• Revista Adynata

Okupar la bandera en la Revuelta. / Astier Folie Vladimirovich

Actualizado: 24 de dic de 2020

Okupar la bandera en la Revuelta. Continuidades y rupturas en acciones estético políticas

Podemos pensar que una de las acciones que acompañan desde el 18 de octubre de 2019 la revuelta en Chile consiste en la disputa por los símbolos patrios: monumentos, consignas y la bandera chilena en tanto representaciones del Estado y de la patria. En muchos casos se tratan de intervenciones estéticas intencionales por parte de colectivos y artistas con privilegios de clase (¿cuicos?) y en muchísimos otros, se tratan de de acciones espontáneas realizadas al fragor de lo que va pasando, nacidas del dolor y la rabia.

Estas acciones se puede observar tanto en las intervenciones sobre la cueca, baile nacional chileno, como en las intervenciones sobre la bandera nacional, así como también en la recuperación de las consignas del plebiscito y la disputa en torno a los monumentos patrios.

Un compañero partícipe de la revuelta, J.C, nos contaba que la izquierda más revolucionaria, la que se armaba en los `80, usaba banderas chilenas junto con sus banderas de partido. Las banderas acompañaban el grito "Patria o Muerte, venceremos" del MIR. Nos decía:

“Todavía me acuerdo del momento exacto en los `90, justo en universidades bien combativas, se hacían salidas a la calle. Un día del “Joven combatiente” estaban los encapuchados de la izquierda tradicional y los encapuchados anarquistas, que era un fenómeno reciente. Y me acuerdo que sacan una bandera española, bencina y se prende, aplausos. Bandera yanqui, lo mismo. Y después de un rato, sacan la bandera chilena, se provoca un silencio. Empiezan a echarle bencina y los de la izquierda “no conchatumadre, muchos compañeros han muerto por esa bandera”. Y todos los otros, “¡quémala, quémala!”. Y la prendieron. A partir de ahí, la juventud rebelde de Chile nunca más honró esa bandera sino que la quemó, la rayó, la usó invertida”.

En relación con el presente de revuelta, J.C nos cuenta:

“Lo que pasa ahora en la revuelta es que la gente ocupa la bandera. En las protestas yo la veía pero por alguna razón ya no me molestaba tanto. Antes uno veía a alguien con una bandera y decía “fascista de mierda”, y ahora en medio de las batallas hay banderas negras y también banderas chilenas. Y bueno, si están acá…”

Otro testimonio que podemos mencionar es del joven de la ya reconocida bandera baleada que está presente en todas las manifestaciones:


Frente Fotográfico, Chile

“Soy diseñador industrial y paisajista. Tengo 29 años, pero el 18 de octubre pasado volví a nacer. Ese día me di cuenta que tenía una misión en la vida. Mi misión es ir a todas las marchas con una bandera chilena baleada. Una bandera con agujeros sin texto alguno, que se me ocurrió crear para que flameara entre la multitud. Es penca representar a ese Chile 2019: herido, mutilado. Pero a la vez he vivido momentos tan emotivos durante las manifestaciones gracias a esa bandera, que siento que me cambiaron para siempre. Mis padres son de ultra derecha. Mi mamá fue de las que hizo la fila para despedir a Pinochet cuando murió, y sin embargo estoy aquí, ahora, tan lejos de todo eso”.

J.C. describe el trayecto de la ocupación de la bandera en la revuelta:


Frente Fotográfico, Chile

“La primera ocupación que tuvo fue la bandera chilena con muchos hoyos y después aparece tal cual pero en negro, manteniendo líneas blancas. Y de ahí en pocos días se pasó a una completamente negra pero con la estrella lo cual es casi idéntica a la bandera tradicional mapuche con el lucero. Finalmente la bandera negra tomó la bandera chilena y la convirtió no ya en una referencia a República o Estado alguno, sino en la bandera del cielo estrellado en la noche”.


Nos resulta interesante observar y situar ciertos juegos de puesta en acto de una memoria histórica de las luchas con respecto a estas disputas por la ocupación de la bandera y sus sentidos en tanto momentos que, aún sin saberlo, resuenan y actualizan batallas que se vienen dando desde hace tiempo.


Acciones estéticas, en este caso, que producen un tajo por el que estallan a borbotones referencias del pasado que, muchas veces, se viven como novedosas pero que cargan con la fuerza de insistencias y saberes en acto sobre formas de dar la lucha y resistir.



