• Revista Adynata

Sesiones en el naufragio (13) Con quienes la soledad / Marcelo Percia

Recuerdo un grupo con infancias que no se llevaban bien con la escuela. Comenzábamos sentados en ronda sobre el piso. Antes de que cada cual se pusiera a hacer lo que quería, preguntábamos si alguien tenía ganas de contar una cosa. Ante la pregunta ¿Qué cosa?, decíamos: Una cosa o una cosa o alguna cosa. A veces, relataban algo; otras, nadie decía nada. Una vez, un nene dijo que quería contar una cosa, pero en secreto. Apoyó las dos manos haciendo un muro en mi oído y susurró algo que le pasó. Pregunté si podía contar lo que me dijo y respondió que no. Insistí si podía decir si se trataba de una cosa triste o alegre y respondió en voz alta: “¡Triste!”.

En eso, alguien dijo: “Yo sé el secreto: un auto atropelló a su perrita y la mató”. El nene del secreto aclaró, fastidiado, que no tenía ninguna perrita. “Ah… yo pensé que ese era el secreto. Pero, ¿por qué se te ocurrió que podía haber pasado eso? Porque mi papá contó que atropelló a una perrita haciendo el reparto”. Y, entonces, en ese momento, se encienden las voces y, de a poco, comienzan contar otras historias: un perro perdido, otro que mordía, el novio de una prima que se murió por andar sin casco en una moto, que en la calle insultan a las chicas que pasan, que no me dejan cruzar para ir a hasta la panadería. Y así hasta que, de a poco, se van yendo a jugar. Al rato, vuelve el nene del secreto y me dice al oído: “¿Sabés una cosa?, a mí también me dieron ganas de contar mi secreto, pero no lo conté porque era un secreto”. Y volvió al juego.


Tal vez estar en común solo resida en la invención de momentos de intimidad y confianza, instantes de conexión y desconexión, invitaciones y resguardos, oportunidades de entrar y de salir de las palabras, mientras el juego.


El enunciado tener con quien jugar expresa uno de los grandes asuntos de las infancias.


Desde entonces, la vida trascurre teniendo con quienes estar, con quienes hablar, con quienes salir, con quienes llorar, con quienes esperar, con quienes amar, con quienes reír, con quienes bailar, con quienes trabajar, con quienes pensar.


Soledades necesitan tener con quienes la soledad.


Thomas Schütte Pringles 2011 (Patata de tubo sobre caja de fósforos)

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