• Revista Adynata

Un amanecer en la calle Corro 105 / Ezequiel Buyatti

El hombre del dato y de la evidencia sabe que no amanece a las nueve de la mañana

María Moreno, Oración. Carta a Vicky y otras elegías políticas


María Moreno (2018) sostiene en Oración que el deseo de Rodolfo Walsh transita por la construcción de una escritura que anule las fronteras entre ficción y realidad, mediante una escritura de denuncia que tensione el binomio literatura/política y a partir de una “prosa donde los hechos demandan una literatura que supere a la novela por el peso de la historia” (p. 92). El deseo de Walsh, entonces:

[…] no pasaba por trabajar en la tensión entre ficción y realidad, entre hechos narrados con las prerrogativas de la ficción, o sobre ficciones referidas a materiales reales, o híbridos perfectos que operaran de diversos modos, de acuerdo a si el lector tenía o no el código, sino en textos que fueran capaces de liquidar las cuestiones de fronteras, al intervenir en lo real modificándolo y dejando a la escritura en una suerte de rezago y, al mismo tiempo, haciendo de ella un acto, al darle la capacidad de transformar las condiciones de aquello que denunciaba. (p. 92)


Una muestra de esa liquidación de fronteras entre ficción y realidad, un despliegue de los recursos novelísticos y la apuesta por lo estético a medida que se unen las piezas de la investigación, se encuentran en los comienzos del prólogo a la tercera edición de Operación masacre:

Recuerdo que después volví a encontrarme solo, en la oscurecida calle 54, donde tres cuadras más adelante debía estar mi casa a la que quería llegar y finalmente llegué dos horas más tarde, entre el aroma de los tilos que siempre me ponía nervioso, esa noche más que otras. (Walsh, 2010, pp. 17-18)


Ese olor de los tilos que embriaga es un suplemento estético, novelesco; porque en junio —cuando está escribiendo— los tilos no tienen olor, ni siquiera florecen. Solo en diciembre el aroma de los tilos lo inunda todo. Walsh se imagina, se acuerda, se piensa “entre el aroma de los tilos”, pero en un sentido fáctico no fue así. Ese “aroma de los tilos”, entonces, “introduce subrepticiamente, como suplemento, el arte: los valores de la literatura, la mirada de la literatura, la aspiración a la gran obra” (Link, 2017, p. 10).

“Carta a Vicky”, formalmente, no sería una carta por no tener los dos puntos —hallazgo de Daniel Link, según María Moreno—, sino, junto a “Carta a mis amigos”: “una crónica de minuciosidad implacable, un réquiem con detalles y horarios en el que se agitaban imágenes cristianas, datos periodísticos y apólogos militantes para la construcción de una heroína que había elegido que su muerte le perteneciera” (Moreno, 2018, p.

28). En la no carta a Vicky, leemos:

Anoche tuve una pesadilla torrencial, en la que había una columna de fuego, poderosa pero contenida en sus límites, que brotaba de alguna profundidad.

Hoy en el tren un hombre me decía: “Sufro mucho. Quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año”. Hablaba por él pero también por mí. (Moreno, 2018, p. 16)


La imagen es descomunal. Condensa, en una situación extrema de resistencia —combatir contra 150 hombres del Ejército—, una figura onírica que construye sinestésicamente —torrente/fuego— el acto de elegir la propia muerte. Para Piglia (2013), quizás el hombre del tren nunca existió, como tampoco el soldado de “Carta a mis amigos” que da testimonio de lo ocurrido en la calle Corro 105, pero “lo que importa es que están ahí para poder narrar el punto ciego de la experiencia”.

“El texto no se ajustaba a la verdad” (Moreno, 2018, p. 291) dirá Patricia Walsh sobre “Carta a mis amigos”. Y en un sentido fáctico podría tener razón. El camisón que llevaba puesto Vicky, sus risas luego de gatillar la metralleta Halcón, el cielo amaneciendo en Villa Luro y las palabras “Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir” que salen de su boca podrían ser artificios literarios de un padre que escribe, desde el dolor y la denuncia, la “forma de una ficción destinada a decir la verdad” (Piglia, 2013).

