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- Esto (no) es una peste (de Atenas) / Alejandro Kaufman
En memoria de Juan Molina y Vedia I El paso de una matriz de transformaciones en múltiples órdenes y niveles de la experiencia común no es algo nuevo, no más que en el sentido de lo inesperado de la novedad, de lo recurrente de la novedad, de la novedad como costumbre desde hace varias generaciones, décadas y siglos. Volver sobre la etimología de “moderno” es reiterativo e innecesario, así como de sus prefijos post, hiper, ultra, neo, o cualesquiera que sean. Y, sin embargo, todo indica que no hay acostumbramiento a las transformaciones ni crédito incondicional que dar a lo insoportable de un presunto estancamiento o aburrida estabilidad. Los estados de la conciencia y sus inmediaciones sub, inc. o supra no pueden sino seguir siendo los referentes de los estados de las cosas. Y es por ello que brotan nuevas filosofías de la conciencia, en las que la conciencia deviene una condición extendida, ilimitada, porosa, de magnitudes incontables y categorialmente desacoplada. Estado de las cosas en que todo lo que la conciencia cuente como existente concierne a una misma matriz de circulación de sentidos, sin totalización, y con modos múltiples de reciprocidad. Una cuestión sería qué nos sucede mientras todo ello sucede. Eso no lo sabemos ni lo podremos saber. Si apenas registráramos que ello sucede con expectativas deconfluir en la conversación ¿pública? ya sería un logro si a tal meta pudiéramos aproximarnos. No es así, sino que más bien, como tantas veces ha sucedido en la historia cultural, círculos limitados comparten intelecciones en involuntario secreto frente a audiencias proteicas. Tampoco es nueva esta circunstancia, provista de una profusa tradición hagiográfica. La diferencia es la convivencia de nuevo cuño entre discursividades herméticas y el modo público en que no pueden sino estar expuestas y en riesgo de inocuidad, cuando no de irrisión o irrelevancia. Irrelevancia es el rasgo dominante de las innumerables producciones discursivas estructuradas como series elaboradas con métodos postindustriales y lanzadas a la circulación neuromántica. No nos reconocemos en la neuromancia distópica que nos envuelve porque aun podemos vernos y simbolizarnos en corporeidades sustantivas que comen, duermen, tienen frío o calor y mueren en unidades de cuidados intensivos por covid 19, mientras otras no dejan de nacer y apuntar al futuro. Habitamos entonces tal neuromancia ciborg, monstruo dotado de corporeidad paulatinamente colonizada por acciones nanomoleculares. Pero todo lo hasta aquí anotado no deja de agraviarse por una retórica tecno mientras de esas hibridaciones participan de manera concomitante e inescindible arcaísmos y supersticiones que salen tanto de los libros que recuerdan cuentos de hadas, como de los textos sagrados interpretados a modo de manuales para acometer atentados y exacciones, o de las narrativas retroactivas que claman por todas las injusticias transcurridas en milenarias memorias. Ficciones que nos anteceden, mientras también se siguen escribiendo y filmando, reguladas por didascalias fantásticas de unicornios, sirenas y cisnes negros. No es casual, ni mera metáfora que algunas de esas expresiones se apliquen a sucesos ultratecnológicos: al final se trata del mismo asunto fantástico. Tal vez le haya llegado la hora a la revelación de esa superposición afín entre lo fantástico y lo tecno. Hallaríamos en esa afinidad otro de los hilos que dan cuenta de la inmersión en que nos encontramos, alternando de modo indistinto entre onirismo y materia. II La conciencia tal como la entendemos tiene como condición de posibilidad a la ciudad. Podríamos o querríamos decir que la ciudad es la conciencia misma, no tanto en el sentido habitual de la polis sino del modo en que el habitar urbano configura la existencia tal como nos constituye. El habitar urbano es un asunto de distancias, la mayor lejanía situada en la mayor cercanía. Cuanto mayor la cercanía, mayor la separación. Ciudad es estar en reunión y separación, cerca y lejos, en comunicación y en aislamiento. La ciudad se edifica sobre el cuerpo y su conciencia como una extensión de aquello que en los cuerpos une y separa entre vigilia y sueño, memoria y olvido, quietud y movimiento, deambulación y asiento. La politicidad urbana reside en cómo devienen y se gobiernan esas relaciones contradictorias, opuestas y combinadas. Se realiza en la existencia urbana el modo espaciotemporal de la relación entre lo individual, el nombre propio, el cuerpo y la localización, por un lado, y lo colectivo, el anonimato, la matriz catastral, el devenir en fuga, por otro. ¿Por qué traer aquí y ahora el diagrama de lo urbano? Porque transcurrimos un evento -el pandémico- que en sus propios términos se encuentra por debajo de la conciencia y por fuera de lo urbano. Se pretende su advenimiento desde afuera, desde lejos, aunque es lo inherente a lo urbano aquello que lo hace posible, la masiva cercanía entre cuerpos. En las imágenes alegóricas que algunas veces procuraron narrar la pandemia en estos meses, más de una vez se hizo empleo de las filas formadas por fichas de dominó, cuando al caer una de ellas derriba filas tan largas como se quiera, todo a partir de un solo movimiento. Para ello, las fichas tienen que estar a una cierta distancia que las separe pero que también las coloque en la cercanía necesaria para que caiga cada una sobre la siguiente. Es una imagen virtuosa del contagio, de su prevención y de su eliminación a través de la distancia. Cuando advienen eventos de contagio infeccioso masivo, la cercanía que en la ciudad es cifra de la vida se convierte en su inversión letal. Suelen sorprenderse quienes hallan que en la historia de las epidemias y pandemias, independientemente de la vigencia de diversos paradigmas inconmensurables entre sí sobre lo que en la actualidad denominamos biología, algunas de las prácticas realizadas para la defensa contra los agentes infecciosos fueran muy similares o idénticas, en particular el distanciamiento y el confinamiento domiciliario. También parece sorprendente que intereses comerciales poderosos se hubieran opuesto con anterioridad a tales cuidados. La continuidad entre estos comportamientos, su recurrencia, no obedece a algún misterioso conocimiento intuitivo sobre los gérmenes, irrelevante argumento por su ausencia completa de relación con el asunto -en términos históricos-, sino con que desde que existen ciudades y epidemias, quienes construyen ciudades para establecer relaciones sociales urbanas conciben también cómo invertir los términos de lo que construyeron cuando su propia obra se les vuelve en contra. Los constructores de ciudades encarnan como saber inmanente aquello que la ciudad hace posible como condición, tanto en realización del propósito que anima a lo urbano, como de la desgracia que propicia cuando se interponen eventos letales solo posibles del modo en que sobrevienen en la existencia urbana. Constructores de ciudades son quienes participan en su existencia de todas las maneras posibles. Es como decir hablantes competentes o actores sociales. Si la ciudad es una forma de la conciencia, contiene, como fue mencionado, sus capas inferiores, ocultas a las elevadas por encima. No son meras metáforas las que conciben a la conciencia y sus alrededores como edificios, estructuras e infraestructuras, no son caprichosas transposiciones ni son arbitrarias, sino consecutivas derivaciones de las configuraciones lingüísticas y proactivas que denominamos alma, espíritu, mente, psique y tantas otras denominaciones ensayadas durante siglos. No es que el cuerpo consciente haya determinado a la ciudad ni lo contrario. Cuerpo y ciudad son co-creaciones que han evolucionado en forma combinada. A ello se debe que los eventos contagiosos masivos lesionen la existencia urbana, porque imponen la quiebra de su habitabilidad. Gobernar a la ciudad es gobernar conciencias y cuerpos situados en obediencia a los ordenamientos que determinan la estructura urbana. Así Wittgenstein, cuando comparó al lenguaje con una ciudad en las Investigaciones filosóficas (§18). “Nuestro lenguaje puede verse como una vieja ciudad: una maraña de callejas y plazas, de viejas y nuevas casas, y de casas con anexos de diversos períodos; esto rodeado de un conjunto de barrios nuevos con calles rectas y regulares y con casas uniformes.” Es característico de la conciencia identificarla con el detrimento de lo onírico y del olvido, cuyas acciones sobre aquella nos son extranjeras. Sucede entonces con los cuerpos lo que con las ciudades porque ambos son constitutivos de una misma existencia, sin perjuicio de conflictos y contradicciones. Así, las calamidades que los eventos contagiosos masivos nos deparan dan lugar a estados del ánimo y de la conciencia tan atribulados como los daños que los cuerpos padecen por las afecciones sobrevenidas, sea el sufrimiento, sea la muerte.Es que otros rasgos de eventos epidémicos del pasado no se reiteran porque atravesamos épocas técnicas, sobre todo en los últimos cincuenta años, en que los sucesos adoptan características inconmensurables con las del pasado, que además no paran de transformarse en formas irreconocibles para anteriores experiencias, tanto que aun lo que en la actualidad experimentamos es muy diferente y ajeno a epidemias como las de polio de mediados del siglo XX y aun a epidemias como las del HIV del siglo pasado. Quién sabe si una versión del siglo XXI corto no habrá comenzado en estos meses aciagos, y si el siglo XX largo no habrá terminado con este suceso. Con el lenguaje, que nos une y nos separa como lo hace la ciudad, ocurre asimismo igual que con la estructuración de la conciencia y sus alrededores, todo ello como parte de la tríada de homologías que llamamos lo humano, y que, como decíamos, se compone de cuerpo, lenguaje y urbe. Los tres componentes de la tríada, unos más antiguos que otros pero todos procedentes de tiempos que nos resultan inmemoriales, llevan consigo la carga del pasado y del olvido, carga que nutre lo gravoso que una conciencia experimenta frente a lo que se le opone como adversidad. III Interés de la técnica, entonces, como entramado sustraído a la conciencia.Solemos hablar de lo nuevo y porvenir, y por lo tanto soñamos despiertos con el futuro y lo traemos a la conciencia. Cuando la técnica se vuelve habitual consuma su realización consistente en no ser motivo de la conciencia sino hábito inmanente a la praxis, y por lo tanto solo objeto de celebración heroica en efemérides y demás ocasiones, pero presencia perenne en la materialidad inerte que nos circunda y constituye, como si fueran nuestros cuerpos orgánicos y sus actividades funcionales silenciosas e ignoradas. Una máxima ya clásica decía que la “salud es la vida en el silencio de los órganos”. Es el mismo silencio que les requerimos a los artefactos y a sus redes que nos sirven, que realicen lo que les es encomendado y que no se hagan oír. Desde que adviene la técnica como porvenir promesante hasta que se instala en el silencio suele transcurrir un proceso por lo general largo, gravoso y a veces trágico, por lo general interminable, como es el caso del tránsito automotor, constitutivo de la urbe contemporánea tanto o hasta más que las viviendas sometidas al dominio del coche automóvil. Cada vez que nombramos “técnica” o alguno de sus elementos delimitados como objetos que nos encaran y sirven a nuestros deseos, en esa propia operación denominativa tiene lugar desde el comienzo la sustracción a la conciencia de lo que se entrama. Decimos automóvil y se nos representa el artefacto libertario, hecho de eros y velocidad, prestigio y utilidad, prosperidad económica y disminución del desempleo, y creemos haberlo contextualizado. La historia centenaria del automóvil es también la del interminable conflicto heterogéneo y polimorfo que dio forma a las ciudades que habitamos, desde el libre discurrir entre máquinas y cuerpos en benévola convivencia callejera hasta los actuales códigos de tránsito. El trayecto desde las utopías de hace más de un siglo, entonces soñantes con autos voladores y anhelos sinfín de ícaros triunfantes, hasta las actuales tribulaciones que el urbano catálogo creciente nos ofrece maldiciente del coche automotor, nos remite al relato ejemplar de como procede la sustracción a la conciencia. El coche automotor mantiene indemne su prestigio y su valor simbólico. Subrepticiamente la megamáquina industrial automotriz repta por su supervivencia, de las mil maneras en que lo hace, desde la premonición en favor de otras energías hasta la recuperación de las deambulaciones urbanas animadas por la acción corpórea directa e inmediata, el retorno del caminar, la hospitalidad para la bicicleta, y así siguiendo. Nunca hubo un clamor masivo motivado por las restricciones a la libertad y a la circulación causadas por los códigos de tránsito ni de lejos comparable con las objeciones y padecimientos alegados por las medidas sanitarias de distanciamiento y devenir protocolo del covid 19. Nunca se objetó que no pueda manejar un auto alguien que no fuera aprobado por los códigos de tránsito según normas de una estrictez que no es casi comparable con ninguna otra práctica generalizada del común. Tendría que llamar la atención la enorme dificultad y casi inviabilidad con mucha frecuencia de hacer cumplir prevenciones sanitarias en estos tiempos en comparación con el modo en que habitamos la circulación urbana, nuestra cotidianeidad automotora. Lo primero que hay que hacer respecto de esta contrastación es abandonar toda propensión moralista del tipo, si es así con esto, cómo no es igual con esto otro. Propensiones que nos trasegaron durante la pandemia como objeciones de preescolar, cómo si se permite esto no se permite esto otro. Propensiones morales determinadas por la concatenación deslindada entre agencia y experiencia, que enfrenta lo inmediato sin más, desligado de toda referencia comprensiva. Se cifra en esa figuración el carácter performativo de la técnica, modo tautológico de la preeminencia. Se hace lo que se hace porque se puede hacer, y cualquier otra consideración es expulsada de la conciencia. No obstante: no ocurre así como por un acto mágico de chasquear los dedos. Los códigos de tránsito se instalaron y se impusieron, se naturalizaron y convirtieron en hábitos a lo largo de décadas durante las cuales en el mismo marco en que todo ello ocurrió se estuvieron contabilizando las muertes y morbilidades resultantes de manera que podríamos describir como discreta. Imaginemos qué destino habría tenido el tránsito automotor si se comunicaran las muertes y morbilidades del modo en que durante estos casi dos años se hizo con fallecimientos y contagios. Apliquemos este contraste a lo que se nos ocurra y obtendremos resultados sorprendentes sin que por ello pierda su lugar de privilegio el tránsito automotor. De modo que no es la propensión moral lo que nos interesa de la comparación efectuada. En el contraste surge otra variable: al estado actual de la naturalización automotora llegamos durante más de un siglo, sin alcanzar una culminación virtuosa, sino solo un estado continuo de conflicto en sordina. Naturalización automotora es gobernanza automotora, obediencia a los códigos de tránsito. Expresión esta última utilizada para sintetizar todo el asunto. No es la norma jurídica lo que define el “código de tránsito”, sino que en esa expresión, para darle su sentido cabal, hay que comprender toda la escala vertical de relaciones: cuerpo, lengua y urbe. El repertorio abarcado por lo que implica el automotor podría agotar de manera exhaustiva el sentido de lo que entendemos por contemporaneidad. La organización del tiempo, las distancias urbanas, la configuración, diseño y planificación, la gestión de la ira y del placer en el movimiento continuo, las road movies. Y también las multitudes que no participan del devenir automotor o lo hacen de maneras tangentes o laterales. Bastaría mencionar que para conducir un automotor hay que cumplir con pruebas y requisitos a los que nadie acusa de autoritarismo limitante de derechos libertarios. Sabemos que hay ciudades en las que la vida cotidiana se vuelve bastante complicada si no se cuenta con una licencia de conducir, como también importa que conducir no es obligatorio, sino una actividad de la que se puede prescindir sin aparentes consecuencias, del mismo modo que se puede no concurrir a un restaurante, o a un teatro, o viajar a otro país en medio de una pandemia. La pregunta alternativa a la propensión moral es porqué es tan difícil detener globalmente una pandemia cuando hemos sabido más o menos pronto exactamente cómo hacerlo y en algunas, varias, regiones y localizaciones se lo comprobó de modo empírico. Abordar el asunto tiene relevancia ahora ya no como tópico epidemiológico inmediato, sino retroactivo para analizar lo acontecido y futuro para el respectivo aprendizaje posible y necesario. Aclaración preventiva: siempre hubo luchas sociales contra el imperio del coche. Es asunto de escalas y temporalidades el sustento de los cotejos. IV Los apologetas del capitalismo se complacen en exhibir curvas correlativas de la historia civilizatoria, toda ellas cercanas al plano hasta que en los últimos doscientos años a varias décadas recientes constatan un ascenso vertical de los productos brutos, la expectativa de vida, la población mundial, en fin, la prosperidad. No suelen relevar dos de los aspectos decisivos que hicieron posibles esos crecimientos, vinculados ambos de manera estrecha con la habitabilidad urbana: la configuración higienista moderna de la vida citadina y las vacunas. No les interesan, además de que hemos visto cómo vienen de antagonizarlas de manera brutal, porque a los efectos de los impúdicos y ultrajantes discursos que profieren, ambos aspectos vienen a ser “comunistas” para ellos, y por lo tanto despreciables para sus an-eticidades monádicas. Sin el higienismo y las vacunas no habríamos conseguido nada que se asemejara ni de lejos a las actuales condiciones de la vida urbana. Son su premisa ineludible, y la razón por la que la calamidad ahora acontecida es tan gravosa, porque puso en tela de juicio un pilar de la vida urbana contemporánea que conformaba una implicación naturalizada e indiscutible. Sin perjuicio de lo contradictorio y combinado que en todas sus dimensiones es lo que llamamos progreso moderno, la pandemia golpeó en los cimientos de la civilización técnica independientemente de las totalizaciones que se le pretenden endilgar, como si por tratarse de un mega evento entonces cualquier cosa que pensemos adversativamente de la actualidad se le pudiese atribuir. La pandemia es, o fue, todavía no lo sabemos, un evento simple que golpeó la fibra vulnerable de una mundanidad hipercompleja que, no obstante, y es lo difícil de comprender -lo contraintuitivo-, pudo derrumbarse, interferirse por la fuerza de la palanca en el punto de apoyo preciso para derribar tal mole colosal. Puso en evidencia fáctica cómo la contracara de esa curva exponencial que tanto se complacen en ostentar es la extrema vulnerabilidad del Goliat civilizatorio, susceptible de demolición por cualquier pedregullo disparado por el David certero que acierte a cruzarse. En esta ocasión el Coronavirus es la piedra arrojada por la honda. Y si la imagen de la demolición con su dramaticidad parece ajustarse a la calamidad pandémica, no sucede lo mismo con lo que sabemos de la historia de la peste. Inercia lingüística que nos impone palabras desacopladas de la actualidad con sus significaciones legadas de experiencias pasadas. Fue esa inercia la que con toda probabilidad alimentó susceptibilidades y temores hacia los estados de excepción. Se nos figuraron imágenes primarias de las condiciones de caos e ingobernabilidad, disolución política de otras épocas que con razón fueron objeto de polémica con talantes supuestamente más sensatos, que aducían tanto la presunta menor mortalidad del covid 19 en relación a casos históricos tantas veces más letales, como la ausencia o solo acaecimientos bastante limitados de escenas luctuosas y horrorosas a la manera de los testimonios legados del pasado. Hubo un caos, pero no fue ese, ni el imaginado, ni el temido. En relación a aquellas figuraciones temidas, entonces la pandemia fungió como fake news por el contraste entre memorias y sucesos presentes. Ese contraste se sumó a lo que podríamos designar como inconsciente urbano, el entramado de los múltiples y heterogéneos sustentos estructurales de nuestras formas de vida por debajo y por fuera de nuestras enunciaciones manifiestas. Las recomendaciones protocolares y conductuales, sobre todo acerca de distanciar a los cuerpos entre sí, habrían requerido largos periodos de acostumbramiento, prédicas disciplinarias, educación masiva, tal como sucedió con la mayoría de las prácticas técnicas que habitamos y que devinieron costumbre después de muchos años. Se llamó protocolos a supuestos necesarios de acostumbramiento disciplinario que no pudieron instalarse en pocos meses, como no se puede aprender a nadar en medio de un naufragio. Falta una crítica radical pública de los discursos optimistas del emprendimiento tecnológico, siempre formulados como enunciaciones mágicas, sustraídas a la prueba de los cuerpos, de los repertorios lingüísticos y de las resistencias estructurales de las ciudades, todos ellos territorios que formulan sus exigencias y limitaciones siempre mudas y verificadas en largos procesos de interacción recíproca, como sucedió con el transporte automotor (¡tan solo un ejemplo significativo por su relevancia y magnitud: en modo alguno excepcional!). Las prácticas encarnadas en los cuerpos realmente existentes son la fuente laboratorial de cualquier transformación de las costumbres, mediante la distribución disciplinaria, ya sea en colectivos especializados como los educativos, securitarios, bomberos o de salud, o en la población general, que se adapta a hábitos actitudinales variantes. Los imaginarios normativos proceden como las anunciaciones tecnológicas, como encantamientos a los que se atribuyen obediencias y determinaciones causales. En cualquier caso, los cuerpos realmente existentes y sus actitudes, resistencias y adhesiones determinan el acontecer efectivo. Así sucede con el conjunto de los sucesos sociales, y lo mismo ocurrió y ocurre con la pandemia. Habrá mucho que discurrir para caracterizar lo caótico en las entrelíneas de una civilización técnica dotada en forma plena de sus capacidades industriales, de circulación y cálculo actuarial, pronosticador, relevador de sucesos analizados estadísticamente. Porque no sucedió el caos imaginado para las expectativas propiciadas por las narraciones apocalípticas y porque tampoco sucedió lo que auguraba la temida repetición de las memorias se produjo otro trastorno de nuevo tipo que puso en crisis narrativas, imágenes, saberes e interlocuciones, que ocasionó nuevos temores, y lesionó las politicidades estatales, aun cuando fueron las únicas instancias que contuvieron sin solución de continuidad las situaciones vividas. Nos encontramos ante esa paradoja, las herramientas organizacionales que más sufrieron, las concernientes a los estados nacionales, fueron las únicas que tuvieron eficacia para controlar los sucesos, mientras que otras, como las corporaciones capitalistas, solo oficiaron de obstáculos pánicos especulativos, responsables de indeterminables pérdidas de vidas. Lo conjeturable es por fin que el mega evento pandémico no pertenece al mismo orden de cosas con el que se lo confunde, el del antropoceno en curso a la extinción, ni tampoco en general, como tal, a la propia lógica del capitalismo. Sin ser ajeno a todo ello, la magnitud y proliferación del evento es la forma actual en que acontecen los contagios masivos letales, diferente de cómo sucedieron en el pasado, radicalmente diferente, y, sin embargo, en relación de continuidad con las tres instancias civilizatorias que han mantenido su vigencia desde tiempos remotos: corporeidad, lingüisticidad y urbanicidad. Enfrentamos el umbral de una mutación radical de las tres, en un estado general de resignación y declinación de toda responsabilidad respecto del porvenir que nos afecta, aparte de algunos gestos de cortesía. Quizás la naturaleza disruptiva y regresiva del acontecimiento pandémico ofrezca mayores oportunidades de crítica de lo existente si se le reconocen sus singularidades discontinuas que si se lo confunde de manera superficial con los prevalecientes relatos apocalípticos expiatorios que no atinamos a ponderar. Necesitamos distinguir entre las narrativas promovidas por una industria cultural extractiva devastadora de nuestras subjetividades y las necesarias derivas de una crítica política y cultural emancipadora e independiente de las maniobras confusionales del Capital. En definitiva, necesitamos revisar de modo crítico el borde del abismo al que, mientras nos empujan, poderes formidables desde la retaguardia pretenden sobrevivir a costa de la existencia planetaria misma. Fuente: El Ojo Mocho. Primavera Verano 2021-2022. Buenos Aires.
