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  • Zaratustreanas XI De grietas y polaridades / Fernando Stivala

    Normalidades por un lado, singularidades por otro. ¿Estamos del lado del cliché o de la invención? ¿De la moral o del termómetro? ¿Representación o intensidad? Árbol rizoma. Devenir historia. Modelo científico o prácticas artísticas Pensar neuróticamente o experimentar pensando O o o … Se ataca un tipo de razonamiento binario que no da salidas. Y a la vez parece que se repone. Diferenciemos un dos estático que habilita un bando y otro, de un dos dinámico que abre posibilidades y matices. Hay un dos binario que puede ser sustituido por un dos polar, usando incluso las mismas palabras. El dos binario es una relación biunívoca entre dos términos que no tienen resto, no hay otra posibilidad. Si se es esto no se es lo otro. Discusiones que nos encierran. Dialéctica. Grieta. Oponerse para destruir la otra posición. Polémica, guerra. "Definite", "¿de qué lado estas?",´"tenes que saber quién sos", "no seas tibio","¿cuál es tu posición?" Sistema de opiniones e ideologías. Deleuze El pensamiento, con sus dimensiones múltiples, queda replegado a la máquina de codificación binaria: es esto o lo otro. Ahí es cuando dejamos de usar el pensamiento. El sistema binario ya tiene un pensamiento para cada conjunto de pertenencia. La máquina binaria nos encierra, incluso aunque sean más de dos opciones. Se va dejando de lado la multiplicidad que ofrecen las situaciones. El dos polar se trata de otra cosa. Puede nombrar dos elementos extremos de un campo, como fuerzas o estados o personajes conceptuales. No como identidades. Dos elementos extremos de un campo pero que al interior se dan todos los matices, todas las novedades, todos los corrimientos, todos los desplazamientos, todas las combinaciones posibles. Oídos inauditos. Ojos desconocidos. Olfatos impredecibles. Gustos enigmáticos. Tactos irreconocibles. Sensibilidades sin codificar. Poder escuchar eso como viene y con lo que viene, y no tanto con representaciones previas que también van a aparecer. Que la previa no anule la capacidad múltiple de los sentidos. Otra manera de decir prejuicios, imaginarios colectivos, arquetipos sociales. ¿Cultura? Poder darnos cuenta, en cada momento, cuándo se impone un dos binario sin resto, y cuándo se habilita un dos polar que trae combinaciones todavía no exploradas. Tiene que ver con el talento de quien escucha y lee. Percibe. Recibe. El dos polar abre un arco de matices que pueden ser combinables. No es cliché o inventar. No es repetición o diferencia. No es normalidad o singularidades. No es moral o termómetro. Podemos encontrar y combinar hábitos de cliché, costumbres y repeticiones, automatismos y normalidades; con, estados y momentos inauditos, inexplorados, singulares. Entre clichés e invenciones se abre todo un arco posible: combinaciones, coexistencias, contaminaciones, operaciones, intersecciones, simultaneidades, absorciones. Se habla de un dos, pero para abrir un entre ultra poblado. Se lo puede probar con grietas de género, de clases, de ideologías, y ver si funciona. Si en vez de anclar y endurecer posiciones, abre matices que se activan recorriendo esas mismas polaridades. Si usamos normalidades como un polo de la experiencia contemporánea, no son lo malo en oposición a lo bueno. Buscamos romperla, discutirla, abrirla, des endurecerla. Y también buscamos tantear cómo se navega ahí, cómo se trazan conexiones, cómo nos vinculamos. El otro extremo (el opuesto al dominante) es un polo, no un término binario. Entonces hay muchas operaciones y combinaciones para trazar. Las operaciones o combinaciones que se arman valen por lo que pueden y no por su adecuación a una ideología previa. Es la fuerza de una operación la que crea algo, y no la similitud a un polo. Se trata de extraerle al sistema codificado binario unas capas de realidades que vienen de otro régimen. Se trata de extraerle un ritmo a la binarización. Bajo el código binario laten ritmos o fuerzas. Bajo el código de la repetición laten diferencias, pero ellas tienen otro régimen. No existe la política, la clínica, el arte. Existen prácticas. Micro clínicas, micro políticas, micro artísticas. Existen personas en ciertas situaciones y épocas haciendo arte, haciendo clínica, haciendo política. A veces disfrazadas de repeticiones, a veces disfrazadas de normalidades. No hay amor que se parezca a la idea de amor. No hay revolución que se parezca a la idea de revolución.

  • Ensayo para espa(r)ciar / Diego Alejandro Luna, Maia Shirel Fraiman, Yeimer Alberto Márquez Rojas

