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- La vida no es algo personal: palabras y vida ahre / Verónica Scardamaglia
¿Cuántas de las preguntas que laten e insisten en este libro habrán nacido en el Quem Quem? ¿Cuántas a orillas de un río, una montaña o al calor hipnótico del fuego de fogón? ¿Cuántas entre las cuerdas de alguna guitarra? ¿Cuántas de aquellas moléculas perviven y me han sido transmitidas al leerlo? Presentar un libro quizás significa elegir con qué componer para desentrañarlo y hacerlo hablar y. al mismo tiempo, sugerirlo y hacerlo desear. Presentar un libro implica que te viva al punto de despertarse bajo efectos resonantes del mantra La vida no es algo personal, o Nuestra vida en tanto no nos pertenece. Mantras que recuerdan que ese pedacito de propiedad en el que creemos afirmarmos, puede quedar despedazado ante el dolor, la enfermedad y la muerte. Puede quedar conquistado, alienado y oprimido ante Dios, patria, familia, trabajo y hasta amor. Mantras de liberación que ayudan, a veces, a soltarnos de sujeciones. A despertenecernos. Privilegios de pertenencias y despertenencias. De vidas en las que se hacen posible ciertos ensimismamientos y hasta encierros en los que leer, filosofar, escribir, hacer música, hacer nada. Muchas veces el trabajo profesional, las militancias y nuestros pensamientos (en tanto no nos pertenecen) quedan al servicio de otras vidas, de aquellas despedazadas ante el dolor, la enfermedad y la muerte. Leemos, discutimos, pensamos. Intentamos a pesar de leer posestructuralismo francés hacer trabajo territorial en la pobreza, las locuras, las prisiones, la violencia estatal. ¿Al servicio de qué, de quiénes, estas ideas? ¿Para qué estas discusiones sino para afinar el cuidado con palabras y decisiones, con palabras y vidas? ¿Cómo, cuándo y con quiénes discutir por palabras, por conceptos, por posiciones? ¿Con quiénes pensar la vida y quedar arrojadas a nuestras discusiones en tanto no nos pertenecen? En este sentido, de las muchas citas citables para acercarse a este libro, prefiero aquellas que resaltan quizás por desopilantes. Hay algunas que se hacen paso entre cuestionamientos que se desvelan ante densidades filosóficas y que, a la vez, desbordan de ternura. Hay otras que se hacen lugar entre inquietudes más o menos intelectuales, y aún así aparecen y parpadean con la fuerza de la risa, con la fuerzas de las complicidades. Con la fuerza de las complicidades de la risa. Esas que hacen soltar nuestra carcajada (en tanto no nos pertenece). Algunas otras aparecen simples: “Había una vez Deleuze” (Baquero Cano, 2020 p. 14) Otras te llevan a pasear, te arman una atmósfera, un escenario para así infiltrarte pensamientos: “Podemos imaginar cómo en bares del siglo pasado de pronto se corría la voz de que un tal Sartre decía que somos libres pero no lo sabemos: pequeñas alegrías que se encienden porque descubren sus moléculas libertarias, historias que descubren tejidos secretos en lo que existe, en lo que vive. ¿Qué sentido puede tener una historia si no es esa posibilidad de componer con este magma concreto de lo que sucede o, al decir de Deleuze, si no hubiera efectivamente allí una porción clara en donde golpear?” (Baquero Cano, 2020 p. 52) En este libro podemos asomarnos al mismo tiempo a un mirador natural del Bolsón como a la complejidad filosófica del mirar; “el paisaje se pliega sobre sí mismo en ese mirador que lo expresa. En un mirador natural, el paisaje se mira a sí mismo a través de una mirada”. (Baquero Cano, 2020 p. 98) Podemos meternos con y en abstracciones filosófico existenciales hasta empaparnos: “Una vez que estamos allí, en lo que no nos pertenece pero que nos arrastra revelando esa alegría, esa potencia de la que no sabíamos que éramos capaces, la opinión del pequeño yo no tiene más que hacer: sale corriendo a la calle en medio de la tormenta, del agua que cae a cántaros, de la intensidad de lo que sucede para gritarle a las personas que pasan que no está para nada de acuerdo con que llueva, que opina que no debería llover. Lamentablemente para el poder del individuo, eso que pasa ya no tiene que ver con él” (Baquero Cano, 2020 p. 101) o “Esta analítica de la finitud penetra por nuestros poros y hace que nos vivamos como individuos hasta en la intimidad de la ducha” (Baquero Cano, 2020 p. 62) Si algo martilla en este libro (y en otras escrituras o discusiones que nos han encontrado con Tom), es lo que (le) pasa con las palabras, y con la vida. Eso que se despliega en torno a la relación entre palabras y vida, entre palabras y cosas, en esos ¿lazos?. Algo que insiste también es la posibilidad de inclinarnos, hacia el humor, aún cuando se trate del dolor. Leemos: “No interesa ser tribunales populares para muecas. Los gestos como algunos microbios parecen contagiarse y el contagio desde luego es uno de los temores de los poderes y su pureza”. “Son pocas las personas que al ver un niño dicen ¡pero si tiene la mirada de Juana Azurduy! ¡esa sonrisa es la de Simone Weil!” La preocupación por las palabras podría funcionar como las preocupaciones en torno a los amores y desamores. Dice: “No se pueden prever las palabras” (Baquero Cano, 2020 p. 21). Se pregunta Cómo elegir las palabras. (Baquero Cano, 2020 p. 55)Leemos: “hay que “impregnarse” a través de esta repetición en la cabeza hasta amar aquello de lo que se habla. Son como dos series paralelas: por un lado, la repetición, la impregnación, la elevación, y, por otro lado, el interés, el entusiasmo, el amor. En última instancia, parecería decirnos que solamente somos capaces de hablar de aquello que amamos. O, más bien, en ocasión de que lo amamos, en tanto lo amamos” (Baquero Cano, 2020 p. 26) Insiste: “¿Cómo hablar entonces?” “¿cómo hablar de esas intuiciones a las que llegamos abandonando todo lo demás, incluyendo las palabras? Y, en particular, para las historias que cuenta Deleuze, ¿Qué es hablar de una intuición filosófica, en ocasión de ella? (Baquero Cano, 2020 p. 20) Parece que a este libro le sucede lo mismo que el libro dice de Profanaciones: “Hay en Profanaciones cierta puesta del pensamiento que sabe que las condiciones de su propia producción, sus puntos de partida, son parte de las coacciones que intenta pensar. Una especie de certeza de que el emplazamiento del que se parte está también dentro de las cosas que habrá que abandonar”. (Baquero Cano, 2020 p. 63) Es decir pararse en las palabras para abandonarla, pararse en la propiedad de la vida para soltarla. Desde hace unos meses nos encuentra un espacio que nace y está protagonizado por el dolor que desgarra las vidas de familiares de víctimas contra el gatillo fácil. Vidas, familias, destrozadas por la violencia estatal que buscan que el Estado reconozca lo que el propio Estado ha ejecutado. El libro nació antes que el espacio. Esa contradicción, no. En el libro ya se anticipa eso que sucede cuando se encuentra el hablar y la imposibilidad de hacerlo, esa tensión entre lo propio y lo impropio. Leemos: “hablar, como problema dialéctico, significa lidiar con esta vida anfibia. Situarse en esa tensión entre el espacio de las palabras y aquella intensidad donde ya no hay palabras. Tensión que, a su vez, nos revela de qué estamos hechxs. Contar una historia, en ese sentido, sería una suerte de composición entre los impulsos a los que se presta la voz y los impulsos que habitan en quienes escuchan. Sean quienes sean y cuántas personas sean, lo que habla y escucha son siempre impulsos, nunca cuestiones personales” (Baquero Cano, 2020 p. 50) Hay historias que difíciles de ser contadas se dejan llevar por un impulso. Historias capaces de detenerse en gestos y morir y vivir ahí, en una bicicleta, en una fecha, en un rocanrol, en una calle, en la forma de comer una aceituna. Gestos a los que este libro da uno de los lugares centrales. En el libro se alerta no sólo la decisión de perseguir ideas sino también la de observar gestos como “apartados de toda finalidad orgánica o social permiten según Agamben experimentar las posibilidades de las que los cuerpos son capaces, sin agotarse en ninguna individuación particular, en ningún yo” (Baquero Cano, 2020 p. 81) Escribe “El gesto, a partir de Profanaciones, podría pensarse como un modo de nombrar ese resto del cuerpo que logra hacerse disponible para continuar el proceso” (Baquero Cano, 2020 p. 82) Gestos, lo que queda del Yo. Gestos, eso que titila, eso que tirita. He aquí, entonces, uno de los riesgos luego de leer el libro: en caso de seguir cerca de este impulso al que le cabe el nombre de Tomás, sabremos, declaradamente, que en él vive el ánimo de captarnos minuciosamente en cada gesto. Podría pensarse también que aquí se sitúa una fuerza que desustancializa aquello contra lo que lucha, leemos “no se trata de llegar al punto de no decir más “yo” sino de que no tenga ninguna importancia decirlo o no decirlo” (Baquero Cano, 2020 p. 77). Fuerza que arranca de cuajo la solemnidad y la destituye, como una especie de grafitti académico - antiacadémico encontrado en tiempos prepandemia en algún recoveco del aula 14 que decía: –DSM +BDSM. Algo de lo destituyente podemos relacionarlo también con esta magia de inventar un juego de palabras, una melodía, un libro, aún nuestra vida en tanto no nos pertenece Magia, las sincronías, las vibraciones. Magia, las inclinaciones Leemos “Magos y magas son entonces, quiénes pueden dar con esos llamados (…) quienes ven con profunda agudeza las inclinaciones posibles de lo existente ante el nombrar. Este lenguaje de la magia - nos dice Agamben- es el de los gestos: aquello que nos sustrae de nuestro nombre manifiesto y que nos restituye a lo inexpresado. De algún modo, en Profanaciones, los gestos son el nombre de la vida que no nos pertenece, el modo de llamarla” (Baquero Cano, 2020 p. 85) El libro recuerda cómo las infancias, profanan todo objeto jugando, dice “Profanar significa ante todo neutralizar el funcionamiento de aquello que se profana para darle otro uso, pervertir los dispositivos.” (Baquero Cano, 2020 p. 93) ¿Serán estas las operaciones del libro? ¿Profanar las palabras? ¿Destituirlas? ¿Despertenecerlas? Creo que algo de esto hacés, Tom, cuando, casi como jugando, conseguís intervenir un enunciado tan complejo, tan denso, tan incómodo y abigarrado que taladra una y otra vez desde el libro Nuestra vida en tanto no nos pertenece con una casi palabra mágica, con un casi gesto, una casi onomatopeya que desorienta, marea, desestima y refuerza, que hace reír: Nuestra vida en tanto no nos pertenece Ahre. Denuncia que condensa que todo deviene intervenible y que logra, como el meme, golpear como cross en la mandíbula. Nuestra vida en tanto no nos pertenece ahre. Así, entre risas, palabras, discusiones, la afirmación No se transmite una doctrina sino un impulso 22, el autor se destituye, se despertenece. Quizás esas 4 letras sirvan de pivote que arma apoyo, impulsa y anima. Ahre, intervención necesaria como modo para soportar este intento de decir – y no decir- la vida *Texto leído en ocasión de la presentación del libro La vida no es algo personal, Tomás Baquero Cano, 2020, Red editorial Fernando Livschitz, Beautiful Chaos, (2020), Fotograma
- Declaración para la Salud de los Pueblos (2000)
INTRODUCCIÓN En 1978, en la Conferencia del Alma Ata, ministros de 134 estados miembros, conjuntamente con la OMS y la UNICEF, lanzaron la proclama de “Salud para Todos al Año 2000” y escogieron los cuidados de salud primaria como la mejor opción para lograrla. Desgraciadamente ese sueño nunca se hizo realidad. El estado de salud de la población en los países del tercer mundo no se ha mejorado. Es más, en muchos casos se ha deteriorado. Actualmente, nos estamos enfrentando a una crisis de salud global que se caracteriza por crecientes desigualdades al interior de los países y entre sí. Además, nuevas amenazas a la salud siguen apareciendo. Esto se agrava aún más debido a las fuerzas negativas de la globalización que impiden la distribución equitativa de los recursos respecto a la salud de la población, especialmente el sector de los más pobres. Dentro del sector de la salud, el haberse fallado en implementar los principios de cuidados de salud primaria, como concebidos originariamente en Alma Ata, ha empeorado la crisis global de salud. Tanto los gobiernos como los organismos internacionales han de considerarse responsables de esta deterioración. Es hoy indispensable concentrarse en un esfuerzo internacional para reubicar las metas de salud para todos en su lugar justo en los planes de desarrollo. Iniciativas genuinamente centradas alrededor de las necesidades en salud de las mayorías deberán, por lo tanto, ser reforzadas para aumentar la presión a ejercerse sobre los tomadores de decisiones, sobre los respectivos gobiernos y sobre el sector privado para así asegurarse de una vez de que los principios visionarios de Alma Ata se hagan realidad. Varias organizaciones internacionales y movimientos de la sociedad civil, organizaciones no‐gubernamentales y grupos de mujeres decidieron unirse para trabajar en esta dirección. En diciembre del 2000, en Bangladesh, estos grupos y muchos otros comprometidos con los principios de los cuidados de la salud primaria organizaron la “Asamblea de la Salud de los Pueblos” en el campus de “GK” (Centro de Salud de los Pueblos). 