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  • El cuaderno dorado (prólogo) / Doris Lessing

    Como cualquier otro escritor, recibo continuamente cartas de jóvenes que están a punto de escribir tesis y ensayos acerca de mis libros, desde varios países, especialmente de los Estados Unidos. Todos dicen: “Déme, por favor, una lista de los artículos sobre su obra, las críticas que los expertos hayan escrito sobre usted”. También piden mil detalles totalmente inútiles que no vienen al caso, pero que se les ha enseñado a considerar importantes, tantos detalles que parecen los de un expediente del departamento de inmigración. Esas peticiones las contesto de la siguiente forma: “Querido estudiante: Está usted loco. ¿Para qué gastar meses y años escribiendo miles de palabras acerca de un libro, o hasta sobre un autor, cuando hay cientos de libros que esperan ser leídos? ¿No se da cuenta que es víctima de un sistema pernicioso? Y si usted ha escogido por su cuenta mi obra como tema y si usted tiene que escribir una tesis —y créame que le estoy muy agradecida que lo que he escrito lo haya encontrado usted útil—, entonces ¿por qué no lee lo que he escrito y se hace una idea propia acerca de lo que usted piensa, cotejándolo con su propia vida, con su propia experiencia? ¡Olvídese de los profesores Blanco y Negro!”. “Estimado escritor —me contestan—: Debo saber lo que dicen los expertos, porque si no los cito mi profesor no me va a dar nota”. Éste es un sistema internacional, absolutamente idéntico, desde los Urales hasta Yugoslavia, desde Minnesota hasta Manchester. El caso es que estamos tan acostumbrados a él que ya ni nos damos cuenta de lo malo que es. No puedo acostumbrarme, debido a que abandoné la escuela a la edad de catorce años. Durante cierto tiempo sentí pesar por eso y creí haber perdido algo de mucho valor. Ahora estoy muy contenta de tan afortunada salida. Después de la publicación de “El cuaderno dorado”, me metí entre ceja y ceja encontrar algo acerca del mecanismo literario, examinar el proceso que crea al crítico y al comentarista. Hojeé incontables exámenes escritos y no podía dar crédito a mis ojos. Me senté en clases donde se enseña literatura y no podía dar crédito a mis oídos. Quizá digáis: “Es una reacción exagerada y no tiene derecho a decir tales cosas, porque usted misma confiesa que nunca ha sido parte del sistema”. Pero creo que no exagero en absoluto y que la reacción de alguien del exterior es valiosa, simplemente porque es fresca y no está mediatizada por una lealtad a una educación particular. Pero después de esta investigación no tuve dificultad en contestar mis propias preguntas: ¿Por qué tienen tan estrechas miras, por qué son tan personales, cómo poseen tan poco talento? ¿Por qué siempre atomizan y desprecian por qué les fascinan tanto los detalles y se desinteresan del conjunto? ¿Por qué su interpretación de la palabra crítica es siempre la de encontrar faltas? ¿Por qué acuden siempre a los escritores en conflicto unos con otros, y no a aquellos que se complementan? Simplemente, porque han sido entrenados para pensar así. La persona valiosa que comprende lo que usted está haciendo, lo que usted está intentando, y puede hacerle una crítica válida y darle un consejo, es casi siempre alguien que está fuera del mecanismo literario, incluso fuera del sistema universitario. Puede que se trate de un estudiante que acaba de empezar y que siente aún amor por la literatura, o quizá sea una persona que piensa mucho y lee mucho, siguiendo su propio instinto. A esos estudiantes que tienen que pasarse un año o dos escribiendo tesis sobre un libro, les digo: “Solamente hay una manera de leer, que es huronear en bibliotecas y librerías, tomar libros que llamen la atención, leyendo solamente esos, echándolos a un lado cuando aburren, saltándose las partes pesadas y nunca, absolutamente nunca, leer algo por sentido del deber o porque forme parte de una moda o de un movimiento. Recuerde que el libro que le aburre cuando tiene veinte o treinta años, le abrirá perspectivas cuando llegue a los cuarenta o a los cincuenta años, o viceversa. No lea un libro que no sea para usted el momento oportuno. Recuerde que ante todos los libros que se han impreso, hay tantos o más que nunca se han publicado o que nunca han sido escritos, incluso ahora, en esta época de reverencia al papel impreso. La historia, e incluso la ética social, se enseñan por medio de historias, y la gente a la cual se ha condicionado para que piense sólo en términos de lo que está escrito —y desgraciadamente todos los productos de nuestro sistema educativo no pueden hacer otra cosa— pierden lo que tienen ante la vista. Por ejemplo, la historia real de África está aún en custodia de narradores de historia negros y hombres sabios, historiadores negros, médicos negros: se trata de una historia oral, a salvo del hombre blanco y de sus depredaciones. En todas partes, si mantiene usted despierta la mente, encontrará la verdad en palabras que no han sido escritas. Así que no deje nunca que la palabra escrita se adueñe de usted. Debe saber, por encima de todo, que el hecho de que tenga que pasarse un año o dos con un libro o un autor significa que usted ha sido mal instruido, que usted debía haber sido educado para leer a su manera, de una preferencia a otra; debiera haber aprendido a seguir su propio sentimiento, intuitivamente, acerca de lo que necesita y no la manera como debe citarse a los otros”. Pero, desgraciadamente, casi siempre es demasiado tarde. Fuente: Lessing, Doris (1962). El cuaderno Dorado. Prólogo. Traducción de Helena Valentí. Editorial Noguer. Barcelona, 2004.

  • No lo leas / Marce Guevara

    No lo leas. Es muy largo. A veces pasa... ¿Te cuento algo? Yo no estoy en campaña. La escuela viva, hermosa, real. La escuela siempre diaria, desafiante. La escuela Les profes Porque acá escribo como quiero Así que sí Les profes Genixs, comprometidxs hasta las tripas Compañerxs Casi todes...jajajaja La mayoría Les pibxs ellos, ellas, elles Siempre Hermoses Demandantes Sorprendentes Frágiles y fuertes Les pibxs siempre. Las aulas Siempre La comunidad Siempre Nosotres no estamos en campaña Así que, por favor, no nos faltes el respeto Dejanos trabajar Construir No invites imponiendo Nosotres no estamos en campaña ¿Por qué esa foto? Porque en este mi microespacio de libertad hago lo que quiero Te recuerdo Nosotres no estamos en campaña.

  • guayllabamba / Killa Orbe

    a la mamita Olguita cómo es que hablar kichwa te dejó dejaste abuela te quiero preguntar pero sé del agujero violento de esa historia por su silencio el pai que aprendí en el barrio me lo cortabas en la mesa solo los indios hablan así entendí después cómo es que nuestros pómulos se parecen tanto y nuestra quijada y nuestras manos y este tórax ampliado por el viento andino solo los indios respiran así y esta vergüenza honda de que la piel te indique un laberinto en el tiempo te quiero preguntar si tus tristezas se parecen a las mías si te sirve encontrarte con el misterio del mar o el corazón de los Apus o la loma de san luis antes tenía otro nombre? antes más antes sabemos otros apellidos de los que tenemos? porai tus alegrías tienen la forma de cocinar para tu manada alimentar a los qaris y a las warmis para el día largo bajo el sol el olor que queda del locro abuela pico la cebolla como vos cuando el amor hace guiso con el miedo y la distancia es cuando las vibraciones del cuerpo convocan a imaginarnos todas las lianas que tomó la injusticia los pies enredados qué difícil se vuelve caminar a veces hace falta hablar al revés y quiero hablar como vos nunca pronunciaste mi nuevo nombre no he vuelto más que al recuerdo y a ese polvo del pueblo pegándome en la cara viento árboles de aguacate chirimoya y taxo puedo reconocer el sonido especial de cada uno instrumentos desafinados elegiéndome nosédónde titilan las hojas en su danza de día me aburroasombro y pienso en vos en la historia del pueblo ques tu historia mía? mi sangre pesa aunque los médanos de tierra echada sobre nuestra memoria la entierran. pesa y nunca quise que sea mi destino. no lo es. me fui. no puedo irme y vuelvo abuela te quiero Fuente: Killa Orbe - animal print 2022 - Puntos suspensivos Ediciones

  • Fue que yo estuve viva el año de la humillación / Laura Klein

    Fue que yo estuve viva el año de la humillación. Por el codo de los siglos me siguieron para ver, la hembra que era hasta que no pueda más alguien, yo, diga, no puedo más. --- Si el hacha hubiera sido nuestro destino hoy no me quejaría tendría las agallas de volver la cabeza atrás y ver mi frente sana el ojo partido. Afortunada fui, al cabo de las horas. --- Hubo un mes y un día para los vivos. Hinché el pecho como para respirar o para rezar y otros hincharon el pecho para respirar o rezar para ser mis semejantes eran muchos. Contemplamos la falta de ternura en el rostro de cada uno como un foco político de la desgracia. --- Un alero era yo, que después fue mío dispongo de toda la vida para observar mis mandamientos. Canta cómo has llegado cómo has llegado hasta aquí una pinza por manos y en los ojos salve quieto gris qué me importa si otros también saben lo que yo de pie estoy, para decirlo, no para que se me escuche. --- Antes no me hubiera dado cuenta viviendo de un ojo a otro no vi más de lo que vi no vi menos. --- Compartíamos miedo fue imposible evitarlo desde aquí veo el miedo mucho más no se puede decir. --- nos querían aplastar --- Atrás de los cuadrados de heno apretamos el lado angosto y gritamos ¡nos quieren aplastar! desconocidos éramos que hicimos ver que nos importaba. --- Asco sufro de costado por la crencha rosada soportaba la vida estúpida, grande y doliente que me hicieron como hoy. --- Fue como si nada, sin que faltara lo peor todos los tuertos con toda la pata en las rejillas. Y por qué no decirlo si hubiera habido alegría lo diría lo habría dicho como si mi vida no fuese oscura y no fuese mía, y no fuese vida. --- Ladrando están los perros. Es un error que ya no se puede cambiar. Más de uno se hubiera ahogado. --- Ladrando están los perros quisiera yo, como ellos entre los molinos de miedo aguantar no sé cómo estaquear mi lengua. Cuatro veces por día lavarme los colmillos. Ahí me quise quedar y me echaron. --- Fue que yo estuve viva el año de la humillación. La avenida no tiembla y yo estoy ahí las luces siguen prendidas y yo ahí. --- Si nos hubiesen visto, nos habría bastado. Si no nos hubiesen estimulado, viviríamos, nos habría bastado. Si al menos nos hubiesen expulsado nuestros cuerpos hubiesen sido blanco suficiente para el ataque estuches imposibles nos habría bastado nos habría bastado. --- Antes, había sido una noche de pájaros, no la mía. Vienen a mi ojo, van por mí, a mi ojo dilecto nos quieren estudiar, como si yo estuviera muerta como si no estuviera viva, gritando esta vez en medio de un ramaje que tampoco me concierne. Y aún así, prestada horca, calla conmigo, reduce tu alegría a la hora más próxima, cuando te sieguen sin hacerte daño y sin hacerte daño levantes la pequeña mano hasta la sien derecha. --- Yo era un ancla. Quería ser un muerto. Solía soñar así, con los pies para delante. Afortunada fui, que me pasaron por encima cuando nada podía hacerse ni ser hecho. --- Así lo cuento porque ahí estuve al cabo de las horas, atada ¿comprenden? Allí estaba para que nadie diga después y se olviden de los vivos que fuimos pares de los muertos. --- Las circunstancias nos habían llevado prematuramente. Este es el primer postulado de todo humano que vino al mundo para quedarse. --- Yo, que en ese entonces no hablaba –y no era muda afirmo que buscaba algo. Yo había sido puesta ahí en una hora y una fecha determinadas sin que nadie se hubiera dado cuenta. Atrás o adelante estaba ahí para mí que estaba. --- Hoy hablan de mí como si yo no hubiera existido. ¡Mejor! ahora valdría el ganso que fui y mi antorcha apagada desde que se inician mis recuerdos porque cuando estuve viva ni mi madre me veía. --- Hablo de lastimaduras. Al dar vuelta la cara, entregamos la mejilla. Díganme si estoy gritando. --- El barrio del chivo no quedaba lejos. Fue que rodábamos avestruces al calor de nuestras risas hacia el invicto. Chuecos, ladeados anteriores de la clavícula brotaba un ojal con su peso en las piernas bailaba ¡era el ojo! el ojo izquierdo. Nadie que nos hubiera visto habría pensado que estábamos contentos. --- Hubo lesiones y lesionados. Fue un mes de lesiones. Yo, que no era lo que ahora, hubiera querido correr tras los frutos que huían de los árboles hasta hundirse como huellas futuras en la cabeza de los infantes. Pero alguien, lejos de mí, cerró el umbral y no vi más. --- Había imaginado otro final para el comienzo. No queriendo la cosa íbamos a llevar animales para que cuidaran las puertas, los puentes. Ahí vimos que estábamos desnudos, solos. --- En el salmo decía otra cosa: cómo nos iban a perseguir y subiríamos con la promesa de que el veneno no llegaría al río y así sería y así iba a ser. --- No es la pena, no. Ya hubo demasiado en juego. Los zócalos siguen repletos, al parecer hay golondrinas encerradas adentro y aunque amanezca, aunque se esfuercen aunque las costillas avancen sus propias patas no tocarán la playa no la pisarán. --- Yo estuve viva ese año. En los intervalos del odio y el furor miro mis palmas anchas, blanduzcas y les pregunto cómo son suaves cómo están despiertas y me dejan ir, y no me abofetearon. El capítulo de matar no lo conozco. Antes de ser cobarde, fui pequeña. Mis mayores no me habían enseñado nunca entendí a mis hermanos. Fue que yo estuve viva y no sé cómo. --- Lo que no me hizo daño vuelve. Fui una ventana, fue un nido de vísperas. Niños pequeños míos no hubieran querido ser de allí. --- Dije: no quiero envejecer entre oprimidos. Creí que esto me sería dado. --- La fianza nunca fue pagada. Ahora sí, confiamos porque queremos porque no sirve para nada la desconfianza que teníamos para comernos hasta el cuero al fatigado sucesor del enemigo. --- No fue invierno, como muchos querrían. ¿Sabíamos la clase de armisticio que estábamos haciendo? ¿Dónde estaba nuestra nuca? Yo estuve viva el año de la humillación. --- ¿Cuándo, mi bien, cuándo fuimos lisos? Todas las moscas del futuro nos consuelan. Vuestras águilas viven y se sientan a la mesa y se reproducen. --- ¿Éramos, fuimos diferentes? Y, ¿dónde lo habríamos aprendido? Naturalmente, cuando hacía frío teníamos frío pero cómo fue que nos dimos al árbol sin su fruto no lo sé no lo sé por más que mientras registro estos pensamientos me hago ideas distintas me hago una idea de naranjas y de flores para llevarme conmigo hasta el final. Fuente: Una versión anterior de este poema fue publicado bajo el nombre “Nuestras águilas” en el libro La comedia de los panes, Hilos Editora, Buenos Aires, 2011.

