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  • Ocho tesis sobre la revolución feminista / Verónica Gago

    “Tiemblan los Chicago Boys. Aguanta el movimiento feminista” (grafitti en el frontis de la Universidad Católica de Chile, 2018) ¿En qué sentido el movimiento feminista actual –desde la multiplicidad de luchas que hoy protagoniza– expresa una dinámica antineoliberal desde abajo? ¿Cómo inaugura formas políticas novedosas a la vez inscriptas en genealogías de temporalidades discontinuas? Quisiera plantear algunas tesis que materializan su novedad. 1. Con la herramienta de la huelga feminista se mapean nuevas formas de explotación de los cuerpos y los territorios desde una perspectiva simultánea de visibilización e insubordinación. La huelga revela la composición heterogénea del trabajo en clave feminista, reconociendo labores históricamente despreciadas, mostrando su actual engranaje con la precarización general y apropiándose de una tradicional herramienta de lucha para desbordarla y reinventarla. El paro internacional abrió una perspectiva feminista sobre el trabajo. Porque la perspectiva feminista reconoce el trabajo territorial, doméstico, reproductivo y migrante, ampliando desde abajo la noción misma de clase trabajadora. Porque parte de asumir que el 40% de lxs trabajadorxs de nuestro país están en diversas modalidades de la economía llamada informal y reivindicada como popular. Porque vuelve visible y valora el trabajo históricamente desconocido y desvalorizado, por eso logramos afirmar que #TrabajadorasSomosTodas. Pero aun de modo más radical: la huelga feminista nos pone en estado de investigación práctica. ¿A qué le llamamos trabajo desde la experiencia vital y laboral de mujeres, lesbianas, trans y travestis? Al ritmo de qué significa parar, vamos mapeando de modo práctico la multiplicidad de tareas y jornadas intensivas y extensivas que no son pagadas, que son mal pagadas, o que son remuneradas bajo una estricta jerarquía. Algunas de esas tareas casi ni eran nombradas, otras, dichas con nombres que las menospreciaban. La huelga feminista además se hace fuerte desde la imposibilidad: las que no pueden parar pero desean hacerlo; las que no pueden dejar de trabajar ni un día y quieren rebelarse a ese agotamiento; las que creían que sin la autorización de la jerarquía del sindicato no había manera y llamaron al paro; las que se imaginaron que la huelga podía hacerse contra los agrotóxicos y las finanzas. Todas y cada una empujamos las fronteras de la huelga. De la conjunción entre imposibilidad y deseo, surge una imaginación radical sobre la forma múltiple de parar feminista que lleva la huelga a lugares insospechados, que la desplaza en su capacidad de inclusión de experiencias vitales, que la reinventa desde los cuerpos desobedientes a lo que es reconocido como trabajo. Con la huelga construimos una economía de la visibilidad para el diferencial de explotación que caracteriza al trabajo feminizado: es decir, para la subordinación específica que implica el trabajo comunitario, barrial, migrante, reproductivo, y entendimos en el día a día cómo se relaciona su subordinación con todas las formas de trabajo. También señalamos que hay un lugar concreto de inicio de ese diferencial: la reproducción de la vida, desde su organización minuciosa y permanente que es explotada por el capital a costa de su obligatoriedad, gratuidad o mal pago. Pero fuimos más allá: desde la reproducción –históricamente negada, subordinada y ligada a procesos de domestificación y colonización–, construimos las categorías para repensar los trabajos asalariados, sindicalizados o no, atravesados por niveles cada vez mayores de precarización. Con esta forma de entrelazar todos los modos de producción de valor (y de su explotación y extracción), mapeamos también la imbricación concreta entre las violencias patriarcales, coloniales y capitalistas. Con esto se evidencia, una vez más, que el movimiento feminista no es exterior a la cuestión de clase, aun si muchas veces se lo intenta presentar así. Tampoco a la cuestión de raza. No hay posibilidad de “aislar” el feminismo de esas tramas donde se sitúa el combate a las formas renovadas de explotación, extracción, opresión y dominio. El feminismo como movimiento exhibe a la clase en su carácter histórico marcado por las exclusiones sistemáticas de todxs aquellxs no considerados trabajadores asalariados blancos. Y por tanto no hay clase sin pensar su racialización inscripta en una división internacional y sexual del trabajo. De esta manera se evidencia hasta qué punto su narrativa y sus fórmulas organizativas fueron modos de subordinación sistemático del trabajo feminizado y migrante y, como tal, piedra angular de la división del trabajo capitalista, patriarcal y colonial. 2. Con la huelga produjimos una nueva comprensión de la violencia: salimos del gueto de la violencia doméstica para conectarla con la violencia económica, laboral, institucional, policial, racista y colonial. De este modo queda en evidencia la relación orgánica de la violencia machista y femicida con la actual forma de acumulación de capital. De establecer y difundir esta comprensión de manera práctica proviene el carácter anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal del movimiento feminista en su momento de masificación. Con la huelga se produce un punto de vista simultáneo de la resistencia a la expropiación, de la insubordinación al trabajo y de la desobediencia financiera. Esto nos permite investigar el vínculo entre los conflictos en los territorios frente a las iniciativas neoextractivistas y la violencia sexual; el nexo entre acoso y relaciones de poder en los ámbitos laborales; también el modo en que se combina la explotación del trabajo migrante y feminizado con la extracción de valor a cargo de las finanzas; el despojo de infraestructura pública en los barrios y la especulación inmobiliaria (formal e informal); la clandestinidad del aborto y la criminalización de las comunidades indígenas y negras. Todas estas formas de violencia toman al cuerpo de las mujeres y los cuerpos feminizados como botín de guerra. Esta conexión entre las violencias de los despojos y de los abusos no es sólo analítica: se practica como elaboración colectiva para entender las relaciones de poder en las que los femicidios se hacen inteligibles y para diagramar una estrategia de organización y autodefensa. En este sentido, el movimiento feminista practica una pedagogía popular con este diagnóstico que intersecta violencias y opresiones y lo hace desde la iniciativa de su desacato. En este punto, el corrimiento de la victimización como narrativa totalizadora permite que el diagnóstico sobre las violencias no se traduzca en un lenguaje de pacificación ni de puro duelo y lamento. También repele las respuestas institucionales que refuerzan el gueto y que pretenden aislar y resolver el problema con una secretaría o un programa. Estos instrumentos no dejan de ser importantes, siempre y cuando no sean parte de un tutelaje que codifica la victimización y encierra a la violencia como únicamente doméstica. El diagnóstico de interseccionalidad de las violencias se ha hecho posible a través de la huelga, que es desde donde se construye y amplifica otro lugar de enunciación y otro horizonte organizativo de movimiento. El mapeo amplio que esto nos ha permitido ensancha nuestra mirada y va a las raíces de la conexión entre patriarcado, capitalismo y colonialismo, traduciéndola como construcción de un sentido común compartido. 3. El movimiento feminista actual se caracteriza por dos dinámicas singulares: la conjunción de masividad y radicalidad. Esto lo logra porque construye proximidad entre luchas muy diferentes. De esta manera inventa y cultiva un modo de transversalidad política. El feminismo actual explicita algo que no parece obvio: que nadie carece de un territorio y desmiente así la ilusión metafísica del individuo aislado. Todxs estamos situadxs y, en ese sentido también, el cuerpo empieza a percibirse como un cuerpo-territorio. El feminismo, en tanto movimiento, dejó de ser una exterioridad que se relaciona con “otrxs”, para ser tomado como clave para leer el conflicto en cada territorio (doméstico, afectivo, laboral, migrante, artístico, campesino, urbano, feriante, comunitario, etc.). Esto hace que se despliegue un feminismo de masas e intergeneracional, porque es apropiado desde los más diversos espacios y experiencias. ¿Cómo se produce esta composición que se caracteriza por ser transversal? A partir de la conexión entre luchas. Pero la trama construida entre luchas diversas no es espontánea ni natural. Más bien con relación al feminismo lo contrario fue cierto durante mucho tiempo: era entendido en su variante institucional y/o académica pero históricamente disociado de procesos de confluencia popular. Hay líneas genealógicas fundamentales que han hecho posible esta expansión actual. Hemos marcado cuatro en Argentina: la historia de lucha de los derechos humanos desde los años 70 protagonizada por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo; las más de tres décadas del Encuentro Nacional de Mujeres (ahora plurinacional de mujeres, lesbianas, trans y travestis); la irrupción del movimiento piquetero, de un protagonismo también feminizado a la hora de enfrentar la crisis social de comienzo de siglo; y una larga historia del movimiento de disidencias sexuales que va de la herencia del FLH (Frente de Liberación Homosexual) de los 70 a la militancia lésbica por el acceso autónomo al aborto y el activismo trans, travesti, intersexual y transgénero que revolucionó los cuerpos y las subjetividades del feminismo contra los límites biologicistas. La transversalidad lograda a partir de la organización de la huelga actualiza esas líneas históricas y las proyecta en un feminismo de masas, arraigado en las luchas concretas de las trabajadoras de la economía popular, en las migrantes, en las cooperativistas, en las defensoras de territorio, en las precarizadas, en las nuevas generaciones de disidencias sexuales, en las amas de casa que reniegan del encierro, en la lucha por el derecho al aborto que es la lucha ampliada por la autonomía del cuerpo, en las estudiantes movilizadas, en las que denuncian los agrotóxicos, en las trabajadoras sexuales. Pone un horizonte en común en términos organizativos que funciona como catalizador práctico. Lo poderoso es que al integrar esta multiplicidad de conflictos se redefine la dimensión de masas desde prácticas y luchas que han sido históricamente definidas como “minoritarias”. Con esto, la oposición entre minoritario y mayoritario se desplaza: lo minoritario toma escala de masas como vector de radicalización al interior de una composición que no para de expandirse. Se desafía así la maquinaria neoliberal de reconocimiento de minorías y de pacificación de la diferencia. Esta transversalidad política se nutre desde los diversos territorios en conflicto y construye una afectación común para problemas que tienden a vivirse como individuales y un diagnóstico político para las violencias que tienden a ser encapsuladas como domésticas. Esto complejiza cierta idea de solidaridad que supone un grado de exterioridad que ratifica la distancia respecto de otrxs. La transversalidad prioriza una política de construcción de proximidad y alianzas sin desconocer las diferencias de intensidad en los conflictos. 4. El movimiento feminista despliega una nueva crítica a la economía política. Incluye una denuncia radical a las condiciones contemporáneas de valorización del capital y, por tanto, actualiza la noción de explotación. Pero lo hace ampliando lo que se entiende usualmente por economía. En Argentina, en particular, hay un cruce que da cauce a una nueva crítica de la economía política. Y esto se debe al encuentro práctico entre economías populares y economía feminista. Las economías populares como tramas reproductivas y productivas expresan un acumulado de luchas que abrió la imaginación de la huelga feminista. Por eso es que en Argentina la huelga feminista logra desplegar, problematizar y valorizar una multiplicidad de labores desde un mapeo del trabajo en clave feminista en la medida que se vincula con la genealogía piquetera y su problematización del trabajo asalariado y sus formas de “inclusión”. Son estas experiencias las que están en el origen de las economías populares y las que persisten como elemento insurrecto que es nuevamente convocado desde los feminismos populares. Con la dinámica de organización de las huelgas feministas, en las economías populares suceden dos procesos. Por un lado, la politización de los ámbitos reproductivos más allá de los hogares funciona como espacio concreto para elaborar la ampliación de los trabajos que la huelga valoriza. Por otro, la perspectiva feminista sobre estas tareas permite evidenciar el conjunto de mandatos patriarcales y coloniales que las naturalizan y, por tanto, que habilitan las lógicas de explotación y extracción sobre ellas. La huelga feminista, al poner en marcha una lectura desde el desacato a la inscripción de las labores reproductivas en términos familiaristas, desafía el suplemento moral permanente que imprimen los subsidios sociales y provee un cruce entre economía feminista y economía popular que radicaliza ambas experiencias. A partir de la huelga, además, el movimiento feminista está produciendo figuras de subjetivación (trayectorias, formas de cooperación, modos de vida) que escapan del binarismo neoliberal que opone víctimas y empresarias de sí (incluso en el pseudolenguaje de género del “empoderamiento” emprendedor). En este sentido, los feminismos son antineoliberales porque se hacen cargo del problema de la organización colectiva contra el sufrimiento individual y denuncian la política sistemática de despojos. El movimiento feminista actual empuja a una caracterización precisa del neoliberalismo y, por tanto, abre el horizonte de a qué le llamamos política antineoliberal. Por el tipo de conflictividad que mapea, visibiliza y moviliza, se despliega una noción compleja de neoliberalismo que no se reduce al binomio de Estado vs. Mercado. Por el contrario, se señala desde las luchas la conexión entre la lógica extractiva del capital y su imbricación con las políticas estatales, determinando por qué se explota y extrae valor de determinados cuerpos-territorios. La perspectiva de economía feminista que surge de aquí es entonces anticapitalista. 5. El movimiento feminista toma las calles y construye en asambleas, teje poder en los territorios y elabora diagnósticos de coyuntura: produce un contrapoder que articula una dinámica de conquista de derechos con un horizonte de radicalidad. Desarma el binarismo entre reforma o revolución. Dijimos que con la huelga el movimiento feminista construye una fuerza común contra la precarización, el ajuste y los despidos, y las violencias que implican, remarcando su sentido antineoliberal (es decir, que impugna la racionalidad empresarial como orden del mundo), afirmando su naturaleza clasista (es decir, que no naturaliza ni minimiza la cuestión de la explotación) y anticolonial y antipatriarcal (porque denuncia y desacata la explotación específica del capitalismo contra las mujeres y cuerpos feminizados y racializados). Esta dinámica es clave: produce un cruce práctico entre género, raza y clase y genera otra racionalidad para leer la coyuntura. Tanto en los debates parlamentarios (afirmando que no hay derecho ni fuerza de ley que no se formule primero en la protesta social) como en la radicalización de la organización popular, los feminismos resisten ser reducidos a un “cupo” o a una “tematización”. Esta dinámica del movimiento es doble: construye institucionalidad propia (redes autónomas) y al mismo tiempo interpela a la institucionalidad existente. Crea a su vez una temporalidad estratégica que actúa simultáneamente en el presente con lo que existe y con lo que existe también en el presente pero aun como virtualidad, como posibilidad todavía abierta y no realizada. El movimiento feminista no agota sus demandas ni sus luchas en un horizonte estatal, aun si no desconoce ese marco de acción, pero decididamente no proyecta al Estado como instancia de resolución de las violencias. La dimensión utópica tiene sin embargo una eficacia en el presente y no en la postergación de un objetivo final futuro y lejano. Por eso también la dimensión utópica logra trabajar en las contradicciones existentes sin esperar a la aparición de sujetxs absolutamente liberadxs ni en condiciones ideales de las luchas ni confiando en un único espacio que totalice la transformación social. En ese sentido, apela a la potencia de ruptura de cada acción y no limita la ruptura a un momento final espectacular de una acumulación estrictamente evolutiva. Esto, de nuevo, se conecta con la potencia de la transversalidad, que crece por el hecho de que el activismo feminista se ha convertido en una fuerza disponible que se pone en juego en diferentes espacios de lucha y de vida. Esta es una manera que va contra la “sectorización” de la llamada agenda de género y contra la infantilización de sus prácticas políticas. O sea, la transversalidad no es sólo una forma de coordinación, sino también una capacidad de hacer del feminismo una fuerza propia en cada lugar y de no limitarse a una lógica de demandas puntuales. Sostenerla no es fácil porque implica un trabajo cotidiano de tejido, de conversación, de traducciones y ampliación de discusiones, de ensayos y de errores. Pero lo más potente es que hoy esa transversalidad se siente como necesidad y como deseo para abrir una temporalidad aquí y ahora de la revolución. 6. El feminismo actual teje un nuevo internacionalismo. No se trata de una estructura que abstraiga y vuelva homogéneas las luchas para llevarlas a un plano “superior”. Se lo percibe, por el contrario, como fuerza concreta en cada lugar. Impulsa una dinámica que se hace transnacional desde cuerpos y las trayectorias situadas. Por eso el movimiento feminista se expresa como fuerza coordinada de desestabilización global cuya potencia está arraigada y emerge de manera notable desde el Sur. Se trata de un internacionalismo desde los territorios en lucha. Por eso se hace más complejo y polifónico en su construcción: incluye cada vez más territorios y lenguas. No tiene el marco del Estado nación por eso el nombre internacionalismo ya queda desbordado. El internacionalismo es más bien transnacional y plurinacional. Porque reconoce otras geografías y traza otros mapas de alianza, encuentro y convergencia. Porque incluye una crítica radical al encierro nacional con el que se quiere delimitar a las luchas, porque se conecta a partir de las trayectorias migrantes y porque acerca paisajes que recombinan lo urbano, lo suburbano, lo campesino, lo indígena, lo villero, lo comunitario y, por tanto, se hojaldra con temporalidades múltiples. El transnacionalismo feminista envuelve una crítica a las avanzadas neocoloniales contra los cuerpos-territorios. Denuncia los extractivismos y exhibe su conexión con el aumento de las violencias machistas y las formas de explotación laboral que tienen en la maquila una escena fundante en nuestro continente. La huelga feminista construye una trama transnacional imparable porque mapea a contrapelo el mercado mundial que organiza la acumulación de capital. Y, sin embargo, este enlace transnacional no se organiza siguiendo el calendario de los encuentros de los grandes organismos al servicio del capital. A partir de la huelga feminista, el movimiento adopta forma de coordinadora en un lado, de comisión en otra, de encuentro de luchas más acá: son todas iniciativas que rompen fronteras. Se trata de un transnacionalismo que empujó la consigna global de la huelga y así forjó una coordinación de nuevo tipo: “si nosotras paramos, se para el mundo”. La fuerza de desestabilización es global entonces porque primero existe en cada casa, en cada relación, en cada territorio, en cada asamblea, en cada universidad, en cada fábrica, en cada feria. En este sentido es inverso a una larga tradición internacionalista que organiza desde arriba unificando y dando “coherencia” a las luchas a partir de su adscripción a un programa. La dimensión transnacional compone lo colectivo como investigación: se presenta a la vez como autoformación y como deseo de articulación con experiencias que en principio no están próximas. Esto es bien diferente a tomar la coordinación colectiva como un a priori moral o una exigencia abstracta. El feminismo en los barrios, en las camas y en las casas no es menos internacionalista que el feminismo en las calles o en los encuentros regionales y esa es su potente política de lugar. Su no disyunción, su manera de hacer transnacionalismo como política de arraigo y como apertura de los territorios a sus conexiones inesperadas, mundialmente extensas. 7. La respuesta global a la fuerza transnacional feminista se organiza como triple contraofensiva: militar, económica y religiosa. Esto explica por qué hoy el neoliberalismo necesita de políticas conservadoras para estabilizar su modo de gobierno. El fascismo en ensamble con el neoliberalismo que estamos viendo como escenario regional y global es una lectura reaccionaria: una respuesta a la fuerza desplegada por el movimiento feminista transnacional. Los feminismos que tomaron las calles en los últimos años y que se capilarizaron como fuerza concreta en todos los ámbitos y relaciones sociales pusieron en cuestión la subordinación del trabajo reproductivo y feminizado, la persecución de las economías migrantes, la naturalización de los abusos sexuales como disciplinamiento de la fuerza de trabajo precarizada, la heteronorma familiar como refugio ante esa misma precariedad, el confinamiento doméstico como lugar de sumisión e invisibilidad, la criminalización del aborto y de las prácticas de soberanía sobre los cuerpos, el envenenamiento y despojo de comunidades a manos de corporaciones empresariales en connivencia con los Estados. Cada una de estas prácticas hizo temblar la normalidad de la obediencia, su reproducción cotidiana y rutinizada. La huelga feminista tejida como proceso político abrió una temporalidad de revuelta. Se expandió como deseo revolucionario. No dejó lugar intocado por la marea de insubordinación y cuestionamiento al devenir movilización de larga duración. El neoliberalismo necesita ahora aliarse con fuerzas conservadoras retrógradas porque la desestabilización de las autoridades patriar cales pone en riesgo la propia acumulación de capital. Diríamos así: el capital es extremadamente conciente de su articulación orgánica con el colonialismo y el patriarcado para reproducirse como relación de obediencia. Una vez que la fábrica y la familia heteropatriarcal no logran sostener disciplinas y una vez que el control securitario es desafiado por formas feministas de gestionar la interdependencia en épocas de precariedad existencial, la contraofensiva se redobla. Y vemos muy claramente por qué neoliberalismo y conservadurismo comparten objetivos estratégicos de normalización. Porque el movimiento feminista politiza de manera nueva y radical la crisis de la reproducción social como crisis a la vez civilizatoria y de la estructura patriarcal de la sociedad, el impulso fascista que se pone en marcha para contrarrestarlo propone economías de la obediencia para canalizar la crisis. Sea por el lado de los fundamentalismos religiosos o por el lado de la construcción paranoica de un nuevo enemigo interno, lo que constatamos es el intento de aterrorizar a las fuerzas de desestabilización arraigadas en un feminismo que ha traspasado las fronteras y es capaz de producir código común entre luchas diversas. 8. El movimiento feminista hoy enfrenta la imagen más abstracta del capital: el capital financiero, justamente esa forma de dominio que parece hacer imposible el antagonismo. El movimiento feminista al confrontar la financierización de la vida, eso que sucede cuando el hecho mismo de vivir “produce” deuda, despliega una disputa con las nuevas formas de explotación y extracción de valor. En el endeudamiento aparece una imagen “invertida” de la productividad misma de nuestra fuerza de trabajo, de nuestra potencia vital y de la politización (valorización) de las tareas reproductivas. La huelga feminista que grita ¡libres, vivas y desendeudadas nos queremos! logra visibilizar las finanzas en términos de conflictividad y, por tanto, de autodefensa de nuestras autonomías. Es necesario comprender el endeudamiento masivo aterrizado en las economías populares feminizadas y en las economías domésticas como una “contrarrevolución” cotidiana. Como una operación en el terreno mismo en que los feminismos han conmocionado todo. El movimiento feminista, tomando a las finanzas como un terreno de lucha contra el empobrecimiento generalizado, practica una contrapedagogía respecto de su violencia y sus fórmulas abstractas de explotación de los cuerpos y los territorios. Agregar la dimensión financiera a nuestras luchas nos permite mapear los flujos de deuda y completar el mapa de la explotación en sus formas más dinámicas, versátiles y aparentemente “invisibles”. Entender cómo la deuda extrae valor de las economías domésticas, de las economías no asalariadas, de las economías consideradas históricamente no productivas, permite captar los dispositivos financieros como verdaderos mecanismos de colonización de la reproducción de la vida. Y un punto más: entender la deuda como dispositivo privilegiado de blanqueamiento de flujos ilícitos y, por tanto, de conexión entre economías legales e ilegales como una manera de aumentar la violencia directa contra los territorios. Lo que se busca es justamente una “economía de la obediencia” que sirve a los sectores más concentrados del capital y a la caridad como despolitización del acceso a recursos. Todo esto nos da, otra vez, una posibilidad más amplia y compleja de entender lo que diagnosticamos como las violencias que toman a los cuerpos feminizados como nuevos territorios de conquista. Por eso es necesario un gesto feminista sobre la maquinaria de la deuda, porque es también contra la maquinaria de la culpabilización, sostenida por la moral heteropatriarcal y por la explotación de nuestras fuerzas vitales. Fuente: La Potencia feminista o el deseo de cambiarlo todo. Verónica Gago. Capítulo 8. 2019. Editorial Tinta limón.

