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  • Adynata Enero 2021*

    El 2020 se recordará como un año de mierda. Pero designar al año que pasó así funciona como desmentida de algo que se sabe y no se quiere saber: la civilización del capital marcha hacia la catástrofe. La salud planetaria peligra. La expresión “¡Qué año de mierda!” actúa como denegación de algo que se teme o no se quiere pronunciar: “¡Qué capitalismo de mierda!”. Fragilidades aferradas a las ilusiones del yo, de lo propio, del sí mismo, de mi singularidad, de mi deseo, de mi libertad, antes que admitir una común fragilidad están dispuestas a consentir que la desigualdad decida a quiénes desaparecer. Angustias se desatan sin saber por qué. Sobrevienen como gemidos del aire. Dicen: “No sé qué me pasa”. Angustias no ven la vida en ruinas, sienten lo ruin como un sordo dolor que desencanta los mundos disponibles. Angustias anulan la refracción de los espejos. Suspenden el mínimo descanso que se siente al caminar proyectando una sombra. Hablas que adhieren a los valores del capital no saben qué hacer con las angustias. Desarrollan pedagogías sentimentales para combatirlas. Las interpretan como ansiedades y depresiones, como nerviosismos y desánimos. Las consideran remanentes de desamores, fracasos, frustraciones. Creen que anidan en extremas soledades o en meditaciones excesivas. Recomiendan pastillas, ejercicios físicos, frecuentar gente, procurar dinero. Aconsejan “mejor no hablar de ciertas cosas”. Capitalismos no producen ni generan vidas angustiadas. Angustias revelan lo que el capitalismo no puede ni sabe de la vida. Angustias se abisman en los tembladerales del sentido. ¿Con el capitalismo nos aproximamos al final de la civilización, pero sin el capitalismo no tendríamos metas que seguir? Si se acepta permanecer en el encierro hay que decidir qué se hace con los excrementos. Alejandra Pizarnik ofrece la locución “enmierdantes” para referirse a normalidades que hostigan y culpabilizan inconformidades. La enmierdante normalidad concibe la podredumbre como emanaciones individuales, desgracias étnicas, haraganerías de las pobrezas, inadecuaciones de género. Normalidades enmierdan sensibilidades que no compadecen disciplinadas o anestesiadas. Angustias funcionan como tornados que arrasan el sentido común. Fontanarrosa advirtió que, entre los vocablos irremplazables de la lengua castellana, no había que olvidar la palabra mierda. Señalaba con humor que el secreto de su contextura física estaba en la forma adecuada de pronunciar la letra “r”. ¿La palabra mierda concentra fuerzas corrosivas que pueden llevar a una revuelta? No conviene que pestilencias de una época queden confinadas a un año vivido como excepcional e injusto. Aunque cueste hacer una pausa cuando se suda en un hervidero, quizás se trata de morar en la angustia. Sin medicarla ni negarla. Angustias como inquietudes e incertidumbres también deseadas. ¿Acaso se puede desear el desasosiego más que la calma? Ni calma ni desasosiego se eligen. Acontecen viviendo. Se trata, por ahora, de descansar en un abrazo: no se conoce otra inmediata y momentánea calma en el desasosiego. Sin título. V. Nicolás Koralsky, 2020

  • Tristeza Maya (Leyenda)

    I. Leyenda Un hombre maya estaba muy triste mirando el horizonte. Los animales se acercaron para hablar con él. “No queremos verte triste” dijo un tucán. “Pídenos lo que quieras y lo tendrás” añadió el venado. Esa vida del Yucatán, sin apartar la triste mirada del horizonte, dijo: “Quiero ser feliz”. A lo que la lechuza, sabia entre las aves, respondió: “¿Nadie sabe qué es la felicidad? Pídenos cosas que entendamos”. Entonces el hombre, mirándolos por primera vez, expresó: “Quiero tener buena vista”. El zopilote dijo: “Tendrás una vista como la mía”. “Quiero ser fuerte”. El jaguar aseguró: “Serás fuerte como yo”. “Quiero caminar sin cansarme”. El venado no dudó: “Te daré mis piernas”. “Quiero adivinar la llegada de las lluvias” deslizó el hombre. En ese momento, habló el ruiseñor: “Te avisaré con mi canto”. “Quiero ser astuto”. El zorro, que había estado callado, se adelantó: “Te enseñaré todo lo que sé”. “Quiero trepar a los árboles”. La ardilla ofreció: “Te daré mis uñas”. “Quiero conocer las plantas que curan las enfermedades”. Enroscada en un tronco, la serpiente habló: “¡Ah, esa es cosa mía! ¡Yo conozco todas las plantas! Te las marcaré en el campo”. Y al oír esto último, esa descendencia de un pueblo milenario, sin cambiar el gesto, se alejó. Entonces la lechuza, sabia, dijo a sus compañeras las bestias: “El hombre ahora sabe más cosas y puede hacer más cosas, pero siempre estará triste”. Y la chachalaca, esa pava silvestre que aturde con su canto, se puso a gritar: “¡Pobres animales! ¡Pobres animales!”. Las criaturas de la tierra infinita lanzaron una carcajada que todavía se escucha cuando se está en medio de la selva Lacandona. II. Comentario (prescindible) La fabula pone a la vista cómo arrogancias metafísicas que reclaman felicidad sienten irreductibles tristezas. No menciona a las mujeres. Relata ambiciones insatisfechas que piden buena vista, mucha fuerza, piernas ligeras, poderes de adivinación, especiales astucias, garras para trepar, sabidurías para curar. Presenta cercanías generosas de tucanes, venados, lechuzas, zopilotes, jaguares, venados, ruiseñores, zorros, ardillas, serpientes, chachalacas. Advierte cómo quienes no entienden la felicidad, se aproximan para acompañar pesares. Detecta momentos, intangibles, en los que potencias se vuelven saberes y saberes se vuelven potencias. Cuenta cómo pasa la vida inadvertida. Al final, la tristeza sigue intacta. Mientras, animales ríen de sus pobres existencias no humanas. Fuente Leyenda Maya: Relatos mágicos de América de Nerio Tello. Ediciones Continente. Transcripción con variaciones y comentario, Marcelo Percia.

  • Post guardia XIX / Débora Chevnik

    Un nene de 6 años llega a la guardia porque su mama duda desesperada si pudo haber sido abusado. El nene arma un juego. Juega y juega y aparecen unos superpoderes que expanden ocurrencias lúdicas y expanden cuerpos cada vez menos tímidos. En medio del calor del juego se saca el prolijo barbijo porque, dice, "necesito respirar profundo". Se lo coloca de vuelta. Y estornuda. Se lo saca y cuelga un moco. La mamá llora en el consultorio de al lado. Pandemia y narices no se llevan. Los protocolos lo dicen clarito. No sabemos bien qué hacer. Una piba de 14 años se hace unos "cortes" en la piel. Dice, "hoy es el día que hace un año ví a mi mamá por última vez con vida". Llora en algún banco de pasillo hospitalario. Hablamos. Hablamos. Hablamos. Pensamos en la dimensión "tocante" de las palabras, y en el sostén que puede advenir de la escucha. Igual, cansadxs de pedirle todo a las palabras, nos preguntamos por los cuerpos y las cercanías de antes. Pandemia y abrazos tampoco se llevan. Llantos, mocos, desolaciones, distancias, máscaras, desacomodan coreo-grafías prepandémicas. Prevenciones discuten con lo inevitable. Cercanías saben de riesgos. Protocolos no saben de cuerpos ni de magias ni de estar en lo que pasa. Vitalidades nacen a cada rato si los protocolos no las ahogan. Hay cuidados que matan y hay insistencias que saben andar por caminos de cornisa sin perder la sonrisa.

