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- Spinoza / Lou Andreas Salomé
No es difícil encontrar ya desde los primeros años la expresión de las interioridades más íntimas, y ello vale también para Tausk en relación con Spinoza y el ensayo escrito por él en 1907. Hay que destacar también el hecho de que entonces no hubiera leído o no conociera a Spinoza en su totalidad: ocurre con Spinoza que basta la lectura de alguna de sus páginas para poder decidir si una forma parte de los suyos o no, mientras que monumentales trabajos de interpretación escritos sobre él tienen como punto de partida los más doctos errores. Pues pensar como él no significa absoluto adoptar un sistema, sino -"pensar"-. Por otra parte, la palabra que en los coloquios de los miércoles atribuí a Tausk, me resulta ahora reveladora de su íntima adhesión a Spinoza. Pues basta desarrollar la idea de captar las expresiones corporales y espirituales como representaciones para llegar hasta Spinoza. Esto es algo muy distinto al paralelismo sistemático cuyo saber final no es otro que el establecimiento de o similares: es la concepción clara e íntima de la totalidad y presencia de dos mundos que no se excluyen ni condicionan pues son uno mismo. Es ir más allá de Freud en el terreno de la filosofía, pues él ha conseguido el método adecuado para uno de los dos mundos, el psicológicamente aprehensible, y ha aplicado al mismo su método hasta el final, método que perteneció anteriormente al otro. Hay algo en los fundamentos del psicoanálisis que lo acerca marcadamente al spinozismo: el concepto de sobredeterminación. Esta noción, de que todo se halla psíquicamente sobredeterminado, o tendría que estarlo a poco que investigáramos, es algo que se sale del concepto lógico habitual de determinación, rompe con una concatenación parcial y establece las bases de una interrelación multidireccional. Tal interrelación debe ser asumida hasta sus últimas consecuencias para alcanzar, desde el movimiento empírico, la paz eterna de la filosofía de Spinoza que incluye el más apasionado entusiasmo que haya conseguido quizá ningún otro pensador al identificar la naturaleza con Dios, sin dar un carácter sobrenatural a la naturaleza al mismo tiempo que tampoco hacía descender el nombre de su Dios hasta el nivel de las cosas. Resulta hermoso para mí el reencontrar aquí al único pensador por quien siento, casi desde mi infancia, una profunda afinidad intuitiva y que sea, también al mismo tiempo, el filósofo del psicoanálisis. Sea cual fuere el punto sobre el que se reflexione con profundidad, se acaba tropezando con él; le sale a una al paso pues está siempre presto y a la espera en el camino. Fuente: Libro Aprendiendo con Freud de Lou Andreas Salomé, diario que escribe mientras asiste a un curso de Freud durante el invierno de 1912/13 en Viena. Escritora, filósofa, poeta, psicoanalista.
- El inconsciente no es sin el cuerpo / Daniel Rubinsztejn
“Yo creo que en todo el cuerpo habitan pensamientos, aunque no todos vayan a la cabeza y se vistan de palabras. Yo sé que por el cuerpo andan pensamientos descalzos” F. Hernández “No sabemos lo que puede un cuerpo. La capacidad de actuar corporalmente es la capacidad de pensar, y viceversa.” B. Spinoza 1 El cuerpo en los pensamientos - los pensamientos en el cuerpo: Ojo!, Cuidadito… Ojo por ojo… Costar un ojo de la cara Dame una mano No tiene ni pie ni cabeza Nota al pie Meter la pata Perder la cabeza En la punta de la lengua Estómago resfriado Pecho frío Corazón de oro Dar la cara CATACRESIS: Brazos del río Ojo de la cerradura Pulmón de manzana 2 “En realidad no fue sino esto: de la sinfonía del acaecer universal se alcanzaron a escuchar sólo un par de acordes culturales y se desoyó de nuevo la potente, primordial melodía de las pulsiones” Freud i No es azaroso que Freud haya elegido a la pulsión escópica y a la invocante –la sadomasoquista- para dar cuenta de la estructura gramatical de la pulsión porque es en el inter-juego entre la mirada y la voz (lo visto y oído pero no comprendido) que se constituye el fantasma. Ambas pulsiones y sus correspondientes marcos fantasmáticos remiten claramente a la presencia/ausencia del Otro: frente al “a-priori” de la sexualidad del Otro, del deseo, del goce; el fantasma permite tramitar -como recurso defensivo- la incidencia traumática de la sexualidad. La alternancia entre fort y da (lectura de solo dos vocales, o-a) es modelo de la pulsión invocante: cuando se pierde, cuando el cuerpo de la madre deshabita el territorio que habita, hay llamado, invocación, grito. Si no está, que aparezca y, si está (demasiado!) que no esté tanto. Deseo de separarse. Modelo oral de cesión, separación del objeto: el objeto se separa, el niño se separa. Corte, caída, pérdida. El niño ingiere la voz materna con la leche, mientras la palabra haría las veces de “castración” de la voz. (“La voz es entonces la parte real del cuerpo que el sujeto pierde por hablar; la voz es el objeto caído del órgano de la palabra”, Lacan dixit). Los pensamientos inconscientes anclan en puntos de fijación pulsional: pensamos con el cuerpo erógeno. Pensamientos sin pie ni cabeza que los piense, pero crecen desde el pie estallando a veces la cabeza (rumia obsesiva). Las teorías sexuales infantiles se “conciben” con las zonas erógenas: lo oral, lo anal, la mirada y la voz estructuran argumentos en donde lo pulsional, los objetos parciales, son el entramado que las series psíquicas bordean, bordan. El pensamiento nace como sustituto de deseos alucinatorios, son pensamientos de repetición que no tienen Yo que los piense. Es el pasaje del polo perceptual al motor, en donde motor es palabra (acción), inscripción significante. Es a su vez el origen pulsional del juicio, fijación libidinal. Alucino luego pienso. Escrituras pulsionales que hacen ex-sistir al cuerpoii. Le insuflan alma (Ruaj, mito bíblico).iii Irene Vallejo nos regala un relato exquisito de escritura en el cuerpo: “No solo el pergamino (piel de animal), también la piel humana puede transportar mensajes y ser leída. Heródoto cuenta que Histieo, general ateniense, quería organizar una revuelta contra los persas y tuvo una idea ingeniosa: le afeitó la cabeza al más leal de sus esclavos le tatuó un mensaje en el cuero cabelludo y esperó a que le creciese nuevamente el pelo. El mensaje decía: subleva Jonia. Envió al esclavo -que no sabía nada de la conspiración- a Mileto, con la orden de afeitarse el cabello en la casa de Aristágoras, y decirle que echase una ojeada a su cráneo. Él nunca supo -nadie puede leer en su propia coronilla- qué decían las palabras tatuadas para siempre en su cabeza”.iv Para Fernando Pessoa ”la acción es una enfermedad del pensamiento, un cáncer de la imaginación”. Actuar, dice, es exiliarse. “Toda acción es incompleta e imperfecta. El poema que yo sueño no tiene fallas sino cuando intento realizarlo. Por eso realizar es no realizar”. El poeta, frente al poema realizado, caído de su pluma, se exilia. Al realizar el poema no lo realiza. El acto, entonces, descompleta y presentifica una pérdida intrínseca a toda acción: es y no es…el poema soñado. Se realiza una pérdida. Escribo luego pienso. 