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  • Foto del escritorRevista Adynata

La crisis del terapeuta / Eduardo Pavlovsky

Yo me pregunté varias veces cuál era la mejor forma de hablar sobre este tema. Mi interés es que ustedes puedan compartir algunas inquietudes mías. Pero yo todavía no he aprendido a compartir sin mostrarme, el interés mío es que puedan seguirme en mis propias imágenes. Tampoco quisiera ordenar demasiado la exposición, cada vez desconfío más de mis exposiciones ordenadas; prefiero hablar como boceto, dudando de mis afirmaciones en cada instante; cuestionándome a mi y no a otros; reflexionando sobre mí y no sobre otros. Tal vez, algún teórico podría escribir una teoría alguna vez, del psicoanálisis del 71. Yo, por lo pronto, estoy seguro de que no soy el encargado de hacerlo. Eso me permite ahorrar tiempo, conociendo mis limitaciones; de todos modos pensé que la mejor manera de introducir el tema es intentar mostrarles dos momentos psicoterapéuticos en los que yo me vi incluido, presentarlos ante ustedes, con mis propias contradicciones.

Traté de asociar libremente sobre todo lo que recordaba en ese instante, Pensé: "Crisis no es decadencia Intentar concienciar al máxima la crisis es esbozar lo posible superación. Pero eso sí, en diálogo, escuchando al otro o haciéndose escuchar por el otro. Pero qué difícil es esto! Negar la crisis es condensarla, es aprisionarla, es enquistarla, obliterarla, es quedarnos solos, es no interiorizar el diálogo con el otro dentro de mí. Todos estamos un poco enfermos de este tipo de sordera. Pero también pensé- la sordera protege."

"Sabe por qué vengo a verlo, doctor Pavlovsky? No por mí, sino por mi hermana. Creo que hay que internarla, Creo que está loco." Fue contundente. La verdad es que oí poco porque tenía ojos celestes y era muy bonita. Yo tengo un problema con los ojos celestes. Entonces tosí... para hacer tiempo. Le dije: "Humm, me podría repetir?" Me dijo: "Mi hermana está loca, doctor, es decir, hace cosas de loca" Yo sentí que empezaba a ubicarme en el rol de psicoterapeuta. Abrió su cartera y extrajo un sobre y me dijo: "Aquí le traigo un electroencefalograma". "Cagamos" -pensé yo Porque, para mí, un electroencefalograma es algo realmente misterioso. Yo no podría traducirles en palabras las cosas que siento frente a un trazado electroencefalográfico. En realidad, desesperadamente busqué el informe del médico; el informe que el médico escribe siempre, debajo de las rayas. Pero no lo encontraba. Me encontraba frente a una serie de rayas y la mirada de ella... Me senti muy tonto. En realidad comprendí que mi primer gesto fue el de impostor. Yo debí haberle dicho de entrada que no entendía nodo de esto, que nunca me interesó nada. Pero el primer gesto me llevó al segundo y ya no podía retroceder. "Para qué abriste el sobre, idiota" me dije.

"Lo vengo a ver a usted porque en casa confiamos en usted doctor." Yo sentía que me moría. Hubiera querido desaparecer. Entonces, sentí que me ruborizaba. "¿Qué opina, doctor?" "Bueno, bueno le dije- yo preferiría escucharlo primero." Hice dos miradas técnicas, como mirando algún punto particular del trazado y lo metí en el sobre.

"Aquí tengo el informe, doctor" -me dijo, y me extendió otro papel... Yo leí el informe desinteresadamente, como si hubiera hecho un diagnóstico previo. Lo único que retuve fue algo de... algo que siempre leo en los electros... leí algo así como "marcadamente anormal". Creo que además leí la palabra "arritmia"." "Mi hermana tiene fugas"-me dijo. En ese momento ya habla pasado la contratransferencia erótica "Se fugó varias veces de cosa continuó Se casó a los 18 años. Lo dejó al marido y se fugó otra vez. Se juntó con un tipo y se volvió a fugar. Viajó por el interior del país. Se junta con tipos. ¡Si viera con qué tipos! Fuma. Fuma Fuma. Fuma marihuana. Fuma. Fuma. ¡Oh! ¡Oh!" Yo lo sentí asi: "Se junta con gente muy extraña. Es muy buena. Quiero ayudarla. Pero creemos que está loca. Ayúdenos, doctor. Ella vive ahora con varios amigos. Aceptó conversar con usted porque es artista, pero dice que es un boludo". "¿Quién?" dije "Usted doctor, pero dice que a usted y a nosotros nos falta calle, que somos boludos." "Humm, humm" dije, haciendo tiempo (humm, humm es una mueca psicoanalítica para hacer tiempo). Pensé que de mi dicen muchas cosas: que soy histérico, psicópata, manejador, pero "boludo" no lo toleraba. Era superior a todas mis fuerzas.

