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- Hablas Náufragas / Entusiasmos cursantes de la comisión 21 y Santiago Samara
Un lenguaje rebuscado, puede funcionar como distinción extravagante y como intento de escape de las limitaciones tendidas por sus lugares comunes. También como una búsqueda, que se emprende nuevamente. Una perfecta lengua definitiva soñaría con eliminar su letal inadecuación. Hay veces que no se puede nombrar la vida. En 1984, novela de la primera mitad del siglo pasado, se narra una sociedad totalitaria que se ocupa, como modo de dominación, de destruir ciertas palabras creando una neolengua. La proliferación puede funcionar como un escape de la finitud de un código establecido. Ideas pensadas entre entusiasmos cálidos, animan a dar un paso más. El corte, puede oficiar también como recurso. Abandonada la idea de nombrarlo todo puede nombrarse menos. Algunos códigos conocidos pueden ofrecerse como un terreno familiar, agradable, para quienes aún, no lo cuestionan. Un lenguaje rebuscado puede buscar salvar una palabra, la palabra. ¿Existe una salvación posible? ¿Dónde se pisa precariamente? En un punto, el código, el hacer jerga, resulta inevitable. Se traza un círculo en el que entran algunos. La advertencia de su insalvable limitación, podría aplicarse tanto en uno como en otro. Hoy no se encuentra un afuera, no se sabe cómo nombrar la vida. Propuesta de revuelta. ¿locuras? ¿revolución? ¿naufragios? ¿Sostener un código implica quedarse en las costas conocidas, aún sabiéndose perecedero? ¿Habitarlo implica no cuestionarlo? Duelen las palabras. Duelen los nombres que la vida carga a cuestas. Desde el dolor, una lucha identitaria puede enorgullecerse contra categorías opresivas. ¿Existe un progreso en tal pasaje?¿Se declarará en algún momento el fin de las categorías y con ellas el fin de la opresión? ¿Palabras bondadosas alivian el dolor? ¿Tranquilizan? ¿Qué sacrifica una vida al amparo de una palabra como garantía de seguridad? ¿Toda palabra se ofrece como desgraciada respuesta obturante? ¿Qué queda si un sentido puede vaciarse? Sin una respuesta definitiva quedan los intentos. Intentar palabras nuevas que caigan como las hojas en este otoño. Que florezcan en una nueva primavera. Con el entierro del yo, dentro del psicoanálisis la idea de sujeto puede servir para nombrar un instante en el cual, un acontecimiento de origen incierto, irrumpe. También puede utilizarse para nombrar a quien entra al consultorio o al portador de una estructura. ¿Acaso el término “sensibilidades” necesariamente evita que se lo use para referirse a una cantidad de individuos? Nuevas jergas ofrecen nombres para aquello que el lenguaje existente no alcanza. Crear conceptos no reemplaza términos, sino intentos de referir a algo más. ¿Para cuestionar ciertas ideas hace falta crear otras? ¿Nuevas formas de mirar lo mismo lo transforman? ¿Puede estarse constantemente corriendo de las capturas que la repetición de fórmulas genera? Quienes forjaron algunas de las jergas comunes dentro del campo, así lo hicieron. ¿La repetición terminológica genera confianza, y la diferencia incertidumbre? ¿La familiaridad dentro de un código favorece la difusión de un pensar? ¿Importan más las cautelas a la hora de nombrar que las palabras elegidas? ¿Qué palabras hablaron hoy en esta boca? ¿Qué dijeron?
- Cuando la vida es una orden / Luis Gruss
Llega un tiempo en que no se dice más dios mío. Un tiempo en que no se dice más amor mío. Porque el amor resultó inútil. Y los ojos no lloran. Y las manos tejen apenas el rudo trabajo. Y el corazón está seco. Tus hombros soportan el mundo y el mundo no pesa más que la mano de un niño. Las guerras, el hambre, las discusiones dentro de los edificios prueban apenas que la vida sigue y que no todos se liberaron aún. Algunos, considerando bueno el espectáculo, preferirían -los delicados- morir. Llega un tiempo en que nada se gana con morir. Llega un tiempo en que la vida es una orden. La vida, apenas, sin mistificación.
- Me robaron los órganos / Fernando Stivala
Texto presentado para el espacio de Hablas coloniales en las Jornada Grupos II 2019 “Hablas del Capital, hablas patriarcales, hablas emancipatorias, hablas coloniales.” Texto performativo leído por diferentes voces. -Me robaron los órganos doctor. -¿Está seguro? -Me robaron los órganos -Piense en otra cosa. Ya se le va a pasar. -Me robaron los órganos. -No es para tanto. Ud está exagerando. -Siempre le pasa lo mismo. -Hay que ver que hiciste vos. -Eso nunca pasó. -Sos muy sensible. -Te lo estás imaginando. -La represión disfraza el dolor, lo dosifica. La negación suprime la experiencia. La renegación le quita importancia. Insensibilidades pasan por delante del sufrimiento como si no les pasara nada. -A los comunicadores, a los que colonizan lo inatrapable. Les disputamos el relato a los dueños de la cultura que clasifican lo mucho. Los denunciamos, de haber anoticiado a la sociedad de que lo inconmesurable hay que retenerlo. Inmovilizarlo con diagnósticos despreciativos. Colgarlos en sus cuellos. Que sean sus nombres. Y así, presentarse ante el mundo. Llamaron al amor, al odio, a la vergüenza, a la humillación, al rencor, al miedo, a la gloria, a la devoción, a la satisfacción; demencia, neurosis obsesiva, depresión, estrés, fobia, ansiedad, esquizofrenia, desequilibrio, enajenación. Llamaron al deseo por lo múltiple histeria, bipolaridad, trastorno del ánimo. -Definite. Tenés que saber lo que querés. -Las pasiones tienen que ser ordenadas. -Me robaron los órganos. -Vos estás re loco -Modo de decir que alguien gusta de aventuras, de impredecibles. -Me robaron los órganos. -¡Que loco lindo! -Modo de destacar una personalidad, un personaje, un fuera del rebaño. Un fuera de la serie normal. Evidencia la aproximación entre locura y procesos de creación. -Locuras simpatizan por su capacidad de interrumpir inesperadamente los modos de relación habituales. Locuras seducen por su capacidad de desplegar acciones imprevistas o sorprendentes que escapan a lo esperado. El humor también atrae por su capacidad de percibir que las cosas no sean como vienen siendo. El humor también encanta por su disposición a sorprenderse por lógicas desconocidas. Cultura: ¿cualquier lucha social en la que haya humor? Cultura: ¿cuando las personas que se están organizando para algo pueden reirse de sí mismas, tomar distancia irónica, darse cuenta de que pueden pensar cosas que no hubieran imaginado? -Me robaron los órganos -Estás loco, no sabes lo que decís. -Modos de hablar de la Desestimación. -Me robaron los órganos -No le creas a este loco. -Modos de hablar de la Desaprobación. -También desbordes provocan miedo por su capacidad de emoción desenfrenada que se lleva puesta toda racionalidad. -Un día te vas a cruzar a alguien más loco que vos. -Afirmación del miedo en una irracionalidad capaz de cualquier cosa. Afirmación del sentido común del discurso psiquiátrico. -Ser peligroso para sí y para terceeeeeroooooos. -Miedo-excusa justificador de encierros. Discurso psiquiátrico que lo porta cualquier mecanismo de control y seguridad que toda sociedad civilizada necesita tener. Incluso en los relatos de inclusión: integraciones escolares, acompañamientos terapéuticos, psicólogxs, desmanicomializadores. -´¡Que se integren en la sociedad!´ -Pero Doctor, Me robaron los órganos ¿Ésto tiene cura? -Se sabe que hay un lugar para que eso mucho habite refugios. Sin pretensiones ni asfixias de cura. Porque sino, cuando estén mal, porque vamos a estar mal, (los dolores van y vienen) acontecen impotencias. -´No pude´. ´Fallé´. ´Fracasé´. -Impotencias adormecen cuerpos. Pueblos obedientes. -Queremos una cultura que dispute los mecanismos para que esa fuerza de acción no se apague o disminuya. Disputar esos lugares a la impotencia y al miedo; disputar la confianza, la valentía, el humor, la astucia, entre otras. Rasgos que se activan en la acción. Queremos una cultura que interrumpa los modos de normalización de una comunidad que impide los movimientos de lo Mucho. Una cultura que diga pero no defina. Que proponga y habite la multiplicidad desdeñada, sin querer capturarla y definirla para siempre. ¿Y de dónde vamos a sacar la fuerza viva para agitar lo inmovilizado? ¿La política? Despatologizar las emociones. -Me robaron los órganos doctor. Si una ciudad no sabe como alojar las angustias de sus habitantes, llama locura a eso que le incomoda escuchar, ¿sabe? Un pueblo que no soporta sus dolores los aparta y los excluye. Apartar los dolores es olvidarlos. El olvido que se vuelve costumbre se transforma en indolencia. ¡Somos cómplices de esa insensibilidad! Emociones encerradas durante siglos entre los muros del manicomio. Y ahora, ¿a dónde las van a ir a buscar? -Insensibilidades tienen intensidades silenciadas, apagadas; las que se sienten en las tripas, en las entrañas, en los intestinos, en los órganos. -Doctora, Si una ciudad se seca de lágrimas, las tiene que ir a buscar ahí donde las marginó. A esos reservorios de energía. Los humanos del éxito ocultaron sus angustias, las olvidaron. Los normales ya marchitos tienen que ir a saquear lo que alguna vez expulsaron. Llamaron uno a lo mucho. Le pusieron nombre a las emociones y las congelaron. A alegría, tristeza, bronca, fastidio, vergüenza, gula, ambición, gloria, menosprecio, envidia, misercordia, humildad, arrepentimiento, soberbia, audacia, crueldad, venganza, amor, odio, rencor, sororidad, egoismo, celos, miedo, esperanza, fracaso, desprecio, asombro, repulsión, devoción, seguridad, satisfacción, desesperación, indignación, reconocimiento, deseo; Los Comunicadores las llaman histeria, esquizofrenia, bipolaridad, add, ansiedad, ataques de pánico, estrés, neurosis, autismo, demencia, insanía, enajenación, adicciones, psicóticos, delirantes, místicas, depresivos, hipocondríacas, bulímicos, sádicas, perversos. -Me robaron los órganos, rugido de voces de lo nunca silenciado Aullido de un futuro sin imaginación. Denuncia repetida de un porvenir insensible. Un reloj que adelanta. -La normalidad me ha robado los órganos doctor. Y no le alcanza.