3 “El hombre, desde el momento en que habla, está ya implicado en su cuerpo por la palabra”. J. Lacan En el síntoma habitan pensamientos y transposiciones del afecto. En la histeria los pensamientos escriben jeroglíficos en el cuerpo. En las obsesiones los pensamientos escriben síntomas que se manifiestan en diseminaciones de dudas y de ceremoniales que martirizan al cuerpo, lo enferman hasta la hipocondría, lo hunden hacia la melancolía. Los pensamientos fóbicos escriben en el mundo blasones, marcas por donde el cuerpo puede circular y por donde no; sólo se trata de evitar. Pensamientos paranoicos -adjudican intenciones a gestos casuales y a murmullos- e interpelan hasta el límite del crimen. 4 Spinoza postula una correspondencia absoluta entre lo que pasa en el cuerpo y lo que pasa en la mente, no porque se influyan mutuamente, sino porque hay una misma sustancia que expresa las mismas cosas bajo atributos diferentesv. Si entre cuerpo y mente no hay correspondencia ni relación, no es debido al hecho de existir entre ellos un “paralelismo” sino precisamente porque se trata de una estricta identidad –no uniforme dado que cuerpo y mente se expresan de manera diferente–. Lejos de Spinoza, Descartes sostiene que el cuerpo es una cosa extensa que no piensa, y que el alma puede ser y existir sin el cuerpovi. La expresión “el hombre piensa” enuncia que el pensamiento es el ser del hombre, y no tanto que el pensamiento es una facultad entre otras, o que el hombre es una cosa que piensa. El hombre como ser-pensamiento, más que como ser pensante. Ninguna criatura es soberana, propietaria de sí: los seres no son en sí mismos sino en otro. En efecto, hay siempre una dimensión trans/individual e impropia en lo que hacemos y pensamos. Nos hallamos aquí en las antípodas del sujeto cartesiano, en medio del complejísimo juego de ser con otros en una trama de afecciones y afectaciones. “Si una piedra arrojada al aire tuviera conciencia de sí misma, seguramente pensaría que se mueve por su propia voluntad”. 5 Cuando el sentido es dormir las palabras se van a dormir, el lenguaje está ebrio (acerca de la escritura de Joyce). Beckett Por mi parte inserto cuñas para decir que ni tenemos (poseer) cuerpo ni somos cuerpo vii y que el pensa/miento incluye la mentira. Pienso/miento, al pensar…miento. “Todo pensamiento originariamente es mentiroso. Toda palabra es una mentira. Sueño y mentira son las palabras con las que juega nuestra lengua. Songe (sueño/fantasía onírica) Mensonge (mentira)”viii La verdad habla y porque habla ya es ficción porque los significantes están en el lugar de la cosa, al mismo tiempo que la segregan. El significante entonces inscripto en el origen como verdadero, es siempre falso. No es que en el principio hay cosa y luego -en un segundo tiempo- aparece el significante: cuando se inscribe, el significante pulsionalla expulsa. Es lo que Freud llamó afirmación primordial (Bejahung). El pensamiento comienza en el inconsciente, pensamiento de deseo que el Otro me piensa. Pensamos con las palabras que el Otro nos transmitió. “La mentira es lo simbólicamente real: Una de las revoluciones del alma infantil es el momento en que el niño, después de haber creído que todos sus pensamientos son conocidos por sus padres, se percata de que no es así. Nosotros los llamamos así, pensamientos; lo que el sujeto vive, esos pensamientos son todo lo que hay. Todo lo que hay, sus menores movimientos interiores, es conocido por sus padres. De ahí la importancia del momento en que se percata de que el Otro puede no saber. Ese no saber en el Otro se correlaciona con la constitución misma del inconsciente del sujeto. En cierto sentido, uno es el reverso del otro, y tal vez su fundamento”.ix Entonces mentir y pensar son homeomorfos; yo pienso como el yo miento han constituido un problema para la lógica (paradoja de Epiménides) y para nosotros, Freud con sus brillantes ejemplos, revela una lógica distinta: -Me dices que vas a Cracovia para que yo piense que vas a Lemberg cuando en realidad vas a Cracovia, entonces, ¿por qué me mientes? -Ud. me devolvió el caldero todo agujereado! -primero cuando me lo prestó ya estaba agujereado, segundo se lo devolví intacto y tercero Ud. jamás me prestó un caldero. -Tiene que pagar la copa de licor! - ¿Por qué? Si se la cambié por el pastel de manzana - Entonces pague Ud. el pastel! - ¿Por qué? Si no lo comí. Para concluir, algunas derivas del cogito: Del pienso luego x soy -pasando por el quiasmo: pienso donde no soy y soy donde no pienso- al Pienso (miento) luego…sufro -en souffrance- (la existencia). El neologismo hablanteser no reintroduce lo extraído en el planteo “falta en ser” como esencial al deseo. Ser que no cesa de perderse por hablar. Hablar introduce equívocos, homofonías (en francés: ser-carta-letra) que revelan otro modo de pensar el ser: “No hay otra cosa sustancial en el ser que esa palabra misma, él se satisface del ser, no podemos tomarlo por lo que es del ser, si no es al pie de la letra. (l`étre – lettre) … una satisfacción verbal”xi. Heidegger afirma que sólo en la medida que habla piensa el hombre y no a la inversa como cree la metafísicaxii. Hablo luego piensoxiii. i Freud S., Historia del movimiento psicoanalítico, O.C. Biblioteca Nueva, Madrid 1948. ii Más allá de la imagen cristalizada,narcisista, del cuerpo. Un más allá que introduce la dimensión del tiempo: el cuerpo es temporalidad. iii “Para los hebreos las vocales no son letras sino las “almas (aire-soplido, en hebreo) de las letras”, y en cambio las letras sin vocales son “cuerpos sin alma”.” Tatián Diego, Una introducción a Spinoza, Quadrata, Buenos Aires 2009. iv Vallejo Irene, El infinito en un junco, Siruela, Madrid 2020. v Sigo aquí a Diego Tatián. vi Sin embargo agrega Descartes en la meditación sexta: ”Me enseña también la naturaleza, mediante esas sensaciones de dolor, hambre, sed, que yo no sólo estoy en mi cuerpo como un piloto en su navío, sino que estoy tan íntimamente unido y como mezclado con él, que es como si formásemos una sola cosa… modos confusos de pensar, nacidos de esa unión y especie de mezcla del espíritu con el cuerpo”. vii Pienso la fórmula ni-ni, como una de las escrituras de la castración: ni soy falo ni tengo falo. viii Quignard Pascal, El sexo y el espanto, Barcelona, Minúscula 2005. ix Lacan J., Seminario 6 El deseo y su interpretación, Buenos Aires, Paidós 2014. x “Luego”, introduce un tiempo de comprender (dar tiempo) necesario para que advenga un momento (a posteriori) de concluir…en un pensa/miento que a su vez deriva hacia otro “luego” que concluye en soy y así sucesivamente. xi Lacan J., op.cit.. xii Las fusiones gramaticales francesa (je pense a) y alemana (Ich denke an) dejan abierta la cuestión del idealismo en oposición al realismo inglés (se piensa en el mundo, no se piensa el mundo). Heidegger dice que el inglés es torpe para pensar el ser y la muerte. xiii Pensamiento que horada el ser, certeza que lleva a un punto de desvanecimiento, de pérdida de ser.