Observamos en las paredes que acompañan la revuelta y que sirven como espacios de denuncia múltiples referencias a la ocupación de la bandera chilena.


En lo que se refiere a las inscripciones que podemos encontrar en esta disputa por la bandera, hacia 1979 se constituye en Santiago la Agrupación de Plásticos Jóvenes (APJ) como una plataforma de creación encabezada por Havilio Pérez y Alberto Díaz y conformada principalmente por estudiantes universitarios que confluyen en una práctica estética disidente.

APJ. Red de conceptualismos del sur

Sostenían cuatro líneas de trabajo: muralista, gráfica, escenografías y acciones de arte en el espacio público (acciones directas). Estaban organizadxs en asambleas periódicas, que funcionaban como instancias de coordinación, elaboración conjunta y, también, de aprendizaje y formación paralela a la académica. Trabajaban con equipos que se formaban y reformulaban en forma contingente, en función de las acciones y tareas que asumieran.

APJ. Red de conceptualismos del sur

Tuvieron como formato privilegiado el afiche, produciendo un quiebre en los códigos visuales del cartel político de los setenta, desarrollado durante la Unidad Popular. Realizaron operaciones de descontextualización y desmontaje simbólico utilizando la bandera chilena como símbolo como se observa en las imágenes Pliego nacional de los trabajadores, 1° de Mayo y En materia de orden general, realizadas por la agrupación en 1981.


Existen también las obras realizadas por la escritora, editora y performer chilena Eli Neira (Santiago, 1973), quien con una serie de performances pone a trabajar los discursos netamente políticos desde una poética del cuerpo que se inscribe en el linaje de Las yeguas del apocalipsis y que participa de lo que hoy se conoce como post porno.

Dice en algún reportaje: Al principio me causaba un poco de pudor, encontraba que era mucha la exposición, pero me di cuenta que en realidad, si yo asumía que el cuerpo era un panfleto, la sexualidad pasaba a ser también un discurso y al estar también en una instancia literaria, no es lo mismo.”


Eli Neira

Desde estas coordenadas Eli Neira, nacida en una población de Santiago, pone en escena desde la materialidad corporal, acciones referidas a la intervención del Estado chileno sobre todos los cuerpos, al mismo tiempo que interpela los imaginarios construidos en torno a los símbolos patrios.

En relación con la bandera chilena podemos situar las performances “Nunca salí del Horroroso Chile I, II y III” y “Enemigo interno” desarrolladas entre 2008 y 2013.

Nunca salí del Horroroso Chile Parte I (Casa Rosada, 2008) consiste en un encuentro de lectura poética con otrxs artistas, en la que ella ingresa vestida de negro con los ojos vendados con la bandera chilena y una vela encendida en un candelabro. Camina hacia una silla, en el piso se encuentran tres piezas de ropa interior femenina con la frase “Orden y patria”. Se rasura las axilas y el pubis y quema el bello en la vela apagándola. Envuelve la vela con la bandera, la cubre con un preservativo y, cual dildo, la introduce en su vagina al tiempo que se escucha un poema recitado con la voz hilarante de una de sus ayudantes que dice:

Quisiera inmolarme Frente a tu casa Frente a madre Frente a tu hermana

Y Arder arder Corazón de kerosene…

Relata en una entrevista “Nunca salí del horroroso Chile es un poema de 1979 que aparece en A partir de Manhatan donde Linh hace referencia que a pesar de los exilios y el mundo, hay un dolor que tiene que ver con la patria y su castigo que se lleva siempre. Cuando yo hice esta obra pasaba por la misma reflexión, luego de haber viajado y regresado y constatar que hay una forma de la violencia que no se olvida ni se borra y que en el mejor de los casos pasa a formar parte de una dolorosa identidad para mí entonces meterme la bandera es un gesto violento que tiene que ver con esa violencia infligida desde el estado o desde una idea de estado totalitaria que no se borra con los viajes ni con el mundo y que permanece dentro de uno inconsciente o conscientemente. Esta obra se trata de hacer visible esa herida que nos infligieron a los chilenos quizás desde hace mucho más tiempo del que creemos. Obviamente en mi caso tiene que ver con la dictadura pero tal vez se remonta más allá. “.