  • Discurso en el depósito de objetos perdidos / Wislawa Szymborska

    Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte, y también muchos dioses en el camino de este a oeste. Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo. Se me hundió en el mar una isla, otra. Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras, quién trae mi piel, quién vive en mi concha. Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario. Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas, me alejé de mis sentidos muchísimas veces. Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto, me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas. Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos. Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó de mí: un individuo aislado, del género humano por ahora, que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía. Fuente: Poesía no completa, con edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel Murcia, Fondo de Cultura Económica, 2021. Publicado en "Si acaso", 1978. Versión de Gerardo Beltrán.

  • Entrevista a Osvaldo Saidón (2017) / Manuel Murillo y Pablo Tajman

    Ferenczi, los grupos y el cuestionamiento del poder OSVALDO: Lo que te decía es que, justamente, veía la última entrevista que ustedes hicieron, incluso se la pasé a alguien especialmente interesada en Ferenczi, que es un autor que en Brasil se lo estudia más. Incluso hay mucho interés en relacionarlo, ligarlo a Deleuze. En el sentido de que él interviene en el pensamiento de Freud, de alguna manera, con lo que se podría llamar una línea aberrante. Lo desvía a Freud. Por eso a Freud no le gusta mucho, ¿no? En algún momento Freud le dice no. Porque él le dice a Freud, le exige a Freud: “usted me analizó, ahora yo también lo quiero escuchar a usted…”. Y a Freud no le gustó nada porque quería ser él el concentrador de la transferencia. Estaba fundando una escuela, es totalmente comprensible, políticamente entendible la posición de Freud. Pero bueno, Ferenczi, en ese sentido, me parece que era más radical en cuanto a la posibilidad de tener una relación más simétrica con el otro, y menos de poder[1]. Yo creo que en ese sentido lo toman… PABLO: Pero ¿cómo pensás esto que nos decías de Ferenczi como precursor de lo grupal? OSVALDO: Porque él empieza trabajando con grupos, él primero trabaja con prostitutas, con grupos de prostitutas. Incluso tengo una colega que viene haciendo un trabajo, de ciertas equivalencias con la obra de Pichón Rivière, es decir, entre la trayectoria de Ferenczi como un analista excepcional, en el sentido de una excepción, de alguien que trabajó un poco al margen de lo institucional, crítico de la institución psicoanalítica, como lo hizo Pichón. Él también empezó su trabajo con grupos de prostitutas en Corrientes. En ese sentido, ambos tienen una relación mucho más afirmativa o menos “escondedora” en relación a lo sexual, pero al mismo tiempo trabajan en situaciones donde existe la explotación y la pobreza. Implica toda una posición ideológica. Y ambos, de algún modo, tuvieron que pensar el grupo como un espacio especialmente importante para entender la relación entre lo social y lo íntimo. Por eso el grupo operativo de Pichón… Además, Ferenczi también daba cursos de Psicoanálisis en la Universidad. Y cuando en 1918 en Budapest se crea la Comuna de Budapest –no me acuerdo bien el nombre– es una experiencia con mucho desarrollo comunitario, político, anarquista –como fue la Comuna de París en su momento– él lleva su cátedra de enseñanza de psicoanálisis a la propia comuna. O sea, siempre le preocupó que el psicoanálisis sea un tema fundamentalmente de la cultura y de lo social y de cuestionamiento del poder. Porque eso es el análisis mutuo en definitiva. No es simplemente contarse los secretitos entre el psicoanalista y el paciente. Es poner en mira las relaciones de poder que se puedan establecer en la relación médico-paciente. El psicoanálisis cuestiona o reafirma las relaciones entre saber y poder. Y, en ese sentido, es muy moderno… porque si Foucault después, a finales del siglo XX, retoma toda una filosofía y todo un pensamiento que hace cuestión de ver las relaciones entre saber y poder, ¿qué mejor lugar que el psicoanálisis para desarmar o cuestionar las relaciones entre saber y poder? Porque el psicoanálisis en realidad es o la consumación o el cuestionamiento de eso. MANUEL: Me haces acordar a lo que dice Robert Castel, que el psicoanálisis tiene un lugar privilegiado para ese trabajo. OSVALDO: Exactamente. Privilegiado en los dos sentidos. Privilegiado en cuanto lo pueda cuestionar y también, en muchos casos, no ha hecho más que afirmar y plantear en otros términos una relación de poder y sometimiento. PABLO: Yo me preguntaba eso mismo en los grupos. Porque veníamos hablando con Manuel cómo a veces a los que tenemos una formación -por lo menos en su origen- muy exclusivamente psicoanalítica, a veces se nos dificulta poder tratar de dejar de pensar a los grupos desde el psicoanálisis y ver qué le hace al psicoanálisis -o a nuestro psicoanálisis- la práctica grupal que podamos ir teniendo. Ayer, por ejemplo –una cosa fresquita que me ocurrió– organizamos en el Ameghino, en el espacio de Ateneos que hay todos los jueves, que se hace en el aula Braun y que convoca bastante gente… Vinieron tres trabajadoras de la salud, que son trans, a dar un taller que ellas llaman “Taller de sensibilización para profesionales de la salud”, donde intentan, justamente, que entendamos todas las dificultades de acceso a la salud, al trabajo y a distintos derechos que tiene esta población, que tiene un promedio de vida entre los 35 y 40 años, el 90% trabaja en trabajos sexuales. O sea, son condiciones muy marginales. Y en la primera media hora de ese ateneo -donde en términos de contenido no estaba pasando nada extraordinario, es información que uno podría buscar en internet también- había un nivel de tensión brutal y a mí lo que me hacía pensar es: no hay forma de juntar mucha gente que represente dos segmentos de poder relacionados entre sí tan desigualmente y en el espacio simbólico de esa charla, invertirlos (porque eran ellas nuestras profesoras) sin que se genere una tensión y una agresividad…que no era entre nosotros específicamente, pero nosotros somos representantes, somos efectores de salud públicos y por lo tanto somos representantes. No importa si algunos de nosotros tratamos de alejarnos de las “berreteadas” y atrocidades que se han hecho. En algún punto nos estaban retando -con razón- y estaban enojadas con nosotros. Y hubo que llegar a la segunda parte, donde intercambiamos más experiencias a nivel personal, tanto de ellas como nuestras, para que eso se hable cara a cara y pueda haber un intercambio más entre las personas que ahí estábamos. Pero me hacía pensar que algo de los grupos y más cuando son de un número importante de integrantes, tiene como mayor…no sé cómo llamarle, reproduce ahí actualmente algo de las relaciones de poder. No sé cómo pensás vos eso. El acto de armar un grupo OSVALDO: Sí, yo creo que lo actualiza y que es bueno también…vos trajiste lo de la violencia, o sea…armar un grupo ya implica un cierto acto de violencia, ya implica cerrar una parte del mundo y abrir otra. El primer grupo, ¿por qué se forma? El primer grupo, históricamente, se forma -dicen- alrededor del fuego, pero también el primer grupo se forma espalda contra espalda -en la selva u otros lugares- para tener un círculo donde todo el mundo pueda mirar la amenaza que viene desde el exterior. O sea, como vos decís, los grupos están ante una situación y se conforman en una situación donde esa tensión existe. Lo lindo de la experiencia que estás contando, es que esa tensión se vio, y no se aplacó por una especie de complicidad de buenas maneras, o de lo políticamente correcto. O sea, no se pudo aplacar, porque hay una tensión que tal vez tenga que ver con una tensión que en lo social existe permanentemente. Hoy existe, uno está viendo en la sociedad y particularmente en Buenos Aires, en las grandes urbes, permanentemente la gente se mira y se desconfía y rápidamente quiere saber si pertenecés o no a un determinado lugar. Hay pertenencias previas muy consolidadas, esto que se habla de “la grieta” y todo esto, que siempre estuvo en la Argentina pero que hoy está más a flor de piel. Es interesante que trabajen con grupos en los centros de salud mental. Hace muchos años que no me relacionaba con los Centros de salud para trabajar lo grupal. Ni bien volví al país hace ya veinte pico de años, tuve ocasión de estar en la formación del servicio de grupos del Centro nº 3 Ameghino, y ahora trabajo a veces en unas supervisiones en el Centro nº 1 Manuela Pedraza desde hace un tiempo. Últimamente volvieron a interesarse por los grupos. Que también habría que analizar qué le pasa a ciertos instituidos más tradicionales, incluso dentro del psicoanálisis, que veían a lo grupal casi como una especie de cuestión secundaria en relación a la pureza del psicoanálisis, la pureza de la terapia, que estaría en la consulta individual. Lo otro es que para procesar ciertos problemas que hay en las vinculaciones, tal vez lo grupal pueda llegar a ser un espacio bien interesante, como fue en otras épocas. Lo grupal aquí, nosotros tenemos una tradición en ese sentido. Lo grupal se fue apagando durante un gran tiempo, a veces resurge… digo, lo grupal en el campo psicológico, psicoanalítico, terapéutico: me refiero específicamente a eso. El psicoanálisis tomando a Deleuze y a Foucault Yo tengo la impresión de que hay una mejor aceptación de los usuarios inclusive. De todos modos, les confieso que no me alegro demasiado. Para poner un poco de política, porque lo grupal es una clínica política también, asume una clínica política…porque ahora hay una tendencia donde a veces algunos psicoanalistas, sobretodo estructuralistas, lacanianos, de alguna que otra escuela, empiezan a decir: “miren que nosotros ahora también leemos a Foucault y a Deleuze”. No sé si me alegro con eso, porque tengo miedo de que simplemente lo usen para reinstalar otra vez un pensamiento estructuralista y cientificista, nada más. Nosotros hacemos mucho trabajo en análisis institucional y a la gente no hay que preguntarle, solamente, ¿qué está pasando ahora? Si no ¿por qué elegiste lo que elegiste para que eso esté pasando? A la Revolución Rusa no hay que preguntarle por qué se descarrió, hay que preguntarle por qué en aquel momento se eligieron ciertas concepciones ideológicas. Y a la Sociedad Psicoanalítica, por qué nos fuimos de la Asociación Psicoanalítica sino por qué entramos. PABLO: ¿Vos te fuiste con Plataforma? OSVALDO: Con Plataforma, sí. Siempre decimos: no hay que preguntarse ¿por qué nos fuimos? que es la historia que siempre contamos. Lo que hay que preguntarse es ¿por qué entramos? de una buena vez. Porque esas razones por las que entramos tal vez todavía sigan presentes en nosotros. PABLO: ¿Y por qué entraron? OSVALDO: Y bueno, entramos porque también nosotros nos tentamos. Nos tentamos con el prestigio, con la historia “gloriosa” del psicoanálisis, con la plata que se puede ganar estando en una asociación psicoanalítica. Viste que hoy en día muchos compartimos lo que llamamos un campo spinozista. Hace poco estuve en una experiencia en Córdoba, con gente que vive en el interior de las sierras, es impresionante cómo la gente hoy conoce el pensamiento de Spinoza como antes, por ahí, muchos conocían el pensamiento de Santo Tomás o el pensamiento de Hegel. Está muy difundido. ¿Por qué esta difundido? Porque responde mejor al tipo de elección que hace la gente que se va -o trata de irse- un poco del sistema. Son cientos de grupos, cientos de grupos por todos lados, que no están solamente amargados por todo esto que pasa en la Argentina, y por toda esta onda neoliberal, sino que ya hace tiempo que han elegido desvíos. Son muy interesantes esos grupos, líneas aberrantes como decimos nosotros, líneas curvas. Pero vuelvo, perdón, porque me fui, me refería a esto que vos me preguntaste: ¿por qué entramos? Y porque a veces uno no se da cuenta en el momento y termina eligiendo pasiones tristes y yo creo que nos pudimos mantener afuera porque pudimos armar pasiones alegres, porque particularmente la mayoría de la gente que se fue en aquella época no volvió a armar instituidos fuertes psicoanalíticos –algunos sí– porque encontramos que eran pasiones más alegres las que podíamos hacer en la formación de grupúsculos y no en la formación de un gran instituido psicoanalítico. Grupúsculos PABLO: ¿A qué le llamás grupúsculos? OSVALDO: Grupúsculo le llamo a esto, a juntarse entre amigos o entre compañeros a estudiar un texto, a apoyar una cierta práctica sociopolítica, psico-socio-política. El análisis institucional, en mi caso y en el caso de mis amigos, funciona por grupúsculos. Si vos me decís “yo quiero entrar a una organización de análisis institucional”, no sé dónde querés ir. Bueno, si querés anda a Francia con los discípulos que quedaron de Lourau y hacé un curso, o vamos a intervenir en determinada institución, o armemos algo para ver qué se puede instituir de nuevo en el Centro Nº 3. Hacemos eso, y después por ahí se terminó. Son instituciones más nómades las que se arman. Pero ¿por qué? Porque es un pensamiento donde está una crítica a las especialidades, a la escolástica, a todo este tipo de cuestiones. Si te interesa, Guattari tiene un artículo que se llama Nous somme tout groupuscules, Somos todos grupúsculos. Y somos grupúsculos. Esto es un grupúsculo ahora. Después se instituirá más o menos. El tema es cuando son coordinados por un centro único. La web es un enorme ¿qué? … los blogs son una enorme difusión de grupúsculos. Por eso cuando vos decís “no estoy en grupo”… eso es lo que vos creés (risas). Pero a ustedes no es el grupo lo que les interesaba sino el análisis institucional o… ¿a ver? PABLO: Nos interesa el encuentro y ver qué sale…Vos nos comentabas de la charla anterior con Jorge Reitter en la que, en principio, nosotros nos conectamos con él por sus artículos sobre diversidad sexual, estudios de género y psicoanálisis, pero terminamos hablando casi más de Ferenczi, entonces nos gusta eso, no saber de entrada qué va a pasar. Armar un grupo implica aplicar una cierta fuerza Recordaba cuando veníamos para acá con Manuel que tuve una pregunta muy desde el comienzo, de cuando empecé a atender, y que le hacía a todos los referentes que llegaban al Ameghino (yo empecé en el Equipo Infanto-Juvenil, ahora estoy en Grupos). Me llamaba mucho la atención que nadie me lo podía contestar con un mínimo de la solidez que tenía en otras cuestiones. La pregunta era: si disponemos de distintos dispositivos en este centro ¿en qué casos ofrezco un grupo y en qué casos un dispositivo -mal llamado- individual? Por ahí no está bien hecha la pregunta tampoco, porque está hecha desde un lugar muy particular. Pero te la hago. OSVALDO: Cuando yo volví aquí, Tato Pavlosky había vuelto unos años antes, históricamente es un referente muy importante en grupos, incluso él tenía en su práctica privada muchos grupos, siempre, toda la vida. Terapéuticos, hacía psicodrama o no. Y yo le decía “el problema que estoy