- Era tan rosa: historia de un primer fracaso / Dalila Iphais Fuxman
Finalmente se había decidido, estar con él iba a ser divertido. Ir a su casa se desglosaba en: pintar las paredes, comer lo que quisiéramos con papas fritas y ajo, bañarnos durante horas con pomposas burbujas de espuma, ir a los jueguitos, saltar en la cama elástica o en su cama era lo mismo; lavar el auto con nosotras adentro y ver pasar los rodillos o simplemente tomar un churro, a la tarde, comiendo un submarino. Recuerdo la brisa sobre mi rostro pequeño, emblanquecido, aquel domingo. Era la hora en que es aún temprano, el sol se asomaba tibiecito, algo tímido. El juego: ir sentadas en la ventana de un Falcon mientras el auto crujía al pisar las hojas de aquel otoño, mientras algo ya había oscurecido. Yo, en verdad, no sabía dónde estábamos pero parecía un bosque y tenía algo así como un río. Entre las hojas secas correteábamos hasta desplomarnos. Buscando ramas nos entreteníamos jugando. Recuerdo aquel vestido: era tan rosa, con sus volados tan nítidos, dos mariposas bien redondas una en verde y otra en amarillo patito. Luego por debajo, cortando la cintura, arriba de la barriga un lazo de la misma tela, tres botones por detrás y una caída pomposa de volados le daban un ritmo especial al caminar. Un cancán blanco y unas medias con puntilla eran abrigados por unas guillerminas. Así, sin pasar el metro, con tan sólo 5 años: estaba tan contenta. Yo tan rubia y cálida; el mundo, al lado, tan mezquino y frío. El viento entre mis cejas detenía el discurrir del pensar. A esa edad uno siente sin separar lo pensado, uno juega hasta los cachetes colorados, hasta desprenderse del mundo en sueños enmarañados. En esos días en que todo el fulgor de mundo se inmiscuía en mis pupilas conocí la debacle existencial. Luego de almorzar en la costanera, tras caminar por los escombros de lo que hoy es Puerto Madero, llegamos a la reserva. La reserva ecológica era en ese entonces, la punta biológica y silvestre más citadina que conocía. El auto estacionó. Y ahí sin más, como si viera la libertad en esas escaleras, en la bruma que hacían las plantas sepia, con hojas de cola de avestruz corrí a fundirme en la naturaleza. Como les decía, estaba yo tan rubia, tan de rosa, tan de rizos derrochando energía cuando me traicionó el destino y el agua de río... La corrida no la pude detener, había llovido, estaba todo inundado y esa libertad que aparecía entre el sepia avestruz y el verde pastizal rompió en un llanto voraz. Sentí la inundación en mis zapatos, sin posibilidad de evacuar mis medias, el agua sucia y el olor a lo estancado estaba por todos lados. De lejos mientras mi corrida se efectuaba en el mismo acto de mi hundimiento, rugía la voz en off de mi padre y mi hermana gritando: Nooo!!!. No pude detenerme, no pude detenerme hasta estar toda manchada de barro desbocada, atragantada en llanto. Entonces me rescató un abrazo, mis ojos se cerraron suavemente con la angustia en los labios, como quien conoce por primera vez el mundo, en una caída, en un fracaso hasta morir el día.
