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  • Derechos (después de los manicomios) / Marcelo Percia

    Consignas A las luchas contra las servidumbres del capital, del colonialismo, del patriarcado, conviene incorporar la lucha contra las sujeciones de la normalidad. ¡Demasías no enferman, normalidades sí! Evocaciones Resulta inevitable que hablas clínicas desemboquen en la cuestión de las leyes, la justicia, el derecho. Estas páginas comienzan por mencionar derechos no jurídicos que provienen de enseñanzas cercanas: derecho a la fantasía (Pichon-Rivière), derecho a las mateadas (Moffatt), derecho a la ternura y al miramiento (Ulloa), derecho a jugar (Pavlovsky), derecho a pensar (De Brasi), derecho a la poesía (Zito Lema). Bóvedas Lacan (1955-1956) piensa que en las psicosis el inconsciente está en la superficie: a cielo abierto. Sin represión. Carente de frenos, disfraces y olvidos. El tinglado de demasías se llama normalidades. Reclusiones Tras largas internaciones que apartan, ocultan, olvidan, asistimos a otro escenario: el del desparramo de sensibilidades excedidas. Se comienza a entrever que las ciudades se configuran como encierros a cielo abierto. Perímetros de miedos, violencias, amenazas. Derribados los muros, manicomios extienden sus vigilancias, controles, castigos, por todas partes. Lagunas Entre civilizaciones sin manicomios y vidas después de los manicomios todavía habitamos tiempos intermedios. Antonio Gramsci (1929-1935) escribe en sus cuadernos de la cárcel: “La crisis consiste en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: en este interregno, aparecen diferentes síntomas de enfermedad”. Momentos de interregno suspenden eficacias de los poderes, entonces -en esos mínimos intervalos- se abren oportunidades para des aprender modos de vivir establecidos. Manicomios no terminan de desaparecer y otras formas de estar en común entre demasías liberadas apenas comienzan a vislumbrarse. Cenizas No alcanza con incendiar instituciones totales. Nunca más manicomios, supone nunca más represión de las rarezas, las anomalías, las discrepancias, las disidencias, las demasías. Chispas La expresión vidas después no designa una circunstancia de pasaje en el tiempo. La palabra después, en este enunciado, trabaja más como adjetivo que como adverbio. El después, en este caso, califica vidas resabiadas. Vidas deshabituadas, desenredadas de las costumbres, con mañas y astucias para rebuscárselas. Vidas, con candores y recelos, que han sobrevivido a intemperies, vacíos, desamparos. A desamores y a todas las drogas. Lecciones La civilización que conoció Auschwitz, ¿qué aprendió en más de cien años de encierros?, ¿qué supo de exterminios, exclusiones, expulsiones, privaciones, violencias, abusos, violaciones?, ¿qué entendió de alcoholes, pastillas, angustias, tristezas, ausencias? Locuciones Este capítulo trata -extendiendo una idea de Austin (1955)- de derechos performativos, antes que jurídicos. Derechos que se proponen como actos de futuras insurgencias clínicas. Derechos que realizan y avispan potencias por el solo hecho de enunciarse. En estas páginas se ofrecen como derechos performativos enunciaciones que adelantan lo por venir. Si se dice no olvidaremos este instante, en el hecho de estar diciéndolo, el instante señalado se vuelve inolvidable. No importa verificar el enunciado dentro de cien años. Derrida (1989) destaca a propósito del derecho que las fuerzas performativas actúan como “fuerzas persuasivas y retóricas”. Los enunciados que siguen más abajo se presentan como promesas y apuestas urgentes. Aunque los derechos sugeridos se podrían componer y descomponer de muchas maneras hasta devenir innumerables. Discrepancias Quizás un día se declare el derecho a las demasías. Al brote de intensidades sensibles sin capturas patológicas. Al arrojo en la demasiada vida. Al estar en común sin mensuras afectivas y morales coercitivas. En derecho administrativo, se denomina usuario al destinatario de servicios públicos. También se establece la participación de usuarios, a través de sus organizaciones, en la gestión de esos servicios. El enunciado usuarios de salud mental instaló la idea de que las sensibilidades que sufren tienen derechos. En el pasaje de la idea de pacientes a la de actores sociales con derechos ciudadanos reside una discusión todavía inacabada. En el porvenir, ¿se empleará la palabra usuarios para mencionar a destemplanzas que requieran servicios de salud mental? ¿Se apelará a las ideas de servicios, mente, salud? ¿Se confiará en la idea de humanidad (en nombre de la que se cometen crimines tremendos)? Dos citas de Susy Shock (una del 2011, otra del 2017): “Reivindico mi derecho a ser un monstruo ¡Que otros sean lo Normal!”. “No queremos ser más esta humanidad”. Quizás en tiempos venideros se piensen sensibilidades. Quizás un día se declare el derecho a vivir, a existir, a estar en demasías. Actos clínicos, no atienden pacientes, enfermos, usuarios, clientes, consumidores; merodean -con ternuras habladas- demasías. Quizás en el porvenir se atiendan sensibilidades vivas: afectos antes que personas. Tal vez se alojen intensidades que no pertenecen a alguien, aflicciones que vagabundean, pesadumbres negadas de la civilización. Así como tierras, aguas, brisas, montañas, bosques, se pensarán como sujetos de derecho, se solicitarán derechos a las demasías. Demasías viven en común con todas las sensibilidades vivas. Conquistas Quizás un día se declare el derecho a no tener que ganarse la vida. Alguna vez todas las sensibilidades tendrán derecho a recibir un ingreso económico que permita vivir, por el solo hecho de existir. Un ingreso sin condiciones, no subsidio ni pensión estigmatizadora. Entonces, la vida en común estará garantizada sin que las existencias que hablan tengan que padecer o hacer nada. Ni tampoco se vean conminadas a reinserciones, rehabilitaciones, resocializaciones según patrones comunitarios que someten o expulsan. Se terminará con la idea de que hay que ganarse la vida trabajando. Solo se trabajará por gusto, placer, porque sí. El trabajo como vehículo de la ambición de acumular dinero, prestigio, poder, no se impondrá como único sentido. La idea de ganancia individual estará disponible como excedente innecesario o arrogancia de quienes todavía deliren grandezas. La sentencia de que hay que ganarse la vida sobrevuela como extorsión de la civilización. Como amenaza de que se la puede perder. Así, se enhebra la imposición de trabajar como carga, infortunio, castigo. Inevitables. La vida no se recibe como regalo, como don, como derecho. Proliferaciones Quizás un día se declare el derecho a la irreductibilidad. Una convicción en común que afirme que la vida no puede reducirse a un compendio de explicaciones. Que ninguna existencia puede quedar ceñida a diagnósticos, clasificaciones, desciframientos, ejecutados por un poder. Una convicción, tejida entre proximidades, que acentúe que las potencias de lo vivo residen en la indeterminación y en la inconmensurabilidad. Una convicción, hilada entre cercanías, que impida que se condenen sensibilidades a tener que cargar con identidades que estrechan el porvenir. No hay una historia ni miles, sino infinitas composiciones posibles. Padecemos reducciones espantosas realizadas a través de lenguas triunfantes, géneros, clases sociales, territorios colonizados. Posteridades pensarán una clínica como expansión de lo incomprensible. Y como custodia de lo indescifrable. Doctas Quizás un día se declarare el derecho al poco saber. Sobre las vicisitudes de la vida en común cualquier saber tiene gusto a poco. En una reunión con todas las especialidades médicas en un hospital general, una voz dice: “Sí, las chicas de salud mental vienen al servicio cada vez que las necesitamos, muy dispuestas escuchan al equipo y conversan con los pacientes, pero lo que hacen sabe a poco. No resuelven los problemas que tenemos. No traen soluciones”. Poco saber no significa escaso saber, alude a lo ilimitado, inalcanzable, inconcebible del saber clínico. Estar en posición de poco saber previene omnipotencias, soberbias, individualismos profesionales. Estar en posición de poco saber no equivale a saber poco. Saber poco revela negligencia, desinterés, indiferencia, celebración del sentido común. Mientras que la posición de poco saber -que requiere devaneos, estudio, discusiones compartidas- apuesta a la potencia del diálogo clínico, antes que al poder de un saber. La idea de poco saber se precipita pensando en situaciones de equipos clínicos. Pero, ¿a qué se sigue llamando equipos? A las cercanías entre variaciones. A las proximidades que se entrelazan cuando potencian saberes y se desenlazan cuando se juegan solo poderes. La idea de equipo, como utopía, perdura como posibilidad hasta que queda astillada por imperativos de dominio que capturan tarde o temprano susceptibilidades que piensan. Si se dijo que el saber poco incurre en apatía y en no implicación, su contrario el saber mucho alardea suficiencia como logro individual. El saber mucho, cuando se trata de alojar demasías, se presenta como una de las peores formas de ignorancia. Si se pretende dar con una cura para la enfermedad de Chagas se necesita mucho saber; pero si trata de estar en cercanía con la angustia, se necesita la posición de poco saber. Saber mucho equivale, cuando se trata del vivir, a jactancia y necedad. La posición de poco saber se aprende en interminables discusiones con otras agudezas clínicas. La posición de poco saber comienza como transmisión oral. Se aprende cuando muchas perplejidades expresan, en voz alta, dudas y desánimos. Cuando se escucha cómo trabajan, cómo piensan, cómo actúan, cómo hablan, sensibilidades clínicas que intentan alojar demasías sin normalizarlas, se tiene -recién ahí- dimensión de la posición de poco saber. Saber que sabe de lo ilimitado. Saber que piensa la clínica como simultaneidad de pocos saberes que se componen entre sí. Se podría pensar un equipo como aquelarre de oralidades clínicas que dramatizan posiciones de poco saber. Contrapunto de conjeturas indecidibles. En el enunciado poco saber, poco no funciona como adverbio de cantidad que designa escasez o insuficiencia, sino como cualidad clínica, como potencia de la memoria de un común saber. Barullos amables, tensos, en disidencias, de pocos saberes, componen la posición de común saber. Aperturas Quizás un día se declare el derecho a las súbitas ventanas clínicas. Clínicas acontecen, a veces, en momentos y en lugares no previstos ni planeados. Acontecen, cada vez que se hace posible la pregunta “qué te está pasando”. Cada vez que una borrasca tiene ganas de contar algo. En esas circunstancias, no se trata de remitir o enviar a las aflicciones que desean hablar al lugar indicado o al sitio especializado. Deseos de hablar solicitan recepción en circunstancias en las que pinta la confianza, la confidencia, el desahogo, los bueyes perdidos. Equipos clínicos están ahí, como disponibilidades atentas a llamados que se precipitan de repente. Esas irrupciones hablantes eligen y no eligen cuando ponerse hablar: en un viaje en colectivo con una acompañante, en el momento de preparar el té con la profesora de plástica, mientras acomodan los equipos con el psicólogo de la radio, mientras esperan con la psicóloga una entrevista en el juzgado, cuando se cruzan con el enfermero en la puerta del servicio. Y, así, con o sin premeditación, las palabras salen o sobrevienen como impulsos de hablar. Ventanas que se abren y se cierran para contar algo mientras se están haciendo otras cosas: preparando una comida, esperando debajo de un árbol, tomando mate, serruchando una madera, tocando la guitarra, escuchando llover, interceptando una disponibilidad que justo pasaba por ahí. Derecho a las súbitas ventanas clínicas supone no reducir la clínica a formatos pautados y planificados, a estereotipos de las entrevistas médicas o psicológicas, a los grupos o talleres terapéuticos. Súbitas ventanas clínicas desconocen jerarquías profesionales y especializaciones universitarias. Súbitas ventanas clínicas suponen equipos que conjugan sensibilidades disponibles que se preparan para llegar a tiempo a citas no convenidas. Calmas Quizás un día se declare el derecho a que no pase nada. Si se atiende a pautas de rendimiento, progreso, alcance de objetivos, logros, en muchas situaciones clínicas no pasa nada. No se evidencian cambios o suceden nimiedades imperceptibles. Pero ¿qué pasa en ese no pasar nada? Pasa la vida sin estridencias. Pasan expectativas, confianzas, entusiasmos, reconocimientos, cansancios, curiosidades, desahogos, complicidades, respiros, autorizaciones, recuerdos, duelos, risas, dudas, decisiones, excesos, arrepentimientos, días de lluvia, fases lunares, dolores de espalda, despedidas. Clínicas en las que no pasa nada sensacional, se corresponden con vidas exentas de sensacionalismos. Clínicas en las que no pasa nada espectacular, se corresponden con vidas que no ostentan famas, victorias, hazañas, requeridas por las hablas del capital. La distinción entre vivir bien y vivir mejor retorna como legado inmemorial de sensibilidades que están en la vida de otras maneras. Hablas del capital imponen la urgencia de tener que pasar de la nada a algo, que conciben como mejora. Instituyen el imperio de la mejora como ideal de satisfacción, como bienestar superior, como resolución de carencias que la idea misma de mejora crea. Encantar la nada supone encantar la vida, sin más. Sin requerimientos, sin resultados, sin nerviosismos consumidores. Encantar la nada o, tal vez, encantar la vida sin temor a la nada. Vidas encantadas sin el imperativo de la hazaña ni el sacrificio, sin épicas de triunfos y derrotas, alientan potencias que no dominan, no poseen, no gobiernan. Perseverancias La pequeña, abusada y violada, ofrecida por su padre como carne de intercambio, tras una larga semana en la que se sintió encerrada en el hospital, llena de furias y violencias, no queriendo hablar con nadie, de pronto, ya cansada de rechazarla, pregunta a la psicóloga que vuelve cada mañana sin ninguna demanda: “Pero, vos, ¿por qué venís?”. Dispersiones Quizás un día se declare el derecho a no ensamblar. A permanecer en estado de desunión, desajuste, soltura. O el derecho a desencajes parciales, momentáneos, circunstanciales. Un derecho que prevenga fanatismos de la vida en común. Derecho a no ensamblar no abona individualismos. Individualismos viven ensamblados en parejas, familias, empresas, cátedras, hospitales, gobiernos. Incluso muchas veces subordinan las fuerzas que concurren a esos ensambles en beneficio de los propios individualismos. Soledades que no ensamblan no alientan aislamientos: resisten coerciones de la unidad. El derecho a no ensamblar incluye el derecho a dormir en cualquier momento del día. En proximidad con esta idea se encuentra “…el derecho a desertar de las sociabilidades mortíferas”, sugerido por Peter Pal Pelbart (2009). Hormas No se halla en ninguna parte. No se puede acomodar en un rincón de la vida. No encuentra lugar en el bote repleto de historias naufragadas. Y no hay a donde ir. Andanzas Quizás un día se declare el derecho a no hallarse. Se necesita imaginar un estar en común de soledades que no se encuentran a gusto o no quieren permanecer en un sitio. Incluso un común sin obligación de lo común para quienes no pueden, no saben, no desean, estar en cercanías. “No me hallo en ninguna parte. No me siento bien en la casa con los muchachos, en el barrio. No tengo a dónde volver”. El derecho a no hallarse requiere la invención continua de espacios de pasaje y no enraizamiento. Supone el derecho a juntadas imprevisibles, a vagabundeos que pasan por un lugar solo para estar un rato. Inclinaciones Se lee en Pichon-Rivière (1965) que las sensibilidades se aquerencian a rigideces a las que vuelven siempre. Un lugar, papel, perfil, imagen, al que se regresa por el recuerdo o por la ilusión de que alguna vez se estuvo bien allí. Pero, ¿a dónde retornan aflicciones que no se sintieron bien en ninguna parte? Pichon-Rivière sospechó que el secreto consiste en no aquerenciarse a un único lugar. Pensó el estar en común como posible remoción de fijezas y expansión de querencias. Tendencias En la traducción de la correspondencia de Freud con Fliess, José Luis Etcheverry (1994) decide traducir el vocablo alemán Trieb por querencia en lugar del vocablo pulsión que había empleado en su versión de las obras completas. Se lee en Cervantes (1605): “Con este pensamiento guio a Rocinante hacia su aldea, el cual casi conociendo la querencia, con tanta gana comenzó a caminar, que parecía que no ponía los pies en el suelo”. La palabra querencia está lejos de la idea de instinto. Describe la propensión a volver al lugar en el que se ha vivido bien. Deportaciones Como se dijo, vidas después de los manicomios, a veces, no tienen a dónde regresar. Ponen a la vista un mundo sin querencias. Un mundo sin lugares en lo que se ha vivido bien. Como en exilios y migraciones forzadas, no hay dónde ir ni a dónde volver. Desconfianzas Quizás un día se declare el derecho al recelo. A la sospecha de que lo mismo que protege puede dañar. Al temor a las disciplinas, las inter disciplinas, las trans disciplinas. Recelos que guardan memorias de violencias, sometimientos, manipulaciones, dominaciones. Recelos ante las ideas de progreso, orden, técnica, ciencia. Recelo de sensibilidades que no terminan de pertenecer a las rutinas de las normalidades aunque participen de muchas de ellas. Recelo como extrañeza sin fin. El derecho al recelo supone la suspensión de las interpretaciones. Como advertía Musil (1911), vivimos una época en la que cada acto sufre disputado por una disciplina o una especialidad que lo estudia. Saberes autorizados, que aprueba el sentido común, confiscan rarezas para normalizarlas, apartarlas o declararlas excepciones tolerables. Espinas Mientras paranoias sospechan de casi todo o se obsesionan por algo, recelos toman precauciones ante las buenas intenciones de quienes presumen de almas buenas. Derecho al recelo ante la compasión, la piedad, la lástima. Recelo ante cualquier forma de desigualdad. Buenas intenciones (aun cuando actúen de corazón) pueden dañar. Conviene tener con el corazón las mismas precauciones que con los neurolépticos. No se trata de amar, sino de respetar cuidando, lo que no se entiende, incluso lo que no se quiere o se rechaza. Lesiones Expectativas de mejorías o logros terapéuticos, pueden dañar. Necesidades de reconocimiento que tienen quienes hacen clínica, pueden dañar. Amores que desean el bien, que ejercen presiones y extorsionan a través de los afectos, pueden dañar. Clínicas insurgentes tratan de estar lo menos nocivas posible. A veces, accionan impulsos, presentimientos, intuiciones. Desarraigos que tratan de orientarse entre flujos emocionales que apabullan. Subestimaciones Advierte Vicente Zito Lema (2002) -en una obra de teatro que tiene por escenario un hospital psiquiátrico- una voz que desbarata las bondades de voluntades clínicas. Una existencia encerrada, llena de ira y desprecio, grita a una persona que la visita: “¡Palabras, palabras, que me tirás como si yo fuera un perro que devora las basuras de la vida!”. Pervivencias Quizás un día se declare el derecho a las astucias resabiadas. Una proposición arraigada en el sentido común dice: “La astucia es la inteligencia de los débiles”. La oposición entre fortaleza y debilidad se presenta como motivo común de patriarcados, capitalismos, colonialismos, normalizaciones. Clínicas que atienden demasías necesitan considerar que están ante sensibilidades que saben sobrevivir. Sobrevivir a la coerción de las normalidades. Sensibilidades que no temen a la intemperie ni al desamparo ni a quedar en la calle. Sensibilidades que saben andar sin posesiones. Habrá que sostener, en días venideros, clínicas que alojen vidas resabiadas. Vidas resabiadas que recelan, a veces, se entregan al amor aunque vislumbren desamores en todas las suavidades. Fragancias Quizás un día se declare el derecho al hedor. ¿Cómo huelen emociones desmesuradas? ¿Sentimientos excesivos? ¿Pieles que transpiran abundancias afectivas? Quizás se declare el derecho al vaho que desprenden corporeidades que sienten demasías. Al vapor que secretan vidas doloridas. Derecho a lo salvaje, bárbaro, indómito. Derecho a la crasitud, a vidas descamisadas y cimarronas. Reflejos defensivos ante desprecios coloniales y elitismos que huelen bien. Derecho a las pestilencias que cobijan miedos y desamparos Escribe Rodolfo Kusch (1961): “La verdad es que somos hedientos y que simulamos una pulcritud demasiado ficticia”. Demasías hieden, normalidades se perfuman. Locuras cada tanto se bañan. En el sintagma Civilización o barbarie, demasías están del lado de la barbarie, mientras las normalidades del lado de la civilización. Como diría Kusch, un derecho que parte de reconocer que hay un hedor negado en la pulcritud de las normalidades. Un hedor que se llama noche interminable, angustias que inundan mares, amores que no terminan de lastimar, perderse, olvidarse. Quizá un día se declare el derecho a gozar y liberar sabidurías del hedor. Sabidurías del sobrevivir. Astucias y tretas del hedor. Fuerzas nacidas de la intemperie y el desamparo. Se trata de pensar lo maloliente no como falta de limpieza, sino como presencias de materias que pujan por abrirse lugar en una civilización adversa a los fluidos que la vida secreta. Al final, el hedor de la muerte. Degluciones Quizás un día se declare el derecho a la antropofagia. A devorar la moral del amo, junto con sus lenguajes y sus libros. A fagocitar ternuras y excrementar violencias. No se trata de comer carne humana. Derecho a la antropofagia alude a incorporar ideas sin subordinarse a ellas. Derecho a la antropofagia en homenaje a una de las primeras revueltas literarias del Brasil. Insurgencia irónica ante pensamientos europeos que desestiman y desprecian extrañezas declarándolas primitivas o salvajes. Tupí or not tupí that is the question, una de las primeras proposiciones del Manifiesto Antropófago, firmado por Oswald de Andrade (1928). Culturas consideradas primitivas y salvajes, de pueblos originarios y esclavos traídos de África, se comen al mundo moderno civilizado. Alegrías matriarcales, de antiguas comunidades, degluten burguesías patriarcales. Consignas del derecho a la antropofagia: “Devorar la cultura de la normalización, sin dejarse devorar por ella”. “Devorar teorías de la falta, la carencia, la castración, la insuficiencia, el desamparo, la intemperie, sin inhabilitarse a pensar fuera de ellas”. Impertinencias Quizás un día se declare el derecho a molestar. A incomodar las costumbres dominantes. A trastornar la calma de lo establecido. A alterar las relaciones de poder. A frustrar diagnósticos que disciplinan. A perturbar el orden de las normalidades. A inquietar el sentido común. A fastidiar a las políticas sanitarias y al Derecho. A estar ahí como piedra en el zapato de la civilización para que no olvide que lo que molesta tiene tanto derecho como lo que se acomoda complaciente. Derecho a molestar equivale a legitimar la posibilidad de pensar. Se recuerda esa página de Platón en las que Sócrates, conocido como el tábano de Atenas, importuna al Estado, como una mosca que con su mordida despierta a un inmenso caballo. Intangibilidades Quizás un día se declare el derecho a devenir imperceptibles. Derecho a la desnudez y al pudor, al reconocimiento y a la invisibilidad. Nunca lo uno sin lo otro. Derecho a que la vida no quede capturada por una mirada que juzga y controla. Derecho a lo que Fernando Ulloa (1995) llama el miramiento: una mirada que no evalúa, que no demanda, no vigila. Una mirada que acompaña y espera sin expectativas. Derecho a resguardarse en la invisibilidad. Sensibilidades que reaccionan con pudores (perdidos o nunca vividos) encantan carnes despreciadas. Pudores no como recatos, vergüenzas, velos morales, sino como suavidades que resisten violencias de la visibilidad. Pudores ejercen soberanías de lo incomprensible. Desquicias Quizás un día se declare el derecho a los animismos. Animismos no como creencias fantasiosas, sino como percepciones que perturban realidades regladas y disciplinas sentimentales. El derecho a personificar pasiones. A que se reconozca que, a veces, emociones se imponen, gobiernan, esclavizan, voluntades. Derecho de escuchar voces de dolores acallados de la civilización. Derecho a tener visiones de afectos expulsados del mundo del Capital. Derecho a reconocer vida en lo que se considera inanimado. Quizás algún día resultarán legítimos animismos que dramatizan sufrimientos no solo personales. Animismos que encarnan crueldades comunitarias naturalizadas. Animismos que ponen en escena voces de injurias y odios, de culpas y castigos, de horrores y miedos. Vidas animadas de lluvias y pájaros. Quizás algún día tendrá fuerza de ley la consideración de que todo lo viviente siente. Y también habla. Como escribe, desde las selvas guatemaltecas, Humberto Ak'abal (1988) poeta Maya' K'iche': “No es que las piedras no sepan hablar, solo guardan silencio”. Algarabías Quizás un día se declare el derecho a jugar sin rigideces normativas. En el horizonte regulador se juega para disfrutar, pero ese bienestar está pautado por las circunstancias de ganar, empatar, perder. El juego como pasatiempo administra tedios, el juego por dinero administra ambiciones y desesperaciones, el juego como heroicidad de una habilidad individual administra reconocimientos y superioridades. Deleuze (1969) valora en la literatura de Carroll la capacidad de inventar juegos o transformar reglas: una carrera en la que cada cual comienza cuando quiere y termina cuando tiene ganas. Infancias recuerdan que a veces alcanza con aprender la mímica o un gesto de un juego para hacer estallar las risas de las cercanías. Quizás un día se declare el derecho a jugar entre soledades que celebran proximidades prescindiendo de reglas, pero no del gusto y la alegría por un momento en común. Inalcanzables Quizás un día se declare el derecho a lo intraducible Una paradoja: hablas del capital difunden voces uniformes y unánimes que declaran la necesidad de respetar las diferencias. La palabra diferencia discrimina y parcela. Quizá se podría decir respetar lo intraducible. Tomar precauciones ante la invisible tiranía de lo mismo que fuerza semejanzas, clasifica equivalencias y separaciones. Respetar lo vivo que difiere incesante, como el tiempo y el movimiento. Respetar lo intraducible supone espetar el encanto, el misterio, el secreto, ese no sé qué que se posa en cada vida. La traducción entre lenguas, intenta, entre otras cosas, transformar la diferencia en algo reconocible. Por eso se podría decir que las buenas traducciones respetan las diferencias, pero más respetan el diferir que permanece intraducible. A veces se llama respeto a una mezcla de devoción y temor, a una forma de veneración especial o excepcional. Respetar lo intraducible supone declarar a todo lo viviente sagrado, inclasificable, irreductible. Libre de posesiones y capturas. Expansiones Quizás un día se declarare el derecho a alojar todos los sentimientos posibles. Antes que las agitaciones que hablan se representen comunicadas e incomunicadas, habitan sentimientos que entrelazan sentimientos. Amores, odios, alegrías, tristezas, atracciones, rechazos, aterrizan -en lo viviente que tiene el don de la palabra- como narrativas entretejidas. Un solo sentimiento (supongamos rechazos), aun cuando sobreviene como repentina sensación, condensa pedagogías y memorias no sabidas. Tal vez vivir consista en animarse o resignarse a recorrer la larga noche de algunos pocos sentimientos. Hoy sabemos que el fanatismo de la desigualdad se llama destino. Hay vidas condenadas a alojar miedos, mansedumbres, violencias, desprecios y menoscabos. Un signo de la civilización actual reside en que reparto desigual de las riquezas, se corresponde con un reparto sentimental cada vez más selectivo, excluyente y restrictivo. Indómitas Quizás un día se declare el derecho a las vidas desapropiadas No se trata de que cada cual tenga derecho a vivir su propia vida, de disponer de su propio cuerpo, decidir su propio destino. No se trata de duplicar la propiedad de lo propio sino de dar lugar a lo despropiado. Vidas desapropiadas no quiere decir desposeídas del dominio de lo propio, sino liberadas de toda condena posesiva, de toda individualidad clasificada. Vidas con derecho también a lo inapropiado, a lo que no se ajusta ni se conforma según patrón, necesidad, demanda, explicación normalizadora. Cuando en Copenhague, Ibsen (1879) estrena Una casa de muñecas escandaliza la decisión inapropiada de Nora. Borges (1988) recuerda que en Londres agregan a la obra una escena final en la que Nora, arrepentida, vuelve a su hogar y a su familia o que en París le inventan un amante para que el público entendiera la fuerza de tal desatino. Mudanzas Quizás un día se declare el derecho a las inconstancias. Sentimientos acontecen inconstantes. Esas sensaciones dispersas explican la fragilidad de los consentimientos. Afectividades advienen a borbotones, en constelaciones, concurrencias, simultaneidades. Acuerdos entre deseos se sostienen en hebras provisorias. En cada Sí que desea actúan excitaciones y terrores, atrevimientos y controles, curiosidades y pudores. A veces, se sienten ganas de decir Sí, pero también se sienten precauciones, desconfianzas, molestias, expectativas de ternura, memorias de dolor, arrebatos insumisos, vacilaciones que dudan. Entonces, las ganas dicen Sí, y enseguida pueden estar diciendo No. Gramaticales Quizás un día se declare el derecho a no ser. En ese momento prescribirán las sentencias predicativas. No hará falta cargar con atribuciones que lastiman. No se declarará que alguien es tal cosa. Se admitirán emotividades que no son, que existen moviéndose, que se afectan afectadas, que hablan habladas, que se agitan pasajeras. Fuente: Percia, Marcelo (2020). Derechos. En Sensibilidades en tiempos de hablas del capital. Ediciones La Cebra. Buenos Aires, 2020. "Habladuría", acrílico, collage y tinta sobre bastidor 150x100. Gisela Candas, 2020.