  • Sigue al conejo blanco / Verónica Scardamaglia

    (alerta spoiler al final del texto) “Ni unos ni ceros. Ni hombres ni mujeres. Ni causas ni efectos. Ni buenos ni malos. Ni pastillas rojas ni pastillas azules” Lana Wachowski. Ni bien llega a la escuela le plantea a la preceptora que necesita que le nombre de otra manera, que no quiere más el nombre que tiene -ese que le asignaron-. Quiere otro. La preceptora habla con la jefa de preceptorxs que habla con la directora que habla con la tutora. Todas coinciden: que vaya al DOE (Departamento de Orientación Escolar). Demasiado temprano, como para tremendo planteo -imagino que piensan, escandalizadas. Algo en la jerga docente se habla en siglas encriptadas que hacen sentido de pertenencia y exclusión al mismo tiempo: la POF, la EMI, el EPA, el EOE,el ASE, el 70T, el 6°H y así. Pertenencia y exclusión de género, de raza, de clase, de saberes que operan como validaciones más de expulsión que de acceso. Y si de educación secundaria se trata, con estas operatorias se arrastran y reviven aquellos mandatos fundacionales excluyentes de principio de siglo XIX de educar a la elite. Si bien existe la ley de identidad de género Nº 26743 sancionada y promulgada en 2012, todavía no termina de saltar de la sanción a las aulas y pasillos de las escuelas. Y hace falta empujarla. Esta ley y algunas otras, de a ratos, hacen que los derechos se desempolven de la cobertura de clase que los constituye y se transformen en aquello que puede hacer fuerza para que una vida (al menos una) logre esquivar (al menos en algunas situaciones) la fuerza de las opresiones patriarcales, racistas, partidarias y de clase. Y adultocéntricas. ¡Qué sociedades estas que necesitan que una ley avale nombrar a alguien como prefiera nombrarse, que habilite nombrar a alguien como prefiera verse!. Cuánta la necesidad de aferrarse a lo que no se transforma. De agarrarse y sacar las garras para defenderlo. En Matrix resurrecciones, la última película estrenada en diciembre 2021 de la saga Matrix, pareciera insistir, por su nombre, aquel tinte religioso presente en las anteriores (el elegido, Nabucodonosor, Sion, además de muchas referencias al hinduismo), pero esta vez podemos decir que se trata mas bien de una apelación a lo místico y, sobretodo, a la fuerza vital de la imaginación. Según lo relatado por Lana Wachowski en varios reportajes, la historia de esta película no se trata sólo del renacimiento de la franquicia (como pretendía la Warners Bros desde hace años), de sus controversias, sus fanatismos y sus personajes sino que, esta vez, le ha funcionado a ella como aquello de lo que agarrase, luego del dolor que provocan las muertes cercanas. Un amigo, el padre y la madre murieron recientemente. Pero como suceden con estas cuestiones, lo que pareciera que funcionó para Lana, no funcionó para su hermana y ex codirectora Lilly Wachowski. "El inconsciente no plantea ningún problema de sentido, sino únicamente problemas de uso. La cuestión del deseo no es «¿qué es lo que ello quiere decir?», sino cómo marcha ello. ¿Cómo funcionan las máquinas deseantes, (...) qué fallos forman parte de su uso, cómo pasan de un cuerpo a otro, cómo se enganchan sobre el cuerpo sin órganos, cómo confrontan su régimen con las máquinas sociales? Un dócil mecanismo se engrasa, o al contrario se prepara una máquina infernal. ¿Qué conexiones, qué disyunciones, qué conjunciones, cuál es el uso de las síntesis? Ello no representa nada, pero ello produce, ello no quiere decir nada, pero ello funciona. En el desmoronamiento general de la cuestión «¿qué es lo que eso quiere decir?» el deseo efectúa su entrada.” escriben Guattari y Deleuze en El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofrenia (1972). Una de las condiciones que pedían las hermanas Wachowski para actuar en Matrix (1999) fue que se lea Simulacro y simulación (1981) de Jean Baudrillard. Libro en el que Neo esconde los programas que vende, en una de las primeras escenas de la primera película. Del mismo modo, todas las referencias al Mago de Oz, Alicia en el País de las Maravillas y a las novelas de Philip Dick construyeron hermosas complicidades, sigilosamente presentes a lo largo de la saga, con clásicos de la literatura que saben hacernos disfrutar de la imaginación. Escribe Úrsula Le Guin en el ensayo Cosas que en realidad no están presentes publicado en el libro Contar es escuchar. Sobre la escritura, la lectura y la imaginación (2018): “«¡Tía! Cuéntame por favor sobre la fantasía, porque quiero hablar sobre un Book of Fantasy, pero no estoy segura de saber a qué me refiero.» «Fantasy o phantasy», contesta la tía, en inglés, después de carraspear, «proviene del griego phantasia, que literalmente quiere decir "lo que se hace visible"». Explica que phantasia se relaciona con los verbos phantasein, «hacer visible», o en griego tardío, «imaginar, tener visiones», y phainein, «mostrar». Y resume los primeros sentidos de la palabra fantasy en inglés: una aparición, un fantasma, el proceso mental de la percepción sensible, la facultad de la imaginación, una idea falsa, un capricho, una extravagancia. Luego, aunque evita desparramar palillos o echar suertes con monedas pulidas con aceite dulce, pues a fin de cuentas es inglesa, empieza a contarme sobre los cambios: las transformaciones que sufrió la palabra con el correr de los siglos, al pasar por las mentes de las personas. Me enseña de qué manera fantasy, que para los escolásticos de la Baja Edad Media significaba «la aprehensión mental de un objeto de la percepción», es decir, el acto mismo de la mente al vincularse con el mundo fenoménico, con el tiempo llegó a significar justo lo contrario: una alucinación, o fantasma, o la costumbre de engañarse a unx mismx. Y luego la palabra, cambiando de curso como una liebre, pasó a significar la imaginación misma: «El proceso, la facultad o el resultado de formar representaciones mentales de cosas que en realidad no están presentes». Aunque parecería encontrarse con el uso escolástico de la palabra, esta definición de fantasy apunta en la dirección opuesta y, a menudo, da en suponer que la imaginación es extravagante, o visionaria, o puramente fantasiosa. Así que la palabra fantasy es ambigua, situada entre lo falso, lo insensato, lo ilusorio, la superficie de la mente y la honda conexión de la mente con lo real. En ese umbral, a menudo mira para un lado, enmascarada y disfrazada, frívola, como un escapista; luego se vuelve y vemos la cara de un ángel, un mensajero refulgente de la verdad, Urizen redivivo.” Aún antes de que la presencia de la comunidad LGBTTIQ+ en series y películas se transforme en algo políticamente correcto, la saga Matrix (1999 la primera, 2003 las otras dos) ya estaba poblada por una bella proliferación de posibilidades vitales, tan incómoda para la seguridad repetitiva y definida de las normalidades. Vidas texturadas por formas, géneros, colores, modos, infinidad de rarezas presentes aún en aquel mundo gris al que se accedía vía píldora roja y que explotaba de magia y glamour cuando ingresaban a la Matrix. Esto mismo sucede en Matrix Resurrecciones. No sólo apela a perlitas que satirizan esta realidad de sagas, youtubers y likes –con el personaje del Merovingio, con un brainstorming entre creativxs acerca de cómo se ha considerado Matrix y con la gran ironía de la escena poscréditos- sino que también alimentan la adoración fanática de la ciencia ficción y el animé. Esto se construye tanto con referencias a la metanarrativa como con algunos enunciados que, como parpadeos, pueden leerse en algunos paneos: “For those who love to eat shit” aparece como nombre de película en una marquesina de un cine. Nada en Matrix está definido. Tiempos, realidades, sentidos, estilos, presentes y recuerdos: todo opera con la fuerza de lo ficcional y con la necesidad de alguna decisión sobre aquello de lo que agarrarse. Declara Lana Wachowski en varios reportajes: “Paradójicamente, la tecnología nos unió como nunca antes y, al mismo tiempo, nos aisló como nunca antes. Por eso, la capacidad de las tecnologías para encapsular o limitar nuestra visión subjetiva de la realidad, es una parte importante de la trama de Resurrecciones”. Y afirma: “No me interesa controlar las experiencias ni las convicciones de nadie. Sólo estoy agradecida de que tanta gente haya experimentado esta película con la seriedad y el compromiso que requiere el diálogo entre dos personas”. Cuentan que en el guión de la primera película los estudios Warner eliminaron una escena en la que, al entrar a la matrix, alguien cambiaba de género. La jefa de preceptorxs y la directora, aún ante la evidencia y el aval del artículo correspondiente de la ley de identidad de género, porfiaban por mantener el nombre del DNI y llamarle como pidió que no le llamaran. Para respetarle, se necesitó del armado de una estrategia institucional que contó con algunas alianzas cómplices, como para lograr que aquello que “simplemente” correspondía por derecho, se transformara en una orden “que bajara” emitida por alguna afluencia posicionada en otra jerarquía. Al día siguiente, la queja cotorreaba: “¿Y cuándo se va a decidir? ¡Parece que nos está cargando! Ahora que tiene el nombre que pidió, ¡¡mirá como viene vestida!!” escupían ante la aparición majestuosa de un outfit de pollera y pantalón, digno de perturbación para estas normalidades que piden definición. El trabajo clínico, muchas veces, trata de acompañar armados y desarmados. Se arman y desarman relaciones sexo afectivas, familiares, laborales. Relaciones con el dinero y con el trabajo. Con salud y enfermedades, con daños y cuidados. También con aquellos lugares en los que se instala eso que llamamos hogar. Y, por supuesto, con creencias,y géneros. Clínica implica, muchas veces, estar ahí, en una conversación que dice de distintas maneras que lo vivo muta, se transforma, se altera tanto como se estanca, se detiene, se enrosca. Va y viene. Viene y va. Implica discutir no sólo el armado de aquellas relaciones que nos parieron, que nos sostuvieron y nos enredaron. Esas que corremos el riesgo de repetir. Esas que necesitamos mutar. Implica reconocer en lo propio los abusos de la propiedad. Construir registros que en lo propio anida la conquista, la explotación, la alienación. Y aquellas formas que reactivan la serie histórica de opresiones. Lo propio suele mutar de nombres, tiene esa capacidad de fagocitación de lo vivo. Lo opaca y entristece. No sólo lo desvasta. El trabajo clínico muchas veces también interviene contra las manipulaciones. Hay veces que la desesperación hace decir “cambié una manipulación por otra”. Afirmación que combatimos con la decisión de hacer presente los matices y ese juego sagaz entre repetición y diferencia. Juego que muestra que aquella manipulación no opera igual que esta otra, sobretodo considerando al capitalismo como un gran tablero de manipulaciones varias. Que quedar atrapada por una relación de violencias y abusos en la pareja y haber podido salir de ella, no implica lo mismo que se repita un maneje del padre de tu hijx por un regalo, unas vacaciones o un abrigo. En Matrix Resurrecciones hay un psicólogo que resulta ser el Arquitecto, aquel responsable de programar la Matrix. Pareciera que la psicología en la Matrix se ejerce ¿para reprogramar nuevas normalidades? ¿garantizar la adaptación a la moral del buen vivir? ¿elemento aconsejador serial para manipular sobre qué hacer, en qué creer, qué píldora tomar?¿alerta de lo que se ha transformado esta función a lo largo de los años? ¿parodia que interpela la relación actual entre psicología y neoliberalismo? Quizás convenga tener presente que la fuerza ética en el trabajo clínico convoca al principio de abstinencia en tanto que abstenerse de manipular. Bienvenidxs al desierto de lo real, ha dicho Morfeo o Baudrillard.

