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- Caligrafía Nómade XVIII / Patricia Mercado
Si este no es el pueblo, ¿el pueblo dónde está? ¿Cómo se escribe la historia? ¿Con tinta, con sangre? ¿Con hambre, con sueños? La historia, así rotos, ¿Cómo se escribe? ¿Con traiciones? ¿Con trabajo de hormiga? ¿Con gestas de titanes? ¿Con intrigas palaciegas? ¿Con golpes de suerte? ¿Con asambleas populares en la calle? ¿A gritos? ¿En secreto? Una canción de la trova rosarina decía: los días cantan la historia del hombre al borde del hombre, los días cantan mañanas, los días no tienen miedo. La historia se escribe con el oído. Pone el oído en los chirridos lacerantes, en los ecos, en las vociferantes certezas, en los murmullos clandestinos. Poner el oído y escuchar a los pueblos que caminan con sus odios y sus amores a cuestas. Caminan rengos, construyendo y destruyendo el suelo donde caminan. No los impulsa una voluntad unánime. Ni un poder, ni un saber. Tantos vientos mezclando los puntos cardinales, caminan. Y no es cuestión de porcentajes. Aunque los votos se cuenten así, y eso traiga fragores contantes y sonantes. Los pueblos viven transidos de contradicciones feroces que no sabemos cómo pensar. Hacen la vida con retazos: de impoderes y de impotencias, de milagros frágiles, de ocurrencias, de ensañamientos, de berrinches y belleza. Miramos el cielo intentando saber si lloverá. Miramos la calle intentando calcular de dónde vendrá el golpe y cómo hacerle frente. Siempre es en clave de presente. La historia se escribe en clave de presente. Piel colectiva como el parche de un bombo, vibra y resuena de infinitos modos. Ese temblor lleva y trae, como corrientes subterráneas, impulsos, reverberaciones, nostalgias, abruptas imaginerías. Memoria llena de imprecisiones, de desencuentros, que dibuja un aquelarre de signos. Extravíos en extrañas topografías. Presente que no puede cifrarse en una única interpretación, en lógicas mayoritarias. El presente de esa diferencia sin punto de llegada, su diseminación incesante, escribe la historia. Fricción de cuerpos ajenos a las figuras coreográficas sincronizadas, pulcras, asépticamente erotizadas, que predica el music hall vernáculo. Estos corales, el de los pueblos escribiendo la historia, están llenos de superposiciones, de reincidencias frenéticas, manchones, caídas, tachaduras. Grafía titubeante, dolorosa, por momentos ilegible. Grafía que repite y repite fórmulas antiquísimas con la obstinación de los necios. Fórmulas con las que ya sufrió de sobra, pero vive como nuevas. Y en el mismo gesto mórbido deja pulsar pequeñas incertidumbres de vitalidad capaces de saltar a la textualidad gozosa de lo vivo. Los pueblos se equivocan a cada rato. Su fuerza de saber y no saber, la de vivir. Y la de haber muerto tantas veces. ¿Dónde sino en el seno de los pueblos los poderes anidan y se alimentan? ¿Dónde sino allí predican las ambiciones hasta ser emuladas por quienes jamás accederán a ellas? ¿Dónde sino en ese hervidero de sustancias, formas, impulsos y quebraduras puede germinar el momento de la epifanía provisoria del desvío? Los pueblos caminan un suelo doliente y sobre él inventan pasos tan oscuros como luminosos. Nunca será definitivo este andar tambaleante en las cornisas de la explotación. Los pueblos escuchan cantar a las sirenas y se ahogan una y otra vez en las aguas de la historia. La marea humana, esa que ronda las calles. Esa que exuda proximidades en el subte. Esa del domingo que vocifera goles. Esa que rubrica, a paso de hormiga y a los saltos, pequeñas alegrías. Esa que abraza deidades que la acompañan. Esa que deletrea el cosmos que habitamos. La marea humana se levanta como una ola, nos sostiene y nos aplasta de a ratos. Hace cicatriz en el revolcón que nos pegamos. La marea humana hace carne del miedo y lo pone a la parrilla. La marea humana dibuja fronteras y elige perros asesinos para cuidarla. Perros que, antes o después, morderán con saña la mano que los alimenta. Y, a veces, fabrica trampas y se escapa en plena noche. La marea humana, los pueblos, exhuman fantasmas y los vuelven a enterrar. Los ventilan porque el horror y la querencia, a veces, duermen juntos. Los pueblos dicen y desdicen antiguas y nuevas letanías de la sumisión, como lengua infatigable en la sed. Arropan con harapos mugrientos la vida que vivimos, para hacer compost de los sueños que esperan y esperan revulsivas primaveras.
