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- Las desigualdades que matan (fragmento) / Informe de OXFAM. Enero 2022
Los diez hombres más ricos del mundo han duplicado su fortuna, mientras que los ingresos del 99% de la población mundial se habrían deteriorado a causa de la COVID-19. Las crecientes desigualdades económicas, raciales y de género, así como la desigualdad existente entre países, están fracturando nuestro mundo. Esto nunca ha sido fruto del azar, sino el resultado de decisiones deliberadas: la “violencia económica” tiene lugar cuando las decisiones políticas a nivel estructural están diseñadas para favorecer a los más ricos y poderosos, lo que perjudica de una manera directa al conjunto de la población y, especialmente, a las personas en mayor situación de pobreza, las mujeres y las niñas, y las personas racializadas. Las desigualdades contribuyen a la muerte de, como mínimo, una persona cada cuatro segundos. No obstante, tenemos la oportunidad de reformar drásticamente nuestros modelos económicos para que se basen en la igualdad. Podemos abordar la riqueza extrema aplicando una fiscalidad progresiva, invirtiendo en medidas públicas de eficacia demostrada para eliminar las desigualdades, y transformando las dinámicas de poder dentro de la economía y la sociedad. Si mostramos la voluntad necesaria y escuchamos a los movimientos que están exigiendo cambios, podremos crear una economía en la que nadie viva en la pobreza, ni tampoco en una riqueza inimaginable: una economía donde las desigualdades dejen de matar. Desde el inicio de la pandemia, ha surgido un nuevo milmillonario en el mundo cada 26 horas (1).Los diez hombres más ricos del mundo han duplicado sus fortunas mientras que, según se estima, más de 160 millones de personas han caído en la pobreza (2). Mientras tanto, se calcula que cerca de 17 millones de personas han perdido la vida a causa de la COVID-19, una magnitud de muertes sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial (3). Estos problemas forman parte de una misma enfermedad, aún más profunda: las desigualdades que fragmentan nuestras sociedades y sesgan vidas, y la violencia enquistada en nuestros modelos económicos. Las desigualdades han provocado que la pandemia de coronavirus resulte más letal, más prolongada y más dañina para los medios de vida. La desigualdad de ingresos resulta más determinante que la edad a la hora de estimar si alguien perderá la vida a causa de la COVID-19 (4). Millones de personas aún estarían vivas si hubieran recibido una vacuna, pero se les negó esa oportunidad; mientras, las grandes empresas farmacéuticas continúan conservando el monopolio de estas tecnologías. Este apartheid de las vacunas se está cobrando vidas y está alimentando las desigualdades en todo el mundo. Instituciones como el FMI (5), el Banco Mundial (6), Crédit Suisse (7), y el Foro Económico Mundial (8) han estimado que la pandemia ha provocado un aumento de las desigualdades dentro de los países en todo el mundo. Las personas en mayor situación de pobreza del mundo y los grupos racializados están sobre representados en la cifra de muertes provocadas por el virus. En algunos países, las personas en mayor situación de pobreza tienen casi cuatro veces más probabilidades de perder la vida por la COVID-19 que las más ricas (9). En Inglaterra, las personas de origen bangladeshí tenían cinco veces más probabilidades de morir de COVID-19 que la población británica blanca durante la segunda oleada de la pandemia (10). Estas divisiones actuales están directamente vinculadas al legado histórico del racismo, incluyendo la esclavitud y el colonialismo (11). Esto también se manifiesta en el hecho de que esté previsto que la brecha entre los países ricos y pobres vaya a crecer por primera vez en una generación (12). Las personas que viven en países de renta baja y media tienen alrededor del doble de probabilidades de morir de COVID-19 que aquellas de países ricos (13). Como mínimo 73 países se enfrentan a posibles medidas de austeridad respaldadas por el FMI (14), lo que puede agravar las desigualdades entre países, así como todas las formas de desigualdad a nivel interno. Los derechos de las mujeres y los avances realizados en materia de igualdad de género se verán duramente golpeados por estas medidas de austeridad, en medio de una crisis que ha retrasado el camino para cerrar la brecha de género toda una generación, ya que ahora se tardarán 135 años frente a los 99 años antes de la pandemia (15). Esta situación se ve agravada por el hecho de que, en varios países, las mujeres se enfrentan a una segunda pandemia por el incremento de la violencia de género (16). Además, como en cada crisis, se ven forzadas a asumir un volumen enorme de trabajo de cuidados no remunerados (17), lo que las mantiene atrapadas en la parte más baja de la pirámide económica. El coste de la profunda desigualdad a la que nos enfrentamos se traduce en vidas humanas. Como pone de manifiesto este informe y basándonos en estimaciones conservadoras, las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos 21 300 personas cada día. Dicho de otra manera, las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos una persona cada cuatro segundos. Notas (1). M. Lawson y D. Jacobs. (2022). Nota metodológica del informe Las desigualdades matan. Véase el documento de descarga en la página web para esta publicación. (2). Ibíd. (3) The Economist. (2021, actualizado a diario). The pandemic’s true death toll. Consultado por última vez el 1 de diciembre de 2021. https://www.economist.com/ graphic-detail/coronavirus-excess-deaths-estimates (4) The Economist. (2021). Why have some places suffered more covid-19 deaths than others? https://www. economist.com/finance-and-economics/2021/07/31/ why-have-some-places-suffered-more-Covid-19-deaths-than-others (5) Fondo Monetario Internacional. (2021). Monitor Fiscalde 2021. https://www.imf.org/es/Publications/FM/ Issues/2021/10/13/fiscal-monitor-october-2021. (6) Sánchez-Páramo, C. et al. (7 de octubre de 2021).La pandemia de COVID-19 (coronavirus) deja como consecuencia un aumento de la pobreza y la desigualdad. Blogs del Banco Mundial. Consultado en https://blogs.worldbank.org/es/voices/la-pandemia-de-covid-19-coronavirus-deja-como-consecuencia-un-aumento-de-la-pobreza-y-la. (7) Crédit Suisse. (2021). The Global Wealth Report 2021. https://www.credit-suisse.com/media/assets/corporate/docs/about-us/research/publications/global-wealth-report-2021-en.pdf (8) Foro Económico Mundial. (2021). The Global Risks Report 2021. 16th Edition. https://www.weforum.org/reports/the-global-risks-report-2021 (9) The Health Foundation. (2021). Unequal pandemic, fairer recovery: the COVID-19 impact inquiry report. https://www.health.org.uk/publications/reports/unequal-pandemic-fairer-recovery (10) Office for National Statistics (2021). Updating ethnic contrasts in deaths involving the coronavirus (COVID-19), England: 24 January 2020 to 31 March 2021. https://www.ons.gov.uk/peoplepopulationandcommunity/ birthsdeathsandmarriages/deaths/articles/updatingethniccontrastsindeathsinvolvingthe coronaviruscovid19englandandwales/24january2020to31march2021 (11) E.T. Richardson et al. (2021). Reparations for Black American descendants of persons enslaved in the U.S. and their potential impact on SARS-CoV-2 transmission. Social Science & Medicine, Vol. 276, Mayo de 2021. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0277953621000733 (12) N. Yonzan, C. Lakner y D.G. Mahler. (2021). Is COVID-19 increasing global inequality? Blogs del Banco Mundial. https://blogs.worldbank.org/opendata/covid-19-increasing-global-inequality (13) Levin, A. et al. (2021). Assessing the burden of COVID-19 in developing countries: Systematic review, meta-analysis, and public policy implications. medRxiv.https://doi.org/10.1101/2021.09.29.21264325 (14) Tamale, N. (2021). Adding Fuel to Fire: How IMF demands for austerity will drive up inequality worldwide. Oxfam. https://policy-practice.oxfam.org/resources/adding-fuel-to-fire-how-imf-demands-for- austerity-will-drive-up-inequality-worl-621210/.DOI: 10.21201/2021,7864 (15) Foro Económico Mundial. (2021). Global Gender Gap Report 2021. https://www.weforum.org/reports/ab6795a1-960c-42b2-b3d5-587eccda6023 (16) Harvey, R. (2021). La pandemia ignorada: La doble crisis de la violencia de género y la COVID-19 Oxfam. https://policy-practice.oxfam.org/resources/the-ignored-pandemic-the-dual-crises-of-gender-based-violence-and-covid-19-621309/. DOI: 10.21201/2021.8366 (17) ONU Mujeres. (2021). Global gender response tracker: Monitoring how women’s needs are being met by pandemic responses. Blog Women Count. 11 de mayo de 2021. https://data.unwomen.org/resources/women-have-been-hit-hard-pandemic-how-government-response-measuring Fuente: https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/621341/bp-inequality-kills-170122-summ-es.pdf Trabajo de selección Marcelo Percia.