- Silencios / Eric Schvartz
Voces que atenazan, burocratizan vocablos. La voz de la razón, posesiona conocimientos, cadencias, secuencias, tecnicismos. Puede ser, y eventualmente es, pasional. Una razón extraviada, es una pasión recurrentemente hablada, o más temeroso aún, una pasión que nos habla. La categórica necesidad de apresar en absolutos, aquello que se escabulle en su indesignable materia. Razones pasionales, rigidizan, contabilizan, inflexibles. Las pasiones como hablas viscosas, como advirtió Spinoza. Como hablas apetitosas, voraces. Aquellas que pervierten la potencia, dado que nos hablan, y nos destierran al arrogante desvarío triunfal de creer poder enjaular incandescencias. Incandescencias han de ser liberadas. Incandescencias ya las llevamos dentro. Los grandes poemas, no se escriben, se descubren, se liberan de la palabra, con la palabra. Los prosistas escriben, apresando vocablos. Pueblan el espacio con despropósitos. En lo poético, “las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia”1, para parafrasear a Pizarnik. Palabras adiestradas, son festines para golosos. Palabras adiestradas son para raciocinios pasionales. Palabra luminosa, es habla potente, no poderosa. Hablas potentes, destellan en penumbras, no por la pretensión de ser miradas, sino que está en su virtud obrar en su brillo. Potencias evocan el silencio. Domesticar la palabra es masticarla, rumiarla. Aquello es ruidoso, y como dijo Deleuze: componer, es en estado de ayuno. Estado en el que ni se atisba a masticar ni pensamientos, ni desvaríos. Nos gesta un silencio. El silencio. Armonía universal. Universal porque le corresponde al mundo. A la existencia misma. Conocida pero incorrespondida, dado que aflora antojadiza, en un incalculado acontecer. Armonías tiñen. Nos dejamos teñir por ella. Si bien no elegimos nuestros pensamientos, nuestras fantasías, creemos que nos corresponden. Que nos pertenecen. Predicamos su manifestación. Predicamos su materia. Profesamos el silencio. Nos fundimos en una indiscernible, e innombrable certeza. Se sospecha su registro por la cadencia de las cosas. Por la latencia del tiempo. Una latencia que nos integra en sus palpitaciones. No discrimina en recortes. Soledades que resguardan en una extrañeza de ancestral familiaridad. Una antecedencia, recóndita, que precede todas las lenguas, y aún así un lugar: Común. Reverbera en el quehacer del analista. De ser, a estar. Un estar que invoca un tercero que escucha. Un tercero que hace pendular las dudas. Dilata el espacio, y enaltece el tiempo. Languidecen las interrogantes, flaquean las voces, hasta fatigarse en sus mismos recovecos. Un tercero, titánico, e inconfesable. Infatigable e indeclinable. Callado que habla en su mutismo. El silencio, suspende, expectante. Otra clase de voces pueden aflorar, o más certero, pueden marchitar. Voces morales pugna en extremos, y marchitan silencios. Voces que jalan sus indelebles imperativos, tensan el aire y torsionan el espacio. Voces que miran, inquisitivas y recortan el cuerpo. Miradas inconcretas, amorfas, ambiguas. Miradas sin iris. Monstruosas. Irrepresentables. Miradas abismales. Un abismo que mira, franquea finitudes. Exalta en angustias, ansiedades, y desalojos. Engendra silencios perniciosos y dilacerantes. Asediantes y recortantes. Silencios que recortan emulan la materia de una noche despiadada. Una noche que no nos sueña, es un abismo sin filtros. Sin piedad ni resguardo. Soñar maquilla monstruosidades, maquilla abismos, más la potencia, dimensiona silencios. Silencios potentes son inmunes a la mirada del abismo. Silencios Comunes, son, una armonía compartida. 1 Alejandra Pizarnik, En está noche, en esté mundo.(1971) “las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia”
- Escribir para el vecino / Jeremías Cufré
Apuntes sobre narrativas audiovisuales contemporáneas Hay una idea del turista como entidad universal, se inventa un personaje global que es el turista, al que hay que venderle una aventura, un descubrimiento, siempre en los márgenes de lo que se considera culturalmente interesante, en un sitio geográfico específico. La pregunta es ¿Qué es la cultura? Todos decimos que es importante, pero ¿qué define? ¿Se diferencia de lo que nos muestra el turismo? ¿A qué necesidades responde? Se habla de valores, tradiciones… ¿Desde donde concebimos ese “pasado que debe preservarse” ? La cultura es más barata que la guerra. Tiene los mismos objetivos: establecer lo que está bien, lo que se debe hacer. Hoy en día la cultura de las provincias argentinas tiene el mismo carácter prescriptivo y omisiones que un folleto turístico. La denominada cultura está llena de automatismos para no molestar al status quo. De esta manera funciona una especie de guerra por las buenas: se va preformando lo que llamamos cultura, copiamos de otros lugares los highlights (lo más llamativo) de lo que debe ser resaltado, para apropiarlo, sin entender cuál es nuestro propio folklore, lenguaje. La cultura es el intercambio simbólico que permite comprendernos, trascender la triste posición de individuo, entender hacia dónde vamos como comunidad. La potencia de la cultura es obligar a creer en algo, esa emoción de escuchar el himno nacional y sentirse parte de un conjunto. ¿Vamos a usar esta cultura y modos de ver el mundo como folleto? ¿Qué intercambios simbólicos estamos dando? Cuando las narrativas audiovisuales se vuelven simplonas, con la enorme cantidad de prescripciones en la industria audiovisual que surgen sólo de una sola cultura (EEUU) podríamos preguntarnos ¿nos estaremos enriqueciendo al consumirla? En un marco de poca dirigencia política y crisis económica ¿nos vamos a encerrar y ver estas narrativas? O será mejor agarrar un papel en blanco y decir ¿qué hago? ¿Para qué obedecer? si ya estamos en el fondo… Abracemos las narrativas que tenemos a mano y filmemos para nuestros vecinos. Si nuestros vecinos lo entienden, los demás lo entenderán. La pregunta al parecer es: ¿Qué es lo específico nuestro que vale la pena ser contado? Pensemos la NADA: el deambular de los jóvenes insatisfechos. Lo PREFABRICADO. Es interesante pensar que hoy en día lo “bien hecho” ya no es suficiente. Es difícil encontrar diversidad en los productos culturales masivos de la actualidad. Las nociones de “nostalgia” son las mismas… las narrativas folleto nos limitan nuestra experiencia, nuestra posibilidad de disfrute. Quizás sería bueno reparar en nuestra capacidad contemplativa como audiencia y reflexionar acerca de cómo nos cuesta ver cosas que no estén organizadas de ciertas maneras, con ciertos formatos e hilos narrativos. Una curva dramática es una subida y una caída… La idea lineal del tiempo genera expectativas que nos frustran. La narrativa es generar una expectativa y existe alguien que determina el itinerario de esa narrativa, hay una previsión del camino y una desición de dónde ir. Esa DETERMINACIÓN de lo que un personaje pueda hacer está regida por parámetros de personas que no viven nuestras realidades. Hay que encontrar la forma de lograr que lo que a uno le importa pueda ser motivo del trabajo de uno. No es una alquimia sencilla. Hay que evitar el cansancio de no obtener una respuesta inmediata de lo que uno está buscando. Es muy fácil cansarse, por eso el GRUPO HUMANO con el que uno se rodea es muy importante. Es preferible hacer algo y tener errores, equivocarse, peor es no hacer nada. La cultura de la cancelación no ayuda ni contempla los errores históricos; errores que hay que asumir porque siempre los vamos a tener. La idea es equivocarse, revisarnos, pero seguir. Es abrumadora la oferta de lo parecido. ¿Cuántas horas estamos para ver algo que nos conmueva? La sorpresa la tenemos, porque la ocurrencia en redes es mucha… pero las ideas, las semillas que nos quedan para volver sobre una idea… lo que deja una mella… no todo tiene esa potencia. Esa sensación de quedarse días reflexionando sobre lo que se vio en una trama, haciéndonos preguntas, teniendo ganas de involucrarnos desde otro lado. En conclusión, cuando me doy cuenta que invento algo que creo que tiene sentido, ahí estoy operando algo de lo que merece la pena vivir… No dejemos que nos acorralen los folletos. Referencias bibliográficas: apuntes basados en la charla virtual de Lucrecia Martel titulada “Imágenes, sonidos, el turismo y la guerra” organizada por Alternativa teatral el 22.04.2023
- Parábola / Wislawa Szymborska
Ciertos pescadores sacaron del fondo una botella. Había en la botella un papel, y en el papel estas palabras: «¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta. Estoy en la orilla y espero ayuda. ¡Dense prisa. Estoy aquí!» —No tiene fecha. Seguramente es ya demasiado tarde. La botella pudo haber flotado mucho tiempo, dijo el pescador primero. —Y el lugar no está indicado. Ni siquiera se sabe en qué océano, dijo el pescador segundo. —Ni demasiado tarde ni demasiado lejos. La isla Aquí está en todos lados, dijo el pescador tercero. El ambiente se volvió incómodo, cayó el silencio. Las verdades generales tienen ese problema. Fuente: Versión de Gerardo Beltrán. Poesía no completa, con edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel Murcia, Fondo de Cultura Económica, 2021. Publicado en "Sal", 1962.