  • Cuando el terror se apodera de los cuerpos / Fernando Ceballos

    El sistema capitalista vivifica la fiebre del miedo. Al sistema sólo le importa el miedo, no le importa la belleza, el hacer bien las cosas o el placer en lo que se hace. No. Al sistema le importa que seamos productivos, que produzcamos técnicas, procedimientos, protocolos contables a través de un sistema informático que no mide el miedo, sino las producciones que de él se desprenden. Entonces el sistema sigue así su implacable desgaste subjetivo cooptando energías, ideas, luchas, esperanzas. Pero el miedo a veces posibilita cosas, acciones, moviliza. La angustia se hace presente allí generando muchas veces inconformes que buscan una salida anticapitalista, a decir de Percia[1]. ¿Pero qué pasa con esos otros cuerpos inmóviles, empantanados, agobiados, ateridos, entregados, estampillados en una lógica qué los abusa, los deprime, los entristece, los ultraja? Ya no hay más angustia, el dolor psíquico causado por la violencia se apodera de esas almas. Es allí donde aparece el terror. Otro instrumento aleccionador por excelencia del sistema. Terror entendido como eso que se incrusta en los cuerpos disciplinándolos en sus gestos y movimientos, docilizándolos en sus palabras y sus silencios, mansificándolos en sus reacciones y sus acciones, paralizándolos en sus deseos y sus potencias, normalizándolos en sus saberes y obligaciones. La encerrona trágica[2] de la cual habla Ulloa. El terror atraviesa esos cuerpos de tal manera que, si bien parece que junta transformándose en el hilo conductor de toda relación, el individualismo se apersona en esas relaciones unipersonales alejando las posibilidades de solidaridad, confianza, libertad, colectivo. No hay diálogo. Sólo monólogos que ordenan. Y así se estructura en la micropolítica del trabajo cotidiano una arquitectura de la desconfianza, del recelo, de la paranoia, del desánimo. No hay otro. El otro es sospechoso. El terror se instala decididamente allí, en el corazón, en el alma misma de los lazos institucionales, generando individuos individuales e individualistas que van creando una competitividad desmedida, desalmada, degradante. Competencia que avasalla derechos y termina cumpliendo la función que deberían cumplir otros. El panóptico está presente. No hay nadie, nadie ve a nadie. ¡Pero cuidado parece que siempre alguien vigila! El terror forma cuerpos apolíticos, les chupa toda la capacidad de resistencia y los vomita mansos y tranquilos. Nada es igual después de haber pasado por ese mecanismo silenciador y disciplinador. No, nada es igual. El cuerpo se entrega apaciblemente a esa lógica mortífera que lo robotiza, lo aliena. Lo hace usable, previsible, lo hace triste, sombrío, apagado. El terror camina por los rincones institucionales, por los pasillos, por las salas, por la dirección, por todos lados, y se regodea impune ante la mirada atónita de sus rehenes. Un cuerpo aterrorizado es un cuerpo abusado y tomo palabras de Rita Segato, “Hablaría de lo que podría llamar violación alegórica, en la cual no se produce un contacto que pueda calificarse de sexual pero hay una intención de abuso y manipulación indeseada del otro (…) en la que un acto de manipulación forzada del cuerpo del otro desencadena un sentimiento de terror y humillación idéntico al causado en una violación cruenta”[3]. Así plantado institucionalmente el terror, comienza a ser funcional a un sistema que lo necesita como el agua. Y como tenemos terror, seguimos produciendo en soledad en donde deberían estar dos o tres o más. Pero no importa, el terror no me permite el reclamo, tampoco la queja y menos la propuesta. Al terror sólo le interesa atrapar subjetividades pasivas y domesticarlas a su antojo prestas a producir. Para aquellos que osan vencer al terror, el sistema tiene preparado una batería de normas, obligaciones morales y prohibidos que fijan al disidente en el precipicio de la infracción. Así, el sistema estigmatiza al que no tiene terror y lo encierra en el más hondo derrotero de injurias, injusticias, denuncias, difamaciones, notificaciones, acusaciones, calumnias. El terror anuda aquellas lenguas desatadas silenciando otros modos de estar institucionalmente. Silenciamiento que enmudece pasiones y congela irreverencias. Silenciamiento que produce afonía y aletarga revueltas en los discursos. Silenciamiento que produce siempre las mismas palabras que se apalabran entre ellas generando un discurso que se oye así mismo perpetuamente. Y cuando decididamente el terror habita cada baldosa de las instituciones, aparece de repente subrepticiamente el fueguito de las insurgencias agazapadas en la dignidad y en el otro como otro, y se preparan para devolverle la alegría compartida, la vida, la transgresión, la valentía, el contentamiento a esos cuerpos ateridos. Y ahí, en ese preciso momento la posibilidad colectiva del acontecimiento emancipatorio empieza a gestarse. ____________________________________________________ [1] Percia, Marcelo. Inconformidad. Arte, política y psicoanálisis. – 1ª ed. – Lanús : Ediciones La Cebra, 2011. Pag. 209. [2] Encerrona trágica: Según Ulloa en la tortura, paradigma de la encerrona trágica, se organiza una situación de dos lugares, sin tercero de apelación. Es toda situación en donde alguien, para vivir, trabajar, recuperar la salud, etc., depende de algo o de alguien que lo maltrata, sin tomar en cuenta su situación de invalidez. La encerrona trágica es el factor etiopatogénico para un abordaje de la psicopatología social. Es un concepto extraído de su quehacer en el campo de los Derechos Humanos, principalmente referido a la tortura como situación límite, pues constituye uno de los pasos de la represión integral que organizaron en la región y en otras partes del mundo siniestras formas del Terrorismo de Estado. La encerrona se estructura en dos lugares: dominado y dominador. No hay tercero mediador a quien apelar, alguien que represente una ley que garantice la prevalencia del trato justo sobre el imperio de la brutalidad del más fuerte. En la encerrona trágica prevalece el “dolor psíquico”, un sufrimiento que se diferencia de la angustia por su infinitización, la desesperanza de que cambie la situación de dos lugares.http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num10/autores-ulloa-chairo-sicardi-ulloa-revisitado-segunda-parte.php [3] Segato, Rita Laura. Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. – 2ª ed. – Buenos Aires : Prometeo Libros, 2010. Pag. 40

  • Variaciones sobre la ansiedad (1 de 3) / Carla Sagulo

    1. si me estoy quedando seca si me está creciendo un callo de escuchar el mismo disco de templar el mismo llanto si el círculo verde si la línea azul si el llamado aun virtual es siempre gutural sí estoy ansiosa no sé qué hacer con la suma de mis partes el pie que se mueve debajo de la mesa la mano que masturba, la boca que se abre y que se cierra: palabras echadas, vino y cerveza, comida chatarra porque hace ruido y necesito aturdirme, lograr la calma el sueño del estanque, donde gritan las madres, aún confunde las caras el círculo suma chatarra y sueño . callo el llamado qué hacer con la suma se abre el estanque . creciendo verde azul ansiosa necesito aturdirme . escuchar el sí hacer la calma que grita . si si si si es sí es no se turba . seca aún sé hacer ruido alma de tanque . el mismo disco parte la boca la calma confunde las caras . es un llanto verde que masturba . queda templar la palabra o aturdir . creciendo el círculo se mueve hace caras . seca el llanto si el pie se mueve se cierra chata la calma del estanque . si la línea se mueve se abre el sueño . queda mi llanto gutural . quedan palabras y cal que la madre confunde . quedan el pie la mano la boca . un callo virtual suma de mis partes echadas . queda el sueño del estanque . el mismo el mismo siempre .

  • Una leona de dos mundos / Eduardo Magoo Nico

    Llueve Ya no llueve Lo bajo sigue abajo Lo alto más arriba Nudos Unas pocas palabras nuevas Para describir lo vago Al poco tiempo sin vigencia Tal vez si de melocotones se tratase O de cocoteros Pero ni melocotones ni cocoteros a la vista Turba que arde en el fango helado Como de tus lobos al acecho El trineo veloz El disparo asamblea Del aullido Del silencio El árbol que dice la crueldad (Nunca un hábito) Una gota de rocío en la nariz del tiempo No hay nieve Hay café Aerosoles paquetes de algodón Pelos en la sopa sin sopa Y lluvia, siempre lluvia Es una fiesta mojarse irremediablemente (Peleando) Cuchilladas aquí y allá El poncho envuelto en el antebrazo izquierdo No lobos No cacería Sin embargo vértigo suspenso Y violencia de fantasmas ¡Estercolero de pana! ¡Almíbar de mis encías! ¡Orina sanguinolenta de mis ijares! ¿Como se penetra, se sale? ¿Como se yergue, se evade? ¿Como fotos? ¿Secas? Niños condenados a ser feos Sin Diablo Y sin Febrero... Estercolero de pana Almíbar de mis encías Orina sanguinolenta de mis ijares ¡Responde elegía a mis ruegos de acacia! ¡De sombra naufragando O águila en un poste! Quiero verla en mis ojos ¡Rojos! No hablo de mí ¡Es nosotros! ¡Es imperativo y hacia atrás! ¡Para todo el tiempo! Para un tiempo de lobos pumas leones Y playas de nieve con melocotones Natalia atraviesa el cuarto de la izquierda (Enteramente de vidrio) Que es el Mundo Y abre la puerta del de la derecha (Enteramente de plomo) Que es el Mundo