Un dato preciso, determinante para su condición de verdad, puede ser el artificio que construya literatura: las siete de la mañana, en este caso. Walsh escribe en “Carta a mis amigos”: “A las 7 del 29 la despertaron [a Vicky] los altavoces del Ejército, los primeros tiros. […] He visto la escena con sus ojos: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amanecido, y el cerco. El cerco de 150 hombres, los FAP emplazados, el tanque” (Moreno, 2018, p. 21). Sin embargo, ese “cielo amanecido” otra vez nos sitúa en “la ficción de una verdad”:

Él ha visto la escena con sus ojos: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amaneciendo, y el cerco, escribe. El hombre del dato y de la evidencia sabe que no amanece a las nueve de la mañana, hora del comienzo del ataque a la casa de la calle Corro. Pero no se equivoca: adelanta la hora. Justo él, que en Operación masacre centró sus denuncias [en una primera instancia, luego lo verá como un episodio más de la lucha de clases] en la precisión de la hora en que, a través de la radio, se anunció la vigencia de la Ley marcial. A las siete de la mañana Vicky está viva, y la imagina mirando el cielo. (Moreno, 2018, pp. 374-375)

Walsh sostenía que el testimonio y la denuncia son “categorías artísticas por lo menos equivalentes y merecedoras de los mismo trabajos y esfuerzos que se le dedican a la ficción” (Moreno, 2018, p. 344). Y que en un futuro, quizás se inviertan los términos:

[…] lo que realmente sea apreciado en cuanto a arte sea la elaboración del testimonio o del documento, que, como todo el mundo sabe, admite cualquier grado de perfección. Es decir, evidentemente en el montaje, en la compaginación, en la selección, en el trabajo de investigación se abren inmensas posibilidades artísticas. (Moreno, 2018, p. 345)

Enero del 2022, ola de calor en la Ciudad de Buenos Aires y hace varias horas que amaneció en Corro 105. Nos detenemos a intentar ver la escena con sus ojos. Ya lo intentó su padre y ahora lo seguimos intentando nosotros en ese gesto inclaudicable de memoria colectiva.

María Moreno (2018) escribe, mientras se inscribe en esa serie de miradas:

La casa de Corro 105 es una casa fea en un barrio que hace siesta como en 1976. […] Hoy las ventanas están casi clausuradas por rejas blancas de construcción barata. La impresión es de blindaje, de un secreto a persianas bajas. La miro y me detengo apenas en la esquina. (p. 355)

“Hacer siesta como en 1976” puede ser una interpelación al “Algo habrán hecho”, al “Somos derechos y humanos”. Es decir, una siesta perenne en la cual los entramados de una muy remota dictadura se arropan muy plácidamente con las sábanas de la democracia.

Aunque la impresión de la casa sea de blindaje, una de las personas que la habita no se mimetiza con tal coraza: el secreto se diluye y nos llama amablemente desde las persianas bajas. Nos comparte recortes de diarios del día del operativo y nos regala un recuerdo—“ya que ustedes son jóvenes”, nos dice—: una foto de la fachada de la casa del año 96 cuando el árbol plantado en homenaje a los caídos recién nacía. La memoria colectiva no se blinda.

La “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar” implica un doble destinatario, el primero que se menciona explícitamente en el título y también otro al que se le habla, el público de amigos y periodistas a quienes se presupone la retransmisión de la carta. Sin embargo, este doble pacto retórico no solo está en relación con la Junta y los amigos/periodistas, sino que otro destinatario posible e hipotético ya se instala en el 77, como también unos meses antes con “Carta a Vicky” y “Cartas a mis amigos”: la memoria colectiva que, pese a las impunidades de ayer y hoy, se mantiene viva contra la amnesia y las violencias históricas y presentes.

“El verdadero cementerio es la memoria”, ahí guardamos a les 30 000, ahí guardamos a todas las personas asesinadas en democracia. Y la memoria a veces se tensiona para brindarnos relatos, testimonios, experiencias que tienen tanta potencia que esa es su verdad. El aroma de los tilos, el hombre del tren, el conscripto que da el testimonio y el cielo amanecido de la calle Corro son las verdades del texto, son algunos de los artificios literarios que liquidan las fronteras entre ficción y realidad, que tensionan el binomio literatura/política y, sostenidos por el peso del documento o el testimonio, abren inmensos posibles, no solo artísticos, sino también vivibles. Abren la posibilidad para enceguecernos con otros amaneceres de fuego.

Referencias bibliográficas

Link, D. (2017) “Rodolfo Walsh, inteligencia de izquierda”. Conferencia pronunciada en el Centro Cultural San Martín.

Moreno, M. (2018). Oración: Carta a Vicky y otras elegías políticas. Buenos Aires: Literatura Random House.

Piglia, R. (2013). “Dos observaciones sobre Rodolfo Walsh”. La Nación [en línea]. Fecha de consulta: 8 de octubre del 2021. Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/cultura/dos-observaciones-sobre-rodolfo-walsh-nid1589001/

Walsh, R. (2010). Operación masacre. Buenos Aires: Ediciones de la Flor.


Andrés Masotto (2022) La escena con sus ojos. Corro 105 Villa Luro. Fotografía.

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.