- Como tantas / Claudia López Mosteiro
El perro El marido se murió hace unos meses. El perro desde entonces duerme en la cama con ella, la sigue por todos lados. Cuenta que cuando él ya estaba muy mal, el perro aullaba. Y que dos días antes de que él se muera, el perro no quería entrar al cuarto. A veces el perro se quedaba en el lugar donde él se sentaba en la cama, y miraba algo, como hacía cuando miraba a alguien hablando, como si estuviera siguiendo una conversación. Dice que parece que los perros perciben cosas que nosotras no. Cuenta que va casi todas las semanas al cementerio y le pide a su marido que la ayude con los chicos. Y luego de la última vez que fue, al mayor lo llamaron de Coto, y también para trabajar en una pizzería, donde finalmente quedó. A veces va con el perro, y cuando llegan a la tumba del marido, el perro empieza a olfatear y a ella le da mucha ternura. Como tantas Una mujer ha vivido, como tantas, a la sombra de su marido. Él siempre le pegaba, también a sus hijos. Eran cinco. La mayor, de adolescente, empezó a hacerle frente. Ahora tiene más de sesenta, y lo recuerda a menudo. Me contaba que cuando se murió el padre, la madre soñaba que él aparecía, y entonces no se podía dormir. Ni muerto la dejó tranquila. Tiempo de leer Hace un tiempo en el centro de salud donde trabajo se abrió un espacio de lectura en la sala de espera. Lo llaman "Tiempo de leer". Inauguraron una mesita donde se exhiben libros para que la gente se los pueda llevar, y si quieren, devolver. Pero no es necesario. Lo importante es que el que lo desee, lea. Es dulce ver cómo algunas personas se toman unos instantes para mirar los libros, lentamente los hojean, eligen alguno y se lo llevan. A solas casi siempre, antes o después de salir de una consulta, en ese pasillo que comunica varios consultorios; hace un rato pacientes, devienen allí posibles lectores. Hay una mujer a quien atiendo hace años. Va y vuelve. Intentaba separarse, no podía, lo logró este año. Dice que se siente culpable. Tiene cuatro hijos, dos chicas mayores y dos más chicos. Su único hijo varón, de diez años, le recrimina que “es todo culpa suya”. Ella dice que el padre le llena la cabeza, y es muy probable. Un día le pregunté si les lee cuentos a sus hijos, y casi con vergüenza, con sorpresa, dice que les leía a los hijos de su patrona, pero nunca a los suyos. La invito a hacerlo, a llevarse libros de aquí. Mi compañera del espacio de lectura la orienta y le da varios libros, para ella y para sus hijos. A la semana siguiente me cuenta que les estuvo leyendo a sus hijos, lo disfrutan todos, le piden más. Tiempo después me cuenta regocijada que empezaron un juego, como una teatralización: mueve las manos como asustándolos: “ahora vamos a leer cuentos ¡de terror!”, sus hijos se ríen y empiezan a escuchar. El hijo ya no se angustia, ya no le recrimina. Sucede que tiene más tiempo, un tiempo libre de peleas. Cuántas horas, cuántas noches de “vida en familia” -esa vida que a veces añora, a pesar de saber que ya ni se acercaba a quién sabe qué ideal de familia-; cuántas cenas temiendo tener que tener relaciones sin desearlo; y tal vez venga el quinto hijo. Recuerda entonces una escena en la que cuando iban todos en colectivo, el marido subía y se iba para atrás, y la dejaba a ella cargando con los chicos, los cochecitos, todo, sola. Sin “ayudarla”, como suelen decir algunas mujeres. Entonces expresa un deseo: le gustaría escribir. Pese a que no terminó la escuela primaria, “no tengo faltas de ortografía, porque siempre leí mucho”, dice. Eso nunca lo había contado. Ahora que están separados, él le cuenta que un día en la plaza escuchó a un padre que le comentaba a otro –varios varones con sus hijos en la plaza- que su mujer se había ido al gimnasio. ¿Cómo habrá impactado esta frase en él? “Yo antes no te hubiera dejado, le dice, pero ahora, si vos quisieras, te dejaría”, confiesa, en su afán insistente para reconquistarla. Por suerte, por ahora, esto no la hace vacilar. Basta de misas Aquél día me había dicho que estaba muy triste. Luego me di cuenta que era el discurso que se escuchaba en esos días, del lado de la iglesia. Fue el día en que ganó en Diputados la Ola Verde. Dice que hace un mes que no va a misa. Que está harta de los fanatismos; pienso en los religiosos, pero no se refiere a ellos, porque agrega que está harta de las mujeres que dicen que odian a los hombres. Recuerdo -pero no se le digo- a una paciente, feminista. Ella, que en un encuentro de mujeres en el que estaban diseñando una gráfica, le pareció mucho que se propusiera una licuadora llena de penes. Y eso que también me contó que su papá mató a su mamá, cuando ella era muy chica. Pero ahora ella duda. No ha de ser fácil ir a misa con dudas. Dice que no puede anteponer sus ideas religiosas, sus creencias, a lo que les pasa a las mujeres a las que atiende como ginecóloga. Hace un tiempo se declaró objetora de conciencia; no quiere sentirse partícipe de las decisiones de las mujeres que abortan. Dice que le gusta hablar conmigo y a veces hasta nos abrazamos al final de una charla. Me digo que es bueno poder conversar con las que no piensan como una. Sobre todo cuando empiezan a dudar. Cuando el COVID Los equipos de salud mantuvieron la atención presencial a las mujeres que deseaban interrumpir un embarazo. Yo estaba en contra de esto Una chica estudiante de abogacía, separada, se había quedado sin trabajo con la pandemia en un estudio de abogados, no pudo seguir pagando el alquiler. Vivía con su hija de cuatro años a quien llevó a vivir con el padre, y ella se fue a una residencia estudiantil. Quiere interrumpir su embarazo, veo en la historia clínica que ya había consultado en otro CESAC dos veces –la orientaron bien, le dieron orden para ecografía, que trae ese día, y turno para los días siguientes. Era la última mujer que veía (estaba medio pasada de vueltas ya). Como estaba de 6 semanas y muy ansiosa, tomó la decisión de derivarla al CESAC donde la vieron primero, los tiempos dan bien, y sospecho que si le doy el tratamiento hoy, lo va a hacer sin esperar a la semana 7 –como sabemos que es lo mejor-. Me da a entender que no se sintió bien atendida