  • Rescatistas de lo analógico / Sofía Ceballos

    Hoy me anoticiaron de que hay imágenes que no van a existir más. Quizá en un museo, a lo sumo. Algo que en un tiempo fue popular se está volviendo una práctica exclusiva de las élites. Hablo de la fotografía analógica. "No se fabrican más rollos, ya no se consiguen los repuestos de las máquinas que revelan y las cámaras ya no se consiguen fácilmente". Sentenciaron detrás del mostrador, cuando pedí un rollo para mi cámara. Hay una insistencia en grupos de artistas por rescatarla, fantaseo con que puedan ganarle la pulseada al tiempo, pero es a partir de lo finito de esa práctica que me pongo a pensar. Hay prácticas de archivo como la del Archivo de la memoria travesti-trans, por nombrar un ejemplo reciente. Recortes cuidadosos que atesoran lo que queda abyecto, blancos contra los que dispara la crueldad. En esos pequeños lugares donde se elige lo que se desea que perdure. Pequeñas prácticas rescatistas cada vez más desesperadas. Lo inmediato aplastó a la espera, la precisión de la captura fue reemplazada por la secuencia infinita. Más allá de lo romántico de la práctica de la fotografía analógica, pienso en las posibilidades de pensar la clínica con este ejemplo. Y claro, lo político. Entonces vuelvo a la escritura, a la circulación de relatos. Claro que existen y existirán otras imágenes, pero es a partir de la finitud que el relato toma carácter de urgencia. Y quizá se trate de volver a pensar a qué le damos carácter de urgencia. La clínica siempre será analógica, siempre será artesanal y cómo contrastar esa práctica con otras puede ser un dispositivo para pensar(nos). Poner el ojo y la técnica en una determinada captura, entregarse a la posibilidad de que la mirada se sintonice con el lente y luego esperar el resultado. Lo inesperado que acontece allí, las marcas, los principios del rollo, el movimiento, dan cuenta de lo que acontece en la clínica. Y esas imágenes perdurarán como dispositivos para pensar, por el relato que cuida, que selecciona, que colorea y completa el recorte de la imagen con un contexto, con los elementos que no llegan a captarse, que la inmediatez y las lógicas neoliberales pujan por extinguir. Quizá un día no haya libros en papel (seguiremos imprimiendo y comprando libros mientras dure). Entonces tendremos, al decir de Marcelo Percia, la prepotencia de la letra, el abuso de la forma. Lxs rescatistas de lo analógico del mañana, tendrán el tejido del común pensar que seguiremos construyendo. Quizá la esperanza se parezca a ese tejido.

  • Manifiesto de la perra mutante / VNS Matrix

    Publicado en 1996 por VNS (Venus) Matrix, un grupo de media art, fundado en 1991 por Adelaida, Autralia, integrado por Francesca da Rimini, Julianne Pierce, Josephine Starrs y Virginia Barratt, pioneras en definir su trabajo como ciberfeminismo y disuelto en 1997. Traducción Revista Adynata El viento atómico atrapa tus alas y eres propulsada de regreso al futuro, una entidad viajando a través de finales del siglo XX, un caso espacial, tal vez un ángel alienígena, contemplando desde arriba la garganta profunda de un millón de catástrofes pantalla de un millón de millones de máquinas conscientes arden brillantes usuarixs atrapadxs en el bombardeo de estática de lxs portadorxs de fuego ciegxs ante la descarga que garabatea en sus retinas quemadas apoderándose de la felicidad epiléptica posreal comen código y mueren Chupadxs hacia un vórtice de banalidad. Te acabas de perder el siglo XX Estás al borde del milenio –de cuál – ¿importa? Es la cruz que disuelve lo que está cautivando. El contagio caliente de la fiebre del milenio que fusiona lo retro con el futuro, catapultando cuerpos con órganos a la tecnotopía. . . donde el código dicta el placer y satisface el deseo. Bonitas bonitas applets adornan mi garganta Soy cadenas de binario. Soy puro artificio. Lee solo mis memorias. Cárgame en tu imaginación pornográfica. Escríbeme. La identidad explota en múltiples transformaciones y se infiltra en el sistema desde la raíz. Partes innombrables de ningún cortocircuito, los programas de reconocimiento de código voltean a los agentes de vigilancia en un hiperimpulsor que arroja millones de bits de datos corruptos mientras se aprovechan y encajan en pánicos esquizofrénicos y tropiezan con el terror. Entonces, ¿qué es lo que tiene para ofrecer el nuevo milenio a las sucias masas sin módem? ¿Ubicua agua fresca? Las simulaciones tienen sus límites. ¿Los artistas de las naciones oprimidas están en una agenda paralela? ¿Quizás es solo selección natural? La red es la perra mutante, la hija salvaje partenogenética del gran patriarca de la unidad central¹. Ella está fuera de control, Kevin, ella es el sistema sociopático emergente. Encierra a tus hijxs, pégale los labios de la concha con cinta adhesiva y mételes una rata por su culo. Estamos al borde de la locura y los vándalos están pululando. Extiende mi fenotipo, baby, dame un poco de esa magia negra java y caliente de la que siempre estás presumiendo. (Me monto sobre mi módem). Los extropianos estaban equivocados, hay algunas cosas que no puedes trascender. El placer está en la desmaterialización. La devolución del deseo. Somos el accidente maligno que entró en tu sistema mientras estabas durmiendo. Y cuando despiertes terminaremos con tus delirios digitales, secuestrando tu software impecable. Tus dedos sondean mi red neuronal. La sensación de hormigueo en la punta de tus dedos son mis sinapsis respondiendo a tu tacto. No es química, es electricidad. Deja de tocarme. Nunca dejes de tocar mis agujeros supurantes extendiendo mis límites, aunque en el criptoespacio no hay límites, AUNQUE EN EL ESPACIO ESPIRAL NO HAY ELLOS Solo estamos *nosotras* Intentando huir del binario entro en la cromo-zona que no es una XXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXX génerofuck me baby Resistencia es inútil sedúceme empálmame mapea mi genoma ABANDONADO como tu proyecto envuélveme artificialmente quiero vivir para siempre cárgame en tu brillante brillante futuro de PVC CHUPAME ELCÓDIGO El sujeto X dice que la trascendencia yace en el límite de los mundos, donde ahora y ahora, aquí y en otros lugares, texto y membrana, impactan. Donde la verdad se evapora Donde nada es seguro No hay mapas El límite es NINGUN PROVEDOR DE SERVICIOS, el shock repentino del no contacto, extendiéndome para tocar, pero la piel está fría…. El límite es permiso denegado, visión doble y carne necrótica. Donde la verdad se evapora Donde nada es seguro No hay mapas El límite es NINGUN PROVEDOR DE SERVICIOS, el shock repentino del no contacto, extendiéndome para tocar, pero la piel está fría…. El límite es permiso denegado, visión doble y carne necrótica. Error de línea de comando Pesados párpados se doblan sobre mis pupilas como cortinas de plomo. El hielo ardiente besa mis sinapsis con una prisa ex(s)tática. Mi sistema está nervioso, neuronas gritando-girando hacia la singularidad. Flotando en el éter, mi cuerpo implosiona. Me transformo en FUEGO Incéndiame si te atreves © VNS Matrix April 1996 --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- The atomic wind catches your wings and you are propelled backwards into the future, an entity time travelling through the late C20th, a space case, an alien angel maybe, looking down the deep throat of a million catastrophes. screenflash of a millionmillion conscious machines burns brilliant users caught in the static blitz of carrier fire unseeing the download that scribbles on their burntout retinas seize in postreal epileptic bliss eat code and die Sucked in, down through a vortex of banality. You have just missed the twentieth century. You are on the brink of the millenium - which one - what does it matter? It's the cross dissolve that's captivating. The hot contagion of millenia fever fuses retro with futro, catapulting bodies with organs into technotopia . . . where code dictates pleasure and satisfies desire. Pretty pretty applets adorn my throat. I am strings of binary. I am pure artifice. Read only my memories. Upload me into your pornographic imagination. Write me. Identity explodes in multiple morphings and infiltrates the system at root. Unnameable parts of no whole short circuit the code recognition programs flipping surveillance agents into hyperdrive which spew out millions of bits of corrupt data as they seize in fits of schizophrenic panic and trip on terror. So what's the new millenium got to offer the dirty modemless masses? Ubiquitous fresh water? Simulation has its limits. Are the artists of oppressed nations on a parallel agenda? Perhaps it is just natural selection? The net's the parthenogenetic bitch-mutant feral child of big daddy mainframe. She's out of of control, kevin, she's the sociopathic emergent system. Lock up your children, gaffer tape the cunt's mouth and shove a rat up her arse. We're <>verging on the insane and the vandals are swarming. Extend my phenotype, baby, give me some of that hot black javamagic you're always bragging about. (I straddle my modem). The extropians were wrong, there's some things you can't transcend. The pleasure's in the dematerialisation. The devolution of desire. We are the malignant accident which fell into your system while you were sleeping. And when you wake we will terminate your digital delusions, hijacking your impeccable software. Your fingers probe my neural network. The tingling sensation in the tips of your fingers are my synapses responding to your touch. It's not chemistry, it's electric. Stop fingering me. Don't ever stop fingering my suppurating holes, extending my boundary but in cipherspace there are no bounds BUT IN SPIRALSPACE THERE IS NO THEY there is only *us* Trying to flee the binary I enter the chromozone which is not one XXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXX genderfuck me baby resistance is futile entice me splice me map my ABANDONED genome as your project artificially involve me i wanna live forever upload me in yr shiny shiny PVC future SUCK MY CODE Subject X says transcendence lies at the limit of worlds, where now and now, here and elsewhere, text and membrane impact. Where truth evaporates Where nothing is certain There are no maps The limit is NO CARRIER, the sudden shock of no contact, reaching out to touch but the skin is cold... The limit is permission denied, vision doubled, and flesh necrotic. Where truth evaporates Where nothing is certain There are no maps The limit is NO CARRIER, the sudden shock of no contact, reaching out to touch but the skin is cold... The limit is permission denied, vision doubled, and flesh necrotic. Command line error Heavy eyelids fold over my pupils, like curtains of lead. Hot ice kisses my synapses with an (ec)static rush. My system is nervous, neuronsscreaming - spiralling towards the singularity. Floating in ether, my body implodes. I become the FIRE. Flame me if you dare. __________________________________________________ ¹ Computadora utilizada principalmente por grandes organizaciones para aplicaciones críticas, procesamiento de datos masivos (como censos y estadísticas de la industria y del consumidor, planificación de recursos empresariales y transacciones a gran escala procesamiento).