  • Hablas del viento (Décima cuarta entrega de esquirlas del miedo) / Marcelo Percia

    Crecen raíces de miedo (en el amor, en la amistad, en la vecindad) sin que los sentimientos lo sepan. Descartes (1649), en el Tratado de las pasiones del alma, piensa el miedo como un exceso de cobardía. Escribe: “…la cobardía es contraria a la valentía, como el temor o el espanto lo son a la intrepidez”. Pero no hay lo contrario del miedo. Se lo puede disfrazar, negar, conjurar con acciones temerarias, gestos de arrojo, hechos de heroico valor. Pero el miedo está ahí olfateando peligros. Velando la muerte. Necesita llevarse como fragilidad sabida, como temblor de inminentes desastres, como escalofrío irremediable. Paranoias exacerban miedos hasta volverlos alertas mecánicas, automatismos de ataque, dagas de supervivencia. Depresiones, que habitan mundos diezmados, se protegen hundiéndose en algo peor. Angustias no cuentan con el sosiego del pavor. Paranoias concluyen en que el mundo pergeña amenazas que asedian por todas partes. Depresiones, para defenderse de lo que tanto daña practican, auto ensañamientos. Angustias saben lo que amenaza y lo que daña, pero no se calman detectando enemigos ni ultrajándose. Angustias no conocen protecciones. Incrustan tembladerales en la inocencia de los cuerpos. Depresiones vuelven insípida la vida. Aplanan afectos, consignan uniformidades sin gracia. Desestiman mínimos amaneceres del ánimo. Instan a tocar fondo. Tras bruscos y denigrantes desalojos de un confort, un privilegio, un dominio, se repliegan en la fortaleza derruida de la mismidad. Depresiones, al cabo, sienten la expulsión padecida como una sanción merecida. Se auto infligen castigos. Depresiones viven ahogadas en la decepción. Actúan como ilusiones traicionadas. Llenan el infinito de reproches. Mortificadas y torturadas por una imagen de sí perdida, nada de lo que hagan alcanza a reparar ese ideal resquebrajado. Pagan deudas que crecen con los días. Depresiones quedan atrapadas en la telaraña de sometimientos que ellas mismas tejen. Padecen tiranías del éxito, a la vez que las consienten. Ejercen la hostilidad como si tuviera una función correctora o como si la voracidad, que antes gozaba con los logros, ahora gozara con el desprecio. Recriminaciones secan iniciativas, marchitan deseos, escarchan la piel de los abrazos, deslucen el sabor de una palabra conversada. Depresiones practican individualismos tenaces. Penan por paraísos perdidos. Rumian una y otra vez esas caídas, esos descensos irreversibles desde las cumbres. Acarrean nostalgias, se culpabilizan. Voces encarnizadas vuelven irrespirable el presente, incendian el pasado y vislumbran el futuro como negativa, capricho o dictamen que se rehúsa a devolver lo perdido. Depresiones se enojan con la vida, con incompetencias personales, con insuficiencias de la voluntad. Se irritan por vivir en un cuerpo enfermo, por tener mucha edad, por no gozar de una mejor posición social. Depresiones lloran obnubiladas por íntimos malestares que se funden con la cruda vida en tiempos de pandemia. La feroz alternativa entre acumulación de ganancias o protección de fragilidades se mezcla con estrechos devaneos privados entre éxito o fracaso propio, volver al ruedo con todos los honores o menosprecio. Omnipotencias desalojadas de sus soñados poderíos, se encuentran -de la noche a la mañana- arrojadas a la impotencia. ¿Depresiones optan por atormentarse antes que admitir intemperies y crueldades de la civilización del capital? Por momentos, agobiadas con tantas amonestaciones, ¿solo imaginan la pacificación de la muerte? ¿Hay una niñez de las depresiones? ¿Una temprana obligación de descollar siempre en un escenario ideal? ¿Una inminente posibilidad de expulsión del amor desde los primeros años? En la infancia de todos los miedos anida una vulnerabilidad negada, una insuficiencia entrevista como falta imperdonable, una soledad sentida como condena inevitable. Pero ¿cómo sucede que vulnerabilidades, insuficiencias, soledades, se sientan como peligros, faltas, condenas? Peligros, faltas, condenas, ¿nublan angustias?, ¿evitan la descarnada visión del sinsentido?, ¿preservan las metas efímeras de la mortificación: éxito, reconocimiento, prestigio, dinero, poder? Se pueden interrogar las formas primeras de una supuesta estructura del ser, las circunstancias de las vidas adultas que cuidan y sostienen, las hablas del capital que designan y encarrilan afectos que no se sabe cómo nombrar. Pero, al capítulo de los comienzos se le vuelan las páginas. En cada línea vivida soplan ráfagas que se mezclan. Por eso -como se dice en el título de la novela de Onetti- un análisis se inicia con la sola consigna de “Dejemos hablar al viento”. Lamentos reconocen pesares. Quejas se ofuscan con lo irremediable. Angustias pueden habilitar protestas. Protestas cuestionan injusticias. A veces, una voz lleva una presencia, otras ahonda una distancia. Por momentos, reconforta; otras lastima. En ocasiones, escucha; otras, inquiere, juzga, condena. También una voz acompaña, suaviza, ayuda a arropar un terror. Escribe Freud (1926) en Inhibición, síntoma y angustia: “Cuando el caminante canta en la oscuridad, desmiente su estado de angustia, aunque no por ello vea más claro”. ¿Orgullos que entran en pánico actúan violencias para no admitir terrores? ¿Fuerzas que dañan componen infames conjuros del miedo? En ocasiones, momentos de pavura se interpretan como prueba de debilidad heredada, como carga de un destino asustadizo. Montaigne (1592), en sus Ensayos considera al temor como condición vergonzosa y sumisa que, entre otras cosas, justifica la pobreza. Todavía cuesta pensar en una terapéutica comunal hospitalaria con los miedos. Si angustias no se confunden con vacíos que hay que llenar, si se confía en las potencias de una común debilidad y no en la invulnerabilidad de la fuerza, tal vez, entonces, la actual pandemia ofrezca la ocasión de hacer escuchar la apremiante inconformidad del cuerpo celeste. Inconformidad no significa insatisfacción. Mientras la insatisfacción reclama mejoras, inconformidad impugna todas formas que comprimen, lastiman, estrangulan emotividades. No se trata de ser uno mismo como si en eso consistiera alcanzar el fondo de la verdad. Se trata de intentar estar presentes en cada momento posible. Aprender a componer sentimientos no personales, intentar abismarse en las gracias y desgracias de cada instante. El viento traspasa dolores, presiente empatías del aire. Se comprende la ficción de sí como fortaleza segura. Disciplinas del llamado pensamiento occidental primero instalan el imperativo del ser y enseguida anuncian el peligro del no ser. Desde entonces, a esa supuesta angustia ontológica se la hace gravitar en las noches de las soledades. Sensibilidades que hablan adoptan personalidades como si compusieran performances para escapar de las babas que las atormentan. Personalidades, como intuyó Wilhelm Reich (1933) en Análisis del carácter, están ahí como corazas de miedo. No se trata de salir a medicar depresiones, tampoco de animar a soportar catástrofes, ni de insuflar voluntades que aguanten hasta que pase la devastación. Se trata de aprender a pensar en medio del desastre, de interrogar la vida antes del virus, de recuperar rabias previas. De afirmar lo que no se quiere más, aunque no se sepa lo que vendrá. Úrsula Le Guin (2004) dedica su literatura en imaginar modos de vivir diferentes a los que conocemos hasta ahora. Escribe: “Creo que muchas de mis sociedades inventadas mejoran en algún aspecto la nuestra, pero me parece que ‘utopía’ es un nombre demasiado grandioso y rígido para caracterizarlas. Utopías y distopías proceden del intelecto. Yo escribo a partir de la pasión y el gusto. Mis historias no son advertencias nefastas ni propuestas de qué deberíamos hacer. La mayoría, creo, se presentan como comedias sobre las costumbres humanas, recordatorios sobre la variedad de formas en que acabamos siempre en el mismo sitio y celebraciones de las alternativas y posibilidades inventadas. (…) Para mí, lo importante no es ofrecer una esperanza específica de progreso sino, al presentar una realidad alternativa imaginada pero convincente, sacudir mentalidades, instar a abandonar la costumbre perezosa y timorata de pensar que la manera en que vivimos, ahora, es la única manera en que se puede vivir…”. Normalidades levantan fachadas de felicidad en los sórdidos pasajes cotidianos. Persuaden que, si aún así, se insiste en ver el horror, eso se debe a inclinaciones malsanas o disidencias mórbidas. Depresiones demandan amor, atención, contención, compasión, reconocimiento, respeto, rechazo, castigo. En los vaivenes del sufrimiento alternan humildades con ferocidades. Spinoza (1677) no considera la humildad como virtud. La piensa como máscara de envidia y ambición. Detrás de los rostros que se ruborizan sospecha arrogancias contenidas. Omnipotencias que no muestran sus cartas, superioridades que aspiran reconocimientos por otros medios. ¿Altanerías deprimidas sobrellevan humillaciones como jactancias de dificultades heroicas? ¿Antes que hundirse solas, están dispuestas a hundir al mundo con ellas? ¿Abatimientos y amarguras absorben la hiel del decaimiento del capitalismo? Depresiones actúan omnipotencias que desdeñan la imaginación. Soberbias que constatan que lo que ocurre ocurrirá sin otra opción. Absolutismos de las depresiones, aunque se presenten con grises y modestias, componen arrogancias conservadoras que desalientan ímpetus y fantasías capaces de subvertir lo establecido. Depresiones, a veces, sienten calladas condescendencias con lo que hace daño. Se suele llamar naturaleza a la vida sin valor agregado. Sin artificios, sin culturas, sin sociedades, sin fábricas, sin deseos, sin trascendencias, sin realidades, sin artes, sin ciencias, sin palabras. En el futuro se recordará a la naturaleza (esa distancia, esa otredad, ese misterio) como la vida sin daño agregado. No se sabe qué marcas en los cuerpos y en las políticas de lo común dejará la pandemia. Por ahora, salvo algunas voces, se asiste a la perseverancia de los mismos hábitos sociales con barbijos, distancias físicas, más tiempo en los teléfonos y las redes. Tal vez vacunas que salvan aplaquen la desesperada y resistida percepción de que está en riesgo la vida. ¿Habitamos poblaciones aquerenciadas al odio antes que al amor, a la amenaza antes que a la confianza, a la salvación individual antes que a la mutualidad, el cooperativismo, la solidaridad? ¿Gregarismos de la crueldad ofrecen protecciones más seguras que gregarismos de la suavidad? Se repite: se necesita de los otros para vivir, pero ¿cómo se lo necesita? ¿Se los necesita como fuerza reclutada de defensa y de ataque, como exhibición de domino y poder, como ficción de invulnerabilidad? ¿O se los necesita como cercanías deseadas, como descanso de todas las batallas, como común vulnerabilidad, como inminente belleza no desprovista de dolor? Enseñanzas de la pandemia: (1) El derecho a existir está amenazado por la civilización del capital que naturaliza el derecho a destruir. (2) El virus puso a la vista que la salud no nos pertenece. (3) Asistimos a un presente que se encuentra ante la disyuntiva: capital o vida. (4) Aun en una catástrofe sanitaria, formas de rechazo e indiferencia tienden a prevalecer sobre las del cuidado. (5) Lógicas de poder que consienten la apropiación y acumulación de riquezas en pocas manos, ¿por qué tomarían la decisión de financiar, investigar, producir y entregar vacunas por igual a todas las sensibilidades que habitan la Tierra? (6) Se necesita esperar un porvenir en común, aun sin saber la forma que tendrá. (7) Se está en la vida sin tener que hacer ni demostrar nada, con la sola responsabilidad de no dañarla. Bion (1972) en Experiencias en grupos, retomando observaciones de Melanie Klein, señala que -en momentos de catástrofes- formaciones comunitarias se vuelven dependientes de un poder reconocido, o se defienden y atacan todo lo que consideran extraño, o se entregan a la esperanza de una salvación mágica, sobrehumana, celestial. Reconoce que las desesperadas defensas del miedo acallan angustia por poco tiempo. Esos manotazos de fe colectiva, a veces, calman desamparos accionando violencias y atizando zonas desdeñables. Cree que solo una común fragilidad capaz de enfrentarse al oráculo enmudecido del presente podría sobrellevar lo insondable sin renunciar al pensamiento. Enseñanzas de la pandemia: (8) Entre una común debilidad que cuide y la omnipotencia de la fuerza colectiva, conviene optar por la primera. Cuando una época se blinda ante las catástrofes del presente, sensibilidades que permanecen despiertas tienen más trabajo. Absorben lo que no se quiere oír. Lo que, no obstante, saben sin saber las pesadillas, las contracturas, los corazones desbocados, los comedores del hambre, las cornisas angostas. Escribe Onetti (1979) en Dejemos hablar al viento: “Desde muchos años atrás yo había sabido que era necesario meter en la misma bolsa a los católicos, los freudianos, los marxistas y los patriotas. Quiero decir: a cualquiera que tuviese fe, no importa en qué cosa; a cualquiera que opine, sepa o actúe repitiendo pensamientos aprendidos o heredados. Un hombre con fe es más peligroso que una bestia con hambre”. Onetti rechaza la fe como fuerza colectiva. Confía más en las vidas desguarnecidas, en las intemperies inapropiables, en la liviana consistencia de las espumas. En las hablas del viento.