"Boludo no soy" -pensé. Y dije: "¿Así que dice que somos boludos?" -con un énfasis y un tono bastante agresivos. Sentí que estaba haciendo una alianza con la hermana. Y ella me dijo: "Siempre fue tímida, callada y retraída en casa".

"Esquizofrénica" pensé. Me estremecí. Yo había hecho un diagnóstico. Ya iba a tratar a una esquizofrénica. Había escuchado: callada, tímida y retraída. Pensé en internación. Juro que hasta pensé en las imágenes de una moderna clínica. Ya vi grupos familiares... asambleas. Me vi haciendo psicodrama. Me embelesaba.

Pero me interpreté: "Estás devolviéndole el diagnóstico. Te dijo boludo y le decís esquizofrénica, y la internás. Además de no saber psiquiatría sos vengativo". Pensé: "Yo debí haber hecho el curso de médicos psiquiatras en el hospicio. ¡Lo que me perdi!"

"Yo soy empresaria -me dijo. Viajo permanentemente. Me costó mucho llegar. Mi hermano también quiere verlo." El hermano de ella. "Estoy muy preocupada. Él se analiza y el analista piensa que Marta está psicótica, y le pareció muy bien que viniéramos a verlo a usted." "¿Y su hermano-pregunté, por qué no vino?" "Tenía sesión" me dijo "Claro dije- tenía sesión." Pero me di cuenta inmediatamente de que habla dicho "claro" y me sentía muy molesto. "¿Qué quiere decir 'tenía sesión? -pensé Que mande su sesión al carajo y no abandone o Marta." Sentí pena. Me di cuenta de que había pasado al otro bando. Ahora era martista. ¿Quién impone la importancia del ritual psicoanalítico? Si uno tiene sesión parece justificar todas las ausencias. "Bonita infraestructura económica- pensé. Todo previsto, y esto, ¿qué tiene que ver con el psicoanálisis?" Pensé en Wilhelm Reich.

Me dijo: "Cuando se casó por primera vez, papá le dijo: Vos hacé lo que quieras de vos, es tu vida, sos libre, que seas feliz; pero nosotros pensamos que este tipo te va hacer infeliz. Te lo digo por experiencia. Hacé lo que quieras, pero como padre te digo que no vas a ser feliz con este muchacho".

"Bonito mensaje esquizofrenizante para disociar hasta un elefante"-pensé. Y Marta le contestó a papá: "¿Por qué no te vas al carajo, papá?" Y a papá le dio un infarto. "Bien, Marta!", pensé.

Entendía ahora algo de sus fugas. Pensé en Cooper: "La locura no está en una persona, sino en un sistema de relaciones del cual forma parte esto que llamamos paciente".

Ella siguió hablando. "Yo me estoy por ir a Europa y quiero quedarme tranquila antes del viaje." "Me pasa la pelota

pensé Me deja la loca y se va a pasear."

"A papá le ha hecho la vida imposible. Fíjese doctor, un día desapareció, a los 18 años, en Mar del Plata. La tuvimos que buscar y la encontramos caminando por la Avenida Luro; y es tan jodida a veces, que se fugó el mismo día que a papá lo hablan ascendido en la compañía."