- Vivir con virus. Relatos de la vida cotidiana (Prólogos) / Marta Dillon
Prólogo Este libro empezó a escribirse hace más de veinte años. El punto final del texto que sigue fue puesto hace más de diez. En el medio, la rutina de escribir cada domingo la columna que saldría publicada en el suplemento No, del diario Página/12. Una enorme ternura me envuelve frente a la nueva puesta en papel de esta red de palabras que una vez me salvaron la vida. Ternura por esa que fui, por la ingenuidad que sobrevive entre líneas, por las comas y los puntos que sobran por todos lados, por esa heterosexualidad convencida de la que me fugué con tanto placer. Todo está dicho en las páginas que siguen, conservé el prólogo de la edición original, del año 2004, en honor a esa sucesión de presentes que hilvanan una trayectoria vital. Muchas cosas han cambiado desde entonces, ahora sabemos que los tratamientos para el vih-sida son realmente efectivos, que el estigma se ha morigerado al mismo tiempo que se aplazó la amenaza de muerte y que hasta se puede prescindir de los condones cuando la carga viral permanece indetectable. Otras siguen igual, hay cuerpos que importan y otros que no, quienes mueren por causas relacionadas al vih sida son en su enorme mayoría pobres, personas trans, indi*s, negr*s; excluid*s. Pero no tengo intenciones de hablar sobre sida, aunque ahí está el origen de esta trama. Este es un libro sobre el duelo y la fiesta. El duelo recurrente que se instala cada vez que aparece, como el dibujo de un rayo sobre el telón de la noche, la conciencia de la muerte. La fiesta que alumbra ese contraste, la intensidad que ofrece saber que todo se termina, todo pasa, no hay nada más que estar presente. Ahora. Sé, sin ninguna jactancia, que este libro ha acompañado a muchas personas. Y cada una de ellas me ha ayudado a mí en el tránsito de los años, los amores y los desamores, las pérdidas y las conquistas. Así como aprendí que no es posible apresar más que este latido fugaz que ahora mismo dice mi nombre, aprendí también que no hay vida para mí fuera de la trama colectiva, de la amistad, del afecto, del reconocimiento en los ojos de otra, de otro. Es en la comunidad donde existo, resisto, amo. Aunque las constelaciones muten y sus diseños a veces se tracen sobre heridas. Perseguir sueños es tan vital como estar despierta, ahora mismo, en esta encrucijada cotidiana de tiempo y espacio, carne y hueso, amor y dolor. ¿Soy la misma que escribió lo que sigue? ¿Cuánto me he transformado con el paso de los años? Mi cuerpo acusa el paso del tiempo, mi deseo se despega de la linealidad que impone contar los años de a uno en uno. El deseo intacto, la sed de poesía, el cuerpo, este que tengo con todas sus marcas, sus arrugas, sus fortalezas y debilidades; todo eso está dispuesto. Eso no ha cambiado y por eso es que me animo a esta reedición, a ofrecer la ingenuidad de cuando era joven ahora que no lo soy. Porque sé que esa gema que descubrí un día está ahí, alumbrando. Es ese fuego de la tapa, el fuego que guardamos en el corazón. El calor que nos impulsa cada día, a un día más. Y a otro, a otro más. Marzo de 2016 ~~~ Prólogo a la edición 2004 Recibí mi diagnóstico de vih positivo en el Hospital Ramos Mejía, después de una corta internación y a pocos meses de haber asistido a la muerte de una amiga. Esa agonía lenta pero amable -si es posible usar esa palabra- ya me había cambiado la vida. Con algunos vaivenes, había empezado a desprenderme de lo que me hacía mal y yo asumía como una condena necesaria, vaya a saber por qué. La muerte se había impuesto como una noche polar que me obligaba a encender candelas a cualquier hora para rasgar su manto. No había tiempo que perder. Ese tiempo en que la despedida era una frontera a la que nos acercábamos como exiliados quienes estuvimos cerca de Liliana Maresca -un desgarro y un alivio- fue como tirar piedras en el camino para no perderme cuando me tocara transitarlo otra vez. Sin embargo, salí corriendo del consultorio en el que me dieron la noticia sin ofrecerme un asiento. Necesitaba aire, cielo, tierra donde poder vomitar, devolver eso que no podía corresponderme a mí. Fue una leve arcada, al final. Unas cuantas convulsiones de llanto. Es que la muerte, tan próxima que se la podía oler, era inexorable entonces para quienes vivíamos con vih. ¿Cuánto podía faltar para que la mía encontrara su diseño? Calculé diez años, diez años de sobrevida, para usar el léxico médico contra el que me rebelé de inmediato. No quería escuchar hablar de sobrevida, ni siquiera de vivir más. Yo quería vivir bien. ¿Y qué es eso? Los diez años se están cumpliendo al fin de 2004 y la respuesta sigue siendo tan imposible de sujetar como un jabón en la bañera. Nunca es tan trascendente como supuse en el primer instante, cuando la despedida tenía un nombre y hasta una fecha detrás de la postal que dejaría en la memoria de mis amores. Pero el contraste del principio, esa nitidez abrumadora con la que podía ver la belleza de los actos cotidianos, sentir el abrazo de los amigos, el mareo del amor, la fortuna de ayudar a crecer a mi hija, el milagro de que amanezca cada vez, eso lo conservo como un talismán al que pido fuerza en los días malos. Cuando la pena me obliga a recordar cuánto vale. Empecé a escribir la columna Convivir con Virus en el suplemento No de Página/12 en octubre de 1995, mientras trabajaba como una obrera sobre mi cuerpo para resistir lo inexorable. No existían los cócteles de tres drogas que cambiarían la historia -todavía no sabemos cuánto- y yo me negaba a tomar la medicación disponible. ¿Para qué? La gente se moría a mi alrededor. Cada vez que lo pienso me sorprendo de cuánta gente que conocí murió de sida. Pasaron los ochenta con su breve euforia de final de dictadura y dejaron un tendal sin que se haya podido digerir que unos pocos juegos oscuros, que sí, probablemente fueran un coqueteo con la muerte, se hayan vuelto absurdamente literales. Yo no quería quedar pegada en esa foto. Yo quería vivir, al menos el tiempo suficiente como para tallar mi nombre en algún lado, que tuviera sentido este paso por la Tierra. Quería distinguirme del abrupto destino de mi madre -heroína de ojos azules que nunca envejeció-. La secuestraron en 1976 y todavía está desaparecida. Las columnas, entonces, eran como una soga tejida con palabras que daba seguridad a mis pasos. Cada domingo me sentaba frente a la computadora y me obligaba a pensar en los pequeños cambios, los mínimos premios que me traía la conciencia de que vivir era una sucesión de momentos que merecían ser saboreados. Después, después ya se vería. El tiempo domestica ese fulgor de los primeros días, lo convierte en un rescoldo en el que es posible calentarse las manos y conservar la esperanza del fuego que vuelve a encenderse cada tanto, que a veces me consume pero nunca tanto como para agotar el combustible que arderá otra vez. Y otra más. El tiempo, es cierto, vino de la mano de unas cuantas drogas, y de ese deseo siempre despierto que me ayudó a tomarlas a tiempo, a soportar las náuseas, los inconvenientes digestivos, la nostalgia de no apagarme cuando todavía era una estrella refulgente y las transformaciones de mi cuerpo delatan que envejecer no será tan romántico como creía, menos en estas coordenadas de tiempo y espacio en las que el fulgor es un fósforo encendido a la intemperie. A pesar de los resultados, sigue habiendo quien prefiere mirar hacia otro lado y no atenderse, como si las pastillas fueran un recordatorio diario de esa amenaza latente que anida en la propia sangre. De hecho lo son, y no sólo para quien las toma; también para quien las descubre, por ejemplo, en mi mesa de luz. Pero en definitiva esa es mi realidad y desde el principio entendí que la única manera de defenderme del rechazo era haciéndome cargo. Y tal vez para ahorrarme algunos pasos es que decidí escribir en las columnas en primera persona. Por lo menos tendría algo escrito para ahorrarme palabras que a veces quedan en la garganta como una espina atravesada. Releyendo las primeras columnas, la vergüenza acude como un torrente de sangre sobre las mejillas. Me siento como un pastor con un megáfono en una plaza cualquiera contando cómo dejé las drogas. Pero está bi en así, yo creía que tenía algo que comunicar y lo cierto es que siempre sentí que había alguien del otro lado del papel de diario. Durante los tres primeros años recibí muchas cartas, manuscritas, con estampilla y remitente. Después empezaron a llegar los mails; ya nadie escribe cartas, mucho menos a los diarios. Así de vertiginoso es el tiempo. De ese ida y vuelta surgieron muchas historias que están en estas páginas, que me dieron el ejemplo y también me llenaron de impotencia; por todo lo que se pudo evitar. Por los abismos que se abren entre quienes pueden decir lo que les pasa y quienes no. Entre quienes comemos todos los días y quienes apenas lo consiguen. Entre quienes podemos trabajar a pesar de lo que digan nuestros análisis clínicos y quienes encuentran ahí una barrera que los deja en el margen. El viaje interior que significaba Convivir con virus, entonces, se abrió a otros rumbos, otras voces, otros escenarios. Las columnas hablaban de mí y de quienes como yo vivían con vih y de quienes no, porque en definitiva estamos todos obligados a convivir y los encuentros se producen sin pedirle permiso al virus. Yo aprendí a sentir el miedo en los otros como un olor, un olor que me da una náusea que tengo que contener mientras pido paciencia para ver si hay algo más allá. Y lo cierto es que sí, hay más. Muchas cosas cambiaron desde que empecé a escribir las columnas. Algunas permanecen, como fotos, fijas en el tiempo. Ciertos estereotipos parecen tallados en piedra, inmóviles, mostrando imágenes remanidas, atadas a camas de hospital, a una sexualidad en particular, a un modo de emprender la vida a garrotazos. Todavía el silencio es una constante para quienes viven con vih, como son constantes y progresivas las nuevas infecciones. Claro que cada vez los que se infectan son más pobres, más marginales; y en este grupo cada vez son más las mujeres. Sin embargo, todavía no se ha conseguido asegurar la educación sexual en las escuelas para que cada cual pueda decidir en libertad cómo y con quién desea relacionarse. Y aunque parezca un chiste, la Iglesia Católica todavía insiste en que no se puede fomentar el uso de preservativos. Por eso, aunque haya dejado de escribir las columnas cada semana, sigo creyendo que está bueno poner algunas cosas en palabras para arrancarlas del territorio del miedo, para quitarles solemnidad, para darnos abrigo. Eso fue lo que intenté en estos años, entre el pesimismo de algunos días y la euforia de otros es posible encontrar un equilibrio. Yo busco la orientación en ese talismán del principio, y en el recuerdo de mis amigos muertos. Ellos viven en mi corazón y en cada una de estas líneas. A ellos y a ellas quisiera darles las gracias por lo que me enseñaron y porque elijo creer que algún día me esperarán del otro lado y nos reiremos juntos y para mí no será tan difícil el paso. Cada uno elige creer en lo que puede. Yo creo que mientras el deseo esté despierto siempre se encuentran frutos para calmarlo, hasta que pida más y haya que volver a buscar. Que el amor es el perfume, y que lo exuda tanto mi hija como mi amante, mi familia, mis amigos. Esa es mi clave, mi contraseña para cuando me olvido. Es el deseo lo que brilla en los ojos. No hay pastillas que alcancen si se pierde la ilusión y el hambre de que el día descubra su sorpresa, aunque a veces haya que remontarlo desde el fondo de un ojo oceánico. Septiembre de 2004 * publicado en Convivir con virus. Relatos de la vida cotidiana. La Plata, EDULP, 2016.
- Nadie hablará del SIDA cuando estemos muertas / Sejo Carrascosa
He llegado a creer una y otra vez que lo que es más importante para mí debe hablarse, hacerse verbal y compartirse, aun con el riesgo de que el mensaje sea tergiversado o incomprendido. Audre Lorde La historia del sida estará llena de silencios, los silencios de todas las personas que murieron entre el miedo y el estigma. El silencio de las vidas truncadas de aquellos cuerpos que no comprendían cómo el placer tenía un precio tan caro. ¿Desde dónde articular las palabras? ¿Serán estas el eco de aquellos silencios que significaban la muerte? Hablar del sida es encarnar la vergüenza de sentirse superviviente. Su historia es la de un virus en continua mutación. El VIH sida hace mutaciones continuas en los cuerpos en los que se encarna. El virus muta desde la enfermedad a la muerte, del estigma al control. El lenguaje es un virus, sentencia William Burroughs, pero el virus también es un lenguaje. El lenguaje del VIH está en continua transformación y gracias a ella empezamos a conocer y usar palabras mientras el virus crecía en nuestros cuerpos. Aprendimos a encontrarlo, aprendimos que había pruebas como Elisa o PCR, aprendimos cómo medir sus efectos en la cuenta atrás de los CD4, aprendimos a nombrar sus tránsitos, sus caminos, infección, contagio, transmisión, también aprendimos las patologías que generaba, herpes zóster, pneumonia carinii, sarcoma de Kaposi, toxoplasmosis, aprendimos, con desesperanza, los nombres para combatirlo, inhibidores, Abacavir, Nevirapina, Kaletra, terapia antirretroviral de gran actividad TARGA…, aprendimos a saber de su estado, número de copias, indetectable, y a nombrar las formas de su prevención, condón, profilaxis post exposición, profilaxis pre exposición… Nuevas palabras, tropos y nuevas nociones que se han ido acumulando necesariamente en el diccionario para matizar términos como enfermedad, estigma, sexo desviado, muerte… Un diccionario que quizá se finalice pronto con la erradicación del virus. Palabras y términos que quedarán en desuso como tantas otras que pasaron a la historia, como también lo hará el sida. Pero cuando todo se acabe y nadie se acuerde de nosotras, cuando las muertes sean solo eso, muertes, el sida permanecerá como un nuevo lenguaje que generó una nueva forma de leer los cuerpos, de crear subjetividades, de nuevas formas de control social, de nuevos paradigmas. El sida quedará como aquella gramática que sirvió para adecuar la abyección a su tiempo. Pero antes de que el sida desaparezca, seguimos asistiendo a nuevas imágenes y tropos que afectan, sobre todo, a los gais, a su identidad y relaciones, a sus formas de vivir y sus sexualidades. La prevención de la transmisión del VIH se ha ido adecuando y asistimos a una de sus últimas y sofisticadas formas: la profilaxis preexposición (PrEP). Algo que trasciende la misma noción de prevención. Si las palabras pueden generar cosas, en este caso un medicamento puede generar realidades ajenas a su efecto. Esta es una forma novedosa de generación de realidad que va más allá de lo que se entiende por el concepto de salud. No sirva lo de abajo sino como un conato, disperso, de extraño rigor y no ausente de pedantería, de reflexionar sobre lo que supone este método de prevención y alguna de sus indeseables consecuencias. Las reflexiones de un cuerpo seropositivo en decadencia sobre los zarpazos de una pandemia en agonía. ¿PrEParados? ¿Listos? ¿Ya? --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- TRATAMIENTO PREVENTIVO PRE-EXPOSICIÓN PREP ¿En qué consiste? En la toma de fármacos de forma controlada durante periodos de tiempo en los que las personas tienen un mayor riesgo de infectarse por el VIH. Se utiliza como método preventivo. La PrEP no es un tratamiento de por vida. Se utiliza en periodos con un mayor riesgo de infección por VIH. ¿A quién va dirigido? A personas VIH negativo con un elevado riesgo de infección, incidencia superior a 2 casos por 100 personas/año. Ejemplos: hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (HSH), las mujeres transexuales y las personas que ejercen el trabajo sexual sin utilizar el preservativo en todas sus relaciones. Inicio del tratamiento Se inicia el tratamiento antes de la exposición al VIH. Efectividad de la terapia Próxima al 100%. Controles previos y durante el tratamiento Se deberán realizar unos controles médicos y analíticos muy sencillos previos al tratamiento y durante el mismo. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- “No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar, estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar” Angela Davis De este modo ofrece una clínica privada un tratamiento para prevenir la transmisión del VIH. Suena realmente paradójico que se invite a una persona a tomar una pastilla para evitar una infección que le supondría tomar esa misma pastilla, pero, eso sí, para toda la vida, claro está. Y es que este es el último éxito que nos venden las autoridades de salud pública, con un amplio coro de activistas gais detrás, en cuanto a prevención del VIH. Se supone que el laboratorio farmacéutico, Gilead, el propietario de la patente de la pastilla, Truvada (la que se usa como tratamiento PrEP), habrá hecho cálculos de cuántas personas, la mayoría gais, serán consumidoras de esta píldora, seguramente hablarán de millones, ignoramos sus cálculos, y serán muchos y en número creciente los que no querrán convertirse en seropositivos para tomar fármacos antirretrovirales, como es la misma píldora Truvada. Podríamos alegrarnos pensando que estamos asistiendo a una suerte de vacuna, de momento diaria, y que hemos logrado detener en alguna medida las altas tasas de transmisiones que se producen. Pero no hay que hacer una lectura perversa para darse cuenta de los diferentes dispositivos de control, social, sexual, médico y farmacológico, que están detrás de esta «exitosa» forma de prevención. Porque no podemos olvidar que hablar del sida es hablar de su historia, de la lucha contra la pandemia, de la injusticia encarnada en los cuerpos más vul- nerables, es hablar de género, de clases sociales, de racismo, de homofobia y de transfobia. Hablar de cómo se han construido las diferencias y las jerarquías entre los cuerpos y a qué intereses respondían y siguen respondiendo. Hagamos, pues, una detenida lectura de esta información con la intención de sembrar algunas dudas. ¿Nos encontramos ante una conquista del activismo o ante una clara derrota de los presupuestos políticos que alimentaron la lucha contra el sida desde el inicio de la pandemia? ¿Qué nuevos tropos han surgido en las políticas identitarias?, ¿Qué desplazamientos se han dado en la mirada social sobre los cuerpos secundarios, no válidos, innecesarios, abyectos, descartables? «Se utiliza como método preventivo» Como vemos, una de las primeras pautas informativas que se nos da es la de que se trata de un método preventivo, otro más, como la castidad, las prácticas sin penetración y/o eyaculación… y el condón. Hablemos del condón. Hablemos del fracaso del condón. Condones… Cuando te acuestas conmigo, tú no me pones condones y a mí lo que me calienta es mirarte a los ojos si con la boca lo pones. Fandango de Lupe Otxoa Una de las armas que se han utilizado para evitar la transmisión del VIH ha sido el condón, ante la incoherencia y estulticia que suponía intentar aconsejar la castidad como forma de prevención. Quizá supuso una ingenuidad o una forma de idealismo que con el uso generalizado de condón asistiríamos a una nueva gramática en las relaciones sexuales, un lenguaje en el que la asimetría de género y prácticas sexuales parecía romperse o por lo menos diluir un poco las jerarquías que se dan en la concepción normativa de la sexualidad. El condón tenía que ser negociado, esto suponía que de alguna forma había que hablar de los riesgos y de sus reducciones. En las relaciones hetero- sexuales con penetración vaginal, prevenía del riesgo de un embarazo no deseado; esto suponía un gran logro para muchas mujeres, que no tenían que utilizar anticonceptivos químicos cuyos efectos secundarios podían ser no deseables y no estarían sometidas a una medicación continua por si acaso. También responsabilizaba a los hombres heterosexuales de la anticoncepción, liberando en alguna medida a las mujeres del miedo a las consecuencias no deseables de una relación heterosexual con penetración y eyaculación. Este no era el caso de los hombres con relaciones homosexuales, donde el embarazo no se podía producir. Pero las investigaciones pronto delimitaron que el vehículo de transmisión del VIH en el organismo humano era los fluidos, como la sangre y el semen —y aquí no ha lugar para hablar de la leche materna, por no ser considerada la lactancia una relación sexual, de momento—. También se descubrió que, por una cruel jerarquía biológica, la mayor vulnerabilidad a la transmisión la tienen la vagina y el ano, al ser partes receptoras del semen. Así, el uso del condón ampliaba sus objetivos básicos: no solo evitaba embarazos, evitaba la transmisión del VIH y disminuía en un alto grado el contagio de otras infecciones de transmisión sexual (ITS). Simplificando, el condón es una herramienta preventiva con perspectiva social, mientras que la PrEP es una solución individual. Esta generalización del uso del condón superaba así las diferentes orientaciones, homosexual-heterosexual y sus prácticas sexuales. El condón se constituía, así, en una herramienta de cuestionamiento y lucha contra el machismo, siempre irresponsable, por no hablar de que superaba, en alguna medida, esa fatídica jerarquía biológica del mayor riesgo que corría la persona que recibía en su vagina o en su culo un semen infectado. Desde todas las asociaciones que trabajaban la prevención del VIH se hacía hincapié en el uso del condón. El condón no solo era recomendable para todo el mundo, sino que se convertía en un dispositivo imprescindible para las personas VIH+, personas que vivían con el virus, si no querían infectar a sus parejas sexuales. Campañas para potenciar su uso, talleres para erotizarlo y repartos masivos se realizaron con un relativo éxito. Todos los intentos por generalizar su uso para lograr que los condones fueran accesibles en todos los sectores relevantes, colegios, bares, espacios festivos, trabajo sexual…, parecen haber sido en vano. El condón como medida de prevención ha fracasado. Varios pueden ser los factores de este fracaso, que más bien podría describirse como una muerte anunciada. Desde las mismas asociaciones de prevención, el uso del condón se vivía como un mal menor, o mayor, según se mire. Muchas personas activistas VIH+ lo usaban porque no tenían otro remedio, una especie de resignación cristiana que poco favor podía hacer de cara a la prevención; como dice la primera máxima en técnicas de ven- tas: «Si no te crees el producto, no puedes venderlo». Los sectores más conservadores y reaccionarios se han dedicado a generar discursos sobre su poca fiabilidad preventiva, al mismo tiempo que impedían su reparto o acceso a las personas jóvenes alegando que su libre acceso era una invitación a mantener relaciones sexuales entre la juventud, obviando la realidad de que estas ya se producían de todas las mane- ras, independientemente de la promoción del condón. Aducían también que la juventud no estaba preparada y formada para el sexo, ignorando que en el reparto de condones, aparte de información sobre su correcta utilización, también se facilitaba, y se sigue haciendo, información sobre salud sexual, riesgos, servicios asistenciales, etcétera. Bajo el sacrosanto paradigma de que la promiscuidad era una lacra a combatir, se crearon relatos y mitos que no solo cuestionaban su eficacia, sino que lo condenaban. Aparte de los discursos moralizantes de las diferentes confesiones religiosas, también el discurso de las masculinidades hegemónicas, de clara matriz cisheterosexual, impedían la generalización del uso del condón. Los varones cisheterosexuales consideran su sexualidad como hegemónica. La sexualidad masculina está pensada como una sexualidad «natural», sin condones, coito-centrada, única y soberana. La erección, penetración y eyaculación tienen que darse sin ninguna restricción física. Una fantasía que se impone a todos los cuerpos como único modelo de sexualidad, basada en el placer masculino y negando a otros cuerpos la autonomía y la gestión de los placeres. Bajo el paraguas discursivo del «sentir menos», «interrumpir el momento» o «quitar el romanticismo», el uso del condón se cuestionaba, se repudiaba. Pero los placeres sexuales discurren por otros cuerpos y caminos. Cuerpos de mujeres, cuerpos invertidos, cuerpos no normativos, con diversidad funcional, con genitales que no se adecuan a los estándares, cuerpos receptivos analmente o cuerpos con diferentes y con diversas sexualidades, como los cuerpos de las bolleras y trans*, cuerpos y placeres que son marginados del imaginario sexual hegemónico: el cuerpo y la sexualidad que detentan los varones cisheterosexuales. Una sexualidad dominante y dominadora, hegemónica e impositiva, una sexualidad usada como forma de dominación y cas- tigo, una sexualidad que se constituye en norma y conducta, una sexualidad punitiva con las disidencias, una sexualidad construida como herramienta de un sistema donde la desigualdad tiene su base. Una sexualidad tan deseable como las demás, pero siempre bajo los parámetros de la negociación en la que debe negociarse cualquier fantasía. Una sexualidad que es parte intrínseca del cisheteropatriarcado, del capitalismo, del colonialismo. Esta sexualidad es la que se constituye en modelo y desde ella se gestionan las disidencias sexuales y corporales. Es desde esta sexualidad desde donde se gestionan diferentes dispositivos, sociales, médicos y farmacológicos como la PrEP. Y es que la PrEP, como la píldora anticonceptiva, potencia un sueño, una fantasía que parece mejorar la vida de quien la usa, pero la realidad es que es una ficción que refuerza la dominación de una masculinidad normativa, porque, a diferencia del condón, ya no afecta al cuerpo masculino hegemónico, el activo, el penetrante, el eyaculante, sino a los cuerpos de segunda categoría, los cuerpos con vaginas o anos que son penetrados, cuerpos receptores de semen expuestos a embarazos o transmisiones infecciosas. Otro de los discursos producidos por esta sexualidad hegemónica que han negado el uso del condón era, y es, el de la pornografía. La pornografía mains- tream, sea hetero o gay, se ha negado sistemáticamente a plasmar en sus producciones el uso del condón. Ni siquiera en los momentos más crueles de la pandemia, con jóvenes actrices y actores enfermos o muertos en el día a día, se logró la implementación del condón. Hubo algún ligero intento, pero no dejó de ser altamente cuestionado por los directivos de esta muy lucrativa industria. Durante años, organizaciones de prevención del sida han tratado de convencer a la industria pornográfica para que estableciese el uso de condones en todas sus filmaciones, tanto por la salud física de los que participan en los actos como por una cuestión de educación para sus millones de espectadores. Sin embargo, la industria en su mayor parte ha resistido la presión alegando que una pornografía con condones mataría al negocio o que la gente que consumía pornografía era totalmente consciente de que lo que se representaba no era real, era una ficción que no se podía realizar, como el vuelo de Mary Poppins o los superpoderes de Batman. Negaban que la pornografía fuera un instrumento ejemplar o pedagógico en la construcción de las sexualidades y fantasías de las personas. Sí impusieron, eso sí, la obligatoriedad de presentar analíticas periódicas a las actrices y actores, se establecieron periodos ventana para casos de duda, pero no sirvieron de nada, las transmisiones se siguieron produciendo y las enfermedades asociadas al sida siguieron creciendo en este gremio. La pornografía podía haber servido como un gran altavoz para fomentar el uso del condón, pero los beneficios económicos primaron a costa de la salud. Otros tipos de pornografía más marginales sí apostaron por reducir riesgos en sus grabaciones y hasta alguna productora de cierta importancia se decidió por el uso del condón en sus películas, pero desgraciada- mente fueron minoritarios y con poca promoción. En la actualidad, seguramente los actores con VIH toman antirretrovirales que reducen hasta la indetectabilidad el virus, con lo que la transmisión no es posible, o posible- mente hagan uso de la PrEP, zanjando el debate y el problema. Pero los intentos de generalizar el uso del condón no solo tropezaban con la sexualidad de la masculinidad hegemónica cisheterosexual, penetrativa y eyaculante, también desde posturas gais el uso del condón ha tenido sus detractores. No podemos olvidar que hay una sexualidad gay que está construida desde los mismos parámetros que la sexualidad hegemónica masculina y que adecuarse a sus principios y prácticas la dota de cierta integración y aceptación, y que remedar estos modelos de masculinidad se ha impuesto entre los gais. El barebacking (el sexo sin condón entre gais) se concibió como una especie de terrorismo sexual, tanto para la comunidad gay como para las entidades que luchaban contra el sida y por la prevención del VIH. La polémica entre libertad personal y salud pública saltó a primera línea y desde la prevención se descubrió un nuevo enemigo: los practicantes del sexo