  • Febrero Adynata **

    Lo que queda del verano asoma a un ritmo que promete murgas coloridas y ruidosas, trajeadas y embanderadas en tablados y corsos llenos de nieve y lentejuelas que, como otros febreros, se pondrán de pie y saltarán, a pesar de todo. Hay quienes aún saborean licuados y helados con gustito a privilegio de vacaciones. Por este continente, el clima nos sacude con las últimas ráfagas húmedas y calurosas; grises y con los primeros fríos, por aquellos otros donde en algunas ciudades de algunos países, quizás como imágenes de un futuro que vendrá, estallan no sólo contra más muertes y nuevos encierros sino también por la vida nuevas manifestaciones multitudinarias -que no asoman a muchas pantallas-. El 2021, que ya pinta difícil, se despereza y se sacude sabiendo y no sabiendo lo que traen los 28 días por venir. Sabiendo que nos obligarán a apabullarnos con una agenda mediática que suele llenarse de discusiones: sobre el inicio de las clases (y no sobre ciertos registros de clase), sobre las paritarias y sus porcentajes (y no sobre una renta básica universal), sobre peleas y amoríos auspiciados por Don Valentín (y no sobre el desafío de ir viendo cómo vivir sin dañar -o dañando lo menos posible- la vida en todas y cada una de sus formas). Quizás se trate de vivir, por lo pronto, unos carnavales dionisíacos con glitter y encuentros que habiliten una mescolanza stravaganza postpsicodélica y apocalítica, más al estilo de la banda del club de los corazones solitarios del Sgt. Pepper que de la compostura (y descompostura) de corazones angelicales, flechados, con candados, desconfiados y llenos de miedo.

  • Brujería travesti / Camila Sosa Villada

    Contra la muerte, el horror y la miseria Contra la soledad y las hordas de enemigos que circundan [mi casa.] Contra todas las astucias y las trampas de la enfermedad. Contra el rencor y su persistencia. Contra la ausencia de dios, yo me armé de amuletos y cencerros. Las pulseras que me heredo mi mamá, los anillos que me obsequiaron mis amigos. Un frasco de monedas extranjeras bajo mi cama. La Virgen Travesti que vigila mi sueño como una gárgola en medias de red. Una uña postiza que usé en la filmación de la vida de [Carlos Jauregui] La Virgen del Valle decapitada y restaurada, las velas que enciendo cada viernes y la oración de rodillas para agradecer y rogar por igual. El incienso, la salvia y el palo santo con que alejo los malos pensamientos. Los vestidos que tienen un buen recuerdo. El brazalete de strass que me regaló una travesti muy vieja en el estreno de una película. El obelisco y el porro que me fumo a sus pies y la enorme Buenos Aires que se abre como una colmena de luz. Algunas fotografias guardadas en un baúl. Las calaveras mexicanas que se burlan de la muerte. El ángel que se esconde detrás de mi humanidad, que estaría deshecha sin ese último intento de asirme a la vida con desesperación. *publicado en La novia de Sandro, Ciudad de Buenos Aires, Tusquets Editores, 2020.

  • Variaciones sobre la ansiedad 3/3 Carla Sagulo

    3. corva frente al monitor, como el esqueleto de un maya en su vasija, accedo al mundo, a su frío real, a su bochorno: todas las temperaturas me hacen temblar la calma es una llaga; los cables bajan desde la antena de celulares como si fueran la estructura de una carpa de circo, y son la estructura de una carpa de circo mientras, atardece; pronto, las cosas quedarán a oscuras (el trapecio quieto, el malabar inmóvil el mástil seco con su luz roja titilante) y allí, permanecerán, con la sola compañía de su sombra si es que un farol piadoso da luz buena todavía busco mi sombra bajo el sol de las fotografías; mi cuerpo pesa, duele, ansía: no sé de qué hablan cuando dicen virtual morir es el cuerpo y no hay nada más que la llama que se angosta ̶c̶o̶r̶v̶a̶ ̶f̶r̶e̶n̶t̶e̶ ̶a̶l̶ ̶m̶o̶n̶i̶t̶o̶r̶,̶ ̶c̶o̶m̶o̶ ̶e̶l̶ ̶e̶s̶q̶u̶e̶l̶e̶t̶o̶ ̶d̶e̶ ̶u̶n̶a̶ ̶m̶a̶y̶a̶ ̶e̶n̶ ̶s̶u̶ ̶v̶a̶s̶i̶j̶a̶,̶ ̶a̶c̶c̶e̶d̶o̶ ̶a̶l̶ ̶m̶u̶n̶d̶o̶,̶ ̶a̶ ̶s̶u̶ ̶f̶r̶í̶o̶ ̶r̶e̶a̶l̶,̶ ̶a̶ ̶s̶u̶ ̶b̶o̶c̶h̶o̶r̶n̶o̶:̶ ̶t̶o̶d̶a̶s̶ ̶l̶a̶s̶ ̶t̶e̶m̶p̶e̶r̶a̶t̶u̶r̶a̶s̶ ̶h̶a̶c̶e̶n̶ ̶t̶e̶m̶b̶l̶a̶r̶ ̶ ̶l̶a̶ ̶c̶a̶l̶m̶a̶ ̶e̶s̶ ̶u̶n̶a̶ ̶l̶l̶a̶g̶a̶;̶ ̶l̶o̶s̶ ̶c̶a̶b̶l̶e̶s̶ ̶b̶a̶j̶a̶n̶ ̶d̶e̶s̶d̶e̶ ̶l̶a̶ ̶a̶n̶t̶e̶n̶a̶ ̶d̶e̶ ̶c̶e̶l̶u̶l̶a̶r̶e̶s̶ ̶c̶o̶m̶o̶ ̶s̶i̶ ̶f̶u̶e̶r̶a̶n̶ ̶l̶a̶ ̶e̶s̶t̶r̶u̶c̶t̶u̶r̶a̶ ̶d̶e̶ ̶u̶n̶a̶ ̶c̶a̶r̶p̶a̶ ̶d̶e̶ ̶c̶i̶r̶c̶o̶,̶ ̶y̶ ̶s̶o̶n̶ ̶l̶a̶ ̶e̶s̶t̶r̶u̶c̶t̶u̶r̶a̶ ̶d̶e̶ ̶u̶n̶a̶ ̶c̶a̶r̶p̶a̶ ̶d̶e̶ ̶c̶i̶r̶c̶o̶.̶ ̶ ̶m̶i̶e̶n̶t̶r̶a̶s̶ ̶a̶t̶a̶r̶d̶e̶c̶e̶;̶ ̶p̶r̶o̶n̶t̶o̶,̶ ̶l̶a̶s̶ ̶c̶o̶s̶a̶s̶ ̶q̶u̶e̶d̶a̶r̶á̶n̶ ̶a̶ ̶o̶s̶c̶u̶r̶a̶s̶ ̶(̶e̶l̶ ̶t̶r̶a̶p̶e̶c̶i̶o̶ ̶q̶u̶i̶e̶t̶o̶,̶ ̶e̶l̶ ̶m̶a̶l̶a̶b̶a̶r̶ ̶i̶n̶m̶ó̶v̶i̶l̶ ̶e̶l̶ ̶m̶á̶s̶t̶i̶l̶ ̶s̶e̶c̶o̶ ̶c̶o̶n̶ ̶s̶u̶ ̶l̶u̶z̶ ̶r̶o̶j̶a̶ ̶t̶i̶t̶i̶l̶a̶n̶t̶e̶)̶ ̶y̶ ̶a̶l̶l̶í̶,̶ ̶p̶e̶r̶m̶a̶n̶e̶c̶e̶r̶á̶n̶,̶ ̶c̶o̶n̶ ̶l̶a̶ ̶s̶o̶l̶a̶ ̶c̶o̶m̶p̶a̶ñ̶í̶a̶ ̶d̶e̶ ̶s̶u̶ ̶s̶o̶m̶b̶r̶a̶ ̶s̶i̶ ̶e̶s̶ ̶q̶u̶e̶ ̶u̶n̶ ̶f̶a̶r̶o̶l̶ ̶p̶i̶a̶d̶o̶s̶o̶ ̶d̶a̶ ̶l̶u̶z̶ ̶b̶u̶e̶n̶a̶ ̶t̶o̶d̶a̶v̶í̶a̶ ̶ ̶b̶u̶s̶c̶o̶ ̶m̶i̶ ̶s̶o̶m̶b̶r̶a̶ ̶b̶a̶j̶o̶ ̶e̶l̶ ̶s̶o̶l̶ ̶d̶e̶ ̶l̶a̶s̶ ̶f̶o̶t̶o̶g̶r̶a̶f̶í̶a̶s̶;̶ ̶m̶i̶ ̶c̶u̶e̶r̶p̶o̶ ̶p̶e̶s̶a̶,̶ ̶d̶u̶e̶l̶e̶,̶ ̶a̶n̶s̶í̶a̶:̶ ̶n̶o̶ ̶s̶é̶ ̶d̶e̶ ̶q̶u̶é̶ ̶h̶a̶b̶l̶a̶n̶ ̶c̶u̶n̶a̶d̶o̶ ̶d̶i̶c̶e̶n̶ ̶v̶i̶r̶t̶u̶a̶l̶ ̶m̶o̶r̶i̶r̶ ̶e̶s̶ ̶e̶l̶ ̶c̶u̶e̶r̶p̶o̶ ̶y̶ ̶n̶o̶ ̶h̶a̶y̶ ̶n̶a̶d̶a̶ ̶m̶á̶s̶ ̶q̶u̶e̶ ̶l̶a̶ ̶l̶l̶a̶m̶a̶ ̶q̶u̶e̶ ̶s̶e̶ ̶a̶n̶g̶o̶s̶t̶a̶ ̶ Corva frente al monitor, como el esqueleto de un maya en su vasija, accedo al mundo, a su frío real, a su bochorno: todas las temperaturas me hacen temblar. La calma es una llaga; los cables bajan desde la antena de celulares como si fueran la estructura de una carpa de circo, y son la estructura de una carpa de circo. Mientras, atardece; pronto, las cosas quedarán a oscuras (el trapecio quieto, el malabar inmóvil el mástil seco con su luz roja titilante) y allí, permanecerán, con la sola compañía de su sombra si es que un farol piadoso da luz buena todavía. busco mi sombra bajo el sol de las fotografías; mi cuerpo pesa, duele, ansía. No sé de qué hablan cuando dicen virtual morir es el cuerpo y no hay nada más en la llama que se angosta. Corva frente al monitor, como el esqueleto de un maya en su vasija, accedo al mundo, a su frío real, a su bochorno: todas las temperaturas me hacen temblar. La calma es una llaga; los cables bajan desde la antena de celulares como si fueran la estructura de una carpa de circo, y son la estructura de una carpa de circo. Mientras, atardece; pronto, las cosas quedarán a oscuras (el trapecio quieto, el malabar inmóvil el mástil seco con su luz roja titilante) y allí, permanecerán, con la sola compañía de su sombra si es que un farol piadoso da luz buena todavía. Busco mi sombra bajo el sol de las fotografías; mi cuerpo pesa, duele, ansía. no sé de qué hablan cuando dicen "virtual". morir es el cuerpo y no hay nada más en la llama que se angosta. Corva frente al monitor, como el esqueleto de un maya en su vasija, accedo al mundo, a su frío real, a su bochorno: todas las temperaturas me hacen temblar. la calma es una llaga; los cables bajan desde la antena de celulares como si fueran la estructura de una carpa de circo, y son la estructura de una carpa de circo. Mientras, atardece; pronto, las cosas quedarán a oscuras (el trapecio quieto, el malabar inmóvil el mástil seco con su luz roja titilante y allí, permanecerán, con la sola compañía de su sombra si es que un farol piadoso da luz buena todavía busco mi sombra bajo el sol de las fotografías; mi cuerpo pesa, duele, ansía. No sé de qué hablan cuando dicen "virtual". Morir es el cuerpo y no hay nada más en la llama que se angosta. Corva frente al monitor, como el esqueleto de un maya en su vasija, accedo al mundo, a su frío real, a su bochorno: todas las temperaturas me hacen temblar. La calma es una llaga; los cables bajan desde la antena de celulares como si fueran la estructura de una carpa de circo, y son la estructura de una carpa de circo. Mientras, atardece; pronto, las cosas quedarán a oscuras (el trapecio quieto, el malabar inmóvil el mástil seco con su luz roja titilante) y allí, permanecerán, con la sola compañía de su sombra si es que un farol piadoso da luz buena todavía. Busco mi sombra bajo el sol de las fotografías; mi cuerpo pesa, duele, ansía. No sé dequé hablan cuando dicen "virtual". Morir es el cuerpo y no hay nada más en la llama que se angosta. Corva frente al monitor, como el esqueleto de un maya en su vasija, accedo al mundo, a su frío real, a su bochorno: todas las temperaturas me hacen temblar. La calma es una llaga; los cables bajan desde la antena de celulares como si fueran la estructura de una carpa de circo, y son la estructura de una carpa de circo. Mientras, atardece; pronto, las cosas quedarán a oscuras (el trapecio quieto, el malabar inmóvil el mástil seco con su luz roja titilante) y allí, permanecerán, con la sola compañía de su sombra si es que un farol piadoso da luz buena todavía. busco mi sombra bajo el sol de las fotografías; mi cuerpo pesa, duele, ansía. No s é de qué hablan cuando dicen "virtual". Morir es el cuerpo y no hay nada más en la llama que se angosta