- Palabras que afloran de un nudo en la garganta / Suely Rolnik
El concepto es el contorno, la configuración, la constelación de un acontecimiento por venir que lo corta y lo recorta a su manera. La grandeza de una filosofía se valora por la naturaleza de los acontecimientos a los cuales sus conceptos nos convocan. Ellos son centros de vibraciones, cada uno en sí mismo y unos en relación con los otros. Es por eso que todo resuena, en vez de encadenarse o de corresponder unos a otros. Deleuze y Guattari[1] Esta antología reúne mis tres ensayos más recientes. El primero fue escrito en 2012, momento en que surgen insistentes señales de lo que está por venir: la eclosión de toda especie de fuerzas, de las más activas a las más reactivas, que convulsionarán al mundo y a nosotros mismos. Insinuándose desde la toma planetaria del poder por el capitalismo financierizado y neoliberal, tales fuerzas y sus confrontaciones se intensifican vertiginosamente en el período que se anuncia. En Brasil, 2012 es el año de la condena a los acusados del llamado Mensalão por el Supremo Tribunal Federal, cuando se hace más evidente que a lo que estamos asistiendo, hace ya un tiempo, es a la primera temporada de una serie intitulada “El Golpe”. 2012 es el año en el que también ya se anuncia el acontecimiento de las intempestivas manifestaciones masivas de 2013 por todo el país. Los demás ensayos fueron escritos entre 2016 y el inicio de 2018, ya al calor del ascenso globalitario de fuerzas reactivas, pero también de la potenciación y proliferación de un nuevo tipo de activismo que entrelaza en sus acciones las esferas macro y micropolítica. En Brasil, es el momento en que asistimos atónitos a los nuevos capítulos de la primera temporada de la serie y, en seguida, su segunda temporada entera. Las imágenes de la operación del golpe se intercalan entonces con las del fortalecimiento y la expansión no solo de los movimientos sociales macropolíticos preexistentes, sino también de ese nuevo tipo de activismo. Además de no someterse a su institucionalización, el nuevo tipo de activismo no restringe el foco de su lucha a una ampliación de igualdad de derechos –insurgencia macropolítica–, pues la expande micropolíticamente hacia la afirmación de otro derecho que engloba todos los demás: el derecho de existir, o, más precisamente, el derecho a la vida en su esencia de potencia creadora. Su objetivo es la reapropiación de la fuerza vital, frente a su expropiación por parte del régimen colonial-capitalístico que la cafishea[2] para alimentarse, llevando el deseo a una entrega ciega a sus designios –este es nada más y nada menos que el principio micropolítico del régimen que hoy domina el planeta. La apropiación del derecho a la vida está directamente encarnada en sus acciones: es en el día a día de la dramaturgia social que ocurren esas acciones, buscando transfigurar a sus personajes y la dinámica de la relación entre ellos. En ese contexto, llama especialmente la atención el combate por liberar el deseo de la sumisión a las tóxicas categorías dominantes en los ámbitos de las sexualidades y de los supuestos géneros, las cuales generan las condiciones para la expropiación de la pulsión vital y su cafisheo en todos los demás ámbitos de la vida humana. Un combate que, con el mismo grado de intensidad e inteligencia colectiva, se da igualmente en el ámbito de las categorías de la racialidad –un cáncer que corroe a la sociedad brasileña desde su fundación, estructuralmente inseparable del principio de proxenetismo que orienta la política de deseo que predomina en todos sus dominios. Liderado por los afrodescendientes, también en ese combate se busca liberar el deseo de su sumisión a ese nefasto destino. El nuevo tipo de insurrección, con sus dispositivos macro y micropolíticos, se manifiesta con especial vigor entre las generaciones más jóvenes, sobre todo en las periferias de los centros urbanos. Un ejemplo de eso es la ocupación de escuelas públicas por el movimiento de estudiantes secundarios a fines de 2015, lo cual engloba todos esos ámbitos. Los efectos de ese movimiento en nuestros cuerpos son ciertamente uno de los disparadores de la escritura del segundo ensayo. Los períodos de convulsión son siempre los más difíciles de vivir, pero es en estos momentos que la vida grita más alto y despierta a aquellos que todavía no sucumbieron íntegramente a la condición de zombies –una condición a la que estamos todos destinados por el cafisheo de la pulsión vital–. Vale señalar que en su pliegue financierizado, el régimen colonial-capitalístico ejerce su seducción perversa sobre el deseo cada vez más violenta y refinadamente, llevándolo a entregarse aún más gozosamente al abuso. En este grado de expropiación de la vida, una señal de alarma se dispara en las subjetividades: la pulsión se pone entonces en movimiento y el deseo es convocado a actuar. Y cuando se logra tomar las riendas de la pulsión, tiende a irrumpir un trabajo colectivo de pensamiento-creación que, materializado en acciones, busca hacer que la vida persevere y obtenga un nuevo equilibrio. Por eso, los momentos como este que estamos viviendo siempre son los más vigorosos e inolvidables. Cada uno de estos ensayos fue publicado y