sin condón. Los medios de comunicación no tardaron en hacerse eco de estas prácticas y sus protagonistas; volviendo a la carga con la homofobia y el estigma, mediante el sensacionalismo alertaban de esas conductas «suicidas» y antisociales, situando de nuevo a los gais como enemigos públicos. Desde las asociaciones gais y antisida se vio esta práctica como el ene- migo a batir: los gais que presumían y defendían el sexo sin condón eran el nuevo satanás a erradicar. Se realizaron campañas específicas, jornadas y seminarios para intentar comprender y reeducar a los barebackers, como rápidamente se les identificó. En Francia, la publicación del libro Serial Fucker de Erik Rémèsi, que aconsejaba la libertad individual para el uso del condón, supuso un encendido debate en el que el grupo Act Up terminó montando un escrache al escritor y pidió que se le considerase enemigo público. Lo que resulta realmente chocante es el silencio absoluto que había, y hay, sobre el barebacking mayoritario y aceptado: el de las personas hetero- sexuales. Enfocar la prevención en los gais continuaba con la tradicional ecuación sida = homosexualidad, que señala una identidad como indeseable por encima de las prácticas. Mientras en los países ricos se daban estos debates, nadie hablaba de las mujeres que, sobre todo en los países empobrecidos, eran infectadas por sus parejas sexuales, hombres, por prácticas que en ningún momento eran llamadas barebacking, eran prácticas natura- les, normales y aceptadas que en ningún momento se cuestionaban con la misma beligerancia que el terrorismo sexual del barebacking entre los gais. Pero este debate sobre el barebacking, sobre el uso del condón, se ha zan- jado; la virulencia ha desaparecido desde que el concepto de sexo seguro y responsable es el mismo barebacking de siempre, pero tomando la PrEP. «La PrEP no es un tratamiento de por vida. Se utiliza en periodos con un mayor riesgo de infección por VIH» ¿Podemos hablar de que el tratamiento antirretroviral es de por vida? ¿No hay avances significativos en la investigación para la eliminación total del VIH en personas infectadas? ¿Hasta qué punto se pueden programar las relaciones sexuales? ¿En qué periodos se van a producir? ¿Qué entendemos por «mayor riesgo»? La profilaxis es siempre contrarrevolucionaria. Lev Davídovich Bronstein, «Trotski» Los estudios y experimentos para combatir el VIH son la joya de la corona en lo que a investigación médica y farmacéutica se refiere. La reducción de la ingesta de pastillas antirretrovirales, su mayor efectividad, la reducción de los efectos secundarios, lograr una mejor adherencia al trata- miento y la búsqueda de una vacuna son, sin dudas, ejemplos encomiables de lo que supone la investigación científica en lo que concierne a la salud pública. Sin embargo, no podemos obviar los intereses económicos que están detrás de estas investigaciones. No se trata de entrar en las llamadas teorías conspirativas, pero tampoco podemos olvidar que el capitalismo tiene como objetivo la mayor rentabilidad posible de la producción y los laboratorios farmacéuticos son negocios capitalistas. Las investigaciones y producción de botica tienen como principal objetivo la eliminación de enfermedades, paliar el sufrimiento que producen o evitar su propagación, pero no podemos olvidar que la principal fuente de ingresos de la industria farmacéutica viene de la venta de medicación y el aumento de esta se convierte en mayores beneficios para la empresa. Siempre cabe aplicar el peso de la duda ante las investigaciones y producción de la industria farmacéutica —dentro del capitalismo, claro está, el caso de la investigación en Cuba es otro cantar—, que cuestionan las prioridades, los plazos y las direcciones terapéuticas de las investigaciones y, por supuesto, el precio de las medicinas en el mercado internacional. El problema de las patentes sobre los componentes químicos base de los medicamentos, como los antirretrovirales, es que son propiedad de los laboratorios y que impiden la fabricación de genéricos, más baratos, y por ende un mayor acceso a la medicación. Esto es un claro ejemplo de que los intereses farmacéuticos no tienen una base solidaria o humanitaria. El desarrollo de la medicación antirretroviral en cuanto a efectividad, posología y adherencia ha sido un ejemplo de lo que la investigación científica puede llegar a hacer ante una pandemia nueva, como ha sido el sida, pero podemos, y debemos, preguntarnos por qué la investigación sobre una vacuna o sobre una posología que permita una más larga duración en el organismo avanza más lentamente. El ahorro económico queda en entredicho si comparamos la ingesta de un mismo fármaco como tratamiento y como prevención, teniendo en cuenta que lo que se llama tratamiento de por vida puede variar por las investigaciones futuras y que el concepto de periodo de mayor riesgo para tomar la PrEP es totalmente subjetivo y sin ningún rigor científico que lo pueda determinar, ya que la planificación de ese periodo de riesgo está sujeta a múltiples variables, por mucho que se intenten planificar los encuentros y las prácticas sexuales, como cualquier práctica humana. Es por eso que se está generalizando el uso continuado, todos los días, ante la falta de previsión, convirtiendo los encuentros sexuales en casi una obligación. Tampoco se debe olvidar que ni el acceso ni el precio la convierten en una panacea. Aunque fuera dispensada por los sistemas públicos, como se pide desde ciertos sectores activistas, hay que recordar que no todas las personas, como las personas migrantes, jóvenes, sin papeles…, que la puedan necesitar tienen acceso a ese tipo de prevención. Que su acceso fuera garantizado a estos sectores paliaría en alguna medida el carácter discriminatorio de su uso preventivo. No se trata de una cuestión moral, si alguien quiere y puede tomar la PrEP, que la tome, sino de cuestionar un mal entendido «sentido común» que tiene implicaciones en las relaciones sexuales y en la vida de las personas que las practican. La PrEP es más que una opción que opera sobre un cuerpo individual y su concepción de seguridad, la PrEP se convierte en un dispositivo que produce nuevas formas de relaciones, de construcción de deseos, de sexualidades y nuevas formas de control social. Plantear esta duda, altamente razonable, nos lleva a cuestionar si la generalización de la PrEP como método de prevención contra la transmisión del VIH no corresponde sino a intereses económicos de la industria farmacéutica, además de las implicaciones biopolíticas que puede suponer. No sería el caso de una vacuna y su generalización, que, ajenamente a los beneficios que pudiera reportar, sí supondría un paso importante en la erradicación del VIH. «Dirigido a personas VIH negativo con un elevado riesgo de infección, incidencia superior a 2 casos por 100 personas/año. Ejemplos: hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (HSH), las mujeres transexuales y las personas que ejercen el trabajo sexual sin utilizar el preservativo en todas sus relaciones». ¿Cómo es posible determinar la población diana a la que va dirigida la PrEP? ¿En qué medida son las prácticas sexuales, las preferencias eróticas o la profesión un sesgo a determinar, aunque sea solo en epidemiología? ¿Qué tipos de cuerpos se vinculan al uso de la PrEP? Man gave names to all the animals in the beginning, in the beginning. Man gave names to all the animals in the beginning, long time ago… Bob Dylan Los discursos de reducción a cuerpo han tenido diferentes bases, discursos, que se han ido sofisticando y adecuando a las variadas épocas históricas, cambiando el punto de vista según los diferentes dispositivos de conocimiento y poder, el religioso, el legal, el científico, el médico… La reducción a cuerpo ha servido como forma de constitución de un sistema, el capitalista, que mediante el patriarcado, el racismo, el colonialismo y el cisheterosexismo ha llegado a ser el único régimen que se nos presenta como posible. Intentar deconstruir esta «reducción a cuerpo» nos puede ayudar a generar resistencias y redes a las crueles, y a veces sofisticadas, formas en que se encarnan las opresiones. La mujer, el cuerpo negro, oriental, el cuerpo útil o válido son diferentes taxonomías al servicio de una estructura de poder. La misma que crea la del hombre blanco cisheterosexual como cúspide de una pirámide de opresión. La creación de esas taxonomías ha pasado por muchas manos a lo largo de la historia, como la religión, la ley o más recientemente la ciencia, la medicina en concreto, que han sido las encargadas de producirlas. La medicina establece pautas muy precisas sobre cómo ser un hombre y una mujer productivos para el sistema. La clínica como institución es un producto de la ilustración, como bien hemos comprendido gracias a Foucault i. La institución clínica se dedica a dividir los cuerpos entre normales y no normales, cuerpos deseables o no deseables, útiles o no útiles, cuerpos sanos o cuerpos enfermos, y dentro de los cuerpos no normales, no deseables, no útiles y cuerpos enfermos, los vuelve a separar entre aquellos cuerpos que son recuperables y los que no, y ahí la labor de la clínica para recuperar aquellos cuerpos que se pue- den volver cuerpos útiles. Así se ha ido construyendo un cuerpo bautizado con diferentes nombres, sodomita, invertido, homosexual, gay…, igual da, ya que es un cuerpo nombrado desde el insulto, desde la injuria, al que podemos llamar marica. El cuerpo marica se ha identificado bajo diferentes prismas a lo largo de la historia occidental, imponiendo su visión universalista a sangre y fuego con sus procesos colonialistas. El sodomita, el pecador contra natura, el gran enemigo de un dios misó- gino y cruel, fue creado desde el prisma religioso monoteísta. Un ene- migo de la comunidad sobre todo por sus prácticas no reproductivas, que amenazaban la supervivencia como pueblo de estructuras cerradas que necesitaban el crecimiento poblacional como forma de supervivencia. Un cuerpo no grato a los ojos de Yahvé, Dios o Alá. La reducción a cuerpo de marica siempre es entendida socialmente por dos cualidades. Una, su ruptura, o juego, con el género, una forma de feminidad de ciertos hombres, el amaneramiento corporal, la realización de oficios, menesteres o artes adscritos a las mujeres, como son el baile, canto o las artes, entendidas estas como sensibilidad femenina y racializada, o la confección de ropa, la decoración y la estética corporal. La otra es simple, el marica es el culo ii. Pensar en el marica es pensar en qué es lo que hace con su culo ¿Se lo dejará penetrar? ¿Gozará con ello? ¿Buscará desesperadamente material de relleno para su satisfacción? Preguntas que solo pueden realizarse desde una mente poseída por una masculinidad hegemónica, lo que llamamos, para andar por casa, machismo. No podemos olvidar que el cuerpo del varón cisheterosexual, el cuerpo que encarna la masculinidad hegemónica, el del macho, está construido por un lado por la negación de la feminidad y sus expresiones, y por otro por la impenetrabilidad del cuerpo en un plano sexual. ¿Son las prácticas sexuales las que determinan una identidad? Desde una perspectiva queer, esta pregunta es una constante como forma de vertebrar resistencias políticas. Las identidades no son solo una forma de reconocerte en el mundo, son también la forma en las que el mundo te reconoce pero además te circunscribe, te delimita. Pero con el sida el cuerpo marica se resitúa en el plano de la nocividad. Leo Bersani en su artículo «¿Es el recto una tumba?» iii plantea que, en el orden médico y judicial, las sexualidades no normativas no entran en el concepto de salud pública, convirtiendo a los homosexuales con su práctica del coito anal en el símbolo mismo de la infección y no solo un riesgo de su transmisión. Aconsejar, o dirigir, la PrEP a «hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (HSH), las mujeres transexuales y las personas que ejercen el trabajo sexual sin utilizar el preservativo en todas sus relaciones» es la forma más sofisticada de delimitar los cuerpos nocivos para evitar males mayores, para una sociedad que necesita chivos expiatorios ante un problema que debía ser mucho más generalizado. Es sabido que, por mucho que se insista, hay gente que no se va a poner un condón y puede ser aconsejable recurrir a una pastilla, pero ¿a qué intereses beneficia delimitar a los hombres que se dan por el culo la recomendación de su consumo? ¿Acaso la población heterosexual no es susceptible de infectarse? ¿Cuál es el nexo de unión entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres HSH? Está claro, es el uso que hacen del culo para el placer. Y el uso del culo, como hemos visto, está claramente denostado, prohibido, castigado y en este caso controlado. Si no puedes aguantarte, usa tu culo, pero que todo el mundo sepa que estás en el punto de mira social, que estás minorizado, como en una cuarentena, y que la sociedad heterosexual no corre peligro. Y por si fuera poco, en este grupo de riesgo se incluye a «las mujeres transexuales» y a «las personas que ejercen el trabajo sexual sin utilizar el pre servativo en todas sus relaciones». Las mujeres transexuales son uno de los sectores más marginados y des- protegidos, no solo tienen que lidiar con administraciones y leyes binaristas, con sistemas de salud que las patologizan, con grandes trabas en el acceso al mercado laboral o con el rechazo, muchas veces criminal, social. Pero en este caso está claro que desde una concepción cisheterocentrada su sexualidad está ligada al culo y de ahí su inclusión en este apartado. Que quede claro que el culo es para cagar y que cualquier otro uso, más si es placentero, hay que controlarlo. Cabe preguntarse si la inclusión de las mujeres trans* en el «colectivo» al que se aconseja tomar la PrEP no responde a la creencia de que todas las mujeres trans* son trabajadoras sexuales. Es cierto que muchas mujeres trans* se dedican a la prostitución, una opción más ante la falta de recursos y la dificultad de encontrar un trabajo con un sueldo digno, pero también es cierto que otras no, y no comprendemos la ecuación que se establece para pensar que sus prácticas sexuales no sean protegidas. Y las personas que ejercen la prostitución sin usar preservativo en todas sus relaciones ¿por qué están también incluidas? De la prostitución se habla mucho. De las personas que la ejercen también. Todo el mundo tiene una opinión, pero las prostitutas, sobre todo, no tienen voz. Las putas viven con el estigma de siempre ser consideradas como el peor estatus de la mujer. Sin entrar en el caso de las mujeres que son víctimas de la trata. Lo que está claro es que una prostituta sabe muy bien qué riesgos corre y cómo reducirlos. Sabe negociar con los clientes y sus prácticas. Es más, y esto hay que dejarlo bien claro, las putas han sido las primeras en poner el condón a los hombres, convirtiéndose en pioneras de la prevención y la salud pública. Sin embargo, siempre ha sido un colectivo al que se le ha culpabilizado de muchos de los males de la sociedad; las condiciones en que tienen que realizar su trabajo, pésimas, y la falta de regularización las han convertido históricamente en cabeza de turco. En el caso de la PrEP volvemos al paradigma más casposo sobre la capacidad de las trabajadoras sexuales, aconsejarles la ingesta de la PrEP pensando en que pueden mantener relaciones sexuales sin preservativo es negarles su capacidad de negociación o la maestría en su trabajo. ¿O es que todavía se piensa que las prostitutas a cambio de más dinero van a poner su salud en riesgo? Esta idea no hace sino perpetuar el estigma sobre las prostitutas y por ende sobre las prácticas sexuales con personas desconocidas. Concentrar grupos de personas tan heterogéneos en una sola categoría, la promiscuidad, como factor de riesgo de infección es una valoración de una moralidad caracterizada por una sofisticación de la abyección: crear grupos y delimitar los socialmente peligrosos. La promiscuidad es una práctica imposible de cuantificar, pero está claro que es una realidad para muy diferentes personas, sobre todo los hombres heterosexuales. La PrEP no es una solución para esa «mala» práctica que es la promiscuidad en general, sino para la promiscuidad de ciertos grupos, los no blancos ni cisheterosexuales. Ya puestas, solo faltaría incluir otros grupos no promiscuos, pero situados en los escalafones más bajos de la jerarquía social, como personas racializadas, precarias, migrantes, usuarias de drogas ile- gales y con diversidad funcional, para convertir esta recomendación en un manifiesto del mundo habitable neoliberal. El hombre blanco cisheterosexual, capacitado, de clase media puede dormir tranquilo. «Inicio del tratamiento. Se inicia el tratamiento antes de la exposición al VIH» ¿Cómo se sabe cuándo se va tener una exposición? ¿Es como la exposición solar, depende de qué hora sea se usa mayor protección? ¿Y el precio? ¿Qué pasa si te expones a más enfermedades y no solo al VIH? ¿Hay tratamientos PrEP para otras ITS? ¿Tomar un tratamiento PrEP crea identidad? Si no tomas PrEP, ¿eres peor persona, un gay malo? Aegrescit medendo. Virgilio Necesito una pastilla para ponerme a funcionar… Martirio El uso de la PrEP se aconseja antes de tener una exposición al VIH. Es normal y lícito que la gente piense cuándo va tener relaciones sexuales. En la actualidad, las apps de contactos han cambiado la forma en que programamos nuestros encuentros de una forma eficaz y certera. Ya no cabe el riesgo al ir de cruising, a una sauna, cuarto oscuro o cualquier espacio susceptible de un encuentro sexual y que este no se produzca. El planteamiento de estas páginas de encuentro facilita no solo el encuentro, también qué tipo de cuerpo, que no de persona, te interesa y qué tipo de prácticas se quieren, o se deben, desarrollar. Bajo un guion preestablecido y cerrado capaz de satisfacer todo tipo de fantasía sexual, nos encontramos con una forma de sexualidad totalmente guionizada y se supone que satisfactoria para quienes la practican. En este tipo de aplicaciones lo que se desea se explicita hasta el mínimo detalle. Fetichismos variados como el cuero, ropa industrial, travestismos, depilación o hirsutismo. Prácticas y roles sexuales, fisting, cuero, lluvia dorada, BDSM, orgías, activo o pasivo. Escenarios, bosques, WC, fábricas, talleres, casas particulares o rurales. La combinación de estas variables produce un guion cerrado de la relación sexual que se espera, pero también es cierto que se descartan sin ninguna educación y con bastante desprecio aquellos cuerpos que no resultan deseables al actor de esta búsqueda. En este caso, nos encontramos con todo un repertorio del desprecio digno del fascismo más visceral. Podemos ver cómo los cuerpos que no interesan se describen con insultos y abyecciones. Es fácil que nos encontremos con muestras de racismo, edadismo, capacitismo, gordofobia, plumofobia en la descripción de lo que no se desea. Hay que destacar lo deleznable de estas prácticas excluyentes y estigmatizadoras que son muestra de cómo entre los gais no solo ha tomado cuerpo el consumismo en las prácticas sexuales, sino un neoliberalismo emocional germen de la desigualdad y la injusticia que potencia el individualismo y la insolidaridad. Los usuarios de estas apps a los que no les gusta escribir o no están medianamente cualificados para ello, pueden usar los emoticonos, en los que con la simplicidad de una imagen plasman sus deseos y rechazos. El uso de estos dibujitos está dando lugar a estudios y tesis que ponen de manifiesto, sobre todo, la simpleza emocional en la que está inmersa nuestra sociedad y en la que los gais, tristemente, parecen ser vanguardia. No entraremos en un análisis detallado de lo que representan y excluyen este tipo de iconos. Nos fijaremos solo en los que representan las sustancias que se van a consumir en la sesión, poppers, viagras, cristal meth y, por supuesto, la píldora estrella de la PrEP, Truvada. Estas imágenes, una combinación bastante generalizada, aparecen en muchos perfiles de una conocida aplicación de contactos. Funcionan como una declaración de principios. En el encuentro que se produzca parece darse por hecho: la pastilla azul con el número 701 es Truvada, lo que quiere decir que no se va usar condón; además habrá Popper, que garantiza una mejor dilatación anal; y con la otra pastilla, Viagra, se ofrece una gran y duradera erección. Parece ser que las advertencias sobre lo contraindicado que es el uso de Viagra con Popper, que puede llegar a producir un paro cardíaco, no están tan generalizadas como se suponía; también puede ser que para las personas practicantes de este tipo de sexualidad la salud esté reducida al VIH y nada más. Con tres iconos se plasma un deseo, esta simplificación deja bien clara la construcción de un modelo de sexualidad reducido a su mínima expresión. Luis Cernuda en su poema No decía palabras dice que «… el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe…». Parece claro que en los tiempos del VIH la respuesta es bien simple. ¿Qué tipo de sexualidad propicia la PrEP?, ¿es una opción personal? Muchas veces confundimos nuestras decisiones personales con los contextos que nos empujan a ellas. El libre albedrío es una falacia escolástica para llevarnos una fantasía individualista que parece nutrirnos de poder y decisión. El deseo sexual se puede expresar muy simplemente, sí, pero su devenir no solo no es tan simple, obviar la tensión entre sus usos normativos o disidentes tiene sus repercusiones sociales y políticas. La sexualidad gay, siempre caracterizada por ser una subcultura marginal, ha pasado a convertirse en un lugar total- mente codificado, con estrictas reglas y una expresión de consumo inmersa en el capitalismo neoliberal. La diferencia entre la sexualidad de los heteros y los gais ha desaparecido o se ha convertido en la misma cosa: una sexualidad depredadora y cosificadora de los cuerpos que devora. No se trata de cuestionar las vacunas, la medicación o la ciencia, pero sí de reflexionar sobre los efectos perversos que pueden generar. Los gais que toman PrEP pueden llegar a pensar que su relación con el fármaco es completamente personal y libre, pero no pueden obviar que es una forma de control social. Parece que se puede follar libremente, pero solamente si se folla con el fármaco. Para ser aceptado, hay que ser un hombre gay masculino drogado, drogado de drogas recreativas o antirretrovirales. Es el precio de la aceptación social. Resulta paradójico cómo el paradigma de la liberación sexual se ha conseguido gracias a la industria farmacéutica, anticonceptivos para las mujeres heterosexuales, hormonas para las personas trans* y antirretrovirales para los gais son claros ejemplos de cómo los regímenes de sujeción social van transformándose: ya se han pasado las hogueras, manicomios y cárceles, ahora el control lo detenta la farmacología. Menos mal que, de momento, las lesbianas se libran. ¿Y qué pasa con las otras ITS? Podemos hablar del VIH como una infección de transmisión sexual, ya que la transmisión por vía parenteral o materno-filial es residual gracias al intercambio de jeringuillas y al suministro de antirretrovirales a las mujeres embarazadas. La transmisión más general del VIH es por vía sexual, principalmente. Está claro que la PrEP solo previene la infección por VIH y esto la convierte en un arma de doble filo en lo que a otras infecciones de transmisión sexual se refiere. La incidencia de gonorrea, sífilis y clamidia en los usuarios se está disparando de forma espectacular. Muchas personas que toman PrEP están dentro de estudios epidemiológicos y tienen controles médicos periódicos, lo que significa que se puede detectar mejor la incidencia de ITS y su trata- miento; pero no todas las personas que toman PrEP están dentro de estos estudios y no acceden a esos controles, lo que supone una paradoja: por un lado hay más controles y tratamiento, pero por otro lado no se sabe qué incidencia tienen las ITS en los grupos fuera de los estudios clínicos. Tanto la gonorrea como la sífilis están desarrollando resistencias a los antibióticos que hasta ahora habían sido efectivos. La clamidiasis, la gonorrea y la sífilis son provocadas por bacterias y por lo general deberían curarse con los tratamientos habituales. Sin embargo, estas ITS a menudo no se diagnostican y cada vez es más difícil tratarlas, porque algunos antibióticos están perdiendo eficacia a raíz de su uso indebido o excesivo. La resistencia de estas ITS al efecto de los antibióticos ha aumentado rápidamente en los últimos años y ha reducido las opciones terapéuticas. De estas tres ITS, la gonorrea es la más resistente a los antibióticos. Ya se han detectado cepas de multi resistentes que no reaccionan ante ninguno de los antibióticos existentes. Hay que recordar que la clamidiasis, la gonorrea y la sífilis también pueden duplicar o triplicar el riesgo que corre una persona de infectarse por el VIH. Este es uno de los grandes retos a los que se enfrenta el uso de la PrEP. Hay quien habla de optimizar los mecanismos de detección y tratamiento de ITS dentro de los programas de seguimiento de la PrEP, una medida que, a buen seguro, ayudaría a reducir la incidencia de las ITS en este grupo poblacional, pero que redundaría en un mayor control sobre este grupo, algo que puede convertirse en un nuevo factor de sujeción social, además de que el resto de la población quedaría expuesto a las diferentes transmisiones, ya que los esfuerzos preventivos se primarían en un sector concreto. El tratamiento de las ITS, antaño enfermedades venéreas, siempre ha sido considerado con cautela, su forma de transmisión hacia que su tratamiento se realizara en el silencio impuesto por la moral existente. Algo parecido al estigma que rodea a las personas que viven con VIH. Las ITS, el VIH entre ellas, son consideradas como efectos de unas prácticas sexuales abyectas, promiscuas, entre personas del mismo sexo, pagadas…, prácticas que, por estar alejadas de la monogamia heterosexual convencional, se consideraban portadoras del castigo y la enfermedad. Esta mirada moralista no ha cambiado en absoluto, lo que sí ha pasado es que han despertado un mayor interés en sectores como la medicina y la farmacia, debido a la gran repercusión que el sida representó en la salud pública. Pero este interés de las ciencias médicas y farmacológicas no ha servido para cambiar la visión moralizante sobre las sexualidades no normativas, sino que ha servido, y sirve, para ejercer otras formas de control sobre los cuerpos que las encarnaban. Pero ¿qué pasa con quien no toma la PrEP? Está claro que el uso de la PrEP es mucho más que una cuestión personal, algo que no cabe juzgar; su uso genera unos discursos que parecen devolvernos a las diferentes taxonomías que en el pasado nos trataban como cuerpos no válidos. Quien no toma la PrEP puede ser considerado como peligroso o irresponsable, o puede verse condenado al ostracismo sexual si expresa que no la usa. No podemos decir a nadie si tiene o no que tomar la PrEP. Hay casos en los que negociar el uso del condón puede ser difícil o que puede haber gente que simplemente no quiere usar el condón y prefiere usar otro método de prevención, pero no podemos olvidar que lo que vale para una persona puede no servir para otra. Y no nos podemos olvidar, tampoco, de que tenemos capacidad para tomar decisiones sobre nuestra salud que no sean solo farmacológicas. No es de recibo medicar a todo un grupo social para que pueda tener sexo ni idealizar una forma de sexualidad que no es segura, ya que sabemos que ninguna actividad vital en sí lo es. La homosexualidad se ha aceptado haciendo de sus riesgos una forma de consumo, un proceso de captación neoliberal en el actual capitalismo. Una forma individualista de concebir el placer y las relaciones que obvia los vínculos sociales. No podemos olvidar tampoco que la efectividad de los antirretrovirales, y la PrEP es uno de ellos, convierte a los gais en un enorme negocio: el coste del tratamiento de VIH/sida varía entre 3.700 y 9.700 euros por paciente y año. No se trata de denostar ninguna práctica sexual ni de decir a nadie lo que tiene que hacer, se trata de preguntarnos sobre el control de nuestros cuerpos. ¿Hablamos de salud pública y de optimización de recursos o hablamos de nuevas forma de control y regularización del sexo gay? ¿Se está homogenizando la homosexualidad? Desde el activismo queer, cuestionar siempre ha sido una herramienta para comprender los diferentes mecanismos de control que se ejercen sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. Preguntas actuales de un tiempo en concreto que pasará, como pasarán la pandemia del sida y su prevención, pero que nos dejará no solo un mal recuerdo, sino unos nuevos retos para transformar una indeseable realidad i Rémès, Erik (2015): Serial Fucker. París: Ed. Blanche. ii Foucault (2012): El nacimiento de la clínica. Siglo XXI iii Sobre la relación entre el sexo anal y la discriminación al marica pasivo, ver Sáez, J. y Carrascosa, S. (2011): Por el culo. Políticas anales. Egales. iv En el libro Llamas, R. (ed.) (1995): Construyendo sidentidades. Siglo XXI.