"Y usted de quién se fuga"-le pregunté "¿Cómo ?"-me dijo. "Si, en sus viajes, ¿de quién se fuga?" Me miró fijo. La miré fijo. Yo sabía que era agresiva la pregunta pero sé que soy agresivo. Mantuve la pausa. Sus ojos se humedecieron. Entonces le dije-no sé bien por qué- algo así como: "Todos nos fugamos siempre un poco Todos vivimos un poco siempre fugándonos, ¿no lo cree?" Hubo una pausa larga. Se recompuso. Yo conocía ese tipo de recomposición Inmediata. La conozco porque también es mía. Pensé: "Me veo en vos. Reconozco en mí ese gesto rápido, eso mueco que parece apartar las emociones por 'vulgares'. Hasta llorar es vulgar. Son muecas de 'clase" -pensé. Curioso, cuando comenzaba o sentirla más integrada, más persona, ella se vuelve a "despersonalizar". Se convierte en gesto impostor. Se recompone y se disocia. Se reconstruye hacia una creída normalidad y se convierte otra vez en la muñeca de éxito empresario.

Pensé: "La ilogicidad de los fugas tiene su origen en la enfermedad de la aparente lógica de otras personas".

"Son mi espejo" pensé Pensé en Pichon Rivière en ese momento, en cuánto nos dejó a todos. Fue un torbellino de momentos. Sentí gratitud por comprender. Que me interpreten otros. Pensé en el "hombre del grabador" -se me juntaba todo. Se me cruzó el Che.

"¿Cuándo puede venir Marta a verme?" Concretamos a las 6 del miércoles. Pensé en una idea de Cooper, que dice que muchas veces la víctima propiciatoria del mensaje de una familia es cómplice del proceso; la única manera de sentirse alguien es ser definido por lo menos como un loco, hay que elegir entre ser alguien loca o no ser nadie. Pasar por la vida sin siquiera morirse y sentir la muerte como propia. "Hasta la muerte nos es robada" -pensé. Los otros sienten nuestra propia muerte".

La idea es que somos cómplices de la definición que el otro hace de nosotros. El sistema de relaciones humanas es el enfermo. Es evidente, genera dialécticamente una contraviolencia permanente. Fugas en este caso. Revolución en otros. Pero pensé: "¿Cómo desencasillar a Marta de este proceso si yo soy el cómplice más importante del proceso, si yo soy el que tiene que etiquetarla? ¿Cómo desencasillar de mí los diagnósticos, mi formación, todo lo aprendido? ¿Cómo desaprender y empezar a humanizarme? ¿Con qué modelos? ¿Acaso alguien los tiene?"

Pero hoy algo de horror y algo magnifico en todo esto De gran empresa que construir. Se asustan los otros. Pensé en el hombre nuevo. En la humildad. "Reconstruir" -pensé y fui a leer una frase de un genio, que dice así: "Dentro de la sociedad burguesa, el psicoanálisis está condenado a la esterilidad, o peor aún, ya que el objeto de la educación en esta sociedad es educar en su beneficio y cómo educar para otro sociedad es una ilusión, todo lo pedagogía psicoanalítica, antes de la revolución social sólo se puede utilizar en beneficio de la sociedad burguesa, Los pedagogos psicoanalíticos que intentan cambiar esta sociedad -o los psicoanalistas- desde dentro, experimentaron lo que el sacerdote que fue a convertir a un moribundo agente de seguros, y que solo consiguió salir asegurado él mismo. La sociedad es más poderosa que el esfuerzo de algunos de sus miembros", 1930. Wilhelm Reich, 1930. ¡Como para no volverse loco!

"Los analistas que piensan que el psicoanálisis puede modificar el tipo de vínculo enfermo entre los seres humanos, caen en una utopía basada en la total ignorancia de la existencia económica y política." 1931. El mismo loco.

Pensé: "¡Qué bien define la reacción a los genios que molestan!", o tal vez, "¡qué bien sabe cómo enloquecerlos!" Pensé en los gobiernos. La gran esquizofrenia está allí; los grandes locos están allí. Allí hay que buscar la esquizofrenia en estado puro. Cualquier discurso de esta gente que "gobierna", y digo nos "gobiernan", y digo nos "violentan", es un ejemplo máximo de la contradicción esquizofrenizante del sistema. Pero, dialécticamente, todo esto genera confusión o contraviolencia.

Porque, ¿quién define a quién? ¿Quién es violento? El que define tiene siempre alguien que se deja definir o alguien que lucha desesperadamente por no dejarse definir. La opción es clara. En las mejores familias ocurre lo mismo; se hacen o se repiten los gestos que aprendieron los padres, y uno es normal o medio hombre, o se desaprenden estos gestos, intentando alcanzar el proyecto por el cual cada persona se define en el mundo; entonces se termina inevitablemente siendo revolucionario, o no se resiste y uno se vuelve loco.