  • Las descentradas (1929) Primer Acto / Salvadora Medina Onrubia

    Comedia en tres actos Primer acto Presenta la escena amplio hall amueblado con lujo de la casa Meurer. Escalera para las habitaciones altas. En el recodo, sofá y sillones forman un rincón confortable. Al foro, izquierda, vestíbulo por el que se ve pasar gente que entra al salón. A la derecha, puerta al comedor. Foro, derecha, salón. (Al levantarse el telón, están en escena Elvira y Gracia. Elvira, vestida de visita. Impecablemente elegante. Gracia, de casa. Gracia tiene veinte años y es una criatura inmaculada -como su nombre. Elvira tiene treinta años. La edad perfecta de la mujer, según algunos literatos con éxito entre las señoras. Es alta y magníficamente pálida. Está Gracia tumbada en un sillón, en cuyo brazo, casi a caballo, Elvira le acaricia la frente y apartándole los cabellos, la mira en los ojos. Hablan.) Escena I Gracia y Elvira Elvira: Qué linda eres, Gracia. Qué frente tan blanca, qué ojos tan claros tienes. Cuando te miro así, pienso en la luz del sol, en el agua fresca, en todo lo bueno, en todo lo puro... (La besa en la frente y se levanta.) Gracia (rechazándola mimosamente): Loca, déjame. Soy como las otras. Solamente que vos además de verme con cariño, me ves con tu manía. Elvira: ¿Con qué manía? Gracia: Con la poética. (Riendo.) ¿Ya no haces más versos?… Elvira (se pasa la mano por la frente, suspira y viene a sentarse frente a Gracia): Ya no hago más versos, tesoro. Hace muchos años. Me conformo con tener sobre mis hombros toda la prosa de la vida... (Pausa. Transición.) ¿Te acuerdas cuando vos ibas a la escuela, todos los ditirambos que canté a San Martín y a Belgrano? Gracia: Qué no me voy a acordar... El corte que me daba yo en la clase de declamación. La maestra me los pedía para hacérselos copiar a las otras. Elvira: Cómo pasan los años. Me parece que era ayer… ¿Te acordás de la escuela? Tenía un patio grande de ladrillo lleno de naranjos. En el pueblo decían que estaba asombrada. Que de noche en ella los fantasmas arrastraban cadenas... Gracia: Y desde el oscurecer ya nadie pasaba por esa vereda. Íbamos por la de enfrente y calladitos... Algo había, che... Elvira: Yo, después de cenar, me escapaba a mirar por las ventanas. Horas. Nunca vi nada. Gracia: Hasta de chica has sido fantástica vos... Elvira: Después la tiraron. Pobre vieja escuela. En nombre del adelanto del pueblo, mataron tus fantasmas. Estaban allí bien. Ellos nos enseñaban a soñar. (Suspira.) Me da pena acordarme de estas cosas, es tonto, ¿verdad? Pero son tan hermosas las cosas lejanas que nos hicieron sentir mucho. Cuando seas vieja como yo sabrás lo que valen algunos recuerdos... Gracia: Vieja, vos... (Ríe, cuenta con los dedos.) Hace dieciséis días que cumpliste treinta años. Y nadie te los da... Elvira: Eso sí es verdad. Nadie me los da... de lejos. Pero mirándome cerquita del espejo como yo me miro… No me hago ilusiones. Nuestra señora la vejez señaló ya en mi cara, con su dedo fino, el lugar donde van a marcarse las arrugas. (Ríe.) Me lo tapo con polvos… Si yo tuviera ahora mi cara de rosa de los veinte años. Tú tienes veinte años... Los gloriosos veinte años que ya no vuelven... (Suspira.) A tu edad me casé yo… Veinte años... Gracia: Gran cosa. Diez años... Elvira: No dirás eso cuando hayan pasado por ti... Cuando seas como yo, una mujer casada... y cansada... Gracia: ¿Es un chiste?... Elvira: Quizá. Cansada. Cansada. Sin una ilusión... Cómo nos caen encima los años y la vida. Casarse, Gracia… Cómo ansiamos casarnos las mujeres. Vivir, cambiar… Y nos casamos. Gracia: Ya empiezas, Elvirota. Cállate. No me desilusiones. Todas las amigas casadas son iguales. La que te dice cosas trágicas. La que te dice cochinadas. Todas. Elvira: Yo no. Perdóname. Conserva tu ilusión, que es lo único que te dará tu formal amor de niña pura. Además, te digan lo que te digan, ríe... No hay palabras que puedan matar la ilusión... La ilusión de amor, dura poco… (Ante los ojos de Gracia.) o mucho, tesoro. Pero es ciega, sorda, egoísta. Vive su vida intensamente. Nace y muere brutalmente. Y como nadie puede matarla, nadie tampoco puede hacerla revivir. Además, no eres tú de las que fatalmente se desilusionan... Gracia: Oh, no... No pienso desilusionarme. Me has dicho tantas veces que soy una mujercita vulgar... Elvira: ¿Yo te he dicho eso?... Gracia: Sí. Sí... Nunca te acuerdas de lo que dices. Elvira: Tienes razón... Pero no eres vulgar... No. No sabe tu novio lo que se lleva... Hoy no se encuentran novias como tú. Estás hecha de la pasta de las felices… (Suspira.) Gracia: ¿Y vos? Elvira: ¿Yo?... Yo soy de las otras. Gracia: Hay que respetar las manías... Vos, desgraciada… Es gracioso. Como dice mamá, la suerte tuya no se ve dos veces... Metida allá en el pueblo, pescarte nada menos que un ministro. Elvira: Entonces era sólo senador... Gracia: Y millonario... La plata, che, es una gran cosa... Elvira: Y tanto... Eso no lo discuto. Gracia: Bueno, ¿y qué más querés?... Elvira: Tenés razón, qué más quiero... Es que soy chiflada; tendré que decir como Gloria... Gracia: Ya salió Gloria... ¿Qué dice, Gloria? Elvira: Dice, que bendice su chifladura, que es en ella una especie de vacuna. Gracia: ¿Vacuna?... Elvira: Contra la locura completa... Gracia: Más loca de lo que es... Decime si no tiene razón tu marido en no querer que seas amiga de Gloria. Elvira: Mi marido tiene siempre razón en todo. Gracia: ¿Y entonces?... ¿Por qué no le haces caso?... Elvira: Por eso. Porque tiene demasiada razón. No hay que abusar ni de la razón... Gracia: No, che, pero en lo de Gloria... Ya vez; nosotras no somos ningunas ridículas. La recibimos siempre. Pero cuando se escapó con los chicos, el bochinche del pleito... fue horrible. Elvira: Claro. Mientras tuvo hogar, marido, hijos... Pero, sola, cuando una ley absurda le quitó sus hijos, cuando necesitaba de todos... ¿Qué habría dicho la sociedad si se la recibía?… Gracia: ¿Lo dices con ironía?... Elvira: No. Con amargura. Mira, amor: cuando pasen años, cuando tus ojos claros y limpios hayan llorado, serás más comprensiva y más inteligente... Pobre Gloria... Tenía ella la culpa... Gracia: Debía soportarlo como todas. No es motivo para deshacer un hogar, el que se sentía “incomprendida”; además, fueron novelerías... Te acordás de cómo lo quería. Todo lo hizo cuando se casó. Elvira: Y fue eso. Vivir con un marido a quien no se ama… pase. Es lo común. Pero vivir con uno a quien “ya” no se ama... Gracia: A veces no te entiendo... Elvira: Y que el buen Dios libre a tu corazoncito por siempre de entenderme... que jamás enrede tu alma en los hilos sutiles de la angustia... de Gloria... y de tantas... Gracia: No, che... Yo estoy libre. Nunca fui novelera… Además, como dijo tu marido, esas cosas no están en el código... Y ella se fue de su casa. Elvira: Dame un beso y hablemos de otra cosa. Hay dobleces en tu corazoncito que no quiero ver. Gracia: ¿Es malo que no quiera a Gloria?... Elvira: Malo, no. Mezquinito... Hablemos de tu novio. ¿Cómo es? ¿Bueno mozo? Contame. Gracia: A mí me gusta... Es muy simpático... Elvira: Y muy inteligente... Y eso que es periodista, ¿eh?... Y a pesar de ser periodista, tiene también ingenio... Es amigo de Gloria, ¿eh? Te doy el dato… Trabajan en el mismo diario... Las cosas que le ha dicho a mi marido... (Ríe.) Hizo temblar dos Ministerios con un chiste... Gracia: Olvídate de eso. Ya no volverá a suceder. Elvira: ¿Por qué me voy a olvidar si me hace muchísima gracia? Yo admiro la insolencia en todas sus manifestaciones. Gracia: ¡Qué cosa! Cuando Jorge lo trajo a casa, él ni se sospechaba que éramos tan amigos... Elvira: ¿Y de dónde lo sacó Jorge? Gracia: Vos sabés que Jorge ha escrito una obra de teatro... Elvira: Ese Jorge. Ya no le falta nada. Mirá si se iba a quedar él sin su drama... ¿O es sainete? Gracia: Drama. Vos dirás que es malo, claro, pero fue mi felicidad. En cuanto se hicieron amigos, Juan Carlos empezó a festejarme. Yo no se lo escribía porque como tu marido.. . Elvira: ¿Y qué le importaba a mi marido? Gracia: Nada.., Pero... Elvira: Ya ves; lo que pensó, se lo calló. Gracia: Pero no viene esta tarde. Elvira: Vendrá a buscarme. Le presentaremos a tu novio. Gracia: Ya verás; y los diarios de la oposición no se meterán más con él. Elvira: Gracia, tienes alma de político. Ahora me explico por qué mi marido... Gracia: Dice mi novio que estas cosas de política no influyen para nada en la futura amistad de los hombres. Elvira: Los hombres y la política son una cosa tan particular... Gracia: Yo sabía que iban a hacerse amigos. Por eso no quise que me diera el anillo hasta que ustedes vinieran… En el día de mi compromiso quería tener cerca toda mi gente querida... Te acordás de cuando vos te comprometiste... Qué fiesta dio tu mamá… Elvira: Pobre mamá... Fue su último día feliz... Ya estaba tan enferma... Gracia: Bueno. No te entristezcas. Escena II Elvira, Gracia, Señora Meurer y Chinita , que entra y sale con mate Señora (en traje de casa, paquete) Gracia, hijita ¿todavía sin vestir? Gracia: ¿Y vos, mamá? Señora: Yo estaba ocupada arreglándolo y disponiéndolo todo bien. No quiero que cuando haya gente me estén llamando... ¿Qué hacían acá?... Gracia: Conversando. Señora: ¿Y no podían conversar en tu cuarto mientras te vestías? Elvira (con mimo): Señora... a mí me “esgunfian” las escaleras. Gracia: Ya subo, mamita. Estoy cansada... Señora: Siempre estás cansada vos... (La mira despectivamente. Entra la chinita con mate. Elvira se lo arrebata con grandes exclamaciones.) Elvira: Ay, mate... traé, m’hijita... Qué delicia es el mate… Hace tres meses que no tomo más que té... ¡puah!… nuestro mate. Nos hacemos elegantes... (Hablando al mate.) Negrito querido. Criollito de mi tierra... Eres lo que más me gusta en el mundo... Será porque mi marido te odia... Señora: Dejalo en paz a tu marido... Hasta con el mate lo criticas... Pobre López Torres... Las ganas que tengo de verlo... Mirá que no encontrarlo anoche... Gracia: Y el apurón que se dio... (Ríe.) Elvira: Hay que disculparlo. “Alguien” lo esperaba impaciente. Salió de Mar del Plata una semana antes que nosotros... Señora: Callate, ¿querés? Qué ganas de hablar de vicio... Elvira: Sí, de vicio hablo... Señora: Claro que de vicio... No digo que sea un santo… Tendrá sus cosas. Para eso es hombre. Las mujeres inteligentes no miran nunca lo que hacen los hombres. No lo saben. Elvira (riendo): Ellos tienen sus derechos... Señora: Aunque yo no creo nada, hija, ¿sabes? Un hombre tan serio, tan de respeto... Elvira: ¿Serio?... No sé cómo se ríe... Y si no es de respeto, con su edad. Señora: Muy buena edad que tiene. También querrás decir que es viejo. Elvira: No me lleva más que veintiséis años. Casi nada. Señora: Preferirías un mocoso como el novio de ésta. Gracia: Mamá, un mocoso de treinta años... Señora: Veinte me llevaba tu padre, y bien feliz que fui. Una mujer debe poder respetar a su marido... Y decime… Qué lo vas a respetar vos a tu novio... Diarero. Sin juicio, derrochador... una monada el mozo. (A Elvira.) Lo conocerás. Verás qué alhaja que se ha conseguido... Elvira: Ya lo modificará usted cuando sea su yerno. Señora: Claro... Verás vos... Elvira (riendo): No lo vaya a asustar todavía. (Entra la china con mate.) Qué suegra va a ser usted. Así. (Un gesto grosero. Ríen las dos. La señora no oyó qué decían.) Señora: ¿Qué?... ¿De qué se ríen? Gracia: Nada, una pavada de ésta. Señora: Como siempre... Se conoce que no tienen mucho en qué pensar que eternamente se están riendo. Elvira: Y para qué pensar... Gracia: Claro, che, se vive igual. Señora: Esperen ustedes que yo les falte, que no tengan quien piense por ustedes... Vos (A Gracia.), con el marido que has elegido, vas a tener que aprender a usar los sesos, mi hijita, hasta para comprarte unas chinelas. Elvira (muy mimosa): No... Usted hará con ella como conmigo... Verdad que me la va a prestar a Juana. Me la deja, ¿quiere? Señora: Agarrala... Pero decime si no te da vergüenza. Ya es la tercera cocinera perfecta que te doy. Y en cuanto las tienes dos meses... Yo quisiera saber qué haces vos con los sirvientes, que se enloquecen en tu casa. Elvira: Y, nada... Yo qué sé... Señora: Es la última que te doy... Estoy cansada de ser profesora de tus cocineras. Elvira: No sea mala... déjemela, de verdad, ¿eh? Si usted no tuviera cocineras para amaestrar y para rezongar con ellas… ¿qué haría? Y si no me tuviera a mí para enseñarme a vivir, ¿qué haría? Gracia (imitándola): Y si no me tuviera a mí para decirme gansa, ¿qué haría? Señora: ¿Y qué querés que te diga, hija; que te diga viva?... Mirá, cada vez que te miro y pienso en que te vas a casar con ese atorrante, no sé qué te diría. Gansa sería lo menos. Pero vos te das cuenta, Elvirita, de la elección de la niña... Para eso la he criado... Lo que es a vos, no tendré que enseñarte cocineras ni modistas, no. Gracia: Bueno, me enseña a mí, me lo haré yo. Señora: Para lo que vas a tener que cocinar, sabés suficiente, m’hijita, con cebar mate. Elvira: No te aflijas, Gracita. Yo los voy a convidar a comer todos los días. Y el bebé va a ser para mí, no para ella. Gracia: Loca... Elvira: ¿Por qué loca?... ¿No pensás en un bebé?... Si Dios me hubiera dado un bebé a mí... Señora: También te lo hubiera tenido que criar yo... Elvira: Eso sí que no. (Con algo de amargura.) Por qué no habré tenido un hijo yo... ¿Sabés? Si yo hubiera tenido un chico... Hasta lo adoraría a mi marido. Me parecería Rodolfo Valentino. Tenelo vos, Gracita, por mí. Señora: Seguro que yo voy a dejar la criatura en manos de ustedes. Y después, gansa... querría ver cómo le mudarías los pañales; estoy segura de que le darías la mamadera fría. Lo matarías. Es inútil, tendrán que vivir conmigo. Elvira: Su yerno va a vivir con usted... ¿Usted lo va a tener aquí? Señora: Y qué te crees. Que voy a dejar que se lleve por ahí la chica... mi hijita, mi hija es mía, ¿sabés?, y no voy a dejar que me la lleve ningún atorrante. Tendré paciencia, ya que a la niña se le ha ocurrido eso también, y le aguantaré el marido. ¿Qué le voy a hacer? ¿No le tengo a esas dos fieras que ladran toda la noche y muerden al que se arrima? Espero que tu marido no morderá a nadie ni ladrará de noche. Cuando me canse de ellos me iré a la estancia, o me iré con vos, que bastante falta te hago a vos también... ¿Pero vos te crees que me lo van a agradecer?... Vivirán hablando mal de la suegra: ya el joven me hace chistes. Elvira (besándola de golpe): Qué buena es usted. Cómo la quiero. Viva mamita... Señora: Mirá, dejame tranquila hoy que no tengo ganas de fiestas. (Por la Chinita, que entra y sale con el mate.) Mirá esto; como para estar tranquila. En cuanto vaya a la estancia, se la dejo a la madre. ¿Has visto el mate que ceba? Es lo único que hace. Cebar ese mate, meter los dedos adentro de todos los postres y dejarse pellizcar por el chauffeur. Elvira: Aja. Y eso hacés vos. ¿No tenés vergüenza? ¿Con el chauffeur de la señora? Ni vergüenza ni gusto tenés. Andá, salí a la vereda y mirá el mío, que te va a gustar más. Vas a ver cómo cambiás. El mío es mejor. Tiene hasta una escarapela argentina en el gorro. Andá, míralo. (La chica sale con el mate, toda azorada.) Señora: Pero Elvira. Fomentame la disolución de esta chica, ahora. (Gracia ríe a carcajadas.) Y vos, gansa, reíte. Mirá, andá a vestirte, que las horas se pasan y todavía tu novio te va a abandonar si no te encuentra elegante. Vieras las toilettes que se hace: por detrás, por delante, eremitas, pinturitas, uñas pintadas, un vestido diario, perfumes de odalisca... Y lo vas a ver al novio: lo vas a ver, Elvirita, lo vas a ver. Parece un boxeador, ¿sabés? Con unas manos así, y unos pies así... y diarero; y que, como todos los diareros, será mujeriego. Ya lo veo campaneándose a las bataclanas… Y a esta soltando lágrimas... Gracia: Mamita... Cómo sos, mamita... Señora: Llorá ahora un poquito por adelantado... Anda… marchá a vestirte, que va a llegar tu alhaja y todavía estarás en vetemos... Gracia (subiendo lentamente la escalera): Vení, mamita,.. Señora (la sigue): Ya voy; sí... (A Elvira.) Mica, Elvirita, date una vuelta por el comedor. Ve si está bien. Fíjate en ese mozo que me han mandado de la confitería. Parece medio azonzado… Gracia (desde arriba): Mamá, lo has de haber azonzado vos con tus recomendaciones, como a mí... Señora: Callate, atrevida... (Entran. Sale Elvira riendo para el comedor.) Escena III Jorge y Juan Carlos (Entran por el vestíbulo de la calle.) Jorge: Han de estar arriba. Voy, y de paso me embellezco un poco yo también. Juan: He venido muy temprano, pero conste que es por culpa tuya, Jorge. Jorge: Mira. Entretenete fumando. De todos modos, sos casi de la casa. Juan: Bueno. Fumaré (Jorge sube; Juan Carlos se sienta en el sofá y fuma un cigarrillo.) Escena IV Juan Carlos, Elvira y Chinita (Entra Elvira del comedor, con el mate, seguida de la Chinita; lo termina y se lo da.) Elvira: Tomá, vieja. No me dés más. Está fierísimo tu mate. Tiene razón la señora. Andá con todo arriba y lo seguís allá. Le decís que todo está bien; que no es tan zonzo el mozo como parece; que hay unos merengues de chantilly colosales. ¿Entendés? Colosales. Y que ya te los has diezmado vos... Che, qué te resulta mejor: ¿los merengues o el chauffeur? Chinita: Niña Elvira... Pero niña Elvira... Elvira: Bueno, andá, hacés bien; andá... comete los dulces y amá, que eso es lo único que vos vas a sacar de la vida. Pero deberías de elegir mi chauffeur, que es más buen mozo. De ése vas a tener un chico chueco. Vas a ver. Chinita: Pero niña Elvira. No sea mala usted también. Elvira: Mirá, no me llorés. Yo te conozco a vos. Andá mañana a casa. Vas a ver qué te doy. Así le coqueteas al chauffeur y al vigilante. Chinita: Bueno, niña Elvira. ¿Qué es, niña Elvira? Elvira (imitándola): ¿Qué es, niña Elvira? Bueno, niña Elvira... Mañana verás. Ahora andate. Déjame en paz. Chinita: Sí, niña Elvira. Gracias, niña Elvira. (Sale feliz. Elvira la mira irse con una sonrisa triste, indefinible; suspira, se mueve, ondula con un gesto íntimo de fatiga, reacciona, se pasa la mano por la frente con el gesto de tirar una idea, y se adelanta silbando y marcando un paso de tango. Juan Carlos, cuando ya está cerca, se levanta; ella recién lo ve.) Juan: Qué bien silba usted, niña Elvira. Elvira (sorprendiéndose): Hola... Encantada, señor Juan Carlos Gutiérrez. Juan: Encantado yo de que usted me conozca. Elvira: No. No lo conozco a usted. Fue un palpito nomás. En cambio, usted sabe cómo me llamo. Juan: He oído a ese pichón de entrerriana, encargada del mate y receptor de los nervios de esta casa, que es usted la niña Elvira. Elvira: Entonces ya me conoce. (Sentándose.) Me ocuparé de entretenerlo un tiempo que puede variar de diez minutos a diez horas: Las señoras se visten. Juan: Deploro, niña Elvira, que nadie me haya presentado a usted. Elvira: No hace falta. Charlaremos mejor. Tengo un gran interés en conocer a usted bien; y no hay cosa que estorbe más para conocerse, que el conocerse. Juan: Niña Elvira. Creo que eso se llama paradoja. Elvira: Sí. Bueno. Pero no me diga niña Elvira, que me pone nerviosa. Juan: ¿Y cómo le digo? Elvira: Elvira, nomás. Juan: Discúlpeme, Elvira, entonces. ¿Le molesta el cigarro? (Va al cenicero y lo tira.) Elvira: Al contrario, me encanta. ¿Ya lo ha enseñado la señora a buscar el cenicero? Juan (sentándose): Y como usted ve, soy un discípulo aprovechado. Elvira: Lo felicito. Juan: ¿Por la suegra? Elvira: Por todo. Juan: Tendré la crema de las suegras, ¿verdad? Elvira: ¡Hola! ¿Usted también cultiva el placer de los dioses? Juan: No sé. ¿Se puede saber cuál es? Elvira: La ironía, precioso, la ironía... Juan: A veces la cultivo. Es mi oficio. Elvira: Su oficio es encantador; delicioso simplemente. Magnífico... Juan: ¿Le parece? Pues yo mejor quisiera ser chacarero o guarda de tranvía. Elvira: Pues yo quisiera ser periodista. Juan: Hay gustos muy raros. Elvira: El de comprometerse, por ejemplo. Juan: Sí que es un gusto raro. Bueno, todos pasamos en la vida por un momento de esos. Elvira (mirándole sonriente): Juan Carlos Gutiérrez. El sempiterno bohemio, el que despreciaba a todas las mujeres, el sonriente manfichista, el enamorado de Vithi Delmon... (Declama.) Vithi, tu extraordinaria, tu magnífica. Juan: ¿Cómo sabe? Elvira: Yo sé tantas cosas. Se casa como un burgués cualquiera y elige para casarse la más ingenua, la más dulce, la más simple de las provincianitas. Juan: Eso prueba de que el aludido es un hombre de talento. Elvira: Si usted lo dice. Pero hay en la vida cosas desconcertantes. (Ríe.) Juan: ¿De qué se ríe? Elvira: De usted. Juan: Gracias. Elvira: ¿Y usted qué me mira? Juan: Su cara me es familiar. Yo la conozco a usted. Elvira: No. Juan: Sí, estoy seguro. Elvira: Me habrá visto al pasar, pero no me conoce. Juan: Su risa, su voz... Elvira: Eso sí, ya lo creo que sí. (Ríe.) Solamente la voz y la risa. Juan: ¿Por qué me intriga? Elvira: Yo no lo intrigo. Juan: Me hace sufrir, no recordar. Elvira: Pobrecito... Sufre... ¿Y yo? Yo sufro el desencanto de su olvido... Juan: Dígame, por favor. Elvira (duda y se decide): ¿Se acuerda, Juan Carlos, de un complicadísimo asunto de un extravagante Ministerio, donde había empréstitos raros, cartas autógrafas de ministros, doces y medios por ciento, contrabandos de libreas y otros excesos? ¡Qué campañón que hizo su diario! Con datos telefónicos de fuente insospechada. Juan: Usted. ¿Era usted? ¿Y quién es usted? Elvira: Elvira. Juan: ¿Pero Elvira qué? Es claro, usted, al parecer, íntima de esta casa, será también amiga de los López Torres, y por ellos... Elvira: Ha acertado usted. Juan: Pero interiorizarse tanto. Elvira: Ahí está el secreto. Mire, hay cosas que me indignan. Esa fue una. A pesar de ser mujer, me permito el lujo de tener ideas, ¿sabe? Yo tengo ideas boxeadoras. Juan: ¿Qué? Elvira: Boxeadoras. Ideas que se dan directos y crosses y swings con la vida. Juan: Es peligroso boxear con la vida. Elvira: ¿Por el knock-out? No hay cuidado. En ese mi heroico match, usted me ayudó maravillosamente. Muchas gracias. (Se levanta, se pone delante