1453 participantes de 92 países del mundo se reunieron en la Asamblea que fue la culminación de dieciocho meses de trabajo preparatorio alrededor del mundo. Este proceso de preparación provocó un entusiasmo sin precedentes que llevó a la participación de amplios sectores de gente que se adhirieron a cientos de encuentros populares, talleres de trabajo a nivel local y reuniones nacionales. Las sesiones plenarias de la Asamblea cubrieron cinco temas centrales: Salud, Vida y Bienestar; Desigualdad, Pobreza y Salud; Atención y Servicios de Salud; Medio Ambiente y Sobrevivencia; y la Ruta a Seguir. Gente de todo el mundo presentó testimonios tanto de privación y del no funcionamiento de los servicios, como de aquellas exitosas iniciativas y organización de gente. La Asamblea contó con más de cien sesiones concurrentes que les permitieron a los participantes compartir y discutir en mayor detalle diferentes aspectos de los grandes temas en la agenda, al igual que dar voz a sus experiencias y preocupaciones específicas. Los cinco días del evento dieron el espacio necesario a los participantes para expresarse en su propio idioma. Pusieron adelante la falla de sus respectivos gobiernos y organizaciones internacionales y decidieron luchar juntos para que la salud y el desarrollo equitativo lleguen a ser prioridades absolutas en las agendas de los encargados de formular la política a los niveles local, nacional e internacional. Habiendo reconsiderado sus problemas y dificultades y compartido sus experiencias, por fin los participantes han formulado y endosado la Carta sobre la Salud de los Pueblos. De ahora en adelante, esta Carta será la herramienta clave y común de un movimiento mundial de ciudadanos dedicado y comprometido para hacer que el sueño de Alma Ata se haga realidad. Adjuntando la Carta, estimulamos e invitamos a quienes compartan nuestras preocupaciones y quieren incorporarse con nosotros. PREÁMBULO La salud es un asunto social, económico, y político, y, encima de todo, es un derecho humano fundamental. La desigualdad, la pobreza, la explotación, la violencia y la injusticia se consideran las raíces de la mala salud y de las muertes de los pobres y los marginados. La salud para todos significa que los intereses poderosos tienen que ser desafiados, que es necesario oponerse a la globalización, y que las prioridades políticas y económicas tienen que cambiarse drásticamente. Esta Carta construye las perspectivas de gente cuyas voces raras veces o casi nunca se escucharon antes. Estimula a la gente a desarrollar sus soluciones propias y a mantener las autoridades locales responsables, los gobiernos nacionales, las organizaciones y sociedades internacionales. VISIÓN La equidad, el desarrollo ecológicamente sostenible y la paz son los ejes centrales de nuestra visión de un mundo mejor – un mundo en el cual una vida saludable para todos pueda ser una realidad; un mundo que respete, aprecie y celebre toda la vida y la diversidad; un mundo que permita el florecimiento de los talentos y las habilidades para enriquecernos los unos a los otros; un mundo en el cual las voces de los pueblos guíen las decisiones que forman y determinan nuestras vidas. Existen recursos de sobra para lograr esta visión. LA CRISIS EN LA SALUD “La enfermedad y la muerte diaria nos enojan. No es porque haya gente que se enferma o se muere. Estamos enojados porque muchas enfermedades y muertes tienen sus raíces en las políticas económicas y sociales que se nos imponen.” (Una voz desde Centroamérica) En las últimas décadas, los cambios económicos a nivel mundial han afectado profundamente la salud de la gente y su acceso a la asistencia de salud y a otros servicios sociales. A pesar de los niveles sin precedentes de riqueza en el mundo, la pobreza y el hambre van en aumento. La brecha entre las naciones ricas y las pobres se ha ampliado, lo mismo que ha pasado en las desigualdades dentro de los países, entre las clases sociales, entre hombres y mujeres y entre jóvenes y ancianos. A una gran parte de la población mundial aún les falta tener suficientes alimentos, enseñanza, agua potable, condiciones de salubridad, vivienda, tierra y sus recursos, empleo y los servicios de asistencia de salud. La discriminación sigue prevaleciendo. Esto afecta tanto la incidencia de enfermedades como el acceso a la asistencia de salud. Los recursos naturales del planeta están siendo agotados a una velocidad alarmante. La degradación ambiental que resulta amenaza la salud de todo el mundo, sobre todo la salud de los pobres. Ha habido un aumento de nuevos conflictos mientras las armas de destrucción masiva aún representan una amenaza grave. Los recursos mundiales están concentrados cada vez más en las manos de unos pocos que se esfuerzan por maximizar sus ganancias privadas. Las políticas económicas y políticas neoliberales son dictadas por un pequeño grupo de gobiernos poderosos, y por instituciones internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio. Estas políticas, junto con las actividades desordenadas de las sociedades transnacionales, han tenido consecuencias severas en las vidas, las formas de ganarse la misma, la salud y el bienestar de poblaciones tanto en países del Norte como del Sur. Los servicios públicos no están satisfaciendo las necesidades de la población, ya que se han deteriorado como resultado de reducciones en los presupuestos sociales de los gobiernos. Los servicios de salud son hoy por hoy menos accesibles, más inapropiados, y están distribuidos de manera más desigual. Más aún, la privatización amenaza con socavar el acceso a la asistencia de salud al igual que compromete el principio esencial de equidad. La persistencia de la mala salud prevenible, el resurgimiento de enfermedades como la tuberculosis y la malaria, y el surgimiento y propagación de nuevas enfermedades como la SIDA son un severo recordatorio para nosotros de la falta de compromiso de nuestro mundo con los principios de equidad y de justicia. PRINCIPIOS DE LA CARTA FUNDAMENTAL SOBRE LA SALUD DE LOS PUEBLOS • El logro del más alto posible nivel de salud y bienestar es un derecho humano fundamental, no importa el color de la persona, el origen étnico, la religión, el sexo, la edad, las habilidades, la orientación sexual, o clase social. • Los principios de la Asistencia Primaria de Salud (APS) universal y exhaustiva, previstos en la Declaración de Alma Ata de 1978, deberían ser la base para formular las políticas relacionadas con la salud. Ahora más que nunca, es necesario un enfoque equitativo, participativo e intersectorial para la salud y la asistencia de la misma. • Los gobiernos tienen una responsabilidad fundamental para garantizar el acceso universal a la asistencia de salud de buena calidad, a la enseñanza y a otros servicios sociales de acuerdo con las necesidades de la gente y no con su capacidad de pago. • La participación de la población y de las organizaciones populares es esencial para la formulación, la implementación y la evaluación de todas las políticas y programas sociales y de salud. • La salud es determinada primordialmente por el ambiente político, económico, social y físico y debe ser, junto con la equidad y el desarrollo sostenible, una alta prioridad cuando se elaboran las políticas locales, nacionales e internacionales. LLAMAMIENTO PARA LA ACCIÓN Para combatir la crisis mundial en el sector de la salud, se necesita emprender acciones a todos los niveles; individual, comunitario, nacional, regional y mundial, y en todos los sectores. Las demandas presentadas a continuación proporcionan una base para la acción. LA SALUD COMO DERECHO HUMANO La salud es un reflejo del compromiso que una sociedad toma para abogar por la equidad y la justicia. La salud y los derechos humanos deben prevalecer sobre los asuntos económicos y políticos. Esta Carta fundamental llama a los pueblos del mundo para: • Apoyar todos los intentos por implementar el derecho a la salud. • Exigir que los gobiernos y organizaciones internacionales reformulen, implementen y cumplan las políticas y prácticas que respetan el derecho a la salud. • Organizar movimientos populares de amplia base para presionar sobre los gobiernos para que incorporen la salud y los derechos humanos en sus constituciones nacionales y en su legislación. • Luchar contra la explotación de las necesidades de salud de las personas en pos de salvaguardar las ganancias de unos pocos. ENFRENTANDO LAS CAUSAS MAS PROFUNDAS DE LOS DÉFICITS EN SALUD Desafíos Económicos La economía tiene una profunda influencia en la salud de la población. Las políticas económicas que priorizan la equidad, la salud y el bienestar social pueden mejorar tanto la salud de la población como la economía. Las políticas financieras, agrícolas, industriales y políticas que responden primordialmente a las necesidades del capitalismo, impuestas por gobiernos nacionales y organizaciones internacionales, privan a las personas de la posibilidad de vivir y de sus formas de sustentarse. Los procesos de globalización y de liberalización económica han incrementado las desigualdades entre las naciones al igual que al interior de las mismas. Muchos países del mundo, y sobretodo los más poderosos, están utilizando sus recursos, incluyendo sanciones económicas e intervenciones militares, para consolidar y expandir sus posiciones, lo que se refleja en efectos devastadores en las vidas de los afectados. Esta Carta fundamental llama a los pueblos del mundo a: • Exigir la transformación de la Organización Mundial de Comercio y del sistema global del mismo para que deje de violar los derechos sociales, ambientales, económicos y de salud de la población y para que empiece, de una vez, a discriminar positivamente para favorecer de los países del Sur. Para proteger la salud pública, estas reformas deben incluir regímenes de propiedad intelectual como las patentes y el acuerdo de los aspectos Relacionados al Comercio de los Derechos de la Propiedad Intelectual (TRIPS). • Exigir la cancelación de la deuda de países del Tercer Mundo. • Exigir la transformación radical del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional para que estas instituciones reflejen y promuevan activamente los derechos e intereses de los países del Tercer Mundo. • Exigir una regulación efectiva de las ETNs (Empresas Transnacionales) para asegurarse de que no tengan efectos negativos en la salud de las personas, ni exploten su fuerza de trabajo, ni degraden el medio ambiente, ni afecten la soberanía nacional. • Asegurarse de que los gobiernos implementen políticas agrícolas orientadas hacia las necesidades de la población y no a las exigencias del mercado, garantizando así la seguridad alimentaria y el acceso equitativo a los alimentos de base. • Exigir que los gobiernos nacionales actúen para proteger los derechos a la salud pública en sus leyes sobre la propiedad intelectual. • Exigir el control y la imposición de impuestos sobre los flujos de capital internacional especulativos. • Insistir en que todas las políticas económicas estén sujetas a evaluaciones para determinar el impacto sobre la salud, la equidad, el sexo y el medio ambiente, al igual que incluyan medidas regulatorias ejecutables para asegurar el cumplimiento de las mismas. • Desafiar las teorías económicas centradas en el crecimiento desmedido y reemplazarlas por alternativas que creen sociedades humanas y sostenibles. Las teorías económicas deben reconocer las limitaciones del medio ambiente, la importancia fundamental de la equidad y de la salud, y, por último, el aporte del trabajo no remunerado, sobretodo el trabajo no reconocido de las mujeres. Desafíos sociales y políticos Las políticas sociales exhaustivas tienen efectos positivos sobre las vidas y las formas de sustentarse de las personas. La globalización y la privatización económica han perturbado profundamente comunidades, familias y culturas enteras. Las mujeres son indispensables para el sostenimiento de la red social en todas partes, pero muchas veces sus necesidades básicas son pasadas por alto o mismo negadas y sus derechos y personas violadas. Las instituciones públicas han sido socavadas y debilitadas. Muchas de sus responsabilidades han sido transferidas al sector privado o a instituciones nacionales e internacionales que rara vez asumen su responsabilidad ante la población. Además, el poder de los partidos políticos y de los sindicatos ha sido severamente disminuido, mientras que las fuerzas conservadoras y fundamentalistas están en auge. La democracia participativa en organizaciones políticas y en estructuras cívicas debe ser promovida más agresivamente. Hay una necesidad urgente de fomentar y asegurar la transparencia y la responsabilidad social y política. Esta Carta fundamental llama a los pueblos del mundo a: • Exigir y apoyar el desarrollo e implementación de políticas sociales amplias con plena participación de la población. • Asegurarse de que todos, mujeres y hombres, tengan derechos iguales al trabajo, a ganarse la vida, a la libertad de expresión, a la participación política, a ejercer la libertad de religión, a la educación y a vivir sin violencia. • Presionar a los gobiernos para introducir y hacer cumplir la legislación que proteja y promueva la salud física, mental y espiritual y los derechos humanos de grupos marginados. • Exigir que la educación y la salud sean prioritarias en las agendas políticas. Esto llama para una educación de buena calidad, gratuita y obligatoria para todos, los niños y para los adultos, sobretodo para las niñas y mujeres, al igual que una educación y atención de buena calidad para la temprana edad. • Exigir que las actividades de las instituciones públicas, tales como los servicios de cuidado de niños y niñas, los sistemas de distribución de alimentos, y la provisión de la vivienda beneficien la salud de las personas y las comunidades más necesitadas. • Condenar y buscar la revocación de cualquier política que resulte en el desalojo o desplazamiento forzado de personas de sus tierras, hogares o empleos. • Oponerse a las fuerzas fundamentalistas que amenazan los derechos y libertades de los individuos, sobretodo las vidas de mujeres, niños y minorías. • Oponerse al turismo sexual y a la trata de mujeres, niños y niñas. Desafíos ambientales La contaminación del agua y del aire, el acelerado ritmo del cambio climático, la disminución de la capa de ozono, la proliferación nuclear y sus deshechos, los productos químicos tóxicos y los pesticidas, la pérdida de biodiversidad, la deforestación y