teniendo es que vos le proponés a un paciente que venga al grupo y no quiere”, entonces le decía al paciente “por lo menos va a pagar menos” y te respondía “sí, sí, prefiero hacer con menos frecuencia las sesiones”, el contacto individual está mucho más jerarquizado. Quiere decir que tenés que aplicar una fuerza para hacer un grupo. Inercialmente no se arman grupos en el campo terapéutico. No es que si vos lo decís la gente va a venir. Entonces me decía Tato: “¿vos sabes lo que tenés que hacer? No aceptar al paciente: yo hago grupos, si quiere individual yo no lo acepto como paciente”. Entonces en los servicios si vos le das la opción, entonces no vas a armar los grupos -predominantemente-. PABLO: Pero mi pregunta era por la indicación, yo no daba la opción. ¿Desde dónde pensás la indicación? OSVALDO: Lo que te quiero decir: si vos indicás grupo pero igual si no tiene grupo, le vas a dar individual, en general, no se va a armar el grupo. Eso es lo que te decía al principio sobre la violencia. Hay que ejercer una cierta fuerza. Esa idea de que hay un espontaneísmo en la oferta y la demanda es una idea ingenua, que no se cumple en nada, y en ningún campo, porque es la oferta la que organiza cierta demanda. PABLO: Es muy interesante lo que decís. OSVALDO: Pero no es que la gente demanda algo, vos tenés que ofrecer algo, y retirar la otra oferta, si vos pensás que realmente es lo mejor. PABLO: Ahí es a donde iba ¿vos atendés de modo individual? OSVALDO: Sí. PABLO: ¿Por qué? OSVALDO: Porque yo no soy tan radical como Tato (risas). Atiendo en individual porque hay muchos casos que, realmente, en grupo es difícil. Y, por otra parte, hay muchos casos en que poner un paciente en grupo puede arruinarte el grupo. Un poco la experiencia te va dando esta idea. Tanto la Asociación de Psicoterapia de Grupos, para tomar un poco la cosa institucional -que es lo que nos interesa acá- históricamente con ese nombre, como los servicios de atención grupales que existen en salud pública, como las cátedras de grupos que existen en la facultades de psicología le dan al grupo como espacio terapéutico, al grupo terapéutico, una mínima ocasión. Es llamativo, yo he podido trabajar y dar clases en las diferentes cátedras de grupos, pero las cátedras de grupos… ¿ustedes son egresados de la UBA? MANUEL: Sí. La ausencia de terapia de grupo en las facultades de psicología OSVALDO: Las cátedras de grupos no hablan mucho del grupo terapéutico. Hablan del grupo como una situación interesante, como fenómeno, pero de grupo terapéutico vos no tenés, prácticamente en toda la carrera, una materia que sea “Grupo terapéutico”. La tuvimos en La Plata, yo tuve una cátedra en La Plata donde había Psicoterapia I y Psicoterapia II. Entonces cuando yo agarré Psicoterapia II dije “Ah, Psicoterapia II es psicoterapia de grupo. Chau.” MANUEL: Retiraste la otra oferta. OSVALDO: Claro, pero es psicoterapia, no es lo grupal. MANUEL: ¿Y ahí vos qué contenidos dabas…? OSVALDO: Yo creo que le daría mucho poder y por eso yo creo que hay una puja secreta, por debajo, de no poder incluir lo grupal, la psicoterapia de grupo como una rama de la psicoterapia. Lo grupal lo plantean como algo más general, y sin embargo es una rama de la psicoterapia y entra en la curación. [2] La psiquiatría en este momento Hace poco alguien me dijo “bueno ¿por qué no hacemos un curso en la Asociación de Psiquiatras sobre Psicoterapia de Grupo?” Yo soy psiquiatra también, lo digo con bastante vergüenza en este momento, porque la verdad que es un muy buen momento para volver con las consignas de Basaglia. Los psiquiatras sólo macanean y se han puesto al servicio de la industria. Es una vergüenza lo que está pasando en este país con la corporación psiquiátrica. Pero querían hacer algunas veces un curso de psicoterapia de grupo, yo les digo “me parece una buena idea que existan cursos de psicoterapia de grupo en la asociación de psiquiatras; no en este momento.” Definitivamente en este momento no se puede colaborar porque los psiquiatras están, definitivamente, en una actitud de retomada o de reafirmación del poder médico hegemónico. La terapia de grupo es un proceso inmanente y cuestiona la psicopatología Volvamos un poco al comienzo, con Ferenczi[1]… el grupo nació y tiene sentido en la medida en que cuestiona ese concepto del poder médico hegemónico. Porque, básicamente lo que dice el grupo es que es tan terapéutico el terapeuta del grupo como tu compañero del grupo. Si no partís de esa idea, ¿para qué vas a ir a un grupo? Porque te dicen: “no, yo la verdad tengo tantos quilombos –te dice un paciente– que no tengo tiempo de ir a escuchar los problemas de otro, quiero que escuchen los míos.” O sea, si no vive la experiencia donde en el escuchar al otro y en el escuchar del otro, eso tiene un poder transformador fundamental… ¿Y cómo se consigue eso? Haciendo grupo. En vez de hablar de “los dispositivos…”, el único modo de resolver eso es poniendo los dispositivos en funcionamiento. Es un proceso inmanente, no es la trascendencia. No es como los sacerdotes en la iglesia o los sacerdotes en la institución psicoanalítica, lacaniana u otra… donde ellos tienen la idea del proceso de curación. Destruir eso es muy difícil y solo lo podés hacer en la inmanencia, porque sólo se puede formular que hay un camino de la cura porque predomina una idea de trascendencia. Hay una idea de que hay personas que te pueden llevar a un más allá de lo que aparece en el propio acto de hacer las cosas. En la posición de inmanencia pueden aparecer personajes que te pueden llevar más allá, a una línea aberrante que no estaba previamente determinada. O sea, la terapia de grupos es una terapia de la inmanencia, no de la trascendencia. Con lo cual te pone en cuestionamiento toda la psicopatología. Vos hacés grupos: ¿Viste que el paciente cuando lo ves en la entrevista individual es uno y cuando lo ves en el grupo es otro, son otras cosas las que aparecen? Y ahí te cuestionas muchísimo el diagnóstico al que llegaste. Incluso es otro tipo de diagnóstico u otro tipo de dinámica para tratar sus cuestiones la que empieza a instalarse y, en general yo te diría, que a mí me parecen mucho más inteligentes los pacientes cuando están en grupo que cuando están en individual. Como si les apareciese en ese momento, al estar menos regresivos, una cierta lucidez. No sé si vos has tenido esa experiencia. Más inteligentes sobre sí mismos inclusive. Lo que implica coordinar un grupo PABLO: A mí me interesan mucho las intervenciones de los compañeros y como a veces dicen algo que yo estaba tratando de pensar y no encontraba cómo decir y lo dicen mucho mejor que yo, y lo bien que hice en callarme. O algo que ni se me había ocurrido. Las admisiones las hacemos en grupo nosotros. OSVALDO: Eso es terapia mutual, eso es Ferenczi, eso es mutualidad. Es terapia activa, que es el otro postulado de Ferenczi, y el tercero, es la confusión de lenguas, que es un poco el poder que tiene la lengua del adulto sobre la del niño. El abuso que la lengua puede producir también es más cuestionado en el grupo, porque el coordinador, en realidad, lo que hace es regular un poco ese poder. Como vos decís, aceptar que la escucha de lo que un compañero dice puede tener una perspectiva que vos mismo no diste y, también, poder regular los elementos de hostilidad y de acting que puedan estar presentes en un grupo. Una época en el trabajo con instituciones Por ejemplo, hubo una época que nosotros hacíamos una dramatización –que no la hicimos más, yo particularmente no la hice más– para empezar un trabajo institucional, que le proponía a las personas en una institución que hagamos una escena de cómo se va a fundir esta institución. PABLO: ¿Una institución privada? OSVALDO: Sí, una institución privada o una institución pública, cualquiera. Cómo se va a terminar. Puede ser una institución pedagógica, de salud o puede ser una empresa, una zapatería. Cuál va a ser el final. Era un poco ver cuál era la fantasía catastrófica que estaba detrás de todo esto. Es interesante, en lugar de empezar y preguntarles “¿cómo empezaron, como se formaron?”, era: “¿cómo se van hacer mierda?”. Porque, necesariamente, toda institución tiende -como la vida misma- a terminar alguna vez. Excepto que seas la iglesia o el ejército. Pero, ¿qué pasaba ahí? Ahí muchas veces se levantaba un monto de hostilidad que simplemente lo que hacía era dificultar el poder ir poniéndose en el lugar del otro. Eran experiencias en una época donde estábamos con ganas de que las cosas cambien y después nos dimos cuenta de que en realidad, sobre todo acá con la vuelta de la democracia y con las salidas de las dictaduras, las instituciones estaban muy debilitadas y muy fragilizadas. Y que por ahí, en algunos lugares, lo que había que poder hacer era más bien recomponer los vínculos que estaban tan lesionados y llenos de desconfianza. Llenos de desconfianza. Situación subjetiva que nos deberíamos preguntar ahora si no está muy presente también. Ahí me gustaría hacer un trabajo: ¿cuáles son los grados de desconfianza…? O peor: ¿cuáles son los verdaderos grados de confianza de unos y otros en las vinculaciones institucionales para poder ir construyendo y haciendo crecer las propias propuestas? Me parece que está bastante lesionada la confianza en lo institucional. No sé cuál es la experiencia de ustedes, pero es una pesquisa para la cual hay que estar atento, ¿no? Se manifiesta en la hostilidad. Por eso es interesante este ejemplo que vos trajiste, de la tensión. Teóricamente ustedes llamaron a las trabajadoras de salud trans porque esperaban de ellas una cierta confianza y ustedes también tienen una cierta confianza en que ellas tienen algo nuevo para decir, pero está muy lastimado eso. El miedo en los grupos: habla quien tiene más poder PABLO: Sí, inclusive, ahora lo que noto es -también compartiendo experiencias con otros compañeros- que en los grupos aparece algo de lo que se llama “la grieta” y que cuando entra es muy difícil maniobrar para que no se haga pelota el grupo. OSVALDO: ¿Y qué hacés? PABLO: Y…fui tratando de diferenciar el contenido (cuál es la idea política de cada uno) de cómo eso sirve de fundamento para la identidad. La otra vez una paciente estaba hablando muy angustiada de que cerraban el centro cultural kirchnerista del que ella participaba todos los fines de semana, donde hacía talleres e iba a ver bandas y etcétera y que, realmente, era un sostén muy fuerte para ella, y en esa angustia empezó a putear al macrismo y a decir un montón de cosas sobre las que en ese momento algunos compañeros no dijeron nada, pero la vez siguiente –ella después no vino por dos veces, me parece que no por casualidad–, por suerte pudieron decir que se habían sentido muy atacados (los que se referenciaban al macrismo). OSVALDO: Pero vinieron, es muy interesante eso. Porque entonces ¿quién viene? El que tiene más poder. Esta escena que me contás la he visto en reiteradas oportunidades, me la han planteado en otros centros. La persona expresa su pérdida, expresa la depresión, expresa su pensamiento político y queda aterrorizada por su propia expresión, no puede venir porque teme la “vendetta”, la venganza de los vencedores. O sea ¿No será que también la interpretación que tenemos que tener en cuenta es ver cómo los cuerpos en esa desconfianza, detrás de esta dificultad de hablar y que cuando se habla todavía persiste un terror en la sociedad que incluso fue inoculado por la dictadura e inoculado también por las inflaciones, por el terror a la pérdida económica y del trabajo? Esto que se habla de grieta estuvo siempre, pero hoy día lo que intenta tener paso y le es muy difícil… porque siempre el que habla, el que se expresa, es el que falta, y yo creo que es porque queda aterrorizado de su propia expresión. Porque está aterrorizado y siente que ese terror tiene razones de ser. Es mucho más tolerable el discurso dominante. Porque también: yo no creo que los macristas no estén aterrorizados, muchos de los que apoyan, obviamente, también lo apoyan porque están aterrorizados, porque tienen miedo de volver a una situación que los asusta. Digo esto porque nosotros estamos valorizando mucho en este momento las tesis de León Rozitchner sobre esta cuestión. PABLO: ¿Podés mencionar algo de eso? El terror impuesto por la dictadura, continuado por lo económico OSVALDO: Sí. Yo creo que León es el que puso el acento muy claramente en cómo el problema de la violencia, del terror que la dictadura impuso y que después se extendió en el campo económico, con las hiperinflaciones y fundamentalmente con la aceptación enorme que tuvo en un momento el gobierno de Menem de un discurso que, en ese sentido, se parece bastante a éste, o sea, que vamos a ser la “Argentina potencia”, toda esa ilusión, entregando el país de la manera más vil que se conoce en la historia -pero ha tenido mucho apoyo en muchos sectores- estaba basado en cuerpos que quedaron aterrorizados. Cuando aquellos que trabajamos con los derechos humanos vamos a recordarle a las personas y le hablamos del terror que vivieron nuestros conciudadanos, nuestros familiares, los aterrorizamos más, de algún modo. Tratan de distanciarnos, no quieren saber mucho. Porque los pone en contacto con algo que al no haber podido ser expresado, los deja… tienen un terror silencioso, las masas tienen un terror silencioso…que se expresa muchas veces en el miedo a la policía, en las villas, en el miedo al gatillo fácil, en el miedo a los narcotraficantes, a los pibes chorros…ese terror se empieza a ver, pero que está muy presente como experiencia muy propia de la sociedad Argentina. Siendo que las Malvinas también lo reactivó enormemente. Estamos viviendo… ¿hasta qué punto con esto del submarino, no estamos reviviendo muchas de estas dos cuestiones, Malvinas y el terrorismo de Estado? Lo que significó la marina, la institución más sanguinaria que tuvo la Argentina y también lo que significó la guerra de las Malvinas, donde se mandaron a la muerte a chicos, al ejército, y también oficiales. O sea yo creo que está todo esto muy entramado, lo que estamos sintiendo ante esta tragedia es que está siendo una situación que revivimos, da la impresión, ¿no? Ahora, vos hiciste una pregunta, ¿cómo se hace eso en el interior de un grupo terapéutico, en el interior de un grupo donde vienen a tratar básicamente sus problemas de vinculación, de vida, existenciales, amorosos, sexuales? ¿Cómo se articula esto para no crear una especie de discusión política que también te anula las posibilidades del grupo? Bueno, creo que este es el interesante, difícil y casi eterno desafío que tenemos en la psicología social. Orígenes de la terapia de grupo Porque la terapia de grupo es hija de Pichon-Rivière en Argentina. Es hija de León Rozitchner, de estos pensamientos de Freud y la cultura que ha trabajado León. Es hija del psicoanálisis: Rodrigué y Langer son los dos primeros psicoanalistas que hicieron psicoterapia de grupo. Creo que toda esta trayectoria nos avala para decir que hay que seguir inventando en este campo, hay que seguir experimentando… Y ha sido bastante tapado, como si el psicoanálisis, como práctica hegemónica dentro de las prácticas psicoterapéuticas, no tuviese