    Ensayo para espa(r)ciar1 / Diego Alejandro Luna, Maia Shirel Fraiman, Yeimer Alberto Márquez Rojas. 2do. Cuatrimestre, 2022. Obertura2 / Mercedes Nahir Ramirez Desde el inicio aconteció una extrañeza en la comisión 12, fueron más las ausencias en cantidad que quienes se presentaron y a fuerza de intención, decidieron transitarla, quizás entusiasmos de una cursada imposible asistieron ante tales ausencias, ahora quizás agradecidas. Es por esto quizás, que se inaugura la posibilidad de intervenir un parcial en sus esquemas establecidos y acordados cuidadosamente por quienes procuran entradas para pensar situaciones de grupo en espacios de teóricos. Lo cuidado necesita también de otros cuidados cuando la jaula se vuelve pájaro.3 Se decide entonces un parcial como escritura en situación de grupo que no responda secuencialmente un número de preguntas o consignas, sino más bien que converse con ellas, que divague, que indague, que ensaye, con la espera de una publicación acompañada. Intervenir un parcial, como hacer lugar para que aparezca en lo conocido otra cosa, una posibilidad de invención, de movimiento y apertura. Una intervención que ponga patas para arriba la prepotencia calificadora que establece legalidades insensibles ante lo todavía no dicho/pensado/escrito. ¿Cómo corregir en la universidad un parcial que ya no es un parcial? Un texto sin notas al pie. Un texto sin patas quizás signifique un texto en el aire, liviano y suspendido en territorios que funcionan como accesos y puertas de emergencia contraincendios del pensar en la universidad. Se interviene un parcial para armar una sala de espera donde se puedan pensar al unísono, como barullo, aquello que en las prácticas llamamos clínicas, dolor, espera, psicoanálisis, poder médico, medicalización, manicomialización y desmanicomialización. Deshacer un parcial para ensayar ideas en torno a clínicas menores. Deshacer normativas de la institución universitaria para volver a descifrar lo indescifrable de pensar/leer/escribir/decir/imaginar en la universidad. Un parcial se puede escribir como se hacen otras cosas: caminar, asistir a la sorpresa, migrar, abismarse de cara al desconcierto, componer tramas escriturales en situación de grupo. De algún modo escribir deshaciendo un parcial también fractura normalidades universitarias como acto de invención del decir, como descubrimiento de lo que se quiere pensar o transmitir sin saber muy bien cuál será su lengua o conformidad semiótica, porque la invención es ese fragmento de tibiezas en el registro de lo que va ocurriendo y todavía no se sabe lo que se está por decir. Se intenta, se intenta con laboriosidad desconocida por sus modos antes que por su producto, se intenta acercar a la comisión 12 al concepto de desterritorialización. Se intentó tanto que ganó el lugar de la primera palabra de un texto, el título. Lo que ocurre es que a tanto intento solo se puede develar la imposibilidad de asir la idea, el concepto, como un todo absoluto. Es que desterritorializar es decir otro lugar y también decir otro lugar. No sucumbe a la clausura de las totalizaciones, vive. Los andamiajes del decir irrumpieron como juego de trabalenguas un poco para resolver las inclemencias que resuelven el sentido antes de permitir que las ideas habiten sin más algo de lo pensable/impensable, siempre con disponibilidad a posibles que se imaginan improbables. Inventar una gramática que participa de la existencia social, una realidad en la que se habita, proliferación que escapa a la taxonomía occidental que coloniza. Habitar un otro lugar en el lugar para asistir al desconcierto de producciones identitarias estancas. Recuerda una idea: no generar prácticas de producción de identidad sino prácticas de invención de libertad4 Desembarcar en lugares escriturales de subjetivación disidente, de opresión pero también de potencia de transformación. Quizás ya se partió a otras territorialidades, aunque avizoran que un viaje entre líneas recién comienza. Buenos Aires, Noviembre 2022. Mientras que la posición de espera, es disponibilidad abierta a lo por venir, asumir una posición de espera es mantenerse disponible a lo que acontece, espera de que devengan estos saberes no sabidos que se encargan de las memorias de cada sensibilidad. Cabe servirse de una frase mencionada por algún docente de la Facultad de Psicología, quien indica lo siguiente, “uno no sabe que sabe lo que no sabe”, y aunque parezca un trabalenguas, parece útil para pensar. Desde estas palabras podría considerarse las palabras de Coleridge, en 1817 sobre el pacto ficcional, considerar verdaderas algunas premisas, el mundo de lo verosímil, lo cual es creíble dentro del universo representado y sus reglas; es la ficción lo que está siendo tenido en cuenta, se supone por ende la momentánea suspensión de la incredulidad, apartar el sentido crítico sobre la realidad con plena voluntad a propósito de las reglas consideradas; es posiblemente una gran función, esto supone Cesare Pavese (1950) en Percia (2021) cuando supone que el “oficio de vivir” consiste en creer algunas mentiras al mismo tiempo que a olvidar la vacuidad de la existencia, serían estas realidades que dan paso a la ficción; es la práctica cotidiana de creencias y olvidos. Ahora bien, la vida es un sinfín de sucesos donde se pone en juego lo aprendido, el saber, así como la materia que no se crea, ni se destruye, sino que se transforma, pero, ¿qué se intenta insinuar con esto?, Percia (2021) en incredulidades, la credibilidad, “la creencia en la palabra y autoridad”, podría decirse, lo que creemos saber, o lo que elegimos creer, es “una posición política de incredulidades que eligen confiar en una posición y no en otra”, además, el saber está en constante movimiento con otros saberes, si se reprime es porque a causa de otro saber no se pretende ocultarlo, si no se acepta se niega, si no convence se desmiente y si no se puede tramitar, se olvida; pero siempre es un saber por otro aunque no esté disponible cómo se obtuvo, de alguna manera está ahí. En este momento, el devenir de un acontecimiento que ha significado la pandemia, que hizo diferente a la mayoría de acciones que se hacían comúnmente; incluso el hecho de adquirir una medicación artificial, y allí, quizás, pudimos emigrar a otra medicación sin darnos cuenta. En lo posible, concluida la etapa de encierro, aislamiento, apartamiento, que hubo o que aún suceden, hay soledades que han actuado como medicación, que han creado experiencia en el acontecimiento; haciendo un lugar, un espacio, un hueco al amor, a la amistad; a aquellos momentos que transforman y animan, a ubicar esos sentimientos minoritarios de encuentros, pero no de personas, de estar rodeados; sino aquellos encuentros de cercanías, que protegen de la desolación. Se puede comprender entonces, en términos de saber, que es necesario despertenecerse de las posturas hegemónicas. Es imprescindible un derrame de los espacios y prácticas dominantes en salud, de esa norma que captura. Es necesario correrse de ese lugar en el que sólo, el médico es el que puede y sabe, cómo traer lo desalojado; Percia (2021) diría que resulta arrogante pretender oficiar la vida. Pero entonces, volviendo un poco al comienzo, ¿cuál es el saber?, si todo está impuesto, si el saber es poder, alguien debe tenerlo, si uno no sabe, hay alguien que si, un profesor, un psicoanalista, el cual sabe lo que uno desconoce, eso que duele, que desborda, y que el profesional tiene la fórmula para “sanar” eso que excede al cuerpo. De igual manera, tampoco ellos tienen toda la verdad, ¿no?, si siguen el discurso de otros, el saber de otros. Entonces, ¿tal vez no sería tanto un no saber sino un no tener respuesta a lo requerido?, el saber siempre está, pero a veces no se puede usar, no se puede dar respuesta, pero no por ello no se sabe. Sin embargo, hay algo que hace ruido en esto, ¿por qué se piensa que un profesional tiene un saber? ¿Por qué tiene que haberlo? ¿Por qué tiene que haber una lógica, un sentido?. Debemos seguir pautas, reglas, debemos saber por qué es imposible el no saber, y de dónde salió todo esto, por qué es “normal”. Algo hila todo esto, lo atraviesa, se impone, el sentido común. El sentido común se impone como norma, aquello que se cree propio, íntimo, experiencias personales pero que en realidad no lo es. El sentido común encasilla y clasifica. El habla capitalista se esconde en el sentido común, es la voz de mando, dominante, dice qué es lo que está bien y lo que no. Da una sensación de protección y de seguridad porque uno cree concordar con la mayoría de la gente cuando habla a través de él, también porque le da sentido, certeza a lo que hacemos. De lo contrario, nos sentiríamos perdidos. En adición a esto último, Barthes (1977) plantea que no existe un único poder o posiciones que tengan el poder, sino que el poder está en todos y en todos lados porque está inscripto en el lenguaje y a su vez todo lenguaje se expresa en una lengua. El lenguaje clasifica y la clasificación oprime. Inmoviliza la vida en común. Obliga a decir: El lenguaje ata, aprisiona, sujeta Todo lo que se puede decir, ya estuvo pensado. Genera discursos y sentido común: dirige la vida, los modos de pensar y actuar. Se ven estas obligaciones como si fueran elecciones libres. El poder fábrica personas a medida (relacionado con ficciones). Actúa naturalizando, en lugar de prohibir, nos hace creer que muchas cosas de las que hacemos, decimos, deseamos son naturales. Distinto a la potencia. Entonces, ¿cómo tener un pensamiento, un saber?, si el pensamiento ya está pensado por el discurso social consensuado, que sujeta y despersonaliza transmitido por medio del lenguaje, aquí no se producen subjetividades, sino, se embelesan sensibilidades, las cautivan, anestesia sujeciones, suaviza ataduras, contiene deseos de fuga. Se suele conformarse, aunque a veces se duda, no se puede escapar, sin embargo, como indica Barthes (1977), se le puede hacer trampas. En consonancia con las subjetividades atadas, Buttler Judith (2004) en “Deshacer el Género”, se refiere a la individualidad como experiencia de ser deshecho, agencia que se deriva del hecho, que estamos constituidos por un mundo que no escogimos; pero en esta experiencia existe una condición de posibilidad, la cual es, aspirar a vivir de manera que mantenga una relación crítica y transformadora; aunque hayas discursos que opriman, que pretendan decir una verdad. Esa razón, ese sentido común en el Psicoanálisis nos hace creer que es necesaria la existencia del terapeuta porque es el que viene a traer a la luz esos saberes olvidados. Tiene una técnica “mágica” que nos “cura”. Por ello, pensar en ¿qué medicación preferimos? La que me quita la enfermedad y me cura lo corporal o aquella que incluye sobre un cuerpo enfermo de sensibilidades y encuentros cercanos, donde la soledad no se cuenta como proximidad en distancia medida, sino en cercanías, donde no soy excluido, de todo aquello que gobierna, domina inclusive lo vivido. Podemos asumir las medicaciones, como aquello que ofrecen los galenos, asumido la mayoría de las veces, como sustancias que permiten mejorar la salud ante la enfermedad que se manifiesta corporalmente; y desde una sala de admisiones creemos que estamos en ese lugar porque necesitamos de aquello que ofrece, lo que brinda, lo que allí se concede para alcanzar lo que deseamos con la medicación, y lo que esperamos encontrar es la salud, y puede suceder que se nos pasa la salud esperando encontrar la medicación idónea, quizá por eso sobreviene como pregunta: ¿será esta pastilla la correcta, la indicada?. Eso es lo que enseña lo instituido, ante cualquier síntoma que representa estar mal de salud, hay que asistir a un centro de atención para obtener la medicación adecuada, se pretende huir del dolor, del malestar, de un cuerpo que habla; se concibe que allí sería el lugar justo para obtener explicación a los sucede físicamente, ante la aparición de una enfermedad. En relación a lo instituido, se puede pensar, en saberes, que según diferentes mecanismos, son ocultados, suprimidos, dudados y hasta suspendidos, pero nunca eliminados, ese saber sigue siendo parte de nosotros en algún aspecto. Es aquí donde se invita a pensar la labor del psicoanálisis, el tratar de que reaparezcan, de traerlos, de que no sean más disimulados, de que se los reconozca, de que pueda haber representación. Según Percia (2017) estos saberes no sabidos se encargan de memorias de cada sensibilidad. Sin