allá, “no me dijeron nada, no me dieron nada”, llora, y dice “es que yo estaba en contra de esto”. Trato de calmarla, le digo que le dijeron y le dieron lo adecuado (orden para Ecografía, turno para siguiente consulta); y que todos los que trabajamos en esto lo hacemos con convicción, porque nosotros sí creemos en esto. Luego me pareció que fue un poco excesivo, pero me generó una reacción coorporativa/verde (defender o sostener al equipo que la atendió), a su vez intentar tranquilizarla (los equipos sabemos lo que hacemos, lo hacemos bien, y con convicción). Al despedirla le pregunte si tenía amigas, alguien que la acompañe, y me dijo: “es que todas están en contra”. Le sugerí que intente hablarlo con alguna, que tal vez se sorprendía con que alguna la entendía y podía cambiar de opinión, como a ella le había sucedido. Le dije también: te daría un abrazo, pero no puedo, y le hice un gesto de abrazo. Todes tenemos nuestros secretos Una mujer no se presenta a la consulta posterior al tratamiento para interrumpir su embarazo. Miro en la Historia Clínica, leo que estuvo hace seis días en un hospital, fue hisopada por sospecha de COVID; pero no figura el resultado. La llamo por teléfono, me cuenta que está desde entonces en un hotel con el marido en aislamiento, luego de confirmarse el resultado positivo. Sus hijos quedaron en la casa, todos negativos. Lo que la preocupa es que los vecinos tienen miedo a contagiarse, y ella teme lo que les puedan decir a su regreso; o a sus hijos, mientras están allí; ellos no tienen culpa de nada, me dice. El aborto quedó en segundo plano, ya. Ella me había dicho que no le pensaba contar nada al marido. Trato de imaginarlos juntos en una habitación de hotel, solos, aislados, con tantas preocupaciones. Le pregunto si ahora se lo contó, afirma que no. Ese silencio me deja algo inquieta; cuando se lo comento a una compañera, me dice: quedate tranquila, todes tenemos nuestros secretos. Vacilaciones Llega al equipo ILE* (hablábamos aún de ILE -interrupciones legales de embarazos- en 2020, previo a la sanción de la Ley de IVE en 2021), una mujer de 42 años, se encuentra en pareja, él tiene 50 años, con él no tienen hijos. Ella tiene dos hijos de 22 y 7 años, de dos relaciones anteriores. Él tuvo cuatro hijos, uno falleció hace dos años, a los 24, de un infarto. Viven con el hijo menor de ella, y perdieron un embarazo hace 3 años. Ella trabaja de peluquera, él es encargado en un edificio. Vivienda alquilada. Viene derivada de un hospital, tiene un embarazo de riesgo de 14 semanas, por hipertensión arterial, que se manifestó en su segundo embarazo, tuvo un parto prematuro. Manifiesta ambivalencia, quisiera tenerlo, pero su marido no quiere. Llora, está angustiada, se la ve indecisa, presionada, sin saber qué hacer. Se indaga sobre posible violencia en la pareja, dice que no, que se llevan bien. Pero él dice que ya perdió un hijo: “mirá si te pasa algo, o si sucede de nuevo”. Acá se mezcla la pérdida del embarazo anterior y la muerte del hijo del marido. Cuesta despejar las causales que se mezclan (hipertensión, riesgo, el marido no quiere, ¿ella quiere interrumpir, o no quiere tenerlo porque es él quien no quiere tenerlo?) Se encuentra también afectada por el fallecimiento de su padre, que coincidió con su segundo embarazo. Se la cita a otra entrevista, ante las dudas que presenta, y se le explica que en caso de decidirse a interrumpir se haría una derivación al 2º nivel. En la siguiente entrevista imagino que no va a venir, pero viene. Llega tarde y dice que estuvo caminando horas, haciendo tiempo. Dice que no le contó a nadie salvo a su hermano, quien se ofreció a ir a la casa para hablar con su marido. El hermano le ofrece acompañarla si decide tener el hijo, tiene una casa grande, podría ir a vivir con su familia: “si vos ya criaste a tus hijos sola”, le recuerda. Al segundo, porque el novio la dejó cuando estaba embarazada. La familia de él y él le ofrecieron casarse y tenerlo, pero a condición de que no vivieran con su hija mayor, que la llevara a vivir con su madre. Ella, no aceptó. Ahí conoció a su actual pareja, y al tiempo se fueron a vivir juntos. Se percibe, y lo expresa, que le costaría muchos más sobrellevar un aborto, que criar otro hijo. Cuenta que cuando estaba en tratamiento psicológico “la psicóloga siempre me decía que tengo que tomar mis decisiones”. Le digo que por lo que expresa se muestra más decidida a tenerlo que a interrumpir. Que así como acompañamos en las ILEs*, la podemos acompañar en su decisión de continuar con el embarazo. Que ya se está imaginando cómo sería, cómo se organizaría, los apoyos con los que cuenta, etc. A pesar de eso me pide: “pero si vuelvo sin el papelito de la derivación, mi marido se va a enojar”. Vuelve a afirmar que no hay violencia, pero se percibe que le cuesta confrontarlo, y afrontar esa diferencia. Trato de acompañar ese recorrido vacilante, a tientas, para la toma de una decisión crucial, casi sin tiempo, entre dos opciones excluyentes, sin incidir en la decisión, intentando abrir luz allí donde aparece una brizna de claridad en la imaginación de lo porvenir, con el menor sufrimiento posible. Le sugiero que puede contar con el equipo ILE* si decide interrumpir, volver al hospital para el seguimiento de su embarazo de riesgo, si así lo decide, y contar con nosotros para apoyo psicológico. Esta fue primera situación que vi de este tipo. Era el primer año de la pandemia, estaba trabajando sola, cuando antes lo hacíamos de a dos. Tratábamos de minimizar los recorridos de las mujeres a la vez que garantizar el acceso a la atención, tanto del embarazo como de la decisión de interrumpir. La mayoría de las mujeres que acuden al equipo de IVE/ILE* llegan decididas, con más o menos dudas, pero en algunos pocos casos, la entrevista les permite clarificar su deseo de continuar ese embarazo. Esta situación sería casi la antípoda a la de la mujer que no le contó al marido acerca del embarazo ni de su interrupción, y luego del tratamiento para interrumpir, terminaron ambos aislados en un hotel por COVID. Muy determinada, antes, durante y después, en su decisión, su silencio y su secreto. Fugaz Una trabajadora social trata de conseguir un hotel para una familia que está en situación de calle. Cuando está a punto de lograrlo, la familia recibe diagnóstico de Covid positivo y los envían a un hotel para permanecer en aislamiento. Con alegría le mandan fotos del hotel 4 estrellas al que los confinaron. Ella se agarra la cabeza –teme que se pierda la gestión que le llevó tanto tiempo- ante esta felicidad pasajera. Pero en verdad ¿cuál no lo es? * ILE: Interrupciones Legales de Embarazos. IVE Interrupciones Voluntarias de Embarazos