que ser parte de esto también. Me parece que sí, que hace parte ¿no? León Rozitchner MANUEL: Estos días estaba leyendo un libro de Rozitchner, Freud y el problema del poder, y en la contratapa la reseña del libro terminaba con una pregunta que era muy fuerte: “¿hasta cuándo vamos a seguir siendo burócratas de la humanidad?” OSVALDO: Bueno, ahí le habla a la izquierda en esa frase, me parece, no me acuerdo exactamente. En general, él le está hablando a eso justamente, o sea, a una izquierda sin sujeto, a una izquierda sin cuerpo, que realmente no se incluye a fondo en lo popular. Rozitchner, en ese sentido, es un protagonista muy interesante de nuestro pensamiento. MANUEL: ¿Pensás que ha tenido el reconocimiento y el estudio que merece su obra? OSVALDO: No, para nada. Pero últimamente, justamente en la época de la Biblioteca Nacional, cuando estaba González [3] han sacado la colección entera de los libros de él, ha habido una tarea, pero hay que hacer una tarea activa. O sea, obviamente León nunca tuvo una cátedra obligatoria en la Facultad en filosofía, siendo que me parece que es el filósofo más importante que tuvimos en la modernidad, en estos años. No, yo creo que para nada es reconocido y mucho menos dentro del campo psicoanalítico. Freud y los límites del individualismo burgués es el texto, tal vez, más completo y más elaborado sobre la obra de Freud de Psicología de las masas y análisis del yo. No sé si hay algo así en otro lugar en el mundo... Elías Canetti, Foulkes MANUEL: Me hacés acordar a un libro que suele aparecer en la bibliografía de tus escritos que es el libro de Elías Canetti. OSVALDO: Ah, sí. Masa y poder. Es interesante lo de Canetti, en términos de lo que vos preguntás de los grupúsculos. Él también hace una idea de grupúsculo, pero que habría en el centro, en el modo de funcionamiento social de los grandes grupos, hasta lo toma en las naciones. Dice: ¿cuál sería el grupúsculo de Alemania? El bosque. ¿Cuál sería el grupúsculo de Italia? La comida. ¿Cuál sería el grupúsculo de España? El toro. O sea, más allá de esta idea estética que yo creo que hay en Canetti; lo que te está diciendo es que se arman muchos grupúsculos alrededor de todo eso, que ahí late un cuerpo, que ahí hay una corporeidad en todas esas cuestiones. Después: cómo lo toman, es otra cuestión: porque el bosque puede ser el ejército alemán. Esas formaciones alemanas que vimos en épocas hitlerianas que, de algún modo, pueden ser una expresión del goce que en ese momento tenían las masas, de esa formación. Lo vemos repetir un poco en Corea del Norte. Tendríamos que pensar. Esa idea de grupúsculo también la podemos ver en otras perspectivas –ahora estaba asociando libremente– en algunos autores psicoanalíticos de grupo, de dinámica de grupo, en particular Foulkes. Un inglés, interesante, no se lo toma mucho acá. Él dice que todo grupo está formado -en principio- por cuatro personas, que hay una estructura de cuatro y la verdad que, no sé cuál es tu experiencia, pero yo si pienso en casi todos los grupos puedo ver cuatro que continúan a lo largo del tiempo, que son un poco los que articulan esta cuestión. Él lo toma incluso como una cuestión de tensiones, un cuadrado es una tensión, mantiene un encuadre fuerte, ¿no?, y él dice que es muy importante sostener ese cuadrilátero, ese ring sería, un poco donde acontezcan las tensiones y las fuerzas. Esa también sería una idea, otro modo de pensar lo del grupúsculo. O sea: pensarlo como nomadismo, pensarlo como multiplicidad, pensarlo como un lugar donde la corporeidad se manifieste. Hay distintos modos. La realidad y los conceptos Por eso los conceptos que trae Guattari, en este caso, y Deleuze -que son los filósofos que más me interesan- tienen sentido en la mirada que le demos a esa multivocidad. Si es para repetirlos del mismo modo que hacen las teorías estructuralistas, estamos cayendo en un error. Y la ley del padre, la metáfora paterna y el estadio del espejo…bueno está bien, pero no es cómo el concepto se articula con la realidad, sino ver cómo la realidad nos va flexibilizando los conceptos y haciéndonos inventar otros nuevos. Si no se hace ese procedimiento, también la filosofía, cualquiera que sea (incluso la deleuziana) se transforma en un dogma. Y a veces lo vemos eso también. ¿Se entendió más o menos lo que dije? PABLO: Creo que sí. El psicoanálisis como máquina “despolitizadora” MANUEL: En la Biografía cruzada de Deleuze y Guattari que hizo Francois Dosse, a mí me impresionó muchísimo lo que dice. En su lectura, hay un fenómeno histórico de desguattarizar a Deleuze. Yo coincido con la lectura que él elabora, me parece muy fuerte cómo el psicoanálisis se va apropiando y va metabolizando y masticando un Deleuze que queda despolitizado, porque en la conjunción Deleuze-Guattari, Guattari era -en un sentido más fuerte- el militante y Deleuze el filósofo. Aunque eso iba y venía todo el tiempo. Pero incluso leyéndote a vos, en algún momento decís que hay en Deleuze más distancia con el psicoanálisis, más desconfianza. Mientras que Guattari no terminaba de soltar la idea de hacer psicoanálisis, de hacer grupos, de hacer política…y en ese sentido desguattarizar a Deleuze es fuerte como movimiento histórico. OSVALDO: Particularmente en Argentina se ha dado eso. Sí, firmo abajo de lo que dijiste, yo creo que es así, exactamente. También, asumir a Guattari implicaría, paradojalmente, (porque por un lado no termina de soltar el psicoanálisis)…una conflictiva con lo instituido mucho más fuerte. O sea, Deleuze al mantenerse más en términos del concepto y Guattari mucho más adentrándose a la práctica...Guattari te hace pelear más. MANUEL: Y lo digo con todo lo que lo quiero y lo leo a Deleuze, no va por ese lado. Pero creo que hay un potencial político en Deleuze, que está… pero Deleuze desguattarizado, es medio Deleuze. OSVALDO: Esta bueno eso, está bueno lo que decís, sí. Bueno, al mismo tiempo me pregunto si no ha sido un modo, para salvar un poco esa posición, un modo de infiltrar más el pensamiento deleuziano. Te permite entrar en ciertos campos, por ejemplo el campo de la cultura, que con Guattari entrarías en una situación muchísimo más conflictiva. Por ejemplo Deleuze entró en el campo del cine. Y en el campo del psicoanálisis ni hablar y, también, en el campo de la filosofía. O sea, éste es un buen momento para decir lo que vos decís. Bueno, entró Deleuze: “ahora van a ver que el plato se come con esto también”, ¿no? (risas) MANUEL: Una especie de caballo de Troya (risas) OSVALDO: No está mal, como estrategia de guerra, como máquina de guerra. El miedo en nuestros grupos PABLO: Me venía otra escena grupal, hoy estoy con las sesiones grupales de las que vengo participando últimamente. Y me venía otra…estuve en una reunión, un cumpleaños era, pero había psicoanalistas y escritores sobre todo. Era chica la reunión, y había una coincidencia en que todos nos dábamos cuenta de lo asustados que estábamos con un fantasma de potencial vuelta de algo de la dictadura, o algo de sus modos (en un bastante más de lo que ya vimos). Siendo que al mismo tiempo también coincidíamos en pensar que el macrismo es bastante hábil en el uso que hace de reactivar esos fantasmas, ¿no? Porque al principio estaba más esta idea de que era una continuidad con el menemismo y con la dictadura, después se empiezan a ver las diferencias, no terminan de bajar los planes sociales, privatizan al mismo tiempo que intentan no tocar ciertas cuestiones, para que no sea tan fácilmente visible. No terminan de sistematizar ciertas prácticas que se usaron en dictadura, pero lo hacen lo suficiente para que el miedo se reactive. Y me llamó la atención darnos cuenta que estamos tan asustados, aún en contra de cierto modo de pensarlo, y me preguntaba cómo afecta eso en la tensión de los grupos, siendo que estamos diciendo que los grupos traen algo de lo social, que lo hacen más presente. Me preguntaba ¿cómo juega ese miedo en la tensión de los grupos donde aparecen estas cosas? OSVALDO: Está bueno eso, pensaba, el año que viene en los seminarios que hagamos en el centro, por ahí hacemos uno en el Centro 1, traer esta cuestión al debate porque es importante. “La velocidad es un vértigo” OSVALDO: Me gustó lo que conversamos, creo que conversamos de diferentes cosas pero, ¿el título cuál sería?: Grupos, instituciones, pensamiento de la complejidad y homenaje a dos grandes: Deleuze y León, ¿no? ¡Y otra vez lo dejé a Guattari afuera! (risas) En el sentido de que también yo soy un poco cómplice de todo esto. Me hace pensar. Lo hemos discutido a esto, en muchas ocasiones, esta desguattarización de Deleuze, aparece mucho entre nosotros como un tema... Yo creo que el último libro de Guattari, que apareció impreso acá, lo sacó Manantial, Caosmosis, tiene que ver con un desarrollo del paradigma estético. Es un libro demasiado complejo, difícil, donde Guattari me parece que no corrigió lo suficiente para hacerlo más entendible. Creo que en ese sentido ya se fue a un lugar difícil de...que el propio Deleuze lo decía, y mi maestro, ya que hacemos un homenaje: Claudio Ulpiano, que realmente es un gran maestro de Deleuze, fue uno de mis maestros de filosofía, brasilero, no sé si tenés contacto con él, buscalo, hay un blog o una página web. Él siempre decía que Deleuze decía: “Guattari anda demasiado rápido”, la velocidad es un vértigo, tal vez también la muerte de él tenga algo que ver con eso. PABLO: Yo te quería hacer una pregunta, al margen, porque me interesa a mí particularmente, ¿qué recurrencias fuiste armando de a qué pacientes les conviene un grupo a cuáles no, y cuáles pacientes no les conviene al grupo? OSVALDO: Todos los pacientes pueden hacer grupo. El tema es si vos tenés un grupo que pueda acoger una complejidad de ese tipo o no. Eso es lo que hace que el grupo pueda ser afectado. Pero en principio, cualquier paciente puede hacer grupo. A veces necesita un refuerzo de otro tipo, un paciente muy psicótico, que esté en estado delirante… hay que preguntárselo, pero yo creo que el grupo si puede alojarlo, podría funcionar... Había unas indicaciones al comienzo, en la terapia de grupo, para que te des una idea, de que por ejemplo ¡pacientes homosexuales no podían entrar a un grupo! Se llegó a decir eso. Pero también los homosexuales no podían entrar a un montón de lados. Hoy día, a veces, es al revés, los que no podrían entrar serían los heterosexuales. PABLO: Teniendo en cuenta la cultura, ¿armamos un dispositivo? OSVALDO: Porque esta pregunta que vos hacés, me parece que es una pregunta que hay que leerla desde la cultura: la indicación del grupo no se la puede leer sólo desde la psicopatología clásica, hay que leerla también desde el momento cultural en el que estamos. Por ejemplo, ¿se puede hacer un grupo entre macristas y kirchneristas o te dan estos problemas que vos estabas citando? Esto tiene que ver con una cultura social donde pareciera que ahora, cuando vos empezás a hablar lo primero que se tiene que saber es si sos macrista o kirchnerista. Se trata un poco como una especie de un Boca-Ríver, cargado de hostilidad y de agresión, que después se transforma en neoliberalismo o no, y después se transforma en dictadura y en proceso, ¿no? Hay otro concepto que deberíamos tomar, que queda para la próxima, justamente porque por ahí no hay que hablar, hay que realizar, es el tema del devenir. Nosotros hablamos del proceso grupal todo el tiempo. Desde la teoría deleuziana, lo del proceso está bastante cuestionado porque él plantea bloques, plantea devenires, no procesos. Lo procesual ya es un modo de ver, no necesariamente es el modo en que lo intempestivo adviene. Lo intempestivo deviene. ¿Qué devenir estamos dispuestos a tolerar? ¿Podemos devenir otra cosa? La idea de proceso es la que ampara esta idea: “volveremos”. ¿Volver a dónde? Nada vuelve. Se repite, en todo caso, y muchas cosas se repiten, pero volver no es lo más revolucionario que se le pueda pedir a un pueblo. Volver ¿a dónde? ¿Al ´17? O sea, lo que tenemos que ver es el crear dispositivos capaces de dejar que estos devenires impensados puedan aparecer. Entonces, yo no te diría cuál es la indicación de grupo, yo te diría: ¿por qué no armás un dispositivo, o por qué no armamos, en el Centro o donde fuera, dispositivos realmente capaces de bancar los devenires que están aconteciendo, incluso éste de “la grieta” si vos querés? Lo peor es la debilidad de los cuerpos, los cuerpos están muy debilitados en este momento, eso es lo que produce terror. Y los instituyentes se pueden dar en espacios más fuertes, entonces la gente se vuelve conservadora. Hay una conservación de la vida, dentro de poco vamos a entrar todos en formol. La indicación va a ser la recomendación de formol, “consérvate como estas que es lo mejor que te pueda pasar”, esto es lo que aparece como hegemónico. PABLO: “Estás igual”. Una alianza conservadora donde podría haber una alianza en función del deseo OSVALDO: Todo el tiempo, el terapeuta…a mí me parece que hoy, a mí por lo menos como terapeuta se me formula…la persona te dice “¿me voy del laburo, cambio, me voy del país, me separo, cambio de mujer, cambio de vida?”…y el terapeuta detrás: “¿será que le conviene, será momento?” Se va armando una alianza conservadora, la psicoterapia va armando una alianza conservadora en lugar de una alianza en función del deseo. Esto es lo que está pasando, ¿o no? Pero no ahora, está pasando hace una buena cantidad de años en este país. Tomando otra vez a León: ¿por qué? Por el terror, porque estamos aterrorizados ante la posibilidad de devenires otros. Estamos aterrorizados. Y la verdad es que no nos pueden dar seguridad de que un devenir sea más tranquilo, más lindo y más confortable, no. Ahora, si lo vamos a aplastar por eso estamos jodidos, me parece. En el más puro sentido, como psicoanalistas, ¿no? Por ahí eso haga que a Guattari se lo aparte, sin darnos cuenta a veces. PABLO: Por ahí los psicoanalistas estamos más asustados de lo que nos contamos. OSVALDO: Exactamente. Yo creo que sí. Está bueno eso. (Seguimos hablando mientras salimos del consultorio, en el ascensor y hasta despedirnos…). Notas [1] Heras Monner Sans, Ana Inés (2015). Sándor Ferenczi, pensador incómodo. Aportes al pensamiento contemporáneo sobre el poder en mutualidad. I CONGRESO LATINOAMERICANO DE TEORÍA SOCIAL, 19-21 agosto 2015, Buenos Aires, Argentina. Heras Monner Sans, Ana Inés (en prensa). Revisiting Sándor Ferenczi in light of current educational practices. En Estudos e Pesquisas em Psicologia. UERJ, Río de Janeiro. [2] A través de Facebook se hizo este año un “Torneo de materias” de Psicología. En todas las escalas de medición que el relevamiento y el análisis de los datos enseña, la materia de Grupos resulta ser la menos valorada por los alumnos. [3] En el año 2012 la Biblioteca Nacional, entonces bajo la dirección de Horacio González, presentó la edición de las obras completas de León Rozitchner (Edición de la Biblioteca Nacional de obras inéditas y re-edición de obras ya editadas con anterioridad). La edición estuvo a cargo de Diego Sztulwark y Cristian Sucksdorf. Fuente:https://www.revistafroi.com/post/conversando-con-osvaldo-said%C3%B3n-los-analistas-tambi%C3%A9n-estamos-asustados