embargo, el concepto de sensibilidad logra traspasar memorias personales, sensibilidad desborda la idea de lo individual, son sensibilidades no personales. Se propone abandonar sustantivos y expresiones que insistan en la fábula del sujeto. Se sugiere el término sensibilidades, como un modo de nombrar lo sensible sin evocar las figuras totalizantes del sujeto (yo, persona, y otros sustantivos que reencarnan en un sujeto trascendental), Percia (2017), refiere que “cada vez que se pronuncia la palabra yo: un genocidio se vuelve verosímil”. Se piensa que en eso que habla y por costumbre (instituido), el psicoanálisis y en general se lo llama yo, no se enuncia una voluntad soberana de sí, sino una multiplicidad de voces de la civilización. Se propone que quizás convenga pensar a eso que llamamos sujeto, como entramados de sujeciones. Pensar al “sujeto” como composición de sujeciones a ideales, enunciados, identidades, que son culturales y que para componerse como tal necesita crear esas sujeciones. Esas sujeciones no son propias. Descentrar la idea de sujeto ya que sujeto se emplea para lo sujetado. Se es sujeto en cuanto sujetado al lenguaje. Todo lo que hay en ese yo se compone como si fuera una fábrica, incluso el deseo. Deseo como composición, se arma un deseo con ese gran otro, con el lenguaje, no es algo propio. Deseo como lugar de la sujeción. Sospechamos a esos sentimientos que pensamos como propios. Deseamos con lo que hay, con lo que el habla nos permite pensar. Por ello, desde la idea del presente informe, la idea de esta clínica, de esta propuesta de sala de admisiones, se pretende ese encuentro consigo mismo, no esúnicamente descubrirnos en cuanto tal, lo que somos, es dejar que cualquieracontecimiento tenga esa intención de ser vivido más que recordado, no es lograr un película de aquello que no se sabe y que está como saber, aquello desalojado o no, venido o no, lo cual fuese necesario que se promueva como un valor de plenitud y potencia. Quizás, la expresión “clínica menor” pueda ofrecerse como artificio ficcional que ayude a desterritorializar la clínica; arrancarla de sus modos estereotipados. Artificio que posibilite tramar haceres clínicos desaferrados de disciplinamientos presentes en manuales y normas. Darse a poder estar en "disponibilidad" de ejercerla en lugares o circunstancias que no son las establecidas previamente, invitar a escuchar, hablar en donde se necesite, una plaza, la facultad, etc. “Cuando el deseo de hablar irrumpe, ese momento y ese lugar, no equivalen a cualquiera.”(Percia, 2017, P. 60). Son momentos de una común vulnerabilidad, la cual empareja a los hablantes, los iguala en el decir. Por lo tanto, en este momento se desarrolla la conversación clínica, es dado por un “poco saber” o un “no saber”, es una común incerteza en la que los hablantes no saben qué pensar sobre lo que está pasando o no saben a dónde ir en la conversación, provocando un común silencio. Se hace silencio ante lo irreparable o irremediable, es un silencio que abriga lo irreparable o aquello sobre lo cual no se puede decir. Además, es un momento de impoder, ya que se debe reconocer que se está ante un no saber, y surge el deseo de volver a hablar y pensar, de forma que nos habilita la posibilidad de pensar a la incertidumbre como un motor o una invitación a entrar en conversación. A causa de esto, no suena mal pensar que las clínicas celebran conversaciones en un común naufragio. A veces, consiguen hacer lo que el irse a pique no permite: suspender la catástrofe. Dar un respiro, inyectar una pausa en la perentoriedad. Hablar de lo que está pasando hasta que una palabra o un silencio, quizás, vislumbren una inesperada orilla. La maravillosa magia del tiempo se dice en la frase final con la que se termina cada sesión: Seguimos con esto la próxima. (Percia. M, sesiones de un naufragio.) Respecto a lo mencionado, podemos pensar a la enfermedad como algo que se nos aparece para abrirnos los ojos, para mostrarnos algo que no estábamos pudiendo ver. En nuestra sociedad se la suele considerar como algo que con un medicamento se soluciona, sin embargo, con la medicación estamos tapando lo quenos viene a mostrar, es una solución rápida. Esa necesidad de buscar una solución urgente a eso que se suele considerar como perjudicial. Por lo tanto, es replantearse aquello que solemos ver como malo, ¿el estar enfermo es algo tan perjudicial que tenemos que solucionar con medicamentos, ir a la farmacéutica, hacer lo que tenemos tan normalizados, o también es parte de la salud? Pero, y al no obtener lo que se busca, ¿qué es lo que ocurre?. La incredulidad nos introduce la duda, pone en juego ese saber, se cree, se apuesta, se postula una espera: ¿sentirnos mejor (hacer transferencia) y para qué? ¿Por qué necesito resolver esto? ¿Cómo lo va a resolver? ¿que se busca? Muchas veces se han escuchado ante una recomendación el “¿y para qué?”. La común incredulidad se refugia, se ampara en una cercanía momentánea. Percia (2022), alude que una circunstancia clínica no enseña a creer en la ficción de sí, sino a descreer en todas las ficciones. Ayuda a reponer la necesaria incredulidad identitaria. Creer para poder descreer de todas aquellas ficciones que nos dañan. Entre ellas, las ficciones posesivas e identitarias. En la clínica no se trata de creer en un saber, una cura, una salvación que emerge, pero la incredulidad (en el progreso, en la solución, en la vida eterna, en el fin de los dolores) debe suspenderse, para poder tramitar la angustia, esta existencia despojada de toda pertenencia, aquellos que están angustiados son vistos como “locos” por los que están domesticados, atados, sujetados por los poderes, y al tratar de escapar del lenguaje y no utilizar la lógica de propiedad (“Yo soy, yo tengo, esto es mío”) se produce un sentimiento de desamparo que es necesario para pensar desde otro lugar. En adición, en relación a lo no sabido, se vuelve a hacer hincapié en esta clínica que apuesta a introducirse a esto, salir del camino trazado, criticar lo impuesto y conocido, invitar a pensar en algo que uno no sabe, que sale de la normalidad, ¿cómo algo que desborda y no se sabe, puede explicarse con un manual?. Según Percia, (2017, p.62) La clínica está ahí, “Hacen lugar para lo que no tiene lugar”. Además, afirma Percia (2017, p.60) “No sólo en consultorios, sala de hospitales, gabinetes comunitarios, también en bares, plazas, esquinas: en el umbral de una puerta, en el marco de una ventana, en un pasillo estrecho”. Es necesario e igualmente de suma importancia, llevar la clínica de atención, de acogida, a todos los espacios, porque la salud no es sólo estar bien físicamente, trasciende los límites corporales, va a lo impersonal, la clínica viene a ser la reintegración de lo fragmentado. Entonces, ¿qué se procura desde la sala de admisiones? En cuanto a las medicaciones, sería el desesperado encuentro con la salud ante la enfermedad que deja la mirada reflexiva sobre lo que podemos vivir, aun desde la enfermedad. No la queremos y la evitamos, nos enfocamos en evadirla, erradicando en parte, aquello que puede darnos esa otra, no medicación, no una pastilla, pero aún no sabemos medirlo, es más no se puede medir, simplemente sucede, no se puede anticipar, no le pertenece a nadie, ya que es impersonal; es un acontecimiento. Quizás convenga diferenciar esperanza de espera. La esperanza aguarda una solución mesiánica que llegará a enmendar los dolores del presente. Frecuentemente olvidamos que también esta vida, el vivir; sí, incluso con la enfermedad, se asume como capital a un cuerpo sano, como lo normal, aunque hay un gran número de sensibilidades que procuran una clínica menor ante la pretensión mayoritaria, hay otras como la hegemónica, industrias farmacéuticas, que evitan que ellas se procuren, sucedan, es decir, pretenden acaparar toda la atención para focalizar en ellos toda posibilidad, y hacer olvidar la potencia de la vida. Las clínicas precisan asumir una posición de poco-saber despojados de la arrogancia de lo ya sabido. Poner en suspenso aquellos saberes valorados, ir hacia el encuentro clínico con el cuidado que implica alojar lo que acontezca cada vez. Por lo tanto, se percibe como urgencia otros modos de pensar a eso que llamamos clínica, a esas inquietudes que intentan fugar de los modos disciplinados, manualizados de pensar la técnica. Ahora bien, ante lo hegemónico, lo cual pertenece a lo institucional, podría considerarse como violencia simbólica; ya que ha sido el discurso creado y que hablan aquellas instituciones, considerado tal, como la clínica mayoritaria, según Guattari y Rolnik, procede de la cultura de las masas, como elemento de producción de subjetividad, como individuos normalizados, articulados según sistemas jerárquicos, sistema de sumisión, procesos de singularidad, individualidad que reclama códigos preestablecidos, o modos de manipulación. Bozzolo Raquel (1999) en “Los vínculos y la producción de subjetividades”, sostiene que lo histórico social insiste en la exterioridad, y advierte que la concepción sobre los sujetos que naturaliza su forma de existencia anula posibilidad de transformación, por lo que intenta desencializar la subjetividad desnaturalizando las teorías; la elucidacióncrítica de las significaciones sociales, produciendo la subjetividad reflexiva y deliberante; al estilo de Foucault, que entiende a la subjetividad como el modo en que el sujeto hace la experiencia de sí mismo; alentando de tal manera, nuevos modos de subjetividad, rechazando la individuación-individualidad impuesta durante mucho tiempo; por ende, afirma Bozzolo (1999) que la producción de subjetividad no es subjetividad como algo dado, en términos de producción; es colectiva, se evidencia y genera en lo social. Ahora bien, con todo lo planteado se puede pensar y retomar, que el saber, que por diferentes motivos fue transformado y devenido en otra cosa, que molesta, que desborda, es lo que la clínica menor cerca del psicoanálisis, intenta recuperar; y es esta clínica menor que se despega del camino trazado, sale de las rigideces de los dispositivos; saliendo así mismo de esas pertenencias identitarias, de la ilusión de pertenecer a un “todo”, de esa unanimidad mayoritaria. Bibliografía Barthes, R. (1977). Lección inaugural de la cátedra de semiología lingüística del Collège de France”. En El placer del texto y lección inaugural. Buenos Aires: Siglo XXI. Bozzolo, R. (1999). Los vínculos y la producción histórica de subjetividades. Revista Configuraciones Vinculares, 2 (XXII), AAPPG, Buenos Aires. En: https://www.pablohupert.com.ar/index.php/los-vinculos-y-la-produccion-historica-de-subjetividades/ Butler, J. (2004). “Introducción” en Deshacer el género. Editorial Paidós. Deleuzze, G y Guattari, F. (2002). Cap I: “Introducción: Rizoma” en Mil mesetas. Editorial Paidós. Pizarnik, A. (1958) El despertar. Percia, M. (2014). Sujeto fabulado I. Notas. Percia, M. (2017) (lo común), (poderes), (clínicas), (soledades), (sujeciones). EnEstancias en común. Editorial La Cebra. Percia, M. (2018) “Corajes que atraviesan portadas” (Prólogo) en Después de los manicomios. Clínicas insurgentes. Editorial La Cebra. Percia, M. (2018). Demasías, locuras, normalidades. Meditaciones para una clínica menor. Editorial La Cebra. Percia, M. (2021). Sesiones en el naufragio (5) Incredulidades. En: Adynata Revista. Reveses de clínicas estremecidas. Percia, M. (2022). Sesiones en el naufragio (32) Dar la acogida. En: Adynata Revista. Reveses de clínicas estremecidas. Preciado, Paul B. (2022) Presentación de Dysphoria Mundi. En librería asociativa/distribuidora/editorial Traficantes de sueños. Madrid, España. Rolnik, S. (2017). Una terapéutica para tiempos desprovistos de poesía. En Tres ensayos sobre Lygia Clark por Suely Rolnik. Editorial Natas cuadernetas. 1 Música. Composición instrumental derivada de la anterior pero destinada a ser una pieza de concierto independiente, se lee en google. Se prefiere significar como otra cosa del texto en el texto, justo antes del texto o como escritura en los márgenes de un parcial. 2 Pizarnik, A. (1958) El despertar. 3 Preciado, Paul B. (2022) Presentación de Dysphoria Mundi. En librería asociativa/distribuidora/editorial Traficantes de sueños. Madrid, España. 4 Hacer espacio en un parcial para lo que antes no tenía lugar. Otro espacio para quienes transitan como cursantes de grupos II y otro espacio para los encuentros, producciones escriturales en la universidad.