- L (lacerar) / Vir Cano
Un movimiento radical, una peligrosa posibilidad, un riesgo que a veces tenemos que tomar. Lacerar, como una manera de cultivar el arte del desgarro y de practicar la virtud de la mutilación. Lacerar como el animal que ejecuta el corte que le dará de comer y provoca así la herida que lo mantiene atado a la vida. Lacerar con los dientes ensangrentados, con las manos entumecidas de tanto apretar, con las puntas filosas de nuestros pensamientos, o con los bordes rasposos de nuestras lenguas malditas. Lacerar, para hacer del tajo una potencia nutricia y de la pérdida un movimiento vital. Lacerar lo que sea necesario; porque, por mucho que nos engañemos, no es posible separar la vida de la muerte, ni del dolor, ni de la crueldad que se infringe en el cuerpo propio y en el ajeno. Lacerar los tejidos del mundo para rasgar los límites de lo que somos y hundir, con belleza depredadora, nuestras garras en la carne de lo im-posible. Fuente: Borrador para un abecedario del desacato, Editorial Madreselva, 2021.
- Modos de narrar / Ricardo Piglia
Siempre se han contado historias. Pero ¿Cómo empezó la historia de la narración? Podemos inferir un comienzo. Imaginar cuál fue el primer relato. Podríamos escribir un relato sobre cómo fue ese primer relato. La forma inicial, es decir, la prehistoria de los grandes modos de narrar. Podemos imaginar que el primer narrador se alejó de la cueva, quizás buscando algo, persiguiendo una presa, cruzó un río y luego un monte y desembocó en un valle y vio algo ahí, extraordinario para él, y volvió para contar esa historia. Podemos imaginar, en todo caso, que el primer narrador fue un viajero y que el viaje es una de las estructuras centrales de la narración: alguien sale del mundo cotidiano, va a otro lado y cuenta lo que ha visto, la diferencia. Y ese modo de narrar, el relato como viaje, una estructura de larguísima duración, ha llegado hasta hoy. No hay viaje sin narración, en un sentido podríamos decir que se viaja para narrar. Por eso los viajeros actuales van siempre con máquinas fotográficas y tratan de capturar los rastros de lo que van a contar a sus amigos cuando vuelvan. Pero podríamos pensar que hay otro origen del acto de narrar. Porque sabemos que no hay nunca un origen único, hay siempre por lo menos dos comienzos, dos modos de empezar. Entonces podríamos imaginar que el otro primer narrador ha sido el adivino de la tribu, el que narra una historia posible a partir de rastros y vestigios oscuros. Hay unas huellas, unos indicios que no se terminan de comprender, es necesario descifrarlos y descifrarlos es construir un relato. Entonces podríamos decir que el primer narrador fue tal vez alguien que leía signos, que leía el vuelo de los pájaros, las huellas en la arena, el dibujo en el caparazón de las tortugas, en las vísceras de los animales y que a partir de esos rastros reconstruía una realidad ausente, un sentido olvidado o futuro. Tal vez el primer modo de narrar fue la reconstrucción de una historia cifrada. A esa reconstrucción de una historia a partir de ciertas huellas que están ahí, en el presente, a ese paso a otra temporalidad, podríamos llamarlo el relato como investigación. Si pensamos en esa historia larga de la narración, de las formas de la narración, de los modos de narrar, podríamos imaginar que ha habido entonces dos modos básicos de narrar que han persistido desde el origen, dos grandes formas, que están más allá de los géneros, y cuyas huellas y ruinas podemos ver hoy en las narraciones que circulan y que nos circundan. El viaje y la investigación como modos de narrar básicos, como formas estables, anteriores a los géneros y a la distribución múltiple de los relatos en tipos y especies. Estamos frente al ur-relato, a la forma que da lugar a la evolución y a la transformación. Etimológicamente, narrador quiere decir “el que sabe”, “el que conoce”, y podríamos ver esa identidad en dos sentidos, el que conoce otro lugar porque ha estado ahí, y el que adivina, inventa narrar lo que no está o lo que no se comprende (o mejor: a partir de lo que no se comprende, descifra lo que está por venir). Y, a la vez, esos dos grandes modos de narrar tienen sus héroes, sus protagonistas, sus figuras legendarias. Como si la repetición de esos relatos hubiera terminado por cristalizarse en una figura que sostiene la forma. Podríamos ver la historia de la narración como una historia de la subjetividad, como la historia de la construcción de un sujeto que se piensa a sí mismo a partir de un relato, porque de eso se trata, creo. La historia de la narración es también la historia de cómo se ha construido cierta idea de identidad. Podríamos entonces pensar que esos dos grandes modos de narrar han construido sus propios héroes. Está la gran tradición del viajero, del errante, del que abandona su patria; el astuto Ulises, el polytropos, el hombre de muchos viajes, el que está lejos, el que añora el retorno; el sujeto que está fuera de su hogar y que vive con la nostalgia de algo que ha perdido. Podríamos entonces imaginar a Ulises como una suerte de héroe de lo que sería esta historia de la subjetividad, imaginarlo como una metáfora de la construcción de la subjetividad. A partir de su propio aislamiento, se construye como sujeto. Fue Adorno el que ha llamado la atención sobre la debilidad de Ulises en Dialéctica del Iluminismo y por lo tanto sobre su astucia como defensa de lo desconocido. Y, desde luego, el otro héroe de la subjetividad, la otra gran figura, es Edipo, el descifrador de enigmas, el que investiga el crimen y al final termina por comprender que el criminal es él mismo. Es Edipo el que protagoniza esa estructura de la narración como investigación, y por lo tanto como un relato perdido que es preciso reconstruir. Freud ha construido una serie extraordinaria de relatos de la subjetividad a partir de esa historia. Podríamos pensar entonces a Ulises y a Edipo como protagonistas de esos relatos básicos, como grandes modelos del relato y de la construcción de la subjetividad. Fuente: Piglia, Ricardo. Modos de narrar. Universidad de Talca, 2005
- Después de los manicomios / Fernando Stivala
Dentro de 100 años en un mundo ya apocalíptico, había una vez… Un lugar donde tenemos inhibidas las emociones, circulan por la calle policías de los estados de ánimo, gendarmes que previenen exceso de risa, agentes que indican el tránsito de las racionalidades. Impiden que llores, que te sobre emociones, que hables sola. Patovicas que sacan armas por las dudas que estés sacado levantando la voz, en fin… paradojas del espectáculo. Les que escapan de ese mundo, les rebeldes, se juntan en un edificio abandonado. Viniéndose abajo, sostenido por escuálidas columnas. En algunos rincones todavía se ven retazos de pizarrones de lo que alguna vez fue una facultad. Tiene estructura de que antes haya sido un estacionamiento o un taller secreto de confección de ropa. En esa reunión clandestina aparece una voz que dice: Nos tenemos que ocupar de las emociones compañeras, no les dimos bola por mucho tiempo, las dejamos en manos de otros. Y cuando nos ocupamos lo hicimos de manera personal. Hemos ido a alguna terapia, conversado con amigues. Hemos meditado, tuvimos coaching, usamos pastillas. Hicimos homeopatía y autoayuda. Pasamos por distintas terapias, nos psicoanalizamos y nos mandaron de niñes. Buscamos en la alimentación, en la reflexión. Hicimos de todo con el cuerpo. Bailamos, comimos, gritamos, nos expresamos, dibujamos, cogimos, lloramos, hicimos teatro, danza, circo, y hasta formamos alguna banda. (Por favor no crean que estoy hablando de sublimación. Sublimación: transformación que sigue obedeciendo a un centro o amo) Todas buenísimas, afirmativas, y por eso quizás estamos acá. Sobrevivimos. Pero no alcanzó. Tenemos amigos que andan en una, vecinas, familiares, desconocidos, estados donde eso mucho nos vuelve a abarcar, nos toma. Y encima nos persiguen. No lo neguemos más. No se lo podemos encargar más a los manicomios ni a las clínicas. Es problema nuestro, de la cultura. Si ellos abusaron también fue porque nosotros no quisimos mirar. ¿No supimos, no sabíamos? Ahora ya sabemos, ahora que miramos y vemos claramente que eso es insensible y nada saludable nos tenemos que dedicar. No se trata solo de denunciar. También ocupémonos de lo que no hicimos durante siglos. Nos va a costar mucho. La imaginación se embotó. Empecemos, ya empezamos.
- Post-scriptum / Oscar del Barco
Hoy podemos decir, contrariamente a lo que dijo Paul Valéry, que “las civilizaciones son inmortales” pues sobreviven a todas las catástrofes y a todas las revoluciones que pretenden abatirlas. Cuando se imagina que están destrozadas se las ve emerger de pronto como islas imperecederas en medio de las tormentas. Allí están, inmutables. A veces cambian sus apariencias, más por debajo de éstas siempre conservan las mismas texturas, esos últimos y profundos zócalos que configuran el destino. Esta es la roca contra la que se estrellaron los sueños de quienes alguna vez quisieron cambiar el mundo y la vida con sólo cambiar algunos signos, dándole nombres distintos a las mismas cosas de siempre. Pero lo real “insiste” y la insistencia de lo real es la que, finalmente, conforma las aventuras del ser humano: debajo de las utopías y los paraísos imaginarios acecha constantemente la muerte, esa muerte-inmortal que sostiene como una garra el itinerario de los sueños. El “marxismo” fracasó porque a través de un largo y contradictorio proceso devino una forma más de la Razón y cuando “en el fondo de lo desconocido” se enfrentó con lo nuevo sólo atinó a levantar los viejos escenarios de la violencia y el horror. En lugar de “territorios libres” levantó paredones en los que crucificó al pueblo que era su Absoluto. Al fin el símbolo del comunismo “marxista” son los manicomios. Y es posible que esta paradoja sea la única verdad de un régimen que se pretende el cénit de la Razón: sólo la locura arde con luz propia en esa inmensa noche sin esperanza. Los “marxistas” sostuvieron que las máquinas y la Ciencia iban a salvar la humanidad, creyeron que la historia avanza hacia un paraíso terrenal, que el mundo progresa y que las últimas sociedades en una escala temporal son las mejores en un orden ético. Todo lo que habían dicho los capitalistas cuando comenzaron a arrasar el planeta lo repitieron a voz en cuello los “marxistas” y como paródicamente se creyeron los depositarios del sentido último de la Historia, la vanguardia de la clase obrera, la encarnación de la Verdad, en una palabra, actuaron como lo han hecho y lo hace siempre los fanáticos: suprimiendo a quienes no piensan lo que ellos. ¿Cómo tolerar que cualquier simple criatura se oponga a quienes encarnan los designios del cosmos? Y no se trata de discutir si Marx quería o no quería este tipo de sociedades totalitarias. Esto es lo que sucedió, lo que estamos viviendo. El régimen capitalista junto con el régimen “socialista” han llevado al mundo al borde de la catástrofe. No ven quienes no quieren ver. La peor demencia, la de la Razón, está a punto de decidir el destino de la humanidad. El “marxismo” ha muerto, eso es todo. Y entonces ¿qué? Lo de siempre: la vida sigue. Los fuegos sobrevivirán hasta el fin. Los hombres seguirán rebelándose (¿o alguien todavía cree, ¡por dios!, que la rebelión es propiedad de los “marxistas”?). Las criaturas que escapan al sueño de la razón siguen luchando por sus sueños sin-razón. Es como si existieran caminos invisibles por donde fluye el calor de la vida; caminos que los poderes aún no han podido cegar y que atraviesan las épocas desde hace milenios. Los campesinos y los indios, los presos y los locos, las mujeres y los obreros, los niños y los poetas... cada uno en sí, sin ser más de lo poco que son, sobreviven. Esta es la insuperable debilidad del Poder: necesita de los otros, no los puede matar a todos porque los necesita. Y hasta ese día posible en que el telos de la Razón se realice y las máquinas suplanten a los hombres, siempre habrá lo distinto sobreviviendo como una lucecita en medio de las sombras. El “marxismo” ha muerto, pero las ideas de Marx, a pesar de que el tiempo haya contradicho alguna de ellas, o precisamente por eso, porque siempre fueron esencialmente temporales y las que sobreviven lo hacen a la intemperie, sin resguardarse bajo ninguna Ley, esas ideas siguen siendo una forma y un fermento para todos aquellos que a la macabra tarea del poder le oponen el deseo de ser libres. No existen ni ideales ni organizaciones que puedan absolutizar las necesidades y las pasiones de los individuos. En la época de lo siniestro por la que estamos adentrándonos sólo subsiste la resistencia irrepresentable, la resistencia solitaria o de grupos, activa o pasiva, de familias, de amigos, de tribus. La apuesta es entre la naturaleza y la Razón, entre el amor y la Técnica. Parece mentira pero la última esperanza se funda nada menos que en ese sentimiento, tan desprestigiado y todavía sagrado, que se llama amor. Todavía lo que sobrevive es esa fuerza ignota que une todo en un deseo que posiblemente sea invencible. La ciencia viva se asoma a misterios sin término y lo dice frente a quienes postulan una Ciencia hueca y aplastante. El hombre siente ante sí la fuerza de lo desconocido, de saberse algo en los infinitos que lo atraviesan y lo constituyen. Mientras exista quien se asombre y no se contente con un mundo desierto, aún quedarán esperanzas de que esta gran “guerra de principios” —como la llamó Artaud— se resuelva en favor de los hombres. Sí, “el desierto crece”, pero debajo hay un resplandor que no es de nadie, un resplandor en el que vemos, hablamos y respiramos. Eso es todo. Hay que tener cuidado con la palabra crisis porque ella encubre lo que está pasando. En realidad no se trata de una “crisis de la razón” sino de un momento en la historia del nihilismo en el sentido en que lo utilizó sin retórica Nietzsche. Esto es así y no otra cosa: culminación de la Razón. Lo que vivimos horrorizados es el comienzo del reino de la Razón absolutizada en un mundo-técnico. La idea de crisis implica una temporalidad limitada: cierta transitoriedad enferma en un cuerpo naturalmente sano. Esto, en cambio, es así; no es una situación pasajera de algo que entra en crisis sino una forma-de-ser. Se afirma que la Razón está en crisis y no se quiere entender que esto es la Razón. Y en esta no-inteligencia lo que está en juego es un destino que probablemente abarcará la totalidad de lo humano. Este triunfo de la Razón que convierte al hombre en un puro objeto paciente de la teleología maquínica es el nihilismo. La “falta de fines” a que se refería Nietzsche es una consecuencia de la asunción por la técnica del conjunto de las temporalidades humanas. Sin embargo resulta difícil describir la estructura última de la Razón. Se trata, esencialmente, de una hiancia que divide a todo en dos. La escisión como generalidad absoluta y la jerarquía en el interior de esta escisión constituye el presupuesto fundante de la Razón. Y aquí lo material es ideal y viceversa. No existe ni lo ideal ni lo material en estado puro, de allí que la Razón despliegue su forma tanto en la técnica como en el espíritu, sin que nada quede fuera de su juego de dicotomías y dominio. Ella es la que funda la explotación, la miseria, el desenfreno del despojo y el odio. Siempre se trata de una topología, de una pirámide (de allí Hegel) cuyos éxtasis condensan tanto lo amorfo como el sentido, desplegándose desde un punto de máxima intensidad hasta la anomia de la muerte. En última instancia su reino es de olvido y muerte. Entre el vértice y la base se despliegan los mensajes del poder a cargo de todo tipo de sacerdotes, comisarios, burócratas o mandarines. La comunicación es el vehículo de la fuerza, ya sea ideal o material y sobre esta base funciona la totalidad del Sistema, de manera tal que la ruptura de este mecanismo implica la ruptura del Sistema; es la única posibilidad de ruptura. Sin embargo, una vez dicho esto convendría pensar en una forma vital más que en un verdadero mecanismo, pues el logos no está atado a nada ni a nadie, pudiendo cambiar indefinidamente pues vive de sus propias metamorfosis. Podríamos decir que ésa es su genialidad: entrega para recuperar más adelante; se hace el muerto para dar su zarpazo definitivo; utiliza todo en su beneficio y se mueve a través de todo. La crisis de racionalidad no se refiere a la racionalidad propia del acto de ser-racional, de poseer la cualidad del pensamiento que clásicamente sirvió para definir al hombre como “animal racional”; la racionalidad que se intenciona al hablar de crisis de racionalidad es una superafectación de esa racionalidad primaria, con la peculiaridad de que la segunda racionalidad (entendido el término metafóricamente) o Logos, como lo llamé en otro lugar para marcar la diferencia, es forma-material, vale decir que en un mismo movimiento con-forma el conjunto de la materialidad humana y la propia racionalidad en su sentido genérico: la segunda racionalidad existe en la primera y de ella se dice equivocadamente que ha entrado en crisis. Digo equivocadamente porque se toma como crisis el cambio de paradigmas que funda su naturalidad, ya que en este orden de significaciones el conocimiento avanza mediante discontinuidades, lo cual vuelve irrelevante considerar su inmanente mutación como momento crítico de la Razón. ¿O deberemos reconocer la improcedencia de esta distinción aceptando que lo racional en sí implica un despliegue de maldad incontorneable? La frase “el marxismo ha muerto” suscita la inmediata reminiscencia del famoso “Dios ha muerto” de la filosofía. Lo que ha muerto es el “marxismo” en cuanto Sistema de la Ciencia, es decir en cuanto sistema de una Razón que de facto o potencialmente podía explicar el todo-del-mundo amparándose en la idea metafísica de la racionalidad absoluta del universo: éste poseería una estructura racional última de la cual la ciencia rendiría cuenta a través de un proceso proyectado al infinito. Sin que se lo reconociera esta presunción enlazaba al “marxismo” con el racionalismo dieciochesco de las luces y particularmente con la idea fuerte de mathesis universalis. Quien comprendió el carácter teológico que implica este tipo de racionalismo fue Gramsci y son conocidas las consecuencias que debió pagar por apartarse de lo que ridículamente se llamó “marxismo-leninismo”. Los creadores del concepto de “matemática universal” creían, consecuentemente y mucho antes por supuesto del iluminismo, que Dios había constituido la esencia del universo mediante símbolos matemáticos y que, por lo tanto, era posible descifrar la estructura profunda del universo utilizando las matemáticas. Los “marxistas”, al sostener la existencia de una estructura del mundo sin soporte trascendente y al mismo tiempo independiente del hombre, caían en un contrasentido que justificaba la pertinencia de la pregunta gramsciana respecto al correlato de tal estructura. Es claro que lo perdido en coherencia se ganaba o creía ganarse en una práctica fundada científicamente en el conocimiento de esas leyes trascendentes. Dueños así de una suerte de gnosis los “marxistas” podían en adelante convertirse en depositarios supremos de las “leyes de la historia” y hacer del resto de la humanidad el mero soporte de proyectos a los que únicamente la Ciencia podía acceder. Aquí ya se encuentra prefigurado in nuce el sostén racional de los futuros gulags, pues quienes se oponen ya sea a las leyes del mundo como a los designios divinos no pueden ser sino delincuentes o enfermos mentales. Por supuesto que este no era el “marxismo” de Marx. Sostener que los países “socialistas” son una concreción del pensamiento de Marx es tan absurdo como sostener que la Inquisición es una consecuencia de la doctrina de Cristo. Buscar los puntos metafísicos que existen en la obra de Marx y a partir de ellos fundar su vinculación con los actuales “socialismos”, es confundir las cosas. El objetivo teórico de Marx fue el de comprender el funcionamiento de la sociedad capitalista para, de esta manera, facilitar su transformación; a este objetivo se articula lo esencial de su obra. Sus conceptos “metafísicos” serían aquellos donde expresa una visión antropológica del mundo (como cuando dice que la naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre y que para el hombre la raíz de todas las cosas es el hombre); pero incluso estos conceptos de su primera época están insertos en contextos donde se los podría interpretar al margen de toda problemática ontológica, en cuyo caso serían pasibles de una interpretación distinta; en cuanto a las ideas de producción y de técnica es incuestionable que su ámbito de comprensión pertenece a la crítica de la economía política. No se trata, es obvio, de salvar a Marx. Su significado histórico está más allá de las modas ideológicas. Y hoy, cuando pareciera que se trata de considerarlo como “un perro muerto”, no deja de ser paradójico que un pensador como Heidegger lo considere el único interlocutor válido respecto al problema de la historia. ¿Qué ha pasado entretanto? Marx nos remite al devenir objeto-fetiche del mundo, Heidegger al problema de la esencia de la técnica. El pensar se desligó de su fundamento. El logos del lenguaje originario se convirtió en lógica (método o matema) y desembocó en la Razón absoluta. Hay que seguir estos itinerarios para comprender o al menos avisorar el terreno donde nos encontramos. La palabra método hace su primera aparición en los escritos de Platón. Pero debe tenerse en cuenta lo que ella significa en el momento en que inicia su carrera como concepto y lo que significa en su acepción moderna a partir de Descartes. Para Platón, como recuerda Jean Beaufret, se trataba de una suerte de cacería que mediante rodeos y círculos cada vez más estrechos iba exprimiendo el matorral donde se ocultaba la presa; de allí que se trate de un conjunto y no de un cazador solitario, un conjunto dialéctico girando alrededor del objeto (el espectáculo de Sócrates inquiriendo obsesivamente semeja el de un cazador avanzando sigiloso hacia un punto determinado; quedaría por ver si en Platón no se trata en realidad de una retórica-de-la-caza). En Descartes el ir hacia el objeto es en línea recta; metódico es claridad de procedimientos fijados de una vez para siempre y al margen del objeto. Por eso cuando se le preguntó a Galileo por qué sostenía que sin ningún obstáculo un cuerpo en movimiento continuaría siempre en movimiento, respondió: mente concipio, “Así, en la reflexividad del ego cogito hay una fuerza impulsiva y propulsiva que sostenida en sí misma funda una marcha progresiva que no le debe nada a nada exterior”. Este es el método en sentido moderno. De allí que Nietzsche pudiera sostener que “lo que distingue al siglo XIX no es el triunfo de la ciencia sino el triunfo sobre las ciencias del método científico”. La idea hegeliana de que el método no es un simple “medio para conquistar el conocimiento” sino “el alma inmanente del contenido mismo” (idea de la que es deudor Marx, pero obviamente situado en otro nivel de análisis) fue desplazada por el gran movimiento epistemológico que considera a la ciencia en general como modelo puro. El verdadero salto dentro de la línea cartesiana está constituido por la matematización de la física: la matemática como hermenéutica de la naturaleza en su totalidad. Bacon decía: expurgatio vocabuli magiae. Es efectivamente en un “clima de magia” que se produce este investimiento matemático de la naturaleza. Tal es la “libidinosidad” de Descartes denunciada por Nietzsche y, a esto mismo, se refiere Heidegger cuando afirma que “lo peor ya pasó”: lo peor es el corte y la objetivación del mundo que da comienzo por una parte a la deriva de la objetividad y por la otra al dominio de los fetiches. Detrás de Descartes se pone en funcionamiento aquella “formidable rueda motora” que Nietzsche había advertido detrás de Sócrates. La victoria del método-científico sobre la ciencia va a la par con la dominación del telos de la objetividad sobre la tierra. “Representarse la necesidad natural como una relación funcional de cantidades en el interior de un sistema de ecuaciones es, en efecto, haber resuelto de antemano y de un solo golpe, una infinidad de problemas de los que en adelante sólo habrá que encontrar los términos. Es, por lo tanto, una victoria del método científico sobre la ciencia”. Comienzos de los tiempos modernos, caracterizados por “la dominación creciente de la naturaleza por el hombre a través de la interpretación científica de la cosa como objeto” (J.B.), y cuyo correlato es el sujeto, el ego-cogito como amo en el reino de un pensamiento sin cuerpo propio de un tiempo en que los dioses han abandonado la tierra e inaugurado la oscura errancia del nihilismo. La tierra como objeto, como desierto y muerte, soportando la acción desenfrenada de un señor enceguecido por su poder de extinción absoluta, eso es lo que tenemos al término de un tiempo en que tanto los hombres como la naturaleza han perdido su carácter sagrado. En un mundo de objetos la acción se vuelve desenfrenada y olvida la esencia mítica de la naturaleza y del hombre. Sagrada es la alegría que llena el corazón desbordándolo con la maravilla de lo que es. El otro-Marx es lo otro de Marx. No sólo, como podría pensarse el pensamiento de Nietzsche, de Freud, de Heidegger sino principalmente, el mundo múltiple y misterioso. Fuente: El otro Marx, UAS, México, 1983.