- Llorar: Solecismos en llantos de infancias / Cynthia Eva Szewach
“Ambas mujeres han empezado a llorar. pero ninguna detiene su canto”. Li Young Lee Hay llantos que surgen al cantar, pero no detienen la voz, como en el poema de Li Young Lee titulado “Yo le pido a mi madre que cante”. Hay cantos que hacen llorar de conmoción a quien escucha. Hay cantos en lenguas ancestrales que parecen sollozar tierras perdidas. Hay llantos de victoria, hay llantos de derrota. Una niña llora de sueño y le pide una canción a su mamá para poder dormir porque dice que cuando la escucha se siente como “se siente un olorcito rico”. Una sabiduría infantil que asocia la fuerza del aroma al deleite con la música. Lo dijo María Bethania en una entrevista: “La música es como un perfume, en fracciones de segundos, se siente, se recuerda, emociona…” A veces también el llanto está unido al reír, a la alegría. Regalar el libro “Conozca a su niño” de Winnicott, es una ceremonia y una oportunidad de ofrendar con el amor de hacer pasar un legado. Es la transcripción de charlas radiales entre 1940 y 1950 dirigidas en especial a las madres en los inicios, en momentos tan conmovedores. Hay un capítulo inolvidable, dedicado a los llantos. Winnicott los enumera a su modo, como llanto de dolor, de hambre, de tristeza, de enojo…distingue en cada uno delicadas sutilezas. Agrega hacia el final un tipo de llanto del que dice que casi no va a hablar, porque cree que es muy difícil que en un hogar con algunos cuidados amorosos ese llorar se lo encuentre. Es el llanto de desesperanza, desgarrador, hondo, efecto de alguna violencia recibida. A veces ese llanto lo presenciamos en quienes escuchamos. Viene de lugares ignotos, por situaciones extremas o incluso pueden ser ajenos a las circunstancias relatadas. El llanto inunda el ritmo del decir. Un desprendimiento que condimenta el rostro, el suspiro, el testigo. Escuchamos cuando el llanto nos pretende más despiertos de un sufrimiento que no notamos. Hacemos escuchar que el llanto en algunas infancias requiere la urgencia de ser consolado, alojado, tolerado, incluido, interrogado, aceptado. ¿Cuál es el dolor que se encapricha en no traducirse de otro modo? A veces un llanto que no cesa, puede ser enloquecedor. En “Fragmentos de un discurso amoroso”, Barthes escribe que ponerse a llorar es para probar que el dolor no es una ilusión. También que el acceso al llanto viene a aniquilar bruscamente un lenguaje largamente vigilado. Hacemos el llanto cuando quizá ya no hay nada más que hacer. Mame, ¿ij ken shoyn veinen? (¿Mamá, ya puedo llorar?): según el testimonio de Abba Kovner, son las palabras en ídish, que, efectiva y sigilosamente fueron pronunciadas por una niña en los días inmediatamente posteriores a la liberación de Vilna al terminar la Segunda Guerra. En la relectura del libro “Infancias en duelo”1 transitamos relatos de diferentes zonas del llorar, en temporalidades diversas, entrecortadas, intempestivas, aguantadas, que irrumpen o se entraman en la pérdida de un ser querido y se entretejen en los hilos de la vestimenta de luto, en escenarios que vienen a interrumpir la vida cotidiana o acompañan el vivir de las infancias en estados de duelar. A una niña pequeña, en la escuela, entre sus tareas y en momentos inesperados, le irrumpía un llorar tan potente como la invasión de un rayo. Al instante gritaba “¡Yo no tengo papá, no tengo papá!” Luego a las amigas, “¡Ustedes si!”. Tres tiempos: un dolor impredecible, la idea de suponerse una excepción al haber perdido a un padre y una comparación cargada de sufrir hostil, pero, que encontraba al gritar una incipiente escena donde lidiar con su modo de decir auxilio. Temporalidades; “¿¡Qué?!, ¡¿Todos ya lloraron!?” Se pregunta otra niña que no concurrió al entierro de alguien muy querido, porque decidieron que era mejor que no participara. Un retardo que gobierna algunos rincones de su pequeño mundo a donde muchas veces también llega tarde. En aquel solecismo del llorar, me dispongo a hacerle un lugar, quizá a tiempo. Jugar el llanto. Un personaje del juego en el artículo titulado “Transitar la pérdida”, llora para adentro. La pequeña paciente de tres años ha perdido a su madre, y está desesperada. Entra a las sesiones como un bólido, juega con fruición. De pronto otro juego surge: Una muñequita era una niña que se perdía “Está sola, triste no enojada, llora para adentro, extraña. La muñequita