• Revista Adynata

Tristeza Maya (Leyenda)

I.

Leyenda


Un hombre maya estaba muy triste mirando el horizonte.

Los animales se acercaron para hablar con él.

“No queremos verte triste” dijo un tucán.

“Pídenos lo que quieras y lo tendrás” añadió el venado.

Esa vida del Yucatán, sin apartar la triste mirada del horizonte, dijo:

“Quiero ser feliz”.

A lo que la lechuza, sabia entre las aves, respondió:

“¿Nadie sabe qué es la felicidad? Pídenos cosas que entendamos”.

Entonces el hombre, mirándolos por primera vez, expresó:

“Quiero tener buena vista”.

El zopilote dijo:

“Tendrás una vista como la mía”.

“Quiero ser fuerte”.

El jaguar aseguró:

“Serás fuerte como yo”.

“Quiero caminar sin cansarme”.

El venado no dudó:

“Te daré mis piernas”.

“Quiero adivinar la llegada de las lluvias” deslizó el hombre.

En ese momento, habló el ruiseñor:

“Te avisaré con mi canto”.

“Quiero ser astuto”.

El zorro, que había estado callado, se adelantó:

“Te enseñaré todo lo que sé”.

“Quiero trepar a los árboles”.

La ardilla ofreció:

“Te daré mis uñas”.

“Quiero conocer las plantas que curan las enfermedades”.

Enroscada en un tronco, la serpiente habló:

“¡Ah, esa es cosa mía! ¡Yo conozco todas las plantas! Te las marcaré en el campo”.

Y al oír esto último, esa descendencia de un pueblo milenario, sin cambiar el gesto, se alejó.

Entonces la lechuza, sabia, dijo a sus compañeras las bestias:

“El hombre ahora sabe más cosas y puede hacer más cosas, pero siempre estará triste”.

Y la chachalaca, esa pava silvestre que aturde con su canto, se puso a gritar:

“¡Pobres animales! ¡Pobres animales!”.

Las criaturas de la tierra infinita lanzaron una carcajada que todavía se escucha cuando se está en medio de la selva Lacandona.



II.

Comentario (prescindible)


La fabula pone a la vista cómo arrogancias metafísicas que reclaman felicidad sienten irreductibles tristezas.

No menciona a las mujeres.

Relata ambiciones insatisfechas que piden buena vista, mucha fuerza, piernas ligeras, poderes de adivinación, especiales astucias, garras para trepar, sabidurías para curar.

Presenta cercanías generosas de tucanes, venados, lechuzas, zopilotes, jaguares, venados, ruiseñores, zorros, ardillas, serpientes, chachalacas.

Advierte cómo quienes no entienden la felicidad, se aproximan para acompañar pesares.

Detecta momentos, intangibles, en los que potencias se vuelven saberes y saberes se vuelven potencias.

Cuenta cómo pasa la vida inadvertida.

Al final, la tristeza sigue intacta.

Mientras, animales ríen de sus pobres existencias no humanas.



Fuente Leyenda Maya: Relatos mágicos de América de Nerio Tello. Ediciones Continente.

Transcripción con variaciones y comentario, Marcelo Percia.


Edgar Flores “Saner”, Ilustración

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