  • Pedagogía de la interrupción. O un salto afuera / Silvia Duschatzky

    Año 2020, año pandémico, clases virtuales. Algo “saltó afuera”. Comencemos por ahí. Nos interesa el pibe que desde la bici se conecta a la clase, no así la escenografía de una efemérides que, cual foto sepia prefabricada, expone a la presentadora vestida para la ocasión (guardapolvo del que prende una escarapela) impostando el discurso patrio de rigor hacia un auditorio imaginario. Nos interesa el perro rompiendo la “teatralidad” con su ladrido, la profe lanzando un exabrupto intempestivo, las risas que despierta la parodia. Nos interesa el niño que recuerda cada martes a su maestra enviarle la tarea que él nunca responde, no así la respuesta indignada por su conducta desconcertante; nos interesa la piba que avisa al profe que el traqueteo de la imagen se debe a que está tomando la clase desde el bondi, no así los discursos de “continuidad pedagógica” que en el medio del tembladeral se aferra a una Forma como naufrago desesperado. Nos interesa la niña que le pide a su mamá que cuando vaya a recoger el bolsón de comida le traiga un juguete del jardín, nos interesa el gesto de la maestra vertiendo arena en unas bolsas que distribuirá entre sus alumnxs pequeños del barrio. Nos interesa el pedido de lxs pibes de tomar clase desde la cama, no el automatismo que indica que una clase solo sucede desde la posición sentada en el espacio “adecuado”. Nos interesa la argucia de esa maestra jujeña armando una comunicación epistolar con su alumno que migra hacia la alta zona rural al verse impedido el trabajo de su madre en la feria del pueblo. Nos interesa su atención que aprovecha al agente sanitario para que funcione de nexo. No así las quejas que ponen la mira en la imposibilidad de contacto con el niño, por las dificultades conectivas de la ruralidad. Nos interesa “la escuela en la nube” insólito nicho de encuentro entre maestrxs e investigadores que pescan juntos las lateralidades equívocas a los “ojos” del formato de continuidad pedagógica virtual. Nos interesan los equívocos ¿Qué nos interesa?…cazar lo que suscita una provocación, un desacomodamiento. Ahí nos detenemos…ignorantes, despojados de brújulas, de inertes categorías y sólo tomadxs por los ecos, las resonancias, la sensación de un infinito (finito) que promete desplegarse si aguzamos los sentidos y seguimos firmes y sigilosxs sus señales. Se me ocurre una imagen que distingue aquello que provoca interés de eso que no despierta curiosidad. Pienso en tierra desalambrada a diferencia de tierra vallada. Desestimar la osadía de esxs jóvenes, que proponían pensar juntos desde la cama desde una posición que tensiona la vigilia y el sueño y que a su vez se sustrae de la mirada vigilante, nos vuelve habitantes de tierra vallada. Evitar la danza del bamboleo y preferir la marcha erguida. Nada que juzgar. Se trata de preferencias y contrastes. Nos inclinamos por visitar terrenos cuyas consecuencias ignoramos pero eludimos transitar tierra firme, en exceso previsible. No obstante frente a los “agarres” más que el desprecio, cabe lanzar una pregunta, qué sostienen, qué provocan. Volvamos a nuestro interés. ¿Qué vinculan a los “faros de interés”?. Todos ellxs podrían pensarse como la punta de un trazado errante; una suerte de plano de investigación cuyo derrotero ignoramos. Si afirmamos que una clase puede tomarse desde un bondi, ¿qué estamos registrando, qué alteración perceptiva se ha producido, qué haceres se asoman desde ese punto de ver, como señalara Deligny[1], para distinguirlo del punto de vista?. Mientras el punto de vista lo es de una posición teórica, el punto de ver da cuenta de la posibilidad de deslizarse de un ángulo a otro sin premisa o significación referencial. ¿Habrá una verdad en aquello que sale fugazmente de sus carriles? La hay y no radica en la prístina voluntad de quien habla o ejecuta una acción. La hay en la materialidad, en el espíritu que más que resistirse “pasivo” a un presente, a un modo que se quiere ineludible, ya no puede ahí. ¿Nos interesa pensar saltos afuera o son esos saltos los que nos empujan a un proceso de experimentación? . El pensamiento es atrapado por esas dislocaciones , volcado a un devenir que no entiende de intencionalidades. Cuando nos dejamos tomar por la rareza de una clase que acontece en el colectivo o por la astucia de una maestra que hace alianza con un agente sanitario para enviar cartas a su alumno afincado en lo alto de las sierras jujeñas o por el ansia de esa pequeña que añora el cuerpo a cuerpo con objetos de su jardín, estamos en un estado casi de ensoñación en el cual no opera la frontera entre realidad y ficción, correcto o incorrecto. Más bien nuestro pensamiento balbuceante se ha vuelto pieza o engranaje de lo que lo ha cazado. El pensamiento ya no consistiría, en términos de Stengers[2], en el ejercicio de un derecho, en la iluminación de un sujeto, sino en el arte de las consecuencias. Es esa aventura que explora consecuencias lo que hace que los focos de interés no se posen en el carácter novedoso, espectacular, extraordinario, particular, colorido, anécdota excepcional de pandemia…sino en la sospecha o la tentativa de atrapar en los gestos que “saltan afuera” la “promesa” ( al estilo de la redención benjaminiana) que anida en la nimiedad. “Promesa” de alteración, que resquebraja el suelo de un modo de existencia regido por un voluntarismo que se niega a interrogar los actuales modos de vida inerciales. Intento explicarme. La niña que pide un objeto del jardín para tener consigo, puede ser visto como una inflexión de ternura pero también como una incomodidad que busca atravesar los confines de la pantalla; una pregunta que como señalara Oswald[3] expone esa necesidad de “creer”, de ir siempre más allá de los férreos límites que imponen formatos constreñidos. La respuesta de la maestra podría pensarse como una reacción favorable a la demanda de una infancia pero también, en tándem con el impulso de la niña, como la fuerza que, leyendo un choque inesperado, atraviesa la letanía del modo previsto de ser docente, que en el medio del tembladeral resulta más dañino que el virus que azota al planeta. No se trata solo de dar cabida a un pedido sino de “hacer lugar” fuera de lugar. Vayamos a la idea de promesa o de redención. La promesa en la que pensamos nada tiene que ver con la épica que envuelve la ilusión de un futuro a alcanzar ni con garantía alguna. Proponemos la figura de la promesa como ofrecimiento de alguna cosa que en este caso no procede de ninguna persona sino de la escucha de los posibles, de una interrupción abierta al devenir, a los zigzagueos que habilitan las grietas, haciendo tambalear el reino de lo único. Los gestos que relatamos no son invenciones ex nihilo, ocurrencias nacidas en la pura actualidad. Cada uno de estos movimientos no hacen más que poner en escena el arte de prestar atención a lo que con-viene a la vida. Se redime entonces una tendencia vital que ha sido oprimida, olvidada, opacada en pos de una atención con anteojeras. Esa que responde a una solicitud fabricada de antemano. El famoso síndrome de atención- por citar un ejemplo- o déficit de atención no implica necesariamente la pérdida de la curiosidad o la supresión de una tensión motorizada en el contacto con las cosas, sino un salto hacia afuera del escenario dispuesto para que las piezas evidentes se engarcen solo a la manera del rosario. Las inflexiones que sacuden lo habitual han provocado un acertado olvido. Ya no necesariamente asociar aprendizaje a espacio aúlico, atención a un cuerpo sentado que posa su mirada hacia un centro pre-establecido, tarea a respuesta esperada, docente a aparato parlante, sino disposición a encarar las consecuencias de conjugar elementos que no teníamos costumbre de vincular. En ese sentido, las movidas inesperadas se presentan como retazos, dado que no sabemos, antes de la prueba, de su eventual hilván, y como ruinas en tanto salen a la luz maneras conjuradas por la cuadratura de la lógica institucional. Isabelle Stangers[4] lo sintetiza en esta frase. La atención requiere resistir a la tentación de juzgar. ¿Es pensable una escuela que abandone el juicio? Ciertamente la escuela en América Latina o la idea de educación se ha visto sacudida a lo largo de la historia del siglo xx por algunos saltos hacia afuera; Paulo Freire[5] con su apuesta a una educación dialógica que libere a los sectores oprimidos de su posición sojuzgada, Ivan Illich [6]con su crítica radical al corset institucional y su propuesta desescolarizante, Olga Cossettini[7] con su propuesta de escuela activa abierta a las dinámicas comunitarias y a la experimentación tras los muros de la escuela . Sin embargo y nuevamente la fuerza normalizadora ha sabido imponerse y ganar terreno ya sea para ensombrecer su propagación, ya sea para tolerar sus costados “alternativos” sólo en el perímetro de una vida tribal . Así mismo todas esas experiencias de ruptura no han abandonado una impronta idílica, una imagen romántica lo cual paradójicamente las vincula a un punto de vista evolucionista del tiempo que ha sido el sustrato de la acción civilizatoria. Levy Strauss, nos recuerda Deligny[8], incomoda a los espíritus bien pensantes con la siguiente reflexión: …todas las tragedias que hemos vivido primero con el colonialismo y luego con los fascismos se inscriben no en oposición a un supuesto humanismo sino a su prolongación natural puesto que de algún modo con una misma zancada el hombre empezó por trazar la frontera de sus derechos entre él y las demás especies vivientes y luego se vio llevado a importar esa frontera al seno de la misma especie humana separando ciertas categorías a las que reconoce como las únicas verdaderamente humanas de otras que sufren una degradación concebida según el mismo modelo que servía para discriminar especie humana de no humana Si lo alternativo no implica más que un nuevo ideal de vida, eso que se plantea como transformación se trampea al cerrarse a sus mutaciones imprevistas. Desde este ángulo convendría investigar si acaso el sesgo alternativo guarda la nota de interrupción que nos interesa pensar. Tal vez el germen de interrupción que las ha impulsado haya sido solapado por el ansia de modelo. Cuando hablamos de redención unida a una interrupción politizante no abrazamos enunciados virtuosos ni imágenes idílicas de la educación, ni la presunción de proclamar su sesgo alternativo. La educación no es conservar ni enamorarse de retóricas ideales que sólo permanecen encumbradas. La educación es turbia, sombría y luminosa. Abierta a una problematización inconclusa. Es por ahí o es sólo para formar soldados “felices” de una vida cerrada en los estrechos posibles de un actual o en la pureza de un mundo a conquistar. Sin abrir un frente de batalla retórico en torno a lo alternativo, sugerimos corrernos de esta ruta. Lo alternativo se erige en oposición a lo convencional, hegemónico, instituído pero sobre todo se trata de oponer modelos. Y es justamente el ejercicio de la oposición -que se cocina en las arenas discursivas sin encarnadura, desinteresada de las consecuencias empíricas, concretas, vivas – el que ya no deseamos alimentar. En estas líneas intentamos bosquejar más que definir lo que podríamos pensar como gestos de interrupción. La apuesta es a la captura de potencialidades que han sido negadas en tanto virtuales que como tales no podrían revelar formas acabadas de las que podríamos dar cuenta, no sólo porque un “tiempo histórico” cercenó sus posibles efectuaciones, sino porque la fuerza de los virtuales radica en su capacidad singular precaria y abierta de una actualización siempre problemática y situada. La redención entonces volviendo a los ejemplos citados da cuenta de una acción que podría pensarse como desengarce de una lógica automatizada; se salva a la atención de ser objeto solicitado para hacerla jugar en relaciones impensadas. Desde este énfasis lo que cuenta no es la anécdota sino el eco contaminante, su capacidad de operar como virus que inocula el “germen” necesario a la plasticidad de las percepciones. Es entonces en los fragmentos de apariencia azarosa donde puede verse la fuerza de interrupción de la continuidad de una forma, que más allá de sus alteraciones cosméticas ha preservado una idea jerárquica del saber y acotadas lógicas de transmisión en un tiempo de progreso certero. No son los fragmentos en sí mismos los que cargan con la fuerza de la interrupción sino una perspectiva de montaje que habilite la alteración del tiempo o en términos de Bergson, su invención. La “promesa” entonces comporta una confianza en un más allá inmanente que no es más que un tal vez. Tal vez podamos abrirnos a la experiencia de otras temporalidades. Tal vez, si prestamos atención a esas “nimiedades” poderosas que saltan hacia un afuera abismal. La “intrusión” de las situaciones que relatamos no quieren decir nada, escapan a cualquier interpretación sociológica, psicológica o pedagógica. Son algo así como materia a-significante que suscita la necesidad de trances, de pasajes, que invitan a modificar las relaciones que establecemos con el ambiente. Reiteramos, se trata de investigar consecuencias incontrolables allí donde algo despierta a la actividad interrogativa. Si lo que irrumpe desacomoda, se torna imposible o al menos limitante la tentativa de hacer que lo experienciable se interprete desde un marco categorial dado. Y al mismo tiempo si lo que irrumpe roza la experiencia no es conveniente acotarlo a una chance pasajera. La idea de interrupción no abona una propuesta que nos salve de una supuesta oscuridad, no intenta plantearse como vigilia crítica emancipadora. Se trata de escuchar la experiencia sensible que nos avisa que eso que hasta ahora nos resultaba posible se nos vuelve imposible. Y para salir del impasse nos propone darle acogida a lo “intruso” para pensar desde sus reverberancias cómo hacer para que algo inédito exista. Walter Benjamín[9] escribió en 1920 unas notas tituladas “Apto para niños”. En uno de sus fragmentos dice: Es tonto cavilar pedantemente sobre la fabricación de objetos (material visual, juguetes o libros) que sean aptos para niños. Desde la Ilustración, ésta es una de las especulaciones más enmohecidas de los pedagogos. Su afición por la psicología les impide advertir que la tierra está llena de los más incomparables objetos de atención y uso para chicos. Pues los niños se inclinan especialmente por visitar cualquier lugar en donde sea visible el accionar sobre las cosas. Sienten una atracción irresistible por los desechos ….. En estos productos residuales reconocen el rostro que el mundo de los objetos les muestra . Con estos desechos, en el juego, no reproducen las obras de los adultos, sino que ponen a prueba una nueva e inesperada relación de materiales heterogéneos. “Relación inesperada de materiales heterogéneos”. Una cuestión de modos de ver, un arrojo a la investigación. En una extensa entrevista que se le realiza a Francis Bacon[10]; el pintor lo dice de esta manera Los trazos se hacen y tú estudias el asunto como si fuera un diagrama. Y ves en ese diagrama las posibilidades de los hechos que se plantean. Lo explico mal. Por ejemplo si piensas en un retrato puede que en un momento hayas puesto la boca en una parte pero de pronto ves a través de este diagrama que la boca podría ir cruzando la cara. Una pedagogía de la interrupción es la efectuación de una boca cruzando la cara. Se trata de una experiencia de inacabamiento de las formas de existencia. Una pedagogía de la interrupción es un acto no un argumento. Acto cuya eficacia consiste en la infección de nuestras relaciones con el mundo. Como toda infección nada sabemos del alcance de su propagación en el cuerpo social, nada de las invenciones de las que somos capaces movidos por los límites que nos impone la inoculación de un elemento extraño. Tal vez la hierba crezca ( al decir de Deleuze) cuando la convalecencia que acontece, sometida al encuentro de fuerzas divergentes, nos dé el impulso de saltar afuera de un funcionamiento autómata. Tal vez nada de esto y la inmunización sea la ganadora separándonos de una actividad que interrogue las formas no jerárquicas de relacionarnos a toda escala con lo vivo. Si una pedagogía de la interrupción implica un salto afuera de los automatismos, si lo que recoge no son las perlas diseminadas de un rosario para hilvanarlos según su representación, si se interesa por las ruinas y fragmentos entonces podemos pensarla como un trazado de temporalidades, territorios y afectividades. Temporalidades en tanto experiencias de un tiempo “para nada”, desprovisto de finalidades no así de consistencias; territorios como el trazado de circunstancias concretas devenidas de la singularidad de problemas; afectividades como la gestación de lazos deseantes y no meramente funcionales. Enero 2021 [1] Fernand Deligny. Permitir, trazar, ver. Museo de arte contemporáneo, Barcelona 2009 [2] Isabelle Stengers. Pensar con Whitehead. Cactus. Buenos Aires 2020. [3] Gonzalo Aguilar: Por una ciencia del vestigio errático (Ensayos sobre la antropofagia de Oswald de Andrade), Buenos Aires, Editorial Grumo, 2010. [4] Isabelle Stengers. En tiempos de catastrófes. Futuro Anterior/ Ned ediciones. Buenos Aires, 2017 [5] Paulo Freire (1921-1997), pedagógo y filósofo brasilero que ejerció una enorme influencia en el pensamiento educativo crítico especialmente en las décadas del 60 y 70. Entre sus múltiples publicaciones se destaca Pedagogía del oprimido, basada en su experiencia de alfabetización con adultos en la que propone una acción educativa que rompa con los patrones jerárquicos entre enseñante y aprendiz. Su apuesta central fue por una educación concientizadora que libere a los sectores desfavorecidos de un destino de sojuzgamiento [6] Ivan Illich ( 1926-2002) pensador de origen austríaco devenido mexicano. En una de sus obras destacadas La escuela esa gorda y vaca sagrada (1968) expone su rechazo a las formas institucionales de la sociedad moderna industrial que según su perspectiva sólo forma soldados útiles y competitivos a las coordenadas mercantiles. Su apuesta, estimular espacios informales que acojan lo valioso que está “afuera de los muros de la escuela” [7] Olga Cossettini (1898-1987), pedagóga rosarina que abrevó en la experiencia del educador y médico polaco, exterminado en los campos de concentración nazis, Januz Korczak. En una de sus últimas conferencias se refirió al escrito de este pedagogo libertario titulado Una pedagogía de la perversión. Olga Cossettini propuso quebrar las barreras impuestas por el enciclopedismo y sacar la pedagogía del claustro de sus métodos convencionales. Planteó una articulación entre estética y educación. Derrumbó bloques horarios y cuadrículas por materia, renglones y márgenes y en especial intentó franquear las separaciones artificiosas entre escuela y comunidad [8] Levy Strauss en Deligny. Op Cit [9] Walter Benjamín. Calle de mano única. Cuenco del Plata. Buenos aires 2014 [10] David Sylvester. Entrevista con Francis Bacon. Flecha Ignea ediciones. Buenos aires 2015

  • Adynata Febrero*

    1. Consentimos una civilización que evalúa y selecciona vidas. Se constata con las vacunas que se fabrican y venden al mejor postor. Asistimos a una alternativa atroz: se pertenece a una nación poderosa o dependemos de que una voz proclame: “Te necesitamos”. Nadie tendría que ganarse el derecho a estar en la vida. 2. Meses vienen con memorias, promesas, incógnitas de los días. Febrero llega con memorias de cómo se vivía antes, con promesas de que pronto lo que enferma y mata terminará, con incógnitas de las suertes que nos esperan. También arriba con vejeces despedazadas por tantos olvidos, vidas que crecen protegidas, silencios que escriben, asfixias por los encierros, temores a perder lo poco que queda, sueños de amor, decisiones difíciles, lecturas que salvan, gratitudes por una palabra recibida, cansancios por escuchar lo de siempre, bromas cómplices en el umbral de una desesperación, fotos de una felicidad en su momento no del todo sabida, temores de sobrar, dolores por tantas injusticias, voces emocionadas en los teléfonos, deseos de vernos pronto.