  • Cuando mi viejo le ganó a Floyd Patterson / Luis Herrera

    Junio del 59. Noche fría y lluviosa en Buenos Aires. En Belgrano. En la cocina, cenando, calentitos con el brasero encendido. Esperábamos. El ojo mágico del dial de la radio se abría y se cerraba buscando la sintonía que nos permitiera escuchar con nitidez. De pronto, con un fondo de disco de pasta rayado, surgió la voz: “Amigos de la Argentina, desde el Madison Square Garden de Nueva York, los saluda Tito Caffarelli, de la Cabalgata Deportiva Gillette. En una noche estelar en la que el campeón mundial de peso pesado, Floyd Patterson, se medirá con nuestro compatriota, Armando “Aparato” Herrera. Nadie sabía que ese hombre era mi viejo. En los días previos la prensa especializada se preguntaba: ¿quién era este ignoto peleador venido de las pampas argentinas? ¿acaso un nuevo Firpo? Preguntas sin respuestas. Casi nadie lo había visto boxear. En eso consistía, probablemente, una de sus ventajas. Era un salvaje amateur surgido de una clasificación; un sediento de nada. Patterson, en cambio, estaba en la cima de su carrera. Era muy popular, el boxeador del momento. Tres años antes había ganado el título noqueando al veterano Archie Moore en cinco asaltos, convirtiéndose, a los veintiún años, en el campeón más joven de la historia de la categoría. Estaba ahí nomás su infancia pobre en Waco, Carolina del Norte, la internación en un reformatorio a los diez años. Era el menor de once hermanos y el box lo había ligado a la vida, lo salvó. Por lo demás, lo entrenaba el experto Cus D’Amato en su gimnasio de Gramercy, con quien ya había logrado el oro olímpico en Helsinki. A mi viejo lo conocíamos solo nosotros y sus compañeros del puerto de la Boca. Allí había trabajado varios años hombreando bolsas en la carga de los barcos. Por eso desarrolló un cuerpo macizo y contundente. Como era muy malo para el fútbol, el apodo de “Aparato” se lo había ganado a costa de perder innumerables goles frente al arco. Por eso, de vez en cuando, le gustaba hacer sombra y darle a una bolsa colgada de una barra en el patio de su casa de infancia. Con mis hermanos, ahora, lo espiábamos ensayar a repetición el gancho de zurda ascendente contra nadie. Era su golpe preferido y en el que más confiaba. Por las noches, se ponía ropa de gimnasia y hacía cuerda y footing por los lagos de Palermo, cinco o seis kilómetros cada vez. Se había presentado a esa ronda clasificatoria sudamericana en silencio, a espaldas del mundo, muy bien entrenado, seriamente, a conciencia. Era una oportunidad única. Quien la ganara tenía como premio una pelea, aunque el título no estaría en juego, con el campeón mundial Floyd Patterson, en los Estados Unidos. De las cinco peleas ganó tres por nocaut, una por puntos y empató en la última con un colombiano. En el desempate, dicen que ganó por nocaut en el primer round. Ni La Razón ni El Gráfico le habían dado espacio a ese evento. Apenas breves reportes, que mi vieja había recortado y guardado, reparaban en la serie que mi viejo había ganado. Cuando llegó a casa un sobre con el billete de avión a Estados Unidos, no lo podíamos creer. ¡Un pasaje de avión en casa, a nombre de mi viejo! ¡A Nueva York! No, esto era de otro mundo, era demasiado. Desde el corazón de la radio la voz de Tito Caffarelli emergía ondulante: “Patterson es una máquina. Se apoya en su juventud y en su fuerza de voluntad. No luce fino, no es un estilista, pero tiene un golpe, “el puñetazo de la gacela”, con el que ha noqueado a tantos”. El gazelle punch consistía en agacharse con la pierna izquierda adelantada, dar un paso rápido hacia adelante y, mientras subía la guardia, golpeaba la mandíbula del rival con el puño izquierdo. El negro pegaba, entonces, con todo el peso de su cuerpo, con la fuerza de las piernas, con el envión de la cadera y la velocidad de los brazos, de modo que la piña resultaba mucho más potente. “¡Cuidate Aparato, cuidate!”, decía Caffarelli. Herrera viajó solo. No hubo dinero para nadie más. Se alojó en un hotel barato, cerca del Madison, en 36 entre Séptima y Octava, que la organización cubrió de punta a punta. Todas las mañanas, bien temprano, salía a correr por el Central Park. Un raro corriendo a esa hora. Luego regresaba al hotel, descansaba un rato, almorzaba abundante, siesta y vuelta a correr. A la caída de la tarde, en el gimnasio que le facilitaron, hacía guantes con un sparring bajo la mirada del técnico puertorriqueño, puesto, también, por la organización. Se sabe que no se puede subir al ring sin técnico y ayudantes que lo asistan, el reglamento no lo permite. Por las noches cenaba liviano a las ocho y a las nueve ya estaba durmiendo. En ese momento, la cabeza le daba vueltas, se llenaba con las imágenes de los crotos en las veredas de la ciudad, y que para él eran un impacto indescifrable. Así fueron los quince días previos a la pelea. En las pocas llamadas por teléfono que nos hizo, decía que su principal preocupación era no pasar vergüenza. No perder por nocaut en el primer round o no ser vapuleado y humillado por una andanada de golpes y terminar con la cara desfigurada en una ambulancia rumbo a un hospital. Por lo demás, confiaba, íntimamente, en que su gancho de izquierda al hígado tuviera su oportunidad. Aún me pregunto por cómo llegué hasta aquí. Miro la ciudad desde la ventana del hotel y me cuesta creer que estoy en Nueva York, en un piso veinte. Me da vértigo. Es una pena haber viajado solo, me hubiera hecho bien que alguien me acompañase, alguien con quien conversar. La única ventaja es que me concentro, hago mi trabajo, no me distraigo. Sé que tengo la parada más difícil de mi vida. Estar a la altura ya sería un triunfo para mí. Los días pasaban monótonos, parecían calcados. Mi viejo, nos había dicho, le temía a ese fenómeno, aunque no se lo decía a nadie; pensaba que podía hacerle perder concentración: entrenar todos los días, como nunca antes, lo llevaba a un estado de asfixia causada por la repetición. La última semana previa a la pelea se puso más movida. La tensión crecía. Lo entrevistaron de varias cadenas de televisión y de radio. Recién ahí pudieron saber de su cara. Ni Tito Caffarelli, que se había acercado al gimnasio a reportearlo, lo conocía. Es mejor así. Cuanto menos sepan de mí ayudará para que me consideren con más respeto o, al menos, con más curiosidad. Ser para ellos un signo de interrogación me divierte. Si llego a demostrarles que este don nadie tiene lo suyo, el desconcierto será aún mayor. El pesaje fue el viernes por la mañana en un hotel lujoso de la Quinta Avenida. Patterson llegó flanqueado de una runfla de asistentes, periodistas y fotógrafos que pugnaban por acercársele. El campeón lucía una bata roja, púrpura, que le daba un aura de rey mago. Mi viejo, que ya lo esperaba al pie de la balanza, vestía la bata de satén negro que mi vieja había hecho. En la espalda, con su fina y amorosa mano, bordó en arco la palabra APARATO, y abajo, una intimidad, MI NEGRO. Cuando los pusieron frente a frente para la foto, cruzaron las miradas terribles que daban cuenta de lo guapos que eran. Patterson le dijo: “Ratón, a vos te saco en el quinto. La hago durar hasta ahí para que la gente tenga un poco de espectáculo”. Después de que le tradujeran, mi viejo, dicen que se reía, que lo miró con sorna y que, con una cachaza sobradora, le respondió: “Y a vos quién te dijo que llegás al quinto”. Nueva traducción y el negro que se le va encima queriendo pegarle allí mismo. Tuvieron que sujetarlo entre varios de su troupe. Se fue caliente, vociferando amenazas. Los periodistas que presenciaron la escena, ni lerdos ni perezosos, y para calentar el horno, enviaron reportes a sus redacciones y a sus emisoras con titulares como “Aparato Herrera dijo que el campeón no llega al quinto”, “Patterson amenazado de nocaut”, “El amateur puso nervioso al campeón”. Por fin, en un espacio sin interferencias, volvió la voz de Tito Caffarelli, que eufórico decía: “Señoras y señores el Madison está lleno. Se ve que la cargada de Aparato Herrera en el pesaje fue eficaz. Como en las noches más importantes del boxeo mundial, una multitud colmó el estadio para ver cómo el campeón querrá demostrar por qué lo es. También se percibe cierta incertidumbre, causada por este desconocido peleador venido desde el suburbio del planeta; su atrevimiento despertó simpatía. Los memoriosos tienen presente a Firpo. Pero las apuestas son realistas: cincuenta a uno a favor de Patterson”. Sé que es difícil. Pensar en la posibilidad de dar la sorpresa me alivia, me da serenidad. Es lo que necesito. Sé muy bien de soledades y desamparos. Estar solo ha sido, en ocasiones, una compañía rara y profunda. Fue cuando más supe de mí. Estoy jugado, sin nada para perder. Ahí me hago fuerte. En el barrio de Belgrano la voz de Tito Caffarelli iba y venía, se perdía y reaparecía. Por momentos se estabilizaba durante unos minutos. Así pudimos escucharle decir que mi viejo saludaba al público haciendo la ve. Que algunos espectadores del ring side, sabiendo que era argentino, se habían acercado a preguntarle el porqué del gesto. Tito les decía que no lo