2008 Eli Neira

Nunca Salí del Horroroso Chile Parte II: (Septiembre 2008) Video de siete minutos realizado en el Centro de Arte Experimental La Perrera, en Santiago de Chile en un espacio en ruinas donde se encuentra la artista desnuda una máscara de luchador recostada en una camilla donde extrae de su vagina una bandera chilena mientras se escucha el recitado de un poema que va invirtiendo la letra del himno nacional aludiendo directamente a los asesinatos producidos durante el golpe militar.

2012 Eli Neira



El Enemigo Interno: (Mayo 2012), performance realizada en el II Encuentro de Arte Acción, Escena Fractal. Santiago de Chile. La artista, con un vestido blanco con la bandera como sobrefalda, botas de goma y máscara de luchador ingresa al espacio en ruinas y se pasea leyendo fragmentos de la Constitución de Chile, luego hace caca sobre ella.

Nunca Salí del Horror III: (Septiembre de 2013) realizada con motivo de los 40 años del golpe de Estado de Pinochet, la artista extiende en el piso la bandera chilena sin estrella y con un ladrillo la golpea mientras cuenta desde 1973 hasta 2013. El ladrillo se va quebrajando hasta quedar destruido sobre la bandera.

Eli Neira se inscribe en el linaje de Las yeguas del Apocalipsis quienes realizaron una serie de obras-performances- acciones como vehículo y lenguaje para denunciar injusticias y violencias. Una de estas intervenciones La conquista de América, realizada por Pedro Lemebel y Francisco Casas el 12 de octubre de 1989 en la Comisión de Derechos Humanos, interfiere sobre otra acción de denuncia de fines de los 70, la cueca sola.

La composición de “La cueca sola” de Gala Torres, dedicada a su hermano detenido desaparecido, introdujo en la estructura de la cueca una letra de lamento y denuncias que fue acompañada con el baile tradicional con una variación: la mujer bailaba sola y desolada, con la foto de su marido detenido desaparecido en el pecho. Se rompía así con el espíritu de conquista y flirteo que trae ese baile, declarado como baile nacional por la dictadura de Pinochet. El conjunto folclórico de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) se presentó por primera vez el 8 de marzo de 1978 en un acto para conmemorar el Día Internacional de la Mujer en el Teatro Caupolicán de Santiago de Chile.

1989 La conquista de América las yeguas del apocalipsis. Paz Errazuriz

Cueca sola a su vez intervenida cuando Francisco Casas y Pedro Lemebel, walkman sonando, la bailan sobre un mapa de Latinoamérica con vidrios desparramados de una botella de Coca Cola que, paso a paso, cortaba sus pies y manchaba el mapa con sangre. Esta conquista y baile seductor entre yeguas alude tanto a los cruces por la sangre de la violencia política, de los asesinatos de gays, lesbianas, travestis y trans no denunciados por los organismos de derechos humanos y de la transmisión del sida, así como también a la superposición entre colonización del territorio y de las corporalidades. Vidrios, sangre, dictadura, SIDA, duelo, deseo, sometimiento, liberación, denuncias.

Ya alejadas de la cueca, el baile colectivo viralizado Un violador en tu camino, donde se reafirma que “el estado opresor es un macho violador” y se enlaza con la velocidad de un golpe seco: dictadura y patriarcado, violaciones a los derechos humanos y violaciones a mujeres, lesbianas, travas, trans, gays, violaciones del estado, la iglesia, los machos, los pacos. Se enlaza las viejas luchas con las actuales y, al mismo tiempo, se busca destituir toda forma que no contenga lo que esta revuelta reclama.

Podemos pensar que en estos diálogos viajan advertencias a tener en cuenta que, aunque no lo sepamos y aunque no nos interese saberlo, las luchas insisten en fuerzas e invenciones que saben de hacer visible lo visible: aquellos símbolos utilizados por el Estado para producir opresión, dominación, atontamiento, sometimiento y homogeneidad se están agotando. Creemos que en los gesto de intervenir la bandera y otros símbolos patrios viajan, de diferente manera, la fuerza de la historia de las resistencias en las que podemos inscribirnos, aún ante el riesgo de que denuncias y protestas queden ofrecidas y se encuentren fagocitadas , como muchas vidas, por el espectáculo. Actualización de una memoria en acto para expandir libertades y potenciar resistencias que pueden dormir por más de 40 años, quizás como compás de espera que acopia las energías necesarias para esta vez gritar, por fin, que muchxs ya no queremos vivir con esta normalidad ni con ninguna otra porque, sabemos, funcionan como herramientas de opresión.

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