presentado en varias lenguas y en distintos contextos a lo largo del tiempo y reescrito cada vez en función de los mismos y de las urgencias que se imponían al trabajo del pensamiento; las ideas iban surgiendo también de su reelaboración en otros ensayos cuya escritura era impulsada por los nudos en la garganta que se fueron presentando durante esos años; tales ideas se iban insertando en los ensayos anteriores (las versiones de cada uno de ellos aquí presentadas son las más recientes). Por la misma razón, de uno a otro ensayo, palabras, frases y hasta párrafos enteros se repiten, pero en nuevas direcciones, conectados con otras experiencias –de las más auspiciosas a las más tenebrosas–, ampliando así su sentido. En esas repeticiones, que opté por mantener a propósito, hay ligeras modificaciones, a veces casi imperceptibles. Ellas responden a la necesidad de refinar la escucha de los matices de los gérmenes de mundos fecundados por los efectos de tales urgencias en nuestros cuerpos, y a la necesidad de buscar palabras cada vez más afinadas para completar su germinación, dando nacimiento a un modo de cuerpo-y-habla que los inyecte en la corriente sanguínea de la vida social, contribuyendo a su manera con el trabajo colectivo que busca su transfiguración. Para los guaraníes tales necesidades son obvias, como nos hace ver su propia lengua. Ellos dicen ahy’o a la garganta, pero también ñe’e raity, que significa literalmente “nido de las palabras-alma”[3]. Es porque ellos saben que los embriones de palabras emergen de la fecundación del aire del tiempo en nuestros cuerpos en su condición de vivientes y que, en este caso, y solo en él, las palabras tienen alma, el alma de los mundos actuales o en germen que nos habitan en esta condición nuestra. Que las palabras tengan alma y que el alma encuentre sus palabras es tan fundamental para ellos que consideran que la enfermedad, sea orgánica o mental, viene cuando estas se separan –tanto que el término ñe’e, que ellos usan para designar “palabra”, “lenguaje” y el término anga, que usan para designar “alma” significan ambos “palabra-alma”. Ellos saben igualmente que hay un tiempo propio para su germinación y que, para que esta sea llevada a término, el nido tiene que ser cuidado. Estar a la altura de ese tiempo y de ese cuidado para decir de la manera más precisa posible aquello que sofoca y que produce un nudo en la garganta y, sobre todo, lo que está aflorando frente a aquello para que la vida recobre un equilibrio; ¿no será ese el trabajo del pensamiento propiamente dicho? ¿No estará exactamente en eso su potencia micropolítica? ¿No será eso lo que define y garantiza su ética? ¿Y, en sentido más amplio, no será eso en lo que finalmente consiste el trabajo de una vida? Que el lector –o mejor, lx lectorx– encuentre en las palabras de estos ensayos algunas resonancias de los afectos de las fuerzas del presente en su propio cuerpo. Y que tales resonancias le sirvan de compañía para desatar los nudos que estos afectos le producen en la garganta, dejando germinar palabras que digan matices, aquí no alcanzados, de los embriones de futuro que se anuncian más allá del sofocamiento. Una práctica cuya razón de ser es precisamente crear escenarios que nos traigan de vuelta el buen vivir, evitando que esos nudos se transformen en nódulos patológicos y sus metástasis se desparramen como la peste por el cuerpo-alma de nosotros mismos y de toda la trama social. Este es el sentido de la publicación de este libro. [1] Este epígrafe se compone de tres fragmentos extraídos y libremente acoplados [y traducidos] del libro de Deleuze y Guattari ¿Qué es la filosofía? [2] “Cafishear” es un neologismo basado en el verbo “cafetinar” en portugués. Adopté ese término para crear una de las nociones centrales de mi trabajo teórico en el ámbito micropolítico. La noción aparece por primera vez en el ensayo de 2002: “A vida na Berlinda” [“La vida en la mira”], Trópico: Idéias de Norte e Sul, revista online del portal web UOL, del periódico Folha de São Paulo; En francés: “La vie au point de mire”. In: XV Biennale de Paris, Paris, Éditions Biennale de Paris, pp. 29-33, 2007. En su sentido usual, el término designa la acción del “cafetão”, cuya traducción varía en los países hispanohablantes: proxeneta, alcahuete, cafisho, cafiche, chulo, fiolo, padrote, rufián, cabrón, maipiolo, cafiolo, celestina, chichifo, macarra, entre otros, siendo que ninguno de estos términos es usado en todos los países. No existe el uso verbal de este término en español como existe en portugués; además, su uso en portugués es bastante común, incluso en el sentido figurado, lo que tampoco es el caso en español. Siendo un concepto central de mi trabajo, para que sea lo más legible posible, optamos por variar las opciones de traducción del término a lo largo del texto entre neologismos derivados de proxeneta y cafisho, buscando el que esté más próximo de su sentido en la frase en donde se inserta y más armonioso con su sonoridad. [3] Agradezco a Ticio Escobar por la cuidadosa, lenta y suave iniciación a la lengua guaraní. Fuente: Rolnik, Suely (2018). Preludio en Esferas de la insurrección. Apuntes para descolonizar el inconsciente. Ed. Tinta Limón. Buenos Aires. 2019.