luego iba a llorar en soledad a la vera de un árbol. Su llanto era lejano e inaudible. El juego le da aumento de volumen sonoro a lo difícil de oírse. Al rato un viento fuerte se lleva algún personaje. “¿Cuándo van a volver? – pregunta. Continúa: “Nunca, nunca jamás”. Una retórica del no retorno. ¿Cómo se llora para adentro? El juego en transferencia asume la posibilidad de desplegar la zona gramatical de un llanto, que permanecía mudo de sonoridad, extrañado, extrañando. Un llanto inesperado, intempestivo, le ocurre a un niño a los trece años frente a un detalle que observa en la calle, al color de un auto quizá, una escena cotidiana, una celosía a medio alzar. Llora de pronto sin poder parar, ni poder evitarlo, como si una marea de afectos no existidos antes, arrasara una costa que se encontraba solo bajo la información y el relato cuidadoso acercade la pérdida de un padre de pequeño. Ese llanto no engaña de lo que se convierte a retardo súbito de lo supuestamente guardado. Hay veces que no se puede llorar. O llorar es poco frente a una craterización del sentir. Marcelo Percia en “Un común impoder” recuerda a Clarice Lispector cuando describe como en el llanto de un dolor, se escurren las lágrimas, corren sin parar, pero no dan alivio. Como las infancias con hambre . Cándido Portinari el genial e impactante pintor brasilero, dedicado a retratar la miseria y la máxima injusticia en sus personajes, los desposeídos, las infancias pobres, violentadas que mueren. Les pinta unas lágrimas grises, estatuarias en racimos que parecen perlas, inmóviles, eternas, visibles. La niña protagonista de la película Verano de 1993, cuyos padres habían muerto, luego de algunos avatares, estados de mucha seriedad, enojos, molestia silenciada, puede preguntar al fin a su tía ¿Qué dijo mi mamá de mí antes de morir? Un diálogo se inicia queriendo saber el lugar que había ocupado en especial su madre. Al breve tiempo mientras jugaba con quienes vivía, querida y alojada, suelta un llanto estrepitoso, imprevisto. -¿Por qué lloras?- le preguntan? -No sé, no sé, no se… ¿Cómo sabré quién me llorará a mí si un día no existo? Pregunta un niño. Derecho a llorar. Pilar Campiglia, recuerda un llorar inconsolable sin ganas de comer. La congoja que quita el apetito. Lo nombra como un cataclismo simbólico ligado a la desaparición de su madre durante la dictadura de 1976. Toma el llanto como desafío. Estaba al cuidado de su abuela, que siempre estaba para ella. Aún así, esa presencia amorosa, la ubicaba en relación con quien no estaba. Presencia de una ausencia. Llorar en compañía, llorar en soledad. Llorar en las calles de la ciudad. Un cuento de Katherine Mansfield se titula “La vida de Ma Parker”. Una mujer era empleada, había llegado ese día a su trabajo luego del entierro de su pequeño y amado nieto. Realiza sus tareas, con saludos de condolencias formales, pero sin ninguna excepcionalidad, termina la limpieza, la cocina con sus pensamientos tristes. Al salir no se le ocurría adónde ir. “Ay ¿no existía ningún sitio donde pudiese esconderse, estar sola donde quisiese sin que nadie la molestase ni molestar a nadie y sin molestar a otros? ¿No existía ningún sitio donde pudiese solazarse por fin sola llorando?” Cuenta Silvia Molloy, que ese relato estuvo presente en el origen de la amistad con Bianco, ambos lo habían leído sorprendidos. Escribe que siempre quiso recordar el título del cuento y sin embargo lo olvida y lo olvida. Es para ella entonces el cuento de la mujer que no tenía donde llorar y que le gustaba a Pepe. Elías Canetti, cuenta como recuerda Adriana Bugacoff, que, muerto su padre a los siete años, enterado de las pompas fúnebres, sin embargo, estaba al mismo tiempo esperando su regreso. Su abuelo, culpabilizado, abrumado y gimiente lo conminaba de niño a recitar el Kaddish, oración fúnebre cada año.” La incesante aflicción del abuelo, me impresionaba profundamente, pero yo había vivido el terrible desgarrón de mi madre, y asistía todavía noche tras noche, a su llanto”. El llanto absuelto en estado de esperar. 1 “Infancias en duelo” Editorial Otro Cauce, 2023. Autoras: Adriana Bugacoff - Cynthia Eva Szewach. En este trabajo se intenta recorrer algunos fragmentos del libro acerca del tema. [1] “Infancias en duelo” Editorial Otro Cauce, 2023. Autoras: Adriana Bugacoff - Cynthia Eva Szewach. En este trabajo se intenta recorrer algunos fragmentos del libro acerca del tema.