- Estar / Santiago Samara
Texto presentado para el espacio de Hablas coloniales en las Jornada Grupos II 2019 “Hablas del Capital, hablas patriarcales, hablas emancipatorias, hablas coloniales.” “La intuición que bosquejo aquí oscila entre dos polos. Uno es el que llamo el ser, o ser alguien, y que descubro en la actividad burguesa de la Europa del siglo XVI y, el otro, el estar, o estar aquí, que considero como una modalidad profunda de la cultura precolombina (...). Ambas son dos raíces profundas de nuestra mente mestiza -de la que participamos blancos y pardos- y que se da en. la cultura, en la política, en la sociedad y en la psique de nuestro ámbito.” (Kusch 1962) Una “paciente grave” concurre a los talleres de hospital de día de un centro de salud. Su asistencia es intermitente, llega tarde y se va antes. Un trabajador relata ofuscado: “el otro día contó que había ido al cine, cuando le pregunté a qué cine había ido, dijo que era información privada y que ella no contaba esas cosas.” En el equipo hay preocupación porque “no se integra al grupo de pacientes”. Un día de paro, acuerdan cancelar los talleres. Todos los asistentes se enteran, menos con ella, que se presenta como cualquier otro día. En ese momento se le da el alta de hospital de día unilateralmente y se le entrega un papel donde figuran algunas otras actividades que no dependan del equipo. “En lugar de decir grupos, probar pensar en espacios en los que se pueda elegir cómo estar, incluso cómo no estar. En lugar de decir reunión, probar pensar en estados de experimentación de soledades que tientan momentos inolvidables.” (Percia 2019) La paciente falta varias semanas seguidas a su psicoterapia individual. Encuentra luego por los pasillos del centro a su terapeuta a quién le pide muy insistentemente que hable con la coordinadora de hospital de día para que la readmitan. El psicólogo intenta calmarla diciéndole que va a hablar con la coordinadora, pero que primero quiere hablar con ella sobre las entrevistas que vienen manteniendo hace algunos meses. Preocupado y molesto por las reiteradas ausencias de la paciente, le anota el teléfono del centro de salud, su nombre, la fecha y el horario de su turno semanal y le dice que si no deja un mensaje confirmando el turno, no va a venir a atenderla. La paciente no parece darle especial importancia, aunque guarda el papel, antes de volver a insistir con ir a los talleres. Se reúnen el psicólogo, la coordinadora y un musicoterapeuta que integra aquel equipo. La coordinadora propone una reunión con la paciente y su padre para ese viernes, en la cual se establezca como condición de su readmisión en el equipo un mayor compromiso de la paciente en la asistencia y participación de los talleres, el establecimiento de un contacto con el padre (ella no da su número de teléfono, ni su apellido, ni casi ninguna información porque la considera personal) y la obligatoriedad de su asistencia a psicoterapia. La rareza contamina la racionalidad de un tratamiento. “No entendemos para qué le sirve tampoco a ella venir a los talleres” comenta un trabajador preocupado. “No sé para qué le sirve, pero parece que para ella son importantes, más incluso que su terapia individual” dice el psicólogo, que piensa que si no recibe la confirmación del turno siguiente, podría ser una intervención adecuada no volver a insistirle. “El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. (Alighieri 1304) ¿Cómo pensar en espacios clínicos que no se transformen en exigencias de mejoría, adaptaciones a dispositivos, asunción de compromisos indeseados, obligatoriedad de asistencias, normalizaciones de rarezas? ¿Qué estamos haciendo? “Rarezas no expresan figuras positivas ni negativas; a veces componen soberanías que resisten las clasificaciones” (Percia 2019) No saber qué hacer asusta. El sentido común, las ciencias y las racionalidades indican un camino seguro al amparo de la normalidad. Asustan las existencias no colonizadas, que ridiculizan al grupo, la dinámica, el taller, el ideal de bienestar. Normalidades de defienden normalizando. Cuando rarezas insisten, las expulsan. ¿Asistiremos a un porvenir donde no se viva al agobio de obligaciones, exigencias y demandas?
- Germinaciones, aleteos, pompas de color / Luz Barassi, Gisela Candas
Texto presentado para el espacio de Hablas coloniales en las Jornada Grupos II 2019 “Hablas del Capital, hablas patriarcales, hablas emancipatorias, hablas coloniales.” Titulo original: Germinaciones, aleteos, pompas de color: Reverberaciones de lo no-humano en un taller El contenido es un atisbo de algo, un encuentro como un fogonazo. Es algo minúsculo, minúsculo, el contenido. Willem de Kooning Advertencia a quien lee: Que algo tome forma o hablar de formalizar una experiencia implica la inevitable desestimación de afectos, puntos, silencios, todo un universo de partículas a-significantes que aun así continúan haciendo eco entre la fijeza de las palabras. La conformación del poder no es sin un tallado que insista sobre los deseos. El capitalismo no solo es un sistema de producción económica: se colonizan mercados, también ritmos, hablas, pulsos, vidas. El inconsciente colonial capitalístico (Rolnik, 2019) constituye el régimen de inconsciente propio del sistema en el poder en Occidente hace cinco siglos, que estructura el adormecimiento de los afectos. Éste consiste en “la anestesia de la potencia que tiene el cuerpo para descifrar el mundo desde su condición de viviente” (Rolnik, 2015). Rolnik afirma que solo hay oscilaciones entre grados de actividad y reactividad de una misma cosa: la pulsión de vida. Dirá que la pulsión de muerte freudiana constituye el máximo grado de reactividad de pulsión de vida, entendido como el grado más bajo de su potencial activo. Aun así, ese destino impregnado de reactividad continúa siendo vida, vida que se encuentra colonizada, aprisionada, amenazada, apenas palpitante. Según Rolnik, en el régimen colonial-capitalístico, esa tendencia reactiva es la que domina. Uno de los efectos de la colonización, quizás el más logrado por lo naturalizado, es el de transformarlo todo en humano. No hay idea, no hay ser vivo en el planeta, no hay piedra en las montañas que no esté tocada por esa tragedia. Todo lo que al ser pensado piensa como humanidad claudica agotado. La paradoja de lo humano desde una aparente positividad, se hunde en la insistente historia de masacres y conquistas, de aniquilaciones y opresiones, en nombre de lo humano, contra la vida. La tierra clama por la presencia de este nombre. Y si la colonización tiene como fruto designar a todo lo vivo como humano, el taller propone experimentación salvaje y sin nombre. Porque las teorías, los métodos, las técnicas, los nombres de la psiquiatría-psicología-pedagogía emanan podredumbre que violenta la vida una y otra vez, disfrazada de moral y buenas costumbres, de saberes bondadosos que, en nombre de la humanidad, matan de maneras imperceptibles. Porque nada escapa al régimen colonial-capitalístico: la ciudad, el hospital, la sala de internación, los talleres, los consultorios componen cuadrículas que engendran formas de estar, de pensar, de decir, de hacer. A veces, los consultorios pueden detener a un cuerpo, pueden comprimir afectos entre cuatro paredes. Bogando entre los islotes que componen un hospital, Gabriel dice: “Afuera, cuando salimos a caminar puedo hablar”. Escribe Sontag (1966): “El mundo, nuestro mundo, está ya bastante reducido y empobrecido. Desechemos, pues, todos sus duplicados, hasta tanto experimentemos con más inmediatez cuanto tenemos”. El espacio de experimentación del taller se compone atravesado por oscilaciones de reactividad y actividad. Este no es un taller donde se transmite algo, no hay comunicación de un saber. No es un grupo de habilidades sociales ni de psicoeducación donde los saberes se muestran en su vertiente exhibicionista. No hay expertos ni disertaciones. Vagabundeamos. Nadie sabe de dónde venimos o qué hacemos ahí. No vestimos ambo, ni hablamos la lengua de la psiquiatría. Se pretende resguardar el espacio de nombres, de clasificaciones, de roles preestablecidos, de prejuicios, de miradas patologizantes, de conversaciones que parecen entrevistas de admisión. Los discursos que circulan por un