, como “hablan”, cómo comparten una historia del psicoanálisis y sus problemas,  comunicando admirables experiencias de formación e interacción,  y sobre todo, cómo “nos hablan”. El capítulo nombrado La clínica que hacemos me parece un buen final para esta oportunidad. Allí, en un tono diferente, sin recursos literarios ni filosóficos, Marcelo escribe como diciéndonos, lo veo: “La clínica que hacemos recala en el silencio de los saberes. Habita un no saber qué hacer que, sin embargo, da cuenta de sus decisiones, de sus actos, de sus palabras. (…) La clínica que hacemos practica interrogaciones abiertas a lo común. Si atiende a una insistencia que asusta a una nena, indaga también qué otras fijezas aterrorizan a las infancias en los barrios; pregunta, asimismo, qué otras amenazas acechan en las sombras de las hipocresías comunitarias; recuerda, incluso, pedagogías de la crueldad extendidas en todas las instituciones. (…) La clínica que hacemos transita cruces, mudanzas, migraciones. (…) Parte de las arrogancias de las disciplinas que defienden, cada una por su lado, sus distintivos, a citas gestantes de momentos de un común saber. Se mueve desde un pensar cuidado que acompaña afectividades externadas en pequeñas casas, a disponibilidades que acompañan a un barrio que necesita conversar sobre lo enmudecido. (…) Hay una lengua que ultraja, sin ella no habría crueldad. Tampoco se conocerían las voces clasificatorias ni las capturas diagnósticas. La clínica que hacemos nombra vidas que sufren sin necrosar las designaciones: existencias maltrechas, hervideros de sensibilidad, somnolencias insomnes, emobotamientos excitados, efusividades desreguladas, rarezas que miran fijo, indigencias amorosas, confusiones que asedian, inadvertencias que presionan, vulnerabilidades que persiguen, desamparos que intimidan, impulsividades que asustan. Y, así, cada vez. La clínica que hacemos procura no ahogar potencias disidentes de las demasías.” Leo nuevamente fragmentos del texto que nos mandó Nico Koralsky, tan amado, su saludo al comenzar  este año, que dice así: “en este naufragio conocido como humanidad….en este mar de migraciones forzadas….en este piélago, muchas veces cruel y hostil, espero que puedas celebrar que todavía seguimos siendo la madera después del naufragio…esa madera noble que, a pesar de su humedad, se enciende y da fuego, y se siente celebrada al volverse ceniza…” El libro durmió junto a mí, entre sus páginas leídas se ven los amarillos adhesivos, anotaciones con número de página ocupan dos cuadernos, voy con todo de acá para allá, frente a la computadora, por mi casa, de mi casa al bar, del bar al escritorio, releo, anoto la vida en papelitos, pienso mientras tanto, títulos de libros que leí, que leeré, los que releí para citar y que no entraron en este texto, tanto para dar, acompañada por ideas contagiadas en este tiempo compartido: la lectura me ha vuelto participante conmovida de estas sesiones. *Presentación del libro sesiones en el naufragio, una clínica de las debilidades de Marcelo Percia 2 de setiembre de 2023

  • Cantos Proféticos II / Vicente Zito Lema

    Mientras las estrellas pulen allá lejos los cristales del universo, aquí se yergue el crimen; en esas pupilas y en esos dientes benditos que se rasgan las vísceras vive y se repite como las campanas del domingo la escena del crimen; crimen de respuesta, camino en su camino que es el de la vuelta y se abre como vacío y se cierra igual de vacío ante el amor humano. Amor no amado y aún desconocido; amor fuera del goce y de la alegría del agua que brilla en la palma de la mano; amor sin socorro que escapa a los tumbos de los lechos, deja de ser nube y se vuelve tumba; amor sacrificado por la pasión de muerte, por las humanas pestes, los tráficos, las usuras y traperías; amor que no se usa y si se cambia y se pervierte como único valor, la divina mercancía; perla de mar en un mercado que siempre apesta, suelto de tripas… En tamaña época y semejante desborde de la siniestra señal, aquí nosotros, nuestro ser y nuestras almas, corcoveantes, al galope, corridos del amor para la exhausta vida, presos del azar que temblequea, ¡vaya que confusos!, áridos, balbuceantes más que el viento; ganados por nuevos dioses tan perdidos en su crueldad que parecieran infantes de teta; movidos con escasa buenaventura de un confín al otro, lluvia que pulsa el laúd entre el cielo y la tierra, sin piedad, ni pudor para un suspiro; aquí nosotros, estas almas, míseras más que ahogadas surgen de la antigua derrota nuestras almas, sin distancia, desechada la representación, tirada abajo la cuarta pared, perdido el exilio, en pleno pantano, la escena llegó a su fin tras una misma idea de agonía, sollozante... En tanto y por igual padecer de oscuridad, en la tremenda oscuridad de las vísperas… el crimen de los niños se ha comido el canto... Hay una época en que las ratas se montan sobre los gatos, y los aullidos sirven de músicas pasionales… ¿Alguien imagina a los dioses del amor llorando…? Fuente: Cantos oscuros, días crueles (2019) Ediciones La Cebra.