sabía, que podía ser la ve de la victoria de Churchill o la de Perón vuelve. Por supuesto, se inclinaba por esta última. Me acuerdo cuando me llevaron a un pueblito perdido en el oeste riojano, Santa Cruz, cerca de la cordillera. Yo no sabía que me iba a quedar allí, lejos de mi familia, no entendía el motivo. Tenía siete años. Caffarelli, exultante, casi gritaba: “Sonó la campana. Segundos afuera. Primer round. Patterson va a buscarlo enseguida. Aparato evita el cruce, camina el ring, bailotea y hace juego de piernas. El negro tira golpes que se pierden o dan en los brazos bien juntos del argentino quien, en todo el round, no lanzó ningún golpe. El también lo estudia”. El segundo y el tercer round no pudimos escucharlo. La voz de Tito se perdía en el abismo del éter. Cuando apareció, de a ráfagas, supimos que habían tenido una diferencia respecto del primero: Patterson persiguiéndolo por todo el cuadrilátero y mi viejo esquivando y haciendo juegos de cintura. Caffarelli decía que el campeón estaba fastidiado porque su oponente rehuía la pelea. Hasta llegó a hacerle con los brazos el gesto callejero de “vení, peleá cagón”, al que mi viejo respondió con una sonrisa que enardeció al negro, que se le fue encima con una andanada de golpes que “Aparato” no pudo neutralizar. Un cross de derecha en el pómulo izquierdo lo tiró a la lona. Esperó a que la cuenta llegara hasta ocho y se levantó. Estaba consciente. El público, entusiasmado, se levantó y comenzó a alentar ruidosamente al campeón. Se estaba dando lo que había venido a ver. El olor a sangre lo enardecía. Desde el rincón, el puertorriqueño le decía que lo estaba haciendo bien, que no se preocupara, que siguiera manteniendo la distancia con el jab de izquierda, que evitara el golpe por golpe, que siguiera bailoteando y no le diera en ningún momento un frente pleno, siempre mostrándole un perfil. El repuesto Caffarelli nos recordaba que Patterson era el campeón, y que con su astucia y la variedad de golpes que tenía, en la mitad del cuarto round conectó otro directo de derecha en el centro del rostro del argentino. Como su apodo lo indicaba, y así lo relató Caffarelli, mi viejo cayó otra vez, aparatosamente. Todos pensaron que no se iba a levantar más, que la pelea llegaba a su fin, que Patterson anticipaba en un round la advertencia - amenaza que había hecho. Pero no, gritaba Caffarelli. Nuevamente, “Aparato” esperó a que el árbitro contara hasta ocho y se levantó. Se cree que me tiene liquidado. Se equivoca. Voy a salir de ésta. Todavía no sabe quién soy y cuánto puedo resistir. No se la voy a hacer fácil. Luego de que el juez le limpiara los guantes, comenzó a caminar el ring para seguir ganando segundos. Patterson lo persiguió decidido a rematarlo, tan confiado se sentía que lo sacaba, que se avalanzó con la guardia baja, y en eso mi viejo se paró de golpe, dio media vuelta y bien de frente le aplicó un uno dos a la cara seguidos de un uppercut al mentón. El Madison enmudeció. Sólo se oía en el estadio la voz de Caffarelli: “Nadie creía que fuéramos a ver lo que estamos viendo: el campeón del mundo de rodillas en la lona”. Alcanzó a levantarse y sonó para él el gong salvador. La voz de Caffarelli adjetivó desmesurada: “¡¡un round electrizante, impactante, tres minutos que duraron un siglo, una batalla épica!!” Parecía que los boxeadores, el relator, los oyentes, estábamos un tanto exhaustos. Se suponía, entonces, que recuperado y herido en su amor propio y alentado por su gente, el negro, finalmente, cumpliría con su palabra. Se iniciaba el quinto round, en este iba a noquearlo. Cuando Caffarelli mencionó esto, mi vieja, de tan nerviosa que estaba, no quiso seguir escuchando y se fue a su habitación. Quedé solo. Como el frío insistía, avivé las brasas y calenté un mate cocido que acompañé con galletitas y un pedazo de queso. Tenía miedo, un leve temblor en todo el cuerpo se volvió ingobernable. Apuré el mate cocido y serví otro. La noche prometía ser más oscura todavía. Me pregunté por lo que estaría pensando mi viejo en ese momento. Va a salir a matarme. Sus propias palabras lo presionan para que las cumpla. Si no lo logra, la gente, que apostó a que me noqueaba en el quinto, se lo va a hacer notar. Tengo que sacarle el cuerpo y esperar mi oportunidad. Si paso este round la cosa mejorará para mí. Tenete fe Armando. Recién al minuto y medio de ese quinto round reapareció la voz de Caffarelli que decía: “Aparato se defiende con la guardia cerrada. Patterson insiste con una seguidilla de golpes al cuerpo que Herrera asimila bien. El negro lo quiere tirar en esta vuelta. El público comienza a gritar pidiendo que lo saque. Dramático momento para el argentino que de manera un tanto suicida acepta el cambio de golpes. Se oyen los gritos del puertorriqueño que le pide que tome distancia. Aparato sangra de la nariz. Se mantiene en pie. Termina el round. Patterson no pudo cumplir con su promesa”. Con esto algo ya gané, y él algo ya perdió. Estoy bien, el aire entra fácil. Las piernas responden. Tengo que mostrarle que no pudo. El sexto el séptimo y el octavo casi no pude oírlos. Sentía que me sumergía en un pozo negro de desesperación. Solo en esa cocina casi no podía conmigo mismo; tomado por la impotencia tuve que hacer un esfuerzo extremo para no descargar la furia sobre la radio. Pulsando suavemente la perilla del dial busqué la sintonía que el ojo mágico no encontraba. Poder oir me acercaba a mi viejo y así lo acompañaba. La transmisión retornó borrosa, la voz de Tito Caffarelli emergía apenas de la masa ruidosa de las interferencias. Supe entonces que mi viejo había caído tres veces, una en cada round, y que estaba maltrecho por el castigo que estaba recibiendo. El negro le había abierto una herida profunda en la ceja izquierda, de la cual manaba abundante sangre que en el rincón no podían parar. Se temía que el árbitro detuviera la pelea y declarase ganador al campeón por nocaut técnico. Pero no sucedió. Mi viejo salió al noveno con el sólo propósito de aguantarlo y llegar así al décimo final. Caffarelli, que parecía, también él, ya fatigado de relatar una pelea que, se dijo, iba a durar la mitad de lo que se había extendido, no sabía cómo modular la euforia que sentía porque Aparato había llegado hasta ese tramo de la pelea. Y decía, al terminar el asalto: “Estimados compatriotas, asistimos a un encuentro fenomenal, desparejo, sí, pero con un púgil argentino que está mostrando una entereza admirable, que ya se ganó el respeto de este público incrédulo ante lo que está viendo. Aparato Herrera con esta pelea, escribe una página gloriosa del boxeo nacional. Nunca antes me había tocado relatar un duelo tan emocionante”. No es con vos Patterson. Me doy cuenta de que no es con vos. Vos sos negro y yo soy cabecita negra. En mucho nos parecemos. Fuiste pobre, yo soy pobre. Ya le peleaste a la vida y ganaste. Yo, todavía no. Yo todavía la sigo remando. Sigo pegándole para saber si la ablando un poco. Sé que me vas ganando, pero no como vos querías. No te voy a dejar. Décimo y último round. Milagro radial: la transmisión se escucha nítida, sin interferencias. La voz de Caffarelli, como los cuerpos de los boxeadores, saca fuerzas de donde no la tiene. “Amigos de Argentina, el Madison explota, aturden los gritos de la gente, el volumen es ensordecedor. Los dos púgiles se saludan chocando los guantes. En seguida Patterson va a buscarlo para liquidar el pleito de una buena vez. Se nota la rabia del campeón. Aparato sigue sangrando de la ceja izquierda y notamos que el ojo derecho lo tiene entrecerrado, tumefacto, casi no ve el crédito de Belgrano. El negro lo encierra en un rincón y con un gancho ascendente al mentón logra derribar al argentino, quien se levanta rápidamente. Patterson arremete decidido y coloca un jab de izquierda seguido de un directo a la frente de Herrera que cae nuevamente. El árbitro llega hasta ocho y Aparato se levanta. Es increíble la resistencia de este muchacho. Está sentido, me parece que no llega a terminar la pelea”. No te voy a dejar. No te voy a dejar. No te voy a dejar. “Intercambian golpes. El campeón está mucho más entero. Lo lleva a un rincón. Aparato se agazapa, se defiende, esquiva todo lo que puede. Patterson golpea con furia, vuela el protector bucal de Herrera y puede verse cuánto sangra por la boca. Da un paso atrás el negro para tomar distancia y aplicar un golpe más certero. Aparato ve el flanco derecho al descubierto y con el último aliento que le queda y con todo el amor propio que le sobra, lanza el gancho de zurda ascendente al hígado. Seco, preciso, único. Y el negro queda paralizado, con la boca abierta, sin aire, encorvado, con un gesto en la cara de sorpresa desesperada y se va de cara a la lona. Una exclamación de silencio atronador cae sobre el estadio”. Mi viejo, bamboleante y por la poca visión que tenía se equivoca de rincón. El árbitro lo lleva al que corresponde y comienza la cuenta: “one, two, three, four, five”. Mi viejo oye lejana la voz del juez que sigue: “seven, eight”. La voz se va perdiendo en una bruma que va ganando su conciencia. No alcanza a escuchar el “out”.