hospital y por quienes concurren allí normalizan, colonizan afectos, gestos, hablas, cuerpos, miradas. El resguardo de estos discursos es el resguardo de todo lo reactivo que circula en nosotras, que despotencia la vida. El silencio, la espera arman refugio, constituyen afirmación activa de lo vivo. Porque como dice Deleuze (1990): “Tal vez la palabra, la comunicación, están podridas. Están penetradas completamente por el dinero, y no por accidente, sino por naturaleza. Es necesaria una desviación de la palabra. Crear, siempre ha sido una cosa distinta que comunicar. Lo importante será tal vez crear vacuolas de no comunicación, interruptores, para escapar del control”. ¿Es posible un pensamiento que no se conforme con los diagnósticos, ni con las reflexiones encausadas en teorías muertas, ni tampoco se ensalce en los resultados? Un pensamiento sutil que se afirme por un instante y se escabulla de las manos, que se haga haciendo: no-comunicación. Un cuerpo, una sala de internación, un equipo de profesionales puede vivir en estado anestesiado. Quién está colonizado no lo percibe, está dormido, imposibilitado de brindarse a las emociones y a las percepciones vitales. El colonizado sonambulea seguro de sí. La receta para colonizar a un equipo, a una sala, es una mezcla nada original de medicación y teorías muertas de la supresión sintomática. La suma de pastillas y el control del “cómo te sentís” que sólo espera escuchar la palabra “mejor”, genera la argamasa de sala y terapeutas tristes. El arribo al taller, a la sala de internación, posiblemente haya causado un sonido tan tenue como el de un aleteo de una mariposa. ALETEOS. Pablo llega colonizado por haloperidol-biperideno-carbamazepina. Toma por primera vez, ocho, diez, veinte, óleos. Los abre lentamente, uno a uno, y llena una temblorosa paleta de colores. Pablo insiste ¿derrochando finos pigmentos? Una voz del taller expresa un pensamiento-sufrimiento porque tenemos pocos óleos, y son caros para adquirir. Pero Pablo experimenta, se calienta las manos con la oleosidad del material durante los próximos cinco encuentros. Lo que nos parece lento y dubitativo metamorfosea en lo que él llama Láminas Rorschach. Michel Foucault, psicólogo concurrente del Hospital Sainte-Anne, disfrutaba administrando esta prueba de láminas a quienes moraban la sala y amigos durante más de veinte años. Mientras los expertos roscharchistas afirman que el 80% de los adultos colonizados por la neurosis normal, perciben en la primera lámina murciélagos o mariposas; Pablo diseña treinta versiones que sobrevuelan la negrura de toda imposición diagnóstica. La implosión de juego, alegrías y complicidades trae bajo su brazo la producción de láminas. Pablo producía en paralelo, al margen de toda propuesta, ganas de experimentar con otras materialidades. Tras unas semanas de sobrevuelo, Pablo se detiene. Su cuerpo ahora reposa sobre una tristeza sin nombre. Nos cuenta que su hija muere en un accidente de tránsito. Dice que los médicos les roban la vida a los dos. Pablo da testimonio desde su cama donde las paredes de ese cubículo que lo encierran quedan impregnadas de sus aleteos. Abrazamos en la experimentación la posibilidad de creación vagabunda, errante, que brota y se escurre. Se espera, como escape a la permanente captura, como reverberación, respuesta a lo reactivo que infesta una sala de internación. En el taller, el modo de estar a la espera amplifica frecuencias aparentemente imperceptibles. Una producción como la de Pablo en el taller no es predecible. Una producción compone un hacer donde se fabrican esperas, compañías, distancias. Una producción está allí aun cuando fuerzas medicamentosas, institucionales, profesionalizadas operan sobre los cuerpos que concurren al encuentro. Pensar un taller sin consignas parece la única posibilidad de insuflar vacuolas. No es fácil no dar instrucciones en un espacio tan grillado como una sala de agudos, donde los caminos son tan lineales como los de una cruz: pasillo, derecha-izquierda, camas enfrentadas, cuerpos durmientes, pequeño cuarto con mesa para ocho, restos de comida y televisor en modo noticias de actualidad. Frente a eso, la respuesta del taller consistió en el despliegue de colores en pasta, de aguas diluyentes, una cada vez más intensa atracción por el silencio cordial. Cordial: cuerdas prestas a vibrar. Las vacuolas se cultivan, se riegan, se cuidan. Devienen práctica que arropa afectos transformadores para la caducidad de todas aquellas cartografías dominantes. En un servicio de salud mental de un hospital de CABA, asoman también otros talleres. Otro taller que se impone llamar “de pacientes duales” constituye una cartografía dominante, taller que concibe a los concurrentes como personalidades duales acota lo viviente, transmutando en sujeto: Un sujeto, Paciente, Psicótico, Adicto, Psicótico-adicto. Allí, donde el deseo se apelmaza, se babea, se aplasta, se adormece, lo vivo se calcifica junto a nombres, diagnósticos, fármacos. POMPAS DE COLOR. Un día, en el centro de esa cruz que representaba la sala de internación, se plantó un recipiente con agua donde partículas oleosas quedaban en suspensión. El efecto de ese pequeño receptáculo fue el de muchos cuerpos reunidos, mirando atónitos lo que allí ocurría. Los pinceles iban arrojando pequeñas burbujas que oscilaban hasta convertirse en manchas que capilarizaban de toda la superficie. Si lo inimaginable, lo incontrolable tuviese trazo, sería este. Una repulsión química que, sin embargo, atraía a los concurrentes. Como un gran fogón, donde se busca el calor del leño, los cuerpos se agolpaban. Esperaban su turno para poder arrojarse junto a esas manchas, esas vénulas que recorrían alborotadamente el agua. Una vez que la imagen convencía al ojo, se echaba una hoja sobre el agua y las burbujas quedaban impresas. De golpe, estábamos en el ojo del huracán, ahí donde descansábamos la vista de tanto desgano, aburrimiento, fastidio. Alrededor veíamos pasar lo de siempre, esa feroz tormenta circular del tedio hospitalario. Un hospital, una cárcel, un tratamiento pueden ser concentracionarios en el punto en el que al alojar desalojan y suprimen la vida. Lo concentracionario se vincula con lo colonizante. Una palabra en modo juicio puede ser concentracionaria, una receta o programa de acción contra un síntoma puede oficiar de captura mortificante. Un taller que intenta reclutar buenos alumnos dispuestos a aprender técnicas plásticas aniquila posibilidades de descomprimir afectos domesticados. Afectos que no se esperan de la humana relación médico-paciente. Fabian al mismo tiempo que pinta zapatillas, percibe en colores, las auras de quienes cuentan hoy estas experiencias en el hospital. “En vos veo sufrimiento. Te pasó algo muy triste en la infancia. En cambio, en vos veo transparencia y un aire de lesbiandad”: ¿Qué pasa por la vacuola? Se percibe cierta inversión de lo habitual que se da como juego de seducción, como trastocamiento de eso que llamamos rol. Hay expansión de la vacuola si el rol de quienes convocan no tiene un nombre y función predeterminada. Si, en cambio, el rol es lo que marca un pulso, si hay una lista de acciones posibles y no posibles de hacer, de decir, de escuchar en un taller, entonces la vacuola se coagula hasta el desvanecimiento. Si ¿nuestro rol? se despega, roza la invisibilidad, se entrega a la experimentación, entonces se amplifica todo un registro desconocido, mutante, no habitual, metamórfico. El rol-no-rol intenta acompañar algo que late, que está ahí, aprisionado, esperando a ser descolonizado, arrancado, momentáneamente, de las garras del adormecimiento. Porque el confinamiento de la vida en salas, en teorías, en grupos, en tratamientos, en conversaciones, en intervenciones, ya existe. Hacer germinar una vacuola implica el repliegue momentáneo de las cuadrículas: de la moral, los supuestos, las teorías, las técnicas, el sujeto, la subjetividad, los cronogramas, los protocolos. Posibilidad de que lo vivo pueda reconectarse con lo arrebatado, con aquellas potencias adormecidas. Nutrir las vacuolas: alimentar la lucha contra la sujeción. El taller se disipa cuando las condiciones para su germinación entran nuevamente en letargo. Acompañamos una oscilación hasta su desvanecimiento. También se vibra como opresión, como tristeza, como cansancio. De manera inaudible para la disciplina-sala, el taller entra en estertor. La vacuola se comprime hasta la dimensión de punta de alfiler, nuevamente a la espera de germinar de repente. BIBLIOGRAFÍA DELEUZE, G. (1990). “Control y devenir”, Conversaciones 1972-1990, Ed. Pre-textos, Valencia, 2014. ROLNIK, S (2015). “La hora de la micropolítica”, Revista Re-visiones, Madrid, 2015 ROLNIK, S. (2019). “Esferas de la insurrección Apuntes para descolonizar el inconsciente”, Ed. Tinta Limón, Buenos Aires, 2019. SONTAG, S. (1966) “Contra la interpretación y otros ensayos”, Ed. Debolsillo, Buenos Aires, 201