- Milonga Queer / Susy Shock
Me pegaste una etiqueta Antes de saber quién soy Me pegaste una etiqueta Antes de saber quién soy Cuando me pusiste nombre Me condenaste a ser vos Nunca podrás atraparme Con una palabra, no Nunca podrás atraparme Con una palabra, no Una pluma no hace a un ganso Yo solo quiero ser yo Milonga queer Soy lo que soy Si te gusta bien y sino no Desperdiciaste tu vida Viendo quién es raro o no Desperdiciaste tu vida Viendo quién es rara o no Pero lo más sorprendente Es que creas que la rara soy yo Después sacaste una ley Que me discrimina a mí Después sacaste una ley Que me legitima a mí A mí no me des permiso Porque no te lo pedí Milonga queer Soy lo que soy Si te gusta bien y sino no Vos y yo somos distintos Somos distintas las dos Pero crees que solamente La diferente soy yo Te da pánico el espejo Cuando mirás lo que soy ¿Que me tenés miedo a mí? ¿O te tenes miedo a vos? Milonga queer Soy lo que soy Si te gusta bien y sino no Si te gusta bien y sino no* Fuente: Canción Milonga Queer. Disco Buena Vida y Poca Vergüenza, Susy Shock y La Bandada de Colibríes, 2014. Con videoclip filmado en el Espacio Xirgu UNTREF perteneciente a una Universidad Pública del Conurbano Bonaerense.
- Muchas gracias / Paco Urondo
Sirve y me inclino ante tu palabra, luz de mi pensamiento. Abrirán las puertas, dejarán entender: los artistas, los intelectuales, siempre han sacudido el polvo de la realidad; descubrieron caminos, emancipaciones que no siempre lograron recorrer: era prematuro en algunos casos, en otros fue distinto – convengamos–, otras palabras son, bajar la corredera de la mira, buscar con el guión y dar justamente sobre algo que puede moverse; un bulto, un meneo a menos de cien metros de tu corazón vulnerable, también enemigo. La suerte ha dejado aquí de andar fallando: se encendió la luz y pudo verse el caos, las flagrancias: esa mano allí, esta codicia; el miedo y otras mezquindades se pusieron en evidencia y el amor no aparecía por ninguna parte. Recompuestos de la sorpresa, rendidos ante los hechos, nadie pudo negar que en este país, en este continente, nos estamos todos muriendo de vergüenza. Aquí estoy perdiendo amigos, buscando viejos compañeros de armas, ganándome tardíamente la vida, queriendo respirar trozos de esperanzas, bocanadas de aliento; salir volando para no hacer agua, para ver toda la tierra y caer en sus brazos. Fuente: Poemas póstumos (1970 - 1972)
- Arte Poética (Fragmento)/ Horacio
Tan breve quiero ser, que soy oscuro. Otro pule y lima tanto su estilo que le resta vigor, lo desanima. Quiere aquél ser sublime y es henchido. Éste que, acobardado, teme la tempestad y no es capaz de alzar el vuelo, arrastrándose siempre humilde por el suelo. Y el que intenta, de forma extraordinaria hacer diferente el asunto más nimio, surcando el mar a un jabalí figura, y a un delfín penetrando la espesura; pues, sin el arte, quien un vicio evita, en vicio menor no se precipita. En la tienda más próxima a la escuela en que el arte de la esgrima enseña Emilio, habita un escultor que con primor cincela las uñas de una estatua e incluso imita en bronce su suave pelo; pero el conjunto de la estatua entera no es armonioso, porque no sabe ajustar las partes al total, tal como debiera. Si acaso osara copiar a este hombre, cuando tuviera la idea de componer, sería contrario a mi intención, porque lo propio sería que si presumiera de ojos bellos y de negros cabellos, y mi nariz fuera tosca y fea, el que escribe no ha de tomar asunto superior a sus fuerzas, ha de reflexionar sobre la carga que pone en sus hombros, y si puede con ella o su peso lo abruma. Nota: Las notas sobre las poéticas de Horacio están recogidas en su Epístola a los Pisones (también conocida como Arte Poética). Un texto que consta de cuatrocientos ochenta versos, elaborado entre los años 23 - 13 antes de los años cristianos, época en que se encargó de la formación de los hijos del cónsul Pisón (a quienes parece que va destinada la obra). Es, quizás, junto con la Poética de Aristóteles, el escrito de la antigua literatura griega y latina más conmovedor sobre el arte de la escritura.