la erosión de la tierra tienen graves consecuencias para la salud de las personas. Las raíces causales de esta destrucción incluyen la explotación insostenible de los recursos naturales, la ausencia de una visión holística de largo plazo, la promoción de conductas individualistas y de maximización de ganancias, y el sobreconsumo por los ricos. Esta situación tiene que ser enfrentada y revertida inmediata y efectivamente. Esta Carta fundamental llama a los pueblos del mundo a: • Responsabilizar a las sociedades transnacionales y nacionales, a las instituciones públicas y a las fuerzas armadas por sus actividades destructivas y de alto riesgo que tienen impacto sobre el ambiente y la salud de la población. • Exigir que todos los proyectos de desarrollo sean evaluados contra los criterios de salud y ambientales y que se apliquen restricciones y precauciones cuando cualquiera tecnología o política ambiental implique amenazas potenciales a la salud y al ambiente (el principio de precaución). • Exigir que los gobiernos se comprometan rápidamente a las reducciones de la emisión de gases que resultan del ‘efecto invernadero’ en sus propios territorios, reducciones mucho más exigentes que las pactadas en los acuerdos del cambio del clima internacional, sin recurrir a la utilización de tecnologías y prácticas peligrosas o inapropiadas. • Oponerse al traslado de industrias de alto riesgo y de deshechos tóxicos y radioactivos hacia países más pobres y comunidades marginadas, además de promover soluciones que minimicen la producción de tales deshechos. • Reducir el sobreconsumo y los estilos de vida no‐sostenibles ‐ tanto en el Norte como en el Sur. Presionar a los países industrializados ricos a reducir su consumo y la contaminación que producen en un 90 por ciento. • Exigir medidas que aseguren salud y seguridad ocupacional, y que incluyan el monitoreo de las condiciones de trabajo centrado en los trabajadores. • Exigir medidas de prevención de accidentes y heridas más efectivas en los lugares de trabajo, en las comunidades y en los hogares. • Rechazar las patentes de toda forma de vida y oponerse a la bio‐piratería de conocimientos y recursos tradicionales e indígenas. • Desarrollar y aplicar indicadores de progreso en el área ambiental y social, enfocados en la población y basados en las comunidades. Presionar para el desarrollo y adopción de auditorías regulares que midan la degradación ambiental y el estado de salud de la población. Guerra, violencia y conflicto y las catástrofes naturales La guerra, la violencia, los conflictos y las catástrofes naturales devastan comunidades enteras y destruyen la dignidad humana. Tienen un severo impacto en la salud física y mental de sus miembros, sobretodo de las mujeres y los niños. El abastecimiento creciente de armas así como su comercialización internacional agresiva y corrupta socavan la estabilidad social, política y económica al igual que la distribución de los recursos hacia el sector social. Esta Carta fundamental llama a los pueblos del mundo a: • Apoyar campañas y movimientos por la paz y el desarme. • Apoyar las campañas contra la agresión, la investigación, la producción, la prueba y el uso de armas de destrucción masiva y otras armas, incluyendo todo tipo de minas. • Apoyar las iniciativas de los pueblos para lograr una paz justa y duradera, sobre todo en países con experiencias de guerra civil y de genocidio. • Condenar el uso de niños soldados, y el abuso y violación, tortura y matanza de mujeres, niños y niñas. • Exigir el fin de procesos de ocupación militar por ser uno de los instrumentos que más lesiona la dignidad humana. • Oponerse a la militarización de intervenciones de ayuda humanitaria. • Exigir la transformación radical del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que funcione democráticamente. • Exigir que las Naciones Unidas y los estados individuales dejen de utilizar las sanciones económicas como instrumento de agresión que dañan la salud de poblaciones civiles. • Promover iniciativas independientes centradas en la población que declaren vecindarios, comunidades, y ciudades como áreas de paz y zonas libres de armas. • Apoyar acciones y campañas para la prevención y la reducción de conductas agresivas y violentas, sobre todo de los hombres, y el fomento de la coexistencia pacífica. • Apoyar acciones y campañas para la prevención de las catástrofes naturales y la reducción del subsecuente sufrimiento de poblaciones enteras. UN SECTOR DE SALUD CENTRADO EN LOS DERECHOS DE LA POBLACIÓN Esta Carta fundamental exige la provisión de asistencia primaria de salud universal y exhaustiva, sin importar la capacidad de pago de las personas. Los servicios de salud tienen que ser democráticos, responsables y contar con recursos suficientes para lograrlo. Esta Carta fundamental llama a los pueblos del mundo a: • Oponerse a las políticas internacionales y nacionales que privatizan los servicios de salud y los convierten en una mercancía. • Exigir que los gobiernos promuevan, financien y provean Asistencia Primaria Integral de Salud como la manera más efectiva de enfrentar los problemas de salud y de organizar los servicios públicos de la misma para asegurar un acceso gratuito y universal. • Presionar a los gobiernos para que adopten, implementen y respeten las políticas nacionales de salud y medicamentos esenciales. • Exigir que los gobiernos se opongan a la privatización de los servicios públicos de salud y que aseguren la regulación efectiva del sector médico privado, incluyendo los servicios médicos caritativos y de ONGs. • Exigir una transformación radical de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que ella responda a las metas en salud de manera que beneficie a los pobres, que evite enfoques verticales de salud, que asegure trabajo intersectorial, que involucre a las organizaciones populares en la Asamblea Mundial de Salud, y que asegure independencia de todo interés empresarial privado. • Promover, apoyar y llevar a cabo acciones que promuevan un mayor poder y control de la población en la toma de decisiones en salud, a todos niveles, incluyendo de los derechos de los pacientes y de los consumidores. • Apoyar, reconocer, y promover los sistemas tradicionales y holísticos curativos y a los profesionales y su integración en la Asistencia Primaria de Salud. • Exigir cambios en la preparación y entrenamiento de personal de salud para que esté más orientada a resolver problemas y más basada en la práctica cotidiana, para que así puedan comprender mejor el impacto de las cuestiones globales sobre sus comunidades, y se motiven a trabajar con comunidades respetando su diversidad. • Desmitificar las tecnologías médicas y de salud (incluyendo los medicamentos) y exigir que estén subordinadas a las necesidades de salud de la población. • Exigir que la investigación en salud, incluyendo la investigación genética y el desarrollo de medicamentos y tecnologías reproductivas, sea llevada a cabo en una manera participativa y basada en las necesidades reales al igual que sea realizada por instituciones responsables. Además, asegurarse de que sea orientada hacia las personas y la salud pública y que respete los principios éticos universales. • Apoyar los derechos de la población a la auto‐determinación sexual y reproductiva y oponerse a todas las medidas coercitivas en políticas de población y planificación familiar. Este apoyo incluye el derecho al uso de toda la gama de métodos seguros y efectivos de regulación de la fertilidad. PARTICIPACIÓN DE LA POBLACIÓN EN ACCIONES QUE PROMUEVEN UN MUNDO MÁS SALUDABLE Las organizaciones y los movimientos populares son fundamentales para que los procesos de toma de decisiones sean más democráticos, responsables y transparentes. Es esencial que los derechos cívicos, políticos, económicos sociales y culturales estén garantizados en cada país. Mientras los gobiernos tienen la responsabilidad primordial de promover el enfoque equitativo hacia la salud y los derechos humanos, una amplia gama de grupos y movimientos de la sociedad y los medios de comunicación tienen un papel importante que jugar para asegurar el poder de la población, como también controlar el desarrollo de políticas sociales y el monitoreo de su implementación. Esta Carta fundamental llama a los pueblos del mundo a: • Establecer y fortalecer las organizaciones populares para crear una base y una plataforma para el análisis y la acción. • Promover, apoyar y ejecutar acciones que promuevan la participación popular en la toma de decisiones en los servicios públicos a todos los niveles. • Exigir que las organizaciones populares estén representadas en foros locales, nacionales e internacionales relacionados con la salud. • Apoyar iniciativas locales dirigidas hacia la democracia participativa a través del establecimiento de redes solidarias orientadas hacia la población en todo el mundo. Fuente: https://phmovement.org Olivia Descampe, “Running down a dream”, 2018. Decollage manual en papel,
- Las vacunas deben ser un bien común para la humanidad / Vijay Prashad
Según los informes, casi tres millones de personas han muerto debido al nuevo coronavirus (Sar-CoV-2) y más de 128 millones han sido infectadas por él, muchas de ellas con secuelas de salud a largo plazo. Hasta ahora, alrededor de 1,5% de la población mundial de 7.700 millones de personas ha sido vacunada, pero el 80% de ellas están en solo diez países. En febrero, el Instituto Tricontinental de Investigación Social advirtió sobre el “apartheid médico” que se ha ido configurando con el despliegue de las vacunas. Desde 1950, la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra el Día Mundial de la Salud el 7 de abril. Cada año, la OMS elige un tema diferente para el día, y el año pasado fue “Apoyemos a las enfermeras y matronas”. Este año el tema es “Construyendo un mundo más justo y sano”, apuntando al centro del apartheid médico. El 1 de abril, la Jornada Internacional de Lucha Antiimperialista publicó el “Manifiesto internacional por la vida”, en que se propone suministrar “vacunas gratuitas para toda la población”. El boletín de esta semana está dedicado a nuestra Alerta roja nº 10, que aborda, con la orientación de científicos y médicos, la necesidad de una vacuna de los pueblos. ¿Qué es una vacuna? Las enfermedades infecciosas pueden producir enfermedades graves y muertes. Quienes sobreviven a la infección suelen desarrollar una protección de larga duración contra esa misma enfermedad. Hace alrededor de 150 años, la comunidad científica descubrió que las infecciones son causadas por “gérmenes” microscópicos (que ahora llamamos patógenos), que se pueden propagar desde animales hacia humanos y de una persona a otra. ¿Puede una parte pequeña o debilitada de estos patógenos desencadenar los cambios en el cuerpo que podrían proteger a las personas de una enfermedad grave en el futuro? Este es el principio detrás de las vacunas. Una vacuna, que contiene moléculas microscópicas que imitan partes de un patógeno infeccioso, puede ser inyectada en el cuerpo de una persona sana para activar esta protección preventiva contra la enfermedad. Aunque una vacuna protege sólo a un individuo contra sólo un patógeno, cuando las vacunas se incorporan a programas de vacunación bien organizados y a gran escala, pueden resultar cruciales para intervenciones a nivel comunitario. No todas las infecciones pueden prevenirse con vacunas. A pesar de las grandes inversiones financieras, todavía no tenemos (y puede que nunca tengamos) vacunas confiables para ciertas enfermedades contagiosas —como el VIH y la malaria— debido a la complejidad biológica de estas enfermedades. Ha sido posible acelerar la elaboración de las vacunas contra la covid-19 porque la mayoría de ellas se basan en mecanismos biológicos bien comprendidos en una enfermedad menos compleja. Las vacunas son una medida importante para contener las epidemias infecciosas. Sin embargo, los cambios genéticos en el microbio infeccioso pueden hacer que las vacunas sean inefectivas y se necesiten desarrollar y desplegar nuevas vacunas. ¿Por qué no se están proporcionando las vacunas contra la covid-19 a los 7.700 millones de personas del mundo? Poco después de la aparición del nuevo coronavirus (SAR-CoV-2), las autoridades chinas secuenciaron el virus y compartieron la información en un sitio web público. Científicos de instituciones privadas y públicas se apresuraron a descargar la información para tener una mejor comprensión del virus y encontrar una forma tanto de tratar sus efectos en el cuerpo humano como de crear una vacuna para inmunizar a la gente contra la enfermedad. Hasta este momento, no se había patentado ninguna información. En pocos meses, nueve empresas privadas y públicas anunciaron que tenían candidatas a vacuna: Pfizer/BioNTech, Moderna, AstraZeneca, Novavax, Johnson & Johnson, Sanofi/GSK, Sinovac, Sinopharm y Gamaleya. Las vacunas Sinovac, Sinopharm y Gamaleya son producidas por los sectores públicos chino y ruso (a mediados de marzo, China y Rusia habían suministrado 800 millones de dosis a 41 países). Las otras son producidas por empresas privadas que han recibido un enorme financiamiento público. Moderna, por ejemplo, recibió 2.480 millones de dólares del gobierno estadounidense, mientras Pfizer recibió 548 millones de la Unión Europea y del gobierno alemán. Estas empresas utilizaron financiamiento público para producir las vacunas y luego extrajeron gigantescas ganancias de su venta y aseguraron aún más sus beneficios mediante patentes. Este es un claro ejemplo de lucro con la pandemia. La información sobre los números de vacunas vendidas y transportada a diferentes partes del mundo cambia rápidamente. No obstante, ya se reconoce que muchas de las naciones más pobres no tendrán vacunas para su población antes de 2023, mientras el Norte Global se ha asegurado más vacunas de las que requiere (suficiente para vacunar a su