- Cartas a un joven poeta / Rainer Maria Rilke
Carta VIII Borgeby-gard, Fladie, Suecia, 12 de agosto de 1904 De nuevo quiero hablar con usted un rato, querido señor Kappus, aunque casi no puedo decir nada que sea de mucha ayuda, apenas algo útil. Usted ha tenido muchas y grandes tristezas, que ya pasaron. Y dice que este mismo pasar fue difícil y motivo de disgusto. Pero, por favor, ¿piense si no será que estas grandes tristezas más bien han pasado a través suyo? ¿Si no se ha transformado mucho en usted, si no ha cambiado en algo, en algún lugar de su ser, mientras estuvo triste? Peligrosas y malas son sólo las tristezas que se llevan entre la gente para aturdirla; como las enfermedades que son tratadas superficial y torpemente sólo retroceden, y, luego de una pequeña pausa, irrumpen tanto más temibles, y se acumulan en el interior, y son vida, son vida no vivida, despreciada, perdida por la que se pude morir. Si nos fuera posible ver más allá de lo que alcanza nuestro saber, ir más allá de las avanzadas de nuestro presentimiento, quizá soportaríamos entonces nuestras tristezas con más confianza que nuestras alegrías. Pues son los momentos en los que algo nuevo ha entrado en nosotros, algo desconocido; nuestros sentimientos enmudecen en huraña timidez, todo en nosotros retrocede, surge una tranquilidad, y lo nuevo, que nadie conoce, está parado en medio y calla. Creo que casi todas nuestras tristezas son momentos de tensión que sentimos como parálisis, porque ya no oímos vivir nuestros extrañados sentimientos. Porque estamos solos con lo extraño que ha entrado en nosotros; porque por un instante se nos ha ido todo lo conocido y acostumbrado; porque estamos en medio de una transición donde no podemos quedarnos parados. Por eso es que la tristeza pasa también: lo nuevo que hay en nosotros, lo añadido, ha entrado en nuestro corazón, ha pasado a su cámara más íntima, y ni siquiera allí está ya… Ya es sangre. Y no nos enteramos de qué era. Fácilmente se nos podría hacer creer que no ha ocurrido nada, y sin embargo nos hemos transformado, como se transforma una casa en la que ha entrado un huésped. No podemos decir quién ha venido, quizá nunca lo sabremos; pero muchos indicios hablan a favor de que es el porvenir el que ha entrado en nosotros de tal manera, para transformarse en nosotros mucho antes de que ocurra. Y por ello es tan importante permanecer solo y atento cuando se está triste: porque el instante aparentemente sin consecuencias y rígido en que nos visita el porvenir, está mucho más cerca de la vida que cualquier otro momento ruidoso y casual en que este nos sucede como venido de afuera. A medida que, como tristes, estamos más tranquilos, pacientes y dispuestos, tanto más hondo y directo penetra lo nuevo en nosotros, tanto mejor lo adquirimos, tanto más llega a ser nuestro destino; y nos sentiremos en lo más íntimo emparentados con él y cerca de él cuando en un día posterior “ocurra” (es decir: salgo de nosotros hacia los demás). Y esto es necesario. Es necesario -y a esto tenderá poco a poco nuestro desarrollo- que no nos ocurra nada extraño, sino sólo lo que desde hace tiempo ya nos pertenece. Ya ha habido que cambiar tantos conceptos de movimiento, se aprenderá también poco a poco a conocer que lo que llamamos destino sale del hombre y no entra en él desde afuera. Sólo porque tantos no absorbieron sus destinos ni los transformaron en sí mismos mientras vivieron en ellos, no reconocieron lo que salía de ellos mismos; les resultaba tan extraño que, en su confuso horror, creyeron que en ese momento tenía que haber entrado en ellos, pues juraron no haber encontrado nunca en sí mismos nada semejante. Así como durante mucho tiempo se ha engañado la gente respecto al movimiento del sol, así se siguen engañando todavía respecto al movimiento de lo venidero. El porvenir no se mueve, querido señor Kappus, pero nosotros nos movemos en el espacio infinito. ¿Y cómo no había de sernos difícil? Y si volvemos a hablar de la soledad queda cada vez más en claro que en el fondo no es nada que se pueda elegir o dejar. Somos solitarios. Uno puede engañarse al respecto y hacer como si no fuera así. Eso es todo. Pero cuánto mejor es darse cuenta de que lo somos, sí, partir precisamente de ello. Entonces va a pasar, ciertamente, que sintamos vértigo; pues se nos sacan todos los puntos en los que nuestra vista solía descansar, ya nada hay cercano, y todo lo lejano está infinitamente lejos. Quien fuera sacado de su habitación y puesto casi sin preparación ni transición sobre la cima de una gran montaña, tendría que sentir algo semejante: una inseguridad incomparable, el sentirse entregado a lo indecible casi lo aniquilaría. Pensaría caer, o se creería arrojado al espacio, o desintegrado en mil trozos; ¡qué enorme mentira tendría que inventar su cerebro para recuperar y aclarar el estado de sus sentidos! Así es como, para el que se queda solo, se modifican todas las distancias, todas las medidas; muchas de estas modificaciones se producen súbitamente y, como en el caso de ese hombre puesto en la cima de una montaña, la imaginación se sale de lo habitual y hay raros sentimientos que parecen ir más allá de todo lo soportable. Pero es necesario que también experimentemos esto. Tenemos que aceptar nuestra existencia en la medida de lo posible; todo, hasta lo inaudito, tiene que ser posible. Tal es en el fondo el único coraje que se exige de nosotros: tener valor para lo más raro, extraño e inexplicable que nos pueda ocurrir. El hecho de que los hombres fueran cobardes en este sentido ha dañado infinitamente a la vida; las vivencias que se llaman “apariciones”, todo el llamado “mundo de los espíritus”, la muerte, todas estas cosas tan emparentadas con nosotros, han sido reprimidas tanto de la vida por la diaria resistencia, que los sentidos con los que podríamos captarlas están atrofiados. Para qué hablar de Dios. Pero el miedo ante lo inexplicable no sólo ha empobrecido la existencia del individuo, también se han restringido a causa de él las relaciones entre las personas, como si hubieran sido sacadas del cauce de infinitas posibilidades y llevadas a un lugar baldío de la orilla al que nada le pasa. Pues no es solamente la pereza lo que hace que las relaciones humanas se repitan con tan indecible monotonía y sin renovarse de caso en caso, es el temor ante una vivencia nueva, imprevisible, para la que no se cree estar preparado. Pero sólo quien está listo para todo, quien no excluye nada, ni lo más enigmático, vivirá la relación con otro como algo viviente y agotará su propia existencia. Pues, así como pensamos esta existencia del individuo como un espacio más grande o más chico, así también se muestra que los más sólo conocen un rincón de su espacio, un asiento de la ventanilla, una raya por la que van y vienen. Así tienen cierta seguridad. Y, sin embargo, mucho más humana es esa peligrosa inseguridad que lleva a los prisioneros de los cuentos de Poe a reconocer tanteando las formas de su terrible cárcel y no ser extraños a los indecibles horrores del lugar donde están. Pero nosotros no somos prisioneros. No hay trampas ni lazos puestos a nuestro alrededor, y no hay nada que deba angustiarnos o atormentarnos. Estamos situados en la vida como en el elemento al que más correspondemos y, además, por una adaptación de milenios nos hemos vuelto tan semejantes a esta vida que, cuando nos quedamos quietos, por un feliz mimetismo, apenas si se nos pude distinguir de todo lo que nos rodea. No tenemos ningún