  • Arthur Bispo do Rosário / Luisa Futoransky

    Si alguien le hubiera predicho a Bispo do Rosário que sus "inventarios del mundo" se presentarían en la más importante bienal artística del mundo, la de Venecia (1995), que la crítica francesa elogiaría, deslumbrada y unánime, su exposición individual nada menos que en el museo del Jeu de Paume de París (julio/septiembre 2003), ni siquiera se hubiera inmutado. Tampoco si le hubieran asegurado que un premio pictórico en Brasil llevaría su nombre y que miles de páginas de Internet dedicarían espacio a escrutarlo, alabarlo y descifrarlo. Tal vez se hubiera limitado a encogerse de hombros y pedir que no lo distrajeran de su "misión". Arthur Bispo do Rosário con su obra fulgurante nos viene de Sergipe, uno de los lugares más recónditos del gran y pobre nordeste brasileño. Se discrepa en la fecha de su nacimiento, 1909 o 1911, pero no en la de su partida, el 5 de julio de 1989. Carabinero de la marina de guerra, púgil —llega incluso a campeón latinoamericano de peso ligero—, un 22 de diciembre de 1938 sus arduos vagabundeos laborales terminan, abruptos, con una visión: Cristo se le aparece acompañado por siete ángeles aureolados de azul. Bispo erra dos días por las calles de Rio y se presenta ante el monasterio de San Bento como enviado del Señor. Los monjes lo conducen al hospital psiquiátrico. En 1939 se repite la visión. Esta vez los ángeles le ordenan una misión: presentar a Dios una representación, una suerte de inventario del mundo para el día del Juicio Final. Diagnóstico; esquizofrenia paranoide e internación definitiva en la Colonia Juliano Moreira. Hoy día sus realizaciones son conservadas como obras maestras del patrimonio cultural brasileño y se las arrebatan los museos del mundo. Pero Bispo nunca se consideró artista, nunca supo las corrientes ni las vertientes del arte contemporáneo del siglo XX. En lo personal rechazó los medicamentos y la más mínima intervención psicoterapéutica. Se entregó alma y vida durante cuarenta años a cumplir con su "misión". Su material de trabajo se fue constituyendo con los desechos del hospital, acumulados con ardor: cartones, maderitas, peines, juguetes de plástico utensilios de cocina, ropa vieja, zapatos, botellas, telas. Sin olvidar un lecho con mosquitero para los juveniles amores de Romeo y Julieta. Bispo do Rosário borda también lienzos en rústicas sabanas con el hilo del hospital, de color azul, el del aura de sus ángeles. Y elabora nóminas sin descanso, antes de que las barra el olvido, antes de que Dios no sepa cuanto Bispo tiene el deber de recordarle. Utopías, caprichos, avideces que los hombres atesoran. Sin olvidar las ruinas del inconsciente al aire libre que Bispo evidencia sin que pasen por el filtro censor de la razón. Inventarios laberínticos, oriflamas con los nombres de calles, de pesos y medidas, de sistemas políticos. Maquetas de navíos, planos de ciudades. Y para cuando vio que se acercaba la hora de defender su estado de cuentas, su balance arqueológico ante el más allá, se confeccionó "Mantos de presentación", piezas clave de su obra. Subyugada, la crítica lo emparenta al realismo mágico, al arte conceptual, a los Ready Made, a Dadá, al Nuevo realismo, a artistas fraternales o espejos como Spoeri o Arman. Bispo, el negro nordestino imbuido de su misión, tan humilde que quería ser "transparente". Como todo gran artista rehusó las explicaciones. "Cuando dejo de trabajar me vuelvo transparente pero normalmente estoy lleno de colores", dijo. A quienes insisten en saber de dónde viene la savia de su genio, de dónde su maestría, se limita a responder con un humilde "un día aparecí en el mundo". Sus obras siguen sumando elementos de un templo arcaico y atormentado. Bispo do Rosário nos regresa al tiempo preadámico sumergido en cada uno de nosotros. ¿Qué acerca o que separa una obra de Klee de la de un loco o de la de un niño? ¿Cómo se distingue una rueda de bicicleta de Marcel Duchamp de una de Bispo? Tal vez por las meras etiquetas que tanto nos confunden y tan afectos somos los mortales. Acaso una lúcida definición nos la brinde el propio Bispo: "Los enfermos mentales son como picaflores. Nunca se posan. Están a dos metros del suelo". Fuente: https://letralia.com/99/articulo04.htm Artículo escrito en ocasión de que el museo del Jeu de Paume de París presentó 79 obras del artista brasileño en septiembre de 2003.