población tres veces más). Canadá, por ejemplo, tiene suficientes dosis para vacunar a su ciudadanía cinco veces. El Norte Global, con menos del 14% de la población mundial, se ha asegurado más de la mitad de las vacunas previstas. Esto es conocido como acaparamiento de vacunas o nacionalismo de la vacuna. Los gobiernos de India y Sudáfrica se acercaron a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en octubre de 2020 para solicitar una suspensión temporal de las obligaciones respecto a las patentes bajo el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC). Si la OMC hubiera aceptado esta suspensión, estos países podrían haber producido versiones genéricas de la vacuna para distribuirlas a bajo costo e impulsar la vacunación masiva. Sin embargo, el Norte Global lideró la oposición a esta propuesta, argumentando que dicha suspensión —incluso en medio de una pandemia— frenaría la investigación y la innovación (a pesar del hecho de que las vacunas fueron desarrolladas en gran medida con dinero público). El Norte Global logró bloquear la solicitud de suspensión en la OMC. En abril de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS), con otros socios, estableció el Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 o COVAX (por su sigla en inglés). El objetivo de COVAX es asegurar un acceso equitativo a las vacunas. El proyecto es liderado por UNICEF; GAVI, la Alianza Mundial para las vacunas y la inmunización; CEPI, la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias; y la OMS. A pesar de que la mayoría de los países del mundo firmaron la alianza COVAX, no se están distribuyendo suficientes vacunas en el Sur Global. Un estudio de diciembre de 2020 concluyó que, durante 2021, casi setenta países solo podrán vacunar a una de cada diez personas. En vez de apoyar la solicitud de India y Sudáfrica por la suspensión, COVAX apoyó una propuesta de agrupación de patentes denominada Acceso mancomunado a la tecnología contra la covid-19 (C-Tap). Este proceso implicaría que dos o más dueños de patentes acordaran conceder licencias de sus patentes entre ellos o a un tercero. Hasta la fecha, COVAX no ha recibido ninguna contribución de parte de compañías farmacéuticas. En mayo de 2020, la OMS propuso establecer un ensayo solidario internacional de la vacuna contra la covid-19, en el que dicha organización coordinaría los centros de ensayo en diversos países. Esto hubiera permitido que candidatas a vacunas emergentes pudieran entrar más rápida y transparentemente a las pruebas clínicas, y que se ensayaran en poblaciones diversas para poder hacer comparaciones de fortalezas y debilidades específicas. Las compañías farmacéuticas multinacionales y los países del Norte Global sofocaron esta propuesta. ¿Qué se necesita para producir vacunas básicas para los 7.700 millones de personas del mundo? La producción de vacunas varía según la plataforma tecnológica requerida para crear la particular imitación de la infección que se utilizará en una vacuna específica. Para las vacunas contra la covid-19 hay muchas plataformas exitosas. Dos de ellas han sido las vacunas de ARN (en el caso de Moderna) y las vacunas de adenovirus (en el caso de AstraZeneca). Ambas son plataformas tecnológicas robustas, lo que significa que si se dispone de los conocimientos técnicos (incluyendo secretos comerciales para la producción de vacunas) y el personal cualificado, y las líneas de manufactura son eficientes y escalables, la vacuna podría producirse para la población. La palabra “si” está en cursiva porque estos son los principales obstáculos que se derivan de la lógica capitalista de derechos de propiedad intelectual y del impulso a largo plazo de debilitar un sector público que gira en torno al bienestar social. Un enfoque intermedio en la producción de vacunas es el que intenta la fabricación a gran escala de imitaciones de proteínas en tanques de fermentación (la vacuna Novavax, por ejemplo, es fabricada así). Para esta plataforma, la capacidad de absorción y el personal cualificado están más extendidos. Sin embargo, los problemas de control y garantía de calidad varían más entre lote y lote, lo que es un obstáculo para una producción masiva descentralizada. Hay un modo mucho más simple de producir vacunas: cultivar el agente infeccioso, desactivarlo (es decir, hacerlo no peligroso), e inyectarlo en el cuerpo (como Covaxin, la vacuna desarrollada por Bharat en India). Pero surgen problemas porque no es fácil desactivar este dañino patógeno y a la vez mantenerlo suficientemente completo para desarrollar anticuerpos. ¿Qué haría falta para administrar vacunas a los 7.700 millones de personas? Para administrar masivamente las vacunas contra la covid-19 en todo el mundo, necesitamos considerar tres elementos: 1) Sistemas de salud públicos. Los programas efectivos de vacunación requieren de un fuerte sistema público de salud, pero estos han sido debilitados por décadas de políticas de austeridad en muchos países del mundo. Por lo tanto, no hay personal cualificado para administrar la vacuna. Como se trata de vacunas delicadas, su preparación y administración debe ser realizada por trabajadores capacitados de salud pública (tanto para asegurar que la vacuna es administrada de manera óptima como para prevenir efectos secundarios). 2) Transporte y cadenas de frío. Dado que no se dispone de líneas de producción nacional y regional de vacunas, estas deben ser transportadas largas distancias. Algunas de ellas requieren de cadenas de frío o congelamiento que son muy poco prácticas en gran parte del Sur Global. 3) Sistemas de monitoreo médico. Finalmente, se necesitan sistemas bien desarrollados para monitorear el impacto de las vacunas. Esto requiere un seguimiento a largo plazo y tanto personal como tecnologías que suelen no estar disponibles en las naciones más pobres, que han sufrido desventajas por mucho tiempo producto del orden económico mundial. Vale la pena leer y difundir la Declaración de Alma-Ata (1978) sobre la atención primaria de salud y la Carta del pueblo para la salud (2000), ambos fuertes pronunciamientos por un abordaje sólido y humano de la atención sanitaria. La última llama a rechazar las “patentes a la vida”, lo que incluye las patentes a vacunas. No hay más alternativa que una vacuna de los pueblos, no hay más alternativa que la vida sobre las ganancias. Vijay Prashad Periodista, historiador y activista indio, es director ejecutivo del Instituto Tricontinental de Investigaciones Sociales y responsable editorial de LeftWord Books. Autor de una treintena de libros, el más reciente de los cuales es No Free Left: The Futures of Indian Communism (Nueva Delhi, LeftWord Books, 2015). Fuente: https://www.sinpermiso.info/textos/las-vacunas-deben-ser-un-bien-comun-para-la-humanidad?s=08 Roger Melis (RDA), Kinder in der Kollwitzstraße [Niñxs en Kollwitzstraße], 1974.
- Abril Adynata / VPS
El calendario anuncia pasajes, cambios de estaciones, de climas, de temperaturas aunque las formas que gobiernan lo vivo se repitan e insistan en dañarlo. El daño crece y viaja, punzante e impune, en las redes, en las radios, en los programas de televisión. Insiste en negar que la vida no puede contenerse en el reino del género, la raza, la clase, la ideología. Ya se trate del imperio mayoritario de lo uno, ya se trate de la trampa dicotómica de lo binario. El daño programado ataca. Incendia y devasta vidas, montes y bosques con la vieja excusa del progreso, del negocio del progreso, ya se nombre minería sustentable, autovías, diversidad o como se busque edulcorar, el terricidio avanza. Nos recuerda Simone Weil que “Sólo aquel que ha medido el dominio de la fuerza, y sabe cómo no respetarla, es capaz de amor y justicia.” Quizás con ese saber y aún desde el dolor por tanto daño, un común vivir pulsa en desbordarlo, defenderse y resistir. Solidaridades levantan casas, hacen guardias de cenizas, cortan calles, se vitalizan en asambleas. Denuncian, reclaman y perseveran en hacer visible un común amor por los cuidados de lo vivo. Leemos “Tal vez no en la fuerza, sino en una común debilidad residen las potencias que salvan.”
- Memorias del futuro / Alejandro Kaufman
Un segundo 24 de marzo, sustraída la memoria de las calles, no puede sino hacernos pensar en la diferencia entre el anterior 24 de marzo de 2020 y el actual de 2021. Una diferencia consistente en más de 54.000 muertes evitables en un número indeterminable pero proporcionalmente sustancial, según lo que sabemos por lo sucedido en otras partes del mundo. Lo evitable de esas muertes masivas que se siguen produciendo cada día y hasta por momentos de modo creciente, en una primera instancia nos orientan a la cruel militancia del contagio. Medios de comunicación y manifestaciones políticas de las derechas sistemáticamente dedicadas a promover discursos y acciones conducentes a encrudecer las consecuencias de la pandemia en lugar de aminorarlas. No es algo que deba sorprendernos. Las derechas no se definen por sus opiniones alternativas a pensamientos moderados o emancipatorios, sino por su disposición programática a la desigualdad esencial y al sacrificio inconmensurable de la población. En ello reside su base territorial, no en el bienestar o la felicidad del pueblo sino en su opresión y mortificación, ya sea “por las buenas o por las malas”. El 24 de marzo invoca el problema del duelo. En otros países, como es el caso de los Estados Unidos (sin perjuicio de sus tantos crímenes históricos y contemporáneos), la vinculación con la masividad de las muertes fue referida a guerras, a la Segunda Guerra Mundial. Unos números recuerdan a otros. La guerra fue y vino como metáfora muchas veces en el último año, no sin cuestionamientos por parte de quienes rechazamos el uso de tal figura para un suceso que no implica lo que sucede en una confrontación bélica entre bandos enemigos. La pandemia no es un antagonismo entre bandos enemigos, dijimos y escuchamos tantas veces. Sin embargo, hoy la evocación adquiere otros rasgos en relación a la violencia social o bélica porque la masividad de muertes evitables nos suscita el problema de la responsabilidad y el duelo. El duelo mantiene una relación con la responsabilidad porque no se lo espera de quien asesina o es causante de muertes, ya sea por acción o por omisión, de modo culposo. En nuestro país los números en danza no nos sugieren una guerra, sino nuestro drama nacional que en la fecha se conmemora. Y si seguimos tales asociaciones veremos entonces que vincular las muertes en la pandemia con una guerra admite el duelo como parte del drama. Nuestra experiencia, en cambio, y se trata de hacer silencio para prestar oídos a lo desatendido, es una experiencia privada del duelo. Aun cuando nos resulta muy difícil hacer distinciones entre diversos países y diferentes experiencias pasadas y presentes, no tendríamos que negarnos a lo plausible que nos resulte como deber de memoria observar que la militancia del contagio procede de las mismas fuentes originarias del exterminio de las desapariciones. Tal condición traumática, entonces, habilita una eventual reflexión sobre la serie de condiciones adyacentes o consecuentes: consentimientos, que pueden suceder como negligencia y descuido, responsabilidades, omitidas o denegadas, y negacionismos. Más allá de lo que nos resulte específico de la historia reciente argentina, en muchas partes del mundo, y nuestro país no se queda atrás, asistimos a derechas negacionistas del sufrimiento colectivo, derechas suscitadoras y responsables de consecuencias letales y sacrificiales en nombre de la “libertad” y la “economía”. Jornada propicia, la del 24 de marzo de 2021, para interpelarnos sobre cómo serán habitadas nuestras futuras memorias. Fuente: https://contraeditorial.com/memorias-del-futuro/
- Sesiones en el naufragio (2) / Marcelo Percia
Consuelos Resignaciones afirman que no vale la pena hacer nada. Consuelos saben estar próximos de lo irreparable. Resignaciones admiten fastidiadas lo inevitable. Alojan omnipotencias heridas que se escudan detrás de pesimismos absolutos. Omnipotencias que repudian dolores de la vida como si se trataran de injustas conspiraciones en contra de sus merecidos poderes. Consuelos abrazan lo insoportable. Resignaciones resguardan altiveces, vanidades, supremacías irrenunciables. Omnipotencias que no quieren abandonar sus dominios. Omnipotencias que blindan desamparos, acorazan vulnerabilidades, desmienten o postergan vejeces, niegan lo inexorable. Omnipotencias que mitigan el impacto de lo inevitable. Terquedades, que hasta tal punto rechazan lo perdido, que prefieren cultivar derrotas, despreciar posibilidades, festejar desastres. Resignaciones, omnipotencias, terquedades, cultivan resentimientos. Resentimientos no buscan consuelos, exigen resarcimientos, claman venganzas, se enfadan con lo imperfecto. Dolores piden respeto del dolor: ese solo consuelo. No se sabe qué hacer ante lo irremediable. Rituales de un duelo o actos de una común cercanía (como los del juego o los del amor o los de la clínica) se sostienen, también, en un abrazo, una palabra, una mirada, una disponibilidad. Acciones mínimas que cobijan lo irrecuperable. En El porvenir de una ilusión, Freud (1927) objeta consuelos de las religiones, promesas esperanzadoras, bondades caritativas, caricias compasivas que adormecen la aflicción. No se puede huir del dolor. El psicoanálisis se concibe como decisión de habitar en la intemperie: última responsabilidad de la soledad. Desde entonces, clínicas procuran consuelos que no residan en las hebras de la fe ni en las mallas alambradas de la razón. Consuelos que atiendan la terriblez. Consuelos que no intenten suprimir pesadumbres. Consuelos que no nieguen lo perdido. Consuelos que no añadan culpas ni demandas al pesar. Consuelos que den el estar ahí. Consuelos que alojen dolores que no tienen dónde guarecerse. Consuelos que rescaten desdichas caídas en lo impronunciable.