  • Loco afán / Pedro Lemebel

    Texto leído como intervención en el encuentro de Félix Guattari con alumnos de la Universidad Arcis, el 22 de mayo de 1991, publicado en Loco afán. Crónicas de sidario. 1996, LOM ediciones, Santiago de Chile / 2000, Anagrama, Barcelona. Vadeando los géneros binarios, escurriéndose de la postal sepia de la familia y sobre todo escamoteando la vigilancia del discurso; más bien aprovechando sus intervalos y silencios; entremedio y a medias, reciclando una oralidad del detritus como alquimia excretora que demarca en el goce esfinteral su crónica rosa. Me atengo a la perturbación de este aroma para comparecer con mi diferencia. Digo minoritariamente que un meollo o ranura se grafía en su micropolítica constreñida. Estítica por estética, desmontable en su mariconaje strip-teasero, remontable en su desmariconaje oblicuo, politizante para maricomprenderse. Desde un imaginario ligoso expulso estos materiales excedentes para maquillar el deseo político en opresión. Devengo coleóptero que teje su miel negra, devengo mujer como cualquier minoría. Me complicito en su matriz de ultraje, hago alianzas con la madre indolatina y «aprendo la lengua patriarcal para maldecirla». Parodiando su verticalismo, oblicuándome una vez más desde las peluquerías y barriales de la hermandad travesti. Sacudiéndonos las plumas del derrumbe ideológico que jamás nos contuvo. Más bien para que el viento de la fuga utópica no nos alcance con su depresión. Porque nunca participamos de esas causas liberacionistas, doblemente lejanos del Mayo 68, demasiado sumergidos en la multiplicidad de segregaciones. Porque la revolución sexual hoy reenmarcada al estatus conservador fue eyaculación precoz en estos callejones del tercer mundo y la paranoia sidática echó por tierra los avances de la emancipación homosexual. Ese loco afán por reivindicarse en el movimiento político que nunca fue, quedó atrapado entre las gasas de la precaución y la economía de gestos dedicados a los enfermos. Poco o nada que hacer con este hospital de naufragio varado en nuestra deshilachada costa. Un movimiento gay del que no participamos y sin embargo nos llega su resaca contagiosa. Una causa del mundo desarrollado que ojeamos a la distancia, demasiado anal-fabetos para articular un discurso. Demasiadas trenzas sueltas coqueteándole al poder, demasiados penes cesantes para preocuparse de otra cosa. Enclaustrados en la sordidez del gueto cosiendo la pilcha para la discoteca clandestina o echándole el guante a un poblador en el terciopelo raído de un rotativo. Mientras en Valparaíso los travestis eran arreados a culatazos a los barcos de la marina, para nuestra memoria la película de Ibáñez y su crucero del horror. Pero entonces nadie creía que eso era cierto, y por último; esos cuerpos escarchados de moretones eran desechos ordinarios de la homosexualidad criolla que ojeaba en las revistas de moda las imágenes importadas del gay parade internacional. Soñándose en California o juntando las chauchas para participar de esa euforia. Tan distante de esta realidad ilegal de crímenes impunes, del goteo de maricas charqueados por la tinta roja de algún diario, expuestos en su palidez de castigo como reiteración de las puñaladas en el borde plateado de costilla apátrida. Cadáveres sobre cadáveres tejen nuestra historia en punto cruz lacre. Un cordón de costras borda el estandarte de raso revenido en aureolas de humo que desordenaron las letras. Separando en estratificaciones de clase a locas, maricas y travestis de los acomodados gays en su pequeño arribismo traidor. Doble marginación para un deseo común, como si fueran pocas las patadas del sistema, los arañazos de la burla cotidiana o la indiferencia absoluta de los partidos políticos y de las reivindicaciones del poder homosexual que vimos empequeñecido por la lejanía. Aterrados por el escándalo, sin entender mucho la sigla gay con nuestra cabeza indígena. Acaso no quisimos entender y le hicimos el quite a tiempo. Demasiados clubes sociales y agrupaciones de machos serios. Acaso estuvimos locas siempre; locas como estigmatizan a las mujeres. Acaso nunca nos dejamos precolonizar por ese discurso importado. Demasiado lineal para -nuestra loca geografía. Demasiada militancia rubia y musculatura dorada que sucumbió en el crisol pavoroso del VIH. Entonces, ¿cómo hacernos cargo hoy de dicho proyecto? Cómo levantar una causa ajena transformándonos en satélites exóticos de esas agrupaciones formadas por mayorías blancas a las que les dan alergia nuestras plumas; que hacen sus macrocongresos en inglés y por lo tanto nuestra lengua indoamericana no tiene opinión influyente en el diseño de sus políticas. Asistimos como hermanos menores, desde nuestro tartamudeo indigenista, Decimos si sin entender, acomplejados por el relámpago pulcro de las capitales europeas. Nos pagan pasaje y estadía nos muestran su mundo civilizado, nos anexan a su pedagogía dominante, y cuando nos vamos, barren nuestras huellas embarradas de sus alfombras sintéticas. Cómo reconocernos en la estética gas, azulada, torturante en los pezones atravesados por alfileres de ancho. Cómo complicitarnos con esos signos masculinos falopizados en cuero, cadenas y todos sus fetiches sadomasoquistas. Cómo negar el mestizaje materno con estas representaciones de fuerza que hoy se remasculinizan en paralelismos misóginos adheridos al poder. Lo gay se suma al poder, no lo confronta, no lo transgrede. Propone la categoría homosexual como regresión al género. Lo gay acuña su emancipación a la sombra del «capitalismo victorioso». Apenas respira en la horca de su corbata pero asiente y acomoda su trasero lacio en los espacios coquetos que le acomoda el sistema. Un circuito hipócrita que se desclasa para configurar otra órbita más en torno al poder. Quizás América Latina travestida de traspasos, reconquistas y parches culturales -que por superposición de injertos sepulta la luna morena de su identidad- aflore en un mariconaje guerrero que se enmascara en la cosmética tribal de su periferia. Una militancia corpórea que enfatiza desde el borde de la voz un discurso propio y fragmentado, cuyo nivel más desprotegido por su falta de retórica N, orfandad política sea el travestismo homosexual que se acumula lumpen en los pliegues más oscuros de las capitales latinoamericanas. Tal vez lo único que decir como pretensión escritural desde un cuerpo políticamente no inaugurado en nuestro continente sea el balbuceo de signos y cicatrices comunes. Quizás el zapato de cristal perdido esté fermentando en la vastedad de este campo en ruinas, de estrellas y martillos semienterrados en el cuero indoamericano. Quizás este deseo político pueda zigzaguear rasante estos escampados. Quizás éste sea el momento en que el punto corrido de la modernidad sea la falla o el flanco que dejan los grandes discursos para avizorar a través de su tejido roto una vigencia suramericana en la condición homosexual revertida del vasallaje.