  • La crisis del terapeuta / Eduardo Pavlovsky

    Yo me pregunté varias veces cuál era la mejor forma de hablar sobre este tema. Mi interés es que ustedes puedan compartir algunas inquietudes mías. Pero yo todavía no he aprendido a compartir sin mostrarme, el interés mío es que puedan seguirme en mis propias imágenes. Tampoco quisiera ordenar demasiado la exposición, cada vez desconfío más de mis exposiciones ordenadas; prefiero hablar como boceto, dudando de mis afirmaciones en cada instante; cuestionándome a mi y no a otros; reflexionando sobre mí y no sobre otros. Tal vez, algún teórico podría escribir una teoría alguna vez, del psicoanálisis del 71. Yo, por lo pronto, estoy seguro de que no soy el encargado de hacerlo. Eso me permite ahorrar tiempo, conociendo mis limitaciones; de todos modos pensé que la mejor manera de introducir el tema es intentar mostrarles dos momentos psicoterapéuticos en los que yo me vi incluido, presentarlos ante ustedes, con mis propias contradicciones. Traté de asociar libremente sobre todo lo que recordaba en ese instante, Pensé: "Crisis no es decadencia Intentar concienciar al máxima la crisis es esbozar lo posible superación. Pero eso sí, en diálogo, escuchando al otro o haciéndose escuchar por el otro. Pero qué difícil es esto! Negar la crisis es condensarla, es aprisionarla, es enquistarla, obliterarla, es quedarnos solos, es no interiorizar el diálogo con el otro dentro de mí. Todos estamos un poco enfermos de este tipo de sordera. Pero también pensé- la sordera protege." "Sabe por qué vengo a verlo, doctor Pavlovsky? No por mí, sino por mi hermana. Creo que hay que internarla, Creo que está loco." Fue contundente. La verdad es que oí poco porque tenía ojos celestes y era muy bonita. Yo tengo un problema con los ojos celestes. Entonces tosí... para hacer tiempo. Le dije: "Humm, me podría repetir?" Me dijo: "Mi hermana está loca, doctor, es decir, hace cosas de loca" Yo sentí que empezaba a ubicarme en el rol de psicoterapeuta. Abrió su cartera y extrajo un sobre y me dijo: "Aquí le traigo un electroencefalograma". "Cagamos" -pensé yo Porque, para mí, un electroencefalograma es algo realmente misterioso. Yo no podría traducirles en palabras las cosas que siento frente a un trazado electroencefalográfico. En realidad, desesperadamente busqué el informe del médico; el informe que el médico escribe siempre, debajo de las rayas. Pero no lo encontraba. Me encontraba frente a una serie de rayas y la mirada de ella... Me senti muy tonto. En realidad comprendí que mi primer gesto fue el de impostor. Yo debí haberle dicho de entrada que no entendía nodo de esto, que nunca me interesó nada. Pero el primer gesto me llevó al segundo y ya no podía retroceder. "Para qué abriste el sobre, idiota" me dije. "Lo vengo a ver a usted porque en casa confiamos en usted doctor." Yo sentía que me moría. Hubiera querido desaparecer. Entonces, sentí que me ruborizaba. "¿Qué opina, doctor?" "Bueno, bueno le dije- yo preferiría escucharlo primero." Hice dos miradas técnicas, como mirando algún punto particular del trazado y lo metí en el sobre. "Aquí tengo el informe, doctor" -me dijo, y me extendió otro papel... Yo leí el informe desinteresadamente, como si hubiera hecho un diagnóstico previo. Lo único que retuve fue algo de... algo que siempre leo en los electros... leí algo así como "marcadamente anormal". Creo que además leí la palabra "arritmia"." "Mi hermana tiene fugas"-me dijo. En ese momento ya habla pasado la contratransferencia erótica "Se fugó varias veces de cosa continuó Se casó a los 18 años. Lo dejó al marido y se fugó otra vez. Se juntó con un tipo y se volvió a fugar. Viajó por el interior del país. Se junta con tipos. ¡Si viera con qué tipos! Fuma. Fuma Fuma. Fuma marihuana. Fuma. Fuma. ¡Oh! ¡Oh!" Yo lo sentí asi: "Se junta con gente muy extraña. Es muy buena. Quiero ayudarla. Pero creemos que está loca. Ayúdenos, doctor. Ella vive ahora con varios amigos. Aceptó conversar con usted porque es artista, pero dice que es un boludo". "¿Quién?" dije "Usted doctor, pero dice que a usted y a nosotros nos falta calle, que somos boludos." "Humm, humm" dije, haciendo tiempo (humm, humm es una mueca psicoanalítica para hacer tiempo). Pensé que de mi dicen muchas cosas: que soy histérico, psicópata, manejador, pero "boludo" no lo toleraba. Era superior a todas mis fuerzas. "Boludo no soy" -pensé. Y dije: "¿Así que dice que somos boludos?" -con un énfasis y un tono bastante agresivos. Sentí que estaba haciendo una alianza con la hermana. Y ella me dijo: "Siempre fue tímida, callada y retraída en casa". "Esquizofrénica" pensé. Me estremecí. Yo había hecho un diagnóstico. Ya iba a tratar a una esquizofrénica. Había escuchado: callada, tímida y retraída. Pensé en internación. Juro que hasta pensé en las imágenes de una moderna clínica. Ya vi grupos familiares... asambleas. Me vi haciendo psicodrama. Me embelesaba. Pero me interpreté: "Estás devolviéndole el diagnóstico. Te dijo boludo y le decís esquizofrénica, y la internás. Además de no saber psiquiatría sos vengativo". Pensé: "Yo debí haber hecho el curso de médicos psiquiatras en el hospicio. ¡Lo que me perdi!" "Yo soy empresaria -me dijo. Viajo permanentemente. Me costó mucho llegar. Mi hermano también quiere verlo." El hermano de ella. "Estoy muy preocupada. Él se analiza y el analista piensa que Marta está psicótica, y le pareció muy bien que viniéramos a verlo a usted." "¿Y su hermano-pregunté, por qué no vino?" "Tenía sesión" me dijo "Claro dije- tenía sesión." Pero me di cuenta inmediatamente de que habla dicho "claro" y me sentía muy molesto. "¿Qué quiere decir 'tenía sesión? -pensé Que mande su sesión al carajo y no abandone o Marta." Sentí pena. Me di cuenta de que había pasado al otro bando. Ahora era martista. ¿Quién impone la importancia del ritual psicoanalítico? Si uno tiene sesión parece justificar todas las ausencias. "Bonita infraestructura económica- pensé. Todo previsto, y esto, ¿qué tiene que ver con el psicoanálisis?" Pensé en Wilhelm Reich. Me dijo: "Cuando se casó por primera vez, papá le dijo: Vos hacé lo que quieras de vos, es tu vida, sos libre, que seas feliz; pero nosotros pensamos que este tipo te va hacer infeliz. Te lo digo por experiencia. Hacé lo que quieras, pero como padre te digo que no vas a ser feliz con este muchacho". "Bonito mensaje esquizofrenizante para disociar hasta un elefante"-pensé. Y Marta le contestó a papá: "¿Por qué no te vas al carajo, papá?" Y a papá le dio un infarto. "Bien, Marta!", pensé. Entendía ahora algo de sus fugas. Pensé en Cooper: "La locura no está en una persona, sino en un sistema de relaciones del cual forma parte esto que llamamos paciente". Ella siguió hablando. "Yo me estoy por ir a Europa y quiero quedarme tranquila antes del viaje." "Me pasa la pelota pensé Me deja la loca y se va a pasear." "A papá le ha hecho la vida imposible. Fíjese doctor, un día desapareció, a los 18 años, en Mar del Plata. La tuvimos que buscar y la encontramos caminando por la Avenida Luro; y es tan jodida a veces, que se fugó el mismo día que a papá lo hablan ascendido en la compañía." "Y usted de quién se fuga"-le pregunté "¿Cómo ?"-me dijo. "Si, en sus viajes, ¿de quién se fuga?" Me miró fijo. La miré fijo. Yo sabía que era agresiva la pregunta pero sé que soy agresivo. Mantuve la pausa. Sus ojos se humedecieron. Entonces le dije-no sé bien por qué- algo así como: "Todos nos fugamos siempre un poco Todos vivimos un poco siempre fugándonos, ¿no lo cree?" Hubo una pausa larga. Se recompuso. Yo conocía ese tipo de recomposición Inmediata. La conozco porque también es mía. Pensé: "Me veo en vos. Reconozco en mí ese gesto rápido, eso mueco que parece apartar las emociones por 'vulgares'. Hasta llorar es vulgar. Son muecas de 'clase" -pensé. Curioso, cuando comenzaba o sentirla más integrada, más persona, ella se vuelve a "despersonalizar". Se convierte en gesto impostor. Se recompone y se disocia. Se reconstruye hacia una creída normalidad y se convierte otra vez en la muñeca de éxito empresario. Pensé: "La ilogicidad de los fugas tiene su origen en la enfermedad de la aparente lógica de otras personas". "Son mi espejo" pensé Pensé en Pichon Rivière en ese momento, en cuánto nos dejó a todos. Fue un torbellino de momentos. Sentí gratitud por comprender. Que me interpreten otros. Pensé en el "hombre del grabador" -se me juntaba todo. Se me cruzó el Che. "¿Cuándo puede venir Marta a verme?" Concretamos a las 6 del miércoles. Pensé en una idea de Cooper, que dice que muchas veces la víctima propiciatoria del mensaje de una familia es cómplice del proceso; la única manera de sentirse alguien es ser definido por lo menos como un loco, hay que elegir entre ser alguien loca o no ser nadie. Pasar por la vida sin siquiera morirse y sentir la muerte como propia. "Hasta la muerte nos es robada" -pensé. Los otros sienten nuestra propia muerte". La idea es que somos cómplices de la definición que el otro hace de nosotros. El sistema de relaciones humanas es el enfermo. Es evidente, genera dialécticamente una contraviolencia permanente. Fugas en este caso. Revolución en otros. Pero pensé: "¿Cómo desencasillar a Marta de este proceso si yo soy el cómplice más importante del proceso, si yo soy el que tiene que etiquetarla? ¿Cómo desencasillar de mí los diagnósticos, mi formación, todo lo aprendido? ¿Cómo desaprender y empezar a humanizarme? ¿Con qué modelos? ¿Acaso alguien los tiene?" Pero hoy algo de horror y algo magnifico en todo esto De gran empresa que construir. Se asustan los otros. Pensé en el hombre nuevo. En la humildad. "Reconstruir" -pensé y fui a leer una frase de un genio, que dice así: "Dentro de la sociedad burguesa, el psicoanálisis está condenado a la esterilidad, o peor aún, ya que el objeto de la educación en esta sociedad es educar en su beneficio y cómo educar para otro sociedad es una ilusión, todo lo pedagogía psicoanalítica, antes de la revolución social sólo se puede utilizar en beneficio de la sociedad burguesa, Los pedagogos psicoanalíticos que intentan cambiar esta sociedad -o los psicoanalistas- desde dentro, experimentaron lo que el sacerdote que fue a convertir a un moribundo agente de seguros, y que solo consiguió salir asegurado él mismo. La sociedad es más poderosa que el esfuerzo de algunos de sus miembros", 1930. Wilhelm Reich, 1930. ¡Como para no volverse loco! "Los analistas que piensan que el psicoanálisis puede modificar el tipo de vínculo enfermo entre los seres humanos, caen en una utopía basada en la total ignorancia de la existencia económica y política." 1931. El mismo loco. Pensé: "¡Qué bien define la reacción a los genios que molestan!", o tal vez, "¡qué bien sabe cómo enloquecerlos!" Pensé en los gobiernos. La gran esquizofrenia está allí; los grandes locos están allí. Allí hay que buscar la esquizofrenia en estado puro. Cualquier discurso de esta gente que "gobierna", y digo nos "gobiernan", y digo nos "violentan", es un ejemplo máximo de la contradicción esquizofrenizante del sistema. Pero, dialécticamente, todo esto genera confusión o contraviolencia. Porque, ¿quién define a quién? ¿Quién es violento? El que define tiene siempre alguien que se deja definir o alguien que lucha desesperadamente por no dejarse definir. La opción es clara. En las mejores familias ocurre lo mismo; se hacen o se repiten los gestos que aprendieron los padres, y uno es normal o medio hombre, o se desaprenden estos gestos, intentando alcanzar el proyecto por el cual cada persona se define en el mundo; entonces se termina inevitablemente siendo revolucionario, o no se resiste y uno se vuelve loco. Uno, en realidad, es una mezcla de "medio hombre". "revolucionario" y "loco". De la superación de esta contradicción nacerá el proyecto futuro, pero las tres opciones son válidas. Por eso puede haber revolucionarios-locos-medio hombres. Revolucionario-loco-medio hombre. Revolucionario-medio hombre. El cambio es enfrentar estos pares antitéticos y no proyectar una parte en el otro, sino superar lo propio contradicción. Pero, ¿cómo cambiar una sociedad tan esquizofrenizante? ¿Hay otra opción que no sea la "radicalmente revolucionaria", en la que tal vez sea necesario realizar un estudio posterior de las metástasis del sistema extirpado? ¿Es posible que subsistan estos pares contradictorios en una futura sociedad? Solamente, tal vez, se pueda realizar el cambio analizando y previniendo los restos de autoritarismo esquizofrenizante que inevitablemente van a quedar, permanecer en una futura sociedad. Es decir, analizando y superando permanentemente las contradicciones en una sociedad socialista. Esa es la gran psicoterapia. Allí, la psicología se puede hacer revolucionaria. Yo no comparto, por idealista, la idea de Cooper -a pesar de todo lo válido de este tipo de experiencia -de convivencia comunitaria donde no funcionen los preconceptos o prejuicios corrientes, sin anarquía ni autoritarismo, con una total y activa implicación de las familias de los miembros de la comunidad. Dice Cooper: "En una comunidad experimental de este tipo el sujeto no tendrá que luchar con los deseos alienados de otros que tratan de moldearlo a medida, de curarlo de sus intentos de convertirse en la persona que realmente es. Entonces, descubrirá modos auténticos de relacionarse con los otros". Todo esto me parece de una profunda validez, me merece un gran respeto, pero si esta terapia comunitaria no está ligada a la directa lucha revolucionaria, es tragada por la reacción. De ahí que pululan actualmente los términos "comunidades terapéuticas", "técnicas sensitivas o psicodramáticas", en manos de la reacción. Cuando todos estos procesos técnicos no están ligados a una teoría revolucionaria, le hacen el caldo gordo a la reacción. Por eso florecen las academias y los institutos, las técnicas nuevas, pero técnicas para el consumo, porque en manos de la reacción, estas técnicas pierden el verdadero germen revolucionario que tal vez pueden tener y permanecerán abortadas si no están ligadas a una teoría del gran cambio. Y doy fe, por mi propia experiencia, de que hay dos clases de psicodrama, de acuerdo con diferentes "concepciones del mundo" o ideologías. Yo soy responsable de haber utilizado el psicodrama durante años a favor del sistema, en forma reaccionaria. Solo una Información teórica política más amplia me permite reencontrar, recién ahora, el verdadero germen que puede tener como técnica de cambio. Pero ojo con el psicodrama. Ojo con las técnicas sensitivas. Ojo con las comunidades terapéuticas. Ojo con el psicoanálisis. Que con estas técnicas no vamos a hacer la revolución. No nos confundamos. Por aquí las cosas no pasan. Pensé en un capítulo de Cleaver de su libro Alma encandena, donde realiza una descripción y análisis psicológico de la disociación mente-blanco-cuerpo-negro. Es la mejor descripción psicoanalítica que hasta ahora leí. Yo no sé si Cleaver alguna vez leyó a Freud. Pensé en la descripción de la familia argelina de Fanon, en Sociología de la Revolución. Pensé en las terapias radicales. En Sartre y la vida de Genet. Nunca comprendí mejor la homosexualidad desde la perspectiva psicoanalítica que cuando lei Saint Genet "Si -pensé- tiene que existir otro psicoanálisis, tenemos que recuperar el embrión revolucionario. Tenemos que desencasillarlo de los divanes. Que el otro psicoanálisis adaptativo se vaya en un Charter muy lejos, pero muy lejos. Pensé. Estaba pensando. No quiero tachar nada. Si no, no es válido. Acá estoy metido en mis contradicciones y me estoy mintiendo. Tal vez yo me proyecto en ese Charter. Esto no es dialéctico si no lo acepto también como mío; yo también soy reaccionario." Ojo con educar para la inmovilidad. Ya lo dijo mi gran amigo Rodrigué, durante años (no es frase de él, es mi idea sobre una idea de él): nos tragamos la palabra acting out como opuesta a pensamiento o a acción; ahora pienso que sabemos que hay un actuar pensante y en cambio, también sabemos que hay una Inmovilidad, que es un verdadero acting out regresivo. Importamos settings inmóviles reaccionarios. Aprendimos lo formal a la inglesa. Pero la nueva generación nos cuestiona todo. Era morocha. Totalmente diferente a la hermana. Llegó puntual Marta. Era una extraña mezcla de hippie, Inocencia y firmeza que me producía una sensación muy curiosa. "Soy Marta me dijo creo que es verdad que estoy enferma." "Empezamos bien"-pensé-, "Conciencia de enfermedad." Primera batalla ganada. "Pero vos estás más loco que yo- me dijo sonriendo- y mi hermana y mi familia entera están locos como vos." Se hizo una pausa larga. Intenté varios gestos. Utilicé primero la tos cuando no sabía qué hacer. En este caso dije dos veces: "Humm, humm". No, creo que fueron tres. En realidad dije tres veces. "Humm, humm, humm." Me afirmé en la silla y comencé a decir: "Bueno, yo tengo la impresión de que es como si..." y ella se rió a carcajadas. Entendí que se reía de mi manera de hablar. "Ya empezas con el 'como si'. Siempre dicen 'como si'. No, en serio me dijo; yo te respeto un poco, pero no quiero joderte, creo que sos un buen tipo, pero realmente no necesito tu ayuda. Sé que hago cosas raras, pero creeme que si hacemos un balance entre vos, mi familia y yo, ¿quién es el normal? ¿Sabés lo que pasa con mi familia? Les costó mucho ascender y quieren que yo sea como ellos, que siga la línea o las ilusiones de los viejos, mi hermana, mi hermano, el viejo, ¿sabés? Tienen un concepto de la vida totalmente diferente del mío. Yo, desde los 17 años que no los aguanto. Para mi hermana, la ambición es hacer carrera, prestigio y guita. Hacen 'la vidita' --me dijo-". Me sonreí y me dijo: "Esto va para vos también." Dejé de sonreírme. "¿O no te gusta el prestigio a vos? Si te encanta que te conozcan. Salís en revistas, hacés teatro. Tenés un exhibicionismo morboso, pero me divertís porque tenés humor." Tenía que hacer algo. Pensé inmediatamente en contraidentificación proyectiva. Era una salida. Pero ella siguió hablando. "¿Vos sabés lo que es la vidita? Ser normal es hacer la vidita'. Mi familia hace la vidita'. La vida chiquita, sabés, egoísta, burguesa, ambiciosa, ruin. A la gente. le gusta la vidita'. Los Campanelli. ¿Nunca ves la TV? Querer a los hijos; a los tíos, a los abuelos, reunirse en los cumpleaños y hablar del veraneo, del costo de la vida, del fútbol, de modas. Hacer que se quiere mucho a la familia y mentirse todo el tiempo; importarles un carajo del que está al lado. Ese que se joda. Ese no es. Mi familia es así ¿sabés? Cuando lo mataron al Che yo lloraba y mamá me dijo: 'Son cosas de la adolescencia, tu papá también era socialista de joven, simpatizaba con Repetto; después, poco a poco, vas a dejar de ser idealista y te vas a ubicar en la realidad. Mi hermana me dijo: 'Era un psicópata y un asmático." Me miró y me dijo con pena: "¿Te das cuenta? ¿Vos te das cuenta de eso? ¡Qué vida de mierda la de mi familia! Oíme, ¿pero vos te das cuenta de que para ellos la 'normalidad es morirse de a poco, y que quieren que yo me muera de a poco? Si rajo de ellos y vivo a mi manera con mis amigos sin entrar en la cadena infernal, me gritan loca y a mis amigos los creen locos. "El otro día la vieja vino a ver dónde vivo y casi más se muere. Habló de suciedad, de mugre. Pero no hay dial, ¿sabés? Ya no hay más comunicación, se rompió. Pero, decime, si yo soy feliz viviendo con ellos, que me dejen tranquila. No jodo a nadie, ¿sabés? Nos llevamos bien, trabajamos cuando tenemos hambre, hacemos el amor cuando tenemos ganas. No hay horario, ¿¡vos sabés qué lindo!? Decime Pavlovsky, ¿vos conocés el pasaje La Piedad?" "Si le dije-, uno que queda por Cangallo, por Bartolomé Mitre? Un pasaje" -le dije-. Se rió... "¿Así que no lo conocés? ¿No ves que estás alienado? Mirá, andá esta noche y caminálo. Llevate una botella de vino y caminálo. Aprende a mirar. Ustedes, los psicoanalistas, no saben mirar. No tienen tiempo para mirar. No saben ver. Vos tenés que aprender a caminar Buenos Aires. ¿Vos sabés qué linda es esta ciudad cuando la aprendės a caminar? En serio que tenés que aprender a caminar." "¿Me llevás?"-pensé. "Identificación maníaca con un objeto persecutorio. Negación de la realidad -pensé. Identificación proyectiva en un continente de sus aspectos más necesitados e infantiles. Todo esto es muy claro. Voy bien. Para el carajo" -pensé. "¿Vos sabés qué lindo es desayunar viendo amanecer en Buenos Aires? A veces me meto en un bar para escribir poesías. Escribí dos libros, ¿sabés?, y el dueño me manda a comprar las medialunas y me regala el desayuno cuando no tengo guita. Desayunamos juntos, me cuenta su vida y termina llorando. ¡Es tan tierno el viejo, que a veces lloramos juntos!" "Necesidad Infantil de ser amparada. Desayuno - Leche materna. Inversión de roles. Vas bien otra vez dije- Te estás ubicando. Oralidad, seis meses. Complejo de Edipo temprano, tipo kleiniano." "No creas que creo que estoy sana me dijo. Estoy muy Jodida. Soy muy neura. Por eso escribo. Y me miró e hizo una pausa. Vos también sos muy neura, pero te salvas igual que yo, escribís." Proyección. Proyección. Proyección. Proyección. Proyección. Proyección!! "Yo creo -me dijo -que vos pensás que no soy tan loca como dice mi hermana ¿Pero sabés lo que te pasa, Tato? Que si no me encasillás a mí, te terminás cuestionando vos todo lo que hacés, absolutamente todo. ¿Y cómo seguís después? ¿Vos no crees que estamos todos enfermos? ¿Que nuestra sociedad está enferma? ¿Vos qué pensás de todo esto? Hablá, che, decí algo. ¿No pensás que hay que cambiar?" Pensé en una frase de Cooper: tal vez no sea absurdo pensar que con frecuencia la gente ingresa en el hospital cuando empieza a convertirse en "sana". "¿Vos creés que yo debo volver con ellos? ¿Que debo morirme de a poco, o que tengo que seguir viviendo a mi manera, aunque a ellos les parezca que estoy loca? Contestáme, ¿qué pensás?" Pensé en el E.E.G. Las rayas. Arritmia. Marcadamente anormal. Pensé en sus fugas. Estaba convencido que era epiléptica. Yo no sé qué pasó. Pero algo le debo haber dicho o ella puede haber interpretado algún gesto en mi cara. Yo juro que no recuerdo. Pero se levantó de la silla y me dijo: "Menos mal, porque si no me hubieras desilusionado. Chau, y no te olvides de ir al pasaje La Piedad esta noche". Estoy frente a un grupo de adolescentes. Es la última sesión antes de un viaje mío a Europa. Hay un gran silencio. Es raro en un grupo que haya silencio. Una chica dice que ella se siente mal en el grupo. Se queja de la falta de sinceridad de los miembros. Dice que no hay un buen clima en el grupo para hablar. Lo dice en tono muy agresivo. Yo, interpreto la protesta en relación con mi viaje. Que en el fondo se siente abandonada y que tal vez expresa el sentimiento del grupo por mi ausencia. Lo niega abiertamente y otro miembro la apoya. Dice el otro miembro: "Eso es una interpretación rebuscada", y me dice que piensa lo mismo que la chica. Yo vuelvo a interpretar que él sigue el movimiento de protesta por ser la última sesión. "No, no" -me dice-. Me recuerda que también protestaron en otras oportunidades cuando hicimos un sociograma y sintieron que los temas que habían surgido en él no habían sido tomados demasiado en cuenta por mí y que además nunca se terminó de discutir la posibilidad de una segunda sesión (en ese momento tomaban una). Yo les vuelvo a interpretar que, tal vez, la segunda sesión que surge, puede expresar los deseos de reponer las sesiones que sienten que van a perder con mi viaje; pero quiero que me acepten este nivel interpretativo. "No, no -me dice alguien- usted todo lo está interpretando por su viaje y nos quiere enchufar la interpretación." Lo veo, lo vuelvo a interpretar como resistencia a admitir la dependencia por la separación y el dolor que eso les produce. Creo que estoy en ese momento utilizando toda la teoría psicoanalítica que aprendí. Pero es verdad que al mismo tiempo siento que me quiero imponer, que quiero imponer mi punto de vista; estoy sordo a los reclamos. Y pienso que estoy viciado de autoritarismo. Aquí no hay proyección, aquí la escena me incluye, no pasa por delante sino por detrás. Pienso: "Esto es problema mío. Soy yo quien proyectó el rol sumiso en ellos y actúo con autoritarismo. Parte de mi disociación y de mi contradicción no superada. Se me mete la educación del sistema desde afuera. Interpretar esto como contraidentificación proyectiva, en realidad, es no incluirme en otra escena más amplia. Interpretar como contraidentificación proyectiva sería decir, por ejemplo, que yo soy un objeto Interno de ellos que está actuando' autoritariamente, pero que la situación entre ellos y yo es una relación objetal del paciente, que está especializada y proyectada afuera conmigo y de este modo no me incluyo, la escena pasa por delante; es escena uno. Aquí no soy pantalla. Ya soy persona en conflicto". Les digo que estuve sordo, testigo, que estuve sordo al reclamo de ellos, que acepto que los objeciones eran válidas y pienso que las quejas con respecto al sociograma, el pedido de la segunda sesión, tenían aspectos parciales de verdad. Que yo no podía oírlos -les dije- y que era probable que también quisiera imponer mis puntos de vista autoritarios en la interpretación, que la protesta de ellos me hacia ver mi autoritarismo. Entonces, dejo de estar sordo paro ellos, ya puedo dialogar con ellos dentro de mi. Les digo también que en mi mensaje no todo era autoritario, sino que había algo de verdad, y que ellos estaban sordos a esa verdad parcial del sentimiento de abandono por mi viaje. Me dicen que ahora pueden oírme. Alguien me dice que pensó en mi viaje y tuvo pena. Otro comenta que había sentido rabia pero que prefería no expresarla. Les interpreto que ahora elles pueden dialogar conmigo dentro de ellas y que tal vez se ha establecido un doble diálogo dentro de nosotros. Que, en realidad, tal vez no protestan porque me voy sino que expresan su sentimiento de injusticia, durante todas las sesiones, cuando me voy. Antes no había diálogo, ahora podemos escucharnos porque hemos interiorizado nuestras reciprocidades. Ellos me ayudaron a concienciar mis restos de autoritarismo; yo los ayudé a ellos a concienciar sus sentimientos de agresión y de pena frente a mi viaje. Este proceso dialéctico me abarca a mí como persona y a ellos también. Nosotros llamamos a esto escena dos, cuando la escena que interpreto me abarca totalmente. Pienso que el psicoanálisis intenta comprender mucho más las escenas uno: yo sólo como receptor de las identificaciones proyectivas, como contraidentificación proyectiva o como contratransferencia neurótica. Creo que el futuro de la psicoterapia tiene que ver más con las escenas dos que con las escenas uno. El psicoanálisis está en ambos en lo que tiene de dialéctico, pero nos hemos entrenado muchos más para escenas uno; por eso creo que la idea de Cooper sobre experiencias comunitarias tiene la posibilidad de establecer una terapia futura auténtica, donde uno esté permanentemente cuestionándose en un nivel más simétrico con el paciente. Fuente: Conferencia pronunciada en el ciclo Psicoanálisis 71, organizado por el Centro de Psicología Médico.