- La curva pornográfica El sufrimiento sin sentido y la tecnología / Christian Ferrer
Dolor Arthur Schopenhauer podría haber condensado sus objetivos filosóficos en estas dos vigas maestras: "verdades implacables" y "máximas curativas". Leerlo, aún hoy, desploma la idea que nos hacemos de la existencia; y las dosis de tonicidad anímica que se destilan de sus enseñanzas no alcanzan a disolver el pesar –o el pavor– comprimido en ellas. En 1820 Schopenhauer dio a conocer un sistema de pensamiento sostenido en la convicción de que la palabra vida es un eufemismo por sufrimiento, y que tal condición es inmutable e ineliminable de la existencia. El dolor puede cambiar de forma, pueden transformarse los contextos que lo estimulan, puede trastocarse la jerarquía de los problemas que se descargan sobre la humanidad, pero el eje doliente que hace rotar los paisajes y eventos que dan forma a una época, y que aguijonea al cuerpo humano, se mantiene en constante vibración. Los deseos, expectativas y proyecciones que animan a la vida cotidiana resultan ser, a fin de cuentas, instrumentos de tortura. Quien codicia objetos, sucesos o personas saca un pasaporte a la frustración, porque la lucha por conseguirlos hace padecer, y una vez acaparados no redimen el sufrimiento. Schopenhauer acepta que el cuerpo también absorbe alegrías y placeres, pero concluye, inflexible, que la densidad de padecimiento es siempre superior a los breves e inciertos goces conseguidos. Y siendo la voluntad encarnada el nudo antropológico fundamental, cualquier intento de desovillarlo a través de mecanismos ajenos a esa encarnación conduce al fracaso, o incluso al agravamiento de la condición sufriente de la especie humana. Sea la acción estatal, o la adhesión a la religión, o la voluntad de transformar al mundo mediante enroques políticos, o la industrialización acelerada, o el suicidio, ningún esfuerzo fructificará. Lo único aconsejable, en su sistema filosófico, es desear lo menos posible; algo imposible, pues la voluntad de vivir es ciega y solo puede pujar en forma radial. Cuando Schopenhauer publica estas ideas descarnadas en El mundo como voluntad y como representación, la época moderna estaba aún en su infancia. El panorama al que llegaba todo recién nacido era áspero: la revolución industrial y la guerra omnipresente conformaban un juego de pinzas que ponía sitio al cuerpo y lo sometía a pruebas desgastantes. La industria farmacéutica estaba en pañales; no existía un sistema de seguros contra riesgos; no se había descubierto la anestesia ni nada se sabía sobre las virtudes de la asepsia hospitalaria; las operaciones quirúrgicas eran poco menos que batallas campales entre médico y paciente; no había vacunas; tampoco sesiones psicoanalíticas; los servicios higiénicos urbanos eran el sueño de algunos reformadores públicos; en fin, la desprotección del cuerpo era inmensa y la incertidumbre vital enorme. El "tedio vital" se suma a la enumeración. La intemperie, no obstante, era más "natural" y tolerable que en su versión actual. Se dirá que era por entonces inútil imaginar un estado de ánimo amenguado de sufrimiento, ni siquiera teniendo en cuenta las crecientes invenciones técnicas que ya hacían retroceder los palazos que la naturaleza, el desinterés estatal y la fatalidad descargaban sobre el frágil cuerpo humano. A la vez, ahora que han pasado casi doscientos años, los voceros de época insisten en que los avances médicos y asistenciales ya pueden ser descontados de las deudas que la ciencia y la técnica tenían con el dolor colectivo. Pero las miradas arrojadas desde la barandilla de popa del progreso continúan empañadas por prejuicios y expectativas que provienen de un futuro no verificado todavía. Una curiosa frase de Friedrich Nietzsche, escrita sesenta años después de la publicación del libro de Schopenhauer, permite precisar la cuestión. En Genealogía de la moral se lee "en los tiempos antiguos se sufría menos que ahora, aun cuando las condiciones de vida hayan sido más violentas y los castigos físicos más crueles". No se propone aquí una paradoja o un capricho conceptual, sino una puntualización ontológica: una definición de la sensibilidad moderna. A la personalidad que se corresponde con los siglos XIX y XX se la podría definir como "sentimental". Sentimental significa que durante el proceso de formación del carácter del hombre moderno no se le proporcionan herramientas internas aptas para reforzar su espiritualidad ante la perspectiva de desastres existenciales o de bombardeos en profundidad a su dote psíquica. No se crearon instituciones, contextos pedagógicos o lenguajes en común destinados a sostener a la personalidad en caso de tragedia o de vulneración subjetiva. De modo que los dilemas y problemas causados por la vida urbana, la jornada laboral o los desajustes familiares, descargados sobre el cuerpo y sobre una personalidad sentimentalizada, solo pueden ser insuficientemente "encajados" o digeridos, transformándose entonces en la nutrición del desaliento, el resentimiento o la depresión. Espíritu y dolor, en otros tiempos, se encastraban en forma diferente. En el cosmos vital de los pueblos antiguos se permanecía en constante intimidad con el sufrimiento a la vez que la causa del mismo era identificada en un "afuera" nítidamente reconocible: invasores, poderosos, la ira de Dios. Hasta no hace demasiado tiempo, se disponía plenamente de una serie de tecnologías de la subjetividad destinadas a fortalecer el alma a fin de "pertrecharla" para el inevitable encuentro con el dolor. La disciplina de los guerreros o bien la ascética religiosa aprestaban la personalidad con el fin de que no se desoriente ni desespere en caso de que combatiente o creyente quedaran atrapados en territorio enemigo. La forja del carácter permitía "retomar control" sobre la vida descalabrada: la resistencia espiritual luego de lo inevitable, en aquellos tiempos, era considerada un bien. El cuerpo era el "paragolpes" del alma, pero el alma encajaba el impacto, regulaba la desesperación y administraba los estragos que la experiencia del cuerpo mortificado o humillado pudieran hacer infiltrar en el ánimo. La ascética religiosa, a su vez, consistía en una serie de técnicas espirituales destinadas a preparar al creyente para afianzarse ante la proximidad del peligro. Ellas promovían una cierta impasibilidad frente a las tentaciones, los infortunios o las peripecias: la "rueda de la fortuna" tanto puede favorecernos como sernos esquiva. O bien las tentaciones provocadas por el "demonio" acechan diariamente a la "carne". Se trata, entonces, de recuperar el control sobre el cuerpo "tentado", de arrepentirse, de volver a sí mismo, en definitiva, se trata de tener "poder sobre sí". El síntoma subjetivo actual se revela en la voluntad de huir del dolor, que se corresponde con el temperamento adictivo de esta época. Esa fuga se vuelve desorganizada y contraproducente en tanto y en cuanto no se ha pertrechado al alma para administrar la experiencia del sufrimiento. Para que esta negligencia espiritual se hiciera posible fue necesario no establecer una amortiguación entre alma y cuerpo como lo hacían los antiguos: el cuerpo devino un valor mercantil de primera importancia, sea como fuerza de trabajo en al ámbito laboral o como apariencia en el mundo diplomático de las relaciones interpersonales, ya sea como mercancía carnal o como cuerpo performativo destinado a protagonizar todo tipo de trámites sociales. Sin embargo, se carece de defensas eficaces ante el sufrimiento. El cuerpo, en vez de servir de "escudo", recibe el impacto del dolor en todos sus poros a la vez, y la subjetividad dañada sólo puede aspirar a la ayuda que pueda ser proporcionada por asistentes tecnológicos. La mutación de significado sufrida por la palabra "confortación" hace más evidente el problema. Dos siglos atrás, consolar y amparar a una persona devastada por la tragedia o acongojada por un revés de fortuna suponía que otros estuvieran formados espiritualmente para asistirla, y toda una serie de tecnologías afectivas y espirituales obraban desde muy temprana edad a fin de dar forma al alma caritativa. Un siglo después, y en una línea de evolución que llega hasta la actualidad, la idea de "confortación" se vertió en la palabra "confort", que se refiere menos a una actitud espiritual que a una serie de comodidades domésticas o urbanas. La importancia del confort en la época moderna no debe ser minimizada, pues ha sido investido con la misión de resguardar a la personalidad de las inclemencias de la vida industrial y urbana, escenarios donde el sufrimiento opera como una suerte de "arma arrojadiza", destinada a cualquiera. Pues el dolor sólo culpa a uno mismo, en tanto se es incapaz de gestionar una subjetividad satisfactoria. Como la lucha por abrirse paso y acumular es la contraparte y copartícipe de la época sentimental, solamente el refugio de la intimidad permite eludir momentáneamente los mandatos despiadados de los procesos laborales o de la soledad, o del tedio, o del pas de deux en el que hay que vender la "apariencia". La tecnología ofrece confort a este ser asediado y le concede esparcimiento, excitación planificable y narcotización hogareña en un mundo inclemente. La costumbre y anhelo del confort asume la función que en una época anterior correspondía a las prácticas consolatorias, cuando al dolor se le ofrecía un sentido trascendental. En tanto la modernidad supone un tipo de vida que acopla cuerpo y máquina bajo exigencias equivalentes, el tipo caracterológico de ser humano que ha sido necesario definir y construir a fin de poner en marcha la maquinaria social tecnificada debió corresponderse, a la vez y en un mismo movimiento antinómico, tanto con el temperamento sentimental como con las intensas contradicciones en que se hacía ingresar a esos cuerpos comprables y vendibles, la carne de cañón de la sociedad industrial. Pero, en su época, la esencia de la confortación no residía en nada técnico. No podía ser sustituida por comodidades, entretenimientos, juguetes industriales o saberes científicos que presumen de su cientificidad. Era un movimiento del ánimo, no una cápsula blindada. El potente inicio de la industrialización del mundo no sólo hizo proliferar al vapor y la electricidad; también a millones abandonados a la buena de Dios, es decir, del Mercado. En el siglo XX, esas multitudes serían insertadas masivamente en organismos de rango estadístico: sindicatos, empresas de seguros de vida, tarjetas de crédito, jubilación garantizada por el Estado, obras sociales, vacaciones pagas; o bien serían vinculadas orgánicamente con la industria farmacéutica, con terapias intensivas que prolongan artificialmente la vida o con hipotecas bancarias que proyectan una forma del habitar. Cuando ya no se hacen diferencias estratégicas y operativas entre alma y cuerpo, solo los "acolchonadores artificiales" permiten tolerar el contacto con el dolor. Los cuerpos que experimentaron la máquina de excitación urbana se "blindaban" a fin de eludir las experiencias vitales que podrían generar sufrimiento. Y cuando evitarlas se revelaba imposible, los placebos y amortiguadores que la evolución científico-técnica ofrecía eran el recurso más a mano. Esa es la causa de que la ideología del confort se transformara en el espacio de comprensión de la tecnología. Operaba a modo de pase mágico. Esta idea es propia de la sensibilidad actual, para la cual la casa es un "estuche" protector de la personalidad. Como pliegue personal, la privacidad protege o acomoda a la personalidad a lo largo de la "lucha por la existencia", y en sus dominios la tecnología se transforma en puerta de acceso al esparcimiento y en garantía de vida confortable, es decir, en "acolchonador" del sufrimiento. Los artefactos tecnológicos, especialmente los domésticos, deben ser considerados menos como aparatos funcionales que como organizadores "psicofísicos" de la existencia amenazada, como superficies somáticas que reorganizan la experiencia sensorial y psíquica. Técnica La asunción de que el cuerpo es la última y radical verdad de la existencia, y de que la satisfacción sensorial es un imperativo y no una opción, da forma a la idea actual de la felicidad. En ausencia de un ideal de bienaventuranza eterna, dos modos de conectar subjetividad y felicidad lo sustituyeron. Por un lado, la codicia y consecución de bienes. Como la energía y movimiento del capitalismo tienden a transformar cada vez mayores cantidades de bienes en mercancías intercambiables, también el cuerpo humano es arrastrado por la pasarela. La mercancía devino tasa de medida de las dosis de felicidad de que se dispone en un momento dado de la vida, y por eso deben ser sustituibles unas por otras, accesibles a cualquiera que disponga del dinero para adquirirlas y, además, presentadas a la mirada ávida de modo que posibilite imaginar experiencias equivalentes a las de un sueño idílico. El otro modelo de felicidad concierne a los placeres sensoriales, siempre sometidos a restricciones específicas. Las reglas de mesa, de urbanidad, de comportamiento "civilizado", de acercamiento y distancia