  • Intimidades mutantes algoritmizadas / V. Nicolás Koralsky

    Avisos a les lectores: -Esta nota[1] se escribe a partir de la escucha de relatos ofrecidos en las entrevistas realizadas a usuarios de apps y consumidores de pornografía, en el marco de la investigación “Intimidades mutantes. Sexo-afectos contemporáneos: goces y malestares en la Era digital (en contexto de Pandemia)”[2]. En su mayoría, los fragmentos rescatados y articulados en este escrito son de hombres cis homosexuales, mayores de 20 años, blancos, urbanos, algunos migrantes, algunos residentes en la ciudad de Barcelona (España) y otros de la ciudad Buenos Aires (Argentina). 0001[3]. Intro Los tiempos que corren han mostrado una seria mutación de los modos de habitar la intimidad. Estas líneas intentan acariciar las transformaciones que se han ido dando en los últimos tiempos en los modos de excitarse, buscar placer, vincularse, mirar, ser mirado, matar el aburrimiento, encarnar cuerpo y armar lazos. Tanto el acceso a la pornografía, desde cientos de buscadores online, como la variada cantidad de aplicaciones móviles de encuentros sexo-afectivos[4] que han surgido en estos últimos tiempos (Tinder, OKcupid, Badoo, Happn, Grindr, etc) han dado lugar a un nuevo modelo de intimidad cubierto de: avatars, bangover, belfies, cyberbullying, grooming, goshting, nudes, pegging, sexit, sexdiet, sexpreading, sexting, sextorsión, selfies, sharenting, stories, swipes, toothing entre tanto otros. Anglicismos que funcionarían como la brújula de los modos de hacer contacto; vincularse; vivir, no sólo la sexualidad. Los cuerpos urbanos, penetrados por las “nuevas” lógicas afectivas digitalizadas, han desterrado al azar y a la celestina. Cupido y los milagros de San Antonio ya no son necesarios. Hoy en día encontrarse con alguien, tener una experiencia erótica estaría sujeto a lo que los algoritmos establezcan, a lo que las imágenes “enfiltradas[5]” muestren en los perfiles, al historial de compras hechas con el móvil y, a la posibilidad de adquirir una membresía “Premium” dentro de la misma app. El deseo y la propia imagen se fueron envolviendo en neón y cada uno de los usuarios de estos softwares (no solo de encuentros íntimos, sino Instagram, Facebook, Tik Tok, entre tantos) parecerían haberse vuelto un objeto a ser consumido que debe llamar la atención de otros para poder vincularse, mostrándose teniendo vidas cada vez más voluptuosas, exitosas, sonrientes, sensuales y entretenidas[6]. Acompasado su ritmo a de las citas virtuales, la pornografía fue bailando a la par. Su consumo aumentó desde que los dispositivos informáticos se volvieron móviles e individuales (celulares, tabletas, ordenadores, etc.) donde cada usuario parecería ser el dueño de su intimidad y, donde la censura se volvió cada vez más escaza y el acceso a contenido adulto se hizo cada vez más frecuente y temprano. El porno hegemónico daría lugar al asentamiento de prácticas sexuales y estereotipos, funcionaría como una pedagogía que la mayoría de las veces coloca a lo femenino en una posición de objeto del hombre y vuelve exóticos los cuerpos racializados. En contexto de Pandemia, muchos portales de pornografía abrieron sus contenidos audiovisuales para mantener a sus usuarios calentitos dentro de casa. 0010. Grindr, Tinder, Scruff parecerían tener la llave para curar los trastornos del déficit de atención. Algunos de sus usuarios cuentan como la experiencia con la interfaz los arroja a una concentración total. El mundo comienza y termina en el rectángulo luminoso. El cuerpo se mete en la pantalla, los digitus (dedos, de aquellos números que pueden “contarse con la mano”) son los que cuentan escribiendo, fotografiando, grabando, etc. En la pantalla todo es cuestión de diez dedos (o menos) haciendo cuerpo. Un ejemplo del uso de los dedos, clave, en estas aplicaciones es el swipe[7] a la derecha, que podría ser la caricia más real que alguien podría recibir en Tinder. Deslizar los dedos suavemente, para producir el desliz. Acariciar el teléfono como siguiendo una coreografía pautada: un swap pa’la derecha otro la pa’la izquierda. Son los dedos los que bailan: izquierda material de descarte, no aplica para una cita; derecha, lo considerado para una cita, lo aprobado, lo deseable. Lo táctil puesto al servicio de una superficie lisa, como la de nuestros teléfonos móviles, se vuelve cada vez más plano, sin rugosidades o asperezas, sin arrugas. El teclado de un ordenador todavía conserva el roce que puede haber entre las letras, los bordes de sus formas plásticas, la fuerza y el sonido al presionarlas, las teclas –inspiradas de los instrumentos musicales y luego trasladas a las máquinas- conservan la dimensión sensible del tacto. Anoto una frase de un entrevistado: “Levanté la mirada y ya me había pasado tres estaciones, me suele pasar cuando aprovecho el colectivo(bus) para usar Grindr porque al moverte la geolocalización te muestra más perfiles”. De otro apunto: “cuando estoy en estas aplicaciones tengo una concentración total, que no logro para ninguna otra cosa” . De otro reparo: “cuando estoy ahí pierdo la sensación del tiempo y del espacio, estoy metido ahí, pierdo horas de horas sin saber muy bien qué busco o si quiero buscar algo en realidad”. Otro explica: “paso de una a la otra absorbido por el teléfono. Cuando quiero mirar fuera de la pantalla ya estoy mareado”. Mareantes[8], es el término que se utiliza en España y otros países de habla hispana para esos usuarios que no concretan el encuentro sexual. Mareado es el modo en el que quedan los usuarios por fijar la mirada y luego levantarla. Las pantallas marean a sus usuarios, muchos de ellos son mareantes mareados que, probablemente transmitan ese sentimiento de turbación a otros en la misma aplicación; un círculo sin fin que reproduce una afectación en el cuerpo. Quizás este sea un modo de practicar la talasofilia[9]… A diferencia del mareo “gay” de las pantallas y de la concentración individual privatizada frente al móvil; Marea verde es una campaña social que nació para visibilizar las desigualdades del patriarcado, conglomeraciones de mujeres con pañuelos verdes apostadas en espacio públicos para exigir la despenalización del aborto y garantizar el acceso seguro a servicios médicos de interrupción del embarazo[10]; abocado también por conseguir la igualdad entre los géneros para disfrutar plenamente la sexualidad. Como si fuese un crucero[11] (cruise[12]) a la deriva en un mar turbulento, el “cruising[13]” virtual comparte con los transatlánticos turísticos lo “mareante” que puede resultar la experiencia de trasladarse de un sitio a otro y el aburrimiento que provoca el mismo viaje, donde se necesitan actividades de ocio para distraer a los viajantes del tedio del tiempo dentro de la embarcación. Hoy en día esas actividades pueden ser las más atractivas para comprar un billete en estos navíos. Al navegar como usuario en algunas de estas aplicaciones, en su versión gratuita, la publicidad suele ser de juegos u otras aplicaciones[14] que alivian el tedio de no pescar nada en el mar de perfiles-celdas. Las aplicaciones de cruising y los cruceros, muchas veces funcionan como no lugares[15]. Algunos de los usuarios que se dejan ver en las aplicaciones móviles suelen tener cuerpos que responden a un “prototipo universal”, puede forzarse una analogía entre los cruceros todos parecidos entre sí en sus opciones de entretenimiento (dependiendo el tipo, unos más otros menos) y los cuerpos “bellos” similares garantes de éxito (dependiendo el tipo, unos más otros menos). La industria del turismo y la de las aplicaciones comparten el mismo objetivo: ocupar el tiempo muerto cruzando los mares donde se puede sufrir mareos y podemos aburrirnos. Quizás una caminata en tierra firme, reconociendo el territorio, fuera de la pantalla, pueda aliviar el vértigo mareante. Para mejorar el horizonte de la mirada, tanto en un crucero como en una aplicación de móvil, se está obligado a pagar. Volverse un Cliente Premium permite tener mayor alcance en el paisaje de lo que se ve, un caso será el de los perfiles que se puedan encontrar cerca y en el otro el de las vistas que se puedan obtener desde el camarote (entre otros lujos). Sin caer en moralinas, no habría que olvidar que la finalidad de estas redes sociales para encuentros sexuales es el entretenimiento y ha permitido desacralizar la sexualidad, los placeres y los encuentros con otros. También permite que ciertos usuario, en pequeñas poblaciones, puedan “saberse acompañados” tenido un perfil cerca y, eso funciona como un gran salvavidas en un mar de heterosexualidad obligatoria. El problema se presenta cuando se adentra en sus profundidades y no se puede salir de ellas, cuando esas honduras ahogan con estereotipos que se fundan en la misma heterosexualidad obligatoria a la que se quiere huir o con los mismos patrones de masculinidad que, muchas veces, los grupos de pertenencia primarios exigen. 0011. Ante el porno y las citas online, los usuarios comparten una sensación de excitación ante la “búsqueda”[16]. Es en la búsqueda, en el hurgar para ver que hay ahí o quién hay ahí o quién más puede mirarme o qué más puedo mirar, donde pareciera haber cierta unanimidad[17] en los relatos. Algunas prácticas en criminología intentan determinar el origen del suceso rastreando el “pecado capital” que hace de móvil del homicidio. Los siete pecados capitales, que parecerían haber quedado relegados en los dogmas cristianos, siguen funcionando como repertorios emocionales de algunas sensibilidades desde donde asoman: la soberbia, la ira, la avaricia, la envidia, la lujuria, la gula, la pereza. Mientras que a “simple vista” se podría pensar que los pecados más recurrentemente cometidos por los usuarios de aplicaciones de sexo podrían ser la lujuria, la gula o, la combinación de ambas en una “libidinosidad de hiperconsumo”; como “el motivante” de las apps de citas; y en otras aplicaciones (Instagram o Facebook) podría ser la envidia -ante la vida fastuosa de los otros dada a ver en las pantallas- , luego de escuchar algunas “confesiones” de los entrevistados, se podría establecer que el más común de los pecados es la avaricia. Para algunos de los usuarios de apps de citas (Tinder, Grindr, Scruff, etc) la meta final es acumular más y más de lo mismo: “El sexo en la redes no expande sino que sigue la lógica del trofeo, de la foto que gané más matchs, de la cantidad de hombres con los que pueda estar, de la escala de belleza a la que accedí ,de la nueva casa que conocí “, “del “check” de un extranjero más con el que se tuvo una experiencia que queda marcada en el mapamundi adosado en la pared”. Algunos describen “la acumulación” dada en la sensación de haber “tenido sexo” pero no haber estado en lo(s) sentido(s). Como si se hubiese cometido el acto mecánico de lavarse los dientes o se hubiese cumplido con una de las tantas tareas apuntadas en la agenda (sin negar la sensación de frescura luego de la primera y el alivio de quitarse una tarea de encima de la segunda); algunas relaciones sexuales son descriptas como momentos de descarga para “estar más limpio mentalmente” , sexo higiénico, como se suele llamar vulgarmente. El avaro de Moliere cuenta sus monedas y en la acumulación instala su tranquilidad de ser. Mira como su peso vale. Algunas veces la cantidad de encuentros es una excusa para que pase algo y tener algo que contar en una reunión entre amigos, funciona como parte del anecdotario conversacional y sigue la lógica confesional. Quizás contar con más pueda potenciar una acumulación sexual amnésica que cepilla[18], permite continuar con el automatismo diario y la insensibilidad que exige la vida del capital. En ese tipo de encuentro el otro no interpela como otro. Así como la técnica cognitiva-conductual del “mindfullness” puede limpiar de los ruidos del día a día para continuar con lo mismo al día siguiente, este tipo de sexualidades representan un alivio (algunas de las veces, solo, instantáneo) que se ajusta con el malestar que provoca lo monótono de la rutina[19]. Lo higiénico se corresponde con las lógicas donde la Razón Moderna instaló la constitución de ciudadanos sanos, conscientes y productivos. El higienismo busca moldear los cuerpos y las sensibilidades a través de medidas que incentivan la limpieza y el orden para reducir las enfermedades que puedan darse en el habitar las ciudades. Es interesante recalcar que algunas veces los usuarios suelen referirse al hecho de no ser portador de HIV/VIH como: “estoy limpio” o consultar: “Are you clean?”. Discursos asociados con el higienismo y la estigmatización social. El sexo higiénico[20] quedaría contrapuesto al “sexo ocioso o lúdico”. En el primero, la vinculación carnal tiene un claro efecto productivo-rentable: “echar un polvo para continuar con las actividades del día” y poder volver al trabajo o como “forma de quitar el stress” que produce una actividad laboral. La motivación está dada por el efecto que se busca: seguir con la producción. Sin hacer valoraciones de la eficacia técnica de la opción que se prefiera utilizar, mientras unos “limpian su mente” con una práctica oriental, otros lo hacen haciendo unos largos en la piscina y, otros, optan por aprovechar la hora de almuerzo para cortar y “comer polla”. De más está aclarar que el problema no está puesto en el hecho de tener sexo, sino la función que cumple el mismo en el sistema del capital. Este modo higiénico iría reduciendo así el gasto improductivo[21] y la carga ineficiente con la que podría vincularse el sexo por el placer en sí. Este tipo de “encuentro” sanitario , aborrece lo fortuito, reniega de lo realmente “casual” (a pesar de que muchas veces sea llamado de este mismo modo), detesta lo que lo saca de cauce, desprecia lo emocional y se perturba ante la ternura. Escucho decir: “Eyaculo, le paso papel y, solo quiero que se vaya”; “no me gusta que quieran hablar antes o después de follar, quiero terminar y que se pire”; “muchas veces es un trámite: está la puerta del piso abierta, el tío está a cuatro patas, te lo follas, descargas y te vas”; “una cosa es tener sexo para poder seguir con tus cosas y la otra es tener una cita. Se tiene sexo con cualquiera, la idea es quitarte la calentura y seguir con tus cosas más liviano”. La Razón está emparejada con la ratio, la cuantificación, y está despegada de lo cualitativo. Algunos necesitaban consumir sustancias para perder la razón, sentir el cuerpo y, encontrar placer; sin ser este “sexo higiénico” propiamente dicho, en algunos casos esta práctica podría parecerse bastante y beneficiar a la misma ideología del sexo higiénico; mientras en otros casos podría ser una situación para compartir intimidad, un momento tanto de placer como de vulnerabilidad común y apertura a los otros. En estos encuentros, cuando el autocuidado y la percepción de la propia fragilidad[22] escasean, se puede exponer el cuerpo a experiencias de consumo extremas y prácticas de riesgo (similares al irse de manos en los enfrentamientos entre machos, conducir ebrio, realizar balconing, etc). Durante los fines de semana se roza lo límites de perder el yo gracias a sustancias que pueden potenciar la conexión, endurecer, desinhibir, estimular, elevar la tolerancia al dolor, dilatar; para luego volver a una rutina rigurosa y esterilizada durante la semana. Purgar lo improductivo e indecente del “placer” del weekend[23], se logra con una rutina de sacrificio que dura de 9 a 18, de lunes a viernes y, que está medida por: objetivos y bonos en retribución por cumplirlos, dietas y ejercicios, reciclaje y meditaciones. En el neoliberalismo meritocrático clase media; la penitencia para poder seguir siendo parte del culto al capital y conseguir la absolución de los pecados (cometidos el fin de semana) se hace venerando a la Santa Rutina que permite seguir perteneciendo al culto al consumo y al capital. Si el amor romántico se sostiene en la posesión -se pertenece al amado siendo suyo y viceversa-, el “amor empantallado” busca la acumulación y la reafirmación -se pertenece siendo un producto de la imitación del modelo de éxito que consigue más-. Mientras tanto, se es una pertenencia de la maquinaria algorítmica y los medios masivos de comunicación que imponen un modelo de “gaycidad”[24]. Se comprueba que se cumple con ese modelo cuando se reciben más mensajes, más woofs[25], más taps,[26] más matchs, más momentos sexuales, más intensidad. Parecería ser que en la lógica de las aplicaciones de ligue, lo importante es acumular signos que digan que el otro me reconoce como: deseable, apetecible, cogible o follable…o (bien) parecido[27]. Las pistas que nos acercan a resolver el “pecado capital” detrás de lo descripto anteriormente, son: - “¡Quiero más! No suelo quedarme conforme con lo que pasa en Grindr, tampoco después del sexo. Me aburre, no conecto”. -"En Tinder no paro de acumular matchs, pero no me contacta nadie” -“Mando taps con una llama y espero que me hablen pero pocas veces pasa”. Pero ¿Qué es lo que se busca matar en las aplicaciones citadas? A esta altura este texto ha dejado varias pistas, además de la rutina, se busca matar el tedio vital de la soledad más “humana”, que luego los usuarios describen sentir en las mismas aplicaciones. 0100. Fuego en taps[28] (toques) y matchs[29] (emparejamientos), el fuego en las aplicaciones de citas calienta con nudes, aunque muchas veces ese fuego o esas fotos produzca la misma calidez que las imágenes que simulan una fogata virtual colgada en una pantalla HD en el comedor de una casa en invierno. Las muestras de una sensualidad que se prende fuego, enviadas a través de fotografías sin ropa (nudes), donde ya no es necesaria la apodyopsis; muchas veces quedan desproporcionadas a las conversaciones que se puedan tener dentro de la aplicación. Para algunos usuarios, los chats que tienen con otros usuarios se asemejan mucho a las respuestas automáticas que se obtienen de los “asistentes virtuales”; son los mismos usuarios que describen esto los que, luego, practican el mismo tipo de conversaciones “chatbot”. Siri[30] y Alexa[31] [32] parecerían ser más locuaces y responder con más interés y premura que algunas de las interacciones que se pueden tener con otros usuarios en estas interfaces (de ser el caso que se obtenga una respuesta). Concretar un encuentro sexual implica ser expeditivo. En el campo del appdeseo pareciera haber estratos bastantes marcados, Jerarquías sexpeditivas, que hacen que el trámite de la conversación se acelere o lentifique y pueda o no concretarse algo. Por ejemplo, tener en el perfil las letras XL y enviar una imagen de una erección de grandes dimensiones “acorta la conversación pero no evita la recurrente: ¿cuánto te mide?”. Tener un cuerpo trabajado, ser activo, superar 20 cm de pene, ser masculino, joven, “lechero”, “ponedor”, vuelve al usuario un “AB”[33] . La escala social sexual, que opera implícitamente, promueve la movilidad “socio-sexual” a partir de una belleza (cross)fit o una que levanta el propio peso (calisténica). De algún modo, estas aplicaciones eliminan las clases sociales determinadas por los ingresos económicos y las reemplaza por la cantidad de inversión en el tiempo de entrenamiento, performance de masculinidad y dieta. La “dotación” contada en centímetros (difícil de modificar) y la herencia genética, sumada a la variable de la edad, serían los los pesos[34] de más valor. El enclasamiento sexual va regulándose descendentemente a medida que se cumplan los NO detallados en muchos perfiles -que pueden encontrarse no solo en aquellos usuarios AB, y que también funcionan de forma tácita-, los tres más recurrentes: -NO afeminados -NO gordos -NO mayores de 40. Una lógica de requisitos y exclusiones que hace que estas apps reproduzcan la lógica de los portales de búsqueda de trabajo. El empleador es ese que, cumpliendo con mayor características de masculinidad, cm de pene y belleza, acuerda el “contrato” sexual con aquel que es igual a él o inferior en el cumplimiento de esos requisitos. La metáfora laboral puede ser usada a la par de la del emprendedurismo neoliberal hecho cuerpo, encubierto bajo la idea voluntarista de “puedes construirte tú mismo”. Un homosexual “integrado” al mundo social debería perder la sensibilidad (asociada a lo femenino, a “las mariquitas”), y adoptar una performance de “macho”. Como ya se comentó, “Que no se note la pluma” es una cuestión clave para estar en la cúspide de la pirámide sexual en las aplicaciones de ligue entre hombres. A pesar de los esfuerzos que hicieron ciertas organizaciones de derechos humanos para dar de baja el ejército militar obligatorio, el entrenamiento utilizado en las fuerzas armadas es la opción que algunos usuarios de citas han encontrado para modelar el cuerpo y la sensibilidad. Asimismo, la erotización de las fuerzas policías –especialmente en los países llamados desarrollados- podría haber fomentado este patrón. El cuerpo se habría vuelto un proyecto de trabajo personal, como si fuese acero modelado en una fábrica, se invierte toda la energía vital para volverlo una “armadura de carne”. Un cuerpo-armadura que apela al entrenamiento de guerra, usado por algunos de los usuarios de aplicaciones de citas entre hombres para volverse impenetrables, produciendo una paradoja, dependiendo del rol: volverse un agujero a penetrar pareciendo impermeable. La lógica se concentra en la construcción de un cuerpo duro y saludable, viril pero penetrable[35], pero sin fisuras, sin grietas, si arrugas. Este cuerpo soldado sabe que no ha bebido el elixir de la eterna juventud, el tiempo le p a/e sa, Cronos lo vulnera suavemente, ajando su masculinidad. Las identidades soldadas pueden sentir vértigo al enfrentarse con la vejez. La Máquina-cuerpo, inútilmente entrenada para la guerra irá oxidándose de a poco. La caducidad, dependiendo del poder adquisitivo, podrá ser paleada o no con intervenciones estéticas y farmacológicas. Como sucede con los ordenadores y los teléfonos, la obsolescencia está programada, a cierta edad los cuerpos quedarían fuera del mercado de la carne y la vida (útil) del aparato anulada –salvo excepciones vintange o Sugar Saddies-. La metáfora bélica es una constante en los flirteos sexuales: “Busco que me rompan la cola”, “Te destrozo el orto”, “Te parto en dos”, “Te doy caña hasta dejarte el ojete como una flor”, “Rompo culos” Estas expresiones pueden llegar a condensar las fantasías sexuales más variadas. Mientras que por un lado nos encontramos con las metáfora de embestidas, por el otro nos encontramos con la hambruna lactante o los deseos más maternales: “busco leche”, “trago”, ”breed me”, “feed me”, “busco preñador”, “seed me”. La Fragilidad en tensión con una lógica probatoria del aguante[36]. Algunas aplicaciones de encuentros sexuales emplean la geolocalización (utilizada en los sistemas de rastreos militares) para brindar sus servicios. Cuerpos-territorio penetrables pero no permeables. Cuerpos que mostrarían su “rajadura” no solo en anos fisurados, desgarros musculares o pollas flácidas sino en los más elementales zurcos de la vida: las arrugas que produce el tiempo. 0101. Este texto es solo una de las tantas aproximaciones al estudio de los efectos de las nuevas tecnologías en la intimidad (de hombres homosexuales), sin querer llegar a ser conclusiones cerradas y comprobables o construcciones académicas citables. El análisis sobre estas Identidades mutantes algoritmizadas, intentará completar sus conjeturas en próximas derivas escriturales. [1] La primera de esta serie refleja lo concerniente al uso de aplicaciones para sexo entre hombres. 2 Investigación financiada por L’Oficina de Suport a la Iniciativa Cultural (OSIC) del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya ( Beques per a la recerca i la innovació en els àmbits de les arts visuals, dels nous sectors creatius, de les arts escèniques, de la música i del pensament). 3 En el sistema binario, en el que se inscriben los algoritmos, 10 es el II de los números romanos. 4 En contraposición a cada una de estas aplicaciones y a cada uno de estos motores de búsqueda han surgido aplicaciones y organizaciones que buscan contener estos consumos. En su mayoría estas asociaciones (por ejemplo: Covenant eyes, Dale la vuelta) y apps (brainbuddy, ironwill, stopfap, nobate, manhood, habittacker, quit adiction, endure time, end porn, addiction and sex, compulsion, slaa sex porn, etc) usan técnicas cognitivo-conductuales. 5 En referencia al filtro digital que puede hacerse a las fotografías 6 Los modos de estar con otros, que ya venían mutando con la algoritmización de la vida, se han visto transformados aún más en el contexto de la pandemia del Covid 19, donde los Estados hicieron un llamado a disminuir los encuentros presenciales y volverse a las citas-encuentros digitales. 7 La versión argentina a este termino es “vueltero”. Dar muchas vueltas, marea. 8 Término en desuso para hacer referencia al amor intenso a los mares. 9 https://www.amnesty.org/es/latest/campaigns/2019/08/the-green-wave/ 10 El crucero en arquitectura es el espacio donde la nave mayor de la iglesia cruza a la que atraviesa. 11 https://dictionary.cambridge.org/es/diccionario/ingles/cruise 12 En “Cruising, historia íntima de un pasatiempo radical” (2020) Alex Espinoza hace referencia a su origen en el término latino “cruz” (p. 16). 13 Uno de estos juegos tiene como objetivo salvar ganado de catástrofes en la granja, otro de evitar que los diferentes rincones de una casa se estropeen por el agua o se prendan fuego. 14 Trastoco aquí el concepto inventado por Marc Augé a principios de este siglo. 15 Quizás, también la “desorientación”. 16 En el caso de Grindr el usuario necesita trasladarse a otra geografía porque su sistema solo muestra a quienes se tiene cerca; sino se mueve el perfil se queda anclado y verá siempre las mismas caras, los “vecinos” que se encuentren en el mismo radio. La aplicación permite posicionarse en cualquier lugar del globo para encontrar usuarios de otras regiones o zonas pero exige de la versión paga para poder hablar ilimitadamente con ellos. 17 El cepillado permite limpiar. En Argentina, cepillar también es una de las tantas formas que se usan para expresar que se tuvo una relación sexual. 18 El riesgo está cuando esa práctica sexual se termina volviendo parte de la misma rutina, como despertarse, desayunar, bañarse, ir al trabajo. 19 El sexo higiénico es aceptado y podría funcionar como una etapa anterior a la de realizarse como un “buen gay” con una pareja monógama, una propiedad privada, con marcados hábitos de cuidado “estético”. 20 Tomo prestado este concepto a G. Bataille. (1933) "La Noción de Gasto", en La Parte Maldita. 21 El doctor en medicina Benno Keijzer ha estudiado el fenómeno que hace que los varones deban ponerse en riesgo o poner en riesgo la vida de otros para demostrar su condición de varones. En algunos casos la exposición se da al querer comprobar el mandato de masculinidad (se debe ser capaz de coger/follar de cierta forma o tantas veces o con tantas personas) dato interesante cuando hablamos de hombres que tienen sexo con hombres. En otros la masculinidad se nutre de la soberbia de la invencibilidad. 22 Las prácticas a las que se hacen referencia aquí pueden ser amplías, incluyen el uso de drogas ílictas o lícitas : en algunos casos se hace referencia a la reuniones sexuales con “vicio” como suelen llamarse en Argentina y chem party o chills en España. 23 Ver: Meccia, E. “La sociedad de los espejos rotos. Apuntes para una sociología de la gaycidad” en Sexualidad, Salud y Sociedad - Revista Latinoamericana, núm. 8, agosto, 2011, pp. 131-148. Centro Latino-Americano em Sexualidade e Direitos Humanos. Río de Janeiro, Brasil. 24 Recibir uno es un modo de saber que otro usuario está interesado en el perfil. Representa una huella. 25 Se envía un tap a otro usuario como se envía un like para indica lo que quiero: “estoy buscando” (ícono: Diablo), busco amigos (ícono: Hi!), caliente (ícono: “hola”) 26 Alguien parecido es alguien similar a uno mismo, bien parecido es alguien guapo. Se es bello en tanto y en cuando se asemeja uno con el otro. 27 Modo de llamar la atención a otro usuario en la aplicación Grindr. 28 Usado también para hablar de las cerillas. 29 Asistente virtual de Apple. 30 Asistente virtual de Amazon. 31 Microsoft ya se encuentra trabajando en una patente para un asistente virtual que responda como una persona amada muerta. https://www.ubergizmo.com/2021/01/microsoft-chatbot-dead-loved-ones/ 32 Haciendo juego a la popular segmentación de mercado. 33 Peso es también el nombre de la moneda local en muchos países de las ex colonias. Ej: Peso Argentino, Peso Mejicano, Peso Chileno. 34 Que puede soportar cualquier bala y no romperse. Considerando que el término bala deriva de la palabra glande. 35 El investigador Pablo Alabarces se encargó de conceptualizar está teoría en la cultura popular, en específico en el fútbol. Los usos que hace este artículo de la idea del “aguante” no se corresponden fielmente a los de Alabarces