- Yo no tengo una personalidad / Oliverio Girondo
Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades. En mí, la personalidad es una especie de furunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad. Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C. ¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera! Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan. ¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo —me pregunto— todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora? El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto... Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas. Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda. Fuente: Espantapájaros, al alcance de todos (1932) Editorial Proa.
- Borges y yo / Jorges Luis Borges
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y solo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página.
- El niño bueno / Julio Cortázar
No sabré desatarme los zapatos y dejar que la ciudad me muerda los pies no me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de estilo. Acepto este destino de camisas planchadas, llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras. El largo desarreglo de los sentidos me va mal. Opto por el dentífrico y las toallas. Me vacuno. Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente para traerte un pescadito rojo bajo la rabia de gendarmes y niñeras. Fuente: Salvo el crepúsculo (1984) Editorial Alfaguara.
- Notas / Javier Alan Romero
“Lo que escinde” En cada elección, la falta de garantías, anticipa un cierto desdoblamiento. Un doble movimiento o trabajo, que diferencia el decir con el hacer. A veces, hay que decir que se ama para saber si se quiere, hay que irse para saber si quedarse, hay que elegir para elegir. La primera se sostiene en la palabra, la segunda en el acto. Si este último se adelanta, se hace presente sin necesidad de giros o promesas, que abundan cuando en caso contrario, es la palabra la que intenta forzar al acto, promulgando una elección que aún escinde. “Sobre intercambios” En ocasiones, las conversaciones e intercambios más fluidos, se dan entre las personalidades más dispares. En cambio, entre personas que todo comparten y lo mismo sienten, el silencio es un merecido, momento de descanso. “A un amor desconocido” “Ni yo ni nadie conoce del amor”. Lejos de ser esta una afirmación pesimista como decir lo contrario, es el propio desconocimiento el que encarna al asunto. ¿Qué otra cosa lo representa más que la incertidumbre? ¿No será el inverso de lo que llegado el día decidimos llamar amor? ¿No será ésta su primera muestra de decadencia? Poner en palabras, finalmente nombrar lo que hasta hace poco no sabíamos cómo. ¿No es acaso cuando las palabras escasean cuando más se ama? Será un detalle superfluo, que lo sumerge a uno en el absorto. Donde, desde todos los puntos, reconoce al otro en el más puro vacío que nos refleja el conocimiento. Donde lo cancela, lo debela y finalmente cae insostenible, pero esta vez, por la única razón de que ya no se desea sostener. Porque ya no se desea, porque ya no se desconoce.
- Derecho a la irreductibilidad / Costanza Banús
"Quizás un día se declare el derecho a la irreductibilidad. Una convicción en común que afirme que la vida no puede reducirse a un compendio de explicaciones. Que ninguna existencia puede quedar ceñida a diagnósticos, clasificaciones, desciframientos, ejecutados por un poder. Una convicción, tejida entre proximidades, que acentúe que las potencias delo vivo residen en la indeterminación y en la inconmensurabilidad. Una convicción, hilada entre cercanías, que impida que se condenen sensibilidades a tener que cargar con identidades que estrechan el porvenir.” Marcelo Percia “Los enfermos mentales son como picaflores. Nunca se posan. Están a dos metros del suelo". Arthur Bispo do Rosário (*) Los colibríes, también conocidos como picaflores, chuparrosas, tucusitos, pájaros mosca, ermitaños o quindes, nunca se posan, llegan con cicatrices, heridas aún frescas, dolores ardiendo, aprendieron un diccionario que los describe: adicto, recaí, consumí, consumo, endiablada, pasta base, pastillas alcohol, porro, crack, nevados, transas, detenidos, presa, unidad penitenciaria, patronato de liberados, servicio local, policía, buchón, cachivache, buche, loca, tóxica, chismosa, malamadre, tengoquéhacerterapia. Han ido de manera veloz, curiosa, imponente, de veneno en veneno. Los venenos no empiezan con el llamado “consumo problemático” vienen con familias de familias signadas por abusos violaciones, golpes carencias y laberintos donde se han chocado contra los vidrios de las relaciones y las instituciones chocan contra las ventanas de las escuelas, de los hospitales, de las casas, de la justicia, de las familias, de los trabajos, cargan abandonos, golpes, violencias, abusos, pobrezas, excesos, aturdimientos, vociferaciones desesperantes, ternuras agrietadas por supervivencias-a, ante, contra, de, desde, para por según sin, sobre, tras-las vidas que, no requieren inclusión, ya están incluidas en la sociedad (la de consumo también) ¿Cómo tratamos esas vidas? Colibríes no saben cómo llegaron “hasta acá” y el sabor amargo de las sustancias arden en las lenguas de lo que no sabe a felicidad, la dulzura del olvido que les presta el aturdimiento, se monta como un escenario donde se prenden fuego los teatros, y ya no se sabe quien escribe esa obra que se incendia. Los espacios de escucha se entrecruzan y pasan por teléfonos, recepciones administrativas, pedidos de internaciones urgentes, familiares desesperados, el juez lo manda, la policía pide informe, la jueza le