  • Narrar la clínica (1) / Alicia Cotlar

    1. La independencia, siempre admirada. Siempre pensada como un logro. La dependencia, siempre despreciada. Siempre pensada como un fracaso. Ideas de fuerza e independencia. Van de la mano. Ideas de debilidad y dependencia. Van de la mano. Sentirse más dependiente. ¿Más débil? Y si fuera así... El amor como un peligro frente a la independencia. Independencia económica. Independencia afectiva. Independencia individual. Cuánta lucha para llegar a eso. El imperativo de la fuerza. El imperativo de la independencia. 2. Volvía de un viaje con su nieta mayor de 17 años. Le digo –Fue un sueño, ¿no? Me responde -Un sueño hubiera sido ir con mi marido. ¡Estuvo muy bien, eso fue todo! Me da pena. 3. La muerte más cerca. Tiene setenta y tres años. Aumentaron los indicadores de cáncer. Llora mucho en el encuentro. -Estuve con mis nietos. ¡Están divinos! Pienso: ¡Cuánto amor! Y no voy a estar. -Y no sé si se van a acordar de mí. No logro sentir su dolor. Quizá porque es sólo ¿un dolor narcisista?

  • Del predicar destellos / Eric Schvartz

    “El cielo es solo mirable, y aquello engendra tormento.” Más de un hombre, se perdió en aquellas sombras. Mismo, en las suyas. Lo hondo y lo espeso, no quiere ser mirado. No desgasta falsos decoros: Quiere ser conquistado. Más el vacío, atenta contra la grandeza de los hombres. Más las estrellas, nos arrojan a tierra. “Las miradas presumen dominio.” ¿Quién hizo creer que tal no debiera ser su tajante complicidad? Irrumpen en su innegable rúbrica. Aflorar, llamo a aquella irrupción. Más las miradas, son opacas. Más los sedientos, predican lo opaco, y sondean sus sombras. Profesantes de la oscuridad, llamo a aquellos sedientos. Luna, hay una sola, por eso la creo sensiblemente inquisitiva. No presume su encanto, tampoco lo ignora. He ahí su gracia. En su registro, hay complicidad de anhelo. Anhelo de miradas, es para lo hondo del espacio sideral. Más su gracia, no quiere miradas dominantes, ni profesantes de sombras. Desea, predicantes de destellos. Complacido y convalecido, atento contra la oscuridad. Acaso ¿Quién tolera las sórdidas noches, sin su gracia?