de él y lo saluda; luego se da vueltas para que él la mire.) Míreme, míreme bien. ¿Le parezco un líder de probidades políticas? Bueno, yo soy eso. Yo soy un líder cívico. Entonces, impedí que cierta camarilla se embolsara millones... millones... Trabajé como una especie de Maquiavelo de la rectitud. No podía sola. Y pensé en usted, que ya había hecho esa formidable campaña de ridículo contra López Torres. Juan: ¿Cómo sabía que era yo? Elvira: ¿No le digo que yo sé demasiadas cosas? Juan : ¿Con que era usted? Hubo un tiempo en que pensé mucho en usted. Elvira: Por eso, en medio de las cosas prosaicas de que hablábamos, me decía usted piropitos. Juan: Mis excusas. Elvira: Retírelas ligero. Me encantaban esos piropitos. Oímos tantas estupideces en sociedad, que cuando nos dedican una frase con ingenio, debemos agradecerla aunque sea insolente. Juan: ¿Con que era usted? Pero si somos viejos amigos… Qué sorpresa más grande. Elvira: Y que dentro de un rato será mayor. Juan: ¿Por qué dentro de un rato? Elvira: Verá. Yo no debía haberme descubierto. Usted dirá que soy un monstruo. Juan: ¿Un monstruo...? No... Elvira: Sí. Juan: En el peor de los casos, diré que es usted una mujer. Elvira: Gracias, en nombre del sexo. Juan: Bueno. Ahora hablemos de los López Torres. Elvira: ¿Mal? Juan: Por supuesto... Parece que la señora... Pero usted la conoce... no vaya yo a ... Elvira: No, no la conozco... Juan: Como me dijo... Elvira: Le juro que creo que es la única persona en el mundo que yo no conozco. Despáchese a gusto, rico... Juan: Parece que es íntima de mi suegra... Mi novia la adora... Tendré dos suegras... Encantadoras las dos... Elvira: Parecidas... Juan: Hombre... Se llama Elvira, como usted. Elvira: Sí, es una casualidad. Juan: Además, la señora canta y declama en las reuniones… Hágame el favor... Elvira: Canta solamente... Juan: Hoy cantará... Elvira: No cantará ya… Juan: Es lo mismo. Esa pareja de vejestorios políticos me amarga la vida. Es lo único desagradable de esta casa. Calcule lo violento que estaré. Elvira: Se arreglarán las cosas. Se estrecharán la mano. Juan: Y perderé el cliente. Elvira: Consuélese. Yo, en cambio, le daré los datos para otro “potin” delicioso. Esta vez es diplomático... Juan: ¿Y me hablará por teléfono como antes? No sabe cómo extrañé sus charlas. Es usted una amiga encantadora. Elvira: ¿Le gusta a usted ser amigo de mujeres? Juan: Inefablemente. Elvira: Me lo explico. A mí no. Hablar con mujeres, me copia, me estufa, me esgunfia. Juan: ¿Qué, qué? ¿Qué es eso?... Elvira: Lunfardo puro. Un idioma encantador. Yo lo he adoptado para mi uso personal. Juan: Es usted pintoresca. Alégrese, si le digo una cosa. Elvira: ¿Qué cosa? Juan: Usted no me hacía, ni me hace, el efecto de una mujer. Su voz me desconcertaba. Charlando, se me ocurría que podía ser usted un muchacho. Un buen camarada con quien podía tener deliciosas conversaciones de sobremesa. Filosofar, alacranear... Elvira: Eso último, seguro... A mí me encantaría ser un muchacho. Saldríamos juntos. Conversaríamos. Yo fumaría cigarrillos con las piernas cruzadas y tendría el divino derecho de poder hacer todo lo que se me ocurriera. Juan: Qué equivocada está... Ahora es cuando lo tiene. Elvira: ¿Ahora?... No. Ahora soy mujer... Calcule si quisiera ser su amiga, su camarada. Juan: Yo estaría encantado. Elvira: Y me diría cursilerías. Se creería denigrado si no me hacía el amor. Juan: Yo no soy un tonto. Elvira: Qué gracia... Pero es un hombre... Juan: Si estuviéramos en Norteamérica... Elvira: Y fuéramos norteamericanos... Aunque eso de las castas libertades norteamericanas, me huele a bluff, querido... Juan: ¿Es también una opinión personal?... Elvira: Sí. Yo tengo muchas opiniones personales... Me las reservo... Si las expusiera... Juan: La dejaría su novio. Elvira: Yo no tengo novio. Juan: Y “palpito” , como usted dice, que si sigue con esas opiniones, tampoco lo tendrá. Elvira: Ni lo preciso. Juan: No se dé corte. ¿Quién no necesita del amor?... Elvira: Bobo. Juan: ¿Por qué, bobo? (Mirándole las manos.) Ah... Lleva usted una alianza... Elvira (mirándosela y desviando): No tiene importancia. ¿Trajo usted las suyas?... Juan: Seguramente. Elvira: A verlas... (Él saca el estuche del bolsillo y se las muestra. Mientras, se ve pasar gente a la sala. Hasta el fin del acto, se ve por el foro movimiento de gentes, que entran y salen, cada una a su tiempo.) Juan: Mire... Elvira: Qué delgaditas... Qué monas son... Y el cintillo es divino... ¿Ha visto? Cada día se usan más delgaditas. Juan: También cada día es más frágil el vínculo... Elvira: Está bien, ¿eh? Y ha de ser por eso nomás que así parecen tan bonitas... Juan: Pruébeselas. (Ella se las pone.) Elvira: Ay, me olvidaba... (Se las quita.) En mi provincia dicen que la que se prueba el anillo de una novia, le quita la dicha... Juan: Son tonterías... Elvira: Sí... Pero a falta de creencias más firmes, yo creo en esas tonterías... (Se las devuelve.) Guárdelas. Escena V Elvira, Juan Carlos y Jorge Jorge (bajando): Estás muy bien acompañado, che. Si sé no me apuro tanto... Ya vienen Gracia y mamá. ¿Han conversado mucho? ¿De quién hablaron mal? Elvira: De vos. Jorge: Y sos capaz nomás. (A Juan Carlos.) ¿Pero vos no la conocías? Elvira: Sí que me conocía... Jorge: Si me venía diciendo... Elvira: Que le era muy desagradable sernos presentados. Juan: No... Cómo iba yo... (Jorge hace un gesto de asombro.) Elvira: Preséntamelo, entonces... Jorge: Claro. La señora Elvira Ancizar de López Torres... Juan Carlos Gutiérrez. (Se dan la mano. A Juan Carlos lo ahoga la "batata" Elvira ríe estrepitosamente.) Juan: Señora... Jorge (azorado): ¿De qué te ríes? Elvira: De Juan Carlos... Jorge (seco): No entiendo... Elvira: Y te quedarás sin entender toda tu vida... Me voy a la sala. (Sale corriendo, riéndose aún.) Escena VI Juan Carlos y Jorge Jorge: Tenías razón. Tras que era violento este momento, te cortó con su risa. Es muy guaranga, che, ya lo verás. (Pausa.) Juan: Yo creía que era más vieja. Jorge: No. Es joven. Y lo parece más. (Pausa.) ¿En qué piensas? (Pausa.) Es linda, ¿verdad? Pero antipática… Se las da de extraordinaria. No habla más que locuras… Dice cada cosa... A mí me revienta la tal Elvirita. Juan (después de una pausa larga): ¿Se lleva bien con el marido? Jorge: No sé... Pero sí, él es muy serio y ella es muy loca… En fin, viven... (Pausa.) Qué callado estás... Habla algo. Ahí viene mamá. Escena VII Jorge, Juan Carlos y Señora Meurer Señora (llegando a Juan Carlos, que se adelanta al pie de la escalera): Buenas tardes. Ya baja Gracia. ¿Y Elvira?... Jorge: En la sala, con gente... Señora: Bueno. Hasta luego... (entra a la sala.) Escena VIII Jorge, Juan Carlos y Gracia (Baja Gracia, radiante de juventud, algo tiesa y poco expresiva. Da la mano a Juan Carlos.) Gracia: Buenas, tardes. ¿Cómo está? Juan (con amor): Feliz... Y usted divina... Jorge: Me voy a la sala. (Sale muy apurado.) Escena IX Juan Carlos y Gracia Gracia (avergonzada): Qué atropellado es Jorge... Juan: Es un buen chico. Sentémonos, querida, un ratito aquí. (La trae hasta el sofá, donde se sientan.) Hace dos días que no te veo... Tengo que contarte tantas cosas... Gracia (inquieta): Qué dirán en la sala. Juan: No hagas caso a los de la sala y dame tu manito preciosa. (Saca los anillos y se los pone. Le besa la mano.) ¿Te gustan?... Gracia (emocionada): Mucho... Juan: Ahora tú... Gracia (le pone el anillo muy emocionada. Él la besa mucho en la cara) Juan Carlos, pueden vemos. Juan: Y qué tiene... Gracia (con reproche): Sí... Qué tiene… Escena X Juan Carlos, Gracia y Elvira Elvira (entrando y casi sorprendiéndolos): ¿Se puede? Dice tu mamá que vayan... Disculpen. Me mandó tres veces... Gracia (algo turbada, enseñándole la mano): Mirá, Elvira. Elvira (la abraza y la besa): Amor... Te deseo toda la dicha... (Sin soltarla, da la mano a Juan Carlos.) Y usted hágala todo lo feliz que ella se merece. Bueno, no hay que emocionarse. (Los suelta.) Vamos a la sala a que los cumplimente la turba. (Van saliendo. Ella palmea a Juan Carlos en la espalda.) Hay que pasar el trago, amigazo. (Salen.) Escena XI López Torres y Baudrix Entran de la calle López Torres y Baudrix. Se les ve dejar sus sombreros en el hall. Baudrix, un tipo de ave negra común. López Torres, viejo, calvo, de lentes. Frío, helado. Da la impresión de que se siente vivir en un plano superior, desde donde permite a las gentes dirigirse a él. Debe en este momento dar la impresión de su carácter: hielo y estolidez. Mide las palabras, que él está seguro centuplican su interés al pasar por sus labios. López: Y no soy un chico ni un hombre vulgar, amigo. Soy un hombre de talento. No sólo soy un político, soy un gran psicólogo... Y la estudio... la analizo... Baudrix: Pero podría equivocarse, mi doctor. Ya ve, me ha dicho que no habla jamás... cuando la señora Elvira es... López: ¿Querrá usted conocerla más que yo? Estos últimos tiempos... En fin, yo no creo en las herméticas. La tengo envuelta en una red. Baudrix: Ya ve, y no encuentra nada. López: Ella es sagaz, pero yo soy más inteligente que ella... La desenmascararé. He visto mucho... gestos, miradas, graves motivos íntimos. Pero necesito más, más... pruebas. Eso es lo que me hace recurrir a su amistad. Con mi posición, mi nombre... Me comprende, verdad, Baudrix. Usted, como procurador, puede ponerse muy fácilmente al habla con esa gente... Baudrix: No. No sabe doctor lo que son esas agencias. Verdaderas cuevas de bandidos... Se expone... López: No importa nada. Yo soy un hombre de acción y cuando decido una cosa, debe ser. Tengo un plan práctico, a la moderna, nada de contemplaciones... Se la sigue... Se la sorprende... Método eminentemente francés, eminentemente francés... Baudrix: Eminentemente francés será el escándalo que daremos, doctor; no se atropelle... Usted no debe olvidarse de su posición. López: Pero debo defenderla... Yo sabré hacer que nada llegue a mi posición. (Van entrando a la sala. Mutis.) Escena XII Ramírez y Jorge entran por el comedor Ramírez: Marea estar en la sala con tantas muchachas… ¡Qué amigas papas que había tenido Gracia! ¡Qué suerte, che, tener hermanas! Jorge: ¿Te fijaste en Blanquita? Ramírez: Te gusta a vos, ¿eh? ¿Y Elvira? ¡Qué linda ha vuelto!... Jorge: ¿Linda? No sé lo que les gusta de Elvira. ¿Viste lo que dijo a Adelina cuando la saludó? Ya van dos calores que me hace pasar esta tarde. Ella cree que es muy original eso... Te aseguro que tiemblo cuando viene sola. Ramírez: Me he fijado lo circunspecta que la pone el doctor. La domina con la mirada. Jorge: Como los domadores a las fieras. Ramírez: ¡Cómo la quiere tu mamá! Jorge: ¿Has visto? Mamá, tan seria, tan intransigente, se encanta de verla fumar, le ríe las gracias y las palabritas. ¿Te das cuenta de las palabritas? Si fuera otra... Ramírez: Es que se perdona todo a quien se quiere; y también ella con tu mamá, cómo es... Jorge: De zalamera... Le conoce el genio... Se le hace la nena chica… Escena XIII Ramírez, Jorge, Juan Carlos, Gracia Juan Carlos (entrando con Gracia del brazo): Tengo derecho a estar solo contigo. Ven, aprovechemos el viaje al comedor. (Al ver a Jorge y Ramírez.) Nos caímos. Gracia: ¿Qué? Juan: Que haremos un poco de compañía a estos jóvenes sabios, que han encontrado un rincón de paz. Gracia: Sentémonos aquí. (Se sientan.) Ramírez: ¿Estorbamos? Juan: Jamás. (A Jorge.) ¿Qué milagro que no estás haciendo el caballero de Blanquita?... Jorge: No me pude acercar... Juan: Ahora podés; andá a llevarla al comedor. Jorge: Voy. (Se levanta.) Escena XIV Dichos, Elvira y Blanquita Elvira (entrando con Blanca abrazada): Atención. Aquí estamos nosotras. Jorge: te traigo este regalo. Pueden conversar un ratito. Yo les doy permiso. Ramírez: cambie de asiento. (A Blanca) Sentate vos acá... Ya está (La sienta al lado de Jorge.) Blanquita: Pero Elvira... Elvira: Pero... ¿qué? Si ustedes afilan, es justo que se busquen, y que conversen; nosotros no los vamos a criticar. Jorge: Mientras estemos aquí. Elvira (se sienta de una manera inconveniente, cruzando las piernas): ¡Uff, qué opio la sala. Toda la gente joven está en el comedor. Y tu mamá atareadísima. Del comedor a la sala, de la sala al comedor, haciendo cumplimientos. Blanquita: Secundada por Adelinita. Elvira (a Gracia): Me dijo que te llame; pero no vayas, querida, no vaya… Blanquita: Che, ¡qué lindos consejos que das! .… Jorge: De aquí a un rato nos vamos todos al comedor, y nos ubicamos cómodamente. Elvira: En previsión de eso, yo escondí en un aparador algo que destino a nuestro consumo particular. Ramírez: Bravo, Elvirita. Elvirota, como dice Gracia. Juan: Es usted una gran mujer. Elvira: No tanto... No tanto. Gracia: Qué bien se está aquí, ¿verdad?... Blanquita: Yo me aburro en la sala... Elvira: Y yo... ¿Quieren que les haga una confesión? Para mí no hay nada más ridículo que una sala llena de visitas de cumplido. Esas señoras tiesas mirándose de reojo inquisitivamente... Queriéndose engañar las unas a las otras... La “anfitriona” sufriendo y queriendo hacer que simpaticen. Armonizando las conversaciones... Y yo, allí entre todas, siento la sensación de que me he vuelto chica y juego otra vez a las comadres. (Imitando a las chicas.) ¿Cómo está, querida señora? ¿Están bien sus cuarenta y nueve hijitos? ¿Y sus siete esposos que se le murieron el año pasado? Yo los sentí mucho, señora… Pero me han dicho que a sus cuatro esposos nuevos les gusta mucho el chocolate... (Otra voz.) A mí mi tía me regaló un sombrero amarillo. (Otra voz.) Es una gran desgracia, esta mañana se ha muerto mi hija mayor. El perro de mi mamá le comió todo el pelo... y la cabeza. (Otra voz.) Pero cante, señora... Y a cualquier vejestorio cursi se le ocurre cantar o declamar... ¿No, Juan Carlos?... Juan: ¡Qué envenenada es usted! Elvira: ¿Yo? No. Sólo soy un bicho antisociable y salvaje, que tiene la desgracia de ver cosas raras que nadie ve. Cuando estoy entre toda esa gente tan bien educada, siento impulsos de decir malas palabras, de tirar sillas por el aire, de escandalizarlas... ¡A Adelina! ¡Las cosas que le diría yo a Adelina!. Gracia: No seas mala. Jorge: Adelina es muy buena. Juan: Solterona, eso sí. Elvira: Pero se defiende de la vejez como un tigre... Juan: Como un tigre heroico,.. Jorge (a Juan Carlos): ¿Te contagiaste vos?... Juan: Parece... Ramírez: Cómo está de conservada... Elvira: Cuando yo era así (Con la mano un poco del suelo.), ya andaba Adelinita despavorida buscando novio... Gracia: Pero Elvira. Elvira: Adelina es un símbolo. Espera su príncipe azul hace por lo menos cuarenta años. Y el príncipe no llega... Ella luce sus virtudes en visitas, en fiestas, en toda clase de piringundines. Y como esas muñecas de vidriera que nadie compra, se aja, se destiñe. Aparecen las canas, se dibujan las arrugas y el príncipe empeñado en no llegar... Y Adelinita, practicando el heroico deporte de la “caza a la cana”, saliendo con velo, sentimentalizando... Juan: Ese deporte nuevo. ¿Cómo dijo? Elvira: ¿Qué? Ah... La caza a la cana. Todas las mujeres lo practicamos alguna vez. Ramírez (pensativo): El príncipe llegará. Es muy rica Adelinita... Elvira: Llegará algún príncipe como ella, ajado, como ella, desteñido, que mientras ella se marchitaba dentro de sus virtudes, haya ido dejando pedacitos de su vida por todos los caminos... Y fundarán un hogar modelo, al que ella aportará su dinero y sus virtudes y él todo lo que haya cosechado por esos caminos... Y hasta tendrán un hijo, que tal vez tenga los huesos endebles, pero que nacerá con una gran posición... Juan: Razona usted, señora, como un anarquista loco... Elvira: ¿Yo? No. Los anarquistas son desmelenados que miran con odio; yo me peino y no odio. Me río. Ellos quieren destruir; yo no, si estas cosas se destruyeran, quiero saber de qué me divertiría yo. Juan: Burlarse, ya es destruir. Jorge: Mirá, te divertirás muy pronto, tapándote las arrugas y las canas como Adelina. Blanquita: Con el deporte, che... Elvira: Sí. Pronto tendré con qué entretenerme… ¿Deporte?... No, lucha, la más intensa de todas las luchas humanas. Jorge: La lucha de la mujer contra la vejez. Elvira: Que, como todas las luchas, tiene sus encantos. Juan: Me parecen unos encantos muy problemáticos… Elvira (empieza vagamente y se exalta a medida que habla): Ser joven, ser bella, ser amada... Es nuestra única misión... Lo único hermoso que nos da la vida. Y la misma vida nos lo va quitando. Hoy una cana, mañana una arruga... Oh, el triunfo de vencerlas... Por una hora, por un minuto, pero vencerlas... Porque la belleza joven, fresca y verdadera... (A Gracia.) Como la tuya, ya no es belleza, porque es inconsciente. Si yo fuera hombre, me enamoraría sólo de una mujer marchitándose, pintada sabiamente, de manos pálidas, de ojos ardientes... Jorge: De Adelina, por ejemplo... Elvira(sin oírlo): ¡Oh! La mujer que lucha no por su belleza, sino por lo que está detrás, que es el amor… Y que pone en su brega todo el dolor de su alma, toda la angustia de lo que se va con su juventud... Y el vencimiento final, que llega implacable, la renuncia a luchar... Es hermoso... es hermoso. (Se exalta.) A veces yo veo por las calles una de esas mujeres que fueron bellas, que llevan aún un destello tras de la máscara que les puso el tiempo. Las miro con angustia y con ansia. Así seré yo, pienso... Y querría morir antes... Miro sus ojos rojizos, su cara surcada... su boca, sus cabellos… las manos huesudas, nudosas, como si se hubieran deformado con el enorme esfuerzo de asirse a la juventud y al amor... y pienso: cómo viven, cómo pueden vivir aún... (Transición.) Ramírez, deme un cigarrillo. (Ramírez se lo da, y fuego.) Jorge: Mirá que sos desequilibrada... Ves las cosas como en las novelas, declamas, literatizas... Juan: Pobre Elvira. Es usted demasiado cerebral. La compadezco. Eso es un pecado. Elvira: ¿Y usted compadece a los pecadores? (Encendiendo el cigarrillo, a Ramírez.) Gracias. (Fuma.) Juan: A veces... Jorge: Las mujeres se acostumbran a la vejez como a todo. Si envejecieran en un día, me explico... Pregúntale a Adelina si piensa esas cosas. Elvira: ¡Ay! Dramaturgo, psicólogo, poeta, Jorgito. ¿No te das cuenta de que la mujer de que yo hablo sólo pertenece a la literatura? Jorge: Como siempre... ¡Tienes una manía divagatoria! Elvira: Jorge: me esgunfias. Dicen que cada día nace un gil. Cuando vos naciste, hacía un mes que no nacía ninguno... Jorge: ¿Qué decís? Juan(a Elvira): Baja usted de las más altas cumbres al llano, con una facilidad que asombra. Elvira: Es la costumbre de los equilibrios, amigo. Yo soy así, funambulesca… Escena XV Dichos y Adelina Adelina (entrando): Muy bien, chicos. Qué bien están aquí, ¿eh? ¿Por qué no me llamaron? (A Juan Carlos.) ¿Cómo está, Juan Carlos? Juan: Adelina. (Se estrechan la mano.) Elvira: Estamos de lechuceo. Adelina: ¿De qué? Elvira: De lechuceo. Es una moda nueva de Mar del Plata... Adelina: Dice la señora que vayan. Gracita. Vamos... Elvira: Quédese con nosotros un ratito, Adelinita. Le enseño el verbo. Venga. Mire. Yo lechuceo. Tú lechuceas. Él lechucea. Venga, va a ver qué lindo. Adelina: No, hija. Vení vos. Hace más de una hora que ha llegado tu esposo. ¿Dónde estabas? (Es visible el hielo que cae sobre Elvira.) Gracia (levantándose.): Vamos, Juan Carlos. Juan: Iré después. Jorge(levantándose y saliendo con Gracia y Blanquita): No lo esperábamos tan temprano. Adelina: Está en el comedor. Blanquita: ¿Venís, Elvira? Elvira: Ya va. (Se queda sentada. Tira el cigarrillo) Escena XVI Elvira, Juan Carlos, Ramírez y Adelina Elvira: Siéntese, Adelina... Adelina: No, hija, vamos... Ramírez: Sí. Sí, vamos. (Se levantan él y Juan Carlos.) Adelina: Elvirita, vení a recibir a tu marido, Hacele los honores. Servile el té... Qué muchacha. Cómo sos de desatenta. Y con la monada de esposo que tenés. Capaz que se resiente con vos. (A los otros) Yo estoy encantada con López Torres. Elvira: Se lo regalo. ¿Lo acepta? Adelina (sonriente): Qué loca sos... Pero no es por decir, ¿eh? Conversar con un hombre así, instruye, eleva el espíritu. Un hombre tan recto, tan culto... Elvira (con ironía angustiosa): Basta, Adelinita, por favor... Le agradezco de todo corazón ese elogio conyugal, pero basta... Juan: Ofende usted la encantadora modestia de la señora. Adelina: ¿Modestia? Usted no la conoce. De consentida, de feliz. Elvira: Adelinita. Sea buena y vaya usted a atenderme a mi maridito, ¿eh? Le sirve el té, le da pastitas... Le dice que ya voy... ¿Quiere? Adelina: Con muchísimo gusto, querida. Cómo no… ¿Qué caballero me acompaña? Ramírez (ofreciéndole el brazo): Mi brazo, Adelina, siempre. En todas las ocasiones. Adelina (tomándolo): Gracias, Ramírez. Juan: Qué buena pareja hacéis... Irreprochable. Adelina (halagada): Sí, ¿eh? La estatura, nomás. (Ramírez echa una mirada de indignación a Juan Carlos por detrás de ella y salen.) Escena XVII Juan Carlos y Elvira (Se hace un gran silencio. Juan Carlos enciende un cigarrillo. Elvira piensa.) Juan(casi en broma): ¿Está “esgunfia”, Elvira? Elvira (reaccionando, busca comprender): Ah, sí... mi palabra. (Pausa.) Estoy nerviosa, amigo... No sé. He hablado muchas tonterías, ¿verdad? Con mucha frecuencia me pasa eso. Hablo, hablo, hablo. Peor sería que llorara, ¿verdad? O que me diera algún patatús. (Pone los brazos rígidos, con un gesto histérico.) Hoy tengo los nervios como las cuerdas de una guitarra. (Se estremece con una especie de gemido, levantándose.) Juan (mirándola): Es usted desconcertante. Desconcertante y pálida... Dos cualidades maravillosas en la mujer... Elvira: No, Juan Carlos. Soy simplemente una pobre mujer... Una pobre mujer absurda que vive de una manera absurda. Vamos. (Van saliendo.) Juan: Será usted quien me presente a su... Elvira: Sí. Vamos a eso. En este día de la fiesta a la juventud, a la esperanza y al amor... a su juventud, a su esperanza y a su amor, voy a presentarle a mi señor y dueño. (Ríe con una risa tajante y falsa. Él la mira en los ojos intensamente un minuto y corta su risa... Ella rompe el encanto de la mirada y con voz de angustia, levantando la cortina, le dice:) Pase usted primero. TELÓN RÁPIDO