dijo. ¿La libertad siempre es condicional? Reuniones de equipo que re formulan marcos de atención para “alojar la demanda” entre espacios, muchas veces “sin disponibilidad”. Las puertas se abren a un amplio espectro diagnóstico, vidas no caben en un diagnóstico, las puertas de los centros de atención y las buenas intenciones no alcanzan cuando los turnos no alcanzan, cuando no alcanza para la medicación, cuando no alcanzan los horarios de psiquiatría, ni las articulaciones, la familia no sabe cómo, o ya no quiere nunca, o llegamos tarde a vidas tomadas por “las voces” que la insultan y la maltratan, como la insulta y la maltrata la mirada de una sociedad que la pretende blanca pura casta, de espuma de nácar como los versos de Alfonsina Storni. Dejar de consumir drogas sin dejar de consumir dolor. El Estado llega tarde, cuenta una colibrí que le sacaron los hijos, que se apuñaló con un vidrio toda la panza, y casi se desangra, que son tres pero son seis porque algunos se los dio a la familia del hombre con el que se prostituía, en esa casa, dice, la del chabón, la familia cría los hijos que él tiene con otras, pero ellos saben, y los crían bien. Dice que ella ahora quiere dejar de drogarse y recuperar a los hijos que los tiene una familiar, quiere ser buena y estar bien para sus hijos dice, llora, dice que no llora nunca, que ahora llora y no sabe qué le pasa, después de 15 años sin parar de fumar paco y tomar alcohol, hace un mes que no se droga, dice, que a la madre le gusta que ya no esté endiablada. Nunca volvió. Un colibrí llega con cortes en el antebrazo, su hijita de meses murió mientras él estaba detenido, quería que a sus hijos no les falte nada, terminó preso, su mujer y su suegra dieron los chicos al servicio local, dice que para recuperarlos no se droga más y quiere “hacer las cosas bien”. Se cortó, se cortó tan profundo como pudo los antebrazos, la primera vez detenido, la última afuera, en el cementerio, junto a la tumba de su pequeña, los otros chicos (sus otros hijos) están en un hogar, y el Estado les exige una casa, un lugar en condiciones, pero no hay condiciones para alquilar ni casas para habitar, los lazos familiares y laborales se fueron oxidando y carcomiendo día tras día estallido tras estallido, un tratamiento para que pueda, pide. Muchos de ellos ellas y elles no tienen dientes, ni lugar, ni dinero para solucionar ese otro problema, uno más, pero sí traen risas y llantos. Los colibríes se pierden a veces, entre las espinas que crecen hacia adentro, que les llaman depresión, y son maltratos, violencias, agobios, andares donde la culpa va espinando “acá adentro” dicen, como aguijones desesperados. Una existencia llega y cuenta que después de 8 años presa “la mandaron a terapia”, su (ex)pareja mató a golpes a su hijito menor, ella salió a buscar ayuda, la procesaron por culpable y por participe necesaria, culpable del golpeador que nadie culpó antes. Después de años detenida y otros tantos de libertad, algunos meses de “terapia” y otra hijita que termina el primario, viajó kilómetros para verle la cara a esos otros hijos que el Estado dio en adopción, atrás de un discurso que demoniza las redes sociales, ella los buscó, los encontró ahí, y luego de algún tiempo de hablar “por chat”, los fue a ver, yo no supe qué decir, ella sí. Algunos picaflores dicen: que en la operación le robaron todos los órganos, que cuando era chico sus hermanitas se murieron en un incendio y a él lo salvaron, que tiene 40 años y no sabe leer ni escribir, otro que estudia 8 ó 9 carreras, uno que solo toma dos cervecitas a la mañana y dos al mediodía y dos a la noche, otro que dejó de tomar cuando pasó toda una noche viendo hombres con motos dentro de su casa, uno que dicen que abusó de una chica en el colectivo pero no sabe que le pasó porque estaba re loco por la droga, una que cuando fue a vivir con el padre y tomaban juntos cocaína se acostó con él pero no sabe si eso pasó o no, otros otres otras dicen que la madre lo trajo, que la madre la trae, que la madre le cuida los chicos, que la madre los está criando, que la madre no se le despega ni a sol ni a sombra, que como no puede salir sin drogarse se puso en un sitio de servicios de contenidos que van de lo erótico a lo pornográfico a cambio de dinero, otra que vive en la calle, otro que se escapó de la internación que le robó a la familia, una que la hija la insulta, que la sacó de la casa, que no quiere que vuelva, que no puede más que la madre que los parió no da más. Picaflor pica sesos pica piedra. La vida pica y envenena o venenos recorren vidas que no se resisten? Colibríes se acercan llorando a mares los naufragios, o secos de todo lo no llorado por los siglos de los siglos, lógicas de aquello que no logra anclar ni andar a la deriva. Arthur Bispó do Rosario decía: "cuando dejo de trabajar me vuelvo transparente pero normalmente estoy lleno de colores". Vidas no caben en una fórmula, ni en una institución. Nosotres también somos “El Estado”, en el Centro Comunitario pusimos algunos recipientes llamados talleres, terapias, espacios de escuchas, que, entre polen pétalos e insectos, se brinden como un antídoto posible y provisorio ante lo inconmensurable, como una posibilidad entre un estar transparentes y llenos de colores. (*) Brasileño, descendiente de esclavos africanos; natural de Japaratuba-Sergipe, fue carabinero de la Marina y pugilista, en 1938 después de peregrinar por varias iglesias del entonces Distrito Federal, terminó subiendo al Monasterio de Sao Bento, donde anunció que era un enviado de Dios, encargado de juzgar a los vivos y a los muertos. Dos días después detenido y fichado por la policía como negro, indocumentado e indigente, fue conducido al Hospicio Pedro II de Praia Vermelha, primera institución oficial de ese tipo en el país, destinada a albergar sujetos clasificados como anormales o indeseables. Un mes después de su internación, fue transferido con el diagnóstico de Esquizofrenia Paranoide, a la Colonia Juliano Moreira, en el suburbio de Jacarepaguá, donde permaneció por más de 50 años. (https://www.youtube.com/watch?v=8MzFTaOvsCQ)
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