  • Desencalladuras / Verónica Scardamaglia

    Hay lugares donde encallan años de prácticas que, ensimismadas y paranoicas, no paran de mirarse al espejo del ombligo. Entre pretensiones de lo bienhabido, sangran por la herida viejos reyes con coronas de hojalata que parlotean en nombre del ayer. Princesas consortes berrinchean, atolondradas y empachadas de papeleríos que las tapan hasta producirse urticaria. Su trenza, larga y enredada, las envenena hasta morderles la cola. El tintineo de las moneditas devela las miserias que escamotean. Y el monólogo a voces condena lo innegable: lo que parecía una mínima filtración de algunas gotitas de agua y miel, está deviniendo un río incontenible que augura nuevos rumbos. No sólo el viento que agita las hojas en la vereda de barrio esta entrando por puertas y ventanales. Con aguas, mieles y vientos están entrando también los colores de lo vivo, los sonidos y movimientos de lo vivo que insisten en sacudir letargos.

  • Cálculo elegíaco / Wislawa Szymborska

    Cuántos de los que he conocido (si de verdad los he conocido) hombres, mujeres (si esta división sigue vigente), han atravesado este umbral (si esto es un umbral), han cruzado este puente (si se puede llamar puente). Cuántos después de una vida más corta o más larga (si para ellos en eso sigue habiendo alguna diferencia), buena porque ha empezado, mala porque ha acabado (si no prefirieran decirlo al revés), se han encontrado en la otra orilla (si se han encontrado y si la otra orilla existe). No me es dado saber cuál fue su destino (ni siquiera si se trata de un solo destino, y si es todavía destino). Todo (si con esta palabra no lo delimito) ha terminado para ellos (si no lo tienen por delante). Cuántos han saltado del tiempo en marcha y se pierden a lo lejos con una nostalgia cada vez mayor. (si merece la pena creer en perspectivas). Cuántos (si la pregunta tiene algún sentido, si se puede llegar a la suma final antes de que el que cuenta se cuente a sí mismo) han caído en el más profundo de los sueños (si no hay otro más profundo). Hasta la vista. Hasta mañana. Hasta la próxima. Ya no quieren (si es que no quieren) repetirlo. Condenados a un interminable (si no es otro) silencio. Ocupados sólo con aquello (si es sólo con aquello) a lo que los obliga la ausencia. Fuente: Publicado en Fin y principio (1993). Y en Poesía no completa. Fondo de Cultura Económica, 2002. Traducción Abel A. Murcia.

  • Un agujero con la mente alrededor / Eduardo Magoo Nico

    Respondiendo a mi pedido Una señora de muy buenos modales Me trae un cuaderno que dice en la portada "Tengo un agujero con la mente alrededor" Yo la miro perplejo: -¿O prefiere uno con la Barbie? Al salir del negocio Una “nada” pasa salticando Mientras dos girasoles se abren Dando inicio así A una danza de conejos en cuadrillas Por el entero cuadrado del campo Ideas viejas: Como bailar una milonga o pericón En un trigal recién trillado... O pensar en Calino, Arquíloco, Ippareote Alceo, Minereno, Anacreonte Y en otros tantos nombres Para ser adoptados por la Fiat En su moderna línea de vehículos pesados -¿Muy pesados? -Nuevas marcas de Tractor -¡Ja!¡Ja! A nadie se le ocurriría... Después de todo, el desdén No es otra cosa, que el modo más benigno De la hostilidad -¡Ánimo, luzca el orgullo la obra del trabajo! Viejas ideas... Que tienen el poder de no conocer sus límites Y van de espero en desespero Aquí se trata (Sobre muchas incrédulas miras) De hacer un agujero: La misma mirada apunta -¡No puedes cerrar los ojos! Pues hubo un largo camino Entre su corazón y mi alma (Y sigue sembrado de trampas) Desde afuera se ve mejor: Yo lloro Mientras sigo leyendo lo que escribo Mi trabajo es infinito... ¿Tendrá alguna oportunidad (un cualquier amor) De venir a plantarse como planta de crecer En el entre (medio) de los dos? ¿Una plantita que siempre apunte al sol? En ese su-ponerse en re-lación a un otro (Que es ya parte de un lindo enredo) ¿Se pone el girasol? ¿Se re-ubican los anteojos? ¿La entera plantación? ¿O acaso la casita del hornero en otra horqueta del amor? Aunque haya cantado el mar Mis pies están bien plantados En la tierra abierta en surco Donde pasaba el agua (No tiene nada que ver con la Academia Y tampoco mucho con la vida) Quien crea un arte-facto compensa de algún modo Lo no vivido Con una cierta gracia... (Mis lágrimas de papel descartable, vuelan ahora hacia el basurero) ¡Puttana! ¡Puttana! (La maestra) Por delante el mundo, no faltará -¡Mirad! ¡Mirad el campo! -¡Cuánto verde hay más allá! Más atrás aún: Una entera laguna y el juncal Nidales de patos, teros, gallaretas... ¡Si hasta los biguaces hacen un nido! ¡Ay, de la bandada profunda! ¡Helicoidal(mente) envolvente! Es como si un arado hiciera surcos En un cielo Ya de por sí corrugado... (Lo que en definitiva nos cobija Es este, nuestro estar desamparados) Esta vez me rindo a la evidencia Se trata siempre, de aquella “rosa sin porqué…” (¡Ajeja-joja-jin-jojé!) Empero: Esta relación entre dos vaciados Debería tener su respiro (Su largo aliento) Una especie de “algo” alrededor Para luego sembrar la piedra El fundamento Sobre los bordes excavados Toda hondura se abre Al entero lago del corazón (O a esa fritura vasta De la materia) ¡Un día, una voluntad de hierro Ajena a todo desencanto Arrasará el aire y llegará a vosotros! ¡Los buscará en sus guaridas Les pondrá su mira en la frente (No cerrará los ojos) Es la belleza la que a veces opaca (o impide) La transparencia ¡Bum! He aquí un agujero con la mente alrededor… -¿O tal vez prefiere uno con la Barbie? ¡Toda juventud que ríe es invencible! Fuente: Agradecemos cariñosamente a Magoo las ganas de compartir su libro Servidumbres. (2022).

  • El castillo de quienes buscan sentidos. “Una palabra sola, no un discurso” / Anne-Marie Norgeu

    Está construido como un atleta, pero es frágil e impredecible. Siempre hace su entrada dando un portazo a la puerta doble que da al gran salón. Cuando se celebra allí la reunión de los viernes (de la que cree o más bien elige ser excluido), acostumbra a hacer este gesto con el que señala su presencia. Las puertas se cierran de golpe, así que ahí está. El gran salón con una decoración aristocrática, altos ventanales que realzan los majestuosos árboles del parque, una gran chimenea donde arden troncos de un metro veinte, un parqué claro, bien encerado y una enorme mesa ovalada. Jean Oury se sienta para la reunión semanal de bienvenida; a su lado estaba el presidente de la reunión, un papel que se ha convertido en un ritual para él a lo largo de los años. Como el escenario está preparado, el joven entra con su forma estruendosa, pero aquel día fue peor que cualquier otro. Tartamudeaba, balbuceaba, asolado por una gran ira. Silencio, la asamblea se paraliza, nadie se mueve, ¡nadie tiene nada que agregar! Cunde como un respeto consternado ante tanta violencia. Permanecemos apacibles, sabemos que esas vociferaciones expresan, especialmente, sufrimiento. En dos rápidas zancadas, se coloca frente a la mesa, agitando un puño amenazante hacia el presidente, que está en medio de la narración de un viaje en canoa. De su puño a la cara del otro, sólo los separa la mesa. Entonces su médico se acerca por detrás, le rodea los hombros con el brazo izquierdo y con la mano derecha bien abierta le envuelve suavemente el puño amenazante. "¡Pero si está celoso!" le dice con una sonrisa. ¡Paf! ¡Directo al grano, justo en la diana! La asamblea rompe en carcajadas, pero no para burlarse, sino por alivio. Lo apreciamos porque lo conocemos. Desconcertado, el chico aprueba, sonríe a su vez y baja el brazo. La amenaza se desliza. Una sola palabra, pero exacta, de una precisión perfecta, para drenar la hiel de la angustia y aliviar al paciente. Jean Oury palmea el banco en signo de invitación: "Dale, vení a sentarte y a contarnos tu última salida", le propone con gentileza. Inmediatamente el joven toma la posición anhelada y cuenta la última salida al campo en la que participó. Calmó la vehemencia, aplacó la fulminación, descartó el peligro. ¡Así proceden los antibombas en campos minados! Fuente: “Una palabra sola, no un discurso", 2006. En El castillo de quienes buscan sentidos. La vida cotidiana en la clínica psiquiátrica de La Borde. Traducción del francés de Juan Zavala, Cielo Invertido Ediciones, 2022