- Lo beat / Leonardo Domanico
Es sobre el final de la meseta “devenir- intenso, devenir-animal, devenir imperceptible” dónde se lee que todo devenir se precipita hacia un devenir imperceptible. Allí una constelación de conceptos se densifica alrededor del concepto de devenir de forma tal que se alumbra el hecho de que todo devenir imperceptible tiene como objeto eliminar ciertos estratos de muerte, exceso y superficialidad. Será necesario percibir lo imperceptible, será necesario cambiar la percepción: “Cambiar la percepción; el problema está planteado en términos correctos, puesto que ofrece un conjunto dominante de “la” droga, independientemente de las distinciones secundarias (alucinatorias o no, duras o blandas, etc.). Todas las drogas conciernen en primer lugar a las velocidades, y a las modificaciones de velocidad. Lo que permite describir un agenciamiento Droga, cualesquiera que sean las diferencias, es una línea de causalidad perceptiva que hace que 1) lo imperceptible sea percibido, 2) la percepción sea molecular, 3) el deseo invista directamente la percepción y lo percibido. Los americanos de la beat generation ya se habían aventurado en esa vía, y hablaban de una revolución molecular propia de la droga. Luego vino lo que podría llamarse la gran síntesis de Castaneda”. (Deleuze, Guattari, 2002: 283). Como se lee en la cita precedente, Deleuze y Guattari consideran que las obras de Castaneda vienen a sintetizar aquel espacio abierto por la Generación beat. ¿Qué comunicación puede establecerse entre las obras beat y aquellas de Castaneda? Para intentar una aproximación diremos que Kerouac es sin duda el gran nombre a tener en cuenta si intentamos pensar lo beat pues es él, esencialmente, el creador de la definición “beat generation” que pretende reunir en sí misma las diversas costumbres y tendencias que brotan entre la juventud norteamericana de postguerra. El alcance de lo beat no debe buscarse solamente a las menciones que hace Kerouac en entrevistas y escritos que tienen una repercusión masiva en los diferentes medios de comunicación de masas, sino más bien en su literatura donde delinea aquellos personajes ubicuos, abatidos, que narran sus visiones íntimas en el proceso general de desconcierto que vive Estados Unidos. Sin embargo, la popularidad llega tarde al autor norteamericano ya que, se sabe, él mismo lo confiesa, la recepción de su obra es decididamente mala al comienzo. Los críticos en general no encuentran nada nuevo (ni bueno) en la beat generation, al igual que tampoco lo encontraron en el comienzo de la generación predecesora, la “lost generation”; incluso peor, pues para lo incapturable que se abre con la generación perdida el poder ha generado ya sus códigos, sus anticuerpos. Lo beat, lo nuevo que irrumpe, tiene la fuerza de aquello para lo que no hay aun un modelo clasificatorio que permita domesticarlo. Lo beat alude justamente a una forma de mantenerse siempre en tensión con el objeto de desafiar los lugares prefabricados por el hacer capitalista. Lo beat pone de relieve lo neutro como intensidad que desborda el proyecto, lo mensurable, que se arriesga a estar en una vida sin certezas ni fines y, por tanto, sin identidad. Lo neutro que, tal como afirma Marcelo Percia “no se confunde con neutralidad: con no definición o no toma de partido en un conflicto. Afirma ni una cosa ni la otra, no por indecisión, sino por inconformidad (…) Atiende a lo que se escapa: trata de espaciar, de hacer lugar a porosidades, ausencias, huecos, vacíos, silencios. Se ofrece como truco para desconocer lo conocido. Lo desconocido no está en otro, destella como lo otro en otro; no está en la máscara, reverbera como extrañeza en el rostro; no está en el futuro, resplandece como indeterminación del porvenir. Lo desconocido está en lo conocido. Nada ni nadie podrá adueñarse de lo que no se puede conocer” (Percia, 2017: 300, 303). Sucede también que los poderes constituidos no cesan de confundir, en su tendencia a la unificación, a los beat calientes de comienzo de la posguerra con los beat fríos que le siguen sin darse cuenta que lo importante se disemina entre ellos. Los acusan de vándalos, los señalan como el signo del fracaso del noble proyecto de la civilización. La distinción entre el “beat cool” y el “beat hot” es asimismo fundamental para captar algo de la riqueza del autor de Massachusetts. Todos sabemos que Kerouac es un beat caliente, bebedor, locuaz, inquieto. Dice Henry Miller sobre Kerouac que es imposible dudar de que el es un beat caliente, que está por donde se mire, que ha logrado llegar a ser todo el mundo. ¿O es esa apariencia de beat caliente tan solo una fachada montada por su timidez, como afirma Robert Creely, quien lo delinea con rasgos “fríos”, especialmente desde su acercamiento al budismo? Cualquiera sea la respuesta respecto de Kerouac, no puede dejar de afirmarse que las líneas que trazan los beats calientes y los beat fríos no son idénticas. Al respecto, Kerouac brinda en una entrevista el ejemplo de la vestimenta y las particularidades de sus agenciamientos: en la Costa Oeste y en la Costa Este pululan beats calientes con sandalias y cazadoras de piel, que hablan con todo el mundo a los gritos mientras beben litros de cerveza, como así también beats fríos con camisa azul y corbata negra, que rara vez conversan en una ronda de gente, con su cerveza apoyada en la barra, la cual beben muy lentamente. El poder no los esperaba y los medios de masas los registran mucho después: son sensibilidades diferenciales expresándose que en su mismo efectuarse atentan contra los usos y costumbres que instala la moral burguesa. Los subterráneos (2011), una de las novelas emblemáticas de Kerouac, es una descripción de un grupo de hipsters cool de la Costa Oeste vistos desde el punto de vista de un hipster hot de la Costa Este. Si Freud fue constitutivo del entramado de la lost generation, en los autores beat encontramos su preferencia por Wilhelm Reich y su concepto de lo orgiástico. Pero también, y de modo manifiesto en Kerouac más que en otros escritores beat como Burroughs o Gingsberg, la preferencia por el Jazz. De allí las lecciones que Kerouac encuentra en el Jazz y pretende implementar en su escritura de modo de llegar a escribir como un jazzista toca su saxo, a todo ritmo, hasta que dé calambres, improvisando, sin mirar atrás. El modelo que toma la escritura de Kerouac es entonces jazzistico y se ve fuertemente marcado por la aparición del bop, que se propone alejarse de la forma estructurada de la composición bajo reglas establecidas para liberar en el jazzista algo espontáneo, momentáneo, el engancharse con el momento, con el resto de los músicos, con el ambiente, con el mismo instante donde la cosa sucede. Dice Fernanda Pivano que: “No es que Kerouac sea anarquista, porque ser anarquista implica creer en un movimiento; ni que sea antimilitarista, porque para ser antimilitarista hace falta creer en la guerra o en la paz (…) No existe futuro, no existe pasado en el caos de su mundo; existe sólo un extraño e instantáneo presente, inexplicable y hostil, que sólo gracias a la liberación de las dimensiones espaciales y temporales se puede llegar transitoriamente a superar. Los instrumentos para esta superación son sobre todo fisiológicos (como el orgasmo), místicos (como las visiones), pasionales (como el jazz) o artificiales (como la droga); pero solo de esta superación puede surgir una realidad poética a la par que una realidad vital” (Pivano, 1960: 20, 21). El enganche entre política y poesía queda magistralmente plasmado en su novela En el camino (2007), la cual no es un diario de viaje, sino más bien una experiencia del pensamiento motivada por los encuentros al azar, por lo imprevisible que sale al camino. Se sale al camino, pues no hay lugar fiable donde descansar. No hay destino, sino más bien un trazado simbólico de lugares transitorios a los cuales se llega de forma diferida, haciendo dedo, subiéndose al auto de quien se detenga en la banquina de la ruta. Kerouac recorre el camino como cartógrafo, trazándolo, entre anuncios de neón, trenes, autopistas, el sonido urbano-fabril de una norteamérica que todo lo envuelve. Sobre el margen del ferrocarril un hipster que hace las veces de guardafrenos prefiere dormir en el lecho de un río seco antes que en las habitaciones que proporciona el ferrocarril. El hipster se hace levantar en la ruta, no elige al desconocido que a su vez no lo espera y sin embargo sellan su compañía a veces por minutos, a veces por horas. Valor de hospedar la diferencia por un rato durante el viaje de aquellos que viajan casi sin equipaje porque saben que el viaje es demasiado largo. En sus novelas Kerouac traza escenas del paisaje americano, retrata aquellas existencias imperceptibles entre postes y autos, entre la basura urbana y la televisión, ¿Que son aquellas sensibilidades que se deslizan suavemente entre el manto del poder, entre tanta chatarra urbana? “Y un coche aparcado al lado de un restaurante al lado de un baldío de chatarra, y en el asiento trasero, tenso, un gatito asustado...el pathos de la ruta y de la América Moderna: ¿Qué hago entre toda esta chatarra?” (Kerouac, 2015: 45). Nómades que duermen en el tren o en el vehículo que los aloje, siempre en tránsito. Experiencia de la espera, de la soledad, de la compañía provisoria que aparece mientras se está en tránsito; el arribo imprevisible a lugares que no se esperaba. Se producen regresiones pero aquello no es lo importante: se regresa a la casa, a la familia, pero ¿Quien es el que regresa? “Y el tipo que viaja a dedo durmiendo de espaldas al sol, con la bolsa de dormir y una valija de cartón, mientras pasa un coche por la ruta – sabe que llegará finalmente adonde quiere llegar, ¿por que no dormir un rato? América es suya”. (Kerouac, 2015: 44). Crítica corrosiva al modo de vida, al hombre satisfecho que no puede separarse de su vida cotidiana. Autos, chatarra, prisa, el hombre eternamente apurado, ¿Hacia qué oscuro final? Pero en su seno también, si miramos con microscopio el cuerpo social, veremos que ya están circulando sensibilidades resistentes. A estas sensibilidades emergentes Kerouac le endilga el nombre de beat y les confiere una generación: “La generación Beat fue una visión que tuvimos John Clellon Holmes y yo, y Allen Ginsberg más salvajemente todavía, hacia fines de los años cuarenta, de una generación de hipsters locos e iluminados, que aparecieron de pronto y empezaron a errar por los caminos de América, graves, indiscretos, haciendo dedo, harapientos, beatíficos, hermosos, de una fea belleza beat – fue una visión que tuvimos cuando oímos la palabra beat en las esquinas de Times Square y en el Villlage, y en los centros de otras ciudades en las noches de la América de la posguerra – beat quería decir derrotado y marginado pero a la vez colmado de una convicción muy intensa. Llegamos incluso a escuchar a los viejos Padres Hiptsters de 1910 usar la palabra en ese mismo sentido, con una connotación melancólica. Nunca aludió a la delincuencia juvenil; nombraba personajes de una espiritualidad singular que, en lugar de andar en grupo, eran Bartlebies solitarios que contemplan el mundo desde el otro lado de la vidriera muerta de nuestra civilización. Los héroes subterráneos que se salieron de las maquinarias de la “libertad” de Occidente y empezaron a tomar drogas, descubrieron el bop, tuvieron iluminaciones interiores, experimentaron el “desajuste de todos los sentidos”, hablaban en una lengua extraña, eran pobres y alegres, fueron profetas de un nuevo estilo de la cultura estadounidense, un estilo nuevo (creíamos) completamente libre de las influencias europeas (a diferencia de la Generación Perdida), un reencantamiento del mundo. Algo parecido pasaba casi al mismo tiempo en la Francia de posguerra de Sartre y Genet, algo sabíamos de eso. Pero en cuanto a la existencia de la Generación Beat, no fue verdaderamente más que una idea que se nos ocurrió” (Kerouac, 2015: 67, 68). Lo beat trae consigo un nuevo código minoritario que pone a circular palabras como “crazy”, “hung up” o “go”; como así también cierto desaliño que podía verse en las camperas de cuero de Montgomery Clift, en la camisetas de Marlon Brando o en las patillas de Elvis Presley. Hipters locos, desaliñados, alegres, allí donde no los había. Alegría beat, pero también miseria beat. No hace falta sino mirar a aquellos jóvenes derrumbados en manicomios, encerrados en cárceles, sobrepasados por la droga. La droga tiene que ver con las velocidades y con las lentitudes que instaura en el cuerpo. Pensarla en términos de productora de alucinaciones frente a un mundo que sería objetivo, allí para todos, tanto como entenderla en términos de delirio es no comprenderla en absoluto. Mucho más interesante, al menos para los autores de Mil mesetas, es pensarla con las categorías de velocidad y lentitud para dar cuenta de lo que a partir de ella se instaura: el cuerpo drogado es fundamentalmente diferente del cuerpo no drogado, pero el cuerpo drogado no es idéntico en el tiempo y también se ve afectado por el espacio. ¿Cómo saber lo que puede un cuerpo? ¿Como adivinar lo que lo compone y lo descompone, las huellas que aquel efectuarse traza? No es lo mismo el cuerpo drogado en el instante después de la ingesta, a la media hora, a la hora, a las cinco horas, el día después... “Nosotros decimos que los problemas de la droga sólo pueden ser captados al nivel en el que el deseo inviste directamente la percepción, y en el que la percepción deviene molecular, al mismo tiempo que lo imperceptible deviene percibido. La droga aparece entonces como el agente de ese devenir. Ahí es donde cabría un farmacoanálisis, que habría que comparar y a la vez oponer al psicoanálisis”. (Deleuze, Guattari, 2002: 284) Pero, ¿Qué clase de plan se puede trazar con la droga? Es decir, ¿La desterritorialización que vehiculiza la droga no queda territorializada, y de una forma tal vez más dura, en casos de dependencia o simplemente no en la nulificación absoluta del cuerpo sino en una despotenciación pequeña, que se da poco a poco, pero que corre el riesgo de perpetuarse infinitamente? Y no se debe olvidar que el Estado y el Mercado hacen mucho en lo que refiere a construir líneas cada vez más duras, más segmentarias alrededor de la droga; pensemos en el dispositivo judicial o carcelario vigente o en aquel montaje represivo consagrado a perseguir al usuario. Lo interesante de la droga tiene que ver sin dudas con la percepción molecular, pero aún así: “¿De qué sirve percibir tan rápido como un pájaro veloz, si la velocidad y el movimiento continúan escapando en otra dirección? Las desterritorializaciones siguen siendo relativas, compensadas por las reterritorializaciones más abyectas, por eso lo imperceptible y la percepción no cesan de perseguirse o de correr una detrás de la otra sin llegar a unirse nunca verdaderamente. En lugar de que los agujeros en el mundo permitan huir a las líneas del mundo, las líneas de fuga se enrollan y se ponen a girar en agujeros negros, cada drogado, grupo o individuo, en su agujero, como un bígaro. Hundido más que “colocado”. (Deleuze, Guattari, 2002: 285). Peligros múltiples allí donde no se traza el plano de consistencia, hundiéndose cada vez en la imposibilidad de alcanzarlo, las micropercepciones moleculares ya no conducen más que a brotes de miedos, pequeñas inseguridades, obsesiones, sentimientos paranoicos, celos, etc. El cuerpo pierde la potencia, el alma ya no percibe. Siempre presente el riesgo de confundir la droga con el plan.
- Diario íntimo / Ezequiel Ikonikoff
-terio, además sé que les parecería una formalidad “inconsecuente” así como el aniversario en sí mismo, pero si bien los llevo en mi corazón y cada respiración que realizo honra sus recuerdos, hoy me agarró nostalgia y decidí dedicarles estas palabras. Basta por hoy. P.D.: Lo llamé a Mirko: él tampoco fue, pero lo note “raro” y si no lo conociera diría que hasta emotivo. Domingo 19 de Enero 2020. Esta mañana tuve el más dulce despertar: los rayos del sol tornaron su luz a un cálido dorado para acariciar mis mejillas provocando una sonrisa, que expandiéndose sobre mi rostro logró despertarme, inspiré profundo y al exhalar extendí mis brazos para abrazar a Mani, pero al no encontrar más que una llanura de aterciopelado e interminable colchón, abrí mis ojos para corroborar su ausencia. Luego de tan pesada labor tras un sueño harto profundo, volví a la oscuridad de mis párpados y agucé el oído. Pronto logré distinguir (aparte de los maullidos lascivos de la gata en celo del vecino) que preparaba el desayuno, con el más silencioso secreto (al menos hasta que encendió la licuadora) y una vez terminado se acercó con pasos sigilosos. Por supuesto me hice la dormida y fingí sorpresa al despertar. Cómo desayunamos tarde, ninguna de las dos tenía ganas de almorzar, así que decidimos ir al parque a tomar unos mates y gracias a Dios que lo llevamos, porque la sensación del agua caliente bajando por mi garganta es lo único que me previno en varias ocasiones de tener que llorar en un lugar público. Le comencé agradeciendo que ella me acompañe con la dieta saludable para apoyarme, si bien no es necesario que lo haga y que me siento muy contenida por ella en estos días de ansia, siendo que mañana ya empieza todo. Después le dije que a veces me cuesta igualmente compartir mis alegrías con ella, porque tengo miedo de que le pueda hacer mal o me pueda guardar rencor. Me respondió que en un principio lo único que sentía era alivio de que fuera benigno, pero luego sí estaba con mucho enojo que eso le impidiera llevar adelante el embarazo, que hasta en un momento de bronca pensó en decirme que si yo era la que se iba a embarazar, entonces que ella quería poner el óvulo, pero no es realmente lo que quería y además sabe lo importante que es para mí. Me dijo también que no quería que me sintiera mal por ella y por eso prefería no contarme todo lo que le pasaba y que, sin embargo, le sirvió que yo no me animara todavía a hacerme los exámenes para corroborar que yo no me encontrara con imprevistos para llevar adelante un embarazo, ya que le dio tiempo para hacer un duelo. Yo le confesé que si bien sí, me generaba (y me genera) bastantes nervios emprender este camino, preferí ir procrastinando justamente para darle tiempo de procesar todo y porque me daba cuenta que estaba enojada conmigo y que entendía que así fuera. Finalmente nos abrazamos en silencio un buen rato, hasta que un vendedor nos interrumpió sin respeto alguno (Mariana me dice que suelen ser muy amables y que hay que entenderlos, pero si bien no dejo de pensar como ella, me generan fastidio y sobre todo cuando te interrumpen impunemente en cualquier situación. No les importa si estas durmiendo, estudiando, al teléfono, o abrazándote con lágrimas en los ojos. ¡¡POR DIOS!!). Quedamos que mañana al final vuelvo a casa, después de ver al cliente, así me pongo más cómoda y ella me busca directo del trabajo y vamos juntas a hacerme los estudios. Hablando del cliente, lamentablemente otra vez voy a reunirme con el socio con mal aliento y selvas en las orejas. Pero me consuela que seguramente me sea más fácil que me contraten por ambos diseños, ya que no tiene muchas luces según aparenta. Para la cena empecé con el brócoli y el pescado, me resistí al chocolate que se comió Mani (me abandonó jejeje), pero de la excitación por mañana no pude resistir compartir una copa de vino en el sofá mientras empezamos la serie nueva. Basta por hoy. P.D.: Hoy me llegó un mensaje de un número desconocido con un corazoncito. Respondí que no tenía el número agendado y me llegó un audio que decía “Florencia, fui mamá” ¿Será de buen augurio? P.P.D.: Amo True Detective!! Lunes 20 de Enero 2020 Ayer noche me costó dormir por los nervios. Soñé que iba a un hospital, pero que no era un hospital, sino que parecía la casa de campo en donde vivía mi abuela y en vez de con lámparas el lugar estaba iluminado con velas y daba la sensación que había humedad. Yo me preocupaba que eso hiciera que me agarrara otra vez hongos en la vagina y me dijeran que eso me iba a durar hasta los 36 años y no iba a poder tener hijos. Después me llevaban a una especie de granero con una puerta trampa en el medio y me daba cuenta que era el único lugar por donde salir… Aproveché que me desperté con sobresalto en la madrugada para desayunar, así llegaba con el tiempo para ir a la entrevista con ocho horas de ayuno y volví a dormir. Cuando le comente más tarde esto a Mani se empezó a reír y me dijo que no me iban a hacer ya los estudios, que primero tenían que darme la orden y me sentí muy avergonzada, pero igual me tranquilizó el saber que todavía no me van a hacer nada. En cuanto a la reunión llegué bastante tarde porque el tren no hacía todo el recorrido. Pero en vez de informarlo antes de que una se suba, lo informan cuando ya arrancó y lo mismo en todas las estaciones. Para colmo ninguno de los que venía antes viajando te avisa… Igual yo tampoco le avisé a ninguno de los que se subió en las otras tres estaciones: supongo que todos somos bastante soretes. Por suerte el cliente llegó más tarde, así que se disculpó él conmigo en vez de yo con él. En fin, cómo supuse, le gustaron ambos diseños (si bien tuve que bajarle un poco el precio) y tengo tiempo de entrega hasta mediados de Marzo!! (Bien por mí). Como nos reunimos en una cafetería con heladería, me pedí un licuado con helado de chocolate: estaba riquiiiisimo, tanto que tuve una suerte de orgasmo gastronómico y después me puse colorada, pero no creo que lo haya notado. Ya en la entrevista con el médico nos hicieron esperar muy poco (el lugar es muy lindo, luminoso y con muchos acabados en madera clara). El médico es bastante joven si bien tiene nombre de viejo: se llama Amílcar y sonríe mucho. Al principio me costó mucho hablar y más que nada habló Mariana, pero después me fui relajando y le conté un montón de cosas. Le conté que el período me llegó tarde porque fui anoréxica y que por eso sospecho que tengo un ciclo tan irregular, que hay meses que no menstruo. Le confesé también que hace no mucho que empecé una dieta con una nutricionista para “compensar” los déficit alimenticios y que ella me mandó a hacer análisis, pero que me dan mucho miedo todas esas cosas y nunca los hice. Que por éste motivo fui muy pocas veces a consultas ginecológicas. Hasta le conté que estuve un mes y medio con dolor de muelas porque no quería ir al dentista y después enmarqué la muela y la tengo colgada en el estudio como un trofeo (ahora que lo escribo me agarra vergüenza). En resumen, estuvimos hora y media donde nos explicó también los tipos de técnicas que hay: unas que se llaman de baja complejidad y que en mi caso hay que conseguir un donante y aplicarme el semen con una suerte de jeringa directamente por la vagina (que es la que espero que funcione) y las otras que me dan TERRORRRR que se llaman de alta complejidad, en las que me tendría que inyectar hormonas para que maduren los ovocitos, después me los tendrían que sacar y fertilizar y luego volver a poner. Marian me iba apretando cada vez más fuerte la mano, mientras veía que me iba poniendo cada vez más pálida. Por último el Dr. Amílcar (jejeje) me dijo que si bien a partir de mi próximo año empezarían probabilísticamente a bajar las posibilidades de quedar embarazada, que me tranquilice (¡si claro!), porque no hay nada que indique por ahora (aunque le pareció raro lo de la menstruación) que algo pueda salir mal y me mandó a hacer análisis de sangre y una ecografía transvaginal. Apenas salimos fuimos a tomarnos otro de esos licuados de chocolate (lo necesitaba urgente), aunque no estaba tan rico como el primero y a continuación llamamos para sacar turnos. Para los exámenes de sangre me dijeron que vaya directo, que no hace falta turno, así que iré mañana. Para la ecografía me dieron dentro de dos días: ¡como amo que todos estén de vacaciones! Para terminar el día decidimos hacer una caminata por el barrio, con un cielo violeta con nubes ocre y el sonido ensordecedor del silencio de una ciudad vacía. Basta por hoy. P.D.: No creo que hoy veamos la serie, porque estoy esperando que se termine de duchar desuda en la cama… Sorry Rust! Sorry Martin! Viernes 31 de Enero 2020 Mientras espero que se prepare Mani para ir al cumpleaños de la veterinaria, tomo coraje para escribir. Desde la última vez estuve bastante cargada de laburo, porque me pidieron si podía entregar antes algunos trabajos, que supuestamente eran para Febrero. Pero además estuve bastante bajoneada y resistiéndome a escribir para procesar lo tocante al ser madres. El 22 fui a hacerme la ecografía y descubrieron que tengo el útero bastante pequeño como para quedar embarazada. Estuve llorando el resto del día y no sé de donde saqué fuerzas para mientras tanto seguir trabajando, más sumándole que estuve enferma el resto de la semana. Mani me recomendó de ir al psicólogo (a pesar de que ella no me hiciera caso cuando yo le recomendé