motivo para desconfiar de nuestro mundo, pues éste no está contra nosotros. Si tiene horrores, son nuestros horrores; si tiene abismos, estos abismos nos pertenecen; si hay peligros, tenemos que intentar amarlos. Y sólo con que dispongamos nuestra vida según la norma que nos aconseja que nos tenemos que atener siempre a lo difícil, lo que ahora se nos aparece todavía como lo más extraño, llegará a ser lo más cercano, lo más leal a nosotros. Cómo podríamos olvidar esos viejos mitos que están en el comienzo de todos os pueblos, de los mitos que tratan de los dragones que en el momento decisivo se transforman en princesas que sólo esperan vernos alguna vez bellos y animosos. Quizá todo lo horrible es, en lo más profundo, lo desamparado, lo que quiere ayuda de nosotros. Usted, querido señor Kappus, no debe espantarse cuando se le presente una tristeza de una magnitud como nunca ha visto antes; cuando una inquietud, como luz y sombra de nubes, pase por sus manos, y sobre toda su actividad. Tiene que pensar que algo ocurre dentro suyo, que la vida no lo ha olvidado, que lo tienen tomado de su mano; no lo dejará caer. ¿Por qué quiere usted excluir de su vida intranquilidades, dolores, melancolías, cuando no sabe qué es lo que en su interior producen estos estados anímicos? ¿Por qué se quiere perseguir a sí mismo con la pregunta sobre de dónde puede venir todo esto y a dónde ha de conducir? Cuando usted sin embargo sabe que se encuentra en una transición y que nada hay tanto que desee como transformarse. Si algo en lo que le ocurre es patológico, piense sin embargo que la enfermedad es el medio con el que un organismo se libera de lo extraño; hay que ayudarlo entonces a estar enfermo, a tener toda su enfermedad, a que ésta se declare, pues así progresa él. Todo esto ocurre ahora en usted, querido señor Kappus; tiene que ser paciente como un enfermo y confiado como un convaleciente; pues quizás usted tiene las dos cosas. Y más: usted es el médico que tiene que cuidarse. Pero en toda enfermedad hay muchos días en los que el médico non tiene que hacer otra cosa que esperar. Y esto es lo que usted, en la medida en que sea su propio médico, tiene que hacer ante todo. No se observe demasiado a sí mismo. No saque conclusiones muy apresuradas de lo que le ocurre; deje que simplemente le ocurra. Pues de lo contrario incurrirá muy fácilmente en considerar con reproches (es decir: moralmente) su pasado que, naturalmente, participa de todo lo que ahora le ocurre. Los extravíos, deseos y anhelos de su adolescencia que siguen influyéndolo no son, sin embargo, lo que usted recuerda y condena. La circunstancia excepcional de una infancia solitaria y desamparada es tan difícil, tan complicada, tan sujeta a diversas influencias y, al mismo tiempo, tan desprendida de todas las condiciones de vida reales que, cuando se presenta en ella un vicio, no se lo puede llamar vicio sin más ni más. En general hay que tener mucho cuidado con los nombres; el nombre de un delito es con frecuencia la causa de que una vida sucumba, y no la misma acción personal, anónima, que quizá fue una necesidad totalmente determinada de esta vida y podría ser aceptada por ella sin esfuerzo. Y el consumo de fuerza le parece a usted tan grande sólo porque da demasiada importancia a la victoria; no es ella lo “grande” que usted cree haber logrado, aunque tiene razón con su sentimiento; lo grande es que ya había algo que usted podía poner en lugar de ese engaño, algo verdadero y real. Sin esto incluso su victoria habría sido una reacción moral sin mayor significación; pero así ha llegado a ser un trozo de su vida. De su vida, querido señor Kappus, en la que pienso con tantos deseos. ¿Se acuerda de cómo esta vida, desde la infancia, anhelaba lo “grande”? Veo cómo ahora tiende a ir de lo grande a lo más grande. No deja por ello de ser difícil; pero tampoco dejará de crecer por ello. Y si todavía tengo que decirle algo más, es esto: no crea que el que intenta consolarlo vive sin esfuerzo bajo las palabras sencillas y tranquilas que a usted a veces le hacen bien. La vida de él tiene muchas penalidades y tristezas y se queda muy atrás de la suya. Si fuera de otra manera, él nunca habría podido encontrar esas palabras. Su Rainer Maria Rilke Fuente: Rilke, Rainer Maria. Cartas a un joven poeta. Ed. Losada. Bs. As. 2004.
- Deseo y placer (fragmento) / Gilles Deleuze
La última vez que nos vimos Michel Foucault me dijo, con mucha amabilidad y afecto, más o menos esto: no puedo soportar la palabra deseo; incluso si usted lo emplea de otro modo, no puedo evitar pensar o vivir que deseo=falta, o que deseo significa algo reprimido. Michel añadió: lo que yo llamo "placer" es quizá lo que usted llama "deseo"; pero de todas formas necesito otra palabra diferente a deseo. Evidentemente, una vez más, no es una cuestión de palabras. Porque yo mismo no soporto apenas la palabra "placer". Pero ¿por qué?. Para mí, deseo no implica ninguna falta; tampoco es un dato natural; está vinculado a una articulación de heterogéneos que funciona; es proceso, en oposición a estructura o génesis; es afecto, en oposición a sentimiento; es "haecceidad" (individualidad de una jornada, de una estación, de una vida), en oposición a subjetividad; es acontecimiento, en oposición a cosa o persona. Y sobre todo implica la constitución de un campo de inmanencia o de un "cuerpo sin órganos", que se define sólo por zonas de intensidad, de umbrales, de gradientes, de flujos. Este cuerpo es tanto biológico como colectivo y político; sobre él se hacen y se deshacen las articulaciones, es él quien lleva las puntas de desterritorialización de las articulaciones o las líneas de fuga. Varía (el cuerpo sin órganos de la feudalidad no es el mismo que el del capitalismo). Si lo llamo cuerpo sin órganos es porque se opone a todas las estrategias de organización, la del organismo, pero también a las organizaciones de poder. Es justamente el conjunto de las organizaciones del cuerpo quienes romperán el plano o el campo de inmanencia e impondrán al deseo otro tipo de "plano", estratificando en cada ocasión el cuerpo sin órganos. No puedo dar al placer ningún valor positivo, porque me parece que el placer interrumpe el proceso inmanente del deseo; creo que el placer está del lado de los estratos y de la organización; y en un mismo movimiento el deseo es presentado como sometido dentro de la ley y escandido por fuera de ella por los placeres; en los dos casos, hay negación de un campo de inmanencia propio al deseo. Pienso que no es casualidad que Michel atribuya cierta importancia a Sade, y yo por el contrario a Masoch. No sería suficiente decir que yo soy masoquista, y Michel sádico. Eso quedaría bien, pero no es verdad. Lo que me interesa en Masoch no son los dolores, sino la idea de que el placer viene a interrumpir la positividad del deseo y la constitución de su campo de inmanencia (de igual modo, o más bien de otra manera, sucede en el amor cortés: constitución de un plano de inmanencia o de un cuerpo sin órganos donde al deseo no le falta nada, y donde éste evita todo lo posible placeres que vendrían a interrumpir su proceso). El placer me parece el único medio para una persona o un sujeto de "orientarse" en un proceso que le desborda. Es una re-territorialización. Y, desde mi punto de vista, de esa misma manera es como el deseo se remite a la ley de la falta y a la norma del placer. Fuente: Revista Archipiélago. Cuadernos de crítica de la cultura Barcelona, nº 23 / 1995. Traducido por Javier Sáez.