  • Una respuesta a la pregunta fantasma / León Feldman Reinoso

    6. Esta pregunta solo se ofrece para inquietudes en estado de revuelta que cursan sin apuro despreocupadas de las evaluaciones. Se la presenta como pregunta fantasma. Lea una y otra vez el relato Anamnesis de Silvina Ocampo solo lea escuchando lo que le pasa mientras lo lee. Luego, cuando las sensaciones decanten, escriba lo que pueda y sienta ganas entrecruzando lo que piensa con ideas que se transmiten en esta materia. Anamnesis Del interrogatorio a la intriga atenta, paciente, un diálogo se deshace en frases, ideas, elucubraciones, preguntas. Se lee una conversación entre ¿paciente? y ¿terapeuta? Un intercambio de palabras o palabras que intercambian fluidos de intensidades a través de cuerpos que sufren las desmesuras del sentido. Una literatura de la clínica. Una clínica de la literatura. ¿Un cuento? ¿Ensayo? ¿Experiencia? ¿Encuentro? El acto de escribir deviene clínico, en tanto se escribe para quien unx ya-no-es, a sabiendas de que la escritura es impredecible, aparece, emerge, surge contingente, ligada a cierta sensibilidad que cada tanto avizora más por el lado de la intuición que por el de la fórmula. La consigna presenta el desafío de leer, leer, leer otra vez y escuchar aquello que se siente mientras tanto. Se desvanecen fronteras entre texto y texto que no se intentarán volver a levantar. Fragmentos dispersos de inquietudes, vagas nociones, infinitas curiosidades y pocas certezas ¿se presentarán como “examen” a evaluar? Anamnesis es un relato hermoso, onírico, un ensayo que revela que la clínica, así como la vida, actúa abriéndose paso entre las ficciones que se presentan como realidad mientras las heridas de lo real cultivan evanescencias como potencias del desamparo. Es un diálogo que revela los infinitos mundos que anidan en una sensibilidad que se expresa como puede. Es el testimonio de una historia tan íntima como universal. Es un texto que presenta todos los textos. Un diálogo que saltea escenas, omite pasos, imagina sin prisa, se pasea por las cornisas. - Ella advirtió despreocupada que “en cada ser está el universo”. -“¿En cada universo estará el ser?”, preguntó. Revela procesos de duelo ante la incapturable inmensidad que acontece frente a nuestros ojos sin que se pueda explicar, atrapar, estructurar, aunque se intente. El cuento Anamnesis es una producción mágica, de ojo clínico agudo. Supone penetrar fibras estáticas porque del otro lado está el vacío contenedor de fragancias que consumen pasiones que reclaman tacto. Portadora de una belleza estética incierta, volátil, impredecible, anuncia el contacto antes que el impacto. Sobre clínicas y diálogos (im)posibles. La clínica no ofrece soluciones definitivas orientadas por manuales de intervención, protocolos del cómo curar, cómo vivir. La clínica traduce lo imposible con inventivas que radican en sensibilidades que se sumergen en las tempestades ajenas. La clínica siempre es la clínica de lo irreductible Es un abrigo, un refugio, un abrazo, un minuto de silencio. Un momento de presencia en homenaje a la ausencia. ¿Presencias ausentes?, ¿Ausencias presentes? “Ciñen la silueta de una ausencia en el aire” (Percia M, Estancias en común, 2017, p.66) Siluetas que emergen, danzan en el vaivén del tiempo, suavizan agonías silenciosas y desaparecen. Oxímoron ¿Hospicios carcelarios? ¿Hospitales hostiles? Sinónimos de psicosis como demencia, locura, alienación, se presentan cotidianamente en lo que se procura y preserva llamar "normalidad". Se advierte que no se trata de volver a traer de afuera (fuera de sí) hacia la normalidad a cuerpos encantados y destrozados por palabras que apuñalan, sino, dar lugar a preguntas que piensan cómo alojar brumas que despiertan y ven el mundo de otro modo. ¿Clínicas del vivir en común? Bocas expresan vocablos coloridos, grises, sobrios, extravagantes, secos, fuertes, cálidos, dulces, desgarradores, que cada singularidad toma como propios Se adjudican identidad y propiedad de esa identidad. Idéntica a sí. Ilusoria propiedad de su vida, como amos y esclavos de su propia desazón, transcribe el autor de Estancias, al decir de Pessoa, “Si el corazón pensara, dejaría de latir”. (Percia, M. Estancias en común, p.449) Por otro lado, desbordes que bordean las complejidades del vivir expresan otros puntos de vista. Cuestionan la fijeza de nociones y conceptos sólidos sobre los que se legitiman desigualdades médicas, históricas, íntimas, sociales, políticas, económicas, familiares, amorosas, conyugales, de género, étnicas, espirituales, territoriales, que reproducen formas de opresión que algunos nombran "progreso" "desarrollo" "civilización". Se revisan modos de leer, de ver, de hablar, de ser, aludiendo a pensar que hablas del capital se impregnan en cada gota de sangre que corre por las venas de un imaginario social que se nutre de sus derrumbes. Se navega entre grados de sujeción y singularidad. Las ilusiones del dominio de categorías que explican la vida, la muerte, el amor, los padecimientos, las ansias y angustias, los sueños y derivas, se chocan contra paredes de deseos que temen ser realizados. Acontecen potencias hablantes cuando cuerpos azotados por angustias florecen cuando encuentran sustento en abrazos fraternos. Se ofrece un gesto, se inventa una caricia aún con un silencio como modo de acompañar pesares inauditos. Se piensan grados de libertad y encierro en prácticas de la vida en común. Se propone salir de reduccionismos, de binarismos. De contemplar y escuchar la complejidad como contracara a la cerrazón de un discurso único, ordenador, total, que no permite escapes a las lógicas de lo ilógico. ¿Hay personas que hablan o hablas que encarnan personas? ¿Cuántos rostros puede poseer un rostro? Las palabras pueden arrojar al abismo por su exceso o por su falta. Abismo: ¿Agujeros de sentido que desgarran fibras vitales? Ella Ella heredó los vaivenes de alguna mecedora y la piel de una flor y los rasgos de algún personaje mágico. Supo cantarle a los órganos y desdibujar los márgenes de la realidad apelando a sustancias que se desplazan sin rumbo pero no al azar. Desde los tiempos anteriores al tiempo de lenguaje Ella cultivó el vacío, hospedó angustias, resguardó miradas que brillaban por su filo. Escapó varias veces no se sabe muy bien de qué.

  • Adynata Noviembre / VPS

    -¿Puedo pedirle un favor? Olvídese de lo que soy y piense en el viento. Dios muchas veces me habló desde el viento… -Sí. Miraré el cielo y las nubes. Me sorprenderé una vez más y escucharé lo que quiera decirme… Escucharé lo que dice el viento… Sabré que una voz amada nos habla desde el viento… Vicente Zito Lema ¿De cuánta capacidad para disfrutar disponemos en esta pospandemia pre electoral? ¿Qué podemos ante tantas muertes, ante esta crisis? ¿Cómo hacemos para conservar esa fuente de energía que despeja y recarga cierta posibilidad para imaginar que podemos vivir de otras maneras, soñar de otras maneras, amar de otras maneras, criar de otras maneras? ¿Cómo empujar a un costado, al menos por un rato, dolores, desesperación, desganos, hartazgos, tedio, frustraciones, obligaciones, fastidios para que se abran paso formas del disfrute no hackeadas, cooptadas y dirigidas por el capitalismo? Otra vez necesitamos recurrir a una cita de “Derecho al ocio y a la expropiación individual” (1930) escrito por Severino Di Giovanni: “Más trabajamos, menos tiempo nos queda para dedicarlo a actividades intelectuales o ideales; menos podemos gustar la vida, sus bellezas, las satisfacciones que nos puede ofrecer; menos disfrutamos de las alegrías, los placeres, el amor. No se puede pedir a un cuerpo cansado y consumido que se dedique al estudio, que sienta el encanto del arte: poesía, música, pintura, ni menos que tenga ojos para admirar las infinitas bellezas de la naturaleza. Un cuerpo exhausto, extenuado por el trabajo, agotado por el hambre y la tisis no apetece más que dormir y morir. Es una torpe ironía, una befa sangrienta, el afirmar que un hombre, después de ocho o más horas de un trabajo manual, tenga todavía en sí fuerzas para divertirse, para gozar en una forma elevada, espiritual. Sólo posee, después de la abrumadora tarea, la pasividad de embrutecerse, porque para esto no necesita más que dejarse caer, arrastrar." Quizás la embriaguez del disfrute pueda contagiarse como la fuerza de los ruidos que irrumpen en una plaza cada vez que la picardía y el ingenio se hacen presentes en un acote en una batalla de freestyle. O como las alegrías que exaltadas gritan y festejan cada caída a tempo en un ballroom. Allí dos modos del sostenerse. Quizás ahí, en el voguear y en el freestylear -acciones inventadas sin pedir permiso en las calles y en las plazas-, la lógica de competencias y batallas se asume con formas que las llenan de estilo y drama queen, de rimas y amor por las palabras. Quizás entre juventudes y la comunidad LGBTTIQNB+ revivamos y encontremos estrategias antiextractivistas para que podamos sostenernos y no nos roben también el disfrute. Muchas veces calles y plazas que se ríen y ni miran a las normalidades de género, raza y clase. Que bailan, twerkean y disfrutan de todos los cuerpos con todas sus formas en todos sus despliegues. Que hacen caso omiso a las advertencias adultocentristas que ven peleas y peligros por todos lados y en todo momento. Si algo saben las juventudes es ranchar y disfrutar, sin más, de pasar el rato. Y en estos tiempos del mundo, tenemos muchxs muchachitxs que saltaron de las plazas a llenar estadios y que prestan palabra a toda esa emocionalidad, a veces retraída, a veces exuberante que despliegan juventudes descreídas del mundo en el que viven. Juventudes que, en plazas y en estadios, gritan y rapean, garganta en mano, lo que pasa por y en esos cuerpos. Quizás, otro desafío amanece: lograr que freestylear y voguear perseveren cómo acciones de sostén y expansión de libertades, más allá del pinkwashing y más acá de vidas que puedan disfrutar de otras maneras. ¿Y si en este noviembre del orgullo advenimos a que, finalmente, "el deseo es una bailanta"?