espacial, de experimentación erótica, establecían fronteras e instrucciones de uso que devinieron en fuente de frustración, y que por su parte colisionaban contradictoriamente con los impulsos hedonistas que el propio capitalismo fomenta. Ahora, la demanda de mayores placeres para el cuerpo es pregnante, generando nuevas necesidades, conflictos psicológicos y políticos, industrias emergentes y un mayor escepticismo con respecto a la ascética "protestante". Las ansias de felicidad ya no están lanzadas hacia un eventual progreso civilizatorio, hacia las promesas de la política –rueca ovilladora de la comunidad–, o hacia la economía personal planificada y acumulativa. La exigencia de felicidad está cronometrada por el minutero, y entre sus consignas se cuentan la detención del deterioro corporal y de la extenuación cotidiana. Se diría que se intenta invisibilizar a la muerte. Justamente, la tecnología del siglo XX tuvo como misión impedir el desplome físico y emocional de la población. Los artefactos del confort doméstico, la mejora en el instrumental quirúrgico en los hospitales, el establecimiento de derechos laborales y jubilatorios por los estados benefactores, y el desarrollo de la industria del seguro personal son algunos de sus logros. Sin embargo, esos sostenes de la vida amenazada ya eran sucedáneos decididamente insuficientes para la década de 1960. Como lógica consecuencia de la confianza que desde antes se depositó en la ciencia, ahora las industrias formateadoras del cuerpo absorben la expectativa de anulación del sufrimiento. Las utopías sociales del siglo XIX se propusieron eliminar, en lo posible, el dolor. La ciencia pretendió doblegar el poder de la naturaleza sobre la vida humana. El ejemplo más banal lo expone la consulta diaria al pronóstico del tiempo; y el más actual, la medición del grado de abertura del agujero de ozono. También las ciencias sociales –y la política– ambicionaron reducir el sufrimiento causado por el orden laboral y la desatención estatal. Dos pretensiones utópicas: reducción del poder del azar; reducción del rango de la injusticia social. Ambiciones que se abrían paso a fuerza de promesas. A medida que otras ilusiones de cura de la infelicidad de desvanecían (la política revolucionaria, el psicoanálisis, las filosofías existencialistas) las innovaciones científico-técnicas se volvían más y más esperadas, y también más "amigables", tanto más cuando se perdió el equilibrio entre los campos de acción posibles. Un rasgo central que diferencia al siglo XX de su inmediato anterior es el desfasaje abierto entre la técnica y la ética. La evolución de la tecnología es hoy mucho más rápida que las obras y las novedades producidas por el arte, la moral y la política. Se ha invertido la ecuación del siglo XIX. Entonces, la máquina de vapor, el tren, el telégrafo y el "Zeppelín" fueron considerados poco menos que frutos de una inagotable cornucopia mecánica. Sin embargo, las innovaciones estéticas y políticas eran, en el siglo XIX, mucho más veloces aún. Basta recordar que entre 1830 y 1905 el realismo, el impresionismo, el puntillismo, el simbolismo y el fauvismo, renovaron rápida y sucesivamente modos de ver. En el siglo XIX aparecen y se despliegan por Occidente el liberalismo, el sindicalismo, el antiesclavismo, el socialismo utópico, el republicanismo, el marxismo, la socialdemocracia, el nacionalismo, el anarquismo y el sufragismo feminista. El siglo XXI vive aún de la usura de los inventos políticos del siglo XIX. Pero en el siglo XX los saberes científicos y las innovaciones tecnológicas avanzaron a un paso mucho más acelerado, y la política, la ética e incluso el arte apenas pudieron seguir sus huellas. Por eso, la experiencia del confort sigue siendo el ideograma con que se tamiza la comprensión de la tecnología, en el espacio hogareño como en el laboral, tanto en lo que se refiere a nuestra consideración de las comodidades comunicacionales como a la inteligibilidad de los alimentos genéticamente modificados. Recurriendo a una vieja idea de Trotsky, se diría que el mundo experimenta actualmente una agudización del desarrollo desigual y combinado entre moral y técnica. Una brecha tal promueve mutaciones en la imaginación. En las últimas décadas la imaginación tecnológica desplazó a la vez que fragmentó el vínculo entre colectividad y ciencia. La energía atómica y la conquista del espacio cedieron su privilegio a otra configuración organizada en torno a la informática y la biotecnología. Todavía hasta el final de la guerra fría la "bomba" atómica y el "cohete" lanzado al cielo eran los símbolos de época. La "llegada del hombre a la luna" consumó un trayecto largamente ambicionado, y hasta las potencias regionales menores pretendían enriquecer uranio a granel. El impulso que conducía a la investigación y producción de arsenales atómicos y de vehículos espaciales se potenciaba merced a ideas encarnadas en estados poderosos, y movilizaba la imaginación tecnológica mundial a favor o en contra de una de las dos mitades en que había sido repartido el planeta. Pero en 1967, por primera vez, el corazón de una mujer fue transplantado a un hombre que sobreviviría por poco tiempo. Veinte años después, las computadoras personales estarían esparcidas por todos los ámbitos de la acción humana. En el cruce de épocas se muestra la clausura de un tipo de imaginación motivada por la guerra y el inicio de nuevos vínculos entre cuerpo, ética y tecnología en la imaginación popular. Los transplantes de órganos y las cirugías estéticas, o bien el acceso a Internet, a diferencia de emprendimientos tan costosos y dirigidos estatalmente como la fabricación de bombas de hidrógeno o de cápsulas espaciales son experimentados a título de satisfacción personal. El viaje a la luna y la amenaza atómica total fueron los frutos de la guerra fría, del gigantismo social y de la competencia ideológica, pero el ansia actual de perfeccionamiento estético-tecnológico resulta ser un sueño banal, aunque el malestar que pretende apaciguar nada tenga de superficial. Una costumbre bastante reciente expone el problema. Los transplantes de órganos eran, hasta una década atrás, complicados en ejecución, escasos en número, y demasiadas veces fatales en sus resultados. Eran tarea de pioneros, y cada logro conseguido, poco menos que una proeza. Quienes ofrecían sus cuerpos a la ciencia ingresaban al quirófano inevitablemente conscientes de su destino de rata de laboratorio, o de prototipo industrial. Fue a comienzos de los años noventa cuando nuevas generaciones de inmunodepresores permitieron alcanzar un grado mucho mayor de aceptación corporal del órgano injertado. Se había superado el problema de la "amortiguación". Desde entonces, aumenta la cantidad de intervenciones quirúrgicas, se abre el abanico de injertos a todo tipo de órganos, la investigación científica sobre el tema humea a toda velocidad, y la numerosa cantidad de casos exitosos hace que esos enroques no merezcan ya la tipografía de primera plana. Sin embargo, la oferta de donantes de órganos es insuficiente. La mayoría de los habitantes siguen siendo sepultados tal cual llegaron al mundo. No son pocas las tradiciones religiosas que prohíben alterar, ni en vida ni en la muerte, al cuerpo. Algunas religiones son tan estrictas que un mero tatuaje impide el ascenso al reino de los cielos. Las tradiciones atávicas y los temores encarnados acerca de la extirpación de partes de un todo corporal explican el resto del bajo porcentaje de la beneficencia carnal. Así las cosas, las listas de espera de órganos son ahora el equivalente del "pasillo de la muerte" de las cárceles norteamericanas. La coexistencia de medios técnicos que posibilitan la extensión de la vida y la escasez de órganos disponibles acentúan una paradoja. Pero el desfasaje no necesariamente conduce a la aceptación resignada. Se sabe que pudientes del primer mundo compran órganos a indigentes del tercero a fin de saltearse la lista de espera. Como las leyes sobre transplantes en los países "ricos" son duras y rigurosas, se viaja a los países de origen del "donante" con equipo médico incluido a fin de soslayar las molestas consecuencias de un acto ilegal y la precariedad sanitaria del subdesarrollo. Dada la posibilidad técnica de resolver un asunto de vida o muerte, la ética se vuelve una variable de ajuste. Una variable de ajuste económica. Son prácticas de las que poco se sabe aún pero a las que se sospecha extendidas. A su contraparte necesaria se la encuentra en la circulación de leyendas sobre el robo de órganos a personas, particularmente niños, del tercer mundo. No es un detalle menor que las personas en listas de espera de donantes, o bien sus familiares, probablemente deseen la muerte de otro ser humano. Es entendible e inevitable que estos sentimientos afloren. Como se dice en estos casos: es humano. Errar lo es también. La insatisfacción existencial con respecto a la imperfección corporal es el irritador que más estimula la progresión del desfasaje. Pero la pregunta por los valores deseables exige hoy analizar en qué medida se trata al cuerpo como un objeto, como "algo" sobre lo cual es lícito intervenir técnicamente. Desvanecido o deslegitimado el orden sagrado que dio sentido a animaciones y padecimientos durante siglos y, más adelante, perdida la centralidad de que disfrutaron las filosofías de la historia y de la conciencia, el sentido del sufrimiento corporal y de la desdicha subjetiva quedó en suspenso, o mejor dicho, buscó un nuevo sostén, ya no aferrado primordialmente a la construcción o indagación de una "interioridad". La obsesión por la belleza, el cuerpo saludable, la postergación del envejecimiento, en fin, la aspiración fantasiosa a mantener a raya a la muerte indefinidamente, responde a causas hoy irresolubles. La sensación de futuro incierto, las presiones económicas y culturales y la intensa desprotección se descargan sobre el cuerpo, antes tratado como "fuerza de trabajo" y ahora obligado a dar pruebas continuas de su performatividad emocional. De allí que la metamorfosis de la cirugía reconstructiva de la piel en intervención estética exponga el desvío que va de un saber asociado al accidente laboral o a la herida de guerra hacia la sofisticación cosmética, así como la evolución que llevó del transplante de corazón y del implante del marcapasos al injerto de siliconas y el recetario de antidepresivos revele la mutación de la necesidad de sobrevivir en ansias de performatividad social. Si, por un lado, la articulación entre afán de belleza y tecnología quirúrgica evidencia los temores actuales a la carne corruptible y resulta un índice analizador del desarrollo desigual de las experiencias colectivas en cuestiones de tecnología y moral, por el otro revela la preocupante emergencia de "biomercados" y de incipientes disputas comerciales acerca de la "propiedad" del material genético. El capitalismo ya reclama, en sentido estricto, su "libra de carne". Pornografía Abundan tanto que ya no sorprende el rápido despliegue y exitosa implantación de las industrias del cuerpo. La farmacopea de la felicidad, las sucesivas generaciones de antidepresivos, las mareas de pornografía y los enclaves urbanos en los que se formatea el cuerpo son reveladoras de síntomas a la vez que experiencias bienvenidas. Su profusión adquiere sentido en sociedades altamente tecnificadas que promueven el valor de intercambio del cuerpo: cumplen tareas de amortiguación. El origen de estas industrias de la metamorfosis carnal puede ser rastreado en efectos no-previstos nutridos al rescoldo de las rebeliones de la década de 1960: la Guerra de Vietnam, la Revolución Cubana, las gestas del Che Guevara, las batallas por los derechos civiles de las minorías, la descolonización del África. Pero también fue época de desobediencias culturales cuya resonancia sería duradera, y que harían lugar al reclamo de experimentación en temas de libertad sexual, uso del cuerpo y placer cotidiano. Una vez que los programas políticos maximalistas de entonces se marchitaron o fueron absorbidos por agencias gubernamentales, quedó en pie, rampante y acuciante, la demanda de cambio de costumbres. El "juvenilismo" licuó a las filosofías de la historia, y huir del dolor se transformó en anhelo urgente. Una opinión corriente supone que aquellas amplitudes libertarias condujeron al actual "libertinaje" y a una obscenidad pornográfica digna de emperadores romanos. Los voceros de la iglesia católica y de grupos conservadores peticionan por mayores restricciones al desenfreno. Otro discurso, aparentemente contrastante pero en verdad simétrico, enfatiza que el "libertinaje obsceno" es un efecto desagradable aunque disculpable causado por la ampliación de las libertades de elección, y promueve el uso responsable de la libertad en asuntos sexuales y equivalentes. Ambos comparten el eje alrededor del cual polemizan. El proceso puede ser invertido: como hace décadas que las costumbres se han vuelto obscenas, entonces se hace necesario un género específico que las represente. Ese género es la pornografía, y su evolución difícilmente sea comprendida si únicamente se