  • Ordalía / Eduardo Magoo Nico

    Quien adolece de alguna enfermedad O anomalía Ve la entera humanidad Como un sólo cuerpo doliente Y siente cada célula de su cuerpo Tendiendo hacia una inopinada felicidad Cree que a aquella humanidad Y a ésta felicidad Lo empuja Un destino particular No conocerá en verdad jamás Su verdadera identidad Sino una interpretación Cómica Histriónica Satírica De sus desventuras Y rechazará siempre toda evidencia De la profunda tragedia Que se cela en ella Dentro suyo una idea exaltada De rebelión Lo lleva al centro del ciclón Al corazón lacerado de la existencia En el que la luz del día Entra poco y mal Unas pocas ranuras Que se abren hacia el exterior Portan junto al poco oxígeno Ciertos olores cáusticos Tremendamente penetrantes Que se pegan a las mucosas Impregnan la saliva Contaminan continuamente el gusto E invaden con cada respiro sus pulmones Ve relámpagos Oye agudos silbidos Y es recorrido A lo largo de todos los canales de su voluntad De resueltas intenciones Contrarias a la Idea En la que se ha formado ¡Escapemos de una vez de aquí! ¡Incendiemos las fábricas, los autos, los bancos! ¡Destruyamos las máquinas! ¡Al paredón los milicos! ¡Muerte a los patrones y a los capataces! Una certeza física Casi un grito de sus vísceras Lo advierte De que ninguna voluntad moral Le habría servido Para frenar ese estímulo imperioso ¡Vomitar! Aquel maldito vómito de cada tarde Cuando regresa del trabajo Se manifestaba tempranamente En el umbral de su puerta Toda vez que intentaba subir a su habitación Y no lograba avanzar un paso ¡Hasta las constelaciones se detendrían Ante semejante marasmo! Yo evitaba mirarlo En esos momentos Por la piedad que me producía... -No hagas caso a lo que digo Me repetía ante cada exabrupto -Vos sos demasiado inocente para entenderlo ¡La felicidad no pertenece a nuestro mundo! ¡Es un invento de los ricos! A pesar de todo Desde muy chico yo siempre he deseado ser feliz Algunos días, en mi primera juventud Me sentía invadido a tal punto Por este sentimiento Que me ponía a correr a brazos abiertos, gritando: ¡Es demasiado! ¡Es demasiado! ¡No puedo tenerlo todo para mí! Ahora en el barrio Me llaman Marzo (Vaya uno a saber por qué...) Y vos, como las flores que se abren Al primer sol de primavera Te presentaste a mí En un Domingo de Gala Que vuelve a mí cada tanto Como una sombra luminosa Entre torpes pinceladas de color Un signo de reconocimiento Irradiaba tu cuerpo ¿Pero cómo explicarlo? No existe un código que explique El deseo que convoca a los eternos enamorados En torno a una muchacha Distinguiéndola de las otras Algo así como el favor tribal Que consagra a los nacidos “raros” Por vivir apartados en su propio sueño Y acosados por visiones De las que nunca, o rara vez Despertarán Ella siempre aceptó con humildad Esa marca (Hay quien la espera Hay quien la presiente Hay quien la precede Hay quien la rechaza) Un signo Un punto de luz entre las sombras Que la distingue de todos los demás Quien ha muerto Yace y reposa Y el que a pesar suyo sigue viviendo Trata de darse algo de paz Hay un Marzo en mí que busca la guerra Y un Marzo obediente De ojos contenidos y sanguinolientos En ocasiones una verdadera espada incandescente A veces una feroz parodia Otras Un simple amante de la historia y de la humanidad Y siempre un orden metódico Para predisponer el campo A la batalla Se han inventado en estos años Nuevos nombres Para la vieja industria del exterminio Denominaciones sofisticadas Para las más brutales erupciones de ignominia Demencia E imbecilidad Propias de nuestro tiempo (El de la degeneración burguesa) Un retroceso conciente y perfectamente planificado A la barbarie... Esta masa Esta pobre materia de fatiga Y de servicios Ha de volverse inerte (Pasta para hacer fideos) O simplemente será desintegrada Como harina (casi impalpable) Que bien puede ser lanzada al viento Con un gesto divertidamente perverso Sin que a nadie le incomode... ¡Como en un patético y cada vez más miserable Carnaval! ¿Campos de concentración? ¿Bombardeos masivos y/o telecomandados? ¿Guerra bactereológica? Ese es el concepto Llámelo como quiera Si no quiere llamar a este estado de cosas: Barbarie “¿Acaso Usted piensa que será harina de otro costal?” ¡Habría que poner estos carteles En los portones de las fábricas De las iglesias De los ministerios De las oficinas Y de los bancos! En su soliloquio La voz se le hacía a Marzo más rauca Mientras en él retornaba Menos frecuente Y discontinua La necesidad de gritar Gritar como en una asamblea O un comicio Tal vez viendo por la ventana de su cuarto (En este marzo de cuarentena) Una bella mañana de primavera Pensó en escaparse una vez más con su Lady (La perrita que fuera su segunda madre Y su novia de la infancia) Al “bosque encantado” Pasaron frente a él A una velocidad increíble Muchas escenas de su vida Y muchos fragmentos De la historia humana... La sonrisa que asomaba en el rostro No era demasiado diversa De esa sonrisa de quietud Y de ingeniosa inocencia Que le sobrevenía Después de cada ataque epiléptico “Si fuera posible: morir temprano y sin dejar olor” Fue lo último que dejó escrito (Pulcramente) en su cuaderno Ahora sucio, borroneado y maltrecho.