- Poemas breves / Giuseppe Ungaretti
Universo Con el mar me hago un ataúd de frescura Una paloma De otros diluvios una paloma escucho. Ocaso La piel del cielo despierta oasis al nómada de amor Lejos Lejos lejos como a un ciego me han llevado de la mano Dormir Quisiera parecerme a este lugar echado en su camisa de nieve Codena Cerrado entre cosas mortales (También el cielo estrellado acabará) ¿Por qué ansío a Dios? Mañana Me ilumino de infinito El rocío iluminado La tierra tiembla de placer bajo un sol de violencias gentiles Silencio estrellado Y los árboles y la noche No se mueven ya Sino por los nidos. Nota: Giuseppe Ungaretti nació en Alejandría (Egipto) el 10 de febrero de 1888, y falleció en Roma el 3 de junio de 1970. En sus poemas breves lleva al lenguaje a un máximo de densidad y concentración. Junto a Eugenio Montale y Salvatore Quasimodo es la palabra aún audible de esa generación que conmocionó la lírica italiana. Fuente: Ungaretti (1970). Cien poemas escogidos. Selección, traducción y prólogo de Rodolfo Alonso. Editorial Argonauta.
- Constatar el mundo / Cami Manzanilla
Constatar el mundo una y otra vez constatar que existen los pájaros las plazas y los atardeceres constatar que existen las niñeces que nos necesitan las madres la forma de caminar y de pensar a la de al lado y al de enfrente lamentablemente al de atrás al que dice estar en cubierta Constatar la historia con la geografía con las matemáticas entender los números que nos representan y los que no no dar por obvio lo obvio hacer la repregunta mirar a los ojos amasar el pan dar de comer compartir el plato acariciar lo áspero con las manos llenas de miel Apoyar sobre la mesa las palabras desvanecer los conceptos vacíos volver a generar sentido constatar el espacio que nos reúne y organiza los árboles las calles las amigas desanestesiar el olvido que nos dejen de joder con parches de dopamina y comida rápida televisiva ir a lo tangible y apretarlo fuerte ir a lo invisible leerle bien las huellas digitales y las intenciones permanecer en las entre líneas y la letra chica en el título.
- Me caigo y me levanto / Julio Cortázar
Nadie puede dudar de que las cosas recaen. Un señor se enferma, y de golpe un miércoles recae. Un lápiz en la mesa recae seguido. Las mujeres, cómo recaen. Teóricamente a nada o a nadie se le ocurría recaer pero lo mismo está sujeto, sobre todo porque recae sin conciencia, recae como si nunca antes. Un jazmín, para dar un ejemplo perfumado. A esa blancura, ¿de dónde le viene su penosa amistad con el amarillo? El mero permanecer ya es recaída: el jazmín, entonces. Y no hablamos de las palabras, esas recayentes deplorables, ni de los buñuelos fríos, que son la recaída clavada. Contra lo que pasa se impone pacientemente la rehabilitación. En lo más recaído hay siempre algo que pugna por rehabilitarse, en el hongo pisoteado, en el reloj sin cuerda, en los poemas de Pérez, en Pérez. Todo recayente tiene ya en si un rehabilitante pero el problema, para nosotros los que pensamos nuestra vida, es confuso y casi infinito. Un caracol segrega y una nube aspira; seguramente recaerán, pero una compensación ajena a ellos los rehabilita, los hace treparse poco a poco a lo mejor de sí mismos antes de la recaída inevitable. Pero nosotros, tía, ¿cómo haremos, cómo nos daremos cuenta de que hemos recaído si por la mañana estamos tan bien, tan café con leche, y no podemos medir hasta dónde hemos recaído en el sueño o en la ducha? Y si sospechamos lo recayente de nuestro estado, ¿cómo nos rehabilitaremos? Hay quienes recaen al llegar a la cima de una montaña, al terminar su obra maestra, al afeitarse sin un solo tajito; no toda recaída va de arriba a abajo, porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa cuando ya no se sabe dónde se está. Probablemente Ícaro creía tocar el cielo cuando se hundió en el mar epónimo, y Dios te libre de una zambullida tan mal preparada. Tía, ¿cómo nos rehabilitaremos? Hay quien ha sostenido que la rehabilitación sólo es posible alterándose, pero olvidó que toda recaída es una desalteración, una vuelta al barro de la culpa. En efecto somos lo más que somos porque nos alteramos, salimos del barro en busca de la felicidad y la conciencia y los pies limpios. Un recayente es entonces un desalterante, de donde se sigue que nadie se rehabilita sin alterarse. Pretender la rehabilitación alterándose es una triste redundancia: nuestra condición es la recaída y la desalteración, y a