  • Un amanecer en la calle Corro 105 / Ezequiel Buyatti

    El hombre del dato y de la evidencia sabe que no amanece a las nueve de la mañana María Moreno, Oración. Carta a Vicky y otras elegías políticas María Moreno (2018) sostiene en Oración que el deseo de Rodolfo Walsh transita por la construcción de una escritura que anule las fronteras entre ficción y realidad, mediante una escritura de denuncia que tensione el binomio literatura/política y a partir de una “prosa donde los hechos demandan una literatura que supere a la novela por el peso de la historia” (p. 92). El deseo de Walsh, entonces: […] no pasaba por trabajar en la tensión entre ficción y realidad, entre hechos narrados con las prerrogativas de la ficción, o sobre ficciones referidas a materiales reales, o híbridos perfectos que operaran de diversos modos, de acuerdo a si el lector tenía o no el código, sino en textos que fueran capaces de liquidar las cuestiones de fronteras, al intervenir en lo real modificándolo y dejando a la escritura en una suerte de rezago y, al mismo tiempo, haciendo de ella un acto, al darle la capacidad de transformar las condiciones de aquello que denunciaba. (p. 92) Una muestra de esa liquidación de fronteras entre ficción y realidad, un despliegue de los recursos novelísticos y la apuesta por lo estético a medida que se unen las piezas de la investigación, se encuentran en los comienzos del prólogo a la tercera edición de Operación masacre: Recuerdo que después volví a encontrarme solo, en la oscurecida calle 54, donde tres cuadras más adelante debía estar mi casa a la que quería llegar y finalmente llegué dos horas más tarde, entre el aroma de los tilos que siempre me ponía nervioso, esa noche más que otras. (Walsh, 2010, pp. 17-18) Ese olor de los tilos que embriaga es un suplemento estético, novelesco; porque en junio —cuando está escribiendo— los tilos no tienen olor, ni siquiera florecen. Solo en diciembre el aroma de los tilos lo inunda todo. Walsh se imagina, se acuerda, se piensa “entre el aroma de los tilos”, pero en un sentido fáctico no fue así. Ese “aroma de los tilos”, entonces, “introduce subrepticiamente, como suplemento, el arte: los valores de la literatura, la mirada de la literatura, la aspiración a la gran obra” (Link, 2017, p. 10). “Carta a Vicky”, formalmente, no sería una carta por no tener los dos puntos —hallazgo de Daniel Link, según María Moreno—, sino, junto a “Carta a mis amigos”: “una crónica de minuciosidad implacable, un réquiem con detalles y horarios en el que se agitaban imágenes cristianas, datos periodísticos y apólogos militantes para la construcción de una heroína que había elegido que su muerte le perteneciera” (Moreno, 2018, p. 28). En la no carta a Vicky, leemos: Anoche tuve una pesadilla torrencial, en la que había una columna de fuego, poderosa pero contenida en sus límites, que brotaba de alguna profundidad. Hoy en el tren un hombre me decía: “Sufro mucho. Quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año”. Hablaba por él pero también por mí. (Moreno, 2018, p. 16) La imagen es descomunal. Condensa, en una situación extrema de resistencia —combatir contra 150 hombres del Ejército—, una figura onírica que construye sinestésicamente —torrente/fuego— el acto de elegir la propia muerte. Para Piglia (2013), quizás el hombre del tren nunca existió, como tampoco el soldado de “Carta a mis amigos” que da testimonio de lo ocurrido en la calle Corro 105, pero “lo que importa es que están ahí para poder narrar el punto ciego de la experiencia”. “El texto no se ajustaba a la verdad” (Moreno, 2018, p. 291) dirá Patricia Walsh sobre “Carta a mis amigos”. Y en un sentido fáctico podría tener razón. El camisón que llevaba puesto Vicky, sus risas luego de gatillar la metralleta Halcón, el cielo amaneciendo en Villa Luro y las palabras “Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir” que salen de su boca podrían ser artificios literarios de un padre que escribe, desde el dolor y la denuncia, la “forma de una ficción destinada a decir la verdad” (Piglia, 2013). Un dato preciso, determinante para su condición de verdad, puede ser el artificio que construya literatura: las siete de la mañana, en este caso. Walsh escribe en “Carta a mis amigos”: “A las 7 del 29 la despertaron [a Vicky] los altavoces del Ejército, los primeros tiros. […] He visto la escena con sus ojos: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amanecido, y el cerco. El cerco de 150 hombres, los FAP emplazados, el tanque” (Moreno, 2018, p. 21). Sin embargo, ese “cielo amanecido” otra vez nos sitúa en “la ficción de una verdad”: Él ha visto la escena con sus ojos: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amaneciendo, y el cerco, escribe. El hombre del dato y de la evidencia sabe que no amanece a las nueve de la mañana, hora del comienzo del ataque a la casa de la calle Corro. Pero no se equivoca: adelanta la hora. Justo él, que en Operación masacre centró sus denuncias [en una primera instancia, luego lo verá como un episodio más de la lucha de clases] en la precisión de la hora en que, a través de la radio, se anunció la vigencia de la Ley marcial. A las siete de la mañana Vicky está viva, y la imagina mirando el cielo. (Moreno, 2018, pp. 374-375) Walsh sostenía que el testimonio y la denuncia son “categorías artísticas por lo menos equivalentes y merecedoras de los mismos trabajos y esfuerzos que se le dedican a la ficción” (Moreno, 2018, p. 344). Y que en un futuro, quizás se inviertan los términos: […] lo que realmente sea apreciado en cuanto a arte sea la elaboración del testimonio o del documento, que, como todo el mundo sabe, admite cualquier grado de perfección. Es decir, evidentemente en el montaje, en la compaginación, en la selección, en el trabajo de investigación se abren inmensas posibilidades artísticas. (Moreno, 2018, p. 345) Enero del 2022, ola de calor en la Ciudad de Buenos Aires y hace varias horas que amaneció en Corro 105. Nos detenemos a intentar ver la escena con sus ojos. Ya lo intentó su padre y ahora lo seguimos intentando nosotros en ese gesto inclaudicable de memoria colectiva. María Moreno (2018) escribe, mientras se inscribe en esa serie de miradas: La casa de Corro 105 es una casa fea en un barrio que hace siesta como en 1976. […] Hoy las ventanas están casi clausuradas por rejas blancas de construcción barata. La impresión es de blindaje, de un secreto a persianas bajas. La miro y me detengo apenas en la esquina. (p. 355) “Hacer siesta como en 1976” puede ser una interpelación al “Algo habrán hecho”, al “Somos derechos y humanos”. Es decir, una siesta perenne en la cual los entramados de una muy remota dictadura se arropan muy plácidamente con las sábanas de la democracia. Aunque la impresión de la casa sea de blindaje, una de las personas que la habita no se mimetiza con tal coraza: el secreto se diluye y nos llama amablemente desde las persianas bajas. Nos comparte recortes de diarios del día del operativo y nos regala un recuerdo—“ya que ustedes son jóvenes”, nos dice—: una foto de la fachada de la casa del año 96 cuando el árbol plantado en homenaje a los caídos recién nacía. La memoria colectiva no se blinda. La “Carta abierta de un escritor a la Junta militar” implica un doble destinatario, el primero que se menciona explícitamente en el título y también otro al que se le habla, el público de amigos y periodistas a quienes se presupone la retransmisión de la carta. Sin embargo, este doble pacto retórico no solo está en relación con la Junta y los amigos/periodistas, sino que otro destinatario posible e hipotético ya se instala en el 77, como también unos meses antes con “Carta a Vicky” y “Cartas a mis amigos”: la memoria colectiva que, pese a las impunidades de ayer y hoy, se mantiene viva contra la amnesia y las violencias históricas y presentes. “El verdadero cementerio es la memoria”, ahí guardamos a les 30 000, ahí guardamos a todas las personas asesinadas en democracia. Y la memoria a veces se tensiona para brindarnos relatos, testimonios, experiencias que tienen tanta potencia que esa es su verdad. El aroma de los tilos, el hombre del tren, el conscripto que da el testimonio y el cielo amanecido de la calle Corro son las verdades del texto, son algunos de los artificios literarios que liquidan las fronteras entre ficción y realidad, que tensionan el binomio literatura/política y, sostenidos por el peso del documento o el testimonio, abren inmensos posibles, no solo artísticos, sino también vivibles. Abren la posibilidad para enceguecernos con otros amaneceres de fuego. Referencias bibliográficas Link, D. (2017) “Rodolfo Walsh, inteligencia de izquierda”. Conferencia pronunciada en el Centro Cultural San Martín. Moreno, M. (2018). Oración: Carta a Vicky y otras elegías políticas. Buenos Aires: Literatura Random House. Piglia, R. (2013). “Dos observaciones sobre Rodolfo Walsh”. La Nación [en línea]. Fecha de consulta: 8 de octubre del 2021. Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/cultura/dos-observaciones-sobre-rodolfo-walsh-nid1589001/ Walsh, R. (2010). Operación masacre. Buenos Aires: Ediciones de la Flor.

  • Nadie puede determinar lo que puede un encuentro / Ezequiel Buyatti

    Hay veces que odio la pedagogía, ¿cómo erradicar de ella la domesticación y la opresión si fue inventada para tal fin? Pero hay veces, algunas veces, aunque sea una vez, que logra mutar. Y entonces recordamos que entre sangre y muertes inventaron revueltas, comunas, caracoles, barricadas, emancipaciones, autonomías, periódicos, murales, graffitis, stencils, hackeos, rondas y hasta escuelas. Y así, aun con “gusto a poco” recuperamos la locura de esos gestos que aquellas luchas inventadas nos legaron Verónica Scardamaglia A María le cuento que Maximiliano también pintaba. Le cuento que cortó, junto a Darío, calles y puentes para no cortar el dulce hilo de la vida, como nos susurra el lobo cada vez que la luna y la poesía se posan sobre la noche. Le cuento que escribió en uno de sus cuadros, la noche anterior a su asesinato, “Miro mucho más allá de lo visible”. Al igual que Maxi, María es una persona sensible y comprometida con la época que le toca vivir. A sus maneras, ambos insisten en no cortar ese dulce hilo. Alianzas insólitas que atraviesan épocas, contextos, espacios: hoy tengo un cuadro que me regaló María, estudiante de una escuela que intenta –y logra– alojar experiencias de vidas atravesadas por violencias sistémicas. No es menor lo que escribió en su pintura: “Van a pagar cada gota derramada de sangre popular”. Quizás ya pueda despedirme de este presente con mi gota en el mar y que alguien más siga desbordando el océano. Primer encuentro en otra trinchera en la que todavía se puede respirar. Intercambios, risas, debates, experiencias, conflictos, tensiones: se parte de las singularidades de lo vivo. Terminan las dos primeras horas y Aron se acerca con una sonrisa, mano extendida y me dice que hace bastante que no le pasaba algo así. Caricias al alma que nutren la vida, afectos que revitalizan cuerpos para seguir en movimiento. Abril y Federico enuncian –con un mismo significado pero diferente significante– algo que conecta a dos cartas: “Carta a Vicki” y “Carta abierta de un escritor a la Junta militar” de Rodolfo Walsh. Para Abril, ese punto de conexión se construye con un “Elijo morir”. Para Federico, con un “No les importó nada”. La construcción de una heroína que había elegido que su muerte le perteneciera: “Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir”. La intervención fundada en el prestigio del nombre propio o en su posición en el campo político e intelectual sabiendo lo que le podía suceder: “Rodolfo Walsh. - C. I 2845022. Buenos Aires, 24 de marzo de 1977”. Hija y padre eligiendo su propia muerte, como también así su propia vida que viaja por encuentros, lecturas, miradas y conversaciones que nadie puede determinar. Viajes que preservan la memoria histórica ajena al entumecimiento estatizado. 15 y 17 años. Historias cargadas de situaciones que desgarran al tan vacío, violento e inerte discurso de “la igualdad de oportunidades”. Abril y Federico están interesados por lo sensible. Se les nota. Una quiere conseguir Operación masacre. El otro quiere volver a escribir poesía. Situaciones para seguir experimentando la potencia de lo vivo existen de sobra. Tenemos la capacidad de encontrarlas, crearlas, vivirlas. Una de ellas se presenta: 11 de junio. Esta fecha aglutina dos acontecimientos: el cumpleaños número 18 de Federico y el día de su juicio. Estuvo en institutos de menores y el 11 de junio es la última fecha para dejar esa etapa atrás. “En el instituto conocí la poesía de Camilo Blajaquis”, me dice. Le contesto que si sabía que este libro que estoy sosteniendo –Operación masacre– es uno de los primeros que leyó según lo que dijo en entrevistas. “Piel de gallina”, me dice con una sonrisa y mostrando el brazo. Le propongo escribir lo que quiera para ese 11 de junio tan importante para él: una crónica, una poesía, un breve texto. Con gusto acepta. A la espera, entonces, de esas palabras. La vida viaja por ese hilo que trae y lleva encuentros, lecturas, miradas y conversaciones que nadie puede determinar. Insistimos: nadie puede determinar lo que puede un encuentro. Lo inesperado, por más que las asfixias de los muros intenten invalidarlo, irrumpe en las determinaciones estériles de planes, consignas, notas y programas, encontrando pliegues por donde asomarse, encontrando resquicios por donde podemos mirar mucho más allá de lo visible.

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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