Uno, en realidad, es una mezcla de "medio hombre". "revolucionario" y "loco". De la superación de esta contradicción nacerá el proyecto futuro, pero las tres opciones son válidas. Por eso puede haber revolucionarios-locos-medio hombres. Revolucionario-loco-medio hombre. Revolucionario-medio hombre. El cambio es enfrentar estos pares antitéticos y no proyectar una parte en el otro, sino superar lo propio contradicción.

Pero, ¿cómo cambiar una sociedad tan esquizofrenizante? ¿Hay otra opción que no sea la "radicalmente revolucionaria", en la que tal vez sea necesario realizar un estudio posterior de las metástasis del sistema extirpado? ¿Es posible que subsistan estos pares contradictorios en una futura sociedad? Solamente, tal vez, se pueda realizar el cambio analizando y previniendo los restos de autoritarismo esquizofrenizante que inevitablemente van a quedar, permanecer en una futura sociedad. Es decir, analizando y superando permanentemente las contradicciones en una sociedad socialista. Esa es la gran psicoterapia. Allí, la psicología se puede hacer revolucionaria.

Yo no comparto, por idealista, la idea de Cooper -a pesar de todo lo válido de este tipo de experiencia -de convivencia comunitaria donde no funcionen los preconceptos o prejuicios corrientes, sin anarquía ni autoritarismo, con una total y activa implicación de las familias de los miembros de la comunidad. Dice Cooper: "En una comunidad experimental de este tipo el sujeto no tendrá que luchar con los deseos alienados de otros que tratan de moldearlo a medida, de curarlo de sus intentos de convertirse en la persona que realmente es. Entonces, descubrirá modos auténticos de relacionarse con los otros".

Todo esto me parece de una profunda validez, me merece un gran respeto, pero si esta terapia comunitaria no está ligada a la directa lucha revolucionaria, es tragada por la reacción.

De ahí que pululan actualmente los términos "comunidades terapéuticas", "técnicas sensitivas o psicodramáticas", en manos de la reacción. Cuando todos estos procesos técnicos no están ligados a una teoría revolucionaria, le hacen el caldo gordo a la reacción. Por eso florecen las academias y los institutos, las técnicas nuevas, pero técnicas para el consumo, porque en manos de la reacción, estas técnicas pierden el verdadero germen revolucionario que tal vez pueden tener y permanecerán abortadas si no están ligadas a una teoría del gran cambio. Y doy fe, por mi propia experiencia, de que hay dos clases de psicodrama, de acuerdo con diferentes "concepciones del mundo" o ideologías. Yo soy responsable de haber utilizado el psicodrama durante años a favor del sistema, en forma reaccionaria. Solo una Información teórica política más amplia me permite reencontrar, recién ahora, el verdadero germen que puede tener como técnica de cambio. Pero ojo con el psicodrama. Ojo con las técnicas sensitivas. Ojo con las comunidades terapéuticas. Ojo con el psicoanálisis. Que con estas técnicas no vamos a hacer la revolución. No nos confundamos. Por aquí las cosas no pasan.

Pensé en un capítulo de Cleaver de su libro Alma encandena, donde realiza una descripción y análisis psicológico de la disociación mente-blanco-cuerpo-negro. Es la mejor descripción psicoanalítica que hasta ahora leí. Yo no sé si Cleaver alguna vez leyó a Freud. Pensé en la descripción de la familia argelina de Fanon, en Sociología de la Revolución. Pensé en las terapias radicales. En Sartre y la vida de Genet. Nunca comprendí mejor la homosexualidad desde la perspectiva psicoanalítica que cuando lei Saint Genet

"Si -pensé- tiene que existir otro psicoanálisis, tenemos que recuperar el embrión revolucionario. Tenemos que desencasillarlo de los divanes. Que el otro psicoanálisis adaptativo se vaya en un Charter muy lejos, pero muy lejos. Pensé. Estaba pensando. No quiero tachar nada. Si no, no es válido. Acá estoy metido en mis contradicciones y me estoy mintiendo. Tal vez yo me proyecto en ese Charter. Esto no es dialéctico si no lo acepto también como mío; yo también soy reaccionario."