mí me parece que un recayente debería rehabilitarse de otra manera, que por lo demás ignoro. No solamente ignoro eso sino que jamás he sabido en qué momento mi tía o yo recaemos. ¿Cómo rehabilitarnos, entonces, si a lo mejor no hemos recaído todavía y la rehabilitación nos encuentra ya rehabilitados? Tía, ¿no será ésa la respuesta, ahora que lo pienso? Hagamos una cosa: usted se rehabilita y yo la observo. Varios días seguidos, digamos una rehabilitación continua, usted está todo el tiempo rehabilitándose y yo la observo. O al revés, si prefiere, pero a mí me gustaría que empezara usted, porque soy modesto y buen observador. De esa manera, si yo recaigo en los intervalos de mi rehabilitación, mientras que usted no le da tiempo a la recaída y se rehabilita como en un cine continuado, al cabo de poco nuestra diferencia será enorme, usted estará tan por encima que dará gusto. Entonces, yo sabré que el sistema ha funcionado y empezaré a rehabilitarme furiosamente, pondré el despertador a las tres de la mañana, suspenderé mi vida conyugal y las demás recaídas que conozco para que sólo queden las que no conozco, y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos, tía, y será tan hermoso decir: “‘Ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado, el mío todo de frutilla y el de usted con chocolate y un bizcochito’”. Fuente: Cortázar, Julio (1967). Me caigo y me levanto. En La vuelta al día en ochenta mundos.
- Afectaciones / Ezequiel Buyatti
La poesía siempre está en alguna parte. Cuando deserta de las artes, se descubre con más claridad que reside fundamentalmente en los gestos, en un estilo de vida, en una búsqueda de este estilo. Reprimida en todas partes, esta poesía florece por doquier. Brutalmente rechazada, reaparece en la violencia. Consagra los motines, se entrelaza con la rebelión, anima las grandes fiestas sociales antes de que los burócratas, los partidos y los profesionales de la política le arrebaten la vida Raoul Vaneigem, Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones En (in)movilidad y haciéndonos oír, pero obedientes y ciudadanos. Multitudinaria y organizada, pero placebística e inerte. La moralidad reformista funciona como un narcótico que nos encuadra en la pacífica pasividad democrática. La manifestación prioriza el cemento y contiene la potencialidad de transformar al ciudadano en policía, al periodista en policía, al militante en policía. La prioridad es electoralista, el partido del orden no puede ser manchado. Pero algunas veces, plazas exigen que se vayan todos, que no quede ni uno solo. Y en medio de esa música, un hermano de la vida ve a la poesía en una lluvia de piedras, en las barricadas y en el fuego. Nuestros cuerpos se conjugan en un abrazo. Rabias erizan la piel, caos se huele en el aire. ¿Cómo puede ser que afectaciones atraviesen las pieles de varias personas al mismo tiempo? Lo inasible, lo inesperado, lo que expresamos sin lenguaje resultan nutrientes vitales de nuestro existir. La pregunta puede ser cómo interrumpir el espectáculo. Algunas de nuestras inquietudes, reflexiones y acciones emergen desde una sensibilidad que fue dinamizada por la atenta escucha de lo vivo: aquello que riega tierras para que emerjan abrazos, afectos y resistencias; aquello que se mueve y no se coagula en la institucionalidad muerta; aquello que le da sentido a la existencia. —¿Existe algo más hermoso que esto? —pregunta un cuerpo en movimiento—. Las revueltas crujen los cimientos del devorador de mundos, desgarran la solidez de los malos y buenos gobiernos, suspenden el tiempo histórico, cortan las cuerdas de la teleología prefabricada, erosionan los engranajes de la máquina. Volver a oír siempre será una opción. Siempre está latente el filoso susurro que cortará el cuello del principio de gobierno. La rebelión como puñal, para no permitir la coagulación de la moral. Dejar de esperar permite entrar en una dinámica insurreccional. Posibilita volver a oír, en la voz de nuestros gobernantes, el ligero temblor de terror que nunca les abandona, ya que todo acto de gobierno puede ser tan solo un modo de no perder el control sobre la población. Un modo de imposibilitar las grandes fiestas sociales donde se gestan comunes uniones, lazos fraternos, alianzas insólitas. El kratos del demos se erige sobre nuestros cuerpos, pero sin percibir que ya está cubierto de fuegos. No de los intencionales que la máquina genera, sino de los vitales que nunca recupera.