  • Sesiones en el naufragio (34) Nadie sabe / Marcelo Percia

    (1) Nadie sabe cómo ahijar. (2) Nadie sabe cómo alojar amores desafiantes y filosos, fallidos conjuros al abandono, furias que no pueden decir qué están pidiendo (aunque siempre se trate de ternura). (3) Nadie sabe cómo habitar una firmeza dolorida. Una firmeza insegura sobre a qué llamar firmeza. Tal vez: una perseverancia desalentada o un deseo que vacila. (4) Nadie sabe cómo apagar el incendio en otra soledad. (5) Nadie sabe cómo pasar por la frustración, por la súbita emergencia de monstruosidades que desconocemos, por las irreductibles extrañezas que desconciertan, por las formas queridas que -de repente- dan miedo. (6) Nadie sabe qué hacer cuando irrumpe la sospecha fatal: ¿Tal vez no nací para esto? (7) Nadie sabe cómo contener cuando impulsos desquiciados arrasan todas las palabras, todos los razonamientos, todos los abrazos. (8) Nadie sabe cómo poner límites sin lastimar, sin decepcionar o cómo decir NO sin expulsar. (9) Nadie sabe cómo evitar ponernos en primer lugar cuando no encontramos lugar. Tal vez contener quiera decir contenerse de protagonismo. (10) Y, sin embargo, confiamos en que alguna manera vamos a encontrar, aun cuando, muchas veces, no la encontremos.

  • Último encuentro con Jacobo Fijman / Vicente Zito Lema*

    Descubrí que al hablar de tu muerte, hablaba de la mía… Apenas momentos -Ha pagado con usura la búsqueda de la belleza, el haberla encontrado. ¿El dolor en su vida fue la usura, abrir los ojos en la oscuridad fue la culpa? ¿Se redimía de algún grave pecado? ¿Cuál es el peor de los pecados, si lo hay, que un poeta puede cometer? -La soberbia. Negarse a ser un niño. Dejarse atrapar por la tristeza, la soledad, y la desesperanza. -Duele estar solo mientras el corazón se apaga… -Vaya que duele estar solo, perdido en un desierto que no tiene principio, pero aun así un poeta no puede dejar de escribir. Hay que seguir en la tarea, poner palabras a lo que el alma siente, para que nazca la música. -¿Eso es ser poeta? ¿Volver a ser aquel niño que no distinguía la música de los ayes del dolor? ¿Cuando todo tenía una misma potencia de nacimiento…? -Sí, la legitimidad de la poesía la da el poeta cuando escucha las palabras, aun aquellas anteriores a la conciencia… Siempre hay un murmullo, una voz que nos dicta, aunque no distingamos todo lo que nos dice, su cifrado de alerta… -La poesía también nos dicta el silencio, es lo que a veces siento. ¿Dónde estará la luz en la noche apagada, cuando cada estrella se vuelve eterna y el silencio atemoriza…? -Cuando la noche es la luz, aquí aparece el misterio del alma… El alma escucha todas las palabras, también las que están por nacer y sólo se queda con algunas… -¿Y si el alma está herida, y si el alma está seca, y si el alma es un vacío…? -Ahí ya está escuchando las voces de la muerte… Prepárese entonces para el diálogo con Dios… -¿Le teme a la muerte, hablo de la muerte como un espacio infinito sin palabras? Leyendo su poesía pareciera que esa muerte cuanto menos ha perdido su jactancia. Creo que su único temor es no merecer el amor de Dios… -¿Cómo no temer a lo que amo? O al menos, ¿cómo temer a lo que ya no sé si amo, a lo que ya no sé si fue…? -¿La duda no es amor?, ¿su queja no es su deseo…? Leyendo su poesía siento que se puede seguir entre las sombras hasta encontrar el sentido final de la propia poesía, allí donde la poesía no se separa de su sentido, allí donde la poesía descubre que el dolor que dio la vida fue el único sentido… -La poesía tiene rituales sagrados, y lo sagrado puede ser doloroso, aunque nos ayude a construir el único aliento fugaz de felicidad, esa tabla de salvación a la que finalmente nos aferramos, aunque ya no haya mar. Sí, los rituales hay que cumplirlos, son mandatos que llegan desde el cielo, desde el mismo umbral de las nubes, son los presagios que anuncian la verdad del corazón… Aun en el hospicio me entero de lo que pasa en el mundo… y me lamento, y sufro… -Cuando los cielos del mundo se llenan de muerte, uno intenta respirar pero se ahoga… yo siento que me ahogo, la angustia se pervierte en una piedra… -Tendrá que esperar el fin de la noche para poder respirar con ese viento de música que usted sueña… cuando suceden todas las tristezas, cuando caen sobre nuestra alma todos los dolores, todos los que fueron y los que serán, todas las muertes… Hay que descubrir y enfrentar un solo dolor, buscar una sola muerte, entrar en esos únicos ojos, para poder verla. -¿Cómo es la muerte que ve? ¿Es el espanto, es una gracia? -La muerte que veo venir no es la muerte que aspiré para mí, no es la muerte que merezco… Tengo que decirle algo… pienso que me escuchará, que he encontrado en Usted esa buena amistad que nutre el alma… Somos amigos en la vida, en la poesía, ¿no es así? -Para mí Usted es un maestro al que respeto porque se consume en su propio desierto, un desierto que usted mismo creó para ser parte del mundo, ¿me entiende? Y he llegado a quererlo mucho, hablo de una fraternidad que no se explica, nació porque tenía que nacer… -¿Puedo pedirle un favor? Olvídese de lo que soy y piense en el viento. Dios muchas veces me habló desde el viento… -Sí. Miraré el cielo y las nubes. Me sorprenderé una vez más y escucharé lo que quiera decirme… Escucharé lo que dice el viento… Sabré que una voz amada nos habla desde el viento… -Sé que dentro de muy poco, me voy a morir, hablo de mi muerte aquí. Ya soy viejo y he sufrido lo suficiente. Pero tengo miedo de lo que me espera. No de la muerte, porque ya estoy muerto en Cristo, sino de que me abran la cabeza como hacen con todos los que mueren en el manicomio…. ¡No quiero presentarme ante Dios cuando resucite con el cerebro dañado y chorreando sangre! Mi vida ha sido el estudio, la poesía, quiero estar hermoso. Además me aguarda ella, la Virgen, la única que no se burló de mi amor, ni me rechazó… ¿Se ocupará de mí cuando muera? Sáquenme a toda prisa de la morgue del hospicio. No deje que me destrocen y humillen mi último dolor ¿Me lo promete? -Se lo prometo… y sentiré que alguien me espera en el final del camino… ¿Recuerda que escribió “es muy larga la noche del corazón”? -Fue hace muchos años… Nunca imaginé que duraría tanto esa noche, tampoco que serían mis días los de un poeta despidiendo la luz en los cielos que enturbian estos muros. *Texto reescrito en octubre de 2022.