- Radio-grafía de la pobreza / Georgina Milei - Santiago Samara- Sebastián Salmún
Texto presentado para el espacio de Hablas coloniales en las Jornada Grupos II 2019 “Hablas del Capital, hablas patriarcales, hablas emancipatorias, hablas coloniales.” Radiografía de la pobreza es un título no elegido al azar. Resuena en él el texto de Ezequiel Martinez Estrada llamado Radiogragía de la Pampa. Este, afirma Christian Ferrer en su prólogo, “implica el registro de un estremecimiento”. Entre líneas buscamos reflexionar sobre la pobreza y su relación con la Psicología ¿Escuchar la pobreza en la facultad de psicología de una universidad pública? Pregunta inquietante, urgente, dramática, quizás desmesurada, tal vez, a destiempo. Sin embargo, la presencia de “la pobreza como campo de acción clínica” (Ulloa, 2012: 209), enseña Ulloa, no captura solo a un segmento de la población sino que “desparrama” el empobrecimiento, como si fuera una enfermedad voraz y persistente, en las instituciones mortificadas (y mortificantes) de la vida pública Argentina. Hospitales, cárceles, escuelas, juzgados, institutos, hogares, comedores barriales, paradores, etc. padecen la enfermedad del empobrecimiento cuyos dolores anuncian la carencia de recursos económicos ensambladas a las carencias de conceptos. ¿Y la invención universitaria? La labor actual y potencial que circunscribimos en las aulas de la psicología ¿Acaso está obligada a decir algún texto acerca de la pobreza? ¿Decimos “un hombre es pobre” o una “sensibilidad arrojada a una vida empobrecida” (Percia, 2019)? Finalmente, con la decisión tomada de hacerle lugar a quienes no tienen lugar, a aquello que carece de lugar pese a su presencia: ¿Cómo enlazar los datos duros (durísimos) de las pobrezas en la Argentina con las artesanías que requieren los hilvanes de lo común? La pobreza habita un vacío silente, es de a momentos, abismal. Sin embargo, es audible. Ciertos rasgos que hablan en la pobreza, ciertos (poderes) de su economía también gramátical son audibles y, en consecuencia, los podemos asimilar. Y en dicha escucha, el habla colonial, entre otras, resuena como parte distintiva de su problema. Habla colonial que naturaliza el empobrecimiento, lo justifica, lo explica con razonabilidad evolucionista: 2 + 2 da pobreza. Dividido 10 para bajarla sigue siendo pobreza. Subirla + 4 - 3 ¿La modifica? “Si acá las cosas siempre funcionaron así”. Asi y asa. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? El habla colonial no es el mero hablar del lenguaje, es decir, el acto que pretende colonizarlo todo simbólicamente sino que es el habla que agudiza su sesgo y congela la historia de las palabras en su paradójica profecía irreversible: “siempre fue, es y será así”. Acaso el habla colonial captura las marcas de la parla universitaria: hablas coloniales quiere ¿Aulas colonizadas? Seamos justos: no siempre. Según Sanguinetti, el colonialismo es la “operación de apropiación, dominación, jerarquización y explotación de formas de vida consideradas inferiores en manos de una existencia proclamada superior” (Sanguinetti, 2019), es necesario . Anticipado en sus balbuceos, Hegel, el filósofo alemán, observa en el Nuevo Mundo, la América “descubierta”, una “inmadurez geográfica”. Habla colonial del viejo continente hegeliano cuya dialéctica ofrece al pensamiento su inestimable fórmula (tesis, antítesis y síntesis) pero al mismo tiempo condena al “Nuevo Mundo” al lugar del “oprimido” frente al necesario lugar del “opresor”. El habla colonial que confirma el hecho político de la colonización del pensamiento y de este modo, de las vicisitudes de la pobreza ¿Acaso conviene otro nombre para las carencias? Afirma Segato que, la “construcción de retóricas” (Segato, 2018:14) fuera del campo semántico de la colonialidad contribuyen a los pueblos y comunidades a una singular constitución histórica En términos de Barthes en la Lección Inaugural ¿Cómo realizar dicho movimiento de fuga, de astuta salida de la estrechez epistémica?¿Cómo salir de la colonia del lenguaje y de sus mecanismos de poder propios del habla europeizante? Afirma Aníbal Quijano, intelectual estudioso de las lógicas que hilan habla colonial, que esta es la engañosa apuesta a un individuo libre uniforme y que niega toda una serie de “heterogeneidades” sociales, culturales, religiosas. El resultado de esta efectiva operación bien puede llamarse empobrecimiento. Retomemos para finalizar las preguntas iniciales. La labor actual y potencial que circunscribimos en estas aulas respecto de la psicología, de las psicologías ¿Acaso está obligada a decir algún texto acerca de la pobreza? ¿Decimos “un hombre es pobre” o una “sensibilidad arrojada a una vida colonizada y empobrecida”? La Psicología, ese saber decimonónico con el que tratamos de destrabar el álgebra de las sensibilidades a orillas del siglo veintiuno nos convoca a tratar de hacerle un lugar a aquellos que no tienen lugar, a aquello que no tiene lugar y no deja por ello, de estar presente. Pese a la incomodidad de su forma, pese su escurridiza invalidez. Quizás podamos tomar en serio aquella idea colonizadora de “nuevo mundo” y resignificarla de modo “insurgente” (Percia, 2018), “antropófago” (De Andrade, 1928). Un “nuevo mundo” donde la cultura diga, pero no defina. Y sostener que el nuevo mundo es inmaduro, si, porque es un mundo por venir. Un mundo donde sería factible los tratamientos de las pobrezas, donde sería posible “deliberar” (Percia) el callado “escándalo de la marginación y sus miserias” (Ulloa, 2012: 209). Donde las múltiples violencias colonizadoras de los hechos y de las palabras serían criticadas con la “razón impura” de las nuevas generaciones en las cercanías y lejanías (de soledades) de los barrios, de los barros, de los pasillos, de los comedores, de los asilos de la historia. Dice la poesía para ir concluyendo, una poesía, que agrega Sanguinetti importa un gesto anticapitalista, antipatriarcal, anticolonial (Sanguinetti, 2019): ¿Cuánta vida cabe en una puerta hecha de trapos?/Aún así....ante la hierba seca y la fruta putrefacta/ Ante las canciones gastadas y las rutas sin destino/ Delante de las estrellas, con la textura del aire que lo sabe todo /Ante el monte de un cuerpo fragmentado, /destrozado por los animales salvajes, por los órganos robados./Y por la soledad eterna en el bolsillo, /la pobreza de las cosas no lo es tanto.... y tanto y tanto” ¿Qué enuncia la voz de la pobreza? ¿Qué omite? Nuevos mundos, viejas preguntas. Viejos mundos. Nuevas preguntas. ¿Qué relación guarda con los libros que leemos y leeremos en esta facultad? Bibliografía Utilizada Barthes, Roland (1977). Lección inaugural. En El placer del texto y lección inaugural de la cátedra de Semiología Literaria del College de France. Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2008. Barthes, Roland (1970). Escribir la lectura. En El susurro del lenguaje. España, Editorial Paidós, 2007. Percia, Marcelo (2017) Estancias en Común. Editorial La Cebra, Buenos Aires. Percia, Marcelo (2018) Después de los manicomios. Editorial La Cebra. Buenos Aires. Quijano, Anibal (2014) Cuestiones y horizontes. De la dependencia histórico estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. Buenos Aires. Clacso. Taboas, Carmen (2019). La cita fallida 1: un continente mestizo. Una mirada con Lacan. Buenos Aires. Grama. 2017. Ulloa, Fernando (2012) Novela Clínica Psicoanalítica., Historial de una práctica. Editorial Paidós, B s As, 1995. Zambrano María: (1939) Filosofía y Poesía. Selección A modo de Prólogo. Pensamiento y Poesía. Fondo de Cultura México, 1996.