- Febrero Adynata / VPS
Vivir (en) la ciudad en ritmos que no (nos) devoren. Recorrerla en compañías que no (nos) perjudiquen. Habitarla en espacios que no (nos) condenen. Quizás, tan solo estar en acciones que no (nos) decoloren. Ofrecer(nos) una temperatura que no congele ni sofoque, y sonidos uf, los sonidos... Vivir (en) la ciudad más allá del vértigo, de la premura del ir y venir, sin tanto apuro; más allá de toda esa artillería de prejuicios que acechan. En intentos de dar con afectos que tan sólo acompañen. Probar la templanza de acompasar con lo que (nos) toca, de provocar lo que necesitamos y elegir, en esos pedacitos de vida y cuándo aún podemos, cómo vivir(los) dónde permanecer cuándo irse cómo y con quiénes intercambiar. Okupar esos ratos, intentando decidir (no desde la lógica de pretender controlarlo todo) qué decir, qué callar qué hacer y qué no, como cuando se pueden elegir unas vacaciones.
- ¿Desde cuándo el culo tiene manos? / Fernando Ceballos
Llega mansa pero incisiva una pelota llovida al medio del área grande. Quincosi ensaya un rechazo con la cabeza, pero queda ahí boyando en la medialuna del área grande. Allí el diez de ellos, un tipo flaquito, desgarbado pero muy sensible en su zurda la para como acariciándola, y desairando la marca pegajosa de Bazán, la toca sutilmente con el empeine y la deja caer para que haga un solo pique, al mismo tiempo que prepara su pierna inhábil para afirmarse y acomodarse para el chutazo. Antes de que el Chato lo tape, saca el zurdazo seco, a media altura, fuertísimo que va viboreando en el aire elevándose en busca de las telarañas del ángulo izquierdo de Piraña, que intuyendo la trayectoria empieza a acomodarse para la volada. El área era un remolino, contaminada de jugadores expectantes para el desenlace. Argentino Peralta era un tipo retacón, pesado que jugaba en la zaga central. No era dúctil, ni tiempista sólo estaba porque su figura pesada y rellena impresionaba al más pintado de los delanteros. Recio y disciplinado en la marca y en los relevos se antepone a la figura de retaguardia de Piraña y haciendo una pirueta inusual para su físico, da un salto atlético que devino en desgarro, y se interpuso con su humanidad entera. La pelota pegó de lleno en su glúteo derecho y cayó muerta en el medio del área, ante la estirada inútil de Piraña que se desparrama detrás de la escena. El árbitro, un petizo que estaba en el final de su carrera, tapado por el nueve de ellos, no alcanza a ver toda la jugada. Y lejos de un gesto de hidalguía que dijera: me taparon, no pude ver nada. Se llevó el silbato a la boca, y salió corriendo para el punto del penal sancionando la pena máxima, con el dedo índice apuntado el piso como si llevara a pasear un gran danés. Penal. ¿Penal? ¿PENAL? Fue la pregunta generalizada adentro y afuera de la cancha. Un estupor paralizante duró unos minutos en todos los presentes. Nadie reaccionaba. Sólo Argentino que, persiguiendo al árbitro con los pantalones bajos, le mostraba la aureola roja que le había dejado aquel fulbazo en el culo. Mi viejo, que era un wing derecho de raza, veloz y con una patada de mula, y que nunca bajaba a colaborar en defensa porque el 7 siempre tenía que estar arriba y abierto a la derecha, justo en esa jugada se había solidarizado casi rompiendo las lógicas del contrataque y había bajado hasta el borde del área, y desde allí había seguido cada instante de la jugada como un espectador de lujo. Cada intervención, de cada uno de los jugadores habían sido como fotos grabadas en sus pupilas y no podía entender tanta desidia. Estaba petrificado intentando procesar la decisión artera del juez. Era duro en sus corridas y firme en sus centros al área, si bien era de discutir las decisiones del árbitro no era un jugador complicado ni quejoso. No había pensado en el retiro, pero hacía un tiempo que le venían pesando los entrenamientos de los martes y jueves después de la panadería y el no poder tomar tanto los sábados a la noche. A esto se le sumaban sus treinta y cuatro años, el cansancio de un segundo tiempo de ida y vuelta, el dolor en demasía de la patada del tres de ellos apenas empezado el partido, una pelota que intentó parar y se le fue por abajo del botín, un gol increíble errado al final del primer tiempo, las ganas de no tener ganas de vestuario y la furia que le provocaba siempre la arrogancia de los árbitros ante un fallo mal cobrado, más que ese petiso que le llegaba al pecho se había parado como una estatua justo frente de él marcando el punto del penal. La mirada se fue desfigurando rápidamente por la impotencia del fallo mal cobrado. No pidió muchas explicaciones, ya que la decisión la había tomado desde el primer segundo. Solo le preguntó: - ¿Desde cuándo el culo tiene manos? - Y sin esperar respuesta alguna elevó su mano derecha dibujando un mazazo monzoniano impulsado por todo el brazo, que se estrelló de lleno en la mollera de incipiente pelada del hombre de negro. El juez de línea del lado de los eucaliptus dio por suspendido el partido. El petiso se despertó en el vestuario, cuando el bufet había cerrado y ya no quedaba nadie comentando lo acontecido. Cuando se enteró de que el tribunal de penas le había dado noventa y nueve años, no se preocupó por hacer el descargo en la liga. Ya sabía que esa había sido su despedida. Al otro domingo, agarró al “yaqui”, y con la escopeta del doce empezó a inaugurar otro oficio en su vida: cazador.