  • Gladis Cáceres. Esbozo de una vida viva 3: Las muertes en Villa Berthet / Oria Seccia

    De manera imperceptible, aparecen, de tanto en tanto, capas en la pintura de Villa Berthet que dejan ver lo que todo indica que no se puede ver; el clima familiar se torna, de repente, siniestro. Como si bajo la vida apacible y transparente del pueblo fluyera una corriente de violencia que de a ratos emerge, trastocando la calma de lo cotidiano. Se trata de un río subterráneo, continuo: una serie de complicidades familiares lo entuban, permiten su curso sin que aflore a la superficie, y así arrastra en silencio lo innominable. Gladis, lejos del pueblo, con extraños como nosotros, habla de eso, y devuelve ausencias. “Llevame a Buenos Aires con vos”, le había dicho la hija de Liliana, una de sus primas, “porque a mí no me gusta vivir acá con el marido de mi mamá”. Gladis indagó por teléfono, y nos resume: “me contó”. Ante eso, la respuesta de Gladis fue resolutiva y a-institucional: llamó a la prima y le dijo que se la quería traer un rato a Buenos Aires. Ante estos modos de pensar la familia, que a mí me extrañan, Gladis no se detiene. Del dicho al hecho, el largo trecho que distancia a ambas ciudades. Y el del dinero necesario para atravesar el camino entre geografías. En tres meses, Gladis logró conseguirlo y, al volver a Villa Berthet, se encontró con una noticia: Irma le cuenta que “se mató la hija de la Liliana”. Once años tenía, y se ahorcó con una soga desde el techo. Había dejado una carta. “Me fui a investigar por la carta y verla a mi prima”, nos cuenta Gladis, para después confirmar que no había ningún secreto a revelar, más que el que la nena le había contado por teléfono: Diego, el esposo de Liliana, abusaba de ella. Gladis, con dolor, se resolvió, no se guardó de preguntar a Liliana: —¿Por qué no dijiste nada? —Porque es el padre de mis otros dos hijos. Liliana sabía. Muere a los 8 meses. Al mes muere el hermano, su primo. Ninguno de los dos era viejo. Luego murió la otra prima de ese lado de la familia. Y después otro primo se suicidó: se colgó de un quebracho. Gladis no sabe por qué, pero el comentario es que el tipo abusaba de las dos primas. Gladis se desvía en su relato: “ahí corre la marihuana a dos manos”. Pero vuelve: vuelve porque los hechos se repiten, retornan, se acercan bastante a lo normal –más que a lo excepcional– una vez que se corre el manto de silencio, tarde. En esa misma conversación, me cuenta el caso de un primo de ella que abusó de todas sus hijas. De profesión, pastor evangélico. Gladis recuerda que, cuando ella era joven, su papá un día lo corrió con una escopeta de su casa. Por toda explicación, recuerda: —Tu primo es Alma-mula. —¿Qué es eso? —Dije que es Alma-mula y no quiero más preguntas. Hará diez años atrás, ya de grande, en una de sus visitas a Villa Berthet con Mati y Alberto, vio pasar las camionetas de la policía de Villa Ángela, rompiendo con los tránsitos redundantes y esperables que circulan por el pueblo. Habían venido a detener al pastor. Su hija mayor, Herminda, “se cansó”. Se escapó de la casa y dio con un comisario de Villa Ángela, que le tomó la denuncia –¿no se la había querido tomar la policía de Villa Berthet?–. Y lo fueron a buscar. Herminda se había atrevido a denunciar a su padre, que es también padre de uno de sus hijos. Según el recuerdo de Gladis, también iban a imputar a su madre, por encubrimiento. La leyenda de la “Alma-mula” proviene de Santiago del Estero, pero no es difícil imaginar que ella pueda migrar, en parte por los desplazamientos poblacionales, pero acaso, sobre todo, porque lo referido en su leyenda se expande sin territorio definido. El Alma-mula es una especie de mula aterrorizante que encierra el alma de una mujer que debe pagar por sus pecados: licenciosa, se le adjudica haber mantenido relaciones sexuales con su padre o con sus hermanos; algunas versiones incluso le imputan comercio carnal con un cura, por lo que está condenada a vagar por las noches convertida en animal, arrastrando largas y pesadas cadenas. Su vagar aterroriza a los vivos, buscando que alguno de ellos no se espante de su aspecto ni de su pasado, la enfrente y la redima de sus pecados haciéndole un corte en una de sus orejas con un facón, arma masculina por excelencia, que delata de quién depende el destino de esa alma en pena. Advierte la leyenda, también, que de no tener el coraje para realizar aquella hazaña –de no tener “los huevos”, como se ha medido la valentía desde siempre–, mejor taparse los oídos y alejarse pronto del lugar: no puede olvidar quien escuche su lamento que al borde de la locura puede arrastrar. Curiosa leyenda, cuyo núcleo de verdad reside en su inversión proyectiva: a las mujeres se le atribuyen los deseos y consumaciones incestuosas al interior de la familia. E, incluso, se sella la verdad invertida que habita el mito con una advertencia que garantiza (la necesidad de) su perpetuidad: mejor no escuchar. Gladis, que se acercó a Herminda después del episodio y se animó a escuchar, desplazó el lugar en el que el mito pone a la locura: “tu papá estaba loco”. Quizá la recurrencia de estos abusos masculinos al interior de la familia disipe la pertinencia de la palabra “locura” para nombrar a sus perpetradores, con las connotaciones excéntricas que ella carga. ¿No serán, acaso, hijos sanos del patriarcado? *Fragmentos del libro Gladis Cáceres. Esbozo de una vida viva (Tocoymevoy Ediciones, 2019)