- Imaginalismo: trazos improductivos / Daniela Miceli
Texto presentado para el espacio de Hablas coloniales en las Jornada Grupos II 2019 “Hablas del Capital, hablas patriarcales, hablas emancipatorias, hablas coloniales.” Lo que más toca el nervio del capital, es cuando decimos que hay otras formas de felicidad. Rita Segato Solo en sueños, en la poesía, en el juego, nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos. J. Cortazar ¿Quién defiende al niñx que no sigue el desfiladero de la norma? Las instituciones modernas producen subjetividades amoldadas al régimen colonial, capitalista y patriarcal, este último al nombrar establece las fronteras de lo inenarrable. Diseminación de taxonomías binarias que ordenan al campo social declarando quiénes deben vivir y quiénes están arrojados al olvido. La cadena de montaje de la sociedad capitalista empieza en la familia y continúa en la escuela. El ruido del motor de las fábricas de producción de subjetividad ,no cesa y se vuelve insonoro. Trabajan a medida de un programa político. A las infancias no sólo se las registra con una marca de genero, sexo sino también con un modo de relacionarse con el mundo. Se produce el capital no la vida dice Paul B. Preciado que dice M. Foucault que dice K. Marx. En este sistema de producción somatopolítica, maquina productora de normalidades sobre cómo sentir, actuar y pensar, siempre hay algo que escapa a su captura: infancias sensibles que resisten a la norma, mayormente sin darse cuenta, viven la vida rompiendo esquemas. Aparatos de verificación de la norma controlan infancias para que se amolden a la medida de lo esperable. Paul B. Preciado sostiene: ´´El colegio funciona con una antropología esencialista. El tonto es tonto y el marica, marica. El colegio es un espacio de control y dominio, de escrutinio, diagnóstico y sanción, que presupone un sujeto unitario y monolítico que debe aprender, pero no puede ni debe cambiar´´[1]. Criaturas que permanecen sentadas en una silla por más de 40 minutos, levantan la mano para hablar, aceptan una posición rígida cervical y juegan acorde al sexo asignado en el patio son consideradas normales. Anormalidades: resistencias móviles, mutantes, incomodan la moral bien-pensante de las instituciones educativas que enseñan epistemologías del capital y patriarcales. Infancias libres, se resisten al séquito de guardapolvo blancos que quieren domesticar y dirigir la vida. Resisten por su derecho a gritar en la calle, a imaginar y soñar sin explicar por qué. Rompen con moldes académicos, masa embrutecida que persigue el sueño de una normalización curadora. Infancias que molestan a los transeúntes de vista corta. Partículas polentosas que quiebran certezas sobre el buen vivir. Lxs rarxs: les inquietan y enojan los problemas ambientales, las injusticias, las guerras, el sufrimiento de sus padres cuando pasan muchas horas trabajando y no alcanza para pagar las cuentas, les enfurece ´´el maldito dinero´´ ´se autoproclaman por un mundo sin dinero, se preguntan sobre maquinas que puedan viajar en el tiempo para reencontrarse con personas queridas, se preocupan cuando ven a un compañerx llorar, no les da lo mismo, no son indiferentes a lo que duele. Temen que al crecer pierdan la capacidad de imaginar. Les enoja estar horas copiando lo que dicta una maestra, proclaman que eso no sirve para nada, denuncian el disciplinamiento pedagógico escolar. Defienden su derecho a jugar como dice Maria Elena Walsh[2] ´´quiero tiempo pero tiempo no apurado, tiempo de jugar que es el mejor. Por favor, me lo da suelto y no enjaulado adentro de un despertador´´. Son ninguneados por agretas, raros, loquitxs, el chicx con problemas, déficit de atención, trastorno en el lenguaje, Asperger. Imaginan y luchan por ese mundo, impensable, que aún no tiene nombre. 17.30 hora pautada con los padres para comenzar el acompañamiento terapéutico.. Como todos los miércoles, paso por su domicilio. La saludo, ella me recibe entre sonidos y abrazos. Me orienta con el brazo, le pregunto si me quiere mostrar algo. La sigo con entusiasmo, llegamos a la televisión. Hago un comentario sobre lo que está viendo. Busco su complicidad y le pregunto si quiere ir a pasear. Me mira y nos dirigimos a la puerta. Salimos de su casa, caminamos, hacemos algunos sonidos "clap clap clap", se para en frente a la pared cubriendo su boca con sus manos y hace algunos sonidos, la imito, se ríe, nos miramos, seguimos el recorrido. Pasamos por las rejas de una iglesia, se agarra de los barrotes, le digo: "qué bueno vamos a treparnos" la ayudo con una pierna y luego con la otra hasta que estamos las dos trepadas en la reja de la iglesia. Nos reímos. Nos interrumpe una señora de barrio norte y nos pregunta, frunciendo las cejas, si estamos bien, que a la chica se le cayó el zapato y que no entiende qué estamos haciendo. Le respondo que estamos escalando para llegar al cielo, que está costando pero que estamos bien. La señora sigue su camino. Nos bajamos, nos reímos y emprendemos la vuelta. Sigmund. Freud elogia el acto de jugar en la infancia como un modo de poetizar la vida, en términos de grandes cantidades de afecto que se ligan a la producción de mundo. Por eso la seriedad de quién se dispone a jugar. La creación imaginativa, inútil para el habla del capital, se vuelve vital para transitar lo que duele y preocupa, pero también resuena como fuerza desobediente que anuncia la urgencia de germinar otros porvenires. Otras semillas venideras de vientos rebeldes y tiernos. Raíces rizomáticas que piden por su derecho a vivir porque sí. La imaginación como herida, corte, interrupción que despunta un mundo nuevo impensado hasta el momento. Paul B. Preciado ejercita la imaginación para pensar en una posible institución educativa que aloje singularidades en vez de preservar la norma. Espacios donde se puede estar en la vida con lo múltiple, con aquello que pide paso a otra forma de existir. Así nos sumerge en un territorio incierto que se abisma a las sombras de lo desconocido, relata: ´´El tiempo necesario para comenzar el tiempo animalista es tan profundo que parece imposible. Tan profundo que es inimaginable. Pero lo imposible es lo que viene y lo inimaginable es lo debido´´[3]. ¿Cómo pensar estares clínicos que acompañen los dolores acallados y expulsados por una sociedad que domestica a las rarezas? ¿Qué pasaría si nos dejáramos atravesar por esas sensibilidades que no se agotan en lo conocido, que navegan a contramarea cartografiando otros mundos? ¿Quiénes seremos si corremos hacia ese riesgo? [1]Preciado, P. B. (2019). ‘‘Un colegio para Alan’’ en Un apartamento en Urano. Ed.Anagrama. Bs As. [2]Walsh, M. E. (1998). Osias el osito. Edit. Espasa-Calpe. Buenos aires. [3] Preciado, P. B. (2019). ‘‘El feminismo no es un humanismo’’ en Un apartamento en Urano. Ed.Anagrama. Buenos Aires.
- Acaso, ¿no habrás entendido mal? / Texto coral performativo
Texto presentado para el espacio de Hablas patriarcales en las Jornada Grupos II 2019 “Hablas del Capital, hablas patriarcales, hablas emancipatorias, hablas coloniales.” Texto performativo con decisiones de lectura: las frases, citas, palabras o enunciados escritos en negrita, fueron leídos a coro. Los enunciados escritos en secuencia que aparecen escritos entrecomillados, fueron leídos por diferentes voces. Los enunciados en negrita también refieren a consignas de movilizaciones transfeministas, citas o preguntas que insisten escrito y leído por Ayelen Diorio, Dalila Iphais Fuxman, Laura Otero, Mercedes Ramírez, Verónica Scardamaglia Hablas patriarcales insisten, avanzan, avasallan. Producen incomodidad con pequeños gestos, con sutiles miradas, con suaves palabras. Susurran: “No se lo cuentes a nadie”, “Esto queda entre nosotros”, “Si hablás, no te van a creer”, “No te conviene decirlo ¿Qué van a pensar de vos?” “Si se entera mamá, le va a hacer mal”, “Vos lo contás a alguien y yo me voy. Y ahí ¿quién paga las cuentas?” “¡Mirá cómo me ponés!” “¿Qué hacían solas?” “¿Habían tomado?” “Algo habrán hecho” Hablas patriarcales saben calar y potenciar moralinas, no sólo las que dicen, se preguntan o piensan “¡Y mirá cómo estaba vestida!”, “Estaba medio borracha, ¡Qué querés!” “¿No lo habrá provocado?”, sino también esas que justifican y dicen “En mi época, los piropos hacían que te sintieras halagada”, “Hay que darle tiempo, no entiende cómo es la cosa ahora”, “¿Estás segura que te dijo eso?”, “Esto pasa porque las escuchan demasiado ¿Será para tanto?”, “Lo hace de boludo”, “También hay mujeres que acosan”, “¿No habrás entendido mal?” ” ¿Sabe usted dónde está su hijx en este momento?”