Ojo con educar para la inmovilidad. Ya lo dijo mi gran amigo Rodrigué, durante años (no es frase de él, es mi idea sobre una idea de él): nos tragamos la palabra acting out como opuesta a pensamiento o a acción; ahora pienso que sabemos que hay un actuar pensante y en cambio, también sabemos que hay una Inmovilidad, que es un verdadero acting out regresivo. Importamos settings inmóviles reaccionarios. Aprendimos lo formal a la inglesa. Pero la nueva generación nos cuestiona todo.

Era morocha. Totalmente diferente a la hermana. Llegó puntual Marta.

Era una extraña mezcla de hippie, Inocencia y firmeza que me producía una sensación muy curiosa.

"Soy Marta me dijo creo que es verdad que estoy enferma." "Empezamos bien"-pensé-, "Conciencia de enfermedad." Primera batalla ganada.

"Pero vos estás más loco que yo- me dijo sonriendo- y mi hermana y mi familia entera están locos como vos." Se hizo una pausa larga. Intenté varios gestos. Utilicé primero la tos cuando no sabía qué hacer. En este caso dije dos veces: "Humm, humm". No, creo que fueron tres. En realidad dije tres veces. "Humm, humm, humm." Me afirmé en la silla y comencé a decir: "Bueno, yo tengo la impresión de que es como si..." y ella se rió a carcajadas. Entendí que se reía de mi manera de hablar.

"Ya empezas con el 'como si'. Siempre dicen 'como si'. No, en serio me dijo; yo te respeto un poco, pero no quiero joderte, creo que sos un buen tipo, pero realmente no necesito tu ayuda. Sé que hago cosas raras, pero creeme que si hacemos un balance entre vos, mi familia y yo, ¿quién es el normal? ¿Sabés lo que pasa con mi familia? Les costó mucho ascender y quieren que yo sea como ellos, que siga la línea o las ilusiones de los viejos, mi hermana, mi hermano, el viejo, ¿sabés? Tienen un concepto de la vida totalmente diferente del mío. Yo, desde los 17 años que no los aguanto. Para mi hermana, la ambición es hacer carrera, prestigio y guita. Hacen 'la vidita' --me dijo-". Me sonreí y me dijo: "Esto va para vos también." Dejé de sonreírme. "¿O no te gusta el prestigio a vos? Si te encanta que te conozcan. Salís en revistas, hacés teatro. Tenés un exhibicionismo morboso, pero me divertís porque tenés humor."

Tenía que hacer algo. Pensé inmediatamente en contraidentificación proyectiva. Era una salida. Pero ella siguió hablando. "¿Vos sabés lo que es la vidita? Ser normal es hacer la vidita'. Mi familia hace la vidita'. La vida chiquita, sabés, egoísta, burguesa, ambiciosa, ruin. A la gente. le gusta la vidita'. Los Campanelli. ¿Nunca ves la TV? Querer a los hijos; a los tíos, a los abuelos, reunirse en los cumpleaños y hablar del veraneo, del costo de la vida, del fútbol, de modas. Hacer que se quiere mucho a la familia y mentirse todo el tiempo; importarles un carajo del que está al lado. Ese que se joda. Ese no es. Mi familia es así ¿sabés? Cuando lo mataron al Che yo lloraba y mamá me dijo: 'Son cosas de la adolescencia, tu papá también era socialista de joven, simpatizaba con Repetto; después, poco a poco, vas a dejar de ser idealista y te vas a ubicar en la realidad. Mi hermana me dijo: 'Era un psicópata y un asmático." Me miró y me dijo con pena: "¿Te das cuenta? ¿Vos te das cuenta de eso? ¡Qué vida de mierda la de mi familia! Oíme, ¿pero vos te das cuenta de que para ellos la 'normalidad es morirse de a poco, y que quieren que yo me muera de a poco? Si rajo de ellos y vivo a mi manera con mis amigos sin entrar en la cadena infernal, me gritan loca y a mis amigos los creen locos.