  • Flor y canto: Recuerdo del hombre en la tierra / Poesía Náhuatl

    ¿Sólo así he de irme como las flores que perecieron? ¿Nada quedará de mi nombre? ¿Nada quedará de mi fama aquí en la tierra? ¡Al menos flores, al menos cantos! ¿Qué podrá hacer mi corazón? En vano hemos llegado, en vano hemos brotado en la tierra. Ma nel xóchitl, ma nel cuicatl ¿Zan ca iuhquin o yaz in ompopoliuh xochitla? ¿An tle notleyo yez in quenmanian? ¿An tle nitauhca yez in tlalticpac? ¡Ma nel xochitl, ma nel cuicatl: ¿Quen conchihuaz noyollo yehua? 0 nen tacico, tonquizaco in tlalticpac. Fuente: Poesía Náhuatl. Manuscrito de la Biblioteca Nacional de México

  • Sesiones en el naufragio (33) Anamnesis / Marcelo Percia

    La palabra anamnesis significa recordar. En lenguaje médico, describe la disposición a reconstruir la memoria de un dolor, la “reseña circunstanciada de una aflicción”. Sin embargo, una vida no se resume, no se compendia, no se deduce, a través de una colección de datos más o menos relevantes. Una vida se insinúa imperceptible como la espiración de un suspiro o la secreta agitación de un sueño. En Anamnesis, Silvina Ocampo (1970) presenta una historia clínica como poética de sensibilidades inclasificables. Un informe que arrasa con impaciencias y lógicas diagnósticas. La extraña relación de intimidad que las afectividades traman con las miradas y los colores, los sabores y las texturas, los silencios y las palabras. Tras leer el relato de Silvina Ocampo, lo expongo intervenido con comentarios. A sabiendas que esta fragmentación descuartiza, quebranta, mata. Muchas veces la glosa compone un género parásito. Se lee: “Mi paciente tiene una idiosincrasia extravagante, un organismo con memoria, una sensibilidad, una presciencia infatigables. Preparada desde la más tierna infancia para el contagio absorbe gérmenes y contaminaciones a velocidades incontrolables. Mejor sería no hablarle de incestos”. Una historia de vida no interesa como destino sabido, importa como misterio siempre sugerido. Intrigas y veladuras componen los pliegues de los tiempos rememorados. La clínica practica una escucha de la sugerencia: la de las cosas que eligen callarse para decirse. Se lee: “Un rencor ancestral duerme, mas bien vela, en sus entrañas”. Una vida también se narra por lo que pudo hacer o no hacer con el resentimiento. Resentimientos almacenan el gusto rancio del amor perdido. La interminable fidelidad con un abandono. Quizás en toda existencia yacen odios envejecidos de remotos amores traicionados. Se lee: “Séquitos de materias inalienables cuyos orígenes oscuros se desconocen hacen abortar sus mejores planes”. Una vida se narra también por los planes no realizados, impedidos, desalentados, abandonados, fracasados. Nostalgias de lo que pudo haber ocurrido y no ocurrió. Circunstancias que con pequeños arreglos o azares hubieran conducido a no se sabe dónde. Se lee: “No puede abrir un cajón para buscar un lápiz violeta. ¿Por qué violeta? Dice que las palomas tienen algunas plumas de ese color sobre el pecho. Si interrogo extrañado: -¿Violetas? -protesta. -No. No son violetas. Si insisto en preguntarle: -Entonces ¿por qué dice que son violetas? Responde: -Son como si fueran violetas”. Contar una vida equivale a narrar lo insondable. ¡Qué arrogancia la del ¿por qué?! ¡Qué prepotencia la que pide explicaciones! ¡Qué ingenuidad la que pretende descubrir causas en las sinrazones! Sin embargo, la clínica no puede o no sabe hacer otra cosa: reemprende una y otra vez la gastada ilusión alumbradora. Y, con frecuencia, no entiende las respuestas a las preguntas que hace. No las estima pertinentes o las considera desvíos, aplazamientos, distracciones, de lo requerido. A veces, lo que se creía oculto, secreto, profundo, resplandece en un gesto o en una caricia respetuosa de lo incognoscible. Se lee: “No puede tapar el pomo de la pasta de dientes, ni recordar la fecha del cumpleaños de una persona que ofende el olvido”. Una vida también se narra por sus caprichos y rarezas. Aunque conviene hacer una distinción. Un capricho se precipita como pasión súbita y fugaz que, tras manifestarse, se olvida. Mientras una rareza persiste como ánimo que decide asentarse en una vida, construir un hogar y soñar una descendencia. El relato de Silvina Ocampo consigna sombras de probables caprichos y bellas rarezas. Se lee: “Cualquier pluma la mortifica severamente salvo las del pavo real que colecciona y guarda en una enorme caja de bombones. El incumplimiento variado de sucesivos suicidios (saltos en el abismo, venenos, tajos en las venas, tiros en el abdomen) modifica el esquema interior de su esqueleto”. Una vida también se narra por los actos no realizados. La clínica suele encontrarse, si se encuentra, ante un suicidio incumplido. Su posible realización la desvela. La clínica, tal vez, se sostenga en un solo imperativo: cuidar la vida. Pero, ¿cuando la vida no se desea? Entonces, la clínica no sabe qué hacer. Intenta impedir la muerte, desanudar cordeles del pesar, procurar alivios, jardines sin rosas, desiertos habitables. O intenta avisar a quien se pueda. Pero, a veces, la clínica no puede. Carece de poder para alentar al fuego a que se abrace con el agua. Se lee: “Quien no la oyó reír no conoce la emoción de su fragilidad capilar”. Una vida también se relata contando envolturas de una íntima fragilidad. Tal vez solo se trate de fragilidades. Fragilidades desenfundadas o cubiertas, blindadas, esclerosadas. Fragilidades que nacen y mueren, que se estremecen con los aplausos y se resquebrajan con el hambre. Fragilidades que se olfatean y se arañan, que laten en todo lo vivo. Materias y energías del universo dialogan con el tiempo. Se llama tiempo al silencioso transcurrir de las fragilidades, se llama fragilidad a la transitoriedad de lo vivo. Fragilidades no se conocen. No simpatizan con el infinitivo conocer. Se rehúsan, se dan, copulan, pero no se conocen. Conocimientos se intercambian como mercancías, fragilidades se pasean rotas y astilladas, convulsionadas por la risa. Se lee: “Una aguja viajó por su cuerpo durante muchas horas. Antes de llegar al pecho se detuvo: con un brillo helado cambió de rumbo y se clavó sobre la rosa artificial que sostenía en ese momento la mano delicada de mi paciente creyendo que formaba parte de la mano”. Una vida también se narra por la agujas que lleva clavadas en los sentimientos. Glosar no supone repetir lo leído ni extenderlo, glosar equivale a sacudir una lectura para despertar pensamientos. Tampoco equivale a interpretar. Una glosa no traduce, no infiere, no deduce. Una glosa no profana lo dicho. Como ocurre en una sesión con el análisis de un sueño: el psicoanálisis no lo interpreta, solicita y escucha asociaciones. Glosas tratan de tentar indecisiones entre el sentido y el sinsentido que se escabullen entre significaciones que asedian lo irreductible. Una aguja viaja por todos los cuerpos hasta clavarse en el dedo de un órgano o en el pie de un recuerdo. Una vida se narra como si se contara un sueño. Se lee: “Amó hasta el delirio una voz, una mirada detrás de un vidrio, sin otros aditamentos, una frase que una persona jamás llegó a decir pero que tal vez habría pensado sin expresarla con un leve suspiro pensando en otras cosas”. Una vida también se sabe por sus amores. Aunque sus amores no se sepan o no se entiendan o no se digan. El amor ama lo inaprensible. Una voz, una mirada detrás de un vidrio, algo que nunca se llegó a decir, una distracción presentida. Cosas como estas componen un encanto. El psicoanálisis pensó el amor como ensoñación. Se lee: “Teme la giba de la ancianidad, el insomnio de la hipertensión en los espejos de tres cuerpos”. Una vida también se narra por su relación con la vejez y el insomnio. La vejez quizás como deformación del miedo, como última fragilidad, como curiosidad final. El insomnio como vigilia ilusionada en prologar “los días de la noche”. Se lee: “Presiente la incongruencia de los espasmos abdominales el servilismo del riñón flotante en la epidermis de una fotografía de pasaporte, que no fue aceptada en el departamento central de policía”. Una vida también se narra por sus incongruencias y servilismos. Por su lejana o cercana percepción de que, más allá de las anécdotas, no se tiene qué decir. Se lee: “Pasa del rosa al verde asomado a la ventana del día, eléctrico, estremece a quien lo toca. He oído decir a mi paciente que adopta voz de nena y a veces hasta de laucha para narrar su sensibilidad”. Una vida también se narra por las voces que la habitan. Algunas sensibilidades se dicen con los sonidos de las infancias y de las lauchas. Otras no encuentran una voz o imitan la de una vecina o la del personaje de una serie o la de quien interpreta una canción que suena en la radio. Sensibilidades sin voz apelan al viento, a los pájaros, a las hormigas silenciosas pero disciplinadas. Se lee: “Teme ver a una persona que desea ver con ansias; en cambio se apresura a ver a las que le son desagradables. Como usted. Un hombre que la mira mata a mi paciente. Un perro que la sigue la esclaviza. Un niño que la busca la obnubila. Un durazno maduro la hipnotiza. Una tumbergia en flor la vuelve loca. Convendría no perturbarla”. Una vida también se narra por el desparpajo de sus rarezas. Rarezas no significan síntomas. Síntomas se presentan como rigideces que hacen daño. Rarezas y curiosidades no causan sufrimientos, solo desentonan en el horizonte de la normalidad. Sin embargo un matiz: mientras a las curiosidades (extravagantes y teatrales) les gusta llamar la