- Un virus llamado SIDA / Cristina Peri Rossi
Cuando ya nadie moría por amor ni por cambiar el mundo (escépticos ante los estremecimientos de la piel y las abyecciones del poder) este pequeño retrovirus, de la familia de la varicela y de la gripe entrometido en la sangre como en las sábanas, mezclado con las lágrimas escasas y los sudores lentos parásito de los besos castos como de los perversos mudo y escondido traicionero morador de nuestras células instala otra vez la muerte entre los escépticos entre los cómodos y los cautos. Ah, el peligro de amar lo desconocido –y en efecto: ¿quién nos conoce? ¿quién nos es conocido?– tan intenso, ahora, como cambiar el mundo. *El libro en el que se encuentra presente este poema, se abre con un epígrafe de Safo que reza: "Otra vez Eros que desata los miembros / me tortura / dulce y amargo / monstruo invencible". Fuente: Peri Rossi, C. (1994) Otra vez Eros. Editorial Lumen. España
- Notas de Campo / Teresa Arce Monsegur
Recorridos, ecos y dibujos de la llanura bonaerense vinculados a lo que crece I La oreja contra la tierra, el cuerpo gira como brújula desorbitada. Dos días más tarde el carnero muere. Es julio del 2018 y las ovejas que llegaron hace dos años paren crías deformes o cadáveres. Le consulto al ingeniero y desliza que al estar el ganado en el bajo (único terreno que no se siembra), las lluvias arrastran los agroquímicos al charco. Las ovejas y el carnero toman el agua contaminada. Nos roban los corderos que sobreviven y resignados regalamos las cinco ovejas que quedan al vecino. En un chasquido se termina el emprendimiento. II Majo me escribe que están haciendo una investigación con ECOS (grupo ecológico de Saladillo) sobre el impacto del glifosato en el cuerpo. Vienen científicos de La Plata y lo van a analizar en laboratorios de Tandil. Necesitan que vaya a orinar a las 8AM, habiendo retenido toda la noche. Estar a 20km con un bebé y dos niños me complica la logística para llegar asi que le dejo el gusto a otros participantes del sondeo. Subieron los resultados a la web de Naturaleza de Derechos, de Fernando Cavaliero (www.naturaleza.ar) y afirman que dos de diez saladillenses poseen restos de glifosato en el cuerpo ya sea por proximidad a fumigaciones o por ingesta en alimentos. III Vos sabes que Gastón estuvo internado catorce días en el Garraham cuando tenía cuatro años. Le hicieron estudios en el hospital del pueblo y tenía hepatitis tóxica (el vaso muy inflamado). Nos dijeron que era por la fumigación. Allá nuestra casa estaba rodeada de chacra y fumigaban con avión, así que nos caía el agroquímico en la cabeza. Fuimos de emergencia al Garraham y le encontraron un virus raro que no sabían qué era. Era la pata de cabra, sube y baja por la médula. No sabían cómo tratarlo. Metimos un médico yuyero que le empezó a dar con ajo y como mejoró, lo sacamos del hospital y terminó el tratamiento en lo del médico yuyero. IV Rocío es fitoterapeuta, estudia plantas silvestres y hongos desde la cabaña que construyó con Juan en Cazón. Cuenta que hay una planta, la Espina Colorada (tiene unas bolitas rojas que algunos confunden con venenosas y flores blancas) que es la planta de los pueblos fumigados porque resiste el glifosato. Es utilizada de manera medicinal para que actúe sobre el hígado y el riñón, son el filtro del cuerpo. Se puede tomar dentro de un tratamiento de limpieza o de manera cotidiana como prevención. Rocío observa que la bardana, la ortiga, la bolsa de pastor y amor seco crecen en zonas donde se fumiga, no sobre esa tierra en sí sino sobre las cunetas y bordes. Son plantas que hacen en el terreno la misma tarea que harían en el cuerpo si las consumimos, limpieza y depuración. El ecosistema intenta sanar y dar pelea a los efectos de los herbicidas. V A Tato le diagnosticaron esclerosis múltiple después de hacer de poste banderín para los aviones que fumigan. VI Sembraron trigo el lunes y hoy, jueves 12 de octubre, tienen que aplicar glifosato+picloran+s-metolaclor. El molino donde sacaban agua para lavar las mangueras del mosquito no funciona porque el tanque se quebró al no tener cimientos. No crecen plantas y la tierra se erosiona a su alrededor. Necesitan agua y no saben si sacar de la pileta o de los bebederos de la chanchería vecina.