. Hablas patriarcales desacomodan lugares, empujan límites, obligan. Buscan alianzas, sometiendo. Deslizan insinuaciones, incomodando. “¿No te querés quedar un ratito más?”, “¿No tenés otra pregunta para nosotros?”, “¡Qué caramelito! ¿No?”, “¿Por qué no me das tu celular y arreglamos?” Hablas patriarcales no saben de partidos, no saben de instituciones, no saben de edades. Anidan en casi toda forma de relación. Tienen el poder de instalar la duda sobre las víctimas. De esquivar las reglas, de trampear los protocolos, de forzar las leyes. Casi siempre encuentran secuaces que prefieren dejar pasar, antes que levantar algo que funcione como freno. Hablas patriarcales consiguen retrucar, encontrando figuras que lo habilitan. Inventan con fundamentos legales, un acoso laboral, una licencia psiquiátrica, la falta de pruebas. Ganan ante la incomodidad de dejar a la vista sus opresiones. Tienen la habilidad de que quien la padece, quien la destapa, quien la ve, quien la escucha, quede sospechadx y con miedo. Miedo a las represalias, miedo a las consecuencias, miedo a perder el trabajo, miedo a que no te crean, miedo a una denuncia, miedo a que no pase nada con eso[i]. Por eso, obligan a astucias y complicidades insólitas que crecen cada vez más y demuestran así el tamaño monstruoso de este enemigo. Insistencias que circulan, fugaces, y que logran posibilitar algún tejido de sostén y sentido. Que traman alianzas y, tantas veces, necesitan denunciar. Denunciar que una piba sufrió acoso, insinuaciones, insistencias por el pajero de turno. Denunciar que el fotógrafo que trajo el gremio al festejo, tiene denuncias y causas penales por violencia de género. Denunciar que el profesor de plástica de esta escuela, en la otra, fue escrachado porque la supervisora frenó el expediente. Denunciar que el que se anotó en el curso, abusó de la vecina y acosó por facebook a una compañera. Denunciar que cajonearon la causa. Denunciar que no activaron el protocolo. Denunciar y aprender todas las astucias posibles para que alguna vez, alguna forma de justicia opere[ii]. Mientras tanto, resistimos con persistencia en acciones múltiples e inauditas que inventan posibilidades una y otra vez, una y otra vez. ¿Cómo rasgar esas formas de hablar? ¿A qué llamamos lo patriarcal? ¿Cómo habla? ¿Qué enunciados se actualizan hoy intentando fugas desde eso que nombramos la cuarta ola feminista? ¿Cómo anida lo patriarcal en las resistencias de los transfeminismos? ¿Hablas patriarcales pueden cooptar la potencia mutante trans del devenir? ¿Qué nombres provisorios y tiernos aflojan la dureza de hablas patriarcales? El gerundio en castellano intenta captar y no cooptar. ¿Quién habla ternura? ¿Hablas patriarcales? Existencia de lo dulce y sumisa que debiera ser la ternura. Captar la fuerza fugaz del mientras tanto. Fuerzas gerundias que hacen sentir cómo se establecen combates actuales contra luchas, tal vez, ancestrales. Combates que, a su paso, resucitan brujas, chamanas y machis que enseñan de la intensidad del fuego lento, que arde y espera. Magia que muta fuego en agua-marea, tantas veces como haga falta. ¿Cuáles tonos habla ternura? ¿Cómo piensa ternura? ¿Cómo encarna ternura? ¿Cómo romper todo desde la ternura? Cobijando lo que libera ante las opresiones de hablas patriarcales. Cobija de posibilidades, cobija sorora, cobija disidente. ¿Cómo rasgar esas formas de hablar? ¿A qué llamamos lo patriarcal? ¿Cómo habla? Ternura como trama que arropa y arroja de nuevo los dados. Ternura como lo que habla bajito, ¡gritando!, ternura como lo que acaricia en el fuego que enciende la insistencia genealógica de explotar opresiones históricas. Potencias del decir en rendijas del palabrerío que no escucha más que ruidos, justo ahí, donde nos encuentra un abrazo como rebelión. Nuestra venganza es ser felices. Rendijas, nunca rendidas, las hablas transfeministas Y ahora que estamos juntas y ahora que si nos ven…[iii] Rendijas del quiebre, sobre lo que todavía no no se puede escuchar que en gritos de lucha aman todas las luchas transfeministas. Luchar con la compañera le gusta a usted, le gusta a usted[iv]. (Escribimos como pensándonos en voces altas, como Amazonas, como las brujas que quemaron, como sus nietas). Vivas se las llevaron, vivas las queremos. También reinscribir(nos) naciendo historia. “El feminismo es el mejor lugar para luchar contra el fascismo” Dice la Butler complicando las esferas del pensamiento hegemónico sobre las maquinaciones y luchas sociales. ¿Cómo rasgar esas formas de hablar? ¿A qué llamamos lo patriarcal? ¿Cómo habla? Lo normal, patrón vacío, colectivo inexistente que sugestiona universales. Ilusión déspota del terror a lo que difiere ¡¡No queremos ser más esta humanidad!! Hablas patriarcales arman juegos en voces que edulcoran y buscan acallar gritos. ¿Quién habla ternura? ¿Hablas patriarcales? Ni una menos - Nadie menos. Heteronorma binaria se sabe habl(as) patriarcal(es) Cuestionar el régimen político heterosexual, “Las lesbianas no son mujeres”. En palabras de Louise Turcotte, militante del colectivo Amazonas de ayer, Lesbianas de hoy, algunos feminismos contemporáneos consolidan el sistema patriarcal en lugar de eliminarlo. Propone su erradicación sin que ello implique poner en cuestión esa institución política llamada heterosexualidad. Turcotte alude a las ideas que Monique Wittig sitúa en el texto “El pensamiento heterosexual”, leído en 1978 en Nueva York, como un pensamiento postmaterialistafeminista. Wittig expresa la necesidad de construir un nuevo universal a partir del despliegue de reivindicación del punto de vista de las lesbianas, quienes con acciones políticas deponían heterosexualidad como obligatoria y como maquinación productora de hegemonía en el pensamiento. Escribir para un universal. Dice la Wittig “un texto escrito por un escritor minoritario sólo es efectivo si logra convertir en universal ese punto de vista minoritario”[v]. ¿A qué aspira la idea de universal? ¿Inspira estallar diferencias? ¿Convertir en universal ese punto de vista minoritario? Hablas patriarcales operan desde y en la razón, en y desde la universalidad, sosteniendo moralmente cierta idea de ternura. La Wittig sitúa como imposibilidad de los feminismos de su tiempo expresar el anhelo de destruir el sistema patriarcal sin destruir su carácter de heteronormativo. Interesa preguntarnos cómo la heteronorma configura la idea de mujer. ¿Cómo cooptan ternura hablas patriarcales? ¿Qué significa “no gritar frente a la opresión porque construimos desde el amor”? ¿Hablas patriarcales disertan en ese universal de amor? Madre, amor-madre, sensible-mujer-madre, madre-mujer-instinto: mimamámemima[vi]. Ternura molotov ¿Cómo conjunciones priorizan ciertas existencias por sobre otras replicando operaciones del poder’. ¿Cómo ofrecer tramas que interrumpan la operativa del poder? Quizás Ternuras donde se pueda gritar nunca más. #noesno Ni muertas ni presas por abortar Para destruir al patriarcado como sistema se hace necesario destruir la categoría en la que se distinguen los géneros por sexo y por estereotipo. ¿Se hace posible una existencia sin hablas patriarcales? ¿Cómo imaginar el estallido de hablas sobre, ante, bajo, por, detrás, contra hablas? La liberación no solo como performatividad. Aborto gratuito seguro y legal para las pibitas y los pibes tras para no binaries, mutantes y màs.[vii] Hablas patriarcales asumen modas y no modos. Lenguas que sustancializan - universalizan – momifican. No tartamudean ni balbucean. No saben del destiempo ni del desacople. Jerarquizan y atribuyen. Conservan y excluyen. Arman el podio de la mejor víctima, tapan matices y sutilezas con identidades.[viii] I. Lo personal es político. II. Reivindico: mi derecho a ser un monstruo. III. Que otros sean lo normal. IV. Lo existente no agota lo posible. V. Ni una menos. VI. Vivas y desendeudadas nos queremos.[ix] [i] Miedos leídos por diferentes voces, en serie. [ii] Denuncias leídas por diferentes voces, en serie. [iii] Lectura cantada. [iv] Lectura cantada. [v] Turcotte, Louise. Prólogo. “Un cambio de perspectiva”. En El pensamiento heterosexual y otros ensayos (2006) Edición impresa en la Cooperativa Gráfica del Pueblo, Bs As, Argentina [vi] Frase leída por distintas voces, en serie, y el final a coro [vii] Lectura cantada en referencia a la canción Aborto Legal de Sudor Marika [viii] Leído por diferentes voces, en serie. [ix] Enunciados leídos el primero por una voz, el segundo por dos voces, el tercero por tres y así, in crescendo.