presupone una época permisiva. La esencia de la pornografía no se evidencia tanto en el primer plano anatómico como en su promesa de felicidad perfecta. En tanto la demanda de goce se vuelve creciente y pregnante tanto más se hacen imprescindibles las ortopedias y amortiguaciones garantizadoras de placer. Se ha pasado de la relajación selectiva de los umbrales del pudor, que en la década de 1960 estuvo condensada en grupos juveniles, bohemios o de izquierda, a una amplia porosidad que desdibuja los tabúes establecidos sobre el uso del cuerpo. Tradicionalmente, el diferenciador social por excelencia era el dinero, a su vez reemplazo del honor estamental. En una coordenada vertical en la que eran arrojados todos los recién nacidos, la posesión o desposesión de riqueza regía el destino. Quien disponía de fortuna, pasaba por la vida pertrechado de placeres y comodidad. Quienes subsistían en la parte inferior de la coordenada sólo podían esperar, luego de una lucha intensa y de resultado incierto en el campo de batalla definido por la economía, ascender unos escalones de la pirámide. Pero en los últimos cuarenta años otra coordenada que recién comienza a desplegarse inserta a las personas en otro diferenciador social, que cruza al anterior: la coordenada que contiene valores definidos por la belleza y el cuerpo joven. Quien dispone de esos atributos y de un mínimo de audacia puede ascender socialmente con inusitada celeridad, posibilidad que antes estaba sometida a variadas restricciones. El mundo de la prostitución de lujo podría ser considerado laboratorio que apuntala y extiende esta coordenada. Pero quien está ubicado en el otro extremo de esta nueva coordenada, y mucho más si carece de otros recursos, se encuentra sometido a intensas presiones que sólo pueden agravar su malestar existencial. Pero justamente las industrias del cuerpo se dedican a compensar la posición desfavorecida de quienes están ubicados en el extremo débil de la nueva coordenada. Antidepresivo, viagra, cirugía estética, turismo sexual, diagnóstico de preimplantación seguido de anhelos de remodelación de la dote genética de quien aún no ha nacido: tales son las ofertas actuales de amortiguación del sufrimiento. Flujos de capital se encuentran con flujos libidinales sobre una mesa de disección del cuerpo. La pornografía es un género, antes literario y ahora audiovisual e informático, que ha recorrido una larga marcha: de la vieja literatura "sicalíptica" destinada a ser leída en retretes a la fotografía y peep-show en blanco y negro a la revista arropada en celofán en kioscos al video alquilado o comprado por correspondencia a los canales codificados de televisión paga a los sitios gratis proliferantes en la red informática. La emancipación de la pornografía no fue obra de sus aficionados sino de la necesidad colectiva de identificar un género que diera cuenta de nuevas experiencias y expectativas sensoriales. Y la esencia de este género se condensa en un mensaje de felicidad compartida. Habitualmente, y si se dejan de lado algunos extremos criminales, los personajes que muestra la pornografía son felices, o más bien, a todos se les garantiza el derecho igualitario al orgasmo. Sin distinción de sexos, razas, clases sociales. Más específicamente, la pornografía puede ser englobada en un género mayor, al cual podemos llamar "idílico". En la tradición del idilio, el vínculo entre los enamorados, o entre un héroe popular y sus seguidores, no podía ser amenazado por ninguna peripecia, por ningún conflicto interno. Curiosamente, la pornografía comparte esta ambición armónica con los programas infantiles, en los cuales el conflicto está prohibido, o bien con las antiguas visiones del jardín del Edén. Sin embargo, la mayor parte de la población mundial carece de acceso a la pornografía, o bien intima con ella en dosis poco significativas. Millones son interpelados de un modo indirecto por ese género antes vituperado y ahora motivo de atracción. La pornografía se presenta en sociedad promoviendo una curvatura, haciendo presión sobre costumbres y expectativas sociales: sobre la dieta alimenticia, el trabajo de gimnasio, el consumo de apliques eróticos, el diseño de moda y sobre otros géneros mediáticos, en cuyos bordes proliferan decenas de industrias para un mercado emergente: del sex-shop a la cirugía estética, de la liposucción a la prostitución de lujo, del rastreo biotecnológico de los genes del placer a la selección de promotoras, de la autoproducción de la apariencia para el orden laboral o para animar fiestas de quinceañeras. El etcétera es largo; y las molestias e inconvenientes que estas gimnasias suponen son sobrellevadas porque se las percibe como sufrimientos dotados de sentido. Desde 1960, cuando se lanzó al mercado la píldora anticonceptiva, esas industrias han tomado al cuerpo de la mujer como campo estratégico de experimentación, y quizás como efecto del proceso ahora la curvatura pornográfica intima preferentemente con la imaginación erótica femenina. Pronto llega el momento en que el orden masculino demandará amparo a fin de eludir la calamidad subjetiva. Así como el proyecto "genoma humano" pretende alcanzar la última e infinitesimal célula del cuerpo humano, así la pornografía indaga los confines de las nervaduras del placer. En ambos casos, se promete felicidad garantizada: descubrir y anular el gen de la gordura o la calvicie; actualizar y perfeccionar el kamasutra. Una serie de acontecimientos brotados en torno de las rebeliones subjetivas de la década de 1960 hacen confluir a la informática y la biotecnología con demandas acuciantes de felicidad. Placer, sufrimiento, políticas de la vida y tecnología se constituyen en las piezas de una maquina social aún no ensamblada del todo. No sólo la "libertad de cátedra" sino también la "curvatura pornográfica" y la necesidad de "acolchonamiento subjetivo" ante la intemperie del mundo movilizan la investigación y producción de prótesis biotecnológicas. Las consecuencias de esas presiones recaen sobre distintas instituciones y costumbres. A modo de ejemplo: algunas innovaciones jurídicas de los últimos años promovidas por problemas de coexistencia en ciertos espacios se vinculan a esa presión, entre ellas, las figuras jurídicas del acoso sexual en el orden laboral. El crecimiento de la casuística y regulación judicial no sólo lanza amarras hacia la voluntad política y cultural del feminismo por evidenciar ultrajes de vieja data y por resguardar a la víctima; también hacia la promoción de una logística amortiguadora de los estragos subjetivos que la curvatura pornográfica descarga sobre "espacios cerrados". Próximamente seremos informados de normativas regulatorias del turismo sexual europeo y norteamericano a los países del tercer mundo. Por el momento, esa práctica disfruta de los beneficios propios de los períodos de emergencia de una "industria salvaje". La voluntad de huir del dolor y la producción seriada de amortiguación tecnológica son clima y símbolo de los tiempos. Sólo cuando la ola se retire, el inventario de la resaca acumulada revelará si se trataba del umbral de un terreno ontológico en el cual se formatea una nueva configuración del ser humano, o si estas prevenciones conceptuales han sido un ejercicio alarmista e inútil. Lo que parece incontestable es el marchitamiento de los proyectos políticos de subjetivación de índole existencialista. La meditación moral sobre la relación entre técnica y sufrimiento sólo puede abrirse espacio en un mundo que considere que la "interioridad", el cuidado del alma, el cultivo de la curiosidad, la forja de la conciencia y el ideal del "conócete y ayúdate a ti mismo" sean vigorizadoras de la idea colectiva de dignidad. Pero difícilmente en un mundo en donde cada persona prefiere sostenerse a base de píldoras, implantes y emparches. Son formas de apuntalar el laberinto, más que al minotauro. Y si bien esas fórmulas y apuestas han probado ser eficaces, no dejan de estar amenazadas por el plazo fijo. Que todos soñemos con salir indemnes de nuestro paso por la existencia es comprensible. Pero al despertar de esta ilusión Arthur Schopenhauer la llamaba "dolor". Fuente: Artefacto/5 – 2004. www.revista-artefacto.com.ar
- Emancipación de lo sensible. Clínicas cimarronas del cuidado / Fernando Ceballos
Ese martes soleado pero fresco, que hacía sentir la presencia incipiente del otoño, nos encontró a un grupo de ocho personas intentando gestar un acontecimiento de cuidado. Este espacio tiene la particularidad de pensar todo antes para no hacer casi nada de lo pensado después. Eso nos pone expectante a la sorpresa. A lo que pueda emerger de ese encuentro, de estar en común de varios. Y nos introducimos en ese universo impensado que nos propone la vida de las personas. Una ronda de sensaciones personales abre la puerta a la palabra certera de lo que pasa o pasó. Se habla de tristezas. En general casi siempre se empieza a hablar de tristezas. Hay como un momento catártico muy necesario, para después dar paso a lo que se pueda crear. Catarsis que puede sensibilizarse o simplemente vomitarse desde unas tripas enlentecidas por años de psicofármacos. Ahí los martes y los jueves intentamos focalizar procesos del sentir. Modos de oír y escuchar, ver y observar, tocar y abrazar. Umbrales, intensidades, ritmos, disonancias, derrames, potencias, resistencias más allá del diagnóstico. Modos de una suerte de gobierno de lo sensible[i], a decir de Foucault. “Estas particiones y reparticiones de lo sensible se corresponden, entonces, con fracturas que la desigualdad social, la segregación territorial, la composición poblacional, los patrones laborales y programas asistenciales, las relaciones de género, y los modos de padecer, enfermar y morir.”[ii]. De repente ella llora desconsolada un llanto seco. Sus lentes empañados le nublan la mirada, y ese hecho la envalentona a seguir. Su boca abierta detrás del barbijo, no se ve pero se puede imaginar por la expresión de sus ojos y el desfiguramiento del rostro. La mirada llora, sin boca y sin palabras. Una especie de gruñido marca el final del sollozo para que entre aire de nuevo a sus pulmones. Y arremete nuevamente con otro llanto desgarrador. La ronda no se paraliza, espera. Soporta, por momentos incómodamente, esa presencia sufriente que busca miradas, atención, pre-ocupación. Su abuela madre que vino a acompañarla, se inquieta, pero logra sostenerse en la escena de cuidado, igual que todos y todas las que estamos presentes. La escena ronda la ronda. Ha quedado ahí un sufrimiento que desgarra, provoca, insiste, apabulla. Parece la más loca, pero sólo parece la más loca. Es intensidad que deja huellas sensibles en los demás. Después de unos minutos, cuando los sollozos amainan. Otro agarra la palabra, y la viste de su realidad. Y así se suceden otros y otras en la inmensidad de una tarde que va dejando paso a la tardecita. Un juego que junta y arma dos equipos. Personajes conocidos se escriben en un papel que luego se pegan en la frente y el que tiene ese nombre debe adivinarlo. Sólo se puede hacer una pregunta. Y después se le da paso a otro participante. A ella le tocó Palito Ortega. El del lado, ya vio quien le tocaba a él. No dice nada. Arma creativamente una escena mentirosa y poco creíble, como para hacernos creer que no sabía. A la segunda pregunta no se aguantó y adivinó el nombre sembrando muchas sospechas en el grupo opositor. Ella pregunta y se le responde. Y no adivina. De pronto una sonrisa desacomoda su barbijo. Luego una carcajada contagia y desencadena la risa del resto. Alguien le dice que tiene una hermosa risa. Sus ojos se iluminan atrás de sus lentes empañados. El juego sigue. Otra también adivina su personaje, pero sin trampas. Y después otro, y otra y otro. Y queda ella sin poder saber quién es. Su abuela madre, le canta La felicidad, ja, ja, ja. Y nada. Otro le tira la punta sobre el palito bombón helado. Nada. Y otra pregunta de ella, que entre las risas inunda el barbijo de babas. Y sigue. Es un cantante conocido. Es viejo, de mi época, dice la abuela madre. Y adivina siguiendo lo del helado. Y dice Palito, y después entre todos y todas sosteniendo ese apellido en la punta de lengua, abrimos grandes los ojos y la boca. Y ella dice, Ortegaaaa. Una alegría colectiva se adueña de la escena. Algunos no se contienen, y violan el protocolo y la abrazan. Cuando bajan los festejos y el cierre de la tarde es inminente, la abuela madre da paso a un relato. Y cuenta que cuando estaba de novio con su marido, abuelo padre de ella, Palito había venido a la ciudad. Pero resulta que no me invitó, dice. Se fue solo a verlo y después me entero porque al otro día lo veo en una foto en el diario, colgado de un poste de la luz. El grupo todo se relaja escuchando esa anécdota. Ella, deja la risa y nuevamente toma al llanto como manera de estar presente. Alguien se acerca y la abraza. [i]FOUCAULT, M. El gobierno de sí y de los otros. Curso del College de France, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2009. [ii]SVAMPA, M. La Sociedad excluyente. La Argentina bajo el signo del Neoliberalismo. Buenos Aires: Taurus, 2005.