- Adynata Noviembre / VPS MP
El ramillete de escrituras que se encuentran en Adynata Noviembre saben de peligros y también de luchas y resistencias. Saben de bordes y fronteras, de hedores, placeres, amistades e intimidades. Hay algunas escrituras, como Vivir en la frontera de Gloria Anzaldúa o el poema La ciudad en la que te amo de Li-Young Lee que, tal vez, puedan hacernos pasar por una sensación cercana a la del último aliento… Anzaldúa cuestiona todas las formas identitarias. Piensa la frontera como despellejamiento de la piel de todos los sometimientos. Li-Young Lee, de una familia china radicada en los Estados Unidos, encarna aquí una escritura sobre el despojamiento identitario. En otra parte escribió: "Una palabra tiene muchas vidas. Presa, la palabra es juego, impronunciable". Algo cercano a un último aliento pareciera hacerle “bailar sin cerebro; bailar la devoración” a Rhea Volij, que afirma en Arquitectura del sinsentido: “Hay un instante epifánico, cuando el movimiento se detiene y aparece la pregunta.”. Un texto sobre la desdomesticación de los cuerpos, el desaprendizaje de lo inmóvil en los movimientos, el descalabro de los órganos. Rhea introdujo la danza Butoh en la Argentina y explora teatro danza no representacional, actualmente con la obra Frontera, dirigida por Patricio Suárez, basada en textos de Gloria Anzaldúa. Los escritos que publicamos de Gloria Anzaldúa trabajan también sobre la elección de lo limítrofe, pero no como condena sino como promesa. En Gestos del cuerpo piensa la escritura como inmersión en la carne y en la sangre, sin olvidar las quebradas osamentas. La escritura como fuga de la lengua oficial. La escritura como iluminación de todas las oscuridades que duelen. En este Noviembre necesitamos también escrituras como Ancestra de Silvia Fernández y el fragmento de El libro de los placeres de Raoul Vaneigem porque disputan, de diferentes maneras, el territorio de los placeres. Esa trinchera que aún nos queda para encontrarnos en esos gestos que nos vitalizan y expanden. Que hacen juego con la narrativa de Agustín Caldaroni que recupera eróticas secretas de la amistad. Compartimos además un texto de Agamben sobre La amistad, que se ha vuelto clásico. El escrito piensa el encuentro de san Pedro y san Pablo que se estrechan la mano camino del martirio, tal como lo retrata Giovanni Serodine, aunque esa pintura se presenta como amontonamiento de escenas. Y el texto de César Aira sobre la intimidad, que piensa todas las literaturas del secreto como las correspondencias y los diarios íntimos. La intimidad como un territorio anhelado, aunque tal vez nunca alcanzado, ni en el amor ni en la amistad. Tampoco en un psicoanálisis que se inmiscuye en sueños, suspiros, dobleces del sentido y otros abismos. La intimidad como tierra prometida siempre lejana Hay también, escrituras que rodean eso que nos pasa con lo que está pasando como Libertad embustera, Sabernos en peligro y La brújula del duelo; y también el poema de Wislawa, Si acaso. ¿Cómo lograr algunas pausas para cuidarse de sentir, como si ya hubiera pasado, aquello que todavía no aconteció? ¿Cómo evitar dejarse gobernar por angustias, desesperación y miedos? ¿Cómo lograr, aunque sea, algunas intermitencias? ¿Cómo seguir encontrando resquicios aún sabiendo que “Una paradoja de la experiencia reside en que aun habiendo vivido muchísimos momentos difíciles, siempre se vuelve a vivir el tiempo presente por primera vez.”? ¿Cómo aprender de aquellas vidas desangeladas que siguen viviendo aún sin alimento, aún sin abrigo, aún sin miramientos? Quizás lo roto y el hedor se estén expandiendo. Quizás asistamos a un tiempo donde lo roto y el hedor amenacen con comenzar a vivirse también en las clases medias. Quizás asistamos al ocaso de un tiempo en el que ya no haga falta que simulemos “una pulcritud demasiado ficticia” y nos asumamos hedientxs. (Rodolfo Kusch, 1961). Entre tanto Adynata compone un lenguaje de lo imposible. "Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”". Una ensayística con cierta prepotencia arltiana que sigue dispuesta a “no perderse el encanto en el mientras tanto de las veredas”.
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