"El otro día la vieja vino a ver dónde vivo y casi más se muere. Habló de suciedad, de mugre. Pero no hay dial, ¿sabés? Ya no hay más comunicación, se rompió. Pero, decime, si yo soy feliz viviendo con ellos, que me dejen tranquila. No jodo a nadie, ¿sabés? Nos llevamos bien, trabajamos cuando tenemos hambre, hacemos el amor cuando tenemos ganas. No hay horario, ¿¡vos sabés qué lindo!? Decime Pavlovsky, ¿vos conocés el pasaje La Piedad?" "Si le dije-, uno que queda por Cangallo, por Bartolomé Mitre? Un pasaje" -le dije-. Se rió...

"¿Así que no lo conocés? ¿No ves que estás alienado? Mirá, andá esta noche y caminálo. Llevate una botella de vino y caminálo. Aprende a mirar. Ustedes, los psicoanalistas, no saben mirar. No tienen tiempo para mirar. No saben ver. Vos tenés que aprender a caminar Buenos Aires. ¿Vos sabés qué linda es esta ciudad cuando la aprendės a caminar? En serio que tenés que aprender a caminar." "¿Me llevás?"-pensé.

"Identificación maníaca con un objeto persecutorio. Negación de la realidad -pensé. Identificación proyectiva en un continente de sus aspectos más necesitados e infantiles. Todo esto es muy claro. Voy bien. Para el carajo" -pensé.

"¿Vos sabés qué lindo es desayunar viendo amanecer en Buenos Aires? A veces me meto en un bar para escribir poesías. Escribí dos libros, ¿sabés?, y el dueño me manda a comprar las medialunas y me regala el desayuno cuando no tengo guita. Desayunamos juntos, me cuenta su vida y termina llorando. ¡Es tan tierno el viejo, que a veces lloramos juntos!" "Necesidad Infantil de ser amparada. Desayuno - Leche materna. Inversión de roles. Vas bien otra vez dije- Te estás ubicando. Oralidad, seis meses. Complejo de Edipo temprano, tipo kleiniano."

"No creas que creo que estoy sana me dijo. Estoy muy Jodida. Soy muy neura. Por eso escribo. Y me miró e hizo una pausa. Vos también sos muy neura, pero te salvas igual que yo, escribís."

Proyección. Proyección. Proyección. Proyección. Proyección. Proyección!!

"Yo creo -me dijo -que vos pensás que no soy tan loca como dice mi hermana ¿Pero sabés lo que te pasa, Tato? Que si no me encasillás a mí, te terminás cuestionando vos todo lo que hacés, absolutamente todo. ¿Y cómo seguís después? ¿Vos no crees que estamos todos enfermos? ¿Que nuestra sociedad está enferma? ¿Vos qué pensás de todo esto? Hablá, che, decí algo. ¿No pensás que hay que cambiar?"

Pensé en una frase de Cooper: tal vez no sea absurdo pensar que con frecuencia la gente ingresa en el hospital cuando empieza a convertirse en "sana". "¿Vos creés que yo debo volver con ellos? ¿Que debo morirme de a poco, o que tengo que seguir viviendo a mi manera, aunque a ellos les parezca que estoy loca? Contestáme, ¿qué pensás?"

Pensé en el E.E.G. Las rayas. Arritmia. Marcadamente anormal. Pensé en sus fugas. Estaba convencido que era epiléptica.

Yo no sé qué pasó. Pero algo le debo haber dicho o ella puede haber interpretado algún gesto en mi cara. Yo juro que no recuerdo. Pero se levantó de la silla y me dijo: "Menos mal, porque si no me hubieras desilusionado. Chau, y no te olvides de ir al pasaje La Piedad esta noche".

Estoy frente a un grupo de adolescentes. Es la última sesión antes de un viaje mío a Europa. Hay un gran silencio. Es raro en un grupo que haya silencio.

Una chica dice que ella se siente mal en el grupo. Se queja de la falta de sinceridad de los miembros. Dice que no hay un buen clima en el grupo para hablar. Lo dice en tono muy agresivo.

Yo, interpreto la protesta en relación con mi viaje. Que en el fondo se siente abandonada y que tal vez expresa el sentimiento del grupo por mi ausencia. Lo niega abiertamente y otro miembro la apoya.

Dice el otro miembro: "Eso es una interpretación rebuscada", y me dice que piensa lo mismo que la chica. Yo vuelvo a interpretar que él sigue el movimiento de protesta por ser la última sesión.