  • Conversaciones después de clase / Fernando Stivala

    Nervios Fantasmas que fantasean con lo controlable. Quedarse callado, que el momento te juegue una mala pasada, no saber qué decir. Eso que se siente en la vibración, en la respiración. Temblor que también habla del entusiasmo. Nace de una tendencia. Algo que quiere expresarse. Una conversación. Mejor invitarlos, antes que reprimirlos. Estado pasajero Excitación momentánea. Ansia. Temor a no poder controlarlo, no saber cómo, y a la vez querer hacerlo. Control: tener dominio sobre lo que estamos diciendo, cómo lo estamos diciendo, y también sobre la recepción de quienes escuchan. Siempre en relación con enfermedades. Esa relación de desconfianza con lo inesperado. Hablar de los nervios, un modo de conjurarlos. No es fácil habilitar que pasen, de pronto, pasan. Algo que los hace pasajeros es el olvido. '"Me olvidé que estábamos hablando y nos están escuchando´ Momento donde charlás como si estuvieras en el bar. Oráculos Conversación que quiere declarar su intensión: la de tirarte de la lengua, aún más. Agradecido de todo lo que ya la has es - tirado. Aprovechar el rato. Vertiginosidad. Como los griegos, en la antigüedad, yendo a dialogar con el oráculo de Delfos. Charla que surge de la intención de construir un diálogo para el programa de radio ´la peor de todas´. Flechazos de ideas que se encadenan en la serie de textos ´esquirlas´ escritos durante el confinamiento 2020; confiando en que vibran allí, las tantas ideas que hay en otros libros y textos que acompañan eso que se podría llamar una vida, una obra. Desde la radio se pensaron unos sintagmas, ya no recuerdo autorías. Una especie de separadores. Sintagmas que nacen de lo mucho. La idea es hacerlos hablar, tirarle la lengua, desenvolverlos. Se vuelven cortos, con la confianza de que incluyen mucho. Caprichos Oráculo Oralidad, voz, predicción, respuesta. Consulta a los dioses a través de alguna intermediación. Entre la pregunta y los dioses hay una intermediación que escucha y traduce. Consultar para saber el porvenir, lo que nos va a pasar. Bion piensa al grupo como un oráculo callado. Un oráculo que devuelve un vacío. Donde la pregunta ´qué me está pasando´ se encuentra con el silencio. La clínica es la pregunta a un oráculo que no responde, y en esa no respuesta, precipita al encuentro con las propias preguntas. La clínica como un movimiento contra oracular. Un gesto vacío de una respuesta que nunca llega. El capricho por elegir esto y no lo otro. Primer capricho: Cambiar la lengua para cambiar el mundo Se habla en general, y siempre da para pensar un poco más. Pensando en el problema en torno a la tierra, a la propiedad, lo que pensamos tanto en relación al Yo, o a la idea de Sujeto. ¿Qué relación efectiva y concreta hay entre la lucha de los pueblos y los pensamientos radicales? Una me viene rebotando. Cambiar o contagiar o afirmar otra distribución de valores. Una especie de doble movimiento: mientras interrumpe y denuncia, se van afirmando algunos valores nuevos a distribuir. Sabemos el efecto de las palabras, los discursos. Siento ahí como una trinchera de producción de valores colectivos para luego viralizarlos y distribuirlos. Por un lado se dice así de literal: cambiar la lengua para cambiar el mundo. Y por otro lado lo haces: ese momento donde elegís incluir común antes del sustantivo. Común estar, común orfandad, común debilidad. En esa sutileza se recupera lo que puede la palabra. Veo por lo menos dos movimientos a la vez. Se denuncia que eso no tiene el imaginario que dice de esa palabra, o por lo menos, no solamente. Y mientras denuncia, le quita esa pegatina hollywoodense y representacional que se nos viene en automático con esa palabra; le devuelve su posibilidad, su potencia. En algún lugar escribís: tal vez no en la fuerza, sino en una común debilidad residen las potencias que salvan. Esa palabra sola (debilidad, orfandad, estar, entre otras) tienen la fuerza de una molécula de agua, o de un grano de polen. Con común delante… ya sabemos lo que pueden hacer las mareas embravecidas. Simone Weil denuncia a la idea de fuerza. Recupera la palabra debilidad. Se medita sobre las palabras que cargan, transportan, llevan valores que pasan inadvertidos. Cambiar la lengua para cambiar el mundo. Cambiando la lengua no se cambia el mundo. La intemperie material no la cambian las palabras. Ahí hay crueldad y desigualdad. Engels y Marx a propósito de la idea de ideología no están de acuerdo con que cambiando el lenguaje se cambia la materialidad. Ellos dicen que no alcanza con cambiar las conciencias para cambiar la materialidad. ¿Cómo cambiar las conciencias y los pensamientos que nos habitan? No alcanza con combatir la lengua o las palabras para cambiar el capitalismo. Se trata de cambiar las relaciones de trabajo, las relaciones de explotación material, para que las conciencias puedan representarse otros modos de común estar. Cambiando la lengua no se cambia la vida, pero esta práctica de volver a pensar las palabras, deshabituaciones del habla, pueden servir para no consentir automatismos cómplices con la vida que queremos combatir. Luchar. Lucha de la propia lengua. El desplazamiento de la idea de lo común tiene ese sentido. No es lo mismo decir un común estar, que un estar en común. Un modo de estar puede ser en común. Otra cosa es decir un común estar, donde ahí, el adjetivo o la forma adverbial común, anticipa al infinitivo que se vuelve sustantivo. Hipérbaton. La figura retórica que invierte el orden. Altera el enunciado común, el normativizado, el habituado. Todas las figuras retóricas alteran el habla común. Recuperar la retórica como astucias del habla que deshabitúan lo que solemos plantearnos y está naturalizado. En el hábito pierden énfasis las palabras, pierden su potencia. Pensar consiste en pensar de nuevo palabras envejecidas. Las palabras pierden potencia. Pierden capacidad de diseminar sentidos no disciplinados. Romper las lógicas de captura. Se enrarece la expresión, sacude automatismos, decide un énfasis, y persigue una posición política de la lengua: reponer en lo común una fuerza que se decide recuperar. Reponer la fuerza de lo común porque sospechamos que está envejecida, o lavada, o desvitalizada. Las palabras se gastan, se banalizan, se las vuelve complacientes. Palabras de la civilización casi inutilizadas, desgastadas, desmerecidas, desprestigiadas: comunidad, comunicación, comunismo, comunión, colectivo. La epidemia viral ha comunizado. El virus nos comuniza. Nos enfrenta, nos arroja a un destino común. Cambiar la lengua no alcanza para cambiar el mundo, pero la práctica de la deshabituación en la lengua permite romper automatismos que consienten el mundo que queremos cambiar. Una común debilidad, y no La. Discusión enunciativa que también tacha al artículo que designa, inmoviliza. Una no totaliza. Destotalizar el enunciado. Introducirle la vacilación que necesita. Al ser una -más- entre otras posibles, se rehúsa a la totalización, al imperativo. Segundo capricho: Contaminando normalidades Otra búsqueda afirmativa la encuentro en la elección de una escritura fragmentada, formas inconclusas, retazos de conversación. Escribís que ´fragmentos no terminan ni concluyen. Inseguros puntos de apoyo flotan sobre un abismo. Cada fragmento se ofrece como un comienzo, esquirlas acumulan comienzos sin desenlaces´ Encuentro en esa idea, y en muchas otras, una desconfianza con eso que podríamos llamar desenlace. Pensaba en lo seductor del desenlace. Es una garantía, una confianza. De resultado, de seguridad. En el desenlace hay un premio seguro, o un castigo, pero hay algo. Entonces también pensaba que para reemplazarlo, o por lo menos para no quedar a merced, necesitamos restituir esa confianza. Pero en dónde si no en el desenlace. ¿En la trama? ¿En lo que pasa? ¿Cómo se confía en lo que todavía no es pero está pasando? ¿Cómo se confía en lo que ni siquiera tiene garantías de que vaya a ser un desenlace? Escribís: no conviene que políticas de los cuidados impongan conductas a través del miedo, o los reconocimientos… Se necesitan convocar deseos, encantar voluntades, animar confianzas, propiciar disfrutes de un común cuidar. Mesa de oportunidades Uno de los grandes temas de las políticas de los cuidados tiene que ver con convocar al deseo de cuidar. La ciudad Buenos Aires tiene una relación contradictoria con los cuidados. El Estado y el cuidado. Si el Estado puede atraer al deseo o solamente disciplinarlo. Los estados nacionales y una cátedra. El problema de la evaluación, el momento de las indicaciones, de las consignas. Siempre la pregunta trata de cómo atraer deseos. Y el resultado, la aprobación, el juicio, el tribunal que supone una cátedra. La nota como sanción, como premio o como castigo. El contexto de la nota, los resultados en estas formas virtuales. Comparto la incomodidad con los procedimientos de evaluación, con el formato disciplinario; pero a la vez no hay manera de sortear esa tensión. Hay distintas maneras de habitarlo, pero no se puede sortear en la universidad el problema de la evaluación. Convocar al deseo es contar con que el deseo no acuda a la cita. En lugar del deseo, acuden la rabia, la bronca, el desprecio, el maltrato, el desinterés, la frustración. Difícil convocar ahí al deseo, al entusiasmo, a la complicidad. ¿Por qué ese llamado tendría que estar garantizado o tener la respuesta esperada? ¿Y cómo tolerar esa ausencia de lo esperado? ¿Y hasta qué punto poder alojar? En un grupo de estudiantes, como también en un grupo de docentes, hay una convocatoria al deseo, y también aparecen rabias, enojos, equívocos, malos tratos, rivalidades que lastiman, calladas, endurecidas. Un común estar que no es el desenlace de la libertad, de la alegría, de la felicidad. Desenlaces y enlaces continuos con estados que presentan esta variabilidad de modos de afectividad, afectaciones, lastimaduras, sufrimientos, y alegrías. Con la expectativa de que los sufrimientos en un común estar se desplieguen de un modo pasajero. Retazos. Es difícil que un concurso académico acepte la escritura fragmentaria como método, como afirmación. El retazo como esa parte de la tela que no sirve para nada. Restos que no alcanzan. Me crié en tiendas de telas con mi papá. Quedaban pedazos que no servían. Retazos quedaban en mesa de oportunidades. Tela atractiva pero que no alcanzaba. El retazo está en ese borde entre lo inútil y presentarse como una oportunidad extraordinaria. Tengo el gusto de construir textos con retazos. Una gran libertad. Al retazo no se le pide que satisfaga un modelo, una expectativa. Si el retazo no alcanza forma parte del retazo. Los fragmentos no alcanzan para una idea. No sostienen una argumentación suficiente, pero no por pereza, fatiga, comodidad; sino que están ahí para atestiguar que no alcanza. Y eso les da la fuerza. La argumentación completa disgusta. Si bien los retazos tienen formas afirmativas, y convicciones; la misma fragmentación les impide realizarse como tales. Introducen un corte en la omnipotencia del argumento. Retazo, fragmento, esquirla. Enlazan y desenlazan. Empiezan con el aliento del enlace y se cortan ahí. El desenlace incompleto. Poética de Juan L. Ortiz. Empieza con una afirmación, y termina con un signo de interrogación. En el curso de la afirmación, ésta se volvió pregunta. La volvés a leer para ver cuándo se hizo el desvío. Una afirmación plena que termina en un tembloroso interrogante donde queda suspendido. El suspenso. El desenlace tiene una alteridad que es la de la suspensión. Escena clínica, el momento donde la sesión se suspende. Termina en el sentido literal, pero las expresiones no son de la terminación. ´Dejamos por ahora´, ´seguimos la próxima´. Como las novelas de folletín que describe Puig: terminaban suspendiendo el desenlace, lo postergaban. Como todo suspenso tiene una promesa que la conclusión no tiene. La conclusión concluye con la promesa, el fragmento la sostiene. Es muy importante recuperar un diálogo, o una escritura, que sostengan la promesa en la suspensión del desenlace. Atestiguar lo que no alcanza. Tercer capricho: Echándole sombra al conocimiento El año 2020 estuvo subrayado por una idea que venís vaticinando desde años anteriores, la idea de No saber. El pensamiento se nos escapa. Por otro lado, en el libro sensibilidades decís: el tinglado de demasías se llama normalidades. Un no saber que no declara su saber, no necesita. Su saber está en la misma afirmación: No saber. ¿Qué afirma esa declaración? Quizás meterse allí no se trate del fin de toda racionalidad, sino de una afirmación que incluye la contingencia Lo impensado; una exigencia más para el pensamiento, y no su destrucción. Pensar esa contingencia le agrega matices al pensamiento, desborda el tinglado de las razones. Desmentir o negar esos asuntos habla de la fatiga o de no tener el acceso a unir ideas de un modo rápido y simbólico. Esa negación habla más de un impedimento de quien la porta, que de una verdad del conocimiento. Decís: ´La necedad reside en actuar como si eso que sí se sabe no se supiera´. Actuar lo que se sabe, haciendo como si no se supiera. Un tipo de ideal del orgulloso. Eso que fue llamado loco o loca, además de habitar una sensibilidad sufriente, es también transformador de cultura y chivo expiatorio. Transformador en su doble sentido: cambia, y es vehículo de electricidad para que algo funcione. Estabilizador de la electricidad. Inestabilidad para la persona, estabilidad para la general. Desmesuras o demasías quedan siempre muy ligadas a lo inestable; también estabilizan. Más que un irracionalismo, un pensamiento con más tonalidades, que traspasa la racionalidades de lo que sabe, de lo que conoce, de lo simbólico, de sus identificaciones: ´¡aaah, es esto!´. No es la crisis de lo pensable, sino de hacernos cargo de que para pensar hay que elaborar una lógica singular, peculiar, creativa, situacional. Cada cosa con su lógica, Cada cosa con su tema, y no carente de ella. Proponés llamar ´singularidad no a la emergencia de un ser, sino a la composición de un momento único´, ´a un estar en común irrepetible´ Lo propio de algo es que trae una lógica suya que no responde a una lógica general. Sobre un fondo alógico, por fuera de la protección del tinglado, cada singularidad que emerge, lo hace con una lógica. Ni siquiera es que el Saber sea un horror, sino una pluralidad que se despliega una y otra vez de manera singular. No hay La Razón porque hay miles de racionalidades. Cada fenómeno trae una razón. El chiste de Funes el memorioso. De tan memorioso, ve que cada cosa no es igual a otra, nunca. De tan memorioso, de tanto símbolo, muestra lo ridículo de querer encasillar. Tanta memoria exige creación, alojo, casas nómades y momentáneas para lo distinto, cada vez. El poco saber es una posición con la que podemos nombrar la vida. Clarice Lispector, Para no olvidar. “¿Cómo se llama?” La promesa de que va a llegar un texto maravilloso. 2da parte Cómo se llama ¿Cómo nombrar? Nombrar es un ejercicio de poder. Poder y Saber. ¿Cómo nombrar? ¿Cuál es la relación de poder? Aparece la pregunta de cómo se llama lo que siento, y Clarice se responde. “Si recibo un regalo dado con cariño por una persona que no me gusta, ¿cómo se llama lo que siento? Una persona de quien ya no se gusta más, y ella tampoco gusta más de uno, ¿cómo se llama esa amargura y ese rencor? Estar ocupada, y de pronto parar por haber sido tomada por una despreocupación beata, milagrosa, sonriente e idiota,¿cómo se llama lo que siento? El único modo de llamar es preguntar ´¿cómo se llama?´, hasta hoy, sólo pude nombrar con la propia pregunta. ¿Cuál es el nombre? Es este el nombre.” Como se llama. Pensando las intervenciones clínicas. Nunca encontramos las palabras para decir lo que nos pasa. Un tropiezo constante. Estamos hablando y no encontramos la palabra. En el dialogo clínico pasa eso. Falta la palabra, se tienta, se apuestan otras. A veces esa falta de palabra provoca impaciencia, cansancio, desazón. Se completa lo que falta con las palabras en las que estamos adiestrados. Adherimos a términos por automatismos que funcionan para calmar lo que nos pasa. No se soporta no encontrar la palabra de cómo se llama lo que nos pasa. Clarice dice que el único modo de llamar es preguntar ´cómo se llama´. Alojar eso, no impacientarse en esa falta de palabra. No hay que concluir rápidamente. Nuestra labor reside en dar con las palabras más apropiadas para rodear lo que nos pasa, acompañarlo. Estar ahí junto al dolor. Palabra no plena, a la que no le falta nada, la que nombra lo que nos pasa. Dar la palabra a veces es no decir nada. Se da la palabra sin nombrar. Se da la palabra en silencio, sin etiquetar. Se da la palabra volviendo a escuchar la palabra. A veces dar la palabra es dar sus indecisiones, temblores, arrepentimientos. No es dar la palabra como sentencia. Aunque a veces, hay que darla sin dudarlo, cuando funciona como torniquete silábico. Para detener hemorragias de sentimientos que ahogan se dice: ´esto es angustia´. En esos momentos se da sin dudarlo. Pero otras veces, se duda mucho de dar las palabras. Ese no dar con la palabra lo acompaña el silencio. Muchas veces nos abstenemos de dar la palabra para no lastimar, para no reducir, para no confiscar lo que se está viviendo al uso reducido de esa palabra, y porque también esa palabra puede tener una historia en una vida que se nos escapa, que tenga un sentido que ni sospechamos. La Idea de no dar con la palabra para decir lo que nos pasa tiene que ver con el saber. Es una herida. El saber no dar con la palabra. El saber no decir. El saber sobre lo que no se puede decir. Invierte el mundo del pensamiento. Amamos la idea de un saber que sabe que no puede dar con aquello que nombra lo que nos pasa. Y frente a ese saber que no puede dar, encontrar, o nombrar; no se impacienta, no se desespera, no se refugia en sentencias, estereotipos, ni en una racionalidad profesional. El tinglado, una cobertura clínica para alojar el no poder nombrar, el no saber. ¿Cuál es el nombre? Ese es el nombre: ´cómo se llama lo que siento´, y poder sostenerlo. No es solo sostener un interrogante, sino pasar por muchas palabras sin concluir en ninguna. Lo inconcluso, lo incompleto del poco saber, del poco nombrar. No es no nombrar, puede ser pasar por los nombres sin encallar en ninguno. Un saber que no encalla. Encallar: quedar inmovilizado en el lodo, en el barro, en la tierra, en las palabras, en el lenguaje. Callar como ese repliegue en lo silenciado. Cuarto capricho: Tercera Orilla Inventás una idea: coreografía de cuidado. Otra estrategia anti representacional. Otro movimiento doble que comparte intención. Discute la representación en el arte, discute la representación en la clínica. Ambas unidas por una intención política: desmarcarse de las representaciones para darle aire a la cosa. Allí está presentada y declarada, y en esta definición desarrollada, escribís: ´En lugar de repetir el sintagma salud mental, se podría ensayar: demoras en un común estar que pueden alojar bienestares y malestares transitorios´. El asunto de los bienestares. ´Propiciar disfrutes de un común cuidar. Convocar, encantar, animar, propiciar´ Muchas veces algo atrasa los bienestares. Derecho a bienestares, sin más. La salud, la salud mental, la clínica, la psicología, el psicoanálisis están muy ligadas en torno a los padeceres. Decís también: ´llamamos interioridad a una forma de encierro´ ´La vida en común fabrica sentimientos sin que lo notemos´ Alojarlos, pero con la prevención de esa máscara subjetivante, la peor de todas: ser el relato de ese malestar, siempre. Y por otro lado la idea de Oury, estar ahí. Un estar ahí que sienta el bienestar de simplemente estar ahí, haciendo algo, o nada. Escribís que en ´ocasiones se cuida absteniéndose de actuar. Que cuidados, a veces, practican el solo estar. Un estar ahí como secreta sabiduría clínica. Sin prisas, ni impaciencias.´ No quiero olvidar el contagio por esa vibración, eso irrepresentable, pero que mientras viva está prendido. Ese entusiasmo que no tiene objeto. No se pide, no se reclama, no se enseña, no se transmite. Se lo puede habitar, y quizás contagiar. El padecimiento, el malestar, el sufrimiento. El problema del ´Sí o sí´. Una complacencia con la queja. Atrasa los bienestares. Los pone atrás, los hace llegar tarde, o nunca. Se privilegia el malestar como un signo de pertenencia. Pertenezco al malestar y exhibo esa pertenencia como un bien. Sospecha con vacilación. ¿Se puede pensar el malestar como una actuación, disfraz, puesta en escena? En la clínica de las demasías, en los manicomios, se suele escuchar: ´hace un manejo´. ´se hace la víctima´, ´te seduce con su malestar´. Miedo a no leer bien lo que está pasando. Caer en un estado de seducción, de compasión, de quedar tomado ahí. El problema de considerar eso sí o sí como un manejo, corre el riego de desestimar el dolor, y posicionarse en un estado de insensibilidad ante el mismo. De creer que eso no es un dolor genuino. ¿Hay dolores genuinos? ¿Puede haber un estado de simulación? No le quitaría importancia al dolor. Atraso de los bienestares. La situación clínica finalmente se sostiene en el deseo alegre de estar ahí. Hay, la alegría de ese estar ahí. Ese momento de las cercanías, del contento de encontrarse y despedirse, de pasarla bien conversando, sostiene la relación clínica. Duele del dolor su inmovilidad. Pasarla bien conversando. Pasarla bien aun hablando del dolor. Un hablar del dolor, de lo que nos pasa, sin saber hablar. Compartir un balbuceo. La alegría de charlar, de dudar, de errar en la conversación, de hablar despreocupadamente. Me perdí, gran momento. Perderse y poder decirlo. Ante otras presencias también perdidas, pero que permiten retomar. Sostener la alegría del estar ahí. Oury decía que la alegría del estar ahí es la pregunta que involucra la transferencia. Estar ahí es un acto transferencial. Tener la convicción, en ese momento, de que uno no quería estar en ningún otro lugar que no fuera estar ahí. No es cualquier cosa estar ahí. Tiene que ver con la transferencia. Tiene que ver con el amor. Amar estar ahí. Quinto capricho: Deslenguas y desmadres Quería aprovechar para tirarte de la lengua, aun un poco más, en relación a los desboques, y desmadres; pérdida de la moderación. En torno a la desmesura, lo incontable, lo inescrutable. Escribís: ´esquirlas de miedo estallan cada día, no sonidos, ruidos que aturden. Perturban los sentidos. Estado de aturdimiento.´ Procurás inocularle un sintagma a la lengua: ´Demasías no enferman, normalidades sí´. Otra vez dar vuelta la lengua para cambiar el mundo. Decís que nos cuesta pensar la demasiada vida. Que se necesita hacerle lugar a la furia, no apaciguarla. Y quería compartir un texto de Nietzsche que encontré en Aurora, no lo llama así, pero lo podríamos rebautizar como una especie de oración a la desmesura. “¿Quién es capaz de fijar los ojos en el infierno de angustias morales —las más amargas e inútiles que se han podido dar— en el que se consumen probablemente las sensibilidades más fecundas de todas las épocas? ¿Quién tendría valor para escuchar los suspiros de los solitarios y de las extraviadas?: «¡Concedeme, Dios mío, la locura, para que llegue a creer en mí! ¡Mándame delirios y convulsiones, momentos de lucidez y de oscuridad repentinas! ¡Asústame con escalofríos y ardores tales que ningún mortal los haya sentido jamás! ¡Rodéame de estrépitos y de fantasmas! ¡Déjame aullar, gemir y arrastrarme como un animal, si de ese modo puedo llegar a tener fe en mí mismo! La duda me devora. He matado la ley, y ésta me inspira ahora el mismo horror que a los seres vivos un cadáver. Si no consigo situarme por encima de la ley, seré el más condenado de los condenados. Ese será mi castigo. ¿De dónde viene si no de ti este espíritu nuevo que late en mi interior? ¡Demostradme que te pertenezco, poderes divinos, naturaleza divina! ¡Sólo la locura me lo puede probar!».” Meditaciones sobre críticas de la moral. Martillazo a la moral. Cierres Finalmente se los puede conjurar a los nervios, contándole a la próxima vez, que es verdad que durante el transcurrir de la charla se van pasando, se van olvidando. Lo pasajero, lo transitorio, son un gran auxilio en la clínica, en la vida. Un problema del presente: estamos en presencia de algo que pocas veces ocurrió en la civilización. Entramos en un tiempo que no va a ser pasajero ni transitorio, y eso se niega. Se cree que se vuelve a la normalidad. Nos deja en un difícil momento planetario y civilizatorio. De acá es muy difícil salir y volver a lo de antes. Está corriendo riesgo la vida planetaria ya mismo. El capitalismo no funciona porque es injusto, y además porque destruye la vida. Esta epidemia viral como historia distópica pone en juego la urgencia de pensar todo de nuevo. Esto no parece transitorio. Gratitud por esa desmesura del conocer. Eso que siempre se hace un hueco, ese algo más, querer conocer algo más. Esa relación con el No saber. Escribís: hacerse responsable equivale a hacerse una vida. Eso que a veces se llama poético, o tiene el nombre del amor, creo que es el tono de una obra que no niega los dolores pero aun así no deja de afirmar, de creer, de crear, de convocar, de encantar, de animar, de propiciar. Un tono que conmueve porque se hace responsable de uno de los secretos de la vida. Hay dolor pero aun así… *Versión de un diálogo con M. Percia acontecido el miércoles 18 de noviembre del 2020, en vivo por Instagram, #gruposdos