- Elogio del pensamiento (fragmento) / Juan Carlos De Brasi
VII Con estos llamados de atención creo que resulta clara la copertenencia de los movimientos de la traducción y su carácter interno a la trama del saber: saber que no puede reducirse a sí mismo, aunque se lo rotule como “no sabido”. Está ligado al des-ser que lo funda en la plena diferencia consigo mismo. Me hago cargo de la insistencia, pero esto lo ha formulado Hegel a su manera en La Ciencia de la Lógica cuando está persuadido que se adquiere una gran perspectiva cuando se sabe que el “ser es puro ser” y la “nada, pura nada” (no el ser para…o la nada de algo que hacen a un enfoque existencial, p. ej., como el de Sartre y el del existencialismo en general) son abstracciones vacías, pues la verdad de ambos estriba en el movimiento del inmediato desaparecer de uno en otro: el devenir. El devenir, traducido ahora en toda su complejidad, hace del ser una desrealización, o, mejor dicho, produce un vaciamiento como principio de cualquier relación o presencia en las que después sea pensado. Otro dardo, razonable, que Hegel le arroja, por encima de la historia, a Heidegger. Y la flecha, impulsada por un inexistente viento cronológico llamado “joven Marx”, da en el blanco, ese color de la ciencia etimológica, donde aquél hizo múltiples incursiones. A propósito de esto sobre el final haré un señalamiento puntual. Nos queda el último mojón de estas derivaciones, la suposición. Decíamos que la suposición, lo supuesto de un pensamiento, es por lo menos dos, un entre. Tal lógica no apunta a las unidades que pueden situarse “entre” Barcelona y Buenos Aires p. ej. Tampoco puede representarse –según una imagen de Heidegger– como “una cuerda tirante entre dos extremos”. Dicho entre es una hendidura plegada. O si queremos alargar para atrás su sentido, es el entre que Freud pone entre la conciencia y el inconsciente. O Marx deslizándolo en el interior de la plusvalía que, como anota, correctamente, Lacan en el seminario de De un Otro al otro, no es ni plus ni valía, sino el “entre” jugado inter palabras, un “plus de valor” (Zuschlag aus Wert, como lo pone Marx). Es notorio adonde apuntamos con este inevitable circunloquio que arrancó con el asunto de la importación conceptual, el problema de la traducción regional o global y la cuestión de la suposición discursiva y no representativa, es decir, más allá del campo reflexivo, quizás con algo de ficción útil. Lo notorio, aunque no sea notable o haya caído al costado de las notas, es que hablamos de la preteridad de los conceptos, de su pertenencia y pertinencia, sin que pueda atribuírseles la propiedad a alguien, lo cual no quiere decir que escaseen los verdaderos instrumentos de captura y apropiación de los mismos. Enseguida despejaré esa noción de “preteridad” que orienta la construcción de los conceptos y el camino del pensamiento. Y, asimismo, señalaré algunas de las guías con que una lógica diferente funda su arquitectura y los senderos para recorrerla y apreciarla. Ello será nada más que un breve colofón. Estimo que usé términos muy fuertes (bueno, este no es un pensiero débole) para nominar a las suposiciones “punto de partida” –como si hubiera uno de llegada– “sin salida”, “carceleras del lenguaje”, etc. Eran matices cercanos a las tesis y tesituras, pero requeridos por la misma forma de lo que es suponer en general, o sea: ocultar en lo dicho lo no dicho del decir, una forma crucial de lo entre. Por lo tanto en el sonido de este develamiento resuena algo parecido a un tamborileo psicoanalítico, cierto que de modo peculiar, acorde con cada oreja. Por eso al manifestar un supuesto se produce un gesto parecido al de arrancar una muela o extraer una espina. Como las muelas, están incrustados. Como las espinas, están clavados. En sintonía con esto dice Hegel “los últimos fundamentos se dan por supuestos… En su método, presuponen ya la lógica, los criterios determinantes y los principios del pensamiento en general”. Ponerle un medio-decir, aturdirse con ellos, no deja de ser una tarea dolorosa, allí donde se suponen y aquí donde se exponen. Con un ejemplo le pondremos un broche a lo que aludimos en la trama de la pertenencia y al entrejuego de la suposición. Es a propósito del nombre propio. Se habrá notado que en él se instala el régimen de posesión, la idea de autor, de patrón del texto –dueño y medida del mismo-; de clave significativa, de unidad de significación, de origen, originalidad y sustancia de lo expresado, de genio irrepetible donde la obra adquiere unidad y sentido, de individuo in-diviso excepcional, conciencia desventurada, alma bella, buena conciencia y demás. Tomemos el nombre propio “Cervantes”, gloria literaria, premio para quienes buscan tenerla, único e intransferible ¿Es así desde el nombre propio? No, por lo menos implica dos suposiciones (suppositio) diferentes. Una, “el manco de Lepanto”. Otra, “el autor del Quijote”. Vale decir el nombre “Cervantes” no se constituye ni en un apelativo ni en el otro, sino entre, en esa falta y exceso de relación inicial que, sin duda, manquea. Así como la nada de Heidegger “nadea” o el verde “verdea”. Otro tanto pasa con Freud, Marx o Husserl que son tales a partir de situarse entre el patronímico y el psicoanálisis, el patronímico y el materialismo histórico o el patronímico y la fenomenología. Entonces, adquiere todo su sentido, desde el sin-sentido que lo dispara, el que algunos sean pensados desde el psicoanálisis, el materialismo histórico, la fenomenología u otras vertientes. Por lo tanto no basta con creer que con la figura del “tonto” (sea Bouvard o Pecuchet) desaparece la “suposición” de sus actos. Sólo se distribuye de una manera inédita e inesperada. La risa los supone a ambos y la absorción popular los convierte en un elemento más del paisaje provincial dislocado. Ello quiere decir que podemos andar por los mares de un pensamiento porque estos ya han establecido sus supuestos, el qué y el quién del mismo, jamás cómo ponerlo a funcionar, cómo realizarlo y cómo se debe pensar. El mar siempre nos precede, cómo navegarlo nunca podremos predecirlo acabadamente. Negar esa precedencia es el riesgo, tan actual, de morir ahogados, sin averiguar si podríamos habernos vanagloriado de saber nadar. Nada menos que haber podido mantener a flote un pensamiento. Colofón prometido: ¿”el verde verdea” es una proposición sin sentido? Otra pregunta ¿es siquiera una proposición que haya sido explorada desde la lógica de Aristóteles a la fecha? Aún, ¿alguna tendencia de la lógica matemática o el análisis de las proposiciones científicas, empiristas o deductivistas, se han ocupado de ellas? De modo general responderíamos que sí ¿Pero para qué? Para exorcizarlas bajo la doble condena de que no debe penetrarlas ni la paradoja ni el tiempo, una introduciendo al otro o viceversa. Esta ceremonia exorcizadora ocupó a los Principia Matemática de B. Russell, así como los ingentes tratados de sus seguidores. Sin embargo, hoy, autores formalistas como Saul Kriple terminan concediendo que “no hay propiedad semántica o sintáctica de un enunciado que pueda garantizar no ser paradójica” (Naming and Necesity). Para ayuntar a los indeseables –el tiempo, la paradoja– entonces será necesario recurrir al infinito malo, estéril o al sonsonete “lenguaje objeto-metalenguaje”, según cierta lógica en curso. Mediante estos pisos de un edificio interminable e insulso se aspira a dar cuenta de la “cientificidad” de un discurso y del estatuto de su complejidad. Sin embargo es sabido desde el siglo XIX que los enunciados y frases tales como: “el inconciente es eterno”, “toda conciencia es falsa conciencia”, “todo arte es pretérito”, “la nada nadea” o “el mundo mundea” no son, en realidad, proposiciones, pues nada se produce en ellas que deba permanecer para ser verificado. Son capas de superficie de una enunciación que les inquieta y hace perder sus límites espacio-temporales, morfológicos y gramaticales, sintácticos y semánticos. El es de alguna de ellas, no responde a la identidad lógico-formal, sino a la “penetración enunciativa” donde el sujeto y el predicado se rebasan mutuamente en el movimiento del lenguaje. Ya no se trata de “propiedades” (tal es más alto que…o más bajo que…), sino de “procesos verbales”, donde el infinitivo es el “modus infinitivus” como dice Heidegger: modo de la ilimitación, de la indeterminabilidad, es decir, el modo según el cual un verbo ejerce y muestra en general el rendimiento y la dirección de su significado. Y qué decir del participio (donde muerden distintas lógicas: del sentido, del resto o parergon, del himen, de la contaminación, de la doble banda, etc.), que participa de dos significados simultáneamente: uno nominal (la rosa floreciente) y otro verbal (lo floreciente opuesto al marchitarse, donde se nombra el proceso del florecer). ¿Adónde hemos llegado? A lo siguiente: la frase “el verde verdea” tiene más realidad indicativa y real imposible que cualquier proposición denotativa como “verde esmeralda” o “verde mar”. La locución marca, además del verde, la incidencia de la luz, la temperatura y otros fenómenos sin el cual el verde no podría “verdear” y ser detectado como tal. Así, la frase en lugar de designar un hecho, realiza una partida doble: designa un estado de cosas y expresa un acontecimiento. El lenguaje encuentra su devenir. Otra lógica es posible. Otras lógicas emergen sin poder ser contenidas en los protocolos de las vigentes, lo cual no les garantiza, como se cree ingenuamente, ninguna pretendida superación por anticipado. Fuente: Algunas condiciones básicas para interpelar la problemática del pensamiento –Coda lunga–. En Elogio del pensamiento. EPBCN, Barcelona, 2015. La Cebra, Adrogué, 2015. Trabajo de selección Gabriela Cardaci.
