• Revista Adynata

Cicatrices / Warbear

Potencia: Placer = Deber: Dolor El mundo dividido en dos es vertical y bipolar. Su verticalidad se da por medio de la alineación de sexo, género y sexualidad. Este axioma adquiere significado en una gama de variaciones algebraicas donde el polo positivo está representado por el hombre y el negativo por la mujer. El hombre forma parte del mundo de arriba, donde el poder se da de padres a hijos. En este mundo, el hombre asume las normas del género masculino a través del poder de experimentar placer. Este poder adquiere su estatus en una función directamente proporcional al dolor producido. El hombre se identifica con la alteridad, solo y exclusivamente si esta queda subordinada. La expresión masculina se ubica en un espacio de cruce entre apropiación y eliminación. El hombre se hace macho cuando penetra, perpetrando un asesinato vestido de creación. El acto de muerte pasa por la esclavitud de la vida. Así, este proceso queda asegurado por una lógica naturalista según la cual el esperma producido por el placer de poder es el único medio de perpetuar la especie humana. El hombre es macho cuando penetra porque solo así puede expresar la naturalidad, y por tanto la universalidad, de su poder. La mujer es parte del mundo de abajo, donde el deber la convierte en esposa, madre e hija. En este mundo las mujeres tienen el deber de estar subordinadas, por tanto, de ser penetradas y fecundadas para volver a reproducir al hombre y, por último, para sufrir muriendo. La vagina es el espacio para la transferencia de poder de una generación a otra. La sangre de la mujer es el garante del poder masculino. Esto representa el derecho natural del hombre para hacerla mujer, el lacre de cera en el que está grabada su norma de género. La naturalización del poder de matar fecundando y del deber de morir pariendo se estructuran en un proceso de institucionalización llamado familia. Esta produce el núcleo original del lazo social occidental. Este modelo es la columna vertebral de la estructura económica capitalista que naturaliza las desigualdades de poder de unos pocos sobre el deber de muchas haciendo del abuso del otro la unidad de medida de la esfera humana. En ella, el sentido del poder como proceso sexual de muerte encuentra su lugar natural. Matar es privatizar el placer sexual en una economía de la apropiación y de la exclusión. La subversión de ese vínculo entre poder y deber, donde una línea naturalizada y universalizante vincula el mundo de arriba al mundo de abajo, pasa a través de otro canal. Este canal es un pasaje secreto que crea extrañas convergencias entre los dos mundos, relaciones que son peligrosas para el mantenimiento de la homeostasis vertical. Por esta razón, ese canal debe permanecer oculto y suturado. Este pasaje tiene la capacidad cultural de producir placer solo en el acto de expulsión, dado que la penetración, en el mundo bipolar, solo puede ser identitaria. La supresión de la función transitiva y activa de ese pasaje es inaceptable en la medida en que pone en crisis el sistema de fronteras entre el mundo de arriba y de abajo. Ese pasaje debe quedar cicatrizado porque su sutura garantiza el poder de la diferenciación verticalizante. Pero, detrás de esta cicatrización, habitan mundos extraños con criaturas extrañas que palpitan con emociones extrañas; historias intestinas donde el macho y la hembra se pierden en un pastiche de pasta fecal. Olores profundos y músculos rectales ensucian las sábanas, allí donde la sangre pierde la primacía de la primera noche que define el poder del varón y el deber de la mujer. La escoria cuenta la historia, y la historia es otra. Es una historia visceral de otras noches, otros amores, otras pasiones. Es una historia de residuos y represiones, donde esa descarga crea un Aqueronte enloquecido que se come al propio Caronte, mezclando el bien y el mal entre sus olas. Un país de silencio donde los sonidos son subliminales y donde frecuencias imperceptibles transforman los miedos en deseos. Es una historia más allá del mundo, donde flotan polvaredas, autoorganizaciones, economías del ocio, sociologías del individuo. Subvertir es cortar la cicatriz para abrir la panacea de los vientos en una espiral inyectiva. Una explosión resuena. Es la fractura de los axiomas gritando. La insoportable levedad de convertirse en copos como nieve viral, donde la práctica del placer se convierte en el rechazo categórico del deber, donde se pierde el esperma en campanas tubulares, donde la repetición es cambio, donde entrada y salida formulan un proceso infinito, invertido, loco. Pasen señores pasen porque más allá del mundo hay un metaverso en proceso y, si se sabe vivir en la oscuridad, se descubren cegadores colores.


Texto escrito por WB FRANCESCO MACARONE PALMIERI para “Por el culo” de Javier Sáez y Dejo Carrascosa. Editorial Egales, 2011 Barcelona-Madrid.


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