  • Significante 2001 / Alejandro Kaufman

    2001 es significante de una marca decisiva sobre el colectivo social en todas sus dimensiones y heterogeneidades. En modo alguno podría tener adjudicado un sentido unívoco. Lo diverso que surge de múltiples intervenciones a veinte años no hace más que constatar la plurivocidad que designa el número, sugerente además porque suma un dígito al milenio, o define al milenio mismo, según cómo se compute. Fue nuestro milenio. Marcó el fin del atributo autopercibido por el talante neoliberal: lo inexorable de sus propósitos acumuladores de riqueza en pocas manos bajo el amparo de alegadas leyes macroeconómicas. Si algo define la politicidad de lo que llamamos 2001 es haberse politizado aquello que se imponía como norma en cuanto ley y política son antagonistas. La política instaura la ley, y la ley clausura a la política. La apelación a la ley, tanto si es como juridicidad o como cientificidad, es apelación a lo no-político de la vida en común, a aquello que ahora debe ser así y no de otra manera. Lo discrepante político acerca de la ley, ya sea jurídica o científica, es que no hay ley que no pueda ser puesta en discusión política. Momentos decisivos de ese drama son cuando las multitudes devienen acontecimiento y derraman su potencia en las calles. Ese 2001 que en 2021 concebimos efeméride ¿cuánto duró? ¿Diez, quince años? Antes y después de las fechas conmemoradas del 19 y el 21. 2001 sentenció el fin de la inmunidad política que pretendió tener lo que llamamos neoliberalismo (la palabra vuelve siempre y siempre incomoda por su insuficiencia, por no ceder a la dificultad concomitante de decir capitalismo más algún adjetivo). Inmunidad política que quedó suspendida entonces porque la crisis reveló que lo que se manifestaba como ley, como inexorable, no lo era, y fue así que decretar el estado de excepción, el estado de sitio, culmen de la politicidad, como sabemos, produjo el efecto contrario al pretendido. Fue como si el propio rey revelara su desnudez. Lo inexorable se demostró contingente, el estado de excepción pura decisión, y la insurrección su par antagónico trágico necesario. 2001 es significante de un entusiasmo, pero no todos los entusiasmos entusiasman. Entusiasman el Cordobazo, o la Niunamenos, o el 17 de octubre, siempre como si ahora sucedieran cada vez de nuevo y entonces las efemérides contuvieran su potencia destituyente fundadora de justos derechos demandados. No es ajeno a la dificultad que el significante 2001 nos opone, el hecho de que a veinte años intuyamos paralelismos debidos a los actuales sinsabores, y no a que en estos días el horizonte se nos augure venturoso y liberador. Es la actual desdicha aquello que nos hace vibrar con las memorias a dos décadas de distancia, con el riesgo de que una conmemoración tentada por la épica nos resulte ahora opaca en vez de reveladora. 2001 manifestó el conflicto inherente a la vida social que los noventa habían sepultado bajo sus admoniciones y facticias performances economicistas. La profusión atosigante, abrumadora, nauseabunda de discursos economicistas llegó a su fin, aun cuando contó con la astucia necesaria para desplazar sus culpas a otras instancias. En el que se vayan todos prevaleció un repudio a la politicidad misma que renacía con el gesto insurreccional y resistente. Resbalamos en estos suelos magmáticos en que la potencia destituyente se revela plural, proteica. Por eso no es en el género polémico tal vez adonde prospere la lucidez crítica, sino en alguna suerte de mosaico cartográfico que nos permita habitar las contradicciones. Viene esbozándose tal propósito en el presente dossier y en muchas otras intervenciones del diciembre que termina. 2001 confundió damnificados y oprimidos, pretendió una lucha en común que no pudo ser tal en el modo en que se formuló. No son desdeñables las alianzas interseccionales, o de clases, o entre colectivos sociales heterogéneos. No solo no son desdeñables, son deseables y necesarias. Y claro que hay que contradicciones y diferencias que en ciertas circunstancias se pueden allanar. Bajo la sombra de ese modelo clásico se dijo piquete y cacerola, la lucha es una sola. El aserto pudo ser plausible contra el estado de sitio y lo fue, de hecho. El problema es que ya entonces, antes del advenimiento de las redes sociales, cuando la TV estructuraba un lazo social narrativo concomitante o hasta adelantado a la ocurrencia, sucesos y narraciones se estructuraban como entrevero. La historia moderna de la lengua es la saga de la aceleración narrativa como correlato de la destrucción de la experiencia. La experiencia se destituye primero, porque las viejas palabras no dan cuenta de lo que sucede, eventos desastrados, vicarios, desligados de la inteligibilidad corpórea de la que nos da testimonio la historia cultural. Y además se destituye porque no se instituye sin determinación de lo que designamos como redes. Cada gesto, signo, tacto o mirada flotan en un océano de signos recíprocos e instantáneos. Lo nuevo no es la gramática ni la semántica, o no solo, sino las velocidades en que tienen lugar incontables interacciones en detrimento y a costas de la agencia subjetiva y por lo tanto política. 2001 adelantó las lógicas de las redes sociales cuando la TV de 24 horas ya operaba como Big Brother, no porque las pantallas nos miraran literalmente sino porque el sistema operaba en respuesta y adelantándose a los sucesos. Trayectos urbanos, situaciones y pantallas de TV armaban una trama interesada, interesada en la destitución de la política, favorecida por la demolición de la sede gubernamental, porque todo sucede de modo que ya puede la llamada política desaparecer sin que los capitales concentrados se vean afectados. Eso está sucediendo y no deja de ocurrir, y no tenemos disposición conceptual ni afectiva para lidiar con ello. Arrojar piedras en las calles contra la represión, con todo lo heroico y solidario que se pueda considerar, hace rato que ha sido asimilado a las lógicas narrativas del capital. Cuando las masas en las calles nos entusiasman, no les entusiasman a ellos. Y cuando ellos exhiben tanto su escopofilia nos inquietan con la advertencia de lo redituable que les resulta. En contraste, podríamos recordar también hoy cómo la inmensa movilización que impidió la reforma laboral en el macrismo no les resultó iconográficamente redituable… 2001 podría ser una advertencia para que no nos distraigamos con autocomplacencias desprovistas de críticas y nos consolemos con el propio arrullo alentador. El régimen de visibilización existente en teoría se puede poner al servicio de las causas populares siempre que no se deje articular de manera incauta con los propósitos opresores, exhibidores de una humillación y estigmatización implícitas que funcionan como premisas. El odio no comienza como vómito flamígero: cuando se llega a naturalizar es demasiado tarde. El odio comienza como descripciones pedagógicas, escolares. Mucho antes de las represiones y desprecios, las narraciones hegemónicas mostraban la indumentaria piquetera en infografías, como en las ilustraciones escolares que describen del mismo modo a un gladiador romano que a una esclava de la época, como una combinación de indumentaria y “equipamiento”, un “kit”. No hay emancipación en la actualidad sin crítica radical de las imágenes. Sin semejante tarea incisiva cultural es como girar en círculos. 2001 confundió daños reparables con opresiones irreparables en tanto piquete comía en las calles por las noches los residuos de lo que cacerola había lastrado durante el día. Y esto ocurrió demasiado tiempo, y contó con demasiada naturalización y complacencia culposa. No obstan los inmensos esfuerzos solidarios de multitudes que prodigaron cuidados. Claro que eso sucedió de manera superlativa, pletórica de creación, deseo emancipatorio y catadura épica, desde luego. Reconocimiento de lo logrado no es complacencia frente a lo faltante ni advertencia sobre lo faltante es denegación de reconocimiento de lo logrado. No hay crítica político social que se complazca con lo logrado cuando subsisten condiciones abyectas como las de esos tiempos, no solo por su naturaleza inherente sino porque la década o década y media del “2001 largo” terminó de naturalizar eso que llamamos pobreza e indigencia como parte de un paisaje urbano desgraciado que cambió a nuestro país, lo empujó hacia un abismo del que no hemos logrado salir, salvo en el lapso virtuoso 2003-2015, y frente al cual se ha consolidado un frente político, electoral y de sentido común que sustituyó a los golpes de estado por vías presuntamente democráticas para imponer iguales propósitos. Buena parte de lo logrado en el lapso virtuoso lo hemos perdido y desesperamos por recuperarlo. 2001 consolidó modalidades biopolíticas. El daño resultante de lógicas gestionarias que producen consecuencias nocivas colaterales forma parte de lo calculado, de la propia gestión. Se instala de modo contractual. Lo que se debate entre neoliberalismo y democracia popular es quién y cómo se tramitan los contratos, pero sobre todo sobre qué fondo de derechos adquiridos se sustentan. En otras palabras, qué límites impone el estado de derecho a la explotación y a la acumulación de riqueza. Por eso, un propósito prioritario de esos gobiernos, antes militares, ahora democráticos, es suprimir el sindicalismo, los derechos laborales, los fueros laborales del poder judicial. Lo mismo con el control a favor de la acumulación de renta respecto de otros daños civiles por accidentes de tránsito, eventos conflictivos en el orden medicalizador, discrepancias en la convivencia urbana, sistemas actuariales… El repertorio es tan extenso como la vida moderna, e incluye el aparato bancario y financiero que colapsó en 2001, y frente al cual se demandaron derechos de propiedad, de modo inequívocamente legítimo. No es lo que está en discusión: si hay daños, como sucedió con la salida de la convertibilidad, esos daños suceden a previsiones contractuales susceptibles de demandas reconocibles. 2001 naturalizó la abyección de multitudes. Consolidó el uso de expresiones como indigencia y pobreza vaciadas de cuerpos y vidas concretas, tramitadas como nociones estadísticas que en la actualidad no se consideran éticas ni para el recuento de insectos en un hábitat cualquiera. Se entra y se sale de la indigencia y de la pobreza como de un caldo de ácido sulfúrico sin ninguna sensibilidad ni empatía hacia las corporeidades implicadas. El menemismo había seducido a las clases medias (significante clases medias: supone un conglomerado hermenéutico aspiracional, además de un conjunto de datos mensurables) a costa de la exclusión de millones. El colapso socio económico acelerado por el gobierno de la Alianza y la concurrencia masiva contra el estado de sitio hizo demasiado fácil suponer una confluencia interseccional careciente de sustento por su autoconciencia denegatoria, no porque no fuera plausible. 2001 comprende una escena configurada por el significante piquete. Como sabemos, el piquete procede de las huelgas obreras, como práctica destinada a impedir el comportamiento esquirol. El piquete no se dirige contra la patronal. Contra la patronal solo se ejerce la huelga, se detiene la producción. No hay otra acción práctica, en general, dirigida hacia la patronal. La eficacia y consistencia de la huelga requiere disuadir, impedir, obstaculizar la concurrencia esquirol rompehuelgas y ello enfrenta a huelguistas con sus pares de clase. Piquete significa confrontación ante pares. La multitud subyugada a la desocupación en un contexto capitalista neoliberal implica expropiar a los trabajadores la única herramienta decisiva que les permite defender derechos, que es la huelga. Una multitud desocupada, sin sostenimiento de la subsistencia, librada a su suerte, es una multitud cancelada, borrada del mapa, sometida a una condición del todo inconcebible e incompatible con cualquier forma de vida social, ya no democrática, sino cualquiera en un mundo urbano interdependiente como el actual. La adopción de la palabra piquete por la multitud desocupada contiene una dimensión confrontativa con pares que han dejado de serlo, con esquiroles urbanos con empleo que transitan la urbe, mientras la multitud cancelada es empujada a un limbo imposible. Interrumpir el flujo urbano mayoritariamente de las clases medias fue y es considerado el único recurso, el último recurso posible compatible con formas no violentas de protesta. El discurso de odio promovido contra tales condiciones de supervivencia, no solo se mantuvo de modo creciente durante años, sino que últimamente se sinceró bajo la forma de plataformas y propagandas electorales y cifró la recolección de votos en esa falacia que remite al impedimento a “ir a trabajar” por culpa de quienes no tienen trabajo. Si hubiera que optar por una sola razón suficiente para explicar el odio irreductible hacia Milagro Sala y la Tupac Amaru en su localía, no sería desencaminado referirlo al rechazo furibundo contra el método piquetero de los “cortes”. Alrededor del significante piquete se ha organizado de modo prevaleciente el abismo social y cultural que nos agobia, y que promete grandes dificultades, presentes y futuras, a las causas de la justicia social en nuestro país. No desechemos rápida y fácilmente el carácter sintomático y denegatorio que tuvo la consigna “piquete y cacerola…” en la época de la abyección generalizada, experimentada en las calles todos los días, y de la cual resulta tan inquietante recordar cómo cada madrugada, en Capital Federal, el Gobierno de la Ciudad borraba todas las huellas y restos de las improvisadas comidas ingeridas sobre veredas y aceras masivamente, para que a la mañana siguiente los trayectos escolares, por ejemplo, no se vieran perturbados en su camino a las escuelas. Preguntémonos qué imágenes, qué recuerdos tienen las personas adultas que entonces estaban en edad escolar y que presumiblemente no asistían a las escenas crepusculares de cada día, durante meses. Preguntémonos que consecuencias traumáticas ha tenido para nuestra sociedad esa experiencia colectiva. Preguntémonos. Fuente: http://revistabordes.unpaz.edu.ar/significante-2001/ 14/2/2022

  • Zaratustreanas II De las transformaciones / Fernando Stivala

    Diferencia y repetición Les menciono tres transformaciones del espíritu…* Transformación como devenir, cambiar las pieles, cambiar una forma, ser distintos. Devenir no desde el punto de vista de lo igual, ni de la repetición, ni de la identidad. Sino desde el punto de vista de lo heterogéneo, de la diferencia. Deleuze Depende de las lentes que nos pongamos. Si nos ponemos lentes de generalidad o repetición vemos la diferencia como un elemento secundario que hace distinto a un alguien estable que en su construcción general no varía. Nos reconocemos y podemos hablar acerca de lo cambiada que está la otra, pero con lentes de repetición. Repetición: reiteración de lo mismo, redundancia. En vez de crear se representa. Se hace un tipo de subsunción de lo que hay de diferencia real a un tipo de identidad humana. El pensamiento ahí funciona por sus puntos de identificación. Aunque vea diferencias va a seguir ubicando esas diferencias con sus puntos de conexión, con sus puntos conocidos. Cada presentación diferenciante que aparezca va a estar sometida a una representación. No es cada presentación sino una representación. Constitución de una identidad. Eliminación de la diferencia. Con los lentes de la diferencia, de lo heterogéneo, del devenir, de lo diferenciante se puede leer de otro modo. Todo disfraz que venga con el ropaje de lo repetido no es más que la vestimenta de una diferencia. Le repetición es el modo en que una diferencia se despliega. El diferir es lo que guía la repetición cada vez. Es el camino por el cual se va llegando a algo. No se tiene un objetivo. Se piensa y se hace al a vez. No hay problemática entre el pasaje de ese pensamiento a un hacer. En ese a la vez es donde nos vamos a encontrar con aumentos y disminuciones de la potencia, con alegrías y frustraciones. Es el camino de la experimentación. La diferencia o la novedad no aparecen desnudas ni desenmascaradas, no aparecen nuevas desde el inicio. Van apareciendo enmascaradas en ropajes repetitivos. Lo nuevo solamente se va a mostrar como novedad cuando esté muy maduro y tenga la suficiente fuerza para imponerse en un cierto medio. Entonces, esa supuesta repetición es el proceso por el cual la diferencia se diferencia a ella misma creando espacio y tiempo. La repetición no es de lo mismo, es repetición de lo que difiere. Lo propio de una repetición es lo propio de una diferencia que no se puede dar desnuda de una sola vez. Hay una especie de intimidad entre diferencia y creación. La diferencia no es lo que diferencia una cosa de la otra, no es un accidente secundario que le ocurre a dos elementos idénticos. Es el sujeto de todo proceso. Sujeto es aquel que es capaz de producir un diferenciante. El sujeto es diferenciante y no diferenciado de. La repetición misma ya es diferencia. Ver transformación con los lentes de la diferencia. Sino, todo será elemento accesorio de lo que ya somos. Eterno retorno no es eterno retorno de lo mismo, sino eterno retorno de lo que difiere. Lo que siempre vuelve es la pulsión o chispa o sensación. *Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra (Primera parte ´De las tres transformaciones´)

  • Post Guardia XXXVI / Débora Chevnik

    ...que pirulita que menganito que la falta de límites y que qué barbaridad. Nada de hola tanto tiempo ni qué tal las vacaciones La jornada laboral amanece con el índice levantado Los colores de la noche se desvelan sin desperezarse La guardia no empieza. La guardia, (casi) siempre, ya empezó (Casi) siempre, están siendo las seis de la tarde en la estación más concurrida del subte (Casi) siempre está siendo una gran ciudad Alguien dice que dormían cucharita; que ella no parecía ni ahí de 13 y que él ya tiene 17 que la otra vez que vino al hospital tenía tipo 14, y que está re alto También se escucha el clásico "esto no es un hotel" y el infaltable "estos pibes usan el hospital como parador" Una voz imperecedera intenta un "qué suerte haber podido procurarse un lugar donde parar". No se informa que dos pibxs habitués de la calle encontraron un lugar donde caer vivxs. Se informa: "se fugaron de madrugada". La voz perenne dice que no se fugaron porque un hospital no es una cárcel; que tal vez decidieron desertar del mundo del control de los signos vitales y de la dieta general. Mientras dormíamos, lxs insoñadxs de siempre se fueron rápido, antes del alba. Nos desayunamos con la ausencia de lo que nunca quisimos tener. En la cornisa de una responsabilidad indeseada dimos por concluido lo que nunca comenzó. No sabemos qué hacer con las bolsas de residuos llenas de sus pertenencias, que ni son llenas ni son suyas, porque no sabemos quiénes somos cuando ustedes están acá. Tampoco sabemos qué palabras-sin-madrugar atesorar para esperar con nuevos innombres a lxs pibxs que andan creciendo solxs entre madrugadas y cucharitas

