No basta / Gloria AnzaldĂșa
- Revista Adynata
- 1 jul 2021
- 2 Min. de lectura
No basta con decidir abrirte.
Debes hundirte los dedos en el ombligo, con las dos manos agrietarte, derramar los lagartos y los sapos las orquĂdeas y los girasoles, virar al revĂ©s el laberinto. Sacudirlo.
Sin embargo, no te vacĂas del todo. QuizĂĄs una flema verde se esconde en tu tos. Tal vez no sabes que la tienes hasta que un nudo te crece en la garganta y se convierte en rana.
Te cosquillea una sonrisa secreta en el paladar lleno de orgasmos diminutos.
Pero tarde o temprano se revela. La rana verde croa sin discreciĂłn. Todos miran.
No basta con abrirte una sola vez. De nuevo debes hundirte los dedos en el ombligo, con las dos manos desgarrarte, dejar caer ratas muertas y cucarachas lluvia de primavera, mazorcas en capullo. Virar al revés el laberinto. Sacudirlo.
Esta vez debes soltarlo todo. Enfrentar el rostro abierto del dragĂłn y dejar que el terror te trague. âTe disuelves en su saliva ânadie te reconoce hecha charco ânadie te extraña âni siquiera te recuerdan y el laberinto tampoco es creaciĂłn tuya.
Y has cruzado. Y a tu alrededor espacio. Sola. Con la nada.
Nadie te va a salvar. Nadie te va a cortar la soga, a cortar las gruesas espinas que te rodean. Nadie vendrĂĄ a asaltar los muros del castillo ni a despertar con un beso tu nacimiento, a bajar por tu pelo, ni a montarte en el caballo blanco.
No hay nadie que te alimente el anhelo. AcĂ©ptalo. TendrĂĄs que hacerlo, hacerlo tĂș misma. Y a tu alrededor un vasto terreno. Sola. Con la noche. TendrĂĄs que hacerte amiga de lo oscuro si quieres dormir por las noches.
No basta con soltar dos, tres veces, cien. Pronto todo es tedioso, insuficiente. El rostro abierto de la noche ya no te interesa. Y pronto, otra vez, regresas a tu elemento y como un pez al aire sales al descubierto sólo entre respiros. Pero ya tienes agallas creciéndote en los senos.
Publicado en Borderlands/La frontera: The New Mestiza (San Francisco, 1987)