- Desmoralizar la ESI / Verónica Scardamaglia
Texto presentado para el espacio de Hablas patriarcales en las Jornada Grupos II 2019 “Hablas del Capital, hablas patriarcales, hablas emancipatorias, hablas coloniales.” “Era preciso confiar en extraerle el principio de placer al capital. ¿Acaso una política auténticamente popular no sería aquella capaz de combatir amores desgraciados?” María Moreno La ley de Educación sexual integral, sancionada el 4 de octubre de 2006 promueve la responsabilidad del Estado de garantizar la ESI de niños, niñas y adolescentes. Para ello, en 2008 esta ley crea el “Programa Nacional de Educación Sexual Integral” a cargo del Ministerio de Educación de la Nación. Desde aquellos años se ha venido construyendo un recorrido de trabajo pedagógico y algunas veces también institucional en muchos espacios educativos y comunitarios en torno a esto. Con el estallido de los feminismos, algo distinto ha empezado a ocurrir quizás por moda, quizás por mandato de algunos partidos, quizás por políticas en salud y educación, quizás por hartazgos ante tanta injusticia, tanto dolor y tantas muertes. Podemos pensar que la convergencia acontecida entre una serie de acciones actuales e históricas está habilitando e inventando nuevas formas de vivir y de luchar. La aparición de la marea verde en las vigilias durante los debates en 2018 en diputados primero y en senadores después, por el aborto legal seguro y gratuito; la constitución del Ni una menos y su aparición pública el 3 de junio de 2015 visibilizando los femicidios y luego impulsando los paros internacionales de mujeres del 19 de octubre de 2016 y el 8 de marzo de 2018 y aquellas acciones que los feminismos venían impulsando desde hace muchos años, entre ellas, los Encuentros Nacionales de Mujeres (iniciados en 1986 y declarados desde el año pasado plurinacionales y de mujeres, trans, travas, lesbianas, bisexuales y no binaries) y la Campaña por el aborto legal, seguro y gratuito (nacida en los encuentros del 2003 y 2004) hacen visible las posibilidades que este momento histórico está ofreciendo. Un momento en el que están pasando muchas cosas en muchos lugares del mundo en torno a los feminismos que están disputando las maneras de vivir. Países como Grecia y Alemania que no conmemoraban el 8 de marzo, se están sumando, desde hace 3 años, al paro internacional de mujeres. En Italia se ha conformado el movimiento Non una di meno con nodos transfeministas en pequeñas ciudades italianas que hicieron aparición en la escena pública el 25 de noviembre de 2017, conmemoración del día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres. También con Rad Fem[i] y pañuelos celestes a la italiana, llamados “feminismo de las diferencias” y No choice, respectivamente. En España, muchísimas movilizaciones, entre ellas las movidas del #yositecreohermana contra la manada, por los juzgamientos injustos ante la violación colectiva en las fiestas de San Fermín en Pamplona. Y podemos seguir mencionando la revolución kurda, las luchas en México, Irlanda, Bolivia, Brasil, entre muchas otras. “La internacional feminista, como dice Verónica Gago. En este sentido y especialmente durante este año en Argentina observamos como se ha instalado como tema de la agenda política la implementación de la ESI tanto en espacios públicos que trabajan en Salud y Educación como también en el programa de reivindicaciones de las izquierdas. En unos a través de la implementación obligatoria de jornadas y capacitaciones, en otras, como estandarte de reclamo, lucha y, en algunos casos, producción de materiales y estrategias pedagógicas para espacios institucionales. Esto que quizás debiera recibirse como buena noticia también está dejando a la vista ciertos modos, al menos complejos, de pensar y abordar estas cuestiones. Modos que, creemos, reinstalan aquello contra lo que venimos luchando. Podemos decir que la ilusión de correspondencia hace “pisar el palito” y hace creer que hablas patriarcales se encarnan (se corresponden) sólo en cuerpos signados por características de género, raza y clase que responden a lo mayoritario. Escribe Deleuze en la letra G (gouche) del abecedario “la mayoría supone un patrón. En Occidente (…) humano, adulto, varón, habitante de las ciudades ¡ese es el patrón! Así que tendrá la mayoría, por naturaleza, aquel que, en un momento dado, cumpla ese patrón, es decir, lo que se considera la imagen del humano adulto, varón, habitante de las ciudades.” Se podría creer así que otros géneros, otras razas y otras clases, las oprimidas, quedarían liberadas de esas texturas por constituirse en minorías explotadas. Se podría creer que quedarían a salvo de estar tomadas por esas hablas y que por sí mismas se constituirían como espacios de lucha contra esas capturas. Se podría creer así que la lucha habría que darla contra ese patrón mayoritario y no contra la gramática existencial que instalan las hablas. Deleuze advierte que el patrón mayoritario está vacío, ¿cómo y contra qué se lucha entonces? A la derechización del mundo se suma la derechización de los placeres. A la policía de la salud que impone terrorismo pedagógico se agregan los vecinos sin placa ni patrullero que se instalan desde juzgamientos morales por donde quiera que vayas. A la consabida anatomía patológica que centra la prevención en las enfermedades y sus destinos mortales, se suman sentencias y miradas que condenan y acallan exploraciones del cuerpo y sus placeres, bajo amenaza de una interminable lista de ITS[ii]. Podemos pensar que tanto por los materiales bajados del ministerio como por muchas de las formas de abordaje pseudo progre, se estaría banalizando y vaciando de placer la ESI. Insisten así nuevos automatismos que hacen repetir un rosario compuesto por derechos, autonomía para la toma de decisiones, diversidad y género, cuerpo y salud, medios de comunicación, representaciones sociales de lo masculino y lo femenino que ponen en el centro y refuerzan la vida vivida desde enfermedades, acosos, violaciones, noviazgos violentos, violencia doméstica, femicidios (y del amor, la risa y el placer de coger ni hablar). Así las hablas patriarcales se infiltran en las prácticas llamadas revolucionarias y vuelven a ganar terreno, esta vez hablando en inclusivo. Risas, juegos sexuales y placeres quedan enterrados por estos nuevos automatismos, los del género, enarbolados esta vez, también por quienes buscan combatir a las hablas del capital. León Rozitchner advertía en La izquierda sin sujeto: “Hay que ir deshaciendo la "forma" burguesa, desmigajando su armadura hasta hacerla sensible e intolerante. Hay que volver a hacer sentir lo que se debe pensar, pero hay que volver a pensar profundamente para recomenzar a sentir y salir del entumecimiento.” Agregamos lo que plantea María Galindo en un reportaje publicado en SUR 24 - v.13 n.24 “reivindicamos la necesidad de construir un movimiento feminista heterogéneo. Esa homogeneidad dentro del feminismo latinoamericano, en general, de mujeres jóvenes blancas, profesionales, de clase media, es una homogeneidad que nos aburre, que nos incomoda y no nos interesa.”. Ubicamos en las hablas patriarcales aquello que parió la noción de sujeto en tanto fuerzas homogeneizantes que instalan la fábula del uno mismo y refuerzan la interioridad como bien inmueble. La lógica de propiedad privada que busca interpelarse desde ciertas prácticas, queda inmaculada y reforzada en la mayoría de las acciones pedagógicas. Prácticas que terminan reinstalando la moral del yo y, en este caso, ciertos parámetros para el uso sano y correcto de los cuerpos. Un yo familiarista y culpógeno, sancionador y acusatorio, ya sea de derecha o de izquierdas. Prácticas que ensanchan al yo y que refuerzan formas que neutralizan la potencia del diferir. Prácticas que, desde slogans que insisten y simplifican las complejidades, saborean de recitar y recetar modalidades de prevención y abordajes centrados en riesgos y amenazas que reinstalan la lógica de las autoayudas en nombre de la revolución. León Rozitchner también advertía que para el trabajo de realizar la revolución conviene situar que “el descubrimiento de la racionalidad revolucionaria requiere descubrir la contradicción instaurada por la burguesía en el seno del hombre (mujer trans trava lesbiana, bisexual, no binarie y más) revolucionario”, en tanto supuesto que no sólo se detenga en el plano político sino que alcance el plano sensible”. En este sentido, nos seguimos preguntando con Rozitchner “¿cómo poder producir nosotros lo contrario de lo que el capitalismo con todo su sistema productor de hombres (mujeres, trans, travas, lesbianas, bisexuales, no binaries y más) produce?”