  • El niño de la bicicleta / Cynthia Eva Szewach

    “Podés agarrarte, pero no tan fuerte” Samantha a Cyril Se quedaron solos: aguardaban la velocidad de las últimas bicicletas Federico García Lorca Cyril es el protagonista de “El niño de la bicicleta”. Vive en un una Institución estatal para niñez sin familia. Tiene alrededor de diez años.1 El asunto se juega en ese cruce necesario entre un contexto político-social, los márgenes urbanos y la infancia atravesada por un escenario desafiante. Como siempre, en las producciones ficcionales de Dardenne, hay una transmisión cercana a nuestra práctica analítica, en especial de la atención pública institucional. 2 El Hogar, se vislumbra en la película como un sitio que aloja el desamparo, pero por su sistema de organización le propone a Cyril formas difíciles de espera. El niño actúa, reacciona con su lucha. Lo que se sabe del niño, es que busca sin cesar. Lo que busca es reencontrar lo que cree desencontrado: su padre, un padre. Pero, algo doliente y crucial: éste no lo busca a él. Cyril se encuentra deprivado 3. Parece que tuvo alguna vez un padre y esa ligazón se interrumpió sin tratarse de una pérdida, sino de un desgarrón. En uno de los intentos de búsqueda desesperada y frenética, escapándose de la escuela hacia el barrio del padre, se suscita un acontecimiento: de manera contingente, logra aferrarse a una mujer. Ella está como otras personas, en una sala de espera médica donde el niño trató de esconderse. Cuando los coordinadores del Hogar logran verlo, él se abraza a ella, tomándola casi como reverso de rehén - “Podés agarrarte, pero no tan fuerte” le dice la mujer llamada Samantha. Allí, se inicia algo entre dos, una forma novedosa de encuentro. Se queda por un rato agarrado a alguien ya no tan desconocido. Al poco tiempo, la mujer irá a visitarlo para llevarle su bicicleta, que pudo recuperar (el padre de Cyrilla había vendido). - “Sí, es la mía” confirma el niño al revisarla. Podemos decir: “de la bicicleta” como nombre propio, lleva su marca aún borrada. La bicicleta, su bicicleta, un objeto fundamental, es en ese momento lo que posee y lo que lo liga a una historicidad. Lucha por no perderla, ya que se instituye como habiendo sido perdida, al volver a obtenerla. El acto de restitución de la bicicleta, también le posibilita a Cyril recuperar un sitio de niño, jugar, mostrar habilidades. 4 Samantha, cortajea en diagonal lo administrado, lo administrado que amordaza el deseo, diría M. Mannoni, y produce una forma de adopción. Una adopción que advendrá, se irá construyendo, como en el mejor de los casos. En la película sucede sin trabas burocráticas, las que habitualmente conocemos. Samantha acompaña a Cyril hasta el “extremo” dispuesta a atajar y asumir las consecuencias que esto trae. Se adoptan a su manera. Se inaugura una forma de amor, de don, de diálogo que lee entre líneas sin saber hacia dónde se está yendo. Finalmente dan con el padre, con su nuevo domicilio. El hombre, que lo “tenía al niño en la vana espera” pronuncia que no puede hacerse cargo, que no puede con la paternidad, que no lo llamará ni lo buscará. No tiene con qué amarlo. No hay más puerta abierta: “No. Te dije que no.” Así, algo cruel, libera al niño de una expectativa. La vida sigue siendo no tan bella. Samantha le atestigua, como acto de palabra, que el padre no estará para él. Y algo esencial: no le inventa en ese terreno una ilusión. El niño no puede seguir creyendo ni aguardándolo. ¿Una decisión ética? Nos podemos preguntar: ¿Hasta dónde una desmentida que abona una ilusión, parte necesaria de la infancia, protege y hasta donde no deja continuar un camino? 5 El niño, se golpea. Ella está ahí, lo detiene, se deja no solamente agarrar, también con valentía marcar el cuerpo, lastimar e incluso se deja abandonar. Al mismo tiempo instala límites. De a poco Cyril lo sabrá: tendrá que arreglárselas con lo que tiene y con lo que falta. El trayecto será largo, casi arltiano, hasta llegar a establecer, pedir y aceptar una y otra vez, un lugar con quien estar, donde estar, donde quedarse... 1 Película de Jean-Luc y Pierre Dardenne, Bélgica (2011) 2 C. Szewach “Hojas Encontradas, (fragmento de una práctica psicoanalítica con púberes y jóvenes)” Ed. del Dock. Ley Rosetta. Rosetta otro de los personajes de una de las películas de los Dardenne. (2000). Muestra frente a la desocupación laboral, una traición y un pasaje al acto de una joven, como intentos de hacerse escuchar. A partir de esa película, se revisa y establece una ley de protección laboral para adolescentes en este caso en Bélgica. 3 Término trabajado por Winnicott en “Deprivación y delincuencia”. Ed. Lugar 4 Reescritura de un texto producido en conversación con Moira Iglesias 5 “Pichon (Riviere) advierte cómo la negación, la desmentida, la naturalización, detonan perplejidades que reavivan angustias de los comienzos” Sesiones en el naufragio 18 Perplejidades. M. Percia.

  • A pesar de / Constanza Banus

    Estamos en la plaza, en el marco del Detectar 2022, se acercan personas para buscar información, para hisoparse, para orientarse en relación al Covid-19. Llega Marco, presenta síntomas: tos, dolor de garganta, dolor corporal, rinitis. Marco está con su mamá, preguntamos por les convivientes, los síntomas son el hilo conductor hacia esas vidas. “La imagen de una vida alambrada estremece el presente. Se la constata en cárceles y fronteras, en campos de exterminio y campamentos para refugiados, en territorios militarizados y exclusivos, en perímetros de plazas y barrios privados, en fábricas y escuelas. En todas las violencias que laceran los cuerpos.” (Marcelo Percia) [1]. Viven en un departamento cercano al Riachuelo, la madre con sus hijes: el más grande con discapacidad (consecuencia de un disparo y la meningitis) lo que le dificulta la comprensión de las indicaciones de cuidado, su otro hermano está en silla de ruedas porque, cuenta Marco, no quería que la transa se instalara en el barrio "porque es mala, trata mal a los pibes, los hace golpear o matar. Mi hermano era transa también, la mina le hizo pegar un tiro por uno que andaba antes con él”. El tiro le atravesó la medula espinal y le dañó una cantidad de órganos tal, que los médicos debieron hacer injertos y otras cuestiones para que ese organismo siga viviendo, su salud se deteriora cada día, la ambulancia no lo quiere llevar cuando levanta fiebre porque dicen que no es de vida o muerte, la madre dice que cada síntoma en él, lo es. Su otra hija, dice, anda perdida “por las drogas” entra y sale de la casa como quiere, no limpia ni ayuda, “anda en el barrio drogándose y visitando al novio que está preso”, está preso, me cuenta “por unas escuchas de la policía”, “ese ahogó a un pibito” agrega Marco, y no está preso por eso, no está pagando por eso, repregunto, la madre cuenta que “en una entradera, para asustar a la familia y que les diga dónde estaba la plata, le metían al pibe la cabeza en un tacho de pintura, y lo mató”. “Es un maldito” agrega, supongo, y lo expreso, que es muy difícil acompañar a su hermana, Marco dice que la hermana también es una maldita porque no le importa nada de nadie, solo drogarse, que él tiene todo el cráneo roto, “todo por la droga”: salió con la moto “así re loco” y chocó contra un auto, no se acuerda de nada, ahora lo tienen que operar porque una parte no soldó y se le hizo una capa de grasa. “Por la droga” también mataron a su otro hermano, estaba por viajar para hacer plata para el 15 de la hija, quería laburar con el padre que está bien en otra provincia, perdió el micro y “se re cascó” se fue a comprar a lo de la transa de otro barrio, “el fue allá y no tenía que ir, la mina lo agitó porque otro transa le había bardeado al hijo, no se que había pasado, y fueron a buscar al tipo, le dieron un par de puntazos pero a él le pegaron un tiro, yo se quien fue”. La madre agrega datos, mira hacia abajo, le digo que debe ser muy doloroso todo esto, llora, “yo estoy a cargo de mis nietitas porque mi hija no las cuida, lo único que quiere es drogarse y yo no puedo sola con todo”. Marco baja la cabeza y dice “yo la ayudo, laburo ahora todo el día, dejé las drogas, llego limpio, pero los otros nada, además pasó lo de mi hermano y lo de mi primo hace un par de meses”, pregunto qué pasó, me cuenta que lo mató la policía, que estaban aburridos, que no tenían necesidad, que lo agitó como un juego para ir a arrebatar un celular, que lo hacía siempre, pasaba con la moto te lo sacaba de la mano, se reía y te lo daba, “él trabajaba, ya no robaba más, no tenía necesidad, me lo mataron, era uno de los hijos de mi hija, mi nietito”, Marco dice que se siente culpable, que él lo podría haber frenado, decirle que no, que le arrebataron el celular a una mina y la mina llamó a la cana y que la cana les dijo que no se muevan o algo así, y que él arrancó, ahí le pegaron un tiro y lo mataron. Su madre, a cargo de 2 hijos discapacitados, una hija tomada por las sustancias, la herida de su hijo y su nieto asesinados recientemente y a cargo de sus otras 2 nietitas, cuenta de esas vidas y muertes y apenas puede lagrimear. Marco tiene que testearse porque en su trabajo si no justifica las faltas lo pueden rajar, le decimos que si podemos ayudarlo en algo estaremos allí al día siguiente y algunos más. A los 3 días regresa para que le demos “algún papel que le sirva para el trabajo”, recordaba mi nombre y me contó que ya estaba bien, que a su hermano finalmente lo habían trasladado al hospital y él fue a llevarle cosas. Junto a la coordinación articulamos un lazo con el municipio para que asistan a la madre con algo de alimento, con algo de escucha con algo. A Marco le damos el volante con el 0800 de salud mental, por si querés vos o tu mamá o alguien… “Perplejidades se distinguen de asombros. Distinciones, si no inspeccionan dominios ya establecidos, pueden pensarse como rescates de cosas poco perceptibles y como invenciones de un matiz. Practicamos clínicas que rescatan lo inaudible y que inventan matices: instantáneas de burbujas únicas que dibujan trayectos y formas irrepetibles en el aire.” [2] Desde fines de enero las consultas han bajado mucho, los meses dedicados al territorio en condiciones, muchas veces precarias, han impactado sobre la salud de quienes trabajamos en varios aspectos, dice la hematóloga que me he comido el hierro de la sangre y el hierro de reserva, hago chistes de ser vampira, la infusión de hierro inyectable aún no ha podido concretarse ya que hace días y días que nadie atiende la solicitud de turno, cansancios cansados de estar ocupando tanto espacio, hartazgos y esperas se suceden. Asoma por entre los caminitos de la plaza una joven, tiene tos, mucha tos, "la sacaron cagando del hospital" a ella y al marido, nos cuenta que viven en la calle, son 4 ahora, antes eran un montón, el marido es alcohólico dice, “a la mañana se levanta como con párkinson”, imita el movimiento de manos temblando, le cuento que eso puede ser el síndrome de abstinencia, me cuenta que se levanta y se toma un “Fernandito” que ella le dice que no, que ella “es paquera” que vivía de chiquita en la estación constitución, que siempre estaba drogada, tiene 4 hijos, están con el papá, no los ve hace 3 años o más, no sabe porque siempre estaba muy drogada, ahora por la enfermedad paró, le duele mucho, se siente muy mal, paró, dice que puede ver el día y la noche, que está viviendo acá en un galpón con un amigo, porque como está enferma le dijo el amigo que vaya a ver si la atendían por acá, le cuento que hay lugares donde la pueden ayudar, que hay un hospital nacional, se lo nombro, que puede ayudarla con lo del paco, pero que primero tiene que pedir una radiografía para ver “lo de la tos”, el hisopado da negativo, la vemos ir hacia el lado contrario al hospital, al rato pasa, ella y su amigo en silla de ruedas, que la acompaña. Junto a la trabajadora social y la coordinación se articula con el municipio una intervención. Al día siguiente el dolor de garganta me aísla, escribe la compañera que acompañó la conversación: “Hoy nos visitó Susi, la chica de ayer que entrevistaste, fue al hospital y la atendieron súper, le hicieron una tomografía; alta neumonía compa, pasó la buscar medicación que el hospi no tenía. Además de eso quiere la dirección del lugar que le comentaste para iniciar su rehabilitación.” Dice Vincent Van Gogh a su hermano Theo en una carta: “Bueno ¿sabes lo que espero cada vez que me pongo a tener esperanzas? Que la familia sea para ti lo que es para mí la naturaleza, los montones de tierra, la hierba, el trigo amarillo, el aldeano, es decir, que encuentres en tu amor por la gente no solamente lo que dé de trabajar sino de qué consolarte y rehacerte cuando haya necesidad.” Y escucho el eco de esas deseanzas entre quienes nos afectamos: que encuentre en el amor por el oficio de la clínica, no solamente lo que dé de trabajar sino en qué rehacer consuelos y necesidades. [1] y [2] Percia, Marcelo: (2022) Sesiones en el naufragio (18) Perplejidades. Revista Adynata https://www.revistaadynata.com/post/sesiones-en-el-naufragio-18-perplejidades---marcelo-percia

  • Aquí Manifiesto / Selva Casal

    Cuando se siente que ya nada es posible y nuestros pasos se hunden con una dureza tal, cuando el tiempo es un asesino oculto en la sangre, y muertos y vivos se confunden en una misma soledad, en donde la locura tiene un íntimo equilibrio y nos lanza hacia las horas con sus manteles claros, a veces dulces, acaso desde una brizna, el poema comienza. Trataríamos de explicarle a la madre que no es así, que tampoco las casas tienen culpa. Pero ella no nos comprendería. ¿Cómo decirle que hemos llegado a una hora de silencio y que por nuestros ojos descendían las imágenes de los veleros lejanos ansiosos de hacerse a un mar ahora definitivamente perdido? ¿Cómo decirle todo esto, si su sangre se enraíza de misterio y se nutre de extrañas oraciones? La luz está tan firme como una herida definitiva y de las grietas de la tierra nace el silencio. Amábamos aquel callado retornar a casa con sus cuadernos de lluvia; hoy volveríamos aun sabiendo que nadie nos aguarda, para recorrerla como a una ruina amada, recogiendo sus viejas caracolas, los dorados atardeceres, la húmeda soledad. ¿Cómo comienza un poema? A veces, de un modo extraño se incorpora a nuestra experiencia todo lo que de nosotros mismos hemos dado, en una honda conjunción del tú y del yo, en infinitas y repetidas voces, porque, a veces, aún antes de morir se ama. Un poema puede escribirse sin lápiz y sin papel. Lo supe desde el día en que encontrándome yo en lugar inseguro, desconocido, pregunté ¿dónde estaba? Advertí que había muerto. ¿Qué haré aquí? Y escuché una voz: Cuando vivías, ¿qué hacías? Escribía, dije. Seguirás escribiendo, me respondió; ¿cómo? ¿sin lápiz y sin papel? Sí, me dijo, sin lápiz y sin papel. Y comprendí. Fuente: Casal, Selva (1988) El mundo es simplemente un alarido. Editorial Llantén. Bs. As. 2021.