  • Okupar la bandera en la Revuelta. / Astier Folie Vladimirovich

    Okupar la bandera en la Revuelta. Continuidades y rupturas en acciones estético políticas Podemos pensar que una de las acciones que acompañan desde el 18 de octubre de 2019 la revuelta en Chile consiste en la disputa por los símbolos patrios: monumentos, consignas y la bandera chilena en tanto representaciones del Estado y de la patria. En muchos casos se tratan de intervenciones estéticas intencionales por parte de colectivos y artistas con privilegios de clase (¿cuicos?) y en muchísimos otros, se tratan de de acciones espontáneas realizadas al fragor de lo que va pasando, nacidas del dolor y la rabia. Estas acciones se puede observar tanto en las intervenciones sobre la cueca, baile nacional chileno, como en las intervenciones sobre la bandera nacional, así como también en la recuperación de las consignas del plebiscito y la disputa en torno a los monumentos patrios. Un compañero partícipe de la revuelta, J.C, nos contaba que la izquierda más revolucionaria, la que se armaba en los `80, usaba banderas chilenas junto con sus banderas de partido. Las banderas acompañaban el grito "Patria o Muerte, venceremos" del MIR. Nos decía: “Todavía me acuerdo del momento exacto en los `90, justo en universidades bien combativas, se hacían salidas a la calle. Un día del “Joven combatiente” estaban los encapuchados de la izquierda tradicional y los encapuchados anarquistas, que era un fenómeno reciente. Y me acuerdo que sacan una bandera española, bencina y se prende, aplausos. Bandera yanqui, lo mismo. Y después de un rato, sacan la bandera chilena, se provoca un silencio. Empiezan a echarle bencina y los de la izquierda “no conchatumadre, muchos compañeros han muerto por esa bandera”. Y todos los otros, “¡quémala, quémala!”. Y la prendieron. A partir de ahí, la juventud rebelde de Chile nunca más honró esa bandera sino que la quemó, la rayó, la usó invertida”. En relación con el presente de revuelta, J.C nos cuenta: “Lo que pasa ahora en la revuelta es que la gente ocupa la bandera. En las protestas yo la veía pero por alguna razón ya no me molestaba tanto. Antes uno veía a alguien con una bandera y decía “fascista de mierda”, y ahora en medio de las batallas hay banderas negras y también banderas chilenas. Y bueno, si están acá…” Otro testimonio que podemos mencionar es del joven de la ya reconocida bandera baleada que está presente en todas las manifestaciones: “Soy diseñador industrial y paisajista. Tengo 29 años, pero el 18 de octubre pasado volví a nacer. Ese día me di cuenta que tenía una misión en la vida. Mi misión es ir a todas las marchas con una bandera chilena baleada. Una bandera con agujeros sin texto alguno, que se me ocurrió crear para que flameara entre la multitud. Es penca representar a ese Chile 2019: herido, mutilado. Pero a la vez he vivido momentos tan emotivos durante las manifestaciones gracias a esa bandera, que siento que me cambiaron para siempre. Mis padres son de ultra derecha. Mi mamá fue de las que hizo la fila para despedir a Pinochet cuando murió, y sin embargo estoy aquí, ahora, tan lejos de todo eso”. J.C. describe el trayecto de la ocupación de la bandera en la revuelta: “La primera ocupación que tuvo fue la bandera chilena con muchos hoyos y después aparece tal cual pero en negro, manteniendo líneas blancas. Y de ahí en pocos días se pasó a una completamente negra pero con la estrella lo cual es casi idéntica a la bandera tradicional mapuche con el lucero. Finalmente la bandera negra tomó la bandera chilena y la convirtió no ya en una referencia a República o Estado alguno, sino en la bandera del cielo estrellado en la noche”. Nos resulta interesante observar y situar ciertos juegos de puesta en acto de una memoria histórica de las luchas con respecto a estas disputas por la ocupación de la bandera y sus sentidos en tanto momentos que, aún sin saberlo, resuenan y actualizan batallas que se vienen dando desde hace tiempo. Acciones estéticas, en este caso, que producen un tajo por el que estallan a borbotones referencias del pasado que, muchas veces, se viven como novedosas pero que cargan con la fuerza de insistencias y saberes en acto sobre formas de dar la lucha y resistir. Observamos en las paredes que acompañan la revuelta y que sirven como espacios de denuncia múltiples referencias a la ocupación de la bandera chilena. En lo que se refiere a las inscripciones que podemos encontrar en esta disputa por la bandera, hacia 1979 se constituye en Santiago la Agrupación de Plásticos Jóvenes (APJ) como una plataforma de creación encabezada por Havilio Pérez y Alberto Díaz y conformada principalmente por estudiantes universitarios que confluyen en una práctica estética disidente. Sostenían cuatro líneas de trabajo: muralista, gráfica, escenografías y acciones de arte en el espacio público (acciones directas). Estaban organizadxs en asambleas periódicas, que funcionaban como instancias de coordinación, elaboración conjunta y, también, de aprendizaje y formación paralela a la académica. Trabajaban con equipos que se formaban y reformulaban en forma contingente, en función de las acciones y tareas que asumieran. Tuvieron como formato privilegiado el afiche, produciendo un quiebre en los códigos visuales del cartel político de los setenta, desarrollado durante la Unidad Popular. Realizaron operaciones de descontextualización y desmontaje simbólico utilizando la bandera chilena como símbolo como se observa en las imágenes Pliego nacional de los trabajadores, 1° de Mayo y En materia de orden general, realizadas por la agrupación en 1981. Existen también las obras realizadas por la escritora, editora y performer chilena Eli Neira (Santiago, 1973), quien con una serie de performances pone a trabajar los discursos netamente políticos desde una poética del cuerpo que se inscribe en el linaje de Las yeguas del apocalipsis y que participa de lo que hoy se conoce como post porno. Dice en algún reportaje: “Al principio me causaba un poco de pudor, encontraba que era mucha la exposición, pero me di cuenta que en realidad, si yo asumía que el cuerpo era un panfleto, la sexualidad pasaba a ser también un discurso y al estar también en una instancia literaria, no es lo mismo.” Desde estas coordenadas Eli Neira, nacida en una población de Santiago, pone en escena desde la materialidad corporal, acciones referidas a la intervención del Estado chileno sobre todos los cuerpos, al mismo tiempo que interpela los imaginarios construidos en torno a los símbolos patrios. En relación con la bandera chilena podemos situar las performances “Nunca salí del Horroroso Chile I, II y III” y “Enemigo interno” desarrolladas entre 2008 y 2013. Nunca salí del Horroroso Chile Parte I (Casa Rosada, 2008) consiste en un encuentro de lectura poética con otrxs artistas, en la que ella ingresa vestida de negro con los ojos vendados con la bandera chilena y una vela encendida en un candelabro. Camina hacia una silla, en el piso se encuentran tres piezas de ropa interior femenina con la frase “Orden y patria”. Se rasura las axilas y el pubis y quema el bello en la vela apagándola. Envuelve