  • Charla entre la revista española Ajo blanco y Félix Guattari (1977)

    Hoy en día la sociedad burguesa tiende a instituir una represión de masa asumida por las masas mismas Alguien, sintiéndose el más libertario, nos argüirá que ¿para qué traer a nuestras páginas la voz de un intelectual? Que basta ya de masturbaciones mentales. Que lo mejor sería acabar de una vez por todas con los "comecocos" (hay que ver en las comillas un desprecio para con esta expresión). Lo cierto es que Félix Guattari, psiquiatra, intelectual y hombre comprometido con los movimientos de la nueva izquierda, está protagonizando unas páginas en el seno de las actuales alternativas revolucionarias, protagonismo que poco o nada tiene que ver con el tradicional intelectual de izquierdas, caracterizado por un más o menos feroz dogmatismo y una no menor dosis de pedantería. Nosotros, que tuvimos ocasión de hablar con él en Bolonia, pensamos que sería interesante dar a conocer al público del Ajo a un individuo que ve más allá de sus narices y con eso de la lectura transversal de las cosas es posible, incluso, que vea al biés. AJOBLANCO -Dado el funcionamiento habitual y cotidiano de los mecanismos de represión y normalización que nos rodean. ¿Cómo caracterizarías los rasgos fundamentales de la sociedad actual? ¿Podemos hablar de un “sistema”, en el sentido más amplio del término? F. G. -Indudablemente estamos ante un sistema, estamos ante un nuevo tipo de sociedad. Las viejas formas de democracia burguesa ya no son capaces de responder a las contradicciones sociales existentes. Pero las formas pretendidamente progresistas, tales como las que se han desarrollado en los países del Este, tampoco corresponden a una solución posible. La evolución de las fuerzas productivas requiere que sean aportados dos tipos de respuestas a imperativos en apariencia contradictorios: ¿Cómo satisfacer las necesidades de amplias masas? ¿Cómo responder los problemas de los individuos superando las divisiones de clases, las disparidades sociales, las jerarquías, etc.? ¿Cómo preservar las singularidades, las irreductibles posiciones del deseo? ¿Cómo evitar la «serialización» (por retomar la expresión de Jean Paul Sartre) de las condiciones de vida? Hoy en día la sociedad burguesa tiende a instituir una represión de masa asumida por las masas mismas. Toda la organización social está montada de forma que los resortes revolucionarlos propios de los oprimidos sean sistemáticamente rotos y, en primer lugar y ante todo, rotos por ellos mismos, rotos por el movimiento obrero, por las organizaciones de todo tipo que pretenden representarlo. Pero la misma evolución de las fuerzas productivas arrastra la situación en otra dirección. En ella, por el contrario, al menos tendencialmente, es la iniciativa, la libertad, la creatividad de los individuos quien es requerida. Los modos de sujeción por el salario, la economía monetaria, las jerarquías, las disciplinas autoritarias, corresponden cada vez menos a las necesidades de la evolución de los sistemas de producción modernos. En este sentido, se asiste a un desfase cada vez mayor entre esta evolución de las fuerzas productivas y las diferentes superestructuras políticas e institucionales, incluidas las que hoy cuadriculan el movimiento obrero y las masas. AJOBLANCO - Uno de los aspectos en los que recientemente te ha puesto más el acento, es el fenómeno de lo que se llama la “germinación” creciente de Europa (e incluso de todo el mundo); ¿cuál es, en tu opinión, la importancia de esta cuestión en una perspectiva más global? F.G -Creo que no se puede separar lo que llamaré “represión fuerte”, la que consiste en destruir física y moralmente, por ejemplo, los detenidos, los abogados de la extrema izquierda revolucionaria en Alemania, de la “represión suave”, la que consiste en intoxicar la población por medio de los mass-media, en controlarla, en cuadricularla por toda clase de medios, como por ejemplo la sectorización psiquiátrica, la “psicologización” de la vida familiar, el desarrollo de los métodos de control pedagógicos en las escuelas, e incluso por cierta concepción del ocio, del deporte comercial, etc. La represión fuerte, que se referirá, por ejemplo, a los métodos de condicionamiento de tipo skinneriano (tal como hemos podido verlo ilustrado en una película como La naranja mecánica) o las represiones “suaves” que pasan por los medios de sugestión publicitaria, por el psicoanálisis, etc., son complementarias. No puedo sino repetir aquí lo dicho en mi respuesta a vuestra primera pregunta: el objetivo fundamental es un cuadriculaje de las masas en el que deberán participar al máximo las masas mismas. Es con este objetivo que son difundidas las técnicas de represión suave. Un modelo de sociedad, un modelo de familia, un modelo de consumo, son inyectados en las masas. Se busca el infantilizar las relaciones humanas, el desresponsabilizar la relación de cada individuo con la sociedad. Una considerable inflación se crea sobre la demanda de atenciones, la demanda de consumo, la demanda de asistencia. El poder de Estado y sus ramificaciones políticas, sindicales y culturales, tiende a controlar el más pequeño acto de nuestra vida. Pero para todas las personas que escapan este primer sistema de cuadriculaje, se dispone en un cuadriculaje de segundo grado. Se crean, en las ciudades, barrios especiales para marginales. Se crea una asistencia mínima (el welfare state) para la gente que no puede integrarse en los engranajes de la producción. Se tolera la desviación hasta cierto punto. Pero si se comprueba que un puñado de elementos irreductibles son, no sólo incapaces de integrarse en los engranajes de la sociedad tal como se hallan establecidos, sino que además rechazan políticamente esta integración, entonces se es encarnizado con ellos, se les denuncia en la prensa, se les hace la vida imposible (ver, por ejemplo, la película “Katarina Blum”), se les empuja a intervenciones desesperadas como, por ejemplo, las del grupo Baader-Meinhof que hoy en día solo tiene como objetivo el intentar liberar sus propios compañeros. El sistema penitenciario se esforzará en romper la personalidad de los presos; se les empujará a suicidarse o se les empujará hacia la locura. No creo que forzosamente los actuales métodos de represión existentes en Alemania serán generalizados al resto de Europa. En cada situación particular la pareja represión suave – represión fuerte encontrará su estatuto. Pero lo que me parece esencial es el captar la naturaleza de la articulación de estos mecanismos. En cierto sentido, todas las sociedades industriales desarrolladas, trátese de la URSS, los Estados Unidos o los países europeos, están a la búsqueda de un sistema de control social que se apoye en este tipo de doble mecanismo. AJOBLANCO - Respecto a la lucha de la clase obrera, ¿piensas que se trata de un “engranaje” ya integrado en la máquina social, de un medio de lucha caduco o paseista, o más bien la consideras como el camino indispensable para la apertura de nuevas alternativas? F. G. -Es evidente que ninguna transformación social podrá efectuarse sin la clase obrera; pero es igualmente evidente que nada se hará en este sentido en tanto que el movimiento obrero no se saque de encima los partidos, los sindicatos, los burócratas de todo tipo que controlan su estructuración actual. Hoy en día no se puede hablar de la clase obrera. Hay varias clases obreras. Una parte de la aristocracia obrera está aliada objetivamente con la burguesía, por ejemplo en Alemania o en Estados Unidos, y se comporta como uno de los mejores soportes del orden existente. Otra clase obrera está apareciendo, la que rechaza esta integración, la que se siente más cerca de los millones de parados, de los millones de mujeres en lucha por su emancipación, de los millones de trabajadores inmigrantes que se transplanta del modo más inhumano de un país a otro, de los millones de jóvenes carentes de perspectivas. Las antiguas minorías, minorías regionales, minorías sexuales, etc., están en situación de llegar a una alianza con esta nueva clase obrera que está apareciendo AJOBLANCO En este sentido, piensas que conviene plantearse la cuestión de nuevas formas y nuevos medios de lucha en la sociedad actual? ¿Piensas que los mass-media tienen un papel que jugar en este terreno? G. F. - Los mass-media juegan un papel fundamental en la política del control social y en la formación de la fuerza de trabajo que tienden a poner al servicio del capital. Pienso, en efecto, que nuevas formas de lucha implican el desarrollo de un nuevo tipo de expresión de las masas. Hoy ya no podemos contentarnos con el que los lideres se expresen haciendo editoriales en periódicos o revistas políticas. Las masas necesitan expresarse directamente mediante sus propios diarios, en los muros, mediante toda una red de radios libres como es el caso actualmente en Italia. No se trata, en modo alguno, de proponer un culto del espontaneísmo, sino de tomar conciencia de que la expresión organizada, centralizada del movimiento obrero y de los movimientos revolucionarios ha llegado a esclerotizarse tanto, a burocratizarse tanto, que hoy se ha hecho necesario el aceptar la idea de una reconstitución de las perspectivas y métodos de lucha a partir de la base. Sólo poco a poco se llegará a formulaciones y estrategias más completas. De toda la efervescencia espontánea a la que se asiste actualmente saldrán nuevos tipos de organización, nuevos tipos de sensibilidad, que nadie puede hoy definir, AJOBLANCO - Nos gustaría que abordaras un punto: ¿cuál ha sido el papel jugado, según tú, por España durante el período de dictadura en ese proceso de “germanización” generalizado que señalábamos más atrás? ¿Crees que la España de 1977 continúa jugando el mismo papel o un papel nuevo? Y en este último caso, ¿por qué? F. G. -No creo que la dictadura fascista en España haya jugado un papel importante en el proceso de “germinación” del que habláis. Lo que, por el contrario, me parece significativo es que el hundimiento del régimen franquista no se ha debido a una lucha política organizada, dirigida por las tradicionales formaciones de izquierda. Este hundimiento se ha debido sobre todo a, por una parte, las contradicciones en el seno de la burguesía, especialmente contradicciones económicas en relación a una posible integración en el Mercado Común, y, por otra parte, y quizá principalmente, a lo que llamaría la “revolución molecular” que atraviesa todos los engranajes de la sociedad. Pienso que estamos hoy en la víspera de una verdadera explosión en España, desde ese punto de vista. Yo mismo he podido conversar con compañeros de Galicia que trabajan o militan en el hospital de Conxo. He visto hasta qué punto estaban unidos los problemas de liberación de Galicia, los problemas de emancipación de los enfermos mentales, los problemas de libertad sexual, de libertad de expresión, etc. Creo que quizá España se convertirá muy deprisa en un motor de la nueva revolución que está a punto de llegar a Europa, un motor que relevará y acelerará el movimiento al que asistimos actualmente en Italia. ROSSEND ARQUES - SANTI SOLER *Publicado en Revista Ajoblanco nº 28, Madrid, diciembre 1977. Revista independiente y libertaria publicada desde 1974 pionera en contracultura, ecología, reivindicación del arte en la calle y la recuperación de las fiestas populares sin corsés. “Pusimos especial interés en el feminismo, las comunas, la ocupación, el antimilitarismo, la sexualidad libre, la antipsiquiatría, los nuevos formatos cinematográficos, el viaje y las nuevas formas de vida y de activismo”. *Revista Adynata agradece a Fernando Stivala el regalo de este hallazgo.

  • ¿La única verdad es la realidad? / Periódico Gatx Negrx

    Es tiempo que lo sepas: Tendrás que hacerte cargo de la historia con las manos sin guantes… La sangre nunca es blanca… Tampoco la lluvia pasa de largo sin dejar huellas en los cuerpos… Vicente Zito Lema “Abrazo a Sócrates (y pienso en los compañeros presos)”. 2021 12 años de impunidad desaparecido en 2009 por negarse a robar para la policía aparecido como NN 6 años después ¿cuántxs más? ¿cuánto más? Madres, hermanas paridas a la lucha hermanos, padres, familiares y amigxs unidxs por la muerte evitable y por el dolor arrollador interminable, irremediable, infinito e injusto. I n a d j e t i v a b l e. La maldita policía maldita, maldita, maldita toda policía. Explotación, tramollas perversas cooptación de pibxs, rehenes de situaciones espantosas i n i m a g i n a b l e s que explotan e incendian vidas (ojalá comisarías) 12 años de impunidad aunque no le creamos a la ley, le creemos al dolor. Instituciones inventadas simuladoras de la justicia i n v e n t a d a que nunca alcanza. Creyentes y atexs de justicia inventada la desafiamos en la memoria -el verdadero cementerio- que tampoco alcanza pero acuna el dolor e impulsa luchas. Está la reja, enrejan, inventan rejas y encajonan causas y pibxs. Del otro lado, de todos los lados aniquilan vidas malditos, impunes, asquerosos las aniquilas, ¡las aniquilan! a n i q u i l a n. Y a pesar de las rejas, a pesar de la hondura del dolor, a pesar de haber perdido lo más preciado i n s i s t i m o s contra todas las policías de todos los gobiernos contra todas las desapariciones de todos los gobiernos contra todas las rejas de todos los gobiernos hasta inventar otras maneras de habitar este mundo. Ya lo aprendimos “es tiempo que lo sepas”. * publicado en Periódico Gatx Negrx

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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