lo mismo), pero la verdad es que no quiero ir ¿acaso la psicología va a hacer que me crezca el útero? Al día siguiente lo llamamos al Dr. en vez de ir a visitarlo, ya que no me sentía bien para salir. Nos dijo que esperemos a ver los análisis de sangre y los niveles hormonales y concretamos otra visita. Esta semana llegaron los análisis y lo fuimos a ver. Nos dijo que los niveles hormonales no están dentro de los parámetros normales, que igualmente no se descarta la posibilidad de un embarazo. Ayer fui a hacer otra extracción de sangre. Esta vez pidió no solo una repetición de estudios, sino que también un análisis genético (cuándo le pregunté por qué, me respondió evasivamente y tengo miedo que piense en alguna enfermedad hereditaria, ya que me preguntó de que murieron mis padres). Y también de hacer otra ecografía con recuento de folículos en el tercer día del período. Son días muy tristes. Mirko y Mariana me dicen que sólo son obstáculos en el camino, que nada es fácil o difícil, sino que eso lo determina el deseo que uno tenga. Yo no sé, entiendo que lo que dicen tiene sentido, pero no dejo de sentirme mal lo mismo. Tengo mucho miedo que mi útero sea pequeño por no recibir alimento suficiente durante la anorexia. Mani también está muy triste. Intenta ser fuerte, pero se le nota. Igualmente me siento muy acompañada, porque siento que ella pasó por lo mismo y me entiende. No obstante todo esto, el Martes me alegró mucho verla un poco contenta porque la ascendieron a pesar del problema de los tractores: le dijeron que lo importante es la profesionalidad con que manejó la situación. [...] fue lo más cómico. En resumidas cuentas, recién hoy me inspiré para terminar el segundo diseño y mañana poder ir más tranquila a la visita. Lunes 9 de Marzo 2020 Retorno a ti, mi querido diario, luego de más de dos semanas desde la última vez que mi tinta bañó tus hojas. No fue por indiferencia ni olvido, sino porque las palabras escapaban de mis manos, salían pensamientos inarticulados e imágenes sueltas. Sólo los abrazos de mi hermano con aroma a papá lograron evitar que me desintegrara en el éter. Él me contactó con Carlos: estoy yendo tres veces a la semana y me ayudó a poder poner en orden el caos de sensaciones e imágenes que ahora puedo posar sobre ti, mi más íntimo confidente. He de decirte la verdad, puesto que todo este tiempo te he engañado. No por perfidia insidiosa, sino por ignorancia. Has de saber que he nacido hombre y no mujer. Basta por hoy, basta. Martes 10 de Marzo 2020 Hoy me siento con más fuerzas para volver a ti. Tal vez por nuestro reencuentro de ayer, pero me vinieron ganas nuevamente de escribir. Ni siquiera es noche pero heme aquí. Sin más preámbulos, lo que tengo se llama síndrome de Swyer o disgenesia gonadal, que el médico me indicó que significa básicamente que mis cromosomas 46 son XY, por lo que genéticamente soy hombre. No me es fácil explicarte lo ajeno que se siente saberse mujer durante 34 años y de golpe enterarse que tu genética no esté de acuerdo con vos. Parece que “por defecto” el embrión tiende a ser femenino. Sin embargo si uno (¿o una?) tiene el par 46 XY hay todo un desencadenamiento hormonal que lleva al embrión a desarrollar el aparato genital masculino. Entre dichas hormonas hay una que se llama hormona antimulleriana, que como su nombre lo indica inhibe el crecimiento de los conductos de Müller… PERO PERO PERO… si esa hormona no está, no inhibe un CARAJO y te crece sistema reproductor femenino. ¿Dije reproductor? Perdón quise decir sistema estéril productor de cáncer femenino. Miércoles 11 de Marzo 2020 Hago la “tarea” que me mandó el psicólogo y no dejo de escribir. Voy a escribir que no tengo ganas de escribir. Mmm… Me llamo Irene, cada vez estoy más vieja, pero ya no importa, no importa nada. CHAU! Jueves 12 de Marzo 2020 Bueno mi objetivo de hoy es terminar el relato, uff. Parece que es muy raro que haya iniciado la menstruación y que no tenga un útero “infantil”, si bien no está del todo desarrollado. Lo que tengo se suele tratar extirpando con cirugía los ovarios, porque tiene alto riesgo de generar cáncer. Sin embargo eso no me impediría poder llevar adelante un embarazo. Amílcar nos dijo que tomando estrógeno y progesterona se podría (en el mejor de los casos) terminar de desarrollar el útero para alojar a un bebé y que en dicho caso tendría que seguir tomando durante el primer tercio del embarazo aproximadamente. Qué ironía: Marian quería llevar a nuestra niña en su vientre y yo quería que se me pareciera y ahora todo será al revés (¿será?). También me respondió hoy un mail que le envié el otro día, porque estuve viendo y existen casos en que personas como yo han quedado embarazadas con sus propios óvulos. Le pregunté si no se podrá operar luego de que me saquen óvulos para hacer embriones. Pero me respondió que no es mi caso, que la gran mayoría de las veces no sólo hay esterilidad, sino que ni siquiera se pasa por la pubertad y que en mi situación soy afortunada si mi útero llega a poder soportar un embarazo. No me siento muy afortunada. Ah! Y como para rematar, seguramente me tengan que hacer cesárea. Carlos me recomendó no presionarnos a tomar ninguna decisión ahora, que primero me concentre en la operación y que luego se decidirá. No sé, a mí me da pánico. Para colmo creo que se lo transmití a mi hermano, porque me dijo Mani que le contó (pidiendo que por ahora no me diga) que se fue él también a hacer estudios genéticos. Viernes 13 de Marzo 2020 Te imaginé en un jardín que nos regalaba su perfume a tierra mojada despertado por esas lluvias raras que conviven con el sol. Imaginé que corrías intentando atrapar el arcoíris y que al saberte lejos de mí regresabas con una sonrisa en el rostro, con las mejillas coloreadas de barro y sudor. Yo te levantaba por los aires y nuestros cabellos de confundían en un remolino de castaño color. Que tu madre nos llamaba en lontananza esperándonos con ansia queriéndonos mostrar el cantar de un ruiseñor. Que las tres nos abrazábamos, nos besábamos una a una nos mirábamos encontrando nuestro rostro en los ojos de la otra, reconociendo en las miradas el fruto de ese amor. Ya tus ojos no vislumbro, tu sonrisa me es ajena ¿a quién veré en esa nena? Si tu madre no soy yo. Miércoles 1 de Abril 2020. Me extirparon los ovarios. Las enceguecedoras luces blancas, las camillas, los pasillos, rostros anónimos tras barbijos, el olor a sangre y amoníaco, el llanto mudo tras la cortina. Nada me hace olvidar que ya no tengo ovarios, que ya no duelen más. Cuando cierro los ojos siento que reposo vacía, sobre el pasto áspero de la tumba de mis padres. Que la tierra me llama, pues aunque aún respiro estoy muerta por dentro. Soy la arena de un reloj cuyo final no vislumbro, no me queda ni un dios con el que enojarme. Ya no soy mujer. Soy el punto final e irrevocable de mis ancestros. Pocas horas luego de despertarme de la operación, sin siquiera probar bocado, me volví a dormir y desperté en una tarde concluida no hace mucho, con la angustia de quién no pudo despedirse del sol. Hacía ya dos horas que habían llegado para visitarme Marcela y Alejandro pero prefirieron dejarme dormir. Marian les avisó que mi siesta había concluido y entraron sólo Marcela con las nenas. Alejandro no quiso molestar e internamente se lo agradecí. Marcela me miró con amor a través de unos ojos hinchados y ojerosos soltando un “hola”. Antes de que pudiera decir nada, la más chiquita corrió a abrazarme gritando “tíaaaa”, cosa que hizo refunfuñar a la esposa del viejo de la camilla de al lado. Yo la abracé y empecé a llorar. Mis lágrimas corrían como ríos queriendo limpiar la angustia de estar viva. No podía parar, cada vez la apretaba más fuerte y, aunque me dijo que le dolía, me aferré a ella como si fuera la respuesta a una pregunta que nunca hice. Mani agarró a las nenas y se las llevó afuera con la excusa de comprar golosinas, lanzándome una mirada penetrante antes de sonreírle a Marcela y salir. Nos quedamos en silencio por lo que me pareció una eternidad. Yo no pensaba, solo escuchaba el pitido de las máquinas del vecino y el choque de las agujas de tejer de su mujer y por fin durante unos instantes encontré un poco de paz. Finalmente Marce se sentó a mi lado y conversamos de cosas sin interés. Lo que agradecí es que todo el tiempo sostuvo firmemente mi mano. Nos despedimos cuando entró la enfermera y Mani con la cena. Mani, con un rostro que me pareció duro, me dio el dibujo que había traído de regalo Anita, diciéndome que se lo dejó a ella porque no me lo había podido dar cuando me puse a llorar. Le respondí que no tengo fuerzas para sentirme culpable y ablandó un poco la expresión. Basta por hoy. P.D.: En el dibujo está Anita y su hermana con pollera y colitas en el pelo, una a cada lado mío. Yo estoy en el medio sin ropa y mi cuerpo es un rectángulo rojo vacío. Jueves 2 de Abril 2020. Esta mañana desperté con el corazón al ritmo de un galope agitado, un sudor frío bañaba mi almohada y la ansiedad abandonaba mi pecho para hacerle lugar a la angustia. Estuve así un buen rato hasta que el dolor de las cicatrices (única pista de que esto no es un sueño) logró hacer virar mi atención de esa sensación tan horrible. A partir de allí mi día fue mejorando hasta hacerse casi tolerable. Mani todavía dormía en la improvisada cama con anhelos de sillón cuando entró un enfermero con el desayuno, que, si bien sólo es para los pacientes, estaba compuesto por una taza extra y dos saquitos de té, que el joven dejó guiñando un ojo. Puede parecer una estupidez, pero esa amabilidad me emocionó y me hizo sentir afortunada. Soy consciente de que mi vida se está yendo por el inodoro y sin embargo un gesto mínimo me hace tan bien. Mani aún dormía y comenzó a rascarse impunemente una nalga. Luego del prodigioso espectáculo, el muchacho me indicó que en la noche se habían llevado a mi vecino a terapia intensiva y en su mirada percibí un mal pronóstico para él. Sin embargo (y sé que está mal pero no logro sentir ni vergüenza ni empatía), me sentí contenta de saber que iba a poder disfrutar de un poco de privacidad. No había transcurrido ni siquiera el tiempo suficiente para que el agua caliente y las hierbas puedan ser llamadas té, cuando un hombre entrado en años y con sombrero abrió la puerta, recorrió la habitación con los ojos, luego miró el número de la puerta y, sin apartar su mirada de allí, la cerró de un portazo, provocando que Mani saltara de la cama cayendo sobre su bolso. Desde el suelo giró su rostro cubierto de pelos hacia mí y yo detuve mi risa para decirle una palabra gastada, pero que salía de mis labios como si nunca antes la hubiese pronunciado: te amo. Se levantó escupiendo pelos, se sentó sobre el borde del colchón y me besó con sus labios carnosos, estampando mi cabeza contra la almohada, mientras me envolvía en el más suave abrazo, sin provocarme ningún tipo de dolor en las heridas. Desayunamos entre besos y risas por su bochornosa actuación ante el enfermero y con comentarios de humor negro sobre el viejo de al lado. Tuve muchas ganas de trabar la puerta de la habitación y hacer el amor. Me consuela pensar que el dolor de la operación no me hubiese dejado, por más que hubiera querido, pero me tuve que contentar con escribirle algunas palabras eróticas que le di a leer cuando vino mi hermano (me excita mucho verla colorada en situaciones inapropiadas). Cuando llegó, Mirko traía una caja grande y una sonrisa forzada. Luego de besarme la mano me dijo que llamó a Natalia para saber si pasaba hoy por el hospital también, pero que no tenía idea de que le hablaba y se inventó algo por las dudas. Le comenté que, aparte de ellos dos, sólo lo sabían la familia de Marcela y Joaquín, porque me daba (porque me da) mucha vergüenza mi situación y que no sé explicar ni siquiera que soy. En ese momento fijó su mirada sobre mí y se mordió el labio superior, que sólo puede significar que hay algo que no se anima a decirme y por primera vez en mi vida no le insistí para que me dijera. No quería saber nada. En la caja había álbumes de fotos nuestras: tuvo la delicadeza de no agarrar fotos con mamá y papá, sino con Daisy, la Rottweiler que teníamos cuando éramos chicos. Desde que tengo memoria Daisy era ya vieja, pero era la perra más amorosa que existía. Claro que conmigo y con Mirko, con el resto era antipática y hasta agresiva. A nosotros nos dejaba acariciarla, nos tirábamos encima y ella no hacía más que estar contenta, pero incluso cuando mi papá la tocaba y estaba medio dormida le ladraba. En realidad era una miedosa, pero como se sabía grande e imponente en vez de huir, te seguía por toda la casa controlándote y gruñéndote. Pero sobre todo, porque para que te dejara moverte, le tenías que dar algo de comida y si había algo que le gustaba más que nuestros mimos ¡era la comida! Basta por hoy. P.D.: Quiero dejar una copia de lo que le escribí a Marian. “Te imagino frente a la computadora, preocupada por terminar un informe para mañana. Me acerco por detrás, apoyo mi mano sobre el borde de tu escote derecho y la arrastro, dejando tu piel colorada en el camino, hasta detrás de tu oreja, entrelazando tus cabellos. Tu cuello de cisne queda expuesto : tan frágil, tan sensual. Poso mis labios y siento el latir de tu yugular. Mi lengua recorre tu piel, tus pelos se erizan bajo mi mano y tu boca expira un gemido. Tus manos yacen sobre el teclado, pero ya no teclean. Con mi siniestra, desabrocho tu corpiño, dejando translucir tus pezones erectos a través del verde de la musculosa. Corro tu silla hacia atrás y me arrodillo frente tuyo. Bajo por tu vientre, soplando cada centímetro de piel hasta llegar al delta de tu sexualidad. Dejo reposar mi lengua sobre tu bombacha hasta que mi saliva se fusione con tu ambrosía y te hago saber que estoy toda mojada… si querés saber cómo termina vas a tener que esperar a que volvamos a casa. Te amo”. (…) Basta por hoy. P.D.: Hoy sólo pensé en volver a tus hojas en blanco todo el día, es la única cosa para la que tengo ganas. Es sobre tu blanco en el único lugar en donde puedo narrar la realidad como me plazca, sin que nadie me diga que es posible y que no. Lunes 13 de Abril 2020. ¡No puedo creer que todavía esté despierta! Hoy ni siquiera iba a escribir para estar más descansada mañana, pero no se me va el enojo. Tomé de todo para dormir y no puedo parar la cabeza. Espero que esto me ayude a calmarme, porque para colmo estoy asustada de que todavía no se me vaya esta aceleración en el corazón. Nadie me entiende ¡me extraño! Extraño como era antes, cuando era alegre y tenía energías, cuando me sentía joven y no una vieja con calores, cuando me sentía segura en los abrazos de Mariana y sabía que todo lo pesado del día no podía afectarme dentro de ese escudo de amor. Extraño estar excitada y tener un motivo para salir de la cama. Hoy luego de un esfuerzo titánico logré ir a lo de Carlos. Antes de poder empezar a hablar estuvimos un largo rato en silencio, pero no me sentí incomoda. Por el contrario estaba distraída, mirando su rostro, como si fuera un desconocido. Noté las patas de gallo que adornan sus ojos, que una de sus orejas es significativamente más grande que la otra y que sus lentes necesitan una limpieza urgente. Cuando me dijo si quería contarle algo le contesté que no sabía, al rato le dije que su baño estaba descompuesto. Me pregunto a qué me refería y le dije que a la mochila del inodoro… y agregué luego que también el espejo. En ese momento puso cara de pregunta y volví a reconocer su rostro: dejó de ser una persona normal para transformarse otra vez en psicólogo. Le respondí que el espejo ya no me refleja más, que mi nombre no me delimita como lo hacía antes. Que tengo la sensación de que cuando me miro no me siento mujer, pero que al mismo tiempo, cuando me pienso sabiéndome hombre, no dejo de percibir que me es ajeno, en tanto que no me siento hombre sino mujer; pero no la misma mujer sino otra. Le expliqué que la imagen que tengo: es como si me viera en la pantalla de un viejo televisor de tubos y me veo con “fantasma” como cuando arreglaban la antena. Que se veían las personas pero difuminadas, sin límites claros. Y el tipo me respondió que se imagina (¡¡SE IMAGINA!!), que es esperable en una situación tan poco frecuente como la mía y además agregó que puede ser que esto esté INTENSIFICADO por los cambios hormonales. ¡CAMBIOS HORMONALES TU HERMANA! TENÍA QUE SER CHABÓN PARA DECIR TREMENDA PELOTUDEZ!. No entiendo cómo dejan recibirse de psicólogo a una persona que pueda decir eso. La verdad es que le chupó un huevo, no le interesa nada. No puede ser que siempre que le mencionaba las técnicas, me pidiera que le aclaré cuáles eran las de alta complejidad. Y ahora TOOOODAAAA la culpa la tienen las hormonas. ¡QUÉ HORMONAS! ¿de qué hormonas me hablas? Hormonas me faltan P E L O T U D O. Basta por hoy. P.D.: PELOTUDO Martes 14 de Abril 2020. Mi casilla de mail explota de correos no leídos con reclamos de clientes. No puedo lograr ser creativa y siento que todo lo que hago no logra llegar al nivel de mis antiguos trabajos y tengo miedo de que mis clientes me confirmen lo que ya sé. Hoy me llamó Lucas pidiéndome disculpas por haber sido duro o seco la vez pasada, que a lo mejor estoy mal (a él no le dije nada) y él no está enterado porque hace mucho que no nos vemos, que en él tengo un amigo, etc. etc. etc. Lo único que pude escuchar son reclamos. Me da pena pero no es capaz de consolar a nadie. Su único método de enfrentar los problemas es distrayéndose, pensar en otra cosa o trabajar mucho y después quejarse del trabajo. Igualmente a la tarde me mandó frases lindas y me hizo muy bien recibir su cariño. Mientras me cocinaba una pasta tomé coraje y llamé al psicólogo. Le dije que no podía ir más porque no me alcanza el dinero (que tengo que usar para comprar hormonas que subrogan mis ovarios) y que ya me siento mejor. Me ofreció con sorpresa que nos veamos nuevamente y conversar sobre el precio. Le insistí que no, que me sentiría mal. Luego de algunas idas y vueltas, que hasta me fastidia recordar, me pidió de hacer un encuentro de cierre a lo que le respondí que puede ser, pero se lo confirmo la próxima semana porque en esta tengo que corregir un montón de trabajos por reclamos de clientes (que lamentablemente es verdad) y al cortar me sentí muy aliviada (se me paso la pasta). Poco después del mediodía apareció Marian. Ante mi sorpresa de verla tan temprano me indicó que se sentía mal (en efecto estaba muy pálida) y había decidido volver a casa. Le ofrecí cocinarle algo pero me dijo que tenía nauseas, que vomitó todo lo que comió en el día, e incluso que había tomado una Gatorade (así de grave estaba). Fui a prepararle un té de jengibre y al volver su figura había desaparecido del living. La encontré en la cama vestida e inmersa en un sueño profundo. Le saqué los zapatos que aún llevaba puestos (los pies colgaban por fuera de la cama por supuesto, se ve que se sentía lo suficientemente mal para olvidar quitarse el calzado, pero no tanto como para arriesgarse a provocar mi ira) y también la chaqueta, que usé para taparla. Cuando despertó hacía tiempo que la taza de té había dejado de humear, sus mejillas habían tomado más color y tenía hambre. Mientras las azucaradas partículas de un gajo de naranja salpicaban sus anteojos, le comenté que le había escrito a la chica que había conocido hace un par de años antes, la que había hecho su tesis conmigo, para contratarla temporalmente con el fin de que corrija ella los trabajos que me reclaman los clientes, que yo no me sentía capaz y que pensé en ella por saberla preparada y con un estilo muy parecido al mío. Ni había terminado de tragar, cuando con la boca llena y esparciendo jugo por toda la mesa me preguntó de modo beligerante con qué plata pensaba pagarle a esta chica, si no me doy cuenta que estamos bastante ahorcadas y todavía pagando el viaje que hicimos a Cancún. Le dije que no se preocupe, que ya lo había pensado y que pienso pagarle con la plata que nos ahorramos del psicólogo, ya que no iba a ir más. Sin yo saberlo, esas palabras hicieron rebalsar un dique que parece estaba reteniendo caudales de emociones más tiempo del que debería haberlo hecho. El caso es que me dijo gritando y con lágrimas en los ojos, que se siente enferma porque no puede más llevar ella todo adelante sola, que siempre llega cansada y tiene que recibir mi energía pesada, que además siente sobre sus hombros la economía de la casa porque estoy trabajando menos y que lo único que le falta es que deje de ir al psicólogo. Que siente que no quiero ponerme bien y que necesita que me apoye en mis pies y no en sus espaldas. Yo le respondí con igual fervor que no lo hago a propósito, que me siento mal y que no es mi culpa que ella sea tan cerrada, que en vez de compartirme se guarde las cosas hasta que explota. Y que mi cuerpo no está igual que antes, que recuerde que la operación y lo que estoy tomando tiene que ver con todo esto (si ya sé que es incoherente pero no es lo mismo, es diferente si lo digo yo). A un momento nos quedamos ambas en silencio. Yo sentía que no podía estar enojada ni herida porque me había hablado con sinceridad (y yo a ella) y era un alivio de alguna manera. Después, ya más calma, le tomé la pegajosa mano por sobre la mesa y mirándola a los ojos, que parecían dos océanos infinitos, le dije que tiene razón, que necesito ayuda y que voy a buscar otro psicólogo porque éste no me gusta. También que me siento mal porque me siento única, pero no en un sentido positivo porque soy una mujer que no puede tener hijos y que tampoco es mujer. Ella me hablo de como también se siente desesperanzada después de toda la ilusión que se había hecho y que no ve la hora de que seamos madres. Esto me hizo sentir acompañada. Más, le confesé que no sé cómo sentirme al respecto. Que tengo miedo de no saber que encontrar en esa hija que me haga sentir que es mía. No va a salir de mi sangre, si es varón tanto como si es mujer no voy a sentir que se me parezca. Un respiro profundo evito que me respondiera de manera automática. Por el contrario poso sobre mí su mirada unos instantes, torció su cabeza como si fuera un perro y me dio la clave exacta para que hoy termine el día con una seguridad que hace tiempo no siento. Me dijo que por si no lo había notado antes, yo siempre llevo todas las cosas (mochilas, chaquetas, etc.) caídas del hombro izquierdo. Que en un principio eso la ponía nerviosa, que luego pensó que a lo mejor tenía los hombros desparejos, pero que no. Descubrió que simplemente así, me sentía más cómoda. Me pidió que me concentrara en como sentía en ese momento el peso de la bata sobre ese hombro, como eso me generaba comodidad porque es algo mío, sólo mío, que nunca vio en nadie y que sin embargo yo me siento a gusto siendo así aunque sea diferente de los demás. En ese momento no le presté real atención, pero cobró todo otro valor luego de la llegada de mi hermano. Me está llamando Mani que tuvo una recaída, aunque no está tan mal como a la tarde y quiero cuidarla para que se mejore. Mañana sigo, que total decidimos que necesito ayuda para terminar los trabajos y así puedo terminar de procesar toda la información del día de hoy. Basta por hoy. P.D.: Hoy me dio ganas de cenar sushi y comer chocolate y me dio mucho placer hacerlo. Qué lindo es tener ganas de comer algo y hacerlo. Hasta me volvieron ganas de hacer el amor. Es como si de repente me volviese el deseo. Miércoles 15 de Abril 2020. Esta mañana me levante llena de energía antes de que sonara el despertador. De hecho menos mal, porque nunca sonó. Lamentablemente después de todo el recorrido que hicimos por playa del Carmen, para terminar encontrando el despertador perfecto en el Walmart (gracias a tener que refugiarnos de la lluvia) y llenar las últimas páginas de tu antecesor con esas aventuras, hoy nos abandona nuestro mariachi favorito. Adiós mariachi amigo, que la fuerza te acompañe. En fin, le hice un rico desayuno a Mani que decidió ir a trabajar (aunque le haya insistido que se quede) y le comuniqué que voy a terminar yo los diseños, pero que si me responde esta chica igualmente le voy a delegar algo de trabajo, así mientras antes termine, antes podré hacer ingresar dinero. Me dijo que le parece bien, pero que no me ponga presión en eso, que saberse comprendida le es más que suficiente. Hace un ratito se fue y ahora quiero terminar de escribir sobre ayer antes de ponerme a trabajar. Bien, ayer cayó Mirko en casa poco después de la “charla” con Mani. Cuando entró se sorprendió de que estuviera ella y preguntó si había pasado algo. Le contamos que se sentía mal y dijo que no quería molestar que en tal caso pasara otro día. No hizo falta ni que yo dijera nada, hasta Mani había captado la obviedad de la situación y le dijo sin tapujos (se ve que el dique había quedado abierto y salía todo lo que tenía que salir): “vos no te vas a ningún lado. Caes sin avisar, haces un comentario sin ningún tipo de tacto y tenés los ojos grandes como dos huevos fritos. Te pansas que te vamos a dejar ir así nomás cuando o pasó algo sumamente importante, o sos un extraterrestre disfrazado de mi cuñado” (los dos la miramos boquiabiertos). “Yo aprovecho y me voy a descansar así me termino de recuperar”. Le dio un abrazo a Mirko, un beso a mí y se fue a la habitación a ver Netflix (antes de dormir me recomendó una serie, que vea un capítulo que son cortitos, por si quiere que los veamos juntas). Al quedarnos solos le pregunte que le pasaba, si necesitaba algo, que cuente conmigo para lo que sea. Me dijo que él estaba bien, pero que me tenía que decir algo importante sobre mí, sobre nosotros…. Le pedí que me hablara, que me moría de ansiedad. Pero no iba a ser tan fácil, primero me preguntó si se podía sentar (pensé “oh no! volvió la cortesía, esto va a tardar”). Después si tenía algo para tomar, así que fui a preparar un mate. Cuando volví me pidió de pasar al baño (en vez de ir mientras se calentaba el agua) y cuando regresó lo acorrale diciendo que no le iba a dejar hacer nada más hasta que no desembuche. Comenzó rogándome que no me enoje, porque es algo que sabe hace un tiempo, más le pareció mejor no decirme entonces por todo lo que yo estaba pasando y porque además, prefería procesarlo él primero para que yo pueda hacerlo después sabiendo que cuento con él. Luego de todo este prolegómeno y ante mi mirada de impaciencia, me dijo que se había ido a hacer análisis genéticos después de enterarse de mis resultados (yo me hice la sorprendida, pero claramente no me creyó, sin embargo no me dijo nada) y que habían descubierto que no somos mellizos, sino gemelos. Yo me lo quedé mirando, sin cambiar mi expresión, lo que hizo que exagerara la suya abriendo más los ojos y arqueando las cejas, que parecían formar un arco único sobre su frente. Al final le dije medio desilusionada por la noticia (ahora me rio): “¿y que tiene? ¿Qué diferencia hay?”