  • Escuchar la herida en ascuas / Cynthia Eva Szewach

    “La paz está en yanta” Enrique Santos Discépolo Herida a veces hecha por un sable sin remaches. A Enrique Santos Discépolo no le interesaban las palabras encanutadas, librescas, que están esparcidas en publicaciones académicas, sino que le interesaba y le ocurría “sentir como propia la cicatriz ajena”. Luego, pretendía poseer la capacidad poética para recrearla y hacerla escuchar de forma no panfletaria. Está reflejado su pensamiento en la reunión de “Escritos Inéditos” publicados posterior a su muerte en Ediciones del Pensamiento Nacional. Hacer escuchar la palabra. Si bien la escucha y la empatía se entraman a veces de manera controversial en nuestra práctica, es difícil imaginar que la escucha analítica carezca de la afectación de instantes discepolianos. De niño, el poeta y tanguero, había perdido a sus dos padres: “Entonces mi timidez se volvió miedo y mi tristeza desventura”. Una enseñanza clínica maravillosa, el miedo puede haber sido timidez y la desventura, tristeza. Cuenta que tenía un globo terráqueo entre sus útiles escolares. Que frente a esas muertes lo cubrió con un paño negro sin volver a destaparlo. “me parecía que el mundo debía quedar así cubierto con un paño negro”. Momentos de nuevos y viejos paños negros, los que también atañen a lo colectivo, violencias habilitadas, tiempos de vidrieras enjauladas, de raíces marchitas, con historias múltiples, demandas o exigencias a veces urgidas de respuestas. La escucha, cada vez, en cada época, lo que entrenamos en forma cotidiana en nuestra tarea. Atestigua de tejidos simbólicos a veces rotos, ausentes, precarios, inarticulados. La escucha oficia como presencia de efectos incalculables. ¿En qué consiste su entrenamiento? Una sensibilidad particular, ese tercer oído que inventa Reik, una manera de registrar las sutilezas del tono en lo que se dice o se semi-dice, en lo silencioso, lo raspado, lo sin sentido que resuena, el susurro entrecortado, lo que parpadea, lo oscuro. Comenzar por escucharnos. Lo que se adquiere en el análisis dice Freud. Relatar lo que se hace. Dejar a un lado lo ya escrito, hablar. Que surja un texto incierto. Lo que acontece, lo imprevisto. Una política del relato. Una experiencia con el ombligo del lenguaje. Lo que importa versus lo que se importa. Se escuchan expresiones, entre otras, como: “Voy a evolucionar la historia clínica… hoy no la evolucioné”. La palabra contaminada, encarnada, sin equivocidad, embadurnada de préstamos. Se sustituye un término tan apreciado como “escribir” por otro tipificado, medicinal. Sumisiones del lenguaje cada vez en aumento en los tiempos que corren en raíces desahuciadas de filiaciones o untadas de plástico, esas que en el escrito de Cristina Peri Rossi llamado “Desarraigados”, sustituyen a las que “unos filamentos nudosos que sin duda se convertirían en sólidas raíces, por alguna razón u otra las perdieron, les fueron sustraídas o amputadas”. Estar a la escucha, en estado de escuchar. Una niña con la que trabajé algún tiempo quería jugar con los restos, residuos, de las cosas que yo iba a tirar a la basura. Café usado, saquitos de té, yerba, cáscaras. Con ello hacía obras de arte, tortas, monumentos. Puso a prueba cierto lugar resistencial. Teníamos que atravesar una zona putrefacta, de asco. No bastaban los juguetes para hacer como si fuesen residuos, tenían que serlo de veras. Hacer con los restos, residuos, detritus imprevistos. Escuchar en lo arrasado, escenarios de desigualdades, en esas cosas rotas a las que alguien puede aferrarse que parecen no hacer colección, ni tener historia. Escuchar en los pasillos, escuchar las palabras