"No, no" -me dice-. Me recuerda que también protestaron en otras oportunidades cuando hicimos un sociograma y sintieron que los temas que habían surgido en él no habían sido tomados demasiado en cuenta por mí y que además nunca se terminó de discutir la posibilidad de una segunda sesión (en ese momento tomaban una).

Yo les vuelvo a interpretar que, tal vez, la segunda sesión que surge, puede expresar los deseos de reponer las sesiones que sienten que van a perder con mi viaje; pero quiero que me acepten este nivel interpretativo.

"No, no -me dice alguien- usted todo lo está interpretando por su viaje y nos quiere enchufar la interpretación." Lo veo, lo vuelvo a interpretar como resistencia a admitir la dependencia por la separación y el dolor que eso les produce. Creo que estoy en ese momento utilizando toda la teoría psicoanalítica que aprendí. Pero es verdad que al mismo tiempo siento que me quiero imponer, que quiero imponer mi punto de vista; estoy sordo a los reclamos. Y pienso que estoy viciado de autoritarismo. Aquí no hay proyección, aquí la escena me incluye, no pasa por delante sino por detrás. Pienso: "Esto es problema mío. Soy yo quien proyectó el rol sumiso en ellos y actúo con autoritarismo. Parte de mi disociación y de mi contradicción no superada. Se me mete la educación del sistema desde afuera. Interpretar esto como contraidentificación proyectiva, en realidad, es no incluirme en otra escena más amplia. Interpretar como contraidentificación proyectiva sería decir, por ejemplo, que yo soy un objeto Interno de ellos que está actuando' autoritariamente, pero que la situación entre ellos y yo es una relación objetal del paciente, que está especializada y proyectada afuera conmigo y de este modo no me incluyo, la escena pasa por delante; es escena uno. Aquí no soy pantalla. Ya soy persona en conflicto".

Les digo que estuve sordo, testigo, que estuve sordo al reclamo de ellos, que acepto que los objeciones eran válidas y pienso que las quejas con respecto al sociograma, el pedido de la segunda sesión, tenían aspectos parciales de verdad.

Que yo no podía oírlos -les dije- y que era probable que también quisiera imponer mis puntos de vista autoritarios en la interpretación, que la protesta de ellos me hacia ver mi autoritarismo. Entonces, dejo de estar sordo paro ellos, ya puedo dialogar con ellos dentro de mi. Les digo también que en mi mensaje no todo era autoritario, sino que había algo de verdad, y que ellos estaban sordos a esa verdad parcial del sentimiento de abandono por mi viaje.

Me dicen que ahora pueden oírme. Alguien me dice que pensó en mi viaje y tuvo pena. Otro comenta que había sentido rabia pero que prefería no expresarla. Les interpreto que ahora elles pueden dialogar conmigo dentro de ellas y que tal vez se ha establecido un doble diálogo dentro de nosotros. Que, en realidad, tal vez no protestan porque me voy sino que expresan su sentimiento de injusticia, durante todas las sesiones, cuando me voy. Antes no había diálogo, ahora podemos escucharnos porque hemos interiorizado nuestras reciprocidades.

Ellos me ayudaron a concienciar mis restos de autoritarismo; yo los ayudé a ellos a concienciar sus sentimientos de agresión y de pena frente a mi viaje. Este proceso dialéctico me abarca a mí como persona y a ellos también. Nosotros llamamos a esto escena dos, cuando la escena que interpreto me abarca totalmente.

Pienso que el psicoanálisis intenta comprender mucho más las escenas uno: yo sólo como receptor de las identificaciones proyectivas, como contraidentificación proyectiva o como contratransferencia neurótica.

Creo que el futuro de la psicoterapia tiene que ver más con las escenas dos que con las escenas uno. El psicoanálisis está en ambos en lo que tiene de dialéctico, pero nos hemos entrenado muchos más para escenas uno; por eso creo que la idea de Cooper sobre experiencias comunitarias tiene la posibilidad de establecer una terapia futura auténtica, donde uno esté permanentemente cuestionándose en un nivel más simétrico con el paciente.



Fuente: Conferencia pronunciada en el ciclo Psicoanálisis 71, organizado por el Centro de Psicología Médico.



José Luis Cuevas. La residencia de estudiantes I, 1997. Dibujo.

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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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