. Su cara de expectativa mutó en desconcierto y confusión, no sabía si no lo había escuchado o era así de bruta. “¿Cómo qué diferencia hay? ¡Somos idénticos!” “Si no nos parecemos en nada, de que hablas” le dije. A lo que respondió “No nena (casi con enojo), somos idénticos genéticamente y no nos parecemos por cuestiones obvias”. Me quedé helada. Sentí un escalofrío que me subía por la columna hasta la cabeza y salía por mis orejas, humedeciendo mis ojos en el camino. Después me siguió hablando, creo que pidiendo perdón o explicando cómo se había enterado, pero mis oídos ya no lo escuchaban. El mundo se calló por un instante (como pasa en las películas cuando explota una bomba cerca. Igual) y lo único que sentía es el peso de la bata sobre mi hombro izquierdo. Bueno me voy a trabajar, a la noche sigo. No había terminado ni la mitad de lo que me propuse hacer hoy, cuando escuché afuera la voz de la vecina y me temí lo peor. Su inconfundible tono que arrastra una queja permanente se hacía cada vez más fuerte hasta que sentí golpear la puerta. Estaba con un jardinero, por lo de las ramas de la palmera y demás nimiedades. ¡Cómo me molesta esa mujer! En realidad todos los vecinos. Para colmo Mani habla con todos e incentiva interacción con ellos. Eso me encanta de ella, que sea tan sociable, pero odio las consecuencias que me trae. No les alcanza un simple hola de cortesía o un movimiento de cabeza. ¡No! tienen que sacar tema de conversación y parecen no entender que todo mi lenguaje corporal quiere terminar la charla antes de que empiece. La cuestión es que después de tan mal trago, decidí ver uno de estos capítulos cortos de la serie “En pocas palabras” y justo, justo ¡justo! voy a parar a uno que trata sobre técnicas de reproducción asistida. Parece que hay una técnica que se llama CRISPR que te permite modificar los genes. Según entendí, mediante una bacteria pueden “programar” un fragmento de ADN que quieran agregar o cambiar mediante una proteína en combinación con el ARN. Parece que es una técnica barata y “fácil” de usar. El episodio te explica que la idea es usarlo en humanos (no entendí si ya se puede o no) sobre su propio cuerpo, puesto que la mutación genética muere con ellos, pero no en embriones, ya que el cambio se transmite a las generaciones siguientes. Si bien puede ser que sirva para enfermedades, planteaban que no son límites muy claros de qué son y qué no las enfermedades como para aplicarlo a los embriones. Después estuve investigando un poco más y parece que no hace mucho un tal He Jiankui ya lo aplico en humanos para evitar que los niños por nacer se contagien HIV de la madre. Yo no digo que no haya límites difusos, pero no me parece que el HIV no sea una enfermedad. Además no le encuentro nada de malo que las próximas generaciones sean inmunes… Hace un rato llegó Mani, me dijo que llamó a Marcela y le recomendó el Psicólogo al que va Alejandro, que es muy bueno. Que ya sacó turno para la semana que viene. Si bien no me gustó mucho que me lo haga saber en vez de preguntarme antes, le agradecí igual. De última, si no me gusta me busco otro. Basta por hoy. P.D.: No le dije hoy tampoco a Mani lo de Mirko. Creo que voy a esperar al fin de semana. (…) creer que no se me haya ocurrido antes. Igual la sensación que tengo es que lo venía masticando en la cabeza y el sueño fue lo que hizo poner cada pieza en su lugar. Basta por hoy. P.D.: Ya es momento de seguir adelante. Sábado 18 de Abril 2020. Ayer antes de dormir planee la mejor manera de comunicarle todo a Mani así que, esta mañana, siguiendo lo planeado, le llevé el desayuno a la cama (con mate en vez de té, que incita más a la charla) y puse de fondo muy tenue Nuvole bianche (sin letra). Estaba tan nerviosa que le di el primer mate a ella y me lo devolvió diciendo que si no pensaba que le faltaba algo. Luego le puse agua y se lo volví a dar… empezó a reír y miró fijo el mate hasta que yo también posé mis ojos sobre él y me sumé a la risa. Una vez que volví con el mate, ahora con yerba, le dije sin más preámbulos que Mirko y yo somos hermanos gemelos. Ella pareció no tener problemas en entender a qué me refería y solo agregó: “con razón estaba tan raro el otro día”. Después de un par de mates (acompañados de los últimos acordes del piano), me confesó que le sorprendió que no solo no le haya contado enseguida, sino que no sospechó nada en toda la semana y le parecía raro. Le expliqué que quería primero entenderlo bien yo y que preferí esperar a tener tiempo y tranquilidad para hablarlo. Y le dije que eso no era todo, sino que estuve pensando y que esto podía ser la solución a nuestros problemas. Le conté todo lo que había pensado, pero por algún motivo, quizá prudencia, quizá no querer ilusionarme otra vez después de tantas cosas que pasamos, le conté sólo la primer parte. Le aclaré que podemos tener una hija nuestra, que ella puede poner el óvulo y yo “mi semen” a través de mi hermano. Que podemos llamar a la obra social para saber si la ley también los obliga a cubrirnos las hormonas para el crecimiento de mi útero (y de paso ver si esas suplantan a las que me suministro desde la operación, que no son nada económicas). Mientras me escuchaba decirle estas cosas, me di cuenta cuanta información era y temí que se enojara o que tuviera una reacción negativa (tal vez por eso no le conté todo lo que pensé en la semana), pero para mis sorpresa me dijo que lo tenía que reflexionar (que ambas teníamos que hacerlo), pero que donante íbamos a necesitar de todas maneras y que le gustaría sentirse también que participa del embarazo de alguna manera. Me expresó también que a ella no le importa como a mí que tenga su sangre, ya sé que para ella pasa por otro lado, que siempre se sintió hija de sus padres sin compartir ni siquiera el color de pelo, pero que así se sentiría parte del proceso de algún modo y ese pensamiento la hacía feliz. Me pidió que todavía no le preguntemos a Mirko antes de que lo tengamos decidido. Terminamos haciendo el amor, pero en vez de decirnos lo que nos solemos decirnos, nos platicamos sobre lo lindo que será, sobre cómo será nuestra familia y tuve por primera vez en mi vida el orgasmo más hermoso que pudiera imaginarme, pues lo tuve con dolor en los abdominales y los músculos de la cara provocados por la risa. Domingo 19 de Abril 2020. Gracias por tus páginas viejo amigo he de comenzar una nueva etapa en otro lugar. Diario de Irene Tomo XXI Año 2020 – 34 años. Parece que todo se empieza a alinear. Empiezo una nueva etapa, un nuevo diario en el primer día de una nueva semana con un nuevo psicólogo. Lunes 20 de Abril 2020. Llevo sentada mirando la pared el tiempo suficiente como para ver moverse el rectángulo que dibujan los rayos del sol a través de la ventana, desde el borde de la mesa hasta la altura del florero y apreciar cómo cambiar su color de un amarillo oro, hasta un cálido naranja. Pensé en escribir sobre la felicidad de haber decidido seguir adelante con Mariana y planear como le vamos a decir a mi hermano. O del alivio que encontré al tener un torrente de creatividad, pero siento la imperiosa necesidad de ir directamente a la tarde, a la sesión con Héctor. Desde que entré percibí una atmosfera particular: pareciera que allí dentro no tuvieran lugar los ruidos de la ciudad. El consultorio es grande pero acogedor. Todo parece dispuesto para la calma y la reflexión. Héctor debe tener la edad que tendría papá y su bigote me hace acordar un poco a él. Ahora que lo escribo pienso que pudo haber sido más eso que el hecho de ponerlo a prueba, lo que me impulsó a contarle todo lo que le conté, porque me sentí de hablar con alguien familiar. Me preguntó qué me llevaba por ahí. Sólo eso bastó para que no parase de hablar (porque no me sentí juzgada). Le resumí lo que pasó en los últimos meses: que estuve muy mal, que me sentía sola en el mundo, un bicho raro. Que ahora tenía otra vez esperanzas y con menos miedo que antes, por todo lo que pasé en el transcurso. También le comenté lo de pedirle a mi hermano que nos done semen y, como si fuera necesario decírselo para que me pueda entenderme, le conté TODO el “plan”. Primero que lo que me motivó para tomar la decisión fue el pensar en el sufrimiento que conlleva el desilusionarse, al saber que no se puede ser madre y además que así se nos iba parecer más… (en realidad dije que se me iba a parecer y después me corregí, cosa que más tarde me hizo notar) después le pregunté si sabe lo que es el CRISPR. Con sorpresa me respondió afirmativamente y se limitó a eso, decir que sí sin agregar nada positivo o negativo, como si no tuviera expectativas de lo que fuera a venir luego. Por fin, le dije que había pensado que podíamos usar esa técnica para elegir una nena, pero que no sea fértil, como las mamás. Que nazca sabiendo eso, así de grande no se iba a frustrar como nosotras y que sepa directamente que si quiere tener hijos que es lo que va a tener que hacer. Cuando se aseguró que había terminado de hablar, abrió la boca para esbozar alguna palabra pero lo interrumpí diciendo que ya sabía lo que me iba a decir, que no es ético porque eso puede modificar a las generaciones futuras, pero que lo pensé y no tiene sentido porque si ella no puede dejar descendencia propia, no se aplicaría eso en este caso. Me respondió que no es lo que iba a decir, que eso lo estaba manifestando yo. Pero que ya que lo hice, me pidió que le indique como pensaba hacer, ya que no me será fácil encontrar a alguien que lo haga, puesto que se llegó a un acuerdo internacional de que nadie avance con esas prácticas. Cuando le expresé que un chino lo hizo, me asintió como corroborando y agregó que justamente es el único caso y que nadie más lo había hecho alegando el anterior motivo. Le argumenté que a lo mejor se lo sigue practicando sin que salga a la luz. Me inquirió sobre qué piensa Mariana sobre esto y al comunicarle que no sabe, me replicó que cómo es entonces que hable tan segura, pues le había dado a entender que era algo de mutuo acuerdo. Le afirmé que sí estaba segura y que no me importa tener que sobornar a alguien para que lo haga, por más que Mani nunca lo sepa. En ese momento callé, porque me costaba reconocerme al escucharme y me parece que él lo noto porque a continuación me dijo las pocas cosas que me mantienen pensando hasta ahora, mirando la pared. Inició con algo así: “no termino de entender, yo pensé que lo que vos querías es criar un hijo pero ahora me decís que en realidad querés comprar uno. Uno que se parezca a vos como dijiste antes de corregirte”. Y después me hizo una pregunta que todavía no puedo responder: ¿Qué significa para vos ser madre? Basta por hoy. En efecto estaba en correo no deseado, igualmente lo dejó satisfecho y eso es lo importante (lo que me hace pensar que si bien este diseño en particular de Nina no me terminaba de cerrar, pero al cliente sí le gustó, no me quiero imaginar lo desastroso que sería el original). Ya sólo queda la respuesta del último que corregimos juntas y listo ¡Que satisfacción! Basta por hoy. P.D.: Ya me voy sintiendo una experta con esto de las inyecciones, a lo mejor puedo ampliar mis habilidades por fuera de la familia y tener un ingreso extra jejeje. P.P.D: Logré conseguir mi primer Orsai impreso, que lindo que es sentir el peso y el olor de las palabras. Lunes 4 de Mayo 2020. Hoy antes de ir a terapia me compré una “bitácora” (que básicamente es un cuaderno forrado con tela de colores y compuesto con hojas recicladas, pero es hermosa) para sacarle provecho al tedioso y somnífero viaje de regreso en colectivo: de este modo puedo anotarme las cosas relevantes de la sesión mientras aún su recuerdo está fresco en mi memoria. Ni bien me senté le dije “tengo un sueño para vos”. Frase que, cual código secreto, activó una respuesta automática: poso su espalda sobre el respaldo del sillón, cruzó su pierna hábil por sobre la siniestra y apoyó su codo derecho sobre la rodilla elevada, quedando todo dispuesto para que el dedo anular y menique oculten su boca pareciendo dar descanso al poblado bigote, al tiempo que los dedos restantes sostenían su faz. “Lo soñé esta noche” agregué a lo que acotó “¡Ah! entonces si lo soñaste para mí” (en ese momento no entendí a qué se refería... pensándolo bien ahora que lo transcribo... tampoco lo entiendo). “Soñé que tocaban el timbre y yo sabía que eran mis padres, pues los estaba esperando; pero en lugar de ir a la puerta principal los hacia entrar por la heladera. De la nada estábamos en el living de mi hermano, que, si bien no lo veía, sabía que estaba en la casa y mi mamá ponía una caja de torta arriba de la mesa diciendo que había traído macitas para el café. Pero cuando abría la caja estaban Daisy y Bigotes (la perra y el gato que teníamos cuando éramos chicos) y nos decían que eran para los nietos. Yo no sé como pero sabía que Daisy tenía parásitos, por eso estaba con la panza hinchada, y que Bigotes estaba castrado. Después sonó el despertador”. Le pregunté a Héctor que significaba y me repreguntó qué se me ocurría a mí al respecto. Comencé refiriéndome a que me parecía que tenía que ver de alguna manera con que no puedo tener hijos, por lo del gato castrado, puesto que en realidad nunca lo estuvo. De hecho iba preñando a todas las gatas del barrio. Recuerdo que una vez vino un vecino diciendo si el nuestro era un gato negro, porque era la segunda vez que su gata tenía cría y mi papá le había indicado que sí teníamos un gato negro, pero que estaba castrado y no salía de la casa. En esa ocasión nos tuvo que explicar que significaba castrado, ya necesitaba que sostuviéramos la mentira. Un día el gato apareció muerto en la vereda. Nunca supimos qué pasó, pero sospechábamos que algún vecino (seguramente el que apareció para quejarse) lo envenenó. Al poco tiempo mi papá trajo otro pero era hembra. No estuvo mucho en la casa porque se escapó antes que siquiera pudiéramos acordar en ponerle un nombre; sin embargo recuerdo esa tarde porque mi mamá se había enojado que fuera hembra, ya que la perra era hembra. Ella tenía esta idea “simétrica” de que estaba contenta de que fuéramos una nena y un nene (la parejita), que para colmo vinimos juntos y además estaba la parejita de mascotas: perro y gato, hembra y macho. Luego de un breve silencio que siguió a los gritos balbuceados de algún vecino del edificio que se escucharon por la ventana del consultorio, Héctor me preguntó si se me ocurría algo más. De hecho sí: en cuanto a los paracitos me pareció que tenía que ver con las molestias que me dice que tiene Mani en los ovarios por la estimulación de las hormonas que le inyecto (de hecho no le dije, pero ahora también se me viene que puede tener que ver con que se me está agrandando el útero). Otra cosa que asocié al sueño es que lo de la heladera me parece que tiene que ver con que mi hermano (tal vez por eso estábamos en su living), en tanto que ya haya crio preservado su esperma. Por último le dije que lo que decía mi mamá de los nietos también lo hacía en vida. Solía decir que quería ser abuela joven así podía disfrutarlos. Levanté la cabeza, pues lo último que relaté lo hice mirando la alfombra. Me encontré con una mirada cálida y empática. De hecho es algo que me agrada mucho de Héctor: con los ojos y las cejas convexas te dice “te entiendo” y con la media sonrisa en la boca te expresa “no es tan grave”. Le dije que no “se me venía” nada más, que igual traje a la vida a todos los muertos, que no me parecía poco. Él acotó “estaban todos living en el living” y echamos a reír. Héctor (luego de adjudicarme una gran capacidad de asociación), me comentó que si bien estaban todos muertos, parecía ser que sus mandatos estaban bien vivos y coleando. No sólo en relación a lo que había surgido la sesión pasada con respecto a porqué quería “diseñar” a mi futura hija, sino que seguramente debo sentir una gran carga por ya no conformar a la “parejita” de hermanos. Antes de terminar la sesión me propuso pensar si me podía permitir por un tiempo ir un total de tres sesiones por semana, para poder pensar estas cuestiones referentes a la maternidad, a las técnicas y poder empezar a discriminar en dónde está el deseo y en donde los mandatos para poder ir identificando que es lo que trae aparejado este nuevo ciclo en mi vida (o algo así). Ya en casa, luego de resolver algunas cuestiones de trabajo, me abrí un Malbec y lo dejé respirar mientras llenaba la bañera con agua tibia y sales relajantes. Encendí un papel aromático de Eritrea y esperé a Mani metida en el agua con dos copas de vino y mi amigo Barry Blanco que me quiere así en la forma en que soy, rellenando el ambiente. Basta por hoy. P.D.: Tuve que tirar el vino, pues al llegar Mani me recordó que no podemos tomar (al menos lo llegué a probar) ¡buaaa! Martes 5 de Mayo 2020. Con Mani hemos alcanzado el grado de encarnación de la metáfora del yin y el yang. Nos alternamos de manera sincrónica y equidistante en dos estados de ánimos intensos y complementarios, favorecidos por el exceso de hormonas, pinchazos y molestias. Esta mañana yo ocupé el lugar de sensible fragilidad y ella de fastidio constante: tres veces lloré durante el desayuno; ella veces incontables bufó y revoleo los ojos. Empero la distancia sorprendentemente hoy fue nuestra aliada, puesto que fue por mensajería (telegram) que durante el día logramos organizar las próximas semanas: decidimos que ya no necesitaré la ayuda de Nina para los nuevos proyectos y que de allí y del regalo de cumpleaños adelantado de los padres de Mani (la cancelación de las últimas cuotas del viaje a México) sacaremos el dinero para mi terapia y para la fiesta de su cumpleaños. La misma la festejaremos en dos fines de semana y el día de su cumpleaǓos puso una sola condición ¡que haya alcohol! ya que el día antes vamos a la clínica a hacerle la punción ovárica. Acordamos también en regalarle a mi hermano como agradecimiento por su donación (aunque nos suena a pobre) un whisky Johnny Walker Double Black de un litro que es su favorito y una pipa Churchwarden, que siempre quiso. Por último coordinamos que días de las vacaciones que le deben se va a pedir para que podamos estar juntas en los días más importantes del proceso. Cuando colgué la video llamada por Skype con Margarita, que me pidió como todos los años el nuevo diseño para su presentación, sin pensarlo mucho y tomando coraje llamé a la secretaria de Carlos, ya que me empezaba a dar vergüenza aplazar tanto la última sesión y me la quería sacar de encima. Si bien mi grado de sensibilidad había ya mermado, no pude evitar lagrimear al punto tal de que casi podría ser llamado llanto, cuando me informó la secretaria que al menos por el próximo mes iba a estar ausente, pues ayer tuvo que viajar a Córdoba de improviso por el fallecimiento de su padre. Para intentar estabilizar mi alma, me dediqué el resto de la tarde a surcar las aguas del ciberespacio usando el ratón como timón y las teclas como velas, impulsadas por una galerna de wifi. Estuve averiguando en qué consisten las distintas etapas que nos esperan, sobre todo aquellas en las que yo no he de participar, esas prefiero no saberlas hasta que sea necesario y no saberlas si no lo es. Ya nos había adelantado un poco cómo es el procedimiento de la punción ovárica, pero me lo imaginé más tecnológico, no sé. Pensé que había una camarita o algo así en la sonda vaginal, pero no. Parece que uno ve por dónde está la sonda con la aguja para extraer el contenido de los folículos (en dónde están los ovocitos) con la misma calidad de imagen con que se hacen las ecografías transvaginales o que se usan para controlar el crecimiento de los folículos (es decir que no se ve una mierda). Después ya los ponen con el semen que fue separado del plasma seminal para que fecunden varios óvulos y después… basta, ahí entro yo. Al regreso le quise comentar a Mani, pero me dijo que ya había investigado por su parte: ella es lo opuesto a mí (o ya que iniciemos con lo del yin y el yang podemos decir complementaria) ya que la tranquiliza saber todo sobre el tema. Me dijo si quería pedir una pizza que estaba antojada, la alenté a hacerlo pero no la acompañé, prefiriendo respetar la dieta. Igualmente la sopa de verduras me sale tan rica que no tuve que envidiarle nada. A mitad de un mordisco profirió un “¡ahhhhh!” tan estruendoso que me hizo desparramar por toda la mesa la porción de sopa que era trasladada en mi cuchara. “¿¡Qué pasó!?” inquirí con perplejidad. “Me acabo de acordar, no sabes lo que pasó hoy en el trabajo” contestó entre risas fragorosas y me contó lo siguiente: estaba yendo a recursos humanos cuando escucho gritos del call center de atención al cliente y cambió su rumbo hacia allí. Cuando estaba por entrar, salió un hombre con cara de enojo y todo colorado moviendo las manos por el aire hasta perderse por las escaleras. Cuando entró y preguntó qué había sucedido, le contaron que el tipo ese es el novio de una de las chicas que había sido desvinculada la pasada semana y que entró de la nada gritando furioso quién era Flavio y donde estaba que lo iba a matar y demás injurias. Se enteró que es de público conocimiento en el sector que a Flavio (el responsable) le queda chica la relación laboral para con algunas de las empleadas y que la muchacha esta era uno de esos casos. Parece que Mani lo encontró a este tal Flavio en la cocinita intentando esconderse detrás de la heladera (cuando lo contaba se reía porque decía que se lo veía igual porque le sobresalía la panza por el costado y la pelada por arriba), todo pálido y cuando ella entró la miró todo asustado con ojos de huevo frito por pensar que podía ser el novio de la chica. Ahora lo contaba divertida, pero dice que en el trabajo no fue nada divertido. Tuvo que denunciar la situación por la falta de seguridad, pues no es posible que cualquiera entre como si nada y que de casualidad estaba en la cocina, que sino no sabe que podría haber pasado. Además que en recursos le dijeron que este Flavio es el que había elevado el pedido de que echen a la chica esta (se ve que en un ataque de bronca le pudo haber contado al novio porque sabía que iba a reaccionar así). La cuestión es que es algo grave lo que hizo. Igualmente ella cree que no le van a hacer nada porque es amigo de los dueǓos. En fin, igualmente nos reímos mucho (más de tres veces jejeje). Basta por hoy. Miércoles 6 de Mayo 2020. Al finalizar el desayuno, despedir a Mani y acordar horarios con el psicólogo, me sucedió algo muy particular: por un buen rato estuve en un estado de conciencia diferente, esos que son casi imposibles de describir y mucho menos de hacer que sucedan a voluntad. Es como si una se viera desde afuera o como si todo fuera nuevo. Me quedé parada en un costado del comedor y me arribó la sensación o el pensamiento de que una transita cotidianamente los mismos espacios, mas desatiende la rareza de todo lo que implica ese transitar. Empecé a observar y preguntarme cuál es la razón de que por ejemplo los muebles en general (y el del comedor en este caso particular) tengan que estar contra la pared y que esa cara destinada al muro no tenga gracia o belleza. ¿Por qué no podrían