  • Diario de a bordo / Albert Camus

    Crecí en el mar y la pobreza me fue fastuosa; luego perdí el mar y entonces todos los lujos me parecieron grises, la miseria intolerable. Aguardo desde entonces. Espero los navíos que regresan, la casa de las aguas, el día límpido. Aguardo pacientemente pues soy civilizado con todas mis fuerzas. La gente me ve pasar por las hermosas calles; admiro los paisajes, aplaudo como todo el mundo, estrecho la mano de los conocidos, más no soy yo quien habla. Se me alaba, yo, mientras tanto, sueño un poco; se me ofende, y apenas me asombro. Luego lo olvido y sonrío a quien me ha ultrajado o saludo con demasiada cortesía a quien amo. ¿Qué hacer si no tengo memoria para una sola imagen? Por último se me exige que diga quién soy. “Nada todavía, nada todavía…” Es en los entierros donde yo me supero a mí mismo. Allí verdaderamente sobresalgo. Voy andando con paso lento por las afueras de la ciudad florecida de hierro viejo. Tomo amplias avenidas bordeadas con árboles de cemento que llevan a agujeros de tierra fría. Allí, bajo el cielo apenas enrojecido, contemplo cómo compañeros audaces inhuman a mis amigos a tres metros de profundidad. La flor que una mano gredosa me tiende entonces no deja nunca de ir a parar a la fosa si la arrojo. Alimento la piedad precisa, la emoción exacta, mantengo la nuca convenientemente inclinada. La gente admira el que mis palabras sean tan justas. Más no tengo mérito alguno: espero. Espero mucho tiempo. A veces tropiezo, pierdo el pie y el éxito se me escapa. Ello no importa, pues entonces me quedo solo. Me despierto así por la noche y a medias dormido me parece que oigo un ruido de olas, la respiración de las aguas. Ya despierto por completo, reconozco el viento en el follaje y el rumor desdichado de la ciudad desierta. En ese momento, no es suficiente todo mi arte para ocultar mi zozobra o vestirla a la moda. Otras veces, en cambio, recibo ayuda. En Nueva York ciertos días, perdido en el fondo de esos pozos de piedra y acero donde erran millones de hombres corría de uno a otro agotado, sin lograr ver su fin. Ahogaba entonces el grito que el pánico quería lanzar, pero cada vez que esto me ocurría, a lo lejos el llamado de un remolcador me hacía recordar que esa ciudad, cisterna seca, era una isla y que más allá de la punta de la Battery, el agua de mi bautismo me esperaba, negra y podrida, cubierta de corchos huecos. Y así, yo que no poseo nada, que he dado mi fortuna, que me detengo en cualquier lugar poco tiempo, estoy sin embargo satisfecho cuando lo quiero, me acomodo a cualquier hora y me ignora la desesperación. El desesperado y yo no tenemos patria. Sé que el mar me precede y me sigue. Aquellos que se aman y tienen que separarse pueden vivir en medio del dolor, mas este sentimiento no es desesperación, pues saben que el amor existe. Y he ahí por qué yo sufro, con los ojos secos, a causa del destierro. Espero aún. Un día vendrá, en fin… Los pies desnudos de los marineros golpean suavemente sobre el puente. Partimos al romper el día. Desde que salimos del puerto un viento breve y espeso golpea vigorosamente el mar que se revuelve en olillas de espuma. Algo más tarde el viento refresca y siembra el mar de camelias, que pronto desaparecen. Y así, durante toda la mañana nuestras velas chasquean por encima de un alegre vivero. Las aguas son pesadas, escamosas, cubiertas de babas frescas. De vez en cuando las olas alborotan contra la roda del barco; una espuma amarga y untuosa, saliva de los dioses, corre a lo largo de la madrea hasta el agua donde se esparce formando dibujos moribundo que vuelven a renacer, pelaje de alguna vaca azul y blanca, animal extenuado, que deriva aún largo tiempo detrás de nuestra estela. Desde que partimos las gaviotas siguen nuestro navío aparentemente sin esfuerzos, casi sin mover las alas. Su hermosa navegación rectilínea se apoya apenas sobre la brisa. De pronto un plus brutal por el lado de las cocinas despierta una alarma golosa entre las aves, desordena su hermoso vuelo y pone llamas a un brasero de blancas alas. Las gaviotas giran locamente en círculo y en todos sentidos, luego sin perder nada de su velocidad se separan una a una del lugar de confusión para lanzarse hacia el mar. Unos segundos después, ya están de nuevo reunidas sobre las aguas, corral lleno de disputas que dejamos detrás de nosotros encerrado en el hueco del oleaje que deshoja lentamente el maná de los desperdicios. A mediodía, bajo un sol agobiador, el mar, extenuado, apenas se levanta. Cuando vuelve a caer en sí mismo hace silbar el silencio. Basta una hora de tal cocción para que el agua pálida, gran chapa de hierro puesta al blanco, se achicharre; se achicharra, humea, por fin arde. Dentro de un momento va a volverse para ofrecer al sol su faz húmeda, húmeda ahora en las olas y en las tinieblas. Atravesamos las puertas de Hércules, la punta donde murió Anteo. Más allá el océano se extiende infinito; doblamos el cabo de Buena Esperanza, los meridianos se casan con las latitudes, el Pacífico bebe del Atlántico. Entonces, con la proa puesta hacia Vancouver nos dirigimos lentamente hacia los mares del sur. A algunos cables de distancia, desfilan ante nosotros Pascua, Desolación y las Hébridas. Una mañana, de pronto, desaparecen las gaviotas. Estamos lejos de toda tierra y solos con nuestras velas y nuestras máquinas. Solos también con el horizonte. Las olas llegan una a una pacientemente del este invisible; llegan hasta nosotros y pacientemente vuelven a partir hacia el oeste desconocido, también una a una. Largo camino, nunca comenzado, nunca acabado… El arroyo y el río pasan. El mar pasa y permanece. Así sería menester amar, siendo fiel y fugitivo. Me caso con la mar. Aguas plenas el sol desciende; queda absorbido por la bruma mucho antes de la línea del horizonte. Por un breve instante el mar se presenta rosado a un lado, azul al otro. Luego las aguas se oscurecen. La goleta se desliza minúscula por la superficie de un círculo perfecto de un metal espeso y empañado. Y a la hora de la mayor calma, en el anochecer que se aproxima, centenares de marsopas surgen desde las aguas, caracolean un momento alrededor de nosotros para huir luego hacia el horizonte sin hombres. Una vez que han partido sólo queda el silencio y la angustia de las aguas primitivas. Un poco más tarde aun, encontramos un iceberg en el trópico. Invisible por cierto después de su largo viaje en esas aguas tibias, aún es eficaz: Recorre nuestro navío a estribor donde las cuerdas se cubren brevemente de un rocío de escarcha mientras que a babor muere una jornada seca. La noche no cae sobre el mar, sino que desde el fondo de las aguas que un sol ya ahogado ennegrece poco a poco con sus cenizas espesas, sube la noche hacia el cielo aún pálido. Por un breve instante Venus permanece solitaria por encima de las olas negras. En el tiempo que lleva cerrar y abrir de nuevo los ojos, ya las estrellas pululan en la noche líquida. Ya la luna está en lo alto. Ilumina primero débilmente la superficie del mar; todavía sigue subiendo mientras escribe suavemente sobre las aguas. Al llegar al cenit ilumina todo un corredor de mar, rico río de leche que con el movimiento del navío, desciende hacia nosotros, inextinguiblemente, en el océano oscuro. Allí está la noche fiel, la noche fresca, que yo invocaba en las luces llenas de ruido, en el alcohol, en el tumulto del deseo. Navegamos sobre espacios tan vastos que nos parece que nunca llegaremos a término. El sol y la luna suben y bajan alternativamente al mismo hilo de luz y de noche. Las jornadas sobre el mar son todas semejantes como las de la felicidad. Ésta es la vida rebelde al olvido, rebelde al recuerdo de que habla Stevenson. El alba. Cortamos perpendicularmente el Cáncer. Las aguas gimen convulsas. Rompe el día sobre un mar revuelto lleno de lentejuelas de acero. El cielo se presenta blanco de brumas y de calor, de un destello muerto pero insostenible, como si el sol se hubiera licuado en la espesura de las nubes sobre toda la extensión de la bóveda celeste. Cielo enfermo sobre un mar descompuesto. A medida que avanza la hora crece también el calor en el aire lívido. Durante todo el día la roda descubre nubes de peces voladores, pajarillos de hierro, a quienes hace salir fuera de sus montones de olas. Por la tarde nos cruzamos con un paquebote que vuelve a las ciudades. El saludo que cambian nuestras sirenas que con sus tres gritos de animales prehistóricos, las señales de los pasajeros perdidos en el mar y vueltos atentos por la presencia de otros hombres, la distancia que poco a poco crece entre los dos navíos, la separación por último sobre las aguas malévolas, todo eso hace que el corazón se contraiga. ¿Quién, amando la soledad y el mar, dejará de amar a esos dementes obstinados, aferrados a plancha de hierro, lanzados sobre la cabellera de los océanos inmensos en busca de islas a la deriva? Exactamente en el centro del Atlántico doblamos bajo vientos salvajes que soplan interminablemente de un polo a otro. Cada grito que lanzamos se pierde en el aire, vuela a los espacios sin límites. Pero ese grito, llevado día tras día por los vientos, llegará por último a uno de los extremos chatos de la tierra y resonará largamente contra las paredes heladas hasta que un hombre, en alguna parte, perdido en su concha de nieve, lo oiga y contento, sonría. Dormía a medias bajo el sol de las dos cuando un ruido terrible me despertó. Vi el sol en el fondo del mar; comenzó a arder. El sol corría a grandes pasos helados en mi garganta. A mi alrededor los marinos reían y lloraban. Se amaban los unos a los otros pero no podían perdonarse. Ese día hube de reconocer el mundo por lo que era; decidí que su bien fuera el propio tiempo pernicioso y que sus crímenes fueran saludables. Ese día comprendí que había dos verdades del las cuales una no debía decirse nunca. La curiosa luna austral, un poco recortada, nos acompaña desde hace muchas noches, se desliza rápidamente del cielo hasta el agua que la traga. Allí quedan la Cruz del Sur, las estrellas raras, el aire poroso. El cielo rueda y cabecea por encima de nuestros mástiles inmóviles; con el motor parado y el velamen al pairo, silbamos en la noche caliente mientras el agua golpea amigablemente nuestros flancos. No hay ninguna orden que dar. Las máquinas están calladas y en efecto, ¿por qué proseguir y por qué volver? Estamos satisfechos; una muda locura nos adormece invenciblemente. Al fin llega un día en que todo se cumple; entonces hay que dejarse ir, como aquellos que nadaron hasta el agotamiento. ¿Cumplir qué? Desde siempre, me lo callo a mí mismo. ¡Oh, cama amarga, lecho principesco, la corona está en el fondo de las aguas! Por la mañana nuestra hélice hace que el agua tibia levante espuma. Volvemos a cobrar nuestra velocidad habitual. Alrededor del mediodía, llegados de lejanos continentes, nos cruza una manada de ciervos que pasando por delante de nosotros, nadan regularmente hacia el norte seguidos por aves multicolores que de cuando en cuando, reposan en sus bosques. Esta selva ruidosa desaparece poco a poco en el horizonte. Poco después el mar se cubre de extrañas flores amarillas. Al atardecer nos precede un canto invisible durante largas horas. Me adormezco con sensación de familiaridad. Con todas las velas abiertas a una brisa definida, nos deslizamos rápidos sobre un mar claro y musculoso. Alcanzamos la mayor velocidad llevando la barra a babor. Y al terminar el día, aumentando aún nuestra carrera, y en posición tal que nuestro velamen casi toca el agua, recorremos raudos un continente austral que reconozco por haber volado en otro tiempo sobre él ciegamente en el bárbaro féretro de un avión. En aquella ocasión, rey holgazán, esperaba ver el mar sin nunca alcanzarlo. El monstruo aullaba, despegaba de los guanos del Perú, se precipitaba por encima de las playas del pacífico, volaba sobre las blancas vértebras rotas de los Andes y luego por la inmensa planicie de la Argentina cubierta de insectos, unía con un solo aletazo los prados uruguayos inundados de leche con los negros ríos de Venezuela, aterrizaba, aullaba aún, temblaba de codicia frente a nuevos espacios vacíos que pudiera devorar y con todo eso no dejaba nunca de avanzar o por lo menos de hacerlo con una lentitud convulsa, obstinada, con una energía huraña y fija, intoxicada. Yo entonces me sentía morir en mi celda metálica y soñaba con carnicerías, y con orgías. Sin espacio no hay inocencia ni libertad… La prisión para quien no puede respirar es muerte o locura. ¿Qué hacer, pues, sino matar y poseer? Hoy, en cambio, me satisfago con los soplos de aire, todas nuestras alas chasquean en el aire azul. Voy a gritar por la velocidad; arrojamos al agua nuestros sextantes y nuestras brújulas. Bajo el viento imperioso nuestras velas son de hierro. La costa desfila veloz delante de nuestros ojos. Selvas de cocoteros regios donde los pies se mojan en lagunas esmeraldinas, bahía tranquila, llena de velas rojas, arenas de lunas. Surgen edificios ya agrietados bajo el impulso de la selva virgen que comienza en el patio de servicio; aquí y allá un árbol de ramas violetas forma una ventana y Río se hunde por fin detrás de nosotros y la vegetación vuelve a cubrir sus ruinas nuevas donde los monos de la Tijuca estallarán de risa. Aun más rápido, a lo largo de las grandes playas donde las olas se difunden y se resuelven en gavillas de arena, aun más rápido los corderos del Uruguay entran en el mar y lo hacen de pronto amarillo. Luego, sobre la costa argentina, grandes y groseros maderos, dispuestos a intervalos regulares, elevan hacia el cielo medias reses que hacen asar lentamente. Por la noche los hielos de la Tierra de fuego golpean nuestro casco durante horas, el navío apenas disminuye su velocidad y vira de bordo. Por la mañana la ola única del Pacífico, cuya fría lejía verde y blanca hierve en millares de kilómetros de costa chilena, nos levanta lentamente y amenaza hacernos naufragar. La barra lo evita y doblamos las Kerguelen. En la tarde dulzona las primeras barcas malayas avanzan hacia nosotros. “Al mar, al mar!”, gritaban los maravillosos muchachos de un libro de mi infancia. He olvidado todo el contenido de ese libro menos este grito: “¡Al mar!”. Y por el Océano Índico hasta la avenida del mar Rojo donde se oyen estallar, una a una en las noches silenciosas, las piedras del desierto que se hielan después de haber ardido, volvemos al antiguo mar donde se callan los gritos. Por fin una mañana hacemos escala en una bahía colmada de un extraño silencio, abalizada de velas fijas. Únicamente algunas aves marinas se disputan en el cielo trozos de carne. A nado llegamos a una playa desierta. Durante todo el día nos introducimos en el agua y luego nos secamos en la arena. Al llegar la noche, bajo el cielo que verdea y retrocede, el mar ya tan calmo, se apacigua aún. Breves olas exhalan un vaho de espuma, sobre el arenal tibio. Desaparecieron ya las aves del mar. No queda sino un espacio ofrecido al viaje inmóvil. Se dan algunas noches cuya dulzura se prolonga, sí, ayuda a morir el saber que tales noches volverán a darse después de nosotros sobre la tierra y el mar. ¡Gran mar siempre trabajado, siempre virgen, mi religión con la noche!. El mar nos lava y nos colma en sus surcos estériles. Nos librea y nos mantiene erguidos. A cada ola nos hace una promesa, siempre la misma. ¿Qué dice la ola? Si tuviera que morir, rodeado de frías montañas, ignorado del mundo, renegado por los míos, en fin, al cabo de mis fuerzas, el mar vendría a último momento a llenar mi celda, vendría a sostenerme por encima de mí mismo y a ayudarme a morir sin odio. Es medianoche, estoy solo en la ribera. Espero aún, luego partiré. El mismo cielo está al pairo, contadas sus estrellas, como esos paquebotes cubiertos de fuegos que a esta misma hora, en el mundo entero, iluminan las aguas sombrías de los puertos. El espacio y el silencio pesan con un solo peso sobre el corazón. Un amor repentino, una gran obra, un acto decisivo, un pensamiento que transfigura, en ciertos momentos nos producen la misma intolerable ansiedad reforzada por un atractivo irresistible. Deliciosa angustia de ser, exquisita proximidad a un peligro del que no conocemos el nombre; ¿quiere entonces decir que vivir es correr a la perdición de uno mismo? De nuevo, sin espera, corramos a nuestra perdición. Siempre tuve la impresión de vivir en altamar, amenazado, en el corazón de una magnífica felicidad. Fuente: Camus, A. (1953) "Diario de abordo" en El Verano.

  • Elogio del pensamiento (fragmento) / Juan Carlos De Brasi

    VIII Llegados al plano indiscernible e indecidible del devenir del lenguaje y el lenguaje del devenir (qué otra cosa son los lapsus, fallidos, olvidos y demás “formaciones inconcientes”) se pueden tender algunas vías, que situaremos rápidamente, en función de redondear la problemática de estos plegamientos que generan sus propias dimensiones al desplegarlas. Sintéticamente: Primero. La preteridad de los conceptos nos descubre que ellos no están sujetos a una sucesión progresiva, acotados a una época –en la cual tienen su emergencia–, presos de ciertas influencias o definidos por determinadas condiciones. No entrañan soluciones a problemas asentados como tales por una ciencia o saber específico. Tampoco se superan o restan atrapados de un progreso que los tornaría obsoletos. Sólo responden inventivamente a las leyes de su construcción y a las temporalidades que desencadenan. Los conceptos siempre nos preceden, arriban antes, aunque este “antes” no sea localizable de manera cronológica o mítica. Y al igual que ellos no se resuelve en ningún lado ni en ningún tiempo medible. No participan del feudo de un autor que autorizaría su uso o desecho. Por el contrario es un autor el que sería autorizado a obrarlos en tal o cuál dirección, rumbo que siempre es el de un pensamiento en el cual toman su posición y sentido. Los conceptos son criaturas delicadas, refulgen o lanzan algún destello cuando se los considera pacientemente. Es decir, cuando son interrogados en una lectura que los impulsa hacia nuevas preguntas. Se cierran o se abren según el régimen de lectura con que se los aborde, o sea: acorde con la labor realizada. Desde este punto de vista podríamos decir que si tienen un “ser”, sería un ser trabajándose, una forma gerundiada vuelta interminablemente sobre sí misma. Un alto pertinente ya que mencioné en repetidas ocasiones la noción de “ser”. Es sabido que Heidegger buceó como nadie en la misma, sea a través de los presocráticos, de Aristóteles o de la misma historia de la metafísica. A menudo la hizo montado en la “ciencia etimológica”, como él la denominó. Obviamente ésta es indicial, un derrotero para una construcción conceptual, pues a través de sus estipulaciones no se prueba nada. Los decursos etimológicos son abstracciones útiles en ese campo de la lingüística, pero no responden a las del lenguaje y sus usos que siguen rumbos más variados e insospechados. Más allá de ese recurso que Heidegger movilizó a su gusto y a disgusto de otros, la señal que siempre recibió es que el “ser” era establecido como “presencia”, como lo “estante”, “presente”, “inmóvil”, etc. Es decir, operó sustancialmente como tapón de la diferencia ontológica entre ser y ente. Esa exploración y sus hallazgos son inobjetables, a la vez que el pensador alemán los objetó de diversas maneras (escribirlo bajo tachadura, tratar de escribir una teología sin el verbo ser, etc. En el ensayo sobre Derrida, que sigue a continuación de éste, amplío algunos aspectos del tópico). Sin embargo, un agregado puede ayudar a esclarecer ciertos aspectos desconocidos o sencillamente marginados. Sólo uno los había puesto de relieve. El joven Marx –en coincidencia con investigaciones actuales–, había ligado en su momento la idea del ser griego con un “régimen específico de propiedad”. Hoy para captar mejor el concepto griego de ousia (que no traduciré para asimilarla tal cual a nuestra lengua) sabemos que esa palabra significó en primer lugar “propiedad rural” y que de ahí deriva el sentido conceptual del “ser como presencia” (Anwesen). Esta derivación muestra, para mí, cómo un concepto ofrece algo de sí cuando uno se deja trabajar –como lo hace la mano del orfebre por un diamante– por él, y no lo origina, causa o corta a voluntad. Sólo un diamante cliva a otro. Sólo un concepto trabaja a otro, desde el punto en que copertenecen al mismo horizonte productivo. Esto nos lleva al tramo siguiente. Segundo. Que hayamos hablado en el sentido indicado de una “preteridad de los conceptos” señala que ellos circulan y modalizan su curso en una tradición de pensamiento. Olvidemos la tradición como iconografía popular. Ella a menudo se la hunde ilegítimamente en el pasado, pero “en términos más exactos –como dice Hegel– en lo que cae dentro de la historia del pensamiento, no es más que uno de los aspectos de la cosa. Por eso en lo que somos nosotros, lo común e imperecedero, se halla indisolublemente unido a los que somos históricamente”. Entonces, más que una inmersión plena en el pasado, la tradición avanza, adviene, desde el porvenir en los asuntos del saber y del pensamiento. Así, “cada generación crea en el campo de la ciencia y de la producción… una herencia acumulada por los esfuerzos de todo el mundo anterior”. En la medida que es trabajado por un colectivo innominado el mundo del pensamiento es una herencia que nunca se cobra de manera definitiva. En realidad es un sistema complejo de distribución de los seres y los conceptos en ámbitos inéditos de recepción. O sea: una tradición pensamental es tal en cuanto uno se la apropia, la elabora y le introduce un futuro. De modo que la crítica y la destrucción de sus partes esclerosadas es un requisito metódico del agenciamiento de dicha tradición. Nos precede, pero existe sólo cuando la tomamos por las astas para reconocer, en ese forcejeo, su vigencia como un tiempo singular de nosotros mismos. Y que el tiempo sea “singular”, quiere decir aquí que se entiende como devenir. Tercero, para simular un falso final. Afirma Heidegger en Identidad y diferencia que Hegel dio un paso atrás hacia “lo pensado”, mientras él lo ejercerá hacia “lo impensado” de lo ya pensado, es decir, hacia la diferencia abisal entre ser y ente. Por mi parte traté de avanzar, retrocediendo lo necesario, en este campo, oscilando, pendulando entre –según el logos de la lógica mencionada–, lo pensado y lo impensado, en los textos y fuera de ellos, donde esas distribuciones ocurren. Pero, simultáneamente, no permaneciendo en ninguno de esos regímenes, sino en el “pensamiento a secas” y sus plegados, que lo repliegan y despliegan con plena libertad. Desearía ubicar el corazón de los sinuosos dédalos recorridos hasta aquí en la exploración de los intersticios, signos y llamadas que un pensamiento nos lanza desde un tiempo simultáneamente historizable, inmemorial y creativo. Quizás, dicho a secas y mojadas, el que mejor le cabe a una producción siempre por pensarse. Fuente: Algunas condiciones básicas para interpelar la problemática del pensamiento –Coda lunga–. En Elogio del pensamiento. EPBCN, Barcelona, 2015. La Cebra, Adrogué, 2015. Trabajo de selección a cargo de Gabriela Cardaci

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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