- Arte poética / Vicente Huidobro
Que el verso sea como una llave Que abra mil puertas. Una hoja cae; algo pasa volando; Cuanto miren los ojos creado sea, Y el alma del oyente quede temblando. Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra; El adjetivo, cuando no da vida, mata. Estamos en el ciclo de los nervios. El músculo cuelga, Como recuerdo, en los museos; Mas no por eso tenemos menos fuerza: El vigor verdadero Reside en la cabeza. Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas! Hacedla florecer en el poema; Sólo para nosotros Viven todas las cosas bajo el Sol. El Poeta es un pequeño Dios. Fuente: Huidobro, Vicente. Arte poética, En El espejo de Agua, 1916
- Zaratustreanas / Fernando Stivala
Leer: abandonar, por un rato, lo que se quiere buscar, para luego quizás volver a encontrarlo. Nos entregamos al viaje de lo escrito. Leer no es quedar víctima de eso que se lee, sino hacer el ejercicio de entender el recorrido propuesto, y después, sí o sí, crear un lenguaje para lo que se necesita. Leer ni para venerar, repetir, consumir, criticar. Leer, un escritorio. En ese acto que parece pasivo, ya hay ideas, imágenes, sensaciones que se ponen a tejer más allá de la voluntad. Leer, una extraña acción. Zaratustreanas entonces, donde leer ya es operar modificaciones. Transformamos mientras nos vamos entregando a esa lectura. Más que una traducción, una transducción. Simondon. Leer, hacer un pasaje. Pasaje de un dispositivo a otro. Pasaje de un visible a un otro visible. No hay pasaje de lo invisible parcial a un visible total. No es un cambio personal de ser una manera u otra. No es de la cárcel a la libertad. Se trata de liberar ciertas potencias, ver cosas que antes no se veían, entrar en relación con cosas que antes no se entraba. No es liberación es micro-política. Las liberaciones micro-políticas tienen elemento local, no definitivo. En ese juego de liberaciones, mientras tanto y en simultáneo, se entra en otras servidumbres. No es la redención de una vez y para siempre. Zaratustreanas, una invitación a leer y accionar. Donde leer y vivir se componen en un mismo movimiento inmanente. Zaratustreanas, una filosofía práctica.
- Alas / Monique Wittig y Sande Zeig
La palabra “ninfas”, que designaba los pequeños labios de la vulva, ha sido sustituida gradualmente por la palabra “alas”, de uso más cómodo. Las alas baten y también transportan. La expresión “tener las alas mojadas” designa todo estado de excitación. Algunas dicen “vas a mojarte las alas” a una amiga que duerme fuera esa noche, sin preocuparse por el rocío, o a aquella que sale cuando una tormenta se avecina. “Volar con sus propias alas” es una expresión cuyo empleo se ha ido perdiendo y cuyo sentido es “conviene volar siempre con alas propias.” Fuente: Wittig, Monique y Zeig, Sande (1976). Borrador para un diccionario de las amantes. Traducción Cristina Peri Rossi. Editorial Lumen. Barcelona 1981.
- Cómo tratar lo que se tiene / Clarice Lispector
Existe un ser que vive dentro de mí como si fuera su casa, y lo es. Se trata de un caballo negro y lustroso que a pesar de completamente salvaje —pues nunca vivió en nadie ni jamás le pusieron riendas ni silla— a pesar de completamente salvaje tiene por eso mismo una dulzura primera de quien no tiene miedo: come a veces de mi mano. Su hocico es húmedo y fresco. Yo beso su hocico. Cuando yo muera, el caballo negro se quedará sin casa y va a sufrir mucho. A menos que escoja otra casa que no tenga miedo de lo que es al mismo tiempo salvaje y suave. Aviso que él no tiene nombre: basta llamarlo y responde. O no responde, pero una vez llamado con dulzura y autoridad él viene. Si olisquea y siente que un cuerpo es libre, trota sin ruidos y viene. Aviso también que no se debe temer su relincho: una se equivoca y cree que es una la que relincha de placer o de cólera. Fuente: Lispector, Clarice (1977). Cómo tratar lo que se tiene. En Revelación de un mundo. Buenos Aires. Adriana Hidalgo Editora, 2005.
- ¿Ante qué obedecemos? / Alude al alud
algunes elegimos la autogestión para que esas instituciones que conviven en loop no nos estanquen, ni nos jerarquicen. No nos obliguen, ni nos hagan llevar la estampita del bien y el mal. ¿Ante qué obedecemos? Ante nuestro propio deseo, nuestro amor por el monte y esas ganas de devolverle como hormigas tanto cuidado. Porque sabemos de la fortaleza en la naturaleza, pero también sabemos del odio, el dinero, el egoísmo y la inconsciencia. Sabemos del dolor cuando vemos arder la casa de cada ser vivo. Pero también, sabemos de esos abrazos al volver, con la cara hecha cenizas, con la tierra en el cuerpo. Sabemos de guisos calientes, de mamachas construidas entre suavidad y guerrilla, entre ternura y fuerza. Como quien tiene la delicadeza de mirar, para así, no perder la sabia urgencia de accionar. dijeron lo imposible de pelear contra esta máquina, lo riesgoso. Nos proveyeron de miedos, dijeron que el planeta no tiene retorno, que ya no hay nada por arreglar, ni por construir. Se empeñan en desunirnos con su reality de poder, transmitiéndolo para la división. Pero sabemos muy bien que rendirse no está en nuestro corazón, que elegimos pelear hasta ese día que nos toque morir. Porque somos vida militante, y así, solo así, en esta comunidad nacida de la fortaleza colectiva, es cómo elegimos transitar. A eso obedecemos. Entre rondas de zapateos y vinos, sabemos decir que, como en los cuentos del Sub, la palabra rendirse no existe en lengua verdadera. Texto escrito luego de los incendios 2021 por una brigadista de la Asamblea Ambiental de San Marcos Sierras.
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