estar, no sé, en medio del espacio? o ¿por qué no coincide un canto en línea con la abertura que conecta con el pasillo y tiene que estar lo más centrado posible? o mejor aún, que invada el pasillo por quince centímetros. Luego noté que cada cosa y detalle de esta casa tiene una historia que conozco y que pasa desapercibida en mí circular cotidiano por allí, pero que al mismo tiempo está presente. Por ejemplo sé que el reloj de pared amarillo fue un regalo de casamiento de mis padres y que en donde van las pilas no tiene tapita porque se rompió la última vez que las cambié. También sé en qué cajón esta esa tapita guardada inútilmente por no querer tirarla (quién sabe por qué). Incluso me remite a una historia la pequeǓa mancha de humedad del ángulo entre el techo y la pared, que vino a reparar mi hermano y yo lo ayudé con la brea líquida y luego le preparé unos ñoquis porque estaba antojado. En fin, ahora que releo me doy cuenta lo difícil que es transmitir la sensación, pero más o menos los pensamientos fueron esos. Incluso llegué a pensar con lo del mueble que estaba teniendo una epifanía y que podría revolucionar la historia del diseño. Por la tarde me llamó un hombre joven pero con voz de locutor al que le empiezan a asomar cabellos blancos en los temporales. Se presentó como wedding planer y me quiere contratar para hacer un trabajo muy extravagante, que si bien dista de mi zona de desenvolvimiento (de hecho es la primera vez que escucho una cosa así), me pareció una labor muy creativa y desafiante para hacer: me indicó que está al frente de la organización de una boda muy grande y que la novia quiere que cada mesa (¡cincuenta en total!) tenga un diseño en particular, que esté basado en los integrantes de cada mesa y dichas descripciones las ha realizado la novia en forma de frases algo vagas para mi gusto. Me pidió que le haga tres diseños de prueba (en distintos estilos) para presentarle a la pareja y luego me confirmaran la contratación y sobre que diseño. No me dio mucho tiempo para entregarle las muestras, pero está muuuuy bien pago. Le pedí que me envíe lo antes posible un boceto del “diseño” general de la boda (sobre todo centros de mesa, decoración y el vestido de la novia, aparte de fotos del lugar) y también de la casa para conocer sus gustos (la casa es gigante y un poco “modernosa” para mi gusto, pero muy bella y ella también). Las frases que me mandó son: “renacer espiritual”, “capricornio” y la más linda “tienes líneas de luna, caminos de manzana. Desnuda eres delicada como el trigo desnudo”. Basta por hoy. P.D.: Hoy casi me muero de la incredulidad, pero Mani cocinó la cena. Jueves 7 de Mayo 2020. Si bien habíamos ya organizado que hoy me acercaría sola a controlar por la mañana mi útero y Mani por la tarde sus folículos, hubiese preferido haber ido juntas así después no me las tendría que haber enfrentado sola con la noticia, ni tener que transmitírsela por teléfono nublando el humor de su tarde (tampoco podía esperar a decírselo en persona, ya que se enteraría en el centro y no de mis labios). El lado amable es que voy a tener que dejar de tomar la mitad de las cosas que estoy tomando, específicamente aquellas que son para coordinar nuestros ciclos (digo coordinar, por no decir “inventar” el mío), ya que mi útero disminuyó el ritmo de crecimiento, que si bien no es nada malo e incluso es algo que suele suceder, nos complica los tiempos. Ya sabíamos que era una suerte de apuesta el comenzar la estimulación de Marian tan temprano, pero no queríamos dejar de perder más oro que es el tiempo que tenemos. Me informaron que si bien siempre es más conveniente hacer la anidación de un embrión “fresco”, la crio preservación está muy avanzada y no hay de qué preocuparse (cuantas veces ya escuche eso este año). Así que luego de hacer los embriones y dejarlos desarrollarse entre tres y cinco días, los van a crio preservar hasta que mi útero esté listo. Lo bueno es que el crecimiento folicular de Mani viene muy bien: hay unos diez u once que tienen potencial. Mientras esperaba afuera a que baje Héctor toco el timbre de otro psicólogo (se ve que hay varios en el edificio) un hombrecillo particular: muy flaco, con ropa amplia de colores opacos y con pelos largos y quebradizos que colgaban sueltos hasta un poco por debajo de los hombros, que, por su postura algo encorvada y su constante mirar el piso, lograban esconder su rostro casi todo el tiempo. Al tiempo que Héctor bajaba del ascensor y caminaba para abrirme, el sujeto indicó a su interlocutor que ahí subía que estaban abriendo. Nos saludamos con Héctor camino al ascensor con el hombrecillo caminando detrás y una vez dentro, Héctor sin prestarle particular atención le pregunto al hombrecillo si iba a subir (a mí que lo estaba observando me dio la sensación de que quería esperar otro ascensor) pero lo hizo (por confusión) de la siguiente manera: “¿sube usted señora?”. El señor subió sin pronunciar palabra y clavando todo el tiempo su mirada en el suelo. Dos pisos antes de nuestro destino frenó el ascensor, y antes de bajar el hombre alzó la mirada clavándola en Héctor y le dijo con enojo e indignación: “¡qué malicioso que es usted, se ve que se levantó con ganas de arruinarme el día!” y salió cerrando el ascensor de un portazo. Ya en el consultorio fue muy raro verlo a Héctor incómodo e intentando justificarse ante la situación. Ya que me explicaba que no lo había mirado directamente y que tenía toda la cara cubierta de pelos y como eran largos pensó que era una mujer, pero que le pareció muy exagerada la reacción, que vaya a saber que le pasaba a ese hombre. Yo asentía, pero para mis adentros pensaba que quizá el tipo tenía alguna cosa grave, y él sin querer a lo mejor le había arruinado todo el progreso que este hombre podía haber hecho en la terapia y que quizá le puede haber dificultado el trabajo a su colega. Hoy no fue muy interesante la sesión que digamos. Me parece que todo este incidente puso la situación algo incómoda. Lo que sí he de destacar, es que parece que en mi inconsciente hay una parte que piensa (si es que funciona así) que un bebé puede venir a “completar” la familia que quería mi mamá, ya que mi hermano no tenía esa labor: si él no quería tener hijos o era rebelde era entendible. Basta por hoy. P.D.: ¿Qué será ahora de este hombrecillo? Viernes 8 de Mayo 2020. Ayer noche en la cama decidimos con Mani ir a pasar el fin de semana al Tigre al spa que no pudimos ir la pasada vez. Seguramente vengan momentos de estrés y pensamos que es bueno aprovechar la oportunidad. Esta mañana llamó para ver de ir a hacer otro control hoy, así tenemos todo el fin de semana libre. Quedamos en que hoy terminaré los tres diseños, ya que me dieron plazo hasta el Lunes. Igualmente ya tenía en mente que es lo que quería hacer. Fue bastante trabajoso porque entendí que le gustan los detalles, pero quedé satisfecha. Noté mientras estaba llegando a terapia, que lo estaba haciendo con alegría y me dio mucho cariño. Hoy a diferencia de lo usual, que es dejarme empezar a hablar o soltar una expresión que me invite a contar lo que se me ocurra, me preguntó (retomando lo que habíamos trabajado ayer) en que otras cosas sentía que mi madre hacía diferencia entre mí y mi hermano. “Yo tenía que hacer más cosas” le dije “es cierto que mi hermano tenía que estudiar para ser inteligente, pero como era hombre no tenía más que tener el órgano sexual colgando para afuera, para lograr tener más concesiones. Por el contrario, yo no sólo tenía que ser linda, en tanto a que tenía que ser coqueta y estar aseada, sino que también tenía que ser inteligente. Eso me parecía injusto, porque mi hermano siempre tenía menos cosas que hacer, no de hacer en el sentido de acción ya que en esas cosas mis padres (ambos) eran bastante estrictos. En que ordenemos después de usar, o levantar cada uno lo que utilizó en la mesa, sino de mandatos como decís vos.” Ante su pedido de que le expliqué a que me refería le dije: “por ejemplo esto de estar siempre aseada. Cuando volvíamos de jugar de la calle todos transpirados, mi hermano podía estar sucio hasta antes de cenar (si no lo hacía ahí sí que se le armaba), pero a mí me mandaban a baǓarme apenas entraba. Nunca me preguntaban a qué habíamos jugado o si me había divertido, sino que me mandaban a la ducha y si yo quería contarles me decían que después del baǓo les dijera (que era en vano, porque cuando terminaba mi hermano les había contado todo).” “Igual peor era cuando crecí un poco, porque casi no comía nada, por lo que estaba re flaca (si bien no podía verlo). Sin embargo, ahora que estaba como mi madre quería, parecía que no lo notaba, no me decía nada al respecto”. En el primer silencio, Héctor me inquirió si mi mamá me atosigaba con el peso o me realizaba comentarios al respecto. Le dije que no, que no me hablaba sobre el peso sino que tenía que estar presentable y cuidarme. “Entonces parece que más que estar como quería tu mamá –me dijo- te revelabas y dejabas de cuidarte y me parece que te angustiaba (y todavía te angustia por lo que percibo) que ella no lo notara y de alguna manera invalidaba tu rebelión, porque no era registrada como tal.” Nunca lo había pensado así, le contesté: “puede ser. Al menos por un tiempo, porque después cuando ya estaba “saliendo”, por decirlo de alguna manera, de la anorexia seguía estando muy flaca y me decía que tenía que comer más grasas, porque la mujer para embarazarse necesita más “reservas” y más yo por carecer de caderas anchas”. Después le pude expresar (aunque con mucho esfuerzo, puesto que sólo me podía expresar de manera confusa, sentía mucho calor en la cara y también como si tuviera una guillotina en la garganta que cortaba mis oraciones antes de salir y sólo quedaban palabras sueltas), que después de la operación tuve una imagen de que estaba recostada sobre la tumba de mis padres y me tragaba la tierra y yacía junto a ellos sin haber dejado descendencia. Me solicitó que le describa la imagen con más detalle pero no pude y me empecé a angustiar, empero en vez llorar me puse a reír. Basta por hoy. Lunes 11 de Mayo 2020. Mi estimado compañero de aventuras he re retornar a tus páginas luego de haberte olvidado en casa. No lo toméis a mal, pero ha sido muy grato poder estar panza para arriba, recibiendo masajes y sin cocinar todo el fin de semana. Estoy muy, pero muy satisfecha. Me respondió Erik el wedding planer para confirmarme el trabajo. Me dijo que a la novia le encantaron todos los diseños, pero el estilo que más le gusto es el de “capricornio” (hubiese apostado que sería el de “desnuda”), así que ya me paso las 50 frases. En realidad 48, porque el de capricornio queda así y el de desnuda dijo que también lo deje que no había mucha diferencia de estilo (no sé si estoy del todo de acuerdo, pero entiendo a que hace referencia). Hay algunas que me causaron mucha gracia, pero una me hizo reír por cinco minutos sin parar: “los soronguis de Amelie”. No sé qué carajo voy a hacer con eso, pero me dio ya muchas satisfacciones, ahora mismo vuelvo a llorar de la risa. A la tarde fui al psicólogo y comencé contándole lo que soñé el pasado viernes después de la sesión: “estábamos en el cementerio y teníamos que elegir nuestras futuras tumbas porque se estaban acabando. Sólo quedaban en una suerte de cripta de esas que son agujeros en la pared. Mi hermano y mi papá habían ido al sector de hombres y en el de mujeres quedaban pocas. A mi mamá le daba miedo probarla ella así que me metía yo: tenía que ser en posición fetal. Cuando salía me enteraba que como había perdido tiempo probando esa, el resto se había ocupado. Mi mamá estaba preocupada de que yo me quedara sin lugar, pero a mí no me molestaba: le decía que me iba a tirar a dormir ahí en el piso, que igual me iba a dormir y no me iba a dar cuenta de nada”. Sin que Héctor me preguntara nada, le dije que me parecía que estar en la tumba era como si tuviera que haber pasado por la panza de mi madre antes de que ella pudiera tener la tumba. También que me parecía que no había más porque no me quedan más familiares, o que quizá pueda ser porque mi tumba tenga que estar en el área de hombres, no sé, le dije que eso me parecía más “racional” por decirlo de alguna manera, pero no se me ocurría por pensar en el sueño. Además me daba algo de placer que mi madre se preocupara porque no iba a tener un “lecho” fúnebre. Héctor me hizo un par de puntualizaciones. Me llamó primero la atención por lo de “lecho” en vez de nicho y le dije que, si bien la palabra lecho siempre me hizo acordar a los cementerios, o más precisamente a la procesión previa al entierro, también puede ser porque ambos de mis abuelos habían muerto en la misma cama matrimonial. Por otra parte hipotetizó que tanto la risa que floreció abonada en la angustia, en el último encuentro, como este sueño que tuve esa misma noche manifiestan un triunfo (o algo así, me olvidé la bitácora para anotar) sobre mi madre. Interpretó que el ataúd era el seno materno y que mi madre tenía un lugar por haber tenido hijos, y que yo “revelándome” a su deseo no tenía espacio allí por no dejarle (a ella) descendencia. Le pregunté si entonces yo sólo quería tener hijos porque me lo pedía mi madre, y como puede ser entonces que me haya puesto tan mal cuando me enteré que no iba a poder poner mis óvulos. Y además que si quisiera vengarme de ella, no usaría la genética de uno de sus hijos. Me respondió que no es que haya un pensamiento tan lineal, sino todo sería más fácil. Por el contrario sólo estamos intentando de descomponer lo que hay detrás de las cosas que nos parecen obvias o simples y que además no significa que haga todo sólo en relación a mi madre. No es que hay una sola explicación o motivación, sino que, acompañado al duelo de no poder usar mis óvulos, que es totalmente esperable y que por el contrario sería preocupante que no acontezca, van entrelazadas un montón de cosas, como miedos, fantasías etc. y que lo que intentamos de ver en éste espacio es cómo se juega eso para poder entenderlo y que en ese proceso uno sale posicionado distinto. Basta por hoy. P.D.: Mañana vamos juntas, Mani se toma el día. Martes 12 de Mayo 2020. Como si tuviese 10 años y fuésemos de campamento, así me desperté esta mañana. Mani por su parte estaba un poco preocupada por la anestesia, intentaba no darle lugar a la preocupación y mostrarse fuerte. Pero la conozco y sé que teme que se repita lo que había pasado cuando operaron a su abuelo, que al despertar luego de la operación estuvo toda la maǓana delirante y agresivo y tuvieron que atarlo para que no se desgarren los puntos de la operación. Una vez llegadas mientras ella se preparaba, nos preguntaron si queríamos que yo estuviese presente (lo que llamó mucho mi atención, no sé por qué) y Mani me pidió que así fuera. Pensé que me iba a dar impresión, pero no, tal como había investigado estaba sólo esa pantalla inentendible. La buena noticia es que sacaron ¡10! ovocitos para inseminar. Ahora una vez inseminados por inyección intracitoplasmática van a esperar cinco días y después los van a crio preservar hasta que puedan implantármelo, que según parece puede llegar a ser en una semana o diez días. ¡Qué emoción! Mientras aún dormía Mani, aproveché a llamar a mi hermano para pedirle que le compre él el regalo de cumpleaños y el vino que le gusta a Mani, el que está basado en una película de Felini. Le pedí que averigüe él el nombre y me confirme, que me olvidé porque es complicado. Cuando Mani despertó intenté hacerle una broma diciéndole que estuvo dos horas delirando, pero enseguida me puso cara de traste y frené antes de que se enoje. Para apaciguar su cólera le indiqué contenta que habían sacado diez y se unió a mí en alegría. Una vez en casa nos tiramos a dormir la siesta y se ve que venimos acumulando estrés, porque seguimos derecho hasta las siete y media de la tarde. Nos levantamos súper relajadas y con ganas de seguir durmiendo. Ni fuerzas (ni ganas) para cocinar tuve, así que pedimos delivery. Intenté no desviarme demasiado de la dieta pidiéndome empanadas de verdura, pero no veo la hora de que lleguen y retornar a la catrera. Basta por hoy. P.D.: Mañana sólo vienen los padres de Mani, mi hermano y su amiga la veterinaria que el fin de semana no puede porque estará de viaje. P.P.D.: Asa Nisi Masa. Martes 9 de Junio 2020. Hoy querido diario he de confesarte que tampoco tengo ganas de escribir, pero hace tanto que no lo hago... Desconozco el motivo mas percibo que me envuelve una bruma invisible de pesadumbre y desesperanza. Es como si cada gota de tinta que se desliza por la redondeada punta de mi Parker, fuera en realidad mi propia sangre y, con cada palabra que te regalo, desfallecen mis fuerzas. Desgarrada está hoy mi alma y es el cuerpo el que sufre por los intentos de mantenerla unida, en frágil equilibrio. ¿Alguna vez llegaré a comprender cómo permite la naturaleza que un cuerpo sólo albergue tanto dolor? Si existiera un Dios, no dejaría que un vacío duela más que mil azotes. Quiero disolverme en el viento y quemar mi espíritu en los rayos del sol, pero la carne es densa y terrenal, la gravedad ha duplicado su atracción sobre mi pecho pero mi corazón no quiere dejar de latir: insiste terco en ritmo monocorde en separarme de mi madre, en separarme de mi padre, en separarme de mi hermano, porque no tengo el coraje de dejarme morir. Basta por favor, basta. Miércoles 10 de Junio 2020. Por primera vez en semanas pude hablar más que solo unas palabras en terapia. Sin embargo cada día que fui, me fue útil. El sólo hecho de su presencia, el acompaǓar en silencio mi dolor, el poder sostenerme aun mostrándose vulnerable es una deuda que no creo nunca poder pagar. Sin embargo hoy le expresé que el número siete se me aparece cada día en sueños y pensamientos, que esos siete pedacitos de mi hermano están en el frío esperando nacer. Que quiero traer a la vida a todos los que pueda. Que no quiero esperar más, no quiero correr el riesgo que después no me dejen. Me dijo que nadie me va a sacar nada y que si bien no es este el caso, si en vez del donante fuera uno de los comitentes quien fallece, no hay legislación al respecto pero sin embargo se suele hacer lo que indicaba el boceto del código civil, que es esperar hasta un año porque contempla que tiene que haber un proceso de duelo, y que lamenta tener que expresármelo de manera tan directa, pero independientemente de lo que habilite o no la legislación no cree que deba hacer nada de momento, pues teme por el lugar que esos hijos puedan llegar a ocupar para mí si me apresuro a hacer cualquier cosa ahora. Me enojé terriblemente y comencé a gritarle cosas que ni puedo reproducir aquí. A medida que le gritaba sentía latir las venas de mis sienes, la cara iba incrementado su temperatura y mi garganta rasposa siempre a punto de explotar ahogaba cada vez más mis gritos hasta quitarme la voz. Después rompí a llorar desesperadamente, sentí que me iba a desmayar y me tire sobre la alfombra a abrazar sus pies, mi boca áfona profería: no entiendo, no entiendo ¿por qué? no entiendo. Él me levanto y me abrazó, vi una lágrima surcar su mejilla y me inundo la culpa. Mis labios intentaron expresárselas pero no lo lograban, sólo mis ojos pudieron hacerlo. Desde muy niña, recuerdo haber tomado conciencia de que debía protegerte, puesto que, por tu forma de ser colérica y tempestuosa, tenías una capacidad innata para hacerte daño. Tal vez por ese amor y cuidado (que no siempre te gustaba), tempranos es que se forjó entre nosotros un hilo invisible, pero inquebrantable, de compañerismo y cuidado, de cariño y amor. Ya más grande tu temperamento se fue apaciguando y tus formas se rigidizaron, para mi sorpresa. Sin embargo nunca cambió el sentimiento. Es cierto que, muchas veces luego de que papá y mamá partieron, me sentí frustrada al percibir que no podía atravesar tu muralla, y que tú, tras ella, hubieses querido abrazarme. Hoy hermano haz de saber que ese hilo aún sigue inquebrantable como siempre, mas sólo queda un extremo. * Esta serie de textos se produjeron durante la cursada de la materia práctica 824 “El rol del psicólogo en el ámbito de las tecnologías de reproducción humana asistida” de la facultad de psicología de la Universidad de Buenos Aires, con motivo de exposición de los conocimientos adquiridos, a través de una narrativa y tema a elección. Lamentablemente el texto final que intentaba dar cierre a algunos de los interrogantes dejados en la trama de la historia se perdió y no pudo ser publicado. Bibliografía Ariza, L. (2014). "La construcción narrativa de la infertilidad. Mujeres que narran la experiencia de no poder concebir." Sexualidad, Salud y Sociedad -Revista Latinoamericana 18: 32. Barrangou, R., C. Fremaux, H. Deveau, M. Richards, P. Boyaval, S. Moineau, D. A. Romero and P. Horvath (2007). "CRISPR provides acquired resistance against viruses in prokaryotes." Science 315(5819): 1709-1712. Bottaccioli, F. and A. G. Bottaccioli (2016). Psiconeuroendocrinoimmunologia e scienza della cura integrata. Il manuale, Edra. Bianco, S., V. Agrifoglio, F. Mannino, E. Cefalu and E. Cittadini (1992). "Successful pregnancy in a pure gonadal dysgenesis with karyotype 46, XY patient (Swyer's syndrome) following oocyte donation and hormonal treatment." Acta Europaea Fertilitatis 23(1): 37-38. Costa, T., M. Lambert, I. Teshima, P. N. Ray, C. L. Richer and L. Dallaire (1998). "Monozygotic twins with 45, X/46, XY mosaicism discordant for phenotypic sex." American journal of medical genetics 75(1): 40-44. Couto Núñez, D., D. Nápoles Méndez and H. L. M. Ferrer (2012). 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- Zulma Margarita / Teresa Arce
Zulma Margarita creció en la campana cerca de unos silos de chapa donde quieren armar estudios tipo hollywood pampeano cuando era chica su mamá y tía estaban en la cocina lunes y miércoles caldo de huesos los domingos amasan la pasta la cocina a leña está encendida desde el mate de las siete hasta pasado el mediodía cuelgan cascaras fermentos en cacharros no pierden calor cuenta Zulma Margarita que su suegro se comía lo amarillo del borde de la olla y vivió hasta los cien años **** la casa enredadera me agarra amarra arma nido en sus huecos Zulma Margarita trenza atrapa sueños de hilos dedos ramas danza suspendida al giro del viento _____________________________________ De “Caldo de Huesos” Teresa Arce, 2019.
- Las lunas / Paula Jiménez España
1 La tarde que declina, subibaja, me impulsa cautamente hacia la altura. No saben nunca en qué momento aparecí, ni cuándo me difumina el día y les parezco un sueño un tiempo de penumbras la faz oculta de la realidad. Con el disfraz del agua me sumerjo llena, pero disuelta como el sodio. Una más en el cardumen rastrero de los fondos pez linterna que alumbra los tesoros extraviados para traerlos a la superficie. Que vengan a buscarlos las insomnes, las convulsas y las concebidas en la hora espesa de la noche. Yo soy todas ustedes, lobas mías. Roja, negra, de fuego: la poesía trabaja con mi luz. 2 (la ilusión) No era vanidad, sino embeleso lo que volvía a mí con la promesa de quedarse. Pensé que era de otra aquella cara que en el flujo cristalino de ese río se hacía y deshacía, simultánea. Amor fue ver el velo y el reflejo que hizo doble la nube acariciada. No fue la espalda ni el exceso de un cuerpo que se iba por sus huecos lo que toqué esa noche. Tampoco la suciedad del corazón, herida su esperanza. No palpé el hueso desgranado de la vida que iba perdiendo su vigor doliendo. No. Lo que toqué era agua. * publicado en "La suerte" (2021) Editorial Caleta Olivia.
- Yo Quisiera Ser / Fernando Noy
Yo quisiera ser agua mineral para darle sed a B. Yo quisiera ser vino para embriagar a B. Yo quisiera ser puntilla para el corset de B. Yo quisiera ser desierto para las huellas de B. Yo quisiera ser caramelo para que me muerda B. Yo quisiera ser cortina para espiar a B. Yo quisiera ser tijera para recortarle la sombra a B. Yo quisiera ser incienso para embrujar a B. Yo quisiera ser discoteca para que baile B. Yo quisiera ser concurso para darle el primer premio a B. Yo quisiera ser bombacha para que me sude B. Yo quisiera ser pez para morder el anzuelo de B. Yo quisiera ser crucigrama para que elucubre B. Yo quisiera ser avión para que vuele B. Yo quisiera ser diccionario pero en la página B de B. Yo quisiera ser luna para platinar a B. Yo quisiera ser fuego para enrojecer aun más a B. Yo quisiera ser gallina para que me deshove B. Yo quisiera ser aguja para pincharlo a B. Yo quisiera ser un cesto para que se arroje B. Yo quisiera ser sexto para que el quinto sea B. Yo quisiera ser tubérculo para llamarme B. Yo quisiera ser gastronómico para meterlo en la olla a B. Yo quisiera ser café para despertar a B. Te lo juro por Batato. *escrito en 1990, recitado por su madre en diversas ocasiones y publicado en Te lo juro por Batato. Biografía oral de Batato Barea. Fernando Noy - 2a ed . - Libros del Rojas, 2020.
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