- Narrar la clínica / Alicia Cotlar
Borroso. Casi todo, otro. Morir en una lengua extraña. 1. Es mejor así, medio borroso todo, medio borrosa yo. Lo raro, es mejor así, verlo borroso. 2. Otros ruidos. Otros ritmos. Otros silencios Otros recorridos. Otras voces. Otros ojos. Casi todo, otro. Maravilla y temblor. 3. ¿En qué lengua voy a morir? No sé cómo sería no entender las últimas palabras. Quizá no se puede morir acompañado por alguien que te quiere. Pero es más duro morir en una lengua extraña.
- Pandemiana / Ana María Quicho
“Un creador no hace nada más que aquello de lo que tiene necesidad absoluta.” Deleuze Diferentes escenarios, tanto en el rol docente como estudiante, en medio del temblor que implica pensar afectada por la pandemia, el encierro, la incertidumbre, por el trabajo que tuve pero otrxs no pudieron tener. Afectada por el miedo, por las decisiones del gobierno, por las trabas que llegaban desde la nueva dirección del colegio, por el colonialismo, por el capitalismo y por los nuevos caminos que he podido recorrer a desde casa. Tomé fotografías desde ese último martes 17 de marzo del 2020 a las 8am, minutos antes que la coordinadora me pidiera que me vaya del colegio “¡YA!”, por haber tenido contacto estrecho con un vecino recién llegado de Venezuela. Postal que siguió intacta hasta febrero del 2021, cuando volvimos en el periodo de acompañamiento pedagógico. Fueron meses duros los que hemos pasado y aún no ha terminado. A días de empezar las clases presenciales, seguimos con la misma incertidumbre, con mucho trabajo, con información que no dice nada sobre cómo será trabajar en burbujas. Hoy no pretendo informarte, sino quebrar la armonía del pensamiento. Libre de interpretar lo que quieras, en esa interpretación deseo abrir nuevos interrogantes, nuevos matices, otras posibilidades. Postal marzo 2020 – febrero 2021 “No podemos saber cómo saldremos de la pandemia cuyas condiciones fueron creadas por el neoliberalismo, por los recortes a la salud pública, por la hiperexplotación nerviosa. Podríamos salir de ella definitivamente solos, agresivos, competitivos. Pero, por el contrario, podríamos salir de ella con un gran deseo de abrazar: solidaridad social, contacto, igualdad. El virus es la condición de un salto mental que ninguna prédica política habría podido producir” Franco Berardi Aún no sabemos cuándo saldremos de la pandemia, pareciera que el corona-virus llegó para gobernar este mundo globalizado bajo el miedo, el dolor, los protocolos, los cierres inesperados, el tele-trabajo, el distanciamiento, las muertes… Y las escuelas no quedaron fuera de esta afección ¿te creiste que volvían en quince días? El encierro llegó pero siempre existió. Acaso no lo viste en el jardín, en la primaria, en la secundaria, en el trabajo, en el club, en la cárcel, en el hospital… “En los manicomios… Ay, los manicomios Ya se sabía de los virus, del encierro, de la espera, de la desesperación, de angustia, del momento a momento, de la probreza, del egoísmo y la vida seguía. Manicomios, relojes que adelantan. Y tu vida, ¿cómo sigue?” Verónica Scardamaglia. Gatx vigilante “¿No es preferible un régimen de subcontratación y el trabajo a domicilio? ¿No hay otras formas de castigar a la gente diferente de las cárceles? Las sociedades de control no necesitarán ya de espacios de encierro. Ni siquiera la escuela.” Deleuze Gilles. Invierno del 2020, un día más de confinamiento en Argentina. Estamos en el pico de la pandemia y aún con la incertidumbre de si volveremos o no a trabajar presencialmente. Trabajamos y cursamos en pantuflas. Se cursa desde la escalera, desde el cuarto, desde la cama, desde el patio, desde el comedor, desde el living, desde la terraza, desde algún cuarto del hospital, desde algún rincón donde haya señal. Que todxs tienen que prender la cámara, que todxs tienen que estar presentes, que les van tomar lista, que vas a firmar por molestar, que termino la reunión porque algo me molestó. No estamos entre las paredes de la escuela, pero se las ingenian para vigilar. Ahí aparecen lxs vigilantes, lxs que no entienden que al menos estás ahí. Les avisas que estás trabajando, les avisas que estás con síntomas, les avisas que estás cansadx, les avisas que nadie te responde, les avisas que no das más, les avisas que no tenés un mango, les avisas que no tenés una compu, un celu, pero a lxs vigilantes sólo les importa completar planillas para cumplir con lo que le pide su vigilante. “Será de gran interés averiguar qué será de la identidad escolar y profesional en el seno de la formación permanente, que es nuestro porvenir, y que no necesariamente implicará la reunión de los educandos en un espacio de encierro.” Deleuze Gilles. Estamos Sexualizadxs Innatamente. En medio del covid19 hay docentes que luchan contra la normalización cis-hetero-colonizada-eurocentrista-capitalista-neoliberal-patriarcal dentro de las instituciones devenidas en escuelas normalizadoras de los cuerpos. Pues ante la negación de derechos surgió la rebeldía de estudiar aún más. Escuelas ortodoxas con directivos que no cumplen los derechos de los adolescentes, creedoras de la verdad divina. Se tiñeron de familia e invadieron tu hogar desde una pantalla. Escuelas con directivos que pretenden despojar parte de los cuerpos de los docentes para que sean unos vigilantes más. Directivos que en pandemia se aseguran que vulnerar el derecho a recibir ESI. Directivos que vigilan y controlan qué no dar en la virtualidad. Pantallas con docentes que reconocen el derecho que nos interpela a diario, y en ese reconocimiento, el modo de relacionarse con los pibes se construye. Docentes que al igual que Suley Rolnik: “apelan a los ‘saberes-del-cuerpo’ para socavar individual y colectivamente el régimen dominante, e invita a ‘hacernos un cuerpo’. Y es que “se tiene que transfigurar las formas sociales y transvalorar sus valores cada vez que la vida nos indica que ya no se puede seguir así, porque sofoca.” Como sofocan algunas escuelas virtualmente para que seamos creedores de su única verdad. En el 2021 sofocará el combo barbijo, máscara y burbuja. Pero ¿sofocará la escuela? Vacaciones junto a él 24/7… “…la información es exactamente el sistema de control. Es evidente que esto nos concierne particularmente hoy” Deleuze Gilles Bello tapa-bocas con sus colores perfectamente combinados con el paisaje que ofrece el Cañón del Atuél. Bello, posando protagonista del 20-21 ¿Qué hacía en Buenos Aires? Pues allí nació, con dos capas que entre medio dejan espacio para una tercera capa de papel. Nació con dos elásticos que sujetan los oídos de quienes escuchan la información, los protocolos que surgen día a día en esta pandemia. Nació para cuidar a alguien, nació para darle seguridad a alguien, nació para darle alegría a alguien. Pues antes, alguien usaba uno que hizo con tela de una remera vieja y dos gomitas. Porque así decían en la tele. Así se informó y no se pidió que creyeras, “sino que nos comportemos como si creyéramos.” Bello tapa-bocas… tan bello como las flores que llevas en tu tela. Bello como todos los que nacieron para comercializarse junto a vos, bellos aquellos que tienen brillo, aquellos de encaje, ni hablar de los engomados, ideales para salir de joda una noche por Palermo. Tan bellos los tapa-bocas que alguien compró de varios colores porque no se puede tener uno solo ¿Cómo vas a tener sólo uno? Hay que tener uno para trabajar, uno para pasear por el barrio, uno para ir a la plaza, uno para ir de compras, uno formal, uno informal, uno para esta ropa y para la otra. “Esto es la información, la comunicación, y no hay información alguna al margen de las consignas y su transmisión, no hay más información ni comunicación” Deleuze Gilles. Mendoza tiembla. “Tiembla lo que está en peligro, lo que carece de fundamentos sólidos, lo que se expone al riesgo de la no-seguridad, de la no-conversación.” Mónica B. Cragnolini ¿Quién no intento estudiar en vacaciones? ¿Quién quiso que fuera así? ¿Quién estaba preparadx? ¿Quién quiso que esto sucediera? ¿Quién quería dejar de aprender? ¿Quién logró todo lo que se propuso? ¿Quién no necesitó conectarse? ¿Quién no se quedó sin señal? ¿Quién tuvo todos los recursos? ¿Quién disfrutó la desconexión? ¿Quién no pudo despedir a un ser querido? ¿Quién no necesitó de otrxs? ¿Quién no se sintió solx, perdidx, confundidx, rotx, acompañadx, cansadx, atareadx, abandonadx? Decime quién. En una tarde frente al río, puede surgir ese momento de no seguridad. Preguntas que no tienen una sola respuesta, que no tienen un sí o un no, preguntas que hacen temblar. “El temblor acerca a la posibilidad, al ‘todavía’, al ‘aún no’, al ‘quizás’.” Mónica B. Cragnolini WhatsApp Image 2021-03-03 at 11.37.30 AM El encuentro terminó a las 11:30, pasaron minutos, pero ellxs que ‘ya egresaron’ seguían allí. R-egresadxs del 2020, su año, donde no pudieron vivenciar los lujos de ser egresadxs. R-egresadxs que volvieron en el 2021 en burbujas, por cumplir con la secundaria obligatoria. Egresadxs que la única foto grupal que tuvieron fue al terminar la ceremonia de colación, fuera del colegio. Egresadxs que estuvieron seis años en La Técnica, pero el séptimo lo vivieron desde casa, desde el trabajo, desde la familia, desde la angustia, desde la incertidumbre, desde la soledad, desde el enojo. Egresadxs que se salvaron de este nuevo año de pandemia con protocolos que se quiebran y que ya hemos roto porque es, fue y será inevitable que mantengamos las distancias. Y es que al aula entramos afectados. Egresadxs, felicidades porque se liberaron del control y el encierro de la escuela. Nosotrxs seguiremos aquí…. Perdón, me olvidaba… estamos en pandemia, seguiremos encerradxs allí afuera. En quechua no existe el chau, el adiós. Pero si el ‘hasta luego’, el ‘hasta que nos volvamos a encontrar.
- Causas (Aguas de marzo II) / Vicente Zito Lema
"¿Qué hay entre tú y mí…?" Génesis 31:49 Las causas que mueven Y conmueven mi existencia Son las mismas que temes y desprecias… Mientras cae el triste rocío de la noche… ¿Qué hay entre tú y mí…? Lo que yo grito Es tu único silencio Áspero… Hosco… El árbol que planto / a la hora que abre el alba Es el bosque que quemas / tan ciego / tan furtivo… ¿Qué hay entre tú y mí…? El crimen de la pobreza que denuncio / con boca de espanto… Es el crimen de la riqueza que defiendes / con mañas y con sangre con leyes y a los tiros / por la espalda / ¡Todo vale! ¡Todo vale! ¡Sucio vuelves el día…! ¿Qué hay entre tú y mí…? La mano que extiendo es la mano que comes… Lo que llamas luz Es la sombra de la muerte… Habemus nuestra pena… El hilo de la vida que tejo y tejo… Obstinado… Con paciencia de buey… Es la soga de la horca Que pones en el cuello… del que sacrificas Rápido… muy rápido (el viento del mal, diría mi madre) Cuando se apaga la tarde Entre las aguas de marzo… ¿Qué hay entre tú y mí…? Es la pregunta de la angustia sin respuesta… Marzo 2021
- Aguas de marzo / Vicente Zito Lema
Gloria a los compañeros y compañeras que defendieron la vida en los tiempos de la muerte Nadie se baña dos veces en el mismo río... es cierto Heráclito, también que las aguas de la vida no dejan de brotar y correr... Principios Que nadie cierre sus ojos... que no se entierre la mañana... Lo que fue soñado ayer alguien otra vez lo está soñando... Aunque mueran los que aman el amor no muere... 24 de marzo 2021
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