en el juego, los ruidos, los ritmos, los fonemas, los silencios mientras se está jugando En el juego está la clave. Escuchar a los médicos que corren, duermen, se fastidian y no pueden detenerse a explicar con ternura. Quedan cada vez más, azuzados por el ultraje de la invasión administrativa de exigencias cegadoras. Escuchar, en un encuentro analítico, es hacer hablar al olvido y al recuerdo fijo. Es disponerse a la fractura del sentido, y agitar lo que se lee en los cuerpos, muchas veces colonizados, para que se vislumbren como huellas poéticas, desconocidas. Escuchar es estar a disposición de alojar la pregunta de una infancia internada: “¿me voy a morir?” Que un enojo, un pataleo sobreinterpretado se transforme en tener a quien contar de un terror. Hacerse un lugar, para hacer un lugar. Nada sencillo cuando los soportes institucionales estallan, hay agobios, desmantelamientos de expectativas y de tiempo. En ocasiones se produce por el establecimiento persistente de alguna confianza, como uno de los nombres de la transferencia. Escuchar las fragilidades de quienes hacen largas filas que aguardan para pedir turno para atención, y a veces duermen en los bancos de espera de sala, con paciencias forzosas. Escuchar es inventar respuestas que acerquen palabras o acciones en revuelta a esa “amansadora”. Una persona, trabajadora administrativa de un hospital, quizá cansada, agobiada, resignada transformaba sin notarlo quizá, ese cansancio en expulsión, dejaba por fuera por un “error de sistema” a una mujer que había llevado a su bebé, mal informada por otro sector. La mujer con desasosiego le explicaba que venía de un barrio alejado y que estaba desde la madrugada esperando ese turno. La persona de la ventanilla no la miraba, sólo se dirigía a la pantalla de la computadora diciendo: No. Ningún sentimiento piadoso. Escuchar, oír, azarosamente la escena, en la sola presencia no indiferente, suscitó un modo de ir girando la escena, hasta encontrar algún modo de darle una posible consulta clínica… Un joven adolescente viene a pedir una entrevista porque se asusta de su pensamiento. Hace días que le golpea en la cabeza un dilema “O elijo la humillación sin salida que me toca vivir o elijo quitarme la vida, tirarme al tren”. Escuchar es advertir que ya haber venido a pedir una entrevista es salir un instante de disyuntiva binaria. Interrogar lo que “toca vivir”, ajusta, aprieta de la codicia externa bajo el nombre de humillación. Salir a decir es un intersticio de esa encrucijada y pensar…una alternativa. Enigmatizar, desimplosionar, incomprender lo dado por sentado. ¿Un niñito en su primer encuentro me pregunta “vos sabías que yo iba a venir antes de conocerme?” La escucha es alojar la invención de construir una anterioridad donde alguien espera sin saber. Pregunta por el origen de un deseo por advenir. Paradojas. El misterio del inconsciente. Escuchar es teoría en la acción, es el alojamiento de las intemperies, de las precariedades, de lo que enloquece, de enfermedades que atraviesan los cuerpos, dar letras a violencias mudas o gritadas. Escuchar las heridas en ascuas. Ese resto, esas cenizas, que pueden quedar en un leño, y todavía arden sin hacer llamas…aún. Escuchar con los obstáculos, con los traspiés; en el inconsciente el cuerpo cobra voz. Escuchar en la imposibilidad, con lo que fracasa, con las coartadas para protegernos de lo inmundo, con lo que quiere ser desechado, expulsado, en el hallazgo y en el intento de restauración de lo que brilla, aludiendo a la película de Patricio Guzmán, como un botón de nácar.

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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