atencióy67u8888un y disfrutan haciéndose ver, las rarezas suelen sentirse defectuosas. Se lee: “Transcribo nuestro diálogo: -Los médicos me nutren de enfermedades numerosas para distraerme de las mías. Los caramelos sirven para esos fines: me convidan con microbios seleccionados porque me creen golosa y no quiero defraudarlos. Yo la interrumpo. -¿Defraudar a quién? ¿A los caramelos o a los médicos? A esta pregunta capciosa invariablemente contesta: -A los caramelos porque los médicos no existen. Llego a una triste conclusión: Mi paciente es mentirosa. Mas ¿cómo desentrañar la verdad de la mentira? Si existe una verdad”. Una vida también se narra no tanto por su relación con la verdad y la mentira, sino por su inclinación (o no) a la omisión, la evitación, el disfraz. La intervención más disruptiva del relato “Mi paciente es mentirosa”, enseguida se ve atenuada por el mismo doctor que piensa “Mas ¿cómo desentrañar la verdad de la mentira? Si existe una verdad”. Las anamnesis clínicas limitan con las autobiografías, las confesiones, los diarios íntimos. Al cabo, una vida también se presenta como montaje deliberado. Aunque en toda narración editada, al cabo, se deslizan imponderables. Se lee: “Mi paciente ama con el páncreas con el plexo solar y con la médula. Espera con la garganta y con las rodillas. Teme con las recónditas venas. Con el sexo promete ¿qué? nada que el sexo pueda dar. Oye con los pies y las axilas (aunque mienta diciendo que es con la boca). Aborrece con las arterias y con el riñón derecho (el izquierdo lo ha donado). Arbitraria, muerde con los omóplatos, operación difícil pero posible. Ningún cromosoma es tan sutil, ninguna fístula tan corrosiva, ningún virus tan arcano como su corazón, único órgano perfectible del cuerpo”. Una vida se narra también amando con. ¿Cómo se ama con el páncreas, con el plexo solar, con la médula? Literaturas dicen que se ama con el corazón o con el alma. El psicoanálisis piensa que se ama con el narcisismo o con un ideal. Se ama con respeto, con ardor, con miedo. Se ama con culpa, con dedicación, con libertad, con voluntarismo. Se ama con imaginación y curiosidad. Se ama con la preposición de la astucia asociativa. Se ama, como se dice en Anamnesis, con zonas del cuerpo que se activan por su cuenta. Se ama, se espera, se teme, se oye, se aborrece, se muerde, con partes del cuerpo que se separan o se sueltan para amar, esperar, oír, aborrecer, morder. Tal vez algunas corporeidades se fragmentan para no estallar o para poder albergar tantas pasiones. Silvina Ocampo se da cuenta que una vida también se narra por el encanto de sus promesas incumplidas. Escribe: “Con el sexo promete ¿qué? nada que el sexo pueda dar”. La magia de la sexualidad y de tantos desvaríos, reside precisamente en que saben prometer lo que no pueden dar. Muchas veces el corazón carga con demandas. Aloja casi todas las emociones. Se lo imagina partido y generoso, retraído y entregado, de piedra y de oro. ¡Ay… cómo se siente cuando de acelera! Se lee: “Tuvo relaciones íntimas con tres estafilococos dorados sobre almohadones de damasco amarillo. De un examen de fondo de ojo logré extraer sin modificaciones aparentes el diminuto cairel de una araña y un dije de plata minúsculo, con una figura grabada que no descifró ni pudo descifrar ninguno de mis colegas. Irritadas amebas, prestigiosos virus le anularon insustituibles años que ningún médico por competente que sea le devolvió”. Una vida se narra también por sus modos de alojar sus misterios e indecisiones. No resulta fácil desprenderse del ideal de desciframiento. Soltar la esperanza clínica de revelar la cifra de un sufrimiento para liberar a la vida de un innecesario pesar. Interpretaciones y adivinaciones rivalizan. Ambas confían en sus lógicas. Mientras desciframientos construyen y comunican teorías, adivinaciones ocultan sus secretos. Clínicas colisionan con lo imprevisto, con lo que descoloca, con lo que desestabiliza, con lo que acontece porque sí. No saben qué hacer en esos momentos de perplejidad que, a veces, desesperan, hacen reír, inspiran ternuras. Wim Tigges (1987) observa que la palabra inglesa nonsense (que se suele traducir como disparate o sinsentido) podría pensarse como vacilación entre el sentido y el sinsentido. Esa idea le conviene a la lectura de Anamnesis: clínicas participan de un movimiento de vaivén entre lo sabido y lo no sabido, entre lo dicho y lo no dicho, entre lo esperado y lo inesperado. Silvina Ocampo advierte cómo una historia está habitada por referencias que oscilan. Por encuentros aleatorios entre voluntades y azares, entre suertes y deseos, entre conexiones y desconexiones de afectividades que se rozan, se repelen, se lengüetean. Se lee: “-En cada ser está el universo -exclamó con indiferencia”. Una vida también se narra en un detalle ínfimo. En una sola aflicción se duelen todas las aflicciones. En un solo suspiro o en un único bostezo se insinúan todas las existencias. Silvina Ocampo hace una cita sin alardes. Tal como pensaba Leibniz (1714) en la Monadología, en cada pequeña cosa habita un mundo. Escribe: “Cada porción de materia es como un jardín lleno de plantas o un estanque lleno de peces. Pero cada rama de la planta o cada escama del pez es también un jardín o estanque similar”. Se lee: “Huyó del escorbuto y del carbunclo con las alas que da el tiempo. Huyó de la malaria en sucesivas reencarnaciones sin contar la viruela la lepra y la fiebre amarilla que buscó entre las rosas de un jardín oriental en las orillas crecientes de la putrefacción. Y todo eso para seguir viviendo, muriendo, ignorando a veces que la voluntad del alma es una sola”. Una vida también se narra considerando las amenazas de las pudo escapar. Se necesita burlar innumerables peligros para seguir viviendo. Se huye volando, se huye buscando, se huye sin saber que se está huyendo. O tal vez se huye desconociendo que se hubiera encontrado la salvación permaneciendo. Se lee: “Heredó la barriga de una ninfa de bronce que sostenía una antorcha para iluminar el descanso antiguo de una escalera los celos incontenibles de la cocinera por toda voz telefónica la aguda vista de la bordadora que hacía las veces de institutriz francesa el remolino de la ceja derecha en un retrato del tatarabuelo la afición por los caramelos ácidos del consabido portero que le enseñó a jugar al truco a los cinco años con naipes húmedos y bolitas de vidrio la agilidad de la tía Clorinda que era capaz de treparse a una palmera para juntar huevos de urraca o de paloma a la hora de la siesta. Heredó y esto parece una utopía el cutis de las magnolias que en los floreros daban con su perfume dolor de cabeza para el resto del día. Heredó con toda reserva el ímpetu avasallador de algunos adornos encerrados en la vitrina de una sala: un tigre de marfil rodeado por una serpiente con flores perversas. Heredó la belleza ¡quisiera saber de quién! ella dice que la heredó de un plato sopero donde en el fondo de la sopa de tapioca, brillaba siempre Diana Cazadora. De las consecutivas mañanas de primavera la mentira. De un gato la entrega aparente de sí misma a cualquiera o a nadie. De Narciso en un libro de mitología amarse por sobre todas las cosas. Heredó del lebrel la elasticidad y la dulzura el color de los dientes y de la lengua y ese apetito incontenible frente a cualquier plato de carne condimentada. Heredó el vaivén de la mecedora y del columpio de la plaza donde grabó en la madera del asiento sus iniciales. De los sapos la voracidad sexual que dura tanto en apagarse como las noches de Alcmena”. Una vida se narra también por sus herencias. Silvina Ocampo pone a la vista la imprevisibilidad de lo que el psicoanálisis intenta pensar como rasgos que identifican. Su lista de herencias puede leerse como repertorio de lo incapturable. Sus herencias ofrecen una colección de rasgos y presencias inspiradoras. ¡Qué bien hace esta anamnesis a la imaginación clínica! El listado de herencias ilustra una narrativa de las singularidades. Composiciones y momentos únicos de una vida que chapotea en el cosmos o se sacude batiéndose como una gota de agua en el universo. Finalmente, llamamos singularidad a un instante de asombro. Las herencias que se enumeran en el relato no se explican, pero eso no indica que haya que pasarlas por alto. Están ahí, justamente, para ahuyentar o reírse de la pasmosa estupidez de las explicaciones satisfechas. Tal vez el error consista en pretender encontrar algo en el despliegue. En la extensión lisa y legible de una existencia. Una belleza se insinúa en el sentido inasible de un doblez. Se dijo: nos aventuramos en la clínica con poco saber y bordeamos momentos de impoder. Se necesita recordar algo más: las teorías no están para establecer lo ya sabido, sino para avivar la imaginación o rescatarla de sus sillones adormecidos. Se lee: “Aunque nunca trabajó en un circo de contorsionista como era su vocación sus articulaciones tan flojas podían desmembrarse, lo he comprobado, en pocos minutos, sin instrumentos quirúrgicos ni la habilidad técnica que ya he olvidado pero que inspiraba la admiración de mis condiscípulos”. Al final, una vida también se narra como algo imposible de contar. Incluso como recuerdo prematuro de lo todavía no acontecido. ¿Vidas que se analizan se transforman, por amor, en existencias contorsionadas para ajustarse a los esquemas que profesan sus analistas? Anamnesis interroga el porvenir de todas las formas clínicas.

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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