la vela con la bandera, la cubre con un preservativo y, cual dildo, la introduce en su vagina al tiempo que se escucha un poema recitado con la voz hilarante de una de sus ayudantes que dice: Quisiera inmolarme Frente a tu casa Frente a madre Frente a tu hermana Y Arder arder Corazón de kerosene… Relata en una entrevista “Nunca salí del horroroso Chile es un poema de 1979 que aparece en A partir de Manhatan donde Linh hace referencia que a pesar de los exilios y el mundo, hay un dolor que tiene que ver con la patria y su castigo que se lleva siempre. Cuando yo hice esta obra pasaba por la misma reflexión, luego de haber viajado y regresado y constatar que hay una forma de la violencia que no se olvida ni se borra y que en el mejor de los casos pasa a formar parte de una dolorosa identidad para mí entonces meterme la bandera es un gesto violento que tiene que ver con esa violencia infligida desde el estado o desde una idea de estado totalitaria que no se borra con los viajes ni con el mundo y que permanece dentro de uno inconsciente o conscientemente. Esta obra se trata de hacer visible esa herida que nos infligieron a los chilenos quizás desde hace mucho más tiempo del que creemos. Obviamente en mi caso tiene que ver con la dictadura pero tal vez se remonta más allá. “. Nunca Salí del Horroroso Chile Parte II: (Septiembre 2008) Video de siete minutos realizado en el Centro de Arte Experimental La Perrera, en Santiago de Chile en un espacio en ruinas donde se encuentra la artista desnuda una máscara de luchador recostada en una camilla donde extrae de su vagina una bandera chilena mientras se escucha el recitado de un poema que va invirtiendo la letra del himno nacional aludiendo directamente a los asesinatos producidos durante el golpe militar. El Enemigo Interno: (Mayo 2012), performance realizada en el II Encuentro de Arte Acción, Escena Fractal. Santiago de Chile. La artista, con un vestido blanco con la bandera como sobrefalda, botas de goma y máscara de luchador ingresa al espacio en ruinas y se pasea leyendo fragmentos de la Constitución de Chile, luego hace caca sobre ella. Nunca Salí del Horror III: (Septiembre de 2013) realizada con motivo de los 40 años del golpe de Estado de Pinochet, la artista extiende en el piso la bandera chilena sin estrella y con un ladrillo la golpea mientras cuenta desde 1973 hasta 2013. El ladrillo se va quebrajando hasta quedar destruido sobre la bandera. Eli Neira se inscribe en el linaje de Las yeguas del Apocalipsis quienes realizaron una serie de obras-performances- acciones como vehículo y lenguaje para denunciar injusticias y violencias. Una de estas intervenciones La conquista de América, realizada por Pedro Lemebel y Francisco Casas el 12 de octubre de 1989 en la Comisión de Derechos Humanos, interfiere sobre otra acción de denuncia de fines de los 70, la cueca sola. La composición de “La cueca sola” de Gala Torres, dedicada a su hermano detenido desaparecido, introdujo en la estructura de la cueca una letra de lamento y denuncias que fue acompañada con el baile tradicional con una variación: la mujer bailaba sola y desolada, con la foto de su marido detenido desaparecido en el pecho. Se rompía así con el espíritu de conquista y flirteo que trae ese baile, declarado como baile nacional por la dictadura de Pinochet. El conjunto folclórico de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) se presentó por primera vez el 8 de marzo de 1978 en un acto para conmemorar el Día Internacional de la Mujer en el Teatro Caupolicán de Santiago de Chile. Cueca sola a su vez intervenida cuando Francisco Casas y Pedro Lemebel, walkman sonando, la bailan sobre un mapa de Latinoamérica con vidrios desparramados de una botella de Coca Cola que, paso a paso, cortaba sus pies y manchaba el mapa con sangre. Esta conquista y baile seductor entre yeguas alude tanto a los cruces por la sangre de la violencia política, de los asesinatos de gays, lesbianas, travestis y trans no denunciados por los organismos de derechos humanos y de la transmisión del sida, así como también a la superposición entre colonización del territorio y de las corporalidades. Vidrios, sangre, dictadura, SIDA, duelo, deseo, sometimiento, liberación, denuncias. Ya alejadas de la cueca, el baile colectivo viralizado Un violador en tu camino, donde se reafirma que “el estado opresor es un macho violador” y se enlaza con la velocidad de un golpe seco: dictadura y patriarcado, violaciones a los derechos humanos y violaciones a mujeres, lesbianas, travas, trans, gays, violaciones del estado, la iglesia, los machos, los pacos. Se enlaza las viejas luchas con las actuales y, al mismo tiempo, se busca destituir toda forma que no contenga lo que esta revuelta reclama. Podemos pensar que en estos diálogos viajan advertencias a tener en cuenta que, aunque no lo sepamos y aunque no nos interese saberlo, las luchas insisten en fuerzas e invenciones que saben de hacer visible lo visible: aquellos símbolos utilizados por el Estado para producir opresión, dominación, atontamiento, sometimiento y homogeneidad se están agotando. Creemos que en los gesto de intervenir la bandera y otros símbolos patrios viajan, de diferente manera, la fuerza de la historia de las resistencias en las que podemos inscribirnos, aún ante el riesgo de que denuncias y protestas queden ofrecidas y se encuentren fagocitadas , como muchas vidas, por el espectáculo. Actualización de una memoria en acto para expandir libertades y potenciar resistencias que pueden dormir por más de 40 años, quizás como compás de espera que acopia las energías necesarias para esta vez gritar, por fin, que muchxs ya no queremos vivir con esta normalidad ni con ninguna otra porque, sabemos, funcionan como herramientas de opresión.

  • Atlas / Vicente Quintreleo

    Yo soy un Chile desconocido para ti, pero aquí estoy para que conquistes todo su territorio. Recorre mi cuerpo como si recorrieras este país tan extenso y variado. Recorre el desierto de mi boca seca y hazla florecer, como el Atacama tras la tormenta altiplánica. Recorre los valles que forman mi cuello, mi torso desnudo, mis latidos poéticos como tantos frutos de vates que se sembraron en esta fértil zona. Avanza hacia mi púbica zona central, llena de Valparaísos, Islas negras, Canelos y Cartagenas. Toca mis muslos, que son como el Maule y mis piernas frondosas como la selva valdiviana, y mis pies gélidos, en estas noches, como el Coyahique que se instala bajo tus sábanas. Te doy de Chile mis ojos, para que puedas ver aquellos lugares de los que tanto te he contado. Te doy de Chile mis manos, para palpar las alegrías y sufrimientos que vive mi pueblo. Te doy de Chile mis pies, para que recorras desde el desierto a la región más austral, de costa a cordillera. Te doy de Chile sus rincones, sus secretos, su olor a tierra mojada. Te doy de Chile mi alma, que se queda en este espacio que habitamos juntos, Porque nuestro país no lo determinan documentos sino la construcción de nuestros sueños, en la acción de un caminar juntos de la mano.

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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