• Revista Adynata

Estar / Santiago Samara

Texto presentado para el espacio de Hablas coloniales en las Jornada Grupos II 2019 “Hablas del Capital, hablas patriarcales, hablas emancipatorias, hablas coloniales.”



“La intuición que bosquejo aquí oscila entre dos polos. Uno es el que llamo el ser, o ser alguien, y que descubro en la actividad burguesa de la Europa del siglo XVI y, el otro, el estar, o estar aquí, que considero como una modalidad profunda de la cultura precolombina (...). Ambas son dos raíces profundas de nuestra mente mestiza -de la que participamos blancos y pardos- y que se da en. la cultura, en la política, en la sociedad y en la psique de nuestro ámbito.” (Kusch 1962)


Una “paciente grave” concurre a los talleres de hospital de día de un centro de salud. Su asistencia es intermitente, llega tarde y se va antes. Un trabajador relata ofuscado: “el otro día contó que había ido al cine, cuando le pregunté a qué cine había ido, dijo que era información privada y que ella no contaba esas cosas.” En el equipo hay preocupación porque “no se integra al grupo de pacientes”. Un día de paro, acuerdan cancelar los talleres. Todos los asistentes se enteran, menos con ella, que se presenta como cualquier otro día. En ese momento se le da el alta de hospital de día unilateralmente y se le entrega un papel donde figuran algunas otras actividades que no dependan del equipo.

“En lugar de decir grupos, probar pensar en espacios en los que se pueda elegir cómo estar, incluso cómo no estar. En lugar de decir reunión, probar pensar en estados de experimentación de soledades que tientan momentos inolvidables.” (Percia 2019)


La paciente falta varias semanas seguidas a su psicoterapia individual. Encuentra luego por los pasillos del centro a su terapeuta a quién le pide muy insistentemente que hable con la coordinadora de hospital de día para que la readmitan. El psicólogo intenta calmarla diciéndole que va a hablar con la coordinadora, pero que primero quiere hablar con ella sobre las entrevistas que vienen manteniendo hace algunos meses. Preocupado y molesto por las reiteradas ausencias de la paciente, le anota el teléfono del centro de salud, su nombre, la fecha y el horario de su turno semanal y le dice que si no deja un mensaje confirmando el turno, no va a venir a atenderla. La paciente no parece darle especial importancia, aunque guarda el papel, antes de volver a insistir con ir a los talleres.

Se reúnen el psicólogo, la coordinadora y un musicoterapeuta que integra aquel equipo. La coordinadora propone una reunión con la paciente y su padre para ese viernes, en la cual se establezca como condición de su readmisión en el equipo un mayor compromiso de la paciente en la asistencia y participación de los talleres, el establecimiento de un contacto con el padre (ella no da su número de teléfono, ni su apellido, ni casi ninguna información porque la considera personal) y la obligatoriedad de su asistencia a psicoterapia.

La rareza contamina la racionalidad de un tratamiento. “No entendemos para qué le sirve tampoco a ella venir a los talleres” comenta un trabajador preocupado. “No sé para qué le sirve, pero parece que para ella son importantes, más incluso que su terapia individual” dice el psicólogo, que piensa que si no recibe la confirmación del turno siguiente, podría ser una intervención adecuada no volver a insistirle.

“El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. (Alighieri 1304)

¿Cómo pensar en espacios clínicos que no se transformen en exigencias de mejoría, adaptaciones a dispositivos, asunción de compromisos indeseados, obligatoriedad de asistencias, normalizaciones de rarezas? ¿Qué estamos haciendo?

“Rarezas no expresan figuras positivas ni negativas; a veces componen soberanías que resisten las clasificaciones” (Percia 2019)

No saber qué hacer asusta. El sentido común, las ciencias y las racionalidades indican un camino seguro al amparo de la normalidad. Asustan las existencias no colonizadas, que ridiculizan al grupo, la dinámica, el taller, el ideal de bienestar. Normalidades de defienden normalizando. Cuando rarezas insisten, las expulsan.

¿Asistiremos a un porvenir donde no se viva al agobio de obligaciones, exigencias y demandas?



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