. Asistimos nuevamente a cierto accionar que reinstala aquellas formas que se buscaba desactivar. Aún en nombre de la deconstrucción de lo masculino y de los transfeminismos, proliferan microfascismos “la cuestión no es decir que no soy microfascista sino saber hasta qué punto lo soy, porque lo soy como todos; lo importante es saber dónde se detiene esto, como se agencia, como se revierte. (…) hay un límite, no a nivel de las leyes morales universales, de imperativos categóricos, sino al nivel de leyes contingentes: hasta cierto punto va bien, más allá no. Y no es una ley la que debe negociar el límite, sino un agenciamiento colectivo de vida.” (Guattari 1977, 43). Las hablas patriarcales cooptan y fagocitan, aún lo revolucionario. Estos abordajes de la ESI intentan calar en lo privado amplificando victimizaciones, culpas, vergüenzas y silenciamientos, como sostiene María Galindo en el libro Feminismo Urgente: ¡A Despatriarcar! “plantear que el sujeto del feminismo es la alianza insólita y prohibida entre mujeres, por un lado nos permite dejar de actuar desde la "generalidad liberal de ser mujeres", plantear que el sujeto del feminismo es la alianza insólita y prohibida entre mujeres nos permite al mismo tiempo no quedarnos en el binarismo hombre-mujer, pero tampoco relativizar la condición histórica de ser mujeres en una sociedad patriarcal. Plantear que el sujeto del feminismo es la alianza insólita y prohibida entre mujeres es una matriz política nueva e inesperada (…) Una alianza ética fundada en la rebeldía; una alianza ética fundada en la que está abajo; una alianza ética fundada en la fascinación por la otra diferente; una alianza ética fundada en la contestación de todos los privilegios y todas las jerarquías al mismo tiempo. Por eso, el resultado de una alianza así es una práctica política radical que no admite priorizaciones, negociaciones, ni generalizaciones.” Alianzas insólitas y, tantas veces, infinitesimales que pueden percibir lo que difiere y que pueden ver, entre parpadeos, el brillo-glitter de los latidos de vida La vida se dice de muchas maneras. Apostamos a aquellas que inventen, sobretodo, nuevas gramáticas existenciales. Con E Porque desconfío de la academia, y de los partidos porque confío en pensamientos que se cocinan al fuego de los cuerpos de las complicidades de las amistades. Porque la lengua se me atraganta de tan colonizada, porque lo binario corre por mis venas por mi piel y me entrampa Porque hay chorreras de tinta y de vidas gastadas en estas batallas porque sin ternura las arrogancias las imposiciones las clasificaciones las adjetivaciones de las clases de las casas de la camas, no van a colapsar. Porque el bicho, como vos, lo tengo adentro Porque la izquierda sin sujeto porque el derecho a ser un monstruo porque hablo por mi diferencia. Porque vos y yo, nos creemos “impolutEs” y se nos filtra por los poros la necesidad insoportable de creer en la ilusión de que podemos pensar lo mismo. Porque así vamos a seguir solos y no solEs expandiendo calorcito a quienes sean cómo se nombren. Porque no queremos ser más esta humanidad porque necesitamos creer que estamos inventando otros mundos porque así nos están matando porque pelearemos no sólo cada vocal no sólo cada derecho sino sobre todo cada capricho que obligue a vivir a hablar a pensar entre morales y corsets que viajan escondidos aún en las mejores intenciones. [i] Feministas radicales que se sostienen desde el biologicismo. [ii] Infecciones de Transmisión Sexual
- PROSCRIPCIÓN EN PSICOLOGÍA DE LA UBA: UNA FACULTAD TOMADA
ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA #OtraFacultadEsPosible Hace ya demasiados años que la Facultad de Psicología de la UBA es gobernada por una alianza de reformistas autopercibidos, que, invocando la gesta estudiantil de 1918, representan más bien todo aquello que la Reforma Universitaria vino a cuestionar. Hace más de tres décadas que en esa institución no existe una verdadera alternancia democrática entre grupos políticos diferentes. En el claustro de profesores, desde 2002, ni siquiera se presenta una lista opositora. Así, las elecciones de 2006, 2010, 2014 y 2018 fueron meros actos formales: sólo se pudo elegir entre el oficialismo y el voto en blanco. Y no porque el oficialismo concitara un consenso unánime, sino porque progresivamente se fueron reduciendo las posibilidades de presentar propuestas opositoras. Todo indicaba que este año pasaría lo mismo. Sin embargo, apareció una posibilidad, una esperanza, de la mano de un nuevo Reglamento Electoral, que a la vez que promovía la paridad de género relajaba algunos requisitos formales. Particularmente, se suprimía la necesidad de incluir 8 profesores titulares regulares en las listas. En efecto, a partir de 2019, el reglamento sólo pide que las listas incluyan 8 profesores titulares (sin especificar la categoría), y que la mitad de sus integrantes sean mujeres. Interpretando ese reglamento a la letra, un grupo de profesores de la casa, que hace un par de años nos venimos reuniendo, fuimos armando pacientemente una propuesta electoral: “Alternativa Democrática”. Advertidos de esta situación, los consejeros profesores oficialistas (es decir todos los consejeros profesores) junto con sus aliados aprobaron sobre tablas un cronograma con plazos exiguos (tres semanas para la presentación de listas y cinco para las elecciones), previendo una votación presencial y obligatoria en pleno pico de la pandemia: el 2 y el 3 de junio. Después de denunciar esta situación, irresponsable en lo sanitario y desmovilizadora en lo político, logramos de todos modos presentar nuestra propuesta electoral, que no recibió impugnaciones en los plazos establecidos. No obstante, “Protagonismo Universitario” (la lista que presentó el oficialismo) tenía serios problemas formales. No contemplaba la paridad de género ni la representación de los profesores adjuntos (que son mayoría en el claustro) en los primeros lugares. Nuestra lista observó esos errores, pero sólo impugnó la subrepresentación de los adjuntos. Que hubiera “demasiadas mujeres” era algo que saludábamos, y que no íbamos a impugnar desde una posición reglamentarista. Sin embargo, el 27 de mayo, la Junta Electoral, compuesta solamente por el decano y por los representantes de las mayorías que lo eligieron (y que hoy lo siguen acompañando), tomó una decisión gravísima. A la vez que “perdonó” los errores de la lista de “Protagonismo Universitario” descalificó a la nuestra en virtud de un formalismo selectivo. Según el dictamen de sus miembros (todos hombres), nuestra lista no contaba con los 8 profesores titulares requeridos por el Estatuto. Según una interpretación restrictiva y amañada, los profesores titulares consultos no serían verdaderos titulares. Sólo serían “consultos” (a secas), aunque sus designaciones digan lo contario. Según esta interpretación (que sólo se basa en el Estatuto de 1960 y olvida el Reglamento de 2019), los únicos profesores titulares son los regulares. Eso podía ser cierto en 1960, pero ya hace décadas que existen los titulares consultos y que pueden ser candidatos. Esta resolución de la Junta, aunque promueva la inclusión de las mujeres, discrimina de manera flagrante a los titulares consultos. Si el Estatuto y el Reglamento piden 8 titulares, la Junta sólo acepta que sean regulares (por más que ese requisito se haya eliminado en 2019 y por más que la creación de la categoría de titular consulto sea posterior a la redacción del Estatuto). ¿Por qué este énfasis en que haya 8 titulares regulares? Porque es el reaseguro de que nunca más haya competencia electoral. ¿Cómo se lleva eso a la práctica? Se dosifican los concursos de titulares al máximo y sólo se sustancian los de los profesores probadamente “amigos”. Los profesores titulares que se jubilan o fallecen rara vez se reemplazan (en la última década sólo hubo 6 nuevos concursos, 8 jubilaciones y dos fallecimientos). Así, los titulares de nuestro claustro son cada vez menos. De los 31 que quedan en la actualidad, 22 han sido consejeros por mayoría o incluso funcionarios de sucesivas gestiones. En este contexto, exigirnos que llevemos en nuestra lista a 8 profesores titulares no sólo es una forma de proscribirnos sino que también es un modo de preservar ese sistema perverso que condena a los profesores opositores a la extinción. Por esa misma razón, aprovechando el nuevo Reglamento, nos dimos el lujo de incorporar profesores notables de generaciones anteriores. Sin embargo, a los que nos proscriben, ese Reglamento sólo les interesó para auto-eximirse de la paridad de género. Para excluir a “las viejas y los viejos”, se reservaron la interpretación más dura de un Estatuto que no está actualizado. Pero aquí estamos, con nuestrxs queridxs notables, con nuestrxs jóvenes docentes y con lxs estudiantxs, con nuestra diversidad de colores y de ritmos, con nuestro entusiasmo y nuestras cicatrices. Aquí estamos, junto a todxs ustedes, defendiendo desde hoy, también en la justicia, en las redes y en los medios, la Facultad de Psicología que soñamos. Por eso, en el día de hoy, hemos denunciado este proceso antidemocrático. Hemos impugnado estas elecciones fraudulentas, para que no vuelva a suceder, como si nada, lo que viene pasando casi siempre. Hemos pedido la postergación de las elecciones como medida cautelar, hasta que se decida sobre la legitimidad de nuestra exclusión y hasta que disminuya el riesgo sanitario. Nosotrxs sabemos que, en esta lucha tan desigual, no estamos solos. Sepan ustedes que, en estos momentos, lxs necesitamos más que nunca para que esta proscripción no pase desapercibida. Para que no quede en el olvido ni en el silencio. Por una alternativa democrática en la universidad pública. Para sumarse a la lista de adherentes, hacer clic aquí
- 29 de mayo / Marcelo Percia
El hermano mayor de mi amigo escribió, en 1969, un poema que decía así: “Al volver del mercado, se sentó en la cocina para esperar a su compañero, muerto en Córdoba el mes pasado”. Nunca dejé de admirar ese verso que sentí, entonces, perfecto. Tenía catorce años. Se podría objetar que el escrito ubica a una mujer en la cocina y de regreso del mercado. Sin embargo, ese relato de una muerte acontecida en la ciudad de la revuelta posibilitaba decir el pesar y la ausencia, la soledad y el silencio de los días. Recuerdos traen afectos que no se saben. Tal vez, en esa sola línea, supe la escritura como duelo.
- Dulce Palestina / Vicente Zito Lema
Te usurpan la tierra, con los cuerpos de tu historia y apagan con fuego el cielo de las nubes que tu alma bien conoce... Y ahora te roban/ con malicia hasta el nombre que te nombra Tan sagrada... Todo esto sucede/ entre espantos y agonías Con niños que mueren como sólo mueren los niños... sin mañana... Y aún así, aún así... Más que toda humillación que el dolor / y los martirios Eres eterna como el agua de la vida... Llévanos, llévanos en tu viaje... Dulce Palestina... Mayo 2021, mientras bombardean Gaza.
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











